S.587 58-0610  El Poderoso Conquistador 

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OBRAS DEL MENSAJE

El Poderoso Conquistador

Dallas, Texas, E.U.A.

58-0610

1 Gracias. Es un gran privilegio estar de nuevamente aquí esta noche bajo esta gran carpa para ministrar de nuevo en el nombre del Señor.
Ahora, justo antes de que leamos Su Palabra, hablemos con Él en oración. Inclinemos nuestros rostros.
Dios Eterno, quien trajo nuevamente al Señor Jesús de entre los muertos, oramos que Tú nos perdones nuestras muchas transgresiones contra Ti, y que un gran derramamiento Tu Espíritu venga a nosotros en esta noche. Y que el pecador pueda abrirse camino llorando en esta noche, y que los enfermos sean sanos, y que grandes señales del Dios viviente sean hechas esta noche bajo esta carpa, Dios. Concédelo.
Esta es Tú Palabra, la cual nos estamos preparando para leer, y nadie puede interpretarla solo el Espíritu Santo. Y oramos que Él nos dé el contexto de la Palabra. concédelo, Señor. Lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amen.

2 Yo simplemente amo la Palabra de Dios. A mí me gusta leerla. Hay algo respecto a ella que sencillamente es tan conmovedor el saber que uno está leyendo algo que es eterno. Y la Palabra de Dios es simplemente tan eterna como Él es eterno. Cualquier hombre… ningún hombre vale más que su palabra. Si yo no pudiera confiar en la palabra de usted, entonces no podemos tener tratos; y si usted no pudiera confiar en mi palabra, usted no pudiera confiar en mí. Y si nosotros podemos tomar la Palabra de Dios, podemos confiar que lo que Él dijo es verdad. Y si no la podemos tomar, entonces es hora de que vayamos y oremos hasta que Dios nos la revele a nosotros, de que esa es Su Palabra. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.”

3 Ahora, en esta noche vamos a leer del libro de Apocalipsis, del capítulo sexto y el segundo versículo:
Y miré, y he aquí un caballo blanco: y el que estaba sentado encima de él tenía un arco; y le fue dada una corona: y salió victorioso, para que también venciese.
Me gustaría, si se pudiera nombrar de esta manera, el tomar estas cuantas palabras y titular las “El Poderoso Conquistador.”

4 Hace algún tiempo tuve el privilegio de pararme en Lisbon, Portugal, y fui a la antigua galera donde solían tener esclavos y prisioneros de guerra. Y ahí había una… Una foto había sido grabada en un metal, y era de un hombre, un gran guerrero. Él era un héroe, porque él había tomado esta gran ciudad. Y luego justo delante de él había un… Él era un Turco. Y justo delante de él había otro hombre que había dado su vida en esa pared, otro héroe, un conquistador, quien… él dio su vida como un héroe: mientras él derribó las paredes de la ciudad y se la quitó a los Turcos, y los Españoles la tomaron.
Y el mundo ha estado lleno de héroes, y conquistadores, y así. Y en esta noche yo estoy pensando en Constantino. Mientras el gran poderoso guerrero estaba en camino a Roma, él estaba un poco turbado de ir allá… Una noche, mientras él estaba dormido, él tuvo un sueño en el que miraba una cruz blanca delante de él. Y una voz le habló y le dijo, “Por esto, tú conquistarás.” Y él despertó a todos sus hombres en medio de la noche, y les hizo que pintaran una cruz blanca en sus escudos. Y por medio de eso, ellos iban a vencer.

5 Y verdaderamente, si hay algo que se tiene que conquistar, tendrá que ser conquistado por la cruz. Esa es la única manera que hay para poder vencer, es a través de la cruz.
Y sabemos que Constantino era un gran hombre, pero luego también pensamos sobre lo que pasó hace tres años. Yo estaba en camino de regreso de Alemania, donde el Señor nos había dado una gran reunión, y nos detuvimos en Brussels. Y no estábamos muy lejos de ahí a Waterloo. Y ellos nos estaban contando sobre algunas estatuas y cosas así que tenían como reliquias de la gran batalla de Waterloo, hace muchos, muchos cientos de años, donde el gran Napoleón fue derrotado.
Y Napoleón, a quien todos conocemos por ser un gran hombre, pero… Él comenzó por un buen camino cuando él era un joven, y a la edad de treinta y tres años él había conquistado el mundo. Después de que él había derrotado a todas las naciones del mundo, se sentó y lloró, porque ya no había nadie más a quien derrotar. Y él murió a una temprana edad, un alcohólico. Cuando él comenzó, él era un prohibicionista; pero cuando él murió, él era un alcohólico. ¡Y era muy temido por el mundo!

6 Yo estaba leyendo un pequeño libro ahí en el aeropuerto que decía que las mujeres, en la noche, cuando iban a acostar a los niños en la cama, muchas madres decían, “Si no te duermes, el monstruo del pantano va a venir por ti,” pues, ellas asustaban más a sus bebés al decirles que Napoleón iba a venir por ellos—porque él era un asesino. Los ojos de los pequeñitos se ponían brillosos y se metían rápidamente debajo de las sobrecamas, porque ellos pensaban que el gran Napoleon iba atraparlos. Pero él fue derrotado, porque él nunca siguió bien las reglas del juego.
Y solo recuerden esto, esa es una buena lección para la iglesia del Dios viviente. Si no jugamos el juego de acuerdo a las reglas, al final seremos descalificados. Usted tiene que seguir las reglas del juego para poder ganar.
Y si las reglas del juego en este lugar son “el hombre debe de nacer de nuevo para poder entrar al compañerismo de Cristo y Su iglesia,” y nosotros podríamos ser la denominación más grande sobre la tierra; pero si no hemos jugado de acuerdo a las reglas del juego, al final seremos descalificados. Tenemos que enderezarnos y seguir las reglas de Dios. No son nuestras reglas; son Sus reglas las que debemos cumplir. Estamos corriendo la carrera de acuerdo a Sus reglas, y tenemos que cumplir con ellas.

7 Vean, Napoleón, después de haber sido un gran guerrero y un gran conquistador, él conquistó a la gente por medio del miedo; y eso no es de acuerdo a las reglas del juego. La regla del juego es “conquistar por medio del amor.” No hay ninguna otra fuerza en todo el mundo que sea tan grande como el amor. Y estoy casi seguro que nosotros, como personas, hemos puesto demasiado énfasis en otras reglas que (no quiero ser grosero) pero a veces son reglas que nosotros mismos hemos creado; y ponemos tanto énfasis en esas reglas, sólo para encontrar que hemos sido descalificados.

