S.616 59-0211  Simeón y Ana 

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OBRAS DEL MENSAJE

Simeón y Ana

San Juan, Puerto Rico, E.U.A.

59-0211

1 Y estamos en expectativa de que Dios hará cosas grandes por nosotros. Nuestra escena se abre esta noche en Jerusalén apenas un año después de lo que estuvimos hablando anoche. Es un poco después del nacimiento del Señor Jesús. Las noticias no se diseminaban en aquellos días, como se disemina hoy día. No tenían televisión, ni la prensa, ni recursos semejantes. La única manera que se diseminaba las noticias era de labio a oído.
Y había un hombre llamado Simeón. Y él era un sacerdote en el templo, lo que llamaríamos un sabio anciano. Él era uno de los siervos ungidos de Dios. Dios en todas las edades, ha tenido sus siervos. En cada edad, Dios tiene a alguien para El poner sus manos o su Palabra adentro de. A veces El viene a un grupo pequeño, a veces a una sola persona. Pero siempre ha tenido a alguien.

2 Este hombre estaba esperando la consolación de Israel. Él estaba esperando que Dios llevara a cabo lo que dijo que iba hacer. Él era un hombre con el Espíritu Santo, el Espíritu Santo le había revelado que él no miraría la muerte hasta que viera al Cristo del Señor. Él tenía derecho de creerlo.
Ahora, muchos de sus, de sus compañeros en el sacerdocio, pensaron que él había perdido un poco de sus cabales. ¿Cómo podría ser eso? Pues, habían estado esperando por el Mesías desde el principio del tiempo. Ellos estaban en una peor condición que nunca antes. ¿Cómo, entonces podía El venir?
Pero ya ven, Dios obra a su manera, maneras misteriosas, sus maravillas para realizar. Jesús dijo, “En la hora que menos lo piensen, el hijo del hombre vendrá.” ¿No sería un tiempo maravilloso si viniera ahora?

3 ¿Ven?, El nunca hace nada hasta que primero haya reunido a su pueblo antes de manifestarlo.
Y yo creo que esto es lo que Él está haciendo ahora, llamando a los elegidos. Cuando el mundo se encuentre en un estado de prosperidad, con mucho para comer y con aviones grandes y con toda clase de científicos grandes, “Oh,” dirán ellos, “ahora estamos comenzando a vivir. Nada de eso podría suceder ahora.” Sera en la hora menos pensada, cuando vendrá el Hijo del hombre.

4 ¿No ven lo que está haciendo? Él está llamando a sus hijos elegidos, igual como en ese entonces. Simeón y Zacarías e Elisabet, Juan el Bautista, ellos se estaban preparando. Algo estaba por acontecer.
La otra parte del mundo, aun el mundo religioso, pensaron que ellos habían perdido la mente. Que se habían vuelto fanáticos.
Pero ellos sabían de lo que hablaban. Sabían, a lo que Él se refería, porque el Espíritu Santo lo había dicho. Él tenía derecho de creerlo. Y si el Espíritu Santo lo ha dicho, allí termino el asunto.

5 Y creo lo mismo hoy. Tenemos la promesa del Espíritu Santo. Y en estos últimos días, El derramará su Espíritu, y El juntará a su iglesia. Él mostrará grandes señales y prodigios. Creo que lo estamos viendo, tal como lo prometió. Así que nosotros, a los que llaman fanáticos, los estamos esperando. El mismo Espíritu Santo que le prometió a ese hombre, también nos dio una promesa. Lo creemos así. Porque no hay dos Espíritu Santos, solo hay un Espíritu Santo. No importa lo que diga el mundo, lo creemos. Dios guardara Su promesa. Siempre lo ha hecho. Y siempre lo hará.

