LA OYEN POCOS

Índice

LA GENUIINA REVELACION DE LA HORA

1.- ES UNA NESECIDAD

2.- ES UN MENSAJE NUEVO

3.- OFENDE Y ESCANDALIZA

4.- LA OYEN POCOS

5.- ES ELECCION DIVINA

6.- ESTA EN LA PALABRA

7.- ES RESTAURACION

8.- Y LA IGLESIA

9.- ES LUZ PARA LA HORA

10.- VIENE AL PROFETA

LA GENUINA REVELACION DE LA HORA:

4.- LA OYEN POCOS



 A vosotros es dado a saber el misterio del reino de Dios

La Mezcla de la palabra

Un grupo pequeño

Esto os escandaliza

El Maestro usó esta frase con mucha frecuencia: “El que tiene oídos para oír, oiga”. En Apocalipsis también hallamos esta expresión muy frecuentemente: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. Esto da a entender que en cada edad; Dios tiene un mensajero a quien le da Palabra para la edad, y ese mensajero debe ser oído. Un genuino mensajero enviado por Dios, es la voz de Dios al pueblo; por eso El dice: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. Podemos ver en Apocalipsis esta expresión para cada una de las siete edades de la iglesia. Pero todos sabemos que la inmensa mayoría, en cada uno de estos períodos, no oyó ni enten­dió la Palabra; siempre fue un grupo pequeño el que la re­cibió; ¿Por qué siempre ha sucedido así? Porque la re­velación de Dios no es para todos.

Marcos 4:10 al 12, dice:

A vosotros es dado a saber el misterio del reino de Dios

Se puede notar claramente el énfasis que el Maestro pone en la ex­presión: “A VOSOTROS ES DADO SABER EL MISTERIO DEL REINO DE DIOS”. Allí está Jesús refiriéndose direc­tamente a sus discípulos, la manada pequeña.

En el mismo capítulo 4 de Marcos, desde el verso 30 al 34, el Señor dijo: “¿A qué haremos semejante el reino de Dios? ¿o con qué parábola le compararemos? Es como el grano de mostaza, que, cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las simientes que hay en la tierra; mas después de sembrado, sube, y se hace la mayor de to­das las legumbres, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo puedan morar bajo su sombra. Y con muchas tales parábolas les hablaba la Palabra, conforme a lo que podían oír. Y sin parábola no les hablaba; mas a sus discípulos en particular declaraba todo”. En este pa­saje vemos como el Señor le hablaba en parábolas a la gente de afuera; pero “A SUS DISCIPULOS EN PARTICULAR, LES DECLARABA TODAS LAS COSAS”. Estas pa­labras son muy significativas para nosotros en la edad presente, cuando hallamos a miles de personas creyendo tan diferente de lo que nos enseñan estas Escrituras; pues sabemos que Dios no cambia; y como El obró ayer, así obra hoy.

En el pasaje bíblico que hemos leído, hallamos dos grupos definidos: “los que están fuera”, incluyendo el mun­do, los fariseos, escribas y los demás líderes religiosos. El otro grupo son los discípulos. Aquí podemos notar que había un trato diferente para los discípulos; la enseñanza del Maestro para ellos era muy particular; era un contacto de confianza y de intimidad. “A SUS DISCIPULOS EN PAR­TICULAR DECLARABA TODO”. Es decir, a sus discípulos les revelaba las cosas ocultas, aquellas que no les decla­raba a las demás personas. El les hablaba a todos, pero los de afuera oían y no entendían. El Señor les revelaba todas las cosas solamente a sus discípulos, porque ellos eran los predestinados de la hora, los únicos capacitados para recibir sus enseñanzas.

Dios es justo, y en su justicia El elige a los que El quie­re. En las edades pasadas, la mayoría no recibió la Pala­bra de Dios; pero siempre hubo aquellos a quienes El se reveló: la manada pequeña, los únicos capaces de oír y entender las cosas de Dios. Las demás personas, aunque habían oído, no entendieron, como dice la Escritura: “De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no mira­réis”. Esta clase de gente ha existido en cada una de las edades de la iglesia, y siempre ha sido la mayoría; y den­tro de éstos, han estado incluidos muchos religiosos sinceros.

