S.258 54-1206  Expectación 

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OBRAS DEL MENSAJE

Expectación

Binghamton, New York, E.U.A.

54-1206

1 Buenas tardes, amigos. Ciertamente es un privilegio estar en esta reunión otra vez en esta noche. Viniendo en el amor del Señor Jesús a ministrar a Su querido pueblo que está tan necesitado, y que Sus bendiciones reposen sobre cada uno de ustedes.
Es una mala noche allá afuera. O, pareciera así quizá, para mí que soy un Sureño, pero aquí arriba ha de estar muy bien. En verdad que me puse muy feliz esta noche cuando algunos de los hermanos de aquí de la iglesia fueron a buscarme, han sido tan amables conmigo. Aprecio todas sus bondades.

2 Tengo una pequeña camioneta Chevrolet con la que he estado yendo y viniendo, y desde que he estado aquí han ido a buscarme en un gran Oldsmobile. Así que ciertamente me he sentido honrado al estar en sus reuniones, de estar aquí.
Tenemos, pienso, siendo esta nuestra última noche en la iglesia, y mañana por la noche nos cambiaremos al salón para nuestra noche de clausura, en el Andy Cotter, creo, al Auditorio de la Ciudad, o los hermanos lo anunciaron. No sé mucho del lugar, y yo no lo pudiera encontrar, me supongo, pero lo vamos a buscar mañana para saber cómo llegar.
Ahora, esta noche estamos reunimos con un solo propósito, y eso es para magnificar a Jesucristo a la gente. No conozco otra alternativa por la cual estar aquí esta noche.

3 Yo soy un hombre casado, tengo familia, y en verdad amo mi hogar, lo poco que logró estar en mi hogar. Ellos me cambiaron a la nueva casa pastoral, a la casa pastoral de la iglesia hace siete años, cuando la construyeron. Y nunca he comido ni una sola vez sin las persianas, con las persianas venecianas cerradas en la cocina. Con gente parada en el porche, en el patio, y alrededor de esa manera. Tengo dos niños que casi están neuróticos por el movimiento a todas horas de la noche, cuando estoy en casa. Gente viniendo, miren allí…
Si fueran solo de aquí de Binghamton, no haría mucha diferencia; pero son de todo el mundo, ¿ven? Se juntan allí. Acabo de escuchar de mi esposa, y ellos están allí en estos hoteles y moteles de todas partes del país. Quieren saber qué día, a qué hora del viernes por la mañana, voy a llegar, ¿lo ven?
Y se pueden imaginar cómo va a ser. Y luego durante las vacaciones la gente sale. Y eso… Pusimos en el periódico que no lo hicieran, pero la gente está enferma, y ellos… ¿Se podrían imaginar sentirse cómodos, y un bebé pequeño en el patio, tal vez llorando en un carro? Una pobre madre anciana enferma allí que quizás una palabrita de oración podría cambiar toda la situación. La única forma de hacerlo es solo… los hermanos vienen por mí y simplemente me mantienen lejos de casa. Es la única manera. Me tengo que ir a alguna parte para poder despejar mi mente. No es bueno para uno mantenerse así.
Jesús le dijo a Sus apóstoles: “Tenemos que apartarnos al desierto”. Y cuando uno está allá afuera y tiene que hacer algo para mantenerlo alejado de la mente, usted estaría pensando en eso de todas maneras. Y la oración de la gente tiene tal efecto. ¿Creen eso? Ciertamente. ¡Oh!

4 Cuando regrese, si es la voluntad del Señor, podré contarles experiencias de ese tipo, con las que he tenido experiencia. Por ejemplo, mientras estoy solo en mi mente, antes de ir a mi lección, esta noche, siendo que solo tenemos un par de noches para estar juntos. No tenemos mucha prisa, ¿verdad?
Estuve aquí recientemente, el anciano Hermano Bosworth… ¿Cuántos conocen a F. F. Bosworth? Vaya, casi todos lo conocen. Y siendo que el Sr. Baxter renunció, él se metió en unos negocios que no le permitieron encargarse de estas campañas, pues el Sr. Bosworth es el administrador encargado en estas reuniones ahora, en las reuniones grandes. Y un querido hermano, oh, un hermano humilde. Uno simplemente lo ama. Uno no puede evitar amar al Hermano Bosworth. Un hermano anciano tan santo y piadoso. Y él estuvo en África, y se suponía que él debía estar en la Costa Este y luego íbamos a ir juntos a la Costa Oeste; eso es después de haber estado una vez allá, donde tuvimos grandes reuniones.

5 Y una noche, el cuarto había estado muy atestado durante todo el día, yo estaba tan agotado no podía… le dije a mi esposa, yo dije: “Si alguien más habla”, era un sábado en la noche, yo dije: “Solo diles que vayan mañana en la mañana a la iglesia, y yo voy a orar por ellos allá, porque me estoy poniendo muy cansado, querida”, dije: “Simplemente ya no puedo sostenerme más”. Y poniendo tan nervioso, simplemente me estaba alterando.
Bueno, ella tiene treinta y cinco años y está completamente canosa. Se pueden imaginar; ella se para allá entre el público y yo. Pero… Y ella despidió a la gente. Cuando limpiaron el cuarto, después que todos se hubieron ido, subimos al carro, rápidamente, y tomamos un pequeño paseo. Bajamos hasta las cejas geográficas de New Albany, no son montañas, solo como unas pequeñas montañas, que llamamos “cejas geográficas” que están allí. Y el camino es un poco accidentado por este lado, y yo estaba manejando por allí. Y de repente mi parabrisas se tornó completamente blanco. Y lo siguiente que supe, ella estaba diciendo: “Billy, ¿qué te pasa?”.
Y habíamos conducido aproximadamente una milla alrededor de esos acantilados. Y yo no me enteré de nada al respecto. Había sido una visión. Y paré el auto rápidamente. Estábamos muy arriba en la región boscosa. Le dije: “Cariño, tengo que bajarme aquí en la carretera y orar por el hermano Bosworth, en este momento”. Le dije: “Lo veo bajarse de un tren en Durban, Sudáfrica, y él fue impactado. Los vi levantarlo y ponerle camillas, y él está en el hospital y es algo muy serio. Y debo orar por él de inmediato”.

6 Bueno, detuvimos el carro; me bajé, fui al borde del bosque y me arrodillé, oré que Dios ayudará al hermano. Y luego eso fue el sábado por la noche, y la siguiente noche de domingo, todavía no había salido de la casa, y unos amigos estaban en la casa.
Y nosotros tenemos cuatro teléfonos que contestar, se pueden imaginar lo que eso es, las llamadas. Y ese teléfono solo recibe llamadas de larga distancia. Y dijeron que la operadora de Louisville de Western Union estaba llamando. Y ella dijo… fui al teléfono, y ella dijo: “Reverendo Branham, tengo un telegrama de Durban, Sudáfrica, del Sr. Rev. Dr. Lydare”. Y decía: “Ore por el Hermano Bosworth inmediatamente. Fue impactado después de bajar ayer del tren. En el hospital esperan que muera en cualquier momento”. De esa manera.

7 Yo dije: “Operadora, ¿puede rastrear eso y decirme cuándo eso salió de Durban?”.
Ella dijo: “Sí, señor”. Ella me llamó un momento después, y me dijo a qué hora eso había salido de Durban. He salido muchas veces de viaje, los de Pan American dan una pequeña tabla, y muestra las horas, y así sucesivamente. Y lo que sucedió, fue que el Ángel de Dios le ganó al telegrama en llegar, veinticuatro horas, exactamente. Y para el tiempo cuando recibí la llamada al día siguiente, el Hermano Bosworth ya había sido sanado, se había levantado e ido, ¿ven? Entonces, él fue sanado antes que el telegrama pudiera llegar allí. La soberanía de Dios: el Ángel del Señor le ganó al telegrama aquí, veinticuatro horas, ¿ven?

8 Oh, va más allá del entendimiento. Él es solo… Nosotros simplemente lo amamos a Él, eso es todo. Yo solo… con todo mi corazón.
Ahora, como hombre, mis palabras están tan limitadas, como cualquier otro hombre, pero Su Palabra es tan real y no puede fallar, siempre me gusta leer algo de Sus palabras antes de decir cualquier cosa sobre el servicio de la noche.

9 Ahora, en el segundo capítulo de San Lucas, y comenzando con el versículo 25, leemos estos versículos de la Palabra de Dios. Y luego le pediremos que añada Su bendición a ello, y luego hablaremos un rato, y después nuestra línea de oración.
Ahora, en el segundo capítulo, versículo 25, comenzaré leyendo.
Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él.
Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor.
Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley,
Él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo:
Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra;
Porque han visto mis ojos tu salvación.
Un texto maravilloso, para este tiempo, con la celebración de la época del año, de Navidad, el nacimiento del Señor Jesucristo. Hablemos con Él solo un momento, mientras inclinamos nuestros rostros.

10 Nuestro Padre amoroso, te damos las gracias esta noche por Tu amor, que envió al Hijo de Dios de la gloria a la tierra, para que llegase a ser pecado. Y esta noche con nuestras bendiciones del trono en nuestro corazón, por Su gracia, el saber que éramos pecadores, y Él vino y tomó nuestro lugar, y murió como pecador. Murió en mi lugar, Él murió mi muerte en el Calvario. Él murió la muerte de todos en el Calvario. Y el pecado… yo como pecador, Él me representó en Su muerte en el Calvario. Él representó a cada creyente esta noche en Su muerte en el Calvario.
Y Dios, reconciliándonos, y Su amor para nosotros, lo resucitó para nuestra justificación. Y por lo tanto, siendo resucitados con Él, estamos sentados esta noche en lugares celestiales en Cristo Jesús con cada bendición que Dios prometió, son nuestras bendiciones redentivas en Él. Te damos las gracias por esto. Y Tú, por fe, Padre, viéndolo anticipadamente, sabiendo lo que sucedería, nos has bendecido juntos, con Cristo. Cada bendición por la que Él murió es nuestra ahora mismo, porque estamos sentados en Cristo. Estamos resucitados con Cristo. Y ahora, estamos sentados con Él, como creyentes, en este lugar celestial en Cristo Jesús.

11 Oh Padre, el saberlo estremece ahora nuestros corazones, el sentido de la mente no puede entenderlo. Va más allá de cualquiera de nuestros sentidos el comprender lo que eso significa; que nosotros, esta noche, estamos en este momento sentados en Cristo. Toda bendición por la que Él murió es nuestra ahora mismo; nosotros la tenemos. Oh, Dios, ayúdanos a tener fe esta noche para usar Tu fe, que Tú dijiste que era nuestra. Y permítenos reclamarla esta noche, Señor, todo privilegio dado por Dios que tenemos. Porque Tú nos compraste, nos llamaste por gracia, nos lavaste en la Sangre de Tu Hijo, el Señor Jesús, y nos has limpiado, nos has llenado con el Espíritu Santo, nos has puesto en Cristo Jesús, aquí esta noche para reclamar cualquier cosa, cualquier bendición redentiva.
Y nuestro enemigo esta noche es solo un fanfarrón. Porque Cristo le robó todo lo que él era, en el Calvario, cuando Él lo despojó de todo —poder— que alguna vez haya tenido. Porque Dios era… el hombre se reconcilió con Dios en ese momento a través de la Sangre de Jesucristo cuando Él pagó el precio completo y la ofrenda completa fue hecha; y Dios se agradó de eso. Y esta noche, estamos resucitados en Él.
Ahora, te damos las gracias por esto. Sabiendo esto, que no importa lo que venga o vaya, estamos en Él. Aquellos que Él ha justificado, Él ya ha glorificado. Y el Padre en Su propia fe, creyendo que mantendremos nuestras bendiciones redentivas, y la justicia del Señor Jesucristo, nos vio previamente allá en la eternidad, nos glorificó junto con Él, con cuerpos glorificados, libres de enfermedades, libres de la muerte. Y para vivir con Él como Sus queridos hijos amados, por todas las edades interminables y por iones de tiempo por venir.
Bendícenos, Señor, esta noche. Que nuestros corazones se conmuevan a medida que el Espíritu Santo desciende por los pasillos de nuestro ser, y nos limpia de toda duda e injusticia. Porque lo pedimos en Su Nombre. Amén.

