OBEDIENCIA A DIOS

OBEDIENCIA A DIOS, ES OBEDIENCIA A LA ESCRITURA, EL BAUTISMO ES ESCRITURAL Y POR ELLO SE LE DEBE OBEDIENCIA AL BAUTISMO

Colosenses 3:17

En cuanto al bautismo, muchas personas han llegado al convencimiento de la verdad, han entendido y hasta confesado que el bautismo como lo practi­caron los apóstoles, en el nombre del Señor Jesucristo, es correcto, pero no han proseguido hasta la obediencia, porque no han tenido una revelación de este tan importante mandamiento, al no tener este despertar espiritual se consideran que ya están bautizados, aunque no lo estén en la forma apostólica, a la manera de cómo fue ejecutado por la iglesia del día de Pentecostés; pero la Escritura dice: UN BAUTISMO. 

Si es un bautismo, entonces todo lo que la ordenanza significa tiene una sola interpretación. Si el Señor ha ordenado que seamos bautizados, tiene que ser en el único bautismo bíblico. Entonces no debe haber diferen­cias en cuanto a esta ordenanza. La variedad de formas que hoy existen, es una perversión del bautismo original y apostólico. Dios no puede acreditar obediencia al bautismo si éste no ha sido efectuado correctamente. Es como la salvación; no podemos ser salvos de cualquier manera, sino de la única forma que Dios ha establecido para que la obtengamos.

No podemos jugar con la Palabra de Dios. Ella es para creerla y obedecerla. El ha dicho: Mi Palabra no pasaráEntonces no hay manera de evadirla o ignorarla sin cosechar funestas consecuencias. Si usted la cree, la obedecerá; pero si la desobedece, es porque no la ha creído. No importa cuanto alarde de religiosidad se pueda hacer, lo que tiene valor es la obediencia llana y sencilla de la Palabra. El Maestro dijo: «El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquel es el que me ama…. El que me ama, mi palabra guardará… El que no me ama, no guarda mis palabras» (Juan 14). Estas escrituras son duras, pero también significativas y profundas. El Señor está mostrando claramente que todo aquel que le ama de verdad, no pone pretextos para obedecer su Palabra, antes la obedecerá aunque le cueste la pérdida de todo. Esto es lo que la Escritura enseña: «El que me ama, mi palabra guardará… El que no me ama, no guarda mis palabras

También está escrito: «El que creyere y fuere bautizado, será salvo” La aplicación que se haga en cuanto a creer correctamente para ser salvo, también tiene que ser hecha en cuanto a bautizarse correctamente para ser obediente a la Palabra del Señor. No hay cosas de poca importancia en los mandamientos del Señor. «Toda palabra de Dios es limpia; es escudo á los que en él esperan. No añadas á sus palabras, porque no te reprenda, y seas hallado mentiroso» (Proverbios 30:5-6). No podemos agregarle, ni tampoco quitarle. Cuando alguien no obedece a la Palabra por considerar innecesaria alguna parte de ella, eso es quitarle a la Palabra.

        Si usted no ha sido bautizado en el nombre del Señor Jesucristo, como lo hicieron los apóstoles, entonces debe proceder a hacerlo; porque esa es la manera que agrada al Señor, el mismo que usted confiesa haber recibido como su Salvador. Si usted no tiene la seguridad de la salvación entonces debe arrepen­tirse y recibir a Jesucristo como su Salvador; pero si se ha arrepentido, debe  proceder a bautizarse en el nombre del Señor Jesucristo. Si usted no se avergüenza de tomar su Nombre para salvación, «porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado á los hombres en que podamos ser salvos entonces tampoco debe avergonzarse de invocarlo en el bautismo, porque ese es el mandamiento: «Arrepentios, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo...” Para los que se avergüenzan del Señor, está escrito: «Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles» (Marcos 8:38).