6 Ahora, después de ocho días, era la costumbre que llevaran a Jesús al templo en Jerusalén para ser circuncidado. Según la ley, la madre tenía que ofrecer una ofrenda para su purificación.
Vamos a imaginar que es lunes por la mañana. Estamos en el templo. Es un día atareado. Y a lo largo veo que hay una fila, semejante a una fila de oración al lado derecho del Templo. Hay aproximadamente 2 millones de judíos en Palestina, muchos bebés nacen cada veinticuatro horas. Y todos los días, las madres hacen filas largas para la circuncisión de sus hijos varones y para la ofrenda de la purificación.

7 Echémosle un vistazo a esa línea esta mañana. Son como las nueve, y todas las madres están en fila. Cada una cargando a su bebe vestido con su suéter hecho a mano y con sus botines bonitos. Muchas de ellas están ofreciendo corderos. El cordero era la ofrenda de los ricos. Pero la ofrenda de los pobres eran dos tórtolas o dos palomas.
Y si se fijan, dentro de la fila, hay una niña no más de dieciocho años de edad, y está parada sola. Toda persona alrededor de ella guardaba su distancia. “No se meta con esa. Ella es de mala fama, porque ese bebe que está cargando nació fuera del Santo matrimonio. Así que mantengan su distancia. No tengan nada que ver con ella.” Pero María sabía de dónde vino ese bebé. Ella sabía que él era el hijo de Dios.

8 Igual como hoy día, la gente dice que somos fanáticos, porque creemos en Dios, creemos en lo sobrenatural. Pero nosotros sabemos de dónde viene. No importa lo que piensen o lo que digan, lo podemos ver en sus modos de ser y en sus formas de actuar. Ellos piensan que somos una clase pobre analfabeta. Pero sabemos lo que tenemos en nuestros corazones. Todos los otros bebés tenían puestos ropa tejida a mano. Pero este chiquillo estaba envuelto en pañales.

9 Si lo entiendo correctamente, Él estaba envuelto e… ni siquiera tenía ropa cuando nació, sin embargo Él era el creador de los cielos y de la tierra, nacido en un pesebre, en un pequeño estable que parecía como una cueva en la pared. Y él no tenía ropa, lo envolvieron usando la envoltura trasera del yugo de un buey. Allí estaba, envuelto en ese pañal.

10 Él no aparentaba ser mucho para el resto de ellos, pero para su madre que sabía quién él era, era una joya. Y así es esta noche, para todo aquel que lo guarda en el pesebre de su corazón.
Mientras se movían…
Ahora, si Dios hace una promesa, Dios tiene que cumplir con esa promesa. Dios le prometió a Simeón a través del mismo Espíritu Santo que le prometió a usted, que me prometió a mí, que él no moriría hasta que haya visto al Cristo.

11 Echémosle un vistazo. Él está en la sala de estudio. Él toma la Biblia y la lee. De repente, el Espíritu Santo le dice: “Simeón, póngase de pie.” Me gusta eso.
Dios derrama gracia sobre su promesa. El espíritu Santo estaba obrando. Ese Espíritu Santo es el mismo Espíritu Santo que está obrando ahora, aquí en Puerto Rico.

12 David dijo, “cuando un abismo llama a un abismo… ”Si hay un abismo llamando, tiene que haber un abismo que le responda. Por ejemplo: antes que hubiera un árbol para crecer en la tierra, tiene que haber primero tierra para el árbol poder crecer. Antes de que hubiera una aleta en la espalda de un pez, [hermano Branham explica lo que es una aleta al traductor.]… aleta en la espalda de un pez, el pez nadador. Tenía que haber primero agua en donde poder nadar, o no tuviera una aleta.
Ahora, aquí hace algún tiempo en América, estaba leyendo en el periódico donde un niño se comía los borradores de sus lápices en la escuela. Y su madre estaba ansiosa. Un día ella salió y lo encontró en la marquesina comiéndose el pedal de goma de una bicicleta. Entonces lo llevó a la clínica al ver al médico, y le examinaron su cuerpo. El doctor le dijo: “su cuerpo anhela azufre.” Azufre.
Ahora, ahora si aquí hay deseo para azufre, tiene que haber azufre primero, porque tiene que haber algo para responder a ese anhelo.

