OBRAS DEL MENSAJE


El Cristo No Bienvenido
Lausanne, Switzerland
55-0828A
1 Muy feliz de estar aquí esta tarde. Estamos teniendo lluvia. Que podamos tener lluvias de bendiciones por dentro. Estoy muy feliz de estar aquí esta tarde. Me encanta hablar sobre el Señor. Y mi intérprete está mejorando; él está haciendo un buen trabajo. El Hermano Branham se ríe-Trad. Lo atrape en esa. Seguro ha sido muy bueno todo el tiempo. Apreciamos eso. Yo también voy a prender francés.
¿Saben que fue lo extraño? Escuché un bebé llorando esta mañana, y él estaba llorando en Inglés. Y vi un pequeño Dachshund [Perro Salchicha-Trad.] Alemán, y ladró en inglés. Escuché a algunas personas riendo, y todos Uds. se ríen en inglés. Eso es todo lo mismo en todas partes. ¡Oh, esos muchachos en Babilonia! Nos mezclaron a todos.
Bueno, seguro que hemos disfrutado este momento de compañerismo.
2 Siempre me gusta una reunión de domingo por la tarde, porque me da tiempo para hablar y relajarme. Cuando entro en la noche, por lo general voy a orar a eso de las dos o tres de la tarde. Y sólo me mantengo orando y creyendo que Él está cerca de mí y luego veo que la Luz entra en la habitación. Entonces nadie me habla ya más. Los que llegan a buscarme, solo entran y me traen, y yo vengo directamente a la plataforma. Y al estar en la plataforma muchas veces veo que cosas suceder incluso antes de que ocurran, es decir, en lo natural.
Ojalá pudiera hablar su idioma. ¡Tienen una fe maravillosa! Pero no puedo decir esas palabras en Francés. Si pudiera, oh, sería mucho mejor, pero no puedo. Veo personas ser sanadas; sé cuál es su nombre, pero no puedo pronunciarlo. Y veo los lugares de donde proviene, pero todo está escrito en un idioma diferente. No puedo decirlo, así que no puedo decírselo a la gente. Solo tengo que señalar, y a veces de esa manera, si a la persona le toma un poco de tiempo reconocerlo, la visión se traslada a otra persona. Así que, Uds. pueden ver cuán difícil es. Pero, sabemos que Él está aquí. Eso es lo principal. Amén.
3 Los amo mucho, y su fe ha sido una cosa maravillosa para mí. Ahora, quiero decir algo a estos aquí en estos catres y camillas. He estado observando a una mujercita cada noche. Ella ha estado aquí todas las noches. La mujer ha estado tan cerca de ser sanada tantas veces, pero vean, no puedo decirle eso hasta que Dios ya haya mostrado que está hecho, porque no estaría bien, ¿entienden?
Y observen: las sanidades siempre son primero: “ASÍ DICE EL SEÑOR”. Ahora, observen mientras la visión está en progreso, solo voy hablando de lo que veo; estoy vigilando algo. Si se fijan, se remonta en la vida de una persona. Los veo cuando eran niñitos, y les dice cosas que han olvidado hace años. Observen y los verán decir, “¡Oh!” Lo olvidaron, pero aquí está traído a luz. Y entonces llegará directo hasta este momento. Entonces, si se detiene, eso es todo lo que sé. Entonces, si comienza de nuevo, y muestra lo que será el futuro, lo oirán decir: “ASÍ DICE EL SEÑOR”. Por supuesto, el Hermano Bosworth y ellos les han explicado eso. Creo… Es inexplicable. Uno no puede explicar a Dios; solo tienen que creerlo. Amén.
4 Alguien acudió a mi madre no hace mucho y dijo: “Sra. Branham, me gustaría preguntarle algo. Eso es sobre su hijo, Billy”.
Ella dijo: “Él es tan misterioso para mí como lo es para ti”.
Entonces, fueron con mi esposa. Dijeron: “Hermana Branham”. Dijeron: “¿Qué pasa con Billy?”
Ella dijo: “Nadie lo sabe”. Dijo: “Él está sentado aquí en la casa, una casa llena de gente, orando por la gente, y se va; y no oiremos de él durante dos o tres días. Entonces puede aparecer en el periódico o algo así, donde ha sido enviado lejos en las montañas en alguna otra ciudad, y a algún lisiado que ha sido sanado”.
¿Ven? Yo no lo entiendo. Yo sólo lo sigo a Él. Yo no trato de entenderlo. En serio, no quiero entenderlo. Sólo amo creerle a Él. Y, oh, ¡qué vida victoriosa! Qué satisfacción saber que tengo la vida eterna y todos mis amigos amorosos que lo aman a Él y han nacido de nuevo; ellos tienen vida eterna Y nos volveremos a ver. Y todas las personas mayores serán cambiadas y volverán jóvenes de nuevo. Amén. Eso es lo que la Biblia enseña.
5 Si vuelvo alguna vez [El Hermano Branham le explica al intérprete-Trad.] quiero enseñar sobre esas cosas. Puedo demostrarles, papá y madre, por la Palabra de Dios, que algún día, la madre con su cabello gris, el padre con sus hombros encorvados, serán cambiados, y ella se convertirá en una bella joven otra vez, y él un joven fuerte; y nunca cambiará. La muerte los ha traído a donde ahora están, pero lo único que la muerte puede hacer es sacarlos de esta vida. Cuando regresen, no serán así; serán hermosos para siempre Amén. Oh, ¡Qué esperanza! Esa es la Biblia. ASÍ DICE EL SEÑOR. Amén.
Yo le amo.
6 Así que ahora, queremos que todos estén de buen ánimo. Ahora una palabra para estos aquí: quiero hablar con Uds. Créame, ¿Lo harán? Ahora miren, sólo de vez en cuando, encontrarán a una persona lisiada que se levanta y camina. Dirán Uds.: “¿Por qué es eso? Ahora el mundo los está observando; a ellos les gusta ver milagros, porque son incrédulos. Ahora, aquí está la razón por la que no ven a más lisiados ser sanados como ven otras cosas. Por ejemplo, un hombre que tiene un dolor de muelas, o tal vez tiene una pequeña taquicardia. Y él dice: ”Creo que podré ser sano muy bien; no hay demasiado mal conmigo“. Y su fe se extiende y lo capta.
Pero Uds., cuando llegan a estar lisiados, pierden la esperanza. “Oh,” dicen: “No puedo lograrlo. Simplemente no puedo”. Bueno, es un gran placer para el Padre sanarlos igual que a los otros. Simplemente no le presten atención a que tan lisiados están, miren a Quién hizo la promesa.
