OBRAS DEL MENSAJE


Expectaciones Y Guianza Del Espíritu
Edmonton, Alberta, CANADA
57-0811E
1 Gracias, pueden tomar asiento. Es un privilegio estar aquí esta noche en esta fina audiencia de personas en este… en estos Jardines de Exposiciones de Edmonton. Y estamos confiando por lo mucho más abundante en esta noche en la Presencia del Señor.
Han sido ocho días agradables de servicios aquí con Uds. gente fina canadiense. Nunca los olvidaré. Poco sabía yo que exactamente hace ocho años se cumplieron esta semana… o, hace diez años se cumplieron esta semana, que estuve aquí la última vez. En este mismo lugar.
Deseo tomar este tiempo para agradecer a los ministros que están cooperando. Y hablo de parte de mi administrador, el Sr. Sothmann; y por el Sr. Rasmussen también, por el Sr. Mercier, el Sr. Goad, los artistas de las cintas, Billy Paul, y de parte mía, que ciertamente apreciamos su fina cooperación y todo lo que Uds. han hecho. Les damos las gracias por su asistencia, por su fe, su confianza en nuestros servicios que estamos tratando de llevar a cabo para la gloria de Dios. Y oramos que Dios les bendiga abundantemente.
2 También le queremos dar las gracias a los de aquí de los Jardines por permitirnos tener este lugar, y por este nuestro hermano en este lado quien está en el sistema de altavoces haciendo un maravilloso trabajo. Un lugar tan grande como este con esa acústica de seguro sería deficiente con todo el techo abierto allá arriba, pero él ciertamente está haciendo un trabajo maravilloso, el ingeniero. Queremos darle las gracias a él. A los muchachos que están en la puerta, a los ujieres, y al organista, a todos los ministros que están cooperando. Y espero que no se me haya pasado nadie, no es mi intención. Queremos darle las gracias a cada uno de Uds.
Y luego a penas subí hace unos momentos para escuchar que ellos estaban levantando una ofrenda, una ofrenda de amor, para mí. Desearía no tener que hacer eso. Nosotros solo queremos pagar los gastos. Y si los gastos se cubren antes de que terminen nuestros servicios, no se levantan más ofrendas.
3 Y luego ellos me dieron una ofrenda de amor porque mis gastos son muy elevados. En casa son de… Cuando yo simplemente no tengo grandes reuniones, las mantengo pequeñas para así yo poder ir a donde el Señor me manda. Mis gastos van de (ya sea que esté en el campo o no), en casa son de aproximadamente cien dólares diarios. Y si salgo por cuatro o cinco días, pueden ver lo que eso significa, tanto así me quedo atrasado, ¿ven?
Y mandamos pañuelos y demás por todo alrededor del mundo. Estaremos gustosos de mandarle uno a Ud. si quiere uno. Tenemos unos aquí esta noche para que se ore por ellos. Y la parte más grande y la más grande cantidad de milagros que yo sé que se han llevado a cabo, han sido por correo.
4 Hace un tiempo venía de Nueva York, de Boston. Y me detuve en Virginia en un lugarcito donde cabían alrededor de mil cien personas. Yo acaba de entrar por la puerta cuando… detrás de la cortina… o, un pequeño edificio, y yo… o, una pequeña oficina, mejor dicho.
Y escuché al ministro diciendo: “Le pedimos al Hermano Roberts si él podía venir y llevar a cabo una reunión para nosotros. Él dijo: Uds. son muy pocos. Dijo: ”Le pediremos al Hermano A. A. Allen para que venga a llevarnos a cabo la reunión, y el Hermano A. A. Allen dijo: Uds. son muy pocos“. Pero dijo: ”El Hermano Branham no lo cuestionó, él vino“.
Ahora, eso fue amable. Pero cuando yo llegué a la plataforma dije: “Ahora, aprecio al ministro por decir eso, pero la razón por la que el Hermano Allen y el Hermano Roberts no pudieron venir, sus obligaciones son demasiado grandes”.
5 Ahora, en donde mis gastos ascienden probablemente a unos cien dólares al día allá en casa, los del Hermano Roberts probablemente son de alrededor de los siete mil dólares al día. Vean, él tiene una televisiva a nivel nacional, un programa de radio internacional, y tiene una oficina donde hay cientos trabajando. Él es el propietario de su propio periódico el cual tiene aproximadamente medio millón de suscriptores.
Uno simplemente no puede… Los hermanos vendrían, no está en sus corazones el no querer venir, pero el lugar… Ellos no pudieran visitar esos lugares pequeños porque simplemente no obtendrían el dinero de parte de ellos.
Bueno, yo simplemente no tengo ninguna educación y ninguna habilidad, y estoy muy agradecido. Yo sé eso. Así que yo no dejo que mis reuniones lleguen a grandes escalas de esa manera. Me moriría de la preocupación con eso si tuviera que rogarle a la gente por dinero. Yo no pudiera hacerlo.
6 Y yo acabo de celebrar un avivamiento en un edificio donde caben treinta personas cuando está muy lleno —treinta personas. Pero a donde quiera que el Señor me manda, si es a una pequeña ciudad, a un lugarcito donde caben treinta personas, o diez personas, o cinco personas, yo no tengo grandes obligaciones, la razón por la cual no pueda ir.
Luego si Él quiere que vaya al África y predique en la India a quinientas mil personas, alguien simplemente me patrocina y yo voy. Por lo tanto, me gusta vivir simplemente libre en el Señor, haciendo lo que Él me diga que haga, yendo a donde Él me diga que vaya, sin estar atado u obligado por nada. Hay una cosa que sí les solicito: sus oraciones.
Le quiero dar las gracias a cada uno de Uds., por lo que pusieron en la pequeña ofrenda de amor de esta noche. Les puedo asegurar que no habrá ninguna tontería. No se irá a tonterías. Yo no dije esto hasta que se levantó la ofrenda: ando atrasado tal vez ahora como con unos mil quinientos dólares en el banco.
7 Cuando yo estuve en Tacoma, andaba atrasado con mil dólares, sin un centavo, y ahora es más que eso, por el tiempo transcurrido. Y yo no lo diría hasta que la ofrenda fuese levantada y todo hubiese terminado, y yo… El Señor suple mis necesidades. Tal como tengo necesidad de ello, Él me lo da. Por lo tanto, estoy agradecido con Uds. Y eso irá a…
Y esas cosas no vienen siendo más que para enviar ayuda a las partes del mundo por medio de los pañuelos y ministerio, y todo lo que se tiene que hacer, Uds. saben, para mantener el ministerio funcionando. Será para lo mejor. Uds. ponen allí parte de su sustento, y yo oro que Dios se los recompense al ciento por uno, es mi sincera oración —para cada uno de Uds.
Y ahora, si yo no los vuelvo a ver… Espero volver a verlos pronto; pero si no los veo, yo los encontraré a Uds. en el río antes que crucemos en esa mañana brillante y despejada. Pero espero que el día vuelva pronto cuando yo pueda regresar otra vez y estar con Uds., si todos Uds. desean que regrese en algún momento para una estancia más larga, y pueda estar con Uds. más tiempo, para así poder familiarizarnos más unos con otros, y mi ministerio pueda acercarse más a Uds. para que puedan ver que no es algo tenebroso o algo así. Es el Señor Jesucristo. Y yo le amo a Él con todo mi corazón.
8 Espero no tener que esperar otros diez años. Él pudiera venir en todo ese tiempo. Como que pienso que Él pudiera hacerlo así… Yo no sé cuando Él vendrá, pero cuando vemos alrededor y vemos el pecado por todos lados, nos sentimos como Juan de antaño: “Así sea, ven Señor Jesús”.
Y ahora, esta noche es la… Yo pensé que tal vez daría solo un momento para explicar un poquito sobre mi ministerio, y luego un texto, y vamos a tomar tanto tiempo como podamos para orar por todos los enfermos que nos sea posible.
Yo creo, a lo mejor de nuestro cálculo, que han habido aproximadamente entre setecientas u ochocientas personas que han venido y entregado sus vidas al Señor Jesús en esta reunión. Ahora, quizá todos ellos no van a perdurar, yo creo que lo harán, pero si no lo hacen… si solamente hay uno, eso vale todo esfuerzo que nosotros hemos puesto. Vale cada centavo que hemos gastado. ¿Ven? Pudiera ser usted. Pudiera ser usted.
9 Y ahora, en mi ministerio, siendo que voy a orar por los enfermos… No es la finalidad predicar pero solo un poquito, porque recién terminé de predicar un servicio largo esta tarde, y me gustaría más bien explicar los antecedentes.
Mi contienda es esta: que Jesucristo es el mismo de ayer, hoy y por los siglos. La Biblia dice eso. Y yo creo que si Él es el mismo de ayer, hoy y por los siglos, entonces Él tiene que ser el mismo en principio, poder, y en toda manera.
La única manera en la que Él no pudiera ser el mismo es en Su cuerpo corporal. Su cuerpo corporal está sentado en el trono de Dios, para un sacrificio sangrante delante del trono de Su Majestad para hacer intercesiones en base a nuestra confesión. Él no puede ayudarnos hasta que confesemos primero, porque Él es el Sumo Sacerdote de nuestra confesión.
10 Y yo creo que toda sanidad viene de Dios. Yo no condeno a los doctores. Pienso que los doctores nos son enviados por Dios; los hospitales, y las clínicas. ¿Acaso yo los condeno? Constantemente yo oro por ellos que Dios les dé conocimiento para ayudar a la pobre humanidad doliente.
Y estoy muy agradecido con Dios por todo lo que Él ha hecho, por la penicilina, por la vacuna de Salk, por cada cosa que Él ha hecho, y oro que llegue pronto la hora cuando ellos encuentren algo que frene el cáncer y las otras enfermedades. Si alguna vez llega, tendrá que venir únicamente a través de Dios. Yo creo que si nosotros los Cristianos pasáramos tanto tiempo orando por eso, estaríamos mejor, para toda la raza humana.
