S.948 62-0719E  PERSEVERANTE 

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OBRAS DEL MENSAJE

Perseverante

Salem, Oregon U.S.A

62-0719E

1 Permanezcamos de pie por un momento antes que nos sentemos. Oremos primero. Y me pregunto esta noche, en la segunda noche de la reunión: ¿cuántas peticiones hay, que les gustaría hacerlas notorias levantando la mano? “Dios, oye mi petición”. Inclinemos nuestros rostros ahora.

2 Nuestro Padre Celestial, nos estamos acercando a Ti otra vez esta noche, al que nunca se cansa de escuchar el clamor de Tus hijos, siempre dispuesto a contestar, únicamente pidiéndonos unas sola cosa, que creamos que recibimos lo que pedimos. Pedimos, Señor, que muevas toda sombra de duda esta noche por medio de Tu gran Espíritu Santo en Tu Palabra. Pedimos que contestes toda petición. Y sabemos que recibimos nuestra petición, porque creemos en Él que lo prometió.
Y ahora, Padre Celestial, pedimos que Tú salves pecadores, sanes a los enfermos, fortalezcas a la Iglesia, te glorifiques. Ayúdame esta noche, Señor, para que yo pueda ser un vaso que sea usado por Dios. Ayuda a todos aquí, que ellos tengan el mismo sentir. Lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén. Pueden sentarse.

3 Veo a la gente poniendo pañuelos ahora aquí sobre la plataforma, mejor dicho, sobre el púlpito, para que se ore por ellos. Nosotros creemos eso. Ese es uno de nuestros grandes ministerios, el orar por los pañuelos y lo demás, para que los—los enfermos y afligidos. Nosotros creemos que eso es la Escritura, creemos que ese es el mandamiento. Un ejemplo: Pablo oraba por los paños y delantales, y los enviaba a los enfermos, y ellos eran sanados.

4 Recuerdo que en una ocasión en Sudáfrica yo tenía una… Me fijé en… Yo creo que la fotografía está en el libro, donde teníamos unos enormes, lo que nosotros aquí en América llamamos sacos de arpillera, llenos de correo del día, de sólo pañuelos únicamente, varios miles de ellos. Y yo estaba orando por ellos, y el reportero dijo: “El hermano Branham es muy supersticioso. Él ora—ora por pañuelos”. Eso demuestra cómo es que la gente no conoce la Escritura, qué—qué concepción tan carnal ellos pueden tener de la obra de Dios (¿ven Uds.?), cuando ellos no lo conocen.

5 Yo estuve en Roma. Estaba allá mirando lo que un artista griego había pintado de la—la concepción de Adán y Eva en el huerto del Edén. Y ¡tal concepción, vaya!, Eva parecía alguna clase de animal prehistórico. Y Adán, yo nunca vi tal cosa en mi vida. Eso demuestra lo que la mente carnal puede concebir, cuando no está convertida para la gloria de Dios. Yo creo que Eva era la mujer más bonita que alguna vez haya vivido en la tierra (correcto), porque ella fue hecha allí mismo por las manos de Dios sin que el pecado la tocara; Adán, el hombre más perfecto que pudo haber vivido aparte de Cristo (porque Él fue el segundo Adán, el Hombre más perfecto).
Pero la mente carnal puede concebir un pensamiento de que él tenía una cabeza muy grande, un hombro arriba, y el otro abajo, y Eva con una pierna pequeña, y la otra grande, y ¡oh!, el cabello colgándole, su boca hacia un lado. Bueno, ¡qué cosa!, yo no pudiera pensar que el Espíritu Santo alguna vez produjera algo así. Pero eso demuestra la mente carnal, cuando ella entra en ello.

6 De esa manera nuestras mentes pensarán, de la misma manera, si le permitimos que se salga de la Palabra de Dios en esas concepciones carnales. Mi hija que está aquí esta noche, ella dijo hoy (ella estaba tratando de bromear), ella dijo: “Yo tengo aquí Las teorías de Darwin; me gustaría que las leyeras, papi”.
Yo dije: “Gracias. Yo leí eso hace años. Una ocasión de eso es suficiente”. Pero de esta Biblia antigua, nosotros nunca obtenemos lo suficiente de Ella, sólo absorbiéndola para la gloria de Dios.

7 Lo siento que toda la iglesia no pudo haber estado esta mañana en nuestro desayuno. Qué compañerismo tan hermoso disfrutamos. El bendito Espíritu santo nos visitó y nos dio un Mensaje, que, ¡oh!, fueron unos momentos tan magníficos de compañerismo alrededor de las cosas de Dios.
Y yo sé que los retuve un poco tarde anoche, y quizás me estoy poniendo un poco cansado. Esta es mi novena reunión consecutiva, y tengo un descansito que viene después de dos reuniones más. Pero voy a tratar de despedirlos un poco temprano esta noche, porque sé que Uds. son hombres que trabajan, tienen que regresar a su trabajo, y yo no… y no los quiero retener.
Pero estoy contento de ver un aumento en la multitud esta noche. Eso demuestra el interés. Y amigos, eso es extraordinario hoy en día, porque todos sabemos (simplemente debemos saber esto), que el avivamiento se terminó. Sabemos eso. Los fuegos se están apagando, y el interés de la gente se está secando.

8 ¿Ven?, nosotros tuvimos un avivamiento, duró por años. La historia muestra que un—un hombre, un evangelista, por lo general su mejor parte son sus primeros tres años, y después de eso él vive de la reputación de lo que él predicó en esos tres años. Y entonces, un avivamiento no dura mucho tiempo. Pero éste se ha estado llevando a cabo por algunos quince años, porque es el último avivamiento, yo creo, y estamos justo en el tiempo del fin. Yo creo que lo que sigue será el sacar de los grupos a la Iglesia, el Elegido, y unirlos, y Ella se irá. Y así que, estamos esperando que eso suceda.
Pero podemos ver los fuegos de avivamiento apagándose, el interés de la gente. Todos están cansados, están durmiendo. El interés se ha ido. Y el ver tanto así de interés entre la gente, eso—eso me estremece de emoción, y sé que todavía hay fuegos ardiendo aquí en Oregón. ¡Dios siempre los bendiga! Abaniquémoslo esta noche tanto como podamos con la Palabra. Y la Palabra, cuando Uds. la abanican, producirá el Espíritu Santo, el Viento recio que sopla, que hará que el fuego empiece a arder otra vez. Que Dios lo conceda.
Y ahora, para ahorrar el tiempo… Uds. son tan amables para hablarles. Yo les pudiera hablar durante horas, pero yo—yo tengo que vigilar y ahorrar este tiempo. En unos momentos, después que termine de predicar, oraré por estos… por estos pañuelos. Y Uds. siempre son bienvenidos para traerlos aquí arriba. Estamos contentos de hacerlo.

9 Miren, queremos que abran esta noche, sobre algunas notas que tengo aquí, en la manera de una pequeña… Lo que yo soy… lo que quiero hacer, lo que estoy tratando de hacer (no es un secreto), es tratar de edificar una fe en la gente a un punto que podamos tener un gran clímax y que algo verdaderamente suceda que conmueva a toda la región.
Miren, hicimos eso por la gracia de Dios en Grass Valley, donde no hubo una sola persona débil que quedó en medio de toda la congregación en ese gran auditorio; no quedó una sola persona débil. Yo nunca oré por los enfermos. Sólo continué edificando fe, quedándome con la Palabra, en la simplicidad de la Palabra, en la manera simple que yo tengo de exponerla. Pero la gente se aferró a Ella y se quedó allí. Y luego el gran tiempo llegó. Y todo en el edificio se elevó.
Y fue de esa manera otra vez en Spokane la otra noche, cuando todo el frente estaba lleno de sillas de ruedas, y casos de camillas, y cosas así. Y el Espíritu Santo pasó completamente por esa fila, librando a cada uno a medida que llegaba a ellos, por toda la fila, de esa manera. Allí… Ellos estaban allí en esas sillas de ruedas, aguantando lo mejor posible y todo así, escuchando, aferrándose a esa fe, sólo apoderándose de Ella ansiosamente, y buscando, y dándose cuenta. Y luego después de un rato, de repente el Espíritu Santo descendió allí, pasó por toda la fila de esa manera, y todos ellos se levantaron y se fueron. ¿Ven? ¿Ven?

10 El problema de ello, con nosotros, es que estamos en mucha prisa. “Se tiene que hacer ahorita mismo, ya no podemos regresar”. ¿Ven? Y cuando Uds. tienen eso en su mente (¿ven?), que… Uds. van a perder allí mismo. Uds. están—Uds. están en terrenos de perder allí mismo. Uds. —Uds. no tienen nada sobre qué pararse. Uds. deben tener paciencia. “Pero los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas”. Me gusta—me gusta eso. Sólo tengan paciencia. Esperen.
Dios no está de prisa. Él permitió a los jóvenes hebreos caminar en el horno de fuego ardiente antes que Él moviera un dedo. Eso es correcto. Y permitió que Daniel entrara en el foso de los leones. Permitió que Jesús entrara al sepulcro, y que Su alma descendiera al infierno, luego lo resucitó pasándolo por los abismos sin fondo, lo sacó, pasándolo por el sepulcro, y cortó toda avenida del diablo, y se fue directamente a la Gloria con ello. ¿Ven? Seguro. Él no está de prisa. Él es Dios. ¿Ven? Él simplemente… Nosotros nos apresuramos, es la única cosa. ¿Ven Uds.? A nosotros se nos pasa por alto.
Así que no se apresuren. Esperen y observen; escuchen. Tomen la Escritura, examínenla, vean si está correcta. Y si estás correcta, aférrense a Ella. Si no está correcta, díganme para que yo la pueda tener correcta.
Así que nosotros—nosotros vemos que toda obra debe ser la obra del Espíritu Santo. Debe ser Su obra. Es de Él. Y debe provenir de la Biblia. No debemos sacar nada de alguna concepción o razonamiento. Lo debemos sacar de la Biblia.

11 Si es la voluntad del Señor, quiero hablar una noche, antes que me vaya, sobre: Cuando el este y el oeste se encuentran. He estado tratando por toda la costa de entrar en eso. Espero que lo haga antes que me vaya de aquí. Cuando el este y el oeste se encuentran. Y luego, si es la voluntad del Señor, me gustaría hablar en una ocasión sobre: La Palabra fortificada de Dios, y… si es la voluntad del Señor.

12 Hoy estaba buscando en uno de mis maletines, y pienso en pequeños textos y demás, de cintas que han sido grabadas, como unos quinientos sermones o mensajes que el Señor me ha dado de Su Palabra para exponerla. Y luego esta noche… Para venir a la plataforma se requiere oración y estudio. Pienso que cualquier hombre se debería apartar en la… salir de un… de su estudio en la frescura de Dios para encontrarse con la congregación.

13 Con frecuencia me he preguntado qué haría yo si tuviera dos gotas de la Sangre literal de Jesucristo en una—en una copa, en un vaso. Cómo caminaría yo muy cuidadosamente con Ella para estar seguro que no la derramara. Pero, ¿saben Uds.?, esta noche ante Sus ojos, yo tengo algo más grande en mi mano: la compra de Su Sangre. Él derramó Su Sangre por Uds. Así que, ¿cuánto más debo cuidar esto? ¿Ven?, es una gran responsabilidad, sabiendo que tendré que responder en el Día del Juicio por toda palabra. Y así que por lo tanto, abordémoslo muy reverentemente.

14 Abran su Biblia ahora, para que podamos leer algo de Su Palabra. Mis palabras fallarán, porque ellas son palabras de hombre. Sus Palabras nunca fallarán. Así que sólo leamos en la Palabra. Abramos en Mateo el capítulo 15 y empecemos con el versículo 21, por favor.
Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón.
Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.
Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros.
Él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme!
Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos.
Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos come de las migajas que caen de la mesa de sus amos.
Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.
Quiero tomar o sacar un texto de eso, si lo llamaría eso, como por unos treinta minutos, para hablar. Quiero tomar una sola palabra que me gustaría usar para edificar una… el contexto alrededor de ello, y esa es la palabra de Perseverante. Miren, perseverante significa: “Ser persistente”. Y Webster dice que es: “Ser—ser persistentes, persistentes en lograr una meta, persistentes en lo que Uds. están haciendo”.

15 Los hombres de todas las edades que tienen fe en lo que ellos están tratando de lograr, han sido persistentes. Uds. tienen que ser persistentes. No se pueden nada más relajar y decir: “Bueno, veré lo que Joe hace al respecto”. Uds. no pueden hacer eso. Y antes que puedan ser persistentes, Uds. tienen que tener fe en lo que están tratando de lograr. Y si no tienen la fe, entonces no serán persistentes.
Miren, los hombres por todas las edades han tratado eso, pero… y han sido persistentes. Pero lo que Uds. tienen… Para ser persistentes, primero es tener fe, y luego tienen que saber de qué fuente están sacando su fe.
Miren, muchos hombres han sido persistentes en la cosa incorrecta, y ellos siempre han resultado mal. Nimrod quiso edificar una torre. Él era persistente, pero nunca la pudo terminar. Nabucodonosor quería una ciudad inmortal, pero él no… él nunca la logró. Pero (¿ven Uds.?), Uds.… la primera cosa que Uds. tienen que hacer para ser persistentes, es enderezarse y enmendarse.

16 Hace algún tiempo un precioso amigo mío, un doctor, él vino a mi casa, un hombre muy fino. Si a Uds. les gustaría escribirle acerca de eso, su nombre es Dr. Sam Adair, en la esquina de las calles Wall y Maple, o mejor dicho, de las calles Wall y Market, Jeffersonville, Indiana. Él tiene una clínica. Es un muy buen amigo mío, muy fino; fuimos juntos a la escuela, uno de los doctores más finos que tenemos en el este.
Y la casa estaba llena de gente por la que estaba orando, y la gente entrando, y cómo venía de todas partes para que se orara por ella. Y mi esposa entró, y dijo: “Billy, el Dr. Adair está aquí”.
Yo dije: “Ponlo en el cuarto privado. Tenemos gente en estos otros cuartos que… Ponlo en el cuarto privado. Estaré con él tan pronto como pueda”.
Y había un hombre allí procedente de la iglesia Bautista de la Calle Walnut en Louisville, con cáncer en el bazo. Ellos habían hecho esa operación, no tuvo buenos resultados, y el hombre se estaba muriendo. Y él fue salvo y sano del cáncer. Yo estaba lidiando con él en ese momento para ver lo que el Señor me hablaría con respecto a él.

17 Así que, entonces, cuando entramos para ver al Doctorcito Sam, él estaba sentado allí con sus manos dobladas, un hombre muy fino. Él era, bueno, el doctor que había atendido a Billy Paul cuando nació, mi hijo y lo demás. Somos muy buenos amigos. Él comía en mi casa y lo demás. Sencillamente somos amigos íntimos.
Y él dijo: “Billy, te quiero preguntar algo”. Miren, nosotros nos conocemos uno al otro lo bastante bien que no lo tenga que llamar “Doctor”. Yo sencillamente lo llamo “Sam”, y él me llama “Bill”. Y así que él dijo: “Bill, te quiero preguntar algo”. Dijo: “¿Qué piensas acerca de esta ciudad? ¿No piensas que necesita una clínica?”
Y yo dije: “Seguro; cualquier ciudad necesita una clínica, buenos doctores”.
Él dijo: “Bueno, yo creo que esta ciudad necesita eso”.
Yo dije: “Yo también, Sam”.
Y Él dijo: “Bueno”, él dijo, “¿piensas que yo soy digno de—de tener—de tener esa clínica?”
Y yo dije: “¿Lo has pensado?”
Y él dijo: “Sí”.
Yo dije: “No sé de ningún otro doctor del que preferiría decir que—que yo pensara que fuera digno de tenerla”. Miren, él es tosco, un hombrecito testarudo, pero él es… Yo siempre lo llamaba una tortuga; él es blando en el interior, pero duro en el exterior. Sólo es una concha en la que él se retrae. Dios conoce el corazón de un hombre. Todos hubieran dicho que también Saulo de Tarso era un hombre duro, pero Dios conocía su corazón. La iglesia escoge… escogió a Matías, pero nos damos cuenta que Dios tomó a Saulo, el de naricita aguileña, un judío muy temperamental para… el que no era nada, para hacer algo de él.

