OBRAS DEL MENSAJE


La Historia De Mi Vida
Cleveland, Ohio, E.U.A.
50-0820A
1 … A Uds. por ese fino elogio. Y me siento tan indigno en aceptarlo, pero lo hago con humildad, y espero que nunca engañe a nadie y que siempre pueda mantener la amistad del pueblo de Dios en todas partes. Es por eso que puedo predicarles.
2 Me imagino que algunos de Uds. han visto a un ministro que acaba de estrechar mi mano, con un gozoso apretón de manos. Él me estaba diciendo que uno de sus miembros, que todos los mejores médicos de los hospitales de Cleveland no pudieron hacer nada: un tumor en la cabeza. Y algo le había acontecido a ella en el periodo de vida (Saben a qué me refiero), había estado con ella durante seis años. Y la otra noche en la reunión, sin embargo, Dios sanó a aquella madre… Ella regresó a casa en la… En su… No piensen extraño en esta audiencia, pero yo solo soy su hermano. El periodo menstrual que no había emergido durante seis años, sucedió esa noche, de vuelta nuevamente, de forma normal. Oh, Él es el Señor Jesús. Es correcto. El poder de Él está aquí. Todos los médicos la habían desahuciado, no se podía hacer nada. Pero fíjense, Dios la ha sanado. Y saben que esos tumores que estaban en la cabeza si se vuelven malignos, son cáncer, es lo que es, y —el crecimiento, si se vuelve maligno y— se revienta aquí mata al paciente de inmediato. Pero Dios es nuestro Salvador.
3 Y en esta tarde yo estaba dando un vistazo por la carpa y por la audiencia; Eso me recordó los días pasados cuando acostumbrábamos tener aquellas carpas del Evangelio llenas, con las personas orando, allá atrás en el pasado. Yo solía leer de cuando Finney, Wesley, Sankey, Moody, y todos ellos solían hacer reuniones y la gente se reunía en el entorno, desenvolvían las carpas, ¿No sería maravilloso si nos reuniéramos con ellos otra vez? Oh, ¡Vaya! ¡Qué tiempo!
4 Anoche y hoy han sido muy gloriosos para mí, soltado bajo la unción para que pudiera predicar a—y hablarle al pueblo. Y hoy me dijeron que hablara de la historia de mi vida. Y anoche tuve un tiempo glorioso dentro de mí mientras el Espíritu Santo estaba bendiciéndome. Y hoy es… Después me fui a casa anoche y tuve una noche gloriosa para descansar—no me levanté para nada hasta como a las ocho y media que me desperté esta mañana. Y hoy me siento bien y sin duda que esta noche vamos a tener una gran reunión para todos nosotros. El llegar a conocer a estos hermanos ministros, los privilegios más grandes que tengo mientras doy al pueblo de Dios de las cosas de esta tierra, es llegar a conocer buenos ministros.
5 Sí, hermano Gordon, esta ha sido una de las audiencias más pequeñas que hemos tenido en mucho tiempo, pero han sido una de las más afectuosas reuniones en cuanto a cooperación, todo maravilloso. Estamos agradecidos a Dios por eso, se ha orado para que Dios envíe a Cleveland un avivamiento chapado a la antigua para que barra por completo la región entera. Correcto. Dios les bendiga a todos.
Para mí ha sido un privilegio ministrar a tantos como sea posible y alinear a tantos como se pueda al pararme en la plataforma. Muchos y muchos testimonios que recibimos, tres o cuatro casos de inválidos, sentados inmovilizados en aquella sillas y demás, la mayoría de ellos han llamado desde aquí… Veo lo que acontece, y luego Dios sana….
Ud. no esperaría que dijera a algún hombre o mujer que se levante y camine o algo así si Dios no me hubiese mostrado que era sano. Y él no podría pararse y caminar. Pero cuando Dios me mostró que ellos estaban sanados, estaban destinados a caminar entonces. (¿Ven?) Porque Dios así lo ha afirmado, y yo no lo declararía hasta que Dios me lo diga. Y luego cuando Él me lo declara… y les digo lo que tienen que hacer, háganlo porque sin duda lo que les digo viene del Maestro. Es correcto, nunca les diré algo a menos que sea así. Fíjense, si Uds. lo quieren rechazar cuando les declaro eso, si quieren rechazarlo, eso queda entre Ud. y Dios. ¿Ven? Pero si Él está… si Él me declara algo para que se los diga a Uds., bueno, yo—yo se los diré directo desde la plataforma y luego Dios hará… Ud. solo siga lo que les digo que hagan y les aseguro que por medio de la Palabra de Dios, Dios lo cumplirá, y Uds. estarán completamente bien.
6 Fíjense, estamos muy contentos que todo está saliendo bien. No tengo muchas oportunidades de hablar con Uds. de esta manera, la gente que entró, estaba tomando fotografías allá afuera. Tengo que estrechar sus manos y demás cosas. Yo simplemente amo hacer eso: estrechar las manos de las personas y conocerlos. Por allí están unos niñitos, chicos y chicas, cositas rechonchitas, les he autografiado y…
Por allá en Finlandia ellos solo… en Suecia, a donde quiera que Ud. va, ellos quieren su autógrafo. Ud. sabe, amo hacer eso. Ellos están… los hombres de Dios del mañana están en esos niñitos. Simplemente amo a los niñitos, hace algunos momentos allá afuera logré conversar con ellos, muy pero muy contento de poder hacer eso.
Y tomando fotografías y demás cosas, oh, sencillamente me encanta pensar que… Vean, no hace mucho yo hablaba con mi esposa de algo como eso, y de cómo Dios ha bendecido, y cuánto amo a las personas. Y que Él me ha dado la oportunidad de llegar a conocerlos, y eso —eso está bien.
7 Y ahora, quiero hacer una pequeña declaración… hace unos cuantos días me preguntaron… en relación de algunas cosas aquí en la carpa y de nuestra situación, cómo nos instalamos y cómo funcionamos. Voy a entrar en esto solo por un momento para aclarar esto delante de todos.
Yo mismo, personalmente, no soy el propietario y dueño de estas cosas. Lo único que tengo es la ropa que tengo puesta y el carro que tengo porque alguien me lo regalo, ya que mi viejo Ford estaba en malas condiciones. Oh, ¡Vaya! En pésima condición que estaba. Y ellos me compraron un auto 30, un 49 y me lo dieron, lo cual agradezco mucho. No lo he usado para otra cosa sino para el Evangelio. Lo dediqué para ese propósito.
8 Hace algunos años, yo viví los siete años de mi matrimonio en una casa—choza de dos habitaciones, y era muy, muy pobre. Y yo estaba en Calgary, en Canadá, donde tuvimos cultos con muchos, con miles, y grandes señales… Una persona había llegado a Canadá, condujeron tres mil millas [4.820 kilómetros aprox. —Trad.] en taxi solo para llegar a los cultos. Tres mil millas en taxi, y durante el día, algunas veces había entre veinte y treinta ambulancias estacionadas en todo el entorno, ni siquiera podían llegar cerca del lugar, difícilmente llegaban al lugar… Fueron unas reuniones gloriosas, y mi esposa y los bebés estaban en casa en esta pequeña y vieja choza en la que vivíamos, solo pagábamos unos cuantos dólares por el alquiler mensual. No podíamos costearla. Fíjese, eso está bien.
9 Nunca levanté… yo intenté levantar una ofrenda en mi vida, y fallé en eso. Más nunca—no me lo permití. Yo trabajaba y pastoreaba el tabernáculo Branham en Jeffersonville, el cual es una institución interdenominacional. Yo trabajaba todos los días, algunas veces con un pico y una pala de excavar, algunas veces en una patrulla, algunas veces en los cables de la línea, y así sucesivamente: trabajé doce años y pastoreé una iglesia y nunca recibí un centavo, ni un centavo. Yo podía trabajar. Ahora, no es que tengo algo en contra de alguien… Un ministro, él vive del Evangelio. Pero yo era joven; estaba saludable, ¿Por qué no habría de trabajar y no ser una carga para las personas? No porque ellos no lo harían; ellos estarían contentos de hacerlo. Pero yo siento que si el resto de ellos trabajaba, entonces yo también trabajaría. Así que trabajé y—y pagué mis diezmos correctamente a la iglesia. Yo creo en pagar los diezmos. Ahora… Dios me ha bendecido millones de veces. Yo nunca levantaría ofrendas.
10 Yo les conté, creo que el otro día, de cómo intenté levantar mi primera ofrenda. Mi esposa y yo llegamos a una situación donde no podíamos cubrir los gastos, y yo… muchos de Uds. saben de lo que estoy hablando. Entonces yo—yo le dije a ella, dije: “Bueno, hoy sencillamente levantaré una ofrenda en la iglesia”.
Ella dijo: “Bueno, tendré que ir y verte hacer eso”. Y ella se sentó en la parte de atrás en aquel lugarcito cerquita de mí. Y todo el tiempo mi corazón estaba fallando; yo solo seguí hablando de otras cosas. Y directamente dije: “Oh, se me olvidaba” dije: “Esta noche tengo que levantar una ofrenda para mí”. Dije: “si alguna vez Uds… me desagrada pedirles, pero es que tengo un imprevisto el cual no puedo resolver”. Y miré por todas partes, y Dios bendiga sus corazones, yo creo que algunos de los que están aquí estaban justo allí.
Y resultó que al mirar, a mi derecha, estaba sentada una madrecita que usaba uno de esos antiguos delantales, me imagino, o un tipo de ropa que… no sé nada de las cosas que usan las mujeres, tenía puesto uno de esos vestidos antiguos, Ud. sabe. Ella tenía un pequeño bolsillo por debajo del delantal, y ella iba allí así como mi abuela los solía usar. Ella tomó de unos de esos largos bolsillos, Ud. sabe, esos que tiene una pequeña solapa arriba. Ella metió la mano y agarró unos cuantos centavitos, y yo miré por todas partes. Pensé: “Oh, Dios”. Si tomara eso, me atormentaría mientras viva. No pudiera hacer eso. Que…
11 El diacono salió y agarró mi sombrero e iba a pasarlo. Yo miré aquello, y ¡qué cosa! Sentí como que un gran nudo se me subía, y dije: “—Ahora miren, yo solo estaba bromeando con Uds., no quise decir eso”. Dije: “Yo solo quería ver qué iban a decir”. Y mi esposa me miró.
Y en verdad que teníamos un compromiso que cumplir. Pero, ¿saben qué? Tenía en casa una bicicleta vieja, y fui y la vendí, y cumplimos con el compromiso, después de todo no tuve que levantar una ofrenda. No me quiero atado a mí mismo con alguna cosa en la tierra nunca. Quiero estar libre donde pueda estudiar la Palabra de Dios.
12 Ahora, referente a la carpa, la carpa no me pertenece, y nada del equipo me pertenece. Eso pertenece a “La Voz de Sanidad”, un periódico inter-evangélico que se publica en Shreveport. Un periódico pequeño, que una vez fue mío. Cuando comencé, nosotros— los ministros se mantenían diciéndome: “Ud. necesita un periódico para publicar artículos en él”. Y, bueno, le dije al hermano Lindsay, el que estaba más interesado en eso; le dije: “Hermano Lindsay, muy bien, comenzaremos con ello.”. Y yo, un día mientras oraba, Dios me dio el nombre —el nombre, el titular: “La Voz de Sanidad”. Y este—se alineará con mi ministerio: “La voz de uno que clama en el desierto”, y así sucesivamente. Entonces lo titulé “La Voz de Sanidad”.
13 Permanecí demasiado tiempo en las plataformas y demás hasta que tuve que tomar un descanso de ocho meses. Estuve fuera del campo cuando pensaron que dejaría este mundo. Uds. han oído la historia de eso. Y mientras estuve fuera, pues, algunos de los ministros venían siguiendo detrás de mí ministerio, pero continuaban orando por los enfermos y publicando artículos y demás cosas. Fue entonces cuando se sugirió hacer un periódico inter-evangélico, no era para representar a algún hombre en particular, esa es la manera en que me agradan las cosas. No quiero que las cosas parezcan que soy yo; quiero que sea para la iglesia del Dios viviente, para todos.
Ud. sabe, Jacob excavó tres pozos. El primer pozo, ellos lo alejaron, y lo llamaron: “contienda”. Y el otro pozo lo llamaron: “malicia”, creo, u “Odio”, o algo similar. Él excavó un tercer pozo y dijo: “Hay espacio para todos nosotros”. Creo que ese es el asunto ahora: Hay espacio para todos nosotros.
Por aquí en Kentucky hay una antigua iglesia misionera Bautista donde solíamos cantar: “Lugar, lugar, sí, hay lugar. Hay lugar en la fuente para mí”. ¿Alguna vez lo escucharon? Es un cántico antiguo, y eso es lo que es.
14 El hermano Lindsay había tomado el periódico y lo convirtió— creo que lo convirtió en una organización sin fines de lucro, el periódico representando a todos los ministros del país que llevan el ministerio de sanidad divina que están viviendo una clase de vida correcta y sobre todo sin reproche. El hermano Lindsay supervisa esas cosas. Y luego, mi… él quería que fuera el presidente del periódico. Él quería darme más. Pero yo le dije: “Hermano Lindsay, yo solo—solo quiero aparecer en el periódico. Eso es todo. Y cuando ponga mis artículos en el periódico que sean los más pequeños. Es todo, el itinerario para que la gente sepa dónde estoy, eso será todo lo necesario. No quiero otra cosa sino más bien que se hable de las reuniones y haga Ud. lo desee. Porque yo solo apoyo cualquier cosa que represente a Dios”. Y eso hace el pequeño periódico. Es un periodiquito muy bueno.
15 Entonces el problema de la carpa fue nombrado y en el extranjero. Lo primero, eso viene por inspiración. Nuestros auditorios solo tomarían dos o tres noches, porque tienen que salir. En algunas ciudades, hay amados cristianos clamando y rogando, no tendríamos un lugar a donde ir. El hermano Moore, al cruzar el puente en Little Rock, una mañana al venir de una reunión donde grandes señales y maravillas estaban llevándose a cabo, el hermano Moore tuvo una inspiración que el Señor le dijo que construyera una carpa. El hermano Moore salió y mandó a construir esta carpa por el hermano Welch de Pensacola, Florida. Mientras allá, en el extranjero… el hermano Moore es un hombre de negocios, muchos de Uds. lo conocen. Él es un contratista. Le dejó medio millón de dólares a unas personas mientras estuvo fuera, cuando regresó se halló que estaba en quiebra. Y es por eso que no pudo levantar la carpa.
Luego cayó en manos… a mí, que no tengo nada. Entonces eso—eso cayó en manos del hermano Lindsay para salvar la—la carpa. Él fue y compró la carpa, y le colocó el nombre de “La Voz de Sanidad”. Por tanto, la carpa no me pertenece a mí o a una persona en específico. Le pertenece a “La Voz de sanidad”, y yo solo pago el alquiler mientras estoy aquí. Yo pago el alquiler, a donde quiera que voy. Preferiría… me agradan los auditorios, nada en contra de los auditorios, pero si esta carpa va a ser utilizada para el Evangelio de Jesucristo, el alquiler de la carpa es más económico que el de un auditorio. Preferiría pagar trescientos dólares por un día extra a la carpa que se va a utilizar para predicar el Evangelio, que estar en un auditorio donde los patrocinadores bailan y hacen todas las demás cosas del mundo. Preferiría hacer eso, entonces cualquier cosa que…
16 Por lo tanto, la carpa pudiera ser mía si lo quisiera, pero no es así. El hermano Lindsay es un hombre muy fino con quién trabajar. El hermano Lindsay, y el hermano Hall, el hermano Baxter, todos ellos son muy buenos. Pero entonces, la gente hizo una donación para comprarme una casa. Ellos me construyeron una casa de cinco habitaciones. El día que entré en la casa, miré para arriba y la vi… siempre he sido un peregrino; Nunca un Branham ha sido dueño de algo; somos vagabundos. Y—miré esa—nuestra casita, y dije: “Señor, no soy digno de entrar en esta casa”. Me arrodillé en la puerta y tomé a mi esposa de la mano, al pequeñito con la otra mano y dije: “Padre, Te agradezco. Mientras me permitas vivir, recordaré que cada uno puso aquí un centavo”. Más dije: “Ahora yo—yo no tendré esto solo para mí, cuando me vaya, la dejaré para Tu ministerio”.
17 Y la pequeña iglesia no tenía pastor, y fui y la doné a la iglesita. Y ahora pertenece a la iglesia; ya no es de mi propiedad. Yo vivo allá. Cuando me vaya, otro ministro morará allí. Aún habrá sido usada para Dios. No se puede vender a menos que sea para la iglesia. La propiedad de la iglesia me la donaron. La ciudad… cuando tuve mi primer avivamiento… es como el avivamiento que tenemos aquí en esta tarde, es la multitud que tuvimos para el avivamiento. La ciudad la construyó para la—la carpa—el tabernáculo y me la dieron, y yo se la pasé a un grupo de personas, no a una organización, sino a una asociación, por lo tanto no soy dueño de nada en este mundo, de nada solo lo que las personas me regalan. Y eso está claro, todos saben lo que es. Yo lo agradezco…
18 Y cada centavo que queda de las reuniones (El hermano Lindsay y ellos saben lo que necesitamos y demás) lo ponemos justo para la obra del Evangelio. Y tratar de vivir lo más económico que se pueda. Cuando voy a las ciudades, no busco grandes hoteles. Quiero y busco el más económico. ¿Ven? yo quiero ser igual de pobre como todos los que vienen para que se ore por ellos. Correcto. Si aceptara el dinero que me ofrecen, yo sería multimillonario.
Allá en California había un hombre que, en seguida que su esposa se enfermó con cáncer de seno, ellos tuvieron que volar porque pensaron que se estaba muriendo. Y cuando el cáncer salió de ella, la cortina de la ventana se dobló hacia arriba apretadamente delante de cientos de Armenianos y descendió de esta manera. Y el poder demoniaco salió de aquella mujer, el médico dijo que ella se moriría en la mañana. Hoy en día ella es una mujer sana, paseando por ahí. Y el hombre es dueño de una enorme bodega de vino llamada campana de la misión y otras cosas, él me envió un cheque bancario por la cantidad de un millón, quinientos mil dólares. Yo rechacé tenerlo en mis manos y revisarlo. Los Baxter me lo entregaron. Yo dije: “No, señor, no quiero verlo”.
“Pero hermano Branham se lo enviaron a Ud.”
Yo dije: “No quiero verlo, no quiero nada que tenga que ver con el dinero.” Cuando a un hombre se le mete el dinero en la cabeza, él pierde a Dios. Es correcto. Es correcto…?… Ud. no puede mantener su cabeza en… Tiene que estar…
19 Hay tres cosas que he notado al leer de otros ministros. Si esto se aferra en un ministro, lo atrapa. Y estos son los puntos débiles: Dinero, mujeres y popularidad. Correcto. Evite la mera apariencia de eso Es correcto. Por el dinero, eso no tiene importancia para mí.
Tengo una esposa que está un poco gordita, creo que es la mujer más dulce del mundo. Correcto. Es correcto. Ella es lo único que me importa, y eso es— y unos niñitos. Cuando yo era un pecador yo vivía íntegro, y cuando soy cristiano… y por la popularidad, ¿quién soy yo? Seis pies de terrones de tierra, eso es todo: Un pecador salvo por gracia. Y si no fuera por Dios, ¿a dónde estaría? Así que yo… no somos nada. Correcto. Y nosotros estamos… Y Uds. oren por mí.
