OBRAS DEL MENSAJE


El Cristo No Bienvenido
Jeffersonville, Indiana, E.U.A.
55-0911
1 Enfermedad y muchos contratiempos… La muerte fue impedimento para algunos. La enfermedad fue impedimento para otros. Y las decepciones fueron impedimento para otros más. Pero Dios nos ha reunido a nosotros nuevamente para servirle a Él. Estamos tan contentos por estas cosas.
Y ahora, al reunirnos así, me gustaría decir unas cuantas palabras acerca de nuestra última campaña en ultramar, lo cual todos Uds. oraron tanto por nosotros, para que el Señor nos diera un gran servicio. Él nos lo dio. Y estamos tan contentos de reportar que muchas almas fueron salvas; esa es la cosa principal: almas siendo salvadas, nacidas en el Reino de Dios.
Uds. saben, la predicación de la cruz trae comentarios; trae dificultades; trae revuelos; y no podemos esperar estar exentos de todo eso. Sencillamente tenemos que aceptarlas en la medida que vienen. Así que, tuvimos algunas dificultades cuando salimos de Zúrich. Ahora, yo deseo explicar la razón.
2 La iglesia: El primer reformador fue Martín Lutero, como todos sabemos, y el segundo fue Zwinglio. Y Zwinglio fue a Suiza. Y allá, en Suiza fue donde se tradujo la Biblia por primera vez en inglés. La Biblia completa; de la primera traducción, fue hecha en Zúrich, Suiza. Ellos todavía se aferran a la vieja idea de Zwinglio. Y la traducción de Zwinglio niega el nacimiento virginal. Él no cree en el nacimiento virginal. Ellos dijeron que Él fue el hijo de José: “llamado el Hijo de Dios”.
Y nosotros creemos que Él sí era el Hijo de Dios, que Él nació del Padre, Dios, quien le dio a Él Su nacimiento a través de creación.
Y Billy Graham, bien conocido, todo el mundo lo conoce a él, casi, él estuvo allí durante un día antes de que yo llegara. Y cómo criticaron ellos al pobre hermano, burlándose de él, lo cual no estuvo bien. Ellos dijeron: “Él se hizo la permanente en su cabello”. Y dijeron: “Él vino a la iglesia como que iba a asistir a un espectáculo, en vez de ir a la iglesia”. Y dijeron: “Él predicaba como un fanático vendedor de jabón americano”. Y dijeron: “Uno podía olerlo a él a diez pies de distancia, debido al perfume”, y de todo así, simplemente burlándose del hermano“. ¿Por qué? Él no se merecía eso.
3 Yo escuché a Billy; estuve allí mismo. Él predicó la Suprema Deidad del Señor Jesucristo. Correcto. Él dijo: “Hay muchos hombres que se levantan, filósofos y demás, pero Jesucristo era Dios Mismo manifestado en carne”.
Hermano, yo grité: “Amén” tan fuerte como pude, porque yo sé que esa es la verdad. Yo creo eso. Bueno, desde luego, viendo yo la manera como ellos lo trataron a él, yo entré en su lugar y seguí con la Suprema Deidad, de que Jesucristo era Jehová Dios manifestado en carne. Y bueno, al hacer eso, el Señor nos dio cincuenta mil almas en esa campaña de cinco noches.
Y entonces cuando ellos oyeron que íbamos a ir a Alemania… Ahora, allá es el estado y la iglesia. Lo que la iglesia le dice al estado, el estado lo hace.
Y nosotros con frecuencia hemos enseñado acerca de, muchas veces… Si tengo a alguien aquí, que sea un amigo católico… Mire, no digo esto para menospreciar a su iglesia en lo absoluto. No, señor. Yo tengo miles, y decenas de miles, de amigos católicos. Pero nosotros frecuentemente hemos pensado en los días primitivos cuando la iglesia católica se unió con la iglesia y el estado, en los días de la Roma papal, y la tremenda persecución que eso trajo. Bueno, hermano, la protestante es igual de mala, si no es peor.
La iglesia protestante me trató a mí dos veces tan mal como me trató la iglesia católica. ¿Ven? Entonces ellos fueron allá, y enviaron aviso a Alemania, y le dijeron a las autoridades alemanas que no me recibieran, que yo estaba completamente en contra de la enseñanza, y que yo no era nada sino un impostor, y que no me recibieran.
4 Y ellos habían construido un estadio allá, con capacidad para treinta mil personas. Cuando ellos me negaron el estadio de futbol normal, pues, por causa de que era propiedad del estado, (Hitler lo construyó allí), entonces ellos fueron y levantaron una carpa que acomodaría alrededor de unas treinta mil personas, la abrieron por un lado de manera que todavía pudieran sentarse en la parte de atrás. Tuvimos cerca de unos treinta mil bajo techo. Y ellos mandaron a decir que yo era un impostor, y que no me recibieran en lo absoluto.
Y así que entonces, el gobierno se presentó y nos lo prohibió, que yo no podía entrar. El Dr. Guggenbuhl, un amigo que… El fiscal nacional mandó un aviso allí, y fue allá y dijo: “No, señor. Él no puede entrar. Nosotros no lo recibiremos”.
5 Así que, él fue allá. Esto era en la zona americana, en Karlsruhe, lo cual significa “Descanso de Carlos”. Él fue allá a ver al coronel del ejército americano, lo cual es la zona ocupada por los americanos allí. Y él fue al coronel y dijo: “¿Por qué no podemos permitir que entre el evangelista americano?” Él dijo: “Ellos tuvieron a Billy Graham allá”. Y dijo: “¿Por qué no podemos permitir que este hermano entre?”
Y entonces el coronel dijo: “Bueno, yo no veo porqué Uds. no puedan”. Dijo: “¿Quién es el predicador?”
Dijo: “Es el hermano Branham”.
Dijo: “El hermano Branham”. Dijo: “Él oró por mi madre, y ella fue sanada en América”. Así que, hermano, eso abrió la puerta. No importó nada lo que ellos dijeron. Eso abrió la puerta. Así que, ellos abrieron la puerta. Y nosotros entramos sin inconveniente y tuvimos la campaña.
6 Y la primera noche, para entrar, para salir de entre la multitud… No predicamos sanidad Divina. Nos mantuvimos alejados del tema, sencillamente no oramos por los enfermos. Primero les presentamos el Evangelio, primeramente, para así estar seguros. Y entonces, para sacarme de la reunión, para evitar que me dispararan, desde los arbustos, ellos tomaron hombres, y sencillamente se movían alrededor y alrededor de mí, así de rápido, de manera que ellos no pudieran apuntarme, (¿Ven Uds.?), hasta que yo entré. Y la primera noche fuimos atacados con un… Bueno, simplemente fanáticos. Y yo logré entrar bien al carro. A Billy yo tuve que agarrarlo para meterlo, porque alguien casi le da. Y así que entonces, cuando entramos…
Luego a la segunda… la tercera noche, comenzamos a orar por los enfermos. Y esa noche trajeron a la plataforma, una de las experiencias más dulces que he tenido en toda mi vida. Una muchachita… Ahora, no es…
7 Ahora, esta rudeza no es el pueblo alemán. Ellos son la gente más agradable que yo haya conocido en mi vida. Déjeme decirles, si yo viviera en cualquier otra parte además de en América, yo escogería Alemania, siempre. Y es que ellos son humildes. Son mucho mejor que los suizos. Los suizos están bien, pero es que los suizos nunca han tenido ningún problema.
Igual que los americanos aquí (¿ven Uds.?), nosotros acá nunca hemos sido bombardeados ni nada. Nosotros sólo… Si llega la guerra, nosotros vivimos de las riquezas de la tierra, y los muchachos van allá y mueren, y regresan; pero nosotros en sí nunca la vemos.
Pero esos alemanes han sido golpeados hasta el suelo, donde sus madres fueron quemadas con gas, y sus brazos. Y ellos encontraban las calaveras de sus mamás tiradas allí, con un bebé apretado contra su seno así. Ellos sí saben lo que la oración significa. Y ellos pues son humildes y dispuestos.
8 Y entonces esa noche, en la reunión, todos los periódicos estaban sentados alrededor y lo demás. Y todas las iglesias, criticando, y sin el patrocinio de ninguna de ellas. Entonces organizamos la reunión, y miles no pudieron siquiera conseguir un lugar para llegar a la carpa y al lugar en donde estábamos.
Y entonces cuando el Espíritu Santo se estaba moviendo, y la inspiración vino sobre mí; había una dama acostada allí y le dije que su columna estaba comida en dos por la tuberculosis. Ella estaba sujetada sobre una tabla. Yo dije: “Desátenla”.
Y un doctor se levantó y dijo: “Oh, Ud. no puede hacer eso”.
Yo dije: “Desátenla, porque Así dice el Señor…” Ella se levantó y corrió a través de ese edificio; estaba tan perfecta y normal a más no poder. Y ella estaba descalza, vino a la plataforma.
9 Como quince minutos después de eso, ellos dieron inicio a la línea de oración. Y vino una niñita como de seis años de edad… o de ocho años, más o menos la edad de mi pequeña Becky – con dos trenzas largas colgándole por la espalda. Ella casi se cae de la plataforma. Ellos la agarraron y la trajeron. Cuando ella llegó hasta mí, comenzó a poner su… tenía su cabecita agachada así, y ella comenzó a poner sus manitas alrededor de mí así. Y es que ella estaba ciega, había nacido ciega. Jamás había visto.
Y cuando hubimos orado por ella, honestamente, amigos, yo creo que si yo hubiese sido el peor hipócrita en el mundo, Dios hubiera honrado la fe de esa niña. Puso sus brazos alrededor así, y tenía su cabecita recargada sobre mi pecho. Y yo oré por ella. Y le dije al Señor: “Yo dejé a Becky y a los demás llorando, en casa, Tú sabes. Pero yo… Tú me enviaste a mí aquí para que orara por esta niña, yo creo.
Y cuando yo levanté su cabecita, ella miró para todos lados. Ella dijo: “¿Qué son esas cosas?”
Yo dije: “Son luces, cariño”. ¿Ven? Y ella… El intérprete le dijo a ella. Así que, entonces, ella podía ver. Y su madre comenzó a gritar, y corrió hasta la plataforma. Y ella nunca antes había visto a su madre. Ella comenzó a acariciarla en las mejillas. Ella dijo: “¿Es Ud. mi madre?” Dijo: “Ud. es tan dulce”, así. Ella no había visto a su madre nunca antes en su vida.
10 Y Entonces allí llegó un hombre; el siguiente era un hombre que había nacido sordo y mudo, como de unos cincuenta y cinco años de edad, nunca había hablado ni oído en toda su vida. Y cuando la audición y el habla vinieron a él, y él… Tenían que hablarle con los dedos, Uds. saben. Y yo le dije: “Habla ahora, y dile que repita lo que yo diga”. Y yo dije: “Mamá”.
Él dijo: “Mamá”.
Yo dije: “Amo a Jesús”.
Él dijo: “Amo a Jesús”. Y el traductor era… Él era un alemán, hablando inglés, por cuanto esa era la única cosa que él había oído (¿ven?) estaba… En ese momento, lo único que él podía decir era en inglés. Vean, él podía hablar inglés, igual como podía hablar alemán. Él había nacido en Alemania. Así que, ¿entienden lo que quiero decir? Él podía hablar inglés, porque eso era todo lo que él había escuchado, y era yo hablándole a él. ¿Ven? Yo le decía: “Di, mamá”. Y él decía: “Mamá”.
Y yo decía: “Di, yo amo a Jesús”.
“Yo amo a Jesús”.
Y yo decía: “Alabado sea el Señor”.
Él decía: “Alabado sea el Señor”.
Y el traductor tenía que decirle otra vez a este alemán, al alemán, era traducido de inglés nuevamente al alemán. Vaya, al día siguiente el periódico sí que se encendió, todo.
11 Entonces, los ministros de la iglesia del estado, un grupo vino, y ellos querían tener un desayuno conmigo, y aproximadamente doscientos, trescientos vinieron. Oh, supongo que algo, quizás como este tabernáculo lleno de gente. Ellos vinieron a un hotel grande y dijeron: “Si pudiera ser probado que era la verdad, y que no era brujería…” Santo Dios. Dijeron que: “Si no era brujería”, pues, ellos estarían dispuestos a protestar contra la iglesia y salirse, si ellos no lo aceptaban.
Así que, esa mañana llegaron, yo dije: “Hermanos, ¿brujería? Es absolutamente, totalmente imposible que algún demonio tenga que ver con sanidad Divina”. Yo dije: “Yo desafiaré eso desde cualquier parte. Cada Escritura está contra eso. Y no hay ningún poder con el diablo, en lo absoluto, para efectuar ninguna sanidad Divina. Yo dije: ”No hay nada en el diablo que pueda sanar. Si lo hay… Jesús mismo dijo: Si satanás puede echar fuera a satanás, entonces su reino está dividido y no puede permanecer. ¿Ven? Él no puede echar fuera a satanás. La sanidad proviene solamente de Jesucristo“.
12 Y entonces, ellos se sentaron allí un ratito, y dijeron: “Bueno, nosotros no podemos entender acerca de estas visiones. Sencillamente no sabemos”. Dijeron: “Lo que nosotros pensamos… Ud. tendrá que aclararnos en este asunto”, dijeron: “Nosotros pensamos que lo que sucede, es que Ud. va de día a estas casas, y le da a la gente sus tarjetas de oración, y los sube a la plataforma en la noche, y entonces que Ud. ha hablado con ellos, y Ud. sabe cuáles son sus enfermedades, y todo acerca de sus vidas”.
Yo dije: “Hermano, yo no sé hablar alemán, yo… Mire aquí”. Dije: “Cuando yo estoy relatando la visión, yo ni siquiera sé decir sus nombres. Yo tengo que deletrearlo. Deletreo sus nombres y los lugares de donde vienen, como por ejemplo w, x, y, o p, q, r, algo así, siendo el nombre de ellos”. Yo dije: “¿Cómo podría yo hacerlo? Pregúntele a la gente. Averigüe de parte de ellos. Pues”, dije, “los muchachos reparten las tarjetas de oración en la reunión. Y ¿qué tal de aquellos que ni siquiera tienen tarjetas de oración?”
“Pues”, ellos dijeron, “bueno, ¿pudiera eso ser el diablo haciendo eso?”
Yo dije: “¿Puede el diablo sanar?” Dije: “Si…” Yo dije…
13 “¿Pudiera ser telepatía mental? Dijeron ellos.
Yo dije: “Bueno, ¿puede la telepatía mental hacer que el ciego vea?” Dije: “¿No dijeron ellos la misma cosa acerca de nuestro Señor? Cuando ellos dijeron: Bueno, este Hombre tiene demonio. Ellos lo vieron a Él previendo cosas, y diciéndole a la gente. Ellos dijeron: Él tiene un demonio. Y los fariseos se levantaron y dijeron, (otro grupo de ellos) dijeron, ¿Puede el diablo dar la vista al ciego? No, señor. No puede”.
Así que entonces, esa mañana en el desayuno, ellos tenían a un gran fotógrafo alemán allí para que tomara las fotografías del desayuno.
Ahora, todos nosotros estamos conscientes que nuestras cámaras son pequeñas aficionadas al lado del lente alemán. Cualquiera sabe eso, quien compra telescopios, o cámaras alemanas… Bueno, por ejemplo, nuestra pequeña cámara Argus. Yo tengo una. Cuesta setenta y nueve dólares, con todo el equipo. Y esa es de treinta y cinco milímetros. Muy bien. La Leica alemán, de treinta y cinco milímetros, cuesta quinientos dólares. Esa es la diferencia, entre setenta y nueve y quinientos dólares. Oh, está mucho más avanzada que cualquier cosa que nuestra… el lente de ellos que el nuestro.
