ES UN MENSAJE NUEVO

Índice

LA GENUIINA REVELACION DE LA HORA

1.- ES UNA NESECIDAD

2.- ES UN MENSAJE NUEVO

3.- OFENDE Y ESCANDALIZA

4.- LA OYEN POCOS

5.- ES ELECCION DIVINA

6.- ESTA EN LA PALABRA

7.- ES RESTAURACION

8.- Y LA IGLESIA

9.- ES LUZ PARA LA HORA

10.- VIENE AL PROFETA

  LA GENUINA REVELACION DE LA HORA:


2.- ES UN MENSAJE NUEVO

La revelación es siempre un mensaje nuevo, cada vez que Dios la presenta. Esto lo podemos hallar textualmente en las palabras del Maestro, cuando los discípulos de Juan viniendo a El, le preguntaron: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces y tus discípulos no ayunan?” En otras palabras: ¿Por qué tus discípulos actúan diferente a las demás personas? El Maestro les respondió: “Nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo, porque el tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni echan vi­no nuevo en cueros viejos: de otra manera los cueros se rompen y el vino se derrama, y se pierden los cue­ros; mas echan vino nuevo en cueros nuevos, y lo uno y lo otro se conserva juntamente” (Mat. 9: 16-17).

Con estas palabras, el Maestro les mostró que el mensaje que El traía era un mensaje nuevo; porque en cada edad, el mensaje de Dios ha sido algo nuevo para la genera­ción que lo oye.

Cuando Dios se propuso dar su mensaje antes del diluvio, El tomó a dos hombres: Enoc, séptimo de Adán, y a Noé. El mensaje de ellos fue nuevo. Enoc estuvo predicando un mensaje que es nuevo hasta para este tiempo, porque habló de la Segunda venida de Cristo, cuando no había venido ni siquiera la primera vez. Noé también predicó algo nuevo y revolucionario. En su tiempo no se conocía la lluvia, pues, la Escritura dice: “…aún no había Jehová Dios hecho llover sobre la tie­rra… mas subía de la tierra un vapor, que regaba to­da la faz de la tierra” (Gen. 2:5-6) pero el mensaje de Noé era que iba a llover, y que vendría un diluvio que llenaría toda la tierra de agua. Los antediluvianos no aceptaron este mensaje porque hablaba de cosas nuevas y desconocidas para ellos. ¿Y qué pasó con esa generación? Perecieron, por no recibir el mensaje de la hora.                                                                                                                                                                                                                

Lot es otro ejemplo que podemos considerar; él llevó a sus yernos el mensaje que recibió de los ángeles. Los ángeles le revelaron a Lot que ellos habían venido para destruir aquellos pueblos corrompidos: Sodoma, Gomorra y las ciudades comarcanas. Entonces Lot fue a buscar a sus yernos, quienes iban a casarse con sus hijas; y cuando les dijo que iba a caer fuego del cielo para consumir la ciudad donde ellos moraban, aquellos jóvenes no aceptaron ese mensaje nuevo, porque nunca había sucedido que cayera una lluvia de fuego sobre la tierra. Aquellos jóvenes perecieron junto con todos esos pueblos, porque no recibieron el mensaje de Dios para esa hora.

Cuando Dios se propuso sacar a Israel de Egipto y libertarlo de la mano de Faraón, El levantó a Moisés y le envió con una vara en su mano. Moisés dijo a Faraón: “Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto”. Esto era un mensaje nuevo y desconocido para Faraón, y para su pueblo. ¿Qué hizo Faraón? ¿Qué hizo el pueblo egip­cio? Faraón y su pueblo no aceptaron este mensaje; por el contrario, lo resistieron hasta el último momento, y persiguieron a Israel aún después que había salido de Egipto; y como resultado de haber rechazado ese men­saje de Dios, Faraón y su ejército perecieron en el Mar Rojo.

