S.565 58-0330E  Cristo Tocando la Puerta 

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OBRAS DEL MENSAJE

Cristo Tocando la Puerta

Middletown, Ohio, E.U.A.

58-0330E

1 Gracias. Permanezcamos de pie solo por un momento, por favor, para orar.
Señor Dios, te damos las gracias porque Tú nos has dado el privilegio de ver este gran mover de Dios entre el pueblo. Y oramos que Tú continúes estando con esta gente, y que éste avivamiento nunca termine. Permite que vaya de iglesia en iglesia, y de persona en persona, hasta que Jesucristo sea hecho Rey y Señor de todo el grupo. Sana a todos los enfermos esta noche, Señor. Que no quede ni una sola persona débil en el edificio esta noche. Que Tu Espíritu esté sobre cada uno de tal manera, que ellos puedan ver al Señor Jesús y todas Sus promesas hechas verdaderas, y nos sean claras y entendibles en este día final.

2 Señor, a medida que nosotros… al viajar por las carreteras, yendo a nuestros diferentes lugares, ayúdanos Tú, Señor. Bendice a nuestro valiente Hermano Sullivan y a todos estos otros ministros, que han cooperado, y permite que sus iglesias estén en fuego a partir de este momento. Que muchas almas nazcan para el Reino. Todos estos que han levantado sus manos, y que se han puesto de pie, y han aceptado a Cristo, que puedan encontrar muy buenos hogares en algún lugar en buenas iglesias, y que allí permanezcan Tus siervos amorosos hasta que Tú los llames.
Perdona nuestras insuficiencias. Y si hemos hecho, o dicho, o pensando algo que era contrario a Ti, perdónanos, Señor. Ahora, te pedimos que partas el Pan una vez más para nosotros en esta noche. Que podamos tener compañerismo Divino alrededor de la Palabra. Porque lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén. Pueden tomar asiento.

3 Le dije al Hermano Vayle: “Esta ha sido una de las reuniones más grandes que haya tenido en América para el Señor Dios”. No ha sido la mayor en número, por supuesto, pero ha sido la más grande en compañerismo, en cooperación. Todos parecen estar en un mismo corazón y en un mismo acuerdo. De esa manera es como el Espíritu Santo se puede mover.
Solo desearía poder tener un mes en esto, para así podernos quedar hasta que termine. Y si Dios lo permite, y si Uds. así lo desean, espero regresar a su hermosa ciudad algún día para estar con Uds. finas personas de aquí de Ohio. [La congregación aplaude. Ed.] Gracias. Eso me hace sentir muy bien y bienvenido.

4 Espero que cuando regrese no esté todo agotado, como lo estuve en esta ocasión, con una voz desgastada. Voy a tener ahora tres semanas de descanso, antes de estar un mes completo, con dos días de descanso, creo que es, o tres días en el mes, todo será en los Estados de Nueva Inglaterra.

5 Y ahora, si es la voluntad del Señor, viajaremos con rumbo a Jeffersonville, nuestro hogar. Y ese será mi último servicio. Y luego creo el próximo domingo es Pascua. Ese día es cuando cumplo veinticinco años, Uds. saben. Así que… [La congregación aplaude. Ed.] Gracias.
Estoy confiando que el Señor nos bendecirá. Y a Uds. personas del Tabernáculo, el Hermano Neville… Si el Señor lo permite, tendremos un servicio en el amanecer del domingo de Pascua por la mañana en el Tabernáculo para los que están cerca. Y después será el mensaje de la Resurrección, luego un servicio de sanidad. Y estamos esperando tener un gran día de bendiciones por parte del Señor en el Tabernáculo el domingo por la mañana. Y confiamos que los que están aquí en Ohio y en diferentes lugares puedan también tener un gran tiempo el domingo por la mañana y cada mañana a partir de ahora hasta que nos encontremos con el Señor en los aires.

6 A nuestro Hermano Sullivan y a todos los ministros que están cooperando, quiero darles las gracias de todo corazón. Les doy las gracias de manera personal y de parte de toda mi comitiva. Ha sido un privilegio ministrar con Uds. hermanos y el tener este fino compañerismo.
Y a todos Uds. ministros de otras partes del país, a Uds. miembros de iglesia, los hijos e hijas de Dios, cómo es que me han apoyado con su fe y con su dinero. Billy me estaba diciendo en el camino, que todo será saldado. No debemos nada. El Señor nos ha bendecido. Y también quiero darles las gracias de parte del Hermano Vayle por la amable ofrenda de amor para él. Y quiero darles las gracias por mi ofrenda de amor. Lo aprecio mucho. Y confío que Dios les pagará al ciento por uno, es mi sincera oración.
Y ahora, queremos decir que apreciamos a las personas que nos permitieron tener este auditorio. No sé si alguno de los representantes de la escuela están aquí o no. Y en verdad que les agradezco caballeros con todo mi corazón, y confío que cada estudiante que viene a esta escuela encuentre a Cristo como su Salvador personal, será mi gran y sincera oración.

7 Y ahora, oren por nosotros. Si el Señor lo permite, inmediatamente después de estas reuniones estaré yendo al extranjero, al África, y a muchas diferentes partes de las naciones del extranjero. Y Uds. estén orando por mí, ¿lo harán? Y cuando los brujos estén desafiando, cuando los vientos calientes estén soplando, la persecución esté dura, pueda recordar que Connersville en sus oraciones… quiero decir, no Conner… Middletown. Uds. estén orando por mí, ¿lo harán? [La congregación aplaude. Ed.] Muy bien, gracias. Yo estaré orando por Uds. Nunca los olvidaré. Dios les bendiga.
Creo que el Hermano Vayle dijo cuando iba entrando… Le dije a Billy que le habían dado una pequeña ayuda a él esta noche para que me acompañe al extranjero. Billy quiere darle las gracias a cada uno de Uds. Muchas gracias, son muy amables. Con todo nuestro corazón trataremos con todo lo que está en nosotros de hacer la cosa correcta. Uds. han puesto su confianza en nosotros, y vamos a hacer lo mejor que podamos para vivir como los hombres Cristianos deben de hacerlo ante el mundo, gastando Su dinero, haciendo la cosa que es correcta, mientras Dios nos dé gracia para hacerlo.

8 Ahora, quiero leer una Escritura. Y en la Escritura para la clausura, tenía unos temas que quería predicar durante esta semana. No pude hacerlo. Unos de ellos especialmente eran: “Venid, Ved A Un Hombre”, un pequeño tema que me gusta es: “¿Crees Esto?”. “Háblale A La Roca”, “La Escritura En La Pared”, y “Yéndose la Iglesia Antes De La Tribulación”, “Cómo El Águila Excita Su Nidada”. Yo simplemente no tenía suficiente garganta para hacerlo. Así que tuve que tomar pequeños temas amateur. Y Uds. han sido tan amables en soportarme, lo suficiente, primeramente sabiendo que tienen que soportar el escucharme, y luego con una voz ronca, lo hace peor todavía. Muchas gracias por su confianza.

9 Y ahora vamos a… Cada vez que veo pañuelos y cosas que dejan por aquí… Nosotros oramos por los pañuelos. Es un gran ministerio. Y ahora, si no mandaron el de Uds., y quieren que ore por ellos, está bien, solamente mándenoslo… o, pida uno a… es Jeffersonville, Indiana. Apdo. Postal #325. No se cobra por nada. Si no le quieren poner el número de apartado postal, solo escriban: “William Branham, Jeffersonville”. Así me llegará.
Y les enviaremos un pedacito de tela por la que hemos orado. Y Uds. manténganla en su Biblia en Hechos 19. Si el bebé se enferma, Ud. diga: “Dios, esto representa la oración de fe que ha sido orada por mi beneficio”. Después escriba su testimonio. Nosotros hemos recibido maravillosas sanidades de esa forma. Y estaremos felices de hacerlo.
Miren, no estoy tratando de obtener su dirección, amigos, porque me es difícil conseguir a alguien aún para que les conteste. Pero yo no tengo programas que patrocinar ni nada. No es para eso. Nosotros simplemente se los enviamos absolutamente gratis. Cualquier cosa que podamos hacer para ayudarles, solo déjennos saber. Estaremos gustosos de hacerlo.

10 Ahora, antes de abordar la Palabra… Bueno, tengamos otra vez un momento de oración. Señor Dios, esta es Tu Palabra que estamos abordando. Ningún hombre, no importa qué tan bien preparado esté, él en sí es insuficiente para manejar la Palabra de Dios, porque no es de interpretación privada, como leemos en las Escrituras. Pero ha sido revelada por el Espíritu Santo. Y pedimos que el Espíritu Santo venga esta noche y nos interprete la Palabra que hemos de leer. Profundiza la Semilla en los corazones de la gente. Y que podamos hablar la palabra correcta y escuchar lo correcto, para que Dios sea glorificado. Porque lo pedimos en el Nombre de Su Hijo, el Señor Jesús. Amén.

11 Deseo leer de Apocalipsis en esta noche, el tercer capítulo y el versículo veinte. Y esto va dirigido a la edad de la iglesia en la cual estamos ahora viviendo, la edad de la iglesia de Laodicea. Y cuando lleguen a sus casas, me gustaría que simplemente leyeran todo el capítulo. Pero deseo leer para el tema el versículo veinte.
He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.
Este es un texto inusual. Nos da el cuadro de alguien tocando una puerta. No me puedo acordar en este momento quién es el artista que pasó la mitad de su vida pintando ese cuadro de Cristo tocando la puerta. Pero después que el cuadro se pintó… Uds. saben, cualquier cuadro famoso tiene que pasar por la sala de los críticos antes que pueda pasar a la sala de la fama.
De esa manera es con la iglesia. La iglesia, primeramente, tiene que pasar por la sala de los críticos, antes que pueda ser llevada en el rapto y colocada en la sala de la fama de Dios. Todos los que vivan piadosamente en Cristo Jesús sufrirán persecución. Así que pueden ver, Uds. tienen que ser criticados; tienen que burlarse de Uds. No hay manera de sacarle la vuelta.

