OBRAS DEL MENSAJE


Porque No Tenemos Aquí Ciudad Permanente
Little Rock, Arkansas, EE.UU.
50-0200
1
Más es por su gloria, lo digo. Dios les bendiga.
Ahora, en el capítulo 13 de los hebreos, deseo leer algunas escrituras, porque el servicio no está completo sin la lectura de la palabra de Dios, mi palabra fallará, la palabra de todos fallará, más la palabra de Dios nunca fallará.
Tenemos un altar, del cual no tienen derecho de comer los que sirven al tabernáculo.
Porque los cuerpos de aquellos animales, cuya sangre es introducida por el pecado en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento.
Por lo tanto, también Jesús padeció fuera de la puerta de la ciudad para santificar al pueblo por medio de su propia sangre.
Salgamos pues a Él fuera del campamento, llevando su afrenta.
Porque no tenemos aquí ciudad permanente, más buscamos la que ha de venir.
(Ahora este es mi texto) porque no tenemos aquí ciudad permanente, más buscamos la que ha de venir.
Me imagino que mi voz está un poco resonando allá adentro, y regresaré a… ¿Me pueden oír todos allá arriba en el balcón, en el segundo balcón, muy bien?
Me gustaría hablar sobre: “Aquí no tenemos una ciudad permanente” como para respaldar y… y Uds. oren. No hay nadie que…
2
Yo pienso en Abraham cuando salió de la ciudad de Ur… Era… Ur. Y la tierra de los caldeos, él estaba buscando una ciudad cuyo arquitecto y constructor era Dios. Fíjense. Había algo en Abraham que podía ver aquella gran ciudad de Ur, y él sabía que la misma cosa que hizo colonizar completamente aquellas personas, era porque en alguna parte tenía que haber una ciudad de la cual este era tipo. Y por instinto o por la guianza del espíritu santo, él buscó aquella ciudad cuyo constructor y arquitecto era Dios, él entonces habitó en tierra extranjera, profesaron ser peregrinos y extranjeros, buscando una ciudad, morando en tiendas con Abraham, Isaac, y Jacob. Y luego entonces, vemos aquella ciudad.
3
No importa cuántos lugares Ud. alguna vez haya estado errante, no importa cuán lejos Ud. vaya. No hay ningún lugar como en casa, ¿Es correcto? ¿Cuántos aquí han estado lejos de casa, vemos las manos, solo estar lejos de casa? Oh, vaya. ¡Ojalá pudiera cantar! Yo cantaría: “Somos peregrinos y extranjeros buscando una ciudad que ha de venir” sea muy humilde, no hay nada como en la casa.
Tomemos un pequeño viaje de regreso a casa, ¿Les gustaría hacer eso? yo creo que todos aquí les gustaría hacer un pequeño viaje de regresso a casa, ¿le gustaría, tomar un viaje de regreso a casa? No hay ningún lugar al que Ud. pueda ir y se pareciera a esa amorosa y pequeña ciudad donde Ud. haya vivido, o aquel lugarcito antiguo fuera del país para vivir.
Yo mismo, quiero bajar por el camino en esta tarde con cada uno de Uds. tomando una pequeña tarde de paseo para revisar estas cosas una vez más.
4
Lo primero que viene a mi mente en este momento, es un hogarcito humilde construido en los campos de retama [escobera – Trad.] con árboles de manzanas alrededor por donde vivió mi padre y mi madre y su pequeña familia. En verdad fue en un lugarcito muy humilde. La…
Éramos muy pero muy pobres. Papá la pasó bien difícil, él era un hombre muy pobre, él trabajaba por setenta y cinco centavos el día en un aserradero, mi padre tuve un vicio malo, la bebida, lamento decir eso, pero es la verdad. Y él… mi padre murió en mis brazos, vi a mi padre trabajar tan duro que cuando entraba su espalda estaba tan quemada por el sol que su camisa se pegaba a su espalda y mi madre tenía que tomar y cortar su camisa para sacarla de su espalda, no me importa lo que él hizo, él es mi papá, no me avergüenzo de mi padre, él no está conmigo hoy, pero él aun es mi papá.
5
Y Uds. los jóvenes, recuerden, si hoy tiene la fortuna de tener a su padre vivos y a su madre, ámenlos, hónrelos, vendrá la hora cuando pensaran que son las personas más maravillosas en el mundo, si no los honran ahora, y nunca los honraran, jovencitos nunca digan esta palabra difamatoria. “Hombre viejo” o mujer “mujer vieja”. Esa no es la mujer vieja o el hombre viejo, ese es papá y mamá.
Y algunos de estos días cuando salgan de esta sala, en un ataúd, con flores, Uds. lo oirán bajar a la tierra, y el pastor dirá: “Cenizas a las cenizas y polvo…”
Para entonces no será: “el hombre viejo” allí no habrá: “vieja” será “Madre” y Uds. estarán retorciendo de las manos y llorando. Es correcto.
Fíjense, mientras ella está viva, regálenles flores, y regálenle flores a papá. Es correcto, fíjense, el mejor regalo que les pueden dar a ellos es ser obedientes, esa es la primera promesa en la biblia, el primer mandamiento con promesa: “Honra a tu padre y a tu madre” para que tus días sean largos sobre la tierra dice el señor“
6
Mi padre trabajó en una hacienda. Recuerdo a mi madre… Teníamos en la casa aquellas viejas sillas de madera de nogal, envueltas… Bueno no soy la única persona del campo aquí hoy, ¿cierto? y teníamos una vieja lámpara de querosene con un gran búho viejo en la chimenea. ¿Recuerdan aquellos búhos? Tenía uno que solía limpiarlo, porque mis manos eran muy pequeñitas, podría limpiar la chimenea. Y teníamos en la cocina una vieja estufa para cocinar.
Y pop [papá – Trad.] cortaba la madera y la poníamos adentro, la colocábamos detrás de la estufa, y nosotros siendo niños ayudamos y veíamos a papá cortarla.
Y teníamos una meza. Y detrás de la meza estaba una banca.
Papá agarraba un trozo del granero, y hacia una banca de madera para que todos… nosotros los niños nos sentáramos en ella.
Solamente teníamos tres sillas. Y entonces montábamos…
7
Y recuerdo la cabaña, la parte del frente, tenía un piso, tenía una habitación y la mitad de la habitación en la parte de atrás. Teníamos aquellas pequeñas y viejos… nosotros la llamábamos las estufas de monos o estufas de lavandería colocada en un tocón.
Y mamá cocinaba allí.
Y aquí estábamos con cinco Branhams pequeñitos. Corríamos allí adentro, y nos lavábamos la cara, y nos alisábamos el cabellos y saltábamos detrás de la meza, y una gran olla para la cena, cocinada en una viejo fogón de tres patas… ¿Cuántos las recuerdan?, caramba como me agradaría tener una cena ahora mismo en una de esas. Y nos…
8
Ella tomaba una carne res y hacía un guisado de Mulligan ¿cuantos saben lo que es guisado de Mulligan? [es un plato que se dice que fue preparado por vagabundos irlandeses estadounidenses en la calle a principios de 1900 – Trad.].
No soy el único irlandés aquí entonces, ¿cierto? Entonces, ellos ponían el guisado de carne allí. Y cenábamos…
Mi plato era de hojalata, francamente, era como la tapa de un balde que estaba doblado, por eso siempre me tocaba una buena porción, la taza llena y desbordaba el guisado, y asábamos pan de maíz en una sartén ¿Cuántos recuerdan aquel antiguo sartén para asar pan de maíz? Lo cortábamos y lo poníamos encima.
Yo me sentaba cerca de papá, porque cada uno partía su propio pan, entonces cuando era mi turno, arrancaba las esquinas porque estaban más las tostaditas, sabía demasiado sabroso. Y en verdad me gustaba eso. Sí, señor, en verdad que sí.
Yo me supongo que he comido en muchos lugares, y en algunos de los mejores sitios en la nación que ministro los amigos míos me han llevado a cenar, lo cual estoy muy agradecido, pero amigos, yo daría todo lo que tuviera o lo que tendré, si tan solo me pudiera sentarme detrás de aquella antigua mesa una vez más para ver a mi papá sentado allí y comer un guisado de mulligan con él, nunca más lo haré. Es correcto. Está hecho para siempre. Disfruten su niñez jovencitos. Amen a Dios.
9
Ver a todos mis hermanos sentados allí, las pequeñas cosas saludables. Algunas de ellas están en la eternidad. Ya no puedo hacer otra vez. Porque aquí no tenemos una ciudad permanente, más buscamos la por venir.
Yo solía ver a mi papá cuando entraba, él era un persona de mi tamaño, pero muy fuerte, y él se enrollaba las mangas de esta manera.
Y la poníamos en aquel viejo árbol de manzanas, ellos tenían una bandeja de lavar colocada allí abajo con pedazo de vidrio colgando del árbol, y una toalla echa de un viejo saco de harina. Y salíamos allí y lavábamos en este viejo banco de madera, luego nos lavábamos el exterior, allí estaba aquella banca alrededor del árbol.
Yo veía a mi papá cuando se peinaba su cabello negro ondulado, y sus rollos de músculos sencillamente se revolvían debajo de su brazo yo pensé: “oh, vaya. Mi papá vivirá mil años” yo creía. Yo admiraba a mi papá y pensaba: “Cuan fuerte es él” dije: “Vaya, él vivirá y vivirá y vivirá porque él es tan fuerte” él murió a los cincuenta y dos años. Porque aquí no tenemos una ciudad permanente.
10
Fíjense, yo pensé: “Aquella casa, cuán grande” debajo de ella había troncos, por fuera eran como un tejada de tabla de madera, pensé: “Oh, cuanto… esa casa permanecerá por cientos de años” hoy en día, hay un proyecto de vivienda allí. Aquí, no tenemos una ciudad permanente, sino que buscamos una por venir. Eso es correcto.
Antes de venir aquí pasé por allí, tengo un gran pesar en mi corazón. Oh Dios, ¿Cómo es que acaban de pasar veinte años y hay tal diferencia en un lugar? Pero aquí, no tenemos una ciudad permanente. Nosotros estamos buscando una por venir, y pensé en mi papá.
Y también, nosotros… recuerdo cada sábado por la noches, íbamos a la ciudad y pagamos la cuenta de comestible, y siempre pagamos la cuenta de los comestibles, el señor Grower nos daba (el señor de los comestibles) nos daba una bolsa de dulces, creo que el crédito de nuestra cuenta se extendía hasta tres dólares semanal, y vaya, y mi papá solo ganaba cuatro dólares y medio.
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Así que mamá compraba algunos comestibles en… mi esposa está sentada aquí, me apena decir la clase de comestibles que eran, pero siempre cometo un error al decir eso. De todas maneras, eran cosas pequeñas, saben, cosas que usaban para hacer camisas.
Recuerdo en una ocasión en mi iglesia, yo dije a… uno de las peores metidas de pata que he tenido en mi iglesia, iba a tener humilde servicio el miércoles por la noche, y yo dije… y el coro estaba detrás de mí. Yo dije… y era que… lo que… g-a-n-h- jan- Gingham… ese era su nombre. Yo dije… y trataba de recordar ese nombre.
Y hay un lugarcito llamado Gingham- Gimngham cottages. Trataré de acordarme de eso. Y dije: “Seguro que cometo un error cuando menciono eso”
Yo tenía una niñita que cantaba en el coro, su nombre era Irene Wiseheart. Yo dije: “Fíjese, hermana Wiseheart, cuando me dé la espalda, si lo olvido al respecto, Ud. me menciona lo que era”. Y yo no entendía nada de comestibles o algo así.
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Y dije: “fíjense, el miércoles por la noche será para humillarnos aquí en el tabernáculo, yo dije: ”Fíjense, a todos Uds. los hermanos póngase su ropa de trabajo, sus pecheras, Yo voy a predicar con mis pecheras“ dije: ”todos Uds. salgan con sus pecheras, y todas las hermanas pónganse sus…“ lo dije caminando hacia atrás.
Y daba más para atrás, y ella me y dijo: “ Gingham, Gingham”.
