OBRAS DEL MENSAJE


Tu Fe Te Ha Salvado
Shreveport, Louisiana, E.U.A.
54-0411
1 Gracias, Hermano Moore. Buenas tardes, amigos. Es un placer estar de regreso aquí esta noche, en el servicio de clausura., en Shreveport, representando a Jesucristo a la audiencia una vez más. No es un placer para nada estar cerrando las reuniones, sino un placer, que he tenido con todos Uds. mientras he estado aquí. Qué amables han sido conmigo —apoyándome con su fe y todo lo que han hecho por mí. Yo lo aprecio.
Le doy las gracias al Hermano Moore y a su plantilla del Tabernáculo Vida, y a todos los otros ministros, ministros colaboradores, y a todos los laicos, y a las personas que han venido. Queremos darles las gracias, a cada uno.
Queremos agradecer a la gente, que han… a los supervisores de este auditorio, a los custodios. Conocí a dos de ellos, creo, mientras venía entrando. Hombres buenos y distinguidos. Me da gusto que sean así. Tienen muchas cosas que hacer por aquí en los diferentes servicios, y así sucesivamente. Ruego que Dios esté con ellos.
2 Y ahora, hace un momento, sentado atrás en el camerino… he estado allá atrás un buen rato. Yo estaba en oración. Llegué un poco temprano esta noche, y estaba sentado allá atrás escuchando estos hermosos cantos. Pensé: “¡Vaya! Eso es como el cielo para mí”, el escuchar esos cantos bonitos. Y mandé una petición para uno de mis favoritos. “Llegó Jesús”, “Qué Bella Historia”, “Llegó Jesús”, y “Solo Creed”, son mis cantos favoritos.
Y sí que estoy agradecido con nuestro Señor Jesús por haber hecho lo que hizo por nosotros, y confío que esta noche sea el punto culminante cuando grandes y maravillosos milagros, señales y prodigios se lleven a cabo en Su Nombre.
3 Ahora, después de salir de aquí esta noche, tengo que conducir aproximadamente ochocientas millas [1287 Km.], así que estaré llegando a casa en algún momento mañana, mañana en la noche. Y al siguiente día estoy saliendo para Kentucky. Y luego, al regresar de allá, estaré yendo a Denver, y subir a Canadá. Una agenda muy llena, bastante difícil. Pero, pienso que mientras yo tenga voz, y Dios me ha permitido hallar favor con muchos de Su pueblo, que se me permita dar mi vida como Él la dio, para la edificación y avance de Su bendito Reino, por el cual Él murió.
Le voy a pedir a todos ustedes… Tal vez antes que pueda regresar otra vez al Tabernáculo, o aquí, probablemente vaya al extranjero. El Señor ha dispuesto el tiempo. Yo lo programé; Él no me dejó ir en aquel momento. Pero Él me habló: “Septiembre”. Así que ese es el tiempo. Entonces, al ir en septiembre a la India, África, Palestina, Alemania, muchos otros países, tal vez, antes de regresar — Inglaterra, Francia. Por tanto, estén orando por mí. ¿Lo harán? Y estaré yendo para hacer lo que me sea posible para llevar este glorioso Evangelio.
4 Solo me estaba preguntando, amigos, esta noche, si podemos llamar: Los judíos buscan señales; los griegos… sabiduría. El judío sigue siendo judío; él todavía busca señales.
Imaginen a Pethrus, jefe de la Iglesia Filadelfia en Estocolmo, Suecia; de donde el Hermano Moore, y el Hermano Brown y yo acabamos de regresar recientemente, los últimos dos años desde allá. Dijeron que les enviaron medio millón de Biblias a esos judíos que han estado regresando a Palestina.
Ellos están leyendo el Nuevo Testamento. Nunca habían escuchado que Jesús haya estado en la tierra. Habiendo estado allá, me imagino, en el destierro de Babilonia, o de la cautividad romana. Y leen la Biblia. Ellos dijeron: “Si este es el Mesías, si Jesús es el Mesías judío, veámoslo a Él… veámoslo a Él hacer la señal de los profetas… nosotros lo aceptaremos a Él”.
¡Oh, vaya! Espero que sea así. Espero que Dios esté conmigo. Si yo pudiera destacar, son muchos miles de ellos, y hacerles esa pregunta, Dios estará allí. Él le mostrara al judío.
5 Y tal vez… ¿Qué si esto sucediera? Yo no digo que será así. En eso, si yo les preguntara si Jesús… leyendo la Escritura, y ver que Él no reclamó ser un Sanador; Él solo reclamó ver visiones. Lo que el Padre le decía que hiciera, Él iba y lo hacía. Todos nosotros como lectores de la Biblia sabemos eso. Jesús dijo: “Yo de Mí mismo no puedo hacer nada”, San Juan 5: 19: “sino lo que veo hacer al Padre, eso hace el Hijo igualmente. El Padre hasta ahora trabaja, y Yo trabajo”.
