Índice
LA GENUIINA REVELACION DE LA HORA
1.- ES UNA NESECIDAD
8.- Y LA IGLESIA
LA GENUINA REVELACION DE LA HORA:
1.- ES UNA NESECIDAD
“¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?…
“…Y vosotros, ¿Quién decís que soy?”
“Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos.” Mat. 16:13,15,16
Sabemos por las Sagradas Escrituras que Dios se revela hoy, así como lo ha hecho en cada una de las edades del pasado. Este mensaje está en armonía con lo que Dios anunció en su Palabra para el tiempo en que vivimos.
Usaremos como base la Escritura contenida en Mateo 16:13 al 18, que dice:
“Y viniendo Jesús a las partes de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?” “Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías, y otros; Jeremías, o alguno de los profetas.” “El les dice: Y vosotros, ¿Quién decís que soy? “Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” “Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos.” “Mas yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.” Mateo 16:13-18
En esta Escritura hallamos al Maestro haciendo un examen a sus discípulos. El quería saber cuál era la opinión que el mundo religioso tenía acerca de El; por tanto les preguntó: “¿Quién dicenlos hombres que es el Hijo del hombre?” Era lo mismo que decirles: “Vosotros que habéis estado entre los discípulos, los fariseos, los escribas y el pueblo, ¿qué habéis oído decir de mi entre ellos?”Entonces los apóstoles le refirieron lo que habían oído decir de El:
Unos decían que El era Juan el Bautista. Quizás éstos recordaron lo que Herodes dijo en la ocasión cuando supo que Jesús estaba haciendo maravillas:
“Este es Juan el Bautista: él ha resucitado de los muertos, y por eso virtudes obran en él” (Mat.14:2).
Otros decían que era Elías. Tal vez por su sobria manera de vivir, la gente llegó a pensar que Jesús era aquel Elías que Dios había llevado al cielo en un carro de fuego.
Otros, decían: “es Jeremías”. Seguramente que algunos miraron a Jesús, y por su seriedad recordaron a Jeremías, hombre también serio, quien en el pasado sintió sobre sí el pecado de su pueblo; por consiguiente, confundieron a Jesús con Jeremías.
Finalmente otros, notando que Jesús era profeta, pero no sabiendo quién era, dijeron: Debe ser “alguno de los profetas”; creyendo que El era alguno de los profetas del pasado que había resucitado de entre los muertos.
Después que estas respuestas le fueron dadas por sus apóstoles, el Maestro les preguntó de nuevo: “Y vosotros, ¿ quién decís que soy?” Ahora El no busca la opinión del pueblo y sus líderes religiosos. El quiere saber cuál es la opinión de los suyos. El Señor pudo haberles dicho: “Vosotros que habéis estado conmigo, que habéis oído de mis palabras, y habéis visto la vindicación de mi ministerio y todo lo que ha pasado alrededor de mi vida, ¿quién decís que soy?” Este era el momento preciso cuando cada uno de sus apóstoles tenía que hallar la respuesta correcta. No era asunto de adivinación, de conjeturas, ni de opinión personal. La verdad de Dios no se puede conjeturar: Ella se obtiene por revelación.
Todos se quedaron perplejos y callados porque no vieron al Maestro dar su asentimiento a lo que ellos habían dicho. Repentinamente Simón Pedro se levantó y le dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Estas palabras son maravillosas; sin embargo, alguno puede atribuirlo a la intrepidez de Pedro como teniendo un acierto afortunado; pero no pudo ser así, porque no hay tal cosa en el plan del Señor.
Cuando una persona llega a conocer la verdad de Dios, no lo hace por conjeturas, adivinación o imaginación; sino porque algo lo induce a que la conozca y la viva; y ese algo no es otra cosa, sino lo que el Maestro de seguidas le dijo a Pedro:
“Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos.” Mt.16:17
Estas palabras son muy significativas; es como si el Maestro le hubiera dicho: “Lo que acabas de decir, Pedro, no pudo llegarte jamás por las vías humanas (carne y sangre son vías humanas), no pudo venirte por los conocimientos intelectuales, ni por lo que en tu vida hayas podido conocer. No hay maestro religioso en el mundo que haya podido enseñarte que yo soy el Cristo, el Hijo del Dios viviente.”
El Maestro le dijo a Pedro: “Bienaventurado eres, Simón”. Es una bienaventuranza conocer las cosas de Dios; pero no por enseñanzas humanas, tradiciones y dogmas, ni tampoco por principios denominacionales, cualesquiera que estos sean.
