S.925 62-0621E  Confirmación Y Evidencia 

Tiempo de lectura: 32 minutos

OBRAS DEL MENSAJE

Confirmación Y Evidencia

South Gate, California, E.U.A.

62-0621E

1 Buenas noches, amigos. Permanezcamos de pie por un momento para orar. Inclinemos nuestros rostros ahora en Su Presencia.
Bondadoso Padre Celestial, mientras venimos esta noche otra vez en esta ocasión solemne para hablarle a Tu pueblo, comprendemos la gran necesidad de la hora; y nos damos cuenta de la—la posibilidad de un gran derramamiento del Espíritu, si tan sólo podemos abordarlo de la manera correcta. Así que venimos en el Nombre de Jesús para pedir misericordia.
Y luego, Padre, comprendemos que otra vez esta noche tenemos delante de nosotros la compra de la Sangre de Jesús, y cómo debemos manejar esto. Y es un trabajo demasiado grande para un ser humano, así que pedimos, Señor, que Tú permitas que el Espíritu Santo venga ahora y nos ministre, y nos dé las cosas de las cuales tenemos necesidad. Y si nuestros deseos son Tu voluntad, Señor, pedimos que derrames sobre nosotros nuestros deseos esta noche; en Su misericordia.

2 Sana a los enfermos, salva a los perdidos, consuela al incómodo, y date a conocer en medio nuestro. Y que Tú hagas algo para nosotros esta noche, Señor, algo especial.
Sabemos que un día, al venir después de la gran resurrección, las mujeres habían regresado de la tumba, y estaban diciendo que Él había resucitado. Y luego Simón vino y dijo que Él había resucitado. Y dos iban camino a Emaús, y un Extranjero se les presentó y habló con ellos durante su jornada. Al final del día ellos lo invitaron a entrar. Dios, este es otro final de un día. Te invitamos a que entres. Nosotros sabemos que has sido Tú el que nos ha ayudado durante el día.

3 Y luego en la presencia de estos dos hombres, Cleofas y su amigo, Tú hiciste algo igual a lo que hiciste antes de Tu crucifixión. Por medio de eso ellos supieron que Tú habías resucitado de entre los muertos y estabas vivo entre el pueblo. Ellos corrieron rápidamente adonde estaban sus compañeros y dijeron: “Verdaderamente, el Señor ha resucitado”.
Y, Padre, te pedimos que hagas algo esta noche en medio de nuestra reunión aquí así como lo hiciste antes de la crucifixión, para confirmar que después de dos mil años Tú todavía estás vivo y permaneces el mismo Dios como lo eras en aquel entonces. Encomendamos esto a Ti mientras ponemos nuestras oraciones y nuestra fe en Tu altar dorado, Señor, e invocamos el Nombre del Señor Jesús, y pedimos que concedas nuestras peticiones. Amén. Pueden sentarse.

4 Hoy ha sido un día muy extraordinario. Esta mañana en el desayuno tuvimos un tiempo muy maravilloso de compañerismo con nuestros hermanos y hermanas. Y—y yo he estado en muchos desayunos, pero es la primera vez que ellos han venido y dicho: “¿Quiere la tercera ración, la segunda ración?” Siempre es el lugarcito en el rincón, y uno se da cuenta que no ha comido lo suficiente. Pero les digo, esta mañana tuvimos un jubileo gastronómico. Ciertamente lo tuvimos. Verdaderamente nos saciamos.
Y luego las hermanas seguían viniendo: “¿Le servimos más café? ¿Le servimos más huevo, o…?” E iban por todas las mesas. Ciertamente no hubo razón para que alguien se fuera con hambre. Tuvimos un tiempo maravilloso.

5 Y luego, hice algo que no había hecho antes. Tuve la oportunidad de hablar en una sinagoga judía. Ese fue la primera vez que la tuve. ¡Fue un momento maravilloso! Y ciertamente tuvimos compañerismo allí con el hermano Michaelson, sabiendo… Yo creo que él tiene un título de doctor y ellos lo llaman Dr. Michaelson. Y yo lo he oído a él en La Hora Cristiana Hebrea, verdaderamente un alma valerosa, ciertamente con una carga por su pueblo. Yo siempre había deseado conocer a ese hombre fino. Pero en esta ocasión él estaba en Palestina, creo yo, con su pueblo; y esa carga está en su corazón. Y yo nunca he tenido el privilegio de conocerlo, pero dicen que él tiene setenta y seis años de edad.

6 Cuando yo estuve… Alguien me preguntó el otro día, dijo: “Hermano Branham, ¿qué edad tiene Ud.?”
Yo dije: “Oh, yo pasé de los veinticinco años”.
Y—y ellos dijeron: “¿Qué tanto?”.
Yo dije: “Sólo veintisiete años pasados los veinticinco”.
Así que pensé que me estaba envejeciendo, hasta que oí eso esta mañana, de setenta y seis años y todavía activo. Entonces me sentí bastante joven. Pensé: “Yo todavía tengo mucho más tiempo si el Señor tarda”. Así que, algunas veces encontramos a esos soldados ancianos, y hacen… Su asociado está sentado aquí detrás de mí. Yo no me fijé en él. Esos soldados ancianos entonces nos hacen sentir muy pequeños, cuando pensamos que nosotros hemos hecho algo.

7 Yo estaba hablando acerca del precioso anciano hermano Bosworth, cuando… ¿Cuántos conocieron alguna vez a F.F Bosworth? Me imagino que muchos de Uds. soldados ancianos lo conocieron. Cuando él se estaba muriendo, él… Yo le dije… Fui rápidamente a verlo, y lo vi levantarse. Y él tenía ochenta y cuatro años, creo que era.
Él acababa de venir de África, de estar en unas misiones conmigo. Y sus bracitos viejos, su cabecita calva… Levantó sus brazos así, y los extendió. Y yo corrí hacia él y lo abracé. Clamé: “¡Padre mío, padre mío, los carros de Israel, y su gente de a caballo!”.
Y él dijo: “¿Sabes, hermano Branham?”, él dijo, “esta es la hora más gloriosa de mi vida”.
Yo dije: “¿Sabe Ud. que se está muriendo?”
Él dijo: “Bueno, yo no puedo morir”. Dijo: “Yo he estado muerto por sesenta años”. Él dijo—él dijo: “Yo sólo estoy a punto de cambiar de morada”.
Y saben, todos Uds. que lo conocieron, él tenía sentido del humor, y él me estaba hablando allí. Y él dijo: “No, hermano Branham”, él dijo, “de todo mi ministerio, este es mi momento más feliz”. Él dijo: “Todo por lo que yo he vivido por los pasados sesenta años ha sido Cristo. Y en cualquier momento Él entrará por la puerta, y yo me iré con Él”. ¡Oh, hermanos!

8 Antes que él muriera… Él había estado como en coma por unas cuantas horas. Y él se levantó en el cuarto, parado allí con su mano extendida, estrechando manos con sus convertidos de hacía cincuenta años que habían pasado al otro lado. ¡Oh, hermanos! “Las vidas de grandes hombres nos recuerdan a todos…”, como lo cité. Yo… ¡Que mi fin sea así! Eso es correcto. ¡Un anciano santo y piadoso! Así que esta es nuestra edad. Nos levantaremos en esta generación, y tendremos que pararnos en el juicio con esta gente.