Yo repetí: “Tu vestido de galgos [una clase de perros – Trad.]” y vaya… y oh, vaya. Esa fue la peor metida de pata que alguna vez haya cometido, y todos comenzaron a reírse de mí y pensé: “Bueno ni modo, ya está dicho. Entonces yo dije: ”Lo que sea ese comestible se parece a este pequeño algodonal aquí“
Entonces en una noche, yo iba camino a casa. Yo patrullaba. Yo acostumbraba llevar aquellos antiguos grandes pañuelos rojos. Cuando Ud. está de cacería, Ud. sabe, Ud. tiene que tener un pañuelo rojo, y yo llevaba uno en mi bolsillo.
Y una noche, yo entro y… vivíamos en una casita de dos habitaciones. Crucé la calle rápidamente, saben, me vestí en la habitación y me cambié la ropa, y yo estaba allí predicando a todo lo que da, Uds. saben, y comencé a sudar, y me di la vuelta y alcancé este pañuelo, saben, y comencé a moverlo de esta manera, y cuando veo es un pañuelo rojo grande, vi a mi esposita mirándome, y dije: “Oh, bien” Yo dije: “tengo temor de esos pequeñitos. Tengo miedo de tragármelos”. Entonces dije… Hay dos peores metidas de pata que sabía… fueron en la iglesia.
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Más recuerdo que papá nos llevaba los sábados por la noche y pagamos la cuenta de los comestibles, y recibía aquella bolsa de dulces. Y teníamos un viejo vagoncito. Uds. por aquí lo llaman, creo que un carretón o como sea, y colocábamos paja detrás del carretón. Y si hacia frio nos arropábamos con sábanas y íbamos, y este iba escupiendo nieve, y se pagaba la cuenta de los comestibles.
Y todos estos pequeñitos irlandeses sentados allá afuera y esperando, Ud. sabe, a que llegaran los dulces. Luego salíamos y ese dulce tenía que ser partido en partes iguales para cada uno, si era uno largo lo partíamos en pedazos iguales, para asegurarnos, cada pequeño ojo azulé tenía que estar vigilándolo, para asegurarnos de no se le hiciera trampa, luego nos sentábamos a comerlo.
Y jugábamos a hacer trampa a ellos. Yo hacía… Ahora no lo tragábamos, ni lo masticamos, porque era de mucho valor, aquel viejo dulce largo. Yo hacía… Nosotros lo chupábamos por un ratito, luego paraba por un rato, Ud. sabe, y luego lo chupaba otra vez.
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Bueno, recuerdo que yo usaba hacerle trampa a ellos, me lo lamia mi pedazo por un ratito, y lo envolvía en un pedazo de papel, y lo colocaba en mi bolsillo, y tenía algo para el lunes. Y lo chupaba y les decía a los muchachos: “¿No les gustaría tener un poco”? Y luego yo simplemente colocaba aquel pedazo, y el sucio, y el dulce, y lo enrollaba todo… [Palabras inciertas]… Y estos era bueno.
Y me supongo que podría ir mañana y comprar una caja de chocolates, de Hershey, si quisiera, pero nunca tendría el sabor de aquellos, esos era verdadero dulce.
Y recuerdo aquellos días del pasado y cuan gloriosos eran. Y como al ir para la escuela… en aquellos días de la escuela, íbamos a la escuela. No teníamos casi mucha ropa que usar, solo lo suficiente para cumplir con los requisitos de la ley escolar para ir.
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Y recuerdo ir a la escuela todo el invierno con uno de los zapatos puesto de mamá, y uno de papa. Es correcto. Yo tenía… a eso lo llamábamos disfrazarse yo me ponía el zapato de mamá en este pie y el de papá. Y es desagradable decir esto, pero es la verdad. Es la verdad.
Recuerdo que no tenía ninguna camisa para usar en el invierno. Y la señora Wathan, una señora adinerada que vivía cerca de la carretera de nosotros, me dio un pequeño abrigo que tenia de emblema un águila. Y yo halaba a ese abrigo así de esta manera y seguía hasta la escuela.
Recuerdo sentarme allí, y ese abrigo me calentaba, Ud. sabe, y la maestra decía: “William”
Yo decía: “Si, señora”
Ella decía: “¿No tienes calor? Es mejor que te quites ese abrigo”
Yo no me podía quitar aquel abrigo, no tenía ninguna camisa puesta. Entonces yo decía: “¿Por qué?, yo… No señora”. Yo decía: “Es que tengo un poco de frio”
Ellos tenían aquellas grandes estufas puestas allí. Ella decía: “No que te de un resfriado, ve ponte allí más cerca de la estufa”.
Vaya, vaya, me sentaba allí y el sudor comenzaba a bajar por toda la cara. Ella decía: “¿Todavía no te has calentado”?
Yo decía: “No, señora, ya estoy bastante tibio, pero yo no me podía quitar aquel abrigo. Yo no tenía ninguna camisa puesta.
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Y también recuerdo aquella primavera cuando recibí mi primera camisa, yo tenía una prima, una chica, Lucille Hare, la hija de la hermana de mi padre, ellos venían a visitarnos. Y cuando ella se fue, ella dejó uno de sus vestidos.
Corté la parte de la falda y la usé la parte de encima como camisa. Me fui a la escuela, y tenía esta cosita aquí… ¿Que es esa cosita que sube y baja, Ud. sabe, así de esta manera, ellos ponen esas cosas en los bordes de los vestidos? ¿Raquetico, requítico? O lo que sea… no sé lo que es. ¿Raque qué? Risque-rosque. Y tan solo nos… Estaban por todas partes, risque-rasque por todos lados. Entonces esto es… [Grabación en blanco]… [Palabras confusas].
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Bajando por la colina íbamos, remachando, aplastando, machando, ribeteando, bueno no íbamos deslizándonos como el resto de los muchachos, pero de todas maneras nos íbamos deslizándonos. Nosotros de todos modos íbamos llegando allí en este viejo disco doblado. Bueno, eso estaba bien, pero rato… Algunos de los muchachos tenían muy buenos trineos. ¿Pueden notarlo? Así que después de un tiempo, el fondo del disco se desgastaba, entonces no teníamos más disco deslizador. Y nos fuimos bajando por el rio, y me conseguí con un viejo tronco, le puse un alambre, y lo halé hacia la parte superior de la colina.
Yo nunca me olvidare lo que sucedió allí, allí estaba un chico llamado Lloyd Ford. El hermano Graham, donde quiere que Ud. esté, es mi pastor asociado que está aquí en alguna parte. Lloyd Ford, se consiguió un trabajo, eso fue en la época de la primera guerra mundial. Entonces él se consiguió un trabajo vendiendo “Exploradores” o algo así, las revistas. Y él tenía que usar uno de los uniformes de chicos exploradores Y para entonces todo era guerra, Ud. sabe, el ejército, oh, cuanto deseaba vestirme como un soldado.
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Yo veía aquellos soldados de los cuarteles principales subiendo por la carretera, muy esmeros, caminando. Y en la escuela, teníamos aquel viejo poste de sasafrás allí, elevábamos la bandera, y aquellos soldados pasaban queriendo saludar la bandera.
Yo pensé: “Como…” Oh, mi corazón palpitaba. “Cuando sea lo suficiente grande, voy a unirme al ejército, y usaré muchas ropas. Y yo lo hare… Y si puedo unirme al ejército”. Pero, cuando crecí lo suficiente yo era muy flaco, para alistarme en el ejército. Y ellos ni siquiera me aceptaran.
Pero alguien me aceptó. Correcto. Hoy yo estoy en el ejército. Tal vez Ud. no vea el uniforme, pero yo sé que lo tengo de todos modos. Está adentro. Estoy en el ejército del Señor.
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Y entonces en la guerra, procuré todo lo demás como voluntario, pero no me recibían, ellos nunca me llamaron. Me pusieron en la clase de ministros, y nunca me llamaron, supongo que mi educación era muy pobre para estar en la clase de capellán, y luego entonces siendo un ministro, ellos no… yo… ellos no me reclutaron. Entonces allí estaba. Yo quedé afuera.
Pero de alguna manera u otra, aun siendo flaco, sin educación y sin todo, Dios un día envió a reclutarme, y yo respondí al llamado. Ahora estoy en su ejército, estoy haciendo lo mejor que puedo, para pelear la más grande batalla jamás peleada, para seguir adelante contra del pecado y la maldad, y por la justicia.
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Recuerdo que le pedí a Lloyd. Le dije: “¿me daría ese traje cuando ya esté desgastado”?
Y él dijo: “Sí, yo te lo daré”
Y ese fue el traje con el que más tiempo he visto que duro, él usó ese traje, parecía… cuando lo vi en una ocasión, él vino pero se le olvido, y yo dije: “Lloyd ¿y que del traje?”
Y él dijo: “Veré si puedo encontrarlo, Billy”. Miró por todas partes, y dijo: “No, señor, sabes, mamá lo usó para parchos para la ropa de mi papá, los perros lo usaron como para acostarse, y se la llevaron arrastrada por ahí” y él dijo, lo único que le queda es una pierna“
Y yo dije: “tráemela”
Era una pierna de pantalón ya vieja de esta manera, guarnecida con encajes por un lado. Entonces agarré aquella pierna, Ud. sabe, me la puse alrededor de la casa. Me la ponía. Vaya, la miré, se veía tan bien, Ud. sabe, una pierna. Pensé: Vaya, eso se siente bien“. Yo quería usarla para la escuela, pero no sabía cómo iba hacer para usar aquella sola pierna en la escuela. Entonces me la puse por dentro de mi abrigo.
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Y yo andaba remontando sobre aquel tronco un día, bajé la colina.
Y oh, me levanté y dije: “Me lastimen la pierna” fuiii“ dije… mis calcetines, Ud. sabe, tenían unos huecos grandes, y dije: ”Me lastimé tanto la pierna“
Dije: “Eso me recuerda, que yo tenía una de mis piernas de chico explorador aquí en mi abrigo”. Y me puse esa pierna de pantalón. Vaya, entré a la escuela, Ud. sabe, como que estuviera cojeando, pero estaba seguro que todos notaran esa pierna.
Y entonces tuve que levantarme y resolver los problemas sobre el pizarrón, y hasta ahora ellos no habían notado que yo tenía una pierna de pantalón puesta, yo me levanté y puse la pierna de pantalón para que notaran mi pierna de este lado y me levanté de esta manera, y resolví los problemas de esta manera. Miré para ver si todos me estaban mirando, aquella pierna de pantalon. Todos comenzaron a reírse de mí. Vaya, comencé a llorar, y ella me hizo que yo bajara. Pero, oh, vaya. Fue algo allí…
Hoy en día tengo un pantalón con un par de piernas de las que no estoy avergonzado, es correcto: el evangelio de Jesucristo.
Y entonces, muchas cosas sucedieron en mi niñez allá en el pasado, que no tendría el tiempo de relatarlas.
22
No hace mucho tiempo, yo tenía un avivamiento en Texas, vine a casa, y… Mi esposa, yo y el bebé, nosotros íbamos por la carretera. Estaba tan cansados, yo tan solo casi me desmayaba, ya no aguantaba.
Y de camino a casa, estaba manejando, y con mucho sueño cabeceando. Y iba a conducir un par de millas más, luego me detendría. Y trataría de dormir, y me despertaría. Y conduciría un poquito más, pero me dio sueno manejando, y ya casi me salgo del camino. Y yo pare. Pensé: “Esto es tremendamente peligroso, pero debo llegar a casa”. Y me recostare en mi carro y tratare de dormir.
¿Yo desperté después de un rato y saben lo que había sucedido? Mientras Yo manejaba, me salí del camino, y estaba en un pastizal de vaca, sosteniendo mi mano y diciendo: “Hermana yo lo creo. Eso es todo lo que Ud. tiene que hacer. Si alguna vez te sanas, entonces lo crees”. Allá adentro en aquel pastizal donde me había salido del camino, y a través de aquel campo, y con sueño. Mi esposa y yo, hay una gran multitud de personas allí, están esperando allá. Entonces entramos al carro y subimos al camino.
23
Yo pasé por aquella vieja casa de la escuela; había desaparecido, porque no tenemos una ciudad permanente.
Y al frente al otro lado allá, allí solía estar el chofer de la señora Wathan y [Palabras inciertas] ellos vivían allí. Allí había una pompa de agua la que me gustaba beber. Y pensé, como David en una ocasión, quería beber agua de aquel pozo. Y bajé hasta allí y comencé a pompear el agua, la esposa y el bebé estaban agarrando flores violetas.
