S.46 51-0415A  La Historia De Mi Vida 

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OBRAS DEL MENSAJE

La Historia De Mi Vida

Phoenix, Arizona, E.U.A.

51-0415A

1 Sólo pido que si todos pueden, dejen la plataforma, y sólo permitan quizás uno o dos que vayan a ayudar a la gente. Entonces si algo sucede, entonces yo estoy—estamos mejor preparados para ello. Uds. entienden, ¿verdad? Confío que sí.
Yo he hecho todo lo posible esta semana pasada para—o las dos semanas por tratar de ver a nuestro Señor ayudarlos a Uds. aquí pueblo amado. Ha habido muchas cosas que he deseado que hubieran ocurrido, y que ocurran aun en esta noche. Y ruego que así sea. He estado confiando en ver a todos ser sanados al mismo tiempo.
Luego en la reunión, yo veo muchas cosas que han sucedido, muchas cosas que la gente…Yo a veces los veo a ellos sentados allí en la audiencia, mirándome, haciendo su mejor esfuerzo. Y pienso: “Oh, yo he visto que ellos fueron sanados. Pero los probaré en unos momentos”. Pero luego se me escapa; se me olvida. Y ellos son sanados.

2 Por ejemplo, hubo una niñita aquí la otra noche. Estaba en el edificio. Ella estaba sufriendo. Estaba…Posiblemente no tenía más de ocho o diez años de edad. Puede que ella no vuelva a estar en el edificio nuevamente, que yo sepa. Pero la niña tenía un apéndice reventado; los padres no lo sabían. El apéndice se reventó dentro de la niña. Esa niña está sana, fue sanada sentada aquí en la reunión. Yo sé eso.
Hubo una dama aquí que tiene una bebita que tiene un padecimiento en su brazo. Y es una cosa muy seria. Ellos la tuvieron aquí anoche. Yo vi la bebé sentada delante de mí. La bebé se va a poner bien. Eso es correcto. ¿Ven? Eso es correcto.
Y hay muchas de esas cosas que yo veo, pero no tengo tiempo. Pero lo que es, amigos, eso no significa mucho. La cosa de ello… Mientras que su fe toque a Dios, ellos mismos verán que ocurrirá. ¿Ven Uds.? Así que… que está concluido

3 Si yo lo digo, lo que yo diga aquí confirma de lo que yo estoy hablando. Si yo no hablo la Palabra de Dios…Pero yo tengo un Testigo, y Dios es mi Testigo. Ello… Yo estoy agradecido en tener a mis hermanos como testigos del Evangelio. Pero yo tengo un testigo con mis hermanos y mis amigos. Y tengo un… El testigo más grande es mi Padre Celestial Quien confirma que lo que yo estoy diciendo es la verdad. Y estoy tan agradecido por eso. Entonces no soy yo el que sana, lo cual Uds. saben.
Así que si Uds. se lo dicen a la gente, con tal que yo vea que ellos sanaron, eso es todo lo que me interesa (¿ven Uds.?), ver que ellos obtuvieron la bendición.

4 Ahora, esta noche probablemente será la más grande de todas las noches. Las grandes expectativas, la gran tensión, la gente están empujando, procurando entrar, tratando de ser sanados, será pues el gran momento. Y muchos serán sanados en esta noche. Yo sencillamente tengo el sentir de que esta noche será uno de los momentos más maravillosos de sanidad que hayamos tenido en toda la reunión. Y yo creo que será esta noche.
Ahora, a medida que hablemos hoy sobre “La Historia De Mi Vida”, yo… Mientras esté contando parte de mis cosas… Yo sé que tengo muchos conciudadanos aquí que han pasado por cosas similares. Y todos nosotros…

5 ¿Cuántos aquí están lejos de casa? Veamos. Los que no son de aquí, veamos sus manos. Los que son de otra ciudad, de otra parte. Oh, vaya, la mitad de nosotros, oh, más de la mitad está lejos de su hogar. Y no importa de qué ciudad seamos, o de dónde venimos, aunque sea sólo una pequeña…
Como dijo el ministro el otro día, de la iglesita en el desierto que él estaba pastoreando. No importa cómo sea ni cuán humilde sea, es como el viejo proverbio, o la vieja canción que dice: “No Existe Un Lugar Como Estar En Casa”. ¿No es correcto eso? No hay lugar alguno como estar en casa…

6 Y si se fijan bien, siempre antes de que una persona muera, Uds. se darán cuenta de que ellos siempre tendrán un anhelo por regresar al viejo hogar otra vez.
Mi padre, antes que él partiera, él no había estado en su viejo hogar por muchos, muchos años, por algunos veinte años, me imagino. Un día lo vi sentado sobre la barra del arado, estaba llorando. Yo era apenas un muchachito; y no sabía mucho al respecto. Le dije: “¿Qué pasa, papá?”
Él se me acercó y me dijo: “Tú no lo entiendes, Billy. Pero algun día lo entenderás”. Él dijo: “Quiero volver a casa. Yo deseo ver nuevamente el viejo hogar”. Uds. saben, no pasó mucho tiempo cuando él… Después que él visitó su viejo hogar, partió.

7 Mi suegro, un día él fue a cazar ardillas, y yo dije—él dijo: “Hermano Billy, ¿quieres ir conmigo?”
Y yo dije: “No, hermano Frank, no quiero ir”.
Él nació allá un poco más arriba de Utica, en aquel lugar llamado Battle Creek, una casa antigua. Hay un arsenal allí ahora. Oh, hermanos. Y hay un arsenal, el Arsenal de Indiana está allí. Pero eso fue un poco antes que se construyera el arsenal.

8 Él fue allá y regresó, y él estaba llorando. Y yo estaba saliendo con su hija. Y yo dije: “¿Qué le pasa, hermano Frank?”
Él dijo: “Billy, yo estuve sentado allá en el viejo lugar hoy”, y dijo, “donde antes estaba la vieja casa”, dijo, “el viejo manantial por allí al lado de la colina”. Dijo: “Yo sencillamente podía oír a mi anciana madre decir: Oh, Franky”.
Bueno, a los pocos días, lo enterré. Quizás era un llamado de otra tierra. Él podía oír los ecos al otro lado de la tierra.

9 ¿Alguna vez se fijaron bien en una persona cuando está partiendo? Yo he estado parado al lado de muchas personas, los he sostenido en mis brazos y los he observado cuando estaban muriendo. Lo encuentro muy extraño.
Por favor, ministros, disculpen esto. Esto no es una doctrina. No quiero que esta congregación piense que esto es una doctrina. Pero frecuentemente me pregunto si cuando vamos a partir… Primero les contaré mi historia aquí.

10 Yo estuve parado junto a un hombre no hace cinco o seis años cuando él estaba partiendo. Él tenía un tiempito que había sido salvo. Estaba sentado en una silla. Él estaba todo hinchado con problemas del corazón. Pertenecía a cierta iglesia allí en la ciudad. Y yo dije—fui a visitarlo; dije: “¿Cómo está Ud., Sr. Bledsow? ¿Me conoce?”
Él dijo: “Sí. Yo te conozco, Billy”. Dijo: “Billy, yo creo que voy a partir”.
Yo dije: “¿Está Ud. listo, Sr. Bledsow?”
Dijo: “Oh, sí, Billy. Yo he hecho mi llamamiento con Dios. Yo he respondido al llamado”. Dijo: “Yo estoy preparado para irme si Él me llama”. Y dijo: “Yo creo que Él me está llamando”.
Yo dije: “Bueno, si Ud. está preparado, Sr. Bledsow, ¿está Ud. dispuesto?”
Él dijo: “Sí, Billy, estoy dispuesto”.
Y yo oré con él y salí, estuve hablando con su esposa, sentada allí. Y él estaba mirando a través del cuarto, hablando. Y nosotros acabábamos de estar en oración, y el Espíritu Santo estaba en el cuarto. Y él se levantó y dijo: “Madre, pues, tenía años que no te veía”.
La Sra. Bledsow dijo: “Papá, ¿estás delirando?”
Él dijo: “Bueno, ¿tú no la ves a ella? Allí está”. Dijo: “¿Hermana?” Y no pasó mucho rato cuando él partió.

11 Yo fui a ver a un hombre no hace mucho que se mató en un accidente. Él estaba muriendo. Salió del accidente, de igual manera. Yo he visto a muchos de ellos partir de esa manera. Y me pregunto, que si cuando estamos llegando…Aun la muerte es difícil. Jesús luchó contra ella: “¿Es posible que esta copa pase?” Pero cuando estamos llegando al final del camino… Y yo observé a mi esposa cuando ella partió.
Y yo me pregunto, cuando lleguemos al final del camino allí, si acaso Dios no le dice a mamá o algunos de ellos al otro lado: “Mira, mi hija vendrá a casa esta mañana. Ve allá a la ribera del río y espéralos”.
Nosotros podemos verlos a ellos cuando estos ojos están siendo transformados de lo natural a lo sobrenatural. En esa visión, cuando la muerte nos está alcanzando… Es una niebla que simplemente se disipa allí, y nosotros podemos mirar el otro lado y los vemos a ellos viniendo al río. Yo espero que así sea. No sé. Yo no podría decir que es verdad; no lo sé. Pero he visto eso muchas veces. Nuestros seres queridos fallecen…

12 Muchos de Uds. aquí, la mayoría de Uds. son como yo. Parece que fue ayer cuando yo era apenas un muchachito. Y aquí estoy. Yo miro mis manos y pienso: “Oh, vaya”. Y me veo a mí mismo, como simplemente avanzando silenciosamente. Estoy empezando a ponerme viejo. Yo todavía tengo… Bueno, parece que fue ayer cuando yo era apenas un muchachito jugando canicas. Pero no tenemos aquí ciudad permanente, sino buscamos la por venir cuyo Arquitecto y Constructor es Dios.
Yo pienso en cuando era un muchachito, nosotros vivíamos en una cabañita. Había un montón de árboles alrededor de ella, árboles de manzana pequeños, y unos grandes.
Y recuerdo que papá solía llegar a casa, del trabajo. Él era un verdadero irlandés de pura raza. Su cabello era negro ondulado y ojos azules, un hombre pequeño como de mi tamaño, pero él era de contextura robusta, áspera. Él era un leñador.
Yo lo veía enrollarse las mangas así, y los músculos en sus brazos. Oh, vaya. Yo quería ser como mi papá. Y yo pensaba que mi papá iba a vivir hasta los cien años. Pero él murió con su cabeza en mis brazos a los cincuenta y dos. No tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.

13 Yo solía mirar la casita en que vivíamos, una casita vieja de troncos con techo de tablas. Yo pensaba que esa casa permanecería por cien años—cientos de años. Pero allí hay un proyecto de viviendas ahora. No tenemos aquí ninguna ciudad permanente.
Yo solía ver afuera enfrente de la puerta cuando un montón de esos Branham…Éramos diez en la familia, nueve varones y una hembra. Y cuando había como cinco de nosotros, cuando nosotros… Yo era…
Para comenzar con la historia de mi vida allí, nosotros solíamos tener un lugar donde nos revolcábamos en el polvo allí enfrente de la grama—o del porche. Parecía como que un montón de pequeñas zarigüeyas habían estado jugando, revolcándose alrededor, todos nosotros.

14 Mamá solía llamarnos a comer. Y ella tenía una olla grande. ¿Alguna vez vieron una de esas ollas grandes que tenían tres patas? Una olla bien grande donde Uds. ponían [palabras confusas]. ¿Cuántos han visto una de esas ollas antiguas? Oh, vaya, miren eso. Já. Todos nosotros sabemos entonces lo que es una comida sabrosa, ¿no es así? Quedaba tan lisa por dentro a más no poder.
Y ella cocinaba estofado de vegetales. Eso es muy irlandés. ¿Cuántos saben lo que es un estofado de vegetales? Es carne cebada, patatas, sí, allí lo tienen, zanahorias. Cortamos eso en trocitos, lo ponemos todo junto en la olla, lo cocinamos bien, y luego lo dejamos reposar por dos o tres días, y vamos comiendo de allí. El último día estaba mejor que el primero, porque el repollo obtenía el gusto; y las patatas, patatas, y repollo, y lo absorbía todo. Lo servía con una tacita. Sí, señor. Mamá tenía un gran cucharon.

15 Y más debajo de la casa teníamos un manantial. Y yo solía ir allí, y tenía una jícara. Solía llenar de agua la vieja cubeta de cedro con una jícara. ¿Cuántos saben lo que es una jícara? Oigan, yo no soy el único campesino aquí hoy, ¿verdad? No, señor. Ahora me siento mejor. Hace que mis ropas me queden mejor. Yo sé de lo que Uds. están hablando.
Muy bien. Tenía una vieja jícara, puesta allí en ese manantial. Vaya, qué tiempo. Y metida debajo de una roca, teníamos la mantequilla puesta allí, Uds. saben. Muy bien. No podíamos guardar la crema allí, porque había muchos pequeños Branham, y eso… Sí, señor. A todos nos gustaba.

16 Así que papá solía ganar setenta y cinco centavos al día y una cubeta de leche todas las noches. Mamá le quitaba la nata para guardarla para la mantequilla. Y así que eso se conservaba hasta cierto tiempo. A veces se agriaba, casi antes de que se pudiera batir. Nosotros solíamos batirla en una… Teníamos una vieja mantequera, y teníamos un quinqué colocado encima de ella, Uds. saben. Uno lo subía y lo bajaba. ¿Alguna vez han hecho eso? Vaya, sólo mira aquí, hermano. Vaya, ¿alguna vez molieron Uds. café? Teníamos el molino de café puesto… Oh, vaya, eso lo hace. Bueno, a fin de cuentas, ¿cuántos están aquí de Kentucky? Veamos sus manos. Oh, vaya. Bueno, prácticamente aquí… Hoy estamos en un día distinto, ¿no es así? Ud. oprime un botón, y la nación se pone a trabajar. Eso es correcto. Así que, esos eran días buenos, supongo. A fin de cuentas, nosotros teníamos un poquito más de amor fraternal y de sentir el uno por el otro en aquellos días de lo que tenemos ahora. Y…

17 Yo recuerdo cuando papá solía ganar setenta y cinco centavos al día, él llegaba a casa… Ahora, mi papá hacía lo que era incorrecto. Él bebía. Y él iba y pagaba sus cuentas, y lo que le quedaba se lo bebía. Y me duele decir eso, y es… Pero es verdad. Si yo tengo que decir algo, yo debo decir la verdad. No importa si va en contra mía, pues, está mal. Eso es todo, ¿ven? Si es algo aterrador para mí, bueno, vale más que lo diga aquí, porque va a estar en las bóvedas del cielo algún día para que todos lo miren.
No solamente tenía – lo confesaré, si no estaría mintiendo. Así que prefiero seguir adelante y decir la verdad al respecto, y dejarlo que sea de la manera que es.
Papá bebía. No solamente bebía, pero él fabricaba el whiskey. Y cuando él llegaba a casa y bebía justo después de que él había pagado sus víveres, etcétera, él se bebía lo que le quedaba. Pero a mí no me importa lo que él hiciera; yo lo amo a él hoy aunque ya está en la tumba. Eso es correcto. Él era mi papá.

18 Y miren, niños, jóvenes, a mí no me importa lo que sea; Uds. siempre tengan respeto para su padre y para su madre. Yo pienso que una de las cosas más horribles que puedo oír a los niñitos, o a los jóvenes, es decir: “el viejo” y “la vieja”. Escuchen. Ese no es “el viejo” y “la vieja”; ese es su papá y su mamá. Y algún día, cuando Ud. los vea a ellos saliendo de la habitación la cabeza primero, y las ruedas debajo del féretro, rechinando, Uds. sabrán entonces que ese no es “el viejo” o “la vieja”. Eso es correcto. Cuando Ud. oiga al predicador decir: “Cenizas a las cenizas, y polvo al polvo”, Ud. se dará cuenta que el mejor amigo que Ud. tenía en la tierra está siendo sepultado.
El problema es que Uds. aprenden demasiado tarde. No lloren, y griten entonces, y envíen un montón de flores, dénselas a ellos ahora. Sean un buen muchacho o una buena muchacha.

19 Yo recuerdo cuando papá solía llegar, su camisa toda remendada. Y él se paraba allí, y el sol hacía que su camisa se le pegara en la espalda, a tal grado que mamá agarraba la tijera y la cortaba para desprendérsela de su espalda. Ganaba setenta y cinco centavos al día en un aserradero para mantenerme a mí. Seguro que yo lo amo a él. Sí, señor.
Cada vez que yo paso junto a la tumba y veo la nieve acomodada allí, me dan ganas de arrojarme allí, y calentar el suelo donde su cuerpo reposa allí debajo.
Pero él no está allí. Yo tuve el privilegio de guiar a mi papá a Cristo antes de que él partiera. Y lo vi a él mirar fijamente y caer hacia atrás sobre mis brazos y me miró. “Cariño”. Y él fue para encontrarse con Dios.
Yo bauticé a mi madre al poco tiempo de mi conversión. Y la mañana de Pascua que pasó, bauticé a mi hijo. Yo tengo una niñita que ya tiene cinco años; ella ha sido dedicada. Ella está creciendo. Y si Dios me permite vivir, yo haré todo lo que pueda para verla a ella bautizada en… [palabras inciertas]…

20 Mi muchachito ahora, yo lo saqué a él del col—de su escuela secundaria. Yo voy a enviarlo a él aquí, si puedo, a estas Asambleas de Dios, o lo que sea que es aquí, en alguna parte por allí en Dallas, para que termine su secundaria, y luego al colegio; para ponerlo entre gente cristiana donde él pueda trabajar y con gente que tenga el Espíritu Santo; eso le ayudará a vencer esta etapa y a poner la cosa correcta delante de él.
Y si él hace lo malo, él pasará por encima de la Biblia, por encima del Espíritu Santo, y por encima de la oración de un papá que oró. Eso es correcto. Él tendrá que cruzar por encima de todo eso antes de que él pueda alguna vez irse al infierno. Y yo creo que si Uds. oran y se mantienen aferrados, Dios contestará su oración.

