S.519 57-1208  Yo Estoy a La Puerta y Llamo 

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OBRAS DEL MENSAJE

Yo Estoy a La Puerta y Llamo

Jeffersonville, Indiana, E.U.A.

57-1208

1 Y Él nos salva de pecado. Y ahora solo vamos a leer un texto corto y hablarles por unos momentos de la Palabra de Dios. Porque, después de todo, esa es la parte toda suficiente, la Palabra. “La fe viene por el oír, el oír de la Palabra de Dios”.

2 Ahora, inclinemos nuestros rostros un momento antes de abrir Su Palabra.

3 Gran y bondadoso Señor, estamos felices esta mañana por el privilegio que tenemos de pararnos en Tu Presencia, con la mirada puesta en Ti, y llamarte nuestro Padre. Al recordar en nuestras Escrituras, que Tú has dicho: “Orad así: ‘Padre nuestro que estás en los Cielos’”. Saber que somos completamente impuros; “Nacimos en pecado, formados en maldad y vinimos al mundo hablando mentiras”. Y tan miserables como lo somos, y sin embargo, por la Sangre de Tu Hijo, el Señor Jesús, por la gracia inmerecida que se nos ha dado, tenemos el privilegio de levantar la mirada y decir: “Padre”. ¡Oh, cuanto Te agradecemos por esto!

4 Y hoy Te pedimos, Señor, que escudriñes nuestros corazones mientras adoramos. Venimos aquí sin ningún otro propósito que el de adorarte a Ti. Y poder ver, en este gran día que estamos viviendo ahora, cuando aparentemente todo ha fallado. Pero hay una cosa segura que nunca puede fallar, y es Jesús. Porque Él nos dijo cuando estaba en la tierra que: “Los cielos y la tierra pasarán, pero Mis Palabras nunca fallarán”. ¡Qué seguridad la que tenemos entonces, de descansar el destino Eterno de nuestra alma en Su Palabra!

5 Y ahora, Ella nos ha sido dada en la forma de un Libro llamado la Biblia, sabiendo que Ella fue escrita por el Espíritu Santo y solo puede ser interpretada por el Espíritu Santo; que Él venga ahora sobre esta Palabra escrita, y hable por medio de labios mortales, a oídos mortales, y dé el entendimiento Eterno. Concédelo, Padre, que pueda conmover nuestros corazones, para amarlo a Él más. Y para tener una mejor comunión con Él, para llevarnos a una comunión entrañable.

6 Entonces, quisiéramos pedirte esta mañana, Señor, por los muchos enfermos y necesitados aquí en la iglesia y por todo el territorio. Que recibamos los beneficios de las aflicciones de Su cuerpo sobre el nuestro hoy; porque está escrito que: “Él herido fue por nuestras rebeliones, por Su llaga fuimos nosotros curados”. Y como David de antaño clamó: “Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es Quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias”. Concede hoy, Señor, que en esta adoración, que cada persona aquí que tiene necesidad de alguna de estas cosas, la salvación para su alma o la sanidad para su cuerpo, que podamos obtener los beneficios de este gran sacrificio supremo hoy.

7 Nos encomendamos a Ti ahora, Señor. Y oramos que hables por medio nuestro, y escuches por medio de nosotros, y respondas a la oración. Porque lo pedimos en el Nombre de Tu bendito Hijo, el Señor Jesús, nuestro Salvador. Amén.

8 Hay tantas cosas buenas en la Palabra de Dios, que se dificulta para cualquier persona escoger una cierta Escritura. Cuando estoy leyendo la Palabra, digo: “Esto suena tan bien, que voy a subrayarlo. Y luego cuando vaya al próximo servicio, voy a predicar sobre este tema”. Y me quedaré sentado unos momentos, y escucharé al Espíritu mientras habla. Entonces no pasa más que un ratito, cuando ya estoy leyendo un poco más adelante, y encuentro algo que suena aún mejor. Y subrayo eso, y digo: “Esto es de lo que voy a hablar cuando vaya a la iglesia la próxima vez”. Y al—al darme cuenta, mi Biblia ya está marcada con ciertas cosas sobre qué hablar cuando vaya a la iglesia.

9 Así de bueno es el Señor, y cuán preciosa es Su Palabra para Sus santos. Y qué gran privilegio tenemos hoy, en esta hora, cuando aparentemente toda esperanza ha desaparecido, pero aún así, encontrar un fundamento sólido y seguro, que es la Palabra.

10 Eso estaba en mi corazón hace unos días, cuando le dije al Hermano Neville, o le avisé, por medio de nuestra Hermana Wood, que iba a hablar esta mañana sobre: La Escritura en la pared. Fue un mensaje que el Señor me dio en un tren, regresando de California. Pero en el mensaje, era tan impactante, viendo la hora, al punto que dejaba a las personas… viendo las grandes cosas, hasta de este moderno sputnik del que Uds. oyen tanto, siendo revelado en la Palabra de Dios. Y ver la hora en la que estamos viviendo, no queda duda de que estamos en el fin. Y luego dejar a las personas en esa condición, sin traer otro Mensaje para continuarlo, para dar esperanzas a la Iglesia, entonces deja a las personas como preguntándose, y les causa nervios.

11 Así que, pensé que esperaría hasta el próximo domingo, al regresar, y entonces hablaré sobre: La Escritura en la pared, el domingo por la mañana. Y entonces el domingo por la noche, hablaré sobre: “El arrebatamiento de la Iglesia antes de la Tribulación”. Y, por tanto, si estas cosas están tan cerca, entonces el Rapto está más cerca que eso, si la Iglesia se va a la Tri-… antes de la Tribulación. Así que, estoy seguro que Uds. entienden que así es.

12 Ahora quiero leer del Libro de Apocalipsis, en el capítulo 3, concerniente a la iglesia de este día. Y el versículo 14, voy a leer, comenzando. Apocalipsis 3:14. Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: Yo conozco tus obras,…ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío o caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra tu vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

13 Ahora de ese versículo 20 es de donde quiero tomar el texto, para ver si Dios nos da un contexto: Yo estoy a la puerta y llamo.

14 Este Mensaje completo que acabamos de leer esta mañana, son las Palabras de Cristo Mismo, después de Su resurrección, hablando a la última edad de la iglesia. Según entendemos, había siete iglesias en ese día, las siete iglesias de Asia. Cada una de ellas tenía un ángel, y esos ángeles fueron enviados para guiar a estas iglesias a través de la edad. Y ahora estamos terminando la última edad de la iglesia, Laodicea.

15 Y es muy inusual ver lo impactante que es este asunto esta mañana, cómo se relaciona con esta iglesia de este día, al ver las condiciones de los tibios, y la indiferencia en la iglesia; y cómo es que ellos dicen que: “¡Oh, estamos en el gran programa! Estamos construyendo una iglesia de un millón de dólares. Y nuestra iglesia está prosperando. Tenemos más miembros que nunca. Nuestro pastor está mejor pagado. Y estamos mejor, en general”. ¡Si ese no es el discurso del día!

16 Pero aun así la Biblia dice: “Tú estas desnudo, pobre, miserable, ciego”.

17 Solo piense: una persona desnuda, pobre, miserable, ciega, y no lo sabe. Ahora, si lo supiera, él trataría de mejorarse. Él se daría prisa a salir de la calle para hallar ropa. Él trataría de mejorarse. Pero si él está en esa condición y no lo sabe, ¡qué cosa más horrible! Ahora, y viendo todo esto… Ese no es mi texto.

18 Jesús dijo: “Yo estoy a la puerta y llamo. Y si algún hombre abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él Conmigo”. ¡Qué invitación para un—un pueblo que vive en este día! Al presenciar estas escenas horribles que estamos viendo ahora! Y con semejante invitación tan gloriosa: “Yo estaré en la puerta y llamaré. Y si algún hombre oyera, y abriera, entraré a él, y cenaré con él, y él Conmigo”. ¡Qué comunión! ¡Qué privilegio! ¡Qué compañerismo! ¡Parado en la puerta, llamando!

19 Cuando el gran artista… no recuerdo su nombre en este momento; pintó el cuadro de Jesús llamando a la puerta. Cualquier cuadro, antes que pueda llegar a ser un cuadro famoso, tiene que pasar por el salón de los críticos, las—las personas que son artistas famosos que critican el cuadro. Ellos encuentran todos los defectos que tiene. Y después de que este cuadro famoso prácticamente pasó por el salón de los críticos, se le preguntó al hombre que trajo el cuadro. Un crítico dijo: “Solo hay una cosa que puedo encontrar en su cuadro”. Él dijo: “Ud. olvidó poner la manilla en la puerta”.

20 Y el pintor dijo: “¡Oh, no! Ud. no ha entendido. Si la manilla estuviera por fuera, Él levantaría la manilla y entraría. Pero la manilla está por dentro; la persona que está dentro debe levantar la manilla”.

21 Y así es. Jesús, con toda Su misericordia y toda Su compasión, sin embargo, Ud. es quien lo dejará entrar a Él o lo mantendrá fuera. Ud. tiene la manilla de su lado.

22 ¿Para qué llamaría un hombre a la puerta de otro hombre? ¿Cuál sería la razón? Pues, para entrar. Él quiere entrar. Él quiere, él tiene algo de lo que quiere hablar, o algo para mostrarle a Ud., cuando alguien llama a su puerta. [El Hermano Branham golpea el púlpito cuatro veces.—Ed.] Ellos quieren entrar, o tener un poco de compañerismo, o hablar de algo con Ud. Esa es la razón por la que Jesús llama a la puerta.

23 ¿Pueden imaginarse, a través de las edades, las muchas llamadas que han llegado a las personas a sus puertas? Volvamos atrás por unos momentos.

24 Pensemos en el gran César Augusto en los días del imperio romano. ¿Qué hubiera pasado si un soldado de infantería hubiera estado viviendo en una pequeña cabaña en algún lugar, y César Augusto hubiera venido de su palacio, y hubiera bajado a la pequeña cabaña donde vivía su criado, y hubiera llamado a la puerta? ¡Qué emoción habría sido para ese criado! Pues, el gran emperador de Roma estaba a su puerta, queriendo hablar con él. ¡Oh!, él habría estado feliz. Abriría la puerta y se postraría sobre su rostro, y diría: “Gran emperador, pase a mi humilde morada. Y todo lo que Ud. vea que desee, es suyo”. Seguro que él habría estado encantado de haber tenido el—el privilegio de atender al emperador de Roma en su día.