12 Así que este gran artista, cuando él pintó este cuadro, y estaba siendo examinado por los críticos. Uno de los críticos dijo: “Señor, su cuadro es un cuadro hermoso, pero hay una sola cosa que Ud. olvidó pintar en el cuadro”.
Y el artista dijo: “Señor, ¿qué se me olvidó?”.
Él dijo: “Ud. pintó a Cristo. Su cuadro… Su retrato se ve muy bien, y el edificio parece como el hogar de alguien, pero la puerta no tiene cerrojo. Así que Él está tocando en una puerta que no tiene cerrojo”.
Y el artista dijo: “Oh, no, señor. Mire, en este caso el cerrojo se encuentra en el interior”.
Y eso es verdad. El cerrojo esta en el interior de su corazón. No importa qué tanto Ud. vea, o qué tanto usted diga que cree, que tan religioso sea, Ud. debe abrir su corazón para recibirle a Él. Nadie puede abrirlo por Ud. Su sacerdote no puede hacerlo, su pastor no puede hacerlo, su madre o su padre no puede hacerlo, sus hermanas o su hermano no pueden hacerlo; Ud. tiene que hacerlo solo.

13 Y en este texto esta noche, se está dirigiendo a la iglesia de la edad de Laodicea, la cual es la última edad de la iglesia. Y si se fijaron de acuerdo a las Escrituras… Esto no pudiera concordar con la teología de mucha gente, y eso está bien; yo pudiera estar equivocado. Muchas veces me equivoco, sin duda. Pero solo como yo creo es: que la última edad de la iglesia, es en la que estamos viviendo ahora.
Si observan como las edades de la iglesia han venido. Una era muy brillante, la otra estaba un poquito más retirada, un poquito más oscura, luego los mil quinientos años en las edades del oscurantismo, luego Lutero, luego Wesley, luego Pentecostés.
Y Él estaba parado en medio de los siete candeleros de oro, los cuales representan las siete edades de la iglesia, con Sus manos extendidas, y lo vemos como el Alfa y el Omega, el primero y el último. El candelero más alto por supuesto era el más oscuro. Y esta última edad de la iglesia, debe recibir la misma luz que ellos tenían en el principio —Alfa y Omega. Pero lo más triste en las Escrituras, es que nos advierte aquí lo que Él dijo: “Porque tú dices, yo soy rico y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de nada…”. ¿Pueden ver la condición de la iglesia de hoy en día?

14 Aquí está sentado, un anciano, un hombre y una mujer agotados, sentados aquí en las sillas de enfrente, que son mis amigos. El Hermano y la Hermana Kidson… o Kidd, creo que es, quienes estaban predicando el Evangelio antes de que yo naciera. Y si yo los llamara a la plataforma esta noche, y los dejara que les platicarán algunas de sus experiencias, por todo el trayecto donde han sufrido hambre, han sido echados de las ciudades, y los han corrido de lugares por causa del Evangelio. Y ellos les dirían esta noche que la iglesia y toda su fina decoración y sus altas agujas en los techos, está mil veces más fría de lo que estuvo aquel día. Uds. debieran invitar a este pequeño hombre y mujer a sus iglesias en alguna ocasión. Para que les cuenten la historia de los primeros días, de hace cincuenta años.
Pero nosotros creemos que estamos mejor que nunca. Estamos peor ahora que nunca. Él dijo: “Porque tú dices: yo soy rico y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de nada… ¿Qué es? Tenemos los mejores predicadores, los eruditos más pulidos, los mejores edificios, las mejores bancas, unos de los mejores órganos, y cantantes, voces entrenadas.

15 Acabo de escuchar un cuarteto cantar mientras venía en el camino. Yo amo los cantos chapados a la antigua. Creo que no hay nada más hermoso que el cantar de una buena manera genuina. Y odio escuchar una voz demasiada entrenada. Odio escuchar a alguien tratando de cantar, que mantiene la voz hasta que la cara se les pone azul, y luego solo soltar alguna especie de grito. Uds. no están cantando así para la gloria de Dios. Uds. están tratando de ver que tanto tiempo pueden sostener la respiración.
A mí me gusta lo chapado a la antigua, que se siente con el corazón, cantando estilo pentecostal con las manos levantadas. Aunque no pueda mantener un tono dentro de una cubeta de carbón, pienso que es muy celestial. Cantando con el corazón, haciendo melodía para el Señor: ese es el tipo que Dios quiere, del corazón. Si Ud. no sabe cantar, haga un ruido alegre para el Señor. La Escritura así lo dice.

16 Ahora, nos damos cuenta también que Él dijo: “Porque tú dices: yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de nada; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo”.
Si un hombre en la calle, que fuera pobre, miserable, ciego, cuitado, si ese hombre supiera su condición, él trataría de esconderse. Si estuviera desnudo, trataría de conseguir algo de ropa; trataría de hacer que las cosas mejoraran. Y ese sería el cuadro más lastimoso al ver a un hombre en la calle que piensa que está bien vestido, que es rico, y que no tiene necesidad de nada, y está desnudo, y miserable —solamente con la suficiente religión para hacerlo a uno enfermar —y no lo sabe.
Y sin embargo, se nos ha sido dicho que la iglesia pentecostal llegaría a esa condición en los últimos días: incrementada en bienes, incrementada en membrecías, lo cual está bien; no tengo nada en contra de eso. Le doy gracias a Dios por ello. Pero yo preferiría estar en una misioncita, tocando el pandero con media docena de gente alrededor, y tener el Espíritu de Dios moviéndose en ese pequeño grupito, que tener la mejor iglesia en el país y siendo solo un montón de miembros formales. Uds. saben que esa es la verdad.

17 Y si un hombre no lo sabe… Ahora, Él dijo: “Yo te aconsejo”. ¿Saben que quiere decir aconsejar? Es cuando los hombres se sientan y hablan uno con el otro. Se sientan y lo platican, igual como Ud. lo hace con su familia, como Ud. lo hace con su empleado, como lo hace con sus amigos. Se sientan y lo discuten.
Y, oh, eso es lo que Dios quiere esta noche, es que se sienten y lo platiquen con Él. Solo una pequeña plática con Jesús lo soluciona, muy bien. Yo te aconsejo que vengas a Mí y compres algo de colirio, para que veas.

18 Uds. saben, cuando éramos niños vivíamos aquí en el estado de Kentucky, y teníamos una vieja casa de madera, tenía tejas de madera sobre ella, y teníamos que tomar un pedazo de lona y colocarla sobre nuestros rostros para que la nieve no nos entrara en los ojos. Y todo el montón de niños Branham, como un montón de zarigüeyas, éramos unos seis u ocho en la misma cama, y nos resfriábamos.
Y no sé si alguna vez el bebé de Uds. lo tuvo o no, pero nuestros ojos se ponían con “lagañas”, como mamá solía decir —se pegaban unos con otros— y cuando nos levantábamos esa mañana teníamos que gritarle a mamá. No podíamos ver, por causa de ese mal resfriado.
Y mi abuelo era un cazador de mapaches. Él cazaba mapaches. Y él solía hervir la grasa y llenaba una lata con la grasa de mapache. Y cada vez que nos irritábamos los ojos, o que se nos pegaban con lagañas por causa de ese mal resfriado, mamá agarraba de esa grasa de mapache y la frotaba en nuestros ojos, para quitarnos el mal resfriado y quitarnos la lagaña de los ojos.

19 Esa grasa de mapache funcionaba muy bien en lo natural para el mal resfriado, pero no funcionará para este mal resfriado de estas corrientes de aire en la que la iglesia se ha metido. Uds. tendrán que obtener el colirio del Espíritu Santo de Dios para ungir los ojos de Su iglesia, y quitarles toda la frialdad de sus ojos. Hemos tenido algunas corrientes de aire en la iglesia últimamente, les causa un mal resfriado y sus ojos se les pegan.
Uds. saben, aquellos que dicen que los días de los milagros han pasado, y todos esos encantamientos fríos que pasan por la iglesia, que obtienen sus predicadores de esos cementerios… o seminarios, (discúlpenme). Les dije que estaba ronco para comenzar. Bueno, todo es lo mismo. Eso es cierto.

20 Si por algo he sentido lástima es por una gallina de incubadora. Uds. saben cómo toman a esa pequeña gallina… el huevo, y lo colocan en una incubadora, y Uds. automáticamente empollan a uno. Y el pobrecito no conoce nada más que “piar”.
Eso siempre me recuerda a un predicador de seminario, por la manera que salen de una gran máquina. Y el pequeñito, la vieja gallina puede piar, piar, piar, y no tiene ninguna mami a la cual acudir. Eso se parece a la manera que es con algunos de estos predicadores de incubadora, que no saben otra cosa más que teología. “Nosotros somos Metodistas, somos Bautistas, somos Tal y tal”. ¡Oh, qué desgracia!
Pero Dios dice: “Yo te aconsejo que a Mí vengas, y Yo te daré algo de colirio para que abras tus ojos, y que puedas ver que eres un miserable, cuitado, ciego, y desnudo, y que no lo sabes”. Hasta que se abran tus ojos, nunca te darás cuenta. Tienes que hacer que tus ojos sean abiertos.

