S.159 53-1108A  Historia De Mi Vida 

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OBRAS DEL MENSAJE

Historia De Mi Vida

Owensboro, Kentucky, E.U.A.

53-1108A

1 Gracias. Buenas tardes amigos. Muy feliz de estar aquí esta tarde, y este es un tiempo que tenemos de reunirnos para evitar morir de frío, ¿no es así? Bueno, muy a menudo he escuchado que no hay mal que por bien no venga. Pero, dijeron que tenían algún tipo de juego de pelota en el otro lugar, y de alguna manera nos ha afectado un poco.
Lo siento, hermana. Tengo aquí un sombrero grande que puede colgar allí, si lo desea, pero es… El sol va y viene, y pienso que todos Uds. son muy leales y amables en salir en una tarde tan fría, y quedarse aquí para esta ocasión, para solo escuchar la experiencia de la historia de vida. Y ruego que Dios les bendiga abundantemente por estos esfuerzos, de venir en esta tarde.

2 Y lamento que… Ud. sabe, muchas cosas, ellas llegan cuando no sabemos en qué momento llegarán, y de esa manera es la vida, ¿no es así?
Yo venía bajando del elevador hace un rato, y le dije al hombre, le dije: “Su trabajo tiene altas y bajas”.
Él dijo: “Eso es correcto”.
Yo dije: “Bueno, toda vida tiene eso”.
Y Ud. sabe, nosotros no disfrutamos las altas a menos que tengamos las bajas. ¿Es eso cierto? ¿Se dieron cuenta que no tendríamos montañas si no tuviéramos valles? Ud. no apreciaría la luz del sol si no hubiera noche. ¿Es eso correcto? Y a veces, una persona con muy, muy buena salud, tal vez no sabe cómo apreciar eso a menos que alguna vez haya tenido un episodio de enfermedad y haya estado a punto de morir, y entonces puede apreciar su buena salud. Así que, Ud. tiene que tener…. ¿Cómo es que lo llaman? Es la “Ley del Contraste”, creo.

3 Dudo que puedan escuchar mucho de esto, porque simplemente está rebotando por este lado. ¿Pueden escuchar bien por allá? Sí pueden, allá por la parte de atrás, levanten sus manos. Es una especie de murmullo. ¿Está mejor? ¿Mejora si me colocó un poco atrás? No lo pueden escuchar. Ahora, veamos. ¿Quién se encarga del asunto? Muy bien. Ahora, ¿pueden escuchar mejor? ¿Cuántos pueden escuchar allá en la parte de atrás? ¿Levantarían su mano? No pueden escuchar nada allá atrás. Muy bien. Súbanle solo un poquito. ¿Pueden escuchar eso, ahora? Ahora lo están escuchando. Ahora eso está mejor.

4 Bueno amigos, no los voy a retener sino solo un poco, tan rápido como pueda terminar. Es la historia de vida. Casi nadie, especialmente, que haya tenido una vida como la que yo tengo, disfruta contarla. Pero al hacerlo, a veces, provoca que aquellos que aún no han recorrido estos caminos accidentados. Quizá al ver los desvíos, les ayude a sortear muchos de los lugares accidentados.
Y ahora, confío que estarán en el servicio esta noche. Yo no sé, siempre que traté de hacer lo mejor que pude, para hacer lo mejor que sabía en los servicios. En realidad esta es una de mis primeras campañas en Kentucky, mi estado natal, y yo quería tanto que fuera un gran éxito para la gloria de Dios. Por supuesto, puedo esperar que Satanás me lo ponga lo más difícil que él puede hacerlo. Pero, sé que tengo miles de amigos en todo Kentucky, el pueblo de Dios.

5 Y yo estaba hablando hace un rato con unos amigos, y les estaba diciendo que había unos… Me dijeron sobre cómo el Espíritu Santo le había hablado a una mujer, y cómo es que le dijo varias cosas. Y lo que era… Dijo, que no sabía cómo yo podía entender eso. Y le dije a ella: “No era yo. Yo solo lo vi suceder enfrente de mí, y solo digo lo que veo. Eso es todo lo que sé decir, es simplemente lo que puedo ver”.
Y yo creo que estamos ahora mismo viviendo en uno de los tiempos más gloriosos que han vivido los mortales. Creo que estamos cerca de la venida del Señor Jesucristo. Y simplemente estoy tan feliz de estar vivo hoy para hablarle a la gente de Él.

6 Ahora, quiero leer una Escritura antes de empezar en el servicio, se encuentra en Hebreos el capítulo trece, del versículo diez al catorce.
Y ahora, ¿me están escuchando mejor? ¿En cualquier sitio? ¿Me pueden escuchar por este rincón? Me fijé en muchas personas incluso que se están yendo, parece que se miran entre sí, y niegan con la cabeza y solo se levantan y salen. Ellos no pueden escuchar. Tolérenme un poquito, por favor.
Yo leo estas palabras:
Tenemos un altar, del cual no tienen derecho de comer los que sirven al tabernáculo.
Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento.
Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.
Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio;
Porque no tenemos aquí ciudad permanente…

7 Gracias. ¿Podemos inclinar nuestros rostros solo un momento, ahora?
Nuestro Padre Celestial, te damos las gracias por el privilegio de estar congregados aquí en el edificio el día de hoy, y por vivir en una nación donde hay libertad de religión y podemos tener el derecho de hablar y de hablar, y de juntarnos. Y como dijo el poeta: “Que nuestra tierra sea brillante, con la santa luz de la libertad. Protégenos por Tu poder, gran Dios, nuestro Rey”.

8 Y hoy, que vamos a hacer una pequeña visita, si es Tu voluntad, a través del tiempo, retrocediendo, donde solíamos caminar años atrás. Oramos que Tú estés con nosotros, y nos ayudes, y que muchos, muchos de los que están aquí alejados del hogar, en un país extraño, oro Dios que les permitas acercarse a Ti. Porque sabemos que somos peregrinos y extranjeros en este mundo. Estamos buscando una ciudad por venir cuyo Constructor y Hacedor es Dios. Bendice a cada uno. Que algo milagroso suceda el día de hoy, porque esta pobre gente ha hecho un esfuerzo al salir, y sentarse en esta habitación fría, bajo dificultad, solo para reunirse por causa del Evangelio. Oramos que Tú concedas estas cosas, en el Nombre de Jesús. Amén.

9 Vamos a, hoy, a medida… Y voy a darme prisa y observar mi reloj. La vida no ha sido un lecho de flores para mí, amigos Cristianos. Ha sido un tira y afloja constante. Entrar en eso de la manera correcta, y decir lo que Dios ha hecho tomaría horas, así que uno simplemente tiene que reducirlo a unos cuantos momentos, para que Uds. no se enfríen demasiado, como lo estamos intentando esta tarde.
Pero, no hay nadie aquí que no le guste pensar de la infancia. ¿No es eso cierto? La mayoría de mi audiencia en esta tarde es por lo menos gente de mediana edad, unas cuantas personas jóvenes. Pero, no importa donde sea que Ud. viaje, nunca encontrará un lugar como el hogar, sin importar dónde esté. Muchos de ustedes ancianos aquí esta tarde, canosos, si pudieran cerrar los ojos y hacer un pequeño viaje mental por el viejo camino que solían caminar cuando eran niños, y pensar en la vieja puerta del jardín, y muchas cosas: una madre que se fue hace muchos años, un padre anciano. Trae de vuelta algo que apreciamos como una imagen en nuestro corazón, y nada puede sacarlo de allí. ¿Cuántos de ustedes pueden recordar un viejo hogar esta tarde? Veamos sus manos. Solo mire. ¿Cuántos de Uds. están lejos de casa? ¿Lejos del hogar? Veamos sus manos. Solo miren.

10 Hay algo concerniente a la infancia, y la edad adolescente, que no hay ninguna otra cosa en la vida que tomará su lugar. ¿Recuerdan cómo nuestras madres solían atraparnos, y papá, cuando hacíamos algo mal —y nos daban una pequeña paliza? Oh, eso era horrible. Pero, Ud. sabe, muchos de Uds. en esta tarde, junto conmigo, yo daría cualquier cosa que pudiera pensar si mi papá estuviera en esta tierra para darme una paliza. Él ya no lo puede hacer, incluso, mi papá se ha ido, y muchos de Uds. de la misma manera. No hay nada como la infancia.
Yo, junto con muchos de Uds. aquí esta tarde, nací aquí en Kentucky, aquí arriba en una pequeña cabaña. Bueno, nos mudamos a Indiana, solo cruzando el río, cuando yo era apenas un niñito, muy pequeño, no tenía más de dos años, tres. Recuerdo nuestra primera experiencia aquí, éramos muy, muy pobres. Esa es la razón por la que hoy mi elección (y digo esto con reverencia), mi elección es ser un hombre pobre. Yo podría haber sido un multimillonario si hubiera querido ser uno. Una persona me trajo un cheque, un agente del FBI, por un millón quinientos mil dólares, un giro bancario, y yo rehusé mirarlo, la Mission Bell Winery, en California. Una mujer fue sanada, había estado en St. Louis, y le quitaron ambos senos, y un cáncer la atravesó. Un doctor se convirtió en el caso, el Dr. Theodore Palvitas, quien está predicando el Evangelio esta tarde en Oakland, California. Y cómo el Señor le habló a la mujer, le dijo que en tres días ella estaría de compras en la calle. Le dijo a su hija —ella estaba inconsciente. El doctor dijo: “La mera idea, Reverendo Branham, darle a alguien una falsa esperanza como esa, y la mujer tendida allá muriendo”.

11 Yo dije: “Estoy dispuesto a quedarme aquí. Si esa mujer no está caminando en la calle, sana, en tres días, yo me pondré un anuncio en mi espalda como falso profeta, y Ud. lléveme alrededor de pueblo frente a su carro. Y luego si ella no lo está, yo haré eso. Y si ella lo está, déjeme ponerle uno en su espalda y marche”.
El doctor se convirtió, está predicando hoy el Evangelio. Uno de los mejores cirujanos de la Costa Oeste. La gente aún voló desde Nueva York para ser operada por él. Y ellos me enviaron un millón quinientos mil dólares en un giro bancario, dos agentes lo trajeron, yo viviendo en un choza de dos cuartos en ese tiempo. Pero no es el dinero lo que hace la felicidad.
La felicidad no consiste en qué tanto Ud. posea de las cosas del mundo, sino cuán contento está Ud. con la porción que le es asignada. Solo conténtese con tal que una cosa le traiga contentamiento, y únicamente eso, es Jesucristo.

12 Hace un tiempo, el Sr. Avack, en la misma región, se le dio un gran y bonito Cadillac. Yo aprecio eso. Cualquier hombre que pueda conducir uno, yo aprecio eso. Y en aquel momento, yo tenía un viejo Chevrolet, una vieja camioneta, toda acabada, de unos ocho, diez años de vieja. Y algunos de esos ricos y finos Armenianos dijeron: “Hermano Branham, le dimos un Cadillac a Avack. Tenemos uno para usted.
Yo dije: “Gracias, pero no creo que podría usarlo”.
Dijo: “Bueno, se lo daremos a usted. Le daremos un Packard, o lo que Ud. quiera”. Dijo: “Esa vieja camioneta, dando vueltas en eso…”.
Yo dije: “Si obtuviera lo que merezco, yo caminaría”. Y eso es verdad. Pero, cómo podría yo pasar por Arkansas, donde se llevan a cabo algunas de mis reuniones, entre la gente más pobre, una madrecita anciana allá afuera jalando un saco de algodón, media muerta con problema femenino o algo, comiendo un tocino grueso, y pan de maíz de desayuno, poniendo un dólar en la ofrenda por la noche, y yo pasando por el lugar en un gran y bonito Cadillac… “Allí va el Hermano Branham”. Yo no pudiera hacer eso. No. No, yo prefiero tener favor con Dios que cualquier cosa que conozco en el mundo. Y si tengo favor con Dios, puedo servir a Su pueblo.

13 Yo siempre he sido una oveja negra en mi familia. Y siempre fui una oveja negra en mi iglesia. Y es solo recientemente que comencé a formar parte de un grupo de personas que me aman. Y a ese grupo de personas, estoy dispuesto a darles mi vida en servicio. Y yo los amo, y ellos me aman. Y toda mi vida, he sido una persona que quería que alguien pensara algo de mí.
Lamento decir, pero, mi familia no era religiosa. Mi padre era solo un típico muchacho de Kentucky de aquí arriba, bebía cada centavo que tenía. Y odio tener que decir esas cosas, pero lo que es verdad es la verdad. No importa si duele, o si no lo hace. Si es oscuro, y está sobre mí, pues, está solo sobre mí. Es la verdad. Y Ud. sea sincero y honesto con Dios. Dios lo bendecirá por eso Y, aunque mi papá sí bebía, y la bebida fue lo que lo mató, pero no importa lo que él hizo, él sigue siendo mi papá. Y hoy allá en su tumba, donde yace la blanca nieve, él todavía es mi papá. Y déjenme decirles algo a los jóvenes, no importa lo que hagan, Uds. nunca le falten el respeto o desobedezcan a su madre y padre.

