OBRAS DEL MENSAJE


El Ciego Bartimeo
Karlsruhe, Germany
55-0818
1 Buenas tardes, amigos. Estoy tan feliz de estar aquí esta noche, en el Nombre de nuestro Señor, para servir al Señor Jesús, y disfrutar de este maravilloso compañerismo con ustedes. Estoy muy seguro de que han apreciado el mensaje del Hermano Bosworth. Él es un muy buen maestro. Y yo estaba tan contento de tenerle para que enseñara esta noche.
Ahora, yo solo hablaré unos momentos. Y solo como para poder sentir el espíritu de la gente. Estoy seguro de que todos Uds. entienden lo que quiero decir. Y luego vamos a empezar a orar por los enfermos.
En este momento, deseo leer una Escritura: San Marcos, en el capítulo diez, y el versículo cuarenta y seis, hasta el cincuenta y dos. El intérprete leerá ahora. [El intérprete lee las Escrituras].
Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino, mendigando.
Y oyendo que era Jesús Nazareno, comenzó a dar voces y a decir: Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí.
Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más, hijo de David, ten misericordia de mí.
Entonces Jesús, deteniéndose, mandaron a llamarle; Y llamaron al ciego, diciéndole: ten confianza, levántate; te llama.
Él entonces, arrojando su capa, se levantó, y vino a Jesús.
Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? El ciego le dijo: Señor, que recobre la vista.
Y Jesús le dijo: vete; tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.
2 Inclinemos nuestros rostros para orar.
Nuestro Padre Celestial, te damos las gracias, esta noche, por Tu gran amor hacia nosotros. Somos indignos, pero venimos porque se nos ha convidado. Y oramos para que Tú nos recibas esta noche. Bendice Tu Palabra, salva a Tu gente, sana a los enfermos, recibe gloria del servicio. Porque lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén.
Ahora, solo para hablarles un momento sobre este hombre ciego en Jericó. Yo no trataría de añadir a lo que ha dicho el Hermano Bosworth. Pero solamente quiero hablarles por unos momentos, y luego comenzaremos a orar por los enfermos.
Antes de hablar, me gustaría que todos Uds. entendieran que en la sanidad ahora, no es algo que yo haga que logre que Uds. sanen. No es necesario que imponga manos sobre ustedes. No es necesario que yo ore por Uds. Es necesario que Uds. crean que Jesucristo los sanó cuando Él murió por Uds. ¿Lo entienden? Digan: “Amen”.
3 Mi ministerio no es el de imponer manos sobre las personas. Es hacerles ver a las personas que Jesús resucitó de entre los muertos. Y Él está aquí, y Él los ama. Ahora, el Hermano Bosworth, muchos otros ministros, ellos predican la Palabra. Y, a través de la Palabra, Uds. creen. Y luego cuando yo fui puesto en el mundo, se me dio un don. Ese don trae a Dios a la vista de todos, para que Uds. puedan ver, entender, que algo sobrenatural se está moviendo con la gente. Entonces Uds. no deben… para que yo ore por Uds. entonces, es para que Uds. crean que Él está aquí. ¿Entienden Uds. ahora? ¿Lo entienden? Es la fe de Uds. lo que lo toca a Él. Y es cuando Uds. son sanados.
4 Es cierto que cuando nosotros unimos nuestra fe en oración, pues, es un gran resultado. Yo nunca en mi vida le he pedido algo Dios en sinceridad, que Él no me lo haya dado o que no me haya dicho por qué no podía dármelo. Esa es la verdad. Y yo he estado en el ministerio por veintitrés años. Él es verdadero, Él es real. Y si Ud. le pide a Él con sinceridad, recuerde, Él ha prometido responder si Ud. le cree. Y cuando Ud. lo vea a Él haciendo algo sobrenatural, entonces créalo. Y mire hacia arriba con su corazón y diga: “Yo lo creo, Señor. Eso es para mí”. Y entonces Dios le responderá. Y entonces Ud. es sanado. Y todos pueden ser sanados al mismo tiempo.
Miren, si Dios pudiera… ¿Crees Uds. que Dios podría salvar a todos los que están aquí esta noche si fueran pecadores, y si todos creyeran al mismo tiempo? Jesús, al mismo tiempo, salvaría a cada uno de ellos. ¿Creen Uds. eso? Bueno, ¿Acaso no puede Él sanar de la misma manera? Amén. Es una sanidad masiva; allí es donde Uds. ven venir la gloria.
5 En Durban, Sudáfrica, yo estaba orando, y algo llegó a la plataforma: era un hombre en tal condición tan lisiada. Una visión mostró que el hombre se iba a poner bien. Y yo le pregunté a la gente si ellos creerían. Ellos dijeron: “Sí”. Un niño pequeño, con sus ojitos cruzados, y se enderezaron. Cuando esas personas vieron eso, yo ofrecí una oración por más de cien mil, y se estimaron veinticinco mil sanidades al mismo tiempo.
Ellos apilaron muletas, sillas de ruedas y camillas, al punto que fue necesario que vinieran camiones para llevarse todo eso. ¿Qué pasó? Ellos llegaron a estar unánimes. Dijeron: “Si podemos ver algo que nos demuestre que el Dios del que está hablando es verdadero y vive ahora, nosotros lo creeremos”. Y cuando ellos lo vieron, ellos ya no estaban hablando desde sus mentes; estaban hablando desde su corazón. Ellos simplemente se levantaron y comenzaron; eso lo logró. Pues, ellos… la mayoría de esas personas ni siquiera sabían diferenciar la mano izquierda de la derecha. Nunca antes habían visto gente blanca, algunos de ellos.
