S.297 55-0410S  Mi Redentor Vive 

Tiempo de lectura: 33 minutos

OBRAS DEL MENSAJE

Mi Redentor Vive

Jeffersonville, Indiana, E.U.A.

55-0410S

1 Saludos de Pascua para todos ustedes esta mañana. Estoy muy feliz de estar aquí hoy en el tabernáculo, en este gran tiempo conmemorativo de la Pascua. El Señor nos ha dado un día hermoso para esta adoración. Y estamos aquí esta mañana para celebrar el mayor evento que jamás haya sucedido en el mundo: la resurrección de nuestro Señor Jesús. Él fue grande en Su muerte. Pero los hombres pueden morir, pero nunca hubo un hombre que pudiera resucitar de los muertos sino Él. Y allí es donde están puestas nuestras esperanzas esta mañana, en la resurrección de nuestro Señor.

2 Mientras venía entrando esta mañana, al ir caminando por el pasillo, me detuve por unos momentos allí atrás para mirar. Miré alrededor a la audiencia, y pensé: la gente salió temprano esta mañana, bajo expectativa, para venir y escuchar las palabras que se leen, y el canto de los himnos. Y es una conmemoración de Aquel que sostiene nuestras vidas en Su mano hoy. Pensé en los rostros que solía ver temprano en las mañanas, hace años atrás. Ellos yacen en estos cementerios de por aquí, esperando el evento de su resurrección.
Pensando en eso, pues, esto nos lleva a este pensamiento, que, hoy nosotros estamos aquí. No sabemos a qué hora nos llevarán al lugar donde ellos yacen esta mañana. Y luego, teniendo eso en cuenta ¿qué clase de personas deberíamos ser, y cómo deberíamos abordar esta resurrección de hoy?
En el libro de Job, en el 10… Capítulo 19 y el versículo 25, estas pequeñas palabras:
…Yo sé… que mi Redentor vive…
Fue la profecía de Job y sus palabras, después de haber visto este día que estamos adorando hoy, en el que estamos adorando, la resurrección.

3 Yo, al cruzar por partes del mundo, y viendo diferentes formas de religión, y las diferentes fases de adoraciones, tomaría mucho tiempo, mencionarlas, para tratar de explicar los diferentes fenómenos de las religiones de este mundo.
Pero hoy, sabiendo que tenemos ante nosotros un gran día, y que nos hemos reunido aquí esta mañana, solo para esta adoración temprano en la mañana, por unos momentos. Regresaremos después a nuestros hogares y volveremos para, lo que confiamos hoy, un servicio de sanidad. No lo hemos tenido sino unas dos o tres veces desde que hemos estado en los servicios. Porque generalmente, al venir al tabernáculo y alrededor de nuestra gente de casa aquí, la unción del Espíritu Santo parece que simplemente no viene aquí, porque es mi hogar. Una vez sucedió, y allá en la escuela secundaria de Jeffersonville, y luego estuvo una vez aquí en el tabernáculo.

4 Y desde que yo me levanté esta mañana… Aparentemente llegué un poco tarde, pero eso fue con un propósito. Estaba despierto esta mañana, mucho antes del amanecer, y esperando. Y yo simplemente creo que estamos enfrentando un gran servicio hoy, en el servicio de sanidad. Y los muchachos… les vamos a dar las tarjetas ahora, y ellos las repartirán esta mañana a las nueve en punto, para los servicios de sanidad que vienen. Y yo creo que el Señor nos va a dar un gran tiempo.
Así que le adoraremos a Él en oración, y canto, y hablando de la Palabra, y luego intentaremos salir hoy… esta mañana a las siete, si es posible, para que cada persona pueda regresar y tener tiempo suficiente para prepararse para el servicio. Las tarjetas de oración se repartirán solo a las nueve, para que no interfiera con el resto de los servicios.
Luego esta noche, por supuesto, también están los servicios bautismales. Deseamos que todos ustedes asistan a estos servicios, a los extraños en nuestras puertas, y demás. Estamos muy felices de tenerlos esta mañana, de ver este servicio del amanecer y ver el tabernáculo lleno.

5 Ahora, en los diferentes pensamientos de hoy en día, de la adoración religiosa; en muchos lugares adoran a los antepasados que se han ido. Por ejemplo, si fuéramos a China esta mañana, y habláramos la Palabra de Dios —o a Japón— ellos se preguntarían de qué dios está uno hablando, porque cada persona que muere es un dios tanto pronto como él muere. Y si nos vamos con los adoradores de Buda, o a los diferentes… los mahometanos, ellos no creen que Cristo resucitó de los muertos. Ellos ni siquiera creen que él haya muerto. Ellos dicen que él se subió a un caballo y se fue cabalgando y se fue al cielo.
Pero hoy, nosotros realmente tenemos la verdad y la luz de la vida. No hay duda en mi mente hoy… Como predicador del Evangelio del Cristianismo, no tengo ninguna duda en mi mente, ni una sombra de duda, sino que tenemos positivamente la verdad sellada. Otras religiones pueden estar bien, pero nosotros tenemos la verdad.

6 Si nos fijamos hoy, que…. Observe las estaciones. Seguramente el gran Dios del cielo, que hizo todos los cielos y la tierra, hizo… Si Uds. pueden ver la forma en que Su mente estaba funcionando: cómo Él tiene el otoño del año, la muerte; luego la primavera del año, la resurrección. Para poder… Ud. tiene que morir, para poder tener resurrección. Es a través de la muerte que siempre se trae la vida. Usted solo vive a través de la muerte.
¿Alguna vez se han detenido a pensar eso, que la raza humana vive a través de la muerte? Algo tiene que morir para que Ud. pueda vivir. La comida —la vida botánica, la vida animal— todo muere. Y a través de esa muerte, nosotros comemos la comida. Y la comida que comemos, la sustancia muerta de alguna otra cosa, produce las células de vida de sangre que entran en nuestro cuerpo. Así que nosotros solo vivimos, crecemos, respiramos y comemos por medio de una vida. Y ahora… y por medio de la muerte. Y tenemos que tener la muerte para poder producir vida, entonces.

7 Ahora, este mensaje que nos leyeron esta mañana, lo llamaríamos la gran comisión, porque fue la última comisión que nuestro Señor le dio a Sus discípulos, de ir a todo el mundo y predicar esto glorioso, las buenas nuevas de la resurrección a todo el mundo, para testimonio. Y luego Él regresaría. Y que señales y maravillas acompañarían este mensaje que debía ser predicado.
Y hoy en los países, encontramos incluso bajo la religión Cristiana, encontramos que las personas en los Estados Unidos, muchos de ellos, lo digo con todo el debido respeto, estamos tratando de buscar grandes iglesias, catedrales y grandes programas, y así sucesivamente para… En la Pascua, este día, las grandes iglesias y cruces están pulidas para este gran servicio de Pascua. Y hoy, literalmente, se gastarán decenas de miles y millones de dólares en flores de Pascua y así sucesivamente, que van en los altares, para decorar estas grandes iglesias y catedrales que tenemos hoy día.
Y en Roma, la cabecera de la iglesia Católica, allí, en esa gran morgue, en la Basílica de San Pedro, donde están enterrados los muertos, a ellos les encanta decir en la iglesia Católica que: “Nosotros lo tenemos, porque tenemos el cuerpo de San Pedro, que yace aquí. Tenemos el cuerpo de diferentes apóstoles, y discípulos, y grandes hombres que murieron; y sus cuerpos están aquí sepultados”. Y ellos se refieren a eso como si fuera una gran vindicación de su fase de religión, de que ellos tienen a Dios.
Pero este siempre ha sido mi argumento, amigos, que esas cosas no significan nada. No es… Cualquier hombre puede morir y lo pueden sepultar en la tierra. Pero Quien se levantó de allí es a Quien nosotros adoramos hoy: un Señor Jesús vivo, resucitado y ascendido que vive hoy. Muchas personas pueden morir.