7 No quiero tomar mucho de su tiempo, pero quiero darles un pequeño ejemplo. ¿Cuántos lectores de la Biblia hay aquí? levanten su mano. Bueno. Ahora, bajo la antigua ley de redención… Ahora, cuando, digamos, una madre caballo… [El Hno. Branham le explica al intérprete-Trad.]: Está bien. Y ese pequeño… su potro es un… él es un mulo. Y sus orejas están colgando, sus rodillas están juntas, sus ojos están cruzados. ¡Qué mulo! Ahora ese pequeño individuo, si él pudiera pensar, diría, “¡Miren lo que soy! No podré vivir. Porque cuando el hombre de la casa, el dueño, cuando salga y me vea, pues, sólo me golpeará en la cabeza. Él nunca… nunca me dará de comer; él no cuidará de mí”.
Ahora escuche, Ud. lisiado. Ahora, si la anciana madre estaba correctamente instruida según las leyes de Dios, ella diría: “Espera un momento, cariño. ¿Sabes qué? El sumo sacerdote nunca te verá, sino que has nacido con una primogenitura. Tú eres mi potro, y eres mi primero, así que tienes una primogenitura”.
8 Ahora, ¿qué pasa si el hombre sale y lo ve? Ahí está un mulo de aspecto horrible. Ahora ¿qué pasa? Él tiene que ir a buscar un cordero, un cordero perfecto sin defecto, y tiene que llevarlo al sumo sacerdote. Y la garganta del cordero es cortada, y el cordero muere para que el mulo pueda vivir. ¿Por qué? Nació con una primogenitura. Ellos nunca examinan al mulo; ellos examinan al cordero. El sacerdote mira al cordero.
Ahora, lectores de la Biblia, Uds. saben eso. Bajo las leyes de la redención en el Nuevo Testamento, no importa lo que esté mal con Uds., no se miren a sí mismos, miren a su Cordero. Amén.
¿Pueden encontrar alguna falla en Él? Dios no los mira a Uds., Él mira al Cordero. Entonces, si no hay una falta en el Cordero, no hay ninguna falta con Uds. Entonces, sigan adelante y tengan fe. Levántense y acudan al privilegio dado por Dios. No importa cómo se vea, cuán enfermos se sientan, cuán avanzada esté su etapa, Uds. pueden ser sanados.
9 Tengo en mi casa, en mi ciudad natal, a una de Mayo [Clínica-Trad.] [El Hno. Branham le explica al intérprete-Trad.] enfermeras… mirando un caso de cáncer. Esta mujer solo pesaba 30 libras cuando los Hermanos Mayo la desahuciaron. Ella perdió la mente. Y ella vino… la trajeron a la reunión. Ella debía morir en 24 horas. Así que, su hermana y su esposo la trajeron. Mientras predicaba, vi una visión y dijo todo sobre ella, y le ordenó levantarse en el Nombre de Jesús. Eso fue hace 10 años. En un año, la mujer pesaba 170 libras, y perfectamente normal y bien.
Ahora, ese es solo uno de los cientos. Algo tiene que crear allí. La fe tiene que crear. Todos los órganos estaban destruidos. Pues, incluso el cáncer la comió tanto hasta que había agujeros en sus intestinos. Eso la había comido, y hoy no hay una imperfección en ella, todo por causa de Jesucristo.
Ahora miren lo que había pasado allí. Ahora, eso no tiene que suceder con Uds. que están lisiados, ¿ven? El espíritu ha salido: polio y parálisis. Es como si el diablo entrara a una casa y rompiera las lámparas, destrozara las camas y luego saliera. Ese es el resultado de él. Pero Dios es el Único, el Amo de llaves, quien entra y lo vuelve a corregir. Amén.
Ahora, créanle a Él. Y esta noche quiero que pongan su fe en acción. Créanle con todo su corazón y Dios lo sanará.
10 Ahora, tengo como unos treinta y cinco o cuarenta minutos mientras la lluvia cae afuera, oramos para que las lluvias caigan por dentro. Y lamento que todos estén de pie. No se mojen. Solo entren y pónganse cómodos si es posible. Y hay algunos asientos justo aquí atrás, si quieren venir. Hay una esquina aquí, vacía, a la que pueden venir. Y para Uds. aquí, justo en la esquina allí, hay algunos asientos más. Solo siéntanse bienvenidos. Es para todos, ahora.
Le preguntaré a mi intérprete si lee por mí esta tarde de San Lucas el séptimo capítulo. Y quiero comenzar en el versículo treinta y seis, y leer el resto del capítulo. [El Hermano Branham habla con el intérprete-Trad.]
11 Ahora escuchen de cerca la lectura de la Palabra.
[El interprete lee Lucas 7:36-Trad.]
Y uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con Él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa.
Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume;
Y estando detrás de Él a Sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas Sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba Sus pies, y los ungía con el perfume.
Cuando vio esto el Fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que lo toca, que es pecadora.
Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro.
Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta;
Y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿Cuál de ellos le amará más?
Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y Él dijo: Rectamente has juzgado.
Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para Mis pies; mas ésta ha regado Mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos.
No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar Mis pies.
No ungiste Mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume Mis pies.
Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.
Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.
Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí; ¿Quién es éste, que también perdona pecados?
Pero Él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.
Que el Señor añada Sus bendiciones, oremos.
Nuestro Padre Celestial, te agradecemos por Tu Palabra. Dios, apenas puedo orar ahora. Tú sabes a lo que estaba mirando. Se misericordioso, Padre. Concédelo, Señor. Ruego para que vengas ahora con Tu Palabra; que el Espíritu Santo tome la Palabra y se la dé a cada corazón tal como lo necesitamos. Pedimos en el Nombre de Jesús. Amén.
12 [El Hermano Branham habla con el intérprete.]
13 Algo está mal. ¿Qué querría este Fariseo con Jesús? Porque un Fariseo odiaba a Jesús, y aquí le está pidiendo que venga a cenar con él. Simplemente algo anda mal. Cómo lo odiaban, y aquí él le está pidiendo que vaya a cenar. Simplemente no funciona bien; algo anda mal.
Como una niña de unos ocho años, ella está merodeando a la abuela. Ahora, algo anda mal. Hay demasiada diferencia en su edad. Ahora, ella pudiera ser la favorita de la abuela [el Hermano Branham le explica al intérprete-Trad.] Tal vez la abuela tiene una bolsa llena de dulces. Hay alguna razón. Hay demasiada diferencia en su edad como para que esta pequeña niña permanezca solo con la abuela. Ahora, ¿Ven?, los niñitos tienen cosas en común. Y juegan juntos, porque ellos tienen cosas en común.
