UN HOMBRE ENVIADO POR DIOS

Tiempo de lectura: 97 minutos

Por
Gordon Lindsay
Editor de La Voz De Sanidad
En Colaboraciün Con
William Branham

Indice
  1. Introducción
  2. Capítulo 1  Un Reto Extraño       
  3. Capítulo 2  Un Peculiar Nacimiento y Niñez         
  4. Capítulo 3  Sufrimientos y Pobreza en el Hogar Branham              
  5. Capítulo 4   La Conversión de William Branham 
  6. Capítulo 5   Un Matrimonio Feliz y Una Decisión Fatal    
  7. Capítulo 6   La Gran Inundación del Río Ohio de 1937    
  8. Capítulo 7    Desesperación—Luego un Sueño del Cielo 
  9. Capítulo 8   Incidentes Asombrosos Previos a la Visitación del Angel        
  10. Capítulo 9   Un Angel Desde La Presencia De Dios            
  11. Capítulo 11  Su Primera Campaña de Sanidad en St. Louis, Missouri        
  12. Capítulo 12   Eventos Dramáticos en el Ministerio del Hermano Branham Después de la Aparición del Angel        
  13. Libro digital

Introducción

Introducción     

La historia de la vida de William Branham es tan fuera de este mundo y tan alejada de lo común que si no fuera por un número sin fin de pruebas infalibles que documentan y confirman su autenticidad, uno bien podría ser perdonado al considerarla exagerada e increíble. No obstante, los hechos son tan generalmente conocidos y de tal índole que pueden fácilmente ser verificados por cualquier investigador sincero. Y por esto deben permanecer a modo de confirmación de la disposición de Dios y de Su propósito de revelarse nuevamente a los hombres como una vez lo hizo en los días de los profetas y apóstoles. La historia de la vida de este profeta   pues él en verdad es un profeta, aunque no es frecuente que usamos ese término  verdaderamente nos hace testigos del hecho que los días Bíblicos están aquí de nuevo.          

El escritor es muy consciente de su propia insuficiencia en habilidad literaria para adecuadamente describir y narrar la historia de este gran ministerio. No obstante, él es ayudado considerablemente en que gran parte de lo narrado ha sido relatado en las palabras del mismo Hermano Branham, y también por algunos otros que han estado asociados en este ministerio. El estilo claro y simple del Reverendo Branham posee su propio atractivo, y siendo que él mismo no se jacta de ventajas culturales, este estilo, aunque a veces rudo, es siempre dramático y tiene su propio distintivo.

Conocer al Hermano Branham es amarlo. Su naturaleza es tierna y amable y su sensibilidad reacciona profundamente al sufrimiento y dolor de los demás. Tan grande ha sido su compasión por los enfermos y afligidos, que le perjudicó su propia salud, al orar durante largas horas por interminables filas de enfermos. Por un tiempo él cargó, como se podría decir, sobre sus frágiles hombros el peso de un mundo en sufrimiento, hasta que Dios le dio a conocer que esta responsabilidad debía ser compartida con otros. Desde que él ha regresado al campo, ha sido complaciente a las peticiones de aquellos que laboran juntamente con él de conservar sus fuerzas, y de no ir más allá de lo que su constitución le permite. Sanidad Divina no hace al hombre inmortal en esta vida, y aun Jesús sufrió la carga del agotamiento.   

Es cierto que el Hermano Branham vive en un mundo diferente al del Cristiano común. En los asuntos de este mundo es sabido que él no es sofisticado y no está preparado para igualarse en ingenio con aquellos que a menudo procuran aprovecharse de él en formas egoístas y sutiles. Por otro lado, en ese mundo en el que él verdaderamente vive, sus sentidos espirituales han sido vivificados al grado que le han permitido avanzar más en Dios, y le han causado ser más consciente de las realidades celestiales que quizás cualquier hombre ahora vivo. Es esta asombrosa sensibilidad espiritual la que ha causado que su ministerio sea tan revolucionario. El realmente no trae ninguna doctrina nueva a la iglesia, sino más bien una revelación fresca de la realidad del poder de Dios y una indispensable verdad de lo milagroso en las Escrituras.             

Juntamente con esta perspicacia espiritual existe otra característica de su ministerio, la cual le hace ser tan intensamente amado por las multitudes que lo escuchan   es su humildad tan sencilla. Nadie sufre celos a raíz del éxito del hombre bajito que por muchos años peleó una invencible batalla con la vida   que por mucha de su vida no ha conocido sino las punzadas de la pobreza, tiempos difíciles y una abrumadora tristeza; un hombre al que le ha sido arrebatado hasta lo básico en la vida, al punto de su propia alma quedar desnuda, y pareciera que el cielo mismo había conspirado contra él. Podemos agradecerle a Dios por la restitución de la Providencia Divina que le ha sido concedida desde entonces, y regocijarnos con él en sus victorias. Quizás en el ministerio de ningún otro hombre ha sido la muerte en esta vida tan enfáticamente simbolizada; esto, por supuesto, con el propósito que Dios pueda mostrarle a Su pueblo, lo nuevo o la vida en resurrección.         

El Hermano Branham reconoce plenamente sus limitaciones, y con frecuencia se disculpa ante su audiencia por su falta de calificaciones culturales. Con toda sinceridad él narra acerca de su humilde origen, acerca de su larga lucha con la pobreza. No hay pretensiones. Sólo al tratarse de su propio llamado es que no hay dudas ni titubeos. Es acerca de esto que él debe hablar para cumplir la comisión que le ha sido dada. Su mensaje y el ejercicio de su don deben ser dados a conocer al mundo.         

Cuando es cuestión de considerar puntos doctrinales, es un asunto muy distinto. El mismo no se considera un teólogo ni un árbitro entre controversias teológicas. A pesar de su gran influencia sobre las multitudes, él no presta esa influencia para forzar su posición en cuanto a puntos doctrinales. Algunos, sin autorización, han intentado usar su nombre como medio para promover sus propios puntos de vista. El se ha visto forzado a de una manera amable pero siempre firme, a repudiar tales intentos. Su misión es de unir al pueblo de Dios, no en dividirlo más a raíz de controversia doctrinal. “El conocimiento envanece, pero el amor edifica”.            

Es esta humildad sencilla la que ha encantado a sus audiencias por donde él ha estado. Aunque el cumplimiento de su llamado demanda que él le ministre a grandes multitudes, su deseo más sincero es el de conservar la simplicidad de su vida. El muy bien sabe que los grandes hombres de Dios en el pasado han encontrado que tanto su poder con Dios y su unción, faltaron cuando ellos perdieron la simplicidad de su experiencia Cristiana y el espíritu de humildad que en un tiempo poseyeron.        

El hecho que él se aleja de las muchedumbres no es por rechazar a la gente, sino más bien porque él ha encontrado que esa es la única manera de poder continuar con su ministerio. El se ha dado cuenta que todo su tiempo, y hasta más, pronto sería ocupado por las incontables personas deseando verlo, consultar con él, brindarle consejos, o buscar de sus consejos. No le quedaría tiempo para esperar en Dios, y muy bien sabe que él, entre todos los hombres, es el que más depende en la unción del Espíritu. Sin esa unción él queda inútil. El no posee talentos naturales sobre los cuales recaer si ese elemento de plena importancia llegare a faltar. Algunas personas, desde luego, malinterpretan esto y grandemente se decepcionan al no serles otorgada una entrevista personal. Difícilmente pasa un día en el cual no haya alguien que sienta tener un mensaje urgente para darle, el cual sólo ellos pueden anunciar.             

No obstante, aunque él debe vivir en un mundo diferente, para de esa manera traerle inspiración y bendición a la humanidad, no hay nadie más humano y más comprensible que el Hermano Branham. El desea intensamente complacer a todos, y añora cumplir cualquier deseo que estuviere a su alcance. Sinceramente, en cuanto a este punto en particular él no puede confiar de sí mismo, pues él sabe que su deseo de complacer puede llevarlo a comprometerse en cosas que serían imposibles de cumplir. Nada le causaría más molestia que saber que no fue capaz de cumplir con su palabra. Por eso él ha colocado sus negocios en las manos de sus asociados, para que así ellos puedan llevar a cabo en una manera ordenada los acuerdos mutuos que parezcan necesarios en lo relacionado a sus campañas.         

Para comprender al Hermano Branham, se necesita saber un poco de su pasado. Como él mismo narra en su historia, su familia era la más pobre entre los pobres. Para el tiempo de su matrimonio, su manera de vivir era inestable. Por mucho tiempo las conveniencias más básicas de un hogar estuvieron fuera de su alcance. En una ocasión él perdió un sillón a una compañía de financiamiento, al no poder continuar con los pagos. El predicó en su propio tabernáculo por años, sin aceptar compensación alguna, pensando que su congregación era demasiada pobre para sobrellevar los gastos de la iglesia y su familia. Para cubrir sus gastos él trabajó como guardabosque de Indiana, pero era demasiado amable de corazón como para imponer multas, aunque esa fuera su única fuente de ingresos como guardabosque. Consecuentemente (y suena increíble, pero es cierto) él tuvo que conseguir aun otro empleo, el de patrullar los cables de alto voltaje—un empleo que podía complementarse con el empleo de guardabosque—para así ganarse el sustento para su familia. Pero en su propia batalla le tocó sentir personalmente el sufrimiento y tristeza de la humanidad. Y en la posición tan honorada a la que Dios ahora lo ha llamado, él aún puede sentir intensamente por aquellos que deben pasar por lo que él atravesó, ese camino oscuro y solitario de la tristeza.              

Hubo otra razón por la que Dios escogió a William Branham para la gran labor de llamar Su pueblo a la unidad de espíritu. El Señor sabía que él nunca intentaría dar inicio a una organización propia. Esto lo pudiera haber hecho; pero a tales sugerencias él nunca le dio un momento de consideración. Su mensaje no era para traer algo nuevo a la Iglesia, lo cual involucraría la creación de una nueva organización. Esa no era su visión ni su deseo—más bien era para que la gente de Dios que se habían separado el uno del otro, ahora pudieran reconocer que son de un mismo cuerpo y llegar a estar unidos en el espíritu en anticipación del regreso de su Señor Jesucristo. El buscó no sólo la sanidad del cuerpo físico de los creyentes, sino también la sanidad del Cuerpo Místico de Cristo—el cual es Su Iglesia. A uno le viene a la mente el apóstol Pablo que señaló la causa para tanta enfermedad y muerte prematura entre la iglesia como “falta de discernir el Cuerpo del Señor. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen”. Sabemos que esta Escritura se refiere primordialmente al Cuerpo físico de Cristo, simbolizado en el pan partido en la Santa Cena del Señor. Pero el pasaje también debe referirse al Cuerpo Místico de Cristo, siendo que inmediatamente Pablo empieza a tratar este tema, y realmente el tema ocupa todo el capítulo 12 de Primera de Corintios. El concluye la discusión, mostrando la solemne urgencia de los miembros del Cuerpo de Cristo en reconocer correctamente el lugar de cada uno dentro del Cuerpo. “De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él; o si uno de los miembros es honorado, los demás miembros se regocijan con él. Ahora vosotros sois el Cuerpo de Cristo y los miembros en particular”. La Iglesia, o el Cuerpo de Cristo, se encuentra enfermo porque sus miembros están fuera de armonía el uno con el otro.        

Hablando brevemente ahora acerca del ministerio de William Branham, él no intenta orar más por todos los que llegan a sus reuniones; él ha encontrado que las limitaciones según su fuerza física hacen esto imposible. El tiene que restringir su ministerio, ministrándole a un número limitado cada noche. Pero eso no significa que no todos pueden recibir sanidad en sus reuniones. Los enfermos entre la audiencia son animados a extenderse en fe y recibir su sanidad desde sus asientos. Y verdaderamente, como resultado de esta instrucción, el número de testimonios siendo recibidos de aquellos, que de esa manera son sanados, es asombroso. Tales sanidades no involucran solamente dolencias menores, sino que suelen ocurrir liberaciones de dolencias orgánicas como el cáncer, tumor, tuberculosis y de semejante índole. Vez tras vez, por la operación de su don, el Hermano Branham ha discernido tales enfermedades y anunciado la liberación, aunque la persona recibiendo la sanidad esté sentada entre la audiencia muy atrás.      

Otro gran propósito de las reuniones Branham es el de traer inspiración al ministerio, no de animar a un gran número a intentar tener numerosas y grandes campañas, sino a que muchos, con nueva inspiración, regresen a sus propias iglesias y comiencen un verdadero ministerio de liberación. Por demasiado tiempo se viene usando substitutos para atraer la gente a la iglesia, al grado que la adoración en muchas de nuestras congregaciones se ha sumergido a un nivel puramente humano, careciendo completamente del elemento sobrenatural. El ministerio de la sanidad es la manera de la Biblia para alcanzar las multitudes para Dios. ¡Qué ministerios tan maravillosos han nacido en las vidas de algunos que conocemos, los cuales, después de asistir a las reuniones Branham y regresar a sus hogares, han asegurado sus puertas y rehusado salir hasta no haber oído del Cielo! 

En cuanto a los Cristianos en particular, ¡cuán enriquecidas han sido sus vidas al presenciar ellos mismos, a menudo por primera vez, el obrar de un milagro! ¡Cuánto se ha retado el escepticismo y la incredulidad, y éstos desaparecido! ¡Dios ya no es un Dios incierto y distante, sino Alguien que está cerca y dispuesto a revelarse a los hijos de los hombres! Cuando el modernismo, junto con su decadente incredulidad, se enfrenta con este reto, recibe derrota instantánea. Ningunas palabras endulzadas ni oratorio sutil puede engañar a una persona normal que personalmente, con sus propios ojos haya visto a Dios obrar. ¡El hombre, como nunca antes, es traído a la conclusión que la Biblia es verdad, el poder de Dios es real, el Cielo y el Infierno son reales!              

En otro sentido estas grandiosas reuniones son de carácter misionero. La extensa población en el país, difícilmente contactada por las reuniones del Evangelio Completo, es alcanzada en las campañas Branham. Los llamados al altar son compuestos por muchas de estas personas. Aunque ellos no regresan a inflar los números en las iglesias locales, no obstante ellos son una incalculable adición para el reino de Dios. Y se entiende sin necesidad de mencionar, por supuesto, que muchos en las ciudades también son convertidos y vienen a ser candidatos para incrementar las congregaciones de pastores que tienen la iniciativa de trabajar y dar ánimo a estos convertidos. Un pastor nos dijo que después de una reunión Branham en su pueblo, él recibió cien nuevos miembros en su iglesia. Desde luego, la campaña entera es un poderoso testimonio ante toda la comunidad en cuanto a la verdad y la realidad del mensaje del Evangelio Completo.     

El testimonio personal del escritor es que el ministerio de William Branham ha afectado poderosamente el suyo. Aunque él practicó el ministerio de la sanidad y su propia iglesia disfrutó los beneficios de esta gloriosa verdad en un grado muy elevado, sin embargo, no fue sino hasta él haber presenciado el ministerio del Hermano Branham que recibió la fe para él ministrarle a sordos, mudos, y ciegos, y presenciar resultados inmediatos. En dichas reuniones que él ha llevado a cabo, ha sido gratificado por un número considerable de éxitos que ha presenciado, y sin duda estaría plenamente ocupado en sus propias campañas en el momento presente, recibiendo muchas llamadas, a no ser por el hecho que en la sabiduría de Dios, como editor de LA VOZ DE SANIDAD, su tiempo y fuerza parecen ser requeridos en la coordinación y ánimo para aquellos involucrados en esta gran visitación que ha venido a la tierra. Lo cual en esta labor él tiene el honor de ser asociado con William Branham, lo que considera recompensa en sí.            

Mirando hacía atrás al comienzo de esta visitación, señalaremos al 7 de mayo, 1946, cuando el Angel del Señor, hablándole en persona a William Branham, le dijo que si él permanecía fiel, este gran movimiento espiritual estremecería al mundo. Nosotros estamos presenciando el cumplimiento de esa predicción. Pero de parte de todos nosotros, como también de nuestro amado Hermano Branham, y mirando un paso más allá de la débil instrumentalidad humana, nosotros vemos el propósito misterioso del Todopoderoso Dios, que de tal manera amó al mundo que dio a Su Hijo unigénito. ¡Cuán insondables son Sus juicios, e inescrutables Sus caminos! Para El sea toda la gloria.  

Gordon Lindsay

Febrero 1950

Capítulo 1  Un Reto Extraño       

Las puertas del gran auditorio municipal en la ciudad de Portland, Oregon, fueron abiertas temprano aquella tarde en noviembre del año 1947. Para las seis de la tarde, ya muchas personas llevaban bastante tiempo de pie en la línea, esperando la oportunidad de entrar y asegurar un buen puesto. Cuando el conserje, en el momento designado, hizo su recorrido para abrir las puertas, quedó algo desconcertado al encontrar semejante multitud esperándole. Era un poco extraño, observó él, pues no se había hecho ninguna propaganda extraordinaria, y los servicios religiosos, aun con extensa publicidad, a lo mejor de su memoria, rara vez atraían suficiente gente como para llenar una porción del auditorio.           

El conserje también pudo notar que la gente no seguía la costumbre tan común en los servicios de las iglesias, de llenar el centro y las hileras de atrás primero, sino que más bien se apresuraron hasta adelante para tomar los asientos más cercanos al frente. Pero rápidamente éstos fueron ocupados, y también los de atrás y hasta los balcones fueron ocupados. De nuevo el conserje tenía razón para tomar nota, pues los bomberos asignados a la rutina diaria de cerciorarse que las ordenanzas de la ciudad se obedecieran, tratándose de la seguridad del público, le enviaron a decir que el edificio estaba con el cupo y que inmediatamente él debía cerrar las puertas y ver que nadie más entrara.             

Quizás existía más de una característica inusual con esta reunión. Ministros de entre los rangos de muchas denominaciones ocupaban una gran sección de asientos en la plataforma. Si todos los que estaban en el auditorio fueren contados, sin duda que hubiera estado por los cientos. Que ministros locales y ajenos a la localidad se hayan reunido en un servicio de avivamiento era un suceso extraño en la ciudad, y sin duda que nunca antes había sido presenciado en semejante escala.           

¿Cuál era la atracción que había promovido a congregarse esta gran concurrencia de personas? No eran los cantos ni la música especial. Aunque ambos eran excelentes e inspirantes, no obstante fue evidente que la gente esperaba con impaciencia restringida hasta que se concluyeran los preliminares en anticipación a lo que habría de seguir.       

El motivo de esta gran reunión puede decirse en pocas palabras. Se había comentado por toda la ciudad que un hombre por el nombre de William Branham venía para la ciudad y hablaría en el Auditorio Municipal. Acerca de este hombre, se decía que un Angel le había aparecido en una visitación especial, y dones de sanidad se estaban manifestando en su ministerio. Pues, ya que lo crean o no, pese a la moda de pensamiento materialista que ha abarcado totalmente el razonamiento intelectual y las escuelas de aprendizaje de nuestro día, es evidente que muy profundamente en el corazón del ser humano, existe y siempre existirá un anhelo por la manifestación del poder de lo sobrenatural. El hombre vive una vida frágil y fugaz, en un mundo marcado por todas partes con decadencia, desintegración y muerte. Teología modernista y materialista, que no tiene nada para ofrecer al hombre al momento después de su muerte, no pueden satisfacer el anhelo esencial en el alma humana de sobrevivir. En un mundo confuso por las miles de voces en conflicto, cada una reclamando autoridad y deseando reconocimiento, no es anormal que el hombre anhele por alguna manifestación visible del poder de Dios para confirmar y atestiguar la autenticidad del mensaje de aquellos que hablan. Jesús no negó esta necesidad fundamental y deseo del alma humana, pues El declaró:…“Yo soy el Hijo de Dios. Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en El”. (San Juan 10:36-38.)         

Los servicios de las primeras dos noches despertaron un gran interés; y ahora en la tercera noche el edificio estaba lleno de personas esperando que el orador apareciera. El escritor, el cual dirigía esta breve campaña, en preparación para entregarle el servicio al evangelista, le pidió a la gente ponerse de pie y cantar el coro: “Sólo creed, sólo creed, todo es posible, sólo creed”. A medida que la gran congregación cantaba, un hombre bajito en estatura, de modesta conducta y con una sonrisa amigable entró, luego vino y se paró detrás del púlpito. Los cantos cesaron, y un silencio posó sobre la audiencia mientras escuchaban intensamente cuando él comenzó a hablar. A medida que él procedía, fue aparente que los oyentes fueron impresionados por la gracia del orador como también por su evidente sinceridad y humildad. El evangelista, escogiendo el pensamiento acerca de la fe, inspirado por el coro, que se había cantado, comenzó con el tema de su mensaje. “Sí”, dijo él, “todo es posible para el que cree. No existe nada que pueda permanecer ante la fe en Dios, y si las personas aquí esta noche le creen a Dios juntamente conmigo, veremos que Dios honrará esa fe y la confirmará ante los ojos de toda esta congregación”.     