21 Y mi papá, un poco antes de que él partiera, él me llamó. Él había estado… Él… Pobre hombre, me duele decir esto. Me mata decirlo aquí; él murió hambriento. Eso es correcto. Mi papá murió hambriento. Y él… Fue durante el tiempo de la depresión económica. Nosotros trabajamos – no podíamos trabajar, y no podíamos encontrar nada en qué trabajar, y él estaba enfermizo, y a nosotros apenas nos alcanzaba, sólo dividíamos lo que podíamos dividir. Pero yo sé que él tenía hambre, porque no habíamos comido desde el día anterior.
Y él sufrió un ataque al corazón, y yo me paré al lado de su cama. Y lo tomé en mis brazos, así, y él me miró, y fue a encontrarse con Dios. Yo creo que yo volveré a verlo a él algún día.
Mi madre, ella está envejeciendo. No tardará mucho más. Cada vez que la dejo, sus labios temblorosos cuando ella me besa, me dice: “Cariño, algún día, tú regresarás y tu madre habrá partido”.
Yo dije: “Entonces madre, algún día yo iré adonde tú estás”. Eso es correcto. Yo llegaré allí.

22 Y así que recuerdo que un día nos estábamos casan… Cuando ellos eran jóvenes, cuando yo era apenas un muchachito pequeño… Papá tenía dieciocho años de edad y mamá tenía quince cuando yo nací, niños apenas. Y nosotros éramos niños junto con ellos, crecimos junto con ellos. Yo pienso que eso es una cosa buena. Sí.
Mi hijita, cuando ella llegue a ser de cualquier edad, y ella encuentre un buen muchacho cristiano con el cual desee casarse, yo prefiero que ella se case con él y siente cabeza, sea una dama, que estar por acá en algunas de estas cantinas andando de acá para allá y lo que ellos llaman: “divirtiéndose”. Eso es correcto. La Biblia dice: “Que vuestras hijas se casen jóvenes”. Algunas ya se han apartado en pos de satanás.
Y miren, yo no estoy diciendo que niñitos pequeños se casen. Permitan que su padre y su madre, ellos saben. Ellos son cristianos; ellos les pueden instruir.

23 Y recuerdo cómo solíamos ir a la ciudad el sábado por la noche, íbamos y pagábamos la cuenta de los víveres… A todos nos daban un caramelo como obsequio. ¿Uds. recuerdan cuando nos daban un obsequio? Oh, vaya, ese caramelo de menta en forma de palito, ¿recuerdan eso? Vaya, ¿no era ese un verdadero caramelo? Oh, hermanos.
Recuerdo que todos nos subíamos al viejo furgón, le llamábamos allá. Uds. le llamaban carretón aquí, creo. Nosotros poníamos un poco de paja en la parte de atrás y bastantes cobijas, y nos subíamos allí, y todo ese montón de niños. Teníamos una vieja mula. Conducíamos como siete millas hasta la ciudad y nos deteníamos. Papá entraba, él y mamá, y compraban los víveres y regresaban.
Y recuerdo que solíamos tener una lata de aceite de carbón de dos galones. Nosotros hacíamos lámparas de aceite de carbón. Uds. han hecho eso, ¿no es así? Muchos de Uds., hacen esa lámpara de aceite de carbón. Alguna vez han llegado a un lugar en que Uds. no tenían suficiente aceite para que la mecha alcanzara allí adentro, le echaban agua, y la dejaban subir allí de manera que Uds… Oh, vaya. Eso es… Tomar una patata grande, y ponérsela como tapón, para que al volver a casa, Uds. saben, el aceite no se saliera de la lata con el movimiento, y cayera encima de los víveres. Esos eran días maravillosos, ¿no es así? Eso es correcto.

24 Así que recordamos que al ir subiendo, nosotros nos sentábamos allí. Y cuando papá pagaba la cuenta de los víveres, salía con una pequeña bolsa de caramelos. El Sr. Grower nos regalaba una bolsa de caramelos cuando pagábamos la cuenta de los víveres cada semana. Y entonces salíamos. Y quizás habían como cinco palitos, o tal vez cuatro palitos, para que fueran repartidos entre los cinco pequeños Branhams. Vaya, habían como cinco pares de ojos pequeños, cada uno de ellos vigilando ese caramelo y asegurándose de que fueran repartidos por igual. Tenían que ser repartidos por igual. Partíamos ese caramelo, Uds. saben, y lo chupábamos.
Yo tenía un pequeño truco que hacía. Aquí estoy yo. El lunes no era un buen día para mí. Yo chupaba un poco mi pedazo de caramelo, lo envolvía en un pedazo de papel y lo metía en el bolsillo. Luego el lunes en la mañana, mamá me decía: “William”.
Yo decía: “Sí, mamá”.
“Tú tienes que ir al manantial y traer una cubeta de agua”.
Yo decía: “Humpie, si tú vas a buscar mi cubeta de agua, yo te dejaré chupar mi caramelo hasta que yo cuente hasta diez”. Yo dije [palabras confusas.] Yo tenía este pedazo de menta, Uds. saben. Oh, hermanos. Era la cosa verdadera. ¿Alguna vez lo comieron Uds. con galletas saladas [palabras confusas]? Vaya, oh, vaya. Escuchen. Creo que mañana, yo podría ir y comprarme una caja entera de Hersheys si quisiera, pero yo… No hay caramelo como ese. Ese es el mejor que hay. Como cuando uno es apenas un niñito, esa menta…
Vaya, yo agarraba… entre tanto que ese caramelo duraba, yo holgazaneaba. Yo guardaba ese caramelo y esperaba por el trabajo, algo difícil que yo no quería hacer, Uds. saben, y entonces yo hacía que mi hermano lo hiciera, algunos de ellos, Uds. saben. Y ellos iban y se comían su caramelo, pero yo guardaba el mío.

25 Recuerdo cuando mi papá se afeitaba. Él solía tener una brocha de afeitar hecha de una hoja de maíz. ¿Cuántos han visto alguna vez una brocha de afeitar de hoja de maíz? Bueno, algunos de Uds. Yo me afeité con ellas. Agarraba esa vieja hoja de maíz así… ¿Alguna vez tuvieron Uds. una almohada de hojas de maíz, donde Uds. agarran la almohada, y le quitan la hoja al maíz y la meten allí? Pues, seguro, y un colchón de paja… Y agarran este viejo…
Teníamos un pedazo de vidrio clavado donde solíamos lavarnos allí afuera, Uds. saben, en el viejo anaquel para lavarnos. Y esos pequeñitos se alisaban el cabello hacia abajo tan fuerte en esos pequeños [palabras confusas].
Ellos tenían una vieja banca construida atrás detrás de la mesa. Y mamá nos llamaba a comer, y todos ellos… Nosotros pasábamos debajo de la mesa y por todas partes para subirnos allí. Y ella colocaba ese plato bien grande allí en el centro de la mesa, así, y horneaba el pan de maíz en la cacerola. ¿Cuántos han comido pan de maíz horneado en una cacerola? Oh, ¿no es bueno eso?

26 Y Uds. saben, yo acostumbraba sentarme justo en la esquina al lado de papá. Y nos pasábamos el pan, y yo le partía la esquina para así agarrar suficiente costra alrededor, Uds. saben. Eso estaba sabroso, ahí en la esquina. Lo íbamos pasando… Y Uds. saben, en aquel tiempo nosotros partíamos el pan. Ahora Uds. lo cortan con un cuchillo. Bueno, en aquel entonces uno partía el pan. Se decía que Jesús partió el pan y lo bendijo. Él nunca lo cortó. Así que… Y así que esa no era nuestra razón para ello; nosotros simplemente lo partíamos. Cada quien se partía un pedazo, y lo iba pasando alrededor de la mesa.
Y esa enorme olla de garbanzos allí, con ese pedazo grande de carne allí. Oigan, Uds. saben, eso no caería mal en estos momentos, ¿verdad? Eso caería muy bien, incluso en estos momentos. Esa es una comida sabrosa. Sí, señor.

27 Y entonces pasábamos un gran día. Y el domingo, teníamos un postre. ¿Cuántos han tenido, Uds. saben, ese postre dulce? Uds. lo hacían en un sartén. Nosotros teníamos un poquito, alguna clase de cosa que le ponían en el centro del sartén, Uds. saben. Y eso era algo muy especial. Oh, cómo desearía un poco de eso.
Mi hermano y yo solíamos discutir acerca de quién terminaría de limpiar el sartén. ¿Alguna vez terminaron Uds. de limpiar el sartén? Oh, vaya. Nosotros somos simplemente un gran montón de niños que ya crecimos, ¿no es así? Así que salíamos allí y terminábamos de limpiar el sartén. Vaya, qué tiempo tan tremendo disfrutábamos.
Y déjenme decirles; eso me recuerda a una reunión del Espíritu Santo chapada a la antigua. Pero hay una cosa buena: nosotros ya no estamos terminando de limpiar el sartén, toda esta vieja…Ahora ya no es cuestión de sólo saborear. Eso es correcto. Y Dios desciende directamente entre nosotros y nos da un anticipo de gloria divina.

28 Y entonces, no hace mucho, yo estaba saliendo de una reunión. Pasé por allí y vi ese viejo lugar. Uds. no saben cómo me hizo sentir eso.
Recuerdo cuando solíamos ir a la escuela allá, era un muchachito. Yo no tenía ropa que ponerme, y andaba bien andrajoso. Yo recuerdo que una vez fui a la escuela todo el invierno con un abrigo puesto. Una señora rica me lo había regalado. Y yo no tenía camisa. Yo tomé ese abrigo, éste tenía el emblema de un águila en el brazo. Y yo pensaba que esa era la cosa más bonita. Y agarraba ese abrigo. Y tenía algo como botón, y yo lo cerraba de esta manera. Y me lo puse hasta la primavera, y ya estaba haciendo un calor terrible. La maestra me dijo: “William, ¿por qué no te quitas ese abrigo?”
Yo dije: “Tengo frío”. Pero es que no podía quitarme eso porque yo no tenía camisa.
Entonces ella dijo: “Bueno, tú probablemente estás pescando un resfriado, William. Acércate aquí a la estufa”. Vaya. Ella prendió esa estufa allí, era una escuela del campo allí, Uds. saben, y el sudor me corría. Ella dijo: “¿Te sientes cómodo?”
Yo dije: “Sí, señora”.
Yo no podía quitarme ese abrigo allí, pues, yo no tenía camisa puesta, sencillamente no podía hacerlo. Me fui a casa. Y tenían que hacer un arreglo especial, Uds. saben, porque yo no… Yo… Ella me veía… Yo permanecí sentado todo el invierno con ese abrigo puesto, hasta…

29 Recuerdo a una de mis primas que vino a visitarnos. Y la… Ella… Ellos trajeron a los tres, dos varones y una hembra, y la hembra era como de mi edad. Y ella dejó uno de sus vestidos allí. ¿Ven? Yo agarré la parte de la falda, la corté bien abajo por aquí y me la puse como camisa. Fui a la escuela, Uds. saben. Y ésta tenía ese pequeño, Uds. saben, esa cosita en ella. ¿Cómo es que le llaman? ¿Chusma? Esa… Encaje. Eso es lo que es. Un pequeño encaje por todos los lados de ella, [La congragación se ríe]. Dije algo errado allí, ¿no es así? ¿Cómo es? Eso es lo que era. Sí, señor. Tenía eso por todos lados, Uds. saben. Y así que yo… Algunos de ellos dijeron… se reían de mí.
Y yo dije: “Pues, ¿qué piensan Uds. que es eso? Eso es parte de mi traje de indio”. Verdaderamente se veía raro con toda esa cosa en ella. Oh, hermanos, qué vida tan dura.

30 Recuerdo que en 1917, estábamos en la escuela. Y cayó una nieve tan tremenda en Indiana, y la… Oh, la acumulación de nieve era a veces de diecisiete, dieciocho pulgadas de alto. Y comenzó a llover y a caer aguanieve. Eso causó una capa de hielo, oh, como de una pulgada y media de grueso.
Y todos los muchachos en la escuela salieron a deslizarse, Uds. saben, en sus trineos y cosas. Nosotros éramos demasiado pobres para tener nada de eso. Si teníamos algo para comer, estábamos bien. Así que ellos… Nosotros no teníamos…
Mi hermano y yo no teníamos trineo, pero nos conseguimos una palangana grande en el basurero. Nosotros metíamos nuestras piernas alrededor el uno del otro y nos deslizábamos. No éramos tan de clase como los demás, pero igualito nos estábamos deslizando. Así que estábamos – nosotros íbamos bajando por la colina dando vuelta, y vuelta, y vuelta en esta vieja palangana.
Eso sirvió de trineo hasta que se le desprendió el fondo. Así que fuimos y nos buscamos un tronco. Y agarramos el hacha de mi papá y lo cortamos hacia arriba, así, el extremo de él. Nos hicimos un trineo. Nosotros tirábamos de este pequeño tronco, Uds. saben, y nos íbamos a la escuela. Llegábamos allá.

31 Y recuerdo que ese invierno había un—solía haber una revista que vendían, llamada “Pathfinder”. No sé si alguna vez Uds. oyeron de esa “Pathfinder”. Vaya, yo pudiera estar hablándoles a muchos muchachos que la vendieron.
En fin, y eso fue durante el tiempo de la guerra, y cualquiera que fuese lo suficientemente grande para ponerse un uniforme llevaba puesto un uniforme. Todo era… Oh, el más alto respeto era para un uniforme.
Cuando yo solía ver a esos soldados venir por la carretera… Nosotros teníamos un mástil allí afuera, y subíamos la bandera en él. Izábamos esa bandera y veíamos a todos esos soldados tener que detenerse y saludar esa bandera, antes de que ellos pasaran frente a ella en la escuela, Uds. saben. Y oh, vaya, disfrutábamos de un gran tiempo con eso.

32 Y yo veía esos soldados con esas perneras, Uds. saben, y todo. Oh, vaya, cómo quería yo usar un uniforme. Yo dije: “Cuando yo sea un hombre, voy a ser un soldado”.
Bueno, yo era demasiado pequeño en ese entonces. Y cuando yo… Vino esta otra guerra. Supongo que yo no era lo suficientemente hombre. Intenté alistarme, y ellos no me aceptaron.
Pero finalmente logré unirme al ejército, un uniforme. Yo pudiera no exhibirlo por afuera, pero lo tengo por dentro. Eso es correcto. Yo me uní a las filas del cristianismo. Allí yo tengo puesto un uniforme llamado el bautismo del Espíritu Santo. Yo estoy en una gran batalla, haciendo todo lo que puedo. Yo pudiera no ser capaz de… Yo lo puedo sentir. Yo sé que está allí. Y esa es la cosa principal.

33 Y Lloyd Ford, un amigo mío, él fue a la escuela allá. Creo que el hermano Curtis se está riendo ahora, el muchacho que está aquí. Uno de mis amigos, recuerda a Lloyd. Y él estaba vendiendo esta “Pathfinder”, y él se había comprado un traje de Boy Scout. Y oh, hermanos, cómo él se veía tan bien con ese traje de explorador. Yo dije: “Lloyd, después de que desgastes eso, ¿me lo regalarás?”
Él dijo: “Sí, yo te lo daré”.
Vaya, cómo duró ese traje. Pasó bastante tiempo. Un día yo dije: “Lloyd, ¿qué de aquel traje?”
Él dijo: “Bueno, Billy, veré si hay – en dónde está”. Él regresó y dijo… Al día siguiente en la escuela, él dijo: “Bueno, Billy”, dijo, “déjame decirte”. Dijo: “Casi me lo acabé, y mi mamá agarró la parte del salvamento y remendó la ropa de mi papá”. Y dijo: “Y la – en cuanto al saco, le hicieron una camita para el perro, y ya se acabó todo”. Dijo: “No me queda nada de él sino una pernera”.
Yo dije: “Tráeme eso”. Yo quería algo.

34 Así que él me trajo esa pernera, como así de largo, y tenía un hilo para cerrarla. Muchos de Uds. recuerdan cómo eran. Me puse eso allí en la casa, y pensé: “Oh, si tan sólo yo pudiera usar eso para ir a la escuela. ¿No me verían los niños, (Uds. saben) con esta pernera puesta?” Así que fui a la escuela, y la metí en mi abrigo.
Yo iba montado en el trineo, en este viejo trineo de tronco, Uds. saben, bajando hasta el pie de la colina; y el tronco dio vueltas y vueltas. Y yo quería encontrar alguna excusa para ponerme esa pernera. Así que tan pronto… Yo dije: “Oh, me lastimé la pierna”. No estaba ni la mitad tan mal como yo estaba actuando. Yo dije: “Oh, mi pierna. Me duele”. Dije: “Um”.
Y todos los muchachos parados alrededor, me decían: “¿Tú te lastimaste, recoge maíz?” Así le decían a la gente de Kentucky.
Yo dije: “Sí, me lastimé la pierna”. Dije: “Oh, me hace recordar, que yo tengo una de mis perneras de mi traje de explorador aquí, eso la ayudará bastante. Me la puse. Y todos ellos se alejaron de mí.