12 Ahora, alguien estaba preguntando por qué yo no oro por más personas de las que oro cada noche. Podría explicar eso por solo un momento. Miren, amigos, Uds. no se dan cuenta lo que eso me afecta a mí. ¿Cuántos saben que esa visión saca más de mí que cualquier otra cosa que yo conozca? El profeta, Daniel, vio una visión y fue turbado en su cabeza por muchos días. ¿Es eso correcto? Miren, ¿sabían todos Uds. que la mayoría de los poetas y profetas y personas inspiradas eran consideradas unos neuróticos? Uds. saben: ¿Unos locos? Eso es correcto.
Miren. Para la gente que está aquí que probablemente no es Cristiana, qué del gran canta autor popular que le dio a los Estados Unidos unas de sus más bonitas canciones de folklore, ese fue Stephen Foster. Él escribió: Los Viejos Parientes En Casa, Mi Viejo Hogar en Kentucky, Río Suwannnee (Muchos de esos), El Viejo Black Joe —muchas de esas grandes canciones inspiradas.

13 No hace mucho… El Viejo Hogar en Kentucky está justo cruzando el río de dónde soy. Yo estuve allá sentado en la pequeña banca donde se supone que él estaba… o, mesa; estaba valuada en cien mil dólares hace muchos años, cuando se llevó a cabo la Feria Mundial en St. Louis. Y él estaba… de aquí salió, esa canción. Allí estaba su fotografía, y con el serafín, que supuestamente lo tocaba, que le dio inspiración. Yo pensé: Sí, el Sr. Foster, usted lo tenía aquí en la cabeza, pero no en el corazón.
Pero, si se fijan en cada ocasión que él escribía una canción, esa inspiración lo dejaba, y él se emborrachaba. Y finalmente, ahora, no solo condene el hombre demasiado rápido, ¿ve? hasta que lo entienda. No siendo lo que debería, él se emborrachaba. Él dejaba esa inspiración. Y finalmente, cuando salió de estar bajo la inspiración un día, llamó a su siervo y tomó una navaja y se suicidó. Él no sabía en dónde estaba.
“Bueno”, usted dice: “Sí…”.
¿Cuántos de ustedes conocen a William Cowper? Muchos de Uds. conocen su canto famoso: “Hay una fuente llena de sangre que fluye de las venas de Emmanuel; cuando los pecadores se sumergen debajo del raudal, pierden todas sus manchas de culpabilidad”.

14 Yo me paré en su tumba en Londres, Inglaterra, no hace mucho, y miré allí abajo, y pensé: Sí, Sr. Cowper. Yo acabo de leer su historia. Usted sabe, después que tuvo inspiración, y escribió ese canto… Cuando él estaba allá arriba estaba todo bien, pero cuando comenzó a salir de eso, él trató de encontrar el río para cometer suicidio; estaba demasiado neblinoso; el chófer no pudo llevarlo allá para cometer el suicidio después de escribir ese canto famoso: Hay una fuente llena de sangre que fluye de las venas de Emmanuel; cuando los pecadores se sumergen debajo del raudal.
Usted dice: “Esos son poetas”. ¿Qué de los profetas? Cuando Jonás recibió la inspiración y que fue a una ciudad con un millón de personas en ella, era tan pecaminosa que ellos eran muy malvados. Y él profetizó con tal poder, después que Dios le dio el mensaje para la gente, cuando él era el profeta ungido, para ir allá y advertirles: “Dentro de cuarenta días Dios va a destruir la ciudad”. Y atravesó por allí con tal poder al punto que ellos le pusieron saco de cilicio a sus animales: se arrepintieron de tal manera.
Y ese hombre subió a la colina y le pidió a Dios que le quitara su propia vida, y pusieron un gusanito que derrumbara la calabacera. ¿Es eso correcto? Ese era profeta.
Y miren a Elías, quien llamó fuego del cielo y lluvia del cielo el mismo día, cuando no había llovido por tres años y seis meses; mató a cuatrocientos sacerdotes él mismo esa misma tarde. Y tan pronto la inspiración lo dejó, se fue corriendo al desierto, y vagó por allí, sin saber en dónde estaba durante cuarenta días y noches, y Dios lo encontró metido en una cueva en alguna parte. Y una pequeña voz dijo… le preguntó qué estaba haciendo dentro de esa cueva. ¿Es eso correcto? Esos son profetas, ¿ven? ¡Inspirados!

15 Oh, Cristianos, casi toda la Cristiandad de la manera que la vemos hoy día es tan superficial; es como bailar con una burbuja. Usted habla del Espíritu y sabe tan poquito de ello. Eso es correcto. No se arrodilla y lidia con los hechos reales de ello, ¿lo ven? Esa es la razón que los teólogos de hoy solo lo conocen desde el punto de vista de la Palabra, y lo abordan de esa manera, con el sentido del conocimiento, y no saben nada del Espíritu residente, el poder, ¿ven? Ellos no lidian con el Espíritu. Ellos solo lo miran y dicen: “Bueno, yo creo que es esto”. Ustedes sacan sus propias concepciones. Esa es la razón por la que cometen errores tan fatales.

16 Algunas veces en las reuniones… Yo digo esto: Alguien me dijo: “Hermano Branham, ¿por qué usted no…?”. Recibí una pequeña carta no hace mucho, y decía una buena crítica. Dijo: “Hermano Branham”, dijo: “Su reunión está muy por encima de todo lo que he visto. Pero”, dijo: “La cuestión es, que usted simplemente es muy flojo, y no ora por los hijos enfermos de Dios. Él tuvo que levantar a Oral Roberts para orar por Sus hijos”. Dijo: “Oral ora como por quinientos mientras usted está orando por uno”.
Yo dije: “Eso es verdad, Pero el Hermano Roberts es siervo de Dios; y está haciendo lo que Dios le dijo que hiciera, y yo estoy haciendo la misma cosa: solo lo que Dios me dijo que hiciera”. Eso es correcto. Seguro. El Hermano Roberts, si es un verdadero hombre de Dios, lo cual yo creo que el Hermano Roberts lo es, un verdadero hombre de Dios, y luego el Hermano Allen, el Hermano… Todos estos hermanos son verdaderos hermanos Cristianos. Yo creo que cada uno de ellos. Creo que todo hombre que invoca a Jesucristo es mi hermano. Y estoy con ellos al cien por ciento para respaldarlos en cualquier cosa. Mientras esté en la Biblia, y correcto, estoy justo detrás de ellos. Si se salen de la Biblia, todavía no los condenaré. Los amo de todos modos. Y voy a ellos y trato de ver si acaso podemos arreglar el asunto inmediatamente.

17 Ahora, en estas cosas… Pero muchas veces en las reuniones, recibo lo que va pasando por la línea. El Hermano Roberts y demás, simplemente son muy fuertes. Sus reuniones son de fe. Es simplemente con una fe muy predominante. Hay un hermanito aquí, un hombre de negocios, en esta ciudad, que se llama George Gardner. Si hablar de fe se trata, él la tiene. Pero lo que hace él, solo es un bebé en Cristo, y no ha tenido muchas altas y bajas, y golpes. Entonces él simplemente se acerca por la fe y lo agarra y está en la Palabra de Dios, él dice: “La Palabra lo dijo, y eso lo resuelve”. Esa es la manera de hacerlo, ¿ve?
Ahora, esas cosas… El Hermano Roberts lo hace de esa manera. El Hermano Allen lo hace de esa manera. El hermano Coe lo hace de esa manera. Todos lo hacemos de esa manera, ¿ven? Es fe, fe, fe.
Bueno, ahora, algunas veces la gente en la reunión, se toman de algunas cosas que no pueden… Hay algo… Pero si Ud. ha hecho algo en su vida, o no ha hecho algo que usted debería haberlo hecho, se pudiera orar por usted todo lo que quiera, y lo pudieran ungir hasta morir, y eso nunca lo dejará, ¿ven? Es verdad.

18 Miren, antes… En la reunión es lento. Pero uno tiene que encontrar la causa antes de poder encontrar la cura. Si Ud. va con un doctor y le dice que tiene dolores de cabeza persistentes, y él le da una aspirina, lo manda a casa, él no es un doctor. Él está tratando de deshacerse de usted; tratando de sacarlo de la oficina. Si es un verdadero doctor, él lo llevará y le hará un examen de sangre, le tomará la presión y todo lo demás, y buscara hasta encontrar la causa, y luego empezar a trabajar desde allí. Ese es un verdadero doctor, ¿ven? Pero si él lo devuelve de esa manera, ese no es un doctor, ¿ve? Él no es un buen doctor en todo caso, porque debería… sus pacientes deberían ser como su propia familia, donde él trata de buscar minuciosamente, ver en dónde está. El hombre tiene eso en su corazón. Bueno, ahora, esa es la misma cosa aquí, ¿ven?

19 Ahora, no hace mucho, les daré un pequeño caso. (¿Estoy tomando mucho tiempo en estos testimonios?) Un pequeño caso, había una mujercita…
Un predicador Metodista en New Albany, Indiana, el cual es un amigo muy querido mío… Yo tenía el Tabernáculo Bautista en Jeffersonville, y nosotros éramos hermanos, si hubo uno alguna vez. Y él siempre… Si yo me topaba con alguien que no creía en inmersión y quería ser rociado, yo lo mandaba con él. Le decía: “Ve a su iglesia, del Hermano Len, porque serás un mejor miembro allá, porque yo diría que él es un hombre de verdad. Y él es un hombre de Dios. Pero él cree en rociar, y yo soy Bautista”. Y entonces, yo lo llevaba allá abajo. Si él encontraba a alguien… Yo decía: “Ahora, está bastante seco allá, ¿ve?”.
Entonces, si él encontraba a alguien que quisiera sumergirse en lugar de rociarse, él le decía: “Sube allá y ve al Hermano Billy”. Decía. “Ahora, él lo ahogará. Él es un Bautista”, pero nosotros simplemente teníamos una amistad así entre nosotros.
Bueno, él era un buen hombre. Y él dijo, después que vine aquí hace como… han pasado como unos dos años, un poquito más, él dijo: “Billy, vas alrededor de todo el mundo, y luego dejas a tu pobre hermano sentado aquí”. Dijo: “¿Por qué no vienes y llevas a cabo una reunión para mí?”.
Y yo dije: “Bueno, hermano, cuando vengo a casa, trato de descansar mi mente, y cosas de la oración por los enfermos”.
Él dijo: “Bueno, Hermano Branham”, él dijo: “No le voy a pedir que ore por ninguna persona, si solo viene y nos predica una noche”.
Bueno, él tenía un programa radial, y lo anunció en la radio esa mañana, y esa noche, una iglesia como esta, y ellos estaban por todas partes y afuera en las calles.

20 Y entonces cuando hice el llamamiento al altar, teníamos a la gente de arriba abajo por las calles con las bocinas para que aceptaran a Cristo, y así sucesivamente. Él me sacó por… Entré esa noche, ellos pusieron sus manos en la ventana y me recogieron; y al salir, él me llevó al sótano, dijo: “Espere hasta que se vayan, y lo pondré en un cuarto por aquí, y luego podrá salir”.
Y yo dije: “Muy bien”.
Bajando los escalones, él puso su brazo alrededor de mí, dijo: “Billy, ¿me perdona por algo?”.
Yo dije: “¿Qué hizo, Hermano Johnson?”.

21 Él dijo: “Bueno”, dijo: “nada, pero”, dijo: “tengo a una damita aquí que es maestra de la Escuela Dominical”. Y dijo: “Ella está en una terrible condición nerviosa”. Dijo: “Yo… Usted no tiene que ver una visión”, dijo: “Solo imponga manos sobre ella, ofrezca una oración”. Dijo: “Han orado por ella en todas partes”.
Y yo dije: “Seguro”.
Dijo: “Ella está en un estado terrible”. Dijo: “Por casi diez años ha estado yendo a este psiquiátrico, diez dólares por viaje, en Louisville”. Dijo: “Ella está pasando un tiempo terrible”.
Yo dije: “¡Seguro!”. Y bajé al pie de la escalera, y una mujercita muy atractiva, de unos treinta años, estaba parada allí.
Ella dijo: “¿Cómo está usted, Hermano Branham?”. Bueno, yo esperaba ver a alguien con camisa de fuerza, por la forma en que él me contó.
Y… Dije: “¿Es usted la paciente?”.
Ella dijo: “Sí, señor, yo soy, Hermano Branham”.
Le dije: “¿Qué ocurre, hermana?”.
Ella dijo: “No lo sé. Eso es lo que me estoy preguntando”. Ella dijo: “Yo solo… siento que estoy caminando en la tierra, y que en cualquier momento va a estallar, y no puedo salir de casa. Alguien tiene que ir conmigo. Tengo miedo de los escalones”. Dijo: “Tengo tres hijos”, y dijo: “Estoy en un estado terrible”. Dijo: “¿Puede orar por mí?”.
Y yo dije: “Sí, señora”. Puse mis manos sobre ella, y oré: “Querido Padre Celestial, ayuda a esta mujercita; oro con todo mi corazón”. Y seguí adelante. Después de un rato me fueron a dejar, y me fui a casa.

