OBRAS DEL MENSAJE


Me Parece Que Tú Eres Profeta
Connersville, Indiana, E.U.A.
53-0614E
1 Acabo de orar por esos pañuelos en este momento, Hermano Willis. Ellos están bien ahora. Acabo de orar.
Buenas tardes, amigos Cristianos. Estoy muy contento de estar aquí esta noche, y de estar en el servicio del Señor. Deseo decir primeramente que ciertamente aprecio toda su excelente cooperación durante estos días [Espacio en blanco en la cinta]… al mismo tiempo. Ud. debe servir a Dios. Y yo… yo aprecio el… Amo a esos niñitos. Todos ellos sentados por aquí y extienden su mano y lo saludan a uno. Hay algo con respecto a ellos, yo simplemente los amo. Yo tengo a dos esta noche que son míos.
Y a todos ustedes, gente, muchos de ustedes… ¿Cuántos vienen que no son de Conners…? [Espacio en blanco en la cinta].
…sombra de duda, se ha llevado a cabo en las reuniones. Nunca olvidaremos las reuniones. Y por sobre todo esto, ha habido cientos de almas que vinieron a este lugar buscando la salvación de Dios. Piensen en eso. Mientras que un alma vale diez mil mundos. Y solo piense, ha habido cientos que se pusieron de pie y aceptaron a Jesucristo como Salvador personal, vinieron al altar y se ha orado por ellos y aceptaron a Cristo, hicieron su confesión, regresaron a sus iglesias [Espacio en blanco en la cinta]… Señor Jesús.
2 Y Dios ha puesto en la iglesia algunos apóstoles, en segundo lugar profetas, dones, y así sucesivamente, en la iglesia, con un propósito: para perfeccionar el cuerpo. Y ahora, si Ud. se enferma, donde sea que se encuentre, y su pastor es un hombre que cree que debemos orar por los enfermos, pídale que venga a orar por usted. Sería exactamente igual como si Ud. estuviera parado aquí en esta plataforma o en cualquier parte. Y luego si su pastor no está allí, consiga unos diáconos. Si los diáconos no están allí, consiga a su vecina que es una buena mujer Cristiana para que venga y ore con usted. La Biblia dice: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho”.
3 Y ahora, esta es mi primera reunión en seis o siete años que he tenido que… que he tenido que tocar algo de las finanzas en la reunión. Eso ha sido durante los últimos cuatro o cinco días desde que se fue el Hermano Baxter. Ellos se encargan de las finanzas. Yo ni siquiera… ni siquiera veo una moneda de cinco centavos de eso. ¿Ven? Va para los gastos y cosas, después me dan una ofrenda de amor. Esa ofrenda de amor me la dan a mí. Es mi esposa, mi secretaria, muchos de ellos que están sentados aquí presentes ahora, muchos amigos de mi iglesia, muchos de ellos están sentados aquí esta noche de Jeffersonville donde solía ser un pastor. Y ellos saben que esto es la verdad. Pueden venir a investigarlo, inténtenlo, directamente por… por donde sea que quieran: a través de los impuestos, de cualquier manera.
Durante los últimos dos o tres años he estado exento del impuesto a la renta. Y ellos lo siguen muy de cerca. Tengo que entregar un recibo de cada cosa que compro y de cada centavo que se levanta en la campaña; y un contador público lo declara; se va para Indianápolis y el Sr. Shaeffer, él mismo se encarga de eso. Así que tengo que dar cuentas de todo. Ellos saben en dónde son mis reuniones. En dónde rento algo… La persona… Por ejemplo yo rento un auditorio, declaran lo que yo renté y ellos saben en dónde estuve. Por cuanto llevo un registro de todo.
4 En una ocasión, por un enredo, yo estuve solo una noche en una reunión. Ellos declararon que yo estuve allá. Yo no lo declaré, porque habían levantado una ofrenda de amor, y el costo… Ellos me dieron como unos quinientos dólares, y me costó exactamente eso el ir para allá y regresar… el boleto del avión, y así que yo simplemente no lo declaré. Fue en la Iglesia Cuadrangular en Fresno, California. ¿Y saben qué? Dos años después, me llamaron refiriéndose al respecto, dijeron: “¿En dónde estaba usted? ¿Estaba en Fresno?”.
Yo dije: “Sí”.
Dijo: “¿Le dieron ellos una ofrenda de amor?”.
Yo dije: “Sí, señor”.
Preguntó: “¿Entonces qué hizo con eso?”.
Respondí: “Compré un boleto de avión”.
Dijo: “¿Tiene el talón?”.
Le dije: “Sí, señor”.
Dijo: “Muy bien, entonces”. Ellos sabían en dónde me encontraba porque el hombre que tuvo la reunión, declaró que yo estuve allí esa noche, y el salón fue rentado. Ellos levantaron una ofrenda ese día, ofrenda para los gastos, y lo pagaron como mi campaña. Así es cómo ellos lo detectaron.
Cada centavo que no uso para comer (y regularmente yo uso ropa que la gente me regala), se va directamente a las misiones en el extranjero.
5 Si yo nunca los vuelvo a ver, tendré que decir que yo he tratado de ser honesto delante del pueblo y delante de Dios. Reuniones, me doy cuenta que se ha presionado mucho en las reuniones por dinero. Y eso es algo que no se debe hacer.
He encontrado tres cosas que dañan a los ministros. En primer lugar, es el dinero, luego la popularidad. Cuando él comienza a pensar que es algo, entonces es cuando se sale del camino. Después las mujeres. Eso es correcto. El dinero, las mujeres y la popularidad. Y les diré, eso es lo que destruye a un buen predicador y lo deja fuera de servicio. Eviten la apariencia de esas cosas. Y por la gracia de Dios, hasta este día, si estuviera tendido frente a este púlpito ahora, diciendo mis últimas palabras, por la gracia de Dios, Él me ayudó a hacer eso. Y yo… si yo me paro en el juicio, quiero tener una buena consciencia limpia cuando yo como… responda por mi mayordomía, que he hecho lo mejor que sé delante de Dios.
6 Y cada centavo que Uds. han dado en estas reuniones… La otra noche sacamos el promedio, unas noches dio el promedio de un centavo y medio por persona, algunas veces era… una noche subió quizás a dos centavos por persona o más. Pero recuerden, dos centavos por persona y tres mil personas son cien y tantos dólares (¿Lo ven?), en una ofrenda.
Y cada centavo que no usamos en los gastos y así sucesivamente, se fue directamente para misiones en el extranjero. Y esta noche, levantaron una ofrenda de amor para mí. Y todo lo que no tengo que tener para mis… se irá directamente a las misiones en el extranjero para seguir llevando el Evangelio: las órdenes generales de Jesucristo, predicarle el Evangelio a todo el mundo.
7 Y luego oro para que al final de los tiempos, cada uno de ustedes reciba cien veces más por todo lo que ha hecho en la reunión. Dios los bendiga a todos.
Oro que un día, en la gran providencia de Dios, pueda regresar de nuevo a Connersville y estar con ustedes. Si me tengo que dar prisa al extranjero (Mañana en la noche, tengo que estar en Utica, Indiana, en una pequeña reunión de carpa Metodista), ¿puedo depender que Uds. estarán orando por mí mientras me encuentre allá? Y les prometo esto: Yo estaré recordando a Connersville y esta reunión. Dios sea con Uds. es mi oración.
8 Ese hermano dijo que era de Alemania. Estoy preparándome para ir ahora a Alemania, a Luxemburgo y… ¿Se encuentra cerca de allí, hermano? ¿De qué parte de Alemania es usted? Oh, ¿queda eso cerca de Luxemburgo? No conozco mucho. Oh, a la frontera Rusa. Bueno, estoy… espero acercarme a eso. Prediqué una vez a cuatro millas [6.4 Km. Trad.] de distancia de allí en Finlandia. Sí que fue bastante estremecedor, pero el Señor levantó a ese niño muerto (¿sabe?), y ellos aún saben eso detrás de la Cortina de Hierro.
9 Un muchachito Alemán, Baron Von Blomberg, me imagino que lo conocen. Y él es uno de los administradores de la reunión ahora. Y él… traía con él a un niño el otro día; yo lo conocí. Estábamos comiendo juntos en San Petersburgo. Y si Uds. escucharon la plática de ese muchachito, les aseguro que los haría apreciar la tierra de libertad y el hogar de los valientes. Sus hermanas, dos jovencitas vírgenes, los soldados Rusos entraron y estaban violando a esas muchachitas en el piso. El padre corrió para defenderlas y los oficiales le dispararon al padre y tomaron a —a los dos niños— a las dos muchachas y al niño, y se llevaron a esas muchachas y las pusieron a trabajar en… en una mina; pesado, muy adentro, empujando carros de carbón, y por la noche esos soldados se levantaban y las desnudaban delante de ellos de esa manera, y hacían que bailaran. Una muchacha murió y la otra perdió su mente. El pobre niñito sentado allí tratando de comer, y lágrimas corriendo por sus mejillas. Déjeme decirle, hermano…
10 Pero él dijo: “La cosa más extraña, Hermano Branham, sus reuniones son mejor conocidas detrás de la Cortina de Hierro, de lo que son de este lado. Ellos escucharon de la resurrección de ese niño. Eso atravesó detrás de allí. Un día glorioso… Esos rusos no son otra cosa; ellos son tan humanos como usted y yo. Cuando esos rusos se quedaron parados allí ese día, y vieron que se llevó a cabo ese milagro de Dios, y escucharon el testimonio y todo, pues, se abrazaron: ”Aceptaremos a un Dios de esa manera“. Seguro, algo que tiene una realidad en ello. Pero ellos están cansados de leer, de escribir, y de aritmética, llamado: ”Dios“. ¿Ve? Yo no los culpo; yo también lo estaría.
11 Bueno, todo tiene que ver con esto, amigos; no importa qué tanto oren, qué tanto oren para que paren las guerras, solo recuerden esto que viene de mí si creen que les digo la verdad: no servirá de nada. Estamos al final del camino, y Dios dijo que el mundo llegaría a esta condición, por lo tanto aquí estamos. Es una señalización. Cuando vean estas cosas aconteciendo, levantad vuestra cabeza; vuestra redención cerca está. Entonces estemos preparados. Encontremos a nuestro Señor en paz si podemos. Que Dios les bendiga, hasta que me encuentre de nuevo con ustedes.
12 Ahora, quiero leer una Escritura, por cuanto siento que en cada reunión, se deben leer Escrituras de la Biblia. San Juan, leo estos versículos del capítulo 4 de San Juan. Jesús está conversando con la mujer. No sé si leí de eso antes aquí. No sé. Nunca tengo algún programa establecido. Yo solo entro, y lo que sea que sienta hacer, eso hago.
Y esta ha sido la primera reunión que he tenido en años, donde solo llamó a la gente a la plataforma y oro por ellos, de manera aleatoria, así como vienen.
13 Anoche, pasamos como a unas doscientas personas por esta línea. Todos los que tenían tarjetas de oración pasaron anoche. Y ellos tenían unos grupos que ni siquiera tenían tarjetas de oración y vinieron a la plataforma y se oró por ellos. ¿Es eso correcto?
Y el Espíritu Santo se movía entre la gente. Detenía esto y lo otro, y les decía lo que habían hecho, y en dónde estaban sus pecados, y lo que debían hacer, y cuál era la causa de sus enfermedades, y todo al respecto. ¿Es eso correcto?
Y es exactamente igual como Él siempre fue. Y eso es la verdad. Ahora, quiero leer esta conversación: Versículo 14.
…mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá.
Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido;
Porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.
Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.
Inclinemos nuestros rostros, solo un momento. ¿Tienen una necesidad especial, en este momento? Levanten su mano. Dios lo conoce. Dios sabe.