21 Ahora este es un cuadro sobresaliente. Y en medio de toda su condición, aún Jesús dice: “Yo estoy a la puerta y llamo”. Ahora, ¿para qué toca un hombre la puerta de otro? Él está tocando, porque quiere entrar. Él quiere hablar contigo. Él quiere reunirse contigo, platicar las cosas, o tal vez hacer algo contigo, o pedirte algo.
A través de todas las edades grandes hombres se han parado junto a la puerta. Por ejemplo, que si en los días de César… César, Augusto. Qué si él hubiera ido a la casa de un campesino y le hubiera tocado la puerta. [El Hermano Branham toca en el púlpito. Ed.], y ese campesino hubiera venido a la puerta, el pobre hombre, y que hubiera visto al gran César parado en la puerta. Él hubiera caído sobre su rostro, y hubiera dicho: “Oh, gran César, entra a mi casa. Usted me ha honrado. Pase. Si hay algo aquí que Ud. quiera, lo puede tomar. Pídame cualquier cosa que quiera que haga, yo lo haré, porque Ud. me ha honrado al venir y al tocar mi puerta”.

22 ¿O qué si un soldado alemán, un pequeño lacayo, hubiera escuchado hace unos años a alguien tocando su puerta, y que al abrir la puerta estuviera allí parado el gran Fuhrer de Alemania, Adolfo Hitler? Este hombrecito hubiera abierto la puerta y hubiera visto al gran Hitler parado allí. Él se hubiera puesto en posición de firmes y hubiera dado su saludo alemán. Y sin duda, con alegría, con lágrimas rodando por sus mejillas hubiera dicho: “Gran Fuhrer de Alemania, he sido bendecido con tu llegada a mi casa. Entra. Si hay cualquier cosa aquí que quieras, puedes tomarla. Si hay algo que yo pueda hacer, con gusto lo haré, porque tú eres el hombre más grande en Alemania.
O digamos, ¿qué si el Presidente Dwight Eisenhower, esta noche, viniera a la puerta del mejor demócrata que hay en Middletown? Ud. se sentiría honrado. ¿Por qué? Él es el Presidente de los Estados Unidos. Es uno de los hombres más grandes que hay en la nación. Pudiera Ud. diferir con él en política, pero cualquiera de Uds. buenos demócratas les gustaría tener el honor de tener al Presidente Eisenhower de visita en su hogar. Ud. diría: “Entre, Sr. Eisenhower. No soy digno de que Ud. entre a mi casa, pero puede sentirse bienvenido, señor. Cualquier cosa que yo pueda hacer, solo dígamelo y yo lo haré”.

23 Recientemente la Reina de Inglaterra vino de visita aquí a los Estados Unidos. Y qué si ella hubiera venido para acá a Middletown, o a alguna de las ciudad de donde Ud. es, a su casa. Y Ud. escuchara que tocan la puerta, y Ud. fuera a la puerta, y ella hubiera dicho: “Soy la Reina de Inglaterra”.
¡Oh, vaya! Ud. hubiera dicho: “Bienvenida, Su Alteza. Y si hay cualquier cosa en mi casa que quiera, puede tomarla”. Aunque Ud. no es su súbdito. Pero es por causa de su importancia. Ella es la reina, y la más grande reina en la tierra en lo que concierne a las naciones, la reina más poderosa. Y cualquiera de Uds. mujeres estarían honradas de tener a la Reina de Inglaterra a su puerta. ¿Y saben que sucedería? Si ella hubiera hecho eso, al siguiente día en la televisora lo hubieran anunciado; los periódicos lo hubieran publicado, que la Reina de Inglaterra se humilló para venir a su casa.
Pero, oh, ¿quién es más importante que Jesús? ¿Quién es más grande que Él? ¿Y quién es más rechazado que Él? Piénsenlo por un momento. ¿Cuántos cientos de corazones lo rechazan a Él diariamente? ¿Y quién es más importante que Él?

24 Y si la reina hubiera querido algo de Ud.…. O que nuestro honorable Presidente Dwight Eisenhower hubiera querido algo de Ud. Pero Jesús quiere darle algo, en Su llamado, lo mejor que alguna vez se haya dado en la tierra: Vida Eterna.
¡Oh, este mundo de corazón cruel! Bien se dio a conocer cuando dijo: “Dadnos a Barrabas y llévense a Jesús”. Ellos harían la misma cosa esta noche. Ellos asesinarían si no hubiera una ley en contra. La Biblia dice que lo harían. Ellos se dieron a conocer cuando rechazaron a Jesús.

25 Ahora, Jesús puede tocar su corazón. Y si Ud. le cuenta al respecto a su vecino, él diría: “Ahora, espera, espera, espera, te estás yendo por la borda”. Y si Ud. lo acepta, ellos lo criticarán, y se burlarán de Ud. Y si los periódicos tuvieran algo que decir al respecto, sería criticándolo, Ud. puede apostar por eso.
¿Quién es más importante, la Reina de Inglaterra, o el Señor Jesucristo? Nosotros apreciamos nuestros periódicos, pero si en este avivamiento ponemos cualquier cosa en el periódico, uno tendría que pagar por eso, y después tendría que ser censurado antes de escribirse. ¿Y para qué es el periódico? Es para informarle al público lo que está pasando. Para eso es la libertad de prensa.
Pero Jesús ha salvado a cientos de personas aquí durante esta semana. Muchos han sido sanados y han tomado su lecho y camillas. Los problemas del corazón, ceguera y enfermedades han dejado a las personas, y ni siquiera hay un murmullo al respecto. Pero recuerden, en el gran recuento de los Libros en la gloria se ha escrito cada detallito, y se ha publicado a través de toda la gloria entre los Ángeles y aquellos que se encuentran más allá.

26 Toca la puerta: “He aquí Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oyere Mi Voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. Ahora Ud. dice: “Hermano Branham, yo ya hice eso, hace mucho tiempo. Dejé que Jesús entrara hace mucho tiempo”. Muchos dicen eso; hermano, hermana, cuando Jesús viene, Uds. están dispuestos a dejarle a Él ser su Salvador, eso es bueno, aprecio eso, pero cuando Él viene, quiere sentirse bienvenido. Él quiere ser su Señor, Señor es “gobernante, dueño”. Él entra, no para ser Señor para dictar su vida, sino para darle a Ud. lo mejor que hay. Ud. lo deja entrar a Él; Ud. no quiere irse al infierno, pero Ud. no lo deja que sea su Señor. Ud. lo deja que sea su Salvador pero no su Señor.
Y luego me doy cuenta que en el corazón humano hay muchas… Después que Él ha abierto una puerta para entrar… Se sentiría Ud. bienvenido en mi casa, si toca la puerta, y yo le digo: “Pase”.
Y Ud. dice: “Hermano Branham, ¿me puedo sentir bienvenido?”.
“Oh, no, Ud. quédese parado allí. Dígame qué es lo que quiere”.
Si yo llego a su casa, y Ud. me pasa dándome la bienvenida, y dice: “Hermano Branham, sea bienvenido”. Oh, yo entraría, me quitaría los zapatos, me sentaría, y subiría mis pies en la silla, iría al refrigerador y tomaría algo para comer, y me acostaría en la cama y comería. Me sentiría bienvenido si Ud. me dijera que soy bienvenido.

27 Y cuando Jesús llega, Él quiere sentirse bienvenido. Pero nosotros tenemos puertitas secretas, puertitas en nuestro corazón, por donde no queremos que Jesús entre. Del lado derecho del corazón humano, después que Jesús entra, esta una puertita llamada “orgullo”. “Oh, yo lo recibiré a Él como Salvador, pero no trate Ud. de decirme la manera en la que me tengo que vestir, y lo que tengo que hacer. Oh, si tengo que dejarme crecer el cabello, si tengo que dejar de fumar cigarrillos, o dejar de ir al billar, entonces no quiero tener nada que ver con ello”. No se preocupe, Él no se va a quedar mucho tiempo. Orgullo.
Hay otra puertita allí llamada “su propia vida privada”. Ud. no quiere que nadie se meta con eso: “Yo vivo mi vida. Yo hago esto, aquello o lo otro. No es la incumbencia de nadie lo que yo haga”. ¿No han escuchado esa vieja frase? Pero déjenme decirles, Ud. no se pertenece a sí mismo. Ud. ha sido comprado por precio, y le pertenece a Dios. Ud. no tiene derecho a su propia privacidad. Dios debe de saber todo, y Él sí sabe todo lo que Ud. hace. Y Él debería de tener el derecho a esa puerta.

28 Y hay otra puerta allí adentro, y esa puerta es llamada “fe”. ¡Oh, esa es una puerta sobresaliente! Ud. dice: “Ahora mire, oh, yo he aceptado a Jesús como mi Salvador, pero no creo que los días de los milagros se lleven a cabo hoy. Simplemente no puedo creerlo”. Él quiere entrar por esa puerta. Si Él pudiera tan solamente abrir esa puerta y pararse allí como Señor, hermano, Ud. creerá toda Palabra que Dios escribió en Su Libro. Pero cómo puede hacerlo cuando Uds. tienen alguna clase de ley pegada en la puerta que dice: “Aléjate, Jesús. No trates de decirme nada de esas cosas que Tú eres el mismo de ayer, hoy y por los siglos. Tú puedes pararte allí. Yo no me quiero ir al infierno. Yo quiero ser el popular en la iglesia. Pero Tú no puedes controlarme, porque yo sé mejor que eso. Yo soy un científico”.