22 Dos días después de eso me fui al extranjero. Y cuando estaba en el extranjero, mi esposa dijo que la pobrecita llamaba por teléfono cada dos o tres días; dijo: “Mire. Si el Hermano Branham lleva a cabo una reunión en alguna parte, o cuando él esté en casa, si el Ángel del Señor se acerca en algún momento, Sra. Branham, ¿podría por favor permitirme ser la primero en la lista?”.

23 Y dijo: “Bueno”, ella dijo: “Haré lo mejor que pueda, hermana”. Dijo: “Todo lo que sé hacer”.
Y ella decía: “Oh”, dijo ella: Simplemente me estoy poniendo peor y peor cada vez. Y dijo: No puedo ir a una de las reuniones. Dijo: Yo no sé cómo lo hacen; ellos me amarran en el carro, para sacarme. Dijo: Yo…“. Ese es un terrible estado en el cual estar… Esa es la peor cosa que hay. Lo que es mental.
Entonces, yo dije: “Bueno…”. Mi esposa dijo, más bien, dijo: “Bueno, cuando él regrese…”. Cuando yo regresé, ella había hablado casi todos los días; dijo: “No”, y dijo que… Así que ella vino. Y quería que yo orara por ella.
Yo dije: “Muy bien”. Y yo iba saliendo; me estaban sacando en ese momento. Y así que me detuve allí en la banqueta y oré por ella. Ella se fue. Un par de días después, ella le llamó a mi esposa, dijo: “Oh, Hermana Branham, simplemente tendré que tomar cuando la unción esté sobre él, cuando él pueda reprender al enemigo”. Dijo: “Me estoy muriendo”. Dijo: “Ya no lo puedo soportar más. Estos diez años”, dijo: “Ya no puedo mantenerme durante más tiempo. Me estoy despedazando”.

24 Así que, la pobrecita estaba en tal aprieto; se pueden imaginar cómo se sentía. Bueno, una mañana, allí como a las tres de la mañana, Él vino a la habitación. Y después que amaneció, mientras estaban unas personas afuera, mi esposa entró a mi habitación. Ella dijo: “Billy, ¿sucedió algo?”.
Yo dije: “Querida, Él ha estado aquí desde muy temprano esta mañana”.
Ella dijo: “Yo pensé, cuando entré a esta habitación, que había algo raro”. Y dijo: “Hay unas personas allí afuera”.
Yo dije: “Pues, querida…”.
Ella dijo: “¿Debiera de cocinarte un poco de desayuno?”.
Yo dije: “No, tal vez Él quiera hacer algo, querida”. Yo dije: “No me cocines desayuno”.
Ella dijo: “Billy, ¿puedo llamar a la mujercita de New Albany?”.
Le dije: “¿Qué mujercita, querida?”.
Y ella dijo: “La mujercita que ha estado llamándome, y está tan nerviosa, allá abajo”.
Y yo dije: “Pues, a mí no me molesta”.
Y así que ella la llamó. Y había un hombre de la iglesia Bautista de Louisville, uno de los… La Iglesia Bautista Broadway en Louisville, que fue sanado esa mañana con cáncer en el bazo. Y él está muy bien, perfectamente sano hoy. Él solía ser un jugador del equipo de la gran liga de béisbol. Los doctores lo habían desahuciado allá en Louisville.

25 Así que entonces, ella consiguió a la damita, y unas personas la trajeron. Yo dije: “La quiero ver a solas”. Y ella entró al pequeño cuarto de estudio; la puse allí para que estuviera segura que estaba a solas. Yo entré. Su nombre es Shane. Y ella se estaba frotando las manos de esta manera, sentada allí. Yo entré. Una pequeña madre.
Y yo dije: “¿Cómo le va, dama?”.
Y ella se levantó; dijo: “¿Cómo le va?”.
Yo dije: “Puede tomar asiento”. Había un pequeño banco allí, y yo solo me senté. Dije: “Ahora, hermana…”.
Ella dijo: “Oh, Hermano Branham, ¿está… está el Ángel del Señor aquí?”.
Le respondí: “Sí, señora”.
Ella dijo: “Oh, ¿puede echar fuera ese espíritu maligno de mí?”.
Le dije: “Ahora, espere un minuto, hermana”. Yo dije: “Uno tiene que vigilar lo que está echando fuera”. Dije: “La gente que tiene esa clase de cosas puede hacer que uno se meta en problemas con eso”.
¿Sabían eso?

26 ¿Cuántos creen que Moisés era un profeta? Seguro que lo era. Dios confió en él, ¿no es así? Él dijo: “Ve allá y háblale a la roca”. ¿Es eso correcto? No: “Hiérela”; “Háblale”. Y allí fue donde todo el programa de Dios, toda la Biblia, fue quebrantada una vez. Moisés en lugar de hablarle a la roca, fue allá y se enojó con la gente e hirió la roca, y la hirió por segunda vez.
Dijo: “Ustedes rebeldes, ¿Acaso debemos sacarles agua? Y él obtuvo el agua; él era un profeta; la pudo traer de todas maneras, ya sea que era la voluntad de Dios… Esa no era la voluntad de Dios, ¿cierto? Pero él tenía poder, era un profeta. Él trajo el agua de todas maneras.
Pero Dios dijo: “Ven aquí, Moisés. Yo voy a lidiar contigo ahora”. ¿Es eso correcto? Y no le permitió que fuera…

27 ¿Qué de Elías? Ese joven, él era… Oh, él no debería haber sentido eso al respecto, él se quedó calvo cuando era joven. Y él iba de regreso después que Elías había sido levantado, y los niños pequeños corrieron detrás de él, dijeron: “¡Viejo Calvo! ¡Calvo!”. Burlándose del hombre. Bueno, él debería haber sabido mejor —me parece, pero el profeta se enojó. Y se dio la vuelta y les puso una maldición a esos niños pequeños, y dos osas mataron a cuarenta y dos niños inocentes, solo por llamar al profeta “calvo”.
Bueno, ¿qué diferencia hace eso? Yo no creo que esa haya sido la naturaleza del Espíritu Santo, pero ese era un profeta enojado. Así que uno tiene que vigilar lo que está haciendo.

28 Así que yo dije: “Hermana, hablemos unos minutos”. Yo dije: “Solo hagamos un pequeño viaje”.
Ella dijo: “Oh, no, no puedo tomar un viaje”.
Le dije: “Solo un momento, mentalmente”, solo para que ella comenzara a pensar. Y cuando comenzamos a hablar, solo un momento, vi un pequeño carro corriendo de esa manera, un carrito negro de un solo asiento. Yo dije: “¿Estuvo alguna vez en un accidente de carro, hermana?”.
Dijo: “No, no, nunca he estado en un accidente”. Y luego, justo entonces, aquí venía atravesando otra vez la habitación.
Yo dije: “Vi un carrito. Y, oh, un tren por poco los golpea”. Y ella comenzó a gritar entonces. Y luego, por supuesto, la visión ya había comenzado; no había forma de detenerlo entonces. Así que ella dijo… le dijo a ella, dijo: “Ahora, usted estaba en un carrito negro, y estaba con un hombre rubio. Y estaba regresando de andar afuera y haciendo lo incorrecto, y por poco los golpea el tren”. Y se le dijo sobre su esposo, ella se acababa de casar, y su esposo se fue y se fue al extranjero. Y ella se sintió sola, y empezó a andar con un muchacho, y andaba con él esa noche, y rompió sus votos matrimoniales. Y regresando a casa, por poco los golpea un tren. Y cuando la visión se fue, la mujer estaba tendida en el piso, gritando muy fuerte. Y mi esposa entró corriendo a la habitación. Y quería saber qué había pasado.
Ella levantó a la joven, y ella dijo: “Oh, Reverendo Branham, no se atreva a decirle eso a nadie”.
Y yo dije: “Hermana, lo único que Ud. puede hacer es ir y confesárselo a su marido, y arreglarlo”. Yo dije: “Allí está su problema”.
Ella dijo: “Yo le confesé eso a Dios, Hermano Branham”.

29 Yo dije: “No fue en contra de Dios que pecó. Usted era una mujer casada, usted pecó en contra de sus votos”. Y yo dije: “Ellos pudieran derramar aceite en su cabeza por galones; pudiera orar, y pisar fuerte, y patear diablos; nunca hará ni una poquita de diferencia. Usted tiene un pecado no confesado; se quedará allí hasta que esa cosa se corrija. A mí no me importa cuántas oraciones de fe, o cualquier otra cosa, se quedará allí mismo”.
Y ella dijo: “Pues…”.
Y yo dije: “¿Es usted una maestra de Escuela Dominical?”.
Y ella dijo: “Pues, Hermano Branham, eso destruirá nuestra hogar”.
Yo dije: “Ahora, hermana, lo único que sé, esa es la verdad. Nadie sabe eso sino usted y Dios solamente, y ese muchacho”.
Ella dijo. “Eso es correcto”.
Yo dije: “Usted le dijo a su esposo que estuvo afuera con un muchacho, pero nunca se lo confesó todo”.

30 Ella dijo: “Eso es correcto”. Ella dijo: “Pero no se lo puedo decir”. Dijo: “Tengo tres hijos, Hermano Branham. Eso destruirá mi hogar”. Dijo: “Mi esposo es diácono allá en la iglesia”. Y dijo: “Si alguna vez le digo eso”, dijo: “Destruirá nuestro hogar”.
Yo dije: “Bueno, hay…”.
Ella dijo: “Pues, eso no es lo que me está molestando”.
Yo dije: “Oh, sí, eso es. Está allí muy atrás en ese subconsciente, aunque corte el rastro”. Dije: “Allí es en dónde está, allí mismo. Eso es correcto”.
Y ella dijo: “Pues, yo… simplemente no puedo decírselo. Eso destruiría mi hogar”.
Dije: Bueno, lo único que puedo hacer, hermana, eso es lo que Él dijo. Usted sabe si alguien sabe al respecto o no, así que…“. Mi esposa… Yo me estaba yendo al siguiente cuarto.
Ella dijo: “Oh, no se vaya, Hermano Branham”.
Yo dije: “Bueno, hermana, vaya usted por su esposo y arréglelo”.
Ella dijo: “Yo simplemente no puedo hacerlo”.

31 De casualidad miré, y parado a su lado estaba un hombre de cabello negro un tanto ondulado, allí por un lado de esa manera. Y él dio la espalda, y tenía escrito… Él tenía una señal de Chevrolet escrita en su espalda. Y yo dije: “¿No es acaso su esposo un hombre alto de cabello negro ondulado?”.
Ella respondió: “Sí, señor”.
Yo dije: “Él trabaja para la compañía Chevrotlet”.
Dijo: “Sí, señor”.
Yo dije: “Él tiene que confesarle la misma cosa a usted”. Eso es correcto. Yo dije: “Él trabaja en un taller. Y antes de ayer, él estaba con una mujer de cabello negro que trabaja en el taller. Ella estaba usando un vestido rosa. Ellos estaban en un carro verde Chevrolet. Y rompió su voto matrimonial con usted. Y no solo eso, sino que él lo ha hecho antes”.
Dijo: “Mi esposo no. Él es diácono en una iglesia”.
Yo dije: “Con razón la iglesia del Hermano Johnson no está prosperando con una cosa como esa”. Y yo dije: “Eso es”.
Y ella dijo: “Mi esposo no”. Se sintió ofendida. Ella le creía a él. Ella dijo: “Mi esposo no”.
Yo dije: “Mire, dama, mejor es que vaya y busque a su esposo, arreglen las cosa, porque eso es todo lo que yo sé, ahora. Yo solo soy Su siervo”. Y me salí de la habitación.
Mi esposa regresó en unos cuantos minutos. Dijo: “Ella se fue al teléfono; le habló a él”. Dijo: “las mujeres la están sentando de nuevo”. Entonces, dijo: “¿Qué crees que sucederá?”.

32 Yo dije: “Bueno, eso depende de ellos; yo no lo sé, pero”, yo dije: “Uno nunca sabe, no importa qué tanto usted grite, qué tan alto grite, qué tanto ha orado, ese diablo tiene el derecho legal de quedarse allí mismo, y él se quedará allí, además. Eso es correcto. Y él tiene derecho a quedarse allí. No solo eso, pero si se suponía que usted debía hacer algo y no lo hizo, él tiene el derecho de la desobediencia”. Entonces, allí es dónde está. Al buscar bien en la persona, uno se da cuenta en dónde está la causa.
Entonces uno sabe por dónde empezar para la cura, ¿ve? Es un pecado que no ha sido confesado, muchas veces, así que uno tiene que vigilar lo que dice, pisar a este y sacar a este otro, ¿ve? Eso es correcto, ¿ve? La fe se moverá. Pero no cuando él tiene el derecho legal. Satanás sabe cuáles son sus derechos, y a lo que no tiene derecho. Eso es correcto. Límpiese a sí mismo ante Dios y venga ante Él puro y santo, después pida, ¿ve? Y ahora, escudriñen su vida.

