OBRAS DEL MENSAJE


La Guianza Del Espíritu De Dios
Campbellsville, Kentucky, E.U.A.
55-0807E
1 Buenas tardes, amigos. Estoy contento de estar aquí otra vez esta noche en el servicio del Señor. Después de la lluvia tan buena de hoy en el exterior, confío que Dios nos dará una lluvia en el interior, una lluvia espiritual. A veces cantamos: “Lluvias De Bendiciones”. Eso es lo que necesitamos, ¿verdad? Grandes lluvias de bendiciones.
Normalmente está en línea dar bendiciones, o pasar lo que nosotros llamamos, el ramo de flores, al final del servicio, pero en este caso, no tenemos que hacer eso. No tuve el privilegio de conocer personalmente a ninguno de los ministros y demás, de la Asociación, que nos permitieron este terreno para esta pequeña ocasión que hemos tenido, estas dos noches. Pero si alguno de los síndicos, o alguien que esté relacionado con ello, con los que nos permitieron tener este lugar, queremos darles las gracias, amable hermano, de todo corazón. [Espacio en blanco en la cinta]. Y vamos a comenzar la reunión de oración.
2 Y recuerden… ¿Me aman? Si es así, levanten sus manos. Y yo levantaré las dos mías: yo les amo a Uds. en Cristo Jesús, un amor que no muere. Oren por mí.
Ahora, Aquel Quien puede abrir la Escritura no es un hombre; es Dios. Por lo tanto, que Él abra esta bendita Palabra a medida que leemos San Lucas el capítulo 2 para un tema, y un texto en otro lugar. Pero en San Lucas 2, como en el 25, leemos esto:
Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él.
Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor.
Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley,
él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo:
Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra;
Porque han visto mis ojos tu salvación.
En Romanos 8 y el versículo 14:
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.
3 Ahora, vamos a usar para nuestro tema esta noche: “Expectaciones”. Y usaremos para nuestro texto esta noche: “La Guianza Del Espíritu De Dios”.
En los días de nuestro texto, era un gran tiempo en Jerusalén. Los israelitas, la gente judía se había alejado de su Dios, y había salido, y se había vuelto formal e indiferente, reclamando que todos los días de los milagros habían pasado. Y ellos leían lo que hizo Josué. Leían lo que hizo Moisés. Pero habían decaído porque se habían incrementado en ciencia, y en el pueblo. La educación se había convertido en algo predominante.
Es una pena que esas cosas han sustituido al Espíritu Santo. Dios tenga misericordia.
Yo creo… Digo esto con reverencia; digo esto con respeto, y no usándolo como muletas para apoyar mi ignorancia; pero yo digo que la educación ha sido una de las más grandes maldiciones que la religión de Jesucristo alguna vez haya tenido. La gente lo sustituye por la salvación. Piensan que porque el ministro tiene una alta educación, dice muy bien sus palabras… ¿Qué le interesa a Dios cómo dice Ud. sus palabras?
4 Hace un tiempo, en Fort Wayne, Indiana, me quedé asombrado. Me viene en mente en este momento. Caminé detrás del púlpito, en donde ustedes que leyeron este libro famoso: “Nosotros La Gente”. Solo las cosas sobresalientes que pasan en el mundo, ellos las escriben aquí. En el artículo religioso, escribieron unas cosas sobre mis servicios en Fort Wayne, donde Dios hizo que una niña completamente ciega recibiera su vista. Y un bebé que tenía sus piernas curvadas, fue completamente sanado en la plataforma.
Yo me puse muy débil. Ellos me habían llevado atrás del escenario donde un amigo, Paul Radar, que se fue a la gloria hace unos años, había escrito ese famoso canto que yo ahora traigo conmigo: “Solo Creed”. Estando parado allí, entró un hombre educado, muy erudito. Por la manera en que hablaba, él debió haberle enseñado al Sr. Webster qué decir. Él dijo: “Hermano Branham”, dijo: “hay una cosa mal con su ministerio”.
Yo dije: “Bueno, bondadoso señor, me gustaría saber si es que hay algo mal”. Yo dije: “No es mi intención que sea así”.
Él dijo: “Es su gramática”. Dijo: “Oh, es muy pobre”.
Yo dije: “Sí, señor; eso es correcto”. Yo dije: “Éramos nueve de nosotros hijos, niños, y una niña, diez hijos. Mi padre murió joven”. Le dije: “Yo tuve que trabajar y cuidar a los diez hijos”. Y dije: “No recibí mucha educación, solo hasta el séptimo grado”.
Él dijo: “Pero, Hermano Branham, usted es un hombre ahora”. Dijo: “Eso no cuenta ahora”. Dijo: “Ud. puede tomarlo por correspondencia o algo, y ponerse al tanto en su gramática”. Dijo: “Es terrible”.
Yo dije: “Sí, señor. Yo sé eso”. Le dije: Lo siento. Pero“, yo dije: ”después que el Señor me ha ministrado, y yo debo ir a ministrarlo a Él, la gente se aglomera tanto en la… El día de hoy, cuatrocientas ciudades importantes en los Estados Unidos están llamando para servicios. Documentos con firmas y cosas donde decenas de miles asisten a la reunión“. Y yo dije: ”¿Cómo podría ir, señor, de esa manera?“.
5 “Oh”, él dijo: “una cosa en la cual Ud. se equivocó así”, dijo: “la noche que Ud. dijo: Toda la gente que está pasando por este pólpito… pólpito…”. Él dijo: “Hermano Branham, la congregación lo apreciaría más si Ud. dijera: púlpito y no pólpito”.
Bueno, como que él me jaló la oreja un poquito demasiado fuerte, me imagino. Yo dije: “Mi querido hermano, difiero con usted. A esa gente no le importa si digo: pólpito, o púlpito. La cosa que ellos quieren que yo haga es que predique la Palabra, y que viva lo que estoy hablando”. Dije: “Eso es lo principal”.
Así que, Cristo no viene por educación. Cristo viene por un corazón rendido creyendo en Él. Ahora, la educación está bien, pero nunca sustituirá la salvación. No puede.
6 Pero, en esos días, la gente se había alejado. Y tan pronto entra la educación, lo fenomenal se va de la iglesia. Cristo se va. Él no puede soportarlo. Se vuelven tan listos que saben más que Él, la Escritura no es dada por medio de la educación; es dada por revelación; no por educación. Revelación. Por tanto, tan pronto como la educación toma su púlpito…
Muchos de ustedes, gente, al seleccionar a sus ministros que vendrán a su púlpito, Uds. seleccionan a un joven quien acaba de salir de la escuela, que es listo e ingenioso, un mezclador social. Dios no quiere un mezclador; Él quiere un separador. Dios quiere algo que es… ¿Ven? Y Uds. lo eligen, porque muchas de las veces él es muy afable. Él es muy amable, como… Dios no escoge hombres así.
7 Pues, cuando Samuel subió a elegir a uno de los muchachos de David… o, no de David, pero de los muchachos de Isaí (el padre de David), trajeron al hijo mayor cuando supieron que él iba a tomar el lugar de Saúl, grande, enorme, de buena apariencia, cabello rizado, siete pies de alto [2.13 m]… Pues, Isaí dijo: “Él se verá maravilloso en sus vestiduras de rey, y con la gran corona sobre su cabeza”.
¿Se da cuenta cómo las ideas del hombre pueden meterse en ello? Y cuando él dio un paso al frente, el profeta pensó: “Ese pudiera ser el hombre”.
Él llevó el cuerno del aceite; cuando él avanzó, el Espíritu Santo dijo: “Yo lo he rechazado”.
El mundo lo había elegido a él, pero Dios lo rechazó. El mundo ve lo exterior; pero Dios está viendo el interior.
Ellos trajeron al siguiente grande. Lo pulieron muy bien, tal vez le peinaron el cabello para atrás. Dijeron: “Qué joven tan hermoso. Miren que tan derecho y fornido es. Y lo llevaremos y veremos lo que el Espíritu Santo dirá sobre él. Estoy seguro que será él”.
Cuando lo trajeron al lugar, Samuel tomó el cuerno del aceite y avanzó para ungirlo, porque él era un individuo guapo de apariencia inteligente. Y el Espíritu Santo dijo: “Yo lo he rechazado”. Hasta que él trajo a todos los hijos de Isaí, subió a los cinco, y el Espíritu Santo dijo: “Yo los he rechazado”.
Saúl… Samuel dijo: “¿No tienes a uno más?”.
Él dijo: “Sí, tengo uno pequeño que se ve rubio y escuálido que cuida las ovejas allá atrás, no hay mucho en él”.
“Ve a traerlo”.
Y cuando lo trajeron, un pequeñito con un saco de piel de oveja, el cabello colgándole hasta el cuello, y probablemente él decía sus expresiones [el Hermano Branham cita algunas expresiones sureñas: his, haint,“ and ”fetch, and carry, and tote“. -Trad.] y sin educación, con un cayado en su mano. El Espíritu Santo dijo: ”Yo lo he elegido a él. Ve a ungirlo“. ¿Ven la diferencia entre lo que quiere el hombre y lo que quiere Dios? Miren, esa es la diferencia. No elijan de acuerdo a lo de afuera; elijan lo de adentro. Lo del interior es eterno; lo exterior perecerá.
8 Pero cuando los hombres comienzan a ver eso, eligen a sus líderes. Eligen a sus pastores, y rechazan la antigua predicación de la Cruz, y la antigua salvación y los llamamientos al altar. Cuando Uds. hacen eso, su iglesia está acabada. Eso es correcto. Ya sea Bautista, Metodista, Presbiteriana, o lo que pudiera ser, está acabada.
Israel hizo eso: eligieron a sus reyes hasta que se alejaron de Dios. Se olvidaron del poder que Dios le dio a David, sobre Moisés. Era algo que leían al respecto. Y entonces se separaron y se dispersaron. Qué tipo tan perfecto de hoy en día, la misma cosa: eligiendo la teología mental, eligiendo hombres que pueden hablar con grandes palabras elocuentes. Pues, ellos le están hablando en lenguas desconocidas a la mitad de su audiencia. Eso es correcto.
9 No hace mucho que un hombre estaba tratando de discutir conmigo sobre sanidad Divina, y yo sabía que él no podía pararse en la Escritura. Y él comenzó a usar tan grandes palabras: le dije: “Yo no tengo el don de interpretación, así que hábleme en inglés, para que pueda saber de que está hablando”. Así que, eso es.
Ahora, y cuando lo hicieron, ellos se alejaron: se alejaron de Dios, se alejaron de lo Sobrenatural. “Oh, esas cosas ya pasaron”. Pero Uds. saben, Dios nunca se ha quedado sin un testigo en alguna parte. En ocasiones solo ha quedado un hombre, por ejemplo, Noé, quien halló gracia en los ojos de Dios.
Muchas veces se ha reducido a un solo hombre, pero Dios siempre ha tenido un testigo que Él puede señalar y decir: “Este es Mi siervo. Yo le digo que vaya ahí, y él lo hace. Yo le digo que haga esto, y él lo hará, independientemente de lo que la iglesia dice o de lo que dice la gente; él lo hará de todas maneras”. Dios tiene un testigo.
10 Y en ese día, Él tuvo un testigo. Y uno de ellos era nuestro hombre de esta noche, Simeón, un viejo sabio, con una gran barba blanca, cabello blanco colgando por debajo de su turbante. Y él era espiritual. Él creía en lo fenomenal. Él creía en Dios. Y un día mientras estaba él orando, Dios, por el Espíritu Santo, le reveló que no vería muerte sin ver antes al Niño Cristo. ¡Qué revelación!
Ahora miren. Ellos habían esperado al Cristo por cuatro mil años, y estaban bien preparados en educación, inteligentes en ciencia, e inteligentes en psicología. Oh, lo tenían todo bajo control, pero estaban muy lejos de los días de los milagros; pero Dios encontró a un hombre al que le podía hablar. Dios, dadnos otro.
