OBRAS DEL MENSAJE


El Cristo No Bienvenido
Chicago, Illinois, E.U.A.
55-1002
1 Preguntémosle primero a Él, mientras inclinamos nuestros rostros. Ahora, Padre Celestial, esta es Tu Palabra. Se dice en el Libro: “En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios”. Así que, si la Palabra era Dios, sigue siendo Dios. Entonces, estamos agradecidos de tener la Palabra ante nosotros esta noche.
Ahora, nos damos cuenta de que este Libro ha sido escrito de tal manera que Tú lo has escondido de todos los eruditos, sabios y entendidos. Y Tú dijiste que se lo revelarías a los niños dispuestos para aprender. Ahora, nosotros estamos dispuestos a aprender esta noche; es por eso que estamos aquí. Y estamos aquí esperando que el gran Maestro venga y nos enseñe esta noche, las cosas que debemos saber, el Espíritu Santo de Dios.
2 Y santifica nuestros corazones esta noche, Padre. Quita todas las dudas y temores. Y que el gran Espíritu Santo baje directamente y hable a nuestros corazones, a cada uno de nosotros. Y salva a todos los pecadores, Señor, que son poco amables Contigo. Oramos para que Tú simplemente lidies con sus corazones esta noche. Los descarriados, tráelos de regreso a casa, Padre. Y oramos que sanes a los enfermos. Recibe gloria del servicio. Porque lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén.
En Lucas, el capítulo 7 y el versículo 36, solo leeré un versículo. Y cuando se vayan a casa esta noche, tal vez, lean el resto de este capítulo. Es muy sobresaliente. Y voy a leer esto solo para comenzar, el versículo 36.
Y uno de los Fariseos [me gusta esto para empezar] rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del Fariseo, se sentó a la mesa.
3 Ahora, que el Señor añada Sus bendiciones a la lectura de esa Palabra: una historia que sucedió hace mucho tiempo atrás.
Ahora, el…. Yo amo al Señor Jesús con todo mi corazón y sé que Uds. también lo aman. Así que, ahora mientras estamos hablando, abramos nuestros corazones y permitamos que el Espíritu Santo entre y nos hable.
Ahora, algo anda mal aquí. Al principiar con nuestro texto esta noche, hay algo que simplemente no está bien. ¿Qué querría este fariseo con Jesús?
Ustedes saben, generalmente los hombres les piden a ustedes que coman con ellos cuando los aman, y quieren sentarse y tener algo de compañerismo con Uds. Y, por lo general, así es como el Hermano Joseph y yo tenemos mucho compañerismo. Salimos aquí a uno de estos lugares y conseguimos hamburguesas y algunas papas fritas, y tenemos mucho compañerismo con esas hamburguesas. Nos amamos el uno al otro.
4 Pero, ¿qué podría querer este Fariseo con Jesús? Él odiaba a Jesús ¿Y por qué le estaba pidiendo a Jesús que comiera con él cuando a los Fariseos no les agradaba Jesús? Ellos no creían en Él, y lo odiaban. ¿Y por qué el Fariseo le pediría a Jesús que comiera con él?
Simplemente algo anda mal en alguna parte. Ellos simplemente no cooperan entre sí, cuando los Fariseos lo odiaban a Él tanto; y aquí, uno de los principales Fariseos, le está pidiendo que viniera a cenar con él —que viniera a uno de sus grandes banquetes que él iba a tener, y que comiera con él.
Hay demasiada diferencia allí. De esa manera es. Simplemente no… Las personas que suelen pasar el tiempo juntos, pues, tienen compañerismo entre ellos, cuando tienen cosas en común. Ahora, si Uds. tienen cosas en común, como niños pequeños, ellos juegan entre ellos. Ellos tienen cosas en común.
5 La Biblia habla de eso. Isaías dijo: “Los niños pequeños jugando en la calle”.
Ahora, cuando Uds. ven niños pequeños, todos… Quizás uno puede hablar alemán, el otro puede hablar sueco y el otro inglés, pero ellos tienen muchas cosas en común, porque son niños. Ellos giran sus trompos y juegan con sus muñecas y cosas. Ellos tienen cosas en común.
Cuando Uds. ven a un pequeño… como una niña pequeña pasando el rato con la abuela, algo anda mal allí. Ahora, cuando Uds. ven a una niñita pasando el tiempo con la abuela (hay demasiada diferencia en sus edades), ahora, algo anda mal. Ya sea que ella es la mimada de la abuela, o tal vez la abuela podría tener una bolsa de dulces en el bolsillo, ¿ven? Así que, puede haber alguna razón allí. Hay un motivo por el que esa niña pasa el tiempo con la abuela, porque hay demasiada diferencia en sus edades.
6 Ahora, los jóvenes tienen cosas, y se asocian y tienen cosas en común. Y los de mediana edad tienen cosas en común. Y los ancianos tienen cosas en común. Y al igual que los clubes, los Kiwanis, tienen cosas en común. Les gusta reunirse y comer juntos— el club Kiwanis— porque hablan sobre los asuntos de la ciudad y cuidan de los pobres, entre otras cosas. Ellos tienen cosas en común.
Como solía decir mi madre, el viejo proverbio: “Aves de un mismo plumaje, se juntan”. Hay mucho que encierra eso. ¿Sabían eso?
Es por eso que todos Uds. están aquí esta noche. Es por eso que nos hemos reunido esta noche. Tenemos cosas en común. Es por eso que Uds. no están afuera en las tabernas ni en los cines esta noche. Uds. vienen aquí a la iglesia de Dios esta noche. Tenemos cosas en común. Nos gusta hablar sobre cosas y tener compañerismo unos con otros. Todos nosotros creemos en las mismas cosas. Tenemos el mismo propósito. Es por eso que todos estos ministros están sentados aquí y demás. Tenemos… Y es por eso que ese Espíritu se está moviendo entre nosotros de la manera que lo hace. Tenemos cosas en común.
7 Jesús… Uds. saben, cuando cayó el Espíritu Santo, estaban unánimes juntos en un solo lugar: y tenían en común todas las cosas. Ellos estaban esperando que el Espíritu Santo viniera. Ellos tenían cosas en común. Todos esperaban la promesa del Padre. Y es por eso que estamos aquí esta noche. Tenemos cosas en común, porque Jesús dijo: “En donde estén dos o tres congregados en Mi Nombre, Yo estaré en medio de ellos. Y todo lo que pidieren, Yo se los daré”.
Ahora bien, nosotros tenemos cosas en común. Nosotros creemos en el Evangelio completo. Creemos en el Espíritu Santo. Creemos en la Segunda Venida de Jesús. Creemos en la sanidad Divina. Y es por eso que estamos todos reunidos; tenemos cosas en común.
“Aves de un mismo plumaje, nos juntamos”.
Estoy tan contento de tener la misma clase de plumas que ustedes, y así podemos tener este compañerismo.
8 Ahora, eso es cierto, el viejo proverbio: “Aves de un mismo plumaje….”. Si se han fijado, tomen por ejemplo, los cuervos y palomas. Ellos no tienen ningún compañerismo entre ellos. Pero, ¿porque? Su dieta es diferente. Ellos no pudieran invitarse a cenar uno al otro, porque el cuervo es un carroñero. Se come un viejo cuerpo muerto en alguna parte, y la paloma no tiene hiel. Entonces, si se comiera esa cosa, la mataría: muy buen cuadro del pecador y el Cristiano. Quiero decir, cuando él es un verdadero Cristiano, ¿ven?
Ahora, la paloma se sentará en un campo de trigo y comerá todo el día con su especie y arrullará. Y el viejo cuervo se sentará allí sobre un viejo cuerpo muerto, y graznará, y comerá todo el día. Miren, ellos no tienen ningún compañerismo en lo absoluto. Pero ahora lo extraño es que si la paloma comiera de ese cuerpo muerto, eso mataría a la paloma. Pero el cuervo puede comer allí y también comer el trigo, también. Eso lo convierte en un hipócrita, ¿ven? Así que Uds. tienen que vigilar eso, ¿ven? Nosotros tenemos que vigilar eso, ¿ven?
