Indice
LA PREDESTINACION
- QUE ES
- Y LA SOBERANÍA DE DIOS
- DE LOS HIJOS DE DIOS
- Y LOS ORDENADOS PARA TROPEZAR
- Y LA ELECCIÓN HUMANA
ORDENADOS PARA TROPEZAR
“He aquí; pongo en Sión la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa, y el que creyere en ella, no será confundido. Ella es pues honor á vosotros que creéis, mas para los desobedientes, la piedra que los edificadores reprobaron, ésta fué hecha la cabeza del ángulo; Y piedra de tropiezo, y roca de escándalo á aquellos que tropiezan en la palabra, siendo desobedientes, para lo cual fueron también ordenados”
1 Pedro 2:6-8
Habiendo visto lo que corresponde a la predestinación de los hijos de Dios, queremos abordar la predestinación de los que están ordenados para tropezar. Podemos ver que existen diversos árboles en el campo: Hay trigo como también hay cizaña. Cada uno tiene su propósito en el plan de Dios. En una casa hay también diferentes vasos; porque Dios, el Supremo Alfarero, hace como El quiere. Entonces, sin duda, hay personas predestinadas para obedecer la Palabra de Dios, como también hay los que están ordenados para tropezar en ella. Así ha sucedido en cada edad; ésta no puede ser la excepción. Hubo los que tropezaron en la Palabra en el tiempo de Noé, de Moisés y en el de cada uno de los profetas, pero mayormente los hubo en los días de nuestro Señor Jesucristo. Siempre ha sido así por causa de las dos simientes que existen sobre la tierra.
“Aquellos que tropiezan en la palabra, siendo desobedientes, para lo cual fueron también ordenados” (predestinados). Su tropiezo, mayormente, depende de su actitud hacia la Palabra de Dios; y los mismos que tropiezan, pasan por alto este hecho porque ellos afirman actuar conforme a la Biblia; y muchas veces hacen demostración de celo sobre ciertos argumentos a favor de su causa, que generalmente es un celo sin ciencia, porque viven en abierta desobediencia a la Palabra.
Ahora, esta desobediencia puede ser directamente a la Palabra escrita, como también a la Palabra manifestada para la hora. Los que tropiezan, hablan mucho de la Palabra, pero sus acciones son contrarias a Ella; y aun creen que tienen razones para obrar como obran; porque no saben que están tropezando con la Palabra, pues están ciegos y no lo saben. No les ha sido revelado con qué están tropezando; no lo pueden ver porque están ordenados para tropezar, como lo enseña la Escritura. En cambio otros están predestinados para obedecer, como dice el apóstol Pedro:
Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo.
1 Pedro 1:2
Una persona ordenada para obedecer, al fin se hallará al lado de la Palabra; nadie puede alterar ese rumbo; pues ha sido elegido para obedecer. Lo que desde el principio Dios dispuso que fuéramos, eso seremos; por esa razón afirmamos que trigo será trigo toda la vida, y cizaña será cizaña. Lo natural ilustra lo espiritual. Si en lo natural no podemos cambiar un género a otro, porque la ley del Creador es que cada género se reproduzca conforme a su simiente, entonces en lo espiritual es lo mismo.
… dirá el vaso de barro al que le labró: ¿Por qué me has hecho tal?
¿O no tiene potestad el alfarero para hacer de la misma masa un vaso para honra, y otro para vergüenza?
Romanos 9:20-21
Entre los vasos hallamos los que fueron ordenados para vida, pero también los que fueron ordenados para tropezar; pero lo más significativo de todo esto es que la piedra de tropiezo es el mismo Jesucristo, la Palabra; con la cual tropiezan los mismos edificadores. Son los mismos que están edificando quienes tropiezan en la Palabra, y no lo saben. Ellos creen que están edificando, pero tropiezan contra lo mismo que creen edificar. El tropiezo de estos edificadores es nada menos que la misma Palabra de Dios; y no pueden escapar a esto porque así está escrito: «Piedra de tropiezo, y roca de escándalo á aquellos que tropiezan en la palabra, siendo desobedientes, para lo cual fueron también ORDENADOS.”
Abundan las maneras en que dichos edificadores tropiezan en la Palabra. Los tales oyen la Palabra predicada o enseñada, y luego vienen las reacciones. Al no ser predestinados para obedecer la Palabra, se rebelan y se hacen enemigos de la Palabra; luchan contra ella, y aún así pretenden servir a Dios. Muchos aparentan como gente escogida de Dios, pero cuando llega la Palabra, entonces se manifiesta lo que en verdad son. Algunos se levantan en el acto, y otros muestran su reacción negativa posteriormente. No pueden permanecer en la Palabra porque no son de la Palabra. Jesús dijo: «Si no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado, mas ahora no tienen excusa de su pecado” (Juan 15:22).
En la Escritura podemos ver que Dathán, Coré y Abiram salieron de Egipto con Moisés y anduvieron con todo el pueblo por el desierto. La Palabra estaba manifestada en Moisés. Obedecer a Moisés era obedecer a la Palabra. El era el profeta de Dios, y la Palabra viene solamente a los profetas. Dathán y Coré tropezaron en la Palabra cuando menospreciaron y desobedecieron a Moisés. Ellos se rebelaron contra la manera de Moisés conducir las cosas; pero él lo estaba haciendo todo conforme a la Palabra. Ellos creyeron que las cosas deberían conducirse de otra manera; por lo tanto, reunieron doscientos cincuenta varones principales, y luego toda la congregación, con el fin de desplazar a Moisés. Ellos se rebelaron contra la Palabra de Dios; sin embargo creían tener razón al ir contra Moisés, el cual tenía la Palabra. Los que tropiezan, tienen sus argumentos que parecen razonables; pero Dios tiene una sola manera de dirigir las cosas, y esto es conforme a su Palabra. Generalmente tropiezan con el hombre que Dios elige para traer su Palabra; porque Dios usa los hombres como sus instrumentos; entonces al tropezar con el hombre que trae la Palabra, tropiezan en la Palabra, y no lo saben.