Mientras la audiencia escuchaba con embelesada atención la pequeña figura sobre la plataforma, quizá sólo uno anticipaba el sorprendente drama que estaba a punto de desarrollarse. Por cierto el director no tenía tal intuición, y la interrupción a punto de ocurrir no podría haber sido más inoportuna. Puesto que repentinamente nuestra atención fue dirigida a un hombre bien atrás en el edificio, que daba pasos apresurados, aparentemente en dirección a la plataforma. Primero pensamos que alguna emergencia había surgido; quizás alguien se había desmayado o se había enfermado gravemente allí en el auditorio. Pero al acercarse, observamos sin lugar a duda alguna, que su semblante portaba un gesto de una sonrisa demoníaca, como para sugerir que el hombre estaba loco, o violentamente demente, y aparentemente se había soltado de aquellos que lo tenían bajo su cuidado. Más tarde aprenderíamos lo que verdaderamente hubiese sido más perturbador de haberlo sabido en ese momento, que el hombre no estaba loco, siendo el caso que él no sabía lo que hacía, sino que más bien era un personaje notoriamente agresivo que previamente había tenido conflictos con la autoridad por perturbar y desmantelar servicios religiosos. Sentencias en la cárcel no le habían enseñado la lección, y ahora viendo esta como su oportunidad para causar una gran conmoción y de nuevo desmantelar un servicio, con ese propósito venía hacia adelante.         

Por los escalones subió sin pausar. El ahora se encontraba sobre la plataforma, asumiendo una actitud amenazadora que para este momento atraía la atención de toda la congregación. Dos policías corpulentos, uno a cada lado de la plataforma, enterándose de la distracción, estaban a punto de pasar y echar mano del siniestro, pero vimos que esto resultaría en un forcejeo y la emoción creada muy bien pudiera arruinar el servicio. Es más, el evangelista se había puesto él mismo en la línea de fuego al decir que todo era posible para el que cree, y que Dios siempre respaldaría Sus siervos que pusieran la confianza en El. Ciertamente la reunión había alcanzado tan alto estado de expectativa, que confiar en los oficiales de la ley, aunque de pronto era completamente justificado para esa situación presente, parecía no ser el orden Divino. Nosotros no sabíamos qué más hacer sino hacer gesto a los oficiales que se quedaran quietos, y llamar la atención al evangelista de lo que estaba aconteciendo. Pero él mismo ya estaba consciente que algo andaba mal. Hablando tranquilamente a la audiencia y pidiendo que en silencio la gente se uniera a él en oración, él se dio la vuelta para hacerle frente al extraño reto de este antagonista maligno. 

Al hacerlo, el hombre con la sonrisa maligna en el semblante, la cual lo hacía a uno recordar la horrible sonrisa que los paganos le tallan a los rostros de sus ídolos, comenzó atrevidamente a acusar y a maldecir al orador. “Ud. es del diablo y está engañando a la gente”, gritó él, “¡un impostor, una serpiente en la grama, un falso, y yo le voy a mostrar a esta gente que así es Ud.”! Era un reto audaz y todos entre la audiencia podían ver que no era una amenaza vacía. A medida que el intruso continuaba vituperando al evangelista, silbando como serpiente e escupiendo, él hizo un gesto como para llevar a cabo sus amenazas. Para la audiencia parecía ser un mal momento para la figura bajita sobre la plataforma, y la mayoría de ellos deben haber sentido lástima por él. Los oficiales intentaron acercarse nuevamente para acudir a su ayuda pero se les gestionó regresar, y ahora al rechazar su ayuda el orador había aceptado deliberadamente el reto de este antagonista maligno, cuyo tamaño y ferocidad habían convencido a la audiencia que era muy capaz de llevar a cabo sus jactancias. Sin duda, los críticos que habían entrado al auditorio de pura curiosidad, esperaban una conclusión rápida y lamentable para este inesperado drama que ahora estaba alcanzando su clímax. Realmente podían ver que no había espacio para montajes. El hombre en la plataforma tendría que obtener lo que reclamaba o si no habría que sujetarse a las consecuencias.        

En el momento de suspenso que siguió, uno no podía evitar pensar de la historia del reto de la antigüedad, cuando el audaz Goliat maldijo al pequeño David en el nombre de sus dioses, y se jactó en que le desprendería extremidad por extremidad. La congregación alarmada, como lo deben haber estado las huestes de Israel en aquel entonces, observó la escena con sorpresa y asombro, difícilmente sabiendo qué cosa esperar, pero temiendo lo peor. Todos los ministros en la plataforma estudiaron la situación con mucha preocupación, sabiendo que si Dios no hacía algo muy fuera de lo común y respaldara al orador en una manera sobrenatural, el intruso maligno, el cual había desmantelado servicios religiosos en el pasado, ahora lo haría nuevamente. Algunos se perturbaron bastante porque a los policías no se les había permitido tomar las riendas en la situación y creyeron que este error en juicio daría paso a que este hombre endemoniado no solamente arruinara la reunión y de esa manera traerle reproche a la causa de Cristo, sino que podría de pronto resultar lastimado físicamente el orador.        

No obstante, los segundos pasaban sin que el anticipado clímax aconteciera. De repente parecía que algo impedía que el retador llevara a cabo sus designios malignos. Por alguna razón él no estaba procediendo con la ejecución de su alarde de violencia física, sino que más bien se contentaba en renegar y escupir y vocear las más terribles amenazas. Suave pero con determinación, la voz del evangelista ahora se podía escuchar reprendiendo el poder maligno que dominaba al hombre. Sus palabras, tan suavemente habladas que sólo se podían oír a corta distancia, decían: “Satán, por cuanto has retado al siervo de Dios delante de esta gran congregación, tienes ahora que postrarte ante mí. En el Nombre de Jesucristo, caerás a mis pies”. Las palabras fueron repetidas varias veces. El retador cesó de hablar, y fue evidente ahora que era él quien laboraba bajo presión. Tan fuerte como era él y las fuerzas malignas que le controlaban, fortalecidos por todo espíritu maligno en el edificio, aparentemente y gradualmente se rendían a otro Poder que era mayor que ellos, ¡un Poder que respondía al susurrar del Nombre de Jesús! Pronto fue evidente que el hombre estaba consciente que estaba siendo vencido, pero nada que él pudiera hacer podía aparentemente darle giro a la situación. Una intensa batalla de fuerzas espirituales ahora exigía toda la fuerza que había en él. Gotas de sudor salían de su rostro a medida que él hacía el último esfuerzo para prevalecer; pero fue todo sin éxito. De repente él, que hacía unos minutos antes tan insolentemente había desafiado al hombre de Dios con sus desafiantes amenazas y acusaciones, soltó un horrible alarido y se desplomó al piso, llorando de una manera histérica. Por buen rato permaneció allí revolcándose en el polvo, mientras el evangelista calmadamente procedió con el servicio como si nada hubiere pasado.              

Sin necesidad de mencionar, la gran congregación quedó en asombro por la escena que había ocurrido ante ellos, en la cual Dios tan distinguidamente vindicó a Su siervo, y en alto las alabanzas para Dios llenaron el espacioso auditorio. También los policías, inquietados por lo que habían presenciado, reconocieron abiertamente que Dios estaba en sus medios. Basta en decir que en el servicio que siguió, una oleada gloriosa fue manifiesta, la cual nunca será olvidada por aquellos que estuvieron presentes. Acontecieron muchos milagros de sanidad esa noche a medida que se le ministró a una multitud de personas en la línea de oración.             

Pero ¿quién era este hombrecito que habló con tales palabras de autoridad y cuyo ministerio había sido confirmado por tan notable demostración de poder Divino? Su nombre era William Branham, de Jeffersonville, Indiana, y su ministerio tendría ecos más y más amplios al grado que para cuando salga este escrito, el efecto habrá alcanzado por todo el mundo. Muchos en la ciudad de Portland glorificaron a Dios esa noche, pues sabían que de nuevo El había visitado a Su pueblo. Muchos ministros también se dieron cuenta que Dios se había mostrado entre ellos con poder especial. Ellos creyeron que lo que habían presenciado era una señal de cosas mayores que Dios estaba a punto de hacer para Su pueblo. Para algunos, verdaderamente, sus ministerios fueron revolucionados. Entre estos se contaba un predicador joven cuya esposa había presenciado el audaz reto del hombre endemoniado. Ella persuadió a su esposo que asistiera en la última noche. Mientras estaba allí sentado y presenció el abrir de los oídos de un niño sordomudo, al grado que pudo oír y repetir las palabras, Dios le habló y dijo: “Esta es la obra para la cual también te he llamado”. Al día siguiente él entregó las responsabilidades de su iglesia a ciertos miembros de su congregación y se encerró en su habitación, determinando permanecer allí hasta tener la certeza que la voluntad de Dios le había sido revelada. De un tiempo de sincero escudriñamiento del alma nació un ministerio que resultaría en la salvación de miles de almas y que sería acompañado por multitud de señales, maravillas y milagros. Este hombre joven fue el Evangelista T. L. Osborn.      

Aunque parezca extraño, concluyendo la campaña, oímos de algunos que dudaron. ¿Por qué habría de escoger Dios a un hombre de tan modesta trayectoria, que poseía un conocimiento tan limitado en la sabiduría de este mundo? Ni tampoco podían comprender el principio mencionado por Pablo en Primera de Corintios 1:26—29, donde dijo: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es. A fin de que nadie se jacte en Su presencia”.          

Pero, la mayoría creyó y se regocijó. Aunque era físicamente imposible para el evangelista ministrar, aparte de en una manera muy breve para los miles de cuerpos enfermos buscando sanidad, no obstante fue muy notable el número de testimonios maravillosos que resultaron de esa reunión. Y si aquellos que permitieron que la duda entrara a sus mentes no se beneficiaron de la reunión al grado que otros, los muchos que sí creyeron, hasta el día de hoy señalan a esa breve campaña en la ciudad de Portland como una hora de visitación para nunca olvidar.     

Pero quizás es el momento para nosotros indagar más acerca de quién es este hombre, William Branham. ¿De dónde se origina? ¿Cómo fue la manera de su visitación especial de parte de Dios y su comisión para sanar a los enfermos? Enfocaremos la atención del lector en las respuestas de estas preguntas.            

 

William Branham Un Hombre Enviado De Dios  

Capítulo 2  Un Peculiar Nacimiento y Niñez         

Era el amanecer de una hermosa mañana en abril del año 1909 en las colinas del estado de Kentucky, no muy lejos del lugar donde Abraham Lincoln había nacido casi cien años antes. En una humilde cabaña la luz entraba por la ventana, iluminando una pequeña cama rústica, cuando se oyó la voz de un bebé. Dos manitos de un bebé de cinco libras rozaban la mejilla de su madre de quince años. Parado cerca de la cama estaba el padre joven, Charles Branham, con sus brazos cruzados por dentro de su nuevo pantalón pechero, un poco mejor vestido (para la gente de montaña) en esta ocasión especial. A medida que el día amanecía, los pájaros habían comenzado ya con sus cantos, y le parecía al padre que la estrella de la mañana daba una luz más brillante. El pequeño nuevamente lloró a medida que su manito rozaba sobre el rostro de su madre.       

“Le pondremos el nombre de William”, dijo el padre, mirando alegremente a su hijo recién nacido. “Eso estará muy bien”, dijo la madre, “porque entonces irá por el nombre de Billy”. Poco sabía la madre que las manitas de este pequeño bebé, que tocaban sus mejillas serían usadas por el todopoderoso Dios para liberar a Su pueblo de enfermedad y esclavitud. Nadie en esa región del país hubiera pensado que este humilde bebé montañés llevaría el mensaje del Evangelio por todo el mundo. De toda la gente de esa región, la familia Branham era la más pobre entre los pobres. No obstante, ¡Dios hace cosas grandes e incomprensibles! ¿Cómo lo hubieran creído estas personas, de haberles dicho alguien que Dios, por medio de esas manos, algún día causaría huir a demonios, a ciegos ver, a sordos oír, cáncer desaparecer, y a miles y miles caer postrados en altares con llanto de arrepentimiento? Ni tampoco hubieren creído que aviones cruzarían el continente a alta velocidad trayéndole los enfermos; o que trenes y buses cargados de enfermos serían traídos a él para liberación. Que vendrían del oriente y del occidente, del norte y del sur, para oírlo contar la historia de Jesucristo, el Salvador en su manera sencilla y humilde.  

A medida que los vecinos se reunían para ver el recién nacido, parecía haber, o así es contado, un extraño sentir de asombro en la habitación. ¿Quién puede decir que no era la presencia del Angel, el cual, bajo dirección de Dios, ha guiado a William Branham en muchos de los eventos de su vida, y que más adelante le hablaría en persona?     

Fue apenas dos semanas después que el padre y la madre llevaron su bebé hasta el arroyo, un lugar llamado la Estrella Solitaria, una pequeña iglesia bautista a lo antiguo, fabricada de troncos y techo de tablillas de madera, con piso de tierra y asientos de tabla colocadas sobre troncos de madera. ¡Era la primera visita del pequeño William Branham a una iglesia!    

    

HIJO Y MADRE AFORTUNADAMENTE   ESCAPAN LA MUERTE    

Siendo que el padre era un leñador, le era necesario estar lejos del hogar una gran parte del tiempo, especialmente en los meses de otoño e invierno cuando el clima era malo para viajar. Durante estos tiempos madre e hijo se quedaban solos. Fue en una de estas ocasiones que las circunstancias conspiraron para por poco quitarle la vida a madre e hijo.    

Sucede que para este tiempo cuando el bebé ya tenía cerca de los seis meses de edad, y el padre estaba fuera del hogar, llegó una terrible tormenta, y la región quedó atrapada por completo en la nieve por varios días. Había poco de comer en la cabaña y muy pronto a la madre se le acabó tanto la leña como la comida. Ella se envolvió los pies en costales, salió al bosque, y cortó pequeñas ramas, arrastrándolas a la cabaña, procurando mantener vivo el fuego. Por fin se le agotaron las fuerzas y tuvo que rendirse. Sin comida ni lumbre, la madre tomó las envolturas de la cama, se envolvió ella misma con el bebé en la cama, y esperó el fin. Fue entonces que Dios envió Su Angel protector y salvó sus vidas.   

Un vecino vivía a una distancia de ellos, aunque a vista de la cabaña Branham. Por alguna razón él tuvo un extraño sentir concerniente a las circunstancias en ese pequeño humilde hogar. Vez tras vez se hallaba mirando hacía allá, y cada vez inquietándose más, especialmente al no ver salir humo de la chimenea. Al haber pasado varios días, tanta fue la inquietud por dentro, de que algo marchaba mal, que determinó llevar a cabo una investigación, aunque significaba pasar con dificultad tremendos ventisqueros de nieve por una considerable distancia.   

Al llegar a la puerta, sus temores fueron confirmados, pues no había respuesta de los que estaban adentro, aunque afuera las huellas mostraban que nadie había salido de allí, y la puerta estaba asegurada desde adentro. El decidió forzar su entrada en la cabaña, y al hacerlo, quedó espantado por la escena que encontró. Madre e hijo envueltos en las sabanas de la cama, próximos a la muerte a raíz del hambre y el frío. El vecino, de amable corazón, rápidamente consiguió leña e inició un ardiente fuego que pronto calentó la cabaña. Luego regresó a su propia casa para conseguirles la comida. Su obra de caridad fue llevada a cabo justo a tiempo. La madre y el niño revivieron y pronto estuvieron nuevamente camino a la salud.          

No transcurrió mucho cuando la familia se movió del estado de Kentucky para Indiana, donde el padre fue a trabajar para un granjero cerca de Utica, Indiana. Luego, un año más tarde se trasladaron nuevamente, bajando más en el valle, cerca de Jeffersonville, Indiana, una ciudad de tamaño moderado, la cual vendría a ser el pueblo de William Branham.  

EL PRIMER MENSAJE DE DIOS PARA EL MUCHACHO       

Varios años pasaron y el muchacho tenía aproximadamente siete años de edad, habiendo ingresado a una escuela de un sector rural a unas millas al norte de Jeffersonville. Fue entonces que Dios primero le habló al chico. Permitiremos que el Hermano Branham narre la historia de su peculiar visitación en sus propias palabras:       

* * * * *              

Yo iba por mi camino una tarde para cargar agua a la casa desde el establo, el cual quedaba como a una cuadra de distancia. A mitad del camino entre la casa y el establo había un árbol viejo, un álamo. Acababa de llegar de la escuela y los demás muchachos iban a un estanque a pescar. Lloré para que me dejaran ir pero papá dijo que tenía que cargar el agua. Yo me detuve debajo del árbol para descansar cuando de repente escuché un sonido como el viento soplando las hojas. Yo sabía que no venteaba en ningún otro lugar. Parecía ser una tarde muy tranquila. Me retiré a unos pasos del árbol y noté que en cierto lugar como del tamaño de un barril, el viento parecía estar soplando entre las hojas del árbol. Entonces de allí vino una voz diciendo: “Nunca bebas, fumes, ni deshonres tu cuerpo en ninguna manera, porque yo tengo una obra para ti cuando tengas mayor edad”.  

Eso me atemorizó tanto que corrí a casa, pero en ese tiempo nunca le comenté a nadie al respecto. Llorando y corriendo hacia la casa, caí en los brazos de mi madre, la cual pensó que yo había sido picado por una víbora. Yo le dije que solamente estaba asustado, así que ella me acostó en la cama e iba a llamar al médico, creyendo que yo sufría una crisis nerviosa. Nunca más volví a pasar junto a ese árbol. Yo me desviaba por el otro lado del jardín para evitarlo. Creo que el Angel de Dios estaba en ese árbol, y años más tarde yo le conocería cara a cara y hablaría con él.

A raíz de la manera extraña en que Dios lidiaba conmigo, nunca pude fumar o beber. Un día iba al río con mi papá y otro hombre. Ellos me ofrecieron un trago de whisky, y siendo que quería hallar el favor de este hombre para que él me prestara su lancha, comencé a beberme el trago. Pero tan cierto como les hablo hoy, yo oí ese sonido como de hojas siendo sopladas. Mirando alrededor, y no viendo señal alguna de viento soplando, de nuevo me puse la botella a los labios, cuando escuché el mismo sonido, pero más fuerte. El temor se apoderó de mí así como antes. Yo dejé caer la botella y salí corriendo, mientras mi propio padre me llamaba un “afeminado”. ¡Oh, cuánto me dolió eso! Mucho después fui llamado un “afeminado” por mi amiga en la juventud, al decirle que yo no fumaba. Enojado por su burla, tomé el cigarrillo y lo iba a fumar de todas maneras, cuando fui encorralado por ese sonido familiar, causándome arrojar el cigarrillo y abandonar la escena llorando por no poder ser como las demás personas, mientras las burlas del grupo sonaban en mis oídos.     

Siempre existía ese sentir tan peculiar, como si alguien estuviera parado cerca de mí, procurando decirme algo, y especialmente cuando me encontraba sólo. Nadie en lo absoluto parecía comprenderme. Los muchachos con los que me asociaba no querían tener nada que ver conmigo, a raíz de que yo no fumaba ni bebía, y todas las muchachas iban a los bailes, de los cuales yo tampoco participaba; pues parecía que durante toda mi vida yo era una oveja negra sin encontrar a nadie que me comprendiera, y sin siquiera comprenderme yo mismo.          

William Branham Un Hombre Enviado De Dios  

Capítulo 3  Sufrimientos y Pobreza en el Hogar Branham              

A menudo ha parecido estar dentro de la sabiduría de Dios, que Sus vasos escogidos hayan sido ordenados a vivir sus vidas tempranas en circunstancias de sufrimiento, y en algunos casos pobreza extrema. Algunas veces se les ha permitido probar profundamente de la copa de la tristeza. Nadie sabe como sentir por otro en tribulación o aflicción a no ser que él mismo haya pasado por pruebas similares. Rara vez ha sido el caso que aquellos que han recibido un llamamiento extraordinario de Dios han sido criados en hogares de ricos, o han venido de familias aristocráticas. El Salvador mismo tuvo un pesebre como cuna. El día octavo, tiempo para El ser circuncidado, la familia podía difícilmente costear tórtolas para el sacrificio, las cuales eran ofrecidas solamente si los padres eran demasiado pobres para comprar un cordero. (Levítico 12:8) Críticos durante el ministerio de Cristo cuestionaron la autoridad de Su precursor, Juan el Bautista, por aparecer en tan rudo atuendo, y su predicación era ruda, careciendo de lo pulido y del estilo de las escuelas eclesiásticas de aprendizaje en su día. Pero Jesús dijo de Juan que ninguno nacido de mujer era mayor que él. Y El les preguntó de una manera muy directa: “O ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que llevan vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están”. En otras palabras el Señor les estaba mostrando que ellos no debían buscar que profetas de la estatura de Juan surgieran de un medioambiente donde habían sido mimados y resguardados de las presiones de la vida. Humildad y firmeza de carácter se desarrollan mejor entre la dura vida que resulta de los sufrimientos y la pobreza. Pero ahora debemos permitirle al Hermano Branham contar algo acerca de su hogar, sus días como niño, y la lucha de su padre contra la pobreza.             

