OBRAS DEL MENSAJE


Jesucristo Es El Mismo Ayer, Y Hoy, Y Por Los Siglos
Tucson, Arizona, E.U.A.
63-0604
1 Dios le bendiga. Gracias, señor. Es muy bueno estar aquí esta noche.
He esperado este momento con grande expectativa. Llegamos a su hermosa
ciudad hace como seis meses, justo después de la navidad, y hemos estado
peregrinando aquí con Uds. Y un día mientras andaba con el hermano Tony
Stromei, yo… Se nos ocurrió la idea de que sería bueno familiarizarnos mejor
antes de que tuviésemos que irnos. Y pensamos pues que sería bueno tener
una pequeña campaña aquí, para juntar a los… para juntarnos todos y tener
compañerismo en torno a la Palabra de Dios. Y yo…
2 No conocía a muchos de estos ministros, y visité algunas de sus iglesias
y encontré una bienvenida muy maravillosa. Y miren, pienso que es una cosa
grandiosa que todos podamos reunirnos durante estas pocas noches, para tener
compañerismo alrededor de la Palabra de Dios. Estamos confiando que será
un gran éxito para la gloria de Dios, y para la edificación de la causa por la
cual Jesús murió, y eso es, para que Él pudiera tener una Iglesia sin mancha y
sin arruga cuando Él regrese. Miren, nosotros no representamos a ninguna
iglesia en particular. Sólo venimos como la interdenominacional, para
juntarnos con cada Cristiano, para que podamos tener este compañerismo
juntos.
3 Y vamos a orar por la gente enferma. Y muchas veces, cuando uno
menciona eso de orar por los enfermos, entonces ellos dicen: “Un sanador
Divino”. No. Yo—yo no creo que haya sino sólo Uno, y ese es Cristo.
Nosotros… A veces ellos le atribuyen eso a uno, como un sanador Divino, por
causa de que uno ora por los enfermos. Pero yo no creo que orar por los
enfermos lo haga a uno un sanador Divino así como tampoco lo haría a uno un
Salvador Divino al orar por los perdidos. Así que sabemos que no seríamos un
Salvador Divino ni un sanador Divino.
4 Nosotros creemos que todos estos grandes beneficios que disfrutamos
hoy en esta economía Cristiana que tenemos, fueron todos comprados en el
Calvario por Jesucristo el Hijo de Dios. Creemos que: “Él fue herido por
nuestras rebeliones. Fue molido por nuestros pecados. El castigo de nuestra
paz fue sobre Él, y por Sus llagas fuimos nosotros curados”. Todo eso está en
tiempo pasado. Es algo que Dios ha hecho por nosotros en el Calvario. Y,
como Cristianos, tenemos el derecho a disfrutar de estas bendiciones que Él ha
comprado para nosotros.
5 Así que, por lo tanto, ningún hombre pudiera salvar a otro. Si hubiese
sido así, entonces Jesús no hubiera tenido que morir. Pero cuando Jesús murió
en el Calvario, Él resolvió el problema del pecado para siempre. Y cada
hombre, cada criatura en la tierra, cuando Él murió, fue salva en ese mismo
momento. Cada… El precio fue pagado completamente. Fue tan cabal al grado
que Dios identificó que era la verdad.
6 Ahora, lo único que nosotros tenemos que hacer, para recibir esto, es
aceptarlo, creerlo y aceptarlo. Pero no importa cuánto Él haya muerto por
nuestra salvación, nosotros—nosotros debemos, nosotros mismos, aceptarlo
como nuestra propia experiencia personal, como nuestro—nuestro propio
deseo. Nosotros debemos querer ser salvos, y creer que en base a Su Sangre
derramada es que somos salvos una vez que hayamos cumplido los requisitos
de la Biblia.
7 Yo creo que la Biblia es la revelación completa de Jesucristo. Ahora, yo
verdaderamente creo que Dios puede hacer cosas que no están escritas en la
Biblia, por cuanto Él es Dios. Pero mientras podamos encontrarlo en la Biblia,
como una promesa, entonces sabemos que es verdad, porque la—la Palabra es
verdad, siempre. Y… Así que creemos que Él cumple Su promesa.
8 Yo creo que Él es todopoderoso. Creo que Él es infinito. Y siendo
infinito, Él conocía todas las cosas. Él conoce todas las cosas. Un millón de
años antes que existiese un mundo, Él sabía que nosotros estaríamos sentados
aquí esta noche. Si no es así, entonces Él no es infinito. Y si Él—y si Él no es
infinito, entonces Él no es Dios.
9 Así que creemos que la Palabra, esta Biblia, es la Palabra de Dios, y,
que—que por lo tanto, Ud. puede anclar su alma en cualquier parte de Ella.
Esa es la única manera en que Ud. puede tener fe, es creyendo que Ud.
tiene… La fe tiene que tener un lugar de anclaje en alguna parte, y debe
anclarse en un lugar. Y nada pudiera ser más sólido que la Palabra de Dios,
por cuanto la Palabra es Dios. Eso es lo que enseña la Biblia. Por lo tanto,
cuando Dios dice algo aquí, un creyente puede acentuar eso con un “amén”,
cualquier cosa que Él diga.
10 Ahora, siendo que Él es infinito, omnipotente, omnipresente, Él no
puede ser lo uno sin lo otro. Y para ser Dios, Él tiene que ser todo ello.
11 Miren, por lo tanto, siendo nosotros finitos como lo somos, este año
nosotros podemos trabajar en algo y pensamos que lo tenemos perfecto. Y al
año siguiente, o tal vez mañana, tenemos que cambiar de parecer. Es diferente.
Nosotros encontramos algo mejor, por causa de que nosotros—nosotros somos
finitos.
12 Pero Él es infinito. Así que cuando Él dice una Palabra, para siempre
es de esa manera. Nunca puede ser mejorada. Nunca puede ser retractada. Si
Dios fuera llamado a la escena, en algún caso, la manera en que Dios actuó en
esa escena, la primera vez, Él debe actuar para siempre de la misma manera
cuando sea llamado a la escena otra vez.
13 Porque, si Él actuara distinto a como actuó la primera vez, entonces
algo anda mal. ¿Ven? Él… No podría ser perfecto. ¿Ven? Entonces Él actuó
mal cuando actuó la primera vez, si la segunda vez actúa distinto a como actuó
la primera.
14 Por lo tanto, cuando Dios hizo un remedio para que el hombre fuera
salvo, en el huerto del Edén, Él… Ellos han tratado de mejorar Su remedio, a
través de seis mil años, y jamás podrán lograrlo. Él lo hizo, sobre la base de la
sangre derramada de una víctima inocente, y jamás lo ha cambiado. Nosotros
hemos intentado educar a la gente para traerlos a Cristo. Hemos intentado
denominarlos para traerlos a Cristo. Hemos intentado toda clase de sistemas,
pero todos han fallado. Hay un solo lugar donde el hombre puede reunirse en
un terreno común, para adorar, y es bajo la Sangre derramada de Jesucristo.
De esa manera ha sido desde el principio, porque Él no puede cambiarlo.
Siempre ha sido la Sangre, la Sangre.
15 Y hoy, cuando pensamos que somos diferentes a los demás, y así por
el estilo, sencillamente no funciona. Nosotros todavía tenemos que aceptar
esa base de la Sangre derramada. Y por lo tanto, cuando Dios fue llamado a la
escena, para sanar a un hombre, Él sanó a ese hombre en base a su fe. Y
cuando sea llamado a la escena otra vez, Él sanará al otro hombre de la misma
manera, o Él actuó mal. Si Dios alguna vez sanó a un hombre porque él creyó,
y entonces el próximo hombre clama con la misma clase de fe, Dios entonces
está obligado a hacer la misma cosa con el próximo hombre. Si no lo hace, Él
entonces hace acepción de personas, y actuó mal en primer lugar. Así que,
(¿ven Uds.?), regresemos a la Palabra. Yo—yo lo creo con todo mi corazón.
16 Ahora, estamos esperando que Dios haga grandes cosas por nosotros.
Y cuando nos vayamos, queremos ver que quede una bendición en este lugar.
Y yo sé que Uds. serán una bendición para mí, porque dondequiera que
estuvieren dos o tres reunidos en Su Nombre, Él prometió estar allí. Miren, si
eso no es cierto, entonces todos estamos perdidos y la Biblia está errada. Eso
hace a Jesucristo aquí en tiempo presente. Si eso no es así, entonces ¿qué
estamos predicando?, ¿qué estamos creyendo? ¿Ven? Él está aquí.
“Dondequiera que estuvieren dos o tres congregados en Mi Nombre, allí estoy
Yo en medio de ellos”. Miren, entonces debemos actuar, y creer, y—y creer
que Él está aquí, y actuar como que Él está aquí. Y recuerden: Él también nos
vigila después que salgamos de aquí.
17 Y estamos confiando que toda persona que no es salva será salva
durante esta campaña. Estamos confiando que no habrá un asiento vacío, en
cada una de estas iglesias que están representadas aquí, a partir de este
momento. Y confío en que haya un avivamiento enviado por Dios, chapado a
la antigua, que estalle por aquí por Tucson, el cual envíe miles de almas al
Reino de Dios. Yo creo que esa es la voluntad de Dios. Ese es Su deseo en
esta noche.
18 Y no hay ninguna persona que pueda hacerlo por sí mismo. Se requiere
de todos nosotros, juntos, para jalar juntos, para orar juntos, para pararnos
juntos en unidad en el Espíritu, orar por esto. Los hermanos me han dicho que
las iglesias han tenido reuniones de oración antes de esta campaña. Y estoy
muy agradecido por eso. Ello… Cuando Uds. se reúnen así para orar, eso
cambia por completo la atmósfera, cuando oramos.
19 Ahora, trataremos de no retenerlos mucho, cada noche, porque sé que
Uds. tienen que salir para ir a sus trabajos. Así que trataremos, cada noche, de
despedirlos temprano, de manera que puedan regresar la noche siguiente. Y
esto apenas es una pequeña visita, como nos hemos juntado. Y creo que sólo
tenemos las cuatro noches. Es, creo que eso es correcto, miércoles, jueves,
viernes. Sí. Muy bien, cuatro noches. Y luego terminaremos aquí en este
mismo auditorio para un desayuno con los Hombres de Negocio, el sábado en
la mañana, lo cual, el público está invitado.
20 Miren, yo no soy un extraño. No me siento como un extraño entre Uds.
Yo soy—yo soy su hermano. Y espero que Uds. se sientan de la misma
manera con respeto a mí. Y ahora, antes de que abordemos la Palabra,
acerquémonos al Autor de la Palabra mientras inclinamos nuestros rostros un
momento para orar.
21 Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Quien le
levantó de los muertos y lo ha mantenido vivo todos estos años… Y Él está
vivo por los siglos de los siglos reinando en nuestros corazones esta noche,
tomando el control, para conducirnos y guiarnos. Que todos estemos rendidos
a Su Divina voluntad, para que Él pueda guiarnos en la dirección que Él quiera
que vayamos.
22 Queremos agradecerte, Padre, por tener esta maravillosa oportunidad
de presentar a Jesucristo como el gran y poderoso Sanador, el gran Salvador
del hombre, el que satisface cada corazón anhelante, el que da salud a los
enfermos, salvación a los pedidos, y que es el Rey venidero de los santos. Oh
Dios, inspíranos a todos en esta noche.
23 Te doy gracias por estos hombres, estos pastores de los rebaños de esta
ciudad, estos hermanos ministros, los cuales tienen sus puestos de deber por
toda la ciudad, donde constantemente están buscando el Espíritu de Dios que
venga en olas de fe del—del Espíritu Santo, para obrar en sus medios y les
diga qué deben hacer, y cómo deben guiar las ovejas. Y en esta noche Señor,
al bajar el Mensaje por esas olas, pareciera que todos están de acuerdo que
debiéramos juntarnos para este servicio. Ven ahora, Señor Jesús.
24 Te damos gracias por el hotel Ramada y por sus brazos abiertos para
recibir el Evangelio, y por permitirnos venir aquí para adorar en este edificio
con aire acondicionado. Padre, Dios, te pedimos que no haya una sola persona
perdida que salga de este edificio sin ser salvo. Concédelo Señor. Que el… Si
el personal de este edificio, en este gran Ramada, no es salvo, te rogamos
Dios, que Tú los salves.
25 Sana los enfermos que están aquí. Que acontezca que la gente entre en
este edificio y llore, bajo el poder del Espíritu Santo. Concédelo Señor.
Anhelamos estas cosas. Y creemos que es Tu Divina voluntad revelárnoslo
ahora, y mostrarnos Tu Presencia, que Tú estás aquí y vivo siempre, y estás
con nosotros por los siglos de los siglos.
26 Bendícenos mientras hacemos nuestro débil esfuerzo. Que el Espíritu
Santo entre. Y que no pensemos nuestro propios pensamientos, sino que
tengamos nuestras mentes abiertas a la gran unción de Su Presencia, para que
podamos conocer Su mente, y así cumplir lo que está escrito en las Escrituras:
“Que la mente que estuvo en Cristo esté en vosotros”.
27 Bendícenos, Padre nuestro. Y cuando salgamos del servicio esta noche,
que podamos decir al ir a nuestros hogares: “¿No ardían nuestros corazones
dentro de nosotros mientras nos hablaba por el camino?”, así como sucedió un
día hace mucho tiempo, con los primeros testigos de la resurrección, mientras
Cleofas y su amigo regresaban de la ciudad. Lo pedimos en el Nombre de
Jesús. Amén.
28 Mucha gente apunta las Escrituras de donde lee el evangelista. Y yo
deseo, esta noche, tomar apenas unos cuantos versículos de la Escritura y
tratar de explicarlos, en mi manera humilde, para que Uds. puedan ver a
Jesucristo. Quiero que busquen ahora conmigo en el libro de San Juan, el
capítulo 12 y el versículo 20, si quisieran seguirme mientras leo. San Juan 20
o… San Juan 12:20 y 21.
Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la
fiesta.
Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y
le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús.
29 Y luego en el libro de Hebreos, el capítulo 13 y el versículo 8.
Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.