14 Y ellos tenían una cámara grande colocada allí, tomando las fotografías de la reunión… del desayuno. Y ellos estaban preguntando acerca de cómo esa inspiración… Dijeron: “Bueno, nosotros pensamos que es alguna clase de arreglo. Es una u otra cosa que Ud. tiene. Es una telepatía mental, que alemanes quizás pueden mirar en las tarjetas de ellos, o algo así, y que ellos pueden transferirle eso a Ud.”.
Yo dije: “Entonces ¿cómo viene la sanidad?” Dije: “¿Quién predice estas cosas que van a suceder?”
“Bueno”, dijeron, “tal vez eso también es telepatía mental”. Y yo dije: “Entonces Uds. no creen en Dios”.
“Oh, nosotros sí creemos en Dios, seguro. Creemos en Dios. Pero no…”
15 Yo dije: “Hermano, Ud. sencillamente nació ciego; eso es todo. ¿Ve? Ud. nació ciego, y dudo que Ud. alguna vez reciba su vista o no”. Y dije: “Yo prefiero estar ciego físicamente que estar ciego espiritualmente de esa manera. Pues”, dije: “Uds. estarían mucho mejor, si lo estuviesen, cada uno, totalmente ciegos, que tuvieran que ser guiados por sus ojos… de la mano, si no tuvieran ojos, permitir que alguien fuera sus ojos, para que los guiara”. Dije: “Uds. estarían en mejores condiciones. Pero”, dije: “Por causa de que Uds. ven las cosas que los profetas han anhelado ver. Uds. ven las cosas que grandes hombres anhelaron ver, y con todo eso no lo creen”. Yo dije: “Bien habló Isaías de Uds., diciendo: Uds. tienen ojos y no pueden ver, y oídos, y no pueden oír”. Y como…
16 Ellos dijeron: “Bueno, si esa fotografía del Ángel del Señor que Ud. tiene allá en la plataforma”. Dijeron: “¿Qué acerca de eso?”
Yo dije: “Eso es prueba, prueba científica, que Jesucristo aún vive y reina”. Dije: “Esa es la misma Columna de Fuego… o mejor dicho la Luz que siguió a los hijos de Israel, y los llevó a través del desierto, y los llevó a la tierra prometida. Y cualquier lector sabe que ése era el Ángel del Pacto, el cual era Jesucristo”. Y dije: “Él era con el Padre antes de la fundación del mundo. Él siempre ha sido. Y Él es el mismo hoy”.
“Oh”, dijeron, “nosotros hemos escuchado de sus fantasías americanas, servicios de sanidad Divina, y lo demás”.
Yo dije: “Yo no estoy hablando acerca de ellas. Ese no es el tema. Miren, yo estoy hablando acerca de mi propio ministerio. Aquellos hermanos pueden defender el suyo. Pero”, yo dije, “yo estoy hablando acerca del mío. ¿Ven?”
Y él dijo: “Bueno, nosotros escuchamos todas esas cosas, y todo así”.
17 Yo dije: “Bueno, si Ud. quiere creer, Ud. es un creyente. Si no, entonces Ud. no es un creyente; eso es todo”. Y yo dije: “Yo no puedo explicarlo. No hay necesidad de que yo lo intente. Porque si yo lo intentara, yo intentaría de explicar a Dios. Y ¿quién puede explicar a Dios? Y Dios lo ha hecho de tal forma que ninguno de nosotros puede explicar a Dios. Nosotros le creemos a Dios por fe, no por vista, no por conocimiento; sino por fe, nosotros le creemos a Dios. Dios tiene que ser aceptado por fe, inexplicable. Uno tiene que recibirlo. Si es explicable, entonces Ud. ya no tiene que emplear la fe, si Uds. lo pueden explicar. Vean, Uds. no tienen… Uds. pueden decir los detalles”.
¿Cuántos entienden eso? ¿Lo ven Uds.? Uds. no pueden explicar a Dios. Uds. tienen que creerle a Dios. Es un misterio para Uds., pero Uds. tienen que aceptarlo. Eso es en base a su fe para aceptar algo que Uds. no pueden explicar. Amén. Así es la cosa. Así es. Vean, Uds. tienen que explicar algo, y creer algo que es… Osea, creer algo que Uds. no pueden explicar. Es imposible explicarlo.
18 Bueno, ellos se sentaron y se rascaron la cabeza el uno al otro. Y, oh, Uds. saben cómo la soberanía de Dios siempre viene a la escena, ¿no es así? No importa lo que suceda, Dios está presente. Allí en ese momento muy crucial, justo en el momento en que centenares de esos pastores de la iglesia estatal, sentados allí en este desayuno, con esta grande cámara alemana colocada allí. Él tomaba la fotografía, y entonces enrollaba un rodillo, le daba vuelta, como de treinta y cinco milímetros, como así de grande, una cámara enorme tomando fotos rápidamente, simplemente tomándolas, la enrollaba, y seguía tomando fotos.
Más o menos en ese momento, yo dije: “Un momento. Aquel de quién yo estoy hablando está aquí ahora”. Dije: “Él está aquí, presente”. Dije: “Yo lo veo. Y Él se está moviendo”. Bueno, el alemán acercó su cámara rápidamente.
Él dijo: “Lo intentaré”. Él tomó la fotografía.
Yo dije: “Es este hombre parado justo aquí. Él es un líder de treinta y dos mil comunistas, parado allí”. Y el intérprete se lo dijo a él. Yo dije: “Él no es alemán”. Dije: “Él es italiano. Él viene de Italia”. Y dije: “Él no es alemán, en lo absoluto”.
“Y esa era la verdad”, dijo él.
Y yo dije: “Ud. se convirtió recientemente”.
“Sí”.
Yo dije: “Ud. tomó una Biblia. Ud. fue criado católico”.
“Sí”.
“Y Ud. tomó una Biblia. Ud. tomó la Biblia y la leyó, y quedó convencido de que Jesucristo era el Hijo de Dios. Y Ud. lo aceptó”.
Él dijo: “Eso es correcto”.
Y yo dije: “Ahora, Ud. está escondido de la iglesia católica, y tiene un orfanato bien arriba en las montañas”.
Él dijo: “Eso es correcto”.
Y yo dije: “La razón que Ud. no está comiendo su desayuno, es por causa de que Ud. tiene tal problema estomacal que Ud. no puede desayunar”.
“Eso era correcto”. Y él comenzó a llorar.
Yo dije: “Pero, Así Dice El Señor, Ud. es sanado. Coma su desayuno”. Eso lo concluyó.
19 Y ellos tomaron la fotografía. Y tomaron… Y miren, esa cámara parada allí, tomando esa fotografía, cada una. Y él sacó tres fotografías del Ángel del Señor. Y luego tomó cinco o seis, después; cinco o seis, antes. Y apareció en el neg… en la cámara otra vez, el Ángel del Señor descendiendo: Cuando vino… bajó, cuando vino sobre mí, y cuando se está yendo. Y yo las tengo aquí mismo en la plataforma en esta mañana, lo cual barrió todos los periódicos alemanes, y por todas partes. Y yo la tengo aquí en estos momentos, las fotografías del Ángel del Señor. Oh, hermanos.
El Señor Jesús nunca falla. “Cielos y tierra pasarán”, dijo Él, “pero Mi Palabra no pasará”. Él dijo: “Yo Jehová la he plantado; Yo la regaré día y noche”. ¡Aleluya! “No sea que algunos la arrebaten de Mi mano, Yo la regaré día y noche”. ¿Ven?
20 Ahora, yo tengo todo un grupo de ellas aquí. Hay como dos docenas. Pero aquí está la fotografía, esta que tengo levantada así. Y quizás, después del servicio, le pediré al hermano Neville, si él quiere encargarse de ellas, él puede mostrárselas a Uds. después de los servicios.
Y, ahora, ahora, aquí está la fotografía del desayuno ministerial. Ahora, Uds. pueden ver cómo las luces están aquí arriba, cómo se ve el salón. Y hay como seis después… antes de esta, y seis después.
Ahora, allí está. Este soy yo, parado justo aquí. Ese es el intérprete. Y ese es el doctor Guggenbuhl. Ese es el hermano Bosworth. Todos estos son pastores de la iglesia del estado; grupos de ellos. Muy bien.
Ahora, cuando eso llegó, se muestra. Vean, no hay luz ni nada allí (¿ven?), cuando eso llegó.
Ahora, cuando yo me levanté y dije: “Pónganse de pie; el Ángel del Señor está aquí”, aquí está. Ahora, eso es cuando está bajando. Vean, aquí estoy yo, parado justo aquí. Está bajando. Ellos le tomaron la fotografía, ascendiendo, descendiendo como del techo, bajando. Uds. ven a todos mirando. Y esta fotografía aquí está mirando de lado.
21 Y acá, este hombre acá, con su cuello volteado al revés, es el hombre que me está hablando. ¿Ven? Ese es el que está dando… con el que yo estoy hablando, aquí (¿ven?), y él está observando. Yo dije: “La visión es de este hombre parado aquí al otro lado”. Yo dije: “¿Qué clase de tarjeta de oración tiene Ud.? ¿Ven?” Allí lo tienen. Allí están ellos.
Ahora, aquí está cuando ya ha descendido, y Uds. no pueden ver nada sino sólo mis hombros allí. Eso es cuando la visión se está desarrollando, cuando le está diciendo a él. Y acá es donde está, cuando se está apartando de mi rostro, con la mitad de mi rostro tapado allí con la visión, el Ángel del Señor, la gloria del Señor yéndose. ¿La ven allí? Y aquí es después de que todo hubo terminado, en ninguna parte en lo absoluto.
22 Así que, ellos la tienen ahora; ha pasado por toda Alemania. Está viniendo ahora a través de los estados y las diferentes revistas religiosas. Hay una, descendiendo; hay una cuando está presente; y aquí está una cuando se está yendo.
¡Oh, Él vive, Él vive! Cristo Jesús vive hoy. Así que, en medio del conflicto, no se preocupen, Él todavía es Dios. Él siempre lo ha hecho. Yo he estado tan agradecido por eso.
Eso, yo sé, que aquí en mi pueblo natal, es difícil ser entendido aquí, y especialmente estando en casa. Es el lugar más difícil del mundo, desde luego, lo es; no para Uds., mis amigos. Pero, pues, ¿no dijo Jesús lo mismo? Entre los de uno, es lo peor. Por supuesto ellos no pueden evitarlo. La gente no quiere ser así, pero lo son. La Escritura no puede ser otra cosa sino ser cumplida. Debe ser cumplida. No puede ser quebrantada. Las Escrituras deben cumplirse. Así que Jesús vive hoy.
23 Y, amigos, este pequeño tabernáculo, hoy, con sus paredes ásperas, y para los desconocidos que están en nuestros medios, les damos la más cordial bienvenida aquí en el Nombre del Señor Jesucristo, como Sus hijos amados. Y nosotros lo amamos a Él, y deseamos que Uds. disfruten de este compañerismo juntos, esta mañana, a medida que hablamos sobre la Palabra del Dios Viviente.
Y solamente deseo que Uds. oren por mí. Estoy en la encrucijada de mi vida, en este momento. He estado llegando a este punto por mucho tiempo. Y finalmente llegué a este lugar donde debo tomar una gran decisión en seguida. Así que, Uds. oren por mí. ¿Lo harán?
24 Les explicaré un poco. Yo me he parado entre hermanos, no representando nada, yendo de uno al otro. Y he notado, parado entre ellos, que yo he llegado a este lugar.
Yo fui ordenado aquí por el Dr. Davis, todos Uds. saben, en la pequeña iglesia bautista por acá. Y ahora, yo frecuentemente les he dicho a Uds. que encontré dos clases de personas: Una de ellas es la bautista y la fundamentalista, la cual tiene una buena concepción mental de la Palabra. Por otra parte, yo encuentro a los del Evangelio Completo, Metodistas, Nazarenos, Peregrinos de Santidad, Pentecostales, todos ellos. Ellos tienen la fe. Uno de ellos ha escalado hasta recibir el Espíritu Santo, y este… Pero ellos son tan sueltos con ello; ellos no saben cómo controlarlo. Y los otros por acá, conocen la Palabra y cómo explicarla, pero no tienen nada de fe con ello. Si yo tan sólo pudiera poner la fe pentecostal en la teología bautista, miren, la iglesia estaría preparada. Eso es correcto. ¡Si yo tan sólo pudiera lograrlo! Esos dones maravillosos de pentecostés, es una vergüenza la manera en que Uds. los pisotearon y los maltratan, y lo demás.
25 Miren, les diré una cosita que sucedió el otro día, sólo para mostrarles. Digo esto porque este es el tabernáculo, y aquí estamos en casa. Aquí yo predico lo que quiero (¿ven?)… o mejor dicho lo que el Señor me dice que predique. ¿Ven? No es mi intención decir: “Lo que yo quiero”. Yo no diría eso, porque eso serían mis propios deseos.
Pero yo escuché un comentario el otro día, que alguien había hecho, acerca de un furgón. Un hombre diciendo: “Ellos tuvieron una gran reunión”. Y dijo: “Pero”, dijo, “no había suficiente espíritu; no había suficiente ruido al respecto”.
Y el viejo predicador dijo: “Bueno”, dijo, “cuando yo solía vivir en una granja, yo salía para la granja, e iba con mi vagón vacío, y cada vez que yo pasaba por un pequeño bache [topes o resaltos de velocidad – Trad.] ésta rechinaba y crujía, meneaba, saltaba, y hacía ruido”. Dijo: “Cuando yo la cargaba con buena comida y productos, yo la traía de regreso y ésta pasaba por los mismos baches y no se movía para nada, un vagón bien cargado”.
Así que lo que necesitamos hoy es un buen furgón completamente cargado, sabiendo para donde vamos, dirigidos por el Espíritu Santo.
26 Ahora, hace algún tiempo, les diré lo que… Uds. saben cuál es mi teología: amor redentor, cuando Uds. tienen amor el uno por el otro. ¿Ven? No importa lo que sean estas otras cosas, cuántos dones tengamos, o cuánto de esto tengamos, o cuánto de aquello; si no tenemos amor el uno por el otro estamos perdidos. Eso es todo.
Yo fui a un individuo… Ahora, hermanos, yo estoy usando nombres de iglesias aquí esta mañana. Con esto no quiero ofender. Pero yo fui a un individuo que pertenecía a las Asambleas de Dios. Él no me conocía. Eso fue hace años. Yo me acerqué a él y le dije: “¿Cómo está Ud., señor?”
Él dijo: “¿Cómo está?”
Yo dije: “Tengo entendido que Ud. es predicador”.
Él dijo: “Lo soy”. Y justo antes… Un hombre importante en las Asambleas de Dios, él quería que yo me uniera a las Asambleas de Dios. Él dijo: “Venga y únase, porque nosotros somos la organización pentecostal más grande del mundo”.
Yo dije: “Puede que eso sea así, mi hermano, pero a mí me gusta pararme entre todos Uds., y decir: Somos hermanos, ¿ve?” Dije: “Puede que yo esté errado en algunas cosas, como Ud. también, pero de todas maneras seamos hermanos. ¿Ve? Seamos hermanos”.
Y él dijo: “Oh”, dijo, “muy bien. Nosotros tenemos la iglesia”.
27 Así que, resultó que investigué. Yo fui a ver a un individuo; yo sólo tomé el lado negativo en ambas partes, para probar la cosa. Yo fui a este hermano, y dije: “Oigo que Ud. pertenece a las Asambleas de Dios, es un ministro”.
Él dijo: “Lo soy”. Él dijo: “¿Qué es Ud.?”
Yo dije: “Soy Bautista”.
Y él dijo: “Bueno, ¿ha recibido el Espíritu Santo?”
Yo dije: “Sí”. Dije: “Yo recibí el Espíritu Santo”.
Él dijo: “¿Ud. habla en lenguas?”
Yo dije: “Sí. Sí, yo hablé en lenguas”.
Él dijo: “Hermano, tú lo tienes. Aleluya. Alabado sea el Señor. Eso es”.