* * * * *              

Yo era algo así como un muchacho de papá—Cuando yo veía esos grandes músculos a medida que él se enrollaba la manga, yo decía: “¡Oh qué cosa! Papá vivirá hasta los cien años”. Mi padre tenía músculos grandes, por haber rodado troncos en el bosque. A mí me parecía que él jamás pudiera morir. Pero él apenas tenía cincuenta y dos años, sin canas y de cabello crespo cuando su preciosa cabeza estuvo sobre mis hombros y Dios se lo llevó a casa.          

Yo he visto a papá venir del trabajo del bosque, tan quemado por el sol que mamá tomaba tijeras y le cortaba la camisa de la espalda. El trabajaba duro por setenta y cinco centavos al día para darnos a nosotros el sustento. Yo amaba a mi padre, a pesar de que él bebía. Muchas veces él me dio mi reprensión, pero nunca recibí una a no ser que ya necesitaba de otra. El guardaba los Diez Mandamientos en la pared con una rama de nogal encima. Cuando me portaba mal, recibía mi educación allá donde se guardaba la leña. Sin embargo, yo amé a mi padre. Años más tarde él le entregó su corazón a Cristo y fue salvo apenas unas horas antes de él morir en mis brazos.     

POBREZA EN EL HOGAR

Yo recuerdo como papá tenía que trabajar para pagar las cuentas. No hay desgracia en ser pobre, pero a veces es difícil. Recuerdo que yo no tenía la ropa adecuada para la escuela. Yo asistí todo un año sin siquiera una camisa que ponerme. Había una mujer rica que me regaló un abrigo con el emblema de marinero en un brazo. Yo me abotonaba hasta el cuello y hacía tanto calor. La maestra decía: “William”. Yo respondía, “Sí señora”. “Pues, ¿por qué no te quitas ese abrigo”? Pero no podía; yo no tenía camisa. Así que yo le mentí y dije: “Tengo frío”. Ella me dijo: “Muy bien, siéntate allá junto al fuego”. Y yo me sentaba allí mientras que el sudor me rodaba. Ella entonces dijo: “¿Aún no te has calentado”? Yo tenía que decir: “No señora”.     

Pues, era muy difícil. Los dedos de mis pies salían de mis zapatos como las cabezas de las tortugas. Entonces un poco más adelante conseguí una camisa.        

Les contaré la clase de camisa que era. Era un vestido de niña que le pertenecía originalmente a mi prima, y tenía bastante bordado. Yo le corté la falda, y después me la puse, me hubieran visto el paso con el que caminé a la escuela. Entonces los niños comenzaron a burlarse de mí, y dije: “¿Por qué se burlan de mí”? Ellos dijeron: “Tienes puesto un vestido de niña”. De nuevo yo tuve que decir otra mentira. Yo dije: “No es así; este es mi traje de indio”. Pero ellos no me creyeron, y me fui llorando.

Había un muchacho que vivía cerca de nosotros, el cual vendía esas pequeñas revistas el EXPLORADOR. Por hacer esto, a él le dieron como premio el uniforme de un Boy Scout. Vaya, cuánto me gustaba ese uniforme. Entonces era en tiempo de guerra y en aquellos días todos los que eran suficientemente grandes andaban en uniforme. Yo siempre quise ser un soldado. En ese tiempo yo era demasiado pequeño. Aun en esta última guerra no tuve la suficiente estatura para ir. Yo tengo cuatro hermanos que sí fueron. Pero, como sea, Dios me ha dado un uniforme —la armadura de Dios  para así poder salir a pelear contra la enfermedad y las aflicciones que tienen a la gente atada.

Pero cuánto admiraba ese uniforme de Scout, con su sombrero y las polainas. Yo dije: “Lloyd, cuándo desgastes ese uniforme ¿me lo regalas”? El dijo: “Seguro, te lo regalaré, Billy”. Pero vaya, ese uniforme duró más que cualquier otra cosa que jamás había visto. Me parecía como que él nunca desgastaría esa cosa. Entonces ya no lo vi por un tiempo y fui a él y le dije: “Lloyd, ¿qué hiciste con el uniforme de Boy Scout”? El dijo: “Billy, buscaré por la casa para ver si puedo encontrarlo”. Pero al buscarlo halló que su madre lo había cortado para remiendos en la ropa de su padre. El vino y me dijo: “No pude encontrar sino una polaina”. Yo dije: “Tráeme eso”. Así que me la llevé a casa y me la puse. Tenía una cuerda para apretarla, y me la apreté, y pensé que era un verdadero soldado. Yo quería llevarla a la escuela y no sabía exactamente cómo hacerlo. Entonces pretendí que se me había lastimado una pierna y así me puse esa polaina como si me estuviera protegiendo la pierna lastimada. Pero ya en la escuela la maestra me envió a la pizarra. Procuré esconder la pierna que no tenía polaina, y los niños todos comenzaron a reírse de mí. Yo empecé a llorar y la maestra me envió a casa.              

Recuerdo cuando salíamos en la antigua carreta jalada a caballo, como dos veces por mes, a pagar la cuenta de los abarrotes. El bodeguero nos regalaba algunos palitos de golosina. Nosotros, todos sentados allí sobre cobijas, no quitábamos la mirada de esas golosinas cuando papá las traía, y cada ojito azul vigilaba cuidadosamente para asegurarse que la golosina fuera repartida exactamente igual, que cada uno recibiera la cantidad correcta. Yo podría salir esta misma tarde y comprarme toda una caja entera de chocolates, pero nunca sabría igual a como sabían esas golosinas. Esos eran verdaderos confites. A veces lamía un pedazo, luego lo envolvía en papel y lo guardaba en el bolsillo. Me esperaba como para el lunes y entonces le daba otra lamida por un rato. Mis hermanos para entonces ya se habían comido sus golosinas, y también querían lamer de mi golosina. A veces yo hacía negocio con ellos y los dejaba lamer un par de veces, si prometían ayudarme con las labores.  

William Branham Un Hombre Enviado De Dios  

Capítulo 4   La Conversión de William Branham 

William Branham, el muchacho, aunque había recibido estas notables manifestaciones de la providencia Divina en su vida, sin embargo, aún no había sido convertido. Por un tiempo él aún resistía ese llamado. A la edad de catorce años él fue seriamente herido mientras cazaba y tuvo que pasar siete meses en el hospital. Dios lidió con él pero aún él no prestaba atención. No obstante, la urgencia de este llamado comenzó a serle más y más evidente. Siendo que sus padres no eran Cristianos él no recibió nada de ánimo ahí, y a medida que crecía, el enemigo intentaba que él callara esa pequeña suave voz apacible que siempre le hablaba a su corazón.   

PARTE PARA EL OESTE   

Cuando el joven llegó a la edad de los 19 años, él decidió que iría al oeste para trabajar en un rancho. Una mañana en septiembre del año 1927, él le dijo a su madre que iba para unos días de campo a Tunnel Mill, un lugar aproximadamente a catorce millas al norte de Jeffersonville. El le dijo esto porque sabía que si su madre se enteraba de sus planes de ir al oeste, ella le rogaría que no hiciera el viaje. Pero cuando su madre oyó nuevamente de él, en vez de estar en Tunnel Mill, él estaba allá lejos en Phoenix, Arizona. En realidad, en el fondo en su corazón él sabía que huía de Dios. El disfrutó de la vida en el rancho por un tiempo y de la novedad del oeste, pero como todos los demás placeres del mundo, pronto dejó de ser novedoso.         

De sus experiencias en el oeste y del llamado de Dios que continuamente estaba sobre su corazón, él dice:         

“Muchas veces he oído el viento soplar por los enormes pinos. Parecía como si yo pudiera oír Su voz llamando allá en el bosque, diciendo: ‘Adán, ¿dónde estás’? Las estrellas parecían estar tan cerca que uno las podía agarrar con las manos. Dios parecía estar muy cerca”.

“Algo que recuerdo muy bien acerca de esa región son los caminos en el desierto. Si uno se sale del camino se perderá fácilmente. A veces los turistas ven pequeñas flores en el desierto y se salen del camino para recogerlas. Ellos se extravían en el desierto y se pierden, y muchas veces mueren de sed. Asimismo es en el caminar Cristiano—Dios tiene un camino. El habla de eso en Isaías, el capítulo 35; es llamado “Camino de Santidad”. Muchas veces pequeños placeres del mundo lo atraen a uno fuera del camino; entonces habrá perdido su experiencia con Dios. En el desierto, cuando uno está perdido, a veces le aparece allí un espejismo. Para aquellos muriendo de sed, el espejismo será un río o un lago. La gente corre tras eso y cae allí, sólo para encontrar que se está bañando en arena caliente. A veces el diablo les muestra algo que él dice ser un buen tiempo. Eso solamente es un espejismo; es algo que no es real. Si Ud. le presta atención se encontrará cosechando tristezas en su cabeza. No oiga eso estimado amigo. Créale a Jesús, el cual le da del agua de vida a los que tienen hambre y sed”.

UNA NOTICA TRISTE      

Un día el joven recibió una carta desde su casa informándole que uno de sus hermanos estaba muy enfermo. Era Edward, el que le seguía a él en edad. El no creyó que la enfermedad era seria y pensó que todo saldría bien. Sin embargo, cierta tarde, unos días después, él regresaba al rancho viniendo de la ciudad, y cuando pasaba por el comedor, le fue entregado un mensaje que leía: “Bill, ven al prado del norte. Sumamente importante”. Inmediatamente él se dirigió al prado y la primera persona con que se encontró fue un llanero solitario anciano que llamaban “Pop”. El tenía una expresión muy triste en su rostro y dijo: “Billy, muchacho, te tengo noticias tristes”. En ese instante el capataz se acercó. Ellos le informaron que su hermano, Edward, había muerto.          

Uds. pueden imaginarse el impacto que esto tuvo sobre el muchacho a medida que él se daba cuenta que jamás volvería a ver a su hermano con vida en este mundo. Los eventos comenzaron a transcurrir rápidamente de allí en adelante. Cada vez que él resistía a Dios, tragedia o tristeza de alguna forma llegaba a él. Cuando él se rendía y le obedecía a Dios, el Señor lo bendecía y lo prosperaba. Sin duda, esa misma lección tiene que ser aprendida por toda persona. Es preferible que todos pudiéramos aprender por el sufrimiento de otros, en vez que por nuestras propias experiencias amargas.  

De nuevo regresamos al Hermano Branham para que nos relate el efecto de estas noticias en él, de su triste viaje a casa, y de los eventos que siguieron, que finalmente resultaron en su conversión a Cristo:           

* * * * *              

Cuando me enteré de la noticia de la muerte de mi hermano, por un momento quedé inmóvil. Esa era la primera muerte en nuestra familia. Pero quiero mencionar que lo primero en que pensé fue, si él estuvo preparado para morir. Dándome la vuelta y mirando sobre la pradera dorada, lagrimas corrían por mis mejillas. Yo recordé cómo habíamos sufrido juntos cuando éramos niños y lo difícil que había sido para nosotros. Asistimos a la escuela con escasamente lo suficiente para almorzar. Los dedos de los pies saliendo de los zapatos, y nos tocaba usar abrigos viejos, cerrados hasta el cuello por no tener camisas. Cuánto recuerdo también que un día mamá nos tenía palomitas de maíz en una pequeña cubeta para el almuerzo. Nosotros no comíamos con los demás niños. No podíamos comprar comida como la de ellos. Nosotros siempre nos íbamos al otro lado de la colina para comer. Recuerdo que el día que llevábamos palomitas de maíz pensábamos que era un verdadero deleite. Así que para asegurar obtener mi justa porción, salí antes del medio día y tomé un buen puñado antes que mi hermano tomara su porción.

Parado allí, mirando sobre esa pradera dorada por el sol, recordé todas esas cosas y me pregunté si Dios se lo habría llevado a un mejor lugar. Entonces de nuevo Dios me llamó, pero como de costumbre yo intenté resistirlo.          

Hice los preparativos para regresar a casa para el funeral. Cuando el Reverendo McKinney, de la iglesia de Port Fulton, un hombre que es como un padre para mí, predicó en su funeral, él mencionó que quizás “Habrá algunos que no conocen a Dios; de ser así, acéptenle ahora”. Oh, cuánto me aferré a mi asiento; Dios lidiaba conmigo nuevamente. Estimado lector, cuando El llame, respóndale.   

Nunca olvidaré como mi pobre papá y mamá lloraron después del funeral. Yo quería regresar al oeste pero mamá me rogó tanto que me quedara que finalmente acordé, si lograba encontrar empleo. Rápidamente encontré un empleo con la Compañía de Servicios Públicos de Indiana.          

ENFERMEDAD  

Como dos años después, mientras probaba medidores en el taller de medidores en la Compañía Gas Works en New Albany, me asfixié con el gas, y por semanas sufrí con eso. Fui a todos los médicos que conocía. Yo no lograba encontrar alivio. Sufrí de acidez estomacal causado por los efectos del gas. Eso empeoró más con el tiempo. Fui llevado a especialistas en Louisville, Kentucky. Finalmente ellos dijeron que era mi apéndice y dijeron que necesitaría de una operación. Yo no lo creía puesto que nunca había tenido un dolor en el costado. Los médicos dijeron que no podían hacer más por mí hasta no tener la operación. Por fin acepté tenerla, pero insistí que usaran anestesia local para yo poder observar la operación.     

Quería que alguien estuviera a mi lado que conociera a Dios. Yo creía en la oración pero no podía orar. Así que el ministro de la Primera Iglesia Bautista me acompañó en la sala de operación. Cuando me llevaron de la mesa a mi cama sentí que me debilitaba más y más con cada momento. Mi corazón escasamente latía. Yo sentí la muerte encima. La respiración se me acortaba con cada momento. Yo sabía que había llegado al fin de mi camino. Oh, amigo, espere que Ud. llegue allí, entonces recordará muchas cosas que ha hecho. Sabía que nunca había fumado, bebido, ni había tenido hábitos impuros, pero yo sabía que no estaba preparado para encontrarme con mi Dios.

Si Ud. tan sólo es un miembro de iglesia, frío y formal, Ud. sabrá cuando llegue al final, que no está preparado. Así que si eso es todo lo que Ud. sabe en cuanto a Dios, yo le imploro aquí mismo que se ponga de rodillas y le pida a Jesús que le dé la experiencia de nacer de nuevo, así como El le dijo a Nicodemo en Juan, el capítulo 3, y, oh, las campanas de gozo sonarán —Alabado sea Su nombre.             

DIOS HABLA EN LA HABITACIÓN DEL HOSPITAL        

Se tornó oscuro en la habitación del hospital, como si fuera un gran bosque. Yo podía escuchar el viento soplar por entre las hojas, sin embargo, parecía allá lejos en el bosque. Probablemente Uds. han escuchado el sonido de las hojas causado por el viento, acercándoseles más y más. Yo pensé: “Pues, esa es la muerte que viene a llevarme”. ¡Oh! Mi alma estaba a punto de encontrarse con Dios; intenté orar mas no pude.             

El viento se acercó, haciendo más y más ruido. Las hojas se agitaron y de repente desaparecí. Me pareció entonces que otra vez yo era un niño descalzo, parado allí en ese camino debajo del mismo árbol. Oí esa misma voz que dijo: “Nunca bebas ni fumes”. Y las hojas que escuché eran las mismas que fueron agitadas en ese árbol aquel día. Pero esta vez la voz dijo: “Yo te llamé y no quisiste ir”. Las palabras fueron repetidas por tercera vez. Yo entonces dije: “Señor, si eres Tú, permíteme otra vez regresar a la Tierra y predicaré Tu Evangelio desde los techos de las casas y las esquinas. ¡Se lo contaré a todos”!           

Cuando esta visión hubo pasado, encontré que me sentía mejor. El cirujano aún estaba en el edificio. El vino y me revisó y se sorprendió. El me miró como si pensara que me encontraría muerto; él entonces dijo: “Yo no soy un hombre que asiste a la iglesia, por ser tantos mis pacientes, pero sé que Dios ha visitado a este muchacho”. Por qué haya dicho eso, no lo sé. Nadie había mencionado nada al respecto. Si yo hubiera sabido entonces lo que ahora sé, me hubiera levantado de esa cama proclamando alabanzas a Su Nombre. Después de unos días, se me permitió regresar a casa, pero aún estaba enfermo y fui obligado a usar anteojos por causa del astigmatismo. La cabeza se me estremecía cuando miraba algo por un momento.  

CONVERSIÓN Y LLAMAMIENTO

Comencé a buscar y hallar a Dios. Pasé de iglesia en iglesia procurando hallar algún lugar donde hubiera un llamamiento al altar a lo antiguo. Lo triste es que no lo pude hallar.         

Una noche tuve tanta hambre de Dios y de una experiencia real, que me dirigí a una pequeña bodega que teníamos atrás de la casa e intenté orar. Yo no sabía cómo orar en ese entonces por lo cual comencé a hablarle a El como lo haría con cualquier otro. De repente entró una luz en la bodega y formó una cruz, y la voz desde la cruz me habló en un idioma que yo no entendía. Entonces desapareció. Yo quedé fascinado. Cuando volví en sí, oré: “Señor, si ese eras Tú, por favor ven y háblame otra vez”. Yo venía leyendo mi Biblia desde que volví a casa del hospital y había leído en Primera de Juan 4: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios”.

Yo sabía que algo me había aparecido, y mientras oraba eso apareció de nuevo. Entonces noté como si mil libras habían sido levantadas de mi alma. Yo salté y corrí a la casa y me pareció que corría sobre el aire. Mamá preguntó: “Bill, ¿qué te ha sucedido”? Yo respondí: “Yo no sé pero verdaderamente me siento bien y liviano”. No pude permanecer más en la casa, tuve que salir a correr.         

Yo sabía que si Dios deseaba que yo predicara El me sanaría, así que fui a una iglesia que creía en ungir con aceite, y fui sanado instantáneamente. Pude ver entonces que los discípulos tenían algo que la mayoría de los ministros no poseen hoy. Los discípulos fueron bautizados con el Espíritu Santo y por eso podían sanar enfermos y hacer milagros poderosos en Su Nombre. Así fue que empecé a orar por el bautismo del Espíritu Santo. Un día como seis meses después, Dios me concedió el deseo de mi corazón. El me habló en una gran luz, diciéndome que predicara y orara por los enfermos y El los sanaría sin importar la enfermedad que padecieran. Yo entonces comencé a predicar y hacer lo que El me decía que hiciera.       

De vez en cuando la gente me ha preguntado si yo he recibido el Bautismo del Espíritu Santo. Esta siempre me ha parecido una pregunta algo extraña. Pues es imposible que cualquier don del Espíritu Santo funcione libremente, a no ser que el individuo que posee el don haya también recibido al Dador.  

William Branham Un Hombre Enviado De Dios  

Capítulo 5   Un Matrimonio Feliz y Una Decisión Fatal    

Tras su conversión y llamamiento al ministerio, comenzó un periodo feliz en su vida cuando la bendición de Dios posaba sobre el joven, y todo parecía marchar en orden. El dio inicio a una reunión de carpa en su propia ciudad de Jeffersonville, y para un predicador joven de veinticuatro años de edad, apenas entrando en el ministerio, la campaña fue de un éxito asombroso. Fue calculado que hasta tres mil asistieron a un solo servicio, y grandes números se convirtieron. En el servicio bautismal que siguió el avivamiento, unas 130 personas fueron bautizadas en agua. Fue en esta ocasión que una luz celestial apareció sobre él cuando estaba para bautizar la persona diecisiete. Esto fue presenciado por la gran congregación que estuvo observando, en la ribera del río Ohio.

Ese otoño la gente de Jeffersonville que había asistido a sus reuniones le construyó un tabernáculo, el cual hasta el día de hoy tiene el nombre de “Tabernáculo Branham”. Los próximos años fueron un tiempo muy fructífero en el cual la bendición de Dios posó sobre él, y él recibió varias visiones de cosas que no comprendió plenamente hasta años más tarde, cuando una revelación más amplia de la voluntad de Dios para su vida le fue dada a conocer.        

CASAMIENTO  

Fue durante estos años que él conoció una excelente muchacha Cristiana, cuyo nombre era Hope Brumback. Tras algunos meses de noviazgo, la muchacha aceptó la propuesta de William Branham y se celebró el matrimonio. Dejaremos que él narre en su estilo simple, siempre dramático que él ha usado desde el púlpito, la historia de su timidez, la propuesta por carta, su casamiento, y los eventos que siguieron:        

* * * * *              

Yo era apenas un muchacho del campo y muy tímido. Considerando lo tímido que era, probablemente Uds. se preguntarán cómo fue que me casé.      

Yo conocí una buena muchacha Cristiana. Consideré que era maravillosa. La norma mía para una mujer requería de una que no bebía ni fumaba cigarrillos. Era difícil encontrar tal muchacha en ese entonces y ahora es peor que nunca. Yo amaba esta muchacha y quería casarme con ella, pero no tenía suficiente valor para proponérselo. Ella era una muchacha demasiado buena para perder su tiempo conmigo   ella encontraría alguien más; supe entonces que tenía que proponerle pronto. Yo apenas ganaba veinte centavos por hora y su padre ganaba cientos de dólares al mes. Cada noche cuando la veía, yo me decía: “Voy a proponerle esta noche”. Pero entonces se me hacía un gran nudo en la garganta y sencillamente no lo podía hacer. Yo no sabía qué hacer. ¿Saben lo que finalmente hice? Le escribí una carta para hacerle la pregunta.            