6 Y ustedes, gente, una de las naciones más inteligentes del mundo, seguramente podrían creer. ¿Saben por qué? Nuestra educación nos lo impide muchas veces. Se nos ha enseñado de todo. Uno enseña esto, uno esto; esto es contrario a lo del otro. Y la pobre gente blanca, y la gente que vive en la civilización, se ha mezclado tanto que no sabe en qué creer. Ahora, ¿acaso no es eso cierto? Ustedes lo saben.
Lo que nosotros necesitamos hoy día, y la mayor sanidad que necesitamos hoy, es la sanidad del cuerpo de Jesucristo. Su cuerpo, el cuerpo de creyentes que ha sido dividido por diferentes denominaciones, y ellos difieren el uno del otro. Ellos no tienen amor uno por el otro. Lo que nosotros necesitamos esta noche es unirnos. Que todos los Cristianos se den la mano, cada denominación, entonces Dios descenderá y nos visitará. Se llevarán a cabo grandes señales y maravillas. ¿Creen eso?
7 Cuando yo salí por primera vez al ministerio, con este tipo de ministerio, pues, conocí a un grupo de personas. Ellos eran llamados Pentecostales, la Pentecostés Unida. Ellos estaban en los Estados Unidos y me dijeron: “Oh, Hermano Branham, Ud. necesita pertenecer a nosotros. Nosotros hemos estado buscando esto. No tenga nada que ver con otro grupo”. Luego, cuando yo hablé con la iglesia de las Asambleas, ellos dijeron: “Venga con nosotros, Hermano Branham. No tenga nada que ver en otro lado”. Todos dijeron la misma cosa.
Hermanos, ¿saben lo que yo dije? “Yo no quiero saber de ningún lado. Déjenme pararme entre ustedes, abrazarlos a los dos y decir que somos hermanos”. Eso es lo que necesitamos. Eso es lo que el mundo necesita. Entonces la iglesia de Jesucristo avanzará. Dios apresure el día para que podamos verlo.
8 Este hombre ciego en la puerta de Jericó, quien tenía muchas desventajas, porque él era un pordiosero… Y él se sentó junto a la puerta. Había muchos pordioseros en aquellos días, por lo tanto sus posibilidades de encontrar pequeñas monedas eran muy escasas, para ocuparse de sí mismo y de su familia. Tal vez el primero… el hombre que saliera, que tenía una moneda para dar, se la daba al primer pordiosero que venía.
Pero este pobre hombre estaba ciego; tal vez a uno que no estaba tan mal como él. Yo no sé cuánto tiempo llevaba él ciego, pero tal vez mucho tiempo. Pero de todos modos, él se sentó en un mundo oscurecido. ¡Vaya! eso es algo triste. Ese es uno de los cuadros más tristes, casi, que uno pueda ver.
9 Pero déjenme mostrarles un cuadro más triste: ese hombre que tiene buena vista, pero el diablo le ha cegado su alma, que él es un hijo de Dios. Él está muy mal, muy, muy mal. Ese es el peor tipo de ceguera. Yo preferiría estar físicamente ciego, que estar espiritualmente ciego, en cualquier momento. Este hombre no estaba espiritualmente ciego, pero estaba físicamente ciego.
Pensemos que fue en una fría tarde de octubre, y el pobre pordiosero no había encontrado a nadie que le diera una moneda ese día. Él cruzó sus brazos, con su pequeño abrigo harapiento. Y él se dejó caer junto a la pared, donde el sol de la tarde lo mantendría caliente.
Imaginemos que él estaba estudiando mientras estaba sentado allí. Me lo puedo imaginar decir: “Doscientos yardas [182 m] más allá, los viejos adoquines pulidos, muchos grandes hombres pasaron por estas piedras. Esas son las mismas piedras por las que caminó Josué, el guerrero, cuando rodeó las murallas de Jericó. Son las mismas piedras, hace doscientos años, que Elías y Eliseo, abrazados, caminaron por el mismo camino.
“Pero, oh, hoy, esos días ya se han ido. Mi sacerdote me dice, dice: ”Los días de los milagros ya pasaron. Eso fue hace mucho tiempo“.
10 Oh, puedo escuchar al ciego decir: “Si tan solo yo hubiera podido estar aquí cuando Josué vino; si tan solo yo hubiera podido estar aquí cuando Elías venía por el camino, yo habría arrojado mi manto, hubiera ido hacia ese gran hombre de Dios, y dicho: Gran hombre de Dios, ten misericordia, y ora por mí. Pero, oh, es tan lejano. El sacerdote dice: Ya no hay más milagros. Los días de los milagros han pasado. Todo quedó en el pasado”.
11 Es una pena; ellos piensan lo mismo hoy. Él ni se imaginaba, que a la vuelta de la esquina, viene el Príncipe de todos los profetas, viene el Señor de la gloria. Ahí viene Él.
Usualmente hay mucho ruido donde Él está: gritando: ¡Hosanna!“ Otros burlándose de Él. Y cuando Él se acercó, yo puedo escuchar a nuestro viejo amigo pordiosero: ”¿De qué se trata todo ese ruido?“.
Puedo escucharlos a ellos decir: “Quédate quieto. Jesús de Nazaret va pasando”. Yo puedo ver cómo él mira hacia arriba como si estuviera tratando de ver.
Es una dama que lo mira; ella siente pena por él. Ella dijo: “Señor, es Jesús de Nazaret, el gran Profeta, que sana a los enfermos”.
“Pues, yo nunca oí hablar de Él”, dijo: “¿No es ese el fanático del que están hablando?”.
“Sí”.
Luego él se levanta de un brinco. “¡Oh, Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”.