Antigua…
11 Ahora, ¿qué piensan Uds. que le dijo la gente a ese anciano, con un pie en la tumba, como diríamos hoy, ochenta y tantos años de edad, de barba blanca, y testificando por todas partes, diciendo: “Yo no voy a morir hasta que vea al Ungido del Señor?”. ¿Por qué? Él tenía el derecho de creerlo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo. Esto es: Una Verdad Espiritual revelada. Dios dijo: “Sobre esta roca edificaré Mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. Mostrando que las puertas del infierno estarían en contra, pero que no prevalecerían, cuando le fue revelado a él que Jesús era el Cristo del apóstol. Eso es.
Noten, él creyó en Dios. Ahora, tal vez el anciano siendo un maestro, con una gran reputación, un hombre inteligente, educado… ¿Qué creen que pensaron de él sus compañeros predicadores cuando salió alrededor diciéndole a la gente que él iba a ver al Cristo antes de morir?
Pues, ellos dirían: “No es el tiempo para Cristo. Nunca lo veremos en esta generación. Será dentro de muchas, muchas, muchas, muchas, difícil de calcular, todavía faltan cientos de generaciones”.
Pero, él dijo: “Oh, no. El Espíritu Santo me dijo que yo lo iba a ver”.
12 ¿Saben lo que dijeron? La misma cosa que le hicieron a Abraham, al padre Abraham. Cuando él tenía cien años… Dios le dijo cuando él tenía setenta y cinco años que iba a tener un bebé por su esposa Sara, la cual tenía sesenta y cinco años en ese tiempo. Y habían esperado veinticinco años por ese bebé, dándole gracias a Dios por él antes de que el bebé llegara. Eso es. Uds. son hijos de Abraham si tienen esa fe. Miren, tienen que tener la fe de Abraham.
Dios le dijo a Abraham: “Yo te he llamado de tu tierra, y voy a…”. Él había vivido con Sara desde que ella tenía diecisiete años. Y durante toda su juventud habían vivido juntos. Y aquí estaba ella, de sesenta y cinco años, probablemente treinta o cuarenta… treinta años después de la menopausia, tal como es con las damas, más allá de cualquier esperanza de tener un bebé. Pero, Dios dijo: “Vas a tener un bebé por ella. Por tu esposa”.
13 Y Abraham creyó a Dios. No importa qué tan imposible… Si me disculpan la expresión, me supongo que salió y compró un montón de pañales, y preparó los alfileres y demás, iba a tener un bebé, se estaba preparando para eso. Cuando Sara… El primer mes pasó: “¿Cómo te sientes, Sara?”.
“No me siento diferente”.
“Pero gloria a Dios, vamos a tener el bebé de todas maneras”. No importaba lo que el exterior decía, Dios había hecho la promesa. Pasaron diez años. “¿Qué de ello?”.
“Bueno, no hay diferencia”.
“Pero bendito Dios, vamos a tener el bebé de todas maneras”.
“¿Cómo sabe?”.
“Dios lo dijo”.
Aquí se encuentra él de cien años. Y Abraham en lugar de debilitarse… Si Dios le da una promesa a Ud. a través de Su Palabra esta noche, y no sucede a los cinco minutos, pues, ustedes se van y dicen: “No hay nada al respecto”. ¿Cómo puede ser un hijo o hija de Abraham?“. Cuando Dios le hace una promesa a un hijo o a una hija de Abraham, ellos le creen a Dios. Y Abraham, la Biblia dice, en lugar de debilitarse, se fortaleció todo el tiempo, sabiendo que sería un mayor milagro. Y él llamó aquellas cosas que eran como si no lo fueran. Él le creyó en Dios.
14 Y Simeón tal vez dijo: “Ahora, si mi padre, Abraham, creyó en Dios, porque Dios le dio la promesa, Dios me prometió a mí también, y yo lo creo”.
¿Qué piensa Ud. que diría un doctor hoy si un hombre anciano de cien años y su esposa de noventa, fuera a la oficina del doctor y dijera: “Doctor, quiero que haga los preparativos en el hospital, porque mi esposa va a tener un bebé?”.
Pues, ¿saben lo que le harían a ese hombre? Ellos dirían que estaba loco. Es la misma cosa que le dirían a cualquier persona que toma a Dios en Su Palabra: ellos dicen que están locos cuando ellos son guiados por el Espíritu. Pero los hijos de Dios son guiados por el Espíritu de Dios. Y el Espíritu de Dios siempre atestiguará que la Palabra es la verdad. No importa lo que diga la gente, la Palabra está correcta. ¿Lo ven? ¡Oh, yo amo la Palabra! La fe tiene que anclarse en la Palabra, en lo que Dios dice.
15 Ahora, si se fijan, como estaba diciendo anoche, Jesús nunca reclamó ser un sanador. Jesús solamente veía visiones. Él dijo: “Yo no puedo hacer nada hasta que el Padre Me muestra qué hacer”. San Juan 5:19.
Cuando Felipe vino a Él y fue salvo, y salió y encontró a Natanael orando bajo un árbol, a varias millas de distancia, lo trajo de regreso, Jesús se paró y lo miró y dijo: “He aquí, un israelita en quien no hay engaño”, estando parado en la audiencia. Sabía lo que estaba mal con él, todo sobre él.
Él dijo: “¿De dónde me conoces, Rabí?”.
Dijo: “Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo del árbol, Yo te vi”.
Ese era Jesús. Y esas cosas que Él hizo, Él dijo: “Vosotros también las haréis. Yo me voy a ir, pero un poquito y Yo regresaré de nuevo y estaré con vosotros, aún en vosotros hasta el fin del mundo. Vosotros Me veréis, y estas señales y maravillas hasta el fin del mundo”. ¡Amén! No se emocionen. Amén significa “Así sea”. Muy bien. Uds. no me entusiasmarán a mí diciendo: “Amén”. Como que eso me quita un poquito el aliento.
16 Yo sé que estoy hablando con muchos cazadores de zarigüeyas. En una ocasión tuve un perro viejo, que casi agarraba cualquier cosa que uno rodeaba excepto un zorrillo. Y yo metía un zorrillo bajo un montón de maleza, y el perro no iría a buscarlo. La única cosa que yo tenía que hacer era levantar el montón de maleza y darle una pequeña palmadita y decir: “Atácalo”. Él iba a buscarlo. El peor zorrillo que yo conozco es el diablo. Un poquito de: “Amén” de vez en cuando, y un “atácalo…”. Eso es correcto.
Muy bien, guiado por el Espíritu de Dios. Estén esperándolo. Simeón esperaba que Dios cumpliera Su Palabra. Abraham esperaba que Dios cumpliera Su Palabra. David esperaba que Dios cumpliera Su Palabra cuando él se encontró con el gigante. Sansón esperaba que Dios cumpliera Su Palabra cuando puso sus brazos alrededor del poste. Sansón esperaba que Dios cumpliera Su Palabra cuando levantó una quijada de mula y derrotó a mil filisteos. Los jóvenes hebreos esperaban que Dios cumpliera Su Palabra cuando entraron al horno ardiente. Daniel esperaba que Dios cumpliera Su Palabra cuando entró en medio de leones. La mujer que tocó el borde de Su vestidura esperaba que Dios cumpliera Su Palabra. Martha esperaba que Dios cumpliera Su Palabra cuando Él dijo: “Yo soy la Resurrección y la Vida”.
17 Hoy día, cuando Ud. trata de hacer de Jesús simplemente un hombre… Oh, eso hace que me sienta raro por dentro: diciendo que Jesús fue solo un profeta —solo un hombre. Él era Dios Mismo, nada menos que Jehová Todopoderoso velado en carne. Si acaso no lo era, entonces era el falso más grande que el mundo haya tenido.
Una mujer, perteneciente a una cierta iglesia, una iglesia de la Ciencia Cristiana, que me dijo recientemente, ella dijo: “Reverendo Branham, Ud. pone mucho énfasis en Jesús siendo Deidad”.
Yo dije: “Él era Dios”.
Ella dijo: “Ahora, Reverendo Branham”, ella dijo: “Ud. sabe que Él era solo un profeta”.
Le respondí: “No, Él no lo era. Él era Dios”.
Ella dijo: “Si yo le pruebo que Él no era Divino, ¿lo aceptará?”.
Le dije: “¿Cómo lo va a probar?”.
Ella dijo: “Por la Biblia”.
Dije: “Seguro”. Sí, señor. Si la Biblia dice que Él no era Divino, Él no lo era. Yo creo la Biblia, porque no hay otro fundamento sino esto aquí mismo, la Biblia.
Y ella dijo: “Se lo probaré por la Biblia que Él no era Divino”.
Yo dije: “Muy bien. ¿En dónde está su Escritura?”.
Ella dijo: “San Juan el capítulo 11”.
Bueno, yo dije: “¿En qué lugar ve que Él no era Divino?”.
Dijo: “Cuando Él fue a la tumba de Lázaro”. Dijo: “La Biblia dice: Él lloró”. Dijo: “Eso prueba que Él era un hombre. Él no era Divino, o no podría llorar”.
18 Yo dije: “Dama, ese argumento está más diluido que el caldo que se hizo con la sombra de una gallina que se murió de hambre”. Le dije: “Usted no tiene nada de espacio”. Dije: “Él era un hombre, pero Él era también Dios. Dios estaba en Cristo, reconciliando Consigo al mundo”. Yo dije: “Cuando Él se paró en la tumba, ciertamente, Él lloró como hombre. Pero cuando Él miró alrededor, y enderezó Su cuerpecito (no había mucho que verle: la Biblia dice: Sin hermosura para que le deseemos), pero cuando Él se fijó en la tumba, un hombre que había estado muerto y en la tumba, y los gusanos de la piel entraban y salían de él, Él dijo: ¡Lázaro, ven fuera!. Y un hombre que llevaba cuatro días muerto, y su alma llevaba cuatro días de viaje allá afuera en algún lugar, cobró vida y se puso de pie otra vez. Ese fue más que un hombre”.
Sí, señor. La corrupción conocía a su Maestro, la vida conocía su Hacedor. Y un hombre que se estaba pudriendo en la tumba regresó como un hombre viviente normal, y se sentó y comió con la raza humana. Ese era más que un hombre. Ese era Dios en un Hombre.
19 Seguro. Él bajó de la montaña aquella noche… una mañana, mejor dicho, hambriento, buscando alrededor de una higuera para encontrar algo de comer. Él estaba hambriento. Él era un hombre cuando tenía hambre, pero cuando tomó los cinco panecillos y los dos peces, y alimentó a cinco mil, Ése era más que un hombre. Ése era Dios, un Hombre-Dios. Verdaderamente.
Él era un hombre aquella noche cuando estaba tan cansado y la virtud estaba saliendo de Él por sanar a los enfermos y demás durante el día, y Dios el Padre hablando a través de Él con visiones y así sucesivamente. Él estaba allá afuera en un mar tormentoso. El pequeño barco se agitaba como un corcho de botella; diez mil diablos del mar juraron que lo ahogarían esa noche. Y Él estaba tan cansado, estaba acostado en la popa del barco; aún las olas no lo despertaron. Él era un hombre acostado allí cansado. Pero cuando Él puso su pie sobre la proa del barco, miró hacia arriba, y dijo: “Calla, sea la paz” y los vientos y las olas le obedecieron, Ése era más que un hombre. Él era el gobernante de los cielos y la tierra hablando a través de esos labios mortales. Verdaderamente.
20 Él murió en la cruz gritando como un hombre: “Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”. Él murió como un hombre, pero al tercer día se levantó, probándose a Sí mismo. Con razón el poeta dijo: “Viviendo, Él me amó; muriendo, Él me salvó; sepultado, Él llevó lejos mis pecados: resucitando, Él me justificó gratuitamente para siempre: Un día Él viene; ¡oh glorioso día!”. Con razón ha emocionado el corazón de poetas y autores, y de profetas a través de los años. Y cualquier hombre que alguna vez haya tenido algo de importancia creyó en Él como Salvador.