El otro grupo, los que oyen y entienden, siempre ha sido la minoría, la manada pequeña. El Maestro dijo: “Estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y POCOS SON LOS QUE LA HALLAN”. En cada una de las edades de la iglesia, la puerta angosta ha sido la revelación que Dios ha dado para ese tiempo.

En Juan 14:21, el Señor dice: “El que tiene mis man­damientos, y los guarda, aquél es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”. Las palabras: “me manifestaré a él”, significan: me revelaré a él, le declararé lo oculto. Es una revelación cuando Dios abre nuestros ojos y en­tendimiento para que veamos y entendamos algo que huma­namente es imposible llegar a conocer.

Cuando el Señor hablaba estas cosas, uno de sus dis­cípulos, Judas, no el Iscariote, acercándose a El, le pre­guntó: “Señor, ¿qué hay porque te hayas de manifestar a nosotros y no al mundo?” Este discípulo estaba mirando toda aquella multitud que rodeaba al Maestro, y se dio cuenta de la importancia del mensaje del Señor; pero a la vez le causaba extrañeza que el Señor dijera que se ma­nifestaría solamente a los suyos, aquel grupo tan pequeño, y no al mundo. Por esa razón, él hizo tal pregunta: dando a entender que creía que lo que el Señor enseñaba, era para todo el mundo. “Respondió Jesús y díjole: el que me ama, mi Palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos con él morada”. No todo el mundo está incluido en la Palabra de Dios; pues el mismo Jesús dijo: “No todos reciben esta palabra,sino aquellos a quienes es dada”(Mat. 19:11). Pablo también dijo en II Tes. 3:2: “…no es de todos la fe”. Jesús se manifiesta al que guar­da su Palabra; no a todo el mundo.

El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquél es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre, y Yo le amaré, y me manifestaré a él”(Juan 14:21). El Padre es el Espíritu; Jesús es el Verbo, la Palabra; por tanto aquel que guarda los mandamientos del Señor, la Palabra y el Espíritu moran en él. “El que me ama mi Palabra guardará…” Jesús conecta su Palabra con la revelación, porque El dice que se manifestará, se revelará, a aquél que guarda su Palabra; y esta es una cosa muy importante para la hora en que estamos viviendo, en la cual reina la confusión religiosa.

Hoy existe mucha gente que cree lo que la Biblia dice en cuanto al pasado. Admiten todas las cosas que Dios hizo en aquellos tiempos y hablan de lo que Dios hará en el fu­turo; pero no pueden creer lo que está haciendo en el pre­senteLo mismo sucedió en los días del Señor Jesucristo: los religiosos confesaban creer en la palabra de Abraham, Moisés y los demás profetas del pasado; pero la manifes­tación de Dios para la hora, no la pudieron creer; al contrario, la rechazaron y tuvieron a Jesús como un falso profeta. Igualmente sucedió en el tiempo de Wesley y en el tiempo de Lutero. Los que han creído la Palabra de Dios cuando esta se manifiesta, siempre han sido una minoría.

Dios está obrando hoy como obró ayer, El ha dado Palabra para esta edad, como lo ha hecho en todos los períodos pasados. En el tiempo presente, la situación no podía cambiar; hoy está sucediendo lo mismo que ayer: la inmensa mayoría de los religiosos han rechazado la Pala­bra de Dios para esta edad, y siguen viviendo de las cosas del pasado y de sus propios dogmas y tradiciones. Dios se ha revelado a los suyos, a sus ovejas, a sus pequeñitos, aquellos que tiemblan a su Palabra, la respetan y la guar­dan. El se ha manifestado a sus discípulos, a esa manada pequeña, a los pocos.

