OBRAS DEL MENSAJE


He Aquí, Yo Estoy A La Puerta Y Llamo
Bangor, Maine, E.U.A.
58-0521
1 Inclinemos nuestros rostros sólo un momento para orar. Oh, Dios, Te damos gracias en esta noche por este excelente compañerismo que hemos tenido en esta semana pasada, alrededor de Tu Palabra, con Tu pueblo. Y te pedimos, Dios nuestro, que bendigas a estos que han asistido a esta reunión, y la han apoyado en todo aspecto. Y que esta florecita de salvación nunca muera en estas personas. Que siga floreciendo hasta que haya un avivamiento chapado a la antigua que sencillamente barra a través de la nación. Concédelo, Padre.
Encomendamos todas estas cosas a Ti ahora, haciendo todo lo que creemos, lo mejor que pudiéramos hacer, y dejando lo demás a Ti.
Danos lo mucho más abundantemente esta noche, Padre. Que no haya una sola persona débil en nuestros medios cuando el servicio haya terminado, ni espiritualmente ni físicamente. Y toda alabanza será Tuya, porque te lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén.
2 Pueden sentarse.
[El hermano Branham habla con alguien mientras ajustan el micrófono—Ed.] (Si no hay inconveniente. Correcto. Así está bien, hermano).
Estoy un poquito ronco, así que estaba poniendo este pequeño micrófono más cerca de mí, aquí.
No sé cuándo he disfrutado de un mejor compañerismo con la gente, como el que he disfrutado esta semana pasada, en la ciudad. Este sencillamente ha sido un verdadero jubileo para mí. Lamento que tuve que venir a Uds. cansado, pero casi estoy así todo el tiempo, debido a que siempre ando viajando.
Y miren, mañana estamos saliendo para Concord, creo que es, New Hampshire, por dos noches.
Esta fue una estadía larga. Y estamos agradecidos por, con Uds., por todo lo que han hecho: con los de La Cosecha Mundial, que son nuestros patrocinadores, ciertamente les damos las gracias por… traernos aquí; y con Uds. los ministros que han cooperado; y con los laicos; y con Uds. que nos han dado las ofrendas, y demás, que han pagado los gastos.
Y el hermano Vayle me acaba de decir que hubo una clase de ofrenda que recogieron ahorita, para los misioneros y para mí mismo. Les doy las gracias por eso, con todo mi corazón. Con lo mejor del conocimiento de Dios… de mi conocimiento, que Dios me dará, yo haré lo mejor que pueda para asegurarme de que se destine para el Reino de Dios.
3 Y ahora, si en algún momento puedo serles de bendición, o ayudar en cualquier forma, simplemente avísenme. Escríbanme. La dirección es: Apartado Postal 325 en Jeffersonville, Indiana; o si no recuerdan el apartado postal, sólo escriban “Jeffersonville, Indiana”. Y llegará a mí. Y si puedo enviarles un pañuelo ungido, u orar por Ud., y, o cualquier cosa que yo pueda hacer para ayudarles, para hacer la vida un poco mejor para Uds.; yo soy su hermano en Cristo.
Y luego, estoy confiando en el Señor, que algún día, si le agrada a Dios y es la voluntad del pueblo, que podamos volver nuevamente a Uds.; ya que verdaderamente disfrutamos de esta estadía, estando aquí.
4 Y el Dr. Vayle; y mi persona; y el Sr. Sweet; y Billy Paul; Leo y Gene, los encargados de las cintas; y el hermano Sothmann y su hijo: todos queremos darles las gracias por su amabilidad y por su compañerismo. Yo nunca he visto mejor compañerismo en el mundo. Y pensé que cuando fui… cuando vine a Nueva Inglaterra, que sería un grupo de gente indiferente, muy almidonado, de estilo propio y conservador. Pero descubrí que eso está mal.
Siendo un sureño, ellos siempre han tenido un pequeño sentir acerca del sur; por supuesto, todos Uds. saben que nosotros ganamos la guerra. ¿Ven? Uds. saben eso. No quedan más yanquis, sólo un sureño. Yo le dije eso a alguien en un restaurante, aquí el otro día, y ellos se detuvieron y miraron. Pensar en ese problema: ¿Vieron Uds. lo que le dijo el sureño al yanqui cuando él estaba muriendo? Le envió un telegrama y le dijo: “Dios te bendiga, yanqui, espero verte otra vez”. ¿Por qué no pudo eso haber sido en primer lugar? Correcto. Es una lástima que tengamos que tener eso.
Pero he sido tratado muy bien, y ellos hablan acerca de la “hospitalidad sureña”, Uds. tienen que venir al norte para encontrarla; eso es correcto, realmente digo eso en serio, me han tratado muy bien. Así que: “Dios les bendiga”, es lo mejor que puedo decirles, y estoy seguro que, si Él hace eso, todos nos encontraremos otra vez, algún día. Quizás si no en esta vida, nos encontraremos en la vida que está por venir. Esa es la que esperamos ansiosos.
5 En esta semana, especialmente en las últimas noches, he tenido mala voz. Les dije que me hubiera gustado haber predicado sobre algún tema como: El Águila Revolviendo Su Nido, y así por el estilo, pero sencillamente no he tenido la voz para hacerlo.
He sido algo duro en algunas de las cosas que he dicho. Pero he tratado de colocar un fundamento de la Escritura, para que en ese fundamento, si Uds. lo reciben, Nueva Inglaterra pueda tener un avivamiento que barrerá, no a Nueva Inglaterra, sino al mundo. Porque todos estamos hambrientos por el Pan de Vida, por volver a las sendas antiguas nuevamente, al Evangelio chapado a la antigua, y mantengámonos en movimiento. Hay suficiente gente aquí esta noche, que si se proponen eso en su corazón, les digo que Uds. estarían apareciendo en los titulares del periódico de aquí a una semana, a través de toda Nueva Inglaterra. Eso puede ser hecho, si Uds. simplemente permiten que Dios llene su corazón, alma, y vida, y Uds…. el resto de ello ocurrirá. Él los guiará a Uds. de allí en adelante.
6 Y ahora, esta noche, es… Estamos acercándonos al final de nuestra pequeña jornada de Nueva Inglaterra. Tenemos como ocho noches más por aquí en los estados de Nueva Inglaterra, y finalizamos en Nueva York en el Centro Manhattan.
Y luego en, creo que es el primero de julio, estaremos en Filadelfia, en la Convención Internacional de los Hombres de Negocio del Evangelio Completo. No sé exactamente adónde es… En el Salón de Convenciones, creo que allí es donde será. Y esa es la Convención Internacional de los Hombres de Negocio Cristiano del Evangelio Completo. Habrá gente allí de todo el mundo. Yo seré uno de los oradores en ese tiempo.
Así que, nos encantaría tener a algunos de Uds. por allá, si están cerca. No estaremos teniendo servicios de sanidad, simplemente de predicación. Me gustaría tener una oportunidad entonces de estrechar sus manos y así renovar nuestra amistad.
7 Y ahora, esta noche, deseo abrir en la Escritura aquí.
Es mejor que retire esta cosa, estoy seguro que está… Uds. me pueden oír de todos modos. ¿Pueden oír bien? Allá atrás, ¿pueden oír bien? ¿Arriba en el balcón? Levanten sus manos si pueden oír, sólo levanten… Bueno, eso está bien.
No hay nada como la Palabra de Dios. A mí sencillamente me encanta leerla porque sé que uno puede confiar en lo que lee.
Y ahora, Gypsy Smith dijo una vez, cuando él estaba casi en el final de su jornada, alguien le preguntó, dijo: “Sr. Smith, ¿qué fue la cosa más emocionante que Ud. recuerda de su ministerio?” Él dijo: “Fue una ofrenda”. Y ellos lo miraron a él un poco raro. Él dijo: “Una noche me estaban recogiendo una ofrenda, y cuando yo entré por la puerta de atrás”, dijo, “había una—una muchachita parada allí con un pedacito de papel, bastante harapienta y pobre. Y ella dijo: Tenga Sr. Smith, ellos estaban depositando su ofrenda, allá, en el plato, ella dijo, pero yo tuve temor que no hubieran aceptado la mía, así que pensé que yo se la entregaría a Ud. aquí, Sr. Smith. Dijo: Mi padre ha sido salvado, y mi madre ha sido salvada en su reunión, y yo quería darle a Ud. mi ofrenda. Es todo lo que tengo”.
Dice que él dijo: “Dios te bendiga, cariño”. La acarició en la cabeza y se fue. Y Uds. nunca adivinarán lo que era: una pequeña chupeta envuelta en un pedazo de papel. Dice que eso lo impactó más fuerte que cualquier cosa.
8 Y entonces anoche, cuando yo venía subiendo los escalones, pensé en eso. Había una típica niñita de Nueva Inglaterra como de seis años de edad, o siete, parada allí en la máquina de coca colas.
Yo amo a los niños. Tengo un muchachito en casa, el pequeño José, y los demás; tan pronto como yo llego: pues, nosotros… Yo tengo que montarlo a él en caballitos, Uds. saben; y hacerlo brincar de un lado a otro; y nosotros vamos de cacería, Uds. saben, y así que…
Y había una muchachita parada allí. Yo dije… Yo estaba hablan… hablando con los hermanos que venían subiendo, y ella miró alrededor… ella… esa pequeña… ¿Cómo es que le llaman a ese cabello torcido de esa manera? ¿Cola de caballo? ¿Es eso? ¿Es así? Y mis niñitas, las tienen también. Y entonces yo dije: “¿Cómo estás, cariño?”.
Y ella dijo: “Oiga, hermano Branham, Ud. me agrada”. Yo pensé en eso varias veces anoche, cuando me desperté anoche. Eso significó algo para mí, que esa niñita dijera eso: “Ud. me agrada, hermano Branham”. Yo recordaré eso.
Yo dije: “Cariño, eso es mutuo. Tú también me agradas”. ¿No se encariñan los niñitos con Uds.?
9 Recuerdo que en Finlandia después de la resurrección de aquel muchachito, yo, yo tenía una cantidad de ese dinero que simplemente, oh, me imagino que uno tendría que tener un montón así de grande para hacer un cuarto de dólar, y así que, no era, no servía para nosotros. Yo esperaría que el director y todos ellos, los tuvieran a todos en el lugar donde iba hablar, Uds. saben; yo saldría a la calle y llevaría este dinero (la gente me lo daba, los ponía en mi bolsillo mientras salía, Uds. saben). Y yo compraba todos los caramelos que podía y tenía una fila de niños, como de una cuadra de largo, con todos los pequeñitos.
10 Recuerdo que cuando ese muchachito que había sido resucitado; Uds. lo han leído en el libro, sí, y así que, eso se extendió por todo el país. Y esa noche, al llegar, yo estaba, oh, a dos o tres cuadras antes de que incluso pudiéramos llegar al Messuhalli; donde estábamos teniendo veinticinco mil allí, y me permitieron hablarles a ellos, y luego los hacían salir, y otros veinticinco mil entraban, de esa manera. Entonces bajando por la calle venían soldaditos finlandeses, niñitos jovencitos, nunca se habían afeitado, ellos, muchachitos de caras lisas, y con abrigos largos, botas enormes, iban caminando, estaban montando guardia, para retener a la gente de los lados.
Y allí vi algo suceder: soldados rusos parados allí con ese saludo ruso, y con lágrimas bajando por sus mejillas, dijeron: “Nosotros recibiremos a un Dios como ése, que tenga poder para resucitar a los muertos”. ¿Por qué surgió el comunismo? Porque la iglesia dejó caer la guardia. Correcto. “Nosotros recibiremos a un Dios así”. Y yo he visto a soldados rusos poner sus brazos alrededor de un finlandés, y abrazarlos, y darles palmadas en la espalda. Cualquier cosa que hará a un ruso darle palmadas a un finlandés, o a un finlandés darle palmadas a un ruso, concluirá las guerras. Cristo es la respuesta cada vez.
11 Yo entré, con cinco o seis soldaditos a mí alrededor con esos cuchillos en… Comenzamos en un lugarcito, y subimos los escalones, como cuando Ud. entra, y ellos estaban cantando Sólo Creed en su propio idioma.
