OBRAS DEL MENSAJE


La Historia De Mi Vida
Zurich, Switzerland
55-0626A
1 Muy contento de estar aquí esta tarde, para hablarles a Uds. del Señor Jesucristo, el Hijo de Dios. Y confiamos en que este será un gran día para todos nosotros. Al venir a su… aquí para visitarles en esta ocasión, he venido muy cansado. Yo no he estado en mi mejor momento. Recién dejé una gran reunión en los Estados Unidos, y me vine directamente para acá. Y por lo tanto, estoy agradecido de que me hayan tolerado. Así que, hemos hecho… yo he hecho lo mejor que he podido, no obstante. Y estoy confiando en que Dios simplemente hará lo mucho más abundantemente para ustedes.
Por cierto, estoy muy feliz de escuchar que han venido muchos alemanes y franceses. Yo también quiero visitar su nación, un día cuando el Señor me lo permita, y que Uds. quieran. Así que, oro para que todo salga bien.
2 Después de mi reunión aquí, vendrá un amigo mío: Tommy Hicks. Yo apenas conozco a Tommy, pero lo que sé de él, un hombre precioso, un verdadero Cristiano. Vengan a escucharlo. Yo tengo otro amigo en los Estados Unidos, Oral Roberts. Él… él fue uno de mis convertidos a la sanidad Divina. Muchos de ellos… De los servicios, el Señor ha traído aproximadamente a unos quinientos ministros a la sanidad Divina.
Así que, estamos felices de encontrarnos con estos amigos aquí, que creen el mismo mensaje. Les recomiendo a Tommy Hicks. Recíbanlo, en el Nombre del Señor Jesús. Él estará continuando esta reunión. Ahora, el Hermano Tommy no es vidente, pero él es un ministro del Evangelio, tiene mucha fe en Jesús. Es por eso que lo amamos, porque él ama a Jesús.
3 Ahora, esta tarde se ha tomado para hablar de la historia de mi vida, en la forma de mí niñez. La próxima vez que venga, quiero traerles la fotografía del Ángel del Señor, donde el mundo científico de los Estados Unidos tomó la fotografía de eso. Eso está escrito hoy; el mundo no puede negarlo. Muchas veces ellos dicen: “Yo no creo eso, predicador”, porque ellos no le creen a Dios. Pero, le tienen que creer a la ciencia, porque está científicamente comprobado. Así que, ellos no tienen excusa. Ellos tendrán que encontrarse un día con Dios.
4 Me gustaría preguntarles algo: ¿De qué me serviría a mí venir aquí a esta nación, y ser un hipócrita y tergiversar algo? ¿Qué ganancia habría para mí? Yo tomo dinero, no. Yo no tomo dinero en los Estados Unidos. Yo soy un hombre pobre, y la gente simplemente me envía. Yo tengo cuatro hijos, una esposa, y tengo que tener lo suficiente para comer. Mi ropa me la han regalado. Así que, yo no tengo ninguna razón para venir y tergiversar algo. Vengo porque en mi corazón yo les amo, y quiero que Uds. amen a Jesús. Y esa es la razón por la que vengo.
¿Saben que si yo viniera como un engañador, saben Uds. que Dios no me dejaría entrar al cielo? Ningún engañador estará en el cielo; no habrá hipócritas en el cielo. Yo tengo una esposa en el cielo. Yo tengo un bebé en el cielo. Yo quiero verlas. Pero si yo soy un engañador, bueno, entonces nunca las volveré a ver. Así que, ¿de qué me serviría a mí? Yo creo lo que predico, porque yo sé lo que es esto. Y creo que si yo no lo predicara, entonces no me iría al cielo, seguramente. Así que, es por eso que yo estoy aquí.
5 Ahora, vamos a leer las Escrituras, se encuentra en Hebreos, en el capítulo 13, comenzando con el versículo 10, al 14. Ahora, escuche atentamente la lectura de las Escrituras. Y mi texto es el versículo 14.
[El intérprete lee Hebreos 13: 10-14].
Tenemos un altar, del cual no tienen derecho de comer los que sirven al tabernáculo.
Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento.
Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.
Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio;
Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.
6 Estoy tan agradecido por eso. “Aquí no tenemos una ciudad permanente, sino que buscamos la por venir”. Eso es lo que estamos haciendo todos nosotros.
Estaba pensando mientras el hermano estaba leyendo: solo miren a lo largo de aquí a esa multitud de gente enferma. Yo no reclamo ser un sanador. Uds. me serán testigos de eso. Desde la primera noche hasta ahora, yo he dicho que no soy un sanador. No hay ningún otro hombre que sea sanador. Es Jesucristo, y su fe en Él. Si tan solo tuviera yo el poder, yo bajaría aquí y sanaría a cada una de estas personas enfermas. Yo no tengo el poder. Nadie más tiene el poder. Si ellos llegan a sanar, será su fe personal en Jesucristo. Jesús trae Su Palabra, y muestra señales de que Él los ama.
7 Pero el programa de Dios es, Su contrato con la gente: “Si lo puedes creer”.
¿Recuerdan a los dos hombres ciegos? Ellos dijeron: “Ten misericordia, Señor”.
