S.259 54-1207  Más En Tu Palabra, Señor, Echaré La Red 

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OBRAS DEL MENSAJE

Más En Tu Palabra, Señor, Echaré La Red

Johnson City, New York, E.U.A.

54-1207

1 Buenas tardes, amigos. Privilegiado de estar aquí en este hermoso auditorio esta noche en Binghamton, en nuestra noche de cierre. Quiero decir que ha sido un verdadero placer estar aquí entre ustedes, buenas personas, estas últimas noches. Y estoy confiando en Dios, que un día, por Su gracia, pueda regresar y estar con Uds. un poco más.
Y ahora quiero agradecer a cada uno… a cada uno de Uds. por su bondad. Me han tratado tan bien. Y aprecio todo, los regalos. El hermano me trajo una ropa, y le dio a Billy Paul un regalo y nos mandó un par de cajas de dulces, nos dio una ofrenda de amor, por todo esto estamos muy agradecidos. Que el Señor les bendiga ricamente por eso.

2 No vinimos con ese propósito. Venimos para ser de bendición y para recibir una bendición. Y ciertamente hemos recibido una bendición al estar con ustedes, buenas personas.
Y ahora, el siguiente servicio, que estoy consciente que tengo será en Chicago Illinois. Eso comenzará en algún momento entre los primeros de Enero y tal vez dure hasta finales de enero y la mayor parte de febrero.
Desde que regresé, estoy tratando de llevar a cabo mis reuniones de tal manera que yo no tenga que estar orando todo el tiempo por los enfermos con ese tremendo efecto que tiene la unción sobre mí. Pero predico un poco.
Y voy a comenzar en Chicago, Dios mediante. Tengo que irme a casa, y de allí, tengo que ir a la Florida para recoger al Hermano Bosworth. Y tal vez podamos tener una o dos noches allá. No estoy seguro. Luego yo regreso y [Palabras no claras]. Y esta siguiente semana que viene, nosotros ciertamente los tendremos en nuestros corazones. Y si es la voluntad de Dios, los pastores y demás me han preguntado si voy a regresar de nuevo este próximo verano, a finales del verano. Y probablemente vaya al África y a la India y a algunos lugares más del extranjero este verano. Al regresar espero poder estar aquí con ustedes.
Ahora, mucha gente cree, y yo soy un gran creyente en ello, de mandarles pañuelos a los enfermos. ¿Cuántos creen en eso? Veamos su mano. [Espacio en blanco en la cinta].
Pero eso está bien. Cualquier cosa que Dios bendiga, ciertamente yo estoy a favor de ello.

3 Ahora, en las Escrituras ellos no ungieron precisamente los pañuelos. Leerán en Hechos 19, pienso que tomaron del cuerpo de Pablo pañuelos y sudarios. Y llegaban a la gente enferma. Espíritus malignos salían y eran sanados.
Ahora, yo pienso… Yo no podría saberlo, por supuesto, pero pienso que Pablo debió haberlo sacado de… Recuerden a la mujer sunamita cuando el bebé estaba muerto, pues, ella fue con Eliseo, y él era el profeta de Dios, aunque Dios todavía no le había dicho lo que había acontecido.
Y la mujer se arrodilló ante él, y Giezi la levantó. Él era un siervo, y se preguntaba por qué ella actuó de esa manera, al venir a su señor. Él dijo: “Déjala en paz”, dijo: “porque hay pesar en su corazón y Dios me lo ha mantenido en secreto”. Pero cuando ella reveló lo que había pasado, pues, él mandó su bordón. Él dijo: “Giezi, toma este bordón (o, su siervo) y se adelanta a él y lo pone sobre el bebé”.

4 Ahora, yo pienso, ¿ven? que aquello que Eliseo tocaba… Él sabía que cuando estaba ungido con el Espíritu Santo todo lo que él tocaba era bendecido. Pero si la mujer creía eso o no… Pero él se fue y puso el bordón sobre el bebé. Pero la fe de la mujer no estaba en ese bordón. Estaba en el profeta. Así que, el profeta tuvo que venir y puso su cuerpo sobre el cuerpo del bebé para que cobrara vida.
Ahora, no obstante, tal vez fue de allí que Pablo tomó eso. El único lugar en la Escritura que yo sé donde pudo haber conseguido eso. Pero todo lo que él tocaba… Ellos vieron que Dios estaba con él y sabían que lo que tocaba era bendecido, así que Dios honró eso. Era solo un pequeño contacto de fe.

5 Ahora, hay mucha gente pidiendo que las personas les escriban a ellos —ya sea para un programa radial o algo, pero yo no tengo ninguna transmisión o nada. Pero, yo no he orado por muchos pañuelos desde que he estado aquí. Yo no sabía si era una doctrina de la iglesia aquí o no. Yo mandó como varios miles a la semana alrededor del mundo.
Yo tengo un mayor ministerio en eso que con el contacto personal con la gente, porque alcanzo a más personas. Ahora, si Ud. desea uno de esos pequeños… No es un pañuelo —pero al enviar miles de ellos y teniendo muy poco capital con el cual trabajar. Pero tomo un pequeño listón, con las instrucciones. Son perfectamente bienvenido si quieren uno, absolutamente gratis. Solo escriba a Jeffersonville. Y Uds. encontrarán un pequeño formato que se les enviará. Tengo un círculo de oración por todo el mundo. Y a medida que ellos oran… Aún se levantan a orar a media noche y a las dos de la mañana alrededor del mundo.

6 Ellos ponen su pañuelo, o telita, sobre su corazón en su ropa interior, confiesan todos sus pecados. Y todos oran uno por el otro. Y solo imaginen las miles y miles de oraciones que salen al mismo tiempo por cada uno. Dios simplemente no puede darle la espalda a Ud. Él tiene que escucharlo.
Recientemente me alarmé con un mensajito que recibí de Alemania. Era un… Tenemos una pequeña oficina en casi cada nación, donde traducen las cartas y nos las envían. Una mujercita alemana había mandado pedir una tela ungida y luego dijo que la había recibido. Ella tenía artritis y llevaba varios años en silla de ruedas. Entonces, recibió la telita y mandó llamar a los vecinos. Y dice allí que si Ud. no tiene un pastor que vaya por unos cuantos vecinos. Y ella hizo todas sus confesiones y puso la tela en ella. Y cuando la puso, ella dijo: “Ahora, diablo, sal de aquí”. ¿Ve? Se levantó y se fue sin la silla de ruedas. Es así de simple el tener fe en Dios, eso es todo lo que se requiere. Su fe estaba en un nivel donde ella podía aceptar su sanidad y se fue. La simplicidad de la sanidad Divina es algo tan sencillo.

7 Hace un tiempo en una reservación india, cuando recién comencé en mis servicios hace como ocho años, yo estaba en Phoenix y era la primera vez que oraba por el pueblo indio. Yo le prometí a Dios, que si Él sanaba a los tres indios que estaban en la reunión, que estaban en la línea de oración esa noche, que yo iría a la reservación. Y así que el Señor los sanó.
Y los misioneros me ayudaron en mis palabras. Entonces, camino de regreso, yo me detuve una noche allá en la Reservación Apache —como muchos de ustedes han estado allá, arriba de Globe, Arizona.
Nosotros regresamos y había miles de ellos sentados. Hay una pequeña iglesia. Creo que hay una estación de las Asambleas de Dios. Y habían preparado un micrófono como este con bocinas colgando. Y el sol se metió esa tarde, era una vista gloriosa ver a todos esos indios, sus pequeñas familias sentadas en cobijas.

8 Ellos son un pueblo muy peculiar. Pero cuando creen, ellos creen. Pero tienen que convencerse primero. Entonces, comencé diciéndoles que sentía pena por ellos y por la forma en que fueron tratados y así sucesivamente. Y así lo siento. Y yo dije: “Por supuesto, yo solo soy uno de los americanos así como lo son ustedes, también”.
Yo dije: “Quizás Uds. no recibieron un trato justo”. Enviamos millones de dólares allá para alimentar a la gente del extranjero y nuestros indios se están muriendo de hambre. Después de todo, ¿no son ellos los verdaderos americanos? Eso es correcto.
Pienso que eso es una mancha en nuestra bandera, para mí, el pensar que esa pobre gente está allá muriéndose de hambre. Y nosotros enviando millones de dólares al otro lado para que armen a sus ejércitos y nos disparen. Y así que, yo dije: “Por supuesto, yo no puedo evitar eso. Pero siendo que yo…”. Dije: “Aquí hay algo que puedo decirles: Estoy aquí para representar a Alguien, Quien les dará un trato justo cada vez; ese es el Señor Jesucristo”.

9 Y cuando pedí una línea de oración, bueno, nadie vino. Así que me quedé pensando: Ahora, eso es extraño. Entonces, después de un rato el misionero regresó a la pequeña misión y trajo a unas personas que tenía allá atrás. Y la primera que pasó fue una mujer, y al mirarla, ella tenía una enfermedad venérea, no porque fuera inmoral. Sino solo por la manera que tenían que vivir, ¿ven?, sucio y así sucesivamente.
Y entonces ella salió. Y ella se me quedó mirando de una manera muy rara. Ella admitió que eso era la verdad, a través del intérprete. Y después vino el siguiente que era una muchachita. Y ella había tenido una fiebre que la dejó sorda. Bueno, yo la tomé en mis brazos y oré por ella. Y ella… También, había dejado de hablar. Ella no podía hablar. Y el mismo nervio que controla al sordo que es mudo.

10 Y entonces, la bajé y yo traté… Yo me golpeé la mano de esa manera y ella se dio la vuelta. Y le dije algo, y ella murmuró algo. Y yo dije: “Bueno, ella hablará mejor”.
Y el intérprete dijo: “Su habla ahora se pone mejor”. Dijo: “Yo no quería que usted… [Palabras no claras”.
Luego, el siguiente fue un niñito con los ojos cruzados. Lo tomé en brazos y sostuve aquí y oré por él. Nunca ni una sola vez, en todo mi ministerio, he visto que Dios rechace a un niño con ojos cruzados —jamás en mi vida. Yo perdí un bebé, hace años (La hermanita de Billy), cuando ella tenía ocho meses de edad. Ella sufrió mucho. Cuando llegué al hospital a verla, sus ojos se habían cruzado. Y fue algo que provocó un efecto, y siento mucha lástima al ver a un niño bizco.

11 Sin embargo, el siguiente que pasó era un… Luego tuve una verdadera línea de oración, entonces. Simplemente miles de ellos que comenzaron a volar por todas partes; estaba teniendo una estampida. Y me preguntaba… Y entonces hicieron que guardaran silencio. Y luego, comenzaron una gran línea de oración. Oh, cuatrocientos, quinientos, seiscientos de ellos formándose.
Y después, el siguiente que vino resultó ser una anciana que estaba con unas muletas de palos de escoba. Ella estaba gravemente lisiada. Y estaba hinchada de una manera con artritis, y por el estilo. Y miré a la pobre ancianita. Había un joven intentado todo el tiempo de pasar delante de ella. Así que, no podíamos hablar con él. Entonces, el Sr. Moore, (Muchos de Uds. conocen al Rev. Mr. Moore), él simplemente levantó al pequeño indio y lo puso detrás de la anciana. Y la pobre cosita. Ella ya había visto; sabía que Dios vivía.

12 Así que ella trajo sus muletas pasando de esa manera. Y cuando llegó donde yo estaba, me quedé quieto y dejé que pasara. Y ella vino —pobre ancianita— sus pies grandes, con pliegues, arrugas en su rostro, y su cabello envuelto con un cuero. Y yo pensé, a medida que ella volteó para arriba, las lágrimas bajando por los pliegues de su rostro, pensé: Es la madre de alguien.
Quizá ella nunca había tenido el privilegio que algunos de Uds. tienen, pero sus hijos la amaban de la misma manera como ustedes aman a su madre. Y ella amaba a sus hijos como… sus hijos la amaban de la misma manera, y viceversa.

13 Cuando ella llegó hasta donde yo estaba, solo se me quedó mirando de esa manera. Y sus pequeños labios temblando. Ella solo tomó ambas muletas y me las dio, se enderezó, se bajó caminando de la plataforma. Ninguna oración en lo absoluto. Ella solo lo creyó, ¿ven? eso fue todo.
Recuerdo que hasta el amanecer de esa mañana, yo había orado y orado. Y ellos empezaron a pasar, mojados hasta la cintura. Y yo le dije al intérprete, dije: “¿Por qué están mojados?”.
Dijo: “Bueno, al principio ellos no lo creían. Simplemente pensaban que era falso”. Y dijo: “Ahora…”. Dijo: “Hay un vado a unas veinte millas [32 Km. Trad.] río abajo. Pero”, dijo: “ellos lo cruzan, van y traen a sus seres amados. Simplemente cruzan el río con sus seres amados”.

14 Había un hombre parado allí con una tabla que tenía un palo en la parte de adelante y atrás. Él tenía a un indio anciano acostado allí, con sus piernas colgando sobre este palo, casi todo su cuerpo sobre la tabla [Palabras no claras] y sus manos atrás de esa manera. Y uno grande y valiente estaba parado allí, temblando, sus labios, muy frío. Yo dije: “¿Habla Ud. inglés?”.
Dijo: “Sí, señor”.
Yo dije: “¿No tiene miedo que pueda enfermarse de neumonía de esa manera?”.
Él dijo: “Jesucristo me cuida. Yo traje a mi papi”.
Y el hombre anciano postrado allí, él tenía parálisis. Yo dije: “¿Cree Ud. que si yo le pido a Jesús, que Él sanará a su papi?”.
“Sí”.
Entonces yo dije: “Pásenlo”. Él pasó y yo solo puse mi mano en el viejo anciano de esa manera. Yo dije: “Dios le bendiga, hermano. Que el Señor Jesús lo sane y se recupere”. Ellos siguieron adelante.