Y en el dormitorio de las damas, una muchachita salió de allí. Ella era la cosa más lastimosa que yo había visto: su cabellito despeinado; y su faldita toda harapienta; y ella tenía un (ella era una niña enferma), tenía un soporte alrededor de ella, aquí. Su fotografía está en el libro, los detalles de ello no están allí, sólo la fotografía, y un poquito del detalle. Ella tenía un soporte grande alrededor de ella así, y una pierna era como, oh, tres o cuatro pulgadas más cortas que la otra, y esa pierna la tenía inútil, se le movía libremente. Y ella tenía aparatos que reforzaban cada lado, y un zapato grande, y en la punta de ese zapato ella tenía un broche, y una correa que le pasaba por encima del hombro, enganchada en la parte de atrás de su cinturón tras ella; y dos muletas. Y la manera en que ella caminaba: esta correa, estando un poco apretada, ella colocaba sus pequeñas muletas por delante, y levantaba su pequeño hombro, y alzaba esa pierna inútil, y la ponía por delante de esos aparatos, y luego ella podía dar su paso.
Cuando… Ella estaba más o menos a distancia de esa pared, cuando yo venía entrando, y cuando ella vio que era… quien… que era yo, bueno, ella se detuvo, ella no sabía que… Les habían dicho que no me molestaran cuando yo viniera entrando, Uds. saben. Y yo… eso casi es cruel, pero uno tendría un… uno se sofocaría pues ellos se amontonarían encima de uno. Y entonces yo miré a esa pobrecita; sabía que esa niña quería acercarse allí. Y el soldado detrás de mí me hizo señas que continuara; yo no podía hablar una sola palabra, así que sólo le dije: “Un momento”. Y los otros dos o tres se voltearon: “Un momento”. Miré a la muchachita y dije: “¿Tú quieres venir aquí, cariño?” Por supuesto, ella no entendió lo que yo dije.
12 Y entonces le hice señas con el dedo así, y ahí venía ella. Ella puso esas pequeñas muletas por delante, levantó su piernita, y la colocó allí y se acercó. Y yo simplemente me quedé parado para mirar, para ver lo que esa niña haría. Y ella vino y se acercó a mí, se detuvo, sostuvo sus muletitas. Ella bajó la manito y agarró el… mi bolsillo y lo levantó hasta sus labiecitos, y besó mi bolsillo, soltó el abrigo. Así como hacen las niñitas finlandesas, siempre muy corteses, sostuvo sus muletitas, ella extendió su faldita, y dijo: “Kiitos”. Kiitos quiere decir: “Gracias”. Yo la miré y esos labiecitos estaban temblando, sus pequeñas mejillas un poco pálidas, y las lágrimas bajaban por sus mejillas; más tarde me enteré que ella era una pequeña huérfana de la guerra. Su padre y su madre habían sido matados por los rusos en la guerra, y ella estaba viviendo en una carpa. (Y esta cosa que ellos habían fabricado para ella). Ella no tenía ni padre ni madre. Yo creo que, si yo hubiera sido el hipócrita más grande en el mundo, Dios hubiera honrado la fe de esa niña.
Yo no podía hablarle. Estaba secándome una pequeña lágrima de mi ojo, y comencé… y la vi parada enfrente de mí, en una visión, sin soportes, completamente bien. Pensé: “¿Cómo puedo hacerla entender eso?” Dije: “Amorcito, Jesús, Él te sanó”.
Ella dijo ese: “Kiitos”, ella pensó que yo la estaba regañando y empezó a regresarse de esa manera. Como al final del servicio, mi hermano, entonces (en ese tiempo Billy era demasiado pequeño para estar conmigo), el Sr. Baxter y ellos estaban parados allí; ellos pensaron que con eso yo había tenido lo suficiente, que ellos iban a abandonar la… que me iban a hacer abandonar la plataforma. Y yo dije: “Oh, sólo llamen a cinco, como a cinco más y déjenles que suban”.
13 Así que tuvieron que buscar al intérprete que había repartido las tarjetas de oración, pues nosotros no podíamos hablar el idioma finlandés, y alguien allí tuvo que repartir las tarjetas. Y por la gracia de Dios, ella era la siguiente en la línea. Yo le dije a la Sra. Isaacson (que se va a encontrar conmigo en Nueva York, ella estuvo allí la otra noche, mi intérprete, una mujer de habla finlandesa nacida en América), y yo dije: “Hermana Isaacson, sólo diga lo que yo digo”.
Y yo dije: “Dios te bendiga, cariño. Tú eres la niñita que estaba allá afuera hace unos momentos… Jesús te ha sanado, cariño. Ve allá y pídele a uno de ellos que te quiten esos soportes, mantén tus manitas en tus caderas, y cuando el soporte se suelte, desliza tu manita sobre tu pierna, luego regresa y muéstrame”. Y la siguiente era una mujer, ellos la subieron. De repente escuché un grito y ahí venía ella con esos soportes encima de su hombro, gritando a voz en cuello, subiendo y bajando unos escalones que estaban así, tan rápido como ella podía correr; esos ojitos alegres.
Les digo que eso me haría a mí tratar de nadar al océano, para ver a Dios hacer algo así por otro. Había algo acerca de la pequeñita que era tierno. Yo realmente los amo. Quizás yo nunca la vuelva a ver a ella en esta vida; pero creo que la veré al otro lado.
14 Ahora, vamos a abrir la Palabra. Miren, esta noche voy hablar de la Edad de la Iglesia de Laodicea. Lo cual, estoy seguro que todos nosotros, esta noche, sabemos que estamos viviendo en la Edad de la Iglesia de Laodicea. ¿Creen Uds. eso? Esa fue la última edad de la iglesia, y este es el mensaje a la Edad de la Iglesia de Laodicea. Siendo que yo he sido tan duro con la moral de la gente, y del país, y la manera en que la iglesia ha dejado caer la guardia, pensé que yo quizás hablaría de esto en esta noche.
Antes de que abramos la Biblia, hablemos primero con el Autor, con nuestros rostros inclinados.
15 Padre, estamos ahora a punto de abrir esta Palabra, voltear las páginas, y leer de aquí para un contexto. Te pedimos que seas misericordioso, y que interpretes la Palabra a nosotros, pues sabemos que ningún hombre es capaz, como vimos en las Escrituras, ningún hombre podía abrir el Libro o desatar sus Sellos, nadie en el Cielo, en la tierra, ni debajo de la tierra; pero el Cordero vino y tomó el Libro, y Él lo abrió, y tomó los Sellos, y abrió los Sellos, y los reveló.
Cordero de Dios, ven esta noche y revela Tu Palabra a nosotros, y ábrela para que nuestro entendimiento pueda ser perfecto.
Señor Dios, yo soy insuficiente para hablarle a este amoroso grupo de gente. No estoy diciendo esto para que ellos me escuchen, pues eso sería hipócrita, pero Tú lo sabes, Señor; y yo ruego que Tú me des algo para decir en este momento, lo cual pudiera hacer que el avivamiento empiece verdaderamente a fluir. Concédelo, Señor.
Que el enfermo sea sanado; el sordo y mudo hable y oiga; que el ciego vea; que los inválidos caminen. Que ellos puedan ver y entender que Jesús está presente. Y cuando salgamos esta noche, que podamos decir como aquellos que venían de Emaús: “¿No ardían nuestros corazones dentro de nosotros mientras Él nos hablaba por el camino?” Porque lo pedimos en Su Nombre, y para Su gloria. Amén.
16 En el Libro de Apocalipsis, el capítulo 3, y el versículo 20, deseo leer este solo versículo. Muchos de Uds. leerán… han leído el Libro entero. Deseo que lean este capítulo 3, de todos modos, cuando vayan a casa esta noche. Pero el versículo 20 dice así:
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.
Eso es sólo una pequeña porción de este gran mensaje a la iglesia de Laodicea. Pero vean, hay suficiente allí, si Dios tan sólo abre eso a nosotros, entonces tendremos suficiente. Es Su Palabra. Y hay muchas ocasiones, como en el mensaje, algunas veces pudiéramos predicar horas, y otras veces apenas diez minutos. Depende de qué parte de la Palabra Dios abre a nosotros.
Son las cosas pequeñas que dejamos sin hacer, tratando de hacer las cosas grandes. Y una cadena es sólo tan fuerte como su eslabón más débil. Recuerden, no importa qué tan grandes sean los otros eslabones, jamás aguantará más que su eslabón más débil. Y la iglesia es igual: no es más fuerte que su miembro más débil.
Y nosotros pensamos que pudiéramos obtener grandes multitudes de personas, o grandes oradores poderosos, o que se haga algo grande, o atraer la atención de la gente grande; pero fíjense, Dios no siempre mira lo que nosotros llamamos grande. Dios ve las cosas pequeñas, también.
17 Hace algún tiempo, allá en nuestra vecina nación, Canadá, mi buen amigo, el hermano Baxter de Vancouver, nosotros estábamos allí durante la visita del Rey Jorge. Eso fue antes que él hubiera sido sanado de su esclerosis múltiple y de su estómago ulcerado. Y yo verdaderamente tuve un respeto para ese hombre. Y ese día cuando él bajó por la calle, aunque estaba sufriendo, dijeron ellos, de un dolor intenso a causa de su esclerosis y su úlcera, él se mantuvo derecho, saludando a sus súbditos y a medida que él pasaba por la calle.
Y yo noté que mi amigo, cuando el rey pasó, él se rió en silencio y lloró. Él dijo: “Hermano Branham, piénselo, allí está el rey, y mire la reina con su vestido largo tan hermoso”.
Y yo pensé: “Si eso haría a una canadiense sentirse así de bien”, lo cual yo respeto, y pienso que está bien, “y si él pudo sentirse así, como canadiense, cuando el rey Jorge y la reina pasaron, ¿qué será cuando nosotros veamos a Jesús, nuestro Rey, pasar?”
18 Todas las escuelas salieron, y las maestras les dieron unas banderitas a los niños para que las ondearan al rey mientras él pasaba.
Y después que el rey hubo pasado por la calle en su carruaje, bueno, todos los niños debían regresar a la escuela, y faltaba una niñita. Entonces ellos, la maestra salió corriendo a la calle para ver a dónde estaba la niña entre la gran multitud de gente, y la encontraron parada detrás de un poste del telégrafo, llorando desconsoladamente. Y la maestra la cargó, y la abrazó en sus brazos y dijo: “Cariño, ¿qué te pasa?” Dijo: “¿No pudiste ver al rey pasar?”
Dijo: “Sí, yo lo vi”.
“¿Ondeaste tu bandera?”
Dijo: “Sí, yo ondeé mi bandera”.
“¿Gritaste alabanzas a él mientras pasaba?”
“Sí, yo hice eso”.
Dijo: “Y ¿pudiste ver al rey?”
“Sí”.
Pero dijo: “Bueno, ¿por qué estás llorando?”
Ella dijo: “Maestra, yo vi al rey, pero yo era demasiado pequeña para que el rey me viera a mí. Él no me vio y yo estaba ondeando mi bandera, pero yo era demasiado pequeña”.
Eso pudiera haber sido cierto, pero no es así con Dios. No importa qué tan pequeño es Ud., qué tan insignificante pudiera parecer, Dios ve cada pequeña adoración que Ud. hace para Él; cada cosita, Él está allí mismo para mirarlo y para bendecirlo a Ud., igual que a las personas grandes.
19 Ahora, esta noche tenemos un tema poco común, y Dios es poco común, y Él hace cosas fuera de lo común; no en Su Propia manera, sino en nuestra manera de pensar, es poco común.
En estos momentos no recuerdo el nombre del artista, que pintó este cuadro de Jesús llamando a la puerta. Y sin embargo, cuando un cuadro es pintado, antes de hacerse famoso, primero tiene que pasar por lo que llaman “el salón de los críticos”. Sin embargo, le costó a este hombre su vida, toda su vida, para arreglar este cuadro, como lo fue el de La Última Cena.
20 Y después que un retrato ha pasado por el salón de los críticos, entonces puede ser colgado en el salón de la fama. Qué tipo es ese de la iglesia: antes que ella pueda ser llevada en el rapto, al salón de fama en el Reino de Dios, tiene que pasar a través de los críticos, para ver si puede soportar la prueba. “No os extrañéis cuando os sobrevengan los fuegos de prueba”. Todo eso sucede para probar la fe de Uds. “y todos los que viven piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución”. No hay excepción, todos (Dios no tiene excepciones en eso), toda persona debe tener su entrenamiento desde niño.