Bueno entonces, si eso es lo que Él fue en la tierra… Mucha gente vino a Él, Él no había visto visión, pensó que ellos tenían fe suficiente. Él dijo: “Tu fe te ha salvado”. “Conforme a vuestra fe os sea hecho”. Pero cuando Él tenía una visión, solo decía lo que Dios le dijo que dijera. “Ve”. “Ve allá”, y así sucesivamente.
6 Ahora, si ellos ven, y yo digo: “Ahora, Jesucristo es el Mesías judío (como yo lo represento), y Él ha resucitado de entre los muertos, afirmando que las cosas que Él hizo mientras estuvo aquí en la tierra, Él se lo ha pasado a Su iglesia. Ahora, si Jesús hace eso, ¿lo aceptarán a Él como Salvador personal?”, si les digo eso, como lo hice en África.
Y con eso mismo en África, vi a treinta mil paganos nativos venir a Jesucristo en un solo llamamiento al altar. Treinta mil quebraron sus ídolos en el piso, aventando todos sus encantamientos, limpiándose el lodo de sus rostros, y sus supersticiones, sus pinturas y cosas que usan para la guerra, pintura pagana; y viniendo a Jesucristo. Treinta mil al mismo tiempo.
Permítanme decir esto en amor y respeto. No porque yo estaba allí, amigos. ¡Vaya, no! Pero porque Jesucristo estaba allí, hubo más convertidos de los que se han traído en África en los últimos ciento cincuenta años hasta donde yo sé, fue hecho en un espacio de cinco minutos con lo que el mundo llama fanatismo, y lo que Jesucristo nos comisionó hacer. ¿Ven lo que quiero decir? Estoy haciendo mi mejor esfuerzo para llevarle a Jesucristo a cada persona que puedo, antes que llegue el fin.
7 Ahora, si esos judíos lo hicieran, un cien por ciento, recibieran entonces a Jesucristo, y les dijera: “Justo en el lugar donde Uds. están parados, aquí mismo en Palestina, aquí mismo en Jerusalén, el Espíritu Santo cayó la primera vez sobre los judíos. Ahora, mientras están Uds. parados en las mismas huellas de Uds., reciban el Espíritu Santo”. ¿Y qué pasaría si el Espíritu Santo cayera sobre treinta, cuarenta o cincuenta mil judíos al mismo tiempo? ¿Saben lo que pasaría? La edad gentil estaría terminada. Eso es correcto.
Dejen que los judíos se pongan en orden una vez y observen lo que acontece. Nosotros nos quedamos en casa y pensándolo, y así sucesivamente. El judío sale y obra al respecto. Los judíos han sido los misioneros más grandes que Dios haya tenido. Ellos ciertamente han tenido…
Pablo llevó el Evangelio a todo el mundo conocido en su día. Muchos enfermos y afligidos había en Jerusalén, pero él tenía que ir para Asia y a alguna otra parte; él tenía que esparcir el Evangelio.
Y Uds. saben, la dispensación gentil terminará dentro de poco. Todos los creyentes saben eso. Puede ser, que este sea el tiempo. Dios tenga misericordia, Cristiano. Dios tenga misericordia, pecador. Si Ud. no es Cristiano esta noche, no atraviese el umbral de estas puertas hasta que sea un Cristiano. Acepte al Señor Jesucristo ahora como su Salvador personal.
8 Dios sea con ustedes.
Espero haberlo intentado. Y le doy las gracias a cada uno de ustedes otra vez. He tratado de decir cuánto lo aprecio. Yo no puedo hacerlo. Que el Espíritu Santo le diga a cada uno de Uds. lo que yo pienso en mi corazón.
Me supongo… Me dijeron, creo, que levantaron una pequeña ofrenda de amor para mí. No tenían que hacer eso. Pero, yo soy un hombre pobre. No tengo nada de los bienes materiales de este mundo. Eso es verdad.
La única cosa que tengo esta noche es una casita que se construyó allá. El Hermano Moore la diseñó y quiso él mismo hacerla. Dejé que la gente la construyera a partir de una ofrenda. No me quedé con ella. Después de mirarla, pensé: “Eso no es correcto. No existe un Branham que tenga alguna casa. Todos somos vagabundos, viajeros”. Yo dije: “No es correcto que tenga esto; personas enfermas nos han dado. ¿Qué si algo me pasara a mí?”. Se la pasé a la iglesia de aquí abajo y dejando que la usen como casa pastoral. Ahora, no la quiero para mí mismo.
El Tabernáculo que está en las calles Octava y Penn es el dueño de la iglesia; si ellos quisieran, me podrían echar por la mañana.