Eddie Perronett, cuando él fue perseguido por el mundo exterior… Recientemente me paré en su tumba, en la de él y de Cowper, quien escribió: “Hay Una Fuente Llena De Sangre”. Cuando Eddie Perronet, muy adentro en su pequeño estudio un día, y ellos no podían vender sus canciones… Decían que él estaba loco. Pero Dios le habló, y tomó su pluma y escribió el canto inaugural de la segunda venida de Jesús. Él dijo: “Todos veneren el poder del Nombre de Jesús. Ángeles postrados caigan. Traigan la Corona Real y corónenle Señor de todo”. ¡Oh, vaya! Miren eso.
21 Expectaciones: Si ustedes lo están esperando, lo recibirán. Normalmente Uds. reciben lo que están esperando. Si vinieron a la reunión en esta noche, con la expectativa de encontrar algo que criticar en la reunión, el diablo se los va a mostrar. Él se encargará de satisfacerlos. Uds. obtienen lo que esperan. Si vinieron a obtener una bendición, Dios se encargará de que la reciban. Si vinieron para ser salvos, Dios se encargará que lo obtenga. Si vinieron a ser sanados, estén con la expectativa de sanar; Dios se encargará que Ud. lo haga. Es lo que sea que Uds. esperan.
Ahora, en los días de Simeón, ellos no tenían telegramas y cosas como las que tenemos hoy día. Y no tenían las televisiones, y los radios, y así sucesivamente de la ciencia moderna que nosotros tenemos. El mensaje era de labio a oído. Y Uds. saben, solo aquellos que están con la expectativa normalmente reciben lo que están esperando.
22 Noten, había unos Magos lejos en la parte oriental del país, tal vez en la India: Magos. No hace mucho, aproximadamente un año, pasando por las calles de la India, viendo a los viejos Magos todavía en sus mismas costumbres sentados allí observando las estrellas… Estos Magos, ellos creían que Él venía. Y tres de ellos vieron la estrella y la siguieron desde el Este al Oeste. La Escritura dice: “Hemos visto Su estrella en el Este”. Sí, ellos estaban en el Este, y la vieron en el Oeste, porque el Oriente se encuentra al Este de Palestina. Por tanto, tenían que estar en el Este para ver la estrella en el Oeste. “Hemos visto Su estrella en el Este, y venimos al Oeste a adorarle a Él”. Amén.
Noten, esa estrella pasó por sobre cada observatorio. Y esa era la única forma que tenían de saber la hora en aquel entonces, era por medio del observatorio. Ellos mantenían la hora por medio de las estrellas: “Guarda, ¿qué de la noche?”. ¿Se acuerdan del profeta? Esa estrella… ¿Creen Uds. que era una estrella? La Biblia dice que lo era. Y pasó por sobre cada observatorio con creyentes ortodoxos mirando hacia el cielo, observando la hora. Ellos se quedaban arriba en el edificio, sobre el muro, y observaban las estrellas. Y algún hombre preocupado salía de noche y decía: “Guarda, ¿qué al respecto?”.
“Es la hora tal”, la cuarta vigilia, la quinta vigilia, “faltan tantas horas todavía para el amanecer”.
23 Y ellos observaban las estrellas en cada ciudad. Y ni uno de ellos la vio. Y los Magos la siguieron durante todo el trayecto desde la India, directamente a Palestina. ¿Por qué ellos no la vieron? La razón que la gente no puede ver las cosas gloriosas de Dios para hoy, ellos no las están buscando. Esa es la razón. Solamente se les es dado a aquellos que lo están buscando. Esos Magos habían observado la profecía de Balaam cuando él dijo: “Se levantará Estrella de Jacob”. Y ellos sabían, por la manera en que las cosas se estaban acomodando. Era tiempo de que aconteciera. Y uno puede darse cuenta. Amén.
Aquí está. Escuchen. Ud. puede darse cuenta que estamos al final del camino. Bombas atómicas, de cobalto, hidrogeno, las naciones temblando, discutiendo, los grandes enemigos suspendidos allá lejos con aviones jet que pudieran volar esta nación en pedazos, sí, a todo el mundo en cinco minutos de tiempo. Todos están nerviosos.
24 Parecido a un pequeño cordero afuera en el campo comiendo, y pareciera que se empieza a poner nervioso. ¿Qué sucede? Ustedes que están en lo alto y miran hacia abajo, se fijan, es un león que viene agachado en su búsqueda. Él no ve al león, pero hay algo que se lo está diciendo. De esa manera es hoy con los seres humanos. Ellos están nerviosos. Están preocupados. No saben qué hacer. ¿Qué sucede? Es el enemigo que viene agachado. Él está listo para saltar. El fin está aquí. Y cualquiera que piense bien mentalmente sabe que algo está mal.
25 Los Magos vieron eso, y dijeron: “Habrá una Estrella que se levantará. Yo la estaré buscando”. Ellos la vieron.
¿Qué fue lo que dijo Jesús que sucedería alrededor de este tiempo? Dijo: “Yo le restauraré a la gente toda la gloria previa, y derramaré sobre ellos la lluvia temprana y tardía. Y las señales y maravillas que estuvieron en la primera iglesia estarán en la segunda iglesia en el día final”. Aquí está su señal. Él está apareciendo en la tierra. Señales y maravillas, la misma cosa que Él hizo está aquí otra vez. Su Espíritu moviéndose entre la gente.
El profeta dijo que habría luz en la tarde. Sería un día el cual no sería ni día ni noche. Estaba sombrío. Allá en los inicios de la iglesia cuando ellos tenían señales y maravillas de Jesús entre ellos, vieron visiones, y sanaron a los enfermos, y así sucesivamente, grandes señales y maravillas de la Biblia. La luz se volvió tenue. Así continuó hasta que atravesó por las edades del oscurantismo. Después de la edad oscura vino Lutero. Después de Lutero vino Wesley. Después de Wesley vino Calvino. Después de Calvino vino… Oh, simplemente siguió y siguió. ¿Qué es? Tenían suficiente luz para saber que Jesús salvaba.
26 Era un día sombrío, pero la Biblia dice: “En el tiempo de la tarde, habrá luz”. El sol se estaba levantando en el Este sobre la gente del Este, los judíos con la gente del Este. Y la civilización viaja con el sol. Y ahora está en los últimos días. Hemos viajado a la Costa del Oeste. Lo que sigue es al Este otra vez. Y cuando el sol se esté ocultando, brillará en toda su gloria.
El Espíritu Santo está aquí. ¿Lo han estado esperando? Si es así, Uds. de seguro verán Su guianza.
Simeón, él estaba esperando a Jesús. Y si Dios le ha hecho a usted una promesa, Dios está bajo obligación de cumplir esa promesa. Y Dios jamás hace una promesa que no pueda cumplir. Así que, cuando Simeón…
Tal vez ese día cuando Jesús nació, llegaron los hombres sabios. Ellos estaban con la expectativa. Los pobres pastores allá en la colina… Él nunca fue a los clérigos. Ellos no lo estaban esperando. Esos pastores, pobres campesinos allá al lado de las colinas, los Ángeles bajaron y dijeron: “Hoy, en la ciudad de David, ha nacido Cristo, el Señor”. Fueron y lo hallaron así. Los mensajes no se esparcían alrededor.
27 Tomemos por ejemplo, que es lunes por la mañana en el templo. Muchos bebés nacen en dos millones de personas, como había de judíos en aquel entonces. Nacían muchos bebés. Cada niño varón debía ser traído al templo después de los ocho días y tenía que ser circuncidado. Y la madre tenía que ofrecer un cordero, o si ella era pobre, ofrecía dos tórtolas para su propia purificación, y por la circuncisión del bebé. Era la ley.
Digamos que es lunes por la mañana. Cientos de bebés nacen cada día. Y es lunes por la mañana, estaban muy ocupados en el templo. Caifás estaba reclinado con su abanico como juez, sin saber nada al respecto. Los sacerdotes están en su rutina normal, discutiendo la clase de botones que debían traer en sus ropas, o algo como eso. Y allí está un hombre anciano de nombre Simeón sentado en su cuarto de oración, leyendo Isaías, tal vez: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros. Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados, y por Sus llagas fuimos nosotros curados”. “Oh”, él dice: “Dios, oh Dios, y Tú me has dado la maravillosa promesa de que yo te voy a ver”. En ese momento… Si Dios le ha hecho a Ud. una promesa, Dios cumplirá Su promesa.
28 El Espíritu Santo le habló y dijo: “Simeón, levántate”.
“¿Para qué, Señor?”. No, no. Un hombre de Dios no cuestiona a Dios. Cuando Él dice: “Levántate”, él se levanta.
Él se levantó. No es su negocio lo que Él va a hacer; solo sígalo a Él. No espere y diga: “Ahora, si voy al altar… la Sra. Jones, ¿Qué irá a decir ella? ¿Qué irá a decir el pastor? ¿Qué dirá este?”. Lo que ellos digan no hace ninguna diferencia; haga lo que dice el Espíritu Santo que haga: “Muévase”.
Simeón se levantó en el templo. Él miró alrededor. La Biblia dice: “Cuando un Abismo”, a David: “Cuando un Abismo llama a otro abismo…”.
¿Creen Uds. en sanidad Divina? Digan: “Amén”. Bueno, esa es la razón por la que hay sanidad Divina, porque Uds. lo creen. Hay algo en ustedes.
29 Cuando nosotros recién llegamos, que nuestros padres vinieron a Kentucky, pelearon con Indios. Y encontraron que los Indios, cuando morían, bajaban aquí al Río Ohio, y alrededor del Río Green, y el Río Cumberland, y colocan a su muerto en la canoa, y le ponían un poco de maíz, un arco y una flecha, y lo empujaban por el río. Decían: “Él va hacia la tierra feliz de cacería”. El Indio no conocía de Dios; la única cosa, había algo en él que le decía que había un Dios.
Los hotentotes de África entraron allí; el hombre no sabía distinguir su mano derecha de su izquierda, pero él adoraba una imagen. Sabía que había un Dios. Algo dentro de él… Él es un ser humano. Él tiene un alma, le dice que hay un Dios.
30 Noten, rápidamente. (Tengo que darme prisa y cerrar. El tiempo está pasando muy rápido“). Noten: ”Cuando un Abismo llama a otro abismo…“. David dijo: ”A la voz de Tus cascadas…“. Si hay algo aquí adentro llamando por algo, tiene que haber algo allá afuera que responda ese llamado. En otras palabras, antes de haber una aleta en el lomo de un pez, tiene que haber agua para que él pueda nadar, o no hubiera tenido la aleta. Antes de que hubiera un árbol que creciera en la tierra, tenía que haber una tierra primero, o no hubiera un árbol para crecer en la tierra. Si hay algo aquí adentro llamando por algo, tiene que haber algo allá afuera que responda a eso.
Pasó no hace mucho, que leí en el periódico (lo he citado muchas veces), donde un pequeñito se comió los borradores de sus lápices. Él se comió el pedal de su bicicleta. Y lo llevaron con el doctor y lo examinaron en el laboratorio…o, en la clínica, mejor dicho, y encontraron que su cuerpo necesitaba azufre. Él encontró azufre en el pedal de la bicicleta, o en el caucho. Hay azufre en el caucho, ¿ven? Aquí había algo que llamaba al azufre, y si hay algo que llame al azufre, tiene que haber un azufre para responder a ese llamado, o nunca hubiera un llamado.