18 Miren, y así que este hombre dijo: “Bueno, yo quiero esta clínica”. Y dijo: “Tú sabes, Bill, que yo—yo soy… yo quiero servir al Señor”, él dijo, “pero soy muy malo”.
Yo dije: “Oh, no sé acerca de eso”.
Él dijo: “Pero yo—yo trato, en mi trabajo, de hacer lo que puedo para el Señor”. Dijo: “Yo—yo—yo… Hay algunos de esa gente de color que vienen”. Dijo: “Ellos necesitan operaciones, y no tienen dinero”. Dijo: “Tú sabes que yo opero”. Y eso es verdad. Cualquiera que no tiene dinero, él sigue adelante y la opera de todas maneras. Él es un cirujano famoso.
Y yo dije: “Bueno, oh, yo—yo creo eso”.
Él dijo: “Yo te quiero pedir algo”. Dijo: “¿Le pedirías al Señor por mí?”
Y yo dije: “Sí, seguro”.
Él dijo: “Yo tengo un pequeño sentir… ¿Dónde piensas tú que se debería construir la clínica?”
Yo dije: “No sé”. Dije: “Si tú estuvieras en otro lugar, esa es una región de inundación, y ellos construyeron un dique”. Dije: “Yo escogería de este lado del dique”.
Él dijo: “Sí”.
Yo dije: “Bueno, hay una parcela, un lugar grande por aquí en una cierta esquina”.
Él dijo. “Bueno”, él dijo, “el empresario de la funeraria ya compró ese lugar. Ellos están construyendo un edificio para la funeraria”.
Y yo dije: “Bueno”, dije: “¿qué entonces de aquel lugar allá donde estaba la compañía de petróleo Pfau?”
Él dijo: “Ya la compraron. Van a montar una heladería allí”. Dijo: “Yo tengo un lugar ideal, Bill”, dijo, “pero alguien ya lo compró”, dijo, “una señora anciana en Kentucky”. Dijo: “Es donde estaba el antiguo departamento de la escuela”.
Y dijo: “Yo conozco a un anciano como que la quiere a ella”. Y dijo: “¿Sabes qué? Yo creo que si pudiera darle a él como unos trecientos dólares, y tú…” Dijo: “Ella la compró por seis mil dólares”. Dijo: “Yo le daré como unos trecientos dólares para—para hacerla que me lo venda, y le daré a ella diez mil por ello”.
Y yo dije: “Mira, Sam, mira esto. Tú no vas a sobornar a Dios en nada”. Dije: “Si tú vas a hablarle a Dios, tenemos que exponerlo claramente aquí mismo. No hay soborno al respecto en lo absoluto”. Yo dije: “No podemos hacer eso con Dios”.
Él dijo: “Bueno, yo no lo quise decir de esa manera, Bill. Pero esa es una parcela linda”.

19 Yo dije: “¿Cómo…? Yo quiero que hagas esto. Encomendémoslo a Dios y veamos lo que Dios dirá al respecto”.
Él dijo: “Muy bien”.
Yo dije: “Bueno, levántate de la silla y voltéate”. Así que él lo hizo. Y nos hincamos allí y oramos un rato. Esperamos en el Señor como unos quince, veinte minutos. Al poco rato vino la visión.
Yo dije: “Doctor, ponte de pie”. Dije: “Tú has hallado gracia con Dios. Tú vas a construir tú—tu lugar, tu clínica. Va a ser un edificio largo; será hecho de ladrillo rojo, con techo plano. Y casi va a abarcar toda una cuadra”. Y él me miró muy extraño. Y yo dije: “No será en el departamento de la escuela. Olvídate de eso. Va a ser construido en la esquina de las calles Wall y Market, donde esa casa grande vieja está en esa colina”.
Él dijo: “Espera un momento, Bill”. Dijo: “Yo recuerdo que me contaste acerca de Bill Hall”. Yo no tengo tiempo ahorita de contarles eso, de cómo él yacía allí para morir de cáncer, ya le había “comido” su hígado, y todos los especialistas parados alrededor. Y yo iba a cazar ardillas esa mañana, miré, y vi una visión del Sr. Hall. Y fui y lo llamé. Yo dije: “El Señor Hall vivirá”.
Él dijo: “El anciano doctor tendrá que ver eso”.
Él está vivo esta noche, predicando en la iglesia Bautista de Milltown. Así que…

20 Y Él dijo: “Yo sé acerca de Bill Hall y todas esas cosas”. Dijo: “Pero, Bill, acabo de salir del juzgado con respecto a ese lugar”. Dijo: “El propietario vive allá en Filadelfia, y hay algo acerca de ello que no puede ser tocado por veinticinco años”.
Yo dije: “Doctor, ¿me has oído alguna vez decirte algo en el Nombre del Señor que no fuese así?”
Él dijo: “Pero, Bill, eso—eso…” Dijo: “Yo no quiero dudar de ti”.
Yo dije: “Tu no me estás dudando a mí. Tú lo estás dudando a Él”. Dije: ¿El Señor te ha dado ese lugar. Mira, Él no lo haría, si Él ya no lo hubiera hecho (¿ven?), y tú comportándote así“. Pero yo dije: ”Él ya te dio un lugar. La clínica va a estar allí“. Él se rascó la cabeza, se salió, nunca dijo nada.

21 A la mañana siguiente (mi esposa sentada allá testificaría), me llamó. Él dijo: “Bill”.
Y yo dije: “¿Qué?”
Él dijo: “Me estoy muriendo de frío”. Y fue como en esta época del año. Es muy cálido en Indiana.
Yo dije. “¿Qué te pasa, doctor?”
Él dijo: “¿Sabes qué?, ellos tuvieron una reunión anoche en Filadelfia, y ya compré la parcela”. Dijo: “Me pertenece, y la clínica se va a construir”. Allá esta erigida hoy en día. Él dijo: “Si cualquiera, en cualquier ocasión alguna vez duda cualquier cosa, dile que me llame (¿ven?), y eso es en cualquier parte”. ¿Ven Uds.? Y cómo es eso.
Pero (¿ven?), el hombrecito fue persistente. Él—él—él quería construir una clínica. Estaba en su corazón. Y Él vino… Aun cómo un miembro tibio de iglesia, pero vino buscando a Dios. Miren, esa es la manera de conseguir la respuesta: buscar a Dios.

22 Un doctor estaba sentado con él un día, y dijo: “Oh, yo creo que hay tal cosa como sanidad Divina”, dijo, “pero sólo está en la mente”.
Yo dije: “No, no”.
Él dijo: “Yo creo que si un hombre creyera que él podría ir y tocar un poste, que él sanaría”.
Yo dije: “Señor, ¿quién pudiera tener fe en tocar un poste? Ud. tiene que tener fe. No es algo que simplemente está suelto. Tiene que estar basado sobre algún fundamento de algo”.
Cuándo un hombre toma a su esposa, él tiene que basar su fe en esa mujer, y ella tiene que basar su fe en ese hombre, alguna razón para lograr la meta de la vida. Si Él no hace eso, entonces hay algo mal, y no funcionará. Ud. tiene que tener fe. Y, ¿qué es algo mejor en el que tener fe, que en la Palabra de Dios?

23 Como dijo el anciano hermano sureño de color, él dijo: “Yo preferiría estar parado en la Palabra de Dios que parado en el Cielo”.
Dijeron: “¿Por qué, Moisés?”
Él dijo: “Bueno, cielos y tierra pasarán pero la Palabra no pasará”. Así que él no quería… Él verdaderamente quería estar allí, de seguro. Así que eso es exactamente correcto. La Biblia dice en Apocalipsis 21… Cielos y tierra pasarán, pero Mí—pero Mí Palabra no pasará“. Él dijo en Apocalipsis 21 que él vio un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron. Jesús dijo que tanto los cielos como la tierra pasarán, pero Su Palabra no pasará.

24 Miren, nosotros tenemos que tener fe básica en lo que estamos haciendo. Esa es exactamente de la manera que esas visiones pueden ser logradas, es porque están basadas sobre una promesa de Cristo. Y si ese Ángel del Señor, esa Columna de Fuego… del que Uds. tienen Su fotografía aquí. Me imagino que ellos la tienen aquí, ¿la tienen? Si eso no cuadra exactamente con esa Palabra, yo no lo creería. A mí no me importa cuán verdadera parezca; tiene que venir de acuerdo a esta Palabra.
Y Ese Ángel del Señor era Ese, esa Columna de Fuego, que siguió a Israel, o mejor dicho, Israel la siguió a Ella, a través del desierto. Luego Ella fue echa carne y habitó entre nosotros. Uds. creen eso, ¿no es así? Seguro, Dios estaba en Cristo.
Él dijo: “Yo vine de Dios, y voy a Dios”. ¿Es correcto eso? Después de Su muerte, entierro, y resurrección, y Su ascensión, Saulo de Tarso iba camino a Damasco. Y de repente esa gran Columna de Fuego, de Luz, que estaba ante él le cegó los ojos, y él cayó a tierra. Y oyó una Voz diciendo: “Saulo Saulo, ¿Por qué me persigues?”
Y Él dijo: “¿Quién eres Tú, Señor?”
Él dijo: “Yo soy Jesús”. Él había regresado a Dios.
Él entró en la cárcel como una Luz que puso en libertad a Pedro de la cárcel, lo sacó.

25 Y miren, si Ese es el Ángel del Señor guiando a este pueblo, producirá la misma cosa que Ella produjo cuando fue manifestada en el verdadero Hijo de Dios. Hará la misma cosa en los hijos adoptados de Dios. Pues Jesús dijo: “Las obras que Yo hago, Uds. las harán también”. Si Su Vida está en nosotros, producirá lo mismo. Y si hace cosas contrarias a la Escritura, entonces no puede ser el mismo Ángel.
Pero si Ella produce la misma Vida que produjo cuando estuvo aquí en la tierra manifestada en carne, y prometido ser manifestada otra vez de la misma manera, entonces es el mismo Espíritu, el mismo Dios, por medio de la misma Palabra. ¿Ven lo que quiero decir? Miren, entonces Uds. pueden basar su fe en que eso es la verdad. Y de las decenas de millares de visiones alrededor del mundo, yo le preguntaré a cualquiera en cualquier momento que me muestre dónde alguna vez ha fallado. Él no falla. Y no puede fallar.

26 Esto que Uds. ven aquí, es una visión pequeña. Sólo son cosas pequeñas. Uds. mismos producen eso. Son Uds. Miren a Cristo. Él era la Plenitud de Dios. Dios moró en Cristo sin medida. Él tenía el Espíritu sin medida; nosotros lo tenemos por medida. Pero si yo tomara una cucharada de agua del lago aquí… El océano, eso es lo que estaba en Cristo. Si yo tomara una cucharada de agua, sólo sería una cucharada de agua sacada de él. Pero las mismas sustancias químicas que están en todo el océano están en esa cucharada; únicamente no está… No es—no es tanto la misma cantidad de ello, pero son las mismas sustancias químicas.
Y si tenemos el Espíritu de Dios en nosotros, son las mismas obras y el mismo Espíritu, la misma manifestación. ¿Ven? Sólo… Entonces Uds. basan su fe sobre eso. Y cuando Uds. ven lo que es, entonces pueden ser perseverantes. Uds. saben en dónde están parados.

27 Si un… si—si veinte… Si yo me estuviera muriendo de hambre, y alguien me diera un—un pan… Veinticinco centavos que comprarían un pan; y alguien me diera lo que cuesta para comprar el pan, lo cual son veinticinco centavos, yo puedo gritar tan alto con esos veinticinco centavos en mi mano como puedo con un pan en mi mano; porque tengo la evidencia de que voy a vivir. Yo tengo los veinticinco centavos, el poder para adquirir la compra en mi mano.
Y cuando un hombre o una mujer lo ven anclado en ellos, tienen fe. Se pueden regocijar. A mí no me interesa lo que diga su mano, o cuán enfermo esté, Ud. todavía lo cree. Ud. es persistente. Ud. —Ud. —Ud. —es Ud. es perseverante. No hay nada que lo va a detener. Ud. lo ha recibido. A mí no me interesa… Diez mil doctores se pudieran para y decir que Ud. se está muriendo. Ud. sencillamente se reirá de ellos, pasará por encima de ello. Sí. Si Ud. verdaderamente… Y sucederá. Pero (¿ven?), la mayoría de la gente sólo tiene esperanza, y desea y lo demás. Llega a estar débil, oh, muy, muy débil, cuando uno empieza a hablar en términos de fe.

28 Mucha gente… Hemos sido enseñados a poner manos sobre los enfermos, y eso está bien. Pero (¿ven Uds.?), lo que yo estoy tratando de edificar aquí, es para que Uds. no tengan que decir: “El Hermano Branham puso sus manos sobre mí”. Sino que “yo estuve en la Presencia de Jesucristo. Yo lo toqué a Él. El hermano Branham no tuvo nada que ver con ello. Nadie más tuvo que ver con ello. Dios lo hizo”.
Y déjeme decirle a Ud. esto, hermano. Si alguna vez es hecho, Dios lo tendrá que hacer. Miren, eso es correcto. Yo quiero que lo crean, que tengan fe en ello, y luego sean persistentes. Aférrense a ello.

29 Y grandes hombres que han orado… Jorge Washington en el Valley Forge, él fue muy perseverante. Él oró toda la noche cuando los ingleses estaban en el otro lado. Y a la mañana siguiente, no importó… Allí estaban parados nuestros soldados americanos. La mitad de ellos no tenían calzado en sus pies; soldados americanos descalzos.
Washington oró hasta que él estaba mojado hasta la cintura, hasta que él obtuvo una respuesta del Cielo. Y el río que tenía masas de hielo, a la mañana siguiente… Valley Forge no le molestó. Él cruzó al otro lado. Él fue perseverante, sin importar si sus soldados tenían calzado o no, sin importar si la oposición era grande o no lo era. Tres balas de mosquete le atravesaron su saco y nunca lo tocaron. ¿Por qué? Él había orado fervientemente hasta que entró en contacto con Dios. Ningún mosquete, ningún ejército, ningún río, ninguna dificultad, lo que fuera, él iba a seguir adelante.

30 Como Josué y Caleb, cuando ellos… Todo el resto de la tribu dijo: “¡Oh, no la podemos poseer! Oh, parecemos langostas. Ellos son gigantes”.
Pero Josué fue perseverante, pues sabía que Dios dijo: “Yo se la he dado a Uds.” ¿Ven?, ellos estaban mirando lo que ellos podían ver. Josué estaba mirando lo que Dios dijo. Eso es lo que… Depende de lo que Uds. están mirando. El Cristiano mira a lo invisible, a lo invisible. Toda la armadura del Cristianismo es invisible. Las cosas Eternas no se ven. Las cosas que se ven son materiales, y la tierra es la madre de todo eso.
Pero lo invisible, toda la armadura de Dios, es un asunto invisible: amor, gozo, paz, fe, paciencia, bondad, mansedumbre, benignidad, y lo demás, Dios, el Espíritu Santo, el Espíritu. Todo eso es invisible. Esas son las cosas que perduran, las cosas Eternas. Esa es toda nuestra armadura.

31 De todo lo que el Cristiano puede depender es en lo invisible, la promesa de Dios. Y nosotros miramos a algo que no vemos con nuestros ojos. A propósito, si Uds. lo ven con sus ojos, Uds. no lo ven. Verlo, significa: “Entenderlo”. Uds. miran a algo directamente y dicen: “Yo no lo veo”; Uds. quieren decir que no lo entienden. Cuando Uds. entienden… Algo que les da un entendimiento que Dios ha hecho Su promesa, y algo que los ha impresionado, que Uds. lo creen, eso es entender que la promesa de Dios es para Uds. Entonces algo va a suceder. Entonces a mí no me interesa, nadie en el mundo se lo puede quitar por explicación. Uds. están en su camino entonces. Nada los va a detener.

32 Washington, cuando él oró fervientemente, estaba listo. Cuando los hombres oyen de Dios y saben que es Escritural, entonces pueden ser perseverantes. Noé, sólo un campesino, un hombre… si se fijan, el—el linaje de—de los hijos de Caín eran inteligentes, grandes científicos, grandes logros en la ciencia. Nosotros seguimos eso. Pero los hijos de Set eran humildes, labriegos, campesinos, criadores de ovejas, y lo demás. ¡Dios siempre habita en la humildad!

