S.564 58-0330A  Una Plática Misionera 

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OBRAS DEL MENSAJE

Una Plática Misionera

Middletown, Ohio, E.U.A.

58-0330A

1 [El Hermano Branham está hablando con alguien mientras la congregación canta: Solo Creed, pero las palabras no se entienden. Espacio en blanco en la cinta.]
Gracias. Oh, mientras veo a estos pequeñitos parados allí, madres con sus pequeños tesoros en sus manos, padres… Me hace pensar de cuando prediqué de eso, la otra noche, cuando María estaba parada haciendo fila con su pequeño niño Cristo en los brazos. Ella había recibido ese niño de Dios. Es de donde Uds. también lo han recibido, de parte de Dios. Él está tan interesado en su hijo así como lo estaría de cualquier otro niño, porque es una parte de Su creación.
Ahora, en la Biblia, nosotros siempre tratamos que nuestra iglesia siga las normas y reglamentos de la Escritura, tan apegados como podemos. Alguna gente rocía a los niños pequeños, o bautiza —en un bautismo infantil. Yo nunca he encontrado eso en la Escritura. No creo que sea Escritural. El único lugar que encontramos en la Biblia, es donde Jesús tomó a los pequeñitos y los bendijo, y dijo: “Dejad a los niños venid a Mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino”.

2 Ahora, nos tomaría un buen tiempo tomarlos uno por uno individualmente. Pero Uds. saben, nuestras manos no significan mucho después de todo; son Sus manos las que queremos sobre ellos. Padres y madres, Dios les ha dado estas piedras preciosas que Uds. sostienen en sus brazos. Y Uds. saben, confío que Él les permitirá que vivan para criar estos bebés. Si Jesús tardare, confío que en sus brazos, estén sosteniendo pequeños cantantes, y evangelistas, y pastores, y predicadores, y profetas, para el futuro cercano. ¿Quién sabe? Solo Dios sabe. Nuestro deber es dedicarlos.
Estos pequeños bebés, a medida que Uds. los sostienen en brazos, quiero que sientan esto en sus corazones, que Uds. están presentando estos pequeños bebés de nuevo al Creador. Quien se los dio a Uds. Dios se los dio, y ellos son preciosos. Ahora, Uds. se los regresan a Él. Con todo el corazón, denle gracias al Señor.

3 El Hermano Sullivan que está aquí, una de sus… la razón por la que se convirtió (yo no sé si él alguna vez les contó o no) fue por causa de un niño que se estaba muriendo con (¿qué tenía?) difteria. Un padre, allá en Kentucky, en los primeros días de pentecostés, el Hermano Sullivan era un juez en la ciudad, y un padre había tomado su postura para confiar en Dios para la sanidad de su bebé.
Y él estaba recién convertido, creo, un contrabandista de licores, un fabricante de alcohol ilegal o algo así, que se acaba de convertir. Y el bebé se contagió con difteria, lo cual en aquellos días significaba muerte. Pero el padre dijo: “Yo voy a confiar en Dios”.
Así que ellos fueron a la ciudad en busca del juez para que firmara una declaración que arrestara al padre y lo metieran a la cárcel, y así quitarle el bebé a la fuerza para brindarle ayuda médica. Así que el juez empezó y dijo: “Deberían de meterlo en la cárcel”.
Así que tomó su pluma para firmar la declaración… o la orden, y cuando lo hizo, el Espíritu Santo se movió en él, dijo: “No firmes eso”.
Y él comenzó otra vez a firmarlo, dijo que pensó que se había congelado.
Algo dijo: “No lo firmes”.
Y el abogado dijo: “¿Qué es lo que pasa, juez?”.
Dijo: “Creo que no quiero firmarlo el día de hoy”.

4 Y lo llevó al delegado, y él lo firmó. Así que unos de sus amigos que estaban en la ciudad, cruzaron la montaña y le dijeron al padre del niño: “Ya vienen (el pequeño niño yacía sin vida); ya vienen, y te van a arrestar, y te van a meter en la cárcel, y llevarán al bebé al hospital”.
Y este papá entro al lugar y tomó a su bebe moribundo, lo puso en sus brazos, lo sostuvo y dijo: “Dios, Tú me lo diste, tómalo. Porque yo soy solo un bebé recién nacido en el Evangelio. Si ellos llegan hasta aquí, habrá disparos, y no quiero involucrarme en nada de eso. Tú me lo diste, y estoy confiando en Ti, tómalo. Ahora, Tú toma su vida. Tú me lo diste; Tú llévatelo”.
Y mientras él decía esto, el bebé se dio la vuelta en los brazos de su padre y dijo: “Papi, bájame; tengo hambre”.
Y cuando llegaron, las autoridades llegaron por el bebé… o, para agarrar al padre, dijeron: “Te vamos a llevar y llevaremos a ese niño al hospital”.
Les respondió: “Vayan al patio; todos están jugando con la pelota y díganme cual es el que tenía difteria. Llévense el que Uds. crean que tuvo difteria”. El juez ha llegado a ser un predicador.

5 El mismo Dios, Quien pudo perdonar la vida de ese niño, puede bendecir la vida de su hijo; él ahora está en los brazos de Ud. Dejemos que Dios lo tome en Sus brazos, y pidámosle a Dios que bendiga a ese niño, y que cumpla el propósito de Él por el cual ha sido enviado aquí a la tierra. Mientras inclinamos nuestros rostros, solo por un momento…
Ahora, madres y padres, en la propia manera simple de Uds., en su corazón, y en mi simple manera, dediquemos estos niños al Señor nuestro Dios.

6 Oh, Dios, nuestro Padre, estas madres y estos padres están parados aquí con este pedacito de amor que Tú les has dado, estos pequeños bebés, unos de ellos, pequeños calvos, y otros con cabello largo, unas niñas bonitas. Todos son preciosas joyas que han venido a apretar más el cordón del hogar, pequeños súbditos de Tu dominio que le has permitido a estos padres el criarlos. Ellos están parados aquí ante el altar del Dios vivo, y oro a Ti, Padre Celestial, que Tu mano de misericordia repose sobre cada uno de ellos. Y esos padres y esas madres levantan a esos pequeñitos a Ti, permite que esas manos grandiosas que fueron impuestas sobre las cabezas de aquellos pequeñitos que vinieron a Él en el pasado, que esas manos, con cicatrices de clavos, puedan bendecir la vida de cada uno de estos.

7 Tú has dicho en la Palabra: “Si le dijeres a esta montaña: muévete, cree que lo que has dicho se está haciendo”.
Y yo como Tu siervo, Señor, y estas personas como Tus siervos, le decimos al gran Espíritu Santo: “Toma las vidas de estos pequeñitos en Tus manos. Si hay enfermedades entres ellos, quítala”. Y Señor, que ellos puedan vivir sus vidas de tal manera, que si hay un mañana, que puedan ser los hombres o las mujeres que llevarán el Evangelio al mundo el día de mañana. Concédelo, Señor; escucha nuestra humilde oración mientras los dedicamos a Ti. En el Nombre de Tu Hijo, el Señor, Jesús. Amén.
Dios bendiga a cada uno de sus pequeñitos, y les dé una vida larga y feliz.

8 Esta noche, siendo el servicio de clausura, estoy previendo un gran clímax en los servicios de sanidad de esta noche. Yo creo que esta será una de las noches más grandes.
Y ahora, esta tarde, pensé que en lugar de predicarles, me gustaría darles una plática misionera.
Creo que esta tarde tomaron la ofrenda para las misiones del extranjero. Yo estoy completamente de acuerdo con las misiones del extranjero. Yo creo en eso con todo mi corazón.

9 Ahora, no nos conocemos uno al otro sino como hermano y hermana, y pensé en esta tarde, mientras venía para acá, francamente, les iba a predicar el tema: “La Sed Junto al Riachuelo”. Pero algo acaba de cambiar mi pensamiento, y pensé que les hablaría sobre misiones, y lo que yo sé, simplemente lo que nosotros llamaríamos una plática de corazón a corazón uno con el otro sobre misiones extranjeras. Antes de hacer esto, solo pidámosle a Dios que bendiga ahora la lectura de Su Palabra.
Señor Dios, esta es Tu Palabra; este es Tu pueblo. Ahora, bendícela para el fin correspondiente. Porque Tú has dicho: “No volverá a Mí vacía, sino que hará aquello por lo cual fue enviada”. En el Nombre del Señor Jesús, nos encomendamos a nosotros mismos, junto con la Palabra, a Ti. Amén.

10 Una razón por la que la Palabra y las misiones están siempre bien… Deseo leerlo aquí, de la Biblia, en la última comisión que nuestro Señor le dio a Su iglesia, San Marcos, el capítulo 16, empezando con el versículo 15:
Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.
Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;
Tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.
Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios.
Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.
Este es uno de los textos misioneros más sobresalientes que se pudieran tomar. Uds. saben, en nuestra Palabra, la primera comisión que Dios… o, que Cristo le dio a Su iglesia fue: “Sanad a los enfermos, limpiad a los leprosos, echad fuera demonios, levantad los muertos, de gracia recibisteis, dad de gracia”. San Mateo, el capítulo 10.
La última comisión que Él le dio a Su iglesia: “Estas señales seguirán a los que creen. Id a Jerusalén, y a todo el mundo, y predicad el Evangelio a toda criatura, al hombre blanco, al hombre negro, al hombre café, al hombre amarillo, al hombre rojo, a toda criatura”. El Evangelio son buenas nuevas. “A toda criatura”. ¿Hasta cuándo iba a durar? “Hasta el fin del mundo. Id a todo el mundo, y predicad el Evangelio”.

