S.650 59-0609  ¿QUÉ ESCUCHAS, ELÍAS? 

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OBRAS DEL MENSAJE

¿Qué Escuchas, Elías?

Chicago, Illinois, E.U.A.

59-0609

1 [Un hermano presenta al hermano Branham—Ed.]…?…
Gracias, hermano Joseph. Eso es tan amable, tanto el hermano Joseph como Ud. Ahora, inclinemos nuestros rostros sólo un momento para orar.
Oh, Señor, con tal sentir y bienvenida para una iglesia entre Tu pueblo, que sería difícil para mí encontrar las palabras apropiadas para expresar mis sentimientos. Pero yo sé que Tú puedes hacer que cada uno de ellos entienda, y sabes cuánto yo les agradezco a ellos, y estoy tan agradecido contigo por mis amistades en Chicago.
Yo ruego, Señor, que Tú bendigas esta convención. Permite que esta sea una convención diferente a las que hemos tenido. Hazla en la misma manera, pero más grandiosa, Señor. Que sea algo donde podamos sentarnos al lado de la zarza ardiendo y escuchar lo que Él tenga para decirnos durante este tiempo. Que podamos nosotros esperar en Él, pues sabemos que Él es nuestra fortaleza y nuestra Vida.

2 Te damos gracias por el hermano Joseph. Estamos muy contentos que Tú le hayas traído nuevamente y le hayas dado grandes reuniones, y por todas las almas que él ha traído a Ti, y los ministros que sirvieron de ayuda a la gran Iglesia del Dios viviente en otras tierras. Pues verdaderamente creemos, oh Dios, que no tardará mucho hasta que lo veamos a Él a Quien hemos amado y anhelado ver, y entonces la gran Iglesia de Dios rescatada se parará redimida a Su imagen. Oh, anhelamos ese día cuando la trompeta sonará y los muertos empezarán a levantarse, y nosotros seamos arrebatados juntamente con ellos para encontrarnos con el Señor en el aire. Anhelamos ese gran evento.
Ayúdanos, Padre, en los tiempos de estas reuniones ahora para—para… Mientras estamos sentados bajo la sombra del árbol, por decirlo así, en la escuela, ayúdanos a conocer más de Ti, de manera que podamos salir de esta convención mejor equipados de lo que estábamos cuando entramos. Porque lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén. Pueden sentarse.
[Un hermano hace un anuncio acerca de las instalaciones de la convención—Ed.] Bien… Allí… Somos enseñados que todas las cosas ayudan a bien para aquellos que aman a Dios. Es cierto que yo debía estar en las Islas Fiji en este tiempo. Pero debido a dificultades tuve que posponerla. Y entonces inmediatamente llamé al hermano Joseph y le dije que yo sería capaz de venir a Chicago.
Y ello, como de costumbre, así es ahora, es siempre un gran placer para mí venir a Chicago. Yo pienso que es el centro de la nación, y, sin duda, uno de los grandes centros del mundo.
Y Chicago ha necesitado un avivamiento por mucho tiempo, un verdadero despertar. Y ha estado en el—en el corazón de grandes ministros llevar a cabo este avivamiento. Y es igual a las otras ciudades por todo el mundo; es pecaminosa y necesitada de un avivamiento.

3 Hace unos días, yo estaba yendo a la ciudad. Y yo soy sureño de nacimiento, y me gusta hablarle a la gente adondequiera que los veo. Y yo estaba llevando la cuenta… Allá en el sur es costumbre que—que hablemos el uno con el otro ya sea que uno se conozca o no. Nosotros somos seres humanos, y simplemente estamos viajando a través del mundo; y queremos darnos el uno al otro el—el saludo del día: “Buenos días a Ud”, o algo así. Cuando Ud. cruza ese Río Ohio, Ud. inmediatamente encuentra la diferencia. Sólo ese río marca una diferencia.
Y yo estaba en el centro, y mi esposa me dijo: “¿Por qué le hablas a esa gente? Ellos no te hablan a ti. Pareciera como que algunos de ellos pudieran atropellarte”.
“Bueno”, yo dije: “Sabes, el pueblo de Dios está en una minoría”. Yo dije: “Es quizás—quizás el diez por ciento”. Pero dije: “Yo… Si yo le hablo a todo el mundo, entonces yo—yo sé que llegaré a ese diez por ciento en alguna parte”. Es un…

4 Pero a mí me gustaría que los amigos sean amistosos. A mí—a mí me gusta hacer a todos los que conozco… como si yo ya los conociera. Sé que a veces ellos lo miran a uno un poco raro, y se paran a mirar yendo por la calle, preguntándose qué le pasa a uno, como si algo anduviera mal. Así es. Yo he nacido de nuevo del Espíritu de Dios. Y eso—eso como que hace a una persona un poco peculiar. Y yo estoy tan contento que he hablado eso.
Una noche, esta semana, si el Señor lo permite, quiero hablar sobre eso, sobre lo que significa ser nacido de nuevo.
Así que, estamos felices de estar aquí para unirnos en esta convención. Supongo que este es como el tercer o cuarto año consecutivo en que esta convención me ha invitado para hablar: el cuarto año. Y estoy agradecido a estos, mis hermanos, y a todos Uds. por ser tan amables.

5 Y ahora, la iglesita aquí. Yo usualmente pienso esto. Espero que yo… Si estoy equivocado que el Señor me perdone. Pero yo—yo siento como que Uds. pueden tener una mejor reunión en una iglesia. Yo… Porque en estos grandes auditorios y demás… Ellos están bien para sentar a la gente. Yo espero que no sea una superstición, pero siempre me parece a mí que hay tanta maldad aconteciendo en esos lugares: peleas, y apuestas, y whiskey. Y sencillamente llega a ser un lugar donde merodean los espíritus malignos.
Pero en—en una iglesia, el Espíritu Santo se queda allí. A mí—a mí me gusta estar donde está el Espíritu Santo. Yo me siento más como en casa, Uds. saben, yo—estar allí donde está el Espíritu Santo. Y especialmente adondequiera que está la Iglesia. Por supuesto, es que ellos traen al Espíritu Santo con ellos. Estamos agradecidos por eso.

6 Y ahora, no quiero cansarlos cada noche, retenerlos mucho. Y hasta donde sé, es como un hábito mío. Yo soy tan lento, y tardo mucho en decir lo que quiero decir. Y siempre me gusta decir la verdad. No tengo que pensar más acerca del asunto, Uds. saben, porque dije la verdad, y entonces no tengo que retractarme. Si Ud. está diciendo algo errado, Ud. tiene que vigilar todo lo que dice, porque pudiera tener que retractarse en algún momento. Pero si Ud. simplemente toma su tiempo y dice la verdad, entonces olvídese al respecto porque es la verdad y eso es… Si alguna vez Ud. tiene que regresar, Ud. sabe exactamente lo que dijo, porque es la verdad.
Mi papá me dijo que siempre hiciera eso. Dijo: “Tómate tu tiempo y di la verdad, y jamás tendrás que retractarte”. Bueno, eso—esa es una buena filosofía.

7 Así que, trataré de despedirlos cada noche si… Yo iba a venir un poquito más temprano. Pero pienso que mi amigo, el hermano Joseph, llamó y dijo que… que estuviera aquí un cuarto antes de la hora. Y miren, quizás mañana en la noche, un poco más temprano.
Y pienso que deberíamos tener una noche para noche de sanidad durante este tiempo. ¿No les parece? Y así apartarse de la predicación y orar por los enfermos, pues generalmente hay una cantidad de gente enferma en estas convenciones. Y digamos que dedicaremos el viernes por la noche para un servicio de sanidad. ¿Qué les parece eso? ¿Está bien? Eso estaría bien. Muy bien, señor.
Y luego el sábado por la mañana, creo que debo hablar para los hombres de negocios Cristianos. Eso es correcto, en el desayuno. Y yo siempre estoy— [Un hermano le informa al hermano Branham—Ed.] ¿Cuándo? El viernes en la mañana y—y el sábado en la mañana es con los hombres de negocios Cristianos. Bueno, eso estará bien. Y entonces el domingo por la noche, creo que el hermano Osborn va tener su prog—o fotografía… [El hermano le informa al hermano Branham—Ed.] Oh, lo siento… el domingo en la tarde… Muy bien. Otro servicio… ¿Ven cómo me enreda él allí? Muy bien. Eso es el domingo en la noche, entonces.

8 Y ahora, vamos a leer sólo un poquito de la Palabra y entrar en Ella rápidamente. Y recuerden ahora lo que estamos tratando de hacer, hermano y hermana: es venir a la casa de Dios como un lugar de corrección, un lugar donde nos sentamos, y nos alimentamos de la Palabra de Dios, y salimos diferente.
Yo creo que fue en Finlandia, viniendo por la carretera donde nos detuvimos. Y había un grupo de pequeños Finlandeses que habían estado cortando el grano. Y había un… Alguien había salido a llevarles agua para su almuerzo que estaban comiendo debajo de un árbol. Nosotros nos detuvimos y repartimos unos cuantos folletitos, y oramos y empezamos a conversar acerca del Señor. Y diecisiete personas recibieron el Espíritu Santo debajo de ese árbol allí mismo. Y yo… Sólo nos deteníamos y esparcíamos una pequeña verdad del Evangelio y… a gente de corazón hambriento.
Y confiamos que esta convención signifique eso para cada persona que no haya recibido el Espíritu Santo, que ellos lo reciban durante este tiempo.

