OBRAS DEL MENSAJE


Puerta Al Corazón
Harrisonburg, Virginia, E.U.A.
58-0316E
1 Gracias. Pueden tomar asiento…
Ciertamente quiero agradecerles a todos por este gran tiempo de compañerismo en esta reunión. Estaba hablando con mi hijo, con el doctor Vayle y los de mi equipo, Leo, Gene, y ellos…. Estábamos hablando de que ésta es una de las reuniones más espirituales a las que hemos entrado por algún tiempo. Realmente… ¿no creen Uds. eso, hermanos? Realmente lo es.
Uds. son un grupo encantador de personas. No digo eso sólo para ser cortés. Digo eso porque es desde mi corazón. Siempre que les digo algo, es desde mi corazón. Y quiero que Uds. hagan conmigo de la misma manera. Entonces sabemos cómo estamos parados. Lo que Uds. digan, siempre díganlo en serio, porque si no lo hacen, Jesús dijo que era hipocresía si Uds. no hablan desde su corazón.
2 Así que quiero agradecer a cada uno de Uds. Quiero agradecerles a mis hermanos ministros acá por el apoyo leal que Uds. han mostrado en esta reunión, cómo se han reunido. Aquí están Uds. en esta noche, despidiendo a sus iglesias y viniendo aquí para reunirse con nosotros en esta última noche. Hermanos, Dios les bendiga.
Ruego las bendiciones de Dios sobre Uds., que su ministerio sea rico y más real de lo que alguna vez ha sido desde este tiempo, porque Uds. han sido tan leales y tratando de ayudar a la causa por la que me he estado parando, tan valientemente como sé pararme. Y espero volver con Uds. en algún momento. Me gustaría regresar y tener un pequeño compañerismo con Uds. Pensé que tal vez tendríamos un desayuno y así podría estrecharles las manos. No pude hacerlo.
3 Pero Uds. saben, cuando regrese, si el Señor lo permite, ¿qué les parece ir de pesca? ¿Les gustaría hacer eso? A mí me gusta pescar. Yo no puedo atrapar nada, pero me gusta sostener una caña de pescar. Sé que a Uds. también. Si el Señor lo permite, podemos regresar y pescar un rato. Me gustaría eso.
Y ciertamente quiero agradecerles por su leal colaboración. Aun Billy estaba mostrándome, creo que fue anoche, él o el Dr. Vayle, uno de ellos, que incluso el periódico, creo que había un anuncio de sesenta dólares, o algo así en el periódico, o sesenta y cinco dólares. Y los periódicos redujeron el precio del anuncio por la mitad, y lo hicieron por sólo treinta y pico de dólares. Ahora, ese es un buen periódico. Aprecio eso.
4 Si el editor o alguno del personal del periódico está aquí, yo no los conozco, y sólo me enteré recientemente, no tuve tiempo para decírselos; denle las gracias por mí. Ciertamente que sí. Si Uds. toman ese periódico, sólo escríbanle una pequeña nota y díganle lo que Uds. piensan al respecto, que Uds. lo aprecian. Porque eso es…
Mientras Uds. tengan un periódico como ése en esta ciudad, bueno, Uds. tienen un buen periódico. Muchos de ellos ni siquiera lo pondrían allí, en primer lugar, y luego si ellos lo hicieran sería crítico. Pero ese es un buen periódico. El Señor bendiga a esos hombres que hicieron eso.
Y entonces queremos dar las gracias a las personas por permitirnos tener este auditorio, este gimnasio de baloncesto. Creo que se llama el edificio de la armería. Un hombre en la estación de servicio le estaba diciendo al hermano Funk, un amigo mío que llegó anoche de nuestra ciudad, que va a vivir aquí cerca de Uds. ahora. Él trabaja para el gobierno de los Estados Unidos.
5 Él dijo que él… Había tantos carros que entraban y seguían preguntando dónde quedaba la armería. Él simplemente se paró allí afuera y le gritó a uno que había entrado; ellos no querían gasolina; él decía: “Vayan a una cierta… La armería queda en esta dirección”. El siguiente carro que entraba, él decía: “La armería queda por allá”. Y así que, ellos decían: “Gracias”, y seguían. Así que, eso es muy amable.
Los restaurantes en los que hemos estado comiendo, maravillosos. Nos hemos estado quedando aquí abajo en el motel Ash Lawn, un hombre tan maravilloso, una persona tan maravillosa. Y ellos han sido tan buenos con nosotros como si yo fuese su propio hijo, un cristiano, un creyente. Y sencillamente hay tantas cosas.
Y donde el Dr. Vayle estaba… Ellos incluso le habían descontado su alquiler o algo así en el motel. No recuerdo dónde fue que él se quedó. Justo antes de que Uds. crucen las vías por aquí entrando por la Once. Uds. han sido tan amables, ciertamente apreciamos eso.
6 Ahora, tengo entendido que todas las deudas fueron canceladas, y entonces Uds. hicieron eso. Eso es todo lo que pedimos. Ahora, pero dicen que han levantado una ofrenda de amor para mí en esta noche. Aprecio eso. Ahora, yo he… He estado en el ministerio por veintisiete años y nunca levanté una ofrenda en mi vida, nunca recogí una ofrenda.
Recuerdo una ocasión cuando estaba pastoreando el Tabernáculo Bautista en Jeffersonville; fue durante los tiempos difíciles, Uds. saben, y Uds. saben que sólo somos personas pobres, (así como todos nosotros). Y yo llegué a un punto en donde no podía cubrir las necesidades. ¿Alguna vez llegó Ud. a esa condición? Todos hemos llegado allí, ¿no es cierto?
Y yo le dije a mi esposa, dije: “Voy a ir allá y levantaré una ofrenda”. Nosotros ni siquiera teníamos un plato para recoger ofrendas. Y cuando construimos la iglesia, pusimos un pequeño letrero, una cajita en la parte de atrás, que decía: “Por cuanto lo habéis hecho al más pequeño de estos Mis pequeñitos, a Mí lo hicisteis”. Así fue como se pagó.
7 Ahora, la gente me daría ofrendas, pero yo era joven y podía trabajar, así que yo trabajaba seis días a la semana, tenía un empleo. Y dije: “No puedo cubrir las necesidades esta vez. Debo una cuenta”. Dije: “Voy a ir y pediré una ofrenda esta noche”.
Ella dijo: “Voy a ir y te observaré hacerlo”.
Dije: “Muy bien”. Vivíamos al frente de la iglesia, dos pequeñas habitaciones. Creo que nuestra renta era como de seis dólares al mes. Eso era bastante en aquel entonces. Así que… Sólo una pequeña cabaña.
Así que cruzamos, y dije: “Hermanos, déjenme decirles, yo no quiero hacer esto”. Pero dije: “He llegado al punto, unas deudas que yo le prometí a alguien que las pagaría en nuestro… Debemos casi noventa dólares en los muebles y unas cuantas cosas”. Y dije: “Nuestra cuenta de comestibles está un poco atrasada. Y sólo estoy ganando como treinta y siete centavos la hora”. Dije: “Me pregunto si pudiese hacer esto; yo pasaré mi sombrero esta noche, y Uds. simplemente, si tienen unos cuantos centavos para ayudarme, yo lo apreciaría”.
8 Y el anciano Jim Wiseheart, nunca lo olvido.
Él se levantó con una grande sonrisa, él era uno de los diáconos y fue y agarró mi sombrero. Miré sentada justo frente a mí, y una ancianita sentada allí, la cosa más dulce. Ella está en gloria esta noche. Ella solía usar estos pequeños delantales con el bolsillo en la parte de adentro, Uds. saben, uno pone la mano debajo del delantal para llegar al bolsillo. Yo no sé. ¿Ven? Y ella era una verdadera santa; su nombre es la Sra. Webber.
Y yo la vi meter la mano debajo de ese delantal. Cuando yo estaba predicando, ella se sentaba con su rostro inclinado y oraba por mí, una verdadera santa. Y ella metió la mano allí debajo y sacó uno de esos pequeños monederos que uno desabrocha por arriba, empezó a buscar con los dedos allí adentro para sacar las monedas de cinco centavos.
Les digo, no pude hacerlo.
9 Dije: “Oh, yo sólo estaba bromeando con todos Uds. para ver qué harían”. Dije: “No dije eso en serio”. Dije: “Yo no dije eso en serio”. Oh, mi corazón estaba llorando por dentro. El pensar que yo tomaría las monedas de esa pobre ancianita.
Y su hermano anciano solía venir. Gene, ¿tú te acuerdas de él? El anciano hermano Ryan, que tenía cabello largo. Él venía de Benton Harbor, y él se ponía la Biblia debajo del brazo; él venía en su bicicleta. Y Uds. pueden imaginarse cómo se veía eso, viniendo al culto… ese cabello ondeando detrás de él, manejando esa bicicleta. Entonces él me dio la vieja bicicleta; ésta se le recayó, y él… ¿No es esa una palabra tremenda para que un bautista la diga? Pero así fue. Sencillamente estaba en la ruina; eso era todo.
Entonces yo le puse parche a las llantas y fui a la tienda de diez centavos y me compré dos colores de pintura diferentes. Y la pinté por veinte centavos y la vendí por cinco dólares y pagué la deuda. Así que, no tuve que levantar la ofrenda después de todo. Esa fue mi primera experiencia en cuanto a una ofrenda.
10 Yo deseara no tener que aceptarla, amigos. Mis gastos son muy pocos. No tengo programas radiales. No tengo nada como para recoger dinero, sino sólo mi pequeño trabajo de oficina. Y mis gastos en mi oficina allá en casa son como un promedio de cien dólares diarios. Esa es la razón por la que puedo ir a lugares en grupos pequeños.
11 ¿Cuánto piensan Uds. que son los gastos diarios de Oral Roberts? Lo último que escuché fue que eran como de siete a ocho mil al día. Los de Billy Graham son tantos miles por minuto cuando él tiene su programa radial. Ahora, a Oral Roberts le gustaría venir a algunos de estos lugares pequeños para tener avivamientos. Oral Roberts es un hermano muy bueno. Él es un hombre excelente.
Recuerdo a Oral al principio cuando nos conocimos. Él tenía una pequeña carpa rota levantada allá en Kansas City, Missouri. Yo tenía un auditorio grande del otro lado, y Oral vino y estuvo observando esa noche, apenas un muchacho predicador. Y nos tomamos juntos nuestras fotografías afuera en el patio. Él dijo: “Hermano Branham, ¿Ud. cree que Dios escucharía mi oración por los enfermos?”
Yo dije: “Él escucharía la oración de cualquiera”.
Él dijo: “Aquí voy”. Ahora yo estoy observando lo suyo.
12 Pero ¿ven Uds.? Dios sabía que yo no tenía la inteligencia como para hacerme cargo de un programa así. Oh, hermanos. Televisión y todo lo demás, yo no podría soportarlo, si tuviera que hacerlo, Uds. saben, salir y recoger dinero, y con tanta responsabilidad así, yo me volvería loco. Así que yo no podría hacerlo. Y luego a él le gustaría venir a lugares pequeños, pero…
Yo acabo de tener un avivamiento en un lugar donde cabían veinte personas. Eso es correcto. Pero vean, mis gastos no son muchos. Ahora, la manera en que yo lo hago, es que yo simplemente espero en el Señor, y si Él me dice que vaya a un lugar que tiene veinte personas, yo no estoy bajo ninguna obligación del mundo, o de la radio, o de nada, que me impidiera ir; y así que yo simplemente voy y llevo a cabo un avivamiento. Si es en Gravel Switch, o dondequiera que sea, está bien.
13 Y luego si Él quiere que yo vaya a África, la India, o algo así, y le predique a medio millón, Él siempre tiene a alguien que pague los gastos. Yo simplemente me quedo tranquilo y hago lo que Él me dice que haga, y así voy bien. Así que a mi me gusta eso. Dios sabía que yo no tenía la inteligencia que tiene Oral Roberts y los demás. Vean, Oral Roberts es graduado en un colegio, cuatro años de psicología. Así que Uds. pueden ver que él es un hombre inteligente. Y yo no soy lo suficientemente inteligente como para eso, y el Señor lo sabía.
Alguien estaba tratando de darme algunos… Bueno, yo… Era una iglesia cuadrangular. Y que Dios los bendiga, ellos son gente maravillosa, y me iban a dar un título allí de un doctorado. Yo dije: “Hermanos, yo soy demasiado inteligente para eso”.
14 Yo dije: “Uds. conocen a gente que tiene mejor sentido para saber que un hombre que tuviera un doctorado no va a soportar esa manera de hablar sureña como la mía y diciendo: ”Suyo, tuyo, arráncale, córrele, o que hondas traes …?… Yo dije: “Uds. tienen mejor conocimiento que ése”.
Yo dije: “Estoy contento que tengo la suficiente inteligencia para no hacer eso”. Dije: “De todos modos, eso no me haría predicar mejor, y tampoco haría continuar la obra de Dios. Yo lo aprecio, pero prefiero seguir siendo Billy Branham, y permanecer así. Fue así que Él me hizo a mí”.
Ahora, nada en contra de esos títulos. Eso es maravilloso. Pero ellos son para gente que tiene esa inteligencia. Correcto. Para un hombre que a fin de cuentas…. que conoce bien su gramática. Así que nosotros simplemente amamos a la gente. Yo vivo una vida muy sencilla y humilde.
15 Estaba hablando con mi hijito, José. Oh, hermanos. Él es todo un niño. Uds. saben, yo… ¿Cuántos recuerdan haber estado en mis reuniones y que yo lo vi a él en una visión seis años antes de que él llegara aquí, y le dije a la gente al respecto, y que su nombre sería José?
El doctor dijo: “Ella no puede tener otro bebé”.
Yo dije: “Sí, ella si puede”.
Entonces llegó el siguiente; era una niña. Y cómo me criticaron. Ministros me escribieron cartas de todas partes, dijeron: “Hermano Branham, Ud. quiso decir Josefina”.
Yo dije: “No, quise decir José”.
El doctor dijo: “Ella jamás podrá tener otro bebé”.
16 Yo dije: “Oh, sí, ella sí puede: vamos a tener otro de todos modos”. Entonces cuando ella llegó… cuatro años después supimos que ella iba a ser madre otra vez, y pobrecita, yo fui al, mi lugar y estuve orando por ella. Regresé, y ella no sabía cómo iban a salir las cosas. Y yo dije: “Cariño, no te preocupes. El Señor acaba de decir que es ASÍ DICE EL SEÑOR. Todo está marchando bien”.