11 Ahora, ¿qué es el Evangelio? La palabra Evangelio significa “buenas nuevas”. La buena nueva es la Biblia, pero la Biblia es la letra. “La letra mata, pero el Espíritu da vida”. Así que Pablo dijo: “El evangelio no vino solo en palabra, sino en poder y manifestación del Espíritu Santo”.
Ahora, noten, la única manera en la que podía ser predicado el Evangelio entonces, tenía que ser manifestando el poder del Espíritu Santo. ¿Entonces cuál es la siguiente cita? “Y (una conjunción) estas señales seguirán a los que creen”. No que estás señales quizá les van a seguir, sino que estás señales deben de seguirles, pero seguirán a los que creen. Entonces hablando estrictamente, un hombre no puede calificarse él mismo como creyente hasta que esto haya sucedido.
Ninguna iglesia puede tener derecho de llamarse a sí misma una iglesia creyente hasta que estás señales les sigan. Eso es lo que dijo Jesús. ¿Qué está haciendo? Esta haciendo que la Palabra se manifieste.

12 Ahora noten, hace un tiempo hubo un muchacho, quien le dijo a su mamá, él dijo: “Madre, tengo un llamado para el ministerio”.
Y como cualquier madre verdadera, estaba muy feliz. Y ella le dijo: “Oh, mi hijo, si has sido llamado al ministerio, deseo hacer todo lo que esté a mi alcance para que sea un éxito”. Así que ella empezó a buscar en revistas religiosas, hasta que encontró el nombre más grande que se pudiera encontrar en revistas religiosas del mejor seminario, al que podía enviar a su hijo jovencito. Ese es el corazón de una madre. Entonces cuando hizo eso, comenzó a lavar en el lavadero para poder enviarlo a la escuela.

13 Así que un día, ella se enfermó mucho de gripe. Y pasó de gripe a pulmonía, y ambos pulmones se le congestionaron. Y ella le envió un telegrama a su hijo predicador que estaba a dos mil millas de distancia, y dijo: “Quédate al pendiente, si yo no mejoro para mañana en la mañana, dijo el doctor que debías venir a casa inmediatamente, si es que deseabas ver con vida a tu madre”.
En un lugarcito dentro de la ciudad, estaban llevando a cabo un pequeño culto de oración en una fachada de tienda, una pequeña misión. Y allí, mientras estaban predicando en esta pequeña misión, uno de ellos recibió una revelación del Señor de que había una mujer enferma. Una dama fue, tocó la puerta, y dijo: “Señora, mientras estábamos en el culto de oración, el Espíritu Santo nos dijo que alguien estaba enferma en esta casa. Y me pregunto si eso es verdad, si estaría dispuesta a que nuestro pastor viniera y ore por Ud.”.
Y ella dijo: “Por supuesto, querida. El doctor dijo que él no podía hacer nada más”.

14 Así que se fueron y consiguieron al pastor y lo trajeron al lugar. Él ungió a la mujer con aceite, y leyó Santiago 5:14. Y la ungió con aceite y después que terminó de leer la Escritura de la unción, se regresó a San Marcos 16, donde yo acabo de leer. Y él le leyó eso a ella: “Estas señales seguirán a los que creen, sobre los enfermos pondrán las manos; y sanarán”. Y ese fiel predicador de la pequeña misión impuso las manos sobre la mujer y ordenó a la enfermedad que saliera de su cuerpo, porque ese Dios había dado la comisión. Y a la mañana siguiente, ella se había levantado y preparaba el desayuno.

15 Un año después, aproximadamente, su hijo regresó a casa. Después de saludar a su linda madre, le dijo a mamá: “Hay una cosa que ha estado en mi corazón. Quiero hacerle una pregunta. Cuando Ud. me mandó el telegrama diciéndome… Quédate al pendiente, diciendo que iba a morir de pulmonía si es que no mejoraba a la mañana siguiente, y no supe más de Ud. hasta después de una semana, y recibí esa hermosa carta que decía que Ud. estaba bien. ¿Dígame exactamente qué medicina le dio el doctor?”.
Le respondió: “Pues, él no me dio ninguna”. Dijo: “Él me iba a colocar bajo una tienda de oxígeno, y cuando regresó la mañana siguiente, el Señor ya me había sanado”.
“Oh,”, él dijo: “Madre”.
Dijo: “Si”, dijo: “Querido, ¿sabes del lugarcito allá cerca de la esquina del callejón, donde aquella pequeña misión está, la pequeña misión Pentecostal?”.
Dijo: “Sí”.
Le dijo: “Ellos vinieron para acá con una historia, y me leyeron de la Biblia, donde la gente debía orar por los enfermos e imponer manos sobre ellos, y ellos sanarían”. Y dijo: “Te cuento, el pastor oró por mí, y a la mañana siguiente yo estaba completamente sanada”.
Y él dijo: “Oh, espera poquito, mamá”, él dijo: “Eso fue muy amable”. Él dijo: “Pero eso no pudo haberla sanado”. Dijo: “Dios ya no sana, de esa manera”.
“Oh,”, ella dijo: “Hijo, has llegado tarde para decirme eso, Él ya lo hizo”.
“Oh,”, él dijo: “Madre”, dijo: “Eso fue en los días pasados”.
“Oh”, ella dijo: “Hijo, el pastor me leyó una Escritura sacada de la Biblia”.
Dijo: “Madre, ¿te leyó de San Marcos 16?”.
Le respondió: “Sí, de allí fue de donde me leyó”.
“Oh”, él dijo: “Déjame decirte madre, allá en el seminario, aprendimos que San Marcos 16, a partir del versículo 9 no está inspirado”.
La madre dijo: “Pues, ¡Aleluya!”.
“Oh,”, él dijo: “Madre, estás comenzando a comportarte como ese montón de la misión”. Dijo: “No deberías de actuar así”.
Ella dijo: “Pues, querido, estaba solo pensando en algo”. Dijo: “¿Me quieres decir que la Escritura de San Marcos 16 a partir del versículo 9, no está inspirado?”.
Dijo: “Eso es correcto”.
Ella dijo: “Pues, ¡Gloria a Dios!”.
Le dijo: “Madre, ¿qué es lo que te pasa?”.
Dijo: “Estaba pensando, si Dios pudo sanarme con una Escritura que no está inspirada, ¿qué pudiera hacer Él si eso en verdad estuviera inspirado?”.

16 Oh, sería glorioso. Pero toda está inspirada. Es simplemente que nosotros tenemos miedo de poner nuestra fe allá afuera para aceptar el reto de Dios. Eso es todo. Y en esto, estas señales seguirán a los que creen, hasta el fin del mundo, no solamente para los apóstoles, pero hasta el fin del mundo. Y mientras exista un mundo, y una gente a la cual predicárselos, estas señales seguirán a los que creen.
No hace mucho, a un amigo que está sentado aquí, que es amigo de este hombre, y su nombre es Perris Reedhead. Quizá está esta tarde en el edificio. Él vino a mi casa, y me quería hacer una pregunta sobre esto. Si alguien lo conoce, probablemente muchos de Uds. conocen a Perris Reedhead. Él es el presidente de la gran Misión Sudán, una de las misiones más grandes en el mundo.
Y él dijo: “Sr. Branham”, él dijo: “Yo tuve un llamado de Dios cuando era apenas un muchachito”. Dijo: “Mi fiel madre anciana me puso en la escuela”, y dijo: “para hacerme el mejor predicador que Dios alguna vez haya tenido”. Y dijo: “Cuando obtuve mi título de maestría, pensé que había hallado a Cristo”. Dijo: “Pero no fue así”. Dijo: “Cuando obtuve mi título de licenciatura, pensé que había hallado a Cristo”. Y siguió y siguió. Él dijo: “Al punto, predicador, que obtuve suficientes títulos como para cubrir toda su pared”. Él dijo: “¿Y en dónde está Cristo en todo eso?”. Yo dije… Él dijo: “¿Acaso los maestros se equivocaron?”.
Le respondí: “Yo no quisiera decir que ellos se equivocaron. Esos títulos estaban bien, pero eso aún no es Cristo. Es solamente un título”.

17 Y él me contó una historia de un niño indio que vino para acá a recibir educación. Cuando iba de regreso se encontró con el Sr. Reedhead, y él iba de salida. Él dijo: “Ahora, ya recibiste tu educación, hijo. Vas camino de regreso a tu lugar de origen, a la India, para convertirte en un trabajador”. Él dijo: “Entiendo que tú eres un mahometano”.
Él dijo: “Lo soy”.
Él dijo: “¿Entonces por qué no dejas a ese viejo profeta muerto, y te llevas de regreso a un Jesús vivo contigo, uno que ha resucitado de entre los muertos?”.
Y este muchachito indio era un poquito más listo que lo que el Hermano Reedhead esperaba que fuera. Dijo que él pateó el suelo un momento, y dijo: “Señor, (¡Escuchen con atención!) ¿Qué cosa buena pudiera hacer su Jesús por mí, que no pueda hacer mi profeta?”. Él dijo: “Los dos escribieron libros; Uds. llaman a la de Uds. Biblia; nosotros llamamos a la nuestra Corán. Ambas tienen promesas, y nosotros creemos esa promesa”. Dijo: “Sin embargo, Mahoma solamente prometió vida después de la muerte. Yo lo creo. Jesús prometió vida después de la muerte; Uds. lo creen”. Así que él dijo: “¿Cuál es la diferencia entre ellas?”.

18 Ahora, nunca piensen que porque Uds. pueden discutir con los metodistas o bautistas, sobre su religión, o con los pentecostales, o nazarenos, pero Uds. nunca tocarán así aquel campo extranjero. Ellos saben más al respecto de lo que están hablando. No vayan a…
¿No creen que un brujo los pudiera desafiar? Solo pruébenlo una vez. Les conviene saber de lo que Uds. están hablando también. Ellos pueden hacer tantos trucos y maravillas, harían que las cabezas de Uds. dieran vueltas.
Y este hombre dijo: “Bueno, espera un momento”. Dijo: “Tu profeta está muerto y en la tumba, pero nuestro Jesús ha resucitado de entre los muertos”.
Él dijo: “Sr. Reedhead, eso es lo que Ud. cree”. Él dijo: “Pero nosotros no lo creemos”. Él dijo: “Nosotros creemos que el Jesús de Uds. está tan muerto como nuestro profeta lo está”.
Y él dijo: “Pero nosotros tenemos la evidencia de Su resurrección”, dijo el Sr. Reedhead.
Él dijo; “Bueno, ¿cuál es su evidencia?”.
Le respondió: “¡Él vive!”.
Le dijo: “¿En dónde está Él?”.
Él dijo: “En mi corazón”.
Y el mahometano dijo: “Y Mahoma está en mi corazón, tanto como Jesús está en el suyo”.
Él dijo: “Pero mire, señor”, dijo: “Nosotros tenemos felicidad y gozo, por saber esto”.
Él dijo: “Ahora, espere un momento, Sr. Reedhead. La religión mahometana puede producir tanta psicología como la Cristiandad produce”.
El Hermano Reedhead dijo: “Él supo que se había topado con un hombre que no había nacido de la noche a la mañana. Él sabía de lo que estaba hablando”.
Él dijo: “Y aparte de eso, Sr. Reedhead, nuestro Mahoma nunca prometió otra cosa aparte de la vida después de la muerte. El Jesús de Uds. les prometió que sus maestros harían las mismas señales que Él hizo, y prometió que si Él resucitaba de los muertos, Él estaría con Uds., viviendo en Uds., haciendo las mismas cosas que Él hizo”. Dijo: “Estamos esperando ver que eso acontezca. Entonces creeremos que Él ha resucitado de entre los muertos”.