9 Ahora, deseo tomar como tema en esta noche del Capítulo 19 de Primera de Reyes y las últimas cinco letras, o las últimas cinco palabras, mejor dicho, del—del versículo 9.
¿Qué escuchas, Elías?
Y no nos haría mal hablar con Él otra vez en oración mientras inclinamos nuestros rostros.
Señor, que nuestros corazones estén abiertos en esta noche para oír la Palabra del Señor, y que Tú vengas ahora y nos tomes, y circuncides nuestros labios, y nuestros corazones, nuestros oídos, y permite que el Espíritu Santo hable dentro de nosotros la cosa que Él quiere que nosotros sepamos, para que podamos conocer a Dios, y temer a Dios, y amar a Dios, y servir a Dios con todo lo que está dentro de nosotros; pues Tú conoces nuestra fragilidad y nuestra hechura. Te pedimos que perdones cada pecado que hayamos cometido. Haznos de corazones honestos, Cristianos consagrados, que podamos estar tan saladitos a tal grado que el incrédulo tenga sed de ser como la Iglesia del Dios Viviente. Concédelo, Señor. Háblanos ahora mientras seguimos esperando en Ti. Te lo rogamos en el Nombre de Jesús. Amén.

10 Había sido un día importante para el profeta. Pero él estaba muy cansado. Ese día él se había convertido en uno de los más grandes—más grandes profetas de la época, pues él había hecho uno de los milagros más sobresalientes que se había efectuado. Y francamente, yo no creo que haya habido un tiempo en que Dios haga Su milagro en semejante manera. Pues él estaba cansado, y agotado.
Y por lo regular, cuando eso sucede después de algo grandioso, vigilen al enemigo. Y fue en… Cuando sus nervios estaban todos trastornados, y él ya estaba a punto de caer en una crisis. Fue entonces cuando Jezabel comenzó a molestar.
Y esa es la trampa del diablo. Todos los Cristianos saben eso. Todo hombre o mujer que haya vivido una gran experiencia en Cristo sabe lo cierto que es eso.

11 Fíjense en nuestro Señor. Después de Su gran coronación terrenal, cuando fue bautizado, y Dios (el Espíritu Santo) descendió del Cielo en la forma de paloma y llenó Su Tabernáculo. Luego, inmediatamente fue llevado al desierto por cuarenta días y fue tentado por el diablo.
Y creo que fue Pablo, que después de haber hablado del tercer cielo, inmediatamente hablaba del aguijón que tenía en la carne.
Y la esposa de cualquier ministro sabe que lo debe vigilar el día lunes, si ha tenido un día de éxito el domingo, porque él… Pues es preferible dejarlo dormir, me supongo, el día lunes. Eso sería lo mejor, que duerma bien. Y eso es algo bueno, porque eso fue lo que Dios le permitió a Elías, que durmiera un buen rato.

12 Pero eso nos muestra que cuando Dios está haciendo algo, entonces satanás siempre está presente para estorbar, o derrumbar, o hacer lo que pueda para interrumpir.
Y él estaba bien agotado. Tenía todos los nervios de punta, igual que la gente hoy día. Necesitamos un enebro. Yo le predico a gente cansada, gente nerviosa; oro por gente nerviosa. Y el mundo en que vivimos es nervioso, neurótico y alborotado. Todo el mundo está de punta, como quién dice, o por decirlo así. Es que cualquier cosita les molesta.
El pueblo de Dios es así también. El mundo está así. Todos necesitamos un enebro, un lugar donde descansar: yo confío que esta convención sea un enebro.

13 Las instituciones para dementes se están llenando. Los hospitales se están llenando. Y el crimen juvenil está progresando sin freno. Y estamos viviendo en un tiempo terrible. Y la gente están tratando de opacarlo bebiendo whiskey, u opacarlo jugando barajas, u opacarlo contando chistes. Pero lo que necesitamos es un enebro—un lugar donde podamos estar en silencio delante de Dios.
Ahora, de esto de lo cual queremos hablar hay tres etapas: El Monte Carmelo, el enebro, y la cueva.

14 Los nervios del profeta estaban trastornados, pues él acababa de salir debajo de la unción. Él había estado allí arriba por largo tiempo, y Dios había estado cuidándolo. Me gusta eso. Dios había cuidado a Su siervo; y lo había alimentado con cuervos, y esperó que llegara el tiempo, y le había dado de beber en el arroyo Cherith. Pero ahora, después que el gran milagro había sido efectuado, y Elías estaba saliendo de debajo de la unción, tenía los nervios de punta…
Oh, cómo me compadezco de él. Mi corazón siempre me dolió por Elías cuando pensé en… bajo la unción del Espíritu Santo que hizo caer fuego del cielo, y obró milagros.
Y ellos lo hacen otra vez hoy. Cuando Dios obra milagros, eso no cambia al incrédulo, él simplemente se burla de ello.

15 Elías había hecho estas cosas en el Nombre del Señor, y Jezabel había incluso amenazado quitarle la vida. Ella dijo: “Que sea como uno de los profetas de Baal a los cuales él había matado si ella no le quitaba la cabeza antes de la misma hora al día siguiente”. Eso únicamente alborota al diablo. Y Elías pensó que seguramente esa mujer malvada cambiaría de opinión.
Pero, Uds. saben, Dios sólo llama a cierta gente. Y Jesús dijo: “Ninguno puede venir a Mí si Mi Padre no le trajere primero”.

16 Y a veces nos preguntamos cuando predicamos, y oramos, y ayunamos, y clamamos, y entonces vimos los resultados de un avivamiento. Entonces vemos cómo las ciudades perversas simplemente le dan la espalda y se burlan de ello. Los periódicos lo critican como fanatismo. No piensan que eso es extraño, pues así ha ocurrido en todas las edades. Se van y dicen algún gran nombre vulgar acerca de ellos, o les llaman alguna clase de nombre que no deberían ser llamados. Cualquier cosa para desdeñar las obras de Dios.
Así que la razón que digo esto, es que hombres y mujeres que le creen a Dios, y que han visto las obras de Dios… Y entonces nos preguntamos por qué Chicago no tiene un avivamiento. Esa es la respuesta. Chicago jamás tendrá un avivamiento… O mejor dicho, América jamás tendrá un avivamiento hasta que Dios lo envíe. Y Él ha sacudido esta nación con señales y maravillas y milagros, y ellos constantemente se alejan de ello, y con el mismo motivo que tuvo Jezabel. “Les cortaré la cabeza, cerraré sus iglesias”, si ellos pudieran hacerlo. Pero todavía tenemos derechos constitucionales. La ley mantiene abiertas estas puertas ahorita con derechos constitucionales.

17 Pero Elías estaba cansado, y se estaba sintiendo nostálgico. Y entonces Jezabel hizo esta amenaza que casi lo lanzó a una crisis nerviosa. Vean, algunas personas piensan que los profetas de Dios debieran continuar pegando duro todo el tiempo. Pero Dios quiere que ellos se hagan a un lado.
Saben, algunos de nosotros comemos y comemos, y—y nunca hacemos ejercicios; y otros hacen demasiado ejercicio y no tienen la oportunidad de comer. Nos sentamos en estas convenciones y—y comemos de la Palabra de Dios y de la bondad de Dios, y luego salimos gordos y contentos, y eso—nunca decimos nada al respecto. Pero deberíamos salir y utilizar esa energía y esos testimonios para la gloria del Señor Jesús.
Uds. saben, mucha gente piensa que el profeta debería salir como un—un cohete. Si él sale como un cohete, él caerá pronto como un cohete, también.

18 Hoy yo venía de Jeffersonville, y estaba escuchando la radio, que ellos están tratando de disparar una cápsula espacial o algo, gastando millones de dólares al año para tratar de ganarle a Rusia con el—para llegar a la luna. Con razón somos un montón de neuróticos. ¿Qué negocios tenemos nosotros con la luna cuando podemos—cuidar de lo que tenemos aquí abajo? Nosotros no podemos controlar esto. Pero, ¿ven Uds.?, todo es un movimiento científico. Dios es dejado fuera del cuadro por completo.
El hombre una vez ya intentó construir una torre para alejarse de la tierra. Y Dios sencillamente no les dio ninguna unidad. Y yo pienso que los hombres hoy, que están intentando construir estas torres para llegar a la luna. Ellos están sentados allí ahora con toda clase de conferencias sin nada de unidad. Ellos no pueden hablar el lenguaje del uno al otro.
Hay un solo lenguaje que todos debemos conocer, y ese es lenguaje de Dios. El amor de Dios del uno para el otro, una hermandad entre los hombres. Cuando aprendamos esa clase de torre—esa clase de lenguaje, habrá un torre que bajará de los cielos la cual nos llevará a todos a la gloria; esa será la escalera de Jacob la cual Dios nos dejará a todos subir algún día.