Así que ella entró, y Uds. saben cómo es que los padres en espera caminan hasta quitarle la pintura al piso. Estábamos esperando, y yo me preguntaba qué estaba sucediendo. Una enfermera bajó y dijo: “¿Reverendo Branham?”
Y yo dije: “Sí, señora”.
Ella dijo: “Ud. tuvo un lindo niño de siete libras y tres onzas”.
Yo dije: “José, tardaste bastante en llegar aquí, pero papá está contento de verte”.
Ella dijo: “Ud. lo llamó José”.
Yo dije: “Ése es su nombre”. Ciertamente. Entonces…
Uds. saben, cuando él era pequeño, apenas un bebito, él tenía una hermanita de cuatro años, y una de ocho: Sara y Rebeca. Y ellas acostumbraban morderlo para hacerlo llorar, sólo para que se viera que él no tenía dientes, Uds. saben, sólo sus encías. Ellas pensaban que eso era impresionante. Él no tenía dientes, sólo se le veían las encías.
17 Pero él aprendió rápido. Les digo, ahora él viene pasando por la casa, y es igual de ancho como de alto. Las niñas se suben a las sillas, se esconden debajo de la cama, o en alguna parte; y él sabe cómo morder también. Él hace que otras encías brillen ahora.
Yo estaba hablando con él hace un rato. Él dijo: “Ven a casa, papá. Estoy desenterrando unas lombrices. Iremos de pesca”. Oh, no tendremos tiempo para ir, pero podemos hablar al respecto, Uds. saben. Eso está bien, sólo para hablar acerca de ello, y tomarlo en mis brazos, y amarlo un poquito.
Los niños significan tanto. Yo pienso que ellos son tan dulces. Ellos simplemente son reales. El pequeño José, y Sara, y Rebeca significan mucho para mí. Él vino exactamente en nuestra vejez. Aquí estoy yo en mis cuarenta y ocho años, y el niño tiene dos.
18 Si hay alguna alabanza que darle a la familia Branham, dénsela a la reina, la Sra. Branham, mi esposa. Con treinta y ocho años de edad, canosa, parándose entre mí y el público, una de las mujeres más dulces que jamás hayan vivido. Así que ella es la que debe recibir la honra si hubiese alguien…
Se para junto a esos teléfonos cuando yo los veo repicar, de larga distancia, sesenta y cuatro llamadas por hora, día y noche. ¿Ven? Y ella tiene que soportar todo eso. Así que esa vocecita amorosa que Uds. escuchan en el teléfono cuando llaman para allá, ésa es la reina de la familia Branham y la reina de mi corazón. Dios la bendiga.
19 Yo amo una buena familia. ¿No aprecian Uds. a su buena familia? Así es como pienso yo acerca de Dios. Cuando me marcho, yo no… Yo pienso que entre la ley y la gracia, nosotros no estamos bajo la ley, tenemos la gracia. Y estoy agradecido por eso.
Cuando estoy listo para irme a ultramar, yo no digo: “Mira, Sra. Branham, voy a decirte algo. Tú no tendrás ningún otro marido sino yo, mientras yo no estoy”.
Y ella no contesta y dice: “Mira esto, joven, tú tampoco tendrás ningunas otras esposas sino a mí”. Ahora, ¿no sería ése un hogar terrible?
Nosotros simplemente oramos. Yo le pido a Dios que los bendiga y los ayude. Ella le pide a Dios que me ayude. Yo le doy un beso de despedida y digo: “Adiós, amor”. Eso lo concluye. No importa en dónde estoy, yo la amo a ella por encima de todo lo que existe en la tierra en ese sentido. Mientras yo la ame a ella así, y ella me ame a mí como yo a ella, seremos fieles el uno al otro.
20 Y mientras que Ud. ame al Señor Jesús, no hace ninguna diferencia cuántos días de reposo, o comer carne, o lo que sea que Ud. tenga que hacer, Ud. simplemente ame al Señor. Eso cuidará del resto de ello. Si Ud. ama al Señor, eso cuidará de ello.
El Señor les bendiga. No fue mi intención pararme aquí y contarles mi historia personal. Pero yo sólo quiero que Uds. sepan que nosotros vivimos como gentes comunes, así como todos Uds., y que somos uno juntos. Y yo estoy aquí como su hermano. Y espero que algún día, si el Señor lo permite, y todos Uds. quieran, y si fuera la voluntad del Señor, me gustaría venir a uno de estos lugares por aquí, y levantar una carpa, y quedarme como unas seis semanas, de manera que pudiéramos tener reuniones ministeriales y todo. Gracias.
21 Me gustaría tener una reunión por la tarde para instruir a los hombres y no… Sólo en la manera de las cosas espirituales que yo entiendo… No en teología, pues no soy un maestro, pero para instruir a los hermanos, y decirles cómo entrar a este Espíritu de una manera más espiritual. Y luego tomar cada noche, y simplemente quedarnos bastante tiemp. Porque casi cuando uno se va familiarizando, entonces uno tiene que despedirse. Y eso lo hace tan malo. ¿Ven? Me pesa hacer eso. Apenas estoy comenzando a conocerlos bien a Uds. ahora. Y entonces tenemos que despedirnos.
Pero habrá un tiempo, amigos, si nunca más volvemos a encontrarnos de este lado del río, cuando la Cena de las Bodas esté preparada, y nos miremos unos a otros frente a la mesa. Yo diría: “parece como que yo debería verlos a Uds… debería conocerlos a Uds.”
“Sí, yo estaba en la reunión de Harrisonburg”.
Uds. saben, una pequeña lágrima bajará por nuestra mejilla de gozo. Luego el Rey saldrá en toda Su hermosura, enjugará las lágrimas de nuestros ojos y dirá: “No lloren, ya todo ha terminado, está listo”. Yo estoy esperando ese día. Dios les bendiga hasta entonces.
22 Antes de leer la Palabra, oremos. Bendito Señor, oh, cómo queremos darte las gracias por esta gran reunión. Cómo es que sentados allá afuera en el carro esperando oír “Sólo Creed”, y la gente llegando y yéndose, y aun llorando debido a que no pudieron entrar. Oh Dios, bendice sus corazones ricamente. Concédelo, Señor. Esos pobres, enfermos que no pudieron entrar, sana a cada uno de ellos. Tú eres Dios, y yo ofrezco esta petición a favor de ellos.
Bendice este fino grupo de ministros, Señor, y su denominación, y sus organizaciones, y aquellos que no tienen organización. Y sentimos, Señor Dios, que independientemente de nuestra denominación, nosotros somos hermanos. Todos somos uno solo en Tu Hijo, Jesús. Y rogamos que Tú bendigas a todos los laicos, a cada miembro de estas iglesias. Dios, concede que un avivamiento chapado a la antigua estalle ahora por toda esta región, y que lleve a decenas de miles de personas al Reino. Por favor, Padre.
23 Que las palabras que yo hablé la otra noche sean ciertas. Y que después que yo me haya ido, lisiados se levanten y caminen, los ciegos vean, y que los que tienen enfermedades se den cuenta de que ellos están sanos; porque pedimos estas cosas, y, Señor, con todo mi corazón yo las creo, y ellos también tienen que hacerlo.
Tú dijiste en Tu Palabra: “Si dijeres a este monte Muévete, y no dudares en vuestro corazón, sino creyeres que lo que habéis dicho sucederá, entonces podéis tener lo que dijisteis”. Siendo hecho, que este monte se mueva.
Quizás apenas un solo granito de arena se desprendió, cuando dijimos que se moviera, pero ahí va en camino. Tal vez mañana una cucharada se desprenderá, pero ahí va en camino. No se nota. Puede que toneladas caigan y aún no se nota, pero un día estará plano, por cuanto lo hemos dicho. Jesús dio la promesa.
24 Puede que el hombre lisiado ni siquiera pueda mover su pie, pero ahí va él de salida. Él lo ha creído. Quizás el enfermo no se sienta nada distinto, pero nosotros lo hemos dicho, Señor. Es Tu Palabra. Tú la honrarás. Ella no volverá a Ti vacía; hará aquello para lo cual fue enviada. Concede, Señor, que todos estén bien.
Rogamos que Tú nos permitas volvernos a encontrar. Gracias por poner en el corazón de esta gente querida dar esta ofrenda a Tu siervo en esta noche. Dios, yo no soy digno de ella, pero ruego que Tú me permitas gastar cada centavo para Tu gloria. Concédelo, Señor. Y devuélveselos en forma doble, invertido en su hogar en la Gloria también, cuando ellos lleguen Allá.
25 Sana los enfermos en esta noche. Háblanos a través de la Palabra. Ahora, nosotros tenemos abiertas las páginas de la Biblia, pero hay Uno solo que la puede interpretar. Ése es Aquel que la escribió: el Espíritu Santo. Está cerca de nosotros ahora, Padre. Danos un gran clímax en el servicio esta noche. Que todo temor, y todo miedo, todo nerviosismo, y todo se aleje de la mente humana ahora mismo, para que Tu Espíritu pueda entrar aquí y darnos el clímax más grandioso que alguna vez hayamos tenido en cualquier reunión. Concédelo, Señor. Pedimos esto, no para nuestra gloria, sino para la gloria de Dios, y para Su Iglesia; en el Nombre de Su Hijo, Jesús, lo pedimos. Amén.
Ahora, en la bendita Palabra, deseo leer sólo una pequeña porción en esta noche. Y Uds. lean el capítulo completo. Voy abrir en el Libro de la Revelación de Jesucristo, que le fue dada a Juan en la Isla de Patmos, en el año 96, D.C. en el capítulo 3 y el versículo 20 deseo leer. Sólo por un tiempo muy breve de manera que podamos pasar a la línea de oración a buena hora.
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.
26 ¿No es esa una invitación maravillosa? Si tan sólo pesáramos eso, lo que significa. “Yo estoy a la puerta y llamo”. [Espacio en blanco en la cinta—Ed.] Versículo 20, Él le estaba hablando a esta edad de la iglesia, la Edad de la Iglesia de Laodicea. Él dijo: “Tú dices que eres rica y no tienes necesidad de nada”. Pero dijo: “Tú no sabes, tú no sabes que eres pobre, miserable, cuitada, ciega, y desnuda, y no lo sabes”. Piensen en eso.
27 ¿Sabían Uds. que tenemos… que la iglesia cristiana tiene los edificios más grandes que alguna vez ha tenido? ¿Saben Uds. que ella está más rica que nunca? ¿Saben que ellos tienen los mejores teólogos que alguna vez han tenido? Está en pie allí con sus grandes campanarios que llegan hasta el cielo, con un órgano de tubos de medio millón de dólares, sus coros con Togas; sus eruditos vienen todos pulidos desde el seminario con sus últimas enseñanzas, los cuales pueden caminar hasta la plataforma y no cometer un solo error gramatical, y pueden limitar sus sermones hasta cierto tiempo con tanta psicología en ello, que pueden mantener las mentes de la gente en ese pensamiento que ellos tienen.
Pero la Biblia dice que somos pobres, y somos desventurados, y somos ciegos, y desnudos, y no lo sabemos. Ahora, si un hombre estuviera afuera en la calle, ¿pudieran Uds. imaginarse a una persona yendo por la calle, pobre, miserable, ciega, desventurada, y desnuda? Ahora, si el hombre conoce su condición, él tratará de mejorarse. Pero la parte triste es, que él no lo sabe. Él no entiende que está desnudo. Él piensa que es rico, y que él está bien vestido, y que él está en su mejor condición.
28 Ahora, si esa es la manera en que Jesús describió a ésta Iglesia en éste día, el día postrero… Yo no me refiero sólo a éste grupo. Me refiero… Yo estoy hablando universalmente, la Iglesia universal. Ella está en una de las condiciones más miserables, y no lo sabe. Ellos piensan: “Nos va muy bien. Estamos bien. Pues, éste año nosotros pagamos tanto para misioneros en el extranjero”. No quiero decir que eso no tiene valor.
Yo mismo soy un misionero. Pero la parte miserable es cuando una madre anciana lava ropa en una tabla para lavar para así ayudar a apoyar a un misionero en el campo, y cuando uno llega allá los encuentra paseando por allí en un carro Cadillac con aire acondicionado, y predicando en un recinto. Yo me pregunto a cuántos David Livingstones encontraría. Francamente, yo he visto a uno solo que yo llamo un misionero, un muchachito lisiado de Rhodesia.
29 Una de las iglesias más grandes que yo conozco en la esfera protestante… Yo estaba saliendo del sur de Rhodesia, y había estado allí en una reunión. Y vi ese pasaporte americano. Había tres muchachitas y un muchacho.
Y yo dije: “Veo que Uds. tienen pasaporte americano”.
Él se volteó y dijo: “Oh, Ud. habla inglés”.
Yo dije: “Yo soy americano”. Dije: “¿Qué son Uds.?”
Él dijo: “Oh, nosotros somos misioneros”.
Yo dije: “Qué bueno”. Y dije: “¿De donde son Uds.?
Y ellos eran casi de mi patio trasero, donde está el gran seminario. Y yo dije: “Qué bueno”. Dije: “Yo soy de Jeffersonville, Indiana”.
“Oh”, dijo él, “¿sí?”
Yo dije: “¿Qué tiempo tienen acá?”
Él dijo: “Va para dos años”.
Y yo dije: “¿Cuántas almas han ganado para Cristo desde que han estado aquí?” Y agachó la cabeza.
30 Y yo dije: “Hermanas, ¿cuántos han ganado Uds. para Cristo desde que están acá?”
Pero antes que yo dijera eso, él dijo: “¿Cómo se llama Ud.?”
Yo dije: “Branham”.
“Oh”, dijo él, “Ud. es el que causó aquel gran revuelo allá en África, allá en Sudáfrica”.
Yo dije: “Yo no sé si hubo algún revuelo o no”.
Él dijo: “Bueno, nosotros oímos que Ud. era un santo rodador”.
Yo dije: “Treinta mil paganos sin cultura vinieron a Cristo anteayer”. Dije: “Eso es más que de lo que han hecho todas nuestras iglesias en los ciento cincuenta años de obra misionera que llevan allá. Y yo encontré misioneros, o nativos viniendo allí con un rótulo en el cuello como cristianos, cargando un ídolo en el brazo”.
31 Y le dije a Sidney Smith, el alcalde de Durban, quien estaba llevándome al hipódromo, el hipódromo Audia Park, donde unos ciento cincuenta, doscientos mil se habían reunido. Y yo dije: “Sr. Smith, ¿qué significa ese rótulo allí en sus cuellos?”
Dijo: “Que ellos son cristianos”.
