S.128 53-0607E  Un Testimonio 

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OBRAS DEL MENSAJE

Un Testimonio

Connersville, Indiana, E.U.A.

53-0607E

1 Buenas noches, amigos. Estoy muy feliz de estar de regreso esta noche al servicio del Rey, representando a nuestro Señor Jesucristo y Su amor imperecedero, poder inagotable, gracia ilimitada. El Primero, el Último, Él que era, que es, y que ha de venir; la Raíz y el Linaje de David, y la Estrella de la Mañana, la Rosa de Sharon, el Lirio de los Valles. Todo lo bueno que pudiéramos decir, ese es Él en todo lo que es correcto. Y en Él estamos completos, ¿no es correcto? Estamos completos en Cristo Jesús.
Ahora, esta tarde, les estuve hablando, así que esta noche, es servicio de sanidad para los enfermos. Fue mi tiempo el predicarles el Evangelio esta tarde. Es el turno de Dios esta noche confirmar si les dije la verdad o no. Si alguien predica, o dice, o hace alguna afirmación… Un hombre puede afirmar cualquier cosa, pero eso no significa exactamente que sea así hasta que Dios hable y diga que es así. Entonces, cuando Dios dice que es así, eso lo hace la verdad, ¿ven? Entonces esa es la verdad.
En Hebreos 11:2, dice: “Dando Dios testimonio de sus ofrendas”. Y eso es verdad. Yo creo eso, ¿Uds. no? Él lo hace. Él da testimonio de Sus ofrendas.

2 Ahora, quiero dar solo un testimonio en esta noche, en lugar de predicar… leer una Escritura, dar un testimonio, y llamar la línea de oración.
Conozco a muchos de Uds. que están aquí, y van al trabajo en la mañana. Yo llegué un poco tarde, y Billy llegó un poco tarde por mí. Y francamente, me lo encontré en el camino. Solo conduje hasta allí e intercambiamos carros, y me vine directamente. Escuché que estaban cantando “Solo Creed” cuando cruzaba la colina. Así que, para comenzar, yo llegué un poco tarde.
Y ahora, recuerden el servicio de los apóstoles mañana en la tarde… Siempre me gusta pensar que son los hechos del Espíritu Santo en los apóstoles. Puesto que era el Espíritu Santo en los apóstoles poniendo un ejemplo para todas las edades. Lo que el Espíritu Santo fue en aquel entonces, lo es ahora. Y lo que el Espíritu Santo hizo para aquella iglesia, lo hace para esta iglesia. Si esta iglesia es tan sumisa como lo fue aquella iglesia, traerá exactamente los mismos resultados. ¿Creen eso? Lo hará. Solo tu sumisión a Cristo.

3 Ahora, en la gran Trinidad Divina de Dios, en el día… Todo es un solo Dios, Dios en una Trinidad: La dispensación de Paternidad, de Hijo y del Espíritu Santo.
Ahora, si un hombre rechazaba a Dios en los días de la Paternidad, bajo Moisés y la Ley, pues, lo mataban si desobedecía a Dios, quebrantaba Sus mandamientos. Cuando Jesús vino, Él dijo: “Ahora el que hablaré en contra del Hijo del hombre, le será perdonado, pero el que hablaré en contra del Espíritu Santo, nunca le será perdonado, en el mundo —este mundo— o en el venidero”. Así que, el rechazar al Espíritu Santo esta noche es más serio que rechazar a Dios el Padre en los días de Moisés, o rechazar a Jesucristo cuando estuvo aquí en la tierra caminando en carne.
Y como la gente en aquellos días no entendía sobre Dios el Padre… La gente pensaba que los israelitas eran raros. Ellos pusieron la sangre en las puertas, y por el estilo. Pensaron que era un pueblo peculiar. Y entonces, ellos establecieron una religión y la hicieron una religión universal.
Y después, lo siguiente que vino fue Jesús. Cuando Él llegó, destruyó toda la base que tenía. Y pensaron que Él era un impostor, pero Él era exactamente lo que la Escritura decía que sería. Pero lo rechazaron… la iglesia lo rechazó a Él.
Bueno ahora, entonces, después de la partida de Jesús, vino el Espíritu Santo. Y ahora, ellos establecieron una base en Jesús y rechazan al Espíritu Santo, exactamente de la misma manera que siempre lo hicieron, ¿ven?
Queremos entrar en eso esta semana, Dios mediante, para que puedan estar seguros de entender completamente de qué se trata todo esto.

4 Ahora, en Hechos, el segundo capítulo, y comenzando con el versículo veintidós, quiero que presten mucha atención a la lectura de Su Palabra. Pedro está hablando, y el tema es Jesucristo, el tiempo es 33 DC en el día de Pentecostés cuando se derramó el Espíritu Santo.
Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis;
Escuchen atentamente:
… Jesús nazareno, varón aprobado por Dios… (En otras palabras, Dios había vindicado a Su Hijo) varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales… (lo que Dios hizo por medio de Él, Él dijo) como vosotros mismos sois testigos.
Y yo digo que el mismo Jesús que fue rechazado hace mil novecientos años entre Su pueblo, haciendo la misma cosa esta noche en la forma del Espíritu Santo, es tan rechazado ahora como lo fue entonces, y más. La misma cosa.
Ahora, quiero leer de San Juan, el capítulo cinco. Y quiero comenzar en el versículo veintiocho.
No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;
Y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.
No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.
Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.
Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero.
Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad.
Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos.
Él era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz.
Ahora, escuchen atentamente.
Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado.
También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí.

5 Jesús hablándoles a los judíos. Él dijo: “Vosotros no tenéis que juzgarme”, dijo: “Porque Dios ya los juzgó por lo que piensan de Mí”, en otras palabras. Dijo: “Yo vengo y testifico de la verdad. Y Dios descendió y confirmó que eso era la verdad. Y el Padre da testimonio de Su Hijo”.
Y luego, Su testimonio es la verdad, porque la Escritura hablaba de Su Hijo. Jesús dijo: “Bien dijo Isaías de vosotros: Tienen oídos y no pueden oír; ojos y no pueden ver”.
Isaías treinta y cinco dijo exactamente lo que Él haría. El cojo saltaría como un ciervo, y demás, lo que acontecería. Él dijo: “Vosotros podéis discernir las señales del tiempo”, por la puesta del sol y así sucesivamente, “pero el… o, el clima, pero las señales del tiempo no podéis discernir. Si me hubierais conocido, hubierais conocido Mi día”.

6 Ahora esta noche, amigos, este mismo Señor Jesús del cual estoy leyendo, Él es Aquel que está aquí presente en la tierra hoy, y cumpliendo la Palabra que Él dijo. Y Dios está testificando que es la verdad. No hay forma de que Ud. lo dude, a menos que quiera hacerlo.
Lo más difícil en el mundo es cuando se le enseña algo a alguien, y luego resulta que ve algo que lo cambia por completo.
Eso fue lo que les pasó a los judíos… rechazaron a Jesús. Les habían enseñado una cosa. El Rabí dijo: “No podemos cambiar eso”. Pero sin embargo, Escrituralmente, Jesús tenía razón y era el Mesías. Pero se habían establecido de otra manera.
Y hoy en día, ¿acaso no es verdad que tenemos nuestras propias ideas establecidas cuando Dios obra de manera maravillosa, sus potentes maravillas que obran de muchas maneras? Y lo tenemos exactamente de la manera que lo queremos, pero Dios nos lo enviará de la manera que nos lo ha provisto. Recíbalo y regocíjese.

7 Ahora, quiero dar un testimonio. Y como he dicho, el tema de mis avivamientos es este: es declarándole al mundo (y voy por mi tercer viaje alrededor del mundo) que Jesucristo es el mismo de ayer, hoy, y por los siglos. Que a través de cada crítico, y cada tipo de criticismo que conozco, que Satanás me ha arrojado por causa de estas declaraciones que estoy dando de Jesucristo, él ha hecho todo lo que sé que podría hacerse —de lo que estoy hablando— para tratar de derrocarlo, pero cada vez Dios lo ha sacado triunfante y ganó la victoria. Revíselo, fue comprobado por agentes del gobierno, y en todas partes, a naciones. Cada vez tengo un aguijón del diablo, un ángel de Satanás, que me sigue y trata de abofetear, o acosar, pero él ha sido derrotado en todos los casos por el Espíritu Santo. Y Dios salió triunfante, ganando a cientos, a miles para Cristo a la vez.