29 Eso me hace recordar de un día cuando estaba pastoreando ganado arriba en las montañas. Y ese otoño fui a cazar alces, muy arriba. Y todavía no había caído la tormenta que hace que los alces bajen a las llanuras. Y como por treinta y cinco millas [56 Km.] no había nadie más el ranchero y yo, y él se había ido por el otro lado. Nos íbamos a reunir tres días después. Y solo para darnos cuenta cómo es que Dios trabaja. Y en eso vino una tormenta. En esa temporada del año, alrededor de octubre en Colorado, llueve un ratito, después congela, y luego cae nieve, y después llueve otra vez; el sol vuelve a salir. Y llegó tal tormenta que estaba soplando y arremolinando. Y yo me escondí detrás de un árbol, y allí permanecí. Y después que pasó la tormenta, salí, y escuché y allá a lo lejos en el valle escuché a un viejo alce que empezó a bramar.
Hermano Roy Roberson, ¿sabe de qué estoy hablando? La tormenta había separado a la manada. ¡Oh, el simple hecho de escuchar ese llamado! Yo empecé a llorar. Y muy allá en el Riachuelo Ethel, escuché al viejo coyote que empezó a aullar, y su compañera le respondía desde el valle.
Mi madre es mitad india, y mi conversión nunca me quitó eso de mí. ¡Oh, amo la naturaleza! Empecé a llorar. Y me di cuenta que el sol se estaba ocultando, brillaba entre las hendiduras de la roca, reflejándose en las siemprevivas congeladas, y formó un arcoíris. Y dije: “¡Oh, ese es Él! Tiene siete colores, las siete edades de la iglesia, el Alfa y el Omega, principio y fin”.

30 Y yo me puse tan feliz al punto que casi me daba un espasmo. Y corrí y corrí alrededor del árbol, tan recio como podía, gritando a voz en cuello. Si alguien hubiera estado allá, hubiera pensado que un maniático estaba en el bosque, hubiera pensado que acababa de salir de la institución para dementes. Pero a mí no me importaba lo que alguien pudiera pensar; yo estaba adorando al Creador. Y volví a ver, y corrí y corrí alrededor del árbol otra vez. Pensé: “Oh, es bueno estar aquí”. Sería fácil construir tres tabernáculos. Pero mientras estaba allí, pensaba: “Oh, gran Jehová, cuán grande eres Tú”.
Y escuché a una pequeña ardillita de pino. No creo que las tengan en este estado. Es una cosita frenética así de larga, con una colita esponjosa. Es el policía de saco azul del bosque, la cosita más ruidosa que alguna vez hayan escuchado. Y tenía su cabecita volteada hacia un lado, sentada en el tocón a un lado de un lugar despejado, solo haciendo cháchara, cháchara, cháchara, cháchara, chátara. Y pensé: “¿Por qué estás tan excitada, pequeñita?”. Y me preguntaba qué era… Pero me di cuenta que no me estaba mirando a mí. Su cabecita estaba inclinada de lado y miraba para abajo.

31 Y noté que la tormenta había hecho descender a una gran águila, una gran águila café. Y ella salió de entre las ramas. Y brincó hasta allá y volteó a verme. Yo pensé: “Señor, qué… ¿Grité cuando estaba adorando?”. Pensé: “¿Qué estarás pensando de mí? ¿Crees que estoy loco?”. Y ella seguía moviendo sus grandes alas. Y pensé: “Entonces, Señor, ¿Por qué enviaste esa águila que me detuvo de estarte gritando y alabando, al gran Creador que hizo el arcoíris?”. Pensé: “seguramente, es con un propósito”.
Y a medida que me fijaba en ella, de casualidad noté que… Yo dije; “Oh, compañera, ¿sabías que puedo dispararte?”. Esos grandes ojos grises me miraron y se voltearon. No me tenía miedo. Porque yo notaba como estaba moviendo sus alas, como verificando que cada pluma estuviera en su lugar. Pensé: “Eso es, Señor. Ella no tiene miedo. Mientras pueda sentir esas alas trabajando en orden, sabe que puede estar en la copa de los árboles aún antes de que pueda tocar mi rifle”.
Y si Dios le dio al águila alas, y ella tiene fe en ellas para alejarse de los problemas, ¿cuánto más un hombre que ha nacido del Espíritu Santo? Mientras que podamos saber que Cristo está aquí adentro, ¿qué importa lo demás o lo que el mundo pueda decir, o lo que alguien pueda decir?

32 Y la observé. Ella no me tenía miedo, tampoco le tenía miedo a esa vieja ardillita, moviendo la colita y chillando de esa manera. Después de un rato ella se enfadó. Dio un gran salto, aleteó dos veces sus alas, y ya se encontraba más allá del límite de la vegetación. Y luego yo la observé. No tuvo que volver a aletear; simplemente sabía cómo colocar sus alas. Y cada vez que el viento subía por el cañón, ella subía más alto, y más alto, y más alto, hasta que llegó a ser solo un puntito. Yo me quedé allí llorando como un bebé.
Dije: “Eso es, Señor”. No es estar brincando de la Metodista a la Bautista, de la Presbiteriana a la Luterana; no es andar de un servicio de sanidad a otro. Es solamente posicionando las alas, sus alas de fe, en el poder del Espíritu Santo, y cuando la ola viene, solo montarse a ella y subir, subir y subir, hasta que se enfada de escuchar todo este cháchara, cháchara, cháchara aquí, cháchara, cháchara allá: “Los días de los milagros han pasado. Solo son un montón de santos-rodadores, no hay nada en ellos”. Solo posicione sus alas en Su poder y salga de aquí cabalgando en esas grandes alas del Espíritu Santo. Oh, esas alas de fe, el solo saber cómo posicionarlas, y cuando el Espíritu Santo comienza a cabalgar, cabalgar junto con él. Las olas vuelven a venir, móntese en ellas.
En primer lugar, Ud. no sabrá lo que está diciendo el vecino: “Oh, te vas a convertir en un santo-rodador. Tú nunca sanarás”. Ud. solamente siga cabalgando dejando atrás a esos viejos críticos: “cháchara, cháchara aquí. Cháchara, cháchara allá. No hay tal cosa como sanidad Divina. Nunca nadie ha sanado. Le daré mil dólares a cualquiera que me muestre eso”. Solo voltee su cabeza de eso y aléjese cabalgando.

33 Esa puerta, Él quiere pararse allí. Y luego hay otra puerta. Esos son sus ojos, la puerta de sus ojos. Si Él alguna vez puede abrirle los ojos.
Como les dije hace un momento, la iglesia tiene un resfriado espiritual. Y durante la frialdad espiritual, la corriente de aire los alcanzó. Y tienen los ojos irritados —con frío— los hijos de Dios. Y necesitan que baje un buen ungüento del Espíritu Santo y que les ponga colirio en sus ojos para que sus ojos sean abiertos y puedan ver gloria de Dios.
La iglesia no lo puede entender. Esta gente americana, hermano… La Reina de Sabá se levantará en su día y condenará esta generación. Jonás se levantará y condenará esta generación. Estamos tan acostumbrados que nos den todo en una bandeja de plata. Queremos entretenimiento. Si la iglesia no tiene mucha juerga, y juegos de bunco, y fiestas sociales, y días de campo, y cenas de sopas… ¡Es una vergüenza! Necesitamos que se nos abran los ojos. Una buena grasa del Espíritu Santo chapada a la antigua, eso es lo que necesitamos —una buena hinchazón.

34 Solíamos tener una vieja carreta. Rechinaba mucho. Cada vez que comenzábamos a moverla, rechinaba porque todos los rayos estaban secos. Y cada vez que uno empezaba a rodarla, rechinaba, y brincaba, y por el estilo. Pero Uds. saben, la mejor manera de arreglar esa carreta es metiéndola al agua, y dejarla allí hasta que empieza a hincharse. Entonces se aprieta, y no vuelve a rechinar.
Lo que la iglesia necesita esta noche, es que la jalen hacia la fuente que está llena con Sangre que fluye de las venas de Emmanuel, donde el pecador se sumerge y pierde todas sus manchas de culpabilidad, y que se queden allí hasta hincharse tan apretados con el Espíritu Santo, que dejaran de rechinar, y de quejarse y de decir: “Los días de los milagros han pasado. No podemos llevar esa carga. Nos tildarán de fanáticos”. ¿Qué le importa a Ud. lo que la gente haga? Deje que la gente lo rechace, Dios los recibirá. El colirio está en la lista.

35 Escuchen con atención ahora, mientras nos quedan diez minutos. La gente, la gente americana, no se da cuenta de lo que ha tenido. Han habido Billy Granhams, Jack Schullers, Oral Roberts, y muchos grandes hombres que han pasado por nuestro país, grandes siervos de Cristo —junto con muchos otros. Y sin embargo tenemos más cantinas, y más whiskey, más cigarrillos, y la iglesia se aleja de Dios más cada año. ¿Por qué? Uds. han visto los milagros. Han visto las señales. Han visto la señal de Su resurrección. Han visto Su poder para sanar. Uds. han visto las señales en los cielos.

36 Aquí no hace mucho, cuando Billy y yo entramos a la India, leí en un pedacito de papel, y decía… Algo había acontecido, fue un día antes del terremoto. Y en la India no tienen cercas de alambre como las tenemos nosotros. Ellos tienen cercas de rocas. Y antes que llegara el terremoto, todos los pajaritos que tenían sus nidos en esas cercas y en esos grandes edificios, volaron de allí y se fueron hacia en medio del bosque. Y todo el ganado y las ovejas, que se recargaban allí para protegerse del sol, alrededor de esas cercas, todos se fueron hacia en medio del campo, al sol, y se mantuvieron quietos allí. Dios les dio un instinto para hacerles saber con anticipación que se alejaran de esas paredes. Igual como Él lo hizo en los días de Noé.
Y si ellos, por instinto, pudieron saber que la destrucción estaba a la mano, ¿cuánto más debiera de hacer la iglesia con el bautismo del Espíritu Santo? Pero no podemos verlo.

