OBRAS DEL MENSAJE


El Entierro
Jeffersonville, Indiana, E.U.A.
57-0420
1 Bendito Padre Celestial, con la presencia del Espíritu Santo que ya está aquí, abordamos Tu Santa Palabra. Y aunque con una voz mala tratando de contenerme, y hablar las palabras lo más lentas y calmadas que pueda, pido de Tu dirección divina y la unción del Espíritu Santo que se muevan entre nosotros esta noche. Y Aquel que es Omnipresente, que Él tome la Palabra de Dios y se la dé a cada corazón, según tengamos necesidad. Que Él nos alimente esta noche, de las cosas buenas de Dios.
Y esta noche, mientras hablamos de la Palabra, que nuestros corazones estén a muchos kilómetros en el Calvario, donde Jesús pagó ese precio todo suficiente que fue requerido por los grandes juicios de Dios, desde jardín del Edén. Y que hoy nos demos cuenta de que somos justificados gratuitamente por Su resurrección, y por Su muerte, sepultura y resurrección.
2 Y esta noche ya no somos del mundo, porque hemos sido comprados con el precio de la preciosa Sangre del Hijo de Dios. Y que podamos esta noche, con corazones agradecidos, volvernos a Ti, con toda la mente y fuerza que tenemos dentro de nosotros, y te sirvamos con un corazón puro, y no adulterado.
Concede esta noche, Padre, si hubiera algunos aquí que no te conocen, en el perdón de sus pecados, que esta noche vengan humildemente a la cruz, y confiesen allí sus pecados al Dios que es justo para perdonar. Y que esta sea una gran noche para todos nosotros. Lo pedimos en el Nombre de Tu Hijo, el Señor Jesús. Amén.
3 Ahora nos damos cuenta de que no hay nadie en la tierra que sea lo suficientemente capaz de tomar la Palabra de Dios y revelarla, porque la Palabra está escrita por inspiración. El Espíritu Santo es el Autor de la Palabra.
Y cuando se buscó a uno en el cielo para tomar el Libro y desatar los Sellos, no hubo nadie en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra, que fuera digno de desatar los Sellos, o incluso de mirar el Libro. Y allí había un Cordero que había sido inmolado desde la fundación del mundo, y Él vino y tomó el Libro de la mano de Aquel que estaba sentado en el Trono, y desató los Sellos y abrió la Palabra.
Y estamos esta noche creyendo y confiando en Él, que Él nos abrirá la Palabra. Y ahora mientras leo en el capítulo 2 de Hechos…
4 A medida que entrego esto, la primera noche fue: La Segunda Venida Del Señor Jesús, siendo miércoles. Y el jueves por la noche fue sobre: El Sacrificio Todosuficiente. Y la noche del viernes fue sobre: La Expiación Todosuficiente; El Perfecto. ¿Lo captaron anoche? Perfecto: De cómo podemos ser absolutamente irreprochables y perfectos a la vista de Dios. Y esta noche es sobre: El Entierro. Y mañana: La Resurrección. Conforme vayan avanzando los días.
5 Ahora, esta noche he escogido, para mi lectura de la Escritura, del libro de los Hechos, el capítulo 2 y los versículos 25, 26 y 27, incluso. Y se lee así (Pedro hablando):
Porque David dice de él: veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido.
Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, y aún mi carne descansará en esperanza;
Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción.
Qué hermoso texto esta noche para obtener el contexto de Él estando en la tumba.
6 Lo primero a lo que queremos llamar su atención es a la infalibilidad de la Palabra de Dios. Dios guarda Su Palabra al pie de la letra. Y esta noche queremos fijar nuestros pensamientos en eso: que Dios guarda Su Palabra. Podemos descansar seguros que cualquier cosa que Dios ha dicho en Su Palabra es la verdad. Y la fe no descansa sobre las arenas movedizas de las ideas de los hombres o la teología de los hombres, sino que tiene su lugar de descanso definitivo en la Roca inconmovible de la Palabra eterna de Dios.
¡La Palabra! Si Dios lo ha dicho, eso es verdad para siempre. Él nunca puede retractarse y decir: “Yo no quise decirlo”. Yo puedo decir cosas, Uds. pueden decir cosas; entonces estamos propensos a tener que retractarnos, porque lo dijimos con lo mejor de nuestro conocimiento y con lo mejor de nuestra habilidad. Pero, luego, Dios es muy diferente de nosotros. Él es infinito, por lo tanto, Él no dice una cosa a menos que sea absolutamente perfecto. Él nunca tiene que retractarse, nunca tiene que disculparse por lo que dijo. Siempre permanece cierto.
7 Incluso para Jesús, en estos grandes días que estamos celebrando, cuando Dios realmente inmoló a Su Hijo por los pecados del mundo, fue quizás aun miles de años antes de que el fundamento fuera puesto. Dios habló la Palabra, y eso es un producto terminado en el cielo cuando Dios lo habla; ya está terminado. Oh, si tan sólo pudiéramos captar lo que eso significa, qué personas tan diferentes seríamos. Al ver en Sus libros, los juicios que están colocados aquí para los desobedientes, eso haría que un hombre se examine a sí mismo, hora tras hora; y haría que los justos se alegraran, hora tras hora, al leer las bendiciones que Dios ha prometido a los fieles. Y podemos descansar seguros que cada palabra se cumplirá —sólo anclemos nuestra alma en Ella. Siempre ha sido de esa manera.
8 Cuando Dios le habló a Noé, allá en el mundo antediluviano —tal vez antes de que alguna Biblia fuera escrita, o esta Biblia, en cualquier caso, fuera escrita— Dios le dijo a Noé que venía una tormenta y que las aguas cubrirían la tierra. Y sin una pizca de evidencia de que eso sucedería —todo en contra—Noé se movió con temor, y construyó el arca, la preparó. Fue para la salvación de su casa y de sí mismo. Dios nunca lo defraudó, porque era Su Palabra. Tenía que suceder cuando Dios dijo que iba a suceder.