8 ¿Qué si Martin Lutero hubiese seguido las reglas del juego? Nunca hubiera habido una Iglesia Metodista. ¿Que si los metodistas hubiesen seguido las reglas del juego? Nunca hubiera habido una iglesia Pentecostal.
Pero fallamos en seguir las reglas del juego, Dios nos descalificará y levantará de estas piedras hijos a Abraham. Dios quiere que se juegue bien, y nosotros debemos de hacerlo bien. Así que no importa cuánto nosotros sintamos que estamos progresando, es hasta que regresemos a las reglas del juego.

9 Esta tarde estuve hablando con algunos Nativos, Indios Hopi, quienes vinieron desde Arizona para estar en la reunión. Y anoche algunos de los hombres jóvenes estuvieron acá en el altar, dando su corazón a Cristo. Y un misionero había venido con ellos, y yo dije… él dijo, “Hermano Branham, me gustaría mucho que usted le pidiera a Dios que Él aumentara mi trabajo con los Nativos.”
Yo dije, “Yo también siento algo por ellos, señor.” Pero le dije, “Si Dios le ha dado un talento, quédese con ese talento. Y no importa que es lo que usted trate de hacer, si ese talento no está operando—sin importar cuán grande sea—si no está operando de acuerdo a las reglas, usted será descalificado de la carrera.”

10 Y la fuerza más fuerte que yo conozco es el amor. “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese toda la fe, de tal manera que traslade montes, y no tengo amor, nada soy.”
Asi que, si vamos a jugar, como lo podríamos llamar, a este juego, si vamos a ganar, tenemos que regresar a los principios de la victoria. Le damos a Dios la alabanza, por todas estas grandes señales y maravillas que hemos visto. Pero si estas cosas no están fundamentadas sobre el amor cristiano y piadoso y respeto a Dios y Su pueblo, va a fallar. Tiene que fallar (¿ven?) porque no tiene fundamento. Y en esta gran, yo…

11 Hace algún tiempo, estuve parado en Westminster Abbey en London, Inglaterra, y mire el poema que se escribió “El Salmo de Vida,” por Longfellow, y pensé en su poema:
No me digas lamentándote,
¡La vida no es más que un sueño vano!
(Solo comer, beber y gozar.)
Puesto que muerta está el alma que dormita
Y las cosas no son lo que parecen.
¡La vida es real!, ¡la vida es grave!
Y la tumba no es su meta.
Polvo eres y en polvo te convertirás,
No se refería al alma.
Las vidas de los grandes hombres nos recuerdan
Que podemos sublimar las nuestras,
Y al partir tras de sí dejan
Sus huellas en las arenas del tiempo.
Huellas por las que quizás otro que navegue
Por el solemne océano de la vida,
Un hermano náufrago desolado,
Al verlas, vuelva a recobrar la esperanza.
En pie y manos a la obra,
Con ánimo para afrontar cualquier destino;
¡No seas como buey mudo aguijado!
Sino héroe………….

12 Eso es lo que cada individuo en la iglesia debiera procurar en su corazón, el hacer lo mejor que puedan para el reino de Dios. ¿Y cómo servimos a Dios? Cuando ustedes sirven los unos a los otros. Cuando usted toma su parte, como se podría decir. Y los hombres que alguna vez llegaron a ser algo grande en el mundo, han sido hombres que se han humillado, y no se han exaltado. Ellos se hicieron a sí mismos pequeños para poder cumplir un propósito.
En esta noche, estuve pensando, mientras miraba sobre la audiencia de hombres, de los hombres y mujeres que casi son de mi edad, de un héroe sobre el cual solíamos leer en nuestros libros, quien fue rápidamente olvidado: y ese hombre fue Arnold Von Winkelried de Suiza. Pues, allá en las montañas suizas, usted pudiera mencionar su nombre hoy, y la expresión en el rostro de las personas cambiará, y las lágrimas les correrán por las mejillas.

13 Todos estamos familiarizados con la historia de los finlandeses, no de los finlandeses, perdónenme, sino de la gente de Sueca, ellos solo eran un grupo de Alemanes que se fueron a las montañas a vivir en paz y para no tener guerra. Y ellos aún no son gente de guerra.
Pero un día, cuando su pequeño país fue atacado por un ejército, todos los hombres finlandeses se reunieron en el valle de la montaña abajo… Ellos estaban ahí para defender sus hogares, y sus niños, y todo lo que ellos amaban en esta vida. Ellos fueron para defender lo. Y cuando se encontraron a sí mismos en un pequeño grupo allá en el campo, y vieron: que hacia ellos venía un gran ejército marchando como una muralla de ladrillo, todo hombre entrenado con la lanza, y unos con escudos y cascos y gran armadura puesta, tan entrenados y marchando tan perfectamente al punto que ni un solo hombre estaba fuera de línea, parecía como que, era una línea sin fin. Y ahí estaban ellos parados, parados a lo justo como un grupo, todos parados contra la pared, con hojas de hoces y piedras y palos en sus manos para pelear. ¿Qué podía hacer ese pequeño ejército contra semejante ataque violento como aquél, con cada enemigo de ellos entrenados a más no poder? Pues, ellos estaban indefensos. No había nada que ellos pudieran hacer.

14 Pero finalmente, un joven, de unos treinta y tres años, se puso al frente; y dijo, “Caballeros de Suecia, este día daré mi vida por Suecia.”
Ellos dijeron, “Arnold Von Winkelried, ¿qué puedes hacer tu contra semejante ejército que viene a nuestra contra?”
Él dijo, “Más allá de la montaña, yo le di un beso de despedida a mi esposa y a mis tres hijos. Y allá hay una casita blanca, y ellos están parados a la puerta esperando que yo regrese a casa.” Pero, dijo, “Nunca los volveré a ver en esta .. en esta tierra, porque hoy yo entrego mi vida por Suecia y sus derechos.”
Ellos dijeron, “¿Qué hará Sr. Arnold Von Winkelried?”
Él dijo, “Ustedes solo síganme; y con lo que tengan para pelear, peleen con todo lo que haya en ustedes.”
Y ellos dijeron, “¿Qué vas a hacer?”
Y él dejó caer lo que tenía en su mano. Él vio a ese gran ejército que venía, y los miro a todos, hasta que encontró el lugar en donde estaban más gruesas las lanzas. Y la historia dice que, él levantó sus manos y corrió hacia el medio de aquellas lanzas, gritando, “¡Abran paso a la libertad!” Y volvió a gritar, “¡Abran paso a la libertad!” Y él corrió hacia esas… hacia donde había cientos de lanzas para detenerlo; y él abrió sus brazos y agarró todas las lanzas que pudo en sus brazos y las hundió en su pecho. Que despliegue de heroísmo, eso motivó al ejército. Y esos hombrecitos suizos con palos y piedras y hojas de hoces sacaron a aquel ejército de su territorio, y desde entonces ellos no han tenido guerra.

