S.1057 63-1116E  Perseverancia 

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OBRAS DEL MENSAJE

Perseverancia

New York, New York, E.U.A.

63-1116E

1 Gracias. Gracias, Hermano José. “Ahora yo lo creo”.
Ahora yo lo creo, ahora yo lo creo,
Todo es posible, ahora yo lo creo;
Ahora yo lo creo, ahora yo lo creo,
Todo es posible, ahora yo lo creo.
Inclinemos nuestros corazones ahora en Su Presencia. Nuestro Padre Celestial, estamos agradecidos Contigo una vez más, esta noche, porque Tú has estado con nosotros durante el día, y has guiado nuestros pasos. Y estamos aquí reunidos una vez más, esta noche, en el Nombre de nuestro amado Señor Jesús. Y estamos aquí bajo una gran expectación. Estamos ahora esperando por el momento en que Tú nos darás el clímax de esta reunión, cuando sanarás a los enfermos, y a toda la gente afligida esta noche. Permite que no quede ni una persona débil entre nosotros esta noche. Que su fe pueda elevarse, Señor, de… y que ya no miren más sus problemas, pero a Aquel Quien es el remedio, o la cura, de sus problemas. Y, Dios, oramos para que Tú nos partas el Pan de Vida, de nuevo, de Tu Palabra, para que nos dé aliento. “Porque la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. Y te alabaremos a Ti, porque lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén.

2 Pueden tomar asiento. Estoy muy contento de estar de regreso en esta noche. Yo sólo pasé por la puerta allá afuera, hace unos momentos, y había allí una gran multitud de gente acumulándose en frente, caminando de arriba abajo por las calles. Y los… los choferes de los autobuses dijeron que, o el… Discúlpenme. El chofer del taxi dijo: “¿Esas personas no han venido a la iglesia, o sí?” Yo le dije: “Sí, señor. No pueden entrar”. Le dije. La gente reclama que a las personas no les gusta ir a la iglesia. ¿Ven? Pero ellos… ellos… Yo creo que el Evangelio todavía es el… es el poder de atracción más grande sobre la tierra, aunque en simplicidad.

3 Tuvimos un gran tiempo en el desayuno esta mañana de los Hombres del Evangelio Completo. El Señor sí que nos bendijo. Él se encontró con nosotros allí en gran manera. Ellos vendieron, creo que dijeron, mil setecientos boletos, y permitieron que entraran trescientos más, y luego ya no dejaron que nadie más entrara, y ellos se quedaron parados en los pasillos y alrededor de las puertas. Y… y el Señor, cuando nosotros hicimos el llamamiento al altar, muchos se levantaron, a recibir la Vida Eterna. Así que estamos muy agradecidos por eso.

4 Y entonces, quiero darle las gracias a un hermano. Él no pudo entrar allá, creo que no pudo. Y él… él le dio a Billy, hace un rato, una caja de balas .22, para mí. Y las tengo allí en la parte de atrás. Y de seguro que las disfrutaré. Muchas gracias, si acaso está usted en la parte de afuera y no puede escuchar, o aquí adentro, como sea. Yo ciertamente…
Eso ha sido para mí de gran bendición, unas veces, el disparar al blanco. Y ahora, uno tiene que tener algo como para dejar escapar la presión. Y entonces de esa manera es que yo lo hago, algunas veces cuando tengo la oportunidad, y que puedo, pues, salgo al campo y disparo un rato, simplemente para dejar escapar el vapor. Uds…. Yo creo que Jesús dijo: “Vayamos aparte al desierto por un rato”.

5 Ahora, ¡Les amamos mucho! Y mañana es domingo, y todos quieren ir a la iglesia en domingo. Y yo sé, o estoy casi seguro, que todos Uds. saben dónde está la… la (intenté decir iglesia de la piedra, pero es) la Iglesia de la Roca. Esa es la iglesia que está patrocinando esta reunión, me imagino, y otras están visitando aquí. Y para Uds. desconocidos que no son de la ciudad, que han venido a la reunión, y si Uds. no… Ahora si Uds. tienen un puesto del deber, Uds. vayan allá. Eso es lo que deben de hacer. Siempre mantenerse en su puesto del deber. Eso es su… es su deber para con Dios y con su pastor, para el resto de la congregación. Pero si Uds. no tienen a dónde ir, estoy seguro que serán bienvenidos en la Iglesia de la Roca, porque…. Me imagino que ya anunciaron los servicios.

6 Y a Uds. personas que fueron salvas en estas reuniones, uno nunca se entera. Ahora, normalmente nosotros hacemos un llamamiento al altar, lo que llamamos llamamiento al altar, vean, y eso… eso está bien. Yo no tengo nada en contra de eso. Eso es bueno. Pero yo creo, si se acuerdan en la Escritura, ellos… ellos no tenían llamamientos al altar. “Y todos los que creyeron, vean, fueron añadidos a la iglesia”. ¡Creyentes!
Y si Uds. no tienen una iglesia, pues, estoy seguro que el Hermano Vick les dará la bienvenida en su iglesia, o cualquier otro de los hombres que están aquí. Si aún no tienen un bautismo Cristiano, consúltenlos. Y no se detengan. Sólo sigan avanzando, solo sigan presionando.

7 Uno nunca sabe, nunca nos enteramos de cuántos fueron sanados. Y Uds. pastores, hermanos, solo recuerden, cuando terminen las reuniones, tal vez en unas semanas, alguien vendrá a Ud., por ejemplo alguna mujercita, y les dirá: “Sabe una cosa, yo solía tener un problema de dama. Y ya no está”. Alguien: “Yo… yo, Ud. sabe, de repente, yo ya no quise más cigarrillos. Simplemente eso me dejó”. ¿Ven? Ellos, ellos han sido sanados, tantos, que uno no puede nombrarlos. Vean, están por todas partes. Y hasta ahorita no he tenido una reunión donde no se hayan visto estos resultados después, donde el Señor sanó a las personas y ellas no fueron conscientes de eso en ese momento, pero ellas… ellas sí que lo recibieron. Y de repente, allí estaban, y simplemente se levantaron y se fueron, y allí queda concluido. Pero tal vez no lo entendieron bien en ese entonces, pero, conforme pasa el tiempo, queda resuelto.

8 Me recuerdo, que en Finlandia, hace mucho tiempo. Me supongo que hay gente Finlandesa aquí. Hubo un pequeño muchachito que fue levantado de la muerte. Probablemente Uds. lo han leído… leído en el libro sobre eso. Las noticias salieron, por todas partes hasta en Rusia. Pero yo vi la visión antes de que sucediera, dos años antes, y lo mencioné por toda la nación.
Yo me acuerdo de la niña finlandesa, esa noche parada allá en el pasillo, y ella tenía una pierna como seis u ocho pulgadas más corta que la otra. [15 o 20 cm.] Ella traía un zapato grande que le habían hecho, con una… una correa en ella, y una en su dedo, un pequeño gancho. Y ella tenía el… el cinto alrededor de sus hombros, y cruzaba de este modo y hasta abajo al dedo de su zapato. Ella traía dos muletas. Y la pobrecita se miraba harapienta. Y cada vez que se tenía que mover, ella tenía que mover el pie con su hombro, que lo sujetaba; y luego la aventaba de esa manera, y la bajaba, y luego bajaba la muleta. Y nosotros teníamos que…
Nosotros estábamos a lo que llaman (ahora, el hermano Finlandés, la hermana aquí, yo… yo no lo pronunció bien) Messuhalli, y llamaban todo el alfabeto. Y dejaban entrar a unos veinte mil, o lo que haya sido; y luego los dejaban salir, y después me permitían hablarle a otros veinte mil.

9 Y el muchachito había sido levantado de la muerte, en Kuopio, había sido matado por un automóvil. Y, ¡Oh, vaya! Allá no anuncian rocanrol y cosas, solamente noticias y cosas, así que esto salió en las noticias. Y ellos vinieron desde Rusia, fueron allá.
Y, yo había visto, esa noche. Eso sucedió después de la guerra, como cinco años, yo creo, después de la guerra. Y vi a los soldados rusos y finlandeses, con sus armas entre ellos, amándose unos a otros, dándose palmaditas en la espalda uno al otro. Cualquier cosa que pueda hacer que un ruso le dé una palmadita a un finlandés, acabará la guerra, se necesita el amor de Jesucristo para hacer eso.

10 ¡Pero aquellos grandes soldados comunistas parados allá! Pasamos por un grupo de pequeños soldados finlandeses, unos hombrecitos que todavía ni empezaban a rasurarse, simplemente con cara lisa, con esas botas grandes puestas, yendo por la calle, observando a la gente. Había gente amontonada por ambos lados, por cuadras enteras de la ciudad. Y aquellos soldados en posición de firmes, con lágrimas corriendo por sus mejillas. Ellos dijeron: “Nosotros recibiremos a un Dios que puede resucitar a los muertos”. ¿Ven? Son seres humanos como nosotros.
Lo que sucede es, una cosa que profese Cristianismo y que no produzca ningún resultado, ellos la dejan a un lado. Ellos quieren algo real. Vean, esa es la razón por la que el comunismo está a la alza, por causa de la decepción de la iglesia. La iglesia tiene la culpa del comunismo, porque es la que decepcionó. Y piénsenlo, solo uno por ciento de Rusia es comunista, uno por ciento. Noventa y nueve por ciento de la gente todavía es Cristiana. Lo que ellos necesitan es algo real con Fuego, con un profeta con el ASÍ DICE EL SEÑOR. Eso, vean, eso conducirá a la fuerza comunista al mar. Lo que necesitamos, es, lo que ellos necesitan es la Cristiandad verdadera.
Y los soldados rusos estando parados allá aquella noche. Yo entre a un pequeño vestíbulo y a un pequeño pasillo. Y esta niñita, nunca me olvidaré de ella, tenía… ella era una pequeña con cabello desaliñado y unas falditas harapientas. Y ella salió de… del baño de mujeres. Y les habían dicho que no me molestaran.

11 Y yo salía a la calle y compraba dulces. Yo… yo mismo tengo niños, y yo… a mí me gustan los niños. Yo creo que cualquier persona que no le gusten los niños, hay algo mal en ellos. Así que estos pequeñitos, yo tenía como un cordón de media cuadra, siguiéndome. Y yo les daba dulces. Ellos me daban algo del dinero que traían, y aquí no sirve, unos billetes así de grandes, y yo compraba dulces. Yo no sé qué era lo que estaba comprando, pero yo se los regalaba. Y después se les pidió en las calles, Uds. saben, si salía a caminar por los alrededores, que siguieran adelante y que trataran de ignorarme, me imagino, de esa manera hacer un poco de ejercicio.
Y después cuando llegué esa noche, esa pequeña niña pensó que había hecho algo mal, y yo sabía que ella había agachado su cabecita. Y ella miró hacia arriba con sus pequeños ojos azules, e iba a ver lo que yo tenía que decir.

12 Y los dos soldados que estaban enfrente de mí, habían entrado por la puerta. Y estaban cantando: Solo Creed. Dos más estaban atrás de mí. Y les hice señas: “Deténganse”.
Y yo quería ver lo que iba a hacer la niña. Ella tenía, me imagino, como ocho años, o diez. Después me vine a dar cuenta, que ella era una pequeña huérfana de guerra finlandesa. Su padre y su madre habían sido matados en la guerra Rusa. Y así que yo… yo miré a la pequeñita, y… y ella llevaba esas muletas. Y ella pensó que yo… que ella había hecho algo mal, Uds. saben.

13 Y yo la mire. Le dije: “¿Me querías ver?” Y, por supuesto, ella no entendía el inglés. Y con mi dedo le hice señas, para que fuera. Y ella levantó su cabeza y se miraba como infantil. Ella puso a un lado las muletas, y levantó su pequeña extremidad, como de esa forma. Y aquí venía, caminando.
Yo pensé: “Solamente voy a ver lo que la niña hace”. Y yo me quedé allí de esa manera. Y ella se acercó mucho a mí, y me miró; y volteó hacia arriba de esta manera, y volteó hacia abajo. Yo pensé: “Solamente voy a ver lo que hace”. Y ella levantó mi saco, lo miró en su mano, y beso mi bolsillo del saco, y bajo su mano“.

14 Yo le iba a decir a ella: “Mi pequeña hermanita”, yo no sabía hablar. Y miré hacia el frente, y la miré corriendo por la calle, tan normal como cualquier niña. Y yo dije, ahora, yo no podía hablarle, yo dije: “Querida, Jesucristo te sana”.
Y ella tomó su faldita hacia un lado, una típica pequeña finlandesa, y dijo: “Kiitos”. Lo cual significa: “gracias”, vean, por besar el bolsillo. Yo… yo creo, si yo hubiera sido el hipócrita más grande del mundo, Dios hubiera honrado la fe de la niña.
Así que ella, yo pensé: “Bueno, ella se va a dar cuenta, después, de todas maneras. Vean, sucederá, ella estará bien, porque ya la vi en la visión”. ¡Tiene que ser! Lo que digo, simplemente tiene que suceder.

15 Así que esa noche, habían sucedido muchas cosas que el Señor había hecho, y yo estaba a punto de partir. Y yo dije: “Bueno, sólo llamaremos a unos más”.
Y mi hermano dijo: “No”, dijo: “Uds. está…”. Y el Hermano Baxter dijo: “Ud. está agotado ahora, Hermano Branham”. Dijo: “Ahora, Uds. solo… solo pare ahora mismo, venga, porque tenemos que ir a otro lugar”. Y yo dije: “Uds. solo…”.
Yo dije: “Bueno, yo siento el tener quizás a cuatro o a cinco más, hay tantos aquí”.
Y así que la siguiente en la línea de oración era la pequeña niña. El Señor sabe cómo hacer que las cosas funcionen exactamente bien. Así que yo dije: “Sra. Isaacson…”. Ella pudiera estar aquí ahora. Ella fue mi voz en Finlandia. Así que yo dije: “Ahora solamente diga las palabras que yo diga”. Ella dijo: “Muy bien”.
Y yo dije: “Querida, el Señor Jesús te sanó, te compensó allá, por lo que hiciste”. Yo dije: “Ahora ve allá y consigue que a unos de los hombres para que te quiten los aparatos ortopédicos. Y sólo observa lo que sucederá”. Y ella se fue cojeando por la plataforma. Y yo me quedé con el resto de ellos.
Después de un momento, aquí venía ella con los zapatos, con los aparatos sobre la cabeza; tan normal, las dos extremidades tan buenas como pudieran estar, corriendo de arriba abajo por las escaleras. Vean, fe, fe, el amor encontró su lugar. Eso es correcto.

16 El día de hoy tuve una pequeña experiencia, y sólo para mostrarles lo que significa el compañerismo. Yo, la última vez que estuve aquí en Nueva York, o que estuve aquí con el Hermano Hudson, pienso que en… Ese mismo, pienso que no era en Nueva York. Allí, no sé qué parte de aquí es Nueva York. Todo es Nueva York, para mí, desde Tucson hasta aquí, tal pareciera.
Entonces yo solía venir aquí con la hermana Brown y el Hermano Berg. Y estoy seguro que muchos de Uds. los conocen. He estado tratando de contactarme con ese viejo santo tan querido, durante un día o dos. Y no hubo nadie en la iglesia, y luego ahora la pude tener a ella en el teléfono. Yo pude contactarme con el conserje. Y, bueno, yo pensé que estaba hablando con una joven de dieciséis años, ella tiene una voz tan primaveral. Yo dije: “Hermana Brown, nunca adivinará, en un…un mes de domingos, quién es éste”.
Y ella dijo: “Bendito sea tu corazón, seguramente que no”.
Y estaba tan feliz como podía estarlo. Yo dije: “El Hermano Branham”, y ella simplemente empezó a gritar; una cosita tan dulce.
Y ella tiene ochenta y tres años, y predica dos veces a la semana. Y sólo piénselo, ella entró al ministerio antes que yo naciera. Y yo que estaba casi por darme por vencido; yo pensé que me estaba poniendo viejo, Uds. saben. Yo tome nuevo vigor.