13 Escuchen esto. Antes de que pueda haber una creación, primero tiene que haber un creador para crear la creación. Por lo tanto, si hay hambre dentro de esta multitud para la sanidad divina esta noche, eso muestra que hay una fuente abierta por ahí, o nunca tendría anhelo para comenzar. Si usted está anhelando ver el poder de Dios, hay un poder de Dios por ahí para satisfacer ese anhelo.

14 Ahora, aunque no hubiera una escritura en la Biblia que reclamaría la sanidad divina… y sin embargo, sus almas lo están deseando, pidiendo, o clamándolo, entonces tiene que haber sanidad divina. Es un abismo llamando a otro abismo. Entonces por eso están aquí. El mismo Espíritu Santo que le dio a Simeón la promesa, es el mismo Espíritu Santo que te dice que hay poder de sanidad aquí. Entonces alrededor de toda la ciudad y a través de todas las montañas, el mismo Espíritu Santo que guio a Simeón es el mismo Espíritu santo que los ha guiado ustedes aquí para cumplir la promesa. “En los últimos días derramaré mi Espíritu…?… [palabras inciertas -trad] sobre el pueblo. Señales y prodigios serán…?… [palabras inciertas-trad] ”. Ese mismo Espíritu Santo está guardando su promesa.
Ahora, si Cristo está en el templo, entonces es el deber del Espíritu Santo traer aquellos que creen en la promesa allí para verlo. Así es esta noche. Si Cristo está aquí, los que aman a Cristo serán impulsados por su Espíritu aquí para mirar sus milagros. A menos que Él no lo envié. Regresemos a Simeón,

15 que está sentado atrás en el templo, leyendo. Me supongo que el Espíritu Santo le dijo: “Levántate. Camina.” Lo creo.
¿Creen ustedes que los hijos de Dios son guiados por el espíritu de Dios? No tienes que ser inteligente; sólo tienes que tener fe en el que te está guiando.

16 Me acuerdo una vez, cuando viajaba desde Dallas, Tejas. Yo venía de regreso a casa y se había levantado una tormenta y el avión tuvo que aterrizar en Memphis, Tennessee. Y me tuvieron que hospedar en un hotel hasta la siguiente mañana. Me informaron que íbamos a salir a las siete de la mañana. La limusina te recogerá a las seis.“ Dije muy bien. Y esa noche escribí unas cartas.
Al día siguiente me levanté, y salí a enviar las cartas. Y mientras iba por la calle, El Espíritu Santo vino, y me dijo: “Para. De la vuelta. Regresa. Siga caminando”. Miré mi reloj; seguí caminando.