14 Hoy día ellos tienen una cierta palabra, dicen: “El viejo, y la vieja”. Uno de estos días, cuando un ataúd chirriante esté saliendo por la puerta, y ellos saliendo la cabeza primero, y Ud. se asome para ver a su madre o papá por última vez que lo verán en esta tierra, Uds. se darán cuenta que no es “el viejo, la vieja”, entonces. “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”. Ese es el primer mandamiento con promesa, obedeciendo.
Yo miré a papá trabajar. Nosotros vivíamos en una pequeña cabaña arriba en Utica Pike, donde nos mudamos de Kentucky a Indiana, justo en el River Road. Yo lo miré trabajar en la tala de madera, por setenta y cinco centavos al día, para ganar un sustento para mí, cuando yo era demasiado joven, de cuatro, cinco o seis años de edad, hasta que el sol le quemaba la camisa en su espalda. Yo vi a mi madre cortar la camisa de su espalda con un par de tijeras. A mí no me importa lo que él hizo, él es mi papá. Y yo lo amo.

15 Él murió en mi brazo. Su cabello negro y ondulado colocado en mi brazo, y sus pequeños ojitos azules irlandeses mirándome para arriba. Vi a un Ángel blanco parado delante de él, y yo lo guié a Cristo justo antes de que muriera. Él era mi papá, y él me tenía un gran respeto. El último trago que se tomó en su vida, él estaba parado en un pequeño y viejo salón allá abajo, no eran ni dos semanas antes de morir. Él comenzó a… Alguien lo estaba tratando, fue durante el tiempo de La Depresión, él estaba quebrado. Ellos le dieron un trago, y él comenzó a levantarlo en sus manos, y comenzó a derramarlo. Trató de beberlo, y se le cayó por todo el rostro. Y ellos comenzaron a burlarse de él. Antes de que él lo tomará, él dijo: “Miren, compañeros”, dijo: “Yo tengo un muchacho parado allá arriba en el púlpito, y ese muchacho está correcto, y yo estoy equivocado”. Él dijo: “No dejen que esto se refleje en mi muchacho”. Dijo: “Esta es la última gota que tomaré en toda mi vida”. Y lo fue.

16 Por tanto, yo lo honro el día de hoy como mi papá. Su trabajo duro… Recuerdo cuando fuimos a la escuela… Yo estoy firmemente en contra de beber. Recuerdo haber leído de un hombre que nació a cien millas [160 Km. Trad.] de mí, cien años de diferencia en una pequeña cabaña. Su nombre era Abraham Lincoln. Uno de los hombres más grandes que Kentucky ha producido, en mi opinión. Y Abraham Lincoln, cuando se bajó del barco en Nueva Orleans, vio que estaban subastando una gente de color como esclavo, un gran hombre corpulento. Y su pobre esposita y niños parados allí llorando. Los cruzan, como ganado, con una mujer más grande y pesada para hacer mejores esclavos. Lincoln, como muchos de Uds. conocen en la historia, cuando empuñó su mano y la golpeó con la otra y dijo: “Eso está errado. Y con la ayuda de Dios, si me cuesta la vida, lo voy a golpear con todo lo que tengo”. Y él lo hizo.

17 Hace un tiempo, me encontraba parado en un museo, cuando él tuvo que cruzar el río, en Illinois. Vi a un anciano de color con un pequeño aro blanco de cabello alrededor de su cabeza mirando alrededor, buscando algo. Miró en una pequeña caja, se detuvo muy rápido y regresó. Parecía que eso lo había dejado congelado. Y las lágrimas cayendo de sus mejillas, alzó sus ojos de esa manera hacia Dios, e hizo una oración. Me detuve, lo observé un poco. Caminé hacia donde estaba él y le dije: “¿Cómo estás, tío?”.
Él dijo: “¿Cómo le va, señor?”.
Le respondí: “¿Qué lo emocionó tanto?”.
Él dijo: “¿No lo entiende?”.
Yo dije: “No”.
Dijo: “Venga, mire aquí”.

18 Y yo miré allí dentro, bajo el cristal estaba un trajecito viejo. Solo un trajecito doblado colocado allí. Yo dije: “Bueno, yo solo veo un traje”.
Él dijo: “Pero esa mancha en la esquina es la sangre de Abraham Lincoln”. Él dijo: “Yo tengo una marca aquí del cinto de esclavo, y la sangre de ese hombre me quitó el cinto de esclavo. ¿Acaso no le emocionaría eso a usted?”.
Yo me quedé allí. No podía contestarle. Pensé: “Si un hombre de color, por quitarle el cinto de esclavo, ¿cuánto más debiera emocionarse un Cristiano de la Sangre de Jesucristo, que quitó el pecado de su vida y lo hizo una nueva criatura en Cristo Jesús?”.
Él puso su vida.

19 Tuvimos un tiempo difícil —muy difícil. Recuerdo yendo a la escuela casi sin ropa. Fui a la escuela un año aún sin camisa. Mi papá era un buen hombre, pero fue la bebida que lo arruinó. Me puse un abrigo como este, y lo abotoné con un… O, lo abroché con un alfiler. Una mujer rica, la Sra. Wathan me había dado el abrigo. Y yo, sabía cómo nos hacían ir sin nada de comer… Nos hacían ir sin zapatos, y yo nunca recibí una educación. Todo por causa de la bebida que llevó a mi papá a eso, un hábito. Esa es la razón por la que hoy estoy en contra de eso, para combatirlo con todo lo que tengo. Está errado. Y hermanos, o mujeres, si están aquí, y hacen tal, Dios tenga misericordia, ya no lo hagan. O dejen que eso les dé las órdenes. Ustedes sean el jefe.
Y recuerdo yendo a la escuela un día… Esto como que suena parecido a un chiste. Llegó el tiempo del verano, y yo no tenía una camisa que ponerme. Todavía seguía usando este gran abrigo grueso y pesado. Yo traía puesto un par de tenis, con los dedos de fuera, mojados todo el tiempo. Es un milagro, si Dios no hubiera estado conmigo, me hubiera dado neumonía y hubiera muerto.

20 Así que, la maestra dijo que estaba muy caluroso… Los árboles, los arces estaban floreciendo. Y la maestra dijo: “Bueno…”. Yo no tenía sino solo un pequeño fuego en el viejo salón de la escuela, un solo salón de clases, y la maestra dijo: “William, ¿Por qué no te quitas ese abrigo?”. Yo no me podía quitar el abrigo. No tenía puesta ninguna camisa.
Yo dije: “Gracias, maestra. Solo tengo un poquito de frío”.
Ella dijo: “Bueno, será mejor que vengas a la estufa”. Dijo: “Tienes un resfrío”. Y de todas maneras yo casi me quemaba del calor, y ella hizo el fuego y me sentó detrás de la estufa.
Yo estaba sentado allí, y la transpiración corría por mi rostro, ella dijo: “¿No puedes quitarse ese abrigo, Billy?”.
Yo dije: “No, señora”.
No me lo podía quitar porque yo no traía camisa. Así que simplemente tuve que quedarme sentado allí y sufrirlo.

21 Recuerdo la camisa que obtuve, una de mis primas que vino a quedarse con nosotros, una niña de mi edad, y cuando ella se fue, dejó una de sus faldas. Y me puse a pensar un día, siendo que tenía mangas cortas, ¿por qué no podía cortar… la parte inferior, coser muy abajo y hacerme una camisa con su vestido? Entonces, fui y lo corté. Y tenía ese poco… ¿Cómo le llaman a esa parte por los lados, Ud. sabe? Con el zigzag por todo el lado de esta manera, Ud. sabe. Y, ese es el nombre equivocado. No es zigzag, ¿verdad? O algo en… De todos modos, tenía la cosa por todos los lados, Ud. sabe. Entonces, fui a la escuela con esto puesto, Ud. sabe, y me sentí igual de bien y genial. Los niños comenzaron a reírse de mí y yo dije: “No se rían, ese es mi traje indio”. Era la falda de mi prima. Se rieron de mí, y me puse a llorar, me fui a casa.

22 Muchos de Uds. que están aquí pueden recordar que en el mil novecientos diecisiete cuando tuvieron esa gran nevada. ¡Oh, vaya! Se acumuló tan alto así, uno de los inviernos más fríos que hayamos tenido. Mi madre estaba cociendo para el gobierno en ese momento. Y recuerdo que todos los muchachos en la escuela tenían trineos. Podían deslizarse montaña abajo. Yo no tenía un trineo, mi hermano y yo. Así que, fuimos al viejo basurero y conseguimos un sartén. Tenían un lugar grande de agua nieve por encima del suelo, nosotros nos sentamos y colocamos nuestras piernas unas encima de las otras y nos abrazamos y bajamos por la colina. No teníamos tanta clase como el resto de ellos, pero nos estábamos deslizando igual. Así que, seguimos bajando la colina con esta vieja sartén girando, y dando vueltas. Cuando llegamos abajo de la colina… Todo salió bien hasta que el fondo se le desprendió. La parte inferior se desprendió, bueno, nos conseguimos un tronco. Descendimos sobre este tronco.
Yo recuerdo, que estaba un muchacho llamado Lloyd Ford. Y fue durante el tiempo de La Primera Guerra Mundial. Éramos niños, y él estaba vendiendo esta revista Pathfinder. ¿Cuántos se acuerdan de la vieja revista Pathfinder? Bueno, él estaba vendiendo esta revista, y le fue dado usar este traje de niño explorador. Y él pertenecía a alguna clase de exploradores, y algo como eso… Traje de explorador por venderla: exploradores solitarios, o algo así. Oh, todo lo que tenía que traer un uniforme, y siempre quise ser un soldado. Y, le pregunté a Lloyd, le dije: “Lloyd, cuando desgastes eso, ¿me lo regalas?”.
Él dijo: “Sí”, él me lo daría.

23 Parecía que esa cosa jamás se desgastaría, simplemente seguía durando. Un día yo le dije: “Lloyd, ¿Qué le pasó a ese traje?”.
Él dijo: “Oh, se me olvidó, Billy”. Él dijo: “Buscaré para ver si puedo encontrarlo”.
Lo único que pudo encontrar fue una sola polaina. Una con la cuerdita al lado de la pequeña polaina como tan grande así y yo dije: “Bueno, tráeme eso”.
Yo la use alrededor de la casa, esa sola polaina, y pensé que se veía bien. Yo la quería usar en la escuela, así que solo la volví a meter en mi abrigo. Yo me estaba paseando en mi tronco ese día, y actué como si me lastimara mi pierna. Quería usar esa polaina ante los niños, ¿lo ve? en la escuela. Me puse esta única polaina, así que dije: “Ya saben, me lastimé la pierna. De casualidad pensé que tenía una de mis polainas aquí de mi traje de niño explorador”. Me puse esa sola polaina, y me fui a la escuela. Me levanté para trabajar en la pizarra. ¿Se acuerdan de la vieja escuela del campo, y de la pizarra? Fui para resolver los problemas, junté ambas piernas de esa manera, y está con la polaina por enfrente para que no pudieran ver la otra. Me paré de lado y trabajé de esta forma para que vieran esa sola polaina. Los niños comenzaron a reírse de mí, y la maestra… Yo comencé a llorar. La maestra hizo que me fuera a casa.

24 Yo siempre quise ser un soldado. Cuando estaba la Segunda Guerra, esa guerra, yo era demasiado pequeño, en la siguiente guerra no me quisieron aceptar, pero finalmente me uní al ejército. El ejército de los soldados de la Cruz. Mi uniforme no está en lo exterior esta tarde, está en el interior. Dios me dio un uniforme que no cambiaría por nada en el mundo, el bautismo del Espíritu Santo, me vistió como un soldado desde adentro, para darme gracia para pararme en las horas de prueba.
Qué tan bien recuerdo esa vieja escuela del campo, y nosotros de niños íbamos a esa vieja escuela en Utica Pike. Recuerdo que la maestra tenía un gran puntero en la parte de atrás del cuarto, y ese era el fin del negocio de la escuela. Ciertamente recibíamos lo que necesitábamos cuando esa buena maestra de campo se acercaba, y hacíamos algo mal, ella en verdad que nos lo daba. Yo recibí mi porción.

