S.231 54-0722  Haced Todo Lo Que Os Dijere 

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OBRAS DEL MENSAJE

Haced Todo Lo Que Os Dijere

Chicago, Illinois, E.U.A.

54-0722

1 Gracias, y solo permanezcan de pie un momento mientras hablamos con nuestro Padre celestial.
Señor, venimos a Ti ahora, para darte las gracias por lo que has hecho por nosotros, por la medida de gracia que ha sido derramada sobre nosotros, que Tú nos has redimido por gracia; y ahora somos hijos e hijas de Dios por medio de Jesucristo, quien nos amó y entregó Su propia vida por nosotros. Nosotros que una vez estuvimos alejados de Dios sin esperanza, sin misericordia, muertos en delitos y pecados, yendo a una tumba sin fin en un infierno del diablo. Cristo murió en nuestro lugar para reconciliarnos con Su Padre como hijos e hijas. Nuestros corazones están tan agradecidos por esto esta noche. Y, Padre, oramos que esta noche sea largamente recordada por causa de Su presencia.
Hacemos esta oración, porque sabemos que está en sazón, por cuanto Tú has dicho: “Yo estaré con vosotros, aun en vosotros, hasta el fin del mundo. Las cosas que Yo hago, vosotros también las haréis, aún mayores, porque Yo voy a Mi Padre”.
Y yo sé que estamos orando correctamente, porque Tú siempre has deseado cumplir Tu Palabra. Tú la vigilas para confirmarla. Y yo ruego que Tú concedas esto esta noche, en el Nombre de Tu Hijo, Jesús. Amén.

2 ¿Cómo están? Buenas tardes amigos. Es un privilegio estar aquí otra vez esta noche, para ministrar en el Nombre de este muy precioso Señor Jesús. Y recién me levanté un poco tarde hace unos momentos, nosotros apenas… llegamos a tiempo para escuchar este maravilloso himno del Hermano Ekberg: “El Padre Nuestro”. Déjenme decirles que los cantos hacen algo en mí, especialmente de esa forma. Ciertamente yo oro para que Dios bendiga a nuestro hermano y lo mantenga aquí en esta tierra muchos, muchos años hasta la venida del Señor Jesús, para que cante estos himnos maravillosos. Él es un talento para la iglesia.
Yo aprecio todas las cosas bonitas que el Hermano Joseph acaba de decir. No soy digno de esas cosas que él dijo. Por supuesto, Uds. saben cómo se siente un amigo con respecto a otro. Él me ama, y él dice esas cosas, y vienen de su corazón, y yo las aprecio.

3 Veo otros cantantes: este precioso hermano aquí que cantó para nosotros en la primera parte de la reunión, muchos otros hermanos sentados cerca. Y el Hermano Bosworth, noté que se sentó con nosotros otra vez esta noche. ¿Tiene Ud. una palabra para nosotros esta noche, Hermano Bosworth?
Eso es Cristianismo, prefiriendo a su hermano. Bueno, haremos que nos predique mañana por la noche entonces. Si se está haciendo un poco tarde, haremos que nos predique mañana por la noche.

4 El Hermano Jack Moore, muchos de Uds. lo han conocido, un hermano que se ha quedado a mi lado como un verdadero hermano. Déjenme decirles, el Hermano Moore no es una persona que le guste presentarse a sí mismo. A él no le importa que lo vean. Es difícil hacer que él venga incluso para predicar en una de las reuniones. Pero un erudito, un hermano, un diplomático, un predicador, un verdadero hermano es nuestro hermano Jack Moore de Shreveport, Louisiana. Muchos peligros, problemas y aflicciones, que ya hemos atravesado, el Hermano Jack y yo, hombro a hombro. Ya sea que yo me sienta bien, ya sea que yo esté en lo cierto, ya sea que yo esté equivocado, sea lo que sea, Jack Moore sigue siendo mi amigo. Ese es un verdadero amigo. Ese es uno de quien….
Cualquiera puede ir con Ud. cuando están las multitudes, pero espere a que Ud. se quede solo. Ahí es cuando un verdadero hermano está a su lado. Y el Hermano Jack ha demostrado ser eso, a través de las muchas batallas que ha andado conmigo. Esta noche, yo amo al hermano Jack con un amor Cristiano imperecedero. Y un día glorioso, él junto con todo el resto, espero estar en el cielo de Dios. Cuando se libre la última batalla, el humo se haya disipado, los brazos cruzados, las Biblias sean cerradas, se diga la última oración, se retiren las mesas y todos estemos allá en la cena de bodas, Ud. saben que eso va a ser un momento maravilloso. Estoy deseando eso.

5 Uno de mis administradores dijo recientemente que en Canadá, donde él fue criado, (nuestro Hermano Baxter), él dijo que tenían una pequeña bicicleta allá arriba una vez, y que se la iban a dar a cada niño… o, al niño que pudiera andar cien yardas [91 m] sobre una plataforma de seis pulgadas [15 cm] a una altura de cuatro pies [1.2 m], ganaría una bicicleta Schwinn nueva. Ellos dijeron que tenían a un muchachito enclenque allí que no creían que supiera mucho sobre una bicicleta. Y todos los otros chicos pensaron… Bueno, cada uno, eran ciclistas especiales. Ellos bajaban a la ciudad y tomaban una canasta de comestibles… o, una bolsa de comestibles, nunca ni siquiera tocaban sus manubrios; daban vueltas por las esquinas, y en medio del tráfico, y llegaban a casa con eso. Ellos decían: “Oh vaya, ese muchacho siempre mantiene las manos en el manubrio mirando”. Dijeron: “Pues, nosotros podemos ganarle a ese tipo.
Todos ellos estaban en la competencia. Él resultó ser el último. Cada uno de ellos se cayó excepto él. Él llegó directamente al final del camino. Él ganó la bicicleta. Todos los muchachos lo rodearon para preguntarle: “Pues… ¿cómo lo hiciste?”.
Él dijo: “Déjenme decirles, amigos”. Dijo: “Todos Uds. son mejores ciclistas que yo, pero”, dijo, “Uds. cometieron un error”. Dijo: “Uds. estaban mirando para abajo, tratando de mantener su bicicleta en esta tabla”. Dijo: “Yo fijé mis ojos en el final, y simplemente seguí mirando hacia el final, y mantuve eso firme”.

6 Si yo tuviera que mirar lo que sucede a mí alrededor todo el tiempo, yo también podría desviarme del camino. Pero yo miro lo que hay al final, mantengo mis ojos en aquello, yo puedo estar firme. Dejen que los amigos den la espalda, y todo lo demás salga mal, y que la gente diga esto, aquello o lo otro, yo estoy mirando el final, hacia allá. Eso es lo que… [Palabras inciertas]. A esta hora, cuando me encuentre con mis amigos, cuando la batalla haya terminado y nosotros estemos allá…
Y solo imagínense cuando tengan la mesa preparada: todos los veteranos de guerra se sentarán a lo largo de esta mesa; y yo me fije y vea a San Pablo sentado allí, y a Pedro, Santiago, Juan, al hermano Moore, y al Hermano Boze, y al Hermano Bosworth, (oh, vaya), otros veteranos, mire a lo largo de la mesa allí, Uds. saben que yo solo… Ustedes extiendan su mano al otro lado de la mesa y se den un apretón de manos unos a otros. Eso va a ser maravilloso. Sin duda, pero una pequeña lágrima correrá por nuestras mejillas de vez en cuando con alegría, entonces el Rey saldrá en Su hermosura y con Sus vestiduras alrededor de Él, Aquel que nos redimió; ¡si acaso se trata de llorar y de regocijarse entonces! Cuando estemos sentados allí pensando en las grandes batallas que hemos pasado juntos, y Él bajará y limpiará todas las lágrimas de nuestros ojos, y dirá: “No llores más; todo ha terminado. Estamos todos aquí ahora; entra en el gozo del Señor”.
Ese va a ser un tiempo maravilloso para mí. Yo simplemente espero eso durante todo el día, y durante toda la noche. Todo el tiempo, yo espero eso.

7 Solamente vamos a ser mortales una vez. Esta es la última vez por toda la eternidad que seremos mortales. Esta puede ser la última noche en la que seremos mortales. Mañana posiblemente seremos inmortales. Por tanto hagamos lo que podamos por los seres mortales, mientras somos mortales y podemos ayudarlos. Trabajemos mientras es de día, porque la noche vendrá cuando ningún hombre podrá trabajar. Dios no olvida a Sus hijos.
Y ahora, nuestro tiempo se nos escapa rápidamente. Anoche, cuando yo reaccioné, iba por la calle, eran casi las diez; y me sentía muy mal, porque los había retenido todo ese tiempo. No es mi intención hacer eso.

8 Ahora, Uds. han escuchado mucha predicación del Evangelio esta noche por parte de los ministros, y algunos de Uds. han permanecido aquí, desde alrededor de las seis en punto. Y yo no quiero retenerlos por más tiempo. No soy un orador. Quiero leer una Escritura, dar un pequeño testimonio, comenzar la línea de oración, mientras están Uds. orando.
Deseo decir esto. Hoy tuve el privilegio de estar en un lugar, un hogar encantador aquí en Chicago; solo conduciendo aquí alrededor y vine a este lugar. Me encontré con un hombre que conocía de hace tiempo. Él acaba de convertirse recientemente; llevó la vida de un borracho durante mucho tiempo —descarriado. Y él vino y puso sus manos sobre las mías, su mano en mi hombro, un excelente hermano, dijo: “Perdóneme por dudar de Ud.”.
Y yo dije: “Bueno, ¿qué? Dudando de mí”.
Dijo: “Yo siempre fui un poco escéptico, Hermano Branham, hasta anteanoche”. Dijo: “Usted vendría a la plataforma y alguien llegaría tarde”.