25 ¡Qué privilegio habría sido para un campesino, en los días de Adolfo Hitler en Alemania, el Líder de Alemania! Si él hubiera ido a la casa de un hombre pobre, y hubiera llamado a la puerta, y el hombre hubiera ido a la puerta y hubiera levantado la cortina y mirado. Y el Líder de Alemania, el gran Hitler, parado a su puerta; el gobernante, el dictador de Alemania. Él habría dicho: “Bueno, no soy digno de que un hombre así llame a mi puerta. ¿Me quiere decir que Hitler quiere hablar conmigo, un campesino?”.

26 Pues, él abriría la puerta de golpe y caería sobre su rostro y diría: “Hitler, pase a mi casa. Claro. Todo lo que hay aquí es suyo, gran Líder de Alemania”. Seguro, él habría estado feliz de haberlo hecho. No solo eso, sino que se habría sentido honrado de hacerlo, de pensar que Hitler hubiera venido a su puerta.

27 Y Ud. tiene que considerar la importancia de la persona que llama a su puerta. Eso influye en el asunto. Si fuera un mendigo, Ud. podría tener derecho a cerrar la puerta, o a no ir a la puerta; si no tuviera nada que darle y Ud. se sintiera mal con el mendigo. Pero si él fuera una persona importante…

28 Yo diría hoy, si—si el Presidente Dwight Eisenhower, viniera aquí a Jeffersonville hoy, y llamara a la puerta de cualquier buen demócrata, Ud. se sentiría muy honrado de ir a la puerta y darle la bienvenida al Presidente Eisenhower. Aunque difiera con él en política, Ud. ciertamente apreciaría que él llamara a su puerta. ¿Por qué razón? Él es el Presidente de los Estados Unidos. Es un hombre de gran importancia. Y aunque Ud. difiera con él en política, sería un honor para cualquier demócrata, en esta ciudad o en cualquier otra ciudad, recibir al Presidente Dwight Eisenhower, por su importancia como Presidente de los Estados Unidos. Él es un gran hombre, un hombre honorable, y tiene una posición honorable.

29 Recientemente, desde Inglaterra, vino la reina. Ella fue a Canadá. Visitó todo Canadá. Luego vino a los Estados Unidos. Y no habría una persona en los Estados Unidos que no estaría feliz si esa reina los visitara.

30 ¿Qué habría pensado Ud. esta mañana, si la Reina de Inglaterra, aunque Ud. no es uno de sus súbditos, Ud. es un súbdito americano, pero a pesar de eso, ¿qué si ella viniera y llamara a su puerta? Y Ud. viera a sus criadas, y demás, de pie allí. Y ella dijera: “Yo soy la Reina de Inglaterra. Vengo a visitarle”. ¡Qué honor el que sería, por su importancia! Ella es la reina. Y una de las más grandes reinas del mundo es la Reina de Inglaterra; sin embargo, ella no tiene poder en esta nación. Pero como ella es importante, Ud. estaría feliz de dejarla entrar. Yo estaría feliz de dejarla entrar, de saber que tuve el privilegio y el honor de recibir a la Reina de Inglaterra.

31 Pero, ¡oh, Jesús se para a la puerta y llama, y nosotros Lo dejamos afuera! No abrimos la puerta. Solo Le dejamos llamar. ¿Y quién es más importante que Jesús? Díganme qué persona es más importante que Él. Y aquí Él dice: “Yo estoy a la puerta y llamo; si algún hombre abre, Yo entraré”.

32 Si Ud. tuviera a todos los Césares, a todos los Hitler, a todos los grandes hombres y mujeres del mundo parados frente a su puerta, nunca tendría uno, reuniéndolos todos, en nada se compararía con Aquel que está parado a la puerta, diariamente, y llama a su corazón: el Señor Jesús. Él quiere entrar. Él quiere hablarle, Ud. es uno de Sus súbditos. Ud. fue hecho a Su imagen. Ud. es un ser humano que está hecho a la imagen de Dios y Él anhela hablar con Ud. Él no solo va al grande, al famoso. Él viene al pobre y al necesitado; “Si alguno oyere Mi Voz, y abre la puerta, Yo entraré y hablaré con él”.

33 Solo piense en lo que eso significa esta mañana: El Rey de la Gloria; el gran YO SOY. Aquel Quien estaba en la zarza ardiente. [Cinta en blanco.—Ed.] Aquel Quién separó las aguas en el Mar Rojo, para que los hijos de Israel pasaran. O Aquel Quien habló y el sol se detuvo. Aquel Quien formó la luna y las estrellas, y las puso en sus órbitas, para que brillaran. Aquel Quien dijo: “¡Lázaro, ven fuera!” y un hombre muerto cuatro días en el sepulcro, volvió a la vida. ¡Piénselo! Aquel Quien entró en el foso de los leones con Daniel, y lo protegió de los leones. Aquel Quien entró en el horno de fuego, con los jóvenes hebreos, y abanicó el fuego de ellos. Aquel Quien se puso de pie y dijo: “Yo soy la resurrección y la Vida. El que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá. Todo aquel que vive y cree en Mí, no morirá”.

34 Él está a la puerta de una humanidad caída, llamando e intentando entrar en el alma. [El Hermano Branham golpea en el púlpito varias veces.—Ed.] Y hemos rechazado a esa gran Persona importante.

35 ¡Oh!, Ud. me dice entonces: “Hermano Branham, no estoy de acuerdo con Ud. en esto, porque yo ya Lo dejé entrar”.

36 Pues, eso está muy bien. Estoy muy contento que Ud. lo haya hecho, dejarlo entrar a Él. Pero, entonces, ¿sabe qué? Parece ser que después que Ud. Lo dejó entrar por la puerta, Ud. tiene un montón de pequeños—de pequeños apartamentos en su corazón. Y Ud. le da la bienvenida a Él en la puerta: “Solo párese aquí, pero no mire por toda mi casa”.

37 ¿Podría Ud. imaginarse diciéndole al Líder que podía entrar, pero que no podía mirar dentro de la casa? “Bueno, Líder, Ud. puede pararse aquí en la puerta, Sr. Hitler, pero no mire en este armario. No mire por aquí. Yo tengo algunos secretitos que no quiero que conozca”.

38 Esa es la manera en que a veces nosotros, quienes nos llamamos Cristianos, tratamos a Jesús. “Puedes entrar. Sí, yo creo que Tú eres el Hijo de Dios, pero no te metas en mis asuntos”. ¿Ven? Esa es la línea de peligro. Ud. tiene pequeños lugares en su corazón, puertecitas que dan entrada a pequeños armarios secretos en su corazón. Los Cristianos las tienen. Y muchos que dejan entrar a Jesús, no quieren dejar que Jesús obre Su voluntad. Él no es bienvenido en realidad.

39 Si yo vengo a su casa y Ud. me da la bienvenida, yo me siento como si fuera su hermano. Y puedo ir donde quiera, si realmente soy bienvenido, si yo fuera a su casa. Yo siento que si Ud. dice: “Bienvenido”, que eso significa que soy bienvenido en cualquier lugar de la casa. Yo pasaría directamente. Si quiero acostarme un rato, iré a la habitación. Y si quiero comer un rato, iré a la cocina. Me sentiría como si yo fuera bienvenido.

40 Y qué pasaría si Ud. viene a mi casa, o yo a la suya, y Ud. dice: “Bueno, Ud. puede pararse aquí, pero no se atreva a abrir esa puerta. ¿No entre aquí?”. Yo no sería muy bienvenido.

41 Pues, así es hoy con las personas que se llaman Cristianas. Ud. dice: “¡Oh!, yo pertenezco a la iglesia”. Eso es bueno. Pero vean, la razón por la que hay tanto problema en la iglesia, la razón por la que hay tanta confusión en la iglesia, tanto descontento en la iglesia, no es debido a que Jesús no esté allí, es debido a que Jesús no puede entrar en los lugares a los que Él quiere ir. Nosotros tenemos esos pequeños compartimentos y decimos: “¡Oh!, no, no toques eso. Ahora Tú puedes entrar, pero, ¡oh!, hasta allí nomás. Me uniré a la iglesia, pero, por lo demás, déjeme manejar mis asuntos”.

42 Jesús quiere ser el gobernante supremo de su ser. Y la única manera en que Él puede bendecirle es cuando Él llega a ser su Señor. Señor significa: “Gobierno, propietario”. ¿Quién lo hizo a Ud.? Jesús. ¿Quién tiene derecho a cada lugar en su corazón? El Creador. No tenga secretos delante de Él. Abra su corazón.

43 Ahora hablemos, solo por un momento o dos, sobre algunas de estas puertecitas.

44 Una de ellas es la puertecita del egoísmo. ¡Oh!, hallamos mucho de eso en el corazón del que profesa ser Cristiano. Egoísmo, ¡oh!, Ud.… Yo… “Es para mí y para mi grupo. Mientras esté en mi denominación, está bien. Pero si está fuera, si no es una iglesia bautista, o no es mi presbiteriana, o mi pentecostal, si está fuera de las asambleas, o demás, no sirve”.

45 Entonces, ¿ven Uds.?, Cristo no puede tener el gobierno. Él no puede ser el Señor. Si Él es el Señor, Él es el gobernante.

46 Si Ud. dice: “Bueno, yo—yo quiero que Él haga una cierta cosa por mí, pero si eso es… si yo puedo sacar provecho de eso. Yo iré a la iglesia si eso hará que las personas en mi comunidad piensen mejor de mí”. Pero Ud. no abrirá esta puertecita. “Yo lo aceptaré a Él, pero no lo dejaré entrar en este pequeño lugar, porque yo he sido así desde que era un niño, y siento que estoy un poquito por encima de esa clase de personas. Yo dejaré entrar a Jesús, pero no iré a una de esas pobres misioncitas, a uno de esos lugares donde todos gritan: ‘Amén’ y ‘Gloria a Dios’ y ‘Aleluya’. Yo lo dejaré entrar a Él, pero yo no—no iré a eso”. Él no es su Señor.

47 “Mis ovejas oyen Mi Voz”. Entonces Él es su Señor. Él es el gobernante.

48 “Yo lo dejaré entrar a Él, si me aceptan en la mejor iglesia de la ciudad”.

49 No me importa si me ponen… si yo quisiera entrar a la granja. Donde sea que Él quiera que vaya, yo quisiera ir, siempre y cuando Él me esté llamando. Yo Lo dejaré entrar sobre la base de que Él es mi Señor. Lo que Él quiera hacer, deje que Él lo haga.