33 Después de un rato aquí venían ellos de vuelta. Ella se fue y lo trajo, y él llegó en un carro. Así que, se detuvieron y salieron. Y ella dijo: “Querido, tengo algo que confesarte”. Y ella le dijo lo que era. Y él dijo… “Y sabes, ¿acaso tú no saliste?”. Ella conocía a la mujer, dijo: “¿Acaso tú no saliste?”.
Él dijo: “¡No!”.
Dijo: “Estuviste en un cierto lugar, en un cierto…”
Él dijo: “¿En dónde has estado?”.
Y ella dijo: “Estuve allá con el Hermano Branham”.
Él tomó… Él dijo: “Querida, esa es la honesta verdad”. Y él dijo: “Te diré algo”. Dijo: “Francamente…”. Ahora, se le dijo sobre él cuando estuvo en Francia, y así por el estilo, y él dijo: “Yo lo comencé, yo soy el culpable”. Dijo: “Yo fui el que comenzó…”. Dijo: “Si me perdonas, yo te perdonaré. Nos limpiaremos delante de Dios, e iremos para allá, y tomaremos a nuestros hijos pequeños y viviremos como los Cristianos deben hacerlo”. Allí ellos confesaron sus pecados uno al otro y a Dios, y se arreglaron con Dios.

34 Cuando regresaron y subieron el porche iban abrazados, lágrimas corriendo por sus mejillas.
Yo dije: “Ahora, ahora, Satanás se irá. Ahora algo va a suceder”. Y la mujer está perfectamente normal y sana desde ese minuto en adelante, ¿ve? Allí lo tiene. Estaba muy adentro en su alma, ¿ve? Cosas de las que tal vez se haya olvidado, pero están ahí, ¿ven? y por el estilo. Vaya, tantas cosas, amigos. He visto a nuestro Señor Jesús, miles de esas cosas en la plataforma.
¿Cuántos han estado en las reuniones y han visto cosas como esas en la plataforma, de gente que ha vivido mal, y cosas, y se les reprende por sus pecados? Levanten sus manos, personas que han estado en las reuniones. Seguro. Para eso es.

35 Ahora, rápidamente a nuestro texto. Ahora, tenemos como unos diez minutos antes de la línea de oración, unos quince.
Noten. Un hombre, Simeón, un viejo sabio, un hombre con la barba blanca de cabello largo, era un maestro en Israel. Y él era un gran hombre, tenía mucho prestigio entre los judíos. Y los judíos estaban casi en la misma condición de la iglesia en aquel entonces, es casi igual como es el día de hoy. Un tanto fríos e indiferentes y habían estado esperando la venida de Cristo durante cuatro mil años. Y ni se imaginaban en ese entonces, cuando estaban en la condición en la que se encontraban en ese momento, que Cristo vendría entonces. Pero, muchas veces cuando uno menos se lo imagina, es cuando Él llega. Cuando piensan que Él no viene, es cuando Él vendrá.
Y luego, en este lugar, el anciano anduvo alrededor testificando, porque un día el Espíritu Santo le reveló que no iba a morir hasta que hubiera visto al Cristo del Señor. Y anduvo alrededor diciéndoles a todos que él iba a ver al Cristo antes de morir.
Ahora, ¿se pueden imaginar el efecto que eso tuvo en la gente? Tal vez, los científicos y doctores y ministros y así sucesivamente. ¿Saben lo que probablemente dijeron sobre el anciano? “Algo le sucedió en su cabeza”. Mírenlo ahora, alrededor de los noventa años, y con sus bigotes blancos colgando, un hombre anciano como es él. Y aún David esperó ver al Cristo. Como él aquí, diciendo: que El Espíritu Santo le dijo que él iba a ver al Cristo antes de morir. Pues, eso es ridículo; trae un reproche sobre nuestra iglesia“. Ya me lo imagino. Pero él tenía un muy buen derecho a creer eso, porque el Espíritu Santo le dijo que lo iba a hacer.

36 Ahora, nosotros no tenemos dos Espíritu Santo; solamente tenemos uno. El mismo Espíritu Santo que estaba sobre Simeón es el mismo Espíritu Santo que está aquí esta noche. Los hombres se van; el Espíritu Santo permanece igual.
Noten. Entonces, vamos a usar la palabra de expectaciones. Normalmente uno recibe lo que espera. Si Ud. viene esta noche a la iglesia, solo diciendo: “Voy a ir para allá, voy a ir allá para darme cuenta de algo que yo sé que está errado”. No se preocupe; el diablo le va a mostrar mucho de eso. Eso es correcto. Uno por lo regular recibe lo que espera. Si Ud. vino con la expectativa de recibir una bendición de Dios, Dios se encargará de que la reciba. ¡Lo que usted espera! Ud. dice: “Bueno, yo no espero que sea así”. Bueno, esa es la razón por la que no es así. Usted tiene que creerlo. Y crea que va a estar correcto. Mire las cosas correctas, examínelo correctamente.
Ahora, Simeón fue a… estaba con la expectativa de que él iba a ver al Cristo. No importaba qué tanto la gente dijera que él estaba loco, eso no lo molestaba ni un poquito. Él creyó que iba a ver al Cristo. Entonces, cuando Jesús nació en Belén de Judea, ellos no tenían televisión y radio y prensa como lo tenemos hoy día. Y probablemente si lo hubieran tenido, no lo hubieran usado para eso. Pero, usted sabe que Dios tiene una manera de mandar Su mensaje de todos modos. ¿No lo creen?

37 Así que, cuando Jesús nació en Belén de Judea, tres magos, que miran las estrellas, vinieron del Este. Ellos dijeron: “Hemos visto Su estrella en el Oeste”. Ellos estaban en el Este, miren, el área del Oriente está al Este de Jerusalén. Así que dijeron: “Hemos visto Su estrella en el Este, y hemos venido a adorarle a Él”.
Miren. ¿Creen Uds. que en realidad ellos siguieron una estrella? La Biblia dice que lo hicieron. Ahora, vino sobre cada… Ellos calculaban el tiempo en aquel entonces por medio de las estrellas. Y ningún observatorio, ningún científico, toda la gente que se mantenía de guarda, viendo el movimiento de cada estrella, para ver qué hora era durante la noche, y así sucesivamente. Contempladores de las estrellas. No hubo ninguno que viera a ese Ángel… o, a esa estrella sino los magos, porque ellos estaban con la expectativa de verla. Habían leído la profecía de Dios donde Él habló a través de Balaam allá atrás, y dijo: “Se levantará Estrella de Jacob”, y ellos la estaban buscando.
Entonces, esa es la razón, esta noche, que la gente —la gente estadounidense— no está con la expectativa. No están buscando un gran avivamiento del derramamiento del Espíritu Santo. Y esa es la razón por la que no lo están recibiendo, su derramamiento; no lo están esperando. Eso es todo. Están esperando ver una reformación en la iglesia, y la gente regresa y se une a la iglesia y vive afuera en el mundo. No es esa la edad. Es el tiempo cuando Dios está llenando a Su gente, y la está bautizando en el cuerpo del Señor Jesucristo. Y esa es la razón por la que no lo están esperando, no lo están viendo —está sucediendo.

38 Entonces, ¿acaso es posible, como en las reuniones…? Una dama aquí en la reunión la otra noche, vio esa Luz que estaba parada aquí. Pues, se dijo: “El resto de ellos no la vio”. Ciertamente ella podía verla y el resto no, ¡Vaya! Muchas veces.
Y así que entonces, él estaba esperando ver al Señor Jesús. Así que, los magos estaban con la expectativa de verlo. Y había unos pastores allá en la colina que vieron Ángeles venir… o, los escucharon, y cantaron: “¡Gloria a Dios en las alturas! Y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”. Y luego Él nació en un pesebre esa noche. Ocho días después, era la costumbre judía llevar al hijo varón al templo y hacer que lo circuncidaran. Y la madre tenía que ofrecer una ofrenda para su purificación. Esa es la ley levítica. Después de ocho días, ella viene al templo.

39 Me lo puedo imaginar siendo lunes por la mañana. Y esta gran compañía de gente… Había aproximadamente dos millones de personas en Israel entonces… o, en Palestina. Me supongo al decir, que por lo menos de cincuenta a cien bebés nacía cada noche. Y eso hacía que de cincuenta a cien bebés, tal vez doscientos o trescientos de ellos, cada día tenían que venir y ser circuncidados y para la purificación de la madre.

40 Y lo puedo ver siendo lunes por la mañana. Y oh, está muy ocupado alrededor del templo, muchas personas van y vienen. Y lejos por un lado, está una fila larga, como una línea de oración de mujeres paradas allí con sus pequeños bebés en brazos. Viniendo, algunas de ellas, con bebés ricos, tenían corderos que ofrecer. La ofrenda de un campesino era de dos tórtolas. Y también, puedo ver por la línea; puedo ver a las madres paradas allí con sus pequeños bebés bonitos, limpios y arreglados, y con sus tejidos, usted sabe, arropando a los bebés, y por el estilo. Y miro lejos por la línea, y veo a una mujercita parada allá, que todo el resto de las mujeres guardaban su distancia de ella.
De esa manera es como lo hacen en la iglesia hoy día, con los que creen en lo sobrenat… Mantienen su distancia.
“Miren. No tengan nada que ver con esa gente. Ellos no están correctos, son unos santos-rodadores. No se meta con ellos”. Yo he navegado los siete mares, he viajado alrededor del mundo tres veces, y nunca he visto aún a un santo-rodador en la iglesia. Hasta ahorita no he visto ninguno. Solo es un nombre falso que el diablo le ha etiquetado a la iglesia del Dios viviente. Hay novecientas sesenta y nueve iglesias diferentes, tengo estadísticas de esas iglesias, que provienen del gobierno cada año y no hay ninguna llamada Santos-rodadores, ninguna de ellas. Entonces, es solo un nombre de escándalo que el diablo les puso.

41 Entonces, puedo ver a esas mujeres con sus pequeños bebés muy bonitos en todos estos hermosos tejidos y así sucesivamente, y pequeñas batitas rosas y demás, paradas, sosteniendo sus corderos, y demás, acercándose a medida que el sacerdote estaba ministrando en el altar. Y esta muchachita, ella se paró sola, nadie a su alrededor.
Puedo escuchar algunas de ellas diciendo: “Mira, ¿la ves a ella? Sí, ese bebé nació fuera del santo matrimonio. Ese tipo José, ellos ni siquiera están casados. Míralos allí. Y ese bebé nació, míralo allí. Eso no es más que una desgracia. Guarda tu distancia”. Esa pobre madrecita, con ese pequeño bebé en sus brazos, de esta manera, pequeño velo sobre su rostro, tal vez, meciendo al pequeñito a medida que Él balbucea, de esa manera“.
¿En qué estaba Él envuelto? En pañales. No en tejidos finos; en pañales. ¿En dónde nació? En un pesebre. ¿Por qué nació en un pesebre? Porque Él era un Cordero. Los corderos no nacen en las casas; nacen en pesebres, con la paja. Él era el Cordero Dios, inmolado desde la fundación del mundo. Y allí estaba Él. ¿Saben qué eran esas telas? Es lo que le quitaban de la espalda a una yunta de bueyes. En el Oriente aprendí eso, de cuando aran con un buey. Le envuelven unos trapos para evitar que sus hombros se froten. Y en el establo esa noche había estas telas; ellos ni siquiera tenían nada que ponerle. No somos dignos de la ropa que tenemos puesta esta noche. Cuando ellos le quitaron esta tela al cuello de un buey… del yugo del buey y lo envolvieron alrededor del Salvador del mundo.

42 Y aquí estaba Él, la pequeña madre meciéndolo, sin ropas que ponerle al pequeñito. Él se humilló a Sí mismo en la humildad de Su carne. Y allí lo tenía ella en sus brazos, meciendo al pequeñito de esta manera, y ella llegó. ¿Qué tipo de ofrenda? Dos pequeñas tórtolas, un campesino, pobre; sin embargo, Él era dueño de todo el cielo y la tierra. Él fue hecho pobre para que nosotros a través de su pobreza pudiéramos enriquecernos.
Allí estaba ella meciéndolo a Él en su brazo. No importaba lo que ellos dijeran, en su pequeño corazón, ella sabía de dónde vino ese bebé. De esa manera es con cada creyente Divino hoy día, cuando los llaman santos-rodadores y fanáticos, ellos saben lo que está en su corazón. Ellos saben lo que ha acontecido. Dicen: “Oh, ¿crees esa vieja cosa, sanidad Divina?”. No se preocupe. Ustedes pudieran llamarlos todo lo que quieran, pero ellos saben en dónde están. Ellos saben lo que tienen acunado aquí. Eso es correcto.
Algo… La paz que sobrepasa todo entendimiento. No importa lo que el mundo tenga que decir al respecto. ¡Gloria a Dios! Si Jesucristo pudo condescender, y envolverse en pañales, pararse allí, que se burlaran de Él, Su pequeña madre parada de esa manera, es suficiente para mí. Amén. Eso está bien. A mí no me importa lo que el mundo diga. En su corazón, usted sabe lo que es.