9 El otro día cuando cumplí mis cincuenta y tres años, le dije a mi esposa, dije: “Sabes, yo… ¿Qué si en la mañana cuando despierte, si… En mi cumpleaños, si allí estuviera parado el Señor Jesús, como yo noté al Ángel del Señor parado en el rincón, esa Luz…? Y debajo de esa Luz se parara el Señor Jesús, y Él viniera a mí, y dijera: ¿Cuál es tu deseo?” Yo diría: “Señor, que yo pudiera vivir más tiempo para servirte”. Y Él dijera: “Te lo concedo. Te volveré joven. Mira, tú tendrás veinte años de edad, o dieciocho años de edad. Vive el resto del tiempo otra vez sirviéndome”.
Pero eso no estaría bien. Si yo regresara a los veinte años de edad, entonces mi esposa… Y aquí tengo un hijo de veintisiete años. Así que, eso no estaría bien. Entonces pensé: “Bueno, yo amo mucho a mi esposa. Y verla de cuarenta y tres años de edad y yo de dieciocho; eso no estaría bien”.

10 Luego pensé: “Bueno, ¿qué pediría yo?” Pensé: “Bueno, mira, si yo dijera… Bueno, yo—yo no podría pedir eso, porque… Además, aquí está otra cosa. ¿Ves?, esta gente a la que le he predicado en mi generación, yo tendré que levantarme con esta generación. ¿Ves? Yo tendré que levantarme en el juicio con esta generación, para declarar el ministerio que yo he predicado. ¿Ves? Así que yo no podría regresar en otra generación y morir aquí bajo esta generación, después de predicarle a esta generación”.
Así que pensé: “Bueno, hasta donde sé, estoy saludable, hasta donde sé al respecto. Y todavía tengo buena vista; mi audición es fuerte. Y el ministerio que Él me dio, yo estoy muy agradecido por ello. Yo he—yo he hecho lo mejor que pude con ello. Así que no hay más que una sola cosa que pudiera hacer, y esa es decir: Señor Jesús, estoy agradecido que yo—que yo soy lo que soy por la Gracia de Dios”. Eso es correcto.

11 Eso me hace recordar. Este no es un lugar para chistes. Yo no creo que se debería hacer aquí en lo absoluto. Pero no lo diré como un chiste, sino sólo para hacer una declaración. Había una hermana de color que estaba en una de las convenciones, y ella dijo: “Bueno”, dijo, “yo quiero dar un testimonio para la gloria de Dios”. Dijo: “Yo—yo no soy lo que debería ser”. Y dijo: “Yo no soy lo que quiero ser. Pero también, yo sé que no soy lo que era antes”. Así que yo pensé que eso estuvo muy bien. Y estoy agradecido por eso, que yo no soy lo que era antes. Y me imagino que todos estamos agradecidos por eso, que no somos lo que éramos antes, pues hemos pasado de muerte a Vida. Y si hay gente aquí esta noche que no sabe eso, que no tiene esa seguridad, confío que Uds. no saldrán por las puertas hasta que esa alma esté anclada en el puerto de descanso, para no navegar más los mares tempestuosos.

12 Miren, anoche no los dejamos salir hasta muy tarde. Y ya es tarde esta noche. Pero vamos a irnos a casa temprano. Y no he tratado o intentado empezar a predicar, porque… Yo no predico muy largo; algunas veces como seis horas, o algo así. El otro día prediqué seis horas en el Tabernáculo, así que sé que Uds. no quieren que empiece a predicar. Así que sólo tomaré una pequeña Escritura aquí, y la leeré, y haré unos comentarios. Y ni siquiera sé qué… ¿Repartió Billy tarjetas de oración? ¿Repartió hoy tarjetas de oración? Oh, hay algunas que quedaron de anoche. Bueno, entonces quizás llamaremos una línea de oración. Yo no sé lo que Él querrá que hagamos. A mí—a mí sólo me gusta permanecer en la dulzura de Su Presencia, y luego entrar al cuarto, luego sólo hacer lo que Él me dice que haga. ¿Ven? Eso es correcto.

13 Pienso que a todos nos encanta eso. Yo pienso que los ministros deberían hacer eso. No deberíamos estar en fiestas y mezclándonos con la gente en—en asuntos sociales; yo pienso que deberíamos quedarnos en la quietud, en la Presencia del Señor. Y he tratado que eso sea una práctica mía: de entrar todas las tardes a las tres, y luego ya no hablar hasta que entro al púlpito esa noche.
Miren, esta noche para una lectura de la Escritura, leamos en el Libro de San… O mejor dicho, de Hebreos, perdónenme, el capítulo seis, empezando con el versículo trece. A mí me gusta leer la Palabra, porque sé que esta Palabra nunca fallará. Mi palabra es la palabra de un hombre: Ella puede fallar. Pero si yo leo esta Palabra, entonces yo sé que eso es lo suficiente como para anclar la reunión, que… Saber entonces que Sus Palabras no fallarán.
Miren, escuchen con mucha atención, mientras les estoy dando unos momentos para que encuentren la Escritura.

14 Recuerden que nosotros nunca debemos venir a la iglesia para jugar a ser religiosos. No debemos venir sólo para fingir que somos religiosos al ir a la iglesia. Debemos venir para adorar en Espíritu y en verdad. Debemos ser profundamente y sinceramente… Debemos realmente ser sinceros con respecto a lo que venimos aquí. Los días se están poniendo malos. El tiempo es malo. Y queremos—queremos hacer que cada minuto cuente, y especialmente cuando estamos en la casa del Señor.

15 Estoy mirando aquí esta noche a una damita que está toda envuelta, vendada, sentada en una silla de ruedas. Otro hombre sentado aquí… Yo me fijé en su esposa, o alguien, que en ese momento le secó la cara, sentado en una silla. Aquí está sentada una dama aquí, en una silla de ruedas, con sus pies extendidos. Una anciana está sentada atrás en una silla de ruedas…
Quizás haya algunos de ellos allí en la audiencia con problema del corazón. Quizás han oído cientos de mensajes predicados, pero ellos están tratando de encontrar el camino a la salud esta noche. Ellos están tratando de encontrar una salida. Y quizás algunos de esos en las sillas de ruedas pudieran vivir todavía muchos años. Quizás haya algunos sentados allí en la audiencia con cáncer, que van a morir en los próximos días si algo no sucede. O quizás algunos están sentados allí en la audiencia con problema del corazón. Parece que ellos están bien, pero un coágulo de sangre se esté acercando. Pueda que ellos mueran en las próximas horas si no se hace algo.

16 Y más importante que todo eso, puede que alguien esté sentado allí en la audiencia que no conozca al Señor Jesús. Y ellos saben que si no lo conocen a Él en el poder de Su resurrección, en el perdón de sus pecados, entonces perecerán cuando mueran. Y ellos lo saben. Esos que están allá en la audiencia que quizás estén en un estado de justificación, que nunca han nacido otra vez, del Espíritu Santo, ellos están esperando eso.
Así que (¿ven Uds.?), en general… Yo dije, hice una declaración: “Si yo tuviera dos gotas de la Sangre literal de Jesús en un—un vaso, cómo la sostendría en mi corazón y lloraría; estaría parado allí vigilando que no tropezara y las derramara mientras caminara con Ellas adondequiera que yo fuera destinado a ir con Ellas. Cómo vigilaría yo cada paso, para no tropezar, poniendo mis pies exactamente donde deberían estar”. Pensé: “¡Cómo sostendría yo esas dos gotas de Sangre!”
Pero, Uds. saben, ante los ojos de Dios esta noche, puesta delante de mí está una cosa más grande para Él que Su propia Sangre, porque es la compra de Su Sangre. Él derramó Su Sangre por Uds., y aquí yo los tengo a Uds. esta noche escuchando el Evangelio. Entonces cuán cuidadoso debo ser yo en decirles a Uds. exactamente la verdad, porque Dios me hará responder por ello en el día del Juicio, más que si yo tomara la Sangre, la Sangre literal, y la arrojara al suelo. Sería una pena más grande guiar mal a la gente, la compra de Su Sangre, que lo que sería arrojar la Sangre del plato en la que yo la tenía.

