OBRAS DEL MENSAJE


Entonces Llegó Jesús Y Llamó
Tulare, California, E.U.A.
64-0213
1 San Juan el capítulo 11, deseo leer comenzando del versículo 18. Ahora, Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios; y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano. Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa. Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y…vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees tú esto? Le dijo: Sí, señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo. (¡Y vigilen eso!) Habiendo dicho esto, fue y llamó a María su hermana, diciéndole en secreto: El Maestro está aquí y te llama.
2 Oremos. Padre Celestial, confirma esas Palabras a nuestros corazones en esta noche, mientras esperamos ahora en Ti. Tu Palabra, Tu siervo y el texto, se encomienda todo a Ti, en el Nombre de Jesucristo. Amén. Pueden tomar asiento.
3 Mi propósito al estar aquí es de intentar ayudar al pueblo de Dios. No tanto en orar e imponer las manos sobre los enfermos, sino más bien para que ellos puedan reconocer a Jesucristo en medio nuestro, el Hijo de Dios en medio nuestro. Esta noche vamos hablar sobre este tema: Entonces llegó Jesús y llamó.
4 Ahora, esta ocasión de la que estamos hablando, fue un tiempo muy triste. Si alguna vez han leído la historia sobre la vida de nuestro Señor, hallamos que Él fue un gran Amigo de este joven, Lázaro. Él fue… Después de la partida de José, o que Él se había ido y había venido a vivir con Marta, María y Lázaro. Y ellos eran grandes amigos. Ellos… Él era como un pastor para ellos, un—un verdadero Amigo. Y Le hacían cositas para que vistiera, creo que fue una túnica, según dicen, y estaba hecha sin ninguna costura. Y, pues Le habían hecho cosas porque ellos creían en Él. Era que ellos—ellos habían creído y visto eso. Ellos habían dejado la iglesia y todo eso, para seguirlo a Él. Y eso era algo tremendo en aquel día, que incluso podía costar la pena de muerte, al—al apartarse uno así.
5 Pero Jesús, este Individuo que andaba por allí, según reclamaban ellos, haciendo pedazos sus iglesias y hablando mal de sus sacerdotes y—y demás, Él—Él les había hecho mucho daño según pensaban. Y—y el simple hecho de confesarlo era suficiente para—para que lo echaran a uno de las sinagogas. Y al estar afuera de la iglesia, ellos—ellos pensaban que uno ya no—no tenía oportunidad para redención. Si uno no pertenecía a una de sus sectas, como por ejemplo fariseo, saduceo o algo así, no existía redención para uno si estaba por fuera de eso. Y si ellos tenían el derecho, las llaves, pues lo podían echar a uno si así querían. Eso dicho propiamente por ellos. Con razón Jesús dijo: “Vosotros, por vuestra tradición, habéis invalidado la Palabra de Dios”. ¿Ven?
6 Y ahora eso se ha repetido, porque todos sabemos que la historia se repite cada cierto tiempo. Y es—es triste decirlo, pero fue profetizado que se repetiría, y ha vuelto a suceder. Encontramos que Jesús no era tenido en mucha estima.
7 Muchas veces la gente quiere juzgar al hombre que no está de acuerdo con ellos; no debemos hacer eso. Podemos no estar de acuerdo el uno con el otro y aún ser amistosos. Sí yo no pudiera estar de acuerdo con un hombre y aún poder amarlo y orar por él, y no estar de acuerdo con él de… con él en base a la Escritura y para un mejor esclarecimiento, entonces no le diré nada. Prefiero siempre no estar de acuerdo con él amigablemente, porque le amo, y yo—yo realmente no quiero que él se pierda. Y él debe hacer lo mismo conmigo; no queremos estar perdidos. Y debemos basar nuestros pensamientos en lo que dice la Palabra; que la Palabra sea la Verdad. No nuestro credo ni nuestros pensamientos, sino lo que Él dice; sin ninguna interpretación privada, solo lo que dice la Palabra.
8 La otra noche hice algo y parecía ser casi sacrílego, creo que fue en un desayuno ministerial la otra mañana: puse a Jesús a juicio. Dije: “Así como hicieron allá, igual hacen ellos hoy”. Quizá sería de beneficio si lo repito por un momento, si disponemos del tiempo. Pues, yo dije: hoy en día encontramos que…
9 En la reforma de Lutero, él, en aquel tiempo, dijo que el justo por la fe vivirá. “Todo aquel que cree, es el que Lo tiene”. Pero descubrimos que muchos decían que creían y no Lo tenían.
10 En los días de—de Juan Wesley, si obtenían la segunda bendición, que llamaban la santificación, santificado cabalmente, ellos se ponían muy alegres y gritaban. “Todo aquel que gritaba, Lo tenía”. Pero descubrieron que no Lo tenían. Muchos gritaban y no Lo tenían.
11 En los días de Pentecostés, dijeron: “Nos ha llegado la restauración de los dones, el bautismo del Espíritu. Aquel que habla en lenguas Lo tiene”. Descubrimos que muchos hablaban en lenguas y no Lo tenían.
12 Pues ellos dicen: “Bien, el fruto del Espíritu, Eso es”. ¡Oh no!, no es el fruto del Espíritu. La Ciencia Cristiana tiene eso, donde difícilmente… el amor es el fruto del Espíritu. Luego, y ellos tienen más amor que cualquiera, y niegan la Deidad de Jesucristo; dicen que Él solo es un profeta, un hombre común y corriente. ¿Ven? Entonces eso tampoco cuadra.
13 Permítanme cuestionar eso por un minuto. Pongamos a Jesús en juicio. Y que Dios me perdone por esta declaración desde la plataforma, pero me voy a poner contra Él por un minuto, solo para traerles Luz a Uds. ¿Ven?
14 “Ahora, los tengo a Uds. aquí en esta noche; les estoy hablando. Yo estuve allá el otro día cuando Jesús de Nazaret estuvo en la tierra. Yo vengo a Uds. para razonar con Uds. en contra de este Individuo, Jesús de Nazaret. Ahora, todos sabemos que Dios es amor; la Biblia dice que Él lo es. Muy bien, y el amor, el Espíritu es paciente, benignidad, paciencia, mansedumbre y todo eso, y amor. Ahora, yo diría que quiero preguntarles algo. Examinemos lo que—lo que sabemos, a un Cristiano.
15 “Miren a este sacerdote anciano de Uds. Su tatara-tatara-tatarabuelo era sacerdote. Él tuvo que nacer de ese linaje de levitas, para ser sacerdote. Y hallamos, pues, que él no tuvo la vida de joven como todos Uds. ¿Qué hace él? Se sacrifica, él está allá para estudiar la Palabra, la Palabra de Dios. Se dedica a eso día y noche, día y noche, tiene que conocer cada letra de ella, cada palabra en el pergamino. Se lo tiene que saber de corazón; él—él, simplemente es algo en cuanto a eso que él tiene que saber.
16 “Y luego, no solo eso, cuando tu padre y madre se casaron, ¿quién les unió como marido y mujer? Tu benévolo sacerdote anciano. ¿Quién fue el que socorrió a tu padre cuando estaba en aprietos y debía dinero de la granja y los hipotecarios se la iban a quitar? ¿Quién se paró a su lado? Tu benévolo sacerdote anciano. ¿Quién estuvo parado en la habitación al lado de tu madre cuando te estaba dando a luz? Tu benévolo sacerdote anciano. ¿Quién viene a visitarte cuando estás enfermo y necesitado? Tu benévolo sacerdote anciano. ¿Quién fue que te bendijo y te dedicó a Dios, y te circuncidó al octavo día? Tu benévolo sacerdote anciano. Cuando tu padre y tu madre estaban a punto de divorciarse, ¿quién los reconcilió y los mantuvo juntos? Tu benévolo sacerdote anciano. Cuando hay problemas en el vecindario, ¿quién se encarga de eso? Tu benévolo sacerdote anciano. Seguro.
17 “Ahora, este amable sacerdote anciano sabe que la Biblia dice que Dios requiere un cordero para el sacrificio. Muchos de Uds. hombres son negociantes, así que no crían corderos, no obstante, Dios requiere un cordero. Ellos hicieron unos corrales allá, vendían sus corderos para que los—los negociantes pudieran ir y comprarlos, ofreciendo así el sacrificio para su alma, lo que Dios requiere.
18 “¿Qué hizo este joven llamado Jesús? ¿De dónde vino? Dicen que nació de un nacimiento virginal. ¿Quién ha oído de semejante tontería? Nosotros sabemos que su madre lo tuvo antes que ella y José nacieran o que Él nació antes que ella y José se casaran. Ahora, para comenzar, nos damos cuenta que Él tiene—Él tiene mala reputación.
19 “¿Qué tarjeta de membresía tiene Él? Si fuera un hombre de Dios, ¿con cuál grupo se unió? Siendo que tu sacerdote ha estudiado, estudiado, estudiado, estudiado, para conocer esa Palabra; luego Él viene haciendo pedazos lo que él ha edificado. ¿Llamarías ‘Dios’ a eso? Seguro que no.
20 “Ahora, el otro día cuando tu sacerdote construyó aquel lugar allá, el… y para que pudieras comprar el sacrificio, ¿qué hizo este joven? ¿Bondad? Él azotó, entrelazó algunas cuerdas de pabilo y cueros, y miró a la gente con enojo; volcó esas mesas y los corrió con azote de allí. Y ¿llamas a eso frutos del Espíritu, mirarlos con enojo? Y mira, ¡privando al hombre de su oportunidad de adorar a Jehová! El negociante quiere adorarlo a Él; él no cría corderos, y fue allá para comprarlo. Y Él volcó eso y las pateó y los corrió de allí”.