Yo dije: “¿Y cargando ídolos?”
Él dijo: “Bueno, Sr. Branham, yo sé hablar su idioma, Songhai”. Dije: “Preguntémosle, hablemos con él”. Él estacionó su carro al lado de la calle.
Y yo dije: “¿Cómo estás, John?” Él contestó en su idioma. Y yo dije: “Oye, ¿tú eres cristiano?”
“Oh, sí”.
Y yo dije: “¿Qué estás haciendo con ése ídolo?”
“Oh”, él dijo: “mi papá lo cargaba”. Y él dijo…
32 Yo dije: “¿No crees tú en Dios?”
“Oh, yo creo en Amoyah”. “Amoyah” es una—una palabra que ellos usan que quiere decir: “la fuerza invisible, como el viento”. “Yo creo en Amoyah”.
Yo dije: “Pero ¿qué acerca del ídolo?”
Él dijo: “Bueno, verá”, dijo, “un día el león persiguió a mi padre, y él lo puso en el suelo, a este ídolo, hizo un pequeño fuego, y rezó la oración que le dijo el hechicero. Y el león huyó. Ahora, si Amoyah falla, éste no”. Miren, esa es la fuerza del cristianismo en Sudáfrica mediante el misionero.
Yo dije: “Yo soy un Yaktah”. “Yaktah” quiere decir “un cazador”. “Yo cazo leones. Y ése ídolo no corrió a ése león. El fuego hizo correr al león. No hay nada en ése ídolo”. Oh, bueno, él lo cargaría de todos modos.
33 Pero esa tarde, cuando ellos vieron un hombre con una cadena alrededor del cuello, ni siquiera en su mente cabal, traído a la plataforma, y el Espíritu Santo le dijo quién era él, de dónde vino, qué eran su madre y su padre, dijo que su hermano estaba en muletas, y él fue sanado sentado allá atrás al instante… Y ahí vino el muchacho con las muletas sobre la cabeza; él había estado montando sobre un chivo amarillo, y se había lastimado su pierna años antes.
Luego yo vi una visión de éste hombre, y dije: “En el Nombre de Cristo, ponte de pie”. Él no podía entender. Él pensó que yo quería que él hiciera una danza. Y él estaba allí abajo, sin ropa. Oh, hermanos. Era una escena terrible de mirar, y con una cadena alrededor del cuello, lo guiaban como un perro, caminando sobre sus pies y manos.
34 Yo me acerqué al pobre hombre, lo agarré por la cadena y lo levanté. Esto fue presenciado por casi cien, por casi cincuenta mil personas. Y allí, cuando él se puso de pie, después que todos habían dicho que si él era sanado, que ellos recibirían a Cristo, y él se puso de pie en su mente cabal, y las lágrimas le bajaban por su barriga negra, y recibió a Cristo como su Salvador. Y treinta mil nativos paganos arrojaron su ídolo al suelo y lo quebraron, y recibieron a Cristo.
No hace mucho en la reunión Kiwanis donde yo estaba hablando en presencia del Dr. Davis, quien me ordenó en la Iglesia Misionera Bautista, el que me dijo que yo me iba a convertir en un santo rodador, y yo dije: “Dr. Davis, lo que Ud. llama santo rodador…” yo dije: “Lo que Ud. llama fanatismo ganó más almas para Cristo en lapso de cinco minutos, que toda su teología y repartición de tratados que Uds. han tenido en los últimos ciento cincuenta años”. Desnudos, miserables, ciegos, y no lo saben. Oh, es lastimoso.
35 Yo le dije a ese jovencito y jovencita; dije: “Uds. deberían volver a casa a lavarle los platos a mamá y a cuidar de los bebés”. Es correcto. Van allá y, van al recinto y les dicen unas pocas palabras a esos indígenas, cuando ellos tienen una danza, y reparten unos tratados. ¿Qué sabe un pobre e ignorante indígena acerca de un tratado cuando él ni siquiera sabe cuál es la mano derecha y la izquierda?
Le hemos fallado a Dios miserablemente. ¿Por qué? Es porque Jesús dijo: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio”. Él nunca dijo: “Vayan por todo el mundo y construyan iglesias”. Él nunca dijo: “Vayan y construyan escuelas”. Él nunca dijo: “Vayan y construyan seminarios”. Él dijo: “Prediquen el Evangelio, y estas señales seguirán a los que creen”. Hemos fallado.
36 “Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno abriere la puerta, Yo entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. ¿Qué pudiera ser cuando un hombre está tocando en una puerta? ¿Qué está tratando él de hacer al tocar en la puerta? Él está tratando de lograr acceso. Él está tratando de entrar. Él tiene un mensaje para Ud. Él tiene algún asunto sobre el cual hablar con Ud. Y ése llamado ha venido por medio de grandes hombres a través de las edades.
¿Qué si el gran César Augusto hubiera ido a la casa de un campesino en Roma, y hubiera tocado en la puerta? Y ése campesino hubiese abierto la puerta y visto al gran y poderoso César honrándolo al venir a su puerta. Oh, él hubiera dicho: “Gran César, pasa adelante. Bienvenido a mi casa. Cualquier cosa aquí que Ud. desee es suyo”.
37 ¿O qué si el difunto Adolfo Hitler, el líder de Alemania, hubiese ido a la casa de un soldado raso y tocado en la puerta? ¿Y ése soldadito, como le llamaríamos, un pequeño recluta, hubiese ido a la puerta y la hubiese abierto, y allí estuviera el líder de Alemania? Él se hubiese parado firme y le hubiera dado ese saludo alemán, y hubiera dicho: “Gran líder, Ud. me ha honrado al venir a mi casa. Oh, entre a mi humilde hogar, gran Líder de Alemania. Cualquier cosa que su siervo tenga que Ud. desee, lo puede tomar”.
Cuando uno es bienvenido, así es como Ud. es invitado a pasar. Si yo fuera a su casa y Ud. me dijera: “Bienvenido, hermano Branham”. A mí me daría ganas de entrar. Si yo quisiera quitarme los zapatos y acostarme en la cama, yo lo haría. Si quisiera ir a la nevera y prepararme un emparedado, yo iría y lo haría. Si Ud. me da la bienvenida, yo me sentiría como uno de Uds. Yo estoy bienvenido. Seguro.
38 !Y luego qué honor! Vean, lo que ello hace, no es quién toca… No es el tocar que lo hace. Es más bien quién está tocando. Es la importancia de la persona que está tocando.
¿Qué si en esta noche, si el gran presidente de los Estados Unidos, Dwight Eisenhower, qué si él viniera a Harrisonburg, y fuera a la casa del mejor demócrata que hay en la ciudad, Ud. se sentiría honrado al recibirlo a él? Aunque Ud. no estuviera de acuerdo con él en política, pero sin embargo el tener el honor de Dwight Eisenhower frente a su puerta, sería un honor para cualquiera buen demócrata, cierto, por cuanto es el presidente de los Estados Unidos. Él es un hombre importante.
39 O que la Reina de Inglaterra visitara esta nación. ¿Qué si la reina fuera a ir a su casa, hermana? Y ella hubiera tocado en la puerta, y Ud. hubiese abierto la puerta y dicho: “¿Quién es Ud.?”
Y ella dijera: “Yo soy la Reina de Inglaterra”.
Aunque Ud. no es súbdita de ella, aunque ella no tiene nada que ver con Ud., pero ella es una mujer importante. Ella es la más grande reina terrenal en la tierra. Y cualquiera se sentiría honrado. Pues, los periódicos publicarían aquello por todas partes. La televisión lo presentaría, que la reina de Inglaterra se dignó venir y tocar en la puerta de la casa de una persona pobre.
¿Qué le diría Ud.? “Oh, reina, pase adelante”. Y si ella deseara alguna cosa, ella podría llevárselo. Aunque Ud. tuviese algo que fuera muy valioso, que Ud. pensara, un adornito o algo, y aunque fuera una cosita de la familia que ha sido regalado, con todo si ella lo pidiera, Ud. se lo daría por cuanto ella es la reina. Y sería un gran honor para Ud. hacerlo, porque ella es una mujer importante, y que viniera a mi casa, o la casa suya.
40 Pero, oh, ¿quién es más importante que Jesús? Y ¿quién es rechazado más que Jesús? Esa reina pudiera querer algo; Hitler pudiera querer algo; Dwight Eisenhower pudiera querer algo de Ud.; pero Jesús quiere darle a Ud. la mejor cosa que se le pudiera dar a Ud. Y sin embargo no hay nadie que sea rechazado más de las puertas que Jesucristo el cual toca en la puerta del corazón. Él es rechazado.
Pero si Ud. cerrara la puerta en la cara de la reina, o si el soldadito de Hitler hubiera cerrado la puerta fuertemente en su cara, Hitler hubiera hecho que lo ejecutaran. La reina lo hubiera blasfemado a Ud. Eisenhower, eso hubiera sido escrito en los periódicos, que Ud. le dio la espalda a Dwight Eisenhower. Oh, qué desgracia hubiese sido.
41 Pero sin embargo, Jesús toca en la puerta, y la gente piensa que hace algo listo al rechazarlo. Es el error más grande que una persona alguna vez hizo, despedir al amoroso Jesús de su puerta. Esa es la Persona más importante en toda la eternidad que pudiera tocar en su puerta.
Si Eisenhower entrara a su casa, él solamente pudiera hacerle una pregunta a Ud. o algo así. Pero si Jesús entra, Él viene para traerle Vida Eterna y salvar su alma, o para traerle algo bueno a Ud. Pero sin embargo Él es rechazado.
Pero ahora, Uds. me dirán: “Espere sólo un momento, hermano Branham. Yo dejé entrar a Jesús hace muchos años”. Bueno, eso está bien. Me alegra que Ud. haya hecho eso. Pero Ud. sabe, cuando Ud. entra, cuando Jesús entra al corazón, esa es apenas la primera puerta… Pero luego Ud. tiene muchas puertitas más en su casa, en su corazón, sólo un pequeño armario, aquí y allá, y un cuartito por acá.
42 Dice: “Mire, Ud. puede entrar, pero no se atreva abrir esa puerta. No vaya Ud. a ésta. Pero Ud. se puede quedar parado justo aquí”. ¿Se sentiría Ud. muy bienvenido? Así son algunos de Uds. miembros de iglesia. Ud. sólo lo deja entrar a Él. Oh, Ud. quiere que Él sea su Salvador, pero Él quiere ser su Señor. Señor es gobernante. Él quiere ser su Gobernante, no solamente su Salvador.
Ud. lo quiere a Él como su Salvador, pero qué de ser su Señor, que lo controlará a Ud., controlará sus emociones, controlará sus pensamientos, controlará cada fibra de Ud., para que Ud. pueda decir como aquél hombre hace años que lo dejó entrar a Él: “Pues para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia”. Déjelo entrar a Él de esa manera para que sea Gobernador y Señor sobre Ud.
43 Ahora, miremos dentro de éste corazón nuestro sólo por un momento. Uds. saben, cuando Jesús entra, hay una puertita a donde Ud. voltea hacia la derecha en el corazón humano. Y es esa puertita la cual nadie quiere que se metan con ella. Esa es la puerta de su propia vida privada.
“Mira, Señor, Tú me puedes salvar de irme al infierno, pero no te metas con mi vida privada. Yo no permito eso. Mira, yo voy a… Yo pertenezco a un partido de barajas aquí abajo donde juegan barajas todos los miércoles por la tarde, y ese es mi propia camarilla. Y yo no quiero que me digas nada acerca de eso. Si Tú hablas a través de cualquier predicador, yo no volveré para oírlo otra vez”.
Vida privada: Oh, nosotros tenemos mucho de eso. “Mi propia vida privada”. “Mira, si yo quiero que mi pelo se vea como el de un hombre, eso no es asunto Tuyo. Esta es mi vida privada. Si un predicador alguna vez dice algo acerca de ello, no regresaré más. Es mi propia vida privada”.
Ud. no tiene ninguna vida. Yo le puedo decir a Ud. ahora, que lo que Ud. llama vida es una vida pervertida y tiene un fin.
44 La Iglesia no necesita una renovación, necesita una muerte y un nacimiento. Dios condenó ese espíritu en el huerto del Edén. Y un hombre tiene que nacer de nuevo, y permitir que Cristo sea Señor y Gobernante de su ser. Ciertamente. Pero, oh, Ud. no quiere que Cristo se meta con su vida privada. Eso sencillamente no funcionará.
Luego hay otra puertita (las veremos rápidamente porque tenemos sólo unos minutos), otra puertita llamada egoísmo“. ”Yo dejaré entrar a Cristo si… ¿Qué provecho saco de ello?“ Oh, qué motivo tan tremendo. ”Yo lo dejaré entrar a Él si Tú me prometes esto, que yo podré ir a una iglesia mejor que a la que voy, si mi posición en la sociedad será un poco mejor“. ¿Cuántas personas usan eso? Qué vergonzoso es usar eso.
45 Luego hay otra puertita llamada prejuicio. Oh, cuánto le gusta a la gente guardar ésa. Ellos no quieren que Dios abra esa puerta. “Mira, déjame decirte, ella me hizo algo a mí, y yo no le hablaré a ella en la calle. No, señor. Ella sale y cuelga su ropa todos los días, pero yo no le hablaré a esa reprobada. No, señor”. ¡Oh, qué cosa!
El Señor dirá: “Hay un predicador que vive calle abajo al cual tú nunca le hablaste. Y tú lo evadiste a él el otro día cuando él venía por la calle, y tú nunca le hablaste”.
“Ahora, fíjate en esto, Señor, no empieces a lidiar con eso, porque déjame decirte, él no pertenece a mi denominación”. Hay una sola Iglesia únicamente.
Yo he estado en la familia Branham por cuarenta y ocho años, y ellos nunca me pidieron que me uniera a la familia. Yo nací en la familia Branham. Y así es como Ud. llega a ser un cristiano. Ud. nace en la Iglesia del Dios Viviente. Pero Ud. no quiere que nadie… “Yo estoy un poquito predispuesto de mi fe”. Es que Ud. no tiene mucha. “Pero estoy sólo un poquito predispuesto (¿ve Ud.?), porque la gente que asiste a mi iglesia viste un poco mejor que los de aquella misión allá”.
46 Como quieren ellos burlarse de la pequeña misión. “Oh, ése es ése grupo que va a esa misión allá. Pues, yo veo a esa gente usando la misma ropa todo el tiempo”. Pero ellos tienen ropa que Uds. no pueden ver con su ojo natural.
