OBRAS DEL MENSAJE


Contendiendo Por La Fe
Zurich, Switzerland
55-0620
1 Buenas tardes amigos. Estoy feliz de estar aquí esta noche en el Nombre del Señor Jesús. Y estoy seguro de que nuestro Señor nos dará una gran bendición por reunirnos esta noche.
Ahora haré que el hermano lea la lección de las Escrituras para esta noche. Leeremos Judas en el versículo 3. Este será nuestro texto para la tarde. (Tercer versículo de Judas).
[El intérprete lee las Escrituras:]
Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.
(Esto es para “Contender por la fe que ha sido una vez dada a los santos”).
Este es un texto muy sorprendente. Fue solo treinta y tres años después de Pentecostés. Y ahora se les pidió contender por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Y ahora había habido una apostasía desde entonces.
2 Ahora, antes de comenzar a hablar esta noche, quiero hacer algunas declaraciones. Ahora, yo no reclamo ser un sanador. Yo solo soy su hermano en Cristo. Yo no condeno a los médicos u hospitales o los medicamentos. Yo creo que esos son regalos de Dios para nosotros. Él nos ha dado algunas cosas maravillosas por medio de los científicos: automóviles, aviones, mejores ropas, muchas cosas. Y estamos muy agradecidos por todas estas cosas.
Yo no reclamo tomar el lugar de un doctor. Yo oro por los doctores, para que ellos tengan más éxito en ayudar a los hijos de Dios que están sufriendo. Pero hay algunas cosas en las que los doctores no pueden ayudar. Entonces nosotros tenemos el derecho de ir a Jesús en ese momento, para que nos sane entonces. Y yo creo que Él lo hará.
En mi ministerio de diez años, yo lo he visto a Él sanar a decenas de miles de personas: ciegos, lisiados, torcidos, cojos, paralíticos. Yo lo he visto a Él resucitar a tres personas de entre los muertos después de haber sido declarados muertos, dos de ellos en los Estados Unidos y uno de ellos en Helsinki, Finlandia. Pues, estoy seguro de que Uds. han oído hablar de eso. Esto recorrió el mundo.
3 Él es el mismo Señor Jesús. Ud. nota en Su ministerio, que Él solo resucitó a tres de entre los muertos en Su ministerio aquí en la tierra. Él levantó a la hija de Jairo, y al hijo de la mujer que estaba muerto, y a Lázaro. Tres es una confirmación. Él podría haber hecho más, si el Padre se lo hubiera mostrado.
Ahora, seamos reverentes, y tomemos la actitud correcta hacia el Señor Jesús. Porque tenga la certeza de que su actitud hacia cualquier don Divino determinará los resultados que recibirá de ello.
La mujer que tocó Su vestidura, ella sintió virtud.
Pero el hombre que puso un trapo sobre Su rostro y ojos, y dijo: “Yo entiendo que Tú eres un profeta”, y luego lo golpeó en la cabeza y dijo: “Dinos quién te golpeó y nosotros te creeremos”. Él no sintió virtud. Fue la manera como él se acercó a Jesús.
Es la manera como Ud. viene, eso es lo que sucederá, solo la actitud que Ud. tome hacia eso.
Aquí yace gente tendida aquí esta noche que está sin esperanza e indefensa fuera de Cristo. Pero con Cristo, al final de esta reunión, aquellos que tienen fe estarán levantando sus camas y saliendo completamente sanos. ¿Creen Uds. esto? El Señor les bendiga.
4 Ahora, a nuestro texto por unos momentos. Ahora, Judas dijo que hay que contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. No una fe, sino la fe. Ahora, cada uno de nosotros quiere pensar que nuestra iglesia tiene esa fe. Espero que todos nosotros la tengamos. Pero revisemos las Escrituras, y por las Escrituras ver si nuestra iglesia está contendiendo por esa fe.
Los Católicos, ellos dicen que están contendiendo por ella. Los Luteranos dicen que ellos la tienen. Los Bautistas dicen que ellos la tienen. Los Presbiterianos dicen que ellos la tienen. Los Pentecostales dicen que ellos la tienen. Los Nazarenos dicen que ellos la tienen. Todos ellos reclaman tenerla. Solo hay una forma justa de averiguarlo: volvamos y veamos lo que fue. Si ese es un juicio justo, levante su mano. Gracias.