21 ¿Quién tiene el fruto del Espíritu ahí? ¿Ven? Ahí tienen. ¿Ven? No es el fruto del Espíritu, ni el hablar en lenguas, ni gritar.
22 Ud. diría: “Entonces Hermano Branham, ¿cuál es la evidencia? ¿Cuál es la evidencia?”. La vindicación de la Palabra en la hora.
23 Ellos tenían la Biblia. Él era exactamente lo que Jehová dijo que acontecería. Eso no requiere de ninguna interpretación. Allí se interpretó. Allí estaban sus sacerdotes, era todo lo que tenían, y todo muy en la rutina y demás, pero ellos no pudieron ver la Palabra. Y Él hizo que esa Palabra viviera para aquella edad. Esa es la evidencia de esa edad.
24 Lutero tuvo la evidencia en su edad, Wesley en su edad, Pentecostés en su edad, pero nosotros estamos en otra edad. Esas cosas tienen su mérito. Pero como el bebé, tiene dedo, ojo y nariz, pero después de un tiempo tiene que venir a ser una criatura humana. Él tiene que llegar a ser un—un niño maduro; luego nacer, tener alma, cuerpo, espíritu, puede moverse.
25 Encontramos ahora en todo esto, que Jesús se declaró solo a unos pocos. Solo aquellos quienes Él había ordenado a Vida Le vieron. No las grandes multitudes; su grupo jamás podía ser como el grupo de Caifás. Pues, Caifás pudiera haber reunido a toda la nación. Jesús solo reunió a unos pocos. No muchos Le conocieron. Miles y miles cuando Él vino a la tierra, Él anduvo por la tierra, y ellos jamás supieron que Él estuvo aquí.
26 ¡Así será nuevamente! Él vendrá a los que son llamados a Vida. Él conoce quiénes son los que son llamados a Vida. Y Él no… Es asunto Suyo encargarse de eso.
27 Ahora, vemos entonces que ellos se salieron de la iglesia, y Le habían creído. Todo lo que la Palabra había dicho de Él, allí estaba.
28 Y un día Él se fue de la casa de ellos. Quiero hablar de tres cosas: Jesús se había ido; la muerte había llegado; y toda esperanza se había perdido. Quiero hablar sobre estas tres cosas por unos minutos.
29 Jesús se había ido. Y cuando Se fue, entonces comenzaron los problemas. Ahora cuando Él lo deja a Ud. o a la casa donde Ud. vive, problemas vienen de camino. Satanás tiene una puerta abierta cuando Jesús se aleja.
30 Él se había ido, y—y tan pronto Se fue, entonces entró la muerte. Y cuando Jesús sale, la muerte entra. Estar separado de Él es muerte; así que la muerte entró cuando Jesús salió.
31 Y la muerte rondaba a Lázaro. Y entonces Aquel en quien ellos habían creído y amado, mandaron a buscarlo para que viniera a orar por Lázaro, porque ellos Lo habían visto y sabían que Él conocía a Dios, que “todo lo que Dios…” Marta lo expresó allí: “Lo que Tú le digas a Dios ahora, Dios lo hará”. Ella reconoció que Él y Dios eran uno. Él era la Palabra de la hora, así que ella reconocía eso. Y ella lo sabía, si lograba contactarlo, pero Él estaba ausente y no podían contactarlo. Y ellas mandaron a buscarlo, y en lugar de venir, Él se alejó más. Y luego enviaron una vez más, y nuevamente en lugar de venir, Él se alejó más.
32 A veces nos preguntamos por qué suceden esas cosas, pero ¿no nos dice la Escritura: “A los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien?”. Él sabe lo que hace. Si Él se demora, está bien; Él sabe lo que hace. Había un propósito.
33 Encontramos que Él dijo, en San Juan 5:19: “De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por Sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre”.
34 El Padre le había dicho que saliera, y que se ausentara por varios días. Después de cumplirse los días, entonces fue cuando dijo: “Nuestro amigo Lázaro, duerme”. Y uno dijo: “Bueno, bien hace”.
35 Él dijo: “Está muerto. Y me alegro por vosotros que no estuve allí”. Porque ellos habían intentado todo para que fuera allá a sanarlo o decir lo que correspondía. Pero Él sabía lo que se debía hacer; así que Él hizo exactamente lo que Le fue ordenado hacer: mantenerse a distancia. Lo notamos junto al sepulcro cuando regresó. Él lo expresó cuando volvió y encontró este hogar.
36 Toda esperanza había desaparecido. Lázaro había muerto. Con cada hora pensaban: “Quizás Él venga a la escena. Quizás Él venga a la escena. Quizás regrese”. Finalmente él murió, su aliento cesó.
37 Fueron y lo embalsamaron, sacándole la sangre del cuerpo; lo envolvieron en lienzo, con especias, y habiéndolo embalsamado lo pusieron en el sepulcro, colocando una piedra sobre el sepulcro, como acostumbraban enterrar en aquellos días. Un hueco en la tierra, quizás en la piedra, y le ponían una piedra encima, esa era su costumbre.
38 Pasó el primer día, pasó el segundo día, pasó el tercer día, pasó el cuarto día, el hombre ya se estaba pudriendo en el sepulcro. La nariz quizás ya se le había hundido. Lo cual, yo creo que es lo primero que se hunde, la nariz. Y él ya estaba podrido. Su—su carne había vuelto al polvo de la tierra, o estaba en camino. Su alma estaba a cuatro días de viaje de él, en alguna parte.
39 Toda esperanza de volverlo a ver en esta vida, había desaparecido. Y entonces, cuando había desaparecido toda esperanza… Ellos habían esperado: “¡Quizás si Él viene al primer día o al segundo día!”. No. Entonces murió, y Él no vino. Entonces entró la desesperación.
40 Un poco después quizás alguien debe haberle dicho a ella: “El Maestro está afuera”. ¡Marta salió corriendo por la calle!
41 Jesús llegó en esa hora oscura cuando ya no quedaba esperanza; por lo general ahí es cuando Él viene. ¿Ven? Él llega precisamente en esa hora más oscura, y entonces Jesús aparece en la escena.
42 Ahora noten, Él llegó y llamó a Marta. Su Presencia trajo nuevas esperanzas. No importaba que el joven estuviera muerto, aun así, Su Presencia trae nueva esperanza.
43 Ud. quizás esté sentado aquí en esta noche, amigo mío, y los médicos lo han desahuciado con cáncer, problemas cardiacos. Quizás esté en una silla de ruedas, lisiado, toda la ciencia ha dicho que para Ud. no hay esperanza; la acumulación de calcio le—le tiene con nudillos los—los—los huesos y ya no los puede doblar. O, puede ser que su—su corazón esté tan grave que el médico dice que Ud. puede partir en cualquier minuto. ¡Oh, cantidades de gente con cáncer y tuberculosis, pudiera ser la última esperanza para Ud., y pareciera que el médico lo ha desahuciado! Sin embargo, estar en la Presencia y reconocer la Presencia de Jesucristo, trae esperanzas nuevamente.
44 Alguien puede incluso mencionárselo a Ud. Quizás no ha escuchado de eso antes, pero deje que alguien le diga: “Yo sé adónde hay una iglesia, ellos creen en Dios y oran por los enfermos”, rápidamente (Ud. a punto de morir ¿ven?) surgen nuevas esperanzas. Siempre sucede. En esa hora oscura, normalmente es cuando alguien dice algo al respecto, le hablan de Jesús. Su Presencia trajo nuevas esperanzas.
45 Que Eso haga lo mismo en esta noche, igual como lo hizo anoche, cuando veamos esa Palabra vindicada sin lugar a duda, que ha sido manifestada y probada; que ese Jesús que vivió hace mil novecientos años, que murió en el Calvario, se levantó al tercer día y apareció a esos discípulos y les abrió los ojos, e hizo esta promesa del día, está aquí mismo en esta noche en nuestra presencia ahora. Sin duda traerá esperanzas al pueblo. Aparecen nuevas esperanzas.
46 Quizás alguien diga: “La iglesia ha estado algo seca por un tiempo; no tenemos buena agua fresca hace unos—unos—unos meses; no hemos tenido un avivamiento. Parece que todos están muy estancados o algo así. Solamente vamos a la iglesia y entonamos un himno, y—y escuchamos algunos mensajes y nos regresamos”. Pero de repente, entonces cuando comenzamos a secarnos, entonces llega Jesús a la escena, nos refresca, nos trae algo nuevo. Él siempre está ahí para hacer eso. Llegan nuevas esperanzas cuando—cuando Jesús entra. Su Presencia trae nueva esperanza.
47 Ella sabía que Él era esa Palabra de Dios manifestada. Ella había visto esa edad. Si no lo hubiera hecho, ella aún habría sido ortodoxa; aún hubiera pertenecido a la iglesia. Pero ella había visto esa Palabra prometida. Había visto esa Palabra prometida manifestada a través de Él, y ella sabía que Él era esa Palabra viviente. Y cuando ella oyó eso, no le importó cuántos la criticaban, ni cualquier otra cosa, ella salió en busca de Él tan rápido como pudo. ¿Ven? Ella sabía que Él era esa Palabra manifestada.