El Señor Jesucristo en su tiempo, también se mani­festó con un mensaje nuevo; un mensaje que escandalizó y ofendió a los escribas y fariseos. Ellos tenían el men­saje de la ley con sus ritos y ceremonias, y con la Ley, tenían sus tradiciones humanas. El Maestro les dijo en aquella ocasión: “Invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición”. Así que cada edad tiene esto como característica: mezclan la Palabra de Dios con sus tradiciones, dogmas e interpretaciones de hombre. Las cosas que los hombres le agregan a la Palabra de Dios no hacen mas que pervertir su sentido; ignorando ellos, voluntariamente, que está escrito que el que añadiere a su Palabra, dice Dios, “pondrá las plagas que están escritas en este libro” (Apocalipsis); y el que le quitare, “Dios quitará su parte del Libro de la Vida, y de la Santa Ciudad”. Está escrito en Prov. 30:6: “No añadas a sus palabras, porque no te reprenda, y seas hallado mentiroso”. El mensaje del Señor Jesucristo era nuevo para los religiosos de aquel tiempo. Un mensaje nuevo no significa cosas nuevas fuera de la Pala­bra; sino verdades que están en la misma Palabra, pe­ro que son reveladas en su debido tiempo; porque la revelación nunca contradice la Palabra del Señor.

El profeta Isaías dice: “Jehová se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla”. Cuando Dios trae un mensaje nuevo, lo trae de su propia Palabra; ese mensaje es su interpretación de la Palabra para ese tiempo; pero la gente ya fija en sus propios conceptos, no admite, ni cree que ese mensaje nuevo es Palabra perfecta de Dios. La expresión “mag­nificando su Palabra y engrandeciéndola”, es revelación. El mensaje del Señor Jesucristo era completamente nuevo para el pueblo en ese tiempo; no obstante, era la Palabra pura de Dios; pero la interpretación ya fija de los escribas y fariseos religiosos, no les permitió recibirlo; pues ya tenían sus propias interpretaciones de la ley. Estaban acostumbrados con su manera anti­gua de creer, que no podían examinar lo nuevo que el Maestro estaba enseñando. Por esa razón, el Señor les dijo: “Vino nuevo se echa en cueros nuevos”. Y vino nuevo es enseñanza nueva; pero enseñanza de la misma palabra.

Los escribas y demás líderes religiosos, tuvieron al Maestro por hereje y falso profeta, a causa de lo que El enseñaba; pero para Dios, esa era la perfecta interpretación de su Palabra en ese tiempo. Jesús era el cumplimiento de la Palabra de Dios para ese momen­to. Esa misma historia tenía que repetirse a través de las edades. Lo que aquellos religiosos hicieron con el Maestro, tenía que repetirse cada vez que Dios se pro- pusiera dar su Palabra en cada edad. Ycada vez que Dios ha dado su Palabra, hallamos a la mayoría de los religiosos obrando de la misma manera que actuaron aquellos en el tiempo de Jesús. Así ha sucedido desde la reforma hasta nuestros días, para no ir más atrás.

