OBRAS DEL MENSAJE


Jehova Jireh 3
Yakima, Washington, E.U.A.
60-0803
1 Permanezcamos de pie sólo un momento. Lo siento por haber llegado un poco tarde esta noche, pero es que estaba allá en el cuarto destinado para emergencias, y me dilaté un poco. Así que antes que nos sentemos, me gustaría leer una Escritura que se encuentra aquí en Génesis, para finalizar el tema que empecé anoche. En Génesis 22, lo leemos… esto desde el versículo 7: Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. Y el versículo 14 otra vez: Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto. Inclinemos nuestros rostros ahora sólo un momento, mientras abordamos al Autor de esta Palabra en oración:
2 Bondadosísimo Padre, estamos contentos en esta noche que el Dios de Abraham es nuestro Dios, que somos Sus hijos por la promesa por medio de Jesucristo. Por cuanto El es exactamente el mismo esta noche para con Sus hijos, como El lo fue con el padre Abraham… Pues lo que El era para Abraham, la bendición no únicamente se la prometió a Abraham, sino que también a sus hijos después de él. Y cuando vino Ese grande y poderoso, ese poderoso Niño, el Señor Jesús, El fue ofrecido por el pecado, por nuestros pecados, para que pudiéramos a través de Su justicia, llegar a ser los hijos de Abraham, los cuales son los hijos de Dios por la promesa. Ahora, Padre, pedimos que Tú nos des en esta noche la fe que Abraham tenía. Y mientras hablamos de la Palabra, que el Espíritu Santo confirme todo lo que Tú has escrito. Y que cuando nos vayamos de aquí esta noche, después que se termine esta fila de oración, y nos vayamos a nuestros diferentes hogares, que digamos como aquellos que iban a Emaús: “¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino?” Permite que El haga en esta noche las cosas que El hizo antes de Su crucifixión, para que esos en el camino a Emaús en esta noche puedan saber que El ha resucitado de los muertos, y que rápidamente les vayamos a decir a otros: “¡Verdaderamente, el Señor ha resucitado de entre los muertos, y nos ha aparecido aquí en Yakima!” Lo pedimos en el Nombre de Jesucristo. Amén. Se pueden sentar.
3 Muchos están poniendo pañuelos aquí arriba. Yo oro por ellos cada noche. Recuerdo que en Suráfrica, en uno de los libros, creo que fue escrito por el Capellán Julian Stadsklev. El escribió el libro, creo yo, “El profeta visita Africa”. Y ellos tenían varios grandes sacos de tela de cáñamo en la plataforma, llenos de correo. Y el editor del periódico, el reportero, dijo: “El Hermano Branham es muy supersticioso”. Dijo: “El estaba orando sobre un pedacito de tela”. Ellos sólo… ellos nunca habían oído de eso. ¿Ven Uds.? Y por supuesto, eso es parte del Evangelio. Eso es algo que Dios ha prometido, que El bendijo. Y nosotros tenemos una–una cadena de oración por todo el mundo para estos pedacitos de tela. Algunas personas se levantan a las doce en punto, algunas a las tres de la mañana, y todos viajamos y oramos de acuerdo a la hora estándar del este. Nosotros enviamos esos pedacitos de tela del Tabernáculo alrededor del mundo. La gente se levanta orando por otros, no por ellos mismos, sino por otros, y otros están orando por ellos, como lo hacemos aquí en la noche. Y déjenme decirles a Uds., Uds. deberían leer los testimonios que llegan de las grandes cosas que el Señor ha hecho.
4 Estaba hablando anoche, en el cuarto para emergencias, que hubo una mujercita alemana que nos escribió no hace mucho, y ella recibió un pedacito de tela por el que se oró, y en el–el… Es un pedacito de listón. Yo solía enviar un pañuelo. Pero cuando llegaron a ser muchos, yo no pude hacer eso; así que consigo cientos de metros de listón, oro sobre ellos, y los envío a los enfermos y afligidos. Y sólo… Un mujercita alemana, ella recibió las instrucciones, y se las interpretaron a ella al alemán, cómo Ud. tiene que primero llamar a su pastor, y si su pastor no puede venir, a algún buen Cristiano del vecindario, o a algún miembro de su familia. Confiese todas sus faltas, si Ud. tiene alguna. Ore. Tome ese pedacito de tela, y fíjelo con un alfiler en su ropa interior. Ponga sus manos sobre él, y dígale a Dios que Ud. le servirá a El el resto de su vida, si El le concede sanar. Y entonces, cuando Ud. haga eso, entonces a cada hora de las horas antiguas del sacrificio: a las nueve, doce, y tres de la tarde, hora estándar del este (es cuando yo estoy orando, al mismo tiempo), y oramos las veinticuatro horas del día a esas horas, de esa manera, y por todo el mundo. Y uno sólo… Dios no puede ignorar eso. Por todo el mundo, al mismo tiempo, hay oraciones de cientos y cientos de personas clamando al mismo tiempo. Y esta mujercita alemana se puso eso sobre ella, y llamó a sus vecinos, y a su pastor; ella había tenido artritis por veinte y algo de años y estaba en una silla de ruedas. Fue algo gracioso, y sensitivo, pero ella dijo que cuando se puso eso allí, dijo: “Mira, sr. diablo: tú ya no me puedes sujetar, así que, ¡salte! ¡Ahí voy!” Y se salió de la silla de ruedas, y se fue caminando. Así de sencillo. Es así de sencillo la fe. Y la razón que yo he tomado estas noches para hablar sobre la fe, es porque la gente trata de hacer la fe complicada. Dios no la hace complicada; somos nosotros los que la hacemos complicada. Vamos allá muy lejos tratando de obtener algo allá muy lejos, y ahí está a nuestro lado, sencilla. Si Uds. tienen la suficiente fe para cruzar ese piso caminando, Uds. tienen la suficiente fe para todo lo que Dios prometió. Si Uds. tienen la fe suficiente para levantar su mano, bueno, Uds.–Uds. tienen la fe suficiente para todo lo demás. Es fe sencilla. Sólo aplíquenla con el hisopo, como yo les he dicho a Uds. en los mensajes. Sólo tomen la Sangre y por fe sencilla, igual que cuando Uds. comen, beben, caminan, manejan su automóvil, hablan, u otra cosa, así es de sencillo. Pero cuando Uds. empiecen a pensar: “Oh, ¿lo puedo hacer? ¿Lo puedo hacer?” ¿Ven? Entonces Uds.–Uds. se están apartando mucho de la–la cosa principal. Uds. tienen que regresar aquí a una fe sencilla, como la de un niño, de sólo creer a Dios. Digan: “Dios lo prometió. Es mi posesión. Cristo murió por eso. Y es mío”. Y sencillamente sigan adelante, y créanlo, y no piensen nada más tocante a ello, sólo… Todo está bien. Todo terminó. Y Uds. sanarán.
5 Ahora, yo sé que eso es la verdad, porque yo lo he intentado. Pero miren, si Uds. tienen pecado sin confesar en su corazón, de seguro no obrará. Uds. tienen que confesar su pecado, creer en el Señor Jesucristo, aceptarlo a El como su Sanador, igual que Ud. lo aceptaría como su Salvador. Ellos dicen: “¿Es salva-…? ¿Perdura la sanidad Divina, Hermano Branham?” Mientras que la fe perdure. Cuando Uds. llegan a un punto que Uds. dicen que ya no son salvos, recuerden, Uds. han perdido su terreno allí mismo. Cuando su confesión fracasa, entonces su fe fracasa. Y miren, la primera cosa que… Hebreos dice esto, que “Jesucristo es el Sumo Sacerdote que intercede sobre nuestra confesión”. Y antes que Dios pueda hacer una sola cosa por Uds., Uds. primero tienen que confesar que El lo ha hecho. El es el Sumo Sacerdote de nuestra… Por supuesto, la Biblia King James dice: “Profesión”, y profesar y confesar es la misma palabra. ¿Ven? Profesar que así es, o confesar que El es. ¿Ven? Profesar: yo profeso que soy un Cristiano, o confieso que soy un Cristiano. No hay diferencia. Entonces, la mujer tocó Su manto, y El le dijo: “Tu fe te ha salvado”.