17 Miren, seamos muy sinceros, mientras leemos y estudiamos y oramos ahora. En el capítulo seis, el versículo trece, leemos:
Porque cuando Dios hizo las promesas a Abraham, no pudiendo… (Permítame empezar esto otra vez; yo volteé dos páginas al mismo tiempo)… No pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo,
Diciendo: de cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente.
Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa.
Porque los hombres ciertamente juran por uno mayor que ellos, y para el… Ellos el fin de toda controversia es el juramento por confirmación.
Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento;
Para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.
Que el Señor bendiga Su Palabra mientras hablamos por unos diez o quince minutos sobre Ella, y veamos lo que Él nos guíe que hagamos.
Yo estaba pensando sobre: Confirmación Y Evidencia. Parece como que el hombre siempre requiere una confirmación o alguna clase de evidencia; y mucho más en este tiempo de… edad de escépticos en la que estamos viviendo. Todo debe ser confirmado; debe haber una evidencia de ello. Y la—y la evidencia de la confirmación nos da la seguridad de lo que estamos esperando.

18 Cuando un hombre compra un automóvil, él debe tener un documento de ese automóvil. Y aunque él no tenga el automóvil en su garaje, si él tiene un documento, es una confirmación para él de que es dueño de ese automóvil, porque él tiene un documento, o el título.
Y luego, si nosotros compramos un terreno, aunque nunca hayamos visto el terreno ni sepamos nada acerca del terreno, y sin embargo tenemos un título abstracto de ese terreno, de que nos pertenece, ya sea que lo hayamos visto o no. Todavía nos pertenece. El automóvil nos pertenece. Ya sea que lo hayamos visto o no, sin embargo tenemos el—el título que se nos dio, y lo tenemos en nuestra posesión, a nombre de nosotros, que ese título nos muestra que somos dueños de ese automóvil. Y el título abstracto nos dice que somos dueños de la propiedad.

19 Miren, en Hebreos se nos enseña otra vez, que la fe… Hebreos 11: “La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. ¿Ven? Es una sustancia. Miren, no es una esperanza. La mayoría de la gente viene con esperanza. Pero la fe es la sustancia. No es algo que Uds. están esperando. Cuando la fe se ha anclado, Uds. tienen una sustancia, no sólo es un mito. Uds. se han aferrado a algo. Uds. lo saben. Nadie los mueve de allí. Es de Uds. Uds. están bien seguros. Uds. lo tienen en su mano. Uds. lo tienen. Es su posesión.

20 Por ejemplo, si yo me estuviera muriendo—me estuviera muriendo de hambre, y un pan me salvara la vida, y la compra de un pan son veinticinco centavos, y alguien me diera los veinticinco centavos, miren, yo puedo… Mientras puedo ver y saber que yo tengo esos veinticinco centavos, lo cual es el poder de la compra del pan, yo puedo estar tan contento con los veinticinco centavos como pudiera estar con el pan (¿ven?), pues ya tengo el poder adquisitivo que compra el pan.
Así que, de esa manera es la fe. La fe es algo que Uds. tienen. Uds. saben que la tienen. Y cuando Uds. reciben fe de que es Dios, y también de que Dios les va a dar esto a Uds…. Sin embargo su sanidad pudiera no estar allí, pero sin embargo, algo se ha anclado dentro de Uds. que les dice que todo va a estar bien. Entonces Uds. pueden estar tan contentos como estaban… Uds. pueden estar tan contentos sentados en las sillas de ruedas, como si estuvieran allá en la calle saltando, gritando, y corriendo—corriendo alrededor, alabando a Dios, porque Uds. ya tienen la evidencia. Ya les pertenece a Uds.

21 ¿Ven?, no es un mito. No es una imaginación. Es una—es una sustancia. Y todo lo que es una sustancia, no es un mito. Es algo que Uds. de hecho se han aferrado a ello. Miren, allí es donde mucha gente falla en ser sanada. Ellos tienen una esperanza en lugar de una fe. Uds. esperan que lo recibirán. Uds.—Uds. tienen como una fe imaginaria, porque sienten que están… que se han apropiado de eso. Pero cuando Uds. realmente se han aferrado a la fe, es una sustancia. Es algo real. Uds. entonces se aferran a eso, y eso es lo que lo produce.

22 Ojalá yo pudiera tener esa fe instantánea, la cual quisiera tener; pero siento mucho que no la tengo. De la única manera que yo anclo grande fe es cuando Él me dice que haga algo, o me muestra que lo haga.
Si Él apareciera aquí en la plataforma esta noche y me dijera: “Ve al cementerio presidencial mañana en la mañana a las diez, y llama a Jorge Washington de entre los muertos”, yo invitaría a todo el mundo a que viniera a observar que se hiciera. Sí señor. Pues yo tengo fe en lo que se me ha dicho, porque Él nunca ha fallado en confirmar lo que me ha dicho. Así que yo tengo fe en ello, creyéndolo, que es la verdad, porque es un asunto que va creciendo.
Durante toda mi vida desde que era un niñito, todas las visiones, entre los millares, ninguna de ellas ha fallado jamás. Por lo tanto, es la verdad. Eso me da fe. Yo tengo fe en lo que Él dice.

23 Miren, yo con frecuencia me he preguntado si algunas veces no fui más allá de los límites por decir: “Dios, dame fe para hablarle a este, hablarle a ese, hablarle al otro”. Miren, nosotros sabemos que nuestro Señor Jesús, siendo Emanuel, nunca hizo eso, pues Él claramente dijo en San Juan 5: 19: “De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por Sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre (no ”lo que oye decir al Padre“, sino lo que ve hacer al Padre”); eso hace el Hijo igualmente“.

24 ¿Ven?, algo tiene que suceder, que los hace tener esta—esta evidencia, esta confirmación. Miren, si Dios dijo: “Va a estar lloviendo en la mañana”, no sería difícil para mí prepararme para la lluvia, porque yo sé que va a llover. Ahora, si nosotros podemos cambiar eso completamente, de ver una visión o de oír la voz audible de Dios, pero cambiarlo completamente a la manera inicial de tener fe que es por el oír la Palabra de Dios escrita. Miren, cuando Dios viene en medio de nosotros, y Él mismo se prueba a nosotros dándonos el Espíritu Santo, hablando en lenguas y dando la interpretación, enviando dones entre nosotros, de esa manera; o profecía que sucede en cierto lugar, y dice una cierta cosa, y hace una cierta cosa, y lo comprueba vez tras vez que nunca falla, eso nos debería edificar a un lugar que nos daría un agarre en esa Palabra, que no la soltaríamos. Debería ser una evidencia allí mismo. Mientras Dios lo dice así, eso lo concluye. ¿Ven?

