EN EL NOMBRE

Bautismo Bíblico

  1. BAUTISMO EN AGUA
  2. EN EL NOMBRE
  3. TESTIMONIO APOSTOLICO
  4. LA TRADICIÓN
  5. OBEDIENCIA A DIOS

EN EL NOMBRE

Hechos 2:38

Cuando el Señor Jesucristo habló de la iglesia de esta edad final, El se presentó llamando desde la puerta. El no está dentro de la iglesia porque ha sido echado fuera por los sistemas humanos, dogmas y credos.

Apocalipsis 3:20

Esto está muy claro si tenemos presente que Cristo es la Palabra, el Verbo de Dios. Por causa de sus credos y dogmas, las iglesias han echado fuera a la Palabra de Dios. Esto es lo que el Señor había profetizado para esta edad, y es lo que ha sucedido. El se presenta a las puertas de esta edad, llamando y procurando entrar.

El testimonio de la Escritura concuerda perfectamente con los hechos presentes es decir, con lo que está sucediendo en las iglesias. Hay una verdadera confusión religiosa. Más de novecientas denominaciones llamadas cristianas son más que suficientes para mostrarnos que la Biblia ha sido despedazada. Estas divisiones han sido el resultado de la intromisión de interpretaciones humanas. A más de esto, cada denominación afirma estar en la verdad; cosa que no se puede concebir por causa de las diversas contradic­ciones entre los diferentes grupos. Dios no puede estar en estas interpreta­ciones contradictorias, porque sería un Dios de confusión. El es el intérprete de su propia Palabra, y su Palabra no tiene más que una sola interpretación; con todo, hallamos al pueblo llamado cristiano, dividido por diferentes interpretaciones aun de un solo verso de la Escritura. Mateo 28:19 es un buen ejemplo que corrobora lo dicho anteriormente.

Mateo 28:19

Alrededor de este mandamiento, hallamos serias dificultades y muchas divisiones. Empezando con la forma de bautizar ya tenemos la primera dificultad, porque unos bautizan por aspersión o rociamiento y otros por inmersión; unos bautizan mojando parte del cuerpo, mientras que otros mojan todo el cuerpo; algunos grupos rocían agua solamente en la cabeza, y otros mojan todo el cuerpo menos la cabeza. Entre los que sumergen todo el cuerpo, algunos lo hacen hacia adelante y otros hacia atrás; algunos sumergen una vez, otros tres veces. Entre los que usan la aspersión, hay aquellos que rocían solamente una vez el agua sobre la cabeza del creyente, mientras hay quienes lo hacen por tres veces. Algunos han llegado a tomar un hisopo y lo han sacudido sobre una multitud y la han declarado bautizada. Es una tremenda confusión lo que hay en el cristianismo. Y esto que solamente hemos mencionado la manera de bautizar, porque también hay diferencias en cuanto a los candidatos para el bautismo: Unos bautizan a los niños sin conocimiento ni ejercicio de la fe, lo hacen apadrinados. Entre los que bautizan los adultos, los dividen en los que creen, los que simpatizan y los que no creen. Algunos bautizan para salvación, otros para hacerlos cristianos, y otros para hacerlos miembros de la iglesia.

Aún podemos seguir mencionando más diferencias y divisiones que existen en cuanto a este solo texto de la Palabra. No estamos diciendo esto para criticar, sino para mostrar la confusión que hoy reina entre el llamado cristianismo. Dios sabía que esta condición iba a existir en el tiempo del fin, y por esa causa prometió un profeta para esta edad, por el cual restauraría todas las cosas.

Ahora, Dios quiso decir una sola cosa cuando dio este mandamiento en Mateo 28:19. El no lo dio para traer esta confusión que hoy existe; pero son las interpretaciones humanas las que han creado la situación actual, porque con ellas tratan de hacer que Dios diga lo que El no ha dicho. ¿Puede usted imaginarse a los apóstoles teniendo diferencias entre sí en cuanto a este mandamiento del Señor? Jamás podemos pensar eso. Ellos como el funda­mento de la iglesia obraron en perfecta armonía. Las Escrituras testifican que tanto Pedro como Pablo, y todos los demás apóstoles, tuvieron las mismas prácticas y la misma fe. Pues hay un solo evangelio y, por tanto, una sola interpretación. Esto fue lo que enseñaron los apóstoles.

Gálatas 1:6-9

Estas palabras tienen que ser tomadas muy en cuenta porque son inspiradas por el Espíritu Santo. El Evangelio es UNO. Entonces las muchas interpreta­ciones que existen hoy, son un evangelio pervertido. ¿Pero cómo podemos hacer que la gente vea esto, cuando cada grupo considera su interpretación como la única verdadera, y cada persona por ser sincera con su denominación cree estar en la verdad, aunque esté en completa oposición a los demás? ¿Se da cuenta usted de la gran confusión que hoy reina en el mundo? Tanta gente creyendo un evangelio pervertido, manteniéndose en grupos con interpretaciones diametralmente opuestas unos de otros, y a la vez confesando que están en el verdadero Evangelio. Esta situación hacía necesario la presencia de un profeta para aclarar todos los misterios, no para dar una nueva interpretación, sino para restaurar la Palabra original. El bautismo es una de las tantas doctrinas que Dios restauró por el profeta.

Efesios 4:3-6

No hay muchos bautismos, sino UNO. En esta expresión. la Escritura incluye la forma, el simbolismo, la aplicación, y todo lo relacionado con esta ordenanza. Las muchas formas y aplicaciones contradictorias entre los diferentes grupos llamados cristianos, son una perversión de la verdad.