9 La paloma, el verdadero y genuino Cristiano, no puede ir y consentir con el mundo, pero el hipócrita puede ser un hipócrita de lo más bajo, y ser un pecador ahora, y salir y actuar como un Cristiano. Eso es malo. Eso es muy malo. Pero el verdadero Cristiano no puede venir aquí y participar de esto; él no tiene hiel. Él no puede digerir la cosa. Amén.
Espero que sepan a qué me refiero. Y no estoy tratando de herir sus sentimientos, pecador, pero eso es correcto. Eso es lo que es, ¿ven? Él no podría ir a un bar y beber, y salir y apostar y cosas como esas. Él simplemente no tiene hiel para digerirlo. Eso es todo. Algo más ha sucedido; él ha sido cambiado. Él ha tenido una operación. Amén.
Dios lo tendió sobre la mesa de operaciones y le quitó la hiel cuando le dio el Espíritu Santo, y él simplemente ya no puede tomar esas cosas. Correcto. Entonces, él no puede tener compañerismo.
10 Pero algo anda mal con el cuadro cuando este Fariseo, ahora (en mi opinión, el cuervo)…. Pero él está tratando de llevar a Jesús allí para tener… como si quisiera tener compañerismo con Él. Pero algo anda mal. Simplemente no funcionará.
Lo primero… ¿Saben lo que significa Fariseo? La palabra Fariseo significa “actor”. La palabra griega para Fariseo significa “un actor”. Alguien que actúa, que simula. Uds. saben que los Estados Unidos está tan lleno de eso de todos modos: actores.
Yo predico en Los Ángeles; mi próxima reunión es en Los Ángeles. Y me fijé que ahí… Tome a las personas, las personas de las películas de allí, y demás, pasan tanto tiempo frente a la cámara al punto que están actuando como alguien más, personificando a alguien más. Y hacen tanto de eso frente a la cámara, hasta que cuando salen a la calle, siguen siendo actores.
Uds. saben, eso no es solo en Hollywood; eso es en Chicago, también. Uds. simplemente ven las televisiones y las películas, y cosas así, luego intentan actuar de esa manera. Ud. Fariseo, deje de hacer eso. No está bien. Uds. no deberían hacer eso. A mí no me gusta esa cosa. A mí me gusta ser original, ¿A Uds. no? Solo sean Uds. mismos.
11 Y Uds. saben, muchas veces eso sucede entre los predicadores. Es cierto. Actores. Llegan a un púlpito y luego hacen una voz de púlpito [el Hermano Branham lo imita]: “Bueno, Uds. saben, hermanos”.
“¡Oh, tú, Fariseo! Deje de actuar de esa manera. Sé tú mismo. A la gente le caerás mejor si solo eres tú mismo”.
Ah, pero ellos tienen una voz de púlpito y luego una voz de calle. A mí me gusta que sean en el púlpito como son en la calle. Sean la misma persona; no sea un Fariseo.
Uds. saben, y también en algunas de nuestras hermanas viene eso sobre ellas. Actores. En casa dicen: “¡Juan!”. Y Juan salta como si le hubieran disparado. “¡Ven aquí! ¡Tú sabes mejor que eso! ¿Por qué hiciste eso?”. Suena el teléfono. Levantan el receptor [El Hermano Branham habla dulcemente]: “Oh, hola”.
Fariseo. Deje de hacer eso. Sea original. Sea Ud. mismo. Oh, a mí no me gusta que finjan. Me gusta ser genuino. Me gusta ver personas que son genuinas.
12 Yo estaba disfrutando esos hermosos cantos del Espíritu Santo hace un momento. Se puede ver al cantar demasiada actuación. Correcto. He visto cantantes… Fui a un lugar una vez, y vi una voz sobreentrenada, sobreentrenada, sostienen una nota hasta que se ponen azules de la cara y aguantan como si su vida dependiera de ello, y vuelven a bajar, haciendo una cosa y ni siquiera saben lo que están cantando. Eso no es bueno. Ellos no están cantando para la gloria de Dios.
Para mí, yo amo el cantar Pentecostal chapado a la antigua. Manos arriba en el aire y cantando para la gloria de Dios. Uno se olvida del órgano, del piano y todo lo demás, y solo cantar para la gloria de Dios. Amén.
Suéltense y sean Uds. mismos. Sí. Yo amo lo original. La gloria de Dios. No hay nada más cerca del cielo que escuchar ese hermoso cantar verdadero. ¿No lo creen así?
13 Estaba sentado detrás de esa cortina hace un rato, limpiándome las lágrimas cuando escuché a esos hermanos cantar. Eché un vistazo por las cortinas y vi la gloria de Dios en sus rostros. ¡Oh vaya! Si hay algo de vida en Uds., eso seguro los llevará a la cima. Correcto.
Pero cuando llegan a esto donde tienen que ir tan lejos, de aguantar, y ponerse azul en la cara, entonces Uds. solo están tratando de conseguir que alguien los escuche, ¿ven? Me gusta cuando cantan de verdad. Me gusta que sean Uds. mismos. No un actor, Fariseo. Eso es malo.
14 El sol estaba casi ocultándose, y yo lo veo allí parado. Este mensajero había corrido todo el día, tenía los pies sucios y la cara llena de sudor. Su amo le había dicho: “Ahora, debes encontrarlo a Él”. Y él cruzó Palestina, tratando de encontrarlo. El sol casi se había ocultado. Miles estaban sentados escuchando a Uno hablar, nunca había hablado hombre como Él. La gente estaba de puntillas mirando por encima. Solo podían ver… Y puedo ver al mensajero que había venido de la casa de este Fariseo rico, mirando para ver si él, de puntillas, para ver si podía ver algo.
Y después de un tiempo Él terminó de hablar, luego comenzó a ministrar a los enfermos. Oh, me hubiera encantado haber estado allí, ¿a Uds. no?
15 Puedo ver a este mensajero abriéndose paso entre la multitud, hasta que llega y se topa con alguien que está parado allí, que no lo deja avanzar más. Podría haber sido Felipe o Natanael, o uno de ellos. No sé quién sería. Alguien estaba allí parado, con quien chocó.
Dijo: “Me gustaría hablar con su Maestro, señor”.
Y al estar ocupado alejando a la gente de Jesús, de modo que Él pudiera orar, de uno en uno. Me lo puedo imaginar haciéndole para atrás, diciéndole: “Hágase a un lado. Deje al Maestro en paz. Él está ocupado”.
Y luego él lo vuelve a empujar. Él dice: “Pero tengo un mensaje de mi amo, un hombre muy importante en nuestro país. Yo debo ver a tu Maestro”.
16 Y puedo ver entonces, a Felipe, probablemente, llevándolo hasta donde estaba Jesús. Y cortésmente se inclinó ante Él, y le dio el mensaje.
“Mi maestro, Fariseo, Simón el Fariseo, quien es un gran hombre, él es importante en la iglesia. Y Ud. se sentirá honrado, Señor. Y él ha mandado a decirle que venga en una cierta y cierta fecha a su banquete. Y él va a hacer un gran banquete, y es un hombre rico. Y, oh, él puede organizar una verdadera fiesta. Y Ud. está invitado a venir”.
¿Podrían imaginar lo que Pedro le diría? Casi lo mismo que yo hubiera dicho, o Uds.: “Oh, Jesús, ese Fariseo, solo está haciendo de Ti una carta ganadora. Pues, él no te necesita. Él tiene toda la riqueza de este mundo que necesita, y él no tiene ninguna necesidad de Ti. Él solo irá allá para hacer un espectáculo… hacer de Ti un espectáculo. Eso es todo. No vayas. Mira a los miles aquí que te están llamando. Tu tiempo es necesario aquí. No vayas con ese Fariseo”.
Tal vez Andrés salió al paso y dijo: “Jesús, no hagas eso, Maestro. No vayas para allá”.