5 Dice contender por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Ahora, volvamos atrás a donde comenzaron los santos, y revisemos nuestra fe por la fe que les fue dada a ellos. Luego si nos damos cuenta que nuestra fe es como la de ellos, entonces creemos que tenemos la fe que ha sido una vez dada a ellos. Eso es tan justo como yo sé. Pues, este es el lugar de reposo de Dios para la fe. No hay otro lugar donde la fe pueda descansar Divinamente, solo en la Palabra de Dios. La fe verdadera no puede descansar en un credo; tampoco puede descansar en una denominación. Ella tiene que descansar en la Palabra de Dios.
6 Ahora, cuando la fe se introdujo por primera vez en el mundo, la fe por la que nosotros debemos de contender ardientemente, Juan el Bautista la introdujo. Él introdujo a Jesús al mundo, y Jesús introdujo la fe. Ahora, volvamos y veamos qué fe introdujo Él al mundo, y entonces veremos de lo que estamos hablando.
Ahora, Él no reclamó ser un sanador. Si Jesús no reclamó ser un sanador, entonces ¿cómo puede un hombre decir que es un sanador? Cuando Jesús fue interrogado, dijo: “No soy Yo el que hace las obras, sino Mi Padre que mora en Mí”. Entonces, Él no tuvo nada que ver con eso. Era Dios el Padre en Él, que hizo las obras.
Cuando Él fue bautizado en agua por Juan, ellos dieron testimonio de haber visto a Dios descendiendo como una paloma y entrando en Él. Y luego, cuando Jesús salió a predicar, grandes multitudes vinieron a escucharlo. Y Él comenzó a hacer milagros entre ellos, y Su fama se fue al extranjero. Fue entonces cuando Él dijo: “No soy Yo, sino el Padre que hace las obras”.
7 Luego, veamos algunas de las obras que Él hizo. Cuando Felipe se convirtió, al comienzo del ministerio de Jesús, él fue primero y encontró a Natanael. Y cuando él lo encontró, él estaba debajo de un árbol, orando. Y él lo llamó, y dijo: “Ven y ve a Quien he hallado: a Jesús de Nazaret, el hijo de José”.
Luego, cuando él vino, Jesús estaba orando en la línea de oración por el pueblo, Jesús lo miró y lo vio venir, y dijo: “He aquí un israelita en quien no hay engaño”.
Pues, esto asombró al hombre. ¿Cómo sabía Él que él era un creyente? Si yo dijera lo mismo esta noche, yo diría: “Allí está un hombre verdadero, un creyente”. Y Felipe… Natanael le respondió: “Rabí, ¿cuándo me conociste?”.
Él dijo: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo del árbol, Yo te vi”.
8 Y él dijo: “Rabí, Tú eres el Hijo de Dios, el Rey de Israel”.
Jesús le dijo: “¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás”. Ahora, ¿qué pasaría si a alguien se le dijera eso hoy? ¿Qué dirían ellos al respecto? ¿Cuántos han leído esa porción de la Biblia? ¿Alguna vez leyeron esa parte en la Biblia? Sí. Muy bien. Esa es la Escritura.
Ahora, creo que Pedro se lo explicó muy bien a la iglesia, lo que era Jesús. Él dijo: “Varones de Israel, Jesús de Nazaret, Varón aprobado de Dios entre vosotros, con señales y maravillas”. Vean, Dios vindicó a Jesús con señales y maravillas.
9 Y yo creo que también, que Nicodemo explicó lo que la gran iglesia ritualista pensaba de Él en ese día también. Ahora, si se fijan que ese era un viejo maestro, un anciano sabio viniendo a un muchacho joven. Y allí estaba un hombre con escolaridad viniendo a un hombre que no tenía una educación terrenal o título. Pero él dijo… Nicodemo representando a la iglesia ortodoxa, él dijo: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro”. ¿Qué? Nosotros sabemos. ¿Quién sabe? Los judíos. Todos lo sabían, pero ellos no podían aceptarlo. Su iglesia dijo que los expulsarían si ellos aceptaban eso.
Dijo: “Sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que Tú haces, si no está Dios con él”. Ahora, vea lo que Él hizo. Él no reclamó hacer nada por Sí mismo. Pero Él dijo que el Padre lo hizo en Él. Hubo una vez una mujer… [Cinta en blanco].
10 “Él es un Hombre santo, y si yo lo toco, seré completamente sana”. Y ella lo tocó a Él, y luego se fue entre la multitud. Mucha gente tenía sus brazos alrededor de Él. Y Jesús dijo: “¿Quién Me tocó?”. Pedro dijo: “Pues, Señor, todos te están tocando”.
Pero ese fue un toque diferente. Él dijo: “Virtud, o fuerza, ha salido de Mí”. Y Él empezó a mirar alrededor y vio a la mujer. Y Él dijo: “Tu fe te ha sanado”. Ese fue Jesús ayer; ese es Jesús hoy; ese será Jesús para siempre.