Y cuando este gran cuadro estaba pasando por los críticos, hubo un crítico sobresaliente que se acercó a este cierto escritor, y le dijo: “Sr., yo pienso que su retrato de Cristo es maravilloso. Pienso que la puerta y el edificio es maravilloso. Y la expresión de la expectativa para oír una respuesta desde adentro, pienso que todo es maravilloso. Pero hay una sola cosa que Ud. olvidó”.
Y el artista dijo: “Bondadoso Sr., ¿qué es lo que yo he olvidado en mi retrato?”
Él dijo: “No hay cerradura en la puerta”.
“Oh”, dijo el artista: “Yo lo pinté así”.
Él dijo: “Bueno, ¿cómo pudiera Él entrar, no importa cuánto Él estuviera tocando, si no hay cerradura en la puerta?”
Él dijo: “Señor, en este caso, la cerradura está en el lado de adentro. El que está adentro tiene que abrir”. Él no puede abrir desde afuera: Él no puede salvarlo a Ud. en contra de su voluntad; Él no puede sanarlo a Ud. en contra de su voluntad; Él no puede enviar un avivamiento en contra de la voluntad de Uds.; Uds. tienen que estar deseosos, y abrir la puerta, e invitarlo a Él a entrar.
21 ¿Por qué tocaría una persona en la puerta de otro? Oh, qué cuadro. Y aquí Él dijo: “Yo estoy a la puerta y llamo”. Bueno, Él está procurando entrar.
Hay algo con respecto a alguien llamando a su puerta, un amigo, o quien quiera que pudiera ser, ellos están procurando lograr entrar a su presencia, para hablar con Ud., o para darle algo, o pedirle algo a Ud. Muchos grandes hombres, a través de las edades, han tocado en puertas.
Por ejemplo, ¿qué piensa Ud. que ocurriría si el gran Cesar, de su día, hubiera llegado a la puerta de un campesino, y tocado en la puerta, y ese campesino hubiese ido a la puerta, y visto al gran y poderoso Cesar parado allí? Él hubiera abierto la puerta de par en par, y se hubiera postrado sobre su rostro y dicho: “Sr., entre Ud. a mi hogar. Si hay algo que Ud. desee en mi casa, o desee de mí, Ud. con gusto lo recibirá: Ud. me ha honrado, señor, gran emperador de Roma, al venir a mi puerta, pues yo soy un hombre pobre, y Ud. me ha honrado al pararse en los escalones de mi puerta”.
22 O ¿qué si el, en Alemania hace unos años, si el difunto Adolfo Hitler hubiera venido a uno de los soldados rasos de Alemania y hubiera tocado en su puerta? Y que el soldado hubiera ido a la puerta, y abierto la puerta, y allí estuviese el poderoso Führer de Alemania. Ese soldadito se hubiera parado firme, con su saludo alemán, y con gozo en su corazón, y lágrimas bajando por su mejilla, él hubiera dicho: “Gran Führer de Alemania, Ud. me ha honrado, señor, el hombre más importante de Alemania. Entre a mi casa. Y si hay algo aquí que Ud. desee, es suyo. ¿Qué pudiera hacer yo por nuestro gran Führer de Alemania?” Ve Ud., depende de lo importante de la persona que está en su puerta.
23 Uds. saben, esta noche, si el… Sería un honor para el mejor demócrata en esta ciudad, que el presidente Dwight Eisenhower viniera a su puerta. Aunque Ud. no estuviera de acuerdo con él en política, sin embargo, el Sr. Eisenhower es uno de los hombres más importantes en autoridad en los Estados Unidos de América. Y ¿Cómo se sentiría Ud., aunque Ud. no estuviera de acuerdo con él, al saber que el presidente de los Estados Unidos estuviera parado allí tocando en su puerta? Ud. se sentiría honrado por cuanto él es el presidente.
24 O sólo recientemente, la reina de Inglaterra visitó a Canadá, y ella vino a los Estados Unidos. Y cuando ella estuvo aquí en los Estados Unidos, ¿qué si ella viniera aquí a Bangor, Maine, y fuera a la mujer más pobre que hay en esta ciudad, y al hogar más humilde que existe, y hubiese tocado en la puerta? No sólo eso, pero al hogar más grande en la ciudad, o a cualquier hogar. Ud. hubiera sido honrado que esa reina viniera, tocando, aunque Ud. no fuera su súbdito; pero sin embargo, el saber que ella es la reina más importante en toda la tierra, esta reina en Inglaterra hoy, y Ud. hubiera sido honrado. Y si Ud. hubiese ido a la puerta, y ella hubiera dicho: “Yo soy la reina de Inglaterra. Yo vine a visitarlo a Ud”.
Ud. hubiera dicho: “Gran reina, entre Ud. a mi hogar. Cualquier cosa…” Si ella hubiese pedido, Ud. quizás tenía un adornito que Ud. quería tanto, pero si esa reina le hubiera pedido a Ud. eso, Ud. gustosamente se lo hubiese dado, porque hubiera sido un honor darle eso a una reina, la reina más grande en todo el mundo. Y si ella hubiese hecho eso, cada radio en América, o, en el mundo, hubiera difundido el mensaje. Cada televisión, cada periódico hubiera dicho: “La gran reina de Inglaterra vino a América, y se dignó a venir al hogar de un pobre campesino, y visitó a tal y tal persona”. Ella es tan importante.
25 Pero, ¿quién es más importante que Jesús? Y ¿quién es más rechazado que Jesús? Jesús vendrá y tocará en la puerta del corazón, tratando de obtener entrada para darle Vida Eterna a Ud., y Él es rechazado como fanático. Y si Ud. lo acepta a Él, será criticado, será llamado alguna clase de escándalo: “Un montón de fanáticos. Ud. nunca escuchó tal cosa en su vida”.
Eso demuestra que el mundo aún tiene sus conceptos acerca de Cristo, cuando dijeron en el Calvario: “Danos a Barrabás, y crucifica a Jesús”. Eso aún está en sus corazones.
26 Pero Jesús desea entrar para bendecirlo a Ud. La reina tal vez hubiera tomado algo de Ud., pero… Y el Sr. Eisenhower pudiera pedirle a Ud. que cambie sus políticas, pero Jesús sólo quiere entrar para bendecirlo a Ud. Y Ud. lo rechaza, no lo quiere.
Él es rechazado… ha sido rechazado de más puertas que todo el resto de grandes hombres en todo el mundo. Jesucristo, el Hijo de Dios, el Rey del Cielo, el único Mediador entre Dios y el hombre, el más Grande de todos los grandes: desde lo más alto del Cielo hasta lo más bajo en el mundo, el abismo del infierno, bajó para salvar la raza de Adán, y dio Su vida gratuitamente como rescate, y suplicando. Pero hombres y mujeres lo rechazan a Él cada noche: demasiado egoístas, Ud. teme que eso dañe su prestigio, teme que alguien hable de Ud., que alguien diga que Ud. es, bueno, que Ud. es un fanático religioso. No. Él siempre es criticado, cuando Él estuvo aquí en la tierra, y Él, aún lo es en esta noche: “Si al Amo de la casa lo llamaron Beelzebub, ¿cuánto más no llamarán a Sus súbditos?” Y cómo es que Él anhela entrar en su corazón.
27 “Bueno”, Ud. me diría: “Un momento, Sr. Branham, yo quiero que Ud. entienda mi caso. Y quiero dárselo: yo dejé entrar a Jesús, hace mucho tiempo, y Jesús entró en mi corazón hace muchos años”.
Bueno, yo estoy agradecido por eso. Y yo estoy tan contento (no importa a qué denominación Ud. pertenezca: metodista, bautista, presbiteriana, católica, la que sea), yo estaría igual de contento como si Ud. lo hubiera hecho aquí mismo. Yo estoy contento que Ud. haya hecho eso, y le doy gracias a Dios porque Ud. lo haya hecho. Pero ¿para qué lo dejó Ud. entrar a Él? ¿Sólo para que lo salvara de los fuegos del infierno? ¿O acaso lo dejó Ud. entrar a Él para que sea su Señor? Ahora, si Ud. sólo lo dejó entrar a Él, para salvarse del castigo futuro, entonces Él todavía no es su Señor. Señor significa “propiedad, gobierno”. Cuando Ud. lo deja entrar a Él, Ud. debe dejar que Él tenga la preeminencia cuando Él entra.
Ahora, en el corazón humano, hay puertitas dentro de esa primera puerta, muchas puertitas; y miremos algunas de esas puertitas por unos momentos.
La primera puertita después que Jesús entra: ¿Qué pensaría Ud., si yo tocara a su puerta, y Ud. viniera allí y dijera: “Bienvenido, Sr. Branham?”
Yo diría: “Gracias”. Me quitaría el sombrero y entraría en su casa.
Y si Ud. dijera: “Mire, Sr. Branham, yo—yo lo dejé entrar a Ud. por la puerta, pero quédese aquí mismo. No pase Ud. más de aquí. No quiero que ande Ud. merodeando en mi casa”.
Yo no me sentiría muy bienvenido.
28 Y cuando Ud. sólo deja a Jesús entrar, de manera que Ud. se pueda unir a la iglesia, y tener un… entrar a una mejor sociedad, Jesús no se siente bienvenido en ese tipo de corazón. Ciertamente que no. Si Ud. me dejara entrar a su casa… Si yo lo recibiera a Ud. en mi casa, yo le diría: “Bienvenido”, si yo lo traje a Ud., le diría: “Pase adelante, haga lo que Ud. quiera, Ud. está en mi casa. Yo no lo traería a Ud. aquí si no tuviera confianza en Ud.”.
Y si Ud. me llevara a su casa y yo tuviera hambre, yo iría a la nevera y rebanaría un pedazo de Boloña, y agarraría pan y un buen pedazo de cebolla, e iría y me sentaría, y me prepararía un emparedado; si estuviera cansado, me quitaría los zapatos y me acostaría en la cama a dormir un rato. Cierto. Yo me sentiría bienvenido por ser su amigo, y yo tendría derecho a cualquier parte de la casa, si Ud. me tuvo tanto aprecio, así como para darme la bienvenida. Ciertamente.
Pero cuando nosotros dejamos entrar a Jesús, decimos: “Cristo, no me dejes ir al infierno; pero no vayas a estar metiéndote aquí en mis puertitas”.
Veamos algunas de estas puertas.
29 Apenas Ud. entra al corazón humano, de vuelta al lado derecho, y allí hay una puertita en cada ser humano, llamada su “vida privada”. Ud. no quiere que nadie se meta con esa, ni siquiera Jesús.
“Mira, yo me uniré a Tu iglesia, Señor, y seré un buen miembro. Pagaré mi diez por ciento, o las promesas de la iglesia. Iré a la escuela dominical todos los domingos por la mañana, si el pastor no predica más de veinte minutos. Y yo haré todas estas cosas, pero no empieces a meterte en mi vida privada”.
Ahora, ¿no es ese el cristianismo moderno? ¿Por qué? Es la Edad de la Iglesia de Laodicea. Él no es Señor. Él no es gobernante en el corazón del cristiano moderno. No, señor.
“Mira, si vas a hablar en contra de los juegos de cartas… Mira, nosotros pertenecemos a una pequeña sociedad donde se juega cartas: Yo, la Sra. Jones, y—y la Sra. John Doe, y todas nosotras. Y mira, si vas a meterte con nuestras sociedades, quédate afuera”. Correcto. “Mira, nosotros tomamos un traguito social, y no pensamos que haya nada de malo en eso. Y mira, yo sé que yo no debería hacer esto, aquello y lo otro. Pero no te metas en mi vida privada”.
Ahora, ¿piensan Uds. que Él se sentiría bienvenido en un corazón así? Claro que no.
30 Luego hay otra puertita justo—justo, justo a la vuelta de la esquina hay otra puertita, y esa es la puerta del egoísmo: “Yo te dejaré entrar, Señor. Me uniré a Tu iglesia”, y entonces “sólo para ver qué provecho saco de esto”. Y eso a veces se mete en los predicadores. Y Uds. saben, ellos dicen: “Seguro, yo seré un ministro, si todo el mundo me da palmaditas en la espalda y dice: Tú eres un buen hombre”.
Si todo el mundo me diera palmaditas a mí en la espalda y dijera que yo fuera un buen hombre, yo iría al altar lo más rápido que pudiera. Umm. Yo sé que algo anda mal, pues la Biblia dice: “¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!” ¿Ven? El mundo conoce lo suyo; el mundo lo odiará a Ud. Pero Dios le amará.