30 Deseo tomar esto como texto: Jesucristo Es EL Mismo Ayer, Y Hoy, Y
Por Los Siglos.
31 Yo estaba asistiendo a una iglesia el domingo por la noche, aquí en la
ciudad, una de sus finas iglesias. Y he tratado de visitar tantas aquí como he
podido, desde que hemos estado en la ciudad, y encontré un gran
compañerismo y bienvenida con las Asambleas de Dios, los bautistas, y la
Iglesia de Dios Anderson, y muchas más que he visitado. Y en esta iglesia, en
la parte de atrás del—del púlpito, tenía la Escritura, como una Biblia, escrita:
“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. Ese ha sido como un
tema para mí en las campañas, usar eso, y es porque yo creo que el Libro
entero es la revelación de Jesucristo, y Él es el mismo ayer, hoy, y por los
siglos. Y entonces para…
32 Deseo edificar para mi contexto: “Señores, quisiéramos ver a Jesús”. Y
yo—yo creo, esta noche, que cada hombre y mujer aquí pensarían libremente
que estos griegos expresaron el sentir de todos nosotros. Pues, ellos habían
oído acerca de Jesús, y ahora querían verle. Yo—yo creo que—que no hay
hombre alguno que pueda oír la maravillosa historia de Jesucristo que no
anhele en su corazón poder verle. Ese es el—el… Ese es el—el deseo del
creyente, verlo a Él. Y a mí no me importa si Él es bajito, alto, o cómo es Él.
Yo lo amo. Yo quiero verlo. Y Aquel que me salvó y ha hecho por mí lo que
Él ha hecho, yo—yo anhelo verlo.
33 Ahora, no cabe duda que estos griegos eran prosélitos a la religión
judía, porque vemos que era la fiesta de la Pascua, donde el cordero pascual
era matado, y estos griegos estaban allí entre ellos. Miren, los griegos eran
gente de gran talento. Eran quienes sobresalían en el mundo del arte. Y ellos
son altamente educados en la ciencia. Y ellos eran una gente tremenda. Y eran
eruditos; leían muchos libros. Y—y algo, ellos seguramente estaban enfocados
en algo; que en el corazón humano está un anhelo de hallar algo para
satisfacer esa gran sed que llega al corazón humano.
34 ¿Alguna vez han pensado por qué un hombre hace lo malo? Es debido
a que él está tratando de satisfacer una sed que Dios puso en su corazón, para
tener sed de Él. Y entonces él trata de satisfacerla con las cosas del mundo.
Nunca será satisfecha hasta que sea saciada por Dios Mismo, hasta que Él
pueda entrar y satisfacer ese gran anhelo y sed en el corazón humano. Hay
tanto en un hombre que no se llenará. Más nada podrá tomar su lugar hasta
que Dios ocupe Su posición correcta en el corazón humano.
35 Y estos griegos habían oído, y sin duda que habían estado leyendo el
Antiguo Testamento, y habían oído del Mesías venidero y de lo que Él sería
cuando llegara. Y ellos anhelaban ver lo que Dios sería cuando se manifestara
en carne, o sea, lo que sería un Hombre que estaría tan lleno al grado que
estaría en Él la plenitud de la Deidad. “¿Qué sería Él?” Y ellos habían oído
acerca de Jesús, el cual reclamaba ser esta Persona, el Mesías.
36 Lo cual, los judíos por miles de años habían esperado por Este que
vendría, donde Dios Mismo se haría carne humana en la forma de Su Hijo,
para así poder sangrar y morir. Pues no había ningún hombre que pudiera
morir por otro, ya que todos éramos culpables, juntamente. Ningún hombre
podía salvar al otro.
37 Y tenía que haber un Hombre que fuese digno. En las leyes antiguas,
que los ministros conocen, como las de un pariente redentor. Tenía… Él, Dios,
tenía que llegar a ser Pariente nuestro. Y Él cruzó Su—Su tienda. Y
descendió, de ser Dios, el gran Jehová; y se hizo carne, en la forma de Su
Hijo, para que así Dios pudiese ser manifestado. Y ser digno, y Pariente de
nosotros, para que Él pudiera morir para quitar nuestros pecados, para salvar a
Su propia creación.
38 ¡Oh, la historia es tan grande! No hay manera de abordarla, de saber lo
real… cómo uno pudiera expresarlo. No hay… No está en la lengua humana,
poder expresar lo que es ese amor, que Dios el Creador pudiera bajar, para
salvar a Su Propia creación.
39 Miren, encontramos a estos griegos sedientos. Ellos habían oído. “La
fe viene por el oír, y el oír por la Palabra”. La Biblia lo dice. Hebreos dice:
“La fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios”. Miren, ellos habían
oído que habría un Mesías, así que vinieron a ver. Ellos, ellos vinieron a ver a
esta Persona que habría de ser ese Mesías; el Cual se creía, entre el pueblo,
que era ese Mesías.
40 Ahora, esa es la misma posición en la que nos encontramos nosotros en
esta noche. Nosotros hemos oído acerca de Dios. Hemos sido enseñados
acerca de Dios. A través de los años, hemos tenido iglesias, grandes iglesias,
grandes hombres, grandes evangelistas. Pero yo creo que estamos viviendo en
las sombras de la Venida del Señor Jesús. Cuando, esta Iglesia ha venido de
justificación bajo Lutero, de santificación bajo Wesley, al bautismo del
Espíritu Santo, y llegando a esa Iglesia perfecta sin mancha ni arruga. Y que
por medio de esa Iglesia, que Dios pudiera redimir de nuevo a todos los santos
lavados en la Sangre, y recogerlos a Casa, eso por toda la edad. Y nosotros
somos los… Estamos llegando a ser más como Cristo, y más en la minoría,
todo el tiempo.
41 Ahora, encontramos que estos hombres hambrientos, ellos vinieron a
ver cómo sería este Hombre. E hicieron la pregunta: “Señores, quisiéramos ver
a Jesús”. Miren, ellos habían oído acerca de Él, había oído a otros hablar de
Él, había leído de Él en la Biblia, pero ellos querían verlo.
42 Ahora, volviendo a mi texto, la Biblia dice que: “Él es el mismo ayer,
y hoy, y por los siglos”. Entonces, si estos hombres estaban deseosos de verlo
a Él, y Dios proveyó una manera para que su expectativa pudiera ser
satisfecha; Él proveyó una manera para que ellos pudieran verlo a Él, por
medio de uno de Sus siervos. Ahora, si—si Él es el mismo ayer, y hoy, y por
los siglos, y nosotros tenemos el mismo deseo sincero de verlo, ¿no está Él
obligado a mostrarse a Sí Mismo entre nosotros? [La congregación dice:
“Amén”.—Ed.] Miren, esa es una declaración tremenda. Pero si la Biblia no
está correcta, entonces ¿en dónde estamos? ¿Ven? Pero la Biblia dice que Él
es el mismo. Y si Él… Él no puede ser el mismo en cierto aspecto. Él tiene
que ser el mismo en todo aspecto que Él siempre fue. Él dice que: “Él es el
mismo ayer, y hoy, y por los siglos”.
43 Y estos griegos querían verlo, porque la fe había venido por el oír. Y
ellos vinieron y quedaron satisfechos. Se fueron, sabiendo que ése era el
Mesías.
Ahora, si nosotros en esta noche estamos deseosos de ver a este
Personaje que…
44 Asistimos a la iglesia, ya sea que sintamos hacerlo o no; y en la iglesia
pagamos los diezmos. ¿Es—es acaso un mito? ¿Estamos acaso pagándole a
un—un edificio? Este hombre, nuestro pastor, ¿es solamente un
personificador de algo y aquí no hay nada? La religión cristiana, ¿es semejante
a la mitología griega o romana, o algo parecido, solamente un mito? ¿O es una
realidad?
45 Miren, para mí, o esta Biblia está correcta o está errada. Cada Palabra
es verdad o nada de Ella es verdad. ¿Ven? Y miren, si Él hizo esta promesa,
entonces no es Ud. ni yo el que está obligado a esta promesa. No es Ud. ni yo
el que está obligado a probar esta promesa. Él es el que está en la obligación,
por cuanto fue Él Quien lo dijo. Correcto. Nosotros únicamente estamos
citando lo que Él dijo, de que: “Él es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”.
Y aquí está…
46 ¿Cuántos aquí quisieran verlo? Sólo—sólo por decirlo así, levanten la
mano. Digan: “Yo—yo quiero…” [La congregación dice: “Amén”.—Ed.]
Miren, hubieron dos allí, sólo dos que querían verlo, y aquí hay doscientos o
trescientos que quieren verlo a Él. Bueno, entonces, ¿por qué no podemos
nosotros verlo si Él es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos? Miren, esa es la
manera en que queremos mirarlo. O es la Verdad o no es la Verdad. Y es por
eso que yo lo expresé así la primera vez. O esta Biblia es la Verdad o no es la
Verdad. Por lo tanto, cuando la Biblia dice algo, Uds. pueden aferrarse a ello,porque Dios está obligado a esta Palabra, pues Él fue Quien hizo la promesa.
Dios lo dijo, y pues, así es.
47 Ahora, dependerá de lo que Uds. estén esperando. Generalmente Uds.
obtienen lo que esperan. Quiero que recuerden eso. Miren, si Uds. quieren ver
a Dios, Dios pudiera ser visto. Si quieren oír a Dios, Dios puede ser oído.
Como Él fue ayer, así es hoy. Él no cambia.
Miren, me hace recordar una pequeña historia, sin embargo es verdad.
48 Yo vivo en Indiana, mi hogar natal. Yo soy Kentuckiano, por
nacimiento. Y nosotros vivimos junto al río Ohio. Por allí pasa la suficiente
agua a diario para hacer que crezca lechuga por todo Arizona. Millones de
galones de agua pasan por esa represa, y pareciera que de algún modo
pudiéramos desviarla. Allí tenemos más de la que necesitamos. Es casi un
pantano. Y—y Uds. aquí necesitan el agua. Pero así será, algún día, en aquel
gran Milenio que está por venir, cuando el pecado será quitado de la tierra, y
esas cosas estarán bien.
49 Había un anciano pescador que vivía en ese río. Él era un diácono en
mi iglesia. Su nombre era Wisehart, un anciano muy fino. Y había una cierta
escuela dominical en nuestra ciudad, una iglesia muy fina, de una grande y
fina denominación conocida internacionalmente, un compañerismo, un pastor
excelente, y gente muy fina. Y había cierta familia en nuestra ciudad, que
asistía a esta iglesia. Y había un niño en esa familia que un cierto día estuvo
muy animado, después de haber visto y oído tantos relatos, que por fin le dijo
a su madre, él dijo: “Mamá, si Dios es un Dios tan grande, como Ud. dice que
Él es, ¿podría alguien verlo?”
50 Ella dijo: “Hijo, tú deberías preguntarle a tu maestra de escuela
dominical. Tu mamá no puede responderte eso”.
51 Así que él fue a su maestra de escuela dominical y le dijo: “Maestra,
me gustaría preguntarle algo. Ud. me cuenta acerca de un Dios muy grande”,
dijo, “que es tan grande. Él abrió el Mar Rojo para los Israelitas. Y Él hace al
sol brillar, y hace que la tierra gire perfectamente a tiempo, en su órbita, y lo
demás”. Dijo: “¿Podría alguien verlo?”
52 Ella dijo: “Eso es demasiado profundo para mí. Tendrás que
preguntarle al pastor”.
53 Así que fue al pastor y le dijo: “Pastor, ¿podría alguien ver a Dios?”
Dijo, “Él es tan grande. Yo lo oigo a Ud. hablar de Él, desde el púlpito,
diciendo cuán grande Él es”. Dijo: “¿Podría alguien verlo?”
54 Dijo: “No, hijo. Nadie pudiera verlo a Él”, dijo, “porque uno
sencillamente no puede ver a Dios. Eso es todo. Nosotros simplemente
tenemos que creerlo”.
55 Bueno, el pequeñito, eso no le bastó. Así que, un día, él estaba con un
hermano anciano, pescador, en el río. Y ellos habían llegado a lo que llaman la
Isla de Seis millas. Son seis millas, una isla, desde Louisville, Kentucky, hasta
esa isla. Ellos habían estado allí pescando, y había pescado una buena cantidad
de peces. Y cuando regresaban, se levantó una tormenta. Y allá nosotros
tenemos muchas tormentas, en esa—en esa región húmeda, relámpagos y
truenos, y grandes ráfagas de lluvia. Y—y entonces, después de la… Ellos
tuvieron que irse a la orilla y refugiarse detrás de los árboles.
56 Y después que hubo pasado la tormenta, ellos regresaron a la lancha y
emprendieron el camino de regreso. Era de noche, o la tarde, mejor dicho, y el
sol se estaba ocultando por aquí atrás en algún lado de Tucson. Estaba
reflejando su luz en el cielo, y había un arcoíris que salió a través del
horizonte oriental. Y el anciano pescador iba remando su lancha con los
remos. Mientras… Todo estaba fresco, la lluvia había lavado el polvo, y era
un tiempo encantador. Y solamente uno que tiene experiencia con los remos
puede apreciar el ritmo de los remos, mientras la lancha se mueve por el agua.
Su barba blanca le colgaba, y él se mantenía observando ese arcoíris.
57 Y el muchachito, entusiasmado, miró para ver lo que estaba mirando el
caballero anciano. Y él se fijó que el anciano pescador, las lágrimas cristalinas
le bajaban por la barba blanca. Y el muchachito, sentado en la proa de la
lancha, estaba tan entusiasmado que corrió hacia la popa de la lancha y le dijo
al anciano pescador: “Señor, voy hacerle una pregunta que ni mi madre, ni mi
maestra de escuela dominical, ni mi pastor pudieron—pudieron satisfacer mi
anhelo en saber algo”.
Él dijo: “¿Qué es, hijo?”
Él dijo: “¿Puede alguien ver a Dios?”
58 Y anciano pescador, embargado grandemente por su… por la pregunta
del muchachito, metió los remos en la lancha, y abrazó al muchachito. Y las
lágrimas le corrieron por las mejillas. Él dijo: “Dios bendiga tu corazoncito,
hijito. Todo lo que yo he visto, en los últimos cincuenta años, ha sido a Dios”.