Gracias, amigos. Ahora, voy a darme prisa con estos puntos destacados de la historia de mi vida. Mamá no se puede quedar por mucho tiempo, porque en esto tengo que meter a papá, y Uds. saben cómo es eso. Muy bien.
20 Primero leamos alguna Escritura, ahora. Y recuerden, salgamos temprano esta noche, esperando que Dios no deje a ninguna persona… Quiero abordar en esta noche, si es la voluntad del Señor, después de predicar la noche anterior y esta, quiero entrar directo, comenzar la línea de oración inmediatamente. Y la semana entrante, voy a, si me es posible, un promedio de cien personas por noche, si es posible que pueda estar en la línea de oración hasta que terminemos. Uds. han sido muy amables, yo voy a, si ellos me tienen que agarrar uno por un brazo y por el otro, me pararé nuevamente aquí en la plataforma. Uds. han sido muy amables y muy reverentes, haré todo lo que esté a mi alcance para ayudarles en lo que pueda. Uds. han esperado, han sido pacientes, muchos han sido sanados, han acontecido grandes señales y maravillas, y confío que esta semana será la más grande de todas, y la última, es el servicio más largo que alguna vez haya tenido, en algún momento de la reunión.
21 Fíjense, en el capítulo 13 del libro de los Hebreos, leamos las siguientes palabras, comenzando con el verso 10. Estoy muy contento que mis hermanos ministros puedan sentarse aquí en la plataforma mientras todos buscan la Escritura. Cuando les pida que dejen la plataforma cuando salgan en la noche, no es porque no quiero que mis hermanos estén cerca. Pero recuerden ellos son humanos, y yo—yo estoy consciente de alguien a mi alrededor. ¿Ven? Y ellos se sentarían allí y orarían por mí. Ellos son buenos hermanos, y pongo mi apoyo sobre cualquiera de sus ministerios. Ellos son buenos hermanos salvos por Dios, pero lo que acontece es, si hay alguien… Las vibraciones vienen de aquí, y de aquí, y de aquí… Vean, si puedo mantener a las personas alejadas es para que pueda hablar individualmente con ellos…
22 Y ahora, deseo leer la Palabra, comenzando con el verso 10 y el 14 incluso:
Tenemos un altar, del cual no tienen facultad de comer los que sirven al tabernáculo.
Porque los cuerpos de aquellos animales, la sangre de los cuales es metida por el pecado en el santuario por el pontífice, son quemados fuera del real.
Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo por su propia sangre, padeció fuera de la puerta.
Salgamos pues a Él fuera del real, llevando su vituperio.
Porque no tenemos aquí ciudad permanente, más buscamos la por venir.
Deseo fundamentar mi texto en la historia de mi vida en esta tarde: No tenemos ciudad permanente aquí, más buscamos una por venir. Oremos.
23 Nuestro Padre celestial, oh, estoy muy contento hoy de estar aquí en Cleveland, esta gran ciudad, una de las principales ciudades de nuestra amada nación, y estar aquí y dar un testimonio de Tu Hijo Jesús, Quien murió para redimir estas razas perdidas del mundo entero. Y ahora, a medida que Tú nos has reunido aquí en esta tarde…?… Derrama Tu Espíritu sobre nosotros. Yo Te creo.
Que cada hombre, mujer, chico, y chica, y cada iglesia, cada credo, denominación, raza, color, se olviden de todo el pasado ahora. Miremos hacia el futuro. Miremos a esa ciudad permanente que está por venir. Cleveland es el hogar de miles, sí, millones, más de un millón de personas aquí. Dios, Te ruego que hombres y mujeres nunca estén satisfechos hasta que hayan alcanzado la paz contigo para que podamos ir a aquella ciudad permanente.
Mirando hacia arriba al gigante rascacielos en la ciudad, mirando arriba de los finos edificios y las estructuras, más habrá un tiempo cuando no quedará piedra sobre piedra. Creemos que estas ciudades en este gran conflicto mayor que se aproxima, será estremecida con bombas atómicas, y millones morirán en unas cuantas horas, volados en pedazos, aun la tierra sacudida de su órbita, entrando hacia el sol. Un enorme ardor quemará a los hombres como dice la Escritura en el libro de Apocalipsis.
Ahora, ayúdanos, Dios, a enfocar nuestra mente en Ti, a establecernos. Para entrar en esta senda sangrienta, yo repaso esto, Señor, a lo mejor que yo sé. Ayúdame a medida que inicio desde el principio cuando Tú pusiste Tu mano sobre Tu humilde siervo. Y que todos mis errores hoy, que otros y los jovencitos y jovencitas que se aproximan, que sean escalones de ayuda para traerlos a Ti. Que saquen provecho de mis errores y sufrimiento, para que Te conozcan a Ti en el poder de Tu resurrección. Porque Te lo pedimos en el nombre de Tu Hijo amado Jesús. Amén.
24 Ahora, aquellos que están afuera, ¿Pueden oír bien allá afuera? Bueno, lamento que se tengan que sentar en ese solazo. Es muy horrible, pero parece que no tenemos espacio aquí adentro.
Fíjense, cada uno de nosotros pensamos que—en esta época cuando alguna persona va a hablar respecto un hogar, eso—eso nos recuerda alguna experiencia similar que todos hemos…
¿Cuántos desconocidos están aquí y que están lejos de casa? Veamos las manos levantadas. ¡Vaya! Son demasiados. Muy bien. Francamente, todos somos peregrinos y extranjeros de esta tierra. Estamos buscando una ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios. Abraham salió de la tierra de los Caldeos y la ciudad de Ur, saliendo a peregrinar, profesando ser un peregrino y extranjero, porque él estaba buscando una ciudad cuyo arquitecto y constructor era Dios. La inspiración, algo le decía que había una ciudad en alguna parte, y Abraham salió para hallarla.
Y Juan, en la Isla de Patmos vio el futuro hogar descender de Dios del cielo, a donde iremos algún día. La gran inspiración de Dios nos dice que el hogar está justo más allá de la penumbra a donde todos vamos.
25 Hagamos un pequeño viaje, ¿lo harán? Yo solo quiero hablarles desde lo profundo de mi corazón. Hagamos un pequeño viaje. Yo simplemente me voy a olvidar que soy un ministro, solo quiero relatarles. Vayamos a casa por un momento. A todos nos gusta hacer eso, ¿No les gustaría volver por aquel antiguo sendero una vez más…?… o pararse ahí mejor dicho, y comenzar a pensar al respecto. Puedo ver cada caminito, cuando yo era un muchachito.
Muchos de Uds. recuerdan esas experiencias, las jovencitas… Medite en esos momentos, la mayoría de las jovencitas… Esa madre de antaño que solía sostener las cintas de sus delantales, ya se han ido para estar con Jesús. Aquellas niñitas con las que Uds. jugaban y se pedían prestados unas con otras sus lápices en la escuela, muchas de ellas se han ido y han cruzado la frontera….?…
Aquellos padres de antaño, y demás, que solían alistarle para ir a la escuela: ya se han marchado. Porque aquí no tenemos una ciudad permanente más buscamos una por venir.
26 Cuando nací, yo pesé cinco libras, un muchachito muy diminuto. Y no he crecido mucho desde entonces. Pero entonces, mi madre me cargó y me puso una almohada alrededor. Nací en una pequeña cabaña de madera por aquellos caminos de las montañas de Kentucky, en el condado de Cumberland, cerca del pequeño arroyo Renox. Hay un solo camino para que Ud. pueda llegar allá, y es por el arroyo. Es el único camino que hay para ir hasta el arroyo. Está ubicado en un lugar aislado, cuesta abajo cerca de Tennessee al límite con el rio Cumberland.
Mi padre era un leñador. Mi madre, su padre fue maestro de escuela, y era el director de la escuela rural. No se iba mucho a la escuela en Kentucky, Ud. sabe, el arroyo podía crecer; y Ud. no podría pasar. En la época del verano tenían que agarrar un azadón tipo ganso para cortar el maíz, el tabaco y cosas que cultivaban en las colinas, para el sustento.
Yo estuve cuesta abajo parado a un lado de la pequeña cabaña, no hace mucho, y le tomé una foto. Creo que aparece en mi libro: una cabañita de dos cuartos. El pórtico… el extremo de la cocina se había caído. La observé. Podía imaginarme a mí madre allí. Mi padre siendo tan solo un joven, yo nací cuando mi madre solo tenía quince años. Niñitos montañeses… Y mi papá trabajó muy duro toda su vida. Murió joven: a los cincuenta y dos años. Estoy muy agradecido que mi madre aún vive el día de hoy, que pueda estar aquí conmigo.
27 Creo que toda mi vida fui una persona mal entendida; nadie me comprendía. Cuando era un muchachito, yo podía… Apenas me puedo recordar… Mi madre sabe detrás de ello, cómo el Ángel del Señor vino a aquella habitación. Y yo—yo no sabía… Yo sé esto, quiero decir, que no había alguna bondad en mi padre y mi madre; los dos eran pecadores. Nunca tuve mis propios méritos, fueron los méritos de Jesucristo.
Nuestra familia… Más tarde, nosotros… pobres, oh ¡Vaya! Estoy casi avergonzado de contarles, de cuán pobres éramos y lo que tuvimos que vivir.
28 Yo estaba sentado… fui tan mal entendido al grado que cuando le iba hablar a alguien en la calle, alguien más que venía, bueno, ellos se alejaban y me dejaban hablando solo. Y yo amo a las personas, pero nadie tenía nada que ver conmigo. Yo era lo que ellos llaman la oveja negra. Cuando era un muchachito yo iba al centro del pueblo… la escuela, Ellos no tenían nada que ver conmigo. Yo no fumaba ni hacía cosas como el resto de ellos, por eso yo era un cero a la izquierda. Cuando era de…cumplí la edad para salir con chicas, dieciséis, diecisiete, dieciocho años de edad, pues, porque no iba a los bailes y a las fiestas, y cosas como esas, yo era un aguafiestas. Así que no tenían nada que ver conmigo.
Cuando me convertí en un ministro en la iglesia misionera Bautista, yo era un fanático. Entonces finalmente Dios me llevó al lugar de donde Él me iba a traer (¿lo ven?), a la gente de Su llamado.
29 No hace mucho yo estaba sentado en el pórtico. Acababa de venir de una reunión. Estaba tan cansado que difícilmente podía ir. ¡Qué cosa! Estaba demasiado cansado. Yo solo me alejé lo más que pude de la multitud de gente de la casa. Me senté en el pórtico, y mi pobre esposita, ella acaba de cumplir treinta años pero se le está poniendo el cabello gris. Puse mi brazo a su alrededor, y nos sentamos en el pórtico, nos estábamos meciendo un poquito. Ella dijo: “¿Cariño, estás cansado?”
Yo dije: “Tan cansado que apenas puedo levantarme”. Justo en ese momento llegó un carro. Era mi músico pianista de allá del Tabernáculo. Ella me vio sentado allí y se puso… ella corrió hacia el pórtico y solo comenzó a llorar, dejó algo encima de mi regazo y se apartó de allí de prisa. Ella dijo: “No le quitaré su tiempo. Ud. —Ud. Descanse mientras tiene este momento. Yo no…” Y ella corrió. Y yo levanté eso. Lo miré. Allí había una pequeña fotografía. La miré. Vi unas antiguas y enormes grullas de arena. Tenemos de esas en Indiana; no sé si Uds. las tienen o no aquí. Ellas se mantienen todo el día en los charcos, alimentándose. El sol se estaba ocultando en el occidente. Y miré por este lado y tenía aquel poema.
La puesta del sol y la estrella del atardecer
Y un claro llamado para mí.
Tal vez no haya luto en la corte,
Cuando salga del mar.
30 Lo han escuchado. Tenía una fotografía de un barco entrando en un espacio abierto, el agua, el sol ocultándose, la estrella saliendo. Miré allí y dije: “Cariño, piensa en esto, hace unos cuantos años yo iba caminando por la calle, hablándole a alguien. Pues, alguien más aparecía para hablar con ellos, y ellos se alejaban”. Y yo dije: “Ahora, casi tengo que esconderme en alguna parte en el bosque, para salir. Y parar en un avión en alguna parte, y si ellos saben que uno va pasando por allí; tendrán personas enfermas postradas allí en las rampas para que se ore por ellos”. Yo dije: “Piensa en ello ahora”. Dije: “¿Qué originó eso? ¿Mi educación? No tengo ninguna. ¿Mi personalidad? No tengo ninguna. ¿Qué originó eso? La sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios que me redimió. Él fue Quien me dio amigos.
31 Miré; había visto esas grullas hundirse, graznando. Y vi como a dos o tres de ellas volando. Dije: “Mira, cariño, ellas han estado… Dios les ha provisto durante todo el día. Han comido cangrejos, pececitos y demás, allá afuera en las lagunas, fíjense, y viene la noche ahora, ellas se reúnen aquí abajo en las cataratas de Ohio donde están todas las grullas vienen y se juntan por la noche. Ellas se sientan allí y conversan un poco como si estuvieran en un picnic, teniendo un—y duermen juntas toda la noche, Dios les provee”.
32 Y en ese momento, dos de mis aves favoritas…, Uds. deben saber cuáles son: Los petirrojos. Oh, cuánto amo al petirrojo. Cada vez que escucho esa historia, es una pequeña historia de ficción, cuando Jesús estaba muriendo en la cruz… Presten atención, jovencitos y jovencitas; nunca le disparen a mi pequeño petirrojo. No los molesten, él es un pajarito muy fino. Creo que la historia de ficción y el cántico, Ud. lo conocen, de cómo Jesús al morir, nadie venía al Él. Y el pequeño pajarito voló hasta la cruz para intentar salvarlo a Él, sacar los clavos de Sus manos. Se manchó todo su pechito de rojo con la sangre, y se marchó. Y desde aquel entonces tiene un pecho rojo. Pienso en eso y pienso: “Dios, déjame también sellar mi pecho con Tu sangre, allí cuando venga delante de Ti”.
Y esa es la cosa, que me gustan esos petirrojos y… y dos de ellos volaron hacia un árbol y llegaron a sus nidos, los pequeñitos “chirriando” un poquito. Yo dije: “Mira, Dios los ha alimentado a ellos todo el día. Ellos están cansados y agotados ahora. Ellos entraron a sus nidos con sus pequeñitos para reunirse por la noche. Ahora, Oh Dios, algún día cuando la vida termine, y haya dado lo mejor de mí, ¿No me dejarás que me reúna con las personas a las que les he predicado?” Si Dios sin duda tiene un lugar para reunir a los pajaritos, Él tiene un lugar para que nosotros nos reunamos. Algún día nos reuniremos juntos a la puesta del sol, vamos a reunirnos.
33 Bueno, recuerdo los días cuando yo era un muchachito, como de… éramos cuatro en la familia. Yo soy… mi madre es la madre de diez hijos, nueve jovencitos y una niña. Yo era el mayor de la familia. Hay como una diferencia de un año entre ellos, todos hasta llegar a la niña. Y ahora, ella está casada, tiene un hijo.
Recuerdo cuando éramos tres o cuatro en el grupo, vivíamos en un viejo lugarcito, y dejaron rápidamente el lugar de la madre, estoy hablando de una cabañita de dos habitaciones, tablas, viejas tablillas planas, Ud. sabe, los pequeñitos sentados de esta manera. Y donde todos nos reuníamos allá afuera y—y el pequeño… delante de la puerta, apenas puedo recordar eso, toda la grama revuelta en la que ese montón de Branhams se revolcaban como pequeñas zarigüeyas en una cueva. Los chicos…
34 Teníamos una mesa y no teníamos muchos muebles en la casa. Puedo recordar dos camas viejas, la más grande…?… y una con dos camas elevadas con postes y madera de nogal, creo que eran de ese material. Teníamos colchones de paja. ¿Alguna vez durmieron en un colchón de paja? Sí, Uds. sabe de lo que… Oh, no soy el único muchacho campesino aquí, ¿Cierto? Entonces aquel colchón de paja… y ellos tenían un antiguo lavabo, mamá lo tenía, justo entre ellas. Y tenía una canica en medio aquí y dos cositas por aquí en los lados, aquellos con dos gavetitas que uno podía jalar. Recuerdo eso, y del otro lado tenían un antiguo tronco de leño que tenía esos pequeños…?…en él, Ud. sabe. Era su pequeño tick-tack o como quiera que se llame en el—en el metal. Y mamá estaba segura, allá afuera en la cocina tenía las mismas cosas encima de ella. Y papá nos daba una banca para que nos sentáramos en la mesa para comer.
35 Y fíjense, nunca lo olvidaré. ¿Alguna vez comió en una banca de madera en la cocina? Oh, vaya, vaya. Recuerdo a mi madre gritar a la hora de la cena, y todos los pequeños Branham se lavaban sus caras, y debajo de la mesa, Ud. Sabe, de pie sobre la banca por el otro extremo. Y nos servían aquella gran olla para la cena, principalmente estofado de carne y vegetales, y cada uno recibía un plato lleno. Y nosotros horneábamos nuestro pan, mamá lo horneaba en—en una vasija de pan, pan de maíz. Y ella lo cortaba por la mitad y lo servía, servía la mesa, y… Ud. sabe, Jesús partió el pan y lo bendijo; Él nunca lo cortó, entonces cada uno partía su pedazo de pan. Eso es de Kentucky, hermano, un camino cuesta bajo hacia allá.
Luego ella agarraba esta ración sin cernir y hacía la harina. Yo acostumbraba a sentarme junto a mi papá, donde hacía el pan, y siempre me las arreglaba para conseguir un extremo del pan. Era marrón y crujiente, Ud. sabe. Yo agarraba esa parte, y luego comíamos frijoles y yo… Ud. desmigaba el pan de maíz. Y Ud. sabe, no iba tan mal la cosa. (Correcto), solo piense en ello; estaría muy bien.
36 Y recuerdo que nos sentábamos allí para comer. Yo he comido en muchos lugares desde entonces, pero, oh, hermano y hermana, si solamente pudiera regresar solo por un momento (es correcto), a aquellos momentos allá en el pasado, con todos mis seres amados. Cómo nos reuníamos todos allá.
Recuerdo cuando se mudaron de un lugar a otro. Y de cómo papá nos llevaba a la ciudad los sábados por la noche. Esa era una gran noche. Tenía una pequeña carreta, jalada por una pequeña mula. Recuerdo que su nombre era “Cootsie,” así la llamaban. Y esa pequeña mula, mi papá iba y la agarraba. Y yo lo veía a él entrar cuando… Mi papá era un hombre pequeño, era como de mi tamaño. Y estábamos acostumbrados a verlo enrollarse las mangas. Teníamos clavado un vidrio en el árbol afuera y un antiguo anaquel para lavarnos. Recuerdan cuando solíamos tener eso, y el… Mamá hacía las toallas de mano con los viejos sacos de comida, le sacaba las cuerdas de los bordes, Ud. sabe, y hacía pequeños flecos con ellos. Eran rústicos. Eso era…?… Cuando ella me agarraba por las orejas, yo pensaba que eran ásperos. Y ella me hacía que me levantara y que me lavara, y ella usaba eso áspero, y…
37 Recuerdo ver a mi papá cuando se enrollaba las mangas y se lavaba, pensaba: “Oh, vaya, ese es mi papi; él nunca morirá. Mira aquellos enormes músculos.” Él era un leñador con brazos muy fuertes. Pensé: “Oh, vaya, mírenlo; él nunca morirá”. Pero no tenemos una ciudad permanente aquí. Él se fue muy joven, se veía mucho más joven que yo cuando murió.