9 Ahora, cuando Job, el libro más antiguo de la Biblia, que fue escrito quizás antes de que se escribiera Génesis, y fue incluido en la Biblia. Y Moisés escribió el Génesis. Job, en su libro, descansó solemnemente sobre la promesa que Dios le hizo. Y se mantuvo junto a su holocausto, sin temor en su corazón; sabiendo que lo que Dios había dicho, Dios era capaz de realizar. Y cuando todo parecía ir en contra, Job se mantuvo firme porque la promesa de Dios era firme. Dios le prometió a Job, y Job descansó en esa promesa.
10 ¡Oh, si la iglesia pudiera llegar a ese lugar donde pueda descansar solemnemente en la Palabra eterna de Dios como siendo la verdad! Qué diferente sería, qué corrección habría, qué cortante sería, qué gozo habría, qué poder habría, cuando hombres y mujeres tomen a Dios en serio, que lo que Él dijo es la verdad. No importa cómo se miren las circunstancias, eso no tiene nada que ver al respecto. Dios lo dijo; eso lo concluye.
Y Job, cuando estaba en el tiempo de más prueba de toda su experiencia; cuando fue hallado hombre justo en la presencia de Dios. Incluso Dios dijo que él era perfecto. No había nadie como él en la tierra. Y a Satanás se le dio el privilegio de tentarlo, diciendo: “Haré que te maldiga en Tu rostro”.
Y él casi le quita la vida a Job (y lo habría hecho), pero Dios trazó un límite, dijo: “Le puedes hacer cualquier cosa, pero no le quites la vida”.
11 Después, cuando Job soportó la mera tentación del momento crucial, él dijo: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo. Aunque los gusanos de la piel destruyan este cuerpo, en mi carne he de ver a Dios”. No importó cuán oscuro pareciera y lo irreal que parecía, había algo a lo que Job ancló su alma: en la eterna promesa de Dios. ¡Oh, si nosotros tan sólo pudiéramos hacer eso! Noten, él descansó en la promesa: “Yo sé que mi Redentor vive”.
Y quiero que se fijen, para algo que quiero decir más adelante, Job especificó el lugar para su entierro. Y cuando Job murió, fue sepultado así.
12 Hubo otro hombre llamado Abraham, quien tomó a Dios en Su Palabra. Y le creyó a Dios. Y llamó a las cosas contrarias a la promesa que Dios le dio, como si no fuesen. Él tomó a Dios en Su Palabra. Y cuando pasaron los días, y pasaron las semanas y los meses, e incluso los años, eso no hizo titubear a Abraham ni un poco. La Biblia dice: “Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios; sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios”.
Cuando todo parecía, todos los días… Simplemente se hacía más difícil cada día; pero en lugar de ponerse más débil, Job se fortalecía cada día. ¡Oh, qué bendita seguridad tenemos! Cuando las dificultades parecen levantarse para hacer que lo que Dios prometió sea algo imposible; en vez de acobardarnos y volver al mundo, debemos estar más firmes de lo que alguna vez estuvimos sobre el: “ASÍ DICE EL SEÑOR”. Cuando Dios dice algo, debería quedar resuelto.
13 Y Abraham llamó las cosas que son, como si no fuesen, porque eran contrarias a la Palabra. Y cuando Abraham perdió a su amada y esposa, Sara, después de vivir muchos años juntos, él compró una porción de tierra cerca del lugar donde Job fue enterrado, y enterró a Sara. ¿Se preguntan por qué? Ellos eran profetas. Ellos lo vieron. Ellos se contactaban con Dios. Y ahora, cuando murió Abraham, él fue sepultado con Sara.
Ahora, él no quiso que estos individuos le regalaran esa porción de tierra. Él la compró, ante testigos. ¡Qué hermoso tipo del bautismo! Él la compró, ante testigos, que esa era su posesión. Oh, así es como un verdadero creyente debe venir, no escabullirse en un rincón, sino pararse delante de testigos: “Yo soy un testigo del Señor Jesús, y del Espíritu Santo, y de Sus grandes obras”, cuánto más cuando vemos que este día malo se acerca.
14 Y entonces, cuando el hijo de Abraham, el cual era Isaac, la promesa se le iba a dar a él. Y cuando Isaac murió, fue sepultado con Abraham. E Isaac engendró a Jacob.
Y cuando Jacob murió, allá lejos en Egipto… Pero noten: Antes de morir, él le dijo a su hijo profeta, José: “Ven aquí, hijo, y pon tu mano sobre mi cadera lisiada”. Porque recuerden cómo fue lisiado, es porque el Ángel del Señor tocó su cadera, y cojeó desde ese día. Él dijo: “Pon tu mano sobre mi cadera y júrame por el Dios de nuestros padres, que no me enterrarás aquí en Egipto”. ¿Por qué? Oh, ellos tenían la Palabra; tenían la revelación.
15 Y me detendré aquí para decir que la iglesia del Dios viviente está edificada sobre la revelación Divina —no sobre la denominación, la organización, no sobre credos o doctrinas, sino sobre la verdad revelada espiritualmente del Dios viviente.
Abel la tuvo en el jardín del Edén, cuando la iglesia comenzó. ¿Cómo supo que debía traer un cordero? ¿Por qué no trajo fruta como lo hizo Caín? Sino que le fue revelado a él.
Jesús, una vez hablando, dijo: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?”.
“Algunos dicen que Tú eres Moisés y Elías, y así sucesivamente”.
Él dijo: “Pero vosotros ¿quién decís que soy Yo?”.
Vean, no se trata de lo que alguien piensa; es lo que Uds. saben que es la verdad. “¿Qué decís vosotros?”. Esa pregunta nos encararía a cada uno de nosotros esta noche: “¿Qué decís vosotros?”.
Y Pedro hablando rápidamente, sin vacilar, dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.
Ya que Jesús conocía los secretos de todos los corazones, pues no era otro que Jehová manifestado en carne, y dijo: “Bendito eres tú, Simón, hijo de Jonás, porque carne y sangre no te ha revelado esto, sino Mi Padre que está en el cielo ha hecho esto. Y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”.
16 Y nosotros a medida que avanzamos: Nosotros los Luteranos queremos caminar por fe, los Metodistas queremos gritar para recibirlo, Uds. Pentecostales quieren hablar en lenguas para recibirlo, pero eso está a diez millones de millas de eso.