  Judas, asombrado con esta declaración del Maestro, preguntó: “¿qué hay porque te hayas de manifestar a nos­otros, y no al mundo?” Dios nunca ha revelado sus misterios al mundo, sino a los suyos: a quienes El ha ele­gido. Hoy mismo hallamos a muchísimos religiosos en esta tierra que no saben nada de la manifestación de Dios para esta edad. Ellos creen que están sirviendo a Dios; pero más bien están resistiéndole al rechazar la Palabra para la edad.

Si Dios siempre ha escogido una minoría en este mundo para revelarle sus misterios, entonces no puede actuar en forma distinta en este tiempo; porque como Dios obró una vez, así obrará siempre; pues “…en El no hay mudanza ni sombra de variación”. Esto lo podemos ver a través de las Escrituras y la historia:

En los días de Noé, solamente ocho personas entraron en el arca y escaparon del diluvio;

En los días de Lot, cuando Dios destruyó a Sodoma y a Gomorra, solamente tres personas fueron salvas.

De las personas que salieron con Moisés desde Egipto, solamente dos pasaron a la tierra prometida.

En los días de Lutero, fue la minoría del pueblo la que recibió su mensaje.

Igualmente sucedió en los días de Wesley y al principio de este siglo (siglo XX) cuando Dios derramó esa nueva lluvia del Espíritu.

En este tiempo no puede ser diferente, tiene que repe­tirse la misma historia: los grandes líderes religiosos hoy, amurallados en sus famosas y poderosas denominaciones, rechazan la sencilla Palabra de Dios y menosprecian a los pocos que la reciben. Dios revelará hoy sus misterios a la manada pequeña, como lo hizo ayer; porque como El obró una vez, así obrará siempre.

Cuando una persona llena las condiciones que Dios demanda, El está obligado, por su carácter y su Palabra, a obrar con esa persona de la misma manera como obró con alguna otra en cualquier tiempo o edad. Dios siempre actúa conforme a su regla establecida desde el principio.

En Juan 10:27, hallamos a Jesús diciendo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen”. Este verso confirma lo que hemos venido diciendo: Jesús tiene ovejas propias, que son los predestinados que pueden oír su voz, conocerla y seguirla. La voz del Señor es su PalabraEl hecho de oír la voz del Señor no significa capacidad audi­tiva; ya que muchos oyéndola la rechazan porque no la entienden, pues la Palabra les suena como locura, como herejía; porque no tienen revelación. Pero Jesús dijo: “Mis ovejas oyen mi voz”. Las ovejas del Señor Jesucristo son una manada pequeña, y ellas siempre han oído su voz; y la voz a la cual Jesús se refiere aquí, es su Palabra revelada. Conocer su Palabra es más que leer, oír o Interpretar la Biblia: es entender la voz del Señor.

Los Judíos oyeron a Jesús, pero no le creyeron porque Dios no les dio revelación. En Juan 10:26, Jesús les dijo: “Mas vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho”. Son sus ovejas propias quienes sola­mente le oyen y entienden; pero la inmensa mayoría del mundo religioso no son de sus ovejas, pues su manada es pequeña. Aquellos judíos no creyeron porque no eran de sus ovejas, y no tuvieron revelación de Dios.

A sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y como ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz”(Juan 10: 3-4). Las ovejas del Señor pueden estar metidas en cualquier parte (denominación, grupo, sistema); pero cuando llega el momento en que el Señor las llama y les revela su Pala­bra, ellas dejan todo sistema humano y le siguen. ¿A quién siguen? A Cristo, el Verbo. Las ovejas verdaderas siguen la voz de Cristo porque la conocen: Su voz es la Palabra. Ellas saben lo que está conforme a toda la Escritura.Este conocimiento que permite discernir la voz del Señor y entender la interpretación de Dios para la edad y los miste­rios ocultos que están en la Escritura, no puede ser otra cosa, sino la revelación de la Palabra.