15 Aquí venía alguien más. Después de un rato, escuché a alguien gritando. El viejo anciano tenía la camilla en sus propios hombros, saludando a todos de esa manera, saliendo. Solo la simplicidad de una simple fe de niño para creer que Jesucristo, el Hijo de Dios, todavía tiene misericordia de Su pueblo.
Amigos, la actitud de Cristo no cambia para el enfermo o el pecador. Es la misma esta noche como siempre lo ha sido.
Yo he tenido diez años de esto. Este es mi décimo año viajando alrededor del mundo, viendo a nuestro amado Señor obrando Su gran poder. Y yo le amo a Él esta noche con todo mi corazón. Estoy seguro que Uds. también. Salen en una noche como esta, con frío afuera, para venir a este pequeño auditorio esta noche, para adorarlo a Él junto con nosotros. Nosotros apreciamos Su Presencia.

16 Y ahora, antes de que yo abra la Biblia para leer unos cuantos versículos de Escritura, hablemos con Él el Autor de esta Palabra. A medida que oramos.
Nuestro bondadoso Padre Celestial, te damos las gracias esta noche con todo nuestro corazón por Tu bondad y misericordia hacia nosotros. Somos indignos de cualquiera de estas bendiciones. Pero Tú con Tu gracia soberana… [Ruptura de cinta]… descendió del Cielo, se hizo carne y murió en la cruz, y fue sepultado, y resucitó al tercer día para nuestra justificación, llevando en Su cuerpo para nuestra redención de ambos, enfermedad, pecado, preocupaciones, y problemas. “Mas Él herido fue por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados, el castigo de nuestra paz fue sobre Él y por Sus llagas fuimos curados”, dice el profeta.

17 Y te damos las gracias a Ti por estos maravillosos atributos de Su muerte que podemos disfrutar mientras estamos aquí en esta tierra. Y sobre todas las cosas, sabiendo que esperamos el día cuando seremos hechos semejantes a Él. Y le veremos tal y como es Él, viviremos con Él a través de las edades interminables.
Padre, concede, esta noche, que Tu Espíritu Santo venga a este edificio y bendiga a cada uno de los que están aquí. Oramos esta bendición ahora para Tu gloria. Y mientras abro esta Biblia, ayúdanos dándonos unas cuantas palabras de consolación de Tu Palabra, porque lo pedimos [Espacio en blanco] Tu Hijo. Amén.
Porque mi palabra, que yo digo como hombre, mis palabras son solo palabras de hombre, pero Su Palabra siempre es verdad. Y ahora, leemos del primer versículo. Comenzando con el capítulo cinco de San Lucas.

18 Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios.
Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes.
Y entrando… (Discúlpenme. No tengo mucha luz aquí). Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud.
Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.
Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red.

19 Que el Señor añada Sus bendiciones a eso. Y solo para un pequeño tema, tomaremos: Mas En Tu Palabra, Señor, Echaré La Red.
Ahora, muchos de nosotros al buscar, o al abordar el tema de sanidad Divina, y así sucesivamente… Como lo estamos haciendo, esta noche, orando por los enfermos, Dios mediante, deseo hacer esta declaración, para que todos sepan con seguridad que yo no reclamo ser un sanador Divino. Yo no creo que haya uno en la tierra. Y no creo que alguna vez haya habido uno en la tierra. Aún el Hijo de Dios no reclamó ser un sanador Divino. Él dijo: “No soy Yo el que hace la obra, es Mi Padre que mora en Mí, Él hace la obra”.
Y ahora, Cristianos, y a ustedes, que tal vez no son Cristianos, no hay poder en el hombre, nunca hubo, y nunca lo habrá, para sanar al enfermo. Todo viene de Dios. Sin importar… Yo no tengo nada en mí, ningún otro hombre tiene algo en él, para salvar o perdonar.

20 Ahora, el pecado es la causa de la enfermedad. Toda enfermedad viene del pecado. Es un atributo del pecado. Antes que tuviéramos alguna enfermedad, no teníamos pecado. El pecado siguió a la enfermedad. Por lo tanto si Ud. lidia con el pecado, está obligado a lidiar con sus atributos. Simplemente tiene que hacerlo. Y cualquiera que predicare el Evangelio de salvación partiendo del pecado tendrá que predicar sanidad Divina, o Ud. no pudiera predicar el Evangelio, ¿ve?
Usted no podría matar a un perro, golpearlo en la cabeza y matarlo sin matar su pie, también, ¿ve? Usted tendría que matar el resto del cuerpo. Así que la cabeza de ello es el pecado y todas estas fatigas y enfermedades y todos los atributos, aún la muerte misma, está todo envuelto por causa del pecado. El hombre no tenía que morir, no tenía que estar enfermar. No tenía que preocuparse, no tenía que cuidarse a sí mismo. Todo viene después de la caída.

21 Ahora en esto, pero Dios ha puesto en la iglesia, dones; primeramente, la Biblia. Ahora yo soy estrictamente un fundamentalista. Si algo no viene de esta Biblia, no es verdad. Yo creo que esto es la verdad de Dios. Y todo, cada doctrina tiene que basarse en este Nuevo Testamento, la iglesia del Nuevo Testamento.
Y ahora, vemos en la Biblia que Jesucristo, el Hijo de Dios, cuando Él vino a la tierra, vino a librar al pecado y la enfermedad, divorciarlo, quitarlo para siempre de Su pueblo. Y reclamó que Él regresaría otra vez. Pero en Su ausencia, que Él le dio a Su iglesia la misma autoridad que Él tenía.
Si nos fijamos qué autoridad tenía Él. No vino… Jesús no anduvo alrededor sanando a las personas porque Él quería hacerlo. Él solo las sanó a medida que Dios lo dejaba que las sanara.

22 Notamos Su ministerio tal como yo lo cité la otra noche. Si podemos averiguar qué clase de ministerio tenía Jesucristo mismo, entonces podremos darnos cuenta si acaso Él es el mismo de ayer, hoy, y por los siglos. Yo contiendo por esto, que Jesús resucitó de los muertos. Él no está muerto. Él está vivo, tan vivo como siempre lo ha estado y estará eternamente. Él no está muerto.
Él solo se ausentó un poquito de la tierra y tuvo que llevar nuestros pecados al infierno puesto que Él se hizo pecado por nosotros, para quitar nuestros pecados, sin conocer Él mismo el pecado; pero un sustituto inocente por nosotros pecadores culpables, llevando nuestros pecados y enfermedades al infierno cuando Él fue en nuestro lugar. Y Dios lo resucitó al tercer día, para nuestra justificación. Y nos fijamos y vemos una tumba vacía, nos damos cuenta que estamos justificados gratuitamente a la vista de Dios, y Dios se complació mucho con el precio que fue pagado con la muerte de Su Hijo en el Calvario.
Él dijo: “Este es Mi Hijo Amado, a Él oíd”.
Jesús en la cruz dijo: “Consumado es”. La expiación fue pagada por y… hecha, más bien, en el Calvario. ¿Qué clase de ministerio tuvo Jesús? Si Él es el mismo de ayer, hoy, y por los siglos, ¿no piensan Uds., audiencia, esta noche, que si Él es el mismo de ayer, hoy, y por los siglos que Él puede hacer lo mismo hoy como lo hizo ayer y siempre?

23 Hebreos 13:8 dice que “Él es el mismo de ayer, hoy, y por los siglos”. Observen Su ministerio. Solo como una vista previa por unos momentos, tal vez para los extraños. Veamos qué clase de ministerio tenía Él.
Ahora, Él no andaba diciendo: “Muy bien, tú lisiado, levántate. Tú ciego… Yo voy a resucitar a este hombre muerto”. Él resucitó a tres personas muertas, de acuerdo a las Escrituras, en Su ministerio terrenal aquí mientras estaba en la tierra; solo tres como confirmación. “En boca de dos o tres testigos, sea establecida toda palabra”.
Mucha gente murió durante Su ministerio, pero Él solo resucitó a tres, como lo registra la Biblia. Pero, ¿qué clase de ministerio tenía Él entonces? Obsérvelo a Él en el comienzo de Su ministerio, puesto que nos vamos a basar en este texto por unos momentos.

24 Cuando Él comenzó Su ministerio en el principio, llegó a ser popular. Pues, un hombre con el nombre de Felipe fue salvo, y se fue en busca de su amigo Natanael y trajo a Natanael a Él. Y cuando Jesús, estando parado predicando y orando por los enfermos, o lo que sea que fue. Natanael pudo haber estado en la línea de oración. Él pudo haber estado parado en la audiencia, lo que haya sido. Cuando Jesús lo vio, dijo: “He aquí un israelita en quien no hay engaño”.
Y él dijo: “¿De dónde me conoces, Rabí?”.
O, en otras palabras, si yo le dijera a usted la misma cosa, le diría: “He aquí un Cristiano, un creyente, una persona verdaderamente honesta”.
Bueno, él dijo: “¿Cómo me conoces?”.
Él dijo: “Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo del árbol, Te vi”. ¿Es eso verdad? Eso es la Biblia.

25 Y ahora, ¿qué pensaría Ud. que pasaría entre muchas personas que son creyentes superficiales y fronterizos esta noche, si algo como eso sucediera aquí en Nueva York esta noche? La primera impresión que tendrían, ya sea que los hombres… ellos dirían que Jesús era uno que leía la mente, o que era telepatía mental, o algo como eso.
Y esa es la razón por la que Dios no puede moverse. La gente no lo hace a Él bienvenido. Le llamaron un diablo en aquel entonces. Dijeron que Él era el jefe de todos los adivinos. ¿Sabían Uds. eso? Él es un Belcebú, el jefe de los diablos. ¿Es eso lo que los clérigos lo llamaron a Él? Belcebú, el jefe de todos los diablos, ¿ven?

26 Ellos no se detuvieron a leer en las Escrituras para ver que esa era la señal del Mesías. Pero solo dijeron: “Bueno, yo sé que Él sabe lo que está mal con ellos. Y no podemos entender por qué ellos sanan, pero Él es un diablo”, ¿ven? Pero ¿qué dijo Felipe… qué dijo Natanael? Él dijo: “Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Esa es la manera de aceptarlo.
Él dijo: “Bienaventurado eres. Si has creído estas cosas, porque te dije que sabía en dónde estabas antes que vinieras a la iglesia”, de otra manera, “bueno, cosas mayores que esta veréis”.
Un día en Su ministerio Él pasó al lado de una mujer… o, subió a Samaria, allí fue, y se sentó en una banca o pared; despachó a Sus discípulos a la ciudad para que consiguieran algo de comer.
Y nosotros los estadounidenses, lo cual en el terreno del Este es muy diferente a este. Pero como estadounidenses, creemos que esa mujer era una mujer de mala fama, una prostituta, quizá.

27 Ella había salido a sacar agua. Jesús le dijo: “Dame de beber”.
Ella dijo: “No es costumbre que Uds. los judíos le pidan tal cosa a los samaritanos. Nosotros no nos tratamos”. Miren, Él estaba, a mi opinión, estaba tratando de contactar su espíritu. El Padre le había dicho que subiera allá. Pero, tal vez, Él tomaría lugar después de llegar allá. Entonces, Él se sentó en… Ella dijo: “Pues, no es costumbre que Uds. los judíos le pidan tal cosa a los samaritanos”.

28 Él dijo: “Pero si tú supieras con quién estás hablando, tú me pedirías a Mí de beber”. Él siguió con la conversación. Después de un rato, Él captó lo que estaba mal con ella, en dónde estaba su problema. Él dijo: “Ve trae a tu marido”.
Ella dijo: No tengo ninguno“.
Dijo: “Eso es correcto. Tú tienes cinco”. Pues, escuchen. Ahora, escúchenla a ella, su versión al respecto.
Ella dijo: “Percibo que Tú eres un profeta”. No un diablo; un profeta. Dijo: “Yo sé que el Mesías vendrá y cuando venga Él nos dirá estas cosas”. La mismísima señal de Mesías estaba allí. Esa prostituta lo reconoció antes que el clero lo hiciera. Muy parecido al día de hoy. Eso es correcto.

29 Cuando ellos estaban en su argumento sobre qué clase de botones tenían que tener sus sacos, los tres magos —los adivinos, o como quieran llamarlos, que miran las estrellas— vinieron del Este siguiendo una estrella y lo encontraron a Él. ¿Es eso correcto? Es la verdad. Y el clero se preguntaba qué clase de botones tenían que usar en sus ropas y cómo debían vestirse. Teniendo grados de DD´s y así sucesivamente para sus nombres. Igual que la historia —sencillamente repitiéndose. Y allí estaba el don de Dios acostado allí. Cuando Él salió predicando y prediciéndole a la gente, en Su ministerio, ellos dijeron… lo miraron a Él y dijeron: “Él es un Belcebú”. Ese es el clero. Pero ¿qué fue lo que dijo el diablo? “Sabemos quién eres Tú: el Hijo de Dios, Tú eres el Santo de Dios”. ¿Es eso correcto?
Allí es donde ellos… Miren, la gente se puede volver tan ritualista al punto que pierde… Aún los diablos sabían más sobre el Espíritu que ellos, porque ellos lidian con cosas espirituales. Ellos se vuelven tan eclesiásticos, al punto que simplemente no pueden encontrar a Dios. Y no hay manera de encontrarlo de esa manera. Dios se esconde a Sí Mismo de los ojos de los sabios y entendidos, Él dijo.
Y entonces, noten, cuando Él habló con la mujer, ella dijo: “Yo sé que cuando el Mesías venga, Él nos dirá esas cosas y hará esas cosas”.
Él dijo: “Yo soy el que habla contigo”.
Y ella corrió a la ciudad y dijo: “Venid, ved a un Hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No es este el Mesías?”. Pues, Él no le dijo todo lo que había hecho. Él solo le dijo una cosa. Pero si Dios podía revelarle esa única cosa, podía revelarle todo a Él.