17 Y baje por una calle en la parte interior de esa grande ciudad, llegando casi al fondo, al lado de un rio (¿Cómo le llaman aquí a la gente de color?) donde vive la gente de color. Y mientras andaba por la calle, el Espíritu Santo me dijo, “siga caminando.” Sé que ustedes creen que somos guiados por el Espíritu Santo. Y miré mi reloj; eran casi las siete. El Espíritu Santo me dijo, “siga caminando.”
Yo mire, recostada sobre un portón… reclinada sobre el portón, había una mujer grande, una casita pequeñita. Y seguí caminando a pasarle a ella.
Ella me dice, “Buenos días, ministro”. Di la vuelta y la miré. Le pregunte, “¿Cómo sabias que soy un ministro?”
Ella me contesto, “Yo sabía que venias.” Dios trabaja en ambos lados de la situación. Esto me ha sucedido miles de veces. Solo les estoy contando de este, porque siento en mi corazón compartirlo. La miré, y le dije, “Auntie (señora), ¿cómo sabias que era un ministro?”
Ella me dijo: “Anoche estuve orando. Tengo un hijo que me fue dado por el Señor.” Me dijo: “¿Has leído alguna vez en la Biblia donde la mujer sunamita quería un hijo? Y el profeta Elías la bendijo y ella tuvo un niño. Le dije, ”Yo recuerdo ese caso.“
Ella me dijo, “Yo era esa mujer. Dios me dio un hijo. Pero lamento tener que decir que se enredó con compañía equivocada y contrajo una enfermedad, una enfermedad social, y se está muriendo, descarriado.” Me dijo, “El doctor estuvo aquí hace dos días atrás y me dijo: que no se iba a recuperar. La enfermedad le ha dañado las válvulas del corazón.” Y me dijo, “allí está acostado… acostado muriéndose. Y no soporto verlo morir de esa manera. Él es mi bebé.” Y me dijo: “Yo oré toda la noche. Oh Señor, Tú me diste este niño. Pero ¿Tienes a un Elías?” Y dijo: “me fui a dormir, y el Señor me hablo a las tres de la mañana, que me fuera a parar en el portón. Viene uno por la calle.”…?… [palabras inciertas-trad] y dijo: “ he estado parada aquí desde antes del amanecer. Cuando te vi que venias…?… [palabras inciertas -trad]
“Le dije: ”Señora, mi nombre es Branham. Yo oro por los enfermos. ¿Has escuchado alguna vez de mí?“
Ella me dijo: “No, Reverendo Branham, nunca he oído de usted.”
Y me le acerqué, y le puse la mano sobre su espalda; estaba mojada debido al rocío. Tenía la camisa de un hombre atada alrededor de su cabeza. Con lágrimas corriendo por su mejillas grandes y oscuras. Me pregunto: “¿Vas a pasar?”

18 Al abrir ella el pequeño portón, entré a esa cabaña pequeña de dos cuartos. No vi alfombra en el piso, solo una cama pequeña, pero había un letrero en la puerta que decía, “Dios bendiga nuestro hogar”.
He orado por Reyes en sus palacios y tuve el privilegio de estar en algunas de las mejores casas del mundo. Pero jamás en toda mi vida me he sentido más bienvenido como allí en esa cabaña esa mañana.
Y vi, tendido sobre la cama, a un muchacho grande, pesando como unas ciento ochenta libras. Y mientras tenía la sabana en sus manos, gemía. Y murmurando, decía: “está oscuro.” Y yo le pregunte a ella, “¿Qué es lo que está diciendo?
Ella dijo, “Reverendo, eso es. Esta perdido, él ha estado diciendo eso por dos días. No sabe nada. Él está loco. Pero piensa que está sobre el mar. Tiene frío y esta frío y oscuro. Y ésta perdido. Piensa que está en un barco. Y no puede encontrar la salida, y está gritando por misericordia. ¿Puede usted ver reverendo?, por eso vine y le oré a Dios. Si sólo pudiera escuchar a mi bebé decir, Mamá, soy salvo, estaré satisfecha de verlo irse a casa.” Le dije, “¿Desea oración por su sanidad?”
Ella no estaba interesada en eso. No sabía nada acerca de la sanidad. Ella sólo quería verlo salvo. Ella lo besó en la frente. Y le dijo, “Dios bendiga el bebé de mamá.”

19 Piense en eso. Tirado allí, desgraciado, en el pecado, pero sin embargo, el amor de esa madre se expresó, sin importarle su condición. Todavía era el bebé de mamá.
Ese amor que dijo Jesús… que Dios había dicho que “una madre puede olvidarse de su bebé, pero nunca me olvidaré de ti”. ¡Oh, qué amor Dios tiene para este mundo!
Le dije: “Ore, hermana.” Y nos pusimos de rodillas. Oh, y que clase de oración hizo. Ella oró de tal manera que yo sabía que ella conocía a Dios. Yo lloré. Y cuando ella se levantó, tomó su delantal, y se secó los ojos, entonces me dijo, “¿Oraras ahora?”