11 Ahora, en la ciudad, en el campo, muchos dirán: “Déjenme verlo sanar a este y yo lo creeré”. Jesús no podría hacer eso si estuviera aquí en la tierra. Jesús fue a Su propio pueblo. Y la Biblia dice: “Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos”.
En San Juan 5, Jesús fue al estanque de Betesda. La Biblia dice que grandes multitudes, (significa miles), yacían allí; cojos, ciegos, secos, lisiados, cojos, esperando el movimiento del agua. Porque, en cierta temporada, un Ángel bajaba y agitaba las aguas. Y el primero que entraba, con fe, sanaba de cualquier enfermedad que tuviera.
Ahora, escuche esto atentamente. Entonces aquí venía Jesús pasando por la misma multitud de personas, pasó junto a los lisiados, pasó junto a la madre con el bebé con hidrocefalia… [Cinta en blanco]… pobre padre anciano lisiado con artritis, yacía paralítico. Él era Dios, Él Mismo. ¿Por qué Él no los sanó?
12 Él pasó a través de esa multitud y encontró a un hombre que yacía en un lecho. Y Él sabía que estaba allí tendido. Él no iba a morir. Eso no lo iba a matar. Él tuvo una enfermedad durante veintiocho años. Eso probablemente estaba retardado. Él podría haber tenido tuberculosis, él podría haber tenido problemas de próstata, alguna enfermedad. Él no estaba imposibilitado. Él podía caminar. Él dijo: “Cuando yo voy, alguien se me adelanta en llegar allá abajo”.
Entonces Jesús dijo: “Toma tu lecho y vete a la casa”. Luego él levantó su cama y siguió su camino.
Ahora, escuche, iglesia. Preste mucha atención a esto. Esto podría determinar su posición esta noche. Ahora, Jesús… Cuando ellos encontraron a este hombre cargando su cama, ellos lo cuestionaron a Él, los judíos lo hicieron. Si Jesús pasara por este grupo esta noche y fuera hasta allá y sanara a un hombre con tuberculosis, y pasara de largo toda esta fila de camillas, ¿qué dirían mañana los críticos? “Miren, no hay nada en eso”. Jesús hizo lo mismo con miles de personas tendidas allí. Así que, ellos lo abordaron y lo interrogaron.
Ahora, escuche atentamente. San Juan 5:19. Esto es lo que Jesucristo dijo al respecto. Esta es la fe que Él le estaba presentando a la gente. Ahora, voy a citar las palabras de Jesús. Él dijo: “De cierto, de cierto os digo…”. De cierto significa “absolutamente”. “Os digo que no puede el Hijo hacer nada por Sí mismo. Pero lo que Yo veo hacer al Padre, eso lo hago Yo igualmente”.
13 En otras palabras, Dios le mostraba a Jesús una visión sobre qué hacer, y luego Él iba y lo hacía. ¿Lo entienden? Ninguna carne se gloría a los ojos de Dios. Todo está en el reino del espíritu. Incluso Jesús, el Hijo de Dios, dijo: “Yo no puedo sanar a nadie, ni hacer nada hasta que el Padre Me muestre qué hacer”.
¿Cuántos entienden eso claramente ahora? Levanten su mano. Gracias. Solo quería ver si Uds. lo estaban realmente entendiendo. Yo espero verlos un día cuando todos los idiomas sean uno solo. Un día será así, cuando Jesús regrese. Babilonia será olvidada. ¿Entienden Uds. ahora que la fe que Jesús le produjo a la iglesia no fue saliendo y sanando a todo aquel que Él quisiera sanar? Era a quien el Padre le mostraba.
14 Ahora, quiero que presten atención. Jesús, cuando Él se fue, Él les dijo a Sus discípulos: “Id por todo el mundo, (Eso incluye Zúrich, también)… por todo el mundo, predicad el Evangelio a toda criatura. Y estas señales seguirán a los que creen”. Y de todas las señales que Él dio, una de ellas fue de: sobre los enfermos pondrán las manos y ellos sanarán.
Jesús dijo: “Estas cosas que Yo hago…”. ¿Qué son estas cosas? Al mirar en la audiencia, Él percibía los pensamientos de la gente. Él sabía cuando ellos venían a Él, dónde habían estado ellos y si… Entonces Él dijo: “Estas cosas que Yo hago, vosotros también las haréis, porque Yo…”. “Yo” es un pronombre personal. “Yo estaré con vosotros, aun en vosotros, hasta el fin del mundo”. No hasta el fin de los apóstoles; hasta el fin del mundo, hasta el final de la civilización.