50 Hay otra puertita llamada orgullo. ¡Oh, qué horribles pequeños demonios negros están anclados en ese corazón con orgullo, pensando que Ud. es mejor que los demás! “Pues, yo no enviaría a mis hijos allá. Ellos no se visten bien. La gente que asiste allá no es de mi categoría”.

51 Si Cristo es Señor en su corazón, todos somos de una categoría por causa de un solo Espíritu. Todos somos bautizados en un solo Cuerpo. El orgullo, se siente un poco… Es un pequeño complejo que Ud. tiene. ¡Oh!, Ud. no quiere que Jesús toque eso, porque rebajaría su posición social en la comunidad. Yo prefiero rebajar mi posición social en la comunidad, que borrar mi nombre del Libro de la Vida del Cordero. Pero ellos no Lo dejarán entrar. Ese miserable orgullo lo mantiene a Él afuera.

52 “¡Oh!, Jesús, sí, me uniré a la iglesia. Yo Te aceptaré, pero, ¡oh!, no mires en este armario. Pues, Te puedes sentar en una silla junto a la puerta, pero no Te dejare entrar en este armario”. Entonces Él no puede ser su Señor. Él tiene que tener acceso a cada cuarto en la casa, cada compartimiento, todas las cositas secretas de la vida. Él tiene que tener acceso a cada parte de ella, entonces Él llega a ser el Señor.

53 ¿Para qué quiere Él entrar a su corazón? Es para ser su Señor. Él está llamando a la puerta para ser su Salvador. Y si Ud. mantiene egoísmo, y orgullo, y malicia, y todas estas cosas en su corazón, Él no puede ser Señor. Aunque Ud. acepte que Él entre, Él no puede ser Señor. Cuando Él es Señor, Él es Señor de todo. Y para eso Él está llamando. [El Hermano Branham golpea el púlpito cuatro veces.—Ed.] “¡Oh, Señor!”, dice Ud. Deje que Él entre.

54 “Yo quiero entrar y cenar”. Cenar significa “compañerismo”. Cuando Ud. tiene compañerismo, uno con el otro, como que el—el Señor y Ud. son amigos. Son socios, y lo que es suyo, también es de Él. Lo que es de Él, entonces, también es de Ud. ¿Ven Uds.?, Él llega a ser Ud. para que Ud. pueda llegar a ser Él, y todo está en común.

55 Luego hay otra puertita en el corazón, de la que me gustaría hablar en esta mañana, y esa puertita es la puerta de la fe. Muchos Cristianos que lo profesan no quieren abrir esa puerta de la fe. Ahora Ud. dice: “Señor, puedes entrar. Así es. Pero yo no creo que toda la Biblia sea correcta. Yo aceptaré lo que dice mi iglesia, pero no aceptaré el resto”. ¿Cómo podrá el Señor llegar a bendecirlo entonces? ¿Cómo puede Él ser su Señor y sanador, si Él no puede abrir la puerta de la fe de su corazón? Si Él puede entrar y Ud. le da la bienvenida, Él abrirá esa puerta. Y Él entrará en esa fe suya, y cenará con Ud., en la puerta de la fe.

56 ¡Oh, yo quiero darle a Él la bienvenida esta mañana, a mi corazón, a cada cuarto, a todo lo que soy! Yo quiero darle a Él la bienvenida en cada puerta. Abrirla de par en par, y pararme allí y besar la copa de las bendiciones con Él, en la puerta, y decir: “Sí, Señor, todo lo que soy, y todo lo que tengo, todo es Tuyo. Parémonos en esta puerta, Señor, y tengamos comunión el uno con el otro. Tengamos comunión en la puerta de la fe, Señor. Tengamos comunión en la puerta del orgullo, Señor. Tengamos comunión en la puerta del egoísmo, Señor. Quítalo todo de mí, Señor”. ¡Fe!

57 ¡Oh!, Ud. dice: “Me uniré a la iglesia, pero yo creo que los días de los milagros han pasado”. Entonces Ud. se niega a dejar que el Señor entre por la puerta de la fe y se manifieste a Sí Mismo a Ud. “¡Oh!, sí”, Ud. dice: “Pero, Hermano Branham, yo soy un Cristiano”. Yo lo sé, cariño, que eres un Cristiano, y yo aprecio eso, al aceptar al Señor, pero estarás viviendo por debajo de tu privilegio. Estás manteniendo tu puerta cerrada. Ud. está corriendo de un poste a otro y demás, porque Ud. no cree.

58 Ud. tiene que abrir esa puerta de la fe, y dejar que Él entre, entonces Él le dará el deseo de su corazón. “El que espera en Jehová tendrá nueva fuerza. Ellos se levantarán como águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”. “Si permanecéis en Mí, y Mis Palabras en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será dado”. ¡Oh! “De cierto os digo que si dijeres a este monte: ‘Quítate’”, y en el léxico griego original dice: “‘Levántate y échate en el mar’, y creéis que está siendo hecho”. ¡Oh, vaya! “Creed que está siendo hecho; tendréis lo que decís”. Seguro.

59 ¡Oh!, no tiene que ser al instante. No tiene que ser así. Seguro que no. Pero siempre y cuando Ud. lo crea. Allí es donde los Cristianos fracasan hoy.

60 La Biblia dice: “La fe es la certeza de lo que se espera; es la convicción de lo que no se ve”. Entonces, ¿qué le dice Ud. a eso entonces? Bueno, no es un mito; no es un pensamiento; no es una esperanza; no es un deseo. “Es una certeza”. En realidad es algo que Ud. posee.

61 Por ejemplo, yo voy donde Ud. y le digo: “Tengo hambre. Necesito un poco de pan”. Y Ud. dice: “¿Qué necesita? ¿Cuánto dinero necesita?”.

62 “Necesito veinticinco centavos para comprar una barra de pan. Tengo hambre”.

63 Y Ud. dice: “Aquí están los veinticinco centavos”. Ahora, veinticinco centavos es el poder para adquirir la barra de pan. Y mientras yo tenga los veinticinco centavos, lo tengo. Es una certeza. Puedo estar igual de contento, parado aquí con los veinticinco centavos, y la barra de pan en la calle Spring.

64 ¡Oh, bendito sea Su Nombre! Ud. no lo deja entrar a Él. Abra esa puerta de la fe. Cuando Él dice algo, es la Verdad. Cuando Su promesa es para Ud., esa es la certeza. Cuando la fe se ancla, se sabe que Dios no puede mentir, está concluido.

65 Ahora, yo tengo los veinticinco centavos; no solo es algo que me imaginé. Yo poseo los veinticinco centavos. Salgo por la puerta. Pues, estoy tan contento como si yo… si yo tuviera el pan, porque tengo el poder para comprarlo.

66 Y si tengo la fe, las obras están concluidas; si Él puede abrir esa puerta y entrar, y darme la fe de Dios en mi corazón. Está concluido, cuando yo realmente puedo creerle a Él. Puede ser que no suceda allí mismo. Saben, la Biblia dice que: “Moisés se sostuvo, viendo Aquel Quien era Invisible”.

67 Muchos de Uds. han ido a ver los Diez Mandamientos, que ha estado en cartelera en Louisville por algún tiempo. Una película maravillosa.

68 Ahora: “Moisés se sostuvo como viendo al Invisible”. El Invisible, él se sostuvo, eso significa que él “aguantó”.

69 Abraham, cuando le fue dada la promesa, cuando él tenía setenta y cinco años, que él iba a tener un hijo por medio de Sara: eso estaba resuelto; en la mismísima hora que Abraham abrió su corazón y su puerta de fe, y dijo: “Así será”. Y a medida que él envejecía, él… La Biblia dice que: “Él nunca se debilitó por incredulidad; sino que él se fortaleció en fe, dando alabanza a Dios, porque él sabía que Él era poderoso para hacer todo lo que Él había dicho”. Ahí está la fe. Pasaron los años; Sara, nada diferente. “Pero tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció, dando gloria a Dios”.

70 Nosotros que nos llamamos Cristianos, dejamos entrar a Jesús; decimos: “¡Oh!, yo soy un Cristiano”. Y se puede orar por Ud., o ungirlo, o hacer lo que Dios dice que se haga, o Él puede hacer algún milagro delante de Ud., y Ud. puede verlo; y si Ud. no es sanado instantáneamente: “Pues, hasta ahí llega. Yo no lo recibí. Volveré la próxima vez”. ¿Ve Ud.?, eso no es fe.

71 Ud. tiene que dejarlo entrar a Él, decir: “Señor, aquí está la puerta, entra y toma posesión”. Entonces cuando Él entra allí, queda concluido para siempre.

72 “Yo estoy a la puerta y llamo”. Él está tratando de entrar por esa puertita de la fe. Si Él tan solo puede abrirse camino para entrar allí, entonces es un asunto concluido.

73 Cuando voy con los veinticinco centavos en mi mano, eso es tan válido como el pan para mí, porque tengo el poder de compra de la—la certeza de lo que quiero.

74 Y cuando la fe se apodera de un corazón, no hay nada que pueda sacudirla. La obra está terminada. Dios lo ha concluido. Está hecho para siempre.

75 Voy por la calle; cruzo al otro lado del río; atravieso las zarzas. Cada vez tengo más hambre. Aún no tengo el pan, pero todo el tiempo mientras voy, me estoy regocijando porque tengo el poder de compra y la seguridad de que el pan me pertenece. ¡Oh, bendito sea Su santo Nombre!

76 Cuando yo… Antes de llegar allá, me pueden dar calambres; tengo mucha hambre. Puedo llegar a delirar, hasta abrirme camino a través de los arbustos, como un loco. Pero mientras tenga los veinticinco centavos, el pan tiene que venir.

77 ¡Allí lo tienen, mientras esa fe esté anclada! Los médicos me pueden desahuciar, todos, todo, pero yo estaré allí. Seré sanado. Dios así lo dijo. Dejaré que Él entre por la puerta de mi corazón. Mi fe le fue entregada a Él, y Él me dio la promesa, y nada interferirá con ella. Está allí. ¡Fe!

78 La puerta de la fe, ¿cuántos Cristianos lo dejan a Él afuera? ¿Cuántas personas pentecostales no le dan entrada a Él por esa puerta de la fe? ¿Cuántos bautistas? ¿Cuántos presbiterianos? ¿Metodistas? ¡Esa puerta!