6 Ahora, estos eruditos griegos aquí, le dirían a Uds. que esa palabra allí en el griego es sozo, lo cual significa exactamente igual que “ser salvo físicamente” o “ser salvo espiritualmente”. Es la misma traducción. Así que Sozo: tu fe te ha sozo, salvado. Tu fe te salva del infierno. Tu fe te salva de la muerte. Tu fe te salva de la enfermedad. ¿Ven? Es sozo, la misma palabra. Así que la misma fe que Uds. tienen en Dios para su salvación, es la misma fe que Uds. usan para su sanidad. Es sencillo; créanlo; actúen sobre ello. No se necesitan sensaciones; no se necesita nada en el mundo, sino sólo fe sencilla. Uds. no tienen que sentir nada. Uds. no tienen que… La única cosa que Uds. tienen que hacer es creer algo, creer que Jesús murió para que Uds. pudieran ser salvos, y es de Uds. ¡La fe es tan sencilla!
7 El otro día, allí estaba un… yo andaba caminando por allí, y allí estaba un– un ministro sentado bajo un árbol. El Espíritu Santo me dijo: “Ve y háblale”. Yo fui allí, y su esposa salió y un grupo de personas que había estado aquí, y ellos no pudieron obtener una tarjeta de oración, y no sabían que había un cuarto para emergencias, y ellos se tuvieron que regresar. ¿Ven la gracia de Dios? Y luego, bueno, mientras yo estaba allá, el Espíritu Santo bajó, y empezó a revelar toda clase de cosas. Y esas personas empezaron a llorar y a regocijarse. Y yo dije: “Ud. trajo a un indio con Ud.; ¿en dónde está?” Y así es que yo dije: “El indio es una niñita, y ella tuvo una fiebre y le paralizó su cerebro”. Y ese hombre empezó a llorar. El era un misionero a los indios. Y él dijo… Yo dije: “Traiga a la niña; oraremos por ella”. Y yo dije: “Su padre no tiene dinero para quedarse otra noche”. Eso es lo que me duele. Me pregunto cómo es que sucedió eso. Yo–yo–yo voy a tener que cambiar de hacer lo que estoy haciendo, porque no me pongo en contacto lo suficiente con mucha gente por causa de estas visiones.
8 La gente en América, a nosotros se nos ha enseñado por mucho tiempo que debemos poner manos unos sobre los otros. Y realmente, eso es exactamente lo que mi llamamiento debía hacer. El Angel del Señor me dijo, que yo había nacido para orar por la gente enferma. Fui yo el que lo cuestionó, y luego El dijo: “Por medio de estas señales los harás que crean”. Yo dije: “Ellos no me creerán. Yo soy falto de educación, y ellos no me creerán”. El dijo: “Por éstas ellos tienen que creer, porque tú conocerás los mismísimos pensamientos de sus corazones”. Muchas veces, yo deseo algunas veces que tuviera alguna otra cosa. Pues muchas veces yo estoy delante de personas, que ponen sus manos en mi espalda, y me llaman hermano, y yo sé que no es así. ¿Ven? Yo he estado con… aun con gente que se queda, y dice: “¡Oh, hermano Branham, yo tengo el Espíritu Santo”, y cosas como ésas. Y yo sé que están viviendo con la mujer de otro hombre, o el esposo de otra mujer. Me quedo y me tengo tragar eso, cuando uno sabe que no es así, eso corta y lastima. Nunca lo deseen; nunca lo quieran; Uds. no saben lo que va con ello. ¿Ven?
9 Un buen amigo mío, estábamos sentados a la mesa, un ministro. Y yo le había escrito a él, y él era un hombre amable. Lo conocí, y un día estaba sentado a la mesa comiendo, allá en Louisiana, y algo sucedió. Miré al otro lado de la mesa, y quisiera que yo no lo hubiera hecho. Me ha dolido desde ese entonces. ¡Si yo únicamente no lo hubiera hecho! Esa es la razón que yo procuro apartarme de ello tanto como me sea posible, para evitar verlo. Yo no– yo no quiero tener ese sentir. Yo quiero creer que son… que me aman de todas maneras. ¿Ven? Y Uds. no lo querrán tener, y Uds. no se imaginan lo que uno tiene que luchar en contra, sabiendo eso. Y luego, algunas veces lo que alguien dice, y lo que alguien quiere decir en su corazón, son dos cosas diferentes. Y a uno no le gusta saber eso, porque yo amo a la gente, y yo quiero amarla con un amor verdadero, sin saber aun lo que piensa. Pero, eso no tiene ninguna importancia; yo–yo la quiero amar de todas maneras. Y entonces… pero, entre más sencillos que podamos ser, lo más mejor que estaremos.
10 Yo estaba hablando del indio. Yo recuerdo mi primer contacto con los indios. Yo le prometí al–al Señor, a ese misionero, cuando yo oré por la niñita, y la envié a casa, si… Y dije: “Señor, si Tú permites que esa niña se recobre, yo iré a la reserva”. Yo recuerdo en Phoenix, la primera ocasión que estuve en San Carlos, con los Apaches, los primeros indios por los que oré. Yo siempre sentí pesar por los indios. Ellos no recibieron un acuerdo muy provechoso. Sabemos eso. Y así que esa noche en San Carlos, hace muchos años, ellos… Fuimos allá, y dijimos: “Indios únicamente”. Y así que ellos estaban allá en su reserva, y oh, cuando el sol se puso esa tarde, era hermoso ver el… todos sentados en cobijas, y demás, parados y sentados. Y yo estaba en una misioncita de la Asamblea de Dios, en el porche: un solo orador y un solo intérprete. Y esa mujer… Ellos no tienen frases o párrafos, o puntuaciones; el–el habla es algo tosca. Y así que, yo….
11 Ella estaba interpretando. Entonces, yo seguí, y dije: “Miren Uds., yo siento lástima por Uds.” Yo dije: “Pero solamente soy un solo americano”. Yo dije: “Yo no pienso que fue correcto echarlos fuera a estos lugares aquí y demás”. Yo dije: “Yo pienso que es una de las más grandes manchas que alguna vez fue puesta en la bandera”. Y yo dije: “Cómo nos gustaría a nosotros si Japón hubiera ganado la guerra, y nos hubieran echado en un lugar como éste. No nos gustaría mucho. Así que, y Uds. viven aquí con tuberculosis y todo, medios muertos de hambre y todo lo demás, y ellos envían millones a ultramar para ayudar, y así está la cosa”. ¿Ven? Así que, ¿qué…? La Biblia dice que la caridad empieza en casa. Y para un real americano… Recuerden, nosotros no somos americanos. Ellos lo son. Dios les dio a ellos este país. Nosotros venimos sobre ellos, se lo quitamos por fuerza, los echamos a alguna parte del desierto, en la tierra más pobre. Así que, por eso es que les dan una pequeña pensión o alguna otra cosa, lo suficiente para alimentar a un solo hijo. Y yo siempre he sentido pesar por ellos. Mi abuela recibía una pensión.