8 Ahora, Jesús dijo: “Si Yo doy testimonio acerca de Mí mismo, Mi testimonio no es verdadero, pero Yo doy testimonio de otro”.
Por tanto, si viene cualquier hombre y dice: “Ahora, yo soy el sanador”, ahora, él está testificando de sí mismo, y su testimonio no es verdadero, porque hay un solo sanador: ese es Dios. Y hay un solo mediador entre Dios y el hombre, y ese hombre es Jesucristo. Y Él fue Aquel que murió para traer de nuevo la relación que se perdió una vez entre Dios y el hombre. Y Él es nuestro sacrificio provisto para nuestra enfermedad, y nuestra salvación. “Él herido fue por nuestras rebeliones; por Sus llagas hemos sido curados”.
Ahora Jesús, Él mismo, cuando estuvo aquí… Cito esto de nuevo, para que la gente lo entienda bien: Jesús fue un hombre ordinario que caminó aquí en la calle como nos encontramos a diario. Él nació como campesino, envuelvo en pañales, acostado en un pesebre.

9 Pienso en Simeón allá atrás en el templo, un anciano, un viejo sabio, el Espíritu Santo le había dicho que no vería muerte hasta ver al Cristo del Señor. Lucas, el capítulo dos, lean el artículo. Y él no tenía miedo de andar alrededor diciéndole a la gente que él iba a ver al Cristo, porque el Espíritu Santo así le dijo. Así que, no hay dos Espíritu Santo; solo hay uno. Entonces, el mismo Espíritu Santo que estuvo con Simeón, es el mismo Espíritu Santo que está aquí esta noche.
Así que, ahora observe. Un anciano, de ochenta o más años, un viejo sabio, cabello largo blanco, y barba; muy reconocido entre la gente. Un profesor, un maestro en Israel, tenía que ser irreprensible puesto que tocaba la Ley. Y el Espíritu Santo le dijo que no iba a ver muerte hasta que viera al Ungido del Señor. Así que él andaba alrededor testificándole a todos que no iba morir antes de que viera al Cristo.
¿Se imaginan lo que la gente de la iglesia de ese día pensaba de él? Pues, pensaban que el anciano estaba un poco perturbado de mente. Pero él tenía una muy buena razón para testificar eso, porque el Espíritu Santo lo había dicho así. Lo que el Espíritu Santo dice, es la verdad. Así que, él siguió testificando.
Dios siempre ha tenido un pequeño remanente de gente en alguna parte que va a creer en Él. Una vez se redujo a un solo hombre, en los días de Noé, y algunas veces se redujo mucho. Pero Él siempre ha tenido a alguien que le creerá, que confiará en Él y en quien Él pondrá Su mano, y dirá: “Este es Mi hombre”, ¿ven? Siempre tuvo un remanente en la tierra. Entonces, Él tenía a unos pocos en ese tiempo.

10 Así que, en los días cuando Jesús nació, no tenían prensa y por el estilo, como lo tenemos hoy, radio o televisión. Las noticias llegaban solo de labio a oído. Y cuando Jesús nació, unos magos estaban vigilando que la Estrella de Jacob se levantara. Así que, ellos la siguieron desde el Oriente, y lo adoraron a Él afuera al lado de la colina… o, en el pesebre en Belén, más bien, como un niño. No un pequeño infante, como lo tiene la tradición Cristiana; era un niñito, tal vez de unos dos años.
Herodes empezó inmediatamente a matar a los niños de dos años para abajo. ¿Por qué los mató a partir de los dos años, si son solo un pequeño bebé lactante de unas pocas horas? Miren. Es extraño cómo la gente puede enredar las cosas, ¿no es así? Él era un niño. Un niño y no un infante; un niño de dos años de edad.
Así que, los magos vinieron del Oriente, siguiendo a la estrella que los condujo al Niño. Los pastores estaban en la colina, un grupo de campesinos allá afuera, pastoreando las ovejas. No en un veinticinco de diciembre. Eso es catolicismo. Por abril. El veinticinco de diciembre, está tan frío en Judea como lo está en Indiana. Así que, ellos no estaban allá afuera en la colina en esa nieve cuidando las ovejas.
Por tanto, eso solo es algo que se estableció, así que lo toman de esa manera. Pero Él no nació el veinticinco de diciembre. Debieran Uds. de ir una vez para allá y ver cómo ellos se ríen de eso.

11 Ahora, pero de todos modos, cuando los pastores escucharon la voz de los Ángeles, cantando, se fueron a Jerusalén, y dijeron lo que… o, a Belén, y contaron las cosas que habían visto, y que se encontraron con el Cristo.
Bueno ahora, según la ley judía, cada ocho días, la madre del niño tenía que venir y ofrecer el sacrificio para su limpieza —purificación— y para la circuncisión del niño.
Ahora, vamos a dar solo un pequeño drama aquí, antes que nos preparemos para la línea. Vamos a poner un cuadro, ahora. Algo estaba haciendo ruido allá abajo en Judea, allá, sobre una estrella… sobre unos tipos que entraron, sobre una estrella que apareció. Puedo escucharlos que hablan por las calles, dicen: “¿Sabes que son un montón de fanáticos los que creen eso?”. Pero así sucedió.

12 Y entonces, aquí estaba un anciano. Vamos a decir que era lunes por la mañana. Y aquí está toda la gente parada en este edificio para adorar. En esos días había miles de judíos en la región. Muchos de ellos habían subido para empadronarse. Y había probablemente dos o tres judíos en la región aquel día, así que probablemente le nacían a los judíos diariamente unos cincuenta o cien bebés. Bueno, eso significa que cada día, paradas en la línea para la purificación y la circuncisión del niño, habría por lo menos cincuenta madres paradas con sus sacrificios para la purificación del niño.
Digamos que es lunes por la mañana. Aquí está colocada una larga fila de personas. Muchos miles más entran y salen del templo. Y por el camino está una mujer sosteniendo una pequeña cadena. Ella tiene un cordero. Es una mujer rica. Ella está vestida en los encajes más finos y sedas, sosteniendo a su bebé, envuelto muy bonito. Y la mujer vecina, que va a la misma iglesia que ella, están hablando sobre el bebé y qué tan hermoso es e intercambiando comentarios.

13 Vamos a mirar a lo largo de la fila. Muy atrás, veo a una muchachita parada, de unos dieciocho o diecinueve años, con un velo sobre su rostro, sosteniendo dos tórtolas —la ofrenda campesina— del hombre pobre. Y ella tiene un bebé en sus brazos.
Y algunas de ellas dicen: “Mira, esa es esa María. Es ese hijo ilegítimo, ¿ves? Ella dice que ni siquiera está casada con ese José allí, y nació este bebé antes de eso. No te acerques. Aléjate”.
Lo cual me recuerda de Su iglesia hoy. “Un paso atrás. Aléjate de él”, ¿ve? “Un paso atrás. Dale espacio”.
Pero miren en los brazos de esa madre. El bebé no está envuelto en lino fino. El bebé está envuelto en pañales. ¿Saben de qué eran esos pañales? Me dicen que era un trapito del buey del arado, y el yugo lo frota en el cuello; ellos solo envuelven eso con este trapo alrededor de allí y es llamado: “Pañales”.
Y en el pesebre, ellos no tenían nada con qué envolver al bebé, así que lo envolvieron con este viejo pañal que estaba colgado en una clavija, o algo, y envolvieron al niño con eso.
Piénselo. Algunos de nosotros, la manera como nos vestimos y comportamos, y el mismísimo Salvador del cielo envuelto con un trapo alrededor de Él.

14 Ella estaba sosteniendo al bebé. En su pequeño e inocente corazón, ella sabía a Quién le pertenecía el niño. No importaba lo que alguien más dijera, ella sabía de Quién era.
Todo hombre, esta noche, sostiene a ese bebé en su corazón; ellos saben lo que son, no importa lo que el resto del mundo diga.
La gente se apartaba. Y allí estaba ella sosteniendo al pequeño bebé, envuelto en pañales. El Redentor del mundo, el mismísimo Dios del Cielo hecho carne entre nosotros, envuelto en pañales. Ella estaba meciendo al pequeñito en sus brazos, y jugando con Él. Ella sabía en su corazón que Dios le dio ese bebé por el Espíritu Santo.
Avanzaron un poco más, y el sacerdote llamó a otra. Ellas avanzaron, como al estar parados en la línea de oración.

