S.329 55-0828E  Señor, Quisiéramos Ver A Jesús 

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OBRAS DEL MENSAJE

Señor, Quisiéramos Ver A Jesús

Lausanne, Switzerland

55-0828E

1 Dios les bendiga. Y si he omitido a alguien, no era mi intención. Y desde el fondo de nuestro corazón, digo esto por el Dr. Guggenbuhl y para el Sr. Arganbright, el Sr. Bosworth y Billy Paul: Les deseamos buena salud. Dios los bendiga a todos. Oren por nosotros. Debemos irnos a casa de inmediato, comenzar otra reunión, de inmediato.
Ahora, esta noche, el Sr. Bosworth acaba de predicarles y estoy seguro de que disfrutaron el mensaje del Sr. Bosworth. Ahora, no voy a predicar esta noche; los detuve tanto esta tarde, y Uds. fueron muy atentos, porque se mantuvieron en la tormenta. Satanás no quería que tuviéramos esa reunión, pero salimos adelante. Dios nos dio la victoria.
Alrededor de unos tres mil quinientos se levantaron para renovar votos con Cristo, y me acabaron de decir que dos mil firmaron una carta de salvación. ¡Alabamos al Señor! ¿Pueden ver por qué Satanás estaba enojado? No le hizo ningún bien; Dios gobernando. Amén.

2 Ahora, solo quiero darles un pequeño testimonio, pero… Es un pequeño testimonio de la obra del Señor, una pequeña parte de mi propia vida íntima. Siento que nos amamos lo suficiente como para saber que no estoy aquí para cosas personales; estoy aquí por Jesús. Entonces, solo para dar un pequeño testimonio…
Antes de hacer eso, queremos leer solo uno o dos versículos de la Palabra de Dios. Quiero que el traductor lea San Juan 12, los últimos tres versículos. Y que el Señor agregue Sus bendiciones a la Palabra.
[El interprete lee San Juan 12:20-22-Ed.]
Había ciertos Griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta:
Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos a Jesús.
Felipe fue y se lo dijo a Andrés: entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús.
El Señor le añada Sus bendiciones.
Ahora, no hablaremos sobre este tema, sino solo para leer parte de Su Palabra. Me encanta Su Palabra Y, ahora, todos orando; quiero ver a todos Uds. ser sanados esta noche. Si yo pudiera hacerlo, yo lo haría. Si su doctor pudiera hacerlo, él lo haría. Pero, se necesita a Cristo, y se necesita de su fe en Cristo, y entonces Dios lo hará.

3 Ahora, estos Griegos que vinieron a Felipe, el deseo de su corazón era ver a Jesús. ¿Cuántos tienen ese mismo deseo esta noche? Todos. Todos queremos verlo. Ese es el llamado del corazón humano: “Señores, quisiéramos ver a Jesús”. Ahora, eso es lo que queremos hacer esta noche.
Sólo pensemos un minuto. Ahora, alejémonos de todas las ideas fantásticas, y si Él es tan real como los Cristianos afirman que Él es, ¿por qué no podemos verlo? Decimos que Él no está muerto, que Él vive. Él dijo que estaría con nosotros, y que cada generación lo vería hasta el fin del mundo. Ahora, Jesús prometió eso. Él dijo: “Un poco los incrédulos no me verán más. Pero vosotros me veréis, porque Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo”. Entonces, a cada generación se le ha prometido verlo a Él. Entonces, echémosle un vistazo a Él esta noche; yo quiero verlo.

4 Recuerdo una vez que estaba levantando mi cabaña vieja, fría, intentaba encender un fuego, y todo eso no encendía. Encendí la radio y una hermana cantaba: “Quiero ver a Jesús”. Me senté en el suelo y comencé a llorar. Levanté ambas manos; dije: “Sí, Señor, quiero verte”. Y Uds. quieren verlo.
Y si Él es tan real, ¿por qué no podemos verlo? Si Uds. lo estuvieran buscando esta noche, ¿qué tipo de persona buscarían? ¿Buscarían a un hombre con túnicas largas, vestido de manera diferente a los demás hombres? No Jesús. Él se vestía como otros hombres. Si Él estuviera aquí en un cuerpo de carne esta noche, usaría una ropa como la que tenemos. Y no pudiéramos buscar a un hombre bien vestido, y no me imagino que Él se miraría como si fuera de una caja para sombreros.

5 No nos iríamos tras las grandes catedrales para buscarlo, porque cuando Él estuvo aquí, ellas no lo recibieron; y no lo recibirían de nuevo esta noche.
¿Irían a un hombre que tuviera una gran voz jactanciosa? No. ¿Buscarían a un hombre que tuviera una educación grandiosa y estupenda, que tuviera tanta educación hasta que hablara continuamente en lenguas; que la gente común no pudiera entenderlo? No Jesús. Él hablaba como personas comunes.
Entonces, ¿dónde lo encontrarían? Tendrían que encontrarlo entre la gente común. Él sería un hombre común. Entonces, ¿Qué estaría Él haciendo? ¿Alardeando de Su educación? ¿Alardeando de Su afiliación a las iglesias? No. ¿Estaría Él presumiendo de ser un Sanador? No. Él estaría diciendo: “Yo no; es el Padre que mora en Mí, Él hace las obras. Si podéis creer, todo es posible”.
Él miraba a la audiencia— a la gente sufriendo— Él decía, cuando ellos tenían fe: “Hija” o “Hijo, tu fe te ha salvado de tal y tal enfermedad”. Entonces, si el Padre le dijera a Él algo, Él se lo diría a la audiencia. Esa es la clase de Jesús que nosotros buscaríamos.

6 Ahora, Su cuerpo con cicatrices de clavos en él, no ha regresado todavía; él está sentado a la diestra de Dios. ¿Ven?, Él está sentado en el trono del Padre, ahora; pero cuando Él regrese, se sentará en Su Propio trono, el trono de David, que Él heredó. Ahí es cuando Él vie en forma física. Pero Él está aquí ahora en forma espiritual, trabajando a través de su cuerpo y mi cuerpo; ese es Él ahora. Entonces lo vemos por las obras que hace. Ellos no podían creer que Él era Dios, entonces Él dijo: “Si no podéis creerme a Mí, creed a las obras que hago. Porque las obras que Yo hago, testifican que el Padre me envió”, ¿Ven? No podían creer que un Hombre fuera Dios. Pero dijo: “Solo ved a las obras”. Él dijo: “Si no hago la obra de Mi Padre…”
¿Qué quiso decir Él con eso? Él dijo: “Si no hago la obra de Mi Padre, no me creáis. Pero si hago la obra de Mi Padre, entonces créanme. El Padre está testificando de Mí”.
¿Cuál fue la obra del Padre? ¿Observaron cuán preciso es todo lo que Él dijo? Miren exactamente lo que Él dijo y lo que profetizó: perfecto. Ellos sabían que Él era Dios. Ahora Dios es en nosotros— la esperanza de gloria. ¡Oh, me encanta hablar de Él!