38 Y luego cuando… poco tiempo después, recuerdo entonces, la antigua casa donde estaba. Miré aquella vieja casa y pensé: “oh, ¡vaya! Ya no es tan fuerte. Cuán maravillosa. Qué estructura aquella. Dije: ”Esa casa estará allí por muchas generaciones“. Solo iba de paso antes de venir aquí, y ahora ellos tienen proyectos de vivienda que han construido allí. Nada que represente…
Recuerdo aquel viejo campo al atravesarlo donde nosotros -mi hermano y yo solíamos agarrar y atrapar aquellos pequeños pájaros sabaneros, salíamos y los agarrábamos allá afuera en el campo, corríamos atravesándolo allí y… vaya, vaya, no sabe lo que daría por volver a correr allí por aquel camino descalzo, para encontrarme con papá cuando él atravesaba el campo: Agarraba a uno por un brazo y al otro por el otro brazo, caminaba con nosotros hasta la casa. Oh, ¡Vaya! Aquellos días dorados.
Recuerdo cuando papá, estaba parado allá afuera… y pensé: “Oh, cuán grande, cuánto es todo esto”. Muchos de Uds. han tenido experiencias similares, pero aquellas ciudades están muriendo. Aquellas casas se han desaparecido. Aquí donde el viejo manantial en el que solíamos acostarnos y beber agua fría. Ellos…? … eso ya no existe más allí. No tenemos nada terrenal aquí que perdure por mucho tiempo.
39 Fíjese, allá cuesta abajo hacia la escuela… Oh, como recuerdo ir a la escuela, aquellos días tremendos. Recuerdo que papá y mamá acostumbraban llevarnos al pueblo los sábados por la noche. Nosotros los niñitos queríamos ir con ellos. Y ellos pagaban las cuentas de los víveres. Papá ganaba setenta y cinco centavos por un día entero, para entonces era bastante dinero, pero con eso tenía que alimentar a cinco niños.
Y fíjense, todos Uds. conocen mi testimonio, cuando relato esas cosas, si son buenas o malas, tengo que ser sincero y honesto. Uds. lo sabrán en el juicio, aquí estoy cierto de eso. Mi padre bebía demasiado. Era Irlandés y él solo… de hecho eso fue lo que lo mató.
40 Fíjense, recuerdo cuando él entraba e íbamos al pueblo el sábado por la noche, todos nos metíamos en aquella vieja carreta, y nos íbamos al pueblo, pagábamos la cuenta de los víveres. Nos envolvíamos en una sábana si era la época de invierno. En el verano nos sentábamos sobre un montón de paja. Nos parábamos en la esquina, en la antigua tienda de alimentos…?… Y recuerdo que cuando pagaban la cuenta de los víveres, papá nos compraba una bolsa llena de caramelos como regalo. Y él la sacaba. Esa era para nosotros los muchachos. ¡Vaya! había cinco pares de ojos azules mirando aquella bolsa de caramelos, y cada pedazo… aquel antiguo caramelo de menta era muy bueno. Y cada pedazo era partido en partes iguales. Y resultaba que si salía un pedazo más largo, todos los ojos quedaban fijos para que se repartiera correctamente. Sí, señor. Y nos sentábamos allí y partíamos aquel caramelo, y nos lo comíamos, y yo algunas veces trataba de negociar con mi pedazo de caramelo cuando lo chupaba, y lo metía en mi bolsillo, y lo conservaba. Y el lunes mamá decía: “William”.
Y yo decía: “Si, señora”
Ven a buscarme un balde de agua“
Y yo le decía a mi hermano: “Humpy, te daré un sorbete de este caramelo si buscas un balde de agua por mí”. Oh, yo dejaba que le diera dos sorbos y luego salía corriendo. Eso me hacía el día más ligero, si yo tan solo resistía la tentación de comerme aquel caramelo. Caramelos de menta picante, ¿Lo recuerdan? Era muy sabroso. Oh, ¡Vaya! Creo que podría salir mañana y comprarme una caja de Hersheys, pero nunca sabrán igual. Ese es el mejor caramelo que alguna vez haya comido. Y lo guardábamos, Ud. sabe. Y nos alquilábamos unos con otros. [Espacio en blanco en la cinta]… la cantidad de alimentos era limitada y esa cosa con la que podíamos cargar a la cuenta. Y escuchen…? Mamá…
41 Fíjense, amigos, no es un pecado ser pobre. No, no lo es. Y tal vez, ninguno de Uds. ha tenido que pasar por ese sufrimiento, Uds. no saben lo que es eso. Ese es el motivo por el que no podría ser un hombre rico y ver a los niños pobres en las calles sin ropa que ponerse, y a las personas sin carbón en la época de invierno, ¿Cómo podría sentarme y retener el dinero en mis manos y ver suceder tal cosa? No podría hacer eso. Nadie con un corazón bondadoso podría hacer eso. Correcto. No veo como los ricos pueden amontonarse tantos tesoros de esa manera. No, señor. Dios tenga misericordia. Estoy buscando una ciudad cuyo Constructor, y Fundador, y Hacedor es Dios.
42 Y recuerdo, solo un caso breve. Recuerdo que durante un año fui a la escuela sin camisa. Había una señora adinerada y mi papá trabajaba para ella; ella me dio un abrigo. Nunca lo olvidaré. Cuando fui a la escuela por primera vez, mamá me hizo un par de… algo de ropa, creo que la hizo del abrigo de papá de cuando él se casó [Espacio en blanco en la cinta—Ed] tenía unos enormes botones blancos. [Espacio en blanco en la cinta] como del estilo de cintura pequeña, Ud. sabe. Todos los chicos de rieron de mí, y dijeron que parecía un debilucho. Ni me importó lo que dijeron. Si ese era el abrigo de mi papá, y si era lo suficiente bueno para mi papá, era suficientemente bueno para mí. Ojalá lo tuviera hoy.
Me recuerdo de aquel invierno que no tenía abrigo para ir a la escuela, recuerdo que un día iba a… Se acercaba el mes de marzo. Yo tenía puesto este viejo abrigo y lo tenía abrochado de esta manera. Se me mojó o algo pasó en la escuela, tuve que ponerme este viejo abrigo. No tenía nada que ponerme, porque no podía tener nada.
Recuerdo que la maestra me dijo: “William, ¿Por qué no te quitas ese abrigo?”.
Yo dije: “Maestra, yo—yo tengo frio”. Yo no tenía frio. No me lo podía quitar.
Ella dijo: “Acércate a la estufa”. Ella prendió aquella estufa, y mi rostro comenzó a sudar. Ella dijo: “¿Aun no te has calentado?
Yo dije: “No, señora”. Ahora, yo no me podía quitar aquel abrigo, no tenía puesto nada debajo (¿Ve?), lo tenía abrochado de esta manera.
Y ella dijo: “Bueno, has de tener un—mal resfriado, vas a tener que irte a casa”. Y ella me envió a casa.
43 Recuerdo la primera camisa que recibí después de eso. Los hijos de la hermana de mi padre vinieron a visitarnos, y una de ellas era una niña como de mi edad. Ellos se quedaron como dos o tres días, y cuando se regresaron, la chica dejó un vestido allí, uno de sus vestidos. Comencé a mirar aquel vestido, y este tenía las mangas cortas; pensé: “Puedo hacer una camisa de este vestido”. Y corté parte del vestido y me lo puse, Uds. saben, y me quité el abrigo: se veía bastante bien. Entonces… solo que los botones estaban atrás. Pero yo me metí en eso y me fui para la escuela, y todos los chicos se burlaron de mí. Aunque recuerdo que ellos tenían esa cosita de dugey-ma flock, Uds. saben, esa cosita, ¿cómo es que la llaman? ¿Cuál es? Rick-rat (es correcto), Ud. sabe. Rick-rat por todo aquello, Uds. saben, por todos lados de esta manera, y—y eso… yo dije eso mal, ¿no es cierto? ¿Flecos? Los flecos. Correcto. Muy bien. Entonces yo tenía en todo…
Y yo dije: “Se están riendo de eso,” dije: “Fíjense, Uds. sencillamente no saben. Eso es parte de mi traje Indio” ¿Traje Indio? El vestido de mi prima. Ellos se rieron de mí tanto que eso me hicieron volver a casa llorando. Oh, vaya, qué cruces…?… Es correcto.
44 Muy bien. Fíjense, esos tiempos de antaño pasaron. Recuerdo ir a la escuela. Nosotros, no podíamos tomar el almuerzo como los otros niños. Muchos de ellos tenían—… Sus madres les horneaban pan; les hacían sandwiches, Uds. saben, y los rellenaban con esas cosas. Pero nosotros no podíamos costearnos esa clase de pan. Yo tenía medio galón de jalea. Y llevábamos un frasquito allí, y en uno llevábamos los vegetales. El otro llevaba, tal vez, granos o lo que hubiese sobrado: un pedazo de pan de maíz puesto allí con dos cucharas. Y nos—nos avergonzaba comer delante de los otros niños, mi hermano y yo. Nos deslizábamos y nos subíamos sobre la colina, bajamos por el costado del bosque, y nos sentábamos allí a comer los dos.
45 Fíjense, ese hermano está hoy en día en la gloria. Oh, ¡Vaya! Cómo desearía que él estuviese aquí. Déjeme decirle… No hace mucho estaba saliendo de Texas, de una reunión. Oh, estaba demasiado cansado. Pues, dije: “Subamos por aquel camino”. Y fuimos por ese camino y pasamos por la vieja escuela donde solíamos ir a esa escuela. Miré aquel lugar y pensé: “Oh, vaya…” Me detuve. Dije: “Quiero beber de aquel antiguo pozo que está allá”. Y fui hasta allá para beber agua y bombeé y bebí. Me recosté sobre la cerca de esta manera, estaba observando. El bebé y mi esposa estaban recogiendo unas violetas allá por el patio. Yo comencé a pensar en las distintas cosas y recordaba ver a todos los niños alineados en fila: Era época de la Primera Guerra Mundial. Y ellos…
Yo era un muchachito y nosotros poníamos nuestras manos apoyadas sobre sus hombros…?… nos bajamos los calcetines, los que teníamos calcetines y—o los zapatos, teníamos los dedos de los pies afuera, y parados allí. Recuerdo en una ocasión; fue en seguida después de navidad. Mamá hizo palomitas de maíz, y llevamos una porción en un saco de maíz para la escuela. Eso era raro. Ella las hizo para colgarlas sobre árbol de navidad, lo que le sobrara a ella. Un arbolito de navidad de cedro, fue cortado en el campo, le pusieron palomitas de maíz a su alrededor, buscamos algunos papeles, les hicimos unos agujeros, Ud. sabe. Los pusimos a su alrededor y llegamos a la escuela.
46 Y recuerdo estar sentado allí, mirando. Recuerdo que mi madre nos daba una bolsa grade de palomitas de maíz y lo colocábamos en el guardarropa, donde solíamos guardar nuestros—nuestros abrigos o nuestros almuerzos. Y me puse a pensar en las palomitas de maíz. Levanté mi mano. La maestra dijo: “¿Qué deseas, William?
Yo dije: “¿Me da permiso para salir?”
Dijo: “Sí”
Salí al guardarropa, metí la mano allí, y agarré un puñado de palomitas de maíz, salí y paré detrás de la escuela para comerme aquel puñado de palomita de maíz, regresé y entré. Cuando llegó la hora del lunch, entramos para buscar nuestro almuerzo y nos fuimos a la colina. Y Edward me dijo, él dijo: “Oye hermano, algo sucedió con esas palomitas de maíz”.
“Algo ocurrió, ¿No es cierto?” Yo sabía lo que había pasado con aquellas palomitas de maíz, yo me la había comido.
47 Parado allí apoyándome sobre aquella cerca, pensando en eso, dije: “Dios, daría cualquier cosa en el mundo y mi vida si solo pudiera tomar un puñado de aquellas palomitas de maíz donde él estaba y devolvérselas. Él murió antes que nosotros llegáramos a un lugar donde tenemos en abundancia, lo suficiente para vivir. Dios llamó a su preciosa vida.
Yo estaba trabajando en el oeste en un rancho de ganado, y él murió en el hospital buscando por mí. Uno podía oír sus gritos en la calle cuesta abajo, un grito a gran voz: “Billy ven a mí.” Uno de estos días cuando cruce el portal, estaré allí. Es correcto. Él fue salvo antes de morir.
48 Recuerdo estar mirando aquello allá y meditando en eso. Pensé… Miré arriba hacia la colina donde acostumbrábamos deslizarnos en trineo. Recuerdo eso por allá entre 1930-1917. Mamá trabajaba para el gobierno, les cosía las camisas a los soldados. Ellos tenían bultos de camisas, y era así como vivíamos. Ellos tenían que bajar un fin de semana, y recoger las camisas. Ella recibía cuatro dólares y cuarenta y cuatro centavos por hacer un bulto de camisas. De eso vivíamos.
49 Muy bien. Cuando ella bajaba. Recuerdo que nosotros niños pequeños…Ella no podía comprarnos un trineo. Y todos los muchachos tenían trineos deslizándose allá afuera sobre la colina. Venía una gran nevada y se congelaba la cima, y nos deslizábamos por la colina en nuestro trineo. Mi hermano y yo no teníamos ningún trineo, así que salíamos al botadero de basura del antiguo condado, tomábamos un enorme plato sartén. Y nos sentábamos en aquel viejo plato sartén, poníamos nuestras piernas alrededor uno del otro y nos abrazábamos. Y nos deslizábamos hacia debajo de la colina. Tal vez no teníamos la misma clase como el resto de ellos, pero igualmente nos deslizábamos, entonces nosotros… Hacíamos eso hasta que al final se salía la cosa; y ya no podíamos deslizarnos con eso. Luego bajábamos y agarrábamos un viejo tronco, llegábamos arriba de la colina y nos montábamos encima y aquí íbamos deslizándonos hasta debajo de la colina sobre el tronco. Oh, ¡vaya!
50 Recuerdo la ocasión en que quería ser un soldado. Yo veía aquellos soldados venir desde Utica Pike, aquella bandera ondeando, vaya, enrollando aquel pendón, los tambores siendo golpeados, yo me paraba allí, un muchachito diminuto, con la boca abierta, mi cabello colgándome por el rostro. Oh, cuando llegue a ser un hombre, voy a ser un soldado. Los había visto con sus polainas y de pie. Ellos gritaban: “Atención” y todos firmes…?… yo decía: “Oh, vaya”. Y cuando tuve la edad suficiente y la guerra venía, ellos no me aceptarían. Una cosa, siendo un ministro, y otra cosa, me supongo que simplemente no era lo suficiente hombre para ir. Ellos no me aceptaron. Lo intenté varias veces, como voluntario, y ellos decían, “Le llamaremos si lo necesitamos. Reverendo Branham, regrese.”
Y pensaba, “Bueno…” Pero amigos, finalmente llegué a ponerme un uniforme. Correcto.
51 Recuerdo a Lloyd Ford, un amigo mío, él pertenecía a lo que ellos llaman los Exploradores Solitarios, ellos vendían unos periódicos que llamaban: “Pionero” o algo similar. Y él tenía un uniforme de chico explorador por ello. Fíjese, yo… Oh, yo admiraba a ese chico. Le dije a él, dije: “Lloyd, cuando se te desgaste ese uniforme, ¿me lo darás?”
Y él dijo: “Desde luego, yo te lo daré”. Pero, qué cosa, parecía que ese uniforme duró mucho tiempo. Llegó el punto en que yo llegué a pensar que esa cosa nunca se desgastaría. Entonces finalmente él dijo que él me lo regalaría cuando se desgastara. Bueno, seguí por un tiempo con eso. Después ya no lo vi a él usándolo. Dije: “Lloyd, ¿qué ha pasado con el uniforme?”
Y él dijo: “Bueno, Billy, veré si lo puedo encontrar”. Él buscó, y regresó, y dijo: “Bueno, Billy”, él dijo: “El—el último pedazo del uniforme,” dijo: “se rompió en pedazos y—y mi mamá agarró el abrigo y le hizo un lecho para el perro” Y dijo: “está todo arruinado y acabado” no pude hallar un pedazo, solo una polaina“.
Yo dije: “Bueno, tráemela” solo una polaina del uniforme, un pequeño—tenía un cordón, una sola polaina de esta manera. Y él me trajo esa polaina, y pensé: “Oh, ¡Vaya! Cuánto me gusta esta polaina”. Así que en casa me la puse, Ud. sabe., y pensé: “cuán elegante. Si tan solo pudiera hacer que los chicos de la escuela me vieran con esta polaina puesta…”
52 Así que ese día fui. Me recuerdo yendo a la escuela. Y subí hasta la parte alta de la colina justo allí, y pensé: “Y ahora, ¿Cómo voy hacer? Tengo que hallar una excusa para ponerme una sola polaina y que ellos no sepan que es la única que tengo. No—no sé qué voy hacer.” Y la volví a colocar en mi abrigo, seguí hasta la escuela, allí nos encontramos Edward y yo deslizándonos hacia debajo de la colina sobre aquel viejo tronco, me volteé en el tronco y actué como que me lastimé la pierna. Dije: “Oh, vaya”. Nunca me lastimé. Dije: “Oh, mmm, ufff, esa fue una torcedura en mi pierna”. Dije: “Me acabo de recordar que tengo una polaina…?… Aquí adentro”. Dije: Eso ayudará mucho a mi pierna“. Me la puse y seguí hasta la escuela.
Iba a la… ¿Ud. conoce aquellas antiguas pizarras que teníamos en las escuelas? Yo iba a escribir sobre la pizarra, así que hice todo esto de esta manera (¿Ven?), me puse la polaina de esta manera por fuera-y con la otra caminaba. Miré por todos lados de esta manera para escribir….?… Cada uno y todos los niños se burlaron de mí y…?… así, y ellos… comencé a llorar. La maestra hizo que me fuera a casa. Tenía una polaina…
53 Pero, hermano, hermana, hoy yo tengo mi uniforme, estoy en el ejército, el ejército del Señor, peleando contra los enemigos del maligno, vestido… Uds. tal vez no puedan verlo, pero yo sé que está allí; la puedo sentir, la armadura de Dios: el Evangelio completo dentro de mi corazón; el bautismo del Espíritu Santo; Dios obrando con señales y maravillas; el yelmo de la fe—el escudo de la fe; y yelmo de la—salvación; calzado con el Evangelio; la espada en la mano, unido a Ud., aquí están los rangos, nuestra armadura está dentro de nosotros.
54 Mirando allá y al meditar en aquellos viejos tiempos, comencé a llorar; mi esposa dijo: “Pensé que venías a casa para descansar”.
Dije: “Cariño, pienso en aquellas cosas. Pienso, ¿Dónde está Ralph Fields?”. Dije: “Ya se ha ido”. “¿Dónde está Wilmer?” Se ha ido. ¿Dónde está mi hermano Edward?“ Se ha ido. ”¿Dónde está Rollin Halloway?“ Se ha ido. Porque aquí no tenemos una ciudad permanente.
Miré de nuevo a la colina para ver dónde estaba el antiguo lugar. Pensé que si solo podía visualizar al ver aquel antiguo límite, aquel antiguo—a través del campo de retama, que conducía hasta la casa… Se fue. La casa ya no está. Papá se ha ido. Oh. ¡Vaya! Porque aquí no tenemos una ciudad permanente, pero buscamos una cuyo arquitecto y hacedor es Dios.
Mis amigos se han marchado; mi hermano se ha ido. Papá se ha ido; mi hogar se ha ido. Solo mi madre y yo quedamos, en la historia.
55 Noten, entonces… pensando en todas estas cosas y como le hice trampa a mi hermano con aquel puñado de palomitas de maíz. Todo eso vino a mí. Hermano, hermana. Nunca hagan algo errado, porque eso regresará a Uds. tan cierto como que están vivos. Hagan lo correcto; Están obligados a hacer lo correcto.