Pues, aquella carta tenía un poquito más de romance que “Estimada señorita”. Yo hice lo mejor que pude para escribir una buena carta, aunque estoy seguro que no fue muy buena. Así que por la mañana me preparé para dejar la carta en el buzón. Entonces se me ocurrió el pensamiento de lo que sucedería si su madre llegara a interceptarla. Sin embargo, temía entregársela personalmente. Por fin tuve el valor suficiente para ponerla en el buzón el lunes en la mañana. El miércoles en la noche me encontraría con ella y la llevaría a la iglesia. La semana entera hasta el miércoles estuve muy nervioso. El miércoles en la noche fui a verla. Mientras iba, pensé en lo que sucedería si su madre salía y decía: “¡William Branham”! Yo sabía que me podía llevar bien con la muchacha, pero no estaba tan seguro de la madre.            

Por fin llegué a la puerta y pregunté por Hope [Esperanza], el nombre de la muchacha. Ella vino a la puerta y dijo: “¿Deseas entrar”? Yo le dije: “Si no te incomoda esperaré en el porche”. Yo me cercioré que no me hicieran pasar. Ella dijo: “Muy bien, estaré lista en unos minutos”. 

Yo tenía un viejo Ford, modelo “T”, pero ella dijo: “No es muy lejos la iglesia, vamos caminando”. Esto me alarmó y estaba seguro que algo había ocurrido. Fuimos a la iglesia pero ella no mencionó nada. Yo me encontraba tan nervioso esa noche que no escuché nada de lo que dijo el predicador. Uds. saben como una mujer puede mantenerlo a uno en suspenso.          

Después de salir de la iglesia, caminamos por la calle   era una noche alumbrada por la luna. Ella aún no mencionaba nada. Al fin llegué a la conclusión que ella no había recibido la carta. Esto me hizo sentir mejor. Pensé que de pronto la carta había sido extraviada por el cartero, y pronto me sentía tranquilo. Entonces ella volteó hacia mí, y dijo: “Billy, recibí tu carta”. Pensé dentro de mí, “¡Oh! ¿Ahora qué voy hacer”? Finalmente le dije: “¿L-l-la leíste”? Ella dijo: “Aja”. Me puse más nervioso que antes. Estábamos llegando cerca de la casa. Dije: “¿La leíste toda”? Ella dijo: “Aja”. Ahora habíamos llegado a los escalones. Me pregunté si ella me llevaría hasta donde estaba su madre. Rápidamente le dije: “¿Qué pensaste al respecto”? Ella respondió: “Todo bien”.          

Pues, no se la pedí a su madre, pero sabía que tendría que pedirla a uno de sus padres. Pensé entonces en pedirla a su papá, siendo que nos llevábamos bastante bien. Una noche me le acerqué mientras él estaba sentado en su auto Buick. Uds. recuerdan que yo tenía un Ford, modelo “T”. Así que le dije: “Vaya, qué buen auto tienes”. El respondió: “Sí, también tienes un buen Ford”. Entonces dije: “Pues—pues—pues…” El me miró y dijo: “Sí Bill, es tuya”. Pues, qué alivio fue eso. Pero dije: “Pero sabes que no le puedo ofrecer una vida como la que le brindas tú. Sabes que sólo me gano veinte centavos la hora cavando huecos. Pero haré todo a mi alcance por ella; le seré fiel y la amaré con todo mi corazón”. Y él puso su mano sobre mi cabeza y dijo: “Billy, prefiero que la tengas tú entre todos los que conozco, porque sé que serás bueno con ella, y la amarás”.           

Nos casamos y no creo que existiera un lugar en la tierra más alegre que nuestro pequeño hogar; era maravilloso. No teníamos muchos muebles en la casa—una cama plegable, un viejo tapete y un juego de mesa para desayunar, y una estufa vieja que compré de un negociante de chatarra y le puse las parrillas nuevas. Pero amigos, era un hogar, y yo prefiero vivir en una casucha pero con el favor de Dios, que vivir en la mejor casa que exista.     

Todo marchó de maravilla. Mi esposa guardaba sus centavos para conseguirse un vestido de tela guinga. Yo me sentía tan bien cuando podía hacer algo por ella. Después de dos años un bebé llegó a nuestro hogar   el pequeño Billy Paul. Cuando por primera vez lo oí llorar en el hospital, me pareció saber que era un varoncito, y yo se lo entregué a Dios antes de siquiera verlo.

ASISTE A CONVENCIÓN DEL EVANGELIO COMPLETO      

Un poco después, yo había ahorrado suficiente dinero para comprar un equipo de pesca y me fui para el lago Pawpaw en Michigan por unos días. El dinero no me alcanzó para quedarme mucho tiempo, y tuve que regresar. En mi viaje de regreso, mientras cruzaba el río Mishawaka, vi un gran número de personas congregándose para una reunión. Me pregunté qué clase de personas eran y decidí entrar a la reunión. Fue allí que conocí lo que es Pentecostés.        

Me enteré que la gente se había reunido para una convención. Ellos eran muy demostrativos, y todo esto era algo nuevo para mí. Pero empezaron a cantar: “La sangre fue yo sé, la sangre fue yo sé”. Todos comenzaron a batir las manos y yo me hice la pregunta: “¿Qué clase de gente es esta”? De momento un obispo subió allá y comenzó a predicar acerca del bautismo del Espíritu Santo. Entre más predicaba más me convencía que quizás había algo en esto. Decidí que me quedaría hasta el día siguiente. No tenía dinero para una habitación de hotel, así que salí al campo y estacioné mi auto en una siembra de maíz esa noche y allí dormí. La mañana siguiente me levanté temprano y regresé a la iglesia. Yo había comprado unos panecillos y leche, para que así el dinero me durara. Cuando regresé a la iglesia, un gran número de personas ya se habían reunido para culto matutino.

Esa noche había un gran número de predicadores sentados en la plataforma. El líder dijo: “No disponemos del tiempo suficiente para escucharlos a todos predicar, así que le vamos a pedir a cada uno que se ponga de pie y nos dé su nombre”. Así que cuando llegaron a mí, me puse de pie y dije: “Evangelista William Branham”, y me senté.          

Al día siguiente por la tarde, ellos tuvieron a un anciano de color que subió y predicó. El estaba bastante decrépito y yo me sorprendí un poco que hubieran escogido tal individuo para predicar ante esa gran congregación. El predicó del texto: “¿Dónde estaban cuando Yo fundé la tierra, cuando alababan todas las estrellas de la mañana”? Pues, ese anciano comenzó allá como diez millones de años antes que el mundo fuere formado. El habló de casi todo en el cielo, descendió por el arco iris horizontal y predicó acerca de todo en la Tierra hasta la Segunda Venida de Cristo. Para cuando ya había terminado él tenía tanta agilidad como un hombre joven. Por cierto, a medida que bajaba de la plataforma, dijo: “No tienen suficiente espació aquí para yo predicar”. Yo entendí que Dios había hecho algo por ese hombre que El no había hecho por mí. Cuando él comenzó a predicar sentí lástima por él, pero cuando terminó sentí lástima por mí mismo. Esta gente tenía algo que yo no tenía, y yo lo deseaba.    

Esa noche salí otra vez al campo de maíz y dormí. En la mañana, suponiendo que nadie me conocía, decidí que me pondría el viejo par de pantalones rayados. Mi otro par se había arrugado al usarlos como almohada. Este era el último día que me podía quedar siendo que solamente me quedaba suficiente dinero para comprar gasolina para llegar a casa. Regresé a la iglesia y cuando llegué la gente estaba cantando y gritando. Yo deseaba el bautismo del Espíritu Santo si Dios me lo concediera. 

SE LE PIDIÓ PREDICAR EN LA CONVENCIÓN        

El ministro encargado se levantó y dijo: “Acabamos de tener el servicio de testimonio dirigido por el predicador más joven. El ministro más joven que le sigue es William Branham de Jeffersonville”. El dijo: “Suba acá Reverendo Branham, si se encuentra en el edificio”. Pueden tener la certeza que esto me aterrorizó. Yo miré hacia abajo y vi mis pantalones rayados. Así que permanecí bien quieto. De hecho, yo nunca antes había visto un sistema de sonido electrónico, y realmente yo no quería pararme allá arriba y predicar delante de todos esos predicadores tan poderosos. De nuevo llamaron: “¿Conoce alguien el paradero del Reverendo Branham”? Yo simplemente me hundí más que antes en mi asiento. El llamado fue repetido nuevamente. El hombre de color sentado a mi lado se volvió hacia mí y dijo: “¿Conoce Ud. quién es”? Yo no podía mentir así que le dije: “Sí señor, yo lo conozco”. El dijo: “Vaya y tráigalo”. Yo dije: “Escuche, yo soy el Hermano Branham, pero tengo puestos estos pantalones rayados y yo no puedo subir a esa plataforma”. Pero el hombre de color dijo: “A esta gente poco le importa cómo esté Ud. vestido, lo que le interesa es lo que está en su corazón”. “Pues”, dije yo, “por favor no diga nada al respecto”. Pero él hombre de color no esperó más. El gritó en alto: “¡Aquí está! ¡Aquí está”! Mi corazón se desplomó; yo no sabía qué hacer. Pero la noche anterior estando en el campo de maíz yo había orado: “Señor, si estas son las personas que siempre he anhelado encontrar, que parecen ser tan felices y libres, dame Tú el favor ante ellos”. Bien, el Señor me dio favor para con ellos, pero no me gustó tener que pararme delante de esa multitud con esos pantalones rayados. Pero todos me estaban mirando y yo tenía que hacer algo. Así que subí allá a la plataforma. Mi rostro estaba rojo, y dándome la vuelta vi esos micrófonos, y dentro de mí pensé: “¿Qué serán esas cosas”? Oré: “Señor, si alguna vez has ayudado a alguien, ayúdame a mí ahora”.            

Abrí mi Biblia y mis ojos cayeron en el versículo: “El hombre rico abrió los ojos, estando en el infierno”, y prediqué del texto, “Entonces él lloró”. “Allí no había Cristianos, y entonces él lloró. Allí no había iglesia, y él lloró. Allí no había flores, y él lloró. Allí no había Dios, y él lloró”. Yo había sido un predicador algo formal, pero a medida que yo predicaba algo se apoderó de mí y el poder de Dios descendió sobre la congregación.         

HERMANOS LE PIDEN TENER AVIVAMIENTOS    

Después de terminar el servicio   el cual continuó como por dos horas   salí. Un predicador se me acercó. El era un individuo alto, con botas, y él se me acercó y se presentó. El dijo: “Soy de Texas y tengo una buena iglesia allá. ¿Qué tal si Ud. viene y nos predica por dos semanas”? Otro predicador de la Florida se me acercó y dijo: “¿Qué tal si vienes y predicas con nosotros”? Tomé un pedazo de papel y anoté sus nombres y direcciones, y en cuestión de minutos tenía suficientes avivamientos programados para durarme el resto del año. Pues, yo estaba muy feliz. Me subí en mi pequeño Ford, modelo “T” y viajé por todo Indiana. Cuando llegué a casa, mi esposa salió corriendo y me abrazó. Mirándome ella preguntó: “¿Por qué estás tan feliz”? Yo le dije: “He conocido el grupo de personas más feliz de toda mi vida. Ellos son verdaderamente felices, y ellos no se avergüenzan de su religión. De hecho, algo ha sucedido en mí desde ese encuentro. Esta gente me puso a predicar allá en su convención, y es más, he recibido varias invitaciones para predicar en sus iglesias”. Ahora, le dije yo: “¿Irás conmigo”? Ella respondió: “Cariño, yo he prometido ir contigo a donde sea, hasta que la muerte nos separe”. Dios bendiga su corazón tan leal.   

Así que decidí ir a contarle a mi mamá. Cuando llegué allí le dije: “Mamá tengo algo que contarte”. Entonces le conté de las invitaciones. Ella preguntó: “¿Qué vas a hacer respecto a dinero”? Nosotros solamente teníamos diecisiete dólares entre los dos, pero sentimos que el Señor supliría. Ella me abrazó y me bendijo, y aún continúa orando por mí. Ella dijo: “Hijo, nosotros antes teníamos esa clase de religión en nuestra iglesia años atrás, y yo sé que es real”. 

UNA DECISIÓN FATAL    

Y amigos, lo que ahora digo, que sea para la educación de todos Uds. Permitan que mis errores resulten en bendiciones para Uds. Amigos y parientes me aconsejaron en contra de aceptar lo que yo sabía era el llamado de Dios para mí. Algunos dijeron que la gente que había conocido en la convención era gente calificada como basura. Más adelante me enteré, y digo con toda reverencia, que los que eran llamados “basura” eran “lo mejor de la cosecha”. Me fue dicho que mi esposa tendría de comer un día y otro día no tendría nada. Otros me dijeron que era deber mío permanecer allí en Jeffersonville y cuidar de la obra. Yo les presté atención y por fin decidí en no ir. Poco sabía yo, o mis amigos en ese momento, que dentro de ocho meses el río Ohio se desbordaría y que mi familia estaría en medio de la tragedia de esa horrible inundación.      

Fue durante este tiempo que la unción de Dios que había venido sobre mí, me había dejado. Y eso nunca realmente volvió sino hasta cinco años más tarde. Mi iglesia, hasta ese momento venía creciendo prósperamente, pero ahora comenzó a decaer. Todo salió mal. Con mi iglesia decayendo, yo no sabía qué hacer. Entonces comenzó el período oscuro en mi vida, cuando ocurrió la inundación del río Ohio que se llevó tantas vidas, y fue responsable por la muerte de dos de los que yo más quería en todo el mundo.       

William Branham Un Hombre Enviado De Dios  

Capítulo 6   La Gran Inundación del Río Ohio de 1937    

El invierno de 1937 fue especialmente severo por toda la nación. Nieve fuera de lo normal cayó en el noroeste y cubrió el país por muchos días. Pero fue en el este que verdaderamente golpeo la tragedia. Duras e incesables lluvias cayeron por varias semanas, alimentando las muchas tributarias que fluyen al gran río Ohio, el cual es el desagüe de un área grande al oeste de las montañas Apalaches. Gradualmente el nivel del río sobrepasó el nivel de inundación. La extensa población viviendo a lo largo de las riberas del Ohio observaron esto con mucho temor o alarma, sin embargo no veían señal de disminución en el agua de la inundación que buscaba salida por el valle. Día en día las aguas crecían. Represas y diques fueron reforzadas, pero la gente sabía que si tan sólo rompía en un punto se daría paso para el agua esparcirse, inundando vastas áreas de terrenos agrícolas y aun las ciudades que habían sido edificadas en las riberas del río. 

En la ribera norte del Ohio, al frente de Louisville, Kentucky, se encuentra la ciudad de Jeffersonville, Indiana. De todos los que vivían en la ciudad, quizás para ninguno aparecía en un momento más inoportuno la maligna amenaza de inundación que para William Branham. Su esposa había contraído una grave infección pulmonar mientras estaba de compras del otro lado del río en Louisville. A raíz de esta circunstancia, toda su atención e interés fue centrado en su recuperación. Pero ahora les había llegado la noticia, como también a los demás habitantes, que la cresta de la inundación lentamente venía bajando por el río, y para todos era muy aparente que los debilitados diques no aguantarían mucho más. Parecía como que Jeffersonville estaba sentenciada; sin embargo, muchas de las personas se quedaron.         

Cuando llegó la noche, William Branham estaba de guardia, trabajando con el escuadrón de rescate a medida que patrullaban las enfurecidas aguas del creciente río. A la media noche sus peores temores se hicieron realidad. Los silbatos comenzaron a sonar, advirtiéndole a todos abandonar la ciudad. Sirenas en las estaciones de bomberos emitieron su sonido durante la noche. La familia Branham y miles más se vieron obligadas a huir por sus vidas. La esposa, estando gravemente enferma y en ninguna condición de enfrentar una tormenta, tuvo que ser movida a un hospital provisional establecido por el gobierno, el cual estaba ubicado en terreno más alto. Sacarlos a la intemperie resultó en que ambos de sus bebés se enfermaran gravemente con neumonía. El padre los llevó a ellos también al hospital, donde fueron acomodados en camas improvisadas, donde numerosas victimas esperaban atención del personal sobrecargado con trabajo. Era un lugar terriblemente inadecuado para un hospital, y para empeorar las cosas, las puertas continuamente se abrían y cerraban; la gente entrando y saliendo, llorando histéricamente, porque sus hogares habían sido llevados por la fuerte corriente.      

Pese a lo mucho que deseaba estar junto a sus seres queridos, el joven ministro fue consciente de la responsabilidad que tenía de regresar y ayudar en el escuadrón de rescate, el cual venía trabajando frenéticamente día y noche. En muchos puntos tragedias ocurrían a medida que las aguas corrían sin cesar por la ciudad y se esparcían a los campos. Le fue dicho que fuera a cierta calle en la cual el agua había movido las casas de sus cimientos. Maniobrando su lancha por las enfurecidas aguas de esta área, la atención del joven ministro fue distraída hacia una lamentosa escena. Una madre y sus niños parados en la terraza de su casa, en el segundo piso, estaban haciendo señas desesperadamente, y clamando que él les ayudara. En este momento dramático de la narración, permitiremos que el Hermano Branham describa en sus propias palabras las cosas que ocurrieron.          

* * * * *              

Escuché a alguien gritar, y fijándome bien, vi una madre con sus hijos parados en la terraza del segundo piso de una casa, a punto de ser llevada, azotada por las olas grandes. Yo había vivido cerca del río prácticamente toda mi vida, y pensé que de pronto podía ayudar a rescatar a la mujer, aunque significara arriesgar mi propia vida por ella y sus niños, así que me dirigí hacia la casa. Cuando por fin los tenía a todos en la lancha, la mujer por poco desmaya…Ella repetía continuamente algo acerca de su bebé y yo pensé que de pronto ella había dejado su bebé en la casa. Así que después de haberlos llevado a salvo a terreno más alto, yo intenté regresar. Pero ya era demasiado tarde; el agua venía demasiado rápido, y fui atrapado en la corriente. ¡Oh, nunca olvidaré cómo me sentí en ese momento! Tantas cosas pasaron por mi mente; de cómo había procurado vivir una buena vida Cristiana, de predicar la Palabra, de hacer lo mejor que sabía, pero parecía ser que ahora todo estaba contra mí.       

Cuando por fin logré el control de mi lancha y llevarla a la ribera, intenté ir hacia el hospital del gobierno (habían pasado cuatro horas desde que los había dejado), pero al llegar encontré que el agua había entrado allí por detrás y todas las personas tuvieron que ser evacuadas. Yo no sabía dónde estaba mi esposa y nadie podía informarme. Oh, la tristeza que sentí en esa hora. Continué indagando y por fin me fue dicho por un oficial que ellos habían sido despachados en un tren que se dirigía a Charlestown, una ciudad como a 12 millas más arriba de Jeffersonville, donde me dirigí rápidamente par ver si lograba llegar a ellos. Un pequeño arroyo por allí se había desbordado, creando aproximadamente cinco millas de agua torrentosa de allí a Charlestown, llevándose las casas de los granjeros, y yo sabía que el tren tendría que pasar por este territorio. Yo no tenía manera de saber si había pasado antes del agua irrumpir o si había sido tumbado de la vía…       

Por un largo tiempo no logré enterarme de nada, pero después escuché que el tren había logrado pasar. Tomé una lancha veloz e intenté cruzar contra las aguas, pero sencillamente eran demasiadas. El agua me atrapó y quedé estancado en un lugar llamado Fort Fulton con varios amigos, por aproximadamente dos semanas. Nuestros víveres eran pocos y yo todavía no sabía nada en cuanto a mi esposa y bebés.  

Tan pronto las aguas menguaron lo suficiente para lograr atravesar con mi camioneta, salí en busca de ella. Yo no sabía si mi esposa, bebés, madre y hermano estaban vivos o muertos. Allí continuamente Dios hablaba a mi corazón, y puedo imaginarme cómo será para los que no tienen esperanza en tal hora como esa. Al día siguiente crucé las aguas y comencé mi búsqueda en Charlestown. Allí nadie sabía nada en cuanto a si un tren había llegado, ni habían escuchado de nadie por el nombre de Branham. Decepcionado mientras caminaba por la calle, me encontré con un viejo amigo, el Sr. Hay. El me abrazó y dijo: “Billy, ¡en algún lugar los encontraremos”! Me dirigí a la oficina del despachador y pregunté a qué hora había cruzado por allí el tren, y a dónde se había dirigido; pero él tampoco me pudo ayudar. Habían pasado ya dos semanas, y más y más lugares continuaban siendo borrados, y él pensaba que habrían viajado más al norte de Indiana. Un maquinista parado allí cerca habló y dijo: “Oh, yo recuerdo ese caso. Una madre con dos bebés enfermos. Nosotros los bajamos en Columbus”. El dijo: “Joven, no hay posibilidad que Ud. llegue hasta allá, pues el agua tiene a los trenes sin posibilidad de pasar”. Así que allí recibí más noticias desalentadoras.           