30 Así que entonces, si se fijan, un poquito después Él pasó por el estanque de Betesda, donde multitudes tras multitudes de lisiados, cojos, paralíticos, ciegos, retorcidos… Ahora, presten atención. Y cuando Él pasó al lado de esta gente, no tocó a ninguno de ellos, aún lleno de amor y compasión. Pasó al lado de ellos hasta que Él encontró a un hombre tendido en un pequeño lecho —como lo llamamos en el Sur. Y entonces Él lo sanó.
Él no estaba lisiado. Él dijo: “Cuando estoy bajando al estanque, alguien más se mete delante de mí”. Él, quizás envejeciendo. Él llevaba treinta y ocho años con esa enfermedad. No lo iba a matar, estaba retardado. Así que, él pudo haber tenido tuberculosis o un problema de próstata o algo.
Él dijo: “Toma tu lecho y vete a tu casa”.
Ahora, si se fijan, la Escritura dice antes de eso, que Jesús sabía que él estaba allá. Ahora, cuando los judíos lo encontraron y cuestionaron a Jesús: ¿por qué no sanó a toda la multitud? ¿Por qué no los sanó a todos?

31 Ustedes saben lo que sucedería en Nueva York esta noche, si tuviéramos una gran reunión y hubiera un gran… empujando a un montón de lisiados y ciegos y cojos, y el Señor bajara y sanara quizá a una persona y se fuera. ¿Saben Uds. lo que ellos dirían? “Uh-huh, déjame verlo a Él sanar a ese y yo lo creeré”.
Miren, Dios no sana en base a sus deseos. Él sana sobre la base de su fe. Correcto.
Entonces, cuando cuestionaron a Jesús con respecto a eso. Escuchen lo que Él dijo, ahora. San Juan 5: 19. Presten atención: “De cierto, de cierto os digo, el Hijo no puede hacer nada de Sí mismo, sino lo que ve al Padre hacer: lo que el Padre hace, se lo muestra al Hijo. Y Él les mostrará más que esto para que se maravillen. Porque el Padre obra y Yo obro hasta ahora”, ¿ven?

32 De otra manera Jesús con Sus propias palabras dijo: “Yo no hago ni una sola cosa por Mí Mismo, pero yo observo. Y lo que el Padre Me muestra, Yo voy y lo hago”. ¿Es eso correcto? “De cierto, de cierto os digo, el Hijo no puede hacer nada de Sí mismo, pero lo que Él ve al Padre haciendo, eso hace el Hijo igualmente”.
Ahora, una mujer en una ocasión tocó Su vestidura y corrió a meterse entre la multitud. Su fe era tan grande, Él se dio la vuelta y la localizó entre la multitud y dijo: “Tu fe te ha salvado. Tu flujo de sangre se detuvo y todo ha terminado”. ¿Ven?
Observamos la manera como Él obró; solo lo que el Padre le mostraba. Ningún crédito para Sí mismo, sino a lo que el Padre hacía. Él vino a hacer la voluntad del Padre. Ahora, ese es el tipo de ministerio que Él tenía. Ahora escuchen.

33 Él dijo: “Un poquito y el mundo no Me verá más, empero vosotros Me veréis”. Ese es el creyente. El mundo, el incrédulo; “no Me verá más”, porque Él se habrá ido. Eso lo concluye. Dijo: “El mundo no Me verá más, empero vosotros Me veréis; porque Yo estaré con vosotros, aún en vosotros hasta el fin del mundo”. Esas son Sus propias palabras. ¿Es eso correcto?
Ahora, amigos, ya sea que eso está bien o está mal. Hebreos 13:8 dice: “Jesucristo es el mismo de ayer, hoy, y por los siglos”. Si está correcto, Él está obligado a Su Palabra. Y si no está correcto, entonces la Escritura, la Biblia no es un libro de confiar. Para mí, es negro o blanco. Esta correcto o incorrecto. Y estoy tan agradecido de haber encontrado que está perfectamente bien.

34 Porque Él ha resucitado de los muertos. Él está vivo… Ahora observe. Ud. dice: “Bueno, por supuesto que creemos que Él ha resucitado de los muertos”. ¿Qué dijo Él? “Las cosas que Yo hago, vosotros también las haréis”. ¿Es eso correcto? ¿Ustedes ministros? “Las cosas que Yo hago, vosotros también las haréis. Aún mayores…”. La palabra mayores, cualquiera de Uds. eruditos sabe que la correcta interpretación de eso es “más”. Él no podría hacer algo mayor. Él paró la naturaleza, resucitó al muerto, y todo lo demás. No mayor en calidad pero en cantidad. “Más de esto haréis, porque Yo voy a Mi Padre”. ¿Es eso correcto? “Estas mismas cosas que Yo hago, vosotros las haréis, también”.

35 Ahora, si Él es el mismo de ayer, hoy, y por los siglos, entonces Él está obligado a esa Palabra, ¿no es así? En el principio de Su ministerio aquí, puedo pensar de esa mañana cuando Él estaba parado al lado de este lago aquí. Su ministerio acababa de comenzar. Él se hizo popular. Pequeñas multitudes de gente se estaba reuniendo alrededor de Él. Y habían acontecido unos milagros. Y Él iba a una ciudad y sanaba a un hombre, se salía inmediatamente de la ciudad que el Padre le había mostrado y se iba a otra parte. Y lo que sea que el Padre le mostrara a Él.
Y este día, tenían a un grupo de pescadores. Pedro, Jacobo, Juan, habían estado pescando. Tal vez, los otros les habían contado antes sobre esta persona maravillosa de Jesús de Nazaret. Y habían trabajado toda la noche por el lago. Y ellos eran pescadores. Tal vez diríamos, por causa del drama, que era como en abril, cuando la pesca es buena.

36 Y estaban pescando con esta cosa por todo el lugar. Y ellos eran pescadores, sabían exactamente la clase de clima que debían tener y las estrellas y la luna y así sucesivamente. Todo el calendario se les fue dado por instinto. Ellos sabían cuándo los peces estaban corriendo y cuándo no. Y habían trabajado toda la noche por este lago y no habían atrapado nada.
Vaya, eso es algo desalentador, pescar toda la noche y no obtener nada. Y a la mañana siguiente estaban desanimados y sentados lavando sus redes. Y por la ribera venía este amado, galileo solitario, despreciado y odiado por las iglesias, sin embargo el Príncipe de Paz.

37 Y a medida que Él viene caminando por la ribera, unos cuantos de Sus apóstoles que lo siguieron (discípulos en ese entonces) lo estaban siguiendo. Ahora, me puedo imaginar viendo a las mujeres todas allí arriba por la reunión una noche antes, tal vez, lavando y demás en la ribera con sus pequeñas chozas como era.
Dijeron: “Allí va el Hombre que está sanando a los enfermos, ese profeta. Vayamos allá abajo y escuchémosle. Tal vez si nos reunimos, tendremos una reunión allá abajo en la ribera. Y las puedo ver poniendo de lado los trastes, o lo que lavaban. Y los hombres detienen al buey de arar en el campo. Y vienen bajando para hablar con Jesús.
Y cuando Él se detuvo en la ribera y comenzó a hablarle a la gente… Ellos dijeron: “El gentío se agolpaba sobre Él para oír la palabra de Dios”.

38 No hay nadie en el mundo que disfrute escuchando a los siervos de Dios predicar como yo. No consigo escucharlos mucho, a menos que sea en la radio, de todas las diferentes iglesias denominacionales. Me encanta escucharlos. Y no alcanzo a conocerlos ni escuchar mucho de ello en la reunión, porque todo se destina para orar por los enfermos y demás. Y a veces las multitudes de miles de miles, y el Espíritu Santo moviéndose, llevado de lugar en lugar.
Y me gusta escuchar a los buenos ministros hablar. Pero me hubiera encantado haber estado allí cuando Él extendió los brazos y dijo: “Venid a Mí, todos los que estáis trabajados y cargados; Yo les haré descansar”.

39 Muy a menudo me he puesto a pensar si yo viviré para ver el día cuando las ondas del aire que los técnicos de la radio, y por el estilo, y los científicos serán capaces de producir un cristal de algo que podrá captar esa onda de Su voz. Ellos reclaman que eso nunca muere. Solo sigue fluyendo. “Venid a Mí todos los que estáis cansados y cargados; Yo os haré descansar”.
Yo no sé si viviré para ver ese día o no. No sé si Dios me lo permitirá. Pero hay una cosa que sí tengo. Yo espero esto: que un día lo escucharé a Él decir esto: “Bien hecho, mi buen y fiel siervo”. Para eso vivo yo, para ver el día cuando escuche esa Voz, de: “Bien hecho. Hiciste lo mejor que pudiste”. Por eso es que he trabajado. Por eso es que he trabajado y obro en amor por mi Señor Jesús.

40 Estos pescadores, me imagino viendo a los apóstoles sentados allá arriba en un tocón al lado de la ribera. Dicen: “Bueno, por cierto, está ese tipo, ese hombre nuevo, llegó aquí predicando sanidad aquí abajo. Vamos a sentarnos aquí abajo y ver lo que Él dice”. Ud. sabe el individuo viene a la iglesia la primera noche y se va lo más atrás que puede.
Luego yo me fijo en él mientras Jesús comienza a hablar; había algo tocante a Su palabra que simplemente era un poco diferente al hombre ordinario. Puedo ver al apóstol Pedro levantar su tocón, acercarlo un poco más y sentarse. Después de un rato, él estaba enfrente y lo escuchaba a Él. Él hablaba como… preciosas palabras salían de Su boca.

41 Después Él dijo… salió y tomó prestada la barca de los apóstoles. Así que el gentío lo agolpaba a Él y se subió a la barca. Después que Él terminó de hablar, le dijo a Pedro. “Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar”. Ahora, no “Echad vuestras redes y ve si hay algo allí”, “Echad vuestras redes e inténtalo”, pero: “Echad vuestras redes para pescar”, —toda la multitud de peces.
Bueno, el apóstol dijo: “Señor, hemos pescado toda la noche, Somos pescadores. Conocemos nuestro negocio. Y simplemente no hay peces allí afuera”. Me imagino que él dijo en su corazón: “Ahora hemos pescado en esas aguas y sabemos que no hay peces allí”.
Pero si Jesús dijo: “Echadla para pescarlos”, Él es capaz de poner algo allí. Si Uds. lo toman a Él en Su Palabra.

42 Ahora, quizás Ud. ha ido con cada doctor en la ciudad. Quizás ha visitado cada clínica y cada oficina de doctor. Quizás el hombre lo ha examinado honestamente y dijo: “Yo no sé lo que está mal con usted”. Y quizás él encontró lo que está mal con eso y dijo: “No está en los ámbitos médicos curarlo. No hay nada en el mundo que podamos hacer por usted”. Quizás Ud. ha pescado a través de todo eso, y ha pasado por líneas de oración. Ha hecho todo lo que sabe hacer y todavía sigue enfermo y empeorando.
¿Por qué no hace como el apóstol dijo? “Señor, yo no sé cómo va a suceder, mas en Tu Palabra, voy a echar la red esta noche. Voy a arrojarla y creer con todo mi corazón que Tú me vas a sanar esta noche”. Usted se irá de aquí como una persona sana. “Mas en Tu Palabra. Señor, voy a echar la red”, —independientemente de lo que sea.

43 Y cuando el apóstol echó la red, donde él había trabajado toda la noche, y Jesús le pidió que fuera exactamente a las mismas aguas y que la bajara otra vez. Entonces cuando él la bajó, encerró una gran cantidad de peces. Y él cayó de rodillas ante el apóstol… ante Jesús, y dijo: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador”.
Cómo es que él no era… Y desde entonces él escuchó al Señor. Las grandes bendiciones que Jesús le dio: Él dijo: “Desde ahora serás pescador de hombres”.

44 Y eso esta noche… cómo todas esas críticas y demás, cuando yo recién comencé, era terrible.
Pero ahora, el Señor ha luchado contra los críticos, que grandes hombres de reyes y potentados y miles de diez miles de testimonios escritos por doctores, y todo lo demás, de sanidad Divina, y aún resurrección de entre los muertos, al punto que ha cerrado la boca de los críticos. Dios ha aparecido en la reunión en una gran forma de Luz; se la tomaron. Ha pasado por todos los diferentes exámenes y cosas, al punto que Dios ha probado absolutamente Su Palabra más allá de cualquier sombra de dudas que es la verdad; y detuvo a los críticos.

45 Y yo le amo a Él. Y creo que cada vida Cristiana se queda con esto: que por la Luz de la Palabra de Dios, que todo hombre debe venir…Si está Ud. aquí por primera vez, debiera de analizarlo de una manera sensata. Y mírelo Escrituralmente y abórdelo de la misma manera. No venga criticando… Diciendo: “Bueno, yo no creo. No me importa”. Bueno, si usted es un…
Un individuo me dijo no hace mucho, dijo: “Hermano Branham, no me importa lo que suceda, yo no lo creo”.
Yo dije: “No fue para usted. No es para incrédulos. Es para aquellos que creen”. Para creyentes únicamente.
Entonces Él dijo: “El que creyere”. Ese es. “Estas señales seguirán a los que creen”. No los incrédulos, “el creyente”. Esos son los que lo tienen.

46 Y esta noche, pensando estas cosas y viendo cómo el Señor hizo… Algunas personas simplemente se avergüenzan. Después que han aceptado al Señor Jesús como Salvador, salen y se avergüenzan de confesarlo a Él. Muchas veces lo aceptan como su sanador. Y salen y se avergüenzan de confesarlo a Él. Nunca deben avergonzarse de Él. Deben de pararse, sin importar lo que suceda, deben de pararse al frente para respaldar su testimonio.