Y algunos de los hombres del templo dijeron: “Siéntate. Estás haciendo mucho ruido”.
12 Pero él volvió a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”. Oh, él estaba a dos cuadras de distancia. Él se dio cuenta de que la única posibilidad que él tendría, era que pasara a su lado. Él debía llamar su atención. Él debía lograr una audiencia con él, o se quedaría ciego para siempre.
Desearía que esa fuera la actitud de cada persona esta noche: si tan solo pudieran llamar la atención de Jesús. Ud. dice: “Hermano Branham, ¿cómo sabré cuando logre esta audiencia?”. Cuando algo comience a decirle en su corazón, “Esto es la verdad”. Ese es Jesús hablándole a Ud. Así que solo recuerde, cuando Ud. atrae Su atención, Él comienza a responderle. Después levántese; luego agradézcale a Él como lo hizo este ciego.
Oh, me siento tan mal hoy cuando las personas tratan de hacer de Dios algo en la historia. Quiero preguntarles algo: ¿De qué sirve un Dios de la historia si no es un Dios hoy? ¿De qué sirve esta Biblia si es algo del ayer, si no es igual hoy? ¿De qué sirve un Dios de Moisés si Él no es el mismo hoy? ¡Aleluya! Él es Dios hoy. Él ha resucitado de entre los muertos. Él está aquí para probarse a Sí mismo, que sigue siendo el mismo Dios.
13 Usted dice que tiene fe para creer, pero tiene miedo de soltarla. ¿De qué le sirve a un pájaro tener alas, si no está fuera de la jaula? Eso es correcto; sus alas no le sirven de nada. Él tiene que salir y extender sus alas. Esta noche en esta iglesia, hay suficiente fe para sanar a cada persona aquí, pero Uds. tienen miedo de salir de la jaula. Salgan de esa jaula. No alimente a su pájaro con más comida. Uds. pueden alimentar a su pájaro con comida tan ortodoxa; si Uds. no lo dejan salir de la jaula, ¿de qué le va a servir? Eso es correcto. No es la comida de usted; es, soltarlo a Él.
Él no es un Dios de la historia, del todo. Él es el mismo hoy. ¿Cómo puede la gente reclamar que Él es algo que fue, y que ahora no es? ¿Cuándo perdió nuestro Dios Su poder? ¿Cuándo fue Él alguna vez diferente? ¿De qué sirve hablar de un Espíritu Santo que tuvieron los apóstoles, que ayudó y bendijo a las personas en ese entonces, si Él no lo hace hoy? Yo no puedo entenderlo. Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos. [Cinta en blanco]. Amén. Él es y por siempre será Jesucristo. El mismo Dios, nosotros lo amamos.
14 Los fariseos leían la misma Biblia que leían los apóstoles, pero ellos no tenían fe para poner por práctica lo que ellos leían. Cada denominación hoy, lee la misma Biblia. Pero lo que yo quiero ver es: alguien que tenga suficiente fe, que saldrá y tomará la Palabra de Ella. ¡Amén! Eso es lo que necesitamos: alguien que practique lo que creen. La fe sin obras es muerta. No le sirve a Ud. de nada el tener fe. Usted dice: “Yo creo que eso es Biblia”.
Bueno, si es Biblia, tiene promesas. Y si Ud. cree que eso es verdad, bueno, lo único que Ud. tiene que hacer es dejar que su fe se suelte junto con ello. Practique lo que Ud. cree. Cada pedacito es una semilla.
Yo estaba caminando por su ciudad hoy. Veo que Uds. tienen muchos árboles frutales; eso está muy bien. Vea ese árbol frutal solo por un momento. Ese pequeño árbol frutal, cuando era solo una cosita pequeña, no más grande que eso, cada manzana que alguna vez estuvo en el árbol, y que alguna vez estaría en el árbol, estuvo en él cuando era así de grande. Si no fuera así, ¿de dónde vino? ¿De dónde vinieron las manzanas? Usted lo planta, y él tiene que beber. Y bebe agua. Él bebe más y más. Y entre más bebe, produce las hojas, produce las ramas, produce las flores, produce las manzanas.
15 Y de esa manera es un Cristiano. Cuando Ud. es plantado en Cristo, lo único que Ud. tiene que hacer es comenzar a beber. Obtiene su vitamina del agua. Y el Cristiano obtiene su vitamina de la Palabra. Entonces, Ud. bebe, bebe más, y se extiende, empieza a dar. Da salvación. Produce por medio del Espíritu Santo. Empieza a producir, hasta que ese brazo lisiado se endereza. Solo siga bebiendo. ¡Beba! Plantado junto a la Fuente inagotable de Vida. Jesucristo es la Fuente inagotable de Vida. Beba hasta que Ud. no pueda beber más. Beba hasta emborracharse; que Ud. se olvide de toda su teología y crea en Dios. Y bebe hasta que Ud. este sano. Y luego solo siga bebiendo. ¡Amén! ¡Dios vive!
16 Jesús, caminando por ese camino, allá a lo lejos está el Calvario delante de Él, en unos pocos días. Él fijó su rostro hacia el Calvario. La fe de ese hombre ciego lo detuvo. Él miró a lo lejos, y dijo: “Tu fe te ha salvado”. La multitud continúa por el camino. El ciego se quedó allí, diciendo: “¿Cómo sucedió eso? Pues”, él dijo: “Yo puedo ver”.
Él siguió mirando. Después de un rato él pudo ver su mano. Cuando comenzó a ver su mano, empezó a gritar. Él se fue por el camino: “Querido Jesús”. Gritando, alabando a Dios. Qué maravilloso testimonio.
