ESTA EN LA PALABRA

Índice

LA GENUIINA REVELACION DE LA HORA

1.- ES UNA NESECIDAD

2.- ES UN MENSAJE NUEVO

3.- OFENDE Y ESCANDALIZA

4.- LA OYEN POCOS

5.- ES ELECCION DIVINA

6.- ESTA EN LA PALABRA

7.- ES RESTAURACION

8.- Y LA IGLESIA

9.- ES LUZ PARA LA HORA

10.- VIENE AL PROFETA

  LA GENUINA REVELACION DE LA HORA:

6.- ESTA EN LA PALABRA

Cualquier persona con cierta percepción espiritual o aun natural sabe que el tiempo en que vivimos es un tiempo de muchas dificultades, confusiones, odios y grandes problemas espirituales. Este, sin duda, es el tiempo del fin. Por lo tanto Dios se ha manifestado revelando Su Pa­labra para esta edad; con la cual está sacando su pueblo de toda confusión y guiándolo al reino de los cielos.

El mensaje por el cual Dios ha guiado a su pueblo, siempre ha sido la revelación de su Palabra, el cual es perseguido y calumniado por los dirigentes religiosos. Así sucedió en el tiempo de nuestro Señor Jesucristo, y en todas las edades siguientes. De modo que la persecución contra el mensaje de la Palabra siempre ha existido, pues es la obra del enemigo tratando de desvirtuar la verdad de Dios. Hoy no podía suceder de otra manera, y cuanto más cuando estamos en la edad de la revelación completa de los misterios.

Hay dos viñas en el mundo espiritual, las cuales han existido desde el tiempo de Caín y Abel; y están formadas por los hijos de Dios, y los hijos del diablo. Estos dos espíritus siempre han obrado paralelos; y cada uno ha producido su fruto de acuerdo a su propia naturaleza. La viña falsa es religiosa, pero se fundamenta en los sistemas de concepción humana, por lo tanto siempre está opuesta a la viña verdadera que se alimenta con la Palabra revelada por el Señor. Esta es la razón por la cual el mensaje revelado por el Espíritu Santo ha sido atacado por los religiosos de todos los tiempos.

    Ahora bien, la revelación que Dios ha dado en cada edad de la iglesia, ha salido de las Sagradas Escrituras. Esta revelación no es una Biblia nueva ni cosas fuera de la Biblia, sino el mensaje puro de la Verdad de Dios que ha estado encubierta, pero que ha salido a la luz en el tiempo que El ha establecido para ello. Entonces, el mensaje de la revelación es Dios descubriendo los misterios escondidos en su Palabra. Como dice el apóstol Pablo escribiendo a los Efesios:

«A saber, que por revelación me fué declarado el misterio, como antes he escrito en breve;

Leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi inteligencia en el misterio de Cristo:

   Dios siempre lo ha hecho así: Lo hizo en el tiempo de Pablo, y lo está haciendo hoy. Pero los ciegos espirituales no lo han podido ver ni entender en ninguna edad, porque las doctrinas dogmáticas y las tradiciones que han tomado el lugar de la revelación divina, los han cegado para que no vean otra cosa que lo establecido por sus organizaciones.

   Las múltiples interpretaciones existentes hoy, nos prueban que todos no pueden tener la verdad, pues hay muchas contradicciones entre ellas. Cuando el mundo religioso ha llegado a semejante estado de confusión, Dios ha sacado a la luz la revelación de su Palabra, la cual no puede jamás armonizar con las ideas humanas; porque El es el único intérprete de su Palabra, pues «ninguna profecía de la Escritura es de particular interpretación

   Cuando el Maestro se manifestó a los judíos, ellos tenían su propia interpretación de la Palabra; y le habían añadido muchas tradiciones y cosas que practicaban y creían como si fueran de la Palabra. El Señor Jesucristo sancionó esta grave falta, cuando les dijo:

   Cuando el Verbo se hizo carne y habitó entre ellos, le rechazaron y no creyeron que El era la Palabra de Dios manifestada en ese tiempo. Ellos se jactaron de que eran discípulos de Moisés, pero rechazaron a Aquél de quien Moisés escribió. Decían que eran hijos de Abraham, pero no hacían las obras de Abraham. Afirmaban que eran hijos de Dios, pero hacían lo que su verdadero padre -el diablo- les inspiraba.

«No penséis que yo os tengo de acusar delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien vosotros esperáis.

   Esta es la actitud que siempre han asumido los dirigentes religiosos ante el mensaje que Dios envía para el día en que viven; pero el Señor no se detiene ante tal actitud, sino que sigue adelante cumpliendo el propósito de revelarse a los suyos para que le conozcan en la integridad de su Palabra.