No hace mucho un joven estudiante estaba en un seminario. Una pobre mamá anciana pensó que su hijo iba a ser un ministro, así que ella lo envió al seminario para que aprendiera a ser un predicador. Ella estaba lavando, y un día la anciana madre contrajo neumonía, y entonces le envió un telegrama a su hijo.
El doctor dijo: “Si eso… Ambos pulmones están congestionados, y si Ud. tiene algunos de sus seres queridos, será mejor que los traiga”.
47 Entonces la enfermera mandó a buscar a su hijo, dijo: “Estás pendiente. Si la fiebre de tu madre no cesa para mañana, tendrás que venir”. Eso fue todo. El muchacho estuvo pendiente y nunca supo nada más.
A los pocos días llegó una carta de su madre que decía: “Hijo, yo estoy bien”.
Como un año después, el muchacho visitó su hogar. Y después que besó a su mamá al entrar, él dijo: “Mamá, ha habido una cosa que siempre he deseado preguntarte”. Dijo: “Cuando tú estabas tan enferma con esa neumonía”, dijo: “¿qué sucedió? Tú me dijiste que estuviera pendiente, y luego no supe de ti en una semana, y luego ya tú estabas bien. ¿Qué te dio el doctor?”
Dijo: “Él me dio de alta”.
48 “Pues”, dijo él, “¿cómo te pusiste bien?”
Ella dijo: “Hijo, tengo algo que decirte”. Dijo: “¿Tú sabes dónde estaba aquella pequeña tienda allá abajo junto al callejón?”
“Sí”.
Dijo: “Hay un grupo de gente que se mudó allí que se llaman del Evangelio Completo”. Y dijo: “Una noche ellos estaban allá teniendo una reunión de oración, la noche que yo estaba tan enferma, y un mensaje”, dijeron, “llegó a ellos y decía que había una mujer aquí enferma”.
Una de las damas vino y me preguntó si yo creo en Sanidad Divina. Yo le dije que yo creía todo lo que Dios tenía. Y dijo, ella le dijo: “Bueno, nuestro pastor ora por los enfermos. ¿Quisiera Ud. que él viniera, yo le pediré que venga?”
Ella dijo: “Claro”.
49 “Así que el pastor vino, dijo ella, ”y me ungió con aceite. Y todos ellos se arrodillaron alrededor de la cama y oraron por mí“. Y ella dijo: ”Hijo, a la mañana siguiente yo estaba bien“. Ella dijo: ”Dios me sanó“. Dijo: ”Oh, alabado sea Su Nombre“.
Y el joven, a quién ya le habían metido un poco de ése líquido para embalsamar, dijo: “Oh, madre, pues, semejante desgracia”. Pues, dijo: “Tú tienes mejor conocimiento que eso”.
Ella dijo: “No, yo no lo tengo, hijo”.
Dijo: “Pues, ya no hay tal cosa como la sanidad”. Dijo: “Nosotros aprendimos eso en el cement… (Cementerio, es lo mismo, bien). Nosotros aprendimos en el seminario que no existe tal cosa como la sanidad Divina”.
“Oh”, ella dijo: “Hijo, tú llegaste demasiado tarde para decirme eso”. Ella dijo: “Yo ya estoy sana”.
50 Y dijo: “Cuando yo fui al doctor, él también estaba sorprendido”. Y él dijo: “Bueno”, dijo: “¿cambiaste de doctor?”
Ella dijo: “Sí”.
Dijo: “Bueno, ¿qué doctor usas tú?”
Ella dijo: “El doctor Jesús”.
Entonces el doctor se rascó la cabeza y dijo: “Oh, ¿es eso correcto? ¿Dónde ejerce Él? Yo no creo que haya oído acerca de Él”. Así de tan lejos están ellos.
Y él dijo: “Madre, nunca crea Ud. semejante cosa como esa”.
Dijo: “¿De dónde piensas que leyó ése predicador?” Dijo: “De Marcos 16. Éstas señales seguirán a los que creen”.
“Oh”, ella… Él dijo: “Madre, ése grupo es analfabeta”. Dijo: “Esos predicadores no saben mucho”. Dijo: “Ellos no tienen una educación de colegio. Mira”, dijo: “nosotros aprendimos en el colegio que Marcos 16 desde el versículo 9 en adelante, no está inspirado”.
51 Ella dijo: “Aleluya”.
“Oh”, él dijo: “madre, tú incluso actúas como ellos”.
“Pues”, ella dijo: “aleluya”.
Dijo: “¿Qué te pasa, madre?”
Ella dijo: “Yo sólo estaba pensando. ¿Tú me quieres decir, hijo mío, que eso es lo que tú has aprendido en estos tres años en el colegio, que Marcos 16 desde el versículo 9 en adelante no está inspirado?”
Él dijo: “Eso es correcto”. Dijo: “Madre, eso es auténtico”.
“Bueno”, ella dijo: “Alabado sea Dios”. Dijo: “Si Dios pudo sanarme con Escritura no inspirada, ¿qué pudiera Él hacer con aquella que realmente está inspirada?”.
Así es la cosa. Están desnudos, pero dicen que son ricos. Esa partecita privada, eso de que Ud. no quiere degradarse para ponerse al nivel de los demás. Bájese de esas nubes.
52 “Bueno, déjeme decirle esto, que esta religión antigua hará que un traje de esmoquin abrace a un par de pantalones de pecheras y lo llame hermano”. Hará que un vestido de seda abrace a uno de calicó y diga: “Hermana”. Ciertamente que lo hará cuando Dios entra en el corazón para ser Señor. Todos estamos en el mismo nivel. Ciertamente.
Oh, hay otra puertita que yo quisiera…Veámosla. Esa es la puerta de la fe: f-e. Oh, Ud. reclama que tiene fe, pero Ud. sabe, cuando Jesús llega a ser Señor de su fe, entonces todas Sus Palabras llegan a ser reales para Ud.
53 Esa es la razón que la gente no puede creer para sanidad Divina, sin embargo, son miembros de la iglesia cristiana. Ellos tienen a Jesús frente a la puerta. Pero si Él pudiera pararse en esa puertita de la fe, Él sería la fe de Uds. Él sería Señor de la fe de Uds. Y yo no pudiera imaginarme que el Hombre que escribió la Biblia, pueda darse la vuelta y negar la Biblia, negar Su propia Escritura y aún ser Dios. Fe, ellos no dejarán que esa puerta se abra.
Luego hay una puertita más antes de que terminemos. Y esa es la puerta de sus ojos. Él dijo: “Tú estás ciego y no lo sabes. Yo te aconsejo que de Mí compres colirio para que unjas tus ojos y puedas ver”. Si Ud. pudiera alguna vez abrir sus ojos, entonces Ud. mirará a su alrededor y verá la condición en la que está.
54 Un cierto predicador me dijo hace algún tiempo; él dijo: “A mí no me importa lo que Ud. diga. Yo no creo que hay tal cosa como la sanidad Divina”.
Yo dije: “Ahora, para Ud., no es para incrédulos. Es sólo para aquellos que creen. No fue hecha para Ud. Él dijo para aquellos que creen. No es para incrédulos”.
55 Y Él dijo: “Entonces ciégueme”.
Yo dije: “Ud. ya está ciego”.
Él dijo: “Yo me refiero, así como en la Biblia”.
Yo dije: “De eso es que estoy hablando”. Dije: “Yo le voy a decir a Ud. exactamente como mi Señor le dijo al papá suyo: Apártate de mí, satanás”. Eso es correcto.
Él dijo: “Pero ése hombre estaba ciego físicamente cuando la Biblia se refirió a él”.
Yo dije: “Cuando Elías fue a Dotán, y a la mañana siguiente cuando Giezi despertó, él dijo: Padre mío, todo el ejército Sirio nos tiene todo rodeado”.
El viejo profeta se levantó y se frotó los ojos para despertarse. Él dijo: “¿De qué estás hablando?”
Él dijo: “Sólo mira el ejército. Toda la ciudad está sitiada”.
El viejo profeta tan calmado como siempre, dijo: “Pues, hay más con nosotros que con ellos”.
“Pues”, dijo él: “Yo no veo a nadie, sólo estamos tú y yo”.
56 Y ese viejo profeta extendió su mano y dijo: “Dios, abre los ojos de éste joven”. Y cuando Dios abrió sus ojos, alrededor de ése viejo profeta había Ángeles de fuego, y las montañas estaban prendidas en fuego, y había carros de fuego.
Entonces él dijo: “¿Ves lo fácil que es? Yo voy a ir allá a cegar a esa gente”. Y él fue y los cegó. Él dijo: “¿Están Uds. buscando a Elías?”
Dijeron: “Sí, a él es que estamos buscando”. Ellos estaban ciegos. Pues, dijeron: “Anciano con barba larga, dinos en dónde está Elías”.
“¿Uds. lo quieren encontrar?”
“Sí”.
Dijo: “Vengan pues”.
57 Y todos ellos lo conocían a él, pero estaban ciegos. Dijo: “Vengan, síganme. Yo los llevaré directo a donde él está”. Él sabía en donde estaban los ejércitos israelitas en una emboscada. Él los guió a ellos justo en medio. Él dijo: “Mire, yo soy Elías. Abran sus ojos”. Ciegos y no lo saben. Uds. saben, eso es lo que pasa con la Iglesia. Está ciega y no lo sabe.
Mi abuelo era un cazador. Y él solía atrapar y cazar mapaches. Yo compré una pequeña cola, el otro día en una tienda de baratillo, a una jovencita de religión Amish, para llevársela a mi hijo José para ponerla en su—su pequeña bicicleta. Y mi abuelo atrapaba mapaches, y cuando él le sacaba la grasa, él hacía una especie de aceite de eso y mamá lo guardaba en una lata.
58 Y nosotros vivíamos en una casa con tejamaniles. ¿Uds. saben lo que son tejamaniles? Y nosotros solíamos poner una lona sobre nosotros de noche cuando nevaba para que no nos cayera nieve en la cara. Uno podía mirar las estrellas a través de esas tablillas.
Y a nosotros nos daba resfriados fuertes, y se nos quedaba en nuestros ojos, éramos niños pequeños. Y mami, cada mañana cuando ella venía a la cama y nuestros ojos estaban todos pegados (así le decía ella), con legaña en nuestros ojos (era un resfriado en nuestros ojos), ella bajaba y agarraba ése aceite de mapache de mi abuelo, y subía y frotaba nuestros ojos y los masajeaba con aceite de mapache. Y lo crean o no, a los pocos minutos toda la legaña salía de nuestros ojos y entonces podíamos ver.
59 Ahora, ¿saben Uds. lo que sucede con la iglesia? Ha estado tan fría a tal grado que ha pescado un resfriado espiritual. Y se requerirá más que grasa de mapache para abrir los ojos de Uds. Se requerirá del aceite del Espíritu Santo y el poder de la resurrección de Cristo para quitar la frialdad de la iglesia y abrir sus ojos, para que ellos puedan ver la Presencia del Señor Jesús.
Permitan que Él les abra los ojos. Él es el Espíritu Santo, la tercera Persona de la Trinidad aquí en esta noche para engrasar sus ojos con el ungüento de Dios: para que abran sus ojos.
¿Saben qué? Las gentes americanas son… quieren que los entretengan. Ellos quieren una pequeña estrella de Hollywood con cabello ensortijado y vestido como no sé quién, para que salga y de entretenimiento, pues eso es lo que Uds. ven en su televisión. Yo sencillamente soy un predicador chapado a la antigua que cree que no hay cura sino la Sangre de Jesucristo. Correcto.
60 Me estoy hartando tanto de éste evangelio americano al estilo Hollywood yendo a través del país con anillos de diamantes y mujeres con cabello corto, y yendo por ahí… porque es puro alboroto, y tocando los tambores en alguna parte, y saltando y brincando. Es una desgracia. Necesitamos el avivamiento de San Pablo a la antigua y el Espíritu Santo de la Biblia de vuelta en la iglesia con un buen y verdadero ungüento del Espíritu Santo para que le abra los ojos a la gente. Esa es la verdad. Que abra nuestros ojos.
Luego cuando viene la cosa verdadera, la gente está tan ciega que no pueden verlo. Y Dios ha sido tan maravilloso con nosotros, al grado que ha llegado a ser común para nosotros. Dios, en toda nuestra frialdad e indiferencia, Él aún envía Su misericordia.
61 Aquí no hace mucho un hombre quería ser inspirado, y él fue al mar para ser inspirado. Y por el camino se encontró con un viejo lobo del mar, un viejo marinero que había vivido en el mar, había nacido en el mar. Y él dijo: “Mi buen hombre, ¿a dónde vas?”
Él dijo: “Señor, yo voy al mar para ser inspirado. Oh, yo quiero oler el aire salado. Quiero ver el gran océano a medida que bate sus grandes olas blancas y salobres y ver el reflejo del sol en su agua azul. Quiero oír el grito de las gaviotas. Oh, estoy seguro que seré inspirado cuando llegue al mar. Toda mi vida lo he anhelado ver. He anhelado ver el mar”.
Y el lobo del mar le dijo: “Bueno, yo nací en él, y he navegado los siete mares, y no veo nada inspirador al respecto”. ¿Por qué? Es que él estaba tan acostumbrado a él.
62 Eso es lo que pasa con la iglesia pentecostal y el resto de ellas hoy. Uds. están tan acostumbradas a ver los poderes de Dios, y la gloria de Dios, y la bondad de Dios que Uds. sencillamente ya no le prestan atención. Eso es correcto. Llega a ser una cosa común.
Es por eso que en África, India, y esas naciones allá que no saben nada al respecto, con sólo la primera vez que Dios hace algo, oh, hermanos, ellos acuden a Cristo por millares. Ellos nunca lo han visto como nosotros lo hemos visto. Pero nuestros días ya casi han terminado, y está dejando esto aquí ahora, y yéndose a esos países. Es cierto.
63 Allá en Louisiana, no muy lejos de aquí, hubo un negro anciano allí llamado Gabo. Ahora, nosotros le decíamos Gabo, pero su nombre correcto era Gabriel. Y él era un buen hombre, pero él sencillamente no podía mantenerse alineado con la iglesia y con la Biblia.
Su esposa era una cristiana adorable; ella oraba por Gabo todo el tiempo. Y el pastor era un buen hombre, un pastor de color. Y él era un hombre agradable, lleno del Espíritu Santo de Dios, tenía el Espíritu Santo. Y el pastor era un cazador y Gabo también. Y a ellos les gustaba cazar juntos. Pero Gabo tenía muy mala puntería, él no podía pegarle a nada.