9 Ahora, lo más que puedo recordar de la historia, ellos vinieron a él para obtener una tarjeta de oración. Las tarjetas de oración ya se habían repartido. Ellos tenían un bebé enfermo; dijeron… Él dijo: “Bueno, déjeme decirle”. Dijo: “Usted solo vaya y tome asiento”. Tal vez él le dio a la gente su asiento. Y dijo: “Usted solo vaya y tome asiento, y comience a orar; Ud. no necesita una tarjeta de oración. Solo ore”. Y dijo, que él mismo estaba sufriendo. Y él se regresó… Yo creo que con reumatismo, artritis o algo que dijo. Él se regresó y apoyó la cabeza en la barandilla, y dijo: “Dios, habla con el Hermano Branham para ese pobre bebé enfermo”.
Y en ese mismo momento, el Espíritu Santo escuchó su oración, me movió directamente a la audiencia y le dijo a las personas quiénes eran ellos, de dónde venían, qué estaba mal con su bebé, les dijo que dentro de las veinticuatro horas el bebé sería cambiado. Y ellos se encontraron en veinticuatro horas, y el padre dijo: “Al bebé le está yendo bien”. Así que él dijo…

10 A veces eso puede parecer como, si Ud. ve algo diferente. Nosotros tenemos una rutina regular, el Cristianismo la tiene; solo nos tenemos que mantener en esa rutina o no somos Cristianos. Tenemos que creer solo de esta manera o no somos Cristianos. Es una pena que nos pongamos así, ¿ven? Nosotros debemos ser flexibles al Espíritu. Dejar que el Espíritu de Dios nos guíe. Muchas cosas son extrañas.

11 Ahora, cuando Ud. ve algo sucediendo en los reinos fenomenales, que Ud. no puede averiguar, Ud. trata de comprenderlo; Ud. no puede… Usted escuchó que lo leyeron de la Biblia; sin embargo, Ud. simplemente no puede percibirlo. La gente muchas veces dice: “Bueno, es el diablo”.
Eso es lo que hicieron los fariseos. Vieron a Jesús mirando a las personas, y percibiendo sus pensamientos y diciendo que sucederían cosas. Bueno, lo extraño fue que, cuando pensaron al principio: Oh, eso solo es psíquico. Pero cuando se dieron cuenta que lo que Él dijo sucedió… Lo que Él dijo fue perfecto y exacto en eso. Y otra cosa, los enfermos se recuperaban. Pues, ellos no podían entender eso. Entonces ellos no pudieron… ellos no trataron de entenderlo; solamente dijeron: “Es el diablo, eso es todo”. Y luego Ud. trata de decir… Ellos vieron Sus sanidades, y dijeron: “Oh, Él solo es… Él es un diablo”.
Y Jesús dijo: “Si el diablo puede sanar al diablo… o, echar fuera al diablo, ¿no está su reino dividido? ¿Ven?
Ellos no tratan de sentarse y razonarlo con Dios. Tratan de razonarlo ellos mismos, y Ud. no puede razonar a Dios. Eso es todo. Ud. tiene que creerle a Dios. A Dios no se le conoce por conocimiento. No importa cuántas licenciaturas Ud. tenga, por cuántos seminarios pasó, no equivale a eso. [El Hermano Branham chasquea los dedos]. Eso es verdad. Ud. conoce a Dios por fe, no por conocimiento, ¿ven? Ud. no puede conocer a Dios por conocimiento.

12 En el Huerto del Edén, había dos árboles: uno era del conocimiento y el otro era de la vida. Y mientras el hombre comiera del árbol de la vida, tendría Vida Eterna. La primera mordida que le dio del árbol del conocimiento, él separó su compañerismo de Dios; y todavía cada vez que él le da una mordida, él se destruye a sí mismo. Él mordió la pólvora; vea lo que eso hace. Él mordió el automóvil del árbol del conocimiento; eso mata a más de sus camaradas que todas las guerras. Le ha dado una mordida ahora a una bomba de hidrógeno. Me pregunto qué va a hacer él con eso. Dios no destruye nada; el hombre se destruye a sí mismo por el conocimiento, ¿ven?
Estoy tan contento de que ese árbol de la vida esté todavía floreciendo. El Espíritu Santo aquí, donde una vez nos alejó del árbol hasta que hubiera… pudiéramos reconciliarnos con Dios a través de un sacrificio de sangre. Y ahora el Espíritu Santo nos está regresando a ese árbol. Yo no sé cómo se hace. Yo simplemente lo creo; eso es todo. Esa es la manera de hacerlo: solo una fe simple.

13 A veces las personas miran y lo malinterpretan. Yo no sé; el hermano nunca explicó. Él podría haber pensado: Bueno, eso es… Hace ya algún tiempo, una persona que no… Ud. puede entender lo que quiero decir por sus sentimientos, tal vez. Hace algún tiempo, una persona asistió a un servicio de sanidad y asistió a la reunión del Hermano Roberts: el Hermano Oral Roberts, un excelente hermano, buen hombre, que hace un gran trabajo para Dios. Y él venía y oraba por los enfermos a medida que pasaban por la línea. Ellos le preguntaron a este ministro, dijeron: “¿Qué piensa Ud. al respecto?”.
Dijo: “Psicología de masas”.
Y ellos se fueron con otro hermano que ora por los enfermos. Dijeron: “¿Qué piensa Ud. de eso?”.
Él dijo: “Solamente mucha emoción”.
Entonces ellos lo enviaron a mi reunión. Regresó, dijeron: “¿Qué piensa Ud. eso?”.
Dijo: “Un adivino pulido”.
Bueno, él nació para descreer. Entonces eso es todo lo que Ud. puede hacer. Eso es todo. Ud. no puede sacar sangre de un nabo, porque no tiene sangre. Así que de esa manera es. Usted no puede obtener fe de algo donde no se puede sacar fe. Eso es exactamente correcto. Por tanto tiene que ser Dios aquí adentro primero, para hacer fe. ¿Es correcto eso? De igual manera tiene que haber sangre en el nabo, para poder sacarle sangre. Así que estoy tan feliz esta noche de que Dios tuvo misericordia de mí, para hacerme un creyente en Su Hijo, Jesucristo.

14 Deseo leer sobre Él solo un momento. En el segundo capítulo de San Juan, comenzando con el primer versículo, deseo leer los primeros cinco versículos:
Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y Jesús… y la madre de Jesús (más bien) estaba allí:
Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos.
Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino.
Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora.
(Aquí está lo que quiero que llegue a sus mentes).
Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere.

15 Eso sigue siendo una buena enseñanza esta noche: “Haced todo lo que os dijere”. Si Él le dice que se prepare para la muerte, Ud. prepárese. Si Él le dice que se va a recuperar, créalo. Si Él le dice que Ud. está sanado, Ud. lo está. Lo que sea que Él os dijere, hágalo. Descreer es pecado.
Ahora, cuán maravilloso lo vemos a Él. Qué respuesta allí para Su madre. ¿Qué tienes conmigo? Aún no ha venido mi hora“.
Pero la madre inmediatamente, sabiendo que a Jesús no se le puede pedir algo y que Él lo rechace, dijo: “Haced todo lo que os dijere”.
“La obediencia es mejor que el sacrificio, y el prestar atención que la grosura de los carneros”.

16 Me hace recordar un pequeño testimonio que le estaba contando hoy a nuestro Hermano Joseph, y él dijo: “Hermano Branham, me gustaría tener ese testimonio”. Viene a mi corazón ahora, solo por unos breves cinco minutos aproximadamente, y trataré de darlo. Estará en la cinta.
Ahora, tengo cuidado en cada palabra (tengo que hacerlo) que yo digo, porque aquí hay, oh, ocho o diez grabadoras colocadas aquí. Ahí está la voz de uno, ¿ven? uno debe estar seguro de que cada palabra es correcta, porque una vez que se dice, se acabó.

17 Supongo que muchos de Uds. piensan que una vida de esta clase es simplemente un gran glamur, y la gente dándole palmaditas a uno en los hombros, y estando de acuerdo. “Bueno, todo es puras rosas”, como lo decimos, pero muy al contrario. Es la vida de obstáculos más dura que haya vivido un humano. Ud. no solo tiene a los individuos. Muchas de las veces llegan fanáticos en desacuerdo y diciendo cosas feas. Yo creo que el Señor permite eso. Él lo mantiene a uno humilde con esa clase de personas.
Simplemente le dicen a uno que el Señor dijo: “Si Ud. no hace esto, Él lo va a castigar”. El Señor dijo: Esto y lo aquello“. Si el Señor quisiera hablar conmigo, yo estoy dispuesto a hablar con Él. Él me lo diría.

18 Y muchas veces ellos preparan un auditorio, anuncian en el periódico que yo voy a estar… Yo ni siquiera sé nada al respecto, y luego la gente comienza a llamarme y diciendo: “Bueno, Hermano Branham, Ud. se está anunciando en el periódico”. Oh, eso me duele.
Pero aquí hace unos días, alguien seguía llamando a casa; y una reunión en Pennsylvania en alguna parte, una señora que tenía una reunión dijo: “Yo soy la colaboradora del Hermano Branham; él va a estar aquí mañana por la noche”. Y la gente se reunió, y los ministros cerraron sus iglesias. Y dijo: “Bueno, yo acabo de llamarlo por teléfono”. Dijo: “Él no puede venir hasta mañana a las cinco en punto de la tarde”. Y luego siguió día tras día, buscando evasivas, y yo ni siquiera sabía… nunca había escuchado de ella en mi vida, ¿ven? Pero así son las cosas. Entonces eso duele, pero está bien. Todo es… Dios solo me hace orar un poco más fuerte y estar un poco más cerca de Él. Es sorprendente que aún me quede un amigo, ¿no es así, bajo tales cosas como esas? Pero mis amigos lo entienden.