33 El problema de ello hoy en día, es que nosotros gente americana siempre estamos esperando algo grande y brilloso (Y Dios no hace eso), algo ruidoso. Dios puede sacar más agua con el sol en cinco minutos que lo que nosotros pudiéramos sacar en una bomba ruidosa en cuarenta días. Seguro. Pero estamos esperando algo grande y ruidoso; Dios está esperando algo que sea pequeño y silencioso.
El viento recio, el trueno, el humo, el terremoto, ninguna de esas cosas alguna vez atrajeron al profeta Elías cuando él estaba en la cueva. Pero cuando él oyó esa pequeña Voz apacible, Dios estaba allí. Luego él salió. Nada del resto de ello lo podía atraer a él. Hay algo allí que se tiene que anclar. Algo tiene que suceder.

34 Noé, él fue muy persistente después que él oyó la Voz de Dios para edificar el arca. ¿Se pudieran Uds. imaginar qué día era ese? ¿Se pudieran Uds. imaginar la oposición con la que él se enfrentó, cuando ellos tenían una civilización más grande que la que tenemos ahora? Ellos construyeron pirámides. Nosotros no las pudiéramos construir. Ellos construyeron la Esfinge. Se necesitan dieciséis camiones de plataforma plana, para poner la pierna de ella. Nosotros no la pudiéramos construir. Todavía no tenemos el poder controlado en servicio. Pero ellos lo tenían. Ellos podían—ellos podían embalsamar un cuerpo, o hacer una momia que se mira natural hasta este día. Nosotros no pudiéramos hacer eso. Ellos tenían un colorante que nosotros no tenemos. Había muchos logros que ellos tenían.

35 Jesús dijo: “Como fue en los días de Noé, así será en la Venida del Hijo del Hombre”. Fíjense aquí ahora. Ellos eran—eran inteligentes. Pero Noé le había hablado a Dios. No importó cuánto su—su mensaje no concordara con sus pensamientos científicos, él todavía siguió adelante porque había oído a Dios. Él construyó el arca de todas maneras. Mirémoslo un momento, mientras estamos en el tema.
Puedo ver que el tiempo llegó. La gente se reía de él, parada alrededor cada día y observándolo colocar los maderos, él y su familia. Pero ellos decían: “Oye, Noé, te quiero preguntar algo (grandes científicos). Tú sabes que nosotros podemos disparar a la luna con nuestro radar. Yo te quiero preguntar algo. Muéstrame dónde hay lluvia allá arriba en los cielos. Muéstrame dónde hay agua allá arriba. No hay agua allá arriba.”
“Noé, tú dijiste que iba a caer. Mira: ¿dónde está para que caiga? Nosotros científicamente podemos probar que no hay nada de eso, con nuestros instrumentos lo podemos hacer aquí. ¡Detente, hombre! Tú eres—tú eres un hombre demente. Te estás volviendo loco. ¡Deja de construir esa tontería de arca! Ven y únete con nosotros, el resto de nosotros. Comamos, bebamos y alegrémonos”.
Pero Noé había oído a Dios. Y él dijo: “A mí no me interesa si sus instrumentos muestran que no hay nada allá. Si Dios dijo que estará allí, Él es capaz de ponerla allí”. Él fue persistente. Él puso la parte superior en el arca, y arregló los—los lados, y se preparó. Cuando la terminó de construir, se paró a la puerta del arca y predicó que la única manera para salvación era al entrar por la puerta. Ellos se rieron de él.

36 Un día él se empezó a fijar, que allí venía el macho y la hembra del león, el macho y la hembra del caballo. Y todos empezaron a entrar en el arca. Dios dijo: “Prepárate, Noé. Ya estoy lo bastante harto de su comportamiento, de su incredulidad. Voy a enviar el juicio que Yo prometí”.
Bueno, hermano, hermana, yo digo esto. Espero que Uds. no piensen que soy un fanático, pero yo creo que esa mismísima repetición está a la mano. Dios ya está harto de esta edad científica, disparadora a la luna, disparadora de misiles, en la que estamos. Bueno, es otra torre de Babel. ¿No saben Uds. que Dios destruirá esta tierra? Él dijo que lo haría.
Esa es la razón que yo estoy aquí esta noche. Esa es la razón que estamos tratando de esforzarnos a seguir hacia adelante para conseguir toda alma que podamos, porque la paciencia de Dios en los días de Noé es la misma como lo es ahora: no queriendo que ninguno perezca, sino…
Y Dios envió toda clase de don que Él pudo delante del pueblo. Y todavía ellos se quedan afuera del Reino. Es porque mucho de ello viene del púlpito. Sabemos eso: negando los días de milagros, negando el Espíritu santo, y lo demás, eso trae eso.

37 Miren, nos fijamos en lo que sucedió. Un día cuando Noé entró y su familia… Y los puedo oír decir: “Allí están tus animales hediondos. Entra y vive con ellos ahora”. ¡Oh, la gran edad clásica de ellos en la que ellos vivieron! Y—y así que, entonces la puerta se cerró detrás de ellos.
Había algunos creyentes fronterizos que asistían a las reuniones de Noé—Noé. Bueno, igual que hay ahora: la gente se sienta todo el tiempo en la iglesia, pero nunca hacen un esfuerzo para seguir adelante. Disfrutan oír al pastor predicar una cosa u otra; pero nunca hacen un esfuerzo para seguir adelante. Así que entonces la primera cosa… Ellos nunca quieren poner sus manos en ello, para así ser identificados con ello.
Hermano… ¡Oh, hermano! Oh, yo estoy tan contento de estar identificado con ello. Yo—yo quiero que sea conocido por mis credenciales que yo soy uno de ellos. El honor más grande que tuve alguna vez, es estar identificado con la gente que es llamada loca por causa del Evangelio. Correcto.

38 Miren, cuando el… cuando vino el tiempo de Noé para la inundación, entonces algunos de esos creyentes fronterizos dijeron: “Miren, él era un anciano amable. Miren, pudiera ser—ser que algo suceda, así que bueno, les diré qué haremos. Subiremos allá y nos pararemos alrededor del arca, y si realmente empieza a llover de allá arriba, como él dijo, o el agua, ¿saben qué? Tocaremos en la puerta. Él es un anciano bondadoso; él nos dejará entrar”. Sí, pero no fue Noé el que cerró la puerta. Fue Dios el que cerró la puerta. Así que ellos…

39 Miren, (¿ven), después que Uds. han llegado a ser Cristianos, mucha gente piensa: “Bueno, después de que yo llegué a ser un Cristiano, eso lo concluye. Todo lo que yo tengo que hacer es decir: Bueno, gloria a Dios, todo es mío”.
No, señor. Uds. están equivocados. Uds. pelean por cada pulgada de terreno que obtengan. Dios le dijo a Israel allá en Egipto: “Yo les he dado a Uds. esa tierra prometida”. Pero Él le dijo a Josué cuando él entró: “Todo lo que pisare la planta de vuestro pie, eso les daré”. Ya se la había dado, pero ellos tenían que pelear por cada pulgada de ella. En otras palabras: Huellas significaban “posesión”. Sólo continúen caminando. Miren, ellos tuvieron que pelear, pero Dios se la había dado a ellos.

40 Y entonces… Y Noé, cuando él entró y se sentó en el arca, él entró en el mes de—de mayo, el día diecisiete de mayo, cuando Noé entro en el arca de acuerdo a la Biblia. Miren. Y lo puedo oír decir….
Él entró allí en el piso de abajo en justificación, y allí estaban todas las cosas que se arrastran. Él subió al segundo piso en santificación, y allí estaban todos los pájaros. Pero él fue hasta arriba, donde la Luz estaba brillando, al Bautismo del Espíritu, en el arca. Así que él subió allá arriba, y él le dijo a toda su familia, le dijo: “Miren, Uds. esperen. Miren, en la mañana, el sol no va a salir. Nubes negras, como humo, se irán rasgando por los cielos, y el agua estará cayendo”.
Pero a la mañana siguiente, el sol salió tan caliente como siempre. Me imagino que hubo alguna desilusión en Noé, pero él ya estaba encerrado. El segundo día pasó; nada sucedió. Y él estuvo allí siete días, siete días probándolo.

41 Todo hijo, todo niño que viene a Dios tiene que ser probado. Dios descenderá en una reunión, y mostrará grandes señales y prodigios, y Uds. se preguntarán. Entonces Él los probará a Uds. en eso para ver si verdaderamente lo dicen en serio o no. ¡Amén! Los prueba para ver si Uds. verdaderamente lo creen o no.
Entonces Él permitió a Noé sentarse allí y aguantarlo lo mejor posible por siete días. Pero en esa séptima mañana, el cielo negro empezó a tronar. Grandes gotas de lluvia empezaron a caer. Los alcantarillados se empezaron a llenar. El agua subió en las calles hasta la altura del arca, y flotó. La gente tocó en la puerta, pero siguió y siguió, y los perversos se ahogaron.
Noé fue persistente porque oyó la Voz de Dios, y se sostuvo. Y por ciento veinte años él predicó el mensaje. Jamás se debilitó; se fortaleció. Él creyó a Dios. Fue persistente.

42 Moisés, el profeta fugitivo, él tenía toda la educación que se le podía meter, porque él era el hijo de la hija de Faraón. Y él tenía toda la teología. Él era tan inteligente, que les podía enseñar sabiduría a los egipcios. Y con todo lo que tenía, con el entendimiento que había nacido, una—una vida espiritual, para ser un—un profeta….
Los profetas no son hechos; los profetas ya nacen así. Los profetas… Hay un don de profecía en la iglesia, pero los profetas ya nacen así. Ellos tienen la Palabra del Señor.
Jesucristo era el Hijo de Dios desde mucho antes de la fundación del mundo (¿creen Uds. eso?), el Cordero. E Isaías vio a Juan el Bautista setecientos doce años antes de que él naciera, una voz que clama en el desierto. Moisés nació un niño hermoso. Jeremías, Dios dijo: “Antes que aún fueras concebido en el vientre de tu madre, te conocí, y te llamé, y te santifiqué, y te di por profeta a las naciones”. Antes que él aún naciera del vientre de su madre, él tenía la Palabra del Señor desde la niñez en adelante. Eso es… Él era un profeta.

43 Allí estaba Moisés, sabía que él era un profeta del Señor, pero todavía no había tenido esa experiencia, algo que lo hiciera persistente. Él huyó porque se dio cuenta que su acto militar no funcionó. Y luego huyó al desierto: estuvo allí hasta que era un anciano, de ochenta años de edad, la barba le colgaba bajo, y quizás su cabeza calva ya se había tornado morena debido al sol brillando sobre ella, al pastorear las ovejas de Jetro.
Y estaba allí una mañana, y él oyó, y miró hacia el monte, y allí estaba una zarza ardiendo. Él fue para ver esa zarza. Y cuando estaba allí, oyó una Voz decir: “Quita el calzado de tus pies”.
Miren, ¿qué si Moisés hubiera dicho: “Yo sólo me quitaré mi sombrero”? Eso no funciona. Esa es la razón que la Biblia… Yo creo que toda Palabra de Ella tiene que ser cumplida. “Quita el calzado de tus pies”, y él se quitó su calzado.
Él dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob. He oído el clamor de Mi pueblo. Yo recuerdo Mi promesa que le hice a Abraham. (¡Amén! Cuán contento yo estoy que Él la está recordando otra vez hoy en día, que Él derramaría de Su Espíritu). Yo recuerdo Mi promesa, y te voy a enviar a ti allá para que los libertes”.
Y él hizo toda clase de excusas, pero Él dijo: “De seguro Yo estaré contigo”. Uds. saben entonces, que algunas veces cuando algo así sucede, uno se pone muy persistente.

44 Y Moisés fue muy persistente. Él no esperó hasta formar un ejército. Uds. saben, algunas veces cuando se ponen persistentes y oyen la Voz de Dios, los hace hacer cosas ridículas para la mente carnal. Uds. actúan extraños, raros. Son una persona rara. Miren cuán ridículo Moisés actuó. Al día siguiente lo encontramos con su esposa sentada a horcajadas sobre un asno, con Gerson en su cadera, y un anciano con la barba colgándole hasta aquí, volándole, y un ancianito de ochenta años de edad con una vara torcida en la mano, yendo por el camino: “¡Aleluya! ¡Aleluya!”
“¿Adónde vas, Moisés?”
“Voy a Egipto, para conquistarlo”: una invasión de un solo hombre. ¿Por qué? él había oído a Dios.
Dijo: “Moisés, espera un momento. Te insolaste. Hay algo mal contigo. Tus—tus condiciones mentales no están bien, Moisés. Regresa”.
Tratar de detenerlo. Uds. no lo pudieran detener. Dios le había dicho que él lo iba a conquistar. Y lo hizo. Pudiera haber actuado raro, pero él sabía lo que estaba haciendo. Él tenía la mente de Dios. Él conocía la voluntad de Dios. Él sabía lo que él estaba haciendo, y se fue. Y cualquier hombre que pueda entrar en esa condición, que sabe exactamente lo que Dios lo ha llamado a hacer, algo va a suceder. Sí, señor.
A mí no me interesa quién sea, cuán enfermos Uds. estén, o todo lo que sea al respecto, Uds. lo tienen que creer. Y entonces Uds. llegan a ser perseverantes. Nada los va a detener. Eso es correcto.

45 El pequeño David parado allí en el terreno ese día, él miró para allá, y allí estaba ese enorme Goliat parado allá: dedos de catorce pulgadas y con una lanza como rodillo de telar en la mano. Y allí estaba Saúl, cabeza y hombros sobrepasaba todo el ejército.
Goliat… Uds. saben, de esa manera lo hace el enemigo, cuando él lo mete en un lugar en donde él lo quiere para irritar un poquito. Él dijo: “No derramemos sangre”. Dijo: “Permitan—permitan que uno de sus hombres salga y me pelee, y—y si él me mata, mi—mi nación les servirá a Uds. Y si yo lo mato, entonces su nación me servirá”. ¿Ven cómo ellos lo querían hacer?, porque él pensó que lo tenía seguro.

46 Pero él lo dijo una vez en la presencia de un hombre que conocía a Dios. No sólo un hombre entrenado en lo militar; él no sabía nada respecto a eso. Pero él conocía a Dios. El pequeño David, la Biblia dice que él era rojizo, un hombrecito allí, de hombros caídos, con un pequeño saco pastoril aquí a su lado, y un zurrón con comida de oveja, llegó allí para visitar a sus hermanos.
Y él dijo: “¿Me quieren Uds. decir que le permitirán a ese filisteo incircunciso pararse allí y desafiar los ejércitos de Dios, diciendo que los días de los milagros ya pasaron?” ¡Oh, hermanos, qué hombre era ese! Era el menor de todo el montón, sólo un muchacho.
Pero, ¿qué? Él conocía… Él dijo: “Él… Un día un león vino y agarró una oveja de mi padre y se la llevó. Yo fui tras él con mi honda, y la traje de regreso. Un oso vino, y yo maté al oso”. Él dijo: “Y el mismo Dios (¡aleluya!) que me entregó al león y al oso, me entregará a ese filisteo incircunciso en mis manos”. Deténganlo si pueden.

47 Oh, Saúl… Ellos lo llevaron ante Saúl, el general. Y Saúl dijo: “Mira, hijo, yo admiro tu valentía. Pero tú sabes, tú—tú no tienes mucha instrucción en combate. Tú no sabes cómo hacerlo. Quizás te pondremos en… Ponte mi chaleco”. Y él se puso esa grande cosa, y el pobre pequeño David se le doblaron las piernas con el peso sobre él. Él se vino a dar cuenta que un… que su chaleco eclesiástico no le quedaba a un hombre de Dios.
Así que él dijo: “Quítenme esta cosa. Yo no sé nada de eso. Yo no sé nada de esto aquí, todo esto aquí de cómo decir Amén exactamente correcto, y que la palabra y la gramática de uno estén exactamente correctas”. Dijo: “Permítanme ir de la manera que yo he confiado en Dios. Permítanme ir con lo que yo confío”. ¡Amén!
Y, Uds. saben lo que sucedió. ¡Seguro! Él fue persistente, sin ningún temor; salió allá y recogió cinco piedras, J-e-s-ú-s; envolvió la honda en sus cinco dedos, f-e, fe en J-e-s-ú-s. Y ahí se fue él, confiando en Dios que hiciera el resto.