7 Ahora, solo un poco de vida íntima, solo un pequeño testimonio, entonces vamos a comenzar a orar por los enfermos. Ahora, sólo pongan toda la fe que tienen en Jesús y observen lo que sucede. Solo estoy buscando algo esta noche; estoy buscando un gran clímax en esta reunión. ¿Están buscando de esa manera? ¿Están creyendo? Este es un momento crucial, y puedo sentirlo en el Espíritu, como si algo está a punto de suceder. Yo creo que así es. Yo estoy buscando de esa manera.

8 Un día, me dirigía a Florida; yo iba en un tren. Vi una visión. Vi a un niño pequeño con… vestido muy pobremente, y tenía cabello corto, y lo habían matado. Su piecito había salido a través de su media, estaba todo aplastado, y estaba tendido de lado al costado de una carretera. Mucha grama verde, grandes rocas grandes y muchos árboles, árboles de hoja perenne.
Y fui a Florida. Vi al hermano Bosworth. Y me paré en una multitud como ésta, y les dije que había visto una visión. Y cuando ellas llegan, yo las escribo. Tengo una escrita aquí; todavía está por suceder. Está escrita en cientos de Biblias, donde ellos las escriben. Entonces, le dije a la gente: “Escriban esto, porque es ASÍ DICE EL SEÑOR. Esto sucederá así exactamente: un muchachito asesinado será sanado”. Lo describí; miles lo escribieron en todo el país a medida iba. Durante dos años, la gente la anotó. Decenas de miles la tenían. Fue publicada en el periódico, La Voz de la Sanidad. Fue enviado a este país, en todas partes.

9 Luego, unos días después de ver la visión, estaba saliendo en la carpa grande. El Hermano Bosworth estuvo allí esa noche, y hubo un hombre que se encontró conmigo. Y él dijo: “Hermano Branham, estoy seguro de que su visión es mi niño pequeño. Él yace justo allá atrás, muerto. Él ha estado muerto desde esta mañana. Se ahogó en una zanja de irrigación”. Dijo: “Venga, véalo. Y ni siquiera dejaré que el sepulturero lo tome”.
Bien, yo dije: “Está bien”.
Tomé a algunos conmigo, pero cuando vi al niño, no era él. El muchachito que yo vi tenía unos ocho o nueve años; este pequeño tenía como cinco años. El muchachito que yo vi estaba muy mal vestido, pero este pequeño, muy bien vestido. El muchachito que vi tenía el cabello castaño, y este niño tenía el pelo liso y negro. No había rocas, ni hierba, ni árboles; no era la visión. Entonces, solo ofrecí la oración, por su consuelo.

10 Más tarde, como unos dos años después, yo estaba allá en Kuopio, Finlandia. Muchos de los hermanos me llevaron a una torre y me estaban mostraron todo. Muchas veces no como mucho en estas reuniones, a veces ayuno durante varios días. Yo había estado ayunando entonces por tres o cuatro días. Hago eso porque la Biblia dice: “Estos salen solo por medio del ayuno y oración”.
Le dije a uno de mis administradores el Sr. Lindsay, el editor de La Voz de Sanidad: “Algo está por suceder”.
Él dijo: “¿Por qué?”
Yo dije: “No sé”.
Bajé de la torre, y conocí allí a un hombre inglés; él estaba bebiendo. Él dijo: “¿Qué están haciendo allí?”
Yo dije: “Están cantando himnos”.
Él dijo: “No creo en semejante cosa”.
Yo dije: “Debería darle vergüenza”.
Y unos minutos más tarde, lo guiamos a Jesús.

11 Nos subimos al auto y comenzamos a bajar la colina. Y mientras miraba hacia arriba de las montañas, vi gente corriendo, bajando, muchas millas. Y vi un auto volcado. Yo dije: “Debe haber un accidente”.
Entonces, unos veinte minutos después, llegamos al accidente. Algunos de mis hermanos, el Sr. Moore, el Sr. Lindsay, y muchos de ellos, salieron del automóvil y observaron lo que había sucedido. Dos niños pequeños, uno alrededor de los nueve y uno casi de cinco, habían empezado a cruzar la calle y un Ford hecho en Estados Unidos había llegado a la curva muy rápido. Si alguno de Uds. ha estado alguna vez en Finlandia [el Hermano Branham repite para el intérprete: “Si alguno de Uds. ha visitado Finlandia”], hay muy pocos autos. Ellos son personas muy pobres, pero muy buenas personas, verdaderos Cristianos, devotos.
Y me fijé, y un niñito, y cuando comenzaron a separarlos, el auto se volcó de lado, al lado derecho de la carretera. Y el guardafangos golpeó a un niño bajo la barbilla y lo lanzó al otro lado de la carretera, lo estrelló contra un árbol, y allí cayó.
El otro pequeño fue debajo del automóvil y el automóvil lo hizo rodar y lanzó su cuerpecito en el aire y cayó sobre un césped. Entonces, tomaron al primer niñito; él estaba respirando. Lo llevaron al hospital. Y entonces el otro muchachito que tenían allí acostado, y pusieron un abrigo sobre él. Unas trescientas personas ahí, y el principal de la ciudad estaban allí. Habían enviado a buscar al padre y a la madre que trabajaban lejos en una granja para que vinieran a la escena.

12 Mis hermanos salieron y miraron al niño y volvieron y me dijeron. Dijeron: “Vaya a verlo, Hermano Branham”.
Yo dije: “Oh, no. No quiero verlo”.
Mi propio pequeño Billy tenía más o menos esa edad. Entonces, dije: “No quiero verlo”. Yo no había estado en casa por mucho tiempo; y yo no quería mirarlo. Y después de un rato, bueno, teníamos que esperar a que la madre viniera, entonces ellos lo iban a llevar para prepararlo para ser enterrado.
Y el Hermano Lindsay dijo: “Vaya y mírelo, Hermano Branham”.
Entonces, finalmente salí del auto. Y cuando le quitaron el abrigo… ¡Ay, qué escena! Sus ojitos en blanco, su lengüita afuera, su piecito estaba deshecho a través de su calcetín, sus zapatos habían sido arrancados de él, sus bracitos estaban torcidos. ¡Oh! Sangre saliendo de sus oídos, de su boca. ¡Oh, era terrible!
Y yo comencé a llorar, y empecé a alejarme.