Desde los días de Lutero, Dios en cumplimiento a sus promesas comenzó a restaurar su verdadera igle­sia. En ese tiempo la iglesia estaba sumida en las más densas tinieblas. Estaba como los huesos secos que vio Ezequiel en la visión. De habérsele preguntado a alguien si la iglesia llegaría a tener vida, hubiera respondido como Ezequiel: “Tú lo sabes”; porque ninguno hubiera podido asegurar que la iglesia iba a vivir estando en medio de tantas tinieblas producidas por la corrupción de la Palabra, y por la perversión de la verdad; cuan­do la mercadería religiosa había llegado al colmo. Esa era la condición del mundo religioso, cuando Dios le­vantó a Lutero con un mensaje nuevo y revolucionario: el mensaje de Lutero era contrario a la interpretación que los religiosos tenían de la Palabra de Dios. La igle­sia se había fijado sus propias creencias y tradiciones humanas. Según sus interpretaciones, la salvación era por las obras, y no por la fe, como lo establece la Escritura; por esa razón, todas las cosas espirituales se compraban y se vendían en ese tiempo. Entonces, en esa ocasión, Dios levantó a Lutero con un mensaje nuevo. ¿Cuál fue el mensaje de Lutero? LA JUSTIFICACION POR LA FE: esa era la esencia del mensaje de Lutero. Esa fue la revelación de la Palabra para esa edad. Esta verdad de la Palabra estaba oculta, pero Dios en ese tiempo la sacó a la luz. Lutero pudo ver claramente en la Escritura: “el justo en su fe vivirá”. Los líderes religiosos de su día le persiguieron, le di­famaron y le llamaron de todo aquello que podía desa­creditarlo; pues ellos odiaban el mensaje que trajo Lu­tero, porque era contrario a lo que ellos por siglos habían creído y enseñado. Las amenazas y calumnias no amedrentaron a Lutero. El poder de esa revelación le animó a seguir adelante, porque era la Palabra de Dios para la hora. El mensaje de Lutero, no era la revelación de toda la Palabra; era solamente la revelación de la porción para esa edad; porque Dios lleva a su pue­blo de fe en fe, de revelación en revelación. Toda la revelación de la Palabra en medio de tantas tinieblas, hubiera cegado a muchos. Esto lo podemos ilustrar con las cosas naturales: Una persona encerrada por largo tiempo en un lugar completamente oscuro, si tiene que salir repentinamente hacia la luz del sol, esa persona puede quedar ciega. Asimismo, Dios, en su sabiduría, dio solamente la luz que el pueblo podía recibir para ese tiempo; la porción necesaria, pues el mundo había estado sumergido en tremendas tinieblas espirituales durante el período del oscurantismo. Dios dio la por­ción suficiente para despertar la simiente predestinada que para esa edad aceptaría su mensaje: “el justo en su fe vivirá”. Así comenzó Dios la restauración de su verdadera iglesia, y lo hizo mediante un hombre: Lutero. ¿Por qué no vieron los líderes religiosos esa verdad en los días de Lutero? Porque Dios no les permitió que vieran ni entendieran. Para que ellos pudieran ver lo que Lutero vio, necesitaban revelación de Dios; y Dios se revela a quien El se quiere revelar.

Luego la edad Luterana comenzó a decaer después de cierto tiempo; porque los que la practicaban, comenzaron a mezclarse y a vivir lo mismo que aquellos a quienes Dios antes había desechado: así esa verdad fue hallada en decadencia. Este era el tiempo cuando Dios había de dar una nueva porción de su Palabra; por eso levantó a Wesley en su edad con un mensaje nuevo. ¿Qué mensaje trajo Wesley? ¿Qué vio Wesley para traer su mensaje? Como Lutero en su tiempo Wesley vio algo nuevo en la Escritura; porque Dios le reveló la porción nueva para esa edad; le reveló LA SANTIFICACION. ¿En dónde encontró Wesley esa verdad? En la misma Biblia en donde Lutero vio la justificación por la fe. Pero Lutero no pudo ver esta parte que vio Wes­ley; porque el hombre puede ver en la Palabra, sola­mente, lo que Dios le quiere revelar. Jesús dijo a sus discípulos: “A vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos, mas a ellos no es concedido”. Dios revela sus misterios a un grupo determinado en cada edad. La gente que rodeaba al Maestro en su tiem­po, no pudo ver los misterios de Dios, pero el Señor tomaba a sus discípulos aparte, y les decía: “A vos­otros es concedido saber los misterios”. Lutero conoció por revelación el misterio de la justificación por la fe, y aún cuando esto estaba en la Biblia, fue necesario que Dios se lo revelara para que él pudiera verlo. Asimismo Dios le reveló a Wesley la santificación en su debido tiempo: Dios dio más luz de su Palabra en la edad de Wesley. Las iglesias reformadas, lamentable­mente, persiguieron a Wesley y a los que creyeron co­mo él. Pero él no se amedrentó en su propósito, pues su mensaje tuvo eco en los predestinados de la hora; como sucedió en los días de Lutero. La mayoría de la gente siempre rechaza el mensaje de la edad; son los pocos, a quienes Dios le da revelación, quienes lo re­ciben y prosperan en él. El Maestro ha mostrado en la Escritura que es una minoría la que siempre recibe el mensaje de Dios. El dijo: “No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino (Luc. 12:32). Para los luteranos, quienes se habían mezclado con las costumbres antiguas, el mensaje de Wesley fue un mensaje nuevo. Ya sabemos como Wesley fue echado de muchos lugares; porque los que tenían sus principios ya establecidos no podían creer este mensaje. Este mensaje era vino nuevo para cueros nuevos.