47 Porque Dios solo puede salvarlos a medida que Uds. testifican. Él solo puede sanarlos a medida que Uds. lo testifican. Él está sentado a la diestra del Padre esta noche para hacer intercesión en base a su profesión. No es qué tanto Ud. grita, qué tan duro golpea el altar, cuántas buenas obras hizo. Es su fe lo que los salva.
Y si Ud. lo ha confesado con sus labios y viene de su corazón. Él comienza a obrar como Sumo Sacerdote, sentado a la diestra del Padre para hacer intercesión en base a su confesión —Hebreos 3: 1. Él no puede hacer nada por usted hasta que Ud. primeramente lo crea y lo acepte y confiese que así es.
Y la gente hoy día, saldrá diciendo: “Bueno, me sentí mejor anoche. Pero hoy estoy tan mal que casi no puedo soportarlo”. Eso es exactamente; cuando Ud. pierde su confesión, se cae completamente. No importa quién es usted, cuán santo, cuán piadoso es usted, es ministro, clérigo, o diácono, o lo que sea que sea, o ha sido Cristiano durante cincuenta años; si sale de aquí mañana y pierde la fe de que Ud. es Cristiano y empieza a decirle a la gente que ya no es Cristiano, Ud. está descarriado. Está acabado.

48 Solo por su confesión puede usted ser salvo. Esa es la arma más poderosa que Dios puso en la mano del hombre es un compromiso y una confesión. Lo hará cada vez si Ud. lo cree, lo acepta sobre esa base, y lo cree y se queda con ello. Siga confesándolo. Cuando usted lo confiesa…
Usted sabe mucha gente mira a: los síntomas. Siempre andan diciendo: “Bueno ahora, no me siento mejor”. Eso no tiene nada que ver al respecto. Es lo que Ud. cree, no lo que siente.
Si hubo un hombre con un buen caso de síntomas, ese fue Jonás. Él estaba descarriado, con las manos atadas detrás de él, en un mar de arena, se lo había tragado una ballena, en el vientre de una ballena, en el fondo del mar. Cualquier hombre sabe que un pez, cuando come, pasará por las aguas hasta encontrar su camino, luego se va directamente para abajo y descansa en el fondo.

49 Alimenten sus pececitos dorados y observen lo que hacen; se van directamente al fondo, sacan sus aletitas y descansan. Ahora, este ministro, profeta, Jonás, había sido tragado por una ballena. Y tenía las manos detrás de él. Él estaba descarriado, porque Dios le dijo que fuera a Nínive y él se fue a Tarsis… iba camino a Tarsis. Él estaba descarriado.
Y reclaman que el mar alrededor de allí tiene una o dos millas [1.6 a 3.2 Km. Trad.] de profundidad. Y esta ballena se fue a hasta abajo del mar con este predicador en el estómago. Y si él miraba para este lado, era vientre de ballena; él miraba para aquel lado, era vientre de ballena. A todas partes que mirara era vientre de ballena.
Y uno habla de estar en una condición. Él en verdad que tenía oportunidad de tener algunos síntomas. Todo lo que él miraba era vientre de ballena. Pero, ¿qué fue lo que dijo? Él dijo: “Esas son vanidades mentirosas. Me rehúso a verlas”. Él dijo: “Una vez más…” —se refería al vomito en el estómago de la ballena, algas alrededor de su cuello. ¡En esa condición!

50 No hay nadie que esté aquí en esta noche en esa condición. Nunca nadie ha estado en esa condición. Miren en la imposibilidad que estaba parado. Y sin embargo rehúso ver los síntomas alrededor de él. Él dijo: “Una vez más miraré a Tu santo templo, Oh Señor”. Eso es correcto. ¿Por qué? Cuando Salomón dedicó el templo, él oró; dijo: “Señor, si Tu pueblo estuviere en problemas en cualquier lugar y mirare hacia este Templo y orare, entonces oirás desde el Cielo”.
Y Jonás creyó que Dios escuchó la oración de Salomón. Y él miró hacia el templo y Dios lo mantuvo vivo por tres días y noches en el vientre de una ballena, de acuerdo a la Palabra de Dios. Y si Jonás, bajo esas circunstancias, pudo creer en Dios de esa manera, ¿cuánto más debiéramos usted y yo esta noche?

51 Sentados aquí donde miles están siendo sanados aquí con toda clase de enfermedades, aflicciones. Y nosotros no miramos hacia el templo natural, edificado por un hombre natural, donde un hombre natural ofreció una oración. Nosotros miramos hacia el Cielo, donde Jesús está sentado a la diestra de Dios haciendo intercesiones con Su propia Sangre por nuestra confesión.
Cuánto más debiéramos de decir: “Me rehúso a verlo. Jesucristo me prometió Vida Eterna. Yo lo tengo. Jesucristo prometió sanar mi enfermedad. Yo lo tengo. Lo confieso. Lo creo. Me quedaré con ello”. Luego usted hará…
Aunque la gente anda alrededor diciendo: “¿Cómo se siente?”.
Diga: “¡Maravilloso! ¡Alabado sea el Señor!”. Entonces va a alejar al diablo de usted.

52 Una vez cuando yo estaba enfermo, los Hermanos Mayo me habían desahuciado y todo, dijeron que no lo lograría. Todo lo que comía, lo vomitaba de nuevo. Me senté y tomando a Dios en Su Palabra y le dije que le serviría a Él. Y comí unas cebollas, frijoles, pan de maíz, y bolonia. Y me comí un gran puñado y el diablo dijo: “Uh-huh”.
Empezó a arder, el doctor dijo: “Ese muchacho morirá si pone eso en su estómago”.
Y empezó a subir y yo mantuve mi mano sobre mi boca. Yo dije: “Oh, no, uhn-h, Dios así lo dijo”. Y me fui por la calle simplemente alabando a Dios.
El diablo seguía diciéndome: “No has mejorado”. Días pasaron. Dijo: “No has mejorado”.
Yo dije: “Mira esto, diablo, si no quieres escucharme testificar y glorificar a Jesucristo, solo aléjate de mí, porque lo diré hasta que muera”. Eso es correcto. Amén.

53 Y esta noche, pruébenme con un filete y vean si me lo puedo comer o no. Miren, estoy saludable, fuerte. Solo pesaba unas ciento dieciocho libras, ciento diecinueve libras en ese tiempo. [De 53.5 a 53.9 Kg. Trad.]. Y ahora peso ciento sesenta y cinco. [74.8 Kg. Trad.]. Sí, señor, ¿por qué? Yo le creí a Dios. Tengo fe en Él. Esta es Su Palabra. No es mi palabra. Es Su Palabra. Dios dijo que Él lo haría.
Y cuando Jesús dijo que Él era el mismo de ayer, hoy, y por los siglos, que regresaría en esta forma y hace la misma cosa que hizo cuando estuvo aquí, yo creo que cada palabra de eso es la verdad. Y mi esperanza está edificada en nada menos que en la Sangre y Justicia de Jesús. Eso es correcto.
Allí está Su Palabra. Y Su Sangre es para cuidarla. Todo lo que Él puso en la expiación es nuestro. Lo tenemos por fe. Solo acéptelo y camine hacia adelante y confiéselo, y observe lo que sucede. Funcionará.
Cuando Ud. es salvo en el altar, usted cree en salvación. Usted sale y el viejo grupo que conociste, dice: “Huh, todavía trae la misma corbata, el mismo saco. Sus ojos todavía son azules, o café, o lo que sea. Pues, no hay diferencia en él”. No hay nada físico con lo que pueda mostrar que es salvo. Pero en su corazón, usted cree que está salvo. Así que usted testifica lo que cree.

54 Si Ud. puede aceptar a Jesús como su sanador, entonces no importa cómo se mira por fuera, cómo se ven los síntomas; testifique lo que Ud. cree. Eso es. Quédese con ello. Y Dios está obligado a traerlo a cumplimiento. ¡Oh, vaya!
Recuerdo cuando recién comencé. ¡El amor de Él! Cómo la gente se arremolinaba de todas partes. Recuerdo yendo a Jonesboro, Arkansas. Me había ido por casi seis meses. Mandé traer a mi esposa. Me estaba sintiendo tan solo quería verla y al bebé. Y ellos llegaron en tren. Lo recuerdo, ellos se encontraron con nosotros. El Sol de Arkansas dijo: “Hubo veintiocho mil personas en la reunión”. Y si el periódico dijo que las había, allí estaban, cada una de ellas, allí.

55 Ellos tenían pequeños lugarcitos, pequeñas estaciones que construyeron, y tiendas. Y esa pobre y querida gente estaba acostada en catres, y tendidas debajo de los camiones y camiones de ganado y manteniendo… Llovía muy fuerte cada día. Ellos colocando periódicos sobre los niñitos enfermos y cosas. Era una escena lastimosa. Pero el Señor había estado sanando.
Usted nota el artículo en uno de los libros: un hombre viene al altar, un lugar con un gran cáncer rojo, colgando de su cuello. Y se puso blanco, cayó y rodó bajo mis pies. Y el periódico que estaba allí tomó las fotos y todo y lo puso en primera plana al día siguiente.

56 Aquí estaba la señorita Hattie Waldoff de Phoenix, Arizona, que murió en la línea de oración. Ella le dijo al pasante y a ellos, cuando la estaban trayendo, dijo: “Pásenme por allí, de todas maneras”. Y cuando llegó arriba, estando muerta… Aquí está su dirección, nombre, número, todo. Ella está viva el día de hoy. Tenía cáncer del corazón, colon e hígado.
El doctor la había desahuciado. Dijo: “No hay probabilidad”. Y ellos la trajeron, de todas maneras. Ella murió a una cuadra de distancia del lugar. Ellos siguieron trayéndola por la línea de oración.
Yo me quedé allí ocho días y noches sin irme de la línea de oración. Así que ellos solo seguían trayendo… Me traían mi almuerzo o pequeño jugo de naranja, y yo bebía, tal vez, dormía al lado del púlpito por unos cuantos minutos, me despertaba y comenzaba la línea de oración.

57 Y esa mujer resucitó de los muertos, salió bien y está viva hoy. Pregúntenle. Allí está su dirección. Nada es ficticio. Pregunte y vea. Ud. tiene derecho a revisarlo. Hombres de todo el mundo han hablado por eso. Y miles de esas cosas han acontecido. ¿Por qué? “Jesucristo es el mismo de ayer, hoy, y por los siglos”. Y lo que Él dice es la verdad. Eso es correcto.
Han perdido su fe en Él, amigos. Regresen a Dios. Regresen a una fe viva. Aléjense de estas pequeñas teologías favoritas y cosas, y sirvan a un Dios vivo y verdadero por una experiencia del nuevo nacimiento. Eso es correcto. Lo que Uds. deben de hacer para vivir bien con Dios. Excepto el hombre nazca de nuevo, permita que la vida sobrenatural de Dios entre a un hombre y lo haga creer cosas, porque él es una parte de Dios.

58 Ahora, recuerdo esa noche entrando, tratando de llegar al auditorio, mi esposa se paró allí y dijo… Estábamos aproximadamente a tres cuadras de distancia y las calles estaban cerradas. Y mi esposa dijo: “Billy, ¿todas estas personas vinieron a escucharte?”.
Y yo dije: “No, querida, vinieron a ver a Jesús”. Entonces ella se quedó allí, la pobrecita, y cantó “Vienen del Oeste y vienen del Este”. Unos ujieres, un grupo de ellos, vino y me tomó y me pasó a través de la multitud. Y simplemente entré. Esa era mi última noche para estar en la reunión. Íbamos a continuar entonces en Little Rock desde Jonesboro.
De casualidad miré por el lugar, y la ambulancia, las camillas estaban por todas partes. Y allí estaba una niñita tendida y había una visión viniendo sobre ella. Y me fijé para este lado, alguien seguía haciendo señas de esta manera. Él tenía un traje oscuro y un gorro azul en su mano. Yo pensé que se miraba como un chofer de ambulancia.

59 Una noche antes había estado un hombre arriba en Kennett, Missouri, llevaba veinte años ciego —un zapatero, y él recibió la vista esa mañana. Él se fue a casa, corrió por toda la ciudad. Él corrió a la iglesia Metodista con su sombrero y bordón, ciego. Había la cuestión esta de los blancos por la iglesia, y ellos lo expulsaron de allí. Él se fue a la iglesia Católica, y ellos lo expulsaron de allí. Él estaba tomando la ciudad.
Entonces, todos estaban viniendo de todas partes. Y entonces, yo miré allí, y este hombre me seguía haciendo señas de esta manera con su gorro. Yo dije: “¿Me está llamando a mí, señor?”.
Él dijo: “Sí, señor”. Dijo: “Yo soy de allá de Missouri”. Y dijo: “Tengo que hacer otro viaje esta noche”. Dijo: “Tengo un paciente allí”. Y dijo: “La paciente ya está muerta. Y tenía un doctor de cabecera”. Y dijo: “No puedo encontrarlo por ninguna parte. No sé qué hacer. ¿Podría Ud. venir a ella?”.
Y yo dije: “Pues, señor, ellos no van a aceptar mi palabra de declararla muerta”. Dije: “Se requiere del encargado de la funeraria”.
Él dijo: “Ojalá Ud. pudiera venir. Su esposo está allá histérico, quizás Ud. pueda calmarlo”.