19 Pero una cosa, pueblo Cristiano: no se preocupen por nada; mientras Dios vaya con Uds., todo lo demás se acomodará en su debido lugar, y eso será… Amor. Solo en su corazón, ore hasta que Ud. ame al Señor Jesús con todo su corazón, y Ud. amará a cada una de Su gente con todo… y amará a cada pecador con todo su corazón. Ud. amará a todos y la gente sabrá que Ud. los ama. No importa cuánto intente personificarlo, Ud. no puede hacerlo. La gente sabe mejor que eso, especialmente las personas con mentalidad espiritual. Ellos saben mejor que eso. Y solo ame; eso es lo principal. Si yo tuviera una cosa que le pudiera decir a la gente esta noche, algún mandamiento a guardar, solo ámense el uno al otro, amen al Señor Jesús, y todo va a estar bien. Solamente manténgase en amor.

20 Ahora, la vida interior… No hay nadie sino solo Dios que sabe por lo que Ud. está atravesando. A todas las horas de la noche, yo he orado hasta quedar tan débil que apenas si podía pararme, e inconsciente, y caminando por el piso con una almohada en la mano, por la noche, tratando de dormir, pensando que estaba orando por los enfermos. No solo eso, sino que dentro de eso, los demonios que están comandados… A veces nos vemos afectados por situaciones difíciles.
Aquí hace unas noches en la plataforma, después que me pusieron al tanto mi administrador y mi muchacho y los demás, contándome al respecto, había un ciego que vino a la plataforma. El hombre había pecado o algo así. Algo estaba mal, y yo solo hice la oración y lo empecé a despachar. Algo dijo: “Detén al hombre”. Bueno, yo creo que si Ud. pide que se lleve a cabo un milagro, a veces de esa manera, eso perjudica su línea de oración. El resto de ellos están esperando entonces, como los llama el Hermano Bosworth: “Piden un aventón espiritual”. Ellos esperan… ¿ven? Usted tiene que tener su propia fe. Pero cuando este hombre había hecho algo mal, y uno se fija con mucho cuidado, que en eso…

21 Por ejemplo, si yo fuera un doctor, y Ud. viniera a mí y dijera: “Oh, doctor, tengo un terrible dolor de cabeza. Viene todo el tiempo, todos los días, y yo simplemente no puedo deshacerme de eso”.
Y yo le diera un puñado de aspirinas, dijera: “Siga adelante”, o le diera una hipodérmica solo para quitarle el dolor de cabeza, yo no tengo mucho de doctor. No, no lo soy. Lo que yo soy, solo estoy tratando de deshacerme de Ud., sacarle de la oficina, o algo por el estilo. Un doctor verdadero, si Ud. va con él y le dice que tiene dolores de cabeza persistentes, él dirá: “Entre. Desvístase. Súbase a la mesa”. Él lo examinará y hará todo. Él no le dará nada, hasta que él descubra para qué se lo está dando. Él diagnostica un caso — un doctor auténtico— hasta que descubre dónde está el problema, y luego comienza a partir de allí. Él sabe en qué está trabajando entonces. Si él solo lo ignora a Ud., entonces él no tiene mucho de doctor.

22 La misma cosa. Muchas veces al orar por los enfermos, uno se da cuenta que vienen los casos. La mejor manera de hacerlo sería que en cada caso —no en reuniones masivas como esta— en mi casa u oficina en alguna parte, donde yo pudiera llevar al paciente y averiguar dónde yace el problema. Hay una causa para todo.
Y si observan, es muy raro que alguna vez me escuchen reprender a un espíritu maligno. ¿Se dan cuenta de que dones como este podrían hacerte salir perdiendo con Dios? Moisés fue un profeta, y él… Dios le había confiado el poder. Y Él le dijo que saliera y que le hablara a la roca. Y en lugar de hablarle a la roca, Moisés se enojó y golpeó la roca. Y eso rompió todos los registros de la Biblia, allí mismo, ¿ven? Porque ese era Cristo. Cristo no fue herido dos veces, Él solo fue herido una vez. Pero él tenía poder para traer la roca… agua de la roca, más bien, ya sea que fuera la voluntad de Dios o no, porque él era un profeta.

23 Elías, el joven, se quedó calvo cuando era joven. Los niñitos corrieron detrás de él y lo llamaron “viejo calvo”. Y eso enojó a ese profeta, y puso una maldición sobre esos niños, y dos osas mataron a cuarenta y dos niñitos inocentes, porque ese profeta maldijo a esos niños en el Nombre del Señor. Esa no es la naturaleza del Espíritu Santo, ¿ven? Pero Dios se ocupó de él.
De la misma manera, tenemos que vigilar lo que uno está haciendo. Cuando viene un paciente, tenga cuidado. Algunas veces hay pecado allí. Y si esta persona… Aquí está el Sr. John Doe. Él salió hace unos meses, le fue infiel a su familia. Él hizo algo malo, y Dios permitió que Satanás le pusiera una maldición para traerlo de regreso. Ahora, aquí sube él a la plataforma, y yo estoy parado aquí y lo unjo con aceite: “Sal de él, diablo”. Yo podría gritar con todo hasta ponerme ronco, y ese demonio se quedará allí. Ciertamente, él lo hará. Lo primero que sucede, y si Ud. tuviera poder propio para quitarle esa maldición a ese hombre, y él en esa condición, que Dios ha puesto allí para otra cosa, y Ud. viene y se lo quita… ¿Ven a lo que me refiero? Usted tiene que tener cuidado. Entonces Ud. está en problemas con Dios, de inmediato.

24 Lo primero que Ud. debe hacer, si fuera el Sr. Doe, si él está enfermo, y no hay nada malo, y él no puede vivir sino solo un rato, es averiguar cuál es la causa. Cuál es la voluntad de Dios. Luego, cuando la visión produce y muestra lo que el Sr. Doe hizo o no ha hecho, entonces Ud. ve dónde está la causa, y entonces qué… Nosotros sabemos que la cura es el Señor Jesucristo. Pero tenemos que saber la causa. Entonces Ud. ve que el Señor Jesús le deja saber a Ud. que si el Sr. Doe arregla esto, la sanidad estará allí. Entonces Ud. puede decir: “En el Nombre de Jesucristo, El Hijo de Dios…”. Ud. puede maldecir esa enfermedad que está sobre él. Ese poder le pertenece a la iglesia, y se puede hacer. Pero, de lo contrario, tenga cuidado con lo que está haciendo.
Esa es la razón por la que muchos fallaron en sanar en la línea; Ud. tiene que venir a la línea confesándolo: “Dios, escudriña mi corazón; si he pecado, perdóname. Y si he fallado en hacer algo, revélamelo, y yo lo arreglaré. Yo iré a hacer exactamente lo que Tú quieres que haga”. Es probable que haya alguna razón para eso. ¿Creen Uds. eso? Esa es exactamente la verdad.

25 Ahora, solo me recuerda… Yo creo que estaba con el Hermano Bosworth. Creo que fue una reunión con él. Yo estaba en Dallas; estaba en un vuelo a casa. Aquí hay una pequeña historia desde adentro. Muchas, muchas veces, incluso los periódicos han publicado cosas místicas que suceden, y no sabían lo que había sucedido. Yo estaba justo allí cuando eso sucedió. Él me enviará a lugares.
Por ejemplo, aquí hace algún tiempo, fue en un lugar cerca de Denver, Colorado, donde había un hombre sentado en una silla de ruedas. Dijo… Un asunto místico salió en el periódico. Yo estaba orando; Él me envió allí para orar por un bebé. Y el mismo día, yo había visto una visión de este bebé donde el doctor salió de un lugar, y ellos tenían un Ford —un pequeño Ford gris. Y él tenía esto…
Y yo fui para allá, y al abrir la puerta para entrar, había uno de estos viejos azadones junto a la puerta. Y yo entré; la dama me recibió en la puerta, y ella tomó mi sombrero y lo puso en la cama, y apareció una mujer con un suéter rojo y se sentó. Y el bebé se estaba muriendo. Y luego, otra señora entró y se sentó con un abrigo marrón, y ellas tomaron mi sombrero y lo pusieron sobre la televisión. Y yo me acerqué y puse mis manos sobre el bebé, y yo miré y aquí Él se paró a mi lado. El bebé se recuperó.