Yo dije: “Sí”, dije, “yo recibí el Espíritu Santo y hablé en lenguas como la evidencia de ello”. Y dije…
Él dijo: “Oh, tú entonces saldrás de esa iglesia bautista tiesa y formal. Aleluya”. Y él habló en lenguas unas cuantas veces.
Yo dije: “Sí, yo recibí el Espíritu Santo, fui bautizado en el Nombre de Jesucristo”.
Él dijo: “¿Ud. qué?”
Y yo dije: “Yo recibí el Espíritu Santo, y fui bautizado en el Nombre de Cristo”.
Él dijo: “Tú no recibes el Espíritu Santo así”.
Yo dije: “Ud. me lo dijo un poco tarde”. Dije: “Yo ya lo hice”. Entonces él dijo… Y yo dije: “Yo… yo… yo sólo… yo ya hice eso”.
Y él dijo: “Oh, tú no puedes recibir eso así”. Dijo: “¿Tú crees esa clase de herejía?”.
Yo dije: “Oh, yo no lo llamaría herejía”. Dije: “La Biblia lo enseña”.
Él dijo: “Sal de mi casa. Yo ni siquiera quiero tener nada que ver con Ud.”
Yo dije: “De acuerdo. Que el Señor sea con Ud., hermano”. Y salí.
28 No hace mucho, un anciano predicador allá… Ese fue mi primer viaje a Phoenix, Curtis. Yo fui a ver a este amigo. Entré y le dije: “¿Cómo está Ud., señor?”
Él dijo: “¿Cómo estás?”
Yo dije: “Oigo que Ud. es un predicador bautista”. Eso fue hace mucho tiempo, en la ocasión cuando aquel muchachito, allá en aquel lugar fue sanado de ese problema de los pulmones, allá, donde está aquel lugar para la gente con tuberculosis allá. No recuerdo el nombre del lugar. Y entonces, yo sólo dije: “Oigo que Ud. es un predicador bautista”.
Él dijo: “Sí”.
Yo dije: “¿Ha recibido Ud. el Espíritu Santo?”
Él dijo: “Sí, ¿qué eres tú, pentecostés?”
Y yo dije: “Sí, soy pentecostés”. Yo era un bautista para el otro, pero era pentecostal para éste. Yo dije: “Sí”, dije, “Yo soy pentecostés”. Dije: “¿Ud. tiene el Espíritu Santo? ¿La evidencia de hablar en lenguas?”
Él dijo: “Ajá”. Dijo: “Bueno”, dijo, “Déjame decirte, hermano”, dijo él, “eso está bien”. Dijo: “Pero, tú sabes, yo nunca realmente… De alguna manera, yo nunca pude verlo de esa manera”. Él dijo…
Y yo dije: “Oh, Ud. no tiene nada entonces. Eso es todo. Ud. no tiene nada, a menos que Ud. lo haga. Eso es todo”.
Él me miró, agarró mi mano, me miró directo a los ojos y me abrazó. Él dijo: “Pero somos hermanos, ¿no es cierto? Vamos al cielo, ¿no es verdad, hermano?”
Yo dije: “Sí. Y, hermano, resulta ser, que yo estoy de su lado”. ¿Ven?
29 Ahora, yo dije: “Ese hombre demostró, por medio de eso, que él sí tenía el Espíritu Santo, mientras que el otro probó que él no tenía el Espíritu Santo”. Eso es correcto. ¿Ven? Así es. ¿Ven? Ese hombre tenía teología, pero tan pronto le dije algo que era contrario a su teología, él entonces se enfureció, por cuanto no tenía más nada sino su teología. Yo me opuse a la teología de este otro hombre, y él tuvo a Cristo para contenerlo a él allí. Amén. ¡Oh, qué cosa!
Sean un buen furgón, cargados de cosas buenas, y tengan fe el uno para con el otro, fe en Dios, y ámense unos a otros, y el Señor nos bendecirá. ¿No lo creen Uds.? Amén.
30 Ahora, antes que abramos esta bendita Biblia aquí, oremos. Nuestro Padre Celestial, es tan bueno hoy, saber que Jesús murió en nuestro lugar, para salvarnos del pecado, y para juntarnos como hijos amados, en la unción del Espíritu Santo, sanando nuestras dolencias: El que perdona todas nuestras iniquidades, y sana todas nuestras dolencias, renovando nuestra juventud como al águila, de manera que podamos remontarnos, bien alto.
El águila puede subir más alto que cualquier otro pájaro, por cuanto ella puede ver a lo lejos, y ve cosas que han de venir. Estamos agradecidos en esta mañana, Señor, que Tú pusiste con nosotros el ojo del águila, el Espíritu Santo que mira muy lejos y ve al gran tiempo aproximándose cuando Jesús vendrá. Todos los problemas habrán terminado; toda enfermedad terminará; todos los pesares y la muerte huirán. Estamos contentos por esto, y por tener la oportunidad de vivir hoy en este gran día maravilloso, predicando el Evangelio.
31 Y sabiendo esto, que satanás está lanzando su último golpe a la iglesia. Él nunca será capaz de lograrlo después de esta edad. Ella estará a salvo bajo las alas de su Amado, después de este tiempo. Y nos damos cuenta que él está personificando en el ámbito de la religión. Él está haciendo toda clase de cosas. Y la Biblia dice que él andaría como un león rugiente, buscando a quién devorar. Él sería tan sagaz y astuto, que engañaría al propio escogido si fuere posible – si fuera posible. Pues, oh Señor, Tú eres la protección de aquellos que huyen a Tu Seno en busca de refugio. Y nosotros venimos en el Nombre de Jesús; recíbenos, Señor.
Bendice la lectura de Tu Palabra. Bendice el pueblo aquí. Estoy muy contento, Señor, de estar en casa hoy, donde no necesitamos de un intérprete, donde no necesitamos que alguien traduzca el idioma. Y pensamos que cuando lleguemos a Casa en la gloria, no se necesitará más de traductores, no más de intérpretes; todos hablaremos un solo gran idioma allá. Babilonia quedará en el pasado para entonces, olvidada, no habrá más memoria de ella; todo pasará.
32 Entonces, Padre, rogamos en el Nombre de Jesús, que Tú interpretes la Palabra a nosotros. Bendícenos. Bendice a cada pecador, Señor, que está presente; que, durante la predicación de la Palabra, que él sea convencido de que él ha vivido incorrectamente, y venga, él o ella, y entreguen sus vidas a Ti, en rendición hoy, sabiendo que son los días postreros.
Que los santos sean edificados. Que salgamos de aquí con una nueva visión hoy, andando en la fortaleza del Señor. Que los enfermos se vayan sanos en esta mañana. Que la predicación de la Palabra lo produzca. Que cada persona enferma sea sanada, todos aquellos que están muy enfermos; algunos de ellos enfermos, ciegos, con cáncer, problemas del corazón, todo tipo de problemas. Tú eres el Sanador, Padre. Y que Tú te manifiestes Tú mismo en el Espíritu esta mañana, sabiendo que no hay nada en un hombre que pudiera sanar a otro. Pero que la sanidad está basada en fe en el Señor Jesús. Y que Él esté tan cerca, que cada uno hoy, pueda aceptar su sanidad (concédelo), y acepte su salvación por encima de todo. Oramos en el Nombre de Jesús. Amén.
33 Ahora, deseo tomar un pequeño texto en esta mañana, sólo para hablar de un pequeño drama. Hablé una vez sobre este tema, antes, y me pidieron que lo hiciera otra vez en el Tabernáculo.
Un día, recientemente, yo estaba allá en Kentucky, en Campbellsville. Y sentado en un lugarcito allí, un pequeño motel, había una… Esa noche, leyendo en la Escritura, leí una porción de la Escritura acerca de una mujer muy sucia en la Biblia, y cómo es que ella le hizo un gran honor a Jesús.
Y Jesús, a una de esas mujeres, le dijo en una ocasión: “Esta historia debe ser contada en todas partes que sea predicado este Evangelio”.
Y yo pensé que nunca había hablado sobre esto en ninguna parte. Creo pues que intentaré hablar sobre ello, en un pequeño drama.
Y entonces, esta mañana me pidieron que… o mejor dicho, hace unos días, que volviera al tabernáculo y hablara sobre esto nuevamente en esta mañana. Y ruego que… Quizás hay algunos aquí que estuvieron allá cuando prediqué sobre esto. Intentaré abordarlo desde un punto de vista diferente.
34 Y ahora, la lectura se encuentra en el capítulo 7 de San Lucas, y comenzando con el versículo 36. Leeré ese solo versículo y luego cuando vayan a casa, lean el resto. San Lucas 7:36. O, tal vez leeré una porción, porque es bueno leerla.
Uds. saben, la Palabra del Señor es siempre perfecta. Uds. saben, nosotros sólo miramos las edades transcurrir, miramos la ciencia levantarse y decir: “Oh, Dios estaba equivocado allí”. Y al cabo de unos años ellos vuelven y dicen: “Saben, Él tenía razón”. Ella siempre… Vean, ellos primero probaron científicamente que Él estaba errado, luego tienen que echar por tierra toda su vieja teología, volver, y probar que Él tenía razón. ¿Ven? Así que, Dios simplemente se sienta en los cielos y se ríe de ellos, supongo yo, y dice: “Oh, qué cosa. Pobres niñitos, ¿por qué sencillamente no vuelven en sí? Vengan, sírvanme, y sólo crean lo que Yo dije al respecto”. ¿Ven? Eso lo concluye.
35 Así que, miren, les he dado una oportunidad para que abran en la Escritura.
Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa.
Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume;
Y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.
Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.
Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro.
Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta;
Y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más?
Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.
Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos.
No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.
No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.
Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados; porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.
Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.
Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados?
Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.
36 Uds. saben, algo anda mal. Para comenzar, el cuadro no se ve bien, de todas maneras. Uno sencillamente puede darse cuenta que sí hay una cosita que no está bien aquí. ¿Qué querría este fariseo con Jesús? Él no tenía nada para Él. Él lo odiaba. Los fariseos no gustaban de Jesús. ¿Por qué estaría él invitándolo a Él para su cena, como invitado, cuando él lo odiaba? Generalmente, los hombres se invitan uno al otro a cenar cuando ellos se aman el uno al otro. Pero el que este fariseo invitara a Jesús: Eso no se ve bien, ¿verdad? Y es que sencillamente algo anda mal con esta historia aquí, en algún lado.
Así que ahora, no tengamos prisa. Y examinemos bien esta historia por un ratito. Veámosla como un pequeño drama. Y pensémoslo bien. Algo anda mal.
37 Uds. saben, la gente tiene cosas en común. Uds. saben, la gente que ama al Señor, a ellos les gusta ir a la iglesia porque ellos tienen cosas en común. Nosotros tenemos una base en común para las cosas. Nosotros venimos aquí porque todos somos creyentes en este aspecto de la adoración. Creemos en sanidad Divina; esa es la razón que Uds. traen sus enfermos aquí. Uds. no van a lugares donde ellos no creen en sanidad Divina para ser sanados. Uds. van a lugares donde ellos creen en sanidad Divina. Y nosotros creemos en adorar al Señor, en el Espíritu. Y es por eso que Uds. vienen aquí, es porque nosotros tenemos… Es compañerismo.
38 Ahora, como he dicho con frecuencia, es como si Ud. toma a una niñita, y ella sigue a la abuela para acá y para allá todo el tiempo. Será mejor que vigilen. Algo anda mal allí. Hay demasiada diferencia en las edades. Una es una pequeña de seis años de edad, y la otra tiene setenta. Algo no está bien. Miren, ella pudiera ser la consentida de la abuela (¿ven Uds.?), así que eso pudiera ser… o, quizás la abuela pudiera tener una bolsa de dulces, Uds. saben. Así que, hay algo, la razón por lo que esa niñita… ¿Por qué? Ella no juega con las otras niñas; ella simplemente sigue a la abuela. Hay algo curioso al respecto, ya que los niños tienen cosas con los niños. Los niñitos juegan con los niñitos. La Biblia habla de eso en Isaías: niñitos jugando en las calles.
39 Ahora, por ejemplo, allá en Alemania. Yo vi a los pequeños americanos y alemanes, todos ellos, jugando juntos. Los pequeños alemanes estaban balbuceando alemán, y los pequeños americanos hablando inglés, pero ellos jugaron juntos. Ellos eran niños. Tenían cosas en común.
Las jóvenes tienen cosas en común. Ellas se juntan con mujeres jóvenes. Ellas hablan acerca de sus novios y diferentes cosas. Ellas se juntan unas con las otras. Las de mediana edad, ellas tienen sus cosas en común.
La gente anciana tiene sus cosas en común. Por ejemplo, las mujeres más viejas, ellas hablan de… acerca de las mujeres más ancianas, ellas tienen cosas en común de las cuales hablan.
40 Y nosotros tenemos diferentes clubes, como los Kiwanis, por ejemplo. Los Kiwanis, los hombres de la ciudad, ellos se reúnen y conversan juntos. Ellos tienen cosas en común en las que están interesados, en los asuntos sociales de la ciudad. Ellos quieren saber cómo pudieran hacerla un lugar mejor, y cómo pueden alimentar a los pobres, y demás (¿ven Uds.?), así que ellos tienen un lugar de reunión. Ellos tienen cosas en común. Ellos quieren hablar acerca de estas cosas, temas sobre los cuales desean conversar.
Como mamá solía decir allá atrás, ella solía decir: “Aves de un mismo plumaje se juntan”. Hay mucha verdad en eso. ¿Ven? Por ejemplo…
Uds. no ven a los buitres [zopilotes, gavilanes o busardos – Trad.] y a las palomas teniendo ningún compañerismo. Ellos se separan el uno al otro, rápidamente. ¿Por qué? Porque no tienen nada de qué hablar. Ahora, un zopilote pudiera hablarle a un zopilote acerca de un cuerpo muerto en alguna parte.
41 Y eso es como los pecadores. Ellos hablan acerca de tremendos bailes y fiestas a las que van a ir (zopilotes), así que a ellos les gusta hablar acerca de esas cosas. Pero una paloma, ella no está interesada en esa vieja carroña; deja que se quede allí. Oh, ella no soporta el olor de eso. Se aleja de ello. ¿Ven? Por eso es que los cristianos hablan acerca de cosas sanas y de cosas buenas; y los pecadores hablan acerca de cosas sucias, y cosas obscenas, y cantan canciones obscenas.
E incluso, es tan vergonzoso aquí en nuestra América, que aun la gente de allá quiere saber qué clase de mujeres tenemos nosotros aquí en este país. Dijeron: “Todas nuestras canciones son canciones obscenas acerca de nuestras mujeres. ¿Tienen ellos unas buenas acá?”
Y una cierta organización tuvo una conversación allá. El periódico lo publicó, mientras yo estuve allá. Y tuvieron que hacer que las jovencitas se pusieran chaquetas sobre sus piernas, para que les pudieran tomar las fotografías, para evitar deshonrar el periódico: usando pantaloncitos cortos, en una gran organización religiosa nuestra, que fueron a Alemania. Vaya. Zopilotes, eso es correcto. Aves de un mismo plumaje se juntan. Es una lástima, pero es la verdad.
42 Ahora, somos los de aquí de casa, y queremos hablar como gente de aquí de casa. Queremos hablarles a los nuestros. Y ahora, esa es la razón que ellos no tienen ningún compañerismo.
La noche y el día no tienen ningún compañerismo. Cuando llega el día, la noche sencillamente desaparece. Pero la noche no pude venir y apagar la luz del día. Cuando la luz del día… y el día… El día y la noche no pueden existir al mismo tiempo. Ellos no pueden existir a través del mismo canal. Y la luz es mucho más fuerte que la oscuridad; la oscuridad huye.
