S.406 56-0728  Haciendo muchos estanques en el valle 

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OBRAS DEL MENSAJE

Amor

Shreveport, Louisiana, E.U.A.

56-0726

1 Buenas noches, amigos. Estoy muy contento de estar aquí nuevamente esta noche para servir al Señor, y para hablar de Su bondad para con Uds., Su pueblo, la compra de Su Sangre.
Y anoche tuvimos un tiempo maravilloso. El Señor Jesús verdaderamente bendijo en una manera sobresaliente, lo cual estuvimos muy contentos por eso. Y creo que esa fue la segunda vez en que eso ha sucedido en mi ministerio, fue inmediatamente después de haber estado bajo la unción durante quizás veinticinco o treinta minutos, y luego un poco antes de hacer un llamamiento al altar, volví en sí otra vez. Esa es la segunda vez que eso ha sucedido. Y ese fue un tiempo, una reunión antes de esta, en la clausura de las reuniones en el Tabernáculo Cadle en Indianápolis.

2 Siempre… Quizás trate de explicarlo, si pudiera, sólo por un momento. Es otro mundo. Y después de una o dos visiones, uno ve gente allí, y ve lo que ha sucedido. Es otra vida, otro tiempo, tal vez cuarenta años en el pasado, o quizás sean años en el futuro. Y es tan real como estoy parado aquí mismo. Entonces imagínense después de unas cuantas veces, uno comienza a preguntarse en dónde está uno realmente. ¿Ven? Y no soy yo el que está haciendo eso. No es Dios el que está haciendo eso. Son Uds. haciendo eso. Es la fe de Uds. Su fe es lo que hace eso. Ahora, yo pudiera explicarlo sólo por un ratito y Uds. lo entenderían.

3 Ahora, yo generalmente lo he explicado de esta manera. Y quizás para el que es nuevo aquí que nunca me ha escuchado tratar de explicarlo, ¿ven? Un don… Toda la plenitud de la Divinidad habitó corporalmente en Jesucristo. Sabemos eso. Él era todo… Él era Dios en plenitud. La paloma descendió, como predicamos la otra noche sobre: La Paloma Y El Cordero. Y la Paloma moró en el Cordero. Él permaneció allí. Él era Emanuel. Dios estaba en Su Tabernáculo. El Hijo de Dios, el cual es Jesús, era la carne de Dios, un tabernáculo en el cual Dios habitó aquí sobre la tierra.
Y ahora, allí fue que Cristo y Dios se unieron. Y esa es la manera en que Dios podía ser visto. Ningún hombre ha visto jamás al Padre, pero el Hijo unigénito lo ha declarado a Él. ¿Ven? En otras palabras, Dios estaba en Cristo, mostrando Su actitud hacia la gente. ¿Ven? Lo que Él era, lo que Dios era, Él se estaba expresando a Sí mismo a través de Su Hijo. ¿Ven? A medida que Él habitó en Él, haciendo a Jesús y a Dios… Jesús siendo el tabernáculo en el cual Dios estaba habitando aquí en la tierra. “Me apropiaste cuerpo”, ¿ven? Y Dios habitó en Jesucristo. Y miren, eso hizo al Padre y al Hijo una unidad, y llegaron a ser Uno.
Ahora, fíjense, ahora, lo que estaba en Cristo era la plenitud del Espíritu, la completa plenitud de Dios. Dios le dio el Espíritu a Cristo sin medida. Pero Él nos lo ha dado a nosotros por medida. Cristo tuvo toda la medida, todo. Él era Emanuel. Pero Ud. y yo somos pequeñas tazas llenas de ese mar. Pero, cuando… El Espíritu que está en nosotros, es de la misma calidad, no tanto en cantidad, pero la misma calidad, por cuanto es parte del mismo Espíritu. ¿Ven?

4 Ahora, si yo tomara una cucharada de agua del océano, pues, Uds. nunca lo perderían, la cucharada de agua. Sin embargo, si yo la llevara al laboratorio, los mismos elementos químicos que están en el océano entero estarían en esta cucharada. Es el mismo tipo de elementos químicos.
Bueno, así es el cristiano. Su hechura, después que él ha recibido a Cristo, es la misma hechura con los mismos atributos que Cristo era. Exactamente. Porque es una cucharada llena de Dios, para ser medida y repartida a cada individuo, lo cual lo hace a Ud. un hijo y una hija de Dios.
Ahora, Cristo, cuando Él estuvo aquí en la tierra (permítanme explicar esto como intenté hacerlo anoche), Él dijo: “El Hijo”, hablando del Hijo de Dios, Cristo, en quien habitó el Espíritu: “El Hijo no puede hacer nada en Sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre”. El Padre usó los ojos del Hijo, Él usó los labios del Hijo. Ahora Él usa los ojos suyos, y los labios suyos.
Él dijo: “Cuando fueren llevados delante de gobernadores. Y gobernantes, y reyes, etcétera, por Mi causa, no os preocupéis por lo que habréis de decir. Porque os será dado en aquella hora. No son Uds. los que hablarán sino Mi Padre”. Dios, que está en Uds., Él es el que habla. Si Ud. lo premedita entonces es Ud. mismo pensándolo. Pero si Ud. está dispuesto a ser el cordero, entonces la Paloma se encargará de hablar. ¿Ven lo que quiero decir? La Paloma es la que habla.

5 Bueno, esa es la misma manera en que Él… ¿Pueden ver cómo el Espíritu Santo desciende directamente a la iglesia? Ahora miren, fíjense en esto. Y esto explicará algo más acerca de la debilidad. Miren, cuando… Jesús dijo que Él no hacía nada hasta que el Padre se lo mostrara.
Ahora, tomemos por ejemplo la resurrección de Lázaro. Miren, en la resurrección de Lázaro… Pues, ¿no fue extraño que Jesús había estado allí con ellos toda Su vida, y de repente Él quiso marcharse? Y Él se fue. Él sabía que Lázaro iba a morir. Y entonces, después que Él tenía unos pocos días de haberse ido, Lázaro enfermó, y lo mandaron a buscar para que orara por él. Y Él simplemente continuó su camino, se fue a otra ciudad. Lo mandaron a buscar otra vez. Sin embargo Él nunca fue. Y después de varios días, Él dijo: “Nuestro amigo Lázaro duerme”. Entonces ellos cuestionaron. “Que descanse, pues”. Dijo: “Él está muerto. Y me alegra no haber estado allí por causa vuestra”. Porque ellos estarían tratando de persuadirlo a Él a que hiciera algo en contra de lo que el Padre le había mostrado.
Ahora, ¿cuántos creen que el Padre ya le había mostrado a Él lo que iba a ocurrir? Tuvo que ser así. Porque Él dijo que “Él no hacía nada hasta que el Padre le mostraba”. Dijo, miren, vigilen. Dijo: “Mas voy a despertarlo”. Él sabía lo que iba a ocurrir. El Padre ya se lo había mostrado.

6 Mírenlo a Él en la tumba. “Padre, te doy gracias que Tú ya me has oído. Pero Yo lo dije por causa de éstos que están parados aquí. Yo no tengo que orar porque ya Tú me dijiste lo que va a suceder. Pero Yo soy un ejemplo para ellos”. ¿Ven?
Pablo dijo, como en… Ahora, sólo para cambiarlo un poquito aquí. “Todo me es lícito, mas no todo me conviene”. ¿Ven?
Ahora, Jesús no tuvo que orar, porque Él dijo: “Padre, te doy gracias que Tú ya me has oído. Pero por causa de éstos que están parados aquí, Yo lo dije por causa de ellos”. ¿Ven? ¿Ven?
Entonces Él dijo: “Lázaro ven fuera”. Y un hombre que había estado muerto por cuatro días se puso de pie y volvió a la vida.

7 Ahora, unos pocos días antes de eso, una mujercita pasó a través de una multitud de gente y tocó Su manto, y Él declaró que se había debilitado. Ahora, ¿cuál milagro era más grande esa mujercita siendo sanada de un flujo de sangre, o un hombre, con gusanos de la piel arrastrándose a través de su carne, para volver a su carne normal otra vez, y un alma que hacía cuatro días se había ido, regresar volando y pararse sobre sus pies y vivir otra vez?
Bueno, ese era un milagro mil veces más grande que la sanidad de aquella mujer, pero eso no lo afectó a Él. Pero la mujer que tocó Su manto lo afectó.
“Pues, hermano Branham, ¿puede Ud. explicar eso?” Sí. Vean, Cristo fue el regalo de amor de Dios para el mundo. ¿Uds. creen eso? El regalo más grande que Dios dio jamás fue Su Hijo unigénito. ¿Es correcto eso? Ese fue el regalo más grande de Dios.
Ahora, Dios tenía Su don en Su Hijo, y podía usarlo de cualquier manera que Él quisiera. Ahora, cuando Dios le mostraba a Él que hiciera algo, eso era Dios haciéndolo. Ahora, Dios no le había mostrado a Él esto, y la mujer lo hizo; pero su fe en Dios movió a Dios a través de Su Hijo, porque ese era su punto de contacto. ¿Ven lo que quiero decir?
Ahora, ella jaló de Dios, por medio de su fe, lo que ella deseaba al tocar el manto del Hijo de Dios. Ahora, eso era la mujer haciendo algo, el otro caso era Dios haciendo algo.
Ahora, esta mañana… o. anoche, cuando salí de aquí, después de haberme ido por unos minutos, yo pensé que iría a comer algo. Es muy raro que yo haga eso después de una de esas reuniones. Ahora, si estoy predicando, yo siempre voy a comer. Fui y comí algo. Y regresé. Fui a mi habitación. Me senté y conversé un rato con Billy. Nos acostamos. Oré.

8 En unos cuantos momentos, algo entró, una visión: que había un gran accidente. Y que yo me pusiera sobre mis rodillas rápidamente, enseguida, pues había alguien allí orando para que yo orara por ellos. Y esta mañana, en el periódico, chocaron dos grandes trasatlánticos; uno de ellos de Italia y el otro de Suecia. Allí estaba. Y algunos murieron. ¿Ven? El Espíritu Santo, yendo adelante, a través de la oración.
El Sr. Eckberg, muchos de Uds. lo conocen, ¿verdad? Einar Eckberg, uno de nuestros cantantes de Suecia. Él estaba efectuando un aterrizaje forzoso después de haber volado por el mundo entero, y estaba entrando, y el sistema hidráulico no bajó las ruedas del avión. Le dijeron que él iba a tener que desviar el avión hacia el césped, e intentarlo. Él se quitó los lentes, los colocó en el piso, y comenzó a orar. Él dijo: “Señor Jesús, ayúdame en este momento. Y te pido que en alguna parte Tú permitas que el hermano Branham esté orando por mí”.
Y en ese mismo momento, yo iba manejando por la carretera. Y

9 Algo me dijo: “Ora”. Y el hermano Eckberg vino al frente donde yo estaba con las manos alzadas hacia arriba, me deslicé al costado de la carretera y oré por el Hermano Ekberg. Y justo en el momento en que el avión descendió, el piloto pegó un grito: “Las ruedas han bajado”. Y ellos aterrizaron a salvo.
Yo le iba a pedir al hermano Eckberg… Nosotros acabamos de estar en California como unos dos meses después de eso, y parado allí en la reunión, él lo contó. Y yo dije: “Hermano Eckberg, ¿qué día fue eso?” Y yo le dije a alguien más detrás de mí, dije qué día fue. Yo dije: “¿Qué día fue eso?” Exactamente a la misma hora. ¿Ven? Ese es el Espíritu Santo haciendo intercesiones. ¿Ven Uds.? Y ¡cuán maravilloso! Oh, yo lo he visto acontecer cientos de veces, las cosas. Pero, eso es… Esa es la gracia soberana de Dios.
Ahora, el jalón… la gente… son Uds. los que… eso, yo no tengo ni una sola cosa que ver con eso. Es sólo un don de Dios, que yo me rindo a eso, y Uds. extraen de ello Uds. mismos. Uds. allá afuera en las reuniones… Ud. puede sentarse y comience a orarle a Dios. Luego obsérvenlo a Él darse media vuelta y decirle algo a Ud., decir la razón por la que Ud. estaba orando, y lo que Ud. pide. ¿Cuántos han visto eso suceder? Veamos sus manos. ¡Pues, seguro! ¿Ven? Esos son Uds. haciendo eso, no yo.

10 Bueno, eso era la mujer haciendo eso a Cristo. ¿Ven? Eso es estrictamente la Biblia. Quizás, pudiera no ser exactamente la manera en que Ud. esperaba que fuera, pero esa es la manera en que Dios lo hizo.
Ahora, los fariseos y todos ellos, ellos tenían su manera en que Jesús… o, en que Cristo había de venir, y Dios lo envió en una manera tan distinta que ellos fallaron en verlo a Él. ¿Ven? Pero ahora, de esa manera es hoy. Uds. pudieran pensar que Dios administró Sus negocios de una manera distinta, pero Dios no cambia. Él permanece el mismo, todo el tiempo.
Y así que, ahora, anoche, generalmente cuando esas visiones son tantas, me debilita mucho. Y en Indianápolis, ellos me estaban sacando de una reunión, donde un grande y poderoso… Hubo una muchacha que había estado en la plataforma…
Primero, una dama que estaba sentada allí estaba paralizada, y había estado así durante meses. Oh, esperen un momento, discúlpenme. Creo que era por seis, siete años. Y de repente, el Espíritu Santo vino sobre la mujer, ante miles y miles de personas, y le dijo qué era ella, y todo al respecto, y le dijo que se levantara en el Nombre del Señor: ella fue sanada. Ella estaba paralizada… o, con artritis, y la dama se levantó normal y sana.
Al día siguiente su doctor me llamó y quería saber qué le sucedió a esa mujer. Esa era su paciente. Vino a la habitación del hotel.

11 Ahora, esta muchacha sordomuda, que una pequeña alcohólica, que fue sanada una vez en mi reunión, la había traído a ella desde Joliet, Illinois. Y ella había recibido un par de tarjetas de oración, pero no pudo entrar en la línea. Y esa noche, resultó ser que yo me quedé más tiempo. Pienso que tuve cerca de veinticinco personas que habían pasado por la línea. Parecía como que yo tenía una súper fuerza esa noche.
Y la pequeña muda subió en la línea, y el Señor Jesús la sanó completamente, allí mismo delante de la audiencia. Y me sentí tambaleando, y Billy continuaba tocándome en el costado, y algunos de ellos me hablaban. Y yo sabía que eso era para que me fuera. Y mientras comencé a irme, alcé la mirada, y ahí estaba otro Tabernáculo Cadle aquí arriba. Y vi gente que bajaba a raudales por los pasillos. E hice mi llamamiento al altar. Y como unas quinientas almas vinieron a Cristo.

12 Y la siguiente vez que tuve eso en una de las reuniones fue anoche. Y mientras yo me iba, Billy y ellos me estaban sacando de la plataforma, de repente, volví en sí y me sentí mejor a como me siento ahora mismo. Y así fue como hice el llamamiento al altar.
Dios, tal vez, (ruego que así sea), que Él haya hecho algo por mí en esa línea, para que yo pueda hacer mis llamamientos al altar después. Porque, a fin de cuentas, para eso es que es la reunión, para hacer llamamientos al altar. Amén.