48 Sin duda ella había leído la historia de Elías en sus días. Ahora, él fue la Palabra de Dios manifestada en aquel día. Él era un profeta y la Palabra de Dios viene al profeta. Y allá hubo una mujer que tuvo un bebé por la bendición con la que el profeta la había bendecido, y ella tuvo al niño.
49 Un día como a las once, debe haberse insolado. Él estaba en el campo con su padre, la Biblia no dice qué fue, que fue insolación, pero él comenzó a llorar: “¡Mi cabeza!, ¡mi cabeza!”, como a eso de las once del día. Y él mandó a un siervo (el padre) que lo llevara a la casa. Él estuvo en el regazo de su madre hasta el mediodía y se enfermó más y más, y finalmente murió.
50 Y ahora, en lugar de desesperarse, el… todos los vecinos entraron gritando y todo eso, pero esa madre firme, su bebé muerto, lo llevó a la pequeña habitación que ella le había provisto al profeta, y lo acostó en su cama, de esa manera. Y le dijo entonces al siervo: “Ensilla el asna, y vete directo, y no te detengas a menos que yo te diga”. ¡Oh, qué cosa! ¡Así es!
51 No tenemos tiempo para debatir ni pelear. Ese día ya pasó. Prosigamos. Tenemos que llegar allí. Tenemos una necesidad.
52 Y entonces le dijo: “Sigue derecho, y no disminuyas la marcha a menos que yo te lo mande”. Y así se fueron hasta que llegaron donde Elías.
53 Elías era un hombre de Dios, no como Cristo, Cristo conocía todas las cosas porque Él era Dios. Elías era una porción de Dios. Eso era Cristo en Elías. Y eso era el mensaje de la hora, por cuanto la Palabra del Señor para esa hora estaba con ese profeta.
54 Jesús fue la plenitud de todos esos profetas, cada uno solo lo manifestaba a Él. Eso es todo. Desde José, allá con las treinta piezas de plata, por todo lugar, Él—Él representó a Cristo. ¡Así también Moisés!
55 David, sentado sobre la colina como un rey rechazado, llorando porque había sido rechazado. Ochocientos años después de eso, el Hijo de David estaba sentado sobre una colina. Eso allí era el Espíritu de Cristo en David. Y Él… ¡Vaya! Él era la Raíz y Linaje de David. Y Él estaba sentado sobre la colina, llorando, como un Rey rechazado: “Jerusalén, Jerusalén, ¿cuántas veces te hubiera juntado como la gallina a sus polluelos?”. ¿Qué era? Era Cristo allá atrás.
56 Era Cristo clamando cuando David escribió el himno: “Dios mío, ¿por qué Me has desamparado? Todos Mis huesos, ellos Me miran. Horadaron Mis pies y Mis manos. Repartieron entre sí Mis vestidos, y sobre Mi ropa echaron suertes”. Ese era Cristo hablando en David. Correcto. Él era la manifestación de la Palabra. Cristo vino para cumplir esas cosas habladas por los profetas, por cuanto la Palabra estaba con los profetas.
57 Él nos dijo eso en la lección de anoche, que Él vino para cumplir lo que los profetas habían dicho de Él, por cuanto ellos tenían la Palabra. Y Elías era el profeta de Dios, la Palabra para ese día.
58 Entonces la mujer sunamita se mantuvo con ese profeta hasta que él vino y manifestó el poder de Dios, y se postró sobre el bebé, y el bebé volvió a la vida.
59 Ahora, Marta seguramente reconoció esto, aunque ella había estado muy ocupada con los quehaceres de la casa, lavando los platos y demás. Pero allí ella mostró sus colores. Ella verdaderamente mostró lo que tenía por dentro. Ella salió a buscarlo inmediatamente. Si Dios estaba en Elías, Dios tenía que estar en Cristo, porque Él había probado que Él era esa Persona. Amén. Eso me gusta, ¡esa determinación! Ella acudió a Él; tenía que llegar a Él. Y ella se dio cuenta allí, cuando llegó ante Él—a Él; Ahora recuerden: sabía que Él jamás cambiaba, que Dios nunca cambia Su programa. Si Él estaba en Elías y podía levantar a los muertos, Él estaba en Cristo y podía levantar a los muertos, a pesar de que Él no lo había hecho, pues es el mismo Dios.
60 ¡Ni aún ha cambiado Él! Es el mismo Dios esta noche como siempre lo ha sido. Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Él no cambia.
61 Y Él supo que ella sabía que Eso estaba en Él. Fíjense, solo en unos minutos eso lo probó, cuando ella le dijo algo respecto a su hermano, y ella dijo: “Señor, yo—yo creo que Tú eres”.
62 Y Él dijo: “Yo soy la Resurrección y la Vida. Aunque él esté muerto, vivirá. Y todo aquel que viviere y creyere en Mí jamás morirá. YO SOY”. Ese era el YO SOY que estaba en la zarza ardiente con Moisés. “Yo soy la Resurrección. Yo soy la Vida. Yo era esa Pared. Yo aún soy Él. Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá. El que viviere y creyere en Mí jamás morirá”. Después de esta gran seguridad que ella tenía de que Él era la Palabra prometida, cuando Él dijo (siendo un Profeta Él no podía mentir) por eso Él, cuando dijo: “Yo soy el YO SOY. Yo soy Él, que es la Resurrección y la Vida”.
63 Ella dijo: “Yo creo que Tú eres Aquél, el Hijo de Dios que habría de venir al mundo. Aunque mi hermano está muerto, yace allá en el sepulcro, él… pues su cuerpo descomponiéndose; pero aún ahora, lo que Tú digas, así será”. ¡Correcto!
64 ¡Lo único que ella quería era oírlo a Él decirlo! Amén. ¡Oh, Marta!, ¿dónde estamos nosotros en esta noche? “Solo di la Palabra; ¡mi siervo vivirá!”. ¡Solamente oírlo a Él decirlo! Ellos pudieran haber venido a decirle a ella que Él lo había dicho, ¡pero aquí estaba Él mismo! ¡Oh, Dios!, ¡abre los ojos cegados, para que ellos puedan ver! Cuando Él, en Su Presencia, habla la Palabra, siempre se manifiesta.
65 Ella dijo: “Lo que Tú le pidieres a Dios, Dios te lo dará. ¡Solo permíteme escucharlo!”. Ella quería escucharlo a Él decir la Palabra; era todo lo que ella quería oír. Solo obtener la Palabra, era todo lo que ella necesitaba, escucharlo a Él decir que lo haría.
66 Y Él lo hubiera hecho allí mismo, pero vean, por la visión que el Padre le había mostrado, Él tenía que estar parado junto al sepulcro. ¡Oh, vaya! ¡Mantengan su fe! Dios está obrando todo correctamente. Todo estará bien. Solo esperen que ella llegue al sepulcro.
67 Noten, si ella tan solo lograba que Él lo dijese, aun cuando él… No quedaba esperanza, no había nada. Él estaba muerto, ya pudriéndose en el sepulcro; pero lo único que ella quería era oírlo a Él decirlo.
68 Ahora, cuando Él dijo: “Yo soy la Resurrección y la Vida”, ella lo creyó. Ella creyó eso. Y fíjense, ella tuvo que creer lo imposible, cuando le escuchó a Él decir: “Yo soy la Resurrección y la Vida. Aunque estuviese muerto, él vivirá, y todo aquel que vive y cree en Mí, jamás morirá”. Dijo: “¿Crees esto?”.
69 Y ella dijo: “Sí, Señor, lo creo. Yo creo que Tú eres el Hijo de Dios que había de venir al mundo”. Eso me gusta. Me gusta eso.
70 He—he dicho esto antes. Sería bueno repetirlo ahora. Hablando con una mujer no hace mucho, de una cierta iglesia que mencioné hace un tiempo, que no creen que Él era Dios, Su Deidad; que Él solo era un profeta, un hombre común.
71 Él lo era, es cierto. Él era eso, además de ser Dios. Vean, Él era la manifestación. Jesús es el cuerpo, el Joven, el Hombre; Dios era lo que habitaba en Él. Dios estaba en Él. Él era el hombre-Dios. Él era hombre, sin embargo, era Dios manifestado en carne. Cuando vemos a Jesús, vemos a Dios. Eso es lo que Él dijo: “Cuando viereis al Padre, viéndome a Mí, veis al Padre”. Por cuanto Él era el reflejo, porque Él era la Palabra, amén, que fue en el principio. Amén.
72 Él llamó “dios” a los profetas, ¿sabían Uds. eso? Él dijo: “Vosotros llamáis ‘dios’ a aquellos a quienes vino la Palabra de Dios, ¿cómo podéis condenarme a Mí cuando digo que ‘Yo soy el Hijo de Dios’?”.
73 Pues la misma Palabra dijo que Él estaría allí, y allí estaba la Palabra manifiesta nuevamente. Y aún así ellos no lo creían.
74 Esta mujer me dijo: “Yo se lo puedo probar”. Dijo: “A mí me gusta escucharlo a Ud. predicar, pero hay una cosa que Ud. hace demasiado”. “Pues, ¿qué es?”. Dijo: “Ud. alardea demasiado de Jesús”.
75 Yo dije: “Espero que eso sea todo lo que Él tenga contra mí cuando venga”. Y ella dijo… Yo dije: “Espero que sea todo lo que Él pueda, la falla de la que me pueda culpar”. Dije: “Aunque yo tuviera diez mil lenguas, no podría hablar lo suficiente. ¡Oh, vaya!, ¡lo que Él es!”. Ella dijo: “Pero es que Ud. lo hace a Él Dios”.