Y en mi ministerio yo creo que Jesucristo viene y Él visita a la gente con Su Presencia, y la fe de ellos en Su obra terminada, los sana. Yo no tengo nada que ver con la sanidad. Yo no puedo sanar a nadie.
11 Y en mi honesta opinión… Ahora, si hay un hombre aquí que duda esto, yo no quiero solo tener una pequeña discusión con Ud. al respecto, pero yo no creo que haya un hombre en la faz de la tierra que pueda sanarle. Yo creo que la sanidad es de Dios. Y el doctor no sana. La medicina no sana. Solamente le ayuda a la naturaleza. Dios sana.
Usted se quiebra el brazo, el doctor lo coloca, Dios lo sana. Si Ud. tiene apendicitis, el doctor corta la obstrucción, Dios es el que sana. Ninguna medicina puede desarrollar tejido. La naturaleza hace eso, lo que ellos llaman naturaleza, lo cual nosotros sabemos que es vida, lo cual es Dios. Dios es el que sana.
Bueno, ¿qué sucede? Cuando no podemos lograr… El doctor ya no puede hacer más, su medicina no ayuda, y el coloca el hueso, pero no sana. Entonces tenemos que ir con el especialista, el Señor Jesús. Y luego le pedimos a Él y creemos que lo que hemos pedido lo recibimos.
12 Ahora, esto es lo que sucede en la reunión. Y yo soy sin letras y no tengo educación; pero el Señor, cuando yo era solo un pequeño bebé, visitó la cuna donde nací. El mismísimo momento que yo nací, una Luz colgaba sobre el lugar. Mi gente antigua era católica, pero mi padre y madre no iban a ninguna iglesia. Esa Luz estuvo colgando allí, ellos lloraron, no sabían lo que era.
Cuando yo tenía como tres o cuatro, entre tres y cuatro años de edad, Él me habló. Yo estaba en las montañas de Kentucky, dijo: “Tú vivirás cerca de una ciudad llamada New Albany”. Yo viví cuarenta años a tres millas [4.8 Km. Trad.] de esa ciudad; a cientos de millas de distancia.
A través de toda mi vida ha sido un misterio. Él viene y me dice cosas y me muestra cosas. Cuando recién fui ordenado en el ministerio como a los veintiún años de edad, fui ordenado en la Iglesia Bautista Misionera. Y yo estaba muy agradecido con mi iglesia, y aún esta noche con la gente Bautista, una gente maravillosa. Pero la gente Bautista cuando yo les cuento esto, la mayoría de los ministros dirá: “Oh eso… no te metas con eso, Billy. Eso es del diablo”.
13 Y una noche mientras estaba orando para que Dios no lo volviera hacer, el Ángel del Señor —no en visión, ahora— el Ángel del Señor vino y se puso frente a mí y me dijo lo qué era, y me dijo que era una señal de los últimos días, que esto saldría, y dijo lo que yo debía hacer. Y que si yo era reverente, esto otro sería añadido.
Y unas de mis primeras reuniones fueron aquí en Canadá. Y todo lo que Él dijo —tomaré el registro de cualquiera en esta noche— Él nunca ha dicho una palabra equivocada en las miles de diez miles de visiones. ¿Qué es? Jesucristo el mismo de ayer, hoy, y por los siglos. Él dijo: “Yo soy la Vid, vosotros los pámpanos”. Ahora, la vid no lleva el fruto, solamente pone la vida en el pámpano y el pámpano lleva el fruto. Nosotros sabemos eso.
Jesús dijo cuando estuvo aquí en la tierra: “Las obras que Yo hago, vosotros también las haréis. Un poquito y el mundo no Me verá más, empero vosotros Me veréis, porque Yo estaré con vosotros, aún en vosotros, hasta el fin del mundo”. Ahora, el incrédulo ya no lo verá a Él, pero el creyente lo verá a Él en cada edad. Eso lo hace a Él el mismo de ayer, hoy, y por los siglos.
14 ¿Qué clase de obras hizo Él? En San Juan 5:19 Él dijo: “Yo no hago nada hasta que el Padre me lo muestra primero”. Cualquiera sabe eso. “El Padre hasta ahora obra, y Yo también obro”.
Tomemos solo un par de casos de Su Palabra… o de Su ministerio. ¿Acaso reclamó Él ser un sanador? No. Él dijo: “No soy Yo el que hace las obras, es Mi Padre que mora en Mí. Él hace las obras. El Padre Me muestra, y Yo voy y hago lo que Él dice”.
Entonces de acuerdo a Su propia Palabra, Él nunca llevo a cabo un milagro en todo Su ministerio hasta que el Padre le mostraba primero a Él por visión, qué hacer. Ahora, si Él hizo algo entonces Él dijo algo errado en San Juan 5:19, ¿ven? Por lo tanto, Él no podía mentir. Él era Dios.
Así que entonces, hallamos que un día un individuo se convirtió de nombre Natanael… o, Felipe, y él se fue rodeando la montaña aproximadamente treinta millas [48 Km. Trad.] y encontró a su amigo Natanael bajo un árbol orando, dijo: “Ven a ver a Quien hemos hallado, a Jesús de Nazaret, el hijo de José”.
Él dijo: “¿Podrá salir algo bueno de Nazaret?”.
15 Él le dio la mejor respuesta que yo conozco. Él dijo: “Ven y ve”.
Cuando ellos llegaron a donde estaba Jesús (ese era Jesús ayer) ahora, Él miró a través de Su audiencia. Él vio al hombre parado junto a Felipe, Él dijo: “He aquí un Israelita en quien no hay engaño”.
Ahora, él podía haber sido un griego. Él podía haber sido un romano. Pero Él dijo: “Un Israelita en quien no hay engaño”. Eso asombró al judío.
Él dijo: “¿De dónde me conoces, Rabí?”.
Dijo: “Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo del árbol, Yo te vi”. ¿Te vi? ¿Te vi a treinta millas rodeando por detrás de la montaña? ¡Qué ojos! ¿No es así?
Así que, él corrió hacia Él, y cayendo de rodillas, dijo: “Rabí, Tú eres el Hijo de Dios. Tú eres el Rey de Israel”. Ese era un judío. Eso es lo que él pensó con respecto a ese milagro. Ese era el sello de Su Mesianidad.
16 Después un día, Él subió, yendo a Jericó, Él fue por Samaria. El Padre le dijo que subiera por Samaria. Él tenía necesidad de hacerlo. Se sentó junto a un pozo, mandó a Sus discípulos aparte. Una mujer vino a Él. Y Él comenzó a hablar con la mujer. Y Él dijo: “Dame de beber”.
Ella dijo: “No es costumbre que Tú me pidas tal cosa. Nosotros no tenemos trato, los samaritanos y judíos”.
Él dijo: “Pero si tú supieras Quien es el que habla contigo, tú pedirías de Mi de beber”.
Y Él sostuvo la conversación hasta que encontró cuál era su problema, y Él dijo: “Ve, llama a tu marido y ven acá”. Ahora, recuerden que esta es otra nación de gente, no la judía; ellos son samaritanos. Y ahora los judíos, la señal y el sello de Su Mesianidad era diciéndole a Natanael que él era un hombre honesto y le dijo dónde había estado antes de que él llegara a verlo a Él. Ese era un sello de Su Mesianidad.
17 Ahora, observen. Él le dijo a la mujer: “Ve, trae a tu marido y ven acá”. Él había encontrado su problema.
Ella dijo: “No tengo marido”.
Dijo: “Eso es correcto. Cinco tienes, y el que ahora tienes no es tu marido”.
Ella dijo: “Señor…”. Ahora, escuchen esto. Otra nación: “Señor, yo percibo que Tu eres un profeta”. Ella dijo: Sabemos, nosotros los samaritanos, sabemos que cuando el Mesías venga, Él nos dirá estas cosas, pero, ¿quién eres Tú?“.
Él dijo: “Yo soy Él”.
Y ella dejó su cubeta de agua y corrió a la ciudad y dijo: “Venid, ved a un Hombre que me ha dicho las cosas que he hecho. ¿No es este el mismísimo Mesías?”. Si ese fue el sello de Su Mesianidad, en ese día, y Él es el mismo de ayer, hoy, y por los siglos con los gentiles en este día, la gente Occidental, si Él es el mismo, entonces es el mismo sello de Mesianidad. El mismo de ayer, hoy, y por los siglos. Él es un Sumo Sacerdote que puede compadecerse de nuestras debilidades.
Una mujer tocó Sus vestiduras, Él se debilitó. Dijo: “¿Quién me ha tocado?”.
Ellos dijeron: “Nadie te tocó… o, toda la multitud te tocó”.
Y todos ellos lo negaron, pero Él dijo: “Yo me debilité. Virtud salió de Mí, fuerza salió de Mí. Yo me debilité”. Solo con una mujer tocándole. Él miró alrededor sobre la audiencia hasta que la encontró.
Y Él dijo: “Tu fe te ha salvado”.
18 Ahora, ella lo tocó a Él con una forma distinta de tocar. Ahora, escuchen, amigos. Si Él es el mismo Jesús esta noche, no el Antiguo Testamento, sino el Nuevo Testamento dice eso: “Él es un Sumo Sacerdote que puede compadecer de nuestras debilidades”. ¿Cuántos saben eso? Si Él es el mismo de ayer, hoy, y por los siglos Él tiene que contestar de la misma manera, si Él es el mismo de ayer, hoy, y por los siglos.
Crean ahora esto, mientras oramos. Gracias por su amabilidad. Y vamos a tratar de no retenerlos mucho esta noche, y tendremos la línea de oración. Pero todo el tiempo durante la reunión, siendo que este es el cierre de la reunión, de esta serie de servicios de mi parte… el Hermano Caub… Carbol comenzará sus servicios, lo cual ha sido anunciado.