Yo estaba recostado de la vieja cerca, y mirando aquella antigua colina donde solía estar la escuela, y aquellos arboles viejos, los arces de azúcar, donde solíamos repiquetear y chupar la savia de ellos en la primavera del año, Ud. Sabe, cuando venía la temporada.
Y pensé: “Oh…” solo podría imaginarme ver aquellos muchachitos pararse en una fila con sus manos sobre los hombros el uno con el otro, marchando de esta manera, la bandera en alto, y entrabamos, la maestra con su larga varita de sauce, alineándonos en una fila derechita. Y miraba sobre aquella colina, y ver el antiguo hogar donde solíamos estar, allí hay un proyecto de vivienda. Por aquí abajo la vieja escuela ya no estaba allí.
Y vaya, mi corazón comenzó a hincharse, y pensé: “Porque aquí no tenemos una ciudad permanente, sino que buscamos la por venir”.
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Recuerdo a los muchachos con los que solía… Yo dije: “Déjeme pensar. Ralph Fields, ¿Dónde está él? se ha ido. ¿Dónde está Howard Higgins? Muerto. ¿Dónde está mi hermano? Se ha ido. Porque aquí no tenemos una ciudad permanente… ¿Dónde está papá? Se ha ido. ¿Dónde está Charles? Se ha ido. ¿Dónde está Edward? Se ha ido”. Pensé: “Oh, Dios, pronto alguien buscara por este lugar y dirá: ”¿Dónde está Billy? Se ha ido“. Aquí no tenemos una ciudad permanente, comencé a meditar en eso. Mi corazón comenzó a palpitar.
Recuerdo un viejo un mal truco que le hice a mi hermano allá. No haga algo malo de lo que tengan que arrepentirse.
Recuerdo que un día cuando mamá nos dio un poco de palomitas de maíz para llevar para la escuela. No pudiamos comerla con el resto de los niños. Nosotros siempre corríamos a la colina y comíamos allí – por que el resto de los niños podían darse el lujo de tener sándwiches.
Teníamos un pequeño frasco. Y allí adentro había verduras y un trozo de pan de maíz a su lado, había dos cucharillas, y tal vez un frasquito lleno de cosas, Ud. sabe. Y nos sentábamos a comer con las cucharillas lo de este frasquito, y comíamos nuestro pan y lo pasábamos de un lado a otro. No nos avergonzábamos delante de los niños. Y corríamos por la colina y comíamos por allí detrás de los árboles.
25
Recuerdo a mamá dándonos algo de palomitas de maíz cerca de la navidad, teníamos un saco, las llevamos a la escuela, y la dejamos en el cuarto de guardar los abrigos. Y aquí el pequeño truquito que hice. Levante mi mano. La maestra dijo: “¿Qué quieres William”?
Yo dije: “¿Me puede excusar”?
Dijo: “Si, señora – sí, señor
Y salimos del edificio, y salimos por el cuarto de guarda ropa, metí mi mano en el saco, y agarré un puñado de palomitas de maíz, salimos y nos paramos detrás de la escuela y nos comimos estas palomitas de maíz para asegurarme que recibiría mi ración de palomitas, Y yo me estaba comiendo aquellas palomitas de maíz. Nunca lo olvidaré. Cuando llegó la hora de comer, salimos y agarramos nuestra cubeta y sacamos nuestras palomitas de maíz. Mi hermano miró dentro de aquel saco y quedaba como la mitad. Él dijo: “Oigan”, aquí sucedió algo, ¿no es así?“
Yo dije: “Claro que sí”. Aja-aja-aja, yo sabía lo que había sucedido, yo me había comido la ración de él. Entonces… Pero él compartió el resto.
26
Y parado allí recostado sobre la cerca, pensé en todas esas cosas. Aquellos que se había ido. El murió en el hospital llamándome a mí cuando yo estaba en Arizona, hace muchos, muchos años atrás.
Amigos, si tuviera en frente de mi cien millones de dólares, daría todo lo que tengo si pudiera con tal de llevarle a él un puñado de palomitas una vez más. Pero, no podría. Él se ha ido. Y pensé: “Cuan duro fue para él vivir. El murió cuando él solo era un muchacho”. Y como procuramos compartir nuestras ropas los unos con los otros. Y justo antes de él morir, él se puso su mano en su corazón, dijo: “Nunca viviré para ver a Billy otra vez”. Pero dijo: “Díganle que él es mi hermano favorito”. Y estando por allá, estaba meditando en eso. Comencé a llorar, mi esposa dijo: “Porque no vienes a casa a descansar, viendo ella lo que estaba sucediendo. Ella me sacó de allí, y seguimos por nuestro camino: La vida cuando eres un niño; era la niñez. Me apresuraré.
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Yo era un hombre joven; he visto cómo viven las mujeres. A mí nunca me gustaron las chicas, nunca me gustaron las mujeres, porque yo lo bastante de la manera que ellas vivían. Si hay algo que respeto en una mujer es ser sincera. No me importa si ella es de color, blanca o lo que sea, si ella es una dama genuina, ella merece el más grande respeto. Dios sabe eso. Y yo me propuse en mi corazón cuando era un muchachito que no tendría nada que ver con mujeres. Yo sería un cazador toda mi vida. Y eso fue lo que hice, amigo. Y yo he vivido en los bosques, cazado toda la noche. Y es por eso que… Fue allí donde aprendí de Dios por medio de la naturaleza.
Recuerdo cuando… Por supuesto, cuando llegué a la edad de los diecisiete o dieciocho, como todos los chicos, ellos… Un muchacho amigo mío, su papá tenían un carro, James Poole. Y él tenía una chiquita a la que él quería que yo conociera. Y Ud. sabe cómo es uno. Yo había visto aquella muchachita y pensé que ella la cosa más bonita que alguna vez haya visto. Ud. sabe, sus dientes como perlas, ojos como de paloma, cuello como de cisne. Oh, vaya, sencillamente lo más bonito que haya visto.
Entonces dijo: “Ella te quiere conocer Billy”
Y yo dije: “Oh” dije: “Es que yo no sé cómo hablarle a una mujer”. Yo dije: “No puedo hacer eso”
Y él dijo: “Vamos adelante”
Entonces yo había hablado con ella en otras pocas ocasiones. Y luego, él dijo: “Yo buscaré el carro de papá”. Y dijo: “Nos… vamos a dar un paseo con nuestras chicas.
Yo pensé: “Bueno, eso no sería tan malo”
28
Entonces salimos. Nos paramos allí para comprar algunos sándwiches. Y yo entré y compre unas coca-colas, y algunos sándwiches, y salí para afuera. Y nos comimos los sándwiches y llevamos las coca-colas de regreso, las botellas vacías de coca cola. Cuando regresé y cuando salí, para mi sorpresa, la muchachita estaba fumándose un cigarrillo.
Bueno, yo siempre tuve mi opinión de una mujer que fuma cigarrillos, y aun no la he cambiado de parecer. Es la cosa más baja, lo más inmoral y degradante que una mujer pueda hacer. No estoy aquí para predicar el evangelio de esa manera. Su pastor se encargará de eso.
Pero mujeres, si Ud. fuma, por misericordia de Él, aléjese de eso. Eso hace ver a una mujer muy barata la que fume cigarrillos. Vaya, es la cosa más depreciada, prefiero verla embriagada en cualquier momento.
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Y escuchen. Ud. habla de sabotaje. No se preocupe por Rusia a que entre y nos agarre. Rusia no nos va a lastimar; nosotros mismos nos vamos a lastimar. Es nuestra propia decadencia moral la que nos está lastimando. Nosotros mismos nos estamos corrompiéndonos.
Los médicos muestran las estadísticas, yo creo que el ochenta por ciento de las mujeres que tienen niños fuman cigarrillos, si crían a sus bebes como deberían, dándoles pecho, morirían en dieciocho meses. Esa cosa mataría al bebé, el veneno de la nicotina en la leche de la madre. Pues, es sabotaje, el quinto columnistas…?
Yo digo aun, lo que este mundo necesita no es un nuevo presidente, lo que necesita es un avivamiento tiempos pasados al estilo San Pablo, y con el bautismo del Espíritu Santo de acuerdo a la Biblia de regreso en la iglesia otra vez. Yo creo que es lo correcto. Sí, señor. Eso es exactamente lo que necesita.
30
Y las mujeres, como es que pueden fumar. Y pensaba que era terrible ver a una mujer fumar. Bueno, eso sencillamente rompió mi corazón. Yo no podía soportar eso. No quería tener nada que ver con eso. Entonces solo me aparté de ella. Eso fue cuando se me apareció el ángel del señor… Ella se rio de mí, y me llamó afeminado. Ella me hizo regresar a casa (Eso fue correcto) desde aquel lugar. Ella dijo: “Bien, tu eres un muy delicado. Yo ni siquiera viajaría contigo”
Yo dije: “No tienes que hacerlo”
Ella dijo: “¿Tu no fumas”?
Y yo dije: “No, señorita”
Dijo: “¿Tampoco bebes?”
Y yo dije: “No, señorita”
Dijo: “¿Qué es lo que te gusta hacer”?
Yo dije: “Ir a pescar, ir de cacería”. Por supuesto, eso no le interesó a ella. Entonces yo estaba… Eso fue lo que pensé de todos modos. Y hoy en día me alegra que pienso así sobre eso. Es correcto. Amén.
Escuchen amigos, no es el petirrojo que picotea la manzana y la daña. Es el gusano que está en el centro que mata a la manzana. Eso es. Es el pecado que está en medio nuestro lo que nos daña (Eso es correcto), el pecado que está en medio nuestro es lo que nos mata.
31
Supongo que se preguntan cómo fue que me casé. Bueno, cuando conocí a mi esposa, ella era una joven cristiana, una chica cristiana muy amorosa, para entonces yo tenía veinte y tres, veinte y cuatro años. Ella era de un carácter humilde y dulce. Y la conocí. Yo la llevaba a la iglesia, ella iba a la iglesia. Y ella era una mujer muy fina y amorosa.
Y todas estas personas aquí, mis amigos de Jeffersonville que están sentados aquí enfrente de mí, la conocen a ella o la conocían a ella, ella era una mujer muy amorosa. Hoy en día ella está en su sepulcro. Pero, es solamente su cuerpo. Su alma está en… con Cristo. Ella era una cristiana de carácter muy amorosa.
Y yo salí con ella un tiempo. Ella venia de un buen hogar, Su padre en el tiempo de la depresión él hacia como seiscientos dólares por mes. El era un buen organizador de la hermandad ferroviaria de Pennsylvania. Yo ganaba veinte centavos la hora cavando zanjas. Yo no me podía casar con la chica, ni pensaba.
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Pensé: “Bueno, si hubiese salido con ella por más tiempo, yo estaría quitándole su tiempo. Ella era una chica demasiado buena para dejarla ir. Habría sido la esposa de algún buen hombre”. Entonces yo tenía que dejarla ir o pedirle que se casara conmigo y no tenía los nervios suficientes para hacer eso. Entonces Ud. se pregunta cómo fue que yo… Yo le escribí una carta y le pedí si se quería casar conmigo. Y yo dije: “Bueno, yo…” Ahora ,no fue: “ Apreciada señorita me tendría?”. Fue algo cortito, lo que Uds. llaman, delicadeza o más que eso. Y como solo hablé con ella…
Pero aquí… Yo recuerdo, Yo pensé: “Tengo que hacer algo, porque no es correcto quitarle el tiempo a una chica”. Entonces yo le escribí una carta.
Y me fui a trabajar aquella mañana; yo trabajaba para la compañía del servicio público. Y yo estaba muy nervioso al dejar la carta en al buzón; era lunes por la mañana. La dejé en el buzón. Y todo el día pensé en eso. Y yo pensé: “Esta noche, oh, oh, tendré la respuesta. Su madre me llamará y me dará una buena sacudida”. Y seguí adelante. Esa noche toda estuvo bien.
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Y yo me encontraría con ella el miércoles para llevarla a la iglesia. Entonces yo recuerdo, que se acercaba el miércoles. Y ya el miércoles por la noche estaba nervioso, no sabía qué hacer, pensé: “¿Qué voy hacer cuando llegue allá?”. Entonces yo le pregunté a mi madre: “ ¿Hope llamó?
“No”
“¿Recibiste alguna carta?”