13 Ahora, ¿le aman Uds. a Él con todo su corazón? Muy bien, bien. Ahora, quizás dentro de una noche o dos, digamos, el sábado por la noche, tal vez, tendremos otro servicio de sanidad. Y quizás, el domingo en la noche… Y quiero anunciar, si el hermano Moore no tiene inconvenientes, en su iglesia, el domingo en la mañana, yo traeré un drama. ¿A cuántos les gusta el drama?
Yo creo que la última vez que estuve aquí traje un drama acerca de la mujer que estaba lavando los pies de Jesús con sus lágrimas, y enjugándolos. ¿Cuántos oyeron eso? Muy bien. Tengo uno el domingo, si el Señor lo permite, para el Tabernáculo, para este domingo que viene por la mañana. Y estará dedicado para los jóvenes. Y, desde luego, Uds. siempre son jóvenes desde los ocho hasta los ochenta, Uds. saben. Así que sólo… Todos Uds., los ancianos disfrutarán tanto esto así como los jóvenes. Si el Señor lo permite, lo traeremos el domingo en la mañana. Y Uds. están invitados a venir.
Ahora, esta noche… Hoy he estado muy cansado. Estuve despierto hasta tarde anoche, y la visión me tuvo levantado. Y entonces, por lo regular las visiones me afectan bastante. Esa es la razón que en estas reuniones, estoy tratando de tomar quizás unas cuantas noches de descanso, y predicar, entonces, unas pocas noches, y tener un servicio de sanidad y luego otra vez. Estoy procurando adaptarme a reuniones donde… Nosotros vamos a conseguir una carpa grande, para quedarnos durante tres y cuatro semanas a la vez en un lugar. Y así que, oramos que Dios me ayude para hacer eso. Y ahora, yo no pudiera continuar así cada noche, yo simplemente… con una sola reunión yo estaría acabado. Pero Dios no me dio el don a mí de esa manera. Yo lo usé mal. Y he tratado de hacerlo, sólo para reunir a la gente, pero estoy comenzando a pensar que es mejor escuchar a Dios, en lugar de lo que diga cualquiera. Eso es siempre mejor.

14 Ahora, esta noche, queremos hablarles a Uds. por unos momentos, y ahora… ¿Cuántos piensan… creen que debiéramos tener otro servicio de sanidad dentro de una o dos noches? Veamos sus manos. Sólo para tener la opinión general del pueblo. Bueno, eso es más o menos mitad y mitad. Muy bien. Entonces vamos a… Uds. traigan a sus enfermos otra vez (veamos), digamos, el sábado por la noche. Y entonces, bueno, quizás, mañana en la noche, y luego tenerlo otra vez el domingo en la noche. Quizás así estaría mejor. Tenerlo mañana en la noche y luego el domingo en la noche. Sí. Mañana en la noche, tendremos servicio de sanidad. Muy bien. Oraremos por los enfermos nuevamente mañana en la noche, y luego tenerlo otra vez el domingo en la noche, y entonces hacerlo así cada dos noches.
Luego la semana que viene, ya hacia la clausura, tengo que salir de aquí, y conducir lo más rápido que sea posible, tres mil setecientas millas, hasta la próxima reunión. Allá, hasta donde llegan las carreteras, el fin del mundo: hasta Prince Alberta, Saskatchewan. No hay más carreteras después de eso, cruzar hasta el otro lado del mundo.

15 La última vez que estuvimos allá, tuvimos diez mil en una reunión, indígenas y esquimales. Y así que, estamos a la espera de un gran tiempo allí, cinco días. Y les diré lo que sucedió. Los predicadores estaban tan enemistados allá, y discutiendo el uno con el otro, a través de Canadá, al grado que los granjeros se hastiaron de eso. Uno dijo: “Bueno, si ellos no tienen nada que ver con ella, nosotros traeremos al hermano Branham, pero si ellos tienen algo que ver con ella, nosotros no iremos”. Dijeron: “Si ellos la tienen, nosotros no vamos a venir. No tendremos nada que ver con ello”.
Entonces los agricultores se reunieron y alquilaron el auditorio, y nosotros ni siquiera tenemos que levantar una ofrenda. Amén. Todo está pagado. Amén. Ahora, eso es el amor de Dios. Los granjeros les están dando el ejemplo a los predicadores. Los corderos de Dios viven en una granja, parece. Amen.

16 Oh, yo le amo. ¿No lo aman Uds. a Él? ¿No hay algo al respecto que sencillamente les anima el corazón cuando Uds. están meditando en Él? El sólo pensar que todo ha terminado ahora, y estamos descansando y amando, y adorándole a Él y pasando por aquí, arrojándole la línea de vida a todos los que podemos, diciendo: “Venga con nosotros, hermano, esto es maravilloso. No hay nada semejante”. Toda la eternidad, por los siglos de los siglos. Todo está concluido ahora, se acabó. ¿No es eso maravilloso? ¿Cuántos tienen esa esperanza dentro de ellos en esta noche? Levanten sus manos. ¡Oh, vaya! Dos terceras partes, más de dos terceras partes de la audiencia tienen esa esperanza bienaventurada dentro de ellos, de que ellos están anclados en Jesús. ¡Cuán maravilloso!
No hace mucho le pregunté a mi esposa, yo dije: “Quiero preguntarte algo, cariño”. Dije: “¿En qué cosa se coloca el verdadero y genuino valor?” Pero creo que les dije eso, la otra noche, cuál era el verdadero valor.
Nada aparte de las almas perdidas es lo único que tiene algún valor. El dinero pasa; las casas se deterioran y desaparecen; todo en esta tierra pasa. Lo único de valor, con un valor que perdura… Yo prefiero ver un alma en gloria la cual he ganado para Cristo (saber que esa Luz de Dios gira alrededor de esa alma por toda la eternidad, que mi nombre esté asociado en ese hecho), que poseer cada centavo que haya en toda la tierra, pues tendría que perderlo todo. Pero lo que Ud. envía allá Arriba, es Eterno. Y esa es la razón por la cual nos esforzamos.
Mi hermano y hermana perdidos, esta noche, sin esperanza, sin Dios, por eso estoy yo aquí para hablarles, para intentar lograr que Uds. amen al Señor Jesús. Yo deseo leer una porción de Su bendita Palabra. Antes de que lo hagamos, hablemos con Él en oración.
Inclinemos nuestros rostros.

17 Hermana en el órgano, si es tan amable, o en el piano, cualquiera de los dos. Denos el tono de: Habita conmigo. A mí sencillamente me encanta ese himno. Muy bien. Habita conmigo, mientras tenemos nuestros rostros inclinados.
¿Cuántos quisieran ser recordados en esta oración? ¿Levantarían su mano? Dios les bendiga. Qué bueno. ¿Cuántos hay aquí que realmente no se sienten muy bien en su alma (con todos sus rostros inclinados ahora; sólo permitan que el Espíritu Santo y yo veamos), levantarían Uds. sus manos? Dios les bendiga. Dios les bendiga. ¡Oh, maravilloso! Dios sea [palabras no claras]. Como una docena o más.

18 Nuestro Padre Celestial, sencillamente te amamos, Señor, porque Tú nos has amado primero a nosotros. Y estamos pensando en esta noche, aquellos que levantaron sus manos, ahorita, diciendo así en su alma, que ellos no estaban sintiéndose bien del todo.
Ahora, la razón por la cual ellos hicieron eso fue porque Tú les hablaste. Tú dijiste: “Ninguno puede venir a Mí si el Padre no le atrajere primero. Y al que obedeciere esa atracción, Yo le daré Vida Eterna y le resucitaré en el día postrero”.
Oh Dios, que antes de que este servicio termine, que aquellos que están cansados con sus manos colgando, con el rostro hacia la tierra, caminando, que esas manos débiles sean alzadas, con lágrimas de gozo bajando por sus mejillas, mirando hacia el Cordero de Dios, en gratitud por una pura y santa salvación. Concédelo, Señor. Acuérdate de los otros que levantaron sus manos; algunos quizás estén enfermos, Señor. Sánalos en esta noche, ¿lo harás? Permite que el Espíritu Santo vaya directo sobre la audiencia, en todos lados, y sane los enfermos. Salva a los perdidos. Trae cerca a estos… a Ti, Señor, aquellos que están un poco descarriados, indiferentes. Ellos son Tus hijos. Sencillamente no pueden hallar descanso en ninguna parte. Que ellos regresen al Arca en esta noche. Cambia el espíritu de ellos al de un cordero, dócil y humilde, vengan al Señor. Porque lo pedimos en el Nombre de Cristo. Amén.

19 Un capítulo muy conocido en esta noche, para leer un versículo de allí: Juan 3:16.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Oren conmigo, por esos que levantaron sus manos, y por aquellos que están necesitados de Cristo. Quiero que me presten toda su atención por sólo veinte o treinta minutos antes del llamamiento al altar, y veremos lo que el Espíritu Santo nos dirá qué hacer.
Ahora, esta noche voy a hablar sobre: El Amor.

20 Yo pienso que el amor es la fuerza más grande en el mundo. No existe nada más poderoso que el amor. Si yo tuviera que decidir en esta noche, y fuera un pecador, y estuviera parado aquí delante de Dios, y Él hubiera dicho: “Mira, muchacho, Yo te voy a dar todos los nueve dones espirituales. Voy a permitirte profetizar, te daré el espíritu de profecía. Te voy a convertir en un predicador poderoso, te daré la palabra de sabiduría y entendimiento. Te voy a dar el don de hablar en lenguas y de interpretar. Te voy a dar un don de sanidad para que tengas una fe grande por los enfermos. Y voy a hacer todas estas cosas por ti. Te daré todo eso; o, no te permitiré tener ninguna de esas cosas, pero haré que tengas un amor verdadero en tu corazón”.
Yo diría: “Dios, dame amor”.
Porque donde hay lenguas, ellas cesarán. Donde hay profecía, ésta se acabará. Donde hay conocimiento, éste se desvanecerá. Pero donde hay amor, éste permanecerá para siempre. Eso fue lo que impulsó el corazón de Dios a enviar a Cristo a la tierra.

21 No hace mucho me contaron una pequeña historia acerca de una madre. Y una jovencita había estado lejos en un colegio. Y al regresar, ella trajo a una joven junto con ella. Y la muchacha era una de esas sifrinas modernas (así les decimos, Uds. saben), simplemente una pequeña petulante.
Y así que su madre fue a recibirla. Y entonces, cuando la jovencita miró alrededor y vio a su madre, la joven que estaba con ella dijo: “Oh, ¿quién es esa vieja bruja?” Porque ella estaba toda marcada por cicatrices. Y la jovencita que había estado lejos, ella se avergonzó de decir que esa era su madre, por cuanto su amiguita de estilo propio había dicho que ella se parecía a una bruja.
Entonces, cuando finalmente tuvieron que salir del tren, pues, la madre corrió hacia la hija, y dijo: “Oh, cariño, me da mucho gusto verte”. Y la muchacha le dio la espalda y se alejó, pues se avergonzó de la apariencia horrible de su madre delante… en la presencia de su amiguita del colegio.
Y resultó que el maquinista del tren que estaba parado allí conocía el caso. Él agarró a la jovencita y le dio la vuelta. Él dijo: “María, ¿qué te hace actuar de esa manera? ¿Qué te ha ocurrido desde que has estado ausente?” Él le dijo a la muchacha que estaba con ella, dijo: “No cabe duda que estás mirando a esa fea madre de ella”.
Ella dijo: “Yo he visto…”

22 El maquinista dijo: “Yo he visto el día cuando ella era dos veces más bonita de lo que será su hija alguna vez. Pero”, dijo, “Resulta que yo vivo en el vecindario, y esta muchacha era una bebé en el piso de arriba, y su madre estaba lavando en el patio. Y de repente, llegaron los bomberos, y vinieron a darse cuenta que la casa estaba incendiada. Y estaba atrapada, y no había probabilidades de que la bebé se salvase. Y esta madre corrió a través de esas llamas, una mujer hermosa, corrió a través de las llamas y agarró a la bebé, y se arrancó la ropa de su cuerpo, y envolvió el rostro de la bebé en ella, y regresó corriendo a través de esas llamas, y eso es lo que la hizo fea a ella, le arrancó carne de su rostro, y por eso es que su… Ella está toda jorobada, debido a que el fuego la encogió a ella”.
Y dijo: “Y la razón que tú eres bonita… Es por eso que ella quedó fea, para que tú pudieras ser bonita. Y luego tú te avergüenzas de ella”.

23 Yo pensé, cuando escuché esa historia, eso es correcto. Lo que Jesús llegó a ser por nosotros. Él murió y se hizo pecado, para que nosotros quienes éramos culpables y pecadores… ¡Oh, hermanos! Ud. dice: “Si esa hubiera sido mi madre, yo hubiera estado orgullosa de ella”. ¿Qué acerca de su Señor en esta noche? ¿Realmente se avergüenza Ud. de Él? O ¿está Ud. realmente orgulloso de que Él lo salvó, y está Ud. dispuesto a dar un testimonio?
El amor Divino es una de las fuerzas más poderosas. Es una de las fuerzas más poderosas en el mundo. Y cuando el amor Divino ha sido proyectado, y llega a su fin, entonces la gracia soberana tomará su lugar.
Ahora, ese es mi texto. Cuando el amor Divino ha sido proyectado. Cuando se proyecta el amor Divino y éste llega a su fin, al punto que no puede ir más lejos, entonces la gracia soberana vendrá y tomará su lugar.
Ahora, ¿se da Ud. cuenta, siendo un hijo o hija de Dios, que Ud. es un creador menor? ¿Sabe Ud. que Ud. crea la atmósfera en la que vive? ¿Qué hace que la gente actúe de la manera como lo hace? Es porque… ¿Qué hace que a los borrachos les guste estar con los borrachos? Como solía decir mi madre, el antiguo proverbio, y yo creo que es sureño aquí, también: “Aves de un mismo plumaje se juntan”. Porque ellos tienen cosas en común.

24 Ud. no ve a los cuervos y las palomas morando juntas, porque ellos no tienen compañerismo. No tienen cosas en común.
El cuervo puede volar sobre un cuerpo muerto y comerlo. Pero la paloma irá al campo de arroz y comerá el grano. Ahora, yo quiero que se fijen en lo que puede hacer el diablo. Ahora, la paloma no puede posarse sobre el cuerpo muerto y comer. Pero el cuervo puede comer el cuerpo muerto y también comer el trigo. Él es un hipócrita. ¿Ven? La paloma no puede hacerlo, porque su naturaleza es diferente.
Ahora, una persona puede personificar Cristianismo, pero un cristiano no puede personificar el pecado. El Espíritu que está dentro de él no le permitirá hacerlo. La paloma, la razón que ella no pudiera comer eso, es porque la mataría. Ella no tiene hiel, como hablamos la otra noche. Ella no tiene hiel. Si ella comiera eso, la mataría, el veneno la mataría. Ella no puede hacerlo.
Pero el cuervo puede comer tanto el cuerpo muerto como el trigo, también. Así que, eso es lo que puede hacer un personificador. Pero un verdadero y genuino cristiano no puede ser otra cosa sino un artículo puro de Dios.
Ahora, hace unas semanas, en la convención de los Hombres Cristianos de Negocios en Minneapolis, escuché un testimonio que me impactó. Y el hombre es un gran arador. ¿Cuál es su nombre? No recuerdo ahora. [Un hombre dice: “Crouse”.] El hermano Cruose, un hombre muy fino. El hermano Crouse dio un testimonio, lo cual me trajo esto a la mente. Que, cuando él se enfermó… Él era un amigo íntimo de Oral Roberts. Y Oral Roberts es un hermano cristiano muy fino. Y él y el hermano Oral eran así, unidos.
Bueno, de repente, él pensó: “Bueno, si algo me sucediera alguna vez, lo único que yo haría sería ir donde Oral y eso sería todo”.