17 Y yo le dije que estaba aquí con el Hermano Vick. ¡Y las cosas más amables que dijo del Hermano Vick! Déjenme decirles, eso… eso hace… Esa es la verdadera Cristiandad. Ambas iglesias grandes, aquí en Nueva York, no hay competencia entre ellos, ven, simplemente unos verdaderos hermanos y hermanas en Cristo. Déjenme decirles, eso significa mucho para el pastor, Uds. saben. Para los dos que están aquí, unas viejas iglesias establecidas de esa forma, y aún hermano y hermana, trabajando mano a mano. De esa manera es como lo debemos de hacer. Eso está muy bien. Pienso que eso complementa al Hermano Vick, en su gran trabajo aquí para el Señor, y su gran sentir por otros, y en ambos. Que el Señor les permita vivir un tiempo muy, muy largo todavía.
Y, Hermano Vick, yo pensaba que estábamos envejeciendo, pero todavía somos niños. Somos simplemente unos niños.

18 Me acuerdo del Hermano Bosworth cuando se estaba muriendo, él tenía ochenta y cuatro. Le decía, por poco quemaba mi viejo carro, por llegar aquí a verlo. Luego lo vi levantarse, con su pequeña cabeza calva, él levantó sus brazos de esta manera. Yo simplemente me arroje a sus brazos, y exclamé: “¡Padre mío, padre mío, carros de fuego de Israel y su gente de a caballo!”. Y yo dije: “Hermano Bosworth, quiero hacerle una pregunta”. Yo dije: “¿Está enfermo?”.
Dijo: “No”.
Yo dije: “Bueno, ¿qué es lo que sucede?”.
Él dijo: “Yo simplemente me estoy yendo a casa”. Sí, Uds. conocían su sentido del humor.
Y yo… yo dije: “Bueno, Hermano Bosworth”, yo dije: “Me gustaría preguntarle algo. ¿Cuándo fue su mejor momento?”.
Él dijo: “Ahora mismo”.
Y yo dije: “¿Sin embargo sabe Ud. que se está muriendo?”.
Él dijo: “Yo no puedo morir”. Dijo: “Yo morí hace como setenta años atrás”, él dijo. Él dijo: “Yo… Yo soy una nueva criatura en Cristo”. Y él dijo: “Hermano Branham, todo por lo que he vivido, por los últimos sesenta años, ha sido por el Señor Jesús, Y, en cualquier minuto, estoy esperando que Él atraviese esa puerta y me iré con Él por la eternidad”. Yo pensé.

19 Me acuerdo de Paul Rader. ¿Cuántos se acuerdan? Muchos se acuerdan de Paul cuando murió allá. Y ellos mandaron llamar, tenían a los… del Instituto Bíblico Moody, yo creo, mandaron un… un pequeño Cuarteto para que le cantara. Y estaban cantando Más Cerca Mi Dios De Ti, Uds. saben. Y él dijo… Él tenía un sentido del humor, Uds. saben. Él dijo: “¿Quién se está muriendo, yo o Uds.?”, él dijo. Él dijo: “Por cierto”, dijo: “levanten esas cortinas, y cántenme, cántenme una buena canción enérgica del Evangelio”.
Y ellos empezaron a cantar: “¡Allá en la cruz donde mi Salvador murió, fue allá donde por la limpieza de mis pecados yo clamé!”.
Él dijo: “Eso se escucha mucho mejor”. Dijo: “¿En dónde está mi hermano, Luke?”.
“Bueno, Luke no quería ver morir a su hermano, así que él estaba en el cuarto contiguo”.
Dijo: “Vayan por él”.
Y Lucas y Paul habían viajado juntos, así como Billy Paul, mi hijo y yo hemos viajado juntos.
Y Luke entró, trató de abrazarlo, y tomó la mano de Paul. Paul lo alcanzó y lo tomó, dijo: “Luke, hemos venido juntos por un largo camino, ¿no es así, hermano?”.
Él dijo: “Sí”.
Dijo: “¡Pero piénsalo! En cinco minutos a partir de ahora, yo estaré parado en la Presencia de Jesucristo, vestido en Su justicia”. ¡Oh, hermanos! Eso es.
Dejen que me vaya de esa manera. Eso es, ¡vestido en Su justicia! En cinco minutos a partir del tiempo cuando sujetaba las manos de su hermano: “Yo estaré parado en la Presencia de Jesucristo, vestido en Su justicia”. Él apretó la mano de su hermano, y se fue a encontrar con Él. ¡Oh, vaya, que día será ese, esos soldados valientes!

20 Lo ven, yo me paro aquí y hablo con Uds., y todo mi tiempo se ha ido, y me imagino que de esa manera es. Son las nueve en punto, pero me voy a apurar, esta noche, de seguro. Solamente tengo unas cuantas pequeñas Escrituras.
Yo anoto las Escrituras y sé en donde referirme a ellas después. Unas veces hago… escribo un nombre, y luego le pregunto al Hermano Vayle lo que significa, antes de venir, Uds. saben. Yo pudiera tomarla de la Biblia aquí, y él me dice como pronunciarlas. Y así que yo carezco mucho en educación.

21 Pero prometo en esta noche orar por los enfermos. Y ahora mi propósito principal, mis… mis reuniones, la razón por la que no la llevo a cabo muchas veces; una o dos veces, tal vez, durante la campaña, yo llamo a las personas aquí arriba como lo voy a hacer esta noche, sin el discernimiento, porque es solo para imponer las manos en los enfermos. Mucha gente cree eso. Ahora, eso…. eso es bueno. Esa es la Escritura. ¿Ven? Pero si se acuerdan, esa fue como una tradición judía. Vean, Jairo dijo: “Ven y pondrás Tu manos sobre mi hija, y ella vivirá”.
Pero el romano dijo: “No soy digno de que entres Tú bajo mi techo. Solamente ¡habla la Palabra! Fíjense lo que él testificó. Dijo: ”Yo soy un hombre de autoridad“. Él era un centurión. ”Y yo… yo le digo a este hombre ve y él va. Y a este aquí ven y él viene“. ¿Qué estaba testificando? Que sólo la Palabra de Jesús era suficiente para sanar a su siervo; Él tenía poder sobre todas las enfermedades”. “Tú solamente di la Palabra, y mi siervo vivirá”.
Él se dio la vuelta y dijo: “Ni en Israel he hallado fe como esa”. ¿Ven?
Ahora es allí en donde estoy tratando de hacer que la gente crea.

22 Uds. saben, mucha gente dice: “¡Oh, gloria a Dios, el Hermano Tal y tal puso manos sobre mí, aleluya, yo me alivie! Eso se ve como si el hermano hubiera tenido algo que ver en ello. ¿Ven?
Ahora, si Uds. tan sólo pudieran reconocer la Presencia de Jesucristo, vean, y dejan que… Son Sus manos lo que cuenta, vean. Y solo acéptelo a Él, entonces nadie les impuso las manos más que Cristo. ¿Ven? Uds. lo tocaron a Él, y Sus manos lo tocaron a Uds., vea. Y ningún hombre recibe alabanza en ninguna parte. Es toda la alabanza… Porque, después de todo eso es lo único que se puede hacer. Si tomamos alguna gloria, se la estamos robando a Dios, porque Dios es el que sana.

23 Y recuerden, no hay tal cosa como un… un hombre, sea doctor o ministro, que sea el sanador. “Yo Soy Jehová vuestro Dios que sana todas vuestras enfermedades”, vean: “todas”. La medicina no sana. No hay doctor que reclame que la medicina sane. No, no. La medicina solamente mantiene limpio mientras Dios sana. La medicina no puede crear tejido, no puede pegar un hueso. ¿Ven? Ud. puede quitar un apéndice, ¿pero quién va a sanar el lugar de donde salió? ¿Ven? Pudieran sacar un diente, ¿pero quién va a sanar el lugar de donde se extrajo? ¿Ven? ¿Lo ven? Dios es el Sanador, Él es el único Sanador. Las Escrituras no mienten. Ellas están perfectamente correctas, así que Él es el Sanador.

24 Yo estoy muy agradecido por todas las… las cosas que tenemos, como la medicina en la que han pensado, que puede matar microbios. Nada en contra de eso. Yo oro constantemente por eso. Pero llegamos a cierto punto, cuando no tenemos medicina que ayude el caso. Y luego otra cosa, algunas veces, una medicina que puede ayudar a uno matará a otro. ¿Ven?
Pero yo conozco una Toxina que no es en lo absoluto un remedio, es la cura, esa es la Sangre de Jesucristo. ¡Fe en la Sangre!

25 Ahora esta noche, oh, nosotros, ¿Acaso Billy…? Se me olvido preguntarle. Yo entre corriendo. ¿Repartió él tarjetas de oración? ¿Lo hizo, o no lo hizo? [Alguien dice: “Sí, lo hizo”. Trad.] Si no lo hubiera hecho, yo iba a hacer que las repartiera ahora mismo. Nosotros vamos a hablar un momentito sobre la fe, y luego… y luego iremos directamente y llamaremos la línea de oración, para orar por los enfermos, por la imposición de manos, trataremos de llegar a cada persona en el edificio que podamos. Ahora, tenga fe ahora.

26 Quiero que me den su completa atención, sólo por unos momentos, mientras leo esta Palabra. Y ahora deseo leer del Evangelio de San Mateo, el versículo 15… el capítulo 15, mejor dijo, comenzando con el versículo 21. Y esto no es mucho de la Escritura para leer, lo ven, es un texto pequeñito. Pero, Uds. saben, es… no es el… el… No es qué tanto; es la calidad. ¡No es la cantidad; es la calidad! Vean, hay suficiente allí, en esos pocos versos, para salvar a todo el mundo. Seguro. Vean, no es… no es el tamaño de ello, es lo que es.

27 Como yo estuve diciendo aquí hace un tiempo, un… un muchachito, creo que fue en este estado, que estaba buscando por todos lados en un ático viejo y encontró una…una vieja estampilla. Y… y él conocía a un viejo coleccionista, así que él… él se la llevó para averiguar qué tanto valía. Y el coleccionista de estampillas dijo… Oh, por supuesto, el muchachito ya estaba pensando en el helado, Uds. saben. Él dijo: “Yo te daré… te daré un dólar por él”. Bueno, vaya, eso fue, la venta se hizo de inmediato. Yo creo que él la vendió por, yo creo, por quinientos dólares; y salió, la última vez que oí al respecto, se me olvida que tantos cientos de dólares valía. Lo ven, esa pequeña vieja estampilla, el papel no era lo que contaba, solamente era un pedazo viejo de papel que ni siquiera valía la pena levantar. Pero lo que estaba en él, es lo que contaba.

28 De la misma manera es con Esto aquí. Esto solamente es un pedazo de papel, pero lo que está en él es la Palabra del Señor, y eso es lo que lo hace ser tan valioso. Muy bien en el versículo 21.
Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón.
Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.
Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros.
El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme!
Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos.
Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.
Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.

29 Ahora solo por unos momentos, amanera de hacer un… para construir en esto, quiero tomar un texto para decir lo que yo he escrito aquí en estas Escrituras. Yo lo quiero llamar perse… la palabra Perseverancia, y solamente una palabra.
Perseverando, ahora nosotros conocemos esa palabra, yo creo que significa: “Ser persistente”, y el ser persistente en algo que Ud. está haciendo. Al trazar una meta o algo, Ud. tiene que ser persistente.
Y el hombre a través de todas las edades, que ha tenido fe en lo que está tratando de lograr, tuvo que ser persistente, especialmente si Ud. está tratando de hacer lo correcto. Porque, Ud. se va a topar con, se va a topar con una oposición.

30 Ustedes aquí esta noche, por los cuales se van a orar, estoy diciendo esto para su gloria, para su entendimiento. Si Uds. no está listos para entrar en la línea de oración, no vengan. Porque, deben de recordar que este es el tiempo cuando Dios los va a tomar por su palabra, y Uds. deben tomarlo a Él por Su Palabra. Y no importa lo que alguien más diga, o como se siente, sus sentimientos no tienen nada que ver con eso. Jesús nunca dijo: “¿Lo sentiste?”. Él dijo: “¿Lo creíste?”. Vean, Uds. deben de creerlo. Y su sanidad ya está segura, Jesucristo los sanó en el Calvario. Y, no importa cuál sea su problema, Ud. debe de aceptarlo. Y antes de que pueda aceptarlo, tiene que creerlo. Porque, la fe se basa, o, la sanidad se basa en la fe, y la fe se basa en la Palabra.
Miren, Uds. no pueden decir: “Si yo tocó este micrófono, seré sano”. En eso, no hay ninguna base en eso, vean. Eso está en su mente.
Pero cuando es ASÍ DICE EL SEÑOR, entonces Uds. pueden saber que eso es verdad, porque: “Todos los cielos y la tierra pasaran, pero Su Palabra nunca cambiará”. Así que es verdad.
Ahora Ud. tiene que ser persistente. No importa cuánto el diablo trate de decirle: “Bueno, tú te sientes igual de mal”. ¡No crea ni una palabra de eso!

31 Hace un tiempo, fui llamado a un lecho de muerte, me sacaron de una reunión y me llamaron al lecho donde un… un muchachito se estaba muriendo. Y el padre vino a mí, han pasado como quince años, me imagino, y él dijo: “¿Podría venir con mi hijo? Él se está… se está muriendo de… de una cosa horrible”. Es una… una enfermedad del corazón, yo la llamo… yo creo que se llama algún tipo de… una enfermedad del corazón, se me olvida el nombre de eso, pero era algo muy, muy malo.
Y así que yo dije: “Sí”.
Oh, dispénseme, se le fue al corazón, pero era polio lo que tenía en su cuerpo. Era polio. Y eso fue antes de que tuviéramos la vacuna Salk. Y luego el niño estaba muy mal. Y así que cuando yo fui a orar, el doctor no me dejaba entrar. Y él dijo: “No lo puedo dejar pasar”.

32 Y yo dije: “Bueno, yo estoy…”. Yo tenía como cuarenta años, y dije: “Bueno, yo tengo cuarenta años de edad”. Yo dije que… “Mi fe me dice que está bien que entre a orar por el niño de este hombre, porque él quiere que yo… que yo ore por él”.
Él dijo: “Pero, mire”, él dijo: “Ud. es un hombre casado. Ud. tiene un hijo propio. Ud. le contagiará de polio a ese niño.
Y yo dije: “Bueno, déjeme pasar”. Él no me dejaba.
Y el mismo hombre, el doctor, según entendí, era católico. Le dije: “Le quiero preguntar algo. Si yo fuera sacerdote, y este hombre fuera católico, y el niño se estuviera muriendo, ¿me dejaría darle los santos óleos?”.
Él dijo: “Eso es diferente. Sería un sacerdote”.
Yo dije: “No. Yo significo tanto para ellos, como un sacerdote significaría al hombre que fuera católico”.
Y finalmente él dijo: “Puede si Ud. firma este papel”.
Yo dije: “Yo firmaré lo que sea, vean”. Así que él me vistió como un Ku-Klux, y yo… yo entre allí. [La congregación se ríe. Trad.] No quise decirlo de esa forma; perdónenme, vean; de todas maneras, de blanco, y por toda mi cara.

33 Y yo entré allí, y el niño estaba tan decaído al punto que apenas estaba respirando. Y él había estado inconsciente, por dos días. Y yo no entiendo la medicina y esos grandes estudios científicos que Dios le ha permitido al hombre hacer, a doctores para la gente enferma, y demás, pero hay una especie de un… un cardiograma, algo que le habían tomado. Su corazón estaba tan despacio, se me olvida a cuanto estaba el latido. Casi había desaparecido. Y así que la madre estaba parada allí, y yo hablé con ella. Luego yo me puse al otro lado de la cama. Y la pequeña enfermera, oh, una damita muy amable, ella, yo creo que estaba en sus primeros veinte años, quizás, veintiuno, veintidós años de edad, ella era la enfermera que estaba apegada al… o tenía que hacerse cargo del paciente.

34 Así que yo me puse al otro lado de la cama, y me arrodillé, y yo sólo… una pequeña simple oración, y puse las manos sobre… sobre el niño. Yo dije: “Señor Jesús, este padre y esta madre me han traído aquí para orar por su hijo, y él se está muriendo. Y solo Tú, Señor, lo puede ayudar. Y yo sé que Tú dijiste: Estas señales seguirán a los que creen; si ponen las manos sobre los enfermos, sanarán. Yo te ruego esa promesa, Señor Jesús, por causa de la vida del niño”. Ningún cambio ocurrió. Yo dije: “Te doy las gracias, Señor”.
Y el padre anciano se levantó, y dijo: “Señor, estoy muy agradecido Contigo, muy agradecido, por sanar a mi hijo”. Y el extendió sus brazos y la madre se arrojó en sus brazos, y ella dijo: “Papá, piénsalo, él ahora se va a poner bien”. Y yo me quedé parado y miré, y ellos estaban felices y regocijándose, y llorando. El niño estaba tan decaído como podía estarlo. Ellos dijeron: “¡Oh, es maravilloso!”.