   A los que no creyeron su mensaje, el Señor les dijo:«¿Por qué no reconocéis mi lenguaje? porque no podéis oír mi Palabra» (Juan 8:43). Esto significa que aquellos religiosos no tenían lugar en su alma para la Palabra del Señor; pues aun afirmando que la creían, sus hechos probaban todo lo contrario.

Primeramente, en Juan 8:43 El Señor les dice a los Judíos:  :«¿Por qué no reconocéis mi lenguaje? porque no podéis oír mi Palabra» , ellos oyeron al mismo maestro, pero no le creyeron porque Dios no les dio revelación. En Juan 10:26, Jesús les dijo: “Mas vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho”. Entonces, son sus ovejas propias quienes sola­mente le oyen y entienden; pero la inmensa mayoría del mundo religioso no son de sus ovejas, pues su manada es pequeña. Aquellos judíos no creyeron porque no eran de sus ovejas, y no tuvieron revelación de Dios.

   Ahora, esta misma historia se ha venido repitiendo en todas las edades de la iglesia. En la edad de Lutero no creyeron a su mensaje «El justo por la fe vivirá«. A Wesley tampoco le creyeron sus contem­poráneos. Cuando se manifestó el poder del Espíritu Santo a principio de este siglo (Siglo XX), esto lo consideraron como herejía y como poder diabólico. Los que recibieron esta maravillosa bendición fueron perseguidos y señalados con despreciables epítetos. ¿Acaso no estaban en la Escritura los mensajes proclamados por estos hombres, como también la restaura­ción de los dones espirituales? ¿Por qué entonces no les creyeron? Por la misma razón por la cual los judíos no creyeron a Jesús: No tenían cabida para la Palabra.

   La edad presente no ha sido la excepción; y en justicia se debe confesar que la historia se ha repetido. Los religiosos de hoy han hecho lo que hicieron los de ayer: Confesando creer a Dios, menospreciaron y lucharon el cumplimiento de la Palabra de Dios; de tal modo que para ellos la palabra final no estaba en las Sagradas Escrituras, sino en su denominación. Esa fue la triste historia que forjaron los fariseos, saduceos y demás grupos religiosos en los días del Señor Jesucristo; y lo mismo ha sucedido en esta generación religiosa. Nada les hará volver a la pureza de la Palabra; pero Dios la ha restaurado conforme lo había prometido, y los hijos han sido convertidos a la fe de los padres, es decir, a la fe de los apóstoles.

   Los misterios que estaban encubiertos en la Palabra han sido revelados en esta edad, como el Señor lo había prometido: «Pero en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comenzare a tocar la trompe­ta, el misterio de Dios será consumado, como él lo anunció a sus siervos los profetas» (Apoc.l0:7). Las promesas de Dios nunca han fallado. «El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasaran”.

   El Señor Jesucristo dijo: “Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quisiere hacer su voluntad -LA VOLUNTAD DE DIOS-, conocerá de la doctrina si viene de Dios, o si yo hablo de mí mismo» (Juan 7:16-17). Lo más sobresaliente en esta expresión del Maestro es LA UNIDAD DE DIOS CON SU PALABRA. La doctrina que Jesús enseñó estaba conforme a Dios y su Verdad; y esto lo habría de entender aquel que quisiera hacer la voluntad divina. Esto significa soltarse de toda ligadura humana, y estar dispuesto a llevar el vituperio por la verdad de Dios. De modo que estas palabras del Señor, «El que quisiere hacer su voluntad«, no se refiere a la voluntad propia del individuo, sino a la voluntad de Dios, lo que El enseña en su Palabra; lo cual muchas veces está en contraposición con lo que enseñan las iglesias, denominaciones y ministros. Es en este caso donde el creyente tiene que decidirse a escoger entre la voluntad de Dios y lo que enseña su iglesia o su pastor. Todo aquel que escoja hacer la voluntad de Dios por encima de toda oposición humana, conocerá la doctrina que viene de Dios y sufrirá el vituperio y la persecución por la Palabra; porque «todos los que quieren vivir píamente en Cristo Jesús, padecerán persecución.»

   Esta verdad del Señor es aplicada a todas las edades de la iglesia. Si los que persiguieron a Lutero y los que persiguieron a Wesley, hubieran deseado hacer la voluntad de Dios, ellos hubieran conocido que aquellos hombres tenían la Palabra de Dios para el tiempo en que la predicaron, y se hubieran puesto al lado de ellos; pero aquella gente envuelta en su religión de manufactura humana, no pudieron dar crédito a lo que estos mensajeros proclamaron de parte de Dios.