19 Ellos saben más al respecto que lo que sabe el noventa por ciento de los Cristianos en América. Cuando Uds. van… Es por eso que tomé esta tarde para esto. Cuando uno va a hablar de hechos; no es brincando de arriba abajo y corriendo. Pues, yo he visto a los mahometanos, en la fiesta de los profetas, tomar una lanza y atravesársela por la mejilla hasta arriba a su nariz, gritando: “Alá, Alá, Alá”, y sacársela, y ni siquiera derrama…. Ni siquiera una gota de sangre derraman. Los he visto sentados en el piso, y columpiarse de un lado a otro, gritando: “Alá, Alá, Alá”, y pararse, y tomar astillas, y encajárselas por debajo de los dedos, y jalarlas, y ni siquiera fruncen el ceño.
En una ocasión vi en Suiza, Zúrich… Suiza, uno se metió en tan vertiginosa situación, al punto que él tomó una espada, y se la puso aquí, y la atravesó y le salió por el otro lado. Un doctor lo dudó; él lo desafió a que viniera a la plataforma; dijo: “La espada estaba hueca”. Le echó agua por este lado, y salió por su espalda. La sacó, se rió y se fue. Lo había trabajado. La sangre de Uds. es de tal condición… tal psicología…

20 Pero él dijo: “El Jesús de Ud. dice: El que cree en Mí, las obras que Yo hago, él también las hará”.
Y el Sr. Reedhead dijo: “¿probablemente ha estado leyendo San Marcos 16?”.
Él dijo: “Ese es un lugar”.
Él dijo: “Bueno, San Marcos no está totalmente inspirado”.
Él dijo: “¿Qué tipo de libro está leyendo?”. Dijo: “Todo el Corán está inspirado. Y me enferma”, él dijo: “escucharlos a Uds. que se hacen llamar Cristianos, diciendo: Esta palabra significa esto, y esa palabra significa esto, y…. Uds. ni siquiera saben lo que sí creen”. ¿Estaba él en lo cierto o no? Claro que lo estaba. Dijo: “Uds. no… Uds. toman una parte de ello; Uds. simplemente hacen que encaje en su propia doctrina”. Y ateo, diciéndole eso a un Cristiano. Y él dijo: “Cuando Uds. Cristianos lleguen a un lugar donde nosotros podamos ver a Cristo viviendo en Uds., entonces creeremos que Él ha resucitado de los muertos”.
El Sr. Reedhead dijo: “Yo sacudí el polvo y cambié de tema”. ¿Qué fue? Un Cristiano derrotado.

21 Él dijo: “Hermano Branham, estoy aquí para hacerle esta pregunta”. Él dijo: “Yo he visto a los pentecostales patear las sillas en el piso, quebrar los muebles”, él dijo: “¿pero acaso tienen ellos algo?”. Reedhead era un bautista como yo.
Yo dije: “Sí, Hermano Reedhead, lo tienen”.
Él dijo: “¿Tienen ellos el Espíritu Santo?”.
Yo dije: “Sí, señor”.
Él dijo: “Bueno, nosotros los bautistas también lo tenemos”.
Yo dije: “Si lo tiene, Ud. lo recibió después de haber creído, no cuando Ud. creyó”. Ellos creen que uno lo recibe cuando lo cree.
Pablo dijo en Hechos 19: “¿Habéis recibido el Espíritu Santo, desde que creíste?”.
Le dije: “Yo puedo soportar un poquito de fuego silvestre y de patear los muebles, antes de tener que sentarme en una vieja iglesia tan fría que el termómetro espiritual desciende hasta cuarenta bajo cero. Yo prefiero un poco de fuego silvestre, a no tener nada de fuego en lo absoluto”.

22 Y nosotros los bautistas somos solo un fuego pintado. ¿De qué serviría decirle a un hombre congelándose: “Ve ese gran y hermoso cuadro? Ese fue un gran fuego que ardió hace dos mil años. Vaya, caliéntese a un lado de él”.
Un fuego pintado no calienta. Lo que necesitamos es una experiencia del mismo Espíritu Santo y fuego, que calienta el corazón, y ejecuta la Palabra, y hace las cosas, porque ese mismo Espíritu vive hoy en todo su poder y unción como siempre ha sido.
En donde nosotros hemos cometido un error fatal es en no haber seguido esta comisión: “Id a todo el mundo y predicad el Evangelio, o demuestren el poder del Espíritu Santo a toda nación y a todo pueblo”. ¿Qué hemos hecho? Hemos ido y edificado escuelas, hemos organizado a la gente, formándolos: “Bueno, ellos no creen igual que nosotros, no se asocien con ellos. No vayan cerca de sus iglesias”.
Hemos tenido grandes escuelas; hemos tratado de meter a la gente educándola. Uds. nunca se acercarán más a Cristo por medio de la educación. Si acaso, se alejan más de Él. No estoy diciendo esto para… Estoy en un inmueble educativo; y aprecio el estar aquí, no estoy tratando de apoyar mi ignorancia. Pero el impedimento más grande que el Señor Jesucristo ha tenido alguna vez en la tierra, no fueron los lugares ilegales; fueron las escuelas. Eso es algo duro de decir, pero escudriñen la historia y averigüen si no es cierto.

23 El capitán Al Ferrar, cabeza del FBI, me llamó para que fuera donde estaba; él era un bautista. Él dijo: “Hermano Branham, yo soy un bautista, pero no tengo aquello de lo que Ud. está hablando”. Nos encontrábamos en una galería de tiro. Él dijo: “Aprecio su plática. Yo hago algo similar… las mismas observaciones”.
Él me llevó a su oficina para mostrarme donde se encuentra cada delincuente juvenil en los Estados Unidos. ¿En dónde encontramos la mayoría de los delincuentes? ¿De dónde vienen los criminales? No entre la gente pobre, sino en la más lista y educada. Ellos creen que saben más que Dios. Cuando Ud. llega a ese punto, ¡está perdido! Dios no viene por la educación. Dios viene por aceptar un principio: viene siendo Su Hijo, Jesucristo, y por el nuevo nacimiento.
El Espíritu eterno de vida entra al hombre, no educándolo, pero por medio de que él acepte al Señor Jesús como su Salvador personal. Pero hemos ido y tratado de meter a la gente por medio de la educación. Hemos tratado de metérselos sacudiéndoles en el altar, como los de la Santidad y Pentecostales. Hemos tratado de bautizarlos de diferentes modos: por rociamiento, derramamiento, al revés, en Padre, Hijo y Espíritu Santo, en el Nombre de Jesús, y por todas estas otras cosas diferentes. Pero no viene de esa manera; es una experiencia personal al individuo para atestiguar el poder de la resurrección del Hijo de Dios, Jesucristo, en su corazón. Eso es exactamente correcto. Es allí donde hemos fallado.

24 Este indio le dijo a Morris Reedhead… o, a Perris Reedhead, él dijo: “Señor, Uds. han tenido dos mil años para probar que Jesús resucitó de los muertos”. Y él dijo: “Dos terceras partes del mundo nunca han escuchado Su Nombre”.
Y aquí nos ponemos a discutir: “Pues, somos presbiterianos. Somos bautistas. Somos pentecostales. Somos nazarenos”. Parados aquí discutiendo, y esos pequeños niños en África muriendo por escuchar una historia, una sola vez, cualquiera. ¡Oh, le quema a uno el corazón!
Un hombre no puede ir al campo misionero y regresar, y seguir siendo el mismo hombre. Cuando yo fui para allá, pensé: “Bueno, solamente voy a ir a este lugar, veré algunos animales; pero cuando vi el alma de los hombres… Pequeños niños negros tan sucios, que nunca se han bañado en su vida, toman un pedazo de carne vieja, con gusanos, se la comen de todas maneras. Y estando allí desnudos.

25 Quiero decir esto con respeto para Uds. mujeres y hombres. Pero cuando esos ateos vinieron a la reunión por miles de miles, tan desnudos como llegaron a este mundo, sin nada más que un pedazo de tela colgando enfrente de ellos, de unas seis u ocho pulgadas [15 a 20 cm.] cuadradas. Estaban esas mujeres ignorantes, sin poder diferenciar la izquierda de la derecha, con lodo en el cabello, y huesos en sus orejas, y cuando vieron el poder de la resurrección de Jesús, cuando esas mujeres se fueron del lugar, jovencitas y mujeres ancianas, nadie les dijo que se fueran a poner ropa. Ellas doblaron sus manos de esta forma para apartarse de la presencia de los hombres. Y cómo podemos nosotros, americanos de cuello almidonado, nos hacemos llamar Cristianos, y cada año nos quitamos más ropa. Cuando un ateo recibe a Cristo, se viste y se pone ropa. ¿Qué ha sucedido?
Mujercitas jóvenes paradas allá, en la flor de vida, desnudas; no lo sabían. Eso no les causaba más vergüenza a ellas como lo es mirarles a Uds. las manos. Jovencitas de dieciséis, dieciocho, jóvenes de veinte años de edad, madres con sus bebés, amamantando… Y no eran ni seis metros de distancia de donde yo estaba sentado, cuando una madre dio a luz a un bebé mientras yo estaba hablando. Una mujer simplemente le ayudó; ella solo levantó al bebé y comenzó a amamantar al bebé, y siguió escuchándome predicar. Y esas jovencitas paradas allí, mujeres completamente formadas y desarrolladas, y cuando el Espíritu Santo vino, tan pronto como las golpeó, se cubrieron ellas mismas con sus brazos. El Espíritu Santo hace que se den cuenta de la desnudez.