25 Por tanto, recuerdo que un día, era alrededor del tiempo de Navidad… ¿Cuántos se acuerdan, tomando un viejo árbol de cedro, y palomitas de maíz y colgarlas alrededor del viejo árbol de Navidad? ¿Se acuerdan de eso? Bueno, ¡vaya, vaya! No soy el único muchacho de campo aquí, ¿verdad? Así que colgaron estas viejas palomitas de maíz alrededor del árbol de Navidad, y a mamá le sobraron unas, así que nos la dio a mi hermano y a mí, el que me sigue, y una cubetita de medio galón de jarabe. Y nos lo habíamos llevado a la escuela, y puesto en el guardarropa, y eso era algo raro. No podíamos comer con el resto de los niños. El resto de los niños, sus madres horneaban pan ligero y hacían emparedados. Pero, nosotros tendríamos una cubetita de medio galón de jarabe, y tendríamos un frasquito de verduras, y un frasquito de frijoles y dos cucharas, y dos pedazos de pan de maíz. Eso es lo que teníamos, quizá. Y teníamos vergüenza de comer delante de los otros niños, porque ellos tenían galletas, y cosas, y nosotros sencillamente pasamos un tiempo difícil. Con el cabello colgando en nuestro cuello, grandes zapatos viejos de cualquier tipo que podíamos usar, cualquier cosa. Era terrible, pero me gustaría volver a vivirlo. Simplemente me encantaría volver un día más. Eso es verdad.

26 Yo recuerdo, un día, cuando mamá había horneado… nos consiguió este maíz, y lo colocamos allí dentro. Yo comencé a pensar en ese maíz. Pensé: “Usted sabe, creo que tomaré un puñado antes de la escuela”. Eso sencillamente no fue honesto con mi hermano. Yo levanté la mano, y le pregunté a la maestra si podía disculparme, y cuando salí al guardarropa, yo solo tomé un gran puñado de esas palomitas de maíz. Salí, me paré detrás de la escuela y lo comí. Bueno, cuando llegó la hora para comer, como niños, cuando nosotros… Todo el resto comenzó a irse a sus cuartos para comer, y nosotros tomamos nuestra cubetita y nos fuimos al lado de la colina hacia el río, justo en las riberas del río aquí, y abrimos… Por supuesto, teníamos que comernos primero las palomitas de maíz. Nunca teníamos algo como eso en la casa, quizá una vez al año. Así que, abrimos esta cubeta, casi había desaparecido la mitad. Mi hermano dijo: “Oye, algo le pasó a eso, ¿no es así?”.
Yo dije: “Claro que sí”. Yo sabía lo que le había sucedido.

27 Usted sabe, aquí no hace mucho yo venía de Texas. Había estado muy cansado en la reunión, y estaba parado allá en la orilla, y mi esposa fue y tomó a los bebés, ellos estaban recogiendo violetas. Y yo estaba tratando de descansar mi mente. ¡Oh, vaya! Esas visiones… Uds. simplemente no se dan cuenta, gente, lo que le afectan a uno. Y yo estaba parado allá recargado en la cerca de esta manera, mirando. Y recuerdo cuando solíamos formarnos por allí, unos niñitos, con agujeros en nuestros calcetines. Y viendo por esa colina, y recordé cuando papá solía cruzar el campo con una vieja carreta y mula. Cada sábado por la noche íbamos al pueblo, para comprar los víveres para la semana. Y yo pensé en ese puñado de palomitas de maíz. Ud. sabe, es mejor no hacer nada malo, ¿no es así? En alguna ocasión eso vendrá a ustedes.

28 Me quedé allí y comencé a pensar: “Ahora, Edward se ha ido. Él lleva cuatro años fallecido. Tan pronto llegó a una cierta edad, lo mataron”. Él murió llamándome. Yo estaba en el Oeste trabajando en un rancho de ganado. Yo me quedé allí y comencé a pensar en él. Pensé: “Me acuerdo de ese puñado de maíz que saqué de la cubeta”. Y yo pensé: “Daría todo lo que alguna vez pudiera tener en este mundo, si solamente pudiera llegar a él otra vez y llevarle ese puñado de maíz que tomé”. No lo puedo hacer. Porque no tenemos aquí ciudad permanente.
Recuerdo la casa antigua que solía estar allá arriba. Esa casa grande de troncos y qué tan grandes tenía los troncos, y teníamos un viejo arbolito de manzana por fuera. Hay un pedacito de vidrio clavado allí, un espejo en la pequeña banca construida en el árbol, y salíamos allá y papá entraba y se lavaba. Él tenía unos treinta años, me imagino, luego se lavaba las manos y cosas afuera, entraba a la pequeña cabaña para comer. Y recuerdo qué tan fuerte, solía mirarlo. Mi papi era un hombre pequeño, pero con músculos grandes. Y yo pensé: “¡Vaya! Él vivirá para siempre”. Un hombre tan fuerte, y delgado, un irlandés muy típico. Y él era delgado pero fuerte como podía ser. Y yo pensé: “¡Oh! Qué fuerte es mi papá”.

29 Yo solo miré la vieja casa de troncos y vi que tan apretada la construyeron, yo dije: “¡Vaya! Esa vieja casa, estará allí cuando mis hijos sean viejos”. ¿Y saben qué? Hace como veinticinco años, había un proyecto de viviendas allí.
El viejo manantial del cual solía beber, lo rellenaron y desapareció. La casa desapareció. Papá murió a los cincuenta y dos años de edad. Porque no tenemos aquí ciudad permanente. Eso es correcto. Pero hermano, o hermana, somos peregrinos y extranjeros hoy, buscando Una que tiene fundamentos Eternos, cuyo Constructor y Hacedor es Dios.
Yo era muy tímido de niño. Recuerdo intentando ser un hombre de negocios cuando era un niño. ¿Cuántos alguna vez se subieron en la vieja carreta, o algo por el estilo, y colocaron unas colchas alrededor de Uds., y aventaron un poco de paja en una cama, y anduvieron por el centro de la ciudad? Veamos. Uno iba por los víveres… ¡Oh, vaya! En sábado, yo recuerdo que solíamos hacer eso, y cada vez que papá pagaba la tremenda cuenta de los comestibles, era dos dólares y setenta y cinco centavos, tres dólares por una semana, cinco niños. El hombre de la tienda estaba tan contento de recibir ese gran billete, pues, él le daba una bolsita de dulces. Y cuando sacaban esa bolsita de dulces, oh, bastones de caramelo de menta. ¿Se acuerdan? Por cierto, es bastante bueno, ¿no es así? Eso y unas galletas saladas me van bien todavía. Así que, tenían esa bolsita llena de dulces y lo sacaban, y sentados en este montón de heno en ese vagón había como cinco pares de ojitos azules que veían ese caramelo, habían esperado toda la semana. Si no había varios bastones, que alcanzara para cada uno, ellos tenían que romperlo, exactamente igual para cada uno. Recuerdo a todos esperando su parte. Y lo lamíamos. No nos lo comeríamos, desaparecía demasiado rápido. Teníamos que lamerlo.

30 Entonces, me acuerdo que solía tomar el mío y lo envolvía en un pedazo de papel, y lo ponía en mi bolsillo. Y llegó el lunes, yo vivía como rey. Mamá diría: “¿William?”.
Yo diría: “¿Sí, mamá?”.
“Ve al manantial y trae una cubeta de agua”.
“Sí, mamá”. Yo diría: “Ey”, llamaba a mi hermano Humpy, yo diría: “Humpy, te diré lo que haré, si vas por esa…”. Eran unas viejas cubetas de cedro bastante grandes, Ud. sabe, y un cucharon de calabaza. Yo dije: “Si vas por ese balde de agua, dejaré que le des cinco lamidas a este pedazo de dulce”. Y yo le quitaba la envoltura y decía: “Huélelo. ¿Ves? Está bueno”. Un hombre de ventas experto. Hermano, me la pasé tranquilo mientras duró ese dulce. En verdad lo tenía controlado cuando yo tenía ese pedazo de dulce. Él iba por aquello. Yo me aseguraba que fueran solo cinco lamidas, y no seis. Cinco lamidas. Cualquier cosa que se tenía que hacer, dejaba que él lo hiciera por mí, el resto de ellas. Un hombre de negocios, con este bastón de dulce.

31 Yo pensé en eso cuando estaba parado allá pensando cuando solíamos formarnos. Y, tal vez hoy, me imagino que podría comprar una caja llena de chocolate Hershey si lo quisiera, pero nunca sabrá así de rico, el viejo dulce de menta de aquel entonces. Eso estaba muy bueno.
Yo sé que hace frío aquí adentro. Nos daremos prisa lo más que podamos. Yo les amo, y un día glorioso, quizá no en esta vida, cuando todos crucemos al otro lado del río, me sentaré con Uds. allá. Lo vamos a platicar entonces. Allá no hará frío. No, nos sentaremos al lado del árbol siempre verde.
Les quiero contar de cuando me casé. Mi padre, haciendo whisky, y viendo a la gente que llegaba y obteniendo el whisky y bebiendo, y viendo el mal comportamiento de las mujeres, cómo mujeres jóvenes vendrían allí con otros hombres, sabiendo que no eran sus maridos, juré que nunca tendría nada que ver con una mujer. Pensé que era lo más pequeño, lo más bajo… Y no he cambiado mi opinión, lo es. Eso es cierto ¡Oh vaya! Pensé: “Eso es horrible”. Le dije: “Yo, yo seré un viejo soltero mientras viva”.

32 Ellos tenían pequeñas fiestas en la casa, Ud. sabe, y jugaban estos viejos jueguitos sobre “caza al búfalo”, o lo que sea, Ud. sabe, los viejos bailes de Kentucky que solían tener. Y hacían que el violinista se parara sobre una caja, y veían el violín, y todos ellos… yo no sé. Toda clase de… Pero yo, yo nunca me quedé a uno de esos en mi vida.
Yo tenía un viejo perro mapache. Ahora, ¿cuántos saben lo que es eso? ¿Me quiere decir que estando yo parado en Kentucky, y solo como unos cinco hombres conocen lo que es un perro mapache en Kentucky? Por cierto, ¿es este Kentucky? [Un hermano dice: “Sí”.] No creo que estemos lo suficientemente adentro, todavía. Uds. están aquí muy pegados a Indiana. Muy bien. Un perro viejo, y yo tenía un viejo rifle .22, y allí es donde yo viví en los bosques casi toda mi vida. Yo salía, me acostaba arriba del techo. Nunca fui a un baile en mi vida.

33 Cuando yo tenía unos diecisiete años, un día estaba cargando agua, Uds. han escuchado parte de la historia. Lamento decir, para un alambique de mi papá. Dos cubetas de medio litro de melaza. Y al ir subiendo por el sendero, era en septiembre, las hojas habían comenzado a ponerse como café, y yo me senté debajo del árbol y estaba sentado allí llorando porque no podía ir a pescar a un viejo estanque de hielo. Todos los otros muchachos se habían ido al estanque de hielo.
Y estando afuera sentado allí, tan quieto como lo es este cuarto sin el viento, y podía escuchar algo soplando, como un “Whoosh”. Me pregunté: “¿En dónde estaba eso?”. Y yo no veía hojas soplando. Sonaba como hojas.
Y yo lloré varias veces. Traía puesto un par de overoles con una cuerda alrededor como un [Palabras no claras] y un clavo de botón, o como botón… No sé si Uds. alguna vez han usado uno o no. Sirve muy bien. Y traía en mi… Me lastimé el dedo gordo del pie, y traía una mazorca de maíz amarrada debajo de él para evitar que le cayera tierra, Ud. sabe. Caminando con una mazorca de maíz amarrada debajo de mi dedo gordo del pie. Oh, era todo un cuadro. Y yo estaba chillando. Yo quería salir a pescar y el resto de los muchachos, se habían ido para allá. Y yo estaba sentado bajo el árbol pensando: “Ahora, sus papás no hacen esto. ¿Y por qué tengo que hacer esto yo? Cargar esta agua a un alambique durante la prohibición”. Papá hizo miles de galones de eso, murió pobre, con hambre cuando murió. Eso no le sirve a Ud. de nada. El mal siempre pagará mal.

