Índice
LA GENUIINA REVELACION DE LA HORA
1.- ES UNA NESECIDAD
8.- Y LA IGLESIA
LA GENUINA REVELACION DE LA HORA:
7.- ES RESTAURACION
«Y enviará a Jesucristo que os fue antes anunciado: Al cual de cierto es menester que el cielo tenga hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde el siglo» (Hech.3:20-21).
La revelación de la Palabra en cada edad de la iglesia en la cual se ha hecho manifiesta, ha tenido un propósito muy importante y definido. Esto lo podemos ver en todos los períodos por donde ya ha pasado la iglesia, incluyendo la edad presente; porque esta no podía ser ignorada siendo la edad final, y cuanto más cuando la Escritura dice: » Mejor es el fin del negocio que su principio«. El fin en este negocio de Dios es RESTAURACION COMPLETA; por consiguiente, el propósito de la revelación de Dios siempre ha sido el de restaurar en su pueblo la pureza de su Palabra; la cual los hombres han oscurecido con las cosas que le han añadido. Al agregarle dogmas, tradiciones y mandamientos humanos a la Palabra, la invalidan; porque ellos enseñan esta mezcla como si fuera la Palabra pura de Dios. Pero esto no es más que una apariencia de piedad; porque la verdadera piedad está en vivir la Palabra de Dios en su pureza. La perversión de la Palabra ha sido el mal común en todas las edades de la iglesia. Por tanto Dios ha tenido que revelarse para manifestar su Palabra pura a los que en verdad quieren hacer Su voluntad.
Desde el mismo principio los apóstoles anunciaron que estos males entrarían a la iglesia. Pablo, por inspiración divina dijo:
«Empero el Espíritu dice manifiestamente, que en los venideros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus de error y a doctrinas de demonios; Que con hipocresía hablarán mentira, teniendo cauterizada la conciencia. Que prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de las viandas que Dios crió para que con hacimiento de gracias participasen de ellas los fieles, y los que han conocido la verdad. Porque todo lo que Dios crió es bueno, y nada hay que desechar, tomándose con hacimiento de gracias: Porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado» (1 Tim.4:l-5).
Indudablemente que estamos en el tiempo de mayor apostasía, la cual ha venido por escuchar a «espíritus de error, y a doctrinas de demonios» que han enseñado cosas contrarias a la Escritura. Pues esa perversión de la Palabra con dogmas, tradiciones e interpretaciones particulares, viene del diablo y de sus seguidores; porque esto fue lo que él hizo en el principio con Eva: Usó como instrumento la serpiente, interpretó mal la Palabra de Dios y consiguió que Eva aceptara esta mezcla. Este hecho trajo la muerte y demás calamidades y problemas que hoy vemos en el mundo.
Juan dijo:
«Hijitos, ya es el último tiempo: y como vosotros habéis oído que el anticristo ha de venir, así también al presente han comenzado á ser muchos anticristos; por lo cual sabemos que es el último tiempo» (1 Juan 2:18).
Anticristo es lo mismo que antipalabra. Pero muchas personas piensan de esto como si se refiriera solamente a una figura humana; pero más que eso, se refiere a toda cosa contraria a la Palabra, porque Cristo es la Palabra, el Verbo de Dios. «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros«. De modo que los que separan a Cristo de la Palabra cometen un grave error; porque El no es meramente un personaje histórico, sino la Palabra de Dios hecha carne.
El anticristo ha de venir como un personaje alrededor del cual girarán todos estos sistemas religiosos contrarios a la Palabra de Dios, pero «al presente han comenzado a ser muchos anticristos«; pues mucha gente llamándose cristiana creen y practican muchas cosas contrarias a la Palabra.
El apóstol Pedro también anunció esta perversión de la verdad divina que es tan común en este tiempo: «Pero hubo también falsos profetas en el pueblo, como habrán entre vosotros falsos doctores o maestros que introducirán encubiertamente herejías de perdición, y muchos seguirán sus disoluciones por los cuales el camino de la verdad será blasfemado«. El cristianismo está hoy mezclado con costumbres del paganismo; éstas han entrado encubiertamente en su seno como prácticas buenas y aconsejables; sin embargo ha sido una obra satánica de la cual el apóstol Pedro ya nos había alertado. Pero Dios no se ha quedado inactivo ante esta lamentable situación de la iglesia. La historia nos muestra su intervención procurando desligar a la iglesia de los sistemas humanos. El ha enviado mensajeros en cada una de las edades de la iglesia que han cumplido este propósito.