25 Temo que muchas veces nosotros—nosotros no nos detenemos el tiempo suficiente como para pensar en la posición en la que estamos. Miren, la mayoría de la gente, o… Siento haber dicho eso. Mucha gente en el mundo de afuera, ellos consideran una reunión de este tipo como una clase de “encantamiento”, sin saber lo que están diciendo. Y nosotros damos crédito a eso, que sí ha habido muchas falsas representaciones de esto.
Pero antes que Uds. puedan tener un dólar falso, tiene que haber un dólar verdadero del cual hacer ese dólar falso. Si no hay, entonces el falso es el original. ¿Ven? Tan seguro como hay un falso, tiene que haber uno verdadero del cual fue hecho. Así que, sí hay un verdadero Espíritu Santo, una verdadera sanidad Divina, un verdadero poder de Dios, una verdadera fe en la Palabra. Y esa es la confirmación, algo que está anclado. ¡Cuán glorioso! Lo confirma.

26 El hombre busca eso. Es la naturaleza del hombre. Dios hizo al hombre de esa manera. De esa manera Dios hizo a un hombre. Miren, así que, por lo tanto, al hacer a un hombre con esa clase de hechura, Dios hace algo para responder al deseo de ese hombre. Dios es un Dios bueno, como Oral Roberts frecuentemente lo ha declarado. Él es un Dios bueno, pero, miren, no lleven eso a un extremo. Él también es un Dios justo. Seguro que lo es. No lo hagan demasiado bueno.
Como alguien… Un muchacho adolecente dijo no hace mucho tiempo: “Dios es tan bueno que a Él no le importa lo que yo haga”. Oh, sí, sí le importa.
Si al descreer Su Palabra, al mal interpretarla sólo—sólo un poquito, causó toda angustia, toda enfermedad, toda muerte, todo bebito llorando, muriendo, todo cementerio… Debido a que una sola persona descreyó sólo una parte de la Palabra de Dios, causó todos estos problemas, entonces no piensen que permitiremos otra vez que una pizca de Ella se escape, y que entraremos, al descreer cualquier cosa que Dios ha prometido.

27 Por lo tanto, pueda que yo no tenga fe, como dije, para caminar como caminó Enoc: tomar un paseo en la tarde e irme a casa con Dios; pero… Yo quisiera que tuviera esa fe. Pero yo nunca le serviría de estorbo a alguien más, ni me burlaría de aquellos que tienen esa clase de fe. Yo lo admiraría, admiraría a un hombre que está aferrado a esa fe.
Miren, la fe. Dios le dijo a Abraham aquí, le dio una promesa, y luego Dios le confirmó esa promesa, le dio una evidencia jurando delante de él. Y la cosa inmutable es que Dios no puede mentir. Y no únicamente eso, sino que cuando Él le prometió, entonces más allá de eso Él juró: Dios jurando por Sí mismo.
Uno tiene que jurar por alguien más grande que uno mismo, y no había alguien más por el cual jurar que era más grande que Él mismo. Así que Él juró por Sí mismo. Y la promesa fue para Abraham y (“y” es una conjunción) para su simiente después de él. No simientes; sino su Simiente. Y Cristo es la Simiente de Abraham. Y estando nosotros en Cristo, la Vida de Cristo en nosotros nos hace hijos de Abraham, y somos herederos con Él según la promesa.

28 Y Abraham, después que él había recibido la promesa, tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa, sino que se fortaleció, dando gloria a Dios por veinticinco años. Y casi era una cosa imposible, cuando él recibió la promesa, porque él tenía setenta y cinco, y Sara, su esposa, tenía sesenta y cinco. Ella probablemente había pasado cinco o diez años la menopausia. Y él tenía setenta y cinco, y él constantemente le estaba dando gloria a Dios, continuamente.
Yo espero que Uds. no piensen que es sacrílego, pero, miren, me puedo imaginar a Sara pasada su condición de mujer, y él diciendo: “Sara”, después de los primeros veintiocho días, “¿cómo te sientes, cariño?”
“No hay diferencia”.
“¡Gloria a Dios!, vamos a tener el bebé de todas maneras”. ¿Ven?
Y en los siguientes veintiocho días: “¿Sucedió algo, cariño?”
“Absolutamente nada”.
“¡Gloria a Dios!, será un milagro más grande ahora de lo que sería si hubiera sucedido el mes pasado. (¿Ven?) Lo vamos a tener”. Debido a ¿qué? Él creía a Dios. Él se había aferrado a algo. Él podía tomar a Dios en Su Palabra. Se había aferrado, él se podía aferrar a la promesa de Dios

29 Miren, nos fijamos entonces que a medida que el año pasó, nada sucedió. Dos años pasaron, todavía: “¡Gloria a Dios!” Sara tenía hecho los escarpines, y los pañalitos, Uds. saben, y todo esperando. Ella estaba esperando porque sabía que ese bebé venía, porque Dios lo prometió.
Y miren, se supone que somos simiente de Abraham, hablando espiritualmente, estando en Cristo. Miren, nosotros deberíamos aferrarnos a toda promesa de Dios, y atesorarla como si ya fuera hecha; pues cuando Dios ha hablado, Él nunca puede retractarse.

30 Miren, cuando Dios es traído a tomar una decisión…Y la decisión que Dios toma la primera vez tiene que permanecer para siempre la misma, porque Él es infinito. Él es perfecto, y Sus decisiones son perfectas. Por lo tanto, Él no puede decir: “Yo dije eso el año pasado, pero este año sé más al respecto”. Dios es el Dios infinito. Él es perfecto, y toda decisión que Él toma es perfecta. Él nunca tiene que alterarla, porque es perfecta para empezar. Él nunca tiene que retractarse.
Por lo tanto, yo puedo hacer una promesa. Yo no sé. Yo tengo que retractarme. Pero Dios no hace eso. Y si Dios fue llamado a la escena para sanar a un hombre que estaba enfermo, y sobre la base que Dios sanó a ese hombre, Él tiene que permanecer para siempre con esa misma cosa.
Cuando un hombre estaba perdido, Él hizo una sola manera, una—una preparación para salvar a ese hombre. Y en la base que Él lo salvó, todavía permanecen hoy en día: La sangre derramada. Para sanar a un hombre, fue por la fe. Y esa es de la única manera que Él sana hoy en día, es por la fe para creer Su Palabra. Eso es exactamente correcto.

31 Miren. Así que Dios después de confirmar… Ojalá tuviéramos tiempo, pero hice una promesa. Después de que Dios le dio a Abraham la promesa, luego Él se la confirmó dándole la circuncisión. Fue una señal, y fue en su carne.
Y miren, le estoy hablando a una audiencia mixta, pero Uds. me consideran como su hermano. Miren, cuando Abraham se estaba envejeciendo (y la Biblia dice que su cuerpo estaba ya como muerto), él podía mirar hacia abajo a esa señal en su carne, y saber que era la señal de Dios de que Él cumpliría Su Palabra. La circuncisión. Miraba esa evidencia, y decía: “Dios hizo la promesa”.
Sara decía: “Pero yo tengo noventa, y estoy muy pasada de cualquier acto de la vida”.
Pero Abraham podía voltear y mirar la evidencia que Dios dijo: “Esta es una señal”. Y Abraham podía dar gloria a Dios y estar más fuerte que nunca, porque era una señal, una confirmación de que Dios se la iba a conceder.