13 Ahora, no sé qué tanto crean esto, solo puedo decir lo que es la verdad. Pero sentí que alguien puso su mano sobre mi hombro; pensé que era el Hermano Lindsay. Y me volví para mirarlo. No había nadie a mí alrededor, y la mano todavía estaba en mi hombro.
Me volví nuevamente. Pensé: ¿Qué es eso? Sentí como la mano de alguien. Entonces, comencé a caminar; se sentía como esto— “retrocede”. Pues, pensé, ¿Qué es esto?
¿Ven lo estúpido que puede ser un hombre? Nosotros no entendemos las cosas espirituales.
Y miré al niñito. Le dije a mi intérprete: “Pídales que levanten eso de nuevo”. Entonces, levantaron el abrigo; miré a esa cara. Pensé: “Yo he visto a ese muchacho en alguna parte”.
Entonces me volteé y a través del intérprete, dije: “¿Ha estado este niño en la línea de oración?” Nadie lo conocía.
Dije: “Parece que lo he visto”.
Empecé a alejarme. Esa mano otra vez. Me detuve otra vez; miré de nuevo. Resulta que levanté la vista así y allí estaba el campo verde, ahí estaban las rocas lamidas juntas, ahí estaban los árboles. Le dije: “Déjeme mirarlo de nuevo”.
Allí estaba él: su cortesito de cabello corto, sus ojitos marrones hacia atrás, su pie a través del calcetín; perfecto a la imagen ¡Oh, no saben cómo se siente uno entonces! Todos los diablos del infierno no podían detenerlo. No pueden detenerlo, Dios ha hablado. ¡Oh, qué sentimiento! Uds. saben lo que va a suceder.

14 Me volví hacia el Hermano Lindsay y el Hermano Moore. Dije: “Abran sus Biblias”.
Dijo: “¿Cuál es el problema, Hermano Branham?”
Dije: “Dale la vuelta a la portada”.
Dijo: “¿Qué hay con eso?”
Dije: “Lean”.
Comenzaron a leer la descripción del muchachito.
Yo dije: “Miren allí. Miren estos árboles”. Dije: “Ese es el muchacho que vi hace dos años”.
Dije: “ASÍ DICE EL SEÑOR, si este niño no está de pie, vivo, en cinco minutos, entonces yo soy un falso profeta”. ¡Oh, Dios mío!
Yo dije: “Quédense quietos”.
Y se lo dije a la audiencia. Ellos no lo creyeron; pude verlos tocándose el uno al otro. Y entonces… el intérprete me estaba diciendo lo que estaban diciendo. Dije: “Ahora sabemos que él es un fanático”.
Pero eso no lo detuvo. Me volteé exactamente de la manera que el Señor me dijo. Dije: “Padre Celestial, Tú Quien no puedes mentir, en la patria hace dos años, me mostraste a este niño y me mostraste que él iba a volver a la vida”. Yo dije: “Oh, Dios, escucha ahora la oración de Tu siervo. Y, muerte, no puedes retenerlo más tiempo; devuélvele la vida. Porque ASÍ DICE EL SEÑOR, él vivirá de nuevo”. Y el niño gritó, saltó sobre sus pies, ni siquiera un poco enfermo o nada. Tan perfecto como podía estar.

15 Eso fue directo a través de Rusia; [El Hermano Branham explica: “atravesó todo Rusia”.] Estábamos a unas pocas millas de la frontera entonces. Y esa noche cuando iba entrando, había soldados Rusos parados con un saludo. Cuatro soldados tuvieron que… cuatro soldados finlandeses tuvieron que llevarme unas seis cuadras para llegar al… a través de la ciudad para llegar al Messuhalli donde tuvimos la reunión. Estaban de pie, saludando, lágrimas corriendo por sus mejillas. Mi intérprete dijo que estaban diciendo esto: “Nosotros recibiremos a un Dios así. Nosotros creeremos cosas así”.
Lo que pasa con el Cristianismo es que hay una debilidad en el púlpito. Los predicadores están temerosos de tomar a Dios en Su Palabra. Amén. Cierto.

16 Ahora, nunca olvidaré que algo que pasó. Cuando entré esa noche, ellos… dieron órdenes que nadie estuviera en la calle, no más para hablar con uno [el Hermano Branham explica: solo para hablar conmigo“.] No me gusta que hagan eso, pero uno tendría una estampida. Y yo me mantengo en una habitación todo el tiempo, es una lastima. Y recuerdo que iba entrando y estos pequeños soldados con cuchillos, y yo estaba caminando entre ellos.
Entramos en una habitación pequeña, y tan pronto como entramos, se cerró una puerta, y una niñita Finlandesa se quedó mirándome. Ella pensó que había hecho mal; ella comenzó a temblar. Supe que esa niña quería verme. Ella estaba lisiada. Ella tenía una gran correa alrededor de ella y una gran correa sobre su hombro. Una pierna era más corta que la otra. En su pierna derecha, no tenía ningún uso de su pierna, pero tenía grandes abrazaderas en un zapato especial.

17 Yo… Ilustraré cómo se veía. Por aquí había una gran banda. Por la espalda había una correa de cuero, subía por encima de su hombro y esta abrazadera, sobre su zapato grande, y de vuelta hacia allí y daba en esta banda por aquí. Ella llevaba dos muletas, y la única manera en que ella podía caminar, con la correa que se cruzaba por allí y se enganchaba a la punta de su zapato. La única manera en que podía hacer un movimiento: tomar su hombro, levantar esa pobre pierna, extenderla así. Luego que ella asentaba sus muletas, levantaba esa pierna, y esa era la forma en que caminaba.

18 Y me fijé mientras ella estaba parada allí, su cabellito de aspecto andrajoso, sus falditas estaban deshilachadas. Más tarde supe que ella era una pequeña huérfana de la guerra Finlandesa. Ella no tenía padre ni madre; ellos fueron asesinados en la guerra. Y ella simplemente fue llevada y la caridad le había hecho esta gran cosa. Y ella me miró, agachó su cabecita y alzó la vista otra vez. Y ese soldado Finlandés… El intérprete había entrado por la puerta, yo no podía hablar una palabra de Finlandés, y me estaban presionando. “¡Vamos, vamos, vamos!”
Yo dije: “No, señor”.
Dos de ellos contra la pared, estos otros dos detrás de mí.
Me volví hacia ellos y les dije: “Shhh”. Le dije a este lado: “Shhh”. Y se detuvieron y miraron. Miré a la niña. Le dije: “Cariño, ¿quieres venir a mí?” Ella no podía entenderme, así que le hice señas. Y ella sonrió, y aquí venía, moviendo esa pequeña pierna. Sólo me quedé quieto y la miré. Y se paró muy cerca de mí, bajó sus pequeñas muletas y me pregunté qué iba ella a hacer. Y la pequeña ropa harapienta… Eso simplemente quemaba mi corazón.
¿Y saben lo que hizo? Ella tomó su manita, agarró mi abrigo y besó mi bolsillo. Les digo que mi corazón se partía. Luego extendió sus faldillas; esa es la forma Finlandesa para las niñas pequeñas. Y ella dijo: “Kiitos”. Significa “gracias”.
Y volví a mirar, y pensé: Oh, Dios, si yo fuera el mayor hipócrita del mundo, Tú recompensarías a esa niña por esa fe.
Y comencé a irme en esta dirección, y miré, y allí vino una visión, la niña caminaba normal. No podía decírselo. Le dije: “Cariño, Jesús te ha sanado”. Ella no sabía de lo que yo estaba hablando. Pensé, “bien, tarde o temprano, ella lo descubrirá”.