35 Y yo fui al pizarrón. Uno solía pasar al frente adonde estaban esos viejos pizarrones, Uds. saben, para resolver sus problemas. Sólo nos lavábamos una mano, la que uno tenía que levantar hacia la maestra, Uds. saben. Entonces yo di la vuelta así, y puse ambas piernas juntas así para que ellos no se dieran cuenta, y estiraba la mano así, y me paraba de lado para resolver mis problemas. Comenzaron… Todos me estaban mirando con esa pernera puesta. Todos los niños comenzaron a reírse de mí, y la maestra hizo que me fuera a casa. Yo me puse a llorar, así que ella me mandó para la casa. Entonces tuve que irme a casa. Yo… Oh, vaya, eso es…
Y como dije, Dios finalmente me puso un uniforme por dentro. A fin de cuentas, yo prefiero tenerlo por dentro.

36 Yo soy americano; amo a mi nación; yo estoy dispuesto para ir a la guerra en cualquier momento que ella vaya a la guerra. Hay Branham y más Branham yaciendo muertos por allá en Francia y Alemania. Eso es correcto. Muchos de ellos están allí esperando la resurrección. Y yo… Si llegara a ser necesario para mi país, yo estaría muy contento de unirme a ellos, para mantener la libertad de manera que podamos tener religión, y así como la tenemos ahora. No hay una nación más grande en el mundo que nuestra América. Yo digo eso de corazón.
¡Que por largos días brille nuestra tierra
Con la luz santa de la libertad;
Protégenos con Tu poder,
Gran Dios, nuestro Rey!
Pero queridos amigos cristianos, yo prefiero estar en el ejército del Señor, que en cualquier lugar que conozco. Eso es correcto. Porque yo sé que algún día vamos a ir a una tierra donde hay edades incesantes, y viviremos allí para siempre.
Y si yo no soy lo suficiente hombre para estar allá en el ejército para pelear con las fuerzas armadas, entonces Dios me dio un trabajo aquí para pelear contra los poderes del enemigo. Y después de todo yo soy un soldado, uno en las filas con Uds., vestido con el tipo de uniforme de Uds., y su hermano en el servicio.

37 Ahora, cómo es que aquellos días, ellos realmente nos atraen. Y hay muchas cosas que sucedieron a lo largo del camino, que yo no tendría tiempo para contarles. Pero Uds. saben cómo es en los viejos días de la escuela. ¿No les gustaría a Uds. volver allá nuevamente? Vaya, volver al pasado para sólo…
Yo deseara que pudiera vivir nuevamente uno de esos días. Desearía poder sentarme junto a esa mesa que mi papá construyó encima de un tronco. Y me gustaría volver allá, y simplemente vivir un día más. Yo daría todo, si tuviera cien millones de dólares aquí sobre esta plataforma. Dios conoce mi corazón.
Y me doy cuenta que noche tras noche, yo lucho con poderes demoniacos, y no estoy inmune a ellos. Ellos pueden venir a mí.
¿Se acuerdan una vez de unos muchachos que pensaban que tenían un don de sanidad? Le dijeron a un hombre que tenía epilepsia: “Te conjuro por Jesús a quien Pablo predica, que salgas de él”.
El demonio dijo: “A Jesús conozco, y sé quién es Pablo, mas vosotros ¿quiénes sois?” ¿Es correcto eso? Miren, Uds. tienen que tener cuidado con lo que están haciendo. Asegúrense de que son llamados para estas cosas. Y los hombres fueron atacados, les quitaron las ropas, y salieron corriendo por las calles, desnudos.

38 Ahora, si yo tuviera esta plataforma llena de dinero, millones de dólares, y pudiera repartirlo todito, sólo para ver una escena más; es decir, si yo pudiera ver a mi papá entrar a esa carpa allí, venir caminando directamente hacia acá, y levantar su mano, y tomarme de la mano, yo daría todo lo que tuviera en mi vida, o que alguna vez pudiera tener, si yo tan sólo pudiera agarrarlo de su mano una vez más.
Las cosas verdaderas de la vida están allí alrededor suyo; uno no las ve. Eso es todo. Ud. no lo sabe hasta que se han ido. Eso es correcto. Si yo tan sólo pudiera ver a papá una vez más, pero no puedo; él ya partió.

39 Y así a través de la vida, muchas veces yo… Uds. han visto en mi librito allí cómo el Ángel del Señor apareció allá en aquellos días cuando yo estaba sentado sobre un barril, cuando yo tenía apenas como ocho años de edad, o nueve, observando el destiladero de whiskey funcionar toda la noche, y subir hasta allá y bajar cargando agua para ese destiladero.
Y fue por el camino mientras regresaba de la bomba donde el Ángel del Señor me habló y dijo: “Nunca bebas, ni fumes, ni deshonres tu cuerpo en ninguna forma; pues habrá una obra para ti cuando seas de mayor edad”. Eso casi me mata del susto.

40 Recuerdo que un día, mi papá estaba yendo al río, él y otro hombre. Yo estaba tratando de caer en gracia con este hombre, porque él tenía un buen bote. Yo quería conducir el bote.
A nosotros nos daban diez centavos la docena por buscarles botellas a los que estaban – los destiladores que estaban preparando el whiskey. Y yo tenía un remo viejo, y nosotros… El río estaría crecido. Nosotros tendríamos que remar pues no teníamos timón en el viejo bote. Y teníamos que sacar el agua un rato y lo demás, tratando de ir por allí buscando las botellas, mi hermano y yo.
Y este hombre tenía una lanchita muy bonita. Y yo… Él actuaba como que yo le caía bien, y yo quería caer en gracia con él.

41 Y comenzamos a cruzar un pequeño árbol. Y papá puso su pierna atravesada así, para cruzar sobre el pequeño árbol caído allí. Y en eso él se detuvo, sacó una pequeña botella de whiskey plana de su bolsillo, y se la pasó al otro hombre para que bebiera un trago. Y el otro hombre bebió un trago y me la pasó a mí para que yo bebiera un trago. Yo dije: “No, gracias, yo no bebo”. Yo tenía como ocho o nueve años de edad.
Él dijo: “¿Cómo? ¿Un Branham y no bebes?” La mayoría de los Branham murieron con sus botas puestas. Así que él… Yo dije: “No, señor, yo no bebo”.
Mi papá dijo: “No, yo crié un afeminado”. Oh, hermanos. Un afeminado. Yo dije: “Deme la botella”. Mi papá me miró. Yo agarré la botella, le quité el tapón, tan decidido a beberla como lo estoy para terminar mi servicio esta tarde. Me empiné esa botella, y me dispuse a beber un trago. Y en eso, oí esas hojas en ese arbusto nuevamente haciendo, [El hermano Branham lo ilustra].
Así es como me pareció a mí al principio, igual que el sonido de las hojas. Miré hacia arriba y vi como el tamaño de un barril moviéndose de un lado a otro entre los árboles. Y de allí una voz humana me habló y me dijo: “Nunca fumes, ni bebas, ni deshonres tu cuerpo”. Y yo… Miren, Él me dijo: “No fumes ni bebas”.

42 Ahora, yo no estoy predicando en contra de una cosa o la otra. Él me dijo a mí que no fumara ni bebiera. Si Ud. fuma y bebe y dice que es un cristiano, eso es cosa de Ud. y Dios. Pero Él me dijo a mí que no lo hiciera (¿Ven?), que no lo hiciera. Y así que yo no lo hice.
Yo he oído a mucha gente decir: “Bueno, yo bebo un poquito, un trago social. Y yo… Y yo uso… Yo fumo, y eso no me redarguye”.
Bueno, tal vez Ud. sencillamente no ha avanzado lo suficiente aún. Eso es correcto. Eso es todo. Avance un poco más y Ud. entenderá. Eso es correcto. Eso es correcto. Ud. no tendrá ningún deseo de eso.

43 Y así que entonces, cuando yo estaba parado allí, y tomé la botella tan decidido a beberla a más no poder. Y oí eso haciendo, [El hermano Branham lo ilustra.] Yo solté la botella, y grité, y corrí subiendo las colinas a través de los campos. Y ellos se rieron de mí.
Luego más o menos… Cuando llegué a tener como dieciocho, diecisiete, dieciocho años de edad, como todos los muchachos, yo me conseguí una noviecita, Uds. saben. Uds. saben cómo es eso. Uds. hicieron lo mismo. ¿Ven?
Y Uds. saben cuán bonita era ella. Uds. saben, ella tenía ojos como una paloma, y dientes como perlas, y un cuello como un cisne, Uds. saben. Y allí lo tienen. Y yo simplemente… Uds. la amaban a ella, y era la cosa más linda que Uds. hayan visto. Y oh, ella era bonita.

44 Y un muchacho del campo que vivía allí cerca de mí, él dijo que él podría conseguir el Ford de su—de su papá. Nosotros tuvimos que levantar la parte de atrás y darle vuelta con la manivela para echarlo a andar, Uds. saben, con esa llanta de atrás, Uds. saben, andando. Nos compramos dos galones de gasolina. Yo tenía como cuarenta centavos. Y buscamos a nuestras novias, e íbamos a salir a pasear. Así que salimos.
Yo era muy tímido. Vaya, yo me senté bien allá a un lado del carro y la miré. Ella era bonita. Vaya. Ella era de la ciudad, y acababa de mudarse allí. Y yo pensé: “Vaya, ella es muy bonita”. Y yo la miraba, y decía: “Sí, señorita. No, señorita”. La observaba, Uds. saben.

45 Y entonces nos detuvimos para comprar unos emparedados. Y yo entré y compré los emparedados: Se compraba un emparedado de jamón por cinco centavos. Así que compré unas coca-colas y regresé. Y comenzamos a comer los emparedados, a beber las coca-colas, disfrutando de un momento maravilloso. Yo fui a devolver las botellas. Y cuando regresé, para sorpresa mía, mi novia estaba fumando un cigarrillo.
Bueno, ese fue el tiempo en que las muchachas comenzaron a fumar cigarrillos. Bueno, yo siempre he tenido mi opinión acerca de una mujer que fumara un cigarrillo, y no la he cambiado en lo más mínimo. Eso es correcto. Es la cosa más baja, más degradante que una mujer alguna vez haya hecho, fue fumar un cigarrillo. Peor que estar borracha en la calle. Ahora, miren sus rostros sonrojarse. Eso es correcto.

46 Escuche. Déjeme decirle algo. Hermano, esa es la quinta columna [organización subversiva—Traductor] más grande que tenemos en América. Yo no tengo temor de que Rusia venga y nos destruya, o que alguna otra nación venga y nos destruya; nosotros nos estamos destruyendo a nosotros mismos por nuestra propia moral, eso es lo que nos está degradando… Eso es correcto. Hermano, no es la man-… No es el petirrojo que picotea la manzana, lo que daña la manzana; es el gusano en el corazón lo que mata la manzana. Eso es correcto.
Y déjeme decirle, hermano: Deje Ud. que una mujer dé una probada antigua de la salvación, y eso la enderezará a ella. Eso es correcto. Eso lo pone a Ud. en el… o a un hombre, a cualquiera de los dos. Eso es exactamente correcto. Amén. Eso es correcto.

47 Bueno, yo no estoy aquí para predicar el Evangelio; estos predicadores hacen eso para Uds. ¿Ven Uds.? Uds. no quieren que yo me ponga a predicarles a Uds. así. Déjenme decirles, eso es… Uds. me odiarían, con toda certeza. Porque yo creo en un Evangelio verdaderamente chapado a la antigua que endereza a un hombre o a una mujer, y que me hace arrojar al diablo (eso es correcto), y enmendarse con Dios. Eso es simplemente un pequeño… Yo no debería… Yo quiero decir vomitarlo, y eso, en vez de eso… uso esa palabra. Bueno, yo estoy tan enfermo cuando estoy arrojando así como Uds. lo están cuando están vomitando; eso se los aseguro. Así que, es simplemente igual, Uds. saben. Todas… Algunas de esas palabras finas, yo no sé mucho acerca de ellas. Pero de todas maneras es la verdad.
Pero les diré, Uds. reciban a Dios en su corazón, y eso hará que Uds. se arreglen. Eso es correcto. Sacará a relucir la cosa genuina.

48 Yo quería encontrar una muchacha que… No quería tener nada que ver con una que fumara cigarrillos. Y Ud. sabe, señor, yo obtengo las estadísticas del gobierno. Y ellos afirman que el ochenta por ciento de las mujeres que tienen sus bebés hoy no los pueden criar como deberían las madres. Las madres que fuman cigarrillos, sus bebés no llegan a los dieciocho meses de nacidos. Ellos reciben el veneno de la nicotina y los mata. Ellas tienen que criarlos con el biberón, con leche de vaca. ¡Hablar de una quinta columna! ¿Qué será de América?
No hace mucho, yo estaba en la silla de un barbero. Y había un hombre sentado allí, y él se movía y temblaba. Y él se levantó y dijo: “¿No es Ud. el predicador Branham?”
Y yo dije: “Sí, señor”.
Él dijo: “Yo aprecio…” Y fumaba tanto como podía. “Yo aprecio sus comentarios del otro día sobre los cigarrillos”. Y entonces me contó su historia. Él dijo: “Mi padre y mi madre fumaban ambos. Y cuando yo nací”, dijo, “yo lloré los primeros seis meses de mi vida”. Y dijo: “Ellos no podían entenderlo. Y un día cuando el doctor vino”, dijo, “se paró allí. Mi padre encendió un cigarrillo y estaba fumando”, y dijo: “Yo dejé de llorar. El doctor dijo: Espere un momento aquí. Dijo: Lleve al bebé afuera. Lo llevó afuera, y yo comencé a llorar, y me volvió a traer y fumando cigarrillos delante de mí”. Y dijo que: “Yo me aquieté”. Los nervios por el cigarrillo… “Ellos tuvieron que darle nicotina a él desde ese tiempo”. Dijo: “Míreme aquí ahora; yo sencillamente no puedo dejarlo. Mi papá y mi mamá, oh, dijeron que ellos fueron los causantes de ello”.
¿Qué serán sus hijos? Allí lo tienen. Allí lo tienen, hermano.

49 Déjenme decirles: Es una vergüenza y una desgracia. Si Uds. las mujeres fuman cigarrillos, por el amor de Dios, hoy, aléjense de ello y manténgase alejados de ello. Sea una verdadera dama hasta la médula. Eso es correcto. Sí, señor, pare eso ahora mismo.
Y miren, déjenme decirles: Si Dios no tiene un mejor concepto de Uds. que el que tiene el Ángel del Señor acerca de esas cosas, Uds. tienen una posibilidad muy mínima de entrar cuando lleguen a las puertas. Y eso es correcto. No hay sentido en eso.
Ahora, si es algo para comer, o algo así, sería distinto. Pero eso es algo que no es necesario, no tiene sentido.

50 Ahora, observen atentamente mientras tenemos que darnos prisa. Comenzaré con el Evangelio y me olvidaré de la historia de mi vida. Pero de todas formas, yo la recuerdo a ella sentada allí, Uds. saben, cuando ella estaba fumando ese cigarrillo. Yo dije… Ella dijo… Lo estaba soplando por su nariz, Uds. saben. Y ese fuego volaba. Si Dios quisiera que Ud. fumara, Él le pondría a Ud. chimeneas para el humo. Así que ella estaba sentada allí fumándolo por su nariz así. Ahora, eso allí hizo que ella se degradara para mí. Y ella dijo: “¿Quieres fumar un cigarrillo, Billy?”
Yo dije: “Vaya”. Dije, “No, señorita. Yo no fumo”.
Ella dijo: “Ahora, tú no bebes, y no bailas, y no fumas”, dijo, “¿qué te gusta hacer?”
Y yo dije: “A mí me gusta ir a cazar y a pescar”.
Desde luego, eso no le interesó a ella. Así que ella estaba… A ella no le importaba eso. Ella dijo… Y comenzó a reírse de mí. Ella dijo: “Tú, gran afeminado”.
Oh, qué cosa. Mi novia me llamó un afeminado. Yo dije: “Dame esa caja de cigarrillos”. Y yo agarré uno, muy decidido a fumarlo. Y Dios es mi Juez, cuando yo comencé a encender ese cigarrillo, antes de que yo pudiera prender el fósforo, escuché eso venir otra vez, [El hermano Branham lo ilustra].

51 Y ellos predieron… Yo me salí del carro, llorando, y ellos me prendieron las luces, y me dejaron caminar por esa carretera, siguiéndome con las luces prendidas, cantándome y burlándose de mí, por cuanto yo era demasiado afeminado como para fumarme un cigarrillo.
No era que yo fuese demasiado afeminado, sino que Dios estaba preservando ese don para este día. Eso es todo lo que era. Y yo, yo estaba decidido a hacerlo. Pero fue que Dios protegió el don en aquel día, por supuesto…

52 Gracias, niña preciosa. Gracias, amorcito. ¿No es eso adorable? Digamos: “Alabado sea el Señor” por la niñita. Dios te bendiga, amorcito. Bien, bien. Dios te bendiga, cariño. Dios te bendiga. Miren su pequeño [palabras confusas]. Bueno, qué linda. [Una hermana le habla al hermano Branham]. Qué… Dios te bendiga [palabras confusas]. Bueno, Dios bendiga su corazoncito.
Quiero dar este testimonio aquí. La niñita no podía hablar ni nada cuando ella vino hace cuatro años. Y ella trajo esto como una pequeña conmemoración de la sanidad, de que ella fue sanada hace cuatro años. Digamos: “Alabado sea el Señor”, todos.

