OFENDE Y ESCANDALIZA

Índice

LA GENUIINA REVELACION DE LA HORA

1.- ES UNA NESECIDAD

2.- ES UN MENSAJE NUEVO

3.- OFENDE Y ESCANDALIZA

4.- LA OYEN POCOS

5.- ES ELECCION DIVINA

6.- ESTA EN LA PALABRA

7.- ES RESTAURACION

8.- Y LA IGLESIA

9.- ES LUZ PARA LA HORA

10.- VIENE AL PROFETA

LA GENUINA REVELACION DE LA HORA:

3.- OFENDE Y ESCANDALIZA

Cada vez que Dios ha dado revelación de su Palabra, siempre ha resultado ser un mensaje que ofende y escandaliza a toda persona que esté amurallada en las creencias tradicionales del momento. Cuando el Maestro predicó la Palabra, los que estaban a su alrededor se escandalizaron al oír sus enseñanzas. Por eso les dijo aquello que leemos en Mateo 9.17: “Ni echan vino nuevo en cueros viejos: de otra manera los cueros se rompen, y el vino se derrama, y se pierden los cueros; mas echan el vino nuevo en cueros nuevos, y lo uno y lo otro se conserva juntamente”.

Nadie se escandaliza con un mensaje viejo y conocido, es el mensaje nuevo el que escandaliza a la gente que ya tiene sus conceptos establecidos; sus ideas fijas en dogmas y costumbres tradicionales. Cuando Dios hace brotar luz de su Palabra, las personas acostumbradas con sus creen­cias viejas, no pueden admitir la luz nueva que Dios ma­nifiesta; sino que se escandalizan con ella. Así lo vemos en las Sagradas Escrituras, cuando el Maestro con sus enseñanzas nuevas escandalizó al mundo religioso.

Se tiene el concepto de que el evangelio no escandaliza a nadie, y esto es la verdad en cuanto al escándalo que produce el pecado, la corrupción y cualquier cosa contra­ria a Dios pero la Palabra de Cristo siempre ha escandalizado a los incrédulos y a los religiosos envueltos con ideas y tradiciones humanas.

Tomemos como ejemplo el mensaje de Martín Lutero, el cual escandalizó a la iglesia Católica Romana. Pero hoy nadie puede dudar que ese mensaje era la Palabra que Dios estaba enviando para esa edad. Otro ejemplo sería el de Juan Wesley. Varios años después de Lutero, el mensaje de este hombre escandalizó en Europa a los luteranos ya los grupos de la fe reformada. Recordemos también, como el mensaje pentecostal escandalizó, a principio de este si­glo (Siglo XX – Editor), a todas las denominaciones evangélicas en el mundo entero. Entonces, ¿cómo podemos evitar que el mensaje de Dios para este tiempo, escandalice a los que no lo pue­den creer, siendo la Palabra enviada por Dios para fusti­gar la decadencia espiritual de la edad? Es un mensaje, dentro del marco de las Escrituras, para restaurar las verdades de Dios dentro de la genuina iglesia de Cristo. Por esta razón, este mensaje ofende y escandaliza al mun­do religioso hoy, como sucedió en los días del Señor Je­sucristo.

El mensaje de los profetas, antes de que Cristo viniera, era sólo parte de la Palabra. Ellos dieron solamente la porción de la Palabra que correspondió para su tiempo; pero Cristo fue la manifestación de la Palabra en su ple­nitud; “Porque en El habita la plenitud de la divinidad cor- poralmente” (Colos. 2:9). Estas porciones de la Palabra traídas por los profetas, fueron rechazadas cada vez que ellos las dieron; y cuando apareció la medida plena en Cristo, la rechazaron con mayor rapidez. Esta rebeldía del pueblo judío, fue expuesta por Jesús en la parábola de los labradores malvados: “Oid otra parábola: Fue un hom­bre, padre de familia, el cual plantó una viña; y la cercó de vallado, y cavó en ella un lagar, y edificó una torre, y la dio a renta a labradores, y se partió lejos. Y cuando se acerco el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. Mas los labra­dores, tomando a los siervos, al uno hirieron, y al otro mataron, y al otro apedrearon. Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la mis­ma manera. Y a la postre les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, viendo al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle y tomemos su heredad. Y tomado, le echaron fuera de la viña, y le mataron” (Mat. 21:33-39).