Es una revelación Divina del Señor Jesucristo, la persona de Su ser manifestada en el corazón: “Sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. Eso obra perfectamente con Mateo 24,… 5:24… O, San Juan 5:24: “El que oye Mis Palabras, y cree al que Me envió, tiene Vida Eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a Vida”. No porque tuvieron algún movimiento, alguna emoción; sino porque han sido… el privilegio de tener a Cristo que se les ha revelado desde el cielo“. Sobre esta roca edificaré Mi iglesia”.
17 Y Jacob, cuando murió, su hijo hizo que empacaran su cuerpo, y fue sepultado con Abraham, Isaac, Sara y Job, en la tierra santa, en Palestina.
Entonces, José, siendo un profeta… Él prosperó en Egipto. El conocía a Dios. Dios mismo se le había revelado a él. Y cuando él murió, dijo: “No sepulten mis huesos aquí, sino que pónganlos… ¡Algún día Dios os visitará!”. ¿Por qué? Él descansó solemnemente sobre la Palabra de Dios a Moisés: “Cuatrocientos años servirán a esta nación, pero Yo los sacaré”. Él descansó solemnemente sobre la Palabra.
Y qué hermosa ilustración hay aquí, si se fijan. Todo hebreo que pasaba por ahí, con su espalda azotada hasta la carne viva, por los capataces. Y cuando miraban los huesos de su profeta, José, sabían que un día iban a salir. Porque, esos huesos fueron dejados allí como un memorial, de que algún día ellos saldrían.
18 Hace unos quince o dieciocho años cuando Billy Paul, un niño de unos cinco años, apenas tanto… Teníamos una florecita que le estábamos llevando a la tumba de su mamá, al amanecer una mañana, de Pascua, a medida que iba saliendo el sol, asomándose… o, era justo antes del amanecer, y después iríamos al servicio. Y cuando caminábamos hacia la tumba, el pequeño se quitó el sombrero mientras nos acercábamos donde su hermanita y su madre estaban enterradas. Y él empezó sollozar y a llorar, y dijo: “Papá, ¿está mami ahí abajo en ese agujero?”.
Yo le dije: “No, hijo. Ella no está ahí abajo en ese agujero. Ella está un millón de veces mejor que tú y yo”.
Él dijo: “¿Volveré a ver a mami otra vez?”.
Le dije: “Por la gracia de Dios, si lo deseas, puedes volver a verla”.
Dijo: “¿Saldrá alguna vez su cuerpo de esta tumba?”.
Le dije: “Cariño, cierra los ojos, y te contaré una pequeña historia. Hace muchos cientos de años, esta mañana, hubo una tumba que se dejó vacía”. Le dije: “Ese es un memorial. Aquellos que duermen en Dios traerá Cristo con Él cuando venga”. Sin una sombra de duda, yo descanso solemnemente sobre la eterna promesa de Dios.
19 Como Job de antaño, cuando oímos que “De las cenizas a las cenizas, y del polvo al polvo”, me recuerda a Longfellow, quien dijo:
No me digáis con voz doliente,
Que la vida es un sueño vacío.
Que el alma duerme donde el cuerpo acaba
Y las cosas no son como parecen.
Él dijo:
Sí. ¡La vida es real! ¡La vida es seria!
Y la tumba no es su meta.
Pues polvo eres, y al polvo volverás,
No se refería al alma.
Lo llaman una teofanía, que cuando salimos de aquí vamos a otro lugar. Sea lo que sea, yo tomo la palabra del apóstol, cuando dijo: “Si este tabernáculo terrestre (o morada) se deshiciere, ya tenemos uno esperando, para pasar de este a ese”.
20 Abraham, Isaac, Jacob, Job, todos los profetas, confiaron y creyeron que venía una resurrección, que venía el Redentor. Ellos profetizaron de Él. Enoc profetizó de Él; descansó solemnemente, selló su testimonio con ello. Isaac, Jacob, Daniel, Jeremías, Ezequiel, ellos descansaron solemnemente en el tiempo que el Mesías vendría.
Y ellos murieron y sus almas se fueron al paraíso. Ellos no pudieron entrar en la presencia de Dios, porque (lo tuvimos anoche) la sangre de toros y machos cabríos no podía perdonar pecados; sólo cubría los pecados, hablaba de un día cuando el sacrificio perfecto; porque la sangre del animal no podía regresar al adorador, pues entonces él no habría dejado de ofrecer sacrificios de ese tipo.
Pero cuando el Hijo de Dios murió, la vida que estaba en Él no era otra sino Dios, para regresar y adoptarnos en la familia de Dios. Y ahora somos hijos de Dios— la vida de Su sangre.
21 Ahora noten rápidamente, mientras seguimos. Cuando allá atrás en el Antiguo Testamento, y aquellos que creyeron y adoraron, y murieron en la fe, esperando ese tiempo. La razón por la que esos profetas hicieron eso y quisieron ser enterrados en Palestina: ellos sabían que la resurrección no iba a ser en Egipto. Iba a ser en Palestina, solamente.
Eso es lo que digo esta noche. Yo tengo todo tipo de nombres; no me importa lo que la gente me llame, eso no significa nada para mí. Lo único que quiero saber es esto: que he estado muerto, y mi vida está escondida en Cristo, por medio de Dios, y sellada por el Espíritu Santo; que cuando Él llame de entre los muertos, yo responderé ese día. Entiérrenme en Cristo, porque Dios traerá con Él a los que están en Cristo en aquel día.
22 ¿Cómo entramos en Cristo? 1 Corintios 12:13: “Por un solo Espíritu, fuimos todos bautizados en un cuerpo, y llegamos a ser conciudadanos del reino de Dios”. Nosotros profesamos ser peregrinos y extranjeros en esta tierra, ya no buscando estas cosas mundanas, sino esperando la venida del Rey bendito para que tome el dominio, de mar a mar sin límites, cuando Él venga en Su gloria. Ciertamente, esperamos Su venida.
23 Y entonces no hay duda en mi mente, que eso es lo que Jesús tenía en Su mente cuando Él estaba aquí en la tierra, era esa infalibilidad de la Palabra eterna de Dios. Porque, sabemos que en Él habitó la plenitud de la Divinidad corporalmente. Toda la Divinidad estaba en Él. Él era ambos Padre, Hijo y Espíritu Santo, que habitó en forma humana; la Teofanía de Dios, la gran imagen de Dios en la que Él hizo al hombre, luego lo puso en la tierra. Él tenía un cuerpo. Dios no está exento de un cuerpo. Dios tiene un cuerpo, y se parece a un hombre. Moisés lo vio, otros lo vieron, y se parece a un hombre.