53 ¿Va a ponerse bien? [La hermana continúa hablando con el hermano Branham] ¿Cómo? ¿Qué pasó con él? Su esposo fue sanado hace unas noches. Dice que él estaba sentado cerca del poste allí y fue discernido con cáncer. Y él está sano. Allá está él parado en el pasillo allí atrás. Digamos: “Alabado sea el Señor”. [Palabras inciertas]. Digamos: “Alabado sea el Señor” por eso. Qué maravilloso. Su esposo. Qué bueno. Dice que él vino de allá de los alrededores de Douglas, o de alguna parte, que el—de la iglesia del hermano King. Muy bien.
Estamos agradecidos de oír de ellos. Eso está muy bien, una pequeña conmemoración al volver sólo para dármelo a mí. Yo estoy… Una muchachita hispana. Ella estaba muy enferma, y no podía hablar. Y sus manitas estaban encogidas, o algo así, como deformadas en ese entonces. Yo creo que la niña estará bien ahora.

54 Ahora, volviendo a la historia de mi vida, de cuando estábamos en la… Esa noche, la muchacha, cuando ellos me prendieron las luces y dejaron—me hicieron caminar por la carretera. Y yo fui y me senté en un campo y lloré. Y estaba dispuesto a intentar quitarme la vida. Yo dije: “Oh, yo sencillamente no sé. Yo estoy dispuesto a terminar con esta cosa”. Dije: “¿Cómo podría yo ir a través de la vida y todo el mundo en contra mía?” Parecía que cuando yo iba a casa, ellos tenían fiestas y lo demás. Y luego cuando yo intentaba salir con la gente, era malentendido. Yo nunca fui entendido correctamente hasta que llegué entre este grupo de gente. Eso es exactamente correcto. Entonces yo tuve gente que me entendía y me amaba.
Y luego más adelante, algunos de Uds. pudieran estar preguntándose, cómo fue que llegué a casarme siendo tan retraído y tímido. Se los contaré lo más rápido posible.

55 Oh, hermanos. Eso… Después que esa muchacha me trató así, eso me dejó con un mal pensar hacia las mujeres. Dije que: “Yo no quería tener nada que ver con ellas en lo absoluto”. Y yo pensé que eso era horrible. Dije: “Yo nunca tendré nada que ver con más muchachas. Nunca saldré con una mientras viva”.
Yo iba por la calle, y veía una en un lado de la calle, yo iba y cruzaba al otro, si yo pensaba que ella me iba a hablar. Yo realmente estaba en contra de eso.

56 Así que, un día yo estaba en la parte alta de un árbol. Y llegó un carro, y salió una jovencita. Y allí estaba otra vez la cosa. Así que allí comenzó todo. Ella resultó ser una joven cristiana, la madre de mi muchachito.
Y ella me hizo comenzar ir a la iglesia. Y yo fui con ella durante unos seis—seis u ocho meses. Y ella era una joven tan simpática, tan amistosa, y bonita, y toda una dama. Ese es el tipo de muchacha que a mí me gustaba. Sólo que su padre era… Bueno, él ganaba muy bien. Él tenía un buen empleo, ganaba como quinientos y algo de dólares al mes en Pennsylvania…organizador en el Ferrocarril de Pennsylvania. Yo ganaba veinte centavos la hora. Él conducía un Buick, y yo tenía un Ford viejo modelo T, en malas condiciones. Así que yo… Había una gran diferencia en la manera que teníamos que vivir.

57 Así que ella me gustaba, y yo salí con ella. Y recuerdo…Yo sabía que o tenía que casarme con ella, o mejor dicho pedirle que se casara conmigo, o dejar que alguien… Ella era una muchacha demasiado buena como para ocuparle su tiempo así. Ella sería una buena esposa para alguien. Así que yo no… Yo quería ser…Yo la amaba tanto, que no quería arruinarle la vida de esa manera.
Entonces dije: “Yo tengo que decidirme ahora, pero no tengo la valentía para preguntarle”. Entonces dije: “Ahora, ¿qué puedo hacer?”
Así que, supongo que Uds. se preguntan cómo fue que le pregunté a ella. Bueno, yo intenté preguntarle. Y Uds. saben cómo a uno se le sube ese nudo enorme aquí en la garganta, y uno no puede tragar, Uds. saben, cuando uno está tratando de decir algo. Yo decía cada vez que iba… “Ahora, yo le voy a preguntar a ella esta noche. Sí, señor, lo haré”. Y estaba hablando con ella y decía: “Ahora, en diez minutos más según mi reloj, le preguntaré”. Decía. Y ella giraba esos ojos, de nada servía. Yo no pude preguntarle.
Así que me imagino que Uds. se preguntan cómo fue que nos casamos. Yo le escribí una carta y le pregunté. Sí. Le escribí una carta, y yo… Ahora, no fue algo así como “Querida Señorita…” Contenía un poco más de dulzura, como le decimos, que eso. Y la escribí.

58 Y recuerdo que la escribí toda, y le pregunté si ella se casaría conmigo. Y yo no tuve el valor suficiente para dársela, así que simplemente la puse en el buzón. Así que la deposité el lunes por la mañana y me fui a trabajar.
Yo tenía una cita con ella el miércoles en la noche para ir a la iglesia. Y así que yo… A medida que se acercaba el miércoles por la noche, yo comencé a pensar en el asunto: “¿Qué si su madre agarró esa carta, y eso… y ella no la recibió?”
Y entonces su papá y yo éramos muy buenos amigos. Su madre también, pero su papá era un holandés muy fino. Y él… Pero su madre, ella era una—ella era de una clase un poco más alta, Uds. saben, y ella… Me supongo que ella pensaba que yo era un poquito despreciable para su hija. Y así que yo… Ella era una buena mujer, pero yo era—simplemente no estaba a esa altura como para casarme con ella. Eso era todo lo que yo sabía. Y ella no tenía muy buen concepto de mí. Yo hacía el esfuerzo de tratarla bien, pero de alguna manera yo jamás podía llegar a su lado amoroso.

59 Así que recuerdo, me puse a pensar al respecto, y me moría del miedo de ir allá esa noche. Entonces finalmente agarré vi viejo Ford, me vestí con la mejor ropa que tenía, Uds. saben, y fui allá y paré enfrente de la casa. Y yo sabía que no debía tocar el claxon. Oh, hermanos. Ella era una dama. Sí, señor.
Si su novia… Si Ud. la ama lo suficiente como para salir con ella, sea lo suficiente caballero y entre para buscarla. Eso es correcto.

60 Así que yo soy… Yo sabía que no debería de actuar de manera jactanciosa. Así que bajé, salí del carro, y caminé hasta la puerta. Y pensé: “Oh, vaya, hoy se acaba todo”. Yo [El hermano Branham toca.] toqué en la puerta así. Y oh, mi corazón palpitaba tan fuerte como podía, Uds. saben. Y pensé: “¿Quién irá a venir a la puerta?” Yo podía ver a su madre venir, mirarme y decir: “William, recibí esa carta”. Oh, hermanos.
Así que dije… Hope vino a la puerta y dijo: “Oh, hola, Billy”.
Y yo dije: “Hola, Hope”. Su nombre era Hope. Y dije…
Ella dijo: “Pasa”.
Yo pensé: “Oh, oh. Ajá, ellos me van a llevar adentro. Y luego yo sé que no tendré oportunidad de correr entonces. ¿Qué haré yo acerca de eso?” Entonces dije: “Bueno, yo simplemente esperaré aquí afuera. Hace un calor terrible”.
Y ella dijo: “Oh, pasa. Mi madre desea verte”.
Y yo pensé: “Oh, no”.
Uds. saben cómo satanás le puede mentir a uno, Uds. saben, así es. Así es. Así que nunca… La evidencia circunstancial no servirá todas las veces (¿Ven Uds.?), así que…

61 Yo entré por la puerta quitándome el sombrero, y con toda mi cortesía de día domingo. Oh, yo actué de la mejor manera que sabía cómo comportarme. Y dije: “Sí que hace calor, ¿verdad? Oh”. Acabando de entrar.
Ella dijo: “Sí, estaré lista en pocos minutos”.
Y entonces su madre entró, y me habló de lo mejor. Y yo pensé: “Oh, oh. Ella nunca recibió esa carta. Ajá”.
Y entonces empecé a sentirme bastante bien. Y entonces, yo seguí así; fuimos a la iglesia, y ella dijo: “Caminemos hasta la iglesia esta noche en lugar de ir en el carro”.
Yo pensé: “Oh, oh. Ella la recibió”. [Palabras confusas].
Así que bajamos y nos fuimos caminando para la iglesia. Yo no oí nada de lo que el Doctor Davis dijo esa noche. Él predicó y predicó, y yo estaba sentado allí pensando: “Sí, esta es mi última cita. Ta pronto salgamos de aquí ella me dirá: Aquí se acaba todo. Yo recibí tu carta, y eso…” Uds. saben cómo [Palabras confusas] piensa, Uds. saben. Uno sigue pensando, dentro de poco conoceré la realidad, Uds. saben.

62 Yo podía oírla a ella decir que esto era todo, y pensé: “Oh, ella sí que es bonita. Ella es una dama muy fina. Me duele oír que este tiempo ha llegado”. Yo ni siquiera escuché lo que el predicador estaba diciendo.
Después que terminó el servicio, comenzamos a caminar de regreso a casa. Ella no decía nada. Yo seguía caminando. Cuando salimos de debajo de los árboles, Uds. saben, la luna brillaba muy claro. Y yo miraba esos ojos oscuros, Uds. saben. Y dije: “Me duele oírla a ella decirlo, pero yo…”
Después de un rato me dio bastante valor. Yo pensé: “Ella nunca recibió la carta. Se quedó atascada en el buzón; eso es todo”. Comencé a respirar mejor. Dije: “Mira, ella me lo hubiese mencionado antes, si ella hubiera recibido esa carta”. Así que yo iba caminando, Uds. saben, sintiéndome muy bien entonces. Y yo iba caminando como si nada.
Íbamos caminando y ella dijo: “Billy”.
Y yo dije: “Sí”.
Ella dijo: “Yo recibí tu carta”. Oh…Oh, hermanos. Y entonces ella simplemente siguió caminando, no dijo más nada.
Yo dije: “¿La recibiste?”
Ella dijo: “Ajá”. Eso fue todo. Simplemente siguió caminando… Uds. saben cómo las mujeres pueden mantenerlo a uno en suspenso, Uds. saben. Ella dijo… Siguió caminando, no dijo más nada.
Y yo dije: “Aja…. Ummm… Bueno, ha… Bueno, ha, ¿la leíste?”
Ella dijo: “Ajá”. Oh, ella sí la había recibido.
Yo dije: “¿La leíste toda?”
Ella dijo: “Ajá”. Eso fue todo lo que ella dijo, y siguió caminando.
Y yo pensé: “Oh, muchacha, haz algo y [palabras confusas] mátame”. Y así por el estilo. Y ella simplemente continuó caminando así. Y después de un rato, oh, yo dije: “¿Qué piensas al respecto?”
Ella dijo: “Estuvo bien”.
Bueno, nos casamos [palabras inciertas]. Nos casamos; eso fue todo. Así que…

63 Pero una cosa más. Cuando ella estaba… Recuerdo que ella me dijo que yo tenía que preguntárselo a su madre. Oh, hermanos. Yo dije: “Mira, cariño. Hagamos un acuerdo tú y yo. ¿Ves?, debemos hacer estas cosas mitad y mitad. Tú le preguntas a tu madre, y yo le preguntaré a tu papá”.
Ella dijo: “Muy bien. Muy bien”.
Yo dije: “De acuerdo”.
Y entonces, yo pensé que me las podía arreglar muy bien con Charlie, porque yo… Yo le caía muy bien a él. Y yo… Él me entendía más.

64 Así que esa noche, recuerdo que tenía que preguntarle. Me senté allí y yo… Vaya, yo no me estaba divirtiendo para nada. Él estaba tocando la Victrola, Uds. saben. Y yo salí afuera. Llegué hasta la puerta y ella me miró. Uds. saben, yo me iba a ir sin preguntarle, Uds. saben. Y dije… Y Charlie estaba sentado allí escribiendo en la máquina de escribir, Uds. saben, y eran las nueve y treinta. La hora en que tenía que irme [palabras confusas]. Él dijo…
Caminé hacia la puerta y dije: “Ummm, ¿Charlie?”
Él dijo: “Sí, Bill”.
Yo dije: “Aja—umm… ¿Pudiera hablar con Ud. aquí afuera sólo un momento?”
El dijo: “¿Sí?”
Él miró a la Sra. Brumbach, y ella me miró, Uds. saben. Oh, oh, oh, oh. Y yo dije: “Aquí es donde todo termina, justo aquí”.
Salimos afuera. Entonces pensé que quizás Hope ya le había dicho a su madre, y que su madre ya le había dicho a él que dijera “No”, Uds. saben. Así que yo ya tenía todo calculado cómo iba a ser.
“Bueno, ¿cómo estás tú, Bill?”
Yo dije: “Oh, muy bien”. Dije: “¿Verdad que esta noche es una noche muy bonita, no es así, Charlie?”
Él dijo: “Ciertamente que sí, Bill”. Él dijo: “Sí, Bill. Te puedes casar con ella”. Yo comencé… Oh, hermanos, qué… Él me agrada hasta el día de hoy. Él acaba de irse a la gloria hace algunas semanas. Que Dios bendiga su alma. Uds. no saben cómo él me salvó en ese momento.

65 Yo dije: “Mira Charlie. Yo soy de lo más pobre. Estoy trabajando aquí abajo en una zanja por veinte centavos la hora”. Pero dije: “Yo la amo a ella con todo mi corazón. No puedo darle ropa, y alimentarla, y vestirla de la manera que Ud. puede hacerlo. Pero, Charlie, déjeme decirle esto: Yo seré tan bueno con ella como sé serlo. Yo trabajaré hasta que mis manos sangren para mantenerla”.
Él puso su mano sobre mí, y dijo: “Mira, Billy. Yo prefiero que tú te cases con ella y seas bueno con ella. Después de todo, la felicidad no consiste en qué tanto de los bienes de este mundo tú poseas, sino cuán contento estás con la porción que te es asignada”. Eso es correcto.
Yo dije: “Bueno, Charlie, yo seré tan bueno con ella como sé serlo”.

66 Y nos casamos. Y cuando nos casamos, no teníamos nada para el hogar. Éramos muy pobres. Yo no… Yo fui el que se casó con ella, y ella fue la que me aceptó para que yo… para que yo la mantuviera económicamente. Y éramos felices, muy felices, unos de los días más felices de mi vida.
Yo acababa… Por allí durante ese tiempo, yo acababa de ser ordenado como ministro. Todavía no tenía iglesia pero estábamos predicando por allí dondequiera que yo podía en reuniones de carpa y demás. Y yo fui a trabajar.
Y nunca olvidaré cómo comenzamos a adquirir las cosas para el hogar. Fuimos y alquilamos dos cuartos por cuatro dólares al mes. Cualquiera sabe que eso no era mucho. Y una dama nos regaló una vieja cama plegadiza. ¿Alguna vez vieron Uds. una, esas camas plegadizas? Y yo fui a Sears y Roebuck y me compré uno de esos juegos de comedor que no estaban pintados. Y recuerdo que yo los pinté. Y justo… En la silla y en la mesa, yo pinté un trébol grande, siendo irlandés, Uds. saben. Y así que pinté un trébol grande. Y comenzamos a adquirir cosas para el hogar. Fui al negocio del Sr. Weber, el hermano Curtis allá atrás, es uno de sus—uno de sus familiares, y él vendía artículos usados. Y yo compré una vieja estufa para cocinar de segunda mano por un dólar y setenta y cinco centavos. Y pagué, creo que fue un dólar para ponerle rejillas nuevas. Y así comenzamos a adquirir las cosas para el hogar.

67 Pero éramos felices. Éramos tan felices como pudiéramos serlo. Nos teníamos el uno al otro, y eso era todo lo que nos importaba. Amábamos al Señor con todos nuestros corazones. Y así es como vivíamos, tan felices como podíamos serlo.
Y recuerdo que entonces un día yo quería ir en un pequeño viaje de cacería a Mishawaka, Indiana. Esa fue la primera vez en que tuve algún contacto con gente Pentecostal. Y fui a la casa del anciano hermano Ryan y nos fuimos a pescar. En mi camino de regreso, ellos estaban teniendo un… Era la P.A de W., creo que es, o la P.A de J.C. Yo creo que esa organización desapareció y ya no existe, pero – o se unió de nuevo con alguna otra organización.

68 Pero en fin, hay un predicador llamado Rowe en Mishawaka, que tenía el tabernáculo. Algunos de Uds. pudiera conocerlo, un tal Rev. Rowe. Bueno, sí, hay gente con sus manos levantadas que conocen al Rev. Rowe. Bueno, el servicio era en su tabernáculo.
Yo venía de regreso, y vi una gran multitud de gente y escuché un ruido tremendo, y pensé: “Bueno, ¿de dónde viene todo ese ruido?” Y fui allí. Era gente religiosa. Y ellos estaban gritando, y saltando, y corriendo, y comportándose así. Yo pensé: “¿Qué clase de gente es esa?”
Así que estacioné mi viejo Ford a un lado. Solamente tenía como un dólar y cuarto, para vivir. Y así que… Suficiente gasolina para regresar a casa, unas doscientas cincuenta millas.
Y yo me acerqué allí y entré. Y esa gente, yo no había visto semejante comportamiento en la iglesia en toda mi vida. Umm, vaya. Ellos estaban danzando; estaban corriendo; estaban gritando.