En el tiempo de Lutero, el mundo estaba envuelto en gran oscuridad espiritual. El príncipe de las tinieblas parecía tener todo bajo su dominio. La verdad de la Palabra estaba encubierta y los llamados cristianos permanecían como los huesos secos de la visión del profeta Ezequiel. Pero Dios había dicho que esos huesos secos vivirían. ¿Cómo habían de vivir? Por la Palabra. ¿Qué le dijo Dios al profeta Ezequiel? «Profetiza sobre esos huesos, y diles: Huesos secos, oíd Palabra de Jehová» (Ezequiel 37:4).
Asimismo Dios comenzó la restauración enviando su Palabra. Le dio una pequeña porción a Lutero, y aquellos huesos se juntaron formando la base o fundamento de la obra que Dios había de llevar a completa consumación. Las doctrinas con sus tradiciones habían cubierto la Palabra, y la verdad de la justificación por la fe había sido sustituida por la enseñanza humana que establece la salvación por las obras. En ese tiempo todos los beneficios espirituales se compraban y se vendían por medio de las llamadas indulgencias.
¿Qué hizo el mensaje que predicó Lutero? Comenzó a restaurar la pureza de la Palabra. Esto es lo que ha hecho en cada ocasión el mensaje revelado por Dios. Esta verdad revelada a Lutero, puso el fundamento. Dios continuaría su obra hasta perfeccionarla; pues está escrito: “… el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo«.
Estamos en la edad final, la edad del día de Jesucristo, el período de la consumación de todos los misterios de Dios, el tiempo en el cual esperamos al Señor; por consiguiente, el mensaje de la Palabra. para esta edad es un mensaje restaurador, porque su propósito es tornar al pueblo de Dios a la pureza de la Palabra; pues Cristo, el Verbo, viene a buscar una novia pura de la Palabra. Una adúltera o fornicaria no puede ser la esposa del Cordero. No importa lo grande de una denominación ni la fama que haya alcanzado sobre la tierra, si tiene mezclas con credos humanos, tradiciones y dogmas, jamás será la esposa del Cordero; porque la esposa del Cordero es sin mancha y sin arruga denominacional; es una novia vestida de «lino fino, limpio y brillante.»
De modo que el mensaje restaurador saca a la luz las mezclas, expone los dogmas y errores de los hombres, destruye todo fundamento humano y establece la verdad de Dios para la edad.
Cuando Wesley apareció con su mensaje, éste fue una luz nueva, la restauración de otra porción fundamental de la Palabra. Tanto Lutero como Wesley fueron hombres llamados por Dios en su tiempo.
La justificación por la fe, mensaje que predicó Lutero, hizo una gran obra en la vida de los predestinados de esa edad; pero cuando los hombres comenzaron a oscurecer esta verdad con sus interpretaciones, Dios envió a Wesley con un nuevo eslabón de su restauración: La Santificación. Este mensaje hizo que los verdaderos justificados por la fe, vivieran vidas santas. La santificación era necesaria porque el próximo paso era el bautismo en el Espíritu Santo, el cual es el sello de Dios a los suyos, y El no puede sellar sino a los santificados.
La iglesia primitiva fue una iglesia justificada por la fe, esto es la base y fundamento; fue una iglesia santificada, vivió separada del mundo y de sus tradiciones; fue una iglesia bautizada en el Espíritu Santo, en la cual se manifestaban los dones del Espíritu; y sobre todo fue una iglesia fiel a la Palabra del Señor. Por tanto la iglesia de esta edad, que es la iglesia del rapto, tiene que ser restaurada en todas estas verdades fundamentales. Tiene que regresar a la pureza de la Palabra porque eso fue lo que el Señor hizo con los suyos en la primera edad.
Dios ha estado restaurando su Palabra por etapas durante las edades de la iglesia, pero en esta edad final será la consumación de esta restauración; y el mundo verá la manifestación de los hijos de Dios, los cuales son los hijos de la Palabra. Cristo en su manifestación humana fue la Palabra hecha carne, como dice la Escritura: «grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en carne«. El fue la Palabra manifestada en su plenitud. La iglesia verdadera, su novia, tiene que llegar a la manifestación plena de la Palabra. Juan dijo:
«Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él apareciere, seremos semejantes a él, porque le veremos como él es» (1 Juan 3:2).
Esto está en el futuro inmediato, porque esto será el resultado de la restauración de toda la Palabra.