34 Entonces, recuerdo estar sentado allí, y escuchando esas hojas al soplar, y me levanté, y no las podía ver por ningún lado, y yo lloré un par de veces, levanté mis cubetas, y comencé a subir. Teníamos que cargar varios galones. Iban a destilar whisky esa noche.
Y camino arriba, lo escuché de nuevo. Me di la vuelta, y a medio camino arriba en un viejo árbol de álamo, es llamado chopo plateado, se miraba parecido a un torbellino. Los llamamos pequeños ciclones, o torbellinos en Kentucky, creo que es el mejor nombre. Es un torbellino alrededor del arbusto. Bueno, yo me había fijado en esas cosas antes.
Eso no se fue. Y de allí… Ahora, Uds. pueden pensar lo que quieran, amigos. Yo solo puedo ser honesto con ustedes. Pero, de allí salió una voz audible, y dijo: “Nunca vayas a fumar, o beber, o deshonres tu cuerpo, porque habrá una obra para ti cuando tengas mayor edad”.

35 Bueno, eso me asustó casi hasta morir. Dejé caer esas cubetas y comencé a correr, gritando con todas mis fuerzas. Hay muchas víboras cobrizas en esa región, y mamá pensó que me había mordido una víbora cobriza. Ella solamente tenía unos veintidós años. Ella me levantó y yo la estaba besando y abrasando. Ella me llevó a la cama y fue con los Wathans y llamó al doctor. Él dijo: “Oh, él solo está nervioso”.
Yo dije: “Estaba un hombre en ese árbol. Y yo lo escuché, lo que Él me dijo. Y yo dije: ”Nunca más pasaré por allí“. Y hasta este día, no he estado allá. Yo voy por donde… detrás del jardín, regresando por… La bomba estaba en el establo, y teníamos que cargar agua a la casa. Nunca he estado allí hasta este día, desde ese tiempo. Y hace mucho tiempo de eso.

36 Así que entonces, recuerdo que como unas dos semanas después de eso, yo estaba jugando a las canicas con mi hermano, y allí sentí que algo extraño me invadió. No sabía lo que estaba aconteciendo. Y yo salí, me senté solo un minuto, y miré, y justo delante de mí, vi algo que se estaba moviendo. Y las aguas parecían como si el río me estuviera mirando más de cerca. Y vi el puente Municipal que ahora atraviesa el río, sube y cruza el río, y vi la cantidad de hombres que cayeron. Y entré y se lo conté a mi mamá. Ella dijo: “Tuviste un sueño, cariño”.
Yo dije: “No, señora. Yo me paré y lo miré directamente, y vi lo que pasó”.
Y veintidós años a partir de ese mismo año, el puente que extiende el Río Ohio, y exactamente la misma cantidad de hombres perdieron su vida. Y esas continuaron. Cada vez, en todas partes, simplemente visión tras visión. Nadie…

37 Recuerdo la primera cita que tuve con una muchachita. Ya saben cómo son los chicos. Cuando uno llega a los dieciséis, diecisiete, tiene que tener una noviecita. Y oh, esa primera, ya saben cómo ella se mira. Yo era un gran muchacho antiguo tímido del campo, pero recuerdo la primera muchacha que tuve. Oh, tenía los dientes como perlas. Tenía los ojos como paloma, y cuello como cisne. Oh, ella era la cosita más bonita que había visto en mi vida.
Así que, ella acababa de entrar a la escuela, así que le dije al otro muchacho amigo, yo dije: “Consigue el viejo Ford de tu papá, yo tengo setenta y cinco centavos. Y nos conseguiremos dos galones de gasolina por veinticinco centavos. Y me quedarán cincuenta centavos, y saldremos y tendremos un buen tiempo”.

38 Entonces, tuvimos que elevar el viejo Ford con el gato y Ud. sabe, hacer… ¿Alguna vez le hace eso a su viejo Ford cuando está casi medio descarriado de todas maneras, Ud. sabe? Y lo levantamos hasta que arrancó, y él fue por su chica, y yo conseguí la mía, y nos fuimos. Vaya, el pensar, que ella saldría conmigo. Salimos cuando era noche, no tuve que vestirme muy bien, Ud. sabe, no íbamos a ir para ningún lado de todas maneras. Así que, yo me senté en la parte de atrás del carro hablando con esta damita —ella de un lado, y yo del otro lado. Tan tímido, Ud. sabe. Vaya, yo sé que mi rostro estaba destinado a ponerse rojo.

39 Así que, nos detuvimos allá en un lugar para comprar unos emparedados. Uno obtiene un emparedado grande de jamón por cinco centavos. Luego, yo era el deportista de la multitud. Yo iba entrando, e iba a conseguir unos emparedados de jamón. Entonces, compré unos emparedados, y salí, y unas coca-colas, y nos tomamos las coca-colas y comimos los emparedados, y yo pensé: “Oh, vaya. Soy todo un tipo, ahora. Le gusto a alguien, oh, vaya, estamos pasándola bien”.
Y más o menos en ese tiempo, cuando las mujeres comenzaron a descarriarse lo suficiente para fumar cigarrillos. Y cuando volví a salir, mi pequeña reina estaba fumando un cigarrillo.
Bueno, yo siempre he tenido mi opinión sobre mujeres que fumarían un cigarrillo. Es la cosa más baja que ella pudiera hacer. Y no he cambiado de opinión ni un poquito. Si Dios… Si el Espíritu Santo solo lidia conmigo… Si espera Ud. llegar al cielo, mejor es que pare antes que llegue allá con esa cosa. Eso es correcto.

40 Ahora, no estoy aquí para predicar el Evangelio. Los ministros aquí hacen eso. Pero, déjenme decirles algo, mujeres, es una desgracia para el mundo. Verla a ella con… Cuando recibo estadísticas del gobierno, muestra que el ochenta por ciento de los bebés que nacen tienen que ser criados con leche de vaca. Si son amamantados por su madre, morirían entre los dieciocho meses por causa del envenenamiento por nicotina. Comunismo, Quintos columnistas… Escuche, hermano, no tema que Rusia vaya a venir aquí y haga cualquier cosa, o Alemania, o cualquier otra nación. Es nuestra propia podredumbre que nos está matando. No es el petirrojo que picotea la manzana lo que daña la manzana, es el gusano que está en el corazón que mata la manzana. Nos estamos volviendo tan desmoralizados que no es de extrañar que nos estemos fracturando. Nos estamos fracturando a nosotros mismos. Muy bien. Suficiente con eso.

41 En cualquier caso, ella estaba fumando un pequeño cigarrillo. Yo la miré, y vaya, ella sí que cayó de mi gracia. Y yo la miré, y casi no podía creer que era ella. Esa muchachita bonita, sentada allí fumando ese cigarrillo. Ella estaba soplándolo por su nariz, Ud. sabe, se miraba enfermizo. Cualquier hombre que deje a su esposa fumar cigarrillos muestra de qué está hecho. Eso es correcto. Eso es correcto. Exactamente. Hermano, la mía lo pudiera hacer, si ella lo hace, puede salir por la misma puerta que entró. Exactamente correcto. Sentada allí fumando… Muestra quién es el jefe en la casa. Sentada allí… ya es bastante malo, y muy malo para los hombres. Y allí estaba ella sentada, soplando ese humo por la nariz. Pensé: “Bueno, pobre muchacha”.
Ella dijo: “¿Quieres un cigarrillo, Billy?.
Y yo dije: “No, señora. Gracias. Yo no fumo”.
Ella dijo: “Ahora, tú dijiste que no bailas”. Ella es del tipo este pop, o pícara, Ud. sabe. Ella dijo: “Tú no bailas. Y dijiste que no bebes, y ahora tú no fumas”. Ella dijo: “¿Qué te gusta hacer?”.
Y yo dije: “Bueno, a mí me gusta cazar, y pescar”.
Eso no le interesó a ella. Así que ella dijo: “Bueno, tú eres un gran afeminado”.
¡Oh, vaya! Yo iba a ser el gran malvado Bill. ¿Ven? Y aquí yo era un afeminado en su apreciación.

42 Con anterioridad mi papá me había llamado un afeminado. Íbamos bajando para recoger unas botellas río abajo, Ud. sabe, por el río, y a mi hermano y a mí nos daban cinco centavos la docena por recoger botellas, en donde ellos ponen el whisky. Y yo tenía un bote viejo, no tenía timón en la parte de atrás, y nosotros teníamos dos tablas. Mi hermano en un lado, y yo en el otro.
Y este hombre tenía un lancha grande [Palabras no claras] puesta, y yo pensaba que… Su nombre era McKinney. Y él me iba a dejar usar su lancha, y yo pensé: “Allí está un tipo que le caigo bien”. Y cuando él me iba a dejar remar por el río en su lancha, y ese día íbamos atravesando la colina, debajo del viejo hogar, y estaba allí por el sendero un árbol que había tumbado el viento, y papá solo aventó su pierna sobre el árbol…. Un domingo por la mañana, y él se detuvo y sacó de su bolsillo una botellita plana de whisky. Se la dio al Sr. McKinney y dijo: “¿Quiere un trago?”. Él tomó un trago, me la dio. Él dijo: “¿Quieres un trago?”.
Yo dije: “No, gracias. Yo no bebo”.
Él dijo: “¿Qué? Un Branham, ¿y no tomas?”.
Y papá dijo: “No, crié a un afeminado”. ¡Afeminado!

43 Bueno, eso me llegó.
Yo dije: “Dame esa botella”. Y tomé esa botella con tal determinación de tomar un trago así como lo estoy de tener un servicio esta noche. Y le quité el tapón, empecé empinarla… Ahora, Uds. pueden llamar a esto lo que Uds. quieran. Pero, cuando comencé a tomar ese trago de whisky, escuché que algo hizo: “Whooosh”.
Yo pensé: “¿Qué es eso?”. Yo empecé de nuevo, y solo seguía haciendo ese ruido como viento de torbellino y hojas. El mismo ruido que me dijo que nunca fumara, o bebiera, o deshonrara. Yo no podía soportarlo. ¿Qué era? No era porque yo fuera demasiado bueno, era porque Dios estaba protegiendo Sus dones. ¿Ven? No es nada en el hombre. Él no es nada. Es Dios.

44 Dejé caer la botella y comencé a llorar. Corrí hacia el campo. Y esa noche, cuando esa muchacha me llamó un afeminado porque yo no fumaría ese cigarrillo, yo dije: “Nadie me quiere, y aquí ni siquiera mis muchachas quieren tener algo que ver conmigo. Dame ese cigarrillo”. Y yo lo tomé, tan determinado de tomar ese cigarrillo y fumarlo, así como lo estoy de terminar esta historia. Y ella me lo pasó, saqué uno de los cigarrillos del paquete, me agaché y encendí un fósforo, y comencé a ponérmelo en la boca. Y justo cuando comencé a hacer eso, escuché algo: “Whoosh”.

45 “Bueno, eso es solo mi imaginación”. Lo volví a tomar y comencé a acercármelo de nuevo a mi boca, y otra vez rugió. Yo miré el cigarrillo, el fósforo comenzó a quemarse. La miré a ella. Recordé eso: “Nunca vayas a beber, o deshonrar tu cuerpo en ninguna manera”. Me quedé allí un momentito. Me puse muy tembloroso. Yo comencé a llorar. Arrojé el cigarrillo. Ella dijo: “Bueno, tú eres un gran afeminado”. Y yo lo aventé y comencé a caminar solo por el camino, llorando, con mis manos en mi bolsillo. Y ellos me siguieron en el carro, con las luces en mí, en un viejo Ford Modelo-T, riéndose de mí. Y yo salí y me senté en el campo. Me fui y crucé el campo. Yo podría tomarlos y ponerlos en el mismo lugar.

46 Me senté allá y dije: “Iré a casa y terminaré el trabajo. Nadie me quiere y nadie… Mi vida es una miseria, ¿entonces de qué me sirve vivir?”. Sentado allá afuera en el campo aquella noche. La gracia de Dios. Ojalá tuviera más tiempo. Yo no puedo… para entrar en eso, lo que sucedió en ese momento, pero un día lo haré, con la ayuda de Dios.
Ustedes se preguntarán cómo fue que me casé. Finalmente encontré una muchacha que no bebía ni fumaba. Miren alrededor, todavía están aquí. La médula espinal de la nación. Entonces, ella era una muchacha encantadora. Tan contento… Estoy contento de hablar de ella y su muchacho, y sobre ella y yo… sentado allá atrás escuchándome. Ella era una reina. Ella era todo lo que una dama podía ser. Yo fui con ella. Ella era de una buena familia. Mi familia no lo era tanto. Pero, ella era realmente una muy buena muchacha, una muchacha Cristiana. Yo iba con ella a la iglesia, allá es a donde ella me había llevado, a la iglesia.