8 El viernes pasado, la gente se arrastró de rodillas por los escalones del Vaticano. Y muchas personas entraron y celebraron la muerte, que fue una gran y trágica cosa que le sucedió a Cristo. Pero Él tenía que hacer eso para probar que Él era Cristo.
Pero hoy es el día, la resurrección. Esto lo selló para siempre. Ahora, Él no está muerto. Él está vivo hoy, viviendo en cada corazón y cada persona.
Los hombres de antaño, mientras esperaban este día, los viejos patriarcas en la Biblia: Abraham, Isaac, Jacob, Job. Muchos de los viejos patriarcas anhelaban el tiempo cuando Cristo resucitaría de entre los muertos.

9 Yo pienso en Job, el que estábamos leyendo hace unos momentos, él anhelaba esta mañana. Cuando él era un anciano, bien entrado en días, y su carne simplemente se estaba cayendo de su cuerpo, por sus llagas; su corazón estaba destrozado por la tristeza, y cada parte mortal de su ser se estaba marchitando.
Y un gran hombre como ese, que causó una gran impresión en el mundo de su época, y poder ver todo lo que él era, y la grandeza. Él dijo que iba a las ciudades del Este, y los príncipes se inclinaban ante él, a causa de su sabiduría.
Pero aquí estaba él sin saber qué hacer. Todo se había ido, aparentemente. Su cuerpo estaba acabado. Sus propiedades se habían ido. Sus hijos se habían ido. Todo lo que él tenía se había ido.
Y luego, Dios en Su misericordia descendió a Job, y le dio a él otro sentido, donde pudiera abrir sus ojos y ver el día cuando habría un cuerpo que él recibiría. Él sabía que venía Uno, Uno Justo, que se pararía en su lugar, que levantaría el cuerpo de los muertos, y haría… Él dijo: “Yo sé que mi Redentor vive”.
Me gustan esas palabras positivas que utilizó para decir eso. No: “Espero que así sea. Tengo la sensación de que será así”. Más o menos así es la actitud de muchos hoy en día: “Yo tengo la esperanza de que algún día…”. Pero Job tenía más que eso. Él dijo: “Yo sé que mi Redentor vive”. El lado positivo de esto. Ya no en lo negativo. Todo es positivo.
Y hoy, si nosotros solo tenemos una cruz arriba de la iglesia, para mostrar (lo cual está bien), ese Cristo… Nosotros creemos en la muerte, en el entierro y la resurrección de Cristo. Si solo tenemos unos cuantos cuerpos de polvo sepultados debajo de la iglesia, de algunas personas santas que fueron allí sepultadas, que eso… Si solo tenemos eso como esperanza, entonces somos entre todas las personas las más miserables.
Pero hoy, cuán agradecidos estamos. Nosotros no tenemos los cuerpos muertos, pero tenemos el Espíritu resucitado del Señor Jesucristo, de que Él resucitó de los muertos, en triunfo.
Ya no es más un: “supongo que sí”. Usted pudiera mirar una cruz y “supongo que sí”. Usted pudiera mirar un cuerpo que yace en tierra y decir: “supongo que sí” y “espero que así sea”.
Pero cuando la visión que impactó a Job en un momento se convierte en una realidad, la resurrección del Señor Jesús por el Espíritu Santo en el corazón, entonces Ud. tiene un: “Yo sé que mi Redentor vive”. Todas las sombras se han desvanecido, toda la vieja oscuridad de un: “espero que sí”, y “tal vez sí”, y “confiamos que será así”. Todo eso se desvaneció, para todos los que alguna vez hicieron de su corazón un sepulcro para el Señor Jesucristo.
Muerto junto con Él, sepultado junto con Él, y resucitado junto con Él, resucitado con Cristo en la resurrección: esta nueva esperanza que Dios ha puesto en nuestros corazones hoy, esta nueva seguridad. Es una esperanza para aquellos que están deseando el tiempo. Pero cuando un hombre o una mujer han resucitado de nuevo, es un “yo sé que es así”. Ahora. “Yo sé que mi Redentor vive”. ¿Por qué? “Él vive dentro de mi corazón”.
¿No es maravilloso hoy que todas las sombras de dudas han pasado? Todo lo de: “Bueno, espero salir en la resurrección”. No hay más de: “espero que”. Nosotros tenemos la seguridad. Eso es todo. Nosotros lo sabemos. No más de “espero que sea así”, porque algo sucedió en nuestras vidas que quitó todas las sombras de dudas, cuando Cristo, el resucitado, vino a nuestras condiciones pecaminosas en las que estábamos metidos.
Y las cosas viejas murieron en la crucifixión con Él, en el altar. Y nosotros nos levantamos nuevamente con Él, y vivimos con Él y reinamos con Él, y estamos sentamos ahora en lugares Celestiales en Cristo Jesús. La resurrección ya pasó en lo que a nosotros respecta, porque ahora estamos resucitados con Cristo. Amén. Sentados en lugares Celestiales en Cristo Jesús. No más de “estar adivinando”, sobre eso. Se acabó. Amén. Me encanta eso. No más “esperanzas”, no más de “estar deseando”, ya no. Oh, se acabó. Ahora estamos resucitados con Él, estamos sentados en lugares Celestiales.
Y ahora, y más allá de esto, a la iglesia. Usted dice: “Entonces, Hermano Branham, ¿qué significa entonces, eso de que nosotros debemos predicar el Evangelio?”. Esa es nuestra próxima esperanza. Esa es nuestra próxima cosa. Después de resucitar con Él, tenemos la gran comisión de ir por todo el mundo y llevarles estas nuevas a los demás.

10 Qué hermosa mañana esa cuando María Magdalena, María la madre, vino a la tumba muy temprano en la mañana, preguntándose quién podría quitar la piedra de la tumba. ¿Quién podría quitar la piedra? Ellas siguieron adelante, por fe, creyendo. Y a medida que rayaba el alba, los petirrojos y todos dejaron de arrullar. Y lo primero, la estrella de la mañana alumbró el camino, y como un gran meteoro navegó por la tierra y quedó suspendida sobre la tumba donde Él estaba. Y un Ángel se paró allí, y Él rodó la piedra. Y Él se levantó de la tumba, triunfando sobre la muerte, el infierno y la tumba, y dijo: “He aquí, estoy con vosotros siempre, hasta el fin del mundo”.
Y hoy Él vive supremamente en nuestras vidas, y ya no hay que adivinar al respecto. Yo creo que la Pascua es uno de los tiempos más grandes. Si alguna vez hubo un tiempo en que las personas del Evangelio completo, pentecostales, nacidos de nuevo y regenerados, deberían estar cantando las alabanzas de Dios, es en una mañana de Resurrección, cuando ellos saben que ese es un memorial de lo que les ha sucedido a ellos. Una vez muertos, en delitos y pecados; ahora resucitados, sentados en Cristo en lugares Celestiales, sabiendo que nuestro Redentor vive.