26 Y luego, Uds. personas que se hacen llamar, aún Pentecostés, y Uds. mujeres, debieran saber mejor que desnudarse en esos trajes de baño, y con pantaloncitos cortos en el patio trasero; deberían sentir vergüenza de Uds. mismas. Eso es exactamente correcto.
Civilización: va nadando hacia atrás. Y hermano y hermana, yo no digo eso para ser crudo… o, rudo, mejor dicho; digo eso porque es la verdad del evangelio. Personas allá que están dispuestas, y luego ponemos nuestro esfuerzo aquí en los Estados Unidos. En la plataforma, esa tarde en Durban, a donde estoy por regresar en unos cuantos días por una visión. Y cuando la gente… no hay manera de repartir tarjetas de oración.
Billy perdió su saco y zapatos y todo tratando de repartir tarjetas de oración, él y un par de hombres. Yo le dije: “Solo ve con los misioneros y traigan unos cuatro o cinco de cada tribu”. Había quince diferentes idiomas. Ahora, pueden Uds. imaginarse, al tratar de predicar. Cuando yo decía: “Jesucristo, el Hijo de Dios”, uno de los intérpretes decía: “Cluck”, y luego apagaba el sonido [El Hno. Branham hace el sonido de otro idioma], eso significaba: “Jesucristo el Hijo de Dios”. El otro hacía una especie de silbido que sonaba como pájaro, eso significaba: “Jesucristo el Hijo de Dios”. El siguiente interprete, tal vez él hacía algún tipo de gorjeo con su garganta o su lengua.

27 Uds. saben, yo he escuchado a personas hablar en lenguas en las reuniones pentecostales, lo cual quiero que Uds. sepan, yo lo creo. Pero la gente ha usado mal ese don (exactamente); no ha sido puesto correctamente en orden. Yo creo que cada don que Dios da es para la iglesia, pero no nos podemos descontrolar solamente con uno. Hay más. Y solía pensar, siendo que uno sonaba tan diferente al otro, ¿cómo podía ser todo lo mismo? Pero la Biblia dice: “No hay ni un sonido, que no tenga un significado de alguna clase”. Y yo lo creí cuando escuché eso. Todo tipo diferente de lenguas hay, y cada una de ellas tiene un significado. Cada sonido tiene un significado.

28 Ese día en la plataforma, había muchos doctores presentes. Como ciento cincuenta mil, doscientas mil personas reunidas en un hipódromo. Y el primero que subió fue una mujer mahometana, y yo le dije: “¿Por qué vienes a mí, si tú eres mahometana?”. Ella traía un punto rojo mostrando una sangre pura, y…
Yo dije: “¿Por qué has venido a mí?”.
Ella contestó: “Yo creo que Ud. me puede ayudar”.
Le dije: “¿Por qué no fuiste a tu sacerdote?”.
Ella dijo:“Yo creo que Ud. me puede ayudar”.
“Oh”, dije: “Yo no la conozco. Pero si el Señor Dios, Quien levantó a Su Hijo de los muertos…”.
Ella dijo: “Yo creo en el Señor Dios”. Por supuesto que sí; ellos son Ismaelitas, Uds. saben. Ella dijo: Yo creo en el Señor Dios Jehová“. Pero dijo: ”Se nos ha sido enseñado que Mahoma es Su profeta“.
Yo dije: “Jesús es Su Hijo, y Mahoma está en la tumba, pero Jesús se levantó de la tumba, y Él prometió que las mismas obras que Él hizo, nosotros las haríamos también”.
Ella dijo: “Si eso llega a suceder (hablando a través de un intérprete), entonces yo aceptaré a Jesús como mi Salvador”.
¿Qué es? Eso es lo que nuestro Señor estaba hablando aquí. Id a todo el mundo, y demuestren la resurrección, en el poder del Espíritu Santo.
Ella dijo: “Yo creo eso”.
Le dije: “Señora, su esposo es un hombre pequeño. Él usa un bigote negro. Ella estuvo en la oficina de un doctor, un doctor mahometano, la semana pasada le dijo que tenía un quiste en el vientre”.
Ella respondió rápidamente, y el interpreté dijo: “Cada palabra es verdad”.
Miles de mahometanos se pararon para ver, y en solo unos cuantos minutos, ella dijo: “Entonces yo voy a aceptar a Jesús como mi Salvador y mi Sanador”.

29 Cuando hablo con misioneros, que llevan treinta años entre sus tribus, y hablan de una sola alma preciosa que han convertido de mahometano a Cristiano. Hermano, Uds. nunca lo lograrán repartiendo folletos. Uds. tendrán que seguir las instrucciones de Dios.
Aquí está un muchacho africano, sentado aquí, mirándome a la cara. Lo que nosotros llamamos misioneros es un cuadro enfermizo. Vaya para allá esperando ver algún camino marcado en alguna parte, ¿qué es lo que encuentra? Viven en los mejores hoteles, y en un Cadillac con aire acondicionado, yendo a algún recinto para repartir algunos folletos. Lo que necesitamos son misioneros llenos con el Espíritu Santo que no han sido enviados de alguna iglesia o denominación, pero desde el cielo de un poder del Señor Jesucristo. Eso es exactamente correcto.

30 La siguiente que subió a la plataforma, era una joven mujer blanca. Ella podía hablar inglés; era afrikáans. Y yo le dije, dijo: “Señora”, le dijo cuál era su enfermedad, pero dijo: “Prepárese para la muerte; Ud. no va a vivir sino un poquito”.
Ella dijo: “¿Quiere decir que ese pequeño tumorcito en mi seno me matará?”.
Yo dije: “No puedo decir eso. Yo acabo de ver su servicio fúnebre, y es ASÍ DICE EL SEÑOR, la muerte está a la mano”.
Ella bajó de la plataforma, regresó, y estaba hablando con su esposo, y cayó muerta, allí mismo donde estaba sentada. Si yo hubiera sido un sanador, yo la hubiera sanado, pero solamente hay un sanador, y es Dios.

31 El siguiente que vino, era un cuadro muy lastimoso, un muchachito negro. Él pertenecía a los Zulúes. Y quiero decirles a los niños algo, y a las niñas, ¿saben cómo obtienen un trago de agua? Miran por todas partes para ver cuántos cocodrilos los están mirando, y después se agachan por el agua. Mientras yo estaba allá, un cocodrilo agarró a una niña pequeña, solo se vio un poco de agua sangrienta, y ella se fue hacia abajo, y eso fue todo. Un tipo estaba agarrando agua, y un cocodrilo lo tomó por el pie, y se salió… se regresó y agarró una rama para quitarse el cocodrilo a golpes, y se fue a la orilla; el cocodrilo vino de vuelta y atrapó al pequeño y se lo volvió a llevar al agua, con solamente una pierna que le había arrancado. Y se la llevó y la enterró, hasta que se puso blandita, en alguna parte de la orilla, y después se la comió.
Dele a uno un poco de helado; él lo tira rápidamente, y dice: “Me quemó”. Aquel muchachito negro tiene tanto derecho a comer, a usar ropa, como lo tiene mi hijo o el hijo de Uds. Nosotros metemos lo suficiente en nuestros botes de basura como para alimentarlos.
Con razón el comunismo está tomando el país. Es la manera como los hemos tratado. Exactamente correcto. Eso ni es la mitad de India.

32 Y el muchachito estaba tremendamente bizco. Ese fue el cuarto caso. Él estaba tremendamente bizco. Y yo dije: “Ahora, el sanar a ese niño, yo no puedo. Pero será de acuerdo a su propia fe en Dios, que lo sanará. Pero su pequeña vida no se puede esconder”.
Justo entonces, El Espíritu Santo vino; yo dije: “Este niño salió de un hogar Cristiano, porque en su pequeña choza con techo de paja, veo la fotografía de mi Señor colgada en la pared”. Yo dije: “Su madre es una mujer delgada”. Los Zulúes son gente grande y fuerte. Y yo dije: “Su padre es un hombre joven, aunque fuerte, pero son Cristianos”. Y en la parte de muy atrás, como a la distancia de una cuadra, la madre y el padre se pusieron de pie, y tan pronto como el intérprete Zulú se los tradujo. Eso era verdad.
Yo dije: “Pero ahora, el sanarlo yo no pudiera sanarlo”. Noten, cuando miré, sus ojos eran tan perfectos como los míos o los suyos. Y volví a mirar, y dije: “Cualquiera puede ver que el niñito ha sido sanado en donde está sentado”. Yo lo hice pasar a la plataforma.