“No”
“Bueno, tal vez colgó, y yo ni siquiera recibí algo del buzón”. Entonces yo pensé: “Aquí está sucediendo algo”
Entonces yo subí, y toqué la bocina desde afuera. Y ella salió afuera. Ella dijo: “Entra”
Y yo pensé: “Oh, oh, voy a meterme ahí donde esta su mamá ahora, y entonces en realidad voy a recibir lo que merezco”. Entonces yo dije: “¿Estas casi lista?”
Ella dijo: “Caminemos a la iglesia”
Yo pensé: “Oh, Vaya, entonces yo dije: Muy bien”. Y yo entré.
Y la señora Brumbach me miró y dijo: “Hola Bill”
Y yo dije: “¿Cómo está Ud.?” Solamente yo estaba tan realmente nervioso que podía estar. Entonces yo pensé: “Algo va a suceder en cualquier momento. Ud. sabe cómo se siente cuando está bajo esa tensión.
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Entonces salimos y fuimos a la iglesia. Honestamente no siquiera oí lo que dijo el hermano Davis aquella noche. El solo predicó, y yo ni supe lo que él dijo. Yo estaba tan nervioso por algo que sucediera.
Y la miré a ella y pensé: “Oh, vaya, ¿no es ella hermosa?”. Y yo… Ella me va a decir que aquí queda todo eso, tan cierto como el mundo es, porque yo tan solo casi podía decir que yo sabía que era lo que ella me iba a decir: “Quédate en casa después de esta noche” ya yo lo tenía todo arreglado lo que ella me iba a decir, y yo…
Después que salimos de la iglesia comenzamos a caminar, una luz de luna muy bonita. Caminamos bajando la calle, y miré hacia arriba para ver la luna que brillaba a través de los arbustos, seguimos, Ud. sabe. Y la miro a ella y pensé: “Me desagrada que esta sea la última noche, pero supongo que eso es todo”. Seguí caminado, Ud. sabe, y yo dije: “¿Cómo estas esta noche?”
Ella dijo: “Muy bien. ¿Y tú como estas?”
Pensé: “Apúrate jovencita, dime algo antes que me desmayé. Nos acercábamos demasiado a la casa”. Caminamos un poquito más y yo dije: “Ehhh, es una noche muy bonita”.
Ella dijo: “Sí, lo es”
Yo pensé: “Bueno, apúrate; di algo”. Ud. sabe, las mujeres lo pueden mantener a Ud. así de ese modo, Ud. sabe, bajo ese suspenso.
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Y yo seguí caminando: “Pensé, bueno ella está llegando cerca de la casa” yo dije: “Oh,.. ¿Recibiste algún correo esta semana?”
Ella dijo: “Aja” Eso fue todo.
Y yo dije: “Oh, ¿Recibiste mi carta?”
Ella dijo: “Aja”
Vaya, Oh, vaya, yo estaba sudando a gotas gorda. Y dije: “Bueno, oh,..” yo dije: “¿La leíste?”
Ella dijo: “Aja”
Vaya, yo dije; “¿Qué piensas de eso?”
Ella dijo: “Todo estuvo bien”
Fuiii, vaya. Y yo dije: “¿La, la, la leíste toda la carta?”
Ella dijo: “Si, la leí toda
Yo dije: “¿Qué piensas de eso?”
Ella dijo: “Todo está bien”
Bueno, entonces nos casamos. Ahí estuvo. Yo no sé cómo eso fue todo, solo nos casamos. Y entonces…
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La siguiente imposición fue cuando tuve que pedirla a su madre y a su padre. Bueno, yo sabía que era correcto hacer eso. Entonces yo nunca olvidaré a Charlie Brumbach. El tal vez esté sentado aquí en esta tarde por todo lo que sé. Y su madre era una clase de mujer muy formal. Una mujer fina, pero ella pertenecía a la alta sociedad, Ud. sabe. Entonces Charlie era un buen hermano humilde.
Y pensé será mejor que le pregunte a él, y dejar que él le pregunte a ella. El es un… Y entonces pensé salirme con las mías con el hombre mejor que hablara con la mujer de todas maneras. Entonces, yo dije…
Una noche yo me estaba yendo, Esperanza dijo: “¿Ya hablaste con papá”
Y yo dije: “No”
Ella dijo: “Bueno, tienes que hacerlo”
Sé que debo hacerlo, pero no estoy…“
Esperanza dijo: “Creo que estará bien”
Y cuando me iba a ir aquella noche, él dijo: “Nos vemos luego Billy”
Yo dije: “Ehhhh, Charlie”. Él dijo… Yo dije: “¿Pudiera hablar con Ud. solo un momento? Él habría dicho… Yo dije: ”Salga aquí un momento“. Salimos al balcón, y yo estaba sudando y temblando. El dijo… Yo dije: ”Charlie“, yo dije: Yo Quiero pedirle algo”
Y él dijo: “te la concedo Bill. Sigue adelante, solo se bueno con ella”
Oh, vaya, lo amo hasta el día de hoy. Yo dije: Charlie, yo no puedo darle la vida que Ud. le ha dado. No puedo comprarle ropas como las que Ud. puede comprarle. Pero, le prometo esto: Yo la amaré con todo mi corazón y trabajaré hasta que mis manos sangren para hacerle una vida. Y seré tan fiel a ella como se lo mejor que ser“.
Y él puso su… Él era un alemán. Él puso su mano grande sobre mí. Y dijo: “Bill prefiero dártela a ti y que sea bueno con ella que dársela a alguien que tuviera mucho dinero y la maltratara y fuera malo con ella”
Yo dije: “Gracias Charlie”
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Nos casamos. No teníamos nada para comenzar un hogar. Lo único que teníamos… Yo les diré lo que teníamos: Era un lugarcito viejo que yo alquilé; mi renta nos costaba cuatro dólares al mes. Y fui a un lugarcito de antigüedades, y alguien nos regaló una antigua cama plegadiza. ¿Se recuerdan de esa cama plegadiza? Colchón de paja, la paja estaba pegado… Y luego, y teníamos una mesita que compré en Sear y Roebucks, y las sillas; tuvimos que pintarlas nosotros mismos. Y entonces yo las pinte. Y teníamos dos alfombras pequeñas de linóleo que compramos en Johnny Jobbers. Era una tienda de segunda mano en Jeffersonville. Yo dije que John y Jobbers para que pudieran obtener el patrocinio. Y entonces compramos… creo que costaron un dólar y veinticinco centavos por cada una.
Y yo fui a donde el señor Webber; él era un vendedor de chatarra, y compré una estufa para cocinar. Y le di un dólar y algo por ella y le tuve que pagar setenta y cinco centavos para instalar las parillas. Yo encontré una heladera por parte de la compañía y tuve que pagar cincuenta centavos, una de esas que intercambiaron por una nueva. Y así fuimos poniendo la casa en orden.
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Pero, amigos eso era un paraíso sobre la tierra. Nos teníamos el uno al otro. Para esa ocasión yo ya había sido convertido, llegué a ser un ministro, y estaba predicando, y amaba al señor con todo mi corazón. Y nos amábamos el uno al otro, eso era todo lo que importaba.
Y escuchen. La felicidad no consiste en que tanto Ud. posea de las cosas del mundo, sino contentarse con cualquiera que sea la porción que le es asignada. Es correcto. Acuérdese de eso. Eso era todo lo que teníamos. Éramos felices y amoroso. Yo tenía una iglesita que ellos construyeron para mí; el pequeño Tabernáculo está firme hoy como un memorial. Y todas las grandes multitudes de personas venían de cerca y de lejos, alrededor del país para oír el Evangelio sencillo. Y la estábamos pasando muy bien.
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Y recuerdo que un encantador jovencito nació en nuestro hogar. Lo nombre Billy Paul. Yo quería que él estuviera conmigo en las siguientes reuniones en Carlsbad, tan pronto salía de aquí de Arkansas. Y él ahora tiene catorce años, y once años. Y más tarde apareció una niñita dulce y encantadora a la que nombramos La Rosa de Sarón.
Justo antes que Billy naciera, habíamos ahorrado suficiente dinero para tomar un tiempito libre. Y nosotros… y fui hasta Dowagiac, Michigan a una reunión – con un anciano que tenía una barba blanca y cabello blanco, su nombre era John Ryan.
Entonces fui hasta allá. Y de regreso en el camino, regresando, vi una señal, grandes multitudes de personas por todas partes cuando pasé por Mishawaka. Yo pensé: “¿Quiénes son esas personas?” fue hasta allá, y había allá algunos de los modelos de Ford -T y algunos Cadillacs. Y me dijeron que ellos quien eran… No pude encotrar a ningún lugar, no había sitio para posada. Y ellos dijeron que Ud. es… Hay una conferencia en progreso aquí. Las gente pentecostal tenían una conferencia. Eran los P.A. de J.C, yo creo que era, P. A de J. C. denominación pentecostal que así se llamaban.
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Bueno, he visto toda clase de personas. Yo pensé: “Bueno, creo que esa es una reunión religiosa. Creo que voy a entrar”.
Bueno, nunca había escuchado tanto ruido en toda mi vida. Entonces… oh, disciplina de la iglesia, ellos no tenían eso. Ellos estaban gritando, clamando y con todo ese alboroto. Yo pensé: “¿Qué está pasando aquí? Miré por todos lados allí, y ellos tenían un tabernáculo…
Algunos de Uds. conocen el nombre del hombre. Su nombre es Rowe, Reverendo Rowe. ¿Alguien aquí conoce al reverendo Rowe? Y un… si, alguien aquí lo conoce. Reverendo Rowe, fue en su iglesia.
Bueno, ellos estaban aplaudiendo y con aquel alboroto, y danzando. Y pues, yo dije: “Vaya, ¿no es eso terrible, y la gente danzando en la iglesia?” Yo dije: “Bueno, eso es una vergüenza”, yo estaba sentado en silla de escarnecedor, lo suficiente seguro. Entonces yo pensé… Algo se apoderó de mi un poquito. Y yo pensé, Bueno, ahora“
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Yo contaba mi dinero. Yo tenía… Me quedaban dos dólares y cincuenta centavos. Yo salí y conseguí… Pensé: “Bueno no me puedo quedar en un hotel turístico porque yo no tengo ese dinero. Pero, me voy a quedar a dormir por ahí. Solo tengo suficiente dinero para comprar mi gasolina y llegar a casa”. Entonces, aquella noche y dormí en un campo de maíz. Y yo sabía que no tenía buena ropa. Y la mañana siguiente, que me fui al servicio.
Y ese día, oh, vaya, ministros predicando… Y me di cuenta aquella noche ellos llamaban y decían: “Todo predicador debe venir a la plataforma”. Eran como ciento cincuenta o más predicadores que subían a la plataforma. Ellos tenían una conferencia, una conferencia internacional. Todos ellos estaban sentados en la plataforma.
Y él dijo: “No tenemos el tiempo para que todos testifiquen”. Yo subí. Él dijo: “Tan solo diga quienes son y de donde vienen”.
Y cuando me tocó mi turno, yo dije: “Evangelista William Branham, Jeffersonville, y me senté.
Bueno, me di cuenta que yo era el ministro más joven entre ese grupo, luego aquella noche pensé… Ellos tenían un… Ellos traían toda clase de predicadores. Y ellos escogieron a un anciano de color para que trajera el mensaje aquella noche; muy anciano: bien viejo, solo con poco cabello alrededor de su cabeza. Él tenía un abrigo de predicadores que estaba pasado de moda, con un cuello de terciopelo, un saco de etiqueta. Pobre hombre viejo salió de esta manera a la plataforma. Y, oh, sentía pena por él, yo quería levantarme y ayudar a subir el anciano a la plataforma. Y él salió….
Y ellos tenían que tener la conferencia allí arriba, por cuenta que no podían tenerla en el Sur, porque tenían gente de color y blanca que no podían reunirse juntos.
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Y el pobre anciano estaba parado allí, Ud. sabe. Y todos los ministros aquel día habían estado predicando sobre lo que Jesús había hecho y demás. Pero él nunca mencionado de eso… Él tomó su texto sobre el libro de Job en alguna parte por ahí donde dice: “¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba el mundo, y cuando las estrellas de la mañana cantaron juntas y los hijos de Dios clamaron por gozo?”. Bueno, donde los ministros estaban trayendo las acciones de la iglesia sobre la tierra, él subió a los cielos más allá y regresó directamente regresándose de atrás como diez millones años antes que el mundo alguna vez fuera formado, y regreso horizontalmente de atrás con el arco iris juntamente con él.