14 Padre, servicio… preparando ahora para darle vuelta a la página para la historia. Oro Dios que Tú bendigas todo lo que se ha hecho. Que Tus grandes bendiciones estén sobre todo el servicio. Bendice a todos los ministros. Dios, que sus pequeñas iglesias crezcan ahora, y que su ministerio sea tan grande. Concédelo, Padre.
Que ellos puedan ganar miles de almas para Ti. Yo sé que ese es el deseo de su corazón. Bendice a todos los miembros de las diferentes iglesias que salieron y de las diferentes partes del país. Te ruego que estés con ellos. Bendice a esta ciudad aquí, Padre. Al alcalde de la ciudad. Entiendo que él tiene una enferma. Oro que Tú la bendigas y la sanes. Oro, Dios, que Tú seas con todos los oficiales, con todos los que han ayudado a conseguir estos terrenos y este lugar.
15 Ahora, pido que Tú vengas esta noche en un gran amor redentor y en poder. Salva a los perdidos. Haz creyentes de los incrédulos. Y sana a los enfermos y afligidos esta noche. Y que el Ángel de Dios, quien me ha guiado desde el día que nací, que Él venga esta noche y bendiga a la gente en una manifestación del don de Dios. Porque lo pido en el Nombre de Jesucristo. Amén.
¿Está alguien aquí por primera vez? Veamos. Primera vez que han estado en una reunión, levanten sus manos. Veamos. Oh una gran hueste… por primera vez. Siempre hay los que vienen por primera vez, primerizos, los llamamos.
Ahora, siendo que vamos a dedicarle la mayor parte del tiempo esta noche al servicio de sanidad… Estoy cansado. He estado conduciendo de un lado a otro, ciento veinte millas [193 Km. Trad.] hasta aquí, y ciento veinte millas de regreso. Ciento veinte millas para llegar, y ciento veinte…
16 [Espacio en blanco en la cinta]… gente. Ahora, la Escritura dice, lo cual ha sido siempre el tema en nuestras reuniones, que Él es el mismo de ayer, hoy, y por los siglos. Ahora, recuerde esto, querido amigo Cristiano, y Uds. personas que quizá no entienden sanidad Divina y tienen críticas en contra, tenemos demasiado que pueden criticar, ciertamente. Y algunas veces cuando estoy hablando de críticas, siempre nos hace sentir que nos lo merecemos.
Hace unas cuantas noches en otra reunión, un hombre me escribió una carta, una buena carta, aunque estaba criticando severamente. Pero yo lo aprecié. Yo creo que el hombre lo hizo por mi bien. Él me ama. Él me estaba diciendo sobre cómo eran las reuniones, cómo se llevaban a cabo. Y… Pero él dijo: “Hermano Branham, Ud. simplemente no ora por suficiente gente”. Y él… él me dijo el porqué. Él dijo: “Yo creo que si Ud. solo deja que la gente venga y ora por ella, sería un mayor éxito”. Por primera vez lo estoy intentando en esta reunión para ver.
17 Ahora, cuando el Ángel del Señor vino por primera vez a mí… Mi madre que está sentada aquí en algún lugar en el edificio esta noche. No sé si consiguió un asiento cerca. Ella está aquí en alguna parte. Ella podría testificar esto.
Yo era un niñito de unos tres minutos de nacido cuando el Ángel del Señor vino la primera vez. Mi gente no era religiosa. Nosotros vivíamos en una pequeña cabañita arriba en las montañas de Kentucky. Ustedes lo tienen en el libro. Y allí vino Él. Y durante el transcurso de la vida, siempre ha sido algo que me ha anunciado cosas que llegarían a acontecer.
Ahora, eso no fue porque era algo que yo merecía. Es porque Dios ordenó que fuera así. Los dones y los llamamientos son sin arrepentimiento. ¿Es eso así? La Biblia lo dice así. Entonces Dios preordena las cosas para ser. Y luego, si un hombre se acerca y dice algo más, “Dios dijo cierta cosa”, bueno, ahora, Ud. tiene el derecho de cuestionarlo hasta que Dios confirme que es la verdad.
18 Ahora, si el hombre… Como hemos estado estudiando esta semana, sobre las formas como Dios responde: Dios en el Antiguo Testamento respondía ya sea por profecía, por un profeta, por un soñador o por el Urim y Tumim. Y si el profeta decía algo y el Urim y Tumim no lo registraba como correcto, la voz de Dios destellando esos colores en el Urim y Tumim, entonces no estaba correcto. Y si un soñador soñaba algo y ellos daban la interpretación, eso se presentaba ante el Urim y Tumim y si no respondía, entonces ese sueño no era correcto. Y no fue interpretado correctamente.
Y cualquier hombre, o cualquier persona, que venga con cualquier cosa que no pueda respaldarse por esto, lo cual hoy es el Urim y Tumim de Dios —la Palabra— está errado. Tiene que estar en la Biblia: “ASÍ DICE EL SEÑOR”, ¿ven? Tiene que estar absolutamente en las Escrituras.
Ahora, las personas que hablan de la sanidad Divina… Yo sé que la gente ha dicho que yo tengo un don de sanidad. Bueno, yo creo que simplemente hay muchos, muchos dones de sanidad. ¿Cuántos de los que están aquí creen profundamente en su corazón, sin sombra de duda, que Dios es Sanador de la misma manera hoy como siempre lo ha sido? Veamos. Hay un don de sanidad en la iglesia esta noche. Cada uno de ellos.
19 Porque no importa qué tanto ore yo por ustedes, si Uds. mismos no tienen la fe, no servirá de nada. Eso es correcto. Se requiere de su fe. Y no importa qué tanto yo les predique y qué tan bien les traiga el Evangelio, si Uds. mismos… Es su propia fe personal en Cristo que los salva a ustedes. ¿Es eso correcto? Yo no podría salvarnos, no importa cuánto quiera hacerlo. Yo tengo hermanos que no son salvos. Y he hecho lo mejor que he podido, persuadí, lloré y rogué, e intenté de pararme en la brecha por ellos. Pero tienen que tener su propia fe en Dios.
Muchos de Uds. personas Cristianas que están aquí tienen hermanos, y hermanas, y madres, y padres, e hijos, y de todo, que no son salvos. ¿Es eso correcto? Levanten su mano. Bueno, Uds. no pueden salvarlos. Ustedes no pueden hacer lo que Cristo ya hizo. Cristo los ha salvado. Ahora, lo único que ellos tienen que hacer es aceptar esa salvación. Es el don gratuito de Dios.
20 Ahora, Ud. no puede sanarlos. Ningún hombre puede sanarlos. Ellos tienen que aceptar su sanidad como un don gratuito de Dios para ellos. Él fue herido por nuestras rebeliones, por Sus llagas hemos sido curados. Entonces miren, no hay nada en absoluto que Ud. pueda hacer con respecto a la salvación o sanidad Divina. Es la fe individual en Cristo.
Ahora, para elevar esta fe en Cristo, hay ministros. Esa es la cosa más importante del día, es un buen predicador enviado por Dios. Yo los admiro. Y su don es mucho más que todo lo que se puede hacer en cualquier otra cosa, es un predicador, un hombre que sabe cómo trazar correctamente la Palabra de Dios.
Es el don más maravilloso en el mundo, el ser un ministro, que era un profeta del día moderno del Nuevo Testamento, un predicador. Profetizar significa “predecir” o “decir algo personal”. En otras palabras, si lees la Biblia y empiezas a decir… entonces ese es un maestro, ¿ven? Pero profetizar es testificar o predecir. Muy bien. Ahora. Y el Espíritu de Cristo es profecía.
21 Ahora, en esta iglesia en la cual estamos viviendo hoy, y de la manera que son los tiempos, un ministro puede salir y explicarles sobre la salvación, ustedes lo aceptan, serán salvos. Ahora, la única cosa que ese ministro puede hacer para salvarlos sería que se los explicara.
Ahora, de la única manera que un hombre lo pudiera hacer para que usted reciba su sanidad, es que lo expliqué de la Biblia de una manera tan perfecta que Uds. lo vean y crean y acepten su sanidad y sean sanados. ¿Es eso correcto? Esa es la única manera: A través de la predicación.
Ahora, la siguiente cosa sería… Ahora, yo sé esto: yo creo que todos los que gritan no tienen salvación. Creo que hay muchos de ellos que gritan que no tienen salvación. Sin embargo ese es uno de los atributos de la salvación, el gritar.
22 Yo creo que todo lo que habla en lenguas no tiene el Espíritu Santo. Sin embargo, creo que el Espíritu Santo puede hablar en lenguas, ¿ven? Seguro. Pero luego si hay alguien que habla en lenguas, como un don de hablar en lenguas, que hablaría en lenguas, entonces habrá uno que lo interprete. Bueno, entonces, aquel que lo interprete hablaría algo a alguien de la congregación o les diría algo que sucedió. Consiguen a tres o cuatro jueces antes de eso y la iglesia lo acepta. Entonces, si eso llega a acontecer, esa es la verdad, ¿ven? Eso es correcto.
Ahora, ese don de profecía o don de interpretación y cosas, debieran de estar en cada cuerpo local. Cada iglesia local debería tener… Estaría en uno esta noche, en otro en la siguiente, en otro en la siguiente, en otro en esta vez, en otro en esa vez. Está en cada cuerpo local.
23 Y si lo disculpan, y por favor no piensen que digo esto mal, ahí es donde en la pequeña ruptura que se produjo recientemente entre la gente pentecostal, llamada Lluvia Tardía, ahí es donde se salieron de la línea, justo allí. Porque cuando un don de profecía vino a un hombre, lo declararon profeta. Ahora, eso está mal. Hay una gran diferencia entre un don de profecía y un profeta.
Un don de profecía está en la iglesia. Pero un profeta nace profeta, ¿ven? Esa es la diferencia. Entonces, como en cualquier minuto… Este hombre podría profetizar esta noche, y quizá nunca vuelva a profetizar. Podría ser sobre esa mujer que está allí la noche siguiente. Y en este hombre que está aquí la noche siguiente. Y en ese de allá, ¿ven?
24 Pero cuando el don de profecía está operando, no se puede recibir a menos que dos o tres lo juzguen, para ver si está correcto o no. Pero un profeta (singular: p-r-o-f-e-t-a) nace un profeta, llega como profeta. Todo lo que él dice en el Nombre del Señor es absolutamente verdad, si él está profetizando.
Ahora, usted dice: “Eso era para el Antiguo Testamento”. Oh, no. Ellos tenían profetas en el Nuevo Testamento. Agabo y muchos de ellos eran profetas en el Nuevo Testamento. Pero ahora, eso no viene con la imposición de manos. Si Ud. impone las manos… Yo sé lo que están pensando al respecto: sobre los presbíteros en aquel lugar. Pero eso es como un niño que se crió en una iglesia, y saben que va a ser un predicador. Ellos ven el don obrando en él, y cosas así. Ellos solo imponen sus manos sobre él para la ordenación. En eso depende que impongan sus manos, de eso.
Así que solo era algo… Ahora, ellos hicieron una gran obra. Una cosa, lograron que la organización se diera cuenta que ellos no eran los únicos en la playa. Así que hizo algo de bien. Pero no obstante, el Espíritu de Dios, uno de estos días, eliminará todo eso y tomará a la iglesia, tan cierto como cualquier cosa. Eso es correcto.
25 Ahora, un don primeramente se tiene que reconocer que está en la Biblia. Y luego si está en la Biblia, y el hombre lo afirma, entonces si Dios confirma que ese don es la verdad, entonces él debe creer que ese hombre es veraz. Pero si Dios no testifica de ese don… Hebreos 11:2 dice: “Dios da testimonio de Sus dones”.