Sí. ¿Ven?
59 Ud. puede tener tanto a Dios, por dentro, que puede verle en
dondequiera que mira. ¿Ven? Pero hasta que no haya ese deseo de verlo, Ud.
no lo verá. Ud. puede verlo a Él en la puesta del sol. Puede oírlo en el canto de
las aves. Ud. puede verlo a Él dondequiera. Él está por todos lados. Pero el
anciano tenía tanto a Dios, en su interior, que él—él podía ver a Dios en todas
partes. Y yo pienso que más o menos así es como deberíamos nosotros buscar
a Dios, y entonces podremos ver a Dios en dondequiera que miremos.
60 Ahora, pero, volvamos a: “Jesucristo el mismo ayer, y hoy, y por los
siglos”. Miren, ¿cómo pudiéramos, cómo pudiéramos nosotros saber?
Si yo dijera: “Gente metodista, ¿creen Uds. eso?”
Ellos dirían: “Amén”.
Y si yo dijera: “Bautistas, ¿lo creen Uds.?”
“Amén”.
61 “Pentecostales, iglesia de Dios, y los demás, ¿lo creen Uds.?”
62 “Amén. Nosotros lo creemos”. Y me alegra que Uds. lo crean. Yo
también lo creo.
63 Pero, miren, ¿qué si nosotros diéramos una vuelta por la ciudad,
buscando a Jesucristo, qué tipo de persona buscaríamos? Miren, Él prometió
estar con nosotros en esta noche. Ahora, si eso no es verdad, entonces la
Palabra no es verdad.
64 Ud. dice: “Bueno, Eso no está inspirado”. Entonces, para mí, el resto
de Ella no está inspirada. Yo no sabría cuál está o cuál no está inspirada, si
toda Ella no es la Verdad. ¿Ven? Yo no puedo distinguir.
65 Toda es la Palabra de Dios. Y miren—miren, Él prometió que estaría
aquí mismo esta noche: “Dondequiera que estuvieren dos o tres congregados”.
¿Creen Uds. eso? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] Gracias.
66 Ahora, entonces, si Él está, ¿qué tipo de personas buscaríamos, si
nosotros fuéramos a buscarlo? ¿Trataríamos—trataríamos de encontrar un
hombre que estuviera usando un manto y que tuviera cabello largo y barba?
¿Sería ese, podría ese, ser Jesús? Cualquiera pudiera usar un—un manto y
tener cabello largo y barba. Cualquier impostor pudiera hacer eso. Hay
muchos hombres usando un manto en esta noche, que no saben más acerca de
Dios de lo que sabe un hotentote acerca de un caballero egipcio. Eso es
correcto. Pero eso—eso no es lo que nosotros buscaríamos.
Nosotros buscamos, queremos algún dignatario, porque Él no lo era.
67 ¿Qué buscaríamos nosotros, cicatrices de clavos y marcas de espinas?
Cualquier personificador pudiera vestirse de esa manera. Aún no sería Él.
68 Y ¿cómo sabemos nosotros que Él tenía puesto un—un manto, y cómo
vestía? Únicamente lo sabemos…
69 ¿Luciría Él como en las fotografías que vemos, como las que pintan
los—los pintores? No. Ese es el retrato psicológico que algún hombre tuvo, su
idea de cómo sería Cristo. Y si tuviésemos que guiarnos por eso, ¿cuál sería la
correcta? Está la de Hofmann, Sallman, y cuántos más, todas son
descripciones distintas acerca de Él, así que Ud. estaría un poco confundido
acerca de cómo sería Él. ¿Luciría Él como el retrato de Hofmann, o como el
de Sallman, o como alguno de los demás? Nosotros no sabemos. Si el de
Hofmann está correcto, entonces el de Sallman está errado. ¿Ven? Si el de
Sallman está correcto, entonces el de Hofmann está errado, y, (¿ven Uds.?),
Uds. no sabrían qué buscar.
70 Pero ¿cómo lo identificaríamos nosotros a Él? Bueno, nosotros lo
identificaríamos de la misma manera que Él se identificó a Sí Mismo en el
principio, (correcto), por medio de Sus obras, por medio de lo que Él hizo. “Si
Yo no hago las obras de Mi Padre”, dijo Él, “entonces no me creáis. Mas si
hago las obras, aunque Uds. no crean, crean las obras, porque ellas son las que
dan testimonio de Mí. Ellas dicen quién soy Yo”. Entonces tendríamos que
descubrir qué fue lo que lo hizo a Él manifiesto. Lo que identificó a Jesucristo
el día de ayer, sería la misma cosa que tendría que identificarlo a Él el día de
hoy.
71 Miren, los metodistas pensarían que nuestra iglesia lo identifica a Él.
Nosotros pensaríamos eso. Nuestra… Nosotros los bautistas pensaríamos que
nuestra iglesia lo identifica a Él. Y nosotros los pentecostales… ¿Ven? Yo soy
todos ellos. ¿Ven? Nosotros pensaríamos así. Pensamos que la nuestra lo
identifica a Él.
72 Me hace recordar cuando yo estaba en Little Rock, Arkansas. Quizás
haya algunos de mis buenos amigos de Arkansas aquí. Ellos… Una noche, en
el auditorio memorial Robinson, había un—un mendigo sentado en la calle, el
cual tenía muletas, y vendía lápices. Y él había sido sanado. Y al día siguiente
él estaba caminando por todos lados, con esas muletas en el hombro,
testificando. Y él estaba arriba en el tercer balcón, y estaba llamando la
atención de toda la gente allá. Y casi no podíamos predicar por causa del
ruido. Él estaba gritando y haciendo de todo, y había pasado por las calles, y
por todos los negocios, testificando, y estaba sentado en la esquina. Y él fue
llamado, ahí en la audiencia, y el Señor Jesús lo sanó.
73 Y entonces él dijo: “Hermano Branham, quiero hacerle una pregunta”.
Yo dije: “¿De qué se trata, señor?”
74 Él dijo: “Ud. sabe…” Él era un nazareno. Él dijo: “Yo lo oí a Ud.
predicando, y pensé que Ud. era un nazareno”. Y dijo: “Yo vi muchos
pentecostales alrededor, y entonces alguien me dijo que Ud. era pentecostal”.
Y dijo: “Luego oí a alguien decir que Ud. pertenecía a la iglesia misionera
bautista”. Dijo: “¿Qué de esto?”
Yo dije: “Todo eso es cierto. Yo soy un bautista nazareno
pentecostal”.
75 Así que, eso, así—así es. ¿Ven? Nosotros somos nacidos del Espíritu
de Dios. Y entonces, somos hermanos y hermanas en Cristo, y estas marcas no
significan nada.
76 Yo solía juntar el ganado, y aquí, y donde trabajaba en un rancho, y—y
allá en Colorado. Y la asociación Hereford apacienta en el valle allá en el río
Troublesome. Y tenemos una cerca de retención, donde los apacentadores
guardaban el ganado. El inspector del ganado se para allí, contando ese
ganado mientras pasa. Yo me he parado allí, muchas veces, con mi pierna
sobre la perilla de la silla de montar, observando a los inspectores. Miren, hay
de toda clase de marcas que pasan por allí. En inspector no se fijaba en las
marcas, pero él observaba la cédula de identificación de la sangre. Miren, esa
cédula de la sangre quería decir que tenía que ser un Hereford purasangre o no
podía pastar en ese valle. No podía entrar sin una cédula de la sangre.
77 Yo pensé que un día, sentado allí… Empecé a gritar. Yo dije: “Saben,
de esa manera va a ser en el Juicio. Él no se va a fijar en qué marca ellos tengan, sino si tenemos la cédula de la Sangre. Esa es la cosa”. Cuando—
cuando Él vea la Sangre, nosotros podemos entrar. Eso es todo. ¿Ven? Y
nuestras marcas quedarán en el olvido, en ese momento. Eso es correcto. Y yo
estoy muy contento por eso. Es cierto. Miren, ¿qué…?
78 Miren, si nosotros podemos ver cómo Él se identificó a Sí Mismo ayer,
entonces sabremos lo que Él sería hoy, por cuanto Él se identificaría el mismo
hoy como lo fue ayer. ¿Es correcto eso? [La congregación dice: “Amén”.—
Ed.] Entonces Él haría las obras de Dios. Miren, Él no estaría vestido…
79 Él no tendría una cierta educación. No tenemos registro de que Él
hubiese ido a la escuela. Y Él no sería un cierto orador elocuente, porque
encontramos que Su lenguaje era tan—tan pobre, que: “la gente común le oía
de buena gana”. ¿Ven? Así que Él sería un Hombre cualquiera.
80 Pero lo que lo identificaría sería la identificación que dice la Escritura
que Él sería. Y así es como tendríamos nosotros que identificarlo. Y así es
como estaba identificado en aquel tiempo, porque Él no era algún hombre
espectacular, vestido de cierta forma. Él no tenía ninguna organización de qué
jactarse. Él no tenía credenciales de ningún compañerismo en particular, que
Él pudiera decir: “Yo pertenezco a la más grande”. O… ¿Ven? Él solamente
tenía las obras de Dios, que habían sido probadas y de las cuales se había
hablado, que lo identificarían a Él. Y esas eran Sus credenciales. Eso era Su…
81 “¿Quién puede redargu?irme de pecado?” Y pecado es incredulidad.
¿Ven? “¿Quién de vosotros puede condenarme?” En otras palabras: “Si Yo no
he hecho exactamente lo que debía hacer, entonces díganme en dónde fallé”.
¿Ven? Ahora, de esa manera es que sería identificado hoy en día.
82 Ahora, averigu?emos entonces, cómo Él fue identificado en aquel día.
¿Fue mediante un compañerismo en particular? ¿Acaso fue mediante cierta y
determinada forma de educación? ¿Fue mediante una cierta marca científica
que Él tenía? ¿O fue mediante una evidencia Escritural, que Él se probó a Sí
Mismo, que Él era el Hijo de Dios? “Escudriñad las Escrituras”, dijo Él,
“porque Ellas son las que dan testimonio de Mí”.
83 Las Escrituras es lo que lo identifican a Él. Así que eso es lo que lo
identificó a Él, la Escritura. ¿Uds. creen eso? [La congregación dice:
“Amén”.—Ed.] Eso es lo que tendrá que identificarlo a Él hoy, entonces—
entonces sabríamos si estamos en lo correcto o no, si era Él. Si Él es el mismo,
entonces haría lo mismo. Miren, tomemos ahora…
84 Leímos de San Juan, y vamos a considerarlo quietamente durante los
próximos diez o quince minutos, y veamos si Él aparecerá y probará que es
Dios, (¿ven?), y veamos si Él todavía está vivo. Nosotros creemos que Él no
está muerto. Esa es una cosa…
85 Yo soy misionero. He predicado en casi toda nación bajo los cielos,
siete veces alrededor. Y he visto toda clase de religiones, me he parado delante
de hechiceros y de toda secta, me imagino, que existe, hasta donde sé. Y sin
embargo, cada uno de ellos, Buda, Mahoma, los Sikhs, Jainos, lo que fueren,
todos ellos tienen un fundador, y cada fundador está muerto. Ellos pueden
marcar su tumba, y allí yace él. Ahí están sus huesos.
86 Pero, en el Cristianismo hay una tumba vacía. Él vive. Y lo bueno
acerca de esto, es que nosotros—nosotros…Él prueba que está vivo. Él—Él
está aquí ahora mismo. ¿Ven? Miren, esa es la cosa sobre la cual puede
descansar el Cristianismo, en que nosotros sabemos que todas las demás
tumbas están llenas, pero en esta, hay una tumba vacía. “Él no está aquí, mas
ha resucitado. Y nosotros vamos a ir a decirles a los hermanos esta buena
noticia”. Y Él está aquí, el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.
87 Ahora comenzaremos con San Juan, siendo que leímos en San Juan. Y
cada libro en la Biblia declarará el mismo Mensaje. Tiene que hacerlo. Si no
es así, entonces no es Escritural.
88 Ahora, nos damos cuenta que cuando Él nació… Aquí en el capítulo 1
de San Juan, comenzaremos en el capítulo 1. Cuando Él nació, (nosotros
conocemos Su nacimiento); y cómo es que el Ángel Gabriel lo anunció, y
María Su madre; y cómo es que Él fue concebido por el Espíritu Santo. Y
cómo, a la edad de treinta años, Él fue bautizado por Su primo, Juan; o primo
segundo, Juan el bautista. E inmediatamente Él fue llevado al desierto para ser
tentado, por cuarenta días, luego regresó nuevamente en el poder del Espíritu.
En el poder del Espíritu Santo, Él regresó a Su ministerio.
89 Y recuerden, Él les prohibió a los discípulos que siguieran predicando,
o cualquier cosa, hasta que fueran en el poder del Espíritu. ¿Ven? “Esperad en
Jerusalén hasta que seáis investidos con poder de lo Alto”. ¿Ven? “Uds. no
deben salir hasta que no sean Uds., sino Dios, hasta que la gente pueda ver el
reflejo de Jesucristo en Uds. Entonces la gente creerá, porque no serán Uds.,
sino será Él. “Y a todos los que antes conoció, Él llamará”. Ellos lo verán.
“Mis ovejas conocen Mi Voz”. Ahora, nos damos cuenta, que entonces,
inmediatamente cuando Él entró en Su ministerio…
Voy a mencionar unos cuantos personajes.
90 Quiero que recuerden una cosa. Únicamente hay tres razas de gente en
la tierra. Oh, nosotros tenemos muchas nacionalidades, pero solamente hay
tres, y esas provienen del pueblo de Cam, Sem y Jafet. Eso es judío, gentil, y
samaritano. Nos damos cuenta que cuando el Espíritu Santo fue dado, a Pedro
le fueron dadas las llaves y él la abrió para los—para los judíos en
Pentecostés, en Jerusalén; para los samaritanos; y también para los gentiles en
la casa de Cornelio, Hechos 10:49. Y desde ese entonces ha estado en el
mundo para todas las razas. Y él tenía las llaves, para abrirla a estas razas.