69 Pues, yo dije: “¿Qué clase de gente es esta?” Pensé: “Entraré silenciosamente por la puerta y observaré lo que ellos están haciendo”. Pues, ellos estaban palmeando sus manos, y gritando, y algunos de ellos tocando el pandero, y algunos subían y bajaban las tablas, y otro danzaban y corrían alrededor“. Yo pensé: ”Bueno, ¿qué le pasa a esta gente?“ Nunca había visto algo así. Así que entré por la puerta.
Ahora, eso no se me pegó, pero lo comencé a sentir. Yo comencé a mirar para todos lados; pensé: “Bueno, ¿sabes qué? Ellos están muy contentos, muy libres. Ellos sencillamente están un poco más libres de lo que yo estoy”. Entonces dije: “Quizás el Señor tiene algo de lo cual yo no sé nada”. Y empecé a mirarlos.
Y de algún modo, yo comencé a sentir un amor. Yo vi que ellos se amaban el uno al otro. Y esas mujeres se agarraban unas a otras, se abrazaban, y se besaban; y los hombres ponían sus brazos alrededor los unos de los otros, y se abrazaban. Pues, yo no había visto eso antes.
Yo dije: “Oigan, esto es – me parece bien. Creo que me quedaré. Ellos dijeron que vamos a tener servicios esta noche”.

70 Así que yo tenía un dólar con setenta y cinco centavos. Y dije: “No. Yo tengo que gastar cuando menos un dólar más de eso para volver a casa. Ahora, me quedarán setenta y cinco centavos. Yo no puedo alquilar una habitación”. Así que fui y me compré como dos docenas de panecillos. Y dije: “Puedo vivir de estos por algunos días. Yo voy a mirar por aquí y ver de qué se trata todo esto”. Así que así en el – me conseguí un lugar en un campo de maíz que estaba por allí, donde podía dormir esa noche.
Yo volví al servicio. Y esa noche, él dijo: “Quiero que todos los predicadores pasen a la plataforma”. Y me imagino que hubieron trescientos o cuatrocientos predicadores que subieron a la plataforma.
Ellos estaban llevando a cabo una conferencia. Y tenían que realizarla allí por causa del… Bueno, los estados del sur no permitían que la gente de color y la blanca estuvieran juntas. Así que ellos la estaban llevando a cabo allí. Y yo me fijé en todos esos predicadores.

71 Y esa noche, ellos tenían a su orador principal el cual era un anciano de color. Tuvieron que guiarlo hasta la plataforma. Él tenía puesto uno de esos—un saco de predicador de aquellos con corte especial, Uds saben, con su cuello y cinto. Sólo un pequeño margen de cabello blanco, y el pobre anciano salió allí.
Y todos esos ministros ese día habían estado hablando acerca de Cristo, y de cuán grande Él era y todo lo demás. Yo los estuve escuchando.
Dijo: “Todos los predicadores pasen a la plataforma”. Yo subí y me senté junto con ellos. “Solamente tenemos tiempo”, dijeron ellos, “sólo para que los predicadores digan quiénes son y de dónde vienen”.
Yo simplemente me levanté y dije: “Billy Branham, de Jeffersonville”, y me senté. Los demás hicieron lo mismo. Así siguieron por toda la fila.

72 Este anciano predicador salió a predicar. Él dijo que él tenía – que iba a predicar el mensaje esa noche. Y el anciano salió. Y yo pensé: “Pobre hermano. Él estaba todo lisiado así”.
Él salió. Y él tomó su texto, creo que en Job 7:27, o por allí. “¿Dónde estabas tú cuando Yo fundaba la tierra?” Él dijo: “Cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios”. Y en lugar de predicar lo que Él había hecho aquí en la tierra, él lo llevó a Él allá atrás hace como diez mil años antes de que el mundo fuera formado, lo trajo a Él a través de los cielos, y bajó por el arcoíris horizontal allá atrás en alguna parte de la eternidad.
Cuando ese anciano se inspiró, él saltó en el aire, golpeó los tacones de sus zapatos, y gritó: “Yupie”. Se bajó de esa plataforma y miró alrededor. Él tenía más espacio del que yo tengo aquí arriba. Dijo: “Uds. no tienen suficiente espacio aquí arriba para que yo predique”. Y se bajó.
Yo dije: “Eso es lo que yo quiero. Si eso hará que un anciano actúe de esa manera, ¿qué hará conmigo?” Dije: “Esa es la cosa que yo quiero. Eso es lo que yo quiero”. Dije: “Vaya, qué gente tan maravillosa”.

73 Yo salí esa noche, y me arrodillé en el campo de maíz, y oré y oré. Nadie me conocía. Así que agarré mis pantalones y los puse entre los asientos del Ford y los presioné, Uds. saben. Saqué el asiento trasero y el asiento delantero, y los puse en el suelo. Probablemente Uds. han hecho lo mismo, los dejé presionados toda la noche. Yo me acosté allí en la grama, y oré casi toda la noche.
Y a la mañana siguiente ellos dijeron que iban a desayunar a las diez. Yo no iba a comer con ellos porque no tenía dinero que poner en la ofrenda. Y sólo tenía mis panecillos. Así que comí mis panecillos y pasé junto a un grifo de agua allí, y bebí un poco de agua y me fui. Ahora, yo había sido bienvenido, pero yo simplemente no quise hacerlo, porque no podía ayudarlos. Así que no tenía el dinero para… Pero yo me preguntaba qué tenían ellos espiritualmente. Y yo…
Y luego esa mañana, ellos comenzaron a cantar ese cantito: “Yo Sé Que Fue La Sangre, Yo Sé Que Fue La Sangre”. Y oh, hermanos, ellos estaban disfrutando de un tiempo tremendo.

74 Así que después que ellos terminaron con toda la parte del jubileo, entonces él dijo: “Anoche en la plataforma había un ministro joven llamado Billy Branham”.
Yo pensé: “Oh, oh”.
Dijo: “Si él se encuentra en el edificio, díganle que pase al frente y nos predique esta mañana”. Bueno, yo nunca antes había visto un micrófono. Y yo estaba sentado allí atrás con un par de pantalones baratos puesto y una camiseta. Yo me agaché muy calladito, Uds. saben.
Entonces ellos dijeron… Ese hombre subió otra vez, el Sr. Kurt, puede que todos Uds. lo conozcan. Sí [palabras confusas] de Cincinnati. El Rev. Kurt, él es un maestro que utiliza diagramas, él estaba allí en la reunión. Él dijo: “Si hay alguien afuera que sepa en dónde está el Rev. William Branham de Jeffersonville”, dijo, “Díganle que pase a la plataforma y se encargue del servicio”.
Yo me agaché bien abajo así. Estaba sentado justo al lado de un hombre de color. Él me miró y dijo: “¿Tú conoces ese hombre?”
Vaya, ¿qué iba yo a hacer? Yo no podía mentir. Dije: “Sí, señor”.
Y él dijo: “Bueno, ve a buscarlo”.
Bueno, ¿qué iba a hacer? Yo sencillamente no podía mentirle al hombre. Yo dije: “Agáchese aquí un momento, hermano, y le diré algo [palabra confusa]”. Dije: “Soy yo. Pero no puedo…”
“¿Tú eres?”
Yo dije: “Sí”. Dije: “Yo no puedo…”
Dijo: “Sube allá”.
Yo dije: “Déjeme [palabras confusas]”. Dije: “Yo tengo puesto estos pantalones baratos y esta camiseta”. Dije: “Yo no puedo subir”.
Dijo: “A esa gente no le importa cómo tú vistas. Sube allá”.
Yo dije: “No, no”.
Y a los pocos minutos él dijo: “¿Encontró alguien al Rev. Branham?”
Ese hombre de color dijo: “Aquí está. Aquí está. Aquí está”.
Pantalones baratos, camiseta, hablar de [palabras confusas]. Me pregunto qué [palabras confusas]. Mi [palabras confusas] Uds. saben.
Toda esa gente me miró, esa gente que realmente tiene su religión, Uds. saben. Y yo allí arriba con mis frías maneras bautistas, Uds. saben, y el… subí allí, Uds. saben.
Y yo dije: “Vaya”. Pensé: “Señor, si Tú alguna vez ayudaste a alguien, ayúdame a mí”. Dije: “Estoy agradecido de…” Yo finalmente pensé: “Bueno, ¿qué voy a leer? O ¿qué voy a hacer?” Yo estaba tan nervioso que casi no me podía sostener.

75 Y subí allí, y abrí en Lucas donde dice: “El rico alzó sus ojos en el infierno y entonces él lloró”. Resultó que enfoqué la mirada en: “Y entonces él lloró”. Yo tomé esas tres palabritas: “Y entonces él lloró”. Y comencé a hablar. Todo el mundo empezó a gritar: “Amén”. Y entonces yo lloré.
Y cuando menos pensé, como una dos horas después, llegué a… [Espacio en blanco en la cinta.]
Afuera. Lo siguiente que supe, es que la unción cayó sobre mí o algo así. Yo salí de esa [palabras confusas]. [Espacio en blanco en la cinta.]
Un hombre se me acercó con un enorme par de botas puestas, un enorme sombrero tejano, y dijo: “Yo soy el Rev. Fulano de tal”. Elder, creo yo que él dijo que era su nombre.
Yo dije: “¿Es Ud. un predicador?” Con esas botas puestas, y un sombrero grande. Bueno, después de todo yo no estoy tan mal. Dije: “¿Ud. es un predicador?”
“Sí, señor. Yo soy un predicador Pentecostal. Yo…” Dijo: “¿Por qué no vienes a Texas y celebras un avivamiento para mí?”
Dije: “¿Yo?” Él dijo… Yo dije: “Mire hermano”, dije, “Yo sencillamente no conozco la religión así de bien”.
Él dijo: “A mí no me importa. Ven, a mí me gusta”, me dijo él.

76 Como en ese momento un hombre me dio palmaditas en el hombro, y dijo que él era un predicador. Y él traía puesto unos pantalones cortos como de jugar golf, Uds. saben. Él era un predicador de Florida.
Yo dije: “Bueno, mis pantalones baratos no están tan mal después de todo”.
Bueno, yo miré así para todos lados, y ellos tenían [palabras confusas]. Una mujer se acercó, la cual era una misionera a los indios. Y pues, yo tenía todo tipo de lugares para… Pues, vaya, Uds. no saben los lugares para los que yo tenía que ir.
Y salí allí y me hinqué en el campo de maíz, y alabé al Señor por darme la oportunidad, me subí a mi viejo Ford, recorriendo cuarenta millas por hora: Veinte millas para allá, y veinte millas de punta a punta para acá. Yendo por la carretera [palabras inciertas].

77 Cuando volví a casa… Cuando llegué a casa, mi esposa, Dios la bendiga, ella me estaba esperando como de costumbre. Ella salía corriendo a recibirme. Ella me vio entrando. Ella es una verdadera… tenía un cabellito negro largo, ojos bonitos—ojos castaños. Ella vino corriendo hacia mí. Me abrazó, ella y el bebé. Y ella dijo: “Oh, ya sé que has pasado un buen tiempo pescando y… allá en el lago”.
Yo dije: “Cariño, quiero decirte lo que hice”. Dije: “Yo conocí a la mejor gente en el mundo”.
Ella dijo: “Bueno, ¿cómo?”
Yo dije: “La mejor gente en el mundo. Hablar de gente que no se avergüenza de su religión, tú deberías verlos a ellos”. Dije: “Ellos baten sus palmas, y gritan, y corren por todo el piso, y de todo”.
Ella dijo: “¿Cómo?”
Y yo dije: “Sí”.
Ella dijo: “¿En donde están ellos?”
Yo dije: “En Mishawaka”. Dije: “Voy a decirte algo. Mira aquí”. Y saqué un pedazo largo de papel. Dije: “Ellos quieren que yo celebre avivamientos para ellos por todo el país”.
Ella dijo: “¿Tú?”
Y yo dije: “Sí”.
Ella dijo: “¿Sí? ¿Es verdad eso?”
Y yo dije: “Sí, señor. Ellos me dijeron que podía celebrar avivamientos para ellos”.
Y ella dijo: “Bueno…”
Yo dije: “¿Irás tú conmigo?”
Ella dijo: “Claro”. Dios la bendiga. Ella dijo: “Claro, yo iré”. Y esa es una verdadera esposa, va con Ud. en las buenas o en las malas.

78 Bueno, miren, cuando yo comenzara a celebrar reuniones entonces, yo iba ir a celebrarlas. Y fui y le dije a mi madre. Ella dijo: “Bueno, Dios te bendiga, querido”. Dijo: “Hace años allá en Kentucky en la casa de reunión Estrella Solitaria, nosotros solíamos escuchar a la gente gritar de esa manera hace mucho tiempo, y tenían esa clase de demostraciones”. Dijo: “Pero eso se apagó”.
Bueno, mamá, estas personas, Eso no se apagó en ellos“. Dije: ”Ellos ciertamente tienen un [palabras inciertas]“. Y entonces ella empezó [palabras inciertas] cosas.

79 Cuando fuimos adonde su madre—fuimos adonde su madre [palabras confusas]. Cuando llegamos allá, pues, allí fue donde comenzaron los problemas, allí mismo.
Ella dijo: “William Branham, ¿me quieres decir que tú llevarías a mi hija entre un montón de basura como esa?”
Yo dije: “Bueno, mire, Sra. Brumbach. Ellos no son basura”.
Ella dijo: “Ese es un montón de santos rodadores”. Dijo: “Y si tú la sacas a ella de aquí, ella morirá de hambre”. Dijo: “Hoy ella pudiera tener algo para comer, y mañana ella no pudiera tener nada de comer”.
Pero hermano, yo vine a darme cuenta que lo que ella llamó “basura” era “lo mejor de la cosecha”. Y que Dios me bendiga [palabras confusas].
Y dijo: “¿Tú me quieres decir que llevarías…? Dijo…
Y Hope comenzó a llorar. Y ella dijo: “Madre…” Ella dijo: “Yo quiero ir con él”.
Y ella dijo: “Muy bien, Hope. Si tú vas, tu madre se irá a la tumba con el corazón destrozado. Eso es todo”. Y entonces Hope comenzó a llorar.

80 Y allí, amigos, fue cuando comenzaron mis tristezas. Yo le hice caso a mi suegra en vez de a Dios. Él me estaba dando la oportunidad. Y allí este don hubiera sido manifestado hace mucho tiempo, si yo simplemente hubiera seguido adelante y hecho lo que Dios me dijo que hiciera.
Pero en lugar de eso, yo no quería que ella estuviera enojada, y no quería herir los sentimientos de nadie. Y así que yo dejé las cosas así. Simplemente caminé, y dije: “Muy bien, no iremos”.
Y justo allí, comenzaron las tristezas. Inmediatamente después de eso, mi padre murió. Mi hermano se mató unas cuantas noches después de eso. Yo casi perdí a mi propio… perdí a mi padre, a mi hermano, a mi esposa, a mi bebé, y a mi cuñada, y casi mi propia vida en un lapso como de seis meses. Y sencillamente comencé a decaer. Mi iglesia, casi todo decayó, decayó, decayó. Hope cayó enferma.

81 Justo después de eso, vino la inundación de 1937. Y cuando vino, la… Yo estaba—conseguí un empleo entonces. Comencé a trabajar para la conservación. Y andaba patrullando allá en…Así que cuando yo—las inundaciones comenzaron a venir y Uds. recuerdan escucharlo aquí. Muchos de Uds. estuvieron allá, y cómo es que la gente era arrasada y demás.
Y Hope cayó enferma. Ella me iba a comprar un regalo de navidad. Y… “El Libro De Los Mártires de Foxe”, es lo que yo quería como regalo de navidad. Y ella me compró un equipo para la pesca.
Y esa tarde cuando llegué, ella estaba tirada en el piso, desmayada. Y yo llamé al doctor de nuestra familia, Sam Adair. Y él llegó allí, y dijo: “Bueno, Bill, ella tiene neumonía”. Entonces dijo: “Tú tienes que mantenerte despierto toda la noche [palabras confusas] noches”. Y durante ese tiempo…
Antes de eso, una bebita, la pequeña Sharon Rose (Dios la bendiga. Ella está en el cielo hoy también), ella había nacido en nuestro hogar, la cosita más dulce que Uds. hayan visto, tenía apenas unos pocos meses de nacida.

82 Y así que entonces recuerdo que el doctor Adair me dijo: “Tienes que mantenerte despierto hasta tarde, Billy, mantén a los niños fuera de la habitación aquí”. Y dijo: “Mantente despierto y dale abundante líquido esta noche”. Y yo lo hice.
Y a la mañana siguiente su madre quería llevársela para la casa. Y a ella no le importó el doctor Adair, y la sacó y eso le ocasionó la tuberculosis.
Así que entonces, recuerdo que venía la inundación; ellos se la llevaron rápidamente a la central del gobierno que estaba allá para atender los casos del hospital. Y, oh, esa parte de la noche estuvo lloviendo, soplando viento; y cómo hermano, hermana [palabras confusas] ahora.
Siempre obedezcan a Dios. No importa lo que sea, lo que Dios les diga a Uds. que hagan. Y yo les digo, hoy, que Dios en el cielo, Quien me mira parado en esta plataforma, me perdonará. Yo sé que hay muchos miles de almas por las cuales tendré que dar cuenta en aquel día, por escuchar a alguien más en vez de a Dios. Eso es verdad.
Ahora, recuerdo allá esa noche. Ellos se la llevaron a la central del gobierno donde, lo utilizaron para la gente que estaba en los hospitales. Y las inundaciones estaban en proceso.