Yo creo que todo esto ha sido la voluntad del Señor. Ese muchacho teniendo que colocar esa carpa aquí afuera, qué cosa tan lodosa le hubiera tocado esta semana. Así que, el Señor le ha provisto un buen lugar para ir y para que se lleve esta misma audiencia para allá, ya alimentada y espiritual, lista para los grandes servicios que van a comenzar allá.
19 Si Ud. está enfermo y necesitado, si no logra entrar en la línea de oración, siente que debería ir allá, yo le digo, le aconsejo que lo haga, atienda la reunión. Yo creo que él es un canadiense de la localidad… ¿No es Ud. un muchacho canadiense? Un muchacho que nació siendo canadiense. Y yo solo lo conozco un poquito, pero en verdad que lo amo como mi hermano. Y tienen una de la mejor música y cantos que haya escuchado. El Señor les bendiga ahora mientras inclinamos nuestros rostros para orar.
Santísimo Dios del Cielo, nos estamos acercando a Ti reverentemente en el Nombre de Tu Hijo amado, el Señor Jesús. Y, oh, cómo te damos las gracias por Su amistad y Su compañerismo mientras estamos sentados en lugares celestiales, disfrutando este bendito compañerismo alrededor de Tu Palabra. Nosotros simplemente amamos esto. Porque está escrito en la Biblia que: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”. Y simplemente amamos festejar en esa Palabra.
20 Y ahora, a medida que abrimos las páginas de Tu santa Escritura, oramos que simplemente Tú vengas directamente a Tu Palabra y la hagas vivir esta noche. “La Palabra es una Semilla”, dijo nuestro Maestro. Y si la semilla cae en la tierra correcta, tiene que producir vida según su género. Y oramos que las promesas de Dios se anclen en los corazones fértiles de fe esta noche y produzca salvación y sanidad para esta audiencia.
Te damos las gracias a Ti por ellos, Padre. Esta es la compra de Tu Sangre, que yo tengo el privilegio de hablarles esta noche. Permíteme hablar aquello que es provechoso y bueno para Tu pueblo, porque estoy seguro que Tú los amas, y yo los amo.
Y oro que Tú me unjas para hablar solo la cuestión, y luego manda Tu Espíritu Santo sobre mí al final de esta reunión, también. Y que grandes señales y maravillas del Jesús resucitado, el sello de Su Mesianidad a esta gente Occidental.
21 El sol se está ocultando, y el profeta dijo: “Habrá luz justo antes de la puesta del sol”. Y será sobre la gente Occidental. Por supuesto no puede estar brillando en el Este al mismo tiempo. Así que, oro que Tú emitas la luz.
Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Y oro que Tú lo mandes sobre nosotros en esta noche mientras esperamos. Lo pedimos en el Nombre del Señor Jesús, Tu Hijo. Amén.
Y a cualquier hora que necesiten un pañuelo o algo ahora, si Uds. no lo reciben esta noche, solo escríbanme: William Branham, Jeffersonville, Indiana, Apdo. Postal 325. No tiene que ser necesariamente así. No se les va a requerir nada o se les pedirá que se comprometan en algo o cualquier… Algunas veces la gente me manda poquito dinero para ayudar a comprar las estampillas. Cuesta aproximadamente, me imagino unos trescientos dólares a la semana de estampillas, así que para ayudar… Pero Uds. no tienen que hacer eso.
22 Y luego los libros, los muchachos los vendieron todos. Ellos han levantado las órdenes, la cual se les será enviada directamente a Uds. Nosotros mismos no los tenemos. Tenemos que hacer el pedido y hacer que ellos se los envíen a Uds.
Ahora, en el libro del Evangelio de San Lucas, el capítulo 2, y comenzando con el versículo 25. Deseo leer solo una porción de Su Palabra. Porque yo sé que la lectura de Su Palabra producirá vida. Mi palabra es la palabra de un hombre. Puede fallar. Esa es la Palabra de Dios, y no puede fallar. Ahora, escuchen la lectura.
Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él.
Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor.
Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley,
Él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo:
Ahora, Señor, despides… a tu siervo en paz, conforme a tu palabra;
Porque han visto mis ojos tu salvación,
La cual… has preparado en presencia de todos los pueblos;
Luz… luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel.
Y José y su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él.
Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha;
Y que el Señor añada de Sus bendiciones a Su Palabra.
23 Ahora, solo por unos quince minutos o veinte, quiero tomar esto como texto: La Guianza Del Espíritu Y Las Anticipaciones y Expectaciones. Sería mejor para mí colocarlo así: Expectaciones y Guianza Del Espíritu.
Yo creo que nosotros simplemente obtenemos lo que esperamos. La gente va a los servicios muchas veces cuando escuchan que algo está sucediendo, van con sus mentes resueltas de que ellos no van a creer ni una palabra de eso. Entonces no hay necesidad de ir. Lo que sea que Ud. espera, eso es lo que va a obtener.
Si Ud. ha venido esta noche esperando encontrar algo en la reunión para poder marcharse y criticarlo, el diablo producirá eso para Ud. Pero si Ud. ha venido con un corazón honesto esperando ver la gloria de Dios, Dios mismo se revelará a Ud. Es solo lo que Ud. espera en la guianza.
24 Ahora, hallamos esta noche aquí en nuestra apertura, los romanos habían capturado a los israelitas y estaban bajo el gobierno el imperio Romano. Y la iglesia se había enfriado. Pero no importa qué tan fría y formal se vuelva la iglesia, Dios siempre ha tenido un remanente de gente en los que Él puede poner Sus manos, que le creen a Él. Siempre los ha tenido. Él siempre los tendrá.
En este tiempo se había reducido mucho. Hasta donde sabemos, allí con Juan el Bautista, Simeón en el templo, Ana la profetiza ciega, solo un puñado que estaba observando y esperando. Pero ellos tenían todo arreglado y tenían muy buenos trabajos como recolectores de impuestos y por el estilo, y estaban sin preocupaciones. Y por cuatro mil años la iglesia había estado esperando por el Mesías prometido.
25 Ahora, estando en Jerusalén en este tiempo, un hombre anciano de nombre Simeón. Y a mí me gusta la manera como la Escritura lo afirma: “El Espíritu Santo estaba sobre él”. En aquel gran día malo, gran día de formalidad e indiferencia, el Espíritu Santo aún podía reposar en un hombre.
Y él era anciano. Ellos les llamaban a esos viejos maestros “sabios”. Un viejo sabio con una buena reputación, y él era bien conocido y bien amado entre la gente. Pero un día cuando él estaba sentado en su cuarto y estaba lleno con el Espíritu, el Espíritu Santo vino sobre él y le dio una revelación.
Dios todavía da revelaciones. Y Dios le dio una revelación y dijo: “Simeón, no verás muerte hasta que veas Mi salvación”. Y Simeón lo creyó. Esa es la parte buena. Cuando el Espíritu Santo revela algo, creámoslo. Porque Él sabe, nosotros no. Yo pudiera ver simplemente a Simeón a medida que se levanta de su estudio, alza sus manos al aire y dice: “Bendito sea Dios por siempre. Yo lo creo”.
26 Ahora, él se fue testificando al respecto. Un hombre que en realidad cree que algo le ha sido revelado, no se avergüenza de testificarlo. Abraham no tuvo miedo, o no se avergonzó (en nuestro mensaje de anoche) de testificar que él iba a tener ese bebé por Sara cuando era totalmente imposible humanamente hablando que sucediera. Y él llamó esas cosas que no eran, como si fuesen. Eso es fe. Y la Biblia dice: “Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció dando gloria a Dios por Su promesa”.
Y Simeón de la misma manera. Cuando el Espíritu Santo le dijo que él iba a ver la salvación de Dios, al Mesías, antes de que él viera muerte, Simeón no tuvo miedo, porque sabía que Dios era capaz de guardar aquello que Él había prometido. La razón por la que él hizo esto: él estaba lleno del Espíritu Santo. Él lo creyó. Era un caso resuelto.
27 Y ahora, pudieran Uds. imaginarse a unos de aquellos jóvenes soldados y jóvenes rabinos con toda su teología en sus cabezas, yendo de un lado a otro y diciendo: “Bueno, me supongo que la edad lo acaba de alcanzar”. Si lo decimos en una expresión callejera: “Él ya tiene un pie en la tumba”. Hemos sido enseñados por la historia que él tenía un poco más de ochenta años de edad. Pero no importa qué tan viejo o qué tan joven, el bendito Espíritu Santo todavía puede dar revelaciones.
Y él no se avergonzaba. Oh, él tenía un gran nombre, pero a él no le importaba su prestigio terrenal. Él escuchaba lo que el Espíritu Santo tenía que decir. Y él iba alrededor diciéndole a todo el mundo: “Saben algo, el Espíritu Santo me reveló que no voy a morir hasta que yo vea la venida del Mesías”. Y esa es una declaración para un hombre de su calibre.
28 Dios nos dé más hombres de alto calibre con esa clase de testimonio. Y algo dentro de él anhelaba y deseaba la hora de poder verlo, y de que fuese hecho manifiesto. Algo en él atestiguaba que eso era la verdad.
Hombres de Dios e hijos de Dios son guiados por el Espíritu de Dios. Como David dijo una vez en los Salmos: “Un abismo llama a otro abismo a la voz de tus cascadas”. Un abismo llamando a otro abismo, y tiene que haber un abismo que responda si hay un abismo llamando.
En otras palabras, antes de que pudiera haber una aleta en el lomo de un pez, tiene que haber primeramente agua para que el use esa aleta, o él no tendría la aleta. Dios no le hubiera dado una aleta si no hubiera agua donde él la pudiera usar. Antes de haber un árbol para que creciera en la tierra, primeramente tenía que haber una tierra, o no hubiera existido el árbol.