   El verdadero creyente se pone al lado de lo que dice la Palabra de Dios, sin preocuparle lo que pueda hacerle el hombre. Por tanto, los nexos terrenos no pueden impedir que el verdadero creyente sea fiel a Dios y su Palabra.

El que quisiere hacer la voluntad de Dios, hará como hizo el apóstol Pablo: No fue rebelde a la visión celestial. Aunque esto le costó indecibles sufrimientos, persecuciones y finalmente el martirio; sin embargo, él dijo:

   La revelación del evangelio que recibió Pablo, hizo que gente con el conocimiento de las Escrituras le persiguieran; porque el mensaje de Pablo no armonizaba con el de ellos.

   Los judíos esperaban al Mesías de una manera diferente a como Dios lo había prometido en Su Palabra; porque ellos en lugar de la Palabra, tenían sus interpretaciones y tradiciones. Entonces cuando el Mesías vino en la sencillez de Dios, y no como ellos lo esperaban, lo rechazaron y crucificaron. Pero ¿quién puede negar ahora que Cristo vino conforme a la profecía sabiendo que todo se cumplió perfecta­mente desde su nacimiento hasta su muerte?

Los judíos creían que Jehová era Dios exclusivamente de la nación hebrea; porque no entendieron la promesa que el Señor había hecho a Abraham: «… y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.» (Génesis 12:3). Pues esta promesa alcanzaba no solamente a los judíos, sino también a los gentiles. En Cristo se cumplió la promesa hecha tanto a unos como a otros, porque la simiente de Abraham es Cristo, quien es el Salvador tanto de los judíos como de los gentiles. Pablo expuso esto así:

«A Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como de muchos; sino  como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo» (Gálatas 3:16).

   De modo que cuando los religiosos se apegan a sus propias interpretaciones, no pueden ver la verdad de Dios aun teniendo la Escritura en sus manos; esta misma condición les hace rechazarla y menospreciarla, y a la vez creen que con esta actitud están agradando a Dios.

   Pablo en su defensa ante Félix, declaró que la revelación que había recibido de Dios, tenía su fundamento en la Ley y los profetas aunque sus enemigos la consideraban falsa y herética. El dijo:

   Entonces lo que aquellos religiosos llamaban herejía, no era otra cosa que la revelación de Dios para su pueblo, la cual estaba contenida en los escritos proféticos. No era algo fuera de la Escritura, sino la reve­lación de la Escritura. Porque la revelación de Dios está en su Palabra; y no hay otra fuente verdadera, ni otro evangelio. Pablo dijo:

   Pablo sabía ciertamente que su mensaje estaba en armonía y unidad con el resto de la Palabra; por esa razón confiadamente dijo delante del rey Agripa: «. . . no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de venir» (Hechos 26:22).El mensaje apostólico tenía que estar de acuerdo con la Ley y los profetas; y el mensaje a las iglesias en cada edad, ha estado en armonía con toda la Escritura.

   Ahora bien, a la revelación que Pablo recibió la llamaron herejía; y el mensaje para hoy no podían considerarlo de otra manera, pues así ha sucedido a través de todas las edades. Pero una enseñanza es herética cuando altera la Palabra de Dios, quitándole o añadiéndole alguna cosa. Dios alerta sobre esto con una aterradora sentencia de juicio:

   Como hemos afirmado, este mensaje tiene que estar basado en toda la Escritura; pero sólo lo podrán ver los predestinados de la hora porque así está escrito: «No todos reciben esta palabra, sino aquellos a quienes es dado» (Mat.19:11). Pues Dios revela su Palabra a los niños, a los hu­mildes de espíritu que no discuten con El, a los que tiemblan a su Palabra; no se la revela a los que se consideran grandes que creen saberlo todo, los cuales dicen que no necesitan de ninguna cosa; tampoco se la revela a aquellos que están amurallados en las creencias de su iglesia o denomina­ción, y mucho menos a los que están aferrados a tradiciones y credos de sus antepasados. El Señor dijo:

   Esta Escritura muestra claramente la naturaleza de las personas que recibirán la revelación de Dios. Pero las denominaciones con su orgullo y pretensión han echado fuera a muchos de estos pequeñitos, y se resisten a conocer el mensaje que éstos han creído para la hora.

   Hoy existen centenares de grupos organizados confesando cada uno ser poseedor de la verdad, y al mismo tiempo teniendo  diferen­cias irreconciliables por causa de la interpretación bíblica, dando como resultado una tremenda confusión de la que nunca podrán escapar. Pero Dios, no es Dios de confusión; El es el intérprete de su propia Palabra. La confusión religiosa en esta edad, como en las anteriores, es la que ha hecho que Dios descubra los misterios ocultos y saque a la luz el signifi­cado original de Su Palabra para volver al pueblo al fundamento apostó­lico y profético.