Pero a pesar de toda la persuasión que ellos pudieran hacer, Jesús cortésmente… Puedo ver que Él inclina Su rostro y dice: “Allí estaré”.
17 Nunca se invita a Jesús sin que Él venga. Solo recuerden eso. Si Uds. lo quieren en su casa, invítenlo. Él vendrá. No importa quién sea Ud., o qué tan rico o qué tan pobre, qué tan mal o qué tan bien esté, Él vendrá si Ud. lo invita. Él nunca rechaza una invitación. Jesús nunca lo hizo y nunca lo hará.
Entonces, puede ver… Él asintió y el mensajero suspiró un poco. Oh, peinó hacia atrás el cabello de su cara sucia; y se va de regreso cruzando Palestina, para llevar de vuelta su mensaje para allá.
¿Cómo lo pudo hacer él? ¿Qué le pasaba a ese mensajero, a ese corredor, un lacayo de la casa de su amo? ¿Cómo pudo haberlo hecho? Yo hubiera dicho algo diferente a eso, ¿Uds. no? Si yo alguna vez hubiera estado en la Presencia de Jesús, hubiera caído a Sus pies primero y lo habría adorado.
18 Pero ese es el problema con muchos de nosotros los mensajeros de hoy. Tenemos que hablar de nuestra denominación, hablar de todo a lo que pertenecemos y olvidamos de estar en la Presencia de Jesús. Tenemos demasiadas cosas en qué pensar: otras cosas que nos interesan, al parecer, más que Jesús.
Cómo la dignidad y cómo podemos comportarnos y cómo podemos hacer que nuestra voz suene. Y cómo podemos aplicar este programa y ese programa. Olvídenlo. Lo que necesitamos es llegar a la Presencia de Jesús y adorarlo.
A veces tenemos un avivamiento, y la cooperación de las damas, tienen que organizar el suyo, y este tiene que hacer esto, y este tiene que hacer aquello. Y de repente, no hay lugar para Jesús. Estamos tan ocupados con todas nuestras sociedades y cosas, al punto que olvidamos de qué se trata el avivamiento. No hagamos eso en Chicago esta semana. Invitémoslo a Él y luego adorémosle cuando Él venga.
Cuando entremos en Su Presencia, olvídense de quiénes son ustedes. ¿Qué son Uds. de todos modos? Seis pies de tierra. Correcto. Valen ochenta y cuatro centavos, si pesan ciento cincuenta libras [68 Kg]. No es mucho para Uds. de todos modos.
19 Entonces, aquí estaba él en la Presencia de Jesús —cumpliendo las órdenes de su amo. El Hombre con el que estaba hablando sería su Juez algún día, y él falló en reconocerlo.
Y en estas reuniones, donde el Espíritu Santo desciende y le habla a la gente, muestra señales y maravillas, y sana a los ciegos, sordos, mudos, paralíticos, y así sucesivamente. La gente se aparta a veces: “Bueno, retuvieron a esa iglesia demasiado tarde esta noche”.
Fariseo, ¿qué te pasa? Estás en la Presencia de Cristo
20 Si alguna vez pueden estar seguros de que ven Sus obras moviéndose, deben caer sobre su rostro y decir: “Dios, ten misericordia de mí”.
Pero tenemos tiempo para otras cosas. “Oh, ojalá se apresure y termine de predicar. Veinte minutos son suficientes para que cualquier predicador predique”.
Pues, Uds. están muriendo de hambre. Están tan delgados que parecen una sombra. Uds. necesitan un buen sermón de cuatro horas en algún momento. Engordarlos con las vitaminas del Evangelio. Eso es lo que la iglesia necesita hoy.
Solo dejen su… pongan a su pastor… Un individuo dijo el otro día (Este no es lugar para bromas; yo no creo en eso), pero él dijo que había predicado un sermón durante diez años. Veinte minutos era todo lo que la gente le permitía predicar, y él tenía que cronometrarse a sí mismo a veinte minutos. Y un domingo, él predicó alrededor de una hora.
21 Los diáconos lo llamaron y le dijeron: “Pastor, ¿para qué hizo eso?”.
Dijo: “Bueno, mi máquina del tiempo no funcionó bien”.
Dijeron: “¿Qué sucedió?”
Dijo: “Bueno, cuando empiezo a predicar, me pongo un dulce salvavidas en mi boca, y siempre me toma 20 minutos acabármelo”. Y dijo: “Me equivoqué esta mañana y me puse un botón en la boca. Nunca me lo saqué”.
¡Oh vaya! Lo que necesitamos hoy son algunos viejos sermones de botones. Amén. No tengan prisa.
22 Ese tipo, tan pronto como pudo dar su mensaje y decir para lo que estaba allí, su motivo fue solo complacer a su amo, y se fue.
Lo que necesitamos hoy es: “Esperar. Permanecer allí”.
Aquí va él. Tenía que ir hasta Palestina. Oh, puedo ver a ese gran fariseo cuando él regresa y les dice que Jesús dijo que vendría. Puedo verlo caminando sobre sus grandes alfombras Persas en sus pisos, frotando sus manos pequeñas, gordas y rechonchas y: “Jo, Jo, Jo, ¿por qué no pensé en eso antes?”.
23 Dijo: “¡Vaya! Voy a tener un gran banquete. Todo el mundo sabe que soy Simón el Fariseo. Oh, soy tan religioso”. ¡Já! Todavía los tenemos. “Oh, ya saben, soy el doctor de la iglesia. Todos en esta ciudad me miran y saben que soy un hombre religioso, porque soy el pastor Simón el Fariseo”.
24 Ese gran Fariseo gordo y rechoncho caminando de un lado a otro por el piso tratando de hacer que mi Señor Jesús llegue allí. “Pues, Él no es un profeta. Pues, ciertamente que no lo es. Todos nosotros los Fariseos sabemos que no hay nada en Él. Es telepatía mental. Si alguna vez logro que venga aquí y lo traemos, ¿qué dirá el Fariseo Jones sobre eso? Jo, Jo. ¿No será una broma? Oh, jo. Cuando el Fariseo Jones se entere que tengo al supuesto Profeta aquí para mi reunión. ¿No se sorprenderá cuando vea aquí que este Jesús de Nazaret ha venido a mi reunión? Ahora, a mi banquete”.
“Les diré lo que haré. No lo tendré aquí adentro. Lo pondré afuera, porque, Uds. saben, realmente puedo preparar una cena, una verdadera cena. La gente de por aquí es pobre y todo”.
Pero ese hombre era rico. Hermano, él recibía beneficio del templo además de su salario, y realmente podía organizar una fiesta. Y así que, él era digno, tenía mucho dinero. Él era un hombre rico.
25 Y él dijo: “Entonces, el público, si puedo llevarlos a todos aquí frente mi casa, a algún lugar de la terraza, lo arreglaré allí afuera, y pondré mis mesas. Y esos grandes racimos de uvas están maduros ahora, y todo y huelen bien. Y lo tendré en la tarde; estará fresco”. Oh, cómo lo tenía todo planeado de cómo iba a arreglarlo, y tener todo justo en el lugar.
26 “Y tomaré mi mesa y la llevaré allí y tendré todos los Doctores Jones y Doctores en filosofía y Tal y tal, y a Tal y tal, y los tendré por todas partes. Y luego toda la gente de la ciudad sabrá que soy un gran hombre. Yo puedo hacer esto y puedo hacer esto. Yo, yo, yo”.
¡Oh, qué bárbaro! Ese es un hábito horrible que la gente tiene, ¿cierto? Yo, yo, yo. Dios no tiene cabida en nada de eso. Oh, todo lo que él podía hacer y cómo debió haber pensado en eso antes, para conseguir esta cita con Jesús.
Ahora, él dijo: “Sacaré mi mesa”. Ahora, en el Oriente, uno casi tiene que estar allí para saber cómo comen y demás.