91 Ahora, los gentiles no estaban esperando a ningún Mesías. Nosotros [Ed.Zoe]
éramos paganos, nosotros los anglosajones. Nosotros teníamos garrotes en
nuestras espaldas y adorábamos ídolos. Y nosotros no estábamos esperando a
ningún Mesías. Pero los judíos sí estaban esperando un Mesías. Y los
samaritanos estaban esperando un Mesías, los cuales eran mitad judío y gentil.
92 Ahora, nosotros sabemos que Él solamente viene y se identifica a
aquellos que le están esperando. Y de esa manera será en Su segunda venida.
El mundo no sabrá nada acerca de Él. Él sencillamente vendrá, recogerá a Su
Iglesia y se irá, y aquellos que no lo están esperando serán dejados atrás. Él
sólo viene para aquellos que le están esperando.
93 Miren, Él vino a Su propia raza, a los judíos. Veamos ahora cómo Él
se identificó. Lo primero que encontramos, es a Andrés aquí, y a Felipe. Y
Andrés había oído acerca de Jesús. Y ellos fueron allá, porque ellos habían
sido discípulos de Juan. Y miren, mientras iban… Ellos habían hallado Sus
grandes obras, y fueron a casa con Él. Regresaron a la mañana siguiente,
plenamente satisfechos de que ése era el Mesías.
94 Ahora nos damos cuenta que Andrés va y encuentra a su hermano
Simón, que más tarde fue llamado Pedro. Miren, si Uds. estudian la historia de
Simón Pedro, él y Andrés, ellos venían de un hogar muy religioso, los
fariseos. Su padre fue un gran creyente leal. Y él le dijo a su hijo: “Miren,
hijos, vendrá un… Todos nosotros a través de la edad hemos esperado al
Mesías venidero, desde la mismísima promesa allá en el huerto del Edén. Pero
miren, antes que Él venga, habrá mucha confusión, porque satanás va a lanzar
a todo falso que él pueda, (¿ven?), para obstaculizar la Cosa verdadero”.
95 Él siempre hace eso. Él siempre hace eso. Pero, recuerden, donde Uds.
vean un dólar falso, tiene que haber un dólar verdadero en alguna parte de
donde fue hecho. Cuando Uds. ven a alguien jugando el papel de un hipócrita,
recuerden, en alguna parte hay un artículo genuino, a quien él está
personificando.
96 “Así que, no cabe duda que eso sucedería. Pero”, dijo, “miren, hijos,
aquí está lo que Uds. deben recordar. Nosotros tenemos que creer el mensaje
de la Biblia. Y Moisés, nuestro siervo, el siervo de Dios que nos dio nuestros
mandamientos y nuestras leyes, él dijo que el Señor nuestro Dios levantaría un
profeta entre nosotros, semejante a él. Y miren, cuando el Mesías venga, la
Biblia dice que él será un profeta. Y Uds. saben que a nosotros—a nosotros se
nos ha dicho que recibamos a un profeta sólo después de que él sea
identificado por Dios como profeta”.
97 Y todos Uds. lectores de la Biblia saben que la Palabra del Señor venía
a los profetas, sólo a ellos. “La Palabra venía únicamente a los profetas”. Y la
única manera que este hombre sería identificado… Habían pasado
cuatrocientos años. Malaquías había sido el último profeta.
98 Y miren, él dijo: “Este Mesías, cuando Él venga… Quizás se levanten
falsos Mesías. Quizás sucedan todo tipo de cosas. Pero cuando Él venga, Dios
lo identificará. Él será un profeta. La Biblia dice que Él será un profeta. Y la
Biblia dice: Si hubiere uno entre vosotros que fuere espiritual o profeta, Yo
Jehová me manifestaré a él, le hablaré a través de visiones, y demás. Y si lo
que él dice acontece, entonces óiganlo. Pero si no acontece, entonces no le
oigan”.
99 Eso es tan honesto y tan… Eso es sensato. Si lo que él dice es correcto,
tiene que ser correcto cada vez. Uno no puede estar adivinando. Tiene que ser
correcto. Si es correcto, tiene que ser Dios. Pero si no es correcto, entonces no
es Dios. Así que eso simplemente… Y entonces pues ellos sabían creer eso.
Todos los judíos sabían eso, los judíos verdaderos.
100 Pero, en aquel día, la iglesia se había vuelto algo así como está hoy,
blanda, y desviada en credos, y desviada en “clase” y complicaciones de los…
y en los lavamientos de los jarros. Y como dijo Jesús: “Uds. han tomado sus
tradiciones y han invalidado los mandamientos de Dios”. Por medio de su
tradición, eso es lo que ellos habían hecho, muy parecido al día de hoy, una
repetición del tiempo.
101 Ahora fíjense en esto. Ahora, cuando Andrés quedó satisfecho de que
ése era el Mesías, la Biblia no registra exactamente lo que él hizo. Pero él fue
y buscó a Pedro, o mejor dicho, su nombre era Simón en ese entonces. Y él
dijo: “Simón, quiero que vengas y oigas a este Hombre. El profeta allá en el
Jordán dijo que este Hombre vendría. Y el profeta dijo que él vio al Espíritu
de Dios, como una paloma, descendiendo sobre Él. Y él sabía que este era el
Hijo de Dios. Quiero que vegas a oírlo. Hay una Luz, una señal, que le sigue”.
102 Así que me imagino que Simón estaba un poco renuente en cuanto a
ir. Pero, finalmente, cuando él llegó ante la Presencia de Jesús… Miren,
piensen en ello ahora, nosotros vamos a darnos cuenta de las credenciales, la
identificación, lo que Él era. Y cuando… Todavía estoy en San Juan, el
capítulo 1. Y cuando Jesús vio a Simón viniendo a Él, dijo: “He aquí un
Israelita”. Él habló, y lo conoció. Él dijo: “Tu nombre es Simón. Tú eres el
hijo de Jonás”.
103 Eso le sacó el almidón. ¿Cómo sabía Él que su nombre era Simón? Y
¿cómo conocía Él a ese padre anciano piadoso antes de él, el cual le había
enseñado el camino? Él supo que ese debía ser el Mesías. Era un profeta. E
inmediatamente cayó a Sus pies. Sin educación, sin ninguna—ninguna
experiencia como respaldo, y estaba tan consagrado, a tal punto que Jesucristo
le dio las llaves del Reino, y le hizo la cabeza de la iglesia en Jerusalén. Pues
tan pronto como eso… Jesús se identificó a Sí Mismo al decir: “Tu nombre es
Simón, y tú eres hijo de Jonás”, el cual era su padre. Eso hizo a Jesús
perfectamente ese profeta. Pedro lo creyó.
104 Ahora, vemos que había uno parado allí, llamado Natanael o…
Felipe, creo que era. Felipe estaba parado cerca, y él vio esto. Así que… Él era
un Israelita firme, y sabía dónde había un hermano con el cual había
estudiado. Ahora, si Uds. alguna vez han estado en Jerusalén y han visto
donde Jesús estaba predicando, y lo lejos que Felipe tuvo que ir, es un día de
viaje, rodeando las montañas, hasta donde estaba su amigo Natanael, el cual
era un estudiante de la Biblia. Así que él salió, inmediatamente, después de
haber hallado lo que era la Verdad. Él la había visto obrar. Estaba satisfecho
de que ése era el Mesías.
105 ¡Oh, si tan sólo nosotros tuviéramos ese entusiasmo, si tan sólo
pudiéramos tener ese mismo algo dentro de nosotros, cuando sabemos que
hemos hallado esa Perla!
106 Él se fue rodeando la montaña. Sin duda que encontró a Natanael. Fue
a su casa, y—y quizás tocó en la puerta. Y su esposa dijo: “Él está—él está
afuera en el viñedo”. Probablemente él cultivaba aceitunas. Y él salió al
viñedo. Y siendo un caballero Cristiano, él no lo molestó mientras estaba
orando.
107 Él estaba de rodillas, orando. Tal vez él estaba orando de esta manera:
“Señor Dios, Jehová, yo me estoy poniendo viejo. Y he esperado y anhelado
ver al Mesías. Permíteme verlo antes de morir”.
108 Y tan pronto dijo: “Amén”, y se levantó, entonces Natanael se paró.
Ahora fíjense, no hubo un montón de alboroto. Él tenía una—él tenía una
comisión.
109 Lo que pasa hoy en día, es que perdemos mucho tiempo pasando por
alto y haciendo otras cosas. Vayamos al grano. ¿Es Él Dios o no es Dios? ¿Es
Él el mismo ayer, y hoy, y por los siglos, o no es el mismo? ¿Es Él—es Él
Jesús todavía? ¿Se ha levantado Él de entre los muertos? ¿Ha resucitado? [La
congregación dice: “Amén”.—Ed.] Si Él no ha resucitado, entonces olvídense.
Si Él sí ha resucitado, empecemos a entusiasmarnos. Seamos llenos con Su
Espíritu, pongámonos a orar y empecemos una reunión. Hagamos algo.
110 Noten, él fue directo al grano: “Ven y ve a Quién hemos hallado: A
Jesús de Nazaret, el Hijo de José”.
111 Ahora, yo me imagino que este hombre tan ortodoxo se sacudió la—la
ropa, de estar arrodillado en el polvo. Dijo: “Espérate un momento, Felipe. Yo
te he conocido como un hombre muy sensato, pero tal vez te has ido a un
extremo, tú sabes. Pues fíjate, nosotros estudiamos la Biblia juntos. Y sabemos
que… ¿Qué es eso que dices: ‘Jesús de Nazaret’? Mira, ¿me quieres decir que
Dios Todopoderoso bajaría a una gente tan baja como aquellos de Nazaret? (O
sea, mucho peor que Tucson) ¿Y que bajaría hasta allá (o Jeffersonville, de
donde soy yo) allá a aquella ciudad tan malvada y de allí sacaría algo? Pues, tú
bien sabes que el sumo sacerdote cree que Él bajará la escalera del cielo y que
por allí vendrá caminando hasta el patio, tú sabes. Y hemos sido enseñado
eso”.
112 Pero, Uds. saben, Él no siempre viene de la manera que nosotros
pensamos que vendría. ¿Ven? Él viene tan humilde. La gente lo tiene todo
calculado de la manera que ellos quieren que Él venga. Y nosotros—nosotros
pasamos por alto la humildad, y allí es donde Uds. encuentran a Dios. Los
científicos hoy pueden enviar un hombre al espacio, en una órbita, y pasar por
encima de una hoja de grama de la cual él no sabe nada. Oh, Uds. tienen que
humillarse, para conocer a Dios. Tienen que deshacerse de sus propias ideas, y
abrir su corazón y su vida a Él, entonces Él se dará a conocer.
113 Bueno, yo puedo oírlo decir: “¿De Nazaret podría salir algo bueno?”
114 “¿Podría salir algo de esos aleluyas, o como sea que Uds. quieran
llamarlo? Si algo fuera a suceder, sucedería en mi denominación, en la mía.
¿Ven? Allí es adonde vendría. ¿Ven? ¿Podría salir algo de bueno de una gente
como esa?”
115 Miren, yo pienso que Felipe le dio la mejor respuesta que cualquier
hombre podría darle. Él dijo: “Ven y ve”.
116 No te quedes en casa a criticarlo. Ven y averigua por ti mismo. ¿Ven?
¿Ven? Ven y ve. Trae tu Biblia y examínalo a ver si es correcto. Eso es lo que
todos deberían hacer. ¿Ven? “Ven y ve”.
117 Escuchemos su conversación mientras caminaban por las riberas del
Mar de Galilea, dando esa vuelta. Puedo imaginarme, oírlo decir esto:
“¿Recuerdas esa vieja… Tú sabes, nosotros hemos—nosotros hemos
conversado juntos acerca de la Biblia. Nos hemos sentado juntos en lugares
celestiales, mientras escudriñábamos la Biblia y sabemos que algún día…
Mira, Natanael, quiero preguntarte algo. ¿Qué será el Mesías cuando Él
venga? ¿Cómo sabremos nosotros que Él es el Mesías?”
118 Pues, Natanael, siendo un buen estudiante de la Biblia, dijo: “Pues, Él
será un profeta. Seguro, la Biblia dice que Él sería un profeta. Muy bien,
entonces lo conoceremos”.
119 “¿Conoces a ese pescador ignorante a quien le compraste ese pescado
aquel día, y él no tenía la suficiente educación para firmar el recibo?”
“Sí. Lo recuerdo. Simón, sí, el hijo de Jonás”.
120 “Cuando su hermano fue y lo encontró y lo trajo adonde Él estaba, Él
se paró y lo miró directo al rostro y le dijo: ‘Tu nombre es Simón, y tú eres
hijo de Jonás’. Tú sabes, no me sorprendería, Natanael, que Él te dijera, ‘Tu
nombre es Natanael’, cuando llegues allí. ¿Ves?”
121 “Epa, tendré que verlo. Tú sabes, ver es creer”. (Aun fuera del estado
de Missouri). Así que vemos que por allí iban caminando.
122 Y tan pronto Natanael llegó ante la Presencia de Jesucristo, ¿qué
hizo? ¿Qué pasó cuando llegó a donde estaba Jesús? Él le dijo: “He aquí un
Israelita, en quien no hay engaño”.
123 Bueno, eso seguramente desinfló al hombre. Y él dijo: “Rabí”, que
significa maestro, “¿desde cuándo me conoces? Yo no te había visto nunca en
mi vida. Yo vivo a quince millas rodeando la montaña aquí, y nunca había
oído de Ti sino hasta ayer en la tarde. Y aquí vengo y Tú—y Tú me dices que
yo soy un Israelita”.
124 Bueno, Uds. dicen que fue por la manera en que él estaba vestido. Oh,
no. Todos los orientales vestían así, y usaban barba. “Tú eres un Israelita, en
quien no hay engaño”. Miren, ¿qué de eso?
Él dijo: “Rabí, ¿cuándo me viste?”
125 Él le dijo: “Ayer, cuando estabas debajo del árbol, antes que Felipe te
llamara, te vi”. Jesucristo el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. ¿Ven?