La Mezcla de la palabra

Esto es lo que capacita a los predestinados de la hora para no seguir al extraño; pues hay muchos extraños a la Palabra. El extraño, pervirtiendo la Palabra, engañó a Eva en el principio; y así mismo sigue obrando hoy en los hijos de desobediencia. Los extraños a la Palabra pura de Dios, dejan oír su propia voz: sus interpretaciones parti­culares. Quiera Dios que usted pueda entender que ese es el objetivo del enemigo de nuestras almas: él quiere que se oiga su voz extraña a la Palabra: esa voz de mezcla, de tibieza, la cual caracteriza a esta edad final.

Hoy todo está mezclado, especialmente en el campo re­ligioso. Hallamos hoy a millones de personas aun llamadas cristianas creyendo mezclas, tradiciones, dogmas, creencias humanas, costumbres paganas y cuantas cosas más que los hombres mezclan con las Escrituras, y luego las enseñan como Palabra de Dios; y se olvidan que el Señor ha dicho que esta es la edad de la tibieza. ¿Cuál es la mez­cla? La mezcla de la Palabra de Dios con cosas contrarias a ella; lo que Dios ha dicho mezclado con lo que el hombre dice. El profeta Jeremías pregunta: “¿Qué tiene que ver la paja con el trigo?” (Jer. 23:28). El trigo aquí se refiere a la Palabra de Dios; pues ¿qué tiene que ver la paja que el enemigo pueda sembrar o las enseñanzas que la mente de los hombres puedan producir, con la Palabra del Señor? Las creencias humanas que nada tienen que ver con la Pa­labra de Dios, son el producto de la intelectualidad reli­giosa. Por lo tanto, intelectualidad religiosa, y Palabra de Dios, son dos cosas completamente diferentes.

En el principio el enemigo mezcló la Palabra y así se la predicó a Eva. El le dijo: “¿Con que Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” (Gén. 3:1). Lo que Dios les había ordenado era que no comieran el fruto del árbol que estaba en medio del huerto, porque el día que lo hicieran, morirían. Pero el enemigo, además de recor­darle a Eva lo que Dios había dicho, le introdujo su propia palabra; su interpretación particular: “Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; mas sabe Dios que el día que comiereis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como dioses sabiendo el bien y el mal”. (Gén. 3:4-5) Eso era como decirle: Dios dice que morirás, pero eso no es cierto; Dios es muy bueno; tú no vas a morir. La Escri­tura dice que la serpiente la engañó y la sedujo: «Y Adam no fue engañado, sino la mujer, siendo seducida, vino a ser envuelta en transgresión” (1 Tim. 2:14). “Mas temo que como la serpiente engañó a Eva con su astucia, sean corrompidos así vuestros sentidos en alguna manera, de la simplicidad que es en Cristo” (II Cor. 11:3). Ella aceptó la perversión de la Palabra y participó del árbol prohibido.

Tenemos que tener presente que el enemigo de nues­tras almas es un ser muy astuto; y así como pervirtió la Palabra de Dios para engañar a Eva en el principio, de la misma manera, ha engañado al mundo religioso a través de las siete edades de la iglesia. Su ocupación es mezclar la Palabra de Dios y pervertirla. Y cuando una persona recibe como Palabra de Dios la perversión que hace el enemigo con dogmas, tradiciones, costumbres paganas y enseñanzas humanas, su suerte será la misma que tuvo aquella pareja en el principio: muerte. Dios no cambia su parecer en cuanto a su Palabra.

Dios dice de la edad presente: “Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”(Apoc. 3:16). El agua tibia es producto de mezclar agua fría y caliente en iguales proporciones. Esta es la condición que Dios se­ñaló para esta edad final, y es lo que estamos mirando hoy en el mundo religioso: Dentro de las iglesias de este pe­ríodo hay una mezcla de las cosas de Dios con las del mun­do. Estamos viviendo la edad de la tibieza, con razón esta generación de religiosos ha sido vomitada de la boca de Dios. En la boca de Dios está su Palabra. Jesús dijo: “No con sólo el pan vivirá el hombre, mas con toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mat. 4:4). Por lo tanto, al vomitar el Señor a esta generación de su boca, la ha vo­mitado de su Palabra; porque este mundo, llamado cris­tiano, ha mezclado la Palabra de Dios con toda suerte de cosas mundanas. La mezcla produce náuseas al Señor. Esta es la condición de las iglesias hoy. Estamos sencillamente mostrando el cuadro que presenta el Espíritu Santo para la séptima y última edad de la iglesia (Apoc. 3: 14-22).