19 Él estaba cansado y agobiado, pero Dios cuidó de Su profeta. Pienso en la bondad amorosa que Dios le mostró a Elías cuando Él lo sacó de debajo del árbol, y éste dejó su… salió de su propia provincia y se fue a la otra provincia, y allí dejó a Su siervo; y luego corrió a la selva, se internó en el desierto en un lugar designado. Yo creo que ese enebro fue puesto allí en el suelo para ese mismísimo propósito.
Dios lo puso allí debajo del enebro y lo puso a dormir para que él descansara un rato. Y luego sabía que él tenía hambre, y lo despertó: Un Ángel lo tocó. Y allí estaba un—unas co—tortas cocinadas y puestas en el rescoldo. Y él comió las tortas, y se volvió a dormir otra vez. Él debe haber estado realmente cansado. Ese avivamiento y esos milagros que había realizado, y lo sobrenatural sobre él, él pues estaba agotado. Y entonces el Ángel lo dejó que durmiera un ratito. Y entonces lo despertó otra vez, y le dijo: “Come un poco más, pues la jornada es muy difícil”.

20 Oh, cuánto necesitamos en esta jornada que estamos viviendo hoy, encontrar un lugar de descanso y alimentarnos de la Palabra de Dios, para que nos dé fortaleza. Noche tras noche, ir al cuarto y descansar, y volver nuevamente a la mañana siguiente, y comer más, pues hay una gran jornada y una gran batalla por delante para la Iglesia. Yo creo que hemos sido niños suficiente tiempo. Dios va a llevar a Su Iglesia a la madurez ahora. Y hemos jugado y jugueteado como niños, pero ahora vamos a tener que dejar las cosas de niños y adoptar la masculinidad: madurez.
Creo que fue Pablo quien dijo: “Cuando era niño, yo hablaba como niño…”, porque él pensaba como niño. Pero es hora que comencemos a pensar como hombres y mujeres ahora, pues tenemos que entrar en seriedad.

21 Y luego encontramos al profeta viniendo a la cueva. Yo me pregunto qué clase de vitaminas había en esas tortas que él comió. Lo mantuvo andando en buenas condiciones durante cuarenta días. ¿No les parece que a los científicos de hoy les gustaría tomar una de esas tortas y examinarlas en el laboratorio para averiguar cuántos químicos había en ella, y cuántas vitaminas? Eso pudo mantener a un hombre con buena fortaleza durante cuarenta días, caminando. Dios todavía tiene un laboratorio lleno de ellas, y ellas son para usos de la jornada.
Y cuando lo hallamos ahora en la cueva, metido allá en una cueva… Y Dios quería hablar con él. Y dice la Biblia que hubo un gran viento fuerte que pasó, y luego un terremoto, y después un—un gran derrumbamiento y una sacudida. Pero Elías se quedó quieto. Y al poco rato, hubo un Silbo apacible que habló. Y Elías reconoció que eso era Dios. Y puso el manto sobre su rostro y salió a encontrarse con Él.
Me pregunto si nosotros, la Iglesia, no ha escuchado demasiados vientos fuertes, y sangre, y relámpagos al grado que fallamos en oír ese Silbo apacible y es tiempo de volver a eso ahora.

22 Aquello nunca conmovió a Elías. Elías era uno de las águilas de Dios. Él estaba sentado allá en la cueva escuchando todas esas cosas pasar. Y sin embargo, Dios estaba haciendo eso, pero él quería algo mejor. Elías era Su águila.
Me gusta ese canto:
Los que esperan en Jehová, sus fuerzas renovarán.
Alzarán alas como el águila.
Y hay allí un cierto verso que dice algo así:
Enséñame, Señor, a esperar cuando los corazones están en llamas,
Permíteme humillar mi orgullo e invocar Tu Nombre;
Enséñame a no confiar en lo que hacen los demás,
Sino esperar en oración por ese silbo apacible de parte Tuya.

23 Nosotros la gente americana, nos gustan las cosas grandes y mucho ruido. Qué diferente. Cómo nos resulta contraproducente. Esto era algo pequeño, una cosa pequeña y callada. Uds. saben, a los americanos les gusta colonizar, cosas grandes, ir con la iglesia grande. Hacer cosas grandes, la multitud más grande, la que pueda llamar más la atención. Sencillamente está dentro de nosotros hacer eso. Pero oh, cómo hemos demostrado que hemos pasado a Dios por alto. Donde hay tanto ruido…
Ahora, yo creo en el ruido. Cierto. Pero eso no es. Elías sabía que Dios hizo el ruido, pero él estaba esperando por algo más. Dios, permíteme esperar.
A mí no me interesa quién tenga el avivamiento más grande, ni quién atraiga la mayor multitud, ni nada acerca de la iglesia más grande, o la denominación más grande. Permítanme esperar hasta que escuche ese Silbo apacible y delicado.
Yo me he preguntado si acaso no hemos tomado tanto tiempo siendo metodista, y bautista, y distintas denominaciones a tal grado que fallamos en escuchar ese Silbo apacible y delicado. Pues vemos nuestras iglesias decayendo, y la hermandad rompiéndose, y las cosas que están aconteciendo; y vemos que algo ha salido mal. Y sin embargo, hemos tenido vientos, y lluvias, e inundaciones, y todo lo demás. Pero ¿en dónde está ese Silbo apacible y delicado?

24 Ellos buscan las cosas grandes, aquel que pueda levantar la carpa más grande, aquel que pueda construir la iglesia más grande. Y el pueblo pentecostal ha llegado a tal lugar. Y si vamos a un servicio y todos no están corriendo por los pasillos, y hablando en lenguas, y saltando sobre los asientos, entonces no tuvimos ninguna reunión. Nos conviene quedarnos quietos y escuchar algo proveniente del cielo: un Silbo apacible y delicado.
Necesitamos enseñanza apostólica, poder apostólico. El poder apostólico no es ruido; es el Espíritu Santo y el amor de Dios que nos hace anhelar a Cristo Jesús.
A la gente le gusta colonizar, formar sectas, tener… formar denominaciones. Ellos entran allí y esconden sus propios pecados. “Yo pertenezco a tal y tal, y yo pertenezco a esta iglesia. Es la iglesia más grande”. A mí no me interesa cuán grande sea, existe una sola cosa que oculta el pecado, y esa es la Sangre de Jesucristo.
Hoy día escuchamos tanto acerca de Dios siendo un Dios bueno. Lo es. Pero Él es también un Dios de ira. Él es un Dios de juicio. Él es un Dios de justicia. Y Su santidad requiere justicia. Le conviene a Dios ser justo, pues Él es santo. Él juzga y condena, igual como bendice.

25 Pero hoy día pensamos que porque pudimos hacer mucho ruido, o formar una denominación grande, o—o hacer algo grande—grande y ruidoso… Salir aquí a la calle y tocar una banda o un tambor, y que mucha gente lo seguirá, porque está haciendo ruido.
Yo creo que Pablo se refirió a eso una vez y dijo: “Como metal que resuena o címbalo que retiñe…” Sí tenemos todas estas cosas pero no tenemos el amor de Dios mezclado con ello, no hay nada en eso. No dejemos esta convención sólo con una reunión pentecostal ordinaria. Dejemos esta convención, si fuera la voluntad de Dios, con tanto amor y poder Divino del Espíritu Santo en nuestra vida, a tal grado que cambie cada motivo que tengamos, y moldee y dé forma a nuestras vidas en la forma de Jesucristo.
Tomen eso, mis hermanos y mis hermanas. Yo amo esta iglesia. La amo tanto que estoy celoso de ella. La gente piensa que yo estoy combatiendo la iglesia. No lo estoy. Yo únicamente estoy procurando apuntar a la Iglesia hacia un secreto que ellos deberían conocer. No andemos tanto en pos de las cosas grandes, porque ellas fallarán. Uds. saben, nosotros miramos las cosas grandes. Pensamos que las cosas grandes hacen el trabajo. Que sí podemos tener unas escuelas grandes y finas… ¿Qué han producido nuestras escuelas este año? ¿Vieron que muchas de nuestras escuelas religiosas están a punto de cerrar por causa de perversiones, de pervertidos? Homosexuales en nuestras escuelas… Lo que la gente necesita hoy no es colonizar y grandes movimientos, necesitamos… Dios quiere individuos.

26 Los hombres tienen temor de hablar; ellos tienen temor de tomar una posición. Ellos tienen algo tras ellos que los respalde, alguna gran denominación, u organización, o algún grupo. Lo que los hombres… Lo que necesita el hombre llamado por Dios es el Espíritu Santo tras él para que lo respalde. Ud. se para solo. Hoy nosotros no lo hacemos. Nos paramos como una organización. Nos paramos como un movimiento. Nos paramos como esto, aquello, o lo otro.
Pero Dios quiere que los hombres sean individuos, como lo fue Elías. Hasta donde él sabía, él era el único que quedaba, pero él se paró firme por los principios correctos. El ruido y las sacudidas no lo molestaron. Él esperó hasta que escuchó un Silbo apacible y delicado, entonces él respondió.
Nosotros podemos tener reuniones a través del país. Podemos tener grandes estadios llenos de gente. Podemos tener todo tipo de cosas aconteciendo. Pero no servirá de nada hasta que Dios hable individualmente al corazón humano, es lo único que cambiará al hombre. Es lo único que lo hará cubrir su propio rostro, y entrar a la Presencia de Dios. La iglesia necesita eso, amigos. Esa es la clase de condición que queremos.