14 La Biblia habla de eso en Isaías. Dijo: “Los niños pequeños jugando en la calle,” porque tienen cosas en común. Ahora, las mujeres jóvenes, ellas tienen cosas en común. Ellas andan juntas. Y las mujeres mayores, ellas tienen cosas en común. Los jóvenes y los ancianos, las logias, los hombres de la ciudad, tienen cosas en común. Se reúnen y hablan sobre cosas de la ciudad, porque ellos tienen cosas en común.
Esa es la razón por la cual los Cristianos se juntan. Tenemos cosas en común. No importa si somos Alemanes, Suizos o Estadounidenses, o qué; solo tenemos cosas en común. Nosotros estamos interesados en algo. No salieron esta tarde porque yo era Estadounidense. Uds. vinieron porque yo soy su hermano, y estamos hablando de algo en lo que todos estamos interesados.
15 Un antiguo proverbio Estadounidense, mi madre solía usarlo. Ella decía: “Aves de un mismo plumaje se juntan”. Uds. saben, las palomas y los buitres no tienen ningún compañerismo. Ellos simplemente no se juntan. Bueno, es por eso que… no comen las mismas cosas. Un buitre, él come cosas muertas; una paloma no podría comer eso. Eso la mataría. ¿Ve Ud.?, una paloma no tiene ninguna hiel; no pudiera digerir eso.
Un tipo muy hermoso de un Cristiano. ¿Ven?, cuando Uds. son convertidos, Dios hace una operación: Él saca la hiel, y luego Uds. no quieren más de la dieta del buitre. Se les ha sacado toda la hiel; Uds. no pueden digerir las cosas del mundo.
¿Pero alguna vez se fijaron en un buitre o en un cuervo viejo? Ahora, él puede sentarse allí y comer sobre un cadáver muerto, y él puede venir y comer trigo con la paloma, también. Ahora, él es un hipócrita. Pero la paloma, no puede ir y comer con el cuervo. Entonces, las aves de un mismo plumaje se juntan.
16 Hay algo mal con el cuadro. ¿Qué podría querer este Fariseo con Jesús? Algo anda en algún lado, y ahora, miremos y veamos qué era. Ahora el Hebreo… o la palabra Griega para Fariseo significa “actor, alguien que actúa como algo”. Hoy tenemos mucho de eso en el mundo.
En Estados Unidos, tenemos demasiados actores, especialmente en Hollywood. Ellos siempre están delante de la cámara, por lo que cuando salen a la vida pública; todavía piensan que están ante la cámara. Están actuando, haciéndose algo que no son. No me gusta eso; a mí me gusta que Uds. sean lo que son. ¿No les gusta eso? Sólo sean lo que Uds. son y todos sabrán cómo aceptarlos.
Demasiados de nosotros con la televisión y el bioscope [Aparato óptico para reproducir y proyectar imágenes en movimiento-Trad.] Y cuando salimos, ven a niños pequeños que van a esos lugares. Ellos salen, actúan como el actor. El diablo hace eso. Yo no quiero actuar; yo quiero ser lo que soy.
Y a veces, los predicadores se convierten en actores. ¡Oh si! Y se meten en el púlpito, usan una voz de púlpito. [El Hermano Branham imita la voz pomposa-Trad.] “Bueno, hermanos, estamos aquí hoy…” porque están en el púlpito. ¡Fariseo! ¡Sea salvo! Deje ese juego. Dios no quiere que sea un actor. Él quiere que sea un participante de Su Espíritu Santo. Deje la actuación. Amén.
17 Noten, este juego… Ahora, no creo que lo hagan aquí, pero en Estados Unidos, a veces nuestras hermanas actúan mucho. Cuando están en el hogar, oh, qué persona tan diferente, y también los hermanos. Y en el hogar, la hermana dirá: [El Hermano Branham imita la voz áspera-Trad.] “¡Juan, Juan, apúrate! ¡Ponte en marcha!”
Luego suena el teléfono, [el Hermano Branham usa una voz dulce-Trad.] “¡Oh, hola!” ¡Ud. actor! Al igual que con Dios. Sea lo que Ud. es en casa, como si estuviera en la iglesia. Amén.
Dios conceda el día en que podamos ser así… podemos ser Cristianos o decir que no lo somos. Si alguna vez se pone bien con Dios, entonces deje de actuar y pare de actuar. No me gusta actuar. Solo sean lo que Uds. son. Dios les respetará entonces. ¿Creen eso? A uno le gusta una persona que uno sabe lo que son. No actúen de una sola manera una vez, y de otra manera en otro momento. Eso no es bueno. Tenemos que ser lo mismo todo el tiempo. Amén.
18 Este Fariseo debe haber tenido algo detrás de este motivo. Oh, él era un gran hombre. Él tenía mucho prestigio. Él era un doctor, o tal vez tenía un grado de Licenciatura en Artes. Él pudo haber tenido un LLD [Doctorado en Letras-Trad.] Oh, él era un gran tipo. Y él iba a tener una fiesta. Puedo verlo mientras recorría su habitación perfumada sobre su fina alfombra Persa en su hermosa sala de estar. Oh, él era rico. “¡Yo-yo-yo-yo!” Eso es todo lo que oyen. “Yo soy el mejor hombre de la ciudad. Tengo la mejor iglesia. Tengo las personas más agradables, las personas mejor vestidas, las personas mejor pagadas. Todo el público me admira. Yo-yo-yo”.
Entonces él quería obtener un poco más. Así que puedo verlo mientras comienza a caminar, frotando sus manos rechonchas y gordas. Un Fariseo gordo, rechoncho y regordete decía: “¿Me pregunto qué podre hacer? Uds. saben, todos vendrán a mi banquete. Vaya, me pregunto a quién pudiera conseguir para entretener muy bien”.
De repente, dijo: “¿Por qué no pensé en eso? Enviaré y conseguiré a ese Sanador divino. ¡Jo, jo, jo, jo! Él dice que es un vidente. Nosotros sabemos que es un fanático, sabemos que no hay nada en Él. En el seminario, aprendemos que eso es psicología, o tal vez telepatía mental. Si pudiera lograr que ese santo rodador venga a mi fiesta, yo sería la noticia de la iglesia. Oh, solo veré si puedo conseguirlo, y lo traeré. Y cuando lo tengamos allí, lo expondremos. Yo creo que eso es psicología. ¡Jo, Jo, Jo! ¿Qué diría el Dr. Jones? Él odia a ese tipo tanto como yo. ¿Y qué diría el Fariseo Simeón? ¡Oh, será un hazmerreir! Oh, ¿no será maravilloso? Y todo sucederá en mi lugar”.