47 Y yo recuerdo mi conversión, cuando me convertí. Tendré que pasar por alto la mayoría para darme prisa, ahora. Y yo recuerdo en la… Empecé a convencerme de que ella era una muchacha demasiado buena como para salir solo con ella. Alguien debería casarse con ella, alguien que le pudiera dar una buena vida, y yo estaba ganando solo veinte centavos la hora, así que yo sabía que no podía darle una vida con eso, trabajando como cavador de zanjas. Y su padre ganaba quinientos y tantos al mes durante el tiempo de la depresión, un organizador de la hermandad del Tren de Pensilvania. Pero, ella me amaba, y yo la amaba a ella. Entonces, yo pensé que solo iba a haber un… Que simplemente tendría que decírselo e irme. Y yo no podía hacerlo. Lo intenté. Cada noche pensaba que se lo diría. Yo no volvería más, y dejaría que ella siguiera adelante y que obtuviera un buen muchacho que la haría… que pudiera darle una vida y hacerla feliz. Y yo le estaba quitando el tiempo, su juventud, y yo no quería hacer eso. Así que, estaba todo confundido. Y yo no quería renunciar a ella porque la amaba demasiado. Y ciertamente yo estaba en mal estado.

48 Así que, yo era demasiado tímido para pedirle que se casara conmigo. No podía hacerlo. Me supongo que se preguntan cómo fue que me casé. Yo le escribí una carta y se lo pedí, si podía. Funcionó. Ahora, no era: “Querida señorita”, sino que fue, Ud. sabe, un poquito más que eso. Me senté un día y lo arreglé, y me hice la carta.
Ahora, su padre era simplemente un buen amigo. Su madre era una buena mujer, pero ella era de una iglesia muy almidonada, Ud. sabe, en la cual creían. Tipos como yo, me imagino, no eran mucho. Así que, yo pensé: “Puedo sobrellevarla con su papá, pero su madre es la que me está preocupando”.

49 Entonces, yo solo me fui a trabajar esa mañana. Dije: “Ahora, si no funciona, muy bien, así que eso lo dejará resuelto”. Y cerré la carta y la dejé en el buzón y me fui al trabajo. Y yo tenía que llevarla a la iglesia el miércoles en la noche. Tenía una cita. Así que fui para allá y la puse en el buzón el lunes en la mañana. Luego, llegó el miércoles por la noche, yo tenía que ir a la iglesia. Y de repente me puse a pensar, Ud. sabe. No lo había pensado antes, pero al enviar yo esa carta, ¿qué si su mami la tomó y ella nunca la recibió? Yo pensé: “¡Oh, vaya! Entonces sí que tendré que enfrentarlo cuando llegue allá, si su madre la recibió en lugar de recibirla ella”. Bueno, entre más lo pensaba, más pensaba que debería mantenerme alejado de la noche del miércoles.

50 “Bueno”, yo pensé: “No, no puedo hacer eso, ahora. Tengo que ir. Entonces, ¿qué voy a hacer al respecto?”. Así que, yo pensé: “Solo conduciré hasta el frente y me iré con calma”. Yo sabía mejor que conducir hasta el frente y sonar la bocina. Y muchachos, también les estoy diciendo eso a ustedes, y a las muchachas, si su novio no las consideran lo suficiente como para acercarse a la casa y preguntar por Uds., aléjense de él. Eso es correcto.
Entonces, acerqué el viejo Ford hasta el lugar, y me detuve. Me subí al porche, pensé: “No entraré a la casa, Ud. sabe. Ella me abordará en la casa, entonces estaría en un aprieto”. Así que, yo toqué la puerta. Y luego, Esperanza, mi esposa, o novia en aquel entonces, ella vino a la puerta. Ella dijo: “Hola, Billy”. Entra“.

51 Y yo pensé: “Uh-oh”. “No, no. Tengo miedo de entrar. Si tú madre recibió la carta, entonces voy a entrar a casa y no podré salir. Así que, yo estaré en un aprieto”.
Entonces, ella dijo: “¿No vas a pasar?”.
Yo dije: “Gracias”. Dije: “Solo voy a esperar aquí en el porche”.
Y ella dijo: “Oh, entra”.
Vaya, yo entré, me senté en la puerta, y sostuve mi sombrero en mi mano. Pensé: “Oh, esto sí que es estar bajo mucha presión”.
Después de un rato, su madre entró. Ella dijo: “¿Cómo le va, William?”.
Yo dije: “¿Cómo le va, Sra. Brumbach? Sí que es un día bonito”.
“Sí, seguro”.
Después, continuó. Pensé: “Ella no recibió la carta”.

52 Nos fuimos a la iglesia. Yo no escuché nada de lo que el Dr. David dijo esa noche. En lo único que estaba pensando: “Tan pronto termine el servicio, ella me va a decir: Muy bien, esta es tu última noche. Yo iba a perder a mi muchacha, entonces”. Tenía eso en mente. Ud. sabe cómo el diablo puede decirle a uno mentiras. Por tanto, entonces pensé: “Voy a perder a mi muchacha tan pronto termine el servicio”.
Así que entonces, yo no escuché nada de lo que dijo el predicador. Cuando nos fuimos a casa esa noche, ella dijo: “Vamos solo a caminar”.

53 Yo pensé: “Uh-oh. Ahora sé que ella recibió la carta”. Entonces, yo solo iba caminando por la calle. Seguía mirándola. ¡Oh, vaya! Esos ojos oscuros, y la luna alumbrando, Ud. sabe. Simplemente detestaba tener que perderla. Así que, yo pensé: “Sé que no me puedo casar con una muchacha así. Así que, me imagino que tal vez solo debo continuar y ser un viejo ermitaño”. Siempre decía que iba a tener un montón de trampas y un perro, y que viviría en el bosque. Entonces, pensé: “Bueno, ahora supongo que este es el final”.
Y seguimos caminando, y llegamos casi a la casa, pues, yo pensé: “Ud. sabe, tal vez ella no recibió la carta. Quizá está en el buzón del correo, y ella no la recibió”. Así que, me puse bastante valiente, Ud. sabe, entonces. Yo seguía hablando. Ella no recibió el correo, así que me sentía un poco alegre de que no la hubiera recibido.

54 Luego, yo continuaba, Ud. sabe, hablando bien. Justo en el momento cuando casi llegábamos a la casa, ella dijo: “¿Billy?”.
Y yo dije: “¿Sí, Esperanza?”.
Y ella dijo: “Recibí tu carta”.
¡Oh, vaya! Yo dije: “¿La recibiste?”.
Ella dijo: “Ajá”.
Bueno, pensé: “Llegó el momento”.
Luego, caminamos un poco más, y continuó caminando tan callada. Uds. saben cómo una mujer puede mantenerlo a uno en suspenso, Ud. sabe. Pensé: “Bueno, di algo. Dime que ya no regrese o algo”. Así que, yo solo seguí caminando. Volteé a verla, y ella me miró a mí, y solo siguió adelante. Entonces, yo pensé: “Bueno, ¿qué vas a decir?”. Bueno, ella solo seguía caminando. Nunca dijo nada. Pensé que podría romper el hielo, y dije: “¿La leíste?”.
Ella dijo: “Ajá”.

55 Bueno, pensé: “Pues, comenta algo”. Después, no dijo una sola palabra, solo siguió adelante. Estábamos muy cerca de la casa y pensé: “Me vas a guiar directamente a tu mamá, ¿no es así?”. “Y luego yo sé que ellos tendrán la oportunidad”.
Y entonces yo dije: “¿La leíste toda?”.
Ella dijo: “Ajá”.
Eso es todo lo que pude sacarle: “Ajá”.
Así que dije: “¿Qué pensaste con respecto a eso?”.
Ella dijo: “Oh, estaba bien”. Nosotros nos casamos. Funcionó bien. Sí, señor.
El problema de ello fue, teníamos que decirle a sus parientes. Y ella dijo: “Billy”, dijo: “Tendrás que preguntarle a mamá y a papá”.

56 Yo dije: “Mira, Esperanza”, dije: “tú sabes, a lo mejor que recuerdo, ahora, una vida de matrimonio se supone que debe ser de cincuenta y cincuenta. ¿Ve?”. Yo dije: “Ahora, te diré algo, haré un acuerdo contigo”. Dije: “Mi parte del cincuenta, yo le preguntaré a tu padre. Y en tu parte del cincuenta, tú pregúntale a tu madre”. Yo sabía que podía arreglármelas con su padre, pero era con su mamá que tenía mis dudas.
Ella dijo: “Muy bien”. Ella dijo: “Si tú le preguntas primero a papá”.
Yo dije: “Bueno, muy bien”.
Ella dijo: “Debemos preguntarle inmediatamente”.
Yo dije: “Supongo que es correcto”.

57 Así que, yo fui a su casa, esa noche, y me senté allí. Y me preparé para irme. Estábamos todos sentados, y el Sr. Brumbach estaba sentado en su escritorio mecanografiando algo, Ud. sabe. Y oh, vaya. Solo pensé en quedarme toda la noche. Luego, finalmente llegó el momento. Tenía que decir algo. Así que, yo dije… Tenía las nueve y media, era mi tiempo para irme a casa. Cómo han cambiado los tiempos. Así que, yo dije… Me levanté para irme a casa, y así que yo dije: “Buenas noches, a todos”.
Salí y Esperanza se acercó y dijo: “¿No lo hiciste? ¿No le preguntaste? ¿Por qué no le preguntas?”.
Yo dije: “Oh, simplemente no puedo”. Dije: “Yo no puedo”.
Ella dijo: “Pues, tienes que preguntarle”.
Y yo dije: “Bueno, toma a tu madre y entra a ese cuarto”.
Y ella dijo: “Muy bien”.
Así que, ella regresó y dijo: “Mamá, ¿puedes venir aquí un minuto?”.
Así que, yo me quedé un ratito en la puerta. Y yo dije: “¿Charlie?”.

58 Él estaba escribiendo en algo. Él se dio la vuelta y dijo: “¿Huh? ¿Qué dijiste, Bill?”.
Y yo dije: “¿Podría… podría hablar con usted un minuto?”.
Él se dio la vuelta y dijo: “Sí, ¿Por qué? ¿Qué es lo que pasa, Bill?”.
Y yo dije: “¿Podría venir para acá solo un minuto?”.
Él dijo: “Sí”.
Él salió al porche. Y oh, yo estaba sudando, y mi corazón latiendo tan a prisa. Y yo dije: “En verdad es una hermosa noche, ¿no es así, Charlie?”.
Él dijo: “Sí lo es, Bill”.
Yo dije: “Me gusta esta clase de noches”.
Él dijo: “Te puedes casar con ella”. ¡Cómo me ahorró el trabajo!
Yo dije: “¿Lo dice Ud. en serio?”.
Él dijo: “Sí”.
Yo dije: “¿Qué de su mamá?”.
Él dijo: “Yo me encargo de eso”.

59 Yo dije: “Gracias, Charlie”. Yo dije: “Mire, Charlie”, yo dije: “Sé que Ud. puede comprarle buena ropa y de todo. Y probablemente hay más muchachos aquí alrededor que pudieran darle una mejor vida, y ella es una muchacha bonita, y dama agradable”, y yo dije: “cualquiera querría ir con ella”. Dije: “Yo no sé cómo me pasan estas oportunidades”. Yo dije: “Charlie, no hay nadie en el mundo que la ame más que yo”. Dije: “Yo no puedo hacer por ella lo que Ud. puede, porque solo gano veinte centavos la hora”. Dije: “Charlie, yo voy a trabajar lo más duro que pueda, y hacer todo lo que esté en mi poder para mantenerla y ser bueno con ella”.

60 Nunca lo olvidaré. Y él puso su… Él era un Alemán, y yo un Irlandés, y siempre bromeábamos entre nosotros. Puso su mano grande sobre mi hombro, dijo: “Bill, preferiría que la tengas tú que cualquier otro que conozca”. Él dijo: “La vida no consiste en lo que tienes. Es lo contento que estás con lo que tienes”.
Yo dije: “Gracias, Charlie. Yo la amo a ella”. Y dije: “Seré bueno con ella, y fiel. Y trabajaré tan duro como pueda por ella”.
Él dijo: “Yo creo eso”.
Nosotros nos casamos. Nos mudamos a un lugarcito de dos cuartos. Nunca olvidaré lo que compramos para los utensilios del hogar. Y terminaré en un solo un minuto.

61 Yo fui allá, tenía el suficiente dinero para ir a Sears y Roebucks y di el abono para un comedor que tenía… [Espacio en blanco en la cinta]… Estaba pintado de amarillo, y a cada silla le pinté un trébol verde. Un irlandés, Ud. sabe. Y teníamos una antigua cama plegadiza. ¿Cuántos alguna vez supieron lo que es una cama plegadiza? Alguien nos la dio. Y fui con el vendedor de fierros viejos y conseguí una estufa por setenta y cinco, una estufa para cocinar. Y tuve que pagar un dólar y algo por las rejillas que iban en ella. Y la instalamos y así obtuvimos los utensilios del hogar. No teníamos mucho, pero éramos felices. Nos teníamos el uno al otro. Eso es todo lo que importaba. Nos amábamos el uno al otro, y eso lo concluía.