64 Entonces un día el pastor y Gabo fueron de cacería. Y ese día mientras cazaban, oh, ellos mataron tantos animales que cuando regresaban esa noche, estaban bien cargados de pájaros, y conejos, y con toda clase de caza. Y el sol estaba descendiendo, ocultándose en el oeste. E iban subiendo por un antiguo sendero muy conocido, y el pastor iba caminando adelante, casi no podía caminar, y Gabo iba caminando más atrás cargado con la caza.
Y después de un rato el pastor sintió su mano grandota puesta sobre su hombro. Él dijo: “Pastor”. Y el pastor se detuvo. El anciano Gabo miró hacia el sol, y luego miró hacia atrás.
Y el pastor vio que lágrimas bajaban por sus mejillas. Y él dijo: “¿Qué pasa, Gabo?”
65 Él dijo: “Pastor, hoy es sábado. En la mañana Ud. va ver a éste hombre hincado en la banca para arrepentidos. Luego me voy a levantar de esa banca para arrepentidos; voy a buscarme un asiento en esa iglesia al lado de mi piadosa esposa. Allí seré un miembro hasta que muera”.
El pastor se detuvo por un momento y dijo: “Gabo, tú sabes que a mí me alegra oír eso. Pues”, dijo: “Lo mucho que yo he orado por ti y cómo esta iglesia ha orado por ti. Cómo es que hemos llevado y hecho cosas buenas por ti. Tú te has sentado en la iglesia y escuchado mi ministerio. Tú…” [Espacio en blanco en la cinta—Ed.]
66 Esa es la razón que los mensajes son tan fuertes y directos al grano. “Yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oyere Mi voz y abriere la puerta, Yo entraré a él”. Oh, la bondad que Dios ha mostrado para con Ud., cómo es que el Señor Dios viene aquí noche tras noche, mostrándose Él mismo vivo por medio de la resurrección del Señor Jesús, obrando y haciendo las mismas obras que Él hizo antes de dejar éste mundo, y ahora ha vuelto en la forma del Espíritu Santo, haciendo las mismas obras a través de América.
Y la gente se ha sentado aquí, mascan goma de marcar y dicen: “Sí, eso está muy bien, hermano Branham”. Eso es sólo una apreciación. “Oh, sí. Oh, si Ud. nos reprende demasiado fuerte, nosotros esperaremos para ver a Oral Roberts. Y si él nos reprende, iremos donde Billy Graham”. Simplemente entretenidos…
67 Uds. no saben lo bueno que Él es para con Uds. Él no tiene que hacer estas cosas. Él no tiene que hacer su aparición. La razón que Él lo está haciendo es porque Él prometió que lo haría. Y Él es bueno y lleno de misericordia. No importa qué tan mal lo trate Ud. a Él, Él volverá a la puerta y llamará otra vez. Oh, permitan que Él venga esta noche. Permitan que Él toque en la puerta de nuestro corazón una vez más en esta noche, y entonces abramos nuestros corazones y digamos: “Sí, Señor Jesús, yo creo ahora”.
Inclinemos nuestros rostros sólo un momento. Solemnemente ahora, yo me pregunto en este tiempo de oración sincera, me pregunto si Dios tocaría en el corazón de alguien ahora mismo. Yo quiero ver eso antes de que deje su hermosa ciudad. Puede que yo no vuelva a verlos a Uds. otra vez en esta vida. Estoy a punto de salir para África ahora y alrededor del mundo.
68 Pero yo me pregunto mientras que estoy aquí, como su hermano, yo me pregunto si Dios en cualquier momento ha tocado en su corazón durante esta reunión diciendo: “Hijo mío, permíteme entrar a tu habitación. Permíteme entrar por la puerta, y luego si ya he entrado, entonces permíteme tener acceso. Permíteme tomar posesión de toda esa indiferencia, ese orgullo. Permíteme tomar posesión de esa vida privada. Permíteme pararme en la puerta de tu fe, entonces si tú no puedes entender estas cosas y piensas que ellas son tan misteriosas…”
Ud. dice: “Bueno, yo no sé, hermano Branham, si eso sería correcto o no”. Permita que Dios unja sus ojos en esta noche con Su colirio. ¿No lo hará Ud.? Mientras tenemos nuestros rostros inclinados, ¿cuántos levantarán sus manos y dirán a Dios por medio de esto: “Señor, yo quiero que Tú unjas mis ojos. Yo quiero ver la resurrección del Señor Jesús?”
69 Dios le bendiga, señora, allí sentada, desairada, llorando, ciertamente. Dios le bendiga, señora, sí, sentada allí secándose los ojos. Alguien más levante la mano y diga: “Dios, ten misericordia de mí”. Dios le bendiga, jovencita acá atrás. Dios le bendiga a Ud. por acá, señor, a Ud. hombrecito aquí, a Ud. señora, a Ud., y a Ud. Ud. allá atrás, bien atrás, sí, Dios le bendiga.
“Oh, Yo estoy a… ” Dios le bendiga allá en el balcón. “Yo estoy a la puerta y llamo”. Dios le bendiga, joven sentado aquí abajo, justo en la encrucijada de la vida. “Yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oyere Mi voz, y viene, y abre la puerta, Yo entraré y cenaré con él, me sentaré a la mesa, le daré a conocer todos Mis misterios”.
70 Oh, si tan sólo Dios pudiera meternos, como hizo con Cleofas y aquellos que habían caminado con Él todo el día. Él les había enseñado y predicado todo el día, y aún así ellos no sabían Quien era Él. Luego cuando Él los tuvo adentro, así como Él los tiene a Uds. ahora, cerrados dentro, entonces Él se reveló a Sí mismo. Sus ojos fueron abiertos.
Pues, ellos habían mirado todo el día. Habían mirado directo en Su rostro, pero no le conocieron. Y sus ojos fueron abiertos, y ellos dijeron que supieron que era el Señor. Vean, rápidamente Él se había desvanecido de sus ojos. Ellos regresaron inmediatamente diciendo: “Verdaderamente el Señor Jesús se ha levantado de entre los muertos”.
¿Quiere Ud. que sus ojos se abran para ver que éste es el último día, para ver que éste es el fin de la edad? Dios está lidiando con los gentiles ahora. Ésta será la última vuelta. La cosa siguiente es el juicio. Dios le bendiga, joven, sentado allí justo en la flor de la vida, adolescente. Tú estás tomando el mejor camino que alguna vez tomaste, hijo. Mamá y papá seguramente estarán contentos contigo, estarán orgullosos al saber que su hijo ha levantado su mano y aceptado a Cristo.
71 Uno de estos días cuando ése pulso se esté yendo, la muerte subiéndole por la manga, y Ud. se esté poniendo frío; todos sus amigos parados alrededor, ninguno de ellos puede hacer algo por Ud. entonces, quizás desangrándose debido a un accidente automovilístico; debajo de un carro, un fuego quemándolo a Ud., ahogado en el agua; algo matándolo; Ud. recordará: “Yo levanté mi mano una vez a Jesús”. Esa es la cosa más valerosa que Ud. jamás hizo.
¿Alguien más antes que terminemos? ¿Alguien más? Dios le bendiga. ¿Alguien allá atrás? Dios le bendiga, jovencita. Dios le bendiga, joven. Eso es correcto, levante su mano así. Dios le bendiga a Ud. allá en el bal… Si, señora, sí, Dios sea con Ud. Aquí atrás, Dios le bendiga, joven. Dios le bendiga, señor.
72 Dios le bendiga a Ud. por acá, atrás en esta dirección, detrás de mí, allí en los balcones, allá… no en el balcón, quiero decir el vestíbulo. Dios le bendiga. Él ve su mano, aun si Ud. está detrás de las puertas allí, y yo no puedo ver sino esa sola ventanita. Él ve su mano. Ahora, oremos.
Padre Celestial, oh, cuan grande eres Tú. Tú estuviste parado a la puerta aquí en esta noche, y algunas cincuenta personas o más, tal vez setenta y cinco, levantaron sus manos para recibirte a Ti, sabiendo que Tú tocaste a su puerta. Está escrito en la Palabra por nuestro Señor: “Ninguno puede venir a Mí, si mi Padre no le trajere primero. Todo el que a Mí viene, Yo no lo echaré fuera”.
73 Señor, ellos son los frutos del mensaje. Jesús, parado a la puerta del corazón. El avivamiento de mi parte aquí está terminando por esta sesión. Dios, yo estoy tan contento que ellos levantaron sus manos. Ahora, yo los entrego a Ti en este momento. Y estoy orando, Dios, que el gran Espíritu Santo les permita ir a una de estas iglesias aquí en algún lado, una buena iglesia que enseña la Biblia, cualquiera iglesia de su elección, y hablen a su pastor, y digan: “Pastor, la otra noche yo fui a la reunión. Yo levanté mi mano a Cristo. ¿No quiere Ud. bautizarme ahora en la fe cristiana? Yo quiero caminar por el camino recto y angosto, y ser una ayuda para mi vecindario y para todos con que estoy en contacto, y servirle a Dios, pues yo lo amo a Él”.
Oh Dios, ese pastor, él estará contento por eso. Y él cuidará de Tu hijo, creo, Señor, como el buen samaritano que lo llevó a él a la posada y dijo: “Bien, si te falta algo, yo te pagaré cuando venga”. Dios, concédelo. En el Nombre de Jesús, yo los presento a Ti. Amén.
74 Simplemente no quiero dejar la reunión. Yo le dije a ellos esta noche antes de salir; dije: “Hay algo con respecto a esta reunión que sencillamente ha cautivado mi corazón”. Pienso que hay algunos aquí a quienes no volveré a ver. Si regreso dentro de un año, Uds. no estarán aquí, algunos de nosotros. Yo quizás no esté aquí dentro de un año. Algunos de nosotros habremos partido.
Mi testimonio tendrá que pararse en el juicio con ello entonces delante de todos Uds. ¿De qué me serviría a mí dar un mal testimonio? Yo preferiría estar en casa esta noche con mi pequeño José, jugando con él, allá en mi iglesia, sólo parado allí predicando.
75 ¿Cuántos hay en el edificio, y es la primera vez que han estado en una de mis reuniones? Veamos sus manos. Oh, Uds. saben, es bueno que la multitud de la noche siguiente nunca llegue aquí. Si dice que ellos rechazaron a varios miles anoche. Si todos vinieran en una sola ocasión, tendríamos que tener una carpa grande en algun lado. Nunca han estado antes en una de mis reuniones… Ahora, amigos, yo no reclamo ser un sanador.
76 Quiero decir una cosa antes de esto. Cada uno de Uds. gente querida que levantó la mano, vayan y vean a un buen pastor inmediatamente. ¿Prometerán hacer eso? No tenemos espacio aquí para traer a la gente para un llamamiento al altar. Pero prométanlo. Lo único que tienen que hacer…
Yo sí creo en el altar, ciertamente. Yo creo en eso. Pero si recuerdan, en la Biblia dice: “Los que creyeron fueron añadidos a la iglesia”. ¿Ven? Yo pienso que uno debería… Una persona, es bueno que ellos pasen al frente, y oren, y den gracias a Dios, y se pongan de pie como un testimonio público. Yo creo en eso, con todo mi corazón. Pero no tenemos espacio aquí para hacerlo.
Ahora, Ud. le prometió a Dios que Ud. creyó. Yo tomé su palabra. Él también. Así que ahora, Ud. vaya a su iglesia y dé su mano… dele la mano al pastor, y dígale que Ud. desea ser un miembro de su iglesia, ser bautizado.
77 Ahora, sólo unos momentos antes que comencemos la línea de oración, lo cual nosotros en realidad comenzamos a tiempo; nos quedan doce minutos, pero no los tomaremos todos. Sólo quiero decirle a los nuevos, miren, yo no reclamo ser un sanador Divino. ¿Me pueden oír bien? Yo no creo que haya ningún hombre en el mundo que sea un sanador Divino. Yo creo que Dios es el único que puede sanar.
¿Cuántos saben que Jesucristo nunca reclamó ser un sanador? ¿Es correcto? Cierto. Él dijo: “No soy Yo que hace las obras: es Mi Padre que mora en Mí, Él hace las obras”. Y: “El Hijo no puede hacer nada de Sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre”. ¿Es eso correcto?
78 Entonces Jesús nunca hizo una sola cosa, según Su propia Palabra, a manera de sanar al enfermo ni nada, hasta que el Padre le mostraba a Él por un milagro, por una visión lo que iba a ocurrir. Esa es Su propia Palabra. Él no mentiría. Eso es San Juan 5:19. “De cierto, de cierto (la palabra quiere decir absolutamente, absolutamente), te digo; el Hijo no puede hacer nada en Sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre, eso hace el Hijo igualmente”.
Ahora, eso está inspirado, la propia Palabra de Dios. Luego miren ¿qué hizo Él? ¿Cómo se declaró Él mismo ahora a la nación? ¿Cuál fue la primera cosa que Él hizo a manera de milagro según entendemos nosotros para que la gente pudiera ver? Él oraba por los enfermos, ponía Sus manos sobre ellos. Pero un milagro…
79 Hubo un hombre llamado Pedro (Él lo llamó Pedro, pero antes su nombre era Simón). Y él era un pescador. Y su hermano Andrés lo trajo a él a Jesús. Ahora, escuchen atentamente sólo por un momento; Uds. perderán el punto clave. Y él lo trajo a él a Jesús; y cuando él llegó ante la Presencia de Jesús, Jesús dijo: “Tu nombre es Simón, pero te llamarás Cefas”. Y dijo: “Tú eres el Hijo de Jonás”.
¿Cuántos saben eso? Ése fue un judío sobre el cual fue obrado el milagro. Él finalmente terminó teniendo las llaves del Reino en su mano, un hombre que ni siquiera podía leer su propio nombre. La Biblia dice que Pedro era ignorante y sin letras (eso es correcto), no un estudiante, un pescador ignorante y sin letras.
80 Ahora, entonces ¿qué sucedió? Había un individuo de su misma ciudad llamado Felipe. Él también fue salvo. Y estaba tan entusiasmado que rodeó la montaña como treinta millas y encontró a su amigo llamado Natanael. Esa es una buena señal que él fue salvado; él quería decirle a alguien al respecto. Y él encontró a Natanael, y Natanael estaba debajo de un árbol orando. Y él dijo: “Ven y ve a quién hemos hallado, a Jesús de Nazaret, el Hijo de José”.