31 Y si Ud. está buscando sanidad Divina de parte de Dios, tiene que haber una fuente abierta en algún lugar. El Indio estaba buscando a Dios. Tiene que haber un Dios que responda eso. Si Ud. está buscando el Espíritu Santo, tiene que haber un Espíritu Santo que responda esa búsqueda. Si no hay un abismo que responda, no hay un abismo que llame.
¿Por qué vino Ud. aquí esta noche? Porque Ud. cree que hay un lugar. Y tan seguro como usted lo cree, hay una Fuente abierta. Es por eso que el Espíritu Santo los trajo aquí.
Simeón creyó que iba a ver al Cristo. Y él estaba sentado en el templo; era el negocio de Dios encargarse que él encontrara ese lugar. Igual como es el negocio de Dios encargarse que Ud. llegara aquí esta noche. Guiado, con la expectativa, y él se levantó, salió caminando por el edificio.
32 Noten, rápidamente. (Préstenme su atención). Caminando por el edificio, y de repente, él se topa con esta línea de madres. Él miró estando parado allí. Estaban todas las mujeres ricas con sus pequeños bebés en finos tejidos, con sus cobijitas rosas y azules y así sucesivamente, cada uno sosteniendo un cordero, cositas bonitas. Y muy atrás en la línea, veo a una pequeña virgencita de unos dieciocho años de edad. Ella tiene un nombre negro detrás de ella, porque dijeron que el bebé le pertenecía a José, y que el bebé había nacido fuera del matrimonio. Pero en ese corazoncito de madre, ella sabía a quién le pertenecía ese bebé. No tenía finos tejidos; estaba en pañales. Viene siendo lo que se le quita de la espalda a la yunta de bueyes cuando está arando: el Rey de la gloria, sin tejidos, pañales con los cuales envolverlo.
La madre estaba parada allí, con su pequeño velo sobre su rostro con la mirada hacia abajo viendo a su pequeño bebé, y las otras mujeres guardando su distancia. “No tendremos nada que ver con ella. Ella es una marginada”. Una marginada. En su corazón ella sabía a quién le pertenecía el bebé.
33 El Espíritu Santo dijo: “Será llamado el Hijo de Dios”. ¿Cómo? No era para razonarlo; era para creerlo. Y allí, ellas guardaban su distancia. Pero aquí venía el profeta, aquel quien creía en lo Sobrenatural. Él era lo Sobrenatural. Caminando a través de allí, el viejo sabio, y las lágrimas corriendo por sus mejillas mientras caminaba, se detuvo justo en frente de esa pequeña madre, se acercó y tomó a ese bebe de sus brazos. Él lo miró, las lágrimas corriendo por sus mejillas, y dijo: “Señor, despide a Tu siervo en paz. De acuerdo a Tu Palabra, mis ojos han visto Tu salvación”. Allí lo tienen. Guiado por el Espíritu. ¡Oh, vaya! Esperándolo y siendo guiado por el Espíritu hacia lo que Ud. está esperando.
En el templo ese mismo día, estaba una anciana ciega profetiza de nombre Ana. Ella no dejaba el templo; ella oraba día y noche. Estaba ciega en sus ojos, pero podía ver mucho más lejos que la gente con sus ojos. Ella… ciega, estaba esperando la consolación de Israel, sabiendo que Cristo vendría un día. Y el Espíritu Santo la impactó. Ella se puso de pie, y aquí venía esa anciana profetiza, ciega, moviéndose por el Espíritu Santo, moviéndose por el templo, alrededor de los críticos, hasta que vino y se detuvo enfrente de Él. El Espíritu Santo guiándola a Cristo. Se levantó y profetizó, y bendijo a María y al bebé. Guiado por el Espíritu, esperándolo, creyéndolo.
34 Hace un tiempo, viniendo de Dallas, Texas, se suscitó una tormenta y sopló sobre mi avión. Aterrizamos en Memphis, Tennessee. Nunca lo olvidaré. Me enviaron al gran hotel de allí llamado: “Peabody”. Yo jamás pudiera quedarme en un hotel como ese con mi propio dinero. No tengo esa clase de dinero. Pero la aerolínea me envió allá, la TWA. Y después, estuve allí esa noche, oré esa noche. Y a la siguiente mañana… ¿Creen que somos guiados por el Espíritu de Dios?
Desearía tener el tiempo de decirles muchas cosas. Seguimos con esto: En este momento fue muy impactante. A la siguiente mañana tenía unas cartas; iba a la oficina postal a depositarlas. Y comencé a caminar por la calle; me llamaron y dijeron: “Prepárense para tomar el avión a las ocho en punto. La limusina lo recogerá a las siete y media”.
Dije: “Gracias, señor”. Dije: “Ahora, veamos. Son las seis y media. Tengo tiempo para ir allá a la oficina de correos”.
35 Me fui a depositar las cartas. Iba por la calle cantando. Cuando de repente, el Espíritu dijo: “Detente”.
Yo pensé, ¿qué está mal? Pensé que tal vez solo había escuchado eso.
Avancé un poco más, y algo me detuvo, dijo: “Detente un minuto”.
Yo miré, y estaba un policía parado allí en la esquina, así que retrocedí un poco como si estuviera observando unos carretes de pesca. Y el Espíritu Santo dijo: “Date la vuelta y vete por el otro lado”. Yo no sé otra cosa más que hacer lo que Él me dice que haga, y espero nunca saber otra cosa.
Me di la vuelta y me regresé, pasé al lado del hotel, seguí adelante y adelante. Y miré mi reloj; eran las ocho y media. Llegué directamente al distrito de la gente de color. Yo no sabía hacia dónde me dirigía: estaba siendo guiado. Yo no sabía. Solo seguía adelante. Me ha pasado decenas de veces, sí, cientos de veces. Simplemente estaba siendo guiado.
Yo pensé, Señor, ¿por qué me quieres aquí alrededor del río, y en esas pequeñas chozas donde vive la gente de color?
“Eso no tiene nada que ver contigo. Sígueme tú”.
36 Yo solo seguí caminando. Cuando de repente, miré, recargada sobre la cerca… Y yo iba solo por ahí cantando esa cancioncita: “Estoy tan feliz de poder decir que soy uno de ellos”, cantando para mí. Y miré hacia la cerca, y ahí estaba una típica Tía Jemina con una camisa de hombre amarrada en su cabeza, estaba allí una vieja cabañita blanco lavado, y la punta de un arado colgaba de la cerca haciendo contrapeso para jalarla. Y ella estaba allí afuera mirando alrededor. Y yo la vi a una distancia de cien yardas [91 m] y dejé de cantar, solo seguí por la calle. Cuando pasé al lado, ella comenzó a sonreír, mirándome, lágrimas corriendo por sus grandes y gordas mejillas. Ella dijo: “Buenos días pastor”.
Me di la vuelta. Yo dije: “Buenos días, Tía”. Yo dije: “¿Cómo supo Ud. que yo era un pastor?”.
Ella dijo: “Pastor, ¿alguna vez ha leído en la Biblia sobre la mujer sunamita, que no podía tener un bebé, y ella le dijo al Señor que estaba bendecida, y Elías le dijo que iba a tener un bebé, ella lo tuvo, y luego el bebé murió?”.
Le respondí: “Sí, recuerdo eso”.
Ella dijo: “Yo soy como esa mujer. Yo no podía tener ningún bebé, y le dije al Señor que yo criaría al bebé”, y dijo: “para Él”. Y ella dijo: “El Señor me dio a mí y a mi esposo un bebé”. Y ella dijo: “Pastor”, ella dijo: “el bebé, mi niño, cuando se convirtió en un hombre, él salió e hizo lo que estaba mal”. Y dijo: “Yo no pude evitarlo, pastor”. Dijo: “Yo he lavado sobre el lavadero”, dijo: “y traté de criarlo bien en la iglesia. Pero”, dijo: “él se descarrió y se alejó de Dios; y se metió en el grupo equivocado”. Y dijo: “Pastor”, dijo: “se contagió de una muy grave enfermedad”, (Sífilis, muriendo con una enfermedad venérea) y dijo: “y está acostado aquí y se está muriendo”.
Y ella dijo: “Oh, el hombre doctor estuvo aquí ayer”, y dijo: “él ha estado inconsciente desde ayer en la mañana, y me dijo: Él ya no volverá a recobrar la consciencia. Dijo: Su corazón, la sangre se le está regresando por el corazón. Se lo carcomerá, y es demasiado tarde para hacer algo por él. Ya le hizo agujeros”. Y ella dijo: “Pastor, yo simplemente no puedo ver a mi bebé muriendo sin conocer al Señor”. Ella dijo: “Oré toda la noche”. Dijo: “Yo seguía diciendo: Señor, yo soy igual que esa mujer. ¿En dónde está Tu Elías?”. Dijo: “Yo seguía orando, y”, dijo: “Me quedé dormida”. Y ella dijo: “Soñé que vi a un hombre que venía con un traje de color gris, usando un sombrero”. Dijo: “Ese era usted, pastor”. Ella dijo: “El Señor me dijo, a las tres de esta mañana, que me parara en esta cerca y lo esperara”. Dijo: “Yo he estado aquí desde entonces”.
Le di una palmada en su hombro aún mojado por el roció. Yo pensé: “Señor, esto es”.
37 Ella dijo: “¿Gusta pasar?”.
Yo he estado en cuatro palacios de reyes. He estado en algunos de los mejores hogares en las naciones alrededor del mundo. Nunca estuve en uno donde me sintiera más bienvenido que en esa casita humilde aquella mañana. Atravesé la puerta. No había carteles de mujeres en las paredes. Había un pequeño anuncio sobre la puerta. “Dios bendiga nuestro hogar”. Miré una vieja estufita de leña sobre el piso, una pequeña camita tubular en el rincón, y un gran muchacho oscuro, enorme, de unas ciento ochenta libras [81 Kg. Trad.] acostado allí con una sábana en su mano haciendo: “Mmmmm, Mmmmm”.
Ella dijo: “¿Lo ve, pastor?”. Dijo: “Él ha estado inconsciente, ahora, este es el segundo día”. Y dijo: “Él piensa que está allá afuera en un gran mar, y que está perdido”.
Y justo en ese momento él dijo: “Mami, está oscuro. Está oscuro. No sé hacia donde yo me dirijo”.
Ella dijo: “Oh, pastor”, dijo: “¿escuchó eso?”. Dijo: “No puedo soportar ver morir a mi bebé de esa manera”, y se acercó y lo besó en su frente.
Pensé, oh Dios. No importa lo que él haya hecho, en cuánto pecado se metió, él todavía era el bebé de mami. Ella no podía olvidarlo. Ese es su bebé. Y yo pensé, Dios, si esa madre no puede olvidar a su bebé, aún Tu dijiste: Una madre podrá olvidar su hijo lactante, pero Yo no puedo olvidarte. Te tengo esculpido en la palma de Mi mano. Y yo pensé, oh Dios, esa pobre mujer.
38 Y ella estaba llorando. Y yo dije: “Tía, mi nombre es Branham. ¿Ha escuchado de mí?”.
Ella dijo: “No, señor, Pastor Branham, nunca había escuchado de usted”.
Y yo dije: “Mi ministerio es orando por los enfermos”.
Ella dijo: “Me da gusto escuchar eso”.
Le dije: “Tía, ¿se arrodillaría conmigo para orar?”.
Ella dijo: “Sí, pastor”.
Dije: “Guíenos, Tía”.
Y ella se arrodilló allí, y oh, hermano, usted habla de… Ella pudiera haber sido una lavandera, pero déjeme decirle, cuando esa mujer anciana comenzó orando, uno podía sentir el poder de Dios moviéndose en la habitación.
Ella dijo: “Querido Dios…”. Su bebé estaba acostado muriéndose, pero no le molestaba ni un poquito. Ella dijo: “Querido Dios, vengo a Ti en el Nombre de Jesús”. Tal oración, me quedé allí y tomé la sábana y me limpié los ojos con ella cuando ella terminó de orar. Dijo: “Señor, Tú has enviado a Tu pastor. Ahora, Señor, permíteme escuchar a mi bebé decir que él es salvo antes de que se vaya”.