33 En eso escuché una gran discusión en la parte de atrás; allí estaba un doctor británico. Y el Hermano Bosworth y demás, estaban tratando de bajarlo de la plataforma, le dijeron: “Ud. no puede subir en este momento; el hermano está bajo la unción”.
Él dijo: “Pero yo quiero hablar con él”.
Yo me di la vuelta, y le dije: “Doctor, ¿qué es lo que sucede?”. El Hermano Bosworth lo soltó… el Hermano Baxter.
Subió a la plataforma, y él dijo: “Quiero preguntarle algo, Sr. Branham”. Él dijo: “Yo creo en Dios. Yo creo que Dios está en estos lirios”. (Y hermanas, hablando de lirios, Uds. debieran de ver esos lirios. Unos de ellos son de dieciocho pulgadas de un lado a otro [45 cm.], grandes lirios cala, amarillos y blancos. La plataforma estaba sobremanera decorada con esos grandes lirios). Él dijo: “Hay un Dios de la vida en esos lirios o no pudieran vivir”. El dijo: “Pero Sr. Branham, ¿qué le hizo Ud. a ese niño?”.
Le respondí: “Yo no hice nada. Ud. estaba más cerca de él que yo. Él todavía no ha estado ni a diez pies [3 m.] de distancia de mí”.
Dijo: “¿Hipnotizó Ud. al niño?”.
Yo dije: “Doctor, y la Asociación Británica de Medicina le dio licencia para practicar la medicina, ¿y no sabe más de hipnotismo que eso? Si la hipnosis puede enderezar los ojos de ese niño, entonces todos Uds. deberían practicar el hipnotismo”.
Dijo: “¿Qué lo ocasionó?”. El Hermano Baxter lo agarró del hombro.
Yo dije: “Espere un minuto”.
Él dijo: “Sr. Branham, yo creo que hay un Dios, pero, ¿es Él lo suficiente tangible para hacer que a ese niño se le abrieran los ojos? Yo lo pondría en la plataforma”.
“Pues”, yo dije: “Él está ahora en sus manos”.
Dijo: “Él estaba tremendamente bizco, y recuperó la vista. Algo sucedió entre allá y aquí”. Él dijo: “¿Qué fue?”.
Yo dije: “Entre él y yo se paró el Espíritu Santo, y el Espíritu Santo enderezó sus ojos”. Él se rascó la cabeza. Yo dije: “Ahora, si Ud. quiere creerme, muy bien. Si no lo cree, eso depende de Ud.”. Y continué.
Él dijo: “Espere un minuto, Sr. Branham”. Había un gran micrófono adjunto a él que corría por todo el hipódromo. Él caminó hacia allá; él dijo: “Entonces yo acepto a Ese Jesús como mi Salvador personal”.

34 Y cuando me encontré con él en Johannesburgo, como unas seis semanas después, allá afuera en el campo donde treinta mil personas salieron a despedirse de mí, ese joven doctor me abrazó y dijo: “Hermano Branham, Dios me ha llamado al campo misionero”. Y empezó a hablar en otras lenguas, mientras tenía sus brazos alrededor mío, un doctor británico (seguro), hablando en lenguas. Él no sabía que iba a hacer eso. Él solamente me abrazó.
Y él dijo: “Dios mío, ¿qué me sucedió?”.
Yo dije: “Ahora, Dios te ha preparado para que vayas. Ponte en marcha”.

35 Esa tarde, iba llegando un muchacho. Billy Paul, mi hijo, y los demás le ayudaron a guiarlo a la plataforma con una cadena alrededor de su cuello, ni siquiera estaba bien mentalmente.
Yo dije: “Miren a la pobre criatura. Por supuesto, si yo pudiera ayudarlo, lo haría. Yo no puedo. Pero su vida no puede esconderse, porque el Ángel del Señor está aquí”.
Y cuando comenzó a decirle de su condición, yo dije: “Ahora, miren, hay una cosa en su mente: él está preocupado por su hermano. Él tiene un hermano que se lastimó ya sea por un chivo amarillo o un perro. Él estaba montado en él; lo lisió de las piernas; él tiene dos palos bajo sus brazos, él camina con muletas”. Yo dije: “ASÍ DICE EL SEÑOR, veo a su hermano sanado”. Y escuché un grito muy a lo lejos, como a una cuadra o más, y aquí venía su hermano con los palos sobre su cabeza, gritando con todas sus fuerzas. Dios lo había sanado a una cuadra de distancia. Ese es el Evangelio del cual Jesús estaba hablando.

36 Y miré y vi al hombre. Me volví a fijar; yo iba a orar por él, y dejarlo pasar. Noté algo como una sombra azul sobre él. Seguí observándolo, después de un rato lo vi parado allí, con su cabeza hacia atrás, parado derecho (es una enfermedad que entra en su espina dorsal. Tommy, ¿sabes cómo le llaman a eso? Les hace caminar sobre sus manos y pies). Y yo no sabía si… lo había lisiado, y oh, era terrible, parado allí casi desnudo. Pero vi sobre él, que estaba sanado.
Yo dije: “Señor Dios, esta es la hora”. Me detuve un minuto. Yo dije: “¿Cuántas personas de las que están aquí, servirán al Señor Dios si Él le da a este hombre su condición normal?”. Tan lejos como uno podía ver estaban las manos levantadas, negras, blancas, amarillas, cafés. Y cuando oramos por el muchacho, él no podía entenderme, pensó que yo quería que hiciera una danza como él lo hacía para los misioneros cuando llegan, Uds. saben, payaseaba y bailaba. Todos ellos quieren hacer una pequeña danza guerrera. Y yo lo tomé por la cadena y lo levanté, y el Dios del cielo lo restauró. Él se paró allí, y las lágrimas corrían por sus mejillas y le golpeaban su pancita negra. No solamente estaba sanado, pero estaba en su mente cabal. Y treinta mil ateos nativos quebraron sus ídolos en el piso, y aceptaron a Jesucristo como Su salvador personal a la misma vez.
Veinte o treinta años para una sola alma. La hora ha llegado cuando Dios está enviando a Sus hombres a los campos. La hora ha llegado cuando Cristo es revelado.

37 Iba con rumbo a… Una pequeña historia más. Está en mi corazón contárselas. Yo iba en un tren, una noche, iba para Houston, Texas. Y en el lugar, vi a un niñito (quiero decir a Miami, Florida), y un niñito yacía muerto, donde muchos árboles se juntaban y las rocas, y tenía un corte de pelo muy curioso, y sus grandes ojos cafés se le habían volteado. Sus pies se habían salido a través de sus calcetines. Estaba un automóvil, chocado a un lado de la carretera, y él estaba muerto. Este niñito era simplemente una gran masa de huesos rotos. Yo pensé: “¿Quién es ese?”. Y la visión me dejó. Continué hacia el lugar. Quizás haya gente aquí que estuvo allá. Yo se los expliqué, le dije a la gente: “Prepárense, escríbanlo en su libro. Escríbanlo en alguna hoja de su Biblia, y vean si llega a acontecer. En alguna parte un niño, de unos ocho años de edad, él tiene el pelo café oscuro, ojos café, un corte de pelo curioso, con unos pantaloncitos cortos”. Yo dije: “A él lo van a matar”. Y me imagino que como unas treinta o cuarenta mil Biblias lo traían escrito. Uds. quizá lo leyeron en el artículo de la revista: “La Voz de Sanidad”.

38 ¿Cuántos sabían ya del caso aún antes que se los mencionara, levanten la mano? Fue predicho antes que sucediera, no después, pero antes de que sucediera. Y allí, en ese caso, había un niñito que se había ahogado; y me lo trajeron, el padre no dejaba que se lo llevara la funeraria. Yo salí y dije: “Ese no es el niñito; ese es un niño bien vestido, con el cabello bien negro como carbón; no es él.
Dos años después allá en Suecia, Noruega, Finlandia, iba yo llegando de Kuopio (queda arriba en la tierra del sol de medianoche). Estábamos llevando a cabo una reunión. Esos pequeños niños allá arriba, siendo unos niños, justo después de la guerra, nunca se habían afeitado. Unos de esos muchachitos no tenían más de quince años, con grandes abrigos largos y viejos, y botas, todas las mujeres en el centro de la ciudad, todas las mujeres jóvenes reunidas y los hombres ancianos. Los rusos los habían matado a todos en la guerra.

39 Alrededor de los campos juntando heno, no usando shorts, pero con grandes faldas gruesas, botas grandes. Una de la gente más fina que pudiera conocer, son esos finlandeses, muy leales. Y mientras estaba parado allá, el Hermano Lindsay, alrededor de unos treinta ministros estaban allá, yo dije: “Algo está a punto de suceder. Puedo simplemente sentirlo”.
Dijo: ¿Qué es, Hermano Branham?“.
Yo dije: “No lo sé”. Entonces comenzaron a tomar fotografías.
Él dijo: “¿Está el Ángel del Señor aquí, podemos tomarle una fotografía?”.
Le respondí: “No lo sé. Pero algo está por suceder, regístrenlo”.

40 Veníamos bajando la montaña; cuando notamos algo. Ahora, la gasolina se vende por unos dos dólares el galón. En las reuniones, donde había unas cuarenta, cincuenta mil personas, probablemente había unos tres o cuatro carros. Todos ellos tomaban trineos tirados por caribús, caminaban, de cualquier forma que podían llegar. Pero allí estaba un Ford modelo 1925 o 1930, o quizá un modelo más reciente que eso. Un Ford americano, chocado.
Como unas quinientas personas estaban alrededor, y dos niñitos habían salido de la escuela y caminaban tomados de la mano. Y este carro, a unas sesenta millas por hora, [Noventa y seis kilómetros por hora. Traductor.] dio vueltas al hacer la curva, y los niñitos no sabían qué rumbo tomar. Uno comenzó a irse por este lado, y el otro por el otro lado, el conductor tratando de esquivarlos, le pegó a uno de los niños por debajo de su mentón con su parachoques… o, con su defensa y lo arrojó como a unas treinta yardas [27 m.] y lo aplastó contra un árbol. El otro niñito lo arrolló de esa manera, y las llantas aventaron su cuerpecito como a unos veinte pies [6 m.] del camino hacia un césped plano. El carro se fue hacia la colina y chocó. El Hermano Lindsay y los demás se bajaron, y miraron la escena. Regresaron llorando, la Hermana Isaacson se bajó, mi intérprete.
Ella regresó llorando, dijo: “Hermano Branham, debería ir a mirar”.

41 Yo dije: “Oh, no, no puedo”. Dije: “Se acuerda que mi esposa murió cuando yo era un joven predicador de unos veinticuatro años de edad. Yo la enterré a ella y a mi bebé. A nosotros solamente nos quedaba un niñito, y ese era Billy. Yo caminaba con su pequeña botella en mi bolsillo por la noche. No teníamos suficiente dinero para encender el fuego y mantener su botella tibia, yo la ponía bajo mi cabeza. Esa es la razón por la que el día de hoy anda conmigo. He sido ambos, padre y madre para él. Eso es lo que yo le prometí a ella, cuando se estaba muriendo. Y yo mantenía su pequeña botella tibia, y su pequeña botella a mi propio cuerpo”. Y entonces él tenía como unos diez años de edad, y yo dije: “Yo tengo a mi propio hijo allá en América. Simplemente no puedo ir a verlo. Yo no he visto a Billy desde hace aproximadamente tres meses; yo simplemente no puedo ir a verlo.”.
Y algo me dijo: “Ve a ver”.