Y este pequeño egoísta; y oh, cómo pudiéramos quedarnos en eso: egoísmo.
31 Luego hay otra puertita, justo al lado de esa, llamada “orgullo”. “Mira, déjame decirte, Señor, no me digas qué debo ponerme o qué debo quitarme. No entres a ese cuarto. Yo… Ocúpate de Tus propios asuntos, yo me ocuparé de los míos”.
“Oh, mire, yo no diría eso”.
Pero sus acciones prueban que sí. Yo tengo una madre sureña anciana que me dice que las acciones hablan más fuerte que las palabras. Sus acciones son tan fuertes que no podemos oír su testimonio.
Luego vemos personas que actúan indiferentes: “Mire, no me diga Ud., predicador, lo que yo tengo que hacer. A mí no me importa lo que dice la Biblia, yo sé lo que pienso en mi propia cabeza”.
Eso es verdad, Ud. ya no está pensando en su corazón.
“Yo sé lo que tengo que hacer, y no necesito su consejo, y no quiero que me lea nada de sus cosas de aleluyas”. ¿Ven? Y sin embargo dicen: “Yo estoy… dejé entrar a Jesús”.
Y hay otra puertita justo a la vuelta de la otra esquina llamada “fe”. “Ahora mira, Jesús, Tú puedes pasar por la puerta, pero esa es toda la fe que necesito”.
Dios está haciendo Su mejor esfuerzo por entrar en esa puerta de su fe, pero abra su corazón para que pueda creer en Él.
Ud. dice: “Oh, yo dejé entrar a Jesús hace mucho tiempo, pero los días de los milagros han pasado”.
Eso muestra que Él aún no es Señor en su corazón. “Yo creo que ellos tuvieron un bautismo del Espíritu Santo en el día de pentecostés, pero yo no creo que es para hoy”.
Eso muestra que Él aún no ha entrado. Ajá.
32 Cuando Ud. abre esa puertita de la fe, y dice: “Señor Dios, a mí no me importa lo que nadie diga, yo quiero que Tú entres y confirmes esta Palabra a mí”. Entonces Él es bienvenido. Entonces Ud. no tendrá que saltar de lugar en lugar, y hacer que Oral Roberts imponga las manos sobre Ud., y que otro haga esto, y haga aquello; Ud. simplemente tomará a Dios en Su Palabra y seguirá adelante, eso es cuando Él pueda pararse en la puerta de su fe.
¿A qué iglesia le está Él hablando? A la de Laodicea, a esta iglesia. Sólo lo dejan a Él en la puerta. “Yo estoy a la puerta y llamo: Yo estoy tratando de entrar”. Él quiere abrir campos que Ud. aún no conoce. Él quiere mostrarle señales y maravillas que Ud. aún no ha soñado.
Oh, si tan sólo Él pudiera entrar por la puerta de este grupito de gente aquí esta noche. Si Él pudiera entrar por la puerta, y pararse en la puerta de la fe, les digo que habría un avivamiento; pues, barrería a través de Nueva Inglaterra en la mañana, si Él tan sólo pudiera entrar por la puerta.
33 No habría… este caballero no estaría en esa silla de ruedas, esa dama no estaría sentada allí; Ud. allá atrás, con cáncer, problema del corazón, inválido, ciego: sucedería inmediatamente, si Cristo pudiera entrar por la puerta y decir: “Esta es Mi Palabra y Mi Espíritu; Yo estoy llamando”. Él está procurando entrar.
¿Qué hacemos nosotros? Permitimos que el mundo lo alejen a Él: nuestras teologías; nuestra membresía; muchas de las cosas que nuestras iglesias enseñan, que esas cosas han pasado. Bueno, su iglesia sencillamente aún no ha abierto la puerta de la fe. La Biblia dice que: “Él es el mismo de ayer, hoy, y por los siglos”. Eso es lo que Él quiere declararles a Uds.
Y luego si Él entra en esa parte, hay sólo otra puerta de la que me gustaría hablarles, y esa es la puerta de sus ojos. Uds. saben, un hombre puede estar ciego y no saberlo: ciego espiritualmente.
34 “Entonces, si yo soy un incrédulo, ciégueme”.
Yo dije: “Ud. ya está ciego”.
Él dijo: “Bueno, ciégueme, como hizo Pablo”.
Yo dije: “Yo voy a decirle a Ud., lo mismo que mi Señor le dijo al papá suyo: Apártate de Mí, Satanás”. ¿Ven?
Y Él dijo: “Yo voy a pedirle algo. Si Ud. me ciega ahorita”.
Yo dije: “Señor, Ud. ya está ciego ya”.
Yo dijo: “Yo puedo ver, tan bien como Ud.”
Yo dije: “Discúlpeme”. Ajá. “Ud. no puede”. Yo dije: “Ud. está ciego, ciego espiritualmente, lo cual es diez millones de veces peor que ciego físicamente”. Yo prefiero morir ciego, que Dios no me deje ver más la luz del día, que estar ciego a Cristo y a las Escrituras, porque yo tendré ojos de todas maneras.
35 Como estaba la profetiza en el templo, Ana, quien vino por el Espíritu Santo, y vino al Niño Cristo, siendo guiada, ciega, a través de toda esa gente en ese lugar de reunión, y ella se detuvo y profetizó sobre Jesús. También Simeón fue guiado por el Espíritu Santo al templo: los hijos e hijas de Dios son guiados por el Espíritu de Dios.
36 ¿Qué de Giezi y Eliseo cuando estaban en Dotán? Y el ejército sirio había descubierto que, ellos pensaban que él estaba en Dotán, y esa noche ellos acamparon alrededor de la ciudad. Y a la mañana siguiente cuando el siervo despertó, Giezi, él miró hacia allá y vio a todo el ejército sirio. Y dijo: “Oh, Padre mío”, él dijo: “Los sirios nos tienen rodeados”.
Él dijo: “Pero hay más con nosotros que los que hay con ellos”. Ese viejo profeta se paró allí de lo más firme y tranquilo: “Hay más con nosotros que con ellos”.
Y Giezi miró alrededor y dijo: “Yo no veo a nadie”.
Y Dios dijo: “Señor”, o mejor dicho Eliseo dijo: “Señor, abre los ojos de este muchacho, para que él pueda ver”. Y cuando su verdadera visión vino a él, había carros de fuego todo alrededor de ese viejo profeta, y las montañas estaban encendidas, y carros de fuego.
Y él salió de la ciudad, fue directo al capitán en jefe, y lo cegó, y cegó a todo el ejército. La Biblia dice que “ellos estaban ciegos”.
37 Y luego él dijo: “¿A quién buscan Uds.? ¿A Eliseo?”
Dijeron: “Sí, señor. Nosotros lo estamos buscando a él”.
Dijo: “Vengan, y les mostraré en dónde está él”. Y, ese era Eliseo que les estaba hablando. Esa es la ceguera mala. Él dijo: “Vengan acá, yo les mostraré en dónde él está. Vengan y síganme”. Y Eliseo guió a todo el ejército sirio, mirando a cada árbol, mirando a todo el mundo, mirando a Eliseo, sin embargo estaban ciegos. Bendito sea el Nombre del Señor. Dios, abre nuestros ojos. Ciegos y no lo saben.
Y él fue directamente a… entre… de los Israelitas, donde ellos estaban emboscados. Y entonces él se volteó hacia ellos, y sus ojos fueron abiertos, y vieron que era Eliseo. Ciegos, mirando todo, una vista normal, y sin embargo, no se dieron cuenta que ese era Eliseo.
¿No cegó Jesús a dos de Sus discípulos todo el día, hasta que Él entró y obró un milagro como Él lo hizo antes de Su crucifixión? Y sus ojos fueron abiertos.
38 Oh, si Dios tan sólo pudiera entrar en nuestros ojos y dejarnos ver Su Presencia y Su gloria y la manifestación de Su Espíritu, pero nosotros estamos ciegos. Sin duda que la gente, si nuestros ojos se abrieran en esta reunión aquí mismo en esta noche: Cristo está aquí, Él prometió que Él estaría “donde hubieren dos o tres reunidos”.
Y ahora, fíjense: ciego, esa puertita de sus ojos. Pero Uds. saben, la Biblia dice, a esta iglesia, Él dijo: “Por cuanto dices, Yo soy rica, y me he enriquecido…” (¿Es esa la condición de la iglesia hoy? Más rica que nunca). “He enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad”. Tenemos los mejores pastores, tenemos los mejores eruditos, tenemos la mejor educación que hayamos tenido, tenemos los mejores edificios que hayamos tenido, tenemos los mejores teólogos que hayamos tenido: y más pecado que nunca. Él dijo: “Por cuanto tú dices que eres rica y has enriquecido; pero no sabes…” (Escuchen, estoy citando la Escritura, tres versículos antes del texto que leí). “Que tú eres desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo; y no lo sabes”.
El Espíritu Santo dijo que esa sería la condición de la iglesia en este día. ¿Cómo van Uds. a evadir la cosa?
39 “Ciega, miserable, pobre; cuando Ud. dice: Yo soy rico”. Pobre: Oh, misericordia, la iglesia está anémica; está más pobre que nunca. Miserable: vestida con trapos de justicia propia, de alguna denominación. “Pobre, miserable, desventurada, ciega y desnuda”. (Miren, observen la cita que sigue). “Y no lo sabes”. Yo estoy leyendo esto de la Escritura, diciendo que esta edad de la iglesia, en este día, estaría en esa condición: “Ciega, y no lo sabe”.
40 Ahora, si un hombre estuviera en la calle, un hombre pobre, y él estuviera desnudo, con frío, miserable, desventurado, ciego; si él lo supiera, él se ayudaría a sí mismo. Pero, miren Uds. qué caso tan patético: cuando un hombre está en esa condición, y no lo sabe, y no acepta ayuda. ¿Qué si hubiera un hombre así viniendo por la calle? Y el policía de la ciudad saliera. Algunos de ellos llamarían a la policía. Ellos dirían: “Sr., Ud. … tenemos que llevárnoslo”.
“Quíteme su saco de encima”.
“Bueno, nosotros tenemos que llevárnoslo a Ud. Nosotros no vamos hacerle daño, estamos tratando de ayudarle. Somos oficiales de la ciudad. Tenemos una caridad aquí, podemos cuidar de Ud. y alimentarlo; y Ud. se ve tan delgado, y su cuerpo está expuesto, y—y Ud. está en tal condición”.
“Yo sé dónde estoy parado. ¡Aléjese de mí!” Ud. no pudiera hacer mucho por un individuo así, ¿verdad?
Y así está la iglesia: ASÍ DICE EL SEÑOR: ¡desnuda!
Pero ¿qué dice la iglesia? La iglesia dijo: “Yo soy rica, y he enriquecido, y no tengo necesidad de nada”. Allí está la respuesta de la iglesia. ¿Ven Uds. esa demencia, espiritualmente hablando, de la iglesia?
41 ¿Qué haría un policía, que podría un…? Que un hombre saliera corriendo, ni siquiera un oficial, un hombre de la casa, dijera: “Pase, Sr., yo lo recibiré a Ud. dentro de mi casa, Ud. será mi hermano. Yo le daré a Ud. algo de comer, le daré ropa”.
Y que él dijera: “¡Aléjese de mí!” ¿Qué va Ud. a hacer con una persona así?
Bueno, ¿qué va hacer un hombre que está predicando el Evangelio completo de acuerdo a la manera en que está escrito en la Biblia, y la gente no lo recibe? Pero uno tiene que predicarlo de todas maneras. Dios dijo: “Hazlo.
“Y no lo sé; ciego, y no lo sé”. Ese es un pensamiento miserable: la ceguera espiritual. Prefiero tener un hombre a cada lado de mí, guiándome, físicamente ciego, que ser ciego espiritual.
42 Ahora, cuando nosotros fuimos criados allá en las montañas de Kentucky, donde yo nací, nosotros teníamos un techo de tejamaniles; y mamá solía llevarnos en la noche, y (nosotros éramos niños), y dormíamos en un colchón de paja con un colchón de plumas encima de él. Y ellos no tenían colchas, sólo ponían un pedazo de lona encima, para que la nieve que caía durante la noche no nos pegara en nuestras caritas. Nosotros éramos como cinco de los pequeños Branhams en ese tiempo, y nos apilaban a todos en la cama, algunos al pie y otros a la cabeza; sólo teníamos una.