27 Ahora, Uds. saben, muchos de los niñitos, por ejemplo, este niñito aquí, sentado al frente con la pequeña camisa a cuadros. Él se inclina sobre su mano así. Papá y mamá saben que a él también le gusta comer de esa manera. Sí, a él le gusta apoyarse en su brazo. Ahora, yo también tengo hijos pequeños en casa, y sé que les gusta comer así.
¿Saben qué? Tienen razón. Mamá trata de sentarlos de esta manera, pero esa es la forma en que solían hacerlo hace mucho tiempo. Esa es la forma en que Jesús comía, ¿ven?
Ellos no se sentaban a la mesa como nosotros lo hacemos. Ellos tienen una mesa grande; y luego, cuando lo hacen, como que extienden un sofá, formando ángulos de esta manera; y todos en lugar de sentarse, van y se sientan aquí al final del sofá, y se acuestan y ponen su mano así, y comían de esa manera. Así es como les gusta a Uds., ¿cierto? Sí, señor. Bueno, esa es la manera en que Jesús comía. De esa manera comían en Palestina en aquellos días; aún lo hacen.
28 Ahora, sacaron esta mesa allí, y ¡oh, qué si podían servir! ¡Vaya!, ellos de verdad podían servir. Y ellos… Algunas de esas personas en Palestina, incluso eran lo suficientemente ricas, eran Fariseos, para tener meseras de la India… o meseros, que son los más famosos del mundo. Y tenían en los zapatos, pequeñas campanas en el extremo, que podían… tocaban música mientras caminaban. ¡Y qué si sabían hacerlo! Ponían la bandeja en su mano de esta manera, y tendrían cordero cocinado, muy bien condimentado. Y ¡oh vaya! Ellos lo sacaban. Y los pobres se paraban afuera, oliendo ese olor; y lo servían de tal manera, que simplemente les daría hambre con mirarlo.
29 Así que, ellos sabían cómo organizarlo, y los Fariseos sabían cómo hacerlo. Entonces, este hombre no era la excepción; él sabía cómo hacer una verdadera fiesta. Así que, él tendría todo listo, arreglado, listo para que la gente viniera.
Bueno, finalmente la noche se acercaba, cuando iban a celebrar el banquete. Y de repente, tan pronto como todo estuvo arreglado allí, en la terraza, en el patio, bajo los racimos. Y todo estaba justo en su lugar, justo donde debía estar. Simplemente todo tan espectacular.
30 Un gran carruaje salió y el Doctor Jones (espero que no haya un Doctor Jones aquí esta noche) pero de todos modos, él se bajó del carruaje. Y ¡vaya! Uds. saben, la hospitalidad de Palestina: tan pronto como Uds. se bajan del carruaje o en lo que haya venido, si están invitados, el anfitrión, cuando él los invita… Bueno, entonces Uds. llegan, lo primero… La mayor parte de su viaje es a pie; y el Doctor Jones salió, por supuesto, el Fariseo entró, lo saludó: “Hola, Doctor Jones, estoy tan feliz de verlo. Pues, entre a mi hogar”.
Y ahí venían otros carruajes, y los mozos tomaban sus caballos y los ponían en los establos y los alimentaban, y así sucesivamente y cuidándolos. Y luego, si alguien llegaba a pie, ellos… Todos esos Fariseos tenían muchos lacayos en su casa. Uno para hacer una cosa, y el otro, otra.
Y lo primero cuando Uds. entran en el lugar, el lacayo peor pagado de todo el grupo era un lavador de pies. Lo primero que Uds. hacían al entran a un lugar, se les lavaban los pies.
31 Y pienso de mi Señor… Eso es lo que me prueba a mí que Él era Dios. Cuando Él vino desde la posición más alta en el Cielo, y llegó a ser el lacayo más bajo de la tierra.
¿Quiénes nos creemos que porque tenemos una muda de ropa? El Dios del Cielo bajó y se hizo un lacayo. La persona peor pagada en la categoría del hogar era un lavador de pies, y Jesús, mi Señor, se convirtió en un lavador de pies.
¿Y quiénes son Uds. ahora? ¿Y quién soy yo? ¿De qué nos sentimos tan grandes? Cuando podemos viajar en un gran auto lujoso y todo, y levantar la nariz y pensar que somos alguien. Y el Dios del Cielo se convirtió en un lacayo lavador de pies. ¡Debería darnos vergüenza! ¡Qué pena!
32 Es costumbre, el primer hombre que sale al encuentro del hombre cuando se nos invita, la hospitalidad del Oriente y Palestina en aquellos días, había un…. Cuando el viaje era a pie, ellos no tenían calles pavimentadas como las que tienen aquí, y tenían caminos polvorientos. Y la prenda Palestina baja como un manto, pero la prenda interior se abotona justo debajo de la rodilla.
Y cuando traían los mantos y las sandalias en aquellos días, si podían comprarse las sandalias, o andaban descalzos. Y su viaje era a pie. Y cuando lo hacían… A lo largo de esos pequeños senderos y cosas por las que caminaban, muchas caravanas y animales recorrían el camino, y los excrementos de sus animales, los pájaros picoteaban eso, y lo revolvían por todo el camino y eso… el polvo se secaba. Y se ponía polvoso y el viajero caminaba así. Pues, el polvo… el manto lo recogía y se les pegaba en los pies, y todo ese estiércol de los animales por los caminos, ¡Y apestaba! Los pies de las personas se ensuciaban y sí que necesitaban lavárselos, antes de que pudieran entrar a una casa bonita como la que ellos tenían allí— la casa de este Fariseo.
33 Así que, la costumbre era que traían al lacayo lavador de pies; él salía. Y cuando el hombre venía, él tomaba su pie y lo ponía debajo de su brazo, de esta manera, le quitaba las sandalias, le lavaba los pies, tomaba una toalla y los secaba, colocaba sus sandalias en un lugar y se agachaba y tomaba algo parecido a un par de pantuflas de satín, lo cual era cortesía del anfitrión que lo invitaba. Y él se las probaba en sus pies hasta que conseguía las que le quedaban bien.
Y entonces… Y lo siguiente por lo que pasaba; cuando regresaba, se quitaba las zapatillas, caminaba sobre esas finas alfombras y cosas, y se sentiría refrescado por sus pies.
34 Ahora, la siguiente cosa: el sol Palestino, los rayos directos de allá, producen un verdadero calor y ampollas en la cara. Y tenían aceite con el que se ungían. Y el próximo hombre, cuando venía a un pequeño lugar, pues, ellos lo ungían, sus manos, le daban un poco de aceite, y lo frotaban— lo ponían en su cuello y alrededor de su cara así, y era relajante.
Ahora, el aceite envejecerá en unos días; sabemos eso. Pero ellos tenían una especie de pequeño frijol, que proviene de Arabia, como una rosa cuando está lista, y hay una manzana pequeña allí. Y Uds. pueden tomar esa pequeña manzana y ponerla en su mano y frotarla, y penetra mucho en sus poros con perfume, que aún semanas después pueden aún olerla en sus manos. Y tomaban eso y hacían un perfume y lo ponían en este aceite de la unción que usaban para ungir sus rostros.
35 Eso fue parte de los tesoros que la Reina de Saba le trajo a Salomón, muy caro, con nardo. Entonces, ellos se ungían la cara y así sucesivamente.
Ahora, él tenía sus pies lavados y secos, y las pantuflas puestas. Y todo el hedor del camino se había ido de él. Y ahora, los rayos del sol… Se frotaba la cara muy bien, tomaba una toalla y se limpiaba el aceite.
Ahora, la siguiente cortesía que el anfitrión mostraba: cuando entraba por la puerta, mientras entraba, el anfitrión estaba allí cuando su visita llegaba, y cuando se acercaba a la puerta, se acercaba y lo tomaba por la mano derecha, y lo besaba en un lado de la mejilla, luego lo tomaba de la otra mano y lo besaba en el otro lado de la mejilla.