79 ¡Oh!, hay muchas puertas. Una más de la que hablaré, es la puerta de sus ojos. Él dijo: “Eres ciego, y no lo sabes”. Está hablando de la iglesia de hoy, espiritualmente ciega.

80 Estuve hablando el otro día. Lo cual no puedo decir públicamente. Pero al Hermano Sothmann allí, y a muchos otros, Leo y Gene y a ellos, “¿A dónde va a llegar esto?”, dije yo. “¿Por qué el pueblo no puede ver estas cosas? ¿Por qué no pueden entender?”.

81 Incluso esa fotografía debería sacudir a las naciones, pero ni siquiera—ni siquiera un periódico podría publicarla. ¿Qué dijo George J. Lacy, del F.B.I.? Él dijo: “Sr. Branham, esto estará en las tiendas de diez centavos, uno de estos días, pero no mientras Ud. esté vivo”. Eso nunca tuvo eco. No tuvo importancia el otro día. Yo pensé: “Es cierto”.

82 Recuerden al demente de Portland. Recuerden a los brujos en India. Recuerde el pececito, Hermano Wood, en el río. Recuerden las cosas que han sido infalibles, las evidencias. Y, aún así, casi no puedo salir y tener una campaña grande; la frenan. Algo se desataría, pero se frena. ¿Qué es?

83 Ellos no supieron de Elías hasta que se había ido. No supieron de muchos de ellos. No supieron quién era Juan hasta que fue decapitado. No supieron que Jesús era el Salvador del mundo hasta que fue crucificado y resucitó de nuevo.

84 San Patricio odiaba la iglesia católica, y protestaba contra ella. Pero después de él morir, lo canonizaron como santo. No supieron que era un santo hasta que él murió y partió.

85 Ellos no supieron que San Francisco de Asís era un santo. Él protestó contra la iglesia católica. Él era un predicador ambulante con una Biblia debajo del brazo. Bajó al río a predicar y los pequeños estorninos tenían una algarabía. Les dijo: “Hermanitas, tranquilas; estoy predicando la Palabra de Dios”. Y se callaron. Pero ellos no lo supieron hasta mucho después de que murió.

86 Juana de Arco, que salvó a Francia, la muchacha era una santa. Ella era espiritual; ella veía visiones. Era una mujer espiritual. Ella oyó ángeles hablándole. Ella oyó la voz de Dios. Vio visiones. ¿Qué dijeron ellos? “Es una bruja”. Y la iglesia católica colocó un poste y la arrastraron a él, y la quemaron, esos sacerdotes lo hicieron, y ella pidiendo misericordia a los gritos.

87 Doscientos años después, se dieron cuenta de que ella era una santa, así que hicieron gran penitencia. Desenterraron el cuerpo de esos sacerdotes que la quemaron y los echaron al río. ¡Qué gran penitencia, por supuesto! Pero ellos no la conocieron hasta que vino y se fue.

88 Jesús dijo: “Ellos no podían creer, porque Isaías dijo: ‘Tienen ojos y no pueden ver; oídos, y no pueden oír’”.

89 Anoche precisamente, en la hoja inicial de mi Biblia, cuando hace algún tiempo, en una visión que el Señor me había dado, y se lo conté a la iglesia. Y luego Él me dijo: “Ve a África, y después vuelve a la India”. Yo dije: “Sí, Señor”.

90 Y cuando el Sr. Baxter me dijo, en Canadá, o en Chicago, dijo: “Vamos a la India. Dejemos a esos afrikáans en paz; no cooperarán con nosotros debidamente”. “Está bien”, dije yo.

91 Olvidé el asunto. Cuando volví a casa, el Ángel del Señor me encontró entre los dos cuartos; una Columna de Fuego, una Luz, la Misma de allí. Y Él dijo: “Ve a África como Te dije que fueras”. Y un año después, me convencieron de nuevo.

92 Y yo lo olvidé; no lo escribí. Y yo estaba con mi muchacho allí en la Portuguesa, Lisboa, Portuguesa. Y yo decaí, me enfermé, toda la noche. Y a la mañana siguiente, estaba entrando a la bañera, para ducharme. Y cuando me dirigía allí, el Ángel del Señor estaba parado allí, dijo: “¿Creí haberte dicho que fueras a África primero?”.

93 Yo dije: “Señor Dios, no soy digno de ser Tu siervo”. Yo dije: “Si Tú quieres, levanta Tu Espíritu y dáselo a otro”.

94 Entonces no fue solo hasta hace unos días, cuando hice los arreglos para África este año, ellos están allá haciéndolo ahora. Y anoche, yo estaba leyendo en la visión, y Dios sabía que yo fallaría en eso. Y en la visión… Yo no lo vi sino hasta anoche. Y llamé al Hermano Sothmann, a Leo, y a todos ellos, alrededor. La visión decía: “Primero irás a la India, y luego volverás a África”.

95 ¿Ven?, yo—yo mismo lo escribí. Yo mismo escribí el asunto. Salté de la cama donde estaba sentado, temprano una mañana, y lo vi entrar a Él en el cuarto. Y escribí exactamente lo que Él dijo, como Él—Él me estaba diciendo allí. Y lo leí una, muchas, muchas, muchas veces, y nunca lo noté. Y anoche cuando llamé a los muchachos, allí está eso, justo en la hoja inicial de mi Biblia, donde muchas, muchas personas lo han leído.

96 Decía: “Vienen unas personas medio vestidas, y—y yo les prediqué, y ellos se regocijaban. Entonces una Luz destelló, después, y mostró al blanco y al de color juntos, en África”. Nunca lo vi, mirándola directamente. Nuestros ojos abiertos.

97 Dios, abre mis ojos para poder ver. Déjame mirar más allá de las cortinas del tiempo, Señor. Solo déjame ver, Señor, lo que está a mí alrededor. Déjame ver lo que está a punto de suceder.

98 Cuando pienso en los seres humanos cegados en esta tierra, que ven, pero con todo, no pueden entender; ven a Dios venir a la reunión y hacer las mismas cosas que Él hizo cuando estuvo aquí en la tierra. Ven a Jesucristo, el Hijo del Dios viviente hacer y actuar y obrar tal como Él lo hizo cuando estuvo aquí en la tierra, y aun así ellos no entienden. ¿Cómo es posible? Es porque sus ojos no están abiertos.

99 Serán abiertos uno de estos días, amigo mío, pero será demasiado tarde entonces. El tiempo habrá pasado. Y Uds. se preguntarán de nuevo: “¿Me quiere decir que esto, que Fulano de tal y tal cosa era esto, y yo no lo sabía?”. Se les pasa por alto. Ellos no lo captan a Él. ¿Captan lo que estoy diciendo? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] Se les pasa por alto. Está justo… Y Uds. están esperando que suceda alguna cosa grandiosa en el futuro, cuando es ahora mismo, y Uds. fallan en verlo.

100 Dios, entra a mi corazón y abre las puertas de mis ojos, para que yo pueda ver.

101 Como Cleofas y su amigo caminaban un día por el camino, viniendo de Emaús, o yendo a Emaús. Y en el camino hacia allá, Él habló con ellos, caminó con ellos. Él cenó con ellos, y sus ojos del entendimiento estaban velados. Cuando Él entró y todos se aquietaron, Él hizo una cosita que ellos reconocieron, que nadie podía hacer sino Él. Sucediendo después de Su resurrección. Y rápidamente, dice la Biblia: “Sus ojos fueron abiertos”. Él les abrió los ojos, y ellos volvieron por el camino, regocijándose y diciendo: “Verdaderamente ha resucitado el Señor, porque Él ha estado con nosotros durante el día”. Sus ojos se abrieron. Ellos tuvieron entendimiento.

102 Nuestro Jesús puede venir justo en medio del pueblo y hacer esas mismas acciones, ¿y qué sucede? El pueblo se va diciendo: “Es telepatía mental. ¡Oh!, él podría ser un espiritista o un adivino, algo que ha sucedido de esa manera”.

103 ¡Oh, si Dios nos abriera los ojos y nos permitiera ver lo que son estas cosas! Esa puerta al ojo está en el corazón. No es lo que Ud. ve con el ojo. Eso no es ver; eso es mirar. Jesús le dijo a Nicodemo: “Si el hombre no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios”. Ud. no Lo ve con sus ojos; Ud. Lo ve con su entendimiento. Ud. mira con sus ojos y entiende con su corazón. Por lo tanto, la puerta de sus ojos está en su corazón, porque es una puerta de entendimiento.

104 “¡Oh!, yo entiendo que Jesús dijo que Él haría eso en los últimos días. Yo entiendo que estas cosas son la señal de Dios”. Entonces, cuán diferente, cómo eso llega a ser una realidad para Ud., cómo cambian las cosas, si nuestros ojos están abiertos. Él está con Ud. todo el tiempo. Él le ayuda. Él está parado a su puerta diariamente, pero Ud. no lo reconoce.

105 Yo escuché a un ministro decir algo no hace mucho, que me impactó. Fue abajo en el sur, había un anciano allá abajo, un hombre de color, que… él era un buen anciano, pero ellos no podían alinearlo a él con Dios. Él sencillamente no quería ir a la iglesia, pero era un buen anciano. Y ellos no podían hacer que fuera a la iglesia.

106 Entonces, un día, él y el ministro fueron a cazar. Y él tenía muy mala puntería. No le podía dar a nada. Y ese día, regresando camino a casa, habían tenido mucha caza y estaban cargados con ella. Y el nombre del anciano de color era—era Gabriel. Y a él lo llamaban Gabo, como apodo. Así que él venía cargado de caza colgándole; apenas podía moverse. Venía caminando detrás del ministro. Después de un rato él le dio un golpe en el hombro, y le dijo: “¿Pastor?”. Dijo: “Sí, Gabo, ¿qué quieres?”.

107 Dijo: “El domingo en la mañana voy a estar en la banca con los arrepentidos. Voy a tomar mi posición allí en la iglesia para vivir el resto de mis días”.

108 El pastor dijo: “Muy bien, Gabo. Pero, ¿qué causó el cambio repentino? ¿Por qué, cuando hemos hablado contigo y personas piadosas y santas han orado contigo y te han persuadido, y no has alineado tu corazón?”.

109 Él dijo: “Jefe, sabe, yo sé que no tengo buena puntería. No podría darle a nada”. Y dijo: “Mire la caza que tengo. Él debe amarme o no me la habría dado”. Allí lo tienen. ¿Qué fue eso? Sus ojos sencillamente se abrieron. Él se dio cuenta de Quien le dio esa caza, de donde vino.