Y en ese momento preciso, cuando llego allá abajo, él soltó un enorme alarido, y saltó para arriba, y clic [pego – Trad.] juntos sus talones y dijo: “Gloria a Dios, Uds. aquí no tienen suficiente espacio para que yo predique aquí arriba”.
Yo miré eso. Yo dije: “¿Bueno, si eso hace que un anciano como él actúe de esa manera, que no haría por mi si recibo un poco de eso?”. Yo dije: “quiero un poco de eso”. Eso es lo que yo quiero. Si eso hace que un anciano actuara de esa manera, bueno, ¿qué haría eso si por mí?“.
Luego yo salí aquella noche hacia el campo de maíz, y comencé a orar. Yo dije: “Señor, dame un poco de eso”. Entonces, yo dije: “déjame hallar gracia con estas personas”. Y oré toda la noche en el sembrado de maíz.
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Agarré mí… tenia mis pantalones de algodón. Mis otros estaban… me ensucié todo allá en el sembrado de maíz. Entonces los puse sobre mi asiento, agarré dos asientos y los puse encima de ellos juntos fuera del carro, y los planché aquella noche, y tenía mi camisa de algodón, nadie me conocía, entonces la puse debajo. La camisa de algodón y la camiseta usada, y los pantalones de algodón, mejor dicho. Los puse debajo, la mañana siguiente me levanté, y lucían radiantes.
La reunión comenzó a las diez de la mañana, desayunaron después del desayuno. Yo no iba a comer con ellos, porque no tenía nada de dinero para colaborar. Sencillamente no comí con ellos, pero me hicieron sentir bienvenido y demás. Yo no conocía a nadie allí, pero un jovencito, no recuerdo su nombre, él tocó el violín, un jovencito de cabellos de rizado.
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Entonces la mañana siguiente, entré, y me senté. Y después de un rato miré y otro hombre entró y se sentó, un hombre de color se sentó a mi lado, y había mucha gente sentada allá y este. Entonces, yo sentado allí y esto … ellos dijeron: “Vamos a comenzar los cultos” y ellos hablaban, hacían sus… vendían la literatura y todo cuanto tenían. Y él dijo: “Había un ministro en la plataforma anoche su nombre es Branham de Jeffersonville” él era el más joven en la plataforma“ queremos que él suba y nos traiga el mensaje en esta mañana”
Misericordia, pues, yo nunca había visto un micrófono. Ellos tenían allí un micrófono. Pensé: “¿Qué? Pues, yo no podía… pantalones de algodón y una camiseta” yo solo me encogí lo más que pude.
El anunció de nuevo: “¿Alguien conoce a William Branham de Jeffersonville?” dijo: “Queremos que él suba y nos traiga el mensaje esta mañana, alrededor de mil quinientas personas estaban sentadas allí. Yo no, antes de eso. Yo me recogí hacia atrás. No, señor. Esto… yo era muy tímido del campo para subir hasta allá. Entonces me senté muy agachado. Y luego… y él lo anunció dos o tres veces. Dijo: ”¿Alguien allá afuera, estamos llamando a William Branham“
Yo pensé. Algo me dijo: “Eso fue por lo que oraste anoche. Si quieres conocer a estas personas, sube allá”
“Señor, no puedo hacer eso, pantalones de algodón y una camiseta” yo dije: “No aja” Solo yo estaba sentado allí.
Y él dijo… cuando él lo anunció nuevamente, este hombre de color me miró y dijo: “¿Conoce Ud. a ese hombre?”
Oh, vaya. Hablando de ponerme en esa situación. Yo dije: que tenía… sabía que tendría que mentir o algo, o ser. Le dije. Yo dije: “Miré, señor, vea. Ahora, Ud. no diga nada de esto. Yo dije: ”Yo soy él. ¿Ve? Pero…“
Y él dijo: “Bueno, sube allá, hombre blanco, sube allá”
Yo dije: “No” yo dije: Tengo puesto… Mire estos pantalones aquí“.
Y él dijo: “A esas personas no les importa que tiene Ud. puesto. Ellos quieren oírlo a Ud. ”
Y yo dije: “Fíjese, yo no puedo subir allá”. Yo dije: “Yo no… Ud. quédese quieto”
Y él dijo: “Si alguien sabe dónde…”
Y él dijo: “Aquí está”. Fuiii “Aquí está”
Yo pensé: “Podía sentir mi corazón que se salía, y mis rodillas estaban muy débiles, y mis brazos parecían que se me caían, bueno parece que algo me levantó de allí, y aquí subí allá, tan consciente de los pantalones de algodón, y una camiseta.
Subí allá, y dije: “Amigos no sé mucho de…” delante de aquellos predicadores que de verdad podían predicar. Oh, vaya. Dije: “Solo quiero decir que amo a Jesús, y aja” Ud. sabe algo como eso.
Y entonces él dijo… yo comencé a regresarme, y él dijo: “Bueno, hermano Branham predíquenos un poquito”.
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Yo me di la vuelta y dije: “Yo solo no sé qué decir”. Y resultó que pensé en un texto: “Y entonces Él lloró” el hombre rico que… Cuando él levantó sus ojos en el infierno. Y tomé ese texto, “Y entonces Él lloró”. Y comencé a hablar. Lo primero que UD. Sabe, algo me tocó. Vaya, yo estaba perdido en este mundo por un tiempo. Y todos comenzaron a gritar.
Cuando el culto terminó yo salí afuera, y un hombre enorme de Texas con unas… unas botas puestas, un enorme sombrero de vaquero dijo: “Yo soy un predicador”.
Yo pensé: “Bueno, hermano, mis pantalones de algodón no están tan mal después de todo. él tenía aquellas botas de vaquero y un gran sombrero de vaquero, y ser un predicador?”
Y él dijo: “Yo escuché que Ud. dijo que es un evangelista. Yo quiero comprometerlo que vaya a Texas por un par de semanas y para tengamos un avivamiento allá en Texas”.
Anoté su nombre. Yo dije: “Oh, vaya, Señor. Tú estás haciendo cosas tremendas por mí”. Y anoté a todos ellos, Ud. sabe.
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Y vino otro pequeño fulano vestido con esa clase de pantalones que usaban para jugar golfo, se me acerco y dijo: “Yo soy de Florida. Me gustaría que Ud. viniera un par semanas”.
Vaya, vi que ellos eran gente común después de todo. Entonces, de repente una mujer india… Se me acerco una mujer de la reservación india, quería que yo fuera hasta allá. Bueno, tenía suficientes invitaciones como para durarme por cerca de un año. Vaya, salté en aquel viejo Ford, y la mitad del carro estaba recaída y me fui por la carretera.
Me di prisa para llegar a casa, me encontré con la esposa, Ud. sabe y dije: “Oh, querida, tengo algo que decirte, es que conocí la crema y la nata” dije: “Vaya, esa gente grita, saltan, brinca para arriba y bajan para abajo. Ellos no se avergüenzan de su religión. Yo dije: Vaya, es lo mejor que hayas visto”
Ella dijo: “¿Dónde están?”
Y le conté. Yo dije: “Mira, cariño, tengo toda una serie aquí”. Yo dije: “Vaya, yo tan solo podía predicar, predicar, y predicarlo. Y sabes que, me aceptaron”
Ella dijo: “¿Está bien eso?”
Yo dije: “Mira, voy a renunciar a mi trabajo y comenzar de una vez”
Ella dijo: “Bueno, no tenemos nada de dinero”
Yo dije: “¿Cuánto dinero tenemos?”
Tenemos esos doce dólares allí, el pago del Ford“
Yo dije: “Bueno, tu sabes que la biblia dice: ”No tomes alguna cosa contigo cuando vayas, ¿ves? No tome ninguna escritura o si tienes dos abrigos, dale una a tu hermano. Él dijo: “Yo estaré con vosotros”. Yo dije: esa es la manera Él dijo:… Yo dije: “¿Vendrás conmigo?”
Ella, bendecido sea su corazón. Ella dijo: “Yo sequiare a tu lado”. Entonces fui y le conté a mi mamá. Y mamá dijo: “Eso está bien”, querido, si así lo sientes“.
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Bueno, tuve que salir contarle a su madre. Y eso no funcionó muy bien. Ella dijo: “William”. Ella dijo: “Ella es tu esposa. Tu puedes llevarla si quieres. Pero dijo: ”No quiero que mi hija se arrastre entre ese montón de basura“, eh, ¿Basura?
Amigos, me di cuenta de esto, eso a lo que ella pensó que era basura, es la crema y la nata. Es correcto. Y dije eso con todo respecto.
Dijo: “Por haya de esa manera donde están comportándose así, gritando y todo ese alboroto como hacen”. Dijo: “¿Por qué no vas hasta allá para que seas un pastor? Y luego algún día ellos te construyan una casa pastoral y todo lo demás”
Eso no… Oh, vaya. Esperanza comenzó a llorar. Y solo yo dije: “Bueno…”
Ella dijo: “Yo iré contigo”
Pero, de todos modos, yo no quería… Ella le dijo… Eso la lastimaría mucho a ella. Yo solo lo dejé pasar, y continué.
Amigos, aquella jovencita que era demasiado buena para estar con aquella basura, yo la sepulté, un poquito después de eso. La pena asentó justo allí.
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Me voy a dar prisa por los minutos que me quedan, son como quince minutos. Fui allí donde la tristeza me embargó. Fíjese, Ud. deje que… lo que mi error sea su ejemplo. Prosperé por lo que yo sufrí. Algunas veces Ud. me ve aquí arriba en la plataforma, riendo, eso es… Ud. no sabe que hay allí detrás. Es correcto, les aseguro: Ese ha sido el precio pagado que nadie sabe sino solamente Dios.
Inmediatamente, mi esposa se enfermó, lo primero fue que perdí a papá. Corrí buscándolo por toda la casa, lo levanté en mis brazos de esta manera, él me miró así, él sonrió. El médico le dio una dosis de un medicamento que lo mató, una sobre dosis de estricnina para el corazón, y eso fue lo que lo mató.
Por supuesto, no se habla del caso. El enterrador algunas veces cubre los errores de los médicos, no tengo nada en contra de los médicos, pero digo que no se habla del caso.
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No hace mucho aquí una mujer de California, su bebé se murió y ella confió en Dios, y cada periódico y revista lo propagó por todo el país. Y al mismo tiempo uno no tuvo la fe suficiente para ser libre, todo el mundo criticó eso, todas las revistas y periódicos. Dios sanó a miles, y Ud. tiene que pagarles para que lo anuncien en el periódico o algo similar.
Pero, mire. Déjeme decirle algo. La biblia dice: “Venid y estemos a cuenta” ¿Es correcto? escuche. Al mismo tiempo que la fotografía fue propagada por todo el país relatando a las personas que no se puede confiar en la sanidad divina y todo lo demás, el doctor pierde miles de casos, y no se dice nada de eso. ¿No es cierto?
Vengamos y estemos a cuenta. Lo que es bueno para la pato también es bueno para la pata. Eso es… y déjeme decirles, si una persona se pierde por sanidad divina porque no tiene suficiente fe para recuperarse, y todo es clasificado como un fanatismo, entonces si un médico pierde un caso, clasifíquenlo como fanatismo.
Lo que es bueno para el pato también es bueno para la pata, ¿Es correcto? eso es correcto.
Pero, amigos, lo que tienen la ciencia médica y los ministros tienen que reunirse y cooperar, sabiendo que todos estamos trabajando por el bien de las personas y para la gloria de Dios, trabajar juntos.
Eso es lo que tenemos que hacer.
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De todos modos, a mi padre lo mató un médico, le dio una sobre dosis de medicamento, y eso fue lo que lo mató. E inmediatamente mi hermano iba manejando al lado de un carro, se rompió el cuello, y murió en los brazos de mi otro hermano. Mi cuñada murió. Mi esposa se enfermó y estuvo…
Oh, cuando llegó la inundación de 1937 hubo tristeza. Nunca lo olvidaré. Mi esposa estaba postrada al borde de la muerte, entré y yo estaba orando por ella, y haciendo todo lo que sabía. Y cada vez que oraba, parecía… fui y conté en mi iglesia. Dije: “Ella va a morir”
Dijeron: “No, eso tan solo…”
Dije: “Ella va a morir tan cierto como cualquier cosa”
Mis bebés, los dos están enfermos, vino la inundación y todo lo demás, las casas desgarrándose, corriendo, y kilómetros de agua barriendo el condado, y llevaron a mi esposa al hospital, un hospital del gobierno, un hospital temporal.