25 Ahora, cuando Ud. tiene esas ideas, Ud. está errado. Correcto. Nunca piense que ese hombre tiene algo que ver con eso. Es Dios solamente. Está bien que Ud. respete al hombre, y les ame como su hermano, pero nunca ponga el amor de nadie en su corazón, como el que Ud. tiene por Dios, o delante de Dios. Manténgalo a Él primero. Ámense unos a otros. Pero ese amor en el amor griego es Phileo lo cual quiere decir “amor humano”. Pero el amor que Ud. tiene por Dios es amor ágape, lo cual es un “amor Divino”. Así que, mire, mantenga primero el amor de Dios.
Pero entonces, el hermano Crouse dijo que él siempre tuvo una fe muy grande en el hermano Roberts. Un día él se dio cuenta que tenía un problema de riñón: cálculos en el riñón. Él dijo: “Oh, vaya, eso es fácil. Simplemente iré donde el hermano Roberts. Cuando yo almuerce con él…”
Oral dijo: “Seguro, podemos arreglar eso. Inmediatamente, hermano Crouse”. Se levantó, puso las manos sobre él, dijo… reprendió esa cosa. Dice que se sintió mejor. Se fue a casa por uno o dos días; regresó otra vez. Volvió a donde el hermano Roberts, y dijo: “Hermano Roberts, esa cosa está otra vez sobre mí”.
“Oraremos nuevamente”. Y él reprendió esa cosa otra vez. Se sintió mejor por unas horas, y regresó otra vez. Continuó haciendo eso, hasta que se dio cuenta que él no estaba llegando a ningún lado.
“Oh, entonces si Oral falla, yo conozco a alguien que no fallará: el hermano Branham. Él ciertamente no fallará”. Así que, él dijo: “Yo sé que si voy y me paro delante de ese don, él me dirá exactamente qué hacer”. Dijo: “Averiguaré en donde está él”.

26 Yo me encontraba en Shreveport, Louisiana, en mi última reunión aquí. Él vino al Washington [palabra confusa] Hotel, él y su adorable esposa. Y él dijo: “Hermano Branham, yo voy a intentar obtener una tarjeta de oración”. Ellos se la dieron a él cada noche; él nunca fue llamado en la línea.

27 Amándolo de la manera en que yo lo amaba… Precisamente cuando él comenzaba a irse, él estaba allí en el vestíbulo. Yo estaba allí cuando él pasó. Él comenzó a llorar, y salió y me estrechó la mano. Yo dije: “Hermano Crouse, yo quiero que suba a la habitación. Venga conmigo”. Y fui a la habitación.
Y dije: “Ahora, hermano Crouse, oremos. Yo me pararé delante de Ud. y delante de Dios… delante de Dios y Ud., mejor dicho, y veré lo que el Señor le dice”. Me humillé delante del Señor, salí como siempre lo hago, para tratar de hallar… Y el Espíritu Santo bajó y me tocó, y rehusó decirme una palabra.
Yo dije: “Eso no sucede muy a menudo. Intentémoslo nuevamente”. Y volvimos a orar, y dije: “Ahora, Señor, si hicimos algo errado, pues, Tú perdónanos por ello. No es nuestra intención estar haciendo algo errado. Pero el hermano Crouse es mi buen hermano, y él desea saber cuál es Tu voluntad para él. ¿Me hablarás Padre? Y ahora, yo ofrezco a Ti, no a mí mismo, pues yo no tengo nada que ofrecer, pero yo vengo en el Nombre del Señor Jesús, por Su causa. Y ahora, el hermano Crouse, mi hermano está parado delante de mí, quien me ha ayudado muchas veces, en grandes dificultades y demás cosas, y nosotros hemos sido hermanos. Ahora, ¿hablarás, Señor?”
Y me humillé delante del Señor, y el Espíritu Santo rehusó decir una sola palabra. Entonces nada podía yo hacer. Fue muy raro, como una o dos veces en toda mi vida, lo vi hacer eso.

28 Así que entonces, yo no sabía qué decirle. Yo dije: “Hermano Crouse, yo no lo entiendo”. Y dije: “Yo tengo temor de preguntar otra vez”. Así que, seguimos adelante, y yo oré por él, puse las manos sobre él. Se fue.
Y él dijo: “Sabe, me siento mejor. No tengo dolor en estos momentos”. Se fue por aproximadamente, como por tres o cuatro semanas. Él estaba bien. De repente, una noche, comenzó a venir otra vez.
Ahora, él dijo: “Señor Jesús, yo te amo. Y yo he ido tanto donde el hermano Roberts y el hermano Branham, y ¿qué voy a hacer?” Él dijo: “Ahora, yo no quiero ir a ningún doctor. No quiero ir, pero ¿qué haré?”
Y así que entonces, finalmente, él fue llevado a un doctor. Y cuando fue donde el doctor, lo enviaron a la clínica Mayo. La clínica Mayo lo examinó y dijeron: “Bueno, amigo, Ud. tiene como una probabilidad de mil de llegar a vivir otro mes más”. Dijeron: “Su operación pudiera ser… si extrajéramos los cálculos, pero están incrustados en algo”. Y dijeron: “Si nosotros extraemos eso, Ud. pudiera morir en la operación”. Él dijo: “Ud. sencillamente está a punto de morir. Y tiene una sola posibilidad de mil de llegar a sobrevivir”.
“Bueno”, dijo él, “déjeme pensarlo”.

29 Y él ama al Señor. Cualquiera conoce al hermano Crouse, él es un verdadero cristiano. Él dijo: “Amado Dios, Tú sabes que yo te amo. Yo he hecho todo lo que sé hacer, pues entonces, ahora, si es mi hora para ir a casa contigo, yo estoy listo para ir. Pero yo te amo y mis últimas palabras para Ti, son: Te amo. Y Tú conoces mi corazón de que yo te amo”.
Y él prosiguió para la operación, y los doctores vacilaron un poquito en hacerlo. Pero después que la operación fue hecha, él despertó, y dice que toda la habitación estaba alumbrada por la gloria de Dios. Y los doctores no podían entender siquiera lo rápido y lo que había sucedido.
Cuando el amor había sido proyectado y llegó a su fin, la gracia soberana intervino y tomó su lugar. Lo hará cada vez. Esa es la naturaleza de Dios. Él no puede hacer más nada por nadie. Pero cuando Ud. realmente, verdaderamente, lo ama a Él… Amarlo a Él no es sólo un pensamiento mítico, pero me refiero que en su corazón Él llega a ser amado para Ud.

30 Ahora, igual que Ud. deposita su confianza en Él. Ud. le cree a Él. Así como Ud. le cree a su esposa. Cuando yo salgo de casa, no tengo que decir: “Ven acá, Sra. Branham. Vamos a tener una pequeña conversación ahora. Yo estoy a punto de partir. No tengas otros maridos mientras yo estoy ausente. No hagas esto, eso, o lo otro”.
Y ella dijera: “Mira, mi querido esposo, eso está muy bien. Pero yo quiero decirte a ti: No tengas más esposas mientras estás ausente. Y vale más que me seas fiel”.
Nosotros nunca pensamos en eso. ¿Por qué? Porque nos amamos el uno al otro. Yo ni siquiera pienso acerca de ello.
Yo sólo entro y digo: “Adiós, amor. Ora por mí”.
Dice: “Yo estaré sobre mis rodillas todas las noches orando por ti, Billy. Dios sea contigo”.
Eso lo resuelve hasta que yo regreso. Ella no se preocupa por mí. Ella sabe que yo la amo. Y mientras yo la ame a ella así, ella no tendrá que preocuparse nunca. Si yo pensara que pudiera hacer algo y escaparme de ello, y yo le cuento al respecto, y ella me perdonaría por eso, yo de todos modos no lo haría. Yo la amo a ella demasiado como para hacerlo. Yo la miro a ella y pienso: “Esa pobre muchachita, de treinta y cinco años de edad, y completamente canosa, se ha parado entre mí y el público, la madre de mis tres hijos”. Hay algo en mi corazón que no me dejaría hacerlo“.
Cuando yo miro a mi Señor, y veo que Él murió allá en el Calvario, el amoroso, por mí, el poco amoroso. Él, el puro, por mí, el impuro, para salvarme de una muerte de pecado, y de una eternidad en el infierno. Hay algo dentro de mí, aunque yo pudiese escaparme de ello, yo no quiero hacerlo. Yo la amo. Sí, señor. Yo la amo. Aun si yo pensara que iría a hacerlo, y que Él me perdonaría por eso. Yo no quiero hacerlo de todos modos. Yo no quiero hacer nada para herirlo a Él. Yo lo amo demasiado. Eso es lo que necesitamos tener. Es algo en su corazón. Amor. “Oh”, dice Ud.: “No me redarguye fumar. Yo bebo un poco. Yo…” Bueno, hermano, Ud. no lo ama a Él. Algo ha sucedido. Si Ud. realmente lo ama a Él…

31 Recuerdo la primera Biblia que tuve, cuando comencé a predicar al principio. Solía estar en la iglesia bautista, alguien me preguntaba: “Hermano Branham, ¿cree Ud. que fumar es malo? ¿Cree Ud. que beber es malo?”
Y yo escribí una pequeña respuesta en mi Biblia; yo tenía que responderle al hombre, yo dije: “No me hagan preguntas tontas. Resuelvan esto en su mente. Si Uds. aman al Señor con todo su corazón, Uds. no fuman, mascan tabaco, ni beben ningún licor”. Eso todavía es válido en esta noche. Correcto. Si Uds. lo aman a Él, aunque Uds. pudieran hacerlo y salirse con la suya, Uds. de todos modos no lo harían, si lo aman a Él. Eso es lo que hace el verdadero y genuino amor ágape.
El cristiano ama al Señor. Y él lo ama a Él de tal manera, que no hay nada que nos pueda separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús. Pablo dijo: “Ni la muerte, dolor, ni peligros, ni prisiones, ni nada, nos puede separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús”. ¡Oh, hermanos! El verdadero y genuino…
Y hermano mío, cuando Ud. obtenga eso en su corazón, ese tipo de amor, eso le ganará a cualquier otra cosa que Ud. pueda sustituir. Así es. A mí no me importa cuánto Ud. haya hablado en lenguas, cuánto haya gritado, cuántos grandes servicios haya llevado a cabo, o en cuántos haya estado, que tan bien su nombre esté en el libro de registro, cuántas veces haya sido bautizado, y de qué manera. Jamás valdrá de nada hasta que ese verdadero y genuino amor del Espíritu Santo se ancle en su corazón, a tal grado que Ud. lo ame a Él por encima de cualquier otra cosa que exista en el mundo. Correcto.

32 Ponemos tanto énfasis en la evidencia del Espíritu Santo. El metodista dice que uno tiene que gritar antes de recibirlo. Muchos metodistas gritaron y no lo tenían. Los pentecostales dijeron que uno habla en lenguas cuando lo recibe. Muchos de ellos que hablaron en lenguas no lo tenían. Eso es correcto. Pero, hermanos, cuando Ud. llega a un lugar en que tiene amor, eso jamás fallará. Eso es correcto. Si mi esposa confiara en mí porque yo le dé a ella diez dólares cada vez que saliera, bueno, hermano, esa no sería muy buena señal de que yo la amara a ella; de que yo sería verdadero o fiel. Pero cuando ella sabe que yo la amo, cuando yo sé que ella me ama a mí, entonces, hay una confianza plena entre ambos. Ninguna preocupación en lo absoluto.
Entonces cuando Ud. tiene perfecto amor de Dios en su corazón, Ud. no cuestiona a Dios acerca de nada. Cuando la Biblia dice: “Yo Soy Jehová que sana todas tus dolencias”, Ud. dice, “Amén, Señor, eso es correcto. Esa soy yo”.
“Esperad en la ciudad de Jerusalén hasta que seáis investidos con poder de lo alto”.
“Ese fui yo, Señor”.

33 Pedro dijo: “Arrepentíos, cada uno de Uds. y bautícense en el Nombre de Jesucristo para la remisión de pecados. Uds. recibirán el don del Espíritu Santo. La promesa es para Uds., y para vuestros hijos, para los que están lejos, para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”.
“Amén, Señor, ése soy”. Eso lo concluye. Cualquier cosa que Dios diga, Ud. lo ama a Él tanto, Ud. lo cree. Oh, me siento bastante religioso en estos momentos. Pensar que el amor perfecto echa fuera todo temor. Ud. no tiene miedo de nada, Ud. sólo está descansando. Ud. no está: “Oh, yo pudiera descarriarme mañana. Yo pudiera descarriarme la próxima semana”. Yo no me preocuparía acerca de eso. Yo no estoy tratando de resistir. Él resistió por mí. Y Él puso un amor en mi corazón que se sostiene allí. Es Él sosteniéndome a mí, no yo sosteniéndolo a Él. Si fuera yo sosteniéndolo a Él, yo probablemente me soltaría. Pero mientras que Él me esté sosteniendo, Él nunca me soltará. Él prometió que no lo haría.
“Nunca te dejaré ni te desampararé”. Amén. ¡Oh! “El que oye Mis Palabras, y cree en el que me envió, tiene Vida Eterna, y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a Vida”.

34 Yo anclaré solemnemente mi alma sobre esa Palabra de Dios y me pararé firme y diré: “Mientras que yo sepa que hay algo dentro de mí, haciéndome amar tanto al Señor Jesús que yo no deseo hacer lo malo”. Yo estoy bien anclado. Amén. Hay Algo allí dentro.
Si yo procurara decir: “Bueno, dejaré esto y dejaré aquello”. Yo dudo eso. Pero cuando sucede aquí adentro, eso es lo que lo logra. Yo recuerdo, después de haber perdido a mi esposa, me paré allí al lado de mi bebé, y ésta muriendo, yo puse mi mano sobre su cabeza. La madre acababa de ser llevada del hospital, donde ella murió y fue llevada a la morgue.
Un hombre vino, dijo: “Billy, te tengo malas noticias”, me fui a casa, yo estaba llorando, acostado en la cama. Dijo: “Te tengo malas noticias”.
Yo dije: “¿Qué? Lo sé, ella acaba de morir hace un rato, hermano Frank”.
Dijo: “Eso no es todo; su bebé está muriendo, también”.
Salí corriendo al hospital. Una bebita pequeñita, ocho meses de nacida, en sus pañales. Y ella… Yo acostumbraba sonar el claxon en mi camioneta, y demás, al llegar, y ella hacía “gú”, y levantaba sus bracitos para mí. ¡Cómo amaba yo a esa niña! Mi primera hijita. Y yo fui rápidamente al hospital.
La enfermera dijo: “Ud. no puede bajar allí, Sr. Branham”. Yo esperé hasta que ella se fue. Di la vuelta detrás de la puerta y bajé de todas maneras. Dijo: “Ella tenía meningitis, meningitis tuberculosa”.