36 Ahora, cuando lo besaban, era bienvenido. Él era entonces un hermano de pleno derecho. Él se sentía bienvenido. Él podía entrar e ir a la nevera y sacar lo que quisiera. Él estaba en su hogar. Se le daba el beso de bienvenida.
Bueno, entonces, todos estos Fariseos y cosas tomando su lugar. De repente, miramos alrededor, y encontramos sentado en una esquina, a Jesús. ¿Cómo pudo suceder eso? ¿Cuál fue el problema con el lacayo en la puerta? Él estaba sentado allí con los pies sucios, la cabeza sin unción, sin beso. No se le dio la bienvenida a Él. ¿Por qué?
El Fariseo, Simón el Fariseo, estaba demasiado ocupado haciendo bromas con el Doctor Jones y todos ellos. Él no tenía tiempo. Él dejó que Jesús pasara inadvertido, y que entrara. Y el lacayo lo dejó pasar inadvertido. Oh, desearía haber tomado el lugar de ese lacayo. ¡Una oportunidad de lavarle los pies de Jesús, y de ungirlo y de darle la bienvenida! De esa manera es. Él lo invitó y luego no lo hizo bienvenido.
Eso es lo que nosotros hacemos. Lo invitamos a Él y luego no lo hacemos bienvenido.
37 Si el Presidente viniera a esta ciudad, o a cualquier ciudad, Uds. se quedarían en las calles llenas de banderas. Cubrirían las calles con flores. Enviarían la banda a la estación, donde se baja del tren. Uds. harían todo lo posible para darle la bienvenida.
Pero Jesús puede ir a su ciudad, a su casa, y Uds. le dan un lugar en el ático, un pequeño cuarto de oración al lado, o puede ser en el sótano. Si sus invitados están allí, Uds. no tienen nada que ver con Él. Esperarán hasta después, tal vez Él esté en la casa, se escabullen al ático, cierran la puerta y le dicen unas pocas palabras y vuelven a bajar. ¡Avergonzados de Él!
38 Así es como fue Simón. Él estaba avergonzado de Él. “¿Vendrás de todos modos, Jesús?”.
“Sí”.
“¿Tomarás el segundo lugar?”.
“Sí, tomaré el segundo lugar. Tomaré cualquier lugar que me den”.
¿Recuerdan no hace mucho cuando Uds. iban a la iglesia (antes de ser salvos, por supuesto) el domingo de Pascua, y usaban su magnífico vestido? ¿Su hermoso sombrerito de Pascua a un lado de su cabeza? Vinieron y luchaban a través de un sermón de veinte minutos, volvían y lo colgaban y decían: “Eso es suficiente religión por este año”.
Jesús no los reprendió por eso. Él lo aceptó. Uds. se lo dieron a Él, lo que sea que quisieron darle —el poquito tiempo— Él lo tomará. Él nunca los reprende.
39 Y Uds. le piden a Él que venga a su iglesia en algún momento, y Él cae de una manera chapada a la antigua y Uds. se avergüenzan de soltarse y dejar que Él lo haga a Su manera. Uds. lo apagan. Lo invitan a su casa, y luego se avergüenzan de Él ante sus vecinos, dejándolo allí sentado sin ser atendido. Jesús quiere ser adorado. Él quiere que lo atiendan.
¿Cómo Uds. atienden a Jesús? Digan: “Ven, Señor Jesús. Entra a mi corazón. Te amo, Señor”. Atiéndanlo.
40 Si alguien viene a su casa y Uds. no lo atendieran, muchas veces no vendría. Tal vez ese es el problema, esta noche. Tal vez ese es el problema en nuestros hogares, en nuestras iglesias. Tenemos miedo o nos avergonzamos de atender a Jesús. Tienen miedo de que alguien les escuche decir “Amén”. Tienen miedo de levantar las manos y darle alabanza. Están avergonzados porque su vecino está sentado allí o alguien más. ¿Qué me importan sus vecinos? Adoren al Señor. Uds. se lo pidieron. Uds. lo invitaron. Entonces, adórenlo cuando Él venga. ¡Aleluya!
Lo que necesitamos esta noche es un lugar chapado a la antigua para atender a Jesucristo, donde los hombres y las mujeres puedan olvidarse de sí mismos y atender a Jesús.
Pero Él viene de todos modos. Si Uds. solo le dan cinco minutos al día en el armario, abajo en el sótano, Él los tomará. Él tomará lo que sea que le ofrezcan. Él lo tomará. Eso me muestra que Él es Dios para mí. Amén.
41 Ustedes saben, los hombres grandes actúan poco. El pequeño cerebro de maní actúa a lo grande. Cuando ven a un tipo que piensa que es algo, solo recuerden que no hay nada en él. He estado con algunos de los hombres más grandes del mundo y ellos le hacen pensar que uno es el hombre grande, cuando uno se va. Pero algunos de estos tipos que tienen una muda de ropa o algo por el estilo, un pastor o algo así o una iglesia grande, pues quieren que piensen que ellos son algo grande. Esa es la persona que se convierte en nada.
Noten, Jesús había entrado a la casa de este Fariseo. Creo que Él se fue un poco temprano. Él nunca llega tarde. Y Jesús siempre cumple Sus citas. Aleluya.
42 Jesús está aquí esta noche. Jesús cumple sus citas, sin importar cómo… o dónde se encuentren. Él cumplió Su cita con Jonás en el vientre de una ballena. Él cumplió Su cita con Daniel en el foso del león. Cumplió Su cita con los hijos… los hijos Hebreos en el horno de fuego. ¡Alabado sea el Señor! Él cumplió Su cita conmigo en el lecho de la muerte.
Él está aquí, esta noche. “Donde estén dos o tres congregados en Mi Nombre, ahí estaré Yo en medio de ellos”. Jesús siempre cumple Sus citas. Él deja la Gloria tal vez un poco temprano de modo que pueda llegar a tiempo. Él cumple Sus citas.
43 Y aquí está Él sentado en la casa de este Fariseo. Y entró por la puerta, y nadie le prestó ninguna atención a Él. Estaban demasiado ocupados. Y así es como estamos hoy. Estamos demasiado ocupados haciendo prosélitos. Estamos demasiado ocupados en ver si esta persona está correctamente bautizada o no. Estamos demasiado ocupados para ver qué posición tiene y qué podemos hacer con él en la iglesia. Estamos demasiado ocupados con la gente, y las cosas de la iglesia, y permitimos que Cristo pase inadvertido sin atenderlo. Estamos demasiado ocupados para ver que todo se lleve a cabo exactamente de tal y tal manera.
Fallamos en atender a Jesús después de que lo hemos invitado a nuestro lugar. Muchas veces están demasiado ocupados en casa en su vida familiar. Uds. tienen tantas cosas que hacer que no pueden tomarse el tiempo para orar. Simplemente demasiado ocupados. Eso es lo que sucedió allí.
44 Oh, desearía poder haber sido ese lacayo a la puerta. Si hubiera sabido que Él venía, hermano, habría tenido el recipiente de agua y estaría esperando. Pero antes de lavarle los pies, le diría: “Señor, no soy digno de adorarte después de lavarte los pies. Déjame adorarte primero”. Oh, me gustaría haberlo hecho.
Pero allí está Él sentado. No bienvenido. Piénsenlo. No bienvenido. Sentado en la esquina, nadie le presta atención. Y el Fariseo demasiado ocupado con sus amigos doctores. No se daba cuenta de que Jesús estaba sentado en un rincón. Y Él está sentado con Su cabeza inclinada.
Ustedes saben, me imagino que Él nunca se siente bienvenido alrededor de ricos que no quieren atenderlo. Él se siente más como en casa con las personas que están dispuestas a humillarse a sí mismos, que lo atienden a Él. Allí está Él sentado con la cabeza inclinada. Sus discípulos afuera, ellos no fueron invitados, así que no podían entrar. Uds. tenían que ser… verdaderamente tenían que ser invitados para estar en uno de esos banquetes.