20 Yo dije: “Señor, yo ya estoy atrasado dos horas. Mi avión se ha ido. Y he seguido tu Espíritu. No sé por qué me trajiste aquí, pero, oh Señor, Tu todavía eres Dios. Yo sólo seguí Tus instrucciones. ¿Es esta la persona que querías que visitara?”
Y en ese momento, escuché la voz como si fuera de un hombre, y dijo: “Mamá, está entrando luz en la casa.” Y en un tiempo de cinco minutos estaba sentado al lado de la cama con su madre y conmigo, glorificando a Dios.
Dos años más tarde, andaba yo otra vez hacia el oeste. Esta vez viajaba por tren. Los sándwiches en el tren eran demasiado caros para mí. No podía pagarlos. Así que decidí esperar hasta que parara el tren para comprarme una bolsa llena de hamburguesas [emparedados-trad]. Y entonces, mientras el tren se detuvo en Memphis, me bajé, y comencé a correr hacia la estación de hamburguesas. Escuché a alguien gritar. Era un portero con un gorro rojo puesto. “Hola, Reverendo Branham.” Di la vuelta; y aquí venia el, un muchacho joven, destacado y me dijo, “¿Te acuerdas de mí”?
Le dije, “no”.
Él me dijo, “hace un año atrás, usted vino a esta ciudad. ¿Te acuerdas que viniste a donde estaba mi mamá?”
“Sí,” le dije, “Yo me acuerdo. ¿Usted no es ese niño?”
“Sí yo soy. No solamente fui sanado, pero hoy soy un cristiano también.”

21 Cuando me fui de esa casa esa mañana, Salí corriendo del edificio, llamé a un taxi y corrí al aeropuerto. Y cuando llegué allí, con dos horas y media de retraso, estaban precisamente haciendo la última llamada para el vuelo. Piense en eso. Píense en eso.
Que Dios, a través de la fe de una pobre mujer ignorante, que no sabía ni cómo escribir su propio nombre, y aun así su fe bajo a un avión del cielo y lo aterrizo sin que ella estuviera en proximidad.

22 Si tan solo pudiéramos ser guiados por el Espíritu. Simeón fue guiado por el Espíritu. Por allí iba. Él no sabía adónde iba; solo camino. Y se acercó a la fila de mujeres. Se detuvo delante de esa mujercita con ese bebe envuelto en un pañal.
Ahora bien, piense en esto. Dios manifestado en la carne, creador de los cielos y de la tierra, en los brazos de una mujer con ni siquiera ropa puesta. Envuelto en un trapo viejo.
¿Entonces, que somos nosotros? ¿Qué entonces, es lo que nos merecemos? Creemos que somos alguien; no somos nada. Es sólo por la gracia de Dios.

23 Y Simeón se paró. El Espíritu Santo tuvo que haberle dicho, “Simeón, para. Voy a mostrarte una señal.” Y él voltio la cabeza. Corrió, y agarro el bebé, y aguantándolo en sus brazos, dijo: “Señor, permita ahora que Tu siervo se vaya en paz, porque de acuerdo a Tu Palabra, mis ojos han visto Tu salvación.”
Y al otro lado en un rincón había una profetisa anciana ciega. Su nombre era Ana. Ella no podía ver, tenía ochenta y cuatro años. Ella ayunaba y oraba todo el tiempo. Ella también estaba llena del Espíritu. En ese instante el Espíritu Santo le dijo, “Levántate, Ana.” Aquí viene ella, ciega, caminando entre la muchedumbre, guiada por el Espíritu. Ella no sabía a donde iba, ni siquiera podía ver por dónde iba, pero estaba siendo guiada por el Espíritu y ese es el mismo Espíritu Santo que nos guía esta noche. No importa por donde vas, siempre y cuando estas siendo guiado por el Espíritu. Allí viene ella, viene a María. Ella le miro su rostro. Levanto sus manos. El Espíritu Santo vino sobre ella y comenzó a profetizar.