60 Yo dije: “Pues, señor, hay dos mil personas por todo allí”. Y esa hilera… hay una gran hilera reservada solo para la ambulancias del otro lado del auditorio“.
Y entonces, él dijo: “Yo le ayudaré a salir”. Estaba allí un gran grupo de hombres, yo pasé a través de la audiencia… a medida que nos íbamos abriendo camino y el Sr. Reed comenzó a guiar los cantos otra vez. Y yo salí allá. Y estaba una gran ambulancia negra estacionada allí. Y abrieron la puerta. Y yo entré.
Un hermano anciano muy típico de Arkansas. Ahora, si hay alguien aquí de Arkansas, no es mi intención herir sus sentimientos. Ellos son pobres. Pobres, pero ellos sí que tienen algo bajo esa vieja camiseta azul, hermano, que palpita de verdad para Dios. Eso es correcto.

61 Yo preferiría tener… Les diré lo que esta antigua salvación hace: hará que uno de traje y uno de overoles se abracen y se llamen el uno al otro “hermano” también. Y seguro, hará que el percal y la seda se sientan juntos y se llamen la una a la otra “hermana”. Ciertamente lo hará. Les quitará todo el almidón. Ud. se da cuenta que todos son una persona en Cristo Jesús, hermanos y hermanas.
Y me fijé allí adentro. Y un pobre tipo estaba allá atrás. Y sus zapatos… las suelas estaban desprendidas de sus zapatos, y tenía puesto un viejo overol deslavado. Me recordó a mi pobre papi anciano. Y su camisa tenía parches por todos lados. Y tenía un viejo sombrero en su mano. Y estaba cocido por un lado con cuerda de torzal. Y los bigotes estaban un tanto largos en su cara. Él no se había rasurado quizá en una semana o 10 días. Y una apariencia de preocupación en su rostro. Y él estaba diciendo: “Oh, madre, ¿por qué me dejaste? ¿Por qué me dejaste?”.

62 Pobre anciano, yo lo miré. Pensé: “¡Oh, vaya! ¿Ahora qué le puedo decir? Y me senté todo atrás por la ambulancia al frente donde la abrieron —la puerta. Y entonces, él me miró y dijo… Yo dije: ”¿Cómo le va?“.
Él dijo: “¿Cómo le va?”. Él dijo: “¿Es Ud. el doctor?”.
Y le respondí: “No”. Dije: “Yo soy el Hermano Branham”.

63 Él dijo: “Oh, Hermano Branham”. Dijo: “Pobre madre”. Dijo: “Ella deseaba tanto verle antes de morir”. Dijo: “Ella es tan buena mujer, Hermano Branham”. Dijo: “Ella araba sobre esos viejos terrones allá arriba y me hizo lo que soy”. Y dijo: “Se afectó de cáncer hace dos años”. Y dijo: “La llevamos a St. Louis. Los doctores la operaron. Hicieron de todo”. Dijo: “Aún yo vendí mis mulas y demás”, él dijo: “para tratar de sanarla”.
Y dijo: “Los doctores la desahuciaron. Y escuchamos que este hombre llegó esta mañana testificando”. Y dijo: “Fuimos y vendimos unas colchas que ella había hecho, y unas moras que ella envasó el año pasado, para conseguir la ambulancia que la trajera”. Y dijo: “Ahora ella está muerta, Hermano Branham”. Y dijo: “Oh, no sé qué voy a hacer sin ella. Regresar a casa, es muy solitario”.

64 Y yo dije: “Bueno, papá, la única cosa que sé hacer es que usted y yo solo ofrezcamos una oración”. Y palpé la cabeza de ella. Ahora, casi no pienso que la mujer estaba muerta, porque… Ahora, ella pudo haberlo estado. No sabría decirlo. Pero le habían quitado la dentadura falsa, y sus labios estaban muy hundidos hasta atrás. Y era como agua sucia que salió de sus ojos —y estaban fijos. Y su transpiración era muy pegajosa. Sin nada de pulso. Sin nada de pulso. Yo sentí su brazo.
Y yo solo me arrodillé, sosteniendo su mano. Y comenzamos a orar. Y él estaba simplemente llorando y orando. “Oh, Dios, si la pudiera ver, hablar con ella una vez más”. De esa manera.
Y yo estaba orando. Dije: “Padre, Te ruego que tengas misericordia de este querido hermano, y que lo ayudes y lo bendigas. Y a esta su querida madre que recorrió toda esta distancia”. Y sentí que ella apretó mi mano.

65 El diablo me dijo, dijo: “Ve que esos son los músculos. Ella está muerta. Solamente es la contracción de sus músculos. Y yo estuve de acuerdo con él. Entonces, seguí orando solo unos minutos más. Y allí estaba la contracción otra vez. Pensé: Bueno, eso es extraño. Miré hacia abajo, vi la piel de su frente frunciéndose. Allí el diablo estaba equivocado. Así que ella me miró. Y se levantó. Yo no dije ni una sola palabra. Solo dejé de orar. Él estaba simplemente llorando y retorciéndose las manos, de esa manera, mirando arriba en el aire. Y ella se levantó.
Ella dijo: “¿Cuál es su nombre?”.
Yo dije: “Soy el Hermano Branham”.

66 Y él miró, dijo: “Madre”. Y el pobre anciano la tomó en sus brazos de esa manera y comenzó a gritar y a llorar. Ella siguió nuestras reuniones durante meses y meses; tuve noticias de ella. De eso hace como unos ocho o nueve años. Y tuve noticias de ella aquí hace como dos o tres meses, justo antes de irme al extranjero. Ella se encuentra perfectamente bien; no tiene nada mal en absoluto. Ella está perfectamente normal y tan bien como puede estarlo.
Entonces, el chofer dijo: “Hermano Branham”, dijo: “Esos hombres que lo trajeron, se fueron al estacionamiento”, dijo: “o, se regresaron para atrás”. Dijo: “Ahora usted no puede atravesar por allí, porque miles se han aglomerado allí sabiendo que Ud. está en el carro”. Dijo: “Vaya por este camino, y se van a encontrar con usted allá en el edificio”. Dijo: “Nadie sabe que Ud. está aquí atrás. Vaya por ese camino”.
Y yo dije: “Sí, señor”.

67 Y él se comportó como si se estuviera quitando su saco de esta manera. Eso se vio como hipocresía hacer eso, pero era la única cosa que yo podía hacer. Y me bajé del carro, me fui por un lado. Estaba lloviendo por el lugar. Yo comencé a empujarme entre esa gente allí atrás, usted sabe, de derecha a izquierda, tratando de pasar. Me preguntaba: ¿En dónde están esos tipos?
Había unos terrenos grandes allí atrás. Y toda la gente estaba parada. Algunos de ellos llevaban días allí. Y yo estaba presionando de esta manera. Y todos seguían viniendo, diciendo: “Deje de empujar. No empuje”.
Yo dije: “Discúlpeme”.

68 Yo seguí empujando. Directamente estaba un gran tipo parado allí abanicando. Él dijo: “Dije que deje de empujar”. Yo tenía miedo que él fuera el siguiente en empujar.
Así que yo dije: “Sí, señor. Discúlpeme, señor”. Yo dije: “No fue mi intención hacer eso”.
Él dijo: “Bueno, quédese quieto”.
Y yo dije: “Gracias, señor”.
Yo lo observé allí un rato. Él siguió abanicando, hablando allí, usted sabe, y un tipo un tanto grande y rudo. Y yo lo miré a él. Y escuché un llanto. Nunca lo olvidaré mientras viva.

69 Y ellos tienen allí esta ley Jim Crow —segregación —o, la tenían entonces. Y aquí venía una jovencita de color, de unos dieciséis, diecisiete años, sus ojos blancos con cataratas. Y ella estaba empujando a través de la multitud gritando: “¡Papi! ¡Papi! ¡Oh, Papi!”. Nadie le estaba prestando atención, ¿ve?
Y yo pensé: Pobrecita. Pareciera como que alguien debiera ayudar a esa niña. Y ella venía por mi rumbo. Así que yo me escabullí lentamente de este tipo y me escapé, llegué por este otro lado. Y yo seguía metiéndome en su línea, por el rumbo que ella venía para que se topara conmigo. Y ella se topó conmigo. Y dijo… Puso sus manos en mí. Ella dijo: “Perdóneme”. Ella dijo: “¡Papi!”.

70 Y yo dije: “¿Qué es lo que pasa?”.
Ella dijo: “Señor”, ella dijo: “He perdido a mi papi. ¿Me puede ayudar a encontrarlo?”.
Y yo dije: “Pues, no veo más gente de color alrededor de aquí, dama”. Dije: “¿De dónde es Ud.?”.
Ella dijo: “Soy de Memphis”.
Y yo dije: “Uh-huh”.
Miré por allí y vi esa línea de autobús de alquiler. Vi un autobús de alquiler de Memphis. Y yo dije: “sí, señora”. Dije: “¿Qué está Ud. haciendo por aquí?”. Yo pensé: pobrecita. ¿No es eso terrible tomar ventaja de ella de esa manera? ¿Y ella ciega, sin poder verme? Y yo dije… Solo estaba probando su fe.
Y yo dije: “¿Qué está Ud. haciendo por aquí?”.
Y ella dijo: “Vine a ver al sanador”, —esa forma de hablar sureña. “Vine a ver al sanador”.
Yo dije: “¿El qué?”.
Ella dijo: “El sanador”.
Y yo dije: “No entiendo lo que quiere decir”.

71 Ella dijo: “Bueno, señor, yo escucho todos los buenos programas en la radio”. Y dijo: “Esta mañana escuché a este hombre de aquí por Corning que no podía hablar una palabra —estaba hablando en la radio”. Y dijo: “Ese hombre que estaba ciego, él recibió su vista allá”. Dijo: “Yo también estoy ciega. Como sabe”. Dijo: “Cuando yo era una niñita contraje cataratas en mi ojo y el doctor me dijo que cuando maduraran”, yo no sé lo que significa “madurar”, pero dijo: “Cuando maduraran, que las iba a sacar”. Y dijo: “Ahora que están maduras”. Y dijo: “Él dijo que envolvieron la raíz de ellas, alrededor del nervio óptico de mi ojo, dijo que no puede sacar la catarata sin sacar el ojo también”.

72 Y ella dijo: “No tengo oportunidad de ver”. Y dijo: “He venido para ver al sanador”. Y ella dijo: “Y ellos me dicen que esta es su última noche. Y no he tenido oportunidad de entrar al edificio”. Y dijo: “Y he perdido a mi papá. Y no puedo encontrar el camino de regreso al autobús”. Ella dijo: “¿Me ayudaría a regresar al autobús, amable señor?”. Tan inteligente como podía serlo.

73 Y yo dije: “Sí, señora”. Pero yo dije: “Lo que le quiero preguntar, sobre este sanador”. Yo dije: “¿Cree Ud. que en el día cuando tenemos todos estos buenos doctores y cirujanos, que Dios haría algo como enviar un Ángel de esa manera?”.
Ella dijo: “Sí, señor. Yo lo creo”.
Y eso me hizo sentir avergonzado de mí mismo. Y ella dijo: “Sí, señor. Yo lo creo”.
Yo dije: “Pues, pareciera que en este excelente día cuando tenemos todos estos doctores…”.
Ella dijo: “Señor, ninguno de ellos puede ayudarme”.
Y yo dije: Sí, señora“. Dije: ”Bueno, ¿realmente no quiere decir que Ud. cree eso?“.
Ella dijo: “Señor, le diré algo. Si me toma de la mano y me guía hasta dónde está ese hombre, entonces yo encontraré a mi papá”.
Eso simplemente me hizo bajar. Yo dije: “¿Qué…? Me sentí como un hipócrita. Me dejó simplemente parado allí. Miré a la pobrecita y dije: ”Bueno, hermana, tal vez soy el que se supone que debe ver“.
Si llego a vivir unos cien años, jamás podré olvidar eso. Ella me agarró inmediatamente de esa manera. Ella dijo: “¿Es Ud. el sanador?”.
Dije: “No, señora”. Le dije: “Soy el Hermano Branham”.
Ella dijo: “Oh, Hermano Branham”.

74 Yo dije: “Ahora espere. Quite sus manos de aquí”. ¿Creen que conseguiría quitar sus manos…? No las podía quitar de mí. Ella no me iba a soltar. Se estaba aferrando de esa manera. Y yo dije: “¿Me puede soltar?”.
Ella dijo: “No, señor”. Dijo: “Tenga misericordia de mí, Hermano Branham”.
Yo dije: “Pues, hermana, oraré primero a Jesús”.
Ella dijo: “Tenga misericordia”.

75 Y yo pensé de ese canto. Ella escuchó de ese hombre que había sido sanado allá. La ciega Fanny Crosby dijo: “No me pases, Oh tierno Salvador, oye mi oración; Mientras otros Tú bendices, responde a mi clamor”. Pensé en eso.
Y yo dije: [Palabra no clara], hermana, si me permite sostener su mano“, dije: ”mientras yo oro“. Y tuve que soltar su mano de mí, una de ellas. Y la sostuve de esta manera. Yo dije: ”Ahora, Ud. solo incline su rostro y cierre sus ojos“.
Ella dijo: “Sí, señor”.
Entonces, yo estaba orando, dije: “Ahora, Padre Celestial, Tú conoces esta necesidad. Y ¿por qué tuve que regresar por la parte trasera de este lugar?”. ¿Creen Uds. que todas las cosas son ordenadas por Dios? Seguro, lo son. Y yo dije: “No sé por qué estoy aquí atrás. Pero esta pobre niñita ciega de color”, yo dije: “Aquí está ella parada”.
Y yo dije: “Padre, hace unos mil novecientos años, estaba una cruenta cruz que venía arrastrándose por las calles de Jerusalén, arrastrando las huellas ensangrentadas del portador. En Su caminar subiendo la colina para ser crucificado, Su pobre cuerpecito frágil, costado hendido. Él no podía seguir llevando la cruz y cayó. Y aquí vino Simón Cirene, un hombre de color, levantó la cruz y la puso sobre sus propios hombros y le ayudó a Él a cargarla”.

