Índice
LA GENUIINA REVELACION DE LA HORA
1.- ES UNA NESECIDAD
8.- Y LA IGLESIA
LA GENUINA REVELACION DE LA HORA:
10.- VIENE AL PROFETA
“Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que revele su secreto á sus siervos los profetas.” (Amós 3: 7).
Cada vez que Dios ha revelado su Palabra, lo ha hecho a través de un profeta. Siempre ha sucedido así. Esta es una verdad que está respaldada por toda la Escritura.
Henoch fue un profeta del tiempo antediluviano. Dios le reveló Su Palabra, y él habló de eventos que aún están por suceder. Henoch habló de la Segunda Venida del Señor cuando aún faltaban varios siglos para realizarse la primera. Luego, tres generaciones después de Henoch, Dios levantó a Noé y le reveló la situación espiritual del mundo, le ordenó fabricar el arca y le dio el mensaje sobre el juicio inminente del diluvio.
Cuando llegó el tiempo de Dios libertar a Israel del yugo egipcio, El levantó a Moisés y le reveló su propósito y puso en Moisés la Palabra para esa ocasión; de modo que Moisés llegó a ser la boca de Dios para el pueblo. El fue el instrumento por el cual Dios reveló Sus misterios y Su voluntad.
Después que el pueblo de Israel se estableció en la tierra que el Señor le había prometido, Dios envió profetas para corregir al pueblo. Entre ellos estuvo el gran profeta Samuel, quien fue el último de los jueces y quien ungió el primer rey de Israel. Y así muchos más como Elías, Isaías, Jeremías… Estos hombres, como profetas, tuvieron Palabra de Dios para la hora en que se hicieron presentes. Ellos hablaron en el nombre del Señor en su día.
Esa es la manera que Dios ha establecido, según las Escrituras, para hablar a su pueblo:
Todo el pueblo consideraba las voces, y las llamas, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba: y viéndolo el pueblo, temblaron, y pusiéronse de lejos. Y dijeron á Moisés: Habla tú con nosotros, que nosotros oiremos; mas no hable Dios con nosotros, porque no muramos. Exodo 20:18-19
Llega tú, y oye todas las cosas que dijere Jehová nuestro Dios; y tú nos dirás todo lo que Jehová nuestro Dios te dijere, y nosotros oiremos y haremos. Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras, cuando me hablabais, y díjome Jehová: He oído la voz de las palabras de este pueblo, que ellos te han hablado: bien está todo lo que han dicho. Deuteronomio 5:27-28
Conforme á todo lo que pediste á Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo á oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, porque no muera. Y Jehová me dijo: Bien han dicho. Profeta les suscitaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas será, que cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le residenciaré. Deuteronomio 18:16-19
Por estas Escrituras vemos que el pueblo no pudo soportar la voz directa de Dios; por lo tanto, le pidieron a Moisés que entrara él en la presencia de Dios y oyera las palabras que Dios tenía para ellos, y luego les dijera todo lo que Dios le hubiese dicho. Esta actitud del pueblo fue aprobada por Dios, y desde ese entonces usted no consigue a Dios hablándole directamente al pueblo, sino a través de un profeta.
Dios estableció allí que su revelación vendría siempre a través de un profeta; y así ha sucedido siempre. Cada profeta de Dios trajo la revelación de la Palabra para el momento en que fue manifestado. Cada uno de ellos trajo la porción que correspondía para su edad, hasta que apareció Juan el Bautista, el último de los profetas del Antiguo Testamento, quien introdujo a Cristo, la plenitud de la Palabra. Los profetas anteriores tuvieron porciones de la Palabra, pero Cristo fue la plenitud de la Palabra, Cristo fue el Profeta por excelencia con toda la revelación de la Palabra de Dios.
La venida de nuestro Señor Jesucristo hizo posible la consumación del canon Bíblico; porque los apóstoles escribieron, inspirados por el Espíritu Santo, las cosas que Jesús hizo y lo que El enseñó; además las cosas que el Espíritu Santo les reveló para instrucción y conocimiento de la iglesia, incluyendo el Apocalipsis que cierra el canon del Nuevo Testamento. De modo que el edificio del cristianismo descansa «sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesio 2:20).
Estaba profetizado que antes de la Primera Venida del Señor, vendría un profeta, quien iría delante de El aparejándole el camino.