¿Alguna vez se fijaron? Las arañas, las viudas negras, las serpientes, y todo tipo de cosas venenosas, reptiles, ellos salen y deambulan de noche. ¿Por qué? Porque son de la oscuridad. Ellos son del reino de la oscuridad. Y ellos no se juntan de día con el sinsonte y diferentes cosas, porque ellos son de la oscuridad. Sus obras son tinieblas. Ellos son cosas malas. La vida en ellos es maligna. Si lo muerden a Ud., lo matarían, si Ud. no puede recibir ayuda de inmediato. Y ellos tienen compañerismo en la oscuridad.
43 Esa es la razón que la gente hoy, la mayoría de ellos duermen la mitad del día, y andan por allí toda la noche. ¿Ven? Es oscuridad. Allí es donde se comete el mal, en la oscuridad.
Pero Jesús dijo: “Uds. son hijos de la luz. Caminad en la luz, y no andaréis en tinieblas. El que camina en la oscuridad no sabe adónde va”. Él no puede ver para donde va. Pero un hombre que está caminando en la luz, sabe para donde va. Ud. pudiera tener muchos tropiezos, pero vamos rumbo al hogar. Esa es una cosa segura. Ud. sabe para donde va, porque está caminando en la luz.
44 Pero este compañerismo… Este fariseo que invitó a Jesús… En primer lugar, yo quiero que Uds. sepan lo que significa un fariseo. Un fariseo significa “un actor”. Busque la palabra griega para fariseo; significa “alguien que está actuando”. A mí no me gusta eso.
¡Actores! Tenemos mucho de eso en América: actores fingiendo ser algo que Uds. no son, actuando como algo que Uds. no son.
Como el congresista Upshaw solía decir, el dicho antiguo que él solía decir: “Ud. está tratando de ser algo que Ud. no es”. Eso es correcto. Ud. está tratando de actuar como alguien más, y Ud. no tiene ningún negocio haciendo eso.
45 Nuestra gente americana, en Hollywood, por ejemplo… Cuando uno llega allá, descubre tantas personas allá que son actores. Ellos están tanto tiempo frente a la cámara, que cuando andan por la calle, están actuando alguna personificación, o alguna persona o personalidad de algún otro día pasado. Y cuando andan en la calle, todavía están actuando: fariseo. Y eso no es solamente en Hollywood. Lo tenemos aquí en Jeffersonville. Uds. están mirando demasiada televisión. Ese es el problema. Correcto. Actores, fariseos, intentando actuar como algo que no son, fingiendo.
Y eso no es solamente allá en las calles. Lo hayamos en el púlpito. Hay los que llegan al púlpito, y consiguen voz de púlpito: “Pues, les digo, hermanos míos”, una voz de púlpito, actuando. Fariseo, hipócrita. Hable Ud. igual como cuando anda en la calle. No intente fingir algo. Yo odio ver cuando alguien intenta fingir algo.
46 Muchas de las hermanas, en veces, Uds. saben, ellas al igual que los hombres, fingen. Uno llega a la casa y les escucha decir: “Juan, vete allá al rincón. Ya te dije que no vas a ir”.
“Sí, querida”.
Y si suena el teléfono. “Oh, hola…” Fariseo, actor. Ya deje de ser así. Sea Ud. mismo. Pórtese normal, natural; la gente le tendrá mayor estima. No intente ser como alguien más, algo que Ud. no es. Sea Ud. mismo.
Pero todo ese fingimiento, fariseo, actuando como otra persona que Ud. no es. A mí no me gusta eso. Él mismo no sabe en dónde está parado, porque es algo, uno en su corazón, y algo distinto en su boca; así que él es un actor. Sencillamente no me gusta eso. Parece ser demasiado de algo que no está bien, fingiendo.
47 Pero la gente americana… Permitan que las muchachitas salgan por aquí y vean estas… algunas de estas mujeres de Hollywood, ponerse alguna clase de vestido vulgar. Cuando Ud. menos piensa, aquí está ella afuera en la calle con esa misma cosa puesta: actores, fariseos. Eso es correcto.
Luego Ud. ve a alguien, un ministro, cruzando la nación con un ministerio. Y Ud. se da cuenta que aquí viene alguien fariseo – actores – fingiendo, personificando. Esto se encuentra en todo nivel de vida: actores. Es una lástima. ¿Por qué no es Ud. misma? Dios le apreciará más a Ud. Sólo sea… De todas maneras, todo el mundo sabe lo que Ud. es. Su vida dice lo que Ud. es, así que deje de estar actuando.
48 ¿Qué quería este fariseo con Jesús? Eso no me cabe en mi mente. ¿Qué quería él con Jesús? Él lo odiaba a Él. Y aquí está él, yendo a tener una gran cena ahora.
Y oh, hermanos, puedo verlo, caminando de un lado a otro por los grandes corredores de su casa. Cómo es que ellos pueden fingir. Caminado de un lado a otro allí, frotando sus manos rechonchas y gordas (Uds. saben), y con los grandes anillos de diamantes por todos los dedos, diciendo: “Bueno, creo que ya se está acercando la hora para tener mi banquete. Humph”. Cuartos perfumados, y sus alfombras persas en el piso, caminando para acá y para allá, este grande y gordinflón fariseo, caminando de un lado a otro, dijo: “Ahora bien, si tan sólo yo pudiera conseguir alguna especie de entretenimiento. Si tan sólo pudiera encontrar algo. Desde luego, Uds. saben, yo soy un hombre reconocido. Y yo estoy en la buena con la clase alta”. Umm. Umm. ¡Clase alta!
En eso es que la gente tiene puesta la mente hoy, la clase alta. ¿Qué me interesa a mí la clase alta? Yo quiero es saber lo que Jesús quiere que yo sea. No me importa la clase alta. Que ellos cuiden de sí mismos; ellos son zopilotes, fariseos, actuando. Déjenlos quietos. Jesús dijo: “Ellos son ciegos guías de ciegos”.
49 Cierto hombre me escribió una carta de allá de Alemania, dijo: “Venga”, y que lo dejara poner unos sacos sobre las cabezas de la gente, y entonces me dejaría saber lo que estaba mal con ellos, y que entonces él hablaría conmigo.
Yo dije: “Díganle a aquella zorra: Hoy echo fuera demonios, y mañana termino mi obra”. Amén. Amén. Demonio, ¡actor!
50 Allí está él, caminando para arriba y para abajo, diciendo: “Saben, yo tengo el titulo más grande en esta ciudad. Mi palabra en el club Kiwanis es respetada. Y en el templo, todo el mundo me admira. Yo soy el Dr. Padre fariseo. Yo soy el hombre importante aquí. Yo tengo mucho dinero. Todo el mundo lo sabe. Yo vivo en una mansión. Todos me respetan. Oh”. [El hermano Branham truena sus dedos.] “¿Por qué no pensé en eso?” puedo verlo frotándose las manos. “Ya sé lo que haré. Ya sé cómo haré que todos aquí vengan a mi fiesta, y yo seré la comidilla de la ciudad”.
Ese “Yo”, Uds. saben, esa es una enfermedad; mucha gente la adquiere. “Yo haré. Yo hice. Yo”. Saque ese “yo” del medio. ¿En dónde está Jesús en todo eso? “Yo haré”. ¿Ven? “Yo haré”, y “yo tendré”, y “yo diré”. Y, “yo, yo, yo, yo”, eso es todo lo que ellos piensan.
Él dijo: “Bueno, ¿por qué no pensé en eso antes?” Muy bien. Se le ocurrió lo que iba a hacer. Así que, la tarde ya estaba bien avanzada. Veo el sol ocultándose.
51 Hay alguien… grande multitud de gente paradas alrededor. Y veo a este individuo parándose en puntillas; él está mirando sobre la multitud. Y todo el mundo está sentado calladitos. Ellos están escuchando las palabras que salen de los labios de un Hombre el cual nunca antes alguien habló como Él. Él está enseñando.
Y veo a este mensajero de la casa del fariseo. Él lleva una comisión. Él ha estado andando durante todo el día, o quizás durante dos o tres días, viniendo desde bien al sur de Palestina, y subiendo hasta la parte norte, tratando de encontrar a Jesús. Entonces él finalmente corre hasta Él; se hacía tarde. Él está sudando, cansado. Sus piernas están todas llenas de polvo. Él es sólo un sirvo en la casa de su amo. Eso es lo que ellos eran. Ellos tenían a un siervo para que trabajara para ellos, para que hiciera el trabajo sucio y lo demás.
52 Así que, él está parado allí, todo cansado. Y él está parado en puntillas y: “Fiu. Al fin lo encontré a Él; para mi amo, el fariseo”. Entonces, a medida que mira… Al poco rato Jesús termina de hablar, y comienza a orar por los enfermos.
Puedo ver a este mensajero viniendo, abriéndose paso entre la multitud. Él está procurando llegar hasta allá. Él se tropieza con alguien. Tal vez fue… quizás fue con Natanael, o ¿fue con Felipe? No lo sé; yo no estaba allí. Pero, bueno, él… Dramaticémoslo por un momento.
Lo veo tropezarse con él, y decir: “Señor, yo quisiera ver a su Maestro. Yo tengo un mensaje importante para Él de parte de mi amo. ¿Pudiera yo verlo a Él?”
53 Bueno, primero, Felipe no le prestó atención a él, pues había muchísima gente tratando de llegar a Jesús, y queriendo que Él pusiera Sus manos sobre sus niños y demás. Y a él le costaba trabajo mantener a la gente hacia atrás.
Así que, lo veo agarrarlo a él otra vez, y decir: “Maestro… Yo tengo un mensaje muy importante de mi amo para tu Maestro. ¿Pudiera yo hablarle a Él sólo un momento, para darle este mensaje? Luego me iré”.
Bueno, veo a Felipe finalmente subirlo allí. Dice: “Maestro, parece que este hombre viene de otra región; él viene de parte de un hombre importante; y él tiene un mensaje para Ud.”
Y puedo ver al mensajero, a medida que él inclina su cabeza hacia Jesús. Y Jesús de una manera cortés, asiente Su cabeza hacia el mensajero. Él diría: “Maestro. Mi amo, Simón el fariseo, está haciendo un gran banquete en su casa; él es un hombre muy bien conocido. Y él va a tener una gran cena, y, oh, él realmente sí que puede hacer una buena cena. Todos Uds. saben eso. Y él lo está invitando a Ud. para que vaya y sea su invitado en cierta y determinada fecha”. Bueno, es lo que oigo…
54 ¿Qué habría hecho Ud., si hubiese estado parado allí? Bueno, Ud. probablemente hubiese hecho la misma cosa que ellos hicieron. Él dijo: “Oh, no, Señor. Tú no querrás ir donde ese fariseo. Él no te necesita. Mira los centenares de gente enferma aquí. Pues, todos están tratando de tocarte, Señor. Tú no tienes tiempo para ir allá a donde ese fariseo gordo. Pues, él está forrado en dinero. Y él no te necesita. Pues, Tú no tienes que ir allá. No vayas, Señor”. Puedo oír a Felipe decir: “No vayas, Señor”. Y oigo a Natanael, y a Pedro y a ellos decir: “Oh Señor, no, no hagas eso. Ese fariseo no te necesita. Pues, él solamente… Él tiene… Él te está usando para una jugada. Él tiene algo bajo la manga. Él está a punto de hacer una jugada”. Y eso era verdad.
Pero, a pesar de todo eso, adondequiera que mi Señor es invitado, Él irá. Él dijo: “Dile a tu amo, que en tal y tal fecha, yo estaré allí”.
55 Y el mensajero inclinó su cabeza y se fue, regresó corriendo a ver a su amo. ¿Cómo pudo él hacer eso? ¿Qué hizo que él hiciera eso, sólo traer ese mensaje? Y parado delante del Príncipe de todos los príncipes, y de tener una audiencia con Él; él tiene una entrevista con el Rey de Gloria, y falla en ver su oportunidad. Él estaba demasiado ocupado con las cosas del mundo, con los negocios de su amo, que no captó cuál era su oportunidad.
Oh, a mí me gustaría tomar su lugar. A mí me gustaría ir donde Jesús alguna vez. Yo trato de ir a Él diariamente para los problemas de Uds. Pero yo nunca lo dejo a Él, cuando estoy en Su Presencia, hasta que yo lo adoro.
¿Por qué no pudo ese mensajero caer sobre sus rodillas y decir: “Ahora, Señor la primera cosa que yo quiero hacer, sabiendo que estoy parado en Tu Presencia y que tengo Tu atención: perdóname, que soy un pecador?”. Eso es lo que él debería haber hecho. Eso es lo que yo hubiera hecho, creo yo. ¿Uds. no? Yo creo que yo le hubiera pedido que me perdonara. “Señor, sé misericordioso conmigo. Yo soy un pecador. Yo estoy sin esperanzas, sin Dios. Yo soy solamente un siervo en la casa del fariseo. ¿Me perdonarás?” Pero, no, él tenía algo más que hacer. Él tenía que atender las cosas civiles del mundo, la ley civil.
56 Y ¿no piensan Uds. que nosotros estamos un poquito ocupado con tales cosas como esas? Oh, nosotros tenemos que pulir el carro. No podemos ir a la iglesia el domingo. “Noo. Oh, yo sé que Jesús viene a la iglesia, pero, caramba, yo no tengo tiempo para ir allá. Si dejo de cambiar el aceite hoy, puede que se me fundan mis cojinetes mañana”. Que se fundan. Yo prefiero que se fundan mis cojinetes, a que mi alma se atormente en el infierno por toda la eternidad. No pierdan su oportunidad. Le es presentada a cada hombre y mujer en este mundo, diariamente, de esa manera, pero ellos fallan en ver su oportunidad.
Él falló. Allí estaba él.
Pero nosotros tenemos otras cosas que hacer. Hay que atender a los niños. “No podemos ir a la iglesia; demasiados niños para prepararnos”. Llévelos de todas maneras. “Bueno, los vecinos dirán algo”. ¿Qué le importa a Ud. lo que diga el vecino? Utilice cada oportunidad. Vaya a Jesús; esa es la cosa principal. No esté ocupado con los asuntos del mundo. Nosotros pasamos demasiado tiempo en esas cosas. Diríjase hacia Él. Y cuando Ud. llegue allí, derrame su alma delante de Él.
57 No diga: “Señor, yo te serviré el año que viene si Tú me das un Cadillac en vez de este Ford. Señor, yo haré esto y esto, y eso y aquello, si Tú haces esto y lo otro”.
Venga y diga: “Señor Dios, yo no sirvo; no hay nada en mí. Perdóname. Yo soy un pecador”. Esa es la manera de hacerlo. No se pare a lo lejos y sea un actor, fariseo. No llegue apresurado con tantas cosas civiles, tantas cositas triviales que a fin de cuentas no significan nada. Su automóvil y todo lo que Ud. tiene perecerá. Tome cuidado de su alma. Atienda eso primero. Arregle eso allí, hasta que esa paz profunda y estable, que sobrepasa a todo entendimiento, baje y se ancle en su corazón, y Ud. sienta que Él quite toda mancha con un beso. Luego, hermano, nadie tendrá que decirle a Ud. qué hacer después de eso; Ud. sabrá qué hacer, sí, si Ud. alguna vez lo tocara a Él en una ocasión. Ningún hombre puede jamás llegar a Su Presencia y hablar con Él, e irse y ser la misma persona. Ud. siempre es cambiado. Cuando Ud. habla con Él, hay una impresión que impacta su alma que Ud. nunca olvidará.
58 Cómo recuerdo yo la primera plática que yo tuve con Él. Yo tenía como veintidós años de edad. A mí me daba vergüenza hablar con Él. Así que le escribí una carta. Yo la iba a clavar en un árbol en el bosque para que Él la leyera. Yo estaba tan avergonzado de mi vida. Pero pensé, bueno, quizás Él pudiera no pasar junto a ese árbol, pero que tal vez Él me oiría si yo le hablara. Y me hinqué y dije: “Sr. Jesús, yo quiero hablar con Ud. por un momento. Yo soy la peor persona en el mundo”. Yo me fui siendo una persona distinta. Vean, de esa manera es. Es su actitud hacia Él y reconocer su necesidad.