Y este es sólo una impresión, de lo que aquel es. Y todo en la tierra, la belleza, la dulzura, la belleza de la tierra, no es otra cosa en el mundo sino la respuesta a algo mucho mejor que eso, que nos espera cuando dejamos este mundo. Porque, todo en la tierra es solo un patrón de lo que está en el cielo. Todo lo que es bueno, todo lo que es justo, todo lo que es hermoso —árboles, pájaros, todo— es solo un patrón de lo que hay en el cielo.
Nuestra propia vida es solo un patrón. Es solo una sombra, y no la cosa real. Es el lado negativo. Se necesita la muerte para revelar la fotografía, para ponernos de nuevo en la teofanía de la que procedemos. Entonces en la resurrección venimos a Su semejanza, un cuerpo resucitado. Qué hermoso; no sólo hermoso, sino que es la verdadera y solemne verdad de la Palabra eterna de Dios: que seremos semejantes a Él.
24 Fíjense, ahora Jesús, investido con todos los poderes de Dios, pero, cuando se encontró con Satanás, Él nunca usó ninguno de Sus poderes. ¡Él sólo se refirió a la Palabra! Así lo hizo. Él dijo: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Entonces, ¿cómo pueden decir que pueden quedarse en casa y ser tan buenos Cristianos como lo serían en la iglesia? No pueden hacerlo. Lean la Palabra. El Espíritu Santo se alimenta de la Palabra. La Biblia es la dieta espiritual de Dios para Su iglesia. Y el Espíritu Santo es Aquel que la trae a Uds. y la coloca en el corazón, y Uds. la riegan con acción de gracias. Y cada promesa divina producirá exactamente lo que Dios dijo que haría. Tiene que hacerlo. Es Su Palabra, y es vida.
25 Ahora, había olvidado que se suponía que tenía media hora. Me lleva tanto tiempo llegar a lo que quiero decir.
Pero noten, Jesús en la última hora o dos de Su vida, muchas, muchas profecías se cumplieron.
Alguien me dijo: “Hermano Branham, esto tiene que suceder, y eso tiene que suceder”.
Le dije: “Eso pudiera pasar en una hora”.
Si leen el Salmo 22, y luego observan la hora cuando Él se estaba muriendo en la cruz, se me olvida cuántas profecías sobresalientes se cumplieron en las últimas dos o tres horas de Su vida. Ciertamente: “Horadaron Mis manos y Mis pies. ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué Me has desamparado?”, y así sucesivamente, igual como David lo exclamó.
26 Y luego otra cosa que quiero que noten: la verdad, la parte infalible de la Palabra de Dios. La Biblia dice: “Él guarda todos Sus huesos, ni uno de ellos será quebrantado”. Porque en el tipo, el cordero pascual era un tipo de eso. El cordero debía estar sin mancha, no debía haber huesos rotos en el cordero. Y al tiempo que Él había muerto, fueron a romperle las piernas con un martillo. Y justo antes… ¡Miren a ese momento tan crucial! El hombre con el martillo, listo para golpear Sus piernas, pero la Palabra de Dios dijo: “No habrá un hueso roto en Su cuerpo”. “¿Cómo va a suceder?”. Nosotros nos apresuramos.
27 ¡La Palabra de Dios es eterna! Si la Palabra de Dios es perfecta, aquellos que están en Cristo están tan seguros de levantarse como hay una resurrección. Dios está tan obligado a Su Palabra, para sanarlos, como lo está para salvarlos. Porque es Su Palabra la que lo prometió. Es la Palabra de Dios, y no tenemos derecho de quitar de Ella. Pero sólo digan: “Es la verdad”. Créanlo. No importa lo que pase, créanlo, de todos modos. Esa es la forma en que el resto de ellos tuvo que creerlo, y nosotros no estamos excluidos de eso. Dios le dio Palestina a Israel, pero ellos tuvieron que pelear por cada pulgada de terreno que recibieron. La promesa es suya, pero tienen que luchar por cada pulgada que reclamen; el diablo se encargará de eso, ciertamente lo hará.
28 Pero fíjense, cuando estaban listos para romper las piernas de nuestro Señor Jesús, si ese martillo hubiera golpeado la pierna y la hubiera roto, Dios hubiera sido hallado falso. Pero no había suficientes demonios en todo el tormento oscuro para hacer que ese martillo golpeara ese precioso cuerpo. Pues David, ochocientos años antes había dicho: “No será quebrado ni un hueso en Su cuerpo”. La Palabra de Dios tiene que permanecer la verdad.
Pero, ¿qué hicieron ellos entonces? Tomaron una lanza y lo traspasaron en Su costado, y salió sangre y agua, para cumplir lo que la Biblia decía: “Horadaron Mis manos y Mi costado”. La Palabra fue cumplida.
29 Ahora cuando Él se estaba muriendo, oh, ¡qué hora tan tremenda! Pienso en ese canto… Y, honestamente, me hace sentir terrible cuando pienso en ese canto que el poeta escribió hace muchos años.
Entre rocas partidas y cielos oscuros,
Mi Salvador inclinó Su cabeza y murió;
El velo abierto reveló el camino
Al gozo celestial y día interminable.
Y cuando Él estaba colgando allí, sangrando y muriendo, cuando inclinó la cabeza, el sol se avergonzó tanto de sí mismo, al mirar hacia abajo a las criaturas mortales que Dios hizo a Su imagen; que tuviera que pagar un precio como ese, para redimirlo; el sol se negó a mirar hacia abajo a la tierra en esa hora. La luna estaba tan avergonzada hasta que retiró de su lugar. Y las estrellas voltearon su espalda a la tierra. Qué cosa tan horrible debe ser el pecado, cómo Dios tuvo que lidiar con él.
30 Y ver a esos sacerdotes burlescos, con escupitajos colgando en Su cara. Un hombre lo golpeó en la cabeza, con una caña, y le dijo: “Si eres un Profeta, dinos quién te pegó”. Uno de ellos arrancó la barba de Su rostro y lo golpeó en la cara y quiso que Él se defendiera.