126 ¿Qué dijo él? Quizás su sacerdote estaba parado allí. Quizás había
muchos críticos parados allí, lo cual sí había. Pero él corrió hacia Él, y le dijo:
“Rabí, Tú eres el Hijo de Dios. Tú eres el Rey de Israel”. Su nombre es
indeleble esta noche. Está escrito en el Libro de la Vida del Cordero.
127 Hubo aquellos parados allí, por supuesto, que no creyeron eso.
Ciertamente. Ellos dijeron: “Este hombre es un adivino. Él es belcebú”. Y
Jesús se dio la vuelta. ¿Por qué? Ellos tenían que darle alguna respuesta a su
congregación. Las obras habían sido hechas. Ahí estaban. Así que él dijo:
“Este hombre es belcebú, un adivino, telépata, o algo así”.
128 Jesús les dijo: “Uds. hablan eso contra el Hijo del hombre, y les será
perdonado. Pero algún día el Espíritu Santo vendrá, y si Uds. hablan… para
hacer la misma cosa; y si Uds. hablan una palabra en contra de Eso, jamás les
será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”. Nunca será perdonado.
Ahora, esa era la generación en la que estamos ahora mismo.
129 Miren, tenemos la primera generación identificada. Podemos
mencionar más, pero avancemos, porque vamos a tener que dar inicio a la
línea de oración. Allí estaban los judíos, los verdaderos ortodoxos. El
verdadero Cristiano, los creyentes llamados por Dios reconocen eso
rápidamente.
130 Luego un día Él iba a Jericó, pero le era menester pasar por Samaria.
Me pregunto ¿por qué. Es que ellos estaban esperando a un Mesías, pero
nosotros los gentiles no.
131 Pero ahora nosotros estamos esperando a un Mesías. ¿Ven? Vean,
nosotros hemos tenido dos mil años, así como ellos tuvieron dos mil años.
¿Ven? Pero nosotros hemos tenido dos mil años, esperándolo. Hemos oído de
Él, pero ahora estamos esperando que venga la segunda vez.
132 Y ahora nos damos cuenta que Él tenía necesidad de ir a Samaria. Eso
queda arriba en la montaña. Y cuando Él subió a Samaria… Debió haber sido
cerca del mediodía, así que Él envió a Sus discípulos a la ciudad a comprar
víveres. Y de la ciudad salió una mujercita.
133 Ahora, si desean, si yo tuviera tiempo, yo pudiera explicar eso y
decirles por qué ella vino a esa hora del día. Todas las mujeres decentes
tenían que venir juntas. Las viles y las decentes no se juntan. Ellas no pueden
ser sorprendidas en público, al mismo tiempo, aun hasta este día. Miren, ella
estaba marcada, era una mujer de mala fama. Uds. saben de lo que estoy
hablando: una prostituta.
134 Ahora, nos damos cuenta que ella llegó allí como a las once del día
para buscar, sacar agua. E imaginémonos que ella era una mujer muy
atractiva. Y ella tenía su tinaja de agua en el hombro. Y va subiendo…
135 Yo las he visto ponerse una tinaja en la cabeza, y una en cada cadera,
y caminar, hablar como pueden hacerlo las mujeres, y no derraman una sola
gota de agua. Y, ellas, ¡qué equilibrio! Yo no sé cómo ellas lo hacen. Pero, allí
iba caminando, y ella tenía esto, y tiene dos asas. Entonces ellas van al pozo.
Este tiene una polea, y uno lo baja y saca el agua, y luego lo vuelve a subir.
136 Y este era el pozo de Jacob, donde Jesús… En las a fueras de la
ciudad. Era un pozo público. Y lo cual, Jacob había cavado el pozo y abrevado
a sus animales allí, y así que él mismo había bebido de allí.
137 Y así que vemos entonces que esta mujer venía a sacar su agua, y ella
empezó a bajar el cántaro. Imaginémonos que ella estaba meditando en las
noches anteriores. Y ella dejó, empezó a bajar el cántaro por la polea, mientras
metía los ganchos sobre los—los brazos del jarrón, para bajarlo y coger el
agua.
138 Y ella oyó a un Hombre decir: “Dame de beber”. Y el—el pozo allí, si
Uds. alguna vez han estado allí, es una vista panorámica, algo así como esto
aquí en esta noche. Y hay vides que crecen sobre el muro. Y así que este judío
estaba sentado recostado del muro.
139 Y ella miró allí y vio a este judío sentado ahí contra el muro. Y dijo:
“No es costumbre que Uds. los judíos le pidan algo a un samaritano. Nosotros
no tenemos tratos el uno con el otro”. En otras palabras, había una
segregación. “Y nosotros no tenemos tratos, el uno con el otro. Y Tú siendo
Hombre, y me pides a mí, una mujer samaritana, que te traiga de beber”.
140 Y Él era un judío común y corriente. Él no estaba vestido nada
diferente. Él era un Hombre. Creo que ellos dijeron, en San Juan 6, que Él sólo
tenía como treinta y dos años de edad. Pero Él se veía, debió haber aparentado
como cincuenta, porque ellos dijeron: “Tú eres un Hombre que no tienes más
de cincuenta años de edad, y sin embargo dices que has ‘visto a Abraham’”.
Él dijo: “Antes que Abraham fuese, YO SOY”.
141 [Espacio en blanco en la cinta—Ed.] “… no, no vengas aquí a sacar”.
“Pues”, dijo ella, “el pozo es profundo, y ¿qué tienes para hacerlo? ¿Cómo vas
a sacar?”
142 Dijo: “Las aguas que Yo doy son aguas para el alma”. Y la
conversación siguió. Miren, Uds. tendrán que tomar mi palabra en esto: Él
estaba haciendo contacto con su espíritu. ¿Ven?
143 Miren, ella era una mujer, una mujer saliendo de Samaria. Y dijo:
“Nuestros padres bebieron de este pozo, ¿y—y Tú dices que tienes aguas que
son mayores que esta? Y ella dijo: “Y Tú hablas de ‘Adorar en Jerusalén’, y
nuestros padres adoraron en este monte”, y así sucesivamente.
144 La conversación siguió. Al poco rato, cuando… Él descubrió cuál era
su problema. ¿Cuántos saben cuál era su problema? Seguro. Él encontró dónde
estaba su problema. Él dijo: “Ve, llama a tu marido y ven acá”.
Ella dijo: “No tengo marido”.
145 Ahora, recuerden, ¿qué estaba Él haciendo? Identificándose ahora
delante de los samaritanos. Así fue como Él lo hizo delante de los—los judíos.
Miren, observen lo que esta samaritana va a decir.
Dijo: “Ve, busca a tu marido y ven acá”.
“Pues”, dijo ella, “yo no tengo marido”.
146 Él dijo: “Verdad has dicho, diciendo ‘no tengo marido’, porque cinco
has tenido, y con el que vives ahora no es tuyo. Tú has dicho la verdad”.
147 Ahora, observen a esa mujer, esa mujer samaritana, su respuesta a
eso. Ella sabía más de Dios que la mitad de la gente de los Estados Unidos,
(¿ven?), ciertamente, (¿ven?), incluyendo a los ministros, algunas veces. Sí.
¿Ven?
148 Miren a esos sacerdotes parados allí. Cuando ellos vieron eso
acontecer, dijeron: “Este Hombre es un adivino. Él es belcebú”, tratando de
calcular alguna manera de cómo Él lo hizo, algún truco, algún engaño. ¿Ven?
149 Pero esta mujercita dijo: “Señor, me parece que Tú eres profeta”.
Vigilen. “Nosotros sabemos, nosotros sabemos que va a venir un Mesías,
llamado el Cristo. Y cuando Él venga, esto es lo que Él hará”. Amén.
Él dijo: “Yo soy, el que habla contigo”.
150 Eso fue suficiente. Ella sabía que ese era. Observen lo que ella hizo.
Ella corrió a la ciudad y le dijo a los hombres de la ciudad: “Venid, ved a un
Hombre que me dijo las cosas que yo he hecho. ¿No es esta la mismísima
marca del Mesías? ¿Cuánto tiempo hace que no la habíamos tenido? Aquí está
el verdadero Mesías”.
151 Así fue como Él se identificó con los judíos. Y así fue como se
identificó con los samaritanos. Miren, ese era el fin del tiempo de ellos.
152 Miren, los gentiles han tenido dos mil años de enseñanza, igual que
ellos tuvieron miles de años de enseñanza. Pero si los gentiles no obtienen la
misma cosa que obtuvieron ellos, entonces Él hace acepción de personas. Así
que ¿cómo lo conoceríamos nosotros hoy día? Cuando Él ha estado con
nosotros, y dentro de nosotros, y ha obrado a través de nosotros, y probado
que este Espíritu, que nosotros llamamos el bautismo del Espíritu Santo, es
Jesucristo Mismo personificándose en la forma de Espíritu en el ser humano,
haciendo lo mismo. Él dijo en San Juan, el capítulo 14, el versículo 12, “El
que cree”, no el que aparenta creer. Pero: “El que cree en Mí, las obras que Yo
hago, él las hará también”. ¿No es cierto eso? [La congregación dice:
“Amén”.—Ed.]
153 Él dijo, en San Juan 5:19. Él pasó por el estanque de Betesda. Todavía
estoy… Ese es el capítulo 4 de San Juan. Ahora estoy en el capítulo 5. En el
capítulo 5 de San Juan, Él pasó por el estanque de Betesda. Y había grandes
multitudes tendidos allí. Se requieren dos mil para hacer una multitud. Así que
había multitudes de gentes en este hospital espiritual tan grande, por decirlo
así, que estaban tendidos allí frente a la puerta de las ovejas esperando el
movimiento del agua.
154 Dios siempre ha tenido una manera de sanidad Divina para los
creyentes. ¿Ven? Y el Ángel bajaba y agitaba el agua. Cualquiera de Uds.
sabe lo que es un agua agitada, (¿ven?), es la corriente yendo en una dirección,
y el viento soplando en otra. Es un agua agitada. Y era ese Ángel viniendo
sobre el agua, y revolviéndola. Y el primero que se metía allí, con fe, sacaba la
virtud del agua, y era sanado.
155 Jesús pasó por este grupo de gente allí, y Él sabía dónde estaba
acostado un cierto hombre, que había tenido una enfermedad por treinta y
ocho años. Él probablemente tenía problema de la próstata o—o algo así. No
lo iba a matar. Era muy lenta. Él la tenía por treinta y ocho años. Y se acercó
a él y le dijo: “¿Quieres ser sano?”
156 ¿Por qué no le dijo Él eso a los cojos, paralíticos, ciegos, o afligidos?
Ellos estaban allí con bebés hidrocefálicos. La Biblia dice que allí había:
“Cojos, ciegos, paralíticos”.
157 Pero este hombre podía caminar. Él dijo: “Entre tanto que yo voy,
alguien desciende antes que yo”. Pero, recuerden, Él sabía que este hombre
había estado allí. ¿Lo captan? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.]
158 Y Él le dijo: “Toma tu lecho y vete a tu casa”. No hay duda en cuanto
a eso. Él siguió adelante, pues sabía que él lo haría.
159 Ellos lo encontraron cargando su lecho, en el día de reposo. Y le
llamaron la atención. Esta noche sería igual.
160 [Un hermano da voces: “Hermano Branham, yo quiero el Espíritu
Santo”.—Ed.] Si—si—si un hombre en esta noche… Dios le bendiga,
hermano, para recibirlo.
161 Si un hombre fuere sanado esta noche, y pudiera probarlo, que fue
sanado, y sabe dentro de sí mismo que fue sanado, de un problema de la
próstata, ¿qué creen Uds. que sucedería mañana? Alguien estaría diciendo:
“Yo conozco a alguien que está sentado en la esquina. Yo sé dónde hay una
persona inválida. Yo sé dónde está este, o aquel. Vaya y sánelos”. Vean, eso
es ese mismo diablo.
162 Jesús fue interrogado. Escuchen lo que él dijo en San Juan 5:19. “De
cierto, de cierto, os digo”. Y de cierto quiere decir: “Absolutamente, os digo,
el Hijo no puede hacer nada de Sí Mismo, sino lo que Él ve hacer al Padre.
Eso hace el Hijo igualmente”. ¿Ven? Él nunca hacía nada hasta que primero
Él veía al Padre mostrarle eso en una visión. Eso lo hizo a Él el Dios-profeta.
163 Y hoy Él sigue siendo el mismo, el mismo Dios-profeta, el mismo
Espíritu Santo que está morando entre el pueblo. Nosotros lo hemos recibido a
Él, en la forma del bautismo. Lo hemos recibido, orando los unos por los
otros. Lo hemos visto hablar en otros idiomas. Lo hemos visto interpretarlo.
Lo hemos visto hacer estas grandes cosas en este día.
164 Y ahora estamos avanzando hacia algo más. Hemos tenido bastante
personificación. Hemos tenido muchas de estas cosas, pero todo eso no anula
la verdad de la Biblia. Él sigue siendo el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.
Él sigue siendo Jesucristo. Él es el Hijo de Dios. Él está vivo por los siglos de
los siglos.
165 Él dijo: “Todavía un poquito y el mundo…” Eso es cosmos, el orden
mundial, el grupo denominacional común. “No me verá más. Pero vosotros
me veréis, porque Yo…” Y “yo” es un pronombre personal. “Yo estaré con
vosotros, aun en vosotros, hasta el fin del mundo, hasta la consumación. Yo,
Yo Mismo, estaré en vosotros, obrando Mis mismas obras que Yo hice, hasta
la consumación, el tiempo del fin”. “El mismo ayer, y hoy, y por los siglos”.
Dios nos ayude a creerlo.
166 Ahora quiero hacerles una pregunta: si Él aparece aquí en nuestros
medios esta noche… Miren, quiero que sepan esto: que no hay tal cosa como
un sanador Divino, así como tampoco hay un Salvador Divino en la tierra hoy.
Él está aquí en la forma del Espíritu Santo, y Él sólo está aquí para confirmar
lo que ya ha prometido. Él está aquí, manifestando Su Palabra. Cuando Él
vino la primera vez, Él probó que era el Mesías por medio de lo que estaba
haciendo. Eso probó que era el Mesías.
167 Ahora, Él dijo: “Como fue en los días de Noé, y en los días de Lot”.
En los días de Noé, vino el agua. En los días de Lot, vino el fuego. ¿Qué
estamos nosotros esperando ahora? Fuego. Observen cómo Él se probó a Sí
Mismo.