Cuando en el transcurso de los años comenzaron también a mezclar esta porción que Dios le dio a Wesley, entonces Dios volvió a dar una nueva porción de su Pala­bra; y de esta manera se abrió una nueva edad. A prin­cipios de este siglo, Dios derramó su Espíritu Santo sobre algunos creyentes, y comenzó a restaurar los dones del Espíritu. Hombres y mujeres comenzaron a recibir el Bautismo en el Espíritu Santo, como en los días de Pentecostés. Yesta obra de Dios fue rechazada por la mayoría de los líderes religiosos, lo mismo que sucedió en las edades anteriores. Esto era un men­saje nuevo para ellos, porque ya estaban fundamentados en sus interpretaciones particulares sobre el bautismo en el Espíritu Santo. Solamente los predestinados de la hora pudieron ver y aceptar lo que Dios estaba haciendo en esos días.

De esta manera, en tres etapas, Dios había restau­rado las tres verdades fundamentales: Justificación, santificación y  bautismo en el Espíritu Santo; pero Dios ha prometido la restauración total de su Palabra para esta edad final: “En los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comenzare a tocar la trompeta, el misterio de Dios será consumado, como El lo anunció a sus siervos los profetas” (Apoc. 10:7). Las cosas que no salieron a la luz con justificación en los días de Lu­tero, ni con santificación en los días de Wesley, ni en el principio de este siglo con el bautismo en el Espíritu Santo; tenían que salir a la luz en este tiempo presente, porque estamos en la edad de toda la Palabra. Esta edad requería, no sencillamente de un mensajero reformador, sino de un profeta; y esto es lo que Dios ha hecho en nuestros días: Ha levantado un profeta, conforme a sus promesas, quien ha traído el mensaje de toda la Palabra. ¿Cuál será la actitud de los hombres y muje­res hoy, y de los líderes religiosos ante este mensaje nuevo? Tiene que ser la misma actitud que los religio­sos tuvieron en las edades pasadas. El mundo religioso hoy, también rechazará este mensaje nuevo, como lo hicieron los religiosos en el tiempo de nuestro Señor Jesucristo, y como sucedió en los días de Lutero, y en los días de Wesley.

La esposa del Cordero es de la misma naturaleza del esposo, como lo fue Eva de Adán: ella fue hecha de la misma carne y de los mismos huesos de Adán. Si Cristo, el esposo, es la Palabra; la iglesia, su esposa, tiene que ser de la misma naturaleza; una iglesia sepa­rada totalmente de mezclas y tradiciones. La esposa del Cordero, no puede ser una iglesia mezclada con costumbres mundanas y tradiciones de hombres, sino un pueblo que vive de toda palabra que sale de la boca de Dios. El Señor dice de esta edad presente, que es la edad de la iglesia de Laodicea: “Mas porque eres ti­bio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”. Esta generación religiosa que ha mezclado la Palabra de Dios con sus propias concepciones humanas, ha sido vomitada de la boca de Dios. En la boca de Dios está su Palabra: “No con sólo pan vivirá el hombre, mas con toda pala­bra que sale de la boca de Dios”. Esta edad de Laodicea ha sido expulsada de la Palabra; porque ha mezclado la Palabra de Dios con enseñanzas humanas. La esposa del Cordero, tiene que ser una novia pura de la Palabra. Eva mezcló la Palabra de Dios en el principio con las enseñanzas de la serpiente; y los hombres y mujeres a través de todas las edades, han mezclado la Palabra de Dios con enseñanzas humanas. Pero estamos en la edad final cuando el Señor viene a recoger su novia; y tiene que hallar una novia pura de su Palabra. Por lo tanto, ante esta mezcla actual de enseñanzas humanas con Palabra de Dios, el Señor ha enviado su mensaje para separar totalmente a los predestinados, de toda cosa contraria a su Palabra: tales como tradiciones, dogmas e invenciones humanas; que nunca han estado en la Pa­labra de Dios.