83 Y yo estaba allá intentando patrullar. Me escabullí para ir a verla. Y ella estaba enferma, y ambos niños habían contraído neumonía. Y estaban acostados allí enfermos y… Y yo volví al trabajo. Me estaban llamando de todas partes en la patrulla en que yo estaba… Me fui al centro de la ciudad. E iba subiendo por la calle a eso de las once.
Y el viejo dique se había roto por allá. Y bajando por la otra parte de la ciudad había arrasado, arrasado por completo. Y no sabían cuántos habían muerto ni nada. Y fue un tiempo horrible.
Y yo recuerdo que oí a alguien dando voces y gritando. Miré por allá pasando la calle Chestnut, un edificio grande de dos pisos y se estaba moviendo así. Y allí estaba parada una madre ahí con su bebé en sus brazos, y el edificio viniéndose abajo, gritando por misericordia.

84 Bueno, yo vivía en el río, y pensé que era un barquero bastante bueno. Yo agarraba… fui y saqué mi bote de la parte de atrás de mi carro, y lo puse en el agua, la patrulla que yo cargaba. Y puse el bote en el agua.
Y llegué allá donde estaba ella, y la metí en el bote, y a dos o tres niñas más que estaban en el cuarto. Y las saqué. Y justo en el momento en que las llevé hasta la orilla, ellas escucharon… Ella dijo: “Mi…” Y se desmayó. Ella gritó: “Mi bebé, mi bebé. Busque a mi bebé”. Yo pensé que ella había dejado a su bebito en el cuarto, y que yo lo había dejado.

85 Así que salí de regreso. Y el agua estaba remolineando; casi no podía llegar. Y finalmente llegué así hasta arriba y bajé, y me agarré del poste de afuera y amarré mi bote, y entré. El bebé del cual ella estaba hablando era el bebé que tenía en sus brazos, como de dos años y medio de edad.
Y entonces cuando escuché el edificio ceder debajo de mí… Y salí corriendo rápidamente, y me metí al agua, probablemente veinticinco pies de profundidad. Y me metí al agua, y eché mano del bote así para jalar el… para evitar que el agua jalara mi bote hacia abajo también. Y desaté el… solté el nudo en la cuerda, y me metí al bote.
Luego empezó a hacer frío de esa manera. Yo no podía hacer que el motor fuera de borda encendiera. Entré al río, y me lanzó a la corriente principal, y yo jalando y jalando. Y no arrancaba. Esas grandes olas, casi tan altas como este edificio aquí, rugiendo de esa manera, y esa lanchita así, y yo allí [palabras confusas] Cataratas de Ohio, como a una milla y media más debajo de mí allí, y yendo directo hacia ellas, lo cual significaba la muerte en cualquier momento… Y allí, hermano, yo tuve tiempo para pensarlo bien, si aquello era basura o no. Yo iba rumbo al mar.

86 Allí, jalando esa cuerda, y el motor no atrancaba, y jalaba otra vez, y no arrancaba. Mi esposa enferma y mi bebé acostados allá, acababa de perder a mi papá y todo, me arrodillé en el bote y dije: “Oh Dios, ten misericordia. Ten misericordia. Yo no quiero morir aquí en este río de esta manera. Y yo quiero criar a esos niños. Por favor, Padre celestial, si Tú tan sólo permites que el motor arranque, amado Dios”.
Y ese bote meciéndose de un lado a otro de esa manera, y yo tratando de jalar entonces. Pensé: “Oh, sólo falta un poco más para llegar a las cataratas. Yo sabía que eso sería el fin de todo entonces, porque esas grandes olas así, y ellas viniendo de regreso en esta dirección, me llevarían directo al remolino allí. Y había setenta u ochenta pies de profundidad directo hacia allá abajo. En tiempos normales si alguien alguna vez cae allí, ese es el fin. Y con esas grandes piedras que hay por allí. Y allí rara vez encuentran sus cuerpos.

87 87.- Así que yo simplemente estaba orando allí, y dije: “Dios, yo sé que he hecho mal. Yo sé que no debí haber prestado atención a lo que escuché. Por favor, amado Padre celestial”. Oraba que el motor arrancara. Y apenas en unos momentos, el motor traqueteó un par de veces y arrancó. “Oh, Señor”.
Iba regresando. Llegué a la ribera, dando con todo lo que pude, y oí… apuntando con dificultad y orando que no se me acabara la gasolina. Finalmente llegué bien abajo hacia New Albany allí, la otra esquina. Y entré y regresé y busqué mi bote – o busqué mi carro.
Y cuando llegué allá y averigüé acerca de la madre, y todo estaba bien. Fui rápidamente al hos—o al hospital del gobierno para averiguar cómo estaba mi esposa. Yo le iba a hablar a ella al respecto. Y fui allí, y ellos estaban acostados en pequeños catres del ejército.
Cuando llegué allá, todo estaba cubierto con agua. ¿En dónde estaban ellos? Entonces comencé a gritar a lo máximo… Y entonces sí me puse bien en alerta.

88 Major Weekly, un amigo mío allí en el gobierno, él se me acercó. Él dijo: “¿Rev. Branham?”
Yo dije: “Sí, señor”.
Él dijo: “Yo no creo que su esposa está muerta”. Dijo: “Yo creo que ellos sacaron a todo el mundo de allí”. Dijo: “Yo creo que ellos fueron a Charlestown, una ciudad como doce, catorce millas más arriba de aquí”. Dijo: “Creo que ellos salieron en un vagón de ganado”. Ella con neumonía y cayendo aguanieve y soplando de esa manera. Dos niños enfermos y ellos con neumonía, uno de ellos de apenas ocho meses de nacido. Yo pensé: “Oh misericordia, ellos estaban en un vagón de ganado”.
Entonces me monté en mi camioneta y corrí hacia allá-al camino que va para Charlestown. Y allí había como seis millas de pura agua donde se había desbordado el Arroyo Lancassange, para poder volver. Corrí y me monté en mi lancha e hice todo lo posible para conquistar esas olas. Les pegaba de esta manera y me volvían hasta allá, y yo intentaba traspasar esas olas.

89 Y allí, quedé aislado de todo, estaba allí solo. Y me quedé allí aislado durante más o menos ocho días y ellos tenían que dejarme caer algo para comer. Yo tuve bastante tiempo para pensar bien a quién iba a escuchar, a Dios o a alguien más, ya sea alguien que ama a su madre, o quien sea. Ud. escuche lo que Dios le diga [palabras confusas].
Yo me senté allí y oré y lloré… [Espacio en blanco en la cinta.] Uno tiene que tomar su posición. Y en lugar de pararme firme contra ello, yo pensé más en lo que alguna—en lo que alguna mujer respetaba de lo que mi propia consciencia y Dios me estaba diciendo en mi corazón. Yo dije: “Oh, Dios, ¿qué puedo hacer?”
Miré allí abajo y encontré a otro individuo, y yo estaba arreglando [palabras confusas]. “¿Sabe Ud. si alguno de los que estaban en el hospital se ahogaron?”
Él dijo: “No, no creo”. Dijo: “Creo que todos ellos escaparon”. Y dijo: “Rev. Branham, yo pienso que su esposa estaba en un vagón de ferrocarril y la llevaron a Charlestown cuando se fue la lancha para allá”.

90 Bueno, yo corrí hacia mi carro y agarré mi lancha a motor, y regresé y la puse en la parte de atrás de mi camioneta. Fui y comencé a cruzar. Me senté allí para [palabras confusas] había regresado allí, y habían como seis millas de agua, simplemente olas por allí.
Algunos de ellos dijeron: “¿Ese tren?” Dijeron: “El puente se cayó allá arriba”. Oh, hermanos. Allí estaba otra vez. Déjeme decirle, hermano, aquí abajo detrás de este corazón, hay pesares de lo cual Ud. no sabe nada…
Entonces puse ese bote en el agua, e intenté horas tras horas de atravesar esa corriente. Y no pude hacerlo. Y entonces el agua me cerró el paso, y allí estuve aislado allí por siete días, permanecí allí. Tuve tiempo de sobra para pensar bien las cosas. Cuando las aguas bajaron [palabras confusas] yo tenía dos alternativas. Me acerqué hasta allí [palabras inciertas]… [Cinta en blanco]…

91 Ellos tenían botas puestas. Yo estaba yendo tan rápido como podía. Corrí hasta donde estaba un viejo amigo mío, el Sr. Hayes, lo llamaban Coronel Hayes, superintendente de la compañía de servicios públicos. Yo fui hasta él y dije: “Sr. Hayes”. Dije: “¿Ese tren pasó con ese montón de gente…?”
Él dijo: “Yo no sé, Billy”.
Yo dije: “Vayamos”. Fuimos y pasamos por… Apenas una ciudad pequeñita allí, como de dos mil o tres mil personas. Fuimos a todas partes. Nadie había escuchado nada acerca de mi esposa.
Oh, yo pensé: “Mi esposa y los niños están enrollados en algún alambre o algo así allá en uno de esos pantanos, y quizás llegaron hasta el sur en alguna parte, hinchados, tirados allí en un montón de arbustos, ahogados”.
“Oh Dios”, yo dije, “¿qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer?”

92 Yo salí. Fuimos a la estación del ferrocarril. Y había un despachador allí que dijo: “Espere un momento”. Dijo: “Yo creo que ese tren pasó”. Dijo: “El maquinista de ese tren está aquí en la ciudad hoy”. Dijo: “Él debía estar aquí en un rato para sacar un tren”. Dijo: “Yo le preguntaré”. Al poco rato, él… Yo corrí hacia él tan pronto como me dijeron que ése era él que venía“.
Yo dije: “Señor, ¿condujo Ud. el tren del depósito del gobierno que logró pasar?”
Él dijo: “Sí, yo conduje ese tren”.
Yo dije: “¿Conoce Ud. a Charlie Brumbach?”
Dijo: “Claro”. Él dijo: “Su hija estaba en el tren allí atrás con dos niños enfermos”.
Yo dije: “Esa es mi esposa, señor”. Dije: “¿En donde están ellos?”
Dijo: “Ellos—ellos están en alguna parte. Yo los dejé en, creo que en—en el Kokomo, Indiana”.
Y yo dije: “¿Verdad?”
Él dijo: “Sí”.

93 Y yo salí para caminar a pie. Podía… Yo iba a llegar allá de alguna manera. Casi que empiezo a perder el juicio. Salí. Me encontré con un hombre. Él dijo: “Yo sé a quién buscas, Billy”. Era un amigo mío. Dijo: “Tú estás buscando a Hope, ¿no es verdad?”
Y yo dije: “Jim, ¿sabes de ella?”
Dijo… Es decir en… no en Kokomo, es en Seymour, Indiana.
Él dijo: “Ella está allá en la iglesia bautista en Seymour, Indiana, muriendo con tuberculosis, acostada al lado de mi esposa”. Y yo… o “mi novia”.
Y yo dije: “¿Muriendo con tuberculosis?”
Dijo: “Sí, Bill”. Dijo: “Me duele decírtelo, pero tú no la reconocerías”.
Yo dije: “¿Están vivos los niños?”
Dijo: “No sé nada acerca de los niños”.
Oh, hermanos. Yo dije: “Oh, ¿podemos llegar allá?
Dijo: “Yo tengo un camino secreto”. Dijo: “Puedo llevarte”.
Y llegamos allí tarde esa noche, en el estadio de basquetbol donde la iglesia bautista fue arreglada para que los refugiados llegaran. Y ellos dijeron que ella estaba allá. Y yo corrí por allí gritando a voz en cuello: “¡Hope! ¡Hope, cariño! ¿Dónde estás? ¿Dónde estás?” Y yo miré.

94 Oh, yo nunca olvidaré eso. Allí atrás en ese catre del gobierno, yo vi una manito huesuda levantarse. Esa era mi amada. Corrí hasta ella rápidamente. Me postré junto a ella. Esos ojos oscuros estaban hundidos bien atrás de su cabeza. Ella había perdido muchísimo peso.
Yo dije: “¿Cariño?”
Ella dijo: “Me veo horrible, ¿no es así?”
Yo dije: “No, cariño. ¿Los niños están bien?”
“Sí”, dijo ella. “Mi madre tiene a los niños”. Dijo: “Billy ha estado enfermísimo; Sharon está un poco mejor”. Y ella dijo: “Yo estoy muy enferma”.
Comencé a llorar y dije: “Dios, no me la quites. No, por favor, Señor”.

95 Sentí que alguien me tocó en la espalda. Era un doctor. “¿Ud. es el Rev. Branham?”
Y yo dije: “Sí, señor”.
“Venga aquí un momento”. Dijo. “¿No es Ud. amigo de Sam Adair?”
Y yo dije: “Sí, señor, lo soy”.
Él dijo: “No quisiera decirle esto, Rev. Branham, pero su esposa se está muriendo”. Dijo. “Su esposa tiene tuberculosis. Sam me dijo que le dijera que haga que ella se sienta cómoda, y que no se emocione cerca de ella”.
Yo dije: “¿Ella está muriendo, doctor?” Dije: “Ella no puede morirse, doctor. Eso es todo. Ella no puede hacerlo”. Dije: “Yo la amo con todo mi corazón, y soy cristiano”. Y dije: “Yo sé que ella no va a morir. Yo no me puedo imaginar que ella sea quitada de mi lado aquí, y con estos dos niñitos, ¿cómo podría yo soportarlo?”
Él dijo: “Bueno, no quisiera decírselo, pero”, dijo, “no hay nada que se pueda hacer hasta donde sé”.

96 Yo regresé a ella, tratando de armarme de valor para hablarle. A los pocos días la llevamos a casa. Ella sencillamente seguía poniéndose cada vez peor. Fuimos a Louisville, y ellos tenían especialistas y todo. La saqué al hospital. El doctor Miller del sanatorio vino y la miró. Él me llamó a un lado y me dijo: “Rev. Branham, ella va a morir”. Dijo: “No hay nada que se pueda hacer por ella”. Dijo: “Ella va a morir”.
Yo dije: “Doctor Miller, honestamente, ¿no hay algo que yo pueda hacer? ¿Pudiera llevármela para Arizona? ¿Pudiera yo hacer algo por ella?”
Dijo: “Ya es demasiado tarde, Billy”. Dijo. “Eso es una tuberculosis galopante”. Dijo. “Eso los mata enseguida”. Dijo: “Su familia ha tenido eso en el pasado”, lo cual yo supe después que así era. Y dijo: “Ella acaba de contraerla, y ya la tiene agarrada fuertemente”. Dijo que él le había administrado tratamientos de neumotórax y de todo. Y dijo…

97 Y yo sostenía su mano cuando le estaban haciendo ese orificio en el costado para vaciar esos pulmones. Si yo tuviera que hacer eso otra vez, no lo haría. Y ella me agarraba la mano allí, Dios la bendiga. Yo casi tenía que quitarle la mano de la mía, debido al sufrimiento, sosteniendo donde ellos le hicieron ese orificio allí para vaciar los pulmones por el costado. Y eso fue la tuberculosis que iba subiendo poco a poco. Yo sabía que ella iba a morir, y estaba haciendo todo lo que podía hacer.
Y yo trabajaba de noche. Recuerdo que estaba allá, y escuché que llegó un aviso en la patrulla. Decía: “Llamando a William Branham. Venga al hospital de inmediato, esposa muriendo”.

98 Nunca olvidaré: me quité el sombrero. Sentado allí en la camioneta, levanté mis manos y dije: “Oh Jesús, por favor no dejes que se vaya. Permíteme hablarle una vez más antes de que ella se vaya. Por favor sálvala”. Yo estaba como a veinte millas lejos de casa. Encendí las luces y todo. Fui por la carretera muy velozmente, me detuve enfrente del hospital, me quité el cinturón de la pistola, y entré rápidamente al lugar. Comencé a bajar por el Hospital Memorial del condado de Clark.
Mientras comencé a bajar por allí, yo miré, y vi al pobre Sam Adair que venía caminando por allí con su rostro inclinado. Dios bendiga a ese hombre. Y él me miró así cuando me vio. Él levantó sus manos así y comenzó a llorar y entró al pasillo. Yo me acerqué a él, lo abracé y dije: “Sam, ¿es el fin?”
Y él dijo: “Billy, me temo que ella ya está muerta”.
Yo dije: “Vamos, ven conmigo, Doc. Entremos”.
Él dijo: “Bill, por favor, no me pidas que haga esto”. Dijo: “Oh Bill, yo te amo”. Él me abrazó. Dijo: “Yo te amo, Bill”. Él dijo: “Nosotros hemos sido íntimos amigos”. Dijo: “Yo no puedo entrar y mirar a Hope otra vez”. Dijo: “Eso es como mi hermana acostada allí”. Dijo: “Ella me ha horneado pasteles y todo”. Dijo: “¿Cómo podría yo entrar y verla a ella yéndose de esa manera?”.
Dijo: “Ven aquí, enfermera”.
Yo dije: “No. No, déjame ir yo mismo”.