24 Ese mismo Dios está aquí esta noche. Hijos e hijas de Dios, guiados por el Espíritu, ¿Quieres que Él te guie a ese mismo Dios esta noche?Inclinemos nuestros rostros. Me gustaría saber, antes de orar, mientras tienen sus cabezas inclinadas en oración, ¿Cuántos dirían? levantando la mano, “hermano Branham, acuérdese de mí en oración.” Levanten las manos. Oh mí, hay miles.
Oh Señor, somos todos seres terrenales. Tenemos nuestras caras inclinadas hacia el polvo de la cual nos has tomado. Y algún día volveremos a ese polvo, si Jesús se demora. Pero, oh Dios, danos a nuestros corazones la vida eterna, que algún día cuando Jesús venga, aunque seamos polvo, cuando el Hijo de justicia ascienda con sanidad en sus alas, este mortal se vestirá de inmortalidad, y seremos resucitados y arrebatados para recibirlo en el aire. Dele a cada una de aquellas manos, vida eterna, Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.

25 Estoy tan contento en saber que estas historias maravillosas emocionantes que leemos en la Biblia, no solamente son historias de un Dios histórico; es la historia de un Dios viviente que es El mismo hoy.
Ahora, no creo que tengamos espacio aquí para una línea de oración. Tal vez si ya repartieron las tarjetas, quizás las utilizaremos, mañana por la noche. Creo que con todo este espacio no habrá necesidad de usar las tarjetas de oración. Esto le dará a cada uno de ustedes sin tarjeta la oportunidad de recibir oración.
Crean ustedes, ahora. [El hermano Branham le habla al intérprete. “Se lo has explicado a ellos ¿verdad?”] El pastor les ha explicado qué es lo que prometió Jesucristo. Y si Él es el mismo Jesús hoy como el de aquel entonces, sus promesas son verdaderas, hará hoy lo mismo que hizo en aquel entonces. ¿Cuántos han estado aquí anteriormente y lo han visto hacerlo? ¿Cuántos no? Levanten las manos. Casi la mitad.

26 Ahora, muchos de ustedes hacen unos momentos antes lo recibieron como Salvador sin ver nada. Maravilloso. Bueno. Pero ahora el mismo Dios que ustedes recibieron esta…?… [palabras inciertas-trad] ha prometido cumplir Su Palabra.
Ahora, para los recién convertidos, Jesús, como ha dicho el pastor, Pedro fue traído a Él, Él sabía quién él era, le dijo quién era, le dijo cuál era el nombre de su padre. Eso es correcto. El judío dijo: el verdadero [piadoso-trad] judío, el verdadero creyente, dijo, “ese es el Hijo de Dios”.
Nataniel fue traído por Felipe. Y cuando él vino, Jesús le dijo quién él era, dónde había estado. Luego le dijo: “Rabí, Tú eres el Hijo de Dios.”Mucha de la gente en la iglesia dijeron: “Él es el diablo, Belcebú”. Ellos pensaron en sus corazones. No lo dijeron en voz alta. Jesús percibió sus pensamientos. Él les dijo, “Los perdonare por eso. Pero algún día, el Espíritu Santo vendrá y hará lo mismo. Una palabra en contra de Él jamás será perdonada en este mundo ni en el mundo venidero.”

27 Se encontró con el pueblo Samaritano. Recuerden, Él nunca fue a los Gentiles; solo a los Samaritanos y a los judíos, a los de Cam y a los de Sem. Y nosotros somos Gentiles, del pueblo de Jafet.
Ahora, cuando encontró a la mujer samaritana, le dijo, “vaya y traiga a su marido. Tráigalo aquí.” Él descubrió lo que tenía en su corazón.
Ella le dijo, “Yo no tengo marido.”
“Usted tiene cinco”
Ella le dijo: “Señor, percibo que eres un profeta. Sabemos que cuando venga el Mesías, Él nos declarara estas cosas. Pero, ¿Quién es Usted?”
Jesús le dijo, “Soy yo el, el que te habla.”
Ella fue a la ciudad, “vengan y miren a un hombre que me ha dicho cosas. ¿No será este el Mesías?” Si esa fue la señal del Mesías ayer, y si es el mismo Mesías hoy, entonces El hará lo mismo.