35 Entré a la habitación, ahí estaba ella acostada allí. Las ventanas estaban abiertas y las moscas se le habían metido en los ojos. Yo espanté las moscas, y le puse el mosquitero encima. La miré de nuevo. Ella estaba tendida allí temblando un poco. Yo dije: “Sherry, cariño, ¿conoces a papi?” Mi pobre corazón estaba roto. Mi esposa tendida allá en el féretro – la madre de la bebé. Y su bracito se movía hacia arriba y hacia abajo, ella había sufrido tanto que sus ojitos se estaban cruzando. Uno de sus ojitos azules ya estaba cruzado. Yo dije: “¿Tú amas a papi, cariño? Papi vino a…”
Y yo la vi temblando. Sé que ella reconoció que yo estaba allí.
Me arrodillé, dije: “Oh Dios, oh, yo la amo. No te la lleves, Dios. No te lleves a mi bebé. No, por favor, Dios”.
Y en ese momento miré hacia arriba, y allí venía una sábana negra, desdoblándose, bajando de esa manera. Yo sabía que Él se la iba a llevar. Puse mi mano sobre su cabecita.
Yo dije: “El Señor dio, el Señor quitó, bendito sea el Nombre del Señor”. Dije: “Dios, Tú me la diste, Tú la estás tomando otra vez”.
Yo dije: “Sherry, cariño, dentro de una hora te colocaré en los brazos de tu madre. Pero algún día allá en la Gloria, con la ayuda de Dios, papi se encontrará contigo”.

36 Oh, cómo todo se había acabado. Yo me paré allí en la colina cuando la bebé fue colocada en los brazos de la madre. Yo escuché al predicador decir: “Cenizas a las cenizas y polvo al polvo”. Ellos sepultaron mi corazón. Cuando yo vi a esa esposa de veintidós años de edad, habíamos estado casados un poco más de dos años, sosteniendo al pequeño Billy en mis brazos, y él mirando: “Mamá, mamá”, estirando sus brazos hacia ella. Y su hermanita tendida en los brazos de la madre. Una tórtola se posó en el arbusto arrullando. Yo escuché los terrones caer. Éramos pobres, tuve que sepultarla casi en un campo del alfarero. Yo escuché los terrones caer, allí abajo, y el predicador dijo: “Cenizas a las cenizas y polvo al polvo”.
Parecía como que bajando a través de esos pinos, había una brisa soplando, diciendo:
Hay una tierra más allá del río,
Que llaman el dulce para siempre,
Y únicamente alcanzaremos esa ribera
Mediante la fe;
Uno a uno pasaremos por el portal,
Para allí morar con los inmortales.
Algún día tocarán esas campanas doradas
Por ti y por mí.
Como dos semanas después, yo no podía superar aquello. Volví al trabajo. Como en uno o dos meses, yo iba subiendo por la carretera. Tenía mis manos atrás de mí. Llevaba puestas un par de botas, no podía ir a casa, no podía ir a ninguna parte. Mi corazón estaba destrozado. Y el senador estatal de Indiana, el Sr. Isler, asiste a mi iglesia. Yo estaba yendo, subiendo por la carretera de esa manera. Escuché una camioneta viniendo. Miré alrededor. Él se detuvo. Se bajó, corrió allí, y puso sus manos alrededor de mí. Y yo estaba llorando.
Él dijo: “Billy, ¿cómo te sientes?”
Yo dije: “Sr. Isler, Ud. sabe cómo me siento”.
Dijo: “Quiero preguntarte una cosa, seriamente, Billy”.
Yo dije: “Está bien. Pregúnteme, Sr. Isler”.
Dijo: “¿Qué piensas tú acerca del Señor Jesús ahora, después de llevarse a tu bebé, tu esposa, todo lo que tenías?”
Yo me volteé, lo tomé de la mano, lo miré a los ojos. Dije: “Senador, yo quiero decirte algo. Él es más que la vida para mí”.
Él dijo: “¿Tú lo amas a Él?”
Yo dije: “Con todo mi corazón, con toda mi alma, y con toda mi fuerza”.
“¿Después de llevarse a tu esposa y bebé?”
Yo dije: “Aunque Él me enviare al infierno, si existe tal cosa, siendo que yo lo amo a Él hoy, yo lo amaría a Él de todas maneras”. Él tiene la razón y yo estoy errado, siempre. Y Él siempre tiene la razón. Yo lo amo.

37 Oh, estoy tan contento de saber que por gracia, Él puso eso en mi corazón, esa cosa poderosa del amor. Eso conquista. Ud. puede conquistar a su esposo, si él no asiste a la iglesia, y él la pelea a Ud. por hacerlo. Simplemente ore. Ahora, no trate Ud. de fingirlo. Si lo hace, no funcionará. Pero tenga Ud. realmente tal amor en su corazón por su alma, y él lo sabrá. No se preocupe Ud. El esposo es santificado por la esposa creyente, viceversa. Ud. no puede engañarlo. No lo puede manufacturar. Eso realmente tiene que estar presente. Esa es la razón por la que fe genuina… La gente a veces piensa que tienen fe cuando ellos no la tienen. Uds. realmente tienen que tenerla. Yo he visto ese mismo poder conquistador.

38 Como Uds. saben, yo soy amante de la naturaleza; y amo la vida silvestre, fui criado en el bosque. Mi madre era mitad india. Y yo amo la vida silvestre. Yo fui guarda bosques en Indiana por años, estudié la vida salvaje, viví en ella todos mis días. Mi abuelo anciano fue un cazador famoso, conocido en toda la nación. Y yo he cazado prácticamente por todo el mundo. Me encanta la fauna.
Pero, déjenme decirles, hay algo acerca de lo genuino. Hay algo acerca de “real” que todo el mundo lo sabrá. Ud. no tendrá que andar por allí testificando esto, aquello, o lo otro. Si Ud. realmente ama al Señor, todo aquel con quien Ud. entre en contacto lo sabrá. Uds. son epístolas escritas. Uds. están sellados. Y un sello es igual por la parte de atrás que por enfrente, tanto yendo como viniendo. La gente sabe que Ud. es un cristiano. Ud. camina diferente, vive diferente, actúa diferente, Ud. es diferente, cuando Ud. se convierte en un cristiano.
Recuerdo una vez (tal vez les he contado esto) cómo es que yo he visto la vida salvaje ser conquistada por el amor de Dios. ¿Cuántos alguna vez han leído mi libro titulado: Un Hombre Enviado De Dios que fue escrito aquí por el hermano Lindsay? Muchos lo han leído.

39 ¿Recuerdan al maniaco que cayó sobre mis pies en la plataforma aquella noche? ¿Recuerdan esa historia? ¿Qué sucedió? Yo desearía poder explicar eso. Ha sucedido muchas veces en mi vida. Lo veo suceder cada vez que un milagro es obrado. Es algo. Uno tiene que entrar en eso.
Hace unas cuantas semanas, el hermano Jack y yo estábamos parados en la plataforma ante miles y miles de personas, allá en México. Y un pobre hermano anciano Mejicano subió. Él estaba ciego. Y él tenía un chal puesto encima, sucio, polvoriento. Y el pobre anciano traía una pequeña cruz en sus manos, para rezar un “Avemaría”, o algo así. Yo le dije que eso no era necesario.
Así que él subió. Y él quería saber… Subió hasta donde yo estaba. Yo miré al anciano. Vi su cabello canoso por debajo de su sombrero de paja, donde él se lo había jalado hacia abajo. Y él estaba diciendo algo en español. Yo no podía entenderlo. El hermano Espinoza me estaba diciendo lo que él decía. Y él se acercó adonde yo estaba. Y él puso sus brazos sobre mis hombros. Algo me tocó. Yo lo miré. Tenía como setenta años. Yo dije: “Esa sería más o menos la edad de mi anciano papá, si él estuviera vivo”.

40 Miré sus pies. No tenía zapatos. Pensé: “Quizás él nunca ha tenido un par de zapatos”.
De repente, Algo me comenzó a mover. Coloqué mi pie al lado del suyo, para ver si mis zapatos le quedarían bien. Pensé: “Si mis zapatos le quedan, me los quitaré ahora mismo y se los daré a él. Quizás él nunca ha tenido un par de zapatos”. Pensé: “Aquí está él”. Lo acerqué hacia mí para ver si mis hombros y su… Él era más ancho. Yo le hubiera dado a él mi saco. Yo lo amé. Por alguna u otra razón, yo lo amé a él. Pensé: “Mira eso. Allí ese pobre anciano, quizás nunca se sentó a la mesa para disfrutar de una buena comida en toda su vida. Tal vez él nunca usó un par de zapatos”, sus pies sucios y de aspecto escamosos, y sus uñas todas volteadas hacia arriba. Pensé: “Pobre anciano. Él tiene tanto derecho a un buen par de zapatos como lo tengo yo. Tiene tanto derecho a usar un buen saco como yo. Tiene derecho… tanto derecho a sentarse a disfrutar de una buena comida como lo tengo yo”.

41 Y además de todo eso, el diablo lo ha cegado. ¿Ven lo que sucedió? De alguna forma, yo entré en… ¡No yo! El Espíritu Santo, (¡Oh Dios!) me estaba llevando a ese sentir. ¡Oh, cuando uno puede proyectar su vida, al entrar en un sentir de amor por el anciano!
Y luego él puso, puso sus brazos sobre mis hombros y comenzó a llorar sobre mi hombro. Entonces algo sucedió. Yo pensé: “Ese demonio maldito, ciego, que ha cegado a este pobre anciano, que nunca ha disfrutado de ningún privilegio”.
“Pues”, yo dije: “Espíritu ciego, sal de él”.
Y de repente, él abrió sus ojos y comenzó a gritar: “Puedo ver”. ¿Qué fue eso? Proyectando el amor. Cómo es que el Espíritu Santo… Así es como sucede.
Cuando aquel pobre hombre corrió hacia la plataforma para quitarme la vida esa noche, amenazó que lo haría, enrolló sus enormes brazos delante de seis mil quinientas personas aparte de los centenares que estaban parados en las calles bajo la lluvia. Él dijo: “Tú, hipócrita. Esta noche quebraré cada hueso de tu cuerpo”.
Yo jamás dije una palabra. Lo miré. Yo pesaba ciento veintiocho libras y él casi trescientas, medía siete pies y pico. Era un maniaco que se había escapado de un manicomio. Y él llegó allí y…

42 Ahora, en lugar de… Bueno, yo estaba asustado, seguro. Pero cuando lo miré, algo comenzó a suceder. En vez de pensar: “Oh, si yo fuera lo suficientemente grande, yo te daría una paliza”. En vez de eso, yo me puse a pensar: “Pobre hermano. El diablo lo tiene atado. Pues, él desearía amarme tal como yo lo amo a él. Él no puede evitar ser así. Ese no es él maldiciéndome. Ese es el diablo”. Así es con cualquier hombre. No es el hombre que lo está maldiciendo a Ud., con el cual Ud. quiere enfadarse y matarlo en pocos minutos. Es el diablo haciéndolo a él hacer eso. No es su hermano. Es el diablo por el cual está poseído.
Y él hizo una gran amenaza. Y antes que yo pudiera decir algo, el Espíritu Santo empezó a hablar. Y en lugar de odiar al hombre, yo lo amé. Y el amor de Dios fue proyectado a él, y sus grandes ojos le dieron vuelta así, y él cayó sobre mis pies en el piso. El amor conquistó.

43 Yo he oído hablar acerca de perros rabiosos. Resulta ser que yo no le temo a un perro. Lo que hace que el perro lo muerda a Ud. es porque Ud. le tiene miedo. Ahora, pueda que eso parezca algo tonto, pero no lo es. Los animales salvajes… Yo nunca he visto uno solo al que le tema, y es porque yo los amo. Yo he estado cara a cara con osos pardos y todo lo demás, pues yo amo a los animales. Uno tiene que tener eso; uno no puede alardearlo. ¿Alguna vez ha visto Ud. levantar su… y salir… Él sabe si Ud. le tiene miedo o no. No intente Ud. engañarlo. Ud. pudiera haber engañado a su vecino, pero Ud. no puede engañar al perro. Él sabe. Y Uds. no pueden engañar a Dios. Y yo digo esto con toda reverencia: Uds. no pueden engañar al diablo. A mí no me importa cuánto Uds. griten, cuánto vociferen, y zapateen. Él se quedará allí mismo.
Pero cuando Uds. realmente tienen el artículo, Uds. no tienen que decir mucho. Él sabe si eso es real o no. Aquellos discípulos estaban gritando y vociferando, tratando de sanar al lunático. Jesús dijo: “Sal de él”. ¿Qué sucedió? Los discípulos fueron derrotados. Pero ese demonio tuvo que reconocer de dónde procedía esa Voz. Era de la fuente donde la Paloma de Dios estaba posada. Él reconoció esa vibración cuando ésta salió de Él. Él supo que ése era más que un discípulo. Él supo que ése era más que Moisés. Cuando él tentó a Moisés, e hizo que Moisés pecara… Pero cuando él dijo: “Si Tú eres el Hijo de Dios, haz un milagro aquí delante de mí, muéstramelo”. Él dijo: “Escrito está, No solamente de pan vivirá el hombre”. Él supo entonces que no se había encontrado con Moisés. Había algo al respecto. Correcto.

44 Hace algún tiempo, mientras yo era guardabosque en Indiana, allá en la granja de Burks, donde está la antigua cantera, donde, la que está en… el cementerio Walnut Ridge, un poco más debajo de donde mi querida esposa está descansando en esta noche, su cuerpo, ella y la bebé, allí al bajar, se llamaba la Granja de Burks; allí había un toro enorme. Y él mató a un hombre de color allí. Y ellos lo habían vendido allí a un hombre llamado Guernsey, de este lado de Henryville. Yo estaba soltando unos peces allá, en un lago grande por donde pasaba un arrollo. Este hombre hizo un lago allí e iba a abrirlo al público, y nosotros lo abastecimos de peces para él, la conservación.
Bueno, nosotros debíamos cargar una pistola para dondequiera que íbamos. Eso era ley, teníamos que hacerlo. Entonces, sucedió que supe de un hermano al otro lado del campo, que estaba enfermo. Así que, pensé: “Creo que iré allá para orar por él. Soltaré estos peces”.
Me desabroché la pistola y la arrojé en el carro, y fui allá donde el… comencé a cruzar el campo hacia donde estaba el hermano. Olvidé que ese toro asesino estaba en el campo.
Así que, mientras iba cruzando el campo, hacia allá, cruzando hacia allá, había sólo un pequeño montón de arbustos allí, pequeños robles. Y sucedió que yo había estado como a doscientas yardas, o trescientas yardas de la cerca, como la misma distancia del otro lado, había un pequeño pantano allí en medio. Y de repente, a unos treinta pies de mí, este toro asesino se levantó. Y allí estaba yo.