En la restauración de la iglesia verdadera, desde el tiempo de Lutero hasta hoy, el mensaje de Dios no sola­mente es nuevo, y diferente de lo que la gente ha creído por muchos siglos; sino que, por esta misma razón, ofende yescandaliza al mundo religioso. Lutero sólo proclamó una pequeña porción de la Palabra: “el justo por la fe vivirá” (Gál. 3:11). Y esto fue suficiente para escandalizar a la iglesia que dominaba al mundo durante ese tiempo. Wesley predicó una nueva porción de la Palabra: “LA SANTIFICA­CION”; lo cual también causó escándalo en su edad. Pen­tecostés, a principio de este siglo, enseñó acerca del bau­tismo en el Espíritu Santo la restauración de los dones y todas las sectas llamadas cristianas se ofendieron y se escandalizaron con esta nueva porción de la Palabra. Si esto ha sucedido cada vez que Dios ha restaurado porciones de su Palabra, ¿cuanto mayor escándalo producirá en el mundo religioso hoy, el mensaje de este último tiempo; con el cual Dios ha prometido revelar todos los misterios que El había reservado para esta edad; como El lo anunció a sus siervos los profetas? (Apoc. 10:7).

Este mensaje se encontrará con muchos problemas dificultades por la ofensa que produce a los enemigos de la Palabra para esta edad. Como ha sucedido en los otros períodos de la iglesia, ellos lucharán en contra de la ver­dad para hoy. Los enemigos de Martín Lutero, creyeron haberle puesto fin a su mensaje, pero Lutero probó, y la historia lo confirma, que su mensaje era de Dios, y que esa fue la porción de la Palabra para ese tiempo. Al mun­do envuelto en las tinieblas del oscurantismo, no se le podía Proyectar más luz espiritual que aquella que el Señor le dio por medio de Lutero. Pero esta pequeña luz, nadie la pudo apagar. Todas las contrarreformas de la iglesia Católica Romana se vinieron al suelo; y la Palabra de Dios para esa edad no pudo ser vencida por ninguno. Ya sabemos que lo mismo sucedió con el mensaje que trajo Wesley: Muchos fueron los intentos que se hicieron para poner fin a ese mensaje, pero Dios probó al mundo que eso era su Palabra para aquella edad. Luego la historia se volvió repetir a principio de este siglo con la manifestación pentecostal que Dios derramó; porque la reacción del mundo ante la Palabra, es siempre la misma. Mas Pentecostés siguió adelante y cumplió su cometido. 

Dios ha prometido, para el tiempo del fin, una completa restauración de toda su Palabra; como se puede ver en Joel 2:25: “Y os restituiré los años que comió la oruga, la langosta, el pulgón, y el revoltón”. Esto significa que El restauraría todas las cosas concernientes a las verdades que los hombres han pervertido en el transcurso de los siglos.

Jesús vino a los judíos, conforme a la promesa que Dios le había hecho desde el nacimiento de ese pueblo; pero ellos le rechazaron; pues, cuando El apareció, esta­ban extraviados de la Palabra; y en lugar de ella tenían dog­mas, tradiciones y mandamientos de hombres; los cuales ellos enseñaban al pueblo como Palabra de Dios.

Ahora en este tiempo del fin, cuando hemos llegado a la última edad de la iglesia, Cristo viene a buscar a su pueblo; una novia pura de su Palabra, un pueblo completamente fiel a la Palabra de Dios. El Señor no puede venir a buscar una iglesia que esté en la condición como se hallaba Israel en el tiempo cuando El se manifestó en carne. Una iglesia mezclada con dogmas, tradiciones y mandamientos de hombres, será desechada como lo fue Israel.