29 Hace algún tiempo estaba leyendo en una parte del periódico de un muchachito que siempre en la escuela… la maestra mandó, le dijo a su mami, dijo: “El niñito siempre se come el borrador de los lápices”. Bueno, su madre pensó que tal vez a él solo le gustaba el sabor de la goma. Y un día ella lo encontró afuera al lado del porche comiéndose el caucho del pedal de una bicicleta.
Ella supo que debía andar algo mal con él, así que lo llevó a la clínica. Y los doctores lo examinaron, le hicieron análisis de sangre y demás, hallaron que su cuerpecito anhelaba el azufre. El azufre se encuentra en el caucho. Por lo tanto, como pueden ver, antes de que él pudiera anhelar el azufre, tenía que haber azufre que respondiera ese anhelo. ¿Lo entendieron?
En conclusión: Antes de que pueda haber una creación, tiene que haber un Creador para crear la creación. Y si Ud. tiene hambre y sed del poder sanador de Dios, tiene que haber una fuente abierta en alguna parte. Ciertamente.
30 Si yo le tuviera que preguntar a este grupo de creyentes en esta noche, a cuántos les gustaría tener una experiencia más profunda con Dios, toda mano se levantaría. Bueno, antes de que Uds. puedan desear una experiencia más profunda, hay una experiencia más profunda en algún lado que está creando ese deseo.
Y aquí Uds. han venido en esta noche en sillas de ruedas, en camillas, catres, trayendo a sus enfermos y afligidos. ¿Qué es? Hay algo en Uds. que les dice que hay un Dios que sanará. Y antes de que eso pueda estar en Uds., tiene que haber un Dios que lo pueda crear. Y tiene que haber una fuente abierta en algún lugar que responda a ese llamado que está en Uds. ¡Cuando un abismo llama a otro Abismo!
31 Y cuando Simeón supo que había algo en él que estaba siendo atestiguado por el Espíritu Santo, que el Cristo había de nacer antes de que él muriera, él no se avergonzaba de su testimonio.
Un día hubo alguien con la expectación de ver otra cosa suceder, muy allá en el Este, en tierra de la India. Yo estuve allí hace un par de años, y no ha cambiado ni un poquito desde ese día. Todavía igual de primitivo como lo estuvo. Ellos tenían a los hombres sabios. Y ellos estaban observando las estrellas, porque ellos sabían de Balaam, el profeta, que dijo: “Se levantará Estrella de Jacob”. Y ellos estaban buscando esa estrella. Y sabían de acuerdo a las Escrituras que era justo por ese tiempo que debía acontecer.
32 Oh, ¿pueden ver a dónde estoy tratando de llegar? No pueden entender que los corazones humanos que están acudiendo a estos grandes avivamientos, hay algo en Uds. diciéndoles que hay algo que está a punto de suceder. Está en la víspera. Y toda esta preparación, grandes señales espirituales y despertamientos en el mundo entero, es la venida del Señor. Y la iglesia debería prepararse a sí misma y estar preparada cuando Él venga. Un día ella se va a ir.
Estos hombres sabios estaban esperando que la estrella se levantara. Y de repente ellos la vieron. Y recuerden, ellos vigilaban los tiempos. La manera en la que ellos conocían la hora en la noche, era por las estrellas. Tenían un observatorio en la cima de cada ciudad. Y había un centinela sentado allá arriba, e iban y preguntaban qué hora era, él les decía por medio del movimiento de las estrellas. Ahora, esa estrella atravesó naciones enteras, sobre cada ciudad, y cada astrónomo mirando los cielos, y ninguno de ellos la vio sino aquellos quienes la estaban buscando. Ciertamente.
Las personas vienen a la reunión, ven al precioso Señor Jesús y cada poder que usó cuando estuvo Él aquí, se mueve en la gente. Unos de ellos dicen: “Yo no veo eso”. No es de extrañar, Uds. no están con la expectación de verlo. Pero si Uds. están anhelando, y amando, y dispuestos, y con expectaciones, Dios está aquí para revelarse Él mismo a Uds.
33 Y pasó por encima, y el resto de ellos nunca lo vieron. Y cuando Jesús nació en Belén de Judea, no fue un gran atractivo, a como el mundo lo llamaría. Y así que unos cuantos pastores corrieron a la ciudad de Belén diciendo que unos Ángeles habían estado de visita, y, por supuesto, para recibir una carcajada de crítica y una burla del portero de la ciudad y de los otros.
Eso es lo que uno recibe el día de hoy, lo mismo, porque la gente está espiritualmente ciega. Jesús dijo que lo estarían. Y Su Palabra no puede ser quebrantada.
Y a medida que ellos entraban… Ahora, las noticias en aquel entonces no corrían… o, no se desplazaban como hoy en día. Tenemos la televisión y la prensa y… Y si la hubieran tenido, hubieran sido las mismas cosas críticas que se dicen hoy, se hubieran dicho entonces. Pero después de ocho días después que Ese pequeñito había nacido… Solo volteemos nuestros rostros por unos minutos a un drama, para que estas niñitas y niños que están sentados aquí al frente y alrededor puedan captar el cuadro de ello.
34 Digamos que es lunes por la mañana. Y la costumbre judía es: cuando una mujer da a luz un bebé, después de ocho días, los varones tienen que ser circuncidados. Y ella tiene que ofrecer una ofrenda por su purificación. Y la gente rica puede traer un cordero. La ofrenda del campesino era de dos tórtolas. Ahora, había como dos millones de judíos en Jerusalén en el tiempo del nacimiento de Cristo. Por lo tanto pueden imaginarse cuántos bebés, bebés varones, nacían durante la noche.
Ahora, es lunes por la mañana, y hay muchos alrededor del templo. Lejos por un lado, puedo ver una fila de madres por todo el camino a través del piso principal, sosteniendo sus pequeños bebés, ocho días de nacidos. Y por la línea puedo ver a finas damitas sosteniendo un pequeño cordero por la cadenita o con algo en su cuello. Sus pequeños bebés bien bonitos todos con tejidos, con cobijitas rosas, y botitas, y las chiquitas azules y demás, a medida que todas las madres con sus pequeños, simplemente charlando y hablando al respecto, todos esperando que su sacrificio fuese ofrecido, y la circuncisión de sus bebés.
Y prestemos atención muy allá abajo: Yo veo a una muchachita, no más de dieciséis, diecisiete años de edad. Y ella está sosteniendo en su brazo un pequeño bebé. Y todos están manteniendo su distancia de ella. El bebé está envuelto en pañales, no en tejidos. ¡Oh, este mundo de dura cerviz! No en tejidos, pero en pañales. ¿Saben lo que eran esos pañales? Es lo que tomaban del lomo de un buey de yunta cuando está arando.
35 Y el Príncipe de Paz fue envuelto en pañales. El Creador de los cielos y la tierra, vino aquí sin un lugar decente para nacer y fue puesto en un pesebre. Y Su querida madrecita…. Pues esas mujeres decían: “Mantengan su distancia de ella. Ella se comprometió con un hombre viejo con cuatro hijos y ella tuvo a este bebé y no se había casado todavía. No se asocien con algo como eso”.
Eso me recuerda a los presumidos, así llamados Cristianos profesantes de hoy que no quieren asociarse con un hombre o con una mujer que ha nacido de nuevo del Espíritu de Dios. Ellos les llaman santos-rodadores, fanáticos.
36 Pero María, a medida que sostenía a ese pequeño bebé en su brazo, sin importar lo que ellos dijeran, ella sabía de quién era el Hijo. Hermano, hermana, no hay hombre o mujer aquí que alguna vez el Espíritu Santo haya venido sobre ellos en el nuevo nacimiento, que no sepa lo que hay en su corazón. Dejen que ellos los llamen lo que quieran, pero Ud. sabe lo que está acunando.
Así que, ellos mantenían su distancia. Y a medida que avanzaba la línea, ella se movió rápidamente con su pequeño bebé, tocando su pequeña barbilla haciéndolo balbucear y reír, Uds. saben, sin dientes. Y, oh, son tan adorables. Mi pequeño José, (mis niñitas pensaron que él era tan adorable, que lo mordían para hacerlo llorar para así poder ver que él no tenía dientes. Eso lo llevó a él a morder).
37 Entonces, ella miró al pequeñito. Ahora, observemos. Si Dios le hizo una promesa a Simeón de que vería al Mesías, Dios está obligado a mostrarle a Simeón el Mesías. Y qué tan poco esos sacerdotes y gente que pasaba y que continuaba con sus ceremonias religiosas, qué tan poco sabían que el Príncipe de Paz estaba en el templo.
Y como he dicho eso sería así en casi cualquier nación en el mundo esta noche. El Príncipe de Paz puede entrar a la ciudad y hacer cosas, y a la gente le importa muy poco. Ellos no lo entienden. No lo están esperando. Lo están colocando en alguna parte en el gran Milenio cuando estás cosas se harán. Ya habrá acontecido y concluido, y Uds. serán dejados. No busquen algo diferente. Nosotros estamos aquí como Jesús el mismo de ayer, hoy, y por los siglos. Ahora estamos… Ahora, somos hijos de Dios. No que seremos; ahora lo somos.
38 Noten. Muy allá atrás en el estudio, yo puedo ver a un hombre anciano de cabello gris, probablemente con unos cuantos cabellos grises colgando por debajo de su punto de calvicie, los bigotes colgando como así. Y él está levantando un rollo. Y él lee en Isaías donde dice: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros. Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre Él; y por su llaga fuimos nosotros curados”.
Luego él vuelve a leer: “Un niño nos es nacido, Hijo nos es dado; y se llamará Su nombre Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”. De repente algo sucedió. Dijo, el Espíritu Santo dijo: “Simeón, ponte de pie”.
“Sí, mi Señor”. Él se levantó. “¿Qué es esto? Ese es el Espíritu Santo que me ha hablado. ¿Qué está sucediendo?”.
“Ponte de pie, Simeón. Comienza a caminar”.
“¿A dónde debo ir?”.