56 Y luego, recuerdo… tendré que apurarme un poco porque se está haciendo tarde, voy a entrar en ello ahora. Es… dentro de poco me tengo que ir. Y Uds. me han dado toda su atención mientras han estado aquí. Creo que Uds. son demasiado agradables.
También me gustaría y ojalá tuviera tiempo para entrar y que escucharan la historia de cómo llegó el don y lo demás, pero tendré que omitirla. Recuerdo la vez (muchos de Uds. la han leído en el libro), cómo el Ángel del Señor se me apareció allí, y me dijo que nunca fumara o bebiera o deshonrara mi cuerpo, porque habría una obra para mí cuando fuera mayor; que habría una obra para mí cuando fuere mayor: se me apareció en el arbusto, y como ellos lo han mal entendido. Mi madre podría relatarles la historia, parada aquí mismo. Aún mi mejor amiga, en una ocasión, me llamó miedosito porque no me fumaba un cigarrillo.
57 Y yo siempre tuve mi opinión sobre una mujer que fuma cigarrillos y no he cambiado de parecer. Es correcto. Es la cosa más baja que las mujeres alguna vez hayan hecho. Verlas sentadas en un lugar… El otro día comencé a gritar: “Fuego” aquí mismo en esta ciudad. Una mujer sentada allá, y todo el humo salía alrededor de ella de esta manera, y el pobre bebé acostado en sus brazos; pensé: “¿quiere que los ojos de ese bebé sean sus ceniceros?” Dios nunca les dio un bebé con ese propósito; su deber es criarlo correctamente.“
Y mujeres, presten atención, tomen mi consejo, si Uds. fuman, oh, en el nombre de Jesús olvídense de eso. Nunca hagan eso; eso es horrible. No hagan eso porque yo sé que si este espíritu que me perturba… Ahora, no se levanten y se vayan, todos sabrán cuán culpables son. ¿Ven?
Fíjese, de una cosa estoy seguro, si este Ángel del Señor viene de Dios, y yo sé que sí, sin duda que responderán en el día del juicio por hacer eso. Estamos en el espíritu de los últimos días: gente impetuosa, infatuados, no se les puede decir nada, ellos saben todo. Ellos no se detendrán a escuchar al humano, a razonar. Presten atención. Dejen de hacer esas cosas. Vivan correctamente y vivan delante de Dios.
58 Les diré una cosa, reciban al Espíritu Santo, y luego pueden seguir fumando después que reciban al Espíritu Santo. Alguien me dijo el otro día: “¿Alguna vez bautizó a alguien que fumaba?”
Yo dije: “Mire, hermano yo no tengo una vara para medir en mi iglesia. (¿Ven?) Le enseño a la gente lo que es la verdad, y luego cuando ellos reciben a Cristo, Cristo se encarga del resto”.
Aquí afuera hay un árbol roble. El árbol sostiene sus hojas todo el año, todo el invierno. Viene la primavera, allí quedan colgando las hojas muertas. Ud. no tiene que arrancar las hojas y ponerle las nuevas. Deje que la nueva vida surja, y las hojas viejas se desprenderán. Correcto. Deje que el Espíritu Santo entre en el corazón de una persona, ellos se limpian y arreglan unas cuantas cosas. Correcto. Solo llévelos a Cristo; eso es todo. Luego es asunto de Dios seguir desde allí.
59 Fíjense, nunca le digo a la gente lo que tienen que hacer, y lo que no tienen que hacer, y lo que… eso es entre ellos y Dios, yo sé que una de las cosas más bajas que alguna vez haya visto es que las mujeres fumen. Me paro aquí y las veo sentadas allá y actúan de esa manera, es sencillamente algo dentro de mí, ojalá no me sintiera de esa manera, pero es algo que me hace sentir de esa manera. Y yo… no soy yo, es Él. Y yo sé lo que será todo eso en el día del juicio; escápese de eso, no tiene que hacerlo. Aléjese de eso. Apártese de eso. Ud. no puede venir a esta línea de oración sin que eso sea mencionado en Ud., sin duda que esa es una de las cosas, Él siempre mencionará eso.
60 Y note esto aquí. Más tarde en la vida, tuve novias como todos los chicos. Y recuerdo que era un poquito desconfiado con respecto a las chicas: veía la forma cómo actuaban las mujeres. Y francamente, yo nunca tuve mucho interés en las mujeres, no me refiero a Uds. las hermanas, fíjense, más yo… solo ver lo deshonestas que eran, algunas de ellas… yo estaba cerca, y observaba a mi padre beber, y visitar esos lugares, y tal vez por estar cerca, veía salir aquellas mujeres y vivir deshonestamente. Y muchas de esas mujeres se han ido a enfrentar el juicio por lo que han hecho hasta ahora. Y tendrán que pararse allí en aquel día.
Y yo dije que nunca me casaría, que nunca tendría nada que ver con ninguna de ellas. Sería un trampero [Trampero: Cazador de pieles—Traductor] o un cazador toda mi vida, y nunca tendría nada que ver con alguna chica. Entonces cuando llegué cerca de los… cuando tenía diecisiete o dieciocho años de edad, pasaba por la calle, y veía del otro lado a una muchacha, y pensaba que ella iba a decir algo, yo cruzaba y pasaba por el otro lado porque no quería tener nada que ver con ese asunto. Eso era todo. No quería ser enganchado o atrapado con eso o alguna cosa similar. Quería mantenerme apartado de eso. Entonces seguí adelante, pero finalmente hallé a una chica, a una verdadera chica. Ella era cristiana. Ella después se convirtió en mi esposa.
61 Me imagino que se preguntarán cómo fue que me casé siendo tan tímido. Les contaré cómo sucedió eso, lo más rápido que pueda. La conocí. Ella era una—una chica muy bonita, pero ella era toda una damita, la forma como ella se conducía. Y estoy tan contento que su muchachito, aquí en esta tarde esté escuchando esto, y puedo decir que su madre era una genuina dama. Sí, señor.
Yo la conocí; ella era miembro de la iglesia allá arriba. Y ella me pidió que fuera a la iglesia con ella, y fui con ella. Seguí acompañándola por mucho tiempo, y pensé que ella era bonita. Ella era una chica genuina… entonces yo… la única cosa es que yo había estado yendo con ella a la iglesia como cerca de un año o algo así, y conocí a una chica como es, yo no podía quitarle el tiempo a una muchacha como ella sino me iba a casar con ella, entonces tenía que dejar que alguna otra persona que se quisiera casar con ella, y eso iba a ser una situación horrible que me iba a desgarrar.
62 Entonces Ud. sabe todo lo que uno piensa, sabe, con los dientes como de perla, los ojos como de paloma, Ud. sabe, y así sucesivamente. Uds. entienden.
¿No piensa Ud. así de su esposa, Ud. sabe? Ud. tiene que seguir pensando así de ella también. Correcto. Es correcto. Mantenga ese pensamiento en su mente, tan dulce… espere a que ella sea inmortal del otro lado, luego mírela. Ella no necesitará alguna de estas cosas que llaman manicure o estas cosas que se ponen en la cara para que luzcan bien, Dios tendrá eso…
63 Yo creo que si una… no puedo creer que los científicos dicen que las mujeres, cuando son una cosa fea o lo que fueran con los hombres con pelo saliendo de su nariz de esta manera luciendo como un animal prehistórico. Yo creo que cuando Dios despertó a Adán para que viera a Eva, ella era la mujer más hermosa que los ojos alguna vez hayan visto. Correcto. Eso muestra que el hombre, aun en este día, el deseo en los hombres, anhelan—miran a una mujer hermosa. ¿Por qué? Porque esa tendencia viene pasando por el tiempo. (¿Ven?) Al saber eso, eso fue concedido en el huerto del Edén.
Puedo verla sentada allá, con su hermoso cabello colgándole cerca de sus labios. Adán la miró: era carne de su carne y hueso de sus huesos. Y lo veo a él agarrándola por el brazo y paseando por todo el huerto del Edén. Oh, ¡Vaya! No se preocupe, madre, algún día será de la misma manera. Correcto. Allá no habrá vejez. Allá no habrá bebecitos; todos tendrán la misma edad, marchando continuamente.
64 Note, ¿Qué pasó luego? Pensé: “Bueno, ahora tengo que preguntarle, y no tenía el corazón para preguntarle. No sé por qué. Tengo que dejarla ir si ella no se casa conmigo.”
Fíjese, su padre ganaba como quinientos dólares al mes, y yo ganaba veinte centavos la hora por abrir zanjas. Vaya… yo tenía un viejo Ford todo estropeado, estaba en una condición terrible. Luego tuve un… eso era todo lo que tenía. Ni siquiera tenía un traje. Tenía unos pantalones de una clase y el abrigo de otra clase. Pero ella me amaba, yo lo sabía, y yo también la amaba a ella.
Yo iba a la iglesia con ella y ella era una chica dulce. Ella era pacífica y agradable. Entonces pensé: “Tengo que hacer algo al respecto. ”¿Qué iba hacer yo?“ no tenía el valor suficiente para preguntarle. ¿Quieren saber lo que hice? Le escribí una carta. Eso hice. Esa es una manera terrible para llegar a estar casado pero (¿Ven?) -pero yo…
Fíjense, no era solo “Querida señorita…” tenía un poquito de… Uds. saben…?… la arreglé lo mejor que pude, tenía todo arreglado, Ud. sabe. Agarré la carta e iba camino al trabajo, y la deposité en el buzón de correos, Bueno, cuando venía el miércoles por la noche, teníamos una cita para ir a la iglesia, y yo—yo comencé a pensar ¿Qué si la madre se enteró de la carta? Oh, qué cosa.
65 Ahora, su padre era un buen alemán y… pero su madre era una buena mujer, pero de esa clase áspera, Ud. sabe, y yo… yo no le agradaba mucho. Por eso, ella nunca me trató mal, eso… yo solo no le agradaba. Entonces pensé: ¿Cómo voy a llegar por ella? Entonces pensé que cuando llegara el miércoles por la noche, ¿Qué si ella recibió la carta y es la que me va esperar en el pórtico? Y ahora, ¿qué voy hacer?“ comencé a pensar: ”Entonces no iré“. Luego pensé:” Bueno, si no voy, perderé a mi chica. ¿Ahora qué voy hacer?“ Tenía que hacer algo. Así que continué, pensé: ”Oh, me arriesgaré“.
66 Llegué hasta allá y no había nadie afuera. Conocía algo mejor que hacer sonar la bocina para que ella saliera. Ella me diría al respecto que si no era lo suficiente hombre para caminar hasta la puerta y preguntar por ella, yo no saldría. Creo que si las chicas tomaran esa actitud ahora, sería muchísimo mejor. Correcto.
Entonces fui hasta la puerta, toqué la puerta, y comencé como a sudar, Ud. sabe. Y pensé: “Solo llegaré hasta la puerta”.
Ella abrió la puerta, ella dijo: “Oh, hola Billy”.
Y yo dije: “Hola querida”. Ella me miró y yo pensé: “Oh, vaya, vaya, vaya, aquí vamos”.
Luego ella dijo: “¿No vas a entrar?”
Pensé: “Oh, ellos me meten ahí, entonces sé que estoy en ello.” Ud. sabe. Yo dije: “Yo—yo esperaré por aquí en el pórtico”.
…?… entrar.“ Dijo: ”Mamá está aquí“.
Y pensé: “Es mejor que no entre”. Entonces…
Dijo: “Mamá…?.. entra…”
Y yo dije: “ Oh, bueno. Está bien si yo espero justo…?…”
67 Entonces yo entré y me quedé parado, apenas entré. Ella cerró la puerta, esperé un ratito y pensé: “Oh, vaya” ella está lista para salir. Luego pensé: “Bueno, entonces todo debe estar bien” pensé: “¿Qué es lo que ella va decir? Este es mi último día. Yo sé eso. Vaya. Ella me va a decir que, a veinte centavos la hora, nunca la podría sustentar con eso, viviendo en una casa como en la que ella vive. Entonces continué, fuimos a la iglesia aquella noche, yo estaba pensando: ”Oh, vaya, después de la iglesia, tendré que decidirme a…
Vea allí, ¿cruza Ud. los puentes antes de llegar a ellos? Yo dije: “Bueno, ella me dirá después de la iglesia: Bueno, Billy lo lamento mucho pero esta es nuestra última noche”. Simplemente podía oírla a ella decir eso. Oh, yo sabía que ella iba a decirlo. Entonces salí. No escuché una palabra de lo que dijo el Dr. Davis, y él solo predicó. No escuché nada. Yo estaba preocupado de lo que iba a suceder cuando saliera de la iglesia.
68 Aquella noche cuando salimos de la iglesia y comenzamos a caminar a casa, Ud. sabe, Iba caminando calle abajo, la luna estaba brillando. Ella dijo: “¿Trabajaste duro hoy, Billy?”
Dije: “Así es”. Pensé: “Ella nunca recibió la carta. (¿Ven?) Ella nunca recibió la carta. Se quedó en el buzón de correos, o no la entregaron”. Entonces me sentía muy valiente para entonces. Y dije: “Muy bien” y comencé a mirarla, a mirarla directo al rostro, y yo pensé que ella cruzó, y esa luna brillaba sobre ella, y cuán bonita se veía ella. Ud. sabe? Entonces pensé: “Oh, vaya, uff, espero que no reciba esa carta ahora, porque yo… seguí de esta manera, y estaba sintiéndome con más valor, Ud. sabe.
Ella dijo: “Billy”
Y yo dije: “Sí”
Ella dijo: “Recibí tu carta”
Pensé: “Oh…” yo dije: “¿La recibiste?”
Ella dijo: “Ajá” solo seguía caminando…
Pensé: “Bueno, mujer, di algo, dime…?… algo.” Ud. sabe cómo una mujer lo puede mantener a uno en suspenso. Uds. los hermanos saben de qué estoy hablando. Y yo estoy… yo solo seguí caminando, entonces,.. Yo dije: “Bueno, ella tal vez nunca la leyó” Yo dije: “¿Y la leíste?”
Ella dijo: “Ajá”. Ella siguió caminando. Yo pensé, “Oh, Dios mío, di algo antes que entres allá a la casa, seguro”. Entonces…
Y yo dije: “¿La leíste toda?
Ella dijo: “Ajá
Yo dije: “¿Qué piensas al respecto? Ud. sabe.
Dijo: “Me parece bien”.
69 Bueno, nos casamos. Allí lo tiene, entonces ella…?… nos casamos. Y justo antes de casarnos sabía que tenía que pedir la mano de ella a sus padres. Ella dijo: Tendrás que hablar con mis padres“.
Pensé: “Oh-oh, Estoy otra vez en problemas”. Dije: “¿Por qué no solo hablo con tu papá?
Ella dijo: “Oh, con cualquiera de los dos”.
Dije: “Gracias, cariño”. Salí y recuerdo aquella noche, iba hablar con su papá y me senté, yo estaba muy nervioso. Y él relumbraba… entonces dije… yo estaba muy nervioso, y ella me miró, riéndose. Y luego me levanté y salí al—al pórtico. Caminé y ella dijo: “Buenas noches”
Y yo dije: “Buenas noches”. Yo dije: “Mire, Sr. Brumbach…”
Y él dijo: “Sí”
Yo dije: “Pudiera—pudiera hablar con Ud. Por un momento?”
Y él dijo: “Seguro”.
Él salió; Ud. sabe, era un sujeto enorme, salió al pórtico, y yo dije: “en verdad es una noche agradable”.
Y él dijo: “Así es, Billy”.
Yo dije: “Vaya, me agrada este clima, ¿a Ud. no?” Y yo estaba tan nervioso que no sabía qué hacer.
Y él dijo: “Sí”. Dijo: “adelante Billy, te puedes casar con ella.”
Y yo dije: “¿Lo dice en serio, Charlie?”
Él dijo: “Si.”
Me agrada él. ¡Vaya! Y en ese momento, pensé, “oh, ¡vaya! Eso estuvo bien.” Yo dije: “Ud. hable con la madre al respecto, ¿lo hará?”
Y él dijo: “Oh, Sí, yo arreglaré eso; está bien”.
70 Yo dije: “Charlie, mire”, dije: “No puedo sostenerla de la manera que Ud. lo hace”, dije: “Yo solo gano veinte centavos la hora”. Dije: “No—no puedo hacer que ella… Pero Charlie, la amo con todo mi corazón, y trabajaré tan duro como pueda para darle el sustento”.
Y él puso su mano sobre mi hombro, un hombre fino, dijo: “Billy, prefiero que tú te quedes con ella que otro que conozco”. Él dijo: “Sé bueno con ella, después de todo, la felicidad no consiste en cuántos bienes poseas en este mundo”. Eso es correcto, amigo.
Y yo dije: “Charlie, seremos felices”.
Y él dijo: “Bueno, espero que lo sean, Billy”. Y él dijo: “Sé bueno con ella”.
Yo dije: “Lo seré”.
Y él dijo: “Me alegra saber que te vas a casar”.
71 Cuando nos casamos, éramos felices. Y oh, ¡Vaya! No teníamos nada. Recuerdo cuando fuimos a comprar las cosas de la casa, alquilamos dos cuartos, yo salí y compré una vieja cocina de segunda mano, pagué un dólar y setenta y cinco centavos por la cocina y pagué un dólar por las rejillas que le faltaban. Fui a Sears y Roebuck en alguna parte y compré unas mesitas, de esas para el desayuno y no estaban pintadas. Recuerdo que le pinté un gran trébol encima de ella porque yo era irlandés. Le pinté un gran trébol encima, ella solo se rió de eso.
Teníamos una cama plegadiza. ¿Alguien sabe lo que es una cama plegadiza? Alguien nos la regaló, teníamos dos alfombras pequeñas de linóleo. Y una cama plegadiza. Fuimos obteniendo los utensilios de la casa, pero hermano, era un hogar. Nos teníamos el uno al otro y eso era todo lo que importaba.
72 Me convertí en ministro y estaba predicando el Evangelio para entonces, tenía una iglesita y allí predicaba el Evangelio. No ganaba mucho. Y después de un tiempo Dios bendijo nuestro hogar con el pequeño Billy Paul, él está sentado allá atrás en la audiencia, entró en la escena. Yo le pedí a Dios que me diera un muchachito, y fue cuando él nació en el hospital, yo fui el primero que lo escuchó llorar en la habitación, la habitación de entrega; dije: “Señor es un muchacho, ahora yo te lo entrego a Ti. Su nombre será Billy Paul”, en unos momentos salió el doctor y dijo: “Tienes un muchachito fino allá adentro. ¿Te gustaría verlo?”
Yo dije: “Sí, su nombre es Billy Paul”. Así que él salió y está aquí conmigo hoy“.
73 Seguimos adelante batallamos y trabajamos y procuramos tener un sustento y seguir adelante lo mejor que pudimos. Me tendré que apurar lo más que pueda para relatar esta parte difícil que es de lágrimas.
Y entonces, pues nos iba bien. Ahorramos nuestro dinero. Yo aún estaba pagando mi viejo Ford, y—recuerdo que tuvimos un tiempo donde fuimos—pude ir hasta Dowagiac, Michigan. El anciano hermano Ryan, y él está aquí en alguna parte. Creo que lo verán por aquí. Viene entrando, él es un anciano. Yo solía pensar que él pertenecía a la Casa de David, porque él tenía una barba y cabello largos, fui a verlo a Michigan para ir a pescar un poquito. Ahorramos nuestro dinero, y ella quería permanecer en casa, porque ellos tenían un—un grupo de trabajo en la iglesia, y ella no podía salir para irse conmigo. Yo podía conducir, eran como unas doscientas millas mejor dicho cuesta arriba. Fui hasta allá y pasé como dos o tres días pescando.