19 Entonces, entré. Y esa noche, cuando los niños vinieron a mí, grandes montones de muletas tiradas, ya que el Señor los había sanado. Y dijeron: “Es hora de que se vaya”.
Le dije: “Vamos a llamar algunas tarjetas más”. Entonces, ¿saben lo que pasó? La siguiente a la que llamé fue a esa pequeña. Entonces, la subieron a la plataforma, pensé: ¡Oh, aquí está! Entonces aquí viene ella.
Le dije al intérprete: “Ahora solo diga lo que yo digo”.
Le dije: “Cariño, allá en el pasillo, Jesús te sanó. Ahora ve allí y siéntate, permite que el hombre te quite esta cosa de ti. Pon tus manos en tus caderas, y mueve tus manos hacia abajo mientras te quitan la abrazadera, hasta que sientas tus piernas del mismo tamaño. Luego regresa y me muestras”.
Entonces, comenzamos a llamar a alguien más. En unos momentos, aquí venía, con las abrazaderas y muletas en la mano, corriendo tan fuerte como podía, físicamente normal y bien. ¡Jesucristo la había sanado!

20 Solo tengo que contarles acerca del otro muchacho por solo un momento o dos. Escuchen. El segundo día pasó. El pequeño nunca recuperó la conciencia, y esa pequeña madre estaba desesperada. Cuando empezaban a llevarme al hotel por la noche, los administradores tenían que levantarme por los brazos y jalarme por encima de ella. La madrecita, de unos 25 años, y ella estaba bien desesperada.
Entonces, ella dijo que quería que fuera a orar por su hijo. Entonces, al día siguiente hice que la trajeran, ella y su esposo. Y les dije, “¿Qué es lo que desean?”
Ella dijo: “Vaya a sanar a mi hijito, amable señor”.
Y dije: “Yo no puedo”.
“Pero”, Ella dijo: “Ud. sanó al otro niño”.
Yo dije: “No. Allá en la patria, Dios me mostró una visión”.
Ella dijo: “Entonces vea la visión por mi pequeño”.
Esa es una madre. Yo dije: “Eso es tremendamente dulce, pero yo no puedo hacer que las visiones vengan. Jesús los da”.
Le dije: “¿Es Ud. Cristiana?”
“No”.
“¿Es el padre Cristiano?”
“No”.
Yo dije: “¿Por qué no se convierten en Cristianos? Les diré por qué. Porque si el pequeño muere, él es sólo un niñito, él se irá al Cielo. Pero si Uds. mueren, y Uds. no son Cristianos, jamás lo volverán a ver otra vez. Ahora, ¿por qué no llegan a ser Cristianos? Y al hacerlo, pueden encontrar el favor de Dios. Si quieren hallar favor conmigo o a alguien más, Uds. hacen algo por ellos, son amables con ellos. Como la gente hizo con los profetas y demás, y los apóstoles, acérquense a Él reverentemente”.

21 Así que, ellos vieron que no podían perder, así que se arrodillaron y tuvieron una conversión genuina. El padre besó a su esposa, se marcharon a casa.
Pero la pequeña madre dijo: “Ahora, vaya a sanar a mi hijo”.
Dije: “Hermana, va en contra de las reglas de la campaña que yo haga una llamada privada. En años de viaje lo vemos de esta manera: si uno va a uno y no a otro, eso causará resentimientos”.
Dije: “Si el Señor me guía, eso es diferente, pero no puedo ir sólo así”.
Dije: “Creo que hay más de diez mil de ellos todos queriendo que vaya”.
Yo dije: “Sólo vaya a casa. Jesús puede darme una visión aquí en esta habitación de la misma manera que Él pudo hacerlo allá”.
Ella escuchó. Ella dijo: “Vaya a ver la visión”.
Le dije: “No”, Yo dije: “Ud. vaya y si él me da una visión… Puede que Él no lo haga, puede que nunca lo haga, pero si Él lo hace, yo la llamaré”.
“Muy bien”.
Ella se fue a casa. Aproximadamente diez minutos después, sonó el teléfono. El intérprete lo levantó.
Dijo: “¿Vio el Hermano Branham la visión?”
“No”.
Colgó de nuevo. Como diez minutos otra vez, sonó nuevamente.
“¿Vio el Hermano Branham la visión?”
“No”.
Colgó. Solo continuó, continuó y continuó.

22 Esa noche cuando entré, tenía esta misma Biblia sobre mi corazón. Uno de mis hermanos estaba conmigo, llamado Howard. Entonces, él me dijo: “Billy, ¿recuerdas esos dulces feos que conseguimos en Canadá?” Dijo: “Piensas que estaban desabridos, prueba esto”. Dos pequeños trozos de chocolate.
Dije: “Gracias”.
Normalmente me quedo solo en un hotel, debido a las visiones. Entonces, la Sra. Isaacson y ellos fueron a sus habitaciones, cada uno fue a su habitación. Así que entré… era muy cerca del sol de medianoche; allá a medianoche uno puede leer el periódico en la calle. No oscurece en esa época del año. Entonces fui a la ventana.
Ahora escuchen bien antes que termine.

23 Miré por la ventana; aquí vienen cientos de esos pequeños Finlandeses por el parque, alabando a Dios. Me quedé allí, y dije: “Querido Dios, algún día glorioso Jesús vendrá, y Él arreglará todas las cosas”.
“Oh”, dije: “¡Te amo, Señor! ¡Eres maravilloso, Señor, y te amo con todo mi corazón! ¿No serás misericordioso?”
Y escuché algo. Fue [El Hermano Branham toca el púlpito- Trad.] Y miré, sentado en una mesa, y había un jarrón. Tenía dos flores en él. Una de ellas hacia debajo de esta manera hacia el Sur, estaba medio inclinada. La que estaba hacia el Norte estaba colgando totalmente hacia abajo.
Y yo dije: “¿De dónde vino eso?”
Y miré a mí alrededor, y aquí estaba a mi lado, ese grandioso, Ángel, un Hombre grande, túnica blanca, cabello oscuro hasta los hombros, tenía sus brazos cruzados, y me estaba mirando. Él dijo: “¿Qué te dio tu hermano?”
Dije: “Dos dulces, Señor”.
Él dijo: “Cómelos”.
Y tomé un pedazo, lo puse en mi boca, y comencé a comer, lo tragué. Sabía bien.
En ese momento, esta flor que estaba inclinada hacia el Norte hizo un ruido. Hizo Fiuww [El Hermano Branham sopla en el micrófono-Trad.], se levantó.
La miré. Pensé: ¿Qué fue eso?
Geográficamente, así es como cayeron los dos muchachos: uno hacia el Sur y el otro hacia el Norte. El que estaba al Norte era el que había resucitado de entre los muertos.
Él dijo: “Come el otro pedazo”.
La puse en mi boca y comencé a masticarlo. ¡Oh, estaba amargo! Empecé a sacarlo, y escuché algo. Miré a esta otra flor; iba haciendo Fiuww fiuwwww fiuww [El Hermano Branham sopla en el micrófono-Trad.] decayendo.
Él dijo: “Come eso”.
Lo volví a poner en mi boca, contuve la respiración, masticaba muy rápido y tragué. Y cuando tragué, la otra se fue Fiuww [Hermano Branham sopla en el micrófono-Trad.] se levantó, se paró justo al lado del otro.
Y yo dije: “¿Qué significa esto?”
Dijo: “Ve llama a esa madre”. ¡Aleluya!
Y di: “ASÍ DICE EL SEÑOR, Dios ha escuchado su oración y el bebé va a estar bien”.