Y yo estaba de guardia patrullando. Yo subía y bajaba por las calles, tratando de sacar a las personas.
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Y nunca olvidaré, una horrible noche. O, Dios. Cuando me acuerdo de eso, eso allí era una hora crítica. Yo tenía allí una camioneta, una camioneta para patrullar, y yo llevaba la lancha. Subía por la carretera. Y alguien dijo: “la represa está a punto de reventarse, y dijo: ”Allí hay una mujer gritando pidiendo misericordia y nadie puede llegar hasta ella“
Bueno, yo crecí en un rio, y pensé que podía hacer algo con la lancha, entonces, agarré la lancha. Y me metí en el agua y arranqué.
Miré por todas partes y escuché a la madre. Esa noche era como como las onces en punto, solo gritaba: “Misericordia, ayúdenme, ayúdenme”. Parada allí afuera en el balcón.
Luego yo me levanté y traté de llegar cruzando con la lancha. Y iba camino abajo y salí por el otro lado, el agua estaba barriendo toda la calle, regresé por el mismo camino y lo volví a intentar. Y finalmente golpee el poste.
Y la madre desmayada. La agarré y la puse en la lancha; como cuatro o cinco niños, los metí dentro, regresé y finalmente llegué a la orilla, y tan pronto llegamos a la orilla, alguien dijo: “Mi bebé, mi bebé”
Bueno, yo pensé que la mujer había dejado allí al bebé. Regresé y entré. Y justo cuando llegué allí, recorrí toda la casa. Llegué y la encontré a ella, a su… a la bebé, la bebé tenía como dos o tres años de edad, de ella es quien hablaba, y yo no lo sabía.
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Y yo estaba allá, y la represa se reventó y penetró por la calle Chestnut, arrasó, y pasó por todo el edificio. Y yo solo salté en mi lancha, y tuve que meter la mano en el agua para darle un tirón la cuerda, o mi lancha… Luego salí en una corriente de agua y no podía prender la lancha. Cuesta abajo flotando. Salí por la calle del mercado. Grandes olas se estrellaban contra el costado, pensé en un momento yo me iba a hundir hasta el fondo.
Lo sabía; allí me arrodillé dentro de aquella lancha y dije: “Oh, Dios sé que te he desobedecido”
Y yo creo amigos, si hubiese regresado allá cuando aquellas personas me llamaron, el don de sanidad se habría manifestado allí mismo. Ese era el programa de Dios. Pero yo fallé en caminar en lo que Él me había dicho que hiciera. Yo escuché a las personas en lugar de escuchar lo que Dios me dijo que hiciera. Nunca hagan eso. Uds. sigan lo que Dios les dice que hagan. Y la tristeza continuó.
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Yo oré y dije: “Oh, Dios, yo sé que te he desobedecido. Si solamente me ayudaras. Yo no quiero morir. No quiero ahogarme en este rio. Por favor, Dios. Permite que prenda el motor. ¿Lo harás, por favor?”
Yo comencé a halar aquella cuerda, y el hielo estaba demasiado frio, y resoplé un par de veces, y aquella lancha rasgándose, y saltando y lanzándose de esta manera. Metido ya en aquella corriente principal. Yo no sabía lo que me iba a suceder. Y yo intenté e intenté. Y no prendia.
Y oré otra vez. Dije: “Dios, mi pobre esposa está tendida allá enferma. Mis bebes están enfermos, y yo ahogado aquí en este rio. ¿Que? Oh, Dios, ¿Qué puedo hacer?” Y dije: “Si tan solo me ayudaras, señor”
Y halé otra vez aquella cuerda, y salí adelante. Oh, vaya. Y comencé rio adentro, salí del rio y me metí – salí bien rio abajo hacia Clarksville. Y recorrí y regresé y llegué a mi camión. Y algunos de ellos dijeron: “¿Sabías que el gobierno limpió aquella represa que se rompió?” Salí tan rápido como pude para hasta el hospital.
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Me encontré allá con el hermano George DeArk. Y él dijo: “Oh, hermano Billy (Puso sus brazos sobre mí) él dijo: ”Parece que se acercan las cosas“. El dijo: ”Hermano Billy, si no nos vemos otra vez, te reuniremos aquella mañana“. Esa fue la última vez que lo vi en vida. Es correcto, él se marchó un poquito después de aquello ocurrido.
Y yo dije: “¿Dónde está Hope?”
Dijo: “Yo no sé”
Recorrí por todo el lugar, me encontré con… unos funcionarios del gobierno. Dije: “Señor, ¿Qué ha sucedido con el hospital?”
Dijeron: “Todo se lo a llevado el agua”
Dije: “Todos – todos ellos… ¿alguien se ahogó?”
Dijeron: “No. Salieron en tren hasta Chalerstown”
Y corrí me metí en el carro y salí por la autopista sesenta y sesenta y dos
Que va a la pequeña ciudad de Charlestown. Y cuando llegué allá, había como ocho kilómetros de agua que ya había habían bajado por el arroyo Lancassange, y había bloqueado el paso
Entonces fui y busqué mi lancha, y ni siquiera podía penetrar en el agua. Yo Comencé atreves por allá, y arremolinaba a la lancha de esta manera. Y luego puse el… en otro Ángulo, y le di gasolina con todo lo más que pude, y golpeaba las olas de esta manera. Pero era bien difícil pasar a un lado de maderos, y tiraba mi lancha hacia tras de esta manera, y yo salí de regreso detrás del edificio del gobierno. Y allí me encontraba, atrapado como en una pequeña isla. Y me quedé en aquella pequeña isla, recapacitando.
Algunos de ellos decían que los caballetes debajo del puente se salieron, allá más arriba, que todos los que salieron en el tren se ahogaron, la esposa y los hijos, y todos los demás.
Yo pensé: “Oh, Dios” me puse muy nervioso. Caminé por los pisos, y no sabía qué hacer. Pensé: “Oh, ¿Qué voy hacer si ellos han fallecido?”
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Después de un tiempo tan pronto me recuperé-el agua bajó lo suficiente que ellos pudieron cruzarme. Yo llegué a Charlestown. Yo estaba buscando.
Me encontré con un viejo amigo mío, y él dijo: “No, el tren nunca fue arrasado” dijo: “Ellos fueron siquieron pero no sé dónde están”
Bajé y el despachador me dijo: “¿Una madre y dos hijos enfermos?” Yo los mande a trasladar a Columbus, Indiana. Pero no puedes llegar hasta ellos“ El agua ha bloqueado el paso por ese lado”
Comencé a caminar de vuelta a la carretera, estrujándome las manos y llorando, diciendo: “Oh, Dios. Llévame, no hagas sufrir. Tan solo… llévame, señor. No me hagas pasar por esta agonía”
Caminando de vuelta a la carretera, un hombre se arrimó hacia me en su carro. Él dijo: “Yo sé lo que estás buscando”. Dijo: “¿Estás buscando a tu esposa, ¿no es verdad?
Yo dije: “Si”
Y él dijo: “¿No me conoces?” Dijo: “Yo salía con Mary May allá”
Yo dije: “Si, te recuerdo”
Dijo: “Tu esposa se está muriendo en el hospital Bautista en Columbus, Indiana”
Y yo dije: “Seguro que no es así”
Dijo: “Sí, ”dijo: “Ella tiene tuberculosis” y dije: “Tu ni siquiera la reconocerás a ella”. El médico dice que ella va a morir. Ella está acostada junto a mi novia“ él dijo: ”Yo sé cómo puedo llevarte a allá si quieres ir“
Y yo dije: “Bueno, vamos hermano”
Y recuerdo aquella noche cuando corrí buscándola de prisa allá en aquel edificio bautista; ellos hicieron un hospital. Ellos tenían catres del ejército por todas partes. Y yo corrí hacia allá, con las botas donde nosotros atravesamos el agua. Y yo comencé a gritar: “Hope, hope, ¿Dónde estás cariño?” Estando en mis cabales. Miré directamente hacia allá, vi una mano huesuda levantarse. Era ella. Corrí para agarrarla y tomé en mis brazos. Yo dije: “¿Están los niños vivos?”
Ella dijo: “Sí” ella dijo: “Me veo terrible, ¿no es cierto?”
Yo dije: “No, cariño. Te ves bien”. Yo dije: “Vaya, vas a estar bien”
Sentí que alguien tocó mi espalda. Y miré, y parecía como un médico. El dijo: “Venga acá”. Y dijo: “¿Es Ud. el esposo de ella?”
Y yo dije: “Si, señor”
“¿Es Ud. el reverendo Branham?”
Y Yo dije: “Yo soy”
Y él dijo: “Bueno, señor a mi me desagrada ser el que le da la noticia, pero, dijo: ”Su esposa se está muriendo“. Dijo: ”No la excite ni nada.
Yo dije: “Doctor, seguramente no”.
Dijo: “Sí”. Dijo: “Se está yendo”
Y yo dije: “Oh, ¿Qué es eso, doctor?”
Dijo: “Es tuberculosis galopante”. Dijo: “Ella morirá en cualquier momento”
Él dijo: “Tan solo… hágala sentirse lo mejor que pueda”. Él dijo: “Y los dos bebés están enfermos. Yo los estoy atendiendo aquí en otra casa”.
Bueno, regresé para contarle a ella. To dije: “Cariño, te ves bien”
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Y el doctorcito amigo mío, Doctor Sam Adair de allá de Jeffersonville. Tan pronto me deje, me los llevare de vuelta a casa. Y allá estaban los bebés hasta que se recuperaron; la esposa se fue yendo lentamente. Finalmente la pusimos en un hospital. Yo hacía que los doctores vinieran para que vieran de ella. No se pudo hacer más nada, ella recibió los tratamientos para la neumonía y todo lo demás. No se pudo hacer más nada.
Recuerdo estar parado allá, y ellos hacían agujeros a través de su costado, y le pusieron ese tubo allí adentro y colapsaron un pulmón.
Escuchen. Si la tuviera… ella sostendría mi mano y lloraría, y las lágrimas rodarían por sus mejillas. Ella me miraría, sencillamente sufriendo. Nunca nada se pudo hacer bien. Si yo tuviera que hacerlo otra vez, nunca pasaría por eso.
Es correcto, y ella sosteniendo mi mano…
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Pero solo para mostrarles a Uds., el camino de los transgresores es duro. Yo nunca lo olvidaré. Yo estaba intentando trabajar para pagar las cuentas, y de repente… un día yo estaba afuera, y oí a alguien decir: “Si quieres ver viva a tu esposa, ven de inmediato”
Me di prisa hacia el hospital. Nunca lo olvidaré. Me sacudí el sombrero y lo lancé a la camioneta; pasé por allí bastante rápido, y aquí viene saliendo el doctorcito Adair, Dios lo bendiga, él es un hombre fino, y aquí venia él saliendo. Comimos juntos, acampamos juntos, pescamos juntos, era mi amigo íntimo, aquí venia él saliendo. Y él venía caminando por el hospital. Yo vi como él me miro, y lo vi con aquellas grandes lágrimas bajando por sus mejillas, se dio la vuelta. Y yo corrí hacia la habitación. Yo dije: “¿Qué sucede doctor?”. Yo dije: “No se ha ido ella”
Y él dijo: “Yo creo que sí”.
Y yo dije: “Vamos, doctor entra conmigo, Doctor”
Y él dijo: “Billy no me pidas que haga eso”. Dijo: “Hope es como mi hermana” Dijo: yo no puedo entrar allá no me pidas eso“
Y la enfermera subió y dijo: “Venga, hermano Branham”. Dijo: “Beba un poquito de este medicamento”
Dije: “No, yo no lo necesito”
Y él dijo: “Adelante, Billy eso relajará tus nervios”
Yo dije: “No quiero eso. Yo dije: ”No“
Y él dijo: “Enfermera, entre Ud. con él”
Yo dije: “No, no quiero entrar con nadie. Yo voy a entrar solo”. Yo dije: “Yo la amo” y “Voy a entrar”. Yo llegué hasta la puerta, abrí la puerta Y allí estaba acostada ella toda cubierta de esta manera, y una sábana subida que le cubría hasta la cabeza. Yo halé la sabana hacia abajo y mi corazón sencillamente comenzó a quebrantarse… puse mi mano sobre ella, su sudor en la frente se sentía como algo pegajoso. Yo dije: “ Hope, hope, cariño”. Yo dije: “háblame una vez más. Tan solo una vez más, ¿no lo harás?” yo la estaba meneando.