Bueno, entonces, si ese don es testificado por Dios, entonces Dios le da al hombre el don. Si Dios lo dice, no tienen derecho a dudar. Bien, ahora, un don de profecía, don de discernimiento, don de sabiduría, don de conocimiento y todas esas cosas son dones divinos que se ponen en la iglesia.
26 Y, oh Dios, conceda hoy, que cuando todos podamos unirnos y ver todos esos nueve dones espirituales moviéndose a través de la iglesia, operando todo el cuerpo de la iglesia, entonces tendremos el rapto; entonces seremos llamados fuera, y tendremos el rapto. Si no podemos tener fe para la sanidad Divina, ¿cómo vamos a tener fe para fe de rapto? La iglesia todavía tiene mucho camino por recorrer. Pero yo creo que Dios lo hará.
Ahora, concerniente a mi pequeño y débil ministerio para nuestro Señor. No fue mi escogencia. No, señor. ¿Saben lo que yo quería ser en la vida? Un trampero, allá en las montañas. Eso es lo que había determinado en mi mente, que yo iba a ser eso, independientemente. Pero Dios cambió mi mente cuando estaba allá tendido en el Hospital Judío, muriendo. Él me hizo saber que yo haría lo que Él me dijera hacer.
Así que una noche cuando este Ángel vino y me dijo que fuera a orar por la gente enferma, fue igual de sorprendente. Bueno, ¿cómo iba yo a salir ante un mundo moderno, e introducir algo como eso cuando la gente podría decir que yo estaba loco? Yo no quería hacer eso. Pero Él me dijo que fuera. Y así que comencé.
27 Y uno de mis primeros casos por los que oré, donde Él me dijo… Yo le dije que no podría ir —con una educación de primaria, séptimo grado. ¿Cómo podría yo hacerlo? Él dijo: “Así como al profeta Moisés se le dieron señales para una vindicación, también se te darán a ti”. Y Él me dijo cómo Moisés sanó y cómo lo hizo. Lo que estas cosas eran. Y Él me dijo con respecto a este discernimiento que fue dado cuando yo era un niño. Y había llegado el momento para eso. Él dijo que yo oraría por reyes y monarcas y así sucesivamente. Y esa es la verdad. Yo no lo podía creer en aquel entonces, pero ahora lo sé.
Mi primer caso, recuerdo, (si la mujer me puede perdonar por decirlo; ella está aquí en el edificio esta noche en alguna parte) era una enfermera —un caso de cáncer; una mujer, una de las enfermeras más finas que yo creo que haya conocido en mi vida. Ella es una graduada de veintiún años. El cáncer se la había comido. Nada sino solo huesos.
Y su esposo se encontró conmigo. Y él trabaja allá en el Churchill Downs, algo sobre cableado. Él es un buen electricista. Y un hombre había sido sanado de nombre McDowell, con destellos de luz en sus ojos. Y el doctor le dijo que tenía que quedarse adentro durante una semana o diez días. Y eso había sido como unos tres o cuatros días después que el Ángel me dijera y se lo expliqué a mi iglesia.
28 Y después, yo fui a orar por este Sr. McDowell. Y al segundo día, él se fue a trabajar. El doctor dijo que simplemente no podía ser así. Él le revisó sus ojos; y yo creo que el Sr. Morgan era su jefe. Él lo envió con el doctor y el doctor dijo: “Él está bien. Póngalo a trabajar”. Él no podía entender cómo había sido hecho.
Así que, el Sr. Morgan le dijo al Sr. McDowell: “¿Funcionará eso en mi esposa? Ella se está muriendo de cáncer aquí en el Hospital Bautista en Louisville”.
Dijo: “No lo sé”. Dijo: “El hombres es solo un hombre ordinario. Vaya a preguntarle”. Dijo: “Él dice que un Ángel se le apareció”.
El hombre vino y me preguntó. Yo dije: “¿Qué piensa Ud. al respecto?”. Y trajeron allí a la mujer y se oró por ella. Nada sino piel y huesos. El cáncer había completamente… El doctor que jugaba golf con su esposo, que hizo la cirugía, dijo que era como un montón de raíces de árboles envolviéndose alrededor de ella, al punto que sus intestinos estaban tan apretados con cáncer, hasta que ellos ni siquiera podían lavarla con un enema.
29 Ellos le dieron, se me olvida qué tantos tratamientos intensos de rayos -X y cosas. Simplemente la quemaron tanto al punto que ella estaba mentalmente fuera de sí. Y el cáncer siguió avanzando, de la misma manera. Así que, el Sr. Morgan le preguntó al doctor. Él dijo: “Oh, no le servirá de nada. Deje que ella vaya allá. Tal vez pueda mirar el río de pasada. Ella siempre habla de eso”.
Y Dios sanó a la mujer esa noche cuando yo estaba parado allí. El Espíritu de Dios bajó, le dijo lo que estaba mal con ella, y le dijo que iba a estar bien en un tiempo. Y la mujer está perfectamente normal. Hace siete años o más.
Señora Morgan, ¿en dónde está? Usted está aquí en el edificio en alguna parte. Desearía que se pusiera de pie solo como un ejemplo. Donde sea que se encuentre, Sra. Morgan. Aquí está ella aquí abajo, agitando su mano. Allí está la Sra. Morgan ahora. Una enfermera, pesando alrededor de ciento cincuenta y cinco libras [70 Kg. Trad.], todavía trabajando de enfermera en el Hospital Clark County Memorial, en perfecta salud.
Con aproximadamente veinticinco años de experiencia en enfermería, desde niña. Todos los doctores por el país la llaman.
30 Por causa de eso, los doctores han venido a mi casa y de todo —alrededor y locales. Dios es un Sanador de todas las enfermedades.
Aquí está sentada una mujer, sentada frente a mí, de mi iglesia. Muriendo con cáncer. Póngase de pie, dama, solo dejen que miren lo que Dios puede hacer por una persona después que Él los sanó del cáncer —estaba carcomida con cáncer. Allí está una del tabernáculo.
Si pudiéramos llamar al cojo, paralítico, ciego… Fue a través de la Sra. Morgan. Ella fue conmigo a Fort Wayne. ¿Alguien estuvo en la reunión de Fort Wayne? Señor… Un hombre estaba allá, y se oró por él y era algo sobre… que hizo que yo fuera… El Rey Jorge de Inglaterra llamó para que se orara por él, con esclerosis múltiple.
Aquí está sentado un hombre, con la carta en su mano del Rey Jorge de Inglaterra, quien me llamó para que fuera a orar por él con esclerosis múltiple. Y el Rey fue sanado; el Rey Jorge de Inglaterra, Muy bien.
Dios todavía es Dios. El congresista Upshaw. Él que había estado inválido por sesenta y seis años. ¿Cuántos se acuerdan de su sanidad? Había estado en una silla de ruedas por sesenta y seis años. Dios sanó instantemente al hombre, salió caminando perfectamente normal y sano.
Florence Nightingale, su madre fue la fundadora —abuela— fundó la Cruz Roja en Inglaterra. Su estatua está por todas partes. Estaba en Durban, Sudáfrica. Voló al lugar cuando yo fui a Londres, Inglaterra, a la Abadía de Westminster… Palacio de Buckingham.
31 Y cuando íbamos para allá, esta Sra. Florence Nightingale, pesando menos de treinta libras [13.60 Kg. Trad.] de cinco pies y ocho pulgadas de alta, [1.76 m. Trad.] pesando menos de treinta y cinco libras, —nada sino solo un montón de huesos— fue sanada del cáncer en el duodeno del estómago. Y hoy día pesa aproximadamente ciento sesenta y cinco libras [74 Kg. Trad.], en perfecta salud —Florence Nightingale.
Ella propagó las noticias por Sudáfrica, lo cual causó un avivamiento que envió a miles de almas a Cristo. Verdaderamente.
Una de las cosas más sobresalientes en las que puedo pensar, antes de cerrar ahora.
32 En los días señalados tiempo atrás, yo estaba en una pequeña ciudad antigua donde estuve recientemente: Jonesboro, Arkansas. Nunca olvidaré esa reunión. El periódico dijo… El Sol De Arkansas dijo que estaban veintiocho mil personas en el lugar. Todos ellos estaban allí si el Sol De Arkansas dijo que estaban allí.
Fue en los primeros días, hace como unos seis años. Estaban tendidos… Yo estuve allí hace unas cuantas semanas, cuando tuvimos a miles abarrotados allí adentro. Estaban tendidos bajo vagones y de todo, aceptando a Cristo. Recuerdo que esa fue la primera… Había dejado el hogar. Cuando regresé, bueno, había perdido casi todo mi cabello, mis hombros estaban encorvados, y había perdido como unas veinticinco, treinta libras de peso [11 a 13 Kg. Trad.]. Oraba día y noche con esa gente. Yo dije: “Me voy a quedar aquí mismo hasta que ore por cada persona”.
33 Y yo oré ocho días y noches sin dejar la plataforma. Llevé mis comidas y me recargué al lado del púlpito y dormí. Y cuando me fui, había diez veces más que cuando comencé por los cuales orar. No tenía fin. Seguía y seguía. Pero, hermano, Dios confirmó Su Palabra. Y el otro día cuando yo estaba parado allí, literalmente cientos y cientos de ellos levantaban sus voces a Dios: “Yo fui sanado en esa reunión, Hermano Branham”.
Y una mujercita, dijo: “¿No se acuerda de mí?”. Y yo dije: “No”. Su esposo… su muchacho, más bien, es un exterminador allá en Texarkana. Ella pasó por la línea, tenía su mano arriba de esta manera; pensé que estaba llorando. Y yo me detuve. Era temprano en la mañana. Y yo dije: “Mire, usted tiene un cáncer, ¿no es así, dama?”. Ella retiró el pañuelo y allí no había nariz; ya se la había comido. El cáncer se había comido su cara. Y una mujer joven, de unos treinta cinco años de edad.
34 Y yo dije: “¿Cree usted?”.
Ella dijo: “Hermano Branham, tengo que creer”.
Yo dije: “Bueno, entonces, hermana, solo acéptelo y crea con todo su corazón. Voy a orar por usted con todo mi corazón. Es todo lo que puedo hacer”.
Ella dijo: “Pídale a Dios. Eso es todo lo que quiero que usted haga. Él lo hará”.
Ella había visto a este John Ryan (no el anciano con la barba blanca) cuando se sentó en la calle pidiendo monedas de cinco centavos. Dios lo sanó. Él había pasado por la línea unas noches antes de eso. Y él caminó a través de la línea y yo dije: “Veo que Ud. está ciego”.
Él dijo: “Sí, señor”.
Yo dije: “¿No es usted un Católico?”.
Y él dijo: “Lo soy”.
Y yo dije: “¿Cree Ud. que Dios lo va a sanar?”.
Él dijo: “Sí, señor”. Él dijo: “Escuché a una mujer de aquel lado que estaba gritando que dijo que un bocio se había ido de su garganta”.
35 Yo dije: “Sí, señor. Eso es correcto”. Y yo dije: “¿Me cree que soy el siervo de Dios?”. Tengo que decir eso porque el Ángel me dijo: “Si haces que la gente te crea”, ¿ven? Así que, no que me crea como Él; que crea que Él me envió para orar por los enfermos, ¿ven? Como Pedro y Juan dijeron: “Míranos”. Y yo dije: “Muy bien”.
Y yo había orado por él. Y vi una visión delante del anciano. Yo dije: “Ahora, Ud. ha recibido su vista. Vaya y sea sanado”. Él se fue. Después de unos minutos, aquí venía él de nuevo. Dos hombres lo estaban guiando.
Él dijo: “Predicador, Ud. me dijo que yo había recibido mi vista, que estoy sanado”.
Yo dije: “Usted lo está”.
“Pues”, él dijo: “No puedo ver ni una sola cosa”.