26 No mucho después de eso, tres o cuatro días después de la visión, bueno, me llamaron a un lugar en Colorado, a un hombre que tenía tuberculosis. Y yo fui a orar por él; algo me dijo que fuera y orara por él. Y me subí al avión y fui para allá. Y después de orar por ese hombre (no sé qué haya pasado con él), yo estaba esperando el avión, y dije: “Yo simplemente… simplemente siento que quiero caminar”.
Y yo iba caminando por esta calle, y vi a un doctor con un traje gris llevando un pequeño… Yo pensé: Ese tipo me resulta familiar. Y yo lo miré sentado aquí, estaba un pequeño Ford gris. Yo dije: “Es una visión. Eso es lo que vino el otro día”, ¿ven? Y yo dije: “Lo voy a observar”. Él salió; yo dije: “¿Cómo está Ud.?”. Él habló, se subió al automóvil, muy cortés, y yo miré detrás de la puerta, y allí estaba ese azadón. Yo dije: “Esto es”.
Y yo fui a la puerta, toqué la puerta, y una dama vino a la puerta con el suéter rojo puesto. Yo dije: “¿Cómo está Ud.?”.
Y ella dijo: “¿Cómo está Ud.?”.
Y yo dije: “Yo soy un ministro del Evangelio. ¿Tiene una enfermedad?”.
Ella dijo: “Un bebé”.
Yo dije: “Está acostado en una cama a la izquierda a medida que Ud. entra por la puerta”. Describí cómo…
Ella dijo: “¿Dónde está su parroquia?”.
Y yo dije: “El mundo es mi parroquia”. Le dije: “Mi nombre es Branham”. Ella nunca había oído hablar de mí. Yo dije: “¿Me permite hacer una oración por su bebé?”.
Ella dijo: “Sí puede, señor”. Ella dijo: “Aquí somos Cristianos”. Yo entré. Ella tomó mi sombrero y lo puso en la cama. Ahora, la otra dama con el abrigo marrón todavía no había entrado. Así que yo esperé una hora. La dama se preguntaba por qué tanta espera. Así que fue una hora, la dama todavía no había llegado. Y después de un rato, cuando ella entró, ella se sentó en el lugar donde se suponía que estaba sentada la dama del suéter rojo. Entonces eso no estaba bien, y mi sombrero todavía estaba en la cama. Yo no podía decírselo, pero ellos tenían que hacerlo. El Ángel del Señor todavía no estaba allí; esa era una señal para mí de cuándo tenía que orar. Y ellos estaban atendiendo al bebé. Después de un rato la dama tomó mi sombrero y lo colocó en la radio… en la televisión. Después yo me acerque a la cama y dije: “ASÍ DICE EL SEÑOR, el bebé vivirá”. Comenzó a extenderle los brazos a su madre y quitándose las sábanas. Eso fue todo.
Mientras ellos lloraban, disimuladamente me salí por la puerta. Ellos nunca supieron quién era yo ni nada al respecto.

27 Yo iba por la calle, y pensé haber escuchado algo rechinando, y era una silla de ruedas. Iba justo delante de mí. Y era un hombre en una silla de ruedas con una Biblia, llorando. Y yo lo vi que iba por allí simplemente regocijándose fuera de la silla de ruedas. Yo pensé: Eso es extraño.
Y yo seguí adelante y me paré donde hay una tienda de diez centavos. Una calle viene de esta manera. El otro día yo estaba mirando el lugar; no le dije nada a nadie. Y yo miré el lugar, y allí estaba… Y yo vi… Yo pensé: Bueno, esto es… Me quedé allí en la esquina, y oí eso rechinando. Ahora, no habían pasado más de veinte minutos desde la visión. Y el hombre pasó, sosteniendo una Biblia, llorando. Yo pensé: Bueno, aquí está. Yo dije: “¿Cómo está, señor?”.
Y la dama que lo estaba empujaba… Yo dije: “¿Qué sucede, señor?”.
Él dijo: “Yo soy…”.
Yo dije: “Ud. tiene un muy buen Libro allí”.
Y él dijo: “Yo creo cada palabra de él”.
Y yo dije: “¿Cree Ud. en todo su contenido?”.
Él dijo: “Sí, señor, con todo mi corazón”.
Y yo dije: “¿Cuál es el problema?”.
Dijo: “El doctor acaba de desalentarme. Yo he estado lisiado con artritis. Él me dice que yo jamás voy a volver a caminar”.
Yo dije: “El contenido de ese Libro dice que hubo un Hombre que murió para que Ud. pueda volver a caminar”.
Él dijo: “¿El Señor Jesús?”.
Y yo dije: “Sí, señor. ¿Cree Ud. eso?”.
Él dijo: “Sí, yo creo”.
Yo dije: “Levántese de allí. Porque ASÍ DICE EL SEÑOR, Ud. va a caminar”. Y el hombre se levantó de un salto, y ellos pensaron que tenían al Ejército de Salvación en la esquina. Yo corrí atravesando la tienda de diez centavos, salí por el callejón y regresé por el otro lado, y tomé mi taxi y me dirigí al avión. Ellos no saben hoy, lo que pasó, ¿ven? Eso es correcto. Ellos no saben nada al respecto, ¿ven? No es para gloria propia; es para el Señor Jesucristo.

28 [Alguien en la audiencia habla en lenguas].
El Señor Jesucristo sea bendecido. Creo que ahora podría comenzar la línea de oración en un momento. Y confío en que Dios sanará a todos los enfermos y necesitados que están aquí esta noche. Que Sus bendiciones vengan sobre todos.
Un pequeño caso… Lamento no haber terminado lo que estaba diciendo del Hermano Bosworth. El Hermano Joseph quería esto. Ellos estaban… Yo venía de Dallas, volvía a casa, a Jeffersonville. Y yo, tal vez, tenga tiempo para decir esto. Yo estaba…
[Cinta en blanco]. Y ellos me pusieron allá en ese hotel, ese hotel grande, creo que se llama Hotel Peabody. Yo no pudiera costearme el quedarme en un lugar como ese, pero la aerolínea United Airlines me puso allí. Entonces, a la mañana siguiente, dijeron que saldría el avión. Ellos nos llamaron y dijeron que el avión saldría a las ocho en punto. A las seis y media, yo me levanté y desayuné. Yo tenía una correspondencia que había respondido: personas enfermas que me daban tarjetas y pequeñas ofrendas, y así sucesivamente, y las había respondido esa noche, cuando entré, y las iba a depositar en el correo con los pañuelos por los cuales había orado. Yo empecé a caminar por la calle. Esto pasó hace unos ocho años, me imagino. Y yo iba por la calle, caminando hacia donde yo pensaba que encontraría un buzón. Y, de repente, el Espíritu Santo dijo: “Detente”.

29 Y me fijé que había una tienda de artículos de pesca y ferretería. Y a mí me encantan los artículos de pesca. Y un amigo mío me acaba de regalar una pistola del lugar, y, ¡oh, vaya! cómo esas cosas… Yo simplemente nací para la naturaleza y me encanta eso. Y mirando esos artículos, de esa manera, para ver que nadie me estuviera viendo, y yo incliné mi cabeza, yo dije: “Padre, ¿qué quieres que haga?”.
Yo seguí esperando, esperando. Escuché algo decir: “Gira y regresa en la dirección contraria”.
Yo pasé por el hotel; yo caminé, y caminé, y caminé. Me fijé en mi reloj; ya había pasado el tiempo para que la limusina partiera para ir al aeropuerto. Yo pensé, estoy tarde.
Pero algo seguía diciendo: “Camina. Avanza. Sigue caminando”.
Me encontraba muy abajo por el río. Fuera de Memphis. Y yo estaba caminando por allí, sin saber a dónde iba. No es asunto mío saber a dónde estaba yendo. Es obediencia. Yo solo seguí caminando.

30 Acababa de pasar una tormenta, Uds. saben, esa noche, y los aviones estaban en tierra. Así que, oh, esa mañana… Era a inicios de la primavera y el rocío, Uds. saben, y así sucesivamente, en las rosas, ese dulce olor de la rosa, y madreselva y las cosas que simplemente tenía el aire perfumado, por lo que yo estaba disfrutando yendo por allí. Yo tenía mi mano sobre mi corazón (no mi Biblia, no la tenía conmigo,) mi mano sobre mi corazón cantando: “Es mi gozo decir que soy Él”. Cantando ese pequeño canto pentecostal que yo acabo de aprender de los pentecostales de allí, porque no había estado familiarizado con ellos, sino que apenas llevaba poco tiempo en ese entonces.
Y yo seguí yendo por allí; había una casita de color allí, una pequeña chocita. Y recargada sobre la puerta estaba una típica tía anciana Jemima —una mujer grande, de color, gorda. Ella tenía la camisa de un hombre atada alrededor de la cabeza como pañuelo, colgándole por la espalda, y ella estaba mirando de esta manera mientras yo venía por la calle. Yo estaba prácticamente a la distancia de esto cuando me fijé en ella, y solo dejé de tararear. Yo estaba cantando para mí mismo. Comencé a pasar por allí, y vi las lágrimas corriendo por sus mejillas de esta forma. Y yo pasé cerca, y ella dijo: “Buenos días, pastor”.
Yo dije: “Buenos días, Tía”.
Y yo pensé: pastor. ¿Cómo sabía ella que yo era un predicador? Entonces me di la vuelta y dije: “Tía, perdóneme, pero ¿cómo supo Ud. que yo era un pastor?”.
Y ella dijo: “¿Alguna vez leyó en la Biblia sobre la sunamita que quería hijos y no podía tenerlos, y el profeta Elías la bendijo, y ella tuvo un bebé?”.
Yo dije: “Sí, señora”.
Ella dijo: “Yo soy una de esas mujeres”. Ella dijo: “Y el Señor me bendijo y me dio un niño”. Y ella dijo: “Yo lo crié a lo mejor de mi entendimiento para que sirviera al Señor”. Y ella dijo: “Para mi tristeza, él salió entre malas compañías y se contagió de una enfermedad horrible, una enfermedad social”. Y dijo: “Y los doctores… Estaba demasiado avanzado; no pudieron hacer nada por él. Ellos le dieron la penicilina, y de todo, y las inyecciones, y no sirvió de nada”. Y dijo: “El lleva dos días inconsciente, acostado allí, muriendo, un descarriado” Y dijo: “Yo he orado al Señor”.
Dijo: “Pastor, yo lavé sobre el lavadero. Hice todo lo posible para criar a ese niño para que ame al Señor, y simplemente me rompe el corazón el ver que él tuviera que morir como un pecador”. Y ella dijo: “Anoche, yo oré, y dije: Señor, ¿podrías enviar por favor por aquí a Tu siervo, o alguien que me ayude a orar por este muchacho?”. Dijo: “Tu hombre doctor dice que él ya no se va a despertar”. Y dijo: “Me quedé dormida arrodillada”. Dijo: “Soñé que veía a un hombre usando un sombrero de color gris claro, con un traje claro, como Ud., exactamente, bajando la calle. Y el Señor dijo: Aquí viene él”.
Y dijo: “Yo me desperté a eso de las tres de la mañana”. Y dijo: “Salí aquí y me quedé en esta puerta desde las tres de la mañana”. Y su espalda todavía estaba mojada. Ella dijo: “He estado aquí desde las tres de la mañana esperando que Ud. llegara. Y vi que Ud. venía; el Espíritu del Señor me dijo, dijo: Aquí está él”.
Yo pensé: Bueno, bendito sea el Señor.
Ella abrió la puerta; ella sabía que yo iba a entrar. Ella abrió la puerta, dijo: “¿No quiere Ud. entrar?”.
Yo dije: “Gracias, Tía”. Yo me quité el sombrero.

