TESTIMONIO APOSTOLICO

Índice

  1. DEIDAD
  2. UN POCO DE HISTORIA
  3. OYE, ISRAEL: NUESTRO DIOS UNO ES
  4. TESTIMONIO APOSTÓLICO
  5. TESTIMONIO DE UNO DE LOS PROFETAS
  6. LA VERDAD ESCRITURAL
  7. DIOS EN MORPHE

TESTIMONIO APOSTOLICO

1 Timoteo 3:16

Los apóstoles no creyeron en una multiplicidad de personas en Dios, antes enseñaron que Dios es UNO, manifestado como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo. Tres oficios de la Divinidad en su relación con el hombre.

En Jesús, Dios se manifestó como Hijo, pero esa manifestación no le hizo otro Dios diferente, sino el mismo Dios de la gloria, el Eterno y Todopoderoso manifestado en Cristo. «Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” (2 Corintios 5:19). Dios en Cristo fue el Cordero, el Sacerdote y el Profeta. De esa manera pudo morir para reconciliar a su pueblo consigo mismo. El se humanó para poder morir y reconciliarnos consigo mismo, pero esta encarnación no le hizo otra persona diferente; El siguió siendo el único y sólo Dios.

Jesús en la tierra fue el Profeta, el Cordero y el Hijo; sin embargo esto no lo convirtió a El en tres personas; fueron solamente tres manifestaciones u oficios de la misma persona.

El Jehová del Antiguo Testamento es el mismo Jesús del Nuevo Testamento. Esto está confirmado en muchas porciones de la Biblia.

Juan 12:35-41

   Ahora, leyendo la porción que Juan cita del profeta Isaías, nos daremos cuenta que el Jehová del Antiguo Testamento es el mismo Jesús del Nuevo.

 Isaías 6:1-5

Isaías 6:8-10

   Isaías dice claramente que él vio al Rey, Jehová de los ejércitos (Isaías 6:5); y Juan afirma que Isaías dijo estas cosas cuando vio la gloria del Señor Jesucristo y habló de El (Juan 12:41). El pueblo no creyó aunque Jesús hizo grandes maravillas delante de sus ojos, para que se cumpliese la Escritura.

   Pudiéramos citar muchísimos otros casos semejantes a éste, pero mencionaremos uno más.

Isaías 40:3

   Todos sabemos que esta voz que clamó en el desierto aparejándole el camino a Jehová fue Juan el Bautista, el cual preparó el camino al Señor Jesucristo. Entonces el Jehová que menciona Isaías es el mismo Jesucristo del Nuevo Testamento.

                                                                                                        Hechos 2:36

Si Jesús es Señor y Cristo, entonces El es Padre, Hijo y Espíritu Santo manifestado en carne. El es Señor -PADRE- y Cristo -Espíritu Santo-. El es el Señor Jesucrristo. Esto está muy claro: Dios hizo de Jesús Señor y Cristo. Allí está la manifestación completa de Dios. Señor no es una persona distinta de Cristo, ni Jesús tampoco es otra personalidad separada de Señor. Todo esto es la Revelación de un solo Dios, una sola persona: El Señor Jesucristo. Por esa razón cuando Felipe le dijo:«Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dice: ¿Tanto tiempo ha que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mi mismo: más el Padre que está en mí, él hace las obras” (Juan 14:8-10).

Toda la plenitud de la divinidad -Padre, Hijo y Espíritu Santo- habitan en el Señor Jesucristo, como lo ha enseñado el apóstol Pablo: «Porque en él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente” (Colosenses 2:9). Jesús -Hijo-, el Señor -Padre- y Cristo que significa ungido -Espíritu Santo- los tres son UNO.

Juan 16:28

El Señor Jesucristo desapareció de la tierra por la vía de la muerte, sepultura, resurrección y ascensión; y cuando Pablo se encontró con El en el camino de Damasco, y el Señor le dijo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Pablo le preguntó:«¿Quién eres, Señor? Y él dijo: Yo soy Jesús á quien tú persigues” (Hechos 9:4-5). Ahora, ¿qué vio Pablo? Una luz resplan­deciente, la misma Columna de fuego que estuvo con Israel en el desierto. El había regresado a su misma forma, tal como dijo que lo haría. El había vuelto a lo que era antes de tomar el Tabernáculo de carne. Juan dijo: «A Dios nadie le vió jamás: el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le declaró” (Juan 1:18). Juan dice que El está en el seno del Padre.