12 Así que entonces, yo… allá esa noche… El indio es una persona extraña. El es como una mula; él no come de un establo extraño. Así que él–él se sentó allí y miró por todos lados por un rato, y uno lo podía ver con la cabeza agachada. El se para y lo escucha a uno, pero uno no sabría o pensaría que él lo está escuchando a uno, pero él está recibiendo cada palabra que uno está diciendo. Así que cuando el servicio… Cuando terminé de hablar, yo dije: “Ahora, yo les vengo a presentar a Uds. a Alguien que les dará a Uds. el acuerdo correcto. Ese es Jesucristo”. Yo dije: “El los ama. Y yo estoy aquí para representarlo a El. El gobierno y demás, puede representar la nación, pero yo”, dije, “yo vengo aquí para representarlo a El. Y El les dará a Uds. la clase correcta de acuerdo”. Y luego, cuando terminé de decir eso, yo dije: “Ahora, todos los que quieran que se ore por ellos…” Era por demás; uno no pudiera repartir tarjetas de oración, porque no había manera de formar una fila. Uno sólo se tenía que quedar en un lugarcito ahí, y dejar que pasara uno como él pudiera. Así que yo dije: “Ahora, todos los que quieran que se ore, pónganse de pie”. Bueno, yo había estado en Phoenix con la gente latina, ¡y oh, qué cosa, fue horrible! Ellos… ¡cómo venían en la fila, miles de ellos! Y entonces, yo dije: “Miren, la cosa…” Yo dije… Y yo miré. Y yo pensé que todos se iban a poner de pie e iban a correr. Pero no hubo nadie que se pusiera de pie de un brinco y corriera. Todos se quedaron quietos. Yo dije: “¿Dijo Ud. lo que yo dije?” Ella dijo: “Sí, señor”. Yo dije: “¡Dígalo de nuevo!” Yo dije: “Todos los que quieran que se ore por ellos, suban los escalones por este lado, y crucen por aquí, con fe creyendo en Jesucristo, lo que yo les he dicho a Uds.” Y así que nadie se levantó; todos se quedaron perfectamente quietos. Nadie se levantó en lo absoluto. Y después de un rato, la misionera fue al cuarto, y trajo a una mujer india. Bueno, volteé y miré detrás de mí, lo cuál no había hecho todavía, y ellos tenían todos esos bebitos, en esos pequeños “portabebés” que ponen en sus espaldas, Uds. saben, colgados en la pared. Y había un grupo de mujeres allí. Ahí venía una mujer abriéndose pasó, Uds. saben, con ese bebito. Ella me miró, y yo dije: “¿Pudiera tomarle su mano?” Y tenía una muñeca grande y ancha; y ella me miró un momentito, y yo la miré a ella, y dije: “Mire, la mujer está sufriendo de tuberculosis. Y ella también tiene glaucoma del ojo”. Y la intérprete dijo eso, y ella volteó y me miró: “¿Cómo supo Ud. eso?” Oré por ella.
13 La siguiente que pasó, no debido a una vida inmoral, sino por la manera que tuvo que vivir, ella tenía una enfermedad venérea. Pero no por vivir inmoralmente. Y pensé… Y ella me miró, y entonces todos esos indios se miraron uno al otro. La siguiente fue una niñita, y la madre estaba con ella; y así que dije: “La niñita tuvo una fiebre, y la fiebre la hizo que se quedara sorda. Ella no puede ni hablar ni oír. Ella está sordomuda”. Y cuando la intérprete le dijo eso a la madre, la madre movió su cabeza en señal de afirmación. Y–y su padre era uno de los jefes, y yo tomé a la niñita en mis brazos, y oré por la niñita. Su cabellito estaba tan grueso como la crin de un caballo, Uds. saben. Así que yo oré por ella, y la bajé de mis brazos, y dije: “Mira aquí, cariñito”. Yo dije: “¿Me oyes?” Le volteé su cabeza de esta manera y yo hice esto: [el Hermano Branham palmea sus manos–Ed.]; ella volteó. Ella… Esos ojitos negros voltearon, y me miraron. Yo dije: “Ella puede oír, y yo estoy seguro que puede hablar”. Ella dijo: “Bli-bla-bla”, algo así. “Oh”, yo dije: “¡Ella va a hablar mejor que eso!” Y la intérprete dijo: “Ella habla muy bien ahorita”. Así que ella estaba lista para… muy bien.
14 Así que entonces el siguiente era un muchachito con ojos bizcos. Entonces los indios empezaron a observar. El siguiente que salió, tenía su cabeza agachada, algo tímido, sus mejillitas gordas de apache le resaltaban, su cabello le caía sobre sus ojos. Y yo dije: “Mire, el muchachito, ¿es el niño por el que quiere que se ore?” Y la intérprete dijo: “La madre dice: ‘Sí’”. Y yo dije: “Mire, el muchachito está bizco”. Y así que dije eso, y la madre extendió esa mano y lo agarró por la nuca y lo tiró hacia atrás, y sus ojitos estaban desviados de esa manera. Y yo dije: “Permítame coger al niñito”. Y yo tenía un pedazo de goma para mascar en mi bolsillo, y se lo dí a él, y él lo cogió, y me miró con una mirada algo indómita. Yo lo cogí en mis brazos, y pensé… Yo dije: “No interprete esto”. Yo dije: “Padre Celestial, por favor dame gracia en los ojos de esta gente para que yo pueda guiar a estos verdaderos americanos a…?…”, yo dije, “al Espíritu Santo, Algo que les dará paz, y–y se los llevará al Hogar, a la Gloria. Permite que los ojos de este pequeño sean abiertos. Yo le ordeno a satanás que lo suelte”.
15 Yo miré enfrente de mí, y vi una visión del muchachito mirándome directamente, de esta manera, con sus ojos bien derechos. Los indios sólo estaban sentados mirando. Y yo dije: “Ahora, antes que voltee al muchachito (y él tenía su cabeza recostada en mi hombro), si los ojos de este niño no están derechos, entonces yo soy un falso profeta, y échenme de la reserva, pero si están, ¿cuántos recibirán al Señor Jesús?” Todos ellos levantaron sus manos. Yo dije: “¿Qué piensa Ud., madre?”, a la mujer, de esa manera. Y ella le dijo algo a la intérprete; dijo: “Ella dijo que si ella podía… si Dios podía sanar a sordomudos, El puede enderezar ojos”. Esa es una buena filosofía. Eso es… Así que yo volteé al muchachito; sus ojos estaban tan derechos como los míos. ¡Oh, hermanos, Uds. hablan de una fila de oración!, ¡tuvimos una estampida! Venían de todas partes. Y le pregunté a la intérprete; ella dijo: “Ellos pensaron primero, que Ud. era falso. Pero ellos saben ahora, que eso es verdad”.
16 Sólo una cosa más. Allí estaba el–el Hermano Jack Moore. ¿Cuántos conocieron al Hermano Jack Moore? (¿Uds. ministros de Shreveport, Louisiana? El era uno de Los hombres Cristianos de negocio. Uds. lo conocen…?…) Y tal vez, algunos… muchos de Uds. de allá, conocen al Hermano Jack Moore de Shreveport. Sí, miren las manos. El estaba conmigo, él y el Hermano Brown. Y había una–una madre india anciana que realmente era la que seguía en la fila para salir de allí, pero había un jovencito indio, como de unos dieciocho años de edad, un jovencito fornidito que se metió a empujones enfrente de los que estaban en la fila. Y yo tenía una fila de oración casi hasta San Carlos. Todos estaban en fila allí. Todos querían que se orara por ellos. Así que yo–yo no podía hacer a ese jovencito que se fuera para atrás, y el intérprete no lo podía hacer que se fuera para atrás. Así que la mujer anciana realmente era la que seguía, y el Hermano Jack Moore sólo lo cogió de los brazos. (El Hermano Jack Moore es un hombre muy fornido). Sencillamente lo levantó y se lo llevó para atrás.
17 Bueno, la que seguía era una india anciana, que parecía tener como unos setenta y cinco años de edad, con palos de escobas cortados usándolos como muletas, y con trapos envueltos en un palo que iba debajo de las axilas. Y ella se estaba deteniendo de esa manera en la puerta. Y yo le hice una señal que viniera. Y ella puso un palo adelante de esta manera y movió su pie, y luego el otro. Yo tomé mi tiempo, y la esperé. Y ella llegó cerca donde yo estaba, y yo pensé: “¿Qué va a hacer la señora anciana?” Y yo la vi con su cabello colgándole, entrenzado con una correa, Uds. saben, y tornándosele cano. Yo pensé: “Pobre señora anciana; probablemente crió un montón de niños. ¡Cuán lastimoso! Hubiera querido hablar su idioma”. Y ella me miró de esa manera, y esos ojitos hundidos, se miraba algo pálida, grandes arrugas en las mejillas y las lágrimas corriéndole por esas arrugas. ¡Oh!, mi corazón se conmovió por la señora anciana. Y ella me miró de esa manera, como que se sonrió, extendió su mano y agarró una muleta y se la puso en la otra mano, y me las dio, y se fue caminando, bajándose la plataforma como cualquier otro. Ahora, déjenme decirles, fue sin orar; ella no pidió oración. Su fe la sanó. Ahora, amigos, aquí está la Biblia de Dios. Eso es verdad. Yo tenía esta mismísima Biblia, esta Biblia que Uds…. ellos me la dieron en Houston, Texas, muy allá en el pasado, en el año de 1947. Y tenía esta misma Biblia en ese entonces. El Dios que escribió la Biblia sabe que eso es la verdad.