Yo la miré a ella. Pensé, bendito sea tu viejo corazón. Yo dije: “Ahora, yo oraré, Tía”. Dije: “Padre Celestial, mi avión se fue hace casi dos horas, pero Tú dijiste: Camina. Eso es todo lo que yo supe hacer. Yo estaba esperando que Tú hicieras algo. Ahora, yo no puedo hacer nada, Señor, pero solo hablar Contigo”. Yo toqué sus pies. Estaban fríos y pegajosos. La muerte estaba sobre él. Yo dije: “Lo único que puedo hacer es hablar Contigo, Señor, pero ¿tendrás misericordia de este muchacho? Sálvalo, querido Dios, y sana su cuerpo por causa de esta pobre madre anciana”.
Y cuando terminé la oración, él dijo: “Mamá”.
Ella dijo: “Sí, querido”.
Dijo: “Está entrando luz en la habitación”.
39 Cinco minutos después, él estaba sentado al lado de la cama, estrechándome la mano. Salí inmediatamente y tomé un avión, y me fui a la estación; el avión estaba todavía esperando, haciendo su última llamada. Dios, por medio de la gracia, paró ese avión, y lo mantuvo allí por causa de una pobre e ignorante mujer de color. Piensen en gracia, la gracia inconmensurable e ilimitada de nuestro Dios. Aterrizó un avión, y lo mantuvo allí, se quedó allí para la oración de una pobre mujer lavandera. ¡Oh, vaya!
Hace como un año, yo iba pasando por el tren… o, el tren se detuvo. Si Uds. alguna vez fueron a Memphis, cómo es que el tren llega al lugar; emprendí el camino para conseguirme un emparedado; estaba demasiado caro en el tren, así que bajé para conseguirme una hamburguesa. Y me bajé del avión… o, del tren, iba caminando; escuché a un mozo de la estación decir: “Hola, pastor Branham”.
Miré alrededor, yo dije: “¿Cómo le va señor?”.
Dijo: “¿No me reconoce, verdad?”.
Le respondí: “Creo que no”.
Dijo: “¿Se acuerda de aquella mañana cuando el Espíritu Santo lo guió a la casa de mi mami?”.
Yo dije: “¿No eres ese muchacho, verdad?”.
Él dijo: “Sí, pastor”. Dijo: “Yo estoy sano, y soy un Cristiano, ahora”. Amén. ¡Oh, vaya!“.
40 Hace unos días, los hermanos aquí estudiantes estuvieron en mi casa, y su encantador muchacho que está aquí, Hermano Banks Wood y su esposa, que viven…. son mis vecinos. Mirando por el camino, hay un bosque abajo a unas 150 yardas [137 m. Trad.], subiendo por el camino, y dio vuelta en mi cerca, pasando las otras cuatro casas, estaba una zarigüeya a las diez horas del día.
Ahora, hermanos cazadores, Uds. saben que una zarigüeya no viaja durante el día. Ellas viajan durante la noche. Empezó a entrar; yo pensé, tal vez tiene rabia. Así que, fui y tomé el rastrillo para colocarlo encima, y ella me gruñó. Tenía una pata quebrada. Los perros debieron haberla mordido, o un carro la golpeó; y tenía moscas verdes y gusanos en sus orejas, y estaba en una condición terrible. Yo pensé, esa es la razón por la que gruñó. Normalmente, ellas solo se acuestan. Pero me di cuenta que tenía nueve bebés pequeñitos desnudos.
Le dije al Hermano Leo, y a Gene que están aquí en algún lugar; yo dije: “Muchachos, vengan para acá”. El otro día una mujer en Jeffersonville, una hermosa mujer, dio a luz un bebé, y fue y lo envolvió en una cobija, y lo sofocó hasta morir, y se lo llevó al puente, y lo arrojó al agua. Yo dije: “Esta zarigüeya es más madre de lo que es esa mujer”. Eso es correcto. Oh, ¿qué tan bajo pueden llegar los seres humanos?
41 Y la zarigüeya no se detendría por mí. Se abrió paso hasta mis escalones y allí cayó. La Sra. Wood y el Sr. Wood, quienes están aquí en este momento, vinieron y miraron. La Sra. Wood ha tenido mucha experiencia, y el Sr. Wood, alrededor de ovejas y cosas. Unas personas encantadoras.
Y la Sra. Wood me dijo; ella dijo: “Hermano Branham, la única cosa decente que se puede hacer es matarla”. Dijo: “Todavía está respirando, pero”, dijo: “no podrá vivir. Es gangrena, y ya está muy infectada”. Dijo: “Se está muriendo. Mátela. Y luego solo tome a los pequeñitos y mátelos”. Ellos estaban tratando de amamantar a su madre. Una zarigüeya es el único animal aparte del canguro que tiene una bolsa donde carga a sus pequeñitos. Dijo: “Es la única cosa decente que se puede hacer, es matarla. Luego, después que esa madre muera, ellos amamantaran esa leche cuajada y se morirán inmediatamente, con calambres y todo lo demás”. Dijo. “Solo mátelos”.
Yo dije: “No puedo. Simplemente no puedo”.
Ella dijo: “Bueno, Ud. es un cazador”.
Yo dije: “Pero no soy un asesino”. Le dije: “Yo… solo mato lo que me voy a comer, y ese es un animal comestible. Pero yo no puedo matarlo, por alguna razón”.
Ella dijo: “Eso es correcto, Hermano Branham”. Ella dijo: “Pero no deje que sufra”.
Ella lo estaba viendo bien, desde el lado humano. Pero había algo dentro de mí que decía: “No la mates”.
42 Durante todo día la gente entraba y salía. Ella no se movió, tirada allí, y esa pierna sobresaliendo de esa manera, y esos pequeñitos aún amamantando de ella. Y yo la punzaba con un palo, y ella simplemente no podía levantarse.
Y esa noche, nosotros salimos. Tuvieron que sacarme, el Hermano Wood y demás, para dar un paseo. Íbamos conduciendo por la carretera. El Hermano Wood dijo: “¿Ven ese perrito?” Y yo me regresé a verlo; y el pobrecito, alguien lo había abandonado. Estaba lleno de pulgas, y sarna, y piojos. Dijo: “¿No cree que deberíamos matarlo?”.
Le respondí: “No, vamos a salvarlo”. Y yo lo tomé, con piojos, pulgas y sarna, y todo. Lo subí al carro, lo llevé a casa, lo medicamos. Él quiere vivir. Seguro, todos nosotros queremos vivir, ¿no es así?
43 Así que, esa noche cuando yo entré como a las once de la noche, allí estaba acostada esa vieja zarigüeya. El hermano Wood dijo: “Ella jamás se moverá”. Dijo: “Ya se hubiera movido cuando oscureció si alguna vez se iba a mover”. Dijo: “Ella no se recuperará”.
Yo dije: “Me temo que no lo hará, tampoco”.
Toda la noche no pude dejar de pensar en esa zarigüeya. Me perseguía. La siguiente mañana, mi niñita —muy espiritual, de nueve años de edad, ve visiones, muy quietecita, una niñita pía, la pequeña Rebeca— ella fue conmigo al porche para ver en dónde estaba la zarigüeya. Allí estaba recostada la zarigüeya, la madre zarigüeya, esos pequeñitos tratando de amamantar. Le di un golpe. A penas si se podía mover. No podía abrir sus ojos.
44 Yo regresé y me senté en mi cuarto. Rebeca entró de vuelta a la cocina. Yo me estaba rascando la cabeza. Dije: “Oh, vaya. Ojalá pudiera olvidarme de eso. Me imagino que tendré que matarla. Yo no quiero hacer eso.
Y algo me dijo: “Ahora, tú estuviste predicando ayer sobre ella. Dijiste que ella era una verdadera madre, y la respetaste porque ella era una madre. Ella está muriendo. Y si muere, sus bebés morirán. Y sin embargo, ella quiere vivir para sus bebés. Y tú estabas predicando sobre ser una verdadera madre. Y Yo la envié a tus escalones para que oraras por ella. Y se ha quedado allí durante veinticuatro horas como una dama, esperando su turno para que se ore por ella”.
Yo dije: “Bueno, ¿por qué…?”. Yo pensé, oye, espera un minuto. No me estoy contestando a mí mismo. ¿Quién fue el que dijo eso? Pensé, oh vaya. Debe ser el Espíritu Santo.
Y me di la vuelta y fui hacia afuera, y dije: “Padre Celestial…”. Yo lo he visto a Él antes hacer esas cosas, en un viejo sabueso en una ocasión; a un toro que me iba a matar; a las avispas, oh, muchas cosas. Dios lidia con animales. Ellos no tienen un alma, pero siguen al instinto.
45 Yo pensé, Señor, si Tú tienes respeto por una madre zarigüeya que se morirá, una zarigüeya ignorante… Ella quiere criar a sus bebés. Y Tú la enviaste desde el bosque, y pasó todas esas casas que no tienen cerca, y la hiciste dar vuelta aquí, y la colocaste en mis escalones durante veinticuatro horas esperando para que se orara por ella. Dios, si el Espíritu Santo reconoce el don de Dios, el cual Él lo ha hecho miles de veces con humanos, pero a una zarigüeya ignorante…“. Yo dije: ”Dios, entonces sana a la zarigüeya“.
Yo tendré que encontrarme con ustedes en el Juicio. La vieja zarigüeya, cuando pedí en el Nombre de Jesús por su sanidad, ella se dio la vuelta, y me miró, junto a sus pequeñitos, y me miró como para decir: “Gracias, señor”. Esa pierna estaba tan normal como podía estarlo, se fue luciéndose de esa manera.
Yo dije: “Ven aquí, Becky. Mira lo que va allí”. Se fue a la puerta, salió a la calle tan feliz como podía estarlo junto con sus bebés, directamente al bosque. Oh, esa zarigüeya sabe más de Dios que el diez por ciento de la gente en el mundo.
46 Guiado por inspiración. El mismo Espíritu Santo que los guió a ustedes hasta aquí esta noche. ¿No le creen Uds. a Él? Tengan fe. Oremos.
Nuestro Padre Celestial, guiados por el Espíritu de Dios. Oh, ten misericordia esta noche, Padre celestial, mientras que este grupo espera, mucha gente anciana, y personas enfermas están sentadas aquí esperando. Y yo me tengo que encontrar con ellas en el Juicio. Quizá si yo regreso a este lugar dentro de un año, si estoy vivo, en un grupo como este muchos ya se habrán ido. Nunca los volveré a ver después de esta noche. Y yo oro, Dios, que Tú tengas misericordia. Salva a los perdidos esta noche. Que ellos se puedan dar cuenta que este es el día de la visitación. Tú estás aquí. Tú estás tratando de hacer que la gente te mire. Señor. Tú sabes que nosotros estamos tratando de hacer que la gente te mire a Ti. Que el pecador sea salvo en este momento.
47 Si hay un pecador en el edificio, o adentro, o afuera, que quisiera ser recordado en oración, Dios puede hacer al paralítico caminar y al ciego ver. Levante su mano y diga: “Hermano Branham, ore por mí”. Solo levante su mano y vuélvala a bajar. Dios le bendiga, hermana. Dios le bendiga hermana. ¿Alguien más? Dios le bendiga, a usted. ¿Alguien a mi derecha? Dios le bendiga. Dios le bendiga, hermano. Dios le bendiga, hermana. Eso es. Dios ve su mano. Él está aquí. Él conoce todo al respecto.