9 Pero alguien me dio un carro. El Hermano Moore comenzó… La gente levantó unas ofrendas por aquí. Tengo un carro (lo he estado cambiando cada año), y una vieja camioneta. Esas son mis posesiones. Quizás un par de cien dólares en el banco.
Se requiere cien dólares diarios para administrar mi negocio. Se pueden imaginar, estamos sobregirados la mitad del tiempo si uno no lo cubre a tiempo. Solo vengan al banco y lo verán. Eso es correcto.
Lo poco que tengo en la ofrenda de amor al final de la reunión, cuando terminamos con todos los gastos, eso lo concluye. Al final de la reunión, Uds. levantan una ofrenda de amor. Si es suficiente, me voy a casa y le pregunto a mi secretaria cuánto necesita la oficina. Cuánto nos está haciendo falta. Cubrimos eso, pagamos todo lo que podemos. Si queda algo para que me lleve… más para la siguiente reunión, lo pongo en las misiones del extranjero.
Un día tendré que dar cuenta por cada centavo de dinero que me han dado. Y si lo pongo en la obra de Dios, yo quiero ser un buen administrador de Sus asuntos. Eso intento. Dios sabe que eso es cierto. Eso es correcto.
10 Fui a una pequeña cena el otro día. Mi muchacho me puso un saco blanco. Me sentí tan fuera de lugar con ese saco, ni siquiera podía hablar en la cena.
Yo dije: “Billy, eso no se ve bien”.
Él dijo: “Úsalo, papi. Es mi saco. Póntelo”.
Bueno, no quise lastimarlo a él. Hermano, hermana, digo esto con humildad, no para estar jalando, o tratar de ganar su empatía. La ropa que tengo es ropa que la gente me regala.
El traje que traigo puesto, el Hermano Moore estaba conmigo cuando lo conseguí hace cuatro años en Suecia. Par de zapatos, mi esposa me lo compró. Me dieron otro traje allá en la Florida. Otro que obtuve en Finlandia. Dos, los obtuve en Alemania… o, no en Alemania, sino en África. De ahí viene la ropa. Eso es lo que la gente me da. Algunos de ellos me los han pasado. Eso es verdad. Conseguí un traje en California hace unos cinco años, y lo he estado usando desde entonces, y tenía unos seis o siete años de uso cuando lo conseguí. ¿Pero qué es? Es suficientemente bueno. Él ni siquiera tenía una sola vestidura; y le pidió prestada la tumba a alguien para que lo colocaran allí.
Yo podría haber estado muy bien si hubiera tomado el dinero que la gente me ofrece. Pero, yo quiero ser tan pobre como los que vienen para que se ore por ellos. Nosotros somos conciudadanos del reino de Dios. No lo estoy diciendo solo por decir. Lo estoy diciendo porque quiero que sepan, amigos, que el reino de Dios no consiste en riquezas, o buena ropa. Es un corazón sometido a Dios. Donde Dios…
11 Hace un tiempo en California, un buen amigo Armeniano dijo: “Hermano Branham, ¿conduce Ud. esa vieja camioneta Chevrolet?”.
Yo dije: “Sí, señor”.
Él dijo: “Si tan solo nos deshacemos de eso… un nuevo Cadillac azul”, dijo: “Tengo uno estacionado aquí afuera; un Packard personalizado que solo tiene unas trescientas millas [482 km]. Escoja uno”.
Yo dije: “Eso está excelente. Pero no se vería bien, pasando yo por Arkansas, en alguna parte, conduciendo un carro Cadillac, y una pobre mujercita allá afuera jalando un saco grande de algodón detrás de ella, comiendo tocino y pan de maíz de desayuno, ganando unos dos dólares al día; y que diga: ”Oh, allí va el Hermano Branham“. Yo no. Yo no quiero eso. No, señor.
Desnudo llegué a este mundo; desnudo regresaré. Pero lo que está en mi interior, espero, me llevará más allá de las estrellas y la luna, donde me espera Aquel que yo amo. Y estoy haciendo todo lo que puedo para servirle hasta que Él me llame. ¿Oramos?
12 Padre Celestial, mirando estas palabras aquí que han sido inspiradas por el escritor, oro que Tú abras la Palabra esta noche. Y que entre tan profundo en el corazón. Mi corazón… mirando aquí y viendo a este pobre hombre recargado en su esposa, y ella sentada allí llorando. El pequeño bebé tendido allí en la camilla. ¡Oh, Dios, si hay algo que pueda hacer! ¿Me ayudarás? De algún modo que yo pueda representarte a Ti de cualquier manera, ayúdame, querido Dios.
Muchos están sentados aquí, tal vez con cáncer y problema cardíaco. Quizá no vivan hasta la mañana si Tú no les das un poco de fe… o, si no obtienen un poco de fe para recibir su sanidad.