15 Esa clase de heroísmo rara vez a se ha podido comparar, y nunca ha sido rebasada. Y Suecia, hoy día, lo recuerda. Arnold Von Winkelried. Cientos y cientos de años sin guerra. Eso fue un gran acto heroico.
Pero oh, hermano, hermana, eso solo fue una cosa pequeña, comparado a cuando la raza de Adán estaba entre la espalda y la pared. Ellos habían tenido profetas, ellos habían tenido leyes; y ellos habían matado a los profetas, y destruido sus leyes. Y la raza de Adán estaba acorralada, desamparada y sin esperanza en contra del enemigo que estaba viniendo contra ellos, el diablo y todas sus huestes. Espíritus bien entrenados, los mortales de ninguna manera eran rivales para ellos. ¿Y qué podían hacer ellos? Ellos estaban desamparados.
Pero hubo Uno que salió de la gloria del seno del Padre, y Él dijo, “Yo descenderé en este día y daré Mi vida por la raza caída de Adán.”

16 Y cuando Él estuvo aquí en la tierra, Él encontró el lugar más oscuro de lanzas que conquistaban al hombre, ese lugar era la muerte. Y Él tomó una brazada de ellas en el Calvario y se lanzó a si mismo a su muerte, y dejo la comisión a Su iglesia (el grupito harapiento, sin educación, de pescadores sin letras). Él nunca los dejo a que pelearán con solo palos y piedras; ¡sino que en el día de Pentecostés Él puso la mejor arma que jamás haya habido en las manos de la iglesia! Y Él dijo, “¡Síganme! Y peleen con todo lo que hay en ustedes.”
Él abrió el camino. Él era el poderoso conquistador. Él no conquistó para Sí mismo y para Su propia gloria, sino que Él conquistó por el bien de la raza caída de Adán. Nunca ha habido un conquistador semejante.

17 Napoleón siendo un maniático borracho fue derrotado a la edad de treinta y tres; pero a la edad de treinta y tres, Cristo, quien jugó bien el juego, había conquistado la muerte, el infierno, las enfermedades, y la tumba. Nunca hubo un conquistador como Él y nunca lo habrá.
Damas y caballeros, y mis hermanos y hermanas, es hora de que en esta noche la iglesia siga con la obra que Cristo nos dejó. “En esto conocerán todos que sois Mis discípulos, si tuviereis amor los unos por los otros.” Y tomar esa espada y sacrificarnos a nosotros mismos y regresemos a esa antigua línea del deber del Evangelio, saliendo a conquistar a nuestros enemigos. Conquistando los por medio del amor, por medio de la misma cosa: que “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.”

18 Cuando Él estuvo en la tierra, la raza de Adán tenía muchos temores. Y es verdad que aun los tienen, pero no deberían tenerlos. Así como Arnold Von Winkelried acabó con la guerra de una vez por todas, Cristo venció de una vez por todas en el Calvario.
Cuando Él estuvo aquí en la tierra, Él camino hacia un hombre enfermo (la enfermedad había atado a la raza humana), y Él dijo, “Espíritu del diablo, te conjuro, sal del hombre.” Él conquistó al diablo.
Cuando un hombre estaba postrado en la tumba, Él conquistó la muerte por aquel hombre; o la enfermedad, cuando el maniático salió a destruirlo. Y el maniático se dio cuenta que Él era el Hijo de Dios. Él le dijo, “Oh, si nos echas fuera, permítenos ir a aquel hato de cerdos.” Porque él sabía la autoridad que Jesucristo tenía. Él conquistó al diablo doquiera que Él se lo encontraba. Y Él no solo lo conquistó, sino que Él le dejo la comisión a su iglesia que “Todo lo que pidiereis en Mi nombre, ¡Yo lo haré!”

19 Pelee con lo que tenga en mano. Sí es cantar, cante el Evangelio. Si usted no puede hacer otra cosa más que silbar, silbe tan fuerte como usted pueda para la gloria de Dios. Si usted no puede hacer otra cosa más que palmear su mano, palmeé. Conquiste con cualquier cosa que usted tenga a la mano. Aplauda de tal manera que todos sus vecinos lo amen. Silbe de tal manera que todas las denominaciones sepan que usted le pertenece a Cristo. Jueguen el juego limpiamente. Jueguen bien.
Estamos viviendo en un día en el cual este evangelio social está predominando, cuando las iglesias se están uniendo la una a la otra y están haciendo una religión social, y se están uniendo a sí mismas. Es un día terrible. Están tratando de quitarle toda la deidad y toda la gloria a Cristo, y tratando de hacerle solo un profeta. Si Cristo fue solo un profeta, cada uno de nosotros está perdido. Él fue más que un profeta. Y cuando hoy…

20 Hace algún tiempo una mujer me dijo, ella dijo, “Sr. Branham, hay algo que usted dice que no me gusta.”
Yo dije, “¿Qué es, hermana?”
Y ella dijo, “Usted trata de magnificar a Cristo demasiado, usted hace demasiado alarde de Él. Usted trata de hacerle a Él más de lo que Él es.”
Yo dije, “Si yo supiera diez mil lenguajes, yo… ¡los agotará, y nunca podría explicar lo que Él realmente es! Él es digno de toda alabanza.”
Ella dijo, “Sr. Branham, yo lo oí a usted decir que usted es un fundamentalista.”
Yo dije, “De acuerdo a la Palabra, si.”
Ella dijo, “Si yo le explico a usted y le pruebo por medio de la Palabra que Él solo era un hombre… y usted está tratando de hacerle Deidad.”
Yo dije, “Él era Deidad.” Le dije, “Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo a Sí mismo.” Yo dije, “Sí Él solo fue un profeta, todos estamos perdidos.”
Ella dijo, “Si yo le compruebo a usted por medio de la Biblia que Él solo era un hombre, ¿lo aceptaría?”
Yo dije, “Si, señora, si así lo dice la Biblia.”
Ella dijo, “Cuando Él fue a la tumba de Lázaro, en San Juan el capítulo once, la Biblia dice que Él lloró; y si Él hubiera sido Deidad, Él no hubiera podido llorar. Así que eso no lo hace a Él nada más que un buen hombre común.”