62 Después de un tiempo, Dios nos dio un niñito, que está parado allá atrás mirándome ahora. Y qué felices estábamos cuando este pequeño vino al mundo. Y amábamos a Dios con todo nuestro corazón.
Un poco antes, o justo después que el niño nació, yo tomé mis primeras vacaciones. Ahorramos el suficiente dinero hasta que tuve, creo, unos seis, ocho, diez dólares ahorrados, aparte del abono del carro. Y subí a Michigan a visitar a un viejo amigo mío que había conocido, con el nombre de John Ryan, que está sentado aquí ahora.
Yo no sabía mucho de la gente Pentecostal. Y este anciano, yo pensaba que pertenecía a la Casa de David, porque usaba el cabello y la barba larga. Pero, me di cuenta que estaba equivocado. Yo fui a visitarlo. Y sí, Ud. se acuerda, Hermano Ryan. Nos quedamos allá unos días, y en el camino de regreso es cuando por primera vez me relacioné con la gente Pentecostal. Pasamos por Mishawaka, y allí estaba una… Mishawaka, Indiana. Y se estaba llevando a cabo una gran reunión. Y había allí viejos carros Ford, y Cadillacs y todo estacionados alrededor, y yo escuché mucho ruido. Y yo entré para escuchar a esta gente. Y ellos estaban gritando: “¡Whooo!”, o sus danzas, y corriendo, y gritando. Pensé: “Tut, tut, tud, qué costumbres en la iglesia”. Já. Y de la manera que se estaban comportando. Pensé: “Bueno, es terrible que la gente actúe de esa manera en la iglesia”. Así que, yo los escuché. Estaban corriendo de arriba abajo por el piso danzando, y gritando, comportándose de esa manera. Pensé: “Eso simplemente es horrible, que hagan eso”. Mi propio estilo, manera Bautista, Ud. sabe, así que pensé…

63 Por tanto, esa noche solo esperé para ver lo que ellos harían. Tenían a todos los predicadores arriba en la plataforma.
Dijeron: “Tenemos alrededor de quinientos de nosotros allá arriba”, y él dijo: “Ahora, no tenemos tiempo para que digan algo, pero solo digan quiénes son y de dónde vienen”.
Así que, yo solo dije: “William Branham, Jeffersonville”. Fui…
Al día siguiente, había una u otra cosa, esos predicadores predicando, trajeron a un anciano, un anciano de color, traía un viejo saco largo. Todos esos predicadores habían estado predicando sobre diferentes cosas ese día, pero él tomó su texto en Job. “¿En dónde estabas tú cuando Yo puse los fundamentos del mundo…?”. Y así sucesivamente. Ellos habían estado predicando sobre cosas terrenales, y él predicó sobre cosas celestiales. Él tomó a Cristo antes de la fundación del mundo, lo trajo a la Segunda Venida a través del arco iris horizontal.

64 Cuando trajeron a ese anciano allí, él estaba tan anciano que tuvieron que ayudarle a salir. Y en ese momento él se emocionó predicando, y empezó a brincar golpeando los tacones de sus zapatos en el aire, diciendo: “¡Gloria a Dios!”. Él dijo: “Uds. no tienen aquí espacio suficiente para que yo predique”, y bajó de la plataforma.
Y yo dije: “Si Eso hace que un anciano actúe de esa manera, yo también lo quiero. ¿Qué haría si estuviera en mí?”. Dije: “Eso es lo que yo quiero”.
Yo no tenía nada de dinero, así que no podía comer con ellos. Tenía setenta y cinco u ochenta centavos que me quedaban aparte de mi gasolina que tenía que comprar. No podía quedarme en un patio de turista, así que fui y me compré un saco lleno de panes del día siguiente, Ud. sabe. Por tanto, yo me los comí. Y salí a un viejo sembradía de maíz y me acosté esa noche, y aplaste mis pantalones entre los dos asientos, Ud. sabe, el asiento delantero y el asiento trasero, los puse allí y los presioné. Y oré toda la noche para que Dios me diera favor con esa gente. Ellos tenían algo que yo quería. Y entonces pensé: “Oh, eso es lo que he estado buscando, allí mismo”.

65 Entonces, yo regresé la mañana siguiente, y yo brillaba, con lo mejor que tenía, traía puesta una camiseta, y unos pantalones rayados. Nadie me conocía, de todos modos. Así que, yo entré y me senté. La gente de color estaba allí. Ellos lo tuvieron que tener arriba en el Mason-Dixon Line para que los de color pudieran sentarse alrededor. Y en eso yo me senté, y cuando menos pensé un hombre de color se sentó a mi lado, y yo soy un Sureño también, Ud. sabe. Miré alrededor y pensé: “Ahora, esto no está bien”. Lo miré a él. De repente, ellos vinieron. Todo ese gran grupo de gente, todos ellos cantando y comportándose de esa manera. Y yo pensé: “Esto es maravilloso”.
Entonces, el hombre salió. Él dijo: “Anoche en la plataforma, estaba un joven evangelista de nombre William Branham”. Dijo: “¿Alguien sabe en dónde está él?”. Había dos o tres mil personas allí. Con pantalones rayados y camiseta, así que yo me quedé muy quieto. Dijo: “¿Alguien sabe en dónde está William Branham? Queremos que traiga el mensaje de la mañana”. Mensaje de la mañana, pantalones rayados, y una camiseta. Yo me agaché muy despacio de esta forma, Ud. sabe, debajo de mi asiento.

66 Luego, él lo anunció de nuevo. Dijo: “Alguien afuera, si sabe en dónde está William Branham, díganle que entre”. Nadie me conocía.
Entonces, este hombre de color miró alrededor y dijo: “¿Conoces al hombre?”.
Yo tenía que mentir, o hacer algo, Ud. sabe. Así que, yo dije: “Mire, sí lo conozco”.
Él dijo: “Bueno, ve por él”.
Dije: “Mire, no diga nada”. Dije: “Yo soy él, ¿ve?”.
Él dijo: “Bueno, suba allá”.
Y yo dije: “Pues, no puedo hacerlo”. Dije: “Mire de la manera que estoy vestido”.
Él dijo: “A esa gente no le importa cómo esté Ud. vestido. Vaya allá arriba”.
Y yo dije: “No, piense…”. Yo dije: “Shhh. No diga nada”.
Él dijo: “¿Alguien encontró a William Branham?”.
Él dijo: “¡Aquí está! ¡Aquí está!”. Oh, vaya. “¡Aquí está!”.

67 ¡Oh, vaya! Pantalones rayados con una camiseta. Y subí ahí. Nunca antes había visto un micrófono. Y aquí iba caminando en este gran lugar como catedral, allí, caminando hasta arriba, Ud. sabe, y pensé: “Oh, qué tan fuera de lugar”.
Tomé mi texto de cuando el hombre rico, en Lucas, Ud. sabe, él levantó sus ojos en el infierno, y lloró. Y subí allá y dije: “Y él levantó. No había niños en el infierno, entonces él lloró. No había flores, entonces él lloró. No había reuniones de oración, y él lloró. Y no hay esto, aquello y lo otro”. Yo lloré. Y de repente, el Espíritu Santo se apoderó en ese edificio, y yo nunca había visto tal comportamiento en toda… Pues, casi quedé inconsciente. Me encontraba justo en el lugar correcto y no lo sabía.

68 Después estando afuera, volvimos a nuestros cabales. Yo salí, y allí estaba un individuó que se me acercó que traía puesto un gran sombrero Tejano, y un par de botas vaqueras. Dijo: “Por cierto, soy el Reverendo Tal y tal”.
Yo dije: “Bueno, mire. Tal vez mis pantalones rayados no están tan mal”.
Otro individuó se acercó y traía puesta esta ropa simple para jugar golf, Ud. sabe. Dijo: “Soy el Doctor Tal y tal de allá de Florida”. Él dijo: “¿Vendría a predicarme?”.
Bueno, yo pensé: “¡Vaya!”.
Yo tenía una serie de invitaciones. Y me subí en mi viejo Ford, le iba a decir a mi esposa. Y me fui por el camino. Eso conducía treinta millas [48 km/h. Trad.] por hora. Quince millas [24 km/h Trad.] por este lado, y quince millas de arriba abajo por este otro lado, Ud. sabe. Y aquí venía por el camino, tan duro como podía ir. Yo le jalaba el viejo freno, y las dos llantas traseras se arrastraban, Ud. sabe. Bendito sea su corazón, ella corrió a la puerta, y sus brazos abiertos, Ud. sabe, y ella dijo: “¿Pasaste buen tiempo?”.

69 Yo dije: “¡Oh, un tiempo maravilloso!”. Contándole que había estado con el Hermano Ryan que está aquí, y así sucesivamente. Así que yo dije: “Querida, tengo algo que decirte. Solo déjame mostrarte”. Metí la mano a mi bolsillo. “¿Ves todas esas?”. Dije: “Siempre quise ser un evangelista”. Dije: “Allí está… Tengo suficientes invitaciones para que me duren todo el año. ¿Irías conmigo?”.
Dijo: “Seguro”.
Bueno, todavía debíamos como unos cien dólares en el viejo Ford, y deudas y cosas, pero ella quería ir conmigo.
Bueno, fuimos y le dijimos a su mamá. “Mamá”. Ella dijo: “Ve”. Pero su mamá dijo: “Bill, no”. Ella dijo: “Eso no es nada más que basura de las otras iglesias. Solo lo que las otras iglesias han echado afuera”.

70 “Pues”, yo dije: “Ellos son la gente más feliz en el mundo. Ellos no tienen vergüenza de su religión. Ellos solo gritan, claman, tan libres como fluye el agua”. Yo dije: “Me gusta eso”.
Ella dijo: “Eso solo es lo que las otras iglesias han echado fuera”. Ella dijo: “No es nada más que basura”.
Y ella… Y vine a darme cuenta, que lo que ella llamó basura, era la crema y nata. Y digo eso con respeto. Eso es exactamente correcto.
Así que, yo dije: “Bueno…”. Ella dijo… yo dije: “Bueno, es mi esposa”.
Y ella dijo: “Pero, es mi hija”. Dijo: “Ella no puede ir. Si ella va, su madre irá a la tumba con un corazón destrozado”.
Entonces Esperanza comenzó a llorar. Ella dijo… Allí es donde cometí mi error fatal, allí mismo.
Entonces, ella dijo: “Bueno, si tú quieres, si tú quieres ir, yo iré contigo”.

71 Y continuamos, lo hablamos. En lugar de escuchar a Dios, escuché a una mujer. Ahora, ella puede… ella pudiera estar sentada aquí esta tarde hasta donde sé. Yo no la veo, pero ella pudiera estar. Ella es una buena mujer, pero simplemente no entendía en ese momento.
Después, entró la tristeza. Inmediatamente… Tuvimos un… Después de eso… un poquito después otra criaturita nació, una niñita llamada Sharon Rose.
Llegó la inundación de mil novecientos treinta y siete. Las tristezas comenzaron a aflorar. Las cosas salieron mal en la iglesia. Mi congregación comenzó a disminuir. Solo sálgase de la armonía con Dios una vez… Y amigos, siempre lo lamentaré mientras viva. Justo entonces, mi iglesia pensó que yo era un fanático. Y todavía es así. No mi cuerpo de iglesia en Jeffersonville. No, no. Quiero decir la iglesia Bautista a la cual pertenecía.

72 En casa, yo era una oveja negra por causa que no bebía y cosas, y todo el resto lo hacía. En la sociedad, yo no bailaba, y no iba a lugares, y no jugaba cartas y aquellas cosas, así que allí yo era una oveja negra. En la iglesia, yo era un fanático. Y me acaba de dar cuenta que en esa basura era justamente donde yo pertenecía. Yo era uno de ellos. Exactamente. Tenían algo que estaba aquí adentro, y un abismo estaba llamando a otro abismo, y era donde Dios estaba tratando de alcanzarme.
No estoy despreciando a ningún otro, alguna iglesia, o nada al respecto. Cada persona que es nacida del Espíritu de Dios, es un hijo de Dios. Eso es correcto.