Ahora, este hebreo leal, sacudiéndose la ropa, él dijo: “Mira, espera un momento, Felipe. ¿Pudiera algo de bueno salir de esa ciudad (o de ese grupo, de esos Aleluyas, o como sea que quieras llamarlos) ¿Pudiera salir algo bueno de allí?” Y él le dijo la mejor respuesta que cualquier hombre pudiera dar. Él dijo: “Ven y ve. Sé tú el juez”.
81 Cuando venían por el camino él le dijo lo que Él le había hecho a Pedro, y así sucesivamente. Eran treinta millas, así que ellos tuvieron bastante tiempo para conversar, la jornada de un día entero. Y cuando ellos llegaron a la línea de oración donde estaba Jesús. Ahora, miren lo que hizo Jesús. Allí viene un hebreo verdaderamente fiel. No lo pasen por alto ahora.
Cuando él llegó ante la Presencia del Hijo de Dios, Jesús lo miró y dijo: “He aquí, un Israelita, en el cual no hay engaño”. Eso es San Juan 1. ¿Cuántos saben eso, Uds. los nuevos? Y él lo miró a Él; dijo: “Rabí, ¿Cuándo me conociste?” (En otras palabras “Tú no me viste a mí, por mi manera de vestir Tú no lo sabrías. Yo podría haber sido un griego. Yo podría haber sido un árabe. Y yo podía haber sido un hombre deshonesto. Pero Tú me dices que yo soy un ortodoxo, un israelita genuino, y yo soy honesto y honrado. ¿Cómo me conociste? Tú nunca me hubieras visto”).
Jesús dijo: “Antes que Felipe te llamara, cuando tú estabas debajo del árbol, te vi”. ¿Es correcto eso? ¿Cuántos saben eso? Ahora, observen la actitud de éste judío, me refiero a un judío verdaderamente elegido.
82 Quiero preguntarles algo a Uds. ¿Cuántos creen en elección? ¿Me quieren decir que Uds. no creen en la elección? Sé que tengo que venir para enseñar un poquito. Elección. “Nadie puede venir a Mí, a menos que mi Padre lo traiga”.
En el Libro de Efesios el capítulo 1, la Biblia dice que Dios nos predestinó para ser adoptados hijos de Dios a través de Jesucristo, predestinados por previo conocimiento. Dios conocía a todos los que serían salvos antes que aun el mundo fuera creado. Jesús nunca vino a la tierra para morir, y mostrar lástimas y decir: “Alguien tendrá misericordia, y dirá: Bueno, Él murió, creo que vendré”. Yo no dirigiría mis negocios de esa manera, y Uds. tampoco. ¿Qué tal Dios?
83 Dios envió a Jesús aquí para llamar a aquellos que por previo conocimiento Él sabía que vendrían. Ciertamente que sí. Si Él no era infinito, Él no sabía. Pero si Él fue infinito, Él conoció cada mosca, cada pulga, y todo lo demás que alguna vez estaría sobre la tierra, si Él es el Dios infinito… ¿Cuántos creen que Él es infinito?
Dígame qué significa “infinito”. No existe una sola cosa que alguna vez estuvo sobre la tierra, que Él no lo supiera antes que el mundo fuese creado. Él así lo dijo. Entonces Él sabe… Él no quiere que ninguno perezca, pero Su previo conocimiento le permite a Él saber quién perecería y quién no.
84 Esa es la razón que cuando Pablo habló de ello allí en Corintios o Romanos, él dijo: “Antes que cualesquiera de los dos niños nacieran, Esaú y Jacob, ambos con padres buenos y santos, Dios dijo: Yo aborrezco a Esaú, y amo a Jacob, para que su elección pudiera permanecer fiel”. ¿Cuántos han leído eso alguna vez? ¿Y Uds. no pueden creer en elección? Él sabía exactamente lo que sucedería. Cierto.
Él no quiere, pero Su previo conocimiento le permite a Él saber. Él no simplemente dice: “Yo voy a salvar a éste y perder a aquel”. Él quiere que todos Uds. sean salvos, pero Su previo conocimiento sabe quién lo sería; así que por lo tanto Él podía predestinar de acuerdo al previo conocimiento, y eso es elección. Jesús vino, y cuando los últimos para ser salvos sean salvados, la iglesia se irá a casa.
85 Ahora, cuando Felipe fue y buscó a Natanael, y Natanael fue y vio a Jesús, y Jesús le dijo en dónde estaba antes que él viniera, observen lo que dijo ése judío. Ahora, ése es un verdadero judío que ha sido elegido a Vida Eterna. Él dijo: “Rabí, Tú eres el Hijo de Dios. Tú eres el Rey de Israel”.
Pero ahora, ahí estaban muchos eruditos parados alrededor. Y ¿qué dijeron ellos? Ellos dijeron: “Él es beelzebub. Él es un adivino”. ¿Cuántos saben que Él era un beelzebub? Vean, ellos sabían, él pensó que le estaba leyendo la mente a ése hombre. “Él es beelzebub, el príncipe de los demonios”.
Jesús dijo: “Yo les perdonaré por eso, pero cuando el Espíritu Santo venga y lo haga, una sola palabra contra Ello jamás será perdonado ni en éste siglo, ni en el siglo venidero”. ¿Cuántos saben eso? ¿Qué estaba Él haciendo? De esa manera fue como Él se dio a conocer a los judíos, haciendo eso.
86 ¿Cómo se dio Él a conocer a los samaritanos? Ahora, hay solamente tres nacionalidades de gente; eso es judío, gentil y samaritano: el pueblo de Cam, Sem y Jafet. Y sabemos eso. Nosotros venimos de los hijos de Noé.
Ahora, noten. Entonces cuando Él se dio a conocer a los samaritanos, Él despidió a los discípulos. Y Él estaba sentado sobre esta piedra, porque el Padre le había dicho que fuera allá. Él tuvo necesidad de pasar por Samaria. En lugar de ir directo a Jericó, Él rodeó la montaña hacia Samaria.
Y Él se sentó allí, y una mujer salió. Creemos que ella era una prostituta. Ella tenía seis maridos. Y cuando ella salió, ella fue a bajar la olla para sacar el agua, y cuando lo hizo, Jesús dijo: “Mujer, tráeme de beber”.
Y ella dijo: “Nosotros tenemos segregación. No es costumbre que los judíos tengan trato con los samaritanos. Nosotros tenemos una ley de segregación aquí”.
Y Él dijo: “Pero si tú supieras con quién estás hablando, tú me pedirías a Mí de beber”.
87 ¿Qué hizo Él? Él comenzó hablar con ella acerca de la adoración en el monte en Jerusalén. Él entabló una conversación con la mujer hasta que captó su espíritu. Él dijo: “Ve, busca a tu marido y ven acá”.
Ella dijo: “Yo no tengo marido”.
Observen, no un judío, un samaritano, y ella dijo: “Yo no tengo marido”.
Él dijo: “Tú has dicho bien. Tú has tenido cinco, y con el que estás viviendo ahora no es tuyo”.
Ahora, miren lo que ella dijo. ¿Dijo ella: “Él es un adivino?” Ella dijo: “Señor, me parece que Tú eres un profeta. Y nosotros sabemos (¿qué?), nosotros sabemos (los samaritanos) que cuando el Mesías venga, Él nos declarará estas cosas, pero ¿quién eres Tú?”
Él dijo: “Yo Soy Él que habla contigo”. Y ella entró corriendo a la ciudad y dijo: “Venid, ved a un Hombre que me dijo las cosas que yo he hecho. ¿No será éste el Mesías?”
Ahora, vigilen. Él prohibió… Él nunca hizo ése milagro ni una sola vez a un gentil. Y Él les dijo a Sus discípulos que no fueran por camino de los gentiles. ¿Cuántos saben eso? Y eso nunca ha sido hecho desde aquel día hasta éste. Pero éste es el fin de los gentiles.
88 Y la manera en que Dios actúa la primera ocasión, si las circunstancias se presentan, y esa misma cosa surge otra vez, Él tiene que actuar de la misma manera cuando Él es llamado a la escena, o Él obró mal cuando Él sanó aquél hombre. Él estaría haciendo acepción de personas.
Si esa es la manera como Él se manifestó al judío, el judío verdadero lo creyó, y el otro no lo creyó, y esa es la manera en que Él se manifestó a los samaritanos, Él tiene que hacer la misma cosa al gentil, si Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Él ha prometido que Él lo haría.
89 Vayan atrás a través de los… sus eruditos; revisen su historia y vean si eso alguna vez ha sido hecho desde aquel día hasta éste. Éste es el día. Éste es el último viaje para América. Una vez que la misericordia ha sido despreciada, lo que queda es juicio.
Ahora, amigos, recuerden esto. No lo olviden. Lean sus Escrituras. Una mujer tocó Su manto, pues ella dijo en su corazón: “Si yo lo puedo tocar a Él, seré sanada”. Jesús iba pasando, y todos lo abrazaban, o le daban un apretón de manos, o lo que fuera, y esa mujer tocó Su manto. Ella no sintió nada físicamente, porque el manto palestino es holgado.
Y ella simplemente tocó el borde de Su manto, y fue atrás y se sentó, o se quedó de pie o como haya sido; ella se apartó de Él. Jesús se volteó y dijo: “¿Quién me tocó?”
Y la mujer dijo: “Yo no”. Todos ellos dijeron: “Yo no”.
Pero Jesús dijo: “Yo me debilité; virtud salió de Mí”.
Pedro dijo: “Bueno, el grupo entero te está tocando”.
Dijo: “Pero Yo estoy débil”. Luego Él miró alrededor hasta que encontró a la mujer. Y Él dijo: “Tu fe te ha salvado”.
90 Ahora, eso era Jesús ayer. Y la Biblia dice que Él es un Sumo Sacerdote ahora mismo, el cual puede ser tocado por el sentir de nuestra enfermedad. ¿Es correcto eso? ¿Dijo Él esto antes que Él se fuera? “Las obras que Yo hago, vosotros también las haréis”. ¿Dijo Él eso? ¿Cuántos saben eso? Digan: “Amén”.
91 ¿Cuántos saben que Él dijo: “Un poquito y el mundo (esa palabra griega Kosmos que quiere decir el orden mundial) el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis? Pues, ”Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo“ ¿Cuántos saben eso? Jesucristo el mismo ayer. Si Él es el mismo, Él tiene que manifestarse igual.
Miren lo que Él dijo: “Yo soy la Vid; vosotros sois los pámpanos”. Ahora, la vid no lleva fruto. El pámpano lleva fruto. Y la clase de fruto que produce, es la clase de fruto, la vida que está saliendo de la vid. Si es una calabaza, como dije, producirá calabazas.
92 Si es una vid pecaminosa a la cual Ud. está conectado, producirá pecado. Si es la vid de una iglesia, producirá religiosidad. Si es Cristo, producirá las obras de Cristo: tiene que hacerlo. “Yo soy la Vid; vosotros sois los pámpanos”. Y ahora, Él solamente tiene manos, las mías y las suyas, ojos, los míos y los suyos. Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos.
Y permítanme decir esto siendo que me estoy yendo esta noche. Esta es la hora de América. Y ella lo ha menospreciado. Yo dije hace dos años que América nunca tendría un avivamiento. Escríbanlo en su libro y vean si eso es correcto o no. Ella está acabada.
Si Dios deja pasar a América con éste grupo de hipócritas, pecaminoso e incrédulos, Él tendrá que levantar a Sodoma y Gomorra y disculparse con ellas por haberlas hundido (eso es correcto), para ser justo. Eso es correcto. Aunque Ángeles los hirieron con ceguera, ellos andaban a tientas en tinieblas, un espíritu pervertido. Y esta noche América se encuentra en la misma condición, no queda nada sino fuego.
93 Quiero que noten cuál fue el mensaje de ése Ángel que fue a intentar sacarlos a ellos de allí. Quiero darles sólo un poquito extra ahora, sólo por un momento. Cuando el Ángel vino a Abraham, Sara estaba atrás en la tienda. ¿Cuántos saben eso? Y el Ángel tenía Su espalda hacia la tienda. ¿Cuántos saben eso? La Biblia así lo dice.
Y el Ángel, que era Cristo… Sabemos que ése era Cristo. Él fue llamado Elohim, el cual es el Dios Todopoderoso en la forma de un hombre. Él estaba parado allí. Y cuando Él estuvo, Él estaba mirando a Abraham. Él dijo: “Según el tiempo de la vida, te voy a visitar”. Y Sara, atrás en la tienda hizo [El hermano Branham ilustra—Ed.] se rio, atrás a Sus espaldas. Él dijo: “¿Por qué se rio Sara?”
94 ¿Qué fue? Era el mensaje del Ángel a Sodoma antes que fuera quemada. Y nosotros vamos a recibir el fuego. Y antes que caiga el fuego, ése mismo Ángel con las mismas señales y maravillas… toquen Su manto y dense cuenta. ¿Pueden ver que es un Ángel, la última advertencia a la Iglesia? ¿Cuántos entienden eso ahora, para hacerlo claro a Uds.? ¿Ven?
El mismo Ángel tiene que hacer la misma cosa, y América simplemente se queda tranquila como si nada. Seguro, no puede ser otra cosa, tiene que ser así. Pero hay algunas águilas.
Abran sus ojos ahora. Dios unja sus ojos. Y si Cristo hace la misma cosa desde esta plataforma esta noche que Él hizo cuando anduvo por Galilea, me pregunto si Uds. volverían a casa como Cleofas y aquellos, diciendo: “¿No ardían nuestros corazones dentro de nosotros mientras Él nos hablaba por el camino?” ¿Creerían Uds. eso? Dios les bendiga. Oremos.
95 Ahora, Señor, yo he hecho todo lo que sé hacer. Encomiendo el resto del servicio a Ti. Ahora, unge a Tu pueblo aquí, Señor. Éste es un grupo de gente encantador. Y, Señor, la razón por la que he tratado de ser tan severo con ellos, no es porque yo pensé que ellos merecían que fuera severo, pero yo sólo estoy advirtiendo, Señor, sólo advirtiendo. Yo te ruego que Tú les permitas entender eso, que yo solamente estoy colocando una advertencia allí y haciéndoles saber que ésta es la hora de América, su última hora.
“Date prisa”, dijo Lot, o el Ángel le dijo a Lot: “Sal, ven rápidamente. Yo no puedo hacer nada hasta que tú salgas primero”. Y esa es la advertencia del Ángel hoy, el mismo Ángel, haciendo las mismas obras, probando que Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Concédelo, Señor. Toca en sus corazones; abre sus ojos; y que ellos te puedan ver a Ti en esta noche, pues lo pido en el Nombre de Cristo. Amén.