11 David, el profeta de la antigüedad, dijo: “Y aun mi carne descansará en esperanza; Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que Tu Santo vea corrupción”. Hablando de la resurrección, que Dios levantaría a Cristo de acuerdo con las Escrituras.
Y nosotros, resucitados con Él hoy, estamos posicionalmente sentados con Él, y ahora listos para el rapto que está por venir, esperando ese gran tiempo. Nuestra carne descansará en esperanza. Nosotros lo sabemos. No hay ni una pizca de duda en mi mente hoy. No hay ni una pizca de duda en la mente de ninguna persona aquí, que haya nacido de nuevo, sino que se encuentra tan segura de estar allí tal como hay un cielo arriba. Ustedes tienen que estarlo. Cada promesa apunta a eso. Eso es todo. Solo resucite con Él, y luego vivirá con Él, ámelo a Él, sentados juntos en lugares Celestiales, esperando ese gran tiempo.

12 Ahora, la gran comisión era de ir a… Después de que Él resucitó de entre los muertos, entonces la gran comisión era: de “Id a todo el mundo, y predicad el evangelio a toda criatura”. Cada criatura debía escuchar el Evangelio. Esa es la comisión esta mañana, de la iglesia, que cada criatura escuche el Evangelio. Luego, cuando toda criatura haya escuchado el Evangelio, entonces Jesús volverá otra vez.

13 ¿Alguna vez se han puesto a pensar, esta mañana, en cuanto a regresar, es decir, se ha hecho visible? Él ya está aquí con nosotros ahora. Algún día nosotros… Ahora, este día solo imaginen que Su Presencia está aquí hoy. El Señor Jesús está en otro mundo… o, en otra dimensión, aquí mismo hoy en forma de Espíritu. Su Espíritu se está ensamblando con nuestro espíritu. Nuestros ojos no pueden verlo a Él, porque todavía son físicos, a menos que ocurra algo que pudiéramos ver en visión.
Pero Él está aquí tan visible, tan real como Él lo fue el día cuando le habló a María en la tumba, o cuando Él se encontró con Cleofás en su camino a Emaús. Su Presencia está aquí. Se puede sentir con eso… sentir con esa carga interna que está en el interior del cuerpo humano, llamada el nuevo nacimiento. El alma ha sido magnetizada a Él.
Y de vez en cuando, cuando Uds. dejan que sus mentes se concentren en Él, creyendo en Él, después de un tiempo algo, una realidad, Ud. puede sentir que algo recorre su ser. Esa es la vindicación de Su resurrección. No es un “supongo que sí”. No es un “espero que sí”. Pero para cada persona que ha nacido de nuevo, es un “yo sé que sí”. Ustedes lo saben. Está justo ahí. Y cuando Ud. se pone en contacto con Él… Yo he visto a santos decir: “Oh, puede usted… la Presencia del Señor está cerca”. Ellos dicen: “Pues, hay algo”. Pues, ciertamente. Él está justo ahí. Justo en… Él resucitó de entre los muertos; Él está parado justo al lado suyo.

14 Ahora, algún día cuando nos hayamos ido para estar con Él, estos espíritus aquí, que pueden sentir ese Espíritu, presionan hacia eso. Luego, en la resurrección, cuando Él se haga visible, nosotros seremos visibles y tendremos un cuerpo como Su propio cuerpo glorioso. Pues, cuando vengamos del mundo de los espíritus, Él nos traerá con Él. Todos los que están muertos en Cristo traerá Dios con Él en la resurrección. ¡Oh, qué iluminación! ¡Qué bendición!
Oh, si yo no fuera a tomar esto…. Oh, si me pudieran hacer rey sobre toda la tierra, y me garantizaran vivir un millón de años, yo no lo cambiaría por un año de adorar al Señor, y las cosas que he visto este último año, y que he aprendido de Dios, por todas las riquezas de los mundos. Esta bendita esperanza. Después de ese millón de años, o lo que pudiera ser, yo dejaría de existir.

15 Hace algún tiempo, el Hermano Cox (quien en este momento está parado en la parte de atrás del edificio) y yo estábamos sentados en un…. El camino de acceso entra a la casa, y en el camino había algunas rocas aplastadas. En eso había un pequeño fósil de algún animal marino o algo que vivió hace muchos, muchos años. Yo dije: “Mira esta cosa aquí”.
Y el hermano Cox dijo: “Hermano Branham, me pregunto ¿cuántos años tendrá eso?”.
Yo dije: “Bueno, hermano Cox, tal vez, los cronologistas dirían, hasta millones de años, mucho antes de que esta tierra fuera habitada por seres humanos, y las aguas cubrieran la tierra. Esos animales quizás vivieron hace muchos, muchos, muchos millones de años”.
Él dijo: “Vea, Hermano Branham”, dijo: “¿no es la vida humana tan corta, comparada con esa vida? Solo piense, ese fósil aún permanece después de millones de años”.
Yo pensé: ¡Oh! Dije: “Hermano Cox, habrá un momento cuando ese fósil ya no existirá más. No habrá ni una sombra de eso. Pero porque Él resucitó de los muertos, yo viviré y Ud. vivirá por siempre, y por edades incalculables”.

16 Cuando todos los fósiles hayan desaparecido, y todos los viejos tiempos hayan pasado, y las sombras hayan caído, nosotros seguiremos viviendo, seguiremos viviendo y viviendo, para siempre. Porque al aceptar la resurrección del Señor Jesucristo, llegamos a ser seres inmortales, gimiendo en el Espíritu, esperando el tiempo de nuestra liberación, donde nosotros también estaremos con Él en Su bendita Presencia, para vivir por siempre. ¡Qué maravilloso!
No es de extrañar que haya emocionado el corazón de la gente. No es de extrañar que haya llevado a las personas a la adoración. No es de extrañar que la gente se arrastre de rodillas, y toque piedras, y frote cruces, y así sucesivamente. porque algo dentro de ellos, algo en el alma humana está clamando por algo que ellos no pueden encontrar. “Un abismo llamando a otro abismo”. Y si hay un abismo llamando, tiene que haber un abismo que responda a eso. Simplemente tiene que haberlo.

17 Tan seguro como que el cálido sol baña los campos, cuando está ampollado por el frío del invierno, tiene que haber… Ese sol se ha puesto aquí por algo. Allí debajo de eso, en algún lugar, invisible para el ojo humano, está la vegetación y la vida que brotará de nuevo porque el sol fue enviado con ese fin.
Y tan seguro como que la luz del sol de Dios baña el corazón humano, hay una cosita oculta allí que los hombres no pueden explicar. Está llamando. Tiene que estar en un lugar. Yo pienso en eso, y mi corazón tiembla de alegría, al saber que tenemos hoy la evidencia suprema de que Cristo resucitó de entre los muertos.
Ahora, y yo pienso en los tiempos del Antiguo Testamento también, cuando ellos esperaban la venida del Señor Jesús, cuando lo vieron anticipadamente y lo adoraron, con solo pensar en ello. Había algo en ellos clamando, un abismo llamando a otro abismo, esperando un tiempo, deseando el tiempo cuando Jesús vendría. Ahora, hoy, después de que Él ha venido…
Ahora, allá atrás, Satanás trató de cegar los ojos de aquellos que lo esperaban, para decirles que no había tal cosa. Pero que de algún modo, más allá de cualquier cosa que nosotros pudiéramos decir esta mañana, pero a medida que el Espíritu Santo presionaba en sus corazones, les dio un hambre y una sed, que venía Uno Justo.
Job, ahora piense, cuatro mil años, cuatro mil años antes de la venida del Señor Jesús, Job vio la resurrección. Y cuando él la vio por medio de una visión, que pasarían cuatro mil años antes de que eso sucediera, él tuvo la seguridad, de “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; a pesar que los gusanos destruyan este cuerpo, aun, en mi carne he de ver a Dios: al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro”. Había un abismo llamando a otro abismo dentro de Job.
Satanás podría tratar de destruirlo con la muerte. Él podría decir: “Sí, Job, te vas a ir a la tumba. Los gusanos de la piel tomarán tu cuerpo”. Eso es correcto. Nosotros sabemos eso. Pero Job dijo: “Y al fin me levantaré con Él”. Él tenía la seguridad de que él iba a estar allí, porque había algo en Job que le decía eso. Y mientras Satanás hacía todo lo posible para destruirlo con la muerte y todo, Job esperó ansiosamente por esto, para ver esto. Murió en la fe, él entregó su espíritu, y resucitó en la mañana de Pascua con Cristo, hoy él es inmortal entre los hombres. ¡Aleluya! Noten. No es de extrañar que los seres angelicales puedan cantar: ¡Aleluya! No.