45 Primero, me busqué la pistola pero no la tenía. ¿Ven cómo Dios hace todo perfectamente? No tenía pistola. Miré hacia la cerca… Él estaba demasiado cerca de mí. No había árbol adonde subirme. La muerte acechaba delante de mí. Él era un asesino. Había advertencias en todos lados: “No entren aquí”. Bueno, se olvidó. Y allí estaba yo.
Bueno, sólo me quedaba una sola cosa por hacer: enderezarme y no morir como un cobarde; morir como un hombre. Yo me enderecé, pensé: “Bueno, este es el fin”. Me enderecé. No había necesidad de tratar de ir; él estaba a veinte pies de mí. Oh, él arrastró sus cuernos en el suelo, así, y bramando con todo lo que podía, cayó sobre sus rodillas, y arrastró sus cuernos, y pateaba el polvo, y preparándose.
Así que, yo simplemente estaba parado allí, eso es todo lo que podía hacer. Pensé: “Bueno, ciertamente haré esto: no moriré como un cobarde. Moriré mostrando el amor de Dios en mi corazón”. Y miré otra vez a ese toro, y de repente, algo sucedió. Ahora, esto suena infantil, suena como una plática de niños. Pero ese es el problema con nosotros en esta noche: Nosotros intentamos ser adultos en Dios cuando deberíamos ser bebés en Dios. Sabemos demasiado. Dios habita en el centro de humildad y simplicidad. Nunca olviden eso. Yo miré al toro; si hubiese sido posible, yo hubiera llorado por él. Pues, yo pensé: “Pobre criatura. Pues, cuán errado estoy yo”. Ahora, normalmente yo no me sentiría así al respecto.

46 Primero, yo estaba buscando la pistola. Me alegré que no la tuviera; yo lo habría matado, y entonces hubiera ido a pagarlo. Pero no tenía la pistola. Pensé: “Bueno, pobre criatura. Pues, yo estoy en tu pastizal, este es tu hogar y tú eres simplemente una bestia bruta. Tú no sabes otra cosa. Y a fin de cuentas tú no quisieras matarme. Pero, yo te molesté. Siento mucho que hice eso. No fue mi intención molestarte”. Hablando así como lo estoy haciendo en estos momentos. Yo no podía evitarlo, había Algo en mí hablando.
¡Oh, hermanos! Es una lástima que tengamos que salir de eso. Es cuestión de simplemente someterse a ello. Dios sencillamente tomó el control. Y el toro rugiendo y bramando. Él bajó su cabeza. Y yo dije: “Ahora, criatura de Dios, yo soy un siervo de Dios. Voy en camino a orar por un hombre enfermo, que está por aquí, muriendo. Y yo crucé el campo aquí, donde está tu hogar. Siento mucho haber entrado en tu hogar”. Eso fue lo que yo hice. Entré como un intruso en su hogar. Eso era todo el hogar que él conocía. Ahora, ahora, deténganse y piensen, eso es correcto.
Yo dije: “Yo entré en tu casa. Te interrumpí. Lo siento. Tú perdóname. Yo cruzaré el campo; no te molestaré”. Dije: “Ahora, en el Nombre de Jesucristo, nuestro Creador, ve allá y échate otra vez. Yo no te molestaré”. Y ese toro corrió hacia mí tan rápido como podía. Y cuando llegó como a seis u ocho pies de mí, yo no tenía más temor del que tengo parado aquí.
“El amor perfecto echa fuera todo temor”.
A mí no me importa, si la muerte lo está mirando a Ud. cara a cara, Ud. puede cantar: Día feliz, día feliz, desde que Jesús mis pecados lavó.

47 Con razón Pablo podía pararse frente a la muerte y decir: “Oh muerte, ¿dónde está tu aguijón? Sepulcro, ¿dónde está tu victoria?” Seguro. Él había aprendido acerca del amor de Dios a través de las tribulaciones. El sufrimiento produce paciencia; obra, la tribulación produce paciencia, por supuesto. Ahora, la paciencia hace el amor, la confianza.
Y cuando ese toro llegó como a seis u ocho pies de mí, él sencillamente estiró sus patas y se detuvo. Y él me miró. Él miró para acá, y para allá, tan agotado. Simplemente se aquietó, caminó y se echó. Yo caminé como a cinco pies de ese toro, y él ni siquiera se volteó y me miró. Yo caminé y salí del pastizal. ¿Qué es? Es el amor de Dios. El poder de Dios.
Ud. dice: “Hermano Branham, yo no creo esa historia”. Bueno, Ud. no tiene que hacerlo. Pero es verdad. El mismo Dios que pudo cerrar la boca del león en la cueva de los leones, para Daniel, puede ciertamente domar a un toro en unos cuantos minutos cuando el amor de Dios ha sido proyectado. Luego cuando yo amo al Señor, y el amor en mi corazón fue proyectado hacia ese toro, entonces cuando el amor ha llegado a su fin, la gracia soberana y Divina se hace presente para tomar su lugar. ¡Aleluya! Oh, hermanos. Entonces yo no temeré cuando venga la muerte.
Cómo quiero yo amar al Señor, que cuando llegue al lugar en donde todo se haya terminado, la gracia Divina se hará presente algún día, y me llevará al otro lado del río Jordán, más allá, a una tierra mejor donde no hay enfermedad, ni muerte, ni dolor. Yo amo al Señor. Uds. aman al Señor. No hay nada, ninguna enfermedad, ninguna dolencia, ninguna otra cosa nos puede separar. El amor de Dios sigue adelante. Y cuando Ud. lo ama a Él, y llega al final en donde el amor ya no pueda actuar a favor suyo, la gracia soberana tomará el lugar del amor. Amén.

48 No hace mucho, en mi patio de enfrente, yo estaba cortando el césped con una podadora, una segadora eléctrica. Y yo cortaba como dos tramos, y salía otro montón. Llegaba alguien para que orara por ellos, y yo corría alrededor de la casa, entraba rápidamente, me quitaba mis overoles y me ponía ropa. Yo oraba por ellos, quizás estaban allí una hora o más. Quizás ya entrada la tarde, yo salía, me ponía mis overoles, salía al patio de enfrente, cortaba unos dos tramos más. Pues, antes de que yo pudiera llegar al de atrás, el patio de enfrente ya estaba creciendo.
Y entonces una tarde, allí atrás, yo salí atrás, nadie… Yo sólo me puse mis overoles pues hacía mucho calor. No me puse ninguna camisa. Nadie me podía ver, así que yo sencillamente iba cortando la grama por allí, la segadora eléctrica hacía: putt, putt, putt, putt.
Y yo iba andando, y olvidé que en el rincón había un nido grande de avispas. Y yo golpeé esa cerca y en menos de un segundo, yo estaba completamente cubierto con avispas. ¿Uds. saben lo que ellas son? Esas avispas enormes. Bueno, ellas pudieran matarlo a uno. Una sola de ellas lo puede derribar a uno. Y, desde luego, yo sin camisa. Y las avispas todo alrededor de mí. Pero algo sucedió. Algo… En vez de estar asustado, el amor entró y tomó su lugar. Uds. quizás no deseen creer esto, pero, en el tribunal del juicio, Uds. lo verán a Él, cuando sean revelados los secretos de nuestros corazones.

49 Yo estaba todo cubierto. Ni una sola me había picado. Y pensé: “Pobres criaturas. Bueno, esa es la única manera que Uds. tienen para defenderse. Dios les dio a Uds. ese aguijón. Eso es para que se defiendan. Uds. tienen el mismo derecho…Uds. no saben que esa era mi cerca. Es tanto de Uds. como mía. No le pertenece a ninguno de nosotros, es de Dios. Entonces Uds. hicieron su nido allí. Yo debí haber tenido cuidado con Uds. Y lo siento mucho. Pero”, dije: “Yo soy el siervo del Señor. Y yo las amo, pequeñitas”.
Y ellas hacían: “Bzzzz, Bzzzz”.
Yo dije: “Yo—yo—yo…” No intente Ud. de personificarlo. Vale más que Ud. sepa de lo que está hablando. Yo dije: “Yo las amo, pequeñas criaturas de Dios. Lo siento, les pido disculpas por despertarlas. Pero”, dije: “Yo estoy sirviendo al pueblo de Dios. Y tengo que cortar mi césped, y tenía prisa. Siento mucho que las molesté. Ahora, en el Nombre de Jesucristo, regresen a ese nido. No las molestaré más. Le daré la vuelta”.
Y ellas todavía estaban todas alrededor de mí. Mi segadora nunca se detuvo. Yo simplemente solté el manubrio para levantar mis manos a Dios. Agarré los mangos, no les tuve miedo para nada a esas avispas.
Y delante de Dios, mi Juez solemne, esas avispas hicieron unos cuantos círculos alrededor de mí, formaron una línea recta, y regresaron a ese nido tan rápido como pudieron. ¿Qué fue? La proyección del amor de Dios, hizo bajar la gracia soberana de Dios. Y de alguna manera, ¿cómo sabría yo, que hablando yo en inglés, ellas no captaron la interpretación, y escucharon lo que dije? Yo no les puedo decir, pero de alguna manera, ellas obedecieron la mismísima cosa que yo les pedí que hicieran en el Nombre de Cristo. ¡Amor! Conquista a los animales. Conquista a los seres humanos. Es Dios.

50 Uds. han leído la historia de la zarigüeya, todos Uds., me supongo. La mayoría de Uds. Miren, los muchachos están aquí esta noche, Gene y Leo, sentados justo acá. Yo estaba sentado en los escalones, el julio pasado, creo que fue, junio o julio. ¿Julio? Creo que fue en Julio, el julio pasado. El Sr. Woods había estado cortando el césped en mi patio; había un rastrillo allí en el patio. Y yo estaba hablándoles a estos muchachos; yo los llamo mis estudiantes. Y así que yo les estaba hablando acerca de una muchacha de color. El día antes (salió en el periódico), una joven, una mujer joven hermosa que tuvo un bebé ilegítimo, lo envolvió en una sábana y lo asfixió hasta morir. Y ella lo llevó en un taxi, y subió allá y arrojó esta sábana en el río, toda envuelta con alambre. El taxista se puso sospechoso. Él dijo: “¿Qué arrojaste allí?”
Dijo: “Oh, sólo unas cosas que no quería”. El taxista lo reportó a la policía y la policía lo reportó a la Guardia Costera, ellos fueron y lo recogieron con una red, y era un bebé. Así que allí estaba.

51 Y yo decía: “Ella no era una madre”. Ella era simplemente una mujer. Eso es correcto. Ella no era una madre. Una madre no actúa así. Yo dije: “Ella no tenía amor materno en su corazón”. Dije: “Ella pudiera…” Y tan pronto dije eso, entrando por mi portón… Yo soy la cuarta persona después de un bosquecito, como a una cuadra de distancia, atravesando una carretera y luego bajando por una vereda. Por allí más nadie tiene un portón y una cerca, sino yo. Y allí entró por mi portón, como a eso de las diez de la mañana, una zarigüeya. Y ella estaba sangrando así. Bueno, cualquiera que sepa lo que es una zarigüeya, sabe que una zarigüeya no sale de día; ellas andan de noche. Ellas cazan su presa de noche y se acuestan en el día. Yo las he atrapado muchas veces, me he comido muchas. Así que yo sé cómo son las zarigüeyas. Entonces, yo la vi entrando.
Ese es mi estudio de la fauna. Yo estudio la naturaleza de ellos. Uno ve a Dios en la fauna. Uno ve a Dios en la naturaleza, en todas partes. Uno ve a Dios en los hombres. Uno ve a Dios en los niños. Uno ve… Dios está todo alrededor suyo. Yo lo observo a Él en los pájaros.

52 Alguien dijo… Mi vecino allá tenía un radio prendido. Cada vez que él va a cortar el césped del patio, él tiene que prender un radio, con ese rock—and—roll, baile, y boogie—woogie, todo tipo de cosas como le dicen. Y yo le dije a él un día, dije: “¿Por qué tú pones esa cosa?”
Él dijo: “¿Sabes qué, Billy?” Él dijo: “Yo ni siquiera puedo cortar el césped a menos que escuche la radio”.
Yo dije: “A mí me enferma del estómago”.
Él dijo: “Bueno, si tú prendes uno una vez, y lo escuchas, qué tremenda ayuda es eso”.
Yo dije: “Yo siempre tengo una encendida”.
Él dijo: “¿Verdad?”
Yo dije: “Oh, sí. Cada vez que comienzo a cortar el césped, mi radio se enciende”.
Dijo: “Yo nunca la oigo”.
Yo dije: “Oh, es que tú sencillamente no le prestas atención”.
Él dijo: “¿Cuál es tu radio?”
Yo dije: “Yo salgo aquí y prendo esta segadora, y los sinsontes empiezan a cantar, y los petirrojos empiezan a silbar. Esa es la mejor radio que yo he escuchado en toda mi vida”. Correcto. Dios me canta a través de Sus pájaros. Oh Dios… Lo que es el amor. Yo desearía tener palabras para poder expresárselas a Uds. de alguna manera.

53 Esta zarigüeya entró allí. Yo dije: “Miren eso muchachos, esa zarigüeya tiene rabia”. Corrí allí rápidamente. Dije: “Será mejor que la detenga”. Venía directo hacia mí. Y agarré ese rastrillo y lo coloqué encima de ella, y me fijé que su pata aquí del lado izquierdo estaba casi, oh, como así de gruesa. Tres o cuatro veces de tamaño de la pata de una zarigüeya. Los perros la habían agarrado y mordido, o ella había sido arrollada por un carro. Y tenia gusanos por todas partes, donde ya se había estado pudriendo, ya tenía gangrena, y tenía moscas, moscas verdes por todas partes. Y yo dije: “Oh, aquí está el problema, está herida. No tiene rabia. En ese momento la tenía pisada con el rastrillo, esos rastrillos grandes de jardín. Y el Sr. Woods se acercó del otro lado del campo. En ese momento, el Sr. Gilmore, el lechero, llegó al portón.
Yo dije: “Miren, muchachos”, Gene y Leo, aquí, yo dije: “Vengan aquí. Quiero mostrarles algo. Esta zarigüeya…” Y resultó que miré… Y la zarigüeya y el canguro son los dos únicos animales que tienen bolsa donde cargan a sus bebés. Y así que, resultó que ella empezó a relajarse, y cuando sus nervios la golpearon, así, cuando yo le puse el rastrillo encima, ella se relajó, y cuando soltó su bolsa, habían nueve pequeñas zarigüeyas desnudas, como de este tamaño, unos animalitos pequeñitos, que ella tenía en esa bolsa. Bueno, tan pronto como ella se relajó, esos animalitos estaban tratando de alimentarse, y ella mordiendo ese rastrillo.

54 Y yo dije: “Aquí está la razón. Fíjense en esto. Ella es una madre”. Dije: “Miren, vengan aquí, Leo y Gene”. Yo dije: “Vengan aquí, quiero mostrarles algo. Lo que les estaba diciendo a Uds.”, dije: “esta zarigüeya, este animal mudo aquí, es más madre que aquella muchacha de color”. Yo dije: “A ella no le quedan treinta minutos de vida, Uds. pueden ver que ella no puede. Ella está muriendo ahora. Pero”, dije: “ella pasará esos treinta minutos luchando por esos bebitos desnudos”. Y dije: “Ese es el amor de madre. Ese es el amor que está en su corazón por sus bebés”. Dije: “Ella morirá por esos bebés”.
Y en ese momento, la Sra. Woods, ella es veterinaria. Ella llegó allí, y el Sr. Woods. Y yo se las mostré a ellos, y el Sr. Gilmore, había cinco o seis de nosotros parados alrededor mirando. Y entonces, yo dije…

55 La Sra. Woods dijo: “Bueno, Billy”, dijo, “ahora la única cosa que se puede hacer es matarlos”. Dijo: “Porque la zarigüeya tiene la boca redonda, Ud. sabe”, y dijo: “no se puede alimentar del biberón, ellos son demasiados pequeños de todas maneras”. Dijo: “Mire, mate a la madre y luego tome los pequeñitos y golpéelos contra el suelo”. Dijo: “Ellos sufrirán terriblemente bebiendo la leche de ella de esa manera”. Dijo: “Ella está muerta. Y yo la vi a ella mordiendo eso”.
Yo dije: “Ella no está muerta”.
Dijo: “Pero ella morirá en unos minutos, Ud. puede ver eso”.
Yo dije: “Yo simplemente no puedo hacerlo”.
Ella dijo: “¿Por qué?”
Yo dije: “Yo no sé”. Dije: “No puedo hacerlo”.
Dijo: “Bueno, Ud. es un cazador, ¿no es así?”
Yo dije: “Sí, señora, pero no soy un asesino”. Y entonces…
Dijo: “Bueno, ¿por qué no va a buscar su escopeta y le dispara?”
Yo dije: “Es que no puedo hacerlo”.
“Bueno”, dijo, “¿por qué no?” Dijo: “Permita que Banks lo haga”. Ese es su esposo.
Yo dije: “Sencillamente no puedo hacerlo”.
“Bueno”, dijo, “Billy, ¿me quiere Ud. decir que va a dejar a esa madre tirada allí, y que esos pobres animalitos beban esa leche de ella y tengan una muerte horrible?”