42 Y me acerqué al lugar, y le tenían puesto en su cara su pequeño abrigo, y ellos lo bajaron. Oh, hermano, yo me di la vuelta y empecé a alejarme. Yo no sé si Uds. van a creer esto o no. Eso queda entre Uds. y Dios. Algo puso su mano sobre mi hombro; yo pensé que era el Hermano Moore.
Yo dije: “¿Qué? Y no hay nadie alrededor mío, y la mano todavía está en mi hombro”. Pensé: ¿Qué es esto?“. Y la mano de alguien estaba en mi hombro, y me dirigí hacia el niño. Y de casualidad me fijé en ese pequeño pie, con las piernas todas quebradas, su pequeño pie atravesaba su gran y viejo calcetín a rayas. Eso se miraba familiar.
Y yo le dije al hombre encargado, el cual era el alcalde de la ciudad: “Pudiera…”. Estaban esperando que llegara el padre y la madre. Pensé: “Oh, vaya, que van a pensar esos pequeños padres cuando vengan y vean a su bebé acostado aquí todo aplastado”. El otro niñito, estaba vivo, así que se dieron prisa en un carro y se lo llevaron al hospital.
Así que este niñito llevaba muerto como una media hora. Estaban esperando que trajeran a su padre y a su madre antes que la funeraria lo moviera.
Yo dije: “¿Puedo volver a mirar al niño?”. Le levantaron su pequeño abrigo, y lo miré; esos ojitos cafés estaban volteados, con ese cabello café oscuro, con ese pantaloncito, sus pies saliendo por sus calcetines. Miré alrededor, allí estaba una colina, que venía de la montaña Kuopio, con las siemprevivas, cubriendo las rocas, volví a mirar, y pensé: “Ese es él”.
¡Oh, hermano! quizá no los vuelva a ver hasta que estemos en la gloria, pero desearía tener la fuerza en esta tarde, para explicarles qué sensación es esa. Todos los diablos del infierno no podían detenerlo. No es, si puedes creer, o esto, aquello o lo otro; ya está hecho. Dios así lo dice.
Miré y yo pensé: “Ese es él”. Dije: “Hermano Moore, Hermano Lindsay, vengan rápidamente”. Yo dije: “Traigan la hoja de su Biblia, rápidamente”.
“¿Qué sucede, Hermano Branham?”.
Yo dije: “Lean la hoja de su Biblia”.
“ASÍ DICE EL SEÑOR, llegará a suceder, que un niñito, entre ocho y diez años de edad, su descripción, estará acostado en un lugar donde las rocas estarán cubiertas con cipreses y las siemprevivas”.
Dijo: “¿Qué es eso, Hermano Branham?”.
Yo dije: “Mire al niño, Mire allí a las rocas”.
Él dijo: “¿Ese es él?”.
Yo dije: “Es él”.

43 Oh, hermano, Oh, Dios, lleva a la iglesia a ese lugar. ¡Permíteme quedarme en ese lugar!
Yo dije: “Hablé a prisa, Hermana Isaac, interpréteme”. Dije: “Si el Señor Dios en aquella tierra de América, hace dos años, aquí está escrito en las páginas de la Biblia de estos hermanos, si ese niñito no se pone de pie vivo en los próximos cinco minutos, yo me iré de Finlandia con un letrero en mi espalda: Falso profeta”.
Oh, es una cosa maravillosa cuando Ud. sabe lo que Dios va a hacer. Los hice que se juntaran; me arrodillé y dije: “Señor Dios…”. Si Uds. quieren recibir los detalles de esto del alcalde, yo les daré su dirección. Yo dije: “Señor Dios, en mi país de origen Tu hablaste de esto por medio de una visión. Y yo sé que en Tú gran voluntad predestinada, ya es un asunto concluido. Así que, muerte, devuélvele la vida a este niño”. Y Dios Quien es mi Juez solemne, ante esta Biblia en esta tarde, ese pequeñito se puso de pie de un brinco tan normal como estaba una hora antes de ser atropellado.

44 Esa noche en la reunión, uno ni siquiera podía… Ellos llevaron a la milicia, y quiero decirles algo. Recuerden, sucedió a solo a dos millas de la cortina de hierro, y cuando la noticia salió por todos lados hasta Rusia esa tarde, en la radio, cuando yo llegué esa noche, estaban parados esos soldados comunistas cubriendo varias cuadras, parados allá con ese saludo ruso, con lágrimas corriendo por sus mejillas; dijeron: “Nosotros recibiremos a un Dios como ese, que tiene poder”.
¿Qué es lo que pasa? Uds. protestantes y católicos, fueron para allá, y les quitaron todo el dinero, y lo colocaron en grandes edificios, y fallaron aún en producir algo más que lo que el resto del mundo tenía. “Estas señales seguirán a los que creen”. Con razón esa iglesia fría y formal habla en contra de ello. Como dije anoche: “Es una señal que hablarán cosas malas de ello”.

45 Aquella noche en la reunión, nunca lo olvidaré. Si pudiera tener unos diez minutos más. Estábamos trayendo a la gente por la línea; había una gran pila de… Si se fijan en mi libro, una gran pila de muletas y palos, que uno ni siquiera podía apilarlos en la plataforma, que esta gente había tirado. Tenían que llevarse a unos cuantos miles para que más pudieran entrar. Y a medida que iba entrando al edificio esa noche, yo estaba caminando muy lento, e iban dos pequeños soldados enfrente de mí, y dos atrás, con sus espadas, manteniéndolas de esta forma, para alejar a la gente de uno.

46 Y mientras entraba al edificio… El dormitorio de las niñas… Había una pequeña cosita… una puerta se cerró, y miré, y estaba parada un dulce niñita, como de la edad de mi pequeña Rebeca ahora, como de diez años, doce años de edad, con una pierna (pueden ver la foto en mi libro) como así más corta que la otra, y traía puesto un gran aparato ortopédico alrededor de ella. Ella traía una correa en el dedo de su zapato que le daba la vuelta y se cruzaba y llegaba hasta la espalda para unirse con el aparato ortopédico, y su zapato estaba fabricado con el soporte a ambos lados. Ella no podía mover esa pequeña pierna, así que tenía que ser un aparato ortopédico completo, para no caer de esta manera. Y cada vez que se movía, tenía que tomar su pequeño hombro, y levantar ese pie y empujarlo, y después dar el paso. Y sus falditas interiores, su vestidito estaba harapiento; su cabellito estaba descuidado, de rostro pálido. Y cuando ella me miró, les habían dicho que no me detuvieran en la calle. Yo amo a los niños pequeños.

47 Yo me esperaba hasta que el Hermano Baxter y demás, que todos tuvieran el servicio de la tarde, y me iba y agarraba ese viejo dinero y salía y compraba unos pocos dulces, y tenía un cordón de niños como de dos cuadras siguiéndome, aventándoles dulces.

48 Y allí estaba parada ella, y pensaba que había hecho algo mal. Ella inclinó su cabecita. Traía dos muletas, y tomaba estas muletas, y las movía al frente, después su pequeño hombro, levantaba esa pierna y la empujaba, y de esa manera caminaba. Y yo la vi, ella pensó que había hecho mal, así que inclinó su pequeña cabecita, como para no fijarse que yo iba pasando. Algo en el interior se empezó a mover.

49 Yo la miré a ella, y el soldado detrás de mí… Yo no podía hablar ni una palabra del idioma finlandés. Así que él me hizo señas para que saliera. “Espere un minuto”.
Y la niña levantó la mirada; yo le hice señas de esta manera. Yo sabía que ella quería acercarse. Por supuesto ella estaba lisiada; se encontraba en la reunión con ese propósito. Le hice señas; ella me miró. Yo asentí con la cabeza: “Sí”.
Y ella colocó sus muletas; levantó su pequeña piernita; dio un paso, y volvió a mirar, de manera tan infantil. Yo solo esperé, no dije ni una sola cosa hasta que ella se acercó a mí. Ella me miró, con esos ojitos de bebé azul claro. Un poco después me enteré que ella era una pequeña huerfanita de la guerra finlandesa; no tenía ni madre ni padre, a nadie. Estaba viviendo en una tienda con unas personas. Su mamá y su papá habían sido muertos en manos de los rusos. Con este tosco aparato ortopédico que le habían hecho. Yo solamente me quedé parado y pensé: “¿Qué hará esa criaturita?”. Yo no podía hablarle.
Ella se inclinó y se agarró de mi saco. Ella besó mi bolsillo. Extendió su faldita de esta manera y dijo: kiitos que significa “gracias”.

50 Oh, Dios, en ese momento enfrente de mí, vi a la niñita sin ese soporte ortopédico, caminando. Yo pensé: “Oh, si tan solo pudiera hacérselo saber”.
Yo dije: “Querida”.
Ella seguía diciendo: “Kiitos”, las lágrimas corriendo por sus pequeñas mejillas pálidas. “Kiitos, kiitos”.
Yo dije: “Cariño”. Oh, Dios. Yo dije: “El Señor Dios te ha… Oh, Dios, déjame hablar algo. Estás sanada”.
Y justo entonces, llegaron, un montón de soldados: “Venga, ya cantaron: ”Solo Creed“, y me tuve que ir, me fueron empujando para meterme.