   La promesa contenida en el libro de Malaquías, capítulo 4, verso 5, ha tenido su justo cumplimiento en este tiempo; pues el mensajero envuelto en esta gloriosa profecía, ya estuvo en este mundo para decla­rarnos los misterios ocultos en las Páginas de las Sagradas Escrituras. Con esta revelación Dios ha cumplido su eterno propósito de sacar a su novia de la confusión denominacional, y prepararla para el día del rapto. Esta es la obra que Dios ha estado haciendo en este tiempo.

   Cuando Adam recibió a Eva como la novia que Dios le presentó, él dijo: «Esto es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne» (Gén.2:23). Cristo, el postrer Adam, es la Palabra hecha carne; su novia predestinada por Dios, tiene que ser de su misma naturaleza: Una novia pura de su Palabra. La novia del primer Adam fue engañada; pero la del postrer Adam -Cristo- jamás podrá serlo, porque está escrito:

   Por eso es que la Palabra llama a la Palabra, mejor dicho, el Señor llama a los suyos, los que son de su misma naturaleza, como un «abismo llama a otro abismo«. En esta Biblia, tan conocida por los religiosos se encuentra la revelación para esta edad. Pero ¿cómo conocerla? ¿cómo ver allí lo que Dios tiene para hoy? Hay sólo un camino: Revelación divina. Sin ella el corazón no puede ser abierto, los prejuicios no pueden ser quitados y las ideas humanas no pueden ser rechazadas de la mente.

   Lutero fue muy perseguido cuando dio el mensaje de la Palabra, el cual Dios le reveló. La historia nos recuerda como le trataron. Sus ene­migos, hicieron cuanto estuvo a su alcance, procurando apagar el men­saje que predicó. Cuando se levantaron las contrarreformas, no pudieron vencerlo porque Lutero era el mensajero enviado por Dios para la edad de Sardis, y su mensaje estaba en perfecta armonía con la Escritura. Los religiosos no lo pudieron aceptar, antes lo consideraron falso y contra­rio a las Escrituras porque ellos estaban ciegos con sus dogmas y tradiciones.

   Hoy después de tantos años de haber proclamado Martín Lutero su mensaje, todo el mundo reconoce que estaba en armonía con la Palabra y que su ministerio fue una obra de Dios restaurando su iglesia. El aparejó a los predestinados de esa edad dándoles la porción de la Palabra que Dios tenía para aquella ocasión.

   Luego cuando esa generación comenzó a decaer, Dios levantó a Wesley con el mensaje de la Santificación para la edad de Filadelfia. A esta altura nadie puede negar que esta poderosa revelación que recibió Wesley es completamente escritural. Sin embargo, solamente una mino­ría recibió su mensaje.

   Después Dios derramó Su Espíritu para la restauración de los dones en una manifestación de pentecostés a principio de este siglo (Siglo XX). Pero estas preciosas manifestaciones fueron atribuidas al diablo y las señales que seguían a la Palabra fueron contradichas. Muchos dijeron que tanto la sanidad como las lenguas eran diabólicas. De modo que la historia se repitió: Una minoría solamente recibió la Palabra, mientras la gran mayoría la rechazo.

   Más que justificación por la fe, más que santificación por el Espíritu, más que Bautismo en el Espíritu Santo y restauración de los dones, Dios ha manifestado ahora la plenitud de la Palabra en este tiempo de la consumación de todos los misterios.

   El Señor ha revelado los misterios que estaban escondidos en la Palabra, porque la revelación está en la Palabra. Los que leen las Sagradas Escrituras saben que todo ha llegado a su fin. El Señor viene a buscar el fruto de la restauración: Una novia fiel y amada, virgen pura de la Palabra, de la misma naturaleza del novio.

   Esto es lo que Dios ha hecho, está haciendo, y hará en esta edad. La Palabra está corriendo y siendo glorificada, y los predestinados para esta gloriosa hora, la están recibiendo.

   Ocupando el lugar que Dios nos ha asignado en esta edad, y asumiendo esta gran responsabilidad de entregar este mensaje, declara­mos que no hay ningún interés en hacer prosélitos; porque no es por persuasión humana que se llega a conocer la verdad de Dios, sino por revelación divina.

   Si usted recibe en su corazón este mensaje bíblico, actúe sobre lo que Dios le dé. Queremos decir como el Señor: EL QUE QUISIERE HACER LA VOLUNTAD DIVINA, CONOCERA SI ESTE MENSAJE ESTA EN LA ESCRITURA, O SI NOSOTROS HABLAMOS DE NOSOTROS MISMOS. Dios le bendiga.