43 Noten. La puedo ver a ella meciéndolo a Él. Y de repente, puedo ver a una madre diciendo: “No se acerquen a esa mujer, pásenla de largo, pónganla atrás”, ¿ven? Y allí, parada allí meciendo al pequeñito, y Él mirando hacia arriba, Sus pequeños ojitos estrellados, mirando a la madre. El mismo Dios del Cielo, Emmanuel, envuelto en esos pequeños pañales. Ella solo lo arrulló en sus brazos, con un pedazo de tela tomado del yugo del buey envuelto alrededor de Él.
Sin duda, la pobrecita… la mujer miró, y vio a esas madres. ¿Saben cómo son las madres concernientes a sus bebés? Levantó la vista y vio a los bebés muy bonitos acostados con esmero, pequeñas batitas y pequeñas camitas, y cosas puestas de esa manera. Y aquí estaba ella sosteniendo esto. Pero en su corazón, ella sabía quién era.
Y luego, miren. Lo que parecía ser un cuadro vergonzoso para el Señor. Pero espere, durante todo este tiempo algo ha estado sucediendo. Atrás en el cuarto de oración, en alguna parte, puedo ver al viejo Simeón, sentado, leyendo en la Escritura: “Todos nos descarriamos como ovejas, mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros”.
Puedo escuchar a Simeón decir: “¿Me pregunto qué significa eso? Yo he sido llamado de todo, fanático, santo-rodador. Dijeron que me había vuelto loco. El Espíritu Santo me dijo un día, que yo iba a verlo a Él cuando viniera. Y yo lo creo. Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él”. Él estaba leyendo el rollo.
Lo puedo ver a él mientras baja el rollo y lo mete en el saco de esa manera. Miren. Si Dios le hizo a Simeón la promesa de ver al Salvador, Dios está obligado a asegurarse de que lo vea. Eso es correcto. Si el Espíritu Santo hizo la promesa, el Espíritu Santo tiene que ver que esa promesa se cumpla. Si el Espíritu Santo hizo una promesa aquí: “Yo soy el Señor que te sana”, debe cumplir esa promesa al pie de la letra. Eso es correcto. Él tiene que hacerlo.

44 ¿Cuántos de los que están aquí esta noche creen en sanidad Divina? Veamos sus manos. ¿Qué les hace creer en sanidad Divina? David dijo: “Cuando un abismo llama a otro abismo”. Si hay aquí un abismo llamando, tiene que haber un abismo en algún lugar que le responda. Cuántas veces he estado en las montañas y he observado los arcoíris, y he observado al águila cuando se eleva en el aire; y he llorado como un bebé. ¿Por qué? Soy un amante de la naturaleza. Cuando veo esas cosas…
Hace un rato, estábamos en el cuarto donde nos estamos quedando, y ellos estaban captando el programa del hermano aquí, al entrar. Era un programa hermoso, esta noche. Y aprecio ese canto, quien haya sido: Que Bella Historia. El Hermano me lo dedicó. Y estábamos sentados allí hablando, en unos momentos, yo comencé a frotarme los ojos de esa manera, y el programa salió en unos minutos, allá. Todavía no habíamos apagado la radio. Y un viejo lobo blanco comenzó a aullar. Si de llorar se trata, yo lo hice. Miren, hay algo en eso. “Un abismo llamó a otro abismo”. En otras palabras, aquí, antes que un pez tuviera una aleta en su espalda, primero tenía que haber agua para que él nadara o no hubiera tenido una aleta. ¿Es eso correcto? Antes de que hubiera un árbol que creciera en la tierra, o una flor que creciera en la tierra, primero tenía que haber tierra o no hubiera flor para que creciera. ¿Es eso correcto?

45 Hace un tiempo, leí que un muchachito, un niñito, se comió los borradores de los lápices. Y se comió el caucho del pedal de una bicicleta. Y lo llevaron a la clínica para averiguar qué le estaba pasando al pequeñito. Y lo revisaron y descubrieron que su cuerpecito necesitaba azufre. Había algo aquí pidiendo azufre. Y el azufre se encuentra en el caucho. Ahora mire. Antes de que hubiera un llamado aquí por azufre, tenía que haber un azufre que respondiera ese llamado. ¿Entienden lo que quiero decir? Y mientras usted crea en sanidad Divina, tiene que haber una fuente abierta de sanidad Divina en alguna parte que llama. Sí, señor.

46 Los indios… La primera vez que llegamos aquí, a estos estados de Nueva Inglaterra, nuestros antepasados, encontraron al indio. Ellos adoraban al sol, adoraban algo. ¿Por qué? Eran seres humanos ¿ven? Y sabían que había un abismo llamando en alguna parte. No sabían en dónde estaba, pero estaban llamándolo.
Y los hotentotes en África: los conocí cargando sus pequeños ídolos de barro salpicados de sangre. Ellos saben que hay un Dios; solo que no saben quién es Él. Y ellos adoran algo, porque hay un abismo llamando a otro abismo. Y si hay un abismo llamando, tiene que haber un abismo que le responda. El Espíritu Santo le había prometido a Simeón que vería al Maestro. Y aquí el Maestro estaba en el templo en ese momento. Nadie lo sabía excepto por María.

47 Y aquí estaba él sentado allá atrás, leyendo los rollos. Lo puedo ver cuando estaba sentado allá. ¿Creen Uds. que somos guiados por el Espíritu de Dios? Los hijos de Dios son guiados por el Espíritu de Dios. Puedo ver a Simeón sentado allá atrás leyendo el rollo. Y de repente, el Espíritu Santo llega, dice: “¡Simeón!”.
Él metió el rollo en la caja, se levantó y dijo: “Sí, mi Señor”. ¡Oh, vaya! La mismísima promesa que Él le había dado estaba en el edificio en ese momento.
Él dijo: “Levántate y camina”. Puedo ver a Simeón, no sabe a dónde va, pero es guiado por el Espíritu Santo“. ¿Creen Uds. que somos guiados por el Espíritu Santo?”.
Aquí viene él. No sabe hacia dónde va, no sabe cuál es su próximo movimiento, solo va caminando, guiado por el Espíritu Santo.
Lo puedo ver a él salir al templo, miles entrando y saliendo. Puedo ver que se va hacia esta línea, donde están estas mujeres. El Espíritu Santo guiándolo directamente a esta línea. Aquí viene él, bajando. Se detiene frente a esta mujercita de aspecto vergonzoso, parada allí, que ellos llamaban —algo vergonzoso. Toma a ese pequeño tesoro en pañales, lágrimas corriendo por su barba blanca, lo levanta de esta manera, y dice: “Señor, despide a Tu siervo en paz, conforme a Tu palabra; porque han visto mis ojos Tu salvación”. No importa qué tan vergonzoso se miraba para el resto de ellos, el Espíritu Santo lo guió directamente al Salvador.

48 Al mismo tiempo, estaba una profetiza anciana ciega sentada allí de nombre Ana. Hemos dicho que ella estaba ciega, de unos ochenta años de edad. Y estaba sentada por allí. Ella estaba vigilando por la venida del Señor, y al mismo tiempo, el Espíritu Santo la impactó. Y aquí salió, ciega, moviéndose entre la multitud. Nadie le dijo. Ella fue guiada por el Espíritu Santo, a través de esa multitud. Moviéndose a través de la multitud. La mujer ciega, se acercó, un profeta. Parándose allí al lado del niño levantó sus manos y bendijo a Dios. Si el Espíritu Santo pudo guiar a esa mujer ciega tan alrededor de esa gente para llegar a la promesa que Dios había hecho, el mismo Espíritu Santo que guió a Simeón y guió a Ana por una promesa de Dios, lo ha guiado a usted aquí esta noche.

49 Dios está bajo obligación.
Si Ud. cree en sanidad Divina para guiarlo a la fuente que está abierta… ¿No creen Uds. eso? Sí, señor. Si sus corazones están llamando, un abismo llamando a otro abismo, tiene que haber un abismo que le responda. Usted lo cree, y Dios lo ha guiado aquí con ese propósito esta noche. Ustedes no habrían salido en una noche resbaladiza y nevada como esta solo para mostrar la clase de ropa que están usando. Uds. no vinieron aquí con ningún otro propósito porque creyeron que Dios era el sanador.
Y mientras eso esté en su seno, Dios tiene la obligación de ponerlo delante de usted, porque Ud. lo está llamando. Y Dios lo colocará delante de usted, entonces depende de usted lo que quiera hacer al respecto. Simeón pudo haberlo visto y haberse apartado de Él. Pero él lo abrazó.
Y esta noche, cuando el Espíritu Santo comience a moverse por el edificio, en la línea de oración, extienda la mano y abrace la promesa de Dios. Es para usted. No importa si Ud. sube aquí o no. Eso no tiene nada que ver con ello. Aquí arriba, eso no tiene nada. Ud. solo abrácelo, allí donde está, y Dios está bajo obligación el traérselo a usted. ¿No creen Uds. eso?
Guiados por el Espíritu de Dios. Cómo esas vidas llenas del Espíritu siempre son guiadas por el Espíritu de Dios. ¡Ciertamente! Los voy a meter en otra cosita ahora, si me disculpan por otros segundos aquí… solo unos cuantos minutos. Quiero decirles algo en este momento. ¿Creen en ser guiados por el Espíritu de Dios?

50 Hace un tiempo, yo me encontraba en Arkansas, y estaba saliendo, cuando recién iniciaba en mis reuniones. Y estaba saliendo de un lugar, donde ellos me estaban llevando a un auditorio, en Camden, Arkansas, y la policía me estaba sacando. Y allí estaba la gente llorando, tratando de pasar corriendo y tocar las ropas. Uds. saben cómo es la gente. Y yo tengo un corazón, como cualquier otra persona. E iba pasando por allí, y escuché a alguien gritando: “¡Misericordia! ¡Misericordia!”. Y miré a un lado, y allí estaba un hombre anciano de color. Ellos tienen segregación allá, usted sabe. Con solo un pequeño aro blanco alrededor de su cabeza, sosteniendo su sombrero de esta manera, diciendo: “¡Misericordia! ¡Misericordia!”.

51 El Espíritu Santo me dijo: “Ve hacia él”.
Bueno, le dije a la policía, dije: “Voy a ir para allá”.
Dijo: “Rev. Branham, no puede hacer eso. Usted está en el Sur”. Dijo: “Si Ud. va con ese hombre de color”, dijo: “dará inicio a un disturbio, tan seguro como cualquier cosa”. Dijo: “Esta gente blanca no lo va a tolerar”.
Yo dije: “A mí no me importa lo que ellos piensen, el Dios Todopoderoso me dice que vaya con ese hombre”. Y me dirigí hacia él. Ellos corrieron allí, y formaron una línea alrededor.
Y escuché a su esposa decirle, dijo: “Querido, aquí viene el pastor”.
Yo fui hacia allá. Dije: “¿Qué se le ofrece, tío?”. Y ellos formaron un anillo alrededor de esa manera para mantener a la gente atrás, y personas gritando y comportándose así, usted sabe.
Y ella dijo: “Aquí viene el pastor”. Me acerqué a él —todavía la unción… Me estaban sacando a penas de la reunión.
Y así que, entonces, él vino, dijo… sintiendo de esa manera, dijo: “¿Éste es usted, pastor?”. Y él palpó alrededor de mi cara.
Yo dije: “Si, señor”.
Él dijo: “Pastor, ¿es su nombre Branham?”.
Y yo dije: “Sí, señor”.

52 Y él dijo: “Pastor Branham, yo nunca había escuchado de usted en mi vida, pero”, dijo: “mi anciana mami tenía la misma clase de ligión que Ud. tiene. ligión, usted sabe, dijo: ”Alguna clase de ligión que Ud. tiene“. Dijo: ”Ella nunca me dijo una mentira, en toda su vida, o nadie más“. Dijo: ”Yo he estado ciego durante muchos años, pastor“. Y dijo: ”Yo vivo como a unas doscientas millas [321 Km. Trad.] de aquí. Y anoche, en la noche, me desperté“. Y dijo: ”Tan claro como alguna vez he visto en mi vida, allí estaba mi anciana mami, parada al lado de la cama. Ella dijo: Querido hijo, levántate aquí, y ponte tu ropa. Y ve a Camden, Arkansas, y pregunta por un hombre llamado Branham. Dile que ore por ti. Recibirás tu vista“.