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Amigos, si viviera cien años, nunca olvidaré lo que sucedió. Aquellos grandes ojos color marrón me miraron. Ella estaba tan débil que no podía decir nada. Ella estaba sonriendo. Ella tomó su dedo y lo movió, y yo me arrodillé, ella dijo: “¿Por qué me llamaste, cariño?”
Y yo dije: “Bueno, ellos…” yo dije: “Yo no sé”
Ella dijo: “Yo estaba en otra tierra”. Ella dijo: “Era un lugar tranquilo. Yo no estaba sufriendo”. Ella dijo: “Grandes pájaros como el gran Orión”. Y ella dijo: “Allá había un hombre vestido de blanco, uno en cada lado, me llevaban a casa”
Oh, amigo. Allá en alguna parte hay una tierra. Creo que a medida que ella estaba muriendo, sus ojos solo se abrieron para ver más allá del paraíso. Ella siguió hablando allí por un ratito.
La enfermera entró. Y ella dijo: “Enfermera venga aquí”. Ella dijo: “Espero que cuando Ud. se case, tenga un esposo como el mío”.
Yo dije: “Oh, cariño, yo no he hecho nada”
Ella dijo: “Oh, bendito seas corazón”. Ella me dio una palmadita en la espalda. La enfermera se dio la vuelta, y salió llorando.
Ella dijo: “Billy quiero decirte algunas cosas”. Dijo: “Me estoy yendo”. Dijo: “No llores”.
Yo dije: “Muy bien”
Ella dijo: “No permitas que mis hijos anden de aquí para allá”. Ella dijo: “Tengo algunas cosas que confesarte”
Yo dije: “¿Qué es?
Ella dijo: “¿Te recuerdas en una ocasión”, y dijo: “Te ibas a pescar, y yo te llamé. Y aquella noche íbamos rumbo a Fort Wayne para una reunión?”
Yo dije: “sí”
Ella dijo: “Tú fuiste a comprarme unas medias de nylon”
Yo dije: “Si, las recuerdo”
Ella dijo: “Esas eran las clases de medias equivocadas, cariño. Esas no eran las correctas”.
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Bueno, lo que paso fue, que yo había estado pescando. Yo me fui a la casa y teníamos que ir a Fort Wayne. Yo tenía que ir a predicar en Fort Wayne. Su padre vivía en Fort Wayne. Entonces iba rumbo a Fort Wayne para predicar allí, y ella… Ud… Había dos diferentes clases de medias de mujeres que Ud. podía comprar. Una se llamaban… se llamaban, alguien dice – “es chiffon”… ¿Chiffon? Es correcto, y ¿cuál era la otra clase? ¿Rayón? ¿Es Raymond o Raymond? ¿Rayón? ¿Cuáles son las mejores? Chiffon. Bueno, esas cuestan sesenta centavos para ese tiempo. Ella estaba bañándose, y ella dijo: “Billy ve y corre allá a… Penney y me compras unas medias”.
Y yo dije: “Muy bien”. Yo iba bajando por la calle. Y ella dijo… ahora, recuerden que yo no sabía nada sobre ropa de mujeres. Y ella estaba diciendo: “Compra unas chiffon” yo iba bajando por la calle repitiendo: “ Chiffon, chiffon, chiffon, chiffon”
Alguien dijo: “Hola hermano Branham”
Y yo dije: “Hola, chiffon, chiffon, chiffon, chiffon, chiffon, chiffon”.
Y yo me encontré allá abajo al Orville Spawn, y él dijo: “Billy las percas están mordiendo en [Palabras inciertas] sobre eso…”
Oh, yo dije: “Vaya…”. Comencé hablar con él y se me olvidó lo que ella me dijo.“
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Bueno, yo no iba a la tienda Penney porque no conocía a nadie allá. Pero tenía a una amiguita que asistía a la iglesia y su nombre era Thelma Ford. Ella trabajaba en una tienda de diez-centavos, y yo sabía que ellos las vendían allá. Fui hasta allá, Thelma salió y dijo: “¿Qué quieres Billy?”
Y yo dije: “quiero un par de calcetines para Hope”
Dijo: “Hope no usa calcetines”
Y yo dije: “Claro que sí”
Ella dijo: “Ella usa medias”
Yo dije: “Muy bien, está bien” pensé: “Ya demostré mi ignorancia” y dije…
Ella dijo: “¿De qué clase quiere ella?”
Y yo dije: “¿de qué clase tienen?”
Ella dijo: “Tengo chiffon y Ray…” ¿Las de Rayón son más baratas? Ella dijo: “Yo tengo rayón”.
Yo dije: “Esas son las que quiero”. “Esas son las que quiero”.
Ella dijo: “Hope quiere Rayón?” yo… Eso sonó igual para mí rayón y chiffon. Yo no sabía la diferencia. Ella dijo…
“Si” entonces ella me las dio… las compré, las puse en la bolsa.
Yo dije: “quiero la moda completa” ¿conocen Uds. esa que tiene una cosita por detrás de las medias, Uds. saben… Yo no conocía, Uds. saben. Yo dije: “Las de moda completa”. Y entonces… Oh, las de modas completas, esas eran. Y dije: esa es el estilo que quiero“.
Ella las alistó para mí. Ella las puso en la bolsa, solo costaban veinte nueve centavos.
Y yo dije: “Bueno, dame un par de esas más”
Y ella dijo: “¿Estás seguro de eso?”
Yo dije: “Esas son las que ella quiere”
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Entonces, regresé, y yo… por supuesto, Uds. saben cómo los hombres les gustan jactarnos con nuestras mujeres. Y yo dije: “Mira esto”. Yo dije: “Yo soy hijo de Abraham. Yo soy un Yidis. Ud. va al centro comercial por el rio para comprar un par de medias con la que se pueden compra un solo par, y le queda dinero”. Y yo dije: “Tan solo… yo soy un hijo de Abraham. Yo sé cómo hacer las cosas. ¿Uds. ven?” Uds. saben, proseguí de esa manera.
Y que Dios bendiga mi corazoncito, ella está en el sepulcro en esta noche, y probablemente nieve sobre el sepulcro. Pero no completamente allí. Todavía pienso en ella. Eso correcto, y ella prosiguió.
Y allá cuando ella dijo que no tenía… me pareció extraño que cuando llegamos a Fort Wayne ella se compró otro par de medias, pero ella lo suficiente dama como para no expresarlo.
Ella me dijo. Ella dijo: Billy se las di a tu mamá. Porque esas son para mujeres mayores que yo“.
Y yo dije: “Gracias, cariño. No sabía eso”. Yo dije: “Eso estuvo bien”.
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Ella dijo: “¿Recuerdas en aquella ocasión que tenías tantas ganas de ir a la cacería, y estábamos en Louisville? ¿Tu vistes aquel rifle calibre 22 que lo querías y el pago inicial costaba tres dólares, y no tenías el dinero para pagar? ¿Eso fue hace como dos años?”
Yo dije: “Sí, me recuerdo de eso”
Ella dijo:“ Bill yo siempre he querido que compres ese rifle”. Ella dijo:“ Ya no estaré contigo sino solo unos pocos momentos”. Ella dijo: “Ya no estaré contigo sino unos pocos momentos”. Ella dijo: “Cuando vayas a casa, mira encima de la antigua cama plegadiza debajo de aquel periódico. Yo he estado ahorrando cada centavo para comprar aquel rifle”. Ella dijo: “¿Me prometes que te lo compraras?”.
Oh, vaya. Cuando fui a la casa encontré aquellos dos dólares y algo que estaba allí, casi me muero con eso. Yo dije: “Seguro que sí”. Más yo dije: “Cariño, tú no te vas a ir”.
Ella dijo: “Me desagrada dejarte”. Pero, dijo: “Debo hacerlo”. Ella dijo: “Eso no me perturba”. Ella dijo: “Está todo bien”. Dijo: “Otra cosa que debo pedirte. No te quedes soltero”.
Yo dije: “Oh, no me pidas eso”.
Dijo: “Prométemelo”. Prométeme que tu… que tú no te quedaras soltero, mis hijos tendrán un hogar a donde ir, no andando de aquí para allá“
Yo dije: “Cariño… no puedo hacer eso”
Y ella dijo: “Prométemelo, ¿lo harás? Dijo: ”te puedo ir un poco más mejor“.
Y a ella no le estuvo mal eso, como que a Uds. no se molestar beberse un vaso de agua“. Dijo: ”Yo tan solo…“ Dijo: ”Me desagrada tener que dejar a los hijos y a ti, pero“, ella dijo: ”Oh, Bill es tan maravilloso irse de esta manera“.
Y yo dije: “Bueno, haré lo mejor que pueda
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Y ella dijo: “Otra cosa”. Ella dijo: “¿Te das cuenta el porque me voy, ¿no es cierto?” Oh, eso fue lo que me dolió. Ella dijo: “Si no hubiese escuchado a mamá y… [Palabras inciertas]… habría escuchado a…” Dijo: “Habría sido diferente, ¿no es cierto?”
Yo dije: Tienes razón, cariño“. Yo dije: ”Oh, ¿qué hare de aquí en adelante?“
Ella dijo: “Haz esto. No te avergüences de la religión del Espíritu Santo”. Ella dijo: “Es la mayor cosa en el mundo para morir por ello”. Ella dijo: “Permanece y predica mientras…” Dijo: “Prométeme que iras directo a aquellos campos donde supuestamente teníamos que ir”. Y dijo: “Prométeme que harás todo lo que puedas a tu alcance”. Dijo:“ diles a todos que es muy glorioso estar listo para salir de aquí. Es maravilloso”.
Y yo dije: “Oh, cariño… Es tan bueno verte ir así”
Y ella dijo… yo dije: “¿Dónde quieres que te ponga?”
Ella dijo: “Llévame allá arriba de aquella colina”.
Yo dije: “Yo te llevaré a Walnut Ridge, y allí te sepultaré en la colina, tu cuerpo”. Y dije: “Cariño, te lo prometo que voy a ir, si Dios no… me lo impide, voy a ir directo al campo, y nunca me detendré hasta que se acabe la última gota de sangre o de vida salga de mi cuerpo, haré o trataré de hacer una expiación”. Y yo dije: “haré todo lo que yo pueda de mi parte para vivir correctamente, yo haré lo correcto. Y le dije: ”Mira“.
Y ella dijo: “Adiós”.
Y yo dije: “¿Te vas?” y dije: “Mira, en aquella mañana”, yo dije: “Podremos reunirnos juntos ahora”, yo dije: “Si… En aquella mañana, yo quiero que vayas al lado de la puerta del este”, y yo dije: “quiero que te pares allí. Y cuando… [Palabras inciertas]. Será muy terrible aquí abajo”. Yo dije: “Si muero antes que Él venga, estoy durmiendo allá”. Yo dije: “Nosotros nos juntaremos. Pero si estoy en el campo y sea tomado”, yo dije: “Tu ve allá y espera a los hijos, y párate allí al lado de la puerta. Y entonces cuando veas a Abraham, Isaac, y a Jacobo entrando, comienza a gritar Bill, Bill, tan fuerte como puedas. Yo dije: ”Yo te responderé de allí“
Ella levantó sus manos débiles. Le di un beso de despedida. Esa fue mi última cita con ella. Estoy en la senda. Es correcto. Algún día, algún día. Yo iré.
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Cuando la llevamos a la funeraria, me fui a casa. Ya no podía estar tranquilo en ninguna parte. Yo me fui para donde mi mamá. Yo tan solo… Oh estaba llorando. Me fui a la casa. Y ellos dicen, mamá dijo: “Quédate aquí”.
Dije: “No” me voy a casa. No teníamos muebles, pero lo que tenía era nuestro. Entonces me fui a casa para recostarme, y en ese momento, el hermano Frank Broy subió, dijo: “Billy, hijo me desagrada decirte algo”
Yo dije: “Bueno, acabo de estar allá”
Dijo: “Eso no es todo, tu bebé también se está muriendo”.
Yo dijo: “No puede ser”
Dijo: “Si es cierto”
Y me llevaron directo al hospital para ver a mi pequeña Sarón, mi pequeña niña. No podía llamarla… quise ponerle un nombre bíblico. Yo le puse por nombre a mi pequeño muchacho Billy Paul, como yo y san Paul. Y entonces querría ponerle un nombré bíblico a la bebé. Y no podía ponerle la Rosa de Sarón, entonces solo le puse el Sarón Rosa.