27 Alguien dijo hace algún tiempo, dijo: “Hermano Branham, la única cosa que sucede con sus reuniones”, dijo: “Cuando el Espíritu Santo lo está ungiendo a Ud. y Ud. ve visiones, nosotros entonces le creemos a Ud. Pero oh, esa vieja predicación formal y fría que Ud. tiene…” Bueno, si el Espíritu Santo puede mostrar visiones, es el mismo Espíritu Santo que habla de otra manera.
Dios no lo hará. Nosotros necesitamos corrección. Oh, necesitamos volver, quedarnos quietos y escuchar hasta que algo suceda dentro de nosotros. Que una Voz del cielo hable.
Pero queremos alguna clase de respaldo. Un hombre piensa que porque él llega a ser un ministro, que si él no va a alguna gran organización para que ellos lo respalden, pues, que él entonces no podrá predicar.
Si Dios lo llamó a Ud. a predicar, predique aunque tenga que pararse solo. Predique de todos modos. Dios le habló a Ud. Párese allí y predique. Es su derecho dado por Dios.
Yo preferiría escuchar a un hombre así, que tener todo—que uno que tenga los D.D. y Ph.D. respaldándolo. Eso es lo que ha arruinado a la iglesia hoy. Se fue en pos de clase, y sectas, y sociedades. Esas cosas están bien, pero no pertenecen a la casa de Dios. Dios quiere hombres enviados por Dios, ungidos del cielo que han oído la historia de Dios y sido llenos con Su Espíritu, que se paren sobre las convicciones de su corazón.

28 Miren a Elías. Miren a Eliseo el cual lo siguió. Miren a Juan el bautista en su día. Miren a Pablo. Todos lo habían desamparado, y él aún se mantuvo firme pues él se había encontrado con Dios. Él oyó una Voz hablándole un día.
Miren a Juan Wesley, Martín Lutero, Calvino. Hombres que alguna vez han hecho algo para Dios, han sido hombres que han escuchado a Dios y se pararon en sus convicciones, escucharon y esperaron. No importa lo que dicen los demás, ellos esperan hasta que oyen a Dios. Los grandes avivamientos están aconteciendo. Parece como que estos vientos recios y torres poderosas y todo esto aconteciendo; pero ellos esperan. Las águilas de Dios siempre esperan, hasta que ellos escuchan esa Voz que les habla.

29 Uds. saben, las cosas grandes no hacen mucho ruido. ¿Alguna vez pensaron en eso? Pues, Uds. saben, el sol puede atraer diez millones de barriles de agua con menos ruido del que nosotros podemos sacar un vaso de agua con una bomba. Las cosas grandes generalmente se mueven silenciosamente. ¿Alguna vez oyó Ud. a los planetas girando alrededor el uno del otro? No, pero ¿cuán grande es? ¿Alguna vez escuchó Ud. el alba romper? Y sin embargo éste disipa todas las tinieblas. Y es tan silencioso; ni siquiera nos despierta a nosotros. Pero disipa toda la noche.
Lo que la iglesia pentecostal necesita hoy, es un amanecer, posicionada este día, y quedarse quietos hasta cuando Dios entre en sus corazones, y haga huir la noche. Nosotros pensamos que si la noche ha sido esparcida, y aparece un poco de oscuridad en algún lugar, que entonces tenemos que hacer pedazos de la ciudad. No tenemos que hacer pedazos de la ciudad: “Estad quietos”, dijo Él, “Y conoced que Yo soy Dios”. Le dijo a Moisés, le ordenó que se quedara quieto: “Observen y vean lo que Yo haré”.
Lo que necesitamos, hermanos, es que hemos corrido delante de la carreta… hemos puesto la carreta delante del caballo.

30 Como mensajero un que corrió una vez. Él oyó algo y salió corriendo. Pero cuando llegó allí, él no tenía nada que decir cuando llegó allá. Yo pienso que en gran parte ese es el problema hoy. Hemos escuchado mucho bullicio y salimos corriendo. Ahora, pero no sabemos por qué estamos corriendo. Esperemos hasta oír de Dios, hasta que Dios le hable al corazón y así entonces tenemos un mensaje, algo que ese Silbo apacible y delicado ha cambiado cada fibra de nosotros.
Si las iglesias, y los laicos, y los ministros, y los sacerdotes en esta noche, esperaran en Dios en su cueva en alguna parte hasta que eso sucediera, todas la barreras denominacionales serían derribadas, y los hombres serían hermanos. Sí.
Estamos nerviosos y molestos. Ellos aún son pueblo de Dios, al igual que Elías era el pueblo de Dios pero él necesitaba una experiencia de la cueva.

31 ¿Alguna vez se ha fijado que no es el pequeño arroyo que refleja las estrellas, haciendo mucho ruido; sino que es el estanque pequeño y tranquilo que refleja las estrellas? Y muchas veces hemos confiado demasiado en el arroyo. Yo creo que el arroyo tiene agua en él. Pero ¿saben qué es lo que lo hace moverse? Es porque es superficial. Es cierto.
Recuerdo que una vez, mi papá y yo fuimos al campo a buscar alimentos en el campo, en una carreta. No sé cuántos de Uds. muchachos aquí se criaron en una granja. Pero teníamos esa carreta y la llevábamos allá. Y cada huequito que pegaba, era un tremendo ruido y nos lanzaba para todos lados. Y hacía el ruido más terrible que yo había escuchado. Pero la cargamos con tantas cosas buenas de la granja como pudimos, y regresamos pasando por esos mismos baches y no hizo nada de ruido. Estaba cargada.

32 Lo que necesitamos esta noche es ser cargados, llenos con el Poder y amor Divino de Dios, esperando hasta que ese Silbo apacible y delicado se encuentre con nosotros. En esta convención, esperemos hasta que escuchemos Su Voz. Ese es un reto para nosotros. Esperar hasta que sepamos lo que estamos haciendo. Espere hasta que Su Voz hable, y entonces sabremos en qué dirección ir. Eso debería… Me trae convicción a mí.
Alguien dice: “Bueno, mire, hermano Branham. Vea Ud., si la multitud está corriendo, pues yo… ¿No piensa Ud. que nosotros deberíamos ir con ellos?”
“Esperen en Dios”.
“¿Debería yo unirme a esta iglesia?”
“Espere en Dios”. ¿Ve?
“¿Piensa Ud. que si ellos están llevando a cabo un avivamiento por acá…?”
“Ud. espere en Dios”. ¿Ve? Lo que Dios diga… Permita… Espere hasta que Dios hable, entonces Ud. puede hablar. Ud. entonces tiene un mensaje. Oh, Ud. pudiera entrar al agua y saltar alrededor, hacer bastante ruido, pero espere en Dios.

33 ¿Qué haces aquí? ¿Qué oyes en todas estas cosas que están ocurriendo? ¿Qué has oído en ello? Nosotros hemos escuchado confusiones; hemos escuchado altibajos. Y hemos organizado varias organizaciones diferentes; hemos hecho grandes cosas así. Pero ¿a dónde está Dios en la cosa entera?
Necesitamos hombres que estén ungidos, hombres que sepan en dónde están parados, hombres que se hayan encontrado cara a cara con Dios y hablado con Él. “Vosotros sois Mis testigos, después que el Espíritu Santo haya venido sobre Uds. Las cosas que Yo hago vosotros también las haréis, después que el Espíritu Santo haya venido sobre vosotros. Uds. serán Mis testigos. Estas señales seguirán a los que creen”. Nosotros queremos esperar.
Jesús les dijo después que ellos habían estado con Él… Oh, ellos pensaron… ellos salieron y volvieron regocijándose de que los demonios se sujetaban a ellos; Él dijo: “Uds. todavía no están listos. Vayan a Jerusalén y esperen hasta que seáis llenos”. Pero Uds. hacen demasiado ruido, y lo que tienen es puro vapor, y más nada; se saldrá por el silbato, y entonces no tendrán nada de vapor para hacer rodar las—las ruedas.

34 Podemos testificar y saltar y brincar, y cantar, y todo lo demás así. Pero hasta que Dios nos lleve a tal condición, al grado en que podamos reconocernos el uno al otro como hermanos, y hasta que toda malicia, envidia, contienda y todo eso haya salido de nosotros, nuestro saltar, gritar, alabar a Dios, organizar, hablar en lenguas, y sanar a los enfermos, y obrar milagros, y todo lo demás jamás servirá de nada. Regresemos y esperemos en la cueva hasta que escuchemos ese Silbo apacible y delicado que nos llame al servicio de Dios. Oh, cuánto lo necesitamos, cuánto lo necesita el mundo. Necesitamos eso. Dios lo proveerá.

35 Ud. dice: “Bueno, hermano Branham, si todos ellos van a… ¿Qué de mí si—si todos ellos salen en pos de este movimiento, y salen en pos de aquél movimiento…?” Ud. salga en pos de Cristo. Simplemente espere un rato.
Uds. saben, nosotros tenemos aves. Y algunas de ellas son aves migratorias. Algunas de ellas, tan pronto llega la primera brisa fría, ellas se van al sur tan pronto como pueden. Pero hay algunas de ellas que se quedan aquí. Bueno, un ave dirá…?… “Vale más que vengas y te unas, las lombrices están mejor aquí”. Pero de alguna forma u otra, esa que se queda aquí, Dios la alimenta durante el invierno igual que alimenta a la otra allá. Dios siempre hace una manera para Ud. Eso es correcto. Y está comprobado que el ave que se queda en casa es un ave más saludable y fuerte que el que se va al sur.