53 ¡Oh-hhh! ¡Qué sensación! Yo no sabía qué hacer. Puse mi mano sobre el anciano, yo dije: “Dios, no entiendo esto, Tu Espíritu me guió aquí, lo guió a él aquí, no nos conocemos; pero, si Tú lo has enviado, Señor, entonces Tú de seguro, Tú confirmarás Tu Palabra”.
Quité mi mano de él, de esa manera, y ellos estaban empujando, usted sabe, tratando de romper la línea, esa policía los estaba deteniendo de esa manera, para pasar. Bajé mis manos de esa forma, comencé a regresar. Y él dijo: “Gracias, Señor. Gracias, Señor”.
Y su esposa dijo: “¿Puedes ver, cariño?”.
Él dijo: “¡Seguro!”.
Dijo: “¡Oh! ¿En verdad ves, cariño?”.
Dijo: “¡Seguro!”. Dijo: “¿Ves ese carro rojo estacionado allí — que va a llevar al pastor Branham?”. Todos comenzaron a gritar. Allí sucedió.
Oh, hace como dos o tres años, tuve noticias de él. Él está predicando el Evangelio, ese hombre anciano, llevando a cabo reuniones. Y cómo… guiados por el Espíritu.

54 Un día aquí en Fort Wayne, Indiana, cuando apenas estaba llegando el momento en que este hombre fuera sanado allí, que me envió al Rey de Inglaterra. Y él estaba sentado allí. Lehman era su nombre. Y la reunión estaba aconteciendo, grandes señales. Uds. gente Pentecostal saben cómo el “Evangel” publicó el artículo, y “Nosotros la Gente”, en eso. Esa niña ciega: cuando Estados Unidos completo lo examinó, la Asociación Médica la llevó allá, para ver si eso era cierto o no. Y esa niñita de nombre Bethel había sido ciega. Yo la levanté en brazos, y comencé a orar por ella, y se abrió una visión. Y dijo: “ASÍ DICE EL SEÑOR”, y allí ella fue sanada de esa forma. Y ellos aún lo revisaron por todas partes.
Salió en el periódico de las Asambleas de Dios, y salió en Nosotros La Gente, ese libro grande. Nosotros la Gente: escribió… siempre… sale internacionalmente, a todas partes. Esa misma reunión… Solo un poquito después de eso, estaba un hombre sentado con esclerosis múltiple en su espalda. Y yo estaba sentado allí, y ellos habían estado observando. Noche… era la última noche del servicio. Y ellos querían que ese hombre llegara hasta donde yo estaba. Algunos de ustedes tal vez estuvieron en la reunión de Fort Wayne, el anciano Dr. Bosworth y demás estaban allá. Y comenzaron a tomar esta reunión. Y pusieron a este hombre en mi camino para que él solo… Y él quería tocar las piernas de los pantalones… de mis pantalones al momento de salir.
Y el pobre hombre acostado allí con una camisa blanca. Y la gente caminaba encima de él. Yo dije: “¡Qué vergüenza! No dejen a ese hombre allí. Levántenlo”. Y luego lo pusieron de nuevo en la silla. Ellos aún se subían al techo, y por, oh, creo que estaba… Se me olvidan cuántas cuadras de la ciudad, como unas veinte cuadras de la ciudad, los carros estaban estacionados por todas partes, y la gente afuera parada en la calle. Ustedes que estuvieron en la reunión de Fort Wayne saben cómo estaba.

55 Y eso fue justo después de Paul Rader allí, mi viejo amigo, y así sucesivamente. Luego, cuando comencé, miré, vi una visión, de Mr. Lehman caminando. Y yo conozco a la Sra. Morgan, la enfermera de la Clínica Mayo, desahuciada con cáncer hace muchos años, colocada en la lista de los muertos en este momento. Y vaya a Louisville, Kentucky, y mire y vea si acaso no murió hace ocho años. Venga a al Hospital de Jeffersonville y mírela ahora trabajando de enfermera. Y entonces, se supone que ella debería haber muerto hace ocho años. Muerta, ya la habían pronunciado muerta, y está allí aún, todavía en la lista de los muertos en Kentucky, de investigación del cáncer. Y luego, cuando ella estaba allí, ella sintió lástima por ese hombre, porque se parecía mucho a su esposo. Y yo vi una visión de él caminando.
Pero en la visión, Él me dijo: “Ve para allá y ora por ese hombre”. Y yo fui, puse mis manos sobre él, sin una tarjeta de oración, o nada. Fui allá y dije: “El Señor dijo: Que pusiera manos sobre ti, hermano, en el Nombre del Señor Jesús”. Y me regresé. Y había visto a alguien postrado en un lecho. Estaban tratando de moverlo, y un hombre con artritis me tocó de esa manera, y se aferró a mi saco mientras iba pasando.
Como unos cuatro o cinco días después de eso, o tal vez seis días, les daré su dirección, si quieren escribirles. Este aquí era un granjero acostado allí con artritis, y cuando el hombre me jaló, él se dio la vuelta, y lo vi haciendo algo en la granja. Yo dije: “Usted es un granjero”.
Él dijo: “Sí, señor”.
Yo dije: “No se preocupe, porque ASÍ DICE EL SEÑOR usted se va a poner bien”. Y cuatro días después, el Sr. Lehman iba por el camino, conduciendo su carro, y miró hacia el campo, y aquí estaba este granjero sentado allí en un tractor, trabajando con el tractor, y él se bajó del carro, el hombre se bajó del tractor; corrieron a abrazarse, se levantaron uno al otro alabando a Dios; cómo el Señor lo había hecho.

56 A la siguiente mañana había tanta gente reunida en ese hotel de Indiana, donde yo me estaba quedando, (Esa es la razón por la que mantenemos el lugar en secreto). Y el pequeño botones apareció, y dijo: “Predicador, jamás saldrá por ese cuarto esta mañana”, dijo: “Eso le puedo decir”. Dijo: “Hay demasiada gente parada en aquel lugar”.
Bueno, me preguntaba cómo iba a poder llegar… Tenía a mi esposa y bebé allí; la Sra. Morgan estaba con nosotros. Y yo dije: “Bueno, no sé. Las mujeres tendrán que comer algo”.
Y entonces, después de un rato otro pequeño botones llegó, dijo: “Predicador, le diré lo que puedo hacer. Lo puedo bajar al sótano si no le importa trepar sobre unas cenizas, y lo sacaré por el pasillo, a medida que Ud. sale”.
Yo dije: “Muy bien”. Entonces, él nos bajó; trepamos sobre las cenizas, y salimos por el conducto de salida de las cenizas en el sótano. Íbamos por la calle, y tenía mi saco de esta manera. No es mi intención, no quiero ser malo, pero simplemente uno no puede… Ustedes ni se imaginan lo que una gran reunión como esa produce. Y entonces, yo iba por la calle, iba a un lugarcito llamado Toddles House, donde habíamos estado comiendo.

57 Una mañana antes en el lugar, un hombre grande de esta Compañía Hudson Bay en Canadá había sido sanado de un problema estomacal, sentado justo en el lugar, cuando la visión vino, le dijo quién era, y todo al respecto, allí mismo en el restaurante, le dijo que estaba sanado. Él dijo: “Eso es correcto, señor. Estoy viajando por aquí”, dijo: “Ese es exactamente mi nombre, y eso es de dónde vengo”. Él dijo: “He estado sufriendo con este problema estomacal”.
Yo dije: “Usted está sanado, señor”.
Y él dijo: “Bueno, bendito sea tu corazón muchacho”. Él vino allí.
Yo dije: “Solo espere y vea. Puede proseguir y comer su desayuno, cualquier cosa que quiera, porque el Señor lo ha sanado”.
Yo estaba yendo… Comencé a ir a este mismo lugar. El Espíritu Santo dijo: “Muévete por este camino”.
Y me di la vuelta por ese camino. La Sra. Morgan dijo: “¿A dónde va?”.
Mi esposa dijo: “¡Mira!” Es la unción del Espíritu Santo“. Dijo: ”Solo sigamos“.

58 Así que continuamos, y yo me detuve frente a un lugar llamado Cafetería Millers. Miré arriba. Pensé: “Bueno, ¿Qué estoy haciendo aquí? Y me fijé y allí estaba mi esposa, la Sra. Morgan estaba cargando al bebé. Y yo dije: ”Bueno…“.
Ella dijo: “¿A dónde vas?”.
Yo dije: “Entremos aquí”.
Así que entramos, nos fuimos por un lado, y yo escogí, oh, algo que íbamos a comer, fui y lo coloqué allí. Y justo cuando me senté así, inclinamos nuestros rostros para orar, escuché a alguien decir: “¡Gloria a Dios!”. Y la Sra. Morgan volteó, y estaba una mujer y hombre sentados justo…
Ella dijo: “¡Uh-huh! Ahora lo atraparon, ¿no es así?”.
Y yo dije: “El Señor me dijo que viniera para acá”.

59 Esta dama se acercó, ella dijo: “Hermano Branham, escuche”. Me fijé en la mesa y no había nada sobre la mesa. Y ella dijo: “Llevo sentada aquí desde que abrieron esta mañana”. Ella dijo: “Aquí está mi hermano”. Dijo: “Su corazón ha crecido tan grande, al punto que se salió por el diafragma de alguna forma”. Ella dijo: “Los doctores dicen que él no puede vivir”.
Dijo: “Lo hemos seguido reunión tras reunión al punto que ya gastamos todo el dinero que teníamos”. Y ella dijo: “Yo vendí mi vaca, vivimos en Texas”, dijo: “Y vendí mi vaca para tener suficiente dinero para traer a mi hermano aquí”. Dijo: “Estamos absolutamente, totalmente en banca rota”. Y dijo: “Yo estaba en tal estado de desesperación, oré anoche”, dijo: “toda la noche. Y esta mañana”, dijo: “Me quedé dormida, y tuve un sueño. Y el Señor me dijo que viniera y encontrara la Cafetería Millers, y que estuviera aquí a las nueve en punto”. Y miré, y eran exactamente las nueve en punto. Ya saben lo que sucedió, ¿verdad?

60 Después que su hermano fue sanado, él empezó a llorar, de esa manera. Y yo me di la vuelta, no quise mi desayuno, comencé a salir. Marjorie y (esa es la enfermera), y mi esposa estaban saliendo. Y yo dije: “Algo me está diciendo: Ve para afuera”. Y justo cuando salí, una mujercita vestida de negro, se acababa de caer en la calle. Su esposo dirige esta gran compañía de espaguetis en Chicago. Ella casi está en todas las reuniones: (Puede ser que esté aquí, hasta donde sé, si supo que estoy aquí, entonces estará aquí). Ella y su esposo son multimillonarios.
Ella había venido de la Clínica Hermanos Mayo, y ella estaba, oh, muy inflamada, con un cáncer maligno, un crecimiento que no tenía cura. Los de la Clínica Mayo ni siquiera lo tocaron. Ella dijo: “Hermano Branham”, dijo: “He seguido reunión tras reunión”, pero ella dijo: “He llegado a tal punto, que ya ni siquiera puedo continuar”. Y ella dijo: “Sucedió la cosa más extraña”. Dijo: “Esta mañana, soñé un sueño, que yo debería estar parada aquí frente a esta cafetería diez minutos después de las nueve”. Allí sucedió. Eso simplemente sucede contantemente.

61 Seguí hasta la esquina. Y mi esposa dijo… Yo dije: “Ve a la farmacia y consigue algunos pequeños libros para el niño”. Dije: “Todos ustedes sigan adelante”, y yo dije: “Llegaré allá un poco después”. Yo dije: “Él me está guiando, no sé a dónde ir ahora, pero siento que todos deberían irse… sigan adelante”.
Así que se fueron. Y yo me quedé parado allí. Había un lugar con equipo de pesca y cosas, allí arriba. Y pensé en ir allí y actuar como si estuviera viendo el equipo de pesca. Y yo estaba parado allí, no vi a nadie. Y dije: “Señor Jesús, ¿qué quieres que haga, Padre?”. Yo dije: “¿Qué es lo que quieres que haga?”. Seguí orando de esa manera.
En unos minutos, Él dijo: “Ve a la esquina”. Salí y caminé hasta la esquina (Uds. pudieran llamarle a esto ficción; está registrado, y está registrado en el Cielo, también). Y me quedé allí, y esos grandes policías irlandeses. Crucé la otra esquina. Aunque el gran policía irlandés que estaba allí, sonaba un silbato y los peatones cruzaban y así sucesivamente. Seguí, me quedé allí un momentito. Después de un rato, otro grupo cruzó. Y muy atrás de ellos había una mujercita con uno de estos pequeños vestidos a cuadros negros, con un sombrerito. Tenía un libro de bolsillo en el brazo. Ella estaba cruzando de esta manera.