Yo dije: “Eso no tiene nada que ver con su sanidad. Usted ya está sanado”.
Él dijo: “Bueno, si yo fui sanado, pudiera ver, ¿no es así?”.
Yo dije: “No de inmediato, tal vez usted no lo haga. Pero Dios dijo que Ud. iba a ver”. Yo dije: “Le dije que vi una visión y usted va a recibir su vista”.
36 Puede que él esté sentado aquí esa noche, hasta donde sé —el mismo hombre. Y yo dije: “Yo vi una visión. Usted va a recibir su vista”.
Él dijo: “Bueno, pareciera que si yo fui sanado que sería capaz de ver”.
Yo dije: “No exactamente. Pudiera no suceder en este momento, pudiera suceder en una semana a partir de ahora, dentro de un mes, dentro de un año a partir de ahora. Pero tiene que llegar a suceder”.
Y él dijo: “Bueno, yo no entiendo eso”. Y se fue.
Después de unos minutos, regresó de nuevo. Dijo: “Todavía no puedo ver”.
Y yo dije: “Bueno, eso no tiene nada que ver al respecto”.
Él dijo: “Bueno, Ud. me dijo que estaba sanado”.
Le dije: “Mire, señor, está a punto de perder lo que ha recibido”. Dije: “Usted me dijo que me creía”.
Él dijo: “Sí le creo”.
Yo dije: “¿Entonces por qué me lo está cuestionando? Si Ud. me cree, crea lo que le he dicho”.
“Oh”, él dijo: “Entiendo lo que quiere decir”. Miren, él allí lo captó. Él dijo: “¿Qué debo hacer, predicador?”.
Yo dije: “Solo vaya a casa, diga: ¡Alabado sea el Señor! y siga adelante”.
Bueno ahora, criado en una iglesia Católica, no estaba acostumbrado a hacer algo como eso. Entonces, él solo salió y siguió gritando: “¡Alabado sea el Señor!”.
37 Y a la noche siguiente, yo estaba llevando a cabo un servicio. Él estaba sentado en lo alto en el balcón. Él gritaba: “Todos permanezcan quietos”. Él se levantaba y gritaba: “¡Alabado sea el Señor por sanarme!”. Se volvía a sentar. Yo predicaba un poquito más. Él decía: “Ahora, todos permanezcan quietos”. Él se levantaba: “¡Alabado sea el Señor por sanarme!”. Él simplemente continuaba así. Él solo estaba haciendo lo que se le dijo que hiciera.
Y escuchen, si Uds. Protestantes obedecieran las Escrituras y cosas, tan bien como un Católico obedece su mandamiento, seríamos una iglesia diferente. Correcto. Si alguna vez logra que uno de ellos mire la verdad, hermano, eso lo concluye. Eso es. Él hará lo que usted le diga.
38 Yo dije: “Solo siga diciendo: Gracias a Dios. Alabado sea el Señor”. Bueno, dos o tres noches después, él todavía seguía haciendo la misma cosa. Él lo hacía cada noche. Él aún perturbaba la reunión. Cuando yo estaba teniendo la línea de oración, él se ponía de pie y gritaba: “¡Alabado sea el Señor por sanarme!”. Y todos volteaban y miraban. Él continuaba así.
Y luego me fui del lugar por aproximadamente dos o tres semanas. Y él estaba parado en la esquina, vendiendo periódicos. Él gritaba: “¡Extra! ”¡Alabado sea el Señor por sanarme!“. ¡Extra!” ¡Alabado sea el Señor por sanarme!“. Bueno, la gente pensó: El viejo está un poco, un poco chiflado. Por lo tanto, no le prestaron mucha atención.
39 Él le pidió al otro muchachito del periódico si lo podía cruzar a la barbería donde un sabelotodo lo iba a rasurar. Y entonces él le rasuró una parte de su rostro. Él dijo: “Por cierto, papá, escuché que este tipo, Branham, ese sanador divino estuvo aquí, que Ud. fue allá a la reunión”.
Dijo: “Sí. Yo estuve allá”. Él lo seguía rasurando, usted sabe. Rebajándole la barba.
Él dijo: “Escuché que fue para la reunión”.
Él dijo: “Sí. Yo fui para allá”.
Dijo: “Escuché que el Señor lo sanó”.
Él dijo: “Sí. ¡Alabado sea el Señor! Él me sanó”. Y sus ojos se abrieron. Él miró alrededor. Él dijo: “Estoy sanado ahora”.
40 Y se bajó de esa silla y se fue con la toalla alrededor de su cuello, el barbero tratando de agarrarlo con la navaja en su mano. Se fue por la calle tan recio como podía. Y ese hombre está predicando sanidad Divina, teniendo campañas esta noche.
Él dijo: “Yo sé esto, que Dios es verdad. Yo estuve ciego y ahora veo”.
Allá arriba en la Casa De David, en Benton Harbor, Michigan, yo estaba sentado allá arriba. Este judío lo conocía a él, él dijo: “Pues, se ha hecho una acción destacable en Juan”. Él dijo: “¿Con qué autoridad hizo eso?”.
Yo dije: “En el Nombre de Jesucristo, el Hijo de Dios”.
Él dijo: “Él no era el Hijo de Dios”.
“Pues”, yo dije: “Él hizo la obra de igual manera”.
Y él dijo: “Oh…”.
Yo dije: “¿No cree Ud. que Él era el Hijo de Dios?”.
Él dijo: “No”. Dijo: “Yo creo que Él era un buen hombre”.
Y yo dije: “Bueno, Él era el Hijo de Dios”.
41 Él dijo: “Sin duda una acción destacable ha sido hecha aquí con Juan”. Él dijo: “Pero no pudo haber sido Jesucristo”, dijo: “porque Jesús no era el Cristo”. Él dijo: “Ustedes los gentiles no pueden partir a Dios en tres pedazos y dárselo a un judío”.
Yo dije: “Algunos de ellos podrán partirlo a Él en tres pedazos, pero yo no”. No, señor. Yo dije: “Hay un solo Dios, y ese Dios Jehová fue manifestado en carne aquí, en Su Hijo, Cristo Jesús”. Yo dije: “Usted simplemente tiene la inclinación equivocada de eso”.
Yo comencé a citarle la Escritura en Isaías 9:6, y así sucesivamente. Vine y después de un rato él se quedó allí y miró alrededor. Él dijo: “Oh, yo creo que Él era un buen hombre”.
Yo dije: “¿Se quedará con eso?”.
Él dijo: “Sí”. Él dijo: “Bueno, yo creo que Él era un profeta”.
Yo dije: “Si Él era un buen hombre, no mentiría. Si Él era un profeta, difícilmente podría mentir y seguir siendo un profeta. Entonces, Ud. cree que Él era el Hijo de Dios”.
42 Él se dio un poco la vuelta, se bajó el sombrero, lágrimas bajando por su barba roja. Se dio la vuelta y dijo: “Dios puede de estas piedras levantar hijos a Abraham”. Comenzó a alejarse.
Yo lo tomé del brazo. Dije: “Solo un minuto. Usted cree que Él era el Cristo”.
Él dijo: “Mire esto, predicador. ¿Ve que allá dice: ”Israel“, al otro lado?”.
Yo dije: “Sí”.
Él dijo: “Me gano un buen nivel de vida allí”.
Yo dije: “¿Y sabiendo la verdad y aun así la sacrificaría?”.
Él dijo: “Si yo no estuviera allí, estaría afuera en la calle mendigando”.
Yo dije: “Yo preferiría estar acostado en mi estómago, bebiendo agua del riachuelo, y comiendo galletas saladas, y decir la verdad; que tener pollo frito tres veces al día y quedarme detrás de una mentira”. Cierto.
Él dijo: “Lo veré en alguna otra ocasión”. Agachó la cabeza y corrió.
43 Ahora, Juan está todavía predicando sanidad Divina esta noche. Y en esa reunión de allá, había sido sanado. Y ¡cómo Dios estaba derramando Sus bendiciones! Y yo recuerdo, mi esposa vino a verme. Y había aproximadamente cuatro manzanas de la ciudad; la gente estaba lista para un avivamiento. Ellos estaban parados y mi esposa dijo: “¿Quieres decir que toda esa gente vino a escucharte predicar?”.
Yo dije: “No, ellos vinieron a aprender de Jesús”.
Yo no sé a dónde se fue ella esa noche. Cuatro hombres me metieron. Llegué hasta al púlpito. Y de casualidad miré y, oh, la mitad de la profundidad de este lugar eran solo ambulancias, sillas y camillas. Yo les estaba hablando. Una niñita aquí, acaba de entrar… su fe. Ella era una tuberculosa. Tenía dos enfermeras sentadas junto a ella.
44 Alguien hizo señas por allá. Él tría puesto un traje como de chófer. Y yo sabía que era un conductor de ambulancia, me supongo. Y él tenía como unas dieciséis o dieciocho ambulancias alineadas afuera. Y yo fui para allá a ver qué… Le pregunté qué quería.
Él dijo: “Predicador”, dijo: “el doctor de cabecera no está aquí”. Y dijo: “Pienso que mi paciente está muerto. ¿Puede venir con ella?”. Cuatro hombres nos rodearon a medida que salíamos para allá. Y yo entré allí. Un típico papá anciano de Arkansas, de rodillas, con el sombrero cocido con una cuerda. La camisa con un parche encima de un parche. Las suelas de sus zapatos gastadas cuando estaba arrodillado. Con el sombrero enrollado en su mano, gritándole a Dios que lo dejara hablar con su esposa una vez más.
Allí yacía el paciente. Ahora, ellos afirman que ella estaba muerta. Yo no sabría decirlo. No lo sé. Pero yo entré y el conductor dijo: “Aquí está el Hermano Branham”.
45 Unas mil o dos mil personas estaban presionadas entre el auditorio y donde estaban las camillas… o, donde estaban las ambulancias. Y cuando yo entré allí, lo miré a él, yo dije: “¿Qué es lo que sucede, papá?”.
Él dijo: “¿Es Ud. el Hermano Branham?”.
Yo dije: “Sí”. Había estado un hombre de Kennett, Missouri, había sido sanado esa noche… la noche anterior a esa, más bien; estaba ciego, había estado ciego por… había estado recibiendo una pensión por ceguera durante diez, doce años.
Y al siguiente día, él fue por toda la ciudad. Él entró corriendo a la iglesia Metodista con su sombrero en un bastón, su bastón de ciego, alabando a Dios; gritando al punto que tuvieron que sacarlo. Él se fue corriendo a la iglesia Católica y ellos lo sacaron. Y estaba colgándose atrás en los hombros de un hombre con el bastón en su… dando vueltas alrededor de esa manera, simplemente alabando a Dios, cuando lo echaron de la iglesia.
Bueno, él por poco destruía la ciudad allá arriba, por la manera que se estaba comportando. Habiendo sido ciego por diez años y recibió su vista. Bueno, seguro. Yo también lo estaría, ¿ustedes no? Ciertamente.
46 Y luego la… esta dama… alguien… Él dijo: “Hermano Branham”, dijo: “Yo hice todo lo que un hombre puede hacer”. Dijo: “Ella gradó por esos viejos terrones allá. Ella me hizo lo que soy. Hemos criado a nuestros hijos”. Y dijo: “Ella tiene cáncer; está en el hígado”. Y dijo: “Ella se estaba muriendo”. Y dijo: “Las moras azules que recogimos el verano pasado, las vendimos, y un par de sus edredones que ella había acolchado”, y dijo: “para conseguir el dinero para pagarle a la ambulancia para que viniera y la trajera a ella aquí”. Dijo: “Ella está muerta”. Y él simplemente estaba gritando y llorando.