48 Y eso es todo lo que Uds. tienen que hacer. Tener fe en Jesús, Su muerte, Su entierro, Su resurrección, Su omnipresencia, Su ser ahora, Su promesa, Sus dones, Su manifestación. Eso es todo lo que Uds. necesitan hacer. Tener fe, y enfrentar toda clase de obstáculo. Si es llamado cáncer, parálisis, lo que sea, enfréntenlo en ese terreno.
El Dios que puede resucitar su alma pecaminosa de una vida de pecado, los puede librar de cualquier enfermedad o padecimiento que tengan. Uds. tienen que tener esa fe. Sean persistentes. Aférrense a ello. No lo suelten. ¿Ven Uds.?
Pero Uds. no lo pueden fanfarronear. No aceptará a un fanfarrón. Uds. se pudieran sentir bien al fanfarronear por aquí alrededor en una… Vayan allá y encuéntrense con los hechiceros y los demás. Esos demonios, no los traten Uds. de fanfarronear. Uds. tienen que tener eso de lo que están hablando cuando están en el campo misionero. Correcto.
Miren, aquí Uds. están en un grupo intelectual aquí en América. Ellos reciben cosas intelectuales. Esa es la razón que el ministerio no tuvo mucho éxito aquí; es sólo intelectual, intelectual. Pero yo no fui enviado a ese grupo de todas maneras. Yo fui enviado al grupo como en el que Abraham estaba, uno que fue llamado a salir fuera. ¡Sí!

49 Allí, Sansón. Miren, mucha gente pensó que Sansón tenía… Yo he visto cómo lo pintan, parece que él tiene hombros del tamaño de una puerta de granero. Bueno, no… ¿Un hombre de ese tamaño? No sería un misterio que un hombre así pudiera levantar a un león y partirlo en dos. Pero él era un hombre pequeño de cabello rizado, pequeñito, con siete guedejas que le colgaban en su espalda como un mimado, un poco afeminado. Miren, ver a un hombre como ese matar a un león, cómo hay algo… Con razón los filisteos se preguntaban de dónde provenía ese poder oculto.
¿Por qué? ¿Cómo podía él estar tan seguro? Él era un Nazareno. Él tenía un voto de parte de Dios. ¡Mmm! ¿Saben Uds. que todo hijo de Abraham es un Nazareno con un voto de parte de Dios, que juró por Sí mismo?

50 El pequeño Sansón, un hombrecito de cabello rizado, con pequeñas… siete guedejas pequeñas que le colgaban en la espalda; un león salió rugiendo. Sansón era un hombrecito parado allí. Pero si Uds. se fijan, el Espíritu del Señor vino sobre él. Eso marcó la diferencia. Mírenlo parado en el campo aquel día, donde mil filisteos lo rodearon. Él miró alrededor. Él no podía encontrar nada con qué pelear. Y él miró hacia abajo y recogió la quijada de una mula.
Bueno, cualquiera sabe qué es una vieja quijada de mula blanqueada. Y esos yelmos filisteos de bronce eran más de una pulgada de gruesos, y con el vestuario, lo que ellos llaman “malla”, el cual era de pedazos de metal parcialmente cubiertos unos sobre otros, de esa manera, y con lanzas, y grandes escudos, mil de ellos. Pero el Espíritu del Señor vino sobre ese “renacuajo”. Él extendió su mano atrás y palpó esas siete guedejas. Él sabía que él todavía era un Nazareno. ¡Aleluya! Él tomó lo que estaba en su mano, y golpeó esos yelmos con esa quijada vieja.
Cualquiera sabe que si Uds. golpean uno de esos cráneos con esa quijada vieja, volaría en un millón de pedazos. Pero Dios estaba allí para mantenerla unida. Y él derribó y mató a mil filisteos. Él era persistente. ¿Por qué? Él no tenía miedo. Él podía sentir que ese voto Nazareno estaba con él. ¡Aleluya!
Un hombre o una mujer que puede sentir la Presencia de Jesucristo, y sabe que es nacido de nuevo del Espíritu Santo, no permite que nada se pare en su camino. Persistente, cuando Dios habla y dice: “Eres tú. Yo te doy fe esta noche. Tu sanidad es segura. Es Mi Palabra”. Entonces Ud. puede ser persistente. Seguro.

51 Juan el Bautista fue tan persistente de que él iba a ver al Mesías. Miren, Juan nació… No tenemos mucha información de él. Sabemos que su padre, Zacarías, era un sacerdote del linaje de los sacerdotes. Pero Juan nunca siguió los pasos de su papá. Su mensaje era muy grandioso. Él no se podía permitir seguir en la manera eclesiástica de aquel día. Uds. nunca pueden. Juan lo sabía.
Los padres ancianos, siendo ancianos cuando Juan nació, ellos sabían que debía haber algo, este niño… que los entristecía. Ellos conocían a su niño. Ellos no iban a poder verlo, porque la vejez se los llevaría antes—antes que llegara su tiempo, pero ellos sabían que él sería un profeta. El Señor lo había hablado, y ellos lo sabían. Cómo debe haberle dolido a la pareja anciana.

52 Se nos dijo, de acuerdo a la historia, que como a los nueve o diez años de edad, el niño… su padre y madre murieron y él se quedó solo. En lugar de ir al seminario para seguir el camino que su padre siguió… Su trabajo era tan importante, que Dios no le podía permitir que se enredara. Algunos de aquellos hombres hubieran dicho: “Mira, Juan, tú vas a presentar al Mesías, ¿no es así?”
“Sí, señor. Eso es correcto”.
“Bueno, tú sabes, el Dr. Fulano de tal, el santo obispo Fulano de tal aquí, ¿no piensas que él es justo el hombre correcto para eso?”
“Oh, yo pienso….”
“Oh, no Rabí, Ud. está errado. El santo obispo Fulano de tal es exactamente él”.
Miren, ¿pudieran Uds. alguna vez hacer que tal tontería, enredo…? Juan no se enredaría en tal cosa como esa. ¿Saben Uds. a dónde se fue él? Él se fue al desierto, solo con Dios. Dios le dijo allí… lo encontró en el desierto, y dijo: “Juan, sobre quien veas el Espíritu descendiendo y permaneciendo sobre Él, Él es el que bautizará con el Espíritu Santo y Fuego”.
Juan estaba tan seguro que lo iba a presentar a Él, que se paró en la ribera, y dijo: “Hay Uno parado entre vosotros ahora al que Uds. ni siquiera conocen”. ¡Amén! ¡Gloria a Dios! Él sabía que Él iba a venir en ese momento. Ellos lo habían estado esperando por cuatrocientos años. Pero él dijo: “Hay Uno parado entre vosotros ahorita que Uds. no conocen. Él es el que es”.

53 Uds. no pueden decir: “Éste, aquél”. ¿Ven?, él tenía que recibir su entrenamiento correcto. Él tenía que conocer esa señal Mesiánica. Él tenía que conocer lo que sería ese Mesías. Dios le mostraría desde el Cielo quién era ese Mesías. Juan dijo: “Yo no lo conocía. Pero el que me dijo en el desierto: Ve bautiza con agua, dijo: En quien el Espíritu descienda y permanezca…” Y Juan dijo: “Yo doy testimonio (Amén) que Ése es el Hijo de Dios, porque yo vi la paloma descendiendo”.
Nadie más la vio. Nadie más la estaba esperando. Pero Juan la estaba esperando, y Juan la vio. A mí no me interesa cuántos fallen en sanar; crean que es para Uds. Aférrense a ello. A mí no me interesa lo que los Jones hicieron, o el resto de ellos. Aférrense a ello y sean persistentes cuando Dios se los revele a Uds. que Su Hijo los ha hecho libres del pecado y de la enfermedad. Aférrense a ello. Sean persistentes. Sí. Juan sabía.

54 (Miren, vale más que lo deje aquí. Nunca llegaré a mi texto). ¿Saben qué? Esta mujer era una griega de la que yo estaba hablando, y era de otra nación. Y… Pero ella oyó a Jesús. ¿Cómo viene la fe? Es por el oír, y el oír, por la Palabra. Uds. dicen: “¿Cómo…?” Bueno, ella oyó de Él. Él es la Palabra. Así que él era la Palabra, y ella oyó.
Miren, ella tenía mucha oposición. Pero escuchen esto ahora. La fe encuentra una fuente que otros no ven. La fe encuentra una fuente que otros no la pueden ver. La fe es ridícula para todos excepto para Dios y para la persona que la tiene. Es ridículo para todos excepto para Dios y la persona que tiene la fe. Miren, todo es—todo es… Es una certeza para ellos. Es una certeza para Dios, y es una certeza para la persona que la tiene. Pero el resto de ellos piensan que están locos. Siempre piensan así. Pero es certeza para ellos.

55 Su Palabra es una Espada. Hebreos 4:12 dice que “La Palabra de Dios es más cortante que una espada de dos filos”. Miren, la espada de fe debe… La espada de la Palabra debe ser manejada por la mano de fe. Nada más puede manejar esa espada sino la fe en la Palabra.
Miren, alguna gente puede tomar la Palabra y—y cortar lo suficiente como para unirse a la iglesia. Hasta ahí de lejos llegan. Otros pueden cortar, cortar toda promesa de Dios, cortar la promesa del Espíritu Santo, cortar en la Sanidad Divina. Depende de cuán fuerte es esa mano de fe que está sosteniendo esa espada.
Toda promesa es de Uds. Es lo bastante cortante como para cortar todo lo que está en el camino de Uds., y para hacerlos un hijo y una hija de Dios, libres de todo. Pero depende de qué clase de mano está sosteniendo esa espada. Debe ser una mano de fe.

56 Esta pobre mujer pudiera haber tenido muchos impedimentos, pero su fe no tenía ninguno. No. Uds. pudieran tener muchos impedimentos. Quizás su doctor le dice que no puede suceder. Pero si Uds. tienen fe, no importa lo que alguien más diga; la fe de Uds. no tiene impedimentos. La fe de Uds. lo ve. Es la sustancia de lo que se espera, la evidencia de lo que no se ve. Abraham llamó las cosas que no eran, como si fuesen, porque Dios así lo dijo.
¿Se pudieran Uds. imaginar a Abraham, ese anciano? Miren, él tenía setenta y cinco años de edad antes que Dios lo llamara. Sara tenía sesenta y cinco años. Eso es como unos veinte años pasada la menopausia. Dios le dijo que ella iba a tener un bebé, y Él iba a… “Por medio de él Yo bendeciré al mundo. Con él, todas las naciones… Te llamarán el padre de naciones”.
¿Se pudieran Uds. imaginar a un anciano de setenta y cinco años de edad, y a una anciana de sesenta y cinco ir allá al doctor y decir: “Doctor, nos gustaría hacer arreglos para un cuarto de hospital, vamos a tener un bebé”?
El doctor diría: “Señor, ¿qué edad tiene Ud.?”
“Oh, sólo tengo setenta y cinco”.
“¿Qué edad tiene ella?”.
“Sesenta y cinco”.
“Oh, oh, seguro, señor. Déjeme decirle. Ud. se puede ir”. Él llamaría al psiquiatra e iría allá y diría: “Examine la mente del anciano. Algo anda mal. No permita que ese hombre salga a la calle. Es peligroso”.
¿Por qué? Todo el que alguna vez toma la Palabra de Dios es considerado de esa manera. Dios toma la locura de la predicación para manifestarse por medio de ella, por Su Palabra, creyendo Su Palabra.

57 Yo veo que los primeros veinticinco días pasaron. Miren, puedo ver… Miren, Abraham había vivido con esta mujer desde que ella era una muchachita. Era su media hermana. Ella se casó con él como de unos dieciocho años de edad. Y así que, él fue allá y dijo: “Sara, ¿Cómo estás, cariño? ¿Te sientes diferente?”
“No me siento ni una pizca diferente”.
“¡Gloria a Dios!, vamos a tener el bebé de todas maneras. Ten listas las botitas tejidas de estambre, todos los pañales, y los—los alfileres de seguro, y todo. Prepárate. Lo vamos a tener”.
“¿Cómo sabes tú que lo vas a tener?”
“Dios así lo dijo”.
El segundo mes pasó: “¿Cómo te sientes, Sara?”
“No me siento diferente”.
“¡Gloria a Dios! Es otro mes más grande de milagro. ¡Aleluya!”.
Un año pasó. “¿Cómo te sientes, cariño?”
“No me siento diferente”.
“¡Gloria! Es un año más grande de milagro”.
Y veinticinco años pasaron. “¿Cómo te sientes, Sara? (Vieja y débil). ¿Cómo te sientes?”.
“No me siento diferente, cariño”.
“¡Gloria a Dios! Son veinticinco años más de milagro”.
Y nosotros decimos que somos simiente de Abraham, que tenemos el Espíritu Santo. “Bueno, anoche se oró por mí, pero estoy seguro que no sané”. A Ud. le falta mucho para ser simiente de Abraham. Abraham llamó esas cosas que no eran, como si fuesen. ¡Amén! ¡Aleluya! Pues él creyó que lo que Dios había prometido, Dios era lo bastante grande para cumplir Su Palabra. ¡Amén! Ahí lo tenemos. La simiente de Abraham, no me permitan entrar en eso.

58 Miren, esta mujer tenía mucha oposición. Ella era una griega. Miren, ella pertenecía a otra denominación, y ellos decían: “Mira, espera un momento, tú eres griega. No vayas allá, porque nuestro pastor no lo está patrocinando”. (Oh, perdónenme. Muy bien). De todas maneras: “Tú sabes que tú perteneces a esto; no—no vayas allá ahora, porque….”
Pero eso no la detuvo. Ella tenía fe. La fe la había capturado. ¿Por qué? Ella tenía una hija que necesitaba sanidad, y supo que había un poder sanador. Ella oyó acerca de Él sanando a otros. La fe es por el oír; ahí estaba ella. Ella siguió adelante de todas maneras. Eso no la impidió.

59 Quizás ella se encontró con otro grupo, y ellos dijeron: “Ahora, mira, querida. Mira, Melinda”. (Melissa, o cualquier otro nombre, como sea que la llamaban. Espero que no haya nadie aquí con ese nombre. Pero de todas maneras, está bien; sería un cumplido). Dijeron: “Escucha, Melinda. ¿Sabes qué? Los días de los milagros ya pasaron. No hay tal cosa como esa. No vaya allá. Tú únicamente vas a traer desgracia”.
Ella fue perseverante. La fe se había anclado allí adentro, no importaba si el pastor estaba cooperando, si su denominación creyera en ello o no, si su pueblo lo creyera, si nadie lo creyera aparte de ella. La fe es una cosa individual. Sí, señor. Es ella. Si los días de los milagros ya habían pasado para el resto de ellos o no, para ella no habían pasado.

60 Hubo un hombre que me dijo no hace mucho, dijo: “A mí no me interesa cuanta gente Ud. pudiera sanar, o lo demás así”. Dijo: “Yo no creo en la Sanidad”.
Yo dije: “Ciertamente. No fue para incrédulos. Sólo fue enviada para creyentes. Eso son los únicos para quienes fue enviada: sólo para creyentes”. Oh, la incredulidad de Uds. no les consigue nada, sólo los obstaculiza. Eso es todo. No detiene a Dios. Dios lo continúa haciendo de todas maneras.
Ellos dijeron: “Tú no puedes recibir el Espíritu Santo. Únicamente fue dado para los doce apóstoles”. Eso no detiene a Dios. Él lo continúa haciendo, la gente lo recibe. Ellos quizás no sean capaces de explicarlo, pero lo recibieron de todas maneras.
Yo no les puedo explicar a Uds. cómo una vaca negra puede comer pasto verde, y dar leche blanca, pero ella lo hace. Exactamente correcto. Así que no lo puedo explicar. Yo no sé cómo se hace, pero—pero sucede de todas maneras. Yo no lo trato de explicar. Si Uds. pueden explicar a Dios, entonces ya no es fe. Todo lo que Uds. reciban de Dios viene por medio de la fe. ¡Amén! No lo pueden explicar. Uds. no pueden explicar a Dios. Uds. crean a Dios. ¡Amén!