Y la brisa fría que pasaba a través de las grietas de la casa hacía que contrajéramos un “resfriado” en nuestros ojos. Y en la mañana cuando mamá iba a buscarnos, a veces ella tenía que levantarnos y… nosotros teníamos, lo que llamábamos en el sur: “legaña” en nuestros ojos. “Pus”, creo yo, sería el nombre correcto, algo así: “resfriado”. Y nuestros ojos se llenaban de legañas durante la noche, y nuestros ojos se pegaban y no podíamos ver.
43 Y miren, mi abuelo cazaba mapaches. Y cuando él cazaba mapaches, él les quitaba la grasa, y derretía la grasa, y hacía lo que llaman grasa de mapache. Eso era una buena cura para todo, para un Kentuckiano.
Y mamá solía tomar la grasa de mapache, cuando nuestros ojos estaban llenos de legañas, y ella iba y buscaba la grasa de mapache y la ponía en la vieja estufa, lo que llamamos “estufa tipo mono”, y calentaba la grasa de mapache, y venía y untaba nuestros ojos con eso hasta que todo ese “resfriado” salía de nuestros ojos. Entonces podíamos ver.
Hermano, la iglesia ha estado atrapada en una corriente de frío. Un montón de teólogos, no criticando a mis hermanos, pero yo soy responsable delante de Dios. Yo amo a mis hermanos, amo a cada iglesia, pero esta ha estado atrapada en una corriente entre oh, modernismo; y el termómetro espiritual en la iglesia se ha ido a noventa grados bajo cero. A mí me da miedo ver estas enormes morgues frías; cuando uno entra en ellas, me recuerda a una morgue.
44 Uds. saben, en una morgue, ellos llevan a un hombre muerto allí y lo embalsaman para asegurarse de que él no vuelva de nuevo a la vida. Le ponen más en él, más muerte en él, que la que él tenía.
Y así hacen Uds. algunas veces; entran en estas morgues, y ellos lo adoctrinan a Ud. con alguna especie de teología que lo mantendrá a Ud. muerto (eso es correcto); para asegurarse de que Ud. no pueda decir: “Amén”; para asegurarse que Ud. no pueda gozarse con el Espíritu de Dios. Y ellos lo meten a Ud. allí adentro, y tienen a la iglesia envuelta en estas brisas modernas de todo lo del mundo, y de las cosas del mundo, al grado que eso ha cerrado los ojos de Uds.
Y hermano, se requerirá más que aceite de mapache para abrírselos, también. Pero Jesús dijo: “Yo te aconsejo que de Mí compres oro afinado en el fuego; y compra colirio”. La Escritura dice que Él tenía colirio: “Y unge tus ojos con colirio, y abre tus ojos, para que tu… para que puedas ver”.
45 Eso es lo que necesitamos esta noche: Aceite del Espíritu Santo para ungir lo interior de nuestro corazón, que es de donde vemos, para que podamos entender. Dios lo tiene aquí en la forma de la Biblia, pero se necesita de un poco de fuego para hacer que corra bien. Igual que una locomotora en la pista: Construimos las locomotoras más finas, con asientos afelpados muy bonitos, y metemos a todo el mundo allí, y ya estamos listos para partir; y nos damos cuenta que no tienen nada de fuego en la caja, la locomotora no andará, ni siquiera puede sonar el silbato.
Eso es lo que sucede con la iglesia hoy. Necesitamos un—un verdadero avivamiento pentecostal a la antigua, un tiempo de abrir los ojos. Pero el problema es que Dios envía dones y demás a través del país, y nosotros fallamos en verlo.
46 ¿Qué dicen ellos cuando ven a Oral Roberts en la televisión, y a los niñitos enfermos, o, a los pequeños lisiados, quizás, ser sanados en sus reuniones, o en las de A. A. Allen, o a cualquiera de los demás hermanos? ¿Qué dicen ellos acerca de eso? Dicen: “Es telepatía o una psicología, ellos solamente están emocionados mentalmente”. Un ministro tuvo la osadía, de todos los distintos… Yo puedo mostrar miles de declaraciones de doctores, y demás, de gente que estaban postradas muriendo de cáncer, que estaban lisiadas, que estaban ciegas.
¿Qué tal del congresista Upshaw aquí? Había estado en la silla de ruedas durante sesenta y seis años. Y se paró en la reunión de Billy Graham en los escalones de la Casa Blanca y cantó Apoyado En Los Brazos Eternos.
Él fue sanado por Dios en mi reunión esa noche en California, a distancia de una cuadra de él, casi, cuando yo lo vi y le dije quién era, y le pedí que se levantara de la silla de ruedas. Era la primera vez que había estado sobre sus pies (él tenía ochenta y pico de años) desde que tenía diecisiete. Y él corrió a la plataforma, tocándose los dedos de los pies.
El congresista William D. Upshaw: fue aspirante a la presidencia en 1926 pero fue derrotado por su posición en contra del licor.
Yo dije: “Señor, yo no sé quién es Ud., pero Ud. se cayó en un… de un pajar y se golpeó contra una estructura de paja. Ud. ha estado lisiado desde que era un muchachito”.
Él dijo: “Eso es correcto”. Yo dije: “Veo que Ud. taladró… ellos perforaron los orificios en la casa de manera que su cama… porque al caminar en el piso, la vibración le lastimaba su espalda.
“Eso es correcto”.
Yo dije: “Ud. se convirtió en un hombre importante”. Él era presidente de la convención bautista del sur. Y yo dije: “Luego Ud. se convirtió en un gran orador; y Ud. es de la Casa Blanca”.
El Sr. Baxter llevó un micrófono hasta allá atrás para ver quién era. Él regresó corriendo a mí y dijo: “Ese es… ¿Sabe Ud. quién es ese?” Dijo: “Ese es el congresista Upshaw”.
Yo dije: “Nunca había oído de él en mi vida. Yo no sé nada acerca de política”.
Entonces ellos dijeron, o mejor dicho, él dijo: “Él dijo que quiere hablarle a Ud. a través de este micrófono”.
Él dijo: “Hijo mío, ¿cómo supiste tú que yo estaba en esa condición?”
Yo dije: “Señor, yo sólo puedo decir lo que estoy mirando”.
47 Y en ese momento, miré aquí y vi a un doctor con anteojos de montura de caracuey, con uno de esos sacos de doctor, operando a una niñita de color, y eso la paralizó a ella. Yo dije: “Veo a un hombre parado delante de mí, con anteojos de montura de caracuey. Él es un doctor. Él operó a una niñita, como de cuatro años de edad, y eso la paralizó”.
Y en ese momento, como tres veces la distancia de este edificio una típica Tía Jemima con esas enormes mejillas negras y gordas, pegó un grito; y ella tenía una camilla, y ahí venía ella. “Esa es mi bebé”, dijo ella. Ellos no la podían apartar. Dieciséis ujieres no podían detenerla; ella los estaba golpeando a ellos a diestra y siniestra, moviendo esos enormes brazos gruesos.
Yo dije: “Mire, señora, deténgase”. Dije: “¿Ud. tiene una tarjeta de oración?”
Ella dijo: “No, señor. No tengo ninguna tarjeta de oración”, dijo, “yo sólo entré aquí, pero ese es el doctor que operó a mi bebé, hace dos años”.
Yo miré a la bebé. El médico residente, o, el hombre de la ambulancia estaba allí. Yo dije: “Esa es la bebé”.
Ella dijo: “¿Se pondrá bien mi bebé?”
Yo dije: “Tía, yo no sé. Lo único que puedo hacer es decir lo que yo veo”. Ella dijo… Yo dije: “Yo sólo oro que Dios, de alguna manera… Su fe lo tocó a Él, yo nunca la había visto a Ud.”.
48 Y el anciano congresista dijo: “Señor, ¿me pondré yo bien?”
Yo dije: “Yo no puedo decirle, señor. No sé. Yo solamente puedo decir lo que veo. Si Dios está así de cerca de Ud., seguramente que Él tiene un propósito en ello”.
Le dije a mi hermano: “Trae al siguiente paciente”. Y allí estaba una mujer acercándose.
Y en eso, yo miré, y ahí estaba esa niñita de color, yendo por una calle o un callejón, con una muñequita en sus brazos, meciendo a la muñeca. Hermano, no había suficientes demonios del infierno que la hubieran podido detener entonces. Dios ya lo había hablado. Yo dije: “Tía, el Señor Dios ha escuchado su oración, y su niñita está sana”. Ella estaba hincada sobres sus rodillas, llorando, y llamando la atención. Y yo dije: “Su niñita está sana”.
Ella dijo: “Oh, pastor,…” Pastor es un “ministro” allá en el sur. ¿Ven? Y dijo: “¿Vivirá mi niña?”
Yo dije: “Ha sido sanada ahora mismo”.
En ese momento la niñita se levantó, dijo: “¡Mira esto, mamá!” Y ella se puso de pie de un salto. Y había mujeres desmayándose por todos lados, sí; e hicimos que todos se mantuvieran en silencio. Y su madre había tomado a la niñita de la mano y caminó por un pasillo largo por todo ese lugar, así. Y el encargado de la ambulancia agarró su camilla y regresó en la otra dirección.
49 Comencé a voltearme hacia la niñita, o, hacia la señora, que estaba parada allí, miré: Yendo a través de la plataforma enfrente de mí, y ahí iba ese anciano con un traje de rayas, marrón de dos tonos, un traje de rayas, con un sombrerito como el que Uds. ven puesto allí. Él es el que me los da. Y él estaba yendo a través de este… a través de la plataforma como una sombra, inclinando su sombrero hacia todos, como esa manera sureña de hacerlo, así, mientras él se inclinaba.
Yo dije: “Congresista”. Él llevaba puesto un traje azul y una corbata roja; como Uds. los políticos saben, esa era su manera de vestir. Y dije: “Parece como que Dios lo hubiera sanado a Ud. allá en el pasado cuando Ud. tenía diecisiete años de edad, cuando sus huesos eran todos… tenían mucho calcio. Pero, esperar, aquí, ¿hasta que Ud. tiene ochenta y cuatro, antes de sanarlo?”
Él dijo: “Hijo mío, ¿me quieres decir que Dios me sanará?”
Yo dije: “Sr., ¿tiene Ud. un traje marrón, marrón oscuro con una raya clara en él?”
Dijo: “Acabo de comprar uno ayer”.
Yo dije: “¿Ud. usa un sombrerito sema-occidental, no es así?”
Él dijo: “Sí, señor, yo lo uso”.
Yo dije: “En el Nombre del Señor Jesús, levántese de esa silla de ruedas y venga acá”.
Él dijo: “¿Me quieres decir que yo puedo levantarme?”
Su esposa bajó hasta sus pies, así, y dijo: “Oh, cariño, te caerás”.
Él dijo: “Si ese hombre pudo decirme”. Dijo: “El doctor Roy Davis te ordenó en la iglesia bautista, ¿no es así?”
Yo dije: “Sí”.
Dijo: “Él fue el que me envió a mí aquí”. Él dijo: “Si Dios te ha permitido saber como yo me lastimé, sí, yo puedo salir de esta silla”. Y él salió de esa silla, y corrió hacia la plataforma, y tocó los dedos de sus pies, y tan hábil como un muchacho de dieciséis años.
El congresista Upshaw, en la reunión de Billy Graham en Washington, DC, se paró en los escalones y cantó Apoyado En El Brazo Eterno.
Y ¿qué? “Ciego”. Oh, esa cosa miserable. “Ciego”. Eso debería haber estremecido al mundo. ¿Qué es? Ellos están “ciegos y no lo saben”, son de justicia propia, “con una apariencia de piedad, pero negando la eficacia de ella”. La Biblia dice que así sería en los últimos días: “Ciego”.
Oh Dios, esta noche, te ruego, Señor, que traigas colirio y abras los ojos del pueblo para que ellos puedan ver que Jesús vive y reina, y que es omnipresente, y está aquí.
Uds. han visto tanto que se ha vuelto común para Uds.: ese es el problema.
50 Una vez un anciano dijo: “Creo que iré al mar para ver la belleza. Yo nunca he visto el mar”. Y dijo: “Yo quiero oler su aire, esa brisa salada. Quiero oír las gaviotas, a medida que ellas chillan a través de los cielos, y ver las grandes olas saladas, mientras saltan para reflejar el azul del cielo al caer en el agua salada”.