La Biblia dice: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos”. Si Uds. creen eso, digan “Amén”. Él ha resucitado de entre los muertos. Él le dijo a los apóstoles (Escuchen): “Todavía un poco y el mundo no Me verá más”. Eso significaba “el orden mundial, los incrédulos”. “Los incrédulos no Me verán más. Empero vosotros Me veréis, porque Yo estaré con vosotros, aun en vosotros, hasta el fin del mundo”.
15 Si Ud. es un creyente, Ud. puede… Jesús es el mismo hoy así como lo fue en aquel entonces. Si Ud. es un incrédulo, Ud. lo va a rechazar igual como lo hicieron los fariseos, y se va a ir igual como lo hicieron ellos. Seguramente Uds. no querrían ocupar el lugar de ellos esta noche, donde ellos están. Uds. querrían ocupar el lugar de los que le amaron a Él.
Ahora, esa es la fe que Jesús introdujo al mundo. Solo un momento ahora. Luego Él les dio eso a Sus apóstoles para que lo pasaran de uno a otro, hasta el fin del mundo.
Cuando el apóstol Pedro, estaba en prisión una noche, Dios envió a Su Ángel y lo liberó. Cuando él estaba en la azotea (en Hechos 10), pues, él vio una visión de los gentiles a los cuales debía ir. La misma fe que Jesús tenía.
Cuando Saulo estaba en su camino a Tarso, Dios tenía un hombre allá abajo, llamado Ananías. Y cuando él vio una visión de Pablo, y descendió a la calle que se llamaba Derecha y encontró a Pablo, él le impuso las manos. Y luego, cuando Pablo estaba en un barco, y estaba todo inundado y a punto de hundirse, Pablo entró en la galera y vio una visión de que él se iba a salvar.
16 Ahora, esa era la fe que ellos tenían. ¿Creen Uds. que si Jesús viniera aquí en esta audiencia esta noche e hiciera las mismas cosas que Él hizo en aquel entonces, lo aceptarán Uds. como Señor? ¿Lo harán? Levanten su mano. Dios les bendiga. Uh huh. Ahora, esa es una gran declaración para que la haga un hombre. Sin embargo muchos de Uds. han leído los libros, los periódicos en círculos mundiales, como Selecciones y muchas revistas, de cómo el Señor hizo estas cosas. Y yo humildemente me someto al servicio de Dios esta noche.
Mientras finalizo, permítanme decirles esto. Yo solo soy un hombre, su hermano. Uds. tienen el derecho a dudar mi palabra. La gente podría venir aquí y decir cualquier cosa. Uds. tienen el derecho a no creer eso. Pero cuando Dios habla y Él dice que el hombre tiene razón, entonces sería un pecado no creer. ¿No es así?
17 Inclinemos nuestros rostros. Y voy a pedir en este momento que esto debe ser una reverencia perfecta. Ustedes que conocen la Biblia, saben que esto no es jugar a la iglesia. Nosotros estamos lidiando con espíritus malignos. Yo no puedo con un servicio explicárselos todo .Pero escuchen mi palabra Ahora, no se estén moviendo mientras el servicio está en sesión ahora.
Estos hombres detrás de mí aquí, ellos me observan, porque entra en una visión. Solamente una de ellas podría casi quitarles la vida. Daniel vio una visión y estuvo turbado en su cabeza durante muchos días. Esto hizo que Jesús sintiera que la virtud salía de Él. ¿Qué me haría a mí, un pecador salvo por la gracia?
Ustedes deben mantenerse en sus asientos. A veces los espíritus malignos gritan y muestran grandes cosas en la plataforma. Ustedes deben ser reverentes, porque cuando sale de uno, se irá a otro, si hay un incrédulo en el edificio. Usted debe estar muy quieto, estar en oración. Oremos.
18 Nuestro Padre Celestial, permite que Tus bendiciones descansen en Tu Palabra, descanse en Tu siervo, en Tu pueblo. Y Señor, Tú sabes que yo no conozco a nadie aquí. Yo ni siquiera puedo hablar su idioma. Pero Tú los conoces a todos. Tú sabes lo que hay en su corazón. Y oh, Gran Dios, en el Nombre de Tu Hijo Jesús, permite esto una vez más. Y deja que Tu Espíritu venga a Tu siervo, para que la gente pueda saber que Tú no eres un Cristo muerto, sino que Tú has resucitado de entre los muertos. Y Tú eres el mismo hoy como lo eras antes. Oh, Dios Eterno, concede estas bendiciones en el Nombre de Jesús, Tu Hijo. Amén.