35 Y la pequeña enfermera miró alrededor, me miró a mí. Ella dijo: “Yo… yo creo que mal entendieron las ordenes del doctor”. Ella dijo: “Yo creo que mal entendieron. El niño se está muriendo”
“Oh,”, dijo el anciano: “No, él no se está muriendo. Él va a vivir”.
Y entonces ella dijo: “Mire, señor”, dijo: “Yo… yo aprecio a cualquiera que tenga una fe como esa, pero”, dijo: “¿Cómo es que puede reír y comportarse de esa manera? Dijo: ”Y Ud. ve que no hay nada distinto en el niño“. Y dijo: ”El niño se va a morir“. Dijo: ”El no puede vivir. Bueno, nosotros no podemos entender cómo es que ha vivido tanto así“. Dijo: ”Nunca se ha sabido entre… entre la gente enferma, o en la ciencia, mejor dicho, que alguna persona haya tenido tan bajo el latido del corazón de esa manera“, algún tipo de cardiograma, o algo ”que haya regresado otra vez“.

36 Yo nunca olvidaré a ese hombre anciano. Él puso sus manos sobre el hombro de ella, igual como un padre a una hija, él dijo: “Mira, mi querida hija”. Él dijo: “El cardiograma es lo que tu estas mirando. Eso es lo que estas entrenada a ver. Y eso es todo lo que sabes al respecto, es ese cardiograma. Pero”, dijo: “Yo estoy mirando a una promesa Divina”. ¿Ven?
Él niño está casado y ahora tiene tres hijos. Depende de lo que Uds. estén mirando. Él no se mejoró por dos o tres días. Pero después de un rato, de repente, salió de eso, y se fue a casa. Él es un misionero en Sudáfrica ahora, con tres hijos.

37 Ahora, miren, eso muestra, que Ud. tiene que ser persistente. Eso nunca molestó al hombre anciano. Eso quedó arreglado.
Igual como cuando esa mujer tocó la vestidura de Jesucristo, eso quedo concluido. Eso es todo. Ella, ella fue persistente hasta que llegó allá, pero eso quedo concluido.
Ud. tiene que ser de la misma manera. Ud. tiene que ser persistente. Y cualquiera que alguna vez haya obtenido algo, y que alguna vez haya logrado algo, ha sido persistente.

38 George Washington fue persistente en el Valle Forge. Y todas las probabilidades estaban en su contra, y el… el enemigo estaba del otro lado del río. Pero después de orar toda la noche; y los soldados americanos sin zapatos en sus pies, una tercera parte de ellos tenía zapatos, y ellos cruzaron el Valle Forge, a través del hielo. Y tres balas de mosquete atravesaron su abrigo. Pero él tenía una respuesta de Dios, y no había razón para que él retrocediera. Nada lo iba a detener entonces. Él lo cruzó porque él fue persistente. Él había escuchado por parte de Dios.
Y de esa manera es que debemos ser nosotros. Si Dios lo dice, eso lo concluye.

39 Noé fue muy persistente después de haber escuchado de Dios. Cuando él escuchó la Palabra de Dios diciéndole que construyera un arca, él la construyó. No interesaba lo que alguien más dijera al respecto, o lo que alguien más pensará de eso, Noé fue persistente. Tal vez dijeron: “Bueno, ese hombre anciano, con esa historia de la lluvia”, y así sucesivamente: “El anciano simplemente se quedó bastante bajo el sol. Hay algo mal con él”. Eso no lo detuvo ni en lo más mínimo. Él no escuchó una palabra de eso. Él solamente escuchó que Dios dijo: “Va a llover; construye un arca”, y al hacerlo fue persistente.

40 Ahora, Moisés fue muy persistente; al principio, un cobarde huyendo. Él había sido educado, y, oh, él aún podía enseñarle sabiduría a los egipcios. Él era tan inteligente, y sin embargo falló en el trabajo. Se necesitaron cuarenta años para darle educación, el faraón se la dio; le tomó a Dios cuarenta años sacársela, antes que Él pudiera usarlo en el desierto. Y algunas veces nosotros tenemos que vaciarnos antes de poder ser llenados. Y ahora él había sido un fracaso. Y el huyó y se casó con esta bella mujer etíope, y estaba… y se había asentado y tenía un hijo, Gersón, e iba a heredar las ovejas de Jetro y todo. Hacía mucho que había olvidado el sentir del pueblo.

41 Pero un día, mientras estaba en la parte de atrás del desierto, viajando por un viejo sendero conocido, él vio a una zarza ardiendo. Ahora, él nunca trató de examinar la zarza y decir: “Yo creo que iré allá y tomaré unas cuantas hojas, y las llevaré al laboratorio y veré que es lo que sucede, que no se queman. Y han estado ardiendo por una hora, pero ellas… ellas no parecen que, que el árbol se esté consumiendo”. Si él hubiera pensado eso, nunca le hubiera hablado a él. Pero él se acercó con esto en su corazón, que iría a averiguarlo. Y una Voz dijo: “Quítate los zapatos, porque estás en tierra santa”.

42 Quiero que se fijen. Un día él estaba huyendo como cobarde, y al siguiente día él es un… un radical, al siguiente día; cuando había dejado Egipto, cuando tenía todo el ejército en sus manos, para liberar al pueblo. Y Uds. saben, cuando Uds. escuchan la Voz de Dios, les hace actuar extraños, hacer cosas extrañas, raras y peculiares. Ahora solo piénselo, él tiene ochenta años ahora, probablemente con la barba colgándole hasta la cintura, tal vez su cabeza calva brillando, con cabello alrededor del cuello. Y aquí va él con dirección a Egipto, con su esposa sentada a horcajadas de una pequeña mula, y el bebé en su cadera; con una vara torcida en su mano, mirando hacia arriba, solamente alabando a Dios. ¡Qué escena tan más rara!
“¿A dónde vas, Moisés?”.
“Vamos para Egipto, a conquistarlo”.
¡La invasión de un solo hombre! Ud. no podría detenerlo. Él fue persistente. ¿Por qué? Él había escuchado la Voz de Dios, eso fue suficiente para hacerlo persistente. Un hombre anciano, de ochenta años, iba a tomar una nación, y él lo hizo. Él había escuchado la Voz de Dios. ¿Cómo la va a conquistar, con esa vara en la mano? Un ejército entrenado, un millón de hombres allá, más de un millón de hombres, que habían conquistado el mundo de aquel día; y aquí va un hombre anciano, de ochenta años, con la esposa sentada en una mula, con una vara en su mano, yendo a conquistar la nación. Pues, la gente hubiera pensado que él estaba loco.

43 Uds. saben, cuando escuchan la Voz de Dios, y escuchan la Palabra de Dios, Ud. es como un loco para el mundo. Pero si Uds. escuchan la Voz, Uds. saben lo que están haciendo.
Y entonces nada iba a detener a Moisés, ¡él iba en camino! Él fue muy persistente. Aun cuando Faraón, cuando se paró ante él, y tiró la vara y se convirtió en una serpiente, y los magos vinieron y pudieron hacer la misma cosa, Moisés no corrió como cobarde. Él se paró allí. Él sabía que Dios lo había enviado, no importaba cuantas personificaciones carnales el diablo pudiera traer. Él se mantuvo en su puesto del deber, porque él había escuchado la Voz de Dios. Él solamente se quedó allí y observó a la serpiente arrastrándose, y, después de un rato, su serpiente vino y se comió al resto de ellas. ¿Qué sucedió con aquellas varas que la serpiente se comió, a dónde se fueron? Averigüen eso. Muy bien.

44 David, después de haber confiado en Dios, y haber visto que el Señor Dios estaba con él, eso le ayudó a matar un oso, con una sola mano, y también al león. Y después se le dio ánimo, que Dios estaba con él. Él sabía que Dios estaba con él, porque Dios había hecho algo por él.
Dios ha hecho algo por Ud. Él lo salvó a Ud., ese es el milagro más grande que hay.
Ahora Él estaba listo para hacer algo más. Y llegó el tiempo cuando Goliat hizo su alarde. Pues, David dijo: “¿Me quieren decir que… que dejan que ese filisteo incircunciso se pare allí y desafíe los ejércitos del Dios viviente? ¿Qué les pasa compañeros?”.

45 Bueno, Saúl era el hombre más capaz entre ellos, cabeza y hombros sobre su ejército. Y este David era solamente un pequeño enano, un tipo pequeñito, de apariencia rojiza, se miraba como un… un niño, un poco jorobadito, un pequeño pastor de rebaño. Y así que Saúl dijo: “Yo admiro tu coraje, hijo. Pero, recuerda, ese hombre es un guerrero, desde su juventud, y tú no eres más que un joven”.
Él dijo: “Pero vuestro siervo estaba cuidando las ovejas de vuestro siervo, en una ocasión, y un oso vino y agarró una de ellas. Yo me fui tras él, y el Señor lo libró por mis manos”. Dijo: “Un león salió, y”, dijo: “Yo lo derribaba con mi honda. Y cuando él se levantaba, y me rugía, yo tomaba mi cuchillo, y lo agarraba de la barba y lo mataba”. Y dijo: “¡Cuánto más el Señor Dios entregará ese filisteo incircunciso en mi mano!” Amén.
Y si Dios salva su alma de una vida de pecado, ¡Cuánto más Él puede tomar ese cáncer!

46 Noten al pequeñito de David. Saúl dijo: “Yo admiro tu coraje, pero tú no eres un guerrero. Pero si quieres ir, yo te voy a vestir”, así que él se quitó su armadura y se la puso a él.
Pues, el pequeño David con ese Ph. D y D.D.D. que le colgaron, pues, se dio cuenta que el chaleco eclesiástico de Saúl no le queda a un hombre de Dios. Así que él dijo: “Yo nunca he probado esta cosa, quítenmela. Déjenme ir de la manera que yo quiero ir, con lo que yo sé que es correcto”. ¡Oh, vaya! Y aquí viene él. Y él fue persistente, que tomaría a Goliat, y él lo hizo. Y él mató a Goliat.

47 Me pongo a pensar en sus ovejas. Allí se encontraba David, un hombre tan leal en su puesto del deber. Y ese león, el cual podía haberlo matado muy fácil, vino y tomó una de las ovejas del padre, y se fue. Y él no tenía nada, en realidad, con que pelear el león, sino una pequeña honda.
Uds. muchachos saben. ¡Cuántas veces he tenido que pagar por una ventana! Y un pedacito de cuero, con cuerda, Uds. saben, y le dio vueltas y la aventó. Y nosotros solíamos pegarle a estas viejas libélulas del cerco, y cosas, y… y le aventábamos con estas hondas.
Eso era todo lo que David tenía; a duras penas mataría un conejo. Pero hallamos que David, lo que sea que haya tenido en la mano, no era mucho, pero él tenía el coraje. Y él sabía que esa era la oveja del padre. Y él estaba… él fue enviado, por su padre, a cuidar estas ovejas. Él era responsable por ellas. Y ahora él tomó cualesquier cosa que traía en su mano, y salió a buscar esa oveja, persistiendo, que él se la quitaría a ese león.

48 ¿Alguna vez ha visto un león, cómo es? Uds. ven estos en jaulas; bueno, esos son… son gatitos. Uds. debieran escuchar uno en la jungla. Estos tipos que están aquí alrededor, ellos han estado en la jaula y en cautiverio; Uds. escuchan a uno de esos rugir, suena mal. Uds. debieran de escuchar a uno allá afuera en la selva, cazándolo, y sabrá que él lo está cazando a Uds. también. Y después, oh, vaya, ¡él es un tipo muy grande! Cuando ruge; los escarabajos, los monos, los babuinos, y chacales, todo se detiene. Él es el rey, y ellos le dan el espacio.
Pero aquí David va con esta pequeña honda, para traer de nuevo esa oveja, y él lo hizo.

49 ¡Oh, vaya! Cómo pudiera tomar un texto de eso solo por unos minutos. Sí, señor. Uds. son las ovejas de Dios, también. La enfermedad los ha agarrado. Yo no tengo mucho, ni… ni siquiera una honda, pero tengo la Palabra. Yo vengo por Uds. esta noche, para traerlos de regreso. Yo vengo a rescatarlos, con la Palabra del Señor. Yo no sé nada de medicina y de cortar con cuchillos, y cosas, pero yo tengo Esto que he probado. Yo sé que Esto está correcto, así que voy por Uds. ovejas, para traerlas de regreso a pastos verdes otra vez del amor de Dios. Dios, ayúdame con esta pequeña honda.

50 David la tenía entre sus… sus dedos, y él tenía cinco piedras en su mano. ¿Qué es eso? F-e en J-e-s-ú-s [Estas palabras tienen cinco letras en inglés.—Traductor]. Y aquí venía él, y trajo de regreso la oveja.
Ahora es de esa manera que nosotros lo estamos haciendo esta noche, teniendo fe en Jesús y persistentemente nos vamos a parar en Su Palabra intacta. Y nosotros creemos que Dios va a guardar Su Palabra. Si no lo hace, entonces todos nosotros estamos perdidos. Cada Palabra de Dios es acentuada con un “amén”, para el creyente. Eso es correcto. Sí, él fue persistente.

51 Y también Sansón, cuando él se encontró con esos filisteos, ¿se han puesto a pensar en eso? Pues, Sansón, lo han retratado como un hombre que tenía hombros como puertas de establo. Bueno, no sería secreto, encontrar a un hombre como ese, que pudiera levantar a un león y partirlo en dos. Pero Sansón era un… Perdónenme por esta expresión, lo voy a hacer como un pequeño de cabello rizado como camarón, solamente un niñito de mamá, con sus pequeños rizos afeminados colgando. ¿Ven? Que, y Uds. recuerdan, él era un debilucho hasta que el Espíritu del Señor venía sobre él, entonces él tomaba al león y lo hacía pedazos. Eso es correcto. Primero, el Espíritu de Dios estaba sobre él, después él sabía en donde estaba parado.

52 Y si la iglesia tan sólo puede llegar a estar ungida, ungida con una fe verdadera. Cuando ese león rugió, yo creo que Sansón se estremeció. Pero el Espíritu del Señor vino sobre él. Él fue persistente, dijo: “Estoy listo a encontrarme contigo”, agarró a ese león, lo abrió y lo tiró a un lado, y siguió caminando.
Ellos lo cercaron, una noche. Y agarró las puertas de Gaza, se las puso en los hombros, y se fue caminando con ellas hasta la cima del monte. ¡Oh, vaya, vaya, qué hombre! Un camaroncito como ese. Pero, la cosa fue que, el Espíritu del Señor estaba sobre él. Él estaba. Eso es lo que hizo la diferencia.

53 Luego un día, él estaba rodeado por mil filisteos. Y allí estaba, no tenía nada, así que agarró una quijada de mula, probablemente había estado muerta por cuarenta años o más, y era un hueso muy viejo y seco. Y aquellos filisteos traían puestos cascos, y lo que llamaban cotas de malla, lo cual es una solapa de acero o bronce, y un casco como de una pulgada de grosor. [2.5 centímetros] Y él recogió esa quijada de mula, y mató a mil filisteos.
¿Se han puesto a pensar en eso? Tomen esa quijada vieja y seca del desierto allá, y golpeen a uno de esos cascos, pues, esa quijada se quebraría en mil pedazos. Pero él se quedó allí, y ellos con esos cascos de acero, y con lanzas, simplemente los hirió a la derecha e izquierda, hasta haber herido a mil. El resto de ellos corrió a las rocas.
¿Qué fue? Mientras que él pudiera alcanzar atrás y sentir esas siete guedejas, esa era el pacto de Dios. No había nada que lo pudiera molestar mientras tuviera ese pacto de la promesa.