56 Yo dije: “Sra. Woods, Ud. siendo doctora… o, veterinaria, Ud. sabe que esa es la cosa humana por hacer. Pero es que hay algo dentro de mí”, yo dije: “No puedo hacerlo”. Y dije: “Ella está queriendo permitir… ella quiere quedarse con sus bebés hasta morir”. Dije: “Ella debe permanecer con sus bebés”. Entonces dejé que se levantara.
Y en eso, ella corrió hacia la casa. Y cuando llegó justo enfrente de mis escalones, se cayó. Dijo: “Allí está. Ese es el fin”. Yo dije: “Bueno, ella logró vivir unos cuantos minutos más con sus bebés”.
Y yo subí allí, y esas pequeñas zarigüeyas trataban de alimentarse de ella. Yo la empujé. Ella estaba agotada. Traté de echarle agua encima. Finalmente como que mostró los dientes. Y dije…“
Dijo: “¿Por qué no mata los pequeñitos?”
Yo dije: “Déjenla en paz”.
Dijo: “¿Va Ud. a dejarla tirada allí así, Billy?”
Y yo dije: “Sí, señora”.
Entonces, todo ese día, nosotros la observamos; las pequeñas zarigüeyas aún tratando de alimentarse. Esa noche, el Sr. Woods salió y dijo: “Billy, tú has estado andando bastante tiempo ahora; demos un pequeño paseo para que se aleje de toda esta gente aquí”. Así que salimos a pasear.

57 Y esa noche, viniendo por la carretera, vi un perrito tirado al lado de la carretera. Me detuve, fui y lo agarré. Oh, él estaba tan lleno de sarna, hedía. Y había… estaba tan lleno de pulgas y piojos, a tal grado que estaban por todas mis manos. Lo traje y lo metí en el carro. Mi esposa dijo: “¿Tú no irás a llevarte eso?”
Yo dije: “Sí, cariño”. Dije: “Él es un pequeñito. Aún no ha tenido la oportunidad de vivir”.
Ella dijo: “Billy, ¿tú no irás a llevar esa cosa a casa?”
Yo dije: “Seguro, voy a orar por él, y Dios va a permitir que se recupere”. Y hoy día, él es el perro pastor escocés más bonito que Uds. hayan visto. Sí. Oh, seguro. Yo creo eso. Yo estoy seguro que el perro… Su fotografía estará muy pronto en la revista de los Hombres Cristianos de Negocio. Así que allí está él, un perro pastor escocés grande y muy fino. La oración le salvó la vida. Él era un pequeño animal, no tenía derecho a morir de esa manera. Alguien lo botó porque él tenía sarna. Dios es el sanador de los animales igual que de todo lo que existe.
Así que, cuando llegamos, como a las once, allí estaba tendida la zarigüeya. Miren, la Sra. Woods dijo: “Billy, ahora Ud. lo sabe, ella en ningún momento se movió”. Dijo: “Está muerta”.
Yo dije: “Bueno, eso es correcto”.
Dijo: “Déjeme que vaya y mate a esas zarigüeyas”.
Yo dije: “No, no”. Así que entramos. Oh, esa noche, Billy llegó (él había estado pescando) como a las doce. La zarigüeya aún estaba allí.

58 La mañana siguiente como a las seis, me levanté y salí… Las seis o las siete. Allí estaba tirada la zarigüeya, el rocío le había caído encima. Yo dije: “Bueno, yo…” Y resultó que miré parado allí atrás, escuché a alguien sollozando. Era mi hijita Rebeca, es una pequeñita de corazón muy tierno. Y entonces, ella estaba parada allí, dijo: “Papi, esa pobre madre. ¿Está muerta?”
Y yo dije: “No sé, cariño. Mira, papi verá”. Y salí allí y la estremecí. Yo dije: “Creo que sí está”. La moví nuevamente con mi pie, y las pequeñitas…
Dijo: “¿Están muertas esas pequeñas zarigüeyas?”
Yo dije: “No, ellas todavía se están alimentando”. Entonces la moví nuevamente de esa manera. Por fin me di cuenta que ella estaba viva.
Yo dije: “No, ella todavía está viva”.
Ella dijo: “Papi, ¿qué vas a hacer por ella?” Dijo: “Yo soñé que esa zarigüeya estaba bien”.
Yo dije: “Cariño, yo tampoco pude dormir”.
Ella dijo: “Bueno”, dijo, “¿qué vas a hacer con ella, papi?”
Yo dije: “No lo sé, cariño. No puedo decirte”.
Dijo: “Papi, ¿tú la vas a matar?”
Y yo dije: “No, cariño, no”. Dije: “Yo no la voy a matar”. Dije: “Ve y acuéstate, querida; es demasiado temprano para que estés levantada”. Y dije: “Ve ahora, y acuéstate un ratito, y papi irá a despertarte”. Y la empujé así y se regresó, y yo entré en mi cuarto al lado, el estudio, donde todos los animales que están allí. Y me senté allí, con la cabeza así, frotándome la cabeza. Y pensé: “¡Oh! ¿Qué haré? Yo no sé qué hacer con esa zarigüeya”. Mucha gente ha sido sanada allí en ese cuarto. Estaba parado allí de esa manera. Muchas grandes visiones vinieron allí. Y yo dije: “No sé qué hacer con ese animal”.

59 Y una Voz me dijo: “Bueno, tú predicaste tu sermón acerca de ella ayer, de que era una verdadera madre”. Ahora, no pensando lo que estaba diciendo, o en qué era aquello, yo dije: “Eso es correcto. Yo le estaba hablando a Leo y a Gene acerca de la verdadera madre que ella era”.
Dijo: “Tú la usaste a ella como ejemplo”.
Y yo dije: “Eso es correcto. Yo hice eso. Yo la usé a ella como ejemplo”.
Dijo: “Y ella ha permanecido frente a tu puerta durante veinticuatro horas, esperando su turno para que se ore por ella, como una dama. Y tú en ningún momento me has dicho una palabra acerca de ella”.
Yo dije: “Bueno, yo ni siquiera sabía que Tú…” Dije: “¿Con quién estoy yo hablando?” Miré para todos lados del cuarto. Mi corazón comenzó a saltar. Yo dije: “Oh Dios, Tú estás aquí”.
Me arrodillé y dije: “Dios, ¿eras Tú hablándome? ¿Dónde estás Tú, Padre?”

60 No escuché nada. Salí nuevamente a donde estaba la zarigüeya. La miré. Y dije: “Dios, yo… ¿Me quieres decir que Tú pusiste aquí a ese animal mudo? Pues, yo sé que Tú diriges a todos los gorriones, y Tú los conoces a todos ellos. Yo te he visto enviar a mucha gente, pero este es un animal mudo. Este animal no podría pensar, ella no tiene alma. ¿Cómo llegó aquí? ¿La enviaste Tú a ella aquí para que se orara por ella? Entonces si Tú la enviaste, Señor, perdona la estupidez de Tu siervo”. Dije: “No fue mi intención hacer eso”. Dije: “Entonces, Señor Dios, yo ruego que Tú sanes a la zarigüeya, si deseas que ella viva junto con sus bebés”, y ella llegó aquí, y esa pata toda mordida, y estirada hacia atrás de esa manera.
Y tan pronto dije eso… El amor había llegado a su fin. La gracia soberana se hizo presente. Esa madre zarigüeya se levantó en todas sus cuatro patas, me miró, recogió a esos bebés, y los metió en la bolsa, se fue contenta por esa vereda sobre sus cuatro patas, tan normalmente sana como siempre lo estuvo, moviendo esa colita.
Becky salió corriendo al porche y dijo: “Papi, ¿es esa la zarigüeya?”
Yo dije: “Jesús acaba de sanarla”. Y ella salió hasta el portón, se dio vuelta y me miró como diciendo: “Gracias, amable señor”. Se fue contenta hacia el bosque, y hasta donde sé está allá contenta en esta noche con sus bebés. Amor. ¡Aleluya! Amor de Dios, oh, cómo es que Él verdaderamente ama.

61 Yo les conté a Uds. la otra noche acerca del cazador, cuando el amor de esa madre se hizo presente allí en esa gama, estando él chillando como un venado bebé, y yo llamándolo a él un cruel por hacerlo. Esa madre gama salió allí y sin embargo, el cazador con una escopeta en su rostro. Esa gama nunca parpadeó. Ese amor por ese bebé aún estaba buscándolo, y eso trajo a ese cazador bajo convicción. Cuando él comenzó a jalar el gatillo, él empezó a temblar. Yo estaba parado detrás de él. Él colocó la escopeta en el suelo y me abrazó, dijo: “Predicador, ore por mí. Guíame a Dios. Yo no puedo evitarlo”.
Es amor. Cuando Ud. vea el despliegue de amor valiente, Ud. verá la gracia soberana de Dios hacerse presente cada vez y tomar su lugar.
No hace mucho, yo venía de Dallas. Iba volando de regreso a casa. Y entré en una tormenta por aquí en Memphis, ese avión grande descendió, el TWA, y aterrizó allí. Me pusieron en el Hotel Peabody. Yo no pudiera darme el lujo de quedarme allí ahora. Ellos me pusieron allí por esa noche. Y a la mañana siguiente, ellos me llamaron y dijeron: “Esté en el aeropuerto a las siete en punto. La limosina lo recogerá”.
Ya estoy a punto de terminar, escuchen atentamente. Dijeron: “Lo recogeremos a las siete en punto”.

62 Yo dije: “De acuerdo”. O ellos me recogerían para que yo pudiera estar allí a las siete. A la mañana siguiente, me levanté bien temprano, porque yo había salido de una reunión. Tenía algunas cartas que había escrito esa noche, y pensé: “Echaré estas al correo primero. La limosina vendrá después de un rato”. Entonces salí y le pregunté al hombre: ¿Hacia dónde queda la oficina de correo?“

63 Él dijo: “Directo hacia adelante, bajando por allá”. Y salí, comencé a bajar allí, iba bajando por la carretera, cantando:
Ellos estaban reunidos en el aposento alto,
Orando todos en Su Nombre,
Fueron bautizados con el Espíritu Santo,
Y poder para servicio vino;
Oh, lo que Él hizo por ellos aquel día
Él hará por ti lo mismo,
Estoy muy contento en decir que soy uno de ellos.
Caminando por la calle así, cantándolo en mi corazón. De repente, algo dijo: “¡Detente!”
Yo pensé: “Eso fue sólo una impresión”.
Yo dije:
Oh ven, mi hermano, busca esta bendición.
Eso limpiará tu corazón de pecado,
Algo dijo: “¡Detente!” Había muchos artículos de pesca allí en la tienda. Regresé a ese lugar, como si estuviera mirando los artículos de pesca, para que nadie me viera en la calle. Estaba ocupado allí adentro. Y regresé a la esquina.
Yo dije: “Padre Celestial, ¿ése eras Tú hablándome?” Me quedé calladito.
Dijo: “Date la vuelta y regresa, y sigue caminando”.

64 ¿Creen Uds. en ser guiados por el Espíritu de Dios? Me di vuelta y comencé a regresar, pasé frente al hotel y seguí caminado. Miré mi reloj y ya eran las siete. Perdí la limosina.
Seguí bajando, bajando, hasta que llegué allá bien abajo, a un pequeño barrio de color, donde hay gente de color. El sol ya estaba bien alto. Pensé: “Oh, he perdido mi avión. Pero, Algo me sigue diciendo que camine”. Así que sencillamente seguí caminando. Así se hace. No cuestione a Dios. Haga lo que Él le diga a Ud. que haga. Así que, simplemente seguí caminando.
Y al poco rato, miré y recargada sobre el portón, estaba una señora típica del sur, con una camisa de hombre atada alrededor de la cabeza, lágrimas bajándole por sus mejillas. Y yo pasé al lado y ella dijo: “Buenos días, predicador”.
Yo dije: “Buenos días, señora”. Seguí caminando.
Yo dije: “Bueno, ¿cómo…? Ella dijo: ”Predicador“.
Yo me di la vuelta y dije: “Perdóneme un momento, señora”. Dije: “¿Ud. me llamó predicador?”
Ella dijo: “Sí, señor”. Y dije: “¿Cómo supo Ud. que yo era un predicador?”
Ella dijo: “Yo sabía que Ud. venía.
Yo dije: “¿Ud. sabía que yo venía?”
Dijo: “Sí, señor”.
Y ella dijo: “Yo he estado parada aquí desde las cuatro”. Yo la miré.
Y dije: “Bueno, Dios la bendiga”. Ella todavía estaba mojada en la espalda.
Dijo: “Sí, señor. Yo he estado parada aquí”. Dijo: “¿Ha leído Ud. alguna vez la historia acerca de la mujer Sunamita?”
Y yo dije: “Sí, señora”.
Dijo: “Yo era ese tipo de mujer”. Dijo: “Y le prometí al Señor que si Él me daba un bebé, que yo lo criaría para Él”. Y dijo: “Él me dio un buen muchacho”.

65 Y ella dijo: “Predicador, yo crié a ese muchacho, pero cuando él se hizo hombre”, dijo, “cuando él se hizo un joven, él se juntó con las malas compañías. Y él hizo lo malo”. Y dijo: “Él contrajo una mala enfermedad, una enfermedad venérea”. Y dijo: “Él está postrado allí muriendo”. Y dijo: “Él ha estado inconsciente durante dos días. El doctor dice que no hay esperanza. Dijo: ”Nosotros somos buena familia aquí, jamás pensamos en algo así“. Y dijo: ”Él está muriendo“, y dijo: ”él está descarriado“. Y dijo: ”Predicador, yo sencillamente no soporto saber que mi bebé se está muriendo sin conocer al Señor Jesús“.
Y yo dije: “¿Qué? El amor de una madre”.
Ella dijo: “Yo oré durante dos días”. Y dijo: “Esta mañana como a las tres, yo estaba soñando. Y soñé que yo le estaba hablando al Señor. Y yo dije: Señor, ¿dónde está Tu Elías?”
Y dijo: “Yo vi a un hombre viniendo con un traje gris y un sombrerito semi-occidental”. Así era como yo estaba vestido.