47 Yo dije: “Bueno, ¡papá!”. Miré allí abajo. Ahora. La mujer, todo indicaba como si estuviera muerta. Pero yo no sé si ella lo estaba o no. No puedo decir. Le habían quitado la dentadura falsa y sus labios estaban metidos. Sus ojos estaban llorosos, usted sabe, y estaban hundidos en la parte de atrás de su cabeza. Ella estaba acostada completamente inmóvil con una transpiración pegajosa en ella. Fría.
Entonces, él dijo: “Y ella se ha ido, Hermano Branham”. Dijo: “Ella deseaba tanto verlo. Y nosotros no pudimos siquiera pasarla a través de esta multitud”. Dijo: Ella estaba tan enferma. Y se ha ido“. Y ella estaba… o, él estaba llorando.
Yo dije: “Bueno, vamos solo a arrodillarnos y vamos orar, papá”, como consolación. Así que, yo la tomé a ella de la mano. Y dije: “Padre Celestial, oro que Tú ayudes a este pobre anciano, y bendícela a ella, Señor. Y oro que Tú lo hagas de una manera pacífica para ella en una tierra mejor”.
48 Y mientras yo estaba orando, sentí que su mano apretó la mía. El diablo dijo: “Eso solo son sus músculos, después que están muertos, contrayéndose”. Así que, yo solo seguí orando, y ella volvió a apretar. Él dijo: “Eso solo son sus músculos contrayéndose. Entonces, seguí orando pero la miré a ella. Y la piel en su frente, pues, comenzó a arrugarse. Esos no eran músculos contrayéndose. Yo la miré y ella me estaba mirando.
Ella dijo: “¿Quién es usted?”.
Yo dije: “Soy el Hermano Branham”.
Ella dijo: “¿Es Ud. el Hermano Branham?”.
Yo dije: “Sí”. Y ella se levantó y su esposo estaba llorando, orando.
Él dijo: “Madre, madre, madre”. Y él la tomó de la cintura de esa manera. Y comenzaron a gritar y a gritar fuerte. ¡Qué tiempo!
49 Como unos dos años después, me encontré con ella en California. Ella estaba siguiendo las reuniones testificando, por todas partes que podía. El conductor de la ambulancia dijo: “¿Predicador? Vaya, están abarrotados al lado de la ambulancia”. Dijo: “Ud. no podrá salir por allí”. Dijo: “Mandé a los hombres por la parte de atrás del estacionamiento, allá atrás”. Dijo: “Está lleno con gente parada, han estado parados por días allá atrás”. Estaba lloviendo a cántaros. Eso no les importaba a ellos.
Entonces, él dijo: “Voy a actuar ahora como si me estoy quitando el saco, de esta manera, para que no lo puedan ver. Y salga usted por este lado de la ambulancia, y dele la vuelta, y vaya a la parte de atrás, y entre por el patio trasero”. Dijo: “Esos predicadores estarán alrededor de allí para recogerlo”. Esos ujieres, más bien.
Y yo dije: “Muy bien”.
Así que, se miraba como un truco hipócrita pero eso era todo lo que podía hacer. Yo no podía pasar a través de eso tan apretado. Por tanto, salí y me fui por esas ambulancias y regresé.
50 (El otro día me paré en ese lugar y solo levanté mis manos y clamé a Dios). Le di la vuelta por atrás, yo venía, empujándome entre la multitud, usted sabe. Tanto como podía hacerlo.
Y yo empujaba; alguien decía: “Dejen de empujar”. Y yo solo dejaba de empujar, usted sabe. Alguien dijo: “¡Deténgase! Siéntese”. Yo solo seguía empujando, usted sabe, tratando de llegar hasta el lugar donde estaban esos hombres [Palabras no claras]. Directamente, empujé contra un tipo bien grande. Él puso su mano en mi hombro, dijo: “Dije, deje de estar empujando”. Yo lo hice, porque tenía miedo que él fuera empujar. Entonces, yo dije: “Sí, señor. Discúlpeme”.
Nadie me conocía. Llevaba días sin salir del edificio. Ellos no podían entrar. Entonces, estábamos simplemente allí. Ellos me traían un jugo de naranja y cosas. Yo solo me recostaba en el altar y oraba por la gente a medida que venían, de esa manera.
51 Así que entonces, él estaba rezongando. Para entonces había una especie de llovizna allí afuera. Él estaba rezongando de esta manera, y siguió hablando. Yo pensé: Bueno, espero que te tranquilices. Bueno, yo lo observé durante un rato. Y miré alrededor. Y pensé: ¿En dónde están esos hombres? Tengo que volver a entrar al edificio. ¿Por qué no vienen?
Nadie me conocía. Yo estaba parado allí, usted sabe. Y después de un rato, escuché a alguien gritando: “¡Papi, papi!”. Pensé: “¿En dónde está eso? Y había tanta gente, prácticamente, parados en ese lugar de atrás, así como están sentados aquí esta noche —en ese estacionamiento, allí mismo al aire libre.
Y viniendo por entre la gente… Ahora, allá en el Sur, tienen la ley Jim Crow. Eso es que los de color y los blancos no se mezclan. Entonces, aquí venía una muchachita de color, de unos diecisiete, dieciocho años de edad. Y, oh, ella estaba en un… Sus ojos eran tan blancos con cataratas así como lo es mi camisa. Y ella venía, abriéndose paso entre esa multitud, diciendo: “Alguien por favor ayúdeme. ¡Papi!”.
52 Y yo pensé: ¿por qué alguien de esa gente no le ayuda a la pobre muchachita? Entonces, yo pensé, mientras él no está mirando, me moveré un poco. Así que, llegué hasta allá. Yo seguía poniéndome en su camino. Y observando que vinieran estos hombres. Y ella se acercó y se quedó allí de esa manera. Y ella se topó conmigo. Sus manos me empujaron. Ella dijo: “Discúlpeme, señor. Discúlpeme”. Dijo: “Papi”.
Yo pensé… Dije: “¿Qué estás buscando?”.
Ella dijo: “Señor, he perdido a mi papi. Estoy ciega”. Ella dijo: “Y no puedo encontrarlo. No sé qué hacer”. Dijo: “Nadie me ayudará. ¿Me ayudará usted, amable señor?”.
Y yo dije: “Bueno, no veo a ninguna otra persona de color aquí alrededor”. Yo dije: “¿De dónde eres?”.
Ella dijo: “Memphis”.
53 Y yo miré y allí estaban un montón de autobuses de alquiler estacionados allí. Y supe que uno de ellos decía Memphis. Yo dije: “¿Qué está Ud. haciendo aquí?”.
Ella dijo: “Yo estaba escuchando la radio esta mañana”. Ella dijo: “Escuché de todas esas personas sordomudas que tenían allá —los sordos y mudos— anoche, hablando en la radio”.
Y yo dije: “¿Está Ud. ciega?”. ¿Se dan cuenta? Yo dije: “¿Para qué vino aquí?”.
Ella dijo: “Vine a ver al sanador”.
Le pregunté: “¿El qué?”.
Ella dijo: “El sanador”.
Y yo dije: “¿Usted no cree, eso, verdad?”.
“Oh, sí, señor”.
54 Ahora, eso se miraba como algo hipócrita también, tomando ventaja de una mujer ciega, ¿ven? Pero yo quería ver si ella realmente lo creía. Yo dije: “¿Creed Ud. que esa es la verdad?”.
Ella dijo: “Sí, señor”. Y yo comencé a sentirme pequeño. Y ella dijo… ella dijo: “Sí, señor. Yo lo creo”.
Y yo dije: “Pues, ¿cree que Dios haría algo como eso, tan avanzada como está la ciencia médica?”.
Ella dijo: “Señor”, dijo: “Cuando yo era una niñita, me salieron cataratas en mis ojos. El doctor me dijo que cuando maduraran”, (no sé lo que eso signifique, pero…), “Cuando maduraran me las sacarían”. Y dijo: “Ahora, que están maduras”, dijo: “Ellos dicen que si las sacan, arrancarían los nervios ópticos de mis ojos”. Y dijo: “Yo… yo… yo no puedo ver y la única esperanza que tengo es entrar allí. Y esta es la última noche que va a estar aquí el hombre, y me dicen que no puedo ni siquiera acercarme al edificio. Perdí a mi papi. Yo no sé qué hacer”.
Y yo dije: “¿Cree Ud. que si entra allí, será sanada?”.
Ella dijo: “Pues, escuché de un hombre en la radio esta mañana, de allá de Kennett, Missouri, estuvo ciego por diez años y él recibió su vista”. Dijo: “Bueno, ¿acaso no podría sanar yo también?”.
Yo dije: “¿Cree usted eso?”.
55 Ella dijo: “Señor, le diré lo que voy a hacer. Si Ud. solo me lleva hasta donde está ese hombre, yo seré capaz de encontrar a mi papi después de eso”. ¡Oh, vaya!
Sentí que mi corazón dejó de latir en mí. Yo pensé, pobre cosita ciega. Dije: “Mire, dama, ¿lo dice en serio?”.
Ella dijo: “Sí”.
“Oh”, yo dije: “Quizá soy yo el que se supone que debe ver”. Y ella me agarró de esa manera.
Ella dijo: “¿Es usted el sanador?”.
Yo dije: “No, señora”. Dije: “Yo soy el Hermano Branham. Jesús es el sanador”. Y ella se aferró a mí.
Ella dijo: “Oh, Hermano Branham, tenga misericordia de mí. Tenga misericordia de mí”. Y pensé en la pobre anciana ciega de Fanny Crosby.
No me pases, oh gentil Salvador,
Escucha mi humilde clamor,
Mientras otros te invocan,
No pases de mí.
56 Y yo miré, y pensé: Su única esperanza: Cristo. Yo dije: “Ahora, no quiero que la multitud me reconozca, dama. Incline su rostro y vamos a tener una palabra de oración”. Dije: “Primeramente, quiero tomarla de la mano mientras estoy orando”. Yo no podía quitarle su mano de mi saco. Ella no me iba a soltar.
Y yo dije: “Ahora, permítame su mano”.
Ella dijo: “No me pase”. Y yo la tomé de la mano, la jalé, y la sostuve de su mano. Y mientras yo estaba orando (Ahora, Ud. podrá marcar esto como fanatismo si quiere hacerlo; eso quedará entre usted y Dios; yo solo puedo decir la verdad), algo sucedió. Yo sabía que la mujer estaba sanada. Yo estaba esperando que la catarata se encogiera.
57 Yo dije: “Ahora, Ud. mantenga sus párpados cerrados sobre sus ojos”. Dije: “Ahora, levante su rostro solo hasta donde piensa que está saliendo mi voz, y le diré qué hacer”.
Ella dijo: “Sí, señor”. Dijo: “Algo frío me recorrió”.
Yo dije: “Solo levante su rostro”. Dije: “Ahora, abra sus ojos porque ASÍ DICE EL ESPÍRITU SANTO usted ha recibido la vista”.
Y ella abrió sus ojos. Y ella dijo: “¿Son esas luces?”.
Yo dije: “Sí”.
Ella dijo: “¿Son esos puntos negros…? ¿Son personas?”. Y comenzó a aclararse. “Oh”, ella dijo: “Oh, Señor, yo una vez fui ciega más ahora puedo ver”. Ella dejó escapar un gran grito. Y luego… una gente había estado parada allí observándolo. Y aquí venían. ¡Vaya! Si se trata de hablar…
58 Y de casualidad me fijé. Y allí estaba un anciano parado con un bastón, un palo viejo en su mano. Su pierna estaba de lado torcida. Él dijo: “Hermano Branham, yo lo conozco”. Él dijo: “He estado parado en la lluvia por ocho o diez días aquí”. Dijo: “¿No me va a pasar de largo, verdad, Hermano Branham?”. Dijo: “Tengo un montón de niños en casa”. Dijo: “Ellos me necesitan”. Dijo: “Un vagón me atropelló y torció mi pierna de esta manera”.