28 Hubo una mujer que se abrió paso entre la multitud, y tocó el borde de su manto. Ella tenía un flujo de sangre. Se escondió en la audiencia. Estoy diciendo esto para el beneficio de los recién convertidos.
Noten, para que no piensen que estoy equivocado sobre esto. Es la promesa de Dios. Él lo prometió…?… [palabras inciertas-trad] para que usted supiera que Dios cumple su promesa.
Ahora, la mujer que lo tocó. Todo el mundo lo estaba tocando. Pero Jesús se detuvo, y dijo, “¿Quién me toco?” Todos lo negaron. Él dijo, “Alguien me toco; me siento débil; fuerza [virtud-trad] salió de mí.” Entonces miró a su alrededor y al encontrarla le dijo que tenía un problema de flujo de sangre, y que su fe la había sanado. Ustedes están familiarizados con esa historia.
Ahora, la Biblia dice que Jesucristo, ahora mismo, es el sumo sacerdote. Él es el único sumo sacerdote, el único mediador entre Dios y el hombre. Eso es correcto. Y está sentado a la diestra de Dios, haciendo intercesión. Y Él es el sumo sacerdote que puede compadecerse de nuestras debilidades. La Biblia lo dice, en el libro de Hebreos.

29 Ahora, si Él es el mismo sumo sacerdote, si lo pueden tocar, El actuará de la misma manera. Cuántos aquí no estarán en la línea de oración mañana por la noche, no tienen tarjeta de oración, pero creen que tienen la fe para tocarlo en la gloria, levanten la mano. Muy bien.
Ahora, si pueden creer. Ahora, esto es un desafío. Aquí es donde la palabra de Dios tiene que o ser la verdad o ser mentira. O soy un verdadero testigo de Dios, o soy un falso testigo de Dios. Dios testificara; entonces que sea El juez.

30 No conozco a ninguno de ustedes. Ahora, manténganse completamente reverentes, crean en Dios. No se muevan. Permanezcan reverentes por unos minutos y oren. (Ahora, estén listos para mi introducirles). Estoy seguro de que ustedes entienden la posición en la cual estoy. Pero yo creo en Dios. Él me envió a hacer esto, para que ustedes supieran que la religión cristiana es la única religión verdadera.
Veo una señora (si desea levantar la cabeza), orando aquí en la esquina, con una niña. Si crees que esa niña se sanará… La niña tiene problemas con su hablar. Levanten sus cabezas si quieren. Problemas con su hablar. Eso es correcto. Incluso, ella ha visto al doctor. Y el doctor le dijo que iba a operarla de las amígdalas. Y la tienes aquí creyendo que Jesús la sanará. Para que ustedes sepan que soy el siervo de Dios: esa es la abuela del bebé sentada a su lado, al lado de la madre al extremo. Eso es cierto. Y para que ustedes sepan que soy el siervo de Dios, la abuela está orando por su problema del estómago. Eso es correcto. Crees con todo tu corazón que lo que dije es la verdad, y que soy un desconocido para usted. Muy bien. Usted puede irse a casa. No dudes y estarás bien. Si lo puedes creer.

31 Aquí se encuentra un hombre, sentado delante de mí, y él está orando. Él tiene problema con el estómago. Su esposa está a su lado; ella tiene problemas femeninos. Si creen con todo su corazón. ¿Si lo creen? Entonces pueden ser sanados. Levanten la mano. Muy bien. Póngase de pie. Amén. Jesucristo los ha sanado.
Sentado acá atrás, mirando hacia aquí, un hombre, sufriendo con problemas del estómago. Si usted cree, señor, la segunda persona sentado al extremo, usted puede ser sanado. Jesús Cristo lo ha sanado. Muy bien. Crealo.
Alguien está orando. Es un hombre. Él tiene problemas con sus nervios. Él no puede dormir. Se levanta. Teme que él tiene cáncer. Usted olvídese de eso. Vas a dormir esta noche. Jesucristo te ha sanado.