24 Corrí rápidamente al teléfono; dejé escapar un gran grito. Y cuando dejé escapar un grito, todos comenzaron a gritar y a correr. Pero cuando llegué allí, dije: “Vayan a llamar a la señora”.
Y cuando fueron y la llamaron, la llamaron al hospital. Decían que el bebé se estaba muriendo. Entonces, pusieron a la madre al teléfono. Y cuando le dijeron, ¿saben lo que pasó? Ella estaba gritando hasta lo más alto de su voz.
Ella dijo: “Hermano Branham, el bebé ha reaccionado y lo llevaremos a casa ahora”. dijo: “El médico no puede encontrar nada malo con él”. ¡Alabado sea Dios!
¿Tuve algo yo que ver con eso? No. Las oraciones de la madre salvaron al niño. Solo hice lo que vi para hacer. ¿Qué es? Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos.
Oremos.

25 Querido Padre Celestial, ven ahora, ¿vendrás? Oh, mientras mi corazón mira hacia atrás, y pienso en aquellos días dorados allá entre esas personas preciosas y fieles. Grandes señales y maravillas que Tú diste en diferentes partes del mundo.
Me pregunto, algún día glorioso todos nos encontraremos de nuevo. Oh, ¡qué tiempo será! Estamos tan agradecidos de que Jesús vino.
Ahora, muchos están aquí esta noche. Señor, desearía poder sanarlos. Hay médicos que desean poder hacer algo por ellos. Dios, ayuda a los doctores, ya que ministran con todo su corazón. Oramos para que les des sabiduría. La gente enferma quiere vivir.
Pero, Padre, muchos de ellos están fuera del alcance de los médicos. Tú eres el único que puede ayudar ahora. Oh, ¿no lo harás, Señor? Ven esta noche. Les he dicho que Tú los sanaste cuando moriste en el Calvario. Y cuando estuviste aquí, solo reclamaste hacer lo que el Padre te dijo.

26 Dios, una vez más, mientras estamos saliendo de esta preciosa nación, dales una vez más, una bendición amorosa de Tu presencia que está con ellos. Dios bendice a esta pequeña nación. Solo pon Tus manos sobre ellos. Tú la has protegido de las guerras, y los has ayudado. Oh, Dios, que ellos estén agradecidos por estas cosas.
Ahora, en tiempo de guerra, oímos que esto fue como un hospital. Oh, Gran Médico, entra en el hospital para que la gente pueda verte. Ahora, querido Padre Celestial, que esta noche sea como lo fue con aquellos que procedían de Emaús. Tú caminaste con ellos todo el día. Ellos no te reconocieron; ellos no sabían que eras Tú. Y muchos aquí han caminado Contigo y no se dan cuenta. Pero, Padre, la forma en que se dieron cuenta allá fue por la manera en que hiciste algo. Lo hiciste diferente, solo diferente de otros hombres. Ahora, ¿no lo volverás a hacer esta noche, Señor? Solo haz un poco diferente esta noche para que sepan, como los de Emaús, que fuiste Tú. Creo que ellos te recibirán e irán a casa regocijándose, como lo hicieron aquellos. Porque lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén.

27 Queridos amigos Cristianos, aquí estamos, la última noche de mi parte del servicio. Vayamos a Él ahora. Creámosle con todo nuestro corazón. No tengamos ninguna pizca de duda en nuestro corazón. Yo creo que Uds. saben que Él está aquí. Quiero tanto verlos sanos. Yo he hecho todo lo que sé hacer. Creo que Jesús ha hecho tanto como Él puede. No sé de nada más que Él pueda hacer. Ahora, creámosle.

28 Ellos repartieron tarjetas de oración. Llamemos a la tarjeta de oración D uno a cincuenta. Ahora, ¿quién tiene la tarjeta de oración D número uno? Levante su mano. Ahora hay tres manos arriba, solo puede haber una. Muy bien, venga aquí, dama.
Muy bien, D 2 levante su mano, D 2. [El Hermano Branham le dice al intérprete: “Dígales que estén bien callados, bien callados”.] Esa es la razón por la que damos tarjetas de oración. Manténganse reverentes; manténganse muy reverentes.
Muy bien, ahora todos miren hacia mí, miren en esta dirección, todos. Ahora, escuchen, cuando llamen a su número, no se levanten; solo levanten su mano. Ahora quién tiene D número 1, ahora D número 2, levante su mano. ¿D Número 2? Muy bien, D número 3. Tal vez alguien sordo. Algunos de los ujieres vean estas tarjetas aquí. D número 3. Miren la tarjeta de los demás. D 3, ¿levantaría su mano?
Muy bien, D 4, D 4, levante… Muy bien. Venga acá. D 5, por aquí. D 6, D 7, 8, 8, 9, 9, 10, D 10, 10, 11, 11, 11, D 12, Muy bien… [Espacio en blanco en la cinta-Ed.]

29 …sé que Dios puede sanarlos, en cualquier lugar del edificio correcto [Espacio en blanco en la cinta-Ed.]
Voy a orar por estos pañuelos. ¿Quiere unirse a mí, Hermano Bosworth?
Nuestro Padre Celestial, te agradecemos por la orden de poner pañuelos el uno sobre el otro, porque eso viene de Tu Palabra. Tu Palabra lo ha dicho; nosotros creemos Tu Palabra. Oh, Dios, mientras me arrodillo aquí con este anciano siervo patriarca Tuyo, oye nuestra oración, nuestro amor por estas personas… [Espacio en blanco en la cinta-Ed.] que Tú has puesto en nuestros corazones, Tú dejaste el Espíritu Santo aquí, con fe, creyendo. Y les enviamos a ellos los pañuelos, en el Nombre de Jesús, para que sanes a cada uno. Amén.

30 Muy bien, ahora, todos, muy reverentes. Ellos están tratando de consultar con el médico, o algo así, sobre la mujer que estaba enferma. Si él piensa que ella se está preparando para morir, hablemos con Jesús sobre eso primero; ver lo que Él dice. Amén.
La línea de oración… Alguien baje allí. Baje, hermano, si quiere. Ahora, tome su tarjeta.