74 Y en mi camino de regreso, pasé por Mishawaka, Indiana. Y había gente allí afuera, con los peores modales de una iglesia que alguna vez haya visto en mi vida; ellos estaban gritando y…?… Bueno, yo nunca había visto alguna cosa actuar de esa manera. Entonces pensé: “Creo que iré a ver”. Y era un grupo de gente Pentecostal. El nombre del ministro era Raugh, donde estaban celebrando… Quizás alguien conozca al Reverendo Raugh de Mishawaka; Indiana.
Ellos tenían un grupo Pentecostal. Bueno, fui y me detuve y fui hasta la puerta y la policía estaba dirigiendo el tráfico afuera. Ellos saltaban de arriba para abajo por todo el lugar allí, y esa gente estaba aplaudiendo, y gritando y corrían por todo el pasillo hacia arriba y abajo. Pensé: “Vaya, vaya, ¡Qué grupo! Pues, ¿han oído el cántico: ”Algo se apoderó de mí“? Eso comenzó a causar un poquito de efecto en mí, Ud. sabe. Pensé: ”Bueno…“
75 Conté mi dinero. Tenía exactamente dos dólares y setenta y cinco centavos y tenía que ir a casa. Entonces conté para ver cuánta gasolina gastaría: Un tanque de gasolina para llegar a casa. Me quedaban setenta y cinco centavos. Entonces ellos… continuaban, su reunión continuaba, ellos tenían una conferencia. Entonces bajé y me compré un montón de rosquillas con azúcar, las envolví y las coloqué debajo de mi asiento, yo sabía que podía vivir de eso, aunque ellos tenían cena allá y demás, pero yo no tenía dinero para colaborar, por eso no quería comer con ellos porque no podía dar nada en la ofrenda, no encontré un lugar para quedarme, entonces me fui al campo en un sembradío de maíz y desplegué allí el asiento del carro y puse mis pantalones debajo para que se plancharan por la noche, y me acosté.
76 Y sabía que esa noche ellos iban a tener mucha gente, y ellos comenzaron a predicar, y decían: “Todos los predicadores que suban a la plataforma”. Como doscientos o trescientos predicadores subieron a la plataforma. Y había muchos de ellos que decían: “No tenemos tiempo para que todos Uds. prediquen. Solo levántense, digan su nombre y de dónde son.” Y cuando llegó mi turno dije: Reverendo Branham, Jeffersonville, Indiana“. Me senté. ”Evangelista,“ algo así. Solo me moví al lado de esta manera y seguí.
E inmediatamente él dijo que algún hombre iba a predicar, un hombre de color. Ellos debieron haberla tenido en el norte, porque no la podían haber tenido en el sur debido a que no podían juntar a los blancos y negros. Ellos presentaron a un sujeto allí; él tenía uno de esos enormes abrigos, Uds. saben, esos que son largos… un anciano de color, con un poquito de cabello por aquí alrededor de esta manera, y venía saliendo así. Ud. sabe. Escuché muy buena predicación aquel día. Él se levantó.
77 Era la primera vez que veía un micrófono, y estaba observando al micrófono, una cosa pequeñita colgando allí en ese tabernáculo enorme, ¡Vaya! Todo me parecía bien, Ud. sabe, pero lo que me impresionó es que aquellas personas eran libres y felices, ¡Vaya! No—estaba acostumbrado a eso.
Y luego salió allí aquel hombre de color. Pensé: “Parece que tuvieran algunos hombres jóvenes para predicar en lugar de ese anciano, a medio morir. Y él salió allí de esta manera; él dijo: ”Bueno,“ dijo: ”Hijos…“ Él logró hablar, Ud. sabe, tomó su texto.
Fíjense, los predicadores habían estado predicando acerca del bautismo del Espíritu Santo, y escuchaba con mucha atención, todas estas cosas. Pero, él tomó su texto allí de Job: “¿Dónde estabas tú cuando puse los fundamentos del mundo, cuando las estrellas de la mañana alababan a una voz y los hijos de Dios se regocijaban?” Y él comenzó a predicar de eso… Ellos predican esas cosas por aquí, pero él subió, allá atrás con Job, paseó por la eternidad, y bajó, y regresó al arcoíris horizontal. Cuando tenía como cinco minutos predicando, aquel anciano paralizado dejó salir un aullido, gritó y saltó en el aire y chasqueó sus pies al juntarlos, echó el pecho hacia atrás, irrumpió en la plataforma como esos pollos diminutos, dijo: “Uds. no tienen suficiente espacio aquí para que yo predique”.
Miré aquello, y dije: “¡Vaya! Eso es lo que yo quiero. Si eso hace que un anciano actúe de esa manera, ¿Qué haría eso conmigo?” Si eso es… pues, pensé: “Eso es lo que quiero”. Dije: “No iré a casa hasta que averigüe un poco más de esto”.
78 Aquella noche, allá afuera, me arrodillé. Dije: “Oh, Dios, esa gente tiene algo que yo quiero”. Dije: “Permíteme tener algo de aquello”. Y yo estaba… Escuche, yo dije: “Ahora, que halle favor con ellos en alguna parte. Cuando vaya hasta allá”. Dije: “Tal vez yo solamente… tal vez aquellas cosas vengan sobre mí y me sienta de esa manera”.
Entonces bajé hasta allá, Uds. saben, los Bautistas no actúan de esa manera, ellos tienen… Uds. saben. No menospreciando a la iglesia Bautista. Si los Bautistas se hubiesen quedado atrás…
79 Escuchen, no hace mucho yo estaba predicando en una iglesia Bautista tan fuerte como podía, y todos ellos estaban sentados allí todos almidonados. Dije: “¿Es esta una iglesia Bautista?”
El pastor dijo: “Sí, señor”
Me levanté a predicar otra vez, y me estaba poniendo un poquito alborotado, creo que lo saben. Así que me puse…?… predicando de esa manera, nadie dijo: “Amén”. Yo dije, “Bueno, ¿es esta la iglesia Bautista?”
Dijeron: “Si, señor.”
Dije: “Noten, todos Uds. no Bautistas, Uds. son solo miembros de iglesia. Allá en Kentucky de dónde vengo nosotros los Bautistas, cuando llegamos a ser salvos, caíamos al altar y nos pegábamos los unos con otros en la espalda hasta obtener la victoria, esos son los verdaderos Bautistas, hermano”. Correcto. Esa es la clase de Bautistas que necesitamos hoy. Correcto. Eso es exactamente lo correcto.
80 Y luego yo… pero estas personas… recuerdo que estaban alabando al Señor. Salí y oré: Dios déjame recibir un poco de eso. Eso es lo que quiero“
Al día siguiente, salí a la iglesia como a las diez en punto. Ellos ya habían terminado con el desayuno, y yo tenía mis rosquillas, bajé para beber un poco de agua de una fuente allí en la ciudad, conduje mi viejo Ford, salí. Me puse un par de pantalones baratos aquella mañana, y una camisita vieja: “Nadie me conocía” ni una persona. Entré, me senté junto a un hombre de color. Yo estaba sentado allá, Ud. sabe y pensé: Oh, ¡Vaya! Todos ellos están aplaudiendo y cantando, gritando y clamando. Pensé: Oh, ¡Vaya! Si tuviera la suficiente gracia para hacer eso. Si pudiera soltarme para hacer eso, yo lo deseo.“
Y estaba observando. Y poco a poco después de un rato el pequeño sujeto subió al micrófono, su nombre era Kirch de Cincinnati, y—Ohio. Y él dijo: “Anoche había un joven ministro en la plataforma, su nombre era Branham”. Dijo: “Queremos que suba a la plataforma en esta mañana para que traiga el mensaje”. Pantalones de calicó, playera… ¡Vaya!… yo no.
81 Yo estaba allá atrás; como acurrucado en el asiento de esta manera. Entonces ellos… él entró y cantó otro himno, y él dijo: “ Alguien aquí adentro sabe dónde está el Sr. Branham?” Yo era ese joven predicador que estaba en la plataforma. Y él dijo: “Que venga a la plataforma”, dijo: “queremos que traiga el mensaje en esta mañana”. Yo solo me senté muy quietamente, nunca dije nada.
Ese hombre de color me miró y me dijo: “¿Lo conoces?”
Oh, ¡qué cosa! ¿Qué podía decir? Dije: “Sí, señor”.
Y él dijo: “Ve a buscarlo”.
Oh, yo no le podía mentir a él, ¿ve? Dije: “Escúcheme amigo, quiero decirle algo”.
Dijo: “Sí, señor”.
Dije: “Yo-yo soy el hermano Branham, ¿ve?” Pero dije: “no puedo subir allá,” dije: “mire estos pantalones. ¿Ve? Mire esta camisa”.
Y él dijo: “A esas personas no les interesa cómo estás vestido”.
Yo dije: “Pero, fíjese, yo no puedo subir allá”. Dije: “Ud. solo quédese quieto”.
Y aquel dijo: “¿Alguien sabe dónde está el reverendo Branham?”
Y el hombre de color dijo: “Aquí está. Aquí está”. Pantalones baratos de calicó, playera. Oh, Dios mío… mi rostro estaba sonrojado, Ud. sabe. Oh, ¡Vaya! ¿Qué iba hacer? Eché mano de mi Biblia. Dije: “Señor, anoche oré por algo, tal vez seas Tú”. Dije: “No sé qué voy hacer. No puedo predicar entre toda esta gente aquí”. Subiré allá. Y comencé a caminar allá. Todos me estaban viendo, y con aquellos pantalones baratos y Ud. sabe cómo los alisé poniéndolos debajo del asiento del Ford, entonces… esta vieja camisa, estaba toda manchada, Ud. sabe.
82 Comencé a subir…?… estaba pescando. Así que comencé a subir hasta allá y dije: “pues, bueno gente,” dije: “Yo solo estoy un poquito… no sé lo que soy,” dije: “Yo—yo me siento un poco raro”. Dije: “no estoy acostumbrado a su religión”. Dije: “Y…” Y dije: “quería hablar solo un poquito; haré lo mejor que pueda”. Así que llegué a la parte donde el hombre rico levantó sus ojos en el infierno, y vaya, algo se apoderó de mí. Lo que supe después fue media hora más tarde. Yo sencillamente estaba afuera en un campo. ¡Vaya! Qué tiempo el que tuvimos.
83 Aquí venía un sujeto con un par de botas texanas y un enorme sombrero puesto, dijo: “Yo soy el reverendo fulano de tal”. Pensé: “Bueno, yo no estoy tan mal vestido después de todo”. Dije: “¿Es Ud. un ministro?”
Y él dijo: “por supuesto”. Dijo: “Escuché su mensaje,” dijo: “escuché que Ud. era un evangelista”. Me gustaría que viniera a Texas para que tengamos un avivamiento“. Yo dije: ”Bueno, mire, yo solo soy un predicador joven. Yo solo estoy comenzando. Dije: “Yo aún no he entrado bien a este camino junto con todos Uds. Oh, dije: ”Me agrada“.
84 Un sujeto vino y me dio una palmadita en el hombro. Y miró y estaba vestido con esa clase de pantalones que usaban para jugar golf, abotonados hasta la rodilla, como los que usaba cuando yo era un muchachito. Vestido como con pantalones de golf. Él dijo: “Yo soy el Anciano fulano de tal de Miami”.
Yo dije: “¿Es Ud. un predicador?”.
Y él dijo: “Sí, señor”
Pensé: “Entonces yo estoy muy bien”.
Entonces él dijo: “Pues, aquí”. Dijo: “¿Le gustaría venir y hacer una reunión para mí?”
85 Y una señora salió de algún, oh, de allá de la región India, dijo: “Oh, hermano, lo necesitamos allá arriba”.
Yo pensé: “Gracias Señor. Gracias. Tal vez esto es lo que vas hacer por mí. Entré allí y comencé a anotar sus nombres y direcciones. Dije: ”Averiguaré y lo consultaré con el Señor, con mi familia…“
Cuando fui a casa, nunca lo olvidaré. Entré corriendo… mi esposa siempre me recibía con los brazos abiertos; aun la puedo ver hoy, bendita sea. Ella vino corriendo a la puerta; le dije: “Cariño, te tengo que contar algo. Conocí al mejor grupo de personas del mundo. Comencé a contarle todo al respecto y cómo actuaban. Ella dijo: ”Bueno, ¿en dónde estuviste?“
Yo dije: “Allá arriba en Mishawaka, Indiana”, dije: “¿Crees que están avergonzados de su religión? Ellos solo gritan y chillan, corren, se estrechan las manos los unos con los otros”. Dije: “No les importa. Ellos son tan libres como las aves en el aire”. Dije…
86 Ella dijo: “¿Estaban ahí?”
Y yo dije: “Hay un grupo de ellos allá arriba.” Quiero mostrarte algo. Metí la mano en mi bolsillo. Dije: “Me dieron invitaciones para que predicara en sus iglesias”. Dije: “¿Puedes creerlo?
Ella dijo: “¿Es eso cierto, cariño?
Yo dije: “Sí”
Ella dijo: “Bueno, tal vez no puedas predicar en su clase de iglesias”.
Dije: “Eso fue lo que ellos me pidieron”. Dije: “Bueno, yo iré” Entonces ella… Bueno, dije: “¿Irías conmigo? Dios bendiga su corazón, ella siempre iría.
Ella dijo: “Si, cariño, a donde quiera que vayas yo iré contigo”. No teníamos dinero. Entramos y contamos el dinero, lo que teníamos. Y no teníamos lo suficiente para el pago del carro. Yo dije: “Bueno, mira cariño, la—la Biblia dice que no llevemos nada y que no nos preocupemos.” Dije: “La Biblia dice que si tienes dos túnicas, des una a tu hermano y sigas y Él suplirá” Fíjense, yo dije: “¿Crees que tú y el bebé podrán seguir adelante y estar…”?
“Si, si, lo haremos”.
87 Lo siguiente era decirles a nuestros padres. Yo fui y le dije a mi mamá. Por supuesto mamá, no hay problema con ella. Estoy agradecido por una buena madre y dijo: “Seguro, querido, Dios te bendiga”.
Luego teníamos que irnos. Y esta vez su padre y su madre se habían separado, entonces tuve que ir a hablar con su mamá. Y cuando entré, ella dijo: “William…”
Oh, ¡Vaya! Yo sabía lo que venía. Ella dijo: “Tú no puedes llevarte a mi hija”.
Dije: “Mire…. Mire, esas personas son el grupo de gente más agradable”. Ella dijo: “yo he oído de esa gente, ellos son unos santos rodadores.” [Unos Aleluyas—traductor] Luego ella dijo: “Tú no vas arrastrar a mi hija a ese mundo. Hoy ella tiene algo que comer y mañana se estará muriendo de hambre con ese montón de basura”. Y hermano, he concluido con esto y lo digo de corazón. “Lo que ella llamó basura es la crema y nata”. Eso es exactamente correcto. Digo esto con reverencia. Es la verdad. Ahora.
88 Ella dijo… y yo dije: “Ella es mi esposa y ella quiere que Ud.….”
Ella dijo: “Bueno, mamá yo quiero…” Bueno, allí iba de nuevo.
Y yo dije… Ella comenzó a… Ella dijo: “Bueno, si ella va, su madre se irá a la tumba con un corazón roto.” Y mi esposa comenzó a llorar.
Bueno, yo no podía soportar eso, entonces le dije a ella, dije: “Bueno, esperaremos e iremos después”. Fíjense, fue allí donde cometí mi error. Ahora, si hubiese ido, este don habría estado en acción mucho antes de aquello, porque yo habría ido con las personas que lo podían reconocer. ¿Ven? Pero yo dije: “Bueno, no iremos”.
Y, hermano y hermana, desde aquel momento comenzó mi problema. La primera cosa, cuando uno menos pensaba, mi iglesia comenzó a decaer. Mi hermano se murió, al romperse el cuello en la calle. Él iba conduciendo un carro con su brazo afuera; su cuello se rompió y su sangre derramada sobre el cuerpo de mi otro hermano. Corrí para encontrarlo, pero era demasiado lejos. Murió antes que pudiera llegar a él. Mi cuñada murió unos días después de eso. Mi padre murió en mis brazos. Todo comenzó a salir mal.
Entonces llegó la inundación de 1937, Uds. supieron de eso, muchos se enteraron por las radios y demás. El Rio Ohio se desbordó por todo el condado.
89 Mi esposa se contagió con neumonía. El ancianito Dr. Adair, nunca lo olvidaré, él venía a la casa, éramos amigos. Pescábamos y cazábamos juntos y demás: uno de los mejores médicos que había en el país. Y él… fuimos juntos a la escuela, él apareció allí y la examinó, y dijo: “Billy”, dijo: “Esa chica se contagió con neumonía,” yo acababa de llevarle a él su regalo de navidad. Él nunca…
En esa época Dios nos había dado una niñita, la pequeña Sharon Rose. No le pude poner el nombre Rosa de Sarón sino que la nombré Sharon Rose. Y yo la llamaba Sharon Rose, Dios nos la dio, y ella era una cosita muy dulce, nosotros sencillamente la amamos mucho. Ella llegó a un lugar donde se sentaba en su pequeño corral, Uds. Saben, allá afuera en el patio, y yo salía y hacía sonar la bocina del auto de esta manera, ella la reconocía y levantaba sus bracitos y decía: “gu, gu, gu, gu”. ¡Vaya! Cuánto amaba a esa masita de carne humana. Yo la cargaba en mi pecho y la besaba y la amaba. Mi muchachito…
Yo sencillamente amo a los niñitos, y Dios me los había dado a mí. Los ponía a los dos en mi espalda y sobre mis hombros jugaban a mi alrededor, Ud. sabe, tan felices como podíamos serlo, nada…?… pero solo… Ella tuvo los dos niños en un periodo de poco más de dos años. Y entonces…
90 Pero ella se había contagiado con neumonía cuando fue a comprarles a los niños el regalo de navidad. Y el doctor dijo que ella tenía que permanecer postrada allí mismo, y Billy, porque ella probablemente moriría si se movía incluso. Pero su madre apareció y dijo que la iba a trasladar a su casa. Y el doctor Adair dijo: “Ella tendrá que buscarse otro doctor, porque yo no la asistiría, Billy,” yo no lo permitiría.
Entonces ellos—ella lo despachó a él y se consiguió a otro médico y se la llevó allá. Y la inundación penetró y a todos nosotros nos pusieron a rescatar—a trabajar por la inundación. La trasladamos rápidamente al hospital del gobierno donde ubicaron un hospital temporal.
91 Nunca olvidaré aquellas noches. Recuerdo que me llamaron. Los dos bebés estaban enfermos con neumonía, y ella estaba postrada con neumonía, allá en el hospital con una fiebre alta de 40 grados y los dos bebes enfermos…
Y yo salí… salí y tenía mi carro, y una lancha y fui criado en el rio y dije… Yo conducía la lancha muy bien, y todos estaban sacando a la gente de la inundación, y la gente ahogándose y demás. Yo andaba en la lancha… estaba trabajando en un muro y algunos de ellos vinieron y decían: “Oh, predicador baje hasta allá rápidamente y busque su lancha y venga para acá”. La presa se rompió, Ud. sabe, por allá por la calle Chestnut, y las casas se están despedazando por la corriente, hay una madre en la parte alta de una casa allá con un montón de niñitos, eran como las once de la noche.