32 Podría hacerme un favor, viendo que Dios te ha sanado, la dama sentada a su lado…?… [palabras inciertas-trad] la otra línea. Póngase de pie, señora. Sufrías de una opresión, depresión diaria mental. Eso es correcto. Señor, ponga sus manos unos a los otros. En el nombre de Jesucristo, condeno ese espíritu. Satanás, estás expuesto. Salga de ella, en el nombre de Jesucristo. Amén. Usted ahora, se puede ir, estar bien. Ese espíritu maligno que estaba sobre esa otra mujer…?… [palabras inciertas-trad] Ahí está otra vez…?… [palabras inciertas-trad].
Hay una mujer orando, detrás de ella. Ella tiene a su hijo sentado a su lado, su hijo, también tiene problemas mentales. Y la madre está orando por su hijo. Párase. Ponga su mano sobre su muchacho. En el nombre de Jesucristo, que lo deje. ¡Aleluya!…?… [palabras inciertas-trad].

33 Hay una señora aquí, enfrente de mí. Ella sufre de complicaciones en la espalda. Ella está en un mal estado. No creo que ella me entienda. Escuchame, Wanda Ortez, Ortez. Póngase de pie. Jesús Cristo la ha sanado…?… [palabras inciertas-trad].
Si lo pueden creer. Allí esta; la ven parada de pie. Ella está bien. ¿Qué están tocando? A mí no. Están tocando al sumo sacerdote, Jesucristo por medio del Espíritu Santo, el mismo que guio a Simeón.
Una señora, sentada aquí atrás al extremo, asmática. Póngase de pie. Esa es buena fe. Pero hay una cosa que usted necesita que es más urgente, y es a Jesucristo como su Salvador. ¿Lo aceptas como tu Salvador? Esa es buena fe para una pecadora que no lo tiene. Sea salva, tus pecados han sido perdonados. Vaya en paz. ¡Aleluya!

34 Directamente detrás de la mujer, hay un hombre orando. Él tiene problemas de nervios. Su esposa a su lado lo está mirando. Ella tiene diabetes. Eso es correcto. Póngase de pie. Jesucristo los ha sanado.
Hay una señora al igual que la mujer. Póngase de pie. Yo soy un desconocido para usted. No te conozco. Jesucristo te conoce. Si Dios me revela cuál es tu problema, ¿creerás que soy su Profeta? Levante las manos. Usted tiene problemas de mujeres. Fuiste al médico; él quiere operarla. Eso es correcto. ¿Me crees? Te diré a qué iglesia perteneces. Eres Bautista. Levante las manos.

35 Hay un hombre sentado al lado de ella. Él está sufriendo con problemas de la próstata, se levanta por la noche. ¿Lo cree usted? [Espacio blanco en la cinta-Ed.] Eso es correcto. Póngase de pie. Créelo con todo su corazón. Váyase a casa y este bien.
Bajando por esa línea, sentados allí. Hay dos sentados allí con sombras oscuras sobre ellos; es de epilepsia. Usted créelo. Pónganse de pie y acepten su sanidad, acepten que Jesucristo los ha sanado. ¡Aleluya!

36 ¿Creen ustedes? Todos ustedes que creen que Jesucristo, es el hijo de Dios. Si ustedes lo creen, cada uno de ustedes pueden ser sanados; Si lo creen, póngase de pie. Oh Señor, en el nombre de Jesucristo, sanalos a todos. Y Señor, escucha la oración de tu siervo. Afuera de aquí, satanás! Yo vengo a desafiarte. Estas expuesto. Eres sólo un fraude. Estamos exponiendo tu mano. Jesucristo te ha derrotado, y no tienes derecho legal. Estás derrotado. Jesucristo te derrotó. Afuera en el nombre del Señor Jesucristo.
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