18 Ahora, hoy, podría haber algunos… nosotros podríamos frotar cruces, podríamos frotar los huesos de las personas muertas; esos son corazones humanos clamando por algo. Hay algo en ellos que parece ser… Siendo seres humanos, quieren… Ellos saben que hay algo en alguna parte, más grande de lo que ellos que conocen al respecto, y están buscando eso, lo están buscando. Y están tratando de encontrarlo adorando huesos de personas muertas, frotando cruces, construyendo grandes iglesias.
Pero, oh, a esa bendita esperanza de hoy, a esa bendita seguridad, que todo hombre que haya estado en contacto con la resurrección sabe, sin lugar a dudas, que Cristo ha resucitado de la tumba, y nosotros resucitamos con Él… hemos resucitado con Él, esta mañana. Eso… Miren, no es que no…
Es un hambre. Cada uno de Uds. que vinieron a Cristo, antes de recibir el Espíritu Santo, Uds. tuvieron hambre y sed. Uds. se movieron. Uds. buscaron. Uds. leyeron la Biblia. Uds. lloraron. Hicieron todo lo que se podía hacer. Tal vez recitaron rosarios. Es posible que Uds. hubieran repetido varias veces el rosario. Es posible que hayan hecho todo tipo de actos religiosos. Tal vez dejaron de comer carnes. Es posible que Uds. hayan guardado los días del Sabbat. Podrían haber hecho todas estas cosas religiosas de las que el mundo habla hoy.
Pero, una vez que Ud. se haya rendido a una crucifixión, llega una resurrección que le da a Ud. la seguridad de: “Yo sé que mi Redentor vive hoy”. Esa “Bendita seguridad, ¡Jesús mío es! ¡Oh, qué anticipo de gloria Divina! Heredero de la salvación, comprado por Dios; nacido de Su Espíritu, lavado en Su sangre”.
Esas son las buenas nuevas. Esas son las órdenes generales. Esa es la gran comisión, que debemos ir a todo el mundo, y predicar este Evangelio: dárselo a las personas en el poder de la resurrección. Ahora, confiando en eso…

19 Ahora, nuestro tiempo está a punto de terminar en esta pequeña charla matutina. Debemos predicar ahora, en aproximadamente un par de horas, regresar para predicar el servicio de Pascua hoy.
Pero hoy, en esta pequeña charla, qué sentimiento tan maravilloso. Qué maravilloso compañerismo aquí juntos. Y yo creo con todo mi corazón que, hoy, este pequeño viejo tabernáculo verá la evidencia directa de que Jesucristo resucitó de los muertos, visible ante sus ojos; Dios sanando a los enfermos y haciendo las grandes señales y maravillas que la gran comisión incluyó. La gran expiación que fue hecha en el Calvario incluyó estas cosas.
Y para mí, esas son las pruebas infalibles de Su resurrección. Después de que Él resucitara de entre los muertos, Él dijo: “Ustedes tienen que ir a todo el mundo y predicar este Evangelio a toda criatura. Estas señales seguirán a los que creen”.

20 Y ustedes pueden tener todas las catedrales, y todas las reproducciones y todo lo demás que quieran. Pero denme a mí el poder de la resurrección, que yo pueda ver hoy al Señor Jesús, como el Lirio de los valles y la Estrella de la mañana. Eso lo sella, para mí. Y luego yo puedo decir con Job de antaño: “Yo sé que mi Redentor vive”.
¿Qué me puede lavar los pecados? Solo de Jesús la Sangre. ¿Qué me puede restaurar completamente, de cada enfermedad, cualquier cosa, cualquier esclavitud en la que estuve? Solo de Jesús la Sangre, y el poder de Su resurrección. Qué cosa tan maravillosa. Yo le amo a Él. ¿Uds. no? Bendito sea Su Santo Nombre.

21 Ahora, ¿se decepcionó Job? ¿Quedó olvidado Job porque creyó esto? Jamás. Jamás. ¿Fue engañado Job en lo que vio, en su revelación? ¿Engañó a Job lo de un abismo llamando a otro abismo? Muchos podrían haber pensado eso en su día. Pero, oh, ¿cómo resultó todo al final? Y Job cuando murió, después de ser un anciano, Dios lo bendijo en la vida.
Déjenme decirles, observen cualquier persona que Uds. quieran. Escuchen esto, Uds., gente del tabernáculo, y las visitas que están con nosotros. Sea cual sea la vida que Ud. viva, esa es la vida que Ud. cosecha. Lo que Ud. siembra, eso cosecha. Yo cumplí cuarenta y seis años, el otro día. Dios me ha permitido vivir lo suficiente para ver que Ud. no puede hacer el mal y salirse con la suya. Ud. tiene que hacer lo correcto, porque Cristo ha resucitado de entre los muertos y Sus ojos están sobre la iglesia, y Él la observa y la guía. Nunca haga nada que vaya en contra del sentir del Espíritu Santo cuando Él le diga que haga algo. No importa lo que el mundo diga, Ud. haga lo que Él le dice que haga. Él siempre vindicará la verdad y mantendrá la verdad en orden.

22 Ahora, cuando este gran profeta del Señor, Job, cuando él murió y fue sepultado… Solo una pequeña explicación ahora de lo que… Quiero ir cerrando ahora este pequeño servicio, para que podamos irnos rápido a casa, y regresar nuevamente para el gran servicio de sanidad. Yo solo…
Yo no soy un fanático. Uds. saben que no lo soy. O si lo soy, yo no lo sé. Pero simplemente siento algo muy dentro de mí, empujando y presionando. Solo creo que estamos frente a algo grandioso esta mañana, para la gloria de Dios. Como les digo, yo no haría… ¡Oh, vaya! Qué gran… Conocer esta gran cosa, que Cristo vive hoy. Cuando todo el mundo alrededor, en todas partes, y en todas las religiones, todo lo que hay, no importa que sea, todos los grupos lo han rechazado, aun así para mí, Él vive. Así que, veremos si la gente se decepcionó, los que creen eso.

23 Job, cuando él murió, fue sepultado allí en un campo. Y su tumba se mantuvo. Y luego, cuando llegaron los profetas de la antigüedad: Abraham; los novios de la Biblia, Abraham y Sara. Cuando Sara murió, Abraham compró un pedazo de tierra cerca de donde estaba sepultado Job, y sepultó a Sara. Él dijo: “Yo soy un coheredero contigo en el más allá”. ¡Oh, vaya! Me gusta eso, coherederos.
Esa es la manera, hoy en día, algunos de ellos dicen: “Bueno, Hermano Branham, ¿quiere decir que Ud. dejaría a la Iglesia Bautista? ¿Haría Ud. esto, aquello o lo otro?”. Yo soy un coheredero con estos santos rodadores, y yo quiero estar aquí con ellos. Donde, como dijo Ruth, de la antigüedad: “Donde tú… Tu pueblo es mi pueblo. Tu Dios es mi Dios. Donde tú mueras, yo moriré. Donde tú seas sepultada, yo seré sepultada”. Yo quiero morir a mí mismo cada vez más, hasta que llegue a ser una nueva persona en Cristo Jesús.
Entonces ellos sepultaron a Job. Y Abraham sepultó a Sara cerca de su lugar. Había algo en ellos, ese instinto.