18 Como a las tres de la mañana… Yo dije: “Yo oraré por todos los que vengan en la fila”. Yo detuve el discernimiento en ese momento, para así poder orar por todos ellos. Y así que entonces, como a las tres de la mañana, me fijé que venían mojados, hasta aquí arriba. Y yo dije, le pregunté a la intérprete: “¿Por qué están tan mojados?” Dijo: “Ellos esperaron… no se están esperando a pasar por el vado como a unas diez millas de distancia [16 km.–Trad.]”. Dijo: “Ellos están yendo al desierto, para recoger a sus amados, y cruzan el río con ellos”. Y ellos los están trayendo en todo.
19 Así que miré y allí estaba un grande y fornido guerrero parado allí, sus labios estaban muy azules, y estaba tiritando. Y miré; allí estaba un hombre anciano, que él y otro hombre lo traían sobre un–un tablón. Y ellos tenían un tablón allí con un pedazo de madera que lo cruzaba en él, en la parte de arriba, y tenían las piernas del anciano puestas sobre el… un palo que cruzaba el tablón de esta manera, y otro que lo cruzaba de esta otra manera; ellos tenían sus brazos puestos allí, y él estaba temblando así por causa de la parálisis cerebral, tan cano como podía estar. Y yo le dije, yo dije: “¿Habla inglés?” El dijo: “Poquito”. Yo dije: “¿No tiene Ud. miedo de contraer pulmonía estando mojado así?” “No”. Dijo: “Jesucristo me ha cuidado; yo traje a mi papá”. ¡Fe sencilla! Yo dije: “Oh”, yo dije, “¿cree Ud. que Dios sanará a su padre?” “Sí, de otra manera no lo hubiera traído”. Yo dije: “¡Páselo!” Ha de haber sido su hermano en la parte de atrás. Se parecía mucho a él. Y pasó; y cuando pasó, puse mis manos sobre el hombre anciano; yo dije: “Dios del Cielo, bendice al hombre anciano. Dale el deseo de su corazón”. Y pasó. Vino el que seguía, puse manos sobre ése. Cuando menos pensé, oí mucho ruido allá. Allá el hombre anciano traía el tablón en sus propios hombros yéndose, moviendo su mano en señal de saludo a todos. Sólo fe sencilla. Eso es todo. Ellos no se… ellos no están todos atados con esto y eso. Ellos–ellos sencillamente creen, eso es todo.
20 Ahora, que Dios nos ayude esta noche para tener fe india (correcto), para creer. Si Dios sana a la niñita, será una señal. Eso fue antes que fuera a San Carlos la primera vez: fui allá porque Dios sanó a una–una mujer que pasó en la fila de oración, la cual era una alcohólica, y la siguiente que pasó tenía tuberculosis; esas eran dos indias. Y ellas trajeron el certificado del doctor, que… como un mes después, cuando yo estaba en California, de que esa mujer fue dada de alta por el doctor; la tuberculosis en ella se había terminado. Y la alcohólica nunca volvió a beber. A propósito, esa mujer que levantó su mano aquí, la otra noche, que fue salva: ¿está Ud. todavía aquí, hermana? ¿La mujer que levantó su mano allá atrás, la mujer joven? Muy bien. Está bien. Muy bien. Eso es bueno. ¿Cómo se siente ahora? ¿Cómo está su esposo? ¿Está muy bien? ¿Va bien ahora? Muy bien. Dios la bendiga. Felicidades a su hogar. Su esposo también fue sanado, un alcohólico. Y–y sencillamente ha sido glorioso el saber que Uds. confían en el Señor Dios. No hay nada como eso. Ahora, si Dios hizo eso por ese hogar, El hará lo mismo por su hogar. El quitará las enfermedades, quitará todo. Dios no hace acepción de personas. El únicamente pide una fe sencilla para creerlo. Dios los bendiga.
21 Ahora, dejamos a Abraham, anoche. ¿Están Uds. disfrutando a Abraham? Una vez, en el… yo prediqué un año en casa en mi Tabernáculo, sobre Job. Y llegué hasta el lugar donde él estaba en el montón de ceniza, y lo mantuve en el montón de ceniza como por seis semanas. La gente era muy amable, Uds. saben, pero se cansó. Allí es en dónde yo estaba basando mi punto principal, allí mismo: Job en el montón de ceniza. Allí fue cuando el Señor hizo algo por él. Una hermana amable, ella no quería herir mis sentimientos, pero me escribió una carta, y dijo: “Hermano Branham: ¿no va Ud. a sacar a Job de ese montón de ceniza?” Yo pienso…?… pienso que yo voy a llevar a Abraham a–a la montaña. Pero anoche, yo estaba queriendo llegar al clímax de ello, pero el Espíritu Santo me detuvo. Estoy tan contento que El lo hizo, porque almas vinieron a Cristo. Y la obediencia es mejor que el sacrificio.
22 Ahora, para un poco de base… Y mi hijo me dijo en esta noche, dijo: “Papá, el… es el grupo de gente más fino con el cual hemos estado”. Pero dijo: “Ellos de seguro han demostrado que tienen mucha paciencia”. El dijo: “Tú los dejas salir muy tarde”. Yo dije: “Bueno, Billy”, yo dije: “Yo estoy recibiendo de eso tanto como ellos están recibiendo. ¿Ves? Yo–yo también tengo que ser ‘cargado’”. Como dijo uno de los hermanos el otro día allá en el desayuno (creo que fue el Hermano Hobson), dijo: “Nosotros, ministros, necesitamos… siempre estamos afrontando, le hacemos frente… yendo al hospital le hacemos frente a la incredulidad; y en la plataforma, con incredulidad; y en todas partes, con incredulidad. Tenemos que reunirnos, Uds. saben, sentarnos bajo la encina de vez en cuando”.
23 Yo solía dejar que un anciano ministro predicara un poco en mi iglesia. Su nombre era John Ryan. El ya ha partido, y él–él predicaba un ratito, y luego él iba corriendo y me agarraba de la mano, y me estrechaba mi mano. Una noche yo dije: “Hermano Ryan, ¿para qué está haciendo Ud. eso?” Dijo: “Yo sólo estoy cargando la batería. Ud. está sentado allá atrás orando. Yo lo estoy predicando”. Así que, tenemos que cargar la batería de vez en cuando.
24 Así que nos dimos cuenta que Dios llamó a Abraham. ¿Era él un–un hombre especial? No, sólo era un hombre común. ¿Y era él un jovencito, listo para servicio? No. El era un hombre anciano de setenta y cinco años, antes que Dios lo llamara. Así que, ¿ven Uds.?, Dios no respeta edad, o habilidad, o prestigio, o… Dios llama a quien El puede llamar. Y así que, luego nos dimos cuenta que Dios le dijo que se separara de su parentela y de su gente, y… Pero él falló en hacer eso, y Dios nunca lo bendijo hasta que él obedeció exactamente lo que El le dijo que hiciera. Ahora, ¿no pudiéramos tipificar eso y hacer un mensaje de eso esta noche, para la iglesia Pentecostal? Hasta que nosotros mismos nos rindamos completamente a Dios, en obediencia a toda Su Palabra… Dios no nos da el Espíritu Santo para que digamos: “Bueno, yo lo tengo. Eso es todo el asunto”. No, señor. El le dio el Espíritu Santo para acción, para Palabra, para servicio. Hasta que obedezcamos, tengamos hambre en nuestros corazones… Hay bastante gente Pentecostal sentada aquí en esta noche, para empezar un avivamiento Pentecostal por toda esta región aquí, que de seguro haría–haría cosas alrededor de aquí; si sólo hacemos que el fuego arda bien, Uds. saben, y que el viento sople desde el Cielo, como un poderoso viento recio, algo sucederá.