45 Pero los discípulos no pudieron entrar, y aquí está Él sentado allí en la esquina. Nadie le presta atención. Él está muy incómodo. ¿Creen que sería de esa manera si Él estuviera aquí esta noche, si Él viniera? ¿Creen que Él está de esa manera en su hogar? ¿Incómodo? Sentado allí con los pies sucios. Piénsenlo. Jesús con los pies sucios. Lo llaman a Él “Jesú”. Cuando pienso “Jesú con los pies sucios”.
Eso me hace algo al decirlo. Jesús, mi Señor, sentado en una casa religiosa con los pies sucios, no bienvenido, con Sus pies resecos, no bienvenido, sin beso de bienvenida… Los mismos pies que iban a ser perforados con los clavos, estaban allí sucios, con estiércol de la carretera y sudor por todos Sus pies, malolientes. Y en esa gran casa elegante con Su cabeza inclinada, no bienvenido. Nadie lavó Sus pies.
¡Oh, desearía haber estado ahí! Desearía poder haber estado ahí, ¿Uds. no? Desearía poder haber estado ahí parado. ¡Oh, cómo hubiera corrido hacia Él!
46 ¿Cómo pudo ese lacayo dejarlo pasar inadvertido? No lo sé. Pies sin lavar, pies sucios, Jesús, mi Señor con los pies sucios. Alguien se descuidó, alguien descuidó su deber, y allí está Él sentado, oh, tan, incómodo en la casa. Nadie le presta atención a Él y con los pies sucios, huele mal; y las personas pasando junto a Él.
Miren allí afuera donde estaban todos los Orientales boquiabiertos en cualquier caso, miraban para ver al Fariseo y olían la comida y cosas. La línea trazada; no podían ir más lejos. Y los Fariseos allí simplemente regocijándose con sus amigos y demás, y Jesús sentado allí con los pies sucios. Piénsenlo.
Veo caminar a un lado junto a la multitud afuera, a una mujercita con un velo sobre su rostro. Escucho que alguien codea a otro y le dice: “¡Mira quién llegó!”.
47 La Biblia dice que ella era una pecadora horrible. No tendremos que entrar en detalles sobre eso. Ella era una prostituta, una mujer inmunda. Escuchen. Uds. a veces rechazan a esas personas, pero, recuerden, alguien la introdujo a esa vida. Antes de que pueda haber una mujer inmunda, tiene que haber un hombre inmundo. Eso es correcto.
Tal vez algún muchacho se enamoró de ella y la sedujo, e hizo sus promesas, y arruinó su vida, y la introdujo a tal cosa, y luego la hizo a un lado y corrió a buscar a otra mujer. Eso podría haberla iniciado. Ella es la hija de alguna madre.
Pienso: “Oh, sin embargo somos muy justos, Uds. saben”. ¡Oh vaya! No podemos rebajarnos y hablar con personas así. Si ellos no viven en los mejores hogares y tienen las mejores sociedades, pues no queremos traerlos a la iglesia.
48 Hermano, Jesús dijo: “Id por los caminos y vallados, y traedlos”. No importa quiénes sean. A veces son ellos quienes reciben el reino de Dios antes que lo que algunos de estos Tal y tal de dura cerviz lo harían.
Ahí viene ella. Ella está mirando a su alrededor, y alguien dice: “Miren lo que llegó a la cena del Fariseo. Oh, vean quién es ella. Lo sabemos. Mantengan su distancia”.
Ella pasa caminando. Ella sabe que es odiada… Nadie… Revestidos con su propia justica: “No señor, retrocedan, denle espacio”.
49 Pero la veo subir, y ella mira por allí y lo ve a Él. “Oh”, dice ella: “Eso no puede ser”. Seguramente. ¿Es ese…? Ese debe ser Él. Bueno, es Él. Y Él no es bienvenido. Él tiene los pies sucios. Y Él no está ungido, y nadie le está prestando atención“. Ella dice: ”Sin duda, alguien tiene que hacer algo“.
Y yo la veo que se envuelve con su pequeño chal, y se va por la calle tan rápido como puede. Sube los pequeños escalones rechinando, hasta su pequeña habitación, y va a su cofrecito y saca su pequeño calcetín, o algo allí con algo de dinero. Y ella dice: “No, no, no. Yo… no puedo hacer esto. No puedo hacerlo”. Y ella comienza a llorar. Pone sus ojos en blanco. “Cómo Él volteó a verme”.
50 Nadie pudiera mirar a Jesús y seguir siendo el mismo. Ella dijo: “Debo estar fuera de mí”. Vean. Sé que Él es un Profeta y Él sabría de dónde saqué este dinero. Él sabría cómo lo conseguí. No puedo llevarle esto. Simplemente, no puedo hacerlo“.
Ella lo devuelve. Ella está llorando, dice: “Oh, piénsenlo. Oh, nadie lo quiere. Oh, tengo que hacer algo al respecto”. Y ella saca su pequeño calcetín de nuevo, su cofrecito, y ella lo mira, dice: “Oh, de seguro… Pero, es todo lo que tengo. Es todo lo que puedo hacer. Seguramente Él lo entenderá”.
Y la veo metiendo su pequeño dinero en su seno, y arrojando su chal sobre ella, y va por la calle, y entra en una pequeño almacén Judío donde están vendiendo algo de nardo y cosas en una perfumería. Y ella entra, y un anciano sentado allí, gruñón contando su dinero: “¡Vaya! Ha sido un mal día. A duras penas hice lo del alquiler”. ¡Oh, vaya!
Y de repente, esta prostituta entra.
51 “Bueno, mira lo que entró”. Él no salió como un vendedor cortés, o como debería ser un caballero, y decir: “¿Qué puedo hacer por Ud.?”. Él dijo: “Bueno, ¿qué es lo que quieres?”.
Ella dijo: “Señor, quiero la mejor caja de alabastro que tenga en la casa. No solo cualquiera; quiero lo mejor”.
Miren, ella estaba dando todo lo que tenía, cada centavo que tenía, para dar lo mejor que podía. Ud. y yo, solo damos una pequeña cosilla. ¿Están dando lo mejor de Uds.? Si no están dando lo mejor de Uds., no se burlen de ella. Ella estaba dando lo mejor y todo lo que tenía.
Ella dijo: “Quiero la mejor caja de alabastro que tenga, de ungüento”.
“Bueno, veamos cuánto dinero tienes”. Por supuesto, el tintineo del dinero lo hizo cambiar de parecer. Contó doscientas ochenta piezas de denarios Romanos, y, sí, lo suficiente; él le da la caja de alabastro. Él notó que ella había estado llorando. Sus ojos estaban manchados. Ella lo pone en su seno; se dirige hacia la puerta.
52 Alguien codea: “Mira lo que va allí. Mira lo que va allí”. Esa es la forma como lo hacen hoy. Se codean, se codean: “Miren allí, ese es un santo rodador. Míralo ir allí. ¿Sabes quiénes son? Ellos son uno de ellos. Ese es uno de esos grupos”. Oh, yo estoy tan contento de ser uno de ellos; que no sé qué hacer. Sí, señor.
“Ahí van ellos. Mira a dónde va ella ahora, y ha estado llorando. Oh, ella es una de esas fanáticas. Mira a dónde va, directamente hacia donde están ellos”.
Ahí va ella. Ella va tarde. Ella debe apurarse. Pero, hermano, es mejor tarde que nunca. Ud. pudiera esperar mucho tiempo, papá; Ud. pudiera tener sesenta o setenta años, pero es mejor llegar tarde que nunca llegar. Venga ahora.
53 Usted dice: “Ahi, en algún momento quiero recibir el Espíritu Santo, Hermano Branham”.
¡Ahora mismo!
Usted dice: “Bueno, estoy envejeciendo bastante ahora, y no pudiera ser de mucha utilidad”.
¡Recíbanlo de todos modos! Más vale tarde que nunca.
Ella llegó allí. Y cuando llega allí, toda la fiesta… Ella sabe que estaba en el lugar correcto: las copas se golpeaban unas con otras, y las grandes hurras, y el tiempo cuando el vino estaba siendo servido, y todo. Ella sabía que estaba en el lugar correcto. Ahora ella se levanta en la punta de los pies y mira alrededor, y allí lo ve a Él sentado.