168 Él bajó. Allí estaba Lot, en Sodoma, el miembro de iglesia tibio,
medio descarriado. Y hubo tres Ángeles que bajaron del Cielo, y vinieron
primero a Abraham, el cual representó al grupo llamado a salir de esa Sodoma,
que ya habían sido llamados a salir.
169 Y dos de los Ángeles descendieron a Sodoma y predicaron, no
hicieron muchos milagros, un Billy Graham moderno. Pero él se identificó a sí
mismo como siendo un siervo de Dios. E inmediatamente después que Lot
salió, después que el tibio salió de la ciudad, entonces el fuego destruyó el
lugar.
Pero fíjense en Aquel que se quedó con Abraham. Noten.
170 Miren, Abraham tenía cien años de edad, y Sara tenía noventa. Por
veinticinco años ellos habían creído esa promesa de un hijo venidero,
aferrándose a ella.
171 A esos es a los que Él viene, a aquellos que están creyendo, a los que
están aferrándose a esa promesa.
Y, vigilen, los otros dos bajaron.
172 Pero el que se quedó con Abraham se identificó. Él estaba sentado
con Su espalda hacia la tienda. Y recuerden, él había sido “Abram” hasta
apenas un día o dos antes de eso, y Sara había sido S-a-r-a-i. Ahora ella es Sa-
r-a, y él es A-b-r-a-h-a-m, Abraham. Y fíjense, Él lo llamó (no por su primer
nombre) sino por su nombre dado, uno o dos días antes. “Abraham, ¿dónde
está tu esposa, Sara?” S-a-r-a, princesa.
Él dijo: “Ella está en la tienda, detrás de Ti”.
173 Ahora, Él tenía Su espada hacia la tienda. Y le dijo: “Abraham, Yo,
Yo voy a visitarte”, según la promesa que Él le había hecho. ¿Ven Quién era
Él? Y Él dijo: “Y Sara tu esposa va a tener este bebé”.
174 Y Sara, en la tienda detrás de Él, la Biblia declara que: “Ella estaba
detrás de Él, en la tienda. Ella se rió entre sí”.
175 Y el Ángel dijo: “¿Por qué se rió Sara? ¿Ven? “¿Por qué se rió Sara?”
Sabiendo lo que ella estaba haciendo en la tienda, detrás. ¿Entienden lo que
quiero decir?
176 Y cuando Abraham salió, y lo encaminó a Él, Él siguió en Su camino.
Abraham dijo que él habló con Dios, Elohim. ¿Cómo? Elohim, “el
Todosuficiente”.
177 ¿De qué era eso señal? ¿Qué dijo Jesús? “Como fue en los días de
Lot, así será en la venida del Hijo del hombre”. Eso, eso…
178 Alguien me dijo: “Hermano Branham, Ud. no cree que ése era Dios,
¿verdad?” La Biblia dice que era Dios, y eso es todo lo que yo sé. Él dijo que
era Dios.
179 ¿De qué era eso señal? De que Dios, en los últimos días, antes que el
mundo sea destruido, Él aparecerá en el grupo llamado fuera, Dios
identificándose Él mismo en carne humana entre Su pueblo. Aquí está Él, el
mismo ayer, y hoy, y por los siglos.
180 Miren, no es cuestión de si Él lo sanará a Ud. o no. La cosa es si Él
está vivo o no. Si Él está vivo, Él cumple Su promesa. Si no es así, entonces es
simplemente una historia mítica que hemos leído de alguna parte, y eso es
todo. Pero yo creo que Él está vivo, esta noche, entre nosotros. ¿Creen Uds.
eso? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.]
181 Yo no tengo reloj. No veo… Mi reloj está roto, y yo—yo no sé qué
hora es. Así que dígame alguien qué hora es. [Alguien dice: “Quince para las
diez”.—Ed.] Quince para las diez. Estoy quin-… Ya tengo cuarenta y cinco
minutos de retraso. No fue mi intención hacer eso. Lo siento. Perdónenme.
Inclinemos nuestros rostros por un momento.
182 Voy hacerles una pregunta. Las Escrituras… pudiéramos quedarnos
en ese mismo tema por semanas. Es la identificación de que Jesús está aquí.
Señores, quisiéramos ver a Jesús”. Y: “Él es el mismo ayer, y hoy, y por los
siglos”. Si Uds. pudieran verlo a Él moverse en medio nuestro esta noche y
hacer las mismas cosas aquí mismo, que Él hizo cuando anduvo en Galilea, ¿le
creerían Uds.? Si es así, levanten la mano, digan: “Yo creería si tan sólo
pudiera verlo hacer la misma cosa que Él hizo allá”.
183 Nuestro Padre Celestial, es un grupo de gente tan amoroso. Ellos han
sido tan receptivos. Y yo—yo… Nosotros los ministros estamos tan contentos,
Señor, de ver un pueblo que responde al Evangelio. Eso significa que hay una
señal, el sonido de un viento recio en el aire. Pudiera ser la cosa por la cual
hemos orado, aquí en Tucson, de ver un gran avivamiento.
184 Estamos aquí para identificarnos como Tus siervos, como un
verdadero testigo de la Biblia. Y sabemos que: “En el principio era el Verbo, y
el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó
entre nosotros”. Y sabemos que esta Biblia expresa los pensamientos de Dios
para Su pueblo. Y una palabra es “un pensamiento expresado”. Señor, que la
meditación que está en mi corazón, que Tú eres “el mismo ayer, y hoy, y por
los siglos”, que el Espíritu Santo me ayude esta noche a expresar esa Palabra,
de modo que llegue a ser un oráculo viviente entre nosotros, para que veamos
que Jesús está vivo.
185 Al hacerlo así, Señor, yo creo que la audiencia de gente lo recibirá a
Él. Los que nos son salvos querrán a ese maravilloso Salvador. El saber, que,
después de dos mil años, aquí está Su promesa, tan viva hoy como la hora en
que Él la hizo. Y los enfermos serán sanados; los santos serán bendecidos.
Sentimos que el avivamiento por el cual hemos orado estará en camino. Señor,
hasta aquí es hasta donde cualquier humano puede ir, es decir exactamente lo
que Tú has dicho.
186 Ahora queremos que Tú vengas, querido Jesús, y nos expreses en esta
noche Tu Presencia, para que todos podamos saber que Tú estás aquí. Y
emocionará nuestros corazones, Señor, saber eso, mientras vamos caminando
por la calle. Hará que todos nosotros pensemos, la próxima vez que
empecemos hacer algo, o a pensar cosas incorrectas, sabemos que Tú estás
observándonos. Nosotros sabemos que Tú estás aquí. Sabemos que es
totalmente imposible, Señor, que esto suceda sin Ti, así que te pedimos que lo
concedas en esta noche. En el Nombre de Jesús. Amén.
187 Ahora, nosotros repartimos tarjetas de oración todos los días. Y
miren, no podemos llamarlos a todos a la vez. Y estamos un poquito
retrasados. Yo—yo creo que debemos cerrar esto para las diez en punto. Y
llamaremos unas cuantas tarjetas de oración y oraremos por algunas, la gente
enferma, y quizás el Espíritu Santo conceda algo entre nosotros.
188 Quiero que toda persona se mantenga perfectamente en silencio.
Guarden silencio, todo el silencio que puedan. Manténganse en sus lugares. Y
luego, recuerden: oren.
189 Ahora, vamos a ver, empecemos desde cualquier parte. Billy está aquí
en algún lado, si tan sólo puedo ver en dónde está. Él repartió tarjetas de
oración. No sé cuántas repartió. Oh, él está allá en la sombra, allá atrás.
¿Cómo? A, del uno al cien. Muy bien. Que se pongan de pie unas ocho o diez.
190 A, número 1, ¿quién tiene la tarjeta de oración A, número 1? Si Ud.
no puede levantarse, pues, nosotros le cargaremos. Veremos que Ud… ¿A,
número uno? Veamos, ¿por dónde? Pienso que será mejor que venga por aquí.
O, ¿por acá? Muy bien. A, número uno, pase por allá, señora. Algún…
191 ¿A, número dos? ¿Quién tiene la dos, número dos? Sé que hay gente
hispana aquí. Número dos, ¿podría levantar la mano para así saber en dónde
está Ud.? A, número dos. Un caballero allá atrás. Venga acá, señor, por favor.
192 Número tres, número tres, el que tiene la tarjeta de oración tres,
¿quisiera levantar su mano? Una señora. Pase por aquí, señora, por favor, la
tres.
193 Cuatro, ¿quién tiene la tarjeta de oración cuatro? ¿Levantaría su mano
allá? Este caballero aquí, aquí mismo. Muy bien.
¿Número cinco? Muy bien, por aquí.
Seis, ¿quién tiene la tarjeta de oración seis, número seis?
194 Que alguien lo diga en español. ¿Cómo? [Varias personas dicen:
“Seis”.—Ed.] ¿Seis? [Varias personas dicen de nuevo: “Seis”.] Seis. Tarjeta
de oración seis. Espero… ¿Ven?
195 Miren la tarjeta de oración del que está a su lado. Pudiera ser alguien
sordo, y ellos no pueden oírlo a uno, ¿ven Uds.? Ellos perderían su turno.
Nosotros queremos que se ore por todos. Así que ahora veamos si alguien…
Ud. tiene la tarjeta de oración, muy bien, seis. Ellos pudieran…
196 Aquí quedaban unos, hace unos momentos, así que debe ser que
prediqué demasiado largo, o hablé demasiado largo, mejor dicho. O, yo no
prediqué, pero ellos—ellos quizás se cansaron.
197 Seis, siete. Siete, ¿levantaría su mano? Siete. Ocho, nueve. Eso es
correcto. Bien. Nueve, nueve, nueve, ¿tarjeta de oración nueve? ¿Es un
muchachito? ¿Tú tienes la tarjeta de oración nueve, hijito? Ocho. Muy bien.
Eso está bien. ¿Número ocho, nueve?
198 Miren, cuando Uds. obtienen las tarjetas de oración, no—no—no las
tomen así por tomarlas, (¿ven?), y—y no vengan así, porque al hacer eso Ud.
le está robando ese lugar a alguien más, ¿ve Ud.? Y Ud., Ud. tiene que venir y
obtener su propia tarjeta de oración. Vean, alguien viene y obtiene una, se la
da a alguien más, y ellos se levantan y salen, y entonces, (¿ve Ud.?), alguien
pierde ese lugar donde otra persona pudiera haber entrado. Muy bien.
199 La seis y la nueve no están. ¿Quién puede decirlo es español, en voz
alta? [Alguien dice: “Nueve”.—Ed.] Muy bien. Lo que eso haya sido, muy
bien, está bien. Muy bien. Si esa tarjeta de oración está aquí, muy bien.
200 ¿Aquella señora tiene esa, la seis o la nueve? ¿Ud. tiene la seis? Qué
bueno. Muy bien.
201 Nueve, ahora, ¿quién tiene la tarjeta de oración nueve? [Alguien dice:
“Ellos salieron”.—Ed.] Ellos salieron. Muy bien. Muy bien.
202 Empecemos aquí, entonces. Muy bien, formen la línea de oración, y
empecemos.
203 Miren, y entonces, nosotros estamos—nosotros estamos un poquito
apurados, así que no se pongan nerviosos ahora. Saldremos en diez, quince
minutos, más o menos. Pero quiero preguntarles algo.
204 Eso es, hermanos. Miren, quisiera que si pudieran, sólo un poquito de
espacio allí, si Uds.—si Uds. pueden por favor. Gracias.
205 [Un hermano dice: “Hermano Branham, nosotros no tenemos que salir
de aquí para las diez. Tómese su tiempo”.—Ed.] El hermano vino y me dijo
que nosotros no teníamos que salir a las diez. Así que, eso está bien. Bueno,
nosotros no queremos cansar a la gente.
206 Aquí está la—aquí está la cosa. Hasta donde puedo ver… Miren,
¿cuántos allá en la audiencia no tienen tarjetas de oración, y sin embargo están
enfermos? Levante la mano, el que no tenga tarjeta de oración. Oh, están por
todas partes. Uds. no tienen que tener una tarjeta de oración. Uds. tienen que
tener fe. ¿Ven? La tarjeta de oración es simplemente algo que Ud. tiene en su
mano. ¿Ven? Ud… Es simplemente una tarjeta que tiene un número. Eso es
todo lo que es, una tarjeta con un número uno, dos, tres, o lo que sea. Y a
veces nosotros… Cada día repartimos tarjetas nuevas, porque hay gente que
viene. Entonces empezamos desde cierto lugar, y de otro. Seguro.
207 ¿Cuántos han estado antes en una de las reuniones? Veamos su mano.
Oh, oh, yo pensé que estaba ante una audiencia extraña, y entonces hablar
sobre algo así. ¿Ven? Pues, no. Hay dos terceras partes aquí que han estado
antes en las reuniones. Muy bien. Uds. entienden lo que… la manera como lo
hacemos.
208 Miren, yo no veo a una persona en este momento que pudiera decir
que conozco. Yo—yo pudiera conocer a algunos de Uds., pero no hay nadie a
quien vea que conozco. No puedo ver una sola persona.
209 Yo—yo sé que mi esposa está aquí en alguna parte, y una de mis
hijas, pero, y… pero ni siquiera sé en dónde está ella. Ella está aquí en algún
lado. Pero yo—yo no…
210 Y sé que oí al hermano Sothmann, uno de los síndicos de nuestra
iglesia en Indiana, decir: “Amén”, hace rato. Pero mi Padre Celestial sabe que
ni siquiera puedo verlo. Es un poco difícil ver desde aquí. Ni siquiera sé en
dónde está él.
No veo a ninguno que yo conozca, a ninguno de Uds.
211 Pero… y todos en esta línea de oración, Uds. en la línea de oración,
todos Uds. que no me conocen, o que saben que yo no los conozco a Uds.,
levanten la mano, los que saben. Muy bien. El grupo completo. Yo no los
conozco a ellos. Ellos no me conocen a mí. Uds. no me conocen a mí, y yo no
los conozco a Uds.