96 Tengo estos pañuelos aquí. Ahora, en la Biblia dice que… Muchos de Uds. dicen que: “Unja mis pañuelos”. Eso está bien. Todo lo que Dios bendiga, yo estoy a favor de ello. Pero si Uds. me son testigos, en Hechos 19 ellos no ungieron pañuelos. Ellos tomaron del cuerpo de Pablo, pañuelos.
Uds. saben, yo pienso que Pablo era muy fundamental. ¿No creen Uds.? ¿Saben Uds. de dónde pienso yo que él sacó eso? Cuando la mujer, la mujer sunamita, cuando él le dio su bordón a Giezi y le dijo: “Toma éste bordón y colócalo sobre el niño. Giezi sabía que lo que él tocaba era bendecido, si la mujer creyera lo mismo.
Y la gente le creía a Pablo. Ellos vieron al Señor obrando con él, y ellos creyeron. Así que ellos tomaban pañuelos y delantales de su cuerpo, e iban a los enfermos y afligidos, y ellos eran sanados.
97 Ahora, si Ud. no tiene uno aquí, y desea uno, sólo escriba a mi oficina allá en Jeffersonville. Será enviado a Ud. completamente gratis y franco de porte. Nosotros enviamos miles de ellos al mes alrededor del mundo. Oh, testimonios tremendos. Ahora, oremos por estos pañuelos antes de irnos.
Señor Dios, en la Biblia está escrito que cuando Israel estaba acorralado tratando de seguir Tus instrucciones, y ellos estaban frente al Mar Rojo, y las montañas desiertas estaban a cada lado, y el ejército de Faraón los acorraló, ahí venían ellos para una muerte repentina. Y un escritor ha dicho que los ojos del Señor miraron hacia abajo a través de la Columna de Fuego, y el Mar Rojo se asustó, y se amuralló. E Israel cruzó en tierra seca hacia la tierra prometida.
Ahora, Señor Dios, mientras envío estos pañuelos como señal de la fe de la gente, que los ojos de Dios miren a través de la Sangre de Jesús Su Hijo, y cuando ellos vean esta pequeña prenda puesta sobre el enfermo y afligido, que el diablo, la enfermedad se aparte y que esta paciente cruce hacia esa tierra prometida de buena salud. Concédelo, Señor. Los envío en el Nombre de Jesús, para éste propósito. Amén.
98 Muy bien. Tarjeta de oración. Y-1 al 100? Y-1 al 100. Bueno, ya hemos terminado con todas ellas, así que empecemos desde el número 1. No podemos alinear sino sólo a unos pocos a la vez, así que tendré que llamarlos de uno en uno hasta que tenga los suficientes para llamar este pequeño pasillo aquí arriba, y luego comenzaremos. Muy bien.
Quiero que cada persona se mantenga en su asiento y sean lo más reverentes posible, lo más reverentes que puedan. ¿Quédense quietos ahora? Sólo tenemos dieciocho minutos. “Y número 1”, ¿quiere levantar su mano?
99 Es una tarjetita como de éste tamaño. Muchachos vienen y las mezclan todas, y le dan una tarjeta a todos los que deseen una, así. Entonces esa noche llamamos de algún lado, traemos…Eso es solamente para traer la gente aquí arriba. Luego Uds. empiezan a creer.
¿Cuántos aquí no tienen una tarjeta de oración (veamos su mano), y Uds. quieren que Dios los sane? Yo reto la fe de Uds. a mirar hacia Aquél que es el Sumo Sacerdote, y digan: “Señor Dios, si ése hombre me ha dicho la verdad… Yo no tengo tarjeta de oración, pero permite que él se dé la vuelta y me diga a mí lo mismo así como Tú lo hiciste allá en el pasado. Yo nunca más lo dudaré”. Hagan eso y vean qué sucede.
100 Anoche tuvimos la línea de oración, y no tomábamos a nadie que tenía tarjeta de oración. ¿Cuántos de los que estuvieron aquí anoche saben que simplemente tomamos aquellos sin tarjeta de oración? Es igual. Lo único es para mantener, sólo para permitir que alguien suba aquí para… no importa quién venga, esto es sólo para mantener el orden. Así no sucede como en un estadio, donde se amontonan unos sobre otros. Hemos visto gente entrar en peleas respecto a quién llegaría allí primero, así tuvimos que darles tarjetas para mantenerlos alineados.
Y- número 1, levante su mano por favor, quien la tenga, tarjeta de oración Y-… ¿Es correcto eso? O ¿dijiste V? V, v… tal vez es V- número-1 entonces. ¿Quién tiene la V- número-1? ¿Tiene alguien la tarjeta de oración V, como en “victoria”, levante su mano? Oh, sí, aquí están. Muy bien. Es V.
101 Comencemos entonces desde la V- número-1.
¿Quién la tiene? ¿V número 1? Muy bien, justo aquí. Muy bien, señor. ¿V número 2? V número 2, ¿levantaría su mano? ¿Quién la tiene? Por favor, alguien allá atrás… ¿Es esa la señora allí mismo, hermana, V número 2? Muy bien. Venga aquí, ¿quiere? V número 3. Ellos están por todo el edificio ahora. Ellos las reparten adondequiera en el edificio.
V número 3, levante su mano. Muévala así para que podamos… ¿Allá atrás? Gracias, hermana. Venga aquí sólo un momento. Quiero que se alinee aquí mismo ahora. ¿V número 4? ¿Quién tiene la número 4? Muy bien, señora. Venga acá. ¿Número 5?
Miren la tarjeta de su vecino, pudiera ser sordo, puede ser que no pueda levantarse. ¿Número 5? V número 6, ¿quiere levantar su mano por favor? Aquí mismo. Muy bien. Número 8, ¿quiere levantar su mano? V número 8. Número 8, ¿quiere levantar su mano por favor? V número 8. ¿Allá atrás? Gracias. Muy bien.
102 ¿Número 9? ¿Número 9? V- número- 9, ¿quiere levantar su mano? Muy bien. ¿Número 10? Qué bueno. Pase adelante ahora. Número 10, ¿quiere levantar su mano rápidamente? ¿10. 11? Muy bien. ¿12? ¿12? ¿La vi? Ud. perderá su turno. 12, muy bien, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20.
Ahora, no importa; no me importa si alguien más, si ellos desean ponerse de pie, yo simplemente sigo llamando. ¿Quieren que llame unos cuantos más? Sólo díganlo. No importa. Simplemente no quiero que estén de pie demasiado tiempo. ¿20? 21, 2, 3…
[Espacio en blanco en la cinta—Ed.] Nosotros probablemente nacimos con millas de diferencia, con años de diferencia. Y esta es la primera vez que nos hemos encontrado en la vida. Ahora, si Dios le revela Jesucristo a éste hombre, así como Él lo hizo cuando Felipe fue y buscó a Natanael y lo trajo…
103 ¿Qué dijo Jesús? “He aquí, un Israelita en el cual no hay engaño”, un creyente cristiano honesto, justo, en otras palabras. Dijo: “¿Cuándo me conociste, Rabí?”
Dijo: “Antes que Felipe te llamara, cuando tú estabas debajo del árbol, te vi”.
Rápidamente él dijo: “Tú eres el Hijo de Dios, el Rey de Israel”. Pero los fariseos dijeron: “Él es un demonio”.
Ahora, si es hecho, tendrá que venir mediante alguna especie de poder sobrenatural. Tenemos dos Biblias aquí delante de nosotros, y ambos tenemos nuestras manos levantadas indicando que ésta es la primera vez que nos hemos encontrado. Ahora, depende de lo que Uds. piensan qué es. Si Uds. piensan como los fariseos, Uds. obtienen su recompensa. Uds. obtienen la recompensa de Dios si piensan que es Dios. Esto debería concluirlo para siempre.
104 Ahora, Yo no digo que Él lo hará. Creo que sí. Yo estoy confiando. Él nunca me ha fallado todavía. Y con esto son como doce años. Yo he visto visiones desde que era como de dieciocho meses de nacido. La primera visión que vi, yo le dije a mi madre dónde viviríamos, y que sería cerca de New Albany, Indiana. Nosotros estábamos a cientos de millas de distancia. Hemos vivido allí toda la vida.
Todos Uds. sólo ven lo que sucede aquí mismo en la plataforma. Esto es todo lo que Uds. saben. Pregúntenles a mis asociados, el Dr. Vayle y a estos que van junto con nosotros, y observan las grandes visiones. Esto es lo que Uds. están haciendo. Esto es la propia fe de Uds. jalando hacia el don de Dios. Eso es lo que hizo aquella mujer. Jesús no sabía nada al respecto, pero ella jaló el poder de Dios de Él por medio de su fe. Y esa es la única cosa que ha ocurrido aquí.
105 Pero cuando Dios le dijo a Jesús que fuera y esperara hasta que Lázaro hubiera muerto y regresara, Él resucitó al muerto. Él nunca dijo que se debilitó. Dios simplemente lo levantó a Él y dijo: “Esta es la manera en que va a ser, y esto es lo que sucede”. Y Él no se debilitó debido a eso. Pero cuando una mujer tocó Su manto, ella estaba usando el don de Dios.
Ahora, sean muy reverentes. Oremos, y vigilen ahora.
Ahora, señor, esta pudiera ser la última vez que nos encontremos aquí en la tierra. Y aquí estamos por vez primera sobre la tierra. Yo confío que nos encontremos muchas veces. Pero si el Señor viene ahora… Y recuerden, yo les estoy diciendo a Uds., y Uds. saben que es la verdad; yo no sé nada acerca de Uds. Pero si el Señor Dios me revela algo que Ud. sabe si es verdad o no…
106 Ahora, si yo dijera: “Sr., Ud. está enfermo”, Ud. pudiera no estarlo. Yo no sé. Eso quizás sería una adivinación; aun así pudiera ser verdad. Ahora, si yo dijera: “Ud. va a sanar”, Ud. todavía tendría que tomar mi palabra al respecto. Pero si Dios me dice algo, que Ud. sabe si es la verdad o no, entonces Ud. sabría si eso era Dios o no, ¿no es así? Eso sería Dios, es la única manera en que pudiera ser. Ahora, crea.
Ahora, si la audiencia puede oír mi voz… Y Uds. que han visto la fotografía del Ángel del Señor, Su Presencia está aquí. Y en el Nombre de Jesucristo, yo tomo todo espíritu aquí bajo mi control para la gloria de Dios, y para la manifestación de Su Hijo Quién ahora está presente.
El hombre está sufriendo de una condición nerviosa por la cual él quiere que yo ore. Eso es ASÍ DICE EL SEÑOR. Eso es correcto, ¿no es así, señor? Levante su mano si eso es correcto. Eso no fue una adivinación. Esa no fue mi voz. Fue algo más. ¿Cree Ud. que fue la de Él?
107 Ahora, miren. Entre más hablara con el hombre, más sería dicho. ¿Les gustaría…? ¿Les confirmaría eso algo a Uds., si le hablara un poco más a él? Yo no les puedo decir lo que dije. La única manera en que lo sé, es por medio de estas cintas. ¿Ven?, es una visión. Yo veo al hombre haciendo algo. No les puedo decir lo que es. Hablemos con él sólo un poco. Él parece ser un hombre que cree. Ahora, hablemos con él, y que él sea el juez.
Ahora, el hombre está parado con sus ojos cerrados, y todos Uds. ven que él nunca ha abierto sus ojos para mirar hacia mí. Sí, yo veo al hombre. Él está un poco preocupado por algo. Él está sufriendo de una condición nerviosa. Ese es su problema.
Y además de eso, lo que lo hace estar preocupado, es que él tiene uno de sus seres queridos que está al borde de la muerte, va a morir. Y ese es un hombre más joven. Oh, es su hijo. Y ese muchacho está en una condición terrible. Él tiene algo mal con sus pulmones. Es cáncer en sus pulmones. Eso es correcto.
108 Y este hombre delante de mí es un predicador. Y él no viene de esta ciudad. Él es de otro lugar alrededor, viniendo a través de las montañas, o algo así para venir… Él es de un lugar llamado Charlestown, West Virginia. Él ha venido aquí para que se ore por él, por su ser querido moribundo. Eso es ASÍ DICE EL ESPÍRITU. ¿Cree Ud. que recibe lo que ha pedido, señor? Vaya a casa y encuéntrelo de esa manera, en el Nombre del Señor Jesucristo.
¿Uds. creen? Ahora, Uds. allá en la audiencia que no tienen tarjetas de oración, Uds. que no van a estar en esta línea, comiencen a mirar hacia acá y diciendo: “Señor, yo también creo”, en todos lados, en todas partes del edificio.
109 Supongo que somos desconocidos uno al otro, señora. Lo somos. Hasta donde sé es la primera vez que nos vemos. Pero el Señor Dios Quién hizo los cielos y la tierra, está presente aquí para ser nuestro Testigo. Si Él me revelare a mí… Ahora, aquí está un cuadro como el de la mujer junto al pozo, la mujer samaritana. Vean, es un hombre y una mujer encontrándose por primera vez.
Si Jesús es el mismo ayer, hoy, y por los siglos, entonces si Él me revela a mí algo lo cual Ud. sabe si es verdad o no, ¿creerá Ud. que es Él hablando a través de su hermano? ¿Sí? Ud. es una creyente cristiana, porque su espíritu es bienvenido. Yo sé que Ud. es un cristiano.
La mujer está sufriendo con un nerviosismo tremendo, y una debilidad. Esta debilidad fue causada por una operación. Y esa operación fue en la glándula femenina. Y ella todavía tiene un agotamiento debido a esa operación. Eso es cierto. Levante sus manos a eso. Bueno, eso terminó, hermana. Ud. va a estar bien, pues su fe la ha sanado. Así que puede irse a casa ahora, y estar bien, y glorifique a Dios. Amén.
110 ¿Quiere Ud. venir? Sean reverentes ahora. Simplemente estén en oración. Supongo que somos desconocidos uno al otro. ¿Esta es la primera vez que nos encontramos? Ud. ha estado aquí en las reuniones, al final de esta reunión. ¿Pero yo no la conozco a Ud.? No. Muy bien.
Entonces si el Señor nuestro Dios habla y revela el secreto de su corazón, o algo que Ud. sabe si es la verdad o no, Ud. —Ud. sabrá si eso es correcto.
Predicador, Ud. tiene un problema de la vejiga y un problema de la glándula, y Ud. estaba sentado allí orando. Todo ha concluido ahora. Ud. puede irse a casa, Ud. que está sentado allí con la camisa de color rojo, y la corbata con rayas. Todo ha terminado. Su fe le ha sanado.