36 Nosotros no tenemos que preocuparnos. Uds. se olvidan de que existe un Dios. Todos nosotros nos inquietamos y pensamos: “Oh bueno, si no puedo hacer esto, si no puedo actuar así, y si no puedo unirme a ésta…” Quédese quieto y espere que Dios le hable. Esa es la cosa. Digamos que por ejemplo…
¿Qué si—qué si el conejo… qué si él tuviera que dar saltos desde el norte hasta Florida para vivir? Pues, él nunca—él nunca llegaría con esos brincos que da. Pero, ¿qué tal si alguien le dijera: “Espera, vamos a mirar esto en forma científica. Si tú te quedas aquí, van a haber treinta pies de nieve. Tú te quedarás atrapado debajo de esa nieve y te asfixiarás”.
Uds. saben, el conejo simplemente sobrevive adónde él está, y Dios le hace un par de zapatos para andar en la nieve y éste salta allí, y él simplemente salta por encima de la nieve. Porque algo le dice: “Quédate aquí y espera”. Él todavía no tiene zapatos, pero Dios proveerá los zapatos, si él simplemente espera. El conejo zapato de nieve danza alrededor en la superficie del suelo comiendo los retoños finos y tiernos de la capa de los árboles y se queda en casa. Cierto.

37 ¿Qué de un venadito, ese venadito tendría que correr a través de Chicago, y fuera a meterse a esta carretera por aquí, y siguieras hasta Florida tan rápido como pudiera? Bueno, él estaría en peligro. Dios sabe eso. Así que Él simplemente lo hace a él sentirse satisfecho así como él es, y le da dos pezuñitas afiladas. Y él excava a través de esos treinta pies de nieve, y se come el musgo del suelo, y engorda tanto como puede durante el invierno. ¿Lo ven? Dios cuida de él.
¿Y qué del pobre oso, tan torpe como él es, qué si Dios… Qué si alguien dice: “¿Qué tal si Dios hiciera que te crecieran unos zapatos para andar en la nieve, muchacho, qué harías tú con ellos? Pues, tú eres tan pesado que te hundirías en el suelo de todos modos”. Él no se preocupa. Hay algo que le dice que simplemente espere. Cuando llegue el tiempo del invierno, Dios se encargará de la situación. Él no tiene que ponerse a brincar y estar todo frustrado y decir: “Oh, vaya, todos los pájaros se están yendo al sur. Será mejor que yo lo intente”. Pues, él se mataría a sí mismo, o alguien lo mataría a él en el trayecto.

38 Eso es lo que las iglesias tratan de hacer, tratan de copiar e imitar, unirse a algo, correr en pos de esto, aquello, o lo otro. Espere en el Señor. Él proveerá para Ud. ¿Qué escucha Ud.? ¿Puede oír la Voz?
Ese oso oye la Voz de Dios. A él no le crecen ningunos zapatos para andar en la nieve. Pero ¿qué hace él? Simplemente sale y se acuesta, y se echa allí y duerme un buen rato, todo el invierno. Que los demás corran de acá para allá si así lo desean, él simplemente toma una buena siesta durante el invierno. ¿Por qué? Dios hace una manera para él. Él escucha. La naturaleza habla.

39 Esa osa madre se aparea en octubre. Ella va y se acuesta. Ella no despertará más sino hasta mediado de mayo. Esos cachorritos nacen en febrero. ¿Qué si la osa madre dijera: “Ahora, espera un momento. Mis cachorritos van a nacer; pasarán tres meses antes de que yo los vea”. Los pequeñitos nacen, así como una rata pequeña, unos animalitos pequeñitos, desnudos, como una rata pequeña joven. Bueno, ¿cómo encontrarían estos pequeños alguna vez un lugar, y pues cómo serán alimentados?
Ella no se preocupa por eso. Ella sabe que… algo le dice a ella que Dios se encargará de eso. Cuando esas pequeñas ratas—animales nacen en febrero, con todo ese clima frío, debajo de los montones de nieve, algo hace que el animalito se ponga de pie, se acerque a su madre, se le pegue a la ubre, y empiece a amamantarse, y se queda allí mismo, y se amamanta por tres meses. Y cuando la mamá despierta, ella dice: “Buenos días, hijos”, toma un paseíto, y sigue.
Ella no se preocupa por irse al sur. Ella no se preocupa de que tenga que tener al doctor allí para cuidar de todos esos niños y demás cuando ellos nazcan. Ella simplemente duerme un buen rato. Amén. Si la iglesia únicamente pudiera encontrar ese mismo sentido que tiene el oso para esperar en Dios…

40 El General Byrd, cuando él estaba haciendo su expedición al polo sur. Él pensó que su gente—los amigos que estaban con él necesitarían leche fresca. Así que él se llevaba un pequeño hato de ganado con él, buenas vacas lecheras, para que ellos pudieran tener leche allá en la zona fría, el Antártico. Así que, él dijo: “Bueno, nos llevaremos una vacas”. Y se pusieron a pensar: “Si nosotros cambiamos estas vacas de aquí de la zona templada a la zona fría, esas vacas contraerán pulmonía y morirán, si las llevamos para allá”. Así que, fueron y fabricaron muchos abrigos, abrigos grandes de pieles y se los pusieron a estas vacas. Pero ¿Saben qué? Cuando ellos llegaron allá, se dieron cuenta que no los necesitaban. Dios había hecho que les creciera un pelo largo, y por lo tanto no necesitaban vestiduras hechas por el hombre.
Allí es donde está la iglesia hoy. A mí no me importa si Ud. es echado allá afuera en la calle con una cacerola de hojalata en la mano… O si Ud. lo que tiene en la mano es un pandero, si es un obrero de misiones, no quiera Ud. ser un Billy Granham o un Oral Roberts. Espere en el Señor. Él proveerá todo lo que Ud. necesita. Espere hasta que escuche ese Silbo apacible y delicado. Eso es lo que necesitamos. Esperar.

41 ¿Qué escuchas tú? ¿Qué oyes? ¿Y qué has escuchado a través de los años? Nosotros hemos tenido milagros. Hemos tenido cosas en las que Dios ha hecho que los hombres esperen. Él ha obrado milagros. Eso jamás cambió el país. Ellos todavía… El pecado está en aumento más que antes, y entró directamente por las puertas de la iglesia y la ha destrozado. ¿Qué hicieron nuestros milagros? ¿Qué hicieron nuestras campañas de sanidad? Yo creo en sanidad Divina. Seguro. Pero Uds. nunca pueden enfatizar algo de menor importancia. La sanidad Divina es algo menor. Nunca podríamos enfatizar esas cosas.
La Iglesia debería estar en la madurez. Hemos tenido vientos recios, y hemos tenido toda clase de sensaciones. Pero ¿en dónde está la iglesia? ¿En dónde estamos nosotros hoy? Aún hay más denominaciones creciendo cada día, y colonizando, y de todo, y aún siguen siendo los mismos hombres.
Lo que necesitamos es esperar hasta escuchar la Voz de Dios como individuos. Cada hombre y mujer en esta convención… No importa si Jim Jones y el resto de ellos que están con Ud., si ellos no lo hacen, Ud. hágalo de todos modos. Métase en una cueva y espere allí hasta que Dios le hable. No se mueva. Él lo hará.

42 Un mensaje que si el Señor lo permite, yo… Él me dió en mi tabernáculo hace unas noches, y… cuando regresé de California. Y yo estaba hablando sobre ello, de lo que era el nuevo nacimiento. Y prediqué hasta cierto punto en que caí bajo convicción. Al día siguiente salí para mi cueva.
Hay una señora que le habló a uno de mis asociados aquí, el Sr. Mercier, allá en el campo. Yo había estado de pesca con su esposo. El hermano Bosworth me había contado un pequeño chiste. Yo se lo conté al esposo de ella. Era una cosita sencilla. Pero ello… Yo… tan sencillo como… Yo dije: “Un muchachito estaba parado, mirando dentro de la cuna donde estaba su hermanito, el cual había nacido un par de días antes de eso. Y sus piecitos estaban estirados hacia arriba, y sus encías colgando hacia arriba así, y él estaba berreando y armando un alboroto. Y la madrecita miró al niñito que estaba parado allí, y éste dijo: Mamá, ¿tú dijiste que este bebé vino del cielo?”
Dijo: “Sí, hijo”.
Dijo: “Bueno, con razón lo echaron fuera”.

43 Bueno, eso para mí fue sólo un pequeño chiste. Pero yo se lo conté a un hombre, y éste fue y se lo contó a su esposa, y su esposa dijo: “¿Quieres decir que el hermano Branham contaría un chiste?”
Bueno, ¿ven Uds.? Estuvo mal que yo lo hiciera. Seguro que sí. A nosotros a veces se nos pasan por alto las cosas. Pablo dijo: “Si el comer carne hace tropezar a mi hermano, no comeré más carne mientras el mundo permanezca”.
Bueno, el hombre trató de justificar el asunto, dijo: “En las reuniones del hermano Branham”, dijo, “Él se pone tan nervioso, y bajo la unción, y viendo visiones y cosas, al grado que él tiene que relajarse”.
Ella dijo: “Pero Ud. no es el hermano Branham, y Ud. no tiene esa clase de reunión”.
¿Ven Uds.?, eso pone una piedra de tropiezo. Tenemos que vigilar lo que estamos haciendo. Y Dios no va a juzgar por la manera en que actuamos y por lo que hacemos. A mí no me importa si tenemos vientos fuertes y poderosos, y sanamos enfermos y lo demás. Jesús dijo: “Muchos vendrán a Mí en aquel día y dirán: ”¿No he echado fuera demonios en Tu Nombre? ¿No he hecho muchas obras poderosas?“ y Él dirá: ”Apartaos de Mí, obradores de iniquidad, Yo ni siquiera los conocí“.
Yo no deseo pararme con ese grupo. Si hay alguna cosa en mi corazón, yo quiero ser honesto cuando me pare delante de Dios.