Hemos mencionado las tantas divisiones que existen en cuanto a la forma y aplicación del bautismo, pero también hay diferencias en cuanto a la invocación durante el acto del bautismo. Algunos lo hacen en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, de acuerdo con la fórmula Mateo 28:19, de forma literal, mientras que otros lo hacen ejecutando esa instrucción de la formula, en el nombre del Señor Jesucristo, como se ve en Hechos 2:38. Pero tenemos que tener presente que no hay contradicción en las Escrituras; sino que algunos toman el mandamiento o instrucción de Mateo 28:19 como una forma para efectuar el bautismo; pero el Señor no ordenó que usaran esto como una fórmula, sino que dijo:  “… id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” El Señor dijo, en el nombre (singular), El no dijo, en los títulos, sino en el nombre. Padre no es nombre, como tampoco lo es Hijo ni Espíritu Santo. El Padre y el Hijo tienen su nombre.

Tenemos una sencilla ilustración en la vida natural: Un hombre es hijo, y puede ser padre, pero a la vez tiene su nombre por el cual es conocido. Por lo tanto, cuando el Señor dijo: Bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, El no ordenó esto como una fórmula literal; por esta razón cada vez que los apóstoles bautizaron, lo hicieron invocando el Nombre sobre los creyentes; por tanto, nos toca hallar cuál es ese Nombre que ha de ser invocado durante el bautismo de cada cristiano.

Hechos 2:38

Hechos 4:12

Este asunto está muy claro en la Escritura: Hay un solo Nombre en el cual podemos hallar salvación; y es JESUCRISTO. Este Nombre está por encima de todo otro nombre en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra.

Filipenses 2:9-11

JESUCRISTO, Nombre que es sobre todo nombre, es el mismo nombre del Padre, porque Jesús dijo: «Yo he venido en nombre de mi Padre...” (Juan 5:43). Este nombre fue traído desde el cielo. «… y llamarás su nombre JESUS, porque él salvará á su pueblo de sus pecados.» Este JESUS es el CRISTO, y en El habita la plenitud de la divinidad corporalmente, porque Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo a sí (2 Corintios 5:19). Por esta razón El dijo: Yo he venido en nombre de mi Padre. Jesús era Emmanuel, Dios con nosotros.

Ahora, no hay más que un Dios; por tanto, ese Dios que estaba en Cristo no es otro que el único Dios de la gloria; y el nombre que se dio al manifestarse entre los hombres, fue JESUCRISTO. De modo que el JEHOVA del Antiguo Testamento, es el mismo JESUS del Nuevo Testamento.

Entonces cuando El dijo: Bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, se refirió al nombre de JESUCRISTO, que es el nombre del Padre y también del Espíritu Santo; porque Jesús dijo: «Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho.» (Juan 14:26). Así que Jesús vino en nombre del Padre, y el Espíritu Santo vino en nombre de Jesús; por consiguiente, no hay más que UN SOLO NOMBRE para estas tres manifestaciones de Dios. Y a más de esto, la Escritura dice que estos tres son UNO.

1 Juan 5:7

   Todos los apóstoles bautizaron invocando sobre el creyente el nombre del Señor -JESUCRISTO-, porque así lo entendieron en el mandamiento que recibieron del Señor, y además fueron instruidos de esa manera por el Espíritu Santo, de acuerdo con la promesa: «...él os enseñará todas las cosas y os recordará todas las cosas que os he dicho.» (Juan 14:26).

   Esta verdad tan sencilla, fuepervertida por las interpretaciones humanas; siendo reemplazada por el bautismo en títulos en lugar del Nombre; pero Dios prometió restaurar toda la verdad antes del fin; y por esa razón envió un profeta que sacara a la luz todas las cosas.

   Ahora entendemos que el mandamiento de bautizar en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, significa, como lo practicaron los apóstoles, invocar sobre el creyente el nombre que tomó el Padre, que es el mismo del Hijo, y del Espíritu Santo, el cual es el Señor Jesucristo, Dios hecho carne.

l Timoteo 3:16

   Jesucristo es el gran Dios y Salvador nuestro (Tito 2:13). El es el verdadero Dios y la vida eterna (1 Juan 5:20). Dios se vistió de carne para poder efectuar la obra de la redención; por lo tanto, bautizarnos en su Nombre es un privilegio y una honra; porque es en su Nombre que somos salvos. «Porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado á los hombres,en que podamos ser salvos

Lucas 24:47

Hechos 16:31

Romanos 10:13

   Si somos salvos invocando su Nombre, entonces ¿cómo vamos a rehusar su Nombre en el bautismo?

   Claro está que si no podemos ser salvos sino por su Nombre, entonces el bautismo tampoco será valedero si no es en su Nombre; porque lógicamente, somos bautizados en el mismo Nombre de quien nos salvó. Ananías le dijo a Pablo, después de su conversión, «ahora pues, ¿por qué te detienes? Levántate, y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.» (Hechos 22:16).

   La Escritura no es de interpretación privada, ella misma se interpreta, porque Dios mismo es el intérprete de su propia Palabra; y cuando leemos en la Escritura cómo se realizaron los bautismos después del mandamiento del Señor, hallamos que todos los apóstoles, en todos los casos, bautizaron invocando el nombre del Señor Jesucristo sobre los creyentes. Ud. puede constatar eso en el libro de los «Hechos de los Apóstoles.» Ellos que estuvieron más cerca del mandamiento, esa fue la manera en que el Espíritu Santo se los enseñó. Y si somos salvos invocando su Nombre, también es escritural que seamos bautizado en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.