73 Pero entonces, recuerdo cuando vino la inundación, y mi esposa se enfermó. Y jamás olvidaré esa hora. ¡Vaya! La noche cuando la represa se había reventado, el dique, Hermano Ryan, Ud. estaba allá. Y yo trabajaba de patrullero. Y pensaba que era un muy buen barquero. Y estoy a punto de cerrar el servicio. Y nunca olvidaré aquella noche, estos cuantos segundos… Quiero tratar de colocárselos en sus corazones para dejarles saber lo que sucedió durante ese tiempo. Mi esposa se enfermó. Y la represa se reventó esa noche. Y recuerdo haber conocido al Hermano Ryan y a los otros allá afuera, y él estaba en mi vieja lancha, parado frente al agua, predicándole a la gente, yendo por el río.

74 Y después, fui al hospital por ella, y todo el lugar había sido arrasado. Y había, en las… Salí al rescate de una mujer, ellos habían venido, me dijeron que estaba alguien en [Palabras no claras] calle, y la casa estaba cediendo y la gente se estaba ahogando. Y me subí a la lancha, y jalé… Un motorcito con cuerda de arranque, y llegué allá, y llegué hasta donde estaba la mujer, y la casa estaba a punto de ser arrancada. Una casa grande de dos pisos sacudiéndose de un lado a otro. Y llegué por un callejón por la parte de atrás, por donde tenía que entrar. Y amarré la lancha, fui y tomé a la madre y unos niños y los puse en la lancha. La madre se desmayó. La puse en la lancha, cargándola. La puse en la lancha, volví a salir. Y cuando ella volvió en sí, cuando llegamos a la orilla, ella comenzó a gritar: “¡Mi bebé! ¡Mi bebé!”. Y yo pensé que ella había dejado al bebé allá en aquella casa.

75 Bueno, yo intenté regresar de nuevo. Vine a darme cuenta que era un bebé que ella…. Un pequeñito de dos años, un niñito de tres años que ella traía consigo, y no sabía en dónde estaba. Pero, ya me había subido a la lancha, y me devolví por el bebé. Y a medida que amarraba la lancha al poste, de esta manera, y yo entré, comencé a buscar alrededor, no había nada en la casa, el porche se desprendió. Y aquí estaba yo en la casa. Y yo corrí, salté por la puerta rápidamente, y caí al agua, y tomé el poste de esta manera, y desaté la cuerda. Volví a brincar a la lancha, y la corriente ya me había llevado en medio del Río Ohio, el cual es tres o cuatro veces más ancho que por aquí, y entonces era muy ancho. Toda la ciudad fue arrasada.

76 Y el motor… Algo había sucedido, no podía arrancarlo. Y la corriente me estaba llevando hacia la presa bajando a las cataratas. Estaba tan fuerte que podía arremolinarme. Yo estaba sentado allá jalando la cuerda del arranque todo lo que podía, y no arrancaba. Y lo volvía a jalar, la lancha dando vueltas, las olas tan altas como este edificio. Yo estaba de esa manera. Tenía suficiente tiempo para pensar sobre si aquello era desperdicio o no, o basura. Yo pensé: ¡Oh, vaya! Esta pequeña [Palabras no claras] sobre eso [Palabras no claras] y vamos hacia las cataratas, y ese es el final. Yo pensé en mi esposa, dos bebés. Y comencé jalando la cuerda del arranque de esa manera, y me estaba yendo hacia el río. Y vi que no iba a arrancar, y comencé a llorar. Yo dije: “Dios, ten misericordia de mí. No me dejes morir de esta manera”. Jalé la cuerda de esa forma y volví a jalar. No arrancaría. Y lo ahogué, y lo tenía inundado, y continuaba jalando. Pensé: “¡Oh, vaya!”. Pues, yo no podía… No sabía qué hacer. Y entonces, justo cuando entré en la corriente, encendió.

77 Me di la vuelta y regresé. Regresé por New Albany, entré, fui en busca de mi esposa, todo el hospital estaba cubierto [Palabras no claras] con agua. Y pensé: “Ella se ahogó y se fue”. Ella tenía a Billy Paul allá y a Sharon. Ella estaba con una doble neumonía. Así que, yo les pregunté: “¿Qué fue de ellos?”.
Dijeron: “Se subieron en un tren y se fueron en un vagón de carga”.
Esa madre enferma, con ciento cinco de fiebre, en un vagón de carga, y agua nieve soplando tan fuerte como podía a través… Y entonces ellos dijeron: “Se fueron hacia Charlestown”. Y me fui enseguida a Charlestown. Tomé mi lancha y me subí, había como siete millas [11 Km. Trad.] de agua donde un arroyo había retrocedido… Se había reventado hacia este rumbo, y la corriente venía tan fuerte como podía. Yo lo intenté hora tras hora, y no podía ni siquiera hacer que esa lancha atravesara la corriente. Me traía de regreso así de nuevo. Lo intenté y lo intenté. Y allí me vine dar cuenta que estaba aislado en una isla yo solo. Y allí me quedé por días, pensando sobre esa basura, expulsada de otras iglesias.

78 Cuando yo la encontré a ella, después que bajaron las aguas, y llegué donde estaba ella en Columbus, Indiana, en una Hospital Bautista, un lugar, un cuarto como este, me fui por allí gritando a voz en cuello. Yo estaba casi loco. Y la vi que levantó su mano, y allí mi querida, había perdido tanto peso al punto que no pesaba más de cien libras [45 Kg. Trad.]Esa neumonía se había convertido en tuberculosis, y ella se estaba muriendo.
El interno vino y me llevó a la parte de atrás, dijo: “Espere un minuto. ¿No es Ud. amigo de Sam Adair?”.
Yo dije: “Sam Adair”, ese es un doctor en Jeffersonville, un amigo mío.

79 Él dijo: “Bueno, mire. La vamos a mandar con Sam”, dijo: “La muchacha se va a morir”. Dijo: “Ahora, Ud. es un ministro, ¿no es así?”.
Yo dije: “Sí, señor”.
Dijo: “Solo no vaya con ella. No se emocione”.
Yo dije: “Muy bien”.
Y yo me contuve y fui a verla. Y entré, ella dijo: “¿Bill?”.
Y yo miré, y sus mandíbulas se hundieron, y esos ojos oscuros hundidos. Y yo me arrodillé a su lado, y comencé a orar. La trajimos a casa, a ella y a la bebé, la sacamos del hospital. Ellos hicieron todo lo que podían hacer. El Dr. Miller, aquí, de Louisville, vino a verla. Dijo: “No hay nada que se pueda hacer”. Y siguió y siguió, hasta que solo le quedaban unas horas de vida.

80 Y yo estaba patrullando cuando los escuché llamándome. Y lo encendí, venía por el camino lo más rápido que podía. Dijeron: “Ella se está muriendo”. Dijeron: “Llamando al Reverendo Branham para que venga al hospital. Esposa muriéndose”.
Y me dirigí al hospital, nunca lo olvidaré mientras viva. Subí a prisa los escalones, fui hasta donde estaba ella acostada, la miré, y ella ya se había puesto de lado. El Dr. Adair viniendo por el pasillo, bendito su corazón. Ahora somos vecinos, y siempre hemos sido amigos. Él venía por el pasillo, vio que yo venía, lágrimas rodando por sus mejillas. Él se puso de lado. Y yo entré, pregunté, dije: “¿Qué al respecto, doctor?”.
Nosotros pescamos juntos, cazamos juntos, vivimos juntos. Él dijo: “Billy, probablemente ahora ella ya se ha ido”.
Yo dije: “Doc., permíteme tomarla de la mano. Entremos juntos”.

81 Él dijo: “Billy, no puedo entrar allí”. Él dijo: “Tantas tortas y cosas que Esperanza preparó para mí y cosas”. Dijo: “Tan buena como ella lo ha sido, como mi hermana”. Dijo: “Yo no puedo entrar, Bill”. Y se le estaba rompiendo su propio corazón.
Y yo dije: “Doc., voy a entrar”.
Dijo: “No, siéntate aquí, Bill, solo un momentito, y vamos a dejar que entre el de la funeraria y se la lleve”.
Y yo dije: “Voy a entrar, doctor”.
Él dijo: “No puedes hacerlo”.
Y yo dije: “Sí, puedo”.

82 Y él trató de jalarme, y yo solo entré. Caminé por el pasillo, abrí la puerta y entré, y allí estaba ella acostada de esa manera, con esta sábana sobre ella. Yo le quité la sábana. La vi allí tendida. Puse mi mano en su cabeza, se sentía muy pegajoso, y yo dije: “Querida, ¿puedes escucharme?”. Yo la volví a sacudir. Dije: “¿Me escuchas, cariño?”.
Y si yo viviera hasta la edad de cien años, nunca olvidaré esos grandes ojos oscuros de ángel que se abrieron. En verdad, una mujer hermosa, ella volteó, veintidós años. Me miró directamente a la cara. Ella dijo: “Oh, Bill”. Yo me arrodillé y comencé a llorar. Ella colocó su brazo sobre mí y comenzó a darme una palmadita. Ella dijo: “¿Por qué me llamaste de regreso?”.

83 Justo entonces, entró la enfermera. Dijo: “Reverendo Branham, no puede quedarse allí adentro”.
Yo dije: “Solo un minuto, enfermera”. Nosotros la conocíamos muy bien.
Mi esposa la llamó. Ella dijo: “Juanita”, dijo: “Espero que cuando te cases puedas tener un esposo como el mío”. Dijo: “Él ha sido tan bueno conmigo”, y ella tenía su brazo alrededor de mí.
Y yo dije: “¿De qué estabas hablando, cariño?”.
Ella dijo: “Bill, estaba siendo llevada a casa”. La enfermera salió de la habitación. Y ella dijo: “Había sido llevada al Hogar, y unos parecidos a Ángeles estaban bajando”. Dijo: “Era tan pacifico, un gran tropic…” y dijo: “Los grandes pájaros estaban volando de un árbol a otro árbol”. Ella dijo: “Ahora, no pienses que estoy fuera de mí”.
Y yo dije: “Sí”.
Lo que era, sus ojos solo fueron abiertos para ver el paraíso justo… Y ella dijo: “Tú sabes por qué me estoy yendo, ¿no es así, Bill?”. Y eso es lo que duele.
Le respondí: “Creo que sí, cariño”.

84 Ella dijo: “Espero no haber influido en ti cuando estaba llorando aquel día”, cuando su madre dijo que esas personas eran basura.
Yo dije: “No”.
Ella dijo: “Bill, es la cosa más gloriosa en el mundo el morir con el bautismo del Espíritu Santo”. Ella dijo: “No me molesta”. Dijo: “Odio tener que dejarte”. Dijo: “Pero cuida a Billy Paul”. Ese es mi muchacho sentado allí mismo. Dijo: “Cuida de él, y edúcalo como un Cristiano”. Y dijo: “Luego, también tú… Y a Sharon, la niñita”. Y dijo: “No te quedes soltero”. Dijo: “Quiero pedirte unas cosas para que me prometas”. Dijo: “¿Recuerdas que querías comprar ese rifle en Louisville, pero no tenías el dinero suficiente para dar el enganche? ¿Dos dólares?”.
Y le dije: “Sí”.

85 Ella dijo: “Después que me haya ido…”, dijo: “Ve a casa, y mira debajo de la cama plegadiza en ese periódico. Yo estaba ahorrando mis cinco centavos para tener el dinero suficiente”, para dar el enganche de ese rifle para mí. Ella sabía que yo lo deseaba tanto.
Ustedes no se imaginan cómo me sentí cuando encontré allí un dólar setenta y cinco centavos. Ella lo ahorró durante meses tratando de juntar suficiente dinero para dar el enganche.
Dijo: “¿Me prometes que te vas a comprar ese rifle?”.
Dije: “Sí”.
Y ella dijo: “Luego, no quiero que te quedes soltero”. Dijo: “Consigue una buena muchacha Cristiana, con el bautismo del Espíritu Santo que criará bien a los niños”. Dijo: “¿Lo harás? Quiero que me esperes en la entrada”.
Dije: “Muy bien, cariño. Pero, no prometeré volverme a casar”.

86 Ella dijo: “Por favor, prométemelo”. Dijo: “No quiero que mis hijos anden de aquí para allá”. Y dijo: “Prométeme que nunca más bajarás la guardia. Que siempre predicarás este maravilloso y glorioso Evangelio, y el bautismo del Espíritu Santo”. Ella dijo: “Bill, no hay ni una sola preocupación en el mundo que tenga en este momento”. Ella dijo: “Solo estoy tan…”, ella estaba tan dispuesta a morir como el agua fluye hacia ese río. Dijo: “Solo odio tener que dejarte y a los niños”, pero, ella dijo: “Voy a regresar”. Dijo: “No tengo ningún deseo de quedarme”.