Esta preparación del pueblo no depende del hombre, sino de Dios. Por lo tanto El tenía que restaurar toda la Palabra a su pueblo antes de la culminación de todas las cosas. Y esto es lo que Dios ha estado haciendo en estos últimos tiempos. Ha estado restaurando la fe en el pueblo, conforme a sus promesas. El ha traído al pueblo de fe en fe, de revelación en revelación: Restauró la justificación por la fe, en los días de Lutero; la santificación, en los días de Wesley; y a principio de este siglo (Siglo XX – Editor), el bautismo del Espíritu Santo y los dones. Estas cosas, en el trans­curso de las edades de la iglesia, habían sido destruidas por los insectos diabólicos.

Ahora estamos en la última etapa, en la etapa del fin, en la restauración total de la verdad de Dios. Ya no es una porción, sino la restauración perfecta y completa de toda la Palabra. La Palabra está otra vez sobre la tierra en su plenitud porque estamos en el último tiempo, viviendo el cumplimiento de las grandes promesas de Dios. Todas ellas se cumplirán en este período presente. Cristo fue la plenitud de la Palabra en el fin de la edad judía; pero ahora estamos en la edad de la plenitud de los gentiles.

La ofensa y el escándalo de los religiosos en esta época por causa del mensaje de Dios, no pueden detenerlo, ni im­pedir que la Palabra alcance a los predestinados para la hora: porque a Dios no lo detiene nadie. Los grupos reli­giosos hoy, debieran recordar la amonestación que Gamaliel dio a los religiosos de su día; cuando éstos en su celo sin ciencia perseguían a los verdaderos discípulos de Cristo: “Dejaos de estos hombres, ydejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvane­cerá; mas si es de Dios, no la podréis deshacer; no seáis tal vez hallados resistiendo a Dios” (Hech. 5: 38-39).

El mensaje nuevo, venido de Dios, los ofende y los escandaliza porque golpea fuertemente sus costumbres mundanas, sus dogmas e interpretaciones de hombres que ellos conservan como Palabra de Dios. Por esa razón todo el tiempo hemos tenido una repetición de la historia bíblica: El Maestro fue crucificado por la ofensa y escán­dalo que ocasiono su mensaje a las autoridades religiosas de su día; y los apóstoles fueron perseguidos por lo mis­mo: “Si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco qué se hará?” (Luc. 23:31). “Acordaos de la Palabra que yo os he dicho: No es el siervo mayor que su señor. Si a mi me han perseguido, también a vosotros perseguirán (Jn. 15:20). “Y también todos los que quieren vivir píamen­te en Cristo Jesús, padecerán persecución” (2 Tim. 2:12).

La gente que se escandalizó con el mensaje de nuestro Señor Jesucristo, no eran paganos desconocedores de las cosas de Dios; sino gente instruida que tenían las Sagradas Escrituras y confesaban creerlas. Pero cuando Jesús les dijo: “Yo soy el pan de vida; el que a mi viene, nunca ten­drá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Jn. 6:35); entonces ellos se ofendieron, porque nunca ha­bían oído a ningún hombre hablando de esta manera. Ver­daderamente, se necesitaba revelación de Dios para saber que éste era el Cristo; y sólo El podía hablar así. El era el verdadero pan del cielo que Dios les había dado en figura a través de Moisés. Ellos sabían muy bien de este maná que sus padres habían comido en el desierto. Entonces, ¿por qué aquel pueblo no entendió aun conociendo todo esto? ¿Por qué se escandalizaron con este mensaje? Porque ellos, en lugar de la Palabra pura de Dios, tenían sus pro­pios conceptos y tradiciones. Estaban tan enfrascados en sus creencias establecidas por sus sectas religiosas, que no tenían lugar para ninguna cosa nueva. Por lo tanto el escándalo fue mayor cuando el Maestro les dijo: “Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi car­ne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero” (Jn. 6:53-54). Mas ellos murmuraban y resistían la Palabra, diciendo: “¿Como puede éste darnos su carne a comer?” El no les respondió esta pregunta, porque sabía que ellos no recibirían esa Palabra de nin­guna manera, porque no eran de sus ovejas.