54 Y nada puede molestar a la Iglesia del Dios viviente mientras que podamos sentir ese Espíritu Santo, el pacto de la Palabra de Dios en nuestros corazones, la Bendición Pentecostal. “Porque las obras que Yo hago, vosotros también las haréis. La Vida que está en Mí, estará en Uds. Así como el Padre me ha enviado a Mí, así también Yo os envío.”. El Padre que lo había enviado a Él, vino en Él. El Jesús que envía al hombre, va en el hombre. No es el hombre, es Jesús. No era Jesús, era Dios. “Así como el Padre me ha enviado, así también Yo os envío. Y he aquí, Yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación. Yo estaré con vosotros, hasta el fin del mundo. Y las obras que Yo hago, vosotros también las haréis. Un poquito y el mundo no me verá más, empero vosotros me veréis, el creyente, porque Yo estaré con vosotros, aún en vosotros, hasta el fin del mundo”. Jesucristo. Mientras yo pueda sentir el Espíritu de Dios alrededor, algo tiene que suceder. Yo puedo ver a personas que lo creerán, que reflejarán la gloria y la alabanza de Dios.

55 Cada vez que Uds. miran la luna, no es la luna brillando. Es el sol brillando en la luna. Si yo pudiera decir: “Luna, ¿qué es lo que te hace brillar?”. Diría: “No soy yo la que esta brillando. Es algo brillando en mí. Yo debo mantener la luz, en la ausencia del sol”.
Y la Iglesia es un tipo de la luna. Y nosotros debemos de reflejar la Luz en la ausencia del Hijo de Dios, porque somos hijos e hijas de Dios, una Luz menor, y mientras que podamos ver esa luna reflejando la misma clase de Luz que da el Sol. Oh, no es… no es la gente, es Dios en la gente.

56 Yo solía… cuando acostumbraba, yo fui un guardabosque por varios años. Yo amo los animales, y me gusta cuidarlos. Así que estaba en… yo fui un Oficial de Conservación por siete años. Solía pasar por un viejo manantial. Era el mejor manantial del que haya bebido. Era… A mí siempre me gustaba porque era tan alegre, siempre borboteando, borboteaba, borboteaba. Y yo pensé: “¡Oh, vaya! Yo me acostaba y bebía. Un día, yo pensé: ”Pequeño manantial, ¿qué te hace estar tan feliz? ¿Tal vez sea porque los conejos beben de ti?“
Si hubiera podido hablar, me hubiera dicho: “No, eso no es lo que me hace borbotear”.
Y yo le diría: “Tal vez es porque los venados vienen a beber de ti, de vez en cuando”.
“No, no es eso lo que me hace borbotear”.
“Bueno”, yo diría: “pequeño manantial, tal vez sea porque yo bebo de ti, una vez al mes”.
Diría: “No, no es por eso”. Yo diría: “Bueno, ¿qué es lo que te hace borbotear de esa manera todo el tiempo?”.
Si hubiera podido hablar, me hubiera dicho: “No soy yo, es algo detrás de mí, es algo adentro, empujándome. Es algo haciéndome borbotear”.
Y de esa manera es el Espíritu Santo con el creyente. Hay algo detrás de Ud. Ud. no lo puede empujar, arrancar. Eso lo cuida a Ud. Es Aquel que lo hace borbotear, Algo dentro de Uds. Y Jesús le dijo a la mujer junto al pozo: “Un pozo de agua borboteando a Vida eterna”, unos géiseres regulares simplemente orando el gozo de Dios en su alma, todo el tiempo. Y mientras la Iglesia pueda sentir eso alrededor de ellos, ¿A qué… a qué le podría tener miedo? ¿Ven?

57 Sansón no tuvo temor. Él fue persistente. Lo único que tenía era una… una quijada de mula, pero él fue persistente porque él sabía que sus guedejas todavía estaban colgando.
El doctor pudo haberle dicho a Ud.: “No hay probabilidades que Ud. se alivie. Ud. va a morir. Ud. tiene cáncer”. Pero mientras Ud. pueda sentarse aquí y sentir esa gloriosa resurrección de Jesucristo, ¿Qué diferencia hace lo que el doctor diga ahora? ¿Qué diferencia hace? Vean, Ud. sea persistente. Él lo apreciará a Ud. si es un buen doctor, él le dirá que desea que Ud. se alivie. Eso es lo que… eso es lo que él quiere. Y Ud. debe hacerlo, tenga fe, tiene que ser persistente.

58 Juan estaba tan seguro que él vería la señal correcta. Él… sabía que Dios le había dicho que él conocería Quien sería el Mesías. ¡Él fue tan persistente!
Y alguien pudo haber dicho: “Bueno, ¿no crees que ese es Él?”.
Él dijo: “Yo lo conoceré cuando Él venga”. Él estaba tan seguro, que dijo: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Él sabía que lo era. Él lo testificó: “Yo vi al Espíritu de Dios descender del Cielo sobre Él, como una paloma, y yo sé que es el Hijo de Dios”. ¡Persistente! Oh, pudiéramos seguir y seguir, con personajes.

59 Esta mujercita, ella era griega de la región de Sirofenicia, y hallamos que ella debió haber escuchado las alabanzas y glorias del Señor Jesús. “La fe viene por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios”. Ella escuchó, y cuando hubo escuchado…
Uds. saben, la fe encuentra recursos que los demás no ven. Ahora si Ud. no tiene fe, bueno, entonces, no hay necesidad de tratar de mostrárselo. Porque, la fe puede verlo. “Fe es la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven”. La fe ve lo que la gente ciega no puede ver. La fe es el sexto sentido. Cinco sentidos están bien, mientras que ellos no estén en desacuerdo con el sexto. Pero el sexto sentido es fe. “es la sustancia de las cosas que se esperan”, Ud. no ve, no gusta, no huele o escucha, pero sin embargo lo sabe. La fe así se lo dice. Y es tan segura que es real, que viene a Ud. como una sustancia. No solo imaginación. Es algo que Ud. tiene.
Yo veo a personas venir a la plataforma, dicen: “Hermano Branham, ¡yo tengo toda la fe!”.
Bueno, ¿entonces que está haciendo aquí arriba? ¿Ven? ¿Ven? ¿Ven?
“Yo no la tengo”. Y, pero cuando tiene, cuando cualquier cosa…

60 A Ud. le han sucedido cosas, Ud. simplemente sabía que iban a suceder. Sin embargo Ud. no sabía cómo iban a suceder, pero que iban a suceder. Eso, eso es fe. Esa es fe verdadera. Va a suceder entonces, cuando Ud. sabe que así será. Ahora, la fe encuentra un recurso que otros no pueden ver“.
Su Palabra es una espada. La Biblia así lo dice, en Hebreos 4:12, que es una espada. Pero se necesita un brazo de fe para esgrimir esa espada. Solamente la fe puede hacerlo, sostener esa espada.

61 Ella tuvo muchos obstáculos, esta mujercita. Ahora, ella tenía una hija que estaba… estaba teniendo epilepsia, y ella estaba muy, muy mal. Y ella había escuchado que Jesús sanaba la epilepsia. Ahora, “fe viene por el oír”, y esa era su hija, así que ella estaba determinada a… a ir a algún lugar y escuchar a Jesús. Y ahora, ella tenía muchos impedimentos, simplemente muchos, muchos impedimentos, pero su fe no tenía ningún impedimento.
Esta noche, la gente tiene muchos impedimentos. Si Ud.…. Su mente tiene muchos impedimentos. Pero, su fe, no hay nada que pueda interponerse en su camino. La fe no conoce impedimentos.

62 Pensemos en unas de las cosas que le pudieron haber pasado a esta mujercita. Ellos le pudieran haber dicho: “Tú eres una griega”. En otras palabras: “Tu denominación no está patrocinando esa reunión allá. Tú no tienes ningún derecho de ir allá”. Bueno, si eso hubiera estado en su mente, ella no se hubiera quedado sentada mucho tiempo de todas maneras. Ella, el tarro se hubiera llenado, y ella se hubiera ido. Pero nos damos cuenta, que eso no la detuvo. Ya sea que fuese griega o no, ella tenía fe. Todo lo que ella necesitaba era fe.

63 Ahora alguien pudo haber venido a ella, y decirle: “Bueno, los días de los milagros han pasado. No hay tal cosa como esa. Esa gente solo son un montón de… de fanáticos”. Pero aún así ella fue persistente. Ella iba a ir de todas maneras.
Pensemos en otro. Alguno de ellos pudo haber dicho: “Bueno, sabes qué, tu esposo es un… un hombre notable en la ciudad, y si eres sorprendida allá con ese grupo, bueno, tu esposo en realidad te va a dejar”. Pero aún así ella fue persistente. Ella tenía fe, y tenía una necesidad de usarla.
Algunos de ellos pudieron haber dicho: “Pues, si tú vas al juego de cartas, o a cualquier juego de entretenimiento al que vayas, la gente se va a reír de ti”. Ella de todas maneras fue persistente.
Y luego aquella vieja cosa pudo haber venido a ella: “Tú sabes, el pastor te va a sacar de la iglesia si vas allá y te enredas en algo como eso”. Pero eso no la detuvo. Ella de todas maneras fue persistente. De todas maneras iba a ir. ¿Por qué? Ella se había topado con la fe. La fe lo iba a hacer. A mí no me importa lo que otros piensen; la fe lo hace.

64 Finalmente, ella se abrió paso por todos esos obstáculos, y ella llegó ante Jesús. Ahora, aparentemente, todos sus problemas se habían terminado, ella había llegado ante Jesús; pero, no fue así, apenas iban comenzando.
Mucha gente dirá: “Bueno, si conozco a Jesús…” Sí, lo vemos cada noche. Vean, Él viene directamente a nosotros, cada noche, se prueba a Sí mismo que está aquí, pero aún así regresamos la siguiente noche, con todos nuestros problemas otra vez, lo ven. ¿Ven? ¿Es eso correcto? Ahora eso es correcto.

65 Ella llegó ante Jesús. Probablemente ella, quizás… Si ella no hubiera tenido ese tipo de fe, a la primera decepción después de haber encontrado a Jesús, pues, ella hubiera estado… ella hubiera estallado, y se hubiera regresado. Pero, vean Uds., la fe no hace eso. La fe no lo suelta. La fe es persistente. Se aferra. Ahora observen, ella tenía toda la confianza y fe en este Hombre. Ahora si ella hubiera estado bromeando, o solo diciendo: “Yo voy a ir allá y lo voy a probar, voy a ver lo que Él tiene que decir. Si Él dice algo en contra de nuestros credos, nosotros, nosotros simplemente nos iremos. Eso es todo”. Pero ella vino por algo, y estaba determinada a quedarse hasta recibirlo. Allí lo tienen, ese es el tipo de persona; como la reina del Sur, predicamos de eso la otra noche.

66 Noten que cuando ella llegó ante Jesús. En lugar de recibir una bienvenida, ella recibió un rechazo. Ahora cuando Uds.…. ¿Qué piensan de la gente si llegan a ese punto y son tratados de esa manera? Jesús le dijo inmediatamente. Después que ella había atravesado todas esas barreras, y finalmente… [Espacio en blanco en la cinta. Trad.] ella dijo…
Ella vino a Él. Y ella corrió hacia Él, para adorarle, y dijo: “Tu, Hijo de David, ten misericordia de mí, mi hija es atormentada por el diablo. Y yo he conocido que Tú eres el gran Sanador, y yo vengo a Ti a… a pedirte que me ayudes”. Él simplemente la ignoró. La miró, y siguió caminando. ¡Oh, vaya! Ella era un poquito más que nuestro pentecostés moderno; vaya, ellos se hubieran dado la vuelta y se hubieran regresado, diciendo: “Yo no tengo que hacer eso”. Pero esa mujer no. Ella tenía fe. Ella se quedo ahí mismo.

67 Ahora ella se fue tras Él otra vez: “Señor, ¿no lo puedo tener?”. Y ella no estaba pensando en lo que había tenido que atravesar. Ella no estaba pensando en lo que tenía que pasar. La única cosa que ella sabía, ¡ella creía que si tan sólo lograba que Él lo dijera! Eso era todo lo que ella necesitaba saber, ¡Si Él lo decía! Ella sabía que estaba funcionando en otros, ¿Por qué no funcionaría en ella?
Ud. tiene que pelear cada pulgada del camino. Dios, allá en Egipto, les dio a los judíos Palestina, ¡pero ellos tenían que pelear cada pulgada del camino! Dios le dijo a Josué: “Todo lugar que pise la planta de vuestro pie, os he dado”. Las huellas significaban victoria, posesión, y tan lejos como Uds. puedan subir en el Reino de Dios. Si Uds. sólo quieren subir un pedacito, y decir: “Bueno, yo creo que tal vez no tenga que ir al infierno, pero yo creo que seré salvo al final, si me uno a la iglesia”, todavía no tienen suficiente suelo. Pero cada promesa de la Biblia es suya, pero Ud. tiene que pelear a cada guardián del diablo y quitárselo, con una espada de dos filos, y reclamarlo para Ud. Sea persistente, entre a ello.

68 Ahora, ella llegó directamente a Dios mismo. Y Él la ignoró. Y ella se fue corriendo tras Él, llorando. Ella fue persistente. “Señor, ayúdame”, ella dijo. Ella lo adoró, dijo: “¡Ayúdame!”.
Escuchen a la reprensión: “Yo no fui enviado a tu raza”. ¡Oh, hermanos!
Luego muchos de ellos se hubieran levantado, diciendo: “Bueno, me imagino que Él no fue enviado a nosotros. Este avivamiento no. Creo que me alejaré”.
Vean, Jesús sabía que ella tenía esa clase de fe. ¿Ven?
Y otra cosa que Él dijo: “Tu raza son sólo un montón de perros”. ¡Wow! ¡Vaya!
No le hablen así a los pentecostales modernos. ¡Oh! Si les dice eso, ellos contestarán: “Bueno, yo solamente dejaré a este montón y me uniré a las Asambleas. Y si los de las Asambleas me lo dicen, yo me iré con los otros, y con los otros, y con los otros, lo ven”.
Pero no esa mujer. Ella tenía fe.
Dijo: “Sus… Yo no fui enviado a ti. Yo no fui enviado a tu raza. Y, aparte de eso, tú no eres nada más que un montón de perrillos. No está bien tomar el pan de los hijos, y echárselo a un montón de perrillos”. ¡Oh, vaya!

69 Eso no detuvo a la fe. La fe todavía está allí, tan fresca como siempre lo ha estado. ¿Qué es lo que la fe admite? La verdad. Ella dijo: “Esa es la verdad, Señor”. ¡Oh, hermanos! Vea que tan pequeñito puede llegar a ser, no que tan grande puede llegar a ser. La fe lo hace pequeño. Noten, aún así ella fue persistente.
Sin embargo, Él no le prestaba atención a ella. Él la ignoró. Y finalmente ella se interpuso en Su camino y Él no podía rodearla, y después Él le dijo, dijo: “No he sido enviado a ti, a tu… a tu raza. Y tu raza no son más que un montón de perrillos. Y Yo no voy a tomar el pan de los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos, la sanidad de este grupo, y dársela a los perrillos”.
Y ella dijo: “Eso es verdad, Señor”.
La fe siempre admitirá que la Palabra es Verdad. Amén. ¿Ven? Si Ud. tiene una fe real, y la Biblia le dice que Ud. está haciendo algo mal, Ud. admitirá que Ud. está mal. Ud. no dirá: “Ahora, espera un minuto, yo pertenezco a…”. No, no, eso no es fe. Cuando la Palabra dice, que Ud.…. Es allí donde Ud. está correcto o incorrecto, es por la Palabra. Eso es correcto.

70 Ahora ella dijo. No, señor, eso, ella simplemente no podía creer que pudiera detenerse en eso, así que insistió. Y ella dijo: “Verdad, Señor, nosotros no somos más que perros, pero yo sólo estoy pidiendo que pueda tomar unas de las migajas que caen de la mesa del Señor”. Ella buscaba migajas. Sólo piénsenlo.
Hoy en día, tomamos toda la barra de pan o no tomamos nada de ella. ¿Ven? Tenemos que ser parte de todo ello o nosotros no tomamos nada.
Aún ella fue persistente. Ella continuó. Ella no era una planta de invernadero que tiene que mimarse y fumigarse por todas partes, para evitar las termitas. No, señor. Ella no era uno de estos híbridos como las cosechas modernas de hoy en día, que se hacen llamar Cristianos. Cuando la Palabra de Dios lo dijo, y ella lo creyó, había visto la vindicación, ella estaba lista para ir en pos de eso independientemente de lo que alguien más dijera. Aun el Mismo Cristo no pudo detenerla. Eso es lo que hace la fe. Oh, admite que la Palabra está correcta. Ella andaba en busca de migajas.