Todo esto muestra un solo Dios con una sola personalidad, pero manifestado en diferentes oficios: Una vez como Padre; otra, como Hijo; y otra, como Espíritu Santo. Estos oficios o manifestaciones no dan base para dividir a Dios en varias personas. El sigue siendo UNO. «Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”

Un ejemplo sencillo de la vida humana puede ayudarnos a entender esta verdad: Todo hombre casado y con hijos representa tres oficios ante la sociedad y la familia. Este hombre por causa de sus hijos es un padre, y en esta relación se presentarla en cualquier acto humano o social en caso de tener que actuar con respecto a sus hijos. Este padre a la vez es hijo en relación con su progenitor; y si tuviera que comparecer ante un tribunal con respecto a su padre, tendría que hacerlo en la condición de hijo. De modo que este hombre es tanto padre como hijo. Este hecho no lo hace dos personas, sino la misma persona ejerciendo dos oficios diferentes. Este mismo hombre que es padre y a la vez hijo, por cuanto es casado, es también esposo; y al relacionarse con su esposa, toma una posición diferente a la de hijo y también a la de padre. Hallamos a este hombre ejerciendo ante la sociedad tres oficios completa­mente diferentes: Padre, hijo y esposo. Sería muy insensato quien afirmase que por este hecho se trate de tres hombres diferentes o un hombre dividido en tres personas; porque al ser abuelo habría que agregarle una cuarta perso­nalidad; y esto es ridículo desde todo punto de vista. Ese hombre es UNO con diferentes oficios o manifestaciones. Ante su hijo es un padre, y ante su padre es un hijo, y ante su esposa es un esposo.

Dios es UNO, pero ha tomado diferentes oficios en su relación con el hombre. Cuando se manifestó como Hijo era a la vez Padre y Espíritu, por esa razón le dijo á Felipe: «El que me ha visto, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo: mas el Padre que está en mí, él hace las obras” (Juan 14:9-10). «Yo y el Padre una cosa somos” (Juan 10:30).

Esto de dos o tres personas en Dios, es una tradición de origen pagano. La Nueva Enciclopedia Internacional dice que la iglesia protestante en el tiempo de la Reforma aceptó la doctrina de la trinidad sin un examen serio. Esto es lo que ha venido sucediendo en todos estos siglos pasados.

Las interpretaciones erróneas de los hombres tienen que ser descartadas para aceptar la verdad de Dios, porque ella es la que nos puede libertar. Jesús dijo: «Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará” (Juan 8:32). También dijo: «Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36). El Hijo es el Verbo de Dios, la Palabra hecha carne. Esto es lo que nos puede libertar de todo aquello que empaña la verdad. No es lo que su iglesia o denominación diga, es lo que Dios afirma en su Palabra; porque El es su propio intérprete. El se revela a aquellos que desean aprender, a los niños, y aparta a los que quieren discutir con su Palabra y argumentan a favor de tradiciones y doctrinas humanas. Jesús dijo: «Bien invalidáis el mandamiento de Dios por guardar vuestra tradición” (Marcos 7:9).

No son tres personas en Dios, es sólo un Dios con una personalidad, quien se ha manifestado en diferentes oficios para redimir a su pueblo. Dios el Padre para ser nuestro Salvador y Redentor, tomó el oficio de Hijo. «Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo á sí” (2 Corintios 5:19). No podemos hablar de Dios sin incluir su manifestación como Hijo, porque en esa forma El murió para salvarnos; por tanto, Dios como Hijo es nuestro Redentor, Mediador, Sacerdote, Profeta y Rey. «Porque hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5). El Eterno Dios haciendo el oficio de Hijo tomó forma humana para morir y reconciliarnos consigo mismo.

También dice la Escritura: «Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado: y el principado sobre su hombro: y llamaráse su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz” (Isaías 9:6). Este niño que fue Jesús, el Hijo que nos fue dado, según esta Escritura, es a la vez el Dios fuerte y Padre eterno. Esto es un verdadero misterio. «Grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en carne” (1 Timoteo 3.16). Es decir, el Dios fuerte, Padre eterno tomó la forma de un niño que creció como los hombres para obrar la Redención del pueblo. «Y parirá un hijo, y llamarás su nombre JESUS, porque él salvará á su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que fue dicho por el Señor, por el profeta que dijo: He aquí la virgen concebirá y parirá un hijo y llamarás su nombre Emmanuel, que declarado, es: Con nosotros Dios” (Mateo 1:21-23). Dios con nosotros en su Hijo; pero no dice la Escritura que sería una segunda persona. Esa manifestación fue simplemente «Dios con nosotros.» Eso es todo lo que declara la Palabra, y no se debe decir más de allí, porque sería agregarle a la Palabra; y está escrito: “No añadas a sus palabras, porque no te reprenda, y seas hallado mentiroso” (Proverbios 30:6). No debemos argumentar cosas que Dios no dice en su Palabra; aun si hay algo que no entendemos, debemos repetirlo tal como El lo ha dicho.

Juan 5:20

Romanos 3:4

   Las Sagradas Escrituras siguen diciendo: «Jehová nuestro Dios, Jehová UNO es” No dos ni tres, sino UNO. Y este Dios único se manifestó en Jesucristo en quien habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente. Esto es lo que dice la Palabra de Dios y esta es la revelación que ha traído la luz para esta edad.

   La luz de la tarde ha venido para disipar las tinieblas y para restaurar las verdades que habían estado encubiertas por varios siglos. “Mas acontecerá que al tiempo de la tarde habrá luz” (Zacarías 14:7). Esta luz de la hora de la tarde es el profeta que Dios había prometido para la última edad de la iglesia, el séptimo mensajero que habría de revelar todos los misterios, el Elías que restauraría todas las cosas. Este profeta ha tornado al pueblo de Dios a la Palabra. Amén.