24 “Bueno”, Ud. dice: “ahora, ¿existe tal cosa, Hermano Branham? Ahora, Ud. estaba mencionando las diferentes religiones. Ellos también lo leen de un libro”. Eso es correcto. Ellos lo leen de un libro.
Pero esto no se lee en un libro. Este es el libro hecho manifiesto. Esta es la Palabra. La semilla comienza a crecer; ese: “Yo sé”. Si Ud. solo está leyendo una carta, Ud. diría: “Espero que sí”. Creo que sí“. Pero cuando la semilla es traída a la vida, entonces Ud. lo sabe bien. Amén. Amén. Oh, eso es un ”Sé que es así“.
Job dijo: “Yo sé. Yo he esperado eso. Yo he creído en eso. Yo he hecho los sacrificios. Yo he hecho todas estas cosas. Yo lo esperaba”. Pero cuando llegó la visión, y él la vio, él dijo: “Yo sé”. Algo sucedió.
Usted puede ir a la iglesia. Ud. puede recitar todos los credos de los apóstoles. Y Ud. puede hacer todas estas otras cosas que son religiosas. Ud. puede ser bautizado en cualquier forma que quiera ser bautizado. Ud. puede hacer cualquiera de estas cosas que quiera. Pero hasta que su alma haya sido despertada con la resurrección del Señor Jesús… Todas las “esperanzas” se habrán ido entonces, y un “yo sé”, habrá descendido. Yo sé. Job dijo: “Yo sé que mi Redentor vive”.

25 Abraham dijo: “Yo he tenido la misma clase de visión. Donde allá arriba en la montaña, cuando Cristo, Dios se encontró conmigo, y me dio Sus nombres de redención, como Jehová-jireh, Jehová-rafa, y todos los demás; viendo la muerte, entierro y resurrección. Viéndolo, y yo lo ofrecí en mi propio hijo, cuando vi al pequeño Isaac. La madre de este… La madre muerta aquí, su hijo, cuando lo subí a la montaña, lo hice que cargara su propia leña, hasta la cima de la montaña”, (Génesis 22) “y allí lo acosté en el altar y le iba a quitar su propia vida. Sabiendo que yo lo había recibido como a uno de entre los muertos, yo creí que Él lo levantaría de nuevo. Y a través de esta gran esperanza que late en mi corazón, yo sé que Él dijo que podía levantarlo”. ¿Ven? Fue una vista previa de la resurrección, la misma cosa que Job tenía.
Así que él dijo: “Ahora, yo soy un coheredero con Job, así que sepúltenme en el mismo terreno”. Eso es correcto. Entonces ellos lo llevaron para allá, llevaron a Sara para allá y la sepultaron cerca de Job. Abraham dijo: “Ahora, siendo que esta tierra pudiera ser vendida a otra persona, o, por cuanto tú me la diste… Yo no quiero que tú me la des; yo quiero pagar por ella. Aunque tú me la hayas dado, yo quiero pagar por ella”.

26 Y esa es la manera en que cada hombre que es… “Por gracia sois salvos, no por obras.”, nada que Ud. pueda hacer. Pero si alguna vez Ud. obtiene la bendita resurrección en su corazón, Ud. va a querer vivir la vida de un Cristiano; todo el deseo de su corazón es hacer aquello que es correcto. Oh, yo simplemente amo eso. No es que Ud. tenga la obligación de hacer esto. Ud. no está obligado, pero hay algo en Ud. que le hace querer hacerlo. Ud. quiere hacerlo. Ud. no lo hace porque es una obligación. Ud. lo hace por amor.
Ud. dice: “Yo sé. Bueno, tengo que levantarme y alistar a los niños para ir a la iglesia esta mañana”. ¡Oh, vaya! ¿Ven? ¡Oh, vaya! Ud. nunca ha tocado la resurrección. Hermano, cuando la resurrección ha entrado a su corazón, Ud. anhela hacerlo. Hay algo que Ud. simplemente no puede alejarse de eso, algo por dentro.

27 Job, cuando él vio esto… Y Abraham lo vio; él sepultó a Sara cerca de Job. Compró el campo, lo compró con su dinero para que estuviera asegurado. Puso testigos ante él, que le aseguraban que él compró este campo como lugar de sepulcro. Y luego Abraham mismo, cuando él murió, también fue sepultado con ellos en el mismo campo.
Abraham engendró a Isaac. Y cuando Isaac murió, él fue sepultado con Abraham, bajo la misma visión, el mismo pensamiento, el mismo abismo llamando a otro abismo, el mismo “Yo sé que mi Redentor vive”. La misma cosa, la misma evidencia.
Y luego, cuando Isaac engendró a Jacob, y Jacob murió, lejos allá en Egipto, muy lejos de esta tierra…
Y él era un hombre lisiado. . Caminaba diferente a lo que solía caminar, porque una noche entró en contacto con un Ángel de Dios. Y el Señor tocó su cadera y lo hizo caminar diferente. Él tenía una evidencia de que se había agarrado a Dios, y Dios lo había agarrado a él. Y esa es la manera, cuando él obtuvo esa evidencia, esa vieja cadera lisiada con la que caminaba, haciéndolo caminar derecho.
Por un lado, un gran jactancioso, un gran… Bueno, como realmente se le llamaba, él era un engañador. Fue llamado “engañador”. La palabra misma Jacob significa “engañador”. Y cuando estaba de este lado, un engañador, un gran engañador, fuerte y saludable. Por otro lado, un príncipe cojo que había estado con Dios, tocado, diferente, él tenía esa bendita esperanza dentro de él. Él caminaba diferente. Él actuó diferente. Él vivió diferente.
Y cuando él estaba a punto de morir, lejos en Egipto… Piense en esto ahora. Con esa inspiración, antes de la resurrección, le dio una medida, antes de la resurrección, él dijo: “Yo sé que algo va a pasar allá en Egipto, uno… no en Egipto, sino en la tierra prometida uno de estos días. Así que en el mismo lugar que esta inspiración….”. “Ven aquí, mi muchacho, José” —el cual era un profeta. Él dijo: “Ven aquí y pon tu mano sobre esto, de la lucha, el lugar donde yo he estado. Y júrame, por el Dios del Cielo, que no me sepultarás aquí. Jura que no me sepultarás aquí”. Porque él sabía que era esencial que se reuniera con esa gente.

28 Esa es la razón, que hoy, nosotros queremos cantar mientras ponemos nuestra mano sobre la vieja cruenta cruz: “Yo tomaré el camino con los pocos despreciados del Señor; aunque sea criticado, aunque se burlen de mí, aunque pueda ser un gran tipo popular aquí”.
Como en aquel día, cuando era un muchachito corriendo aquí por la ciudad y era bastante popular, y así sucesivamente, entre los jóvenes. Pero yo vi algo un día, que entró aquí en lo profundo. Y me puse al lado de los cojos, en el otro lado.
¿No está Uds. contentos, esta mañana, que tomaron su posición allí? Porque había algo en ustedes.