32 Miren, Él también prometió que sus hijos peregrinarían y estarían en una tierra extranjera por cuatrocientos años. Y ellos estuvieron en esa tierra por cuatrocientos años como esclavos, como perros. Parecía que Dios les había dado la espalda. Pero fue de acuerdo a Su promesa. Él debe cumplir Su promesa.
Si ellos querían tomar a una de esas jóvenes hebreas y—y violarla, esos soldados egipcios, ellos lo hacían. Si ellos querían matar a uno de los hijos, ellos sencillamente lo mataban. Le arrojaban pan viejo y enmohecido, y ellos se lo comían o morían. Y ellos sencillamente eran esclavos, y estaban—estaban cargados y derrotados. Y parecía extraño que Dios permitiría una cosa como esa. Pero algunas veces Dios hace esas cosas, actúa de maneras peculiares. Pero Él siempre cumple Su Palabra.

33 Y cuando se acercó el tiempo de la promesa, del desierto salió un profeta con ASÍ DICE EL SEÑOR, una Columna de Fuego remolineando sobre él. Y él descendió y les dio la Palabra del Señor, de que Él había oído sus clamores, y había recordado Su promesa. Y cada uno de esos circuncidados….
Miren, Él había recordado Su promesa. Y así que Él les dijo que había una tierra en donde ellos podían criar a sus hijos. Era una tierra hermosa. Era una tierra buena que fluía leche y miel, y allí no había necesidad de nada. Era una tierra preciosa. Recuerden que ninguno de ellos había estado allí. Ellos no sabían nada de la tierra. Pero tenían que actuar por fe en la promesa, y actuaron por fe. Y dejaron Egipto bajo el liderazgo de Dios, y de Su profeta que les estaba diciendo de una tierra mejor.

34 Entonces salieron de Egipto y llegaron a un lugar llamado Cades-barnea. Creo que fue allí que Josué, un gran guerrero que estaba entre ellos, cruzó al otro lado para reconocer la tierra. Él cruzó el Jordán, y pasó a la otra tierra, y regresó con la evidencia de que la tierra era buena, de que la Palabra de Dios era perfecta, Sus promesas eran verdad. Y él tenía la evidencia, la confirmación de que la tierra estaba allí. Él se había aferrado a algo: que la tierra era exactamente lo que Dios prometió que era. Dos hombres iban cargando un racimo de uvas. El pueblo pudo probar de ello y ver que la tierra era buena. Fue una confirmación de que Dios había cumplido Su Promesa.

35 Luego Israel cruzó el Jordán y entró a la tierra prometida, y Josué les repartió la tierra. Ellos estuvieron en paz. Eran una nación. Tenían sus iglesias. Plantaron sus siembras. Criaron a sus hijos. Los llevaron a la iglesia. Y vivieron felices. Y Dios puso el temor de ellos en todas las otras naciones, y eran un pueblo poderoso.
Pero finalmente, después de tantos años, ellos empezaron a hacer cementerios allí, porque los guerreros antiguos de la fe finalmente tuvieron que llegar al final del camino y morir. Y empezaron a aparecer las lápidas e inscripciones, cementerios plantados en esa tierra gloriosa que Dios les había prometido. Ellos tenían que morir, a pesar de la tierra buena en la que estaban, de los buenos frutos que estaban comiendo. Pero ellos tenían que morir.

36 Luego, un día descendió al gran Capitán principal, el Señor Jesús, y empezó a hablarles de otra Tierra. “En la Casa de Mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, Yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar Lugar para vosotros; y vendré otra vez y os tomaré a Mí mismo; para que donde Yo estoy, vosotros también estéis”. En otras palabras, es así: “Uds. han sido fieles a la Causa, pero tienen que morir. Pero hay una Tierra en la que el hombre vive y no muere. Hay Vida después de la muerte”. ¡Qué promesa para el pueblo! Fue asombroso, y asombró a muchos.

37 Pero Él llegó a Su Cades-barnea. Él trono de juicio era Cades-barnea. Y Él fue a Cades-barnea: el Calvario, donde Él llevó los—Él llevó los pecados del mundo en el Calvario.
Pero Él también cruzó el Jordán, que nosotros llamamos el Jordán de la muerte. Él cruzó a la otra Tierra y estuvo muerto por tres días y noches. Él murió de tal manera que él sol dejó de brillar. Él murió de tal manera que la tierra tuvo una crisis nerviosa. Partió las rocas de las montañas. Él murió. Y al tercer día resucitó con la evidencia de que sí hay una Tierra donde un hombre puede vivir y no morir. Él regresó de esa Tierra. Hay Vida después de la muerte.

38 Miren, Él le dijo a Sus discípulos: “Yo les voy a dar a Uds. las arras de esto; Yo les voy a dar la confirmación de esto”, como se la dio a Abraham con la circuncisión. “Pero quedaos allí en Jerusalén, hasta que tengan la confirmación, hasta que tengan la evidencia”. Y ellos esperaron. Y en el día décimo vino del Cielo un estruendo como un viento recio que soplaba, el cual llenó todo el edificio donde estaban sentados; y fueron todos llenos del Espíritu Santo. Lenguas de fuego se asentaron sobre ellos, y fueron todos llenos y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.
¿Qué será esto? Era la evidencia de que nuestro Josué, “Jehová-Salvador”, había regresado de entre los muertos y nos había dado una evidencia de que cuando morimos, vivimos otra vez al otro Lado: la confirmación, confirmando, dando la evidencia de ello.

39 Y ahora, hoy en día después de dos mil años, nosotros todavía podemos mirar hacia atrás, y podemos ver en donde una vez estábamos, en la inmundicia del pecado. Y pecado es incredulidad. Ese es el pecado original y el único pecado.
Un hombre dijo no hace mucho… Perdónenme; fue una mujer. Yo estaba predicando en una iglesia metodista. Y dije: “Beber no es un pecado; cometer adulterio no es un pecado; mentir y robar no es un pecado”. Y eso fue demasiado para una preciosa hermana anciana. Ella se levantó y dijo: “Le suplico que me diga: ¿qué es pecado?”
Yo dije: “Incredulidad”. Ud. hace esas cosas porque no cree. Si Ud. creyera, bueno, entonces Ud. no las haría. Esos son los atributos de la incredulidad. Y la justicia es un atributo de la fe, porque Ud. está anclado en esa fe, la confirmación, la evidencia.

40 Ahora, miren hacia atrás en donde una vez Uds. estaban. Luego miren adonde Uds. han sido elevados ahora. Entonces Uds. murieron con Cristo. Fueron sepultados en Su Nombre. Resucitaron con Él en la resurrección. Esta noche espiritualmente, de acuerdo a la Palabra, nosotros estamos resucitados ahora con Él, sentados en Lugares Celestiales con Cristo Jesús, estando todo demonio conquistado debajo de los pies de Él, sentados en la Presencia viviente del Señor Jesús.
¡Oh! Eso debería hacer que Uds. se aferren a algo, el verlo a Él con la misma evidencia, esa misma fe que una vez fue dada a los santos, ahora en operación, haciendo las mismas cosas hoy que siempre hizo. Ver la aparición del Señor Jesús entre nosotros; y mirar hacia atrás, y ver en dónde en estábamos antes, y ver entonces en dónde estamos ahora. Nosotros estábamos muertos en ese entonces, y ahora estamos vivos. Y tan seguro como estamos muertos y sepultados con Él, hemos resucitado con Él en la resurrección, pues hemos resucitado de estar allá abajo. ¡Amén!