31 Ella abrió la puerta de esta vieja chocita allí, miré adentro. Estaba limpio. No había alfombra en el piso, pequeño dosel viejo… una cama con dosel de hierro en el lado derecho. Allí colgaba un letrero en la pared: “Dios bendiga nuestro hogar”. No había imágenes de modelos. “Dios bendiga nuestro hogar”. Es mejor tener eso que cualquier otra cosa que yo conozca, colgado en la pared.
Yo he estado en palacios de reyes; he estado en algunas de las casas más hermosas que tiene el mundo. Yo nunca he tenido… y yo me sentí bien y bienvenido, pero nunca me sentí realmente más bienvenido, que en esa pequeña casa de color donde esa gente de color vivía esa mañana. Entré allí; estaba un buen muchacho grande de color acostado allí, como de dieciocho, diecinueve años. Él tenía la cobija en la mano, haciendo: “Mmh-mmh-mmh”.
Yo dije: “¿Qué le pasa a él?”.
Ella dijo: “Durante dos días, pastor, dijo que él está perdido. Dijo que él estaba afuera en un gran mar profundo, y que estaba oscuro, y que no podía ver nada en ninguna parte”. Dijo: “Solo habla de eso”.
Yo dije: “Me gustaría hablar con él”.
Ella dijo: “Él no sabe nada”. Dijo: “Eso es todo lo que Ud. puedes sacar de él. Él ni siquiera me reconoce a mí”.
Yo puse mis manos sobre sus pies —tan fríos como podían estarlo. La muerte había golpeado al muchacho, realmente lo creo. Yo dije: “El doctor dijo que él…”.
Dijo: “Sí, señor. Él ya perdió la cabeza”. Dijo: “Ha estado de esa manera durante dos días. El médico dijo que él nunca más se despertaría”. Dijo: “No puedo ver a mi bebé morir de esa manera”. Ella se acercó y lo besó en la cabeza.

32 Y, hermano, algo sucedió en mi corazón. No importaba la desgracia en la que él se había metido, lo grande que él era, nada de eso. Ese todavía era el bebé de esa madre. Y yo pensé: si el amor de una madre puede llegar hasta allí, el amor de Dios llegara más allá de eso. Eso es correcto, y eso es verdad.
Yo dije: “Tía, ¿podemos orar?”.
Ella dijo: “Sí, señor”. Ella se arrodilló allí.
Yo dije: “¿Nos guiaría Ud. en oración?”. ¡Y una oración! Déjenme decirles, todavía puedo escucharla. Esa anciana santa de Dios arrodillada, clamando a Dios por la salvación de su hijo. Y ella no dijo nada sobre la sanidad.
Yo le dije cuál era mi nombre. Ella nunca había oído hablar de mí. Y no le dije lo que yo hacía: lo de orar por los enfermos. Yo solo le dije que ese era mi nombre. Y ella no estaba orando para que él sanara; ella estaba orando para que Dios le salvara el alma. Así que ella solo estaba orando de esa manera: “Señor, no dejes que mi bebé muera de esta manera. Déjame… déjame a mí, su madrecita, escucharlo decir una vez: Madrecita, estoy salvo, y me voy a casa con Jesús”. Ella siguió orando de esa forma. Cuando ella dejó de orar, los dos estábamos llorando. Yo me levanté, me senté al lado de la cama. Ella solo se quedó de rodillas. Ella dijo: “Pastor, ¿va a orar Ud. ahora?”.
Yo dije: “Sí, señora”. Yo me arrodillé. Admito que yo no podía hacer una oración como la de ella, y yo dije: “Señor Jesús, mi avión se ha ido, y Tú me dijiste que siguiera caminando. Y he caminado hasta haber llegado hasta aquí, y esta es la única señal o cosa por la que sé que Tú querrías que yo me detuviera. Y si Tú hiciste que esta pobre mujer se parara aquí desde las tres de la mañana, seguramente este es el lugar donde Tú quieres que me detenga”. Y yo tenía agarrados los pies del muchacho.
Y lo escuché a él decir: “¿Madrecita?”.
Ella dijo: “Sí, cariño”.
Dijo: “Está entrando luz en la habitación”. Dos o tres minutos después él estaba sentado al lado de la cama.

33 Me di prisa y salí rápidamente de la casa. Corrí para tomar mi avión. Pensé en averiguar qué tan lejos tenía que ir, y me subí a un taxi, partimos hacia el avión. Cuando llegué allá, dijeron: “Última llamada”. El avión tenía problemas en el motor y estuvo allí esperándome durante dos horas y algo.
Yo pienso en la gracia soberana, el amor de Dios, que la fe de esa pobre mujer de color, tal vez analfabeta, detuvo a ese avión dos horas y media, hasta que alguien pudo ir para allá a responder la oración de esa pobre madre anciana, probablemente no podía leer su nombre frente a ella… A Dios no le importa cuánta educación tiene usted, Él quiere su corazón.

34 Aproximadamente un año después, yo pasé por allí en tren, y me detuve. Y si alguno de Uds. va a Memphis, el tren va de esta manera, yendo hacia el Oeste, y hay un pequeño restaurante al final. Y yo me bajé y comencé a ir a ese restaurante, y allí había una joven maletero gritando: “Hola, pastor Branham”.
Yo dije: “Cómo le va, señor”.
Él vino y me tomó de la mano y temblando, las lágrimas corrieron por sus ojos y dijo: “¿No se acuerda de mí?”.
Yo dije: “Creo que no”.
Dijo: “¿Recuerda Ud. una mañana que… que vino a mi casa y oró por mí? ¿Llevaba inconsciente unos dos días?”.
Yo dije “Sí. ¿Es Ud. el muchacho?”.
Dijo: “Sí señor. No solo fui sanado, sino que ahora soy Cristiano”. Dijo: “Yo soy Cristiano”. Ese es nuestro Señor Jesús.

35 Cuando todo haya terminado, se haya dicho la última oración, yo predicaré mi último sermón uno de estos días, si Jesús tarda, y cruce mis brazos para ir a Su encuentro, me pregunto cómo irá a ser en la mañana de resurrección cuando me toque sentarme con ese tipo de personas del otro lado, y todos nos sentemos y hablemos un momentos juntos; sin prisa. Pero ahora es cuando estamos apurados. Ahora es cuando tenemos que trabajar. El sol se está ocultando, amigos. No es sino solo un momentito más cuando todo habrá terminado. Entonces nos veremos unos a otros y disfrutaremos de las bendiciones de Dios por toda la eternidad. Y no habrá otra oración para los enfermos. No habrá un pecador. No habrá prisas. No habrá noche; será día por siempre.
Así que presionemos ahora. Y que el Señor Jesús se revele a Sí mismo a cada uno de Uds. aquí esta noche, de tal manera que Uds. pongan sus afectos hacia Jesucristo y nunca cambien su curso, pero que vayan directamente hacia Él todo el tiempo que Uds. estén en la jornada de esta vida. Oremos.

36 Señor, Quien hizo los cielos y la tierra, cuando mi pobre corazón irlandés retrocede para pensar en las cosas que he visto hacer con Tu maravillosa mano, ahora yo estoy demasiado lejos en el camino, Señor, como para pensar en darme la vuelta. Estoy llegando a ser un hombre viejo. Yo oro para que Tú me guardes, Señor, en Tu voluntad. No dejes que me desvíe; déjame estar cerca de Ti todo el tiempo. Y a donde sea que Tú quieras que yo vaya, yo quiero ir, Padre. Quiero hacer y decir solo lo que Tú quieres que haga y diga.
Y para este servicio esta noche, yo me someto a Ti. Aquí están Tus pobres hijos enfermos sentados aquí; están necesitados, Señor, algunos de ellos están tan agonizantes como el muchacho del que yo les conté. Algunos de ellos están en un estado horrible. Tus siervos, los doctores, hicieron todo lo que ellos pueden hacer. Y ellos están indefensos, pero no sin esperanza, Señor. Tú aún estás aquí. Tú eres nuestra esperanza. Y yo oro para que Tú bendigas a todos esta noche; danos de Tu Espíritu. Señor, muchos en este edificio en esta noche, cuando ellos vean que Tú realmente estás aquí, que Tu Presencia está aquí, yo oro para que no quede ni un débil entre nosotros al final de la reunión. Que toda persona enferma, lisiada, afligida, ciega, lo que sea, pueda ser sanada. Lo pido en el Nombre de Jesús Amén.