Padre, oro en el Nombre de Jesús, que Tú salves esas manos de la gente. Concédelo, Señor. Muchos no tuvieron el coraje de levantar su mano, pero yo oro, Padre, que Tú los salves de todas maneras. Y que Tú vengas con gran poder en este momento. Y que nosotros podamos ser capaces de decir cuando el servicio termine esta noche, como aquellos que vinieron de Emaús: “¿No ardían nuestros corazones en nosotros?”.
Tú hiciste algo un poco extraño, diferente a lo que normalmente hacían los ministros. Tú tomaste el pan, y la manera como lo bendijiste, y el milagro que llevaste a cabo, esos discípulos supieron que no podía ser un hombre; eras Tú. Y se regresaron regocijando, diciendo: “Nuestros corazones ardían en nosotros”. No lo harás una vez más esta noche, Dios, hacer algo un poquito diferente a lo que normalmente los ministros hacen, que esta audiencia pueda saber que Tú has resucitado de los muertos, y que Tú estás aquí guiándolos esta noche a las Fuentes de Vida. Habla, oh Dios. Tus siervos escucharán.
Unge ahora a Tu siervo improductivo, Señor. Me encomiendo a Ti para el servicio que sigue. En el Nombre de Jesús. Amén.
48 Lamento haberlos retenido tanto tiempo. Uds. han sido muy amables y pacientes. Les quiero preguntar una cosa más; vamos a traer la plataforma… la gente a la plataforma para orar.
Quiero que todos estén muy reverentes como puedan. Esto pudiera parecerles un poquito extraño. Si es así, está bien. Ahora, si Ud. es un crítico, yo que usted no me quedaría por aquí. Es algo peligroso. Que sea conocido, si Dios viene y salen enfermedades de la gente, recuerden, (Desearía poder tener el tiempo para explicárselos; van a tener que tomar mi palabra… no mi palabra, pero la Biblia), esos son demonios. Pueden ir de una persona a otra, y así lo hicieron en la Biblia, y todavía lo hacen el día de hoy.
Yo he visto a veinticinco personas impactadas con epilepsia no hace mucho. Un ministro de una cierta iglesia se sentó en el auditorio, él y su congregación. Y yo les pedí que inclinaran sus rostros. Él no lo iba a hacer. Yo empecé a orar, y algo me impactó. Miré otra vez. Yo dije: “Señor, incline su rostro”.
Dijo: “No tengo que hacerlo”.
Yo dije: “Muy bien”.
Yo tenía a un niño con epilepsia. No podía lograr que el espasmo dejara al niño. Tenía un trapo alrededor de él sujeto con un gancho de la ropa, y se estaba mordiendo la lengua. No podía hacer que el espasmo dejará al niño.
Yo dije: “Señor, no sea irreverente. Jesús dijo: Si puedes hacer que la gente crea”. Dije: “Usted muestra por sus obras que no cree”.
Él dijo: “Yo no lo creo. No tengo que mantener mi rostro inclinado”.
Le dije: “Muy bien”. Yo dije: “Dios, ¿dejarías que este bebé inocente sufra por el pecado de ese hombre y de ese grupo? Satanás sal del niño. Tú estás libre”.
Y veinticinco personas brincaron en medio del piso corriendo alrededor y alrededor, echando espumarajos de esa manera. Este ministro junto con ellos, y cada uno de ellos con epilepsia, ¿ven? Eso es correcto.
Cientos de veces lo he visto suceder con toda clase de enfermedades. No estamos jugando; Uds. están en la presencia del Dios Todopoderoso.
49 Ahora, yo no los conozco. Solo conozco a unos cuantos, y es solo a unos poquitos; como a dos o tres de los que están sentados aquí enfrente, hasta donde yo sé. Y a esta dama anciana sentada aquí, la Sra. Spencer, la conozco a ella, y a la dama, los que están allí en los asientos de enfrente son los únicos que conozco.
Sin embargo, les quiero preguntar algo. Cuando Jesús estuvo aquí en la tierra, ¿cómo es que dijo Él que hacía estos milagros? Escuchen, si quieren irse a casa y leerlo, lean San Juan 5, todo el capítulo si gustan. Pero en el 5:19, cuando Jesús fue cuestionado al respecto, cuando Él pasó al lado de los cojos, secos y paralíticos en el estanque de Betesda: “Bueno, ¿por qué no sanó Él a todos?”.
Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo, el Hijo no puede hacer nada de Sí mismo sino lo que ve al Padre haciendo: eso hace el Hijo igualmente”, ¿ven?
50 Todos los profetas, y el mismo Cristo, solo hicieron como el Padre se los mostraba por visiones. Y si Él es el mismo hoy, ¿no hará Él lo mismo hoy? ¿Creen Uds. eso? Si Jesús regresara aquí a la plataforma esta noche, y lo lleva a cabo, y hace las mismas cosas que Él hizo cuando estuvo aquí en la tierra, ¿lo aceptarán y lo creerán con todo el corazón? Si es así, levante su mano a Él, no importa quién sea, pecador, santo, lo que sea. Dios le bendiga. Que Él lo conceda.
Y recuerden, cuando yo me encuentre con Uds. en el Juicio, yo todavía tendré el mismo testimonio por la misma Biblia, el mismo Dios.
Ahora, yo no puedo sanar a nadie. Uds. saben eso. Yo no soy un sanador; soy un ministro del Evangelio. Yo veo visiones; ese es el don del profeta. Yo nací con Eso aquí en el estado de Kentucky desde que era bebé. Esas cosas simplemente no vienen a uno. Uds. no las aprenden en la escuela; esos son dones Divinos, que son dados. La Biblia dice: “Dones y llamamientos son sin arrepentimiento”. Uds. nacen en el mundo con esas cosas. No vienen por educación, o por diferentes cosas, pero por el don de Dios.
51 [Espacio en blanco en la cinta]… que viene delante de mí… ¿A quién le gustaría tomar mi lugar? Aquí está… [Espacio en blanco en la cinta]… bueno, no, tal vez unas mil personas paradas alrededor cerca de ello, me imagino, varios cientos. Yo no soy bueno para calcular las multitudes. Eso no hace ninguna diferencia para el Espíritu Santo, o para mí, ya sea que haya una docena, o… Yo le he predicado a medio millón al mismo tiempo, a quinientos mil. Muchas veces en nuestras reuniones se encuentran, diez, veinte, y treinta, y cuarenta, y cincuenta mil personas al mismo tiempo. Estamos esperando ochenta mil la primera noche esta semana en Alemania. Ellos le aman a Él. Ellos están golpeados por la guerra. Están abatidos. A pesar de todos los comunistas, y Hitlers, y todo lo demás, el Evangelio todavía ondea a través de Alemania y por todo el resto del país. Es una Luz que nunca muere. Nunca morirá.
52 Aquí está una dama parada delante de mí; yo nunca la he visto en mi vida. Somos desconocidos, me imagino, uno del otro, pero no somos desconocidos para Dios.
Ahora, la mujer está parada aquí, y yo nunca la he visto en mi vida, y ella nunca me ha visto a mí. Pero ¿qué si este fuera el mismo caso como con Jesús de Nazaret? ¿Qué si Él estuviera parado aquí? ¿Qué haría Él? Averigüemos en la Biblia lo que Él haría.
Él se encontró con una mujer en una ocasión junto al pozo, y comenzó a hablar con ella. ¿Fue así? ¿Qué estaba haciendo Él? Ud. dice: “Yo no lo sé”.
Bueno, si Ud. estuviera parado aquí con esto alrededor como yo lo siento ahora, Ud. sabría a qué me estoy refiriendo. Él estaba contactando su alma. Esa mujer está viviendo. Cada persona aquí tiene un espíritu y un alma. Yo no estoy lidiando con su cuerpo; es su espíritu. Ud. corrige eso, y el cuerpo le obedecerá, ¿ven? Es el alma de la mujer la cual yo debo de tocar.
Entonces Dios, a través de profecía, me pudiera revelar y decir de dónde viene ella, quién es, y lo que ella es. Ella sabrá si eso fue verdad o no. Yo no la conozco a ella. Nunca la he visto. No tengo forma de conocerla. Pero entonces Él le dirá el motivo por el cual ella se encuentra aquí, y le pudiera decir el resultado de lo que va a pasar. Y si Él le puede decir lo que ha sucedido, ella sabrá si eso es verdad o no. Seguramente, ella podrá creer lo que Él le diga que va a suceder. ¿Es eso correcto? Nada lo pudiera hacer sino lo Sobrenatural. Ya dependerá de ella creer que lo es. La manera cómo ella lo trate, eso determinará su destino, lo que reciba.
53 Ahora, ¿cuántos de los que están aquí…? Les quiero preguntar, ¿alguien de los que están aquí conoce a la mujer? Levante su mano. ¿Alguien la conoce? Sí, mire. Pues, vaya, ella debe ser de aquí. Muy bien. Ahora, Uds. la conocen; yo no. Uds. serán el juez. Que Dios sea el juez. Yo no la conozco. Pero si Dios lo hace, igual como Él lo hizo por medio de Jesucristo Su Hijo, cuando Dios, el Espíritu, moraba en Cristo, y Cristo dijo que: “Este mismo Espíritu vendrá sobre vosotros, y haréis las mismas cosas después que Yo resucite de los muertos; Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo”, ¿no pueden creer eso?
Ahora, ahora, para la gloria de Dios, y para el poder de Su resurrección, tomo cada espíritu aquí bajo mi control, en el Nombre de Jesucristo, así que haga como Él le diga.
54 Quiero hablar con usted, dama. No es mi intención hacer de usted un espectáculo. Yo solo lo hago, porque tengo que hablar con usted (Ud. es la primera paciente) hasta que el Espíritu comience a ungir, y luego se torna algo diferente. Entonces empieza alrededor. Mire, me pone bajo la unción.
Usted está… está consciente de que está en la Presencia de algo aparte de su hermano, una sensación de saber que hay Algo cerca de usted. Ud. es una Cristiana. Veo que Ud. es una Cristiana; se está poniendo muy luminoso alrededor de usted. Eso significa que el espíritu de usted me está dando la bienvenida. Ud. no es crítico. Ud. ha venido por ayuda. Yo no la conozco, pero algo está cerca de usted, esa misma cosa que usted siente, ese Espíritu tan dulce y humilde… ¿Es eso verdad? Levante su mano a sus amigos si eso es verdad.
¿No pueden ver eso, gente, entre la mujer y yo? ¿Esa Luz moviéndose, azotando alrededor? Ese es el Espíritu Santo. Ud. no lo ve, tal vez, Ud. misma, pero su espíritu le hace saber que está aquí. Ahora, esa es la cosa que la sana a usted, yo no. Es la fe de usted en Él.
55 Pero usted ha venido a mí para que ore por usted, y yo no sé en dónde está su problema, pero Él me lo puede decir. Y si Él me lo dice, ¿lo aceptará y creerá que es Él?
Su problema radica en su espalda. Son sus riñones. ¿Es eso verdad? Y Ud. está extremadamente nerviosa. Y tiene un problema de riñón; es un… está envenenando. A través de los exámenes se muestra que es venenoso. Yo lo miró a él mientras lo está examinando. Eso es verdad. ¿Cree usted? Yo nunca la había visto a ella. Ahora, entre más hable con ella, más dirá Él. Pero, mire a los que están parados en esa habitación. Mire hacia allá. Hay muchos por los que hay que orar.
56 Observemos esto un minuto. Ud. solo hábleme otra vez, hermana. Ahora, mire, esa voz que Ud. escuchó hace unos momentos cuando le estaba diciendo lo que estaba mal, yo ni siquiera sé que fue. Lo único que sé, estos hombres tienen grabadoras funcionando aquí. Ese no fui yo; ese fue Él. Yo no sabía lo que estaba diciendo. Era Él hablando.