Voz que clama en el desierto: Barred camino á Jehová: enderezad calzada en la soledad á nuestro Dios. Isaías 40:3
He aquí, yo envío mi mensajero, el cual prepara el camino delante de mí: y luego vendrá á su templo el Señor á quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos Malaquías 3:1
Juan se identificó como el profeta-mensajero que estaba anunciado en las Escrituras, como la voz que clamaba en el desierto; pero los religiosos de su día no aceptaron su testimonio:
Y éste es el testimonio de Juan, cuando los Judíos enviaron de Jerusalem sacerdotes y Levitas, que le preguntasen:¿ Tú, quién eres? Y confesó, y no negó; mas declaró: No soy yo el Cristo. Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No. 22 Dijéronle: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta á los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? 23 Dijo: Yo soy la voz del que dama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo Isaías profeta 24 Y los que habían sido enviados eran de los Fariseos 25 Y preguntáronle, y dijéronle: ¿Por qué pues bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta? Juan 1:19-25
La dispensación Judía se cerró con el más grande de los profetas hebreos, Juan el Bautista, de quien Jesús dijo: “Porque os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista: mas el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él” (Lucas 7:28).El Señor lo identificó como el profeta de quien habló Malaquías: «Este es de quien está escrito: He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz, el cual aparejará tu camino delante de ti” (Lucas 7:27)Pues Juan fue quien introdujo el Mesías a Israel; sin embargo, los líderes religiosos no le creyeron, antes le desecharon e hicieron en él todo lo que quisieron. Pero estaba anunciado en las Escrituras que Juan vendría delante del Señor para aparejarle el camino; sin embargo el mundo religioso de su día, teniendo las Escrituras, no le recibieron. Y aunque los profetas no dijeron que se llamaría JUAN, sin embargo, la vindicación de Dios en su vida y ministerio probaba que éste era el mensajero que había de venir delante del Mesías. Pero aquellos líderes religiosos, junto con el pueblo, estaban ciegos a la Palabra y a la obra que Dios estaba haciendo a su alrededor.
Ellos estaban esperando un profeta y al Mesías; pero cuando aparecieron, los rechazaron.
¿Por qué los rechazaron? Porque aquellos religiosos se habían apartado de la Palabra y estaban apoyados en sus propias interpretaciones. Las enseñanzas de este profeta no tenían afinidad con las creencias de aquellos grupos religiosos; porque un profeta no viene para congraciarse con las organizaciones religiosas, sino para traer la Palabra de Dios.
Juan el Bautista no salió de los fariseos, ni de los saduceos, ni de los herodianos, ni de los esenios, ni de ninguna otra organización religiosa de su día; porque Dios nunca ha levantado a un profeta de una organización religiosa. El siempre ha tomado un hombre separado de las organizaciones humanas; porque un hombre apegado a una organización es imposible que sea un profeta de Dios porque su conexión con la denominación, le haría traicionar la verdad de la Palabra, pues tendría que ajustarse a las enseñanzas de la denominación a la cual pertenece, aunque la Palabra de Dios enseñase lo contrario. Dios siempre ha tomado hombres separados completamente de esos sistemas humanos: Juan el Bautista fue tomado del desierto; Amós, detrás del ganado; Eliseo, del campo; Moisés, detrás de las ovejas; y así por el estilo. Dios toma un hombre de donde el quiere y lo envía con su Palabra, así como hizo con Elías, que nadie conoce su generación, ni aun quienes fueron sus padres, solamente sabemos que era thisbita, y nada más.
Dios no envía un profeta cuando todo marcha bien, sino cuando dentro del pueblo hay cosas torcidas y contrarias a la Palabra de Dios. Entonces el profeta viene con la Palabra cortante y tajante para fustigar todo lo que sea contrario a la Verdad de Dios; pero los religiosos no pueden aceptar tal amonestación, porque ésta golpea fuertemente sus costumbres y creencias en las cuales están establecidos; por consiguiente, se levantan en contra del mensaje y del profeta y le resisten como Janes y Jambres resistieron a Moisés. Así sucedió en el Antiguo y Nuevo Testamento.
Duros de cerviz, é incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros resistís siempre al Espíritu Santo: como vuestros padres, así también vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? y mataron á los que antes anunciaron la venida del Justo, del cual vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores (Hechos 7.51-52).
Así está sucediendo ahora mismo, porque siempre ha sido esa la regla: Dios envía Su Palabra a través de su profeta, y los religiosos establecidos en sus costumbres y creencias antiguas, la resisten y rechazan; pero Dios no cambia su plan, pues esa es la manera que El ha establecido para hablar a su pueblo.
Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que revele su secreto á sus siervos los profetas (Amós 3:7).
Este texto sugiere dos pensamientos principales: La Revelación de Dios, Sus secretos, Sus misterios, y la instrumentalidad; sus siervos los profetas, por los cuales Dios revela sus misterios.
Dios ha prometido la consumación de todos sus misterios en este tiempo del fin; por lo tanto, tenía que hacerlo a través de un profeta, porque Dios no cambia su parecer.
Pero en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comenzare á tocar la trompeta, el misterio de Dios será consumado, como él lo anunció á sus siervos los profetas (Apocalipsis 10:7).
Cuando se cerraba la dispensación Judía, Dios envió a Juan el Bautista con el Espíritu y la virtud de Elías. El mensaje de Juan fue el hacha puesta a la raíz de aquellos árboles que no habían sido plantados por el Padre Celestial; por tanto, ellos se escandalizaron y se rebelaron contra ese mensaje; pero los predestinados para esa hora, por el mismo mensaje, se aparejaron para recibir al Mesías.