Oh, Dios, ruego esta noche, que algo suceda fuera de lo ordinario. Que Tú mismo te manifiestes esta noche como lo hiciste con aquellos en Emaús. Haz algo un poquito diferente, para que todos los que están aquí reconozcan que eres Tú, Padre. Concédelo.
Te damos gracias por la Palabra que nos diste esta semana. Por todo lo que Tú has hecho por nosotros, te damos las gracias. Ahora abre la Palabra, Señor, a nuestros corazones. Y que podamos decir al salir como aquellos de Emaús: “¿No ardían nuestros corazones en nosotros mientras Él nos hablaba?”. Porque lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén.
13 En San Marcos, el capítulo 10, comenzando con el versículo 46 leemos esto:
Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos… y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando.
Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!
Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!
Entonces Jesús, deteniéndose,… (Oh, me encantaría eso. Su fe detuvo a Jesús en Su camino) mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama.
El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús.
Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista.
Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.
14 Solo para los próximos minutos quiero decir estas palabras sobre el pequeño texto, solamente por poco tiempo. Vamos a tratar, y veremos por cuánta gente puedo orar en esta línea, si tan solo estos hombres me sostienen para orar por ellos.
Nuestra escena esta noche es muy triste, se ve trágica, mientras vemos en Jericó. Jericó fue siempre una ciudad bajo maldición desde que los judíos poseyeron Palestina. Josué dijo: “Maldito el hombre que edifique esta ciudad”.
Jericó siempre representó al descarriado. Jerusalén está situada arriba de Jericó: la celestial. Y al… salir de Jericó, descendiendo, uno se iba alejando de Dios: La ciudad maldita. La ciudad bendita —la ciudad maldita.
En el tiempo de nuestra escena esta noche, estaba el ciego Bartimeo, un anciano pordiosero ciego, tal vez harapiento, mendigando por sus centavos mientras se sentaba al lado de la cerca, o pared, al lado del camino, que pasaba al lado de la carretera. Quizá un día frío de noviembre, porque él titiritaba allí. Él tenía frío. Y mientras estaba sentado allí al lado del camino, tenía muchos competidores; en aquellos días había mucha gente ciega.
Con dificultad algún visitante que pasaba le daba una moneda de vez en cuando, pero se pueden imaginar lo difícil que era para los pordioseros cuando ciegos, lepra, y leprosos, sordos, mudos, y todo tipo de pordioseros atestaban el camino. ¿Qué podría hacer un pobre pordiosero anciano para sobresalir al lado de todo aquel grupo de gente?
Mientras él se quedaba sentado allí en el viento frío, sin duda sumido en ese mundo oscuro en el que vivía. Al lado estaba un grupo de gente que profesaba ser muy religiosa, sin embargo muy indiferente, muy malvada, muy pecaminosa.
15 Había tantos pordioseros y cosas, tal vez, nunca ni siquiera pensaron en el ciego Bartimeo.
Y él estaba aquí afuera sentado, encerrado en el mundo oscuro. Junto a él pasaba el Camino Jericó que llegaba a Jerusalén. Quizá las piedras del camino estaban bien pulidas por tantos viajeros que iban y venían por el camino. Por este mismo camino, muchos años antes, el gran guerrero Josué guió a los hijos de Israel. Por este mismo camino, caminaron Elías y Eliseo cuando iban al Jordán.
Sin duda que este anciano pordiosero ciego estaba sentado allí diciendo… en su mundo oscuro, diciendo: “Si tan solo yo hubiera vivido en el día cuando Elías y Eliseo pasaron por aquí, yo hubiera clamado y ellos habrían orado por mí. Dios me hubiera dado la vista. Pero ahora, toda la gente de la ciudad y los alrededores dicen que los días de los milagros han pasado”.
Pero, tal vez, en el fondo de su corazón, él creía que Dios todavía estaba vivo. Ni se imaginaba que un poco más abajo del camino, venía su liberación.
Me pregunto si acaso no es ese nuestro caso esta noche. Espero que sí. Muchos de Uds. están sentados aquí enfermos y afligidos, necesitados. Algunos de ustedes se están muriendo con enfermedades.
16 La misma cosa, grandes ciudades, grandes científicos, pero en el caso suyo no puede venir ayuda.
Tal vez, el ciego Bartimeo, si él hubiera tenido dinero, no hubiese habido forma de ayudarlo… una operación. Me han dicho que el hombre nació de esa manera. Eso yo no lo sé. La Escritura no respalda eso.
Pero de todos modos, él estaba ciego. Y si acaso lo podían operar, él no tenía la manera, porque era un pordiosero. Así que, daba lo mismo que no hubiera ayuda para él. Ya sea que él pasara por la ciencia médica, y que no tuvieran forma de operarlo o que no hubiera dinero para la operación. Él estaba allí sentado en esta terrible condición, pero en el fondo de su corazón él era un creyente.