¿Qué tocó él? Yo no conozco al hombre. Nunca lo había visto. ¿Somos desconocidos uno al otro, señor?
¿Está Dios ungiendo sus ojos con colirio? ¿Se están abriendo? ¿Pueden Uds. darse cuenta que su hermano aquí no tiene nada que ver con eso? Es un don a través del cual uno se rinde al Espíritu Santo.
111 Dios sabe. Esta dama parada aquí, y su problema está en la espalda. Él dijo que eso era cálculos renales, el doctor. Es correcto. Ud. cree que se pondrá bien. No sólo eso, pero Ud. acaba de tener una caída, y se rompió unas costillas.
Mire, Ud. no pudiera ocultar su vida. Sanarla a Ud., yo no puedo. Ud. no es de esta ciudad. Ud. vive cerca de una ciudad llamada Elkton. Grace, puede regresar, e irse a casa, y estar bien. Dios la sane.
Si puedes creer…
Damita, ¿Ud. cree? Yo soy un desconocido para Ud., pero Dios la conoce. ¿Ud. cree que está en Su Presencia? Su hermano no la haría sentirse de esa manera. Ahora, si la gente pudiera observar, y observara a los verdaderos creyentes cuando ellos vienen a la plataforma, observara la expresión en su rostro. Vean, para mí yo veo esa Luz que Uds. ven en la fotografía. Está justo alrededor de la mujer.
Quiero preguntarle algo, jovencita. Ud. ve un… Ud. sabe que la presencia de su hermano no la haría a Ud. sentirse así, ¿verdad? ¿No hay un sentir verdaderamente dulce, humilde y manso alrededor de Ud. ahora? Si eso es correcto levante su mano. ¿Ven? Yo estoy mirando directamente esa Luz, moviéndose alrededor de la dama.
La dama está parada aquí por alguien más. Eso es correcto, es por su hija. Si Dios me dice lo que está mal con su hija, ¿creerá Ud.? Es una enfermedad de la piel. Ahora, vaya a casa y ponga esas manos que Ud. tiene levantadas, póngalas sobre ella. Ella sanará. Ella va a salir de ello. No se preocupe. Dios la bendiga. Vaya creyendo.
Si puedes creer…
112 Somos extraños el uno al otro, supongo. Pero el Señor Dios nos conoce a los dos. ¿Ud. cree que Él es capaz de hacer esto? Ud. ha venido de fuera de la ciudad también, de más o menos cincuenta millas de distancia, algo así. Ud. tiene hemorroides. Ud. tiene una hernia. Y Ud. tiene una vejiga caída que Ud. quiere que Dios sane. ¿Ud. cree que es Él que le está hablando? Muy bien. Sólo crea. Vaya y sea sanado, en el Nombre de Cristo.
Si puedes creer…
113 Somos desconocidos el uno al otro, me supongo. ¿Lo somos? Ud. me vio una vez antes de ésta. Pero Ud. sabe que yo no la conozco a Ud., quién es Ud. Yo no sé quién es Ud. Ciertamente que no. Pero Dios sí. Si Él me dice quién es Ud., ¿entonces Ud. me creerá? ¿Ud. cree que su artritis estará bien, si Él obra? Muy bien. Que Dios lo conceda, es mi oración.
Su apellido es Walton. Y su primer nombre es Lily. Ahora, dé la vuelta y váyase a casa, y regrese a Richmond, Virginia, y dígale a la gente cuán bueno ha sido Dios con Ud.
Si puedes creer, todas las cosas son posibles. ¿Están creyendo?
114 Algo tocó esa mujer justo allá atrás en ese momento, porque esa Luz pasó de la mujer a aquella mujer. Y yo veo la misma ciudad apareciendo. Ella es de Richmond, Virginia, sentada allá bien atrás. Y Ud. está orando por su hijo. Y ese hijo está en un motel. Y ese hijo tiene problemas del corazón. Llévelo de regreso a Richmond. Él estará bien, si Ud. lo cree con todo su corazón.
¿A quién tocó ella? ¿Qué le sucedió a ella? Ella tocó al Sumo Sacerdote. Cierto. Si puedes creer, todas las cosas son posibles.
115 Veo una mujer que está enjugándose los ojos. Ella está orando en alguna parte. Confío que ella esté aquí. Ella no es de esta ciudad. Ella es de una ciudad llamada Chester. Ella tiene problema en los ojos. Su nombre es Lillian Bush. Váyase a casa y sea sana. Jesucristo la sanó.
¿Uds. creen? Tengan fe en Dios. ¡Oh, qué glorioso!
¿Ud. cree, señora? Yo no la conozco, pero Dios sí la conoce a Ud. Ud. no está aquí por Ud. misma. Ud. está aquí por alguien más. Y esas son dos personas. Y ellos viven cerca de algún lado donde hay un océano, o una gran calle… Sí es. Es el océano Atlántico. Ellos están en una ciudad llamada Nortfolk, Virginia.
116 Si Dios me revela lo que está mal en esas personas, ¿creerá Ud. que yo soy Su siervo y creerá que Él le concederá a Ud. la petición? Una de ellas tiene un tumor en el pulmón. La otra tiene cáncer en el cerebro. Y la que tiene cáncer en el cerebro ha sido operada. Eso es ASÍ DICE EL SEÑOR. ¿Ud. cree? Será así como Ud. ha creído. Vaya y Dios sea con Ud.
¿Están Uds. creyendo?
Ahora, traigan a la persona que sigue. ¿Cuántos creen ahora con todo su corazón? Miren. De vez en cuando percibo un pequeño jalón de alguna parte aquí que… No crean que pueden esconder su vida ahora. Uds. no pudieran hacerlo. Uds. piensan que es telepatía. No es telepatía, amigos. No. Cualquiera que tenga su mente cabal, que sepa una onza de telepatía, sabe que no es así.
117 Aquí. Esta dama. Yo no la conozco a ella. Toque mi mano, señora. Si Dios revela de esta manera cuál es su problema, ¿le creerá Ud. a Él? Sea Ud. el juez. Yo miraré hacia acá, no miraré hacia ella. La dama está sufriendo de un problema femenino. Eso es correcto. Quite su mano de la mía, levántela, eso está bien. Ahora, regrese. Ud. está sana.
Ahora, telepatía no hace eso, amigo. Deténgase y no crea eso. Sólo tenga fe. Ud. dice: “Eso fue una adivinación”. No, no lo es.
Venga acá, señora. Toque mi mano. Si Dios me dice cuál es su problema, ¿creerá Ud. que yo soy Su siervo? [La dama responde: “Si”] Entonces vaya y coma su cena. Su problema del estómago le ha dejado.
Si puedes creer, todas las cosas son posibles.
¿Qué si yo no le dijera nada a Ud., sólo pusiera mi mano sobre Ud., ¿creería Ud. que sanaría? Entonces en el Nombre del Señor Jesús, Dios, concédelo. Amén. Tenga fe.
118 Muy bien. Venga, señor. ¿Qué si yo le dijera que regresara y comiera su cena también, que esa úlcera péptica causada por ese nerviosismo que Ud. ha estado teniendo ha desaparecido, me creería Ud.? Vaya pues, dé la vuelta y crea.
¿Creería Ud. que su diabetes le va a dejar para que esté bien? Vaya y dé la vuelta así y sea sanado.
119 ¿Cree Ud. que esa artritis le va a dejar y que Ud. va a estar bien? Si es así, y quiere creerlo con todo su corazón, baje por ese escalón, y alabe a Dios mientras se va. Eso le dejará, y Ud. estará bien.
Digamos: “Gracias al Señor”.
Ud. tiene una palpitación en su corazón. Pero realmente no es problema del corazón; es problema estomacal que lo hace hacer eso. ¿Ud. cree que Dios lo va a sanar? Puede irse a casa, diga: “Gracias, Señor Jesús”.
¿Cree Ud. que Dios le va a sanar de ese problema de la espalda? Baje de la plataforma y diga: “Gracias, Dios querido”.
Oh, ¿Uds. creen, el grupo completo de Uds.?
120 ¿Ud. cree que Jesucristo le sana?. Baje de la plataforma, diciendo: “Gracias, Dios querido”. Déjela que se quede allí por un momento. Condúzcala. Ella tiene artritis. Dé la vuelta por allá, alabando a Dios, señora, y diga: “Gracias al Señor”. Eso es correcto. Sane y vuelva a casa.
Diga: “Alabado sea el Señor”, ahora. Vaya, Ud. estará bien. Ud. tenía la misma cosa, señor, así que baje junto con ella de esa manera, alabando a Dios y diciendo: “La artritis ha desaparecido”.
Problema del corazón, Ud. es demasiado joven para tener eso. Baje de la plataforma; le ha dejado ahora.
121 Digamos: “Alabado sea el Señor”. ¿Uds. creen?
Un momento. La dama sentada aquí mismo al final con ese problema de la vejiga, ¿Ud. cree que Dios la sana? Justo aquí abajo, ¿Ud. cree que Dios le sanó? Si lo cree, váyase a casa. Ud. tiene su pañuelo en la boca. Esté bien. Aleluya.
Por acá al final de la fila, veo que Ud. tiene problema de nervios y problemas de sinusitis. ¿Ud. cree que Dios le sana? La tercera persona allá atrás, crea con todo su corazón, sentada allá atrás al final de este asiento. Si Ud. cree, puede ser sanada e irse a casa. Dios le bendiga.
¿Uds. creen que Jesucristo vive? ¿Creen que yo les digo la verdad? Entonces si yo soy Su siervo, y he hallado gracia delante de Uds., Jesucristo ha sanado a cada unos de Uds. Él lo hizo hace mil novecientos años. Lo único que Uds. tienen que hacer es levantarse y recibirlo.
122 ¿Uds. lo creen? Ahora, si Uds. creen, yo oraré por cada uno de Uds., y si creen, serán sanos. ¿Lo creen? Muy bien. Inclinen su rostro por un momento. Quiero que digan estas palabras que yo digo desde su corazón.
Dios Todopoderoso, [La congregación repite tras el hermano Branham: “Dios Todopoderoso”,—Ed.] Creador del cielo y la tierra, Autor de la Vida Eterna, Dador de toda buena dádiva, yo, Tu siervo, confieso mis pecados. Prometo ser Tu siervo fiel y verdadero, desde éste día en adelante. Yo ahora creo que estamos viviendo en los últimos días. Yo creo que Jesucristo ha enviado Sus Ángeles a la tierra así como Él lo ha hecho en cada empalme, como en los días de Noé, como en los días de la liberación de los hijos de Israel, y del mismo Señor Jesús y en los últimos días.
123 Yo ahora confieso toda mi incredulidad. Creo que Tú claramente pagaste mi deuda, por mis pecados, por mi enfermedad. Yo te acepto como mi Salvador, y te acepto como mi Sanador“. Desde esta noche en adelante, con la ayuda de Dios, voy a testificar para la gloria de Dios, de mi sanidad. Creo que el diablo ya no tiene poder sobre mí, por causa de la gracia de Cristo, que está aquí en esta noche. Yo ahora creo que soy sanado.
124 Ahora, permanezcan en silencio. Mantengan sus rostros inclinados. Esa es su oración. Si Uds. lo dicen en serio, digan: “Amén”, silenciosamente. Ahora, imagínense al gran Espíritu Santo, mientras miro, posándose sobre Uds., es el mismo que está parado aquí.
Si Uds. toman mi palabra, gente está siendo sanada en todos lados, por todo el edificio ahora. Yo no soy un hipócrita. No soy un engañador. Soy un siervo de Cristo; Dios ha probado eso a Uds. Uds. están siendo sanados ahora mismo.
Ahora, yo voy a orar por Uds., para que no descrean más. ¿Qué dice la Biblia? “Ve y no peques más”. ¿Qué es pecado? Incredulidad. “Ve y no descreas más”.
125 Dios Todopoderoso, Creador de cielos y tierra, Autor de la Vida Eterna, y Dador de toda buena dádiva, Tú has oído la confesión de estas personas. Señor Dios, de lo profundo de mi pobre corazón, yo les he dicho la verdad. Yo les he dicho que Tú los sanaste a ellos cuando Tú moriste en el Calvario hace mil novecientos años. Tú me eres testigo de esta verdad, Señor.
Y Tú cumples cada promesa. Todo lo que Tú prometiste, Tú lo cumples. Y si Tú cumpliste Tu promesa de aparecer en presencia nuestra, dondequiera que estuvieren dos o tres reunidos juntos… Si Tú cumpliste Tu promesa como Sumo Sacerdote que puede ser tocado por el sentir de nuestras debilidades, ¿cuánto más pudieras Tú hacer? No queda nada.
Es para la gente ahora. Yo verdaderamente creo, Señor, como su hermano, yo los he oído confesar con sus labios (Tú también, Señor) que ellos creen y te han aceptado como su sanador y Salvador.
126 Y ahora, Señor, hay una sola cosa que les puede impedir de estar perfectamente sanos. Esa es la incredulidad. Eso es satanás tratando de retenerlos. Diciendo: “Yo no estuve en la línea”. ¿Qué importa la línea? Tú estabas en la línea, eso es lo único que marca la diferencia.
Aquél que hizo la línea de sangre desde el Pretorio de Pilatos hasta el Gólgota, esa es la línea en la que nos paramos, la línea de sangre del Señor Jesús. Y ahora, Dios, dame fe. Dame poder. Y escucha mi oración, Señor, mientras oro. Y derrota al enemigo para esta gente.
Satanás, tú no eres sino un engañador. Tú no tienes derechos legales de retener más a ningún cristiano. En su oración ellos han confesado su pecado. Ellos ya no son tu propiedad. Son propiedad de Dios, Jehová.
127 Él envió Su Hijo, y Él murió, resucitó, y está aquí ahora mismo para probar Él mismo a sus hijos, Su herencia, que Él está vivo. Y tú no puedes retenerlos más. Yo lo conjuro. Tú demonio de duda que estás reteniendo a esta gente, yo te ordeno en el Nombre de Jesucristo, el Hijo de Dios, que salgas de esta gente, y suéltalos.
Sal, satanás. Tú has perdido la batalla. Tú has sido desenmascarado noche tras noche aquí. Tú no eres sino un diablo mentiroso y engañador. Y te retamos en el Nombre de Jesucristo, a que salgas de esta gente, para que ellos puedan ser sanos.
Todos los que creen ahora que están sanos, pónganse de pie, y suelten un grito, y denle alabanzas a Dios. Dios les bendiga mientras se ponen de pie. Así se hace. Amén y amén.
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