P.234. Por favor explique cómo nosotros…cómo nosotros los diáconos podemos mantener a la gente en el santuario antes o después…Por favor explica. [Billy Paul lee la pregunta al Hermano Branham: “¿Cómo mantener a la gente quieta en el santuario antes y después de la iglesia?”—Editor] Ah, muy bien.

PREGUNTAS Y RESPUESTAS

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234. Por favor explique cómo nosotros…cómo nosotros los diáconos podemos mantener a la gente en el santuario antes o después…Por favor explica. [Billy Paul lee la pregunta al Hermano Branham: “¿Cómo mantener a la gente quieta en el santuario antes y después de la iglesia?”—Editor] Ah, muy bien.

147 Yo sugeriría esto, hermanos. Ahora, ahí está una gran cosa, y ojalá tuviéramos más tiempo que dedicar a eso, pues esto es—esto es…esto—esto significa algo para nosotros, ¿ven? Ahora, la iglesia no es una…

148 Si quieren…Si Uds. fueran a poner esta cinta alguna noche y tocarla antes de las reuniones, para que la gente lo entienda, que esto sea tocado; sólo esta parte de la cinta pero no más, sólo esta. Cualquier parte de esto que Uds. quieran tocar sobre una cierta cosa, sólo déjenla correr hasta que la encuentren, y luego tóquenla. ¿Ven?, porque son preguntas.

149 Ahora, los diáconos de la iglesia, y como he—como he dicho, son los policías de la iglesia. Pero la iglesia no es un lugar de reunión general para—para compañerismo y amistad y jugueteo. ¡La iglesia es un santuario de Dios! Venimos aquí… Ahora, si nosotros queremos reunirnos el uno con el otro, permítame ir a su casa o Ud. venga a mi casa, o Uds. vayan a la casa el uno del otro y reúnanse el uno con el otro. Pero sólo para juguetear por toda la iglesia, hablando y cosas como esas, no es correcto, hermanos; nosotros venimos aquí, nos quitamos todo eso de la mente. Si viniéramos aquí…

150 Miren la manera que acostumbrábamos hacerlo años atrás. La Hermana Gertie era la pianista. Cuando yo pastoreaba aquí, yo—yo tenía que ser pastor, diácono, síndico, y todo lo demás al mismo tiempo, ¿ven?, pero yo—yo tenía que hacerlo. Ahora Uds. no tienen que hacerlo de esa manera, ¿ven?, porque Uds. tienen hombres para cumplir esto. Pero cuando la…Yo tenía ujieres, el Hermano Seward y todos ellos en la puerta. Tenían libros apilados allá en la puerta, puestos en una silla, o en alguna otra cosa. Y cuando alguien entraba, le mostraban un lugar en donde colgar su abrigo o le ayudaban a buscar asiento, se le daba un himnario y le pedían que “estuviera en oración”. Y luego cada uno sentado en sus asientos orando silenciosamente hasta el momento de comenzar. ¿Ven? Y luego cuando era tiempo para empezar, la Hermana Gertie, la pianista, se subía allá y empezaba la música antes, aun cuando la gente estaba—estaba entrando.

151 Yo sugeriría que su organista comience con música muy suave. Y si ella no puede estar aquí, grábenla en cinta y tóquenla, o una cosa u otra. Y tengan música tocando, música muy dulce y sagrada tocando. Así que…Y pídanle a la gente…Y si el pueblo empieza a hablar y portarse de esa manera, que uno de los diáconos se suba allá al micrófono del púlpito y diga: “Sh, sh, sh”, [El Hermano Branham imita el sonido pidiendo silencio.—Traductor] de esa manera. Diga: “Aquí en el tabernáculo, nosotros—nosotros queremos que vengan a adorar. Ahora no hagan ruido en estos momentos, escuchen la música. Tomen su lugar, siéntense, sean reverentes ¿ven?, oren o lean la Biblia. Aquí dentro del santuario es donde el Señor mora. Y nosotros queremos que todos sean muy reverentes y adoren, no que anden corriendo de aquí para allá, hablando antes del servicio. Congréguense, Uds. han venido aquí a hablarle al Señor. ¿Ven? O estén orando silenciosamente, ¿ven?, o lean su Biblia”.