76 Yo dije: “Padre, estoy seguro que Tú entiendes eso. Y aquí esta noche, trastabillando en total oscuridad, está una de sus hijas —yendo aquí en total oscuridad. Y sobre esa cruz, la sangre para la sanidad de esta niña. ¿No tendrás Tú por favor misericordia de ella de esa manera?”. Y justo en ese momento algo sucedió.
Ella dijo: “Algo me recorrió. Mis ojos se sientan tan fríos”. Yo sé que la vida se fue de esas cataratas, pero tuvo que esperar a que se encogiera“.
Yo dije: “Solo mantenga sus parpados sobre ellos, hermana, por un momento”. Yo dije: “No diga nada. Nos daremos a conocer aquí, ¿ve? No deje que nadie nos vea”. Y ellos no estaban prestando atención, solo seguían moviéndose. Y yo dije: “Ahora. Solo levante su cabeza a la altura que Ud. cree que yo estoy, y luego abra sus ojos, porque Jesús le ha dado su vista”.
Ella dijo: “Sí, señor”. Ella dijo: “¿Está mi cabeza más o menos bien?”.
Y yo dije: “Sí señora. Ahora abra sus ojos”. Ella abrió sus ojos.
Ella dijo: “¿Son esas [Palabras no claras]?”.
Yo dije: “Sí señora”.

77 Dijo: “¿Son esas las lámparas? ¿Está esa gente saliendo?”. Yo dije… Ella gritó con toda su fuerza y saltó hacia esa multitud, gritó: “¡Oh Dios, yo quien una vez estuve ciega y ahora puedo ver!”.
Eso sorprendió a la multitud. Aquí venían todos corriendo, por todas partes. Yo miré y vi a mi hombre que venía por la esquina abriéndose paso por entre la multitud. Y allí estaba un hombre anciano parado allí con un palo, con el que caminaba. Él tenía una pierna torcida de esa manera. Él dijo: “Yo lo conozco, Hermano Branham”. Él dijo: “He estado parado durante ocho días. Tengo cinco niños pequeños en casa. Y he estado lisiado”. Dijo: “Creo que Ud. es un buen muchacho. Si le pide a Dios que me sane, Él lo hará”.
Yo dije: “¿Cree Ud. eso, hermano?”.
Él dijo: “Con todo mi corazón”.
Yo dije: “Entonces en el Nombre de Jesucristo, deme su palo”. Y cuando yo me pare en el Tribunal del Juicio ante este grupo de personas, Uds. sabrán entonces si es verdad o no. Cuando él me dio ese palo, Dios honró su fe. Su pie se enderezó de esa manera. Él pegó un brinco en el aire, comenzó gritando a voz en cuello.

78 Y entonces ellos estaban viniendo hacia mí. Cuando la gente, presionando a través de la multitud, vio lo milagroso, y vieron a Dios moverse en la audiencia, y así sucesivamente, entonces solo creyeron. Eso fue todo.

79 Y amigos, desde ese momento, llevo unos seis meses en la carretera. Y Uds. saben cómo soy tocante a tomar dinero. No me gusta eso. Y yo nunca he levantado una ofrenda para mí mismo. Y cuando salí de casa, no tenía la ropa para usar. Eso es verdad. Le doy gracias a Dios que esta noche tengo ropa.
Pero mi hermano, más joven que yo, él andaba en una cita. Y tuvieron un accidente. Y se le rompió su traje. Se rompió en las piernas del traje y los bolsillos estaban rotos. Y él me dio eso cuando recién comencé mi primera campaña de sanidad.
Y mi esposa y yo fuimos a la tienda de diez centavos y conseguimos algunos de esos parches que uno plancha con una plancha caliente, usted sabe. Y los colocamos allí. Y este bolsillo estaba roto. Y yo no soy muy bueno cociendo. Pero yo lo tomé y lo cocí con mis manos, de esa manera, lo cocí y quedó un lugar grande.

80 Y yo tuve que conocer a los ministros. Y ellos estaban muy bien vestidos. Y yo los miraba, y me sentía avergonzado de mi viejo saco harapiento.
Así que colocaba mi mano sobre eso y les estrechaba la mano con mi mano izquierda y decía: “Discúlpeme, mi mano izquierda está más cerca de mi corazón”. Yo decía: “Tengo…”. Porque no quería que vieran ese viejo saco harapiento. Pero, hermano, esa noche esa gente estaba presionando a través de la multitud para tocar ese viejo saco harapiento. Y ellos estaban siendo sanados.
Permítame decirle, hermano. Ese mismo Dios que estaba allí esa noche está aquí esta noche, también. No se requiere de un saco harapiento. Se requiere su fe en Dios. Si tan solo cree la verdad del Evangelio. El mismo Señor Jesús que estaba allí esa noche está aquí en este auditorio esta noche para hacer las mismas cosas que él hizo allá. Eso es correcto.

81 Dios tenga misericordia. Comienzo a pensar en esas cosas que sucedieron de esa manera, y me pongo a pensar cómo será el día cuando crucemos sobre olas al Otro Lado y veamos a esa querida gente que Dios ha sanado. Y tantas cosas que han sido hechas.
Nuestro tiempo se nos ha ido. Oremos.
Padre Celestial, te damos las gracias esta noche por Tu amorosa bondad, por todo lo que has hecho por nosotros, Señor. Simplemente te damos alabanza con todo nuestro corazón. Y te pido que estés con nosotros esta noche. Ven, Señor Jesús. Cuando pienso en eso allá atrás… en esa noche cuando esa pobre gente, arrastrándome ellos sobre ellos, pequeñas madres tratando que sus bebés tocaran eso, la mano de uno o el saco o la ropa. Ellos saltaban de sus catres y gritaban y corrían por el edificio, solo para estar cerca. No por causa de Tu siervo, Señor. Pero porque sabían que Tú estabas allí. Y era la verdad que yo estaba tratando de decirles que Tú habías muerto por ellos para sanarlos y salvarlos.

82 Oh, querido Dios, a esta excelente gente que está aquí en este encantador y maravilloso estado de Nueva York. Esta noche muchos de ellos están sentados aquí en este pequeño auditorio. Y oro esta noche, Padre, que no quede persona débil en nuestros medios cuando salgamos de aquí. Que nos podamos sentir como aquellos quienes vinieron de Emaús, al salir, diciendo: “¿No ardían nuestros corazones en nosotros?”.
Haz algo esta noche, Señor, como lo hiciste por ellos, un poco diferente del ministerio ordinario. Haz algo para que sepamos que Tú has resucitado de entre los muertos y estás aquí y vivo esta noche, demostrándole a la gente que les estamos diciendo la verdad, que los sanas y quieres que lo crean y te acepten como su Salvador y como su Sanador. Concédelo, Padre, a través de la humilde oración de Tu siervo. Lo pido en el nombre de Tu amado Hijo, el Señor Jesús. Amén.

83 Que el Señor Dios del Cielo los bendiga a todos y cada uno de ustedes — sea una bendición para todos ustedes. No quiero ser un bebé Tengo cuarenta y cinco años. Soy un hombre viejo. Pero cuando pienso en esas cosas, en esas experiencias de esas personas y cosas encantadoras, no puedo evitar, en mi corazón, clamar, —hay algo en mí. No soy un bebé. No señor. No lo soy. Pero me pongo sentimental, supongo, cuando pienso en ello.
Creo que cuando hayamos cruzado la línea, oirán llorar a alguien por allí, también, y regocijándose, cuando todos nos encontremos del Otro Lado.

84 Ahora, si el Espíritu Santo de Dios viene esta noche, recuerden que yo soy su hermano, un hombre.
Pero cuando Él venga, ustedes lo verán. Si observan, será una Luz. Estará cerca de donde estoy. Y no hay una persona en este edificio a mi vista, a menos que sea esta gente… Ese hombre sentado allí. Tal vez dos y el Sr. Smith aquí… o el Hermano Smith son las únicas personas en el edificio que conozco. Soy un total desconocido para ustedes. Si Jesucristo ha resucitado de los muertos y Él está aquí como dije que lo está, entonces Él puede tomar mi cuerpo, y ungirme con Su Espíritu, y hacer la misma obra que hizo cuando estuvo aquí en la tierra. Eso de acuerdo a Su promesa. ¿Es eso correcto?
Si Él hace eso, ¿me prometen cada uno de ustedes que está aquí que lo aceptarán a Él como Salvador y Sanador? Si es así, levanten su mano para que se lo prometan a Él. No me lo prometan a mí. Gracias. Parece un cien por ciento por todos lados. Que Dios se los conceda, mis amigos Cristianos, puesto que lo aceptarán a Él.

85 Ahora la verdad es verdad. Ahora, el hombre puede pasar por aquí, decir, oh, hacer reclamos de esto, aquello y lo otro. Ese es el hombre haciéndolo. Ud. tiene derecho a dudar a un hombre. Pero cuando Dios viene alrededor y lo confirma y está de acuerdo a Su Palabra, entonces es pecado el descreer a Dios. ¿Es eso correcto?
Entonces, crean Uds. esta noche con todo su corazón. Ahora, pongan a un lado cada pequeña duda y solo miren. Solo recuerden lo que les dije en el principio. El ministerio de Jesucristo… Ese es exactamente Su ministerio. Cualquiera sabe eso. Ese es Su ministerio. Él miraba a la gente, a la audiencia de gente; Él percibía sus pensamientos. ¿Es eso correcto? ¿Cuántos saben que esa es la Escritura? Levanten sus manos.

86 Él miraba en la audiencia, y donde sea que el Padre le mostraba alguna u otra cosa, Él lo podía mencionar y decírselos. ¿Es eso correcto? Y cuando Él se ponía de pie y le hablaba a las personas, Él sabía cuáles eran sus problemas. Él sabía si se iban a poner bien o si se iban a morir, lo que iba a acontecer. Pero Él no hacía nada excepto que el Padre se lo mostrara primero. ¿Es eso correcto? ¿Todos creen eso? Esa es Su Palabra, ¿ven? Eso es lo que Él dijo.
Miren, puede ser en un ángulo ligeramente diferente a la manera que Uds. han sido enseñados. Pero mírenlo en la luz Escritural. Cuando Él vino primero, Él vino en el ángulo que la gente no creyó en Él. Ellos lo estaban buscando de alguna otra manera. Y tal vez, cuando Él venga otra vez, será en un ángulo que nosotros no sabemos nada al respecto. Eso es correcto.

87 Así que Uds. solo sean reverentes. Y ahora si la unción me golpea, por supuesto eso me pone en otra dimensión. Para los científicos, es la otra dimensión. Para Uds. los Cristianos, es en el Espíritu. Y por lo tanto uno no es uno mismo.
Miren este micrófono. Ese micrófono no puede decir una cosa por sí mismo. Esa luz allá arriba no puede decirle a esa ventana: “¿Se dan cuenta qué gran luz soy yo? Yo doy luz”.
Esa ventana diría: “Yo soy más grande que tú, porque muestro luz durante el día”. No es ninguna de las dos mostrando luz. Esa es la luz, la luz eléctrica ardiendo, y mostrando la luz allí. No es el cristal. Es la luz que está detrás del cristal. Y la luz del sol se muestra a través de la ventana, así que no es ninguna de las dos. Es algo brillando a través de ellas. ¿Es eso correcto?

88 Este micrófono no puede hablar por sí solo. Pues ahora, este escritorio aquí no es un micrófono. Sirve su propósito. El micrófono no puede sostener la Biblia. Pero el escritorio sostiene la Biblia. El reloj mantiene la hora. Así sucesivamente. Y de esa manera todo tiene su lugar. Todo en su conjunto, es para que uno se someta a sí mismo al Espíritu Santo de Dios.
Y si Él viene esta noche y reproduce la vida de Su Hijo, aquí en la plataforma… Ahora, no seré yo. Será Él, recuerden. No para mostrar Su poder, Él está haciendo esto para que pueda cumplirse aquello que Él dijo que llegaría a suceder. Es cumplimiento. Él vino para cumpl… Cuando Él vino la primera vez, vino para cumplir lo que los profetas dijeron. Él viene ahora para cumplir lo que Él Mismo y los apóstoles dijeron. Y Él vendrá otra vez en carne para recibir a Su iglesia, de acuerdo a Su Palabra.

89 Y Uds. lo creen con todo el corazón. Solo permanezcan sentados. Guarden silencio. Sean reverentes. Ahora, si el Señor lleva a cabo un milagro, Uds. tienen el derecho de soltarse para alabarle a Él.
Ahora, el muchacho, creo, dijo que repartió unas tarjetas de oración. ¿G? Muy bien. No sé a cuántos podemos llegar. Llegaremos a tantos como podamos. Pero, tendremos que llamar, en algún lugar, a unos pocos de allí, y tal vez llamar de nuevo. Esta pequeña tarjeta de oración, es una cosa pequeña de este tamaño. Tiene mi foto en un lado, y en el otro lado tiene un número y una letra. Será una letra G. Y hay cientos de ellos en algún lado.

90 No podemos llamarlos a todos al mismo tiempo. Pero tomemos algunos del inicio. Veamos. ¿Quién tiene la tarjeta de oración G número 1? ¿Pueden fijarse y ver? ¿Esta dama aquí? Muy bien. ¿Puede venir para acá, dama? Número 2, ¿Quién tiene la tarjeta de oración número 2? ¿G número 2? ¿Podría levantar su mano? ¿En alguna parte, 2? Muy bien, señor. Número 3, ¿quién tiene la G número 3? ¿Levantaría su… 3? Muy bien, ¿4? ¿Quién tiene la número 4? ¿Levantaría su mano, 4? Muy bien. Vengan directamente. ¿5?
Ahora si no se pueden levantar, levanten su mano y agítenla. Los ujieres los cargarán. Si Ud. está ciego… Observe con algunos de ellos que están siendo llamados, y Ud. no se puede levantar, o algo, o no puede escuchar. Pues, Ud. observe; pudiera ser una persona sorda que no puede escuchar. Miren la tarjeta del vecino cuando sea llamado para que pueda saber.