Pero el problema de ello es, que nosotros somos demasiado buenos. Pensamos que no lo necesitamos a Él. Ud. tiene que sentir la necesidad de Jesús. Ud. tiene que darse cuenta que Él es su única esperanza. Ud. tiene que estar tan sediento al grado de estar a punto de perecer, entonces Ud. se allegará a Él. Ud. no vendrá con alguna cuestión civil. Ud. vendrá con la necesidad de su alma. Ud. vendrá y le dirá a Él de qué se trata todo.
59 El mensajero se va. “Oh, todo ha terminado ahora”. Bien satisfecho, también. “Sí, yo he cumplido el mandato de mi amo”. Ud. pudiera cumplir el mandato de su jefe, en el trabajo. Ud. pudiera cumplir el mandato de su esposo, acerca de cambiar las cortinas o lo que sea, en la casa. Pero ¿qué acerca del mandato de Jesús? Ore. Cierto. Allí está. Vaya a Él.
Ahora, la siguiente cosa que encontramos, lo encontramos a él yendo. Ahora, en Palestina cuando ellos estaban haciendo un agasajo, únicamente los ricos… Uds. tienen que estar en el oriente, una vez, para conocer el oriente. Entonces Uds. tienen una opinión distinta acerca de las cosas, si alguna vez están allá y miran cómo son las costumbres de ellos.
60 En Palestina, la manera como ellos comen, es que ellos colocan una mesa grande así a lo largo. Y en Palestina uno no se sienta a comer.
Debiera ser bueno para Uds. niños – como la niñita sentada aquí enfrente con su vestidito azul, y el lacito rosado. Y Uds. saben, muchas veces, a los niñitos les gusta recostarse sobre sus brazos, así, y comer. ¿Ven? Uds. saben, después de todo, eso es correcto. Sí, eso es correcto. Mamá no piensa que es correcto, miren, pero, y no es la norma hoy en día, pero lo es en Palestina. Ellos no comen en una… ellos no comen en una silla, no se sientan en una silla. Ellos se recuestan en un sofá. Así que, ellos tenían una mesa larga dispuesta, y acomodan su sofá hacia adentro, de lado, así, a todo lo largo. Y cada quien, en vez de…
61 Algo así como esto. Ellos colocan el sofá así. [EL hermano Branham lo ilustra.] Y cuando ellos van a comer, se tumban así, ponen sus manos hacia arriba de esta manera, y comen así. Ahora, a Uds. les gustaría comer así, ¿no es cierto? Esa es la manera como Jesús y ellos comían en aquellos días. Ahora, ellos se recuestan allí y comen.
Y, oh, ellos sí que tienen buena comida. Vaya, me imagino que este fariseo realmente pudo preparar un buen banquete, también, porque, recuerden, él era un hombre rico. Y él recibía su parte de cada cordero que era ofrecido como sacrificio. Sí, señor. Los muchachos metían las horquillas, y lo que sacaban le pertenecía al sacerdote. Y él realmente podía… Él realmente tenía dinero. Él era un hombre de riquezas. Él no era ningún indigente. Él pertenecía a la clase alta.
62 Pero él invitó a un indigente. ¿Para qué? El gran hipócrita, él se iba a burlar de Él. Puedo oírlo decir: “Ahora, todo está bien dispuesto. Ese santo rodador dijo que Él vendría a mi cena – Ja, ja, ja, ja. Me pregunto ¿qué pensaría el fariseo Jones acerca de eso? Él también lo odia a Él. Sí que nos vamos a divertir. Ahora, Él reclama ser un profeta”… [Cinta en blanco]… “já, já, já. Nosotros sabemos que Él no lo es. Así que, haremos burla de Él cuando Él venga. Nos divertiremos”.
63 De esa manera es. Muy poca gente rica hoy tiene tiempo para Jesús. Yo estoy tan contento de que Él piensa en los pobres. Yo no digo que toda la gente rica; algunos lo aman a Él. Seguro, los hay. Pero tome Ud. a un hombre, que cuando él tiene casas, y tierras, y carros, y todo; él está tan ocupado con eso, que él no tiene tiempo para Jesús. Y cuando él trata con cierta clase de gente, él pues sencillamente no puede aceptar a Jesús. Aleluya.
Yo pienso en eso hoy. Un hombre en una gran posición social, ¿cómo pudiera él ponerse sobre sus rodillas, y clamar y pedirle a Dios? ¿Ir por las calles testificando? Eso arruinaría – eso echaría a perder – su posición social. ¿A quién le importa la posición social? Quédense con su clase alta; de todas maneras, se va a quemar, así que sigan adelante.
64 Allí está él: “¿Qué podría yo… Oh, miren, no se juntarían todos en la ciudad? Já. Uds. saben, esa gente pobre allá abajo, ellos creen en tal cosa como esa. Así que, todo alrededor de mi casa, oh, los periódicos lo publicarán: déjenme decirles, yo voy a tener una comilona”. Sí.
Uds, saben, esa clase de espíritus aún existe. Oh, seguro. Orgullo, oh, es una cosa maldita: el orgullo. “Oh, me pondré mi mejor vestimenta eclesiástica. Y yo… mis siervos”.
Oh, Uds. debieran ver cómo ellos visten a esos siervos. Vaya, ellos… Algunas veces ellos traen a los indios allí, y ellos realmente son vestidores. Ellos ponen campanitas en la punta de sus zapatos y sus finas vestimentas. Aun cuando ellos caminan, eso toca cierta música. Y ellos tienen sus platos llenos de carne de cordero suculentos, y demás. Y ellos la sacan así, con una mano tras ellos así, y los dedos de sus pies se van moviendo así, tocando música. Y ellos salen y sirven la comida en tal forma, pues, que si Ud. no tenía hambre, a Ud. le daría hambre de todas maneras. Ooh, huele maravilloso. ¡Cómo ellos pueden cocinar y arreglarlo todo!
65 Y él dijo: “Uds. saben, es el tiempo exacto del año, que mi… Yo no creo que la tendré adentro en la casa, ya que muchos no me podrían ver, en mi mejor hogar, oh”. ¿Ven? Hipócrita, fariseo, actor…
Mucha gente hoy tiene que ir a la iglesia para mostrar su religión. Oh, qué cosa. Eso es correcto. “Yo voy a la iglesia. Yo seré un individuo bastante bueno en la iglesia, y la gente pensará que yo soy muy religioso”. Fariseo, actor. Jesús te ve todo el tiempo. Él sabe en dónde estás. Él sabe todo lo que estás haciendo.
Y aquí va él allí entonces, Uds. saben y dicen: “Yo la sacaré al porche, allí afuera en el jardín, y Uds. saben, estas grandes uvas que yo tengo aquí, estas blancas bien grandes. Oh, ellas están deliciosas. Así que, yo sencillamente cuadraré bien la cosa; ellas están en pleno… la cosecha ya está madura. Y el olor, ese aroma viniendo por allí, ¿no será hermoso? Y yo colocaré mi mesa allí afuera, y toda la gente se juntará alrededor de las puertas, y mirará alrededor”.
66 Así es como hace el oriental, de todos modos, siempre mirando algo boquiabierto todo lo que pasa. Uno no tiene que… Una multitud, acerca de obtener una multitud; sólo vaya allí y comience algo. Todos ellos vienen. Todo el mundo está allí, mirando, Uds. saben.
Dijo: “Oh, todo alrededor de mis puertas en todas partes, la gente estará parada. Y, Uds. saben, yo seré la comidilla de la ciudad durante el próximo año. ¡Yo lo seré! ¡Yo lo seré! Oh, eso me dará realce a mí, ¿ven? Me hará algo grande”.
¿A quién le importa el “yo”? Ud. debería estar pensando acerca de Jesús, no acerca de lo que Ud. va a ser cuando se haga cristiano, pero ¿qué va a hacer Ud. para Cristo cuando Ud. se haga un cristiano? “Yo iré a la iglesia. Yo me uniré. Yo seré rociado”, o lo que sea que Ud. haga, y lo acepten en la iglesia, y le den un apretón de manos. “Y pondré mi nombre en el libro, y yo seré considerado una persona mejor. Seré considerado…” ¿Es eso todo por lo que Ud. viene a Cristo? Debería darle vergüenza, actor, fariseo.
67 Yo vine a Cristo para ver lo que yo pudiera hacer por Él. Yo tengo que hacer algo por Él. Yo quiero hacerlo mejor a Él. Dejar que la gente lo vea a Él.
No hace mucho, hubo una campaña de sanidad que vino a cierta ciudad. Había fotografías de “El hombre de la hora” afuera en las paredes y por todas partes, y el Nombre de Jesús no se mencionaba ni una sola vez. Yo dije: “¿En dónde queda Jesús en todo esto? Aquí está el hombre de la hora. El hombre con un corazón por la gente. El varón de Dios para esto, y el varón de Dios para aquello”. Yo dije: “¿En dónde está Jesús? Yo pensaba que Él era el Hombre de la hora. Yo pensaba que Él era el Hombre de Dios. ¿En dónde está Él?” Eso es lo que es, un montón de actores, fariseos. Amén.
68 Noten. Oh, él iba a preparar una comilona, allí afuera. Y dijo: “Entonces, en la noche, cuando yo prenda las velas y lo demás, y las cuelgue afuera en el aire. Y los soldados pasando, los guardias con los… los siervos con sus antorchas encendidas, ¿qué no será maravilloso?” Y cómo, oh, frotándose las manos, y demás. Y luego, finalmente llegó el día para el gran banquete. Va a ser arreglado ahora. Y entonces todos ya estaban listos. Y al poco rato, yo escucho las campanas sonando, y allí viene el doctor PhD, FD, fulano D-Jones: Fariseo. El hombre importante llega allí, los carruajes, Uds. saben, se detienen. Ellos siempre tienen un montón de siervos alrededor, esa gente rica. Entonces alguien viene y agarra sus caballos, y los lleva al establo y les da de comer, los acicala. Y entonces él es invitado a entrar a la casa.
69 Ahora, en Palestina, la primera cosa, cuando un hombre llega a la casa, la mayoría de la gente, al venir en esos días, era a pie. Su único modo de transporte era caminando, y caminando por los caminos. Ellos tienen una túnica, y la túnica le llega hasta los pies, y el pie es cubierto por una sandalia. Y la prenda interior sólo llega hasta las rodillas, y está cortada aquí en la rodilla, la prenda interior, debajo de la túnica. Y un hombre, cuando él va caminando, o alguien, cuando van caminando así, esa túnica al ir moviéndose, levanta el polvo. Y el polvo se asienta sobre las rodillas, desde las rodillas para abajo, y ellos se ponen muy sucios. De allí que Jesús hablara de lavar los pies. ¿Ven? Es que era una costumbre, porque sus pies estaban sucios.
70 Y había muchas caravanas que pasaban en esos días por Palestina. Y las carreteras no eran como las nuestras, de concreto o asfalto. Era un camino polvoriento, áspero, accidentado, rocoso, como un sendero del campo en alguna parte. Y allí, los animales cargando… Al pasar por allí, el excremento de los animales caía al suelo, y los pájaros venían y pisoteaban en él y lo esparcían, y éste regresaba al polvo. Y entonces, cuando uno va caminando con esa túnica así, por ese camino accidentado y áspero, pues, el polvo se levanta y le cae en las piernas, y hedía; tenía un olor terrible, como a establo o algo así. Y cuando una persona venía a la casa, la costumbre era, primero, de lavarse los pies.
71 Ahora, les mostraré cómo se hacía eso. Venga acá, hermano Neville, yo quiero ilustrar esto y mostrar cómo se hacía. Venga acá, por favor. Ahora, sólo manténgase sentado allí por un momento.
Ahora, la primera cosa, al entrar… Y el siervo menos pagado de todo el grupo, era el siervo lava pies. El hombre que lavaba los pies era el peor de todos ellos, el mal pagado.
Ahora, yo quiero decirles algo a Uds. Jesús ocupó el lugar más bajo: un siervo. Aleluya. Eso me prueba a mí que Él era Dios. Él tomó el lugar más bajo, el de lavar pies. El siervo más bajo que había, y Jesús tomó el siervo más bajo. Luego Uds. son tan tiesos, que no pueden hacer nada para Él. Pero Él tomó el lugar más bajo por Uds. Él fue un lavador de pies. Piénsenlo. El Rey de gloria se hizo un lavador de pies para mostrar humildad y para darles a Uds. un ejemplo de qué hacer y cómo hacerlo.
72 Y Ud. se llama a Ud. mismo cristiano, y es tan almidonado, que no pudiera inclinarse para estrecharle la mano a un mendigo en la calle y hablarle acerca del Señor. Oh, Ud. es tan bueno.
Ud. se dará cuenta, que no hay mucho de bueno acerca de nosotros, cuando Ud. piensa en Él llegando a ser un siervo lava pies, el más bajo que había. Él realmente, en corazón, era el más alto que había. Él era el corazón de Dios, y llegó a ser el siervo Lava pies menos pagado. Hmm. Él Quien era grande, llegó a ser nada, para que Él pudiera redimirlo a Ud. nuevamente y hacerlo grande.
73 ¿Saben qué? Yo he notado esto en mis viajes. Uds. por lo general encuentran que los hombres grandes son hombres pequeños. Yo viajo por donde hay hombres grandes, hombres verdaderamente grandes, y yo sé que ellos son hombres grandes, pero cuando me dispongo a dejarlos, ellos lo hacen a uno pensar que uno es el hombre grande y que ellos no son nada. Pero tome Ud. a un hombrecito de dos por cuatro que no es nada, y él piensa que lo es todo. Él no es nada para comenzar. Son los hombres grandes que son hombres pequeños. Ellos nunca se jactan ni toman honra. Ellos lo hacen a uno sentir de que uno es grande. Esos son los grandes hombres.
Y aquí, el más grande de los hombres, el más grande de todos los hombres, Dios manifestado en carne, llegó a ser un siervo lava pies, para humildad. El Rey de toda la eternidad, de toda gloria, el Creador de cielos y tierra, lavó el estiércol de los pies de los hombres.
74 Luego, nosotros pensamos que somos algo. Nos ponemos un traje de cincuenta dólares y… Oh, Dios, ten misericordia de nosotros. Nosotros pensamos que somos alguien, y caminamos por allí con nuestros rostros erguidos: “Oh, yo pertenezco a cierta iglesia. Yo soy tan bueno como los demás”. Oh, Ud. fariseo pobre, desdichado, y miserable. Ud. solamente es un actor. Ud. no tiene salvación. Ud. lo probaría si la tuviera. Correcto. “Oh, el año pasado yo envié un cheque por cincuenta dólares para la caridad”. ¿A quién le importa eso? Dios no mira eso. Él mira su corazón. Ud. está tratando de actuar como que es algo. Él nunca lo reprendió a Ud. por ello. Pero ¿por qué no sale Ud. y hace algo? Simplemente actuando.
75 Miren, la primera cosa que ellos hacían cuando un hombre entraba, cuando él llegaba a la casa, si él realmente deseaba ser bienvenido, el anfitrión le daba la bienvenida. Ahora, el siervo le recibía en la puerta; la primera cosa que él hacía, es que se agachaba y le quitaba su calzado. Y él tomaba su pie así, como esto aquí, y lo ponía sobre su pie, y se inclinaba y le lavaba su pie así. Después que lo lavaba bien, tomaba una toalla y lo secaba, luego le lavaba el otro pie. Él tomaba sus sandalias y las colocaba arriba sobre un manto, así, allí arriba. Luego a cambio, él estiraba la mano y agarraba un buen par de sandalias de satén – seda o satén – y agarraba su pie, y después de que estaban secos, y frescos, y todo, ya les había lavado todo el estiércol, entonces él agarraba y le ponía ésta. Si no le quedaba, agarraba otra, hasta que encontraba una que le quedara bien.