29 Una señorita… Cuando yo era solo un predicador, aquí en un lugar donde yo estaba predicando, yo la llevé a la iglesia una noche. Y ella dijo: “Billy, después de la iglesia, ¿podemos ir al espectáculo?”.
Yo dije: “Yo no voy a los espectáculos”.
Ella dijo: “Bueno”, dijo: “¿podríamos… eh… concertar una cita… o, una cita para ir a algún baile que van a tener?”. Y la joven era maestra de la escuela dominical.
Y yo dije: “Pues, no”.
Su hermano era un ministro. No vive muy lejos de aquí. Y ella dijo: “¿Podemos ir a un baile?”.
Le dije: “Yo no bailo”.
Y ella dijo: “¿No lo haces?”. Dijo: “¿Cuándo llegas a divertirte?”.
Yo dije: “Ven a la iglesia; te mostraré”. Amén.

30 Ya les digo, hermanos, cuando siento ese poder de resurrección y transformación del Señor Jesucristo circulando por un cuerpo humano, que da esa perfecta seguridad, hay más gozo en eso, en cinco minutos, que en todo el placer mundano que se pueda dar. Ese poder resucitado.
Bueno, esa noche los pecadores vinieron al altar. Ella estaba sentada allí atrás llorando también. Yo dije: “Ahora, vea, hermana, ¿ve en dónde está mi gozo?”. Le dije: “Yo estoy más feliz en este momento que con todas las cosas que Ud. pudiera dar en el mundo. El mundo y todo su poder nunca tomarían el lugar de esto”. Ver almas viniendo, hay algo en ello. Ud. dice: “Bueno, ¿qué es eso? Eso no es asunto suyo”. Oh, sí, también lo es. Es asunto de cada hombre y mujer que es nacido del Espíritu de Dios, ver que Cristianos entren en el reino de Dios. Es su obligación. Es su asunto. Y qué gozo es cuando todo está sucediendo; Ud. ve qué hay una paz. Sí.

31 Jacob dijo: “Ahora, pon tu mano por aquí, y jura que no me sepultarás aquí”. Entonces ellos lo tomaron y lo sepultaron allá con el resto de ellos.
Y luego José… Eso como que pasó de Jacob a José. Y cuando José murió allí en Egipto, él dijo: “Ahora, vean. No me entierren aquí, porque yo sé que un día nos vamos a ir de aquí. Así que, solo dejen mis huesos por fuera de la tierra”. ¡Oh, vaya! “Quiero dar cada testimonio que yo pueda, de que creo en ello”. Eso es correcto. Dijo: “Después de que yo esté muerto, solo dejen mis huesos allí como testimonio”. ¿Ven? ¿Qué es eso? Él pudo haber dicho así como Job: “Yo sé que mi Redentor vive”, porque él había visto todo el drama completo. Él lo había visto, así como Job.
Job lo vio en una visión. Abraham lo vio por medio de Isaac. E Isaac y Jacob, y así sucesivamente, y Jacob lo había visto por medio de la lucha.
Ahora José lo vio por su propia vida. Él vio que había nacido un niño peculiar, que él era un vidente. Había algo tocante a él; él podía ver visiones. Él no podía entender eso. Él incluso fue y le dijo a su madre y padre, cuando ellos trataron de corregirlo, cuando él vio que las gavillas se inclinaban hacia él. Él no podía entenderlo. Pero luego, lo siguiente, él descubrió que fue traicionado por sus hermanos. Él dijo: “¿Qué estoy describiendo aquí? ¿Qué es este conocimiento anticipado que estoy recibiendo?”. Él observó su propia vida.
Y cualquier hombre puede ver su propia vida, y más o menos saber lo que es, si Ud. solo se revisa a sí mismo, si acaso es Ud. realmente un Cristiano o no. Observe las cosas que Ud. hace, y lo que Ud. dice, y sus compañías, y así sucesivamente. Se dará cuenta si Ud. en verdad tiene algo aquí, o no.

32 Él vio su vida a medida que comenzó a moverse. Y de repente lo siguiente que sucedió, hallaron que fue arrojado a un hoyo; engañado por sus hermanos, asumiendo que lo habían matado y lo arrojaron a un hoyo, y fue levantado nuevamente. José vio eso anticipadamente. Él se vio a sí mismo en la prisión. Él se vio a sí mismo en el calabozo. Él vio que Dios estaba con él, en lo que hiciera. Él era el príncipe de la prosperidad. El mundo prosperó. En todas partes donde José estaba, había prosperidad, porque él era el príncipe de la prosperidad.
Y siendo él la sombra de Cristo: Dondequiera que está Cristo, hay prosperidad. Y cuando Cristo regrese a la tierra, toda la maldición de la tierra será quitada, uno de estos días. El viejo desierto florecerá como una rosa, y los lugares ásperos se allanarán. Y ella producirá en la abundancia, porque Él es el Príncipe de la prosperidad, dondequiera que Él esté. ¡Aleluya! El Príncipe de la prosperidad.
Cómo podríamos detenernos en esto por alrededor de una hora en este momento. Pero, para darnos prisa ahora, tenemos que apresurarnos.

33 Ahora, miren a José, viendo esto entonces, cuando sabía todo lo que él hizo. Él vio a sus hermanos que lo traicionaron cuando finalmente vinieron a él, sin ellos saber quién era él, y se inclinaron ante él, con reverencia. Y aquellos que lo habían crucificado, tal como lo había visto, lo arrojaron al suelo, los que lo habían vendido a los egipcios, todos esos que lo maltrataron, estaban parados delante de él. Y él, el gran príncipe. Y ellos temblaron. Y dijeron: “Oh, eso…”. Temblaron porque, dijeron: “Hemos asesinado a nuestro hermano”. Y todo con respecto a eso y cómo es que debía estar como una sombra.
José, él sabía que esas serían las condiciones del mundo en la venida del Señor Jesús, por lo que hizo mención de sus huesos. Él dijo: “No me sepulten aquí. Sino que quiero dejar cada testimonio que me sea posible, que yo creo que algún día habrá una resurrección allá lejos, donde han ido aquellos que tuvieron esa misma inspiración”.

34 Y así pudiera la iglesia decir esta mañana. Aunque fanáticamente, como somos llamados, aunque creamos en el poder de la resurrección, aunque creamos en la sanidad Divina y en todas las señales sobrenaturales que Cristo prometió, tenemos que ponernos del lado del analfabeto o del fanático, y así sucesivamente. No hace ninguna diferencia lo que nosotros tengamos que soportar, mientras sepamos que nuestro Redentor vive, y que ha traído la evidencia a nuestro corazón de que Él vive y reina.
José dijo: “Yo quiero hacer cada testimonio que pueda en contra del diablo”. Así que él arrojó sus huesos allí, y se quedaron allí durante cuatrocientos años. Amén. Porque veía más allá de eso. La gente dijo: “Qué fanático”. Parecía entonces un fanático, pero resultó ser la verdad. Amén. También lo será así con cada uno que tenga esta bendita esperanza de este texto esta mañana: “Yo sé que mi Redentor vive. Yo lo sé, no importa lo demás”.