Yo dije: “¿Cree usted?”.
“Con todo mi corazón”.
Y yo dije: “Entonces en el Nombre del Señor Jesús, deme su bastón”.
Y Dios, quien es mi Juez soberano, cuando el hombre en un acto de fe me dio el bastón, su pierna se enderezó y él brincó en el aire y gritó con toda su fuerza.
59 Y yo miré y aquí venían los hombres, abriéndose camino a través de allí, venían por mí. Y justo en ese momento, mujeres, hombres, estaban presionando por todas partes. Y las mujeres tratando de sostener a sus pequeños bebés para que me tocaran. Es algo muy lastimoso. Yo tengo bebés sentados aquí esta noche, también. Si uno de ellos estuviera enfermo, yo me sentiría de la misma manera si alguna ayuda pudiera venir de alguna parte.
Uds. podrán decir que es locura y… No, no lo era. Entre Ud. en una condición de desesperación y hará algo al respecto, también. Como lo estuvo Jairo. En esa ocasión, les voy a decir la verdad, mi esposa está presente sentada por aquí… yo no pude costearme un traje en ese tiempo.
60 Mi hermano, que está aquí esta noche, me dio uno de sus trajes. Él era un hombre joven. Había estado en un accidente automovilístico y le había arrancado el bolsillo. Y los pantalones habían sido rotos en varias partes. Mi esposa y yo fuimos a la tienda de diez centavos y compramos unos de estos parches, que se ponen con la plancha caliente. Y se los planchamos en la ropa. Y este saco se desgarró alrededor del bolsillo, y yo tomé una aguja e hilo y lo remendé yo mismo. Y disto mucho de ser un sastre. Se miraba muy feo.
Y yo sentía vergüenza de ese saco viejo. Y cuando conocía predicadores, mantenía mi brazo derecho abajo sobre este saco de esta manera y extendía mi mano izquierda. Los saludaba. Yo decía: “Disculpe mi mano izquierda; está más cerca de mi corazón”. Y yo los saludaba. La cuestión era esta. Yo no quería que vieran ese saco viejo y harapiento.
61 Pero ese montón de personas de Arkansas, que habían estado parados allí y que vieron al Ángel de Dios moviéndose entre la gente, estaban tratando de tocar ese saco viejo y harapiento. Y muchos conforme lo tocaban, iban sanados. No porque era un saco harapiento, porque ellos creían que Dios estaba en sus medios.
Permítame decir esto esta noche: tal vez no traiga ese saco harapiento, pero el mismo Dios que estuvo allá esa noche está aquí esta noche para hacer la misma cosa. Él es el mismo de ayer, hoy, y por los siglos. De la única manera que podrán sacar dividendos de algo, Dios tiene que tener fe en ello, para abordarlo correctamente, para creerlo. Esa es la razón que ellos estaban siendo sanados, porque estaban viniendo con la actitud mental correcta, creyendo que la verdad estaba allí; y si ellos se podían acercar, serían sanados. Y Dios estaba confirmando Su palabra con ellos.
62 ¡Amén! Oh, cuando pienso en esos días señalados y allá lejos, en algún tiempo más allá, en las edades por venir, nos sentaremos en lugares celestiales en Cristo Jesús en un Reino nuevo. Tengan fe.
No hace mucho, me volví a encontrar con esa muchachita ciega, veía tan bien como… entonces ni siquiera usaba lentes, dándole a Dios la alabanza. Inclinemos nuestros rostros.
63 Nuestro Padre Celestial, sentados aquí afuera esta noche, yo… los bebés pequeños llorando, un viento fresco sopla por estas personas que están sentadas aquí al aire libre. Así como ese aire sopla por una fuerza invisible, también está el Espíritu Santo arrullando sobre este lugar. Tú conoces nuestro corazón, la integridad de mi corazón. Tú conoces si estoy diciendo la verdad o no, Señor. Y cómo es que Tú has bendecido a través de los días del ministerio, confirmándolo ahora alrededor del mundo.
Dios acércate esta noche. Oh gran Ángel, descendiendo de Dios como un Mensajero, acércate esta noche y háblale a la gente. Y que Tú poder mueva a la gente, y que el Espíritu Santo hable a cada corazón, y que no quede persona débil entre nosotros cuando nos vayamos esta noche. Concédelo, Dios Todopoderoso.
Estoy pensando ahora, Padre, de esa pobre niñita ciega de color. Allí estaba ella trastabillando en total oscuridad. Pensando en el día de cuando venía una cruenta cruz, arrastrándose por Jerusalén, arrastrando las huellas sangrientas del Portador, subiendo por la colina, Su pequeño cuerpo cayó bajo el peso de esa gran cruz antigua. Simón, el Cirineo, el hombre de color que vino y le ayudó a Él a llevar la cruz. Oh Dios, Tú no haces acepción de persona, color, credo. Dios bendice a esta gente esta noche. Y que podamos decir como aquellos viniendo de Emaús: “¿No ardían nuestros corazones en nosotros…?”. Ellos caminaron con Él todo el día. Y solo por la manera cómo Él hizo algo, reconocieron que era Él. Haz algo esta noche, Señor, que esta gente pueda darse cuenta que Tú eres el mismo. Te vemos parado hablando con esa mujer allá en el pozo. Tú le dijiste cuál era su problema. Ella se sorprendió porque sabía.
Cuando Felipe vino a Ti, supiste que él había estado bajo la higuera orando. Él se sorprendió al saber que Tú conocías todo sobre él. Y sin embargo, el Fariseo, dijo que Tú eras un Belcebú, el jefe de los demonios. Dios, ten misericordia esta noche. Que se hagan muchas, muchas cosas porque lo pedimos en el Nombre de Jesús, el Hijo de Dios. Amén. [Espacio en blanco en la cinta].
64 ….?… hoy y por los siglos. ¿Es eso verdad? Si Él es el mismo… Cuando Él estaba aquí en la tierra, no reclamó ser una gran persona. Él no reclamó ser un sanador. ¿Cuántos saben que esa es la verdad? Él dijo: “No soy Yo el que hace las obras, es Mi Padre que mora en Mí”. Y cuando Él pasó por el estanque de Betesda, y allí yacían todos esos lisiados, y ciegos, y paralíticos, y gente coja, Él no sanó a ninguno de ellos. Él siguió directamente y sanó a un hombre que yacía en un lecho.
Y los judíos lo cuestionaron, Él dijo: “De cierto, de cierto os digo (San Juan 5:19), el Hijo no puede hacer nada de Sí Mismo, sino lo que Él ve al Padre haciendo. Aquellas cosas que el Padre hace, Él se lo muestra al Hijo. El Padre obra, y Yo obro hasta ahora. Él les mostrará cosas mayores que esta (o la sanidad del diabético, lo que pudiera ser), para que os maravilléis”.
65 Pero Jesús afirmó que no podía hacer nada hasta que el Padre le mostrara por visión qué hacer. ¿Es esa la Escritura? Si Él es el mismo de ayer, hoy, y por los siglos. “Un poquito y el mundo no Me verá más. Empero vosotros Me veréis, porque Yo estaré con vosotros, aún en vosotros hasta el fin del mundo”. ¿Es eso verdad?
66 Ahora aquí está una mujer. ¿Somos desconocidos el uno al otro, hermana? Primera vez que nos encontramos. Bueno, eso está bien. Muy bien. Esta mujer es una total desconocida para mí y de las reuniones; primera vez que ella ha estado alrededor de todo esto. Ella no ha visto nada sobre el Ángel del Señor. Ella no sabe nada de eso en lo absoluto. Ella solo es una desconocida, solo entró aquí. ¿De dónde viene, dama? Chillicothe, Ohio. ¿Hay alguien más aquí que viene con la mujer que la conozca? Levante… Por aquí hay gente que la conoce Muy bien. Entonces todos saben que eso es cierto. Ella solo es una mujer que está parada aquí delante de nosotros. No sabemos nada de ella. Ella solo consiguió una tarjeta de oración hace unos minutos o hace un rato. Y el muchacho repartió las tarjetas de oración, y dio la casualidad que su número fue llamado. Y da la casualidad que ella es la primera en la plataforma. [Espacio en blanco en la cinta].
67 … mismo de ayer, hoy, y por los siglos y cómo Él lo ha probado en Sus reuniones. Si Él estuviera parado aquí, usando este traje, o el traje que Él me dio, más bien, y estuviera parado delante de Ud., Él no podría sanarla, porque Él hizo eso cuando murió en el Calvario. Pero Él no podría hacer más por usted de lo que puede obrando a través de Su iglesia ahora mismo. Él solo puede dar fe a algo para hacer que la fe de usted… para que crea en Él. ¿Es eso correcto? ¿Hacer algo?
68 Bueno entonces, si Él es el mismo de ayer, hoy y por los siglos, veamos qué tipo de Persona era Él. Vamos a tomar nuestro texto esta noche. En una ocasión cuando Él está ministrando, simplemente empezó muy bien. Estaba un tipo de nombre Felipe que fue salvo, y él fue y llegó con un tipo que se llamaba Natanael. Él dijo: “Ven, ve a Quien hemos hallado: Jesús de Nazaret”.
Y él… “Pues”, él dijo: “¿De Nazaret puede salir algo de bueno?”.
Dijo: “Ven y ve”.
Y cuando él conoció a Jesús, Jesús estando parado en una línea de oración como esta, él se acercó. Él dijo: “He aquí un israelita en quien no hay engaño”.
Pues, eso lo asombró. Él dijo: “¿Cuándo me conociste, Rabí?” o maestro, señor.
Él dijo: “Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo del árbol, Yo te vi”.
Pues él dijo: “Tú eres el Hijo de Dios, el Rey de Israel”. ¿Es eso correcto, hermana?…
69 Ahora, si Él es el mismo esta noche, eso sería como si yo le dijera a usted, diciendo: “Usted es una Cristiana”. Ya sea que usted lo sea o no, yo no lo sé. Pero digamos que Ud. es una Cristiana, entonces le diría algo que usted tal vez hizo antes de venir a la reunión, o algún otro tiempo, o algo como eso. Que lo haría a Él simplemente el mismo de ayer, hoy, y por los siglos.
Él habló con una mujer junto al pozo. Él dijo: “Tráeme de beber”, entabla una conversación. Me pregunto para qué. Dijo: “Tráeme de beber”.
Pues, ella dijo: “No es costumbre que Uds. judíos le pidan a los samaritanos tal cosa. No tenemos tratos entre nosotros”.
Él dijo: “Pero si tú supieras con Quien estás hablando, me pedirías a Mí de beber, y Yo te daría agua que no vienes aquí a sacar”.
Ella dijo: “¿Cuándo puedes sacar el agua? El pozo es profundo” y así sucesivamente.
¿Qué estaba haciendo Él? Él estaba contactando su espíritu. Él encontró… Tan pronto como Él encontró exactamente cuál era su problema, fue directamente y le dijo a ella, dijo: “Ve y trae a tu marido”.
Ella dijo: “No tengo marido”.
Dijo: “No, tienes cinco”.
Pues, ella dijo: “Tú eres un profeta”. Y ella corrió a la ciudad, emocionada, y dijo: “Venid, ved a un Hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho”. Pues, Él no le dijo todo lo que ella había hecho. Pues, solo le dijo una cosa. Pero si Dios puede revelarle eso a usted, puede revelarle todo. ¿Es eso correcto?
70 Ahora, ¿cree Ud. que Él es el mismo de ayer, hoy, y por los siglos? ¿Lo cree? ¿Y cree Ud. que yo soy Su siervo, Su profeta? Entonces si declaro que Él es el mismo, entonces Él… si Él lo hace, en Su gracia soberana, me puede decir lo que está mal con usted. Si Él no lo hace, bueno, ese es… Ese es Dios. ¿Ven? Si Él quiere lo puede hacer.