Yo estaba leyendo una pequeña historia sobre él, hace algún tiempo. Un librito decía que él había estado ciego durante años. Él era un hombre casado. Él tenía un… él tenía una niña pequeña. Y así que, una noche, él… Él solía ir a las puertas de la ciudad, y él… Él era un pordiosero. Y decían que él tenía dos pequeñas tórtolas. Y hacían volteretas una encima de la otra, para entretener a los que pasaban por allí. Y al hacer estas cositas haría que recibiera una moneda, de lo contrario no recibiría.
17 Así que una noche, ellos dijeron que su pequeña niña se enfermó, y él salió a orar. Y él dijo: “Dios, si le permites a mi hijita vivir, mañana yo te ofreceré mis palomas”. Así que, su niña mejoró. Él ofreció sus palomas. Entonces él no tenía nada con qué llamar la atención.
Poco tiempo después, su esposa se enfermó. Y en estos días, los ciegos son guiados por un perro. Uds. saben lo que yo quiero decir: cómo el perro guía a los ciegos. En aquellos días, un cordero guiaba a los ciegos. Y el ciego Bartimeo era guiado por un cordero. Y él dijo: “Señor, si permites que mi esposa se alivie, yo te daré mi cordero. Eso es todo lo que tengo. Entonces, al día siguiente, pues, su esposa se alivió.
Él comenzó a ir al templo, a ofrecer su cordero. Caifás, el sumo sacerdote, él salió y vio al ciego Bartimeo. Él dijo: “Oh, ciego Bartimeo, ¿a dónde vas?”.
Él dijo: “Yo voy, oh sumo sacerdote, a ofrecer mi cordero que le prometí a Dios, por sanar a mi esposa”.
18 Y entonces él dijo: “Ciego Bartimeo, no puedes ofrecer ese cordero”. Él dijo: “Mira, te voy a dar un poco de dinero, y vete a comprar un cordero para que lo ofrezcas”.
Él dijo: “No, yo le prometí a Dios este cordero”.
Oh, sí tan solo nosotros hiciéramos eso: cumplir nuestra promesa a Dios. Cuando le decimos a Él que nosotros le creemos, digámoslo en serio, para el alma y el cuerpo. Y el ciego Bartimeo… quiero decir, Caifás, el sumo sacerdote, él dijo: “Ciego Bartimeo, no puedes ofrecer ese cordero. Ese cordero son tus ojos”.
Él dijo: “Oh sumo sacerdote, Dios proveerá un cordero para los ojos ciegos de Bartimeo”.
Poco después de eso, un día frío, él escuchó una voz, decía: “Tu fe te ha salvado”. Dios había provisto un Cordero para los ojos ciegos de Bartimeo. Y, amigos, Dios ha provisto el mismo Cordero para sus ojos, su estómago, para toda su enfermedad y todo su pecado. ¿Creen Uds. esto? ¿Oramos?
19 Padre Celestial, oro que Tus misericordias estén aquí esta noche con nosotros. Oh… [Cinta en blanco]… eres digno. No hay ninguno, ni siquiera uno. Pero, Señor, por Tu gracia, que esperamos esta noche, Tú lavaste las almas de estos pecadores y nos hiciste blancos. Y podemos estar en Tu Presencia y pedir lo que queramos, y se nos prometió que lo recibiríamos. ¿Enviarás ahora Tu Espíritu Santo y dejarás que esté sobre Tu siervo? Haz la misma obra esta noche que Tú harías si estuvieras aquí en un cuerpo de carne, para que la gente pueda saber que Tú has resucitado de entre los muertos, y que Tú estás aquí. Y que todos crean. Y que no quede ni una persona débil en la reunión cuando el servicio termine. Porque lo pedimos en el Nombre de Jesús, Amen.
20 Lamento estar tarde. Por lo general, después de la primera noche de la unción, esto me alcanza. Y yo… es un poco difícil hablar. Mientras yo he estado hablando, Eso se ha estado moviendo por todo el edificio. No sé si el hermano tiene esa fotografía aquí o no. No lo creo. No, no es esa. No creo que esté ahí, la fotografía del Ángel del Señor. Es una….
La próxima vez, cuando yo venga a Alemania, les traeré la fotografía de Eso. Esta es solo una pequeña estadía esta vez. Recién anunciado a lo largo de… [Palabra incierta]. Espero tener una reunión algún día en Alemania, abarcar toda la nación, que miles nazcan de nuevo. Que Dios lo conceda.
21 ¿Qué tarjetas se repartieron? [Cinta en blanco]… ¿están aquí por primera vez? Muchos. Estamos agradecidos de que Uds. estén aquí. Mientras ellos preparan la línea de oración, me gustaría preguntarle algo a los que recién llegaron: Jesús de Nazaret, cuando Él estuvo aquí en la tierra, ¿afirmó Él ser un sanador? No, Él dijo: “No soy Yo; es Mi Padre, que mora en Mí; Él hace la obra”. Eso es correcto. Y Él dijo que no podía hacer nada hasta que el Padre se lo mostrara por visión.
En San Juan 5:19, Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por Sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. ¿Cuántos han leído eso? Levanten sus manos, arriba en la parte de atrás. Bueno. Entonces, es la Biblia. Jesús no hizo nada, hasta que vio al Padre hacerlo.
Ahora mire lo que Él hizo. Él se podía parar en la plataforma, o donde sea que Él estuviera, y empezaría a hablar con la gente. Él sabría cuál era su problema. ¿Es correcto eso? Digan: “Amen”.
22 Él habló con una mujer, junto al pozo. Él no sabía qué estaba mal con ella. Él comenzó a hablar con ella, y llevó a cabo una conversación. Y cuando Él descubrió dónde estaba su problema, le dijo cuál era su problema. Y ella dijo: “Percibo que Tú eres un profeta”. Ella dijo: “Sé que cuando venga el Mesías, Él hará esto, pero ¿quién eres Tú?”.