Ella dice: “No puedo. Debe ser… Si me atrapan allí adentro ¿qué irán a hacer? Estaré fuera de lugar si entro allí. Si entro en esa clase de grupo allí, estaré fuera de lugar, una persona como yo. Bueno, me echarán fuera. Yo… No puedo ir… Quizás Él no quiera que yo lo haga. Debo estar soñando. Debe haber algo mal”. Las lágrimas corrían por sus mejillas. Ella dice: “Pero una vez lo escuché a Él predicar, y predicó sobre esto: Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os haré descansar. Todo aquel que quiera, venga. Seguramente, Él se refería a mí”.
54 Entonces la veo a ella agachar la cabeza y abrirse paso entre la multitud. Ella está tratando de llegar a Él. Esa es la manera de hacerlo. Ábranse paso entre la multitud hasta llegar a Él. No importa quién diga: “Los días de los milagros han pasado y no hay tal cosa como la sanidad Divina. No hay tal cosa como la salvación que se siente en el corazón.”. Ábranse paso. Atraviesen la multitud.
A Uds. no les importa lo que diga la gente. Lleguen a Jesús. Esa es la única Fuente de salvación que ella tenía. La única Fuente que Uds. tienen, la única Fuente que cualquiera tiene, es irse abriendo paso hasta Jesús. Si tienen que abrirse camino a través de cada denominación, todo lo demás, lleguen a Él. Rápidamente.
55 ¡Ah vaya! Ella llegó junto a Él — y ella… y allí estaba Jesús sentado. Ella tomó Su… Ella no sabía qué hacer. Ella cayó ante Él; ella estaba llorando. Las lágrimas rodaban por sus mejillas y por su mentón. Y de repente, ella levantó Sus pies y comenzó a frotarle Sus pies. Ella estaba tan feliz. Ella estaba parada junto a la Fuente. Ella estaba junto al único lugar de limpieza en el que su alma podría llegar a limpiarse. Ella estaba junto a la única Fuente de Vida que alguna vez surgió en la tierra.
Ahí estaba ella en su condición. Estaba frotándole Sus pies. Y de repente, ella fue sobrecogida. No sabía lo que estaba haciendo. Y estaba llorando. Las lágrimas corrían por sus mejillas, y estaba frotando Sus pies, y se encontró a sí misma lavando los pies sucios de Jesús con sus lágrimas. ¡Qué agua! ¡Lavándole los pies sucios a Jesús con sus lágrimas! El agua más grandiosa que jamás haya existido: las lágrimas de un pecador penitente. Lavando los pies del Señor Jesús.
56 Ella lloraba, y estaba lavando Sus pies; ella estaba alterada. No sabía qué hacer. Dios nos ayude a estar alterados el tiempo suficiente para ser salvos, en cualquier caso.
Claro, ella rompió todas las reglas de la fiesta. ¿Cuál era la fiesta que se estaba llevando a cabo ahora? ¿Qué nos importa lo que estaba pasando con la fiesta, cuántas reglas ella rompió? Ella estaba llegando ante Jesús y siendo salva. Y eso es lo que necesitamos hacer esta noche es llegar ante Jesús y ser salvos.
No importa que infrinjan las reglas o las normas; eso no tiene nada que ver con eso. Lo importante es llegar ante Jesús. Y ella estaba lavando Sus pies con sus lágrimas, y de repente, estaba tan emocionada que comenzó a ponerse de pie y todo su cabello, que ella había fijado sobre su cabeza, se cayó. Y ella comenzó a enjugar Sus pies con ellos… con los cabellos de su cabeza. Sería un momento difícil para muchas de nuestras hermanas Cristianas, hacer eso. Tendrían que pararse sobre sus cabezas para hacerlo; ellas no tienen suficiente cabello para enjugar Sus pies con su cabello. Correcto. No digo eso como un chiste, pero déjenme decirles algo. La Biblia dice: “El cabello de una mujer es su gloria”. Sí, señor.
57 Miren qué hermoso lugar encaja allí. Sus lágrimas de arrepentimiento, ella estaba lavando Sus pies. Y lo único decente que ella tenía era su cabello. Y su gloria cayó. ¡Aleluya! ¡Su gloria! Ella estaba enjugando los pies de Jesús con su gloria. ¡Aleluya!
Dios, permíteme reverenciar [Palabras inciertas] Enjugar Sus pies, lavarle Sus pies, adorarlo en el Espíritu. Hacer todo lo que pueda para darle la bienvenida en mi corazón; diciendo: “Querido Señor Jesús, aquí tómame a mí y hazme Tuyo”.
Ella estaba enjugando Sus pies con los cabellos de su cabeza. Y de repente, ella se encontró [Hermano Branham hace sonido de besos] besando sus pies. Y les digo que el Fariseo Jones se puso blanco y luego rojo. El diablo en verdad lo tomó a él. Puedo verlo: “Ahem, hmm, hmm”. Oh, qué furioso estaba. Interrumpiendo su fiesta, eso arruinaría su iglesia.
58 Nunca vayan… Pues, él dijo: “Miren aquí. Si ese Hombre fuera un Profeta, sabría qué clase de mujer es esa que está junto a Él”. Escuchen. “Bueno, eso arruinaría Su reputación.”
No, él está equivocado. La reputación de Jesús se hace donde los pecadores están. Los pecadores que vienen a Él nunca arruinan Su reputación; eso hace Su reputación. Necesitamos más de eso. Los pecadores ante Jesús le hacen una reputación, porque están listos para arrepentirse.
Y allí enjugando Sus pies, besando Sus pies, y ella estaba, oh, tan fuera de sí misma. Estaba llorando. Ella continuó. Ella simplemente estaba… No sabía lo que estaba haciendo. Eso es lo que queremos hacer: llegar ante Cristo hasta que puedan perderse a sí mismos.
El antiguo canto decía: “Déjame perderme y encontrarlo, Señor, en Ti.” Déjame perder todo el prestigio que tengo. Déjame perder todo para poder encontrarme en Ti.
59 Entonces, de repente, el Fariseo comenzó a hablar y ella se levantó. Jesús miró alrededor y dijo: “Simón, una cosa tengo que decirte”. Dijo: “Entre en tu casa, por invitación tuya, y no lavaste Mis pies”.
Él dijo: “Pero esta mujer lo ha hecho”. Y dijo: “No me diste beso. Tú nunca me hiciste bienvenido. Nunca me diste ungüento para poner en Mi cabeza”. Pero dijo: “Esta mujer, desde que entró, no ha cesado incluso de besar Mis pies”.
60 Él se volvió hacia la mujer. Por ese acto valeroso, dijo: “Y Yo te digo que tus muchos pecados, te son perdonados”.
Oh, qué nos importaría lo que el mundo dijera. Mientras yo pueda escuchar las palabras: “Tus pecados que son muchos, te son todos perdonados”.
Oh, Dios, algún día cuando la vida termine, quiero arrastrarme hasta Sus pies. Solo quiero acariciarle los pies. Los pies que iban a tener cicatrices de clavos en un momento, sentados allí sucios, y ella los lavó con lágrimas de arrepentimiento, los limpió con la gloria de su cabello, los besó con los labios. Y la grasa del aceite todavía estaba en sus labios, y ella parada mirando para ver qué iba Él a decir.
61 Por todo esto, y todo lo que tenía, ella rindió toda su gloria y todo su dinero, todo lo que tenía. Y había gastado todo lo que pudo en Él. Y allí estaba ella, besando Sus pies, y sus labios grasientos con el aceite, las lágrimas corriendo por sus mejillas, su cabello colgando, y húmedo con la grasa y el aceite en Sus pies de esa manera cuando ella rompió la caja de nardo, y lo derramó por todos Sus pies —cada gota de eso. Ella nunca retuvo nada; ella lo derramó todo sobre Sus pies.