37 ¿En dónde está el muchacho? ¿Cuál es el número de tarjetas de oración, Billy? ¿T? Yo me confundí un poco anoche, llamando solo uno a la vez. Llamaremos a un grupo esta noche. Llamemos a partir ¿del 100? Llamemos del 35 al 50. ¿Quién tiene T-35? Probemos allí, intentemos con quince a partir de ahí en adelante: 35, 36, 37, 38, con T de hasta el 50. Y mientras se están formando, el resto, ¿inclinamos nuestros rostros por un momento?

38 Amoroso Salvador, en esta caja aquí esta noche, está llena casi hasta arriba con cartas. Pobre gente enferma y sufriendo… Me puedo imaginar viéndote a Ti yendo por las calles y viendo lo que sucedió en Jerusalén. Tu corazón se conmovió. Cuando yo veo gente aquí en el edificio, y veo noche tras noche, siguen llegando cajas con cartas… Eso es para alguien que está en casa. Dios, permite que Tu corazón se vuelva a conmover, Señor, con compasión. Y que Tu misericordia simplemente recorra esta caja ahora. Tú ves cada letra, cada pañuelo; Tú los viste cuando ellos lo estaban escribiendo; Tú lo estás viendo ahora. Y que puedan ser llevadas con cuidado y que el Espíritu Santo las vigile; cuando se coloquen sobre los enfermos, que sean sanados. Concédelo, Señor.
Es posible que nunca los veamos a ellos en esta vida. Miles que nosotros nunca veremos, pero aun así, nosotros los amamos, Señor, porque Tú los amaste y diste Tu vida por ellos, y fuiste desnudado y colocado en ese madero esa mañana cuando esas grandes lanzas traspasaron Tu costado. Eso fue por la sanidad de ellos. Eso no fue en vano, Señor. Puedo ver la carne temblar cuando esas grandes bolas de plomo entraron en Tu costado. Eso no fue en vano Señor, déjame morir predicando esto. Por Tus llagas estamos nosotros curados. Los vientos fríos están soplando, y Pedro se está calentando en el fuego, y Tu preciosa espalda pegada a esa vieja cruz. No, eso no fue en vano. Cada gota de sangre trajo sanidad. Y yo ruego, Señor, que el diablo sea derrotado en cada caso que está aquí. Que Jesucristo sea honrado, porque nosotros lo enviamos para ese propósito. En el Nombre de Jesús. Amén.

39 Ahora, muy despacio, por favor, cantemos: “Señor, yo creo”. Solo una vez, muy lento ahora. Todos, si gustan.
Creo; Señor, creo; Señor.
Todo es posible; creo; Señor.
Creo; Señor, creo; Señor,
Todo es posible; creo; Señor.
Mi muchacho dice que falta una tarjeta en la línea, la tarjeta de oración T-37. ¿Es así, Billy? T-37. ¿Alguien tiene T-37? Puede ser una persona sorda. Vea alrededor. Ellos tal vez ni siquiera escuchan su número siendo llamado. Vea la tarjeta de su hermano al lado. Aquí hay una dama, tal vez… Ella tiene algo con lo cual se mantiene en pie. Quizás… ¿Tiene ella una tarjeta de oración, señora, sentada junto a ella? ¿Es ese su número? No lo es, muy bien, alguien que conozca el T-37. Si está en el edificio, pues, tráigalo. Ellos perdieron su lugar en la línea. Muy bien.

40 Ahora, que el Señor Jesús, el Hijo de Dios, sea misericordioso y bendiga a cada uno. Ahora, mientras ellos se están formando, comenzaremos de inmediato si podemos en la línea de oración. Y la dama…
Me pregunto, para alguien que tal vez sea desconocido entre nosotros ¿qué cree Ud. que haría Jesús si esta dama estuviera delante de Él? Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Si ella viene por sanidad, yo no lo sé. Pero digamos, ella tiene dolores de cabeza, o algo está mal con ella. Digamos, ella tiene un cáncer, y se va a morir muy pronto, y si el Señor Jesús estuviera aquí. Ella subiría aquí; Jesús le diría: “Ahora, en cuanto a sanarte, Yo lo hice cuando morí por ti. ¿Cree Ud. esto?”. Él diría.
Y ella diría: “Sí, yo creo”.
Él diría: “¿Crees que Yo soy el Hijo de Dios?”. O algo por el estilo.
Ella diría: “Sí”.
Entonces tal vez habría algo mal con ella. Tal vez ella hizo algo que no debería haber hecho, entonces Él diría: “Ve, arregla eso, y vivirás”, ¿ven? O tal vez sería algo de lo que Él quisiera decirle a ella, Él se lo diría. Pero en cuanto a sanarla, Él ya lo hizo. Eso es correcto. O, para salvar al pecador aquí, hombre pecador o mujer pecadora, Él ya le salvó a Ud. Ud. Tiene que aceptarlo. Ahora, el Señor sea bendecido mientras oramos.

41 Quiero hablar con la mujer. ¿Cuántos están aquí por primera vez? ¿No han estado antes en una de mis reuniones? Veamos sus manos. ¿En cualquier parte? Pues, hay un buen número. Y les agradezco que estén aquí. Y Ud. ha oído hablar de eso, tal vez, cómo es por visión ahora. Y les voy a preguntar una cosa: mientras esto está sucediendo, ¿trataran de ser reverentes? Solo tengan respeto por el Señor Jesucristo. Solo respeten. Solo manténganse en su asiento. Ellos no me dejan quedarme demasiado tiempo, porque está en una condición subconsciente, ¿lo ven? Y yo no puedo quedarme demasiado tiempo. El administrador y ellos vienen por mí. Así que sean reverentes.

42 Y ahora, ¿recuerdan cuando Jesús le habló a una mujer, Él quería descubrir cuál era su problema? Él habló con ella, la mujer junto al pozo. Y Él dijo: “Dame de beber”, para entablar una conversación.
Ella dijo: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí”.
Dijo: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber”. Él se adelantó y llevó la conversación hasta que descubrió dónde estaba su problema. Él dijo: “Ve, llama a tu marido”.
Ella dijo: “No tengo marido”.
Dijo: “Has tenido cinco”.
Ella dijo: “Bueno, me parece que Tú eres profeta”. Dijo: “Sabemos que ha de venir el Mesías”.
Él dijo: “Yo soy Él”.
Ella corrió a la ciudad y dijo: “Venid, ved a un Hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho”. Ahora, ella estaba emocionada. Él no le dijo todo lo que ella había hecho. Él solo dijo una cosa que ella estaba haciendo mal. Pero si Él pudo decirle una cosa, Él podría decirle todo. ¿No lo creen? Por supuesto.
Él le dijo a Felipe, Él sabía quién era él. La mujer que tocó el borde de Su manto, Él miró hacia la audiencia y dijo: “Tu fe te ha salvado de ese flujo de sangre”. Ahora, Él es el mismo Jesús esta noche, ¿no es así? ¿Creen Uds. eso?

43 Ahora, mientras yo hablo con la dama, solo para este propósito, solo para encontrar qué es su espíritu. Entonces hay como un rollo de película en el cielo; lo llamaremos así; no es de esa manera. Pero como en el cielo, hay un carrete, y en este carrete todo lo que ella hizo está allí mismo ante Dios. Y el final de su vida yace justo delante de Dios. Ahora, entonces Dios puede mostrarme a mí lo que ella ha hecho, y ella sabe si eso va a ser cierto o no. Entonces Él puede mostrarme lo que está por venir, y si Él lo hace… si ella sabe que eso fue cierto, ella tendría fe para creer que lo que se dirá será verdad, ¿ven? Y revise a cualquiera en cualquier momento; siempre es perfecto, ¿ven? Porque no es este pobre hombre humilde e ignorante aquí; es el Señor Jesucristo. Eso es correcto.

44 Ahora, hermana, supongo, sin conocerla, ¿llegamos a ser desconocidos el uno para el otro? Yo no la conozco, hasta donde sé. Somos desconocidos el uno para el otro, ¿no es así? Yo estoy aquí como su hermano, para tratar de ayudarle. Y Dios sabe, yo haría cualquier cosa que yo pudiera hacer para ayudarle. Pero ahora, siendo yo solo un hombre, bueno, es muy poco lo que yo puedo hacer; solo soy su hermano en el Señor Jesús. Y Dios ha dado dones a la iglesia para que podamos ayudarnos unos a otros. ¿Lo cree Ud.? Ud. es Cristiana, porque su espíritu es bienvenido, ¿lo ve Ud.? Ud. es Cristiana ¿Y cree Ud. que el Señor Jesús puede decirme cuál es su problema si somos desconocidos?
Ahora, Ud. se da cuenta de que algo está sucediendo. Ese es el Ángel de Dios de quien tienen la fotografía aquí, ¿ve? Eso es exactamente. Ud. nunca ha estado en contacto con eso antes. Pero Ud. sabe que algo está sucediendo; no es solamente un ser humano parado aquí.
Y Ud. no es de esta región. Es de un lugar lejano. Y Ud. es de una región que tiene muchos lagos: Wisconsin. Resulta que acabo de pasar por algunos lugares. Ud. venía hacia acá, y yo sabía dónde estaba usted. Ud. viene con alguien. Ud. está aquí con alguien. Es un hombre. Es alguien un tanto robusto, con cabello escaso aquí enfrente. Es un hombre que está volteando hacia mí ahora; aparentemente, yo debería conocerlo. Y Ud. está sufriendo con un tumor, y ha perdido el sentido del olfato. Ud. no puede oler. Venga acá.