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Salí del hospital y me encontré con el médico, él dijo:“ Billy, ella se está muriendo. No entres allí”.
Y me quedé allí hasta que la enfermera se dio la vuelta, y corrí para alla adentro; y bajé hasta donde ella estaba. La miré a ella. Y allí estaba aquella pequeñita, acostada allí… nunca olvidaré. Ella solo tenía ocho meses de edad.
Recuerdo, yo solía venir a casa, yo… Ella se sentaba en el patio, y yo hacía sonar la bocina de esta manera, llegando alrededor por las esquinas, y ella decia, “Gu, gu, gu” solo llegar… Yo solamente amo a esos pequeñitos.
Ella estaba sufriendo tanto, al punto que una de sus piernitas gordas la movía hacia arriba y hacia abajo como en un espasmo. Y miré su mano tan pequeñita que se movia, y la miré, y dije: “Sharry, amorcito, ¿conoces a tu papito?” Yo tan solo estaba tratando de fortalecerme. Y dije: “¿Conoces a tu papito amorcito?” y sus pequeños labios estaban temblorosos. Y cuando ella me miró, ella estaba sufriendo tanto que sus ojos se cruzaron.
Oh, vaya. Cuando yo vi a aquel tierno ojito dulce del bebé cruzarse…. [Cinta en blanco]…
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No lo sabía en ese entonces, pero ahora lo entiendo. Nunca ha habido un niño de ojo virado que entre en la línea de oración, pero cuando me recuerdo de eso, nunca ha pasado uno a la plataforma que no haya sido también sanado. No sabía que el quebrantamiento tenía que producir esto. Pero nunca pensé de esto sino hasta ahora.
Aquel ojito cruzado, ella estaba sufriendo tanto. Yo me arrodillé. Dije: “Oh, Jesús, por favor, Dios, lamento tanto que hice”. Yo dije: “No te las lleves de mí. Yo la amo, Señor, con todo mi corazón. Por favor Dios”.
Vi como una gran cortina negra venia cayendo. Sabía que ella se iba. Yo me levanté, puse mi mano sobre su cabeza. Yo dije: “Dios te bendiga cariñito dulce ángel. Te voy a poner en los brazos de la madre. Y el ángel viene para llevarte a casa en unos momentos. Pero papi algún día te verá”.
Levanté mi cabeza, y yo dije: “Dios, Tu das y Tu quitaste. Yo no sé por qué tú me estas hiriendo”. Yo dije: “Aunque me matares, yo voy a confiar en Ti como lo hizo Job. Voy a creer en Ti”. Yo dije… de alguna manera estas quebrantando mi corazón. Yo no sé por cuánto tiempo más voy a aguantar. Yo dije: “Dios, te entrego su pequeña alma. Tómala, Señor Jesús. La puse en el altar con la madre. Y algún día yo ire a verlas”.
Y cuando hice eso, los ángeles descendieron suavemente y tomaron su pequeño aliento, y se la llevaron para estar con su madre. Yo la puse en – la madre, la puse debajo de la tierra.
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Cuando me paré allí, el hermano Smith, un amigo mío predicador metodista agarró en su mano algunos terrones, caminó hacia allá, y yo estaba parado allí, él puso su mano a mi alrededor; dijo: “Billy, animo querido muchacho”
Yo dije: “Hermano Smith mi alma está… Oh, no sé qué hacer”
Y lo escuché al él decir. al dejar caer los terrones sobre el pequeño ataúd, dijo: “Cenizas a las cenizas, polvo al polvo, tierra a la tierra”
Yo pensé: “Dios, ¿Qué voy hacer?”
Se escuchó un sonio como de un viento soplo entre los pinos, sonaba como que oía a un himno cantar diciendo: “
Hay una tierra en el más allá del rio,
A la que llamamos dulce eternamente
Y solo podemos llegar a esa orilla
por decreto de fe;
Uno a uno ganamos el portal,
Morar allí con el inmortal,
Algún día ellos harán sonar
las campanas de oro para ti y para mí.
Me di la vuelta de la tumba, con el corazón destrozado me fui a casa; no podía descansar. Los días pasaron. Podía aceptar la perdida de mi esposa, pero aquella… oh, aquella bebé fue la escogida de mi corazón. Yo no sabía qué hacer, la niñita…
Y luego entonces pensé de repente, oh, y ahora qué haré.
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Y un día fui… yo estaba trabajando para el servicio público. Me subí a un poste una mañana muy temprana para quitar un medidor de poste, yo estaba parado allí, y estaba cantando:
“En el monte calvario, había una cruz…
Y yo iba, y sucedió que al mirar el sol estaba saliendo y yo estaba colgado allí y yo estaba trabajando en aquel poste se formó la cruz en el lado, y vi mi figura que formaba como una cruz meneándose sobre aquella… parecía como una cruz alli. Y yo pensé: “Oh, Cristo de Dio. Sí fueron mis pecados los que lo clavaron a Él allí, lamento lo que he hecho”. Oh, yo dije: “Dios cómo pudiste aguantar a una persona como yo. Has roto mi corazón, me has quebrantado. ¿Pero, qué puedo hacer?”.
Y yo estaba muy nervioso. Yo tenía un par de guantes. Muchos de Uds. los que reparan teléfonos saben… [Palabras inciertas]… dos mil trecientos voltios fluyendo frente a mí por la línea principal. “En unos minutos estaré son Sarón” Me quité mi guante“ y dije: ”Dios he perdido mi mente o algo“. Yo dije: Sharry, honestamente, ya no soporto más. Papito va estar contigo en casa”
Yo dije: “Mírenlas…” dos mil trecientos voltios fluyendo allí, eso quebraría todos sus huesos en el cuerpo, electricidad. Yo dije: “Padre nuestro que estas en los cielos, santificado sea Tu nombre”. Y Ud. saben lo primero que paso, yo estaba sentado en el suelo. Yo no sé.
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Yo creo que si ese don no hubiese sido pre-ordenado, eso habría sido allí mismo el fin de su hermano Branham. Pero Dios tenía otras cosas que hacer. Él tenía que aquel moler ese corazón fuera de su lugar y Hacerle saber… hacerme saber que es Él quien reina y gobierna.
Me fui a casa. No podía entender aquello, no funcionó. Fui a donde mamá, y mamá dijo: “Entra cariño. Déjame calmarte”
Yo dije: “Me voy a casa” y me fui a casa. Estaba haciendo un clima un poco fresco. Yo saqué la correspondencia del buzón y me di vueltas. Yo estaba procurando procesar aquello. Nosotros no teníamos mucho en nuestra casa. Yo tenía un viejo catre puesto allá atrás.
Pero allí ella vivía conmigo. Habíamos estado juntos; ese había sido nuestro hogar. Y eso… no importaba cuan pequeñito era, ese le pertenecía a ella y a mí. Eso era de nosotros. Todos los muebles no valían más de tres dólares. Pero eso nos pertenecía. Eso valía tanto como los mejores hogares en el mundo, porque era nuestro.
Fui allá atrás a la cocina, el frio helado venia saliendo por debajo del piso. Y yo nunca lo olvidaré, yo abrí la correspondencia. La primera carta que abrí, decía allí: “Señorita Sharon Rose Branham”. Eran sus pequeños ahorros de navidad. El banquero sabía que ella nunca los había retirado, entonces… un dólar y ochenta y cinco centavos, él me los envió. Oh, ahora si ya no podía aguantar más. Eso me rompió y comencé a llorar. Se estaba oscureciendo. Yo me arrodillé en el piso. Y yo comencé a llorar y a orar. Y yo… Oh, qué momento… ya no podía aguantar más eso.
70
Yo me dormir acostado allí. Yo soñé. Yo pensé que estaba en el oeste. Y cuando fui al oeste, estaba caminando por medio de una pradera, yo estaba silbando esa balada que dice:
Hay una rueda en la carreta que está quebrada,
Un letrero en el rancho que dice: “En venta”.
Yo estaba silbando de esta manera y vi aquella goleta pradera y una rueda quebrada. Y parado allí al lado de la goleta, parada una chica de cabello rubia lo más hermosa con aquellos ojos azules brillantes, vestida de blanco. Y yo tenía puesto mi sombrero… mi sombrero. Y pasé, por un lado, y le dije: “¿Cómo está Ud. señorita?” Y me volví a ponerme el sombrero de esta manera.
Y ella dijo: “Hola papá”
Y yo miré por todas partes, y dije: “¿Papá?
Ella dijo: “Seguro que sí”
Yo dije: “Bueno, jovencita, me disculpa”. Yo dije: “Ud. es de mi misma edad, ¿Cómo podría yo ser su papá?”
Ella dijo: “Papito, ¿No me conoces?”
Y Yo dije: “No señorita, me temo que no”
Ella dijo: “¿Tu sencillamente no sabes dónde estás, Papito?”
Y yo dije: “Bueno, yo… ¿Qué quiere decir?”
Ella dijo: “¿Dónde está Billy Paul?”. Ese es su hermanito.
Y yo dije: “¿Qué es esto?”
Ella dijo: “Papito en la tierra, yo era tu pequeña Sharon”
Yo dije: “¿Sharon?” ¿Mi bebé?“
Ella dijo: “Si, papito”. Dijo: “Recuerda, que aquí somos inmortales”. Cuando venimos aquí, ya no somos más bebes. Nosotros todos tenemos una misma edad“.
Y yo dije: “Oh, cariño. ¿Eres Sharon?”. Ella dijo… y yo dije: “¿Dónde está mamá?
Ella dijo: Ella está allá arriba – en el nuevo hogar“
Yo dije: “¿Un hogar?”
Dijo: “Sí”
Yo dije: “Bueno, cariño algo anda mal aquí”. Yo dije: Los Branhams nunca tuvieron hogares. Son una gente vagabunda». Y dije: “Nosotros nunca tuvimos un hogar”
Ella dijo: “Pero, papito, tú tienes uno aquí arriba”
Miré por todos lados a mi derecha y había un enorme y hermoso hogar. Y las luces brillaban por todas partes“
Ella dijo: “Mamá te está esperando. Yo voy a esperar a Billy aquí”.
Yo dije: “Muy bien, cariño”. Yo salí corriendo lo más fuerte que pude, con el sombrero en la mano. Yo corrí por los escalones hacia arriba. Cuando llegué allá, normalmente Hope se encontraba conmigo con sus brazos abiertos. Y subí corriendo hacia arriba unos cuantos escalones tanto duro como podía. Y yo llegué al último de los escalones arriba, allí estaba ella vestida de blanco, con su cabello negro colgándole. Ella corrió hacia mí, levanto sus brazos. Yo corrí hacia ella, lancé mi sombrero, y me arrodillé a su lado. Ella me puso su mano sobre mi cabeza. Ella dijo: “¿Bill, por qué estás tan preocupado, cariño?”
Yo dije: “Hope, ya yo no lo soporto más”. Yo dije: “yo he visto… ¿Es aquella Sharon la que está allá abajo?”.
Ella dijo: “Sí, Billy”. ella dijo: “¿Por qué estas preocupado? ¿Tu estas preocupado por mí y por Sharon?”
Y yo dije: “Cariño, es que ya no soporto más. Yo…”
Ella dijo: “Deja de preocuparte”. Dijo: “No te preocupes, estamos mucho mejor aquí de lo que tu estas”.
Y yo dije: “Tal vez puede que así sea”. Pero, yo dije: “Hope, ¿No se convirtió en una jovencita hermosa? ¿Estamos orgullosas de ella?
Ella dijo: “Seguro”. Ella dijo: “¿No estás cansado?”
Y yo dije: “Cariño, yo solo he estado predicando y orando por los enfermos por tanto tiempo”. Y esa es la manera que conozco de proseguir. Tuve que venir – aún no ha llegado. Yo dije: “Yo solo he estado predicando y orando por los enfermos estoy tan cansado que apenas puedo aguantar”.
Ella dijo: “¿Quieres tu sentarte?”
Y miré, y allí estaba aquel gran sillón Morris. Y la miré a ella, y ella me volvió a mirar. Ella dijo: “Sé lo que estás pensando”
Aquí abajo en una ocasión, yo… teníamos tres sillas viejas, o dos sillas viejas en la casa. Y…