31 Ahora, quiero que miren en esta dirección, y quiero que crean con todo su corazón. Quiero que de verdad crean. Ahora, si hubiera algo que yo pudiera hacer para ayudarles, para que estén bien, yo haría todo lo posible por hacerlo. Ahora, yo no puedo hacerlo. Lo único que puedo hacer… Ser como su médico: si tienen algo malo, y él tuviera un medicamento para eso, él sacaría ese medicamento y se los daría. Eso es todo lo que él puede hacer; lo que sigue depende de Dios. Si Uds. tuvieran algo para ser operado, él operaría, confiar el resto a Dios. Él no pudiera sanar al paciente; solo pudiera sacar lo que estaba lastimando. Pero él no pudiera sanar, sino confiar el resto a Dios.

32 Ahora, Dios les ha dado a los hombres un don para predicar. Ellos predican y le dicen que Jesús murió para salvarlos. Si Uds. lo creen, serán salvos. El hombre no puede salvarlos; Uds. tienen que aceptar lo que Jesús hizo. Ellos les predicarán y les dirán que Jesús murió por su enfermedad; entonces si pueden creer… Entonces Él establece los dones en la iglesia por Su Espíritu.
Ahora, Él me envió con un don para ver visiones. Y Él obra a través de Su iglesia al igual que me muestra visiones. ¿Qué hace eso? Fortalece su fe para que Uds. puedan creer y ser sanados.
Ahora, amigos, no estoy aquí como un engañador; Uds. saben eso. Sin duda, lo saben. ¿Qué negocio tengo aquí si no es de mi corazón? Estoy aquí para ayudarlos, así que estoy haciendo todo lo que sé para hacerlos creer en Jesús.

33 Ahora, aquí hay una señora parada aquí. Nunca la he visto en mi vida, una perfecta desconocida. Ahora, Jesús, qué pasaría si Él estuviera parado aquí, solo parado donde yo estoy, y ella lo estuviera mirando. Ahora bien, pudiera ser que ella tiene problemas domésticos; yo no sé lo que ella tiene.
Digamos que está enferma. Si Jesús estuviera parado aquí, y ella dijera: “Jesús, ¿me sanarías?” ¿Qué tendría Jesús que decirle?
Él diría: “Hija, Yo ya lo hice. ¿No crees Mi Palabra? Yo te sané cuando morí en el Calvario”.
Eso es todo lo que Él pudiera hacer. O, Él pudiera hablar con ella; y si el Padre le mostrara algo para decirle a ella, Él haría eso; eso edificaría su fe. Ahora, miren cuando Él habló con la mujer en el pozo. Él comenzó a hablarle, y ella era una extraña, y Él le dijo a ella lo que estaba mal con ella. “Ah”, dijo ella: “percibo que eres un profeta”. Ella no pensó de ese que fuera Dios, sentado ahí en un humano, vestido como un hombre.
“Y”, dijo: “Yo sé que cuando venga el Mesías Cristo, esa será la señal que lo seguirá, pero ¿quién eres Tú?”
Él dijo: “Yo soy Él”.
Ahora, eso es lo que Jesús hizo a través de la Biblia. Y si Él ha resucitado de entre los muertos, Él lo hará de nuevo. ¿Es eso correcto? Digan “Amén” si es así.
Ahora, dejen que esta dama sea el juez.

34 Ahora, voy a preguntarle a ella si nos conocemos. Yo no tengo forma de saber nada de Ud. Perfectos extraños. ¿Es eso correcto? Ahora, cómo sabría yo acerca de esta mujer; Dios sabe que yo no la conozco. Pero yo sé que hay Algo cerca de aquí ahora; ese Ángel que vieron en la fotografía esta noche.
¿Cuántos de Uds. nunca han visto al Ángel del Señor? Levanten su mano. Que nunca lo han visto, levanten su mano. Ahí lo tienen.
Esa fue tomada en Estados Unidos. ¿Ven la Columna de Fuego? Los mejores científicos del mundo han examinado eso. Cuelga en una sala de arte religioso con una investigación científica. Es el único Ser sobrenatural jamás fotografiado en todo el mundo. ¡Gracias a Dios! Ahora, eso es lo que está aquí. Ahora, vieron esa Columna de Fuego, ¿verdad?
Escuchen. No sé cuándo los veré de nuevo, pero esa misma Columna de Fuego no está a dos pies de donde estoy parado ahora mismo. Amén.

35 Ahora, no soy yo; es Él. Ahora Él conoce a esta mujer, Él sabe todo sobre ella. Entonces, si yo soy Sus ojos— Él usa mis ojos y mi voz para tratar de alentar a Su hija— le agradecemos a Dios por ello. Eso debería hacer que cada uno de Uds. esté agradecido. ¿No les haría sentir agradecidos? Digan: Amén.
Ahora, si Dios hace eso por esta mujer, ¿lo creerán a Él cada uno de Uds. con todo su corazón? Ahora miren, amigos, tendrán que admitir que hay un Ser sobrenatural, por lo que su acercamiento determinará lo que obtendrán de Él. Así que, tengan fe. Quiero hablar con la mujer.

36 Ahora, siendo extraños, hermana, nunca antes nos hemos visto. Yo no sé nada de Ud., pero Ud. se da cuenta de que Dios la conoce y que Él me conoce. Ahora, Ud. está aquí por algo. Yo no sé, pero Él sí. Pero si Él me revelara para qué está Ud. aquí, ¿lo aceptará a Él como Jesucristo, el Hijo de Dios, que puede darle lo que es su deseo? Lo cree. Amén.
Lo primero que veo es que la dama, entre ella y yo, está esa Luz. Ella está empezando a desvanecerse. La veo mientras ella se aleja; ella es sólo una niña, y está muy nerviosa; ella ha estado nerviosa toda su vida. Lo veo siguiéndola, incluso en la escuela, ella era nerviosa. Ella también es de vista corta. Ella está en la escuela; ella sostiene su libro cerca, luego lo aleja de sí. Ella ha sido miope. Y la veo como una mujer joven; está decayendo en salud. Entra en sus pulmones. Ha estado con el médico, y el médico ha dicho que es muy malo. El pulmón derecho no funciona, y el otro está casi por fallar. Y Ud. está en una condición moribunda, ASÍ DICE EL SEÑOR.