21 Yo dije, “Hermana, su argumento no es bueno.” Yo dije, “Usted falla en ver. Usted vio al hombre, pero falló en ver a Dios en el hombre.” Yo dije, “Eso es verdad. Cuando Él fue a la tumba de Lázaro, Él lloró como un hombre. Pero cuando Él enderezó esos pequeños hombros, y vio al rostro de un hombre muerto que había estado muerto y su alma había andado en un viaje de cuatro días, y Él dijo, Lázaro, sal fuera, ese hombre que había estado muerto se puso de pie otra vez. Ahí Él era más que un hombre hablando. Él es un poderoso conquistador. Ese era Dios hablando a través de Su Hijo.
Y Él era un hombre, una noche cuando descendió hambriento de la montaña, no tenía nada que comer, y busco en la higuera para encontrar algo de comer. Él era un hombre cuando tenía hambre; pero cuando Él tomó cinco panes y dos pececillos y alimentó a cinco mil, ¡eso era más que un hombre! Ese era Dios hablando a través de Su Hijo, Jesucristo— la Deidad en un hombre.“

22 Verdaderamente era un hombre, cuando una noche Él estaba en la parte de atrás del barco y diez mil diablos del mar juraron que Lo ahogarían. Ese barco estaba flotando y dando vueltas como un tapón de botella en el impetuoso mar. Y el diablo, entrecerrando los ojos, dijo, “¡Ya lo tenemos!” Pero cuando Él se despertó, puso su pie sobre el borde del barco, miró hacia arriba y dijo, “Calla, enmudece,” y las olas y el viento le obedecieron, Él era más que un hombre cuando Él hizo eso.
Él era un hombre, cuando Él clamó por misericordia en la cruz. Él murió como un hombre; pero en la mañana de Pascua, cuando el sello del gobierno Romano fue roto y la tumba estaba vacía, Él se levantó de nuevo. Él pudo haber muerto como un hombre, ¡pero se levantó de nuevo como Dios! Él era el Dios-Hombre.
Con razón el poeta dijo:
Viviendo, Él me amó; muriendo, Él me salvó;
Sepultado, Él llevó lejos mis pecados;
Levantándose, Él me justifico gratuitamente para siempre:
Algún día Él regresará—oh, ¡que glorioso día!
Con razón la ciega Fanny Crosby pudo gritar:
No pases de mí, O gentil Salvador,
Escucha mi humilde clamor;
Mientras a otros estas llamando,
No pases de mí.
Eres el torrente de todo mi confort,
Más que vida para mí,
¿A quién tengo en esta vida a parte de Ti?
¿O quién en el cielo sino solo a Ti?

23 Él era más que un hombre; Él fue el poderoso conquistador de Dios. Oh, ¡Cuánto debemos de amarle! ¡Cuánto debemos de alabar le! Cuanto debemos de amarnos los unos a los otros como Él nos amó y se dio a Sí mismo por nosotros, para que fuésemos más que vencedores a través de Él quien conquistó la enfermedad, muerte, infierno.
Lo vemos a Él en la tierra como un conquistador. Lo vemos a Él pararse a un lado de la tumba y la muerte siendo conquistada en ese hombre. Su alma ya había estado en un viaje de cuatro días. Yo no sé donde él estaba; ni tampoco ustedes. Pero dondequiera que él haya estado, Él lo conquisto, lo trajo de regreso. ¡La corrupción conoció quien era su Señor! ¡Amen! Y el alma de este hombre quien había muerto regresó y vivió en un cuerpo mortal otra vez, y se sentó a la mesa y comió. Nunca antes hubo un hombre que pudiera hacer eso. Él era el poderoso conquistador de Dios.

24 La enfermedad… Él nunca predicó en un funeral. La muerte no podía estar en Su presencia. ¿Cómo podían la muerte y la vida estar juntas? No lo pueden hacer. Esa es la razón por la que hoy, hermano, cuando la iglesia nace de nuevo del Espíritu de Dios, la muerte y la vida no se pueden quedar juntas. Algo sucede. Cristo entra y conquista nuestras pasiones, Él conquista nuestros deseos, Él conquista todo lo inmundo que hay en nosotros. Y porque Él vive, nosotros también vivimos. Él conquistó todo lo que era inmundo. Él ya lo hizo; eso está puesto en nuestras manos para que lo recibamos.
Nosotros lo vemos a Él en Su ministerio como un conquistador en la tierra. Seguramente que si lo vemos. Pero ahora, veamos lo después de Su muerte. Él aún continuó conquistando. Él nunca terminó en la tumba. La Biblia dice que Su alma descendió al infierno, y Les predicó a los espíritus que estaban encarceladas, que no se arrepintieron en los días de la paciencia de Noé.

25 Le puedo verle mientras los cielos y la tierra dan la espalda, las rocas comienzan a brotar de las montañas, todos los cielos, la luna, las estrellas, rehusaron brillar. Él lo conquistó. Y cuando Él fue abajo, descendió, y tocó la puerta donde estaban esas almas perdidas, y cuando se abrieron las puertas, y esa gente que se habían reído y burlado de Enoc, quienes se habían burlado de Noé…. Lo puedo oír a Él decir, “¡Yo soy aquel de quien Enoc dijo que vendría con diez mil de Sus santos! ¿Por qué no le creyeron a Enoc? ¿Por qué no le creyeron a Noé?”
Todos tenía que saber que Él había conquistado. Cuando Él les cerró la puerta (los días de misericordia había pasado), Él descendió a lo más profundo de los abismos del infierno. Y Él tocó a las puertas negras del infierno del diablo.
Y el diablo vino a la puerta, como si lo pudiéramos ver, y ahí él dijo, “Vaya, ¡Después de todo aquí estas! Yo creí que Te tenía cuando maté a los profetas. Yo creía que seguro Te tenía cuando hice que le cortaran la cabeza Juan en la prisión. Pero ahora, después de todo, aquí Te tengo.”