110 “El buey conoce su establo; la mula conoce el pesebre del amo, pero Mi pueblo no conoce”, dice el Señor. Seguro, ellos no conocen de dónde vienen estas cosas buenas. Si sus ojos solo fueran abiertos, y Uds. pudieran ver.

111 Hace algún tiempo, un hombre iba de camino a la playa. Él iba allí para descansar. Él quería refrescarse, porque a él le encantaba… Pensó que le gustaría oír a las gaviotas mientras volaban sobre el agua y descendían junto a las grandes olas de cresta blanca, mientras rugían y rompían en el aire. Y él quería oler el agua salada. Él dijo: “Será un gran descanso, una estadía a la orilla del mar, por un tiempo. Solo quiero descansar; yo quiero vivir a la orilla del mar, para ver todas las cosas que el mar tiene para ofrecer; los cielos azules, como se refleja del cielo al agua. ¡Cómo es que hervirá la espuma del agua salada en grandes olas, golpeando y rodando!”. Y él dijo: “¡Si pudiera pararme y mirar eso, y escuchar el chillido de las gaviotas!”.

112 Y en su camino hacia la orilla del mar, se encontró con un hombre que venía, y él era un viejo lobo de mar, un viejo marinero del mar. Él dijo: “¿A dónde vas?”.

113 Él dijo: “Voy a la playa, para disfrutar de las bondades del mar”.

114 Y el viejo lobo de mar dijo: “No le veo nada de que extrañarse. Las aguas son solo aguas. El cielo es solo el cielo. La gaviota es solo un pájaro más”. ¿Ven Uds.?, él lo había visto tanto, que llegó a ser común para él; no le emocionaba.

115 Y eso es lo que sucede con Uds. personas. Uds. han visto la bondad y los milagros, y las cosas Divinas de Dios, moviéndose y obrando, al punto que les ha llegado a ser común. Uds. ya no lo notan.

116 En las reuniones, me he fijado en personas, donde el Señor, bajo Su discernimiento, habla directamente en la congregación, tal como lo hizo cuando caminó en Galilea, y exactamente es Su promesa de lo que Él dijo que haría. Y las personas, la primera vez, exclaman: “¡Oh!, nunca antes… ¡Oh!, eso tiene que ser el Señor”. La próxima vez: “Aquello tiene que venir”. Y después de un tiempo: “Bueno, ahí está de nuevo”. Es común. Se pasa por alto. Uds. no lo notan. Sus ojos de entendimiento, su corazón, llegan a cerrarse a eso.

117 La emoción, la bendición de saber que el Señor Jesús resucitado está en medio nuestro, debería elevar toda alma a esferas más allá de cualquier encanto de este mundo. Debería hacer algo en Ud.; debería sacudir su fe al punto que Ud. abriera cada puerta de la fe, y todo lo demás, decir: “Señor Jesús, toma completa posesión de mí ahora. Tómame a Tu cuidado. Aquí, entra en mi corazón. Quítame el egoísmo. Quítame los malentendidos. Quítame las dudas. Ábreme los ojos, Señor, y déjame ver. Y toma todo mi ser, y sé mi Señor”. Hasta que la iglesia haga eso, estamos caminando a ciegas. Jesús está llamando a la puerta, y lo estamos dejando afuera. [El Hermano Branham golpea en el púlpito cuatro veces.—Ed.] Oremos por un momento, mientras inclinamos nuestro rostro.

118 Mientras nuestros rostros se inclinan en silencio, nuestros rostros se vuelven hacia el polvo del que fuimos tomados. Y algún día esta carne mortal tendrá que… los resultados volverán al polvo. ¿Si hubiera una persona aquí esta mañana que nunca ha abierto su corazón de esta manera al Señor Jesús, que levantara sus manos a Él ahora, y dijera: “Jesús, ten misericordia de mí?”. Dios lo bendiga, señor. Dios lo bendiga. Alguien más. Dios lo bendiga, joven. “Abro mi corazón en este momento”.

119 Diga: “Señor Jesús, tómame, todo, una posesión completa. Sé mi Señor”. Dios lo bendiga, señor. To-… “Sé mi Señor”. Dios la bendiga, señora. “Sé mi Señor; el Señor de mi orgullo, el Señor de mi fe, el Señor de mis ojos, el Señor de lo que veo, el Señor de lo que oigo, el Señor de mi apetito”. Podría haber hablado de muchas de estas cosas, pero el tiempo no lo permitiría. “Sé el Señor de todo”. Dios la bendiga, señora. Solo… Dios lo bendiga, hermano. “Tómame, Señor”. Dios lo bendiga, hermano. “Tómame como soy, Señor”. Dios la bendiga, hermana. Dios lo bendiga, hermano. Dios le bendiga, allá atrás. Así es. “Tómame tal como soy, y ten el control total, Señor. Que no sea yo quien Te guíe. Tú guíame a mí”. Alguien estaba diciendo… Dios lo bendiga, mi hermano.

120 Alguien dijo que salió a un pastizal y atrapó un poni, aquí el otro día. Puso el lazo alrededor del cuello del poni, luego hizo un nudo medio a través del bozal de su cara, y venía guiando al poni de vuelta a la granja. Antes de que llegara allá, el poni ya lo estaba guiando a él.

121 Eso es lo que sucede. Dios nos atrapa, y nosotros tratamos de guiarlo a Él. Dejen que Él guíe. Él conoce el camino. Él ha transitado el camino. Él hizo el camino. Nosotros no conocemos el camino, entonces, ¿por qué tratamos de razonar estas cosas? Solo rindámonos a Él, decir: “Señor, Tú guíame. Yo seguiré”.

122 Quizás Ud. ha sido un Cristiano. Tal vez Cristo ha entrado a su corazón, pero Ud. nunca le ha entregado su fe, a Él. Diga: “Señor, entra. Saca todas las dudas de mi corazón. Si Tu Palabra dice eso, yo Lo creo. Así que, a partir de este día, yo voy a tomarte a Tí como… Yo quiero que Tú me des eso de lo que el hermano acaba de hablar, como lo de la moneda de veinticinco centavos para una barra de pan. Y en la oración de esta mañana, por los enfermos, voy a recibirte a Ti; yo creo que Tú lo vas a hacer. Y sigo mi camino, regocijándome, sin importar cuándo suceda. Sucederá”. ¿Les gustaría abrir la puerta de su fe, en su corazón, a Él hoy? [Cinta en blanco.—Ed.] …lo harán, entonces levanten las manos, y digan: “Señor, aquí estoy”. Dios los bendiga. Multitudes con las manos levantadas. Cordero del Calvario, Salvador Divino; Escucha mi oración, Y borra todos mis pecados, (mi incredulidad) ¡Oh, llene mi corazón Tu santa Luz!

123 Señor Jesús, Tú ves las manos de estas personas. Tú conoces sus corazones. Tú estás parado allí. Ese eres Tú llamando. Que ellos no miren algo mitológico místico. Sino que miren directamente al rostro del Hijo de Dios crucificado. Que esta mañana tengan un entendimiento como nunca antes. Concédelo, Señor.

124 Hemos tenido dificultades. Satanás ha luchado contra nosotros de toda manera. Incluso para esta reunión de esta mañana, no había ninguno aquí para dar las tarjetas de oración, para que pudieran ser alineados, para las personas de fuera de la ciudad; para que Tú puedas mostrar la abundancia extraordinaria de Tu Presencia, de acuerdo a un don Divino, y la voluntad por Tu Propio gran poder. Más Tú eres Dios que gobierna todas las cosas. Tú gobiernas las dificultades y las circunstancias.

125 Y oro, Dios, hoy, que Tú captures el corazón de cada persona, que tengas acceso a cada cuarto y compartimiento. Que ellos abran su corazón de par en par ahora, y todos los que levantaron las manos, de ser egoístas, o negligentes, o de cosas que no son como Tú quisieras que sean. Eso se muestra en sus vidas que Tú no vives en ese compartimento. Que sea abierto ahora mismo. Y, Señor Jesús, entra y haz Tu morada con ellos.

126 Y luego, Señor, oramos también por estos que están enfermos y afligidos, que en esta hora, tal vez suceda algo que sacuda de tal manera a estas personas que entiendan la realización de la Presencia de Jesucristo, para que sus corazones quizá sean abiertos. Yo oro en el Nombre de Jesús. Amén.

127 Se anunció por la radio, y por boca, en el tabernáculo, que hoy repartiríamos tarjetas de oración. Y la razón por la que damos tarjetas de oración en el tabernáculo, es para llegar a las personas que no son de la ciudad. ¿Ven? Pues, las personas de aquí de la ciudad, oramos por ellas diariamente, o en ocasiones aquí en el tabernáculo. Pero para lograr que las personas… El poder de discernimiento está en Cristo solamente. Y eso lo sabe cualquiera. Eso está solo en Dios. Y en…

128 Cuando Cristo estaba en la tierra en un cuerpo físico material, como nosotros hoy, Él caminó por Galilea y por diferentes lugares. Allá Él no reclamó tener el poder para sanar a los enfermos o hacer milagros. Él dijo: “No puedo hacer nada por Mí Mismo. No hago nada a menos que el Padre primero me muestre que hacer”. Cualquiera que conoce la Escritura, San Juan 5, sabe que eso es verdad. Él no hizo ningún milagro hasta que el Padre se Lo mostró. Él dijo: “De cierto, de cierto os digo, el Hijo” Él Mismo, el tabernáculo en el que Dios habitó, Su cuerpo, “no puede el Hijo hacer nada por Sí Mismo, sino lo que ve hacer al Padre, eso hace el Hijo igualmente”.

129 Y se fijaron que cuando Él vino a Su propia tierra, Su propia ciudad, ¿qué sucedió? Él no pudo hacerlo. Él puso Sus manos sobre algunos enfermos. Él se volvió y dijo: “De cierto os digo que un profeta, en su propia tierra, entre los suyos…”. Uds. saben cómo fue dicho, eso.

130 Pero Él ha sido muy misericordioso con nosotros al permitirnos tener algunas reuniones de ese tipo. Así es. ¿Qué se busca lograr con eso? Es para permitirle a esta ciudad, a estas personas y los que están alrededor, que nunca han salido a otra reunión, que sepan que Él es el Dios vivo. Él dijo: “Estas cosas que Yo hago, las haréis vosotros también. Vosotros haréis estas mismas obras”. Él dijo: “Un poco, y el mundo no Me verá más; pero vosotros Me veréis. Porque Yo estaré con vosotros, aun en vosotros, hasta el fin de la edad”. Así es. “Y las cosas que Yo hago, vosotros también las haréis, hasta el fin de la edad”.