71 Recuerden, ella nunca había visto un milagro. Ella había salido de una denominación que no creía en milagros. Ella, creyendo, tuvo que salir de la denominación que decía: “No hay tal como cómo milagros”. Ella era una gentil. Ella nunca había visto un milagro, en su vida. Pero sin embargo, cuando la fe se agarra, Dios está allí. ¿Ven? Ella nunca lo había visto, pero había escuchado al respecto.
Si Ud. no cree que hay milagros, lea la Biblia y sus promesas para nosotros el día de hoy. La fe tuvo su agarre.
Ella fue algo parecido a Rahab la ramera. Cuando ella escuchó, por medio de los espías, ella no quiso ver a Josué, y ver la manera en que estaba vestido y qué tipo de guerrero era. Ella dijo: “Yo he escuchado que Dios está contigo. He escuchado lo que Dios hizo”. Y ella quería salvación, y ella la obtuvo, porque fue persistente, también. Ella dijo: “Yo los esconderé. Haré cualquier cosa. Pero una cosa quiero que me juren, que yo seré salva durante ese tiempo”. Oh, vaya, esa es la cuestión.

72 Y esta pobre mujer era igual. Ella… ella quería, ella sabía que lo iba a obtener. No había duda. No importaba lo que ella tuviera que trepar, ella lo iba a recibir de todas maneras. Así que Jesús ni siquiera pudo correrla, llamándola de la raza equivocada, llamándola un perrillo. “No está bien que se tome el pan de los hijos y se alimente a los perrillos”, y así de esa manera. Pero aún ella se fue tras eso, de todas maneras, porque ella era persistente. Ella tenía una necesidad, su hija se estaba muriendo. Otros habían sido sanados, ¿entonces por qué no podía su hija ser sanada? Y ese era el Dios de la creación.
Jesús dijo: “Por lo que has dicho, el diablo ha dejado a tu hija”. ¡Oh, vaya! Ella tuvo la actitud correcta hacia el don de Dios.

73 ¿Sabían Uds. que Dios algunas veces hace cosas solamente para… hace cosas de una manera distinta, y sólo para ver lo que la gente hará? Ahora se les ha pasado por alto, no lo han visto y todavía no lo notan, pero yo hice algo ahora mismo para lograr algo. Y eso para ayudarme. Y yo he visto que funciona. Vean, uno dice cosas, uno cambia su… su… su actitud, uno cambia su voz, uno cambia su sermón algunas veces; al observar y ver ciertas cosas, luego uno observa y ve la reacción. Porque, se está preparando la línea de oración, y es mejor que eso no esté entre nosotros. ¿Ven? Vean, solamente para verlo acontecer, entonces uno cambia y luego se regresa a alguna parte otra vez. ¿Ven? Dios hizo eso mismo. Él aún lo hace, fijándose.
Ella tuvo la actitud correcta hacia el don de Dios. Y recuerden, ella fue la primera, gentil, en la que Dios haya hecho un milagro. Ella fue la primera gentil.
La fe admite que la Palabra es Verdad. Y es reverente, muy reverente, y eso es, y perseverante, y eso es lo que es.

74 Martha, cuando ella fue a encontrarse con Jesús. Ahora, si había alguien con el derecho de reprochar, tenía que ser Martha, porque ella había mandado llamar a Jesús para que viniera a orar por su hermano cuando él estaba en una condición muy seria, muriendo, y Jesús… Ellos habían dejado la iglesia, ellos habían salido de ese movimiento muerto en el que estaban, y habían seguido al Señor Jesús, creyendo que Él era el Mesías ungido. Y luego Su propio amigo, Lázaro, con el cual había venido… Y ellos habían sido excomulgados de su iglesia y de la sociedad. Y Su propio amigo al que había visitado, estaba acostado enfermo, al punto de la muerte. El doctor no podía hacer nada por él.
Y ella mandó a llamar a Jesús, y Jesús simplemente ignoró su llamado. Y Él fue para otra ciudad, y Él hizo la misma cosa allá. Ellos le volvieron a llamar, y Él simplemente lo ignoró y siguió Su camino.

75 Y después cuando Lázaro había muerto, y llevaba cuatro días sepultado. Su rostro ya se había hundido, para ese tiempo, en esa región calurosa. La nariz se cae primero, según se me ha dicho, y probablemente su carne ya estaba cediendo. Porque, después de setenta y dos horas, la corrupción empieza a entrar en el cuerpo, según nos damos cuenta.
Yo tuve que sepultar a un hombre hace unos días, el miércoles. Y él había muerto el miércoles pasado, y ellos sólo lo encerraron, y sólo esperaban a que yo llegara a predicar su funeral. Probablemente ellos no podían retenerlo por más tiempo, porque su… su nariz se cae. ¿Ven?
Y eso es lo que le estaba pasando a Lázaro. Él ya estaba muerto.

76 Y luego después que hubo muerto, y que todo había terminado, entonces aquí venía Jesús escabulléndose a la ciudad. Entonces ellos supieron que iban a ser criticados, porque quizás ya los habían criticado.
Pero Martha, ella había sido muy dilatoria, aparentemente; en preparar un lugar para que Jesús durmiera, un lugar para que Él comiera, y demás. Aún le pidió a Jesús, una vez, que hiciera que su hermana viniera a ayudarla. Pero en lo profundo de su corazón, la fe golpeó. Mientras que María todavía, llorando, y sin hacer algo al respecto, se había dado por vencida; Martha se escabulle de la… de la casa, y se va por la ciudad. Sin duda, ella se encontró con unos en la calle, que le dijeron: “¿En dónde está el sanador Divino que traían por aquí? ¿Qué de Lázaro ahora?”. Ella siguió de largo.

77 Ella llegó hasta donde Él estaba. Fíjense ahora como se comportó. Ella fue a Él corriendo. Ella tenía el derecho de reprenderlo, ella tenía el derecho de decirle a Él, decirle: “¿Por qué no viniste cuando te mandé llamar?”. Si eso hubiera sido un… un pentecostal de hoy, o bautista, o un presbiteriano, ellos se hubieran cambiado de iglesia inmediatamente. ¿Ven? Seguro. “¿Por qué no viniste cuando te mandé llamar? Ella tenía el derecho de hacerlo, aparentemente. Pero ella no tenía el derecho.
Como dije anoche, Ud. no tiene pensamiento. Son Sus pensamientos, vean, lo que Él hace. “Hágase Tu voluntad, oren de esta manera”. Él no es un muchacho errante. Él es Dios. Noten: “Venga a nosotros Tu Reino. Hágase Tu voluntad”.

78 Y cuando ella llegó hasta Él, ella se acercó a Él de la manera correcta. Ella dijo, le dio Su titulo correcto: “¡Señor!” No lo reprendió, pero: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto”. ¡Oh, hermanos! Yo puedo verlo a Él jalando Su titulo, con su cuerpo cansado. Y… y Él… “Si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora, que todo lo que pidieres de Dios, te dará Dios”. Vean, ella sabía lo que era el Dios de la creación. Ella sabía que Él era el Mesías ungido. Ella se dirigió a Él de la manera correcta, de rodillas, dijo: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora, que todo lo que pidieres de Dios, te dará Dios”. ¡Oh, si nosotros tan solo pudiéramos pensar eso! “Mas también sé ahora, que todo lo que pidieres de Dios, te dará Dios”.

79 Él dijo: “Yo soy la resurrección y la Vida”. Ningún otro hombre pudo haber dicho eso. “Yo soy la resurrección y la Vida. Él que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá. Y cualquiera que vive y cree en Mí no morirá eternamente ¿Crees esto?”.
Ella dijo: “Sí, Señor, yo he creído que Tú eres el Hijo de Dios que había de venir al mundo”.
Él dijo: “¿Dónde lo sepultaron?”.
Yo estaba hablando con una mujer no hace mucho, y ella me dijo, ella dijo: “A mí… a mí… a mí me gusta escucharle predicar, Hermano Branham, pero”, dijo: “hay una sola falla que Ud. tiene”.
Le dije: “Gracias”, solo una falta. Yo dije: “¿Cuál es esa?”.
Ella dijo: “Ud. alardea mucho de Jesús, siendo Divino”.
Yo dije: “Yo espero que esa sea la única que Él encuentre en mí”, yo dije.
“Ud. alardea mucho de Jesús siendo Divino”. Dijo: “Él no era Divino”.
Yo dije: “Oh, sí, Él era Divino”.
Ella dijo: “Bueno, Ud. lo hace a Él Dios”.
Le dije: “Él era Dios o era el más grande engañador que el mundo haya tenido”. ¿Ven? Y yo dije: “Él era Dios”.
Ella dijo: “Él era solo un Hombre. Él no pudo haber sido Dios”.
Yo dije: “Él lo era. Él era Dios y hombre, juntos”.
Y ella dijo: “Ud. dice que cree la Biblia”.
Yo dije: “Sí, señora, yo la creo”.
Y ella dijo: “Si le pruebo, por su propia Biblia, que Él no era Divino, ¿lo aceptará?”.
Yo dije: “Seguro que sí, si la Biblia dice que Él no lo era. Pero”, yo dije: “yo no creo que eso esté en la Biblia”.
Ella dijo: “En San Juan, el capítulo 11, la Biblia dice: ”Cuando Jesús fue a la sepultura de Lázaro, la Biblia dice: Él lloró“. Y dijo: ”Si Él lloró, Él no pudo haber sido Divino, y llorar“.

80 Yo dije: “Bueno, dama, eso no se sostiene”. Yo dije: “Déjeme decirle”. Yo dije: “Eso está más diluido que el caldo que se hizo con la sombra de una gallina que se murió de hambre”, le dije: “porque eso no se sostiene con la Biblia”. Yo dije: “Mire, Él va a la tumba, vea, y Él se paró ante la tumba, y Él dijo, enderezó Su pequeño cuerpo y dijo: ¡Lázaro, ven fuera!”.
Él pudo haber sido un Hombre, llorando; pero cuando Él llamó a ese hombre fuera de la tumba, que había estado muerto por cuatro días, ¡y su alma llevaba cuatro días de viaje por algún lugar! Yo no sé en dónde estaba, tampoco Ud. Así que, de todas maneras, Él lo llamó de regreso. La corrupción conoció a su Maestro. El alma conoció a su Creador. Y un hombre, que había estado muerto, se puso de pie y vivió de nuevo, después de haber estado muerto por cuatro días. Ese fue más que un hombre. ¡Ese era Dios!

81 Era un Hombre cuando Él bajo la montaña, aquella noche, y que tenía hambre, miró por todos lados en un árbol de higuera, para encontrar algo de comer. Él era un Hombre cuando tenía hambre. Pero cuando Él tomó los cinco panecillos y dos peces, y alimentó a cinco mil, ese fue más que un hombre.
Él era un Hombre cuando estaba acostado atrás en la barca, aquella noche, cuando diez mil diablos del mar juraron que lo ahogarían. Y aquella pequeña barca en la tormenta, como un corcho allá en algún lugar, flotando para arriba y para abajo de esa manera. Él era un Hombre cuando estaba dormido, Él estaba cansado, la virtud se había ido de Él. Pero cuando Él puso su pie sobre la barandilla de la barca, y miro hacia arriba y dijo: “Calla, enmudece”, y los vientos y las olas le obedecieron, ese fue más que un hombre. ¡Ese era Dios en Cristo, reconciliando Consigo al mundo!

82 Él era un Hombre cuando murió en la cruz, clamando por misericordia. Eso es correcto. Pero Él fue Dios en la mañana de Pascua, cuando Él rompió el sello, estuvo en la tumba, resucitó y ascendió a las Alturas, (sí, señor) viviendo para siempre para hacer intercesiones. Cada hombre y mujer, que alguna vez se haya considerado algo, cree eso. Sí, señor.
¡Él es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos! “¿Crees esto?”. [La congregación dice: “Amén”. Trad.] Sí, señor. Él es igual de grande aquí entre nosotros, esta noche, como lo fue entonces. “¿Crees esto?”. [“Amén”.] Él es el mismo Sanador, esta noche, como lo fue entonces. “¿Crees esto?”. [“Amén”.] Seguro. Él no puede fallar. Sean persistentes. Mantengan su posición en Cristo, su confesión. Mantengan firme su confesión en Cristo.
Ella fue persistente y obtuvo la resurrección de su hermano.

83 La mujer sunamita fue persistente en la presencia de Elías. Elías pasó por allí y la bendijo, y le dijo que iba a tener un hijo. Él hijo cumplió como doce años. Estaba en el campo, y él debió de haber recibido un golpe de calor. Esta mujer había sido muy amable con Elías. Ella era una mujer sunamita, y ella había venido de la tierra de Sunem. Y ella se dio cuenta…. Ella le dijo a su marido, siendo que era un hombre rico, ella le dijo: “Yo percibo que este hombre que pasa por aquí es un varón santo”. Ella dijo: “Seamos bondadosos con él”. Dijo: “Hagámosle un pequeño cuarto por fuera de la casa, para cuando viniere, y pongamos en ella una pequeña cama y una jarra, para que pueda descansar”.
Y su esposo dijo: “Eso estaría muy bien”.
“Por cuanto lo hiciste a uno de estos mis pequeñitos, a Mí lo hiciste”, dijo Jesús.
Así que él dijo, le dijo a su siervo, Giezi. Dijo: “Ve y pregúntale, si es menester que hable al capitán, o ¿qué quiere que yo haga por ella?”.
Ella respondió: “No, yo habito en medio de mi pueblo. Yo estoy bien”.
Y Giezi, Giezi dijo: “He aquí que ella no tiene hijos”.
Dijo: “Ve a decirle”. Vino una visión. Dijo: “Ve y dile a ella, a este tiempo ella tendrá un hijo”. Y así fue.

84 El niño creció como hasta los doce años. Su… su padre siendo viejo. Él estaba afuera en el campo, un día, debió haber sido un golpe de calor. Eran como mediodía, y empezó a llorar: “¡Mi cabeza! ¡Mi cabeza!” Él mandó llevar al niño adentro. Y él lo colocó en el regazo de su madre hasta que murió. Miren que lugar tan más apropiado, ella lo llevó a ese cuarto en donde el profeta se había acostado en la cama. ¿Ven?
Y ella le dijo al criado: “Ensilla una mula, y dirígete al Monte del Carmelo. Allá arriba está una sala en algún lugar, donde este predicador vive. Él es el que tiene poder para ver una visión, dijo que yo había de tener este hijo; y si él está tan apegado a Dios, él es el mensajero de Dios para la hora. Y yo sé, si él me puede decir el porqué, si yo llegó a él, él me dirá porque Dios se llevó al niño. Déjame subir allá”. Ella dijo: “Y si alguien te saluda, no lo saludes. Y no te detengas; solo continúa”.
¡Oh, a mí me gusta eso! Ahora es un tiempo urgente. La gente se está muriendo, no debemos de estar perdiendo el tiempo en el camino. Sigamos adelante. Y ella fue persistente.

85 Y Elías. Uds. saben, Dios no les dice siempre a Sus profetas todo lo que va a pasar. Él volteó y vio de lejos que venía, él dijo: “Aquí viene esa sunamita”. Y dijo: “Ella está en tristeza, pero Dios me ha encubierto el motivo”. Él dijo: “Ve corriendo a encontrarla”. Y ella…
Él dijo: “¿Está todo bien contigo? ¿Está todo bien con tu marido? ¿Está todo bien con tu hijo?”.
A mí me gusta esto, esa persistencia hasta que ella llegó a la presencia del mensajero. Y ella dijo: “Todo está bien”. Espos… su esposo estaba retorciéndose las manos, y caminando de arriba abajo en el cuarto, llorando, y el bebé acostando en la cama, muerto, pero: “Todo está bien”. Amén. ¿Por qué? Ella había llegado a su objetivo. Había alcanzado su objetivo. Su persistencia, que podía llegar al hombre de Dios, que el hombre de Dios le podía decir a ella el porqué. Y luego ella cayó a sus pies y reveló lo que había acontecido.