Si hemos de saber algo acerca de Dios, no puede venirnos por los medios naturales. Cuando el Señor le dijo a Pedro: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre”, le hizo saber que la bienaventuranza que él tenía al conocer este misterio, debía separarla de la más mínima idea de que le hubiese venido por su capacidad intelectual o porque fuese el discípulo indicado para conocer las cosas por conjeturas o por adivinación.
Un verdadero creyente es una persona con revelación de la Palabra. Note que mientras todos los demás contestaban equivocadamente dando las opiniones y las ideas de los hombres, Pedro en cambio, por revelación del Padre celestial, supo decir: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Por esta razón, el Señor le dijo: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos”. Pedro nunca hubiera aprendido eso en un seminario o en una escuela, pues nadie se lo hubiera podido enseñar. La mente humana no puede saber las cosas de Dios al menos que El se las revele.
Siendo Pedro un hombre ignorante y teniendo el rudo trabajo de pescador, ¿qué hizo la diferencia entre él y los grandes líderes religiosos para que pudiera declarar lo que ellos no sabían acerca del Cristo? LA REVELACION que recibió de Dios, ésta hizo la diferencia.
Las opiniones se habían extendido hasta el extremo en que los demás apóstoles habían dado diferentes respuestas, pero solamente Pedro pudo contestar de acuerdo al misterio de Dios que estaba escondido en Cristo.
Cuando una persona ha recibido revelación de Dios en su alma, el tal es un creyente verdadero completamente diferente a los demás en su manera de creer. El verdadero creyente no conoce las cosas de Dios por conjeturas ni por imaginación, sino por una convicción que le viene de una manera inexplicable, la cual produce en su vida un convencimiento genuino que le permite estar seguro que ha recibido la verdad de Dios. Pedro jamás pudo explicar esa experiencia.
Los fariseos y los escribas, llamados a enseñar la Ley, no pudieron saber quién era Jesús; al contrario, en varias ocasiones le llamaron Beelzebub. Sin embargo, este hombre ordinario, en aquel preciso momento, supo que estaba en la presencia del Cristo, la Palabra hecha carne, porque al Padre le plugó revelarle la verdad para la hora.
La revelación ayer, puso a Pedro por encima de todos aquellos estudiosos y sabios; y la revelación hoy, coloca a los verdaderos creyentes, por humildes que sean,en una posición espiritual muy elevada con respecto a las demás personas.
El Maestro le dijo:
“Mas yo también te digo, que tú eres Pedro y sobre esta piedra -ROCA- edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mat. 16:18).
¿Sobre cuál roca? sobre la roca de la revelación, la cual no permite errar porque es el fundamento que no puede ser mudado. Cualquier interpretación humana que alguien pueda tener de la Biblia, puede caer a tierra y ser pisoteada por no tener ningún valor, pero cuando alguien recibe revelación de Dios, ésta viene para mostrarle la Palabra y situarlo sobre terreno firme. Por esta razón, el Maestro le dijo a Pedro: “. . . sobre esta piedra(sobre la revelación que Pedro acababa de recibir) edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.”
La genuina iglesia del Señor Jesucristo está compuesta de creyentes verdaderos y edificada sobre la revelación de la Palabra. Ella no puede estar fundamentada sobre las ideas de los hombres, porque todo ser humano está propenso a errar, mas Dios es perfecto.
Jesús fue la Palabra hecha carne; y los discípulos estuvieron delante de El, mas no supieron quien era. Hoy sucede lo mismo: La Biblia está delante de los hombres, pero si no tienen revelación, dirán diferentes cosas de ella. Cada vez que Dios ha levantado un hombre para traer su Palabra en cualquier edad, esto es exactamente lo que ha sucedido: Unos lo han llamado Beelzebub y otros han dicho que es del diablo, pero los que han recibido revelación de Dios para su hora, han dicho como Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” porque han visto a Dios obrando a través de ese hombre. Entonces, la revelación es la que no permite errar en cuanto a Dios y su Palabra.
De la misma manera como el Señor dio su revelación en cada una de las edades pasadas, también la dará para esta edad en que estamos viviendo. Los religiosos han pasado por alto esta verdad, y se han olvidado que Dios ha determinado un tiempo en el cual revela su Palabra.
Si usted lee los capítulos dos y tres de Apocalipsis, hallará que el Señor, por la pluma del apóstol Juan, escribió a las siete iglesias de Asia Menor: Efeso, Smirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea. Cada una de estas iglesias, aun cuando eran iglesias locales en aquel tiempo, eran también la representación y descripción exacta del plan de Dios para las siete edades de la iglesia. En cada uno de estos períodos, Dios ha dado revelación, Palabra nueva para su pueblo: Los hombres y mujeres predestinados que siempre han recibido su Palabra.