76 Dije: “Él lo era. O, de no serlo, Él sería el engañador más grande que el mundo haya tenido”. Ella dijo: “Él era un profeta”.
77 Yo dije: “Él era un profeta, es verdad: un profeta-Dios, la plenitud de la Palabra. Al profeta solo le venía la Palabra, eso es lo que lo hace a él—lo hacía a él profeta. Pero Él era la plenitud de esa Palabra”.
78 Y ella dijo: “Se lo puedo probar”. Dijo: “Ud. lo hace a Él Divino”. Yo dije: “Él era Divino”. Y ella dijo: “Él no puede ser Divino”. Dije: “Él… Pero Él lo era”. Ella dijo: “¿Ud. dice que cree la Biblia?”. Dije: “Así es”.
79 Ella dijo: “Le probaré a Ud. por su propia Biblia que Él no era Divino”.
80 Dije: “Hágalo. Si la Biblia lo dice entonces lo creeré, porque yo creo que la Palabra tiene la razón”.
81 Ella dijo: “Yendo hacia el sepulcro de Lázaro, ¿recuerda eso en San Juan 11?”. Yo dije: “Seguro, señora”.
82 Dijo: “Pues, ahora camino allá, Él lloró. La Biblia dice: ‘Él lloró’”. Yo dije: “Seguro, la Biblia dice que Él lloró”. Dijo: “¿Cómo es que pudo ser Divino y llorar?”. Yo dije: “Él era humano”. “¿Humano y a la vez Divino?”.
83 Dije: “Sí señora. Ud. no lo capta. Él era un—un hombre caminando por allí, llorando con los que lloraban, es cierto, afligido con los afligidos. Él era un hombre. Pero cuando enderezó Su cuerpecito frágil y dijo: ‘¡Lázaro, ven fuera!’, y un hombre que tenía cuatro días de muerto se puso de pie. Eso requirió ser más que un hombre, ese era Dios en el Hombre”. ¿Quién puede resucitar a los muertos sino Dios? ¡Él es la Resurrección y la Vida! Correcto.
84 Esa noche allá en el mar, cuando Él estaba allí, muy cansado, acostado atrás en la barca, cuando diez mil diablos juraron que Lo ahogarían esa noche; y esa barquita saltando como un corcho allá en un mar tempestuoso. Esos diablos pensaron: “Ahora Lo tenemos. Él está dormido; los hundiremos a todos”. ¡Oh!, Él era un hombre, cansado, pero cuando lo despertaron, Él colocó un pie sobre la borda y miró hacia arriba y dijo: “Calla, enmudece”, y el viento y las olas Le obedecieron, Ese era más que un hombre.
85 Él era hombre cuando tuvo hambre, venía de la montaña buscando un pedazo de pan o algo de comer, o un higo de la higuera. Pero cuando Él tomó cinco panecillos y dos pececitos y alimentó a cinco mil, ese era Dios en aquel Hombre. Correcto.
86 ¡Oh!, todo hombre que haya llegado a ser algo ha creído eso; todos los poetas lo han creído. Con razón uno de ellos escribió: Viviendo, me amó; y muriendo me salvó. Sepultado, mi pecado lejos llevó. Al levantarse, me justificó gratuitamente por siempre. Algún día Él viene, ¡oh, día glorioso!
87 Eddie Perronet, cuyos cantos no se vendían. Un día, tambaleando bajo el impacto del Espíritu Santo, tomó una pluma y escribió el himno de coronación cuando escribió: ¡Todos aclamen el poder del Nombre de Jesús! Que los Ángeles caigan postrados; Traigan la diadema real, ¡Corónenlo Señor de todo! (¡Aleluya!)
88 Seguro, eso es lo que creemos que Él fue. Sí, señor.
89 Ella ahora tiene que creer lo imposible, según el pensamiento moderno de aquel día. Igual Ud. tiene que creer lo imposible, para ver Vida nueva, para ver que algo suceda. Pero si Él reconocía… Si ella reconocía que Él era la Palabra, entonces lo imposible podía ocurrir, por cuanto Él es el Creador y respaldará todo lo que ha dicho.
90 “Y todo es posible para aquellos que pueden creer”. Esa es Su Palabra. Pero lo imposible se manifiesta cuando se toma a Dios en Su Palabra. Sí, señor. Cuando se toma a Dios en Su Palabra, lo imposible se—se manifiesta. Cuando Dios dice que eso acontecerá, Ud. entonces tome esa Palabra y vea como lo imposible ocurrirá. Seguro que sí.
91 Pero fíjense, aun con todo eso, ella dijo: “Aún ahora, Señor, todo lo que pidas a Dios, Dios lo hará”. Ella sabía que si tan solo lograba que esas Palabras vinieran de parte de Él. Eso era todo lo que ella necesitaba hacer, era obtener esa Palabra. Sí, era su hora más oscura, y Jesús llegó y llamó. ¡Oh, qué cosa la que ellos vieron: una resurrección! Veamos otros que pasaron por horas oscuras.
92 En una ocasión hubo un hombre llamado Job, uno de los profetas más antiguos de la Biblia. Él era un gran hombre. Él había—él había amado a Jehová, y había hecho cuanto sabía hacer. Y Satanás quería zarandearlo, entonces un día le dijo a Dios… Sí, Dios le dijo a él, mejor dicho: “Satanás, ¿dónde has estado?”.
93 Dijo: “¡Oh!, rodeando y andando por la tierra”.
94 Él dijo: “¿Has considerado a Mi siervo Job? Que no hay otro como él en la tierra. Él es un varón perfecto”.
95 “Oh” dijo él, “seguro, Tú le has dado todo, haces todo por él. Seguro, él es un gran hombre. Pero déjamelo a mí, yo le cambiaré la tonada. Haré que Te maldiga en Tu cara”.
96 Él dijo: “No podrás”. Esa es Su confianza en un creyente. ¿Por qué? Él es Infinito. Él es Eterno. Él conoce el fin desde el principio. Él sabía que Satanás no podía lograrlo. Pues, Él es la Palabra, Él sabía lo que haría Job.
97 Ahora recuerden, él afligió a Job con sarna, mató a sus hijos, le quitó todo lo que tenía; le quitó la salud. Aun sus consoladores vinieron y no pudieron hacer más que acusarlo de ser un pecador secreto. Y pobre Job, llegó a tal grado que entró en mucha angustia.
98 Uno primero tiene que entrar en angustia; llegar al punto en que uno está al final del camino.
99 Job llegó al final del camino cuando dijo: “Maldito sea el día en que nací. Que no brille el sol y que la luna no dé su luz de noche, y que jamás se pronuncie el nombre”. Y en aquella angustia, entonces llegó Jesús. Él miró y dijo: “Veo a un hombre. Veo que muere una flor y se levanta de nuevo en la primavera. Si un árbol cae, se renueva con la fragancia del agua”. Él vio que toda la vida botánica volvía a nacer, pero dijo: “El hombre cae, entrega el espíritu y, ¿dónde está él?”. Él sabía que ya era anciano. Él dijo: “Sus hijos llegan y lo velan, y él no lo percibe. ¡Oh, quién me diera que me escondieses en el sepulcro y me guardaras en el lugar secreto hasta apaciguarse Tu ira! Ponme un plazo y fíjame un límite. Fuimos…”. Y continuaba así, hablando. Él estaba al final, en su angustia: “¿Qué pasará? Las hojas viven, vuelven al árbol; las flores regresan y todo lo demás vuelve, ¡pero el hombre se acuesta y entrega el espíritu!”. Él estaba en angustia. Él no sabía qué pasaría con él, y él ya en esa edad.
100 Estando así, entonces llegó Jesús. Dios le colocó el rostro mirando hacia los cielos, y él vio a Jesús viniendo en los postreros días.
101 Fue en esa hora más oscura cuando su esposa dijo: “Maldice a Dios y muérete” pero él dijo, “mujer, hablas como una fatua. Jehová dio, y Jehová quitó, bendito sea el Nombre de Jehová”. Hasta su esposa lo rechazó. Su iglesia lo rechazó. Todos lo rechazaron.
102 En la hora más oscura, cuando él ni sabía hacia dónde iría de allí, llegó Jesús. Entonces exclamó: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin Él se levantará sobre el polvo. Y aunque después los gusanos destruyan este cuerpo, en mi carne he de ver a Dios; al cual yo veré por mí mismo”. En su hora más oscura entonces llegó Jesús. Sí, señor.
103 Moisés, para Moisés, la hora más oscura llegó para él en Israel. Él estaba allí mismo en la línea del deber; encontró a Dios allá en la zarza y dijo: “YO SOY EL QUE SOY”. Él fue y combatió toda clase de personificaciones de Janes y Jambres, queriendo personificar su trabajo. Por todo esto, él se mantuvo fiel a Dios. Por fin consiguió que Israel creyera. Y allí venía, saliendo de Egipto, camino a la—a la tierra prometida, donde Dios dijo: “Uds. Me adorarán en esta montaña”. Esa era la Palabra de Dios. Moisés sabía que tenía que llegar hasta esa montaña. Amén. ¡Dios lo dijo! Ningún faraón lo podía matar; ningún diablo lo podía matar; nada podía matarlo. Él estaba camino a esa montaña. ¡Amén! ¡Aleluya! Me siento religioso. Él estaba camino a esa montaña.
104 ¡Igual nosotros vamos camino a la Gloria! Nada va a detenernos. No, señor. Dios va a vindicar Su Palabra; no me importa lo que ocurra, Él lo va hacer de todas maneras. Sí.