86 Ahora él extendió su mano y agarró su bordón, y le dijo a su siervo: “Toma esto, y ponlo sobre el bebé”. Ahora, yo pienso que es de allí de donde Pablo tomó de poner los pañuelos en la gente. Vean, porque Elías sabía que todo lo que él tocaba era bendecido, ¡pero si tan sólo pudiera hacer que la mujer lo creyera!
Pero la fe de la mujer no estaba en el bordón, estaba en el profeta. ¿Ven? Y ella dijo: “Vive Jehová, y vive tu alma”, vean, ella dio testimonio allí que él tenía Vida Eterna. Dijo: “Y vive tu alma, que no te dejaré”. ¡Oh, vaya, quédese con eso! Eso es.

87 Esa es la manera en la que Ud. consigue lo que quiere. Como esta mujer sunamita, como esta mujer sirofenicia, ¡quédese con eso! Quédese allí mismo. Quédese allí con Cristo. Tómelo esta noche, y no lo suelte. Sólo no se mueva. Mañana, si alguien dice: “Eso es sólo…”. Sólo cierre sus oídos a ellos. Ud. tiene fe: Ud. quédese allí mismo.
Dijo: “Yo no te dejaré”.
Y Elías dijo: “Bueno, no me puedo deshacer de ella, entonces no me queda más que ir con ella”. Así que ciñó sus lomos, y se fue.
Observen cuando él entró al cuarto. Él no sabía qué hacer. Él nunca oró. Él sólo se paseó por la casa a una parte y a otra, de arriba abajo por el piso, hasta que sintió que el Espíritu de Dios vino sobre él. Y él fue y se tendió sobre el bebé, y él estornudó siete veces, y volvió a la vida.

88 Martha sabía, que si Dios estaba en ese profeta, de seguro que Él estaba en Su Hijo, vea, y esa es la razón por la que ella pudo ser persistente.
Y si nosotros hemos tenido miles de años de experiencia desde entonces, para saber que Dios guarda Su promesa, ¡qué persistentes debiéramos de ser esta noche cuando podemos ver la Presencia de Jesucristo, oh, hermanos, y brillar como las estrellas!

89 Me acuerdo de una noche, allá en casa no hace mucho, estaba una mujer, y yo no sabía que la mujer quería que se orara por ella. Yo no fui a orar por los enfermos esa noche. ¡Y estaba el lugar tan lleno! Y unos de mis síndicos que están sentados aquí en algún lado, esta noche, estuvieron allá. Y estaba una mujer que había venido de California, tenía un tumor de cincuenta libras. [22 Kg. Trad.] Ella no quería ir con el doctor, y luego cuando hicieron que fuera, estaba demasiado grande para operarlo, un tumor grande de agua. Y estaba tan grande así, un tumor grande. Y ellos la habían traído al lugar. Ellos la habían traído. Ellos no pudieron traerla en el carro. Tuvieron que ponerla en algo parecido a un remolque, para traerla. Y ellos la habían metido al lugar. Yo no lo sabía, y sólo proseguí y prediqué. Y ella dijo: “Bueno, ¿Acaso él no va…?”. Yo hice un llamamiento al altar. Dijo: “¿Acaso no va él a orar por los enfermos?”.
Dijo: “No”.
Ella dijo: “¿Por cuál puerta va a salir él?”Uh-uh. Sólo piénsenlo ahora, ¡su fe! Y ellos llevaron a la mujer por alrededor, y la llevaron alrededor por la puerta de atrás, por dónde pasó por el estudio pastoral y de allí me voy a mí carro.

90 Y la mujer yacía allí, y me agarró de la pierna del pantalón, y ella dijo: “¡Hermano Branham!” Fantástico, oh, hermanos, ella estaba allá afuera de esa manera. Dijo: “Si tú tan solo pones manos sobre mí, Dios me va a restablecer”. Y yo hice eso.
Y pasaron tres meses después de eso, yo estaba en una reunión. Y allí estaba parada ella, tan perfecta y normal como cualquier mujer del país; e invitaba a cualquier hermana que quisiera entrar con ella en el cuarto, y a desvestirse y para que vieran si ella había tenido una operación o no.
¿Por qué? Ella fue persistente. Ella estaba determinada a recibir aquello por lo que había venido. De esa manera es. Sí, señor. Su fe se agarró de la Palabra.

91 Micaías, en una ocasión, cuando le mandaron llamar. Cuando Josafat hizo alianza con Acab, allí es donde el creyente y el incrédulo se mezclan. Y él dijo que ellos querían ir a la batalla; ellos iban a subir a cierto lugar, para tomar su propio terreno. Fundamentalmente les pertenecía. Dijo: “¿Por qué han estos Sirios de estarse comiendo el maíz que pertenece a Israel? ¡Josué nos la dio! Eso es exactamente correcto. Así que ellos fueron y tenían esta gran escuela de predicadores, todo un seminario; quinientos, cuatrocientos o quinientos de ellos, hombres hebreos bien entrenados.

92 Y así que Josafat dijo, siendo un hombre justo, él dijo: “¿Pero que no deberíamos de consultar al Señor?”.
Él dijo: “Oh, sí, tal vez deba hacerse”. Acab, Uds. saben que tipo era, así que va allá. Y dice: “Yo tengo la respuesta, tengo cuatrocientos profetas. Los vamos a traer para acá”.
Así que ellos llegaron allá, y uno de ellos, Sedequías, creo que fue, se hizo dos grandes cuernos y subió allá, diciendo: “ASÍ DICE EL SEÑOR. Suban, eso nos pertenece. ASÍ DICE EL SEÑOR, Uds. correrán a los Sirios fuera de nuestro país, con estos cuernos”.
Josafat miró alrededor, Uds. saben, y él… él dijo: “¿No tienen a uno más?”.
“¿Otro más? Cuando hay cuatrocientos profetas hebreos entrenados de la escuela, ¿Para qué necesitas otro más? ¡Tenemos a cuatrocientos! Todo el seminario está aquí, y todos ellos están en común acuerdo, diciendo: ”Suban, el Señor está con Uds. ASÍ DICE EL SEÑOR“.
Josafat dijo: “Bueno, ¿no tienen a uno más?”.
Él dijo: “Oh, yo tengo otro al cual puedo consultar”, dijo: “Ese Micaías el hijo de Imla, pero”, dijo: “Yo lo odio”. Oh, seguro. Sí. Dijo: “Bueno, él ni siquiera está de acuerdo en estas denominaciones y cosas”. Dijo: “Nosotros… nosotros, bueno, si tienes que hacerlo. Es, es un tipo extraño”, ellos dijeron.
“Oh,” él dijo: “No diga tal cosa el rey. Vaya a traerlo”.

93 Así que mandaron a uno de hombres para traerlo, dijo: “Ahora, Micaías, tú sabes que fuiste sacado de la asociación, tú no tienes más compañerismo con ellos. Pero ahora si tú tan sólo dices, la misma cosa que ellos dijeron, tal vez te regresen tu tarjeta de compañerismo, cuando regreses de nuevo”. ¿Pueden imaginarse hablándole a un profeta de esa manera?
Micaías dijo: “”Vive Jehová Dios, sólo diré lo que Dios ponga en mí boca“. Ahora allí lo tienen. Amén. Eso es.
“Bueno, ¿sabes lo que ellos pueden hacer por ti?”.
“Eso no importa. Yo diré únicamente lo que Él diga”. Él regreso con él, le dijo: “Ahora, espera hasta esta noche, y veré lo que Jehová me hablare”.
Él regresó la siguiente mañana, y él dijo: “Sube. Sí, señor. Sube. Pero yo vi a Israel esparcido como ovejas sin pastor”.

94 Entonces este Sedequías viene, y con su mano le da una bofetada justo en la boca: “Ese pequeño santo-rodador”, lo sentó y le dijo: “¿Por dónde se fue el Espíritu de Dios cuando salió de mí?”.
Él dijo: “Ya lo verás”.
Así que él dijo: “¿Qué de eso?”.
Dijo: “Yo vi una visión anoche. Yo vi a Dios sentado en un lugar alto, y en Esto, en Su gran Trono en las alturas”. Y dijo: “Él, todos ellos estaban a Su alrededor. Ellos tuvieron un concilio. ¿A quién podemos hacer que descienda a engañar a Acab, para que vaya allá y cumpla lo que el profeta Elías dijo? ¿Qué puedo hacer al respecto?”. Y dijo: “Un espíritu de mentira se levantó, y dijo: Yo iré y me meteré en esos profetas, y haré que digan una mentira. Y El Señor dijo: Tú eres el que puede lograrlo, porque ellos habían sido entrenados en un seminario, Uds. saben. Dijo: Tú ve a hacerlo. Eso es todo lo que puedes hacer”. ¡Descendió allá y lo hizo!

95 Ahora Uds. dicen: “bueno, ¿quién podía saber lo que era correcto?”. ¡Micaías estaba con la Palabra!
¿Cómo puede Ud. bendecir lo que Dios ha maldecido? ¿Cómo le puede Ud. decir a la gente que ellos pueden vivir así y hacer estas cosas, y todavía mantener el compañerismo de Jesucristo? Ud. no puede hacerlo. Uds. tienen que nacer de nuevo y ser llenos del Espíritu Santo. [Espacio en blanco en la cinta. Trad.]… Jesucristo, para la remisión de sus pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa es para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos el Señor nuestro Dios llamare“. Esa fue la receta. Y Ud. no quiere alterar esa receta.

96 Un doctor puede escribirles la formula. Y Ud. se la lleva a algún farmacéutico charlatán, y él no la mezcla bien, Ud. matará a su paciente.
Y ese es el problema el día de hoy, hemos adoptado el estrechar las manos y todo lo demás, en lugar de Eso. ¡Regresen! Dios le permitió a Pedro escribir la receta Eterna para la Salvación. Y no ha sido cambiada, y no puede ser cambiada. El estrechar las manos y unirse a la iglesia, y cosas, nunca tomarán su lugar. Tienen que regresar, Palabra por palabra, de la manera que está escrita Allí. Esa es la receta que usó el resto de ellos por toda la Biblia. Ellos la usaron en el Concilio de Nicea, y luego ellos cambiaron la receta. Es por eso que hoy tenemos muchos miembros muertos. Verdad. Uds. tienen que obtener la receta verdadera. Entonces conocerán, que si dio en el blanco allá, dará en el blanco hoy: “Es para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. No le adopten algo a ella. No le añadan algo más a ella. Si Uds. le ponen algo más a ella…

97 Recuerden, una receta es solo el suficiente antídoto allí para quitar la enfermedad, y lo suficiente para matar lo suficiente de la… la medicina para el paciente. Y si lo hace así, si le pone mucho del… del antídoto, u otra cosa que no funcionará, lo diluirá demasiado, no le ayudará al paciente. Si Ud. le pone demasiado del veneno, matará al paciente. Tiene que ser en la medida justa.
Y Él escribió una receta Eterna, porque es para cada generación. No por el estrechar de manos, unirse a la iglesia y todas estas otras cosas. Él dijo: “Arrepentíos, y luego bautícense en el Nombre de Jesucristo para el perdón de sus pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa y para vuestros hijos”.
Ellos tomaron esa receta y la llenaron en el gran estante de Dios. Y cuando lo hicieron, en el Día de Pentecostés, ellos sanaron a los enfermos, ellos hicieron todo que podía hacerse; porque era Dios, Cristo en ellos. Muy bien.

98 Micaías sabía que esa era la Palabra del Señor, porque estaba exactamente en lo que… la Biblia, lo que el profeta verdadero, había dicho. Dios había maldecido al hombre y a su esposa, porque ellos eran malvados. Y si (ellos) Él los había maldecido, ¿Cómo podían estos hombres llegar y bendecirlo?
Aquí es de donde ellos tomaron la idea. La tierra les pertenecía. En realidad se les había sido dada. Pero sus pecados los había apartado de ella. Así que pensaron, que porque la tierra les pertenecía, que eso era todo lo que tenían que tener. No, señor.
Está bajo condiciones. Absolutamente. Ud. puede tener sanidad Divina, Ud. puede tener Salvación, Ud. puede tener el bautismo del Espíritu Santo, pero está bajo condiciones, que Ud. cumpla las condiciones de Dios. Fuera de eso, no es para nadie excepto los creyentes.

99 Un hombre me dijo, no hace mucho, un ministro, él dijo: “A mí no me importa si Ud. resucita y tiene la declaración del doctor de resucitar a los muertos, y todo lo demás”, dijo: “Yo no lo creería”.
Yo dije: “Ciertamente que no, no es para los incrédulos”.
Es únicamente para los creyentes. No fue dado a los incrédulos. Solamente es enviado a los creyentes. Es para los únicos que es, es para creyentes, no para incrédulos. Ciertamente, ellos admiten que… lo que está errado.

100 Pero Micaías sabía. Cuando él vio la visión estaba exactamente con la Palabra de Dios, entonces él supo que estaba correcto. Y él fue persistente, aún si le quitaban la vida o no. Él dijo: “Usted lo verá, después que acontezca todo lo que he dicho, cuando llegue a suceder, entonces Ud. sabrá en dónde está”.
De la misma manera, con el hombre ciego, él no podía argumentar la teología de ellos; pero él sabía que sus ojos habían sido abiertos, así que él fue muy persistente al respecto. Igual como con Felipe, e igual con Natanael, la mujer junto al pozo, todos ellos fueron persistentes después que se habían agarrado de Dios.

101 Ahora para terminar, vamos a empezar la línea de oración en un minuto, sólo que algo me viene a la mente ahora mismo para decir.
No hace mucho, yo estaba en México, en aquel lugar. El Señor me había mandado a la ciudad de México, a esa gran arena que tienen allá. Oh, la gente acudió por los miles de miles. Y la noche anterior, había estado un hombre anciano ciego que vino a la plataforma, y, mire, fue uno de los cuadros más horribles. Había un…
¿Cuántos conocen al Hermano Espinoza? Vean, hay muchos. Seguro. Bueno, ahora, él fue mi intérprete. Él les podrá decir esto. Y había estado un hombre ciego que vino a la plataforma, un pobre anciano mexicano.

102 Y la economía de ellos está muy pobremente balanceada. Por ejemplo, tal vez un albañil… un albañil ganará tantos pesos al día, tal vez digamos cinco pesos al día. Yo no sé cuanto sería. Y ese es Pedro, y el recibe… Él es un albañil, así que gana cinco pesos al día, pero él tiene que trabajar cinco días para comprarse unos zapatos, vean, en su economía. Y ¿qué del pequeño Pancho entonces, de Chico, el pequeñito que tiene que trabajar allá y que sólo recibe dos pesos diarios, y tiene cinco niños que alimentar? Pero ellos tienen que ahorrar lo suficiente de eso, para quemar una vela grasienta en un altar de oro de un millón de dólares, por sus pecados, lo ven. Eso es lo que me consume, y luego entonces verlos haciendo penitencia a una mujer muerta, y arrastrándose de rodillas y cosas como esas.

103 Así que, una noche, este hombre anciano atraviesa la plataforma, él ni siquiera traía puestos unos zapatos. Su cabello era canoso. Él tenía un viejo sombrero atado con cuerdas. Él venía por la plataforma. Yo miré al pobre tipo. Y yo allí estaba con unos zapatos buenos y un buen traje. Él estaba ciego. Él estaba caminando de esta manera. Y él dijo, y él seguía diciendo tal cosa. Por supuesto, yo no puedo hablar más que unas cuantas palabras en español. Él atravesó de esta manera. Y yo vine a él, yo puse… Yo pensé que nadie me vería, yo… yo puse mi pie de esa manera, para ver si mi pie, si mi zapato le quedaría, yo me los iba a quitar y se los iba a dar. Y, luego, su pie era mucho más grande. Y así que yo… yo como que… Yo dije: “Dios te bendiga, papá”.

104 Y yo puse mis hombros, para ver si le iba a quedar mi saco. Y no le hubiera quedado, y era más grande. No traía puesta camisa, sólo un saco viejo. Y yo pensé: “Pobre anciano, tal vez nunca ha tenido una comida decente en toda su vida”. Sus viejos pantalones, harapientos, y todos empolvados. Y aquí el diablo aún lo había cegado. Y allí estaba él, atravesando el lugar, diciendo alguna cosa. Y yo pensé: “Si mi papá estuviera vivo, él tendría más o menos la edad de ese hombre anciano”. Yo pensé: “¡Oh, Dios!”.
Y yo puse mis brazos alrededor de él. Uno tiene que tener el sentir por la gente. Si Ud. no tiene el sentir por ellos, no hay necesidad de orar, Ud. no tiene compasión. Y yo puse mi brazo alrededor de él.
Yo dije: “No diga esto, Hermano Espinoza”. Ellos de todas maneras no interpretan la oración.
Así que yo dije: “Padre Celestial, ten misericordia de él”. Yo tenía mis manos sobre él de esta manera.
Él gritó: “¡Gloria a Dios!” Eso significa: “Gloria a Dios”. ¿Ven? Él miró alrededor, y el hombre anciano podía ver tan bien como yo puedo. Y se fue, caminando de la plataforma.