¡Ese gran hipócrita! No todos están muertos, no. No todos vivieron allá; ellos todavía viven hoy. Amén.
19 Fíjense, entonces él tiene el corredor, el mensajero, para ir a ver si puede encontrarlo. Arriba en las montañas, a través de los valles, a través de los desiertos va él. Ya es tiempo de la tarde, y puedo verlo de puntillas, el sudor corriendo por su cara, sucio, y él estaba mirando. “Ah,” suspira, “Ese es Él”. Mira a esa multitud de personas; todos están escuchando a Sus enseñanzas.
¡Oh, me hubiera gustado haber estado allí parado! ¿No les hubiera encantado estar allí? Escuchar esos labios que hablaban como nunca antes lo había hecho un hombre.
20 Mientras está de pie y escucha, Jesús enseña, el sol se pone, el mensajero está cansado. Jesús deja de enseñar y comienza a orar por los enfermos. Aquí viene el mensajero, abriéndose paso a codazos; él está tratando de llegar a Jesús.
Lo primero que Uds. saben es que se topa con Felipe y dice: “Señor, ¿puedo ver a su Maestro? Tengo un mensaje para Él”. Felipe estaba ocupado; los discípulos manteniendo a la gente lejos de Jesús, por lo que tuvo que empujarlo hacia atrás. Y aquí viene de nuevo. Él dice: “Señor, tengo un mensaje para su Maestro. Solo tomaré un momento de Su tiempo. ¿Puedo hablar con Él?”
Finalmente, Felipe lo lleva donde está Jesús. Dice: “Maestro, este hombre tiene algo que decir”.
El Maestro dijo: “Di”.
Él dijo: “Mi señor, el Fariseo, ha preparado una gran cena. Oh, ¡él es un gran hombre! Y él le ha invitado a que venga y sea su huésped”.
Puedo oír a Pedro, entonces: “No vayas, Señor. ¡No! No, Señor. No vayas a ese Fariseo. Él no tiene necesidad de Ti. Mira a los enfermos y a los afligidos. Todos ellos están deseando un momento Contigo. No vayas a ese Fariseo. Sus motivos no están bien. Él no te necesita, él es rico, y no te necesita”.
21 Pero Jesús siempre irá donde Él es invitado. ¿No es eso maravilloso? Él irá a cualquiera que lo invite.
Puedo ver al mensajero mientras se inclina y dice: “Maestro, ¿recibirá el mensaje de mi señor y su invitación?”
Jesús lo mira, sonríe un poco y dice: “Estaré allí ese día”.
Y luego el mensajero se da vuelta y se aleja corriendo. ¡Oh vaya! ¿Cómo hizo eso? Me gustaría tomar su lugar; me hubiera gustado haber estado allá y hablar con Él. ¿Uds. no? Le hablaría más sobre otra cosa. Me habría postrado a Sus pies, y le habría dicho: “¡Señor, ten misericordia de mí!”
Ojalá pudiera haberme parado allí en Su presencia, escucharlo hablar. Daría más que un mensaje de un Fariseo. Yo le hubiera dicho que lo amaba. Le hubiera derramado mi alma a Él. Me hubiera gustado poner mis manos en Sus pies, acariciarlo un poco. “¡Oh, Maestro, te amo!”
22 Escuchen. Demasiadas personas en aquel día perdieron su oportunidad. Uds. saben, hay tantas personas hoy perdiendo esa oportunidad, cuando entran en Su Presencia y luego se alejan. ¡Oh, qué oportunidad para hombres y mujeres, muchachos y muchachas, de venir ante Cristo y derramar su alma!
Pero él tenía una misión que parecía ser más importante. ¡Escuchen! ¿No es esa la realidad hoy? Nuestro trabajo y nuestras tareas domésticas, el lavado de mañana, o alguna pequeña fiesta de naipes a la que pertenecemos, o nuestra posición social es demasiado importante para llegar a un altar chapado a la antigua y llorar delante de Jesús y recibirlo en nuestro corazón. Oh, cómo las cosas terrenales, los lazos de esta tierra parecen ser mucho mayores para nosotros que encontrarnos con Jesús.
Esa es la forma en que se sintió este mensajero. Traer el mensaje de este gran Fariseo gordo a Jesús era más importante que el destino de su alma. Allí se paró en la misma Presencia de la Fuente de la Vida, y sus deberes de la tierra lo tenían tan atado hasta que no pudo ver su propia necesidad de Jesús, y se da la vuelta. Y de vuelta a través de las montañas baja a través de Palestina.
¿Cómo hizo eso? ¿Pudieran imaginarlo, tal oportunidad y luego dejarla? No dejen que sea ese su pecado. ¿Qué si él pudiera levantarse hoy y tener la misma oportunidad? Qué diferencia sería. Háganlo Uds. hoy.
23 Ahora, cuando regresa al Fariseo, el Fariseo dice: “¿Lo encontraste?”
“Si mi señor. Y Él viene”.
“¡Oh, bueno! Ahora, eso ayudará a mi posición social. Incluso pude influir en el sanador divino para que venga a mi fiesta. Pues, ¡seguro! Puedo hacer la mejor propaganda en la ciudad. Puedo contratar a los mejores sirvientes. Miren mi hermoso jardín”.
“Ahora, déjenme ver. Ahora creo que no tendré la cena adentro. Lo llevaré afuera; la pondré en el césped. ¡Oh, esas hermosas uvas colgando! Y cuando esté fresco por la noche, toda la gente vendrá, toda la ciudad saldrá, y ellos la verán, y sabrán qué gran hombre soy”.
“Y estableceré mi mejor mesa e invitaré a todas las celebridades. Oh, todos estarán contentos de venir. Oh, conseguiré los mejores cocineros; tengo los corderos gordos, el mejor vino. Oh, puedo hacerlo, porque soy un… Soy un hombre rico. Y luego, para entretenernos, tendremos este santo rodador, ese sanador divino. Llamaremos Su atención”.
¿Ahora no es eso exactamente como uno de ellos hoy? ¡Debería darles vergüenza el tratar a Jesús de esa manera! Algunas veces usan su iglesia para un lugar de entretenimiento, bailes y demás fiestas. ¡Qué vergüenza! Nunca deberían hacer eso. Reverencien a Cristo.