“¡Solo sigue caminando!”.
39 ¡Oh, amo eso, porque Él lo hace de esa manera! Si Él dice “camina”, camine. No importa a dónde vaya. Y comienza a caminar. Aquí viene, guiado por el Espíritu. Sale a donde está la gente, yéndose por entre la gente. Después de un rato el Espíritu Santo lo guía hacia esta línea. Aquí viene por esta línea de mujeres, y en cuanto llegó ante esta muchachita ridícula que criticaban, el Espíritu Santo dijo: “¡Detente, Simeón!”.
Simeón se fijó, pudo haber visto la misma Luz que Juan vio. A prisa se acercó a la damita, quitándole el bebé de sus brazos, y dijo: “Ahora, Señor, despides a Tu siervo en paz, conforme a Tu Palabra; porque han visto mis ojos Tu salvación”. Oh, vaya. Cristo en Su templo, reconocido por solo dos o tres. Seguro, Él vino a Su templo. Dios estaba en Su santo templo, y la gente no lo sabía. Pero aquellos que lo estaban esperando, lo vieron.
Ahora, había una mujer anciana ciega que se llamaba Ana. Ella se sentaba al lado del poste de la puerta. Tenía setenta y tantos años, y el espíritu de profecía estaba sobre ella. Ella era considerada una profetiza. No dejaba el templo ni de día ni de noche, pero servía al Señor. Y estaba esperando la consolación de Israel. ¿Ven? Ella estaba esperando algo.
40 Y aquellos que esperan… Es por lo que pienso que están Uds. aquí esta noche. Las cosas que la congregación de Edmonton de Cristianos ha esperado, yo creo, Dios mismo se va a revelar a ellos esta noche, porque Uds. lo han estado esperando.
Y ella esperaba ver… o, conocer cuando la consolación viniera a Israel. Y el Espíritu Santo le habló a ella. Y esa mujer ciega, casi de ochenta años (yo creo), se levantó en el Espíritu, y se fue moviendo entre la gente, ciega, caminando alrededor a través de la gente, guiada por el Espíritu Santo, movida por el poder de Dios. Y se fue merodeando alrededor, esta mujer anciana ciega, por entre la gente hasta que ella vino (no podía ver sus manos frente a ella), y se paró justo ante el pequeño bebé y bendijo a Dios por Él. Dios pudo guiar entonces a una mujer ciega al Mesías, Él puede guiar a una mujer ciega al Mesías ahora. Somos guiados por el Espíritu de Dios. Guianza espiritual.
41 Si Uds. dispensan el testimonio por un momento. Algo me viene a la mente en este momento. Un día venía de Dallas, Texas, y entramos en una tormenta, y el avión se vio forzado a aterrizar en Memphis, Tennessee. Y nos dijeron que la tormenta estaría la mayor parte de la noche, que ellos nos llamarían a la mañana siguiente. Y nos pusieron en un gran y famoso hotel, el Hotel Peabody. Y yo ni sabía cómo comportarme en él. Subimos, nos acostamos. Escribí unas cartas.
Y a la mañana siguiente, nos llamaron, y él dijo que la limusina nos recogería a las siete en punto… [Espacio en blanco en la cinta]…. en la calle. Y de repente, Algo dijo: “Detente un minuto”. Uds. saben de lo que estoy hablando. “Detente solo un minuto”. Bueno, yo pensé que eso solo era… que solo lo había pensado. Seguí caminando. Crucé una calle, y un gran policía irlandés me miró porque me crucé estando la luz roja. Y así que entonces, llegué como hasta… estaba mirando en una tienda de esta manera.
Y yo tenía estas cartas en mi bolsillo para el correo, y me fijé y allí estaba un buzón postal en la esquina, así que envié las cartas por correo. Y Algo dijo: “Solo sigue caminando”.
Bueno, yo pensé: “Debiera regresar”. Así que empecé a irme por este lado, y yo no podía seguir. ¿Alguna vez han tenido esa sensación?
42 Y comencé de nuevo, yo no podía hacerlo. Así que, me di la vuelta y me fui caminando por esta dirección. Algo dijo: “Solo sigue caminando”. Así que seguí adelante, caminando. Cuando de repente, llegué al lado de una parte del río del lugar. Me encontré en un pequeño distrito de gente de color, un montón de pequeñas casitas pobres. Oh, el sol estaba muy alto. Miré mi reloj. Pues, ya eran las siete y media, y yo bien me encontraba a unas dos millas [3.2. Km. Trad.] del hotel. Pero algo seguía diciendo: “Camina”.
Y yo comencé a cantar ese pequeño canto que Uds. gente pentecostal canta: “Hay gente casi en todas partes, cuyos corazones están todos encendidos. El fuego que cayó en Pentecostés, que los purificó y los hizo limpios; Oh, está ahora ardiendo en mi corazón, ¡Oh, gloria a Su Nombre! Tan contento de poder decir que soy uno de ellos”. Uds. conocen ese canto. Y los acabo de escuchar cantándolo y yo lo estaba tarareando.
Y miré hacia una pequeña choza, y recargada en el cerco estaba una anciana Tía Jemima muy típica. Ella traía una camisa de hombre amarrada alrededor de su cabeza, con grandes mejillas gordas. Bueno, yo estaba como a unas cuarenta yardas [36 m. Trad.] de ella. Y yo estaba tarareando ese canto, y solo dejé de tararearlo, pasé por allí, sin saber… Oh, era una mañana hermosa. Después de la tormenta, las rosas, y las madreselvas, la fragancia simplemente irrumpía en el aire. Y yo estaba cantando en el Espíritu a medida que avanzaba.
43 Y esta mujer anciana de color, cuando yo pasé, dijo: “¡Buenos días, pastor!”. Ahora, un ministro en el Sur es un pastor.
Me volteé y la miré a ella, le dije: “¡Buenos días, Tía!”. Y las lágrimas corrían por esas grandes mejillas negras y gordas, y ella como que se estaba riendo. Yo dije: “¿Cómo sabía Ud. que yo era un pastor?”.
Ella dijo: “Yo sabía que Ud. iba a venir”.
Y yo dije: “¿Cómo supo Ud. eso, Tía?”.
Y ella dijo: “¿Ha leído Ud. en la Biblia el relato de la mujer sunamita?”.
Yo dije: “Sí, señora, lo he leído”.
Ella dijo: “Yo era esa clase de mujer. No tuve hijos”. Dijo: “Yo era una lavandera”. Y ella dijo: “Yo le prometí al Señor que si Él me daba un hijo, yo lo criaría para Su gloria”. Y ella dijo: “He sido una Cristiana desde que yo era una niña pequeña”.
Ella parecía estar a fines de sus cincuenta o sesentas. Y ella dijo: “El Señor me dio un buen muchacho”. Ella dijo: “Y pastor, él se metió entre malas compañías, y se contagió de una mala enfermedad (sífilis) y ya está en su sangre, el hombre doctor dijo. Y que no había nada que se pudiera hacer por él”.
44 Y dijo: “Él está en el cuarto muriendo”. Dijo: “El hombre-doctor se fue anteayer. Él estaba inconsciente. Dijo que no volverá a recobrar el conocimiento”. Ella dijo: “Pastor, yo simplemente no puedo soportar ver a mi bebé morir en esa condición”.
Dijo: “Yo le oré al Señor toda la noche de anteayer, y la noche de ayer, y como a las dos en punto de esta mañana”, dijo: “Yo me dormí. Y soñé que estaba hablando con el Señor. Yo dije: Señor, Tú me diste el bebé igual como se lo diste a la mujer sunamita, pero, ¿en dónde está ese Eliseo?”.
45 Y dijo: “El Señor me dijo Mira, y yo vi a un hombre viniendo, usando un traje café claro y un pequeño sombrero café claro”. Y dijo: “Era Ud., pastor. Y he estado parada aquí en esta cerca desde antes del amanecer esperando a que Ud. llegara”. Dios trabaja en ambos extremos de la línea.
Yo dije: “Tía, mi nombre es Branham. ¿Alguna vez ha escuchado de mí?”.
Ella dijo: “No, señor, Pastor Branham, nunca he oído de usted”.
Dije: “Yo oro por los enfermos”.
“No, señor. Yo nunca he oído de usted”.
Y ella no estaba interesada con respecto a la oración por los enfermos. Ella no quería que su hijo muriera en esa condición. Por lo tanto, yo entré, tenía una cadena vieja colgando en la puerta con una punta de arado como peso para cerrar la puerta, una cabañita vieja blanqueada, con tablillas y tiras de madera en los lados. Dudo que alguien aquí sepa lo que es eso o no.
46 Pero cuando yo entré a esa casa, sin alfombra en el piso, una vieja camita de hierro, y un gran muchacho enorme negro acostado allí como de unas ciento ochenta libras [81 Kg. Trad.] medía cerca de seis pies [1.83. m. Trad.]. Yo miré alrededor de esa vieja casa, una estufita vieja colocada allí, una de esas pequeñas estufas de leña, y un letrero al lado de la pared diciendo: “Dios bendiga nuestro hogar”.
Yo he estado en palacios de reyes. He estado en el palacio del Rey de Inglaterra, el Rey Jorge, el finado Rey Jorge. Estuve en un palacio con Gustavo de Suecia, siempre bienvenido. Y en el palacio de Kruger en Sudáfrica, y en muchas otras partes, y he sido bienvenido, pero nunca me sentí más bienvenido como me sentí en esa pequeña choza de Negro en esa mañana, porque Dios estaba allí.
Y yo prefiero tener un pequeño hogar como ese con “Dios bendiga nuestro hogar”, al lado que tener el mejor hogar que hay en Edmonton con fotografías vulgares por todas partes y demás. Eso es correcto.
47 Y a medida que yo entraba, este gran muchacho estaba acostado allí, tenía la cobija en su mano, haciendo: “Hmm-hmm”.
Y yo dije: “Buenos días, señor”.