66 Dijo: “Él dijo, Sólo espera. Y dijo: ”Yo salí aquí, y he estado parada aquí desde entonces. Yo sabía que Ud. iba venir“. Dijo: ”Ahora, yo lo vi a Ud. venir“. Dijo: ”Yo pensé, Señor, detenlo Tú. Yo no tendré que decir nada“.
Ahora, con todo eso, el Espíritu Santo diciéndome que caminara, todo eso en mi corazón, yo pensé: “Esto debe ser, Señor”. Entonces ya eran como las ocho.
Yo dije: “Bueno, señora”, dije: “Mi nombre es Branham”.
Ella dijo: “Encantada de conocerlo, predicador Branham”.
Yo dije: “¿Escuchó Ud. alguna vez acerca de mí?”
Dijo: “No, señor, no creo que haya escuchado de Ud.”
Y yo dije: “El Espíritu Santo me hizo caminar en esta dirección”.
Ella dijo: “¿No quiere Ud. pasar?”
Y cuando entré, ellos tenían una pequeña cerca pintada con cal, y una punta de arado colgando en el portón. Cuando entré en esa pequeña… donde vive la gente de color, allí no había nada sino una pequeña… No había felpudo en el piso, sólo madera así. Y una camita con cabecera de hierro. Pero había un letrero en la pared que decía: “Dios bendiga nuestro hogar”.
Yo prefiero tener eso que todos los afiches de mujeres, o cualquier otra cosa, que Uds. pudieran poner allí. Eso muestra que ese era un hogar cristiano.

67 Un muchacho enorme y placentero allí, como de… lucía como unos dieciocho. Tenía la manta en su mano, haciendo: “Um—Um—Um—Um”. Dijo: “Está oscuro; está oscuro aquí”.
Yo dije: “¿Qué le pasa, no puede hablar?”
Dijo: “No, él ha estado inconsciente, dos días”. Dijo: “Él piensa que está en alta mar, y que está en tinieblas y perdido”. Las lágrimas bajaban por sus gordas mejillas. Ella dijo: “Ese es el fin, predicador. Yo no soporto escuchar a mi bebé morir, y llevar eso sobre mi corazón el resto de mis días, de que mi hijo estaba perdido”.

68 Y yo pensé: “¿Bebé?” Pesaba unas ciento ochenta libras. Miren, pero ese era el amor de una madre. No importaba lo que él había hecho, él aún era su bebé. Él todavía era su hijo querido. Yo la miré. Casi no podía contener las lágrimas, mirándola. Y dije: “¿Está él muy mal?”
Dijo: “Él está muriendo predicador”. Dijo: “El doctor dijo que no lo llamara más. No hay esperanzas para él”.
Toqué sus pies, estaban bastante pegajosos. Ahora, yo no digo, yo… Se sentía, Uds. saben, cuando una persona se pone así de tan fría, pegajosa. Y sus pies se sentían fríos. Yo dije: “Bueno, me supongo que quizás es cierto”.
Y entonces, él sólo seguía jalando eso. Entonces yo dije: “Vamos a orar, señora”.
Y ella se hincó allí, miró hacia mí, y yo me puse al pie de la cama y sostuve al muchacho por los pies. Dije: “Señora, ¿nos dirige Ud. en oración?”
Ella dijo: “Sí, predicador”.
Oh, hermano, qué oración tan tremenda. Yo lloré como un bebé. Al oír a esa santa, y aquello estaba callado y frío.
Dijo: “Señor Dios”, dijo: “anoche cuando Tú me hablaste, Tu pobre sierva, en el sueño, y me dijiste que este predicador iba venir, yo supe que mi bebé me va a hablar, y decir que él está salvo antes de partir”. Y ella comenzó así, las lágrimas bajando por ambas de nuestras mejillas entonces. Cuando ella terminó de orar, bajó la mano y agarró su delantal y enjugó las lágrimas.
Y ella dijo: “Ahora, ¿orará Ud., predicador?”

69 Yo dije: “Sí, señora”. Puse mi mano sobre el muchacho y dije: “Dios, mi avión se ha ido. Yo no sé por qué, pero Tú me dijiste que caminara. Este debe ser el caso. Yo ruego, Dios, que Tú seas misericordioso con este muchacho, de alguna manera el amor soberano de esta mujer orando por su bebé. Tú me trajiste aquí”.
En ese momento lo escuché hacer “¡Mmm!” Dijo: “¡Oh, mami!”
Ella dijo: “Sí, cariño”.
Dijo: “Se está poniendo claro alrededor aquí ahora”. Dijo: “Me estoy acercando a la orilla”. En unos minutos, él estaba en la cama.
Como seis meses después de eso, yo estaba yendo para alguna parte en el sur. Yo fui en tren. Ellos pedían como setenta y cinco centavos por una hamburguesa en el tren. Yo la compré a quince centavos allí en la estación. Simplemente esperé hasta que el tren llegó a Memphis. Y al salir del tren, Uds. saben como uno camina hasta ese pequeño restaurante. Yo estaba yendo, caminando por allí esa mañana. Me había subido en Louisville esa noche y salí para allá. Yo escuché a alguien decir: “Hola, predicador Branham”.

70 Miré para todos lados y ahí estaba un mozo parado allí.
Dijo: “¿Cómo está Ud., predicador Branham?”
Yo dije: “¿Cómo estás, hijo?” Dije: “¿Cómo me conociste?”
Él dijo: “Ud. no me conoce, ¿verdad?” Dijo: “¿Ud. recuerda esa mañana cuando fue allá a orar por mí? Mi mamá aquí, Ud. sabe, había estado afuera en el portón esperando por Ud.”
Yo dije: “¿Eres tú aquel muchacho?”
Dijo: “Sí, señor, predicador Branham”. Dijo: “Yo no solamente estoy sano, sino”, dijo, “yo soy un cristiano ahora”.
¿Qué fue eso? Aquella mañana, cuando regresé a mi avión, me subí a un taxi tan pronto como salí de esa casa, y regresé, corrí a la estación para ver qué tren… cuál era el próximo avión que podía conseguir. Ellos dijeron: “Última llamada”, para este cierto avión. Dios, por medio del amor de esa pobre e ignorante mujer de color, el amor de ella por Dios y su bebé, había hecho aterrizar ese avión y lo mantuvo allí. ¡Aleluya!
Cuando el amor es proyectado, la gracia soberana se hace presente y toma su lugar. Dios conocía Su don. Dios sabía lo que sucedería. Dios había escogido que esto fuera así. Y el amor de aquella madre había mantenido… El amor de esa pobre e ignorante mujer de color que probablemente no conocía su abecedario pero ella conocía el amor de Dios. Eso es lo que hizo que aquel avión aterrizara, y lo retuvo tres horas.
Cuando me embarqué, yo dije: “¿Qué sucedió aeromoza?”
Ella dijo: “Oh, hubo algo que sucedió en otra parte, o algo así”. Ellos lo retuvieron allí.
Yo pensé: “Bueno, yo sé que así fue. Eso sucedió en la Gloria”. Amén.

71 Déjeme decirle, hermano, no hay nada como el amor de Dios. ¿Lo aman Uds. a Él, en esta noche? ¿Él es su Salvador? ¿Tienen Uds. amor que puedan proyectarle a Él? Que en las horas de su muerte, la gracia soberana… Sí, algun día yo tengo que llegar al final del camino, eso es verdad, hermano. Una de estas noches, yo predicaré mi último sermón. Cerraré esta Biblia por última vez. Y yo sé que posiblemente… Espero que sea un hombre anciano. Quizás tenga unas cuantas barbas canosas colgando alrededor. Pero, yo me estaré recargando sobre el callado, de que he llegado al final del camino. ¡Oh, qué cosa!
Yo quiero mirar atrás a través de cada zarzal y cada colina, dondequiera que han estado mis huellas; yo espero que sea terreno para Jesús. Cuando sepa que he peleado la última hora, sepa que he cantado el último himno, he ofrecido mi última oración, he predicado mi último sermón, mientras estoy parado en las riberas del Jordán, y los rompeolas estén estrellándose contra mi alma, los doctores se marchen, los santos estén parados con rostros inclinados, y yo sienta los rompeolas acercándose en mi alma.
Yo quiero quitarme el yelmo y colocarlo en la orilla del río. Quiero desatarme las sandalias y quitármelas. Quiero tomar la espada y meterla de regreso en la vaina de la eternidad. Levantar ambas manos y decir: “Señor, envía la barca. Esta mañana vengo a Casa”. No se preocupen, Él estará allí. Él estará esperando. Yo quiero vivir para Él hoy. Que en esa hora, cuando descienda por el valle de la sombra de muerte, yo quiero que dos alas brillantes del Espíritu Santo me lleven al otro lado del río. Él estará allí, si Uds. sencillamente confían en Él.

72 Hablémosle a Él, ahora.
Nuestro Padre Celestial, mientras estamos aquí en este gran avivamiento, en la gran Shreveport, con este querido pueblo sureño, Señor. Son tan amables y los más dulces que he conocido en toda mi vida. Humildes, aun los ministros. Parece ser un pueblo tan encantador. No diciéndolo delante de ellos, Señor, pues sería un hipócrita al orar de esa manera. Pero simplemente por ellos, yo estoy hablándote a Ti, Señor. Al ver a muchos de ellos aún en pecado, aún en tinieblas, ellos todavía no conocen el amor de Dios. Ellos no conocen al amoroso Señor Jesús y en qué realmente están confiando muchos de ellos, porque ellos pertenecen a la iglesia. Muchos de ellos están creyendo que serán salvos en aquel día, porque ellos están en buena posición con su vecino, o con su pastor, o con la iglesia. Muchos de ellos piensan que porque conocen bien la Biblia.
Oh Cristo, yo estoy persuadido en esta noche, que a menos que un hombre nazca de nuevo, a menos que toda su naturaleza, toda su perspectiva, ese temperamento, esa indiferencia hacia Cristo… Sea cambiada, sea humillada, bajada a la dulzura, bajada a un lugar en donde Dios pueda guiar.

73 Yo estoy pensando en los centenares de cartas de Alemania, Suiza, a través del mundo, que la gente ha enviado diciendo: “Ore por mí, como Ud. lo hizo por aquella zarigüeya”.
Oh Dios, Tú pudiste guiar a una zarigüeya ignorante para que se quedara allí en los escalones. Tú pudiste detener a un toro feroz, el oso que tenía su garra sobre mi hombro. Oh Dios, Tú quien pudiste hacer aterrizar ese avión por una mujercita de color a la cual la sociedad difícilmente miraría, que los oficiales de la cuidad probablemente estudiarían bien si ella sería digna de ser alimentada, si ella se estuviera muriendo de hambre. Y sin embargo, Tú la amaste a ella lo suficiente, porque ella te amaba a Ti, y Tú trajiste un avión de los cielos, y lo mantuviste en tierra, e hiciste caminar a un pobre e ignorante muchacho allá, para ofrecer una oración de fe por ella.
El sentir que yo tuve en mi corazón al arrodillarme junto a una santa. El verte a Ti proyectar Tu amor Divino y luego la gracia soberana se hizo presente y sanó a ese pobre muchacho cuya sangre media más de cuatro. Hizo de él un cristiano y ella quizás es una madre de corazón feliz en Memphis todavía en esta noche.

74 Oh Dios, el gran Rey del cielo se rebajó a incluso traer una criatura tan baja como un animal. ¿Qué más harías Tú por un hombre o una mujer, muchacho o muchacha por quien Tú has muerto? Dios, sé misericordioso.
Concede en esta noche, Jesús amado, que algunas de estas personas quienes han sido un poco indiferentes hacia Ti, comprendan Señor, que este amor es la única cosa que perdurará después de que la iglesia haya terminado contigo. Cuando la iglesia te haya sepultado, cuando los gusanos de la piel devoren tu cuerpo, el amor de Dios aún permanecerá. Uno de los poetas dijo: “el canto de los santos y de los ángeles, el amor de Dios”.
Oh Dios, Tu amor a los perdidos en esta noche. Hazles saber lo que Tú hiciste cuando viniste aquí a la tierra, y moriste en el lugar de ellos, fuiste hecho indeseable y hecho muerto por ellos. Dios se hizo muerte, el Dios inmortal, se humilló a Sí mismo en el vientre de una mujer, para hacerse muerte y pecado, para quitar de nosotros nuestra fealdad y culpabilidad. Oh, eso es demasiado para mi corazón, Señor. Yo sencillamente no lo puedo entender. ¿Por qué Tú lo hiciste? ¿Cómo me incluiste Tú a mí, un pobre muchacho borracho, sin Dios, sin esperanza, y por gracia Tú salvaste mi alma?

75 Y esta noche, las campanas de gozo del cielo están sonando. Si Tú vienes por mí esta noche, está bien, Señor. Yo estoy tan feliz por Ti. Tan feliz de que podemos presentar a un mundo moribundo y tembloroso, bajo el impacto de una edad atómica, con bombas de cobalto, pecado; pero presentamos un amor que jamás puede ser detenido por ninguna bomba ni nada.
¡Es amor de Dios, oh, cuán rico,
Cuán puro!
¡Cuán fabuloso y fuerte!
Para siempre perdurará,
El canto de santos y ángeles.
Ven, Señor. La iglesia ha escuchado muchos sermones. La iglesia ha escuchado acerca de Jesús, pero nunca ha presenciado ese verdadero toque del amor Divino, que los hace amar a quienes los maldicen. Para hacerlos orar profundamente desde sus corazones por aquellos que les están haciendo mal. Eso humillará sus corazones. Concédelo, Señor.

76 Si hay alguno aquí en esta noche, Señor, sin esa experiencia, que ellos vengan y la reciban ahora mismo mientras que el Dios de amor está aquí.
Y mientras tenemos nuestros rostros inclinados, me pregunto, en esta audiencia esta noche… Discúlpenme por ser un bebé, parado aquí en la plataforma, llorando. No es mi intención hacer eso. Pero si Uds. únicamente lo conocieran a Él… Si Uds. tan sólo conocieran a Aquél que estuvo aquí anoche, quien conoce el corazón de Uds., sabrían que Él está aquí en estos momentos. Y Su amor se está extendiendo. Y eso los hace a Uds. sentirse de la manera como se sienten. Y Él está proyectando Su amor a Uds. ahora, vengan aquí y Él les mostrará Su gracia. Él quitará todo su pecado, toda su preocupación, todo lo que está mal en Uds. Él lo arreglará.
Yo soy Su representante. Uds. no pueden arriesgarse a intentar irse al cielo sin esta póliza. ¿No vendrán en esta noche? ¿Levantarán sus manos si desean recibir ese tipo de amor en su corazón? ¿Levantarían Uds. sus manos a Cristo ahora mismo? Con sus rostros inclinados, en todas partes.
Dios le bendiga. Dios le bendiga. Dios le bendiga. Dios le bendiga. Dios le bendiga. Así se hace, hijo.