Pero como sea yo iba a encontrarla. Comencé a caminar por la calle, llorando, con mi sombrero en las manos. ¡Oh, vaya! Esto me trae recuerdos al sólo pensarlo. De pronto un auto se detuvo junto a mí, la voz de un buen amigo exclamó: “¡Billy Branham! Sube. ¡Yo sé a quién andas buscando, a tu esposa y bebés”! Respondí: “Sí”. El dijo: “Ellos se encuentran en Columbus en el hospital. Tu esposa está casi para morir”. Le pregunté desesperadamente: “¿Habrá manera que podamos llegar allá”? El respondió: “Puedo llevarte allí; encontré un pasaje secreto por algunas vías, evitando el agua”. Nosotros llegamos a Columbus esa noche.     

EL MÉDICO NO BRINDA ESPERANZA      

Corrí a la Iglesia Bautista, la cual era usada como hospital, gritando su nombre, y la encontré. ¡Oh, vaya! ¡Ella estaba casi para partir! Pregunté por los bebés; los dos estaban muy mal, y los tenían en la casa de mi suegra. Yo me arrodillé al lado del catre donde Hope estaba tendida. Me miró con esos ojos oscuros, expresando el intenso sufrimiento, a medida que tomé su mano pálida y delgada en la mía y oré lo mejor que supe. Pero al parecer sin ningún efecto; como que no había respuesta. Ella empeoró. Un médico me preguntó: “¿No es Ud. amigo del Dr. Sam Adair”? “Sí”. “Debo decirle, reverendo; su esposa se está muriendo”. Yo imploré: “No puede ser”. “Sí”, respondió él seriamente, y se marchó.              

William Branham Un Hombre Enviado De Dios  

Capítulo 7    Desesperación—Luego un Sueño del Cielo 

Regresé a la casa y traté de limpiarla lo mejor que pude, del desastre de la inundación. El Dr. Adair dijo que podía traer mi esposa y bebés a casa, así que procuré hacer del lugar lo más cómodo posible para ellos. Luché duramente para salvarlos, envié a Louisville por un especialista…pero todo en vano; ya habían avanzado demasiado. Pero estoy seguro que mi esposa no sabía esto en ese momento. Ella fue valiente durante toda la prueba. La volvimos a ingresar al hospital para el tratamiento adecuado. Nada era de provecho. Tomamos una radiografía y encontramos la tuberculosis penetrando cada vez más en sus pulmones.       

LAMADO AL LECHO DE SU ESPOSA MORIBUNDA             

Un día me llamaron del trabajo…(me hallaba trabajando, procurando salir de las deudas. Tuve que asumir cientos de dólares en deuda.)…Me fue dicho: “¡Si quiere ver esposa viva, más vale que venga ahora mismo”! Subí al auto y llegué a la ciudad lo más rápido que pude. Corrí al segundo piso y por el pasillo, y la primera persona que vi fue mi amigo, el Dr. Adair. Nosotros habíamos sido como hermanos toda la vida. Yo supe al mirarlo que él tenía malas noticias. El dijo: “Temo que ya partió”. El se cubrió el rostro y se entró en la pequeña antesala. Yo luché para sostenerme; le imploré: “Ven, entra conmigo Doc.”. “No puedo” respondió él, “ella era igual como una hermana para mí. No puedo volver a entrar allí Bill”.  

Yo comencé a entrar solo, y él llamó a una enfermera para que entrara conmigo. Al verla, allí también sentí que ya había muerto. Le habían cubierto el rostro con una sabana. Ella tan sólo era el esqueleto de lo que antes era…tan delgada y pálida…¡Oh, qué cosa! La tomé en mis brazos y comencé a moverla. Clamé: “¡Cariño, respóndeme…Dios, por favor permite que ella me hable una vez más”. Ella ya estaba cruzando la línea…Pero de repente se devolvió para mirarme. Ella abrió esos grandes y hermosos ojos, color café. Comenzó a levantar sus brazos para recibirme, pero estaba demasiado débil; así que yo me incliné acercándome a ella. Yo sabía que ella deseaba decirme algo. Amigos, aquí está lo que ella me dijo (en parte). Eso quedará en mi memoria hasta el día en que me encuentre con ella.

HOPE DESCRIBE EL PARAISO      

Ella dijo: “Ya casi estaba en casa. ¿Por qué me llamaste”? Le dije que no sabía que había interrumpido algo. Ella comenzó a contarme del paraíso del cual yo la había llamado, como se veía, los árboles hermosos y las flores, pájaros cantando, sin ningún dolor en su cuerpo. Por un momento pensé que quizás no debí haberla llamado…(Pero, bendito sea…ella ya ha estado disfrutando de ese lugar hace mucho tiempo.) Ella revivió por unos momentos y me dijo que estaba siendo llevada por unos seres angelicales. Ella me escuchó a la distancia, llamando. Amigos, sí existe una tierra más allá del río, en algún lugar en el más allá. Quizás a millones de años luz, pero sí existe…y estamos rumbo a ese lugar.    

RECUERDA INCIDENTES MENORES EN LAS ULTIMAS HORAS              

Ella describió lo hermoso que era. Dijo: “Cariño, tú has predicado al respecto, has hablado de eso, pero no puedes imaginarte lo glorioso que es”. Ella deseaba volver. Ella pensó por un momento y entonces dijo: “Hay dos o tres cosas que quiero que sepas”. Yo le pregunté: “¿Cuáles son”?  

“¿Recuerdas, Bill”, comenzó ella, “una vez que fuiste a comprarme un par de medias”? Yo recordé la ocasión. Ella se estaba vistiendo para asistir a un servicio en Fort Wayne esa noche y necesitaba un par de medias. Ella me dijo que le comprara algo así como de “talla completa” o “hasta arriba” de “rayón” o “chiffons” o algo por esas líneas. Nunca parecí poder recordar nada acerca de ropa de mujer, así que me fui por la calle diciendo entre mí: “Chiffon, chiffon, chiffon”. Alguien dijo: “Hola Bill”…Yo dije: “Hola, chiffon, chiffon, chiffon”. Luego me encontré con alguien que me dijo lo buena que estaba la pesca, y olvidé la clase que tenía que comprar. Las tenía que comprar en Penny’s, pero conocía una muchacha que trabajaba en la tienda baratilla y yo sabía que ella me podría ayudar si le contaba la situación. Corrí para allá…(Su nombre era Thelma Ford; ella es ahora vecina mía.)…Le dije: “Thelma, quiero comprar unos calcetines para Hope”. Ella se rió: “Oh, Hope no usa calcetines, ella usa medias”. “Bien, entonces un par de medias”. Ella preguntó: “¿Qué clase desea ella”? “Pues, ¿qué clase tienes”?, esperando a que nombrara las que debía recordar. Ella dijo: “Rayón, chiffon, etc.”. Pues, desafortunadamente ella nombró las que no eran primero, pero me sonaron como el nombre correcto así que dije: “¡Esas son”!          

“¿Quieres decir que Hope quiere medias de rayón”?     

“Eso fue lo que ella dijo”, respondí yo, así que ella comenzó a envolverlas. Pero cuando fui a pagar encontré que sólo costaban 39 centavos, así que compré dos pares.            

Cuando llegué a casa y se las entregué, comencé a fastidiarla. (Uds. saben cómo les gusta a los hombres fastidiar a sus esposas en cuanto a poder conseguir lo más barato.) Le dije que había sido yo el que había encontrado la rebaja esta vez, y le entregué las medias. Ella no mencionó nada, pero sí pensé que se veía un poco decepcionada, y cuando llegó a Fort Wayne noté que había comprado otras. Ella fue lo suficiente dama para no decirme del error en ese momento, pero ahora ella estaba pensando en cositas pequeñas como esas en la hora de su muerte.          

AHORRA DINERO PARA COMPRAR RIFLE PARA SU ESPOSO          

Su vida lentamente se le iba, pero ella continuó. “¿Recuerdas ese rifle que querías comprar en Louisville, y no teníamos suficiente para comprarlo”? (Qué tan bien lo recordaba…Siempre he sido cazador y cuando vi ese rifle en particular, pensé cuánto me gustaría tenerlo.)        

“Sí”. Yo estaba procurando que no viera mis lágrimas.    

“He estado ahorrando monedas de cinco y diez centavos para comprártelo. Yo aquí estoy llegando al fin, pero cuando llegues a casa encontrarás el dinero debajo de un papel encima del armario”.    

Uds. nunca sabrán cómo me sentí cuando encontré esos seis o siete dólares que ella venía guardando todo ese tiempo para ese rifle. Lo compré y aún lo tengo, y es mi intención guardarlo lo más que pueda, y después dárselo a mi niño.      

SUS ULTIMAS PALABRAS             

Recuerdo que fue en ese momento que ella me pidió que no me quedara soltero, pero que me casara con una buena muchacha Cristiana que estuviera llena del Espíritu de Dios y que cuidara de los niños. Yo no quería prometerle eso, pero al final lo hice para complacerla. Unos minutos después ella habló débilmente: “Bien, ahora pasaré del otro lado”.

“No hables así”, le imploré.        

“Ya no me preocupa ir allá”, dijo ella, “habiendo visto lo maravilloso que es”.     

“¿En verdad ya te vas, cariño”?, le pregunté con lagrimas.           

“Sí”. Ella me miró en los ojos y dijo: “¿Me prometes que siempre predicarás este maravilloso Evangelio”? Se lo prometí. Ella dijo: “Bill, Dios va a usarte”. (Bendito sea…Muchas veces me pregunto si Dios quizás le permite dar un vistazo hacia nosotros, mientras vamos de lugar en lugar en nuestro ministerio, procurando obedecer el llamado el cual ella sintió que Dios enviaría).         

Ella continuó hablando. “Has sido un buen esposo”. Una enfermera joven estaba parada cerca, y a ella le dijo: “Espero que puedas tener un esposo tan bueno como el que he tenido yo”. Por supuesto, eso por poco me arranca el corazón, pero sabía que tenía que mantenerme fuerte por ella. Yo procuré sonreír y dije: “Cariño, si te vas, te vamos a enterrar en el cementerio de Walnut Ridge hasta que Jesús venga. Y si acaso yo duermo antes de ese tiempo probablemente estaré a tu lado”. Entonces dije: “Al no ser así, estaré en el campo de batalla en algún lugar”. Mientras esos ojos color café se anublaban, continué: “Cuando llegues a la Nueva Jerusalén…busca el lado oriente de la gran puerta y grita mi nombre…Querida, cuando veas a Abraham, Isaac, Jacob, a Pablo y a Esteban y a todos ellos subiendo, allí estaré yo”. Ella me acercó hacia ella y se despidió con un beso…Entonces pasó a estar con Dios.      

Aquí estoy luchando aún…trabajando, procurando arduamente de guardar esa promesa.            

SE LE INFORMA DEL BEBE MURIENDO  

Después de ella morir, me fui a casa para cuidar de los bebés. Cuán desesperadamente busqué tranquilidad mental. Fui a la casa de mi madre…Fui a nuestro hogar, el mío y de Hope, a todo lugar, nada me satisfacía. No hallaba descanso. Muchos de Uds. saben lo que quiero decir. Esa noche finalmente me acosté y procuré dormir. Alguien tocó la puerta. Pensé: “¿Qué podrá ser ahora”?…Una voz llamó: “Billy, tu bebé se está muriendo”.        

Nunca olvidaré la noche cuando él vino para avisarme. Pensé: “¡Oh vaya! ¿Qué es esto?”, cuando él tocó en la puerta. Como si fuera poco que acababa de perder a mi esposa ese día, el amigo había venido con noticias que mi bebita se estaba muriendo. Cuando nos subimos a su pequeña camioneta para ir a donde la bebita, pensé que la vida misma había llegado al fin. ¡Cómo sería posible todo esto! Cuando llegamos encontramos el bebé al borde de la muerte. El Dr. Sam Adair había venido y la había examinado. El me informó que hasta donde él sabía nada se podía hacer, pero de todas maneras la llevamos de urgencia al hospital. Allí un especialista de Louisville decidió también que no había esperanza. Ellos me llevaron al laboratorio del hospital y me mostraron el germen en la columna del bebé. Ella sufría meningitis de la columna vertebral, la cual contrajo de su madre. No existía ninguna posibilidad de ella jamás recuperarse. Ella moriría muy pronto. No soy capaz de expresar con labios humanos cuánto me destrozó eso. Todo lo demás había resultado mal y ahora eso estaba sucediendo. Eso es para mostrar que uno nunca sabe lo que contiene el futuro.

Entonces me fui a ver a mi bebé, en donde tenían los casos en cuarentena, en el sótano. Vi a mi querida tendida allí. Cuando ahora recuerdo eso simplemente me parte el corazón. Era temporada de verano, y el personal del hospital, hallándose muy ocupado, no le estaba brindando el cuidado adecuado. Cuando entré, la miré y ella hizo el intento de mirarme. Ella estaba en esa edad cuando son gorditos y cariñosos. La pobrecita no se había recuperado del espasmo causado por la meningitis. Una de sus piernitas estaba encogida y uno de sus bracitos se le estaba encogiendo. Su piernita se movía de arriba para abajo. ¡Oh! ¡Qué escena tan lamentable!           

Me arrodillé junto a la cama y comencé a orar. Clamé: “Dios, por favor no te lleves a mi bebé”. Yo sabía que había cometido un grave error en no soltarlo todo y dedicarme a la obra de evangelismo. Yo creo que el don estaba listo para manifestarse en ese entonces, pero yo había rehusado ir. Me arrojé al suelo y comencé a orar y a pedirle a Dios que le perdonara su vida. Parecía que había una cortina oscura por en medio, y ella se hundía. Me levanté para mirarla y le dije: “Sharon, ¿reconoces a papá”? Verdaderamente creo que ella sabía que yo estaba presente. Parecía como si ella intentaba menear su pequeña mano, y sus labios temblaban como si ella fuera a llorar. Era algo trágico—la agonía fue tanta que sus ojitos se cruzaron. ¡Oh! Cuando veo un niño con los ojos cruzados me recuerda de ese tiempo—de los ojos de mi bebita, cruzados a causa del intenso sufrimiento. Uds. que tienen niños sabrán como me sentí.           

MAMÁ Y BEBÉ SEPULTADAS JUNTAS      

Oré e impuse las manos sobre ella. Pero un poco después los Angeles vinieron y se llevaron la pequeña querida a estar con su mamá. Yo regresé a casa, desolado y agotado. Dos días después la sepultamos en los brazos de su madre. Recuerdo estar parado allí junto a la tumba con el corazón partido y en una condición tan pésima. El Hermano Smith, el ministro metodista allí en la ciudad, predicó el sermón por las dos. ¡Oh! ¡Cómo me sentí! Eso fue insoportable. De alguna manera las hojas soplando entre los árboles me recordaban de un antiguo canto:             

Hay una tierra más allá del río que llamamos el dulce más allá,

Y sólo alcanzamos esa ribera por la fe,

Uno por uno llegamos al portal donde moraremos con los inmortales,

Cuando suenen esas campanas doradas por mí y por ti.

Yo sé que algún día el sepulcro se abrirá, porque hay un sepulcro vacío en Jerusalén. Yo sé que algún día éste también será abierto porque ellas creyeron en Jesucristo su Redentor resucitado.             

Regresé al empleo, procurando hacer todo lo que podía para pagar las cuentas y las deudas que había asumido. Nunca olvidaré una mañana cuando leía un medidor arriba de un poste en la carretera 150 cerca de New Albany. Dentro de mí cantaba: “En el monte Calvario había una cruz, emblema de afrenta y dolor”. El sol brillaba fuertemente esa mañana y el poste daba una sombra en un monte al frente de mí. Estaba a tal ángulo que el palo que atravesaba y mi propio cuerpo suspendido por el cinturón de seguridad también formaba la sombra.     

¡Allí estaba la cruz nuevamente!              

DESILUSIONADO Y DESALENTADO POR LA MUERTE DE SERES QUERIDOS   

Yo quería partir y estar con la familia. La vida aquí en la tierra ya no tenía nada para mí. Todo lo que me animaba a vivir estaba en el mundo más allá; sin ellos mi corazón partido no encontraba ánimo para continuar en la lucha. Pero me supongo que era la voluntad de Dios el haber sostenido El Su Don…El tenía un plan y tendría que ser llevado a cabo. Estoy seguro que se requirió de toda tragedia y profunda tristeza por la que tuve que atravesar para traerme al lugar en que El pudiera usarme. Dios sabe qué es lo mejor.    

Bajé rápido del poste; todo el cuerpo me perspiraba; yo estaba temblando. Me despojé de las espuelas, dejé de trabajar y me fui a casa. Entré a la casa desesperadamente esperando hallar algo que me quitara la mente del dolor. Pero, ¿qué podría hacer una casa vacía?—una casa con todo decorado tal como ella la había dejado. Todo lo que veía me recordaba de ella. Mientras caminaba incoherente por la casa, mis ojos enfocaron en el correo que había llegado. En un sobre leí estas palabras: “Señorita Sharon Rose Branham”. El corazón se me partió nuevamente. Era una carta del banco y un pequeño cheque que le había sido enviado a mi bebita. Sus ahorros de Navidad habían sido devueltos; creo que sumaban a $1.80. ¡Oh vaya! Comencé a llorar y me arrodillé en el piso. Me encontraba tan triste; todo parecía muy difícil de tolerar. Mientras estaba arrodillado allí, pensé: “¡Señor, si Tú no me ayudas, no sé qué haré”!        

CAE EN UN SUEÑO PROFUNDO, SUEÑA DEL CIELO 

De repente caí dormido, bien agotado. (Esto fue un agradable alivio.) Mientras dormía, soñé que me encontraba en el oeste (siempre me gustó el oeste); iba caminando por allí con un par de botas y un sombrero grandote de esos del oeste. Pasé por una antigua carreta con cubierta; una de las ruedas estaba dañada, y yo silbaba esa canción: “La Rueda de la Carreta se ha Dañado”. Fui sorprendido por la apariencia de una hermosa muchacha como de 17 ó 18 años. Ella parecía un ángel parada allí vestida de blanco, su hermoso cabello dorado movido por el viento, sus ojos azules brillando.           

Le dije: “Buenos días, señorita”, y continué caminando, pero ella dijo: “Hola papá”. Me di la vuelta sorprendido y extrañado, y ella repitió: “Hola papá”.   

Yo dije: “Me perdona Ud. Discúlpeme, pero es que no entiendo, ¿cómo podré yo ser su padre? Pues, Ud. es casi de la misma edad que yo. Tiene que haber alguna equivocación”.       

“Es sólo que no sabes dónde te encuentras, papá”, respondió ella. “Allá en la Tierra yo era tu pequeña Sharon”.

Yo dije: “No, ¿tú”?          

Ella dijo: “Sí, allá en la Tierra yo era tu Sharon”.

“Pero tan solo eras una bebita”, respondí yo.     

Entonces ella me recordó: “Papá, ¿no recuerdas la enseñanza acerca de la inmortalidad”?           

Yo dije: “Sí, recuerdo lo que enseñé acerca de eso. ¿Por eso te encuentras así aquí”?     

“Papá, ¿dónde se encuentra Billy Paul”? Preguntó ella. (Ese es mi niño.)

Yo le dije que había estado conmigo apenas hace unos momentos.         

Ella dijo: “Mamá te busca, papá, así que sólo me quedaré aquí y esperaré que llegue Billy Paul”.

Pregunté: “¿Dónde se encuentra mamá”?           

Ella dijo: “Mira a tu derecha, papá”, y miré alrededor a mi derecha. Oh se veían como rayos de luz gloriosa brillando sobre la montaña, hermosas mansiones entre verdes colinas, flores y árboles. El lenguaje nunca podrá describir lo que vi en esa escena. Sharon me señaló a una de las grandes casas y me dijo que fuera allá; esa era mi casa y mamá me esperaba allí.    

“¿Mi casa”?, pregunté yo, extrañado. “Pues nunca tuve una casa”.          

“Pues, papá, ahora sí la tienes. Ve allá, y yo esperaré aquí por mi hermano”.       

SE ENCUENTRA CON SU ESPOSA DE NUEVO       

Comencé por un pequeño camino que conducía hacia la casa; y cuando llegué a este hermoso hogar, vi a mi esposa salir a recibirme, tan hermosamente vestida de blanco, su cabello oscuro y largo le fluía sobre la espalda. No soy capaz de poner en palabras el sentimiento que tuve al volverla a ver. Le pedí que me explicara todo esto, yo no entendía cómo era posible. Hablamos como siempre lo habíamos hecho, yo comentando acerca de la joven tan hermosa a que nuestra pequeña niña había crecido, y ella de acuerdo. No obstante, yo no lograba entender.    

Ella dijo: “Yo sé que no puedes entender esto, porque las cosas terrenales no son como las cosas aquí. Este es el Cielo”.

“Pero yo no entiendo de este hermoso hogar. ¿Es tuyo”?             

“Sí”, respondió ella, “es nuestro hogar eterno”. 

