LA TRADICCION

Y LA TRADICCION

Marcos 7:6-9

Jesús censuró a los religiosos de su edad, porque habiendo dejado la Palabra de Dios, tenían en su lugar tradiciones y mandamientos de hombres. Los religiosos de hoy están en la misma condición de aquellos: Cargados de tradiciones, dogmas e interpretaciones humanas. Por esa razón Dios prometió un profeta para restaurarnos a la Palabra original, al fundamento de los apóstoles.

Una de las doctrinas que Dios ha restaurado a través del profeta de esta edad es el Bautismo en el nombre del Señor Jesucristo.

Esto está completamente claro en el libro de Los Hechos de los Apóstoles y en otras escrituras; sin embargo, algunos argumentan que Pedro el día de Pentecostés ordenó bautizar en el nombre del Señor Jesucristo porque aquellos convertidos eran judíos y necesitaban recibir a Jesucristo como su Mesías. Pero este es un argumento sin ninguna base, porque otros que no fueron judíos también fueron bautizados en el nombre del Señor Jesucristo.

Felipe predicó a los samaritanos el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, y bautizó hombres y mujeres, (Hechos 8.12). ¿Y cómo les bautizó? La Biblia dice que les bautizó en el nombre de Jesús (Hechos 8.16). Estos eran samaritanos, quienes procedían de una mezcla de judíos y gentiles.

Cuando Cornelio y su familia, los cuales eran gentiles, creyeron al Señor, Pedro también les mandó a bautizar en el nombre del Señor Jesús. (Hechos 10.48). Así que Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo a los judíos en el día de Pentecostés: «Arrepentios, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo (Hechos 2.38). Y ahora, guiado por el mismo Espíritu Santo, en la casa de Cornelio, ordena bautizar a estos gentiles en el nombre del Señor Jesús.

Entonces hallamos que los apóstoles bautizaron tanto a judíos como a samaritanos y gentiles en el nombre del Señor Jesucristo. Así que el Evangelio es UNO, con los mismos mandamientos para los judíos como para gentiles, porque en Cristo no hay diferencia.

Romanos 10:12

Gálatas 3:27-28

Pablo como el maestro y apóstol de los gentiles, también confirma esta verdad cuando ordenó bautizar a los creyentes de Efeso en el nombre del Señor Jesús (Hechos 19:5); y el Espíritu Santo confirmó esta obra derramándose en seguida sobre los creyentes (Hechos 19:6).

Así fuela práctica de la Iglesia Primitiva, y así siguió por varios siglos; pero en el Concilio de Nicea, el año 325, la iglesia recibió un golpe mortal, porque allí se introdujeron al cristianismo muchas doctrinas falsas.

   Pablo, como el primer mensajero en la primera edad de la iglesia, había dicho:

Hechos 20:29-30

Después de la muerte de Pablo y de los demás apóstoles, gentes introducidas en el evangelio comenzaron a hacer cambios y modificaciones que poco a poco fueron alejando al pueblo de la verdad original. Estas son las cosas perversas que serían introducidas después de la partida del apóstol Pablo.

En vez de seguir bautizando como lo hicieron los apóstoles y los primeros discípulos, invocando el nombre del Señor Jesucristo, en el Concilio de Nicea optaron por tomar como fórmula las palabras en la comisión del Maestro; y apartaron de esa manera la interpretación que el Espíritu Santo había dado a los apóstoles.

1 Timoteo 4:1-2

Todo lo que sea contrario a las Escrituras es un error y una mentira; y Satanás es el único interesado en pervertir la verdad de Dios. Así que muchos errores fueron introducidos en el Cristianismo; y hasta el día de hoy las iglesias no han podido sacudirse de ellos.

   Lutero predicó: El justo por la fe vivirá, porque Dios le dio luz para que quitará el velo de esta verdad bíblica de la justificación por fe, la cual había sido sustituida por la justificación por las obras. Hasta una verdad tan funda­mental y tan clara en las Escrituras había sido empañada por los intereses egoístas de los hombres.

   El mensaje de Wesley fue la santificación; un mensaje para separar a los creyentes del mundo y sus costumbres. Este fue un paso más que Dios estaba dando en la obra de restauración.

Luego, como ya sabemos, muchos recibieron el bautismo del Espíritu   Santo, y los dones fueron restaurados; pero con todo eso, la iglesia no ha podido sacudirse totalmente de todas las cosas que fueron introducidas en el Concilio de Nicea y en los Concilios sucesivos. No obstante, Dios tendrá un pueblo preparado para el rapto, un pueblo separado de todo lo que sea contrario a las Escrituras. Para ello, El prometió un profeta.

Malaquías 4:5

Mateo 17:11

    El Bautismo en agua por inmersión en el nombre del Señor Jesucristo, es una de las verdades que Dios ha restaurado por el profeta de esta edad. No es una cosa fuera de las Escrituras, sino una verdad que está claramente expuesta en ellas, pero que los religiosos la han apartado por causa de sus interpreta­ciones particulares.

   Era necesario la presencia de un profeta de Dios para traer la Palabra con la misma pureza con que la predicaron los apóstoles. Un reformador no era suficiente, porque la obra del tal es limitada, pero Dios había prometido una restauración completa antes de la venida de Jesucristo; y esto sólo podía ser hecho por un profeta.

   ¿Qué es esta restauración? Tornar el pueblo a la fe y prácticas de los apóstoles. Es llevar el pueblo de Dios a la pureza de la Palabra, y a la vez separarlo de toda añadidura que los hombres han hecho a la Palabra. Un profeta separa al pueblo de las tradiciones y lo lleva a la Palabra pura.

   En cuanto a la restauración de la verdad del bautismo, tema de este folleto, significa volver a la práctica de Pedro, Pablo y los demás apóstoles, los cuales bautizaron por inmersión en el nombre del Señor Jesucristo; pero hoy ya están muy arraigados en sus costumbres tradicionales que más bien dicen que los apóstoles se equivocaron. Es difícil que el mundo religioso pueda volver a la pureza de la Palabra, porque hay una mezcla tan grande que se ha producido un cristianismo híbrido; pero habrá un pueblo que será convertido a la fe de los apóstoles y estará aparejado para el rapto. Amén.