Ella dijo: “Pastor, él no ha dicho ni una palabra y no ha sabido nada por tres días. Él se está muriendo”.
Y yo la miré a ella. Ella dijo: “¿Vamos a orar?”. Y nos arrodillamos en el piso.
Él dijo: “Hmm-hmm”.
Yo pensé: “Ese pobre individuo”. Y yo toqué sus pies, estaban tan tiesos y helados como podían estarlo. Yo dije: “Él está muy enfermo”. Dije: “¿Qué está el murmurando?”.
48 Dijo: “Él está diciendo: Está oscuro aquí”. Dijo: “Lleva tres días diciendo eso. Y dice que él piensa que está afuera en un océano, perdido. Y él está en un pequeño barco, y piensa que está remando este barco. Y él está perdido en la oscuridad, y está gritando”. Ella dijo…
Lágrimas rodando por su rostro, ella dijo: “Pastor, yo simplemente no puedo ver a mi bebé morir en esa condición”.
Yo dije: “Oremos, Tía”. Nos arrodillamos. Yo dije: “Usted ore”.
Y ella dijo… comenzó a orar. Y, ¡oh, hermano, hablando de orar! Esa anciana mujer negra entregó una oración a Dios que haría llorar al corazón más duro. Yo me quedé allí y solo bañándome en la hermosura de Dios mientras ella estaba orando. Ella se enjugó sus grandes ojos, dijo: “Ahora, ¿va a orar Ud., Pastor?”.
Coloqué mi mano sobre sus pies. Yo dije: “Señor, yo no sé porqué fui guiado hasta aquí, pero tal vez este es el lugar. No puedo entenderlo, pero oro que Tú ayudes a esta pobre querida santa Tuya quien se mantuvo fielmente”. Su espalda estaba mojada del rocío de donde se quedó parada durante la noche, muy temprano en la mañana. Y yo dije: “Ayúdala y perdónale la vida a este pobre muchacho”.
49 Y apenas yo había dicho tanto así de la oración, hasta que dijo: “¡Oh, mami!”. Yo me detuve. Ella dijo: “Sí, querido bebé, ¿qué quiere el bebé de mami?”. Eso muestra amor. Aunque él avergonzaba su hogar, aunque él se estaba muriendo en pecado y desgracia con una enfermedad venérea, aún el amor de esa madre todavía lo consideraba como su bebé.
Luego piensen en la gracia de Dios. “¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho? Sí, ella pudiera. Pero Yo no puedo olvidarte. Tus nombres están esculpidos en las palmas de Mis manos”.
Y mientras me mantuve allí por un momento. Él dijo: “¡Oh, mami!”. Ella comenzó a besarlo. Dijo: “¿Qué quiere el bebé de mami?”.
Dijo: “Mami, ya empieza a haber luz en el cuarto”. En menos de cinco minutos, ese muchacho grande estaba sentado a un lado de la cama, dando gloria a Dios.
50 Me fui rápidamente al avión, tomé un taxi, y cuando llegué allá dos horas y algo retrasado, apenas estaban haciendo el último llamado. Si de hablar de la gracia soberana se trata. La fe de esa mujer ignorante de color aterrizó ese avión y lo detuvo allí. ¡Vaya! Cuando pienso en esas cosas y las tantas que he visto, pienso: “¡Cuán rico, cuán puro, cuán insondable y fuerte es el amor de Dios para con una insignificante, ignorante mujer de color!”. Pero sus oraciones aterrizaron ese avión y lo mantuvieron allí, y me envió a mí hasta allá para orar por ese muchacho.
Como un año después, yo iba de viaje por tren a Phoenix. Tan pronto uno entra a Memphis, uno entra a la estación así, yo me detuve. Los emparedados en el tren eran demasiado caros para mí, como treinta, cuarenta centavos cada uno. Yo obtengo una hamburguesa por quince. Así que, me bajé del tren. Comencé a correr para arriba para comprar una hamburguesa mientras el tren esperaba, y un maleterito llegó corriendo y dijo: “¡Hola, Pastor Branham!”.
Yo dije: “¿Cómo le va?”.
Dijo: “¿No me conoce?”.
Yo dije: “Yo creo que no, hijo”.
Él dijo: “¿Se acuerda de aquella mañana cuando Ud. vino a mi casa, y yo me estaba muriendo?”.
Yo dije: “”¡Ud. no es él!“
Dijo: “Sí, Pastor Branham, yo estoy sano y ahora soy Cristiano”.
51 Hermano, el Espíritu de Dios guía si Uds. están esperando que Él lo haga. Igual de grande esta noche como Él lo era entonces y lo será por siempre. Oremos. Desearía poder cantar en este momento. Me gustaría cantar ese canto: “¡Oh, amor de Dios, cuán rico y puro es!”. Dios no hace acepción de personas. Cuán pobre, cuán ignorante, eso no interesa. Si Uds. está esperándolo a Él, Dios guiará hacia Ud…. o, lo guiará a Ud. a Él.
Padre, oro en el Nombre de Cristo. Mientras estamos clausurando este gran avivamiento en esta noche, he anhelado diez años venir aquí. En una ocasión venía, y una tormenta de nieve me lo impidió y no era en la estación. Toda la semana he estado con la expectación de ver que suceda algo.
Pudiera ser que ya haya sucedido. ¿Cómo puedo saber si unos de estos jóvenes que han sido salvos, o mujeres, no serán misioneros, o ministros que llevarán el Evangelio a las cuatro esquinas de la tierra? ¿Cómo sé si unos de estos testimonios no están repercutiendo sobre la gente, otros que están enfermos y afligidos? Yo he hecho todo como sé hacerlo. Oro que esta noche sea esa gran hora que yo he estado esperando.
52 Bendice a los que están aquí, Padre, que aún no se han rendido a Cristo. Aquellos que Tú has escogido y que has tocado muchas veces su corazón, yo oro que esta noche ellos te reciban, así como han sido guiados por el Espíritu Santo a este lugar esta noche, quizá dándoles su última prueba esta noche. Pudieran haber ancianos, jóvenes, alguien aquí que Tú llevas mucho tiempo llamando y que él pueda recibir su último llamado ahora mismo. Escucha, Padre, lo ruego por medio del Nombre de Cristo.
53 Mientras tenemos nuestros rostros inclinados. ¿Hay un grupo de gente aquí esta noche que no conoce a Jesús? Uds. se unieron a la iglesia quizás, y quizás Uds. no se han unido a la iglesia.
[Espacio en blanco en la cinta.] Y nosotros sabemos que Tú has puesto su nombre en el Libro de la Vida en este momento. Ellos son Tuyos. Y oro que Tú los guardes en Tu gracia. Si ellos están enfermos, sánalos. Tú viste sus manos levantándose. Tú conoces aún cada pensamiento que está en sus corazones. Tú dijiste que el Espíritu de Dios es cortante, y más penetrante que toda espada de dos filos, y discierne los pensamientos de la mente. Hebreos 4.
Y yo oro, Padre Dios, que Tú los bendigas abundantemente, y que después de este servicio esta noche, que ellos puedan encontrar un buen pastor piadoso aquí, y que vayan a él. O, ya sea, esta semana entrante y digan: “Pastor, yo fui salva. Yo amo al Señor. Quiero unirme en el compañerismo aquí con el resto de los Cristianos. Deseo ser bautizada”. Concédelo, Padre.
Te los encomiendo a Ti, creyendo que Tú me permitirás verlos otra vez, tal vez en esta vida; si no es así, en la vida que está por venir. Te los paso a Ti, Padre. Y Tú se los das a Tu Hijo como regalos de amor. Nadie los puede arrebatar de Su mano. Oramos por ellos que Tú puedas guardarlos felices y saludables. En el Nombre de Jesús yo oro. Amén.
Llamando el día de hoy (Esto es…)
[Espacio en blanco en la cinta]
Llamando el día de hoy
Jesús os está llamando,
Él está llamando tiernamente hoy.
¿No aman adorar al Dios del Cielo de esta manera? Dulcemente, quietamente. Me pregunto si pudiéramos inclinar nuestras cabezas, y levantar nuestras manos. Todos juntos ahora, adoren. El mensaje ha terminado. Solamente vamos a adorarlo a Él. Cántenlo otra vez ahora.
Llamando el día de hoy,
Llamando el día de hoy,
Jesús está llamando.
Él está llamando tiernamente hoy.
54 En la quietud mientras la música está sonando, solo tomen la mano de un Cristiano sentado a su lado, diga: “Dios le bendiga, hermano, hermana”. Todo alrededor, por todas partes, solo en compañerismo de adoración ahora. El Espíritu Santo está aquí, ¿ven? Estamos unánimes. “Dios le bendiga, amigo Cristiano. Yo soy Metodista. Ud. es Bautista, Presbiteriano, lo que usted sea. Dios le bendiga”. Eso está bien. Todos. Solo para tener compañerismo. Compañerismo Divino. ¡Oh, qué bendita dulce comunión, Jesús amigo mío es!
¿No se sienten simplemente bien? ¿Cuántos sienten la Presencia del Señor? Simplemente restregados, tan frescos. Seguro, Su Palabra sale. Él está aquí, Él está presente. Cantemos ese canto: “En los brazos de mi Salvador”. Vengan, todos.
… compañerismo, qué gozo tan divino,
En los brazos de mi Salvador;
Oh, qué gran bendición en Su paz me da
En los brazos de mi Salvador,
Libre, salvo,
Del pecado y del temor,
Libre, salvo,
En los brazos de mi Salvador.
¡Oh, eso es maravilloso! [Espacio en blanco en la cinta]. Muy bien. Si Ud. no tiene una tarjeta de oración, no tiene que tener una tarjeta de oración. Esta gente en esta línea, eso no significa que van a ser sanados. No, señor. Si ellos no tienen fe, nunca van a ser sanados. Cristo, si Él estuviera parado aquí con este traje puesto que Él me dio, y Ud. viniera a Él y dijera: “Señor Jesús, ¿podrías sanarme?”.