Jesús dijo, cuando Él tocó sus ojos, Él dijo: “Ahora, conforme a vuestra fe os sea hecho”.
La mujer que fue sanada, que tocó Su manto… Él dijo: “Tu fe te ha sanado”.
El hombre con el niño epiléptico dijo: “Ten misericordia de mi hijo”.
Él dijo: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible”. Dios no cambia. La gente sabía que Él era el Hijo de Dios.
Todos… Pero los miembros de la iglesia no lo creyeron. Los fariseos, los saduceos: “No, Él no lo es”. Pero todos los que creyeron, fueron sanados y fueron salvos.
Ahora, es lo mismo hoy.
8 Pero mire, antes de yo pudiera tratar de quitarle a estas personas la única esperanza que tienen… ¿Se dan cuenta que hay personas aquí con problemas cardíacos, cáncer, tuberculosis, cosa que ningún médico puede tocar? La única esperanza que tienen es Jesucristo. Y Uds. que tratarían de quitarles eso, ¡ay de su alma pecaminosa! Es cómo quitarle el pan a un hombre hambriento. Estas personas quieren estar sanos. Los doctores hicieron todo lo que pueden hacer. Y ellos saben de otros que están siendo sanados. Ellos vienen a la reunión a escuchar, muchos de ellos se salvan y son sanados. ¿Y luego Ud. trata de despojarlos de eso? Ud. no debería de hacer eso, mi hermano. Ustedes deberían alentarlos. Ellos son seres humanos. Ellos son hermanos y hermanas. Es el papá de alguien. Es la madre de alguien, el hijito de alguien. Ayudémoslos. No traten de quitarles eso.
Ese es mi motivo, el tratar de ayudar a alguien. Y uno de estos días, estaré llegando al final del camino. Habré terminado entonces, cuando coloque mi cabeza sobre la almohada; mis trabajos en la tierra hayan terminado. Yo espero encontrarme con Él en paz. Y espero oírle a Él decir: “Bien hecho, Mi buen y fiel siervo. Entra a la vida”.
9 Oremos.
Padre celestial, ayúdanos ahora a conocer a Tu querido Hijo. Y al abordarlo, por el camino por donde he viajado, renueva estas cosas en mi mente y corazón otra vez, que todos mis errores sean escalones para aquellos que están aquí hoy. Y que ellos vengan a Cristo y sean salvos, en el Nombre de Jesús. Amén.
[El Hermano Branham habla aparte con el intérprete].
Trataré de no retenerlos sino solo un rato. Esta es la tarde, justo antes del cierre del servicio. Dicen que tienen saturada la otra arena, y confío que Uds. que están allá puedan sentir el Espíritu Santo y vengan al Señor Jesús.
Ahora, la Biblia dice: “No tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir”. La gente que está aquí hoy de Alemania. No importa, sus ciudades podrían haber sido destrozadas en la guerra, pero sigue siendo el hogar para ustedes. Algunos de Francia; no importa cuán mal esté la ciudad, sigue siendo el hogar. Algunos de Uds. de las montañas y granjas; no importa cuán pequeña era la casa, mantiene un recuerdo de la infancia. Todos nosotros queremos pensar que nuestras ciudades son mejores. Los hombres luchan para tratar de probar eso, pero todo es en vano. Porque: “Aquí no tenemos una ciudad permanente, sino que buscamos la por venir”. Esa es la que yo estoy buscando. Esa es la que todos nosotros estamos buscando. Viviremos en la misma… [Palabra incierta]. Ya no habrá más armas de fuego, ni el morir. [Cinta en blanco]… vivir juntos para siempre.
10 Cuando yo nací, vengo de padres que no eran Cristianos. Antes de mí, mi padre y mi madre eran personas Católicas. Y ellos vinieron de Irlanda. Ellos habían inmigrado a los Estados Unidos. Pero mi padre y mi madre no iban a la iglesia. Y yo nací en las montañas, en una pequeña cabaña de troncos; sin piso, solo la tierra. Nosotros no teníamos una mesa. Mi padre había cortado un tocón en dos… o, un tronco, e hizo una mesa. No teníamos luces. Teníamos grasa en una lata, y unos pedazos de materiales allí, para quemar como si fuese una vela. No había ventanas en la casa, solo una pequeña puerta que uno abría. Nuestros colchones en la cama estaban hechos de paja. Muy pobres.
Mi madre tenía quince años y mi papá tenía dieciocho. Y la mañana en que yo nací, el 6 de abril de 1909, a las cinco en punto de la mañana. No había doctor; ellos consiguieron una partera. Y cuando yo nací, solo pesé cinco libras [2.26 kg]; era muy pequeño.
11 Y mi madre quería ver cómo me veía. La pequeña luz de la vela no daba suficiente luz, por lo que ellos abrieron la pequeña ventana sobre la cama. Era de día. Y cuando abrieron la ventana, esa luz de fuego entró. Todos comenzaron a llorar. Ellos no sabían lo que eso significaba. Estaba justo encima de donde yo estaba.