105 ¡En su camino, en pleno camino del deber! Aquí se encuentra, acorralado entre las montañas. Escucha y oye detrás de él un ruido. ¿Qué será? Los carros de Faraón que venían de por miles; armados, y lanzas y cosas, para derribarlos y arrasarlos. Allí está el Mar Rojo que le tenía cerrado el camino. ¿Qué hizo él? Entró en an-… Él entró en angustia. Todo el pueblo estaba clamando: “¡Oh, lo que nos espera! Faraón nos va matar, sus espadas nos traspasarán. Nuestros bebés morirán aquí en el desierto”. Moisés clamó: “¡Oh, Dios!”.
106 Y entonces Jesús llegó a la escena. Él era la Columna de Fuego. Correcto. Él bajó y se mantuvo suspendido entre él y el peligro. Amén. Él es nuestro Intercesor. Él es el que se para en medio, amén, un Mediador. Allí se paró Él firme; oscuridad para los egipcios, aquellos que venían para tratar de hacer algo allí. Él era Luz para ellos, por la cual caminar. Luego en la mañana, cuando el viento comenzó a soplar muy fuerte esa noche, entonces ¿qué hizo? Él había venido en la forma de la Columna de Fuego.
107 Recuerden, Él aún es esa Columna de Fuego. Sí, señor. Cuando estuvo en la tierra, Él dijo: “Yo vengo de Dios, y regreso a Dios”.
108 Y después de Su muerte, entierro, resurrección y ascensión, San Pablo, camino a Damasco, fue derribado por esa Columna de Fuego. Recuerden, él era un hebreo. Él no hubiera dicho tal… Él dijo: “Señor, ¿Quién eres?”. S-e-ñ-o-r con mayúscula, Elohim. “¿Quién eres a Quien que estoy persiguiendo?”. Él dijo: “Yo soy Jesús”.
109 ¡Amén! ¡Aleluya! Él es el Primero y el Último. Él aún sigue igual. “Un poco y el mundo no Me verá más, pero vosotros Me veréis. Yo estaré con vosotros y aun en vosotros”. La misma Columna de Fuego, el mismo Dios haciendo la misma cosa, con la misma promesa (amén), manifestando Su Palabra. “Yo soy la Resurrección y la Vida. Yo soy el que Era, el que Es, y el que Ha de venir”. Sí, señor. Sí. “Nuestros padres comieron maná en el desierto”.
110 Él dijo: “Todos ellos están muertos. Pero YO SOY EL QUE SOY”. Moisés… En la zarza ardiente, ese era el YO SOY. Él aún es el YO SOY, no el yo era; YO SOY, tiempo presente, todo el tiempo.
111 Nos damos cuenta aquí que Moisés aquí está arrinconado, y luego Cristo había bajado. Ahora, y la Biblia dice que “Moisés tuvo por mayores riquezas el—el vituperio de Cristo que los tesoros de Egipto”. ¡El vituperio de Cristo! Cristo era la Unción, el Logos que salió de Dios. El Ángel, cualquier lector de la Biblia sabe que aquel Ángel era Cristo. Y allá estaba Él en el desierto, y Él llegó a la escena en la forma en que debía ser manifestado. ¡Gloria a Dios!
112 Él viene hoy en esa forma, el mismo Cristo, manifestado.
113 Les dijo que Él los sacaría; lo estaba haciendo. Y allí vino para respaldar Su Palabra, para vindicarla. Después de haber llegado, igual como lo hizo con Marta, luego llamó. Dijo: “Moisés, ¿por qué clamas a Mí? Habla a este pueblo para que avancen”. En esa hora oscura el Mar Rojo se abrió, y ellos cruzaron en su viaje para cumplir la Palabra de Dios. Sí, en la hora más oscura para Moisés, fue cuando llegó Jesús. Aún nos queda tiempo… Y Él llamó a Moisés.
114 Queremos traer su atención a otro hombrecito. Su nombre era Jairo. Hay muchos de ellos en el mundo hoy día. Él era un creyente secreto. Él amaba a Jesús. Había oído de Él; le creía. Pero, vean, él ya se había unido a una organización. Sí. Él—él—él—él simplemente… Él no podía confesar esto abiertamente. Él lo creía, pero no podía confesarlo, así que se había unido con los incrédulos. Pero él en realidad lo creía.
115 Saben, cuando un hombre llega a esa condición, algunas veces Dios lo trae a él al reto. Es en la angustia cuando en realidad mostramos nuestros colores, lo que en verdad somos.
116 Entonces allí estaba él, ya unido con los incrédulos, y ya había ido y firmado su nombre en el registro y todo eso. Y él era un sacerdote, y por eso le—le era muy difícil hacer una confesión, porque ese era su boleto para comer. Pero, aun así, él creía en Jesús.
117 Cierto día su niña se enfermó. ¡Oh, vaya! Él, sin duda que el hombre, si él… estando así, hubiera llamado al doctor. El médico llegó y atendió a la niña. Su fiebre siguió de mal en peor. Al poco tiempo estaba ardiendo tanto, y todo, que por fin llegó al punto de morir. Él se angustió; tenía que hacer algo. Él—él no sabía qué hacer. Luego pensó: “Si tan solo pudiera encontrarlo, a dondequiera que estuviese”. Ahora, él no esperó hasta la noche como hizo Nicodemo, para tener una entrevista privada. Era momento de actuar, el tiempo había llegado para actuar y él tenía que actuar de una vez.
118 Y yo pienso, hermano y hermana, que hoy es igual. El momento de acción ha llegado. El momento ha llegado para creer o no creer. Esa línea de separación llega a todo hombre y a toda mujer. Llega a todo niño. Algunas veces cuando Ud. cruza esa línea, solo le queda una cosa: es juicio, cuando Ud. pasa entre la misericordia y el juicio, cuando Ud. ha cruzado esa línea.
119 Recuerden, él entró en angustia. Él no sabía qué hacer. Allí estaban parados sus sacerdotes, todos los rabinos a su alrededor. El compañerismo estaba allí con él, todos allá presenciando la muerte de su niña. El médico estaba parado afuera, con las manos cruzadas, moviendo sus manos: “Le he dado todas las medicinas que conozco, y aun…”.
120 Vean, era Jesús obrando todo el tiempo. Jesús estaba haciendo todo esto con un propósito, para sacar a relucir el color de ese hombrecito. Después de un rato, puedo ver que va y se pone su sombrerito negro, y se pone su saco de sacerdote. “¿A dónde vas?”.
121 “Voy… Oí que Él está allá junto al río. ¡Voy a verlo!” ¡Oh, qué cosa! ¡Para allá fue!
122 En esa hora de angustia él tuvo que tomar una decisión: dejar morir a su hija, o saber que Esa era la manifestación de la Palabra. Él era un sacerdote y había leído la Palabra, y él sabía que esa era la manifestación de Dios. Dios estaba en Cristo, reconciliando Consigo al mundo. Él sabía eso, y fue presionado a encarar el asunto. Él tenía que cometer un error, dejar que muriera su hija o hacer su confesión. Cuando llegó a tal angustia entonces fue cuando llegó Jesús. Él fue a verlo. Él dijo, dijo: “Estaré de acuerdo Contigo, en todo lo que digas”. Y entonces allí venía un mensajero por el camino, esa cosa oscura allí. Él había hecho su confesión, que Le creía. Con eso ya se había excomulgado él mismo y se había declarado ante el público, que era creyente en Jesús.
123 Y allí llegó el mensajero, dijo: “No molestes a nadie, pues tu hija ya murió. Ella murió ayer. Ya está muerta. No, no insistas más”.
124 Y, ¡oh, su pequeño corazón por poco se detiene! Pero miró y vio esos ojos de Jesús, dijo: “¿No te dije? ¡No temas, si quieres ver la gloria de Dios! ¿Por qué temes? Ya te dije que Yo iría.”
125 Él ya dijo que vendría. Él ya dijo que haría esto, y aquí está Él haciéndolo. Amén. Él dijo que llegaría a la escena en los postreros días para obrar estas cosas tal como antes, como leímos y hablamos anoche. Aquí está Él haciéndolo. ¿Por qué tienen temor?
126 Recuerden, cuando Él vino, pues la llamó de los muertos. Él llegó a la escena y la llamó de entre los muertos. Aquel anciano Bartimeo, un día llegó a su hora más oscura.
127 Jesús andaba por allá, organizó un desayuno para los Hombres de Negocio del Evangelio Completo, allá en—en Jericó, y tenía a Zaqueo allá. Lo había conocido en un árbol al venir por la calle. Entonces cuando Él estaba… Bueno, él no organizaría otra cosa, estoy seguro. ¿Ven? Entonces cuando llegó allí, y Él—Él lo tenía allí, Zaqueo había ido con Él.
128 El anciano ciego Bartimeo había sido ciego desde niño. Y pensaba que Jesús posiblemente saldría por esa puerta, y él estaba esperando. Después de un rato él oyó mucho ruido, y mucha gente que pasaba.
129 Y oyó al sacerdote que decía: “¡Óyeme! ¡Óyeme!, ¡Tú, Tú que vas subiendo la colina! has—has—has… Oímos que resucitas a los muertos. Acá tenemos un cementerio lleno de ellos. Si tú eres el Mesías, si tú eres el Mesías, ven acá y resucita a estos muertos”.