Ahora, madres, mantengan a sus niños cerca. No se muevan. Yo no seré responsable por las personas desobedientes a partir de este momento durante la reunión. Recuerde, yo he dicho esto.
19 Ahora, llamaremos la línea de oración. Ahora, ellos tienen una pequeña tarjeta, algo como esto. Miren su tarjeta. Y miren, tiene un número y una letra.
¿Y quién tiene la tarjeta de oración número 1? Levante su mano. El que tiene la tarjeta de oración número 1, solo levante la mano. ¿Allá atrás? Muy bien. Haga que la dama venga aquí. Muy bien. Venga aquí, señora, con el número de tarjeta de oración 1. Si mi hijo y el hermano Fandler bajan a la línea de oración. Muy bien.
20 Número 1. ¿Quién tiene el número 2? ¿Es la señora que está aquí abajo? Estamos formando la línea por aquí. Pero que nadie se levante, sin una tarjeta, hasta que yo le llame. ¿Número de tarjeta de oración 3? ¿Quién la tiene? Levante… Venga aquí. ¿Número… número 4? ¿Quién tiene la tarjeta de oración número 4? ¿Número 5? Levante su mano. ¿Número de tarjeta de oración 5? Mire a su vecino; tal vez es sordo, no puede escuchar. Puede haber alguien que no pueda levantar su mano. Mire a lo largo de estas tarjetas.
¿Número 5? ¿Podría levantar su mano? ¿Lo tiene? La dama probablemente esté sorda, ¿ven? Número 5. ¿Quién tiene el número 6? ¿6? Muy bien. ¿7? Levante su mano. Venga. ¿Numero 8? ¿Numero 8? ¿Tarjeta de oración número 8? ¿Número 9? ¿Quién tiene la tarjeta de oración número 9? Si el hombre no puede caminar, solo déjenlo allí sentado y yo puedo ir a él. Oraré por él de todos modos. Cuando se llame su número, el ujier se acercará a él y levantará su mano cuando su número sea llamado en la línea. ¿Numero 10? ¿Tarjeta de oración número 10? ¿Podría levantar su mano? ¿Número 11? ¿11? Levante su mano, por favor… [Palabras inciertas] ¿11?, ¿12? ¿13? 13? ¿Número 14 entonces? Uds. están perdiendo su lugar. No se les permitirá otra tarjeta ahora. Hay muchos por los que se va a orar.
¿Número 15? ¿Quién tiene la tarjeta de oración número 15? Levante su mano. ¿Número 15? ¿Número 16? Bueno, detengámonos aquí entonces. (Ud. tendrá que darles más que eso. ¿Lo ve Ud.? Porque tendrán que responder a eso, porque se sacude tanto para mí aquí).
21 Ahora, ¿cuántos están aquí que no tienen tarjetas de oración y quieren que Jesús les sane? Yo les pregunto esto en una palabra desafiante. Miren hacia acá, a mí. Crean que yo he representado al Señor Jesús, y Dios me hablará, y el Ángel del Señor saldrá allá y me dirá qué decirles a Uds. ¿Sería eso como lo hizo Jesús? Si es así, levante su mano. Eso es….
(¿Qué? Billy, ¿te falta uno?) Falta la tarjeta de oración número 5. Alguien con la tarjeta de oración número 5… Puede ser una persona sorda; mi muchacho no puede…. ¿Número 5? (Dígalo en alemán allí. ¿Lo tiene? Hable en francés. ¿Habla Ud. francés? ¿Alguien puede hablar francés? Quizás sea francés. ¿Qué es eso? Número de tarjeta de oración… (¿Qué fue eso? ¿Decirles que vengan?) ¿Tienen a todos alineados hasta dónde llegamos? De acuerdo.
22 Inclinemos nuestros rostros. No más conmoción de aquí en adelante. Sean reverentes.
Querido Señor, escucha a Tu humilde siervo. Este es un gran momento, Padre. Podría significar el giro de Suiza. Yo no estoy orando para que ellos me oigan. Pero Tú, oh, Santo Padre, escucha la oración de Tu siervo. Y ahora permite que el Espíritu Santo venga y haga las mismas obras que hizo con los que vinieron de Emaús. Él hizo algo diferente de los hombres ordinarios. Y ellos dijeron: “¿No ardía nuestro corazón en nosotros?”. Que nosotros podamos decir lo mismo después de este servicio esta noche. O, haz algo un poco diferente, Padre, como el servicio ordinario de la iglesia, para que la gente pueda saber que Tú eres el Hijo de Dios. Yo me deleito en Ti, mi Padre Celestial. Y ahora habla, que Tu siervo ha dicho la verdad. En el Nombre de Tu Hijo, Jesús, lo pido. Amén.