91 ¿En dónde me quedé? ¿Era la 4? ¿Quién tiene la tarjeta de oración 5? ¿Está la tarjeta de oración 5, ya está adentro? ¿Quién tiene el 6? Tarjeta de oración número 6, ¿podría levantar su mano? ¿Tarjeta de oración 6? Miren a su vecino. Pudiera ser alguien sordo o pudiera ser alguien que no se puede levantar. Tarjeta de oración número 6, ¿levantaría su mano? El 6 ya está allí arriba. ¿7? ¿Quién tiene el número 7, tarjeta de oración número 7? Muy bien, hermana.
¿Número 8? Levante su…8? Muy bien, hermana. ¿Número 9? ¿Quién tiene la tarjeta de oración número 9? Muy bien, dama. ¿Número 10? Tarjeta de oración número 10, ¿podría levantar su mano? Tarjeta de oración 10. ¿Tiene Ud. la número 10, dama? ¿11? Tarjeta de oración 11, levante su mano. ¿Quién tiene la tarjeta de oración 11? Veo a un hombre aquí en una silla de ruedas. Pregúntele qué tarjeta de oración tiene. Que alguien mire su tarjeta de oración. ¿11?

92 Muy bien. ¿12? ¿Quién tiene la 12? ¿13? ¿14? ¿14? ¿Yo ya…14? Muy bien. ¿15? ¿15? ¿Alguien recibió la tarjeta de oración 15? Levante su mano. ¿15? Muy bien. Creo que alguien debe ser… alguien tuvo que retomar, o algo así. Muy bien. 15. Ahora ¿16? ¿17? ¿Estoy muy adelantado? ¿Tengo… 16? ¿No está la tarjeta de oración 16 aquí? Número de tarjeta de oración 16. ¿Está en el edificio? 17, ¿está en el edificio? ¿18? ¿19? ¿20?
Supongo que ya me las terminé. ¿Qué tarjeta es la de usted, hermana? ¿20? ¿21? Tomaremos algunas más entonces. ¿21? ¿22? ¿23? De acuerdo ¿24? ¿25? ¿Alguien recibió la tarjeta de oración 25? Mire a su vecino. Pueden ser personas sordas o algo o alguien que está en muletas y no puede levantarse. Mire, hay alguien entre el 1… Todos miren las tarjetas de los demás. Entre el 1 y el 25, si es dejen que los ujieres los carguen cuando se llame su número.

93 Ahora, ¿cuántos de los que están aquí no tienen una tarjeta de oración y quieren que el Señor Jesús los sane esta noche? Levanten sus manos. Por todas partes en el edificio quieren que el Señor Jesús los sane. Ahora, voy a decir esto. Si el Espíritu Santo viene y si Él viene en Su poder para obrar, si Uds. tan solamente miran para acá y creen que es la verdad del Evangelio entonces Dios tiene la obligación de sanarles.
¿No creen que Dios, aquí arriba, me pudiera mostrar por visión, a ustedes allá y sanarlos? ¿No creen Uds. eso? ¿Cuántos han estado antes en las reuniones y lo han visto llevarse a cabo en toda clase de cosas? Bueno yo no estoy… Y yo pensé que estaba entre extraños, pero no lo estoy. Eso está muy bien. Muchas gracias, muy amables.

94 Ahora, que el Señor Jesús les bendiga. Ahora, sean reverentes. Ahora, madres mantengan a sus bebés cerca de ustedes, especialmente en caso de epilepsia. Ese es una de las cosas que… Acabo de estar… Se me ha escapado tantas veces. Y lo he visto muchas veces impactarse en veinte al mismo tiempo en un edificio. Así que, no soy responsable de los críticos. Ese es una ley del estado, ¿ven? Tengo que decir eso.
Si Ud. está aquí y como un crítico, no se quede ahora en el edificio. Recuerde, si se afecta con algo mal, pues, yo no soy responsable. Pero si Ud. es un Cristiano y un creyente, y se sienta humilde, y obedece lo que Él le diga que haga, entonces Uds. son siempre bienvenidos.

95 Ahora, vamos a orar de nuevo.
Ahora, Padre Celestial, les he dicho a estas personas que Tú resucitaste de los muertos, que eres el mismo de ayer, hoy y por los siglos, que Tu poder es el mismo. Las mismas cosas que Tú hiciste cuando estuviste aquí en carne, Tú prometiste hacerlas a través de nuestra carne. Porque Tú dijiste: “Las cosas que Yo hago, vosotros también las haréis”. Y vemos el ministerio que Tú tuviste. No haciendo alarde alrededor y reclamando ser un sanador. Pero Tú caminaste delante del Padre, e hiciste exactamente como Él te dijo que hicieras.
Ahora, Señor Jesús, este pobre e indigno siervo Tuyo… Pero, para Tu gloria y por amor al Evangelio, me someto a Ti. Ahora, permite que el Espíritu Santo, el Ángel de Dios, venga a Tu siervo y me use, Padre, y hable el ministerio de Tu Hijo resucitado para que la Palabra de Dios pueda cumplirse. Para que cuando el día del Juicio venga que este grupo de gente aquí en Nueva York no tenga excusa, sino que sepan que Tú has resucitado de los muertos. Y Tú Evangelio dice que Tú vienes y nosotros lo creemos. Y las cosas que Tú dijiste que harías, hazlas ahora, Padre. Y te alabaremos a Ti. Porque lo pedimos para la gloria de Dios en el Nombre de Su Hijo, el Señor Jesús. Amén.
Ahora, quisiera que todos estén tan callados como sea posible. No se muevan. Mi muchacho, él está aquí en alguna parte, parado allí atrás con el hermano Gardner, y demás. Él sabrá cuándo llevarme de la reunión. Y quiero que ustedes crean.

96 Ahora, ¿es esta la dama, aquí? Venga, dama.
Ahora, permítanme decir esto con una advertencia solemne: tomen asiento, guarden silencio, porque yo no soy responsable a partir de este momento, de lo que pase por incredulidad o desobediencia. No importa lo que Él les diga que hagan, háganlo inmediatamente, ¿ven? Solo sean reverentes ahora.
Ahora, creo que este es el paciente. Estoy esperando por Su presencia que venga a mí. Por supuesto yo solo soy un hombre. Uds. saben, estoy hablando mucho de esa manera. Normalmente el administrador es el que habla, el hombre de la plataforma, y en esta pequeña reunión, me atrapé a mí mismo y de repente, uno tiene que esperar un momento quizás algunas veces por la unción del Espíritu Santo para que Él se mueva.

97 Ahora, me imagino que los ingenieros saben; yo no sé qué tan fuerte hablo. Así que, probablemente ellos lo van a regular para que puedan escuchar. Si golpea en uno, ya casi está terminado entonces. Y oro que Él lo hará para la gloria de Dios y para la gloria de la resurrección del Señor Jesús, que Él ayude esta noche y me ayude a mí, y me unja con Su Espíritu, eso es para la gloria de Dios. Y que Él lo conceda.
Ahora, lentamente vamos todos a tararear esto de esta manera, no “Señor, yo creo” pero “Ahora yo creo”. Cantémoslo suavemente.
Ahora yo creo, ahora yo creo,
Todo es posible, ahora yo creo;
Ahora yo creo, ahora yo creo.
(Padre, oro [Palabras no claras])
… posible, ahora yo creo.
Ahora el Espíritu Santo está aquí. Tomo a todo espíritu que está aquí bajo mi control en el Nombre de Jesucristo, el Hijo de Dios, para la gloria de Dios.

98 Ahora, me supongo, dama… Siendo Ud. la primera paciente aquí esta noche, quiero hablar con usted solo un momento, y veo ahora que Ud. es una Cristiana, porque su espíritu viene en bienvenida. Ahora, Ud. pudiera haber sido un incrédulo, o pudiera haber sido un crítico. Si lo fuera, yo lo hubiera sabido. Pero Ud. es una creyente y su espíritu viene a mí ahora.
Pero ahora nuestro Maestro habló con la mujer junto al pozo hasta que encontró en dónde estaba su problema. Y luego cuando Él habló, encontró su problema, Él reveló cuál era su problema, y ella creyó en ese momento que Él era el Mesías. Ahora, usted y yo somos desconocidos, ¿no es así? Tampoco sabemos… ¿Es eso correcto? Si es así, levante su mano a la audiencia para que pueda ver que somos desconocidos el uno al otro. Yo no sé nada de usted, nunca la he visto en mi vida o la conocía. Esta es la primera vez que nos encontramos. Pero sin embargo yo sé que usted es una Cristiana. Rápidamente eso detecta una cosa.

99 El mismo Espíritu que estuvo sobre nuestro Señor que le dijo a Natanael cuando llegó: “He aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño”. Ahora, si nuestro Señor Jesús hace… ¿Alguien de la audiencia conoce a esta mujer? ¿Hay alguien aquí que la conozca? Muy bien. Bueno entonces, Ud. sabe si ella es una mujer veraz. Ella lo es. Eso es correcto.
Bueno ahora si el Espíritu Santo me deja saber por lo que la mujer está aquí, ¿cuántos allá creerán en ese minuto? Crean en ese preciso momento, y digan: “Yo lo aceptaré”. Que Él lo conceda, hermana. Ese es mi… Mi confianza está en Él, que lo hará. ¿Le gusta vivir aquí? [La dama dice: “Sí”] solo una conversación. [“Sí me gusta”].

100 Ahora, usted se da cuenta, ahora, que algo está sucediendo. Ahora, si la audiencia pudiera tan solo ver en este momento Su presencia que está viniendo entre Ud. y yo en una Luz. Y usted está sufriendo con una condición asmática. Usted tiene… Usted tose mucho y con asma —una tos seca. Y acaba de tener recientemente unos problemas. Hace como un año. Ud. tuvo una hemorragia, una hemorragia cerebral.
Y Ud. ha sido una creyente durante varios años. Veo que regresa a ser una mujer joven. Y Ud. ha tenido unas sanidades en el pasado. Era un hombre. Era un… es un hombre que está vestido un tanto raro para el día presente. Era su esposo, que tenía una especie de… Debió haber sido reumatismo o algo —una muleta o algo, parecía. Y Ud. ha sido una creyente por varios años. Y usted está sanada. Dios le bendiga. Puede seguir su camino regocijándose, Jesucristo la sana.
Venga, ¿por favor, señor? ¿Cree usted? ¿Lo cree con todo su corazón? Somos desconocidos el uno al otro, me supongo, señor. Oh, Ud. estuvo en una tienda de diez centavos en Erie. Bueno, usted me habló. Bueno, yo no sabría nada de usted. Somos tanto así desconocidos. ¿Cree usted que Dios puede decirme cuál es su problema? Lo cree. Bueno, si Él lo hace, ¿lo aceptará a Él como su sanador?

101 Su problema es un crecimiento. Y el crecimiento está en su pierna. Es en la pierna izquierda arriba de la rodilla. ¿Es eso correcto? ¿Lo acepta a Él como su sanador? Entonces en el Nombre de Jesucristo el Hijo de Dios, yo reprendo este crecimiento. Que se vaya de usted y salga. Amén. Dios le bendiga, hermano. Vaya regocijándose, feliz, alabando a Dios por su sanidad.
¿Le cree a Él? Solo tenga fe, no dude. En la audiencia, ahora, me dejó y se fue sobre la audiencia. Está suspendida sobre la dama sentada allí de negro, mirándome. Usted está sufriendo con una condición nerviosa, ¿no es así? Le provoca que tenga un problema de estómago. Su comida se le agria en su estómago y cosas. Por cierto, Ud. ha tenido mucho problema además, una tristeza. Acaba de perder a un ser querido. Creo que es un esposo o algo, que se mató o algo. Y eso es lo que la está poniendo nerviosa. Eso es verdad. Pero su problema estomacal la ha dejado, hermana. Usted está sanada ahora. Su fe la ha salvado. Ahora siga su camino y regocíjese.

102 La dama sentada en la parte de atrás estaba nerviosa también, mirando para acá, un problema nervioso. No tema, hermana. Usted va a estar bien. Y Ud. parada allí, tiene una pluma en su sombrero, colgando, está sufriendo con una condición nerviosa, también. No tema. Se va a poner muy bien, ¿ve?
Tenga fe en Dios. Solo sea reverente, crea con todo su corazón, usted puede obtener lo que ha pedido.
Ahora, me supongo que somos… ¿Es este el paciente, Billy? Somos desconocidos el uno al otro, dama. Yo no la conozco. Nunca la he visto en mi vida, Y por supuesto, Ud. sabe, estando parado aquí hablando con usted, Ud. se da cuenta que está en presencia de Algo aparte de su hermano. Si la audiencia mira al paciente cuando viene. Observen cuando los impacta.

103 La dama se da cuenta… Ahora, entre más hable con usted, más me revelará Él a mí. Pero si el Señor Jesús simplemente me muestra cuál es su problema, ¿creerá en Él con todo su corazón? Usted está sufriendo con un problema cardíaco. Tiene un problema cardíaco. Y Ud. no es de este país. Y Ud. tiene un esposo que es un hombre de cabello negro. Se parte su cabello… se peina para atrás de esa manera. Y él es un ministro. Y su nombre es Harry Nun, Reverendo Harry Nun. Y él está sufriendo con un problema de espalda. Y Ud. es de… Ud. es de Canadá. Tome ese pañuelo y esa lágrima que acaba de caer allí, y póngalo sobre él. Los dos están sanados en el Nombre del Señor Jesucristo. Vaya, sea sanada.