51 Y cuando se estaba terminando el servicio esa noche, mi hermano vino a mí y me dijo: “Es suficiente, es suficiente. Tú vas a tener otro servicio mañana por la noche”.
Yo dije: “Oh, mira, ¿cuántas tarjetas de oración repartiste?”.
Ellos dijeron: “Oh, repartieron un montón; puedes usarlas mañana en la noche”. Nadie podía entender el inglés.
Yo dije: “Solo llama unas pocas más”. Y yo dije: “Dame de la tarjeta tal y tal, y tal y tal”. Y por medio de la gran providencia de Dios, ella era la siguiente en la línea. Aquí venía ella.
Yo dije: “Hermana Isaacson, solo diga lo que yo diga”, era la intérprete.
Le dije: “Cariño, eres la niñita que se encontró conmigo allá en el corredor. Jesucristo ya te sanó. Ve para allá y siéntate, y permite que uno de los ujieres te quite ese aparato ortopédico que traes puesto”.
Mientras llamaba a otro, aquí venía ella atravesando la plataforma, con ambas piernas igual, y ese aparato ortopédico sobre su cabeza, gritando dando gloria a Dios. Miles de finlandeses cayeron sobre sus rostros y rindieron sus vidas al Señor Jesús, miembros de iglesia, fríos y formales llegaron a ser Cristianos nacidos de nuevo.

52 ¿Qué es? “Id a todo el mundo y predicad el Evangelio. Estas señales seguirán a los que creen”. Si Dios está interesado en una pequeña finlandesa, Él está interesado en un americano. Él está interesado en un niñito negro, en un niño amarillo, en un niño café. Él tiene que permanecer Dios. ¿Por qué no podemos quitarnos ese almidón del cuello? ¿Por qué no podemos quitar la teología que ha sido enseñada de que los días de los milagros han pasado y seguir lo que Cristo dijo?
Él dijo: “Toda palabra del hombre sea mentira, y la Mía verdadera. Sobre esta roca Yo edificaré Mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. También lo es su… [Palabras inaudibles. Ed.]

53 Yo dije: “En Cristo la roca solida me paro; todos los demás terrenos son arena movediza”. Si yo muero en el campo, quiero irme con el escudo en mi mano. Voy a cumplir cuarenta y cinco años la próxima semana; no soy un niño. Estoy llegando a ser un hombre anciano. Estos hombros que solían pararse bajo la lluvia, los músculos que solían estar apretados, se están volviendo viejos y blandos. Hay un lugar preparado frente a mí llamado muerte; yo lo sé. Cada vez que palpita mi corazón, estoy a un latido más cerca de ese lugar. Un día va a dar su último latido, y voy a tener que entrar a ese lugar oscuro llamado muerte. Hay una cosa que quiero hacer: Yo no quiero irme como un cobarde. Cuando yo sepa que mi última hora ha llegado, quiero yo mismo arroparme con Su justicia, yéndome con esto, una seguridad en mi corazón, que yo lo conozco a Él en el poder de Su resurrección, entonces cuando Él llame de entre los muertos, yo saldré junto aquellos que murieron en ese gran día.

54 Mi amigo, ¿esa esperanza reposa en Ud. en esta tarde? No importa a cuál iglesia Ud. pertenezca, cuántas oraciones haya dicho, cuando velas haya encendido, cuantos Aves Marías Ud. ha gritado, todo es en vano al menos que lo conozca a Él en el poder de Su resurrección. ¡Él vive! ¡Él vive! Jesucristo vive hoy, el mismo de ayer, hoy, y por los siglos. Inclinemos nuestros rostros.

55 Gran poderoso y Jehová, Tú eres mi testigo de estas cosas que he testificado. Tú sabes que son verdad, porque Tú las llevaste a cabo. Y Señor Dios, quien resucitó a Jesús de los muertos, Tú puedes vivificar a cada incrédulo que está aquí, ahora, a una fe real y viva en Él. Mucha gente está sentada aquí, Señor, que son solamente miembros de iglesia nominal; ellos pertenecen a todo tipo diferente de iglesias, a los pentecostales, y a los nazarenos, y a los metodistas, y a todas las diferentes denominaciones. Y oh, Dios, ellos aún no han cruzado esa línea. Algunos nunca ni te han aceptado en lo absoluto, y que el Espíritu Santo atestigüe que yo no digo estas palabras para hacerles creer a la gente algo personal de mi mismo, porque Tú eres testigo, Señor, un pecador, aún uno que nació fuera de estación para muchos de estos hombres con cabello blanco y mujeres sentadas aquí, que predicaron el Evangelio cuando yo era un muchachito pecador. Pero oh, Señor Dios, Tú le has dado el privilegio a mis ojos de ver Tu gloria, y de ayudarme a expresárselo aquellos que están en necesidad.

56 Dios, concede esta tarde que el Espíritu Santo emocione a cada corazón que está aquí, y que los haga comprender de la necesidad que tienen. Dales a ellos, a Cristo, esta tarde, aquellos que lo desean, Padre. Escucha la oración de Tu siervo. Que los corazones que entraron afligidos, e incrédulos y los corazones con dudas salgan felices y regocijándose.
Mientras tenemos nuestros rostros inclinados. Todos, los que están aquí adentro, quienes lo quieren a Él, ¿podrían levantar su mano a Él? Digan: “Señor Dios, se misericordioso conmigo; hazme un Cristiano verdadero”. Dios le bendiga, eso es bueno. Por todo este pasillo de en medio. ¿Por el pasillo del otro lado? Oh, sí, muchas manos. En el balcón, todos esos niños que están allá arriba, de diez años, adolescentes de quince años con sus manos levantadas. A mi izquierda. Muy bien, por este lado a la derecha, ¿cuántos por este lado, levantarían las manos diciendo: “Dios ten misericordia, hazme un real y genuino siervo de Cristo? A partir de hoy, yo prometo ser Tuyo, Señor. Ayúdame en este momento. Si yo no puedo ir a los campos misioneros, ayúdame a tener… pon una carga en mi corazón de orar por aquellos que están en el campo”. Les será contado por justicia. Dios les bendiga. Dios les bendiga, por todo alrededor. Eso está bien.

57 Amigo pecador, con su mano levantada, pidiendo misericordia, hay lugar en la fuente para usted.
Hay una fuente llena de Sangre,
Sacada de las venas de Emanuel,
Cuando los pecadores se sumergen debajo del raudal,
Pierden todas sus manchas de culpabilidad.
El ladrón moribundo se regocijó al ver
Esa fuente en ese día,
Y ahí pueda yo, aunque vil como él,
Lavar todos mis pecados.
Y desde entonces, por fe, yo vi ese torrente
Que Tu herida fluyente suplió;
Amor redentivo ha sido mi tema
Y será hasta que yo muera.
Entonces en un canto más noble y más dulce,
Yo cantaré de Tu poder para salvar;
Cuando esta pobre lengua ceceante y tartamuda
Permanezca en silencio en la sepultura.

58 Dios bendiga tu corazoncito allí, cariño, una niñita de no más de dos años de edad, moviendo su manita, con sus ojitos negros mirando. Oh, vaya, si Dios puede hablarle a un pequeño bebé como ella, ¿qué del corazón cruel y frío de los pecadores? ¿Saben qué es lo que pasa? Uds. han pasado su corazón por demasiadas revistas de “Casos de la vida real”, y demasiadas cosas de Arthur Godfrey en la radio y la televisión, al punto que se ha vuelto negro y calloso, al punto que el Espíritu Santo ya ni siquiera puede hablar. ¡Qué desgracia! Esa pequeña bebé… Ud. dice: “Ella no sabe lo que está haciendo”.
Pueda que ella no sepa, pero el Espíritu Santo sabe. ¿Acaso no dijo Él: “Dejad a los niños venir a Mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino?”.

59 Antes de ofrecer una oración, pudieran haber unas manos que nunca se han levantado, y que ahora pudieran decir: “Yo creo Hermano Branham, todo el Evangelio; yo rindo mi todo y mi todo a Él. Aquí está mi mano, Señor. No la estoy levantando para Tu siervo el Hermano Branham; estoy levantándola a Ti, Señor. Escribe mi nombre en Tu libro esta tarde, y permíteme vivir para Ti, a partir de este día”. Alguien que no haya levantado su mano. Levanten su mano, ¿lo harán?
Dios le bendiga, Dios le bendiga, dama. Dios le bendiga, jovencita. Dios le bendiga, en la parte de atrás, señor, y a Ud., a Uds., por este lado, dama. Arriba en el balcón, en la orilla, Dios le bendiga. Por todo alrededor.
Muy bien, ahora, eso es bueno. Dios sea con Uds. Yo no soy rudo; no los reprendo… no es mi intención hacerlo; solamente espero a que Él diga algo. Pudiera haber alguien aquí que necesite una regañada, y es ése al cual el Espíritu Santo le está hablando. Uds. saben si su corazón los condena o no.

60 Ahora, oremos por estas manos, unas veinte o treinta, quizá más fueron levantadas.
Querido Dios, ellos son Tuyos. Si ellos en verdad lo dijeron con sinceridad, entonces en este momento han nacido de Tu Espíritu, esperando recibir el Espíritu Santo. Ellos son Tus súbditos en este preciso minuto. “Porque ningún hombre puede venir a Mí, si Mi Padre no le trajere primero. Y todo el que a Mí viene, Yo le daré Vida eterna y lo resucitaré en el día postrero”.
Señor Dios, ellos son Tuyos. Son trofeos del mensaje. Son regalos de amor del Padre para el Hijo. ¿Cómo pudieran perecer? Tu dijiste: “Yo les doy Vida Eterna, y nunca morirán”. Ellos son Tuyos. Permite que vivan para Ti, Señor. Permíteles, si son… Yo sé que ellos buscaran una buena iglesia, para allí ser bautizados, pondrán su membrecía, y allí trabajaran con el cuerpo de Cristo hasta que la muerte los libere.
Y algún día, Señor, cuando lleguemos al río, y cómo podría yo saber si aquí no hay hombres y mujeres sentados ahora mismo, que nunca regresarán a su hogar en esta tierra. Un ataque al corazón, un accidente en la carretera, algún conductor borracho estrellándose con ellos: No sabemos lo que el futuro nos espera, pero sabemos Quien sostiene el futuro.