15 Vamos a fijarnos allá en el cuarto de oración, como a media cuadra de distancia. Yo veo a un viejo predicador de nombre Simeón sentado allí, leyendo las Escrituras. “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas. Mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros”.
En ese momento, si Dios le había dado la promesa del Espíritu Santo, que él no iba a ver muerte hasta que viera al Ungido, cuando apareció el Cristo, es tiempo para que Dios lo llame. Veo al Espíritu Santo decir: “Simeón, ¡ponte de pie!”.
¿Creen en ser guiados por el Espíritu?
Puedo ver a Simeón que se pone de pie y dice: “¿Sí, Señor?”.
“Muy bien. Empieza a caminar”.
Aquí va él. “Obediencia es mejor que sacrificio”. Comienza a caminar. Él no sabe a dónde va, solo a la manera que el Espíritu Santo lo guía. Aquí viene él saliendo del templo, alrededor de esa muchedumbre. De repente, viene a esa fila larga con esos bebés. Aquí viene, caminando, guiado por el Espíritu Santo. ¡Vaya! Viene directamente y se detiene frente a esta mujercita que tiene a ese bebé en desgracia, según lo que ellos pensaban, levanta al pequeñito en sus brazos. Lágrimas corren por su barba blanca. Él dice: “Señor, despides a Tu siervo en paz, conforme a Tu Palabra, porque han visto mis ojos Tu salvación”.
¿Qué pasaba? Él estaba esperando ver al Cristo, porque el Espíritu Santo le dijo que vería al Cristo.

16 Usted normalmente recibe lo que espera. Si viene a la reunión para criticar, el diablo le mostrará bastante que criticar. Si viene a la reunión para ser bendecido, Dios le dará una bendición. Lo que sea que Ud. espera, eso es lo que va a encontrar.
Simeón estaba esperando ver al Señor. Y Dios lo condujo a eso justo al mismo tiempo.
Escuchen. Cuando un abismo llama a otro abismo, tiene que haber un abismo que responda a eso. Eso es correcto. Si hay algo aquí adentro —una creación aquí adentro— antes que esa creación pueda estar allí, un creador tiene que crear esa creación. Como he dicho muchas veces, antes que un pez tuviera una aleta en su espalda, primero tenía que haber agua para que él nadara, o no hubiera tenido una aleta.
Y si hay algo aquí clamando por más de Dios, tiene que haber allá más de Dios para responder a eso.
¿Cuántos de Uds. creen en sanidad Divina? Pues, hermano, si aún no estuviera escrito en la Biblia, tendría que haber algo al respecto. Si hay algo aquí por dentro clamando por sanidad Divina, hay una fuente abierta en algún lado.

17 Mire. Vamos a tomar otro cuadro. Oh, no quiero empezar con esto. Veo otro cuadro. Solo un momento. Miren acá en el rincón, una anciana profetisa ciega de nombre Ana. Ella no dejaba el templo de día ni de noche, sino que se quedaba allí sirviendo al Señor, orando. Ella estaba esperando la liberación de Israel.
Muy bien. ¡Observe! Amén. ¡Oh, yo amo esto!
El Espíritu Santo dijo: “¡Ponte de pie, Ana!”. Nos dicen que ella estaba ciega. Aquí viene esa anciana profetisa ciega por ese edificio, zigzagueando por entre la gente, ciega, guiada por el Espíritu Santo. Llegó directamente hacia donde estaba Cristo en los brazos de la madre, y levantó sus manos y bendijo a Dios. Estaba con la expectativa de verlo a Él, aunque ciega. El Espíritu Santo la guió.
El mismo Espíritu Santo que guió a Simeón y a Ana es el mismo Espíritu Santo que lo guió a usted aquí esta noche, porque Ud. cree que la Biblia enseña sanidad Divina. Ud. cree que la Biblia enseña que Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Y que ese mismo Jesús que los guió a ellos, ese mismo Espíritu, es el Espíritu que lo guió a usted hasta aquí esta noche. Y yo sé que Él está aquí. Crea en Él.
Ahora, si Ud. está aquí, Dios le guió aquí. El Espíritu Santo que guió a Simeón, lo guió a Ud. aquí. Y si Ud. está aquí enfermo esta noche, créale a Él. Él lo ha traído a la fuente. Él prometió sanidad Divina. La Biblia enseña eso. “Todo aquel que quiera, venga”.
Ahora, Ud. está aquí. Me recuerda solo… Me quedan unos ocho minutos.

18 Nosotros estuvimos en Suecia. Justo antes de partir de aquí, yo vi una visión. Muchos de ustedes aquí son testigos de esto, sin duda. Yo lo conté ante setenta y cinco mil, ochenta mil personas antes de cruzar. Un año antes de irme, vi una visión de un muchachito, con un cierto corte de cabello, ojitos cafés. Sus pies atravesaron por sus calcetines, las piernas completamente aplastadas. Él había muerto en un accidente, estaba tendido en la calle donde había muchos pinos grandes y unas rocas.
Yo iba de camino esa noche hacia Miami, Florida, para encontrarme con el Hermano Bosworth, el Hermano Gordon Lindsay, y el Hermano Jack Moore, íbamos a tomar una reunión de carpa. Y yo les dije… Y lo conté ante unas diez mil personas, o más, allí. Una noche un hombre… Su niñito se había ahogado en un canal de riego, y él dijo… No dejaba que la funeraria se llevara a su niñito hasta que yo llegara y lo viera.
Esa noche, vi una multitud allá a lo lejos, y yo quise y fui a ver al niñito. Él tenía el cabello muy negro, estaba bien vestido. Yo dije: “No señor”. Este no es el niñito de unos ocho años.
¿Cuántos…? ¿Está alguien aquí que me haya escuchado decir esto antes de que sucediera? Levante sus manos. Miren esto. Eso fue un año, o más, antes de que sucediera.
Yo tengo algo más escrito, aquí, que Dios va a hacer; aquí mismo en mi Biblia. Se los diré cuando tenga una oportunidad. Vean si acaso no es de esa manera. Dios así lo dijo. Tiene que ser así.

19 Ahora, entonces fui y miré al pequeñito. Yo dije: “No, papá, ese no es el niño”, pero ofrecí una oración de consuelo.
Seguimos hasta arriba… regresamos a Indiana. Salimos por el Oeste, por Canadá, bajando por Toledo… o, arriba a Canadá, y a Windsor; volvimos a bajar. Fuimos al sur, abajo por Houston; regresamos, y fuimos al extranjero.
Y un día, yo había estado ayunando bastante. Estábamos arriba en la tierra del sol de medianoche. Nunca olvido esa noche. En la tarde subimos a Kuopio. Es una torre allá arriba… muestra por donde los alemanes entrarían y bombardearían las pequeñas ciudades.
Qué tan dulces y humildes son esos finlandeses. Es un campo de batalla del mundo. Tienen que confiar en Dios para todo lo que obtienen. Y sin embargo, son la nación más honesta que existe en el mundo. Ellos pagan su deuda de guerra. Cómo lo hacen, yo no lo sé. Ellos solo esclavizan… hombre y mujeres.
Aquí, algunas de Uds. damas que están aquí esta noche, están muy bien vestidas. Deberían ver a esas finlandesas. Grandes faldas gruesas de esa manera, con botas grandes y altas, en el verano y el invierno, en el exterior con una horquilla en mano recogiendo heno. No tienen tiempo de extenderse allá en las playas y cosas, y actuar de la manera que lo hacen las mujeres estadounidenses, con demasiada ociosidad.
Me pregunto cómo se va a ver en el día del juicio. Uno viene pasando al lado del camino, y ve a un grupo de ellos sentados bajo un árbol. Comiendo su pequeño emparedado, lo que sea, y se arrodillarán y tendrán un servicio de oración allí mismo. Yo vi un sitio que… pasé por allí… pasé… y unos muchachos que pasaron antes que yo, les dieron un folleto. Y estaban hablando sobre la reunión allá… escrito en finlandés. Y un grupo de mujeres había bajado sus cunas donde mecían el grano. Y aproximadamente quince de ellas recibieron el bautismo del Espíritu Santo debajo del árbol… paradas allí.
Hambrientos y sedientos. Uno no puede interesar a la gente, hasta que se pongan sedientos… agua. A menos que estén hambrientos, uno no les puede decir nada de algo para comer.

20 Ahora, mire. Entonces, allá arriba, estábamos arriba en esa torre. Y todos sus cantos, no son tonterías. Aún sus cantos están en tonos menores. Y ellos estaban cantando. Simplemente algo comenzó a ahondar en mi corazón. Yo bajé. Allí abajo estaba un inglés británico borracho, y estaba llorando. Yo me acerqué, y él habló inglés. Yo dije: “Pues, es bueno escuchar inglés”. Vi que él estaba bebiendo. Yo dije: “¿Qué pasa?”.
Dijo: “Escuché esos cantos”. Dijo: “¿Qué clase de gente es esa?”.
Yo dije: “Son Cristianos. ¿Y usted?”
Él dijo: “No señor”.
Yo dije: “¿No se avergüenza de tratar a Jesús de la manera que lo hace?”.
Dijo: “¿Cuál es su nombre?”.
Yo se lo dije.
Dijo: “Oh, usted es el sanador Divino”.
Le dije: “No, yo soy el siervo del Sanador Divino, ¿ve?”. Dije: “Estoy orando por los enfermos”.
Él dijo: “Yo en verdad… No quiero hacer esto, predicador”.
Y allí lo guiamos a Cristo.
Luego tuvimos… Sus taxis lo conducen caballos. El precio de la gasolina es aproximadamente un dólar y ochenta centavos por galón. Y yo uso un automóvil, como un modelo del 40, probablemente costaría cuatro o cinco dólares. Así que, casi no hay carros en Finlandia.