37 En una ocasión había un hombre que se dirigía al mar a descansar. Y le dijo a su gente: “Quiero ir al mar a tomarme un descanso. Yo nunca he estado allá”.
Y en el camino se encontró con un viejo pescador, que venía del mar. Y este viejo pescador, un marinero, le dijo: “Señor, ¿a dónde va?”.
Le respondió: “Voy al mar. Nunca lo he visto. Voy para allá a descansar”, dijo: “para oler la sal del mar, para ver esas grandes olas saladas y como el oleaje golpea, y sentir la frescura del aire salado, y escuchar las gaviotas mientras graznan sobre el océano. Oh, estoy seguro”, dijo: “que me será muy reparador”.
Y el viejo marinero dijo: “Mire, señor”. Él dijo: “Yo nací en el mar. Fui criado en el mar, y no le veo que tenga algo de emocionante”. ¿Por qué? Él había estado tanto tiempo allí, al punto que estaba acostumbrado, y no le causaba ninguna emoción.

38 Y eso es lo que pasa con la iglesia pentecostal. Ha visto como el Espíritu Santo golpea en su gente. Ha visto como cambia a las prostitutas callejeras a unas santas mujeres piadosas. Ha visto como los hombres dejan de ser… de borrachos, de alcohólicos a unos predicadores y caballeros. Y han visto los grandes poderes de Dios, moviéndose y obrando en señales y maravillas, al punto que se les ha vuelto algo común, aún la iglesia pentecostal casi ni puede cruzar la calle para ver la gloria de Dios. Es muy normal.
Pero solo recuerden, viene la hora cuando Uds. irán de Este a Oeste, de Norte a Sur, tratando de encontrarlo, y no lo hallarán. La Biblia así lo dice.
Él es tan bueno con nosotros.

39 Esta nación ha sido estremecida de pilar a poste, de Este a Oeste, de Norte a Sur, durante los últimos cuarenta años. Ha tenido cada señal Bíblica que alguna vez se haya efectuado: los muertos son resucitados; los ciegos ven; los sordos oyen; los cojos andan; el Espíritu Santo manifiesta todos los nueve dones espirituales. Se han llevado a cabo grandes avivamientos que cambian las almas, cientos de miles se han convertido a Cristo, y todavía ahora ha llegado al punto que se ha enfriado.
Tiene grandes iglesias. No es tan perseguida. La gente obtuvo mucho dinero. Ellos van y compran grandes y finas iglesias, y quitan el fuego del púlpito, y lo colocan en el sótano —igual como el resto de las iglesias. Oh, simplemente no sabemos qué tan bueno ha sido Él con nosotros.

40 En la India, cómo es que veo a esas madrecitas, paradas en la calle con sus pequeñas pancitas todas hinchadas junto con sus bebés, y diciendo: “Alimente a mi bebé. Aún si yo muero, deje que el bebé coma”. Sin nada que comer.
Y yo tenía como unos mil quinientos dólares que había recolectado por los alrededores. No lo estaba colocando en esas sociedades que tienen a un tipo con un gran puro en la boca y usando un anillo de quinientos dólares. El dinero que doy, yo mismo lo llevó y reparto. Entonces sabré cuando tenga que responder ante Dios que es la verdad.
Y yo tenía aproximadamente mil quinientos dólares, y lo había cambiado a rupias. [La rupia es la moneda oficial de la República de la India. Trad.] Y fui a la calle y lo repartí entre la gente pobre que lo necesitaba. Y tuvieron que traer a la milicia para meterme. Y Billy y yo nos quedamos parados en la ventana, y esas pobres madres y niños muriéndose; morían como leña, y se los llevaban y los colocaban en la salamandra y los quemaban. No había nada de San Juan 14; no saben quiénes son. Simplemente los arrojan allí y los incineran. Eso es todo. Ellos mueren en las calles.

41 Nosotros les dejábamos caer esas rupias, y esos pobres leprosos sin brazos, llorando, y corrían por la calle para comprar un poquito de curry para comer —y apestaban. Ellos no tenían brazos; unos de ellos tenían que lamer la calle donde adoraban a ese vacuno y cosas, y sucio y asqueroso.
¿Y me quieren decir, que un Dios justo puede pararse y dejarnos continuar de la manera que lo estamos haciendo y luego salir bien librados? Dios tendría que levantar a Sodoma y Gomorra y pedirles disculpas por haberlos quemado si esta nación no recibe juicio. Estamos al final del camino, amigos. Todas nuestras bombas atómicas y todo lo demás no nos va ayudar en nada. Solamente hay un lugar de refugio. Eso es en Cristo. Estamos en el fin. Dios ha mostrado Sus grandes señales. Él ha sido misericordioso para con nosotros, y no lo hemos reconocido. ¡Oh, que Dios nos abra nuestros ojos!

42 Allá en el Sur, teníamos a un anciano predicador en el lugar que era un buen tipo. Y había un muchacho con el cual cazaba. Su nombre era Gabriel, pero le llamamos Gabo por cortito —allá en Luisiana. Y él era un buen muchacho, pero no lográbamos que se arreglara con el Señor. El pastor lo había intentado; su esposa y su madre oraban por él. Pero el viejo Gabo no se alineaba. Así que a él le gustaba cazar, y al pastor también le gustaba cazar. Y un día se fueron de cacería. Y el viejo Gabo no podía pegarle ni a la pared del establo, pero ese día él había disparado tanta caza, que traía conejos y pájaros colgándole por todos lados. En el camino de regreso esa tarde, mientras él iba balanceándose detrás del pastor, traía su pistola en su hombro, estaba viendo todos esos pájaros, y los conejos y las cosas que había obtenido. Y yendo por un sendero que les era familiar, él miró el sol mientras se iba ocultando. Y le dio un golpecito al pastor en el hombro, y el pastor se dio la vuelta, dijo: “¿Me tocaste, Gabo?”.
Él dijo: “Sí, pastor, yo te toqué”.
Y él dijo: “Gabo, estás llorando”. Dijo: “¿Qué sucede?”.

43 Él dijo: “Pastor, ¿ve ese sol ocultándose en el más allá?”.
Dijo: “Sí, Gabo. ¿Qué tiene de anormal?”. Tú te has fijado en los atardeceres durante todos estos años. Tú naciste y te criaste en esta región“.
Él dijo: “Pero, pastor, me doy cuenta que mi sol también se está ocultando”. Y él dijo: “Pastor, mañana es domingo, y Ud. me va a encontrar por la mañana enfrente en la banca de los que lloran. Después me buscaré una silla en la parte de atrás con mi esposa, y voy a ser un miembro fiel de su iglesia hasta que Dios me llame de este mundo”.
Y el pastor dijo: “Bueno, Gabo, tú sabes que aprecio eso, y Dios solo sabe cuánto aprecio eso”. Él dijo: “Pero, Gabo, tu esposa ha orado fielmente; tu madre antes de partir, ella oró fielmente; tu papá lo hizo de la misma manera. Yo he cazado contigo. He ido a tu casa a cenar. He orado contigo. ¿Pero por qué el cambio repentino? ¿Qué te sucedió de repente?”.
Él dijo: “Pastor, mira aquí toda la caza que traigo”. Él dijo: “Ud. sabe, pastor, que yo…. Yo no soy bueno para disparar”. Él dijo: “Yo… yo no podía darle a nada”. Pero dijo: “Ud. sabe que el Señor debe de amarme o Él no me lo hubiera dado”.

44 Eso es. El Señor lo ama o Él no le estaría dando estas cosas. ¿Qué no pueden reconocer que es Su misericordia aquí en América? Él les está dando lo mejor que hay en el cielo. ¿No pueden reconocerlo? Él no tiene que regresar y hacer las cosas que Él ha hecho. Él no tiene que hacer estas cosas, pero Él las hace porque los ama. Él no tenía que sanar a los enfermos. Él ni siquiera tenía que salvar su alma —Ud. simplemente se hubiera ido al tormento. Pero Él los ama a Uds., y Él dio Su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, sino tenga Vida Eterna.
Piensen en Su bondad mientras inclinamos nuestros rostros solo por un momento para orar. Si nuestra hermana nos puede dar un acorde en el órgano. Quiero darle las gracias, hermana, a Ud. y al Hermano Kidd, por su bondad durante esta semana, a los ujieres y a todos.
Oh, eso es dulce, esa vieja música de órgano… Mi alma raptada encontrará reposo más allá del río. En la cruz, en la cruz, será mi gloria por siempre.