76 Luego, él ya estaba bien lavado. Él se sentía muy cómodo. Luego él entra en una pequeña recámara. Este hombre lo recibe en la puerta. Luego él entra en una pequeña recámara, y allí está parado otro siervo, y él tiene una vasija de aceite. Y, oh, se llama nardo, y qué cosa tan famosa es eso. Y él se pone un poquito en una mano, y otro poquito en la otra mano y lo frota, y lo unta sobre su rostro y sobre su cuello, debido a que los rayos directos del sol palestino… Tanto hombres como mujeres tienen que mantenerse ungidos. El sol casi le arrancaría el pellejo a uno, y el cuello, y sobre sus mejillas. Y este…
Ahora, el aceite se contamina. El aceite de oliva, si permanece aquí mucho tiempo, le sale mal olor. Pero ellos le ponían un perfume de nardo. Y esa es una cosa muy costosa. Ahora, ellos lo compran allá en Arabia.
77 Si Uds. se fijan, una rosa, cuando una rosa florece, y después que la flor desaparece, deja una pequeña manzana en donde estaba. Uds. han visto eso muchas veces, un pequeño capullo.
Ahora, hay un arbusto, un arbusto famoso, que crece alto en las montañas, allá en Arabia, y ellos toman ese pequeño capullo después de que la rosa desaparece, ellos sacan ese pequeño capullo de allí, y lo desconchan, y éste tiene el olor más maravilloso. Yo vi uno una vez, y uno puede frotárselo en las manos así, y con uno solo de esos pequeños capullos así, Ud. olerá durante dos semanas, a ese perfume. Oh, es muy costoso.
La reina de Sabá, cuando ella vino a conocer a Salomón, ese era uno de los tesoros que ella traía, uno de esos perfumes famosos de allá de Egipto.
78 Ahora, miren. Entonces ellos ponían eso en eso, y, oh, es muy costoso. Y ellos le ponían eso allí, y le frotaban el rostro y el cuello. Y luego, en lugar del mal olor, los pies estaban lavados, todo el estiércol y cosas había sido lavado de sus pies, y allí está él sentado entonces con su rostro todo bañado, y su cuello todo bañado. Y ellos le daban una toalla y él se secaba así con palmaditas, y entonces se sentía fresco. Luego él iba a donde estaba el anfitrión.
Ahora, justo aquí, hermano Neville, póngase de pie por favor. Ahora, ahora, digamos que él era mi invitado. Ahora, la primera cosa que él hace, cuando él lo recibe, él extiende una mano así, y la coloca sobre su hombro. Y él coloca su mano sobre éste hombro, así. Bueno, entonces, cuando él lo hace, él se acerca y lo besa en el cuello allí. Ahora… (Gracias.)
79 Ahora, cuando él hace eso, él es besado, y ya es un hermano. Él está bienvenido. Aleluya. Él puede ir a la nevera, sentarse, sentirse como en casa. Él es un hermano. Aleluya. Sus pies están lavados. Él está refrescado. Él está ungido. Le han dado el beso de bienvenida. Amén. Entonces él es un hermano. Él podía pasar derecho y sentirse tan bienvenido como si él estuviese en su propia casa.
Ahora, él entra y se sienta, y él podía hacer cualquier cosa que él quisiera. Él está bienvenido. Él está lavado; él está limpio. Él está ungido. Y le han dado el beso de bienvenida. Eso significa, el anfitrión, cuando él lo besa, él lo reconoce a él como un hermano, y él tiene acceso a todo lo que hay en la casa. Él no tiene que usar más protocolo. Él está en casa. Él entra, y va directo a la nevera, o lo que sea que él quiera hacer, simplemente sintiéndose como en casa. Él entonces está bien.
80 Ahora, ¿cómo sucedió? ¿Cómo pudo ser? ¿Cómo fue que ese siervo dejó pasar a Jesús? Aquí está Él, sentado en la cena… o, en la comida, con los pies sin lavar. Él está sentado allá en el rincón. Ooh, ojalá yo hubiera sido ese siervo. Ojalá yo hubiera podido tomar su lugar. Aquí está Jesús, de alguna manera…
Oh, él lavó los pies del Dr. Jones, cierto. Él lavó a todos los demás. Él los lavó y los ungió. Simón le dio el beso de bienvenida. Y allí estaban ellos, parados por allí, tan agasajados. “Oh, Dr. Jones, ¿sabe qué? Allá donde fulano de tal, el otro día, el fariseo fulano de tal… ¿Ud. recuerda al fariseo fulano de tal? ¿Lo recuerda?” Oh, tan ocupado hablando acerca de los asuntos, que ellos fallaron en ver a Jesús entrar.
Y yo me pregunto hoy, si acaso nosotros no estamos tan interesados en si somos metodistas, o bautistas, o presbiterianos, que fallamos en ver a Jesús entrar. Oh Dios, ten misericordia.
81 Cómo me hubiera gustado a mí tomar el lugar de ese siervo. Cómo me hubiera gustado postrarme a Sus pies. ¿Cómo pudo él perder esa oportunidad? Oh, es que él estaba tan interesado en lo que están haciendo las grandes iglesias. Pero Jesús entró de algún modo.
Puedo oírlo a Él decirle a Sus discípulos antes de partir: “Bueno, será mejor que vayamos”. Ellos tenían cientos… como cien millas de calurosos caminos palestinos por recorrer.
Pero déjenme decirles un punto aquí: Jesús siempre cumple Su promesa. Cuando Él decía que estaría allí, allí estaba Él. Aleluya. Cuando yo estuve postrado aquí en el hospital, muriendo, Él me dio a mí una promesa de que estaría allí. Él prometió que me sanaría. Él cumplió Su promesa. Él dijo que cuando la vida haya terminado, cuando mi última batalla sea peleada y mi edad se haya ido de mí (me estoy poniendo viejo), y haya llegado al río Jordán, Él prometió que allí estaría. Él estará allí. Él cumple cada promesa. “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo”. No tendré que preocuparme; Él estará allí. Nosotros solíamos cantar un cantito antiguo aquí:
No tendré que cruzar solo el Jordán,
Jesús murió para expiar todos mis pecados;
Cuando la oscuridad yo viere,
Él estará esperando por mí;
No tendré que cruzar solo el Jordán.
82 Yo he pasado por muchos ríos aquí solo. A menudo he sido desamparado por amigos, burlado por amigos y parientes. Pero hay una cosa segura: Él estará allí. Cuando llegue el tiempo, Él estará allí. Él siempre cumple Su promesa. Gloria. Yo sé que Uds. piensan que estoy loco; tal vez lo estoy. Pero Él estará allí; sí, quizás un poquito temprano, para estar seguro de estar allí. Él siempre cumple Su promesa.
83 Él estuvo allí justo a tiempo, tal como prometió que Él estaría, y ellos fallaron en reconocerlo. Ellos tenían tiempo para todo lo demás, pero no tenían tiempo para Jesús.
Miren, cuando nuestro presidente viene a la ciudad, miren cómo ellos lo reciben a él. Pues, si el presidente viniera a esta ciudad, desde el tren hasta el hotel donde él se quede, estaría adornado con flores; las banderas estarían todas afuera; habrían ramilletes de flores por todas las calles; las damas de honor irían adelante; las bandas tocarían; la música sonaría; los cantantes cantarían; todo para hacer que el presidente se sienta bienvenido.
Pero, cristianos, Jesús viene y Uds. no lo reconocen. Oh, Uds. le darán a Él un lugarcito en el armario, de vez en cuando, un pequeño armario por acá a un lado. Pero Ud. se avergüenza de Él, delante de sus amistades. No lo llamaría a Él, para orar. Oh, Él tomaría un lugarcito en el arma-… O quizás arriba en el desván, él pudiera llevarlo a Él arriba al desván, de vez en cuando. Cuando Él viene, dice: “Oh, yo sé que Él está aquí. Me subiré al desván para que nadie me escuche orar”. Ajá. Pero la parte buena es que Él viene de todas maneras.
“Jesús, ¿tomarás Tú el segundo lugar?”
“Sí”.
“¿Tomarás el tercer lugar, Jesús?”
“Sí. Francamente, Yo tomaré cualquier lugar que tú me des”.
84 Pero Ud. le dará la bienvenida al presidente con todo. Ud. le dará la bienvenida a sus vecinos y preparará una gran comida. Ud. limpiará la casa. Ud. hará todo. Pero cuando Jesús viene, Él toma lo que Él pude obtener. Ud. lo lleva a Él a un desván polvoriento, o al sótano en algún lado.
¿Recuerda cuando Ud. fue a la iglesia una vez, antes de que Ud. fuera un verdadero cristiano? Como una vez al año. Oh, Ud. se puso su mejor vestido; era la pascua; el pequeño gorro al lado de su cabeza. Ud. se quejó porque el predicador predicó veinte minutos. Pero Él no la reprendió a Ud. por ello. Él lo aceptó. Ud. se fue a casa, se puso su vestido nuevo y dijo: “Bueno, eso es suficiente religión para un año”. Pero Él no le reclamó a Ud. por ello; Él simplemente lo aceptó. Eso es todo lo que Él pudo obtener de Ud. Algunas veces Él no está obteniendo eso de Ud. Ud. le da a Él cualquier lugar.
85 ¿Qué parte tiene Él en su vida hoy, cristiano? ¿Tiene Él la mejor parte, está Ud. sólo dándole a Él el desván, o simplemente una pequeña oración de vez en cuando? ¿Qué al respecto? ¿Qué clase de lugar le está dando Ud. a Él?
Allí estaba Jesús, sentado al lado suyo. Sus discípulos no pudieron entrar; ellos no estaban invitados. Todos ellos parados alrededor, mirando. Y allí estaba Jesús sentado, muy incómodo, con el olor del camino en Él, con pies sucios, el rostro sin ser ungido, sin el beso de bienvenida, estaba sentado por allá a un lado del rincón, con el rostro inclinado. Fariseo, ¿para que tú le invitaste, hipócrita?
86 Así es en la iglesia. Uds. orarán por un avivamiento; y cuando el Espíritu Santo viene, Uds. lo rechazan; nunca lo hacen bienvenido. Si alguien es sanado, una u otra cosa, o lleno con el Espíritu Santo, Uds. andarán por allí y hablarán al respecto, lo rechazan a Él. Uds. no quieren más el Espíritu Santo. Uds. no quieren un predicador que predique el Espíritu Santo y la santificación. Uds. ya no lo quieren. Uds. quieren algún mentecato clásico, todo pulido con mucha teología mental, con gramática muy buena y cosas así. Denme la predicación bíblica enviada por Dios, el Espíritu Santo chapado a la antigua, enviado por Dios, donde Jesús es bienvenido.
87 Él bendecirá su corazón. Y Ud. se quedará sentado allí y lo ahogará. Ud. no lo hará a Él bienvenido. Él desea ser alabado, pero Ud. no lo alaba. Pero Ud. gritará: “Hola, Sr. Presidente, ¿cómo está Ud.? Tenía mucho tiempo que no lo veía”. Y cuando Jesús viene, Ud. lo empuja a Él hacia el rincón, no bienvenido.
Uds. oran, y oran, y oran por un avivamiento, y cuando el avivamiento comienza a estallar en algún lado, Ud. dice: “Huh, no en mi iglesia. Allá no tenemos nada que ver con eso”. Oh, actor: orgullo, con el rostro erguido, hipócrita. Vergüenza debería darle.
88 Mi Jesús ha venido a esta ciudad muchas veces, y Uds. lo han empujado a Él hacia el rincón. Uds. han hablado al respecto, dijeron que: “Era del diablo”. Dijeron que: “Era telepatía mental”. Dijeron: “No hay nada en eso”. Debería darle vergüenza, hipócrita. Jesús le hará pagar por eso un día de estos, en el día del juicio. Él viene a la ciudad; Él llama a la puerta; Él hace cosas, y la gente mira y dice: “Oh, son tonterías”, y lo rechaza. Y cada noche, en su iglesia, ¿están orando por un avivamiento? Fariseo, actor, Ud. lo quiere a su manera. Pero Cristo viene en la manera como Él quiere venir. Él pudiera avergonzar Su teología. Pero allí está Él sentado, después de haber sido invitado, y Él ha venido.
¿Cuántas veces han orado por avivamiento estas morgues frías y formales de por aquí? Aquí, hoy, ellos están orando por todo el país por un avivamiento. Billy Graham y Jack Schuller, y un montón de ellos, cruzando la nación, orando por avivamientos. Y luego allí viene bajando el Espíritu Santo, y Ud. lo tilda de apostasía. Aleluya. Y allí viene Él bajando, con las mismas señales y maravillas y todo, y probando que está presente, y Ud. lo llama de diablo. ¡Hipócritas, un día de estos morirán en su televisión, e irán al infierno en la misma!
89 Actuando como, hablando con un montón de teología de algún seminario: actores, hipócritas, nunca cruzan la puerta. Dicen: “Yo no voy a ir a esa iglesia. Uds. nunca…” ¡Oh, hipócrita!
Jesús sentado… Jesús con pies sucios. En Alemania, a Él lo llaman “Jesu”. Jesu con pies sucios. Me hace algo a mí el sólo decirlo. Dios, Jesús, el huésped invitado, el Príncipe de gloria, la Fuente de Vida, y no bienvenido, con pies sucios, sentado allí con estiércol del camino en Sus pies, entre todo el resto de ellos, todos pulidos y oliendo bien. Y allí estaba Él sentado con el rostro caído y fatigado, gotas de sudor sobre Su barba, con los ojos caídos, sin ser besado.
90 Jesús desea ser besado. Hay una Escritura en la Biblia, que dice: “Besad al Hijo, para que no se enoje. Eso es correcto. Jesús desea ser besado. ¿Lo ha besado Ud. alguna vez a Él? Seguro que Ud. puede.
Él está sentado allí, sin ser bienvenido, con pies sucios: Jesús con pies sucios. Oh, ¿no hace eso que Ud. se sienta raro? Jesús con pies sucios, no bienvenido.
Miren lo que Uds. hacen con Él, hoy. En vez de llevarlo a Él a su grande y fina iglesia, Uds. lo echan a Él a un lado, a alguna misioncita allí en la esquina, donde el hombre del abasto ni siquiera tendría un abasto. Está tan contaminado. Es allí abajo, en un lugarcito enmohecido, abajo en un sótano en alguna parte. Y Uds. oran para que Él venga, y lo ponen a Él en el lugar de mala muerte más sucio que puedan encontrar. Dios, sé misericordioso.
91 Pero bendito sea Su Nombre, Él viene de todas maneras. Dicen: “¿Qué es eso allá en la esquina, un pequeño tabernáculo de santos rodadores?” Él viene de todas maneras. “Nada sino los pobres van allí”. Bueno, eso está bien, Él viene de todas maneras. Hágale a Él bienvenido.
Sí, Él procura venir a su iglesia grande, pero Uds. no se lo permiten. Uds. saben demasiado. Uds. están demasiado ocupados con los asuntos de la iglesia. Ud. hipócrita, parado allí. Ud. lo invitó a Él. ¿Para qué oró Ud.? Él dijo lo que acontecería cuando el Espíritu Santo viniera. En el día de Pentecostés probó lo que Él haría cuando viniera. Y Él vendrá a su iglesia, y Uds. lo echarán fuera. Ud. fariseo, actor, Ud. únicamente está tratando de actuar según le han metido en la cabeza allá en el seminario en alguna parte.
92 ¿No le dará Ud. la bienvenida a Jesús? Jesu con pies sucios. Oh, Dios. Jesu con pies sucios. El amoroso Salvador; esos pies que pronto iban a ser horadados; esas manos, sin lavar. Esos pies con tierra y estiércol en ellos, del camino, y ampollados. ¡Pies sucios! ¡Manos preciosas! Coronado… ¡muy pronto sería coronado con espinas! Las arrugas de un cuello que atraparían la sangre a medida que se derramaba por Su rostro. Y allí estaba sentado entre esas personas religiosas, sin ser bienvenido. Mi Jesús con pies sucios. Oh Dios. Oh, si yo pudiera ser ese siervo. Oh, si tan sólo yo pudiera venir y lavar Sus pies. Allí estaba Él sentado; con los pies sucios, no bienvenido. Nadie quería tener nada que ver con Él, Sus pies estaban tan sucios.