25 Así que entonces, dejamos a Abraham anoche, cuando él había regresado a ser un hombre joven. Yo no les voy a preguntar a Uds. si creen eso o no. Pero yo–yo lo creo por mí mismo. Pero eso no quiere decir que esté correcto. Pero algo les sucedió a Sara y a Abraham. Sabemos eso, ¿no es así? Algo sucedió, porque él era estéril, y ella no era fértil. Y ellos eran de cien años de edad; él era, y ella era. Y, ¿cómo se pudiera enamorar un hombre de una mujer anciana de cien años de edad? Yo sencillamente no puedo… Ahora, alguien dijo: “¡Ah!, ellos vivían más tiempo en aquellos días”. Mi hermano, lea la Escritura ahí; Ella dice: “Ellos eran de edad avanzada”. Ellos estaban viejos. Y nos dimos cuenta, que no únicamente eso, sino que la fortaleza de él fue renovada, y ella llegó a ser otra vez una mujer joven y hermosa; y Abraham regresó a ser un hombre joven; y ellos estaban disfrutando la vida. Y recuerden: tan pronto como ellos salieron, allí en Gerar, Sara llegó a ser madre, y le dio a Abraham un hijo. ¿No están Uds. muy contentos que nosotros vamos a ser cambiados? Yo no sé qué decir aquí; estoy tan contento tocante a eso. Yo sé… yo–yo les prometo dejarlos salir un poco temprano, pero algo está en mi corazón. Lo tengo que decir.
26 Ahora, yo quiero hacer esto claro antes que lo diga. Yo creo que los dones y los llamamientos son sin arrepentimiento. Ahora, la Biblia dice eso. ¿Ven? No es algo que Uds. hacen; es algo que Dios hace. ¿Ven? Nadie… Ud.–Ud. dice: “Yo busqué a Dios, y busqué a Dios”. No, Ud. no lo hizo. Dios lo buscó a Ud., y lo buscó a Ud. No fue Ud. buscando a Dios. Es Dios buscándolo a Ud. ¿Ve? Así fue en el principio: el hombre tratando de esconderse, y Dios llamando. Y Jesús dijo: “Ninguno puede venir a Mí, si Mi Padre no le trajere primero. (¿Ven?) Todo lo que el Padre me ha dado, vendrá”. Miren, ahora fíjense. Desde que yo era un niñito de como unos dos–dos años de edad, yo empecé a ver visiones. La primera visión que vi fue en un matorral, y el–el Angel del Señor estaba en ello como un viento, y me dijo que yo iba a vivir cerca de una ciudad llamada New Albany. Yo tenía dos años de edad, vivía en las montañas de Kentucky, y viví mi vida como a unas tres o cuatro millas [4.8 km., y 6.4 km., respectivamente–Trad.] de New Albany, Indiana, que estaba a doscientas o trescientas millas de lejos [320 km., y 480 km., respectivamente–Trad.]. Y entonces, empezaron desde allí, por toda mi vida, y ni una sola vez han estado erradas. Pero esto, yo no creo que fue una visión.
27 Yo quiero confesar algo. Yo siempre estaba un poco temeroso de morir. Aun desde que yo he sido Cristiano. No tanto que tenía temor que estaría perdido, sino que yo–yo no quería ser un–un espíritu. Y yo siempre pensaba que si moríamos, tendríamos un cuerpo espiritual, y que yo los encontraría a Uds. Allá arriba, y diría: “Bueno, esa es la gente que le prediqué allá en Yakima. ¡Oh, qué cosa!, quisiera tener una mano para estrechar su mano, pero mi mano está podrida en la sepultura. La de ellos también”. Y que no íbamos a tener sentidos en lo absoluto, sino que sólo seríamos como pequeñas nubes blancas, un cuerpo espiritual; en forma de un cuerpo pero espiritual. Y a mí no me gusta nada que es fantasmal. Yo sencillamente no puedo soportar eso. A mí–a mí–a mí no me gusta eso en lo absoluto. Yo sencillamente me aparto de eso rápidamente. Así que a mí no… yo siempre temía eso. Yo dije: “Espero que viva para ver la Venida de Jesús”, porque yo sabía que regresaría de Allí, y tendría un cuerpo glorificado. Pero yo–yo quería saber como ahora sé, para que así yo me pudiera encontrar con mi hermano y estrechar su mano, y tener un momento maravilloso”. Yo dije: “Si tan sólo pudiera vivir hasta que Jesús viniera, yo no sería un espíritu; yo sería cambiado”. Yo no tendría que pasar por ese tiempo.
28 Y yo siempre temía la muerte debido a eso. Hace como unas cuatro semanas… No, perdónenme, hace como unas siete semanas, yo había llegado de una reunión, y yo estaba acostado en mi cama; y yo había despertado esa mañana, y me incorporé, y como que me puse mis manos (lo cual, yo duermo así) detrás de mi cabeza, y me recliné contra la barandilla del pie de la cama, mejor dicho, la cabecera de la cama. Y luego, dije: “Bueno”, yo dije, “cariño, ¿estás despierta?”, a mi esposa, y ella estaba bien dormida. Y yo dije… yo me quedé allí unos cuantos momentos, y dije: “Bueno, Bill, tú tienes cincuenta años de edad” hasta donde yo sé. Yo nací en Kentucky en donde ellos no tienen registros de nacimiento. Y ¿saben Uds. cuál es mi marca de nacimiento, el registro de mi nacimiento en Kentucky? El año que el viento derribó el tronco viejo allá arriba de la colina. Y eso es todo lo que ellos sabían. Ellos dicen: “¿Cuándo nació ese niño?” “En la temporada de la pizca del tomate”. “¿Cuál temporada de la pizca del tomate? ¿Cuándo nació este?” “En la temporada de cortar el maíz”. “¿Cuál temporada de cortar el maíz?” Ahora, ese–ese era el registro de nacimiento allá en las montañas de Kentucky. Así que yo no sé cuántos años tengo, pero de todas maneras, yo–yo he vivido todos esos años. Así que entonces–así que entonces cuando… Eso es lo que mi madre me dijo, y yo pienso que ella estaba muy cerca de lo correcto. Y así que entonces, yo dije: “Tú tienes cincuenta años de edad, y todavía no has hecho nada para el Señor. Mas vale que te apures, porque pueda ser que no quede mucho tiempo”. Yo dije: “Oh, yo espero vivir para verlo venir a El. No me gustaría ser un espíritu”. Yo dije: “Yo–yo no quiero estar Allá, y no poder saludar a la gente”. Y yo dije: “Yo–yo amo al Señor”. Y–y en ese momento….
29 Cómo obra el Espíritu, como les dije la otra noche. Estas en la plataforma son visiones, pero son pequeñas visiones menores. Uds. mismos las están produciendo. Uds. están usando el don de Dios que El envió a la tierra, el Espíritu Santo; y el Espíritu Santo obra por medio de un canal. ¿Cuántos saben eso? ¿Cuántos saben que aun cuando Uds. están hablando en lenguas, es el Espíritu Santo intercediendo? ¿Ven? Uds. que han sido dotados de dones, y limpiados para que El pueda hablar por medio de Uds. Bueno, entonces El ha puesto en la Iglesia apóstoles, profetas, maestros, pastores, evangelistas y demás. ¿Ven? Y El usa ese canal. Cómo me pudiera detener aquí, y contar por… hasta la mañana las cosas que han sucedido.
30 Ahora, y así que entonces, Algo me empezó a hablar, y dijo: “Sólo sigue esforzándote a seguir adelante”. Y yo dije: “Bueno, yo me he estado esforzando a seguir adelante”. El dijo: “La recompensa está al fin del camino. La recompensa está al fin del camino”. Yo dije: “Yo creo que la…” Yo pensé: “¡Espera!, ¿a quién le estoy hablando?” Miré para todos lados; dije: “¿Meda?” (Mi esposa). Yo dije: “Meda, ¿estás despierta?” Dijo: “¿Eh?” Y yo dije: “Bueno”. Y eso continuó…?… yo pensé: “Padre: ¿eras Tú Ese? ¿Eras Tú hablándome?” Y Uds. han oído la historia de la zarigüeya, y la del pececito, y de las cosas que han sucedido allá en lo natural…?… en la vida y cosas. De esa manera empieza a hablar, igual que Uds. oyen mi voz. Y cuando el Hombre vino caminando hacia mí, la primera vez que El me visitó en forma humana, El no era una visión. El… Yo sé lo que es una visión. El Hombre se paró allí y me habló. El dijo… me dijo que El había sido enviado de Dios, que yo iba a orar por la gente enferma, y las necesidades que habría. El no era una visión. El era un Hombre. Yo–yo no sé quién era El. El sólo dijo que El fue enviado de Dios. Y El estaba parado tan cerca como mi mano lo está de mí. Y yo lo miré a El, le hablé, le hablé con palabras a El. Luego esa Luz que estaba suspendida sobre El, lo cubrió a El, lo levantó de los pies y desapareció de mi vista. Y todo lo que El dijo se ha cumplido exactamente. Exactamente. ¿Ven? Así que yo–yo sé que es verdad.