21 Y ahora, nosotros íbamos por el camino. Estábamos en un carro hecho en América. Y antes de nosotros —como una media hora— estaba un modelo ´35, un Ford V-8 había bajado por el camino. Y hay muchos niños cruzando los caminos. No están acostumbrados a muchos carros.
Entonces. Dos pequeñitos comenzaron a cruzar la calle y los carros… Ellos vieron el carro. Uno lo sorteó por un lado y el otro por el otro lado. Y el chofer, al voltear la esquina, perdió el control del carro cuando vio a los niños. Y uno de ellos, golpeó el parachoques mientras giraba para este lado. Él estaba haciendo su gancho. El golpeó al niño por la barbilla, y lo aventó al otro lado de la calle, lo estrelló contra un árbol, simplemente lo aplastó. Y el otro, lo golpeó por todo el lado de esa manera. Y lo hizo dar vueltas debajo del carro de esa manera, y su cuerpecito salió expulsado unos diez pies [3 m. Trad.] detrás del carro, y cayó sobre la hierba, aplastado. Y el carro siguió bajando y se accidentó contra unas rocas.
Había aproximadamente unas trescientas o cuatrocientas personas en el lugar cuando nosotros llegamos. Yo dije: “Me preguntó qué es lo que pasa”.
Ellos fueron a averiguarlo: El Sr. Moore y el Sr. Lindsay, muchos de Uds. los conocen; el Sr. Baxter, que acaba de estar aquí. Entonces, fueron a averiguar qué pasaba. Y dijeron: “Oh, acaban de matar a un muchachito. Está tendido allí, muerto”. El Hermano Lindsay regresó llorando. Muchos de Uds. conocen al Hermano Lindsay, el editor de la Voz de Sanidad. Así que, él estaba llorando porque tiene un niñito. Dijeron: “Hermano Branham, venga a verlo”.
Yo no quería ir a verlo. Yo tengo mi propio niño. Y yo llevaba allá dos o tres meses, y no quería… Ya había estado en Francia, y en Inglaterra, y en muchos lugares. Y yo dije: “No quiero verlo, porque no quiero quebrantarme, y la reunión se está llevando a cabo”. Habían pasado muchas cosas, miles de personas estaban llegando al lugar. Así que yo dije: “No quiero ver al pequeñito”.

22 Así que, ellos esperaron un rato. Y ellos querían saber si nosotros lo llevaríamos a la morgue. Alguien había levantado al otro para cuando nosotros llegamos, y se lo habían llevado al hospital. Todavía estaba vivo, pero este estaba muerto.
Así que yo dije: “Pues, tendremos que ponerlo aquí en el asiento trasero”. Así que, yo dije: “Pues, voy a bajarme”.
Y cuando salí, le habían colocado un saco sobre su carita. Y regresaron y le jalaron el pequeño saco que tenía en su cara. Amigos, casi mataría a una persona el ver eso. El pequeñito tendido allí todo aplastado. Y yo pensé: “¡Oh, vaya!
Se habían ido a alguna parte. Los finlandeses viven en la ciudad y trabajan en el campo. Entonces fueron a buscar al padre y a la madre del niño. Y pensé: Qué descontento. Qué sensación tendrán el pobre padre y la madre cuando encuentren a este niño aquí.
Yo comencé a llorar. Había muchos de ellos allí. Yo no podía hablar inglés. No había nadie allí sino el Hermano Moore y Lindsay. Y el Hermano Baxter y yo éramos los únicos que podíamos hablar inglés.

23 Yo empecé a caminar, alejándome del muchachito.
Y mientras me alejaba del niño, sentí algo que puso su mano en mi hombro. Pues, yo pensé que era el Hermano Lindsay. Y me di la vuelta, no había nadie alrededor de mí. Yo pensé: Eso es extraño. Yo todavía sentía la mano en mi hombro. Pensé: No le pasa nada a mi hombro.
Y empecé a darme la vuelta otra vez, lo volví a sentir. Pensé: Pues, ¿no es eso extraño?
¿Ven qué tan fácil puede uno alejarse?
Yo miré hacia atrás, y ellos estaban preparándose para… Alguien miró al muchachito. Yo bajé la vista hacia el muchachito, y pensé: “Oye, yo he visto al niño en alguna parte. Miré y dije… Le dije al intérprete, le dije: ”Pregúntele a los ministros si el niñito ha estado en una línea de oración“. Nadie lo conocía. Yo dije: ”Bueno, eso es extraño. Me parece que he visto a ese niño antes“.
Yo comencé… Y allí estaba de nuevo. Y volví a mirar y allí estaba. Me fije en ese pequeño corte de cabello cuadrado, como lo llamamos aquí en los Estados Unidos. Uno de estos, como los niñitos solían usar, pantaloncitos con elástico, Ud. sabe, y unos calcetines rayados que llegan hasta… muy atrás en mi día cuando éramos niñitos. Y este zapatito había sido arrancado de su pie. Y su pequeño pie atravesaba su calcetín. Sus manitas estaban colocadas allí completamente aplastadas. Su boca estaba abierta. Sus grandes ojos café se habían volteado en su cabeza.
Yo dije: “Yo…”. Miré allí donde estaban esos pinos y esas rocas. Yo dije: “Yo sé quién es él. Sé quién es él”. Dije: “Hermano Moore, Hermano Lindsay, vayan rápidamente por su Biblia”.
Dijeron: “¿Qué es lo que sucede?”.
Yo dije: “Volteen la páginas de su Biblia”.
Yo tenía a personas por todo Estados Unidos escribiendo en las páginas de su Biblia, vean si llega a acontecer. Vean si era…
Yo dije: “Lean la página. Miren allí”. Yo dije: “¿Ven esos árboles de cedro? ¿Ven esas rocas? Un niño de aproximadamente ocho años de edad, cabello café claro, un corte de pelo cuadrado, grandes ojos cafés, con las piernas quebradas, las manos de esta manera, automóvil…”.
Pues, el Hermano Moore dijo: “¡Ese es el niño, exactamente!”.
Yo dije: “Ese es él”.
¡Oh, vaya! Es en ese momento cuando uno realmente siente a Dios acercándose. Allí está. Muy bien.

24 Yo dije: “Ahora hagan que todos guarden silencio”. Así que empezaron a callarlos. Y yo dije: “Allá lejos en la patria, el Señor habló una visión que este niño iba a resucitar. Lo tenemos escrito en las páginas de nuestras Biblias”.
Ello lo interpretaron. Y yo escuché a unos de ellos como riéndose unos con otros, de esa manera. No es de extrañar; el niño llevaba tendido treinta minutos, muerto.
Yo dije: “Si no es así, entonces llámenme un profeta falso”.
Así que, nos arrodillamos, hicimos que la gente inclinara sus rostros. Yo dije: “Padre celestial, Tú que me dijiste esto, Tú eres un Dios vivo y verdadero. Y yo sé que Tus palabras no fallarán. Y allí, yo te pido, Señor, que confirmes Tu palabra a Tu siervo. Y este es el niño que dijiste que se levantará. Por lo tanto: Muerte, suéltalo”. Y el niño se levantó, gritando y saltando, y corriendo por todo el lugar.
Ahora, ¿cuántos lo escribieron en sus libros? Veamos su libro. ¿Está escrito en el libro? ¿Vieron la Voz de la Sanidad? Ahora, si quieren venir a mi oficina, allí estaban los funcionarios de Finlandia con sus sellos puestos, estaban parados observando cuando se llevó a cabo. ¡Aleluya! Sublime gracia, cuán dulce es su sonido. Todos los demonios del tormento no lo podían detener. Dios allí lo había dicho.
Ahora, yo nunca sané al niño. Dios ya había mostrado lo que iba a suceder.

25 Solo un poco… ¿Tenemos tiempo para solo una palabrita más?
Esa noche cuando entramos al Messuhalli, tenía a veinticinco mil en el edificio. Tenían una fila parada en la calle que abarcaba seis cuadras con treinta personas de ancho, esperando intentar entrar; la policía, los soldados, todo. Y nosotros salimos, tenía que bajarme del carro muchas cuadras antes. Dos o tres cuadras. Pequeños soldados finlandeses con sus rifles, unos niñitos en el ejército. Los habían matado casi a todos. Los muchachitos ni se habían rasurado, con sus caritas suaves, venían, caminando, cuidando a la gente. Y ellos se pararon allí en la calle —Rusos, Finlandeses— lágrimas corriendo por sus mejillas.