La misma fotografía que han tomado en los Estados Unidos (nosotros la tenemos aquí), y la escritura en ella, que comprueba desde el mundo científico, que es absolutamente un Ser Sobrenatural. El hombre dijo que el ojo mecánico de la cámara no captaría psicología. Y él es uno de los jefes del FBI, Oficina Federal de Investigaciones. Y él tiene razón. Él dijo: “La luz le pegó al lente”.
12 Cuando yo tenía unos ocho o diez días de nacido, mi madre me llevó a una pequeña iglesia Bautista. Esa es la única iglesia en la región. Esa fue mi primera visita a la casa de Dios. Después nos mudamos a Indiana. Eso queda en el estado de Kentucky.
Y más tarde, a la edad de siete años, un día me encontraba cargando agua de un pozo. Y yo pasé por un árbol. Yo estaba llorando. Y no quería cargar el agua. Yo quería ir a pescar con el resto de los niños. Pero cuando escuché algo en el árbol, como el estruendo del viento, yo levanté la vista. No vi nada más que un lugar en el árbol, así de redondo, dando vueltas. Y yo seguí mirando, y me preguntaba por qué eso solo permanecía allí, como un pequeño torbellino. Y ninguna de las otras hojas se estaba sacudiendo. Y yo escuché la voz de un hombre allí arriba, dijo: “Nunca vayas a beber. No bebas, y nunca vayas a fumar, ni te contamines con mujeres, porque hay una obra para ti cuando tengas mayor edad”.
Oh, yo estaba asustado. Dejé caer mi balde, y corrí a la casa, gritando. Y yo salté a los brazos de mi madre. Y dije: “Hay un hombre en ese árbol”. Ellos fueron a mirar; no había nadie allí. Llamaron al médico y él dijo que yo solo estaba nervioso. Yo dije: “No, yo lo vi, y lo escuché a Él hablar”. Y yo nunca volvería a pasar por ese árbol.
13 Un poco después, como unas dos semanas después, yo estaba jugando canicas con mi hermano, y sentí que algo vino a mí. Nosotros vivíamos arriba en una colina, y el río estaba debajo de nosotros; el bosque alrededor. Y yo vi un puente que empezó a subir del bosque. Y empezó a atravesar el río. Dieciséis hombres cayeron al agua, y murieron. Y yo vi un gran letrero; decía: “Veintidós años”. Yo corrí y se lo conté a mi madre.
Oh, ella dijo: “Hijo, estás nervioso. Te quedaste dormido y estabas soñando”.
Yo dije: “No. No, yo lo vi”.
Entonces, ellos lo anotaron en un pedazo de papel. Y veintidós años después, el gran puente atravesó el río, y dieciséis hombres cayeron del puente y se ahogaron en el río. Cada vez, es perfecto.
14 Cuando yo fui a la escuela siendo un niñito, habían nacido muchos niños en la familia. Mi padre y mi madre tenían nueve niños y una niña, nueve niños y una niña. Y luego la niña era el bebé. Yo soy el mayor. Nosotros tuvimos que trabajar muy duro. Yo iba a la escuela pobremente vestido. Yo a veces iba, con uno de los zapatos de mi padre en un pie y uno de mi madre en el otro. Y muy pobre. Nosotros queríamos llevar algo para comer. Yo llevaba un pequeño pedazo de pan, lo envolvía y llevaba un balde con algunas verduras de hoja. A mi hermano y a mí nos daba vergüenza comer con el resto de los niños. Nos íbamos al bosque, nos sentábamos y tomábamos una cuchara, y cada uno comía de la cubeta, y cada uno le daba una mordida al pan.
15 Yo recuerdo que una vez en Navidad, mi madre había hecho un poco de palomitas maíz. Y ella nos lo dio en una pequeña cubeta. Y nos fuimos a la escuela con ellas. Entonces, yo hice algo incorrecto: pedí permiso de salir durante la clase. Y cuando pasé por el casillero, yo saqué un puñado de palomitas de maíz del cubo y salí afuera y me lo comí, para asegurarme de obtener mi parte. Nosotros no teníamos algo así muy a menudo, tal vez cada dos o tres años. Y luego, cuando mi hermano salió y nos fuimos a comer, él vio que parte de eso había desaparecido. Yo lo lamentaba.
Unos cuantos… hace unos dos años, yo estaba parado en el mismo lugar. Mi hermano está en el Cielo ahora. Yo haría cualquier cosa que me fuera posible si pudiera llevarle ese puñado de maíz hoy. Ahora ya no puedo. Así que, nunca hagan Uds. nada malo, porque eso regresará un día a ustedes.
16 Yo recuerdo cuando íbamos a la escuela juntos, llegó una nevada fuerte, y todos los niños tenían trineos para subirse a ellos. Pero nosotros no teníamos ninguno, así que tomamos un contenedor grande de la cocina y nos deslizamos en él. Bueno, no teníamos tanta clase como el resto de ellos, pero nos estábamos deslizando.