45 Oh Señor, te pido que le devuelvas a nuestra hermana lo que Satanás le ha robado. Y que Tus misericordias estén con ella ahora, mientras yo maldigo al enemigo que le hizo esto a ella, y que sea sanada esta noche. Yo le ordeno a Satanás que se vaya de aquí, de su cuerpo, y que ella sea liberada por las órdenes de Jesucristo, quien dijo: “En Mi Nombre echarán fuera demonios”. Así que déjala, Satanás. Amén.
Esto puede parecerle extraño en este momento, pero Ud. está sanada. Yo no tengo nada que le permita a Ud. probar que el sentido del olfato está en usted. Pero Ud. sabe que algo ha sucedido en su nariz. Siente algo curioso. ¿No es así? Esos son los olores del aire, y su sentido del olfato está aquí, y está sanada. Puede seguir su camino regocijándose y recuperada. Dios le bendiga. Ahora, el Señor sea bendecido y magnificado es mi humilde oración.

46 ¿Cómo estás Ud., señora? Supongo que Ud. y yo somos desconocidos el uno para el otro. Solo el Señor Jesús nos conoce a los dos, porque Él nos ha alimentado, Él nos ha bendecido. Entre Ud. y yo está el Espíritu Santo, y también justo encima de Ud. hay una sombra de oscuridad, una verdadera oscuridad profunda. Está colgando cerca de Ud. Lo que eso es, es la muerte. Ud. ha ido a los médicos, sí, y ellos tienen un… yo veo al doctor, un tipo fornido, mientras él sacude su cabeza. Es cáncer. Y él la ha desahuciado; eso la ha ido devorando por su sistema. Venga.
Señor Jesús, yo condeno a este demonio, a través del sufrimiento vicario de Jesucristo. Y aleja la muerte de ella, y que la vida entre en su cuerpo esta noche. Y la promesa del Señor Jesucristo, yo pongo mis manos sobre ella para confirmar esta palabra que Él dijo: “Estas señales seguirán a los que creen. Pondrán sus manos sobre los enfermos y sanarán”.
Señor Jesús, yo creo en Tu Palabra, y yo condeno la muerte que está colgando cerca de ella y le pido que se vaya, por medio de Jesucristo. Amén. Venga y escríbame su testimonio, agradeciendo a Dios y alabándolo con todo su corazón. El Señor sea bendecido y magnificado. Solo crea ahora con todo su corazón. Ud. puede recibir exactamente lo que pida.

47 Usted tiene un problema nervioso, sentada allí, ¿no es así, señora? Solo Ud. tiene hechizos de nerviosismo que le hacen sentir que está perdiendo la cabeza. Satanás a veces le dice a Ud. que ha cruzado la línea. Ud. prácticamente ha estado nerviosa toda su vida. Tuvo un susto que dio inicio a eso cuando Ud. era una niña, solamente una niña pequeña. Y ahora, yo aquí la veo a Ud. tratando de hacer algo que es…tender la cama o algo, Ud. se pone tan nerviosa que tiene que sentarse. Pero Ud. ha estado orando. Ud. ha estado tratando de ser sanada. Cuando se oró por esa dama hace un momento, Ud. sintió que algo extraño se apoderó de Ud. ¿Es eso cierto? Si es así, levante su mano. Si eso es cierto, yo le he dicho la verdad. Yo nunca la había visto. Ud. solo es una dama que llegó allá y se sentó. Yo le digo que en el Nombre de Jesucristo, Ud. está sanada. Vaya a casa. Ud. está bien. Amén. Tenga fe en Dios. No dude. Crea.

48 De acuerdo, traigan al muchacho. Crea ahora, no dude. Tenga fe en Dios. Y ahora, todos sean reverentes. Hay epilépticos en la habitación esta noche; yo no puedo encontrarlo. Pero aquí hay un epiléptico, y siempre atormenta eso, porque es algo terrible, ¿ven? Y sé que Dios lo sanará, si solamente permitimos que Él me diga dónde se encuentra, ¿ven? Y eso es muy desobediente. Y ahora, todos sean reverentes, porque esos espíritus se pasan de uno a otro. Uds. saben eso. Esa es la Escritura, ¿ven? Y así que ahora, sean reverentes.

49 Y traigan al niño. ¿Cómo estás, joven? ¿Crees tú que yo soy el siervo de Dios? ¿Crees tú que el Señor Jesucristo es el Hijo de Dios, y que yo soy su siervo? ¿Es correcto eso? Y Dios envió al Señor Jesús a la tierra, para que Él pudiera darnos el deseo de nuestro corazón, que está libre de pecados, libre de enfermedad, libre de preocupaciones.
Somos desconocidos el uno para el otro, jovencito, supongo, ¿no es así? Este es nuestro primer encuentro. Tú eres solo un muchacho, como si mi hijo estuviera allí parado. Tú estás en un problema profundo, joven. ¿Crees que yo soy Su profeta? Tú tienes un pañuelo en la mano, que es para la amiga más querida que tienes en la tierra, tu madre, que se está muriendo. Ella está mal de todo. Ella tiene endurecimiento del hígado. El médico ha anunciado que no se puede hacer más. Ella tiene leucemia, cáncer en el torrente sanguíneo. Tú también tienes un pequeño hermano enfermo en casa. Y tú estás buscando el bautismo del Espíritu Santo, ¿no es así, jovencito? Dame tu pañuelo y acércate, mi hermano.
Oh Dios, ruego por misericordia. Deja que Tu Espíritu, oh Dios, venga mientras este joven se para aquí pidiendo misericordia. Yo estoy sosteniendo este pañuelo en nuestras manos. Yo oro para que sanen a aquellos a quienes está destinado, y que nuestro hermano se regocije y sea feliz, que sepa que Dios lo ha prometido. Y yo condeno el espíritu de muerte que pesa sobre su madre, y que ella sane y sus seres queridos. Y que nuestro hermano reciba el deseo de su corazón. Pido esta bendición en el Nombre de Jesucristo. Amén.
No temas, joven. Tú sabes lo que sucedió, así que puedes irte ahora, regocijándote y dándole gracias a Dios. Dios bendiga a mi hermano. Muy bien.

50 ¡Oh, qué maravilloso es confiar en el Señor Jesús!
¿Cuál es el problema, madre, sentada allí, la clase de dama robusta, mirándome, secándose las lágrimas de los ojos? ¿Cree Ud. que yo soy Su profeta? ¿Quiere Ud. recuperarse de ese problema de colon con el que está sufriendo? Póngase de pie entonces, solo un minuto.
Señor Jesús, a través del Nombre de Tu gran Ser, yo condeno a este demonio que está atormentando a esta mujer. Que la deje; su fe te ha tocado a Ti de alguna manera, Señor. Tú hiciste que volteara hacia ella y mostraste lo que estaba mal con ella. Y yo ruego, Dios, que su fe no falle. Si Tú eres tan bondadoso con ella, que su fe se eleve en este instante, y sea sanada en el Nombre de Jesucristo. Amén. Dios le bendiga, hermana. Solo tenga fe. No dude. Crea con todo su corazón.

51 ¿Cómo está, señora? ¿Cree Ud. que yo soy Su siervo? ¿Cree Ud. que Su Presencia, y ante Quien está parada, es el Poder de la resurrección del Señor Jesucristo? Ahora, nosotros somos desconocidos el uno para el otro. Nunca nos hemos conocido. Y yo nunca la he visto a Ud., pero Dios sabe todo sobre Ud., ¿no es así? Él sabe todo sobre mí. Yo solo estoy conversando con Ud., como nuestro Señor lo hizo con la mujer junto al pozo, y demás. ¿Y cree Ud. que Él le sanará a Ud.? Si yo digo la verdad (yo estoy hablando de las Escrituras), y si yo digo la verdad, entonces Dios testificará de la verdad. Y si es personal, algo relacionado con Ud… Ahora, esta es la verdad, la Biblia. Pero ahora, puede haber algo en su vida de lo que la Biblia no ha dicho nada al respecto.
Como Josafat, cuando él salió e hizo alianza con Acab, salió al desierto y ellos se metieron en problemas, él dijo… Ellos tenían el arca del pacto con ellos, ellos tenían todas las escrituras de los profetas, ellos tenían todas las leyes con ellos, pero dijeron: “¿No hay algún profeta en alguna parte que podamos consultar para averiguar cuál es el problema?”.

52 Ahora, Ud. es Cristiana y es creyente. Y eso es lo que la hace a Ud. una Cristiana, Ud. es creyente. Ahora, Ud. cree esta Palabra, pero hay algo que a Ud. le gustaría un levantamiento espiritual para hacer que su fe se eleve. Ud. necesita un levantamiento espiritual; eso es correcto. Ahora, Ud. está sufriendo, una de las cosas, con un problema renal. Y lo siguiente que Ud. tiene, Ud. tiene algún tipo de tumor. Está en el pecho y Ud. tiene los nervios paralizados en la cara. Y eso fue debido a un accidente, como un taxi o algo así, un taxi. Sí. Y a Ud. le duele la columna vertebral. Ud. tiene ese nervio que se suelta aquí. ¿Es eso verdad? (La mujer dice: “Yo ni siquiera lo sabía”), Ud. ni siquiera lo sabía. Pero Ud. sabía que tuvo el accidente. Es correcto eso. Ahí lo tiene. Eso es. No es cáncer; es solo un tumor. Está debajo del hueso del hombro en ese lado, en el lado izquierdo.
Dios Todopoderoso, Quien está parado aquí, que conoce su condición, Él sabe lo que es verdad. ¿Cree Ud. que Dios moverá esa columna vertebral a su lugar y le dará a Ud. la liberación, ese nervio pellizcado? Es… ¿Qué dice…? Venga aquí, solo un minuto.
Padre misericordioso, Quien creó los cielos y la tierra, trajo todas las cosas por Jesucristo, Tu Hijo, entonces devuélvele la salud a esta pobre mujercita que está parada aquí, desesperadamente en necesidad, tiene que recibir ayuda. Dios Todopoderoso, yo oro para que Tú le concedas esta bendición. Que el enemigo salga de ella, y que ella pueda estar sana. Y con Tu siervo, yo pongo mis manos sobre ella; condeno a este enemigo, y que salga de ella. En el Nombre del Señor Jesucristo, sal de ella, Satanás, para la gloria de Dios, el cumplimiento de la Palabra del Señor Jesús que no puede fallar. Tú estás derrotado. Tú no tiene derechos legales. Jesucristo te los arrebató, y no tú tienes derechos legales para seguir reteniéndola. Así que déjala, en el Nombre de Aquel que murió por ella, incluso nuestro Señor Jesús. Amén.