Aquella gente se escandalizaron con las enseñanzas del Señor; sin embargo, lo que el Maestro les estaba dando era la verdad de Dios. Esas eran palabras de vida eterna. ¿Cuál fue la razón por la cual no las recibieron? Primera­mente, porque era un mensaje nuevo y desconocido que sólo las ovejas verdaderas podían recibir; y segundo, por­que no armonizaba con lo que ellos habían creído por mu­chos años.

Podemos ver que Jesús sin explicarles aquello que les causó tanto asombro, les hace una nueva pregunta: “¿Pues que, si viereis al Hijo del hombre que sube donde estaba primero?” (Jn. 6:62). Ellos que estaban turbados por lo que les había dicho al principio en cuanto a comer su carne y beber su sangre para poder tener vida, ¿qué actitud to­marían cuando oyeron tales palabras? Creyendo ellos que su padre era un carpintero, su madre María de una familia  humilde, sus hermanos Jacobo, José, Simón y Judas, todos ellos conocidos como también sus hermanas, y sabiendo que vivían en Nazaret de Galilea; es decir, cono­ciendo su origen, ¿cómo se ofenderían cuando El les dijo que era el verdadero pan venido del cielo? Seguramente que ellos argumentaron: ¿cómo puede este hombre decir que su carne y su sangre son verdadera comida y verdade­ra bebida siendo conocido de todos nosotros? Ellos no podían de ninguna manera aceptar ésto, porque no tenían revelación de Dios para entender lo que Jesús les estaba enseñando. Estas enseñanzas del Maestro causaron un gran escándalo en el mundo religioso de su día.

Si usted hubiera estado en aquella ocasión, ¿cuál hu­biera sido su actitud ante estas palabras? No hay duda, que de la manera que usted juzga hoy la palabra que  Dios ha enviado para esta edad, esa sería exactamente la posición que usted habría adoptado ayer. La gente general­mente confiesa creer todo lo que Dios ha hecho en el pasado: pero lo que Dios demanda es que crean lo que El está haciendo en el presente. Recuerde: El está obrando hoy lo mismo que ayer.

        Los judíos creían que Moisés había sido un gran profeta; que sus padres habían comido el maná, y que eran de la simiente de Abraham; pero ahora estaba Cristo mis­mo presente, hablándoles del mensaje nuevo para la hora y con todo el conocimiento que ellos tenían como hombres doctos en las Escrituras, como maestros de la ley que en­señaban la Palabra en la sinagoga; sin embargo son los pri­meros en hacer complot para crucificar a Cristo Su mensaje no tuvo cabida en ellos.

Aun muchos de los llamados discípulos, cuando oyeron las palabras del Señor, se escandalizaron y comenzaron a irse, como dice en Juan 6:66: “Desde esto, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él”. Gran parte de esta gente seguía al Maestro por el pan que les había multiplicado y por las señales que hacia, pero no eran genuinas ovejas, pues, no tenían capacidad espiritual para participar de este alimento nuevo que El estaba dando. Fue tan fuerte este mensaje, que los mismos apóstoles fue­ron estremecidos con él. El Señor les dijo: “¿Queréis vos­otros iros también?” (Jn. 6:67). Era como si les hubiera dicho: “¿ustedes también están escandalizados? ¿ustedes tampoco pueden recibir mi Palabra?” Pero la respuesta de Pedro mostró la diferencia entre los que eran verdade­ros discípulos de Cristo, y los que no lo eran: “Señor, ¿a quién iremos? tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros creemos y conocemos que tú eres  el Cristo el hijo de Dios Viviente” (Jn. 6:68-69). Pedro supo que esas palabras que escandalizaron a los que se fueron, eran palabras de vida eterna para los verdaderos hijos de Dios. ¡Aleluya! Esto es maravilloso; y la única manera de explicarlo es mediante la revelación. Mientras que hombres letrados e instruidos se escandalizaron con aquellas palabras del Se­ñor, en cambio Pedro, junto con los verdaderos discípulos, sabia que éste era el mensaje de vida eterna. Es la revelación la que hace la diferencia, y por la cual podemos creer lo que Dios dice en su Palabra; aun cuando a veces no lo entendamos. El orden que vemos en la respuesta de Pedro es perfecto; él dijo: “nosotros creemos y conoce­mos. . .”: pues el creer viene primero, y el conocimiento después. Por esa razón el Maestro le dijo a Pedro en otra ocasión:

Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo, que el que guardare mi Palabra, no verá muerte para siempre” (Jn. 8:51). El Señor con estas palabras escandalizó profundamente a los religiosos. “Entonces los judíos le dijeron:

Ahora conocemos que tienes demonio. Abraham murió, y los profetas, y tú dices: El que guardare mi Palabra no gustará muerte para siempre. ¿Eres tú mayor que nues­tro padre Abraham, el cual murió? y los profetas murie­ron: ¿quién te haces a ti mismo?” (Jn. 8:52-53). El Maes­tro, sin explicarles todavía esto, les dijo: “Abraham vuestro padre se gozó por ver mi día; y lo vió, y se gozó.  Dijéronle entonces los judíos: Aun no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham?” (Jn. 8:56-57). Ellos tomaron estas palabras de una manera natural, y al razonarlas, no las pudieron recibir; pues Abraham había vivido muchos siglos antes, y Jesús apenas tenía unos treinta y tres años. Se necesitaba revelación divina para entender lo que Jesús estaba diciendo; y para conocer el misterio que estaba encerrado en El. Ellos ignoraban que estaban delante de aquel que acompañado de dos ángeles se apareció a Abra­ham en el valle de Mamre, a quien Abraham adoró pos­trándose en tierra.

Los Judíos no tuvieron revelación para entender lo que Jesús les enseñaba; por el contrario, razonaron las ense­ñanzas del Señor y tropezaron en ellas. No es por la razón que podemos entender las cosas de Dios, sino por revelación. Jesús les estaba hablando de un hecho registrado en las Escrituras; pero ellos no las escudriñaron para buscar este testimonio; sino que se rebelaron contra la verdad de Dios porque no la entendieron; y tuvieron a Jesús por ende­moniado y falso profeta. Dice la Escritura: “Tomaron en­tonces piedras para tirarle: mas Jesús se encubrió, y salió del templo: y atravesando por medio de ellos, se fue” (Jn.8:59). Hoy también hay Palabra de Dios para esta edad; y el mundo religioso se escandaliza con ella, como siempre ha sucedido.

En otra ocasión cuando el Señor enseñaba con parábolas:

No se sabe el propósito por el cual los discípulos comuni­caron al Maestro el efecto negativo que hubo en los fariseos al oír Su Palabra; pero sabemos que en lo humano, cuando hemos dicho algo que ha ofendido a alguna persona, lo natural es pedirle excusas al ofendido, y aclarar lo dicho. Pero el Maestro no les pidió excusas a los fariseos por la ofensa que les causó sus enseñanzas; antes respondió a sus discípulos: “Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada. Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo” (Mat. 15:13-14). Esta actitud del Maestro demostraba que esa gente nunca podía creer. A El no le preocupó la ofen­sa que les causó su Palabra. Ellos eran plantas sembra­das por el otro sembrador; no por el Padre Celestial. No importa cuan religioso sea una persona, ni qué instrucción haya alcanzado; si no es planta sembrada por Dios, se escandalizará cada vez que la Palabra sea manifesta­da. Para hacer más claro este pensamiento, veamos en Mateo 13:24 al 30, la parábola de la cizaña del campo: “Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos semejante al hombre que siembra buena simiente en su campo: Mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y como la hierba salió e hizo fruto, entonces apareció también la cizaña. Y llegándose los siervos del padre de la familia, le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? ¿de dónde, pues, tiene cizaña?   Y les dijo: Un hombre enemigo ha hecho esto.  Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la cojamos? Y él dijo: No; porque cogiendo la cizaña, no arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores:  Coged   primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; mas recoged el trigo en mi alfolí”.

         Los discípulos no entendieron esta parábola por lo tanto, cuando llegaron a casa, le pidieron al Maestro que  se las declarara: “Y respondiendo El, les dijo: El que siembra la buena simiente es el hijo del hombre; y el campo es el mundo; y la buena simiente son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo; y el enemigo que la sembró, es el diablo; y la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles” (Mat. 13: 37-39).