41 Miren, me siento religioso. ¿Por qué? Nosotros estamos muertos, y nuestras vidas están escondidas en Dios por medio de Cristo y sellados por el Espíritu Santo. Yo miro hacia atrás y veo en dónde estaba una vez. Ese William Branham murió hace treinta y dos años. Y ahora somos una nueva creación en Cristo, ya resucitados con Él y sentados con Él ahorita en lugares Celestiales, con la autoridad de Su Palabra prometida, de que todo demonio estará sujeto a nosotros, y nada en ninguna manera… “En Mi Nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera… sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán”.
Esa es Su promesa. Aquí está una confirmación de Su promesa. Oh, confesemos nuestra debilidad, y que Dios nos dé fuerza y fe en la mismísima Presencia viviente de Jesucristo que está aquí esta noche, el Hijo de Dios.

42 Yo me paré con dos de mis amigos aquí en febrero, cuando estábamos en Arizona, y estábamos en las montañas, estábamos allá cazando por unos días después de la reunión. Y vimos cuán cerca estaban dos estrellas; y yo dije: “Quizás ellas están muchos millones de años luz separadas una de la otra, más lejos de lo que nosotros estamos de ellas”. Y dije: “¡Pensar que el Dios que creó el universo, el Dios que creó el sistema solar, que creó los cielos y la tierra, y los creó a ellos por medio de Su Palabra hablada…!”
Recuerden que una palabra es un pensamiento expresado. Dios lo pensó. Luego cuando Él lo expresó, tiene que suceder, pues el mundo fue constituido por la Palabra de Dios. Y las cosas fueron hechas de lo que no se veía. Era la Palabra de Dios. Él lo pensó, y lo habló, y tiene que cumplirse. Es una semilla que está creciendo y creciendo maravillosamente, que tiene que producir en su sazón.

43 Nosotros podemos tomar Su Palabra, y ver que Él prometió que en los últimos días Él sacaría a este pueblo; y haría la mismísima cosa que Él hizo, como lo hizo en los días de Sodoma. Y nosotros la miramos y vemos estas cosas. Deberíamos aferrarnos a la promesa de Dios, y venir a Él, viendo que hemos anclado nuestras almas en este puerto de descanso. Inclinemos nuestros rostros.

44 Señor Jesús, ¡confirmación! Cómo te damos gracias por la Presencia del Divino esta noche. Si el pueblo tan sólo pudiera comprender su autoridad en Él, oh, cuán grandioso sería, Señor, si ellos tan sólo pudiera creerlo, pudieran tener fe. Que ellos, esta noche, se aferren a esa fe. A ellos se les ha enseñado eso; ellos han sido predicados, mejor dicho, a ellos se les ha predicado eso. Y han sido predicados, mejor dicho, a ellos se les ha predicado eso. Y ellos lo han leído de la Biblia. Ellos han visto a otros que se apropiaron de esto.
Oh, gran Jehová Dios, el Poderoso que fue hecho carne y habitó entre nosotros, ahora Tú te has hecho carne en nuestra carne por medio del Espíritu Santo que está aquí esta noche, vivificando la Palabra y vivificando las promesas que Tú has hablado. Concede esta noche que todo creyente lo pueda ver y sea sanado; y que a todo incrédulo le sean abiertos sus ojos a la Presencia de Jesucristo, y una confirmación de Tu resurrección.
Y el Dios que Josué, nuestro Josué de la otra Tierra, que vino a nosotros e hizo frente a Su Cades-barnea por todos nosotros… Y nuestro Cades-barnea estaba allí en el altar una noche. Ahora nos consideramos muertos, y nuestras vidas están escondidas en Él, resucitados con Él en la resurrección, sentados a Su diestra hoy en lugares Celestiales. Concede, Señor, que el entendimiento de la gente sea abierto. Y te daremos la alabanza, en el Nombre de Jesús.

45 Miren, con nuestros rostros inclinados por un momento, voy a hacer la pregunta solemne. Nuestro tiempo se está terminando. Yo quiero hacer una pregunta solemne, y quiero que la contesten de lo profundo de su corazón. Les mando delante de Dios que lo hagan.
Si Uds. todavía no han aceptado esta promesa de Vida Eterna, y no tienen la seguridad perfecta y la obra del Espíritu Santo en su vida, y les gustaría tenerla, con sus rostros inclinados, todos, levanten su mano. Digan: “Ore por mí, hermano Branham. Yo quiero eso en mi vida”. Dios… [Espacio en blanco en la cinta.—Ed.]. Dios le bendiga. Dios le bendiga, señora. Dios le bendiga.

46 Muy bien. ¿Alguien más ahora, mientras estamos esperando? Diga: “Hermano Branham, ore por mí. Yo—yo quisiera tener esa confirmación en mi corazón, que yo estoy anclado en Cristo, que todos mis pecados están debajo de la Sangre, y que yo tengo paz que sobrepasa el entendimiento, y que yo sé que estoy vivo en Cristo. Yo quisiera que pudiera decir eso, hermano Branham. ¿Orará Ud. por mí?” ¿Hay algunos que no han levantado sus manos que levantarían sus manos ahora? Dios le bendiga a Ud., y a Ud.
Alabado sea el Señor. Eso es bueno. Muy bien. Sólo continúen levantando sus manos. Yo las veo atrás, muy atrás. Sólo estoy esperando. Predicadores, todos, oren ahora. Dios les bendiga. Él los ve a Uds. Él ve su decisión. Él los ve a Uds. Sólo continúen orando. Él los ve a Uds. Él está observando. Allá atrás, yo te veo, hijo. Dios te bendiga allá atrás; éste aquí. Sólo continúen orando. Muy bien.

47 Nuestro Padre Celestial, Tú has visto sus manos levantarse. De acuerdo a la regla científica, ellos desafiaron a la ciencia allí mismo, porque de acuerdo a la ciencia sus manos deben colgar hacia abajo. La gravedad las mantiene allí. Pero hubo un espíritu en ellos que tomó una decisión. Ellos levantaron sus manos. Ellos estaban listos. Ellos supieron que había Algo hablándoles que era Inmortal, el Dios del Cielo. Y ellos supieron que no estaban bien, y quisieron estar bien. Ellos levantaron sus manos; ellos lo creyeron. Ahora, Padre, yo te ruego que lidies con ellos. En el Nombre de Jesucristo. Amén.

48 ¿Cuántos en el edificio en este momento…? Empecé a hacer un llamamiento al altar, pero el Espíritu Santo me detuvo. Eso es una cosa extraña. Seguro que lo es. Hay algo más. Él dijo: “Tú todavía no has dado la Presencia de… la—la confirmación de Mi Presencia”.
¿Cuántas personas aquí no tienen una tarjeta de oración, Uds. no tienen una tarjeta de oración, pero creen que Jesucristo, el Hijo de Dios, que está aquí ahora, está con nosotros? Levanten sus manos, todos Uds. Están por todos lados. Gracias. Esperen un momento. Un poco después…
Simplemente oren y pídanle a Dios: “Señor, yo creo que la Escritura me dice… Mi pastor me la ha leído y ha predicado sobre ello; yo he oído a otros. Y me dicen que Tú eres un Sumo Sacerdote que puede compadecerse de nuestras debilidades. Mira, ellos dicen que Tú eres el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. Señor, yo vengo. Yo estoy enfermo. Yo no estuve aquí a tiempo para obtener una tarjeta de oración, y voy a tocarte, Señor. Y mira: si el hermano Branham nos ha dicho la verdad (él no me conoce, ni sabe nada acerca de mí), yo quiero que Tú hables por medio de sus labios como hablaste por medio de los labios de Cristo aquel día y… Como Él le dijo a la mujer acerca de su flujo de sangre”.