Y por el camino, él se encontró con un marinero que venía, y el marinero le dijo (al marinero le llaman un “lobo de mar”), y él dijo: “¿A dónde va Ud., mi buen hombre?”
Él dijo: “Oh, bondadoso señor, veo que Ud. es un hombre del mar”, dijo: “Yo voy al mar. Estoy anhelando ser inspirado por su belleza. Anhelo ver sus grandes olas blancas golpear; yo nunca las he visto, solamente he visto fotografías. Anhelo oler la sal de la brisa. Anhelo oír el rugido junto a la playa”.
Y el marinero dijo: “Yo no veo nada emocionante acerca de ello. Yo nací en el mar”. ¿Ven Uds.?, se había vuelto tan común para él al grado que ya no quedaba más emoción en ello.
Y me temo que América ha hecho tantas cosas, y ha vuelto su espalda al grado que no hay más emoción en ello. Miren, yo estoy hablándole ahora a Uds. gente pentecostal y del Evangelio Completo. Uds. han visto al Señor Dios manifestarse Él mismo, y hacer las cosas que Él dijo que haría, al grado que se ha vuelto tan común, que no hay más emoción en ello.
Dios, sacúdenos en esta noche.
Dios es tan bueno con Uds. Y Uds. que son del Evangelio Completo, y creen toda la Biblia. Dios ha hecho tantos milagros y ha hecho tantas cosas por Uds., Él ha sido tan bueno, pero Uds. no lo reconocen. ¡Despierten! ¡Abran sus ojos! Él está parado, tocando, tratando de entrar: para controlarlos a Uds., para hacerlos lo que Uds. deberían ser, para sacar al mundo de Uds., y para hacerlos nuevas criaturas Suyas. Es por eso que Él les da a Uds. las cosas que Él les ha dado.
51 Una vez allá en el sur había un anciano negro. Y él era un buen hombre, pero él simplemente no se enmendaba con Dios.
Y a su pastor, un amigo mío, le encantaba cazar. Yo solía cazar con el pastor.
Y el anciano “Gabo”, así le llamábamos, su nombre era Gabriel; pero él sencillamente no quería servirle al Señor. Y él tenía una buena esposa, y ella oraba por Gabo, día y noche. El pastor conversó con él, predicó sermones, y todo. Y Gabo simplemente se apartó de la iglesia, e iba a jugar dados el domingo en la mañana, e iba de pesca, o algo así. Él sencillamente no se enmendaba con Dios, sin embargo, reclamaba que él era un miembro de la iglesia bautista.
Cierto día, él y el pastor habían estado cazando. Y Gabo no podía pegarle al lado del establo, él simplemente un pájaro volaba en esta dirección, él disparaba en cualquiera dirección, pero no le pegaba a nada. Así que, ese día ellos habían tenido un gran día de caza, y estaban cargados con ardillas, conejos y pájaros buenos para comer, y lo demás. Y Gabo tenía una carga tan grande que casi no podía cargarla, caminando detrás del pastor. Ellos iban pasando por un viejo sendero muy conocido, y el sol se estaba ocultando en el occidente.
Y hermano, hermana, si alguna vez hubo un tiempo donde el sol se está ocultando sobre la civilización, es ahora.
52 Y después de un rato, mientras que el pastor avanzaba por esta senda muy conocida, esta cierta senda, él sintió algo tocarlo en el hombro. Él miró alrededor, y Gabo, las lágrimas estaban bajando por sus mejillas negras. Él dijo: “Pastor, mañana es domingo”.
Dijo: “Sí, Gabo, ¿qué sucede?” Él se detuvo y se dio vuelta.
Él dijo: “En la mañana, yo voy a ir a su iglesia. Voy a ser bautizado. Voy a ir a la banca frente al altar. Me voy a enmendar delante Dios. Me voy a conseguir un asiento, y allí voy a estar cada servicio, hasta que Dios se lleve mi alma a casa”.
Y el fiel pastor de color, anciano, dijo: “Gabo, tú sabes que yo estoy contento por eso”. Dijo: “Yo he estado tratando. Y tu esposa va a estar tan contenta, y toda la iglesia va a estar tan contenta”, dijo, “y todos tus asociados estarán contentos, también, Gabo”. Pero dijo: “¿Qué sermón prediqué yo, Gabo, o en qué momento oré por ti, que ocasionó este cambio tan repentino? A mí me gustaría saber qué lo causó”.
Él se volteó y miró nuevamente hacia la puerta del sol. Dijo: “Pastor, yo ciertamente aprecio cada reunión que todos Uds. hicieron, y cada sermón que Ud. predicó. Pero Ud. sabe, yo me puse a meditar en lo bueno que Él es para conmigo”. Dijo: “Pastor, Ud. sabe que yo no le podía pegar a nada”, dijo, “yo cazo son dos o tres pájaros al año”, y dijo, “y aquí estoy yo sencillamente cargado de caza”. Él dijo: “Pastor, Ud. sabe, Él debe amarme, o no me la hubiera dado”.
Él dijo: “Eso es correcto, Gabe”.
53 Y yo me pregunto, en esta noche, ¿si nosotros como gente americana, me pregunto si…? Es maravilloso sólo el hecho de estar vivo. Pero ¿no se dan cuenta Uds. que Él debe amarlos, o Él no les concedería estos avivamientos? ¿No se dan cuenta que Él debe amarlos, o Él no enviaría a Su Hijo para manifestar Su Presencia, Su Ser? ¿No saben Uds. que Él debe amarlos, o Él no los salvaría, no los sanaría, no les enviaría estas reuniones a Uds.?
Él está a la puerta y llama, a diario, con toda clase de cosas buenas, y nosotros constantemente le rechazamos.
54 Inclinemos nuestros rostros por un momento.
¿Que Ud. es una persona privilegiada al estar viviendo en este día? Grandes hombres como Sankey, Moody, Knox, Calvino, Finney, todos ellos han anhelado ver este día, en que Jesús vendría y haría las obras que Él hizo una vez. Profetas y grandes hombres han esperado este día, y Uds. lo han visto pero han contraído un resfriado espiritual, y sus ojos han sido cerrados.
Si tal persona está aquí, ¿levantaría Ud. su mano, al final de este avivamiento ahora… [Cinta en blanco—Ed.]… tome completa posesión de mi vida. ¿Levantará Ud. su mano, miembro de iglesia, quienquiera que sea? Dios les bendiga. Así es, todo alrededor. “Yo te dejaré entrar, Señor. Te prometo que Tú puedes ser mi Señor. Tú puedes gobernar mi vida. Tú puedes quitar toda la necedad de mi vida, sácala, Señor, entra, yo quiero que estés aquí en mi corazón. Yo quiero que Tú me controles, controles mis emociones, controles mis hábitos, controles mi orgullo: Oh, yo pienso que soy alguien, Señor. Yo puedo salir aquí a la calle y andar contorneándome por la calle. Quítame eso, Señor”.
Sólo levante su mano a Él, ahora, mientras tiene su rostro inclinado. Dios le bendiga, jovencita. Eso es bueno. Me gusta ver a esos jóvenes comenzar… jovencita. ¿Arriba en el balcón? Ajá. Dios le bendiga. ¿En la parte de atrás del balcón? Sólo levante su mano para Él; si Ud. es sincero, Dios lo aceptará. Desde luego, si Ud. está ciego, es una lástima. Es lamentable. ¿En el balcón hacia la derecha? Dios le bendiga. Eso es bueno. Joven, Ud. pudiera haber hecho muchas cosas grandes, pero esa es la cosa más importante que Ud. ha hecho jamás. Un gran número de manos se han levantado. ¿Habrá otros más antes de que oremos? Yo quiero orar por Uds. Digan: “Hermano”.
55 Momento determinará lo que va suceder. Yo he hablado de Ti, pues ya son veintiocho años, desde que era un joven, afirmando que Tú eres el mismo ayer, hoy, y por los siglos, y que Tú no cambias. La Biblia dice que Tú sigues siendo el mismo, que Tú no estás muerto, la tumba no pudo retenerte. Tú resucitaste al tercer día, la primera mañana de resurrección, probando que estás vivo delante del pueblo, y los comisionaste a que fueran por todo el mundo, y que Tú estarías con ellos hasta el fin del mundo. Y Tú dijiste: “Las cosas que Yo hago vosotros también las haréis”. Y Tú dijiste: “Yo no hago nada de Mí mismo, hasta que primero lo veo hacer al Padre: entonces hago lo que el Padre me muestra qué hacer”. Y nosotros seguiremos a través de las Escrituras, y vemos que en cada caso, fue lo que el Padre te mostró qué hacer.
56 La gente tocó Tu manto, y por el poder de Dios, Tú te volteaste y les dijiste lo que estaba mal, y la condición de ellos. Te damos gracias, Señor. Tú prometiste continuar; que Tú eras la Vid, y que nosotros seriamos los pámpanos. Señor, la vid no lleva fruto, es el pámpano. Así que muévete a través de nosotros, esta noche, Señor, a través de cada uno de nosotros. Comprendo que si Tú unges a una sola persona aquí, y no al resto, haría poco bien. Señor, unge a cada uno de nosotros—a todos nosotros, abre nuestros ojos, Señor, para que podamos ver que Tú te has levantado de entre los muertos, y estás aquí en la forma del Espíritu Santo, no otra persona, sino la misma Persona: Dios, en la forma del Espíritu Santo, llamado “Dios, el Espíritu Santo”.
Oh Padre, concede que esto sea así. Tú viniste y habitaste en un cuerpo humano una vez, Tu Hijo, un cuerpo puro nacido de la virgen, para que Tú pudieras, a través de esa Sangre Santa, romper las células, y ofrecer al adorador ahora, un acceso a Ti. Y por medio de esa célula de sangre rota, nosotros somos limpiados de nuestra inmundicia, y somos hechos vasos para el uso del Maestro. “Por gracia somos salvos”.
Y ahora, Padre, rogamos que Tú mires sobre nosotros, y nos perdones, y abras nuestros ojos para que podamos ver Tu Ser resucitado; para que podamos salir de aquí, esta noche, sabiendo esto: que cada piedra que pudo ser volteada, nosotros lo hemos hecho, para ver un avivamiento chapado a la antigua en estos estados de Nueva Inglaterra entre este maravilloso pueblo Tuyo.
En el Nombre de Jesús, yo ofrezco este servicio a Ti. Amén.
57 Ahora empecemos esta noche; y quiero que todos sean muy reverentes, no importa cuál sea su condición, los problemas que Ud. tenga, sólo crea, ore, crea.
Las visiones no lo sanan a Ud. Ud. no puede ser sanado por una visión.
Primero, quiero preguntarles algo: ¿Cuántos saben, en este grupo de gente, que Cristo no sanó a nadie hasta que el Padre, Dios, le mostraba a Él una visión sobre qué hacer? ¿Cuántos saben que la Escritura dice eso? Cerca de un cien por ciento.
58 Entonces, cuando Él estuvo en la tierra, cómo Él declaró Él mismo ser el Hijo de Dios (a la raza judía, nunca olviden eso), ¿cómo hizo Él para declararse como el Hijo de Dios a la raza judía? Un hombre vino a Él inmediatamente después que Él fue ungido con el Espíritu Santo (San Juan, el capítulo 1), y él era un pescador, ignorante y sin estudios, ni siquiera podía firmar su propio nombre. Y tan pronto como su hermano lo trajo ante la Presencia del Señor Jesús, Jesús le dijo: “Tu nombre es Simón y el nombre de tu padre es Jonás: de aquí en adelante serás llamado Simón”. ¿Cuántos saben que esa es la Escritura? ¿Qué pensó ese hombre? ¿Cómo lo conoció a él? Esa fue Su manera de declararse a Sí mismo, pues Él había dicho: “Miren, Yo no hago nada hasta que veo al Padre hacerlo primero”, San Juan 5:19, “nada”. Él no podía mentir y ser Dios, Él tenía que decir la verdad. Así que Él dijo: “Yo no hago nada hasta que el Padre me lo muestra primero”.
Luego vemos que al día siguiente otro hombre fue convertido, y él fue lejos rodeando una montaña, quince millas, y encontró a un verdadero y fiel miembro de iglesia debajo de un árbol, orando, un buen hombre. Y él lo trajo de regreso y dijo: “Ven y ve a quién hemos encontrado: a Jesús de Nazaret, el hijo de José”.