45 Me pregunto en esta noche cuántos pecadores hay aquí, rápidamente, que reconocerán que Dios ha sido bueno con Uds. El otro día cuando casi tenían ese accidente, ese fue Él salvándolos. Se acuerdan cuando el bebé estaba enfermo, cuando la esposa estaba enferma, el doctor dijo: “Bueno, muchacho, yo no sé si ellos lo van a lograr o no”. Pero ellos se aliviaron. ¿Qué fue eso? Esa fue la bondad de Dios. El jefe tenía que despedir a alguien, pero no te despidió a ti. Esa fue la bondad de Dios. Él está tan cerca de Ud., es tan bueno con Ud. ¿No pueden reconocer que es Él?
Podrían rápidamente levantar la mano y decir: “Perdóname por ser tan dilatorio”. Dios le bendiga, jovencito. Dios les bendiga por acá, hijo. Dios le bendiga. Eso está bien. Oh, vaya, las manos. Los que saben que Dios ha sido bueno con Uds. Qué de algunos de Uds. miembros de iglesia que han sido tan fríos y formales en contra de Él. Y sin embargo han escuchado de las reuniones, Dios ha sido bueno con Uds. Uds. ni siquiera estarían sentados aquí esta noche, si Dios no hubiera sido bueno con Uds.
Aquí hay hombres sentados en sillas de ruedas. Ud. también estaría en una silla de ruedas, si Dios no hubiera sido tan bueno con Ud. Yo creo que Dios va a ser bueno con estos hombres en esta noche y los sacará de esas sillas de ruedas. Estos que están en muletas y lisiados, enfermos, afligidos, ciegos, con problemas cardíacos…

46 ¿Por qué no levantan la mano y dicen: “Dios ten misericordia de mí ahora mismo? Me doy cuenta que yo te he tratado mal. No me he parado…”. Dios le bendiga, jovencita, sentada allí, siga moviendo su mano. Dios le bendiga señora, y a la madre y al pequeño bebé. Dios le bendiga, señor, un hombre de mediana edad. Muy en la parte de atrás a la dama, al hombre joven a la izquierda, Dios sea con Ud. Arriba en los balcones a mi izquierda, allá arriba, Dios le bendiga. Eso es correcto. Todos allá arriba, Dios ten misericordioso. Por todos los lados, abajo en el segundo balcón a la izquierda, Dios le bendiga. Eso es bueno. Dios le bendiga, hombrecito. Dios le bendiga, señor. Dios le bendiga, dama. Muy bien. Dios le bendiga, el hombrecito que está allí atrás. En los balcones a la izquierda, en los balcones de arriba y de abajo, podrían levantar la mano… Dios le bendiga allá atrás, dama. Puedo verlo, hermano de color y hermana. Ahora, arriba allá en el balcón. Dios le bendiga, a la izquierda. Eso es bueno. En los balcones, arriba y abajo a mi derecha, podrían levantar la mano diciendo: “Dios ten misericordia. No me di cuent…” Dios le bendiga allá, hermano. Dios le bendiga allá arriba, jovencito. Dios le bendiga, sí, allá en la esquina, a esos adolescentes. Muy bien, por este lado Dios le bendiga, jovencita, a Ud., a Ud. hermana. A Ud. hermana, Dios le bendiga.

47 ¿Qué hacen cuando levantan la mano? Uds. aceptan a Cristo. Dios le bendiga, señor, el hombre que está en la parte de atrás con su mano levantada, con el cabello gris. Oh, vaya. Muy tranquilamente, solo oremos en verdad. Solo escudriñémonos a nosotros mismos por un minuto, mientras cantamos: “Jesús Mantenme Cerca De La Cruz”, hay una fuente preciosa. Muy quietamente ahora. Estén orando.
Jesús mantenme cerca de la cruz,
Hay (Mientras Él les habla, levanten su mano)
Preciosa fuente,
Gratuita para todos, (Eso es correcto) un corriente de sanidad,
Fluye del Monte Calvario.
En la cruz, en la cruz,
Sea mi gloria siempre;
Hasta que mi alma raptada encuentre,
Descanso más allá del río.

48 Señor Dios, los servicios se estarán terminando en unos cuantos momentos más. Ten misericordia ahora, Dios. ¿He hecho lo mejor que puedo? Si no ha sido así, perdóname, Oh, Dios. Lleva a cada alma perdida a la cruz ahora mismo. Concédelo, Señor. Que ellos se puedan lavar en Su bondad y en Su santidad ahora mismo. Perdona cada pecado en el edificio, Señor. Confesamos nuestros pecados. Hemos estado equivocados.
Oh, Dios eterno, antes que este himno se toqué en algún momento en un salón funerario, y que las madres estén llorando ante sus hijos, un padre ante una madre, y una madre ante un padre, y saber que nunca más volverán a encontrarse, que hoy lo puedan arreglar de una vez para siempre. Que ellos puedan encontrar la cruz ahora, al Cristo que ha sido crucificado, para abrir una fuente en la casa de David para limpieza del inmundo. Concédelo, Padre.
Descanso más allá del río.
En la cruz (¿podrían levantar ahora sus manos
A Él, Uds. que quieren encontrar
Ese descanso?) En la cruz, (eso es correcto.
Mantengan sus manos arriba) gloria…
(Dios les bendiga, los que están aquí enfrente).
Hasta que mi alma raptada encuentre,
Descanso más allá del río.
[El hermano Branham comienza a tararear].
.. .al cruzar observaré y esperaré,
Esperando, confiando siempre.
Ahora, Señor, este servicio es Tuyo. Salva a cada uno en lo profundo de su corazón. Que cada alma se dé cuenta de Cristo. Que no quede ni un solo pecador en el edificio, Señor, que todos sean salvos, que cada descarriado sea traído de nuevo ahora, mientras Tú estás parado con Tus alas sobre el edificio. Podemos sentir Tu presencia. Sabemos que Tú estás aquí. Te damos las gracias por su salvación. Que puedan quedarse dulces hasta el día que sean llamados al hogar. Que su… gloria en la cruz.
… gloria para siempre;
Hasta que mi (hasta entonces)
Mi alma raptada encuentre…

49 Con nuestros rostros inclinados ahora, ¿cuántos aceptan a Cristo en este momento, de manera renovada, en sus corazones? Levanten sus manos a Él ahora. “Hermano Branham, me he decidido. A partir de este momento y voy a servir a Cristo con el mejor de mi entendimiento. He sido tan perezoso y dilatorio. Ahora yo le voy a dar mi corazón a Cristo, mi vida. Todo lo que tengo le pertenece ahora a Él”. ¿Podrían consagrarse Uds. mismos levantando sus manos? Dios les bendiga. Dios les bendiga. Eso es muy bueno. Dios les bendiga. Eso es bueno.
Descanso más allá del río.

50 Ahora, Señor Dios, esto es todo Tuyo ahora. Ellos son los frutos del mensaje. Yo oro Dios que Tú los mantengas en perfecta paz cuyos corazones permanecen en Ti, porque prometiste hacerlo. Permite que vivan vidas largas y felices. Y en aquel gran día cuando el rapto acontezca, si yo nunca logro estrecharles la mano aquí en la tierra, que pueda verlos en ese rapto mientras nos encontramos uno con el otro, antes de subir a encontrarnos con el Señor en el aire. Concédelo, Señor, que puedan mantenerse bajo Tu poder. Y ellos son regalos para el Hijo del Padre. Ningún hombre puede arrebatarlos de Su mano. Los encomendamos a Ti en el Nombre de Jesús. Amén.

51 Cantemos “Mi Fe Espera En Ti”, ahora mismo. Todos juntos, solo para la gloria de Dios. Por alguna razón no me gusta despedirme.
Mi fe espera en Ti,
Cordero, quien por mí fuiste a la cruz…
(Este es el momento para adorar.
Solo adórenle a Él)
Salvador Divino,
Escucha mi oración,
Dame Tu bendición,
¡Llene mi corazón
Tú santa Luz!
¿No aman simplemente adorar? Los mensajes algunas veces son muy cortantes con la Palabra. Pero luego, Uds. saben, después que hemos sido corregidos nos paramos sin culpabilidad en la presencia del Padre, descansando en la gracia del Señor Jesús, yo solamente amo el levantar mis manos y alabarle. ¿No les gusta hacer eso? ¿Cuántos creen en eso? Levanten sus manos. Oh, vaya, solamente adórenle a Él en el himno.

52 Ahora es tiempo para la línea de oración. Ahora la gran expectativa da inicio. Confío que Uds. creerán. El Hermano Vayle ha puesto el fundamento, quizá, desde antes que yo llegara, diciéndoles lo que debían esperar: Jesucristo es el mismo de ayer, hoy, y por los siglos. Piensen en Aquel que adoramos. Ahora, vemos que Él está aquí. Él perdonó nuestros pecados. Él es dulce y bondadoso con nosotros. Ahora, permitámosle que aparezca en Ud. y en mí, y que obre Sus obras como Él lo prometió.
Quiero que cada uno de Uds., cada persona en el edificio… Ahora, solo repartimos como cien tarjetas. No puedo llamarlas a todas. Y sé que hay tal cosa como la imposición de manos sobre los enfermos. Yo creo eso. Pero tómenme nota en esto. Esa es una tradición judía. Eso no estuvo en la iglesia gentil. Los judíos dijeron: “Ven, pon Tus manos sobre la niña; ella vivirá”.
El gentil dijo: “No soy digno de que entres Tú debajo de mi techado; solo di la palabra”. Allí lo tienen. Ahora, nosotros somos gentiles, y nuestros días se están acabando. Y el mismo Jesús que estuvo allá, mostrando el tipo de señales que Él era el Mesías, en donde los judíos lo reconocieron, Él nunca lo hizo en la edad gentil; ahora aquí está Él en la edad gentil, al final de la edad gentil, haciendo la misma cosa para los gentiles como Él lo hizo con los judíos.
“Habla la palabra, Señor, y yo sanaré”. “Habla la palabra, y mi hermano vivirá, mi hermana, mi esposa, mi hija, mi bebé, mi padre, mi madre. Ellos vivirán, solo habla la palabra”. Vean si Él lo hará.