61 Ahora, Señor, escribe sus nombres en Tu libro. Si hemos hallado gracia en Tus ojos, escribe sus nombres en Tu libro, Señor. Yo no podré estrecharles la mano, en este momento, tal vez nunca lo haga en esta vida, pero un día lo haré cuando haya terminado. Por Tu gracia, lo haré.
Oh, pon misioneros en la mente de esta gente. Cómo es que hacemos proselitismo y jalamos de una iglesia y de otra, y que piensen en los millones que se están muriendo hoy, que nunca han escuchado Su precioso Nombre. Abre las puertas en África, Señor, y en diferentes partes del país. Pon cargas en los corazones de los predicadores para que lo apoyen, y para que vayan, porque las horas se están cerrando. Concédelo, Padre. Ellos son Tuyos ahora. Yo te los entregó a Ti.

62 Algún día, Señor, yo también tengo que llegar. Pudiera ser el día de hoy. Pero un día, voy a cerrar esta Biblia por última vez para mí. Me doy cuenta de eso, Padre. Voy a orar mi última oración, y cuando llegue al final del camino, y sienta las olas grandes del Jordán golpeándome en el rostro, quiero mirar atrás a través de cada zarzal, y cada colina que escale, después tomar mi vieja espada, y meterla en la gavilla de la eternidad, quitarme el yelmo, y colocarlo en la ribera, y gritar: “Empuja el barco de la vida, Señor, estoy regresando a casa esta mañana”. Cuando mi ministerio haya terminado, permíteme irme en paz, Señor. Que pueda conocer a mis amigos por los millares en aquel lugar, donde el tiempo ha cesado y la eternidad va corriendo para siempre.
Los días son calientes, el sol se está ocultando; la civilización está muriendo; Jesús viene ya. Oh, Dios, despiértanos rápidamente, levántate y estremécenos, no pellizcando nuestros cuerpos, pero pellizcando nuestras almas para que se despierten, porque es más tarde de lo que pensamos. Sana al enfermo y afligido, Señor. Oh, Dios, que esta noche sea tal noche, que no quedará persona débil en nuestro medio. Concédelo. Bendícenos ahora, mientras nos preparamos a levantar otra reunión muy pronto. En el Nombre del Señor Jesús, oro. Amén.

63 Solo un momentito más de su tiempo. Billy, me dijiste que anunciara que ibas a… a partir de este día, repartiste tarjetas de oración, algunas de ellas, o… ¿a las seis y media? A las seis y media. ¿En dónde está Leo? ¿Gene? Denles unas tarjetas también, para que las tengan y las puedan repartir rápidamente. Muy bien. A las seis y media.

64 Noten, estaba pensando en mi oración. ¿Cuántos se sienten muy bien? Solo levanten las manos, diciendo: “Oh…”. Cantemos una vez:
Yo le amo (todos juntos), Yo le amo,
Porque Él a mí me amó,
Y me compró mi salvación,
Allá en la Cruz.

65 Discúlpenme un momentito, no lo había notado hasta ahorita. Veo a uno de mis hermanos en la carne, Doc. Yo le llamo Doc: Edgar. Él y su esposa están sentados justo en… Levanta tu mano, Doc. Mi hermano, mi propio hermano de sangre, que está allí, él y su esposa, y el Hermano y la Hermana Wood, David.
¿Se acuerdan que estaba hablando la otra noche sobre un muchachito que tenía algún tipo de pierna torcida; su padre era Testigo de Jehová? ¿Se acuerdan de eso? El muchachito está parado aquí mismo ahora. Levanta tu mano, David. ¿Podrías caminar un poco allí donde estás, solo un minuto? No quiero hacer un espectáculo de ti, David. Aquí está lo que Dios puede hacer con una pierna torcida. Ni siquiera lo toqué, estaba sentado en la reunión. Solo camina para este lado, David. Allí está el muchachito con la pierna que estaba tan torcida por debajo de él. Ven para acá. Eres un jovencito muy apuesto; todos te queremos ver. Yo sé que es… Ella es su madre que está allí.
¿Cuál pierna era, David? Él ahora no lo sabe. Gusto en volverte a ver, David. La pierna de este muchachito estaba torcida por debajo de él. El Señor Dios (sentado en la parte más lejos de lo que es este edificio ahora) le sanó su pierna.

66 ¿Doc? Tú eres el más apuesto de los Branhams. Ven para acá, solo un minuto. Muy bien.
El Hermano Burns está parado allá atrás también. Me acuerdo… ¿Cuántos tienen la fotografía del Ángel del Señor? Aquí, su esposa (mientras viene Doc.), su esposa… él estaba en el hospital muriéndose de cáncer. (Doc. Me da mucho gusto verte, Dios te bendiga) Y así que su esposa estaba en el hospital… Me imagino que ya presentaron al Hermano Neville, el pastor del Tabernáculo, está parado allí. ¿Ya lo presentaron, Hermano Neville? Venga entonces para acá a la plataforma.
El hermano Neville, Aquí está un pastor Metodista, pastoreando mi iglesia Bautista, pero somos metodistas y bautistas que tenemos el bautismo del Espíritu Santo. Este joven es de Asbury College. Oh, eso está bien. Ahora, tenemos mucho…

67 ¿Cuántos de los que están aquí son de Jeffersonville? ¿Hay más alrededor? Levanten la mano, los que son de la iglesia. Oh, sí, hay… Veo al Hermano Beeler, otro predicador allá atrás, de Jeffersonville. Todos… un gran grupo de nosotros. No podemos subirlos está noche y presentarlos a todos.
Quiero decir esto de la Hermana Burns. Ella está hoy en la gloria. El Hermano Banks Woods y yo, los dos somos de Kentucky, estábamos cazando ardillas. Alguien me llamó desde el bosque; era el papá de este muchachito. Yo pensé: “Lo que pasa, que tendremos que regresar a casa”. Yo dije: “No sé por qué estoy en casa, Hermano Banks”. Yo estaba tratando de descansar un poco. Dije: “Voy a ir a la tienda Sutcliffs a comprar unos cartuchos”. Entonces sí que podremos dispararles a los blancos, así que dimos la vuelta. Dije: “Hermano Banks…”. Él es de Kentucky. Yo dije: “Da la vuelta por la esquina; yo entraré a Sutcliffs y compraré los cartuchos, y cuando me veas venir; uno no puede estacionarse en esa calle”.
Él condujo alrededor y alrededor y alrededor del lugar equivocado. Y yo estaba parado allá; pensé: “Bueno, ¿qué es lo que pasa? ¿En dónde está ese hombre?”. Como treinta minutos después, me fijé de casualidad que él estaba en la otra cuadra, dando vueltas por la calle. “Bueno”, pensé: “Ese hombre fue criado en Louisville. Bueno, ¿qué no sabe en dónde está? Sigue pasando por el lugar, y puede ver que Sutcliffs no está allí, él ha dado como diez o quince vueltas”.

68 Así que crucé la calle para detenerlo, y justo cuando él estaba dando la vuelta, la Hermana Burns… Hermano Burns, ¿podría levantar la mano allí, para que lo conozcan? Su esposa… Él se estaba muriendo de cáncer en el bazo. Creo que él era bautista, si no me equivoco, de Kentucky, y fue sanado allí en la casa; él ha vivido todos estos años. Y él estaba en el hospital con un caso muy grave de cáncer. Los doctores lo habían desahuciado.
Y su linda, dulce esposa, ella dijo: “Señor Dios, yo no sé en dónde está el Hermano Branham”. Ella fue y consiguió esa fotografía, y la puso en el suelo, y se arrodilló. Y dijo: “Oh, Ángel de Dios, cuya fotografía está en este papel, mándame al Hermano Branham, rápidamente”. Y se levantó, y dijo: “Oh, tengo que pagar mi factura de servicios públicos”. Se fue al centro de la ciudad, a millas. Ella pagó su recibo, y algo la dirigió a la esquina. Y cuando ella llegó a la esquina, yo estaba en la esquina. Allí estaba. Ella me contó sobre el Hermano Burns, y el Señor Dios lo sacó del hospital. Aquí está parado el día de hoy, como un testigo. Dios tenía al Hermano Banks dando vueltas y vueltas en la cuadra equivocada, deteniéndonos de esta manera, hasta que Dios logró ponernos en el punto exacto. Él contesta las oraciones. ¿Lo creen Uds.? Digan: “Amén”. Él todavía vive y reina.

69 A mí me gustan estos himnos chapados a la antigua, ¿no es así? Cantemos: “Hasta encontrarnos otra vez”. ¿Lo harán? Muy bien. Danos un acorde, hijo, por favor. “Hasta encontrarnos otra vez”. Muy bien.
Dios sea contigo, hasta encontrarnos otra vez,
Por Sus consejos te guíe, y sostenga,
Con Sus ovejas seguro estarás,
Dios sea contigo…

70 ¿No suena eso más como Dios que todo el resto del alboroto? ¿Verdad que sí? Escuchen ahora, saluden a alguien que esté a su lado, enfrente de Uds., atrás de Uds., a los lados; no dejen su asiento. Todavía no terminamos. Solo salúdense.
Hasta encontrarnos otra vez…
Todos Uds. metodistas y bautistas ahora, pentecostales, presbiterianos, arriba en el balcón, salúdense.
Hasta que nos encontremos a los pies de Jesús; (Hasta encontrarnos otra vez;)
Hasta encontrarnos otra vez, hasta encontrarnos otra vez,
Dios sea contigo hasta encontrarnos otra vez.
(Despacio)
Hasta… (Ahora, levanten sus manos a Él)
Hasta que… (Oh, eso es celestial para mí)
… nos encontremos con Jesús (Pudiera ser antes de esta noche)
Hasta encontrarnos otra vez, hasta encontrarnos otra vez,
Dios sea contigo hasta encontrarnos otra vez.
Ahora, con sus rostros inclinados, tarareémoslo. [El Hermano Branham y la congregación lo tararean].
(Hasta encontrarnos;) Hasta encontrarnos otra vez, hasta encontrarnos otra vez,
Dios sea contigo hasta encontrarnos otra vez.
Con sus rostros inclinados ahora. Le voy a pedir a nuestro querido, amado pastor, el Hermano Orman Neville del Tabernáculo Branham de Jeffersonville, si pudiera despedirnos con una oración. Hermano Neville.
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