Saben que, siempre pienso que si un hombre va a creer realmente, Dios le acercará algo. ¿No creen Uds. eso? Si hay un hambre en su corazón por Dios, tiene que haber algo que responda a esa hambre.
17 Y aquí está él, sentado en su oscuridad. Ahora, nadie está pasando. Después de un rato, él escuchó. Escucha a alguien susurrando. Ellos dicen: “Él está viniendo hacia acá”. Vamos a dramatizarlo un momento. “Él está viniendo hacia acá”.
Después de un rato, escucho a un montón gritando: “Buenas tardes, Padre”.
Los sacerdotes están pasando. Escucho a unos sacerdotes diciendo: “La idea misma. Ese Belcebú entrando a la ciudad para interrumpir nuestras iglesias. Él no hace otra cosa sino hablar mal. Pues, nosotros sabemos que los días de los milagros pasaron. Él solo echa fuera demonios por Belcebú. Él es un adivino. Así es como Él sabe quién lo tocó, y por el estilo. Pues, Él no es sino Belcebú. Y Él está ungido con el diablo. Y Él solo tiene al diablo para que lo ayude”.
18 En el fondo del corazón del ciego Bartimeo, algo comenzó a agitarse. “Me pregunto si Él en realidad viene hacia acá”.
Después de un rato él escucha un montón de gritos y aclamaciones: “¡Hosanna!”. Alguien que le creyó a Él. Puedo escuchar a los sacerdotes decir: “Escuchen ese montón de radicales. Escuchen. Miren quién lo sigue a Él. Miren quién viene a Sus reuniones. Esos pobres, rechazados”.
La Biblia dice: “Y los que eran del común del pueblo le oían de buena gana”.
“Miren la clase de muchedumbre con la que Él se junta. Eso muestra que no hay nada en Él”. Es una pena que no se hayan dado cuenta de Quién era Él.
Me pregunto si hoy en día no es esa una gran cosa hoy, también, amigos Cristianos. Simplemente no nos damos cuenta de Quién es Él. No nos damos cuenta que Él es el mismo hoy como lo fue en aquel entonces.
19 Los puedo escuchar a ellos blasfemándolo. Después de un rato, el ciego Bartimeo sigue diciendo: “¿Quién está pasando? ¿Quién está pasando?”.
Alguien dice: “Jesús de Nazaret está pasando”.
¡Oh, vaya! Una nueva esperanza entra en su corazón. Algo sucedió. Allí está su primera y última oportunidad. Él no volverá a pasar por allí. Esa es su única esperanza.
¿Cómo sabemos eso, esta noche, que no hay hombres y mujeres sentados aquí con esa única esperanza? Puede ser que Él no vuelva a pasar por aquí.
Entonces él tomó sus harapos. Él dijo: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”.
Tal vez el estruendo de la gente y los gritos, Jesús nunca escuchó su voz. Pero él pensó: “Oh, me va a pasar de largo. ¡Oh, Hijo de David, ten misericordia!”.
Jesús en un estudio profundo. Su rostro estaba fijo hacia Jerusalén. Siendo el Hijo de Dios, sabía que Él debía ir a Jerusalén y ser crucificado allí en unos pocos días.
Amigos, ¿saben algo? Usted y yo tenemos parte de la culpa que Él estuviera en ese camino aquel día. ¿Sabían Uds. eso? Nuestros pecados y enfermedades lo pusieron en ese camino ese día yendo al Calvario.
Allí Él va, caminando lentamente, vivió en otro mundo que el hombre no lo entendió. Cuando Él habló, la gente dijo: “Oh, Tú hablas en parábolas. ¿Quién puede entender lo que dices? Tú nunca nos respondes correctamente. No podemos entender. Háblanos claramente”.
Él les daba algo en una palabra retorcida, y se iba; seguía caminando. No le entendían. Él no era del mundo, y ellos eran del mundo.
20 Y ahora, con una turba gritando a cada lado, la mitad cantando, sus amigos: “¡Hosanna! ¡Hosanna! Bendito el que viene en el Nombre del Señor. ¡Alabado sea Dios por siempre!”. La gente enferma que ha sido sanada, quizás, siguiéndolo, alabándolo.
Y los sacerdotes criticando: “Muy bien. Déjanos verte hacer una señal. Tú la has hecho en otra parte. Ven aquí. Tenemos a alguien que está lisiado. Déjanos ver cómo lo sanas. Nosotros te creeremos. Creemos que Tú eres del diablo, el Belcebú. No te acerques a nuestras iglesias. No queremos esa clase de cosa en nuestra ciudad. Pasa de largo”.