31 Y la Luz, el mundo científico ha tomado una fotografía de eso. Si yo muero esta noche, mi testimonio es la verdad. La iglesia lo sabe alrededor del mundo. El mundo científico lo sabe, por medio de la investigación, cuando ellos tomaron una fotografía de Ella, en una fotografía, y la pusieron en… con George J. Lacy, el jefe del F.B.I., de huellas digitales y documentos, y de fotografías y cosas. Y él la mantuvo allí como por una semana, y dijo: “Yo juro en una declaración que no es sicología; la Luz tocó el lente. La Luz estaba allí”. Y dijo. “Ese ojo mecánico de la cámara no capta sicología”. Dijo: “La Luz estaba allí”. Periódico tras periódico la han fotografiado. La han fotografiado varias veces en Alemania, en Suiza, y en otros lugares en donde ellos la han fotografiado, probando científicamente, en ese país, que era algo sobrenatural, como una Columna de Fuego descendiendo. El lo hace. Uds. ven la reacción de Ello aquí en la iglesia. Eso es igual que lo que hizo cuando El estuvo en la tierra en la carne del Hijo de Dios. Ahora está en la tierra en la carne de los hijos adoptados de Dios, reuniendo a la Iglesia para que el Hijo de Dios venga a llevarse a una Novia. Amén. Eso es exactamente correcto.
32 Y ahora, acostado allí, yo lo oí decir: “Sigue esforzándote a seguir adelante. La recompensa está al fin”. Y yo–yo sentí que algo me sucedió. Y oí esa alabanza siendo cantada, que cantamos en nuestra iglesia: Me gustaría oír repicar las dulces campanas de la bahía; Eso iluminaría mi fe, y desvanecería todos mis temores; Señor, permíteme mirar más allá de la cortina del tiempo. Uds. la han oído, muchos de Uds., esa gloriosa alabanza antigua. Y mientras la oía, yo pensé que algo estaba… Yo pensé que me estaba muriendo, y miré hacia atrás, y allí estaba yo acostado en la cama. Y me volteé de esta manera, y era como una–una colina que bajaba, enfrente de mí, en donde sea que esté. Recuerden, con mi Biblia sobre mi corazón, yo digo la verdad. ¿Qué bien me haría decir eso si no fuera verdad? ¿Qué bien haría mi predicación? Todo mi sacrificio y sufrimiento, ¿qué bien haría, si yo soy un mentiroso? ¿Ven? No haría nada de bien. Yo no tengo que decir esto. Pero lo estoy diciendo para que los pueda ayudar a Uds., porque es la verdad.
33 En donde sea que esté ese Lugar, si está en otra dimensión, no les pudiera decir a Uds., pero yo estaba en alguna parte en la que yo podía mirar hacia atrás. Y todos siempre me acusan de ser uno que odia a las mujeres. Yo–yo no odio a las mujeres. No, señor, yo no las odio. Yo–yo amo a mis hermanas, pero no me gusta la manera que algunas de estas mujeres modernas americanas se visten, y actúan, y fuman, y beben, y se comportan. Es una desgracia para la nación. La quinta columna más notable que alguna vez hemos tenido, es la manera que estas mujeres modernas lo hacen y cosas, que ellas ni siquiera pueden criar a sus bebés por medio del pecho, ellas les tienen que dar leche de vaca, porque el bebé moriría a los dieciocho meses debido al veneno de la nicotina. Sí, señor. ¡Uds. hablan de la quinta columna! Eso es. Eso es lo que rompe el espinazo de toda nación: la feminidad; siempre ha sido eso. A mí me agradan las mujeres verdaderas, las madres verdaderas. Dios danos más madres verdaderas, chapadas a la antigua, que… No tendríamos tanta delincuencia juvenil si tuviéramos una madre que se quedara en casa y cuidara de sus niños, en lugar de estar allá en alguna parte en una fiesta de cóctel, y esas niñeras tratando de cuidar de ellos en algún lugar. Correcto. Eso es lo que envenena la mente de los niños. La… América está podrida con eso hasta el hueso, empeorándose todo el tiempo, y continuará empeorándose. No hay nada… Yo protesto contra eso, pero continua porque la Escritura así lo dice. Morirá en su juventud, esta nación. Ahora, ¿recuerdan cuándo aparece en Apocalipsis 13? Siempre es joven. Ese es el pequeño… el cordero que apareció.
34 Miren, así que yo era un poco duro tocante a las mujeres, y quizás esto pasó para detenerme un poco. Y sucedió que miré que venían hacia mí, y parecía que había como un millón de mujeres. Ellas eran jóvenes, parecían tener como unos veinte años de edad, y cada una de ellas tenía… ahora, perdónenme, hermanas por esta declaración. Pero cada una de ellas era muy joven, y ellas tenían cabello largo hasta su cintura, usando vestidos blancos, y estaban descalzas. Y ellas corrían hacia mí, y me abrazaban, y gritaban: “¡Mi precioso hermano!” Bueno, miren, yo espero que haya encontrado gracia ante sus ojos, que Uds. me entenderán. Uds. escuchen a su doctor. Yo soy su hermano. A mí no me importa… Cuando yo era un–cuando yo era un pecador, yo viví verdadero en esa manera, porque un Angel que me encontró dijo: “Nunca fumes, bebas, ni contamines tu cuerpo en ninguna manera”. Eso era vivir inmoralmente. Dios en el Cielo sabe que yo viví eso. Pero no hay un hombre, que sea–que sea un hombre cabal y saludable, que una mujer lo abrace (yo no quiero decir que el hombre estaría mal o pensaría mal), que no haya una sensación humana. Pero en ese Lugar, no había. Ella verdaderamente era una hermana. Y ellas… Yo–yo miré, y dije… Yo no puedo explicar lo que era. No había ayer, ni mañana; ¡era ahora! Ellas no se cansaban, sin embargo podían estrechar manos. Ellas podían hablar; ellas tenían un cuerpo; y eran igual que lo fueron aquí, únicamente que eran jóvenes”. Y yo dije: “Yo no entiendo esto”.
35 Y esa Voz que estaba por arriba de mí, dijo: “Esto es como… algo como Jacob, cuando él se había reunido con su pueblo”. En ese momento, miré, y los hombres venían, oh, por grupos, como millones de ellos. Y ellos venían corriendo, me abrazaban, y gritaban: “¡Mi precioso hermano!” Y mi… Uds. saben que yo estaba casado antes, y mi esposa murió cuando… Esa es la mamá de Billy. Y esa es la razón que Billy y yo nos mantenemos juntos. Yo… Ella murió cuando él tenía dieciocho meses de edad, y su hermanita tenía ocho meses de edad; ella murió con la madre. Y yo he sido papá y mamá, ambas cosas, para Billy. Y yo vi a Hope venir, abriéndose paso entre la multitud. Y yo pensé: “De seguro que ella me llamará su esposo”. Y cuando ella se acercó a mí, ella… la podía ver. ¡Bienaventurado su corazón! Los ojos negros, una muchacha alemana, Uds. saben, y cabello negro; ella me abrazó, y ella me dijo: “Mi querido hermano”. Yo pensé: “Yo no entiendo esto”. Y había otra mujer que acababa… una muchacha allí, que me abrazó y dijo: “Mi precioso hermano”. Y ella abrazó a esa mujer, y dijo: “Piénsalo: él por fin ha llegado aquí con nosotros”. Esos hombres me levantaron y me sentaron sobre un lugarcito como este; ellos dijeron… Yo dije: “¿Por qué hacen esto?” El dijo: “En la tierra tú eras un líder”. Y dijo…. Yo dije: “Yo no lo entiendo”. Y justo en ese momento esa Voz habló otra vez y dijo: “Esto será cuando tú te reúnas con tu pueblo”. Yo dije: “¿Cuándo muera, quieres decir que esto es lo que yo seré?” “Sí”. Yo dije: “¡Oh!, ¿por qué yo temía esto? ¡Esto es maravilloso!” ¡Oh, hermanos! Sólo “perfección”, pero eso no lo describiría. “Sublime”, eso no lo describiría. No hay palabra en el idioma inglés que lo describiría. Dios sabe que yo estoy diciendo esto de mi corazón; ¡sucedió!