92 Me di prisa y puse a andar sobre el agua la lancha, la encendí y tuve que ir veloz sobre aquellas olas tan altas como esta carpa, casi, allá arriba tan alto donde el salto brusco daba contra los lados del edificio de esta manera. Y escuchaba a la madre dando gritos. Miré desde allá, y ella estaba parada en la parte de arriba del pórtico, del lado afuera encima de la casa, y las olas sencillamente estaban estremeciendo aquella casa de esta manera con cuatro o cinco niñitos que estaban parados con ella. Dije: “Vean donde las luces de la calle no se han apagado aún, por esa parte”. Y subí por el callejón con el bote de esta manera, y este simplemente arrasaba cosas por debajo. Atravesamos toda aquella calle. Finalmente me agarré del poste y lance una cuerda alrededor y jalé, la madre se desmayó, la levanté y jalé a todos los niños, los envolví, y los puse en la lancha y los traje de vuelta.
93 Solo cuando llegué al banco la oí decir: “Oh, mi bebé, mi bebé…” Pensé que había dejado al bebecito allá adentro. “¿Dónde está mi bebé?” Aunque ella estaba hablando de un pequeñito—un pequeñito como de tres años que tenía allí.
Y dije: “Oh, Vaya, un bebecito acostado en aquella casa…” Y fui nuevamente, y sabía que el pobre bebecito, cuánto amo a los niños. Y las olas eran terribles para entonces, yo solo llegué a la casa, lancé la cuerda nuevamente, y entré, busqué por todas partes, y no pude hallar al bebé, y justo en ese momento la escuché despedazarse. Y justo cuando despedazaba corrí rápidamente al pórtico y agarré la cuerda de la columna, bajé y jalé el nudo, luego la corriente me atrapó, y me fui con el rio de esta manera.
94 Y salí de ahí y no podía hacer que mi motor encendiera, de esa manera, la cuerda se congeló. Con agua nieve, yo estaba procurando hacerlo encender, y no arrancaba. La corriente me atrapó, y allí estaban aquellas cascadas detrás de mí. Y yo sabía lo que estaba sucediendo, y allí sentado en la lancha, allí afuera, estremeciéndose de un lado a otro, las olas moviéndose de esta manera, yo jalando la cuerda, y no arrancaba. Y jalaba otra vez, y no arrancaba, y pensé: “Oh, ¡Vaya! Media milla más adelante, por allí por el canal iré y ellos nunca encontrarán nada de mí, cuando vaya por allí”. Pensé: “Oh, Dios la remuneración…” Los caminos del transgresor son duros, amigos nunca busquen eso, pero lo que es. Y pensé: “Oh, Dios…” Yo comencé a recordar, me acorde de Él para entonces, que Él me llamó para que fuera y yo no fui y me rehusé. Aunque, durante aquel tiempo, seguimos adelante y los dos recibimos el Espíritu Santo.
95 Yo estaba jalando la cuerda; no arrancaba. Me bajé, y pensé: “Allí está el pequeño Billy Paul, nunca lo veré otra vez. Allí está la pequeña Sharon Rose. Nunca la veré otra vez. Allá esta mi esposa postrada en el hospital al borde de la muerte, nunca los veré cuando le den las noticias que me he ido a buscar la camioneta estacionada allá, y luego eso… Bueno, algunos de ellos quizás vieron la casa ser arrastrada. ¿Qué sucederá? Dije: ”Dios, ten misericordia de mí. Por favor, amado Dios, no quiero morir. Lamento lo que hice“. Dije: ”Ayúdame a arrancar…“ Jalé la cadena y encendió, iba cortando la corriente y abriéndome paso por el parque Howard y regresé. Me fui a la camioneta rápidamente, dejé amarrada mi lancha, en la parte alta del árbol para poder regresar por ella. Y salí y agarré mi camioneta rápidamente, algunos de ellos dijeron: ”Dicen que el depósito fue arrasado hace un rato,“ donde estaba la esposa.
96 Y me di prisa abriéndome paso rápidamente, me encontré con el alcalde allí. Y me—me detuve y le dije: “Alcalde Wheatly…” yo lo conocía. Dije: ¿Es verdad que…?“
Dijo: “Sí, el agua se desembocó”. Dijo: “Pero todos los que estaban en el hospital fueron evacuados”. Dijo: “Creo que a todos los metieron en un vagón de un tren, los llevaron a Charlestown, Indiana, allá los puedes encontrar”.
Salté en mi camioneta, recuerdo la última vez que vi a mi pastor asociado, él me agarró por la mano; dijo: “Hermano Branham, si nunca lo vuelvo a ver, lo veré en aquella mañana”. Y ese fue el último saludo que nos dimos, él murió durante el tiempo de la inundación. Y todos… Oh, él nunca murió, él se fue a casa para estar con Jesús durante la época de la inundación: un jovencito lleno del Espíritu Santo, un hombrecito Francés, DeArk era su nombre.
97 Nos alejamos. Yo salí allá tratando de cruzar al otro lado, bajé y subí con mi lancha hacia el arroyo Lancanssange, por allá estaba todo completamente lleno de agua cerca de ocho millas cubriendo el entorno, ondeándose. No había algún rio para cortarlo. Y algunos decían: “Bueno, ya el último tren cruzó por el puente. El puente fue arrasado y todos ellos se ahogaron allí por…?…”
Dije: Oh, ¡qué cosa! ¿Será posible? No puede ser,“ e intenté nuevamente; traté de penetrar el rio, y no pude porque era de noche. Las aguas me habían echado hacia atrás. Me encontré a mí mismo abriéndome paso de todos, saliendo allá en aquella habitación, sobre la colina. Y estuve allí como por cinco o seis días, tuve mucho tiempo para pensar en todo lo que salió mal, cuando Dios me llamó que fuera y yo no fui. Estaba sentado allí pensando: ”Mi esposa y mi bebé se ahogaron. Mi madre, ¿dónde estaba ella? No sabía dónde estaba, no sabía dónde estaban todos.
98 Finalmente los ríos bajaron lo suficiente para poder cruzar en la lancha, me di prisa para cruzar. Y dije: “Tal vez ellos fueron a Charlestown donde mantenían a los refugiados. Y entré allá; no sabían nada con el nombre de Branham. Salí y estaba debajo de un árbol y encontré a aquel viejo amigo mío, el Coronel Hay, él dijo: ”Ese tren pasó por aquí, no creo que se haya detenido, corrí hasta la oficina del despachador“.
Y él fue hasta allá y dijo: “Si”, dijo: “el ingeniero que condujo el tren estará por aquí en unos momentos”. Dijo: “Era un vagón de ganado”. Su padre era un organizador de la hermandad en Pensilvania, conducía por toda la ruta del sur. Y allí iba un vagón de ganado. Y el agua nieve y la lluvia sobre ellos. Sabía que no podrían vivir de esa manera, y tuve… [Espacio en blanco en la cinta—Ed].
99 Dos niños enfermos… ¿Cómo iba a llegar a Columbus? yo estaba aislado. Caminando la calle cuesta abajo, llorando y frotándome las manos, no sabía qué iba a suceder, yo… alguien se—corrió rápidamente hacia mí, dijo: “Estás buscando a Hope, ¿No es cierto?”
Dije: “Sí”. Ese es el nombre de mi esposa. A ella solían llamarla Esperanza, a mí, Fe, y al bebé, el pequeño Billy era Caridad.
Ellos dijeron: “¿La estas buscando?” Y yo dije…él dijo: “Mi novia está en Columbus, Indiana, y tu esposa está acostada a su lado, está muriendo de…?… tuberculosis”.
Dije: “No, eso no puede ser”.
Dijo: “Si, se está muriendo”.
Dije: “¿Me puedes llevar hasta allá?”
Dijo: Sí, si puedes caminar bastante“.
Dije: “Puedo caminar por cualquier parte”.
100 Nos subimos y nos montamos en el carro, y fui a Columbus. Subí allí y pensé: “¿Dónde está ella?” Entré de prisa en aquel… ellos la tenían hospitalizada en la cancha de baloncesto del gimnasio de la iglesia Bautista. Me anduve todo el lugar gritando… había catres por todas partes, y la gente estaba toda extendida de esta manera, toda clase de enfermedad y todo lo demás. Comencé a gritar a todo pulmón: “Hope, oh, Hope, ¿Dónde estás cariño?” Yo la amaba, aun la amo, ella está allá afuera en su tumba, pero Dios sabe que ella fue una buena mujer salva por Dios.
Miré y yo estaba llorando, gritando, oh, Hope ¿Dónde estás?“ miré por allá, y vi una pobre mano huesuda levantarse en el aire. Era ella, nunca olvidaré como me sentí. Mi corazón comenzó a decaer, corrí hacia ella, y caí de rodillas, y agarré su mano, ella pesaba como ciento treinta libras [casi 59 kg. —Trad.]; probablemente ahora pesaba como sesenta o setenta libras para ese momento.
101 Yo estaba llorando. Yo dije: “¿Dónde está Billy?” “¿Dónde está Sharon?” Ella dijo: “Están en algún hogar en alguna parte”. Dijo: “Me estoy yendo… yo, ¿verdad Bill?”
Y yo dije: “No, cariño, te ves bien. Vas a estar bien”. Dije: “Oh, Dios ten misericordia de mí. Por favor, amado Jesús”, dije: “¿Tendrás misericordia? ¿Permitirás que mi esposa se sane?”
Yo estaba orando; alguien me dio una palmadita en la espalda, era el doctor, dijo: “¿Reverendo Branham?” Y dije… Dijo: “Venga afuera un momento”.
Salí; dije: “¿Si, doctor?”
Dijo: “¿No es Sam Adair su médico en casa?”
Dije: “Sí, señor”.
Y él dijo: “Bueno, déjeme decirle”, dijo: “es mejor que esté listo para esto”. Dijo: “Su esposa va a morir”, dijo: “Ella tiene tuberculosis”.
Y dije: “Es tuberculosis de la peor clase.”
Y él dijo: “Ella no durará mucho”.
Dije: “Doctor, no, ella no se puede morir”. Dije: “¿Vio a mis bebes?”
Dijo: “Sí, los dos están enfermos, pero están mejorando”.
Dije: “Oh, mire, me la voy a llevar a casa”.
Y él dijo: “Ud. no puede hacer eso”, dijo: “Ud. solo quédese aquí”. Bueno, después de todo me la llevé a casa y solo siguió empeorando, empeorando, más y más todo ese tiempo.
102 El Dr. Adair regresó para darle tratamientos de neumotórax. Ellos hicieron todo lo que estaba a su alcance. Ella continuó empeorando. Yo oraba y lloraba y rogaba con todo mi corazón. Parecía que había tanta oscuridad como pudiera haber delante de mí.
Finalmente se la llevaron al hospital. Ellos enviaron y buscaron al doctor de Louisville. Y él entró y la miró y dijo: “No”. El doctor Dillar del departamento de tuberculosis, y él dijo: “Reverendo, ya no se puede hacer nada más por ella; ella morirá; eso es todo.” Dijo: “Solo haga los preparativos porque ella morirá”, dijo: “porque la tuberculosis ha destruido los dos pulmones, y acaba de conseguir tal asimiento de ella que no hay esperanza de salvarla”.
¿Qué iba hacer? Oh, ¡vaya! Podía oír en mis oídos aquello resonante: “Te llamé y te di la oportunidad. Tú no fuiste,” de esa manera. Ud. siempre cosecha lo que siembra.
103 Y recuerdo, yo seguí adelante intentando trabajar, tratando de ganar el sustento para que pudiéramos comer, y pudiera pagar mis cuentas. Y un día yo estaba trabajando. Ella se estaba empeorando más y más. Y oí el reporte una vez en el hospital porque mi esposa se estaba muriendo.
Y nunca olvidaré; me quité mi sombrero y mi abrigo, lo acomodé. Dije: “Oh, Dios, ten misericordia de mí, y déjame hablar con ella una vez más antes que se vaya”. Encendí el carro y estaba un poco cerca de Henryville; Indiana, o mejor dicho en Underwood. Llegué a la carretera cuesta abajo, me di prisa al hospital, salté del carro, corrí apresuradamente los escalones y entré al hospital, después que entré vi al doctorcito Adair bajar por el pasillo con su cabeza inclinada. Me miró de esta manera. Las lágrimas irrumpieron, y él volteó su rostro y comenzó a correr y a moverse hacia mí. Yo fui con él; puse mi brazo a su alrededor; dije: “Doc, mira Sam, ven acá ¿Qué es lo pasa?”
Y él dijo: “yo creo que ella se fue, Bill”.
Dije: “Seguramente que no”, dije: “Ve conmigo, Doc”.
Y él dijo: “Billy, ¿Cómo crees que voy a entrar allí? Dijo: ”La chica me cocinó varias veces la cena, ella era como mi hermana,“ dijo: ”¿Cómo podría entrar allí y hacer eso? Dijo: “Ya no quiero verla más”. Y él dijo: “Permanece aquí afuera”.
Y yo dije: “Yo voy a verla.”
Dijo: “No entres allí, Bill.”
Bueno, yo dije: “Si, voy a …?…”
Y él dijo: “Aquí.” Llamó a una de las enfermeras, “Ud. vaya con él”. Ella tenía una pequeña medicina roja o algo similar. La muchachita dijo: “Tome esto”
Yo dije: “No necesito eso”.
104 Yo entré. Y dije: “Quiero entrar solo”. Jalé la puerta detrás de mí. Miré hacia allá. Ella tenía ojos y cabello muy oscuros: Una chica Alemana. Ella estaba toda doblada de esta manera. La miré y solo estaba quieta, puse mi mano sobre su frente. Estaba muy pegajoso, parecía que no tenía vida. Puse mi mano sobre su cabeza, y dije: “Oh, Dios por favor”. Dije: “Esa es la madre de mi bebé, déjame despedirme de ella. ¿Lo harás Señor? Déjame despedirme de ella. No quiero que se vaya sin decirle adiós, ¿Me ayudarás, amado Dios? Si hay perdón en Tu gran corazón, ¿me dejarás despedirme de ella?”
Ella movió su cabeza. Miré hacia abajo. Si viviera cien años, nunca olvidaría aquellos grandes ojos oscuros que me miraron. Ella no podía hablar. Ella movió su dedo. Y yo—yo me incliné, ella dijo: “¿Por qué me llamaste?”
Yo dije: “Pues, cariño, tú no te está yendo”.
Ella dijo: “Si, me estoy yendo”. Ella dijo: “no me importa eso, Bill, solo me desagrada tener que dejar a los bebes”. Ella dijo “Pero sé que…”
Bueno, entonces dije: “Querida, tú—tú no te estas yendo, No—no, todo va a estar bien; tu va a estar bien”.
Ella dijo: “Mira Bill…”
105 En ese momento la enfermera entró. Ella dijo: “Reverendo Branham, tiene que salir”.
Ella le dijo a la enfermera “Ven acá.” Ella la conocía, dijo: “Evelyn,” su compañera de clases. Dijo: “Si alguna vez te casas, espero que tengas un esposo como el mío.” Y ella dijo: “No, entra”.
Y yo dije: “Oh, cariño no digas eso.”
Ella dijo: “Yo…?…” Evelyn comenzó a llorar y volvió afuera. Ella dijo: “Quiero decirte algo, cariño”. Ella dijo: “Me estoy yendo,” y dijo: “Es glorioso irse”. Ella dijo: “yo estaba en mi camino, y tenía a alguien tomándome de cada brazo, parecían ángeles blancos, y ellos me llevaban atravesando una senda blanca a mi hogar”. Dijo: “Podía oírte llamando otra vez allá en el camino.” Oh, oh. Dijo: “Cariño, simplemente es tan pacífico,” dijo: “grandes palmeras, y aves como en el amanecer de una mañana, y…?… trópicos.
106 ¿Saben lo que creo? Yo creo que ella solo estaba entre lo natural y lo sobrenatural. Ella dijo: “Yo he estado dando una caminata”. Dijo: “Prométeme una cosa, que siempre predicarás este glorioso Evangelio del Espíritu Santo,” ella dijo: “porque ciertamente vale la pena a la hora de partir, Bill.” Ella dijo: “Me imagino que sabes porque me estoy yendo, ¿no es cierto, cariño?”
Y yo dije: “No lo digas”.
Ella dijo: “No, la culpa no es tuya; sino mía”.
Yo dije: “Si, cariño, si no hubiese escuchado a tu mamá, y hubiera escuchado a Dios en lugar de a una mujer, yo estaría mejor, ¿verdad que sí?”
Ella dijo: “Es correcto, cariño, pero saldrá muy bien para ti”.
Yo dije: “Hope, no me abandones.”
Y ella dijo: “Tengo que irme, cariño.” Dijo: “Odio tener que irme y dejar a los bebes”. Ella dijo: “Promete una cosa, ¿Lo harás?” Dijo: “Tengo algunas cosas que decirte”.
Yo dije: “Muy bien”.
107 Dijo: “Tengo que decirte esto rápidamente, porque me voy de vuelta; ellos esperan por mí”. Ella dijo: “No creas que estoy fuera de mi; no lo estoy.” Ella dijo: “¿Te acuerdas en aquella ocasión cuando estabas en Louisville y querías comprarte aquel pequeño rifle calibre veintidós, y no tenías el dinero suficiente para pagar el pago inicial?”
Dije: “Sí”.
Ella dijo: “Yo siempre quise comprarte ese rifle”. Ella dijo: “He estado ahorrando cada centavo lo suficiente para tener el dinero para el pago inicial: Tres dólares.” Y ella dijo: “Después que me vaya, cuando llegues a casa, mira en la parte de arriba de la vieja cama plegadiza, debajo de un periódico. Y prométeme que comprarás ese rifle. Lo querías tanto”.
Uds. Nunca sabrán cómo me sentí cuando regresé a casa y encontré aquellos dos dólares y setentaicinco u ochenta centavos allí, los centavos que había ahorrado, guardándolo ella misma, sin comprar sus medias, principalmente, para ahorrar eso allí. Esa es una genuina esposa.
108 “Mira”, ella dijo: “otra cosa que quiero decirte” ella dijo: “¿Recuerdas la ocasión cuando me compraste aquellas medias, que te envié a comprarme las medias?”
Y yo dije: “Sí”.
Ella dijo: “Esas eran las medias equivocadas”.
Eso fue cuando íbamos para Fort Wayne. Yo iba a predicar esa noche allá. Y yo iba para Fort Wayne, y ella me mandó a comprar unas medias, hay dos clases. Las que llaman ¿Chiff—Chiffon? Esas son. ¿Cuáles eran las otras? ¿Ray…rayón? Rayón y chiffon. Y ella me dijo: “Cómprame un par” ¿Rayón son las mejores? Muy bien. Ella dijo: Esas cuestan sesenta y nueve centavos.“ Ella dijo: ”Cómprame un par de medias rayón mientras me alisto“.
Fui hasta allá para comprarlas, yo iba por la calle. Nunca había comprado nada de ropa para mujeres, no sabía nada de ropa. Yo iba… Ella dijo: “Chiffon”.
“Chiffon, Chiffon, Chiffon, Chiffon, Chiffon…”
Alguien dijo: “Hola hermano Branham”.
Y yo dije: “Hola…Chiffon, Chiffon, Chiffon, Chiffon, Chiffon, chiffon, chiffon…”
Iba bajando repitiendo, dijeron: ¿cómo estas Billy?
Yo dije: “Bien… Chiffon, Chiffon, Chiffon, Chiffon…”
Pasé la esquina, y un amigo mío pescador se encontró conmigo en la esquina. Él dijo: “¿sabías que las percas están mordiendo ahorita al lado de aquel muelle?