Llevándose a cabo todo ese griterío. Jesús nunca se fijó en eso. Él caminó decididamente hacia Jerusalén, sabiendo que esos eran Sus propios hijos clamando por Su sangre. Y Él no podía rechazarlos. ¿Cómo puede un padre rechazar a sus propios hijos?
Aquí Él siguió caminando hacia Jerusalén.
21 Pero este pobre anciano pordiosero ciego parado muy a lo lejos. La gente trató de callarlo —yo creo que gente, con buenas intenciones. Pero dijeron: “Siéntate. No hagas tanto ruido. Pues, los días de los milagros han pasado. Tú sabes que nuestros sacerdotes nos dicen eso. ¿Quieres ser considerado con un grupo de fanáticos? Siéntate”.
Él se hizo oídos sordos a ellos. Él dijo: “¡Tú, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi única esperanza se está alejando de mí. ¡Oh, Dios ten misericordia de mí, un hombre ciego!”.
Algo tocó al Maestro. Y la fe de ese pordiosero ciego harapiento detuvo a Jesús en Su camino. Hará la misma cosa esta noche.
Él se detuvo, miró alrededor. Dijo: “Tráiganlo aquí”.
Oh, ahora, uno de ellos dijo: “Sé de buen ánimo; Él te llama”.
Oh, miren la fe obrando ahora. La fe pega un brinco. Agarra su saco harapiento y lo avienta a un lado. No colocándolo… fijándose en dónde cae: bien acomodado, para poder recogerlo… o, encontrarlo cuando se regresara palpando la pared. Él tenía una audiencia con Jesús. Él sabía que podía obtener lo que quisiera, siempre y cuando pudiera tener una audiencia con Jesús.
Hermano, hermana, esta noche, solo tengamos una audiencia con Jesús esta noche. “Pedid”, Él dijo: “Y recibiréis. Lo que pidieres al Padre en Mi Nombre, Yo lo haré”. Pidamos una audiencia con Él esta noche.
22 Ahora observen. Él ya no estaba angustiado. Él estaba delgado, con… [Palabra incierta]. Probablemente comía un plato de sopa cada tres días hasta cuando le caían unos centavos o moneda. Sus brazos harapientos los sostenía hasta que podía meterlos en sus mangas harapientas y extiende sus brazos de esa manera. “¿Qué? Lo he detenido. Tengo una audiencia con Él. Seré capaz de hablar con Él”.
¿Cómo lo va a ver a Él? Él está ciego. Eso no importaba. Él atrajo la atención del Maestro.
A lo largo de su mundo oscuro, se fue precipitando hacia el lugar de donde provenía el sonido, sin saber cómo iba a regresar por esa multitud, cómo iba a solucionar eso. Cómo iba a encontrar su saco harapiento. Eso no le importó a él. Lo principal era: “Llegar a Jesús de inmediato”. Sus viejas manos huesudas se extendían, moviéndose hacia el lugar donde escuchaba la voz.
23 Jesús no dijo… Él dijo: “¿Qué quieres que te haga?”. No lo reprendió. Él no dijo: “Bartimeo, ¿eres fariseo, o saduceo, o publicado, o qué eres, Bartimeo?”. A Jesús no le interesaba eso. Un hombre en necesidad tuvo la suficiente fe para detenerlo. Él no dijo: “¿Perteneces al Concilio del Sanedrín? ¿Eres un buen miembro de iglesia?”. Él dijo: “¿Qué quieres que te haga? Ahora, tú me detuviste. Yo no sé. El Padre no me lo ha mostrado. Pero, ¿qué quieres?”.
Él dijo: “Señor, que recobre la vista”.
Amén. En el fondo de su corazón daba vueltas: “Ellos me dijeron que los días de los milagros han pasado, pero yo creo que algo va a pasar”.
24 Ahora, Él no dijo que los días de los milagros han pasado, Jesús no lo dijo. Él no trató de… Bartimeo no estaba preguntando: “Señor”, diciendo: “Soy un hombre ciego. Me han dicho que los milagros han pasado. Pero me dicen, que si soy un creyente en Dios, que un día me iré al cielo. Oh, Buen Maestro, dime cómo es el cielo. ¿Recibiré mi vista cuando llegue al cielo? ¿Es esta mi bendición de Dios que sea ciego, como me han dicho? ¿Es Dios…? Si Dios quiere que me vaya al cielo, entonces, ¿cómo es el cielo?”.
Eso no era lo que Bartimeo quería. El ciego Bartimeo quería recibir su vista. Eso era lo primero: salir del mundo oscuro en el que vivía.
Jesús dijo: “Tu fe te ha salvado”. Se dio la vuelta y siguió caminando, subiendo por el camino.