53 Solo para subir a unas cuantas personas aquí arriba. Ahora por favor, solo denos unos quince o veinte minutos de su tiempo.
Entonces podrán ver, que mi ministerio no es como el del Hermano Robert y muchos de ellos. El Hermano Roberts es un maravilloso hombre de Dios. Su ministerio es imponer las manos sobre los enfermos. Él hace una línea con cuatrocientos o quinientos de Uds., y los pasa por allí diciendo… poniendo manos sobre Uds., poniendo manos sobre Uds. Ese es su ministerio. Alguien dijo: “Hermano Branham, pues, el Hermano Roberts ora por cientos antes que Ud. ore por tres”. Eso es correcto. Eso es bueno. Pero mire, el Hermano Roberts hace lo que Dios le dice que haga; yo tengo que hacer lo que Dios me dice que haga, ¿ven? Así que esa es la diferencia. Ahora, ambos somos siervos de Cristo, para servirles en la capacidad que Dios nos ha ungido para hacerlo.
Ahora, Uds. en la audiencia, muchos de Uds. no serán llamados en la línea de oración, porque yo no puedo llamarlos a todos. No tengo forma de saber quién va a estar en la plataforma. Los muchachos vienen, revuelven las tarjetas y se las reparten a Uds. cada noche. Yo llego y digo: “Denme tal tarjeta que estaré llamando en la línea”. El muchacho no lo puede hacer. Él no sabe de dónde va a empezar la línea. En primer lugar, sus tarjetas están todas revueltas.

54 ¿Cuántos han estado aquí y han visto como se reparten las tarjetas de oración? Veamos sus manos. ¿Ven? Revuelven las tarjetas justo enfrente de Uds., y las van repartiendo, a uno, a dos, a los que quieran. Si esa es la manera en la que se hace, digan: “Amén”. [La congregación dice: “Amén”.] Entonces no sabemos quién es el que pasará. Y luego yo vengo y todavía no lo sé. Solo digo: “Bueno, solo voy a empezar de algún lado”. Y entonces los subimos para acá. Y cualesquiera que estén aquí arriba. Después el Espíritu Santo comienza a moverse, y la gente se acomoda…
Normalmente hay un grupo nuevo cada noche. ¿Cuántos de Uds. están aquí por primera vez? Veamos sus manos. Por todo el edificio, ¿es su primera vez? Miren, la mitad del edificio. Cada noche es de esa manera.

55 Miren, cuando el Espíritu Santo comienza a moverse, entonces la gente puede tocarlo a Él. ¿Cuántos creen que Él es el Sumo Sacerdote, ahora mismo, que puede compadecerse de nuestras debilidades? Bueno, si Él es el mismo Sumo Sacerdote, Él tendrá que actuar de la misma manera. Ahora, recuerden esto; tómenme nota en esto, que cuando una situación surge… No olviden esto ahora, Uds. hermanos ministros. Cuando surge una situación, y Dios actúa en esa situación, la manera en la que Él actuó la primera vez, debe de actuar igual cada vez que la misma situación vuelve a surgir, o Él actuó mal cuando actuó la primera vez. ¿Cuántos entienden eso? Diga: “Amén”. [La congregación dice: “Amén”.] ¿Ven? ¿Ven?
Nosotros vamos aprendiendo más a medida que crecemos. Nuestras generaciones se tornan más listas, como dice la Biblia. Pero Dios no se vuelve más inteligente. Él es infinito para comenzar, y nosotros somos finitos. Así que Él es perfecto para comenzar. Él no es más inteligente de lo que siempre ha sido. Él no puede volverse más inteligente, porque Él es la fuente de la inteligencia.
Así que cuando Él actuó y levantó la serpiente de bronce como expiación para la enfermedad, Él tiene que hacer lo mismo hoy, y lo ha hecho: Jesucristo, Su Hijo. La serpiente de bronce no oró por nadie; tampoco impuso las manos sobre nadie. Pero ellos miraron y vivieron. Eso es lo que Ud. hace esta noche: mirar y vivir. Su presencia está aquí.

56 Llamemos a unas cuantas personas. Ahora, tengan listas sus tarjetas de oración. ¿Cuál…? Vean… Él me dijo, pero se me olvidó cuál era… “C”. La tarjeta de oración C, como en “Cristo”. La tarjeta de oración C. ¿Y comenzaremos por dónde? Comencemos con la número 1. ¿Quién tiene la tarjeta C número 1? La señora allá atrás. ¿La número 2? Párese rápidamente. Si alguien puede ayudarme aquí, por favor. La C número 1, número dos. ¿Quién la tiene? El caballero que viene del balcón. ¿Número 3? C número 3, ¿podrían levantar su mano si pueden? Miren a su vecino. Alguien, el Hermano Sullivan, observe a los que están en las camillas… o en las sillas de ruedas allí. Muy bien, tenemos las tarjetas de oración 1 y 2, pero no la 3.
[Espacio en blanco en la cinta. Ed.]

57 Dios se lo conceda. Muy bien ahora, mientras están esperando que vengan… veo a dos hombres más que están viniendo, tal vez sea alguien que va entrando, que haya salido a los cuartos o algo. Creo que ya estamos casi… ¿En qué número te detuviste, en el 15? Vea qué tantos puede formar allí de todas maneras.
Muy bien, ¿cuántos creen que el Señor Jesús sigue siendo el mismo de ayer, hoy y por los siglos? Él está aquí mismo. La única diferencia en Él, es que no tiene un cuerpo corporal.
¿Y cuántos creen que Él dijo: “Yo soy la Vid, vosotros los pámpanos?”. Ahora, la vid no es la que produce el fruto; los pámpanos llevan el fruto. Y las únicas manos que Él tiene esta noche son las manos nuestras. Los únicos ojos que Él tiene son nuestros ojos. Y Él está aquí en la forma de la Columna de Fuego, el Cristo resucitado. ¿Cuántos creen que es así? Digan “Amén” [La congregación dice: “Amén”.] Eso es lo que la Escritura dice. El mismo Señor Jesús, el mismo de ayer, hoy, y por los siglos.
¿Cómo dice? Mi hijo dice que ya aparecieron todas las tarjetas de oración, ¿con excepción de cuál? La tres y la cinco. Las tarjetas de oración tres y cinco. ¿Allá en la parte de muy atrás? Veo a un grupo de gente allá atrás con… Ellos llegan un poco tarde y después dicen: “Bueno, nombraron mi tarjeta y nadie me dijo”. Volteen a ver las tarjetas de alrededor, y estarán bien. Correcto.

58 Eso es bueno, hermana. Está bien, miren alrededor. Eso es bueno. Muy bien. Ahora, aquietémonos solo por un momento ahora, y oren. Muy bien, muy reverentes. Ahora, ¿se dan cuenta en qué posición me encuentro? Si alguien desea tomar mi lugar, yo me bajaré de la plataforma. Yo estaré gustoso de cedérselo a cualquier hermano que quiera venir, y que crea que no es real, y que pueda hacer lo mismo. Venga.
Es un don. Es un don enviado de Dios. ¿Para hacer qué? Para hacer que la gente vea que Cristo es el mismo de ayer, hoy y por los siglos. Ahora, no se requiere de muchas personas. Con una persona debería ser suficiente. ¿Cuántos creen que con una, que esté firmemente probada…? Cuando Moisés descendió a Egipto, él efectuó esa señal una vez frente a Israel, y ellos salieron marchando junto con él. Uds. saben que eso es cierto. Cada vez que él se encontraba con un israelita, él decía: “Mira, observa mi mano. Con lepra y luego sanada”. No, no, él solamente lo hizo una vez y eso fue suficiente. Todos ellos le creyeron. Pero Dios es un Dios bueno.

59 Ahora, aquí está parada una señora que no conozco. La mujer, hasta donde yo sé, es absolutamente… Simplemente yo no la conozco. Somos desconocidos, me imagino. ¿Es eso correcto, señora? Ella ha estado en otro lugar en una de las reuniones, pero ella dice que no me conoce y yo no la conozco a ella.
Solo ha estado en una reunión como… Alguien viene y dice: “Yo he estado en esta ciudad”. Y nosotros hemos estado en Nueva York, y Ud. se sentó arriba en el balcón o en algún lugar. ¿Cómo podría yo saber quién era Ud.? Y aparte, si yo más o menos lo conociera, Dios revela los secretos que nadie más conoce sino Ud. y Él.

60 Ahora, si yo le digo a la señora… Ella pudiera ser una desconocida. Pudiera ser una atea. Pudiera ser un crítico. Si lo es, observen lo que pasa.

61 ¿Cuántos estuvieron en la reunión de Windsor para ver aquel crítico, aquel predicador? Lo sacaron paralizado, y él todavía está paralizado. Vino a la plataforma, creyó que era algún tipo de psicología, y escribió en su tarjeta que era tal y tal y tal. Subió a la plataforma, el Espíritu Santo dijo: “Ud. está mintiendo. Ud. escribió en su tarjeta de oración una cierta cosa. Ud. escribió tuberculosis y todas estas cosas allí. Ahora, por cuánto Ud. lo ha hecho… Ud. es de cierta iglesia denominacional”. Se le dijo quién era, y yo dije: “Anoche Ud. se sentó con su esposa, y con ese hombre de corbata roja, se sentó con Ud. a la mesa con una cosa verde sobre la mesa”. Y yo dije: “Ahora, lo que Ud. escribió en su tarjeta, ahora lo tiene”. Y este hombre corrió allí en el lugar, así que yo…
Dijo: “Dios ten misericordia, Hermano Branham, eso es la verdad”. Ellos los sacaron paralizado, y todavía está paralizado.

62 Yo los he visto recibir todo tipo de enfermedades. ¿Cuántos saben que eso es la Escritura? ¿Cuántos saben que unos vagabundos en una ocasión salieron y pensaron que podían echar fuera demonios? ¿Se acuerdan de eso? El espíritu maligno vino sobre ellos. Ciertamente. ¿Cuántos saben de la lepra que salió de Naamán? Sale de uno y entra en otro.
Ahora, si el Señor Dios… Aquí está un hombre y una mujer, es la primera vez que nos encontramos en la vida. Ahora, si la mujer está enferma, y yo la puedo sanar y no lo hago, sería un hipócrita. Pero yo no la pudiera sanar si está enferma. Pero si Jesús estuviera parado aquí, yo sería cuidadoso, escuchen, si Jesús estuviera parado aquí, Él no la pudiera sanar, porque Él ya lo hizo. Él la redimió de su enfermedad, la redimió de sus pecados cuando Él murió en el Calvario. Y si Ud. está redimido, eso lo concluye. ¿Cuántos saben eso? Se requerirá de su fe personal en Él. Eso es correcto.