El Maestro dijo a Pedro: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, mas mí Padre que está en los cielos”. La bienaventuranza de Pedro consistía en que Dios se había complacido en darle Su revelación, para que él supiera lo que todos los fariseos y líderes religiosos de su día ignoraban. Por revelación divina, Pedro llegó a saber que Jesús, aquel Verbo hecho carne que estaba en su presencia, era “el Cristo, el Hijo del Dios viviente.”
Juan escribiendo el Apocalipsis, dijo:
“Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía y guardan las cosas en ella escritas: porque el tiempo está cerca” Apocalisis 1:3
Esta Escritura tiene relación directa con el tiempo presente; pues en ninguna época el tiempo del fin ha estado más cerca de nosotros que ahora. Los acontecimientos mundiales, como también la situación caótica del mundo nos demuestran esto. Dios está para hacer algo terrible muy pronto. El mundo está girando en circunstancias bastante peligrosas. La Palabra nos muestra que hemos llegado al fin de todas las cosas.
En esta séptima y última edad, como en las demás edades, Dios ha dado su revelación. El levantó hombres en cada uno de los períodos pasados, y dió a través de ellos la revelación de su Palabra que correspondía a cada una de las edades. Esa revelación fue la que siempre hizo la diferencia entre las personas que eran de Dios y las que no lo eran. Y ella será la que también hará la diferencia en este tiempo.
El Señor dijo: “…sobre esta piedra edificaré mi iglesia”. Así que, la iglesia del Señor está edificada sobre la roca de la revelación que viene al individuo como una bienaventuranza por elección de Dios en su misericordia. Por tanto, todas las conjeturas e interpretaciones de los hombres pueden echarse al pote de la basura, sin que se pierda nada por ello.
Quién sabe cuál hubiera sido su posición, si le hubiera tocado vivir en aquellos días. Quién sabe qué hubiera dicho usted en aquella ocasión si alguien le hubiera preguntado acerca de Jesús. Solamente Dios sabe lo que usted hubiera respondido en aquel tiempo, sin conocer lo que ahora le ha sido revelado acerca del Señor Jesucristo. Para que usted hubiera podido decir lo que expresó Pedro, hubiera tenido que recibir revelación de Dios como él. Cuando los hombres no han recibido revelación, ellos hacen conjeturas, se imaginan, piensan y dan su parecer; mas cuando viene la revelación al individuo, ésta lo hace diferente a los demás. A través de las Escrituras hallamos que esto siempre ha sido asi.
Ya hemos dicho que la revelación es la roca sobre la cual está fundada la verdadera iglesia de Jesucristo. “…las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. Estas “puertas del infierno” son las astucias engañosas del diablo, con las cuales ha mantenido y aún mantiene engañadas las generaciones religiosas de esta edad; estableciendo sistemas denominacionales con dogmas y costumbres contrarias a las Sagradas Escrituras.
¿Recuerda usted la historia de Caín y Abel, los primeros hijos de Eva? Cuando llegó el tiempo de traer sus ofrendas a Dios, Caín meditó en la manera de cómo debiera hacerlo, y arregló su altar pensando en Dios como un Ser grande, bueno y ordenado. El buscó los frutos de la tierra y sus flores para arreglar su altar; pero Abel, diferente de su hermano, no trajo frutos ni flores, sino un corderito; y poniéndolo sobre el altar, lo degolló y derramó su sangre. Dios se agradó de la ofrenda de Abel, “mas no miró propicio a Cain y a la ofrenda suya”. ¿Qué hizo la diferencia? la misma Escritura responde esta pregunta de la siguiente manera:
Por la fe (revelación) Abel ofreció a Dios mayor sacrificio que Cain, por la cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio a sus presentes; y difunto, aun habla por ella (Heb. 11:4).
¿Por qué ambos no ofrecieron idénticos sacrificios? Porque Caín estaba obrando conforme a sus ideas y a su parecer; mientras que Abel, por revelación, supo que sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados. La sangre del Cordero de Dios es lo único que puede expiar el pecado. Sabiendo esto Abel por revelación divina, ofreció el sacrificio simbólico del corderito, y Dios le dio su aprobación porque este sacrificio armonizaba con el plan divino de la redención.