44 Eso me reprendió. Luego cuando estaba predicando… Yo he estado bajo una investigación de impuestos por mi iglesia, y por mis compañeros. [Espacio en blanco en la cinta—Ed.]… me puso en una sudadera. Y por casi seis meses, yo casi tuve que desenterrar la partida de nacimiento de mi abuela, para el gobierno. Y estos contrabandistas y fabricantes ilegales de licor y demás se salen con la suya, y apostadores y gente fabricante de cigarrillos, y…
Y Uds. fumadores de cigarrillos: ¿no les da vergüenza? ¿No vieron Uds. en la, creo yo, Revista “Selecciones”? Yo quizás no tenga la cifra correcta pero creo que son ciento treinta y tres mil que van a morir este año por fumar cigarrillos. Y eso… la mayoría… El noventa por ciento de eso son gente que supuestamente asiste a la iglesia. ¿Cuál es el problema? Hemos caído en alguna parte.

45 El domingo yo iba por la calle. Y había un predicador parado allí orando en un… Más debajo de donde yo vivo, hay un… Ellos habían formado una pequeña liga, digamos para tomar los—los muchachos y darles una liga de beisbol. Y ellos tenían a un predicador parado allí bendiciendo el terreno.
Cuando yo tenía diecisiete años de edad, yo era un jovencito muy activo. Yo tenía mi puesto, y estaba jugando para la iglesia metodista en un—en la liga de una iglesia. Y cualquier muchacho que aun jugaba beisbol los domingos no podía jugar con las iglesias. Y ahora, aquí están parados esos mismos predicadores, bendiciendo el lugar. ¿Qué ha sucedido de alguna manera?
¿Nos han llevado a algún lado nuestros vientos recios y fuertes? ¿No ha llevado a alguna parte nuestro trueno, y relámpago, y sangre, y todo lo demás? ¿Nos ha hecho más dulces y humildes delante de Dios? Necesitamos volver a la Presencia de Dios nuevamente. Exactamente correcto. Es que nos volvemos tan sueltos y confiamos en asociaciones y cosas. Volvámonos a Dios.

46 Yo me sentí reprendido parado allí en el púlpito. Voy a confesarlo aquí mismo, pues ya me ha perdonado. Yo estaba comiendo mi almuerzo, y sonó el teléfono. Era un número privado, y nosotros tenemos una contestadora. Y—y el teléfono sonó. Y yo pensé que quizás era alguien que me conocía. Y mi esposa entró, y puso su mano sobre el teléfono. Dijo: “Son esos agentes del gobierno otra vez…”
Oh, parecía que la cabeza me iba a estallar. Yo estaba tan nervioso y preocupado. Tuve que desenterrar esto, y desenterrar aquello, y así todo enredado, y luego en la iglesia que los diáconos hagan una cosa y los síndicos otra cosa. Yo estaba tan cansado. Y ¿saben lo que hice? Yo dije: “Diles que no estoy aquí en este momento”. Y salí de la casa y me fui a la parte trasera de la casa.
Cuando entré de nuevo, mi esposa me miró, y ella es un amor. Ella dijo: “Billy, ¿estuvo eso exactamente correcto?”
Yo dije: “Claro que sí. Yo no estaba aquí adentro, en ese momento”. ¿Ven Uds.?, algunas veces uno actúa como si es la verdad cuando todavía es una mentira. Dios no quiere que nosotros mintamos, o que digamos mentiritas blancas, o que andemos con evasivas. Todo tiene que estar correcto y bien alineado. Eso me redarguyó. Yo pensé al respecto toda la tarde. Yo fui a orar por alguien pero no pude orar por ellos.

47 Escuchen por un momento. “Si nuestro corazón no nos reprende…” Pero si hay algo en su corazón que lo condena, vale más que enmiende esa cosa. A mí no me importa que Ud…. Ud.—Ud. simplemente no puede operar bien. El Espíritu Santo no puede lidiar con Ud. cuando Ud. tiene prejuicio, y egoísmo, y todas esas cosas en Ud., el Espíritu Santo nunca lo puede bendecir a Ud. Ud. pudiera recibir algunas emociones intelectuales, algún entusiasmo.
Permítanme explicarles algo. Por ejemplo, cuando una—una mujer se casa, y ella teme que no va a tener un bebé, ella no lo tendrá. No. Pero dejen que vaya y adopte un bebé, y entonces ella tendrá uno. Ahora, las estadísticas muestran que nueve de cada diez hará eso. ¿Por qué? Su cuerpo entra en la emoción correcta. Ahora, vean Uds. si… Pregúntele a su doctor si eso no es correcto. ¿Por qué? Eso la pone a ella en la actitud correcta.

48 Job dijo: “Las cosas que yo más temía han venido sobre mí”. Vean, Uds. no… Uds. quieren estar por encima de todo, donde no hay condenación ni nada en Uds. Uds. tienen que vivir como verdaderos Cristianos. Vivan en la Presencia de Dios. Vivan diariamente, a cada hora, momento a momento. No digan nada, no hagan nada, no vayan a ninguna parte. Todo lo que Uds. hagan, permitan que sea como Cristo, todas sus acciones. Dios nos demanda que nos abstengamos absolutamente de todas las cosas del mundo: separación. El mundo desea mezcladores.
Ellos irán a bañarse en la playa, o tendrán juego de barajas en el sótano, bunco en la iglesia. Déjeme decirles: Dios quiere separadores que separarán a hombres y mujeres del pecado. Escuchen. Eso condena.

49 Permítanme mostrarles algo. Digamos que por ejemplo, en este momento… Ahora mismo son un cuarto para las diez en mi hora. ¿Qué si Joseph aquí, lo cual yo sé que no lo haría, pero qué si dentro de una semana él sería… él estuviera… Bueno, que él no fuera Cristiano, y él—él quisiera defender a un amigo suyo. Y entonces él tratara de decir que él estaba en Philadelphia en este momento, la noche del jueves ocho, o diez, o lo que fuera: nueve. El nueve de Junio a un cuarto para las diez él estuviera en Philadelphia, porque él tiene que defender a ese amigo. Muy bien, ellos toman su palabra al respecto. Él dice: “Yo juro solemnemente”.
Vean, él puede decir eso intelectualmente. Pero en lo profundo de su alma, él sabe que está mal. Así que ellos lo someten a juicio. Y ellos le preguntan: “Sr. Boze, ¿Jura Ud. solemnemente que Ud. estaba en Philadelphia en cierto y determinado lugar el jueves en la noche, el—el nueve de Junio de 1959?”
“Yo juro solemnemente que yo estaba aquí mismo con mi amigo, aquí mismo en cierto y determinado lugar”.
Dice: “Vayan y busquen el detector de mentira y sujétenselo de sus muñecas”. Le dice: “Sr. Boze, ¿levantará Ud. sus manos y jurará eso?”
Él dice: “Ahora, yo tengo que hacer que se vea bien”. Él puede mostrar una carota. “Sí, señor, mi excelentísimo amigo. Yo juro solemnemente aquí, que yo estaba en cierto y determinado lugar aquí en Philadelphia esa noche”.
Y ese detector de mentira estaba diciendo: “El está diciendo una mentira”. ¿Por qué? Intelectualmente, él estaba tratando de hacer que se mirara bien; él estaba hablando correctamente. Pero su corazón dice: “No”. Eso es su alma. Allí es donde Dios vive.
El hombre no fue hecho para decir una mentira. El hombre fue hecho para decir la verdad. Y si Ud. no puede desechar un viejo prejuicio y egoísmo, ¿cómo espera Ud. que Dios alguna vez conteste la oración? Oh, Ud. pudiera hablar en lenguas, y saltar sobre los asientos, y gritar, y golpear los panderos, y hablar de su vecino allá afuera. Nunca espere Ud. que Dios le conteste la oración. Oh, sí, eso es correcto.

50 Así que, cuando yo empecé a orar por un bebé enfermo, fui a poner mis manos sobre él, y el Espíritu Santo dijo: “¿Qué tal aquello de que tú no estabas en la casa?” Yo… ¿Ven Uds.?, si hay una vibración… Si hay algo al imponer las manos… Si uno no está bien con Dios, y—y hay una reprensión allí, uno sabe en su propio corazón que Dios no le va a responder. Ahora, esa es la verdad, mis hermanos.
Bueno, yo me sentí tan reprendido que ya no quise nada más de ello. Cerré la puerta y me fui a mi cueva. Todos Uds. saben que yo tengo una cueva. Y me quedé allí en esa cueva. Yo oré; lloré. Yo dije: “Dios, hay gente enferma viniendo. Siento mucho que dije eso. No solamente mentí sino que hice que mi esposa mintiera. Ella dijo que yo no estaba allí dentro. Ella no lo habría dicho por nada, si yo no le hubiera dicho que lo hiciera”. Y yo estaba muy frustrado.
Nosotros no necesitamos estar frustrados por nada. Si Dios está con nosotros, ¿quién puede estar contra nosotros? Ud. no tiene que poner nada en la oscuridad, nada que sea sospechoso. Párese allí y sea veraz.