61 Miren: “Los días de los milagros ya pasaron”. Ella era persistente. Quizás otra fina hermana la encontró en la esquina, dijo: “¿A dónde vas esta mañana?”
“Voy a ir a ver a Jesús de Nazaret”.
“Oh, Él—Él no es de nuestra denominación”.
“Eso no importa. Yo tengo una hija que tiene necesidad, y ella va a ser sanada. La voy a dejar que la reciba”.
“¿Sabes qué? déjame decirte, yo sé que tu esposo es un hombre de negocio aquí en la ciudad; él te dejará. Si tú vas, de seguro vas a tener un caso de divorcio”.
Aun así ella fue persistente. Ella iba a ir de todas maneras. Ella era muy perseverante.
Algunos de ellos dijeron: “Tú sabes, Melinda, que cuando tú vengas a la iglesia la próxima vez, vas a ser el hazmerreír de la iglesia, porque tú vas allá sólo para hacer una tonta de ti misma, enredándote con ese montón de santos rodadores. Y allí—allí estás tú. ¿Ves?, tú vas a ser clasificada como uno de ellos. Todos en la iglesia se reirán de ti cuando vayas el próximo domingo”.
Ella todavía fue persistente. Nada la iba a detener. Iba a ir de todas maneras. ¿Qué? La fe se había anclado. Ella era perseverante; nada la iba a detener. Ella iba a ir de todas maneras. Sí.
Y luego, llegó uno de los ancianos de la iglesia y dijo: “¿Sabes qué? Si tú vas allá a esa reunión, te voy a decir lo que va a suceder. Tú vas a ser expulsada de la iglesia. Eso es todo. Te echarán fuera de la iglesia. Tan pronto como te asocies con ese montón de gente allá con ese fanatismo, ten por seguro que vas a ser echada fuera de la iglesia”.
Ella todavía fue perseverante. Ella iba a ir. Nada la iba a detener. Ella iba a llegar allá.

62 Ella se fue. Finalmente llegó. Miren, ella pensó que todo había terminado, que eso lo concluiría. Así que cuando llegó a Jesús, ella dijo… Ella oyó al resto de ellos llamándolo a Él: “Hijo de David”. Ella dijo: “¡Tú, Hijo de David…!” Miren, ella era una gentil, no era “Hijo de David” para ella, Él no era eso. Dijo: “¡Tú, Hijo de David, ten misericordia de mí hija!” Y ella se encontró con un desaliento después de que llegó a Jesús. Oh, cuán raro, pero ella sí se encontró con eso. Ella tuvo un desaliento.
Jesús le dio a saber que: “Yo no fui enviado a tu raza. Yo únicamente fui enviado a los judíos”. ¡Oh, hermanos! ¿No nos hubiera sacado eso el aire a algunos de nosotros Pentecostales? No a ella; ella estaba aferrada a algo. Dijo: “Yo no fui enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Yo no fui enviado a ti, a tu raza, a tu clase de gente. Yo no fui enviado a ti en lo absoluto”.

63 Después de haber pasado por todas estas barreras para llegar a Él, y luego cuando ella llegó a Él, oyéndolo a Él decir que: “Yo soy enviado a ti, a tu raza”, ¿detendrá eso a la fe? No, señor.
Y luego Él dijo: “A propósito, Uds. no son nada sino un montón de perros”. ¡Oh, hermanos! Eso—eso nos hubiera tumbado a nosotros Pentecostales. ¡Oh, hermanos! Hubiéramos explotado como un sapo comiendo perdigones. Hubiéramos… Bueno, nosotros hubiéramos sido… Hubiera sido terrible. Nosotros tenemos….
Pero ella no era una planta de invernadero. Ella no tenía que ser rociada como una planta de invernadero. Ella no era híbrida, como algunos de esta cosecha de hoy en día. Ella estaba aferrada a la fe. ¡Aleluya! El problema de ello hoy en día, es que tenemos mucha cosa híbrida. Exactamente.

64 Yo leí un artículo en la revista Selecciones no hace mucho tiempo, que la gente, nuestras mujeres, comiendo esa carne híbrida, maíz híbrido, y toda esa cosa, hojuelas de maíz, que las caderas de ellas se están reduciendo. Y en veinte años contando desde ahora, si no se hace algo, la ciencia dice que la mujer no podrá tener su bebé. Está matando. Todo lo que es híbrido perjudica.
Yo venía, y vi un grande anuncio, decía: “El maíz híbrido de Funk (o algo así), es el mejor”. Grandes mazorcas finas, pero no es saludable. No sirve para nada. Traten Uds. de volver a sembrar y vean lo que sucederá.
Miren, eso toma a la ciencia y prueba que sus propios fundamentos están errados con respecto al origen del hombre. Uds. tomen algo y lo cruzan, lo hibridan, y no se puede reproducir de nuevo. Tomen Uds. una—una yegua y crúcenla con un asno, y producirá un mulo. Pero ese mulo no se puede reproducir de nuevo y producir otro mulo. Lo mata allí mismo. Eso es correcto.

65 Y si hay algo que yo pienso que es ignorante, es un mulo, un híbrido con grandes orejas largas, parado allí. Saben, Uds. no le pueden decir nada. Tienen mucha religión de mulo hoy en día. Ese es el problema con el mundo. Ellos se quedan allí con esa cara larga de santurrón, Uds. saben, y dicen… Yo digo… Predico sanidad Divina, y el poder de Dios, y ellos dicen: “¡Jija!, ¡Jija!, los días de los milagros ya pasaron. Yo no creo en esa cosa antigua. No… ¡Jija!, ¡Jija!” Sólo es una antigua religión de mulo ignorante. Eso es todo. No sabe de dónde proviene. Uno nunca le puede enseñar nada a él. No importa, él esperará toda su vida para conseguir patearlos a Uds. antes que él se muera. Uds. saben eso.
Yo he lidiado con caballos, trabajé en un rancho. Yo sé de lo que estoy hablando. La cosa es sólo un ignorante. Pero permitan… Uds. no saben de dónde él proviene. Él no sabe quién es si papá, quién es su mamá, ni nada más.
De esa manera es con algunas de estas religiones híbridas de hoy en día. Ellos no saben quién su papá. Les dicen: “¿Es Ud. Cristiano?”
“Yo soy Metodista”. “”Yo soy Bautista. “Yo soy Presbiteriano”. “Yo soy…”Oh, Uds. ni siquiera saben de dónde provienen.

66 Pero, ¡oh, cómo me gusta un buen caballo purasangre! Hermano, él les puede decir a Uds.… Ellos pueden mirar su purasangre, y Uds. pueden ver quién era su papá, su abuelo, y su abuela, todo hasta muy en el pasado porque él es un purasangre.
A mí me gusta ver a un verdadero Cristiano purasangre que es nacido de la Palabra de Dios. Él sabe de dónde proviene; él sabe quién es su Padre; él sabe quién es su Madre. No es alguna denominación social. Es el poder de Dios, el Hijo de Dios. Él murió a sí mismo, y nació de nuevo en un nuevo nacimiento. Él es una nueva criatura en Cristo Jesús. Él es manso. Ud. le puede decir algo; él acentuará toda Palabra de Dios con un “Amén”.
“¿Cree Ud. esto?”
“¡Amén!”
“Los días de los milagro están aquí”.
“¡Amén!”
“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”.
“¡Amén!”
Yo sé—yo sé de dónde proviene él. Sí, señor. Él es un hijo de Dios. Sí, en verdad.
Pero ese mulo, ese híbrido, se salió de aquí y llevó sus papeles de una iglesia a la otra, y de una a la otra. ¿Por qué no lo pone una vez allí arriba en el Libro de la Vida del Cordero donde no se borrará? ¡Amén! Uds. saben, me siento muy religioso ahorita mismo. Hablando acerca de… Me siento como que pudiera gritar. Sí, señor. Oh, seguro. Ella no tenía que ser rociada. ¡Híbrida!

67 Oh, Uds. dicen: “Nosotros tenemos las mejores iglesias”. Eso es lo que está mal con nuestros Pentecostales, están llegando a ser la misma cosa. Oh, nosotros pensamos en un grande y hermoso edificio, algún ministro intelectual que se pueda parar, e—e ir y aprobar el nadar de personas de ambos sexos, y todo lo demás, y toda esta otra clase de tonterías: permitir que las mujeres se corten el cabello, y usen pantaloncitos cortos, y todo lo demás, y llamarlo la liberación de las mujeres. ¡Tonterías! ¡Eso es correcto! Es un pecado, y una desgracia.
Lo que nosotros necesitamos hoy en día es un avivamiento chapado a la antigua de San Pablo, y el Espíritu Santo de la Biblia, y el poder de Dios de regreso en la iglesia otra vez para manifestarlo. Sí, necesitamos eso. Eso es exactamente correcto.

68 [Lenguas e interpretación, interrumpen—Ed.] Bendito sea el Nombre del Señor. Cuánto le damos gracias a Dios. Alabado sea Dios. Sí, señor. Amén a eso. Lo creemos a medida que Dios lo envía. Fíjense, y nosotros lo aceptamos; correctamente.
Dios quiere verdaderos Cristianos nacidos de nuevo. Él quiere hombres y mujeres que estén verdaderamente rendidos a Dios, y no… Uds. saben que Hollywood brilla, y la gente se está moldeando demasiado… Nosotros estamos muy cerca a Hollywood. El—el Evangelio no brilla; resplandece. Hollywood brilla con encanto, y la iglesia está brillando con encanto, pero el—el Espíritu Santo resplandece con humildad.

69 No hace mucho yo debía haber hablado en Chicago. Y un cierto ministro, debido a las diferencias él… Yo no pertenecía a su organización. Ellos habían pedido, y la gente quería que les predicara. Yo no lo pudiera haber hecho de todas maneras, pero él dijo: “¡Oh, no!” Dijo: “Él es un verdadero chiflado”. Dijo: “Él está… Todo lo que él hace es regañar a la gente”, y lo demás así.
Y él consiguió a un gran doctor de divinidad, que fuera. Él subió arriba con bastantes papeles y un sermón intelectual que hubiera hecho cualquier cosa. Subió allá arriba con el pecho hinchado, con un cuello grande volteado al revés, y empezó a hablar, Uds. saben, con sus palabras tan fluidas, así. Y ¡Oh, hermanos! Y él se dio cuenta que no cuadró con los hijos de Dios. Ellos simplemente se sentaron allí y miraron.
Y al poco rato él se dio cuenta que no cuadró, así que guardó todas sus notas, y se bajó de la plataforma con sus hombros caídos, todo humillado de esa manera.
Estaba un santo sentado allá en el rincón, y codeó a otro, dijo: “Si él hubiera subido de la manera que bajó, hubiera bajado de la manera que subió”. De esa manera es hoy en día, hermano. Nosotros debemos bajar. Tenemos que bajarnos al Espíritu Santo otra vez, bajar a la Biblia, regresar a la verdadera Palabra de Dios.

70 Esta pobre mujercita tenía toda clase de cosas que la impedían. Cuando llegó a Jesús, ella… Él la llamó una perra, y dijo: “No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos”.
Y fíjense. Si eso hubiera ocurrido con uno de nosotros Pentecostales: “Bueno, yo nunca regresaré para oír a ese santo rodador otra vez. Sí, señor. La gente tenía razón”.
Pero, ¿qué de ella? Ella no. Ella estaba aferrada a la fe. Ella tenía algo que iba a lograr: la sanidad de su hija. No importaba lo que Él dijo. Miren, la—la verdad y la humildad siempre admitirán que la verdad está correcta.
Ella dijo: “Es verdad, Señor. Yo no soy de Tu pueblo. Yo no soy una judía, y no soy nada sino una perra. Eso es exactamente correcto, Señor. Y no está bien tomar el pan de los hijos, y dárnoslo a nosotros los perros. Pero, Señor, los perros comen la migajas que están debajo de la mesa de los hijos”. Ella simplemente iba tras migajas. Pero no estamos invitados a comer migajas, estamos invitados a la mesa. Pero ella iba tras las migajas.
Recuerden que ella era una gentil. Nunca había visto un milagro. Pero algo se había anclado en ella, que creyó en un milagro. Ella no tenía que ver que se hiciera algo. Ellos no… Él no le tenía que probar a ella que Él era el Mesías.

71 Ella era igual que Rahab la ramera. Cuando los espías llegaron y encontraron a Rahab la ramera, ellos no… Ellos—ellos… Ella no dijo: “Tráiganme a Josué. Déjenme ver cómo él usa su ropa, cuán derecho él se para. ¿Es él bien parecido? ¿Cómo se peina su cabello? ¿Cómo él…?” Ella no quería… “¿Qué…?… Déjenme verlo a él hacerlo”.
Ella dijo “Yo he oído. Eso es suficiente para mí. Yo he oído”. Ella fue persistente. Ella dijo: “Yo sé que vamos a ser destruidos. ¿Qué puedo hacer? Muéstrenme favor. Permítanme salvar la casa de mi padre”. Oh, su nombre es infalible. Ella es una de las tatarabuelas de nuestro Señor Jesucristo (ciertamente), porque ella creyó.

72 Miren, esta mujer dijo: “Señor, yo sé que no soy nada. Sé que nuestra nación es un montón de paganos. Pero… Yo sé que no somos nada sino un montón de perros, pero simplemente estoy buscando algunas migajas, Señor. Mi hija está enferma allá, y yo sé que Tú lo puedes hacer”.
Y luego ella se postró y lo adoró a Él. ¡Oh, hermanos! ¡Oh!, eso casi me mata. Ella se postró, dijo: “Verdaderamente, Señor, yo no soy nada sino una perra”. Miren por lo que pobre mujercita tuvo que pelear para llegar allí.
Y luego cuando ella llegó allí, y él la llamó perra, y todo lo demás, eso no detuvo su fe. Y algunas veces pueden orar por nosotros, y decimos: “¡Mmm! No ha de haber nada en ello. No siento ninguna diferencia”. ¡La simiente de Abraham, persistente, Cristianos! Deberíamos inclinar nuestros rostros en vergüenza. Eso es correcto. Sí.
Pero ella, no importaba lo que… Aun cuando ella estaba en la Presencia de Jesucristo y fue rechazada por Él, ella todavía se aferró. Jesús dijo: “Por esta palabra, el demonio ha salido de su hija”.
¿Ven?, ella sabía cómo abordar el don de Dios. Ella no vino y dijo: “Bueno, iré para ver lo que Él hace. Y si Él puede hacer estas cosas… quizás es telepatía; quizás es psicología; quizás es algún engaño; quizás es una mentira”. Ella nunca hubiera obtenido su sanidad que pidió. Pero ella llegó de la manera correcta, y recibió lo que ella pidió. La fe siempre admite que la Palabra está correcta. Ella fue persistente.

73 Sólo unas cuantas palabras más ahora antes que terminemos, un comentario que quiero hacer aquí. Marta, cuando ella llegó a Jesús, fue persistente. Recuerden que Jesús se había ido del hogar de ellos, dejó a Lázaro. Y cuando él se enfermó… Y esa gente había dejado su iglesia. Ellos habían hecho todo, y se salieron, y lo hospedaron a Él. Ellos lo habían visto hacer milagros, pero cuando llegó el tiempo para su familia, Él se fue.
Y ellas le enviaron mensajeros, y Él ignoró al mensajero y se fue más adelante. Y ellas enviaron otro mensajero, y Él ignoró a ése. Seguro. Siguió adelante.
Bueno, el… Él acababa de decir: “Yo no hago nada hasta que el Padre me lo muestra”. El Padre le dijo a Él. Entonces cuando Lázaro murió, Él dijo: “Me alegro por vosotros, de no haber estado allí; más voy a despertarle”. Recuerden que en el sepulcro Él dijo: “Yo digo esto para beneficio de ellos”. Él sabía lo que iba a suceder, porque el Padre se lo había mostrado.

74 Pero fíjense, Él probó a Marta. Allí vino ella corriendo, y: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano, no habría muerto”. Miren, parecía que ella lo hubiera reprochado a Él, y dicho: “¿Por qué no viniste? Mira lo que nosotros hemos hecho por Ti. Te hemos alimentado. Te hemos hospedado. Hemos dejado nuestra iglesia; hemos dejado a todos nuestros amigos para seguirte a Ti, y todo. Salimos de todo en lo que estábamos para seguirte a Ti. Y luego cuando nuestro hermano estaba enfermo, Tú…”
Parecía que ella tenía derecho de hacer eso. Pero algunas veces Uds. dicen que “nosotros tenemos un derecho”, pero Uds. ceden sus derechos. Un cordero no tiene nada sino lana. Eso es todo lo que él puede producir. Pero él tiene que ceder eso.