   «Yo honraré á los que me honran, y los que me tuvieren en poco, serán viles”. Honramos al Señor, cuando honramos su Palabra, pero es vileza tener en poco la Palabra de Dios. Este es nuestro consejo para los que han creído la verdad del bautismo en el nombre del Señor Jesucristo, que procedan a bautizarse como está establecido en la Palabra de Dios

     Pablo bautizó un grupo de creyentes en Efeso que eran bautizados en el bautismo de Juan, pero que todavía no habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesucristo (Hechos 19:1-7).

   ¿Qué hubiera hecho usted en aquella ocasión si hubiera estado entre aquellos discípulos? ¿No se hubiera bautizado usted de nuevo? ¿Hubiera usted resistido al apóstol Pablo? Lo que usted hará hoy, sería  lo mismo que hubiera hecho ayer

   En este caso del capitulo 19 del libro de Los Hechos, Pablo relacionó el recibimiento del Espíritu Santo con el bautismo en agua en el nombre de Jesucristo. También Pedro en Pentecostés hizo lo mismo. «Y Pedro les dice: Arrepentios, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo» (Hechos 2:38).

   Estos discípulos de Juan se volvieron a bautizar; pero en esta oportunidad lo hicieron correctamente, en el nombre del Señor Jesucristo. Ellos no discu­tieron con Pablo, antes se dieron cuenta que él les habló la verdad y en seguida obedecieron. Un verdadero discípulo no discute con la Palabra de Dios, antes acepta que ella nos es dada para creerla y obedecerla. «El que me ama, mi palabra guardará”. Un verdadero discípulo obedecerá inmediatamente a su Señor. Esto fue lo que hicieron estos discípulos en Efeso. Aunque ellos habían sido bautizados, no vacilaron en volverse a bautizar invocando el nombre del Señor. Y esto es lo que usted debe hacer si todavía no ha sido invocado sobre usted el Nombre de aquel que le salvó.

Tenemos que estar fundamentados sobre la Palabra del Señor, porque cuando todo pase. Ella permanecerá, y el que esté edificado sobre ella, también permanecerá. Si usted confiesa que Jesucristo es su Señor, entonces debe obedecer su Palabra. El dijo: «¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo? » (Lucas 6:46). Con esto señaló a los adoradores de labios y también cuando dijo: «Este pueblo con los labios me honra, mas su corazón lejos está de mí» (Marcos 7:6). Es posible hablar cosas muy bonitas y honrar al Señor con palabras, pero cuando se trata de obedecer lo que El ha ordenado, ponen ciertos pretextos y excusas. Algunos aprecian más laopinión de sus correligionarios que la obediencia a la Palabra. Otros piensan en el qué dirán y en la posición que han alcanzado en la iglesia; pero un verdadero cristiano sólo le interesa obedecer lo que el Señor ha ordenado aunque esto le cueste la pérdida de todas las cosas de este mundo.

También Jesús dijo: «No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos.» (Mateo 7:21). Hacer la voluntad de Dios, es obedecer su Palabra, porque su voluntad está en su Palabra. Algunos se excusan detrás de la obediencia de una parte de la Palabra, pero Dios demanda completa obedien­cia a toda su Palabra. «No con solo el pan vivirá el hombre, mas con toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mateo 4:4). Muchos están dispuestos a obedecer ciertas partes de la Palabra, las cuales sus denominaciones aceptan, pero no están decididos a obedecerla toda, porque hay ciertos prejuicios e intereses que no les permiten la total obediencia.

«Mas los Fariseos y los sabios de la ley, desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de él” (Lucas 7:30). Estos menospreciaron el bautismo en su día y con ello desecharon el consejo de Dios contra sí mismos. Allí está un grupo de religiosos que decían servir a Dios, pero no estaban dispuestos a obedecer esta ordenanza. Sin duda que en esta edad se ha repetido la historia. Muchos hoy han desechado el consejo de Dios contra sí mismos no siendo bautizados «en el nombre del Señor Jesucristo

   La bendición está en la obediencia a la Palabra de Dios. No hay bendición en hacer una cosa como la tradición viene practicándola por muchísimos años, sino como dice la Palabra que debe ser hecho. Dios da crédito solamente a su Palabra. Está escrito: «Y todo lo que hacéis, sea de palabra, ó de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias á Dios Padre por él”  Amén.