Él dijo: “¿De Nazaret podría salir algo bueno?” Vean, es porque él estaba afiliado a su iglesia que no quería creerlo.
Él dijo: “Ven y ve”. Esa es la mejor manera. No se quede en la casa a criticar, simplemente venga y mire por Ud. mismo; examínelo por la Escritura.
59 Y así que cuando él vino, no cabe duda que Felipe le había dicho lo que Jesús le había hecho a ese pescador que ni siquiera podía firmar un recibo por su pescado. Y cuando él llegó frente a Jesús, la primera vez que Jesús había visto a ese hombre, Él dijo: “¡He aquí un Israelita en quien no hay engaño!”
Ahora, no fue por su manera de vestir, todos ellos vestían igual. Cómo es que un Israelita, lo cual significaba que él era un, nosotros diríamos, un “creyente”. Y sin engaño, un hombre “puro, honesto, santo”.
“¡He aquí un Israelita en quien no hay engaño!”.
Él dijo: “Rabí, ¿de dónde me conoces?”.
Él dijo: “Antes que Felipe te llamara, Yo te vi cuando estabas debajo del árbol”. ¿Es correcto eso? ¿Cómo lo vio Él, estando a una distancia de quince millas, el día antes, debajo de un árbol? ¡Qué ojos! El Padre se lo había mostrado.
Y él dijo: “Rabí, Tú eres el Hijo de Dios; Tú eres el Rey de Israel”.
Jesús dijo: “Porque te dije eso, has creído, entonces verás cosas mayores que ésta”.
Pero había aquellos que estaban parados allí, dijeron: “Ese hombre lo que tiene es un espíritu maligno, él está leyendo los pensamientos de ellos, él es un adivino”.
Jesús dijo: “Yo les perdono por eso: pero” (en otras palabras) “algún día el Espíritu Santo vendrá al pueblo gentil, y Él hará la misma cosa que Yo estoy haciendo, y una sola palabra contra Él jamás será perdonada, ni en este siglo, ni en el siglo venidero”. Se fue. Eso fue a los judíos.
60 Ahora recuerden, Él nunca hizo eso delante de ningún gentil, en toda la Biblia. Así fue como Él se declaró a Sí mismo como el Hijo de Dios. Vean, Él nunca antes había lidiado con los gentiles. Así que, un día, Él pasó por los Samaritanos, y una joven hermosa salió al pozo, para buscar de beber. Todos se habían ido del pozo menos Jesús. Y así que, cuando la mujer llegó allí, lo vio, y ella comenzó a bajar el cántaro para sacar el agua.
Y Él dijo: “Mujer, tráeme de beber”.
Ella dijo: “Pues, nosotros tenemos segregación aquí. No es costumbre que Uds. los judíos le pidan a los samaritanos tales cosas; yo soy una mujer de Samaria”.
Él dijo: “Pero si tú supieras con Quien estás hablando, tú me pedirías a Mí de beber”.
61 Ellos comenzaron a hablar acerca de dónde debían adorar, hasta que Jesús encontró dónde estaba su problema. ¿Alguien sabe cuál era su problema? Sí. Ella había estado casada cinco veces, seis veces. Entonces Jesús le dijo: “Ve y busca tu marido y ven acá”.
Ella dijo: “No tengo marido”.
Él dijo: “Eso es correcto: tú has tenido cinco, y con el que estás viviendo ahora no es tu marido”.
Ahora, ¿qué dijo ella? ¿Acaso ella dijo: “Tú eres un espíritu maligno que está haciendo eso?” Ella se volteó y dijo: “Señor, me parece que Tú eres un profeta”. ¿Quién era ese “profeta”? Moisés dijo: “El Señor vuestro Dios levantará un profeta”. ¿Ven? Ella dijo: “Pues, Sr., me parece que Ud. es un profeta. Nosotros (nosotros los samaritanos), nosotros sabemos que cuando el Mesías venga, que es llamado el Cristo, cuando Él venga, Él nos declarará estas cosas. Pero, ¿quién eres Tú?”.
Él dijo: “Yo soy el que habla contigo”. Ella entró corriendo a la ciudad y dijo: “Vengan a ver a un Hombre que me dijo las cosas que yo he hecho. ¿No será Éste el Mesías?”
62 Si esa fue la señal del Mesías en aquel entonces, al judío y al samaritano: el pueblo de Cam, Sem y Jafet es todo lo que queda: judío, gentil, y samaritano.
Y ahora, nosotros hemos tenido dos mil años de iglesia: Dios ha llamado a la Novia gentil, a través de Finney, Sankey, y así por el estilo, la edad. Ahora estamos al final de la edad gentil, al final del tiempo, como dije anoche: algo puede ocurrir en cualquier momento.
El mundo está nervioso: Uds. oyeron el discurso del presidente ayer, y, bueno, nosotros sencillamente no sabemos que va a suceder; pudiera ocurrir antes del amanecer. Cápsulas espaciales en el cielo, y Jesús dijo que habría… y de todo, el mundo entero estaría temblando, los hombres muriendo de infartos, perplejidad de los tiempos, y angustia entre las naciones.
Y en ese día, Él prometió regresar, y hacer como Él hizo en aquel entonces: “Todavía un poquito, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis: porque Yo estaré con vosotros. Las obras que Yo hago, vosotros también las haréis”.
Ahora, Él no puede manifestarse de esa manera a los judíos y a los samaritanos, y dejar fuera a los gentiles. Así que este es el día.
63 Ahora, a Uds. allá en la audiencia, antes que empecemos a orar: Había una mujer, una vez, para la cual Él no tenía una visión, hasta que ella vino y tocó Su manto. Ella tenía un flujo de sangre. Ella corrió hacia la audiencia porque ella dijo en su corazón: “Yo creo que ese Hombre es un Hombre Santo; y si yo le toco a Él, seré sanada”. Los médicos habían fallado por muchos años, por dieciocho años, aproximadamente. Así que ella corrió hacia la audiencia después de tocarle.
Jesús se detuvo y dijo: “¿Quién me tocó?”
Y Pedro dijo: “Bueno, todos ellos te están tocando”.
Él dijo: “Pero Yo me debilité; virtud salió de Mí”. Y Él miró sobre la audiencia hasta que encontró a la mujercita. Y Él le dijo a ella su problema, y que su fe la había sanado. ¿Saben Uds. que eso es la Biblia?
64 ¿Dice la Biblia que “Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos”? ¿Dice la Escritura que “Él es un Sumo Sacerdote, ahora mismo y puede compadecerse de nuestras debilidades”? Si Él es un Sumo Sacerdote, y puede compadecerse de nuestras debilidades, y el mismo Sumo Sacerdote, el mismo Jesús, ¿no actuaría Él igual?
Así que oren. Uds. sin tarjeta de oración, que no estarán en la plataforma, o con tarjetas, dondequiera que Ud. esté, simplemente ore, y mire hacia acá. Y diga: “Señor Jesús, yo estoy enfermo. Yo no estaré allí arriba en la plataforma”. Y: “Confirma Tu Palabra a mí esta noche. Toca mi cuerpo. Y hazme saber, mientras que sabemos que el Espíritu está aquí, y que Tu Espíritu me está diciendo que te crea, y que Tu Espíritu está sobre el hermano Branham: permite que él se voltee y me diga a mí, como Tú lo hiciste con la mujer junto al pozo, y yo te creeré; como Tú hiciste con la mujer que tocó Tu manto, yo te creeré”. Vean si Él es un Sumo Sacerdote.
65 Ahora, por favor, no se muevan de acá para allá, durante los próximos minutos. Esto nos dirá si Dios está vivo. Si esto no es verdad, entonces Su Palabra no es verdad; si esto es verdad, cada Palabra es verdad.
¿Cómo está Ud., Sr.? Ahora, rápidamente, este hombre aquí, yo nunca lo había visto, no lo conozco. Y si eso es correcto, que nosotros somos desconocidos uno al otro, levante su mano, yo no lo conozco a Ud., nunca lo había visto, esta es la primera vez que nos encontramos. Y entonces, sería así como nuestro Señor, el cual encontró a Felipe, y quien fue y buscó a Natanael, y lo trajo ante Él. Ahora, si yo digo: “Ud. está enfermo”, pongo mis manos sobre Ud., y le digo, “váyase y sea sano”; Uds. pudieran dudar eso. Pero si el Señor Dios me revela a mí por lo que Ud. está aquí, o hace algo igual a como lo hizo en la Biblia; entonces, Él está aquí. ¿Ven? No sería yo, pues yo no lo conozco a Ud.
Yo no conozco a ninguna persona en este edificio, fuera del hermano Lloyd Sweet; al Dr. Vayle. Billy estaba aquí, mi hijo, creo que él se fue. Pero, estos dos hombres parados aquí; este cantante, sentado justo aquí, yo no conozco su nombre, pero él ha estado con nosotros en la campaña anterior. Hasta donde sé, esas son todas las personas que conozco en el edificio. Pero Dios nos conoce a todos.
66 Si el Señor Dios hace esto, tendría que ser un milagro, pues no hay manera en el mundo en que yo pueda saberlo. Aquí está mi mano sobre mi Biblia; yo no creo en jurar, pero yo nunca había visto a ese hombre en mi vida, es la primera vez que nos vemos, según mi entender. Y esto de que no los conozco a todos, Uds. sean los testigos de eso: yo no los conozco a Uds. Pero Dios, Quien sí los conoce, si Él me revela a mí algo de lo cual Uds. saben que yo no sé si hubiere algo acerca de Uds., entonces Uds. tendrían derecho a creer, ¿no es cierto? ¿Cuántos en la audiencia lo aceptarían? Aquí vamos.
Gracias. Ahora, Padre, depende de Ti. Este es Tu servicio. Yo estoy esperando por Ti. Amén.
Uds. dirán: “¿Qué está esperando Ud.?”
Uds. han visto la fotografía de esta Columna de Fuego que guió a los hijos de Israel. Cuando estuvo aquí en la tierra, cuando estuvo en la zarza ardiendo, era Cristo. Todos los maestros de la Biblia saben eso. Cuando Él estuvo aquí en la tierra, Él dijo: “Yo estuve con… antes que Abraham fuese, YO SOY”. EL YO SOY estaba en la zarza ardiendo. Él dijo: “Yo vine de Dios y voy a Dios”. Él vino en la forma de una Columna de Fuego, se hizo carne y habitó entre nosotros, en la forma del Hijo de Dios, el Cristo, murió, fue sepultado, resucitó; y la misma Columna de Fuego regresó, bajo el nombre de Jesús, el Espíritu Santo. En el camino a Damasco, Pablo fue derribado, una Luz resplandeciéndole en el rostro.
Él dijo: “Saulo, ¿por qué me persigues?”
Él dijo: “¿Quién eres, Señor?”
Dijo: “Yo soy Jesús”.
¿Es esa la Escritura? Pues bien, si este es el mismo Espíritu Santo que estuvo en aquel día, el mismo Jesús, ¿no produciría la misma Vid el mismo fruto, si es la misma Vid? “Yo estaré con vosotros y en vosotros”.
Ahora, Dios, abre nuestros ojos para que podamos ver.
67 Ahora, si aún pueden ellos escuchar mi voz, entre mí y el hombre aparece esa Luz. Miren, yo veo al hombre. Por lo que él quiere que yo ore, principalmente, es por la audición, sus oídos, está quedando sordo. [El hombre dice: “Eso es correcto, hermano”. —Ed.] Esa es la verdad. Vean, él todavía puede contestarme. ¿Ven? Y desde que él ha estado parado allí, Ud. ha estado oyendo mejor todo el tiempo. Eso es correcto. Levante su mano si eso es correcto. Vean, él está en la Presencia de Cristo, no de mí, ahora: de Cristo.
Ud. dice: “Ud. lo adivinó, hermano Branham”. Que el Señor sea el Juez.
Tuvo que haber algo que causara eso: eso fue causado por una condición en su nariz, un problema de la nariz lo hizo a Ud. quedar sordo. ¿Cree Ud. que yo soy Su siervo? ¿Cree Ud. que Su Espíritu está aquí en estos momentos? Su nombre es Sr. Neelon; regrese a casa, reciba su audición, Dios le ha recompensado.
No hay necesidad de orar por él, su fe le ha sanado. ¿Ven?