212 Ahora, lo importante de esto es: “¿Está vivo Jesucristo? [La
congregación dice: “Amén”.—Ed.] Eso es lo que queremos saber. ¿Ven? Y
miren, nosotros no podemos ni siquiera… Hay muchas cosas que nosotros
pudiéramos decir. “Sí, yo lo siento a Él en mi corazón”.
213 La gente dice: “Algo más”. Y ellos dicen muchas cosas. Dicen: “Eso
es psicología”.
214 Pero nosotros queremos saber: ¿en verdad está Él vivo, para
identificarse Escrituralmente como el mismo ayer, y hoy, y por los siglos? Eso
es lo que queremos saber.
215 Ahora, aquí está la Palabra de Dios, y yo la tengo en mi mano. Miren,
no hay una persona a quien puedo ver, aparte de mi propio hijo.
216 Y el hermano Tony sentado ahí abajo, pero… el presidente del
compañerismo de los Hombres Cristianos de Negocio, son las dos únicas
personas que puedo ver, a quienes conozco.
217 Los pequeños cantantes están sentados allí al final, yo—yo pienso que
ellos están muy bien. Creo que ésta es su mamá sentada justo allí. No estoy
seguro. O—o, ¿es correcto eso? ¿Estoy equivocado en eso? Bueno, estoy
equivocado allí. Así que, yo—yo no sé. Vi a una señora tocando. ¿Es ésta la
que está en el piano? Bueno, yo vi a una dama, la otra noche, tocando allí, que
se parecía mucho a esta señora aquí, que yo pensé que era la—la mamá. De
los—de los… Allí está ella. Sí señor. Eso es correcto. Bueno, miren, Uds.
tendrán que decir que ellas se parecen bastante. Eso es correcto. Pero eso…
Vean, yo ni quiera conocía a esa señora.
218 Miren, por lo tanto, yo estoy parado aquí con ministros a mi
alrededor, detrás de mí, y enfrente, gente Cristiana. Y aquí estamos parados. Y
yo reclamo que la evidencia Bíblica de Jesucristo es la señal profética. La
Biblia lo dice. Y Él es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. Y prometió que,
si nosotros creemos en Él, las obras que Él hizo nosotros también las
haríamos. Miren, ¿es cierto eso?
219 Ahora, si esa es la verdad, cada pecador debiera encontrarse aquí en el
altar, un lugar aquí, y pedir el perdón de pecado. Cada persona enferma
debiera aceptar su sanidad allí mismo donde Ud. se encuentra.
220 Porque, no hay virtud en mí. Yo soy un hombre. Aquí está vuestro
pastor, es igual que yo. Nosotros simplemente somos siervos de Cristo. Pero,
estamos aquí. Miren, ellos son—ellos son predicadores. Yo no soy predicador.
Uds. ya saben eso. Pero yo—yo… Ellos son ministros, maestros, y demás. Yo
no soy un ministro, o un predicador, quise decir, porque yo no tengo
educación, o, y ninguna instrucción. Y yo no tengo títulos de… y lo que…
Ningún B.A. o D.D, o… yo—yo sencillamente no lo tengo. Y yo—yo—yo…
Pero el Señor me dio un—un don, porque yo le amo. Y Él—Él me permite
trabajar para Él de esta manera.
221 Y si Él se manifiesta aquí; que Él está aquí; y este mismísimo Espíritu
Santo que Uds. reciben, prueba que sí es Él. Pentecostés es la única cosa que
va a demostrar al Cristianismo. Ud. no puede demostrarlo por medio de la
ciencia. Ud. no puede demostrarlo por medio de nada sino por medio de una
experiencia pentecostal. Uds. los bautistas saben eso, y Uds. metodistas y
presbiterianos, y lo que Uds. sean.
Uds. saben que se necesita una experiencia pentecostal para probar a
Dios. Y eso es con cada individuo. No prueba la organización. Prueba es al
individuo.
222 Como le dijo Jesús a Pedro, cuando él dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo
de Dios”. Él dijo: “Carne ni sangre te reveló esto, mas Mi Padre que está en el
Cielo. Sobre esta roca edificaré Mi iglesia, y las puertas del infierno jamás
podrán derribarla, (¿ven?), no podrán prevalecer contra ella”.
Ahora bien, ¿dónde está? Esta dama.
223 Miren, si Jesucristo demuestra que Él está vivo, ¿cuántos aceptarán su
sanidad, allí mismo donde están sentados? Simplemente levante su mano y
diga: “Si Él hace lo que Él hizo aquí, yo sé que Él está vivo. Hermano
Branham, yo—yo lo escuché a Ud. predicar. Yo lo conozco a Ud. Ud.
simplemente es un predicadorcito calvo parado allí, ¿ve?, y yo sé que no hay
nada en Ud. Pero yo—yo sí sé, que si Ud. dijo la Verdad, Dios ciertamente
dará testimonio de Ella. Él está obligado a hacer eso”.
224 Miren, yo he hablado acerca de Él. Ahora que Él hable, probando que
yo les he dicho la verdad. Si es la Verdad, entonces Uds. acéptenla.
225 La dama aquí, yo nunca la había visto. Ella levantó sus manos, hace
unos momentos, de que éramos desconocidos el uno al otro. Ella tal vez ha oído de mí en alguna parte, en el periódico, revista, o quizás me haya visto en
una reunión. Pero en cuanto a saber alguna cosa acerca de la mujer, lo
primero… lo único que yo sé, es que probablemente yo nunca la haya
conocido antes en mi vida. Ella está parada aquí, una total desconocida.
226 Oigan, esto resulta ser algo de lo cual hablé, hace unos momentos. He
aquí un hombre y una mujer que se encuentran por primera vez, como en San
Juan capítulo cuatro, cuando nuestro Señor Jesucristo se encontró con la mujer
junto al pozo. Exactamente en una vista panorámica, de la misma manera,
exactamente la Biblia representada nuevamente. Jesús no la conocía a ella.
Ella no conocía a Jesús. Ella lo interrogó, preguntándole… y—y Él le pidió un
trago de agua. Y entonces cuando el Padre le reveló cuál era su problema,
rápidamente ella reconoció que ese era más que un hombre común y corriente.
227 Mire, señora, yo—yo no la conozco a Ud., no sé una sola cosa acerca
de Ud. Pero yo simplemente le estoy hablando, o siendo Ud. la primera
persona en captar al Espíritu de Dios. Y mire, yo percibo que Ud. es una
creyente, y me refiero una creyente Cristiana, no una autoestopista. Porque,
inmediatamente, cuando me di vuelta hacia Ud., sentí la vibración de
bienvenida en su espíritu. Vean, yo sé que ella es una Cristiana. ¿Ven? Miren,
ella pudiera ser una hipócrita; ella pudiera ser cualquier cosa; ella pudiera ser
una engañadora parada allí. ¿Cómo sabría yo? Yo nunca en mi vida la había
visto a ella.
228 Pero, miren, si—si esto se repite, que Él sabe en dónde está su
problema, Él sabe porqué está Ud. aquí. Pudiera ser por enfermedad. Pudiera
ser problemas financieros. Pudiera ser problemas domésticos. Yo no sé. Él sí.
Pero si Él me revela a mí por medio de Su Presencia, y permite que mi mente,
mis labios, y todo mi ser sea tan apartado en Él, al grado que Él le diga a Ud.
el porqué Ud. está aquí. Ud. sabría si eso sería verdad o no, ¿no es así? Ud. lo
sabría, si fuera la verdad o no.
¿Cuántos lo creerían? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] ¿Ven?
229 Ahora, aquí estoy yo, con mis manos levantadas, también. Yo no la
había vista a ella nunca en mi vida, hasta donde sé. Jamás en mi vida la había
visto. Somos desconocidos totalmente, el uno al otro. Ahora, si el Espíritu
Santo puede revelarle a esta mujer, algo acerca de ella: algo que ella haya
hecho, o algo que ella debiera haber hecho, y no lo hizo; algún problema que
ella ha tenido; algo que está en su corazón; algo que ella desee, o algo así;tiene que venir de algún Poder sobrenatural. ¿Cuántos saben eso? [La
congregación dice: “Amén”.—Ed.]
230 Bueno, miren, Uds. pudieran tomar el lado de los fariseos, y decir:
“Es el diablo”. O, pudieran tomar el lado del creyente, y decir: “Es Dios”.
Entonces, depende de Uds. Eso es cosa de Uds.
Ahora bien, que el Espíritu Santo hable.
231 Miren, Uds. que están controlando estos micrófonos: algunas veces
cuando la Unción baja, yo—yo no sé si estoy hablando demasiado alto.
232 ¿Ven en dónde tengo que pararme ahora? O tengo que pararme con
esta Palabra… Y yo he declarado que Ella es la Verdad. Ahora tengo que
confiar en que Dios confirme eso, que es la Verdad, aquí mismo delante de
estas personas.
233 Yo lo hice delante de medio millón de personas. Dios lo hizo, quise
decir, déjenme decirlo, en Bombay, India, delante de doscientos cincuenta mil.
234 En Sudáfrica, en el hipódromo, cuando treinta mil indígenas
incivilizados recibieron a Cristo. Y veinticinco mil, acostados en camillas y
de todo, se levantaron y se marcharon, al mismo tiempo. Esos eran—esos eran
adoradores de ídolos.
235 ¿Qué debiera hacer eso con un grupo nacido de nuevo que cree en
Dios y está esperando que suceda algo así? Veinticinco mil milagros fueron
efectuados en una sola ocasión, eso era todo lo que ellos querían ver, tan
pronto que sucedió. ¿Qué debiera hacer eso a nosotros?
236 Mire, mi hermana, nosotros somos dos personas, nacidas en diferentes
partes del mundo, tal vez, y que nos encontramos aquí por vez primera. Y
yo—yo simplemente quiero hablarle a Ud., para ver si Él me revela a mí,
mientras todos estamos esperando para ver qué sucede. Mire, tiene que ser Él,
porque yo—yo no la conozco a Ud. Yo nunca la había visto, pero Dios sí la
conoce.
237 Pero miren, si la congregación… ¿Quién ha vista esa Luz alguna vez,
esa fotografía del Ángel del Señor? ¿Cuántos la han visto alguna vez? ¿Ven?
Muy bien. Aquí está Ella, aquí mismo entre mí y la mujer, ahora mismo. ¿No
puede Ud. ver eso? Se mueve hacia ella. ¿Ud. la ve? ¿Ve? La mujer la está
mirando, ella misma.
238 La mujer tiene complicaciones. Ella tiene muchas cosas que no andan
bien con ella. Una de las cosas principales que no andan bien con ella es una
condición de la vesícula biliar. Eso es verdad. Mire, si eso es correcto, levante
la mano.
239 ¿Ahora creen? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] Y Él es el
mismo ayer, y hoy, y por los siglos. ¿No es así?
¿Uds. creen eso, hermanos? [Los hermanos dicen: “Amén”.—Ed.]
240 Sigo sintiendo eso venir, alguien dijo: “Él adivinó eso”. Yo no adiviné
eso. Y, vean, Uds. no se pueden esconder ahora. El Espíritu Santo está aquí.
Lo que Ud. esté pensando, yo lo captaré. Jesús percibía el pensamiento de
ellos, ¿ven Uds.? Y yo no soy Jesús, pero Él está aquí con nosotros. ¿Ven?
241 Mire, yo no la conozco a Ud. Si Jesús me dice quién es Ud., eso
entonces debería quitar la duda, para siempre. ¿No es así? Sra. Heineman, Ud.
puede irse. Ud. está sana. Jesucristo la sana. Amén. Amén.
¿Creen Uds. ahora? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.]
Uds. dirán: “¿El nombre de esa mujer…?
242 Pues, ¿no le dijo Él a Simón cuál era su nombre, y quién era su padre?
Él es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. ¿Lo creen Uds.? [La congregación
dice: “Amén”.—Ed.]
243 ¿Cómo está Ud., señor? Aquí está un hombre a quien no había visto
nunca en mi vida. Supongo que somos desconocidos uno al otro. Eso es
correcto. Para que la gente sepa, levante su mano para que la gente pueda ver
que somos desconocidos. Yo nunca había visto a este hombre. Él se ve como
si él—él estuviera lo suficientemente saludable. Yo no conozco al hombre.
Jamás lo había visto. Dios sabe todo acerca de él.
244 Miren, si él estuviera enfermo y yo pudiera sanarlo, ¿no sería yo una
persona terrible si no lo sanara?
245 Pero yo no podría sanarlo a él, porque no puedo hacer lo que Cristo ya
hizo. Él ya está sano, si está enfermo. Es sólo algo para… Si Jesús estuviese
parado aquí mismo con este traje, que Él me dio, Él no podría sanarlo a Ud. Él
le diría que ya lo ha hecho. Él fue herido por nuestras rebeliones, por Sus
llagas… Él le preguntaría si Ud. lo cree.
246 Pero Él podría identificarse que Él es el mismo ayer, y hoy, y por los
siglos, y eso es exactamente lo que Él está haciendo. ¿Ven? Eso es correcto.
247 Miren, aquí está el hombre. La otra era una mujer. Yo jamás lo había
visto a él, o conocido. Nosotros simplemente somos desconocidos aquí en la
tierra. Mire, señor, si el gran Espíritu Santo…
248 Lo cual, Ud. está consciente ahora mismo de que algo le sucedió en
ese instante. ¿No es cierto? Miren, ese Luz se posó sobre el hombre.
Pregúntenle. Yo quiero que Ud. sepa esto. Hace apenas un segundo, un sentir
muy humilde y dulce vino sobre Ud. ¿Es correcto eso? Levante su mano si eso
es correcto. ¿Ve? Yo la estoy mirando ahora mismo, (¿ve?), allí. Muy bien.
249 El hombre está un poco sordo en su sentido de oído, pero ha sufrido
algo muy serio. Él ha sido operado de una ruptura. Esa es la razón por la cual
Ud. quiere que yo ore por Ud. Si eso es correcto, levante su mano. Muy bien.
250 ¿Es correcto eso? ¿Uds. creen eso? [La congregación dice:
“Amén”.—Ed.]