49 Y Uds. simplemente tóquenlo a Él. Y miren, yo siento en mí mismo… Es un don, y siento… Es igual que engranar en una velocidad.
Y miren, si Uds. le creen y le piden, Dios se los concederá a Uds. Y si Él hace eso por Su gracia esta noche, podemos irnos a casa y decir: “Verdaderamente el Señor ha resucitado”, como aquellos que venían de Emaús. “Y yo tengo una confirmación ahora, que Él prometió que Las obras que Yo hago, vosotros las haréis también”, la mismísima clase de obras de las que hablamos anoche. Y Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos, y las Escritura son confirmadas.
“Y sabemos con toda seguridad que estamos viviendo en el día como el de Sodoma y Gomorra, pues vemos a los evangelistas en el mundo; y somos enseñados que la Iglesia elegida es una Iglesia sacada fuera y separada del mundo, o de las cosas del mundo. Y yo veo esa misma señal que Él dio allá, antes de la quema de Sodoma; y es una promesa que Él va a quemar el mundo muy pronto”.
Y entonces si Dios hace eso, todos Uds. que están es Sodoma, huyan tan pronto como puedan. Salgan fuera a la Iglesia. “¿Cuál es…? ¿Qué Iglesia?” La de los bebés recién nacidos en Cristo. Hay una sola Iglesia. Y Uds. no se unen a ella; Uds. nacen en ella. Y es—es un nuevo nacimiento. Que Dios conteste la oración.

50 Ahora, sólo tomemos filas, y permitan que Él hable por filas. Miren, todos por allí que no tienen una tarjeta de oración… Miren, si Uds. tienen una tarjeta de oración, no levanten su mano. Los que no tienen una tarjeta de oración, en cualquier parte en esta fila que está a mi mano derecha, levanten su mano, digan: “Hermano Branham, yo estoy orando”. Si no es para Uds. mismos, oren por alguien más, por cualquier cosa que Uds. quieran. Sólo tengan una petición. Oren. Muy bien. Dios les bendiga.
Ahora bien, miren en esta dirección y digan en su corazón: “Señor Jesús, yo creo Tu Palabra”. Y la Biblia dice en Hebreos el capítulo 4… Miren, nosotros sabemos (antes que digamos esto), que Jesús era la Palabra de Dios hecha carne. ¿Es correcto eso? La Biblia dice en Hebreos 4, que la Palabra de Dios es más cortante que toda espada de dos filos, parte hasta el tuétano del hueso, y discierne los pensamientos del corazón.

51 Esa es la razón que Él podía mirar sobre ellos y decir: “Tu fe te ha salvado”. Él lo captaba. Esa es la Palabra. Y “Si permanecéis en Mí, y Mi Palabra permanece en vosotros…” No permitan que alguna doctrina denominacional hecha por el hombre sea mezclada en Uds. Quédense puros, sin adulteración, de acuerdo con la Palabra. “Si permanecéis en Mí, y Mi Palabra permanece en vosotros, pedid todo lo que queréis…” Pues la Palabra de Dios discierne los pensamientos del corazón. Sólo crean ahora. Tengan fe. Vean si Él confirma que lo que yo he dicho es la verdad.
Sean reverentes por un momento. Predicando… Y luego, yo—yo iba a hacer un llamamiento al altar. Pero Él es el que me llamó a hacer esto, así que seguramente que Él me ayudará.

52 Sí. ¡Allí está! Esa señora sentada allí con un vestido puesto como anaranjado-rojizo, orando por su madre, ella está moviendo su cabeza de esta manera. Ella tiene cabello oscuro. Póngase de pie por un momento, señora. Sí. ¿Tiene Ud. una tarjeta de oración? No tiene. Una cosa muy extraña le sucedió a Ud. hace un momento. Ud. sintió muy… Como algo muy humilde y dulce alrededor de Ud. Yo estoy mirando directamente a esa Columna de Fuego, justo por encima de donde esa mujer está parada.
Ella está orando por su madre. Su madre no está aquí. ¿Cree Ud. que Dios me puede decir qué está mal con su madre? ¿Creería Ud. entonces con todo su corazón? Ella tiene problema del corazón. Eso es… Si eso es correcto, levante su mano. Mire, cuando Ud. se vaya, encuéntrela bien. Amén. ¿Creen Uds.?

53 Ahora, en esta fila, oren, y digan: “Señor Dios, ese predicador parado allí no me conoce, pero Tú me conoces. Y yo estoy tocando Tu manto. Permíteme, Señor, permíteme”.
Allí, por encima de un hombre de color sentado allí al final de la fila… Él va a ser operado. Ud., señor. ¿Tiene una tarjeta de oración? No tiene. Ud. no necesita una. Un problema de la vejiga. ¿Cree Ud. que Dios puede sanar ese problema de la vejiga? ¿Me cree Ud.? (Hay un buen espíritu allí). ¿Cree Ud. que yo soy profeta de Dios, o Su siervo? Perdónenme, eso hace tropezar a la gente. ¿Lo cree Ud.? ¿Con todo su corazón? Gracias, señor. Esa es la manera para creer en aquellos que Dios envía. Si Uds. quieren prosperar, Uds. saben lo que Él dijo que se hiciera. Sr. Benton, ese es su apellido. Ud. no es de aquí. Ud. es de una ciudad llamada Compton. Si Ud. cree con todo su corazón, se terminó. Dios le bendiga.

54 ¿Creen Uds.? Al final de la fila está una señora. Ella está orando por un ser querido, y el ser querido tiene una apoplejía. Él es un hombre anciano. La señora, Sra. Dawson, crea. ¿Tiene Ud. una tarjeta de oración, señora? No tiene. Yo no la conozco. Ud. es una desconocida para mí, pero Ud. está orando por un ser querido, y ese ser querido tiene una apoplejía. Es un abuelo. Y él no vive aquí. Él vive en una ciudad llamada Bakersfield, y él es un ministro del Evangelio. Eso es ASÍ DICE ES SEÑOR.

55 ¿Creen Uds.? Tengan fe ahora. Esta señora sentada aquí orando, que tiene problema del corazón, sentada allí mirándome, ¿cree Ud. que Dios la sanará, señora? La mujer canosa, meneando su cabeza, que está sentada directamente aquí… Muy bien. Ud., sí. ¿Cree Ud. que Dios la sanará? ¿Tiene Ud. una tarjeta de oración? No tiene. Ud. no la necesita. El problema de su corazón la ha dejado a Ud. ahora.
Ahora mire, siga adelante. Mire, si Ud. pierde la fe… Ud. se siente bien ahorita. La fe que puede hacer que Ud. se sienta bien, ahora mismo, puede mantenerla a Ud. de esa manera mientras Ud. guarde esa fe. ¡Y no lo dude! ¡Amén!