Entonces la dispensación judía terminó con la presencia de un profeta y de un mensaje, el cual los religiosos rechazaron. En ese mismo tiempo tuvo principio la dispensación gentil con el nacimiento de la iglesia. Y ahora cuando se está cerrando la dispensación gentil con la última edad de la iglesia, la historia se ha vuelto a repetir: Dios ha enviado un profeta en este tiempo, con un mensaje que ha sido el hacha puesta en la raíz de los árboles y, a la vez, la Voz de Aclamación que está aparejando al pueblo del Señor para el rapto.
Dios siempre repite su manera de obrar porque El no cambia. Pues si El envió un profeta-mensajero para que le aparejara el camino antes de su Primera Venida, entonces no podía proceder diferente para su Segunda Venida. Por tanto, en esta edad ha enviado un profeta con un mensaje y abundante vindicación divina; sin embargo, la gran mayoría del mundo religioso, lo ha rechazado; pero la simiente predestinada lo ha recibido y está nutriéndose con su mensaje.
Hoy más que nunca, se necesitaba la presencia de un verdadero profeta de Dios, para sacar al pueblo del Señor de esta confusión denominacional que hoy reina en el mundo llamado cristiano, donde las tradiciones e interpretaciones privadas han tomado el lugar de la Palabra, y donde los sistemas denominacionales han usurpado el lugar del Espíritu Santo en la dirección de las cosas espirituales.
En este tiempo cuando las iglesias están sumidas en tanta contaminación mundanal, pobres, ciegas, miserables y desnudas, pero creyendo que están ricas espiritualmente, y que no tienen necesidad de nada; entonces es cuando se necesitaba un profeta con autoridad de Dios para declarar la verdadera condición espiritual de la iglesia, y para abrir los ojos a los predestinados de la hora a fin de que pudieran ver la Palabra pura del Señor.
Pero el mensaje de los profetas siempre ha sido rechazado porque es el hacha a la raíz de los árboles. Este mensaje que corta y poda es rechazado porque golpea las tradiciones y costumbres contrarias a la Palabra de Dios, y también porque fustiga las interpretaciones que los líderes religiosos enseñan como si fueran revelaciones divinas, pero que, por el contrario, anulan las Escrituras. El mensaje del profeta es la revelación que declara los secretos y misterios que Dios tiene predestinados para la hora en que aparece el mensajero; por lo tanto tiene que ser rechazado por aquellos que están apoyados en sus creencias antiguas.
Si usted es una simiente de Dios, sin duda que ya se ha dado cuenta de la condición espiritual del mundo que hoy se llama cristiano, así como también de la necesidad de un profeta para sacar a los verdaderos hijos de Dios de la confusión denominacional que impera en este tiempo.
Cualquier persona que lea las Escrituras con revelación divina, puede percatarse de la hora en que estamos viviendo, porque todos los eventos anunciados para este tiempo ya están presente hoy: Israel está en su tierra demostrando ser una nación fuerte: la multiplicación de la maldad la vemos en todas las fases de la vida humana; lo mismo se puede decir en cuanto a la ciencia, la cual está multiplicada en todos los aspectos; la tibieza en las iglesias no la puede negar ninguna persona sensata; las iglesias están mundanalizadas y convertidas en clubes de religiosos; los llamados cristianos se han conformado a las costumbres y sistemas del mundo en todos los aspectos de sus organizaciones religiosas; y muchas religiones hoy están convertidas en negocios lucrativos. Esta es la apostasía del fin.
Sin duda que esta condición del mundo y de la iglesia es un pronóstico de la cercanía del juicio de Dios de la Gran Tribulación. Pero la señal más importante del tiempo del fin, es la presencia del profeta que Dios ha prometido enviar antes de este juicio; el cual restaurará todas las verdades de Dios que los hombres han pervertido en el transcurso de los siglos.
He aquí, yo os envío á Elías el profeta, antes que venga el día de Jehová grande y terrible. (Malaquías 4:5)
Y respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías vendrá primero, y restituirá todas las cosas (Mateo 17:11).
Esta restauración tan ignorada por este mundo religioso enriquecido por sus conquistas materiales, es la señal más conclusiva del tiempo en que estamos viviendo y de la cercanía de la Venida del Señor; pues las Escrituras dicen: «Al cual de cierto es menester que el cielo tenga hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde el siglo” (Hechos 3:21).
Ese profeta Elías anunciado para esta edad, ha estado en la tierra con su mensaje restaurador, pero la inmensa mayoría ignora este hecho; por lo tanto se ha repetido el caso que sucedió con Juan el Bautista, el precursor de la Primera Venida del Señor: «Mas os digo, que ya vino Elías, y no le conocieron; antes hicieron en él todo lo que quisieron: así también el Hijo del hombre padecerá de ellos”. Amigo y hermano, abra su corazón a la Palabra de Dios porque el tiempo es demasiado corto. Amén.