87 Yo dije: “Cariño, en esa mañana, párate al lado Este de la puerta de entrada. En algún lugar, en algún lugar del mundo, si estoy vivo, estaré predicando este Evangelio hasta el momento de encontrarme contigo. Y si duermo antes de ese entonces…”. Nosotros no creemos en la muerte. No hay Escritura en la Biblia que diga que un Cristiano muere. No, Señor, ellos no están muertos. Y así que, yo dije: “Si estoy durmiendo, estaré a tu lado allá en la tumba”. Yo dije: “Pero, si no lo estoy, estaré en algún lugar del mundo predicando el Evangelio. Y yo juntaré a los niños, o júntalos tú, y párate en la parte Este de la puerta. Cuando veas a Abraham, Isaac, y Jacob, y al resto de ellos subiendo, yo estaré allí”.

88 Y ella puso sus brazos alrededor de mí, y le di un beso de despedida. Eso fue todo. Los Ángeles vinieron a llevársela. Yo me fui a casa. Tan pronto llegué a casa, sin saberlo, aquí veía alguien corriendo y dijo: “¿Hermano Branham?”.
“Sí”.
Dijo: “Su bebé se está muriendo, también”.
“¿Bebé muriendo?”.
“Sí”.
Pequeña cosita gordita y saludable. Recuerdo que su mamá solía ponerla en la andadera, la ponía en el patio, y yo sonaba el claxon cuando iba llegando. Ella era lo suficiente grande para brincar y hacer: “Gu-gu, gu-gu, gu”. Tan dulce y gordita. Cómo la amaba a ella.
Yo dije: “¿Mi bebé no se está yendo?”.
“Sí”.

89 Corrí rápidamente al hospital. Sam estaba parado allá. Dijo: “No puedes entrar, Bill”. Dijo: “Ella adquirió meningitis tuberculosa, y se está muriendo ahora”.
Dije: “¿En dónde está Billy Paul?”.
Dijo: “Lo tenemos apartado”. Dijo: “Usted no puede entrar, ahora”. Dijo: “Se va a contagiar con ese germen, y se lo pasará a Billy”.
Dije: “Seguramente, doctor”.
Esperé hasta que dio la espalda y yo entré de todas maneras. Y yo entré, la tenían aislada en un lugar. No un hospital muy bueno. Las moscas en sus ojitos. Y fui para allá, y miré a la pobrecita. Y yo la sacudí. Sus piernitas eran gordas, y moviéndose de un lado a otro, como pequeños espasmos. Y cuando abrió sus ojitos y me miró… Ella tenía los ojos azules. Y esos ojitos azules, había sufrido mucho al punto que se le cruzaron. Y cuando ella me miró, yo dije: “Sherry, ¿conoces a tu papi, cariño?”. Sus labios comenzaron a temblar, y ella estaba tratando de abrazarme y se estaba muriendo.

90 Yo me arrodillé, y dije: “Oh, Dios, por favor, no dejes que muera mi bebé. Lamento haber escuchado lo que alguien más dijo. Llévame a mí, y permite que mi bebé viva. Yo soy el que pecó. Yo soy el que se equivocó”. Dije: “Permite que mi bebé viva, Dios. No te la lleves. Yo la amo mucho”.
Y mientras estaba orando, yo miré. Parecía como una sábana negra desdoblándose hacia abajo. Yo sabía. Yo sabía que eso era todo.
Solo unos minutos, entró la enfermera. Dijo: “Reverendo, Ud. no puede quedarse aquí”.
Yo dije: “Solo salga”.
Vi al Ángel de Dios venir, se llevó la pequeñita al hogar. Me acerqué y puse mi mano en su cabecita. Dije: “Querida, Dios bendiga tu corazoncito”. Dije: “Vas a ser directamente un angelito, en los brazos de mamá. Ella está tendida en la morgue, ahora mismo”.

91 Yo dije: “Dios, lo he hecho mal, pero un día, si Tú me perdonas, lo voy a corregir para Ti”. Dije: “Tú me la diste, Tú te la estás llevando. Bendito sea el Nombre del Señor”. Dije: “Yo te amo, con todo mi corazón”. Sentí su pequeña carne estremecerse. Ella se había ido.
Yo no podía mantenerme en una sola pieza. Mis huesos no se mantenían unidos, así parecía. Me estaba muriendo. La llevé a ella, la puse en los brazos de su madre, la llevé allá arriba de la colina, cavé un hoyo. Yo estaba parado allá, y el Hermano Smith, la iglesia Metodista, mi compañero, predicó el funeral. Lo escuché tomar esos terrones y decir: “Cenizas a las cenizas, y polvo al polvo, tierra a la tierra”.
Justo entonces, susurrando a través de esos pinos, vino un viento, parecía que estaba cantando:
Hay una tierra más allá del río,
Que le llaman el dulce más allá,
Y sólo alcanzamos esa ribera por grado de fe;
Uno por uno ganamos ese portal,
Para habitar allí con los inmortales,
Algún día ellos tocaran esas campanas doradas,
Por ti y por mí.

92 Aquí recientemente, mi muchacho, él era solo un pequeñito, le estábamos llevando una flor a la tumba de su madre. Él tenía su sombrero en su mano, y sosteniendo una pequeña flor la mañana de Pascua. Él comenzó a sollozar y a llorar… Billy Paul, el que me ayuda aquí en el servicio. Puse mi brazo alrededor de él. Caminó y colocó la pequeña flor justo cuando el día estaba aclarando. Yo dije: “Ahora ponte de pie, querido”. Yo dije: “Mamá y hermana, sus cuerpos yacen allí, pero del otro lado del mar allá lejos está una tumba vacía. Un día glorioso, por Su muerte y resurrección está será vaciada, y nosotros estaremos otra vez con ellas. Así que, no te preocupes, querido”.
Yo no podía soportarlo. Traté de trabajar. Yo traté… Podía ver que se fuera mi esposa, pero ¿mi bebé? Yo simplemente no podía superarlo.

93 Recuerdo que una tarde comenzaba a regresar del trabajo. Tomé la correspondencia al lado de la casa, y la miré. Decía: “Señorita Sharon Rose Branham”. Su pequeño ahorro de navidad, ochenta centavos. Yo entré, estaba tratando de tomar un baño en nuestra vieja casita allí de dos cuartos, y uno de ellos, nunca tuve fuego en el otro lado. La escarcha llegó a la puerta, y yo me arrodillé allí al lado de la vieja estufita, y mi catre, y estaba orando. Yo dije: “Oh, Dios, ¿por qué te la llevaste?”.
Y mientras estaba allí orando, sollozando durante la noche, debí haberme quedado dormido. Y soñé que había visto, que iba caminando por… Yo he pasado mucho tiempo, como unos veinte años, con ganado, en el Oeste. Yo iba por allí caminando. Traía mi sombrero, un sombrero grande, y estaba pateando mis espuelas a lo largo, yendo así, silbando esa canción: “La rueda de la carreta está quebrada. Un letrero en el rancho: Se Vende”. Y miré, y estaba una antigua carreta con toldo de pradera, y la rueda estaba quebrada. Y miré, y allí estaba parada una hermosa joven, parada allí. Ella dijo: “Hola, papá”.
Y yo dije: “¿Quién eres?”.

94 Y ella dijo: “Soy tu pequeña Sharon”. Ella dijo: “Mamá te está esperando allá en tu nuevo hogar”.
Yo dije: “¿Nuevo hogar?”. Dije: “Nunca hemos tenido un nuevo hogar, cariño”.
Ella dijo; “Pero acá arriba tienes uno, papá”.
Y comencé a subir, y los escuché cantando ese canto: “Veo las luces de la ciudad brillar”. Y me levanté, y allí estaba ella parada, mirándome. Ella puso sus brazos alrededor de mí, y me saludó, como siempre lo hacía. Ella dijo: “¿No te sentarás?”.

95 Y yo miré y allí estaba un sillón Morris. Comencé a mirar ese sillón Morris, la miré de vuelta a ella, y ella dijo: “Sé lo que estás pensando al respecto”.
Aquí abajo una vez, teníamos un solo sillón. Y el sillón solo costaba quinte dólares, yo iba a comprarlo aquí abajo. Y di dos dólares de enganche para él, y estaba pagando un dólar a la semana, Ud. sabe, cuando uno llega a un punto que no puede lograr que alcance. Todos Uds. saben de qué estoy hablando. No es una desgracia ser pobre. Yo simplemente no podía hacer que me alcanzara, y falle dos o tres pagos, y ellos me dijeron que vendrían a recogerlo. Simplemente no podíamos dar los pagos. Y un día, cuando entré, nunca lo olvido. Ella me había horneado un pastel de cerezas, y todo, y dijo: “Entra”. Y fui al cuarto de enfrente, y no estaba mi sillón. Cuando trabajaba duro todo el día, y predicaba hasta media noche, y luego entraba y me sentaba en ese sillón, porque me gustaba. Y vinieron y me lo quitaron.

96 Y ella dijo: “¿No te sentarás?”. Y el sillón se parecía, solo que más grande. Y ella dijo: “¿Te acuerdas de aquel allá abajo en la tierra?”.
Yo dije: “Sí”.
Ella dijo: “Bill, ellos nunca se van a llevar ese. Ese ya está pagado. Es tuyo. Siéntate”.
Discúlpenme, gente. Y un día glorioso, un día, voy a predicar mi último sermón. Voy a orar por la última persona por la que tendré que hacerlo. Pero hay un sillón colocado cruzando el río, yo quiero sentarme un rato.
Alguien me dijo no hace mucho, dijo: “Hermano Branham, está en casa. Pasa toda la noche, y todo el día, y todos los días, y de todo”, dijo: “¿En qué momento se toma un descanso?”.
Yo dije: “Cuando cruce el Río. Tengo un sillón allá, me voy a sentar y descansar un rato”.

97 Inclinemos nuestros rostros.
Señor, perdóname, Señor, por ser un bebé, pero hoy veo esos días antiguos, las cicatrices y cosas, mientras lo recuerdo. Dios concédele a estas personas, si hay alguno aquí, Señor, que está como indeciso sobre lo que van a hacer a partir de hoy, que ellos extiendan su mano, Señor, y toquen Tu mano. Yo creo que del Otro Lado, Tú tienes a mi querida esposa, a mi bebé, mi pequeña Sharon. Te doy las gracias por restaurarme, Señor, todo lo que perdí, y más. Yo te amo. Es totalmente con todo mi corazón, yo quiero servirte mientras viva. No hace ninguna diferencia lo que ellos lo llamen, o lo que digan, yo quiero servirte a Ti.

98 Querido Dios, pudiera haber un pobre hermanito o hermanita de Kentucky sentados aquí esta tarde, que no te conocen. Yo oro, Dios, que si los hay, que Tú los perdones en este momento. Concédelo, Señor. Que puedan llegar a esto. Cuando llegué el gran tiempo de descanso, y todas las labores terminen, que nos sentemos juntos en el Reino de Dios. Escucha la oración de Tu siervo.
Mientras tenemos nuestros rostros inclinados solo un momento. ¿Está Ud. sin Dios esta tarde? Si es así, ¿podría levantar su mano, decir: “Hermano Branham, yo quiero encontrarme con usted en aquel lugar? Quiero compartir compañerismo junto con Ud. en el Reino de Dios. ¿Me puede recordar en oración?”. ¿Podría levantar su mano por favor? Diga: “Recuérdeme a mí”. ¿Hay alguien en el edificio? Dios le bendiga, cariño. Dios le bendiga, a usted, a usted.

99 Si Dios escuchará mis oraciones, para abrir los ojos del ciego, y hacer que el sordo oiga, y los lisiados caminen, ¿no escuchará Él si Ud. lo busca conforme a Su justicia?
¿Hay alguien aquí que no tiene este maravilloso bautismo del Espíritu Santo? ¿Nunca ha nacido de nuevo?
Usted dice: “Yo pertenezco a la iglesia, Hermano Branham”. Bueno, eso no funcionará hermana, hermano. Está bien vivir aquí, pero espere cuando venga probando muerte, entonces lo sabrá. Si no tiene el Espíritu Santo, ¿levantaría su mano? Diga: “Ore por mí”. Cada rostro inclinado, ahora. Dios le bendiga, dama. A usted, a usted, y a usted, y a usted, y a usted.
¿Nos daría un pequeño acorde en el piano? Les voy a pedir solo por un momentito, ahora, mientras permanecemos tan quietos como podamos, aquellos que están buscando a Dios, ¿podrían venir para acá y pararse en el altar? Quiero estrecharles la mano, poner mis manos sobre ustedes, orar con Uds. ¿Vendrán, ahora? Muy bien.

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