62 Y el Espíritu Santo dijo: “Acércate a ella”. Me acerqué bastante a ella, y ella pasó de esa manera, pasó de largo, no dijo ni una palabra.
Bueno, pensé, ¿no es eso extraño? Nunca me había pasado.
Y ella estaba estudiando. Tenía su cabeza abajo. En eso volteó, ella dijo: “Oh, Hermano Branham”. Ella volvió a mirar de esa manera.
Y yo dije: “¿Qué es lo que sucede, hermana?”.
Ella dijo: “Oh, ¿estoy soñando?”. Ella dijo: “¿En verdad es usted, Hermano Branham?”.
Yo dije: “Sí, señora. ¿Qué sucede, hermana?”.
“¡Oh!”. Ella dijo: “Hermano Branham, yo soy de Canadá, solamente se nos permiten ciento cincuenta dólares de dinero americano al año”. Dijo: “He gastado cada centavo que tenía”. Dijo: “Dormí en el vestíbulo de un hotel durante dos noches, y esta mañana iba a este lugar para conseguir un aventón de vuelta a Canadá”. Dijo: “En el camino… Una mujer joven, no tenía más de unos veinticinco o treinta años. Dijo: ”Iba de regreso a Canadá, iba a conseguir un aventón“. Dijo: ”Tengo cinco centavos para una taza de café, y ese es el último centavo que tengo. Y yo iba por esa dirección, para toparme con la avenida, y Algo dijo: Date la vuelta por aquí, y comienza a caminar“.
¡Oh, vaya! Aquellos que son hijos de Dios son guiados por el Espíritu de Dios. Y ella se cruzó… Yo dije: “¿Cuál es su problema, hermana?”.
Ella dijo: “Mi brazo, hermano”. Y dijo: “¡Mire esto!” Y su mano salió de esa manera, tan normal y derecha como podía estarlo. Perfectamente normal y sana.
Oh, Él es Dios, esta noche. El mismo Aquel que pudo guiar a Simeón, puede hacer la misma cosa.

63 Solo uno, una pequeña… Yo estaba cruzando viniendo de Dallas, Texas, de una convención, recientemente. Fue el último… hace como tres años. Estaba cruzando y una tormenta nos golpeó en un avión, y bajamos a tierra. Y nos colocaron en un gran hotel allá. Yo no pudiera costear el quedarme en un hotel, como ese, pero el servicio de la aerolínea nos puso… En el Hotel Peabody, en Memphis, Tennessee. Y esa noche, estuvimos allá. Nos llamaron a la siguiente mañana, dijeron: “El avión estará listo para despegar a las siete en punto”. Yo había escrito unas cartas, ungido unos pañuelos y por el estilo, y las iba a ir a depositar al buzón. Así que me levanté, tomé el correo y comencé a ir por la calle, iba a depositarlas en el buzón del correo, e iba por allí. Caminando. Y el Espíritu Santo dijo: “¡Detente!”.
Bueno, yo pensé: eso fue solo… solo me imaginé escuchar eso. Caminé un poquito más lejos. Y Algo comenzó a hace: “Whhewww”. Yo me detuve y dije: “Padre, ¿Qué es lo que quieres que haga?”. Me metí a un lugarcito de esta manera; era solo un lugarcito de la oficina postal“. Y yo dije: ”¿Qué quieres que haga, Padre?“. Me quedé allí, como unos diez minutos. Y dije: ”Vaya, se está haciendo tarde. ¿Qué quieres que haga?“. Solo me quedé allí un momentito.
Directamente, escuché que Algo dijo: “Date la vuelta y ve por el otro lado”. Bueno, salí y di la vuelta.

64 Yo pensé: Tal vez va a pasar alguien por ahí, tal vez alguien en problemas, tal vez evitando un accidente. Yo no sé. Seguí adelante, solo seguí caminando, y caminando, y caminando, pasé por el hotel, seguí adelante, adelante, adelante, adelante hacia el río, lejos hacia el Norte de Memphis, bajando por esa dirección.
Llegué hasta donde estaban las pequeñas chozas de gente de color que están allá abajo, casitas y cosas, muy abajo por allá. Y estaba llegando casi el… El sol estaba muy arriba, pasado el tiempo que tenía que tomar el avión. Pensé: Oh, vaya.
Pero el Espíritu Santo todavía seguía insistiéndome: “Sigue adelante, sigue adelante”.
Yo iba caminando por la calle, todavía seguía cantando ese pequeño canto que Uds. gente Pentecostal cantan sobre: “Hay gente casi dondequiera, cuyos corazones están en flama, con este fuego que cayó en Pentecostés. Que limpió e hízolos limpios”. Uds. lo saben, me imagino. Justo estaba tratando de aprenderlo. Yo decía:
Hay gente casi dondequiera,
Cuyos corazones están en flama
Con este fuego que cayó en Pentecostés.
Que limpió e hízolos limpios;
Oh, está ardiendo dentro de mi corazón,
¡Oh, gloria a Su Nombre!
Estoy tan contento de poder decir que soy uno de ellos.

65 Iba caminando, cantando de esa manera. En eso miré a lo largo de la calle, y alrededor de un pequeño cerco blanqueado, estaba una anciana mujer de color, una Tía Jemima muy típica, como a unas cien yardas [91 m. Trad.] de mí; tenía una camisa de hombre atada alrededor de su cabeza de esta manera, y estaba recargada en una antigua puertita, de esa manera, Y estaba mirando hacia la calle. Simplemente dejé de cantar, seguí caminando. Llegué hasta allí, ella estaba sonriendo de esa manera, y grandes lágrimas corrían por esas mejillas grandes y gordas, de esa manera. Ella solo me sonrió.
Ella dijo: “Buenos días, Pastor”.
Yo dije: “Buenos días, Tía”.
Seguí caminando de esa manera, y Algo me dijo… Yo dije: “Por cierto, ¿cómo me llamó?”.
Ella dijo: “¡Pastor!”.
Le pregunté: “¿Cómo supo que yo era un Pastor?”.
Ella respondió: “¿Alguna vez ha leído esa historia en la Biblia sobre la mujer Sunamita?”.
Yo dije: “Sí, señora”.

66 Ella dijo: “Yo soy como esa mujer”. Dijo: “No podía tener hijos. Y yo le prometí al Señor, que si Él me daba un hijo, que yo lo criaría para Su gloria”. Dijo: “Yo soy una mujer lavandera”. Y ella dijo: “Y soy Cristiana”. Y ella dijo: “Y el Señor me dio un buen hijo. Y yo lo crié”.
Dijo: “Pero, lamento que él haya tomado el camino equivocado”. Y dijo: “Se contagió de una horrible enfermedad —sifilítica”. Y dijo: “Y él se metió con la compañía equivocada”, y dijo: “y pasó mucho tiempo, y enfermando”, dijo: “Yo no pensé en nada como eso hasta que ya se lo había comido, al punto que su sangre está llena de pus, y los hoyos han carcomido su corazón al punto que su sangre se regresa cuando su corazón palpita”. Y dijo: “Él se va a morir”. Y dijo: “Está allí acostado”, y dijo: “lleva dos días inconsciente”. Y dijo: “Simplemente no puedo soportar ver a mi bebé morir de esa manera, sin ser salvo”.

67 Y ella dijo: “Oré toda la noche, al Señor”. Dijo: “Señor, yo soy Tu sierva. Y Tú me diste este bebé, pero, ¿en dónde está Tu Eliseo?”. Dijo: “¿Qué debo hacer?”. Y dijo: “Esta mañana, como a las cuatro en punto”, dijo: “el Señor me dijo en un sueño que fuera y me parara en esta puerta”, y dijo: “que Ud. vendría, usando un traje marrón, y un sombrero marrón”. Ella dijo: “La única cosa que me falta, es ¿en dónde está ese pequeño maletín que se suponía que Ud. tenía que traer?”. Y yo lo había dejado en el hotel.
¿No creen Uds. que Dios todavía es el mismo Dios que estaba con Simeón?
Yo dije: “Mi nombre es Branham, Tía”.
Ella dijo: “¿Branham?”.
Yo dije: “¿Ha escuchado alguna vez de mí?”.
Ella dijo: “No, señor, no creo haberlo hecho alguna vez”.
Y dije: “Yo oro por los enfermos”.
Ella dijo: “¿Lo hace?”.
Y yo dije: “Sí”.
Ella dijo: “¿Podría entrar?”.

68 Y ella abrió la puerta, y tenía allí un candado con la punta de un arado colgando en ella. No sé si Uds. saben lo que es una punta de arado o no, mantiene… Y yo entré por esa puertita. Y ella abrió la puerta, esa pequeña choza blanqueada de dos cuartos cerca de la ribera del río. Y yo entré. Escuchen.
Había un letrero colgado allí en la puerta, decía: “Dios Bendiga Nuestro Hogar”, cuando uno entra. No había alfombra en el piso, una camita vieja con dosel, si es que saben lo que es eso, una pequeña cabecera de hierro. Y un muchacho grande bien parecido, acostado allí, parecía que pesaba unas ciento ochenta [81 kilos. Trad.] libras, de unos dieciocho, veinte años. Y seguía así horrible, inconsciente. Sin piso en la alfombra… sin alfombra en el piso, más bien, y hoyos así de grandes en el piso, grandes grietas de esa manera.

69 Yo he entrado a palacios de reyes. He estado en algunos de los hogares más hermosos que hay en el mundo, pero nunca estuve más… me sentí más bienvenido de lo que me sentí en esa pequeña choza de gente de color en esa mañana. Entré allí sabiendo que el Dios del Cielo estaba con ella. Yo no sabía qué hacer.
Y él estaba haciendo: “Mmm, mmm”. Él dijo: “Está tan oscuro. Está tan oscuro”. Él tenía la cobija en su mano de esta manera, haciendo: “Mmm, mmm”.
Y ella le dio un palmadita a él. Ella dijo: “El bebé de mamá”.
Y pensé: Sí, en desgracia, casi veinte años de edad, me imagino. Y no importaba en cuánta vergüenza estaba él, en cuánto problema se había metido, él seguía siendo “el bebé de mamá”. Ese es el amor de una madre. Y si el amor de una madre haría eso, ¿qué haría el amor de Dios? Ella le dio una palmadita, lo besó en su frente.
Yo dije: “¿De qué está hablando él?”.
Ella dijo: “Pastor, él dice…”. Dijo: “Él no sabe de qué está hablando”. Dijo: “Él ha estado inconsciente. El doctor dice que nunca se va a despertar”. Y dijo: “Pastor, simplemente no puedo ver que se vaya de esa manera”. Dijo: “Él sigue diciendo que está perdido en un gran océano en alguna parte. Y que él está en un barco pequeño, y que está todo oscuro alrededor de él”. Dijo: “Eso es lo que rompe mi corazón”. Ella dijo: “Ore Ud. para que Dios salve a mi bebé, antes que muera, ¿lo hará?

70 Yo dije: “Sí, señora, tía”. Le pregunté: “¿Nos inclinamos?”. Y yo me arrodillé al pie de la cama. Le tomé sus pies, tan fríos como podían estarlo, como la muerte. Y ella dijo… se arrodilló. Yo dije: “Guíenos en oración, Tía”. Y si se trata de orar. “Mmm”. Ella se arrodilló allí tan calmada.
Ella dijo: “Ahora, querido Señor”, dijo: “Yo me quedé allí afuera”, y su espalda estaba mojada por el rocío de esa mañana. Ella había estado parada allí durante todo ese tiempo. Dios le dijo, y ella se quedó allí parada esperando. Yo no sabía qué hacer.
Así que ella dijo: “Querido Dios”, dijo: “No dejes que mi querido bebé muera así en desgracia”. Dijo: “Yo lo quiero ver en el Cielo, donde ya no se meterá en más problemas”. Dijo: “Por favor querido Dios, ¿me permites escucharlo decir con sus propios labios que él está salvo una vez más?”. Y de esa manera. Una oración… Y no pude evitar que corrieran lágrimas por mis mejillas. Miré a esa pobre mami y miré allí hacia abajo.
Pensé: ¡Oh Dios!
Y cuando ella terminó de orar de esa manera, dijo: “¿Ahora orará usted, Pastor, para que Dios lo salve?”.