37 Ahora, señora, Ud. me oyó hablando. Ese no fui yo; ese era ese Ángel ¿Fue correcto? Si lo fue, levante su mano. ¿Creen Uds. ahora?
Ahora, ¿qué es lo siguiente que puedo hacer? Imponer mis manos sobre la mujer y rogar que se escatime su vida. Ahora, ¿qué le haría eso a ella? De regreso a la Biblia: Jesús dijo: “En cuanto lo hiciste con el más pequeño de estos, Mis Hijitos, a Mí lo hicisteis”.
Él dijo: “Estas señales seguirán a los que creen: Sobre los enfermos pondrán sus manos, ellos sanarán”. Y si la mujer sabe que Algo está cerca. Ella lo ve por medio de investigación científica, por prueba. Ella lo siente en su propio cuerpo. Mírenme. Voy a preguntarle.
Señora, ¿No es esa una sensación extraña ahora, un sentimiento realmente dulce y amoroso? Esa es esta Luz. Está colgando justo sobre Ud. Tratando de encontrar dónde está la fe. Está demostrado científicamente, está demostrado por los sentimientos, está demostrado por revelación. Jesús dijo: “En boca de dos o tres testigos, conste toda palabra”. La Biblia dice que sería, la fotografía dice que así es, sus sentimientos dicen que así es, y la revelación del Señor dice que así es. Hay cuatro testigos positivos. Tiene que ser así.

38 Ahora, ¿pudiera yo sanarla? No. Solo su fe en Dios puede hacerlo. ¿Orarían conmigo mientras le impongo manos a ella, mientras la dama está en una condición moribunda? Y ella es solo una niña, es joven, pero ella tiene su vida delante ella. Ella quiere vivir. Ella quiere vivir como Uds. quieren vivir. Madre, ¿Qué si esa fuera su niña? Papá, ¿y si esa fuera su hija? Hermano, ¿y que si esa fuera su hermana o su esposa? Ud. querría que todos fueran sinceros, y eso es lo que queremos ser. Ella es la hija de alguien.
Querido Padre Celestial, dándome cuenta de que este es un momento crucial para mi hermana. Oh, ¿mostrarás misericordia, Dios? Con mis manos puestas sobre ella, lo único que puede salvar su vida es un acto creativo Tuyo. Oh, Dios, ¡Tú puedes hacer crecer esos pulmones de regreso! Concédelo, así será. Condeno a este demonio llamado tuberculosis. Oh, demonio, tú te has escondido de Dios… o, del médico, pero no puedes esconderte de Dios. Sal de la mujer, en el Nombre de Jesús. Amén.
Ahora, Ud. se siente bien, en ese momento, en este momento. Eso es correcto. Ahora, se ha ido de Ud. Ahora, siga creyendo. Vuelva con su doctor, vea lo que le dice. Solo coma todo lo que pueda comer. Que la pesen de nuevo; pésese mañana. Otra semana, pésese otra vez, luego escríbame una carta. Amén. Dios le bendiga.

39 Ahora, todos, muy reverentes. Tengan fe. Oh, ¿qué pudiera pasar? Debería asentarse ahora mismo. ¡Alabado sea el Señor! Todo el mundo debería tener fe, pudiera ser ahora. Pero oremos por algunos más. (Tengo algunos que subieron. Tengo a todos ellos aquí. Todos, menos el número tres). Todos están en la fila.
Ahora, señora, somos extraños el uno al otro. Jesús la conoce. ¿Cree que Jesús, el Hijo de Dios, si Él estuviera parado aquí… Él está. Eso es lo que Ud. está sintiendo ahora mismo. Quiero que la audiencia… mire las expresiones en los rostros de los pacientes cuando eso los descubre. La mujer sabe que hay Algo a su alrededor; ella es consciente de eso.
Veo que tiene problemas. Está en su costado y en su espalda. ¿No es así? Es el lado izquierdo. Correcto. Es un tumor en el lado izquierdo y en la espalda. ¿Correcto? ¿Cree que Jesús la sanará?
Querido Dios, sé misericordioso con nuestra hermana y que este horrible demonio [Espacio en blanco en la cinta-Trad.]

40 …que produce constantemente en su garganta, luego se hizo un gran bocio. Y entonces se hizo sacar ese bocio por un cirujano. Y desde que lo han sacado, ahora Ud. está teniendo un mal efecto. Casi se enceguece. Sus ojos se están poniendo mal, y está teniendo ataques débiles, y nerviosismo y muchas cosas que le están sucediendo. Eso es verdad. ¿Cree Ud. que Jesús puede sanarla?
Querido Padre Celestial, ruego en el Nombre de Jesús, ten piedad de esta mujer. Tú tienes alguna razón para enviarla aquí esta noche. Oh, Dios, sé misericordioso con ella, y perdónala, y cúrala, en el Nombre de Jesús. Amén.
Dios le bendiga, mi hermana.

41 Ahora, no estoy fuera de mí; sólo me pone débil. Tal sentimiento en esa audiencia. Todo espíritu está sujeto en este momento. Uds., que se sienten extraños con esto, los sentí, sé que están aquí. ¡Qué sentimiento! Oh, Jesús, es el Hijo de Dios, ¡Él está cerca! Hay muchos de Uds. creyendo esta noche. No se desanimen. Yo creo con todo mi corazón que sucederán grandes sanidades.

42 Ahora, a la señora… Ahora, pudiéramos traer una línea completa de ellos; solo seguir haciendo lo mismo. Pero hablemos con la dama, solo está, una más. Y sólo veamos qué le dirá el Espíritu Santo.
Ahora, la dama es una extraña. Ahora, señora, para que la gente no piense que es psicología, olvídese de por qué está aquí. Piense en otra cosa, algo que no tiene nada que ver con eso. Ahora, quiero que Ud. crea en Jesús. Y si Jesús me dice cuál es su problema, ¿lo aceptará y creerá con todo su corazón?
Ahora, Ud. es consciente de que yo no la conozco, nunca la he visto en mi vida. Pero tan cierto como que soy un ministro, un pastor, quiero preguntarle algo. Hace aproximadamente un minuto, cuando le estaba hablando, algo se apoderó de Ud. ¿Es correcto eso? Eso es un sentimiento. Levante su mano si eso es correcto. Amén. Ese es el Ángel del Señor.
Ahora, crea. Ud. está sufriendo con nerviosismo; luego tiene… Los veo examinar su corazón. Tiene un problema de corazón. Luego, tiene algo mal en su hígado; algo en el hígado, que ellos examinaron. Ud. está bajo el tratamiento de un médico, con medicamentos, doctores. Y veo a su médico mientras mueve la cabeza. Él le dijo que Ud. estaba… él ha tomado algo acerca de una fiebre, una fiebre, una fiebre. Y él no sabe qué fiebre… qué la produce; él no puede entender de qué es esa fiebre. Cierto. Amén. Jesús sí.
Venga, madre.
Oh, Dios, sé misericordioso con mi hermana, y ruego para que la sanes, Señor. Envía a Tu Espíritu Santo, ahora calma todos los nervios y sánala, en el Nombre de Jesús. Amén.
Ahora, Dios le bendiga. De nada.