93 Así que ¿qué hizo Él? ¿Qué hizo Él? Él vino de todas maneras. Él vino de todas maneras, dijo: “Sí, allí estaré”. Así que, allí estaba Él sentado; Él cumplió con Su cita. Él cumplirá Su cita con Ud., cada vez. Allí estaba Él sentado, y el fariseo sentado allí arriba, frotándose las manos y diciendo: “Ahora, mire. Ahora, Jones, ¿ve Ud.?, aquí estamos…” No sabía que Jesús estaba sentado allí.
¿Piensan Uds. que Él estaba incómodo? Seguro, Él estaba incómodo. Él no sabía… Con toda esa gente alrededor, Él se sentía incómodo. Nadie lo estaba haciendo a Él bienvenido. Así que entonces, de repente, ¿qué hizo Él entonces? ¿Qué dijo Él? Él se quedó sentado allí de esa manera. Ahora, escuchen. Observen lo que Él hace.
Ahora, miren afuera. Miremos afuera. Todos estaban mirando. Nadie sabía quién era Él. Uno dijo: “Bueno, ¿a dónde está Él?”
94 Ahora, miren, veamos otra escena aquí. Miren, viniendo por la calle allá, yo veo a una mujercita. Oh, qué nombre tan feo tenía ella en la ciudad. Ella era una pecadora. No entraremos en detalles al respecto. Ella era una prostituta, una mujer de mala fama, la que hizo lo malo. Pero recuerde, hermano, que ella es la hija de alguien. Correcto.
¿Cómo sabe Ud. qué causó ese tipo de vida? Tal vez algún novio la introdujo a ella en semejante tipo de vida, la tomó en sus brazos y le prometió todo a ella. Y luego cuando él arruinó su carácter, se fue y la dejó para echar a perder a otra. Y eso la introdujo a ella a esta clase de vida. ¿Quién sabe la historia detrás de ella? Pero ahora ella está marcada. Nadie tenía nada que ver con ella. Ella deambula por las calles, ganando su dinero lo mejor que puede.
95 La oigo decir: “Miren allí en la casa del fariseo. ¿Qué estará sucediendo?” Por supuesto, ella no podía entrar en una multitud así. Eso estaba completamente fuera de orden que una prostituta viniera a un lugar como ese.
Pero ella llega del lado afuera. ¡Oh Dios! La veo pararse en puntillas, por encima de los hombros de este individuo bien grande. Ella está tratando de mirar. Ella dijo: “Bueno, miren eso, esa buena comida. ¡Oh, vaya! ¿No está el rico teniendo…? Oh, ¿no es maravilloso? Y sus ojos se dirigen allí hacia el rincón. ”¡Pues, miren! Ése es Él. Ése es Él. Oh“, ella dice, ”no puede ser así. Sus pies están sucios. Su rostro está sucio. Pues, Él no está… Él no está bienvenido“. Él rara vez es bienvenido entre los ricos. Ella dijo: ”Oh, eso no puede ser. ¿Es Él realmente?“ Ella mira otra vez. ”Sí, ése es Él“.
96 Ella se voltea, se aleja de la multitud rápidamente; baja los escalones y se va por la calle. Sube por unos escalones rechinantes, que se mueven a medida que ella sube a su pequeño desván. Ella corre rápidamente a su pequeño cofre que ella tiene allí. Lo abre y saca una pequeña bolsa. Allí está todo el dinero que ella tiene. Ella lo mira. Lo pone en el suelo; éste tintinea.
Ella dice: “No puedo. No puedo hacer eso. Yo debo estar soñando. Algo debe andar mal conmigo. Yo no pudiera ir a esa fiesta. Yo sencillamente no puedo hacer esto”. Tal vez ella lo agarra y lo guarda. “Oh, pero, si… Yo no puedo hacerlo; Él sabrá cómo yo obtuve ese dinero. Él es un profeta. Es un vidente. Él sabrá cómo obtuve ese dinero. Pero oh, miren, ellos lo invitaron a Él, y Él está sentado allí de esa manera. ¿Cómo lo hicieron ellos? Oh, alguien debería encargarse de eso”.
Y alguien debería encargarse de eso hoy, pero ellos no lo hacen. Uds. están tan bien entretenidos, tienen que quedarse en casa para mirar la televisión; Uds. tienen que ir al cine en la noche; hace demasiado calor para ir a la iglesia. Oh, Uds. actores…
97 Esta ramera, ella toma nuevamente el dinero y dice: “Pero yo debo hacerlo. Oh, yo debo estar loca”. Las lágrimas le bajan por sus mejillas. Ella dijo: “Oh, con sólo mirarlo a Él, ver la manera en que Él lucía, Su mirada triste, todos pasando al lado, y nadie haciéndolo a Él bienvenido. Él está sentado allí como un menospreciado, todos pasando al lado”.
De esa manera está Él hoy: Todo el mundo lo pasa por alto a Él. Oh, Uds. tienen sus iglesias; Uds. tienen su religión; Uds. tienen sus doctrinas, y así por el estilo. Pero ¿qué acerca de Jesús? Uds. sencillamente lo pasan por alto a Él, lo dejan a Él sentado allí de esa manera.
Ella dijo: “Yo tengo que hacer algo al respecto. Tengo que hacerlo. Yo no…”
Uds. saben, hay algo con respecto a las mujeres; ojalá que ellas utilizaran más de eso. Hay algo acerca de ellas; ellas no se quedan paradas pensando como los hombres. Nosotros nos quedamos parados y nos preguntamos, y lo calculamos todo, pero las mujeres generalmente van y hacen lo que está en su corazón.
98 Ella dijo: “Es que yo tengo que hacerlo”. La veo recoger y acomodar sus batas, y agarrar un pequeño calcetín que estaba lleno de cada centavo que ella tenía. Dejando la casita atrás, ella va por la calle, muy aprisa. Y mira allí enfrente, y ella se dirige a esta gran perfumería.
Y veo a este judío de nariz larga parado allí atrás contando su dinero; las cosas habían estado pesadas ese día. Él dijo: “Oh, qué cosa, yo ni siquiera he hecho para los gastos. Ni siquiera he cubierto los gastos”, todo amargado, y triste.
Y de repente, ella entra por la puerta. Ahora, él no la trata a ella como una dama. Él se asoma y dice: “Bueno, miren quién está allí”. Él no sale y dice: “¿Pudiera ayudarle en algo?”
Dijo: “Bueno, ¿qué deseas?”
Ella dijo: “Yo quiero el mejor frasco de alabastro que Ud. tenga en la tienda. Yo quiero el mejor que Ud. tenga”. Hace tintinear el dinero. Oh, cuando él ve el dinero, ya es distinto. Ajá. Sí. “Yo quiero el mejor que Ud. tenga”.
99 Él es digno de lo mejor. ¿Qué hace Ud. por Él? Le da a Él las sobras. Oh, sí, Ud. anda de acá para allá todo el día, y le da a Él tres minutos en la noche antes de acostarse. Él merece lo mejor de Ud., amigo. Él merece todo lo que Ud. tiene. Pero ¿qué hace Ud. al respecto? Ud. le da a Él cualquier cosa. Él lo toma. Él lo toma, de todas maneras.
Pero ella dijo: “Yo quiero lo mejor”. Y le costó a ella todo lo que tenía para obtener lo mejor. Eso es lo que Ud. quiere hacer. Dé lo mejor de Ud., para darle a Él lo mejor. Dele a Él lo mejor de su vida. Dele a Él el mejor de sus cantos. Dele a Él todo su talento. Dele a Él todo lo que Ud. tiene. Dele a Él sus pies. Dele a Él sus manos. Dele a Él sus ojos. Dele a Él su boca. Dele a Él sus oídos. Dele a Él su alma. Dele a Él su corazón. Dele a él su alabanza. Dele a Él todo lo que Ud. tiene. Aleluya. Él es merecedor de lo mejor.
Ella dijo: “Yo quiero lo mejor que Ud. tenga”.
“Pues”, él dijo: “Primero veamos cuánto dinero tienes”. Así que él vacía el dinero del calcetín, y lo cuenta. Sí, doscientos ochenta piezas de denario romano; eso es exactamente lo que costaba. Entonces él va y busca el frasco y se lo entrega a ella.
100 Lo oigo a él decir: “Me pregunto ¿qué irá a hacer ella con eso?”
Ahí va ella y sale por la puerta. Ella tiene que darse prisa. Está retardada.
Más vale tarde que nunca, ¿no es cierto? Ud. también ha esperado demasiado tiempo, pero es mejor venir. No se quede como Ud. está. Hace bastante tiempo, Ud. ha estado queriendo ser realmente un cristiano. Ha esperado bastante tiempo. Se está haciendo bastante tarde. Correcto. Pero vaya de todas maneras. Permita que éste sea el momento. Permita que esta mañana sea la mañana. “Yo voy a ir todo el trayecto por Cristo ahora. Yo tengo que llegar allí”.
Aquí viene ella. Puedo ver a dos hombres codeándose uno al otro: “Mira quién va allí. Mira quién va allí. Mira. Me imagino que ella va a la fiesta del fariseo. ¿Será que el fariseo la invitó?” Oh, tú estás…
101 Nosotros los americanos somos demasiado buenos. Sencillamente no nos damos cuenta lo bajo que somos. Correcto. Somos demasiado buenos. Siempre somos mejor que los demás. Tú pobre, desnudo, desdichado, hipócrita miserable. ¿No sabes tú que estás perdido? Oh, América, cuántas veces Dios te hubiera tomado, pero no quisiste. Cómo Él te ha enviado a hombres justos que predicaron, y vivieron de galletas saladas y agua del río, de pan y agua. Y tú te burlaste de ellos y los llamaste santos rodadores, y los echaste a la cárcel, y derribaste sus lugares, y los despreciaste. Oh, tú eres demasiado buena. Tú no necesitas nada.
La Biblia dice en Apocalipsis: “¿No sabes que eres ciega, miserable, cuitada, pobre, y desnuda, y no lo sabes?” Oh, sí.
102 Sí, damas, Uds. pueden agarrar y salir por aquí, y arreglarse todas, y usar la mejor ropa. Uds. pueden ir a la mejor de las iglesias. Uds. se arreglan todas, y se hacen la manicure en el cabello, o como le llamen, y usan los grandes zapatos de tacón alto, y se pintan todas como un circo, y van a la iglesia, y dicen: “Yo soy tan buena como las demás”. Oh, miserable, desventurada ciega. Ud. no lo sabe, pero Ud. está perdida. Sí. Ud. piensa que porque tiene una muda de ropas… Y, señor, porque Ud. puede andar en un buen carro hoy, y tiene un buen empleo, y el jefe le da palmaditas en la espalda, Ud. piensa que lo tiene todo asegurado. Uds. rehúyen de la iglesia. Uds. no irían a un lugar donde ellos pasan al altar y oran. Ud. se avergüenza de que sus vecinos la vieran. Ud. pobre hipócrita, ¿no sabe Ud. que está perdido? Ud. no quiere a Jesús. Ud. no tiene ningún lugar para Él.
103 Sigan dandose codazos uno al otro y dijeron: “Mira quién va allí”. Sí.
“Ellos me pasan desapercibido, cuando una vez pasaron con una sonrisa”. Uds. han oído ese viejo canto.
Ahora, yo estoy marcado, marcado, marcado,
Yo estoy marcado ahora adondequiera que voy;
Yo estoy marcado, marcado, marcado,
Lo que yo soy todos parecen saberlo.
(Eso es correcto).
Pero yo he sido sellado, sellado, sellado,
Yo he sido sellado por el Divino Espíritu de Dios;
Oh gloria a Dios. Aleluya. Amén.
Yo soy Suyo, y sé que Él es mío.
104 Siga dando codazos si Ud. lo desea; yo voy en camino. Aleluya. Algún día llegaré allí. Correcto. En este camino…
Allí va ella. Ella se pone el velo sobre su rostro. Se va por la calle, y todos esos hipócritas codeándose uno al otro. Ella llega directo a donde está la fiesta. Ella levanta la mirada; las lágrimas han marcado sus mejillas. Ellos ven que ella ha estado llorando. “¿Por qué será que ella está llorando?”
Ella se detiene, afuera en el borde de la línea; ella levanta la mirada. Ella dijo: “Oh, no puedo. No puedo. Oh, yo sencillamente no puedo hacer esto. No puedo. Pero mira, ¿qué dirá Él cuando Él sepa lo que yo soy?”
Esa es una cosa buena, pecador. Él conoce lo que Ud. es. Amén. Venga de todos modos; venga de todos modos.
105 Oh, tú fariseo, que has estado yendo a la iglesia todas estas veces, y se supone que eres un cristiano, Él sabe lo que tú eres. No te preocupes. Él sabe quién eres tú. Él sabe lo que hay por dentro de ti. Tú te avergüenzas de pasar al altar después de pertenecer a la iglesia tanto tiempo, pero Él te conoce. Él sabe lo que está por dentro de ti.
Ella se detuvo. Dijo: “Oh, yo no puedo hacerlo, yo no puedo hacerlo. ¿Qué diría Él de una mujer como yo? ¿Qué diría Él? Pero mira, ellos lo han invitado a Él, y es mi oportunidad”.
Oh, Uds. no se dan cuenta de la oportunidad que tienen. Uds. tienen una oportunidad hoy, amigos de ser llenos con el Espíritu Santo. Uds. tienen una oportunidad, hoy, de ser un santo de Dios. Uds. no tienen que ser un pecador apestoso. Uds. pueden ser un santo. Uds. no tienen que ser un hipócrita. Uds. no tienen que ser uno que asiste a la iglesia y no un cristiano. Uds. no tienen que andar por allí y actuar como que son cristianos, e ir a la iglesia para esconder su bajeza. Uds. pueden realmente ser un cristiano. Uds. tienen una oportunidad.
106 Y aquí está ella; ella dice: “Oh, mira. Pero ¿qué diría Él si yo voy? ¿Qué hará Él?” Pero la oigo a ella decir: “Bueno, una vez yo lo escuché a Él predicando”. Eso es. Si Ud. alguna vez oye Su Palabra, algo es distinto desde allí en adelante. Oh, gloria. “Yo lo oí a Él allá un día en las riberas de Galilea”. Dijo: “Toda esa clase de gente estaba parada alrededor de Él. Y Él levantó Sus preciosas manos y dijo: Venid a Mí, todos los que estáis trabajados y cargados; y Yo os haré descansar”. Ella dijo: “Oh, Tú sabes que eso es lo que yo necesito, es descanso. Mi pobre alma desdichada está ardiendo. Y Él dijo: Todo aquel que quiere. Eso me incluyó a mí. Esa era yo. Seguro. Pero mira lo que está entre mí y allí”.
Eso es lo que está entre Ud. y Él. Hay toda una cantidad de impostores parados entre Ud. y Él. Hay tantas cosas que lo apartarían a Ud. de Él. Hay tantos que le dirían a Ud. que es una locura. Ellos todavía están parados entre Ud. y Jesús, pero Él dijo: “Ven”. Aleluya. “Ven”. Ella lo escuchó a Él.
107 Hermano, ¿sabe Ud. lo que ella hizo? Ella se metió ese frasco de alabastro debajo del brazo, y ella comenzó a apartar uno hacia un lado, y otro hacia el otro. Ella se estaba abriendo paso entre la multitud hasta que llegó a Jesús.
¿Pudieran Uds. hacer eso? Ábranse paso, aléjense de la incredulidad: “Esos días de los milagros ya pasaron. No hay tal cosa como el Espíritu Santo”. Siguió avanzando, abriéndose paso hasta que llegó a Él.