53 [La hermana habla con el Hermano Branham] Ciertamente. Ciertamente. Yo no pudiera saber. Quiero que… Hermana, ahora lo que Ud… Yo no le diría lo que Dios quiere que Ud. haga. Que Él la comisione a Ud. sobre qué hacer. Yo solo estoy aquí viendo… solo puedo decir lo que Él me dijo. Él me dijo lo que tenía y eso es verdad. Ud. se va a poner bien. Yo sé eso. Él le dirá a Ud. qué hacer después que lo reciba. Dios le bendiga. Vaya regocijándose.
No puedo saber cuándo Él se lo podría decir., hermana. Eso es algo que Él no me dijo. Él solo me dijo eso, y eso es todo lo que yo sé hacer. Yo ciertamente lo haré. Dios le bendiga, hermana. Dios le bendiga. Dios le bendiga. Gracias. Eso es mutuo.
Alabado sea Dios. Una cosa, preguntando… Vea, si yo le dijera a la mujer… Yo tengo una idea, pero Dios se lo dirá a ella. Él no me dejaría hablarlo, porque si yo se lo digo, eso es el hombre. Si Él se lo dice a ella, ese es Dios. Siempre tenga en cuenta lo que Dios dice. Si ella tiene un pariente aquí (y ella no lo diera a conocer), búsqueme, y yo le diré a dónde será ella llamada. ¿Ven? Pero yo quiero que Dios se lo haga saber a ella. Muy bien. Eso es al menos lo que Él dijo que haría. Muy bien.

54 Si Ud. le pidiera al Señor Jesús en este momento, el problema de la espalda le dejaría y Ud. se irá a casa y sana. ¿Cree Ud. eso? Pidámosle.
Nuestro Padre celestial, yo ruego que Tú sanes a nuestra hermana, y que ella se vaya de aquí esta noche sana, en el Nombre de Jesucristo. Amén. Ahora, vaya, creyendo, hermana, Ud. se pondrá bien. Dios le bendiga. Digamos; gracias sean dadas a Dios.

55 ¿Está Ud. creyendo, hermana, con todo su corazón?
La dama de color sentada allá, Ud. está sufriendo de artritis. Pero ella está sufriendo con dolores de cabeza. Y Ud. también cree que el Señor Jesús le va a sanar, señora, sentada allí. ¿Y cree Ud. que el Señor Jesús le va a sanar de esta artritis? Señor Dios, en el Nombre de Jesús, Tu Hijo, yo condeno estas enfermedades, y pido que se vayan de la gente en el Nombre de Jesucristo, el Hijo de Dios. Amén.
Ahora, muy bien, eso se ha ido de Ud., hermana. Ahora, vaya regocijándose y diciendo: “Gracias, Señor Jesús”. Eso es correcto. Ahora, ¿se da cuenta qué tan bien puede caminar? Ahora, regrese por este lado otra vez. Regrese. Levante los pies de esta manera ¿ve? Me gusta esto. Sus rodillas, doblando las rodillas, ¿Ven? Ahí es donde estaba eso, está en sus rodillas. ¿No fue así? Vean, muy bien. Ud. está sanada, ¿ve? Amén.
Digamos: “Alabado sea Dios”.

56 ¿Me cree Ud. como el profeta de Dios? ¿Quiere terminar con ese problema femenino? Levante la mano, diga: “Te acepto, Señor Jesús”.
Señor Jesús, pongo mis manos sobre ella para cumplir Tu Palabra, y pido que este demonio se vaya de ella en el Nombre de Jesucristo. Amén. Dios le bendiga, hermana. ¿Podría hablar con Ud. lejos del micrófono, solo por un momento? Aquí. [El Hermano Branham habla con la hermana].

57 Nada inmoralmente, solamente… ¿Podría esperar solo un minuto, señora? Ella podría tener amigos aquí, pensando que hay algo que yo no quería que se supiera. Fue algo que sucedió en un tiempo en el que solo ella y Dios estaban allí para verlo. ¿Y es eso cierto, señora? Exactamente la verdad. Donde estaba parada, y yo no podía decirlo ante un público mixto. Yo vi la visión de lo que estaba ocurriendo, y yo la llamé aparte para contárselo a ella. Y no había nadie, en ningún lado; ella no le ha contado nada a nadie ni nada al respecto, justo en el lugar, y cuando eso sucedió, eso estaba ocurriendo. ¿Es eso correcto, señora? Si es así, agite su mano para que la gente sepa, ¿ve Ud.? Ella está bien. Ella está sanada. Ella está bien. Dios está con ella.

58 Se ha estado sintiendo un poco mejor hoy, ¿no es así? Ud. estaba sentada allí anoche, creyendo. ¿No fue así? Anoche fue sanada, hermana. Su fe la sanó completamente de eso. Eso no la va a molestar más.
¿Cree Ud. que Dios quitará esa rigidez de Ud.? Él lo ha hecho. Ud. no tendrá que levantarse de la cama por la mañana de lado. Ud. está sanada ahora de eso. Siga cruzando, regocijándose. Amén.
Digamos: “Alabado sea Dios”.

59 ¿Cree Ud. que el Señor Jesús le va a ayudar en este momento que Ud. está preocupada? Ud. teme que este bebé no nazca bien, porque tiene miedo de perderlo. ¿No es así? Yo no estoy leyendo su mente. Pero Dios está aquí; Él sabe todas las cosas. Ud. tiene miedo de perderlo. Pero vamos a pedirle a Dios, y Dios guardará eso, y que nazca un niño encantador. Que Dios le bendiga, mientras yo la bendigo en Su Nombre.
Señor Jesús, que todo esté bien para nuestra hermana, que tiene fe para acercarse a esta audiencia esta noche, confesando su fe en el poder del Dios Todopoderoso. Y que pueda ser normal y todo bien. Yo la bendigo a ella para este propósito. En el Nombre de Jesucristo, Tu Hijo. Amén. Dios le bendiga, hermana.
La señora ha tenido miedo de un aborto espontáneo, y el bebé nunca se ha movido. Y cuando yo tomé su mano, justo ahora, ella saltó y me agarró; ella dijo: “Mi bebé saltó por primera vez, en este preciso momento…”. Tenga fe.

60 Nuestro Señor Jesucristo, Quien gobierna y reina supremamente. No hay nada que pueda asediarlo. Él es el Alfa, la Omega, el Principio y el Fin, El que era, que es, y ha de venir, la Raíz y el Linaje de David, la Estrella de la Mañana. No hay nada, no hay lugar, no hay tiempo, ni cómo, que pueda permanecer delante de Él.
¿Quiere terminar con ese eccema, sentada allí, señora, con ese vestido oscuro, sentada justo por allí, con esa erupción, eccema? Si Ud. cree que Dios la va a sanar, Él lo hará. ¿Cree Ud. que Él lo hará? ¿Cree Ud. que Él la va a sanar? Dios le bendiga, mi hermana. Eso se irá de usted.

61 La señora, sentada allí a su lado, ella está preocupada por su hijo. Él va a someterse a una operación el próximo sábado. Póngase de pie por un minuto; quiero orar por su muchacho.
Señor Jesús, yo condeno la muerte que cuelga sobre ese niño. Guía la mano de ese médico, y que el niño salga bien. En el Nombre de Jesucristo.

62 ¿Cuántos aquí en este momento quieren que Dios los bendiga y los sane en este momento? ¿Podrían levantar sus manos? Mantengan sus manos levantadas hacia el Creador. Mi fuerza se ha ido, amigos; casi no puedo mantenerme de pie aquí. Y yo siento que mi administrador me está tocando la espalda, lo que significa que debo irme.
Inclinen sus rostros. Oh Señor, no hay enfermedad, Tú dijiste, que en algún momento pueda permanecer delante de la oración de fe. Y yo te pido, en este momento, mientras esta fuerza del jalón del Espíritu Santo haciendo que la virtud y la fuerza se vayan, yo pido que el resucitado Señor Jesucristo ahora en los nombres de Aquel que hizo la promesa, yo condeno toda enfermedad en este edificio. Cada persona con una enfermedad, cada persona ciega, cada persona lisiada, cada persona sorda, cada niño enfermo…
Y, Satanás, tú no tienes derecho a decir nada más; estás expuesto aquí desde esta plataforma. Tus derechos legales se han ido. Tu día ha terminado. La iglesia del Dios viviente se está moviendo hacia los reinos de la fe, y tú sabes que estás derrotado y lo has estado. Tú eres solo un fanfarrón. Y has engañado a la gente el tiempo suficiente. Ahora, como la iglesia del Dios viviente, tomamos control sobre ti, por el mandamiento de nuestro Señor Jesucristo, y yo como Su siervo, junto con la iglesia, te conjuro, por el Dios viviente, y Su Hijo Jesús, que salgas de cada persona aquí ahora. Sal de ellos. Tú estás derrotado y perdiste la batalla. En el Nombre de Jesucristo.

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