         Se ve claramente en esta parábola y su declaración, que sobre este mundo hay dos simientes: los que están figurados en el trigo, plantas sembradas por el hijo del hombre, que “son los hijos del reino”; y la otra simiente figurada en la cizaña, plantadas por el diablo que son “los hijos del malo”.

Estas dos simientes se han multiplicado y entrelazado sobre la tierra hasta tal punto que sólo Dios conoce los que son plantados por El, y los que vienen del otro sembrador, pues son tan semejantes entre si, como lo es el trigo y la cizaña; pero sus naturalezas son diferentes.

Podemos notar que las personas que se ofendieron con las enseñanzas del Señor Jesucristo, eran de esos religio­sos que ayunaban dos veces a la semana, diezmando de todo, y eran estrictos en guardar todas las costumbres de su religión. Delante del pueblo estos hombres eran inta­chables; eran los líderes que guiaban al pueblo y les ense­ñaban las cosas de Dios. Pero cuando se manifestó la ver­dadera Palabra de Dios, estos religiosos se ofendieron y escandalizaron. Y fue a raíz de este hecho, que Jesús en­señó que aquellos hombres con toda su religiosidad, no eran de las plantas sembradas por Dios, sino producto del otro sembrador.

Muchos son los religiosos que se ofenden hoy cuando decimos que Dios ha estado restaurando su Palabra en este tiempo. Y también se escandalizan cuando enfatizamos que Dios es UNO, de acuerdo con Deut. 6:4, donde leemos:

Al leer en Gn. 3:15, donde Dios dice a la serpiente: “Yenemistad pondré entre ti y la mujer, y ENTRE TU SIMIENTE y la simiente suya...” y cuando afirmamos, de acuerdo con esta Escritura, que la serpiente tuvo si­miente, son muchos los religiosos que se escandalizan con esto.

También es motivo de escándalo cuando decimos que Dios ha cumplido, en este tiempo, su promesa escrita en Mal. 4:5, al enviarnos un hombre con el espíritu de Elías para convertir los hijos a la fe de los padres (Apóstoles).

Una de las cosas que mas ha escandalizado a gran parte de las denominaciones llamadas cristianas de este tiem­po, es cuando probamos por las Escrituras que los após­toles siempre bautizaron en el nombre del Señor Jesucristo.

El mundo religioso se escandaliza por las cosas nuevas que predicamos; pero éstas, aunque son nuevas para el tiempo presente, están y siempre han estado en la Palabra de Dios.

Estamos conscientes que este mensaje, la Palabra del Señor para esta hora, escandalizará a los grupos religiosos amurallados en las interpretaciones que cada uno de ellos ha hecho de la Biblia; pues la Escritura enseña, que el mismo Señor Jesucristo es la principal piedra de escándalo y tropiezo para esta clase de gente: “Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sión la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en ella no será confundido. Ella es pues honor a vosotros que creéis: mas para los desobedientes, la piedra que los edificadores reprobaron, esta fue hecha la cabeza del án­gulo; y piedra de TROPIEZO, y roca de ESCANDALO a aquellos que tropiezan en la Palabra, siendo desobedien­tes; para lo cual fueron también ordenados” (1 Ped. 2:6-8). “He aquí pongo en Sión piedra de TROPIEZO, y piedra de CAIDA; y aquel que creyere en ella, no será avergonzado” (Rom. 9:33).

Dios ha dado Palabra nueva en cada edad, y ésta, sola­mente pueden recibirla los cueros nuevos, que son las per­sonas predestinadas con capacidad espiritual para oír y entender el mensaje que Dios envía para la hora. Las de­más personas se ofenden y escandalizan porque no tienen cabida para la Palabra; sus cueros se rompen y el vino se derrama, “Mas el vino nuevo en cueros nuevos… se conserva”.

Si Dios ha permitido que este mensaje llegue hasta us­ted, entonces le aconsejamos que abra su corazón a esta Palabra, y escudriñe las Escrituras para que conozca el tiempo en que estamos viviendo, la situación espiritual de los grupos religiosos hoy día y las promesas que Dios ha hecho a su pueblo para esta edad. Dios le bendiga.