Él dijo: “Si Mi reino fuera de este mundo, inmediatamente llamaría a Mi Padre, Él me enviaría doce legiones de Ángeles”.
Eso pudo haber sido cambiado, pero ¿cómo podía hacerlo? Simplemente no pudo hacerlo, porque eran Sus propios hijos clamando por Su sangre. ¿Pudieran imaginarse a un papá, a un padre, con sus propios hijos (en oscuridad) clamando por la sangre de su propio padre? Esa es la razón por la que Él no podía hacer otra cosa que morir. Si Él no lo hacía, era condenación para Sus hijos, era condenación para las criaturas. Pero Él tuvo que morir, para salvar a Su pueblo.
31 Y cuando lo hizo, cuando inclinó Su cabeza, esta vieja tierra tuvo un escalofrío que recorrió su espalda. Debió haber tenido una postración nerviosa, porque la Biblia dice que: “toda la tierra, desde la hora sexta a la novena, era oscuridad, sobre toda la faz de la tierra.”. Y la tierra tembló y las rocas se partieron. Y el velo del templo se rasgó de arriba abajo; los bloques del sacrificio se volcaron. El Hijo del Dios viviente murió. Él estaba tan muerto al punto que el sol lo reconoció. Estaba tan muerto hasta que la luna lo reconoció. Estaba tan muerto que las estrellas lo reconocieron. Estaba tan muerto que la tierra lo reconoció. Estaba tan muerto hasta que los elementos lo reconocieron, las atmósferas lo reconocieron. ¡Todo tenía que saber que ese era el Hijo de Dios! Porque, la Palabra de Dios no podía fallar. Él fue prometido desde el huerto del Edén: “La simiente que heriría la cabeza de la serpiente”.
32 Ahora, ¿qué le pasó a Él? ¿A dónde se fue cuando dejó la cruz y entró en el sepulcro de José de Arimatea?
Él era tan pobre que no tenía un lugar para recostar su cabeza. Él nació en un pesebre, con un nombre negro detrás de Él, como “un hijo ilegítimo”. Se rieron de Él, se burlaban de Él, se mofaban de Él, en la tierra. Fue hecho el hazmerreír y lo rechazaron. Y cuando Él murió, tuvo que morir por medio de la pena capital, entre dos ladrones. Y ni siquiera tenía un lugar para ser enterrado, y fue enterrado en la tumba de otro hombre. ¡El mismo Dios del cielo viniendo a la tierra! ¿Quiénes nos creemos, que tenemos que pasar por un poco de sufrimiento? ¡Lo que Él hizo por nosotros! Piénselo, amigo, estúdielo.
33 El soldado Romano dijo: “Verdaderamente, ese es el Hijo de Dios”. El pecador tuvo que reconocerlo. Judas dijo: “He traicionado sangre inocente”. Él tuvo que reconocerlo. La tierra entera lo reconoció.
Después, ¿A dónde se fue Él? Cuando un hombre muere, ¿eso lo concluye? No señor. Él tenía que morir de esa manera porque la Biblia de Dios decía que moriría de esa manera. Y Él confió en la Palabra de Dios. Esa es la razón por la que Él podía decir, en Su vida: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”.
David dijo en un lugar, sólo en la Biblia, bajo la inspiración, cuando David, el hombre de Dios, el profeta que estaba ungido con la Palabra, dijo: “No dejaré Su alma en el Seol, ni permitiré que Mi Santo vea corrupción”.
34 Jesús dijo: “Destruid este cuerpo, y en tres días lo levantaré”. Él sabía que la Palabra de Dios no podía fallar. ¡Oh, vaya!
Si Él pudo descansar solemnemente sobre eso, creyendo que la Palabra de Dios no podía fallar, cuánto más podemos nosotros descansar así solemnemente de que hemos nacido de nuevo por el Espíritu Santo y que da testimonio en nuestro corazón ahora mismo que sabemos que nuestro Redentor vive y vendrá de nuevo algún día. Descansen seguros que Dios traerá con Él a aquellos que están en Cristo. Ahora observen.
Allí estaba Él. Él sabía que ninguna célula de ese cuerpo se corrompería. Setenta y dos horas, la corrupción empieza a entrar. Esa es la razón por la que Él nunca se quedó los tres días. Él murió el viernes por la tarde, se levantó el domingo por la mañana. Pero, fue dentro de esos tres días. Él se iba a levantar dentro de esos tres días, porque Él confiaba en la Palabra de Dios.
35 Aquí va Él. ¿A dónde se fue cuando Él se fue? La Biblia dice: “Él ascendió. Él fue y les predicó a las almas que estaban encarceladas, que no se arrepintieron en la paciencia de los días de Noé”. Su alma, Su Espíritu, Su teofanía de Su propio ser, descendió. Sigámoslo. ¿Les gustaría, esta noche, seguirle a Él por unos minutos? Veamos a dónde fue.
Justo debajo de las regiones de los seres mortales está el reino del poder demoníaco; justo por encima de eso yacen las almas de los injustos; debajo de eso está el dominio mismo de Satanás: el infierno. Entonces, justo encima de nosotros, está el Espíritu Santo; entonces debajo del altar yacen las almas de los justos; luego lo que sigue es Dios mismo. Uno va hacia abajo, el otro va hacia arriba; los dos espíritus están aquí en la tierra, influyendo en la gente de esta tierra.
36 Y cuando Jesús murió, Él se va, para allá abajo. Puedo verlo a Él en ese viernes por la tarde, después de Su muerte, [El Hermano Branham toca sobre el púlpito].toca la puerta de las regiones de los perdidos. Vamos a seguirlo un minuto. La puerta se abre. Había mujeres, había hombres, había señoritas, había viejos, todos estaban juntos en ese horrible lugar llamado la prisión de las almas perdidas.
Si tuviera tiempo, me gustaría contarles… Y pudiera ser sólo una visión. Pero una vez visité ese lugar, y clamé por misericordia, cuando yo era un pecador durante una operación. Cuando salí de eso, estaba de pie en el Oeste, con mis manos hacia el cielo y una cruz brillando sobre mí.