Los profetas que antecedieron a Cristo fueron porciones de la Palabra, pero El fue la plenitud de ella; y en su manifestación cerró la dispensación judía. En esta edad se manifestará la plenitud de la Palabra porque las porciones de ella ya fueron manifestadas, y además se está cerrando la dispensación de los gentiles. La presencia de Israel en su tierra confirma este hecho.
Dios prometió una restauración completa, la consumación de todos los misterios para este período de la iglesia:
«Pero en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comenzare a tocar la trompeta (proclamar su mensaje), el misterio de Dios será consumado, como él lo anunció a sus siervos los profetas» (Apoc. 10:7).
Estamos en el tiempo del cumplimiento de todas las cosas. El grano sólo espera la lluvia tardía y entonces se manifestará al mundo; pues es inminente la venida del Señor. Pedro dijo:
«Y enviará a Jesucristo que os fue antes anunciado: Al cual de cierto es menester que el cielo tenga hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde el siglo» (Hech.3:20-21).
Así que Pedro por inspiración divina predijo que antes de la venida de nuestro Señor Jesucristo, era necesario una restauración de todas las cosas. Pero este hecho tan importante ha sido pasado por alto por el mundo llamado cristiano. Ellos no saben ni quieren saber nada de esta restauración que Dios está haciendo, la cual había anunciado por sus profetas y apóstoles.
La restauración de todas las cosas es la restauración de la Palabra; y esta tenía que venir por un profeta porque la Palabra siempre ha venido por los profetas. De modo que la restauración prometida para este tiempo, tenía que venir por el mensajero a la edad de la iglesia de Laodicea, el séptimo mensajero, porque así lo había prometido el Señor; el cual tenía que ser un profeta. Este es el período que estamos viviendo. No hay más edades de la iglesia después de ésta en que estamos viviendo; por tanto lo que viene ahora es el rapto, y después la gran tribulación; que será el tiempo cuando Dios ejecutará sus juicios sobre este mundo que ha pisoteado su Palabra. Así lo anunció el profeta Malaquías:
«Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios, y todos los que hacen maldad, serán estopa; y aquel día que vendrá, los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, el cual no les dejará ni raíz ni rama» (Malaquías 4:1).
Pero antes de ese «día de Jehová grande y terrible «, el Señor prometió enviar al profeta Elías para restaurar todas las cosas y aparejar a Su pueblo para el rapto.
«He aquí, yo os envío a Elías el profeta, antes que venga el día de Jehová grande y terrible. El convertirá el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres; no sea que yo venga, y con destrucción hiera la tierra» (Malaquías 4:5-6).
Juan el Bautista fue el precursor de la primera venida del Señor; y él fue quien convirtió el corazón de los padres a los hijos como le dijo el ángel a Zacarías cuando estaba en el templo:
«Y a muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor Dios de ellos. Porque él irá delante de él con el espíritu y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres a los hijos, y los rebeldes a la prudencia de los justos, para aparejar al Señor un pueblo apercibido» (Lucas 1:16-17).
Juan aparejó el camino al Señor, de tal modo que estos hombres que llegaron a ser los padres de la iglesia primitiva, fueron convertidos por su mensaje, llegando así a ser hijos de Jesucristo. Pero al mensajero de esta última edad de la iglesia, le correspondía convertir el corazón de los hijos a los padres; es decir, tornar los hijos de Dios en este período a la fe de los apóstoles; porque para esta edad la fe original está pervertida con las tantas cosas que los hombres le han añadido. «A la verdad, Elías vendrá primero, y restituirá todas las cosas« (Mateo 17:11). El Señor habló de un Elías futuro, el cual es el mensajero de esta edad final.
De modo que Juan el Bautista fue el precursor de la primera venida del Señor, y el Elías de este tiempo es el precursor de su segunda venida. Por tanto su mensaje ha sacado a la luz todos los errores que el cristianismo ha venido arrastrando por muchos años, ha separado la paja del trigo y ha restaurado los verdaderos hijos de Dios a la fe de los apóstoles.
Esta fue la obra que el Señor prometió hacer antes de su venida: Restaurar en su pueblo todas las verdades de su Palabra que los hombres habían pervertido con sus interpretaciones particulares.
«Y os restituiré los años que comió la oruga, la langosta, el pulgón, y el revoltón» (Joel 1.15).
La simiente de Dios que ha sido restaurada sólo espera la lluvia que la vivificará y la manifestará en el fin. La simiente predestinada está ya gozándose en esta restauración, porque no tiene la menor duda de que la Palabra del Señor para esta edad se ha manifestado. Amén. Dios le bendiga