24 Ahora, la forma en que comían en la antigüedad… en Palestina, no se sientan como nosotros. Ellos se acuestan a comer. Sacan un catre pequeño, como un pequeño sofá, y lo acercan a la mesa. Y el paciente… o, el hombre viene, se sienta, se recuesta y pone su mano así, y allí come. Horas, ¡oh, qué lujo! ¡Y ellos sabían organizarla! Pues, tenían los mejores camareros; incluso tenían música en sus ropas, pequeñas campanas, y ellos tocaban música mientras caminaban. ¡Oh vaya! Uds. deberían visitar Palestina. Es muy interesante.
Y ahora, ahora él tiene todo arreglado. Ahora, el día de la fiesta llega. ¡Oh vaya! Aquí viene el Fariseo con toda su ropa religiosa. ¡Oh, él es un gran tipo! Y viene saliendo y aquí viene un carruaje. “¡Oh, ese es el Dr. Jones!” Sale. “Dr. Jones, estoy tan contento de verle venir a mi fiesta”.
25 Ahora, en Palestina, para una recepción real… un hombre que viaja, muchas veces a pie, caminando. Ahora presten atención. Ahora la vestidura Palestina que está debajo se ajusta justo por encima de la rodilla, y la bata cubría el exterior. Y mientras caminaban, el polvo del viento de la carretera recogía tierra, polvo. Y todos los caminos de Palestina en aquellos días no los tenían pavimentados como los nuestros, ni estaban enaceitados; eran polvorientos y muy escabrosos. Los animales pasaban por los caminos, como caballos y caravanas de camellos, y los excrementos de animales en el camino con pájaros picoteando, dispersándolo, y el estiércol se había convertido en polvo y en una persona que caminaba, el polvo se le subía a las piernas. Y cuando transpiraban, se pegaba a sus piernas. Entonces, hedía, y tenían que ser lavados antes de que entraran.
Entonces, los ricos generalmente tenían un montón de lacayos, y el que lavaba los pies (Escuchen) era el lacayo peor pagado del grupo. Él tenía el trabajo más bajo de cualquiera del resto de los lacayos.
Eso me rompe el corazón al pensar que mi Señor tomó el lugar del lacayo más humilde y lavó los pies de Sus discípulos. Luego nosotros vamos con la cabeza en el aire como si fuésemos algo, y el Príncipe de la Gloria lavó los pies de los hombres, tomó el lugar del lacayo más bajo. ¡Debería darles vergüenza cuando piensan que son algo! Recuerden, uno no es nada: solo seis pies de tierra. Del polvo eres y al polvo volverás.
26 Ahora escuchen. Así es como lo hacían. Ellos tenían un recipiente limpio con agua; y el lacayo tomaba el pie del hombre, se lo ponía sobre su propia pierna y tomaba del agua y lavaba sus pies. Luego tomaba sus sandalias y las colocaba en un pequeño estante. Y luego regresaba, con cumplidos del anfitrión, y recibía un buen par de zapatillas de satín y se las ponía a sus pies, haciéndole sentir cómodo. Y luego, cuando se iba, él recibía de nuevo sus sandalias.
Ahora escuchen. Ahora, cuando eso sucedía, lo siguiente que él hacía, iba a otra pequeña cámara. Y ahí se derramaba aceite de nardo en sus manos. Es una cosa muy famosa, muy fragante, y está hecha de algo pequeño que proviene de Arabia. El aceite, cuando se contamina, apesta. Pero cuando este nardo se mezcla con él, durará por años. Huele muy bien.
Tuve dos pequeñas gotas-botellas de eso una vez. Proviene de un árbol famoso en el mundo de Egipto, y lo froté en mi mano y olio por dos semanas. Ese era parte del tesoro que la reina de Saba trajo a Salomón. Muy caro.
Entonces, en los rayos directos del sol en Palestina lastima su cara; eso quema la cara del viajero. Entonces le dan un poco de aceite y él frota su cara, detrás de su cuello, luego él recibe una toalla limpia, se lo limpia. Ahora, ese es el segundo proceso.
27 Ahora él entra a la sala principal. Ahora miren esto, y verán dónde es recibido. Luego sale el anfitrión, y lo encuentra así, como mi hermano. Ahora lo primero que él hace, le toma su mano, su mano derecha; se inclina. Luego toma su otra mano y se inclina. Luego lo toma, pone sus manos así, y luego así, y luego se besan en ambas mejillas. Y mientras besa en ambas mejillas, le da un beso de bienvenida. Entonces, él es un hermano de pleno derecho.
Miren, sus pies están lavados, él está ungido, está fresco, le ha dado el beso de bienvenida, pues, solo es un hermano. Él es bienvenido. Él puede entrar, sentarse, meterse en la nevera y conseguir algo de comer. Él es un hermano; esa es la forma en que eran bienvenidos.
28 Ahora, ¿cómo sucedió eso? Jesús entró sin ser bienvenido. El Fariseo estaba demasiado ocupado. Él estaba prestando atención a los doctores y a las mejores celebridades. Él tenía mucho que hacer para ver a Jesús entrar.
¡Escuchen! Me pregunto si ese no es el caso hoy: si no estamos demasiado ocupados con nuestra actividad y otras cosas y no podemos atender a Jesús. ¡Oh vaya!
Y lo veo a Él entrar y dejar Su trabajo para ir donde fue invitado. Y esa es la forma en que Él es atendido. ¿Es así en su casa? ¿Es así en su iglesia? ¿Es de esa manera en su vida? ¿Oran, “Señor Jesús, ven”? Y cuando Él viene, no le prestan ninguna atención. ¿Es esa la forma en que tratan a mi Señor? Si es así, debería darles vergüenza.
29 ¿Cómo logró Él pasar a ese lacayo? ¿Cómo lo hizo? Ojalá pudiera yo haber sido ese lacayo. Me hubiera gustado haber estado allí. Si sabría que Él viene, lo hubiera estado esperando. A mí no me hubiera importado el Dr. Jones, todos esos grandes y viejos Fariseos. Yo hubiera estado buscando a mi Señor. ¡Aleluya! Lo hubiera estado buscando a Él, esperando por Él, para poder darle cortesía y darle la bienvenida. Pero hoy, estamos buscando todo menos al Señor. Esa es la razón por la que lo pasamos desapercibido.
Y allí estaba Él, pies sin lavar, lo envió atrás de la multitud en esa condición. ¿No es lamentable? Pero esa es de la manera que es; así es hoy. Así es en demasiados hogares.