35 Ellos dicen: “Oh, estamos prosperando aquí. Todo Egipto prosperó mientras estuvimos aquí”, todas estas cosas. Pero eso no hizo ninguna diferencia. Él sabía que ellos saldrían de allí, tan seguros como el mundo. Él dijo: “Ahora, lleven mis huesos allá arriba, y sepúltenlos en Egipto… arriba en la tierra prometida, arriba en la tierra de Canaán, fuera de Egipto”. Entonces cuando Moisés llegó, otro profeta inspirado, y él tomó los huesos de José, y los llevó y los enterró en el mismo campo, el mismo lugar donde el resto de ellos fueron sepultados. Él tomó su camino, con el resto de ellos. ¿Por qué? Había algo en él. Algo en él. No importaba…
Ustedes no escuchan al resto de la gente de ese lugar diciendo algo al respecto. “Bueno, en cualquier lugar está bien”. Ellos simplemente caen donde sea que quieran. Pero había algo en él, algo que tenía la misma visión que Job tenía, la misma visión que el resto de ellos tenía. No importaba lo que el resto del mundo pensara, lo que ellos habían hecho, eso no tenía nada que ver con José, eso no tenía nada que ver con Abraham, con Isaac, con Jacob, con todos los demás. Algo impulsó hacia esa tierra prometida. Parecía muy fanático, pero ellos lo querían, porque había algo en ellos: un abismo llamando a otro abismo.
De esa manera es hoy con cada creyente. Hay algo en ellos que lo impulsa a ello. No importa, Ud. puede probar esto, aquello o lo otro, pero hay algo que presiona. Ud. sabe más allá de cualquier sombra de duda, que hay una ciudad cuyo Arquitecto y Constructor es Dios. Ud. sabe que hay algo allí, así que Ud. presiona hacia eso.

36 Ahora, el día que ellos lo sepultaron… Los huesos allá arriba, pasaron cientos de años. Y finalmente, un día: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”. Y Él vino a la tierra, y Él vino por el camino del pesebre, pobre y degradado.
Pero algo en Él, que sabía. Él se paró allí con una profecía de la Biblia. Él dijo: “Destruid este cuerpo, y en tres días lo levantaré”. Él fue el único hombre que pudo decir eso, que pudo ser capaz de hacer esa declaración, o que sería capaz de hacerla. “Yo tengo poder para poner Mi cuerpo. Yo tengo poder para volverlo a tomar”. Eso es correcto. Emmanuel Mismo.

37 Y luego, cuando Él murió… y en el día de Su muerte, ellos lo bajaron de la cruz y lo pusieron en el sepulcro. Y Él se quedó allí desde el viernes por la tarde hasta el domingo por la mañana, en esa maravillosa mañana de Pascua cuando Él se levantó de nuevo. Y Su alma se soltó de las cárceles del infierno allá abajo, donde Él fue como un pecador por ti y por mí, librándonos de nuestros pecados, para darnos una perfecta seguridad. No hay razón para seguir dudando, nos dio una seguridad perfecta. Él dijo: “Yo…”.
Debido a que Él hizo eso, Su alma fue arrojada al infierno, porque él era un desechado. Él era el chivo expiatorio del Antiguo Testamento. Ellos pusieron los pecados de la gente sobre el chivo expiatorio y lo soltaron en un desierto para morir. Jesús fue el chivo expiatorio que llevó los pecados de la gente sobre Él, y fue arrojado lejos y se fue al infierno a sufrir las torturas. Su cuerpo fue a la tumba para pagar el precio de nuestra resurrección. ¡Oh, vaya!
Luego, en esa mañana de Pascua, cuando Él regresó del sepulcro, donde los dolores de la muerte y el infierno no pudieron retenerlo… Y cuando Él resucitó en la mañana de Pascua, no solo se Él se levantó, sino que también vino Job, Jacob. Abraham, Isaac. Todo el resto de ellos vinieron en la resurrección (en Mateo 27), y se le aparecieron a muchos, y en las calles. Eso del sello de su testimonio, porque ellos tenían algo en ellos, que decía: “Yo sé que mi Redentor vive”. Y a cada hombre… Ahora, ellos lo sabían…

38 Dios sabía, que en los días venideros, los teólogos tomarían esta Biblia. Sabían que hombres inteligentes la tomarían, que ellos le darían su propia interpretación, que ellos dirían: “Oh, no significa esto. No significa aquello”.
Entonces para asegurar que Su grandes planes en las edades venideras se cumplieran… Escuchen atentamente ahora mientras cerramos el servicio. Que en las edades venideras, para que Su plan se cumpliera, Dios dio un testigo definitivo de ello.
Podemos leerlo y decir: “Yo lo creo”. Eso es mental. Esa es la fe intelectual. Eso es teología mental. Pero hay algo más allá de eso. Eso es correcto.
Él no solamente se levantó de la tumba, sino que Él ascendió a lo Alto y envió al Espíritu Santo de regreso. Él subió a lo Alto y dio dones a los hombres; llevó cautiva la cautividad, y le dio dones a los hombres.

39 Y, hoy, después de que los teólogos han manipulado con la Biblia, después que se han establecido organizaciones, y ellos dicen: “Bueno, esto es lo que necesitamos: algunas personas enterradas bajo la iglesia, algunos de los santos; vamos a desenterrar sus huesos y los traeremos aquí”. Algunos de ellos dijeron: “Construiremos una iglesia sobre la tumba donde Él… donde Él fue crucificado… o dónde Él fue sepultado. Construiremos una iglesia allí”. Las personas, en lo material, están tratando de hacer cosas materialistas, pero es inútil. No hay nada en eso. Todo es una tontería, y nada en ello.
Pero la verdadera resurrección son aquellos que han muerto con Él, y han nacido de nuevo, que tienen esa fe de “Sé que es así”. “Yo sé que mi Redentor vive”. Y Dios está trabajando con esas personas, con señales y maravillas, y la gran comisión aquí, que muestra que Él resucitó de entre los muertos y está mostrando visiblemente señales y maravillas.
Dios les bendiga. ¿Lo creen? ¿Lo creen con todo su corazón?
Démonos prisa a casa ahora. Coman sus desayunos y regresen nuevamente a las nueve en punto. Y vamos empezar a pasar a los muchachos, repartiendo las tarjetas de oración, a las nueve en punto.
Y yo digo esta mañana, y las últimas palabras sobre esto hasta que regrese: el mismísimo Señor Jesús que resucitó de entre los muertos está vivo hoy, y puede hacer las mismas cosas que Él prometió. “Estas señales seguirán a los que creen, aun hasta que Yo regrese”. Aunque Ud. sea expulsado, aunque Ud. sea llamado “fanático”, Él aún está aquí con todo Su poder. Dios les bendiga. Yo oro para que Dios les dé una Pascua hoy que nunca olvidarán mientras vivan.