56 Yo… ¿Ven?, está allá sobre esa señora en ese…. justo detrás de la señora en la silla de ruedas. Es una mujer allá atrás. Sí, es una…La señora… Esa señora sentada allí orando por su—su madre, que está sentada al lado de ella allí. Ud. está orando por ella. ¿Cree Ud. que Dios me puede decir lo que está mal con ella? ¿Hará Ud….? ¿Tiene Ud. una tarjeta de oración? No tiene. Muy bien. Si Ud. cree que esa enfermedad de Bright la dejará a ella, la dejará. Ponga su manos sobre ella, y crea con todo su corazón, y ella sanará. ¡No dude!

57 ¡Oh, Él es la Rosa de Sarón, el Lirio de los Valles, una confirmación de que Él está vivo por los siglos de los siglos! ¿Lo creen Uds.? ¿Les gustaría venir en este momento, como una invitación? Todos… Toda alma oprimida por el pecado, ¿vendrán Uds. y se pararán aquí? Si Él me permite saber los problemas de la gente y todo acerca de estas cosas, Él me dice ahora que hay gente aquí que debería venir y rendir sus vidas a Él. ¿Vendrán Uds.? Levántense de sus asientos, Uds. que levantaron su mano. Vengan y párense aquí. Uds. los que nunca han nacido de nuevo, que no saben nada de Dios y estas cosas, ¿vendrán Uds. ahora? En Su Presencia, si Uds. creen que este es el Espíritu Santo, vengan ahora mientras nos ponemos de pie y cantamos un himno, el que Ud. haya—Ud. haya escogido, cualquiera.

58 Y mientras nos ponemos de pie y cantamos este canto, quiero que vengan ahora mismo, antes que sigamos con el servicio de oración. Veamos—veamos… terminemos esto, porque Algo dijo en ese momento: “Haz tu llamamiento al altar ahora. Tú predicaste sobre confirmación, y aquí lo tienes. Yo he confirmado que estoy aquí”. ¡Amén!
Si Uds. no pueden ver eso, amigos, Uds. están—Uds. están ciegos. Algo anda mal. Uds. están sin esperanza, cuando Dios está haciendo una cosa como esa. ¿Cuántos creen que Él está aquí? ¿Cuántos creen que es Él? Yo estoy seguro, con todo mi corazón, con mi Biblia. Jesucristo, el Hijo de Dios, el gran YO SOY (no el Yo era, sino el YO SOY), está aquí ejecutando en la carne de Su pueblo la misma cosa que Él ejecutó cuando estuvo en carne humana en esta tierra. ¡Aleluya! Yo lo creo con todo mi corazón. ¿Creen Uds. lo mismo?

59 Mientras todos nos ponemos de pie, vengan todos por aquí; me gustaría estrechar su mano; párense aquí para tocarlos. Y—y si Uds. quieren encontrar a Cristo, pidan perdón por sus pecados.
…rindo todo,
Yo rindo todo;
Todo a Ti, mi Bendito Salvador,
Yo lo rindo todo.
Eso es correcto. Levántense y vengan por aquí.
…rindo todo,
Yo lo rindo todo,
Todo a Ti, mi bendito Salvador,
Yo lo rindo todo.

60 Un momento. Una reprensión del Espíritu Santo: cuando unas doscientas manos o más fueron levantadas hace unos momentos, y cuando hice el llamamiento al altar, como unos trescientos salieron por la puerta, yéndose en la otra dirección, y un muchachito, dos de ellos, han venido y se han hincado aquí al lado. ¡Hablando de una Sodoma y Gomorra, hablando de un día de Juicio que está a la mano!, cuando Dios en Su misericordia muestra todo lo que Él puede mostrar, y la gente está tan endurecida al Evangelio que se sale justo en la Presencia del Espíritu Santo.
Dicen: “Esa no era gente…” Sí. Era gente que debería haber venido. Si yo sé lo que esto es, yo sé lo que eso era. Sí señor. El Espíritu Santo fue contristado tremendamente. Y pueda que Uds. lo hayan hecho por última vez. Yo espero que no. Pero pueda ser que Uds. lo hayan hecho por última vez. Esto es del Señor. Y sólo recuerden: yo no soy un charlatán; yo no soy un fanático. Yo sé exactamente en dónde estoy, y de lo que estoy hablando. Sí.

61 Con razón no podemos tener los avivamientos. Con razón los Ángeles, y el resto del mundo, va rumbo al infierno. Con razón Uds. se están preparando para una bomba atómica. Uds. niñitos, aniden junto a la Cruz y quédense allí.
La hora está a la mano. Yo fui a Bombay, India, no hace mucho. Agarré un periódico, decía: “La señal del terremoto ha terminado”. Dos o tres día antes que el terremoto viniera, todos los pajaritos volaron de sus nidos en las paredes de piedra. Todas las ovejas y el ganado que estaban a los lados de las paredes, todos se fueron al campo, y se quedaron recargándose unos contra otros, como apoyándose de esta manera unos contra otros, haciéndose sombra unos a otros.
¿Por qué? Era un instinto. Algo les dijo a ellos que venía un terremoto. El terremoto derrumbó esas paredes. Si se hubieran quedado allí, hubieran perecido. Pero, miren, después que el terremoto terminó, ellos regresaron a las paredes otra vez que permanecieron en pie.

62 Mire, permítame decirle, amigo. Ese Dios de Moisés que los pudo meter dentro del arca, los pudo alejar de esas paredes. Y si Dios por medio del instinto en un pájaro, lo pudo llamar a que se alejara del peligro, ¿cuánto más debería llamar a los seres humanos, que están inspirados por el Espíritu Santo? ¡Qué cosa tan perversa! ¡Qué generación tan adúltera! ¡Qué lugar tan perverso en el que estamos viviendo! ¡Qué nación tan impía y pecaminosa tenemos! Rechazadores de Dios, aborrecedores de Dios, buscadores de señales, miembros que se unen a un movimiento por unirse, imitadores, imitaciones carnales, guiados por un montón de nada, llegando al fin del camino. Yo hablo eso en el Nombre del Señor. Llamaré una vez más. Depende de Uds. el contestar. Muy bien.
Yo lo rindo todo, (venga, pecador, en la Presencia de Dios),
Yo lo rindo todo,
Todo a Ti, mi bendito Salvador,
Yo lo rindo todo.
Yo rindo (lo rindo todo),
Yo… canto…
Todo a Ti, mi bendito Salvador,
Yo lo rindo todo.

63 Recuerden que algún día yo me pararé en la presencia de Uds., delante de Dios, cuando esta generación se levante. Yo les ofrezco esta noche liberación de sus pecados por medio de Jesucristo. Les ofrezco paz que sobrepasa el entendimiento. Les ofrezco el bautismo del Espíritu Santo, si Uds. siguen las instrucciones de la Biblia de Dios. ¿No vendrán a recibirlo? Yo…
Mientras los ministros bajan, si son tan amables, y se paran alrededor de estas personas…
Yo lo rindo todo, yo lo rindo todo,
Todo a Ti, mi bendito Salvador,
Yo lo rindo todo.
Yo rindo (yo lo rindo todo),
Yo rindo (yo lo rindo todo),
Todo a Ti, mi bendito Salvador,
Yo lo rindo todo.
Levantemos nuestras manos ahora y alabemos a Dios, todos nosotros. Rindan su vida.
Señor Jesús, recibe nuestra ofrenda, Señor. Estas personas que están en el altar, recíbelas, en el Nombre de Jesucristo.
Mensaje extraido de Messagehub