“Pero no comprendo por qué habría yo de tener la oportunidad de estar en un lugar como este”.            

Ella me habló muy tiernamente: “Después de las muchas tareas y labores, y sufrimientos que tuviste en la Tierra, has venido ahora a reposar. ¿Por qué no te sientas”?             

Me di la vuelta para sentarme y allí había para mí un gran sillón, un sillón Morris. Miré bien el sillón y miré a Hope. Ella se sonrió y dijo: “Sé lo que estás pensando”.      

Aquí está lo que era: Cuando primero nos casamos, no teníamos muebles ni casi nada en nuestra pequeña casa, con excepción de una vieja cama plegable que alguien nos regaló, una estufa por la cual había pagado un dólar y veinticinco centavos y después tuve que comprarle las parillas, un viejo sofá de cuero que estaba gastado y con varios huecos, y un tapete de linóleo en el piso de la sala…Pero nosotros lo disfrutamos y éramos felices juntos, pues teníamos verdadero amor.         

Pero algo que siempre había deseado era un asiento Morris. Yo trabajaba duro el día entero y después en la noche predicaba y regresaba tarde, y pensaba en lo que sería tener un sillón Morris al cual llegar y descansar. Un día decidimos que podíamos comprarlo; así que fuimos al centro, al otro lado del río, y miramos algunos. El que compramos era verde. Jamás lo olvidaré. Costó como quince dólares, tuve que pagar tres dólares de cuota inicial y un dólar por semana. Bien, estuve al día con los pagos hasta que habíamos pagado como ocho o diez dólares, y entonces no pude cumplir con el pago. No pagué por dos o tres semanas porque sencillamente no nos alcanzaba. Todos Uds. saben lo que es cuando no se logra cubrir todo. Un día le dije: “Cariño, vas a tener que llamarlos para que vengan a recoger el sillón porque ya nos hemos retrasado dos o tres veces; nos han enviado el cobro y no estoy en capacidad de hacer otro pago por ahora. Sabes que tenemos que pagar las demás cuentas, así que nos toca vivir sin él”. Ella dijo: “Pues, yo no quiero hacerlo”. Así que lo tuvimos uno o dos días más. Entonces recuerdo la noche que llegué del trabajo, y no lo encontré. Ella fue tan dulce conmigo y me cocinó una torta de cereza y estaba haciendo todo lo que sabía para enfocarme la mente en otra cosa y ayudarme con mis sentimientos. Recuerdo cuando entré a la habitación para sentarme y que ya no estaba, de cómo ambos tuvimos que llorar. Ella era tan dulce.             

Así que estando allí en mi sueño, ella dijo: “Supongo que recuerdas todo en cuanto al sillón…Pues este no te será quitado…Este ya está pago. Siéntate y reposa”. 

No es necesario mencionar que Dios me dio la fortaleza para continuar. Yo prediqué y tuve diferentes empleos, finalmente llegando a ser un guardabosque para el estado de Indiana, el empleo que ejercía cuando el Don me llegó en 1946. Dios me ha bendecido y me ha galardonado bondadosamente, por lo cual humildemente le agradezco. Por varios años tuve que ser madre y padre para mi niño, pero más adelante el Señor me dio una humilde y amada esposa, y ahora tenemos una niña.         

William Branham Un Hombre Enviado De Dios  

Capítulo 8   Incidentes Asombrosos Previos a la Visitación del Angel        

El tiempo se estaba acercando cuando Dios se haría de revelar a William Branham de una manera que no solamente le afectaría radicalmente su propio ministerio, sino que como resultado tendría un profundo efecto sobre el mundo Cristiano. Sería una señal acerca de la cual algunos hablarían en contra, pero a otros multiplicados en miles, les sería una causa de gloria y agradecimiento con Dios, y para algunos proveería inspiración que causaría un incremento de cien por ciento en sus ministerios.          

Ya hemos notado un número de cosas que precedieron la visitación del Angel a William Branham, y hay otras que serían de interés singular para registrar, aunque el tiempo y el espacio nos permiten sólo registrar algunas. Algunas otras se relatan en las visiones registradas más adelante en este libro. No obstante, un incidente que ocurrió fue de una naturaleza tan insólita, y siendo que ha sido mencionado en ocasiones por el Hermano Branham, tomaremos nota de él en este momento. Es un hecho notable en la narración de la Biblia, que mientras líderes eclesiásticos fueron notorios por su lentitud en reconocer a aquellos que han sido especialmente comisionados de Dios, extrañamente los demonios han otorgado este reconocimiento en el acto. El primer milagro en el ministerio de Cristo, registrado en el libro de Marcos, tiene que ver con un extraño testimonio, viniendo tal como sucedió de un espíritu maligno. Jesús había regresado a la ciudad de Nazaret para predicar el Evangelio a aquellos de Su propio pueblo. La gente de esa ciudad, no obstante, lejos de reconocer la identidad de esa notable Persona que estaba en sus medios, resentía fuertemente Su aparente cambio de profesión de carpintero a la de profeta. Pero el reconocimiento que ellos no quisieron dar rápidamente le fue otorgado por el demonio que poseía al hombre que estaba en la misma sinagoga, el cual clamó en presencia del Cristo: “Sé quién eres, el Santo de Dios”. De una manera similar, la legión de demonios en el endemoniado de Gadara, cuando El se acercó, clamó a gran voz: “¿Qué tenéis conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo”?          

También el Apóstol Pablo, al iniciar su obra misionera por Europa, en la ciudad de Filipo, en vez de recibir una bienvenida de profeta, fue apresado bruscamente y lanzado en el calabozo más interno en la prisión. Pero el espíritu de adivinación en una niña fue rápido en discernir quién era Pablo y Silas, y clamó diciendo: “Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación”. 

No es sorprendente entonces que el don que había sido designado para el ministerio de William Branham, fuere reconocido por espíritus de adivinación aun antes que él mismo comprendiera enteramente el propósito de este don. Una ocasión mientras él pasaba frente a una astróloga, la mujer viéndolo, le hizo gesto para que él se acercara, siendo que ella deseaba hablarle. Al acercarse ella le dijo: “Oye, ¿sabías que naciste bajo una señal y que posees un don de parte de Dios”? Otras experiencias de naturaleza similar le ocurrieron y le perturbaron por un tiempo, pero él entendió más adelante. Como Cristo ni Pablo valoraron el testimonio de demonios, pero más bien los conjuraron a callar, así también el Hermano Branham, por supuesto, no endorsa de ninguna manera las falsas ciencias de la astrología ni la adivinación en ninguna forma, aunque en ocasiones sus testimonios confirman el don de Dios. El Señor tiene suficientes maneras de probar y vindicar los ministerios de Sus siervos sin depender en evidencias dadas por demonios. Y por supuesto, la Escritura muy estrictamente habla en contra de los hijos de Dios consultando tales fuentes. (Isaías 47:13 y 14)         

En otras partes hemos mencionado que después de su conversión, el Hermano Branham llegó a ser predicador bautista, fue ordenado por el Dr. Roy Davis de Jeffersonville, y se incorporó a servicio activo en el ministerio en esa ciudad. Al concluir una serie de servicios en carpa, él estaba bautizando un gran número de candidatos en el río Ohio, entre multitudes de gente que se habían reunido en las riberas para observar el servicio. Había como 130 personas para bautizar y era un día caluroso en junio. Mientras el Hermano Branham estaba para bautizar la persona número diecisiete, él oyó una voz suave y apacible que dijo: “Mira hacia arriba”. Tres veces fueron repetidas estas palabras. El miró hacia arriba y allí en el cielo apareció una estrella brillante. Tras haber pasado unos segundos, la gente miró hacia arriba y muchas personas también vieron la estrella. Algunos desmayaron y otros gritaron y aun otros huyeron. Entonces la estrella aparentemente se retrajo, desapareciendo en el cielo. El incidente creó tal interés que un relato acerca de eso apareció en el diario local.             

En otra ocasión el Hermano Branham estaba en una ciudad grande en una campaña de tres noches. El primero por el que se oraría era un niño, cuyos pies se habían entiesado por el polio, causando que él tuviera que caminar sobre los dedos de sus pies. De repente pareció como si una luz brillante lo hubiera enfocado. Sorprendido por la mala educación del conserje en enfocarle con semejante luz, él abrió sus ojos, y he aquí, una estrella de luz estaba ante él. Recordando el incidente, él dice: “Dejé caer al niño o él saltó de mis brazos…Yo no supe lo que sucedió, pues pareció como si todo nervio en mi cuerpo se paralizó. Al caer al suelo sus pies se normalizaron, y por primera vez en su vida él caminó naturalmente, bajándose de la plataforma. Sucedieron otras cosas asombrosas, y muchas personas le entregaron su corazón a Cristo esa noche”.         

Eventos similares ocurrían de vez en cuando en la vida de William Branham. Durante un tiempo él había fallado en obedecer el llamado de Dios de avanzar en este ministerio de liberación. Luego llegó ese periodo oscuro en su vida, que hemos registrado cuando lo de la perdida de su esposa y niña, y tristeza fue añadida sobre tristeza. Sin embargo, por fin alcanzó el punto cuando él determinó que su vida sería plenamente rendida a Dios, y que él haría lo que Dios deseara que hiciera. Entonces fue que ocurrió la visitación más asombrosa en su vida, cuando el Angel lo visitó y le dio una comisión solemne del Altísimo. La historia de esta experiencia única será narrada en el siguiente capítulo por el mismo Hermano Branham.        

William Branham Un Hombre Enviado De Dios  

Capítulo 9   Un Angel Desde La Presencia De Dios            

La sobresaliente visita angelical recibida por el Hermano Branham no ha sido causa de gran asombro entre la gente de Dios, como también entre los impíos. Mientras algunos rechazan el ministerio de lo sobrenatural, aun como algunos hicieron en el tiempo de Cristo, la sobreabundante mayoría de personas que asisten a las reuniones Branham están plenamente convencidas de la realidad de la visitación angelical.              

Sucede que Dios ha escogido diversas maneras y muchas veces maneras misteriosas por medio de las cuales revelarse a Sus siervos especialmente llamados para algún servicio importante. Para Moisés, libertador de Israel, El se le apareció en una Zarza Ardiente. Para los hijos de Israel El fue hallado en la Columna de Fuego de noche y de día en la Nube. Samuel le escuchó como una Voz llamando en la noche. Para Elías El fue la Voz Suave y Apacible. Para Abraham El apareció en la teofanía o en forma humana, y Pablo lo vio a El en la gloria de Su resurrección como también lo vio Juan, el amado. No obstante, quizás, la visitación sobrenatural más común en tiempos Bíblicos fue por un visitante angelical. Así de esa manera Angeles aparecieron a Abraham, a Moisés, a Josué, a Gedeón, a David, a los profetas, a Zacarías, a María, a los pastores, a los apóstoles y a otros. En la mayoría de casos las visitaciones sobrenaturales no fueron sólo visiones, sino una aparición real de un ser angelical. Siendo así, la historia de la aparición del Angel a William Branham no es sin sus plenos precedentes Bíblicos.           

Realmente la verdad acerca de la ministración angelical a mortales está muy en línea con la Palabra de Dios. Ha sido generalmente reconocido que hasta cierto grado los dones del Espíritu han sido restituidos a la iglesia. Pero ¿qué del don del discernimiento de espíritus? Muchos asumen que este don incluye solamente el discernimiento de espíritus malignos. Aunque el don ciertamente trata con la detección de poderes malignos, DEBEMOS RECORDAR QUE HAY MAS ESPIRITUS BUENOS QUE MALOS. ¿Qué de los ángeles? ¿En qué dimensión ministran ellos? La respuesta es dada en Hebreos 1:14: “¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación”?        

     ANGELES LE MINISTRAN AL PUEBLO DE DIOS

Aunque normalmente nosotros no podemos ver ángeles, es evidente por medio de las Escrituras que éstos se encuentran en la compañía de los hijos de Dios la mayoría del tiempo. No hay duda, si fuéremos plenamente conscientes que existen personas angelicales en nuestra vecindad que a diario observan nuestra conducta y quizás nuestros pensamientos, esto tendría un profundo efecto sobre nuestras vidas. Sin embargo, tal es el caso (Mateo18:10); también el Salmo 34:7: “El Angel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende”. Podríamos citar un gran número de Escrituras que tratan con el ministerio terrenal de Angeles, pero no es necesario. El hecho es que prácticamente todos los maestros Bíblicos creen y enseñan la realidad de tal ministerio. ¿Por qué entonces no son vistos los ángeles más a menudo? Evidentemente nosotros necesitamos de este don ya mencionado para activar nuestros entorpecidos sentidos humanos para poder mirar más allá del velo y percibir seres tan altamente refinados como Angeles. Eliseo aparentemente tenía este don y tenemos registro de su oración en la cual él pidió que los ojos de su siervo también fueran abiertos para que él pudiera ver las huestes celestiales de Jehová. 

“Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo”. (II de Reyes 6:17)

Existen numerosos casos en registro donde personas, antes de pasar de este mundo, han visto Angeles ministradores. Aparentemente, en las palabras de Jesús, es uno de los deberes de los seres angelicales el transportar el espíritu humano cuando abandona su decaída habitación de barro, hacia el Paraíso (Lucas 16:22). Parece que cuando los sentidos humanos fallan, los sentidos del espíritu se vivifican y pueden presenciar cosas que mortales cualesquiera no pueden presenciar.       

 

EL MENSAJE DEL ANGEL  PARA EL HERMANO BRANHAM

El Angel habló con el Hermano Branham durante la primera visitación por quizás media hora. Estamos entrando nuevamente a los días Bíblicos, y sin duda habrán más revelaciones sobrenaturales como esta a medida que pasa el tiempo. Concerniente a tales visitaciones existe un punto que es fundamental. Un Angel del Señor nunca revelará algo que no esté de acuerdo completamente con las Escrituras. Verdaderamente nos es ordenado poner la Palabra de Dios por encima de las revelaciones de Angeles, puesto que es muy sabido que Satán ha aparecido como ángel de luz. Pero un espíritu falso es rápidamente detectado por los de mentalidad espiritual. Satán es el padre de lo falso, un mentiroso habitual, y él no se puede manifestar por mucho tiempo sin decir una mentira o hacer declaraciones que tuercen, distorsionan, niegan, le quitan o le añaden a las Escrituras. Su primera conversación con uno de los miembros de la raza humana, Eva, incluyó decirle directamente una mentira. Sin embargo, los resultados de la visitación angelical a William Branham han sido una creciente ola constante de avivamiento que ha sonado por todo el mundo, y aún no es el fin. Permitiremos ahora que el Hermano Branham narre la historia en sus propias palabras de cómo el Angel se encontró con él, le habló, y le dijo cosas concernientes a la obra que Dios le había llamado a ejercer:      

* * * * *              

Debo contarles del Angel y la llegada del Don. Yo nunca olvidaré esa fecha, Mayo 7, 1946, una hermosa temporada del año en Indiana, cuando aún trabajaba como guardabosques. Había venido a la casa para almorzar, y apenas le daba la vuelta a la casa, desabrochando la pistola, cuando un gran amigo, Prod Wiseman, hermano del que tocaba el piano en la iglesia, se me acercó y me pidió acompañarlo a Madison esa tarde. Le dije que era imposible siendo que me tocaba patrullar, y mientras caminaba alrededor de la casa, debajo de un árbol de arce, pareció como si toda la parte superior del árbol se desprendió. Pareció como si algo bajó por ese árbol como un gran viento recio. Ellos corrieron hacia mí…Mi esposa salió alarmada de la casa, y me preguntó qué sucedía. Tratando de mantener la compostura, me senté y le dije que después de veinte y tantos años de estar consciente de este extraño sentir, el tiempo había llegado cuando me era necesario averiguar de qué se trataba todo esto. ¡Había llegado la crisis! Me despedí de ella y de mi hijo, y la advertí que si yo no regresaba en unos cuantos días, quizás nunca regresaría.    

Esa tarde me fui a un lugar secreto a orar y a leer la Biblia. Me profundicé en oración; parecía que toda mi alma se desprendía de mí. Lloré ante Dios…me postré con el rostro en el suelo…Miré hacia Dios y clamé: “Si me perdonas por la manera en que he actuado, trataré de mejorar…Perdóname que he sido tan negligente todos estos años en no hacer la obra que Tú querías que yo hiciera…Dios ¿me puedes hablar de alguna manera? Si Tú no me ayudas, yo no puedo continuar”.        

Entonces durante la noche, aproximadamente a las once, ya había terminado de orar y estaba sentado, cuando noté una luz titilando en la habitación. Pensando que alguien se acercaba con una linterna, miré por la ventana, pero no había nadie, y cuando volví la mirada, la luz se esparcía por el piso, ampliándose más. Ahora, yo sé que esto les parece muy extraño, como también fue para mí. A medida que la luz se ampliaba en el piso, desde luego que me emocioné y me levanté de la silla, pero al mirar hacia arriba, allí estaba suspendida esa gran estrella. Empero, esta no tenía cinco puntas como una estrella, sino que parecía más como una bola de fuego o una luz brillando sobre el piso. Justo entonces escuché a alguien caminando sobre el piso, lo cual de nuevo me alarmó, siendo que no sabía de nadie más que estaría viniendo allí aparte de yo mismo. Ahora, parado a la luz, yo vi los pies de un hombre viniendo hacia mí, tan naturalmente como si Ud. caminaría hacia mí. El parecía ser un hombre que, en peso humano, pesaría por lo menos doscientas libras [90 kilos], vestido en un manto blanco. El tenía el rostro limpio, sin barba, de cabello oscuro hasta los hombros, de tez morena, con un aspecto muy agradable, y al acercarse, sus ojos se encontraron con los míos. Viendo lo temeroso que me encontraba, él comenzó a hablar: “No temas, soy enviado de la presencia de Dios Todopoderoso para decirte de tu vida tan peculiar y tus maneras tan mal entendidas han sido para indicar que Dios te ha enviado para llevar el don de sanidad Divina a los pueblos del mundo. SI ERES SINCERO, Y LOGRAS QUE LA GENTE TE CREA A TI, NADA SE INTERPONDRA ANTE TU ORACION, NI SIQUIERA EL CANCER”. Palabras no pueden expresar lo que sentí. El me dijo muchas cosas, las cuales no tengo el espacio aquí para registrar. El me dijo acerca de cómo podría detectar enfermedades según vibraciones en mi mano. El se fue, pero lo he visto varias veces desde entonces. El se me ha aparecido quizás una o dos veces dentro del lapso de seis meses, y me ha hablado. Algunas veces él ha aparecido visiblemente en presencia de otros. Yo no sé quién sea él. Lo único que yo sé es que él es el mensajero de Dios para mí.

Sin necesidad de mencionar, yo comencé a orar por las personas enfermas. No es que yo reclame ocupar el lugar del médico —Yo sé que los médicos pueden ayudar a la naturaleza, pero ellos tan sólo son hombres  Dios es el Todopoderoso. Las grandes cosas que han ocurrido durante estos meses son demasiadas para jamás ser registradas, pero Dios ha confirmado las palabras del Angel vez tras vez. Sordos, mudos, ciegos, todo género de enfermedad ha sido sanado, y a la fecha miles de testimonios están en registro. No poseo poder personal para obrar esto…Yo soy un humano indefenso hasta que siento Su presencia. Muchas personas que han asistido a estas reuniones saben que sus enfermedades y pecados les han sido dichos directamente desde la plataforma. Estimado lector, por favor no entienda mal mi pobre manera inculta de relatar todo esto a Ud. Yo lo digo para que Ud. tenga un entendimiento más claro de cómo sacar provecho del don de Dios. El me dijo que fuera sincero e hiciera que la gente creyera, y eso es lo que procuro hacer. Dios siempre tiene algo o a alguien por medio del cual obrar, y yo soy tan sólo un instrumento usado por El. Ningún mortal puede llevarse el crédito por obrar un milagro, y yo sólo soy un mortal. No sé por cuánto más me permitirá Dios hacer esto, pero por Su gracia, es mi intención servirle a El a lo mejor de mi conocimiento, sirviéndole a Su pueblo por cuanto tiempo El me permita vivir.            

* * * * *              

Hubieron otras cosas que el Angel le dijo al Hermano Branham durante esta asombrosa visitación, las cuales han sido narradas de ocasión en ocasión en sus predicaciones. Una de esas cosas tenía que ver con las dos señales que le habrían de ser dadas. Como ya ha sido mencionado, la primera señal, no para sanidad, sería un don en su mano izquierda; por el poder de Dios, con este don, él tendría discernimiento o detectaría las enfermedades que la gente sufría. Esta señal sobrenatural resultaría en la edificación de fe de toda la congregación. Luego habría otra señal que sería dada, para que si no creían la primera, sí creerían la segunda. Esto nos hace recordar de la historia de Moisés, al que también le fueron dadas dos señales, por si el pueblo no creía la primera, sí creerían a la segunda. (Exodo 4:1-8)    

Ahora, esta segunda señal, según el Angel, sería un don que le permitiría al Hermano Branham discernir los pensamientos y los hechos pasados en la vida del individuo. A veces la revelación vendría a raíz de algún incidente en la vida de la persona que solamente el individuo mismo sabía, y cuya revelación grandemente fortalecería la fe de la persona. Podemos agregar que cualquier pecado que está bajo la Sangre nunca es revelado, pero en caso de que el asunto hubiere sido cubierto y estuviere sin confesar, sería traído a la luz por medio de este don, de esta manera por lo general trayendo la persona a un arrepentimiento inmediato. Hemos observado la operación de estas dos señales, y podemos decir con gran certeza que la manifestación de estas señales es tan perfecta como cualquiera ejercida por un ser humano. La primera señal fue dada inmediatamente después de la visitación. La segunda señal ha sido manifestada en el ministerio del Hermano Branham apenas recientemente.  