Bueno, la vida continuó. Cuando me convertí en un joven… Pues, yo tenía alrededor de catorce, quince años. Uds. saben cómo se ponen los muchachos que tienen esa edad. Bueno, yo quería tener una noviecita. Así que, encontré una muchachita que yo pensaba que era muy bonita. Uds. saben, hermanos, su primera novia: los ojos como de paloma, y los dientes como perlas, el cuello como cisne. ¿Uds. las aman? Siendo un muchacho. Ahora, Uds. saben, hermanos, Uds. han pasado por lo mismo. Y entonces, un vecino mío, su hijo, de mi edad, pues, él consiguió el automóvil de su padre, así que llevamos a nuestras chicas a dar un paseo. Y solo teníamos un poco de dinero, así que compramos algunos emparedados y Coca-Cola. Y cuando yo volví, para mi sorpresa, mi muchachita bonita estaba fumando un cigarrillo. ¡Oh, vaya! yo no quería nada de eso. ¡Hmm! Yo creo que eso es lo más bajo que una mujer puede hacer. Y no he cambiado de opinión desde entonces.
Su hermoso país aquí, yo aprecio la moral de su país. Yo nunca he visto a una mujer con ropa inmoral, ni a ninguna mujer fumar un cigarrillo. Yo les amo por eso. Nuestro Estados Unidos está contaminado con eso. Nunca haga Ud. eso, hermana. ¡Está muy mal!
17 Ahora, cuando ella tenía este cigarrillo, haciéndose la lista, yo la miré. Y ella dijo: “¿Quieres un cigarrillo, Billy?”.
Yo le dije: “No, señorita”. Dije: “Yo no fumo”.
Ella dijo: “Ahora, tú no fumas, dices que no bailas, y no vas a los cines”. Ella dijo: “¿Qué te gusta hacer?”.
Yo le dije: “Ir a pescar y a cazar”. Pero eso no le interesaba a ella.
Y ella dijo: “Toma un cigarrillo”.
Yo dije: “No”.
Ella dijo: “Eres un gran afeminado”.
Al mismo tiempo, yo estaba entrenando para ser un boxeador. Lo cual, sí gané el campeonato de peso gallo, y yo iba subiendo para el campeonato mundial, y lo dejé por el Evangelio. Pero yo dije: “Dame el cigarrillo, y voy a mostrarte si soy un afeminado o no”. Así que, tomé el cigarrillo, con la determinación de fumarlo.
18 Pero cuando yo comencé a encenderlo, escuché algo arremolinando alrededor. Ahí venía ese árbol de nuevo ante mí. Y yo sabía que Dios dijo: “Nunca vayas a fumar”. Entonces, yo lo arrojé y me fui corriendo, me fui al campo y comencé a llorar. Y le pedí a Dios que me dejara morir. Nadie me quería; mi gente no me quería, los jóvenes no me querían, entonces yo era un indeseado.
Pero Él vino a mí. Él dijo: “Yo te daré amigos; solo sígueme”.
Continué en la vida. Yo era muy tímido en ese entonces, vergonzoso. Y supongo que se preguntan cómo es que yo me casé. Un día, conocí a una muchacha encantadora. Ella era una muchacha alemana, y ella era Cristiana. Y comencé a hacerle compañía. Ahora noten un momento, quiero que entiendan esta parte. Yo entonces me convertí en Cristiano. Saliendo con una muchacha; después de un tiempo nos casamos.
19 Nosotros no teníamos nada del mundo, pero nos teníamos el uno al otro. El día que nosotros nos casamos, teníamos una vieja estufa… una vieja estufa, una cama vieja y una mesita vieja. Pero nos amábamos el uno al otro, y eso es lo principal. Yo trabajé duro para darle el sustento diario. Después de un tiempo, Dios nos dio un niñito, mi pequeño Billy Paul. Y luego, más tarde, vino una niñita.
Y luego, un día, yo venía de Michigan y conocí a un grupo de iglesia. Ellos los llamaban los pentecostales. Yo me había convertido en un ministro de la iglesia Bautista. Pero escuché a esta gente; ellos eran felices, y se estaban regocijando. Y yo me preguntaba por qué ellos estaban tan felices. Yo nunca había oído hablar de ese tipo de religión. Me detuve a escuchar, y los escuché predicando. Me quedé toda la noche. Al día siguiente me pidieron que predicara. Y yo me levanté y comencé a predicar, y cientos y cientos vinieron a Cristo. Y los ministros se acercaron y dijeron: “¿Eres un Bautista?”.
Yo dije: “Sí”.
Dijeron: “Ven a predicarnos”.
20 Entonces, yo anoté todas las invitaciones y me di prisa a llegar a casa con mi esposa. Y cuando ella vino a mi encuentro, yo le conté sobre estas personas felices. Ella dijo: “Oh, Billy, me gustaría tener esa experiencia”. Dijo: “¿Cómo lo llaman?”.
Y yo dije: “Ellos dijeron que era el bautismo del Espíritu Santo”. Yo dije: “Vamos a buscar a Jesús de esa manera”. Así que, nosotros lo hicimos, y ambos recibimos la bendición. Entonces, yo iba partir entonces, para ir a la obra evangelística.