131 Yo creo que estamos viviendo en los días finales de la dispensación gentil. Todo está perfectamente en orden, ahora mismo, para el tiempo del fin. Pero la ida a Casa de la Iglesia, eso es lo que Cristo está esperando. “Como Él fue en los días de Noé, con paciencia, no queriendo que ninguno perezca”. Así mismo es con Él hoy. No… Él tiene paciencia ahora, no queriendo que ninguno perezca. Grandes señales y maravillas han pasado.

132 La gente dice: “Pues, estamos esperando que llegue una gran edad”. Mi amigo, la edad está por terminar. Ha concluido para los gentiles. Se ha llegado al final del tiempo. Así que ahora es el momento de estar, de recibir a Cristo y de estar preparados. Ahora escuche, amigo, yo no sé…

133 Ahora, no hay ninguna tarjeta de oración en el edificio; no hay ni una. Billy estuvo aquí hace un rato, o en algún lugar. Él tenía como cien tarjetas para repartir, pero la gente no llegó aquí para entregárselas. Tenían que empezar el servicio, y eso no lo vamos a interrumpir. Entonces dije: “Solo haré pasar a las personas y oraré por ellos”.

134 Pero yo siento que la Presencia de Cristo está aquí. Siento que me he preparado y este Mensaje incluso, para la iglesia esta mañana, con ese propósito. Y de algún modo el enemigo nos ha atacado de alguna manera, pero yo creo que Cristo puede superar al enemigo si nuestros corazones están correctos con Él. Y muchos de Uds. que han levantado las manos, por supuesto, tan pronto como este servicio termine, cuando se haga el llamado al altar, quiero que vengan aquí y le agradezcan a Dios por lo que Él ha hecho por Uds. Cuando Uds. reciben fe, ¿qué es la fe?

135 Podríamos formar una línea de oración aquí, y hacer pasar a las personas, media docena o más. Ese discernimiento es muy poderoso, y Eso—Eso vendrá aquí a la plataforma, y Uds. lo perciben. Tengo cuarenta y ocho años; se han visto visiones desde que yo tenía unos dos años, y ni una sola vez ninguna ha fallado. Incluso las cosas, cuando las decía, yo no sabía cómo—cómo podría ser posible. Pero se manifiesta justo de esa manera, entonces es Dios. ¿Ven? Eso tiene que ser Dios. Entonces si Dios está presente, para cumplir Su Palabra, para probar que Él… “Estas cosas que Yo hago, vosotros las haréis también”. Entonces Él prueba que es así. Luego, Dios, abre nuestros ojos. Si pudiéramos ver suceder esto, entonces toda promesa es real.

136 Cuando Él estuvo en la tierra… Solo un momento. Cuando Él estuvo en la tierra, ¿qué dijo? Aquí está lo que Él dijo. Él dijo: “Destruid este Cuerpo, Yo lo levantaré en tres días”. ¿Cómo supo Él que haría eso? Porque David el profeta dijo: “No permitiré que Mi santo vea corrupción, ni permitiré… dejaré Su alma en el Seol”. Él sabía que era el Mesías ungido. Él sabía que esa era Su posición. Y al saber que esa era Su posición… Ahora fíjense. Sabiendo que esa era Su posición, entonces Él pudo hacer esa declaración, porque esa promesa se aplicaba a Él. Él dijo: “Y las Escrituras no pueden ser quebrantadas”. ¡Si se les abre el entendimiento! “Las Escrituras no pueden ser quebrantadas”. Esa promesa se aplicaba a Él y Él sabía que tenía que venir a cumplimiento.

137 Entonces escuche, amigo. Cada Escritura que se aplica a Ud., cada promesa que le pertenece a Ud., es suya, tanto como aquella era de Él. Seguro que lo es.

138 Por eso yo me paro esta mañana. Yo, si el Señor lo permite, yo voy a pedirle a Él que haga algo, y aquí donde es tan difícil, y todo eso. En mi propia… No porque Uds. no crean en mí, sino porque Su Palabra dijo que así sería. ¿Ven? Su Palabra dijo que así sería. Voy a pedirle a Él que sobrepase la situación de las tarjetas de oración. ¿Ven? Voy a pedirle si Él lo hará. ¿Ven? Yo no…

139 Ahora recuerden, permítanme dejar constancia, y en estas máquinas de grabar aquí que están andando, varias de ellas allí en el cuarto. Yo no digo que Él lo hará. ¿Ven? Yo no lo digo. Voy a pedirle a Él. Y si Él lo hace, estaremos agradecidos. Y si el Señor… ¿Cuántos?…

140 Nadie por allá afuera tiene una tarjeta de oración. ¿Cuántos enfermos hay allá afuera, que están enfermos?, levanten las manos, o—o tienen… ¿Quieren algo del Señor? Levanten las manos, dondequiera que estén. Ahora puedo ver sus rostros, así que puedo más o menos saber quiénes son. Así que, yo—yo no… yo sé…

141 Y si es alguno de los del tabernáculo, no quiero que sean ellos. Quiero que el Señor me muestre a alguien no del tabernáculo; alguien que no sea de la ciudad. Porque, si es alguien del tabernáculo… Por eso repartimos tarjetas, para llamar a las personas no del tabernáculo. Para que…

142 La gente dirá: “Pues, él conoce a esa persona. Así es como viene ese discernimiento”.

143 ¿Y cómo viene en Italia, en Alemania, en Suiza, África, y por todas partes del mundo? ¿Cómo se presenta aquí y dice cosas que sucederán dentro de tres o cuatro, cuatro o cinco años, dando perfectamente en el blanco? Es Cristo.

144 ¿Quién fue que guio a los hijos de Israel a través del desierto? Cristo. ¿Qué era Él allá? Quiero preguntarles algo. Solo piensen en esto un minuto. ¿Qué era Él? Una Columna de Fuego. Una Columna de Fuego. Y cuando Él vino a la tierra, Él dijo que Él era esa Columna de Fuego. Él… Ellos dijeron: “Nuestros padres comieron el maná en el desierto”. Él dijo: “Yo soy el Pan de Vida”. Dijeron: “Nuestros padres bebieron de una Roca espiritual”. Él dijo: “Yo soy la Roca”. “Pues” ellos dijeron, “Moisés Lo vio a Él en una zarza ardiente”.

145 Él dijo: “Antes de que Abraham fuese, YO SOY”. El “YO SOY” que estaba en la zarza.

146 Él dijo: “Ahora, Yo he venido de Dios, una Columna de Fuego”. Dios es Luz, lo sabemos. Él, Dios, mora en Espíritu, no en la carne. Y en esta Columna de Luz, Jesús dijo: “Yo he venido de Aquello, y vuelvo a Eso”. Ahora, eso puede estar fuera de su teología, pero está en la Biblia. Jesús lo dijo.

147 Y cuando Él murió, fue sepultado, resucitó, y cuando San Pablo iba de camino a Damasco, para arrestar a las personas, Jesús se le apareció a él de nuevo en esa Columna de Fuego, y lo derribó. Ahora, pudo ser posible que uno La pudiera ver y los otros no La pudieran ver. Esos hombres que estaban con Pablo no La vieron. Ellos dijeron: “Oímos un ruido, mas no vimos Luz”. Pero la Luz fue tan brillante para Pablo, que le cegó los ojos, y estuvo ciego por ciertos días. ¡La Columna de Fuego!

148 Él vino a—Él vino a Pedro, en la prisión, como la Columna de Fuego. ¡Y Él está aquí hoy!

149 Y si un espíritu del—del diablo está en Ud., Ud. hará las obras del diablo. Si Ud. es un bandido, un espíritu, si en Ud. estuviera el espíritu de John Dillinger, Ud. cargaría armas y mataría personas. Si el espíritu del que fuere estuviera en Ud., lo hará actuar como la persona.

150 Si el Espíritu de Cristo está en Ud., actuará como Cristo. Hará las obras de Cristo. “El que en Mí cree, las obras que Yo hago, él las hará también”. Allí lo tienen. Y ahora estoy presentando esto solo para la gloria de Dios.

151 Y estoy llegando a ser un anciano, y sé que puede ser que mis días no sean muy largos en la tierra. No lo sé. Eso no lo sé. Espero vivir para ver la Venida del Señor. No sé si lo haré. Pero, no sé si volveré a predicar otro sermón. Pero yo… Eso no lo podemos saber. Eso está en las manos de Dios; yo no lo sé.

152 Pero hay una cosa. Yo… Si le pidiéramos a Él que viniera aquí en medio esta mañana, y que hiciera algo, la prueba infalible de eso, que Él sí es el mismo Cristo resucitado, y hace lo mismo que hizo cuando caminó por las playas de Galilea, me pregunto ¿cuántos dirían: “Yo renunciaría al lugar en la línea de oración, incluso si Él no me llamara. Yo renunciaría a mi lugar. Y creo que en mi corazón se anclaría una fe que sencillamente me mantendría aferrado de Cristo, y así saldría de este edificio esta mañana”? Si Él viniera, entrando en estos cuerpos humanos aquí esta mañana, ¡y le diera suficiente fe a alguien allá afuera, como hizo la mujer que tocó Su manto! Y Él miró alrededor, dijo: “Alguien Me ha tocado”. Y ellos dijeron: “Pues, todos Te están tocando”.

153 Dijo: “Pero sentí que Me debilité”. Y Él miró por el lugar hasta que encontró a la mujer, y Él dijo, le dijo lo que ella había tenido, y cuál era su problema, y dijo que su fe la había salvado.

154 Ese era Jesús. Díganme de alguien que haya vivido en la tierra que lo haya hecho aparte de Él. Muéstrenme en la historia donde se haya hecho eso. Yo tengo el libro de Los mártires de Foxe. Tengo Los primeros escritos de Josefo. Tengo Las edades primitivas de Pemberman. Tengo Las dos babilonias de Hislop. No ha sucedido nada igual hasta este día, así es, porque estamos en el tiempo del fin. Estamos en el tiempo de empalme. Y los gentiles están terminando, no falta mucho para que seamos carbón y cenizas.