Yo dije: “Seguro. ¿Están agarrando a los cangrejos?” Yo dije: “Bueno, tengo que ir a Fort Wayne”. Le dije; “te veo en lunes”. Y estábamos hablando de esa manera. Luego cuando él se fue, se me olvidó lo que era.
109 Bueno, ella me envió a comprarlas a Penneys. Yo solía ir a donde una muchachita llamada Thelma Ford, y ella estaba trabajando en Newberry´s y yo sabía que ellos vendían allí las medias, entonces entré y pensé en pedírsela a ella. Bueno, yo no quería mostrar mi ignorancia a la gente. Fui allá, y dije… Ella dijo: “Hola Billy”.
Y yo dije: “Hola Thelma”.
Dijo: “¿Qué quieres?”
Yo dije: “Quiero un par de calcetines para Hope.”
Dijo: “¿Un par de qué?”
Dije: “Calcetines”.
Dijo: “Hope no usa calcetines”.
Y yo dije: “Si, señorita. Ella quiere calcetines, ella quiere los de estilo completo, y esa cosa aquí atrás, ya sabes lo que es”. Dije…
Ella—ella dijo: “Ella quiere medias”.
Yo dije: “Bueno, como quiera que las llamen…” Luego pensé ya había mostrado cuán tonto fui, y no quería empeorar el asunto.
110 Ella dijo: “¿De qué clase quiere ella?”
Y yo dije: “¿De qué clase tienen?”
Y ella dijo… ¿Cómo es que se pronuncia? ¿Como Rayón? ¿Chiffon? ¿Es esa la clase? Bueno, ella comenzó y dijo: “Bueno tenemos de rayón”. Bueno, yo nunca había oído…
Yo dije: “Esa es la que ella quiere” ¿Ven? Suena igual como chiffon para mí, chiffon, rayón, ¿ve? Y dije: “esa es la clase que ella quiere”.
Y ella dijo: “Ella no quiere rayón”.
Yo dije. “Esas son las que ella quiere”. Y entonces ella fue y las trajo. Esas costaban como veinte centavos o algo así.
Pues, entonces dije: “Dame un par de esas”.
Ella dijo: “¿Estás seguro que son esas?”
Dije: “Esas son las que ella quiere”.
Entonces las compré. Ud. sabe cómo fue la cosa—Uds. hermanos saben cómo nos gusta jactarnos con nuestras esposas, Uds. saben. Y dije: “Oh…” Dije: “Soy un hijo de Abraham, yo soy un judío elocuente”. Dije: “Tú sabes cómo comprar, ¿eh?” ella dijo: “¿Me trajiste las medias chiffon?”
Y pensé: “Si” esas eran el tipo“. Y yo dije: ”Sí, señorita. Esas fueron las que traje“. Ella era lo suficiente dama para no decirme nada al respecto. Y cuando llegamos a Fort Wayne, fue extraño para mí porque ella compró otro par de calcetines.
111 Pero lo que fue, ella me dijo: “Cariño, no quería decirte”. Ella una dama muy educada. “Se las tuve que dar a tu mamá. Esas eran para personas ancianas”. Dijo: “Lamento que me tuve que guardar de no decírtelo, pero es que simplemente no podía decirte”.
Dije: “Dios bendiga tu corazón, cariño”.
Hay otra cosa más que quiero que me prometas: “que no te quedarás soltero”.
Yo dije: “Oh, Hope, no puedo prometerte eso”.
Ella dijo: “No vivas soltero, y andes con mis niños de un sitio a otro”. Ella dijo: “Yo—yo me voy Bill”. Ella dijo: “¿Me lo prometerás?”
Yo dije: “Cariño, no te puedo prometer eso”.
Dijo: “prométemelo, ¿lo harás?” Aquella pobre mano débil me alcanzó. Y me dijo: “Busca una buena muchacha que tenga el Espíritu Santo, ella cuidará de los niños”. Ella dijo: “Bill, te encontraré allá”.
Dije: “Muy bien, cariño”. Dije: “¿De verdad te estas yendo?”
Ella dijo: “Si, me estoy yendo”.
Yo dije: “Cariño, algún día, ayúdame Dios…” Dije: “te llevaré a Walnut Ridge y te sepultaré, y dejaré un lugar para mí y para los niños”.
Ella dijo: “Haz una cosa más, prométeme también, que nunca te vas a acobardar, sino que predicarás este Evangelio que escuchaste allá en Mishawaka”.
Dije: “Te lo prometo”.
Ella dijo: “Es glorioso morir por esto, Bill”. Y dijo: Me desagrada dejarte con los niños, pero es bueno estar de regreso“.
Dije: “Cariño, en aquel día cuando el sol se torne tan negro como el cilicio, sangriento. Los cielos estarán ondeando y de color gris” Dije: “Si estoy vivo, estaré en el campo de batalla, y si no, estaré durmiendo a tu lado. Y si te vas antes que yo, si estoy vivo, y tú te vas antes que yo, cuando veas a la ciudad bajar que viene del Dios de los cielos,” dije: “ve a la puerta del oriente; párate bajo la gran columna. Cuando veas a Abraham, Isaac, y a Jacob, los veas pasar,” dije, “grita mi nombre tan fuerte como puedas: Bill, Bill.” Dije: “Reuniré a los niños, y te encontraré allá en aquel portón”.
Ella dijo: “Te encontraré allá, cariño”. Y le di un beso. Esa fue mi última cita con mi esposa. Y hermano, hermana, algunas veces me agoto y me canso, pero voy a mantener esa cita. Un día me voy a encontrar con ella.
112 Salí del edificio, me fui a casa. Oh, vaya, con el corazón partido. No lo podía soportar. Mi madre me dijo: “Ven a su casa”. No pude. Pasé la noche allá. Yo andaba alrededor de la casa, entré al cuarto, me acosté. Cerré la puerta, cuando empujé el… yo estaba acostándome en el catre, y moví mi pie, los moví los dos; y cuando lo hice, allí estaba colgando el abrigo de ella detrás de la puerta. Yo—yo…Era todo de nuevo otra vez.
Y en ese momento, alguien tocó la puerta, dijo: “¿Billy?”
Y yo dije: “Sí”.
Dijo: “Te tengo que dar malas noticias”.
Yo dije: “Bueno, yo estaba allá cuando ella murió”.
“Eso no es todo, tu bebé también se está muriendo”.
Dije: “No”.
“Sí” dijo: “el Dr. Adair acaba de salir y dijo que no te dejaran entrar al hospital; está muriendo con meningitis tuberculosa”.
Yo no podía soportar más. Entonces tuve que— me levanté. Dos hombres estaban sentados en una vieja camioneta, salimos para allá para el hospital, y entré. El doctor dijo: “No puedes entrar allí.”
Dije: “Si, puedo”.
“No, no puedes”, dijo: “Billy, tienes que pensar en Billy Paul”. Dijo: “Mira, ella tiene meningitis, ella la contrajo de su madre”. Dijo: “Si entras allí, se la podrías contagiar a tu muchacho”.
Dije: “Doctor, tengo que entrar”.
Y él dijo: “No puedes”. Entonces él me hizo sentar en una habitación, en el momento que él se fue, de todas maneras me escabullí.
113 Y entré allí. Era un hospital antiguo, y allá, cuando entré a la habitación… nunca lo olvidaré, allí estaba mi niñita de ocho meses de edad, la pequeña Sherry, postrada allí, y ella estaba sufriendo mucho, sus piernitas se estaban moviendo hacia arriba y debajo de esta manera, rápido. Parecía que sus manitas ondeando me estaban diciendo: Adiós. La miré y ella estaba sufriendo mucho, dije: “Sherry, ¿reconoces a tu papito, cariño? Le espanté las moscas de sus ojos, y cuando ella me miró… ella estaba sufriendo tanto al grado que sus ojitos azules se habían cruzado.
Nunca podría soportar ver los ojos cruzados de un niño. Nunca he visto a alguien que pasara a la plataforma y no fuera sanado…?… ¿Es correcto? He visto cuatrocientos niños de ojos cruzados que han sido sanados en seis meses. Oh, cuando veo un niño con los ojos cruzados me recuerdo de mi pequeña Sherry postrada allá. Ella estaba sufriendo tanto que sus ojitos se cruzaron y su manita trató de despedirse de mí.
114 Y dije: “¿Reconoces a papito, cariño?” Y sus labios pequeñitos trataron de hablarme de esta manera: “Gu”, hacia mí, y estaban temblando; ella estaba muriendo, puse mi mano sobre ella; dije: “por favor amado Dios, no te la lleves. Te llevaste a mi esposa; te llevaste a mi papá, y te has llevado… oh, Dios ¿no hay perdón en Tu gran corazón?” Dije: “por favor, deja a mi bebe”. Puse mi mano sobre ella, me arrodillé, dije: “¿No lo harás, Señor? Vi como una sombra negra comenzó a desenvolverse, descendiendo. Oh, sabía que ella se había ido.
La miré; pensé: “Oh, vaya, si tuviera que vivir eso otra vez, aquellos nunca serían basura, no me importa quién…?…” pensé: “Oh, si tan solo pudiera regresar, no escucharía alguna cosa que alguien me dijera; yo escucharía solo a Dios, solo a Él escucharía”.
La miré con tristeza y sabía que se estaba yendo. Dije…?… cariño, papito va a…?… tu no…?… solo me ondeó con la mano. Yo solo he estado, me vine a casa. Dije: “Tú estás preocupado por…?…Si…?… la calle. Puse mi mano sobre su cabecita; dije: ”Señor, Tú me la diste, Tú me la quitaste, Aunque Tú me mates, aun así confiaré en Ti. Aun eres más mi Salvador. Te amo“. Yo no soy un bebé, pero cuando pienso en eso, me destroza el alma.
115 Pensé: “Oh, Dios, ¿Cómo pudiste quitarme a mi preciosa niñita de mi corazón? Luego…?… más allá dije: ”Que no se haga mi voluntad sino la Tuya. Dios, si me sacrificaras, yo solo voy a confiar en Ti“. Dije: ”Dios te bendiga, cariño. Adiós, Sherry. Tu eres… te pondré en los brazos de mamá dentro de unas cuantas horas allí en un ataúd donde ella yace ahora. Y algún día papito te verá otra vez, di un paso atrás y parecía que cada uno de mis huesos se despedazaba. Caí al suelo. Los ángeles de Dios vinieron y se llevaron su pequeña alma para estar con su madre. Se fue a encontrar con mamá, su cuerpo indefenso fue acomodado en los brazos de su amada madre. Fuimos allá afuera y las sepultamos. El reverendo Smith de la iglesia metodista, subió hasta allá y agarró un puñado de tierra y dijo: “Cenizas a las cenizas y polvo al polvo, y tierra a la tierra”. Aquellos terrones comenzaron a caer encima del ataúd mientras la bajaban a la tumba. Yo me levanté, no podía soportar aquello.
116 De vuelta por el costado de la colina había unos enormes arboles de cedro, y oí silbar un viento que pasaba por allí. Parecía un cántico que decía:
“Si, hay más allá del río
Una tierra eterna y dulce
Llegaremos hacia ella confiando en fe.
Cruzaremos los portales
A vivir como inmortales
Cuando las campanas suenen por ti y por mí.
La Pascua de hace un año, estuvimos allí con su hijito, Billy y yo. Íbamos a la tumba muy temprano en la mañana, y tenía un ramo de flores bajo sus brazos, yo dije: “Vamos a visitar la tumba de mamá”.
Íbamos allí con las flores, saliendo el día. Me quité mi sombrero, y el jovencito también se quitó su sombrero. Yo lo oí a él sollozar. Dije: “No llores, hijito”. Puse mi mano a su alrededor. Nos sentamos al lado de la tumba. Leí ahí: “Justo aquí yace Hope Amelia Branham y su querida hija Sharon Rose”. Dije: “Cariño, la—la razón que estamos aquí Billy, es porque hay una tumba vacía en Jerusalén en esta mañana. Correcto. Y tu madre murió en Aquel que resucitó otra vez” Dije: “Algún día veremos a mamá y a tu hermanita otra vez en una mejor patria”.
117 Después que sepultaron a mi esposa, me fui a casa. Intenté ir a trabajar, tenía una deuda de miles de dólares, y francamente así fue hasta recientemente que salí de eso.
…?…padre había muerto y no tenía seguro. No pudimos costearnos el seguro o algo y ahí estaba él. Por cierto, yo no soy una persona de seguros“.
Comprar un seguro… un chico el otro día vino a mí, dijo: “Quiero venderle un seguro”.
Yo dije: “yo… escuche, no me hable de eso,” dije: “yo tengo un seguro”.
Dijo: “Oh, ¿tiene un seguro?”
Dije: “Si, señor”.
Dijo: “¿Cuál es?”
Yo dije: “Bendita seguridad, mío es Jesús. Oh, qué deleite de la gloria divina”.
Y él dijo: “Eso no lo va a poner a Ud. aquí en la tumba”.
Yo dije: “Yo no estoy preocupado en meterme allí. Eso me sacará de allí”. Dije: “Estoy preocupado en cómo salir de allí, no meterme allí. Dije: ”Es correcto“. No tengo nada en contra de los seguros, están muy bien. ¿Ven? Eso está bien. Y el seguro de algunas personas es muy pobre. Correcto. Pero déjeme hablarle de un seguro que puede agarrarlo de una vez: justo aquí y es el Espíritu Santo de Dios. ¿Es correcto? El seguro de la muerte, sepultura y la resurrección de Cristo, y saldremos nuevamente.
118 Entonces cuando estaba allí, acostado en la cama una mañana…Me recuerdo levantándome sobre un poste. Yo trabajaba para la compañía de electricidad, intentando, la Compañía del Servicio Público de Indiana. Yo estaba trabajando muy temprano en la mañana. Estaba desmontando unas líneas. Yo estaba cantando: “Sobre una colina a lo lejos estaba un áspera cruz, el emblema de afrenta y dolor”. Me di cuenta que el sol estaba saliendo, el brillo dada en contra del poste telefónico—o el poste eléctrico y ese aquel brazo como una cruz parecía el cuadro de alguien colgado sobre una cruz, balanceándose allá sobre la colina, la sombra. Dije: “Sí, fueron mis pecados que lo pusieron a Él allí, fue mi desobediencia la que lo puso a Él allí. Él murió por mí”. Y me puse tan… yo estaba… podía ver a mi esposa marcharse, pero no podía ver a mi bebé marcharse, no podía hacerlo, y dije: “Oh, Dios ¿Por qué me quitaste a mi preciosa pequeñita? Aquí he quedado solo en el mundo, yo y el pequeño juntos errando por allí.” Dije: “¿Por qué te la llevaste, Señor?” Yo me puse muy nervioso al grado que dije: “Sherry, cariño tu papito va a ir a verte esta mañana.” Me quité el guante protector de hule. Por allí pasaban dos mil trescientos voltios justo en frente de mí; eso rompería cada hueso en su cuerpo. Dije… Me volví loco… me quité el guante. Dije: “Sherry, papi viene a verte, ya no puedo estar alejado de ti por más tiempo.” Dije: “Dios, aborrezco ser un cobarde, pero ya no aguanto más, me está rompiendo el corazón, ya no aguanto.” Lo siguiente que supe fue que me encontré sentado en el suelo, ¿Cómo me bajé de allá arriba? Solo Dios sabe. Yo creo que si ese don no hubiese sido pre-ordenado para ser puesto allí, yo me habría muerto de inmediato, porque ya me había decidido, me iba a quitar mi vida, un caso suicida. Había perdido mi mente, me había enloquecido, y llegué- me fui a casa. Dije: “Oh…” Puse mis herramientas en el carro, dije: “Me voy a casa, me he enloquecido”.
119 Me fui a casa y me quedé con mamá ese día y esa noche, daba vueltas por la casa y recogí la correspondencia. Y tan pronto me fui para allá…. Yo volví rápido una vieja habitación, una pequeña chimenea, quiero decir, una pequeña estufa puesta allí, un pequeño catre, me quedé allí mismo en casa. No era… no quería ir a ninguna otra parte. Allí no había mucho, aquellos viejos muebles, pero ella y yo vivíamos juntos con eso, y era nuestro. Eso significaba mucho. Correcto, no es el valor de las cosas, es la forma como las ves. Correcto. Siempre vivíamos allí adentro…?… Ella lo amaba y lo mantenía limpio, yo también me quería quedar allí hasta que muriera.
Me estaba quedando allí, y entraba en las noches para mirar todas las cosas de ella, luego me acostaba. Aquella noche cuando entré, miré aquellas cartas, la primera decía: “Señorita Sharon Rose Branham,” sus pequeños ahorros de navidad: ochenta centavos. Y la miré; pensé: “Oh, Dios…” Me arrodillé en el piso; dije: “oh, Dios no aguanto más, me voy a morir”. Dije: “Por favor, perdóname. ¿Tu siempre…?… a mí, Señor. Por favor, ten misericordia de mi pobre alma pecadora”. Dije: “No me dejes estar aquí. Yo he…. Tu… he muerto a mismo, ¿Por qué estoy en la tierra?” Dije: “No puedo soportarlo, perder a mi bebé y todo lo que tengo”. Y dije: “Eso está delante de mí día y noche”.
120 Y fui a orar. Tenía demasiado sueño, una neblina vino sobre mí. Me fui a dormir, soñé que estaba en el oeste, y caminaba bajando por lo que solía ser una—una pradera. Había visto aquella vieja carreta de la pradera y tenía rota una rueda por uno de los lados; yo estaba cantando, o silbando aquel cántico: “La rueda en la carreta está quebrada…” por supuesto esa era nuestra familia rota (¿lo ve?). Y—y no avanzaría más. Y estaba silbando de esa manera: “la rueda en la carreta se quebró,” yendo así. Y de allí de la carreta salió la chica rubia más hermosa que haya visto, ella estaba vestida de blanco como la nieve, sus ojitos azules brillaban, su cabello rubio, ella dijo: “Hola Papá”.
Levanté mi sombrero; y dije: “¿Cómo está Ud., señorita?”
Y ella dijo: “Hola, papá.”
Y yo dije: “¿Papá? Ruego me disculpe”.
Ella sonrió y yo dije… Ella dijo: “Bueno, ¿no me reconoces?”
Yo dije: “Bueno, señorita Ud. tiene como mi misma edad. ¿Cómo podría yo ser su padre?”
Y ella dijo: “¿No conoces tus enseñanzas, papá? Tu enseñas sobre la inmortalidad”.
121 Vean, yo creo que no habrá bebés en el cielo. Si resucitaran bebes, siempre serían bebes, si ellos son personas viejas que resucitan con un bastón o una muleta, esa no se conocería como la inmortalidad. Tendremos una sola edad, una cosa por siempre. Tendremos una sola edad, lo creo con todo mi corazón, como la edad de Jesús. Yo… eso podría ser solo un pensamiento, pero no creo… sé que la inmortalidad, si resucita a bebecito así de grande, siempre será de esa manera. Creo que tendremos una sola edad; no habrá ni viejo ni joven. Tendremos una edad promedio allí por siempre. Creo que los hombres y las mujeres…
Como Dios cuando Él no le dijo a Eva que era una cosita pequeña que creció, o Adán, Él solo los hizo a Su propia imagen, y Él hará eso otra vez, ellos están completamente crecidos a la estatura de las personas.
122 Y ella dijo: “¿No recuerdas tu enseñanza de la inmortalidad?”
Y yo dije: “Oh, ¿Quién es Ud.?”
Y ella dijo: “Allá abajo en la tierra yo era tu pequeña Sharon”.
Dije: “Sherry, ¿No eres tú, cariño?”
Ella dijo: “Si, yo soy papito”. Ella dijo: “¿Dónde está Billy Paul, mi hermano?”