Un grupo pequeño

Todos los que entienden la Escritura saben que esta­mos en la edad de Laodicea, la edad de los derechos hu­manos, pues esto es lo que significa la palabra LAODICEA: “los derechos de las gentes”. Y esta es la característica de la presente generación. Hallamos a todo el mundo reclamando sus derechos y privilegios, no solamente en lo político, científico y social, sino también en el mundo re­ligioso. Centenares de denominaciones reclaman hoy sus derechos de interpretar las Escrituras. El producto de estas interpretaciones, ha sido la confusión que hallamos hoy dentro de los grupos religiosos, los cuales luchan unos contra otros. Pero el Señor dijo que la manada pequeña no será engañada, porque ella tiene revelación; ella conoce el mensaje que Dios ha traído para la hora. Esta manada pequeña siempre ha tenido compañeros en el camino desde los tiempos pasados; grupos pequeños que han creído la Palabra de Dios cuando El la ha enviado: con Noé salió solamente su familia; con Lot salieron tres personas y una se volvió estatua de sal; de los que salieron con Moisés de Egipto, solamente dos entraron a la tierra prometida. A los profetas también les siguió muy poca gente; lo mismo sucedió con Juan el Bautista y el Señor Jesucristo. Todos sabemos que fue la multitud quien pidió la crucifixión del Maestro. Todos estos hechos indican que la historia tiene que repetirse y, en verdad, se está repitiendo. Esta edad no podía pasarse por alto, y se están cumpliendo aquellas palabras del Maestro: “No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino”(Luc. 12:32).

Así que la revelación la oyen pocos; es la manada pe­queña la que tiene oídos para oír. No sencillamente el oído con el cual se perciben los ruidos, pues esto solamente es un canal por donde entra la Palabra; pero se necesita, con ese oído, la revelación para poder entender lo que Dios habla. Eso fue lo que les faltó a los judíos para entender y recibir el mensaje del Señor Jesucristo; pues ellos decían: “Dura es esta palabra, ¿quién la puede oír?” Se escandali­zaban porque aquella Palabra nueva no estaba acorde con sus antiguas creencias; pero en cambio el grupo de los discípulos, a quienes El en particular les declaraba todas las cosas, se gozaban recibiendo esta Palabra maravillosa.

No es más que un grupo pequeño en cada edad, quien recibe la Palabra. Esta afirmación no debe alarmarlo a usted, pues ésta es la manera como Dios siempre ha obrado a través de toda la historia, como ya lo hemos visto al referirnos a Noé, Lot, Moisés, los profetas del Antiguo Testamento, Juan el Bautista, Jesús de Nazareth, Lutero, Wesley, y aun en el tiempo presente, donde la gran mayo­ría no quiere nada con la verdadera Palabra de Dios.

La historia es una sucesión de hechos que se repiten continuamente. Por tanto, lo que sucedió con los elegidos en el tiempo de Lot, fue una repetición de lo que ya había acontecido en los días de Noé. Luego esta experiencia de Lot la vivió Moisés cuando sacó al pueblo de Israel de Egipto. Y el caso de Moisés se repitió luego en cada uno de los profetas que vivieron después de él. Siempre las grandes mayorías, con toda su religiosidad y su aparente consagración a Dios, rechazaron el mensaje de estos hom­bres y los tuvieron por locos y falsos profetas. Esteban acusó a la crema de los religiosos de su día, diciéndoles:

En estas palabras de Esteban está resumido lo que hemos venido diciendo: que las grandes masas religio­sas hicieron con los profetas del Antiguo Testamento, lo mismo que hicieron con Juan el Bautista, con el Señor Jesucristo y con los apóstoles. La historia se estaba re­pitiendo en esa edad, y tenía que repetirse hasta la consu­mación de los siglos. 