155 Recíbanlo a Él. Si Él lo hace, yo no digo que Él lo hará, si Él no lo hace, llamaremos la línea de oración, si Él lo hace, dirían Uds.: “¿Yo sé que la persona es completamente un desconocido, si Dios lo hace, yo creeré que el Señor Jesús está presente, y Él tomará mi caso en Sus manos, yo lo encomendaré allí, y recibiré, como los veinticinco centavos, me iré de aquí agradeciendo a Dios por mi sanidad?”. ¿Lo harían? Levanten las manos, y vean. ¿Cuántos aquí dirán que lo harían? Solo levanten sus manos, por todas partes. Eso es maravilloso. ¡Oh, vaya!

156 Ahora prepárese Ud. Abra ese corazón. Diga: “Jesús, si alguna vez obraste en mi corazón, hazlo ahora. Saca toda la incredulidad. Déjame despertar aquí, sacudirme. ¿Será verdad que he pasado algo por alto todos estos años, y me lo he perdido? ¿Me habré cerrado? ¡Oh, sí!, yo sé que Tú estás conmigo. Pero, ¿Te habré dado entrada a todo lugar, para poder verte?”. Si Ud. puede verlo a Él esta mañana, la fe se anclará, y las enfermedades se irán. Ud. sanará. Créalo ahora. ¡Vaya! Yo espero que Ud. lo crea. Dios, concédelo, es mi oración.

157 Ahora, antes de hacerlo, vamos a orar. [El Hermano Branham se arrodilla en el altar para orar.—Ed.]

158 ¡Oh, Señor!, es un día espantoso en el que vivimos. Estoy consciente de que todo lo que pudiera suceder, serás Tu permitiéndolo, Señor. Hay muchos aquí, una docena o dos, que quizás están en condiciones graves, alguien que no se recuperará, si no es por Ti. Y yo oro para que Tú nos concedas esta bendición.

159 Y, Padre, sabemos que solo hay una manera de recibir la fe. La Biblia dice que: “La fe viene por el oír, el oír la Palabra de Dios”. La Palabra de Dios dice: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos”. La Palabra de Dios dice: “Las cosas que Yo hago, vosotros las haréis también”. La Palabra de Dios dice: “A los que creen todo les es posible”. Y, Señor Dios, estamos intentando poner la fe en los corazones del pueblo, para conseguir que abran sus puertas, para que puedan ver, y conocer la bondad de Dios, que permite estas cosas.

160 Ahora ten misericordia de nosotros, Señor. Mientras me arrodillo aquí junto a la barandilla de este altar, ¡oh, Dios misericordioso!, ten misericordia de nosotros. Yo oro por cada persona aquí, Señor, por la gente del tabernáculo, por la gente de afuera de la ciudad, por todos. Tú has dicho: “La oración de fe salvará al enfermo. Dios lo levantará. Y si hubiesen pecado, serán perdonados”.

161 Y nos damos cuenta que las personas que reciben algo de otra manera que no sea por la Palabra, no les dura mucho tiempo. Pensamos en los hijos de Israel, cómo todos ellos tropezaron con lo sobrenatural, y luego cayeron en el desierto.

162 En verdad es así, Señor, ¡y es a medida que el pueblo tiene una fe sólida en Tu Palabra!

163 Ahora concede, esta mañana, que Tu gran Presencia conceda esto que pedimos, Señor. Para que las personas puedan conocer y ver la gloria de Dios. Y que cada persona que está aquí ahora, que de alguna manera, la fe baje por los canales del Espíritu de Dios, y unja sus corazones en este momento, y que sus ojos se abran. Que cuando salgan de este edificio hoy, puedan decir: “¿No ardían nuestros corazones en nosotros? Porque hemos visto Su Ser resucitado. Nos hemos preguntado, pero ahora entendemos”. Dios, abre las puertas de fe de ellos ahora, y entra. Y revélales, y hazles conocer Tus caminos y voluntad.

164 Ayúdame, Señor. Soy un pobre súbdito de Tu Reino. Soy indigno; y pido perdón por mis propios pecados, mis propias dudas y temores, y ofensas e indiferencia, y todo lo que he hecho. Señor, perdóname a mí. Y ayúdame a ser un siervo Tuyo que ilumine, brillante, para que pueda magnificar Tu Nombre delante de mis hermanos. En las cosas que no tengo fuerza para hacer, dame fortaleza, Señor. No para mi gloria, ciertamente, Señor, todos estos años Tú me has probado. Ruego poder hallar gracia en Tu corazón esta mañana, para que pueda ganar un poco de tiempo de comunión y cena Contigo. Concédelo, Señor. Oro que me ayudes ahora. Y dale fe al pueblo, porque me levanto para mirar, y ver lo que Tú harás. En el Nombre de Jesús. Amén.

165 Ahora, no duden. Solo crean, porque todo es posible para los que creen.

166 Ahora, el Señor Jesús no está obligado a hacer esto por nosotros. Voy a pedirle a Él por lo menos tres personas que yo no conozca; tres personas que no conozca, para que Él me revele. Lo que… Yo quiero que cada uno de Uds. que tiene una necesidad de algo, ore. Y lo que Él revele, si es verdad, Ud. lo sabrá, si es la verdad o no. Si no es la verdad, entonces simplemente no es la verdad. Ud. mismo sabrá en qué; pero si es la verdad entonces Ud. la aceptará y la recibirá.

167 ¿Qué haría Él si se parara aquí, en esta mañana? ¿Qué pasaría si Él se parara aquí donde estoy parado, con un cuerpo físico como en el que estoy parado yo? Si Ud. dijera: “Señor Jesús, necesito la sanidad”, ¿que cree Ud. que diría Él? Él diría: “Pues, Yo—Yo ya lo hice cuando morí por tí”. ¿Cuántos saben que esa es la verdad? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] Seguro. Eso ya está hecho.

168 Entonces, ¿qué le daría más fe a Ud.? ¿Que el Hermano Neville y yo vayamos a orar, a poner las manos sobre Ud., a ungirle con aceite? Eso lo dice la Biblia. Hágalo, eso está bien. Nosotros lo creemos. A veces ellos ni siquiera ungen con aceite. A veces ellos solo, ellos tienen discernimiento, y hallan espíritus malos y los echan fuera. A veces se hace de esa manera. Y a veces se hace solo por… Cuando Jesús caminó… Ahora lo que estamos… Eso fue lo que Él les dio a los apóstoles. Eso es lo que los apóstoles hicieron. Y muchas veces lo hicieron todo de diferentes maneras.

169 Ahora, ¿cuál tendría más efecto, ya que hemos tenido tantas reuniones aquí, cuál tendría más efecto ahora? Solo dejar que el Señor Jesús baje y pruebe Él Mismo que Él está aquí, en esa esfera sobrenatural.

170 ¿Habrá personas aquí en el edificio, que—que saben que yo no sé cuál sea su problema, o quiénes sean Uds.? Levanten las manos si hay personas en el edificio, que saben que no los conozco, solo levanten la mano. Sí, señor. Supongo que es—es por todo el lugar. Muy bien.

171 Ahora, el Señor, depende de Ti, Señor. Pues eso es todo lo que yo puedo hacer. Y, Padre Dios, oro para que Tú lo concedas, que estas personas puedan, en los próximos diez minutos, que muchos corran hacia el altar, con sus corazones desbordantes, para ver. Abre sus ojos, Señor. Permite…

172 Abre sus ojos como los que iban a Emaús. Ellos caminaron Contigo todo el día y no Te conocieron. Pero cuando Tú hiciste algo que ellos sabían que nadie más podía hacer sino Tú, reconocieron que eras Tú. Eso fue después de que moriste, fuiste sepultado y resucitado.

173 Ahora, Padre, concede lo mismo en este día, entre estas personas. Y la Biblia dice que: “Tres serían testigo”. Así que, yo oro, Dios, que se dé una confirmación esta mañana, en la presencia de las personas, sin ser traídos a la plataforma. Todo está en Tu gracia, que así se haga, Señor, yo oro, por amor a Jesús, y en el Nombre de Jesús. Amén.

174 Yo sé que este es un momento agotador para Uds. ¿Y para mí? Pero lo que yo predico, lo creo. Lo que yo predico, practico; por la gracia de Dios, lo practico. Dios sea conmigo para ayudarme, para que Uds. sepan que no digo estas cosas de mí mismo. Que sus ojos se abran y digan: “Bueno, conozco al Hermano Branham desde hace mucho tiempo. Yo he visto esto; pero les diré, no importa quién sea él, puede ser el hijo de Charles Branham, o algo así, pero una cosa sé, Dios hizo algo por medio de él”. Entonces miren a Dios. No miren al hombre. Dios no quiere mostrarme a mí; Él quiere mostrarse a Sí Mismo. Es Él. Ahora, ¡si solo viniera una visión!

175 Aquí está, Hermana Snyder… Yo—yo estoy tratando de apartar la mirada de eso, ¿ven? Y, Dios, sé misericordioso.

176 Aquí hay un hombre sentado aquí mismo. La visión está sobre él, mirándome directamente. Supongo que soy un desconocido para Ud. Ud. quiere dejar un vicio, ¿verdad? [Un hombre dice: “Quiero dejar ese vicio, señor”.—Ed.] Dejar de fumar cigarrillos, es lo que Ud. está intentando. ¿Verdad? Levante la mano si así es. No, me refiero al joven sentado aquí atrás. Yo no le conozco. Somos desconocidos, ¿verdad, entre nosotros? Si así es, mueva la mano así. ¿Será eso exactamente por lo que Ud. estaba orando entonces? Muy bien.

177 ¿Creen Uds.? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] ¿Qué hace eso? ¿Qué tocó él? La Biblia dice que: “Él es el Sumo Sacerdote que puede compadecerse de nuestras debilidades”. Él no me tocó a mí; yo no he visto al hombre antes. Pero él tocó a Cristo, Quien está aquí, y Cristo usó mis labios y ojos para hablar.

178 Ud. tiene sus manos alzadas, joven. Veo que persiste con sus manos. ¿Cree que yo soy el profeta de Dios? ¿Aceptaría lo que yo le dijera? ¡Si Ud. tuviera fe y creyera! ¿Ud. cree que ella realmente se salvará? Su novia, Ud. está orando por ella, ¿no es así? [El hombre dice: “Es verdad”.—Ed.] Ajá. Ud. también quiere que ella sea sana, ¿verdad? Si así es, póngase de pie. ¡Ud.! Así es, ¿verdad que sí? [“Sí, señor”.] Ahora tenga fe en Dios, y lo recibirá. Soy un desconocido para Ud., joven; nunca lo he visto. ¿Somos desconocidos? Levante ambas manos, en alto, si somos desconocidos. No lo he visto antes, en mi vida; Ud. nunca me ha visto a mí. Ahora quién… Puede sentarse ahora, y recibir lo que ha pedido. Su fe se lo ha concedido. ¿Creen Uds.? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.]