Jesús dijo: “Yo soy Él”. Vea. Esa era la señal del Mesías. ¿Es correcto? Eso es lo que ella dijo… el Mesías, ¿lo ve?
Cuando Felipe fue y encontró a Natanael, debajo de un árbol. Y cuando él vino, pues, Él dijo: “He aquí un Israelita, en quien no hay engaño”.
Él dijo: “Rabí, ¿cómo me conoces? Tú no me conoces. ¿Cómo es que me conoces?”.
Él dijo: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo del árbol, te vi”. A millas de distancia. ¿Qué dijo él?
Él dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios”. Eso es correcto, ¿no es así? Todos los que creen que eso es verdad, digan: “Amén”.
Luego, la Biblia dice: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos”. ¿Es eso cierto? Jesús dijo, antes de irse: “Todavía un poco y el mundo no Me verá más (esos son los incrédulos), empero vosotros Me veréis (los creyentes), porque Yo estaré con vosotros, Yo estaré en vosotros, hasta el fin del mundo”. ¿Es esa la Escritura? Amén.
23 Y si Él resucitó de los muertos, Él no es un Dios histórico; Él es un Dios presente hoy, para hacer lo mismo hoy que hizo entonces. Si Él hiciera eso esta noche, ¿lo aceptará Ud. y le creerá a Él? Dios les bendiga. Oremos.
Señor, ten misericordia, y ayuda ahora, yo oro en el Nombre de Jesús. Amén.
Ahora, ellos traen a los pacientes. Ahora, solo una palabra con mi intérprete. [Cinta en blanco.]… hablando con el intérprete, para darle instrucciones de captar mi voz, porque yo no sé lo que digo.
Todos sean muy reverentes ahora. Y solo estén tan callados como les sea posible. Manténgase cerca de sus seres queridos. No dejen que sus hijos se muevan. Hay epilepsia aquí esta noche, y eso es lo que causa tantos problemas. Entonces, eso está jalando fuerte en mi contra. [Cinta en blanco]… porque oro para que Ud. se calme.
24 Ahora, yo me dirijo a esta mujer, y es otro caso esta noche, como lo fue en los días del Señor Jesús. Ahora, estoy queriendo hablar con usted, señora, porque yo soy un desconocido para usted. Jesucristo, Él habló con la mujer el tiempo suficiente para descubrir lo que estaba mal con ella. Y luego, cuando Dios le dijo lo que estaba mal, la mujer lo reconoció a Él como el Señor Jesús.
Es muy difícil para mí. No puedo hablar con Ud., solo a través del intérprete. Entonces, es difícil para mí captar su espíritu, pero Ud. debe creer. Si Dios me revela para qué ha venido usted a mí, ¿aceptará a Cristo como su proveedor? Si lo va a hacer, levante su mano. Gracias.
Si la audiencia, que es una perfecta desconocida, si Dios me revela para qué está aquí esta mujer… Ella es una perfecta desconocida, muchos años mayor. Nunca antes nos hemos conocido en la vida. Ella está aquí por algún motivo. Yo no lo sé. Dios sabe eso. Pero si Dios me lo revela, lo que ella quiere, bueno, hará (Ud. sabrá que vendrá de manera sobrenatural). ¿Creerá Ud. que es el Hijo de Dios en la resurrección? Si lo va a hacer, diga: “Amén”.
25 Ahora, mientras yo miro a la mujer… Ahora, desearía que Ud. solo… No piense en lo que está mal con Ud. Solo piense en Jesús. Yo solo quiero hablar con Ud. Pero a medida que miro a la mujer…
Ahora, intérprete, aquí viene una visión. Yo veo un hospital. La mujer está a punto de ir a un hospital. Se supone que ella debe ir de inmediato, mañana. Y ella es… Se trata de su ojo. Eso es correcto. ¿Cree Ud. ahora? ¿Lo cree? Él es el mismo Señor Jesús, no soy yo, el que supo lo que estaba mal con la mujer junto al pozo. Él solo le está diciendo esto a usted, para que todos tengan fe. ¿Tendrá fe ahora?
¿Puedo orar una bendición para nuestra hermana?
Querido Padre Celestial, bendice a esta mujer a la que yo bendigo en Tu Nombre. Y en el Nombre de Jesucristo, que mi amada hermana sea sanada. Amén.
Dios le bendiga, hermana.
26 ¿Somos desconocidos el uno para el otro? No nos conocemos, pero Dios nos conoce a ambos.
Audiencia, ¿creen Uds.? Ahora Ud….
Esto es algo que sucedió, porque la Presencia del Señor Jesús está aquí ahora. Ojalá todos pudieran sentirse de la manera que yo me siento. Él está aquí. Y algún día, en el día del juicio, descubrirán que el Ángel que ha estado hablando, no está ni a dos pies [60 cm] de donde yo estoy ahora, aquí mismo ahora. Eso es verdad.
Solamente crea ahora. Qué diferentes se ven ahora. Todo parece diferente. Yo no soy un fanático. Yo creo en Jesucristo y la Biblia. ¡Qué hermoso sentir!
27 Aquí hay una dama; yo nunca la he visto. Somos desconocidos el uno para el otro. Dios la conoce. Él la alimentó toda su vida. Y todo lo que ella es, Dios se lo dio. ¿Cree Ud. que Jesucristo es el Hijo de Dios, señora? ¿Cree Ud. que si Dios me deja saber para qué está Ud. aquí, creerá Ud. que Él es el Hijo de Dios, y que yo soy Su siervo? Si es así, levante su mano.