63 Ahora, hermana, si el Señor provee y me dice algo que Ud. sabe si es verdad o no, Ud. dará testimonio de eso. Y si Él hace eso, y Ud. sabe que yo no la conozco, entonces, igual como Él hizo con la mujer junto al pozo, y demás, ¿lo creerá Ud. con todo su corazón? ¿Cuántos en la audiencia le prometen a Dios que creerán, si el Señor concede eso? ¿Podrían levantar sus manos y decir: “Le prometo a Dios que voy a creer?”. Aquí están mis manos y las manos de la mujer también, que nunca antes nos hemos conocido.
Ahora, Uds. que están allá sin tarjetas de oración, sigan mirando para acá y orando. Ud. está muy nerviosa. Es por la audiencia. Y no solo eso, pero para comenzar usted es nerviosa. Es su hechura. Y por causa de ese nerviosismo, Ud. tiene algún tipo de problema, un problema interno, él cuál se encuentra en los intestinos. Eso es correcto. Y luego, está toda nerviosa de algo, preocupada de alguien más que no está aquí. Si el Señor Dios me revela qué es lo que tiene esa persona, ¿creerá usted? Es su hijo. El solo es un niño, un muchachito de unos doce años de edad. Y él tiene un problema cardíaco, puesto que veo a un doctor sosteniendo un estetoscopio encima de su corazón. Y están llevando a cabo una reunión, y los doctores quieren operar ese corazón. [La señora dice: “Eso es correcto. Yo tengo miedo”.] Y Ud. tiene miedo al respecto.
Y Ud. es… Ud. no viene de esta ciudad. Ud. es de una ciudad donde hay un parque grande y alguna clase de, como de carreras o algo que se corre allí. Y hay un gran parque, donde Ud. vive. Es en Connersville, Indiana. Eso es correcto. “ASI DICE EL SEÑOR”. ¿Lo cree con todo su corazón? Entonces vaya y encuéntrelo así. Será así como ha creído. Jesucristo se lo concede en el Nombre del Señor Jesús.

64 Dios es bueno. ¿Lo creen ahora? Ahora, debería ser suficiente, debería ser suficiente. Ahora, solo tengan fe. No duden. Allá en la audiencia, crean. La Biblia dice: “Si puedes creer…”.
Somos desconocidos uno del otro, creo, señor. Me imagino que nunca nos hemos encontrado, ¿es así? Hace años. Yo no lo conozco, en otras palabras. Ahora, aquí está un hombre. ¿Vieron la escena de la mujer junto al pozo? Aquí está la escena de cuando Felipe se fue a buscar a Natanael, y que lo trajo. Yo no tengo idea de la razón por la que ese hombre está parado aquí, no lo sé.

65 Hermano Neville, hay una dama sentada detrás de Ud. que está orando. Cuando yo dije eso, había una Luz suspendida sobre ella, y tan pronto dije eso, la Luz cayó sobre ella. Ella se acaba de dar cuenta, que algo ha sucedido. Un sentir muy real, dulce, humilde ha envuelto a la mujer. Si eso es correcto, levante la mano, señora. ¿Soy un desconocido para usted? Mueva la mano. Si Dios me revela por lo que estaba usted orando, ¿lo recibirá? Ud. estaba orando por su hijo. Su hijo tiene un problema cardíaco. Y tiene una sombra negra sobre él, es muerte. No, discúlpeme, señora, él es un pecador. Esa sombra negra, Ud. está orando por la salvación de su alma. Eso es lo que es la sombra negra. Levante la mano si es verdad. ¡Aleluya! Yo reto su fe en Dios. Pregúntenle a la mujer. ¿Qué fue lo que ella tocó? Nada. ¿Qué lo ocasionó? ¿Fue acaso ese fiel pastor sentado allí orando? No lo creo. Fue la fe de ella que hizo eso. Solo crean.

66 Ud. se percata que algo está sucediendo, señor. Ud. no es de esta ciudad. Ud. está en una ciudad que tiene un gran lago cerca. Y tienen un estadio de beisbol. A mi ver es Cleveland, Ohio. De allí es Ud. Y lo veo en un púlpito. Ud. es un predicador. Eso es exactamente correcto
Pero Ud. no está parado aquí por usted, es por alguien más. Es una mujer. Y ella está en otra ciudad, y esa ciudad es una ciudad pequeña, y hay muchos pinos creciendo alrededor. Y hay un… Está en una especie de colina, y su principal palacio de justicia, parece ser en Kentucky… o, es en Tennessee. Es Cleveland, Tennessee. “ASÍ DICE EL SEÑOR”. Exactamente correcto.
Y su suegra tiene eczema. Es una condición nerviosa que la tiene destrozada. Ella tiene muchas complicaciones. Y Ud. está aquí en su lugar. ¿Lo cree? Ese pañuelo que Ud. tiene en el bolsillo cerca de su corazón, envíeselo a ella. No dude. Ella se pondrá bien. Dios le bendiga.
Digamos: “Gracias sean dadas al Dios vivo”. Solo tengan fe. No duden.

67 Soy un desconocido para Ud. señora. ¿Cree que el Señor Dios concederá estas cosas? Ud. está aquí por alguien más. Y ese alguien, es alguien que jugaba con Ud. cuando estaba niña, como su hermano. Y ese hombre está lisiado. No se ha caído. Tampoco se paralizó por parálisis, pero fue una enfermedad de la sangre que lo dejó lisiado. Y Ud. está parada aquí por él. ¿Cree Ud. que él se pondrá bien? Entonces tendrá aquello que ha creído. Vaya, y Dios se lo conceda en el Nombre del Señor Jesús.
Soy un desconocido para Ud. señora. Ud. está parada aquí por alguien más. Y esa dama está en un hospital, y muy enferma, con cáncer. Y los doctores ya no pueden hacer más. Y Ud. necesita oración, también, porque tiene un corazón cargado. Pero Dios conoce los secretos del corazón. ¿Cree Ud. que Él puede decirme a qué se debe su carga? Es porque Ud. quiere un bebé. Y veo dos sombras negras. Ud. ha tenido dos abortos en su tiempo. Eso es correcto.
Y ahora un Espíritu… ¿No pueden ver eso moviéndose de esta mujer a aquella mujer anciana sentada allá? Miren, aquella mujer anciana sentada en la esquina. Ella está sufriendo con un problema en la espina dorsal. Y la razón por la que está yendo de una a otra… Uds. son de un lugar llamado Richmond, Richmond, Indiana. Vaya a casa y encuentre así. Y, señora, la señora anciana en la esquina, de Richmond, Indiana, con el problema en la espina dorsal, Ud. batalló mucho para llegar aquí, ¿verdad que sí? Muy bien, puede regresar a casa y estar bien ahora. Jesucristo las ha sanado a ambas. Pueden seguir su camino y regocíjense, y sean sanadas, no tengo ni idea de quién sea usted.

68 Solo un momento. La dama que movió su abrigo alrededor de ella justo entonces, sentada aquí mismo. No, es la siguiente damita a un lado de Ud. con un problema cardiaco. Muy bien, hermana, puede irse ahora a casa. Bendita sea su pequeña alma. Su fe la ha sanado. Siga su camino y regocíjese, y esté alegre en el Señor Dios.
Señor, ¿cree que Dios sanará ese problema de próstata? Ha estado sentado allí creyendo por mucho rato, ¿no es así? ¿Soy un desconocido para Ud.? Muy bien, todo ha terminado ahora. Siga su camino.
La damita que hace un rato se puso la mano en la boca, que tiene ese problema arterial, sentada allá. Si puede creer con todo el corazón puede irse a casa y ser sanada.

69 ¿Están creyendo? Solo confíen en Dios y dense cuenta de lo que Él hace.
Ud. está aquí por alguien más. ¿Cree que Dios puede decirme quién es esa persona? Si lo hace, ¿lo recibirá? Es su hermana. Ella está en el hospital. Y ha sido sometida a una operación en sus glándulas femeninas. Eso es “ASÍ DICE EL SEÑOR”. Ud. también quiere oración. Es por su pie y por su estómago. Ud. tiene un estómago nervioso, que la mantiene enferma. ¿Cree eso de todo corazón, que Dios la va a sanar? Entonces vaya y recíbalo.
Yo reto su fe. ¿Cuántos lo creen? Levanten sus manos y digan: “Yo lo creo”.

70 Espere un momento. ¿Qué de Ud. en la silla de ruedas? ¿Qué está haciendo con un traje gris, mirándome y sentado en esa silla de ruedas? ¿Me cree que soy el siervo de Dios? ¿Todos Uds. me obedecerán como Su siervo? Levántese de esa silla de ruedas, tome su silla de ruedas, y váyase a casa. No lo dude. Levántese y tome su silla de ruedas, empújela mientras sale y vaya a casa.
¿Lo creen? ¿El resto de Uds. puede creer? Pónganse de pie. Pónganse de pie, cada uno de Uds., y sean sanados, cada uno de Uds., en el Nombre del Señor Jesús. Recíbanle a Él. Levanten las manos. Denle a Él la alabanza. Cada uno de Uds. está sanado. Créanlo ahora mismo.
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