108 Ahora, aquí está ella. Ella está parada ante Jesús, el único lugar en donde ella alguna vez puede encontrar descanso para su alma. Ella está impotente. Ella se postra. Cae al suelo. Ella comienza a gemir y a llorar. Las lágrimas le bajan por sus mejillas. Oh, ella es tan culpable. Y ella está tan triste, de ver que Él está sentado allí con los pies sucios, en el banquete, y con pies sucios. Y, ella, llorando, y de repente, ella se pone fuera de sí. Ella no sabe lo que está haciendo.
Que Dios nos ayude a ponernos fuera de sí, de vez en cuando, con el fin de llegar a Jesús, para ser salvos. Hermano, yo recuerdo cuando yo vine a Él, yo me puse fuera de sí. A mí no me importó quién estaba alrededor. Yo lloré. Yo grité. Yo alabé al Señor. No me importaba quién dijese algo. Yo estaba fuera de mí mismo. Que Dios nos ayude a poner a un lado estos credos secos y denominaciones, de manera que podamos llegar a Jesús y ser salvos.
109 Ella estaba fuera de sí. Las lágrimas bajaban por sus mejillas. De repente, ella estaba tan fuera de sí misma. Ella estaba parada junto a la Fuente del amor. Y ella estaba tan fuera de sí, a tal grado, que ella se dio cuenta que le estaba lavando Sus pies con las lágrimas que bajaban por su rostro.
Oh, qué agua más hermosa. Qué agua más hermosa: lágrimas de la pecadora penitente, lavando los pies sucios de Jesús. Lágrimas de una pecadora penitente, lavando los pies sucios de Jesús. Ella estaba fuera de sí. Ella estaba frotando Sus pies. Ella sencillamente no sabía qué hacer. Su corazón estaba tan contento de que ella tuvo la oportunidad de pararse en Su Presencia. Ella estaba lavando Sus pies con sus lágrimas, y frotándolos.
Y de repente, ella se emocionó tanto, y estaba tan fuera de sí, que su cabello se le soltó. Ella tenía todos sus rizos arreglados, Uds. saben, arriba de su cabeza, y su cabello se soltó. Y ella comenzó a enjugar Sus pies con sus cabellos. Oh, qué toalla para secar.
110 Escuchen. Si alguna de las mujeres estos días intentara lavar Sus pies, y enjugarlos con su cabello, ellas tendrían que pararse de cabeza para hacerlo. Ellas se cortan el cabello. Correcto. Recuerden… Esperen un momento; no dije eso como un chiste. Este no es tiempo para bromear. Permítanme decirles algo. Esa es la Biblia. La Biblia dice que el cabello de una mujer es su gloria. Correcto. Y miren. ¿Qué sucedió?
La única cosa decente que ella tenía en ella era su cabello largo. Y éste le cayó a los pies… a los pies de Él. Ella colocó su gloria a Sus pies. Ella estaba enjugando Sus pies con su gloria. Aleluya. Dios, ayúdanos a hacer la misma cosa. Enjugando Sus pies, bañándolos con las lágrimas de agua de la fuente de un corazón penitente, de su corazón, derramando lágrimas: “Oh Dios, yo soy tan desventurada. Soy tan miserable, Señor. Oh Dios”. Y su gloria colocada allí a Sus pies. Ella estaba enjugando los pies con su gloria. Qué cuadro. Qué cuadro de la salvación: lágrimas de sus ojos, lavando Sus pies. La gloria, la única cosa decente que ella tenía, ella los estaba enjugando con ella. Oh, hermanos.
111 Ella se levanta; no podía levantarse. Ella estaba medio levantada, las lágrimas bajaban por sus mejillas. Era como fuentes corriendo de su rostro. Y ella está lavando Sus pies. Y agarra este frasco de alabastro; le quita la tapa. Y ella lo derrama todo, no simplemente rocía Sus pies; ella lo derrama todo encima. Todo el sustento de ella, toda su gloria, todo su dinero, todo su todo, y todo su corazón incluso, derramando con lágrimas, ella lo coloca a los pies de Jesús.
Oh, Ud. pobre miembro de iglesia, hipócrita miserable, parado allí, tan almidonado e indiferente. ¿No ve Ud. lo que esta prostituta estaba haciendo? Ella estaba poniendo todo a los pies de Jesús. Ella quería que Él fuera bienvenido.
112 ¿Qué le ha sucedido a la fiesta? ¿A quién le importa lo que le haya sucedido a la fiesta? Yo no estoy interesado en la fiesta. Estoy interesado en que un pecador venga a Cristo. No importa cómo ella llegue allí, con tal de que llegue. La fiesta… Ese es el problema hoy: Están tan ocupados con las fiestas y cosas, ventas de comida, entretenimientos, y juegos de beisbol y bunco en la iglesia, y todo, al grado que Uds. dejan a Jesús salir. ¡Oh, qué lástima!
Aquí está. La fiesta está toda rota. Mírenlos a todos ellos parados alrededor, mirando boquiabiertos. Ahora, miren. El fariseo codeó al otro y dijo: “¿Ves?, si Él fuera un profeta, Él sabría qué clase de mujer era esa parada junto a Él. ¿Ves? Yo te dije que Él no era profeta. ¿Ves? Yo sé lo que es”.
113 Esa pobre mujer, ella ni siquiera pudo oír eso. Ella está tan feliz. Ella pensó: “¿Qué si Él moviera Su pie?” ¿Movería Él Su pie? Si Él hubiera movido un solo pie, ella se hubiese ido. Pero no, Él nunca lo hizo. Él lo estaba disfrutando. Él estaba disfrutando el servicio que le estaba haciendo. Él estaba disfrutando que alguien lo amara a Él tanto así. Él simplemente se quedó muy quieto. Y ella tomaba un pie y luego el otro. Y ella [El hermano Branham hace el sonido de un beso] besando Sus pies. ¡Oh, hermanos! Ella estaba fuera de sí. Oh, Dios, ojalá nosotros pudiéramos estar así, simplemente sentarnos a Sus pies.
114 Entonces, de repente, el fariseo dijo: “¿Ves?, te dije que Él no era profeta. Él hubiera sabido”. Dijo: “Mira, esa mujer incluso arruinará Su reputación”. Oh. Cuán ciego. Oh, vaya. Oh, el orgullo es una cosa tan mala. Escuchen. Él pensó que esa mujer arruinaría Su reputación.
Pues, hermano, la reputación de Jesús fue hecha en la presencia de pecadores. Allí es donde es hecha Su reputación, no entre los almidonados y tiesos, sino entre pecadores que están dispuestos a arrepentirse. Allí es donde fue hecha la reputación de Jesús, cuando pecadores vienen a Él.
115 Y allí estaba ella, ella ya ha lavado Sus pies. Y ella está simplemente besando Sus preciosos pies, diciendo: “Oh, Dios. El pensar que donde yo estoy besando en estos momentos, al poco rato, un enorme clavo va a ser clavado allí para el derramamiento de sangre por mis pecados”, y besando Sus pies y comportándose así.
Y Simón se paró allí atrás: “Aja—umm”. Oh, puedo ver su rostro sonrojarse, y luego ponerse pálido de la rabia. ¡Ooh, vaya!
Jesús se volteó hacia él y dijo: “Simón, tengo algo que decirte. Tengo algo que decirte. Yo vine a tu casa según tu mandato. Tú me invitaste a venir. Y tú nunca me diste agua para lavar Mis pies”. Dijo: “Yo he venido a tu cámara, y tú nunca me diste aceite con qué ungirme”. Y dijo: “Tú ni siquiera me besaste. Tú no me hiciste bienvenido”. Oh, Dios. Tabernáculo Branham, despierta.
116 “Tú no lavaste Mis pies. Tú me dijiste que viniera, y no lavaste Mis pies. Tú, me dejaste sentado aquí, avergonzado. Yo quise hacer algo de valor, pero tú no me lo permitiste. Tú no lavaste Mis pies. Tú nunca me diste aceite con qué ungir Mi rostro. Están ardiendo; Mis mejillas están ardiendo. Yo he viajado dos días bajo el sol caliente. Tú nunca me diste aceite para ungir, para refrescar Mi pobre rostro reseco. Mis pies están sucios y hediendo, y tú nunca me trajiste agua para lavarme. Y tú ni siquiera me besaste, para hacerme bienvenido. Pero”, Él dijo: “Esta pobre mujer desde que entró a este recinto, ella no ha cesado de besar Mis pies”. Aleluya. Oh, yo quiero hacerte eso a Ti.
Dijo: “Y a ti te digo”, a la mujer, “tus pecados, que son muchos, te son todos perdonados”.
117 ¿De qué le va a servir a Ud. su iglesia almidonada? Ese viejo papel donde Ud. tiene escrito su nombre, ¿de qué le va a servir a Ud.? Ud. tiene que hacer bienvenido a Jesús. Pudiera sacar un poco de ese almidón de Ud.
Él dijo que los pecados de ella, que eran muchos, le eran todos perdonados. Yo simplemente no puedo predicar más. Pienso… Oh Dios. “Tus pecados, que son muchos, son todos perdonados. Ve en paz ahora”. Ella parada allí, sus mejillas manchadas. Sus ojos borrosos. El aceite por toda su boca y su rostro, de besar Sus pies cuando ella lo ungió a Él. Las lágrimas bajando por sus mejillas. Su cabello colgándole, ensuciándose de estiércol y polvo, del camino, colgando en su cabello, donde ella había enjugado Sus pies. Y oír esa Palabra: “Tú te has avergonzado a ti misma. Mira aquí. Ahora tus pecados te son todos perdonados”. ¡Oh, oh, oh! “Tus pecados te son todos perdonados”. Oh, Dios.
118 Yo quiero pararme aquí. Yo quiero hacer eso, también, algún día glorioso cuando todo haya terminado y haya predicado mi último sermón. Yo me estoy poniendo viejo ahora, me doy cuenta. Yo le dije a los muchachos esta mañana, dije: “Yo ya tengo cuarenta y seis años de edad. Oh, yo tengo que hacer algo para Dios”. Yo no puedo estar aquí mucho más tiempo; la naturaleza muestra eso. Si yo permaneciera otros veintiocho… veintiocho años, mire a dónde yo estaría. La vida se está desvaneciendo; se está yendo. Yo lo sé.
Pero un día, cuando todo haya terminado, yo no quiero ninguna mansión. Yo no quiero nada grande allá en el cielo. Yo quiero arrastrarme hasta esos mismos pies, [El hermano Branham llora] mirarlos, y acariciarlos un poco con mi mano, besarlo a Él en el pie, y decir: “Oh, Jesús, oh”. Decir: “Tú me amaste a mí cuando mi senda era tan oscura. Cuando yo estaba tan necesitado, Señor, y tan indiferente, Tú me amaste a mí entonces. Tú eres El que me sacó adelante, Jesús. Oh, yo te amo. Yo te amo. Oh, Jesús. Oh, Jesús. Esos pies fueron horadados por mí, Jesús. Yo te amo. Yo te amo”. [El hermano Branham llora.]
119 Yo anhelo tocarlo a Él así, y decir: “Ahora, Maestro, Tú conoces todo al respecto. Yo siento como que ahora pudiera partir. Eso me pagaría a mí por cada afán del camino. Los afanes de la vida puede que sean muchos, puede que haga frío; cuán pequeño parecerá en aquella mañana cuando caminemos por las calles de oro. Hay tantas colinas que escalar. A veces me siento cansado. Pero un día cuando yo llegue allá y cruce mi último fuerte, si yo tan sólo puedo verle a Él entonces, acariciar Sus píes, y hacerlo a Él bienvenido… Yo puedo decir: ”Señor Jesús, oh, yo estoy tan contento que Tú me amaste, cuando yo era tan pecador. Estoy tan contento que Tú me has guardado cuando yo no podía hacer más nada, Señor; Tú simplemente me ayudaste. Cuando yo estaba enfermo, Tú me sanaste, Señor. Cuando yo era un pecador, Tú me perdonaste. Oh, Jesús bendito, permíteme acariciar Tus preciosos pies nuevamente“.
¡Oh, hermanos!
120 Sencillamente no puedo predicar más. Inclinemos nuestros rostros sólo un momento, mientras la pianista viene, si ella es tan amable.
Amado Jesús, oh, Jesús con pies sucios. Este mundo frío es indiferente, te está haciendo a Ti tan poco bienvenido. Jesús, ¿qué puedo yo hacer? Amado Dios, ¿qué puedo yo hacer? Yo quiero encontrarte algún día, Señor. Yo quiero acariciar Tus preciosos pies, y decir: “Señor, Tú me amaste. Tú fuiste horadado por mí. Tú fuiste herido por mis transgresiones, y por Tus llagas yo fui sanado. Yo te amo tanto, Señor, porque Tú me amaste a mí”. ¿No permitirás Tú, Señor, que todos nosotros hagamos eso? Concédelo, Padre.
121 Mientras tenemos nuestros rostros inclinados. Yo me pregunto si Uds. pensarán ahora. Levante su mano, sólo un minuto, quien sea, y diga: “Hermano Branham, yo he sido un pecador. Yo quiero aceptar a Jesús ahora. Yo lo he invitado a Él a mi casa, hermano Branham. Yo en cierto modo me he avergonzado de Él delante de mi familia”. Dios le bendiga, madre. “Yo lo he invitado a Él a mi casa; yo no lo he agasajado a Él. Yo he estado un poquito avergonzado de ello. Yo veía que mis vecinos entraban cuando era tiempo para yo ir a orar, y yo lo dejaba así, no decía nada. Yo estoy avergonzado, hermano Branham, de haber hecho eso. Jesús, yo estoy avergonzado. Yo voy a levantar mi mano a Ti, Jesús, y te pido que me perdones. Yo no te he agasajado como debiera”. Dios le bendiga, jovencito. Alguien más levante su mano y diga: “Dios, sé misericordioso conmigo”. Dios le bendiga, amigo. Dios le bendiga, dama.
122 Jesús está aquí. Él está aquí tanto como alguna vez lo ha estado. Él está aquí igual que cuando Él estuvo en el banquete del fariseo. Nosotros lo invitamos a Él a venir en esta mañana. Aquí está Él. ¿No está Ud. un poco avergonzado de Ud. mismo? ¿No quiere Ud. que esas lágrimas bajen por sus mejillas, para decirle esto a Él: “Señor, yo estoy avergonzado. Yo no quiero ser indiferente. Yo… quiero amarte. Yo quiero hacer todo?” Alce su mano a Él y diga: “Por medio de esto, Señor…” Dios le bendiga, hermano. Dios le bendiga, hermano. Dios le bendiga a Ud.; a Ud.; a Ud.; a Ud., hermana. Miren los pies con cicatrices de clavos. Dios le bendiga, hermano. Alguien más, Ud. sólo levante su mano. Dios le bendiga, hermana. Dios le bendiga, hermano. Dios le bendiga, hermana… [Cinta en blanco]…
abierta para mí,
Permíteme esconderme en Ti;
Permite que el agua y la…
123 Dios te bendiga, Doe. Vengan ahora. Vengan ahora. ¿No se arrodillarán Uds. con Él aquí? Alguien aquí que sea un pecador, que desee venir y arrodillarse.
doble cura,
Me salva de la ira y me hace puro.
Mientras yo inhalo este aliento fugaz,
Cuando mis ojos se cierren al morir,
Cuando yo me levante en mundos desconocidos,
Y te contemple en Tu trono,
Roca de las Edades, abierta para mí,
Permíteme esconderme en Ti.
Su actitud ahora pudiera cambiar todo el cuadro. ¿Quiere pasar al altar y arrodillarse? Ud. que se siente culpable, ¿quiere venir y arrodillarse alrededor del altar? Algún día Ud. tendrá que encontrarse con Él, la Roca de las Edades. ¿Qué está Ud. haciendo por Él ahora? Esta es su oportunidad.
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