26 Yo le puedo oír a Él decir (enderezarse), y decir, “Satanás, Yo soy el Hijo del Dios viviente que nació de una virgen. Mi sangre aún está fresca sobre la cruz. Yo he pagado el precio, he conquistado, y he venido para tomar el control—despojarte de todo de lo que tu reclamabas tener.” Él alcanzó con Su mano las llaves de la muerte y el infierno trío de ellas y se las quito, le dío a él una pata de regreso a donde pertenece: ¡Él conquisto el infierno! Cuando Él se levantó, ¡Él tenía las llaves de la muerte y el infierno a Su lado!
¿Entonces a qué le tiene miedo la iglesia? Amen. Él conquistó a Satanás; Él conquistó la enfermedad; Él conquistó la muerte: ¡Él conquisto el infierno! Él estaba en camino hacia afuera. Recuerden, hubo otros fieles que también se fueron con él. Ellos estaban en un lugar llamado el Paraíso. Ellos no podían ir a la presencia de Dios, porque habían adorado bajo la sangre derramada de ovejas y machos cabríos y animales así. Eso nunca divorcio el pecado; solo cubría el pecado.
Y hoy en día eso es todo, amigos. Ustedes no pueden cubrir sus pecados y entrar; ¡tienen que ser quitados! Y solo hay una cosa que lo hará. Eso no es la iglesia, ese no es su bautismo en agua, eso es por medio de la sangre de Jesucristo. Eso cubre el pecado y lo divorcia. La única manera de hay para conquistar, es a través de la sangre del Señor Jesús.

27 Y digamos que son casi las cuatro de la mañana del Domingo. Sara y Abraham están caminando a través del paraíso. Y de repente, se oye un toque en la puerta. Y Job va a la puerta, y él abre las puertas para ver quien está tocando, quien viene a esta hora del día. Y él mira, levanta su mano. Él dice, “¡Ese es mi Redentor, Él qué vi allá cuando el relámpago estaba resplandeciendo! Yo sé que Él vive, y en los últimos días Él se levantará sobre la tierra. Ese es Él.”
Abraham dijo, “¿Que dijiste, Job?” Él mira por encima de su hombro, dice, “Ven aquí, Sara, mira. ¡Mira Quien está a la puerta esta mañana!”
“Pues,” dijo Sara, “Ese El que tenía Su espalda volteada hacia mí, y yo me reí en la tienda y Él lo supo. Eso es. Ese es Él.”

28 Aquí viene Daniel corriendo, y mira por encima del hombro de Sara. Él dice, “¡Esa es la Roca que mire que fue cortada de la montaña sin manos humanas!”
Justo en ese momento Ezequiel llega corriendo, él dice, “¡Esa es la Rueda en medio de la rueda, que mire dando vueltas en el aire!”
Ahí está el poderoso conquistador. ¡Oh, vaya! Y mientras los oímos, él dice, “Vengan, niños. Ustedes fueron fieles en lo poco. Vengan, esta mañana nos vamos a ir. Ustedes ya han estado aquí lo suficiente. ¡Vamos a subir más alto!” Oh Dios, permite que ese sea el deseo de la iglesia. ¡Vallamos más alto! Saquemos nuestras estacas de Egipto.

29 Abraham dice, “Padre, ¿podríamos hacer una pequeña parada mientras pasamos? Me gustaría ver el viejo hogar”.
“Seguro. Yo voy a estar hablando con Mis discípulos por cuarenta días. Vayan y miren alrededor.”.
Ustedes saben, la Escritura dice que muchos santos se levantaron después de Su resurrección, fueron a la ciudad, y le aparecieron a muchos. Abraham y Sara caminan por la ciudad, “¿No fue eso maravilloso?”.
Dijo, “Sara, mira el viejo hogar. [Oh, vaya, yo me siento muy religioso ahora. Realmente me siento.] Mírala. Ahí está la ciudad de David; ahí están todos esos lugares bellos. Ahí están los altares que construí. ¡Bendito sea el nombre del Señor!”

30 Después de cuarenta días, Él estaba de pie dando Su última comisión: “Id a todo el mundo, y predicad el evangelio [No construyan iglesias, no hagan organizaciones, sino predicad el evangelio. Nosotros hicimos lo contrario.]. Estas señales seguirán a los que creen: En Mi nombre echarán fuera demonios…” y así sucesivamente, Él sigue hablando.
Mientras Él hablaba, la gravedad fue conquistada. Vino una luz debajo de Sus pies, mientras cientos de hermanos estaban mirando. Y Él comenzó a subir, y al su subir, ascendieron, Él y los Santos del Antiguo Testamento se fueron a la gloria. Ellos se fueron más allá de las estrellas, más allá de la luna, más allá de las estrellas de las estrellas. Y ellos llegaron a vista de la gran ciudad. Oh, lo que eso debió de haber sido— Jesús, marchando, al frente, como el gran conquistador.
Y de repente, los santos del Antiguo Testamento pueden ver la bella gran ciudad y gritaron con tan gran estruendo que estremecieron los cielos: “Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas: y dejad entrará al Rey de gloria.”

31 Ustedes saben, lo que dijeron, cuando Hitler conquistó Francia, que él se paró al lado del Arco del Triunfo mientras los soldados por millas sin fin pasaban marchando, y los aviones oscurecieron los cielos. Todos ellos estaban ahí para celebrar la gran entrada de Hitler a Francia. Como cuando trajeron a Stalin a Alemania; pero oh, hermano, cuando la iglesia trajo a Jesús en ese día: “Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas: y dejad entrará al Rey de gloria.”
Y el ángel dijo, “¿Quién es el Rey de gloria?”
Y los santos del Antiguo Testamento gritaron, “¡Jehová de los ejércitos, el poderoso en batalla, el gran conquistador! Él guió a los cautivos y les dio dones a los hombres.” La Biblia dice que Él lo hizo.

32 ¿Y hablen sobre una bienvenida a casa? Mientras los ángeles más allá de esas puertas de perlas las abrían; y Jesús fue por las calles de la gloria con los santos del Antiguo Testamento detrás de él, cantando, “Salve todos al poder del nombre de Jesús”; y Él vino delante del trono del Padre y dijo, “Padre, ¡aquí están! Ellos fueron fieles en lo poco.”
Él dijo, “Sube acá, Hijo, y siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.”
Él está parado ahí en esta noche.
He ahí, el poderoso Conquistador;
Helo ahí, a plena vista;
Porque Él es el poderoso Conquistador,
Porque Él partió el velo en dos.