Respecto a esta señal, el Angel hizo está importante declaración: Los pensamientos del hombre hablan más alto en el cielo que sus palabras en la tierra. Qué admonición tan solemne es ésta, y cuán urgente es que todos seamos absolutamente sinceros ante Dios, y que vivamos una vida sobria y honesta en temor de Dios.  

Aun otra cosa que el Angel dijo fue que Jesús venía muy pronto, y que esta comisión era una de las señales de cuán cerca estaba Su venida; que si el Hermano Branham fuera fiel a este llamado, los resultados llegarían a todo el mundo y estremecerían a las naciones. Finalmente, el Angel indicó que por estas señales Dios estaba llamando a todo Su pueblo a la unidad de Espíritu, para que fueran de un corazón y unánimes.        

Se mencionará más de esta visita angelical y sus resultados en el siguiente capítulo, a medida que escuchamos testimonio de personas en la propia congregación del Hermano Branham.          

William Branham Un Hombre Enviado De Dios  

Capítulo 10   Comienzo del Nuevo Ministerio     

Tras la visitación del Angel, el Hermano Branham regresó a su hogar. El domingo en la tarde él habló en su tabernáculo en Jeffersonville. La gente de su iglesia le creyó y lo amó. Es a ellos que ahora nos dirigimos para continuar nuestra historia del curso de eventos los cuales ahora se desenlazaban rápidamente y pronto enviarían al Hermano Branham a la plataforma pública de un ministerio nacional.

* * * * *              

Muchas visiones le fueron dadas al Hermano Branham durante el último año que estuvo con nosotros, y se probó que todas fueron verídicas ante nuestros propios ojos. Pero del Don especial de Sanidad, que él había recibido durante la visitación del Angel, lo declaró ante nosotros solo unos días antes que él se fuera para St. Louis. Nosotros en Jeffersonville creemos que William Branham es un profeta enviado de Dios. Una de las cosas maravillosas de nuestro hermano es que él es humilde. Lo hemos conocido desde que era un niño en la escuela, y es cierto que siempre ha vivido una vida limpia, moral, tranquila, y siempre ha parecido ser un poco diferente. Muchos aquí han presenciado estas escenas en las que Dios ha dado el desenlace a Sus misterios, muchos de los cuales que casi han estado ocultos desde los días apostólicos.         

Tras su conversión cuando comenzó a predicar aquí, nosotros levantamos una carpa grande para él y la gente vino de cerca y desde lejos. En su primera campaña unas tres mil personas asistieron para escuchar la historia que él narraba de Jesús de Nazaret. Nosotros nos dimos cuenta entonces que Dios le dio a él un fenómeno especial, pero no sabíamos exactamente lo que sería. Muchas señales y maravillas le siguieron en los días al principio de su ministerio, las cuales sólo podrían ser comprendidas por personas llenas del Espíritu. Todavía pensamos nosotros en cuál será el resultado mientras el efecto de estas cosas va corriendo por el mundo, creciendo y creciendo más a medida que los días van pasando.            

Fue un domingo en la noche, 30 de mayo de 1946, hablando en el tabernáculo, que él contó de su encuentro con el Angel, y de cómo el Angel le dijo del Don de Sanidad que debería llevar a los pueblos del mundo, que muchos miles de personas vendrían a él buscando sanidad, y que estaría ante miles en auditorios llenos.

Ahora, para una persona con mentalidad carnal esto parecía absolutamente imposible, pues este muchacho era un humilde trabajador, uno de clase muy campesina, sin educación. Pero habíamos visto el cumplimiento de otras de sus visiones, y él habló esto con tanta seguridad, y lo declaró tan abiertamente ante todos, que estábamos seguros que esto también acontecería. El también dijo que el Angel le había declarado que él iba a poder discernir enfermedad por medio de un poder sobrenatural, y entonces si él permanecía humilde que podría discernir los pensamientos del corazón de las personas y decirles acerca del pasado en sus vidas, y muchos lo entenderían mal. El Angel le dijo aun más, que éste era el Espíritu de Cristo obrando por medio de él, que él había sido llamado desde su nacimiento para este propósito, y que los días postreros ya estaban aquí; que esta era la señal de los últimos días, y que por este don Dios estaba llamando a toda Su gente a la unidad del Espíritu.   

Nosotros sabíamos que estas señales eran escriturales y nos vino a memoria la manera en que Jesucristo, cuando el Espíritu estaba sobre él, le dijo a Natanael que le había visto debajo de la higuera antes que Felipe lo llamara; y por esta señal Natanael reconoció a Jesús como el Hijo de Dios, el Mesías de Israel. También cuando a la mujer de Samaria le fue dicho por Cristo de sus cinco maridos, ella corrió a la ciudad diciendo: “Vengan, vean a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho, ¿no es este el Cristo”? Y también Moisés, el gran libertador para los hijos de Israel, que fue pre-ordenado de Dios y nació entre circunstancias muy peculiares. Satán intentó destruirlo y más tarde le fueron dadas dos señales, ya en la víspera la liberación, para que la gente lo reconociera como el enviado de Dios para esta liberación. Ahora, de nuevo el Angel dijo que estas señales le fueron dadas a él para que la gente creyera en Jesucristo, a quien él amaba. También estas fueron dadas con el propósito de traer a la unidad las iglesias, para que la gente ya no estuviera separada por credos y denominaciones. Por supuesto que el corazón del Hermano Branham siente por todos sus hermanos que se han separado el uno del otro. El cree que Dios unirá a todos aquellos de Su iglesia en la unidad del Espíritu y luego Jesús vendrá por Su iglesia. 

Nosotros creemos que la vida de nuestro hermano se puede comparar con la de Moisés de antaño. Nuestro hermano es muy humilde y no profesa ser una gran persona. El no se toma ninguna gloria para sí mismo, sino que le da todo el crédito a Cristo Jesús que lo salvó y lo llamó.      

LLEGA TELEGRAMA MIENTRAS SERVICIO EN PROGESO          

En este domingo por la noche, después de la aparición del Angel al Hermano Branham, mientras él hablaba en el tabernáculo en Jeffersonville, alguien pasó y le entregó un telegrama. Era desde St. Louis y se le pedía que viniera y orara por una niña, cuyo nombre era Betty Daugherty, que se estaba muriendo. Las nuevas de lo que había acontecido habían llegado tan lejos como St. Louis, y ahora se le pedía asistir a este llamado. El trabajaba a diario para su sustento, y no tenía dinero para ir, así que recogimos una ofrenda con este propósito. Reunimos suficiente dinero para pagar su viaje de ida y vuelta por tren. El pidió prestado un traje de uno de sus hermanos, y un saco de otro hermano, y cerca de la media noche lo pusimos en el tren en Louisville, Kentucky, donde partió para St. Louis.      

SANIDAD DE BETTY DAUGHTERY              

En el viaje hacia allá él parecía muy calmado, sabiendo que Dios no le fallaría. Cuando llegó a la estación de St. Louis, fue recibido por el Reverendo Daugherty, un pastor en la ciudad, el cual había enviado por él para que le ministrara a su hija pequeña, que estaba postrada muriendo con alguna complicación desconocida. Los mejores médicos de la ciudad habían sido llamados y no tuvieron éxito en diagnosticar el caso. El Hermano Daugherty dijo en un tono muy agotado: “Hemos hecho todo lo que sabemos hacer; igual han hecho nuestros médicos. Hemos orado y orado, y muchos ministros y congregaciones de la ciudad han ayunado y orado, pero aparentemente sin ningún éxito”. Entonces el Hermano Branham caminó con el padre hacía el hogar donde estaba la niña postrada moribunda. El fue recibido por la madre y el abuelo de la niña. Muchos amigos se encontraban orando en ese momento en el hogar. El observó la patética escena, y los padres agotados levantaron la mirada tan sinceramente como si diciendo: “¿Nos podría ayudar Ud.”? Lágrimas rodaban por las mejillas de nuestro hermano a medida que lentamente se acercaba a la cama. Qué escena más lamentable al ver una niña de cabellos crespos, en casi piel y huesos, arañando su pequeño rostro como un animal. Ella gritaba lo más alto que podía, lo cual para ese momento se había tornado en un grito ronco a raíz de que acontecía ya durante tres meses. El Hermano Branham se arrodilló en la habitación y se unió a orar con los demás. Pero después que se hizo la oración, aparentemente la niña no mejoraba.           

El Hermano Branham entonces pidió por un lugar en silencio para orar a solas, para ver lo que Jesucristo le mandaría hacer. El entendió que por su cuenta nada podía lograr. Uds. recordarán al leer el quinto capítulo de Juan que cuando Jesús sanó al hombre cojo en el estanque de Betesda y dejó multitudes de cojos y ciegos y paralíticos sin sanar, El le dijo a los judíos: “De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente”. Esto es cierto en el ministerio de nuestro hermano. Frecuentemente él ve el asunto por visión. Primero le es mostrado por Dios y luego él sólo actúa el drama que ya vio.         

¡LLEGA LA LIBERACIÓN!

Ellos lo llevaron a la iglesia. Por unas tres horas estuvieron orando el Reverendo Daugherty, su padre y el Hermano Branham. Después de esto regresaron a la casa para encontrar la escena igual que antes. El Hermano Branham entonces entró en una habitación sólo, para interceder por la niña. Luego él caminaba por la calle para un lado y para otro, y finalmente se sentó en el auto del pastor, que estaba estacionado cerca. Después de un rato la puerta del auto se abrió y el Hermano Branham bajó del auto, dirigiéndose a la casa, esta vez con una mirada firme. ¡Algo había sucedido! El fue recibido en la puerta por el padre y el abuelo, los cuales, con un vistazo a su rostro sabían que algo había sucedido. El les preguntó: “¿Creen Uds. que yo soy el siervo de Dios”? “Sí” fue el clamor de la familia. “Entonces hagan como les digo, sin duda alguna”. A la madre le dijo: “Consiga una olla con agua limpia, y un paño blanco. Su hija vivirá porque Dios me ha enviado Su Angel y me ha dicho que su hija vivirá”.      

Mientras la madre traía el agua, al padre y el abuelo se les pidió arrodillarse, uno a la derecha y uno a la izquierda del Hermano Branham, al pie de la cama. Cuando la madre regresó se le pidió pasar el paño húmedo sobre el rostro, después las manos, luego los pies, mientras el Hermano Branham estaba en oración. Entonces él dijo: “Padre, según Tú me has mostrado estas cosas, así mismo he hecho según la visión que me has dado. En el Nombre de Jesucristo, Tu Hijo, yo declaro esta niña sana”. El espíritu inmundo dejó la niña inmediatamente. Ella es una niña saludable y normal viviendo hoy en la misma comunidad. La gente de la ciudad acudió al Hermano Branham pero él se retiró, prometiendo regresar más tarde, lo cual hizo, a las pocas semanas.        

TESTIMONIA DEL PADRE—EL REVERENDO ROBERT DAUGHTERY          

“Nuestra niña pequeña, Betty, estuvo enferma durante tres meses. Teníamos dos médicos sobresalientes de la ciudad, pero parecía que no podían encontrar la causa de su enfermedad. También teníamos muchos ministros sobresalientes de la ciudad y de las regiones alrededor, orando por ella. Constantemente ella empeoró. Entonces enviamos a Jeffersonville, Indiana, por un hombre por el nombre de Reverendo William Branham, que posee el don de la sanidad Divina. El Hermano Bill, como es llamado, vino a nosotros inmediatamente. Tras varias horas de orar, él entró y nos dijo que el Señor le había mostrado una visión respecto a lo que debíamos hacer por nuestra pequeña Betty. Ella era apenas piel y huesos y temblaba continuamente como si sufriera perlesía. El Hermano Bill nos preguntó si nosotros le creeríamos a Dios y le obedeceríamos a lo que El ordenara hacer. Después de él orar e invocar sobre ella el Nombre de Jesús, nuestra niña fue inmediatamente sana. Eso sucedió hace 10 meses. Nuestra pequeña Betty goza ahora de perfecta salud, está tan gordita como puede estar. Será para mí un placer escribirle a cualquiera cuestionando su salud, o cualquiera de las sanidades que ocurrieron durante el avivamiento que el Hermano Branham tuvo en St. Louis en 1946”. 

Reverendo Robert Daugherty, 2009 Gano Ave. St. Louis, Missouri.    

William Branham Un Hombre Enviado De Dios  

Capítulo 11  Su Primera Campaña de Sanidad en St. Louis, Missouri        

El día 14 de junio, 1946, el Hermano Branham, su familia, y dos hermanas de su iglesia salieron de Jeffersonville hacia St. Louis, donde él daría inicio a su primera campaña de sanidad. Era una hermosa mañana y ellos cantaban himnos del evangelio mientras viajaban.     

A las cuatro de la tarde llegaron a la ciudad de St. Louis, donde el grupo había acordado previamente encontrar al Reverendo Daugherty al final del gran puente McArthur que cruzaba sobre el río Mississippi. Su auto estaba allí, con avisos del avivamiento que estaba por iniciarse. El Hermano Daugherty se encontró con ellos y los llevó a su casa. El grupo fue recibido por la familia, incluyendo la pequeña Betty, que había sanado apenas unos días antes. Esa noche ellos todos fueron a la gran carpa donde el Hermano Branham predicaría. A medida que él explicaba para la congregación lo que Dios había hecho por él, la gente escuchaba con un evidente interés y atención. Se oró por dieciocho personas esa noche. Entre ellos estaba un hombre que había estado lisiado por años. Tras efectuarse la oración en el Nombre de Jesús, él se levantó aplaudiendo con sus manos y caminó sin ayuda. Un hombre ciego fue sano y a varios les fueron abiertos oídos sordos.              

La mañana siguiente se le pidió al Hermano Branham hacer una visita a una enferma en el instituto para dementes del hospital de St. Louis. La mujer demente fue restaurada a la normalidad y más tarde obtuvo su salida. Fueron a Granite City, Illinois, y encontraron allí a una mujer que pesaba 83 libras, sufriendo de cáncer. Tras la oración, Dios tocó su cuerpo y le fue pedido vestirse y regresar a su casa. En el siguiente hogar que visitaron había una dama que estaba paralizada en la parte derecha de su cuerpo hacía por lo menos un año. El Hermano Branham oró por ella y entonces le ordenó levantarse en el Nombre de Jesucristo. Ella obedeció e inmediatamente levantó su mano derecha sobre su cabeza y se puso de pie sola. Entonces caminó de un lado a otro en la habitación, batiendo sus manos. Su voz, que había desaparecido, fue restaurada, y ella pudo hablar.

Cuando el grupo regresó a la carpa esa tarde la encontraron llena. Muchos estaban de pie, afuera en la lluvia, y otros en sus autos estacionados cerca. De nuevo el servicio fue bendecido, con varias sanidades maravillosas.              

Mientras las reuniones continuaban noche tras noche, milagros de una naturaleza más sobresaliente ocurrieron. Pesadas lluvias fuera de temporada caían, pero no le impidieron a la gente asistir. Ellos trajeron periódicos viejos y los usaron para cubrir los asientos mojados. Se hicieron disponibles más asientos, y rápidamente estos se llenaron, quedando muchos de pie.          

El domingo en la tarde, un ministro de color, que estaba completamente ciego de ambos ojos y era conocido por muchos en la congregación, pasó adelante para que se orara por él. Después de orar el Hermano Branham extendió su mano, y el hombre de color dijo en alto: “Reverendo, veo su mano”. Luego él miró arriba y vio las luces. El exclamó: “Alabado sea el Señor, puedo contar las luces aquí en el lugar, y puedo ver las barras de donde cuelgan”. La gente glorificó a Dios por este gran milagro, pues muchos de ellos habían conocido a este ministro de color como ciego por aproximadamente veinte años.

Esa noche una mujer rechazó el llamado del Espíritu y se salió de la reunión, pero había tomado apenas unos pasos cuando sufrió un ataque al corazón y se desmayó frente a una cantina. El Hermano Branham salió y oró por ella, tras lo cual ella se levantó y confesó cómo ella había resistido el llamado de Dios en su corazón.            

Los servicios apenas habían sido programados para unos días, pero ahora varios ministros de la ciudad vinieron a la habitación donde él estaba, urgiéndole continuar con las reuniones por más tiempo de lo que él había planeado. Después de arrodillarse y pedirle a Dios por dirección Divina, el Hermano Branham dijo que si el Señor permitía él continuaría. El interés en las reuniones incrementó noche tras noche, y la policía apareció para ver que todo estuviera en orden.           

Testimonios de sanidades ahora estaban llegando. Una de las primeras por la que se oró en la campaña fue una ancianita de aproximadamente setenta años de edad, a la cual el grupo le había notado un cáncer en la nariz como del tamaño de un huevo. Ahora, menos de una semana después, ella regresó para contar que se le había desaparecido. Muchos otros testimonios fueron compartidos. Por supuesto, el testimonio de la pequeña Betty Daugherty, que demostró que ahora estaba bien y con salud, fue bastante impactante. Se oró por un ministro que no podía levantar sus brazos. El entonces levantó sus brazos al aire y glorificó a Dios. Muchos sordos y mudos fueron sanos en las reuniones y demostraron que podían oír al repetir palabras ante la congregación. Una mujer que pudo caminar sin barrillas ortopédicas glorificó al Señor. Una mujer sufriendo de quijada contraída y de artritis fue instantáneamente sanada. Ella pudo abrir y cerrar la boca con facilidad. Y así las sanidades se multiplicaron y fueron demasiadas para ser contadas.           

Con un gran número de personas buscando la oración, incrementando cada noche, el Hermano Branham a menudo oraba hasta las 2 de la mañana. Esto prácticamente que se volvió costumbre para él desde ese momento en adelante, por muchos meses. Tanta era su compasión por los enfermos que se le dificultaba al evangelista dejar la gente.

La campaña continuó hasta el 25 de junio. La mañana siguiente él regresó a Jeffersonville, Indiana. El había recibido un telegrama de los padres de una niña, informándole que la hija estaba en una condición muy grave. Cuando el Hermano Branham se presentó en la sala del hospital él oró por ella y Jesús tocó su cuerpo. Ella entonces se vistió y regresó a casa sana y con salud.   

Tiempo después el Hermano Branham regresó a St. Louis para hablar en el Auditorio Kiel para una reunión de una noche. Unos 12,000 entraron al edificio para escucharle en esa ocasión.              

William Branham Un Hombre Enviado De Dios  

Capítulo 12   Eventos Dramáticos en el Ministerio del Hermano Branham Después de la Aparición del Angel        

Inmediatamente tras los eventos del último capítulo, grandes señales y obras poderosas de Dios comenzaron a seguir el ministerio del Hermano Branham. En un periodo de tres meses tantas cosas ocurrieron del lado fenomenal que volverlas a narrar llenaría varios libros. Cómo logró el asunto a esparcirse en tan corto tiempo, es aún difícil de comprender. En el transcurso de seis meses la gente venía o escribía de más allá de los límites nacionales. Algunos viéndole a él en visión vinieron a Jeffersonville a indagar si había alguien por ese nombre allí. La gente del pueblo los dirigía al tabernáculo. Entonces aquellos que asistían allí, con buena disposición de corazón, les contaban la historia. Narraremos algunos de estos eventos sobresalientes que ocurrieron durante los próximos meses.           

RESURRECIÓN DE MUERTOS      

En el transcurso del verano, el Hermano Branham fue invitado a Jonesboro, Arkansas, al Tabernáculo Bible Hour (Tabernáculo de la Hora Bíblica), donde Richard Reed es el pastor. En la pequeña ciudad se habían reunido personas desde veintiocho estados y también México; y se calcula como 25,000 personas, asistieron a las reuniones. Ellos estuvieron viviendo en carpas, camiones, y traileres, y algunos dormían en sus autos. Se dice que dentro de 50 millas no se encontraban hoteles con habitaciones disponibles. En la ultima noche de servicios, cuando el evangelista subió a la plataforma, con miles de personas en y en los alrededores del tabernáculo, un chofer de ambulancia, ubicado al lado derecho, gritó e hizo gestos para atraerle la atención. El dijo: “Hermano Branham, el paciente mío ha muerto; ¿sería posible que Ud. viniera a ella”? Alguien dijo: “Hay aproximadamente 2,000 personas entre él y la fila reservada para las ambulancias; él no puede llegar”. Entonces cuatro hombres corpulentos pasaron adelante y a medida que comenzaban a llevarlo hacia allá, fue una escena conmovedora ver a la gente empujar, procurando acercarse a él.      