Pero yo veo un pequeño anuncio. No, Ud. no es de Campbellsville. Ud. es de un lugar llamado Jacktown, o algo como eso, Jacktown, Kentucky. Es verdad, ¿no es así? [La hermana dice: “Sí, señor”]. Y su primer nombre es Nettie. Y su apellido es Kaufman. Regrese a casa, Sra. Kaufman; Jesucristo la sana. Su fe la sana en el Nombre de Jesucristo. Amén.
57 ¿Creen Uds.? Si pueden creer, pueden ser sanados. Solo tengan fe. Eso es todo lo que necesitan.
¿Quiere recuperarse de ese problema de la garganta, sentado allá atrás en dirección al poste? ¿Cree que Dios hará que se ponga bien? Si lo cree, lo puede recibir. Puede tenerlo. Dios le bendiga, hermana. Póngase de pie solo un momento. No llore. Su problema de garganta ha terminado.
Usted no tiene que tener una tarjeta de oración, ¿lo ven? Tienen que tener fe. Ese no soy yo. Ese es Él quien miró en la audiencia donde una mujer tocó Su vestidura, y Él dijo: “¿Quién Me tocó?”.
Dijeron: “No hagas tales preguntas. Pues, todos…”.
Todos negaron haberle tocado a Él. Él miró alrededor hasta que encontró a la mujer. Él dijo: “Yo me debilité. Virtud salió de Mí”. Eso es lo mismo que está sucediendo. No soy yo, es Él, pero es Él aquí adentro. Él dijo: “Tu fe te ha sanado”. La mujer sabe que eso es verdad.
Sean reverentes y crean en Dios. Uds. pueden tener cualquier cosa que pidan, si pueden creer, pero tienen que creer.
58 ¿Es esta la dama? ¿Cómo le va, dama? ¿Cree Ud. que el Señor Jesucristo es el Hijo de Dios? ¿Me cree que soy Su profeta? Digo esto no como respeto propio, hermana; es porque el Ángel del Señor me dijo: “Si logras que la gente te crea”.
Veo una sombra de oscuridad colgando alrededor de la mujer. Es muerte. Sí. Ud. no viene de esta región. Ud. es de una ciudad, una ciudad grande. Se asienta sobre una colina cerca de un río, y hay una ciudad del otro lado. Oh, es Cincinnati, Ohio, es de donde es usted. Veo el puente. Ud. tiene un problema en las entrañas. Eso es correcto. Y está en el hígado, cáncer en el hígado. [La Hermana dice: “Eso es lo que dice el doctor”.] Y usted está… Sí, ese doctor de apariencia fuerte que la estaba examinando. Eso es correcto. Eso es correcto, ¿verdad? No estoy leyendo su mente. Sí. ¿Quiere irse a casa sana? Acepte a mi Señor Jesús.
Hermana, Jesús dijo: “Estas señales seguirán a los que creen. Sobre los enfermos pondrán las manos, y sanarán”. ¿Cree Ud. que soy un creyente? ¿Cree que ese era Dios hablando a través de labios humanos? Entonces, esa unción está sobre mí. ¿Qué sucederá si yo impongo manos sobre usted? Jesús dijo: “Sanarán”. ¿Se irá a casa regocijando, dándole a Él alabanza? Entonces en el Nombre de Jesucristo, el Hijo de Dios, condeno toda enfermedad de esta encantadora madrecita. Mándala a donde ella pertenece, a su casa, para recuperarse. En el Nombre de Cristo, hago esto. Amén.
Dios le bendiga. [La Hermana dice: “Por favor ore por mi hija mayor, está muy enferma”.] Sí, quiero que crea eso también, y ella se pondrá bien. Dios le bendiga. Dios le bendiga.
Tenga fe en Dios. Jesús dijo: “Ten fe en Dios”. Si puede, puede ser sanado.
59 ¿Cómo le va, señor? Somos desconocidos el uno para el otro, ¿verdad, señor? Nunca antes nos hemos encontrado en la vida. No, señor. Nosotros éramos… Esta es la primera vez que nos encontramos, pero el Señor Jesús nos ha alimentado toda la comida que hemos comido. Él nos ha dado el aliento que respiramos. Y Él es el Único Quien sostiene nuestro destino eterno en Su mano.
Siendo un extraño delante de usted, bueno entonces, yo no sé nada de usted, pero Jesús conoce al respecto. Él lo conoce desde antes que usted naciera. Él lo ha conocido toda su vida.
Ahora, Él es capaz, si acaso Él lo hace, de decirme para qué está usted parado aquí. Y si Él lo hace, lo que sea que es, sea lo que sea, ¿creerá Ud. en Él con todo su corazón y aceptará que es Él? ¿Lo hará?
Sí, señor. Usted es de Campsbellsville, porque lo veo caminando por la calle, pero usted se está sofocando o algo. Oh, es su corazón. Ud. tiene un problema cardíaco. Eso lo provocó un ataque cardiaco que tuvo, y nunca se ha recuperado.
Lo que sea que fue, lo que se dijo fue la verdad, ¿no es así, señor? ¿Cree Ud. que está en Su presencia? [“Seguro que sí”].
Pongo mis manos sobre usted, mi querido hermano, y le pido a Dios del cielo que le dé el deseo de su corazón, y que pueda salir esta noche y obtener aquello por lo que vino. Por cuando estoy parado en la luz del Calvario para pronunciar estas bendiciones en Aquel que murió allí por ellas, Jesucristo. Amén.
Dios le bendiga, mi hermano. Vaya, no dude nada. Recibirá lo que ha pedido.
60 ¡Oh, cuánto le amo! Él es el adorable Señor Jesús, el Precioso.
¿Cómo le va, jovencita? Me imagino que somos desconocidos el uno al otro. Estoy muy contento de verla. Me gusta ver mujeres sin ese maquillaje artificial en ellas. Ud. se ve como una dama. Estoy muy contento de verla. Dios le conceda su deseo.
Soy un desconocido para usted, pero Ud. ama al Señor con todo su corazón. ¿Y cree Ud. que Él es el Hijo de de Dios? Lo cual, no debería de preguntarle; Ud. lo cree, porque es un creyente Cristiano. Y siendo yo un desconocido para usted, sin embargo, yo soy Su siervo, usted cree eso, ¿verdad? Entonces puedo ayudarle orando por usted.
No quiero que piense en lo que está mal con usted, o la razón por la que está aquí; quiero que piense en otra cosa, para que pueda ver que no es telepatía mental. La telepatía mental es tomar un número y ellos lo adivinan o algo. Mantenga sus problemas alejados de su mente, cada uno de ustedes.
Pero usted tiene un pequeño crecimiento, ¿no es así? Es llamado un “quiste”, dice el doctor. Y se encuentra debajo de su brazo derecho. Es verdad, ¿no es así? Su esposo se encuentra con usted, ¿verdad? Puedo sentir su espíritu llamando ahora. Él también necesita ayuda, ¿no es así? Él tiene un problema cardíaco. Eso es cierto, ¿verdad? Puede irse a casa. Que esté bien, hermana. Ponga sus manos sobre su esposo mientras esa unción está en usted. Que Dios le conceda el deseo de su corazón, a medida que la bendigo, mi hermana Cristiana, en el Nombre de Jesucristo. Amén.
61 Tenga fe en Dios. Crea en Él con todo su corazón, y podrá recibir lo que ha creído. Es su fe que lo logra, no yo. Es el Amado el que está aquí esta noche, es Aquel de quien hablé hoy, que se sentó con pies sucios. Él les ama mucho. No lo rechacen. Acéptenlo en el corazón. Oh, qué pecado sería para usted el irse de aquí esta noche descreyendo, después que Él vino de la gloria para hacer estas cosas. Ten misericordia. Dios ten misericordia.
Ahora, mire hacia acá solo un momento, hermana. Soy un desconocido para usted, me imagino. Tenemos muchos años de diferencia en edad. Usted es una mujer joven. Yo no sé nada de usted, pero Dios conoce todo sobre usted, ¿no es así? Si Dios me permite, como Su siervo, saber porqué está usted aquí, ¿lo aceptará?
Amigos, tal fe simplemente jalando desde la audiencia, honestamente, yo casi no puedo ver a la audiencia. Es tal fe, jalando, la fe está subiendo.
Veo una visión, un niño en la parte de atrás. ¿Está un niño acostado allá? Tiene un desgarro, ¿no es así? ¿No es así, dama? ¿Le cree a Él? El niño está escondido, pero no de Dios. Él conoce exactamente en dónde está. ¿Cree usted, madre? Ponga su mano sobre su niño, usted y el papá que está allí, y pídale a Dios: “Padre, ten misericordia”. ¿Lo hará? Concede que ningún daño venga, pero que Jesús, el Precioso sane al niño, para la gloria de Dios. Amén.
62 No estoy fuera de mí, no, pero qué sentir el saber que ahora, aquí mismo, está parado Jesús, el Precioso Quien resucitó de los muertos, Aquel que lo ama a usted tanto. Él está hablando por mí, ahora. Yo he estado hablando de Él; Él está hablando, ahora. Ese es Él.
Discúlpeme, dama. No fue mi intención dejarla. Tengo que seguir de la manera que el Espíritu guía.
Ahora, aquí está una línea oscura viniendo de una mujer a otra. ¿Qué es? Es un diablo. Él sabe que ha llegado su hora. Esta mujer aquí tiene… Usted está extremadamente nerviosa, ¿no es así, dama? Histéricamente nerviosa. La veo tratando de hacer cosas, y simplemente no puede. Ud. está tan nerviosa, mentalmente nerviosa. Satanás le dijo que Ud. iba a perder su mente si no se reponía. Pero él le mintió.
63 Esa damita sentada allí, la segunda allí atrás, ella está afectada con nerviosismo, también. ¿Es eso cierto, dama? ¿Ven lo que quiero decir? Este demonio sabe que si está mujer medio cree que Jesucristo, el Hijo de Dios, y yo Su profeta, tendrá que dejarla. Y ese demonio le está pidiendo ayuda al otro, que le ayude a acumular incredulidad, pero él ha perdido la batalla. Seguro, que sí. La fe se está acumulando.
Muy nerviosa, preocupada, usted está preocupada de otra cosa, también. Es un hombre. Y ese hombre es un soldado… ha sido soldado. Él es un veterano de guerra. Es un problema mental. Es su… es el hermano de su esposo, su cuñado. Su esposo tiene un hábito, también, que debería de dejar: fumar. No tema, hermana. Tenga fe en Dios. Venga para acá por su bendición.
Pongo mis manos sobre esta, mi hermana. Satanás, tú, espíritu maligno, egoísta e impío. Te reto en el Nombre de Jesucristo en un duelo de fe. Estás expuesto. Sal de la mujer. En el Nombre de Jesús. Vaya en paz, mi hija, y que el Señor esté con usted y le bendiga.
64 Hay sangre goteando entre la dama y yo. Ella tiene diabetes. La insulina es algo grande, pero, oh, la Sangre de Jesús es mucho más grande. Vayamos usted y yo al Calvario por una transfusión. ¿Irá usted junto conmigo?
Oh Dios, levanto a esta mujer hacia Ti, hasta Tu trono allá en el Calvario. ¿Tocarás su cuerpo en este momento y la sanarás? Que ella no muera, sino que esto sea reprendido. En el Nombre de Jesús lo pido. Amén. Dios le bendiga, mi hermana. Que Su Espíritu esté sobre usted.
Ahora, eso la pondrá muy pronto en cama, y la paralizará, caminará con un bastón, esa artritis. Pero Jesús está aquí para sanarla. ¿Lo cree, hermana?
Damita, que está mirando detrás de ese niño, usted está sufriendo con una condición nerviosa, ¿no es así? Oh, Satanás pensó que podía esconder eso. La dama al lado suyo está sufriendo con una condición nerviosa, también. ¿Es eso correcto? Las dos damas pongan sus manos una sobre la otra.