Las iglesias del Nuevo Testamento no eran la mayoría del pueblo, sino grupos pequeños que se reunían en las casas para adorar y servir al verdadero Dios.

De acuerdo con la Escritura y la historia, en este tiem­po no puede ser diferente: la manada pequeña recibirá la Palabra y se gozará en ella, mientras que los grandes grupos religiosos la menospreciarán y la tendrán por men­saje falso y por locura.

Esto os escandaliza

Este mensaje ha escandalizado al mundo religioso hoy; pero no está fuera de la Biblia en ningún aspecto, sino que siempre ha sucedido así. Jesucristo con su mensaje también escandalizó al mundo religioso de su día. El les preguntó: “¿Esto os escandaliza?”También dijo: “Bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí”. Si el Verbo, la Pa­labra, escandalizó al mundo religioso ayer, habrá de hacerlo hoy también; porque estos religiosos tienen la mis­ma naturaleza de aquellos. Y si ayer lo recibieron unos pocos, hoy también sucederá lo mismo. Esos pocos son los escogidos de Dios desde el principio; desde antes de la fundación del mundo, para poner en ellos su Espíritu y su Palabra; por eso la obedecen, la entienden y la viven. 

Mientras que el mundo religioso está hoy en una gran sequía espiritual, los verdaderos hijos de Dios se gozan alimentándose con el maná que el Señor tenía escondido para este tiempo; alimento que sale de la boca de Dios para sostener a su pueblo. Asimismo sucedió en el tiempo de Elías: mientras que el rey y sus siervos buscaban alimento para sus bestias, Dios alimentaba a Elías con pan, carne y agua del arroyo; y luego en la casa de la viuda, con harina y aceite, hasta que vino la lluvia. En ese tiempo el rey buscaba al profeta Elías para matarlo, porque el mensaje del profeta chocaba con su proceder mundano y con la creencia de su organización religiosa; pero Dios tenía es­condido a Elías, preparándole para cumplir en él su gran propósito. Pocas personas supieron de esto que Dios es­taba haciendo con su profeta, pues era una obra silenciosa y quieta, pero cuando llegó el tiempo, el Señor hizo una labor rápida y extraordinaria con Elías: la insensatez de aquellos falsos ungidos fue manifestada delante del pueblo. Y cuando Elías cumplió su misión, Dios concluyó raptándole en un carro de fuego.

Pablo dice que las cosas que sucedieron en el Antiguo Testamento, fueron en figura de nosotros; y sabemos que estamos en el fin, donde todas las figuras bíblicas tienen que cumplirse, y repetirse de nuevo los hechos registrados en la Escritura. Dios está obrando hoy como lo hizo en el pasado: El está haciendo hoy una obra silenciosa en su ver­dadero pueblo, su manada pequeña; al cual está alimentando y preparando para realizar en ellos todas las cosas que ha prometido en su Palabra para este tiempo final. UNA GRANDE LLUVIA SUENA, UNA GRAN LABOR ESTA POR DELANTE PARA EL VERDADERO PUEBLO DE DIOS. La manifestación de los hijos de Dios está a las puertas; y la insensatez de los falsos ungidos de este último tiempo, también será manifiesta a todos. Y cuando Dios haya cum­plido sus propósitos con los suyos sobre esta tierra, enton­ces vendrá el rapto.

El mundo está distraído en sus múltiples ocupaciones. Los religiosos ocupados en sus polémicas doctrinales y sus solemnidades. Estas cosas no les dejan, ni a los unos ni a los otros, percatarse del peligroso tiempo en que están viviendo. El verdadero cristiano no se ocupa de esto, pues sabe por las Escrituras y por el tiempo, que se acerca el fin de todo y prosigue hacia el blanco, sin im­portarle lo que digan los hombres.

La hora está bastante avanzada; es tiempo de volverse a Dios y su Palabra. Dios les bendiga.