Ahora, fíjense, Uds. no adivinan esas cosas. Ellas son verdad.
251 Miren, él tiene algo en su corazón, Ud. quiere creer si es Dios o no.
Hay algo más en su corazón, algo que Ud. desea. Hay alguien aquí en la
audiencia, sufriendo, también. Es su esposa. Eso es correcto. Ella tiene
complicaciones, tiene tristeza y dolor, ahora mismo. ¿No es correcto eso? [La
hermana dice: “Sí”.—Ed.] Muy bien, hermana, Ud. también ha sido sanada.
Los dos pueden irse a casa. Jesucristo los sana. Pueden seguir su camino,
regocijándose. Denle gracias a Dios. Sean sanados. ¡Dios les bendiga!
252 Crean ahora. Tengan fe. No duden. Crean. Todas las cosas son
posibles para aquellos que creen. ¿Ven? Yo no puedo sanar. Yo no soy ningún
sanador. Pero Jesucristo está demostrando que Él está aquí con Uds.
253 Esta señora como india o mexicana que me está mirando, aquí mismo,
está sufriendo de alta presión sanguínea. ¿Cree Ud. en Jesucristo? Yo no la
conozco a Ud. Nunca la había visto. ¿Es correcto eso? Pero, Ud. estaba
sentada allí, Ud. estaba creyendo eso. ¿No es cierto? Póngase de pie, si eso es
así, si Ud. padece de alta presión sanguínea. Jesucristo la sanó.
254 ¿Qué sucedió allí? Ud. dirá: “Hermano Branham, eso no es
Escritural”. Sí, sí lo es. Una mujer tocó Su manto. ¿Es correcto eso? [La
congregación dice: “Amén”.—Ed.]
255 Miren, ¿cuántos de Uds. los ministros y Uds. pueblo creen esto, que la
Biblia dice, que: “Él es ahora un Sumo Sacerdote que puede compadecerse de
nuestras debilidades?” ¿ES correcto eso? [La congregación dice: “Amén”.—
Ed.] ¿Cómo sabrían Uds. que lo tocaron a Él? Porque Él actuó de la misma
manera en que actuó ayer. Amén. Lo hace a Él el mismo ayer, y hoy, y por los
siglos.
¡Esa pobre mujercita sentada allí, (vean), su fe!
256 Una vez había una mujer que pasó por entre una muchedumbre de
gente, y ella tocó Su manto, pues dijo dentro de sí: “Yo creo que ese hombre
es veraz. Yo creo que Él es el Hijo de Dios. Y si tan sólo puedo tocar el borde
de Su manto, seré sana, sanada”. ¿Cuántos conocen la historia? [La
congregación dice: “Amén”.—Ed.] Bueno, entonces, si Él…
257 La Biblia dice, en el Nuevo Testamento, en el libro de Hebreos, que:
“Él es un Sumo Sacerdote que ahora mismo puede compadecerse de nuestras
debilidades”. ¿Cómo sabemos nosotros que le tocamos? Porque Él actúa de la
misma manera en que actuó ayer.
258 Miren, Uds. saben que la mujer nunca me tocó a mí. Ella está a treinta
pies de mí.
259 Pero ella tocó a ese Sumo Sacerdote con Quien nosotros estamos en
contacto. Allí lo tienen. Cada uno de Uds. puede hacer eso si tan sólo creen.
Amén. ¿Ven Uds. que Él es el mismo? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.]
260 Ahora pregúntenle a la mujercita. Yo jamás la había visto a ella, no la
conocía. Ella simplemente es una mujer sentada allí.
261 Discúlpeme. Somos desconocidos, uno al otro, pero Jesucristo nos
conoce a los dos. ¿Cree Ud. que Él puede revelarme a mí algo que Ud. ha
hecho, algo que Ud. está deseando? ¿Hará esto que Ud. sepa eso? Yo
simplemente soy su hermano, yo no sabría eso. Tendría que venir de algún
poder. ¿Creería Ud. que es Jesucristo? [La hermana dice: “Sí”.—Ed.] Ud. lo
creería. Yo creo que Ud. lo creería, porque Ud. es Cristiana. Muy bien. Ud.,
Ud. créame ahora.
262 Y ahora ¿creerá la audiencia con todo su corazón? [La congregación
dice “Amén”.—Ed.] ¿Creen Uds. que la hora en la que estamos viviendo, que
estas cosas deben venir ahora mismo? [“Amén”.] Recuerden, esa fue la última
señal que tuvo Israel antes que… “Lo que fue tomado, fue tomado. Lo que fue
dejado, fue dejado”. Esa fue la última señal antes que el fuego cayera. ¿Es
correcto eso? [“Amén”.]
263 Nosotros hemos tenido señales, maravillas, santificación, bautismo
del Espíritu Santo, hablar en lenguas, sanidad Divina. Pero ¿cuál fue la última
señal antes que Sodoma fuera quemada? Esta mismísima cosa que Uds. están
viendo en esta noche, Dios manifestándose en carne humana, conociendo los
secretos del corazón. Jesucristo lo dijo. “Como fue en los días de Sodoma, así
será en la venida del Hijo del hombre”.
264 “Oiga, Ud. está mirando a la mujer. Ud. le está leyendo la mente”.
Entonces le daré la espalda. ¿Ven? No piensen que yo no estoy captando lo
que Uds. están pensando, porque sí lo estoy. Muy bien.
265 Señora, suba Ud. sola aquí ahora mismo, para así mirar hacia arriba y
no captar a nadie más. Mire, somos desconocidos totalmente. Pero si
Jesucristo puede revelarme a mí cuál es su problema, ¿lo creerá Ud.? Si es así,
levante su mano.
266 Veo que Ud. es extremadamente nerviosa. Eso es correcto. Y eso
sucede especialmente en las últimas horas de la tarde, cuando Ud. está cansada
y agotada, parece que todo es extraño para Ud. Ud. también padece de artritis.
[La hermana dice: “Sí”.—Ed.] Así es. Mueva su mano. [“Eso también es
correcto”.] Sí. Y noto que cuando Ud. está—cuando Ud. está tratando de
levantarse de la cama, Ud. anda muy despacio, cuando se levanta por la
mañana. Es un poco difícil para Ud. a esa hora. Eso es cierto.
267 Algo extraño. Veo a un hombre, un hombre joven, aparecer aquí. Es
su hijo, y él está padeciendo de una condición mental. Y la condición mental
fue causada por un problema doméstico. Eso es ASÍ DICE EL SEÑOR. Eso es
cierto. ¿No es así? ¿Ahora cree? [La hermana dice: “Sí”.—Ed.] Entonces
vaya y encuéntrelo de la manera en que Ud. cree. Dios sea con Ud. Tenga fe, y
crea. Todo estará bien.
268 ¿Creen Uds. con todo su corazón? [La congregación dice: “Amén”.—
Ed.] Seguro. Él sabe todo en cuanto a Uds.
269 ¿Cómo está Ud., señor? [El hermano dice: “Dios le bendiga”.—Ed.]
Supongo que somos desconocidos. [“Sí señor”.] El Señor Jesús nos conoce a
los dos. [“Sí”.] Somos dos hombres que se encuentran aquí por vez primera en
la vida. Pero hay Alguien aquí. No…
270 Temblando, eso es sólo debilidad, ¿ven Uds.? Hablé durante una hora
o más y no me perjudicó. Pero una sola visión, y eso ya me afecta. ¿Ven?
¿Cuántos creen que entienden eso? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.]
Daniel vio una sola visión, y quedó turbado de la cabeza muchos días. Jesús
predicó toda la noche y lo demás, pero una sola mujercita tocó Su manto y Él
dijo: “Conozco que virtud ha salido de Mí”. ¿Es correcto eso? [“Amén”.] Eso
es fuerza. Y si hizo eso con el Hijo de Dios, ¿qué me haría a mí, un pecador?
¿Ven? ¿Ven? Realmente lo afecta a uno. Francamente, toda la audiencia se
está volviendo algo borrosa ahora mismo. ¿Ven?
271 Yo no lo conozco a Ud., pero Dios sí lo conoce. Pero si Él me revela a
mí lo que está en su corazón, entonces Él… Jesús percibía el mismísimo
pensamiento de ellos. ¿Ven? Él conoce su corazón. Y si Él puede revelarle a
Ud. sus deseos, ¿creería Ud. que lo recibiría? [El hermano dice: “Amén”.—
Ed.]
272 ¿Cuántos allá en la audiencia creerían que lo recibirían? [La
congregación dice: “Amén”.—Ed.] Eso debiera concluirlo, si Uds. lo creen.
273 Algo en su brazo muestra que Ud. tiene presión arterial alta. Eso es
correcto. Pero hay una causa, y la causa es debido a un crecimiento del bocio.
Eso es correcto. ¿Cree Ud. que yo soy Su profeta, o Su siervo, mejor dicho?
[El hermano dice: “Sí señor. Yo lo creo”.—Ed.] ¿Cree Ud. que Él lo conoce?
[“Amén”.] Ud. quiere ser sanado por una buena causa. Ud. quiere ser un
misionero. Su puesto de avanzada será en Centro América. ¿Es correcto? Sr.
Ogum, crea con todo lo que tiene, crea con todo su corazón. Vaya y reciba su
sanidad. Jesucristo le sanará.
274 ¿Creen Uds.? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] ¿Cuántos creen
que Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos? [“Amén”.] ¿Creen
Uds. que Él está aquí? [“Amén”.]
275 Ahora déjenme darles otra Escritura. Jesús dijo: “Id por todo el
mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere
bautizado será salvo; mas el que no creyera será condenado. Estas señales
seguirán a los que creen”. ¿Es correcto eso? [La congregación dice:
“Amén”.—Ed.] “En Mi Nombre echarán fuera demonios. Hablarán nuevas
lenguas. Si tomaren en las manos serpientes o bebieren cosas mortíferas, no
les harán daño. Sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán”. ¿Cuántos
saben que eso es verdad? [“Amén”.]
276 ¿Cuáles fueron las últimas palabras que salieron de Sus labios
mientras era llevado arriba? “Sobre los enfermos pondrán las manos y
sanarán”. ¿Es correcto eso? [“Amén”.] ¿Uds. lo creen? [“Amén”.] ¿Cuántos
creyentes hay aquí? Veamos. Muy bien.
277 Miren, si Uds. quieren ver el milagro de Dios, crean esto que les estoy
diciendo, y Uds. verán a Jesucristo manifestado. Y luego pongan las manos
unos sobre otros. Simplemente pongan sus manos unos sobre otros. No
importa lo que esté mal con Ud., sólo ponga las manos sobre alguien cercano a
Ud.
278 Miren, (¿ven Uds.?), no soy yo. Son Uds. “Estas señales”, no dice que
le “seguirán solamente a William Branham”. Dice: “Les seguirán a los que
creen, si ellos ponen sus manos sobre los enfermos”.
279 ¿Ahora están satisfechos de que Jesús está vivo y entre nosotros?
Digan: “Amén”. [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] Pues, el que hizo la
promesa está aquí. Oren ahora por la persona sobre quien tiene puestas sus
manos. ¿Ven? Ore por ellos. ¿Ven? No ore por Ud. mismo. Ore por ellos,
porque ellos están orando por Ud. ¿Ven? Miren, Uds. saben que Él está aquí.
Él hizo la promesa. Y si Él se para aquí delante del pueblo y la confirma y la
prueba, que es verdad, entonces Uds. créanlo con todo su corazón.
280 Ahora voy a orar por todos Uds. Y mientras Uds. oran los unos por
los otros, creamos ahora con todos nuestros corazones.
281 Nuestro Padre Celestial, de veras estamos… nuestros corazones están
emocionados. Tú estás aquí esta noche. No hay lugar demasiado humilde,
ningún lugar demasiado grande, ningún lugar demasiado lejos, que Tú no
vendrás a Tus hijos creyentes. Oh, gran Dios del Cielo, Tú has enviado a
Jesucristo en la forma del Espíritu Santo, el cual está aquí ahora, e
identificándose como el mismo ayer, y hoy, y por los siglos, y los hijos lo
están creyendo. Yo les he dado Tu Palabra. Tú has confirmado Tu Palabra.
282 Ahora hay muchos enfermos aquí. Y ellos están—ellos están
emocionados. Están contentos. Ellos tienen sus manos, estos creyentes, estos
hijos creyentes tienen sus manos puestas sobre su hermano o hermana
enfermos. Ellos están creyendo. Ellos están orando por él o ella. Y, Dios, Tú
hiciste la promesa. Es Tu Palabra.
283 Ahora, como Tu siervo, yo traigo este servicio a este punto en donde
nosotros como creyentes, llegamos para retar al diablo, que él nos ha
engañado por última vez. Nosotros creemos que Jesucristo es el mismo ayer, y
hoy, y por los siglos, y Él está vivo y aquí con nosotros en esta noche. Y
nosotros estamos siguiendo Sus mandamientos, al poner nuestras manos los
unos sobre los otros.
284 Satanás, suéltalos. Sal de ellos, en el Nombre de Jesucristo. Suelta a
esta audiencia de personas, para la gloria de Dios. Suéltalos, satanás. Te
conjuramos, por la Presencia de Jesucristo, el que vive, el Hijo de Dios
resucitado. Suéltalos. Y sal de ellos, para la gloria de Dios, en el Nombre de
Jesucristo.
285 Cada persona presente, que sienta que Jesucristo ha cumplido Su
Palabra, que Él ha entrado en nuestros medios, que Él está aquí porque
prometió estar aquí… Él está aquí y se ha identificado. Él es el mismo Señor
Jesús que anduvo en Galilea, y Uds. creen que Él cumple toda Su Palabra. Y
porque… Alguien, un creyente, se identificó con Ud., al poner sus manos
sobre Ud., para identificarse con la Palabra de Dios, de que Ud. ya está sano.
Y a Ud. le molesta que satanás lo tenga atado. Su fe se desata, y Ud. cree que
Dios está presente para cumplir Su Palabra.
286 Pónganse de pie y acepten su sanidad. Todos los que lo creen,
pónganse de pie. ¡Bendito sea el Nombre del Señor! Levanten sus manos y
alábenlo, ahora. Uds. están sanos en el Nombre de Jesucristo.
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