Hoy se necesita revelación de Dios para obrar diferente de los religiosos formalistas. Estamos en un tiempo de gran confusión; nos encontramos con diferentes interpretaciones de la Biblia y con creencias tan diversas basadas en la misma. Sin revelación de Dios, nadie podrá salir de la confusión que reina hoy en el mundo religioso. Si todos los religiosos estuvieran en la verdad, como cada uno de ellos sostiene, entonces no habría diferencia entre unos y otros; pero vemos que no es así, porque cada uno defiende sus propios dogmas, tradiciones e interpretaciones particulares que han hecho de la Biblia.
La confusión que hoy existe en el mundo religioso, es por falta de revelación de Dios. Los hombres de hoy se expresan de la misma manera como se expresaron los religiosos en el tiempo del Señor Jesucristo. Aquellos decían de la Palabra hecha carne: Debe ser Jeremías, Elías, o Juan el Bautista. Hoy también denominan las interpretaciones caprichosas que hacen de las Escrituras, y por esa razón hallamos en el cristianismo a centenares de denominaciones, cada cual defendiendo su sistema doctrinal. ¿Por qué ha sucedido esto? Sencillamente por falta de revelación de Dios. Si estos grupos hubieran tenido revelación, entonces hubiera una sola interpretación de la Biblia. Pero la multiplicidad de éstas corrobora que son producto de la mente humana; otra prueba de ello, son las grandes diferencias que existen entre esas interpretaciones, las cuales no pueden armonizar de ninguna manera. Justamente, este sinnúmero de diferencias que existen entre los grupos llamados cristianos, es lo que más hace necesaria la revelación de Dios en esta edad, para poder saber con exactitud cuál es el mensaje verdadero para la hora presente.
En medio de tanta confusión religiosa que hoy impera en el mundo, ¿Cómo podemos saber cuál de estos grupos tiene la verdad? Cada denominación reclama estar en ella; pero es imposible que lo estén, teniendo tan grandes diferencias en su manera de interpretar una misma porción de la Biblia. Jesús dijo: “Yo soy la Verdad”. El es el verbo de Dios. “Y aquel Verbo -Palabra- fue hecho carne…”.
Esta Palabra en su día, reveló el mensaje para aquella edad. Y siendo que la historia se repite, Cristo es el único que puede en esta edad, revelar su Palabra. El dijo: “Todas las cosas me son entregadas de mi Padre; y nadie conoció al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quisiere revelar”. Esta Escritura nos muestra que solamente el Señor puede revelar su Palabra a las personas que El escoge. También dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, que hayas escondido estas cosas de los sabios y de los entendidos y las hayas revelado a los niños.”
Esta expresión, “Y LAS HAYAS REVELADO A LOS NIÑOS”, no solamente enseña cómo ha de ser la naturaleza de las personas que reciben la revelación de Dios; sino que también prueba que en el tiempo de nuestro Señor Jesucristo hubo revelación de la Palabra para poder saber quién era El, y para conocer sus misterios. Como “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”, es de esperar que en este tiempo, Dios tenga revelación de su Palabra para que su pueblo pueda saber lo que El está haciendo en el presente. En consecuencia, Dios ha dado esta revelación para sacar a los suyos de la confusión denominacional y para que sepan que la Biblia no puede ser interpretada por un grupo en particular; porque Dios mismo la interpreta al cumplir en cada edad lo que ha prometido por sus profetas.
Si queremos salir de la confusión denominacional que reina en el mundo religioso, tenemos que buscar la revelación de Dios, y hallar el cumplimiento de lo que la Palabra ha predicho para esta edad. Pues este período no podía pasar desapercibido. Por tanto, Dios está obrando hoy como lo hizo ayer, y está cumpliendo las promesas contenidas en su Palabra para este tiempo. La interpretación de Dios a su Palabra es el cumplimiento de sus promesas para el tiempo establecido por El; pero las interpretaciones denominacionales son ideas de hombres que confunden, contradicen, y luchan en contra de la verdad de Dios contenida en las Sagradas Escrituras para instrucción de su pueblo.
Como ya hemos dicho, la revelación de Dios es la que establece la diferencia entre un verdadero cristiano y los religiosos formalistas, porque ella libra al creyente del error y le pone en armonía con Dios para la edad. Sin revelación no se puede conocer la Palabra para la hora.
La revelación nada tiene que ver con la educación, la posición religiosa ni con el nivel intelectual del individuo. Dios no se halla por el intelecto ni por la educación; pues estos campos se alejan más de Dios cada día. Una de las vías del intelecto es la razón. El razonamiento ha puesto fuera de borda en lo espiritual a gigantes intelectuales. Cuando Dios da la revelación de su Palabra, los hombres procuran razonarla; pero la revelación no viene por razonamientos, sino por la fe.