Delante de este mensaje para hoy, los religiosos de esta edad han hecho lo mismo que hicieron los religiosos del pasado; porque este mensaje de restauración es nuevo para ellos que tienen ya sus conceptos estableci­dos por sus denominaciones. Estas personas amuralla­das en sus creencias antiguas no podrán salirse de sus sistemas denominacionales para recibir el mensaje de Dios para este tiempo; así como no pudieron salirse de sus sistemas religiosos, aquellos a quienes Lutero les predicó en su edad. Lo mismo sucedió con los religio­sos que rechazaron el mensaje de Wesley, y con los que rechazaron la manifestación del Espíritu Santo a prin­cipio de este siglo. Sabemos que la mayoría de la gente no recibirá el mensaje de este tiempo, porque es un mensaje nuevo; pero los predestinados por Dios en esta edad, lo recibirán; así como también lo recibieron los predestinados en cada uno de los períodos anteriores.

Un mensaje viejo y trajinado, no ofende ni alarma a ninguna persona; es el mensaje nuevo el que alarma, pues siempre ha sucedido así. Por eso el Señor Jesu­cristo dijo: “Ni echan vino nuevo en cueros viejos; de otra manera los cueros se rompen, y el vino se derrama… mas echan el vino nuevo en cueros nuevos”. También dijo el Señor: “Y ninguno que bebiere del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: el añejo es mejor”. El Maestro dio a entender con estas palabras que la gente prefiere los conceptos y las ideas que ha tenido por muchos años, en vez de la revelación que Dios da para la hora.

Estas palabras del Maestro: “VINO NUEVO”, sin duda que se refiere al mensaje que Dios tiene decretado para cada una de las edades; el cual cuando aparece, siempre es nuevo para la gente amurallada en sus creen­cias tradicionales. El mensaje que el Señor Jesucristo trajo, en los días de su manifestación, fue el  “VINO NUEVO” en aquella ocasión.

El Señor dijo: “No echan vino nuevo en cueros vie­jos”. Las personas con sus conceptos e ideas ya esta­blecidos, son estos cueros viejos que no podrán recibir el mensaje que Dios manifiesta en la edad en que ellos viven. Un cuero viejo no puede recibir el vino nuevo, porque “el vino romperá los cueros, y el vino se derra­mará, y los cueros se perderán”.

Los cueros que se rompen son las personas enfrascadas en sus creencias y tradiciones añejas, que se ofenden y alarman con el mensaje que Dios manifiesta en su edad. Está demostrado en la historia que así ha sucedido siempre con los religiosos que han rechazado el mensaje que Dios ha traído en cada una de las siete edades de la iglesia.

El mensaje nuevo, es un mensaje puro, sacado de la Biblia; pero choca con las creencias tradicionales de los religiosos, pues, éstos han mezclado la Palabra con muchas cosas contrarias a la misma.

La gente que está fija en sus ideas, doctrinas, man­damientos humanos e interpretaciones denominacionales, jamás podrá recibir el mensaje del vino nuevo, pues, el mismo Señor dijo que cuando ellos se acostum­bran con el añejo, luego no quieren probar el vino nuevo.

El vino nuevo tiene toda su fuerza y su pureza, pues todavía no ha sufrido la fermentación, ni tiene elementos extraños en su estructura; por eso no lo pueden re­cibir los cueros que ya están estirados y retostados.

Esto es lo que está sucediendo en nuestros días, el mensaje puro venido de Dios, sin mezclas denominacionales; está destruyendo todos esos elementos extraños que los hombres han injertado a la Palabra de Dios.

¿Cómo lo pueden recibir hoy los que se han embria­gado con sus creencias y costumbres mundanas? Pero en cada edad Dios ha tenido sus vasos escogidos donde ha depositado su Palabra.