Pero siendo que Ud. es una mujer Cristiana, yo creo que Él lo hará. Ahora, solo quiero que me escuche a medida que hablo con usted unos minutos y trato… Todos sean tan reverentes como puedan ahora. No… ¿ven? Se dan cuenta que hay personas paradas aquí: espíritu, y hay un espíritu allí; todos orando y jalando al mismo tiempo. El individualizar a cada uno a una visión, es muy difícil.
71 Pero usted está… usted es una persona necesitada, tiene mucha necesidad. Está sufriendo con un problema nervioso. ¿Es eso correcto? Usted está nerviosa… En realidad, usted… ha tenido una crisis nerviosa. ¿No es eso cierto? Bueno, le voy a decir algo, dama. La veo como una niña pequeña. Usted sufrió una especie de herida en el cuello cuando era una niña. ¿Es eso correcto? Usted… recibió una herida en el cuello y ha provocado que esté extremadamente nerviosa. ¿Es esa la verdad? Sí, ahora, perdí la visión. (¿Ve?), cuando me estaba hablando. Usted no podía… Usted no lo sabe… Eso es correcto. Eso es… ¿Ve? Había algo tocante… ¿Qué fue lo que Él le estaba diciendo? ¿Qué le estaba yo diciendo, sobre qué le hablaba? Oh, Él le dijo lo que Ud. había hecho, ¿es eso correcto? ¿Le dijo de algo que Ud. había hecho o de algo que le sucedió a usted? ¿Qué le dije yo a usted? Quiero decir, ¿Qué le estaba yo diciendo? Mire, dama, es una visión. Yo estoy en otro… otro mundo. [La mujer le dice al Hermano Branham lo que se dijo] Un-huh. ¿Es esa la verdad? Ya veo. Muy bien. Eso es… eso es maravilloso.
Ahora, eso… yo sin conocerla, y Él dijo eso. Ahora, ¿ve? Me escuchó a mí hablándolo, pero ese no fui yo. No pude haber sido. Yo no estuve allá atrás cuando Ud. era una niñita para ver lo que le sucedió. No pude haber sido yo. Entones Ud. sabe que está ante la… la Presencia de un Ser Sobrenatural. ¿Es eso correcto?
72 Aquí hay algo más. Veo que se está haciendo pequeña y se está alejando otra vez de mí. Hay algo más que Él quiere… No, usted… tiene una hija en la que está pensando, una hija que tiene un llamado o algo por el estilo para ser una predicadora o algo. ¿Es eso correcto? Sí, señor. Y luego ella… ella se descarrió y se apartó de ello. ¿No es esa la verdad? Y ella es… Ella lo intentó de nuevo. Ella lo intentó dos veces y ahora por causa de una relación amorosa o de un muchacho o algo que la apartó. ¿Lo cree? ¿Es esa la verdad? Si es la verdad, levante su mano. ¿Entonces Jesucristo es el mismo de ayer, hoy, y por los siglos? Venga aquí entonces.
Dios Todopoderoso, Autor de la Vida, dale misericordia a esta pobre mujer. Oro para que Tú la sanes. Pongo Tus… mis manos sobre ella, Señor, de una manera representativa, y pido que ella pueda regresar a casa y ser sanada, y dé gloria a Dios por el vecindario. Que provoque que impacte un avivamiento chapado a la antigua en ese vecindario, en el Nombre de Jesucristo. Amén. Dios le bendiga, ahora, hermana.
Mire. Ahora, si Él es capaz de saber lo que era usted desde su niñez hasta aquí… Ahora, eso es verdad, ¿no es así? Muy bien. Yo nunca la había visto o la conocía; nacimos en diferentes partes del país. Ahora, si Él le dijo la verdad allí, conoce la verdad que será. ¿Es eso correcto? Si esa es la verdad, lo que yo le diga ahora será la verdad. ¿Es correcto? Vaya regocijándose y siendo feliz y se va a recuperar de eso y será normal y sana. Dios le bendiga.
73 Digamos: “Gracias sean dadas a Dios”. Cada persona que está aquí debiera creer ahora mismo y aceptar su sanidad. Tenga fe. Dios se lo concederá a ustedes.
Muy bien, venga, señor. ¿Somos desconocidos, señor? Usted ha estado en alguna de las reuniones, pero yo no me he encontrado con usted antes. Muy bien. ¿Cree Ud. que las cosas que testifico son la verdad? ¿Y cree usted que… que Dios me ha enviado como Su siervo para ayudarle a la gente enferma? ¿Lo cree? Con una fe como esa, recibirá lo que quiere, porque Dios me lo dijo, si logras que la gente te crea, y luego si eres sincero, nada impedirá la oración.
74 Usted ha pasado un tiempo terrible. Lo han operado de algo en el estómago: una úlcera. Lo han operado dos veces de eso. Úlceras en el estómago y eso ha vuelto. Aquí hay algo en su vida. Nunca ha llegado a un punto donde haya estado satisfecho con su experiencia con Cristo. Siempre ha querido el bautismo del Espíritu Santo, pero hasta este momento no lo ha recibido. ¿Le prometerá a Dios…? Sus experiencias no han cumplido los requisitos de Dios, su vida no lo ha hecho. Pero ¿le prometerá a Dios, si Él le permite mejorar, que Ud. abandonará todo lo que se nombra pecado, en toda manera, y le servirá mientras viva? Muy bien, señor, venga aquí.
Dios Todopoderoso, ten misericordia de este hombre que yo bendigo en Tu Nombre. Y que esta cosa maligna que Tu siervo, el doctor, ha tratado de curarle, pero constantemente, él es persistente y está determinado en quitarle la vida al hombre. Él se podrá esconder del doctor, pero no puede esconderse de Ti, Señor. Tú eres el Dios de todos los cielos y la tierra. Así que en el Nombre de Tu santo Hijo Jesucristo, pido por la sanidad del cuerpo de este hombre. Amén. Dios le bendiga, hermano. Vaya regocijándose y feliz y dándole gracias al querido Señor Jesús por Su misericordia. Amén. Muy bien. Tenga fe.
75 Muy bien, inclinen su rostro. Aquí está un espíritu sordo en un hombre.
Señor Jesús, Creador de los cielos y la tierra, ten misericordia de este hombre y sánalo de este espíritu de sordera. Satanás ha tratado de matarlo o algo con un vehículo, pero Tú estás aquí para sanarlo. Sal de él, Satanás, en el Nombre de Jesús. Amén.
¿Me puede escuchar bien ahora? [Respuesta no clara del hombre]. ¿Puede escuchar bien ahora? ¿Puede escucharme ahora? Apenas estoy susurrando. ¿Me escucha bien? Eso está bien. Eso es maravilloso. Ahora, Ud. está sanado. Por cierto, ¿no es Ud. un predicador? [Un hombre dice: “Sí”]. Eso pensé. Sí, señor. Ud. es un predicador. Y Ud. está buscando verme con respecto a una reunión. ¿No es así? Y en su vecindario donde usted vive, ha habido alguien allí que ha provocado mucha desgracia a la causa de la sanidad Divina. ¿Es eso correcto? Si eso es correcto, levante su mano. Muy bien, vaya y yo lo estaré viendo. Dios le bendiga.
Digamos: “¡Alabado sea Dios!”. Muy bien. Todos muy reverentes tanto como puedan ahora.
76 Ahora, ¿somos desconocidos, dama? No nos conocemos el uno al otro. No sabemos nada del otro. Muy bien. ¿Cree que Dios está aquí en la plataforma para ayudarla? No cree nada…. Ud. lo acepta que es Dios. ¿Es eso correcto? Usted es una mujer Cristiana, debería hacerlo.
Usted tiene una clase de fiebre, fiebre reumática. ¿Es eso cierto? Ese es un asesino peligroso, hermana. Se va para el corazón y eso lo toma. Pero venga para acá, solo un momento. Quiero preguntarle algo. Quiero que mire para este lado, a mí. Ahora, no tema. Tenga fe. Quiero que solamente… Espere solo un momento, mire, para que su espíritu pueda estar en la posición correcta de captar la unción de Dios, ¿ve?
Fe. Mire, la fe triunfa, no conoce derrota. Caminará directamente sobre todo, ¿ve? Usted tiene un problema en casa también. Un hijo, creo que es una niña. ¿Es eso correcto? Y esa niña tiene algo mal… Tiene como, oh, diez o doce años de edad. ¿Es eso verdad? Y ella tiene algo mal en su estómago. Ella come, no lo puede mantener en su estómago.
77 ¿Es eso correcto?
Es una regurgitación nerviosa en su estómago. Ella está nerviosa. Usted está nerviosa también. Es de allí de donde proviene. ¿Es esa la verdad, dama? [La hermana dice: “Ella estuvo enferma esta mañana”]. Fue cuando la vi vomitando.
Ahora, ¿cree que el mismo Dios que estaba con nuestro Señor Jesucristo, está aquí con Su pueblo esta noche, manifestándose a Sí mismo? ¿Cree firmemente eso con todo el corazón? [“Sí”]. Entonces, mi hermana, la bendigo. En el Nombre de Jesucristo, que esta condición de ella la deje y que todos sus problemas en casa se arreglen y se compongan; en el Nombre de Jesucristo. Amén.
Vaya ahora, creyendo y recibirá lo que ha pedido.
Digamos: “¡Alabado sea Dios!”. [La congregación dice: “¡Alabado sea Dios!”]. Tengan fe en el Nombre de Jesucristo.
Muy bien. Venga, dama. Pequeñito… No, es usted. No es el bebé. Es usted. Y, hermana, ¿se da cuenta de lo que está mal? Usted está en una condición peligrosa. Usted tiene cáncer. Ese cáncer, creo que el doctor dijo, es cáncer en la sangre, algo serio. ¿Es eso correcto? [La hermana dice: “Eso es correcto”]. ¿Quiere recibir su sanidad? Usted quiere criar a ese bebé, ¿no es así, madre? [“Sí, eso quiero”]. Entonces mire a Jesucristo.
Dios Todopoderoso, salva la vida de esta mujer, y sánala en el Nombre de Jesucristo, lo pido. Su fe se acumulará, subirá. Y que el demonio, esa cosa cruel que puede quitarle el bebé a una madre, salga de ella, en el Nombre de Jesucristo.
Dios le bendiga. Vaya, tenga fe ahora, y sea sanada.
78 ¿Quiere ponerse bien de esa hernia? Póngase de pie. Dios lo sanó en ese momento, mientras estaba sentado allí. Puede irse a casa. Amén.
Tenga fe en Dios. Crea con todo su corazón.
Solo un minuto, dama. ¿Se acaba de orar por usted aquí? Póngase de pie solo un minuto. No. ¿Cuál era su problema? Fiebre reumática. Lo vi a Él moviéndose en el alt… O, es ese… sentado allí mismo. Reumatismo, ¿no es así? Recargado en la cerca. Muy bien. ¿Cree que Dios lo va a poner bien? Muy bien, póngase de pie. Él lo sanó del reumatismo en ese momento. Dios le bendiga. Vaya ahora, sea… Dios le bendiga.
79 ¿Cómo le va? Mi hermana, veo que usted… Ese no es su color natural, ¿cierto? ¿Somos desconocidos el uno al otro? ¿Me cree que soy Su profeta? Lo cree.
Eso es provocado por la medicina. Usted tomó una clase de medicina para la nariz o algo por el estilo… Estaba poniéndose gotas en su nariz para el problema de la sinusitis. ¿Es eso correcto? Eso le provocó que viniera esta condición… envenenamiento, ¿es eso correcto? [La hermana dice: “Eso es correcto”]. Dios le bendiga. Venga aquí.