26 Hermano, déjeme decirle. El comunismo…. Lo que necesita esta noche es un buen toque de la salvación antigua, una demostración delante de ellos. Cambiaría todo el cuadro.
Bueno, esos rusos pusieron sus brazos alrededor de los finlandeses, y dijeron: “Aceptaremos un Dios como ese”, —y comunismo. Uds. solo tratan de alimentarlos con algo viejo, alguna clase de logia, o algo a lo que pertenece.
Nada en contra de una logia, ahora. Pero la logia tiene su lugar, pero no es el lugar de la iglesia. La iglesia es el poder de Dios moviéndose en la iglesia.
Bueno, ellos se pararon allí. Y cuando Uds. les llevan una salvación o cualquier cosa, que hará que un ruso ponga sus brazos alrededor de un finlandés y lo abrace, hermano, algo sucede. Eso es correcto. Y si hará eso con dos hombres, lo hará con toda la nación. Lo hará con todo el mundo.
Lo que necesitamos esta noche es a Jesucristo la respuesta para todo problema. Amén. Ya sea sanidad, ya sea salvación, ya sea juntando las naciones, sea lo que sea.

27 Entonces, esa noche, recuerdo que yo iba entrando. (Luego vamos a empezar la línea de oración). Solo entramos. Y esa gente estaba parada con sus rostros inclinados. No porque yo estaba pasando, era lo que yo estaba representando: Jesucristo.
Y luego, cuando yo entré, recuerdo entrando al cuarto esa noche. Ustedes que están recibiendo los libros —esos pequeños libros— llamado Un Hombre Enviado De Dios. Uds. tienen un artículo de eso allí. No en detalle; solo dice algo al respecto, cómo fue hecho. Pero recuerdo entrando al cuarto, hay un dormitorio de niñas, como lo era, en el Messuhalli. Y en eso miré. Escuché que una puerta se cerró. Y estaban cantando en ese momento: Solo Creed.
Y yo miré, y de allí salió una niñita finlandesa, una pequeñita así de alto. Y ella estaba muy lisiada. Como del tamaño de esta niñita que está sentada aquí. Y ella traía un gran aparato ortopédico, y una de sus piernas era más corta que la otra. Y su pierna estaba totalmente inservible. Y le hicieron un aparato ortopédico delante y detrás por aquí, y permitía que su pierna columpiara libremente en un zapato grande. Y justo en la punta del dedo gordo del pie, lo tenía sujeto. Y una correa subía y pasaba por su hombre y se enganchaba aquí por atrás del aparato ortopédico. Y ella traía dos muletas. Y de cómo caminaba: colocaba esas dos muletas enfrente, luego subía su pequeño hombro, y después aventaba esa pierna. Y esos aparatos ortopédicos se ensamblaban, lo que movía el lugar de la pierna mientras caminaba.
Muy lastimoso.

28 Y vine a darme cuenta después que ella era una huerfanita de guerra. Los rusos habían matado a su padre y madre, ambos, en la masacre allá arriba con dirección a la frontera. Ella era solo una huerfanita, deambulaba y la gente la cuidaba. Y sus pequeñas falditas harapientas colgando. Su cabello cortado colgando largo por este lado, harapienta. Con un vestido grande y viejo, harapiento de abajo. Y ella me miró. Su carita pálida del hambre.
Y yo pensé: Dios, ten misericordia de esa cosita.
Y ella me miró a mí. Se hizo para atrás, porque les habían estrictamente advertido en la calle que no dijeran nada, porque ellos solo… Usted sabe. Pero ese no era mi deseo; era el del administrador.
Les diré esto. Cuando todos ellos entraban a la iglesia, yo conseguía un poco de ese dinero. Debieran ver lo que es. Yo me salía a la calle y compraba dulces. Y tenía a niños corriendo de arriba abajo por la calle.
Me gustan los pequeñitos. Yo tengo una niñita sentada aquí, en alguna parte, esta noche. Una semillita de calabaza, así de alta. Amo a los pequeñitos. Yo los aprieto hasta que los lastimo.

29 Así que, yo estaba pensando en esa pobre pequeñita, en cómo estaba. Y ella se quedó allí atrás. Pensó que había hecho algo errado. Yo la miré. Los dos soldados enfrente de mí continuaron. Los dos soldados detrás se detuvieron, esperaron. Y dijeron… Oh, yo dije: “Solo un minuto. Solo un minuto”. No podía lograr que me entendieran. Solo: “Solo un minuto”. Yo sabía que esa niña quería algo. Y yo la miré. Y ella me miró a mí. Y noté que sus pequeños labios temblaban. Ella mantuvo su rostro inclinado. Yo sabía que ella quería acercarse a donde yo estaba.
Y yo le hice señas. Dije: “Ven, querida”. Ella mantuvo su rostro inclinado. Levantó la mirada y vio mi dedo. Ella no podía entender lo que yo estaba diciendo. Y le hice señas. Ella sonrió. Tomó sus pequeñas muletas y las extendió, y aquí venía.
Yo solo me quedé quieto. Estos otros dos soldados retrocedieron contra la pared, y estaban observando. Ella se acercó. Yo nunca hice nada, solo me quedé así. La pobrecita, se acercó hasta donde yo estaba. Ella se detuvo. Extendió su piernita lisiada, de esa manera, para prepararse. Hizo para atrás sus pequeñas muletas, extendió su mano y tomó mi saco, lo levantó, y me besó en el bolsillo de mi saco, y lo dejó caer.
Ella miró hacia arriba, y lágrimas rodaban de su carita afilada, sus ojos azul claro. Y ella tomó su faldita e hizo una reverencia, dijo: “Kiitos” Kiitos significa “gracias”. Ella tomó su faldita en reverencia, y dijo: “Gracias”.
¡Oh, vaya! Me latía el corazón. Yo miré a la niña. Dije: “Oh, querida”. Y miré, estaba sucediendo, y allí salió una visión. Allí iba la niña, caminando sin el aparato ortopédico. Yo dije: “Querida, el Señor te sanó”. Y ella no podía entender lo que le estaba diciendo. Y yo dije: “El Señor te sanó”.
Y ellos seguían diciendo… El Hermano Baxter corrió a la puerta, y me hizo señas: “¡Vente!”. De esa manera. Así que, yo tenía que continuar. Yo sabía que en algún momento ella lo recibiría, ella lo vería.

30 Llegué esa noche, después que todas las multitudes habían entrado —la línea de oración. Yo llamé un grupo grande. Y tan pronto como ellos comenzaron a ver lo que el Señor estaba haciendo, escuchándolo ese día, donde miles estaban sentados. ¡Vaya! Los tenían enumerados, A, B, C, D, E, F, y arriba en los balcones, y demás.
Y luego, cuando este… Ellos comenzaron a ver al Señor moviéndose allá, mostrando visiones, y tuve que tener al intérprete diciéndoles lo que la visión era para la persona. Se levantaban: “Eso es exactamente la verdad”. Simplemente aventaban sus muletas y se iban caminando. No se esperaban a recibir la oración. Simplemente sabían que Dios estaba allí. Eso era todo. Eso es todo lo que les importaba.
A aquí, después de un rato, se empezaron a ir, y yo dije: “Bueno, siento que debiera tener a unos cuantos más”. Dije: “Llamen a cinco más”.
Y el hermano Baxter dijo: “Hermano Branham, no debería hacer eso”.
Yo dije: “Me estoy sintiendo bastante bien. Algo solo me dice que lo haga”.
Y el siguiente que llamaron era ese niñita querida. Vi que la subieron a la plataforma. Ella tenía sus muletas, y aquí venía. Yo dije… La Hermana Isaacson era el intérprete esa noche. Yo dije: “Hermana Isaacson, solo repita lo que estoy diciendo”.
Ella dijo: “Muy bien”.
Y cuando ella llegó allí, yo dije: “Bendito tu corazoncito, querida. Eres la niñita con la que me encontré allá en dormitorio hace un rato”.
“Sí”.
Yo dije. “Jesús te sana. Estás bien”. Dije: “Ve allá y permite que algunos de estos hombres te quiten el aparato ortopédico. Ahora, tú sostén tus manitas en tu cadera. Y cuando esté bajando ese aparato ortopédico, deja que tu manos se deslicen por tu extremidad, justo hasta donde tu pierna es más corta”.