Entonces, nosotros fuimos a decirle a nuestros padres. Ahora, la madre de ella era un tipo de mujer refinada, ella pertenecía a una gran iglesia grande. Ella dijo: “Ahora, Billy, esa gente no es más que basura. No hay nada en ellos. Mantente alejado de ellos. Yo no quiero a mi muchacha alrededor de ellos”.
Yo dije: “Oh, pero ellos eran reales”.
Ella dijo: “No. No”.
Y yo dije: “Yo creo que ellos lo son”.
Y entonces, mi esposa comenzó a llorar. Y ahí es donde yo cometí mi error fatal.
21 Ahora, a partir de aquí, presten atención. Yo escuché a mi suegra en lugar de a Dios, y rechacé a la iglesia, y yo regresé con la gente Bautista. Inmediatamente, las plagas golpearon mi hogar. Mi esposa se enfermó, mi padre murió en mis brazos, mi hermano fue asesinado. Y todo sucedió solo en unos días. Una gran inundación azotó la región y arrasó las casas. Mi esposa estaba en el hospital. Y yo estaba en un rescate con mi bote. Y una noche, en el agua, mi bote se metió en la corriente y me iba llevando a una gran cascada. Yo no podía arrancar el motor, yo levanté mis manos y dije: “Oh, Dios, no dejes que me ahogue. Yo no soy digno de vivir, pero piensa en mi esposa y en mi bebé”. Y yo lo intenté de nuevo, y no arrancaba, y clamé nuevamente a Dios. Y luego, justo antes de caer por la cascada, el motor arrancó y yo llegué a tierra.
22 Y luego yo traté de buscar a mi esposa. Y cuando llegué al hospital, estaba todo cubierto con agua. El canal se había roto, y toda el agua salió a borbotones. ¿Dónde estaba mi esposa y mi bebé? Empecé a encontrar gente… [Cinta en blanco]… ver si había alguien ahogado, pero ellos se escaparon en un tren. Y aquí estaba yo sentado en una isla, solo. Dios me dio una oportunidad, si acaso debía llamar a la gente basura o no. Yo dije: “Dios, sé que me he comportado incorrectamente. No dejes que mi esposa muera”.
Semanas más tarde, cuando las aguas bajaron, yo la encontré, casi muerta. La tuberculosis la había golpeado, mis dos hijos estaban enfermos. Y yo amaba a mi esposa Y corrí por el edificio tratando de encontrarla. Y yo grité por ella. Y la vi acostada en un catre en el campamento de refugiados. Y sus ojos estaban muy hundidos. Y ella levantó su mano; estaba realmente huesuda. Y yo comencé a llorar. Y ella dijo: “Oh, Bill, discúlpame por verme de esta manera”. Y yo la tomé en mis brazos, y comencé a llorar.
Yo dije: “Cariño, siento mucho que estés tan enferma”.
Y el doctor me tocó la espalda y dijo: “Venga aquí, Rev. Branham”. Él dijo: “Rev. Branham”, dijo: “su esposa se está muriendo. No hay manera de salvarla”.
¡Oh! Yo dije: “Seguramente que hay alguna manera, doctor”. Yo empecé a llamar a los especialistas, y ellos vinieron. No se podía hacer nada. Nosotros hicimos todo lo que sabíamos hacer. Ella continuaba igual.
23 Y un día, mientras yo estaba afuera patrullando… Yo también era un guardabosque del estado; porque yo no creía en tomar el dinero de la gente, así que trabajaba para ganarme la vida. Yo encendí la radio y decían: “Rev. Branham, venga al hospital; su esposa se está muriendo”. Yo me quité el sombrero, desarmé la pistola, me quité la placa y levanté mi mano a Dios. Dije: “Dios, déjala vivir hasta que yo pueda llegar allá”. Y encendí la sirena y me fui a prisa por la carretera. Me detuve frente al hospital y corrí por esos escalones.
Y aquí venía mi médico, mi amigo. Hemos estado juntos como amigos desde la niñez. Nos visitamos mutuamente. Él tiene una gran clínica allí. Y él puso su brazo alrededor de mí. Él dijo: “Billy, ella se está yendo”.
Yo le dije: “¿Regresará conmigo a la habitación, doctor?”.
Él dijo: “No puedo”. Dijo: “Hope”, ese era el nombre de mi esposa, él dijo: “Yo la amo como mi hermana; yo no puedo volver a entrar”. Él dijo: “Voy a orar y tú entra”.
24 Entonces, yo comencé a entrar, y cuando cerré la puerta detrás de mí, allí estaba mi adorable esposa: una mujer hermosa, una verdadera Cristiana, madre de mis hijos, lo más querido en la tierra para mí. Sus mejillas se hundieron, y ella estaba… parecía muerta. Yo la sacudí con mi mano. Dije: “Hope, habla una vez más. Por favor cariño. Oh Dios; oh, Dios, deja que ella hable una vez más. Yo la amo tanto. ¿No me dejarás hablar con ella solo una vez más?”.
Y ella abrió los ojos. Oh, yo nunca lo olvidaré. Y cuando ella me miró, trató de levantar sus manos para mí. Y yo me agaché para acercarme a ella. Ella dijo: “Oh, Billy, te amo mucho. Billy, me estoy yendo, y quiero que tú seas un buen chico”. Ella tenía veintiún años. Yo tenía veintitrés.