105 Bueno, la… la siguiente noche, ellos tenían aproximadamente, oh, casi de aquí a la puerta, había en la plataforma de chales viejos, y de viejos trapos apilados tan alto así, para que se orara por ellos. Y estaba lloviendo muy fuerte, ellos no podían ir a… Y ellos habían llegado esa mañana, como a las ocho o nueve; y yo no estaría allá hasta la noche, como hasta las ocho o nueve de la noche. Así que había mucha gente alrededor. No había sillas para sentarse, como las tienen Uds. Ellos se recargaban unos con otros. Parados allí en la lluvia, las mujeres con el cabello suelto, mojado, solamente esperando escuchar la Palabra de Vida.

106 Y el General Valdivia me llevo adentro. Me imagino que Uds. lo conocen, él es uno de los Hombres Cristianos de Negocios. El primer protestante que se haya resguardado por el gobierno. El General Valdivia en México, entonces yo estaba…
Esa noche yo entre, ellos me bajaban por unas cuerdas, por la parte de atrás de la arena. Yo bajaba de esta manera, por cuerdas, por la parte de atrás de un carro. Y mientras iba bajando a la arena, yo camine hacia allá. Y Billy vino a mí, mi hijo, él dijo: “Hay un tipo allá que está repartiendo las tarjetas de oración”. Yo le nombre Mañana, eso significa “mañana”, él era tan lento, y él nunca venía por mí. Así que él repartía las tarjetas de oración.

107 Y Billy dijo: “Bueno”, él dijo: “Papi, hay una mujer allá que tiene un bebé muerto”. Y todos Uds. han visto el artículo en la revista “La Voz de los Hombres de Negocios. Y él dijo: ”Ella tiene un bebé muerto“. Y dijo: ”Nosotros ya no tenemos tarjetas de oración“. Y dijo: ”Yo tengo como a trescientos ujieres que no pueden detenerla“.
Y ella… ella era una pequeña mujercita, sólo una dama joven, una mujer joven muy bonita. Y ella estaba… tenía este pequeño bebé muerto, y en una pequeña cobija de rayas azules, sosteniendo a una figura rígida, así de largo, en sus brazos, había estado parada allí desde la mañana. El bebé había muerto como a las nueve, y ya eran las diez de la noche. Y así que ella estaba sosteniendo a este pequeño bebé en sus brazos.

108 Y yo dije… dije, yo dije: “Bueno, solamente díganle a los ujieres que la sostengan. Si Uds. la ponen con el resto de las personas que tienen una tarjeta de oración”, yo dije: “va a causar…”. “¿Por qué no le dicen que se tranquilice?”.
Dijo: “Uno no le puede decir nada”. Dijo: “Ella simplemente no presta atención”.
Y yo dije: “Bueno, tienen bastantes ujieres allá, seguramente, podrán sostenerla”.
Dijo: “Uno no puede hacerlo”.
Yo dije: “Hermano Moore”. ¿Cuántos conocen al Hermano Jack Moore? Él es un… Yo dije: “Ella no sabrá la diferencia entre él y yo. Ella no me conoce.”. Yo dije: “Ud. vaya allá y oré por ella, Hermano Moore”.
Él dijo, él dijo: “Muy bien”.
Yo dije: “Ud. vaya allá y ore por el bebé. Y ella quedará satisfecha, y se irá a casa”.
Él dijo: “Muy bien”.

109 Así que yo me di la vuelta. Yo estaba predicando sobre: “La fe siendo la sustancia de las cosas que se esperan”, y sobre Jesús, y de cómo Él actuó cuando estuvo aquí en la tierra, hablándole a ellos. Y justo cuando comencé a hablar, mire enfrente de mí, una visión, y allí estaba el pequeño bebé morenito, y él estaba… él se estaba sonriendo conmigo. Y yo mire de nuevo.
El Hermano Espinoza dijo: “¿Qué es, Hermano Branham?”.
Yo dije: “No se preocupe, Hermano Espinoza. Sólo mantenga a la multitud entretenida, solo por un momento”.
Y yo salí. Yo dije: “Espere un minuto, Hermano Moore”. Y él ya se había ido a donde la pequeña… adonde la pequeña mujercita estaba. Y yo dije: “Díganle que traiga al bebé para acá”.
Y así que ella subió a la plataforma. Ella cayó en una rodilla, con el rosario en la mano. Ella estaba diciendo: “padre”, lo que significa: “padre”, Uds. saben.
Yo dije: “Póngase de pie ahora. Póngase de pie”. Hice que se pusiera de pie. Yo dije: “¿bebé muerto?” ella no podía entenderme. Las lágrimas corriendo por su rostro, y los hilos de su cabello colgando. Ahora esto es verdad; allí está mi Biblia. Y vean, yo puse mi mano sobre este pequeño bebé, y yo pensé que con eso ella quedaría satisfecha. Yo no sabía si ese era el bebé. No lo podía afirmar.

110 Y yo dije: “Padre Celestial”, yo dije: “frente a mí estuvo una visión de un pequeño bebé, y tal vez este pudiera ser aquel. Y si es así, yo oro a Ti, Señor, para honrar la fe de esta pequeña mujer, que le devuelvas a su bebé”.
Y en ese momento el pequeñito soltó un gritó y comenzó a llorar, tan recio como podía. Y la pequeña mujer, ella no sabía qué hacer. Así que ella… Yo le dije al Hermano Espinoza. Yo dije: “Ahora no vaya a decirlo. Y espere, Ud. vaya y que el doctor firme una declaración de eso”.

111 Y en la Voz, en la revista de La Voz de los Hombres Cristianos de Negocios, recientemente, apareció. Vean, antes de escribir cualquier cosa, Ud. tiene que tener la evidencia de que eso es correcto. El doctor firmó la declaración: “El bebé murió, con neumonía; toda respiración se había ido, esa mañana a las nueve en punto”, en su oficina. Y eran las diez esa noche, cuando volvió a la vida de nuevo, porque una pequeña mujer fue persistente.
Si Dios pudo abrir los ojos del hombre ciego, Él también podía regresarle su bebé. Él todavía es el mismo Dios, esta noche, amigo. Ud. tiene que ser perseverante, para lograr cualquier cosa. ¿Qué si ella hubiera prestado atención, y dicho: “Bueno, el bebé está muerto”, y que hubiera renunciado, y continuado su camino? ¿Ven? Y vean si esa misma fe que vivió en la mujer igual como en la mujer sunamita, si aún vive en la gente el día de hoy. De vez en cuando, ellos pueden darle a ese algo. No una actuación, no creyendo de manera manufacturada; pero algo que es real, algo que es… que es genuino. ¿No piensan que podemos hacer eso esta noche? [La congregación responde: “Amén”. Trad.]

112 Ahora vamos a orar por los enfermos, imponiendo las manos sobre ellos, en el Nombre del Señor Jesús, para orar por ellos. Ahora probablemente vamos a pasar la línea en unos, oh, tal vez en veinte o treinta minutos. Ahora nosotros no podemos detenernos en discernimiento, ustedes en realidad entienden eso, porque sería demasiado. Pero vamos a orar e impondremos manos sobre los enfermos. ¿Están listos esta noche? ¿Sienten Uds. en sus corazones, que algo se ha anclado, la Presencia?
¿Cuántos han estado en las reuniones durante la semana? Veamos sus manos. Yo creo que prácticamente todos Uds. Muy bien. ¿Cuántos nunca han estado antes en una de las reuniones? Levanten sus manos. Pues, vaya, la mitad. Bueno, me supongo que unos no pudieron entrar. Bueno, solo déjenme decirles a ellos… Por supuesto, algunos de ellos pudieran tener una tarjeta de oración.

113 Sanidad Divina es algo que Dios ya ha hecho. Vean, es algo. Nosotros creemos, y yo lo creo con todo mi corazón, que la Biblia de Hebreos 13:8: “que Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”, Él es el mismo. Y yo creo que la Vida que estaba en Cristo debe estar en nosotros, si somos Cristianos. Y Él dijo, en San Juan 14:12: “El que en Mí cree, las obras que yo hago, él las hará también”. Dice en San Juan 5:19: “Yo no hago nada hasta que el Padre me lo muestre”. ¿Es eso correcto? [La congregación dice: “Amén”. Trad.]
Ahora aquí, por ejemplo, aquí. Cada uno de Uds., hasta donde yo sé, es un desconocido para mí. Muy bien, quiero que todos sean muy reverentes por un momento. Y si Jesucristo no aparece entre nosotros, en Su Poder, entonces yo soy un profeta falso, ya no me presten atención.
¿Cuántos de los que están aquí no tienen tarjeta de oración, que no estará en la línea de oración? Levanten sus manos, dondequiera que se encuentren. Uds. volteen hacia acá, y oren con todo su corazón, y crean. Esto es difícil…. no es así, no vine preparado para esto ahora, pero yo sé que a nosotros no nos queda mucho tiempo para estar aquí.
Ahora yo voy a tomar a todo espíritu que está aquí bajo mi control, en el Nombre de Jesucristo. Ahora quédense quietos. Y si Ud. no cree, pues, más le vale que permanezca con su cabeza inclinada, vea. ¿Ven?

114 Pero si Ud. es un creyente, la Biblia dice que: “Él es un Sumo Sacerdote que puede compadecerse de nuestras enfermedades”. ¿Y cómo reaccionó Él cuando la mujer lo tocó? Él se dio la vuelta y supo quien era ella, y lo que estaba mal con ella. Él percibió los pensamientos de sus corazones. ¿No creen que Él es el mismo hoy y por los siglos? [La congregación dice: “Amén”. Trad.] Si Ud. tiene una necesidad, usted ore ahora. Y lo que es…
“¿De qué está hablando, Hermano Branham?”.
Si yo soy Su siervo, y yo reclamo que Su vida está aquí adentro, entonces las mismas obras lo mostrará por sí mismas. Ahora, Uds. saben que un hombre no puede hacer esas cosas. Es imposible, Pero Cristo permanece el mismo. Y yo quiero que Uds. crean eso.
En cualquier parte del edificio, yo quiero que tengan fe en Dios y solamente crean, y Ud. diga: “Señor Jesús, el hombre no me conoce. Y yo he estado escuchando sobre esto, pero tal vez sea así, y tal vez. Yo no sé. Pero yo sé que él no me conoce. Y yo sé que si él puede decirme… Ahora él dice: Tu sanidad ya ha sido efectuada”.

115 Si Jesús estuviera parado aquí mismo ahora, con este traje puesto, que Él me dio, Él no podría sanarlo. ¿Cuántos saben eso, Uds. estudiantes de la Biblia? No, Él ya lo hizo. ¿Ven? ¿Ven? Él puede probar que Él era Jesús, el mismo ayer, y hoy, y por los siglos; no por cicatrices de los clavos. ¡Su Vida! Cualquiera puede tener cicatrices de clavos y traer cabello largo, tal vez, y una barba. Nosotros ni aún sabemos si él se vistió de esa manera. Nosotros no podríamos decir que eso es correcto. ¿Ven? Pero cualquier hombre puede hacer eso. Pero Su Vida es lo que es, Su Vida en Ud.
Ahora Ud. ore, y diga: “Señor Jesús, permíteme tocarte a Ti”, y averigüe si Él permanece el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. Si Él lo hace, ¿lo creerán? Uds. saben que esa fue la manera como Él lo hizo. Eso probó que Él era el Mesías.

116 Esta pequeña dama sentada aquí, continúa mirándome, y sigue poniendo sus manos sobre su rostro, y demás. Ud. tiene un… Ud. no tiene una tarjeta de oración, me imagino. Ud., me refiero a la pequeña dama, Ud. no tiene que tener una tarjeta de oración. No. Muy bien, ¿cree Ud. que soy el siervo de Dios? Si el Señor Jesucristo entonces… Somos unos perfectos desconocidos, somos… somos de diferente raza, uno del otro. Pero si pudiera tan solo hablarle a Ud.
Sentado enfrente de Ud. esta un buen amigo mío, el Sr. Dauch, de Ohio, que tuvo una completa falla cardiaca, no hace mucho, a los noventa y un años de edad. Los doctores lo habían desahuciado, y todo lo demás. Yo comencé a encaminarme hacia él. Él es un precioso hermano, él y su preciosa esposa, sentada allí. Ellos son unos buenos amigos míos. Y yo comencé a encaminarme hacia él. Y yo estaba saliendo de una gasolinera, tratando de llegar a él, como doscientas, trescientas millas de donde vivo. [321 Km. o 482 Km. Trad.] Y yo iba manejando tan duro como podía, para llegar a él, porque él… Ella me había llamado, dijo: “Bill se está muriendo”. Una completa falla cardiaca, y un ataque cardiaco, y noventa y un años de edad. Y yo empecé en la gasolinera, y vi a Bill parado ante mí, caminando hacia mí, en la calle. “Yo llegue con el ASÍ DICE EL SEÑOR. Él no va a morir”.

117 Aquí está sentado él ahora mismo. De eso hace unos meses. Él tiene mucha fe. Él está sentado cerca de esta mujer. Ella está sentada detrás de él. Él cree. Ella está creyendo, también.
Ahora, yo no la conozco a Ud. Pero si Jesucristo… Mientras, estamos platicando ahora como nuestro Señor habló con la mujer junto al pozo. Si él me dice cuál es su problema, lo que Ud. quiere, o algo, bueno, Ud. sabrá si es Verdad o no, ¿no es así? Es por un hijo, y ese hijo tiene una condición mental. Es un… Si eso es correcto, levante sus manos, si lo es. Eso, eso es correcto. Eso es correcto. Muy bien. Si puede creer con todo su corazón, y toma ese pañuelo con el que se limpió la cara, y lo pone cerca de él, y no duda, esa condición lo dejará. Ahora el mismo Dios que puede decirle eso… No lo dude. ¿No pueden ver lo que ha sucedido?

118 Miren directamente… directamente a esta mujer, que va pasando a sentarse aquí, una… una dama de color. Yo soy un desconocido para Ud. Pero hay algo que Ud. está deseando. Y yo siendo un desconocido, de otra raza; igual como nuestro Señor y la mujer junto al pozo, uno un judío, y la otra una samaritana. Si Dios… ¿tiene una tarjeta de oración? Ud. no tiene una tarjeta de oración. Me estoy refiriendo a esta dama con el vestido rayado rojo, justo allí. Sí. Muy bien. Yo… yo… yo no la conozco. Somos totalmente desconocidos. ¿Es eso correcto? Y ahora si Dios puede revelarme lo que está mal con Ud. o algo, y Ud. sabrá si es correcto o no, ¿verdad? Francamente, no hay nada mal con Ud., solamente que tiene un corazón hambriento. Ud. está buscando el bautismo del Espíritu Santo. Si eso es correcto, levante su mano. Entonces Ud. lo recibirá, eso es correcto, si lo cree con todo su corazón. Sólo no dude. Tenga fe en Dios. Amén. ¿Lo cree Ud. con todo su corazón? Yo quiero que lo crea con todo lo que esté en Ud.

119 Aquí está una dama sentada, mirándome, exactamente por este pasillo de aquí. Ella está sufriendo con un problema en el corazón. Yo espero que no se le vaya a pasar por alto. Dios, dime quién… Ella es la Sra. Fitzgerald. ¿Lo cree con todo su corazón? Puede recibir su sanidad. Levante su mano. Yo soy un desconocido para Ud. ¿Es eso correcto? Su problema en el corazón se ha ido. ¿Es ese su nombre? Eso es correcto. Yo no la conozco, nunca la había visto en mi vida.
La dama detrás de Ud., ella tiene mucha fe ahora. Ella tiene una tarjeta de oración en su mano, pero la dama está sufriendo. Y siendo que es el Espíritu Santo, esa Luz está suspendida sobre la mujer todavía. Ella está sufriendo con un… Ella tiene un tumor en el cuello. Y ella también tiene un prolapso de estómago. Eso es correcto, ¿no es así? Solamente ponga su tarjeta de oración en el piso, ya no la va a necesita. Tenga fe en Dios. Crea.
¿Creen Uds. con todo su corazón? ¿Ven? Solamente tengan fe. No duden.
Aquí está un hombre en la parte de acá, él tiene un tumor.