31 Así que ella fue allá, y yo llamé a otro hombre. Y más o menos en ese momento, cuando el discernimiento acababa de dejar a esa persona, en ese momento, escuché un grito. Aquí venía ella cruzando el piso, con los aparatos ortopédicos encima de su cabeza y sus muletas en su mano, corriendo tan fuerte como ella podía, alabando a Dios.
¡Oh, amigos, hora tras hora, día tras día, lo que nuestro Señor Jesús ha hecho! ¿No será maravilloso un día cuando nos sentemos del Otro Lado bajo los árboles siempre verdes, al lado de la corriente de Vida, donde las hojas son para la sanidad de las naciones? Las armas se guardarán, no habrá más humo, no más guerras, nomás problemas, no más angustias, no más vejez. Cuando nuestros pies pisen esa bendita ribera, toda madre canosa y papá regresarán a ser un hombre y una mujer joven otra vez. Los átomos de este cuerpo, que serán destruidos… o, se rompen y contaminan, y se escapan en el aire. Ese espíritu, cuando regrese en el rapto, recogerá cada uno de esos átomos y ese cuerpo se formará de nuevo en una imagen de Dios inmortal. ¡Qué tiempo tan maravilloso! Amén.
Mas Yo tengo mayores obras que estas de Juan“, dijo Jesús: ”Porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que Yo hago, dan testimonio de mí“.

32 ¿Podemos inclinar nuestros rostros?
Nuestro Padre celestial, parados, hablándole aquí a esta encantadora audiencia abarrotada aquí esta noche, bajo esta noche gloriosa, agradable y fresca; sentados aquí bajo las estrellas, te damos las gracias por este tiempo glorioso de compañerismo alrededor de la Palabra. Te agradecemos por el servicio de la tarde, por aquellos que respondieron al llamado. Orando que esta noche traiga a muchos más pecadores a un conocimiento salvador del Señor Jesús.
Mi mente sigue desviándose hacia ese pobre muchachito, a las visiones, a través de las naciones, allá lejos en África en aquella tierra pagana; al ver lo que Tú hacías allá, y las obras maravillosas, y miles de personas viniendo al mismo tiempo a conocerte a Ti.
Dios, esta noche, ruego que allí en Boston, donde Tú estás haciendo los arreglos ahora mismo para que nos traslademos a África, y la India, hasta la Palestina. Nos damos cuenta que el día es malo, y el tiempo es corto.
Ahora, Señor, mientras estamos aquí en Connersville, en esta parte de Tu viña, déjanos trabajar con toda nuestra fuerza. Que Tus hijos, ahora, esta noche, dejen de lado todo pecado, todo peso de incredulidad. Miren ahora directamente a Ti. Tú dijiste: “Yo no puedo hacer nada de Mí mismo. Solo hago lo que el Padre Me muestra”. Padre, te ruego que vengas esta noche y confirmes Tu Palabra que dice: “Y las cosas que Yo hago, vosotros también las haréis. Mayores que esta, porque Yo voy a Mi Padre”.
Ahora, permite que el Padre Dios mande a Su Hijo Cristo Jesús en la forma del Espíritu Santo para bautizar cada corazón. Y que el gran Ángel de Dios que fue enviado para guiar y dirigir la vida de Tu siervo indigno, que Él venga esta noche, y hable y confirme las palabras de Dios; porque lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén.

33 Dios siempre confirmará Su Palabra. Muy bien. Vamos a comenzar [Ruptura en la cinta].
… yo oro esta noche por guianza Divina. Que el Espíritu Santo, prometido por nuestro Señor, que Él se acerque, ahora. Les he estado diciendo de las experiencias en Finlandia. Tú conoces de las miles y miles de cosas que hiciste allá en el campo de cosecha cuando estuvimos allá.
Ahora, Señor, a distancia de aquí, decenas de miles, y en África, oh, las islas, y en todas partes. Ahora, Padre, yo oro que Tú vengas esta noche en gran poder, y hagas la misma cosa aquí en la patria de los Estados Unidos. Dios danos un gran avivamiento más antes que llegue el juicio. Concédelo, Señor. Nos damos cuenta que ciertamente hemos sido pesados en la balanza esta noche: ya sea la explosión de una bomba, o uno de los más grandes pánicos que alguna vez haya golpeado el país.
Ten misericordia, Dios. Bendícenos todos juntos esta noche. Muchos han venido; están parados alrededor, hambrientos, sedientos de Dios. Que cada uno que está sediento, se vaya lleno. Que los críticos se avergüencen. Que los santos sean bendecidos. Que los enfermos sean sanados. Dios lleve gloria a su Hijo Jesucristo, porque lo pedimos en su nombre. Amén.

34 [Ruptura en la cinta]… nada que yo pueda hacer. Pero si Dios llega a hablar, entonces Él confirmará Su Palabra. ¿Es eso correcto? Muy bien. Tengan fe, ahora. Crean. Si creen con todo su corazón, Dios lo traerá a cumplimiento.
Ahora, quiero que ustedes… ¿Qué de los que están aquí abajo en camillas y catres, y alrededor en diferentes lugares? Veo un catre allí abajo. Creo que no ha habido, una persona que se haya sentado allí, hasta donde yo sé, desde que empezó la reunión, y sin importar lo que estuviera mal con ellos, lisiados, o cualquier cosa, que no se haya ido sanado. Sin importar lo que estaba mal con ellos. Cada lisiado que ha entrado ha sido sanado. Sordo, mudo, diferentes enfermedades. (¿Cómo dice?).

35 Muy bien. Quiero que sean tan reverentes como puedan. Ahora, quiero hacer esta pregunta de vital importancia ahora. Si Jesucristo estuviera aquí, usando este traje que Él me dio, parado aquí con mis zapatos que Él me dio, Él no podría hacer más por usted de lo que está haciendo ahora mismo. Porque cuando Él estuvo aquí en la tierra, Él ya, con Su sangre, compró su sanidad, y le pidió a usted que lo creyera. ¿Es eso correcto? Es todo lo que Él podría hacer. Él no puede sanarlo dos veces. Él ya lo sanó una vez, así que Él no puede hacer la misma cosa dos veces. Él los sanó de todas sus enfermedades cuando murió.
Ahora, la única cosa que yo, o cualquier otro ministro pudiéramos hacer, sería apuntarles al todo suficiente sacrificio. ¿Es eso correcto? Un maestro podría enseñarles la Palabra, y decir: “Aquí está”. Después de eso, eso debiera ser suficiente, ¿no es así? Pero mire la bondad de Dios. Él manda otra cosa. Luego Él manda a Sus siervos, a profetas y demás, con el discernimiento del espíritu, y así sucesivamente, y se vindica a Sí mismo entre Su pueblo por medio de bendiciones, y poderes, y poder de resurrección, y por Sus grandes obras.

36 Ahora, Jesús dijo que cuando Él estuvo aquí en la tierra, que Él no podía hacer nada a menos que el Padre se lo mostrara. ¿Es eso correcto? Él conocía los secretos de los corazones de las personas. ¿Es eso correcto? Él platicaba un rato con una persona. Él sabía lo que estaban hablando, lo que estaban haciendo. Él dijo que percibió sus pensamientos.
Bueno, si Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos, Él vive en la iglesia hoy, de la misma manera. ¿Creerán Uds. eso si Él lo hace? El Señor les bendiga. Ahora, llegado el caso, eso depende de Dios. Esto solo es un don Divino.
Ahora, sé que tengo a críticos parados aquí. Pero, mis queridos amigos Cristianos, y a ustedes, mis críticos, por un don Divino, el cual Dios me ha dado, Uds. lo pueden cuestionar, o, tienen el derecho de hacer lo que deseen, lo que sea que quieran, pero en el juicio de Dios, verán que les he dicho la verdad.
Dios lo ha vindicado ante millones y millones de personas —el mundo científico, América— los mejores científicos que tenemos lo han investigado, y dijeron que es absolutamente la verdad. La ciencia le tomó una fotografía, y todo. La tenemos aquí. Por supuesto, no dejamos que esas cosas…
Nosotros no compramos ni vendemos en domingo, de cosas como esas. Respetamos el día de Dios. No hemos venido aquí por dinero. Venimos aquí para ayudarles. Esa es una de las cosas que me he mantenido limpio en mis reuniones por medio de Dios… Nunca… Si encuentro a un administrador que empieza rogar por dinero, ese es el último día de ese administrador conmigo. Si Dios no suple las necesidades, entonces es tiempo de que me vaya a casa. Eso es correcto. Nada más. Solo estoy aquí para ayudarlos y estoy haciendo todo lo posible. Y les pido esta noche, de su apoyo de fe y oración por mí mientras estoy ministrándole a la gente.