Usted tiene un problema cardíaco. Eso es correcto. Y es debido a una condición nerviosa. Veo que Ud. viene de un hospital, donde estuvo internada por sus nervios. Eso es verdad. Amén. ¿Cree Ud. ahora? Entre más hable con usted, más podría ver de usted, más Él me diría. Hay muchos otros por los cuales orar.
28 Pero veo algo que está apareciendo ante mí ahora. Ud. estuvo muy enferma en una ocasión. Estuvo paralizada una vez, y ahora Ud. puede caminar. Eso es correcto. ¿Cree que está sanada ahora? Ud. lo está. Su fe la ha salvado, parada aquí mismo. Ud. está bien ahora. Dios le bendiga.
¡Alabado sea el Señor Jesús! Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Sean muy reverentes. No se muevan. No se muevan. Las visiones están llegando sobre la audiencia. ¡Oh, mi amado Señor! Él es tan bueno. Ojalá todos Uds. lo amen. ¡Él es tan bueno! ¡Qué sensación de paz! Desearía poder explicarlo. Pero parece que en todo el edificio, para mí, una luz muy hermosa.
29 Traigan al paciente.
Buenas noches señor. Dios nos conoce a los dos. Ud. es un desconocido para mí, pero Dios lo conoce, y Dios me conoce a mí. Y si Dios me deja saber para qué está Ud. aquí, ¿aceptará Ud. a Cristo como su proveedor de lo que Ud. está pidiendo? Si es así, levante su mano.
(Todos, reverentes.) El hombre parece alejarse de mí. Ud. está sufriendo de dolor de cabeza y tiene un problema en su corazón y en su estómago. Ud. come y no le hace bien. Eso duele, se inflama y causa que suban gases. Eso viene de… Eso es causado por una condición nerviosa, por algo que le sucedió en su vida pasada, algo que Ud. hizo hace mucho tiempo. Eso es verdad.
Usted es un hombre casado, y Ud. tiene una esposa. Ella vive hoy, pero ella no está aquí. Ella está en otra ciudad. Es una especie de lugar, un lugar llamado Ham… Hamburgo, o algo así. Y ella es más mayor que Ud. y ella tiene problemas en los ojos. Esas cosas son verdad. ¿Cree Ud. que Jesús proveerá? ¿Puedo tomar su mano?
Oh, Jesús, ¡Hijo de Dios! Ten misericordia, Padre, y concede a nuestro hermano todo deseo de su corazón. Que este sea el día de su… fin de su problema. En el Nombre de Jesús, yo oro. Amén.
30 ¿Cree Ud.? Todo hombre debiera de creer en lo que Jesús… Uds. debieran de creerle con todo tu corazón. Él es tan real, tan bueno. ¡Oh, qué hermoso!
Dama, Ud. me mira con mucha seriedad. Ud. está sufriendo con una condición nerviosa, sentada allí en esa fila, la primera fila. ¿No es así? Mirándome directamente. La señora que está a su lado tiene algo mal en su espalda. ¿Cree Ud. con todo su corazón? ¿Cree Ud. que Jesús la sana? Entonces Ud. puede tener su sanidad. Ud. no necesita una tarjeta de oración, ¿se da cuenta?; se va a poner bien, de todos modos. Amén. Dios le bendiga. Tenga fe en Dios.
31 A un lado de la dama, hay una dama… hay alguien que tiene una enfermedad de la sangre. ¿Quieres ser sanada? La dama allí, que está con su mano levantada. Yo quiero preguntarle algo. Cuando yo hablé con esta señora, pues, Ud. dijo en su corazón: “Oh, Dios, permite que él me llame a mí después”. Si eso es cierto, mueva su mano. Yo no leo su mente. Dios me dijo por lo que Ud. estaba orando. Ahora, reciba su sanidad. La sangre se detuvo. Dios le bendiga.
Digamos: “¡Alabado sea Dios!”. ¡El gran Señor resucitado, tan maravilloso! ¡Qué bueno es Él!
La dama sentada en el extremo, allí mismo, sufriendo con problemas nerviosos. Justo detrás… la dama al lado, hay una Luz a su lado. ¿Cree Ud. que Jesús la sana? Justo detrás de la dama al final, hay una Luz parada junto a la dama, que es el Ángel del Señor. Si Ud. puede creer, puede recibir.
32 Traigan al paciente. Tengan fe en Dios. No lo duden. Créanlo con todo su corazón. No se muevan. Yo voy a hablar mañana por la noche… Los espíritus malignos se están moviendo a través del edificio; los recibirán. Manténganse quietos. Nosotros no estamos jugando a la iglesia. El Espíritu Santo está aquí.
Y dejen de pensar que, por allá: “Es leyendo la mente”. Yo sé que está mal. Dios los va a hacer responsables. Recuerden, Uds. están en Su presencia. ¡Oh, alabado sea Dios!
Usted ha venido de otra parte. Ud. ha venido de…. Ud. ha estado en el extranjero o algo así, corrientes de agua. Ud. es de América, de la costa Este de América. Yo lo veo en la ciudad de Nueva York, cerca de donde está el gran edificio, hay muchos automóviles en la parte de abajo. Ud. es un ministro. Ud. habla inglés. Y Ud. es un… Ud. es un predicador del Evangelio. Y Ud. tuvo una iglesia llamada La Iglesia de Dios. Y Ud. es un misionero; está por aquí. Es la primera vez que nos reunimos. Este es su muchacho. Cuando yo lo veo por… Ud. tiene una esposa.