37 Pero en aquel lugar lúgubre allí, Jesús caminó hacia la puerta. Todo tenía que ser testigo de que Él era el Hijo de Dios, porque se les había sido predicado en la paciencia de los días de Noé. Él toca la puerta y dice: “Yo soy Aquel del que habló Enoc. Yo soy la simiente de la mujer, que debía herir la cabeza de la serpiente. Toda palabra de Dios ha sido cumplida; Yo acabo de morir allá en el Calvario, y he comprado a Mi iglesia. Y de Aquel de quien Enoc habló, Yo soy Él”. Y ellos estaban sin misericordia, sin esperanza, porque habían transgredido. Y la puerta se les cerró en la cara.
38 ¡Abajo en las regiones de los demonios! ¡Abajo hasta las puertas del infierno! Él toca la puerta. [El hermano Branham toca el pulpito].
Esto es cuando Él estaba en la tumba —Su cuerpo está— esperando la resurrección. Él visitó los lugares a los que van los justos y los injustos; a donde irá Ud. uno de estos días, a uno u otro lugar.
Y Él toca [El Hermano Branham toca el púlpito] la puerta del infierno. Y cuando Él lo hizo, el diablo salió. Y lo puedo oír a él decir: “Oh, así que finalmente llegaste. Yo pensé que de seguro te tenía cuando maté a Abel”.
39 Vean, cuando esa simiente fue prometida en el Jardín del Edén, el diablo ha intentado constantemente de destruir esa simiente. Y la muerte de Abel, y la venida de Set, sólo fue la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Esa simiente debía continuar. Y él trató de destruirla.
Él dijo: “Pensé que te tenía cuando destruí a Abel. Pensé que te tenía cuando destruí a los profetas. Estaba seguro de que te tenía cuando decapité a Juan. Pero ahora, después de todo, has llegado. Ahora te tengo”. ¡Oh, vaya!
40 Puedo oírle a Él decir: “¡Satanás, ven acá!”. Él es el Jefe ahora. Extiende la mano, agarra esa llave de la muerte y el infierno de su lado, la cuelga en Su propio lado. “Quiero notificarte. Tú has sido un fanfarrón bastante tiempo. Yo soy el Hijo del Dios viviente nacido de la virgen. ¡Mi sangre todavía está húmeda en la cruz, y el total de la deuda está pagada! Tú ya no tienes derechos. Estás despojado. ¡Dame esas llaves!”. Eso es correcto. Se da la vuelta y le da una buena patada, y cierra las puertas de golpe, y dice: “¡Quédate ahí! Yo soy el Jefe de ahora en adelante”.
Ahora, Él no tenía las llaves del reino, porque Él se las dio a Pedro; llegaremos a eso en la mañana, en el bautismo en agua. Pero él tenía las llaves de la muerte y del infierno, y Él las tomó; después de Su resurrección, Él dijo: “Tengo las llaves de la muerte y del infierno”. Pedro tenía las llaves del reino. Satanás tenía las llaves de la muerte y del infierno; pero ahora Jesús las tiene; Él es el Jefe.
41 Aquí Él comienza a ascender. La Pascua está llegando; el tiempo avanza rápido. Pero hay otro grupo. ¿Dónde está Job? ¿Dónde está Abraham? ¿Dónde están ellos? ¿Dónde están aquellos hombres que confiaron en la Palabra de Dios? ¿Los ha olvidado Él? ¿La muerte los aniquiló? ¿Eso fue todo? ¡Nunca, nunca; Dios tiene que guardar Su Palabra!
Puedo verlo a Él. Vamos a echar un vistazo al Paraíso y mirar allá. Y veo a Sara y Abraham caminando por allí, y después de un rato [El Hermano Branham toca], alguien está en la puerta. Abraham va y abre la puerta, dice: “Cariño, ven aquí. Mira aquí. Mira, ese es el Mismo que estuvo conmigo bajo el roble aquel día”. Él es el Dios de Abraham.
Justo entonces puedo ver a Daniel mirar por encima de su hombro, y decir: “Esa es la Roca que fue cortada del monte, tan seguro como estoy aquí parado”.
Veo que Job se levanta y dice: “Ese es mi Redentor que dije que sabía que vivía, y que algún día Él estaría sobre la tierra. Mi cuerpo puede no ser sino una cucharada de cenizas, pero dentro de quince minutos voy a estar en él otra vez. Ese es Él”.
Ezequiel mira por encima y dice: “Yo vi a esa misma Persona como una rueda en medio de la rueda, girando, en medio del aire”. ¡Oh, vaya!
Entonces ahí viene Enoc. Enoc dijo: “Yo lo vi a Él venir con diez miles de Sus santos, para ejecutar juicio”.
42 Ahí estaban los santos del Antiguo Testamento esperando (seguro, ellos eran), bajo la expiación de la sangre no podían entrar en la presencia del Dios del cielo, porque la sangre de machos cabríos y de ovejas no podía quitar el pecado.
Pero Él dijo: “Hermanos míos, Yo soy el que creéis que soy. Yo soy la simiente de la mujer. Yo soy el Hijo de David. Yo soy el Hijo de Dios. Soy el Nacido de la virgen. Mi sangre ha expiado por ello. Uds. esperaron bajo de la sangre de ovejas y machos cabríos, pero ahora Mi sangre hace expiación, y son libres. Subamos, casi está llegando la Pascua”. Sólo piénsenlo, eso fue hace casi unos mil novecientos y tantos años, esta noche.
43 Puedo oír a Abraham decir: “Señor, cuando nos levantemos en nuestro cuerpo otra vez; Sara y yo simplemente nos encantaría tanto; ¿Te importaría si hacemos una pequeña parada en Tu camino?”.
Bueno, puedo oírle a Él decir: “Pues, no, ciertamente que no. Me voy a quedar con Mis discípulos por unos cuarenta días. Miren alrededor y vean cómo se ve todo”.
En esa gloriosa mañana de Resurrección (de lo que trataremos por la mañana, si el Señor lo permite), cuando Él resucitó de los muertos, la Biblia dice, según San Mateo 27, que: “Muchos de los santos que durmieron en el polvo de la tierra, se levantaron y salieron de los sepulcros”. ¿Quiénes eran? Abraham, Isaac, Jacob, Job, aquellos que por la revelación espiritual revelada sabían que el Redentor se pararía en la tierra algún día. Esos son ellos, las primicias de los que durmieron. Caminaron allí por la ciudad. Puedo ver a Sara y Abraham, jóvenes, y llenos de… y bien parecidos, y llenos de vida, para nunca más envejecer, nunca más estar enfermos, nunca tener hambre, caminando en sus cuerpos.