179 Eso era una broma hace un momento, ¿no es así, hermana? Pero ahora no es una broma. Yo sabía que el Señor haría eso, o pensé que Él lo haría. Con Dios no se puede jugar. Él es real. ¡Si Uds. pueden creer!

180 Aquí hay una mujer sentada atrás, directo en esta dirección. Ella está orando por alguien más. La mujer tiene un problema de nervios. Ella es católica, en su fe. Así es. Ella vive en la Avenida Meigs, ¿verdad que sí? Si así es, levante la mano, señora. Muy bien. ¿Cree Ud.? Entonces reciba lo que pide. Si puedes creer.

181 ¿Qué me dice Ud. allá atrás? Alguien reciba la… Ud.—Ud. no está muy atrás. Cristo sabe exactamente donde Ud. está sentado, lo reto en el Nombre de Jesús a creer ahora. Él está aquí. Su Espíritu está aquí. Su Poder está aquí.

182 Aquí hay un hombre sentado por allá atrás, mirándome ahora. Tiene puesta una corbata verde, un traje como de color gris. Él también está orando. Él quiere ser sano de algún tipo de problema al estómago, problemas gástricos en su estómago e intestinos. Así es. Ud. sentado allá atrás. Déjeme decirle quien es Ud. Ayer fue al médico; y él lo examinó. Así es. Yo no lo conozco, Ud. lo sabe, pero Dios sí lo conoce. Su fe lo ha salvado, señor. ¡Alabado sea el Dios vivo!

183 La señora sentada allí detrás de él en la siguiente fila, como a tres, allá atrás. Allí, orando por su suegra, paralítica. Si Ud. cree, está bien.

184 Hay un jovencito sentado allí, con una mano en la boca, mirándome, por allá atrás al final. Él se puso la mano en la boca; está orando. Hay un espíritu como de tristeza rodeándole. Se está secando los ojos. Puedo distinguirlo, un joven. Él está orando por alguien. Es un pariente de él. El hombre ha estado en un sanatorio. Es un joven. Es un cuñado, un problema de nervios, problemas mentales. Eso es cierto, señor; tenga fe y Dios lo obrará para Ud.

185 Yo reto la fe de Uds. en Cristo. ¿Le creen a Él? [La congregación dice: “Amén”.—Ed.] ¿Son tres? ¡Oh!, es… Son más, ¿verdad que sí? ¿Ahora creen Uds.? [“Amén”.] ¿Queda establecida su fe? ¿Se ha abierto su corazón? Levanten sus manos, si su corazón se ha abierto. ¿Se ha abierto la puerta? [“Amén”.] Entonces inclinemos nuestros rostros.

186 Señor, acércate ahora, bendito Jesús. ¡Oh, Dios!, estoy agradecido Contigo, Padre, de que hayas concedido estas bendiciones. Que ellos, las personas que ahora están presentes, sepan que no fue Tu siervo. Fue el Dios del Cielo, Quien nos ha honrado esta mañana viniendo a nuestro medio, y permitiendo hacer tal cosa. Para probar a esta generación gentil, antes de que sea borrada de la tierra, que Tú eres el Mesías. Tú eres el Señor Dios del Cielo. Tú estás aquí, ¡oh, Señor!

187 Por favor, Te pido que le des una tremenda sacudida más a este pueblo, por así decirlo, o que abras su entendimiento, pues se irán en sus pecados si no pueden creer en Ti y confesar sus dudas e incredulidad. Que tal bendición venga al pueblo, ahora mismo, que ellos sepan que el Espíritu Santo está presente, y que Él está tan dispuesto a sanarlos, como a sanar a cualquiera. Está basado en: “Si puedes creer, todo es posible”. Señor, concédelo. Y que Tu poder sanador descienda a los corazones del pueblo, ahora mismo, y sane a cada uno de ellos. Te agradezco, Señor.

188 Cuando Satanás viene como león rugiente, el Espíritu del Señor levanta bandera contra él, y lo derriba, al gran Satanás que dice ser el Grande. Pero nuestro Señor Jesús es el Grande, Él y el Padre Dios.

189 Y yo oro, Señor, que ahora mismo, por Tu Espíritu, que Tú recorras la congregación y sanes a cada persona. En el Nombre del Señor Jesús lo pedimos. Amén.

190 ¿Cree que Ud. que ha sanado? ¿Lo cree, por Sus llagas? ¿Se habrá anclado algo en su corazón? ¿Tiene Ud. los veinticinco centavos que lo harán salir caminando del edificio? ¿Los tiene? Levante la mano. “Yo lo tengo. Es una fe anclada. No me importa cuánto tiempo tome, cuántos días, cuántas horas. Tengo el poder de compra de mi sanidad ahora mismo, y saldré de este edificio ahora mismo como si ya estuviera perfectamente sano”. Puede que Ud. ya lo esté, cuando se ponga de pie. Puede ser que no lo esté; puede ser que no lo esté por semanas. No lo sé. Pero Ud. sanará, si tiene la fe para creerlo. Dios es fe. Créanle a Él con todo su corazón.

191 Entonces, solo enciérrese ahora con Dios. Pues solo diga así: “Señor, yo creo. Señor, yo creo. Todas mis dudas están sepultadas en la Fuente. Señor, yo creo. Salvador, eleva mi fe en Ti, hasta que eso pueda mover la montaña. ¡Oh, Señor!, ¿podrías Tú estar errado? Tú no puedes estar errado. Para comenzar, así el Hermano Branham no tuviera nada que decir, Tu Palabra lo ha dicho. Entonces, por gracia, Tú permitiste que el Hermano Branham mirara por este edificio a muchas personas, para hacer lo mismo que Tú hiciste cuando caminaste por Galilea. Si he tenido una duda en mi corazón, Señor, entonces quítala, antes de que mi día termine. Antes de que yo sea llamado para responder en el Juicio, quita mi pecado de incredulidad. Y hazme Tuyo ahora mismo. Déjame ser Tuyo”. Dios los bendiga, es mi oración. Y aquellos…

192 Ahora mientras están orando, encerrados con Dios, hubo aquellos que levantaron las manos, que querían caminar con Dios, querían abrir sus corazones a Él. El altar está abierto ahora, mi amigo. Invito a cada uno de Uds. a venir aquí al altar y arrodillarse y decir: “Señor Jesús, sé misericordioso. Quiero que Tú entres en mi corazón. Quita todas mis dudas. Quita todos mis temores. Quita mi egoísmo. Saca todo eso, y entra Tú; entra en mi corazón y sé el Señor. ¡Oh, yo creo que Tú eres mi Salvador, más no has sido mi Señor!”.

193 Dios lo bendiga, hermano. El nombre de este hombre es Davis; él viene de Virginia. Está aquí para dejar el vicio de fumar, y un pequeño rencor que ha guardado en su corazón contra un ser querido desde que era un niño. Por eso es que él está en el altar esta mañana.

194 Venga ahora. Está invitado a venir al altar ahora; a arrodillarse aquí ante el Cristo de Dios. No se fije en el pequeño y humilde tabernáculo. Fíjese en Quién está aquí esta mañana, nuestro bendito Salvador. ¿Quiere venir? Está invitado. El Señor Jesús espera que Ud. venga, para que todo espíritu (una limpieza) salga de su corazón. …A Sus amados hijos; Unos por las aguas, otros por el diluvio, Unos por el fuego, pero todos por la Sangre; Unos por gran dolor, mas Dios dá una canción, Pase en esta mañana, arrodíllese en Su Presencia. Dios guía a Sus amados hijos; A veces por el valle en la noche más oscura, Dios guía a Sus amados hijos. Unos por las aguas, otros por el diluvio, Unos por pruebas, pero todos por la Sangre; Unos por gran dolor, mas Dios dá una canción, Durante la noche y todo el día. Unos por las aguas, otros por el diluvio, Unos por las pruebas, pero todos por la Sangre; Unos por dolor, mas Dios dá una canción, Durante la noche y todo el día. Aunque el dolor nos sobrevenga, y Satanás se oponga, Dios guía a Sus amados hijos; Por la gracia podemos vencer…?… Dios guía a sus amados hijos. ¿Permitirá Ud. que Él lo guíe? Unos por las aguas, otros por el diluvio, Unos por el fuego, pero todos por medio de la Sangre; Unos por gran dolor, pero Dios da una canción, Durante la noche y todo el día.

195 Ahora están invitados, mientras cantamos; si Dios está llamando a su corazón, que Ud. abra su corazón, para que Ud. vea Su Presencia, para disfrutar las bendiciones de que Él sea su Señor, su gobernante. ¿Podría Ud. olvidarse de que está en este pequeño tabernáculo humilde? Y pasa aquí al Trono de Su gracia, y se arrodilla con estas otras personas que están llorando, y abra su corazón, para que Él pueda abrir su entendimiento, para que Ud. sea Su hijo y Le sirva. Una vez más cantemos el último verso de este himno. Ud. está invitado; venga ahora. Lejos del lodazal, y lejos del barro, Dios guía a Sus amados hijos; Allá arriba a la gloria, el día de la Eternidad, Dios guía a Sus amados hijos; Unos por las aguas, otros por el diluvio, Unos por pruebas fuertes, pero todos por la Sangre; …mas Dios da una canción, Durante la noche y todo el día. (Suavemente.) Unos por las aguas, otros por el diluvio, Unos por el fuego, pero todos por la Sangre; Unos por gran dolor, (¿Entienden?) …una canción, Durante la noche y todo el día.

196 Reverentemente inclinemos nuestros rostros ahora en la Presencia del gran Rey de gloria, el gran Príncipe de paz. ¡Cuán agradecidos estamos de que hayan levantado sus corazones abiertos a este gran Espíritu que está presente ahora! “Al que viene a Mí, no le echo fuera”. No importa cuál sea su necesidad. “Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá”. Dios hace esto por nosotros.

197 Ahora, hijos, mientras están en el edificio, en cualquier lugar, solo inclinen su rostro. Sean muy reverentes mientras nuestro hermano ora, y van a recibir lo que pidieron. El Señor los bendiga ricamente ahora, mientras la hermana continúa su canto, lentamente ahora. [El Hermano Neville ora.—Ed.]
Mensaje extraido de La Voz de Dios