40 Ahora, Ud. dice: “¿Está Ud. en contra de ellos, de esa gente que va a las iglesias y cruces grandes, y tal cosa?”. No, señor, mi hermano. Esas cosas, tan buenas como pueden ser, son como obtener… Esto es lo que yo pienso sobre esas grandes iglesias. Ud. dice: “Oh, claro, si el Señor nos diera un excelente lugar, yo lo apreciaría”.
Pero aquí está mi análisis de eso. ¿Alguna vez pensaron en ir a las fundiciones y fábricas, y construir un gran tren largo de pasajeros, afelpados, y todos los asientos muy bonitos, con brillo, y el gran silbato arriba y poniendo a los ingenieros allí adentro, sin vapor para hacerlo jalar? Vean, Ud. solo… No serviría de nada. Yo preferiría tener un vagón de mano en alguna parte, con algo de vapor, que tener todo eso, ¿ustedes no?, porque Ud. va a poder ir a algún lado. Eso es verdad. Así que ahora simplemente recuerde que la verdadera resurrección, la cosa real. Ud. dice: “Esa cosa puede funcionar por sí misma, allá afuera”. ¿Cómo puede funcionar? Pruébemelo.
Y eso es lo que nosotros hemos hecho. Hemos afelpado los asientos. Hemos pulido el silbato. Hemos pulido a los eruditos, para que enseñen con gran teología, y usamos palabras pomposas que simplemente… grandes cosas que ellos estudian en el diccionario, toda la noche, casi para un sermón, para lograr presentarlo a la mañana siguiente, con grandes palabras infladas. Pero, hermano, para mí, eso es una tontería.
Deme a Cristo. Deme la resurrección. Deme la evidencia, en mi corazón, que Cristo resucitó de los muertos. Eso lo concluye todo para mí. Amén. Deme algo que yo pueda decir, con Pablo de antaño, que esa gran cámara oscura colocada allí frente a mí como un mortal. Y yo ya soy un bebé, sé que cada vez que mi corazón late, yo voy hacia esa gran cámara oscura allí llamada muerte, cada vez. Y un día va a dar su último latido y yo tendré que entrar en esa cámara de la muerte con cada mortal.
Pero yo quiero decir junto con Pablo, ese gran apóstol, cuando él dijo: “Yo quiero conocerlo a Él en el poder de su resurrección”, que cuando Él llame de entre los muertos, yo salga con Él en ese momento. Eso es lo que yo quiero, conocerlo a Él, esta mañana. Eso es lo que… Estoy agradecido con Dios, yo sí lo conozco a Él en el poder de Su resurrección, que yo sé que mi Redentor vive.
Estos ojos cegados que una vez fueron ciegos, han sido abiertos. Este viejo cuerpecito frágil, de unas ciento veinticinco libras [56 kg], que se tambalea por aquí, ha sido… La carne lo ha cubierto. Este corazón que una vez estuvo negro con pecado se ha tornado blanco. Estos deseos que solían amar las cosas del mundo, murieron hace veintitrés años, y está ahora resucitado. Y estos ojos mortales a través de los cuales yo veo, he tenido el privilegio, por la gracia de Dios, de ver a los cojos andar, a los ciegos ver, oh, las grandes señales y maravillas, y los poderes de Dios.
Yo sé que mi Redentor vive. Yo lo sé más allá de una sombra de duda. Yo lo sé. Yo lo sé. Yo lo sé. Mi Redentor vive (Amén) continuamente, todo el tiempo. Aunque mis riñones se consuman dentro de mí, aunque mi lengua se pegue a mi paladar, aunque los gusanos de la piel devoren el cuerpo, aunque se levante una lápida sepulcral, sin embargo, yo sé que mi Redentor vive. Amén. Oremos.

41 Padre celestial, te damos las gracias esta mañana por esta resurrección. Oh Dios. Una vez un pecador atado por las cadenas del pecado, una vez en prisión con circunstancias, espantado, asustado, con miedo a la muerte, con miedo de conocerte; pero un día glorioso vino una resurrección de eso. Cristo resucitó en el corazón, y hoy tenemos esta gran seguridad. Hoy Él vive supremamente y te agradecemos por Él.
Y oramos, Padre, ahora, que Tú bendigas a esta pequeña audiencia, que estamos reunidos. Que Tu Espíritu Santo descanse sobre cada uno. Sé Tú con nosotros en el próximo servicio, Señor. Y que el Espíritu Santo venga en medio de nosotros esta mañana y sane a cada persona enferma que está en el edificio. Concédelo, Señor. Que la gente se vaya de aquí, para recordar esta Pascua por siempre. Concédelo, Señor. Y que los grandes poderes, que los grandes Ángeles que rodaron la piedra en la mañana de Pascua, que ellos puedan estar presentes hoy, para deshacer cada piedra de duda, cada temor, cada discordia. Quítalo de los corazones de la gente. Concédelo, Señor, para que el Espíritu Santo pueda bajar con gran poder, y tenga acceso a cada uno. Concédelo. En el Nombre de Jesucristo, lo pedimos. Amén.

42 Pongámonos de pie.
El primero que murió por este plan del Espíritu Santo,
Fue Juan el Bautista, pero él murió como hombre;
Luego vino el Señor Jesús, lo crucificaron,
Él predicó que el Espíritu salvaría al hombre
Del pecado.
Está goteando con sangre, sí, está goteando
Con sangre,
Este Santo Evangelio del Espíritu Santo está goteando con sangre,
La sangre de discípulos que murieron por la Verdad,
Este Santo Evangelio del Espíritu Santo está goteando con sangre.
Oh, además apedrearon a Esteban, él predicó
Contra el pecado,
Los hizo enojar tanto, que su cabeza golpearon;
Pero en el Espíritu murió, entregando el espíritu,
Y fue a unirse con los otros, esa hueste dadora de vida.
Allí estaban Pedro y Pablo, y Juan el divino,
Dejaron sus vidas para que este Evangelio brillara;
Derramaron su sangre, como los profetas de antaño,
Para que la verdadera Palabra de Dios fuera honestamente dicha.
Las almas bajo el altar están clamando: “¿Hasta cuándo?”.
Para que el Señor castigue a los que han hecho mal;
Pero habrá más que darán
La sangre de sus vidas
Por este Evangelio del Espíritu Santo y Su río carmesí.
Está goteando con sangre, sí, está goteando
Con sangre,
Este Santo Evangelio del Espíritu Santo está goteando sangre,
La sangre de los discípulos que murieron por la Verdad,
Este Santo Evangelio del Espíritu Santo está goteando con sangre.

43 ¿No lo aman Uds. a Él? Nosotros cantamos ese pequeño canto porque creemos que el Evangelio del Espíritu Santo todavía está goteando con sangre. Es un camino de persecución. Es un camino malentendido. Eso es cierto. El mundo no lo sabe. El mundo nunca lo supo. El mundo lo odiará a Ud. “Pero confiad; Yo he vencido al mundo”. Ellos no lo entienden. “Porque la predicación de la cruz es locura a los que se pierden”. Pero hay algo en lo profundo del corazón del creyente que dice: “Yo sé que mi Redentor vive. Yo lo sé, más allá de toda duda”.
¿Se sienten todos bien? Digan: “Amén”. Ahora, dele la mano a alguien que esté cerca de Ud., diga: “¡Alabado sea el Señor!”. Alabado sea el Señor. Alabado sea el Señor. Alabado sea el Señor. Eso está muy bien. Eso está muy bien.
Tomen su posición esta mañana con Cristo. Él se levantó de la muerte. Tome el camino con los pocos despreciados del Señor. Muy bien.
Ahora, inclinemos nuestros rostros por un momento.

44 Y ahora, recuerde los servicios en unos minutos otra vez. Comenzaremos de nuevo, ahora… A las nueve en punto, se repartirán las tarjetas de oración. A las diez en punto, si Dios quiere, empezarán los preliminares. El servicio de predicación comenzará alrededor de… alrededor de las diez, supongo. Y estén aquí temprano, a las nueve en punto, para obtener su tarjeta de oración. Y los muchachos estarán aquí repartiendo las tarjetas de oración a las nueve en punto esta mañana. Muy bien.
Ahora, apresúrese a casa. Si Ud. tiene que comer, adelante. Si no es así, regrese sin desayunar. ¡Oh, vaya! Comemos demasiado, de todos modos. Así que luego regrese, en ayuno, regocijándose… arregle su corazón.
Solo mantenga eso en mente: “Yo sé que mi Redentor vive. Yo sé que es así. Las campanas de gozo están sonando en mi corazón. Porque Él resucitó, yo resucitaré también. Porque yo ya estoy, temporalmente, posicionalmente resucitado con Él ahora, sentado en lugares Celestiales en Cristo Jesús”.
Ahora inclinemos nuestros rostros, en todas partes del edificio. Y le he pedido al Hermano Beeler, uno de los pastores aquí…
Al Hermano Tom Meredith, yo lo vi allí atrás, también, lo usaremos en el servicio un poco más adelante.
Y ahora, Hermano Beeler, si pasa aquí al frente mientras todos están con el rostro inclinado en oración, le pediremos a él que nos despida en oración. Muy bien, Hermano Beeler, si gusta.

Mensaje extraido de Messagehub