“¿Sabes de ese Espíritu Santo del que nosotros hemos estado hablando?”. Ella dijo: “Billy, sabes que no debiste haber escuchado a mamá”.
25 Oh, yo dije: “Hope, si yo tan solo pudiera vivirlo de nuevo”. Sabíamos que habíamos hecho mal.
Y ella dijo: “Prométeme algo, Billy. Que vas a predicar ese mensaje hasta que mueras”. Ella dijo: “Porque es real”.
Ella dijo: “Yo estaba en la gloria. Vi al Señor Jesús y a los Ángeles”. Oh, ella dijo: “Es maravilloso”. Ella dijo: “Yo tengo que volver”. Dijo: “No creas que yo estoy fuera de mí, porque no lo estoy”. Ella dijo: “Pero sé de lo que estoy hablando”. Ella dijo: “¿Me prometes que vas a predicar el bautismo del Espíritu Santo hasta que te vayas de esta tierra?”.
Yo dije: “Lo prometo”.
Ella dijo: “Yo estoy…”. Dijo: “Cuida bien a los niños”. Dijo: “Cuida a Billy”.
Le dije: “Haré mi mejor esfuerzo”.
[Cinta en blanco]… ella me besó, y dijo: “Me estoy yendo”.
26 Y yo dije: “Cariño, en la resurrección, párate en el lado Este de la puerta. Y cuando veas que Abraham, Isaac y Jacob entran, cuando veas entrando a todos los santos, ponte de pie junto al poste y mantente diciendo: Bill, Bill. Yo tendré a los niños, y te encontraré allí”. Esa es mi última cita con mi esposa. Con la ayuda de Dios, yo la cumpliré. Ella se fue para estar con Dios. La llevamos a la funeraria.
Y luego ellos vinieron a verme y me dijeron: “Billy, tu bebé también se está muriendo”. Oh, yo dije: “No, no puede ser”. Y yo corrí al hospital y allí estaba tendida mi bebé, muriendo. ¡Oh mi corazón!
“El camino de un transgresor es duro”. Recuerde eso. Cuando Dios lo llame, vaya sin importar lo que alguien más diga. Ud. sírvale a Dios.
27 Yo puse mis manos sobre mi pequeña bebé, dije: “Dios, por favor, no te lleves a mi bebé. Déjala vivir”. Ella era mi pequeño tesorito, y no podía soportar verla partir. Y se miró como una sábana negra que bajaba. Entonces yo me levanté, y puse mi mano sobre su cabeza, levanté mi mano hacia Dios. Yo dije: “Dios, lamento haber hecho de la manera que lo hice. Perdóname, y por favor deja a mi bebé aquí conmigo. Yo la amo. Allá yace su madre, muerta. No te lleves a mi bebé, también. Yo te prometo que voy a predicar. No me importa lo que diga el mundo”. Mi corazón se estaba rompiendo, pero yo sé que tenía que cosechar lo que había sembrado. Volví a poner mi mano sobre el bebé y dije: “Dios, no mi voluntad, pero hágase Tu voluntad”. Y los Ángeles vinieron y se la llevaron. ¡Oh mi corazón!
28 Yo salí, no sabía qué hacer. Yo la puse en los brazos de su madre y la bajé a la tierra. Hace unas Pascuas atrás, yo llevé a mi pequeño… a mi Billy Paul y una pequeña flor a la tumba, temprano una mañana. Y con el compañerito fuimos a la tumba —nosotros nos quitamos el sombrero— y él comenzó a llorar. Y él me tomó de la mano. Él dijo: “Papá, tú has sido mamá y papá, ambos, para mí. ¿Está mi mamá allí abajo?”.
Yo dije: “No, hijo. Más allá del río, su alma está en la Presencia de Dios, y tu hermanita está allí también. Y en Jerusalén, hay una tumba vacía. Y ella estaba en Cristo, y ella saldrá, también, alguna mañana”. Y lo abracé contra mi pecho, el pequeño estaba llorando. Yo dije: “Cariño, papá tiene que predicar el Evangelio. Yo recibo mucha persecución, pero algún día, tú y yo, nos encontraremos con mamá, en paz, con Dios”. Colocamos la flor en la tumba. Nos fuimos.
29 Cuando ella estaba muerta, y que fui a enterrarla, yo no podía superarlo. Podía verla a ella partir, pero no podía ver que partiera mi bebé. ¿Por qué tenía que partir esa pequeña bebé?
Y yo estaba trabajando, tratando de pagar las deudas. Y yo estaba viviendo en una pequeña casita humilde, solo tenía una habitación y una viejo catre. Y el pequeño… El piso se congelaba con hielo, por la noche. Y una noche yo entré y recogí el correo, y allí había una carta para la señorita Sharon Rose Branham. ¡Oh, vaya! Me dolió el corazón. Y yo me arrodillé y comencé a orar. Yo dije: “Padre, ya no puedo soportarlo. Yo simplemente no puedo vivir. ¡Mi bebé! ¡Mi mujer! ¿Qué puedo hacer?”.