99 Y la enfermera dijo: “Yo lo llevaré, Reverendo”. Dijo: “Aquí hay un… Aquí hay…” Trató de darme un medicamento allí para tranquilizarme.
Yo dije: “No quiero eso”.
Yo caminé y entré al cuarto, y cerré la puerta tras mí. Miré hacia allá. Ellos ya le habían jalado la sábana sobre su rostro. Le quité esa sábana y la miré. Ella estaba muy delgada, estaba encogida así.
Puse mis manos sobre ella; el sudor estaba muy pegajoso; su rostro estaba frío. Yo la moví. Le dije: “Hope, amor, háblame una vez más, por favor”.
Yo dije: “Dios, ten misericordia”. Dije: “Nunca más pensaré que esa gente son basura. Yo tomaré mi posición”. Durante ese tiempo, ambos habíamos recibido el Espíritu Santo. Así que dije: “Por favor, ¿lo harás, Señor?” La moví. Dije: “Oh, háblame una vez más por favor”. Y la moví nuevamente así.
Esos enormes ojos oscuros me miraron. Ella dijo: “Acércate”. Y yo me agaché bien cerca de donde ella estaba. Ella dijo: “Oh, ¿por qué me llamaste, cariño?”
Yo dije: “¿Llamarte?” Dije: “Amor, yo pensé que tú te habías ido”.
Ella dijo: “Oh, Bill…”
En ese momento entró la enfermera y dijo: “Rev. Branham, tome”. Dijo… “¿Ud. se tomó esa medicina?”
Yo dije: “No”.
Ella llamó a la enfermera, la Srita Cook. Ella dijo: “Ven aquí”. Dijo: “Siéntate por un momento. Sólo me quedan unos minutos”.
Y ella era amiga de Hope. Y se estaba mordiendo el labio.
Ella dijo: “Cuando te cases, yo espero que te consigas un esposo como el mío”. Y eso… Uds. saben cómo me hizo sentir eso. Ella dijo: “Él ha sido bueno conmigo, y nos hemos amado el uno al otro de la manera que nos hemos amado”. Y dijo: “Yo espero que tú te consigas un esposo como el mío”.
Yo volteé mi cabeza; no podía soportarlo [palabras inciertas] salí de la habitación.

100 Me acerqué a ella y le dije: “Amor, tú no vas a dejarme, ¿verdad?”
Ella dijo: “Oh Bill”. Dijo: “Tú has hablado acerca de ello; predicaste acerca de ello, pero tú no sabes cuán glorioso es”. Dijo: “Un poco antes de que tú me llamaras, había alguien vestido de blanco que me estaba escoltando a casa. Yo iba caminando a través de un hogar muy grande donde habían árboles bonitos y pájaros grandes y columpios. Yo estaba perfectamente en paz siendo escoltada a casa”. Yo creo que ella vio el paraíso tan cierto como que estoy parado en esta plataforma.
Ella dijo: “Bill, tú has hablado acerca de ese maravilloso Espíritu Santo. Pero tú no sabes lo maravilloso que es cuando llegas a la cruz. Esa es la razón de que yo estoy yendo, hermano. Yo sé que es real. Yo lo he visto al final del camino”. Sí, Uds. me pueden llamar santo rodador, si desean, pero déjenme morir como uno; esa es la manera en que yo quiero irme. Sí, señor.
Ella dijo: “Oh, tú no sabes lo maravilloso que es”. Dijo: “Amor, tú sabes que yo me estoy yendo, ¿no es así?”
Y yo dije: “Sí”.

101 A ella no le importaba irse. Ella dijo: “Oh, todo está bien, Bill. No quisiera dejarte y a los niños. Pero oh, cuán maravilloso es ese lugar allá”. Dijo: “Quiero regresar”. Y ella dijo: “Tú sabes por qué yo me estoy yendo, ¿no es cierto?” Y oh, eso es lo que me mató.
Yo dije: “Sí, cariño, lo sé”. Dije: “Si hubiéramos obedecido a Dios en vez de a tu madre, no hubiera sido de esta manera”. Dije: “Yo voy a ir con ellos, no te preocupes”.
Ella dijo: “Prométeme que tú lo predicarás mientras vivas”.
Yo dije: “Con la ayuda de Dios [palabras confusas]”. Dije: “Yo haré todo lo que pueda, cariño”.
Y ella dijo: “Quiero que hagas unas cuantas cosas por mí. ¿Lo harás?”
Yo dije: “Sí, yo lo intentaré”. Dije: “Haré todo lo que pueda”.
Y ella dijo: “¿Recuerdas esa vez que estábamos en Louisville, y tú querías comprar aquel rifle para ir a cazar?”
Y a mí sencillamente me encantan las escopetas. Y ella… Y se necesitaban tres dólares para dar una cuota inicial por el rifle.
Y yo dije: “Sí, lo recuerdo”.
Ella dijo: “Nosotros no teníamos dinero para pagar por él en ese momento”.
Y yo dije: “No”.
Ella dijo: “Amor”. Dijo: “Yo tenía tantas ganas de comprarte ese rifle”. Dijo “Yo he estado ahorrando como por ocho meses”. Y ella dijo: “Después de que yo me vaya, ve a casa, mira allí arriba sobre la cama plegadiza debajo de ese papel, y tú encontrarás el dinero allí. Tú…”

102 Yo creo que ella tenía un dólar setenta y cinco centavos ahorrados para eso, puestos allí arriba. Uds. no saben cómo me sentí cuando agarré ese dólar setenta y cinco centavos y lo miré.
Ella dijo: “Y otra cosa…”
Una vez yo compré el par equivocado de medias para ella, yo nunca había – no sabía qué clase de material pedir, y pedí la cosa incorrecta. Y ella me dijo acerca de eso.
Luego ella dijo: “Yo no quiero que vivas soltero. Quiero que me prometas que tú tomarás a mis hijos y prométeme que tú te conseguirás a una buena muchacha que tenga el Espíritu Santo, y te casarás, y que ella sea buena con los…” Dijo: “Entonces ellos no tendrán que andar de acá para allá”.
Y yo dije: “Cariño, yo no puedo prometerte eso”. Dije: “Yo te amo demasiado como para casarme”.
Y ella dijo: “Por favor, por favor”. Y yo dije… Ella dijo: “Tú no puedes cuidar a esa niñita y al pequeño Billy”.
Yo dije: “Oh cariño, no me hagas prometer eso”.
Ella dijo: “Yo te hice prometerme que tú lo harás”.

103 Y yo vi que ella se estaba yendo rápido. Y dije: “Amor, ¿te estás yendo?”
Y ella dijo: “Sí”.
Yo dije: “¿Es [palabras confusas]? Si yo estoy vivo, estaré en el campo de batalla en alguna parte predicando el Evangelio cuando Jesús venga. Pero si no estoy”, dije, “yo seré sepultado a tu lado”. Y dije: “Cuando los muertos en Cristo se levanten, si sucede que no estoy allí contigo, si estoy allá en el campo en alguna parte, y tú te vas [palabras inciertas]”. Dije: “Tú ve al lado oriental de la puerta. Párate allí. Cuando tú veas a Abraham, Isaac, y Jacob subiendo, tú grita: Bill tan alto como puedas”. Dije: “Yo reuniré a los niños, y te encontraré allí”.
Ella dijo: “Yo estaré esperando por ti”. Ella levantó sus manos así. Yo le di un beso de despedida. Y ella se fue para estar con Dios.
Esa es mi cita con [palabras inciertas]. Yo estoy viviendo tan fiel como sé cómo cumplir esa promesa. Algún día yo estaré allí por la gracia de Dios.

104 Cuando regresé a casa, oh, cómo me sentí. Yo casi no podía soportarlo, cómo ellos se la habían llevado al depósito de cadáveres y entonces ellos embalsamaron su cuerpo y la tendieron.
Yo estaba acostado allí esa noche; resultó que miré. Alguien tocó la puerta, el Sr. Broy llegó y dijo: “Billy”, dijo, “Lamento traerte malas noticias”.
Yo dije: “Hermano Frank, yo sé que ella está allá en la morgue”. Dije…
Él dijo: “Eso no es todo”. Dijo: “Tú bebé también está muriendo”.
Yo dije: “¿Mi qué? ¿Sharon está muriendo?”
Dijo: “Sharon está muriendo”. Dijo: “Acaban de llevársela al hospital, y el Dr. Adair dijo que ella no puede vivir sino apenas un poquito más”.

105 Yo no podía ponerme de pie. Ellos me levantaron. Me senté en una camioneta Chevrolet. Fuimos al hospital. Salté del carro, comencé a entrar.
La enfermera dijo: “Rev. Branham, Ud. no puede bajar allí”. Dijo: “Eso es… Ella tiene meningitis tuberculosa. La ha contraído de su madre, y se le fue a la columna vertebral”. Dijo: “Ud. no puede entrar allí por causa del muchachito”.
Y yo dije: “Enfermera, yo tengo que ver a mi bebé”.
Ella dijo: “Ud. no puede hacerlo”.
Cuando ella dio la espalda, yo entré de todas maneras. Y bajé allí a la habitación. Y allí, moscas estaban en sus ojos. Era apenas un pequeño hospital allí. Y yo quité ese mosquitero, lo que fuera, y le espanté las moscas. Y yo la miré. Sus piernitas gordas se movían para arriba y para abajo. Parecía como que ella estaba saludando con su manita.

106 Yo recuerdo cuando ella solía… Mi esposa le ponía sus pañalitos y la sentaba allí en el patio. Y yo llegaba a esa… Y por la manera en que yo tocaba esa pequeña sirena, ella sabía que era yo. Y ella pegaba un brinco y hacía “Guu, guu, guu”. Y yo la cargaba en mis brazos, y ella me amaba.
Y yo vi a mi bebé yéndose. Oh, Dios, yo sencillamente no podía soportarlo. Pensé: “Oh, Dios, ¿qué podía yo hacer? ¿Qué puedo yo hacer?”
Me arrodillé y dije: “Padre celestial, no te la lleves por favor. Llévame a mí en su lugar”. Dije: “Deja que yo me vaya. Tú estás haciéndome pedazos. Deja que yo me vaya”.
En ese momento levanté mis ojos, y vi como un velo oscuro que venía bajando a través del… Yo sabía que ella se iba a ir. Me levanté y la miré a ella ahí en la cama, sus pequeños brazos gordos, saludando. Era como un espasmo. Y yo la miré. Pues, ella estaba sufriendo tanto que sus bonitos ojos azules estaban cruzados, uno de ellos.

107 Esa es la razón que yo casi no puedo soportar ver a un niño bizco. Yo vi a cuatrocientos y tantos niños bizcos ser sanados en un lapso de tres meses en mi reunión. Yo nunca he visto uno cruzar la plataforma sin ser sanado. Y entonces pienso en mi pequeña bebé. A veces Dios tiene que aplastar una flor para sacarle el perfume, Uds. saben.
Vi a la pequeña Sharon, y sus ojitos cruzándose, sus labiecitos temblando. Dije: “¿Tú conoces a papi, cariño?”
Y sus labiecitos temblando de esa manera. Vi su boquita abriéndose. Yo sabía que ella se estaba yendo. Puse mi mano sobre ella así. “Dios te bendiga, amorcito. Tú eres un ángel. Tú vas a estar con mamá. Algún día papá te verá por la gracia de Dios”.
Levanté mi mano y dije: “Señor, yo sé que he hecho mal. Pero así como Job de la antigüedad, aunque Tú me mates, sin embargo yo te amo. No puedo evitarlo. Yo te amo en mi corazón. Tú estás a punto de matarme, Señor”. Pero dije: “Yo te amo de todas maneras. Llévatela, Señor. No se haga mi voluntad sino la tuya”.
Sentí como que cada hueso en mi cuerpo se descoyuntó. Yo [palabras inciertas]. A los pocos momentos, los ángeles de Dios vinieron y se llevaron a la pequeñita, se la llevaron a casa. Yo me la llevé, y la puse en el féretro… su madre.

108 La llevamos al cementerio. El ministro se paró allí. Él tomó un puñado de ceniza—de tierra. Dijo: “Cenizas a las cenizas, y polvo al polvo, y tierra a la tierra”. Oí el crujir de las cuerdas mientras ellos la bajaban. Luego como la brisa bajando por esos árboles de arce, diciendo:
Hay una tierra más allá del río,
Que llaman el dulce para siempre,
Solamente alcanzamos esa ribera por el decreto de la fe.
Uno a uno pasaremos por los portales,
Para allí morar con los inmortales.
Algún día ellos tocarán las campanas por ti y por mí.
Regresé a casa. No podía estar satisfecho. Yo podía entender que mi esposa se fuera, pero esa bebé, ¿cómo la podía dejar ir? ¿Qué podía yo hacer acerca de eso?
Vaya, regresé al trabajo. Una mañana yo estaba subiéndome a un poste trabajando como liniero. Yo enganché mi cinturón así. Y estaba cantando allí arriba, trabajando en las primarias. Yo estaba cantando:
En el monte Calvario estaba una cruz…
El sol estaba saliendo. Y el crucero del poste producía una sombra en la loma y parecía un cuerpo en la cruz de donde yo lo miraba. “Sí, fue mi pecado y vergüenza que lo puso a Él allí. Y yo fui el que lo clavó a Él en la cruz, el Príncipe de Vida”.
Yo dije: “Oh Dios, pero en el cielo en alguna parte, Tú tienes a mi muchachita”. Y allí, me puse casi histérico, casi tuve un colapso mental. Me quité el guante de seguridad. Dos mil trescientos voltios estaban pasando a mi lado. Yo dije: “Dios, no quiero ser un cobarde, pero Sharry, cariño, yo estoy… Papá viene a verte en esta mañana”, mientras ponía mi mano sobre ese alambre.
Pues, eso hubiera quebrado todos los huesos de mi cuerpo. No sé qué fue, a menos que Dios haya pre-ordenado que este don debiera proceder.

109 La siguiente cosa que supe, es que yo estaba sentado en el suelo, el sudor corría de mi rostro. Me quité mis estribos, los puse en la camioneta, bajé y me fui a casa. Mientras entraba a la casa, recogí el correo. Fui alrededor de la casa… Habían pasado pocos meses, llegó el tiempo frío, la helada se estaba acumulando por el suelo allí.
Yo no salía a ninguna parte. Dije: “Nosotros no teníamos mucho, pero lo que teníamos…” Nosotros – ella y yo habíamos vivido juntos con ello. Era hogar dulce hogar para mí. No me importa como estaba, era… Eran sus muebles, y yo quería quedarme en casa.
Cuando entré a la casa, la primera carta que miré, era de la Srita Sharon Rose Branham, ochenta centavos, un ahorro para la Navidad. Oh, hermanos, allí estaba todo otra vez.
Me arrodillé allí en el piso. Comencé a llorar. Dije: “Dios, ten misericordia de mi, por favor. Me quitaré mi propia vida”.

110 Esta pistola. Y metí las balas en ella. Y jalé el gatillo en la pistola. Dije: “Señor, yo estoy… Yo me he vuelto loco”. Yo no sé. Yo había perdido la cabeza. La puse al lado de mi cabeza así. Dije: “Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea Tu Nombre”, apreté el martillo, no disparaba. Yo dije: “Oh, Señor, yo ni siquiera puedo quitarme mi propia vida”.
Tiré la pistola al suelo, y ésta disparó por toda la casa. Seguí así. Pensé: “Oh Dios, pues, yo me he vuelto loco. He perdido mi mente”. Y yo [palabras inciertas] a trabajar.

111 Me fui a dormir. Y cuando me quedé dormido, soñé. Yo pensaba que estaba aquí en el oeste en alguna parte. Yo siempre amé el oeste. Y yo tenía puesto uno de estos sombreros grandes como los que usan los vaqueros. Y yo iba caminando por las praderas; había allí un furgón de pradera con una rueda rota. Yo estaba cantando:
La rueda en la carreta está rota,
Hay un letrero en el rancho que dice: en venta.
Yendo así por allí, miré parado allí, y allí estaba la mujer rubia más hermosa parada allí con ese cabello moviéndose; ella estaba vestida de blanco. Esa es la muchacha más bonita que yo he visto alguna vez. Me quité mi sombrero; dije: “¿Cómo está Ud., hermana?”
Y entonces ella dijo: “Hola, papá”.
Y yo miré alrededor; dije: “¿Papá?”
Ella dijo: “Sí”.
Y yo dije… Dije: “Bueno, yo no entiendo esto”. Dije: “Tú me llamas tu papá”.
Ella dijo: “Papá, es que tú no sabes dónde estás”. Dijo: “Este es el cielo”. Dijo: “Allá en la tierra yo era tu pequeña Sharon Rose”. Dijo: “¿No recuerdas tu enseñanza de la inmortalidad?”

112 Yo enseño que no habrá niños pequeñitos así en el cielo. Todos seremos de una misma edad y de un mismo tamaño, inmortales. Uds. tienen que ser siempre de esa manera. Nosotros simplemente seremos… No habrá gente muy anciana ni niños muy pequeñitos; todos tendremos una misma edad, jóvenes para siempre.
Y ella dijo: “¿No recuerdas tu enseñanza sobre la inmortalidad?”
Yo dije: “¿Tú no eres Sharon?”
Ella dijo: “Sí, papá”.
Yo dije: “Bueno, Sharon, cariño, yo no entiendo”.
Ella dijo: “¿Dónde está Billy Paul?” Ese es su hermanito, el que está aquí.
Yo dije: “Bueno, yo lo dejé a él hace un rato. Pero no entiendo”.
Ella dijo: “Papá, mamá te está esperando allá en casa”.
Yo dije: “¿En casa?” Dije: “Cariño, yo nunca tuve una casa. Los Branham son como vagabundos”. Dije: “Yo nunca tuve un hogar”.
Ella dijo: “Pero papá, tú tienes un hogar aquí”. Ella dijo: “Voltéate, mira en esta dirección”.