Puedo ver al anciano ciego Bartimeo; él está trastabillando en lo oscuro. Caminó y se apartó de la multitud. Dijo: “Veamos, ahora, si puedo ver mis manos. Creo que lo estoy. Él ya me dijo lo que es la Palabra. Él es Dios. Lo que Él dice es verdad”.
Se esperó un momentito; la multitud iba subiendo por el camino. Él dijo: “Veamos. Él me dijo conforme yo creyera, y yo creo. ¡Oh, ahora veo!”.
Luces comenzaron a estallar en sus ojos. Él gritó con toda su fuerza y se fue por el camino para seguir a Jesús. Allí está. ¿Por qué? Todo porque encontró una audiencia con Él. Tengamos una audiencia con Él ahora. Confesemos nuestros pecados, y nuestras debilidades como seres humanos.
25 Si en algún momento queremos tener el derecho de tener una audiencia con Jesús en este momento.
Oremos.
Bondadoso Padre Celestial, Oh, Dios, ¿hay alguien aquí con la suficiente fe para detenerte unos minutos? Los años han pasado. Han pasado muchos, muchos años desde que Josué estuvo en esa puerta. Han pasado muchos años desde que Elías y Eliseo caminaron por el camino, uno al lado del otro. Pero Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Muchos años han pasado desde entonces, pero Tú estás aquí en Shreveport esta noche, porque prometiste estarlo. Tú dijiste: “Las cosas que Yo hago, vosotros también las haréis”. Entonces, Padre Celestial, ruego que Tú unjas a Tu pueblo aquí esta noche.
Yo sé que esto es algo grande, Señor. Soy indigno de pedirlo. Pero, ¿dejarás que Tu siervo tenga de Tu Espíritu una vez más esta noche? Que esta gente pueda saber que tienen una audiencia Contigo.
Y mientras estamos mirando para este lado, y sus corazones están lleno de gozo, anticipación, gran expectativa, que el mismo precioso Jesús les hable: “Tu fe te ha salvado”. Concédelo, Señor, porque lo pedimos en el Nombre de Jesucristo. Amén.
26 Me pregunto por qué… A veces, tal vez me pregunto, cómo pudiera la gente dudar de nuestro Señor Jesús. La Escritura simplemente viene a mi mente, antes de llamar la línea de oración. Se encuentra aquí en San Lucas, el capítulo 11, el versículo 14.
Estaba Jesús echando fuera un demonio, que era mudo; y aconteció que salido el demonio, el mudo habló; y la gente se maravilló.
Pero algunos de ellos decían: Por Beelzebú, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios.
Otros, para tentarle, le pedían señal del cielo.
Después de hacer hablar a un hombre que no podía hablar, y ellos querían una señal del cielo.
Shreveport, Dios te bendiga. La gente que está aquí, Uds. han sido bendecidos con muchos grandes hombres que han pasado por sus fronteras. Miro alrededor en esta noche, las sillas vacantes por este lugar. Pienso de los lugares donde tal vez las iglesias están igual. Solo un poco tibios.
27 Casi en la misma fecha, hace uno o dos años, un gran hombre pasaba por aquí, llamado Billy Graham: Un siervo maravilloso y glorioso del Señor. Él vino a esta ciudad, y rugió con una voz de juicio para Uds. Él condenó el que vayan a la iglesia, y toda la condición formal de ustedes. Él condenó la política de Uds. Él lo atacó de un lugar a otro.
Shreveport fue muy religioso durante ese avivamiento. Él se movió de tal manera allí que aún mi amigo, el Hermano Moore, me llamó. Dijo: “Hermano Branham, ojalá Ud. pudiera venir y orar por los enfermos”. Dijo: “Todo en Shreveport ha llegado a estar más consciente de Dios desde que ese hombre estuvo aquí”.
¿Cómo se olvidaron tan rápido?
28 Quiero leer otra Escritura. San Juan 5:33
Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad.
Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos.
Él era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz.
Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado.
También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí.
Jesús hablando de Juan. Dijo: “Todos Uds. salieron a ver a Juan”. Dijo: “Ustedes tuvieron un gran tiempo cuando Juan estuvo aquí”. Dijo: “Vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz”.
Juan vino, no comiendo ni bebiendo… ayunando, tuvo una gran reunión al punto que todo Jerusalén y Judea fue conmovido. Y Juan dio testimonio de Jesús. Y luego cuando Jesús vino confirmando el ministerio de Juan con señales y maravillas, ellos no lo recibieron a Él.
Que el Señor les bendiga ahora. Y que puedan mantenerse en el dulce espíritu de oración hasta que terminen los servicios.
Si yo en verdad he testificado de nuestro Señor Jesucristo, la verdad, yo sé que Él vendrá esta noche y confirmará las palabras que se han dicho.