Él diría: “Yo ya lo hice”.
¿Cuántos saben que eso es Escritural? Ciertamente. Sanidad Divina está en tiempo pasado. ¿Cuántos fueron salvos hace un año? Levanten su mano. [Espacio en blanco] Sean reverentes. Ahora, será dicho si yo estoy diciendo la verdad o si soy falso.
55 ¿Ama Ud. al Señor Jesús? ¿Cree Ud. en Él con todo su corazón? ¿Me cree a mí como Su siervo, que Él me envió, y que lo que yo he dicho de Él es verdad? Lo cree. Si Dios me revela lo que está mal con Ud. o lo que Ud. quiere de Dios, ¿lo aceptará a Él como dándole a Ud. lo que quiere? Que el Señor Dios lo conceda, es mi sincera oración.
Ud. se da cuenta que algo está sucediendo. Si la gente aún puede escuchar mi voz, entre esta mujer joven aquí y yo, está esa Luz parada, moviéndose quietamente hacia ella. Ella se da cuenta que es Algo mucho más que un hombre en cuya presencia se encuentra. Veo a la damita muy nerviosa en extremo. Y ella sufre con alguna clase de dolores de cabeza todo el tiempo, porque tiene un problema femenino, un problema de damas, que la está molestando. Eso es “ASÍ DICE EL SEÑOR”. ¿Es eso verdad o falso? ¿Es verdad? [Espacio en blanco en la cinta].
Lo que está aquí, amigos. ¿Qué piensan Uds. qué es? Hay Algo sobrenatural. ¿Qué es? ¿Creen que es el Hijo de Dios? Si es así, entonces pueden tener lo que han pedido. Si lo creen con todo su corazón.
56 Ahora, acabo de hablar un momento con la muchacha. Ella se da cuenta que algo está sucediendo. Qué si yo hablo con ella solo un poquito más, siendo que ella es la primer paciente. Yo no sé lo que Él le dijo ahora. Pero permítanme hablar con ella otra vez por solo un momento, solo para que Uds. lo puedan ver simplemente… lo infalible del Espíritu Santo. Veo… Yo acabo de contactar su espíritu otra vez.
Lo que yo dije, ese no fui yo. Ud. se da cuenta de eso. Yo no pude haber dicho eso. Ahora, ya no está sobre usted ahora, un sentir muy dulce y humilde. Si eso es correcto, levante su mano. Simplemente algo que Ud. nunca había sentido antes. Ahora, Él va a hablar otra vez. Yo veo que se está asentando alrededor de la dama. Sí, yo la veo… Es, ella tiene un problema de damas, un desorden femenino. Es grave, un lugar con un absceso.
Y la dama está orando por alguien más también: su hermano. Él no está aquí, pero es una víctima de polio. Y Ud. es Cristiana, y va a una iglesia, y Ud. es Bautista por denominación. Eso es: “ASÍ DICE EL SEÑOR”. Ud. ya está sanada, hermana. Así que, puede bajar de la plataforma felizmente, dándole gracias a Dios.
57 Si puedes creer, todas las cosas son posibles.
Ahora, sean muy reverentes. Solo tan reverentes como puedan. Esperen en el Señor. Me supongo que Ud. y yo somos desconocidos el uno para el otro, señor. No nos conocemos el uno al otro. Ahora, el primer caso fue una mujer, como la mujer junto al pozo. Aquí está un caso parecido como cuando Felipe fue por Natanael y lo trajo de regreso. Nunca antes nos hemos conocido, pero Cristo lo conoce a Ud.
58 Ahora, si Cristo me revela algo que está mal con Ud., si es que Ud. está enfermo, o algo que Ud. ha hecho, o algo como Él lo hizo en la Biblia, Ud. sabrá si eso es cierto o no. Entonces, ¿creerá Ud. que Él es el Jesús resucitado, y la luz está brillando en los países del Occidente sobre los gentiles en este día? Eso será con ambos hombre y mujer.
Si la gente aún puede escuchar mi voz, el hombre se está yendo de mí. Y yo veo que lo están metiendo a un cuarto con doctores, y es una operación por una condición del pulmón. Y ellos removieron un pulmón o una parte del pulmón, canceroso. Y todavía sigue molestándolo. Ud. es de esta ciudad también. El número de su casa es el 11933 en la Calle 49. [El hombre dice: “Eso es correcto”.] Ud. es… su nombre es Rudolph Stepkin. Algo como eso. Eso es correcto. “ASÍ DICE EL SEÑOR”. Oremos.
Señor Jesús, Hijo de Dios, te pedimos por misericordia Divina para este querido hermano moribundo. Que la muerte pueda cambiar a vida para la gloria de Dios. Lo pedimos en el Nombre de Jesús. Y Tú dijiste las últimas palabras a medida que dejabas la tierra: “Estas señales seguirán a los que creen; si ponen las manos sobre los enfermos, ellos sanarán”. Esa es Tu promesa, Padre, lo pido en el Nombre de Jesús. Amén. Dios le bendiga.
59 Somos desconocidos el uno para el otro. Es su garganta. La dama sentada allí mismo tiene un problema en la garganta, un problema de amígdalas. Si puede creer, eso es correcto. Hay un espíritu jalando entre las dos. Ese diablo le está gritando a ese otro pidiéndole ayuda para tratar de hacer que la duda comience en la iglesia. Hay una línea negra entre las dos. Pero el problema de Ud. es de amígdalas, y el de Ud. es de cáncer. ¿Cree Ud.? Ud. no es de esta región. Ud. es de Saskatchewan, un lugar como Lloydminster. Su nombre es la Srita. Hess.
Oh, eterno y bendito Padre, reprendemos al diablo que está atando a nuestra hermana. Él pudiera esconderse del doctor, pero no puede esconderse de Dios. Sal de ella; te lo ordenamos por el Dios viviente que te apartes de la mujer. Amén.
Vaya a casa y sea sana, hermana. [“¿Debería ir a ver un doctor?”] Está bien. Que él la dé de alta. Créalo con todo su corazón. Muy bien, hermana.
60 Mire, Ud., señor, sentado restregándose los ojos. Lo golpeó tanto, que ese problema en la nariz que Ud. tenía, lo dejó también. Eso es lo que Ud. tenía, ¿no es así? Levante su mano. ¿Qué fue lo qué tocó Ud.? Ud. tocó al Sumo Sacerdote que puede compadecerse de sus enfermedades.
¡Oh, bendito sea el Nombre del Señor! Lo que me resulta más extraño: la gente que ha nacido de nuevo que ha reclamado haberlo tocado, besado la copa de las bendiciones de Dios y puede mantener su paz cuando el Espíritu Santo, la vida de Dios se está moviendo en la iglesia. Eso siempre me ha dejado perplejo.
61 Damita, yo no la conozco. Somos desconocidos el uno para el otro. ¿No es así? Eso es correcto. Si Dios me revela cuál es su problema, ¿aceptará a Jesús como su sanador? Su problema está en sus ojos. Ud. se está quedando ciega. Se están poniendo más opacos todo el tiempo, y pareciera como que estarse cambiando los lentes no sirviera de nada. Ahora, Ud. trae lentes sobre sus ojos, y la audiencia pudiera pensar: “Bueno, seguro que son sus ojos, porque ella está usando lentes”. Entonces míreme solo un minuto y créame que soy el siervo de Dios y tal vez Él me dirá algo más para Ud.
Sí, por lo que está Ud. orando ahora es por su esposo. Él está en una institución psiquiátrica. Eso es correcto. Ahora, no tenga miedo, hermana. Ud. no está tanto en la presencia del Hermano Branham, es la Presencia de Jesucristo. Llévele ese pañuelo a él. Póngalo sobre él. Y que Jesucristo lo haga volver en sí y a casa con Ud., para que vivan una vida feliz juntos.
Señor Dios, cielos y tierra Tú creaste. Por favor cambia la escena y sánalos, Señor, para Tu gloria. En el Nombre de Jesús yo oro. Amén. Dios le bendiga. Llévele ese pañuelo a él.
62 No se muevan por favor, por favor. Hay gente orando por todas partes. Mi palabra está en juego, ¿ven? porque yo los reté a que lo hicieran. Y Uds. saben lo que acontece. Cada espíritu, cuando alguien se está moviendo, eso interrumpe al resto de ellos, todos ven a este, y eso los desconcentra. Seamos muy reverentes. Estamos ahora en la iglesia.
Algo sucedió aquí mismo, y yo no lo vi. Pero solo un momento. Sigan orando. La dama, me supongo, siendo un desconocido, ¿lo somos el uno para el otro? Si el Señor Jesucristo me revela el motivo por el cual está Ud. aquí, ¿lo aceptará a Él como siendo su sanador? ¿Para cualquier cosa que esté Ud. necesitando? ¿La audiencia lo hará igualmente? “En boca de dos o tres testigos, sea establecida toda palabra”.
63 La dama está sufriendo con una condición extrema de nerviosismo, y con tiroides que la hace tener sobrepeso. Y es por eso que ella quiere que se ore. Eso es exactamente la verdad. Que ella sea el juez. Ahora, el Señor Jesús… ¿Es eso lo que Él hizo cuando estuvo aquí en la tierra? ¿Cuántos saben que eso es la Biblia? Uds. lo saben si alguna vez han leído la Biblia. ¿Fue eso lo que Él hizo para probar Su Mesianidad a ambos, judíos y a todo el resto de la gente?
Bueno, este es el fin del tiempo. El profeta dijo que el sol se levantaría en el Este. Sería un día oscuro, ni día ni noche, pero en la tarde, el sol volvería a brillar. ¿Es eso correcto? Habría luz en el tiempo de la tarde. Esta es la luz de la que Él habló. La luz es Cristo. Él es la luz del mundo. Él está brillando… Él brilló en la gente del Este en el principio en Pentecostés. Ellos tenían la misma cosa, y ellos reconocieron que estos pescadores ignorantes, que ellos habían estado con Jesús porque hicieron las obras de Jesús.