30 Y luego, siendo guardabosques (guardabosques, oficial de conservación), yo tomé mi arma, le jalé el seguro, y me la puse en la cabeza y levanté la mano. Yo dije: “Oh, Dios, odio ser un cobarde, pero no puedo soportarlo más. Me estoy volviendo loco. Tengo que quitarme la vida”. Y apreté el gatillo y no se disparó. Yo apreté de nuevo, y no disparó. Y luego yo lo abrí, y allí estaban las balas. Y yo apreté el gatillo entonces, al aire, y se disparó. Yo aventé el arma. Dije: “Oh, Dios, ni siquiera puedo librarme de mí mismo”. Yo me preocupé. Yo los amaba a ellos. Y me estaba poniendo delirante. Y luego un sueño profundo vino sobre mí.
31 Ahora escuche esto: el amor de Dios. Yo pensé que estaba yendo, caminando, hacia el Oeste. Yo estaba soñando, por supuesto. Y pensé que había visto un viejo vagón con la rueda rota, lo que significaba mi familia rota. Y vi parada junto a la rueda, a una joven hermosa: sus ojos eran bonitos. Y yo pasé a su lado. Y en el Oeste de los Estados Unidos, es costumbre inclinar el sombrero a las mujeres. Y yo dije: “Buenos días”.
Ella dijo: “Hola, papá”.
Yo volteé, dije: “Ud. me llamó su padre”.
Ella dijo: “Usted lo es”.
Oh, yo dije: “Ud. no puede serlo, porque tiene la misma edad que yo”.
Ella dijo: “Padre, aquí arriba, nosotros no crecemos. Somos inmortales”.
Yo dije: “¿Quién es Ud.?”.
Ella dijo: “En la tierra, yo era tu pequeña Sharon Rose”.
Oh, yo dije: “Seguramente que no”.
Ella dijo: “¿Dónde está mi hermano, Billy Paul?”.
Yo dije: “No sé”.
Ella dijo: “Papá, mamá te está esperando”.
Yo dije: “¿Mamá? ¿Dónde está mama?”.
Ella dijo: “Arriba en tu nuevo hogar”.
Dije: “Hogar”, los Branham no tenemos hogar, nosotros somos… somos pobres.
Ella dijo: “Pero, papá, tú tienes un hogar aquí”.
32 Y yo me di la vuelta y allí estaba una casa bonita. Cristianos, ahí es donde están mis tesoros hoy. Ahí es donde está mi casa. Esa es mi esperanza. Y yo miré esa casa grande y hermosa. Nuestra gente es pobre. Y yo dije: “Yo no soy dueño de eso”.
Ella dijo: “Sí, es tuya, y mamá te está esperando”.
Entonces, yo subí por el camino, con las manos en alto, cantando: “Hogar Dulce Hogar”. Y allí venía mi esposa, su hermoso cabello negro y sus ojos negros. Ella extendió sus brazos para recibirme, como siempre lo hacía. Y yo corrí, la tomé de la mano, la besé en el dorso de la mano y me arrodillé. Yo dije: “Oh, Hope, ¿es esa nuestra pequeña Sharon allí? Se convirtió en una joven hermosa”.
Y ella me abrazó. Ella dijo: “Billy, estás tan cansado”. Ella dijo: “Has estado predicando tan duro y orando por los enfermos”. Y para ese tiempo yo no había orado por los enfermos. Ella dijo: “Yo te he observado”. Y ella dijo: “¿Por qué no te sientas?”.
Y yo dije: “Sí”. Y yo miré a mí alrededor, y había una silla grande. Y yo miré la silla, y ella me miró de nuevo.
Ella dijo: “Sé lo que estás pensando”.
33 Cuando nosotros nos casamos, no teníamos ningún mueble, sino solo unas pocas cosas. Y nosotros queríamos comprar una silla. Y comenzamos a hacer pagos por la silla. Oh, a mí me encantaba esa silla. Cuando yo volvía a casa, cansado después de predicar, me recostaba en la silla. Y llegó un punto cuando ya no pude hacer los pagos en ese entonces, y ellos vinieron y se llevaron la silla. Y ambos lloramos, porque no podíamos pagar la silla.
Así que ella me miró, dijo: “Billy, ellos nunca vendrán a llevarse esta”. Ella dijo: “Esta ya está pagada”. Yo sé que alguna vez…
Una mujer me preguntó el otro día, ella dijo: “Hermano Branham, ¿cuándo logra tomar un descanso?”.
Yo dije: “No descanso”. Dije: “En algún momento, yo lo haré, sin embargo, cuando cruce las fronteras, allá del otro lado. Yo tengo un hogar allá. Yo tengo una esposa allá. Y, sobre todo, yo tengo un Salvador allá”.
34 Algún día, cuando Uds. la gente aquí en Suiza escuche que el Hermano Branham se fue a casa, no lloren; regocíjense, porque yo habré ido a un hogar mejor donde nunca más me cansaré. Yo no quiero ser un bebé, estar llorando. Pero si Uds. conocieran la historia de las angustias, y todo lo que yo he pasado, para llevarle este Evangelio a la gente, Uds. entenderían por qué yo estoy llorando. Yo quiero ver que la gente sea salva. Yo tengo críticos. Yo los amo de todos modos. Yo quiero verlos a ellos salvos también. Yo no quiero… Yo tengo que predicar el Evangelio.