77 Me pregunto, con sus rostros inclinados, ¿no quieren Uds. venir aquí mismo para pararse aquí en el altar? ¿Subirán aquí, para pararse aquí mismo conmigo, mientras oramos? Mientras que el amor de Dios está aquí mismo, moviéndose alrededor en el edificio. ¡Qué atmósfera! Esta es la atmósfera en la cual desearía poder vivir para siempre, este sentir dulce y humilde. ¿Qué es? Ángeles están subiendo y bajando por los pasillos. Por todo alrededor de estos postes, alrededor de la carpa, por afuera, ángeles de Dios se están moviendo con sus grandes alas extendidas. Eso es lo que los hace a Uds. sentirse así. Uds. no se sienten así todo el tiempo. Uds. no ven nada diferente a como estaba cuando Uds. entraron aquí hace un rato. Pero yo lo siento. Estoy consciente de ello.
¿No vendrán? Pasen al frente ahora y párense alrededor del altar. ¿Quién desea venir primero? Yo creo que si uno tan sólo se dirige… Dios le bendiga. Aquí viene un hombre anciano, canoso. Le sigue una jovencita. Otra dama que está incluso…Levantándose, poniéndose muletas para venir. Dios bendiga su corazón. Que Él le permita regresar sin muletas. Es una dama joven en un momento decisivo. Hay un joven viniendo, caminando con su…
¿Quiere Ud. venir? ¿Acercarse alrededor del altar?
Mientras que a otros Tú estás llamando,
No pases de mí (¡Él no lo hará!)
Salvador…

78 ¿No quieren Uds. levantarse ahora? ¿Acercarse aquí, pararse aquí en el altar? Sólo una pequeña palabra de oración pudiera significar la diferencia entre su lugar en la eternidad.
¿Puede Ud. humillar su corazón? Ahora, Señor, desde aquí en adelante, yo voy a caminar humilde.
Dios le bendiga, joven. Estás haciendo una cosa valiente. Tú estás obedeciendo al Espíritu Santo.
¿Alguien más? ¿Cuántos aquí desean venir? Vengan. No voy a escoger a nadie; todos Uds., vengan pues. Así se hace. Ud. que siente que necesita venir. Levántese pues y venga. ¿No vendrá?

79 ¿Saben qué? Mientras están orando… ¿Cuál es el éxito de mi oración por los enfermos? Aquí está: Yo los amo a Uds. Eso es lo que lo logra. ¿Por qué contesta Él mis oraciones? Porque yo lo amo a Él. Él me ama a mí. Yo tengo confianza en Él.
Ven. Dios te bendiga, cariño. Una muchachita como de catorce, dos muchachitas más, como de diez o doce, viniendo, abriéndose paso. Una muchachita hermosa con trenzados largos atrás, como mi pequeña Rebeca. Otra llorando. Miren eso. Todos Uds. los de más edad deberían avergonzarse cuando ven a una niñita viniendo así, como de doce años de edad. Sencillamente tan convicta por el Espíritu Santo, su corazón.
…yo en el Trono de misericordia
Encontrar un dulce alivio
Arrodillándome allí en profunda contri-…
(¿No vendrán Uds.? Vengan, ¿no lo harán?)
Ayuda mi incredulidad.
Ahora, mientras cantamos este coro, levántense y vengan.
Vengan ahora, todos Uds. Acérquense ahora. Todo el que tenga una necesidad de Dios ahora, sabe que Dios calentará su alma aquí. ¿Está Ud. un poco frío en su experiencia? Venga.
¿Quiere Ud. ser acercado? Dios le bendiga, papá. Dios le bendiga, hermana. Dios le bendiga, hermano, viniendo allí atrás, un hombre de fina apariencia.
Vean a una damita viniendo aquí, llorando, una jovencita hermosa. Un hombre anciano allí, en las sombras de la vida, viene, se cae aquí. Su barbilla temblando, y las lágrimas bajando por sus mejillas.

80 ¿Qué es esto? El Espíritu Santo. Recuerden, esta reunión será historia dentro de otra hora, pero será traída delante de Uds. en el día del Juicio. ¿Qué van Uds. a hacer al respecto? La decisión es suya. ¿No vendrán?
….. a Tu lado?
¿O a quién en el cielo sino a Ti?
Salvador, Salvador…
¿No vendrá Ud.? ¡No sea frío! Venga. Yo quiero que Uds. lo conozcan a Él, por acá.
Ud. dice: “Bueno, yo pertenezco a la iglesia, hermano Branham”. Eso está bien. Eso me contenta. Me alegra que Ud. sea lo suficientemente dama o caballero para hacer eso. Pero yo quiero que Ud. lo ame a Él, a tal grado que cuando Ud. piensa en Él, las lágrimas caigan en su corazón. Yo quiero que Ud. lo ame tanto a Él, que no importa lo que suceda, cuán crueles sean las cosas con Ud., que Ud. aún así lo ame a Él. Que cuando el empresario de la funeraria llegue a su puerta, que Ud. todavía lo ame a Él. Oh Dios.
Padre y un muchachito viniendo. Otro hombre joven, supongo. Otro hombre saliendo hacia acá.
Salvador…
El único que lo puede salvar a Ud. ¿No oirás mi clamor humilde? Dios les bendiga, muchachitas. Aquí hay toda una hilera de damitas acercándose. Dejad a los niñitos que vienen llorando.
… Tú estás llamando
No pases de mí.

81 Ahora tararéenlo. Con el rostro inclinado ahora. (El hermano Branham empieza a tararear). ¿No pueden Uds. sentir el dulce amor de Dios? El arrullar de la paloma, alrededor de su corazón. “Hijo mío, Yo quiero que pases al frente y hables conmigo, sólo un ratito. Tú sabes lo que está en tu corazón, Yo quiero conversarlo contigo ahora mismo”.
¿No vendrán? Dios le bendiga, señora. Una preciosa mujer joven viniendo, las manos levantadas, lágrimas bajando por sus mejillas, enjugando las lágrimas con un pañuelo.
“Hijo mío, Yo sólo quiero conversarlo contigo”.
Dios te bendiga, hermana. Otra dama viniendo. Dos más están viniendo. “Sólo quiero conversarlo. Yo estoy arrullando a tu corazón. Ése soy Yo. Yo te amo. Yo te estoy hablando acerca de esas cosas que tú sabes que deberías confesar ahora mismo. Yo quiero un verdadero avivamiento”.
Dios le bendiga, señora.
“Yo estoy hablando a tu corazón. Ése soy Yo”, Él dice. El Espíritu Santo.

82 ¿Creen Uds. que yo soy Su profeta? Yo sólo estoy tratando de citar Sus palabras, eso es todo, lo que está viniendo a mi corazón. ¿No quiere Ud. venir y arrodillarse? Yo sencillamente siento que hay alguien más. De alguna manera, me siento constreñido a no terminar ahora mismo. Ya lo intenté dos veces. Pienso: “Bueno, haré que todos vengan y se arrodillen, alrededor, y oraremos”. Pero Algo me sigue diciendo: “No, no, no, hay más”.
Dios le bendiga, hermana. Yo simplemente lo sé. ¿No quiere Ud. venir? Todos en oración ahora.
Mientras que a otros Tú estás llamando,
No pases de mí.

83 La pobre ciega Fanny Crosby, oh, qué será cuando la vea a ella más allá. Me siento muy extraño. Parece como que estoy sin palabras ahora mismo, sencillamente hay algo. El Espíritu Santo está tan complacido esta noche. Uds. han hecho lo que Él dijo que se hiciera. Yo sé que Uds. seguramente se van a sentir de la misma manera en que yo me siento, amigos. Se siente como que el Espíritu Santo está diciendo en esta noche: “Eso es exactamente lo que yo quiero. Eso es lo que Yo estoy mirando”.
Ahora, un hombre. El mismo Dios que conoce su corazón está parado justo aquí, ahora, sabiendo que Ud. ha hecho exactamente lo que Él le habló a Ud. para que hiciera. Ahora, si Ud. desea saber mis palabras exactas, parece como que yo acabo de despertarme, y me escuché a mí mismo llamándolo a Ud., y hablando las palabras a través de mis labios, que Él le estaba diciendo a Ud. “Ven, ése soy Yo hablándote”, dijo Él. Ud. lo ha obedecido a Él.
¿Habrá otro? Sólo una vez más. Mientras Uds. inclinan sus rostros, y cantamos suavemente. “Tú, la fuente de todo mi consuelo”. Miren a estas muchachitas, y gente anciana. “¿A quién tengo yo en la tierra aparte de Ti?” ¿Qué va Ud. a hacer con todo lo que tiene cuando la muerte toque a su puerta? ¿Qué va a hacer Ud.? ¿Lo conoce Ud. a Él? ¿Le ama? Seguro.
… no, oh tierno Salvador.

84 Vengan ahora, es el último llamado. ¿Se cerraría Ud. a esa dulce Voz amorosa que está aquí en esta noche? Amor. Uds. conocen mi ministerio. Amor, ese es mi tema.
Mientras que a otros que te han obedecido, Dios, parados allí alrededor, jóvenes y ancianos…
“Señor, si hay algo en mi corazón, no me pases por alto. Dime al respecto ahora mismo. Yo me levantaré e iré al altar rápidamente”.
Señor, concédelo ahora. Habla a sus corazones. Habla ahora mismo, Dios. Yo creo que todos oirán. Yo estoy orando la oración de fe, para que le hables a cada perdido… a todos los que necesitan venir.
Dios le bendiga, hermana. Concédelo, Dios. Yo creo que todos obedecerán, si Tú sólo hablas, Señor.
Mientras que a otros Tú estás llamando
No me pases…
“Si hubiere algo en mi corazón, Señor. Escudríñame”.

85 Nuestro Padre Celestial, solamente Tú conoces mi corazón. Tú sabes cómo me siento. Yo estoy tan feliz. Estoy tan feliz, eso es lo que me hace llorar. Estoy feliz, el sólo hecho de estar aquí en esta noche, entre estas personas que están dispuestas a escuchar al Espíritu Santo. Mientras vivan, ellos nunca olvidarán esta noche. Ellos quizás estén acostados algún día, inconscientes en la cama de un hospital. Ellos quizás no conozcan a su madre, a su padre. Ellos quizás olviden al pastor. Tal vez olviden a todos sus asociados, esposa, hijos, pero ellos siempre te conocerán a Ti. Ellos también tendrán que llegar algún día al final del camino. Es por eso que estamos parados aquí.
Paloma de Dios, oh, Tú que puedes obrar milagros, Tú los transformaste a ellos ahora en ovejas. Ahora ellos son Tus corderos. Ellos están aquí listos para ser trasquilados. Cualquier cosa a la cual ellos se han aferrado, cualquier cosa que ellos pensaban que eran sus privilegios, ellos ahora están listos para que Tú lo cortes, Espíritu Santo. Ellos quieren vivir para Ti.

86 Los rechazarás Tú? No, Tú no los hubieras guiado aquí si tenías alguna intención de rechazarlos. Tú les has dado vida eterna. Les has dado amor. Les has dado paz. Ahora, ellos siempre recordarán esto. Yo lo siento en mi corazón, Señor. Me siento constreñido a hacer esto.
Y Dios, si yo conozco mi corazón, yo no soy un hipócrita. Yo siento, Dios, que todos en este altar, aquí alrededor de este altar ahora, han sido aceptados en Tu Presencia. Yo lo siento, por medio del testigo del Espíritu Santo, que ellos ahora están a salvo. Sus nombres están en el libro, los ángeles están cantando, las campanas del cielo están sonando, satanás está derrotado. Ellos se están regresando por los corredores del infierno con sus banderas negras caídas. Los ángeles se han ido al cielo para gozarse alrededor del trono, donde madres y padres están esperando para oír el mensaje regresando de esta reunión en esta noche. Ellos tienen muchachos y muchachas sentados aquí, donde seres queridos que han partido, están esperando. Los ángeles volviendo, diciendo: “Sí, ellos caminaron humildemente. Ellos vienen humildemente. No tiesos o almidonados, pero ellos vienen quebrantados, llorando”.

87 Y la Biblia dice: “El que sale, llorando, sin duda regresará otra vez, gozoso, trayendo con él preciosas gavillas”.
Hazlos ganadores de almas, Señor, en su vecindario, donde sea, o a los cuatro ángulos de la tierra. Algún día, Señor, viviremos en amor, algún día, el amoroso Salvador vendrá, el gran Milenio acontecerá. Oh, cuando le veamos a Él, le veamos sentado allá…
Oh Dios, estos, en esta noche, tendrán el privilegio de ayudar a coronarlo a Él, Rey de reyes y Señor de señores. Y entonarán cantos de la redención, mientras que alrededor de la tierra se pararán ángeles con sus rostros inclinados, mientras nosotros lo estemos coronando a Él. Ellos no saben nada acerca de redención. Ellos nunca han sido redimidos. Ellos no lo necesitaban. Nosotros éramos los que estábamos perdidos, ellos no. Nosotros sabremos cómo agradecerte, Dios, cómo adorarte y entonar cantos de redención, porque nosotros estábamos perdidos y ahora fuimos hallados. Estábamos ciegos pero ahora vemos. ¡Cómo Te agradecemos por esto!

88 Oh Dios, mi corazón está rebosando. Dios, esto vale la pena por toda la faena de dos semanas de clima caliente y todo lo demás sólo para sentir esto en mi propio corazón. Entonces uno está en la Presencia de Dios; el gran Espíritu Santo, el cual yo sé que está parado aquí. Pecadores, tibios y miembros de iglesia, han vuelto al Calvario llorando. Todos estamos colocados alrededor de la cruz ahora, sólo, Padre, en la bondad de la gracia y amor de Dios. Nuestros corazones están llenos de gozo, inefable y llenos de gloria.
Yo me pregunto, con nuestros rostros inclinados… Me pregunto si algunos de los santos, o alguno sin el Espíritu Santo, quisiera tomar su…
Yo no había sentido esto en años. No sé cuando alguna vez sentí al Espíritu Santo tan denso, que parece que está aquí mismo en este momento. Todo es un gran manojo de amor. Pareciera como si no hubiese nada malo en la reunión. Oh, yo simplemente amo esto. Espero que cuando tengamos un servicio de sanidad, el ambiente esté así. ¡Esto es maravilloso!

89 ¿Alguno de los santos o alguien allá en la audiencia que no haya recibido el Espíritu Santo quisiera venir y pararse en esta congregación? ¡Pasen al frente! ¿Quisiera algunos de los santos venir y bañarse en este don de Dios? ¡Muévanse! ¿No vendrán? Esto está bien. Qué bueno. ¡Eso es maravilloso! Tal vez Uds. que están enfermos quieran pasar al frente. Párense alrededor. Quizás sería por una sanidad. Oh, está aquí mismo. Aquí está la fuente llena con Sangre.
Oh, sólo miren, viniendo
… llena con Sangre,
Sacada de las venas de Emanuel… (¡Oh Dios!)
Y los pecadores que se sumergen debajo de ese raudal,
Pierden todas sus manchas de culpabilidad.
(Simplemente adórenle a Él)
… manchas de culpabilidad
Pierden todas sus manchas de culpabilidad.
Oh, es tan maravilloso, sólo sentarse bajo este bautismo. Esto es lo que yo llamo el bautismo del Espíritu Santo.
… debajo de ese raudal,
Sólo adórenle a Él, santos. Alcen la mirada. Díganle cuánto Uds. le aman a Él. Este es el bautismo del Espíritu Santo. Está en toda la carpa, Uds. están bautizados en amor.
… se gozó al ver,
Esa fuente en su día:
(¡Aleluya! ¡Aleluya!)
Y que allí pueda yo, aunque vil como él,
Lavar todos mis pecados.
Lavar todos mis pecados, (¡gloria a Dios!
¡Aleluya! ¡Alabado sea Dios!
Señor, cuánto te amo.)
Y que allí pueda yo, aunque vil como él,
(Señor, sólo amándote).
Y lo será hasta que yo muera.

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