44 Caifás parado por ahí, diciendo: “¿Saben qué? Ocurrió algo el otro día; sólo vean el desastre en que está este templo. Vamos a tener que conseguir a alguien para coser esa cortina. Miren esas cajas de sacrificio volcadas. ¿Qué pasó? ¿Fue ese tipo un astrólogo? ¿Era Él un brujo? O, ¿qué pasó? ¡Mira! Ven aquí, Josefo; ¿quién es esa joven pareja que está parada allí?”.
Abraham dijo: “Sara, nos han reconocido. Mejor nos vamos”.
“¡Se le aparecieron a muchos!”. Eso no fue todo. (Ya terminando, observen.) Un día después de haber visitado… Abraham, Isaac, Jacob, y todos ellos habían visitado la patria cuando Jesús ascendió…
Uds. dicen: “Hermano Branham, ¿es eso un mito?”. ¡No, señor! Les mostraré en las Escrituras, en un minuto.
Cuando Él empezó a ascender, ellos sólo lo vieron a Él, pero los santos del Antiguo Testamento iban con Él, porque la Biblia dice que: “Él llevó cautiva la cautividad y dio dones a los hombres”. Y puedo verlo a Él mientras sube, y se reúne con Su iglesia.
45 Dos Ángeles de la banda que estaban tocando la música, regresaron allí y dijeron: “Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”. ¡Ciertamente! Ellos se apresuraron a unirse a la procesión.
Y atravesando los cielos iban Jesús y los santos del Antiguo Testamento. Ellos pasaron la luna, pasaron el sol, pasaron las estrellas. Y cuando llegaron a la vista de ese gran y hermoso cielo blanco, los santos del Antiguo Testamento gritaron, citando la Escritura: ¡Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas! : ¡Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas! ¡Y entrará el Rey de gloria!“.
Todos los Ángeles se reunieron en la parte superior de los barandales del cielo y dijeron: “¿Quién es este Rey de gloria?”.
Los santos del Antiguo Testamente dijeron: “Jehová de los ejércitos, ¡el poderoso en batalla! ¡Él fue un conquistador!”.
46 El Ángel presionó el gran botón, y las puertas de perla se abrieron.
Por la ciudad de Jerusalén venía el gran y poderoso Conquistador, trayendo a los santos del Antiguo Testamento. Las bandas angelicales tocando, y los Ángeles están gritando. ¡Él era el poderoso Conquistador! Él tenía las llaves de la muerte y del infierno colgando de Su lado, fue pasando más allá de los palacios de la Gloria hasta llegar al Trono. Y Él dijo: “Padre, aquí están. Ellos creyeron, con fe en Tu Palabra, que Yo vendría algún día. He conquistado ambos: la muerte y el infierno”. ¿Qué fue, hermano? Él tenía las cicatrices en Su mano, para mostrar que Él había estado en la batalla. ¡Gloria a Dios en las alturas! ¡Él es ese poderoso Conquistador! “Aquí están, Padre: Abraham, Isaac y Jacob”.
Puedo oírle a Él decir: “Hijo, sube aquí a Mi lado, y siéntate hasta que ponga a todo enemigo por estrado de Tus pies”. Hermano, algún día Él vendrá de nuevo, ¡y qué día será!
Él no estaba inactivo cuando estaba en la tumba. Creemos que Él solo yacía allí, muerto. Pero Él estaba abajo, aun conquistando: Él bajó y le quitó las llaves a Satanás, Él tiene las llaves de la muerte y del infierno, esta noche. Él dijo: “Porque Yo vivo, vosotros también viviréis”.
47 Me pregunto esta noche, mi querido hermano, hermana, ¿han pensado eso sinceramente? ¿Se dan cuenta de que Uds. sólo viven porque Él vive? ¿Lo han apreciado lo suficiente para ofrecerse a Uds. mismos y decir: “Dios, aquí estoy, un pecador, ten misericordia de mí?”. ¿Alguna vez han aceptado ese Sacrificio todo suficiente? ¿Le han dicho alguna vez que lo amaban? ¿Les duele cuando hacen algo mal? ¡Si nunca han llegado a esa experiencia ahora, en este entierro! Cuando, nuestro tiempo se está yendo. A penas se está sintiendo bien. Pero, me pregunto, si nunca han recibido a Cristo como su Salvador personal, me pregunto si lo harían mientras inclinamos nuestros rostros un momento para unas palabras de oración.
48 Toquen eso: “Entre Rocas Partidas”, por favor, hermana Gertie, si la tiene. Muy bien, lo que sea está bien.
Con sus rostros inclinados, voy a hacerles una pregunta sincera. Recuerden, amigos —pecador o santo— Ud. no deja de existir cuando lo enterramos. Su alma está en alguna parte. Ahora, Jesús visitó ambos lugares, de acuerdo a las Escrituras. ¿En dónde lo encontraría Él a Ud. si partiera esta noche? ¿Se le cerraría la puerta de la misericordia en su cara por haberlo rechazado? Recuerden, Él no sólo es un Salvador, sino un Juez. Uds. son el juez ahora; ¿cómo lo juzgan a Él? Dejen que sea su Salvador ahora.
49 Una pequeña historia viene a mi mente. Hace algún tiempo un niño estaba sentado en un vagón. Un arma se disparó en la calle, y los caballos huyeron e iban hacia un acantilado. Un joven vaquero corrió y detuvo los caballos justo antes de que el vagón cayera por el acantilado, porque tenía un bebé en él. Él salvó la vida del pequeño.
Muchos años después, parado en un tribunal… Este mismo muchacho había cometido un crimen, él tomó el camino equivocado, era culpable. Él estuvo bebiendo, jugando, le disparó a un hombre; Y era culpable, declarado culpable. Y el juez se levantó y dijo: “Te sentenció a que cuelgues del cuello hasta que tu vida mortal se haya ido”.
50 Ese joven dijo: “¡Juez!”. Y él interrumpió la procesión de la corte, cuando saltó por encima de la barandilla y cayó a los pies del juez, por piedad.