30 Escuchen, en América cuando enviamos… cuando el Presidente llega a una ciudad, pues, extienden la alfombra, cuelgan la bandera, ponen flores en todas partes, la banda toca, todo, reservan el espectáculo. Todo. Ellos quieren que él se sienta bienvenido. Pero cuando Jesús viene, lo empujan en una misión. Uds. se preparan para todo lo demás excepto Jesús. Así es la manera como lo hizo el Fariseo. ¡Oh, vaya, qué lástima ver esa condición!
31 Escuchen, quiero preguntarles algo ahora. ¿Alguna vez oraron para que Jesús viniera a su casa? Si así es, digamos: “Amén”. Claro que sí ¿Cómo lo trataron cuando vino? ¿Le dieron un pequeño lugar en el ático? Tal vez su fiesta de costura se celebra allí ese día. Cuando Jesús viene a su corazón, Uds. tienen ganas de gritar, tienen ganas de llorar, tienen ganas de alabarlo, pero ¿qué hacen con Él? Lo ponen en el ático. Suben al ático, a una habitación pequeña o al sótano y se arrodillan allí y dicen: “Gracias, Jesús, por venir”. Se avergüenzan de Él delante de su compañía. Si es así, deberían arrepentirse hoy. Amén.
Den a Jesús el primer lugar, el primer lugar. Primero en la vida, primero su mejor, no el segundo. Su primero. “Buscad primero el Reino de Dios y Su justicia, otras cosas serán añadidas”.
32 ¿Pero lo dejan sentarse atrás? Cuando hablan con su jefe, y Jesús baja y quiere que testifiquen sobre Él y le digan a su jefe que el amor de Dios está en su corazón. ¿Están avergonzados de Él? ¿Le dan un pequeño rincón?
Yo pudiera preguntar esto a Jesús: “Jesús, ¿tomarás el segundo lugar?”
“Sí”.
“¿Tomarías el tercer lugar?”
“Sí”.
“¿Tomarás el quinto lugar?”
“Sí. Yo vendré de todos modos”.
¿Creen que su vecino vendría si tomara el quinto lugar? No. Eso es lo que me hace amarlo a Él, me hace saber que Él [Espacio en blanco-Trad.] Él es el Dios del cielo; Él tomará cualquier lugar (¡Aleluya!) Que el hombre le dé. [El hno. Branham repite al interprete-Trad.]
33 Algunos de Uds. personas que van a la iglesia una vez al año— ¡oh, Dios mío! Es la mañana de Pascua, se ponen su vestimenta más encantadora, su hermoso sombrero, y van a la iglesia y se sientan veinte minutos; y cuando regresan, dicen: “Eso lo resolverá hasta el próximo año”. ¿Lo aceptará Jesús? Amén.
Sí, Él lo aceptará. Cualquier lugar que Uds. le den, Él lo aceptará. Él nunca los reprenderá; Él les dará [Espacio en blanco en la cinta-Trad.]. Oh sí. También tenemos otras cosas que creemos que son más importantes. Mi hermano, mi hermana, lo más importante en su vida es recibir a Jesucristo. ¿Creen eso? Amén.
Yo creo que lo más importante en cualquier vida es recibir a Jesucristo apropiadamente en primer lugar en su adoración, el primer lugar en su vida, el primer lugar en todo. Jesucristo se merece ese lugar. Amén. Yo lo creo con todo mi corazón. Pero si no lo hacen, Él tomará el segundo lugar, Él irá al sótano con Uds. Si se avergüenzan de Él cuando están fuera entre la gente, entonces bajan en el sótano donde nadie los verá, Él todavía vendrá. Eso debería hacerlos amarlo por encima de todo en el mundo.
Jesús en el segundo lugar, Jesús en el cuarto lugar, Jesús en el décimo lugar, pero Él aún viene. Uds. lo invitaron.
34 Ahora eso es lo que Uds. hacen en la iglesia muchas veces.
Escuchen, quiero decir esto con reverencia: llamarán por un avivamiento [Espacio en blanco en la cinta-Trad.] y orarán duro, y luego, cuando venga el Espíritu Santo, Uds. lo echarán fuera. “¡No quiero nada de eso! Esos son santos rodadores”.
Están haciendo a Jesús a un lado. Cuando alguien testifica de ser sanado, Uds. se avergüenzan. “Oh, yo no la conozco. No me pararé junto ella”. Entonces deberían darle a Cristo su primer lugar, apoyar a esa persona, “¡Ese es mi hermano! Yo también amo a Jesús”. Él quiere el primer lugar. “No me importa lo que alguien más diga”. Den a Jesús el primer lugar. Amén. Eso es lo que siempre queremos hacer.
35 Pero aquí está Jesús sentado por allí. ¡Mírenlo! Oh, ¡Él estaba indeseable! Toda la gente, como hacen los orientales, por lo general se abren paso, observando, cientos estaban parados alrededor. Aquí estaba un gran Fariseo hablando con el Dr. Jones; y el pobre Jesús, sentado allí con los pies sucios, la cara sin unción, los labios sin besar— ¡oh, qué escena!
Piénselo: Jesús con los pies sucios. Jesús con los pies sucios. ¡Oh, eso me hace algo! Ese gran Fariseo le pide a mi Señor que venga y lo deja allí sentado con ese estiércol en Sus pies, no le dio nada de aceite, lo dejó sentado allí apestoso, desagradable, sin refrescarse, no bienvenido, y todos ellos observando. ¡Oh, mírenlo!
¡Oh, Dios, ten misericordia de este mundo pecaminoso! Qué horrible maldición es el orgullo. Oh, Uds. son demasiado buenos, seguro. “Vamos a una iglesia que sabe mejor que esa. No creemos en la sanidad divina. Ah, no tenemos nada que ver con eso”. ¡Fariseo! Jesús está en su ciudad. Amén. Recíbanlo, ámenlo, abrácenlo y ámenlo.
36 Oh, lo veo allí sentado, Su cabeza inclinada. Por lo general, Él no es bienvenido entre los ricos. Ellos tienen mucho del mundo, ellos no tienen tiempo para Jesús. Órdenes muy religiosas, no tienen tiempo para Él.
Así que ahí se sienta Él, con los pies no lavados, nadie le prestaba atención. Puedo imaginar a Pedro y Juan, Sus discípulos, ellos lo estaban mirando. Pero ellos no fueron invitados; ellos no pudieron venir.
Ahora escuchen bien antes de terminar. Quiero que entiendan esto.