29 Si hay desconocidos aquí que nunca han estado antes en las reuniones, quiero dejar esto en claro para que Uds. siempre lo sepan: nunca dije ni una sola vez que yo era un sanador. No creo que haya un hombre en la tierra que sea un sanador. Incluso Jesucristo no fue un sanador Divino. Él dijo: “No soy Yo el que hace las obras; es Mi Padre que mora en Mí. Él hace las obras”.
Cuando Él pasó al lado de un gran grupo de lisiados, y ciegos, y torcidos, y paralíticos, y cojos en el estanque de Betesda, Él sanó a un hombre con un problema de próstata, o algo. Eso no lo iba a matar. Llevaba treinta y ocho años con eso y estaba retardado. Él podía caminar, moverse alrededor, yacía en un lecho. Él dijo: “¿Quieres ser sano?”.
Él dijo que no tenía a nadie que lo metiera al agua.
Él dijo: “Toma tu cama y camina”. Si se fijan, Jesús sabía que él estaba tendido allí. Él siguió adelante.
Los judíos lo cuestionaron a Él en el versículo 19 (es el capítulo 5 de Juan), “Por qué no los sanó a todos ellos”.
Por qué caminó Él por en medio de esa multitud, lleno de misericordia, y lleno de poder. Él era Dios en la tierra. Por qué caminó Él por esa multitud, gran multitud; tres o cuatro veces más de los que están aquí en este edificio esta noche. Grandes multitudes; cojos, lisiados, ciegos, marchitos. Caminando por en medio de ellos y no sanó a ninguno, sino a este hombre, y él no estaba tan grave.
Él dijo: “Entre tanto que yo voy al estanque, alguien se me adelanta; me gana en llegar al estanque”.
30 Y ellos cuestionaron a Jesús. Escuchen a Sus palabras. San Juan 5: 19: “De cierto, de cierto os digo (Eso es absolutamente, absolutamente os digo): No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente”. Esa es Su Palabra.
Y Él dijo… Ahora, Él sabía los pensamientos de las personas, Él lo percibió en la audiencia. Él sintió la presión de la fe del ciego Bartimeo llamándolo.
Una mujer tocó Su manto en una ocasión, porque ella decía que si hacía eso, sanaría. Ella tocó Su manto. Ella gastó todo su dinero en doctores. Llevaba muchos años con eso, unos dieciocho años. Ninguno de ellos pudo ayudarla. Y ella tocó Su manto y corrió de regreso a la audiencia, y pensó: “Oh, gracias a Dios. Voy a estar bien porque pensé que si tan solo pudiera tocarlo a Él, yo sanaría”.
Y mientras estaba parado allí, Jesús pasó caminando, la gente se amontonaba alrededor de Él, Él se detuvo a mirar alrededor hasta que encontró a esta mujer. Dijo: “Tu fe te ha sanado, Mi hija”.
Allí lo tienen. Él es un Sumo Sacerdote que puede compadecerse de nuestras debilidades.
31 Él encontró a una mujer junto al pozo. Él habló con ella un rato hasta que encontró lo que estaba mal con ella y se lo dijo. Él sabía en dónde estaba el pez, que tenía la moneda en su boca.
Cuando Felipe se convirtió, fue y encontró a Natanael. Dijo: “Ven y ve a Quien yo he hallado, a Jesús de Nazaret”.
Él dijo: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?”.
Dijo: “Ven y ve”.
Felipe estaba parado en la audiencia, quizás. Jesús estaba echando fuera demonios, orando por los enfermos. Él se dio la vuelta y vio a Felipe. Él dijo: “He aquí un israelita en quien no hay engaño”.
Pues, Felipe dijo… O, Natanael (más bien) dijo: “¿Cómo me conoces?”.
Él dijo: “Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo del árbol, te vi”.
Él se acercó corriendo y dijo: “Tú eres el Hijo de Dios. Tú eres el Rey de Israel”.
32 Jesús dijo, al dejar la tierra: “Todavía un poco y el mundo no Me verá más. Empero vosotros Me veréis porque Yo estaré con vosotros, aún en vosotros, hasta el fin del mundo”. ¿Es esa la Escritura? Ahora habrá un mundo que no puede verlo, y habrá unos “vosotros” que lo verán). “Porque las cosas que Yo hago, vosotros también las haréis; aún más que esto, porque Yo voy a Mi Padre”. Jesucristo el mismo ayer, hoy, y por los siglos.
Por esto es que yo contiendo, desconocido. Jesús no está muerto. La muerte no pudo retenerlo. Él salió de la tumba, y Su cuerpo se fue a la diestra del trono de Dios. Su Espíritu está aquí en la tierra morando en el hombre, haciendo la misma obra que Eso hizo cuando estaba en el cuerpo de Jesucristo. Y Su cuerpo es la iglesia. De seguro eso está claro.
Que el Señor añada Sus bendiciones.
Muy bien. ¿En dónde está Billy? No lo alcancé…
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