33 Nunca habido una conquista como la de nuestro Señor Jesucristo. Lo que el mundo necesita en esta noche es algo verdadero. Lo que el mundo necesita en esta noche es algo que tenga significado. Lo que el mundo está esperando ver en ustedes cristianos es algo que sea genuino. Ellos están cansados de ver que se juegue a la iglesia. Ellos están cansados están hartos. “Yo soy Presbiteriano.”; “Yo soy Metodista”; “Yo soy Católico”; “Yo soy Pentecostal”; “Yo soy Nazareno”— el mundo no está hambriento de eso. ¡Ellos están hambrientos del verdadero pan de vida!
Jesús dijo, “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere… o si la sal pierde su sabor, no sirve más para nada sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.”
La sal es de un sabor salado, si tienen contacto con ella. Ustedes solo sean salados— y al mundo le dará sed. Dios danos hombres y mujeres que sean verdaderos, hombres y mujeres que se paren valientemente. El eslabón más débil de su cadena es su eslabón más fuerte. Eso es lo que le indica a uno que tan fuerte es la cadena, sin importar que tan fuerte sean otras cosas, ese es el punto débil. ¡Ese es el lugar que usted tiene que mantener cubierto!

34 Hace algún tiempo aquí, como todos ustedes saben… yo soy un cazador. No por matar animales, yo solo voy para vivir donde… salgo para ver a Dios, para salir a la naturaleza. A veces yo me canso y me enfermo de estar oliendo gasolina y cigarrillos, que casi lo hacen vomitar a uno. A mí me gusta subir muy allá arriba en algún lugar a Su catedral en la cima de la montaña, estar ahí solo. No escuchar el zumbido de los motores de avión y cosas así, sino oír el susurro eterno de la voz de Dios en el viento mientras pasa por los pinos. Para mí ese es Dios. ¡Oh, hay algo real respecto a eso!

35 Yo solía cazar en los bosques del norte con un amigo mío, Burt Caul. Hace unos cuantos días, mientras estaba en Nueva Inglaterra, en aquella región durante una campaña de avivamiento de sanidad, me lo encontré, lo saludé y cené con él. Y un día…
Yo solía ir allá arriba a cazar cada otoño, y un día mientras estaba subiendo, yo estaba hablando con Burt. Y él era uno de los mejores cazadores que yo alguna vez he visto. Yo… uno nunca se tenía que preocupar por él, él sabía dónde estaba. Usted no necesitaba estar buscándolo; él sabía dónde estaba en el bosque. Él era un buen cazador, pero él era el más malo que yo alguna vez haya conocido. Él era lo más cruel que se podía ser. A él le gustaba dispara a los pequeños cervatos solo para hacerme sentir mal.

36 Ahora, ustedes muchachos de Texas, está bien dispararles a los cervatos, ustedes que son cazadores. Si la ley dice que usted puede cazar un cervato, eso está bien. Sin importar la edad del venado. Abraham mató un becerro, y Dios se lo comió. Eso está bien. Así que no hay nada malo con matarlos. Eso es exactamente lo correcto. Pero no sea un asesino, eso es algo distinto.
¿Les hizo tropezar eso? Él sí lo hizo. Él se comió el becerro, bebió leche de vaca, y comió algunos pastelillos de maíz. Eso es exactamente la verdad. Comió la mantequilla, que era de la leche que fue batida. Él ciertamente lo hizo. Y Dios lo hizo, y desvaneció frente a Abraham.
Usted dice, “Ese era un ángel.” Abraham dijo que era Dios, Elohim. Eso es correcto. Ese era Dios. Oh, ¡Estoy tan contento de que Él lo mantiene en Su mano! Cuan Grande es Él.

37 Alguien me dijo, “¿Cree usted, ¿Hermano Branham, que ese era Dios?”
Yo dije, “Seguro que era Dios.”
“Eso… ¿nuestro Creador?”
Él simplemente… Todos nosotros estamos hechos de dieciséis elementos. Él simplemente se inclinó y tomó un poco de petróleo, luz cósmica, y átomos, y, “fuaaa,” soplo en un pequeño cuerpo, se metió en él, y puso a Sus ángeles ahí, y fue con Abraham. Seguro que si. Comió carne, y tuvo hambre, y desvaneció de su vista. Ese mismo Dios sabe dónde seré sepultado. Él sabe dónde voy a estar.

38 No hace mucho, yo me estaba peinando estos dos o tres cabellos que me quedan. Mi esposa que está sentada allá atrás, ella dijo, “Billy, ya casi estás calvo.”
Yo dije, “Pero no he perdido ni uno de ellos.”
Ella dijo, “Dime ¿Dónde están?”.
Yo dije, “¿Dónde estaban antes de que yo los tuviera? Están ahí esperándome; ¡algún día voy a ir a ellos!”
Ellos eran. Cada cabello de su cabeza está numerado, y ni uno de ellos se puede perder. Estas manos que solían ser de un pequeño niño, estos hombros que se están encorvando bajo la predicación del Evangelio, ¡algún día reapareceré a la imagen a la que Él me hizo, me pararé a Su semejanza, lavado en Su sangre— redimido por Su gracia me levantaré! Si, seguro. Y sin miedo a la muerte. Ahí viene Él.

39 Y un día fui con Burt, y él se había hecho un pequeño silbato. Y él hacía que ese silbato sonará como un bebé cervato llorando. Le dije, “Burt, ¿vas a usar eso?”
Él dijo, “Oh, Billy, entra en razón. Tu solo eres un predicador con corazón de gallina. Así son todos ustedes.” Dijo, “Tú eres un buen cazador, pero tienes el corazón de gallina.”
Yo dije, “Burt, soy un cazador, no un asesino. A mí no me gusta verte hacer eso.” Yo dije, “No uses eso, Burt.”
Él dijo, “Ha, sigue adelante.”
Comenzamos a cazar esa mañana, había como seis pulgadas de nieve-un buen clima para seguir huellas, como cualquier cazador ha de saber. Y habíamos cazado…Habíamos ido un poco tarde en la temporada para cuando fuimos. Yo había estado bastante en las reuniones. Y habíamos cazado toda la mañana no habíamos encontrado nada, porque esos venados cola blanca de haya, saben cómo esconderse muy bien. Y ellos se escapaban, especialmente durante las horas del día.