104 Tengan fe en Dios. ¿Creen Uds. con todo su corazón, toda su alma? Solo tengan fe ahora. No duden pero crean con todo su corazón. Y usted… Ciertamente pueden recibir lo que han pedido, si tan solo tienen fe para creer. Uds. no tendrán que necesitar nada más. Su Presencia está aquí.
Veo un espíritu negro colgando allí mismo. Ud. tiene epilepsia, ¿no es así? Esa dama sentada allí con una banda roja alrededor… Ella se la está jalando. Usted ha tenido… Ud. ha tenido hechizos de caerse. Usted me es una desconocida pero eso está bien. Allí está ese espíritu oscuro maligno. Inclinen sus rostros, todos.
Señor Dios, Creador de los cielos y la tierra, él sabe que su tiempo ha llegado. Sal de ella, tú espíritu maligno. Te conjuro por el Dios viviente que no la atormentes más. Déjala en el Nombre de Jesucristo. Sal de ella.
Muy bien. Puede ponerse de pie, dama. Acepte su sanidad. Ahora, el resto de ustedes puede levantar su rostro si lo desean. Muy bien. Dios le bendiga, dama. Vaya a casa regocijándose y alabando a Dios.

105 Ahora, si la audiencia quiere decir: “¡Alabado sea Dios! Pues, denle… Dios es el Espíritu de adoración. Denle a Él alabanza. Él es digno. Él quiere ser alabado. No hay razón para que ninguna persona salga de aquí esta noche sin estar completamente sana.
¿Lo cree usted, dama? ¿Con todo su corazón? ¿Cree que soy Su siervo, Su profeta? Si no le digo ni una sola cosa, lo que está mal, solo oro por usted, pongo manos sobre Ud. Lo creerá de todas maneras, ¿no es así? Usted lo creerá de todas maneras, pero Ud. quiere que averigüe lo que está mal con usted, porque ni usted misma lo sabe. Eso es correcto. Sí, señor. Ellos no saben lo que está mal con usted.
Usted tiene algo mal en su hígado, y tiene miedo que sea cáncer. Y exactamente eso es. ¿No es eso correcto? Exactamente. Eso es correcto. Bueno, ¿qué si le digo que Jesucristo la ha sanado? ¿Lo creerá? ¿Lo aceptará?

106 En el Nombre de Jesucristo, Satanás, tú viniste para mandar a esta mujer a una tumba prematura, sal de ella. En el Nombre de Jesucristo, vete de ella. Ahora, hermana, regrese feliz, regocijándose. Coma lo que usted quiera y… Siga adelante. El Señor Jesús le bendiga.
¡Oh, cómo le amo a Él! Cómo Su presencia… Su gran unción, bendiciones, y poder están sobre la gente. Ahora, desearía que simplemente se pusieran de pie y vieran lo que está sucediendo ahora. Está sobre toda la audiencia. Seguramente Uds. pueden creer.

107 Amén. ¡Oh, vaya! Recuerden esto, que yo digo esto en el Nombre del Señor. Ustedes pastores que están aquí esta noche, que días después de este, aún semanas, que algunos de su congregación vendrán a ustedes diciendo… mujeres diciendo: “El problema femenino me dejó. Yo no sé. Simplemente me dejó”. Personas con problemas estomacales y otras enfermedades vendrán diciendo que han sanado. Ellos fueron sanados, pero se está moviendo tan a prisa que no puedo ver en dónde está sucediendo. Su fe los está sanando.
Seguramente me pueden creer. Yo hablo la verdad y Dios testifica que estoy diciéndoles la verdad. Oh, no se queden sentados en un caparazón. Deje que su fe sea conocida por Dios. Crea en Él. ¿Qué le importa a usted? Estamos delante de Su Presencia, Su Majestad, el Rey del Cielo. Que Sus bendiciones sean sobre todos ustedes, a medida que tienen fe.

108 ¿Es este…? ¿Es Ud. el paciente, señor? Pues, discúlpeme. No estoy fuera de mí. Pero es… Somos desconocidos él uno al otro. Pero ninguno de los dos somos desconocidos delante de Dios. Dios nos conoce a ambos desde que nacimos. Él nos ha alimentado con cada pedacito de comida que hemos comido, puso la ropa en nuestra espalda, nos dio el agua que bebemos, y el aire que respiramos.
Ahora, nosotros siendo desconocidos, nacimos a millas de distancia, quizás. Y todo me lo puede revelar Dios, sin embargo, si Él así lo desea, algo… Ahora, si Él estuviera parado aquí con nosotros con este traje que Él me dio, Él no podría sanarlos si Ud. necesitara sanidad. Yo no sé lo que Ud. está necesitando. Pero Él no podría sanarlo si estuviera parado aquí, porque Él le diría: “Yo hice eso en el Calvario”.
Pero la única cosa que Él podría hacer para hacerle saber a usted que era Él… Él sabría quién es usted, o con respecto a usted, y todo como eso. ¿No es eso cierto? En lo que concierne quién era usted, que… Ahora, algunas veces eso impacta a las personas. Dicen: “Eso no es Escritura”. Oh, sí, lo es. Acaso no dijo Jesús: “Tú eres Simón. Y a partir de ahora tu nombre será llamado Pedro”. ¿No es eso correcto? Seguro, Pues, vaya. No desconfíen de las cosas; Uds. contristan el servicio.

109 Ahora, si Dios me revela cuál es su problema, ¿aceptará Ud. su sanidad? Si lo necesita, o cualquiera que sea su necesidad. Si es algo doméstico, finanzas, lo que sea. Ud. tiene que… Si Ud. tiene una buena razón para ello, Dios escuchará la razón.
Usted es un creyente. Ud. no es un crítico. Ud. es un creyente. Y Ud. está sufriendo con un problema cardíaco y una condición nerviosa. Eso es correcto. Por cierto, ha habido un contacto. Ud. tiene una esposa, y ella está realmente nerviosa. Y hay alguna manera… Lo veo mandando algo. Es un mensaje. Es un telegrama, o algún mensaje que Ud. me mandó. Y yo le he mandado un… Ud. había tenido un muy mal episodio, y yo le mandé una telita o algo para que lo usara en usted.
Esa es la verdad. Ese no fui yo. Ese es Él. Ahora, soy yo. ¿Escuchó esa voz justo entonces? Ese no fui yo. Ese fue Él. Lo que sea que Él dijo es la verdad, ¿no es así? Es la verdad.
Lo veo a usted. Su nombre es Arthur. Y su apellido es Dentle, algo como eso. Y Ud. vive en la Calle Muller 150. Vive en un departamento. Y su departamento es el número 9-B. ¿Es eso correcto? Vaya a casa. Ponga sus manos en su esposa, también. En el Nombre de Jesucristo, que el hombre sea sanado.

110 Tenga fe en Dios. No descrea; pero crea que todas las cosas son posibles.
¿Qué piensa al respecto, damita sentada allá con sus brazos cruzados? Ud. está sufriendo con un problema intestinal, ¿no es así? Qué de… Si su fe pudo subir aquí y tocarme para saber quién es usted, y Ud. estando sentada allá —imposible que yo la conociera. Ud. tiene un problema en los ojos y un problema intestinal. ¿Es eso correcto? Jesucristo la sana de eso. Póngase de pie y acéptelo en el Nombre del Señor Jesús.

111 Bendito sea el Señor Jesús.
¿Qué piensa Ud. sentado allá, señor? Usted está sentado con un problema rectal. ¿No es eso cierto?
Solo un momento. Hay una raya oscura saliendo del hombre. Ahora espere. Hay algo más en el edificio que está mal allá que… Pues, está viniendo a este hombre con su mano levantada. Esos son esposo y esposa sentados allá. Y los dos están afectados con un problema rectal. ¿No es eso correcto? ¿Los dos? Levanten sus manos si eso es cierto. Ahora, los tres se pueden ir. Jesucristo los sana a ustedes tres. Pueden irse a casa y ser sanos. ¡Alabado sea Dios Quien nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!
Querida hermana, venga para acá. ¿Le cree a Él con todo su corazón? [Palabras no claras] ¿… que el problema la dejará?
Dios Todopoderoso, Autor de la vida, Dador de todo buen don, manda Tus bendiciones sobre la hermana y sánala. En el Nombre de Jesucristo lo pido. Amén.
Ahora, si Ud. me cree que soy Su siervo, vaya dándole gracias a Dios. Se ha ido de usted. Vaya diciendo: “¡Alabado sea Dios!”.

112 Muy bien. Puede venir, dama. ¿Cree Ud. que soy Su siervo, el siervo del Señor? Somos desconocidos el uno al otro. Si Dios me deja saber lo que está mal con usted, ¿aceptará su sanidad? Es su espalda. ¿Es eso correcto? Entonces Ud. está sanada, ¿no es así? Siga su camino regocijándose, diciendo: “Gracias, Señor Jesús. Gracias, Señor Jesús”.

113 Venga, dama. Si Dios me dice cuál es su problema antes que Ud. llegue aquí, ¿aceptará su sanidad, dama? [“Sí”] ¿Lo hará? Problema cardíaco es lo que la está afectando. ¿Es eso correcto? Tiene complicaciones, además, otras cosas. ¿Cree Ud. que Jesucristo la va a sanar?“. [”Sí“].
Padre, en el Nombre del Señor Jesús, que este enemigo número uno de la vida humana deje a esta mujer. Por el amor de Jesucristo, lo pido en Su Nombre. Amén.
Vaya feliz, regocijándose. Escríbame y cuénteme con respecto a su sanidad, cómo Dios la ha sanado. Muy bien.
Dama, le quiero preguntar algo. Deténgase allí solo un minuto. Cuando le mencioné a ella el problema cardíaco, una sensación extraña vino sobre usted, ¿no es así? Porque Ud. está sufriendo de la misma cosa. Ahora, siga su camino regocijándose. Usted fue sanada cuando estaba sentada en su silla allí.

114 Tengan fe. Crean con todo su corazón ahora.
Muy bien. Pase por este lado, dama si usted no… ¿Cree que Dios la va a sanar de su diabetes y la dejará ir a su casa y que se pondrá bien? ¿Lo cree con todo su corazón? Entonces en el Nombre de Jesucristo, el Hijo de Dios, vaya a su cuarto, regocijándose. Amén. Crea ahora con todo su corazón.
La artritis es algo horrible, ¿no es así? También lo es el problema del estómago, pero Dios es sanador de todo eso, ¿verdad? Entonces en el Nombre de Jesucristo, el Hijo de Dios, le pido a Dios que Ud. sea sanado. Amén. Cruce la plataforma diciendo: “¡Alabado sea el Señor por mi sanidad!”. Muy bien.
Cuando le mencioné la artritis a él, una sensación extraña vino sobre usted, ¿no es así? Los demonios simpatizan uno con el otro. Usted está sanado, también. Siga su camino regocijándose. Ud. ni siquiera tiene que venir para acá. Su fe lo ha sanado.

115 Dama, Ud. está viniendo para acá por sus ojos. Se está volviendo ciega. Cada vez se pone peor. ¿No es eso verdad? Usted está ahora sanada. Siga su camino regocijándose, alabando y dándole gracias a Dios. Crea con todo su corazón.
¿Cree usted, mi hermana, mientras viene? Si Dios me revela su problema, ¿aceptará su sanidad? Usted tiene alta presión arterial, en primer lugar, es lo que la está molestando. ¿Cree Ud. que Él la sanará de eso? [“Sí, lo creo”]. Lo cree. Ud. tiene un problema en su corazón también. [“Sí”]. Tiene a alguien en su corazón. Es un ser querido, ¿no es así? [“Sí”] Es una hermana. [“Sí”] ¿No es eso cierto? [“Sí”] Y ella está en el hospital [“Sí”] bajo una tienda de oxígeno [“Sí”] con un ataque al corazón. [“Sí”] Vaya a casa; ponga manos sobre ella en el Nombre del Señor Jesús.
Ahora, si ustedes no lo creen, nunca lo van a creer. El Señor Jesucristo está aquí para sanar a cada persona en el edificio. ¿Creen Uds. eso con todo su corazón? ¿Creen que Su Majestad está aquí ahora?

116 Esto pudiera continuar por horas. Cada persona que tiene alta presión arterial, póngase de pie, cada persona con alta presión arterial. Cada persona que está afectada con nerviosismo, póngase de pie rápidamente. Cada persona con cáncer, póngase de pie rápidamente. Cada persona con una enfermedad de cualquier clase, póngase de pie rápidamente. ¿Me creen?
¿No puede Dios…? Si Él puede echar fuera demonios y estando ellos aquí parados en la plataforma, ¿acaso no puede Él echarlos fuera también allá? Aquí está Él moviéndose. ¿Acaso no pueden ver esa Luz moviéndose sobre ese edificio de esa manera? Levanten sus manos y denle a Él alabanza.
Le voy a pedir a Dios que limpie todo aquí, para que Uds. se puedan ir a casa perfectamente normal y bien. ¿Lo creen?

117 Dios Todopoderoso, en el Nombre de Tu Hijo, el Señor Jesús, echo fuera todo espíritu que está aquí, en la autoridad de Tu Palabra.
Satanás, eres un perdedor. Ya no puedes seguir reteniendo a esta gente por más tiempo. Estás expuesto aquí mismo esta noche. Y no puedes retenerlos por más tiempo. Sal de ellos. En el Nombre de Jesucristo, deja a cada uno de ellos.
Todos los que están aquí, levanten sus manos y vayan alabando a Dios y dándole gracias. Lisiados, pónganse sobre sus pies. Levántense y caminen, ustedes que están lisiados. Gente ciega, miren hacia arriba, ustedes pueden ver. El sordo puede oír. ¡Alabado sea Dios! Él ha sanado a cada uno de ustedes en el Nombre del Señor Jesucristo.

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