75 Yo le estaba diciendo a algunas mujeres aquí no hace mucho (¡vergüenza les debería dar vistiéndose de la manera que ellas lo hacen, con esos pequeños… se miran como salchichas con esos vestidos puestos así!) cómo van a tener que responder en el Día del Juicio por cometer adulterio. Uds. pudieran ser tan puras como un lirio para su esposo o para su novio. Pero recuerden que Jesús dijo: “Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella”. Y cuando ese pecador responda por cometer adulterio, ¿quién lo cometió? ¡Uds.! Mis hermanas Pentecostales, regresen, regresen a lo chapado a la antigua.
Esa mujer dijo: “Bueno, ellos ni siquiera hacen otros vestidos sino estos”. Pero todavía hacen máquinas de coser y venden telas. No hay excusa. ¿Ven? Eso es correcto. Eso es Exactamente correcto. Eso es correcto. Yo estoy… Yo creo eso. Así que no hay excusas. Vale más que terminemos eso, y regresemos al verdadero Evangelio, y de regreso otra vez a la Palabra de Dios, y enmendémonos. Eso es correcto.
Marta tenía derecho. Ella dijo: “Bueno, es mi privilegio americano si yo quiero hacer eso”.
Yo dije: “Sí, pero Ud. dijo que era Cristiana”.
Ella dijo: “Sí lo soy”.
Yo dije: “Entonces Ud. es un cordero, y un cordero cede sus derechos”.
Como un Cristiano americano, un ciudadano americano, yo tengo derecho a beber, fumar, hacer lo que yo quiero, comprar licor. Pero yo cedo eso. Yo no soy de… Yo vivo en esta nación, pero soy un peregrino. Mi hogar está allá Arriba. Todos los otros Cristianos que son nacidos de Arriba, viven de Arriba.

76 Mi esposa, sentada allá en la audiencia, me dijo… Fuimos a un supermercado. Es una cosa extraña en nuestra ciudad: encontramos a una mujer que traía puesto un vestido. Todas las demás… Y ellas cantan en coros y todos. Ella dijo: “Billy, ¿qué es eso?”
Yo dije: “Cariño, es el espíritu americano”.
Ella dijo: “¿No somos americanos?”
Yo dije: “No. Vivimos aquí. Este es nuestro hogar natural. Pero nosotros somos de Arriba. Nuestra gente actúa como allá Arriba. El Espíritu que proviene de allá Arriba desciende sobre ellos. Y si yo voy a otro país, ellos dicen: ”Ese es un Yanqui. Él es de América“. Si van a Alemania, Uds. reciben un espíritu alemán; si van a Suiza, reciben un espíritu Suizo. Dondequiera que Uds. estén, Uds. reciben el espíritu de esa nación.
Hay un espíritu entre la gente. ¡Oh, ten misericordia! ¡Vayan a la cosa verdadera! Este… ¿Por qué no…? Si Uds. pueden recibir un falso, ¿Por qué no recibir uno que es verdadero? ¿Por qué cederíamos la cosa verdadera por una falsa, cuando todos los Cielos están llenos de las bendiciones genuinas Pentecostales? ¡Amén! ¿Para qué recibiríamos a un sustituto para cualquier cosa? ¡Amén! Crean con todo su corazón. No duden ni una pizca, sino crean que la Palabra de Dios está correcta. Sí, señor.

77 Miren, Marta se acercó a Él, dijo: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto”. ¡Oh, hermanos! Eso es ser persistente, rompiendo toda barrera. “Si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto”.
Él dijo: “Yo soy la resu-… Tu hermano resucitará”.
Ella dijo: “Sí, Señor. Él era un buen muchacho. Él resucitará en la resurrección general”.
Él dijo: “Yo soy la Resurrección y la Vida; el que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquél que vive y cree en Mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?”
Ella dijo: “Sí, Señor; yo he creído que Tú eres el Hijo de Dios que has venido al mundo”.
No importa cuánto ella haya sido desilusionada en otros actos, el tiempo había llegado cuando ella recibió fe. ¿Saben Uds. de dónde creo que ella la recibió? Cuando ella leyó la Biblia, y vio cuando esa mujer Sunamita…

78 En aquel día, el representante de Dios… Dios nunca está sin un representante en la tierra, siempre en dada edad. Y Su representante en ese entonces era un profeta, Eliseo. Y esta mujer Sunamita, ella estaba entrada en años, no tenía hijos. Y Eliseo oró por ella, y la bendijo, y profetizó, y le dijo que tendría un hijo. Y lo tuvo. Como… Llegó como a los diez o doce años de edad, el niño debe haber tenido una insolación. Él gritó: “¡Ay, mi cabeza, mi cabeza!” Fue como a mediodía. El padre llamó a un siervo para que se lo llevara, y lo sentó en las piernas de la madre. Y el niño murió. Qué lugar tan apropiado para llevar al niño y acostarlo, sobre la cama del profeta, donde el profeta se había acostado.
Y luego ella dijo: “Ensíllame una mula. Vete derecho, y no hables a nadie sino sigue adelante”.

79 Y cuando el profeta vino… Dios no siempre les dice todo a Sus profetas, sino sólo lo que Él quiere que ellos sepan. Y dijo: “Allí viene esa Sunamita”. Él le dijo a Giezi, le dijo: “Ella tiene pesar en su corazón, pero Dios me lo ha encubierto”. Él dijo: “¿Te va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido? ¿Le va bien al niño?”
Miren esto. Me gusta esto. Ella dijo: “Todo está bien”, y su niño estaba muerto.
Pero ella estaba delante del siervo de Dios. Ella sabía que si Dios le podía decir a ese siervo que ella iba a tener al niño, él le podía decir a ella por qué Él se llevó al niño. Así que, ella se quedó allí. Entonces ella se postró ante él, se lo empezó a revelar.

80 Miren, allí es de donde yo pienso que Pablo tomó lo del poner paños sobre los enfermos. ¿Ven Uds.? Él dijo, le dijo a Giezi: “Toma mi báculo, y ciñe tus lomos. Y si alguien te habla, no respondas. Sólo sigue adelante, pon este báculo sobre el niño”. ¿Ven?, él sabía que todo lo que él había tocado era bendecido, si tan sólo pudiera hacer que la mujer lo creyera.
Pero la fe de la mujer no estaba en el báculo; estaba en el profeta. Ella se asió de él. Dijo: “Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré”. Y Giezi… quise decir, Eliseo fue con ella. Y él fue allá, y tendió su cuerpo sobre ese niño muerto, caminó de un extremo al otro del cuarto, puso su rostro sobre el niño, y el niño estornudó siete veces y resucitó. Y, ¿por qué? Porque esa mujer Sunamita… “No se detengan. No tengan ningunos asuntos sociales. Vayan a la Palabra”.
Y ella sabía, Marta sabía, que si—si Eliseo… si Dios estaba en Eliseo para manifestar, para anclar esa fe, ¿cuánto más estaba Él en Cristo el Hijo de Dios? Así que, esa es la razón que ella fue muy persistente en la presencia de Jesús. También fue persistente la mujer Sunamita en la presencia de—de Eliseo.

81 Hubo una mujer aquí en la costa de la cual les estaba contando. Ella llegó allá, a Jeffersonville, y yo había llegado allí. Y la mujer es de alguna parte por aquí. Ella… Alguna de la gente que está aquí conoce a la mujer; el síndico, uno de ellos, está sentado aquí ahora, que ayudó a cargarla. Ella tenía un tumor de cincuenta libras, abultado de esa manera. Y yo había entrado a la iglesia. Yo no podía orar por los enfermos esa noche. Sólo acababa de llegar. Y yo iba saliendo.
Y—y así que esa mujer fue tan persistente, había venido de tan lejos, que pidió que los diáconos y los síndicos la cargaran hasta una puertita donde yo salía. Y cuando salí allí, ella extendió su mano y me agarró de la pierna del pantalón. Y dijo: “Hermano Branham, yo creo que si Ud. le pide a Dios, Dios me sanará”.
Y yo simplemente me detuve, puse mi mano sobre ella, y dije: “Hermana, que el Dios de los Cielos honre su fe”.
Ella estaba así de voluminosa. Ellos no podían… La tuvieron que cargar. Y así que, ellos la pusieron allá en la puertita de atrás de la iglesia. Y como unos tres meses después de eso, ella pasó por el mismo lugar aclamando y gritando, tan plana como yo lo estoy.
Y hace como una semana o dos, allá en el Cow Palace en Los Ángeles, en Southgate, yo estaba diciendo algo acerca de ello allí una noche. Y ella se puso de pie de un salto, y dijo: “¡Aquí estoy todavía!” y ella estaba perfectamente normal.
¿Por qué? Ella fue persistente. Ella había viajado; ella había gastado su sustento; ella asistía a toda clase de reunión en una pequeña casa de remolque, tratando de llegar allá. Y ellos le tenían que llevar la comida, y cómo su esposo lo tenía que hacer. Pero ella fue persistente. Ella se iba a quedar con ello. Seguro. Su fe estaba aferrada a la Palabra, y ella se iba a quedar con Ella.

82 Micaías, allá cuando habían cuatrocientos profetas bien vestidos parados allí diciéndole a Acab y a ellos: “Sube; Jehová está contigo”, Micaías dijo: “Sube si tú quieres. Pero Jehová me dijo y yo vi a Israel esparcido por los montes como ovejas”. ¿Por qué? Cuando cuatrocientos profetas estaban profetizando contrario a lo que él estaba profetizando, ¿cómo podía él estar tan seguro? Porque su visión cuadraba con la Palabra de Dios. Esa es la razón que él lo sabía. ¡Oh!, cómo quisiera que tuviera como una hora ahora para predicar allí.
Si la visión de Uds. no cuadra con la Palabra, olvídense de su visión. Cuando Uds. saben que la visión de Uds. está en línea con la Palabra… El gran profeta la había dicho a Acab… Él lo maldijo, y le dijo que los perros lamerían su sangre por la razón de Nabot el justo, las cosas que él había hecho. Y ¿cómo podía Dios…?
No importó cuánto esos profetas profetizaron, y dijeron… Bueno, miren, ellos tenían una razón. Ellos dijeron: “Mira esto. Ramot de Galaad, Josué nos la dio. Eso nos pertenece a nosotros. Ese maíz que está siendo cosechado allá, debería estar alimentando a los Israelitas, no a nuestro enemigo. Seguro, eso es correcto”. ¿Ven?, intelectualmente ellos pensaron que estaba correcto.
Eso es cuando Uds. vienen intelectualmente tratando de colocar algo, y algunas veces la fe es muy contraria a eso. El doctor dice: “Mire esto. Ud. no puede vivir, señor. Ese cáncer está envuelto alrededor de Ud.” Pero permitan que la fe se ancle allí una vez, y observen lo que sucede.

83 Micaías se paró allí en medio de ellos. Yo puedo oír la reunión de ellos. Uds. saben, ellos lo habían echado fuera de la asociación ministerial. Así que ellos—ellos dijeron: “Micaías, si tú profetizas la misma cosa que el resto de la directiva, tu sabes que ellos te pudieran aceptar de nuevo”.
Él dijo: “¿Yo? Yo diré sólo lo que Dios ponga en mi boca que diga”.
¡Oh, hermano! Lo que necesitamos es más Micaías, hijos de Imla, Uds. saben. Y eso… Allí se paró él con esa gran, poderosa… Él dijo: “¡Sube!” y profetizó contrario, porque él estaba…Con cuatrocientos hombres parados allí, uno de ellos incluso lo golpeó en la boca.
Dijo: “Lleva a este hombre y ponlo en los atrios más internos de la cárcel, ponlo en el cepo. Y cuando yo vuelva, lidiaré con él”.
Él dijo: “Si tú llegas a volver, Jehová no me habló”. ¿Por qué? Porque él fue persistente. Él sabía en dónde estaba parado.

84 El ciego que había nacido ciego, sus ojos fueron sanados. Él no podía argumentar teología con ellos. Ellos dijeron: “Nosotros sabemos que este hombre es un demonio. Él no está de acuerdo con nuestra organización”.
Él dijo: “Es una cosa extraña para mí. Uds. son los líderes de la nación, y aquí un Hombre me abrió los ojos; nunca ha sido hecho en todo el mundo que sepamos, y luego Uds., los líderes religiosos, Uds. no… no saben de dónde Él sea. Esa es una cosa extraña”.
Él tenía una teología muy buena con la cual argumentar, ¿no les parece? Él de seguro la tenía. Había una cosa que él sabía. Él dijo: “Si Él es pecador o no, yo no lo sé. Pero habiendo yo sido ciego, ahora veo”. ¡Amén! Esa era una cosa que él sabía de seguro. Él fue persistente con ello.

85 También Natanael fue persistente al reconocer que Él era el Cristo, cuando él vio esa cosa misteriosa suceder, cuando Él dijo: “Yo te vi cuando estabas debajo de la higuera”.
Él dijo: “Tú eres el Hijo de Dios, el Rey de Israel”.
Aquella mujercita fue persistente en el pozo, cuando Él le dijo que tenía cinco maridos. Cuando Él hizo eso enfrente del grupo educacional judío, ellos dijeron: “Él es Beelzebú”.
Pero esta mujercita dijo: “Me parece que Tú eres Profeta. Nosotros sabemos que cuando venga el Mesías, Él nos dirá esta cosas”.
Él dijo: “Yo soy”.
Deténganla ahora. Entró a la ciudad; ella dijo: “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No es este el mismísimo Mesías?”
¿Cómo pudieran Uds. detener a Simón Pedro de predicar el Evangelio, aun si él no sabía escribir su propio nombre, cuando Jesús dijo: “Tu nombre es Simón, y tú eres el hijo de Jonás?” Él sabía que Ése era el Mesías. No había manera de detenerlo.

86 No hace mucho allá en México (y ya estoy terminando), estábamos llevando a cabo una reunión allá, y me sucedió una gran cosa. Es un gran país Católico, y todos Uds., casi todos Uds. ministros, conocen al General Valdivia. Él—él fue el que me invitó.
El gobierno… El obispo de la iglesia Católica fue allá, le dijo al presidente, le dijo: “Bueno, Ud. está trayendo aquí a un Ca… a uno que no es Católico”.
Él dijo: “Bueno”, dijo, “el General Valdivia dice que es una persona honorable”.
Dijo: “Bueno”, dijo, “no hay nada como eso aquí”. Dijo: “Ud.… Nosotros no podemos hacer eso”.
Él dijo: “Bueno”, dijo, “me dicen que miles de gente asisten a sus reuniones”, dijo el presidente.
Él dijo: “Bueno, nadie asiste solamente los ignorantes y sin letras”.
Él dijo: “Uds. los han tenido por quinientos años. ¿Por qué son del vulgo y sin letras?” Me imagino que eso le cortaría las plumas. ¿Ven?

87 Cuando fuimos allá, nosotros sólo tuvimos tres noches para quedarnos. La segunda noche que estábamos allí, nunca lo olvidaré. Un anciano mexicano vino por la plataforma, un pobre anciano. Todos Uds. conocen al hermano Espinoza, casi todos Uds. Pienso que él pertenece a las Asambleas de Dios. Él era mi intérprete, parado a mi lado. La Voz de los Hombres de Negocio publicó este artículo. Uds. no pueden publicar nada, a menos que pueda ser probado. ¿Ven Uds.? Así que entonces aquí… A menos que Uds. se estén arriesgando por algo que está en dificultades.
Así que este pobre anciano mexicano venía cruzando. Él estaba ciego. Él no podía ver a dónde iba, Uds. saben. Y él se acercó a mí. Él estaba descalzo, sus viejos pies ásperos, y las piernas de su pantalón rasgadas de esa manera, con un abrigo andrajoso puesto, sin camisa, y un viejo sombrero en sus manos tejido con un cordón, cubierto de polvo.
Yo miré, y sus ojos estaban blancos con cataratas. Y él iba cruzando allí, y metió la mano en su bolsillo, y tomó unas pequeñas cuentas y empezó a decir un “Avemaría”, Uds. saben. Y entonces yo le dije: “Guárdelas”.
Y el hermano Espinosa lo detuvo. Él se las puso en su bolsillo, y él dijo algo en español entre dientes. Yo no podía entender, no sé español.

88 Así que él empezó a decir algo entre dientes, y yo pensé: “Pobre anciano”. Y allí estaba yo con un buen par de zapatos puestos, un buen traje. Ese pobre hombre quizás vivió y nunca tuvo nada sino un montón de lechugas que tiene amibas con la que hacen tortillas. Y de todas maneras, ganan como…
La eco… o mejor dicho la economía de ellos está tan mal balanceada, es terrible. Y quizás Pancho gana como unos… Él es un albañil, gana como unos quince pesos al día, pero tiene que trabajar diez días para comprarse un par de zapatos. ¿Qué del pequeño Pedro, con diez hijos, y ganando como unos tres pesos al día? ¿Qué va a hacer él para alimentarlos? Martina puede comer una esta noche, y Pancho puede comer una. Pero alguien se tiene que quedar sin comer una, porque ellos tienen que ahorrar lo suficiente para comprar una veladora para encenderla sobre un altar de oro con un valor de un millón de dólares.
¡Eso no está bien! Y yo les dije que eso no era correcto. Yo dije: “¡No está bien! Uds. no tienen que pagar nada. Cristo murió para hacerlos libres”. Un altar de oro con un valor de un millón de dólares con una veladora sobre él, y matando a la gente de hambre, con algún sacerdote para bendecirla. ¿Qué tiene que ver una veladora con ello? Cristo murió. Su Sangre nos salva de pecado y delitos. Es un don gratis de Dios. Uds. no hacen una solo cosa para—para merecerlo. Es la gracia de Dios.