37 En esa ciudad había una prostituta, una mujer mala. No entraremos en detalles de eso; Uds. saben de lo que estoy hablando. Un ser humano pobre que tomó el camino equivocado. Muchos de Uds. señalan con el dedo hacia ella. ¿Alguna vez se han detenido a pensar que es la hija de alguna madre? No puede haber una mujer caída sin un hombre caído; eso los toma a los dos. Tal vez algún amorcito la lanzó a esta vida. Algún novio. Quizás él le contó cuánto la amaba hasta que ganó su corazón y luego la lanzó a este tipo de vida. No lo sé, pero de todos modos la Biblia dice que ella era una mujer caída. Ella era una proscrita. Las iglesias no la recibirían; ellos no querían nada que ver con ella.
38 Y me puedo imaginar viéndola venir por la calle y ella dice: “¿Dónde está todo el mundo? La ciudad parece haber sido evacuada”.
Luego oye un ruido, escucha las copas de vino sorbiendo. Ella dice: “Debe ser en la casa del Fariseo, el banquete”. Y ella sube y se empina, dice: “¿De qué se trata todo esto?”
Cuando ella se empina, puedo ver a algunos hombres parados a un lado, todos santurrones, “¡Vean! Vean lo que viene”. ¡Oh, Fariseo!
Ella se empina, mira por encima y lo ve a Él sentado con los pies sucios, no bienvenido. Oh, ella no pudo soportarlo. Ella dijo: “¡Mírenlo!” Oh, ella comenzó a llorar.
“Oh, eso no está bien,” dijo. “Mírenlo. Qué triste se ve. Él tuvo que ser invitado, o no estaría allí. Y mírenlo, incómodo, los pies sucios, su rostro no está ungido, lo rojo del sol todavía está en Su rostro. Él está tan menospreciado. Ella dijo: ”No puedo soportarlo. Le escuché predicar una vez: Cualquiera que quiera, que venga. Eso debió haberse referido a mí“.
39 Ella se aleja.
Vamos a seguirla. La veo bajar por la calle, un pequeño y estrecho callejón, por los escalones pequeños y crujientes. Ella entró en una habitación. Ella abre su pequeña caja del tesoro, y sacando su dinero, lo vacía. Ella dice: “¡No! ¡No puedo hacerlo! Él sabría cómo obtuve este dinero. Él sabría cómo lo conseguí. Él es un profeta, es un vidente; Él sabría cómo obtuve esto. Simplemente, no puedo hacerlo”.
Y ella lo regresa. Pero ella piensa de nuevo: “Es todo lo que tengo. Y mírenlo. Oh, quiero hacer algo por Él”.
Desearía que Uds. pudieran tener esa actitud. Uds. lo ven hoy, sanando a los enfermos, salvando a los perdidos, y nosotros nos sentamos indiferentes al respecto. Hagamos algo. Muéstrenle que Él es bienvenido.
40 Ahora, mírenla a ella entonces. Ella llora; siente pena por su vida, pero todos la rechazaron. Y ella dijo: “Sin duda, a Él no le importará”.
Hay algo sobre las mujeres que es un poco diferente que los hombres. Por lo general, ella tiene un gran instinto. Me gustaría que ella lo usara para Dios.
Ella tiene su punto de vista y se queda con eso. Puedo verla ponerlo en su calcetín. Ella se envuelve en su ropa, calle abajo va. Ella entra en una tienda de perfumes, y hay un viejo judío-tipo sentado allí. Él dice: “¡Bah! Vaya, el negocio ha sido malo hoy. Ni siquiera he hecho el alquiler”.
Y aquí viene esta mujer, y él sale. Él no se porta bien, no dice: “¿Cómo estás? ¿Qué puedo hacer por ti?” Él dijo: “Bueno, ¿qué es lo que quieres?”
Ella dijo: “Quiero la mejor caja de nardo que tiene”. Y ella vacía el dinero.
Cuando él escucha el tintineo del dinero, ¡oh, eso es diferente! Y él dice: “Veamos cuánto tienes”. Ella contó 280 denarios Romanos, y es suficiente. Entonces él se lo da a ella. Puedo escucharlo decir: “Me pregunto, ¿a dónde irá? Me pregunto, ¿qué va a hacer con eso?”.
Ese era el último centavo que ella tenía, pero ella lo sabía, y ella sabía que Él merecía lo mejor. Ella nunca dijo: “Dame una buena”. [El Hno. Branham le explica al intérprete-Trad.] Dijo: “Deme lo mejor que tenga”. ¡Alabado sea Dios!
Eso es lo que debemos hacer: denle lo mejor que hay— la juventud de su vida, lo mejor de su vida, la alabanza de sus labios [Espacio en blanco en la cinta-Trad.]
41 Fíjense. Aquí va ella. Ella sale; ella mira allí dentro. Ahora ella lo ve a Él allí, tan miserable. Ahora, ella no es bienvenida; ellos probablemente la echarán, pero allí va ella, abriéndose paso a codazos, tratando de llegar a Jesús.
¿Hicieron Uds. lo mismo? ¿Se abrirán paso a través de los críticos? ¿Podrían abrirse paso hoy a través de la incredulidad, para llegar a Jesús y tratarlo bien? ¿Podrían dejar de lado todo, todas las críticas, todas las incredulidades, abrirse paso a codazos? Él dijo: “Venid”. Él dijo que pueden venir.
Atraviesa la multitud hasta que llega a Él, y allí se paró, llorando. No podía contenerse, las lágrimas corrían por sus mejillas. Ella cayó a Sus pies, las lágrimas corrían por ella. Intentó ponerse de pie, no pudo hacerlo. ¡Oh, esas lágrimas corriendo por sus mejillas! Y lo primero que Uds. saben es que ella dijo: “Debo estar fuera de mí”. ¡Oh, que Uds. estuvieran fuera de sí mismos!
¡Escuchen, hermanos! Desearía que la iglesia Cristiana estuviera fuera de sí, el tiempo suficiente para ser salva. Seguro, ella rompió todas las reglas. ¿A quién le importan las reglas? ¡Vamos a Cristo! No nos importan las reglas de la iglesia; vayamos a Jesús. Oh, cuando yo vine a Él, rompí todas las reglas de la iglesia. Lloré, grité, yo estaba fuera de mí, yo estaba junto a Jesús.
42 Ahí es donde esta pobre mujer estaba parada. ¡Oh, Dios, que nosotros pudiéramos pararnos allí!
Ahí se paró ella; el Único que podía perdonarla. Su oportunidad de recibirlo, tal vez la última vez en su vida. El Único que podía quitarle su mancha, la única Fuente que podía ayudarla.