37 Muy bien. Venga, señor.
A veces trato de poner bien ese micrófono, para que pueda… Algunas veces mi voz… no puedo diferenciar en dónde estoy, si es aquí o en otra parte.
Y ahora, usted y yo, siendo desconocidos, me supongo. Lo somos. ¿Estuvo Ud. aquí en la reunión de esta tarde? [“Sí”]. Sí estuvo. ¿Cree que lo que estoy hablando aquí, concerniente a Jesucristo, es la verdad? [“Sí”]. Sí. Ud. cree eso. [“Sí”]. ¿No es extraño? En cuanto dijo eso, una sensación muy extraña vino sobre usted, ¿no es así? Ese era el Ángel del Señor. Él está con usted ahora. Desearía que todos tuvieran una fe como esa.
Usted ha tenido muchos problemas, ¿no es así, hermano? [“Sí”]. Ha tenido unas operaciones en su vida. [“Sí”]. Una de ellas en la columna. [“Sí”]. ¿No es correcto? [“Sí”]. Y usted tiene… Veo que le están poniendo algo alrededor de su brazo, para tratar de revisar su sangre. Es baja presión sanguínea. [“Sí”]. ¿Es correcto? [“Eso es correcto”]. También está extremadamente nervioso —provocado por esa condición en la espalda. [“Sí”]. ¿Es esa la verdad? [“Eso es verdad”].
Muy bien. Venga aquí solo un momento. ¿Conoce a alguien allá afuera? ¿Alguien allá afuera? [“A unos pocos”]. Muy bien. ¿Saben que esa es la verdad del hombre, Uds. que lo conocen? Yo nunca lo he visto en mi vida. Justo ahora, no podría decirle lo que se le dijo. Hay algo sobre una operación, yo sé. Pero ahora, Ud. se pregunta qué sucedió, ¿ve? Está abriéndose en otra dimensión, o si Ud. quiere llamarle eso. Yo lo llamo “en otro mundo”. Tal vez le dijo cosas que él hizo en su vida, que tal vez sucedieron hace muchos, muchos años. Pero cada palabra de eso fue la verdad. ¿Es correcto, hermano? [“Eso es correcto. Amén”].
[El Hermano Branham habla aparte: ¿Puede escuchar mi voz? ¿Pueden escuchar todos cuando viene…?].

38 Vamos a hablar usted y yo solo un momento, mire, porque Ud. tiene una muy buena fe —una persona de ese tipo. Ahora, lo que sea que se dijo de usted es la verdad. ¿Es correcto? [“Seguro”]. Estoy hablando con Ud. igual como el Señor le habló a la mujer junto al pozo. Él dijo: “Tráeme un trago de agua”, ¿ven? Lo único que Él estaba tratando de hacer era captar su espíritu. Después encontró lo que ella había estado haciendo. Ella era una adúltera. Y Él se lo dijo.
Y ella dijo: “Pues, veo que Tú eres un profeta”. ¿Se acuerdan de la historia? [“Seguro. Sí señor”].
Usted también tiene más problemas en su hogar. [“Sí señor”]. Es su esposa. ¿Es correcto? [“Sí señor]. Eso es correcto”]. Es algo en su cuello, y cabeza que sigue doliendo. ¿Es correcto? ¿Es esa la verdad? [“Eso es correcto”]. Bueno, ahora, ambos están sanados. Pueden irse a casa y ser sanos. Dios les bendiga. Señor Jesús, bendice a mi hermano.

39 [Ruptura en la cinta]… verdaderamente, tan agradecido con Dios.
Muy bien, traigan a la dama. Venga. Me supongo que somos desconocidos, ¿lo somos, dama? Ahora, si Dios sabe lo que sucedió en la vida, sabe lo que será en la vida. Y si Dios me revela lo que fue en su vida, y entonces me dirá lo que será en su vida… Si Él me dice lo que fue, Ud. sabrá si es verdad o no, porque Ud. vivió ese espacio de vida. Pero entonces, si Él le dice la verdad de eso, creerá que Él le dijo la verdad sobre lo otro, ¿no lo hará Él? El resto de eso sería verdad. [“Sí señor”]. Gracias, hermana.
Ahora, Ud. se da cuenta de que algo está sucediendo. Está consciente de eso. Ahora, eso no es nada, eso es… ¿Vio la fotografía del Ángel del Señor? ¿Ha estado aquí cuando ellos la han tenido… que la pasaron por la audiencia la semana pasada? [“No”]. Creo que no tenemos una aquí esta noche. Fue tomada, parado en la plataforma con treinta mil personas. La Asociación Americana de Fotógrafos la tomó. Ahora, eso es lo que Ud. siente. Es en la esfera sobrenatural.
Y yo veo que está usted muy, muy enferma. Ud. tiene cáncer. [“Sí señor”]. ¿Es correcto? [“Sí señor”]. El cáncer está en el vientre, ¿no es así? [“Sí señor”]. ¿Es eso verdad? [“Sí señor”]. La única oportunidad es en Dios. Y Él no es solo una oportunidad, Él es la cura. ¿Lo creerá? [“Sí señor”]. ¿Lo aceptará? [“Sí señor”]. Venga aquí.
Padre celestial, yo oro ahora, mientras pongo mis manos sobre ella, que el Espíritu Santo venga sobre ella y condene ese cáncer y lo mate. Que pueda ser expulsado de ella esta noche, en el nombre de Jesucristo. Amén.
Dios le bendiga ahora, hermana. Siga su camino feliz, regocijándose. Gracias a Dios por su sanidad.

40 [Ruptura en la cinta]… ungido ahora con Su Espíritu, sería un tanto difícil para usted esconder su vida, ¿cierto? Sí que sería. Ahora, yo no podría sanarla. No hay nada que yo pueda hacer tocante a eso, porque Cristo ya hizo eso. Pero Él todavía no le dice su vida. Ud. conoce su vida, pero Él ya la sanó cuando murió en el Calvario.
A propósito, usted ni siquiera está buscando sanidad para usted misma. Es para su esposo. ¿Es eso correcto? [“Correcto”]. El hombre tiene algo mal por aquí. Es sinusitis. ¿Es correcto? [“Eso es correcto”]. Escuche. Su esposo fuma cigarrillos, además. Vaya y dígale, que el Señor lo toma ahora, y lo sana de esa sinusitis, y lo alivia completamente. ¿Cree que Él lo hará? [“Yo sé que Él lo hará”].
Dios Todopoderoso, Autor de vida, que el poder de Dios venga sobre este hombre, y que él sea sanado. Y que esta mujer sea bendecida, Señor, mientras deja esta plataforma. Y que ambos vivan una vida larga y feliz, en el Nombre de Jesucristo. Amén.
Dios le bendiga, ahora. Vaya y regocíjese, y sea feliz. Él los va a… Dios les bendiga. Eso está bien.
Digamos: “Gracias a Dios”. Sabemos que nuestro Señor Jesús está siempre cerca. ¿Creen Uds.? No duden ahora. Tengan fe. Ud. no tiene que estar aquí; solo quédese allí. Está bien. Solo siga orando. Siga teniendo fe.

41 ¿Cómo le va, señor? Percibo que Ud. es un ministro. Tampoco está aquí por usted mismo. Está aquí por alguien más. [“Sí”]. Creo que es una hermana. ¿Es correcto? Ella tuvo algún tipo de accidente, o fue golpeada en la cabeza, o algo: de algún modo la lastimó. Ocasionó que ella tuviera una clase de episodios de desmayos, o algo como eso, o episodios donde se bloquea, algo parecido. Cuando sale de eso, se pone muy enferma. ¿Es correcto?
¿Pertenece Ud. a la iglesia de Dios? [“Sí”]. Eso pensé. Vaya ahora, y ponga su mano sobre su hermana. El Señor Jesús la sana. Amén. Dios le bendiga.
Digamos: “Gracias sean dadas a Dios quien nos da la victoria”. ¿Creen ustedes? Muy bien.
Dama, ¿quiere recuperarse de ese problema en el pecho? Si lo quiere aceptar, Dios la sanará si Ud. solo cree. Eso es todo lo que tiene que hacer.
Muy bien, dama, venga. ¿Le cree a Él con todo su corazón, y cree que Dios la va a sanar? Sí. Me estaba fijando. Hay algo al lado de ese hombre otra vez; pero lo que era, Ud. misma tiene un problema cardíaco. Ese es su problema. ¿No es correcto? Un corazón goteando. ¿Cree que Dios la va a sanar? Venga aquí, solo un momento.
Ahora, Padre, para esta mujer joven, que está aquí, en su juventud. Ruego que la bendigas. Y que se vaya a casa y sea sanada, Padre. La bendigo con este propósito, y por esta causa; la causa de Jesucristo, quien dijo: “Sobre los enfermos pondrán las manos, y sanarán”. Yo lo pido, en el Nombre de Jesús, por su sanidad. Amén.
Ahora, hermana, ¿Ud. cree? [“Sí, lo creo”]. Entonces siga adelante. Olvídese de su problema cardíaco. Sirva a Dios todo el resto de su vida, y sea reverente.