120 Vean, ese diablo, pensó que a él se le iba a escapar entonces. Hay un hombre sentado justo aquí, que tiene un tumor. El tumor está en su espalda. Yo no conozco al hombre. Nunca lo he visto. Él es un total desconocido para mí. Pero cuando yo vi a ese diablo allá, esa sombra negra; y luego lo vi correr de este lado, se fue a este otro, por misericordia. Ellos están tratando de congregarse alrededor de allá. Satanás pensó que se le iba a escapar a él, vean, si se le escapó. Pero el Señor me lo mostró.
El hombre sentado justo aquí, él tiene un tumor en su espalda, y su nombre es el Sr. Carson. Si eso es correcto, póngase de pie, y sea sano en el Nombre de Jesucristo.
¿Lo creen Uds.? [La congregación dice: “Amén”. Trad.] Tengan fe.

121 Aquí está una mujer sentada aquí. Ella tiene un problema en el riñón. Ella tiene complicaciones. Su nombre es la Sra. Byrd. Eso es correcto. ¿Es ese su nombre, dama? ¿Soy un desconocido para Ud., es ese el problema que tenía? Si es así, póngase de pie y acepte su sanidad, en el Nombre de Jesucristo.
Vayan y pregúntenle a esas personas. Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. ¿No se… no se dan cuenta que Su Presencia está aquí?
Ese era mi hijo diciéndome: “Es mejor que no continúes”. Miren, tengo una reunión mañana, y pasado mañana y así sucesivamente, ven.
Yo reto a cualquier hombre o mujer que están aquí a que lo crean. Uds. no pueden esconder ahora sus vidas si lo tuvieran que hacer, en la Presencia de Dios. Eso es exactamente lo que nuestro Señor hizo. Eso es exactamente lo que Él prometió hacer en los últimos días. Eso es exactamente lo que sucedió antes de que Sodoma fuera quemada. Esa es exactamente la última señal que vendría a la iglesia. Estamos aquí en el tiempo final. ¿Lo creen? [La congregación dice: “Amén”. Trad.]

122 ¿Cuál es el número de su tarjeta de oración? [Alguien habla con el Hermano Branham. Trad.] Muy bien, les diré que sería lo mejor, llamemos a las personas por secciones. Él dice que hay muchas tarjetas de oración. Ahora pueden ver que Dios está aquí.
Ahora, ¿hay algunos ministros? ¿Está bien todo, Hermano Vick? ¿Hay algunos ministros aquí, hermanos? Ahora voy a imponer manos sobre estas personas, yo no quiero que la gente se vaya diciendo: “El Hermano Branham hizo esto”. ¿Ven? Yo… yo sólo soy su hermano. Su pastor tiene tanto derecho de orar por los enfermos como lo tengo yo.
Él pudiera no tener este don; no, él no lo tiene, vean. Solamente hay uno de ellos en el mundo, a la vez. Eso es exactamente lo que la Biblia dice, vean. Eso es correcto. Y, eso, ahora noten.

123 Pero su pastor es ordenado por Dios, si él es un creyente, para que ore por los enfermos. Y le estoy pidiendo a unos de Uds. ministros que vengan aquí y que se paren conmigo mientras oramos; que algunos ministros de Dios, llenos del Espíritu, que creen en orar por los enfermos, vengan junto con el Hermano Vick, el Hermano Boze. ¿En dónde está el Doctor Lee Vayle y algunos de ellos que puedan venir para acá, para que…? La Biblia dice: “Estas señales…”.
Detengámonos allí mismo, hermanos. ¿Qué les parece de este lado? Vengan para acá. Sí.
“Estas señales seguirán a los que creen. Sobre los enfermos pondrán las manos y sanarán”. ¿Creen Uds. eso? [La congregación dice: “Amén”. Trad.] ¿Creen que estamos en la Divina Presencia de Cristo? [“Amén”.] Amén.
Yo solamente quiero que vean. Porque la manera en la que hablé, fue con un propósito, vean, o el propósito funcionó bien. Grandes cosas están por acontecer, si tan solo pueden creerlo.

124 Ahora les diré lo que quiero que hagan, hermanos. Quiero que se dividan en dos, unos de este lado y la otra mitad por el otro lado, hagan un pequeño pasillo por aquí, para que la gente pueda pasar. Yo voy a bajar para estar con Uds.
Le voy a pedir a alguien que sea el dirigente de cantos, si pudiera venir para acá, para que pueda guiar unos cantos. Quiero que bajen allá y que oren por la gente. Alguien que pueda venir para acá y dirigir a la gente por la que se va a orar. Gracias, al coro, por darnos… Eso es muy amable de su parte, dándonos el espacio para venir de esta manera. Muy bien.

125 Dejen que los ministros se alineen de esta forma, bien. Voltéense, para que estén cara a cara, vean, de esta manera, así como el hermano y yo. Así como Billy y yo aquí, párense de esta manera, uno con el otro.
Ahora, ¿cuántos de este lado tienen tarjetas de oración? Veamos sus manos. Hay un número considerable. Me imagino que será mejor si permitimos que pasen por este lado, y vengan por aquí por este lado, por acá. Ahora antes de que Ud…. Pero dejemos la primera parte de la línea que tiene tarjetas, que se formen de este lado, y empezaremos a orar por los enfermos, imponiendo manos sobre ellos.

126 ¿Me pregunto cuántos de los que están aquí, que… que están bien y sanos, y que están interesados en que estas personas se alivien? Levanten su mano. Seguro, ahí lo tiene. Ahora recuerden, ¿orará Ud. junto conmigo? Uds. oren conmigo. Ahora Uds. oren junto con sus pastores.
Ahora, a Uds. personas que están enfermas que se van a formar y por las que se va a orar aquí. Recuerden, cuando Uds. pasen por esta línea, y estos ministros y yo mismo les toquemos, recuerden, es solo un acto igual como cuando Uds. fueron bautizados. Uds. vienen, imponiendo las manos sobre Uds., por medio de ministros que creen, que, Dios prometió eso: “La oración de fe salvará al enfermo. Y esas señales seguirán a los que creen”. Estos hombres vienen aquí para testificar que ellos creen en este ministerio. Y ellos vienen aquí en asociación con eso, junto con nosotros. Nosotros estamos en común acuerdo. Estamos en un mismo lugar a la misma vez. Es tiempo ahora para la sanidad. Pero, si Ud. no lo cree, no venga, porque no le servirá a Ud. de nada. Vean, Ud. tiene que creerlo. Ahora, ¿Lo creen? [La congregación dice: “Amén”. Trad.]

127 Ahora inclinemos nuestros rostros solo por unos momentos. Y ahora vamos a cantar despacio. Todos con sus rostros inclinados. “Señor, yo lo creo”. Solo Creed, ahora todos juntos. Estemos orando ahora, vea.
Vamos a imaginarnos a Jesús descendiendo de la montaña. ¿Qué Jesús? Ese mismo Jesús que está aquí en la forma del Espíritu Santo. El Mismo que conoce lo que está en su corazón, ya sea que sea Ud. creyente o no. El Mismo que conoce todo sobre Ud., que les ha hablado noche tras noche. Es Él. Uds. saben que no podría ser yo.
Y ahora ante Su… Su Presencia… Ahora, la pequeña mujer sirofenicia, recuerden, después que ella había llegado a la Presencia de Jesús, todavía ella tuvo el problema. Uds. van a tener el problema. Cuando Uds. vengan por esta línea, quiero que Uds., cada uno de Uds., que crean que Uds. van a ser sanos. Si no lo hacen, no vengan. No… no tome el lugar de alguien más. Quédese allí hasta que tenga la suficiente fe que Uds. van a sanar, y luego Dios se los concederá.

128 Ahora aquellos que están aquí a mi lado derecho, fórmense de este lado, mientras el resto de nosotros cantamos Solo Creed. Uds. con la tarjeta de oración, uno de los muchachos estará parado allí para recibir la tarjeta de oración mientras avanza por la línea, por este lado, de la mano derecha. Vayan por el lado derecho si les es posible, porque yo los confundiré, comenzando por este lado. Uds. no pueden regresarse al revés. Uds. tienen que salir por este lado, vean; tienen que venir por aquí. Es un poquito, pudiera parecer un poquito confuso, porque hay un grupo… un grupo considerado de gente que tenemos que atender. Pero ahora observen a mi hijo, Billy Paul, observen a los ujieres allá; ellos les dirán como hacerlo, no será ni un poquito confuso. Entonces vean, de este lado, a medida que pasan por la línea de oración, entonces regresaran inmediatamente a su asiento. Y luego tomaremos este otro lado, y ellos vendrán de aquel lado, y pasaran, vean.

129 Ahora nos pararemos aquí, viceversa, de la línea, de un lado a otro, y oraremos por ellos. Muy bien.
Ahora yo creo que si los hermanos se movieran un poquito, para que estos hermanos que están aquí puedan meterse allí, para que todos podamos imponer las manos sobre los enfermos. Eso está muy bien.
Ahora escuchen, hermanos, cada uno de Uds. ahora. Cada uno de Uds. hermanos, ¿se dan cuenta de lo que están haciendo, se dan cuenta en la posición en la que Dios los está poniendo? Ahora esto desafía su fe. Solamente recuerden que Uds. tienen que creer que cada persona que toquen, usted, tiene que sanar. Ellos simplemente lo tienen que hacer. Dios así lo dijo. Yo los voy a tocar, junto con Uds., y yo creo que ellos van a regresar sanos. ¿No lo creen Uds.? [Los hermanos dicen: “Amén”. Trad.] Tengamos ahora solo una palabra de oración entre nosotros, mientras el resto de Uds., avanzan y se forman, nosotros vamos a orar por la condición de nuestra fe.

130 Padre Celestial, hay mucha gente enferma aquí. Y unos de ellos, Señor, todavía creen que los ancianos deben de imponer manos sobre ellos. Eso está bien, Padre. Nosotros sabemos que Tú enseñaste eso. Tú dijiste: “Estas señales seguirán a los que creen; si ponen las manos sobre los enfermos, ellos sanarán”. Tú lo prometiste, y esta gente cree su promesa. Tu Presencia está aquí. Nadie puede dudar eso, Señor. Y aquí están Tus ministros ordenados parados aquí, ordenados por el Espíritu Santo, el ministerio de orar por los enfermos.
Ahora, Señor Dios, permite que cada uno de los que toquemos, esta noche, que sean sanados. Nosotros oramos la oración de fe por estos ahora. Vamos a creer, que, a medida que imponemos nuestras manos sobre ellos, que ellos sanarán. Amén. Condiciónanos, Señor. Quita nuestro pecado y nuestra… nuestra iniquidad. Límpianos con la Sangre del Señor Jesucristo, que nosotros… Nuestras manos no son santas. Solamente a través de Tu santidad se nos es permitido hacer esto. Así que concédelo, Señor, mientras me encomiendo, junto con este montón de hermanos, que estamos aquí para ayudar a que estas personas sean sanadas. Concédelo, Señor.
Y ahora yo oro por estas personas, por cada una que pase por la línea de oración. Oh, Dios, ellos vienen como si estuvieran viniendo por el bautismo en agua, están viniendo directamente a la mesa del Señor, están pasando por debajo de la cruz del Calvario. Y a medida que pasan por aquí, que puedan darse cuenta que el Cristo que no se ve Quien está entre estos hermanos, está parado aquí ahora para concederles la recompensa de su fe. Y te los encomiendo todos a Ti ahora, Padre, en el Nombre de Jesucristo.

131 Ahora quiero que todos los demás, que mantengan sus rostros inclinados. Escuchen atentamente a sus instrucciones. Si no lo hacen, solamente están dando un paseo, ven. Ahora recuerden, si Dios me deja saber las condiciones y demás, y Uds. creen eso, vean, ahora solamente tomen mi palabra, Uds. tienen que creer que esto lo concluye. Si no lo hace, tal vez los haga peores. Miren, ¡lo concluye todo! Si Uds. tienen pecado en sus vidas, sálganse de la línea y confiésenlo. Y no vengan a la oración hasta que hayan orado completamente. Y si Uds. van a usar su vida para algo más aparte que para la gloria de Dios, no vengan en la línea. ¿Ven? Si están listo para dedicarse a Dios, rendirse completamente, y están completamente convencidos que este es Jesucristo, su gran Espíritu Santo está aquí; y de que Uds. van a recibir su sanidad cuando pasen por este línea, no importa si se sentirán diferente o no, Uds. van a ser persistentes en aferrarse a las promesas de Dios hasta que la victoria llegue, como esa mujer de la que acabamos de hablar. ¿Se sienten de esa manera, audiencia? Si es así, levanten su mano, y digan: “Yo acepto eso”. [La congregación se regocija. Trad.] Yo no veo ninguna razón para que alguien se vaya de aquí enfermo, esta noche.

132 Ahora quiero que Uds., que no están en la línea de oración, que oren. Yo creo que el Hermano José se va a parar aquí para dirigir las alabanzas, yo me voy a bajar de aquí, para orar también, e imponer las manos sobre estas personas a medida que pasan.
Ahora, miren, amigos, los servicios serán mañana por la noche. Nosotros no sabemos lo que puede pasar, alguien pudiera sanar, y gritar y alabar a Dios, y así sucesivamente. Nosotros tal vez no nos despediremos oficialmente por un buen rato ahora, pero por favor quédense y oren con nosotros. Los necesitamos ahora mismo. Oren para que el enemigo no vaya a llenar con alguna duda la mente de estas personas. ¿Qué si esa fuera su madre parada allí, o su hermana, su esposa, su esposo, su bebé? Usted quisiera que alguien orara de una manera muy sincera. Recuerden, es la mamá de alguien, la hermana de alguien, hermano, el bebé de alguien, y nosotros queremos ser muy sinceros en esto.
Y cuando oremos, quiero que Uds. hombres, con todo su corazón, cuando pongan sus manos sobre estos enfermos, crean que Dios va a sanar esa persona, porque ellos lo van a creer.

133 Y ahora, entre hoy y la noche de mañana, pues, antes de que yo llegue a la plataforma, mañana en la noche, debe de haber trescientos o cuatrocientos testimonios sucediendo aquí, de: “Yo estaba usando muletas. Yo los usaba, y ya no los tengo. Yo estaba enfermo, ya no estoy enfermo”. En las próximas veinticuatro horas, diablos estarán saliendo del lugar, y porque las bendiciones están siendo pronunciadas sobre la gente.
Ahora inclinemos nuestros rostros a medida que oramos, cada uno mientras pasan ahora por la línea. Hermanos, solamente impongan sus manos sobre los enfermos. Muy bien.
[El Hermano Branham baja con los ministros, y ora por los enfermos. El Hermano José Bose dirige a la congregación en las alabanzas. Espacio en blanco en la cinta. Trad.]

134 ¿Pueden sentirlo en este momento? [La congregación dice: “Amén”. Trad.] ¿Cuántos creen que han sido sanados? [“Amén”.] Al estar pasando por aquí por la línea de oración, vez tras vez, pasó aquí mismo, eso, antes que abandonaran la plataforma, yo creo que cada uno de Uds., será sano. Oh, yo… yo… yo lo creo. Yo lo acepto por Uds. Mi fe va hacia Uds., que ellos serán sanos. ¿Creen eso, hermanos? [“Amén”.] ¡Oh, vaya, no es Él maravilloso!
Cantemos solamente una alabanza a Él antes de ser despedidos. Y luego solamente levantemos nuestras manos y mantengámoslas muy en alto. Y, recuerden, hemos atravesado, por la cruz, y es allí donde recibimos la Luz.
En la cruz… do primero vi la Luz,
Y las manchas de mi alma yo lavé,
Oh, fue allí por fe, yo vi a Jesús,
Y siempre feliz con Él seré.
En la cruz… do primero vi la Luz,
Y las manchas de mi alma yo lavé,
Oh, fue allí por fe, yo vi a Jesús,
Y…

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