23 Ahora bien, esto no lo puede hacer el hombre. Y estoy seguro de que Uds. Cristianos aprecian mi posición en este momento: yo estoy representando a su Señor y Salvador, el Señor Jesús. Sean muy reverentes, y estén listos para responder si Él les llega a hablar.
(Ahora, capten mi voz rápidamente). Aquí está una dama delante de mí. Yo nunca la vi en mi vida. Somos unos perfectos desconocidos el uno para el otro. Somos desconocidos. Si lo somos, que la señora levante su mano. Yo no la conozco. Yo nunca la he visto. Ella nunca me ha visto a mí. Nosotros nacimos a miles de kilómetros de distancia. Pero Dios la conoce y Dios me conoce a mí. Hay algo por lo que la muchacha ha venido aquí. Yo no lo sé. No hay forma de que yo sepa, a menos que Jesús me lo revele. Yo soy Su Siervo. Yo creo que las cosas que Él dijo que Él hizo, que yo también las podía hacer. Si Dios viniera…
Esta es una perfecta visión de la mujer samaritana y nuestro Señor y Maestro nuevamente, un hombre y una mujer. ¿Qué le dijo Jesús a ella? Él empezó a hablar con ella y dijo: “Dame de beber”. Y Él entabló su conversación, para captar su espíritu. Y tan pronto como Él descubrió dónde estaba su problema, Él dijo: “Ve, trae a tu marido”. Ese era su problema.
24 Y ella le dijo a Él: “Señor, percibo que Tú eres profeta”. Ella dijo: “Cuando venga el Mesías, que es llamado Cristo, Él nos dirá estas cosas como esas. Pero, ¿quién eres Tú? Tú debes ser un profeta”.
Él dijo: “Yo soy Él, el Cristo”. Ahora bien, ¿no eran acaso las mismas señales de Cristo?
La mujer se dijo a sí misma, dijo: “Cuando el Mesías venga, Él hará estas cosas”. Él es el mismo hoy.
25 Ahora, yo debo mirar a la mujer. Para la gloria de Dios, por causa de Su Palabra, y en el Nombre de Jesucristo, tomo a cada uno bajo mi control. Que el Señor añada Sus bendiciones.
Deseo hablar con la mujer solo un momento. Es muy difícil, porque el intérprete tendrá que captar mi voz a medida que hablo con ella. La dama está muy consciente de que algo está sucediendo. Ella sabe que está en Presencia de algo además de su hermano, porque ella es Cristiana. Y ella está sufriendo con un problema en la garganta. Y es de amígdalas en la garganta. Ella ha estado con un médico recientemente, y el médico la va a operar para extirpar las amígdalas. Él mira sangre y mala sangre de los intestinos. Y Ud. habla inglés. Usted es de un lugar alejado de aquí. Usted ha venido del Norte, vino del Sur. Y Ud. es de Alemania… Alemania. Usted vino en tren. Se tiene que regresar esta noche.
Y una abuela está aquí con usted, que tiene cáncer. Y Ud. desea que ella sea sanada. Eso es verdad. Si eso es cierto, levante su mano. Vaya y ponga sus manos sobre su abuela, porque “Así dice el Espíritu Santo: Usted se va a ir a casa para estar bien”. Yo la bendigo, mi querida hermana. En el Nombre del Señor Jesucristo, vaya y sea sanada. Amén. Siga su camino, regocijándose y sea feliz, diciéndole grandes cosas a la gente.
¿Cree Ud. con todo su corazón ahora? Sea reverente. La dama, ella está frente a mí, es desconocida para mí. Yo nunca la he visto en mi vida. Nosotros somos desconocidos. Nosotros ni siquiera hablamos el mismo idioma, pero Ud. es una creyente. Su espíritu es bienvenido. Si yo soy un desconocido para Ud., levante su mano. ¿Cree Ud. que el Señor Jesús resucitó de entre los muertos, y cree Ud. que ese es Él que Ud. siente ahora, que es Su Presencia en la que está usted?
26 Si Jesús se parara aquí donde yo estoy ahora, y Ud. pidiera sanidad, Él no podría sanarle a Ud., porque Él ya lo hizo en el Calvario. Pero Él le podría decir lo que ha estado mal con Ud., o algo para mover su fe, para que Ud. pueda creerle a Él. ¿Es correcto eso? Levante su mano. Si Jesucristo, Quien está ahora conmigo, le dice… me dejara saber cuál es tu problema, ¿lo aceptaría Ud. como su sanador?