Y allí estaba ella de pie. Él dijo: “Tus pecados, que son muchos, te son todos perdonados”.
Dios nos ayude esta noche, a llegar… y perdernos a nosotros mismos de nuestras propias ideas almidonadas, y encontrar a Jesucristo, y amarlo. Oh, que Él conceda eso a cada pecador perdido que está aquí esta noche mientras inclinamos nuestros rostros.
62 Nuestro Padre Celestial, mientras pensamos de nuestro Señor Jesús viniendo y no siendo atendido en la casa a la que fue invitado. Oh Dios, que la gente aquí en Chicago… la gente aquí ahora, junto conmigo, simplemente se pierda en Ti y te atiendan, Señor, con todo nuestro corazón, con toda nuestra fuerza, con toda nuestra mente.
Que te adoremos en Espíritu y en verdad, y en la belleza de la santidad. Que vivamos todos los días, sin fijarnos en lo que el mundo tiene que decir al respecto, sino lo que Tú dices al respecto, Señor. Concédelo. Bendice a esta gente aquí esta noche.
Y si hay uno aquí, Padre, que no te conoce como su Salvador, que levanten la mirada y digan: “Señor, muchas veces te he pedido que vengas a mí, pero he estado un poquito avergonzado de Ti alrededor de mi jefe. He estado un poco avergonzado de Ti con mi vecino. Y simplemente te puse en el sótano o en algún lugar… o, en alguna parte, para cuando estuviera solo. He estado avergonzado de Ti, pero Dios, si me perdonas por ello, a partir de esta noche nunca me avergonzaré de Ti. Voy a testificar de Ti en todos lados. Cuando vengan mis amistades, los guiaré a todos en oración. Haré todo lo que pueda, Señor, para adorarte”.
Dios, concede que esa sea la actitud de cada persona en la Presencia Divina esta noche.
63 Mientras tenemos nuestros rostros inclinados, solo me pregunto, en cualquier parte del edificio, si alguien aquí diría: “Señor, levantaré mi mano, no al predicador, sino a Ti, Dios. He sido perezoso al atenderte. He estado un poco retraído. He estado avergonzado. Me uní a esa fiesta almidonada de Fariseos, y en verdad me he sentido avergonzado de Ti. Pero si me perdonas, Señor, de esta noche en adelante nunca más me avergonzaré de Ti”.
¿Están dispuestos a levantar su mano y decir: “Dios, ten misericordia de mí?”. Dios le bendiga, a Ud., a Ud.; Ud.; eso está bien. Arriba en el balcón, arriba, Dios le bendiga; eso es bueno. Que el Señor le bendiga. Levante su mano. Bien. “Dios, ten misericordia de mí”. Dios les bendiga a todos aquí a la derecha. Veo sus manos arriba y abajo. Abajo por todo el pasillo central, ahora. Dios les bendiga. En estos otros pasillos a mi izquierda. El Señor les bendiga.
64 “Jesús, por esto levanto mi mano”. Digan: “Nunca más estaré avergonzado si me perdonas por la forma en que te he tratado. Tú has venido a mi corazón, me has dicho muchas cosas que hacer. Me has bendecido así que solo quiero clamar, pero me daría vergüenza hacerlo. Nunca volveré a hacerlo, Dios. Cuando me hables, te responderé. Te amaré. Voy a testificar de Tu bondad en todos lados”.
Ahora, si alguien más no levantó su mano, que quiera levantar su mano, antes de que tengamos oración, antes que comencemos a orar por los enfermos. ¿Levantarían su mano? Muy bien.
Eso es correcto. Dios les bendiga. Dios le bendiga, papá. Dios le bendiga en la esquina, lo veo. Eso es bueno. Me gusta verlos hacer eso. Muy atrás, yo los veo; así Dios los ve. Los veo aquí abajo, hermano. Dios le bendiga, hermana. Sí, hermano, veo su mano; Dios la ve, seguramente. Si hermana. Sí hermano. Eso está bien.
65 Allá atrás, la veo, hermana. Lo veo allá atrás, hermano. Eso es bueno. Allá atrás, la veo hermana con su mano en alto. Aquí abajo, sí, hermano. Dios le bendiga. Correcto. Está bien. Dios le bendiga. Sesenta, setenta y cinco manos ya se han levantado. Alguien más diría: “Dios, estoy levantando mi mano”.
La gente tiene sus rostros inclinados, pero: “Dios, quiero que me hagas un real y verdadero adorador Tuyo, un verdadero Cristiano con el que estarías complacido. Si yo tengo que….”.
Dios le bendiga, hermana; veo su mano. Ud. allá, veo su mano. Ud. allí, con el vestido a cuadros, veo su mano. Mucho más atrás, hermano, la suya. Dios le bendiga, hermana. Dios le bendiga, hermano, Ud. y Ud. allá atrás, sí. Oh, vaya, manos levantándose continuamente.
66 “Quiero desde esta noche en adelante… Dios, yo sé que estás aquí. Sé que te encontrarás… pero simplemente te he puesto a un lado. Ahora, si mi jefe viniera conmigo a casa, me gustaría que todos los vecinos supieran que mi jefe está en casa conmigo. Pero, Jesús, yo te invito a venir, y si alguien entra, te dejaría en la esquina hasta que se fueran. No procedo con la oración. No les preguntaría si se inclinarán conmigo en oración porque estaba orando cuando ellos llegaron. Me he avergonzado de Ti en la iglesia. He estado avergonzado de testificar cuando fui llamado. Me avergoncé de dirigir la oración. Me avergoncé de hablar con el grupo, con los muchachos con los que salgo o con las muchachas. A partir de esta noche, Jesús voy a hablar de Ti, voy a testificar de Ti en todos lados”.
¿Levantarían su mano, alguien que no levantó la mano? ¿Alguien más ahora? Dios les bendiga. Eso es bueno. Dios le bendiga, papá; lo veo allí atrás, un hombre muy anciano, temblando con sus manos en alto. Dios, sea misericordioso con Ud. Dios le bendiga jovencita. Eso está muy bien. Dios le bendiga, hermana, aquí abajo. Eso está muy bien.
67 Estoy tan feliz de verlos hacer esto. Dios le bendiga, mi hermana de color. Dios le bendiga, hermano, allá atrás. Eso está muy bien. ¿Alguien más en el balcón, ahora cuando miro hacia arriba en esa dirección? Levanten su mano y digan: “Jesús, ten misericordia de mí”.
Dios te bendiga, amiguito. Eso es bueno. Me alegra verte hacer eso, cariño. Es un niño, pero eso está bien. ¿Amas al Señor Jesús? Eres joven ahora, y Él está aquí en el edificio esta noche. Él te está mirando. Él le está hablando a tu corazón. Él te está diciendo que levantes tu mano. ¿Estás avergonzado de hacerlo aquí para empezar? ¿Muy bien? Está bien. El Señor te bendiga, ahora mientras inclinamos nuestros rostros.
68 Padre Celestial, Tú ves a los que levantaron sus manos. Tú sabes todo sobre ellos. Y te pido, Dios, que este sea el momento conmovedor y crucial, que haya tal avivamiento esta semana recorriendo que hasta los hogares se unirán de nuevo, Señor, y el poder de Dios entre a todos los hogares. Altares de oración a la forma antigua, donde el padre, la madre y los niños están alrededor de la mesa orando, y en el dormitorio, y en la sala de estar, orando y adorando a Jesús y haciéndole bienvenido.
Cuando el Espíritu Santo los golpee y diga: “Ve a hablar con Juan acerca de venir a la iglesia”, que vayan directamente y lo hagan. Porque eres Tú, Señor. Que no se avergüencen de ir a hablar acerca de Ti con Juan, con la muchacha o con quien sea. Concédelo, Padre. Que sea un gran momento.
Bendice a todos estos que levantaron sus manos. Sálvalos, perdónales sus pecados y hazlos Tus hijos. Oramos en el Nombre de Jesucristo. Amén.
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