Y ella estaba tan arrepentida, y estaba llorando; y ella llegó a estar fuera de sí. Y cuando las lágrimas comenzaron a correr sobre Sus pies, ella estaba frotándole Sus pies. Oh, ¡ella estaba tan arrepentida! Ella la estaba lavando… lavando Sus pies con sus lágrimas. ¡Qué agua tan hermosa, mejor que la que el Fariseo podía haberle dado a ella!
Las lágrimas de un pecador penitente, lavando los pies sucios de Jesús. ¡Aleluya! Los pies sucios de Jesús.
43 El mundo se queda atrás: “Mira esos santos rodadores”. Pero las lágrimas de los pecadores dicen: “¡Sí, Señor! ¡Si señor! Te creemos, todo el Evangelio”.
Allí estaba ella [Espacio en blanco en la cinta-Trad.] todo lo que ella tenía, todo su dinero fue gastado y aquí estaba ella, llorando, lavándole Sus pies. Y fíjense, algo sucedió. Ella tenía todo el cabello arreglado y se le cayó. Oh, ella tomó su cabello… Y ella estaba fuera de sí, ella estaba tan feliz. Ella estaba enjugando Sus pies con su cabello.
¿Saben qué? Algunas mujeres hoy tendrían dificultades haciendo eso; algunas se lo cortaron todo. Uds. tendrían que pararse de cabeza para hacer eso. ¡Es una vergüenza! La Biblia dice que el cabello de una mujer es su gloria. Eso es lo que dice la Biblia. Lástima que hayan cortado su gloria. Lo que necesitan aquí es un buen avivamiento de antaño, del Espíritu Santo. Amén. No solo aquí, sino que el mundo entero necesita una buena sacudida del Evangelio chapado a la antigua otra vez, de regreso a la Palabra de Dios.
44 La Biblia dice que era su gloria.
Miren a esta pobre mujer de la calle. Todo el dinero que tenía, yacía en esta caja de nardo, las lágrimas de sus ojos proveían el agua. Lo único decente que ella tenía era su cabello, su gloria, y cayó a los pies de Jesús. ¡Oh Dios! Rindan su gloria, todo, a los pies de Jesús. Eso es lo que Uds. quieren hacer. Él está en su ciudad, Él está en sus medios. No sean diferentes hacia Él. ¡Créanle, ámenlo!
Y ella lavó Sus pies, y los enjugó con su cabello. Ahora, ella toma la caja de nardo; ella rompe la caja. Ella apenas puede ponerse de pie; su cabeza inclinada. Y para ese momneto, el viejo Fariseo, la cabeza canosa, entonces su rostro se puso rojo de rabia. Ella estaba interrumpiendo su fiesta. ¡Aleluya! Dios conceda que la gente sea lo suficientemente sincera y ame a Jesús lo suficiente como para romper una vieja y fría adoración formal y llegar a Jesús. ¡Lo necesitan a Él!
45 Allí estaba ella, y el Fariseo dijo: “Ahora, vean, Él no es profeta, porque si fuera un profeta, sabría qué clase de mujer era esa”. ¡Fariseo de justicia propia! ¡Él es una vergüenza!
Él dijo: “Ahora, ella arruinará Su reputación”.
Cuán diferente fue eso. Escuchen. La reputación de Jesús se hace dónde están los pecadores; La reputación de Jesús está hecha con pecadores. Se necesitan pecadores que se den cuenta de que son pecadores, que se den cuenta de que están perdidos, que se den cuenta de que están lejos de Dios, eso los hará estar fuera de sí mismos y lo adorarán. Ahí es donde se hace Su reputación.
Así es como Su reputación se hizo de esta mujer paralítica la otra noche, con los sordos y mudos, con los ciegos. Llegan a estar fuera de sí mismos. Ellos probablemente les dicen: “No subas allí. ¡Disparates! No hay nada con eso”. Pero ellos llegan a estar fuera de sí mismos, ellos vienen de todos modos, y presionan, abriéndose paso a través de todas las circunstancias hasta que llegan a Jesús. Entonces, Su reputación está hecha. Sí.
46 Aquí estaba ella lavando Sus pies. Ella quebró el nardo. Jamás solo derramó un poco; ella lo derramó todo, todo lo que tenía, sobre Jesús. Y todo el tiempo, ella estaba tan fuera de sí misma que estaba besando Sus pies, besando constantemente Sus pies, todo el tiempo.
Simón dijo: “Maestro, si sólo supieras qué clase de mujer era esa”.
Jesús dijo: “Simón, una cosa tengo que decirte. Me invitaste a tu casa y no me lavaste los pies. Nunca me diste aceite para mi cara. Ni siquiera me diste beso de bienvenida. Pero esta pobre mujer, desde que entró aquí, ha besado Mis pies continuamente, me lavó los pies con sus lágrimas y los secó con sus cabellos”.
47 Luego se vuelve hacia la pobre prostituta que lo mira. Ella está parada allí, su cabello cuelga hacia abajo, las lágrimas caen por sus mejillas. Ella se preguntó qué iba Él a decir. ¿Va Él a reprenderla? Decir: “¡Fuera de aquí, mujer horrible!” No. Se volvió hacia ella y le dijo: “Hija, tus pecados, que son muchos, te son perdonados. Tu fe en Mí, te ha restaurado”.
Oh, Dios, ¡Déjame parame allí! Déjame pararme donde ella se paró, llegaré a estar fuera de mí mismo. Oh, Dios, si este mundo pecador solo pudiera verlo y lo adoraría a Él de esa manera, entonces las mismas palabras regresarían: “Hija, tus pecados son perdonados”.
Probablemente nunca seré capaz de pararme donde ella estuvo parada, pero uno de estos días voy a predicar mi último sermón. Mi última gota de sudor caerá de mí, la última vez que las lágrimas atenuarán mis ojos, me pararé en Su presencia. Ahí quiero subir… No quiero un palacio, no quiero nada grandioso. Solo quiero arrastrarme hasta Sus preciosos pies y acariciarlos un poco, besarlos una vez, y luego darme la vuelta. ¡Eso me pagaría por todo lo que he hecho!
Oremos.
48 ¡Jesús, con los pies sucios! ¡Oh Dios! Hoy, el mundo te trata de la misma manera. Ellos te invitarán, luego se burlarán de Ti. Oh, Dios, ¿cómo puedes ser tan paciente? Tú Precioso, la Rosa de Sarón, el Lirio del Valle, viniste a la tierra, fuiste levantado de los muertos, caminando entre nosotros. Luego la gente se avergüenza de Ti. Oh [Espacio en blanco en la cinta-Trad.] La Fuente de la Vida, el Dulce, el Único.
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