42 Venga, dama. ¿Cree Ud. dama? ¿Quiere aliviarse de ese problema femenino? La ha estado molestando desde hace un tiempo, ¿no es así, dama? [El Hermano Branham habla aparte]. ¿Acaso no es eso verdad? [“Sí”]. Nadie sabía eso sino usted y Dios, pero esa es la verdad, ¿no es así? Ahora, si Él conoce lo que Ud. hizo, y en dónde estaba, y todo al respecto, conoce lo que está mal con usted, Su presencia está aquí. ¿Es correcto?
Ahora, ¿aceptará su sanidad de Jesucristo…? Sí. Dios le bendiga entonces. Vaya y testifique. Y el Señor Jesús le bendiga, y la sane.
Digamos: “Gracias a Dios”. Sean reverentes.
Venga, señor. Ahora, Ud. pudiera decir: “Hermano Branham, Ud. está leyendo la mente de esas personas”. No, no lo estoy haciendo. Aquí, nunca miré a este hombre. Ponga su mano en mi hombro, señor. ¿Cree que soy el profeta de Dios? [“Sí, lo creo”]. ¿Con todo su corazón? [“Con todo mi corazón”]. Si yo le digo la verdad, ¿levantará su mano y testificará que es la verdad, si Dios puede mostrarme aquí lo que está mal con usted? [“Amén”]. Ud. tiene un problema cardíaco. ¿No es así, señor? Si eso es cierto, levante su mano. Ahora, vaya y sea sanado, en el Nombre de Jesús. Amén.
Sentí que eso vino a mí. Dijo: “Él está leyendo su mente”. No, no lo estoy. ¡Es el poder de Dios! Eso es correcto.

43 El Señor le bendiga, hermana.
Dama, sentada allá al final de esa hilera, por allí, mirando hacia acá, Ud. tiene un problema estomacal, ¿no es así? ¿Quiere ser sanada? La vi sentada allí, orando. Ha estado creyendo desde que yo he estado aquí orando, ¿no es así?
Muy bien. Puede ponerse de pie ahora. Ud. tiene úlceras gástricas, hermana, en su estómago, le provoca que esté amargo. ¿Es correcto? Está sanada ahora. Puede irse a casa.
La dama que está sentada al lado de usted, ella tiene un problema en el hígado, también, sentada allí, ha estado teniendo una condición en el hígado. ¿Acaso no es correcto, dama? Si es así, póngase de pie y acepte su sanidad, entonces. Ahora, puede irse a casa, también, y ser sanada. El Señor le bendiga.
Tenga fe en Dios.
Venga, dama. ¿Cree con todo su corazón? ¿Cree Ud. dama? ¿Lo cree? Si Dios me dice lo que está mal con usted, ¿aceptará su sanidad? Ud. tiene diabetes. Si eso es correcto, levante su mano. Ahora, puede ir a recuperarse. El Señor le bendiga, y la sane.
Diga: “¡Alabado sea el Señor!”. Tenga fe.

44 Venga dama. ¿Quiere recuperarse…? Bueno, ¡vaya! No pareciera que tiene tuberculosis, pero la tiene. ¿Sabe eso? ¿Está consciente de eso? [“Siendo que mi… {Palabras poco claras}”]. ¡Qué cosa! Ciertamente no parece, al mirar externamente, pero lo está. Sí señor. El otro día, cuando Ud. escuchó que yo venía para acá, se arrodilló en su habitación y dijo que si usted lograba subir a la plataforma, sería sanada. ¿Es eso correcto? [“Sí señor”]. Muy bien. Ahora, puede seguir su camino… Su esposo, también, está enfermo. Vaya a decirle… solo vaya a decirle que está sanado, también. Dios le bendiga, a ambos.
Tengan fe.
Tiene un problema en el riñón, dama, muy grave. ¿Quiere aliviarse de eso? [“Sí, yo quiero”]. Diga: “Yo acepto mi sanidad de Jesucristo”. El Señor le bendiga, ahora. Que Ud. se vaya a casa y sea sanada en el Nombre de Jesucristo.
Venga, hermano. ¿Quiere recuperarse de ese problema estomacal? ¿Aliviarse? ¿Me creerá que soy el profeta de Dios? [“Sí”]. Entonces, vaya y coma lo que quiera, y alabe a Dios por su sanidad.
Tenga fe. No dude nada, sino crea.
¿Qué de…? Oh, es usted. Ud. también tiene un problema estomacal. Muy bien. Puede irse también. Así que ahora, lleva mucho tiempo con eso, dama. Es una condición nerviosa que lo provocó. Lo ha tenido durante años y años. Ahora, siga adelante. Olvídese al respecto, y diga: “Gracias, Señor Jesús”, ahora. Eso es correcto. Esa es la manera.
Tenga fe en Dios. ¿Lo cree? Bueno, tenga fe, y Dios lo traerá a cumplimiento.

45 Usted tiene diabetes, ¿no es así, señor, sentado allá atrás? ¿Es correcto? Muy bien. Póngase de pie, ahora. Diga: “Señor, yo acepto mi sanidad”. Que el Señor lo sane, papá. Ud. ha estado sentado allí, mirando alrededor, muchos de ellos orando por usted, y todo. Ahora, tenga fe en Dios. Dios lo traerá a cumplimiento por usted.
Digamos: “Gracias a Dios”.
Usted tiene un problema estomacal, ¿no es así? La dama sentada justo allí. Sí. La dama al lado suyo tiene un problema rectal, allí. Eso es correcto. Eso es verdad. ¿Quieren ser sanadas, ambas? Póngase de pie. Dios les bendiga. Ambas vayan a casa y sean sanadas. El Buen Señor las bendiga muy bien.
¿Quiere superar ese problema femenino, hermana, sentada allí? Usted también tiene un problema estomacal. Una úlcera péptica en el estómago, la misma cosa, le causa que esté afectada. ¿Es correcto? Parece que tiene una condición muy nerviosa, además. La veo preocupada, caminando por el piso. ¿No es eso verdad? Si eso es correcto, levante su mano de esa manera. Ahora, póngase de pie, acepte su sanidad, y sea sanada en el Nombre del Señor Jesús.
Muy bien.

46 Venga, dama. ¿Quiere recuperarse de ese problema cardíaco? Solo vaya, y diga: “Gracias, querido Señor Jesús”, y vaya, y sea sanada. Dios le bendiga.
¿Creen ustedes? Vayan regocijándose.
Tengan fe en Dios.
Discúlpeme. Hay algo con… Creo que alguien se desmayó, o yo… Oh, sí. Están dos hermanas sentadas juntas, allí. Allí mismo al final de la hilera. Ud. tiene, una especie de episodios de desmayos, ¿no es así, dama? ¿Acaso no es su hermana que está sentada a su lado? Ambas me son desconocidas, ¿no es así? Y ella tiene un problema femenino. ¿Es eso correcto? Ambas, pónganse de pie. Pongan sus brazos una alrededor de la otra.
Señor Jesús, ruego que las sanes a ambas. Que se vayan a casa de aquí esta noche, y sean completamente sanas en el Nombre de Jesucristo. Amén.
Dios les bendiga.
Muy atrás por la fila aquí, veo a un hombre sentado allí. Algo… Oh, es un tuberculoso, sentado al final del asiento por aquí, por esta línea aquí, allá lejos. ¿Quiere recuperarse de eso, señor? Póngase de pie entonces, mueva su pañuelo alrededor, diga: “Gracias, Señor”. Dios le bendiga ahora. Puede irse a casa y ser sanado. Amén.

47 ¿Cree usted? ¡Oh, lo que pudiera acontecer en esta reunión! ¡Lo que pudiera pasar ahora mismo! Hijitos, ¿por qué dudarían a su Maestro?
¿Está aquí el paciente? Venga, dama. Muy bien. Dama, ¿me cree que soy el profeta de Dios? [“Sí, lo creo”]. Discúlpeme. Me estoy debilitando, ¿ve? ¿Cree que Dios me envió? Oh, Ud. esta… es para este muchachito. ¿Es correcto? Ese es su nietecito [“Sí señor”]. ¿Es correcto? [“Sí señor”]. Es algo extraño. Oh, sí. Es un nieto por una hija adoptada. [“Eso es correcto]. ¿Es eso correcto? Asma, y algo mal en sus ojos. ¿Es correcto? Llévelo a casa. Se va a poner bien, madre. No dude.
¿Creen ustedes? ¿Cuántos quieren ser sanados? Levanten sus manos. Ahora, pónganse las manos unos sobre otros por un momento.
Oh Dios, yo ruego por misericordia, querido Dios. Sana al necesitado, Señor. Tú conoces mi condición en este momento. Que Tú Espíritu venga en gran poder y unción. El Espíritu Santo, el cual se mueve sobre esta audiencia, que caiga sobre cada uno de ellos, Señor. Que cada uno de ellos sea sanado ahora mismo. Yo echo fuera al maligno, en el Nombre de Jesucristo.
Ahora, hermano, siga alabando a Dios por un rato, mientras ese Espíritu está sobre usted.

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