51 Y si Ud. sabe que debería nacer de nuevo y ser lleno del Espíritu Santo, y tener una experiencia como la que ellos tuvieron el día de pentecostés, pero Ud. permite que alguna iglesia lo esconda detrás de algo que Ud. sabe que es la verdad, nunca espere Ud. que Dios conteste su oración. Él no lo hará. Eso es correcto.
“Mi iglesia no habla, y mi iglesia no…” A mí no me importa lo que crea la iglesia; es lo que dice Dios. Ud. sabe que tiene que nacer de nuevo, y Ud. tiene que ser como Cristo. Y si Ud. todavía no tiene esa experiencia, y toda condenación del mundo y demás cosas no se han ido de Ud.; regrese a la cueva o al enebro rápidamente, y métase a la cueva tan pronto pueda, y escuche y vea qué puede oír. Ud. oirá algo más que un viento recio. Oirá algo más que una sensación, o una sanidad Divina, o una sangre, y Fuego, y humo, o lo que sea que ellos tienen, todas estas cosas aconteciendo, o una iglesia grande, o unirse a esto, o llamar a una secta o algo a lo cual unirse, o una gran organización; Ud. oirá una Voz que le hablará. Ud. oirá a Dios descender dentro de esa alma y hacerle confesar todo, e ir a enmendarlo.

52 Para terminar, quiero decirles lo que sucedió. Yo nunca he dicho lo que sucedió. No lo diré, porque satanás no puede captarlo mientras que esté en mi corazón. Dios vive allí. Pero si lo digo, él oirá, y bloqueará todos los caminos. Ese ha sido mi problema. Yo he amado tanto a la gente a tal grado que les digo todo y dejo que salga. Pero esta vez, me lo estoy reservando. Ahora, Uds. no saben nada acerca de ello. Sucederá. Con la primera cosa Uds. lo verán.
Y yo había estado por allá orando. Yo dije: “Dios, yo ni siquiera soy digno de ser Tu siervo. Yo, parándome allí con un hombre a quién amo, y luego contarle un chiste que pondría una piedra de tropiezo en su camino. Y sin embargo, yo estoy en contra del chistear. Esas cositas, yo pensaba… Yo simplemente me estaba relajando. Nosotros estábamos pescando. Yo dije: ”¿Sabes lo que el hermano Bosworth me dijo?“ Y él—yo le conté a él ese pequeño chiste. Vean, eso redundó en mí. ¿Por qué? Dios ya me estaba preparando en ese momento para sacar esa cosa de mí.
Uno tiene que serlo si va a orar por los enfermos y poner sus manos sobre—sobre, es un detector de mentiras, eso detectará y lo hará decir la verdad, ya que dirá si Ud. está mintiendo. Si Ud. está mintiendo, ¿de qué le sirve a Ud. poner las manos sobre los enfermos y pedir por sanidad? Uds. tienen que ser honestos, amigos. Eso es correcto.

53 Me da vergüenza decirlo delante de la iglesia, pero lo hice. Y entonces cuando Dios me perdonó… Y yo había estado allí dentro llorando un ratito. Entré allí a esa vieja cueva con todos mis muebles allí. Yo nunca puse nada de eso allí. Yo simplemente encontré la cueva. Los agentes federales jamás me encontrarían allí. No, ellos… Yo subía por arroyos, y por valles, y cruzaba riachuelos; ellos—ellos nunca la encontrarían. Uno tiene que venir por un árbol, bajar en árbol, estaba debajo de las raíces, y así entrar a la cueva. Y allí dentro hay un altar, un riel, una cruz hecha de—de piedra, una losa grande. Cómo es que fue cortada, yo no puedo decirles. Y hay dos pedazos puestos allí para formar la cruz, un sitio para yo acostarme, un hueco en la roca como así. Tan perfecto como puede ser. Yo voy a orar allí. Y luego después de que – mis pecados yo sabía que me habían sido perdonados, salí a la hacia afuera. Yo siempre… A medida que entran en la hendidura en la cueva, hay una gran roca grande, casi la mitad de grande… Oh, es dos o hasta tres veces del tamaño de eso, como del alto de ese piano allí. Y yo me paro sobre esa roca, y miro siempre hacia el este. Hay una gran región montañosa así. Y yo miré hacia el este, y me paré allí sobre esta roca justo enfrente de mi cueva, y adoré al Señor.

54 Oh, yo simplemente lo adoré a Él hasta que lloré. Eran las tres de la tarde. Yo estaba parado allí afuera, y dije: “Dios, perdóname. No me importa si me cuesta la vida”. Yo dije: “Perdónala a ella. Yo fui el culpable de que ella lo dijera, Señor. Ella no lo hubiera dicho. Pero yo no debí haber dicho eso. Yo debo vivir mejor que eso, saliendo aquí a orar por Tus hijos enfermos, poniendo las manos sobre ellos. Tú me reprendiste, y yo sabía que Tú no me ibas a contestar, hasta que ese pecado fuera confesado y enmendado”.
Y yo llamé al hombre y enmendé la cosa. Dije: “Yo mentí. Hice que mi esposa mintiera. Perdóneme por eso. Mi esposa dijo…”
Está bien, reverendo Branham. Me imagino que Ud. está muy nervioso“.
Yo dije: “Sentía como que la cabeza me iba a explotar. Pero eso no es excusa. No me da derecho a mentir. Yo debo decir la verdad, sin importar cuánto duela”.

55 Entonces ¿qué? Yo me paré allí y estaba llorando. Y dije algo así, yo dije: “Señor, una vez Moisés quería saber cómo eras Tú. Y Tú lo llevaste a una hendidura en la roca, y lo escondiste allí. Y cuando Tú pasaste por allí, Moisés dijo que se veía como la espalda de un Hombre”.
El follaje es muy denso. El sol estaba descendiendo a lo largo de—detrás de mí así, y yo miraba hacia el este. Tenía mis manos levantadas, tan quieto a más no poder. Y me fijé que allí en los arbustos empezó a soplar un vientecito. Bajó por los arbustos, y pasó frente a la cueva junto a mí, y siguió por el lado. Yo nunca olvidaré aquello mientras viva.
Oh, Dios, permíteme quedarme quieto. Escóndeme en la hendidura de la roca, Señor. Yo quiero escuchar ese Silbo apacible y delicado.

56 Cuando supe que había sido perdonado, yo vi esas hojas moverse, y ese vientecito, no un viento soplando en todas partes, sólo un vientecito, como el que yo escuché cuando era un muchachito, en los arbustos. Uno tiene… Ese viento bajó a un lado y fue… iba pasando muy suavemente, pasó cerca de donde yo estaba así, y…?… las hojas se estaban moviendo, pasó al lado de la cueva y bajó. ¿Qué significaba eso para mí? Era aquel mismo viento cuando yo tenía siete años de edad, acarreando agua para el alambique. Se encontró conmigo allá en el arbusto aquel día, sopló en esos arbustos y dijo: “Nunca fumes, bebas, ni deshonres tu cuerpo en ninguna manera. Hay una obra para ti cuando tengas mayor edad”.

57 Hermano, ¿qué escucha Ud. en todo esto? ¿Está Ud….? ¿Escucha Ud. bastante ruido como para formar una organización? ¿Quiere Ud. usar un saco eclesiástico? O ¿desea Ud. esperar por ese Silbo apacible y delicado que crecerá y le hará lo que Ud. debería de ser, le hará un verdadero Cristiano? Piénselo. ¿Qué escuchas, Elías? ¿Qué escuchas, Chicago? Esperemos por el Silbo apacible y delicado en esta convención.
Inclinemos nuestros rostros ahora por un momento. Me pregunto si los miembros del cuerpo de Cristo que están aquí esta noche… Miren, deténganse por un momento y piensen. Ud. miembro de iglesia, Uds. que son miembros del cuerpo de Cristo, sin importar a qué iglesia asisten… Eso nada tiene que ver con ello, pues hay corrupción en todos ellos, al igual que hay en la ciudad. Pero ¿a cuántos les gustaría decir: “Dios, en cuanto a mí, durante el tiempo de esta convención, yo quiero esconder mi alma en la hendidura de la roca. Yo voy a esperar allí hasta escuchar un Silbo apacible y delicado que me unja, y me haga un verdadero testigo para Ti, que me dé tal amor, tal nacimiento…”
Ahora, con cada rostro inclinado y todos los ojos cerrados, estos son laicos y miembros de iglesia, ¿levantaría Ud. su mano y dirá: “Dios, acuérdate de mí. Ponme en la hendidura, y háblame en un Silbo apacible y delicado. Yo he escuchado los vientos recios; he escuchado los truenos, los relámpagos, los… Pero yo quiero escuchar un Silbo apacible y delicado que me ungirá y me enviará a mi puesto del deber como una persona diferente”. Dios les bendiga. Hay el noventa por ciento de esta audiencia con sus manos levantadas.