89 Allí venía él cruzando. Y yo lo abracé, y pensé: “Veré si mis zapatos le quedan. Me los quitaré”. Había allí un gran barandal. Le iba a dar mi saco, pero sus hombros eran mucho más grandes, y sus pies mucho más grandes.
Pensé: “Pobre anciano. Probablemente nunca comió una buena comida en su vida”. Y pensé: “Y allí, la naturaleza… Mira lo que le ha sucedido. Él está ciego; él es un pobre anciano. Si mi papá hubiera vivido, él hubiera tenido esa edad”.
Uds. tienen que sentir por la gente. Si Uds. no pueden sentir por ella, nunca podrán ayudar a alguien. Eso es… Uds.… Eso… Uds. tienen que sentir por ellos. Se tienen que compadecer de ellos. Y yo sólo lo abracé, y dije: “Padre Celestial, ten misericordia de este pobre anciano”. Dije… Y miré hacia la audiencia, y lo vi parado mirándome, allí enfrente de mí, con su vista. Yo sabía que si él abría sus ojos, todo estaba concluido.
Esperé unos minutos, y él gritó: “¡Gloria a Dios!” [El hermano Branham lo dice en español—Ed.] “¡Gloria a Dios!”, Uds. saben. Allí él podía ver tan bien como yo podía ver, anduvo por toda la plataforma.

90 A la noche siguiente, allí estaba un… La plataforma era tan larga como esta; sencillamente estaba apilada así de alto con chales viejos y cosas así. Y ¿hablan Uds. acerca de tener que venir y sentarse media hora, o una hora o dos en la iglesia? Ellos llegaron a las ocho de la mañana, no estaban sentados, sino parados, reclinados unos contra otros, reclinados como ovejas en ese sol caliente. Y yo no iba a estar allí hasta las nueve o nueve y media esa noche. Ellos se quedaron todo el día, nada… sólo parados allí esperando que llegara.
Esa noche estaba lloviendo copiosamente; habían tantos (¡oh, hermanos!), esa grande plaza, la plaza allá, y yo no podía entrar allí. Me llevaron por el otro lado, y me amarraron con una soga, y me bajaron a la plataforma por la parte de arriba de esa plaza, lloviendo copiosamente. ¿Algunos de Uds. conocen al hermano Jack Moore? Me imagino que muchos de Uds. lo conocen. Y él estaba conmigo, y el hermano Espinosa, allá en la Ciudad de México.

91 Y salí, y empecé a predicar. Y yo estaba predicando: “Fe, la sustancia de lo que se espera, la evidencia de lo que no se ve”, y el hermano Espinosa estaba interpretando. Y mientras estaba predicando, Billy vino, mi hijo, y me agarró del saco. Dijo: “Papá, vas a tener que hacer algo”.
Yo dije: “¿Qué es lo que pasa?”
Dijo: “Una mujercita parada allá…”
Dijo: “Yo tengo ciento cincuenta ujieres o más, parados allá”. Y dijo: “Mañana….”
Yo le llamaba “Mañana” (significa: Tomorrow“), ése era el hombre más lento que yo jamás haya visto en mi vida. Se suponía que me debería recoger a las siete, y me recogía como a las nueve. Así que entonces, yo siempre le llamaba ”Mañana“. Y él repartía las tarjetas de oración, y él ya había repartido todas las tarjetas de oración.

92 Y una mujercita mexicana que había traído a su bebé (miren, era Católica), para que se orara por él la noche anterior… Y yo había hablado acerca de la Biblia, de cómo era Jesús. Ella había observado ese discernimiento salir allí y llamar a esas personas en esa audiencia y las vio levantarse de esos catres, sencillas, simplemente creyéndolo, y las vio levantarse de esa manera.
Ella tenía un bebito enfermo allí con pulmonía, y estaba tratando de mantenerlo calmado. Ella no recibió una tarjeta de oración, ni nada, y el bebé se murió la mañana siguiente como a las nueve en el consultorio del doctor. Y ella se llevó a ese bebé. En lugar de llevarlo a la—a la funeraria, lo llevó allá y se quedó parada en esa lluvia todo el día con ese bebé muerto. Y “Mañana” no le dio una tarjeta. Ella no tenía una tarjeta, y no iba a estar en la línea de oración. Pero ella estaba decidida a llegar allí de todas maneras.
Y ellos no podían… Tenían ciento cincuenta o doscientos ujieres que no podían detener a esa mujercita. Ella se les metía por entre las piernas, saltaba por encima de sus hombros, se subía por encima de sus hombros, y empezaba a saltar de uno al otro, con su bebé muerto en los brazos, una mujer pequeñita.

93 Y Billy vino a mí, él dijo: “Papá, vas a tener que ir allá y hacer algo al respecto”, dijo: “Porque nosotros no podemos hacer nada con ella. Ella está perturbando toda esa sección del—del lugar allá”.
Y yo dije: “Hermano Jack Moore…” Dije: “Hermano Jack, vaya allá y ore por ella. Ella no me conoce, y ella no sabrá, pensará que soy yo. Ella no habla inglés. Y sólo vaya a decirle, y ore por el bebé”.
Él dijo: “Muy bien, hermano Branham”.
Él se empezó a ir, y yo dije: “Hermano Espinosa…” El hermano Espinosa quizás esté aquí. ¿Está Ud. aquí, hermano Espinosa? Él… Uds.… ¿Cuántos conocen al hermano Espinosa? El mexicano… Oh, seguro, yo sé que lo conocen. Así que—así que allí estaba él, y yo dije: “Hermano Espinosa, siga adelante y diga lo que estaba diciendo”. Yo dije: “Miren, como estaba diciendo, cómo el Señor Jesús por fe; Él opera Su do…”
Yo mire allí enfrente de mí, y allí estaba un bebito mexicano sin dientes, riéndose, mirándome. Y pensé: “Ese debe ser ese bebé”. Yo dije: “No lo diga, hermano Espinosa. Espere un momento”. El hermano Jack se iba bajando de la plataforma para entonces. Yo dije: “Espere un momento, hermano Jack”. Yo fui allá. Dije: “Billy, abre paso y tráela aquí arriba”.

94 Ellos la estaban deteniendo porque no era correcto. La otra gente tenía tarjetas de oración, y ellos habían llegado y recibido las tarjetas. Y así que ellos tienen que tratar a todos bien. Si Uds. permiten que uno venga sin una tarjeta, entonces Uds. —entonces Uds. de seguro tienen un tumulto, en algo así. Así que… y ella tenía—ella tenía que esperar.
Así que yo dije: “Abre paso y tráela”.
Y él dijo: “Papá, ella no tiene una tarjeta de oración”.
Yo dije: “¡Tráela!”
Dijo: “¿Qué es lo que pasa?” Yo dije: “Acabo de ver algo”.
Así que ellos la trajeron. Y allí llegó ella, y se arrodilló en el piso, y dijo: “¡Padre!”
Yo dije: “No, no, no. Levántese”. Era una mujercita hermosa; lucía como en sus veintes; una mujercita mexicana con sus cabellitos colgándoles sobre sus hombros de esa manera, y sus grandes ojos, y las lágrimas corriéndole por sus mejillas. Ella dijo: “¡Padre!”, allí diciendo algo. Y yo dije….
El hermano Espinosa dijo: “Yo le traigo a Ud., padre, mi bebé. Él está muerto”.
Y yo dije: “¿A qué hora murió?”
Dijo: “A las nueve esta mañana en el consultorio del doctor”.
“¿De qué murió?”
“De pulmonía”.
Así que el hermano Espinosa… Yo puse mi mano sobre esa cobija mojada, completamente mojada, y estaba lloviendo copiosamente. Y puse mi mano sobre esa cobijita mojada.
Y dije: “Padre Celestial, yo no sé la persistencia de esta mujercita. Pero hace unos momentos cuando miré hacia la audiencia, vi a un bebito mirándome, sonriéndose allá”. Ella tenía la cobija puesta sobre él, sosteniéndolo así. Yo dije: “Si ése fue el bebé, y debido a que esta mujercita es tan persistente, que—que Tú vas a sanar al bebé…”
Y para ese tiempo hizo: “¡Waah!”, y empezó a patalear así. Estaba vivo.

95 Yo dije: “Hermano Espinosa, no publique eso. No permita… Vaya… Tome… Envíe a un mensajero con esa mujer, y vayan al consultorio del doctor y que él firme una declaración”.
Y él encontró al doctor, y el doctor firmó la declaración. “Yo pronuncié que el bebé dejó de respirar esta mañana a las nueve”.
El bebé estaba tieso y frio, y había estado muerto desde las nueve esa mañana, y resucitó, debido a que una mujercita fue persistente. Ella había visto algo suceder, y ella no iba a aceptar “no” por ello. Eso demuestra que el mismo Dios que estaba inspirando a esa mujercita griega, podía inspirar a una mujer latina. Y Él puede inspirar igualmente esta noche si Uds. lo creen. ¿Lo creen Uds.? [La congregación dice: “Amén”—Ed.] ¡Oh, sean perseverantes!

96 “Señor Jesús, yo creo que Tú eres el Hijo de Dios. Tú sufriste bajo Poncio Pilato. Tú fuiste crucificado, moriste, te sepultaron, resucitaste al tercer día, y vives por los siglos de los siglos. Tú prometiste: Todavía un poco, y el mundo (cosmos, el orden del mundo) no me verá más; pero vosotros me veréis; pues Yo (pronombre personal) estaré con vosotros, aun en vosotros, hasta el fin del mundo”, Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.
“Yo te creo, Señor. Yo soy persistente esta noche. La fe se ha aferrado de alguna manera. Yo creo que Tú me sanarás. Yo creo que Tú me salvarás. Yo creo que Tú me darás el deseo de mi corazón, y yo me estoy aferrando a Ti”.

97 Inclinemos nuestros rostros ahora sólo un momento. En su propia manera, silenciosamente oren sólo por un momento ahora, orando: “¡Señor Jesús, ten misericordia de mí!”
Mira, Señor, este coro… esta iglesia, este grupo de gente, está esperando pacientemente. Yo he hablado extensamente. Ellos están orando, Señor. Yo les he dicho que Tú no estás muerto, que Tú has resucitado de entre los muertos. Yo les he dado a ellos toda promesa. Yo les dije a ellos anoche la promesa que Tú has hecho, cómo fue en el fin del tiempo de Abraham, en el fin de los judíos, en el de los samaritanos.
Y ahora, al final de la edad de los gentiles, aquí Tú vienes para hacer la misma cosa. La edad Pentecostal empezó hace como unos cuarenta, cincuenta años, aquí en la Costa del Oeste. Cómo ellos hablaron en lenguas y las interpretaron, el poder de Dios entre ellos. Cómo vieron a los enfermos sanados, todo suceder.
Pero ahora la última señal ha llegado entre ellos. Tú vienes, Señor. No queda mucho más tiempo. Esa es la razón que yo estoy parado aquí esta noche, Señor. Yo te creo. ¡Oh, Dios!, haz a esta gente persistente. Que la—la—la Simiente que ha sido sembrada, sea anclada en lo profundo de los corazones de la gente. Que ellos lo vean. Que ellos lo crean. Que tengan fe y te crean con todo su corazón.

98 Mira, Dios Padre, la costumbre antigua es de poner manos sobre los enfermos. Nosotros sabemos que de esa manera ellos lo hacen. La costumbre antigua era venir al altar, arrodillarse y orar. Pero en la Biblia dice: “Todos los que creyeron fueron añadidos a la Iglesia”, fueron bautizados. Nosotros creemos en todas estas cosas. Todavía pensamos que sirvieron un buen propósito, y es bueno. Nosotros lo creemos.
Pero cuánto más grande, cuando Jairo dijo: “Ven, y pon Tu mano sobre mi hija, y ella vivirá”; pero el romano, el gentil, dijo: “No soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la Palabra, y mi criado vivirá”.
Tú dijiste: “Yo nunca he visto fe como esa en Israel”. Dios, que nunca desistamos eso. Que seamos capaces… que yo sea… Que lo que estoy tratando de hacer, Dios, para así permitir que la gente vea que Tú eres Su Salvador; Tú eres el que haces la sanidad. Tú eres el que provees la fe. Dios, te pido que no duden. Y luego, cuando… Si ellos no dudan, entonces la fe entrará automáticamente dentro de sus corazones y ellos entenderán.

99 Permítenos verte, Señor. Un día después de la resurrección, Cleofas y su amigo iban camino a Emaús. Y ellos hablaron con Él todo el día, y no lo reconocieron. Pero ya tarde esa tarde, Él entró en el cuarto con ellos, y cerraron las puertas. Y luego Él hizo algo exactamente de la manera que lo hizo antes de Su crucifixión, y ellos supieron que nadie más lo hacía de esa manera, y supieron que era Él. Entonces se apresuraron para regresar y le dijeron a la gente, después que Él desapareció de su vista, que “verdaderamente el Señor ha resucitado”.
Dios Padre, nosotros hemos hecho a un lado nuestras tarea del día. Estamos aquí esta noche. El cuarto está cerrado. Ven, Señor. Haz algo entre nosotros esta noche igual que Tú lo hiciste antes de Tu crucifixión, para que podamos alegremente, así como ellos lo estaban, regresar por el camino diciendo: “¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino?” Concédelo, Señor.
Una Palara de Ti confirmará todo lo que yo he dicho. Y si yo he dicho la verdad… Y yo sé, Señor, que Tú únicamente confirmarás la verdad. Tú no tendrás nada que ver con mentiras y errores. Tú únicamente confirmas la verdad. Mira, Padre, te pido que confirmes que lo que ha sido dicho es la verdad.
Yo me encomiendo a Ti con Tu Palabra, con Tu congregación de gente, y con la fe que ellos han acumulado. En el Nombre de Jesucristo, pedimos que te muevas en la escena ahora, y pruebes que estás con nosotros después de dos mil años. Ellos… No hay muerte para Él. Él está vivo por los siglos de los siglos. Concédelo, Padre, en el Nombre de Jesús. Amén.

100 Me gustaría preguntar a la congregación… Miren, me estoy preparando para terminar en un momento. Y les pediré por favor, que sean tan reverentes como puedan como por unos tres minutos. Se nos hizo un poco tarde para llamar una línea de oración, pero me gustaría hacer esta pregunta antes que terminemos. ¿Hay alguien aquí que está convencido que Él es el Hijo de Dios, y Ud. no es Cristiano? Yo simplemente les puedo preguntar.
Sé que es propio dar grandes y largos llamamientos al altar y lo demás (pero nosotros no deberíamos hacer eso), e historias de lástima. Pero si Uds. no vienen sobre la base de la Palabra de Dios, no sirve para nada. ¿Ven?, Uds. no están allí de todas maneras. Uds. tienen que venir sabiendo que son pecadores y que Jesús murió en su lugar. Y tienen que venir y confesar sus pecados. ¿Están Uds. aquí…? Y yo no los llamaré para que vengan aquí al frente. Sólo les voy a pedir que si están aquí, y están convencidos que Jesucristo es el Hijo de Dios, y Uds. son pecadores necesitados de Él, ¿levantarían sus manos y dirían: “Hermano Branham, yo creo en su oración; ore por mí; soy un pecador, y quiero que Ud. ore por mí?” Eso es todo lo que les pido que hagan.

101 Nosotros no damos estrellas doradas, ni esto, ni hacemos tanto de esto. Yo no creo en eso. Si el Espíritu Santo no les puede hacer saber que Uds. son pecadores, entonces no hay necesidad que yo lo trate de hacer. ¿Ven Uds.? Así que entonces, si Uds. creen que son pecadores, que necesitan a Cristo, digan: “Ore por mí, hermano Branham”. Levanten su mano. Yo oraré por Uds.
¿Son todos Uds. Cristianos? ¿Cuántos Cristianos hay aquí, entonces?, levanten sus manos, todos lo que están llenos con el Espíritu, y son Cristianos. ¡Alabado sea Dios! Eso está bien, es bueno. Muy bien.
¿Hay gente enferma aquí entonces? Levanten su mano, los que están enfermos. Yo estoy aquí como siervo de Dios para servirles. Levanten su mano, si Uds. dicen: “Yo—yo necesito de Dios, y yo tengo algo mal en mí”; oren.
Uds. sin tarjetas de oración ahora. Sólo quiero a los que no tienen tarjetas de oración, porque probablemente vamos a empezar con las tarjetas de oración mañana en la noche, o como sea. Cuando hagamos eso, oraremos por todos los que tienen tarjetas de oración.