Yo dije: “Bueno, cariño, no entiendo”.
Ella dijo: “Mamá te está buscando”.
Y yo dije: “¿Dónde está mamá?”
Ella dijo: “Allá arriba en tu hogar, tu nuevo hogar”.
Yo dije: “¿Mi hogar?” yo dije: “Cariño, yo-yo-yo-yo-yo nunca tuve un hogar”. Dije: “Los Branham no tienen hogares”
Ella dijo: “Pero, Papá, tú tienes uno aquí”. Y volteé para mirar, y allí había una gran mansión, gloria a Dios que eso viene.
Y dije: “¿Es mío?”
Ella dijo: “Sí, mamá está allá arriba esperando por ti”.
Yo dije: “Muy bien”
Ella dijo: “Voy a esperar a Billy. Me pararé aquí mismo. Estaré allá por un tiempo”. Dijo: “Mamá quiere verte”.
Yo salí disparado a correr tan rápido como se podía. Cuando llegué allá arriba comencé a correr rápidamente por unos enormes escalones, y aquí venía ella en toda su belleza, con una vestidura blanca puesta, el cabello negro colgándole, sus brazos extendidos. Corrí hacia ella y agarré sus manos y me arrodillé. Dije: “Hope, cariño,” dije: “Ya no aguanto más. Estoy a punto de enloquecer desde que te fuiste”.
Ella dijo: “He visto cómo continúa todo, Bill”. Ella dijo: “Prométeme algo”.
Dije: “¿Qué?”
Ella dijo: “Prométeme que ya no te preocuparás más”.
Dije: “Cariño, he visto a Sherry” ¿Nuestra niña se ha convertido en una mujer hermosa?“
Dijo: “Si,” dijo: “ Ella está esperando ver a Billy?”
Dije: “Sí”.
123 Ella dijo: “Prométeme que ya no te preocuparás más, ¿lo harás?” Dijo: “Sherry y yo estamos mejor que tú. Oh Cariño,” ella dijo: “Solo prométeme que ya no te preocuparás”.
Y yo dije: “Muy bien. Ya no me preocuparé más”. Y ella como que se levantó de esta manera, y miró alrededor, y dijo: “¿Te quieres sentar?” Yo miré, allí estaba una enorme silla puesta allí. Miré aquella silla y la volví a mirar a ella. Ella dijo: “Yo sé lo que estás pensando, Aquí está lo que fue.” Mientras estábamos predicando…Ahora, nosotros no teníamos nada, solo unas viejas sillas de madera de nogal. Vivíamos en una casa. Y yo—yo predicaba media noche, trabajaba el día entero con un martillo neumático, y con pico y pala. Llegaba en la noche, y yo quería comprar uno de esos sillones, sillones de Morris, así es como los llaman, o como sea, Uds. saben, aquellos sofás. Y yo quería comprar uno, ellos los vendían por el precio de quince dólares y noventa y cinco centavos. Tendría que dar el pago inicial de un dólar y un dólar por semana para pagarlo. Había adquirido uno y lo llevé a casa, y ¡vaya! Me sentaba allí toda la noche solo para relajarme cuando entraba, estudiaba la Biblia allí hasta que me iba a dormir.
Y un día cuando entré, tuve un retraso, y no pude hacer el pago de aquella semana. Pasó la siguiente semana; no pude hacer el pago y ellos enviaron a recoger mi sillón. No pude hacer el pago, sencillamente no pude, yo le dije a ella: “Tu llámalos y diles que vengan a buscarlo, cariño”.
124 Y entonces, recuerdo entrar aquella tarde. Ella me horneó un pastel de cerezas, cómo me encantaba aquel pastel de cerezas. Y entré, ella había conseguido con los muchachos algunos gusanos para pescar con el fin que yo fuera a pescar. Ellos estaban sentados afuera. Ella era una genuina muchacha. Así que, ella se había sentado afuera y entramos para cenar. Vi que ella estaba demasiado contenta o parecía estarlo, o poniéndose algo. Ella tenía su pastel de cerezas y yo estaba comiendo. Y después de eso yo estaba sospechando algo. Entonces dije: “Vamos al cuarto del frente”.
Ella dijo: “Oh, vayamos a pescar primero, aquí abajo en el rio”.
Yo dije: “No, vayamos al cuarto del frente”. Y ella me puso su brazo alrededor. Cuando entré ya el sillón no estaba.
Ella comenzó a llorar, puso su cabeza sobre mi hombro; ella dijo: “Lo lamento, cariño, intenté todo para conseguir prestado dos dólares,” mas dijo: “No pude hacerlo.” Habíamos pagado como diez dólares por ello, y dijo: “tuvimos que dejarlo ir”. Luego ella me miró y dijo: “¿Podemos…?… y yo dije: ”Sí“.
Ella dijo: “Bueno, cariño nadie vendrá a quitarte este. Ya ha sido pagado, te pertenece”. Dijo: “Has estado tan cansado; has estado predicando y orando por los enfermos”.
Yo—yo no estaba orando por los enfermos para ese entonces. Así que sé que en algún momento estaré saliendo probablemente de la plataforma, orando por los enfermos. Eso ha sido una cosa que me ha ayudado…?… a levantarme.
125 Ella dijo: “Pero ellos nunca te podrán quitar este”. Dijo: “Es tuyo. Ahora siéntate y descansa por un rato”. Uno de estos días, amigos, no sé si de día y de noche, yo he intentado con todo lo que está a mi alcance el vivir y hacer lo correcto delante de Dios. Uno de estos días me iré a casa a descansar. Correcto. Una de estas veces lo verán en el periódico, quiero que se detengan y canten: “Solo creed”. Ellos van a tocar esa cuando me pongan en la tumba, ellos van a…?…o irse antes que Jesús venga, ellos me pondrán en el sepulcro y cuando me toque el momento, yo voy a ir a donde hay sillones para sentarse y descansar un rato. Vengan y pasen adelante, desearía encontrarme con todos allá del otro lado. Creo que hay una tierra aquí, más allá del valle de lágrimas y aflicciones y pesares. He predicado día y noche; he permanecido hasta que se me cierran los ojos por llorar; me he quedado en la plataforma hasta que tienen que recogerme. ¿Por qué? Porque he tratado de recompensar el tiempo que perdí allá en el pasado.
Hermano, hermana, Uds. miran allá y dicen: “Oh, esto es fácil, estas cosas aquí.” Uds. no saben lo que está detrás de la vida. Correcto. Este viejo corazón ha sido roto y desgarrado en pedazos hasta que Dios sale, pero algún día se acabará eso. Allá por toda la eternidad…. ¿No se encontrará Ud. conmigo allá, le gustaría encontrarse conmigo? Me gustaría fijar una cita con Ud.
126 Sencillamente tan cierto como estoy parado en la plataforma creo que hay un cielo a dónde ir. Creo que hay una patria allá para descansar y dónde vivir. No me importa si tuviera que comer galletas saladas y beber agua del rio, yo nunca comprometería este Evangelio. Es la verdad de Dios. No me importa si me llaman: “Santo rodador” o como me quieran llamar. Eso está bien. Yo sé que es la verdad. Yo me he parado junto a ellos cuando estuvieron muriendo y les oigo decir:
“¡Día feliz! ¡Día feliz!
Desde que Jesús lavó mis pecados.
Él me enseñó a vigilar y orar
Y vivir regocijado todos los días.
No es lo que Ud. hace aquí; es la manera como Ud. sale de esta vida. Y yo sé que sin el Espíritu Santo, Ud. está perdido. ¿No quiere recibirlo a Él en esta tarde?
127 Inclinemos nuestros rostros. Nuestro tiempo se ha acabado. Padre celestial, Oh, Dios… oh, Dios cuando mi mente regresa al pasado por aquellos viejos rieles a través del tiempo… Yo estaba postrado adentro en aquel hospital allí, yo…?… cuando ella miró alrededor…oh, era tan perfecto. Y pensé: “Oh, Dios, yo sé que ahora ella descansa. Mi pequeña bebé, la pequeña Sherry está allá del otro lado. Oh, Dios, allí está mi hermano… oh, pronto iré, Señor. Ayúdame a ser honesto; ayúdame a ser fiel. Lamento que hice lo que hice al principio, Señor, cuando evité predicar el Evangelio; cuánto Te fallé, y tal vez hay hombres perdidos por esa causa, pero, oh Dios, ayúdame a recompensarlo.
Aquí estamos en esta ciudad. Yo solo estoy de paso, haciendo todo lo que está a mi alcance, Señor, para exaltar a Tu Hijo, Cristo Jesús, Quien murió, y cuando lo hizo, Él salvó. Tal vez este día aquí, Padre, Están aquellos que están perdidos, no sé dónde están parados, no sé si están en pecados y en tinieblas, perdidos errantes en las tinieblas, algún día terminarán en una tumba sin Cristo, para pasar la eternidad con el diablo. Oh, ayuda, amado Padre.
128 Bendice a mi pobre muchacho huérfano, que está sentado en esta tarde llorando, mirando, pensando en su amada madre que cruzó el velo. Pero Tú tenías que quebrantar nuestros corazones. Pero ahora, Tú me has dado a otra pequeña amorosa y dulce Rebeca. Cuánto Te agradezco, Señor. El Señor dio, el Señor quitó, sea el nombre del Señor bendito. Otra compañera con quién vivir… intentando hacer todo lo que pueda para alcanzar a la gente…?… Estoy muy contento, feliz por esta reunión aquí. Me doy cuenta que a nuestra partida de aquí nosotros—tal vez no volvamos a encontrarnos de nuevo hasta que encaremos todos nuestras acciones que hemos hecho en nuestra vida. Entonces, Padre, ¿Qué será entonces? Ayúdanos para que nos encontremos con cada uno allá del otro lado, ¿Lo harás, Señor? Aquellas manos que se levantaron en esta tarde, mostrando Tu cita, podemos encontrarnos juntos algún día en una mejor patria, donde no cruzaremos desiertos y llanos por todos los países para orar ya más por los enfermos, todo habrá terminado para entonces. Ellos no se enfermarán o afligirán.
Bendice, hazlo Señor, hoy. Bendice aquellos que están aquí. Bendice aquellos que en este momento tienen necesidad de Cristo, Tú concede eso, Señor, Padre, en el nombre de Jesús.
129 Mientras mantienen sus rostros inclinados, en oración, si lo desean, ¿cuántos aquí adentro les gustaría decir: “Hermano Branham, voy a levantar mi mano. Quiero que Ud. ore por mí ahora mismo para que sea un cristiano.”? Levante su mano. Eso es… Dios le bendiga, a Ud. Y a Ud. oh, vaya. Allá fuera, allá en la salida, hay alguien… Dios les bendiga allá afuera; veo sus manos. Oh, ¡vaya! Cientos de manos levantadas.
¡Qué tiempo tan maravilloso nos da el Espíritu Santo! Veo sobre Uds.… sé de la ofrenda que levantaron para mí para ayudarme a vivir. Ud. ponen su sustancia allí; parte del sustento de Uds. lo comparten conmigo. Oh, es… yo…?… ¿No aceptarán por favor a Jesús para que podamos vivir juntos por siempre? Oh, si regresan…?… a Jesús, regresen a casa para que puedan vivir para siempre, ¿Vendrán, mientras la hermana va al piano?
130 Voy a preguntar, “¿A cuántos les gustaría recibir hoy a Cristo y ser llenos con la vida del Espíritu Santo?” Venga y diga: “Hermano Branham, por la gracia de Dios, yo acepto a Cristo como mi Salvador y estoy pasando adelante. Deme la mano, parado aquí en esta plataforma. Ore conmigo, yo también quiero ir al cielo, cuando me vaya.” ¿Querrá pasar mientras tocan la música: “Casi persuadido ahora para creer”? Pasen mientras todos están de pie por todo el edificio, en todas partes o en la carpa, muchos aquí sin embargo… La gente que mantenga sus lugares. Cristianos oren como nunca antes. Tal vez esta sea la última vez que nos encontremos en esta tierra. ¿Querrán pasar por aquí cerca de la plataforma mientras oramos? Dios le bendiga, hermana. Alguien más mientras todos cantamos. Dios le bendiga hermana, Dios les bendiga. Dios le bendiga hermana y a Uds. también. Dios le bendiga hermano.
131 ¿Pasarán ahora, todos Uds. los que quieran recibir una bendición de Dios…?… su alma para salvación? Aquí viene la madre con sus niñitas. Dios bendiga… Dios te bendiga, cariño. Ven aquí; déjame ver tu manita. Dios te bendiga, cariño. Oh, ¡Vaya! Dios te habló. Una niñita sentada aquí con sus ojitos negros mirando para arriba, llena de lágrimas… la Biblia dice: “Un niño los guiará”. La abuela… Dios le bendiga, madre. Aquí viene una buena madre con su bufanda alrededor de su cabeza. ¿Querrán pasar? Ahora todos nosotros juntos, mientras cantamos:
“Casi convencidos” ahora para creer; (Dios le bendiga, hermano, hermana. Es allí donde comienza la vida. Venga hermana)
“… casi convencido, Oh a Cristo a recibir;
Parece que alguna alma diga…
“Ve…” (Dios le bendiga hermana. Dios…)
¿No vendrán? ¿Querrán pasar? Deje que todo pecador venga aquí al frente, ¿Querrá pasar ahora? Venga al frente con esa confesión a Jesucristo. No importa a cuál iglesia pertenece, si no ha nacido de nuevo, ¿no querrá pasar al frente? Su nombre en el libro de la iglesia, eso no concluye el asunto, amados amigos. Esta tal vez sea la última vez que hay un llamado al altar para Ud.
Recuerden, una multitud de este tamaño, seis meses a partir de hoy, habrá un grupo de Uds. que no estará en la tierra. Piense en ello. Recuerden, al menos dos docenas de personas aquí adentro no estarán en un año a partir de ahora… hay como tres o cuatro mil o más personas reunidas aquí en esta tarde. No habrán… habrá como unos cincuenta de Uds. a partir de hoy que dentro de un año se habrán ido… Tal vez esta sea su última oportunidad. Toda la experiencia que Ud. tiene de colocar su nombre sobre un libro, no crea eso. Pase al frente si cree que yo soy el siervo de Dios. Acepte mi palabra. Si no ha nacido de nuevo, ¿querrá pasar mientras cantamos aquel verso una vez más? vamos, todos:
“Casi convencido” ahora para creer;
“Casi convencido” (Dios le bendiga, hermana) para recibir;
Oh, pareciera que alguna alma dice;
Oh, ve Espíritu, ve por Tu camino
Otro día más conveniente. Contigo, yo. (Muy bien…?…)
132 ¿Qué si ese día llega para su conveniencia, pero no es conveniente para Él entonces?
No hace mucho me paré al lado de un hombre que se estaba muriendo, que rechazó a Cristo, él lloró y dijo: “Aleje aquellos demonios de mí. Ellos están atados en cadenas. No deje que me agarren”.
Me paré al lado de una mujer con casos de aborto, matando sus hijitos. Ella dijo: Unos bebes pequeñitos con las manos frías están pasando por todo mi cabello.“ Ella dijo: ”Aleje a esos… de la ventana que están allí con esas cabezas enormes puestas sobre la ventana“.
Hermano… He visto a un hombre que le disparó a otro, reclamando su sangre en sus manos, él evadió la ley, pero entonces él estaba parado delante de Dios.
No hace mucho me paré al lado de un cristiano, el viejo Papá Hayes, su floreciente barba blanca. Dijo: “Levante mis manos”. Dijo: “Un día muy feliz desde que Jesús lavó mis pecados.” Los he visto entrar en toda clase de situación. Y Uds. van a entrar en algún tipo de situación, y habrá muchos pero muchos de Uds. que enfrentarán eso dentro de un año a partir de ahora. Tal vez todos Uds. por todo lo que sé, pero Uds. saben que tienen que hacerlo. ¿No querrán pasar aquí ahora…?
Previo a la publicación del 2003, el resto de este sermón fue ubicado erróneamente al fin de la cinta 50-0813A. Los cristianos a mi derecha, ¿aquí? Maravilloso. Afuera, ¿ninguno ha nacido de nuevo? ¿Cuántos son nacidos de nuevo, levanten su mano? Eso es. Maravilloso.
Pues, entonces, fíjense aquí, amigos. Aquí está lo mejor. No hay un pecador dejado en el edificio. Aquí están los pecadores de pie en este día, orando por misericordia.
Ministros del Evangelio, vengan aquí. Vengan justo alrededor de aquellas personas, permanezcan alrededor de ellos. Ahora, fíjense. Quiero que sean… Solo permanezcan donde están unos pocos momentos.
Venga, hermana. Dios le bendiga. Dios lo conceda. Dios le bendiga.
Todos Uds. quieren creer y aceptarle a Él justo ahora. Ministros del Evangelio, mézclense entre la gente aquí. Permitan que algunos buenos cristianos de este lado vengan justo aquí, si desean.
Dios le bendiga, papá. Muchos de sus días cansados han pasado. Ahora, voy a casa. Dios le bendiga, papá. Le conceda… querido padre anciano, parado aquí, estrechando mi mano, y otra.
Inclinemos nuestros rostros por todas partes. Acéptenle ahora. Aunque sus pecados sean como grana, ellos serán blancos como la nieve. Ellos le ven a Él morir allá por Ud. Todos los cristianos orando por todo lugar, rostros inclinados, un momento muy sagrado. Venga acá, joven. Correcto. Únase aquí con ellos. Incline su rostro.
Lo veo entre rocas partidas y cielos oscuros, mi Salvador inclinó Su cabeza y murió. Acéptele a Él como su Salvador. Él prometió que, “Aquel que viene a Mí, no le echaré fuera.” Jóvenes, la vida está delante de Uds.
Muy bien, todos inclinados. Padre celestial, esta gente apreciada se ha reunido aquí en el altar hoy, en una vieja, antigua carpa con aserrín, reunidos aquí junto al banco de madera para entregar a Ti sus vidas. Oh Dios, en las misericordias de Cristo, y por Sus méritos es que vienen, no por los de ellos mismos, pero vienen por la gracia de Cristo, confiando solamente en Él, sabiendo que algún día la muerte llegará a la habitación.
Probablemente el doctor deje la habitación una mañana, diciendo que no hay nada más que pueda ser hecho. Los amados estarán ahí parados y frotando sus manos, llorando. Los vapores helados de la muerte flotando alrededor de la cama, vientos fríos de muerte arrasando, su pulso subiendo por su manga. Entonces abriéndose paso entre la niebla vendrá la antigua barca de Sion. La Estrella de la Mañana descenderá en el valle de la muerte para iluminar el camino. Ellos verán dos alas resplandecientes del Espíritu Santo llegando al otro lado del Jordán, dirá: “Venid, benditos de Mi Padre. Los he visto aquel día de reunión en la pequeña carpa antigua allá en Cleveland cuando vinieron y Me aceptaron, ahora estoy aceptándolos Yo a Uds.” Concédelo, Padre, ahora mismo.
Que Tu Espíritu atraiga a cada uno de ellos, sabiendo ellos que nada pueden hacer, solo aceptarle a Él ahora, al creer en el Señor con todo su corazón, con toda su alma, y con toda su fuerza, él será salvo. Concédelo, Padre.
Con sus rostros inclinados, en oración, cada uno de Uds. Acéptenle a Él ahora.
Ministros, mientras están ahí moviéndose…Cada cristiano orando. Mantengámonos en oración.
Padre, bendice a esta gente ahora. Que Tu Espíritu se mueva sobre ellos justo ahora. Que ellos Te acepten como su Salvador.
Dios le bendiga, Hermano…?…
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