130 Saben, ese mismo diablo aún vive (¿ven?), en la forma de religión, así igual. ¿Ven?
131 “Si tú eres el Mesías, nosotros… tú resucitas a los muertos; acá tenemos un cementerio lleno. Ven”. ¡Oh!, todos gritaban. Uno decía: “¡Hosanna al Profeta!”. Otro gritaba esto, aquello y lo otro. ¡Tanta confusión!
132 Y este ciego pensó: “¡Oh, ha pasado de mí! Él salió por allá, mientras yo pensaba que iba a salir por aquí. Me han puesto en el lugar equivocado”. Y comenzó a gritar. Él pensó: “Si Él es la Palabra, Él es Dios; tiene que ser”. Entonces: “¡Oh, Jesús, Hijo de David!, ten misericordia de mí”. En esa hora de angustia, él clamó.
133 Ahora, Jesús, si lo notan aquí, estaba en Jericó. Donde dicen que él estaba sentado, estaba a ciento cincuenta yardas de donde estaba Jesús. Con miles de personas alrededor de Él empujando, Él no pudo haber escuchado el clamor de ese hombre. No. Pero lo sintió. Él se detuvo.
134 Quiero predicar, una de estas noches: “Y entonces Jesús se detuvo”. ¡Oh! “Y entonces Jesús se agachó”. ¡Oh!
135 Pero cuando Jesús se detuvo, ¿por qué fue? Él lo llamó. “El Maestro ha llegado. No temas” dijeron los discípulos, “te está llamando. Él te está llamando”. Lo llamó a él de entre esa multitud. Y Él hace lo mismo hoy. ¿Uds. lo estarán captando bien? ¿Ven?
136 “El Maestro ha llegado y te ha llamado”. Y Él está llamando de—de la ceguera a la luz, de las tinieblas a luz. Y Él lo llamó, pasó de muerte a Vida. “El Maestro ha venido y te está llamando”. Y cuando lo llamó, Él le devolvió la vista.
137 La mujercita con el flujo de sangre, en una ocasión, allá en la colina; había gastado todo su dinero en médicos. Sin duda ella había vendido los—los animales. Habían vendido la—la granja, la hipotecaron. Habían gastado todo lo que pudieron con los médicos, ninguno le había ayudado. Constantemente ella iba de mal en peor. La sangre no paraba. Constantemente, fluía y fluía, y ella más y más endeudada.
138 Y un día, estando sentada allí tejiendo, al lado del cerro donde vivía, ella miró abajo al valle y vio que llegaba una barca. Todos comenzaron a correr: “¡Hosanna al Profeta!”.
139 Ella había oído de Él. La fe viene por el oír. Pues, dijo ella: “Iré a verlo”.
140 Y cuando fue hasta allá, y por primera vez pudo contemplar la Palabra de Dios manifestada en carne, hubo algo en Su hablar y Su apariencia que ella supo que ese era Él. Sí, señor. “¡Oh, si yo tan solo pudiera llamar Su atención de alguna manera!, ¡si tan solo pudiera tocarle de alguna manera!”. Y ella se metió entre la multitud y tocó Su vestidura.
141 Ahora recuerden: no fue el dedo de ella lo que Él sintió. No señor, porque las vestimentas palestinas son ropa suelta. Y Él… ellos… Pedro dijo: “Todos Te han tocado”.
142 Él dijo: “Pero este fue un toque distinto. Siento que Me he debilitado”.
143 Jesús había llegado. Había quedado sin dinero, todo se le había agotado; pero en esa hora oscura cuando la sangre no cesaba, y los médicos no la podían detener, llegó Jesús. Y ¿qué hizo Él? La llamó. Buscó por todos lados hasta que la encontró, y dijo: “Tú tenías un flujo de sangre, pero ya cesó”.
144 “Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos”. “El Maestro ha venido y te está llamando. Él vino y llamó”. La llamó nuevamente a una buena salud.
145 La mujercita junto al pozo, de la que hablamos anoche, ya sin esperanzas. Quizás, tal vez su quinto esposo la había abandonado, y esa misma noche había tomado el sexto, y ella—ella dudaba un poco de él. Moralmente, estaba desahuciada. Ella quería ser una dama genuina; ella, sin duda, ella había estado leyendo la Biblia.
146 Y ella iba por allí, llegando como a las once del día. Ella no podía venir temprano en la mañana cuando venían las mujeres justas. Y ellas cargaban el agua sobre la cabeza, en esas jarras, y regresaban. Y ella no podía venir, mezclarse con ellas. Ellos, ellos tenían una segregación en ese día, lo correcto y lo errado no se mezclaba. Lo inmoral se mantenía en su lugar, así que ella no podía venir con las demás. Ellas no le permitían venir. Entonces, cuando todas habían sacado su agua y habían regresado… ella llegó buscando por Algo mucho mejor.
147 Y entonces ella llegó allí con este cántaro en la cabeza, sin duda que iba por allí, pensando: “Bueno, el hombre con el que me casé o el que encontré anoche, estoy dudando de él. Es un hombre, actúa muy raro. Yo—yo simplemente no sé qué pensar de él. No tengo oportunidad. He sido desechada por la sociedad. Y no puedo asistir a esas iglesias, ellos no… ¡Mira como están! No sé qué hacer. Estoy angustiada. Y he estado leyendo la Biblia; seguramente algún día ese Profeta aparecerá en la escena. Ahora, yo sé que muchos reclaman que no existe tal cosa, y: ‘Quizás eso será de aquí a cien años, o a mil años. Lo hemos estado esperando por miles de años y aún no ha ocurrido, así que no lo estamos esperando ahora’. Todo está bien. ‘¡Oh, no!, tenemos iglesias y demás. No necesitamos nada así por ahora’”. Así que ella iba por allí, pensando.
148 Saben, cuando uno piensa en Él, es entonces cuando Él aparece. Como vimos anoche cuando ellos iban camino a Emaús.
149 Cuando ella pensaba en esas cosas, escuchó a un Hombre que dijo: “Dame de beber”.
150 ¿Qué le parece eso? En su hora más oscura, cuando ya no tenía moral. Quizás era una damita hermosa, arrojada a la calle para vivir así. Algunas veces no es culpa de la jovencita, es culpa de sus padres que la dejaron que saliera así. Y allí estaba, quizás con los pequeños rizos colgando; se encontraba agotada, caminando por allí muy cansada y nadie le prestaba atención, una joven, y quizás con una gran historia.
151 De todos modos, una cosa sé, ella había leído la Biblia y ella creía la Biblia. Y había una pequeña simiente en su corazón que decía: “Si eso llegara a ocurrir, yo lo sabré”. Ella estaba predestinada a eso.
152 Miren a ese malvado Judas parado allí y haciendo lo que hizo. Su corazón era oscuro hasta el fondo. La Luz estaba brillando acá arriba, en sus hechos, pero abajo en su corazón él no Lo creía. Y acá, ella estaba… ¿Ven?, la Luz no podía bajar allí a eso. Pero acá estaba ella, creyendo; ella Lo creyó, pero su vida estaba entenebrecida; cuando llegó la Luz, Eso sacó las tinieblas. Pero cuando la Luz pegó acá arriba, Eso lo entenebreció completamente. Ahí está la diferencia.
153 ¿Ven?, ella nació para ese propósito. Ella, ella dijo, cuando Él le dijo cuántos esposos tenía, ella… ¿Qué sucedió? De repente se emocionó. Entró en angustia. Dijo: “Señor, me parece que eres un Profeta. Yo sé que cuando el Mesías venga, Él hará estas cosas”.
154 Entonces Él la llamó. Entonces Él la llamó. “Yo soy, el que habla contigo”. Ella reconoció eso por medio de la Palabra de Dios. Él la llamó a ella de sus pecados, a una Vida. Y su nombre está en la Biblia, y hoy ella tiene Vida inmortal.
155 Él lo puede llamar a Ud. de igual manera, porque Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. El…
156 Sí, ella ya no tenía moral, pero ella aún sabía que Él tenía ese discernimiento. Ella sabía que Ese tenía que ser el Mesías. Entonces cuando Jesús dijo: “Yo soy, Yo soy”, ella sabía que así era.
157 Una vez los discípulos estaban afuera en la barca, se había perdido toda esperanza. Las tormentas, ellos se habían ido sin Jesús, y las tormentas eran como—como había sido en la casa de Lázaro. No quedaban esperanzas. La barca se había anegado. Y ellos estaban llorando y clamando, y quizás orando, y de todo; y los relámpagos destellaban, y la barca se llenó de agua, los mástiles cayeron, los remos en pedazos, y ellos estaban agarrados uno del otro, llorando.
158 Y en esa hora, realmente las más oscura, fue cuando Jesús apareció, caminando. Pero para ellos parecía una sombra. Parecía como un espanto, como un espíritu, y ellos clamaron con temor.
159 Eso es lo que sucede hoy día. Jesús llega al momento de su hora más oscura y Ud. Le teme. Ud. no sabe Eso que es.
160 Ellos allá no sabían lo que era Él. Dijeron: “¡Oh, es un espíritu!”. Y estaban gritando.
161 Y entonces los llamó, dijo: “No temáis, Yo soy”. En la hora más oscura, Jesús llegó, su Ayuda. Así es como siempre lo hace, Él llega en la hora más oscura. Entonces llegó Jesús y se manifestó, y vino a ellos. Pedro dijo: “Si eres Tú, manda que yo vaya sobre las aguas”. Jesús dijo: “Ven”.
162 Amigos, ¿saben qué? Pronto Él vendrá por aquellos en estos últimos días. Ahora, ¿no es extraño que la iglesia nuevamente haya entrado a esta hora oscura?