Él dijo: “Juez, mire mi rostro. ¿No me conoce?”.
Él dijo: “No, hijo, no te conozco”.
“¿Recuerda la vida de un cierto niño pequeño que Ud. salvó, hace muchos años, de un caballo fuera de control?”.
Él dijo: “Sí, lo recuerdo”.
Él dijo: “Yo soy ese niño”. Él dijo: “Juez, Ud. me salvó entonces. Sálveme ahora”.
El juez lo miró y dijo: “Hijo, ese día yo fui tu salvador. Hoy soy tu juez”.
Él es su Salvador hoy, pecador; mañana Él puede ser su juez. Pensémoslo ahora, mientras la música está sonando. Y todos orando, los que están en terreno de oración con Dios.
51 Me pregunto esta noche ahora, rápidamente, aquellos que les gustaría aceptar a Cristo como Salvador personal, digan: “Dios, ten misericordia de mí, un pecador. Yo quiero venir a través de la sangre derramada. Estoy cansado de unirme a iglesias y de correr de un lugar a otro. Quiero nacer de nuevo. Quiero una experiencia en mi corazón donde yo sepa que Cristo se ha revelado a Mí, por medio de la revelación espiritual de la cual Ud. acaba de hablar, Hermano Branham. Quiero la revelación espiritual, el Espíritu Santo en mi corazón, haciéndome vivir, trayendo a Cristo más real a mí que yo mismo. Deseo esa experiencia, Hermano Branham. ¿Orará por mí mientras levanto mi mano?”. ¿Levantarán ahora su mano, quienes desean ser recordados? Que Dios le bendiga, señora. Dios le bendiga allí, señora. Eso es bueno. Que Dios le bendiga, señor. Eso es bueno. Levanten sus manos, ahora suban con su mano.
52 ¿Cómo les pudiera dar vergüenza? ¿Pudiera rechazar algo así amigo? Recuerden.
“Oh”, Ud. dice: “Hermano Branham, los predicadores han predicado por años”. Lo sé, pero uno de estos días ellos dejarán de predicar. Y de la manera en que las cosas se ven, eso pudiera ser de inmediato. Uds. van a escuchar su último sermón. Francamente, este puede ser su último.
“Oh”, Ud. dice: “Yo soy joven”. Eso no importa. La muerte no hace acepción de personas, ni de edad ni capacidad.
¿Lo aceptarán ahora como Salvador personal, levantando su mano, diciendo: “Dios, ten misericordia de mí?”. Levanten sus manos con el resto de estos, y digan: “Ahora yo quiero aceptar a Cristo”. ¿Levantarán su mano?
53 Alguien que esté descarriado, diga: “Dios, ten misericordia de mí. Quiero volver a Cristo esta noche, para que mañana pueda haber una resurrección nueva, para mí”. ¿Levantarían sus manos? Levanten su mano, diciendo: “Ten misericordia de mí. Quiero venir ahora.”. ¿Lo harán? Levanten la mano, digan: “He sido un descarriado, pero…”. Dios le bendiga, señora. Dios le bendiga. Eso es bueno“. Yo aceptaré a Cristo como mi Salvador personal. Lo aceptaré esta noche. He estado errante, muchos años alejado de Dios, pero ahora estoy volviendo al hogar”. ¿Lo aceptarán esta noche, para que esto pueda ser una nueva resurrección para Uds., que su vieja vida pueda acabar?
54 Esta señora está viniendo al altar, para hacer su confesión, para pararse. ¿Alguien más quiere tomar su lugar aquí, venir aquí con ella, en su confesión? ¿Se pondrían de pie y subirían al altar, también? El altar está abierto. Ciertamente. Vengan ahora, ahora mismo. Si quieren pararse aquí y orar, sería muy bueno. Vengan. ¿Vendrán? Sobre la confesión de su fe, sobre su creencia en el Hijo de Dios, ¿vendrán ahora? Muy bien.
Depende de Uds., recuerden. Uds. son los indicados. ¿Es Ud. un pecador? ¿Es un descarriado? ¿Está frío y alejado de Cristo? ¿Quieren ser resucitados de nuevo con Él ahora, comenzar una vida nueva? ¿Qué de Uds., esposo y esposa, que han estado fuera mucho tiempo, molestos en casa? ¿No vendrán a enderezar esa cosa con Dios y con cada uno ahora? Hagan de la Pascua realmente una Pascua para Uds., comiencen un nuevo hogar.
55 ¿Qué de Uds. que nunca han estado, nunca han tenido oración en su casa, solo van a casa después de la iglesia y tratan de vivir lo mejor que pueden, nunca reúnen a su familia y oran? Por eso tenemos la delincuencia juvenil y las cosas que tenemos. Es por eso que los hogares Estadounidenses están destrozados. ¿No quieren venir, empezar de nuevo esta noche? ¿Lo harán? Están invitados. Recuerden, ahora yo soy su ministro; yo seré un testigo en aquel día. Mientras tenemos nuestros rostros inclinados, entonces, ahora para la oración.
56 Nuestro bendito Padre Celestial, traemos a Ti esta audiencia esta noche, en la más solemne y sagrada solemnidad que conocemos. Nos acercamos humildemente a Tu Trono. Y después del mensaje de esta noche, aquel gran entierro, Él jamás permaneció en silencio, Su alma fue directamente a las regiones y terminó la obra de Dios, que Él le ordenó hacer. Y mañana por la mañana, encontramos donde Él fue a través de las esferas superiores, conquistando todo, en Su resurrección. Pero Él salió en la mañana de Resurrección para nuestra justificación. Y encontramos que Él envió al Espíritu Santo de regreso, para convencer a los hombres de pecado.
Y oramos esta noche, Señor, para que aquellos que levantaron sus manos sean recordados delante de Ti. Que su decisión sea desde su corazón esta noche, que te han recibido, y creen en Ti, y que ellos sean sellados por el sello de la promesa esta noche, el Espíritu Santo. Concédelo, Padre. Porque, te los encomendamos, con este mensaje esta noche. Que bendiga a los que lo escucharon, aquellos, Señor, que lo llevarán con ellos a su hogar, y lo penetrarán en sus corazones. Que vivan en la Palabra de Dios. Concédelo, Padre, porque lo pedimos en el Nombre de Cristo. Amén.
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