40 Y era casi como a mediodía, y pues, Burt se sentó en un claro como del tamaño, la mitad del tamaño, de esta carpa. Y él estaba sentado ahí, yo pensé que él iba a sacar su jarra de café. O, no era café lo que tomamos, era chocolate caliente. Y yo pensé que él iba a sacar su jarra de chocolate, y nosotros comeríamos unos emparedados, y luego nos separaríamos para cazar y cazaríamos de regreso, porque no habíamos visto ni una pisada en toda la mañana. Los venados tenían miedo. Ellos se quedaban debajo de los arbustos durante el día, en los matorrales, para que usted no los pudiera encontrar.

41 Y yo lo estaba mirando mientras él estaba ahí sentado, mientras metía su mano en su bolsillo; y yo estaba de pie. Y él sacó ese pequeño silbato.
Yo pensé, “Seguramente, Burt, tu no vas a hacer eso.” Y él me miró con esos ojos de lagartija, y se rio, y comenzó a sonar el silbato. Yo dije, “No hagas eso, Burt.”
Pero cuando él silbó, justo al otro lado, como a unas veinte yardas de donde yo estaba, una gran gama se levantó. Ahora, una gama es una cierva hembra. Pues, ella estaba tan cerca que yo podía ver sus grandes ojos cafés, y esas venas en su cara, un animal de apariencia muy hermosa, con sus orejas paradas. ¿Qué era eso? Era un bebé llorando.
Y yo mire a Burt, y él me miró a mí de nuevo. Yo pensé, “Burt, tu no harías eso. Seguramente que no lo harías.”

42 Y él volvió a silbar muy suavemente. Y usualmente… es muy inusual que un ciervo se pare de esa manera a esa hora del día. Y ella camino hacia el claro. Oh, ellas nunca hacen eso. Y ella salió de manera que uno podía… ella podía ser vista.
Y yo escuche ese rifle, mientras él le quitaba el seguro a ese 30.06, cargado con una bala de setas de 180 granos de pólvora. Y él era un tirador certero. Y mientras él anivelaba el rifle, yo pensé, “Oh Dios, seguro que él no lo hará. Esa madre leal.” Ella no estaba jugando a la iglesia; había algo real en ella. Ella era una madre. Un bebé estaba en problemas. Ella no solo estaba actuando de esa manera. Había algo en ella que era real, genuino. Ella era una madre. Ella no solo estaba actuando. Había algo que la estaba haciendo que hiciera eso. Era porque ella era una madre.

43 Y ella caminó unos cuantos pies más hacia adelante. Yo pensé, “Oh, Burt, ¿podrías sacarle el corazón a ella de esa manera?” Yo sabía que, si ese rifle disparaba, él le sacaría ese corazón leal de ella por el otro lado. Pues, él la haría nada, porque estaba muy cerca de ella. Yo pensé, “Esa preciosa madre, buscando a su bebé.”
¡Y la gama miro alrededor y vio al cazador! Ella se estremeció, pero, no, ella no salió corriendo. Ella era una madre. Ella se paró ahí. El bebé estaba en problemas. Oh, cuan real era eso.
Yo me di la vuelta; yo simplemente ya no podía ver más de eso. Yo pensé, “Dios, yo no puedo ver que él haga eso, matar a esa pobre madre preciosa, y ella con ese… con algo dentro de ella que la estaba impulsando, una madre.” Yo espere oír el cañón disparar, yo le di la espalda, yo pensé, “Dios, no lo dejes que lo haga.” Espere por un momento. No escuche el arma. Yo me di la vuelta, y el cañón se miraba así. Él no pudo hacerlo.
Él volteó, y grandes lágrimas corrían por sus mejillas. Él tiró el arma al suelo y me tomo por la pierna del pantalón. Él dijo, “Billy, he tenido suficiente. Guíame a ese Jesús del que tú hablas. Deja me saber que Cristo da amor.”

44 ¿Qué fue eso? Él vio algo real. Él vio algo que no era fingido. Él vio algo que no era hipocresía. Él vio algo que era genuino. Y ahí sobre ese montón de nieve, guíe a ese cruel corazón… de cazador al Señor Jesucristo, y él llegó a ser un dulce y humilde cristiano.
¿Porqué? Toda la predicación no lo logró. Fue, que él miró algo real.
Oh iglesia del Dios viviente, en esta noche el mundo está buscando algo que sea real. ¿Le gustaría tener lo suficiente de Dios en su corazón que usted se pudiera enfrentar a la muerte? También ustedes personas enfermas, los que están enfermos, ¿lo podrían tomar a Él en su palabra, viva o muera, pararse en Su Palabra? Ustedes que han tenido estas diferencias y todos estos pequeños problemas y barreras denominacionales, no les gustaría tener algo que pudieran demostrar, que cuando usted camine por la calle hombres y mujeres digan, “Si alguna vez hubo un hombre o una mujer piadosa, ahí va.” Algo real, una vida que lo diga.

45 Inclinemos nuestros rostros por un momento mientras meditamos en esto. ¿Qué fue eso? El amor conquistó a ese cazador. El amor de Dios conquista. No les gustaría, en esta noche, en este edificio… yo sé que sí. A todos aquí les gustaría tener a Cristo realmente en sus corazones, que… Cristo fuera tan real para ustedes como lo fue ese amor de esa madre para con su bebé, ¿no levantaría su mano muy quietamente mientras esperamos? Sin importar por cuánto tiempo usted ha sido un cristiano, yo solo les quiero preguntar. Dios le bendiga. Dios le bendiga. Eso está bien. Cientos de manos, todo alrededor.
“Señor, haz en mí… Déjame levantarme, Señor [como un hombre o una mujer], permíteme levantarme como un santo. Permíteme levantarme de mi silla como algo real. Dios, permíteme desplegar Tu amor en mi corazón de tal manera, que pecadores con corazones crueles me puedan seguir: me vean como un ejemplo, y me sigan al Calvario:”

46 ¿Habrá otros, mientras estamos esperando por un momento? Levanten sus manos. Yo sé… los que no levantaron sus manos hace un momento. Dios le bendiga, hermana. Dios le bendiga, jovencita. Dios te bendiga, cariño. Eso está bien. Muy allá atrás, el Señor lo bendiga. Muy allá afuera, levanten sus manos, diga, “Dios…”
Vea, amigo. Usted dice, “¿Qué diferencia hace eso, Hermano Branham?” Oh, amigo, ya no seamos fríos y rígidos. Démonos cuenta de donde estamos parados. Levantemos nuestra mano, digamos, “Dios, sé misericordioso conmigo, un pecador.” Dios le bendiga, muy allá en esta fila. Yo no le vi a usted hace un momento. El Señor lo bendiga, allá atrás. Sean muy honestos.