Yo veo entre usted y yo, a medida que la mujer se aleja de mí, tiene algo sangrando, sangre viniendo. Y está sangrando en las entrañas. Lo ha tenido por dos años. Eso es correcto. ¿Acepta Ud. su sanidad ahora? Si hay algo aquí que para decirme lo que Ud. está… Jesús dijo: “Estas señales seguirán a los que creen. Pondrán sus manos sobre los enfermos, y sanarán”. Dios Todopoderoso, ten misericordia ahora. Y yo declaro la virtud sanadora del Señor Jesús sobre esta mujer, en el Nombre de Jesucristo. Amén. Dios le bendiga. Que el Señor le bendiga.
¿Cree Ud.? En reverencia, todos, por favor. No se muevan. Esto es espiritual, mi amigo. Y yo no tengo manera de saberlo excepto por espíritu. Simplemente me estoy debilitando. Yo vengo aquí, como su hermano. Yo vengo a ayudarle. Ahora ayúdenme, sean reverentes.
27 Nosotros somos desconocidos el uno para el otro. Si es así, levante sus manos. Yo nunca le he visto a Ud. Véame y crea. Si Dios me dice para qué está Ud. aquí, ¿creerá Ud. en el Señor Jesús y creerá que Esto proviene de Él para ayudarle a Ud.? Usted no vive en este país. Ud. viene de Alemania. Ud. tiene que regresar esta noche. Ud. sufre con el corazón, y su… Veo que Ud. trata de levantarse de la cama y que Ud. está rígido. Es el reumatismo el que le está molestando. ¿Acepta mi palabra como el profeta de Dios? Levante su mano. Levante los pies de arriba abajo. Su reumatismo se ha ido de Ud. Ud. está bien. Su fe le ha sanado. Regrese a su casa, regocijándose y cuente lo que Dios ha hecho por Ud. Yo le bendigo.
Tenga fe. Sea reverente. Un momento, por favor. El Espíritu Santo se ha ido de mí y se fue a la audiencia.
28 Hay una mujer mirándome. Ella tiene un sombrero grande. Allí está esa luz colgando justo encima de ella. Ella está orando para que Dios la sane. Y ella tiene problemas cardíacos, y ella tiene artritis. La dama está allí sentada orando, mirándome. Si esa es la verdad, póngase de pie. Usted está sanada. Su fe le ha sanado.
Ponga su mano sobre ese hombre sentado a su lado, allí junto a Ud., aquí junto a Ud. Señor, hace solo unos momentos hubo una sensación extraña que vino sobre Ud. cuando estaba en la mujer. ¿No es así? Levante su mano. Ud. ha estado sufriendo de problemas de espalda. ¿No es así? Levante su mano y agite su mano. Usted está sanado. Su fe le ha sanado. Vaya y sea sanado.
Digamos: “¡Alabado sea el Señor!”. ¡Oh, qué maravilloso! Miren hacia acá y crean. Uds. no tienen que estar aquí arriba. Cristo está aquí. Esa es la misma fe que aquella gente tuvo como la mujer que tocó Su manto. Miren hacia acá y crean, en el Nombre del Señor Jesús. No hay nada demasiado grande para nuestro Señor. Él los sanará a todos Uds. Crean.
29 Ahora ¿me permite hablar con la mujer? Somos desconocidos el uno para el otro. ¿Cree Ud. con todo su corazón? Si es así, levante su mano. A la audiencia, la mujer es desconocida para mí. Si Dios revelara para qué está esa mujer aquí, sea lo que sea… Si Dios me hace saber cuál es su problema, ¿lo aceptará Ud. y creerá que Jesucristo resucitó de los muertos y está haciendo lo mismo que Él hizo cuando estuvo aquí en la tierra? Si Ud. lo va a hacer, diga: ¡Amén! Lo que Él hará por esta mujer es lo Él que hará por todos Uds. Esto no es nada extraño. Es un don Divino.
Él me dice en el cuarto lo qué está sucediendo en las partes del mundo. Yo tengo cuarenta años, pasados, y Él nunca me ha dicho ni una sola vez algo que no haya sido absolutamente la verdad. Uds. pueden escribir a mi ciudad, o a cualquier parte donde yo he estado. Es Dios, y no su hermano.
30 Todos ustedes aquí a lo largo en estas camillas ahora miren hacia acá. Crean con todo su corazón y díganle a Dios: “Dios, si ese eres Tú, yo sí creo que lo es, entonces permite que ese hombre se dé la vuelta y me hable. Y lo que él me diga, yo te creeré”. Solo tengan fe ahora.