113 Yo miré hacia atrás allí y vi la gloria de Dios subiendo. Y vi una enorme mansión allí.
Ella dijo: “Ese es tu hogar, papá”. Dijo: “Mamá te está esperando”. Ella dijo: “Ve pues. Mamá quiere verte. Yo quiero esperar aquí por Billy”.
Y yo comencé a subir por allí. Llegué hasta la puerta, y allí salió ella a recibirme como siempre lo hizo, no enfermiza, no toda encogida y consumida por la tuberculosis. Ella salió con sus brazos extendidos, ese cabello negro colgándole por la espalda, vestida de blanco. Y ella dijo… Extendió sus brazos a mí y yo corrí hacia ella, la agarré de las manos y me arrodillé.
Yo dije: “Oh, Hope, cariño”. Dije: “Me encontré con Sharon. ¿No se convirtió nuestro amorcito en una mujer bonita?”
Dijo: “Sí, Bill”. Dijo: “Tú te estás preocupando demasiado, cariño”.
Yo dije: “¿Preocupado? ¿Cómo pudiera yo evitar preocuparme?”
Y ella dijo… Dijo: “Mira”. Dijo: “Tú te estás preocupando por Sharon y por mi”. Dijo: “No te preocupes por nosotras. Nosotras estamos mucho mejor que tú”.
Y yo dije: “Bueno, cariño, todo ha estado saliendo mal, y todo…”
Ella dijo: “Yo sé todo al respecto”. Dijo: “Ahora, ponte de pie”.

114 Y me puse de pie y la miré, y oh, ella se veía como la primera noche cuando me casé con ella. Y yo miré su mansión. Ella dijo: “¿No quieres sentarte?”
Y yo miré, y allí estaba un sillón grande puesto allí. Y yo la miré.
Ella dijo: “Yo sé lo que tú estás pensando”.
Cuando no teníamos sillas… Nosotros teníamos las sillas antiguas con caña entrelazada. ¿Uds. saben cómo son, caña entrelazada? Teníamos dos o tres de esas. Y yo quería un sillón para sentarme. Ellos pudieron financiarnos quince dólares, y yo pagué tres dólares como inicial y un dólar a la semana.
Y compré uno; y pagué como hasta ocho o diez dólares por él. Y yo sencillamente no pude hacer los pagos. No pude hacerlo. No pude ahorrar ese dólar. Y me atrasé como dos o tres semanas, y yo… Ellos me mandaron un aviso; iban a venir a buscarlo. Y yo les escribí y les dije que tendrían que venir.

115 Y recuerdo el día cuando ellos vinieron y se llevaron mi sillón. Mi esposa me hizo un pastel de cereza, y ella lo tenía todo preparado para cuando yo llegara: una verdadera esposa. Dios la bendiga. Puede que su tumba esté blanca con nieve, pero yo todavía la amo.
Cuando ella… Cuando ella tuvo este pastel, yo pensé que había algo sucediendo. Entré; ella estaba hablando. Ella dijo: “Mira, yo les pedí a algunos de los muchachos que desenterraran unas lombrices para pescar”. Dijo: “Vamos a ir al río”. Ella sabía que a mí me encantaba pescar. Dijo: “Vamos a ir a pescar esta noche”.
Yo dije: “Bueno, cariño, ¿qué sucede?”
Ella dijo: “Nada”.
Después de la cena, yo sentí algo. Dije: “Vayamos al cuarto de enfrente”.
Ella dijo: “Bill, vayamos primero a pescar”.
Yo sabía lo que era. Y caminé – me levanté y caminé hacia la puerta, y ella vino y puso sus brazos alrededor de mí. Ellos habían venido y se habían llevado mi sillón. Yo trabajaba todo el día y predicaba la mitad de la noche, luego me sentaba en este sillón y estudiaba cuando yo descansaba y me iba a dormir. Y ellos habían venido y se lo habían llevado. Yo debía dinero por él y no pude pagarlo. Ellos tuvieron que venir y llevárselo, y yo nunca olvidaré cómo nos sentimos.

116 Y ella había reconocido eso cuando estábamos parados conversando. Ella dijo “¿Recuerdas ese sillón que ellos vinieron y se llevaron?”
Y yo dije: “Sí, cariño”.
Ella dijo: “Ellos nunca vendrán a llevarse este. Este es tuyo”. Dijo: “Siéntate”. Dijo: “Prométeme que tú no te preocuparás”.
Ella puso su brazo alrededor de mí y yo dije: “Cariño, te prometo que yo nunca volvería a preocuparme”.
Me desperté y yo estaba en el cuarto, y todavía podía sentir sus brazos alrededor de mí. Pero desde ese día hasta este, yo no me he preocupado al respecto. Ellas están más allá del cielo azul.

117 Algún día, yo también tengo que irme. Cada uno de nosotros tiene que hacer ese viaje aquí. Oh, vaya, una vida, hermano, hermana. Cicatrices y cortadas, y pasamos por esa corriente de pobreza, y lágrimas que prepararon el camino [palabras confusas]. Uds. no se dan cuenta. A veces parece que me saca la misma vida.
Pero hoy, yo estoy tratando de ser lo más reverente que puedo delante de Uds. Yo estoy haciendo mi mejor esfuerzo, viniendo y sirviéndole a ese mismo pueblo que fue considerado basura en una ocasión. Ellos son mi hermano y mi hermana, y yo los amo con todo mi corazón. Y yo estoy tomando ese don y yendo día y noche. Hemos estado aquí dos semanas y casi he llegado a un punto en que sólo dormí como una hora y algo, anoche.
¿Qué hago yo…? Yo estaba cumpliendo mi promesa a Dios. Sí, señor [palabras confusas] a todas las partes del país, a dondequiera que puedo ir con un corazón reverente y sincero. Yo quiero servirle a Dios hasta el día que Él me llame a casa. Hay un hogar muy hermoso, oh, en alguna parte al otro lado del mar.

118 Cierta mujer me dijo no hace mucho, dijo: “Hermano Branham, ¿Cuándo va Ud. a obtener algún descanso?”
Yo dije: “Cuando cruce al otro lado del río. Yo tengo un hogar allá y seres amados. Yo tengo un sillón donde sentarme. Yo voy a cruzar al otro lado uno de estos días”.
Ella me dijo, dijo: “Ud. está tan cansado y [palabras inciertas]”.
Yo dije: “Sí”.
Dijo: “Ud. ha estado orando tanto por los enfermos”. Yo nunca oré por los enfermos así antes.
Así que uno de estos días, sentado en la plataforma así, Dios abrirá las ventanas. Yo seré un – tal vez seré un anciano temblando con un bastón. Pero Él no me rechazará. Yo cruzaré al otro lado tan cierto como estoy parado aquí, si tan sólo puedo probar ser fiel a mi Salvador es mi ruego. Él me llevará en aquel día. ¿No creen Uds. eso? Nosotros seremos fieles. Eso es correcto.
El tiempo está lleno de fugaz transición,
Nada en la tierra puede permanecer inmovible,
Funde sus esperanzas en las cosas eternas,
Aférrese a la mano incambiable de Dios.

119 Puede que amigos vengan y se vayan. Cuando el camino se haga más pesado, precioso Señor, ponme Tus queridas manos. Cuando mi vida casi se haya acabado, y en el río me pare, guía mis pies y sostén mis manos. Bendito Señor, toma mi mano y condúceme al Hogar. Déjame… [palabras inciertas]… mi Salvador. Si yo soy fiel a Él, algún día Él me guiará al otro lado.
Confío que cada uno de Uds. aquí, amigos… Si hay uno aquí que no esté listo para encontrarse con Dios, escúcheme mientras le hablo a Ud. en el Nombre del Señor. Uds. tienen la buena oportunidad ahora. Tienen un tiempo maravilloso para venir y aceptarlo a Él. Con mi Biblia sobre mi corazón, algún día, todo lo que Uds. alguna vez han hecho en esta vida será nada a menos que le entreguen su vida a Cristo. Vengan conmigo. Si Uds. me aman, vayamos juntos.
Me espera un alegre mañana.
(Cántenlo conmigo.)
Donde puertas de perlas se abren de par en par,
Y cuando yo cruce este valle de pesar,
Yo me pararé al otro lado.
Algún día más allá del alcance de los parientes mortales.
Algún día sólo Dios sabe dónde o cuándo,
Las ruedas de la vida mortal se detendrán todas,
Entonces iremos a morar en el Monte de Sion.

120 Oh Dios, algún día estas ruedas van a detener este viejo cuerpo, toda la vida mortal se detendrá. Entonces oh, como un diente saliendo de un cuerpo, que ha sido extraído, Él va a ir [palabras confusas] aparecerá, y nuestras almas se precipitarán a una eternidad. Ayúdanos, Dios. Ayúdanos hoy. Concédelo, Señor. Y que pecadores sin una dirección vengan hoy, Señor, y sean salvos. Vengan al redil, vengan al Pastor, encuentren fe y abrigo. Y que ellos vean que por medio de los errores de Tu pobre y desobediente siervo puedan ellos ser bendecidos.
Oh Dios, yo pienso que hace años, si yo hubiera ido y hecho lo que Tú me dijiste que hiciera, cuántas más personas hubieran sido salvas hoy. Lo siento, Señor. Ayúdame ahora, ¿lo harás, Señor? Bendice a todos los que están aquí, y a los pecadores aquí, bendícelos, Señor.
Mientras tenemos nuestros rostros inclinados, la hermana está tocando allí… el hermano: “Me Espera Un Alegre Mañana”, me pregunto cuántos pecadores aquí, levantarán sus manos y dirán: “Hermano Branham, ore por mí”. Dios les bendiga. Oh, vaya, hay manos levantadas por dondequiera.

121 Miren, si Dios escucha mi oración para sanar al enfermo, ¿no creen Uds. que Él oirá mi oración para ayudar a salvar su alma? ¿Cuántos ahora, mientras cantamos esa canción en breves momentos: “Me Espera Un Alegre Mañana?” ¿Vendrá Ud. aquí abajo y estrechará mi mano, se parará aquí en el altar sólo un momento mientras oramos? ¿No le aman Uds.? Oh, ¿qué pudieran Uds. hacer?
El otro día, un joven vino a oírme en la reunión. Él se sentó allí, y entregó su vida a Cristo, y salió y se mató instantáneamente en un tractor. Otro hombre parado la otra noche, aguantándose las manos, se fue a casa y murió al poco rato.
Oh hermano, si Ud. no conoce a Dios, ¿qué tal si viene aquí? ¿No vendrá Ud. ahora mismo mientras nos ponemos de pie y cantamos, si así lo desean? Ud. que quiere hallar paz con Dios, crea que Él es, mi hermano. Si Ud. necesita algo de Dios – la salvación – venga ahora mismo.
Muy bien. Muy bien. Denos… Muy bien, eso está… Muy bien, así está bien. Eso está bien.
“Casi Persuadido”. Muy bien. “Casi Persuadido”. Dios le bendiga.
Casi…[palabras inciertas]

122 Simplemente vienen y estrechan mi mano. Vienen desde Sur América para reunirse en este tiempo. ¿No vendrán Uds. también? Vengan. Dios le bendiga, hermana. Esa es la manera como se debe venir. Ahora, recuerden, amigos, esta pudiera ser… [palabras inciertas]… su oportunidad. Dios le bendiga [palabras inciertas]. Oh, eso está bien. Venga, párense aquí mismo.
Simplemente párense aquí mismo. Den la vuelta y párense. Dios le bendiga, hermano. Eso es maravilloso. Dios le bendiga, señor. Oh, hermanos, mírenlos a ellos viniendo. ¿No vendrán Uds.? [Palabras confusas]. Dios le bendiga, hermano. Oh, eso es maravilloso. Pasen al frente. Todos Uds. hoy que necesitan, vengan aquí. Reúnanse alrededor del altar en un llamamiento al altar chapado a la antigua.
Ahora, todos juntos ahora mientras cantamos. Vengan pues. Bajaremos aquí con Uds. yo creo que Dios salvará a todos los que no son salvos… [palabras inciertas]… ahora para creer, casi per…
Baje por acá, hermano, para que así yo pueda verlo en un momento. ¿No vendrá Ud. ahora? …para recibir.
Parece ahora que un alma dice: “Vete, Espíritu, vete por Tu…
Dios le bendiga, jovencita. Eso es correcto. Pase al frente… casi…
Cristianos, oren, en todas partes ahora. Todos, no se estén moviendo, a menos que vayan a venir al altar… a Ti llamaré“.
Amigos, Dios está aquí. Él está llamando por Ud. Si Ud. está descarriado, venga. Si Ud. necesita a Dios, venga. Este es el momento. Atienda Su llamado ahora. Qué tiempo tan maravilloso el saber que en este avivamiento Ud. fue salvado, resucitado por el Espíritu Santo aquí… [palabras inciertas]… Oh, no des la espalda;
Jesús… (Venga al altar. Eso está…)
[Palabras inciertas] querido Señor, Ángeles están parados cerca,
Oraciones se levantan de corazones tan queridos;
Oh descarriado, ven.

123 ¿No vendrá Ud. ahora? Hay gente viniendo. Sólo piensen, ¿qué si Uds. pudieran acercarse y abrir las puertas del infierno y mirar allí adentro? Hay un pueblo que está sentado allí mismo en esas bancas donde Uds. están sentados. Sí, Señor. [Palabras confusas]. Ellos tuvieron la misma oportunidad que Uds. tienen.
Madres e hijas están llorando. Padres y madres agarrándose de las manos unos a otros. ¿No vendrá Ud.? Ud. está invitado ahora, cristiano, hoy.
Nosotros creemos que el Espíritu Santo va a caer aquí en unos momentos. Es un gran… ¿No es esto maravilloso? ¿No pueden Uds. sentir eso, amigos, esa atmósfera celestial alrededor de la gente ahora mismo? Ángeles de Dios se están acercando.

124 ¿No vendrá Ud.? Esta es la hora… Ud. siempre ha querido ser salvo, ¿no es así? Este es el momento para cumplir las cosas que Ud. le ha prometido a Dios. ¿Recuerda Ud. cuando Él se llevó al bebé? Cuando sea que él murió, o algunos de ellos, Ud. dijo: “Yo seré un cristiano”. Si Ud. todavía no ha cumplido eso, ¿no vendrá Ud. aquí? Tome su posición. Venga ahora mientras que nos reunimos alrededor, todos. Todos, descarriados, y pecadores, reúnanse alrededor del altar ahora para un llamamiento al altar chapado a la antigua.
Cristianos, oren ahora. Acérquense a alguien sentado cerca de Ud. Pregúntenles si ellos son cristianos. Digan: “Pase al altar”. Queremos a aquellos que son descarriados. Aquí hay muchos de los hispanos parados alrededor, indios.

125 Oh, Jesús está interesado acerca de esto. ¿Para qué ha estado aconteciendo esta reunión? ¿Qué ha mostrado lo Sobrenatural? Aquí está Él. Él está aquí ahora. Óiganme, Créanme. Todos los que vengan aquí creyendo, serán salvos ahora mismo si Uds. tan solamente vienen. Las puertas de la misericordia están abiertas hoy. Puede que mañana sea demasiado tarde para Ud. ¿No quiere venir?
¿Cuántos aquí no han recibido el Espíritu Santo, veamos sus manos, los que desean el bautismo? Unos pocos de Uds., bajen pues… [palabras inciertas]… Bajen por los pasillos. Bajen pues. ¿No creen Uds. que Él [palabras confusas] les dará a Uds. el Espíritu Santo ahora? Sin ser nacidos de nuevo Uds. están perdidos. Eso es correcto. Bajen por los pasillos. Cuán maravilloso.
Cristiano, agarre a su amigo pecador, acérquese aquí alrededor del altar donde [palabras confusas] uno de los momentos más grandiosos que Uds. alguna vez han presenciado, creo yo.

126 Aquí viene un pobre muchacho caminando con muletas. Dios te bendiga, hijo. Ten fe en Dios. Dale tu vida a Él aquí mismo. Tira tus muletas y sal caminando sin ellas. Dios te sanará mientras estás parado allí.
Acérquense ahora, Uds. que tienen una necesidad de Él. Oh, hermanos. Sólo miren ahora, bajando por los pasillos [palabras inciertas]. Reuniéndose muy estrechamente todos ahora.
Yo creo que Dios va a derramar el Espíritu Santo sobre este edificio aquí en unos momentos. La gloria de Dios estará cayendo. Personas estarán recibiendo el bautismo. Pecadores serán salvos, descarriados regresarán. Está aquí. Acérquense, queridos amigos, un poco más. Vengan corriendo… [palabras inciertas]… Ahora es el tiempo.
Pecadores, pídanle a Dios que les perdone. Levanten sus manos y digan: “Señor, ten misericordia de mi que soy un pecador, porque Cristo lo dijo”. Oh, vaya. Aquí está por todo el edificio, por todas partes ahora. Aleluya.
Gracias, Jesús. Oh Dios, bautízalos con el Espíritu Santo. Perdona a estos pecadores de sus pecados, Señor. Regresa la fe para que ellos… [palabras inciertas]… La Gloria de Jesus.


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