Y Ud. está sufriendo con algo en su espalda. Está aquí atrás; es un problema renal. Ud. tiene un cálculo renal en el riñón. Y su esposa está enferma, y ella tiene algo en su pierna. Son venas varicosas, y le están causando problemas cardíacos. Esas cosas son verdad. Si lo son, levante su mano. Vaya ahora, crea. Jesucristo lo sana… Amén.
33 ¿Cree Ud.? Tenga fe, no dude. Solo crea con todo su corazón, y Ud. recibirá lo que ha pedido.
La dama que está sentada allí, la segunda desde el final, de la fila que viene de este lado: problemas de nariz, problemas de garganta, problemas de ojos. Eso es correcto. Vaya a casa, crea en el Señor y alíviese. ¡Aleluya! ¿Tiene fe? Eso es todo lo que Ud. necesita.
Sentada justo al final de la hilera aquí atrás, esta hilera que corre de este lado. La señora allí atrás tiene tuberculosis. ¿Cree Ud.? Si puede creer con todo su corazón, puede sanar. Acéptelo y sea sanada. Amén. Solo creer. Solo tenga fe, y Dios hará todo bien.
Esta dama… ¿Es este el paciente? ¿Es este el paciente? Oh, ¿aquí? Venga. Nosotros somos desconocidos el uno para el otro; nosotros no conocemos…
La damita sentada justo aquí atrás, en medio de las filas, sufriendo con esa ruptura, orando para que Dios la sane. Póngase de pie y crea. Ud. estaba orando y pidiéndole a Dios: “Dios, permite que él me llame”. Eso es correcto. Crea ahora. Su fe lo toca a Él. Amén.
34 Yo reto, en el Nombre del Señor Jesús, a cualquiera que mire y crea que yo les estoy diciendo la verdad de la Biblia, vean lo que su fe hará a los ojos de Dios. ¡Aleluya! Él es el mismo Jesús, que la mujer tocó Su manto, y que Él sintió que virtud salió. Él vive hoy. Su promesa es verdadera. “Las mismas cosas que Yo hago, vosotros también las haréis, hasta el fin del mundo”. ¡Amén!
Esta señora, desconocida. Dios la conoce a Ud. Yo no la conozco. Yo podría hablar con Ud.; entre más hable, más Él diría. Pero si Dios me deja saber para qué está Ud. aquí, ¿creerá Ud.? Amén.
Ahora está llegando de toda la audiencia. La fe de ustedes está aumentando. ¡Maravilloso! Esto debería convencerlos de que Jesús es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Manténganse así, no quedará ninguna enfermedad.
35 Si Dios me deja saber —esta mujer desconocida— lo que está mal con ella… Puede ser un problema financiero, un problema doméstico. Puede ser enfermedad. Puede ser inmoralidad. Yo no sé. Dios lo sabe. Pero si Jesús de Nazaret viniera aquí e hiciera lo mismo que Él hizo cuando estuvo aquí en la tierra, ustedes deberían de creer.
Vean, si Él estuviera parado aquí, usando este mismo traje que Él que me dio, y si la mujer estuviera enferma, y Él le dice a ella: “Mujer, ¿crees?”.
Ella diría: “Sí”. Y ella estaría enferma. ¿Podría Él sanarla? No, Él ya lo hizo.
Él le diría: “¿No crees lo que Yo hice por ti?”. Ningún hombre puede perdonar a los hombres sus pecados ni sanarlos de su enfermedad, porque eso ya quedó concluido en el sacrificio del Calvario. Amén.
36 La pequeña dama está en una condición moribunda. Ella tiene que encontrar a Dios inmediatamente, o morirá. Una verdadera oscuridad está sobre ella. Ella está sufriendo con un cáncer. Crea. Mire hacia acá. El cáncer está en el órgano femenino, el órgano de la dama. Correcto. El doctor no puede hacer nada al respecto ahora; todo depende de Dios. Eso es correcto. Él fue honesto con usted; el hombre hizo todo lo que él sabía. ¿Cree Ud. que yo soy el siervo de Dios? Ahora, de alguna manera, de alguna manera, que yo la conozco. Ahora, su actitud hacia eso determinará su sanidad. Me estoy tardando mucho, porque Ud. debe creer.
¿Me permite decirle algo más de lo que Ud. no está pensando? Ud. es una mujer casada. Ud. tiene un marido. Él también necesita sanidad, en su pierna y en su costado. Ahora, ahora Ud. cree, ¿no es así? Ahora, siga su camino. Amén.
[Cinta en blanco] ¡Crean!
¿Cree Ud. que está en Su Presencia, hermana? Si yo le pidiera a Dios que la sanara, ¿creería Ud.?
Jesús de Nazaret, te ruego bendigas a esta mujer y la sanes, en el Nombre de Jesús. Amén.
37 No lo dude. Váyase creyendo, y va a sanar. Dios bendiga su corazón. Yo la veo a ella, pienso en mi propia madre tan querida, esta noche, del otro lado del mar, orando por mí. Es la madre de alguien. Créalo.
¿Me cree que soy el siervo de Dios? ¿Le gustaría ser sanada? Si Dios me deja saber lo que está mal con usted, ¿le cree a Él? Su estómago; Ud. no puede comer. Ud. es una mujer nerviosa; lleva mucho tiempo con eso, desde que era una mujer de mediana edad, vino sobre usted. Ud. se pone muy débil por la tarde. A veces Ud. se sienta, ya no puede trabajar. Eso es verdad. Yo la bendigo, mi hermana, en el Nombre de Aquel en cuya Presencia estamos ahora, el cual es Jesucristo. Oh, Dios, ten misericordia y sana a esta querida y amorosa mujer, oro en el Nombre de Jesús. Amén.