64 Y en el mundo Occidental después que la edad de la iglesia y denominación, está cesando y muriendo, gracias sean dadas a Dios por eso. Pero estamos ahora entrando a la verdadera edad. Y Cristo está brillando Sus bendiciones para la gente una vez más.
Tal vez Ud. no quiera creerme porque yo no soy un obispo o algún cardenal, pero Dios no siempre usa obispos y cardenales. Algunas veces Él usa a pescadores y por el estilo. Para así Él tomar nada y declarar algo. Si yo fuera un cardenal Uds. pudieran pensar que yo sería lo suficiente inteligente como para tener alguna clase de psicología o algo. Pero yo no soy un cardenal; yo soy su hermano.
Veamos. Él ya le dijo lo que Ud. quería, ¿es así? ¿Fue por qué? Veamos de nuevo. Es una condición nerviosa y sobrepeso, por lo que Ud. está orando. Y Ud. tiene un corazón quebrantado por algo. Y es por un sobrinito suyo, y él está afligido. Sobre… Es un niñito de unos diez años. Y Ud. está más interesada en sus padres porque ellos no son salvos, y Ud. está orando por ellos. “ASÍ DICE EL SEÑOR”. Dios le bendiga, dama. Siga su camino y crea y sea sanada.
¿Creen Uds.?
65 ¿Cómo está, señor? Me imagino que Ud. y yo somos desconocidos el uno para el otro. [El Hermano le habla al Hermano Branham aparte]. El hombre dice que hace diez años en este mismo lugar yo oré por él por una filtración de la válvula cardíaca, y Dios lo sanó.
Justo cuando iba entrando, se les dijo esta tarde a los muchachos, de un hombre aquí de Phoenix, Arizona, que estaba sentado arriba en el balcón de las grabaciones en el Jardín Madison Square, y él tenía un caso severo de diabetes. Y mientras yo estaba ministrando en el Jardín Madison Square, el Espíritu Santo, mientras su esposa estaba orando por él, lo llamó estando allá arriba en la oficina de grabación, y el fue sanado de una seria diabetes. ¿Está ese hombre presente ahora en el edificio? Aquí mismo está él. Ese es el hombre allí mismo. Los muchachos me estaban contando al respecto.
66 ¿Ven cómo lo hace Dios? Ud. dice: “¿Qué pudiera hacerlo?”. Los fariseos pudieron haber dicho que Él era Belcebú porque Él conocía los pensamientos de su corazón, pero ellos no podían entender que aquello que Él decía llegaba a suceder. Eso es lo que prueba que es la verdad.
Ahora, filtración en la válvula cardíaca. Ahora, algo más está mal. Y si Dios pudo sanar la filtración de la válvula cardíaca, Él puede sanar lo que esté mal ahora. Si el Señor me lo revela ahora, cuál es ahora su problema, ¿lo aceptará y lo creerá? Con todo su corazón. Es un problema de próstata, en la cual han operado, y no sirvió de nada. Sus próstatas están ahora mismo inflamadas. Ud. está pasando un tiempo terrible con ellas, levantándose en la noche y por el estilo. Eso es verdad. Dios Quien sanó su válvula, puede sanar sus glándulas. ¿Crees tú esto? Entonces deme su mano.
Oh eterno y bendito Dios, en el Nombre de Jesús Tu Hijo, dale a este hombre su liberación. Porque lo pido en el Nombre de Jesucristo. Amén.
Sean reverentes. Crean.
67 Sigo viendo sangre goteando. Tal vez era el hombre que pasó de… No. De Phoenix. Es el hombre que está sentado aquí mismo mirándome. Él está orando por su esposa. Ud. es de Swift Current. Ella tiene diabetes, ¿no es así?
Y Ud. estaba sentado allá orando: “Oh, Dios, que se me manifieste esta noche. Si ese hombre es verdad, que él me diga lo que tiene mi esposa”. Eso es cierto. Ella tiene diabetes, ¿no es así? Levante su mano si esas palabras son verdad. Que pueda irse a casa y encontrar exactamente de la manera que Ud. lo ha creído. Amén.
Solo crea. Eso es todo lo que se necesita. Si puedes creer.
68 La damita tenía el rostro inclinado, sentada allí, con flores en el sombrero: una Luz sobre Ud. Si puede creer con todo su corazón, Ud. sufre con un problema en la pierna, problema en las piernas, en su espalda, y en el hígado. Eso es correcto, damita, sentada allí con flores en su sombrero, que tenía su rostro inclinado orando. Si eso es correcto, levante su mano. Esta dama que está aquí mismo. Muy bien. Puede irse a casa y ser sanada. Jesucristo la sana.
¿Qué de los que están allá? ¿Lo creen Uds.? Aquí está sentado un hombre mirándome. Con una apariencia tan agradable, parece que tiene fe. Yo no lo conozco, señor. ¿Me cree que soy el profeta… siervo de Dios? ¿Lo cree? Este hombrecito con la corbata arcoíris puesta, o con una imagen en ella. Yo soy un desconocido para Ud., ¿verdad? Si eso es cierto, levante su mano.
Ud. sufre con una ruptura. Ud. quiere que el Señor lo sane, ¿no es así? Si eso es correcto, levante su mano. Esa es su hija sentada al lado allí. ¿Cierto? ¿Qué piensa sobre esto, damita? ¿Lo cree Ud. con todo su corazón? ¿Ud. quiere que Dios le sane los ojos, no es así? Si eso es correcto, levante su mano. Esa es la esposa sentada al lado de nuevo. ¿Cree Ud., me cree que soy el profeta de Dios? Ud. está sufriendo con piedras biliares. Si eso es cierto levante su mano.
69 ¡¿Quién más cree en el Señor?! Amén.
Aquí está un hombre sentado de este lado, acaba de levantar la mano, sentado al final, trae lentes puestos. Sus ojos le están fallando, sentado aquí atrás por aquí con cabello canoso. Eso es cierto. El hombre que está sentado a su lado tiene problema cardíaco. El quiere ser sanado del problema cardíaco. Eso es correcto, ¿no es así, señor? Levante su mano. Uds. pónganse la mano uno sobre el otro, los dos hombres. Dios les bendiga ahora. Que el Señor Jesús condene al diablo.
¡Yo reto la fe de Uds. en el Nombre de Cristo! Uds. pudieran pensar que estoy fuera de mí mismo. Estoy débil, pero no estoy fuera de mí mismo. Yo sé en Quien he creído. Y yo sé que Él está diciendo la verdad. Él está vindicándolo ser la verdad.
70 ¿Quiere superar esa diabetes, y ser sanado? ¿Cree que Dios le sanará de la diabetes? ¿Cuántos más allá…? Permítanme mostrarles el Espíritu del Señor. ¿Cuántos de los que están allá tienen diabetes? Pónganse de pie. Párense aquí un minuto. Venga para acá, señor. Pónganse de pie, toda persona en el edificio que tiene diabetes. Yo quiero mostrarles la Presencia del Señor. ¿Quieren ser sanados?
Señor, ¿quiere que Dios lo sane de ese problema estomacal? Todos los que tienen problema estomacal, pónganse de pie. Párense de este lado aquí. Solo tengan fe en Dios. Reumatismo, artritis. Todos los que tienen artritis y si pueden, pónganse de pie, que quieren ser sanados de artritis. Todos a bendecir al Señor.
71 Cáncer. Eso es correcto. Todos los que tienen cáncer, pónganse de pie, en cualquier parte. Yo simplemente no puedo llamarlos lo suficientemente rápido. Uds. son demasiados. Solo sigan poniéndose de pie por un minuto. Uds. van a ver la gloria de Dios en un minuto.
Venga. Tiene problema del corazón, y aparte de eso, Ud. necesita a Cristo. Ud. ha estado queriendo deshacerse de algo: una condición alcohólica. Eso es correcto. ¿Aceptará a Jesús como su Salvador? Todo pecador, póngase de pie. Amén.
Los reto, cada alcohólico póngase de pie.
Cada persona nerviosa póngase de pie. Venga para acá solo un minuto. El Dios de la eternidad, el Dios del Cielo, retando.
72 Hombres y mujeres, miren estando parados por aquí. Esa es la razón que no puedo llamar a todos. Hay simplemente demasiados de Uds. Pero Él está aquí, y Él los conoce. Si Él puede sanar a estos, Él puede sanarlos a Uds. ¡Oh, bendito sea el Nombre del Señor! Cualquier otro que esté enfermo, póngase de pie solo un minuto, de cualquier enfermedad. Esta es la hora. Si Uds. me creen que soy el profeta de Dios, sobre este edificio parece como una Luz circulando por todas partes. Es la Presencia del Señor. Levantemos nuestras manos. Uds. que están aquí, cada uno.
Oh, Dios, Creador de los cielos y la tierra, Autor de la Vida eterna, Dador de todo buen don, manda de Tus bendiciones sobre esta gente ahora. Y yo sé que solamente hay una cosa que pudiera impedir que cada persona aquí sea sanada, y eso sería incredulidad. Y oh, Dios, yo ofrezco esta oración como una oración de fe. Yo reto al diablo, en el Nombre de Jesucristo, que él se vaya de este edificio y de esta gente.
Satanás, estás expuesto. Tú ya no estás fanfarroneando a esta gente. Ellos creen en Dios, y yo estoy orando por todos ellos esta oración de fe. Vete. Yo te conjuro por medio del Dios viviente, que te apartes de este edificio. Tú has sido expuesto durante toda la semana, y ya no puedes retenerlos por más tiempo. Sal fuera, en el Nombre del Señor Jesucristo.
Levanten sus manos y denle la gloria a Dios, y cada uno de Uds. puede ser sanado en este…
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