En el tiempo de Noé, la gente razonó el mensaje de Dios. Noé dijo que iba a llover, aunque nunca había llovido ni había en la atmósfera señal que pudiera probar que este fenómeno de la lluvia se iba a manifestar. Sin embargo Noé, por revelación de Dios, afirmó que iba a llover; mas eso era contrario al razonamiento de los hombres intelectuales de su tiempo. El razonamiento mostró a aquellos sabios que no vendría lluvia, pero la revelación indicó a los creyentes lo contrario. La historia prueba que cayó lluvia sobre la tierra como Dios lo había revelado; porque esto era Palabra de Dios, y ésta siempre se cumple.
Este caso nos muestra la importancia de la revelación: ella es la que nos permite estar al día con el plan de Dios para la edad. El desconocimiento de la revelación de Dios para la hora, mantiene a los hombres en tinieblas espirituales. Ella es la luz que Dios envía para que conozcamos sus designios. Rechazarla sería cometer un suicidio espiritual porque significaría oponerse a la voluntad de Dios para la hora. Israel cometió tal suicidio, cuando rechazó la revelación de la Palabra manifestada por Dios en Jesucristo. Los gentiles hicieron lo mismo, al rechazar la Palabra enviada por Dios en cada una de las siete edades.
La edad presente, ha sido uno de los períodos que más ha rechazado la revelación de Dios. Esto traerá funestas consecuencias a esta generación religiosa, porque sin revelación no hay manera de prepararse para los acontecimientos que se avecinan. “Sin profecía el pueblo será disipado” (Prov. 29:18.).
La religiosidad no puede sustituir la revelación de Dios. La historia prueba que han sido los religiosos los que más se han opuesto a la revelación de Dios cuando ésta se ha manifestado. Los judíos religiosos crucificaron la Palabra hecha carne; y en todas las otras edades se ha repetido la historia. Esteban dijo a los religiosos de su día:
“¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? y mataron a los que antes anunciaron la venida del Justo, del cual vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores” Hechos 7:52
La Palabra de Dios siempre ha venido por un profeta. Rechazar al profeta, es rechazar la Palabra que Dios envía para el tiempo cuando éste se manifiesta. Pablo, hablando de la revelación o sabiduría de Dios en misterio, dijo:
“La que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de gloria” 1 Cor. 2:8
Los religiosos crucifican la Palabra de Dios, al rechazar al profeta que la trae. Por consiguiente, la religiosidad nada tiene que ver con la revelación de Dios.
Comparemos a Pedro con lo más distinguido de la sociedad y con los hombres religiosos de su día, y nos daremos cuenta, según el pensamiento humano, que él valía muy poco al compararlo con aquellos grandes hombres; sin embargo, él poseía algo que ellos no tenían.
Y esto fue lo que Jesús llamó una bienaventuranza: La revelación que le permitió a Pedro conocer la verdad para la hora. De modo que la posición religiosa que haya alcanzado un individuo, no tiene nada que ver con la revelación de Dios; porque un hombre aun en el cargo más elevado de su denominación, puede ser un ignorante de las más sencillas verdades de Dios, como lo fueron aquellos grandes fariseos contemporáneos de Pedro.
Amigo, abre tu corazón a la Palabra de Dios y admite lo que el Señor está hablándote por medio de ella. Escudriña las Sagradas Escrituras, y entérate de que siempre ha sido por medio de la revelación que los hombres han hallado la verdad. Y esta revelación viene al individuo por elección divina, no por la voluntad humana. ¿Por qué escogió Dios a Abel en lugar de Caín, y a Jacob en lugar de Esaú? Porque esos fueron sus designios y su voluntad.
Quiera Dios que usted sea uno de sus elegidos, con revelación para conocer la Palabra manifestada para esta edad, el mensaje que está aparejando al pueblo del Señor, y que pueda participar de las grandes bendiciones que se avecinan para los que aman su nombre.
El propósito que tenemos al publicar estos mensajes es dar a conocer la revelación de la Palabra, la cual Dios ha manifestado para esta última edad de la iglesia con el fin de que los verdaderos hijos de Dios despierten a la verdad presente, salgan de todo sistema denominacional y de toda doctrina de hombre, se pongan a tono con la voluntad de Dios reconociendo el día y su mensaje y se aparejen para los grandes acontecimientos que están para suceder, todos estas cosas a la luz de las escrituras. Amén.