47 Usted dice, “Oh, Hermano Branham, yo he hablado en lenguas; yo he gritado.” Eso está bien. Yo no tengo nada en contra de eso. Esa es la obra de Dios. Pero vea, amigo, si usted no tiene amor que acompañe eso, nadie se lo va a creer. Nadie le va a creer a usted. Eso está muy bien, yo creo en eso. Pero si usted tiene amor aun sin tener esas cosas, a usted le van a creer mucho más rápido. Eso es correcto. Obtenga el verdadero amor de Dios, estas cosas sucederán por sí solas—pero primero obtengan a Dios. Obtengan a Dios. Obtengan la cosa verdadera. Obtengan el árbol, el dará su propio fruto.
Ahora levantaría alguien más su mano, alguien que no lo hizo hace un momento, diga, “Dios, sé misericordioso conmigo.” ¿No piensa usted que Él está parado ahí mirándole? Dios le bendiga, jovencita, eso está bien. La damita aquí, quizás… Dios le bendiga, la dama que está sentada aquí. Esta puede ser la última oportunidad que usted tendrá. Dios bendiga a esa niñita allá atrás, es un niñito, Dios bendiga su corazoncito.
Dirán, “¿Qué sabe un niño de esto?”
Jesús dijo, “Dejad a los niños venir a Mí, y no se lo impidáis: porque de los tales es el reino de los cielos.”

48 Dios le bendiga, hermana, allá con sus manos levantadas. Dios le bendiga, jovencito. Eso esta bien. Yo oro que Dios haga un pastorcito de usted, cariño. Otro niñito. Muy quietamente, ahora. Piensen en ello. ¿Qué si esta es su última noche? Usted ya no tendrá otra oportunidad después de esta. Cuando usted deja esta vida, todo se habrá acabado. Pueda que usted haya desperdiciado muchos años, pero ¿qué de ahora? Empecemos ahora. Dios le bendiga, dama. Solo esperar un poco puede que signifique mucho para usted. Usted ha pasado de muerte a vida. Levante su mano a Dios, y hágalo sinceramente, y vea si Dios no creará algo aquí dentro de usted. Seguramente que Él lo hará.
Dios le bendiga, hermana, jovencita aquí, solo una adolescente. Justo en esta ridícula edad del rock-and-roll [música de roquera-Trad.], del boogie-woogie [bugui-bugui-Trad.], ver a una jovencita levantar su mano para servir a Cristo, Dios le bendiga, jovencita. Usted no podría hacer eso usted sola. Cristo está aquí. “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.”
¿Otra mano? Dios le bendiga jovencita, con su amiguita sentada ahí a su lado.

49 Usted dice, “¿Eso significa algo?” Eso depende de lo que usted quiso decir cuando levantó su mano. Se que nosotros tenemos pequeños credos, y cositas que hacemos (esto, aquello, y lo otro), pero Jesús dijo esto: “El [pronombre personal], el que oye Mi palabra, y cree al que Me envió, tiene [tiempo presente] vida eterna [eso es zoe, la propia vida de Dios], y no vendrá a condenación, mas ha pasado [tiempo pasado] de muerte a vida.” Eso es lo que Él dijo.
Ya sea que usted quiera correr al altar, ya sea que usted quiera arrodillarse en su lugar, ya sea que usted quiera levantar su mano— donde sea que usted se quiera rendir, eso no tiene importancia. Es en la condición en la que usted quiso ir al altar, se arrodilló en su lugar, o levanto su mano. Lo que importa es lo que usted quiso decir, lo que usted pensó de Dios.

50 ¿Habrá otros cuantos, antes de que oremos? Todos los que tengan necesidad de Dios de cualquier cosa, levanten su mano ahora. “Dios, sé misericordioso conmigo; Yo tengo necesidad de Ti.” Dios le bendiga. Dios es misericordioso. Piensen en esto ahora; esta puede ser su última hora.
Si Dios lo permite, mañana por la noche, o la próxima noche, yo quiero predicar sobre “La Escritura En La Pared,” el sputnik en el cielo, acercando a Dios al final de la edad.
…………………………… Fue derramada para mí,
Y Tú me pediste que viniera a Ti,
¿Qué si esta es la última hora que lo separa a usted de la misericordia y juicio?
………………… Yo vengo…………
Levantaría su mano, “Dios, sé misericordioso conmigo.” Dios le bendiga, allá atrás, jovencito, llorando con su mano abajo. Sin duda que las oraciones de una anciana madre fueron hechas por usted, hijo. Dios te ha oído. Él te miró. Él está parado ahí a un lado de ti. Él es quien te dijo que levantaras tu mano.

51 ¿Alguien más, antes de que oremos? Sinceramente… Dios le bendiga, joven. Me di cuenta que, por una fila: una joven dama levantó su mano, ahora tres jóvenes sentados en la fila. Hay uno más que falta en esta fila que no ha levantado su mano ahora para aceptar a Cristo. “Haz en mí, Oh Dios, algo real.”
Quizás usted pertenece a una iglesia. Oh, amigo, eso simplemente… Es bueno pertenecer a una iglesia, pero, oh vaya, si usted no ha nacido de nuevo usted está perdido. ¿Ven? Piensen en eso. Jesús conquistó; Él le dará algo en su mano con que pelear la batalla. Una vez más ahora, antes de que oremos. Este seguro de que ha hecho la decisión correcta. Si usted ha levantado su mano, usted sabe que si la ha hecho. Si usted no lo ha hecho… Dios le bendiga damita aquí. Dios te bendiga, cariño. Muy bien.
Muy allá atrás, si, una niñita de edad adolescente. Que Dios sea maravilloso con usted, querida hermana. Inclinemos nuestros rostros muy reverentemente ahora. Todos en oración.
Le voy a perdí al Hermano Cerullo, si puede venir aquí y dirigir la oración. Me estoy poniendo ronco. Con sus rostros inclinados, todos. Oren ahora, y que Dios sea con ustedes.
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