58 Oremos. Oh Señor, aquí están ellos. Perdóname, Señor; no fue mi intención decirlo de esa manera. Aquí estamos nosotros, Señor. Tan cierto como estoy parado aquí, Dios, yo creo que Tú estás llamando a Tu Iglesia a una cueva ahora para hablarles. Y Señor, no tiene que ser necesariamente una—una cueva hecha, como en la que se escondió el profeta; pero puede ser una cuevita en nuestra memoria; puede ser una cueva en nuestra alma donde podemos meternos, detenernos, y tomar inventario, mirar alrededor, y luego escuchar para ver qué podemos oír. Y hemos escuchado el viento, y estamos agradecidos por ello. Hemos escuchado los vientos recios; y hemos escuchado los grandes avivamientos; y hemos visto los milagros del Monte Carmelo; y hemos visto la derrota. Y Señor, estamos cansados en esta noche. Estamos nerviosos. Te necesitamos. Estamos aquí debajo del enebro. Aliméntanos de Tu Palabra, Señor: Tu Palabra es la Verdad. Entonces llévanos desde aquí, en este momento, Señor, a la cueva, y permítenos escondernos allí en la hendidura de la roca, hasta que escuchemos ese Silbo apacible y delicado.
Y que esta convención no estalle necesariamente en un gran grito de jubileo, sino que se convierta en una experiencia, en un llorar, y en un arrepentimiento, y en un—un espíritu de avivamiento en los corazones de los hombres que los reviva, que los traiga de nuevo a Dios, y a esa humilde experiencia como la noche en que fuimos salvos, Señor.

59 Confesamos nuestros pecados. Somos honestos. Nosotros—nosotros lo confesamos delante de Dios y delante de los hombres. Señor, cuando pienso en lo que le dije a mi esposa allá: “Diles que no estoy en casa; yo—yo—yo estoy afuera en este momento. Yo—yo no estoy aquí justo en este momento”. Señor, eso me redarguyó. Pero Tú me perdonaste por ello, y yo tengo mejor conocimiento ahora.
Oh, endulza nuestras vidas, Señor. Derrama el aceite y el bálsamo de Galaad, y la unción, Señor, y unge nuestras almas con Tu bondad y Tu misericordia, para que podamos escuchar a Dios hablarnos nuevamente. Concédelo, Señor.
Para cada uno que está aquí, y para otros alrededor de la nación: nosotros hemos visto, Señor, que el trueno, y el viento, y los terremotos, y… no ha traído los resultados, Señor. Ellos—ellos todavía están queriendo formar más denominaciones, y romper, y colonizar, y—y separar a los hombres unos de otros. Dios, permítenos quedarnos quietos hasta que escuchemos la Voz de Dios, la cual funde nuestras almas el uno con el otro. Concédelo, Señor. Escúchanos y perdónanos, y danos ese Espíritu, para que podamos vivir día a día.

60 Sana la enfermedad de nuestro medio, Señor. Aquellos que están aquí, que no se sienten bien, Padre, oramos que ni siquiera tengan que esperar hasta el servicio de sanidad el viernes por la noche, sino que ellos puedan—que ellos ahora mismo, en esa dulzura, y allí en la hendidura, puedan ellos oír la Voz de Dios diciendo: “Yo soy Jehová que sana todas tus dolencias”. Y entonces no será un correr por líneas de oración, y—y por diferentes lugares, y evangelistas poniendo las manos sobre ellos, sino que será una experiencia que ellos siempre re… Que ellos sepan que algo ha sucedido. Concédelo, Padre.
Pero sobre todas las cosas, perdónanos por nuestros delitos. Queremos pararnos irreprensibles en aquel día. Porque pedimos esto en el Nombre de Jesús, y por Su causa. Amén.

61 ¿Pudiera Ud. tocarme ese himno? ¿Me escucha? “Ser como Jesús, En la tierra yo quiero ser como Él”. ¿Lo sabe Ud.? ¿Es eso lo que Ud. quiere ser? Claro que sí. ¿Cuántos se saben el canto? Vamos a… Muy bien. Cantémoslo ahora en adoración: “Ser como Jesús”. Ese es mi deseo. Yo quiero Su Espíritu. Es algo que yo—yo—yo… Uds. no pueden limpiar sus manchas, así como un leopardo no puede quitar sus manchas lamiéndolas. Uds. no lo pueden hacer. Adorémosle, y digámosle que quite toda consciencia de pecado, toda incredulidad, y establezca ese algo dentro de nosotros que sepamos en dónde estamos parados; que no hay pecado estorbándonos. Y Dios contesta la oración, y nosotros sabemos que esa es la verdad. Pero si nuestro corazón nos reprende, entonces Dios no nos escuchará. Si hay alguna reprensión, quítala, Dios.
Cantemos ahora, si pudieran ayudarme. Denos un tono. Si Ud. no se lo sabe, está bien. Le daré uno que podamos cantar entonces, un buen canto antiguo de alguna clase. Yo siento que el Espíritu quiere que le adoremos en canto en este momento. ¿Se siente Ud. así? Me gustaría cantarle algo al—al Señor Jesús, algo, y hacerlo a Él…

62 62- Uds. saben, es cantar. Uds. saben, el profeta dijo… Él estaba todo perturbado, Elías estaba. Y él dijo: “Si no fuera porque respetara la presencia de Josafat, yo ni siquiera te miraría. Pero sin embargo, tráiganme un tañedor”. Y él comenzó a cantar y a tocar ese instrumento. Y cuando lo hizo, entonces el Espíritu de Dios vino sobre el profeta. ¿Recuerdan el relato, o no?
Oh, que maravilloso es ser como Él. ¿Cuántos se saben el canto antiguo: “Lugar, Lugar, Hay Lugar En La Fuente Para Mí?” ¿Cuántos se saben ése? ¿Ud. se sabe ése, hermana? ¿Ése? ¿Ah? ¿Cómo dice? ¿Ud. se lo sabe?
Ahora, fíjense, Uds. pueden tener todos los cantitos que Uds. deseen, los coritos. Ellos están bien. Pero para mí, déjenme con éstos. Yo creo que ellos son… Cuando él toma la pluma y comienza a escribir sobre…

63 ¿Cuántos se saben ese viejo canto: “Más Cerca Mi Dios De Ti?” Ese es uno antiguo. Yo amo ese también. Denos un tono para ése, hermana: “Más Cerca Mi Dios De Ti”.
Ud. dice: “Eso es un funeral”. Pues necesitamos uno. Correcto. Yo quiero que todos los pecados que están en mí, que están vivos en mi, que mueran. ¿Uds. no? Hasta que Uds. sean quebrantados, jamás podrán ser moldeados bien. Oh, cuán maravilloso es ese canto.
Más cerca, mi Dios, de Ti,
¡Más cerca de Ti!
Aunque sea una cruz
Que me levante;
(FALTA TEXTO)
Más cerca, mi Dios, de Ti
Más cerca, mi Dios, de Ti,
Más cerca de…
Cerremos nuestros ojos ahora y levantemos nuestras manos y cantémoslo.
Más cerca, mi Dios…
Dios Padre, moldea nuestros corazones de manera diferente, Señor. Si hubiere pecado entre nosotros, sácalo de nuestro medio. No nos importa en qué nivel tenemos que venir, Señor; si tenemos que ser llamados cualquier cosa, ser despreciados y rechazados, simplemente permítenos estar cerca de Ti, Señor.
[El hermano Branham empieza a tararear—Ed.]

64 Oh Señor, Te amamos, Padre. Dios perdónanos…?… Uno de estos días, Señor, si Tú tardas, estaremos bajando por los pasillos aquí, distintos, hablando, conversando. Oh, perdónanos ahora, Señor, por nuestras faltas. Te adoramos. Somos como niños, Señor, adorando en el Espíritu. Permite que esa pequeña brisa, ese viento en el cual Dios estaba frente a la cueva aquel día, del cual acabo de hablar; permite que pase por cada corazón aquí, Señor. Que el Silbo apacible y delicado hable. Que diga que nuestros pecados son perdonados mientras esperamos, Señor, en Ti. En el Nombre de Jesús oramos. Amén.
Yo no sé la opinión de Uds. Cada persona tiene su opinión. Pero para mí, esto es cuando Cristo viene, ese sentir dulce y humilde. Para mí, ese es el Silbo apacible y delicado que habla mucho más fuerte que el viento recio y poderoso. Honestamente en su corazón, ¿creen Uds. que eso es verdad? Ciertamente que lo es.

65 Ahora, alguien sentado cerca de Ud., tome la mano de ellos ahora. Cantemos eso otra vez. Estreche manos con alguien cerca de Ud. mientras que nosotros—mientras que cantamos eso: “Más Cerca Mi Dios De Ti”. Estreche manos con alguien. Sé que todas las distintas iglesias están aquí en este momento. Cantémoslo otra vez.
Más cerca, mi Dios, de Ti,
¡Más cerca de Ti!
Aunque sea una cruz
Que me levante;
Con todo eso mi canto será,
Más cerca, mi Dios, de Ti,
Más cerca, mi Dios de Ti,
¡Más cerca, mi Dios, de Ti!
Dios conceda que Uds. nunca salgan de esa actitud en la que están ahora. Permanezcan dulces ante Dios, esperen Su Voz, esa Vocecita tierna y dulce que habla, la cual expulsará toda su culpa y vergüenza, la Sangre de Jesús.
Dios les bendiga ahora. ¿Hay algo más que Ud. quiera decir, hermano Joseph? Muy bien. Que Dios les bendiga. Nos vemos mañana.
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