102 Uds. sin tarjetas de oración, les quiero decir algo. Anoche les dije, y esta noche les digo otra vez, que nosotros sabemos lo que Él hizo cuando estuvo aquí en la tierra. Si Él estuviera aquí otra vez en la tierra esta noche en un cuerpo físico, Él haría la misma cosa que hizo en aquel entonces porque Él es el mismo. ¿Es correcto eso? Miren, ¿qué sería mejor que ver al Espíritu Santo moverse en una audiencia como ésta, y ejecutar las mismísimas obras, y probarles que Jesucristo, su Salvador, está aquí mismo entre Uds.? ¡Cómo debería estremecer sus almas! Cómo deberían decir… ¡Oh, ten misericordia! No hay nada mejor.
Yo vi que se hizo eso una sola vez en Sudáfrica, una sola vez en la plataforma, y treinta mil nativos genuinos quebraron sus ídolos en el suelo, y vinieron a Jesucristo. ¡Diez mil mahometanos! Uds. saben, ellos trabajan por años para cambiar a uno de ellos. Esos son los antiguos medos-persas que no cambian. ¿Ven?, ¿ven? Eso es correcto. En Bombay, India, yo—yo no sé, yo no… sencillamente no sé cuántos hubo. Uno no los pudiera contar; sencillamente había montones de manos negras levantadas. ¡En una sola ocasión!

103 Miren, nosotros gente Pentecostal que reclama besar la orilla de las bendiciones doradas de la copa de Dios, ¿cómo nos podemos quedar quietos y ver el Espíritu Santo moverse alrededor de nosotros, Cristo mismo con Su Palabra, probando que Él está aquí? Y luego nos quedamos quietos, y decimos: “Bueno, yo quisiera que algo sucediera”. Él no podría hacer algo más.
Y recuerden: yo sé los estoy diciendo en el Nombre del Señor (si Uds. creen que yo soy Su siervo), en el Nombre del Señor, Uds. no verán una señal más grande que la que están viendo ahora. Nunca la verán. Miren, anótenlo en su Biblia. Si la ven, entonces llámenme. Esta es… Uds. están viendo su última cosa. Sólo recuerden que la iglesia se está yendo. Está entrando en Laodicea, es justamente en donde ella está ahora.

104 Miren, oren. Crean. Sean muy reverentes. No importa dónde estén, simplemente oren. Estén muy quietos. ¿Ven?, cada uno de Uds. es un espíritu. Y cuando ese Espíritu Santo viene para el ungimiento, todo espíritu que se mueve (¿ven?), uno lo puede sentir. Es tensión. Esa es la razón que Jesús guió un hombre fuera de la ciudad para sanarlo; había demasiados allí (¿ven?), demasiados. Él fue a la casa de Jairo y echó fuera a todos ellos antes que Él resucitara a su hija, que la resucitara. ¿Ven? Había demasiada incredulidad, ellos se estaban riendo de Él y todo. ¿Ven? Uno no lo puede hacer donde hay incredulidad. Sencillamente no funcionará.
Pero le estoy pidiendo a Dios esta noche que pruebe que yo les he dicho la verdad. Que Él hable. El hombre puede hablar… Pero yo les he dicho la verdad. Sean persistentes y digan: “Esta noche es mi hora. Ese predicador no me conoce, no sabe nada acerca de mí. Pero Dios, Tú eres un Sumo Sacerdote que puede compadecerse de nuestras debilidades, y yo te estoy tocando a Ti por fe. Yo creo que la tengo. Permíteme tocarte, Señor. Luego Tú contesta por medio del hermano Branham, y dime como lo hiciste cuando hablaste por medio de Cristo el Hijo de Dios, y le dijiste de la mujer con el flujo de sangre, y de Bartimeo el ciego, y todo el resto que Él hizo así. Por medio de una visión, dime”. Uds. oren. Sólo estén orando.

105 Está una señora sentada aquí a mi izquierda, directamente aquí al final de la línea. Ella está sufriendo con problema con sus oídos. ¿Crees Ud. que Dios la sanará y la hará saludable, Señora? Ud. que me está mirando, ¿cree Ud. que Él sanará sus oídos y la hará saludable? ¿Cree Ud.? Muy bien. ¿Tiene una tarjeta de oración? Ud. no tiene una tarjeta de oración. No necesita una. ¿Ve?, Ud.… Eso es… ¿Ve?, es esa fe sin saber que Ud. la tiene. Ud. no estaba… Casi ni siquiera lo esperaba, pero la fe es una cosa escondida. Mire, Ud. sólo crea con todo su corazón. Pero si no cree y no lo acepta, sus oídos se pondrán peor. Mire, sólo recuerde: si Ud. lo cree. Ud. ha tocado Algo.
¿Qué de por aquí, por esta parte del pasillo? Alguien que tenga fe, que quiera creer, sólo toque Su manto. No a mí; eso no lograría nada; yo sólo soy—solo soy un pecador.
Aquí está un hombre. Sí, allí mismo cuando él inclinó su rostro, ahí mismo, orando: “Que sea yo, Señor”.
Problema del estómago, ese es su problema. Yo soy un desconocido para Ud. ¿Es correcto eso? Pero ese es su problema, ¿no lo es? Tiene una condición péptica, agrio en el estómago y todo, siempre molesto. Ud. la ha tenido por mucho tiempo. Permítame decirle algo más. Ud. no es de aquí. Este no es su hogar. Ud. es de Portland. Crea con todo su corazón ahora, y se pude regresar, y ser sano. ¿Lo acepta Ud., y cree que será sano? Dios le bendiga. Puede seguir su camino; crea.

106 Está una señora sentada mirándome, aquí. Allí está esa… ¿No pueden ver esa Luz sobre esa mujer? Miren aquí. Miren muy atentamente aquí. ¿Ven? Ella está sufriendo de artritis. Si Ud. cree con todo corazón, puede ser sanada de la artritis. Sra. Trapp, ¡si cree con todo su corazón! Se le va a pasar por alto. Yo nunca había visto a la mujer en mi vida. Yo vi la… Él estaba a punto de dejarla, señora. Esa es la razón que yo tuve que llamarla por su nombre. No le parezca eso extraño. Jesús de Nazaret le dijo a Simón Pedro quién era él y quién era su padre. ¿Ve? Él es el mismo Jesús.
Mire, si yo soy un desconocido para Ud., señora, levante su mano, la señora que acaba de ser llamada. Seguro, nunca la había visto en mi vida. Ella es sólo una mujer sentada allí. Uds. créanlo. ¿Creen Uds.? [L a congregación dice: “Amén”—Ed.] Eso prueba la Presencia de Jesucristo. Amén.

107 Aquí esta una mujer sentada aquí mirándome. Hay una sombra negra sobre ella. Ella morirá si Algo no la ayuda. Ella tiene cáncer. ¿Cree Ud. que Dios la sanará y la hará saludable? Si Ud. cree, puede ser sana. Pero Ud. lo tiene que creer. Tenga fe; no lo dude.
Veo a ese cáncer danzar, esa señal, desde allí se fue a un hombre. Él está sentado mirándome. ¿Cree Ud. con todo su corazón, señor, que Dios sanará ese cáncer en su mano y lo hará saludable? Yo soy un desconocido para Ud., pero Dios lo conoce a Ud. A propósito, Ud. lo debería creer. Ud. es un misionero, queriendo regresar a Formosa otra vez para predicar el Evangelio. ¿Cree Ud. que Dios me puede decir quién es Ud.? Ud. sabe que yo soy un desconocido para Ud. ¿Cree Ud. que Dios me puede decir quién es Ud.? Sr. Graves, crea con todo su corazón, y se puede regresar, y ser sanado, estar bien.

108 ¿Le creen? [La congregación dice: “Amén”—Ed.] Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. ¿Creen Uds.? ¿Cuántos lo creen con todo su corazón?, levanten su mano. Miren, en Su Presencia, ¿por qué no ponen sus manos unos sobre otros y me permiten orar por Uds. desde aquí? ¿Ven? Y me concierne. Me ayudará para seguir adelante. Allí está por todo el edificio. Vayan y háblenle a estas personas. Uds. saben en dónde ellas han estado, de donde yo he llamado, seis o siete de ellas, o las que fueron aquí. Sólo pregúntenles. Algunos de Uds. en la audiencia, allá atrás en el balcón, crean.
Yo reto a cualquiera de Uds., en el Nombre de Jesucristo, a que lo crean. Sean persistentes. Aférrense a ello. Y yo los reto a Uds. a que pongan sus manos unos sobre otros como creyentes, y oren unos por otros, y crean que sanarán, y Uds. sanarán.

109 Yo reto a cualquier persona que ha sido un pecador y que no ha creído, que se ponga de pie ahora y pida misericordia, y Ud. obtendrá misericordia, si lo dice de su corazón, si Ud. se detuvo hace un rato, lo cual, hay una docena de Uds. sentados aquí que se deberían haber levantado, se deberían haber levantado como pecadores. Miren, díganme que no sé eso; yo sí sé eso. Y sé que Uds. están sentados allí descreyendo. Yo los pudiera llamar por su nombre. Uds. saben eso.
¿Cuántos han estado en reuniones y han visto que se ha hecho eso antes? Seguro que sí lo han visto. Pero lo que eso hace, lastima a la congregación de donde ellos provienen. Jesús dijo: “Dejad que la cizaña y el trigo crezcan juntos”. Él hará… Él es el que los atará. ¿Ven? Pero Uds. están sentados aquí. ¿Cómo se pudieran Uds. esconder? Vale más que se pongan de pie y acepten a Cristo. Déjenme decirles, Uds. nunca estarán más cercanos en Su Presencia, hasta que lo vean cara a cara.
Pues, permítanme decirles esto, aquí está mi Biblia delante de mí: Jesucristo el Hijo de Dios ha resucitado de entre los muertos. Él está aquí esta noche en la forma del Espíritu Santo. Él es el que permite que esta obra sea hecha. Recuerden: crean en Él.

110 Pongan sus manos unos sobre otros ahora, y oremos unos por otros. Yo voy a orar por estos pañuelos primero. Y mientras yo estoy orando, Uds. estén orando por la persona sobre la que tienen sus manos puestas. Ellos estarán orando por Uds.
Padre Celestial, traigo estos pañuelos a Ti. Ellos están representando gente enferma. Somos enseñados que un día Israel estaba en su puesto del deber, yendo a la tierra prometida, y el Mar Rojo se puso en el camino. Israel, en el puesto del deber, siguiendo los mandamientos de Dios, y el Mar Rojo se puso allí en su camino para interrumpirlos de la promesa. Un escritor dijo que Dios miró hacia abajo a través de esa Columna de Fuego y el mar se asustó y retrocedió, e hizo un sendero seco para que Israel cruzara al otro lado a la tierra prometida. Tú todavía eres el mismo Dios esta noche.
Enfermedades y aflicciones le han impedido a la gente caminar en el puesto del deber. Y Tú dijiste: “Por encima de todas estas cosas, Yo deseo que seas prosperado en salud”. Y que el Dios quien dio la promesa no únicamente mire a través de la Columna de Fuego, sino a través de la Sangre de Su propio Hijo, Jesucristo. Y que esas enfermedades se asusten y se retiren de la gente. Porque lo pedimos en el Nombre de Jesucristo.
Mira, satanás, tú quien ataste a la gente y le impediste todos estos años, la mantuviste atada en enfermedad, venimos como representantes de Cristo. Y te ordenamos por medio de Él, quien nos dio la autoridad para hacerlo así: ¡deja a la gente! ¡Sal de ella en el Nombre de Jesucristo!
Que el poder que levantó a Cristo del sepulcro rompa toda duda por encima de los corazones de la gente, para que pueda recibir su sanidad ahorita mismo, en el Nombre de Jesucristo.

111 Todos los que lo crean, pónganse de pie en el Nombre de Jesucristo y acepten su sanidad, sin importar lo que esté mal en Uds. ¡Amén! “Yo le alabaré, yo le alabaré”. Yo le alabaré. Démosle a Él alabanza, todos.
… le alabaré, yo le alabaré,
Oh, alabaré al Cordero inmolado por los pecadores;
Denle gloria a Él todos Uds.,
Pues Su Sangre ha lavado toda mancha.

112 Miren, para quitar lo frio, y quebrar las cadenas de alrededor de nosotros, alejar lo espantoso… Eso es lo que… ¿Qué es lo que pasa? ¿No pueden Uds. comprender que estamos entrando, después del mensaje, en un espíritu de adoración? Levantemos nuestras manos a Dios y adorémoslo a Él, y digamos: “Alabado el Señor. Alabado sea Dios. Damos gracias al Padre, quien nos da al Hijo de Dios, resucitado de entre los muertos, vivo por los siglos de los siglos, Alfa, Omega, el Principio y el Fin, La Rosa de Sarón, el Lirio del Valle, la Estrella de la Mañana, el que era, el que es, y el que vendrá; la Raíz y el Linaje de David”.
Cómo te alabamos, Dios Todopoderoso, por Tu Omnipresencia, por visitarnos esta noche, por el poder de Tu resurrección, por la seguridad de salvación, por Tu gran manifestación de Tu palabra en estos últimos días que Tú prometiste que lo harías. En medio de la crítica, y formalidades, y todo, Tú todavía permaneces Dios, el mismo Dios ayer, y hoy, y por los siglos. Cuánto te damos gracias por ello, Padre. ¡Amén! ¡Amén!

113 ¡Oh!, ¿no se sienten bien?, digan: “¡Alabado sea el Señor!” [La congregación dice: “Alabado sea el Señor”—Ed.] Oh, eso no suena como Pentecostés para mí. “¡Alabado sea el Señor!” [“¡Alabado sea el Señor!”] Eso suena mejor. ¡Amén! [“¡Amén!”] ¡Gloria a Dios! [“¡Gloria a Dios!”] ¡Yo amo a Jesús! [“¡Yo amo a Jesús!”] ¡Alabado sea Dios! [“¡Alabado sea Dios!”] ¡Amén!
Yo le alabaré (levantemos nuestras manos ahora y cantémoslo), yo le (cántenlo con todas sus fuerzas) alabaré,
Alabaré al Cordero inmolado por los pecadores;
Oh, denle gloria a Él todos Uds.,
Pues Su Sangre puede lavar toda mancha.
¿Le aman?, digan: “Amén”. [La congregación dice: “Amén—Ed.”] ¿Aman a su vecino? Digan: “Amén”. [“Amén”] Ahora estrechemos manos unos con otros, con alguien al lado de Uds., enfrente de Uds. Permanezcan donde están. Sólo estrechen manos con alguien al lado de Uds., diciendo: “Alabado sea el Señor. Alabado sea el Señor”. Alabado sea el Señor. Alabado sea el Señor. Alabado sea Dios. Alabado seas Tú, Señor. Alabado sea el Señor.
¿Se siente bien? ¡Amén! Ahora cantémoslo otra vez.
Yo le alabaré (levanten sus manos), yo le alabaré (más fuerte ahora),
Alabaré al Cordero inmolado por los pecadores;
Oh, denle gloria a Él todos Uds.,
Pues Su Sangre ha lavado toda mancha.

114 Inclinemos nuestros rostros ahora sólo un momento. ¿Creen Uds. en un avivamiento enchapado a la antigua? ¿Creen Uds. en el poder de Dios? ¿Creen Uds. en la religión enchapada a la antigua? Oh, la que no blanquea, sino que lava blanco y los limpia como la nieve. ¿Lo creen con todo su corazón? Oremos fervientemente ahora para que Dios dé inicio a uno de esos avivamientos. Pongamos nuestros hombros, amigos…
Tenemos que seguir esforzándonos, esforzándonos. Seamos persistentes. Debemos ver que esto suceda. Debe suceder. Lo debemos hacer.
Ahora, mientras tienen sus rostros inclinados, voy a llamar al pastor ahora, al director de la reunión aquí a la plataforma, y permitir que él tome el servicio adondequiera que…
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