38 Hermana, Jesús dijo: “Estas señales seguirán a los que creen; sobre los enfermos pondrán las manos y ellos sanarán”. Él dijo eso. ¿Cree Ud. que yo soy un creyente? ¿Lo cree? Bueno, entonces, hay algo aquí que la conoce a Ud., conoce su vida, y la conoce desde que Ud. nació; y está hablando a través de mis labios, diciéndome de su vida. ¿Cree Ud. que es Jesús? Entonces vaya, coma su cena, sea muy feliz; el problema estomacal se va de Ud. Dios le bendiga. Digamos: “¡Alabado sea Dios!”.
¿Cree Ud., con todo su corazón? Su problema está en su espalda; son los riñones ¿Cree que Jesús la sana?
Oh, Dios, yo ruego en el Nombre de Jesús, que sanes esto, a mí hermana, para Su gloria. Amén. Vaya regocijándose. ¡Aleluya!
39 Ahora, ¿cree Ud.? Ahora, mire. Présteme atención, para que no piense que es telepatía mental o leer la mente. Quiero preguntarle algo. Jesús percibió los pensamientos de ellos. ¿Es eso correcto? Levante sus manos si esa es la Escritura. Jesús de Nazaret, Él dijo… “Él, percibiendo sus pensamientos, dijo: ”¿Por qué caviláis así en vuestros corazones?“. ¿Es correcto eso? Levante su mano. Amén.
Ahora, mire. Alguien está aquí a mi lado. Yo no la he visto a ella. No sé nada de ella. Le voy a pedir a la dama que ponga su mano sobre la mía. Yo no la estoy mirando. Ahora, esto responderá a su pregunta para siempre. Le estoy hablando ahora a la dama. Si Jesús de Nazaret me deja saber, mientras miro para este otro lado, lo que está mal con usted, ¿aceptará su sanidad? Si es así, levante su mano.
40 ¿Puede el resto de la audiencia, verdaderamente ver que esto no es leerles la mente? Yo no sé… Yo no la he visto a ella. Si Dios revela, y Él dice lo que está mal con la mujer, por medio de una visión, mirando para este lado, ¿sacará eso todo lo escéptico de su mente? Si lo hará, diga: “Amén”. Deje que la dama lo juzgue.
La señora sufre con un problema de mujeres, problemas femeninos. Si eso es correcto, agite su mano. ¿Cree Ud. ahora? Vaya a casa; Ud. está sana.
Digamos: “¡Alabado sea el Señor!”.
Muy bien, la siguiente dama puede hacer lo mismo. La mujer que está parada ahora, está sufriendo con una enfermedad sanguínea llamada diabetes. Si eso es correcto, levante su mano. Levántela. ¿Cree Ud.? Váyase creyendo. Amén. Digamos: “¡Alabado sea el Señor!”.
Problemas cardíacos, causados por nerviosismo. ¿Cree Ud. que se va a poner bien? Amén. Yo también lo creo. Amén. Vaya; Jesús la sana completamente.
Venga. ¿Cree Ud., mi hermano? ¿Cree Ud. que si pusiera manos sobre usted, que su problema estomacal desaparecería? ¿Lo cree?
En el Nombre de Jesucristo, yo pido por su sanidad. Amén.
Dios le bendiga. Váyase creyendo.
41 Todos ustedes pueden ser sanados. Esto podría continuar durante horas. ¿De qué le sirve quedarse allí sentado enfermo durante más tiempo? Jesús está aquí. ¿Lo cree Ud.? Pues, ¿qué más podría hacer Él? ¿Qué más podría hacer Él? Ahora, ¿He hallado gracia ante Uds., por medio de Dios? Si yo he dicho: “Amén”. Yo les digo la verdad sobre Jesús. Jesús viene aquí y atestigua que es la verdad. ¿Lo han hecho Él? Entonces hagan lo que les digo que hagan ahora.
¿Cuántos de ustedes quieren ser sanados en este momento? Entonces inclinen su rostro y digan la misma oración que yo voy a decir. Ahora repítanla después de mí. Todo rostro inclinado.
42 Oh Dios, yo te amo. Yo creo que Jesucristo es Tu Hijo. Yo lo acepto como mi Salvador y como mi Sanador. Ahora yo creo que Tú lo resucitaste de entre los muertos, y Él está aquí para consolar nuestros corazones y darnos fe. Y ahora yo acepto mi sanidad. A través de Sus heridas, ahora yo estoy sanado. Yo te creo, Dios. Yo testificaré lo mismo. Dios ten misericordia, y permite que mi fe nunca falle. En el Nombre de Jesús Amén.
Ahora mantengan su rostro inclinado. Esa fue su oración a Dios. Esa es su confesión. Ustedes crean.
43 Ahora, yo voy a orar por Uds. Y le voy a pedir a Dios, mientras yo estoy tan débil que apenas puedo pararme aquí. Alguien me está sosteniendo. Mi fuerza se ha ido. Su fe la ha sacado. Mucha gente aquí está sanada en este momento. Uds. lo sabrán. Sí, incluso después de que yo me haya ido, Uds. les estarán diciendo a las personas que sus problemas se fueron.
Ahora, hay uno maligno, un espíritu de incredulidad, estará suspendido alrededor; yo vengo a encontrarte, espíritu, tú, demonio. Tú haces que la gente no crea en la Palabra de Dios. Pero Dios ha venido, y ha roto tu hechizo, y estás reprendido. Ya no puedes retener a las personas con incredulidad. Jesucristo resucitó de los muertos, y Él está aquí ahora. Yo te reprendo, Satanás. Sal de aquí. Suelta a la gente, en el Nombre de Jesucristo.
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