La mayoría de los religiosos nunca se han preocu­pado en ninguna de las edades, por escudriñar las Es­crituras para cerciorarse si lo que oyen está conforme a la Palabra de Dios; sino que cuando el mensaje nuevo aparece, lo rechazan categóricamente porque no con­cuerda con lo que ellos han creído por muchos años. Sus conceptos no les permiten recibir lo nuevo que Dios está dando para la hora. Ellos tampoco se preocupan por saber si lo que creen está completamente conforme a la Palabra de Dios, o son mezclas, tradiciones o manda­mientos de hombres. La inmensa mayoría de los reli­giosos lo que les interesa es agradar a sus denomina­ciones, a sus iglesias o a sus líderes; sin preocuparse de lo que Dios pueda estar haciendo a su alrededor. Pero Jesús dijo: “El que quisiere hacer Su voluntad, conocerá de la doctrina si viene de Dios, o si yo hablo de mí mismo. El que habla de sí mismo, su propia glo­ria busca; mas el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia”. Cuando una persona quiere hacer la voluntad de Dios, no le importa lo que le puedan hacer los hombres que con­tradigan la obra que Dios está haciendo.

Aquella gente preguntó al Señor: “¿Qué haremos para que obremos las obras de Dios? Respondió Jesús y díjoles: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que El ha enviado”. Esta fue una respuesta muy diferente a lo que aquellos hombres esperaban; pero esta es la res­puesta de Dios para ayer, para hoy y para siempre. Si tuviéramos que preguntar de nuevo a Jesús cómo obrar las obras de Dios, El nos respondería hoy de la misma manera: “…que creáis en el que El ha enviado”. ¿Está usted dispuesto en verdad a obrar las obras de Dios? ¿Quiere usted verdaderamente hacer la voluntad de Dios?

El mensaje de Dios es nuevo para la edad en que aparece, porque es el mensaje que saca a la luz los errores de la edad, y separa a los verdaderos creyentes de todas las mezclas, tradiciones, dogmas y costumbres del mundo, con las cuales los religiosos mezclan la Palabra de Dios. Por eso, para recibirlo y creerlo tenemos que tener revelación de Dios como la tuvo Pe­dro.

En el transcurso de los años, los hombres fueron añadiéndole a la Palabra de Dios, las cosas de su con­veniencia. De este modo pervirtieron la verdad, inva­lidando la Palabra de Dios con sus mezclas de tradiciones y costumbres paganas. Pero el Dios de la gloria, sa­biendo que esto había de suceder, prometió anticipada­mente, por sus profetas, que restauraría toda su Pala­bra antes de la consumación de todas las cosas. El ha comenzado esta restauración; pero ahora estamos en la etapa final:  “…los días de la voz del séptimo ángel, cuando… el misterio de Dios será consumado”. Este es el período donde toda la verdad de Dios tiene que ser restaurada; y toda añadidura y cosa contraria a la Palabra, tiene que ser desligada de ella. Este es el tiempo donde el mensajero prometido convertirá a los hijos a la fe de los padres; aparejando de esta manera al pue­blo para el rapto. Este mensaje estaba prometido por Dios a fin de aparejar al pueblo para Su Segunda Venida; porque es imposible que el Señor levante un pueblo mez­clado con tantas cosas contrarias a su Palabra.

Al aparecer este mensaje restaurador en este mundo religioso lleno de denominaciones con sus conceptos establecidos por muchísimos años; ha resultado ser algo nuevo y desconocido para ellos que tienen sus tra­diciones y creencias añejas; pero en verdad este es un mensaje que está conforme a la Palabra de Dios dada desde el principio, porque es la restauración de esa Palabra, la cual los hombres habían pervertido.

El mensaje de hoy es, pues, un mensaje nuevo, por­que es diferente a todos los mensajes denominacionales producidos por la mente del hombre, pero es un men­saje de la Palabra original de Dios. Este mensaje ha sido enviado por Dios para limpiar al pueblo de todas las cosas contrarias a su Palabra, porque se acerca el tiempo cuando el Señor viene a levantar a su pueblo, su esposa, una novia pura de la Palabra. La esposa del Cordero tiene que ser del mismo material del esposo, así como Eva era del mismo material de Adán. Si el esposo es el Verbo, la Palabra; la esposa tiene que ser de la misma naturaleza; una iglesia pura y fiel a toda Palabra de Dios. El Señor no viene a buscar a una iglesia mezclada con tradiciones, dogmas, y arreglos de este mundo; El viene a buscar un pueblo puro en verdad, que viva solamente DE TODA PALABRA QUE SALE DE LA BOCA DE DIOS.