La dama parece alejarse de mí. Es una visión, yo la veo en algún tipo de lugar. Parece que está en…. Hay hombres a su alrededor con…. Son doctores y ellos han sido… Ella esta… Un hospital… Y ella tiene un estómago… algo en el estómago y eso es cáncer Y Él dice… el doctor la ha enviado a casa. Y él le está diciendo que Ud. no puede vivir y que Ud. va a morir de cáncer. Ud. solo ha estado fuera del hospital seis semanas. Eso es verdad. Levante la mano.
31 Ahora, esa no era mi voz hablando. Ahora es mi voz. Pero lo que Él dijo fue cierto, ¿no es así? Y si Él sabe lo que era, Él sabe lo que será. ¿Lo cree Ud.?
Oh Dios, Autor de la Vida, y Dador de todo buen don… [Palabras inciertas]… a esta mujer, mientras condeno este poder de muerte del cáncer que la está atando… [Palabras inciertas]. En el Nombre de Jesucristo [Palabras inciertas]… de la mujer… [Palabras inciertas]… y sánala. Vaya regocijándose. Dios la sana. ¿Lo cree Ud.? Tenga fe. Usted verá grandes cosas.
Ahora, la dama. No, yo no estoy leyendo su mente. Deje de pensar eso. Deje de pensar eso, ¿ve? Señora, acérquese a mí. Ponga su mano en la mía. Yo no la he visto a usted a la cara. Pero si nuestro bendito Padre Celestial me muestra aquí cuál es su problema, ¿aceptará Ud. su sanidad? Si es así, levante la mano. Yo veo a la dama apartarse de una mesa. Esto está en su estómago; son problemas estomacales. Eso es correcto. La mujer es una mujer nerviosa. Ella tiene una úlcera péptica en el fondo del estómago que le hace eructar la comida y se vuelve agria en la boca. Ella es una persona muy nerviosa, siempre se le caen las cosas y haciendo de esa manera. ¿Es eso verdad? Agite su mano si es así. Ahora, vaya a su casa y coma su cena. Jesucristo la ha sanado.
32 Digamos: “¡Alabado sea el Señor!”.
¿Cree Ud., mientras viene? ¿Cree Ud. que Dios sanará su problema del corazón? ¿Lo cree Ud.? Siga su camino. Su fe lo ha… lo ha sanado.
Tenga fe y venga, señora. Sea reverente. Nadie por favor… [Palabras inciertas]. Ellos me sacarán de la plataforma. Sean reverentes. ¿Cree Ud. que Dios sanará ese tumor que Ud. tiene? Levante su mano y acéptelo a Él, y vaya… [Palabras inciertas]… tráiganlos, hermanos, para que vengan. Yo me estoy poniendo débil.
¿Cree Ud. que Dios le sanará de los problemas renales en su espalda? Entonces vaya, regocijándose. Dios le bendiga.
¿Cree Ud. que Dios te sanará de los problemas de su corazón? Vaya, regocijándose. Crea con todo su corazón. Amén.
33 ¿Creen Uds., allá en la audiencia? Miren hacia acá, por favor. ¿Qué está haciendo esa señora allí con el sombrero blanco? Mientras Ud. está de pie, yo veo el Ángel del Señor sobre la mujer. Retroceda, señor, hágase a un lado. El Espíritu Santo está hablando. Solo un momento. Dígale a ella que espere. Está en la otra mujer, la mujer con el bebé en sus brazos. Sí. ¿Cree Ud. que yo soy el profeta de Dios? Si es así, levante su mano. Su bebé está sufriendo con una condición cerebral. ¿Es eso correcto? Levante su mano. Levante la mano si es correcto. Ponga su mano sobre su bebé y crea, y se pondrá bien. ¡Si tan solo puede creer! ¿Lo cree Ud.?
34 ¿Qué piensa Ud., la señora acostada aquí en esta camilla? ¿Me cree Ud. que soy el profeta de Dios? Él es el… [Palabras inciertas]. Sí. Ud. ha estado tendido allí orando. Y Ud. le pidió a Dios que me dejara hablar con Ud. ¿Es correcto eso? Levante su mano. Si Dios me dice cuál es el problema de Ud., ¿me obedecerá Ud. como Su profeta? Es un pulmón colapsado.
[Cinta en blanco] Correcto. ¿Me cree Ud. que soy Su profeta? Entonces, en el Nombre de Jesucristo, el Hijo de Dios, levante su cama y vaya a casa. Levántese.
¿El resto de ustedes lo creen? Todos los hombres pónganse de pie. Oh Dios, envía Tus bendiciones a este pueblo y sana a cada uno. Que ellos se levanten de esos lugares y sean sanados por medio de Jesús, Tu Santo Hijo.
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