En el Nombre del Señor Jesús, Satanás, demonio, engañador, no serás capaz de retenerlas. Ellas creen. Ellas lo han tocado a Él. Sal fuera. En el Nombre de Jesús. Amén.
65 Un momento. Oh, allí está. La damita sentada allá tenía nervios también, ¿no es así, dama? Vi que subió una línea negra. Jesús la sana.
Al lado de usted, allí. Tuvo mucho problema, tuberculosis, retardado. ¿Ama usted a Jesús con todo su corazón? ¿Cree que Jesús lo sanará? Entonces, Dios le bendiga. Vaya y sea sanado.
También lo puede hacer usted, hermana. No deje de creer, solo vaya. Quiere que ponga mis manos sobre usted. En el Nombre de Jesús, esto hago para la confirmación de la fe. Amén. Tenga fe en Dios.
Venga, dama. Veo una mesa entre usted y yo. Usted se está alejando de ella. Rehúye comer. ¿Cree Ud. que él la sanará para que pueda vivir y comer, y recuperarse de ese problema estomacal? Tiene una condición de dama también, un problema femenino. Ha pasado mucho tiempo, pero Dios la va a sanar. ¿Lo cree? Entonces pongo mis manos sobre usted para su sanidad, en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén. Tenga fe. Vaya, y crea de esta manera, por favor. Muy bien.
66 ¿Pueden venir? Ahora, para que puedan saber… Amigos, no estoy leyendo la mente de las personas.
Dios bendiga su corazón. Eso es correcto. No hay necesidad de tratar de esconderlo ahora. Su fe la ha sanado, querida hermana. Usted ha tenido problema en la garganta, ¿no es así? Sentada allí con sus manos simplemente llorando. Cuando la sorprendí mirando para este lado, algo la impactó, ¿no es así? Algo dijo: “Tú estás sanada”.
La damita sentada allí llorando al lado suyo, ella ha estado teniendo un problema también, un problema cardíaco. ¿Cree usted que Jesús la va a sanar, también? Todos ustedes impongan manos unos sobre otros.
Señor Jesús. Oro que Tú sanes para Tu gloria. Tú toca… Ellos te tocaron a Ti. Yo los sentí. Y ahora, Tú sánalos, ¿lo harás, Padre? En el Nombre de Jesús oro. Amén.
Dama, paciente. Tome mi mano. Soy un desconocido para usted, ¿cierto? Si Dios me muestra mirando hacia este otro lado cuál es su problema, ¿lo aceptará? Entonces, no tendrá que tener su operación. Ese tumor saldrá inmediatamente de usted. Crea; tenga fe en Dios.
67 Usted no se volverá ciego si puede creer con todo su corazón. ¿Lo hará? Entonces pongo manos sobre usted, en el Nombre de Jesucristo, que usted pueda sanar. Amén. Tenga fe, crea con todo su corazón, y sea sanado.
El nerviosismo no es nada que Dios no pueda sanar, ¿verdad? Él ya ha sanado tantas cosas. ¿Cree Ud. que se va recuperar? Mire, es un problema de próstata lo que lo está provocando, lo pone nervioso durante las noches y demás. Eso es correcto. Ahora, vaya creyendo. No dude en absoluto, y se detendrá en usted. Será sanado. Dios le bendiga, mi hermano. Esto lo hago en el Nombre de Jesucristo. Amén. Tenga fe. No dude.
Yo no puedo sanarla, dama en la silla de ruedas. Yo no puedo hacer que se ponga bien, pero conozco en dónde está su problema. Si tan solo lo cree. Usted está llorando. Algo le está diciendo que puede ser sanada.
68 ¿Cree que su problema de espalda se ha ido? ¿Lo cree? Bueno, puede irse entonces, y Dios le bendiga. Ud. tiene artritis, muy severa. Solo siga teniendo fe. Si Ud. tan solo usa una poquita más de fe, puede tomar su silla de ruedas e irse a casa. Solo crea. Tenga fe.
Qué hermoso es nuestro Señor Jesús. Casi no puedo seguir viendo a la audiencia. Pareciera que todo se está poniendo blanco como la leche, el Espíritu Santo entrando. La gente ahora está creyendo. ¿Por qué no hicieron eso al principio? Ustedes verán grandes cosas sucediendo.
¿Cómo le va, señor? Oh, el asma es algo malo, pero Dios es el sanador del asma. ¿Lo cree? Entonces vaya creyéndole a Él, y eso dejará de estar en usted. Yo lo bendigo, mi hermano, en el Nombre de Jesucristo, para su sanidad. Amén. Vaya, creyendo ahora. Puede tener lo que ha pedido. Dios sea con usted.
69 ¡Oh, vaya! Dios quiere sanarlos a todos. Ya no los puedo ver. Dios puede sanar el problema del riñón, hacer que la gente se recupere de su espalda. ¿Lo creen ustedes? ¿Está bien con su caso? ¿Lo creen con todo el corazón? ¿Cree que Dios lo va a sanar? Entonces lo bendigo, mi hermano, y le pido a Dios que lo sane por medio de Jesucristo, el Hijo de Dios. Que Él lo sane. Amén. Tenga fe.
Muy nervioso, y eso le provoca que tenga un problema como cardíaco, en otras palabras, una agitación; especialmente cuando come y se acuesta, usted se sofoca. Ahora, quiero decirle, usted tiene un corazón nervioso, pero no un problema cardíaco. Mire, es el gas que se forma en su estómago por causa del nerviosismo, una condición péptica, que arroja gas alrededor de su corazón, y hace que se agite. ¿Cree que se pondrá bien? ¿Cree Ud. que está parado en Su presencia, el Señor Jesús? Jesús. Pobrecita madre. Dios le bendiga, hermana, una cosita de apariencia frágil. Él le ama a usted. Él quiere que Ud. crea en Él en este momento. Oh Dios, pobrecita, tratando de acumular suficiente fe para ser sanada.
Oh, Satanás, eres una cosa cruel. Yo te conjuro en el Nombre de Jesús, el Hijo de Dios. Deja a la mujer. Sal de ella.
Mi hermana, yo solo soy un hombre. Pero la oscuridad alrededor de usted se ha ido. Ahora es luz. Vaya, creyendo. Todo estará bien.
70 Los problemas cardíacos y cosas son algo que Dios puede sanar fácilmente. ¿No creen Uds. eso? Es el enemigo número uno, mata a más agente que cualquier otra cosa, pero Dios puede sanarlo. ¿Lo creen ustedes? Muchos de Uds. están allí sufriendo con eso, también. ¿Cuántos quieren sanar de eso ahora? Levanten sus manos allá en la audiencia. Miren, no había manera que yo lo supiera, solo tan… Estoy casi acabado. Oro que Dios los sane.
Señor Jesús, bendigo a esta mujer, que quiere vivir. Y pido que ella viva, Señor. Y que el enemigo deje a mi hermana. Que ella vaya a su hogar esta noche y sea sanada. En el Nombre de Jesús. Amén.
La oración de fe salvará al enfermo, y Dios lo levantará. Muy bien, venga.
71 Mi hermano, sabiendo que la vida es muy corta para usted a menos que algo suceda. Ud. tiene cáncer, una oscuridad se acumula sobre usted. El diablo sabe que si Ud. tan solo usa una poquita de fe, él está derrotado. ¿No creerá en Él, mi hermano? ¿Servirá a Dios toda su vida?
Dios Todopoderoso, yo condeno al diablo, y pido que mi hermano viva. Satanás, estás expuesto. Sal de él, en el Nombre de Jesús. Amén. No dude, ahora. Vaya creyendo. Puede tener lo que ha pedido si lo cree.
¿Cree Ud. con todo su corazón? ¿Me cree que soy Su siervo, hermana? No esté excitada. Ud. está solo un poquito nerviosa, pero no es por mi presencia; es Él que Ud. siente. ¿Quiere recuperarse de su problema estomacal? ¿Cree que Dios me envió a orar por usted? Si yo se lo pido a Él, ¿seguirá adelante, comerá, y creerá? ¿Se acercará?
Padre, con rostros inclinados y corazones inclinados, Satanás le ha robado a esta pobre mujer, viendo que su vida no ha sido una cama de rosas, una línea oscura la está siguiendo. Oh, tú, demonio, yo la traigo al Calvario. En el Nombre de Jesús, tú estás derrotado. Jesús dijo: “Estas señales seguirán a los que creen: si ponen sus manos sobre los enfermos, ellos sanarán”. Vas a tener que dejarla. Sal fuera. En el Nombre de Jesucristo, que te vayas.
La vida que se la estaba comiendo, haciendo esa úlcera, que le causaba ese ardor y demás, se ha ido ahora. Usted se va a poner bien.
72 ¿Están creyendo? ¿Todos Uds.? ¿Finalmente ha entrado Dios en su corazón? Yo sé que me tengo que ir; me están tocando el lado, y debo hacerlo. Dios les bendiga. Yo les he dicho la verdad. Dios testifica que les he dicho la verdad. Ahora, ¿Creen Uds. a Dios? Entonces hagan como les he dicho. Uds. verán la gloria de Dios.
Cada uno de Uds. ponga manos sobre cada uno como creyentes. Alguien… Niñito, niñito con la camisa roja que está aquí, ven para acá un minuto. Pon tus manos sobre la dama con la silla de ruedas allí. Pon tus manos sobre ella. Eso es. Aquí mismo, querido. Aquí mismo. Pon tus manos sobre la dama.
Oh, Dios, esta pobre madre con su [Palabras no claras]… se ha ido. Por mucho tiempo usted ha estado postrado de esa manera, hermano, en su silla de ruedas. Solo muévase un poquito más adelante, ¿lo hará?
Usted, sentado allí con cáncer, a punto de morir, Dios lo sanará. Tenga fe. Inclinemos nuestros rostros.
“Sobre los enfermos pondrán las manos, y sanarán”, dice el Señor. No descrean ahora; tengan fe. Cada uno de Uds. ore esta oración; mientras la repito, ustedes díganla.
Padre Celestial, vengo a Ti en el Nombre de Tu Hijo, el Señor Jesús. Soy indigno de la sanidad, pero se me enseña que Jesús murió para que yo la pudiera recibir. Y ahora yo lo creo, y lo acepto. Y voy a actuar en mi fe. Y me voy a ir de aquí esta noche, creyendo que estoy sano, testificando mi sanidad, y derrotando al enemigo en cada esquina, creyendo que Tú confirmarás Tu Palabra en mí, a través del Nombre de Jesús.
73 Ahora, esa es la oración suya. Mantengan su rostro inclinado. Esa es su confesión. Cúmplala con Dios. Ahora, yo oro por Ud., y echo fuera, por el Espíritu de Dios, toda esta duda negativa, superstición.
Oh, querido Dios, yo sé que no soy digno. Y estoy débil. Mi fuerza se ha ido. Pero querido Dios, Tú eres fuerte. Y sé que yo no soy digno, pero Tú eres digno, y no soy yo después de todo. Y soy tan vil; pero en la Luz del Calvario, soy perfecto. Jesús me hizo de esa manera por Su gracia.
Ahora, yo oro a Ti en una manera perfecta, mi Padre. Vengo en Su Nombre, porque así Él me ordena que venga. Y traigo a esta audiencia a Tu presencia, a cada uno de ellos. Míralos, Señor, una pobre humanidad sufriendo, lisiados sentados en sillas de ruedas, niñitos con sus manos en mamá. Oh Dios. Papá con su mano sobre mamá, el esposo con su mano sobre su esposa, niñitos con sus manos en sus padres. Simplemente me rompe el corazón. ¿Qué te causa a Ti, Señor? Yo oro por ellos, y la oración de fe salvará al enfermo. Míralos, Señor. Míralos. Ellos creen.
Satanás, tú, espíritu maligno; estás derrotado. Sal de ellos. En el Nombre de Jesucristo, yo te echo fuera. Deja este edificio. Tú estás derrotado, y esta gente…
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