43 ¡Alabado sea el Señor! ¡Si puedes creer! ¿Por qué no pueden creer? ¿Por qué no pueden creer? ¡Pues, Dios está aquí para sanarlos! ¿Creen eso? Seguro, Él está. Tengan fe en Él.
¿Qué hay de eso, madre? ¿Quiere creer ahora?
¿Qué de eso, hermana, justo detrás, va a creer? Si Ud. pudiera, Ud. pudiera comer de nuevo. Dios le sanará.
¿Qué piensa Ud., hermanita sentada allí mirándome, con problemas cardíacos? Sentada allí con la pequeña banda negra alrededor de su sombrero. Ud. tiene problemas cardíacos, ¿Cierto? Ud. estaba orando y le estaba pidiendo a Dios que le sanara, ¿verdad? Eso es correcto. Ud. puede tenerlo. Dios le sanará.
Hermana, ¿Cree que soy el siervo de Dios? La razón por la que digo eso, es que Él me dijo: “Si haces que la gente te crea…” No creerme como Él, pero creer que Él me envió. ¿Haría algo por mí? ¿Pondría su mano sobre esa dama a su lado allá? Correcto… no, la siguiente, al otro lado. Esa señora está sentada allí muy enferma. Ella tiene problemas de hígado, en el hígado. Y ella quiere ser sanada, ¿verdad, señora? Correcto. Ondee su mano si lo desea. Amén. Ahora, voy a pedir oración por Ud.
Jesús, Hijo de Dios, sánalos. Su fe tira de esta dirección, pero todavía está oscuro alrededor de ellos, Padre. Oh, quita la oscuridad y haz que estén bien, en el Nombre de Jesús. ¡Satanás, déjalos, en el Nombre de Jesús! Amén.
Ahora, vean. Ahora, el Señor les bendiga. La misma oscuridad que estaba a su alrededor se ha ido de Uds. Fe. Si pueden creer, todo es posible.

44 La señora sentada aquí mirándome, está diciendo: “Señor, haz que me llame”. Ud. también tienes problemas cardíacos. ¿Es correcto? Ud. tiene problemas cardíacos. ¿Cree Ud. Con problema cardíaco? ¿Cree con todo su corazón? ¿Sí? Entonces puedes ser sanada también. Amén.
Ahora, Ud. tiene una enfermedad de la sangre, sentado allí mismo. ¿Cree que Jesús le va a sanar? Sentado allí abajo, ¿sí? ¿Cree Ud.? ¿Sí? Muy bien. Su fe le sana. Amén.
¡Solo tengan fe!
Justo aquí, ¿ven esa Luz colgando allá? Son casi cuatro hileras arriba. Tiene artritis, ¿verdad, justo ahí al final? ¿Cree que Jesús le sana? Si cree, puede recibir. Muy bien. ¿Lo cree? Amén. Entonces puedes tenerlo.
Aquí hay otra sentada aquí con artritis. ¿Cree Ud.? Puede tenerlo. Amén.
¿Cree ahí abajo con ese problema en la cabeza, sentado allí con problemas con la cabeza? ¿Cree Ud.? Entonces puedes tenerlo. Amén.
Oh, aquí está Él, ¡aquí mismo! ¿Creen Uds.?

45 Aquí está sentada una dama, la segunda, a unas cuatro hileras hacía atrás, que tiene problemas nerviosos. ¿Cree que Jesús la va a sanar? Amén. Puede tenerlo.
Acerca de la dama que está allí atrás, tiene problemas con sus piernas y en sus piernas. ¿Cree Ud.? Póngase de pie. Jesús la sana. Amén.
¡Tengan fe! Tengan fe. No duden.
Sentado aquí, tiene epilepsia. ¿Cree que Dios le sanará y le hará estar bien? Si lo cree, puede tenerlo. Amén. ¡Aleluya!
Sentada allí con ese problema femenino sentada un poco hacia atrás, con esa dama… sí, allá atrás con problemas femeninos, sentada justo aquí atrás, aquí mismo: la señora está tratando de ponerse de pie. Así es, señora. Amén. Puede tener su sanidad. ¡Aleluya! ¡Créanle!

46 Miren en esta dirección. Aquí va por aquí, aquí está aquí mismo. Es un hombre parado aquí con problemas de próstata. ¿Cree que Jesús le sanará? Puede tener lo que pide. Amén. ¡Aleluya!
¿No pueden creerle? ¡Oh, Dios mío! ¿Ven? Ahora, solo yendo a todos lados. Veamos si podemos traer algunos más en la línea de oración.
¿Cree Ud. con todo su corazón? Hace un tiempo, Ud. estaba sentada exactamente allí atrás, esta tarde. Mientras yo predicaba, Ud. me estaba mirando. Ud. es una creyente. Tiene problemas femeninos. Ud. fue sanada esta tarde, mientras estabas sentada allí; algo vino sobre Ud. ¿Es correcto?
Solo miren allí. Aquí va sobre toda la audiencia. Voy a preguntarles algo. Toda dama que tiene problemas femeninos así, pónganse de pie allí mismo, ahora, pónganse de pie, toda dama. Ahí están; permanezcan de pie. Jesús que pudo sanar aquí puede sanar allí.
Oh, Dios, ¡en el Nombre de Jesús! ¡Satanás, tú estás condenado! Deja a estas mujeres, en el Nombre de Jesucristo. Amén.
Váyanse a casa y sean sanas, cada una de Uds.
Vengan.

47 ¿Creen? ¿Con todo su corazón? Aquí, todos los que están en la audiencia, aquí hay algo nuevo. Todos los que sufren problemas de riñón en su espalda, levántense. ¿Tienen problemas renales? Miren, ahí. Esto es lo que tenía la señora. Esos demonios estaban pidiendo ayuda. No puedo individualizarlos. Mírense. Está por todos lados. Oremos.
Oh, Dios, en el Nombre de Jesús, condena al diablo. Satanás, sal de ellos, en el Nombre de Jesús. Amén.
Dios les bendiga. Vayan y sean sanos. Amén. Digamos: “¡Alabado sea el Señor!” Crean con todo su corazón.
¿Creen todos? ¿Creen? ¡Aleluya! Jesús nunca falla.
¿Cree Ud., señora, sentada aquí con reumatismo? ¿Cree Ud. que Jesús la va a sanar? ¿Cree que Él la sanará? Él puede, si Ud. cree. Solo hay una cosa por hacer; eso sería aceptarlo a Él. Y Ud. puede ponerse de pie y ser sana.
¡Oh hermano! ¿Por qué no pueden… oh, pueblo? Todo el edificio, a mi modo de verlo, se ilumina con el poder de Dios. Está justo por encima de su cabeza. Yo creo que pueden ser sanados. ¡Miren, yo condeno toda duda, en el Nombre de Jesucristo! ¡Esta es su hora! ¡Cada uno de Uds., por todo aquí, levántense y den gloria!
Miren aquí, saliendo de las sillas, todos. ¡Oh Dios! ¡Alabado sea el Señor! ¡Oh, te agradecemos, Padre! Satanás, te condenamos, tú estás perdido. ¡En el Nombre de Jesús, deja esta audiencia!

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