36 Y yo volteaba de vez en cuando y miraba hacia atrás, y allí estaba yo acostado en la cama. No estaba muy lejos. Ahora, yo he oído desde que lo he contado, que hay un hombre llamado Doctor Price que tuvo una experiencia similar a esa, y que está en un libro. Y si alguien tiene ese libro, de seguro me gustaría leerlo, porque yo quiero saber algo al respecto. Así que entonces… El era un hombre que oraba por los enfermos, hace años, antes de mi época. Y luego yo–yo miré otra vez, y entonces El dijo: “Esto será cuando tú te hayas reunido con tu pueblo”. Yo dije: “¿Todos estos son Branham?” El dijo: “No. Ellos son tus convertidos”. Yo dije: “¿Convertidos?” Dijo: “¿Ves a esa mujer que tú acabas de estar admirando, que te abrazó, y dijo: ‘Hermano querido’?” Yo dije: “Sí”. Dijo: “Ella había pasado los noventa años de edad cuando tú la guiaste a Cristo”. Dijo: “Con razón ella estaba gritando: ‘¡Mi querido hermano!’” Dijo: “Ella nunca más será anciana. Ella nunca estará triste. Ella estará de esa manera Eternamente”. Yo pensé: “¡Oh, si yo únicamente lo pudiera vivir otra vez!; yo lloraría, yo oraría, yo persuadiría, yo haría–yo haría todo, si yo tuviera que empujar, para meter a todos en ese Lugar. ¡Oh, hermanos, si la gente únicamente pudiera entender lo que es!”
37 Y así seguí de esa manera por unos cuantos momentos, y justo en ese momento… Alguien, cuando yo conté esto hace unas cuantas semanas, alguien como que hizo un comentario trivial de ello. Yo miré. Y yo tenía un perro; él me pagó la escuela, me ayudó a alimentar a la familia. Yo cacé toda mi vida; este perro cazaba zarigüeyas, mapaches, zorrillos, y todo por mí. Y los cazaba y luego yo–yo vendía esas pieles, y compraba ropa para la escuela, y ayudaba a alimentar a la familia de diez niños. Y así que, un policía lo envenenó, cuando nos mudamos al centro. ¡Oh!, cuando yo golpeteé su tumba, yo dije: “Fritz, si hay Cielo para perros, tú estarás allí”. Y yo recuerdo mi caballito, Prince, cómo lo solía cabalgar cuando iba a cazar, poniendo mis trampas y cosas. Y ya se había muerto. Y cuando miré, bajando la colina, ahí venía Fritz. Yo podía ver esa lengua de fuera. El se acercó y me lamió la mano, de esa manera. Ahí venía Prince, relinchando, y puso su….
38 Alguien dijo: “No hay animales en el Cielo”. Ahora, eso es todo lo que Ud. sabe tocante a la Biblia. ¿Dónde están esos caballos que descendieron y levantaron a Elías? ¿Dónde está ese caballo que el Hijo de Dios viene cabalgando, el corcel blanco, con Su ropa teñida en Sangre? ¿Cuándo van a comer juntos el lobo y el cordero, y van a comer paja juntos el buey y el león? ¿En dónde va a ser eso (¿ven?), si no están Allá? Seguro que ellos están Allá. Dios no pierde nada. De seguro que ellos estarán Allá. Y luego, sucedió… Yo lo vi, y él me lamió la mano. Y dije: “Si yo he muerto, si este es el paraíso, en donde estoy esperando, la Gloria, yo quiero ver al Señor Jesús”. Y esa Voz dijo: “Pero tú no lo puedes ver ahora a El. El está más alto. Algún día El regresará”. Y entonces a esos ministros y personas parados todos alrededor, yo entonces los empecé a reconocer, después que me di cuenta que eran mis convertidos, que eran personas que yo había conocido en la vida. Ellos estaban jóvenes; yo no los reconocí en ese momento. ¿Ven Uds.?, habían sido cambiados a hombres y mujeres jóvenes. “Oh”, yo dije: “Allí están el hermano y la hermana…” Yo–yo estaba tan contento. Yo–yo nunca había estado tan contento en mi vida. Y yo dije: “¡Si tan sólo hubiera sabido esto de antemano!” Y yo–yo miré alrededor, y dije: “¿Me quiere Ud. decir que El vendrá a mí?” Dijo: “El vendrá a ti, y te cuestionará sobre el Evangelio que tú predicaste, porque tú naciste un líder”. Y entonces… y yo dije: “Bueno, ¿se tendrá Pablo que parar igualmente para ser juzgado?” “Seguro”. Yo dije: “Entonces si Pablo lo logra, yo también lo lograré, porque prediqué la misma cosa que él predicó, sin comprometer una sola palabra”. Y toda esa gente exclamó: “¡Estamos descansando seguros en eso!” Dijo: “Luego regresaremos a la tierra y recibiremos un cuerpo glorificado, y viviremos juntos por toda la Eternidad en esta condición”.
39 ¿Ven?, todo en la Biblia es una trinidad. Uds. saben eso. Yo dije, el otro día: “Uds. son una trinidad: alma, cuerpo, y espíritu”. Uds. viven en una trinidad: la cocina, la sala, y la recámara. Uds. pudieran tener ocho o diez cuartos diferentes, pero… recámaras y cuartos extras, pero Uds. únicamente viven en tres cuartos. Dios: Padre, Hijo, y el Espíritu Santo en una trinidad. Y nos damos cuenta que la Venida de Cristo es en una trinidad. El vino primero para redimir a Su Novia, luego viene a recibir a Su Novia, luego viene con Su Novia, como Rey y Reina, para reinar durante el Milenio. Uds. saben eso. Todo es en una trinidad. Y nosotros somos en una trinidad: tenemos un cuerpo mortal, un cuerpo glorificado, o mejor dicho, quiero decir, un cuerpo celestial, y luego un cuerpo glorificado. Son tres estados que nos regresan otra vez a nuestra perfección, como en el Edén.
40 Y entonces, yo dije: “Bueno, yo estoy seguro de eso”. Y en ese momento, una Voz dijo: “Todo lo que tú amaste, y todo lo que te amó, Dios te lo ha dado”. Y sentí que algo me sucedió. Yo dije: “Seguramente que yo no tengo que regresar”. Y lo sentí un poquito más cerca, y volteé y miré para atrás hacia mi cuerpo, y me vi a mí mismo moverme en la cama. En unos cuantos minutos, yo estaba de regreso. Hermano, hermana, eso me hizo algo. Yo comprendo ahora, que si esta habitación terrestre se deshiciere, ya tenemos una esperando, un–un cuerpo esperando. Y eso… yo pienso ahora, para relacionarlo con lo que Abraham y Sara habían recibido, ese tipo de cuerpo. (Sólo haré uno o dos comentarios, y luego llegaré al clímax de mi mensaje. Luego empezaremos la fila de oración).
41 Dios había mostrado en Sara y Abraham aquí, exactamente lo que El iba a hacer con toda la simiente de Abraham y Sara. A toda la simiente de Abraham le va a hacer eso. Y aquí en la tierra, El los regresó a ser un hombre joven y a una mujer joven. Y yo conté esa historia lo más exacto posible que sé cómo sucedió. Y yo… Eso estaba… Yo no… No sé… Llamémosle una visión. Porque si yo dijera que fue una pequeña translación allá… Si fue una visión, yo nunca tuve algo así. Ahora, yo no estoy tratando de imitar al gran San Pablo, porque yo no… Yo he visto mucho de eso durante mi vida: comparaciones carnales. Pero digamos que fue una pequeña translación. Yo fui al primer Cielo; y si ellos… es de esa manera en el primer Cielo, ¿qué vería Pablo cuando él fue al tercero? ¡Hermano! Con razón él dijo: “Ojos no vio, ni oído oyó”. Si es tan glorioso así en este Cielo aquí, cuando Uds. vayan al tercer Cielo, ¿qué habrá visto ese hermano?