Al oír la Palabra, la dudan, la menosprecian, la comentan mal, la juzgan, la critican, se burlan de ella y la combaten. Su principal objetivo es hallar falta en la Palabra y en las personas que la creen. Luego buscan, como Coré, Dathán y Abiram, a quién contaminar (Números 16). Si en la congregación hay otros con la misma naturaleza, entonces muy pronto consiguen apoyo para persistir en su rebelión contra la Palabra; como sucedió con Coré, Dathán y Abiram, los cuales consiguieron doscientos cincuenta varones principales que les apoyaron en su intento. Estos están tropezando con la Palabra, pero no lo creen así; antes piensan que están edificando, para que se cumpla la Escritura: «Aquellos que tropiezan en la palabra, siendo desobedientes, para lo cual fueron también ordenados”
Ud. puede notar que Coré, Dathán y Abiram ni siquiera atendieron al llamado que Moisés les hizo en su día; ellos dijeron: «No iremos allá.» Su desobediencia fue abierta rebelión; no quisieron oír a Moisés.
La Escritura enseña que los que tropiezan en la Palabra, son desobedientes; pero esta desobediencia es a la Palabra para la hora. No la pueden obedecer, más bien obran contrario a ella. ¿Por qué la desobedecen? Porque fueron ordenados, predestinados, para tropezar en la Palabra.
Porque algunos de los que habían salido de Egipto con Moisés, habiendo oído, provocaron, aunque no todos. Mas ¿con cuáles estuvo enojado cuarenta años? ¿No fué con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿ Y á quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino á aquellos que no obedecieron? Y vemos que no pudieron entrar á causa de incredulidad.
Hebreos 3:16-19
Por esta Escritura podemos ver que la raíz de la desobediencia, la cual termina en el tropiezo en la Palabra, es la INCREDULIDAD. El que tropieza es un incrédulo a la Palabra. Un incrédulo es uno que no tiene la Palabra en su corazón; aunque puede suceder que por un tiempo aparente tenerla, pero finalmente obrará contrario a la Palabra porque no hay simiente de Dios en é1. Este fue el caso de Judas; un hombre que, según dice la Escritura, fue escogido, llamado para estar con los discípulos, pero que estaba ordenado para tropezar. Anduvo todo el ministerio con el Señor, y todos creían que él era igual a los demás. Era de tal confianza en el grupo que guardaba el tesoro; y en algunos casos hizo alarde de gran celo. Cuando María ungió los píes del Señor, Judas dijo: «¿Por qué no se ha vendido este ungüento por trescientos dineros, y se dió á los pobres” (Juan 12:5). ¡Mirad qué celo tenía por los pobres y necesitados! ¿Cuanto tiempo pudo durar Judas así? El tiempo necesario para que se revelara lo que él era. Si no tenía la Palabra, ¿cómo podía obedecerla? Tenía que llegar el tiempo en que se manifestaría lo que estaba por dentro. Judas tropezó en la Palabra; fue un incrédulo a la Palabra.
El pecado que condena al mundo es la INCREDULIDAD; las demás cosas son atributos del pecado.
Os quiero pues amonestar, ya que alguna vez habéis sabido esto; que el Señor habiendo salvado al pueblo de Egipto, después destruyó á los que no creían
Judas 1:5
Salvó a todo el pueblo de Israel de Egipto, y después destruyó a los que no creían. También dice la Escritura:
Más Israel que seguía la ley de justicia, no ha llegado d la ley de justicia. ¿Por qué? Porque la seguían no por fe (no por revelación), mas como por las obras de la ley: por lo cual tropezaron en la piedra de tropiezo: Como está escrito: He aquí pongo en Sión piedra de tropiezo, y piedra de caída…
Romanos 9:31-33
La falta de revelación hace tropezar; y esto prueba que no hay simiente de Dios en el corazón de los tales. Los que tienen la simiente de Dios, creen, entienden y obedecen la Palabra. Pero la misma Palabra que sirve de gozo a los obedientes, sirve de tropiezo a los rebeldes. La misma Palabra que es gozo y bendición para unos, es escándalo y tropezadero para otros. Las mismas aguas que levantaron a Noé en el arca, fueron las que ahogaron a los incrédulos.
¿Quién es sabio para que entienda esto, y prudente para que lo sepa? Porque los caminos de Jehová son derechos y los justos andarán por ellos: más los rebeldes en ellos caerán.
Oseas 14:9
Cristo, la Palabra, es la piedra de tropiezo; los hombres caen o se levantan ante El, según sean ordenados. El que está ordenado, elegido, predestinado para obedecer, lo hará, porque así lo ha dispuesto el Señor desde antes de la fundación del mundo. De la misma manera el que está ordenado para ser incrédulo, desobediente y tropezar en la Palabra, puede ser que aparente y haga alarde de grandes cosas, pero a su debido tiempo mostrará su naturaleza. En Israel fueron diferentes las acciones de rebeldía durante los cuarenta años en el desierto, pero la esencia de ellas, fue la misma: INCREDULIDAD. Se necesitaron cuarenta años para demostrar que no todos los que salieron de Egipto, eran simiente de Dios; aunque aparentemente todos parecían iguales; sin embargo, finalmente la palabra demostró los que verdaderamente eran de Dios. Lo mismo está sucediendo en el tiempo presente.
Amen.