152 Cuando yo entré allá en la iglesia Mármol, allá en—en la… Norman Vincent Peale, Uds. han oído hablar de él, ¿ven Uds.? Y yo entré…Es un gran psicólogo, él es un maestro, Uds. saben. Y yo entré a su iglesia, y pensé: “Desearía que mi tabernáculo fuera así nuevamente”. Esos diáconos estaban parados allí en la puerta tan pronto como uno entraba. Ellos, por supuesto, le daban un programa de la escuela dominical, y lo sentaban. Tenían que desocuparlo tres veces, Uds. saben, sólo tenía capacidad como para cuatrocientos o quinientos, Uds. saben; Y Nueva York es un lugar grande, y él es un hombre famoso. Creo que ellos tenían que tener una clase a las diez en punto y otra a las once, el mismo sermón otra vez, exactamente el mismo servicio, la misma hoja de papel. Pero cuando ellos despedían, tenían, creo yo, cinco minutos exactamente, para que la iglesia…Nadie más podía entrar hasta que ellos salieran, entonces los diáconos despejaban la entrada y la otra iglesia lo llenaba. Tenían esos antiguos asientos de cubículo, Uds. saben, entraban de esta manera, y se sentaban en los asientos, en donde le abren la puerta. Es antigua, ha estado allí por—por unos doscientos años, me imagino yo, es lo que tiene la antigua iglesia Mármol.

153 Y uno pudiera haber oído el ruido de un alfiler caer en esa iglesia, y todos en oración por lo menos treinta minutos antes que la primera nota saliera del órgano, el preludio. Y todos en oración. Yo pensé: “¡Qué maravilloso es esto!” Entonces cuando ese ministro…Ese preludio, por unos…Yo pienso que tocaron un preludio de unos tres a cinco minutos, Cuán Grande Es El, o algo como eso, y continuaban de esa manera. Y entonces, cuando lo hicieron, todos pararon de orar y estaban escuchando el preludio. ¿Ven?, fue un cambio, de la oración al preludio. Y entonces cuando ellos tocaron eso, entonces el líder del coro dirigió el coro. Entonces tuvieron una alabanza congregacional con el coro. Y luego ellos estaban listos para su clase de escuela dominical. ¿Ven? Y entonces—y entonces cuando se terminó, no hubo nada más excepto adoración divina, todo el tiempo, y precisamente para eso habíamos ido ahí.

154 Y yo pienso que sería una cosa buena si nuestra iglesia…Y yo sólo estoy diciendo esto, nosotros vamos a hacerlo. ¿Ven? Hagámoslo. Si alguien hace alguna cosa, la cosa…Y yo pienso que sería una cosa buena. Y si es una cosa buena, entonces hagámosla. ¿Ven? No queremos hacer a un lado alguna cosa buena, la haremos de todas maneras. ¿Ven? Y vayan y—y párense ahí y—y si ellos empiezan en una mañana, o algo así, que la gente esté visitando el uno al otro, que alguien o uno de—uno de los diáconos, o alguien que suba ahí y diga: “Se ha hecho esta regla aquí en el tabernáculo…”

155 Yo no sé si ellos lo hacen, pudieran—pudieran. Yo nunca estoy aquí, ¿ven Uds.?, yo no sé. Yo nunca estoy aquí antes de los servicios.

156 Y cuando ellos vienen y empiezan a platicar, que alguien se suba allá y diga: “Sh-sh-sh, un momento”. ¿Ven? Que la—que la…Que una hermanita suba y toque esa música. Si no, grábenla en cinta y tóquenla, ¿ven?, de la música del órgano. Y diga: “Nosotros…Hay una nueva regla en el tabernáculo. Cuando la gente entra aquí, no debemos de susurrar o hablar, sino adorar. ¿Ven? Ahora, en unos minutos el servicio estará comenzando. Hasta entonces, o lea su Biblia o incline su rostro y ore silenciosamente”. Y en unas cuantas veces haciéndolo así, todos aprenderán. ¿Ven? ¿Ven?

157 Uds. escuchan a alguien hablando, y luego se calla… después de unas cuantas veces que lo hagan así, luego llegan a un punto en que alguien dice…Ven a alguien hablando, y nadie más está hablando, ¿ven Uds.?, bien, entonces uno de los diáconos puede llegar allí y decirle: “Nosotros—nosotros queremos que Ud. adore durante el tiempo del servicio”. ¿Ven Uds.? ¿Ven? ¿Ven?, no es una casa para hablar, es una casa para adorar. ¿Entienden?

Pienso que eso era: Por favor explique…(Sí. Veamos. Sí)…Por favor explique cómo los…los diáconos deberían…en el santuario. Sí, eso es todo. Correcto. Eso es.
    

63-1226 — Orden De La Iglesia