71 Y me acerqué allá, puse mis manos en sus pies negros. Yo dije: “Padre Celestial, Tú en Tu gracia soberana, yo no sé por qué estoy aquí”. Yo dije: “Mi avión se fue hace dos horas”. Dije: “¿Por qué me trajiste aquí en este lugar y yo no sé qué hacer? Parece que este es el lugar donde Tú me has enviado. Pero Tú me guiaste hasta aquí, yo no supe otra cosa sino venir. ¡Y pensar que Tú me has traído a este lugar! ¿Qué quieres que haga, querido Dios? Oro por misericordia. Lo que sea que Tú quieras que haga, yo no sé, Señor. ¿Cuál es Tu deseo?”.
Lo escuché a él haciendo: “Mmm, mmm”. Dijo: “¡Mami!”.
Ella dijo: “¿Qué quiere el bebé de mami?”.
Dijo: “Oh, mami”. Dijo: “Está entrando luz en este cuarto”. Y cinco minutos después, él estaba sentado al lado de la cama, con su brazo alrededor de su mami, y otro brazo alrededor de mí, alabando a Dios.

72 Aproximadamente dos años después, llegué allí en tren, me bajé para conseguirme un emparedado, y yo iba para California. Y me bajé de un tren allí, y bajé a prisa, yendo por el lugar hacia… Escuché a alguien gritar: “¡Hola, Pastor Branham!”.
Miré alrededor, había un maletero parado allí, una gran sonrisa en su rostro. Yo dije: “¿Cómo le va, señor?”.
Dijo: “¿No me conoce?”.
Y yo dije: “No, no lo conozco”.
Él dijo: “¿Se acuerda de aquella mañana, el Espíritu Santo lo guió a la casa de mi mami donde yo me estaba muriendo?”.
Y dije: “¿Es usted ese muchacho?”.
Dijo: “Sí”. Él dijo: “No solo estoy sanado, pero”, dijo: “Ahora soy salvo, Pastor Branham”. ¡Aleluya! ¡Alabado sea Dios!
Su bondadoso Padre Celestial que aterrizó… Y escuchen, cuando regresé al hotel, los llamé para decirles que iba a llegar tarde, y yo estaba exactamente a tiempo. Dios mantuvo ese avión en tierra, y de todas maneras lo tomé y me fui a casa.

73 Déjenme decirles: “Sublime Gracia del Señor, que a un infeliz salvó. Yo ciego fui, más hoy veo ya, perdido y Él me halló”. ¡Aleluya!
Al pensar en la gracia soberana de Dios que podía aterrizar a ese avión allá arriba, en el aire, aterrizar ese avión, por causa de una ignorante mujer de color. ¡Aleluya! ¡Oh, mi Señor!
Él está interesado en cualquier cosa que hacemos para Su gloria. Él es Dios. Él nos ama. Su sublime gracia. Su dulce… Oh, qué sonido más dulce que salvó a un infeliz como yo. ¡Sí!
Oh, Cristianos, oh, hace que mi corazón salte de gozo. Vaya, mente, cómo esas experiencias pasan por mi mente. Seguro. Yo lo estoy esperando a Él. Creo que Él va a hacer lo mucho más abundante. Yo sé que Él está aquí esta noche más allá de cualquier sombra de duda, el mismo Espíritu Santo que guió allá, es el mismo Ángel de Dios… yo no tengo que esperar por Él, Él ya está aquí ahora. Él está aquí mismo ungiéndome, en este momento. Toda la multitud se está tornando lechosa allá. Ese mismo Ángel del Señor. Él está aquí. Su amor y gracia es la misma esta noche. Su actitud hacia cualquier persona que está aquí es la misma como fue hacia esa pobre mujer ignorante de color. Sí, señor. Y muchos miles más que no los pudiera citar.

74 ¿Cómo va a ser cuando cruce sobre las olas uno de estos días y llegue al otro lado? Y vea a esa querida gente cara a cara, cuando pueda sentarme con ellos a través de las edades interminables, hablando del amor de Dios. Con razón Sus hijos lo coronarán Rey de reyes y Señor de señores. Él ha resucitado de los muertos. Él es un Cristo vivo esta noche. Él está aquí mismo en este edificio ahora. Su poder es predominante. Su poder puede hacer cualquier cosa que Uds. le dejen hacer, cada uno de los que están aquí. Estamos sentados en lugares celestiales en Cristo Jesús. ¿Creen Uds. eso? Lo estamos.
La única cosa que les estoy pidiendo que hagan es que estén con la expectativa que van a ser sanados. Creyendo que Uds. van a recibir… ¿Lo creen? ¿Están con la expectativa de salir de aquí, sanos? ¡Ciertamente!

75 Pueden llamar ahora la línea de oración, traigan a las personas. La gente que viene a este lugar aquí, no es señal de que ellos vayan a sanar. No hay una señal en lo absoluto. Ni siquiera tienen que subir aquí. La única cosa que Uds. tienen que hacer es tener fe y creer que Jesucristo es el Hijo de Dios que resucitó de los muertos. Y Él está aquí vivo, entre nosotros. Él está tanto allá en la audiencia como lo está aquí arriba. Lo único que falta es la fe de ustedes en Él.
Todo lo que Dios podía hacer ya está hecho; ahora es el turno de Ud. para actuar. Él mandó a Su Hijo para quitar sus pecados. Él mandó a Su Hijo para quitar su preocupación. Él mandó a Su Hijo para quitar sus enfermedades. Él mandó a Su Hijo para sanar sus aflicciones. Y Jesús pagó el precio y lo puso en el Calvario, y la única cosa que Ud. tiene que hacer es mirar hacia eso. El predicador viene con la Palabra y la predica, la expone, y les muestra que es la voluntad de Dios. Y si Uds. no toman la Palabra de Dios, para mí, eso sería suficiente. Pero yo no soy Dios. Dios está en Su misericordia. Aparte de eso, Él manda a la iglesia profetas, y maestros, y evangelistas, y todo para ser magnificado y para que lleguen al punto donde Él no quiere que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento. Sus bendiciones son para cada uno de ustedes. “¡Aleluya!
El Espíritu Santo ya se está moviendo sobre la audiencia en este momento. Miren, les diré algo. No voy a llamar la línea de oración. Los reto a cada uno de Uds. en el Nombre de Jesucristo que miren para acá y crean que la verdad del Evangelio es la verdad.

76 ¿Cuántos están aquí que no tienen tarjetas de oración que quieren que se ore por ustedes? Quiero a alguien que no tenga tarjeta de oración. Levante su mano. Muy bien. ¿Tiene Ud. una tarjeta de oración, dama? ¿Quiere que se ore por usted, que está sentada allí?
Póngase de pie solo un minuto. Yo no la conozco. Ud. es una perfecta desconocida para mí. Dios sí la conoce. ¿Es eso correcto? ¿Cree que soy Su siervo? ¿Con todo su corazón? Si nuestro Señor Jesús está resucitado de los muertos, yo testifico la verdad. Y si la verdad es… La verdad es la verdad. Dios está obligado a dar la verdad. Usted está sufriendo con alta presión arterial. ¿Es eso correcto? Si eso es correcto, levante su mano.
Aquí hay otra cosa. Usted no es de aquí. Usted vino de la ciudad de Nueva York, de algún lugar allí arriba por esa región. Usted vino para este lado. Ud. ha estado antes en la reunión. Usted estuvo en una reunión, y esa fue… Veo a la Sra. Brown, una mujer anciana, parada. Fue en la reunión de Nueva York. Era mi reunión y Ud. fue sanada. Y Ud. tenía cáncer, ¿no es así? Y ahora está sanada de la alta presión arterial. Siga adelante regocijándose. Jesucristo la sana.

77 ¿Cree Ud. que Él es el Hijo de Dios? ¡Aleluya! Sublime gracia, que dulce sonido. Tenga fe en Dios. No dude. Crea todas las cosas. Si puede creerlo, Dios lo puede hacer.
Esa niñita sentada allá tiene problema de riñón, ¿no es así? Usted es su abuela, ¿cierto? Allí están los niños detrás de usted, que tienen problemas de riñón también, ¿es eso correcto? Usted es la abuela de la niña. Ponga manos sobre ellos.
Dios Todopoderoso, yo condeno ese diablo. Sal de ellos en el Nombre de Jesucristo. Son unos bebés. Déjalos.
No teman. Tengan fe. Crean.

78 La dama sentada allí tiene un problema en la espalda, ¿no es así, dama? Sentada allí mismo, sentada allí tiene un problema en la espalda. Jesucristo la sana ahora, puede irse a casa. No tiene que tener una tarjeta de oración, o ninguna otra cosa. Usted no necesita ninguna. Solo vaya a casa, sea sanada. Jesucristo la sana.
Sentada aquí mismo, Ud. tiene un problema de riñón, también. La dama, junto con eso tiene un problema cardíaco, la dama con su sombrero con la pluma. ¿No es así, dama? Un riñón y problema cardíaco. Si eso es cierto, póngase de pie. ¿Acepta a Jesús como su sanador? Se tornó claro alrededor de usted.
¿Cómo estoy haciendo estas cosas? Allí está parada esa Columna de Fuego. Pareciera que todos ustedes la pueden ver. Está justo arriba de la cabeza de la dama. Allí está, parada allí. Vaya a casa, dama. Crea en el Señor Jesucristo y sea sana. ¡Aleluya!
¿Ven lo que quiero decir? No es nada vulgar. Es el poder del resucitado Jesucristo. Miren y vivan. Crean con todo su corazón.

79 ¿Qué piensa al respecto, dama? Sentada allí con un vestido rojo. Hay una sombra oscura entre usted y yo. El Espíritu Santo me está hablando. Es positivo. Es verdad. Usted está afectada con una condición nerviosa. ¿Es eso correcto? Usted con la… Sí, señor. ¿Sabe qué es? Es el cambio de vida; es la menopausia, o al menos eso es lo que el doctor dijo. Si eso es correcto, levante su mano así y agítela. Eso es correcto.
Usted está sanada. Jesucristo la sana. Su fe lo tocó a Él, igual que la mujer con el borde del manto.
Oh, ¡reto su fe! Miren y vivan. ¡Alabado sea Dios!
Allí va Él, moviéndose directamente a esta esquina, a la dama que está allí. Usted tiene algo mal con su espalda, dama. Está en su espalda. Póngase de pie solo un minuto. Veo que es su espalda. Está en su columna. ¿No es eso cierto? ¿Cree que soy el profeta de Dios? ¿Lo cree? El doctor no puede hacer nada con respecto a eso, ¿verdad? Él lo intentó, pero falló. No hay nada que se pueda hacer.

80 Mire —para que pueda saber que soy el profeta de Dios, usted está… usted tiene una madre, y ella tiene algo mal en sus ojos. Es cataratas en sus ojos. Ella está sentada enfrente de usted. ¿Es eso correcto? Es su madre. ¿Es eso verdad? Eso es correcto.
Por cierto, su respuesta… Su nombre es Mae, su primer nombre. Su apellido es Hall, ¿no es así? Sí, señor. ¿Acaso no vive en la Calle Broad 74, aquí? Muy bien. Ponga su mano sobre su madre. Satanás, estás derrotado en el Nombre de Jesucristo, sal de la mujer.
Ustedes piensan que estoy loco. ¡No lo estoy! El Espíritu Santo está aquí, predominando.

81 ¿Qué piensa al respecto, dama? Usted tenía entonces su mano sobre ella, su amiga que está allí, sentada al lado de ella Usted tiene dolores de cabeza todo el tiempo, ¿no es así? Póngase de pie. Usted tenía su mano sobre la mujer; vi a ese Ángel saltar de ella a usted. Eso es correcto. Usted tiene persistentes dolores de cabeza. Comienzan atrás de su cuello, hacia arriba. Solo el tiempo de la vida que está atravesando también. No se preocupe de eso. Eso la va a dejar. La veo más adelante. Usted no es… Usted no tiene entonces nada en su cabeza. Usted está bien. Se va a poner bien. Eso es correcto. ¿Lo cree usted?
Veo que usted… está entrando a una casa con el número 110, ese es su número, 110 Calle Moore, o algo como eso. ¿No es eso correcto? Usted responde al nombre de Alicia, ¿no es así? Levante su mano y respóndale a Jesucristo, como Su siervo; sanada. ¡Aleluya!
¿Creen Uds. en Él? Pónganse de pie, cada uno de ustedes, ahora mismo. Se está moviendo sobre todos ustedes. Por todas partes, acepten su sanidad ahora mismo.
Señor Dios, en el Nombre de Jesús, el Hijo de Dios, echo fuera todo espíritu inmundo.

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