Algún día esto terminará. Yo ya no soy un niño; tengo cuarenta y seis años. No sé cuánto tiempo más me queda. Pero con la ayuda de Dios, yo me pararé en Su Palabra, y diré la verdad, y predicaré el Evangelio hasta que Jesús venga, o hasta que la muerte me haga libre. Luego ir a casa, a usar una corona, porque hay una corona para Ud. y para mí.
Oremos.
35 Oh, Dios, perdóname, Señor, por llorar aquí en Tu servicio. Pero cuando yo pienso en la vida anterior, mi querida y dulce esposa, que ha cruzado la frontera, y todos los errores que yo he cometido, escuchando a ministros en lugar de a Ti, yo me siento avergonzado de mí mismo. Oh, Dios, ayúdame a seguir predicando la verdad real. Tú has sido tan bueno conmigo, y yo he sido tan malo. Pero yo quiero tratar de hacerlo bien, diciéndoles a los demás qué Tú eres un amigo real. Cómo Tú viniste a mí cuando yo no tenía amigos, oh Dios, y Tú me has dado amigos. Oh, yo estoy tan agradecido por eso, Padre. Aquí estamos, lejos de la patria. Mi mente retrocede hoy, allá en esa ladera, a aquel pequeño ramo de rosas junto a una lápida. Algún día, si Tú demoras en venir, a mí me enterrarán allí también.
36 Entonces tendré que encontrarme con todos aquellos que les prediqué. Oh, Padre, estas adorables personas suizas, alemanas, francesas y todos, ellos son Tus hijos. Oh, Dios, yo oro para que Tú los bendigas y los salves del pecado. Y que ellos tomen mis errores y que no hagan lo mismo. Sino que ellos pueden evitar todos estos males. ¿No lo harás, Señor? Guárdalos a todos, todos. Dios, incluso perdona a los que nos persiguen. Permite que Tu Espíritu de amor baje sobre esta nación, sobre esta gente. Oh, Dios, solo somos humanos y cometemos muchos errores. Se misericordioso, Dios, y salva a todos los perdidos, por el amor de Jesús.
Mientras tienen sus rostros inclinados, yo me pregunto… Esta es mi pobre vida miserable, pero uno de estos días, yo no estaré aquí. Yo me voy a casa. ¿Es Ud. Cristiano? ¿Ha aceptado al Señor Jesús como su Salvador? ¿Realmente lo aman a Él? Si no es así, y les gustaría hacerlo… Esto es para ustedes en las salas auxiliares, también. ¿Le gustaría a Ud. aceptar a Cristo? ¿Le gustaría amarlo a Él? Si es así, todos lo que quieran creer en Él hoy, y decir: “Hermano Branham, cuando la vida termine, yo también quiero cruzar las aguas. Y yo quiero encontrarme con Jesús. Y a mí me gustaría sentarme con Ud. y su esposa, allá del otro lado”.
37 Si Ud. ama al Señor, y Ud. quiere aceptarlo ahora, nacer de nuevo y ser lleno del Espíritu Santo, ¿podría levantar las manos? Dios les bendiga. Todo arriba en los balcones, en ambos lados, en las salas auxiliares, Dios está con Uds. Oh, Uds. no saben cómo me hace sentir eso. Dios le bendiga. Si Ud. cree que Dios escucha mi oración, que Él me muestra visiones, y Ud.me acepta como Su siervo, ¿podría ponerse de pie solo un momento? Todos los que quieran aceptar a Cristo, nacer de nuevo. ¡Oh, vaya! Miles.
¿Podrían inclinar su rostro?
38 Oh, Dios, mira a esta audiencia de personas. Ten misericordia, Padre. Lamento estar totalmente quebrantado. Pero, Dios, ten misericordia de la gente y salva a cada uno. Aquellos que están de pie y aquellos que no pueden ponerse de pie, que todos vengan a la Gloria en paz. Y que todos ellos reciban el Espíritu Santo. En el Nombre de Jesucristo, oramos. Amén.
Para ustedes que están de pie, ¿aceptan Uds. a Jesús? Digan: “Amén”. Dense la vuelta, dele la mano a alguien que esté a su lado y diga: “¡Alabado sea el Señor!”. Volteen hacia alguien que esté cerca.
39 Dios les bendiga. Dios sea con Uds. La paz de Dios descanse sobre Uds. ¡Oh, yo les amo! No, yo no estoy fuera de mí. Yo les amo. Y estoy tan feliz de verlos a Uds. aceptar a Cristo. Todo el que esté feliz, diga: “Amén.”. ¡Alabado sea el Señor! ¡Aleluya!
Ahora, todos los enfermos, levanten las manos en el aire, pídanle a Dios que los sane. Oh, Dios, en el Nombre de Jesús, sana a cada persona enferma. Recibe la Gloria, Señor. Los encomiendo en Tu mano, en el Nombre de Jesucristo.
Mensaje extraido de Messagehub