163 Voy a decir algo aquí. No es doctrina; solo estoy profetizando. ¿Saben lo que ha ocurrido? Pronto sucederá, anoten mis palabras, cuando todas las denominaciones tendrán que unirse al Concilio Ecuménico. Si no lo hacen, no podrán tener el apoyo del Concilio Ecuménico. Por tanto habrá un boicot, y nadie podrá asistir a estas iglesias o a ninguna iglesia; a menos que Ud. tenga una marca de su propia iglesia, Ud. no podrá ni comprar ni vender. Vean, es igual a como era, así será nuevamente: una marca de la bestia. Y la iglesia se está dando cuenta de eso, la gente espiritual.
164 Y por lo menos Uds., pueblo pentecostal, lo están reconociendo. Han comenzado a sentirlo. Cuando sus iglesias, muchas de las organizaciones de los pentecostales (y no tengo que decir sus nombres), pero Uds. saben que ahora mismo ellos están—ellos están entrando a eso. Han dado testimonio que así es. Pero cuando hacen eso, ¿qué es lo que Uds. tendrán que hacer? Uds. tendrán que ceder su enseñanza Evangélica del bautismo del Espíritu Santo; tendrán que renunciar a su doctrina de la Biblia.
165 Y los miembros no van a tolerar eso. Los verdaderos Cristianos nacidos de nuevo, antes escogerán la muerte. Han sido advertidos por la Palabra. Ellos saben que esta cosa viene de camino. Sí, señor.
166 Y ¿no es raro? Y justo en esta hora más oscura, entonces aparece Jesús y nos llama, dice: “No tengan miedo, soy Yo. Aún estoy con Uds. Estoy aquí para manifestar Mi Palabra”. Así como Él estuvo allá, Él igual está hoy. Él dijo que haría eso. ¡Oh, vaya! El Maestro ha venido y nos ha llamado.
167 No hay duda que aquí sentadas hay muchas personas enfermas, y el médico les ha dicho que no—no tienen esperanzas. Quizás estén en su hora más oscura, pero recuerden, el Maestro ha venido y los ha llamado.
168 Y algún día, algún día, el Maestro vendrá para llamar cada nombre que está escrito en el Libro de la Vida del Cordero. Si el suyo no está allí, asegúrese ahora de que sí esté, porque Él vendrá y llamará. Aún aquellos que están en el sepulcro oirán Su Voz y saldrán a Vida. El Maestro vendrá y lo llamará a Ud. Y mientras Él está llamando hoy, responda y haga preparativos para ese Día, es mi consejo para Ud.
169 La promesa de esta edad: Él prometió que Él estaría aquí. Las cosas que Él hizo, Él las haría nuevamente; y ahora de nuevo el Maestro ha venido y lo está llamando a Ud.
170 Inclinemos nuestros rostros. Tengo como seis páginas más aquí, pero no—no puedo cubrir eso por ahora. Inclinemos nuestros rostros. Prometí despedirlos temprano, y ya estamos a un cuarto pasado de la hora.
171 Padre Celestial, ¡oh, Señor!, permite que suceda nuevamente. Todas estas cosas que he dicho: “Jesús ha venido y te está llamando”. ¿Qué hace Él cuando llega? Él llama. Y permite que ocurra de nuevo, Señor. Permite que venga Tu Espíritu Santo entre la gente esta noche, el Señor Jesús en forma del—del Espíritu. Permite que Él venga esta noche y Se revele, y luego que Se manifieste. Igual como aquellas personas, así como ellos creyeron, nosotros también creeremos, Señor. Hay muchos aquí en esta noche que quizás nunca han tenido esta oportunidad. Oramos que se los concedas nuevamente en esta noche. Porque lo pedimos para la gloria de Dios, en el Nombre de Jesús. Amén.
172 Así es, hermana, siga tocando eso. Está bien. Adelante. ¡Oh, todos muy quietos!
173 ¿Creen Uds. que Él ha venido? Así es. ¿Aún llama cuando Él viene? Ahora, si tan solo pueden creer. Si Uds. tan solo creen la Palabra de Dios, Dios lo concederá.
174 Ahora fíjense, no tengo tiempo para llamar acá arriba la línea de oración. Los llamaré esta noche, allá, si el Señor lo permite. El Maestro ha llegado. Él ha llegado para cumplir Su Palabra en el día postrero. Y lo que Él fue allá, Él lo es hoy. Lo que fue Su manifestación o Su identificación allá, es igual hoy, por cuanto Él aún es la Palabra de Dios. ¿Creen Uds. eso? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] Y la Palabra de Dios es Discernidora de los pensamientos, las intenciones del corazón. Y así como Él obró allá, es como siempre ha obrado. Él aún es el mismo. Si Él hiciera eso ahora mismo, ¿le creerían Uds.? ¿Haría que Uds. le crean?
175 Uds. personas aquí ahora, miraré primero para ver si hay alguien que yo conozca, sentado aquí en alguna parte, que conozco.
176 Todos los que están por este lado que no me conocen, levanten las manos; saben que yo no sé nada de Uds. y están enfermos, levanten las manos. Me supongo que todos. Muy bien. Ahora, Uds. crean. Simplemente crean de todo corazón. No duden. Tengan fe. Créanle a Dios.
177 Pediré que guarden mucho silencio, tomen asiento. Ahora no se estén moviendo, por favor. ¿Ven? ¿Ven? Ud. es un—un alma, cuerpo y espíritu. Y su espíritu… Y el Espíritu Santo es muy tímido.
178 ¿Cuántos recuerdan, hace muchos años, que el Espíritu Santo, cuando pasé por aquí que se los dije? Cuando yo tomo a la persona de la mano, Él me dijo que este discernimiento vendría y ¿así seguiría? ¿Lo recuerdan?, ¿recuerdan eso? Pero Él dijo: “Si logras que la gente te crea a ti”. ¿Recuerdan esos días, hace muchos años? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] Uds. tienen que creer.
179 Vi a un hombre, creo que fue acá en la otra reunión, sentado allí; y el Espíritu Santo… Lo estuve observando mientras yo predicaba. Era un hombre lisiado, tenía muletas bajo los brazos. Y para cuando lo iba a llamar, Satanás vino al hombre, una sombra negra. Y yo lo vi con mis propios ojos; él se levantó y se fue. Él siempre estará lisiado, ¿ven? Y, así que, él se hubiera sanado allí mismo si tan solo—solo… ¿Ven? Pero simplemente, yo no sé por qué. Me supongo que simplemente escuchó al enemigo. Pero si Ud. se parara a observar esas sombras, ver esas cosas en sus formas, como son y verlas cómo obran. Vean, así sería…
180 Ahora, yo no puedo sanar. El hombre que les diga que él los puede sanar, está errado. Uds. ya están sanos. Pero, es cuestión de reconocer la Presencia de Jesucristo. Ahora, si Marta sabía que al lograr volverlo a ver a Él, ella obtendría su deseo, porque Él era la Palabra manifestada, ¿podríamos nosotros tan solo creer así en esta noche, creerlo? Seguro que debiéramos. Él ha venido. Él ha venido. Él ha venido en la forma del Espíritu Santo. Ese es Él. Ahora, Uds. solo oren.
181 Vean, aquí arriba, si tuviera alguien parado aquí, aquí mismo a mi lado, solo—solo orando; uno ve a tantos orando, por todo el edificio. Uno tiene que vigilar. Uds. no pueden decir: “Oiga, Hermano Branham…”. No, señor. Yo—yo no pudiera hacerlo, así como Ud. no me podría soñar un sueño. ¿Ven? Ud. quizás podría soñar. Ud., Dios le podría dar a Ud. un sueño de mí, Ud. lo creería, pero Ud. por sus esfuerzos no lo puede hacer. Ud. no puede decir: “Hermano Branham, voy a soñar con Ud. ahora mismo”. No, Ud. no lo puede hacer. Ni tampoco puedo yo ver así una visión. Quien sea que le da el sueño a Ud., es el que tiene que hacerlo; es lo mismo con la visión.
182 Veo a un hombre sentado aquí al final de la fila, con artritis. Si él cree de todo corazón, Dios lo sanará de la artritis. ¿Cree Ud. que Él lo hará, señor? Ud. sentado allí, el hombre mexicano, sentado allí al final de la fila, ¿lo creerá Ud.? Muy bien, señor.
183 La dama sentada a su lado, ella también tiene artritis. ¿Cree Ud. que Dios la sanará, señora? (¿Está haciendo eco esto? Temo que la gente no escuche.) ¿Lo hará? Muy bien.
184 ¿Qué le parece la otra damita mexicana, sentada al lado de ella? Ella sufre de un problema estomacal. ¿Cree Ud. que Dios le sanará el estómago, señora?
185 Ella lo recibió. Cuando veo que esa Luz baja, indica que ocurrió. Sí. Así es. La tocó; allí estaba, girando… [Cinta en blanco.—Ed.]…queda concluido. ¿Ven? ¡Cuando Él puede hallar fe! Vean: “Muchas cosas Él no pudo hacer por la incredulidad de ellos”.