Señor Dios, sana a la mujer. Pongo manos sobre ella, y bendícela, para su sanidad. Que todo se vaya de ella, que el color se vaya, que salga el veneno. Y que ella vuelva a ser normal. En el Nombre de Jesús. Amén.
Tómese una fotografía así como está ahorita, y luego tómese una fotografía después cuando eso se vaya, y mándemela. Muy bien.
Digamos: “Gracias sean dadas a Dios”. [La congregación dice: “Gracias sean dadas a Dios”].
80 ¿Cree con todo su corazón? [La dama dice: “Sí, lo creo”]. ¿Quiere ser sanada? [“Sí, sí quiero”]. Ahora, su problema es el nerviosismo. ¿No es eso correcto? [“Eso es correcto”]. Muy bien acepte su sanidad y atraviese la plataforma, diga: “Gracias, Señor Jesús”. Amén.
Digamos: “¡Alabado sea Dios!”.
¿Cree usted, hermana? ¿Cree que Él hará…?
Señor Jesús, oro que Tú sanes a la mujer. Que ella pueda irse de aquí y que sea completamente sanada; en el Nombre de Jesucristo. Amén.
Dios le bendiga, dama. Corra regoc…. Lo que está pidiendo, no era para usted, eso es verdad. Solo siga… Quiere que yo le diga lo que es. ¿Es correcto? ¿Quiere que le diga cuál es su problema? Muy bien, yo solo iba a orar por usted y la iba a dejar ir. Muy bien, mire para acá y crea con todo su corazón.
81 No. Usted está aquí por una hermana. Y la hermana está en una institución psiquiátrica. ¿Es correcto? ¿Ahora me cree que soy Su profeta? No dude más. Vaya, y tenga fe.
Digamos: “¡Alabado sea Dios!”. [La congregación dice: “¡Alabado sea Dios!”.
Su problema de espalda, ¿no es así, hermana? ¿Sus riñones? [La hermana dice: “Sí”]. ¿Cree ahora? ¿Es esa la verdad? [“Sí, esa es la verdad”]. Esa es exactamente la verdad, ¿es correcto? [ Sí, lo es“]. Bueno, es exactamente la verdad que Dios la ha sanado. Siga su camino y que…
82 ¿Cree usted señor? [El hombre dice: “Sí”]. ¿Quiere deshacerse de ese problema cardíaco? Entonces vaya y sea recuperado… o, sanado en el Nombre del Señor.
Digan: “Gracias sean dadas a Dios”. [La congregación dice: “Gracias sean dadas a Dios”]. Dios bendiga…
Veo al Ángel del Señor parado aquí abajo en esa segunda hilera, como la tercera persona allí abajo tiene alta presión arterial. Justo allí en esa hilera. Eso es correcto. Eso es verdad. Dios lo sane, y se recupere.
¿Quiere deshacerse de esa condición asmática, sentado allí al lado de ella? Si es así, acepte su sanidad. Levántese. Eso es correcto. Dios le bendiga. Puede ser sanado. Siéntese.
La dama al lado de usted también tiene alta presión arterial. Póngase de pie dama, y sea sanada; en el Nombre de Jesucristo. Amén.
83 Digamos: “Gracias sean dadas a Dios”. [La congregación dice: “Gracias sean dadas a Dios”].
Muy bien, venga dama. ¿Cree con todo el corazón? Usted tiene un desgarro. ¿Quiere superar eso? Diga: “Gracias Señor por sanarme”. Y baje de la plataforma creyendo y va a ser sanada.
Digamos: “¡Alabado sea Dios!”. [La congregación dice: “¡Alabado sea Dios!”].
La misma cosa, ese pequeñito. ¿Quiere creer para su sanidad? Crea con todo su corazón. Dios lo va a sanar. Crea y recibirá exactamente lo que ha pedido. Amén.
Muy bien Todos sean reverentes. Créanle con todo el corazón. Dios los va a sanar.
84 Venga, señor. ¿Cree con todo su corazón? ¿Cree que Dios está aquí? ¿Cree que yo soy Su profeta, representándolo? Usted está sufriendo con nerviosismo, ¿no es así? Le voy a decir lo que lo está poniendo nervioso. Un hábito que tiene: fumando cigarrillos. ¿Los rechaza? ¿Los dejará? Vaya y sea sanado. Dele su corazón a Cristo y vaya a vivir para Él. ¿Lo hará?
Señor Jesús, bendigo a este hombre en el Nombre de Jesucristo. Que él se vaya de aquí esta noche y sea sanado. En el Nombre de Jesucristo, quita todo pecado, quítale los hábitos, y te daremos a Ti la alabanza. Amén.
Dios le bendiga, señor. Ahora, no dude nada. Siga su camino regocijándose y creyendo con todo su corazón.
85 Venga, señor. ¿Quiere ir a comer su cena? Muy bien, la úlcera se ha ido de usted. Siga adelante, coma su cena y sea sanado.
¿Quiere usted… quiere que esa condición anémica se vaya de usted? ¿Quiere que… piensa que eso lo dejará? Vaya, crea a Dios y se pondrá bien y será sanado.
Digamos: “¡Alabado sea el Señor!”. [La congregación dice: “¡Alabado sea el Señor!”].
Gracias sean dadas a Dios. No teman. Tengan fe.
No llore, niñito, querido. Fuiste sanado hace unos minutos. Así que tú… tu hernia te va a dejar y vas a estar bien. Así que no te preocupes. Muy bien.
Digamos: “Gracias sean dadas a Dios”. [La congregación dice: “Gracias sean dadas a Dios”]. Te amamos Señor Jesús. Bendito sea Su Nombre. Tengan fe.
86 Venga, señor. ¿Cree usted? [El hombre dice: “Sí”]. ¿Quiere terminar con ese problema estomacal? [“Sí”]. Muy bien, diga: “Señor, acepto la sanidad de mi estómago… de mi problema estomacal”. [“Señor, acepto mi sanidad de mi problema estomacal”]. Vaya entonces a comer. Sea sanado.
Crea, sentado allí, ahora. Tenga fe en Dios. Amén. ¡Cómo le amamos a Él!
¿Está creyendo, sentado allí señor, justo por arriba de ese niño? Algo está mal en la espalda: las vértebras o algo están salidas. ¿Es eso correcto? Y Ud. tiene algo mal en sus pulmones, ¿es eso correcto? Bueno, levántese y acepte su sanidad en el Nombre del Señor Jesús. Su espalda está sanada y usted está bien, hermano. Vaya a alabar a Dios.
87 Ven, niñita. Si Jesús estuviera aquí, ¿creerías en Él? ¿Crees que si Él estuviera aquí, Él pondría sus manos en ti, y tú sanarías? ¿Le amas a Él? ¿Le vas a servir a Él? Tienes un problema cardíaco, ¿verdad que sí, cariño? ¿Quieres ser sanada? Ven aquí.
Señor Jesús, toma la inocencia de esta niña aquí, Padre, y yo pongo mis manos sobre ella, y pido que el demonio deje a la niña y que se ponga bien; en el Nombre de Jesús. Amén. Dios le bendiga, cariño. Ve agradeciéndole al Señor Jesús y sé sana. Muy bien.
¿Quiere deshacerse de ese problema femenino, dama? Diga: “Gracias Señor por sanarme”. Muy bien, eso está bien. Vaya y alabe a Dios. Crea en Él. Amén.
Bueno, todos ustedes debieran ser sanados al mismo tiempo. Cómo Dios los ha sanado completamente. Sanando a los enfermos y afligidos y… ¿Creen con todo el corazón?
88 Veo al Ángel del Señor parado sobre una persona aquí atrás. Ha tenido un desgarro durante veinticinco años. Sentado aquí en la parte de atrás de esta hilera, por aquí atrás. Si quiere aceptar su sanidad, muy bien, puede ponerse de pie y recibirlo, si lo cree con todo su corazón. Eso es correcto. Póngase de pie. Amén. Allí lo tiene. Ese hombre allí con la corbatita puesta.
También usted puede, señor, si acepta la suya. Usted tiene un problema de próstata, también. Siga adelante ahora. Usted está sanado. Dios lo ha sanado. Amén.
Digamos: “Gracias sean dadas a Dios”. [La congregación dice: “Gracias sean dadas a Dios”].
89 Venga, dama. ¿Quiere recuperarse de ese problema cardíaco? Señor Jesús, oro que la sanes. En el Nombre de Jesucristo. Amén. Vaya creyendo ahora con todo su corazón y sea sanada.
Tengan fe ahora.
Este caballero anciano, sentado aquí, sufre con un desgarro también —con el bigote. ¿Es eso cierto, señor? ¿Quiere ponerse de pie y aceptar su sanidad? Muy bien, señor. Dios le bendiga. Que Él lo conceda.
Esta dama sentada aquí con un problema en la vejiga, sentada justo aquí, por este lado. Sí, hay algo tocante a las aguas y por el estilo. Si Ud. cree con todo su corazón, si es así, puede ser… Dios le bendiga. Esa es la manera.
90 Muy bien, venga dama. ¿Cree con todo su corazón? ¿Cree que el Espíritu de Dios está aquí? Usted tiene alguna clase de tos. Yo no puedo… Es una condición asmática. ¿Es eso correcto?
Señor Jesús, oro que la sanes y quites este poder demoníaco de ella, y que se pueda ir y ser sanada, en el Nombre de Cristo. Amén. Dios le bendiga, hermana. Vaya, mire y viva. ¡Amén!
Ahora cada uno de ustedes debiera de creer sin una sombra de duda.
Veo a una dama sentada allí orando. Ella tiene cáncer. Ese cáncer, el doctor le dijo, que se va a morir en el espacio de un año. Póngase de pie. Acepte su sanidad. ¿Acaso no le dijo eso el doctor? Usted no podría vivir sino un año… un doctorcito delgado. Muy bien. Vaya y crea en Dios y viva, hermana. Dios la sana.
Digamos: “¡Alabado sea Dios!”.
Muy bien. ¿Cree usted? Venga aquí. ¿Cree con todo su corazón? ¿Me cree que soy Su profeta? Somos desconocidos el uno al otro, ¿lo somos? Usted ha tenido una tristeza en su hogar, una clase de enfermedad o una operación o algo: un hijo, una niñita. ¿Es eso correcto? Y creo que le sacaron un tumor a ella o algo por el estilo, y solo… pensaron que pudiera ser canceroso. Ud. tiene un problema de sinusitis. ¿Es eso correcto? Si dejara de fumar, eso ayudaría bastante. ¿Lo va a hacer? ¿Lo aceptará ahora para su sanidad? Señor Jesús, oro que sanes al hombre. Ayuda a la pobre niñita allí también, Señor. Oro en el Nombre de Cristo que Tú los bendigas. Amén. Dios le bendiga. Vaya, crea ahora, señor, y viva. ¿Ve?
¿Quién quiere ser sanado? ¿Quién se atreverá en confiar en Dios? ¿Cada uno de ustedes cree? ¿Con todo el corazón? Por esta multitud ahora, esas visiones me están debilitando tanto que casi no puedo pararme. Pareciera como una neblina lechosa que se cierne sobre esta audiencia. Si yo… No tienen derecho a dudar de mí. Yo les he dicho la verdad, y Dios confirmó que es la verdad. Y ahora, si les he dicho la verdad, y Dios lo ha confirmado, recuerden esto, les estoy diciendo la verdad ahora. Dios va a sanar a cada persona en este edificio, no importa lo que esté mal con ustedes, pues, ahora mismo si lo van a creer. ¿Lo van a creer? ¿Lo aceptarán? Entonces pónganse de pie.
En el Nombre de Jesucristo, oro, Dios, que sanes a cada persona que está en este edificio, haciéndolo…. Eso es correcto. Pónganse de pie. Denle a Dios la alabanza y la gloria mientras nosotros…
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