El evangelista fue llevado a la fila de las ambulancias, y adentro en una de las ambulancias él vio a un anciano de rodillas, sus pecheras repletas de remiendos. En sus manos tenía un viejo sombrero roto y remendado con hilo grueso, y él dijo: “Hermano Branham, mi querida ha muerto”. El hombre de Dios se acercó al cuerpo inmóvil y la tomó de la mano. Sus ojos ya estaban fijos y estaba allí sin aliento. El Hermano Branham, dándole el diagnóstico, miró atrás al esposo y dijo: “Ella tiene cáncer”. El hombre respondió: “Eso es cierto”, y arrodillándose en el piso él comenzó a clamar: “Oh Dios, devuélveme mi querida”. Entonces todo quedó en silencio adentro en la ambulancia por unos momentos.       

Después se oyó la voz del Hermano Branham, orando: “Dios Todopoderoso, Autor de la vida eterna, Dador de toda buena dadiva, te imploro en el Nombre de Tu Hijo amado, Cristo Jesús, devuélvele a esta mujer su vida”. De repente la mano inerte apretó entre la mano del Hermano Branham, y la tensa piel en su frente comenzó a arrugarse. Luego con un poco de ayuda del Hermano Branham ella se levantó en posición de sentarse. El esposo, atónito vio lo que había acontecido y abrazándola lloró: “Querida, gracias a Dios, estás conmigo de nuevo”. El Hermano Branham desapercibidamente se dirigió hacia la puerta de la ambulancia, para regresar a la plataforma. El chofer de la ambulancia dijo: “Señor, hay tantas personas paradas contra la puerta que no se puede abrir”. Entonces él le dio salida por otra vía, al mismo tiempo sosteniendo su saco contra la ventana para que nadie le viera salir.             

LA MUCHACHA CIEGA EXTRAVIADA DE SU PADRE            

Cuando él llegó al terreno, éste estaba lleno de gente de pie en medio de la llovizna. El comenzó abrirse camino entre la multitud. Nadie le prestó atención alguna porque nunca antes lo habían visto. Día y noche el tabernáculo se mantenía lleno, y pocos dejaban el edificio a no ser por emparedados o alguna razón necesaria. De repente él escuchó un clamor patético: “Papá, papá”, clamaba alguien. Mirando hacia allá, vio una muchacha de color, ciega, empujando entre la multitud. Ella se había extraviado de su padre y nadie hacía el intento de ayudarla a encontrarlo. Esta escena lamentable tocó el corazón del evangelista, y él se puso directamente en su camino para que así ella tuviera que topar con él. “Discúlpeme por favor”, dijo la muchacha de color, entendiendo que se había topado con alguien. “Soy ciega y me he extraviado de mi padre y no logro encontrar el camino de regreso al autobús”. “¿De dónde eres”?, le preguntó el Hermano Branham. “De Memphis”, respondió ella. “¿Qué haces aquí”?, preguntó él. “Vine a ver al sanador”, respondió ella. “¿Cómo oíste de él”? “Esta mañana escuchaba el radio y oí a gente hablar, que habían nacido sordos y mudos. Escuché a un hombre que dijo que era de Missouri; dijo que venía recibiendo la pensión para los ciegos por doce años y ahora él podía leer la Biblia. Señor, he sido ciega desde muy niña; cataratas me cegaron. El médico dice que se han envuelto alrededor del nervio óptico en mi ojo. Si acaso él intentara operar yo quedaría peor y la única esperanza mía es llegar al sanador, y entonces Dios me sanará. Me han dicho que esta es su última noche aquí. Y ellos dicen que ni siquiera puedo acercarme al edificio. Y ahora he perdido a mi padre entre la multitud, señor ¿sería Ud. tan amable de ayudarme para poder llegar al autobús”?     

Desde luego que la muchacha siendo ciega no podía ver con quién hablaba y ninguna de las personas cerca de ella tampoco le habían visto, y se estaban preguntando quién era este hombre que le estaba prestando atención a esta muchacha de color. Entonces el Hermano Branham dijo algo para probarle su fe: “¿Crees todas esas cosas que has oído, especialmente cuando tenemos tan buenos médicos hoy”? Ella respondió: “Sí señor, los médicos no han tenido éxito en hacer algo por mí. Yo creo que la historia del Angel que visitó al Hermano Branham es cierta. Si tan sólo Ud. me ayuda adonde está el hombre, entonces podré encontrar a mi padre”.           

Esto fue demasiado para el Hermano Branham. El dejó caer su rostro a medida que lágrimas rodaban por sus mejillas. Luego, levantando su rostro, él dijo: “Señorita, quizá sea yo el que Ud. busca”. Entonces ella echó mano de él por la solapa de su saco. “¿Es Ud. el sanador”?, exclamó ella. Con lágrimas rodando por sus mejillas, ella imploró: “Señor, no me pase. Tenga misericordia de mí, una mujer ciega”.    

Esto traería a memoria a Fanny Crosby que escribió: “No me pases, oh gentil Salvador, escucha mi humilde clamor; mientras otros te invocan, no pases de mí”. Por supuesto, ella había oído de otros ciegos que habían sanado, y también había venido creyendo que ella recibiría su vista si lograba llegar al Hermano Branham. Pero el evangelista dijo: “Yo no soy el Sanador, yo soy el Hermano Branham; Jesucristo es tu Sanador”. Entonces después de pedirle a la muchacha ciega que inclinara su rostro, él comenzó a orar:

“Señor, hace unos 1,900 años, una Cruz áspera era arrastrada por las calles de Jerusalén, arrastrada sobre las sangrientas huellas del que la cargaba. Camino al Calvario, Su cuerpo débil desfalleció bajo la carga de la Cruz. Entonces allí apareció Simón el cirineo, y lo ayudó a llevarla. Ahora, Señor, una hija de Simón se para aquí tanteando en oscuridad. Estoy seguro que comprendes”.         

Para ese momento la muchacha gritó. “Una vez fui ciega, mas ahora veo”. Los hombres que venían por el Hermano Branham se acercaban. Toda la gente bajo las luces reconoció entonces a este hombre joven como el Hermano Branham. A medida que se apresuraban hacía él, ocurrió otro caso conmovedor. Un anciano con un pie torcido, deforme, apoyado sobre una muleta, había estado observando este drama, y él clamó: “Hermano Branham, yo le conozco; he estado parado bajo esta lluvia por ocho horas, ¡tenga misericordia de mí”!

“¿Cree Ud. y me acepta como el siervo de Dios”?, le fue preguntado. “Lo creo”, respondió él. “¡Entonces en el Nombre de Jesucristo, el Hijo de Dios, Ud. queda sano! Ud. puede arrojar sus muletas”. Inmediatamente su pierna torcida fue enderezada. Sus saltos y gritos captaron la atención de toda la multitud y ellos comenzaron a empujar hacia él para tocar su ropa.   

Hasta este tiempo el Hermano Branham había recibido muy poca remuneración. Raramente se había recogido una ofrenda para él en su propio tabernáculo. El había trabajado como guardabosque para sustentar a su familia. El traje viejo que él había usado esa noche estaba rasgado y había sido remendado. El descubrió que uno de los bolsillos por poco había sido arrancado y su intento de repararlo había sido muy inexperto. Así que él ponía la mano derecha sobre el bolsillo, dando su mano izquierda al saludar a otros ministros. Pero la gente no percibió el saco rasgado aquella noche. Ellos lloraban y empujaban procurando tocar ese traje desgastado, y al lograrlo eran sanados. Eso lo recordaba a uno de los días de Jesús, cuando la fe era alta y todo el que tocaba el borde del manto del Salvador era sanado.           

EXTRAORDINARIO INCIDENTE EN CAMDEN, ARKANSAS             

Unos días después de esta reunión el Hermano Branham fue a Camden, Arkansas, para llevar a cabo una reunión en el auditorio cívico. Mientras él explicaba su llamamiento y el ministerio a la gente, una gran luz resplandeciente entró al auditorio y se posó sobre su cabeza. Un fotógrafo que de casualidad estaba allí tomó una foto de eso, y he aquí, ¡la luz apareció en la foto! Algunos pudieron haber conjeturado que la foto había sido retocada, a no ser que hubo centenares de personas presente que confirmaron ellos mismos el extraño fenómeno. Muchos fueron sanos y guiados a Cristo en esa reunión. (Esta foto se encuentra en otra parte de este libro).       

La mañana siguiente, mientras era llevado por un grupo de hombres del edificio a su auto, mientras cientos empujaban hacia el frente para tocarlo, una voz se oyó clamando: “Ten misericordia de mí, hombre de Dios”. Parado a lo lejos de la multitud estaba un anciano ciego de color, canoso, en compañía de su esposa. Tenía su sombrero en la mano, en reverencia. El Hermano Branham se detuvo. “Llévenme a él”, les dijo. Uno de los hombres dijo: “Hermano Branham, Ud. se encuentra acá en el sur; no deje la gente blanca para ir a la de color”. El Hermano Branham respondió que el Espíritu de Dios le estaba diciendo que fuera a ese hombre. Cuando se acercaba a donde estaba el hombre de color, los hombres formaron un círculo de brazos a su alrededor para que pudiera pasar. La esposa le decía: “El ministro viene hacia ti; quédate quieto”.            

Este hombre de color levantó dos temblorosos brazos, palpó el rostro del Hermano Branham y dijo: “¿Es Ud., Pastor Branham? Yo nunca en mi vida había escuchado acerca de Ud. sino hasta anoche. Yo tenía una buena mamita que murió hace ya muchos años. Ella también tenía religión sentida desde el corazón. Ella nunca me dijo una sola mentira en toda su vida, pastor. He estado así ciego por muchos años, y anoche pareció que ella estaba parada cerca de mi cama, pastor, y dijo: ‘Mijito querido, ve a Camden, Arkansas; allí encontrarás al siervo del Señor; su nombre es Branham y recibirás tu vista’. Pastor, inmediatamente desperté y me puse la ropa, cogí el autobús, y mi esposa y yo venimos desde más de cien millas”.        

El Hermano Branham escuchó la historia, levantó sus ojos que ahora estaban llenos de lágrimas y dijo: “Padre, te agradezco por ser misericordioso con los ciegos”. Entonces tocó con sus manos los ojos del hombre de color diciendo: “Abre tus ojos, Jesucristo te ha sanado”. ¡Y he aquí, el hombre de color pudo ver!            

Muchas otras cosas de la misma naturaleza ocurrieron. En ocasiones el Espíritu de Dios le hablaba a él acerca de alguna persona enferma que había estado en la cama de aflicción por años. Cuando sucedía esto, sin variar, cuando él iba a ellos eran liberados. Muchas de estas personas aparecen en sus reuniones de lugar en lugar, ahora testificando que están bien y saludables.      

En una ocasión estando en Santa Rosa, California, un hombre entró al edificio, y buscando al Hermano Branham le pidió que le deletreara su nombre. Cuando él lo hizo el hombre sostuvo un papel amarillo en su mano y dijo: “Mamá, ese es”. El dijo que había venido de una iglesia pentecostal, y reclamaba que hacía 22 años, mientras que él y su esposa oraban, el Espíritu Santo habló por medio de él, diciendo: “Mi siervo, William Branham, pasará por esta costa occidental con un don de sanidad Divina en los días postreros”. Ellos creyeron que fue una profecía que había sido dada. Y al escuchar ellos el nombre del Hermano Branham buscaron esa antigua profecía y allí estaba escrito.   

Esto concluye los relatos provistos en la información dada por aquellos en la congregación del Hermano Branham en Jeffersonville. Pudiéramos también añadir que durante esos primeros meses, dos jóvenes por los nombres de O. L. Jaggers y Gayle Jackson asistieron a varios de los servicios. Recientemente en una conferencia especial en Dallas, estos dos jóvenes le preguntaron al Hermano Branham si él se acordaba de ellos. El tuvo memoria de ellos, pero se sorprendió grandemente que estos hermanos, que desde entonces han sido bendecidos con éxito asombroso, y cuyos ministerios han alcanzado a decenas de millares para Cristo, y que han sido visitados con señales poderosas y prodigios, fueran los mismos jóvenes que habían venido a sus reuniones en sus primeras campañas.      

El siguiente capítulo por el Reverendo Jack Moore, editor asociado de la revista LA VOZ DE SANIDAD, es un relato muy informativo del esquema y lo sobresaliente en las reuniones del Hermano Branham durante los próximos meses en el curso de la narración.   

William Branham Un Hombre Enviado De Dios  

Capítulo 13   Relatos de las Reuniones Branham Por Jack Moore

“Dios obra en formas misteriosas para ejecutar Sus maravillas, El planta Sus pies sobre el mar y cabalga sobre la tormenta”.        

—Cooper           

Desde esta hermosa tierra de Louisiana, donde en una ocasión existió bosque tras bosque de majestuosos pinos altos —quizá sin ser superado en ninguna parte en el mundo  un evangelista pentecostal pionero escribió un pequeño libro titulado: “La Venida de Jesús y el Juicio del Gran Trono Blanco”. En este libro él narra cómo es que la pulsación rítmica de estos oscilantes mares de árboles verdes sonaban como estrofas plateadas de cánticos al oído atento…y solamente aquellos que han sido privilegiados en escuchar esta clase de melodía, entenderán plenamente cómo para él éstos parecían cantar: “El viene pronto, El viene pronto”.        

Ahora este soldado anciano, unido a muchos más de antaño, ha dejado su armadura. Dios repose sus almas valerosas. También los árboles, en su mayoría, han desaparecido; sus voces han sido silenciadas. Pero el mensaje de su canto vive aún. Su venida está más cerca que cuando primero creímos. Otro viento sopla por la tierra:        

“Hay un viento que sopla lleno de gracia y poder,

Como en la hora más maravillosa de la creación,

Cuando Dios gentilmente sobre una forma de barro sopló

Y el primer hombre por el aliento de Dios vivió”.

El viento es un símbolo del Espíritu Santo. En el Día de Pentecostés vino como un viento recio. (Estos hombres de nuevo vivieron por el aliento de Dios). Así de esa manera, hoy muchos están siendo despertados del sueño de la muerte por el soplo refrescante del Espíritu Santo.         

El salmista dijo: “¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria”? Por una temporada, a raíz del pecado, el hombre fue reducido a un estado limitado de pobreza espiritual, más allá de cualquier esperanza de redención, hasta que viniera Jesús. Y ahora El es la esperanza de Su pueblo y la fortaleza de Israel. En su restauración completa, el hombre será más que los Angeles y los arcángeles. Y aún ahora, por medio del Espíritu Santo, algunos están siendo usados en una manera tan especial que le causan a las embriagadas ciudades de nuestra próspera América reconocer a Dios. Y eso nos lleva a centrar nuestros comentarios sobre un hombre grandemente amado y maravillosamente usado de Dios, William Branham.

LA PRIMERA REUNIÓN DEL  HERMANO MOORE CON EL REVERANDO BRANHAM      

Las palabras nos faltan mientras hacemos memoria, ya casi pasados tres años, al momento de nuestra primera reunión con nuestro amado hermano. Aunque habíamos soñado en algún día ver algo como esto, parecía que todavía estábamos de siesta y no estábamos conscientes del surgente melodrama Bíblico que estaba aconteciendo en el estado al norte de nosotros, hasta que algunos de nuestros hermanos asistieron a las reuniones Branham en Arkansas, y trajeron los increíbles reportes de lo que habían visto. Esto sonaba bien, pero la mitad no nos había sido contada; estábamos destinados para ver algunas de las experiencias más preciosas en nuestras vidas. En la gran providencia de Dios, el evangelista fue enviado para bendecirnos con una breve muestra de su ministerio conmovedor.

El aire estaba cargado de historias fascinantes acerca de este hombre bajito y su “don”. ¿Cómo podríamos imaginarlas todas? Uno habló emocionado en cuanto a las “pulsaciones” en su mano por las cuales él podía decirle a cualquier persona si tenían o no una “enfermedad de germen”, y cuál era; otro contó acerca de los sermones, que él predicaba, y sin embargo él declaraba que “no soy un predicador”; algunos incluso reclamaban haber visto cáncer que había salido de cuerpos enfermos horas después de haberse orado; y aún otros describían emocionantes cuadros de niños sordomudos hablando en el micrófono, lisiados gritando y danzando, interminables líneas de oración concluyendo sólo cuando el evangelista se desplomaba en agotamiento y era retirado de las gimientes multitudes. Numerosas audiencias mantenían sus rostros inclinados en reverencia por horas, sin que sonido alguno irrumpiera la atmósfera, con excepción de quejidos de dolor por los afligidos y la tierna y sincera voz del evangelista orando y suave estrofas de “Sólo Creed” y las frecuentes interrupciones de gratitud a medida que las sanidades ocurrían. Una dama que siguió sus reuniones durante cientos de millas, en un intento de describir la humildad, la compasión, y la simplicidad de este fenomenal personaje, declaró que cuando ella lo miraba, no veía a ningún humano, sino a Jesús. Todos estuvieron de acuerdo, “uno no podía ser el mismo después de verlo”. No obstante, a pesar de todo esto, nos encontrábamos completamente desprevenidos para lo que nos ocurrió. ¿Acaso no parecía todo demasiado fantástico como para ser verdad? Pero era verdad y aún más, como pronto aprenderíamos.          

Sorpresa y asombro figuraban entre algunas de nuestras emociones ese primer domingo de la visita del Hermano Branham con nosotros, al llegar temprano a nuestro tabernáculo de estructura grande y encontrar el lugar tan congestionado que difícilmente pudimos entrar. Esto nunca había sucedido en la primera noche de alguna reunión…¡Pero es que esta era una reunión Branham! Un constante flujo de tráfico vehicular subía y bajaba por las montañosas carreteras de Arkansas y pasaba por los valles de Louisiana ese día, reverentemente recorriendo el camino de este profeta del siglo veinte, cuyas oraciones le causaban maldición a las enfermedades, que hogares rotos fueran restaurados, a padres borrachos arrepentirse, a hijos pródigos regresar, a iglesias en riña abrazarse y hacer la paz, y que Cristianos tibios fueran encendidos nuevamente por el fuego de su primer amor. Logramos reservar un auditorio grande de una escuela secundaria, pero nos vimos obligados a regresar a la iglesia después de sólo dos noches, a raíz de la presión ejercida por las multitudes que llegaron a la escuela, aun durante las horas escolares. Fuimos privilegiados en tener tan sólo cinco gloriosos días y noches de esta vigilia celestial, pero el efecto de esos memorables días aun continúa hoy. La gente ha quedado más humilde y tierna, porque ellos sabían que Jesús de Nazaret había pasado por nuestro camino en Su siervo. Durante esa breve pausa santa, parecíamos haber volteado las páginas del tiempo y habernos unido a las devotas multitudes que seguían por los polvorientos caminos de Galilea en fiel devoción a un sencillo Carpintero que reclamaba ser el Mesías de Israel. En nuestra procesión imaginaria pasamos por el lugar de las tumbas de las cuales salió un endemoniado desnudo, que a gritos y siseando tuvo objeción a la presencia de Cristo, pero que sólo un momento después se sentó a Sus pies vestido y en su mente cabal. Estuvimos entre la multitud que alrededor de Jesús empujaba cuando El preguntó precipitadamente: “¿Quién me tocó”? Y vio a una temblorosa mujer postrarse a Sus pies y declarar ante todas las personas la causa por la que ella había tirado del borde de Su manto, y acerca de cómo ella había sanado instantáneamente. Y seguimos entonces a Jesús a la casa de Jairo y presenciamos la resurrección de su hija…Oímos las palabras claras de un niño sordomudo después que su lengua fue desatada al toque del Maestro; y nos reímos al ver al hombre lisiado saltar de gozo…Nosotros clamamos por un puesto en la ribera del mar con otros cinco mil hombres que habían dejado el yunque y martillo, y cerrado las puertas de sus negocios para pasar las horas del día en extasiada atención por las enseñanzas de este Filósofo Divino…Lloramos con las mujeres a medida que miramos Su hermoso rostro y reconocimos la tristeza y el dolor que hablaban de un corazón partido, y sentimos esa sensación cálida y ablandadora que por una mirada de Sus bondadosos ojos le era traída al alma. Sí, los días de la Biblia estaban de nuevo aquí. Aquí estaba un hombre que practicaba lo que nosotros predicamos.      

Digo esto, no exaltando a ningún humano, sino sólo para enfatizar que nuestro profundo aprecio por nuestro hermano nace del hecho que su ministerio pareció traer a nuestro Amante Señor más cerca a nosotros, y para mejor familiarizarnos con Sus obras vivas, Su personalidad, y Su deidad que cualquier cosa antes había hecho…Y, ¿qué mejor cosa podría ser dicha de un ser humano?            

NUEVA EXPERIENCIA    

Ese consagrado sentir que vino sobre nosotros a medida que veíamos los triunfos maravillosos de la fe, causaba ansias en nosotros por ayudar en cualquier manera posible…¿Quién habrá visto alguna vez a un niño lisiado o afligido que es traído a la línea de oración, que no se haya conmovido a estar dispuesto a ir a los confines de la tierra para ayudar a estos pequeños si fuera posible?             

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