186 Aquí hay una señora sentada orando, aquí mismo. Ella tiene temor; debe tenerlo. Ella tiene una condición cancerosa, muy grave. Yo no la conozco, pero Dios la conoce. ¿Cree Ud. que Dios me puede decir acerca de este cáncer o lo que sea? Míreme. Son tantos los que están orando, ¿ve?, por eso lo digo. Mírenos. Ahora, sí, Ud. no es de aquí, Ud. no vive aquí. Ud. es de un lugar llamado Porterville, California. Correcto. ¿Cree que Dios puede decirme quién es Ud.? Él lo sabe. Su nombre es la Sra. Wintham. Correcto. Ahora crea y el cáncer la dejará. ¡Si podéis creer! Eso es todo lo que Dios pide de Ud. ¡Si podéis creer!
187 ¿Creerán Uds. eso de todo corazón? Alguien en esta parte aquí, ¿pueden creer? El Maestro ha llegado y los está llamando. Los está llamando de muerte a Vida, de enfermedad a salud.
188 Aquí hay un hombre sentado aquí atrás, con la cabeza inclinada, orando. En realidad no está orando por sí mismo, él está orando por otra persona. Es una—una muchacha. Es su hija. ¿Cree Ud., señor? Ud. tiene problemas con sus piernas; tiene problemas con la rodilla. Correcto. No hay porqué llorar, ese es Él que está allí a su lado. Su hija está en un hospital, ¿no es así? Es un caso de tuberculosis. Crea Ud. ¿Lo cree? El Maestro ha venido y la está llamando. ¿Cree Ud., como su padre? ¿Creerá? Que Él la visite a ella en esta noche, y a Ud. también. Que esto concluya.
189 Aquí hay un muchachito, un niño de tez morena. Sufre de una enfermedad de la piel, y de asma, un pequeño mexicano, un niño mexicano sentado allí. Él no es de aquí. Él es de San José. Hijo, ¿crees? Otra cosa, tu padre está aquí contigo; él es un ministro. Correcto. ¿Crees que Dios me puede decir cuál es tu nombre? ¿Haría que creyeras mucho? Tu nombre es Rubén. Ahora cree. A-ja. Dios te sanará.
190 El Maestro ha venido y te está llamando. ¡Oh pecador!, ¡oh persona enferma!, ¿no puedes ver al Maestro manifestado en seres humanos, entre creyentes? Él ha venido para llamar a Sus hijos creyentes a salud. Él ha venido para llamar al pecador al arrepentimiento. Descarriado, miembro de iglesia: el Maestro ha venido y te llama.
191 ¿Lo creen Uds.? ¿Lo creen para su necesidad ahora mismo? Si es así, levante la mano, diga: “Yo creo para mi necesidad”. Luego póngase de pie ahora y acéptelo. El Maestro ha venido y te está llamando. Y quien sea Ud., y cual fuere su necesidad, el Maestro ha venido y te está llamando. Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos.
192 Aquella mujercita se fue a la ciudad y dijo: “Vengan y vean a un Hombre que me dijo lo que estaba mal”. Ud. no fue a la ciudad. Ud. vino para verlo por sí mismo, así que el Maestro ha venido y te está llamando.
193 Levanten las manos y alábenle, y digan: “Señor Jesús, soy un pecador, perdóname. Soy un descarriado; recíbeme nuevamente, Señor. Yo necesito el Espíritu Santo; lléname. Estoy enfermo; sáname. Estoy lisiado; sáname”. El Maestro ha venido y te está llamando. Levanten sus manos ahora y denle gloria. Amén.
194 (Denos aquí una nota: “Yo le alabaré, Lo alabaré”. ¿Se lo saben? Yo Lo alabaré. ¿Se lo saben, verdad?) ¿Creen Uds.? Lo alabaré, lo alabaré, ¡Oh, al Cordero inmolado! Denle gloria, pueblo entero, Con Su Sangre toda mancha quitó.
195 ¿Le aman? Ahora ¿no les gusta cantarle mientras Él está aquí? Él es un Espíritu moviéndose por el edificio. Él conoce su corazón, sabe todo de Ud. Cantémoselo a Él, de todo corazón. Lo alabaré, (levanten las manos al hacerlo), yo… (Ahora, alábenle)… alábenle, ¡Oh, al Cordero inmolado! ¡Oh, denle gloria, pueblo entero! Con Su Sangre toda mancha quitó.
196 ¡Oh, señora!, Ud. en la silla de ruedas, si creyera un poco más, allí mismo. “Yo…” Intentémoslo una vez más. Estoy esperando algo. Lo alabaré, lo alabaré, ¡Oh, al Cordero inmolado! Denle gloria, pueblo entero, Con Su Sangre toda mancha quitó.
197 Ahora, mientras lo cantamos de nuevo, dense la vuelta y tome a alguien de la mano, mientras lo cantamos, canten: “Lo alabaré”. Vamos, todos juntos ahora. Lo alabaré, lo alabaré, Alaben al Cordero inmolado; Denle gloria, pueblo entero, Con Su Sangre toda mancha quitó.
198 ¡Oh amigo pecador!, ¿pasaría Ud. aquí ahora? Pase acá y denle gloria pueblo entero. Todos Uds. que quieren confesarlo como Salvador. En Su Presencia, mientras los santos están adorando en el Espíritu, ¿por qué no pasan acá y se paran? Digan: “Yo quiero testificar esta noche. Quiero darle a Él la gloria. Quiero pasar; no me avergüenzo de Él. Quiero que el mundo sepa que yo lo acepto a Él como mi Salvador, aquí mismo mientras Él está presente”. Vengan mientras lo cantamos. Lo alabaré, (¿pasarán?) lo alabaré, ¡Oh, alaben al Cordero inmolado! ¡Oh, denle gloria, pueblo entero!, Con Su Sangre toda mancha quitó.
199 ¡Oh!, así es señora, venga ahora mismo. ¿Quién más vendrá, en la Presencia de Cristo? Pase aquí arriba, hermana, párese aquí.
200 ¿Alguna otra persona que quiera que Él sea su Salvador, ahora mismo, que no se avergüenza? Él dijo: “Si os avergonzáis de Mí ante los hombres, Yo me avergonzaré de vosotros ante Mi Padre y los santos Ángeles”. Si Ud. no se avergüenza de Él ahora y lo quiere como su Salvador, ¡mientras Él está aquí! Ud. lo ha visto. Es tan perfecto, la Palabra Misma dándose a conocer. Vengan ahora mientras los santos están adorando. ¿Lo harán?
201 Dios le bendiga, señor. Aquí viene una anciana, viniendo a esta edad. ¿No vendrá Ud. ahora? Lo… (Cántenlo ahora), …alabaré…
202 Así se hace, jóvenes, vengan por aquí. Alábenle. Dios le bendiga, señora, así es como se hace. Dios les bendiga, jóvenes. … inmolado; Denle gloria, pueblo entero, Con Su Sangre toda mancha quitó.
203 Mientras los ministros van ahora donde estas personas, ¿vendrá alguien más? Descarriado, ¿vendrá Ud., dirá: “Mi vida me avergüenza?”. Él está aquí. ¿Creen Uds. que yo soy siervo de Dios? Levanten las manos. Pues, Jesucristo está en medio nuestro. ¿Vendrán Uds.? Denle gloria… (¿Vendrán Uds. a darle a Él la gloria?)… pueblo, Con Su Sangre toda mancha…
204 Marta, ¿vas a venir o te vas a quedar en la casa con María? ¿Te vas a quedar en alguna organización, a decir: “¡Oh!, ¿mi iglesia no Lo cree de esa manera”, cuando Cristo se ha manifestado? ¿Vas a quedarte sentada, diciendo eso, o vas a salir? “Bueno, yo te digo, cuando yo…”. No. Hoy, esta es la hora. La muerte te acecha, como a la hija de Jairo.
205 ¡Ven ahora! Descarriado, ven ahora. Pecador, ven ahora. Este es el momento. El Maestro ha venido y te está llamando. Él te está llamando. Ud. dirá: “¿Cómo lo sé yo?”. Él está usando mi voz. Si Él usa mi voz para reprender enfermedades, aflicciones y cosas, ¿no se dan cuenta Uds. que también Él está llamando declarando el pecado? ¡Salgan! Vengan ahora, esta podría ser la última oportunidad que jamás tengan.
206 Una vez más, hay más aquí que debieran venir, amigos. Yo no quiero avergonzarlos, al llamarlos así de esta manera. Eso no es correcto. Si Uds. quizás en algún momento… Aquellos fariseos pensaban que eran salvos, pero no lo eran. Uds. están pensando así mismo. Vengan ahora.
207 ¡Estén seguros! No, no corran el riesgo con una posibilidad a medias. Si hay un poco de duda en su mente, no corra ese riesgo. Venga ahora. Ahora es el momento, ahora mientras la Fuente está abierta, mientras el Espíritu Santo está aquí. El Maestro ha venido. Esa pequeña duda, es de lo que Él trata de hablarte: “Estás dudando”. Rinde eso. Ven ahora. El Maestro ha venido y te está llamando. Correcto, sigan viniendo, sigan viniendo. Lo alabaré, lo alabaré, (¿Vendrán a darle gloria a Él?) Alaben al Cordero inmolado por los pecadores; Denle gloria, pueblo entero, Con Su Sangre toda mancha quitó.
208 Ahora, mientras vienen los pecadores, para confesarlo a Él; que el pueblo le alabe, mientras lo cantamos ahora. Con las manos en alto, canten ahora para alabarle, todos juntos. Lo alabaré, lo alabaré, ¡Alaben al Cordero inmolado!
209 ¡Solo alábenlo! Uds. que están aquí alrededor, oren, pídanle a Él que los perdone. Eso es lo que Él hará. El Maestro ha venido y los está llamando. Dios los bendiga.
Mensaje extraido de La Voz de Dios