68 Nosotros somos desconocidos uno al otro, señor. Con años de diferencia, nacimos a millas de diferencia, tal vez, y esta es la primera vez que nos encontramos. Ahora, sean muy reverentes. Nosotros ciertamente, querido amigo, yo no tengo manera alguna de hacer esas cosas. ¿Están sus ojos abiertos para darse cuenta que el Señor Jesús, el mismo Espíritu, está aquí?
Si mi padre estuviera vivo, probablemente hubiera tenido la edad suya. Oh, cómo yo lo daría todo, si tuviera millones de dólares, por ver a mi papá pararse allí de esa manera, una sola vez; pero él ya partió a la gloria. Yo lo seguiré algún día. Yo sólo estoy aquí para tratar de ayudarlo a Ud.
Ud. es un cristiano, señor. Ud. es un cristiano. Ud. pudo haber sido un incrédulo, o un impostor, pero Ud. es un cristiano, porque su espíritu se está acercando a esta unción del Ángel del Señor. Y Ud. está consciente de que algo está sucediendo. Si eso es correcto, levante su mano, para que la gente pueda ver.
El Señor Dios es tan bueno. Yo no lo conozco a Ud., no sé nada acerca de Ud., pero ahora mismo la unción del Espíritu Santo puede revelarme a mí cuál es su problema, o algo acerca de Ud.
Y el hombre también está sufriendo de un problema en su oído, está en su oreja; y luego, Ud. tiene un tumor en el cuello. Ud. no es de esta ciudad, Ud. no es de esta nación, Ud. viene del este, en esta dirección. Ud. es de New Brunswick, Canadá. Sí, sí. Su nombre, ¿Ud. cree que Él puede decirme quién es Ud., igual que Él conocía a Pedro? ¿Le ayudará eso? Muy bien, señor. Su nombre es George Robison. Eso es verdad, ¿no es así? Ahora, sea un… Ud. está sano, señor; Ud. no tendrá que tener su operación. Dios le ha sanado.
69 ¿No quiere Ud. venir? Sea lo más reverente posible. Querida hermana, lo cual, Ud. es mi hermana, Ud. es una cristiana; pues tan pronto como la miré, ahí está el Espíritu del Señor.
Y este es un cuadro muy hermoso de la Biblia, de San Juan 4, un hombre y una mujer que se encontraron por primera vez. Es una mujer en el pozo, Jesús le dijo en dónde estaba su problema, y ella dijo: “Esa es la señal del Mesías”.
¿Sería igual con Ud.? Lo sería. Ud. está sufriendo de una tremenda condición nerviosa, y esa condición nerviosa le ha ocasionado un problema estomacal; Ud. tiene problema estomacal, es una condición péptica, como ulcerada, y… pues cuando Ud. come o bebe algo como café, es sensible, se le viene a la boca y lo demás.
Y luego Ud. tiene algo en su corazón por lo que está orando. Vea, su vida: Ud. no pudiera ocultarla ahora si tuviera que hacerlo; vea, Ud. está en la Presencia de Cristo, no de mí: de Cristo. Ud. está orando por alguien más; esa persona es sorda. Correcto. Ese es su hijo. ¿Ud. cree que él va a sanar? Entonces vaya y recíbalo. Así como Ud. ha creído, sea con Ud. Dios le bendiga, mi hermana.
70 ¿Cómo está Ud.? Somos desconocidos uno del otro. Yo nunca la había visto a Ud. en mi vida. Ahora, sean muy reverentes.
Hay una mujer orando, ella es anciana, en alguna parte en este edificio. Aquí está. Ella está sentada justo aquí, con un parche sobre el ojo. Yo no la conozco a Ud., señora. Dios sí la conoce. Si yo no la conozco a Ud., mueva su mano, para que la gente vea que yo no la conozco a Ud. Pero Ud. estaba allí sentada, orando: “Señor, tócame esta noche”. Eso es correcto. Su problema: Ud. ha estado muy, muy enferma, Ud. tiene complicaciones, y la cosa principal que le afecta es el problema del corazón. Ud. acaba de venir de un hospital, también. Eso es ASÍ DICE EL SEÑOR. Sí. No tema; su fe le ha sanado. Créale a Él.
Yo quiero preguntarle a alguien: Interrogue a la mujer, reportero, a quien Ud. desee; vea si yo la había visto alguna vez a ella. ¿Qué tocó ella? Ella no me tocó a mí; ella está a veinte pies de mí, o treinta. ¿Qué tocó ella? Al Sumo Sacerdote: Cristo, este Que tiene Su fotografía aquí. Y a través del Espíritu; Él habla. Yo sólo… Yo no sé lo que la mujer… o cuál era su problema, yo no pudiera decirle a Ud. La única manera que yo tengo de saber es por estas cintas aquí. Es una visión.
Ella le habló a la mujer sentada a su lado, en ese momento; y esa mujer también está orando.
71 ¿Ud. cree que yo soy Su siervo, señora? Ud. está orando por algo, también. Sentada al lado de ella. Si Dios me dice cuál es su problema, ¿Ud. me creerá? Si yo no la conozco a Ud., levante su mano. Si Ud. me cree con todo su corazón, esa artritis le dejará. Eso es por lo que Ud. estaba orando: artritis. Si eso es correcto, mueva su mano. Ahora, se ha ido de Ud. Su fe le ha sanado. Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos.
¿Ud. es la dama por la que debo orar ahora? Yo no la conozco a Ud. Si Él me dice la razón por la que Ud. está aquí, ¿creerá Ud. que yo soy Su siervo, creerá que es Su Espíritu? Yo sólo soy un hombre, no tengo manera de… Es la primera vez que nos encontramos.
Ahora, perdónenme. Vean, yo tengo que simplemente, adonde sea que Él… Hay gente allá en la audiencia creyendo, es difícil mantener la línea; hay tantos creyendo. ¿Ven?
Aquí está: Ud. está sufriendo con un problema de las arterias. Correcto. Además de eso, Ud. está mal de los ojos; su vista le está fallando. Ud. es extremadamente nerviosa. Y eso es correcto. Ud. no es de aquí tampoco; Ud. es canadiense. Eso es correcto. Señora Conklin, esa es Ud., regrese a casa, su fe le ha sanado.
72 ¿Creen con todo su corazón? Hay un espíritu sobre la mujer que está cruzando el edificio. Yo no puedo sanar, no hay un sanador, sólo soy un siervo del Sanador. Pero hay alguien en este edificio que está orando en estos momentos, está orando tremendamente, o es un grupo que está orando por alguien que está sufriendo con la misma cosa con que Ud. está sufriendo. Ud. está quedando ciega; son sus ojos.
Es una muchacha, sentada por acá hacia la parte de atrás: y Ud. está orando por una amiga suya que está quedando ciega. Yo no puedo sanar. ¿Le cree Ud. a Dios? Oremos.
Señor, este espíritu horrible, pero Señor, permite que el ojo espiritual sea abierto ahora para ver la gloria de Dios, y que este demonio de ceguera sea quitado, pues lo pido en el Nombre de Jesús. Amén.
Ahora, míreme otra vez. Diferente ahora, ¿verdad? Levante su mano si está diferente. Tenga su vista. Confiando que Ud. se irá y lo encontrará de la manera que Ud. lo cree, junto con los demás, también. Dios le bendiga.
Sean muy reverentes, por favor, muy reverentes.
73 Yo no lo conozco a Ud., señor. Me estoy debilitando terriblemente, ¿ve?; las visiones me debilitan. Si Jesús, el Hijo de Dios, una mujer lo tocó, y Él dijo: “Yo me debilité”, ¿qué de mí que soy un pecador salvado por gracia? Eso nunca hubiera sucedido si—si no fuera porque Él dijo: “Más que esto haréis”. Yo nunca lo había visto a Ud., señor. Ambos somos gente con destino a la Eternidad. Si yo lo pudiera ayudar, lo haría. Si Cristo estuviera aquí con mi… con esta ropa que Él me dio, Él no podría (si Ud. está enfermo, yo no sé si Ud. necesita sanidad, Ud. pudiera estar aquí por alguien más, yo no sé) pero si Él estuviera aquí con esta ropa puesta, Él no podría sanarle, si Ud. está enfermo. Él pudiera decirle que Él ya lo hizo, y hacer algo que Él hizo, para dejarle saber a Ud. que era Él. Eso es correcto. Ud. está sufriendo de su espalda. Ud. no es de aquí. Ud. es un canadiense, también. Ud. es un predicador, también. Váyase a casa, su fe lo ha sanado.
Justo allí atrás al final de la fila, por reumatismo, ¿Ud. cree que Dios le sanará, señora? Sentada allá atrás, como a dos filas al final de la fila, orando: reumatismo. ¿Ud. cree con todo su corazón? ¿Lo cree? Tiene unas florecitas alrededor, arriba del sombrero, damita, sentada allá. ¿Ud. cree y lo acepta? Muy bien. Levante su mano entonces. Muy bien, puede irse a casa, sea sanada. Jesucristo le sana. Yo le reto a que crea la verdad.
¿Qué de Uds. en la audiencia, pueden creer?
74 Aquí está, justo aquí, junto a esta dama, allí mismo, sufriendo con un problema de mujeres, un problema femenino, la damita con el sombrerito blanco. Eso es correcto. ¿Ud. cree que Jesucristo le sanará? Yo no la conozco a Ud., ¿es cierto? Pero Ud. está teniendo un drenaje de eso. Yo la veo a Ud. en el baño. Lo que es, es que es un absceso en su ovario, que podría convertirse en cáncer. Pero no se convertirá. Su fe le ha sanado. Váyase a casa y sea sanada. Su fe tocó a Dios.
¿Cree Ud.? Sentado allí al final, dama y caballero, tiene su brazo alrededor de ella, es su esposa. Eso es: Uno de Uds. es nervioso y el otro tiene problemas del corazón. Correcto. ¿Aceptan Uds. su sanidad? Levanten sus manos si la aceptan. Muy bien. Dios les bendiga. Váyanse a casa y sean sanados.
Hay muchos allá en la audiencia padeciendo con su problema, señora. Pero la diabetes no es nada para Dios. ¿Ud. cree que Él puede sanar eso? ¿Con todo su corazón?
Todos los que están padeciendo de diabetes, pónganse de pie ahora mismo, pónganse de pie, vamos, rápidamente, por todas partes, en todo lugar: Les mostraré lo que Dios puede hacer, sólo pónganse de pie por un momento.
Párense aquí atrás sólo un momento. Metan a este.
75 Todos los que están sufriendo de nerviosismo, pónganse de pie por un momento. Hay un jalón tan fuerte desde la audiencia que no puedo… Miren aquí, ¿ven? Cada uno de Uds. está creyendo. ¿Cómo…? (¿Ven?), ¿cómo pudiera yo decir este, y aquel, y este, y aquel, pues está por todas partes. ¿Ven?
Todos Uds. que quieren la oración y creen que Dios los va a sanar, pónganse de pie.
¿Creen Uds. que Cristo vive? ¿Creen que Él es el mismo? ¿Están sus ojos abiertos ahora, para ver? ¿Cuántos dirán: “Dios, mis ojos están abiertos”? Levanten sus manos a Él así: Mis ojos está abiertos, Señor. Yo creo que el Hijo de Dios está con nosotros“.
Ahora, mientras Ud. ora a su manera, yo voy a pedirle a Dios que… haga que toda la duda se vaya del edificio. Luego quiero que cada uno de Uds. se ponga de pie y le dé gracias a Él. Y yo los declararé a Uds. sanos, en el Nombre de Jesucristo, si Uds. me obedecen.
76 Señor Dios, Creador de los cielos y la tierra, Autor de la Vida Eterna, y Dador de toda buena dádiva, envía Tus bendiciones sobre este pueblo.
Satanás, oh, a través de la educación, y a través de los sistemas del mundo, tú has cegado a la gente durante años, pero estás desenmascarado. Nosotros no te aceptamos. Reclamamos que tú fuiste derrotado en el Calvario, cuando Cristo murió, y resucitó, y tú fuiste despojado de todo poder que tú tenías. Ya no te queda poder, sólo eres un fanfarrón. Y nosotros te retamos, en el Nombre de Jesucristo, por la autoridad del Ángel de Dios, el cual nos ha comisionado para esta reunión: Salgas de la gente, todos Uds. espíritus de enfermedades, y dejen al pueblo en paz, en el Nombre de Jesucristo.
Pónganse de pie ahora, y denle alabanzas a Dios. Yo los declaro a Uds. sanos, en el Nombre de Jesucristo.
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