42 Ahora, miren, inmediatamente después de eso, después de haber regresado, Dios los renovó. El los hizo un hombre y una mujer joven. El los empezó de nuevo. Ambos eran fértiles en ese momento. Luego ellos dieron a luz al niñito, el cual fue llamado Isaac. Abraham lo circuncidó al octavo día, y tuvo una fiesta cuando ellos lo destetaron y demás. Y luego, nos damos cuenta que él creció a la edad de como, veamos, de como unos doce años de edad. Era un muchachito judío hermoso, con cabello ondulado y negro, y ojitos negros. Y cómo ese padre y madre debieron haber apreciado a ese muchachito. Y una noche el Señor despertó a Abraham y El dijo: “¡Abraham!” Ahora, permitan que me detenga aquí. El llamó a Abraham, pero yo quiero decir esto. Esto no es Escritura, pero seguramente que armonizará con las Escrituras. “Abraham, Yo le quiero mostrar a tu simiente de aquí en adelante, lo que un hombre hará cuando él realmente confía en Mí. Yo sé que te prometí este niño hace veinticinco años, y tú nunca dudaste con incredulidad a Mi promesa, sino que la creíste. Ahora, yo quiero que la gente sepa allá en Yakima, y en los diferentes lugares en donde este Evangelio será predicado, para que sepan que Yo cumplo Mi Palabra. Yo te voy a dar una prueba doble para–para mostrar que la gente que acepta Mi Palabra, no importa lo que “venga” o “vaya”, ellos se deben aferrar a Mi Palabra. Ahora, Yo te dí este hijo; ahora Yo quiero que lleves ese hijo allá arriba a una cierta montaña que Yo te diré. Yo voy a hacer de ti, de tu simiente aquí, una nación poderosa que salga de este muchacho; y Yo también voy a hacer que todas las naciones de la tierra… tú vas a ser el padre de muchas naciones. Y ahora, Yo quiero que lleves la única esperanza que tú tienes de que Yo voy a cumplir Mi Promesa de que tú vas a ser un padre de naciones, Yo quiero que tú lo lleves arriba de la montaña y lo mates. Destruye todo lo que te da la evidencia de que tú la vas a recibir”. ¡Oh, yo espero que Uds. capten eso!
43 Por supuesto, el pobre Abraham, no quiso despertar a Sara y decirle tocante a ello. Así que él se levantó temprano, tomó al muchachito, y a dos siervos, y la mulita de ellos, y él cortó la leña y la metió en el saco con algo, y se internó en el desierto. Ahora, cualquier… un hombre común… Cuando yo fui patrullero por siete años, tenía que caminar un promedio de treinta y dos millas [promedio de 51 km.–Trad.] al día por todo lo deshabitado. Y nosotros tenemos automóviles en estos días. En ese entonces los hombres tenían que caminar adondequiera que iban. Un hombre común debía, digamos, debía caminar veinticinco millas al día [41 km.–Trad.]. [Porción sin grabar en la cinta–Ed.]. [El tema Jehová-Jireh Parte 3, quedó incompleto con la porción sin grabar. Respecto a la conclusión de este mensaje, parece ser que el Hermano Branham fue dirigido por el Espíritu Santo, para que se terminara de esta manera–Trad.].
44 Miren a las cosas que Uds. no ven con sus ojos. Uds. no ven con sus ojos de todas maneras, Uds. ven con su corazón, y Uds. miran con sus ojos. Así que entonces, está parado en esa puerta de fe. Miren lo que Jesús dijo aquí. Permítanme leer aquí: “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido”. Miren nuestras iglesias. Solíamos estar allá en el callejón. Solíamos estar en la esquina con una pandereta. Pero ahora, tenemos algunos de los mejores edificios que hay en el país; algunas veces tenemos algunos de los mejores eruditos pulidos en los púlpitos. “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un pobre, desventurado, desnudo, ciego, y no lo sabes”. Ahora, si yo veo a un hombre en la calle que es pobre, y él ni siquiera tuviera ropa puesta, y él estaba ciego, y si yo pudiera ir a él, y hablarle al respecto, y decirle: “Señor, ¿comprende Ud. que está desnudo?” “¡Oh!, ¿lo estoy, señor?” “Sí, entre aquí, le daré a Ud. algo de ropa”. Pero, ¿qué si ese hombre está desnudo, miserable, pobre, y ciego, y no lo sabe? Esa es una persona delicuente. Eso es una deficiencia mental. Y la iglesia ha llegado a una deficiencia espiritual. Ellos no comprenden que Dios está mostrando todo don delante de la iglesia, y no lo reconoce: ciega, y no lo sabe. ¡Piénselo!: desnuda, una persona desnuda, una persona ciega, pobre y miserable y desventurada, y no lo sabe; ¡eso es patético! Y Jesús dijo que la iglesia estaría de esa manera en esta edad de Laodicea, y aquí está. “Yo soy fulano de tal. Yo pertenezco a esta denominación. Yo soy tan bueno como Ud. lo es”. Pero hermano, El dijo: “Yo te aconsejo que de Mí compres vestiduras blancas”. Las vestiduras blancas en la Biblia son llamadas la justicia de los santos. “Que de Mí compres vestiduras blancas. Que de Mí compres oro refinado en fuego”, el fuego del Calvario. “Que de Mí compres oro”, el aceite Santo de Dios derramado; compres esa clase de oro. “Que compres la justicia de los santos, para que tú te puedas cubrir”.
45 Y ahora miren: “Y compra de Mí colirio para tus ojos”. ¡Oh, hermanos! “Compren colirio de Mí”, que les abrirá sus ojos para ver lo que está sucediendo alrededor de nosotros. ¡Oh, Dios!, quisiera tener alguna manera para poder hacer que la iglesia lo vea. “¡Compra colirio!” El colirio es aceite endurecido. Y el aceite es el Espíritu Santo. “Déjame poner aceite en tus ojos para que puedas ver que Yo soy el mismo ayer, hoy, y por los siglos, para que veas que las promesas que Yo hice para los últimos días, están aquí. Compra de Mí colirio”. Nosotros éramos niños que fuimos criados muy pobres. Mi abuelo era un cazador. Era un cazador famoso, conocido por toda la región para cazar. Y cuando el clima se ponía malo, él solía trampear. Y cuando él trampeaba, él solía trampear animales de pieles. Y tenía perros, y él atrapaba mapaches. Me imagino que Uds. los tienen aquí en Washington, los mapaches. Y él solía coger esos mapaches, y nosotros nos comíamos la carne, y él vendía la piel. No desperdiciábamos nada.
46 Y la grasa era una “curalotodo” en nuestra casa. Uno tenía una taza llena de grasa de mapache. Si uno de los niños se enfermaba, echaban un par de gotas de trementina en ella para un fuerte resfriado, y se lo tragaba. Yo no sé cómo vivimos, pero vivimos. Pero eso era un “curalotodo”. Si alguien se magullaba, ellos le ponían grasa de mapache en eso. Para un dolor de cabeza, ellos le frotaban grasa de mapache en su cabeza. Y nosotros teníamos que dormir en el piso de arriba; era una casa de dos cuartitos; era mi mamá y mi papá, y cinco de nosotros niños, antes que nacieran los otros. Nosotros dormíamos en el piso de arriba, los muchachos. Papá y mamá… no había piso en ella en lo absoluto, era piso de tierra. Teníamos un tronco cortado como mesa. Y luego ellos… Allí en el cuarto, ellos tenían una–una cama hecha de–de paja, con una almohada de cáscaras. Mi papá tenía una brocha hecha de cáscaras para aplicarse el jabón al rasurarse. Nosotros estábamos muy arriba en las montañas. Mi abuela murió a la edad de ciento diez años de edad y nunca vio un tren en su vida. Unicamente vio un solo automóvil, el que yo llevé allá arriba; y me tomó todo un día para viajar cuatro millas [6.4 km.–Trad.], poniendo piedras en el arroyo para que yo lo pudiera subir allá. Todos los vecinos estaban parados afuera (nunca habían visto tal cosa en su vida), cuando yo subí ese pequeño Chevrolet ’26 [del año de 1926–Trad.] por todas esas montañas. Yo me atasqué allá, y le pregunt
Mensaje extraido de Voice of Truth Tabernacle
